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Sobre la intuición se puede decir que es, según Bergson, el centro desde donde emana el

movimiento creativo que se plasma en ciertas obras del hombre. En el ámbito filosófico la
intuición es de donde surgen aquellos sistemas que han hecho tan característicos a ciertos
pensadores. Su aspecto arquitectónico, lineal y hasta matemático de un sistema filosófico
sólo es la coraza de aquella primera intuición que inicio el movimiento intelectual del
creador.

Una obra filosófica está construida a partir de ideas ya hechas, por eso dice: “Con lo que
ha leído, oído, aprendido, podemos sin duda recomponer la mayor parte de lo que ha
hecho.” (41 IM). Más es la intuición la que impulsa el movimiento creador, es sólo por
medio de conceptos que esta parte cualitativa puede plasmarse en lo material. De ahí que
veamos muchas veces esa insuficiencia en el lenguaje para expresar lo “sentido” y por ello
cierta inconformidad del creador para con su obra. Algo que en filosofía se agudiza debido
a que se hace uso de conceptos que sólo están hechos para lo material.

La intuición, cuando es tal, termina por hacer de un conjunto de ideas ya hechas algo
nuevo, pues inunda esos conceptos estáticos de un movimiento que los hace flexibles, es la
vida en tanto conciencia creando en lo material, pues así como la evolución es un proceso
donde la vida crea con la materia, en el discurso filosófico esto se observa en la vitalidad
que un pensador inyecta a los conceptos para intentar definir aquella primer intuición, por
eso Bergson nos dice: “Así, un pensamiento que trae algo nuevo al mundo está obligado a
manifestarse a través de ideas hechas que encuentra ante él y que arrastra en su
movimiento; aparece así como relativo a la época en que el filósofo ha vivido; pero a
menudo esto es sólo una apariencia.” (IM 45). “El filósofo no parte de ideas preexistentes;
todo lo más que puede decirse es que llega a ellas; y cuando llega, la idea así arrastrada en
el movimiento de su espíritu, animándose de nueva vida, como la palabra que recibe su
sentido de la frase, ya no es lo que era fuera del torbellino.” (IM 52)

Se podría decir, sin tomar esto de manera absoluta, que la intuición es lo que hay de
sintético en una obra, cada pensador nace y vive en una determinada época por lo cual este
tendrá que hacer uso de aquellas ideas o conceptos que reinan en su tiempo. Pero aun así la
intuición que hay detrás del movimiento que dirige un sistema o pensamiento filosófico
podría haber surgido en otra época o lugar distinto: “Detrás de la pesada masa de conceptos
emparentados con el cartesianismo y el aristotelismo está la intuición de Spinoza, intuición
que ninguna fórmula, por simple que sea, lo será bastante para expresarla.” (IM 45) Por ello
la intuición no depende del espacio ni del tiempo cuantitativo que mide una era o época
determinada sino que es cualidad pura, la vida, la conciencia, la duración obrando en la
materia. Spinoza, nos recuerda Bergson, aun si hubiera nacido y vivido en otro lugar y
época hubiera desarrollado el spinozismo con todo y que en la coraza de conceptos hubiera
podido ser totalmente diferente.

Dado lo anterior es la filosofía la disciplina que deberá hacer uso de la intuición para
expresar el aspecto cualitativo de lo real, de lo que la ciencia sólo ve la expresión externa.
Por ello el camino de la filosofía es totalmente distinto al de la ciencia, no se trata de una
competición sino de una complementación: “No se trata […] de erigir la filosofía en
síntesis de las ciencias positivas y pretender, por la sola virtud del espíritu filosófico,
elevarse más alto que la ciencia en la generalización de los mismos hechos.” (IM 53) Hay
pues dos maneras de conocer una que corresponde a la ciencia y la otra que se encarna en la
filosofía, una intelectual la otra que parte de lo intuitivo; la primera conoce la relaciones de
la materia, por ello el mundo se le presenta como mecanicismo que se desprende de la ley
de la causa y el efecto; la segunda parte de la intuición, la que es un conocimiento que
surge del espíritu en tanto conciencia y que a su vez se expresa como libertad. Al respecto
Bergson nos dice: “La regla de la ciencia es la que estableció Bacon: obedecer para mandar.
El filósofo no obedece ni manda; busca simpatizar.” (IM 55) Es así como mientras la
ciencia se limita a ver las relaciones externas de las cosas, la filosofía al tener como método
la intuición debería partir desde la experiencia interna de la conciencia ¿y que es la
conciencia? Es la vida misma de acuerdo a Bergson, el flujo vital esparciéndose en la
materia, por lo que la simpatía es un punto importante cuando nos referimos a un
conocimiento intuitivo.

Así la tarea de la filosofía ya no se dibujaría como una eterna competidora de la ciencia


sino, sin querer obligar a aceptar este término, su complemento. Pues mientras la ciencia
comprende el mundo desde un aspecto puramente cuantitativo, la filosofía al ser intuitiva
insuflaría de vida a la realidad que nos rodea, dándole cualidad, regresando el matiz a las
generalizaciones del conocimiento común. Así intuir en filosofía sería un arte del matiz,
comprender en totalidad sin perder en la unidad lo múltiple, la diferencia que implica tener
duración. Sí la ciencia y el sentido común sólo comprenden por generalizaciones es porque
lo hacen desprendiendo a las cosas de la duración, el método filosófico no debería de
hacerlo y así inyectaría de vida, movilidad, elasticidad y creatividad al pensamiento.