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La asertividad contribuye a la mejora del rendimiento de los equipos y es un rasgo altamente

apreciado desde una perspectiva de gestión y productividad. Trata de la comunicación efectiva (y


afectiva) y se relaciona con valores como: la empatía, la honestidad, la libertad, la
responsabilidad, el respeto, etc.

Por otro lado, la asertividad implica generosidad y es inconcebible sin ponernos en el lugar del
otro (empatía) y desarrollar una consideración hacia él (respeto). Estamos muy habituados a
intercambiar información, pero no nos preocupan demasiado las repercusiones emocionales de
nuestra “comunicación” (entendida de esta manera limitante y limitada).”.
El psicólogo Richard S. Lazarus concreta la conducta asertiva en cuatro habilidades sociales:

 la capacidad de decir que no.


 la capacidad de pedir favores y hacer peticiones.
 la capacidad de expresar sentimientos (afecto y empatía).
 la capacidad de mantener conversaciones completas.
La asertividad, por otro lado, conlleva dos elementos fundamentales:

 el respeto por uno mismo.


 el respeto por los otros.
Toda esta teoría está muy bien pero…

¿Hay situaciones cotidianas en las que no te comportas de manera asertiva?

Yo he rebuscado -no ha sido necesaria escarbar mucho, la verdad-, en mi día a día y he dado
rápidamente con media docena de sencillas situaciones en las que no he sido asertivo. Veamos:

1) Estoy perdido y no quiero preguntar a nadie.


No sé a vosotros pero a mi me ha pasado bastantes veces que no sé dónde estoy y me da apuro
preguntar. Se mezcla una especie de absurda honrilla por encontrar un sitio por uno mismo y algo
de vergüenza por tener que preguntar y admitir que estamos más perdidos que un cerdo en una
perfumería. Ayudarse del móvil y los GPS tampoco es que mejore mucho la cosa, hay gente que
prefiere esconderse en la tecnología pero el problema de fondo sigue ahí: esconderse.
Curiosamente, tengo la sospecha de que nos ocurre más a los hombres que a las mujeres. Esto
de pedir ayuda…

2) Estoy en un bar y el camarero me da mal las vueltas.


Léase bar, léase cualquier sitio donde se atiende al público. ¿Te has ido alguna vez con más o
menos dinero del que te correspondía? La última vez me pasó en una terraza de Florencia donde
el camarero se tomó cincuenta céntimos de propina y no fui capaz de reclamárselos. Vale,
cincuenta céntimos de euro es una miseria y no hablo italiano pero eso no es lo importante; lo
importante es que era míos y no fui capaz de plantarme. El resto son justificaciones.

3) Alguien se me cuela en una cola1.


Estás en la cola del supermercado y esa señora de apariencia entrañable, se te cuela por la
derecha, quitándote las pegatinas y pasa a la caja sin pedirte permiso. Vale, señora, de acuerdo
en que estoy descargando el carro y usted no lleva casi nada pero, coño, pida permiso. Por no
hablar de museos, conciertos, partidos donde la gente se va arrimando, silbando y haciéndose los
locos y se te acaban colando. Por no montar jaleo, al final tú eres el perjudicado.
4) Alguien da un dato falso y me callo1.
Típico en una reunión. Alguien salva su culo contando una trola como una catedral y tú, por no
dejar en evidencia al sujeto, te callas. Al fin y al cabo, ¿qué vas a sacar en limpio? Decir algo
quizás supondría dejar en evidencia a tu “compañero” y a ti ni te va ni te viene ¿o sí? ¿Sólo
actúas cuando algo te perjudica a ti? Al menos, ¿le coges luego por banda al mentiroso y eres
capaz de ponerle las cosas claras?

5) Vas a algún sitio sin tener ganas.


Muchas veces he salido cuando estaba bien a gusto leyendo o viendo una peli, he ido a citas que
sabía que iban a ser un coñazo o he compartido con mantel con gente a la que no me unía nada
(benditas comidas de empresa). La peor locura es irte de vacaciones con gente con la que “sólo”
te llevas bien. Mucho ojito porque de ahí no es tan fácil escapar. Errores que voy corrigiendo a
costa de que, a veces, me digan que soy más raro que un perro verde. Pues vale, pero hay que
aprender a decir no, empezar a vivir tu vida y no la de los demás.

6) Alguien humilla a un compañero y no hago nada.


Por desgracia me ha tocado alguna situación desagradable en este aspecto en el mundo laboral.
Vale, hay gente muy sensible, de lágrima fácil por broncas que otros aguantamos un poco mejor
pero, coño, si estás viendo a una persona jodida, ¡para ya! ¿no? ¿Le has parado los pies al
agresor? ¿Le has hecho ver que eso no estaba bien? No hablo de meterte en peleas de
desconocidos ni de ir de justiciero, hablo de poner un poco de sentido común en determinadas
situaciones.

Saber lo que hay que hacer es muy diferente a hacerlo. No sirven de nada todos esos rollos
motivacionales que hablan de “caminar sobre gigantes” y “aprender de los mejores” si nos
quedamos en el mero aprendizaje. Hay que entrenar la incomodidad que produce salir de nuestra
zona de confort con pequeñas cosas como estas. No dejes pasar la próxima.
Quizás la cualidad que más aprecio en las personas, por su rareza, es la coherencia, entendida
como la alineación entre pensamiento y comportamiento.
Me declaro “aprendiz de coherente”.
Y anda que no me queda camino. Pero bueno, como no creo en los superpoderes, ni en los
superlíderes, pues intento detectar oportunidades de mejora y atacarlas, poco a poco, día a día.

Una última cosa, dicen que “los grandes sumisos hacen a los grandes tiranos”. Creo que
trabajar, modestamente, en nuestra asertividad, y por tanto en nuestra coherencia, es un pequeño
paso hacia una sociedad un poquito mejor. Ahí es donde encaja la definición inicial “tener la
humildad y el coraje de SER y, al mismo tiempo, DEJAR SER”. Ser asertivo no únicamente
por nuestro ego sino simplemente por el bien común. De alguna manera, trascender.

1. Saber decir que no: Si ante una petición concreta, nueva situación o encargo de trabajo pensamos que deberíamos
negarnos o mostrar nuestra disconformidad, ser asertivos será una manera de evitar un posible conflicto. Las
razones pueden ser porque los plazos son muy ajustados, porque no trabajas a gusto con algún compañero, por un
cambio de turno o por falta de recursos, pongamos por caso. En cualquier caso, la asertividad se orientará a la
explicación de los motivos de forma argumentada, escuchando a la otra parte y estando abiertos a un posible
cambio de opinión.
2. Llegar a un acuerdo: Las situaciones potencialmente conflictivas pueden acabar provocando problemas en el día a
día de la empresa. Bien por competencia por recursos o por situaciones que provocan roces continuos, llegar a un
acuerdo que resulte ventajosa para los implicados evitará problemas. Básicamente, se trata de negociar siendo
asertivos y empáticos a la par, buscando alternativas a partir de los puntos de vista de cada uno. En estos casos,
encontrar soluciones creativas puede hacer una gran diferencia.
3. Evitar conflictos interpersonales: Los conflictos interpersonales son muy comunes a nivel interno en las
empresas. Aunque se trata de un tema muy extenso, los conflictos pueden darse entre empleado y empleador o entre
trabajadores. Sea como fuere, si queremos evitar que vayan a más es importante hablar de forma directa, demostrar
autoconfianza y expresar lo que sentimos desde el respeto y una actitud dialogante. Si conseguimos manejarlos
adecuadamente, incluso pueden convertirse en una manera de mejorar el clima laboral o distintos aspectos de
nuestro trabajo.

Una persona que cuenta con asertividad sabrá decir lo que le molesta, procurando no
molestar a los demás, es decir, siempre buscará la manera más correcta, educada y
adecuada para expresar su sentir, buscando resolver conflictos, o simplemente dar a
conocer su opinión. Ejemplos de Asertividad: Cuando un ser querido dice algo
inapropiado: Lo asertivo sería pedirle de manera calmada que no diga ese tipo de cosas,
porque resulta incómodo. Cuando nos molesta alguien que fuma: Lo correcto sería
sugerirle que si quiere fumar lo haga en un lugar abierto, porque el humo nos es molesto.
Cuando alguien nos reclama muy molesto por una situación: Asertivamente debemos
disculparnos, si es necesario, de lo contrario, debemos explicar que no tenemos nada que
ver al respecto y que si está en nuestras manos le ayudaremos.

URL del artículo: http://www.ejemplosde.com/39-psicologia/1751-


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