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Pontificia Universidad Javeriana

Facultad de Filosofía
Seminario: Kant - Crítica de la Razón Pura
Profesor: Vicente Durán Casas S.J.
Presentado por: Fabio Barrera
Bogotá, 8 de agosto del 2016

UN CAMINO CONSTRUIDO POR LA CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA

El presente texto tiene como fin llevar a cabo un análisis de la Introducción elaborada
por el filósofo alemán Immanuel Kant en su Crítica de la Razón Pura. Para el desarrollo
de tal objetivo, se analizará en primera instancia, la distinción que lleva a cabo el
pensador entre conocimiento puro y conocimiento empírico. Posteriormente, se hará una
breve exposición en torno a la distinción entre juicios analíticos y juicios sintéticos que
realiza el autor, para dar paso al estudio de los juicios sintéticos a priori como
principios de las ciencias teóricas. En cuarto lugar, analizaremos el lugar de la
metafísica en Kant y su relación con el problema de la Razón. Para finalizar, se llevará a
cabo una caracterización de la metafísica en Kant como disposición natural, para así
abrirle paso al análisis del proyecto de la Crítica de la Razón Pura como propedéutica de
la filosofía trascendental.

1. Distinción kantiana entre conocimiento puro y conocimiento empírico

La introducción llevada a cabo por Kant en su Crítica a la Razón Pura (CRP), empieza
con una certera afirmación: “no hay duda de que todo nuestro conocimiento comienza
con la experiencia” (Kant, 2015, pág. 41). Con Hume, Kant está aceptando que
efectivamente nuestra facultad de conocer únicamente puede ser despertada mediante
nuestra sensibilidad. Con dicha aserción, Kant le está otorgando una primacía en el
orden temporal a nuestros sentidos, en tanto que ningún conocimiento precede
temporalmente a la experiencia y todo conocer comienza con ella. Sin embargo, en su
CRP, Kant va a establecer un presupuesto epistémico fundamental, que marcará el
rumbo de la totalidad de su obra y que lo hará acreedor de la construcción de una nueva
revolución copernicana: el conocimiento no es una facultad pasiva, limitada a la
recepción de datos procedentes de los objetos de la experiencia; en la experiencia
cognoscitiva, el sujeto cognoscente es activo y configura de esta forma la realidad
conocida.

Siguiendo con la anterior empresa, Kant afirmará que “aunque todo nuestro
conocimiento empiece con la experiencia, no por eso procede todo él de la experiencia”.
Es así como el pensador alemán considera que una de las cuestiones que merecen un
detenido examen, es la de poder tener certeza de si existe un conocimiento a priori,
independiente de la experiencia e incluso de las impresiones de nuestros sentidos,
distinguido de un conocimiento a posteriori, es decir, empírico. Para no dar lugar a
confusiones sobre las múltiples concepciones y matices que pueden surgir en torno a la
expresión a priori, Kant aclara lo que él va a entender, a lo largo de su obra, por
conocimiento a priori:
En lo que sigue entenderemos, pues, por conocimiento a priori el que es
absolutamente independiente de toda experiencia, no el que es independiente de
esta o aquella experiencia. A él se opone el conocimiento empírico, el que sólo es
posible a posteriori, es decir, mediante la experiencia (Kant, 2015, pág. 43)
De esta forma, el filósofo de Königsberg emprende la labor de averiguar cuál es el
criterio que permite distinguir entre el conocimiento puro del conocimiento empírico.
Para ello, formula dos características que permitirán el desarrollo de tal proyecto: en
primera instancia, si encontramos una proposición que siendo pensada, es a su vez
necesaria, tendremos frente a nosotros un juicio a priori; en segundo lugar, si se piensa
un juicio con estricta universalidad, esto es, que no admita excepción alguna, este no
deriva de la experiencia, pues nos encontraremos nuevamente frente a un juicio válido
absolutamente a priori, debido a que la experiencia nunca otorga a sus juicios una
universalidad verdadera o estricta (Kant, 2015). Necesidad y universalidad son los
criterios seguros que nos permitirán distinguir un conocimiento a priori de uno
empírico o a posteriori, encontrándose aquellos inseparablemente ligados entre sí.

Además de acudir a tales criterios para determinar la distinción entre ambos tipos de
conocimiento, Kant demuestra la existencia de principios puros a priori en nuestro
conocimiento, argumentando su indispensabilidad para la posibilidad de la experiencia
misma. En efecto, la experiencia no podría tener certeza de sí misma, si no existiesen
unas reglas previas a priori conforme a las cuales le es posible avanzar. La
contingencia, propia del conocimiento empírico, no puede ser una regla de los primeros
principios que posibiliten el conocimiento y su avance. Por tanto, la posibilidad del
conocimiento humano se asienta en nuestra facultad misma de conocer a priori.

2. Distinción entre los juicios analíticos y los juicios sintéticos

En los juicios analíticos, el predicado pertenece al sujeto como algo que está
implícitamente contenido en el concepto; en estos, entonces, se piensa el lazo entre el
predicado y el sujeto mediante la identidad. Dicha forma de juicio no añaden nada al
concepto mediante el predicado, pues simplemente lo descomponen en sus conceptos
parciales, los cuales estaban ya pensados en el concepto del sujeto (Kant, 2015). Un
juicio analítico se funda a priori, pues ya antes de acudir a la experiencia, el concepto
del sujeto contiene todos los requisitos exigidos por el juicio. Tomemos como ejemplo
la siguiente proposición: “todos los triángulos tienen tres lados”. En esta proposición,
no tengo la necesidad de ir más allá del concepto mismo de “triángulo” para determinar
que el “tener tres ángulos” está enlazado con aquel. Para ello, sólo requiero de la
descomposición del concepto mismo, del adquirir conciencia de aquello que siempre
pienso cuando hago referencia a él.

Por el contrario, en los juicios sintéticos el predicado se halla completamente fuera del
concepto, a pesar de que guarda con él alguna conexión; en estos, el lazo entre el
predicado y el sujeto se piensa sin la identidad que caracteriza a los analíticos. Estos
añaden al concepto del sujeto un predicado que no era pensado en él y de ninguna forma
podía extraerse de su descomposición. Tomemos como ejemplo la siguiente
proposición: “Todos los cangrejos son rojos”. En esta proposición, el predicado
constituye algo completamente distinto de lo que pienso en el concepto de “cangrejo” y
por tanto, no existe una identidad en el lazo entre el sujeto y el predicado. Para hallar
dicha identidad, requiero de ir más allá del concepto mismo, ayudándome de la
experiencia. En este ejemplo, la posibilidad de la síntesis entre el predicado “rojo” y el
concepto de “cangrejo” se basa en la experiencia, pues ambos se hallan en mutua
correspondencia, pero contingente y fortuita, no necesaria y universal, como sucede con
los juicios analíticos.

3. Los juicios sintéticos a priori como principios de las ciencias teóricas

Kant afirma que en los juicios sintéticos a priori, no poseemos la posibilidad y la


ventaja de acudir a la ayuda de la experiencia, propia de los juicios sintéticos. En estos,
el predicado es completamente distinto al concepto del sujeto, y sin embargo, se
reconoce la pertenencia de uno en el otro, así aquel no esté contenido en éste. Para la
explicación de tales juicios, el filósofo alemán toma como ejemplo la proposición
“Todo lo que sucede tiene su causa”. En esta proposición, el concepto de “causa” se
halla completamente fuera del concepto de “algo que sucede” e indica algo distinto de
ello; por tanto, dicho concepto no está contenido en esta última representación. A partir
de allí, Kant se pregunta:

¿Cómo llego, por tanto, a decir de “lo que sucede” algo completamente distinto y
a reconocer que el concepto de causa pertenece a “lo que sucede” (e incluso de
modo necesario), aunque no esté contenido en ello? ¿Qué es lo que constituye
aquí la incógnita X en la que se apoya el entendimiento cuando cree hallar fuera
del concepto A un predicado B extraño al primero y que considera, no obstante,
como enlazado con él? (Kant, 2015, pág. 50)
A tales cuestionamientos, Kant no va a dar respuesta inmediata, en tanto que el
desarrollo de la CRP tendrá como horizonte el responder a la cuestión sobre la
posibilidad de los juicios sintéticos a priori. Sin embargo, va a afirmar que la respuesta
a dichos interrogantes no puede estar en la experiencia, debido a que el principio “Todo
lo que sucede tiene su causa” añade una segunda representación, aumentando la
generalidad de la primera y expresando su necesidad, de forma puramente a priori y a
partir de meros conceptos. De esta forma, Kant señala que el objetivo final de nuestro
conocimiento especulativo a priori tiene como base aquellos juicios sintéticos. El
pensador de Königsberg describe los principios que sirven como base de las ciencias
teóricas de la razón, concluyendo que cada una de ellas contiene juicios sintéticos a
priori como principios.

En el caso de las matemáticas, afirma en primera instancia que ante todo se debe tener
siempre en cuenta que las proposiciones verdaderamente matemáticas son siempre
juicios a priori, ya que conllevan necesidad y universalidad. De igual forma, son
sintéticos en la medida en que el sujeto no incluye al predicado. Para explicar que los
principios de las matemáticas operan como juicios sintéticos a priori, Kant pone como
ejemplo de esta clase de juicios “7+5=12”. En principio podría pensarse que dicha
proposición de la matemática es analítica; sin embargo, analizando con atención,
podemos ver que esta no puede ser analítica, ya que el concepto de 12 no se incluye, por
sí mismo, en los números 7 y 5. Cuando pienso en éstos números, no surge de allí
necesariamente el número 12, sino que tengo que acudir a la intuición para poder contar
del 1 al 7 y del 7 al 12, sumando las 5 unidades. Es así como por medio de la intuición,
único factor por medio del cual es posible la síntesis en este caso, podemos
representarnos el concepto de 12.

Para el caso de las ciencias naturales o la física, Kant propone un primer ejemplo que le
ayude a desarrollar la tesis que sostiene que ésta, al igual que las matemáticas, contiene
juicios sintéticos a priori como principios: “en todas las modificaciones del mundo
corpóreo permanece invariable la cantidad de materia”. La necesidad y el origen de esta
proposición son a priori, siendo de igual forma una proposición sintética. En el
concepto de materia no pienso la permanencia, sino sólo su presencia en el espacio que
llena; de esta forma sobrepaso el concepto de materia y le añado a priori algo que no
estaba contenido en él.

Con respecto a la metafísica, Kant va a afirmar que, aunque no sea hasta ahora más que
una tentativa de ciencia, debe contener juicios sintéticos a priori, debido a que su tarea
es la de ampliar nuestros conocimientos a priori. Para ello es necesario servirnos de
principios que añadan al concepto dado, algo que no estaba en él y alejarnos del mismo
mediante juicios sintéticos a priori, de tal forma que ni la propia experiencia puede
seguirnos, como ocurre en las proposiciones propias de la metafísica (Kant, 2015).

4. La metafísica y el problema de la razón

La cuestión de la metafísica en Kant es uno de los temas que más ha suscitado debates y
posturas divergentes a lo largo de los estudios sobre el autor. Y es que, indudablemente,
la cuestión sobre la posibilidad de la metafísica domina toda la filosofía de Kant (o por
lo menos a su obra fundamental, la Crítica de la Razón Pura). Tanto en sus prólogos
como en la introducción a la CRP, Kant se ha interrogado en torno a sus fracasos, su
propósito y su porvenir. Si bien es cierto que son reiterados los ataques que elabora
Kant a la metafísica en toda su obra, por el hecho de no haber alcanzado aún el status de
ciencia, no es posible afirmar que el pensador alemán renuncie a ella. Por el contrario, el
gran interés que esta le despierta le lleva a platearse la empresa de hacerla por fin
posible (Grondin, 2006).

En el apartado VI de su introducción, titulado “Problema general de la Razón Pura”,


afirma que la razón por la que la metafísica ha permanecido hasta su presente en un
estado inseguro y contradictorio, obedece al no haberse planteado el problema de los
juicios analíticos y sintéticos. De la solución de ese problema, que contienen el
problema planteado por la razón pura sobre la posibilidad de los juicios sintéticos a
priori, o de la prueba suficiente de que no existe en absoluto la aclaración de aquella
posibilidad, depende el que se sostenga o no la metafísica. De igual forma, señala Kant
que la solución a dicho problema incluye la posibilidad del uso puro de la razón en la
fundamentación y desarrollo de todas las ciencias que contengan un conocimiento
teórico a priori de objetos (Kant, 2015).

Con respecto a la metafísica, su “andar a tientas” que había llevado las riendas de su
negativa marcha, hacía sembrar la duda en todo el mundo con respecto a su posibilidad;
ninguna de las formas que la metafísica había adoptado hasta aquel entonces, permitía
aceptar su existencia real. Ahora bien, el hecho de que la metafísica no sea real en
cuanto ciencia, no implica que no se pueda considerar dicha especie de conocimiento
como dada; en este punto, Kant asume la realidad de la metafísica en cuanto
disposición natural.

5. La metafísica como disposición natural

Kant reconoce que la metafísica no ha sabido llegar a ser una ciencia rigurosa a igual
título que las matemáticas o la física; sin embargo, evita despreciar el significado de la
labor metafísica, la cual considera esencial para la razón humana. Es así como, más que
su destructor, Kant puede ser considerado como aquel que quiso oponerse a la
indiferencia que suscitaba la metafísica en su época. Si bien reconoce que la metafísica
no ha conseguido justificar sus pretensiones científicas, no es menos cierto que la
necesidad metafísica es absolutamente real (Grondin, 2006). Es así como Kant asume la
obligatoriedad de admitir que la metafísica es una disposición natural del hombre.

(…) de alguna forma se puede considerar esa especie de conocimiento como dada
y, si bien la metafísica no es real en cuanto ciencia, sí lo es, al menos, en cuanto
disposición natural (metaphysica naturalis). En efecto, la razón humana avanza
inconteniblemente hacia esas cuestiones, sin que sea sólo la vanidad de saber
mucho quien la mueve a hacerlo. La propia necesidad la impulsa hacia unas
preguntas que no pueden ser respondidas ni mediante el uso empírico de la razón
ni mediante los principios derivados de tal uso. Por ello ha habido siempre en
todos los hombres, así que su razón se extiende hasta la especulación, algún tipo
de metafísica, y la seguirá habiendo en todo tiempo (Kant, 2015, pág. 55)
En su introducción, Kant explica el por qué siempre ha habido algún tipo de metafísica,
señalando que la razón, impulsada por su propia naturaleza, se ve inevitablemente
dirigida a superar los límites del mundo sensible y a plantearse las cuestiones que
atañen a la metafísica. La razón siempre busca conocer el porqué de las cosas,
investigando las condiciones de las cosas, y la condición final que fundamenta dichas
condiciones. De acuerdo con Grondin, la búsqueda de la condición de la condición, sólo
puede ser satisfecha por un término que sea él mismo incondicionado (Grondin, 2006).
La razón no se conforma nunca con las respuestas obtenidas a partir del condicionado,
ya que este nunca satisface su búsqueda de explicación y es por ello que aquella siempre
persigue el incondicionado o el absoluto. En la sección de la Dialéctica trascendental,
que tendremos la posibilidad de analizar con detenimiento más adelante, Kant se
esforzará en mostrar que en virtud de su estructura interna, la razón busca formas
específicas de su incondicionado, alcanzando necesariamente ideas como las de la
inmortalidad del alma, la libertad de la voluntad y la existencia de Dios. En su finalidad
última, toda metafísica se resume a dichas ideas.
Ahora bien, afirma Kant que teniendo en cuenta la oscuridad y las contradicciones que
rodeaban las tentativas de responder dichas preguntas, no podía conformarse con la
simple disposición natural a la metafísica, es decir, con la facultad misma de la razón
pura a partir de la cual nace alguna metafísica. Por tanto, plantea la conveniencia de
pensar en la posibilidad de llegar, gracias a dicha facultad, a la certeza sobre el
conocimiento o desconocimiento de los objetos, esto es, acerca de la capacidad o falta
de capacidad de la razón para juzgar sobre los objetos de las preguntas que la misma
plantea. Esto nos conduce a una de las cuestiones centrales de la CRP: ¿es posible la
metafísica como ciencia? La crítica de la razón, el establecer cuáles son sus límites y
sus barreras, nos remite necesariamente a la ciencia. Ésta no se ocupará de los objetos
de la razón, sino de la razón misma, de aquellos problemas que surgen enteramente
dentro de sí misma y que se le presentan por su naturaleza propia (Kant, 2015) Es de
esta forma como la obra de Kant no quiere responder más que a una pregunta, aquella
que para el pensador alemán, sería la primera que se debe plantear ¿cómo es posible la
metafísica? Es así como el filósofo de Königsberg invita en su CRP a recuperar el
prestigio que debe tener una ciencia como la metafísica

Más firmeza nos hará falta si no queremos que la dificultad interior y la


resistencia exterior nos hagan desistir de promocionar al fin hasta un próspero y
fructífero crecimiento (mediante un tratamiento completamente opuesto al hasta
ahora seguido) una ciencia que es imprescindible para la razón humana, una
ciencia de la que se puede cortar el tronco cada vez que rebrote, pero de la que no
se pueden arrancar las raíces (Kant, 2015, pág. 57)
6. La Crítica de la Razón Pura como propedéutica del sistema de la Razón Pura o
filosofía trascendental

Kant define a la razón pura como aquella que contiene los principios mediante los
cuales conocemos algo absolutamente a priori. El órganon de la Razón Pura sería el
compendio de tales principios de acuerdo con los cuales se puede adquirir y lograr
realmente todos los conocimientos puros a priori. Lo que suministraría un sistema de la
razón pura, sería la aplicación exhaustiva de tal órganon. Sin embargo, antes de
desplegar en sí mismo tal sistema (que podríamos llamar de acuerdo a lo que hemos
venido señalando, sistema de la metafísica), conviene interrogarse sobre la posibilidad
misma de tal sistema. Es en este sentido que Kant considera a su obra como una ciencia
del simple examen de la razón pura, de sus fuentes y de sus límites; la crítica de la razón
pura, no es más que la propedéutica o la preparación al sistema de la razón pura. Siendo
así, tal empresa no serviría para ampliar la razón, sino sólo para clarificarla y
preservarla de errores (Kant, 2015). En este sentido, el filósofo alemán no está
renunciando a la metafísica: si se quiere construir un sistema de este tipo, es necesario
primero esclarecer los “prolegómenos” o sus condiciones de posibilidad (Grondin,
2006); por tanto, la exposición del sistema de la filosofía trascendental deberá
exponerse de forma posterior a su Crítica

Llamo trascendental todo conocimiento que se ocupa, no tanto de los objetos,


cuanto de nuestro modo de conocerlos, en cuanto que tal modo ha de ser posible a
priori. Un sistema de semejantes conceptos se llamaría filosofía transcendental.
Por su parte, ésta va [todavía] demasiado lejos para empezar. En efecto, desde el
momento en que esa ciencia debe contener enteramente tanto el conocimiento
analítico como el sintético a priori, posee, por lo que a nuestro propósito se
refiere, una excesiva amplitud, ya que sólo podemos prolongar nuestros análisis
hasta donde sea imprescindible para conocer en toda su extensión los principios
de la síntesis a priori, que constituyen nuestro único objeto a tratar. Nos ocupamos
ahora de esta investigación, que no podemos llamar propiamente doctrina, sino
sólo crítica trascendental, ya que no se propone ampliar el conocimiento mismo,
sino simplemente enderezarlo y mostrar el valor o falta de valor de todo
conocimiento a priori. Semejante crítica es, pues, en lo posible, preparación para
un organon y, caso de no llegarse a él, al menos para un canon de la misma según
el cual podría acaso exponerse un día, tanto analítica como sintéticamente, todo el
sistema de filosofía de la razón pura, consista éste en ampliar su conocimiento o
simplemente en limitarlo. Que tal sistema es posible, y más todavía, que no puede
tener una extensión tan grande como para hacer desconfiar de realizarlo por
entero, se desprende de antemano del hecho de que el objeto no es aquí la
naturaleza de las cosas, que es inagotable, sino el entendimiento que enjuicia esa
naturaleza de las cosas y, además, con la particularidad de ser el entendimiento
únicamente referido a su conocimiento a priori. (Kant, 2015, págs. 58-59)
El camino que traza Kant es claro: es preciso ejercer una reflexión crítica sobre la
posibilidad de la metafísica, antes de desplegar la doctrina sistemática que constituiría la
filosofía trascendental. El proyecto trazado por el pensador de Königsberg es la
posibilidad de una metafísica futura. La filosofía trascendental es la idea de una ciencia
cuyo plan debe ser esbozado por la crítica de la razón pura de un modo arquitectónico,
esto es, a partir de principios que garanticen la completud de todas las partes que
componen esta totalidad. La crítica no es por sí misma la filosofía trascendental, debido
a que para poder constituir un sistema completo, debería incluir un análisis exhaustivo
de todo conocimiento humano a priori. La crítica ofrece un recuento completo de los
conceptos básicos que constituyen dicho conocimiento puro; sin embargo, puede
abstenerse de realizar un análisis exhaustivo de los mismos, debido a que dicho análisis
sería inadecuado para el objetivo propuesto: establecer la posibilidad de los juicios
sintéticos a priori. Lo anterior, debido a que un análisis de tal envergadura, no logra
encontrar las dificultades con las que tropieza la síntesis. Ahora bien, Kant señala que la
crítica es la idea completa de la filosofía trascendental, pero sin llegar a ser esta ciencia
misma, ya que la crítica sólo extiende su análisis hasta donde lo exige el examen
completo del conocimiento sintético a priori. Es en este sentido en el que la crítica
establece las condiciones de posibilidad de la filosofía trascendental, construyendo el
sendero que permite su desarrollo sistemático, como ciencia.

Bibliografía
Grondin, J. (2006). Introducción a la Metafísica. España: Herder.

Kant, I. (2015). Crítica de la Razón Pura. Barcelona: Taurus.