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Manuel Monsalve

Lectores y Lecturas
De elegir y ser

Si algo nos ha enseñado la historia sobre nosotros, los humanos, como especie es que tendemos a esperar
de manera cuasi masoquista a que un problema en potencia se convierta en un problema existente. De
hecho, pareciera que no nos limitamos únicamente a esperar de manera pasiva a que este problema
teórico se convierta en un problema practico; tenemos una condición patológica que nos impulsa como
especie a confirmar nuestras hipótesis más descabelladas, despóticas e injustas. De hecho, estas
hipótesis ya han dejado de ser conjeturas de unos cuantos estudiosos, y se han convertido en teorías
corroboradas una y otra vez por hechos históricos que incluso parecen plagiados de trabajos de fantasía
y ciencia ficción. Hecho curioso este, puesto que pareciera que a medida que pasan los años descartamos
estos trabajos literarios cada vez como más irreales, cuando hemos visto que tienen una cualidad de
presagiar sucesos futuros con una precisión impresionante.

Partiendo de lo anterior podríamos conjeturar sobre el trabajo del director sudafricano Neill Blomkamp,
quien dirigió películas como Elysium, Chappie y Distrito 9, en las cuales trata diferentes temas en un
contexto desequilibrado, bien sea socialmente, económicamente, o políticamente. En este sentido su
discurso varía más bien poco al compararse paralelamente de manera superficial, tanto que algunos
críticos han llamado de forma jocosa a sus obras prominentes como la colección “Luchemos contra el
poder”. Aun así, este pensamiento trata de manera muy epidérmica los planteamientos de este director, y
ni siquiera se toma la molestia de hacer una interpretación subjetiva de su obra, una interpretación que
nos puede llevar a hacernos preguntas incomodas, preguntas que en nuestra cotidianeidad pueden no
interesarnos, porque nos quitan mucho tiempo para ocuparnos en otras cuestiones, cuestiones
importantes. O eso nos decimos porque no queremos pensar en todo lo que implicarían las respuestas a
estas preguntas.

Empezando por Elysium, podemos sentir como, a mediados del segundo acto, la película nos pregunta
“¿Están tus esperanzas depositadas en algo superior que te representa, algo por lo que morirías?”
Cuestionar a nuestra esperanza, es como cuestionar ese último vestigio de un ser humano que lo ha
perdido todo, lo último que le queda antes de sucumbir ante la nada, aquello que nunca escapa de nuestro
ser según el mito de la caja de Pandora. Retomando la introducción de este texto, es imposible ver los
paralelos de estas esperanzas vanas de Elysium con las esperanzas que, consciente o inconscientemente,
depositamos en algo ajeno a nosotros mismos, un compañero sentimental, un hijo, un político, un puesto
laboral, una organización, una ideología, una religión. Pareciera que Blomkamp nos musitara a través de
la pantalla “Deja de esperar de los demás todo lo que deseas tener, ellos te defraudaran, tomaran tus
sueños y expectativas y los usaran para exprimirte hasta que no les sirvas”. La que podría terminar como
una interpretación pesimista y abrumadora de nuestras vidas concluye con un último susurro del director
“No es tarde para que tu elijas”. Pero ¿Es realmente así en nuestra realidad, saturada de intereses ocultos,
de grandes consorcios industriales cuyas metas son engolfadas por la incertidumbre y su metodología aún
más? ¿Existe una esperanza, o estamos condenados a ser las ovejas de un pastor amorfo, el cual nos da
apenas vagos delirios de libertad hasta el fin de nuestros días?

Continuando con Chappie, podemos ver una complementación de lo tratado por Elysium, viendo a esta
última obra como una reflexión exterior del ser humano y de los componentes que crean su entorno y como
este pareciera estar en su totalidad fuera de su control, mientras que la primera se entendería como una
exploración del interior del ser humano, de lo que básicamente nos hace a nosotros, nosotros. Parecería
sencillo creer que somos seres perfectos, que solo debemos de adaptar nuestro alrededor para sacarle el
máximo provecho. Lo que Chappie parece querernos hacer entender es que, si hemos de seguir
evolucionando, debemos adaptarnos ahora nosotros, y no el entorno. Él es un atisbo del futuro, un
prototipo, que, a pesar de ser autoconsciente, no es humano, ni en apariencia ni en el interior. Aun así,
nos hace preguntarnos si estamos dispuestos a ser humanos con solo nuestra “alma”, a entendernos en
un contexto metafísico del universo en el cual somos entidades que no están ligadas exclusivamente a
una realidad física, a un vehículo dimensional como el cuerpo. ¿Si dejamos de ser conscientes
individualmente, y nos convertimos en una entidad colectiva, seguiríamos siendo humanos? ¿Podríamos
“elegir” como nos propone Elysium, casi contradiciéndola rotundamente y, a la vez, aprobándola?