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Journal of Iberian and Latin American Studies

ISSN: 1470-1847 (Print) 1469-9524 (Online) Journal homepage: http://www.tandfonline.com/loi/cjil20

Lost in Santa Martha. Limitaciones para una


etnografía en una cárcel de mujeres

Dra Helena López

To cite this article: Dra Helena López (2017) Lost in Santa Martha. Limitaciones para una
etnografía en una cárcel de mujeres, Journal of Iberian and Latin American Studies, 23:3, 359-366,
DOI: 10.1080/14701847.2017.1388482

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Download by: [Helena López González de Orduña] Date: 01 November 2017, At: 23:04
Journal of Iberian and Latin American Studies, 2017
VOL. 23, NO. 3, 359–366
https://doi.org/10.1080/14701847.2017.1388482

Lost in Santa Martha. Limitaciones para una etnografía en


una cárcel de mujeres
Dra Helena López‡
Investigadora en el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM)
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RESUMEN PALABRAS-CLAVE
En este artículo propongo un examen de algunos de los obstáculos México; género; estudios
establecidos por las autoridades penitenciarias para llevar a cabo un culturales; educación; cárcel;
proyecto etnográfico en una cárcel de mujeres de la Ciudad de México. ciudadanía; investigación-
acción; vulnerabilidad
Mi intención es plantear la importancia de formas de investigación-
acción en contextos que, como el mexicano, se ven afectados por
una profunda crisis de los aparatos del Estado –en particular presto
atención a los sistemas educativo, penal y de justicia- que impacta
con mayor severidad a grupos vulnerables como es el caso de las
mujeres en reclusión que están en el centro de este estudio de caso.

La grave crisis de la educación institucional en México golpea con mayor fuerza a grupos
particularmente vulnerables. Y sin embargo, los sujetos excluidos de los mecanismos de
socialización y ciudadanía del Estado son capaces de generar conocimientos funcionales
sobre sí mismos y su relación con las comunidades a las que pertenecen. La curiosidad por
examinar estos procesos de aprendizaje no formal e informal en zonas de abandono estuvo
en el origen del diseño de un proyecto etnográfico en la cárcel para mujeres de Santa Martha
Acatitla en la Ciudad de México. Este trabajo, que deberíamos haber comenzado el 6 de
mayo de 2013, nunca fue autorizado por las autoridades del subsistema penitenciario.
En este artículo propongo una indagación sobre las condiciones de imposibilidad de esta
etnografía1 a partir de un análisis de las dos reuniones -auténticos escenarios performativos
de producción de verdades antagónicas- que mantuvimos con las autoridades
involucradas.
He organizado el texto en dos secciones diferenciadas. En “Abandono y pedagogía: lo
que queríamos hacer” me propongo contextualizar tanto teórica como socio-políticamente
el proyecto del Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) titulado “Mujeres en
espiral: sistema de justicia, perspectiva de género y pedagogías en resistencia” de cuya área
de investigación fui coordinadora durante el año 2013.2 Además, justificaré brevemente el
objetivo de la etnografía que, como parte de este proyecto, pretendíamos realizar en los
meses de mayo y junio de 2013 en Santa Martha. En la siguiente sección titulada “Lo que

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sucedió” apuntaré varios de los elementos discursivos, emocionales y performativos activa-


dos en las reuniones que mantuvimos con las autoridades penitenciarias.

Abandono y pedagogía: lo que queríamos hacer


El proyecto de la modernidad en México –impulsado históricamente desde distintas agen-
das- había prometido el acceso a los sistemas educativo y de justicia como un derecho
fundamental de todos los ciudadanos. El incumplimiento de esta promesa, sin duda histórica
y geopolíticamente multideterminado, en última instancia se explica por el papel funcional
que la desigualdad desempeña en el sistema-mundo (Wallerstein 2007).
Veamos algunos datos. A pesar de una política pública que en México se compromete
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desde la década de 1990 contra la exclusión y la discriminación educativas, las tasas de


analfabetismo, rezago y abandono escolar continúan siendo alarmantes. En México, 377 mil
jóvenes de entre 15 y 29 años son analfabetos y 5.4 millones no han concluido su formación
básica.3 A estas formas de discriminación educativa habría que sumar la precaria calidad del
sistema de educación formal. En lo que se refiere al sistema de justicia, en México existe una
violación sistemática del debido proceso desde el momento de la detención y hasta la sen-
tencia. De toda la población penitenciaria un 44% está constituido por personas en espera
de condena y un porcentaje muy elevado de quienes ya está cumpliendo sentencia lo hacen
por delitos que no han cometido (Azaola y Bergman 2007). Téngase en cuenta además que
los graves problemas de la educación en México afectan con mayor severidad a los grupos
más vulnerables, en razón del cruce de variables como la raza, la clase y el género, entre los
que se encuentra la población en reclusión. Así, en condiciones carcelarias muy penosas
como resultado de una inversión y gasto sociales insignificantes (Antony 2007, 76; Noel 2009,
212-213) y en una situación de baja escolaridad asociada al entorno social de procedencia
(Núñez 2009, 231),4 en lo que respecta a las mujeres presas toda la oferta de educación no
formal consiste en un dispositivo de reproducción de una ideología de género y clase sub-
alternizante: cursos de costura, peluquería, cocina, manualidades (Antony 2007, 76; Noel
2009, 211).
Las dificultades de una mayoría de mexicanas y mexicanos para acceder a una educación
de calidad y a un sistema de justicia con garantías de sus derechos fundamentales, situadas
en una crisis estructural generalizada (Alba 2004), no agota en lo más mínimo las posibili-
dades formativas de los sujetos en zonas de abandono que, a pesar del riesgo de agotami-
ento (exhaustion), no dejan de presentar momentos de persistencia (endurance), creatividad
y diversas formas de ciudadanía cultural entendida como “experiencias vividas” exitosas allí
donde han fracasado los arreglos institucionales (Nyers 2007, 3).5 Creo que desde la academia
estamos urgidas a gestos de responsabilidad hacia los otros olvidados por las instituciones
del Estado y que en México están destinados a situaciones de pobreza, precariedad y vio-
lencia. Ahora, estar destinado no significa estar irremediablemente condenado. Tomemos
el caso del cruce entre exclusión educativa y marginalidad penitenciaria. La grave crisis de
los sistemas de educación formal y de justicia en México significa la discriminación de
amplios sectores de la población. Y, sin embargo, algunos lo logran aún en los márgenes del
sistema: vivir, resistir, trabajar, disfrutar, conocer, formarse en la propia dignidad. ¿Cómo
sucede? ¿Dónde? ¿Por qué algunos sí son capaces de interrumpir, en la política de lo cotidi-
ano, la lógica sistémica que insiste en su basurización? ¿Qué tipos de estrategias, solidari-
dades y alianzas podemos establecer para fortalecer la proliferación de estos conocimientos
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valiosos y resistentes a pesar de todo? Éstas son algunas preguntas importantes para una
crítica radical de la vulnerabilidad: “Critical theory and progressive activism invest in the
endurance of life in spaces of state and social abandonment because they consider these
spaces capable of providing a potential for cultivating a new ethics of life and sociality”
(Povinelli 2011, 128).
“Mujeres en espiral: sistema de justicia, perspectiva de género y pedagogías en resisten-
cia”, proyecto iniciado en 2013 por el PUEG con la colaboración de la Facultad de Derecho
de la UNAM y la Comisión de Derechos Humanos del DF, se constituye como un intento por
ahondar en las preguntas que acabo de expresar arriba.6 En un clima de alarma ante el
incremento multicausal de la violencia en México, ¿qué papel juega el sistema penitenciario?
¿Qué tipo de conocimiento se puede producir sobre éste? ¿Cómo lograr que esta producción
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de conocimiento esté al servicio de acciones orientadas hacia la lucha contra la violencia, la


resolución de conflictos y el respeto por los derechos humanos? ¿Qué tipos de saberes se
organizan cuando estudiamos a los sujetos en reclusión, sus condiciones, su proceso jurídico,
la ejecución de la pena, sus diferencias de género, raciales, sexuales y de clase? Si las mujeres
suponen uno de los grupos más vulnerables ante la creciente inseguridad y violencia en el
México actual, ¿qué podemos hacer desde la academia al ocuparnos de mujeres en reclusión
a partir de formas de investigación-acción?
El objetivo del proyecto originalmente diseñado en 2013 era triple. En primer lugar quería
generar conocimiento tanto sobre el sentido jurídico y político de los espacios carcelarios
de mujeres como sobre las experiencias de éstas en condiciones de gran dificultad.
En segundo lugar “Mujeres en espiral” pretendía fomentar una práctica jurídica adecuada
que respondiese -desde la perspectiva de género- al debido proceso, el respeto a los dere-
chos humanos y la justicia. Para ello propusimos vincular la práctica jurídica cotidiana con
la investigación en cuestiones de acceso a la justicia desde la perspectiva de género a partir
de la organización de un seminario de investigación y una clínica jurídica.7
En tercer lugar propusimos continuar las distintas fases de intervención cultural desar-
rolladas por el PUEG entre 2009 y 20128 mediantes diferentes talleres y trabajos creativos
concebidos como formas de educación no formal promotoras de concientización crítica,
empoderamiento y, muy importante también, oportunidades para disfrutar juntas.
Detengámonos por último en la justificación de la perspectiva de género adoptada en
este proyecto. En México, 227,671 personas se encuentran privadas de libertad, de las cuales
5% son mujeres. Cabe mencionar que esta población ha crecido exponencialmente: de 2007
hasta la fecha, el número de mujeres encarceladas por crímenes federales ha aumentado
400%.9 Las mujeres reclusas están sometidas, en tanto que mujeres y presas, a un “doble
estigma” (Antony 2007) que con frecuencia se traduce en severas inequidades respecto de
los hombres: la internalización de una ideología de género, raza y clase que informa las
decisiones de los jueces, son abandonadas con más frecuencia por sus familiares, son vícti-
mas de sobrepenalización, la concesión de beneficios también es proporcionalmente inferior
a pesar del menor grado de reincidencia. Por esta razón la perspectiva de género puede
habilitar las herramientas para entender las razones estructurales que condicionan las cir-
cunstancias y experiencias de las mujeres en reclusión.
Como acabo de señalar más arriba uno de los objetivos de nuestro primer propósito, de
los tres apuntados, para el proyecto “Mujeres en espiral” consistía en el análisis de los marcos
formativos que producen y dan sentido a las formas de subjetivación de las internas. Con
este fin diseñé un trabajo etnográfico al interior de Santa Martha cuyo objetivo principal
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consistía en el análisis de las oportunidades y limitaciones de los procesos de educación


informal y formal que se producen en la cárcel, como un espacio educativo alterno, para el
empoderamiento y el ejercicio de una ciudadanía cultural.
Nuestra propuesta etnográfica quería ser una contribución interdisciplinar al área de la
investigación educativa que, situándose desde el enfoque de los Estudios Culturales y la
perspectiva de género, articulase productivamente los campos de la Sociología de la
Educación y la Pedagogía Crítica. Creo que la aportación más original y relevante de este
trabajo al campo de la investigación educativa tenía que ver con tres aspectos. Por un lado,
nos haríamos cargo de la escasez de estudios en educación no formal y especialmente en
educación informal y de la necesidad de que éstos, sin desmerecer el valor de las investiga-
ciones llevadas a cabo desde otras instituciones e instancias, se elaboren desde la investi-
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gación producida en nuestras universidades públicas (Schmelkes 2008, 337 y 525-527). No


en vano Adriana Puiggrós, una de las coordinadoras del importante proyecto de colaboración
entre la UNAM y la Universidad de Buenos Aires “Alternativas pedagógicas y prospectiva
educativa en América Latina”, respondía a la pregunta sobre urgencias y retos en investi-
gación formulada en 2010 por la Revista Mexicana de Investigación Educativa:
La investigación destinada a la inclusión deberá abordar el reconocimiento, la evaluación y la
certificación de saberes adquiridos fuera de las instituciones educativas o mediante la asistencia
a tramos irregulares de la educación formal. Millares de jóvenes, ciudadanos y trabajadores lati-
noamericanos han adquirido los saberes que les permiten subsistir en la compleja red cultural,
tecnológica y laboral mediante procesos no formales. Será indispensable investigar modalidades
de enseñanza-aprendizaje que articulen los programas de las instituciones educativas con los
procesos informales o simplemente no escolares (Puiggrós 2010, 1097).
Por otro lado, nuestro trabajo atendería la necesidad de elaboración de perfiles más precisos
de grupos vulnerables. El abordaje de este aspecto supondría inmediatamente un insumo
fundamental para el vacío existente en el diseño especializado de programas de educación
no formal dirigidos a grupos vulnerables de características y en condiciones específicas
(Schmelkes 2008, 358-359). Finalmente, nuestro proyecto fomentaría una visión de la edu-
cación que, más allá de sus dimensiones pedagógicas y metodológicas, se compromete con
aquéllas de tipo político y ético. Con este fin nuestra propuesta se planteaba como un
proyecto de investigación-acción de acuerdo a una comprensión unitaria de teoría y praxis.

Lo que sucedió10
La oficina de dirección de Santa Martha Acatitla es un espacio muy amplio apenas amueb-
lado. En un extremo la mesa de dirección. En el otro, una mesa de juntas donde nos sentamos
el grupo de trabajo del PUEG y las autoridades penitenciarias. Quieren hablar con nosotras
antes de comenzar el taller programado con las internas. No imaginábamos que este taller
no sería autorizado; tampoco que aquella cita sería la primera de dos -y últimas- escenas de
arribo de una etnografía accidental. Lo inesperado del “evento” explica que mi atención a
los detalles fuese errática; valga lo que sigue como notas de un diario de campo que no
existió y que ahora improviso.
Huele a desinfectante barato. Hace frío. El ruido: gritos que provienen del patio a través
de una ventana rectangular y murmullos desde una puerta que comunica la oficina de la
directora con una estancia pequeña para las secretarias y otra angosta donde esperan las
reclusas consultas, trámites, citaciones, peticiones. Lo decía Faith Wilding: “Waiting…wait-
ing…waiting…”. Lo dijo Roberto Bolaño: “…una larga espera inerme, una espera cuya
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columna vertebral era el desamparo, algo muy latinoamericano”.11 Mi análisis de estas dos
escenas, melancólicamente atadas a una etnografía imposible, se convierte en una fenom-
enología de “la espera”; la no-acción subalterna. Mi memoria involuntaria apenas ha regis-
trado detalles visuales; sí olores, sí ruidos, también algunas palabras y su inmenso peso.
Quizás mi análisis deba articularse a partir de estas palabras y lo que hicieron.

Puertas abiertas
Una de las primeras preocupaciones que suscitó el diseño etnográfico del taller tenía que
ver con el alcance de la propuesta de investigación-acción participativa. Entre los años 2009
y 2012 el PUEG llevó a cabo diversos talleres en Santa Martha en paralelo a la elaboración
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de los murales. Nuestro trabajo se basó en un modelo de activación de la memoria y las


prácticas autobiográficas que partía de textos literarios y visuales que nosotras mismas,
como facilitadores del proceso, proponíamos. Nuestro punto de partida en esta ocasión iba
a ser otro. Queríamos que fuesen las propias participantes quienes sugiriesen una reflexión
colectiva a propósito de los materiales culturales –lecturas, películas, programas de televisión
y radio, revistas, etc- que les interesan y que frecuentan en las horas, muchas, que no están
con nosotras. Esta estrategia nos parecía una manera de acceder a sus dispositivos formativos
precisamente para entender los procesos de subjetivación, con su tensión entre la agencia
y la internalización de discursos y prácticas dominantes, que nos interesaba examinar. Sí
recuerdo el absoluto silencio al exponer el cambio de estrategia; también la estasis, diría
ahora que penetrante, de los cuerpos y las miradas de las autoridades. Una especie de dis-
conformidad impermeable. “Hay que tener cuidado con estos talleres vivenciales porque se
pueden abrir puertas”. La metáfora, “abrir puertas”, es autoexplicativa. Ahora, ¿qué tipo de
talleres serían deseables y en función de qué supuestos de acuerdo a las políticas educativas
de la autoridad carcelaria? ¿Aquéllos que cierran puertas? ¿Con qué efectos en las reclusas?
El drama social que estaba inaugurando el peso de sólo dos palabras -”abrir puertas”- se
revelaba así sujeto a un discurso punitivo claro al movilizar un flujo emocional hostil hacia
cualquier intento por dinamizar instancias de conciencia reflexiva a través del taller
propuesto.

Libre albredío
La investigación-acción participativa, en sintonía con los postulados de concientización
transformadora de la educación popular, parte de la explicación estructural de la conducta
y situación de individuos y comunidades. En este sentido una colega explicó la intersección
de pobreza, sexualidad y género (a menudo color de piel también) que atraviesa la mayoría
de los expedientes de las internas. La idea no es exculpar –aunque insisto, se calcula que un
30% de la población reclusa en Santa Martha no es culpable del delito imputado- sino
entender los mecanismos de violencia estructural que están en juego. “No se trata de que
sean mujeres pobres, se trata del ejercicio del libre albedrío”. Esta forma de darwinismo social
tiene un siniestro parecido con alguno de los puntos más importantes de El martillo de las
brujas, el manual de la Inquisición publicado en 1484 y que puede considerarse como fun-
dacional de las ciencias penales: “El mal no obedece a causas mecánicas ni físicas sino a la
voluntad humana (…) La voluntad humana se inclina al mal en personas que son biológi-
camente inferiores, porque son más débiles” (Zaffaroni 2000, 24). Mi conexión inquisitorial
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no ha de tomarse al pie de la letra; sin embargo, sí es productivo pensar en su reactualización


en el siglo XXI al borrar de los análisis criminológicos las condiciones socio-económicas. Y
peor, al convertir a las prisiones en zonas de criminalización de la miseria (Wacquant 2004,
50) y de expurgación secreta, en cuerpos que no importan, de una lógica neoliberal que
sustituye la responsabilidad colectiva por la individual y, consecuentemente y como veremos
a continuación, al sujeto de derechos por un sujeto culpable.

Rapport
Uno de los puntos de mayor desacuerdo y tensión en las dos reuniones entre el PUEG y las
autoridades penitenciarias tuvo que ver con el tipo de relación que se debe (o no) entablar
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entre personas externas e internas. “Evitar la familiaridad” “Guardar una sana distancia”
“Establecer un rapport”. Una de nuestras colegas argumentó, en contra de esta higienización
afectiva (¿recuerdan el olor a desinfectante?), que no existe un espacio pedagógico crítica-
mente efectivo sin “transferencia”. Es decir, sin una vinculación amorosa entre los sujetos.
Una lección que hemos aprendido del feminismo lésbico negro y que, en una genealogía
que incluye entre otras a Audre Lorde (“Our erotic knowledge empowers us” 1984, 57) y bell
hooks (“…we must find again the place of eros within ourselves and together allow the mind
and the body to feel and know and desire” 1994, 118), nos ha animado a poner en crisis
algunas de las dictomías más persistentes del pensamiento heteronormativo (público/
privado, mente/cuerpo, razón/emoción). No en vano el equipo de psicólogos de Santa
Martha insistió en el total rechazo del psicoanálisis en la cárcel a favor de la aproximación
normalizadora de las técnicas cognitivo-conductuales.

Derechos y novias
Una de las situaciones que más me impresionó a lo largo de esta conflictiva interlocución
se produjo durante mi intercambio con uno de los psicólogos.
-¿Usted en qué es doctora?
-En literatura.
-Entonces usted sólo sabe de literatura. Ellas sólo están interesadas en sus derechos y en
sus novias.
En dos palabras, “derechos y novias”, se encapsula toda la crueldad del ejercicio de un poder
anómico que es funcional a la heteronormatividad neoliberal . Una relación entre derecho
e intimidad o más bien entre la negación de ambos, en el sentido que ya han avanzado
Lauren Berlant y Michael Warner, que pone de manifiesto hasta qué punto existe un control
público de los cuerpos en esa ficción de libertad que llamamos el espacio privado: “This
sense of rightness –embedded in things and not just in sex- is what we call heteronormativity.
Heteronormativity is more than ideology, or prejudice, or phobia against gays and lesbians;
it is produced in almost every aspect of the forms and arrangements of social life: nationality,
the state, and the law; commerce; medicine; and education; as well as in the conventions
and affects of narrativity, romance, and other protected spaces of culture” (Berlant y Warner
2000, 318).
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Conclusiones
El fracaso del Estado mexicano respecto de la garantía de los derechos fundamentales de
sus ciudadanos, en particular el derecho a la educación y a la justicia, informa no pocos
proyectos de investigación-acción al servicio de agendas éticas y políticas. No está de más
recordar que la investigación-acción es impulsada en la década de los 60s del siglo pasado
desde Colombia por Orlando Fals Borda precisamente como respuesta a la preocupación
por la separación entre epistemología y compromiso que identifica entonces en la produc-
ción de conocimiento social en Latinoamérica. En este artículo he presentado brevemente
cómo “Mujeres en espiral: sistema de justicia, perspectiva de género y pedagogías en resist-
encia” se diseñó a partir de la articulación de tres áreas diferenciadas –de investigación,
intervención pedagógico-cultural y práctica jurídica- animadas por la vinculación entre teoría
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y praxis. Quisimos establecer un vínculo entre investigación y pedagogía a partir de una


etnografía, cuya técnica de acción se impulsaba a partir de un taller en una cárcel de mujeres
de la Ciudad de México, que diese cuenta de cómo determinados sujetos vulnerables son
capaces de generar saberes tenidos por residuales pero, a la vez, empoderantes justo ahí
donde el Estado bloquea las posibilidades de una ciudadanía plena. Las cárceles en México
se convierten así en escenarios de castigo de una miseria que es funcional al neoliberalismo
y que, al mismo tiempo, “naturaliza” su operatividad para beneficio de quienes ganan, algo
o mucho, con este orden global.

Notas
La primera línea del título de este artículo está inspirada en el documental de Terry Gilliam Lost
1. 
in la Mancha (2002) sobre su recurrentemente fallido proyecto de filmar la célebre novela de
Miguel de Cervantes Don Quijote de la Mancha.
2. 
Coordinadora general Marisa Belausteguigoitia, coordinador del área de práctica jurídica
Ricardo Ortega (de la clínica jurídica Luis Alberto Muñoz y de la unidad con perspectiva de
género del bufete jurídico de la UNAM Lourdes Enríquez), coordinadora del área de formación
Arelhí Galicia. Estos datos son válidos solo para 2013.
3. 
Datos en nota publicada abril 2016 http://www.jornada.unam.mx/2016/04/17/politica/014n1pol
4. 
Según una encuesta realizada en los Centros Federales de Readaptación Social por el Centro
de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) en 2012 de la población femenil un 5.3% no
asistió a la escuela, un 23.2% tiene la primaria incompleta, un 14.7% sí acabó la primaria, un
16.8% no completó la secundaria y el mismo porcentaje sí lo hizo, un 10.5% tiene preparatoria
sin finalizar, un 9.5 % la tiene acabada, un 1.1% cursó alguna materia en el sistema de educación
superior y un 2.1% tiene un grado universitario. En http://biiacs-dspace.cide.edu/xmlui/
handle/10089/16531
En su Economies of Abandonment Elizabeth Povinelli formula el concepto de exhaustion como
5. 
una fuerza opuesta a la de endurance. Creo que la productividad analítica del vocabulario
de Povinelli radica en su esfuerzo por entender la interpelación ideológica, y las condiciones
estructurales donde se produce, desde una filosofía del devenir que logra identificar procesos
agenciales contrahegemónicos que exceden las explicaciones estrictamente voluntaristas.
6. 
“Mujeres en espiral”, en la versión de 2013 que estoy explicando, estuvo precedido por un
trabajo colectivo del PUEG que durante varios años consisitió en la elaboración de murales de
gran formato en las dos salas para las visitas externas –una destinada a las internas sentenciadas
y otra a aquéllas que esperan sentencia- de la cárcel para mujeres de Santa Martha Acatitla en
la Ciudad de México.
7. 
Durante todo el año 2013 coordiné, como responsable del área de investigación del proyecto,
el seminario. La clínica jurídica continúa en activo hasta la fecha.
8. 
Véase nota 6.
366   D. H. LÓPEZ

9. http://archivos.diputados.gob.mx/Centros_Estudio/ceameg/informacion_analitica_2010/
Doc_20.pdf
10. El lunes 6 de mayo de 2013 –fecha en la que estaba programado el comienzo de nuestra
etnografía- y el lunes 13 de mayo un grupo de trabajo del PUEG mantuvo sendas reuniones en
la dirección de Santa Martha con diversas autoridades penitenciarias Permanecerán anónimas
las identidades de las personas que participaron en estas entrevistas y me referiré al grupo del
PUEG por un lado y, por el otro, a las autoridades penitenciarias.
11. Este poema de Faith Wilding fue interpretado como performance en el Womanhouse de los
Ángeles a principios de los 70s. La cita de Bolaño es de su novela 2666 (659-660).
12  Todas las referencias electrónicas consultadas en junio de 2016.

Referencias
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