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La luz desaparecida de las luciérnagas

Las luciérnagas son escarabajos, (Lampyridae), de la superfamilia


(Cantharoidea). Alrededor del mundo se calcula que hay más de dos
mil especies de luciérnagas, casi todas ellas viven en las zonas
tropicales y subtropicales. Sólo unas pocas especies se encuentran en
Europa. En España (en la revisión de los coleópteros del Paleártico,
Geisthardt de 2007), se han identificado 8 especies, 12 especies para
Francia, 19 para Italia y 14 para Grecia. También existe una tabla de
identificación básica de luciérnagas presentes en la península ibérica
(gracias al magnífico proyecto portugués Pirlilampos):

Imagen de una hembra (arriba) y de un macho (abajo) de un ejemplar


de la luciérnaga europea. La ilustracion no está a medida, puesto que
el macho és algo menos de la mitad de la hembra.
-Lampyris noctiluca, (Linneo 1767).
-Lampyris iberica, (Geisthardt, Figueira y De Cock, 2008).
-Lampyris raymondi, (Mulsant & Rey, 1859
-Lamprohiza mulsanti (Kiesenwetter, 1850)
-Nyctophila reichii, (Jaquelin du Val, 1859)
-Nyctophila heydeni, (Olivier, 1884) sólo en Baleares
-Phosphaenus hemipterus (Goeze, 1777):
-Pelania mauritanica (Linneo, 1767)
El rasgo característico de todas las especies españolas es que la
capacidad de bioluminiscencia se expresa sólo en las hembras y en
concreto se produce en los últimos segmentos de su abdomen, los
cuales resultan brillantes en la oscuridad. Esta capacidad
bioluminiscente está ligada pues a la atración sexual de las hembras,
cuyos ejemplares no tienen capacidad de volar como los machos. Las
hembras no tienen alas (son ápteras) y con aspecto de larva, aunque
en algunos géneros pueden apreciarse pequeñas alas vestigiales. En
Portugal, encontramos la especie Luciola lusitanica, que tanto los
machos como las hembras tienen el mismo aspecto de escarabajo y
ambos producen luz.
La capacidad de bioluminiscencia la producen unas células situadas al
final del abdomen que contienen un ingrediente especial, la luciferina,
esta substancia reacciona con el oxígeno suministrado a través de las
tráqueas y entonces la reacción química que se produce emite luz. El
oxigen que llega a las células bioluminiscentes està regulado por
impulsos transmitidos a lo largo de las fibras nerviosas, por lo que la
luciérnaga puede arbitrariamente emitir o no luz.
Otras células, del abdomen contienen cristales de ácido úrico que
reflejan y amplifican la luz. Gracias a esta capacidad de emitir luz, las
hembras atraen a los machos luciérnagas. Como hemos dicho las
hembras no pueden volar y tienen un cuerpo blando alargado. Los
machos como la mayor parte de los escarabajos si pueden volar y son
de menor dimensión.
Las luciérnagas aman la humedad, por lo que se asientan sólo en
áreas algo húmedas y las hembras son depredadores que se
alimentan de las larvas de invertebrados, especialmente de pequeños
caracoles y babosas (se calcula que durante el desarrollo de una larva
de luciérnaga, esta puede comer más de setenta caracoles). De ahí
que sean muy beneficiosas para la agricultura, siempre y cuando no
se utilicen pesticidas. De hecho hay pruebas que cuando un campo se
cultiva con agricultura ecológica, al cabo de unos años vuelven a
aparecer las luciérnagas que habían desaparecido por el uso de
agroquímicos.
Las luciérnagas eran una fuente de gran placer hace años en nuestro
país. Algunos niños las ponían en tarros de cristal, donde estas
emitían luz hasta morir por falta de oxígeno. No duraban ni una noche
en el bote. Otros aprendimos que estos delicados bichos eran mucho
más interesantes colgados de un arbusto como si fueran seres de otra
dimensión. Hoy ya no se capturan pues, las luciérnagas se ven muy
raramente lo cual no hace sino constatar la evidencia planteada por
los científicos. Las luciérnagas se están extinguiéndose en el silencio
de la noche.

En la oscuridad de la noche, nuestras luciérnagas van desapareciendo


como la mayoría de los insectos. Además de estar afectadas por la
mortalidad causada por el uso de pesticidas, en estos animalillos se
añaden otros factores letales como el incremento de la iluminación
artificial nocturna (que es aprecia en las imágenes de satélite de
nuestro planeta) y la destrucción de su hábitat natural. Hoy la
luciérnaga no es más que una víctima de nuestro estilo de vida
insostenible.
Sería importante promover proyectos de ciencia ciudadana que sirvan
para conocer un poco más estos insectos y además alertar sobre la
problemàtica de la desaparición de las luciérnagas. En nuestras
latitudes, estos bichitos se observan sólo en verano, desde finales de
junio y hasta principios de agosto. Los adultos viven escasamente una
semana.
Dada la alerta que existe sobre las luciérnagas, algunos científicos
lanzaron una llamada internacional (Declaración de Selangor) para
impulsar su protección. En este documento se destaca que la
capacidad de estos insectos para producir luz no ha sido
suficientemente enfatizado a nivel científico y que es urgente
garantizar la conservación de todas las especies de fireflyes.

En síntesi, los expertos advierten que las poblaciones de luciérnagas


están disminuyendo en todo el mundo, y hay una necesidad urgente
de conservar sus hábitats. La protección de los hábitats de las
luciérnagas contribuye a la conservación de muchas otras especies de
nuestra vida silvestre y, sin duda, contribuyen a una mejor calidad de
vida para los seres humanos.
La trampa de las lucecitas solares de jardín
En los entornos rurales y urbanos una de las peores acciones contra
las luciérnagas son las lamparitas solares que se colocan para señalar
caminos. Estas lamparas, especialmente, las que están cerca del
suelo, atraen a los machos confundidos por su luz y, pensando que es
una hembra malgastarán su energía cortejando a una luz artificial.
Esto hace perder oportunidades para el acoplamiento y amenaza, por
tanto, también a la viabilidad de la especie. Durante los meses críticos
de su reproducción (de primeros de junio a princpios de agosto)
deberíamos apagar estas luces exteriores en nuestros jardines,
especialmente, en los ámbitos más rurales y urbanizaciones.
Ha llegado el momento de recuperar la memoria histórica cuando en
los entornos rurales, las luciérnagas nos acompañaban en las noches
de verano.