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En el amor y el futbol todo se vale

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MODERADORAS DE TRADUCCIÓN
Michelle M Dahi

TRADUCTORAS
Michelle M Kari Yess

Dahi Debby Juliee

gabyguzman8 TamiMiau Pagan Moore

Tannia Maddox Amélie. Fabiro 13

July

MODERADORA DE CORRECCIÓN
Pagan Moore

CORRECTORAS
∞Jul∞ Pily Romina22

Daliam Clari florpincha

Michelle M Nuwa Loss Jessibel

Camila Cullen Ione Debby

LECTURA FINAL
Daliam Kari Romina22 Michelle M

DISEÑO
Michelle M
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Sinopsis Capitulo 20

Prólogo Capítulo 21

Capítulo 1 Capítulo 22

Capítulo 2 Capítulo 23

Capítulo 3 Capítulo 24

Capítulo 4 Capitulo 25

Capítulo 5 Capitulo 26

Capítulo 6 Capitulo 27

Capítulo 7 Capitulo 28

Capítulo 8 Capitulo 29

Capítulo 9 Capitulo 30

Capítulo 10 Capitulo 31

Capítulo 11 Capitulo 32

Capítulo 12 Capitulo 33

Capítulo 13 Capitulo 34

Capítulo 14 Capitulo 35

Capítulo 15 Capitulo 36

Capítulo 16 Capitulo 37

Capítulo 17 Epilogo
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Capítulo 18
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Capitulo 19
Las reglas: no besar en la boca, no pasar la noche, no decirle a nadie y
por encima de todo… no enamorarse.
Anna Jones sólo quiere terminar la universidad y encontrar su vida.
Enamorarse del mariscal de campo estrella ciertamente no está en su lista de
tareas. Seguro de sí mismo y encantador, él vive en el centro de atención y es
demasiado hermoso para su propio bien. Si tan sólo ella pudiera ignorar sus
miradas acaloradas y dejara de pensar en hacer cosas calientes y sucias con él.
¿Simple, no?
Una lástima que él este comprometido a romper cada una de sus reglas…
El futbol ha sido bueno para Drew. Le ha dado reconocimiento, dos
campeonatos nacionales y el premio al mejor jugador de fútbol americano de las
universidades. Pero lo que realmente anhela es la sexy pero complicada Anna
Jones. Su humor cortante y descarado desprecio a su fama lo enciende como
ninguna otra cosa. Pero hay un problema: lo ha bloqueado. Completamente.
Eso es hasta que un encuentro casual conduce al mejor sexo ardiente de su
vida, junto con la posibilidad de algo más grande. Desafortunadamente, Anna
quiere que siga siendo sólo un ligue. Ahora le toca a Drew tentarla con más: más
sexo, más satisfacción, más tiempo con él. Hasta que este verdaderamente
enganchada. Es algo bueno que él sepa todo sobre ganar.
Todo vale en el amor y el fútbol… Que comience el juego.

Recomendado para lectores de 17 años en adelante.


Game On #1
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Traducido por Michelle M
Corregido por ∞Jul∞

Anna
Voy tarde y es el primer día de clases. Me gustaría echarle la culpa a algo…
problemas de auto, no poder encontrar el camino a mi habitación, ser atacada por
un enjambre de abejas mientras cruzaba el patio, como sea. Sin embargo conducía
una scooter. Soy una estudiante de último año, así que sé a dónde tengo que ir.
Y las abejas se mantenían en las flores.
La verdad es que me detuve por una coca-cola light y una bolsa de nueces
antes de ir a clases. Porque tenía hambre y hay ciertas cosas que no pueden
esperar. Aún así, odio llegar tarde. Fija un mal ejemplo.
Dolorosamente consiente de la mirada de mi profesor, me regaño a mí
misma mientras me escabullo por una de las filas entre los escritorios. Me deslizo
en un asiento en la parte de atrás justo cuando un chico corre por el pasillo de la
misma manera apresurada y se sienta en el escritorio junto al mío. Mantengo mi
cabeza abajo, saco mi libreta y trato de parecer organizada y lista para la
conferencia. No creo que engañe a mi profesor, pero no me dice nada mientras
comienza a pasar lista.
Pronto es mi turno. Estoy diciendo mi nombre y año cuando escucho una
fuerte inhalación a mi derecha.
El sonido sobresaltado me hace voltear.
Es entonces cuando lo veo. En el segundo que nuestras miradas se
conectan, un hormigueo caliente corre a través de mí, haciendo que mi aliento y
pezones se endurezcan. La sensación es tan desconcertante que sólo puedo
sentarme allí, con mi mano revoloteando a mi pecho donde mi corazón se
esfuerza por liberarse.
Curiosamente, el tipo abre la boca hacia mí, como si también hubiera
sentido un golpe extraño. Debe estar equivocado; nunca, ningún hombre se ha
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quedado boquiabierto por mí. Así que tal vez sólo lo estoy mirando fijamente.
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Sólo porque él me está mirando también y no hacia otro lado.


Aún más extraño, se siente como si lo conociera, por años. Lo cual es
ridículo. A pesar de que parece familiar, recordaría si lo hubiera conocido antes.
Un hermoso chico como este no se olvida fácilmente.
No sé porque siento la conexión, pero no me gusta eso. Tampoco me gusta
cómo algo dentro de mí da un chillido feliz, como si mentalmente estuviera de
compras por un hombre y hubiera encontrado el perfecto.
Todavía me está mirando, cuando de repente habla. Estoy tan mal que me
toma un segundo darme cuenta que le está respondiendo al Profesor Lambert. —
Drew Baylor. Estudiante de último año. —Su voz es como un chocolate oscuro
en una noche de verano caliente.
Y eso causa un gran revuelo. La gente sale de su niebla mañanera, girando,
mirando y empezando a susurrar entre sí. Él los ignora, mirándome sólo a mí.
Haciéndome sonrojar. Drew Baylor. Su nombre es un murmullo a través de la
habitación. Reconociéndolo. El mariscal de campo. Nunca les he prestado mucha
atención a los miembros de nuestro legendario equipo de fútbol, así que sólo sé
de él de una manera muy vaga, como uno sabe que hay un sindicato de
estudiantes o que la biblioteca cierra los domingos a las siete de la noche.
La decepción es rápida y aguda. Tengo cero interés de conocer a la estrella,
el mariscal de campo. Con una opresión en el pecho, me doy la vuelta y trato de
ignorarlo. Es más fácil decirlo que hacerlo.
Tan pronto como termina la clase, trato de huir. Y en lugar de casi chocar
con una pared sólida lo hago con un pecho musculoso. No tengo que mirar hacia
arriba para saber quién es. Estamos parados el uno frente al otro en silencio, yo
mirando fijamente su pecho, y su mirada quemando un agujero en la parte
superior de mi cabeza. Irritada, enderezo mis hombros y me obligo a parecer
distante. Mierda, ¿cómo es una apariencia distante? No importa porque nuestros
ojos se encuentran de nuevo.
Error.
Creo que mis rodillas están débiles. No estoy segura porque mi cerebro se
paró en seco.
Santo infierno, él es fuerte. El calor y la vitalidad vienen de él en olas. Creo
que me balanceo un poco. Está lo suficientemente cerca para que me dé cuenta
de los débiles rastrojos a lo largo de su fuerte barbilla y los destellos oro en su
cabello castaño. Lo lleva corto y agrupado en la parte superior. Aplastado un
poco de un lado como si hubiera rodado de la cama y olvidado cepillarlo. Pero
dudo que ese sea el caso, porque huele fantástico, como a cálidas peras y aire
fresco. Casi me inclino para poder olerlo mejor, pero me las arreglo para
controlarme.
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El incómodo silencio entre nosotros crece hasta que no puedo dejar de
mirar hacia arriba, justo a tiempo para atraparlo echándose hacia atrás, como si
también hubiera tomado una respiración encubierta. Sospechoso. Casualmente
tiene las manos en los bolsillos de sus vaqueros y tiene una gran sonrisa, con el
gesto viene uno hoyuelo en la mejilla izquierda.
Casi sonrió, empezando a reconsiderar mi anterior postura de precaución.
Entonces abre la boca y lo arruina todo.
La cadencia de su cálida voz rueda sobre mí antes que las palabras cobren
sentido. —Hola allí, gran roja.
Mi mundo rechina alto, frenando de repente. ¿Gran roja? ¿Qué demonios?
Me quedo boquiabierta hacia él, demasiada sorprendida incluso para
formar una mirada adecuada. Y mira de reojo hacia atrás, con esa estúpida
sonrisa todavía en su lugar, como si estuviera esperando que respondiera. Mi
mente está atascada en una cosa.
Me llamó gran roja. La gran maldita roja.
Su comentario es como un puñetazo en el estómago. Sin embargo no del
todo fuera del contexto. Soy pelirroja. Ser llamada “roja” va con el territorio. No
es la parte de “roja” lo que me molesta. Es la parte de “grande”. Habiendo sido
gordita la mayor parte de mi adolescencia me ha dejado sensible. No importa que
ahora soy más curvas que gordita; me gusta mi cuerpo. Una palabra estúpida de
este chico y siento el dolor de nuevo, maldita sea. De alguna manera encuentro
mi voz.
—¿Cómo me llamaste?
Las comisuras de sus ojos de pliegan en lo que puede ser una mueca de
dolor. —Ehh… si digo “nada” ¿podemos seguir adelante y fingir que nada pasó?
Casi me río por eso, lo que me irrita aún más. —No.
Está cambiando su peso de un pie a otro. —Relájate, sólo estaba tratando…
—No. —Lo señalo con el dedo —No me digas que me “relaje” cuando me
has insultado, amigo.
—¿Amigo? —Hace una especie de media sonrisa estrangulada.
—No soy “grande” —chasqueo. Hay más dolor en mi voz de lo que me
gustaría admitir. Odio eso también.
Su cabeza se sacude hacia atrás como si lo hubiera sorprendido. Es un
pequeño movimiento, uno que trata de ocultar poniendo sus manos en sus
estrechas caderas. —No estaba tratando de insultarte. Créeme, me refería a los
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mejores lugares. —Su mirada de caramelo se mueve hacia abajo y más a mi


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pecho. Al instante mis pechos se sienten expuestos, pesados y apretados. Y para


mi total humillación, mis pezones se ponen rígidos. Mientras me está mirando
fijamente, da un profundo suspiro.
A la mierda con esto. —Ojos arriba, idiota.
Se estremece de nuevo, sus ojos yendo rápidamente a mi cara. —Lo siento
—dice, ni siquiera parece avergonzado—. Me gustaría decir que no volverá a
suceder, pero honestamente no puedo prometer eso, Roja.
—Jesús, eres increíble.
Rascándose la nuca, entrecierra los ojos como si yo me hubiera convertido
en un espectáculo doloroso. —Mira, ¿podemos empezar de nuevo? —Estira una
mano que está unida a su antebrazo musculoso—. Hola, soy Drew.
No agarro su mano y se ve obligado a dejarla caer.
—Sé quién eres.
Su sonrisa regresa. Demasiado satisfecha.
—Dijiste tu nombre hace menos de una hora —Le recuerdo.
Su actitud confiada se tambalea, pero lo intenta de nuevo, le voy a dar eso.
—Bueno, al menos te acordaste. También lo recuerdo, Anna Jones.
Ignoro el rubor de sorpresa en mí y cruzo los brazos por delante. —Y no
necesito empezar de nuevo. No estoy interesada en hablar con un cabeza hueca
egoísta que se come con los ojos mis pechos y me llama nombres idiotas.
—¿Roja? ¿En serio?
Sólo abre la boca delante de mí. Esta estupefacto, como si no pudiera creer
que una chica lo está regañando—. ¿Por qué no ser original? —Sigo como si no
estuviera loca—. ¿Por qué no me llamas rubia?
Dientes blancos aparecen rápidamente en una sonrisa. —Una
aproximación oculta, ¿eh? Puede funcionar. A pesar que se desvía un poco
demasiado hacia el sarcasmo para mi gusto.
Parpadeo. Su respuesta envía un escozor a través de mí. Una cara bonita
es una cosa. Una mente rápida es casi irresistible para mí. En especial si combina
esa sonrisa que tiene. No hay enojo o triunfo, simplemente espera la siguiente
descarga, disfrutando.
Más extraño aún, lo estoy disfrutando. Lucho por mantener mi mirada
tediosa mientras respondo. —No estoy segura si alguien te lo ha dicho, Baylor
pero hay una cosa que se llama nombre personal. —Me inclino más cerca y como
si fuera una señal, él lo hace también. Su aroma y calor me rodean, haciendo que
mis rodillas se debiliten mientras termino—. Puedes tratar de usarlo.
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Unas cuantas líneas blancas se despliegan en las esquinas de sus ojos


desde donde han pasado meses entrecerradas bajo el sol. Esas líneas se
profundizan ahora mientras su voz se reduce a un murmullo. —¿Así que no
caliente roja? —Está claro que lucha contra una sonrisa.
Aprieto los dientes. —Ahora, sólo estás jodiendo conmigo.
Cosa. Incorrecta. Para. Decir.
Sus fosas nasales se expanden una respiración contenida y su mirada se
convierte en líquido caliente.
—Todavía no, Jones.
Dos puntos a Baylor, porque se las arregló para ponerme nerviosa y me
dio un apodo de un solo golpe. Y de alguna manera caminé derechita a su
trampa. El calor eleva mis mejillas mientras estoy allí, mirándolo. Como una
idiota. Pero entonces soy salvada de hacer más comentarios cuando un profesor
pone en marcha la próxima clase.

Al día siguiente una caja de Red Hots1 está en mi escritorio. Baylor no me


dice una palabra o me mira, pero cuando me levanto y los arrojo a la basura, su
cabeza se agacha y estudia sus notas. Bien. Ahora estamos claros.
Yo sola me arruino más tarde cuando en la intimidad de mi habitación,
abro una caja de Red Hots que compre y los exploto en mi boca. El caramelo de
derrite sobre mi lengua y todo lo que puedo ver detrás de mis parpados cerrados
es a Drew Baylor viendo todo mi cuerpo. Estoy tan caliente y adolorida con
necesidad que gimo en mi almohada y no duermo por el resto de la noche.

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1 Red Hot. Es una marca de caramelos duros con sabor a canela elaborados por Ferrara Pan
Candy Company.
Drew
Una vez mi mamá me dijo que el momento más importante de mi vida no
sería cuando ganará el campeonato nacional o incluso el Super Bowl. Sería cuando
me enamorara.
La vida, insistió, es cómo tú la vives y con quien lo haces, no lo que haces
para ganártela. Teniendo en cuenta que me lo dijo cuando tenía dieciséis años,
básicamente rodé mis ojos y seguí practicando mis pases de salida falsos.
Pero mi mamá era insistente.
—Ya verás, Drew. Algún día el amor te va arrastrar y golpear en la cabeza.
Entonces es cuando entenderás.
Mi mamá resulta que estaba equivocada en un aspecto. El amor, cuando
se trata de mí, no se arrastró. No, caminó hacia mí atrevidamente, ya sabes, por
si acaso no estaba prestando atención. Lo que sí hacía, sin embargo, era darme
palmaditas en la cabeza.
Y mientras yo estaría feliz de decirle a mi mamá que tenía razón en eso,
ella estaba muerta. Un hecho que aún me afecta, más en estos tiempos. Más que
derribarme. Cortarme las rodillas. Totalmente joderme.
Como quieras llamar a este desastre. Porque el objeto de mi afecto me odia.
Soy lo suficientemente hombre para reconocer que la mierda agrupada de mi
vida actual amorosa es enteramente mi culpa. No estaba preparado para Anna
Jones.
Todavía me estremezco al recordar la primera vez que puse los ojos en ella
al principio del semestre. Llegué tarde a clases, me apresuré a un asiento en la
parte de atrás y estaba tratando de pasar inadvertido. No puedo ir a ninguna
parte del campus sin llamar la atención. Y aunque eso suena como una cosa
impresionante, se vuelve agotador.
Cuando el pase de lista pasó la fila de atrás, una voz suave, rica y espesa
como el jarabe se deslizo sobre mí.
—Anna Jones.
Sólo su nombre. Era todo lo que había dicho. Era como un dedo caliente
recorriendo mi espalda. Mi cabeza se levantó. Y allí estaba ella, tan jodidamente
bonita y no pude pensar con claridad.
Sin aliento, mi cabeza empezó a campanear, sólo podía estar boquiabierto.
No voy a decir que fue amor a primera vista. No, era más como, “infierno sí por
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favor, voy a conseguir eso.” Con una ración de sólo “jodidamente hazlo ahora a
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un lado.”
Pensando que estaba cansado y simplemente reaccionando
exageradamente a algo que realmente no estaba allí, me quede mirando a Anna
Jones y traté de darle sentido a mi reacción extrema.
Como si sintiera mi mirada, se giró y maldito infierno… sus ojos estaban
muy abiertos, casi como los de un gato, con las esquinas sólo doblándose un poco.
Al principio, esos ojos parecían marrones, pero se fueron poniendo cada vez más
verdes. Y tan claros. Y molestos. Me miró. No me importaba. Una palabra estaba
jugando en mi cabeza: mía.
No recuerdo el resto de la clase. Vi a Anna Jones como un condenado a
tener su última mirada de la puesta de sol. Mientras ella intentó ignorarme. Que
admirable.
Al segundo que la clase terminó me levanté, y ella también. Casi chocamos
en medio del pasillo. Y entonces es cuando todo se fue a la mierda. Porque en ese
momento, me convertí en un idiota.
Nunca me había puesto tan nervioso con las chicas antes. Para ser
brutalmente honesto, mi vida era bastante aislada. El fútbol y la fama que va con
ello, me han envuelto en sus brazos amorosos y dado todo lo que he querido,
mujeres incluidas. Por desgracia, se hizo claro que cuando se trata del deporte,
Anna no es fanática. Pobre cosa.
De cualquier manera estaba mal equipado cuando ella me miró, con una
ceja levantada delicadamente, como diciendo. —¿Qué mierda quieres?
Allí de pie, me encontré a mí mismo, inclinándome sobre ella como un
zoquete, mi lengua se sentía gruesa en mi boca, un retorcijón se puso en marcha
en mi mejilla. Dios me ayude si se dio cuenta de la contracción. Así que solté
posiblemente la cosa más estúpida que pude haber dicho en mi vida. —Oye, gran
roja.
Sí. Dispárame ahora. ¿Qué demonios había hecho? ¿Incluso qué jodidos
significa “gran Roja”? mi mente gritaba, ¡Haz algo idiota! ¡Pide disculpas! ¡Retirada!
Juro que casi pude escuchar el estruendo de una alarma, una llamada para activar
escudos y los torpedos.
Pero no, me quedé allí y forcé una sonrisa mientras el calor inundó mi cara
y un sudor estalló en mi espalda. Sí. Yo era tan genial.
Sus ojos verdes brillaron en indignación.
Y entonces ella me dejo.
Sin nada que decir, me fui cojeando de ese encuentro y permanecí entre
los heridos ambulantes. El rechazo era una mierda. Una mierda tan dura que no
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le había dicho nada desde entonces. En cambio me senté a su lado durante cada
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clase, en silencio suspirando. Patético.


Algo se tiene que hacer al respecto. Y pronto. Porque estoy perdiendo mi
maldita cordura.

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Página
Traducido por Juliee
Corregido por ∞Jul∞

Anna
Él es como el jodido viento del norte. Me sopla, y volteo hacia él.
Aquí está otra vez. Sí, ese, el atleta enorme y pesado, caminando a clase
como si le perteneciera esta Universidad, la cual de alguna manera es cierto. El
fútbol es una religión aquí, y él es el Mesías elegido.
Suena a un tipo de sacrilegio tomando en cuenta el hecho de que palmea
en el culo a una morena cuando se despiden en la puerta del salón. Y ella ríe, ríe,
como si fuera un privilegio ser degradada frente a treinta estudiantes. Supongo
que lo es para algunos. Dios sabe que hay un grupo de chicas que lo siguen
alrededor del campus, todas los que quieren conocer a Drew Baylor, el mariscal
de campo estrella, el fenómeno que nos llevará hasta el Campeonato Nacional.
Su fe no es exactamente equivocada. Ha ganado durante los últimos dos
años. Aún recuerdo esas victorias, la forma en que el campus se volvió salvaje,
Drew y su equipo estaban en boca de todos. Huí del campus a la seguridad de
mi apartamento. No es que lo haya hecho muy bien; todo el estado había sido
inundado por la fiebre del fútbol.
Como si supiera que tengo esta leve necesidad de mirarlo, sus ojos me
encuentran tranquilamente.
Esos ojos marrones de oro debajo de sus cejas rectas y oscuras. Su enfoque
es completo y firme. Como si pudiera llegar a mi lado y sacar mi corazón. Dios,
aprieta los botones justos dentro de mí. Mis muslos y mi pulso se aprietan. No
permitiré que lo vea, no puede saber que por una de sus miradas se me seca la
boca y tengo dificultades para respirar.
No miro hacia otro lado, eso sería demasiado fácil. En cambio, mantengo
su mirada por tres segundos, el chico sabe cómo mover su cuerpo. Sin esfuerzo,
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natural. Estoy segura que nunca se ha tropezado o golpeado su culo con un


escritorio cuando pasa a través de las filas para llegar a su asiento. No, no Batalla
Página

Baylor
Apodo ridículo.
Al parecer, un apodo que se ganó porque nunca se rinde. Gracias al
interminable desfile de estudiantes y profesores que les gusta entusiasmarse por
el equipo de fútbol, se demasiado sobre el talento de Baylor
Probablemente sueno como una esnob. Tal vez lo soy. No me
malinterpreten, esto es el sur, sé como es de importante el fútbol para la gente.
Aquí, las mascotas son enterradas en su propio mausoleo, conducir demasiado
cerca del coche delante de ti es una forma de arte, y las mujeres se visten para los
juegos como si fueran a la iglesia. De cierto modo, van. La Iglesia de la
Universidad de Fútbol. Sin embargo, mi asociación personal con el fútbol
comienza y termina con mi papá quitándome cuando me paraba frente a la
pantalla de la televisión los domingos. Y los lunes, y los jueves. ¿Hay un día que
el fútbol no este en la tv?
Y mi única experiencia personal con deportistas fue en la escuela
secundaria. Viene a mi mente la completa ignorancia de mi existencia. Excepto
una vez cuando un grupo de ellos logró rodearme en el pasillo y se turnaron para
pellizcar mi "lindo, ardiente y atractivo" culo. Pasé una semana en detención por
pegarle a uno de ellos en las bolas, un castigo que me sigue pareciendo injusto,
sobre todo porque ninguno de ellos tuvo que ir.
No entiendo a los jugadores de fútbol. No entiendo la necesidad de tener
el cuerpo golpeado por algún otro tipo mientras tiras una pelota. Me gustan los
músicos. Chicos delgados pero fuertes con cabello largo y ojos angustiados. Ojos
que te hacen querer buscar en sus profundidades. No ojos que te dicen algo. No
ojos que dicen, sé quién soy y me gusta, y sé quién eres, te veo, y no puedes
esconderte.
Baylor está cada vez más cerca. Lo suficientemente cerca para ver la forma
en que sus muslos se flexionan debajo de sus jeans desteñidos con cada paso. Lo
suficientemente cerca para ver sus abdominales, a pesar de que su camiseta está
suelta alrededor de su cintura y apretada en su pecho. Esa camisa, verde militar
con letras blancas preguntando: ¿Cuántos tiempo de tomaría lamerme?
Instantáneamente, quiero saber. Me imagino envolviendo mis dedos a su
alrededor y poniéndome a prueba.
Está bien, es suficiente. Dejo caer mis ojos deliberadamente. No me estás
molestando de ninguna manera. ¿Ves? Aprecio y me muevo. Mirar mis apuntes de clase
es más interesante. Por mucho.
Él se desliza en el escritorio a mí lado, y sus largas piernas se estiran hacia
fuera del pasillo. Siento su mirada sobre mí, mirándome, esperando un
15

reconocimiento.
Página

Se sentó a mi lado desde aquel desastroso primer día de clase. Y porque


soy un roedor como todos los demás a la hora de escoger mi asiento, me quedo
donde estoy. Sería diferente si esto fuera una grande sala de conferencias,
construida para trescientos alumnos. Nadie notaría un cambio en los asientos.
Pero las salas están reservadas para las clases de primer año. Como un ganado
acorralado, los empaquetan en idealistas de dieciocho años y ven quién resiste.
Pero esto es Historia de la Filosofía 401. Una clase especializada repleta en
su mayoría de estudiantes de penúltimo o último año y unos pocos estudiantes
de posgrado, todos ellos con especialización en historia o rellenando sus
semestres finales con clases avanzadas.
Moverme sería admitir mi debilidad.
Entra la profesora Lambert, y comienza la clase. Ni siquiera sé de lo que
está hablando, estoy tan distraída. Mi cuello duele del esfuerzo para no girar mi
cabeza y mirar a Baylor. Es una causa perdida, lo sé. Pero trato de aguantar lo
máximo, tanto como pueda. ¿He mencionado que estoy jodida?

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Página
Drew
Cuatro semanas en el semestre y todavía obtengo el hombro frío de la
señorita Jones. En este punto, he perdido todo el juego y no tengo idea de cómo
recuperarlo. Ojalá pudiera descifrar a Anna como puedo con el fútbol.
El fútbol siempre es fácil para mí. No me malinterpreten, trabajo mi culo
para mantenerme en óptimas condiciones. El tiempo libre que tengo entre
prácticas y clases lo ocupo trabajando o estudiando. Ignoro el dolor físico y
agotamiento mental en una base constante.
¿Pero cuando se trata del juego? Es natural. Agarrar la pelota me llena de
energía. Durante un partido, no tengo miedo al defensa de trescientas libras
tratando de detenerme. Controlo la pelota, veo caminos, aperturas,
oportunidades. Hablo con la pelota y escucha, va donde quiero ir más veces de
las que no. Si no se presenta ninguna oportunidad, encuentro corriendo la pelota,
evitando los golpes, hasta que puedo hacer un juego. Es así de simple.
Y es jodidamente fantástico. El rugido de las multitudes, las victorias, son
adictivas. Pero nunca tan adictivo como la necesidad de hacerlo todo otra vez, el
pase perfecto, engañar a la defensa con una entrega brillante o pasar falsos.
Porque siempre puedo hacerlo mejor. Así que, sí, el fútbol es mi alegría. Y sé lo
afortunado que soy por haberlo encontrado, por tener el talento para ser uno de
los mejores. Si había una cosa que mis padres me inculcaron, fue a apreciar lo que
tengo.
Lo que hace el desprecio de Anna Jone más irritante. Cree que soy inútil,
un idiota. Debería mantenerme alejado de ella. Hay toneladas de mujeres que
quieren conocerme, del tipo que van con el territorio.
Todavía ni siquiera sé qué tiene ella que me afecta. Es bonita, atractiva
incluso, con el aspecto clásico de una chica pin-up vintage. Con cara en forma de
corazón, una pequeña nariz respingona, rizos rojo oscuros que giran alrededor
de sus hombros. Pero no es mi tipo habitual. Normalmente prefiero a una chica
que no me mira como si fuera un pelo que se cayó en su ensalada.
Entonces, ¿por qué no puedo sacar a Jones fuera de mi cabeza? Lo único
que puedo ver en estos días son sus ojos mirándome, no da una mierda sobre la
brillante apariencia de mi fama, en realidad, lo odio. Y eso me enciende.
Así que aquí estoy, agachado en mi asiento, viéndola agitar sus brazos y
rebotar sus dulces pechos mientras analiza el impacto de la filosofía en la
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sociedad.
Página

—Toma a Descartes —está diciendo—. Se trasladó de intentar explicar el


"porqué" de una pregunta al observar el "cómo". Ayudó a forjar el método
científico moderno. En la antigüedad, los filósofos cambiaban nuestro mundo
constantemente cuestionándose el status quo.
Porque quiero que me reconozca, hablo. —Estoy de acuerdo.
Los ojos verdes oscuros de Ana me cortan con un brillo. Entonces, como si
manifestar ese brillo significara reconocerme, se detiene y me da su perfil,
mirando hacia adelante una vez más.
Claramente no le gusta cuando tomo su lado. Joder, no le gusta cuando
me uno a cualquier conversación en la que participa. Es como si yo la insultara
solo por hablar. Lo que me molesta y me da ganas de hacer algo más.
—Se debe tomar su argumento en el dualismo de que la mente no sólo
controla el cuerpo, sino que el cuerpo puede controlar la mente. —Me encuentro
sonriendo, viendo el aumento en la tensión de Anna, como si al bajar mi voz, lo
dirigiera hacia ella—. Esas pasiones pueden superar el pensamiento racional e
inducir a actuar de manera irracional.
El enfoque de Ana permanece en la profesora Lambert, pero debajo de su
escritorio, sus piernas se cruzan y se descruzan. Claramente, he hecho una
impresión en ella. Bien. Ahora estamos iguales.
—¿Existe un punto para que haya mencionado el dualismo, señor Baylor?
—pregunta la profesora Lambert, su tono irónico enviando mi atención hacia ella
y la clase. Mierda, ¿qué estaba diciendo?
Me lanzo más atrás en mi asiento, aclaro mi garganta justo cuando unas
chicas de penúltimo giran sus cabezas para mirar.— Ah, sólo que Descartes hizo
a las personas pensar sobre la relación entre la mente y el cuerpo de una manera
diferente.
Diablos, respondí eso. Mi cara se siente incómodamente caliente. Eso es
todo, no hablar más para mí. Me siento agradecido cuando la chica de la falda de
flores se mete en la conversación. Sus ojos sólo se entrecierran en Anna con
molestia.
—No diría que Descartes es como un héroe. Su creencia de que los
animales no poseen un alma condujo a un extenso abuso de los animales. —La
expresión de la chica crece con ira y sale por su voz—. Experimentación,
vivisección, abandono, estas atrocidades con los animales pueden ser atribuidas
a Descartes.
Ya que la chica esta gritándole a Anna, todos los ojos están ahora en ellas
dos. Anna no se acobarda, sin embargo. Su respuesta es suave como crema. —
Dado que mi argumento no era sobre Descartes, sino sobre cómo filósofos
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cambiaron las creencias sociales, diría que has probado mi punto.


Página

Infierno, me gusta esta chica. Me gusta su mente rápida y su fuego.


La Chica Flor, sin embargo se esta poniendo roja. —¿Entonces sólo vas a
ignorar el mal que su teoría trajo al mundo?
—No estoy ignorándolo —dice Anna—. Pero creo que hay que guardar lo
que funciona y tirar lo que no vale la pena. Además, fue responsable de muchos
cambios positivos.
A pesar de mi pasada resolución de callarme al infierno, me encontré
diciendo: —Jones tiene razón, no podemos juzgar toda la obra de una persona
basada en un resultado negativo. ¿No deberíamos darle al señor un descanso?
Tal vez no tenía idea del daño que iba a hacer con unas palabras
malinterpretadas.
Recurriré a Anna para responder a eso. Tercamente me ignora. Pero es la
única. Como de costumbre, cada vez que hablo, los ojos giran hacia mí. Es
molesto, pero estoy acostumbrado a eso. El hecho de que estoy defendiendo a
Anna, sin embargo, envía curiosas miradas hacía ella también.
Oigo a la rubia que ha estado tratando de captar mi atención durante
semanas quejarse en un murmullo a lo lejos. —¿Jones? ¿Él conoce su nombre?
Las mejillas de Ana se vuelven color rosa. Tensión levanta sus hombros,
puedo jurar que contra la urgencia de agachar su cabeza. Es extraño, es como si
quisiera ocultarse pero todavía se niega a ceder. Pero tengo que estar equivocado.
Nada en Anna transmite timidez, y no parecía molesta cuando estaba
discutiendo con la Chica Flor. Sin embargo, deja la discusión y se concentra en
tomar notas.
Puesto que ya no está en la conversación, pierdo el interés también. Volteo
a verla por el rabillo de mi ojo y quiero saber si hay algún tipo de remedio para
este tipo de fascinación. Un hombre sano se daría por vencido con el fantasma y
la dejaría ir.
¿Eso me impide seguirla cuando la clase termina? ¿De acecharla como
algún acosador cuando se dirige a la cafetería en la Unión de Estudiantes? No.
Ni siquiera un poco. 19
Página
Traducido por Kari & SOS Tannia Maddox
Corregido por ∞Jul∞

Anna
Cuando empecé la universidad, me encantó. La libertad de escoger las
clases que quería y cuando quería. Me encantó el intercambio de ideas y el saber
que los profesores realmente estaban interesados en saber lo que pensaba. No
siempre pueden estar de acuerdo conmigo, pero era un argumento inteligente y
valorado. Me encantaba el anonimato de ello. Aquí nadie sabía quién era la vieja
yo. Ya no era la solitaria chica rara que todo el mundo asume que fumaba después
de clases. Que es un poco irónico teniendo en cuenta que ni siquiera me
ofrecieron drogas hasta que llegué a la universidad.
No hubo estúpidos grupitos en la universidad. No, al menos de la manera
incestuosa que lo hay en el bachillerato.
Claro, puedes encontrar uno, iniciar uno, pero había tantos estudiantes
para notar incluso esos grupos. Me encantó ser una de las miles de personas, no
una en un centenar. Porque podría empezar de nuevo, ser yo misma sin que se
dijera que yo no era lo suficientemente buena.
Pero ahora me he cansado de esta escuela. Mi cerebro está cansado. No
quiero pasar otra noche escribiendo o estudiando para los exámenes hasta que
mis ojos se pongan borrosos. No sé si es normal tener veintiún años y estar
fundida, pero así es como me siento.
Sólo quiero que todo termine. Y todavía me falta un año.
Claro, ese hecho ha traído sus propias cuestiones, tales como ¿qué haré
cuando este afuera? Me especialicé en historia europea ya que eso me interesa, no
porque quiera ser historiador.
La verdad es que no sé lo que quiero “ser”. Oh, pero tengo una lista de lo
que quiero de la vida: felicidad, seguridad, emoción y ganar el suficiente dinero
para que pueda viajar cuando quiera. Pero no tengo idea de cómo voy a vivir mi
vida, ¿no es así como debería ser?
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Sólo no lo sé. Eso me ha estado plagando últimamente. ¿Qué voy hacer?


Página

¿Qué voy hacer?


Y porque la pregunta trae una sacudida enferma de miedo en mi
estómago, trato de ignorarla.
Ahora estoy tratando, tratando de estudiar, tratando de pensar en el resto
de mi vida. Pero sólo termino mirando hacia el espacio, con mi pluma golpeando
contra las notas de clase mientras estoy pensando en el comedor de estudiantes.
Los estudiantes van y vienen a mí alrededor, hay un constante parloteo de
voces interrumpidos por estallidos de risa aleatorios. Ni siquiera sé lo que estoy
mirando cuando una sensación familiar estalla por mi piel.
No reacciones, me digo. No lo hagas.
Giro la cabeza de todos modos. E inmediatamente entra en el radar.
Baylor.
¿Cómo lo sabe mi cuerpo? ¿Por qué todo se altera cuando está cerca? Es
como si tuviera un radar interno de Drew Baylor. Debería estudiar para
Seguridad Nacional o algo así. Por lo menos que examinen mi cabeza. Porque
esto tiene que parar.
Mi único consuelo es que también me está mirando. Tal vez antes de que
lo notara, porque nuestras miradas chocan al instante. Un zumbido pasa por mi
cuerpo, bajo y cálido, hace apretar mi vientre.
Tal vez se trata de una simple cuestión de fascinación que me esté
mirando. Y aunque sé que no soy un sapo, no puedo evitar preguntarme. Por qué
me está mirando cuando está rodeado de chicas que bajo los estándares son
magníficas. Dios, probablemente él piense lo mismo: ella sigue mirándome.
Sólo que él no sea el único preguntándose por qué. Todo el mundo mira a
Baylor.
Ellos están mirando ahora. Está en la parte más alejada de la sala con un
grupo descomunal de jugadores de fútbol y todas las cabezas se giran en su
camino. Siempre he pensado que Baylor es grande y alto, pero uno de los chicos
junto a él parece que come aldeanos gritando para el desayuno. Es un apoyador,
si tuviera que adivinar. Incluso tiene una barba llena y tupida. El hermano menor
de Hagrid tal vez.
Los chicos se están riendo, hablando con otros amigos mientras vienen a
verlos. Un grupo de chicas se dirigen directamente a ellos como si las hubieran
estado esperando. Y su llegada es bienvenida con apreciación.
Pero no por Baylor. Él todavía me está mirando, con una expresión casi
severa y tan intensa que mi ritmo cardíaco se acelera. Quiero mirar a otro lado.
Debería, pero sólo miro de vuelta como una idiota.
21

—¿Conoces a Drew Baylor?


Página
La pregunta hace que salte, chille en voz alta y mi pluma traquee en la
mesa.
—Jesús, Iris —le digo a mi mejor amiga mientras se desliza a mi lado—.
Me asustaste hasta la mierda.
—Puedo ver por qué estás distraída. —Sus ojos oscuros brillan con una luz
malvada y sé que significan problemas—. Contigo en una batalla de folla mirada
con Baylor.
Mi cara probablemente esta rosa. —No estoy teniendo una “folla mirada”
con nadie. —Aquello es un murmullo. Y no hay absolutamente ninguna manera
de mirar de regreso a Baylor, aunque me muero por hacerlo.
Iris resopla y agarra mi café helado. —Mirada de acosadora sexualmente
no suena bien, sin embargo. —Cuando abro mi boca para protestar de nuevo, ella
me hace una seña—. No te molestes en negarlo. Sé lo que vi.
—¿Cómo siquiera sabes lo que estoy viendo de todos modos? —Cierro mi
cuaderno de un golpe y recupero mi bebida—. Pude haber estado comprobando
el tiempo. —Hay un gran reloj que cuelga en la pared detrás de Baylor, así que
estoy esperando que esa excusa sea creíble.
La sonrisa de Iris me dice que no lo es. —Porque él estaba regresando la
folla mirada.
Casi me ahogo con mi bebida. —¿Por favor podrías dejar de usar esas
frases?
Iris se ríe un poco. —Lo siento, pero aquello es algo caliente y obvio, ya
sabes.
Infierno. ¿Lo es?
Sus ojos se estrechan. —No has respondido a mi pregunta y es claro que
lo conoces de alguna manera.
Cuando se mueve como si estuviera a punto de mirar en su dirección,
reacciono y le pellizco la pierna.
—¡Mierda, Anna! —chilla.
—Lo siento. Pero no lo mires. —Lo último que quiero es que Baylor sepa
que estamos hablando de él. Me morirá por la mortificación.
Me fulmina con la mirada, frotando su muslo. —Maldita reina del drama.
Nunca te he visto tan nerviosa. Ya se fue, por cierto.
—No estoy nerviosa. —Paso una mano por mi cabello—. Es sólo que… no
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hagas de esto algo que no es. Tenemos una clase juntos e hicimos ese contacto
visual en un momento. Eso es todo.
Página
Dios me siento como si estuviera en la secundaria de nuevo. Lo odio y me
odio a mí misma por reaccionar de esta manera. He trabajado por años para
endurecerme, para que no me importe lo que piensen de mí, para no tener que
preocuparme. Mis paredes no pueden desmoronarse.
Afortunadamente, Iris se encoge de hombros. —Eso es muy malo. Él es
totalmente caliente.
—Y sabe eso —murmuro.
—¿Cómo no hacerlo? Quiero decir, demonios. Esa cara. Esos ojos
melancólicos. Esos pucheros, esos labios. Lo juro por Dios. Es como el jodido
Capitán América.
—Siempre he sido más de una chica tipo Tony Stark. —Absolutamente no
pienso en el gif animado que tengo en mi computadora del Capitán América
moviendo su magnífico culo mientras golpea un saco de boxeo. Una. Y otra vez.
Ignorándome, Iris se abanica a sí misma de manera dramática. —Dios, ese
cuerpo. Ya sabes que él es lindo. Como un maldito diamante.
Trato de no sonreír mientras tomo otro sorbo de café. —Necesito una
siesta.
—Oh, bien, él es muy aburrido para ti. O tal vez no deberías quedarte
leyendo toda la noche. Lo que me recuerda. —Bofetea mi muslo—, vamos a salir
esta noche.
—No. —Por lo general, me gusta salir, pero últimamente no he tenido el
deseo.
—No me dirás “no”. —Iris se inclina, con el cabello negro y sedoso
deslizándose por encima del hombro—. No has salido en semanas. Ser una
persona hogareña es una cosa. Convertirte en un ermitaño está mal.
—Pones demasiada atención a mi vida social.
Frunce sus labios. —Un poco difícil de ignorar cuando vivimos juntas.
En el primer año de carrera, empecé viviendo en una residencia de
estudiantes, pero eso era un poco como la escuela secundaria para mi gusto, y los
baños públicos apestaban. Entonces conocí a Iris, que también tenía una aversión
a las paredes de cemento y el uso de chancletas en la ducha. Decidimos trabajar
para pagar un apartamento propio que valiera la pena y nos mudamos a finales
de año. Porque nos llevamos tan bien, mantuvimos el lugar durante todo el año
en lugar de ir a casa durante los veranos.
Iris suspira, sus delgados hombros elevándose en alto antes de caer. Me
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muerdo el labio para no sonreír, pero lo ve y juega con mi debilidad. —


Vamooooooos, Banana. —Como un niño, golpea con sus pies contra el suelo en
Página
una danza impaciente—. No quiero ir sola. Necesito una novia conmigo esta
noche.
Resoplo. —¿Dónde quieres ir de todos modos?
Sus dientes blancos aparecen, un fuerte contraste contra su piel de bronce.
—Una fiesta.
—No.
—¡Anna! Ni siquiera me has terminado de escuchar.
—Sabes que odio las fiestas. —Con la pasión de un tele-evangelista en la
mañana del domingo. Soy un asco en una pequeña charla y mezclarme. Dame un
puesto en un bar y un par de buenos amigos, y soy una chica feliz. Pero las fiestas
apestan.
Encorvando la espalda, Iris recoge el borde de mi cuaderno. —No voy a
dejarte en paz. Vamos a pasar el rato.
—Podemos hacerlo en cualquier lugar. —La miro con recelo—. ¿Por qué
esta fiesta?
Ella comienza a prestar atención a la condensación en mi taza, trazando
patrones sobre ella con la punta de su dedo. —Bueno… Henry…
—Mierda.
—Tienes la boca más sucia, Anna. —Esto no es una nueva queja. Lo hace
constantemente. No es que ella esté equivocada. Maldigo cuando estoy estresada.
O molesta. Bueno, maldigo todo el tiempo.
—¿No me digas? —Mis maldiciones también tienden a aumentar cuando
se menciona a Henry Ross. Henry e Iris han estado saliendo por dos años, por lo
que pensarían que acepto su presencia en la vida de Iris. Pero tengo que apretar
los dientes cada vez que lo veo. Él es un idiota zalamero que trata a Iris como un
escaparate. No habla tanto con ella como de ella.
Y aunque mi amiga es inteligente, divertida, hermosa, e independiente,
Henry es su kriptonita. Él la debilita, haciéndola ciega a sus muchos defectos.
Claro, él es guapo, de cabello oscuro y de ojos oscuros con una bonita sonrisa.
También es el capitán del equipo de lacrosse y se asegura que todo el mundo lo
sepa.
Pero estoy bastante segura de que la engaña. Hay demasiadas veces
cuando él no responde a sus llamadas o tiene "importantes reuniones de equipo,"
tú sabes, en las noches de los viernes o días festivos como el Día de San Valentín.
Sí, claro.
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Página
Por mucho que me gustaría poder decirle a Iris que lo deje plantado, la
experiencia con mi mamá me dice que sólo fortalecería su resolución y abriría
una brecha entre nosotros.
—Sé que no te gusta Henry —dice Iris ahora.
Mientras que soy capaz de mantener la boca cerrada, fingiendo que él que
me guste es más de lo que puedo soportar. El sinvergüenza siempre, siempre, está
viendo mis tetas y culo. No de la manera normal en que un chico puede notarlos,
sino de una manera que me hace sentir cubierto de fango.
—Pero él me pidió que te lleve —continúa Iris.
Por supuesto que sí. Él sabe que no me gusta. Por lo que toma como un
desafío molestarme. Henry podría ser un idiota, pero es un idiota inteligente.
Sabe que voy a quedar como una idiota si me resisto a sus intentos de interacción
cortés.
—¿Por qué iba a hacer eso? —le pregunto.
—Porque quiere que yo sea feliz —dice esto como si fuera obvio—. Y sabe
que quiero llevar una amiga conmigo a sus fiestas.
Debido a que la va a ignorar a los cinco minutos que llegue allí.
—No es una de sus fiestas de equipo, ¿no?
—No. —Sus ojos son anchos y suplicantes—. Es sólo una fiesta, Anna.
Diooos.
—Bien —gruño—. Iré.
Al instante, Iris salta arriba y abajo en su asiento. —¡Sí! Vamos a tener
diversión. Y luego vamos a ir a bailar.
Iris es mi opuesto en todas las cosas pequeñas. Ella ama los reality shows,
encuentra películas demasiado largas, y sólo lee cuando es para una tarea. Su
idea de diversión consiste en una tarjeta de crédito y un centro comercial abierto,
y ha albergado un enorme enamoramiento de Justin Bieber, a pesar de todas sus
mierdas, desde su tercer año de la escuela secundaria. Su constante amor a Bieb
es evidente por el hecho de que su camisola favorita es una camiseta del concierto
My World. Y mientras que la imagen de su rostro pegado sobre sus tetas es más
que espeluznante, odio que esconda la camisa cuando Henry viene. O más bien,
odio que Henry la haga sentir como que debería ocultarlo por temor a que se
burle de ella.
A pesar de mí, miro el lugar donde había estado Baylor. Se ha ido y está
probablemente haciendo sus propios planes. De repente me siento inquieta.
25

Equivocada. Como que no sé realmente quién soy. Lo que no tiene sentido. Tal
vez me estoy viniendo abajo con algo.
Página
Traducido por Michelle M
Corregido por Daliam

Anna
Ya que rara vez voy a fiestas, no tengo idea de qué ponerme. Vaqueros y
una playera sólo conseguirá que Iris me envié al fondo de la habitación. Ella
definitivamente es de la escuela “si no está apretado, no estás bien vestida”,
especialmente si está pensando en golpear algunos clubs después.
Sin embargo, yo soy fan de la escuela “me niego a estar incómoda en
nombre de la moda”. ¿Así que dónde me deja eso?
Después de cuarenta minutos de maldiciones y lanzar ropa en general,
estoy en un camisón de color negro con sujetador integrado, lo que es bastante
atrevido para mí, considerando el tamaño de mis senos y una suave línea de falda
que abraza mis caderas pero que gira alrededor de mis muslos y termina algunas
pulgadas sobre mis rodillas.
No queriendo dejar mi habitación, me retraso viéndome en el espejo.
Aplico un poco de sombra ahumada color lila para que mis ojos se vean más
verdes y un poco de labial de frambuesa en mis labios. Así que, ya hice todo lo
que puedo.
Camino pesadamente hacia la sala para la inspección. Iris, como siempre
tiene un aspecto fantástico. Ni siquiera sé cómo lo hace; está llevando unos
diminutos shorts de cuero negro y un top índigo que se cierne sobre su hombro
tonificado y está abierto en la parte posterior. Si yo llevará algo así me vería
horrible, pero ella es tan delgada y pequeña, tan perfecta con esos botines de
tacón de aguja que me recuerdan a los cascos de caballo, por alguna razón.
Sus ojos oscuros se estrechan mientras estoy parada allí.
—¿Qué con las botas? —pregunta finalmente.
—Tú estás usando botas.
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—Botines. Totalmente diferentes.


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—Son Fluevogs —protesto—. Victorias —Oscuras de cuero verde


esmeralda, con encaje hasta media pierna y tienen un tacón que parecen las patas
de los muebles victorianos. Son peculiares y los zapatos más caros que poseo. Mi
mamá me las dio para mi cumpleaños veintiuno y la besé por eso.
Iris deja escapar un largo suspiro. —Parece que vas a un baile de vampiros
con ellas.
—Cuidado, pequeña señorita Belieber. Todavía puedo quedarme en casa.
Se encoge de hombros. —Perdón. Ya sabes cómo me pongo antes de salir.
Sí, loca. Porque ella tal vez podría decepcionar a Henry el idiota cabeza
hueca.
Avanza hacia mí, ahora más alta en sus zapatos dementes y me da un beso
en la mejilla. Un ligero aroma a flores de su perfume me rodea. —Te ves hermosa
—dice—. Dios, me gustaría tener tus curvas.
—Podemos hacer un intercambio, porque me encantaría usar esos shorts
roqueros sin aterrorizar a la población con mis muslos.
—Está bien, mis muslos a cambio de tus tetas.
—Trato. —Las dos nos reímos, habiendo hecho este trato varias veces
antes.
Tomamos el coche de Iris, porque no me fío que Henry me lleve a casa y
tengo la sensación que ella podría irse con él más tarde. Así que voy a regresar
en su coche. Tomaría mi Vespa, pero a Iris no le gusta conducir a la fiesta sola y
francamente tendría que conseguir un casco si lo hiciera.
Iris da golpecitos nerviosamente al volante mientras conducimos
escuchando a Adele.
—¿Por qué estás tan alterada? —Finalmente pregunto—. Más de lo
acostumbrado, ¿quiero decir?
Sus ojos se amplían mientras me mira. —Por nada. —Y entonces da la
vuelta en una calle.
Las casas fraternales se alinean en el bloque. —¡Iris! Dijiste que era una
fiesta fuera del campus.
Pero claramente es del tipo de fiesta del horrible equipo de Henry. Lo que
implica beer bongs, chicos meando en el césped—entre otros encantadores
lugares—y básicamente un comportamiento idiota. Una vez fui atrapada para ir
a una y juré nunca volver.
—Mira, lo siento, ¿vale? —Su expresión es desesperada—. Pero Henry
realmente quería venir y has estado abatida últimamente en la casa.
27

—¡No he estado abatida!


Página
—Mirando por la ventana —insiste—. Igual que la trágica heroína Jane
Austen.
—Las heroínas Austen no son trágicas. Ellas tienen el poder.
—Te digo. Todos esos sentimientos reprimidos y orgullosos. —Su nariz se
arruga—. Patético. Sólo adueñándote de tus emociones.
—Deja de tratar de cambiar de tema. Lo estás haciendo a propósito. No es
cool.
Iris suspira mientras se detiene en una gran casa colonial que se ilumina.
La gente sale derramada por la puerta y una chica, se ríe maniáticamente
tumbada sobre el césped en un montón de extremidades.
Ambos hacemos una mueca de dolor antes de que Iris levante sus ojos
suplicantes a mi dirección. —Simplemente no creí que vendrías si te hubiera
dicho. —Agarra mi brazo y su mano se siente fría—. ¿Me perdonas, Banana?
—Tuviste que traer a George. —George es el hermano gemelo de Iris y mi
otro mejor amigo. Suele a ir a fiestas con ella, vigilando a su hermana pequeña
mientras a la vez coquetea con todas las mujeres disponibles. Aquello funciona
para ellos—. ¿En dónde está él de todos modos? —me quejo.
—Dice que tiene dolor de cabeza. —La boca de iris se aplana con molestia.
—Sospechoso. —George nunca se enferma. Prácticamente por eso es
inhumano.
Iris saca su labial y rápidamente se lo vuelve aplicar mientras me quedo
mirando el exterior. —Eso fue lo que dije. —Sus palabras son sordas mientras
extiende sus labios para conseguir poner una buena capa de color rojo brillante
sobre ellos—. ¿Pero qué podía hacer yo?
—¿No torturarme?
Con eficiencia, cierra el lápiz y lo deja caer en su bolso. —Bueno, ¿dónde
está la diversión en eso? —Sus ojos brillan ante la luz baja del coche—. Además,
tal vez puedas encontrar a alguien que te guste.
—Iris… —Mi mirada de advertencia se pierde en ella, porque ya está
saltando fuera del coche con sorprendente energía, teniendo en cuenta sus
tacones. Yo sigo, sabiendo que lo lamentaré.
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Página
Drew
Es viernes por la noche y estoy cansado. Mi cuerpo duele por una práctica
brutal. No es mucha diferencia de cualquier otro día, solamente que no he estado
durmiendo bien y me está pesando. Una cierta pelirroja ocupa mis pensamientos
en un sueño—privado. Cuando cierro los ojos me la imagino. Demonios la
imagino con los ojos abiertos también.
Sobre todo, pienso en ella de perfil porque es lo único que veo en clases.
La suave curva de su mandíbula, la curva de su mejilla que da volumen cuando
se sonríe, el pequeño y delicado lóbulo de la oreja. Curvas. Anna es curvas
interminables.
En mi mente, sigo el camino como un mapa en su pálido cuello hasta
donde están las mejores curvas: sus pechos. Grandes. Más amplios en la parte
inferior lo que da la ilusión de una punta hacia arriba y más que suficiente para
llenar mis manos. Suaves. Sé que lo tienen que ser.
Estoy hasta la mierda los días en que nuestro salón de clases hace frío y
ella lleva esas rameras de algodón que no hacen nada para ocultar sus pezones
presionados contra la tela.
Maldita sea, aunque la vista no deja de ponerme duro. Estoy moribundo
por la oportunidad de quitar su camisa y exponer sus pezones que se tensan tan
fácilmente. Quiero conocer su color, tu tamaño exacto y la textura.
Tiene la piel tan clara, por lo que deben ser de color rosa, pero he visto las
sombras de esos dulces capullos bajo sus camisas blancas y sospecho que son de
un bonito moreno rosa que se pondrán más oscuros cuando los chupe.
Seh, soy un bastardo enfermo. Pero dudo que cualquier chico me culpe. Y
no puedo ayudarme a mí mismo. Cuando no estoy pensando en sus pechos o su
estrecha cintura y la curva redondeada de su buen culo, estoy pensando en esa
voz, esa voz cansina como jarabe que hace que mi piel cosquillee. Ahora estoy en
el Sur. Acentos como el suyo me rodean a diario. Por qué su voz me afecta más
que las otras, no lo sé. Tampoco me importa. Ella habla y yo quiero escuchar. Sin
fin.
Lo tengo mal. Ya es bastante malo estar semi-erecto en el centro de una
habitación llena de gente. Y ella ni siquiera está aquí.
Tomo un sorbo de agua, realmente no escuchado la charla a mi alrededor.
¿Qué hace ella es sus noches libres? ¿Va a clubs? ¿Pasa el rato en un café y castiga
a los hombres desprevenidos en la injusticia de una pared invisible? Eso me hace
29

sonreír. Me encanta la forma de su nariz respingona, cuando se arruga porque


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está irritada y sus ojos verdes se vuelven rendijas. Como si no dudara de patear
el culo de alguien si piensa que se lo merece. Totalmente caliente.
El agua que estoy bebiendo esta cálida y puedo probar el sabor del
plástico. Una sensación irritable crece dentro de mí. No quiero estar aquí. He
escuchado estas historias y chismes una y mil veces antes. Y aunque amo a mis
chicos, estoy aburrido. Quiero cazar a Anna Jones, sacudir su jaula y ver lo que
me arroja. Pero no sé por dónde buscar. Y eso me enoja.
Estoy a punto de decirle a Gray que lo veré mañana, tal vez iré a golpear
el saco en un esfuerzo de conseguir un poco del sueño que necesito, cuando
siento un endurecimiento familiar en mi ingle yendo a lo largo de mi espalda.
No tengo una explicación de cómo o por qué sé cuándo ella está cerca.
Solamente lo hago. Como un imán al metal, mi cuerpo y mi cabeza se gira
y levanta. Y ahí está.
Todo se detiene. Mi corazón en mi pecho. Mi función cerebral. Jódeme.
Que alguien sólo me encaje un tenedor. Ella no está usando su remera y vaqueros
usuales o uno de sus pequeños suéteres. Usa alguna clase de tiras que apenas
contienen sus pechos, esos cremosos, hermosos pechos que rebotan y se agitan
con cada paso que da. Esos pechos van a ser mi muerte. Me temo que estoy
gimiendo audiblemente.
Y vaya que si no soy el único que lo ha notado. Demasiados ojos están
pegados a su pecho. Mis manos se aprietan. No soy diferente a ellos, tal vez soy
peor, porque tengo el hábito de observarla.
Pero tengo ganas de golpear cabezas, quitar esos ojos fuera de ella.
También tengo el impulso de quitarme la camisa y arroparla.
Hace su camino por la habitación y veo la falda. Una cosa negra que se
aferra y balancea alrededor de sus muslos pálidos. Fuertes muslos sin embargo
suaves se sentirían tan buenos sobre mí, envolviéndome, abrazándome. Je… sús.
Tiene sus cejas fruncidas y está frunciendo sus labios. Si hay algo más
sobre ella que me encanta, son sus labios. De color rosa oscuro y regordetes,
labios de fácil acceso. Labios que he querido besar desde que puse los ojos en
ellos.
Ella no está feliz de estar aquí. Y les frunce el ceño de vuelta a unas chicas
que la miran como si fuera una intrusa. Conozco a esas chicas. Groupies. “Cambia
pollas” como Gray las llama. Y aunque es crudo, es apropiado. Han atendido a
más de la mitad del equipo. Una fea experiencia me enseñó a mantenerme lejos
de ellas. No me gustan las sonrisas que le están dando a Anna. Ella no debería
estar aquí. No debería. Quiero sacarla y conducir sólo hacia alguna parte. Tal vez
la cafetería de mi imaginación. Estaría feliz de tenerla dándome un sermón de
todas las cosas que le molestan de mí.
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Sus ojos escanean la habitación como si buscara una salida.


Página
Mira en mi dirección, digo en mi cabeza. Mírame. Dame esos grandes ojos
verdes. Entreciérralos en mi dirección con esa intensidad que siento hasta los huesos.
Mírame.
Mírame.
Como si me escuchara, sus pálidos hombros se tensan y mi cuerpo se
apodera de anticipación caliente. Sus largas pestañas barren hacia arriba y, BAM,
esos ojos se encuentran con los míos. Es como ser sorprendido, sólo el calor y el
placer se abruman sobre el dolor.
Sus labios carnosos se parten como si estuviera respirando sorprendida y
me encuentro haciendo lo mismo. Jesús, la quiero. Me mira en una mezcla de
ansiedad y emoción cruda brillando en sus ojos. Tengo que encontrar la manera
de borrar esa ansiedad. Tengo que conocerla. Nada en esta tierra me está
deteniendo de ir por ella.
La adrenalina corre por mis venas y mi ritmo cardíaco aumenta. Que
comience el juego.

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Página
Traducido por Michelle M
Corregido por Daliam

Anna
Dentro de la casa es como me temía. Repleto, caliente y ruidoso. Parece
que el único propósito de los chicos es gritarse los unos con los otros. La loca
música está pulsando a través de los altavoces y rebotando en las paredes.
Ojos me siguen mientras camino. No pertenezco a este lugar. Ellos lo
saben. Yo lo sé. Las chicas fruncen el ceño tratando de averiguar por qué estoy
aquí y quién me invitó, y los chicos le dan unas largas miradas a mis tetas. Ahora
estoy maldiciendo mi elección de escote. Y a Iris.
Iris, quien nada como un pequeño pez a través de la multitud en su
búsqueda de encontrar a Henry. En el instante que ella lo hace, él la acerca y mete
la lengua hasta la garganta de ella. Sus manos agarran su culo para poder
acercarla más.
Seh. No tengo ningún deseo de estar cerca de ellos ahora mismo. Mi único
refugio es encontrar una cerveza y un rincón. Debido a los tacones de las botas
de tres pulgadas, mido 1.77 metros. Lo suficientemente alta para ver sobre la
mayoría de las cabezas de las chicas. Lo suficientemente alta para descubrirlo
cuando me muevo a la otra habitación. Y él me está mirando directamente.
Drew Baylor.
Por supuesto. Ahora, oficialmente mataré a Iris.
Quiero mirar hacia otro lado, pero no puedo. Nunca puedo cuando se trata
de él. Su boca cuelga abiertamente, como si estuviera sorprendido de verme aquí,
los dos lo hacemos; estoy sorprendida de estar aquí. Pero luego, como si
realmente se diera cuenta que estoy aquí y no soy una pesadilla, sus labios suben
en sus esquinas y hay un extra brillo en sus ojos.
Me pregunto si todas mis partes felices están conectadas con su sonrisa, ya
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que estallan por esa expresión, poniéndose cálidas y hormigueantes. Lo que me


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molesta hasta el infierno.


Luego se mueve, alejándose del grupo de personas que lo rodean sin mirar
atrás.
Discapacitada, ya que mi cuerpo no coopera, estoy inmóvil mientras viene
por mí. Su gran cuerpo atraviesa la multitud como una cuchilla. Maldita sea, luce
genial, sus largas piernas caminan en sus desgastados y descoloridos vaqueros
que abrazan sus gruesos muslos. Su camiseta marrón se aferra a su pecho como
si fuera una canción de amor, poniendo en evidencia sus hombros anchos y su
delgada cintura.
En una habitación llena de chicos, Drew es el hombre del lugar. Más
grande, más fuerte y justamente más de todo. En una extraña manera, el tampoco
pertenece a este lugar. Pero la diferencia es que ellos quieren que pertenezca.
Sus ojos permanecen fijos en los míos todo el tiempo. Es desconcertante. Y
lo suficiente para que mis dedos se doblen en mis Vogs.
Se detiene justo enfrente de mí. Demasiado cerca para una interacción
casual. Incluso con mi altura tengo que inclinar mi cabeza un poco hacia atrás
para mirarlo a los ojos.
—Anna Jones —Arrastra las palabras—, es un lujo encontrarte aquí. —
Parece contento de retorcer mi interior.
—No por voluntad propia—murmuro.
Su sonrisa torcida crece. —¿Quién te secuestro para venir?
—Iris, mi compañera de cuarto y pronto a ser la residente en la lista de
personas desaparecidas.
Una risa se rompe en su cara y en sus ojos cálidos. —No sé… le estoy un
poco agradecido.
—Puedes darle las gracias cuando deje de chupar la cara de su novio. En
cuanto a mí, me largo.
Las cejas de Baylor se fruncen. —¿Ahora? Acabas de llegar.
—¿Cómo lo sabes? Pude estar aquí durante horas.
Mueve su peso sobre una pierna, acercándose. —Jones, supe el segundo
que entraste por la puerta.
—Putas mentiras —lo digo por reflejo.
Pero él sonríe. —Jodidamente honesto.
Mi piel está demasiado apretada, mi carne ahora está caliente. —¿Cómo es
eso posible?
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Otra pequeña sonrisa sale. —¿En serio?


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Y entonces lo hace. Su mirada va a mi pecho, deteniéndose allí mientras
sus fosas nasales se abren, antes de que se arrastren lentamente hasta mi cara.
Cuando mi mirada lo registra, simplemente me da una mirada tímida como
diciendo que sabe que fue atrapado, pero en verdad no lo siento por él.
No puedo culparlo totalmente. Mis tetas están hinchadas sobre mi escote.
Tengo el deseo desesperado por levantarlas, pero me resisto y me cruzo de brazos
por debajo de mis pechos en su lugar. La acción levanta mi escote más alto. Es un
reto. Pienso. No estoy segura de qué demonios estoy haciendo.
El color tiñe sus mejillas y sus ojos calientes se deslizan hacia abajo.
—Está bien —dice densamente—, ahora sé que estás jugando conmigo —
De alguna manera ahora está a un pie de distancia. Pestañea y hay una sombra
sobre sus mejillas mientras se asoma—. Pero estoy dispuesto a ser torturado.
Mis brazos caen. Los nervios revolotean en mi vientre. Sí, he estado con
chicos. Y me gusta el sexo. Amo un buen polvo, tan escurridizo como suena eso.
¿Pero coquetear con Baylor? No puedo controlarlo. Es demasiado. Hace que mi
boca se ponga seca y mis manos se contraigan para querer llevarlas a su pecho
tenso.
La verdad es que no entiendo porque insiste en hablar conmigo. No soy
como sus mujeres habituales. Ni siquiera soy agradable con él. Algo que me reusó
de sentirme culpable.
—No las estaba ofreciendo —digo. No es exactamente cierto. Es por eso
que tengo que irme. Me giro, lista para alcanzar a Iris cuando se mueve para
atrapar mi codo con sus dedos. Puro instinto me hace evadir su toque. Sé sin
lugar a dudas, que si me toca, estoy muerta.
Frunce el ceño por la acción, su mano cae. Pero no le impide hablar. —
Quédate. —Su voz es tan suave que cae sobre mí.
—Prefiero irme. —Esto a la vez es una mentira y la verdad. No puedo
pensar con claridad cuando está cerca.
—No puedo creer esto. —Muestra sus hoyuelos—. Quiero decir, nos
llevamos tan bien.
Lo dice con humor seco tanto que lucho con una sonrisa y sacudo la
cabeza.
—Déjame adivinar, nunca te has acercado a una chica que resulta no estar
interesada en ti.
Baylor ladea la cabeza como si estuviera sorprendido y luego rasca su
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cuello. —Bueno —dice lentamente—, no, no lo he hecho. —Una amplia sonrisa


estalla por su cara, todo encanto y hoyuelos—. Puedo ver que esto te molesta.
Página

—Estás mal. Eso simplemente refuerza mi primera impresión de ti.


—¿Cuál? ¿Qué soy honesto? —Se inclina más cerca. Tan cerca para darme
cuenta que su aliento no huele a cerveza y que sus ojos tienen un anillo color
marrón oscuro alrededor de un color oro—. Aquí está la cosa, Jones, no entiendo
cómo puedes encontrar eso como un problema.
Parpadeo y me obligo a centrarme en algo más que sus ojos. —¿Puedes
ver como es un problema el que nunca te dijeran “no”?
Su sonrisa se profundiza. —Deja de ser evasiva. Tú estás hablando de mi
irresistibilidad. Yo estoy hablando sobre mi honestidad. Dos temas muy
diferentes.
Mis labios se contraen. Maldición. —No me recuerdo diciendo que eras
irresistible.
—Además —continúa como si no hubiera hablado—, no puedo tener
algún tipo de culpabilidad con las chicas que quieren llegar a conocerme. No es
como si las estuviera sobornando o mintiéndoles sobre mi “perversidad” con
ellas. Esto es lo que hay.
Lo miro por un largo momento, sonríe estúpidamente y lucho contra el
impulso de sonreír de regreso.
—¿Sabes qué? Tienes razón.
—¡Por fin! —dice a nadie en particular antes de sonreírme.
Le doy una mirada suave. —Así que vamos a ponerlo de esta manera. —
Entro en su espacio personal, mirándolo—, me importa un bledo el fútbol. Me
importa una mierda quién eres o lo que haces…
Mi sermón muere cuando se inclina tan cerca que nuestras narices se
tocan. La mirada en sus ojos no es enojada. Es triunfante. —Exactamente, Jones.
Dos palabras y ha extinguido mi fuego. Que no me quiera adulándolo es
la última cosa que esperaba. Empiezo a fruncir el ceño. Tal vez incluso lo hago.
No puedo detenerme de decir. —Bueno, infierno.
Y él se echa a reír. Es una risa llena, tan contagiosa que respondo a ella,
resoplando un poco mientras trato de no reírme. Nuestros ojos se encuentran y
el aire entre nosotros cambia abruptamente. El calor me inunda tan rápido que
pierdo mi próximo aliento. Tal vez también le pasa lo mismo porque se ve
absolutamente inmóvil. Un león a punto de saltar. Retrocedo, una gacela quedo
atraída en plena luz del día.
Pero entonces un cuerpo torpe se acerca a nosotros y una gran mano
golpea el hombro de Baylor.
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—Hey, hombre —dice un hombre corpulento que tiene que ser uno de los
linieros ofensivos de Baylor—. Sandra aquí quiere decir hola.
Página
Es como si no estuviera allí. No para el Hulk, cuyo brazo está chocando
con mi brazo mientras hace algunas señas a una chica de dieciocho años con el
cabello muy teñido y una sonrisa tímida. No cuando ella se escabulle hasta
apretarse contra el brazo de Baylor. —Hola —jadea, porque no estoy segura de
escuchar alguna consonante—. ¿Firmarías mi playera?
Por supuesto que lleva su playera, el número once enormemente sobre sus
pechos. No es ninguna sorpresa cuando ella apunta directo a esa zona, en caso
de que él no estuviera seguro de dónde firmar.
Quiero rodar los ojos, pero no lo hago. Ella no es el problema aquí. Incluso
Baylor no es el problema. Soy yo.
—Bueno, entonces—digo—. Te dejo.
Me doy la vuelta y huyo, lo escucho decir mi nombre. Pero no miro hacia
atrás.
Estaba a punto de llegar al pasillo cuando se pone enfrente de mí,
deteniendo mi progreso. —Espera. —Los labios de Baylor se tiran en un puchero,
lo que tendría que hacerlo ver menos varonil pero simplemente lo hace más
caliente—. Pensé que estábamos teniendo una conversación.
—Creo que eso era más como una pelea —digo y él empieza a sonreír, me
apresuro—. Y aquello claramente era más.
Su exuberante boca se pone en una línea. —¿Por qué? ¿Por la interrupción?
—Da un movimiento de cabeza hacia su fan número uno.
Niego con la cabeza. —Honestamente no te quiero entretener.
En lugar de dar marcha atrás, da un paso más cerca y su voz es un susurro.
—Pero prefiero hablar contigo.
Mi corazón late tan fuerte que lo siento en las puntas de mis dedos. No sé
a dónde mirar ni que hacer.
Mi mirada se posa sobre el cordón de cuero que lleva alrededor de su
fuerte cuello. Nunca lo he visto sin el. Es un pequeño rectángulo de madera
pulida que cuelga de una cuerda, colgando justo debajo de su garganta. Mis
dedos pican por tocar el colgante, para trazar lo largo de la cuerda hasta el
rastrojo que comienza en su mandíbula. Levanto la mano para hacer
precisamente eso, cuando un grito masculino me detiene.
—¡Baylor! —Otro de sus compañeros de equipo busca su atención. Una
estudiante de primer año lo saluda allí llamando su atención.
Echo un vistazo a ese camino. —Obviamente estás ocupado.
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Un suspiro de frustración se escapa de él y se pasa una mano por el cabello.


Página

—¿Qué se supone que tengo que hacer? ¿Decirle que se pierda porque estoy
tratando de impresionar a otra chica? Bastante contraproducente para actuar
como un idiota, si me preguntas.
Estoy un poco atascada con todo el “impresionar a otra chica”. De hecho
en el momento que lo dijo, mi corazón se detuvo por completo y el calor se
precipitó a mi cara. ¿Por qué yo? ¿Qué está pensando?
Mi garganta se tensa y trago saliva. —Lo siento, pero le estas prestando
atención a la chica equivocada —Rodeo el pasillo hacia la libertad—. No estoy
interesada.
Se ruboriza y sus ojos se ponen de color bronce. —Putas mentiras.
Cuando me estremezco su voz se suaviza y desliza a través de mis
defensas como una cuchara con pudín. —Tal vez puedas pensar que soy un
imbécil, pero no soy ciego. Estoy en peligro de desarrollar una torcedura de
cuello permanente por verte. Y si por el número de veces que te encontraste con
mi mirada es algo, entonces sí, sí lo estás.
Mis mejillas deben de ser rojo ardiente. Estoy demasiada sorprendida para
responder, pero eso no le impide acercarse. Lo suficiente cerca para que el collar
quede entre nosotros.
—¿Por qué no me dices el verdadero problema y podemos resolverlo?
Abordándolo. Como si fuera algo que quisiera averiguar y corregir. Algo
que quiere mantener.
La idea es tan ajena a mí y tan terrible. —¿Por qué simplemente no lo dejas
ir? Hay algunos juegos que no vas a ganar.
Frunce el ceño, pero cuando abre la boca para responder, hablo sobre él.
—La decepción es buena para el alma, Baylor. Lo siento, pero me tengo que ir.
Esta vez no me detiene o tal vez sólo me está dejando ir. Me voy tan rápido
como si pudiera correr y otro amigo se acerca a él. Lo cual es bueno. Y tal vez me
digo a mi misma que esto es suficiente, lo voy a creer.
37
Página
Drew
Bueno eso salió bien.
El precioso culo de Anna Jones se balancea mientras camina lejos de mí.
Un perfecto contra punto para el balanceo de su pequeña falda negra y el rebote
de sus rizos rojos. Quiero agarrarla y presionarla contra la pared más cercana
para poder probar su boca mordaz. Ni siquiera me importaría si ella me
mordiera, con tal que su lengua me alivie después.
No va a pasar. Me quedo donde estoy, con la derrota y decepción—Sí,
gracias, Srta. Jones, estoy muy bien con la emoción chocando como un mal golpe.
—Mierda. —Froto mis costillas donde el dolor fantasma se propaga.
Incluso es peor cuando veo a Gray merodeando. Gray es mi compañero
de equipo y mejor amigo. Nos conocimos cuando teníamos quince y asistíamos
a la Academia Mannin Passing. Los dos somos de chicago, aunque de diferentes
áreas y jugamos como rivales, pero nunca habíamos hablado hasta entonces.
Cuando mis padres murieron, Gray era al único que podría soportar
estando cerca porque él había perdido a su madre de cáncer el año anterior. Lo
que significa que me conoce mejor que nadie en la vida. Esto va a apestar.
La mueca desagradable de Gray es grande y satisfecha. —¿Fallando
espectacularmente, eh?
Echo fuego por los ojos, con ganas de perforar esa estúpida cara sonriente.
—Nunca debí haberte presentado la gloria que es Top Gun2. No lo mereces.
Cuando se ríe, pongo los ojos en blanco. —¿Cuánto tiempo has estado
esperando para usar esa línea conmigo?
—Como unos cuatro años y medio, más o menos. —Lanza su enorme
brazo alrededor de mi hombro y trata de tirar mi cabeza abajo para rozar sus
nudillos en mi cabeza. Me agacho y la doy un zape. No estoy de humor. No es
que a Gray le importe. Sigue sonriendo.
—¿Qué pasa? ¿Roja no respondió al grito de “Batalla”?
—Vete a la mierda, Gray. —No hay mucho calor en mi petición. Mi mente
todavía está con Anna y mi cuerpo se muere de ganas por seguirla. Mierda, estoy
tan jodido. Algo patéticamente parecido a un suspiro se levanta de mi pecho
mientras miro fijamente la maldita dirección que tomo antes de alejarse de mí.
Como si fuera una enfermedad.
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2
Película protagonizada por Tom Cruise, anterior mente Gray usa una frase de la misma
película.
Lo cual es lamentable. Debido a que todavía algo está allí, ese griterío en
mi cabeza que dice: ¡Ella, Ella, Ella!
No es tan genial cuando ella parece tener un griterío acerca de mí que dice:
¡Corre, corre, corre!
No lo entiendo. No le estaba mintiendo y creo que no soy un iluso cuando
le dije que prácticamente nos hemos estado follando con la mirada el uno contra
el otro durante el último mes. Afortunadamente, no dije eso; probablemente
hubiera apretado mis bolas si lo hubiera hecho. No es que esté totalmente
desacuerdo a que toque mis bolas…
—Mierda. —Me pellizco el puente de la nariz. Luego lo pellizco más fuerte
cuando me doy cuenta que Gray todavía me está mirando.
—Amigo —dice—, déjalo ir. Esto se está poniendo embarazoso.
—¿Por qué? —Espeto—. ¿Por qué por una vez tengo que trabajar por ello?
Al masoquista en mí le gusta eso. Me encanta como la mierda cuando ella
es toda ágil con la boca y me pone la tarea difícil. Si pudiera conseguir que ella lo
hiciera mientras chupo su cuello, sintiendo la vibraciones mientras habla o tal
vez con esas piernas cremosas alrededor de mi espalda mientras lo hace y
empujaría en su calor para que gima un poco entre sus argumentos.
Tomo una respiración profunda. Y otra. Estoy tan jodido si Gray me ve
duro.
Gracias a Dios por los vaqueros. Y el hecho que Gray sigue balbuceando
demasiado para mirar abajo.
—El sexo no debe ser un trabajo —insiste—. Debería ser fácil. Las chicas
vienen a nosotros, nos dan un buen momento y las despedimos con un bonito
gracias y tal vez una palmadita en el culo si ellas estuvieron extra especiales.
—Me compadezco de tus compañeras de cama.
—Ellas tienen un bueno momento —dice Gray—. Un gran momento.
—Claro. Dejándolas hacer todo el trabajo mientras tú te echas como un
maldito perezoso. Suena increíble para ellas.
Me da una mirada agria. —Bueno, suenas como una chica.
—Si fuera una no te estaría follando.
—Pudiste hacerlo peor. —Su rostro se pone rojo—. Maldita sea. ¿Deja de
hacer esa mierda? Odio cuando retuerces mis palabras.
No puedo evitar sonreír. A Anna pareció gustarle cuando torcí sus
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palabras, hasta que huyó. Y ahí va de nuevo un suspiro patético, haciéndome


Página

sonar como un bobo. Maldita sea quiero hablar con ella.


Tal vez piense que quiero lo que Gray ofrece. Un ligue sencillo. Quizás
debería decirle que quiero más. Todo el conjunto, el paquete entero, irresistible,
dulcemente curvilíneo con una irresistible boca.
Mierda, ni siquiera la conozco. Gray tiene razón en una sola cosa,
obviamente perseguir apesta. Pero si hay una cosa que entiendo, es la práctica.
Yo sobresalgo en perfeccionar la técnica de la práctica.
Anna no ha vuelto a bajar las escaleras. Lo que significa que estoy
subiendo.
—Si mis esfuerzos te incomodan tanto —le digo a Gray sin apartar mis
ojos del pasillo que conduce a la segunda planta—, yo miraría lejos ahora mismo.
—Le doy una ligera palmada en el pecho y la cabeza.

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Traducido por Juliee & Dahi_p_22
Corregido por Daliam

Anna
La casa es más grande de lo que parece desde afuera. Arriba hay un
laberinto de pasillos largos y obscuros, que se extiende en dos alas en forma de
L. Varias habitaciones están ocupadas, los sonidos procedentes de adentro no
dejan duda del por qué. El pasillo está vacío, las personas probablemente van
abajo tan pronto como se dan cuenta de que no van a ser uso de las habitaciones
solos.
Camino hacia adelante, escuchando discretamente en las puertas para
encontrar una donde haya silencio. Necesito el baño y no estoy dispuesta a mirar
a nadie antes de que lo encuentre…
Afortunadamente hay un baño pequeño cerca del final del pasillo y está
desocupado. Una vez dentro, tomo una respiración profunda y dejo salir el aire
poco a poco. Estoy felizmente tranquila, el volumen de la música es bajo. Mi piel
y mi corazón todavía están latiendo demasiado. Pareciera que hubiera corrido
una milla en un minuto. Peor aún, una parte de mí quiere ir a la planta baja donde
él se encuentra.
Maldiciendo, corro agua fría sobre mis manos y en la parte posterior de
mi cuello. En el reflejo del espejo, mis mejillas son rosas y mis ojos están brillando.
Parezco excitada.
—Demonios.
Me seco y, tomando otra respiración, salgo del baño. Prácticamente me
estrello contra alguien. Mi hombro golpea la pared detrás de mí cuando doy un
paso atrás para alejarme. Baylor está parado allí, su expresión aturdida como si
no hubiera esperado que chocara contra él. Entonces se mueve más cerca, tomo
aire y mis pensamientos se dispersan. Todo lo que puedo ver son sus ojos,
intensos y decididos.
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Todo lo que puedo pensar es que estamos juntos y solos. Completamente.


Finalmente. No puedo mirarlo. No directamente. Es como el sol, brillante y me
Página

quema.
—¿Por qué estás aquí? —Mi voz es un pequeño sonido en el espacio
pequeño.
Así es. —Te deseo.
El piso cae debajo de mí, su confesión me hace tomar demasiado aire.
Baylor parece un poco sorprendido por sus palabras, sus ojos son amplios y sus
labios están separados. Pero parece confiado cuadrando sus hombros anchos.—
Dime que no me deseas y me iré.
Mi boca se abre, una negación está en mis labios, entonces se acerca. Es
apenas un toque, solo las puntas de sus dedos en mi codo, como si quisiera
guiarme hacia las escaleras. Es el contacto más pequeño. Nada realmente. Y sin
embargo, es todo. El contacto me hace sentir pequeñas quemaduras, ondas que
recorren mi piel como un rayo rápido de intensidad, y me hacen retener el aliento.
Él lo siente también. Un rápido vistazo hacia arriba y busca mi rostro como
si estuviera buscando una afirmación. Lo que sea que ve debe decirle que no está
solo en esto porque no se va.
Nadie dice otra palabra. La sangre corre caliente a través de mis venas,
como sus dedos corren lentamente, oh tan lentamente por mi brazo. Su pulso
vibra, rápido y visible justo debajo de la piel dorada de su garganta. Quiero lamer
ese punto, poner mi boca allí y chupar. Lo quiero a él. Lo quiero tan mal que estoy
en llamas.
Un sonido doloroso se me escapa cuando mueve sus nudillos hacia la
parte interna de mi brazo, justo al lado del pecho. Estoy sacudiéndome
profundamente en mi interior, un temblor creciente se extiende, hasta que mi
respiración está entrecortada y lucho por mantener el control.
¿Qué estoy haciendo? Es Drew Baylor. Nada bueno puede salir de esto.
Tengo que ser fuerte. Necesito detener esto. Irme.
Me retuerzo, apoyándome en su toque, queriéndolo, necesitándolo más.
Sus labios se abren en un suspiro, como si me tocara con alivio y dolor. Mi
mano se instala de alguna manera en su cadera, su hueso es sólido debajo de su
piel. Se tensa, apretándose visiblemente lo que hace a su bíceps saltar. El instante
siguiente, mis dedos se hunden debajo de su camiseta.
Su piel es caliente, como si se estuviera quemando por dentro. Mi mano se
desliza a lo largo de su ondulación muscular, suave y tonificada, el algodón de
su camisa hace cosquillas en el dorso de mi mano. Me sostiene todavía, cuando
se estremece como un terremoto. Mi cuestionable pulgar encuentra su pezón, y
él detiene su respiración al mismo tiempo. El pequeño hecho de su pezón debajo
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de mi pulgar me excita tanto, muerdo mis labios para evitar gemir. Oh, pero él lo
está haciendo también. Traga audiblemente, haciendo esos pequeños temblores
Página

cada vez más fuerte.


Presiono duro hacia abajo.
Con un grito ahogado, se tropieza, su antebrazo golpea la pared al lado de
mi cabeza como apoyándose. Un aliento tibio acaricia mi mejilla, el sonido de su
jadeo llena mis oídos.
Baylor está parado allí, tan cerca que su embriagador aroma y su calor vivo
me envuelven. Dibujo ese olor fresco, su esencia es limpia y crece mareándome.
Incapaz de resistirme, paso mi uña sobre su pezón. Gruñe, sus caderas
moviéndose de un tirón como si jalara de una cuerda. Y luego toma venganza.
Su largo dedo índice se curva alrededor de la correa de mi top. Por un
momento, simplemente dirige su dedo arriba y abajo de la correa, juega con ella,
a un paso de acercarse a mi pecho. Entonces jala, deslizando la correa encima de
mi hombro por momentos agonizantes.
Oh, Dios. Mis párpados revolotean. Quiero cerrar mis ojos pero no puedo.
Estoy atrapada mirando fijamente su rápido pulso, toda mi conciencia centrada
en el progreso de mi correa y como toca mi brazo, exponiendo la parte superior
de la curva de mi pecho, que ha crecido fuerte, con dolor. Creo que nunca he sido
más consciente de mis pechos, de mi cuerpo. La parte superior se desliza más,
exponiendo más piel.
Apúrate, quiero llorar. Estoy temblando para el momento en que el borde
de mi top cae bajo mi pezón.
Ambos aguantamos la respiración. Debajo de mi mano, su corazón late
fuerte y feroz. Puedo sentir su mirada, codiciosa y caliente. Quiero que me vea.
Quiero ser expuesta por él.
El sonido de risas llega hasta nosotros, y la música hace zumbar las
paredes. Cualquier persona podría encontrarnos aquí, verlo bajar mi top. Como
si estuviera pensando lo mismo, Baylor cambia de puesto su peso, cubriendo mi
cuerpo de la vista con el suyo. Ese pequeño gesto, su consideración, rompe mi
resistencia. Mordiendo mi labio, arqueo mi espalda al mismo tiempo que él jala.
Mi pezón es liberado.
Baylor hace un sonido gutural. Su aliento es áspero en mi oído mientras
su gran mano cubre mi pecho. El placer de su tacto es tan agudo, es un alivio, y
entonces está lejos. Duele más abajo y tan profundo que mi sexo se contrae.
No se mueve, solo mira su bronceada mano contra el blanco de mi pecho
y mi pezón rosado sobresale justo sobre sus dedos, como si estuviera tratando de
darle sentido a las cosas. O tal vez sólo está saboreando el momento. Su lengua
sale mientras lame su labio inferior. Jesús, quiero lamerlo también. Estoy quieta.
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La punta de su pulgar roza sobre mi pezón. Una vez, dos veces, y luego
presiona hacia abajo.
Página
Un rayo caliente como agudo de placer se dispara hacia el espacio vacío
entre mis piernas.
En un grito, caigo, resbalando por la pared, mis rodillas golpeando debajo
de mí. Pero él envuelve un brazo alrededor de mi cintura. Me sostiene. Todavía
me sostiene. Tiernos dedos soportan mi mandíbula e inclinan mi cabeza hacia
arriba. Encuentro sus ojos. Justo ahí hay lujuria, oscura, como azúcar quemada.
Su mirada se instala en mis labios y hacen su parte. Sumerge la cabeza, su
respiración roza mis mejillas como si viniera por mí.
Sin pensarlo, muevo mi cabeza a un lado.— No. No en los labios. — Duele
decirlo porque la mayor parte está gritando. Sí. Ahora. Por favor. Pero no puedo.
Un profundo, innegable instinto me dice que si besa en la boca, perderé toda mi
resistencia.
Vacila, su frente surcándose con un ceño fruncido. Su mirada lanzando
dardos sobre mi cara, va de mis labios hacia mis ojos. Un gruñido de frustración
se le escapa como estuviera cayendo. Mi corazón da saltos, pero su boca va hacia
mi cuello, justo encima de mi hombro. Y no puedo pensar más. Sólo sus labios
tocando mi piel me provoca piel de gallina. Besa mi cuello de la manera en que
besaría mi boca, abierta, mojada, como si estuviera hambriento, esperando por
esto. Me besa con rabia. Como si fuera un castigo por mi negativa a dejarle tener
un beso adecuado. Tal vez lo sea, pero no me importa porque se siente tan bien
que no voy a detenerlo.
Llueven besos duros sobre mi hombro, a lo largo de mi pecho, y hunde su
rodilla. Un beso breve, succiona mi pezón expuesto y hace que se contraiga todo
mi cuerpo, pero se está moviendo hacia el sur, sus manos acariciando los lados,
resbalando sobre mis caderas. Dedos insensibles caminan hasta la parte trasera
de mis muslos, agarrando mi falda, levantándola.
Oh, Dios. Mi respiración atascada capta su atención. Hay desafío en sus
ojos cuando me mira. Lo puedo detener si quiero. El conocimiento es grueso y
pesado entre nosotros. Pero no me puedo mover, mucho menos protestar. Estoy
tan lista para él, no puedo soportarlo. Si nos movemos, si paramos ahora, puede
que todo se vaya. La emoción de lo ilícito es una droga en mis venas. La pared es
fría contra mis hombros calientes y me apoyo en ella, tratando de no aplastarnos.
Todavía me mira y pulgadas de falda suben y suben. Mis bragas mojadas están
expuestas.
Estoy tan mojada que el aire se siente frío. Como si oliera mi deseo, su
nariz se mueve, y finalmente me ve. Gime como si tuviera algún dolor. — Mierda.
Santa mierda.
44

Mis muslos superiores están mojados.


Página
Introduce su enorme mano en mi falda, utiliza la otra para apartar mis
piernas. No quiero pensar. Quiero que me toque tanto que tiemblo. Mi clítoris
pulsa al mismo tiempo con mis latidos.
Sus dedos jalan a un lado mis bragas antes de que su pulgar presione sobre
mis labios mojados, hinchados. Muerdo de nuevo un gemido, es como si el
mundo girara a mi alrededor.
Baylor toma todo, su pulgar acariciándome lentamente, extendiendo mi
excitación. Apropiándose de mi mirada, se inclina más cerca, duele que sus labios
casi están tocando mi carne. — Detenme.
Mi corazón está en mi garganta. Quiero tanto esto, mi voz es tan áspera
como la arena. — Détente tú mismo.
Él no lo hace. Ni siquiera lo intenta. Antes de que pueda tomar mi próximo
aliento, su boca está en mi sexo. Luces blancas explotan bajo mis parpados, gimo
bajo y largo. Jesús. No puedo soportarlo. El placer casi duele.
Apretando mis dientes, agarro su sedoso pelo corto de la cabeza como si
me pudiese anclar, me impide que el espiral del vórtice oscuro de la necesidad
me tire hacia abajo. Pero no puedo estar quieta. Mis caderas se mueven contra su
boca, la costura apretada de mis bragas son apartadas a un lado para así frotar
mi culo en un tormento contra su lengua.
—Si— susurra contra mi piel. — Mierda sí. Monta mi boca, Jones.
Palabras crudas que me hacen arder más. El sudor se escurre por mis
pechos. Mis muslos tiemblan, y mi sexo late. Estoy gimiendo, incoherente, mis
caderas retorciéndose. La sala es un túnel oscuro, la fiesta ruidosa por debajo de
nosotros. Nuestra expuesta posición tiene a mi corazón amenazando con golpear
fuera a mi pecho y pone de relieve lo que me está haciendo. Los exquisitos
húmedos sonidos que hace, los pequeños gemidos. El rastrojo áspero de su
mandíbula lijando la cara interna de mi muslo, el calor de su boca. Está
haciéndose un banquete de mí. Su mano callosa sostiene mis caderas. No puedo
escapar. Soy de él. Y cuando su grueso dedo se sumerge dentro de mí,
encrespándose hacia algún oculto y perfecto lugar mientras chupa duro, me hace
venirme con un grito reprimido que devasta mi garganta.
Estoy cayendo en él, y barriéndome, envolviendo mis piernas alrededor
de su cintura mientras tropieza en la habitación detrás de nosotros. Estoy
demasiado lejos, para preocuparme si alguien está en el interior. La oscuridad
nos rodea.
Aterrizamos en un sofá, Baylor lanza cosas cuando me pone abajo. Mis
uñas se aferran a su camisa, tirando de ella, desesperada por conseguir sacarla.
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Necesito verle, tocar su piel. Con una maldición ahogada, le doy un tirón a su
Página

camisa por la cabeza en un movimiento. Una visión de su glorioso pecho, lleno


de duros músculos y brillando a la luz pálida de las lámparas de la calle, es todo
lo que consigo. Entonces él está en mí, su boca en mi cuello, lamiendo, besando,
chupando.
Justo en el punto que envía placer y desliza calor a través de mi carne. Sus
dedos rastrillan en mis hombros, agarrándome desde lo más alto y empujando
hacia mi cintura. Acomodando mi espalda mientras hace esto, su mirada
codiciosa lo toma todo. Levanto mis pechos expuestos. Una ofrenda. Una súplica.
Me he convertido en una cosa sin sentido, necesitando su toque.
—Cristo —gruñe en la habitación oscura—. Eres tan…
Su cabeza baja, un aliento húmedo sopla sobre mi duro pezón, y luego su
boca caliente y húmeda se acerca.
La manera en que va hacia mí. Es casi lasciva, su boca se desliza y mueve
de un tirón sobre mi pezón como si estuviera lamiendo helado derritiéndose.
Siento mi núcleo, como si estuviera lamiendo allí también. Su gran mano cálida
cubre mi otro pecho, lo amasa y le da forma con la suficiente fuerza para que me
inquiete y me mueva por debajo de él.
Cuando tira de mi palpitante pezón, me muevo, mis manos buscan su
estrecha cintura, mi boca va hacia la piel caliente de su hombro. Sabe a sal, y huele
a sexo. Mis nudillos raspan en los botones de sus pantalones vaqueros como para
desgarrarlos. Y luego su polla está en mi mano. Me deleito, grueso, satinado
calor, una cosa viva, pulsante que se retuerce en mis manos, antes de que su boca
vuelva a mi cuello, sus manos agarran mi falda. Nuestras cabezas se sacuden,
nuestra respiración viene de forma errática. Ambos demasiados codiciosos,
demasiados ansiosos por tocarnos el uno al otro.
Mi ropa interior es arrancada, y el aire frio golpea mi piel expuesta. Baylor
se alza por encima de mí, su cuerpo, una perfeccionada obra de arte a la débil
luz. Sus vaqueros abiertos caen por sus fuertes muslos, su larga polla sale, apenas
visible en las sombras. Él está metiendo su mano en el bolsillo, sacando una
billetera. Sus manos tiemblan, y su cartera amenaza con caerse en su lucha por
conseguir un paquete de condones.
—De prisa. —Mis piernas tiemblan, mi sexo está tan hinchado que duele—
. Ahora. Ahora.
Maldiciendo, rasga el paquete maltratado. Mi visión se torna borrosa, y
froto un pie por encima de su culo. Él se estremece como si quemara, entonces
rueda el condón, inclinando sus caderas y apretando la raíz de esa gran polla en
una de sus manos mientras lo hace. Dios, la forma en que se mueve, de modo
seguro y un poco sucio. No puedo esperar más. Estoy tan vacía, tan vacía.
46
Página
La piel caliente de su pecho presiona contra el mío, su aliento es un sonido
áspero, inconexo. Ambos gemimos cuando la cabeza de su polla empuja en mí.
Y trabaja profundo en su camino. Hasta que me lleno de él.
Nos quedamos quietos por un momento, centrados en la sensación de él
latiendo dentro de mí. Dentro de mí. Drew Baylor está dentro de mí. Es como un
sueño febril. Irreal, y sin embargo es el más presente que he tenido en mi propia
piel.
Y entonces se mueve. Bombea duro y profundo. Sueño o no, ya no
importa. Cada vez que se empuja, hace un pequeño indefenso gruñido, como si
necesitara más, y más. Lo entiendo. El grosor de su polla llenándome y
vaciándome, la seda de su piel deslizándose sobre la mía, no es suficiente. Estoy
ardiendo, temblando de placer. No sabía que podía ser así.
Mis manos agarran los músculos vacilantes de su espalda, acercándolo
más. Tiembla, su agarre se mueve a mi culo sosteniéndome como si hiciera lo
que quiera conmigo. Y lo dejo, porque nada se ha sentido mejor.
—Jones —ruge en mi oído. Necesitado. Oscuro.
Tan cerca. Tan cerca.
Sus dientes rozan la sensible zona baja de mi cuello. Cuando muerde,
chupa mientras se muele contra mi clítoris, me vengo con un brillante y cegador
resplandor.
Como si algo se disparara, se vuelve salvaje, sacudiéndose y empujando.
Sus ojos se encuentran con los míos, y mi aliento se traba. La forma en que me
mira, todo calor e intensidad. Sé exactamente lo que siente, porque lo necesito
con la misma urgencia, me gustan mis dedos en su culo. Todo su cuerpo se pone
duro como el granito, luchando contra el mío mientras se viene con un grito
áspero, y sus ojos no dejan los míos hasta que el último espasmo pasa por él.
Flojos y saciados, nos fundimos entre sí, nuestros pechos levantándose y
cayéndose en una respiración compartida.
Cuando habla, su voz es gruesa como la grava.
—Dios, Jones. Eso fue… —Su voz falla, pero su agarre en mí se aprieta.
Como si no quisiera dejar que me valla.
La realidad es una caída a través del hielo en la profundidad del agua
oscura. Me congelo con las consecuencias. ¿Qué mierda he hecho?
47
Página
Drew
Estoy todavía temblando cuando llego a casa. Mis manos son inútiles,
buscando a tientas el botón de mis jeans, agarro y fallo en tomar el grifo antes de
poder encender la ducha. Completamente inconsciente. Soy un náufrago. Mi
corazón late como si acabara de hacer una hora de entrenamiento de
lanzamientos. Y no parece querer reducir la velocidad.
El agua helada golpea mi piel recalentada, y silbo.
Santo infierno, ¿qué ha pasado?
Anna Jones me ha destrozado. Absolutamente.
Recuerdos me asaltan, la pálida longitud ondulante de su cuerpo
arqueándose hacia mí, atrayéndola con fuerza, su pezón deliciosamente
profundo en mi boca, el suave y cálido peso de sus pechos ahuecados en mis
manos. Gimo. Mis rodillas se sienten realmente débiles, y tengo que apoyarme
en los azulejos o tengo el riesgo de caerme.
El agua se vierte sobre mi cara y se extiende hacia mis ojos antes de que
pueda cerrarlos. Pero no detiene aquellas imágenes del juego. Sus muslos
redondeados extendidos. Para mí. Una pequeña mata de rizos, los labios
carnosos y húmedos. Para mí. Lamí y chupé cada pulgada de ese premio. Su
sabor se encuentra todavía en mi boca.
—Mierda. —Mi voz hace eco en la ducha.
Y aunque la piel de gallina cubre mi piel, estoy caliente de nuevo. Y duro.
La punta de mi lujuriosa polla presiona contra las baldosas frías, me encuentro
empujando hacia adelante solo para aliviar la tensión. Mierda. La quiero de
nuevo. Ahora. Mucho.
Ni siquiera trato de acariciarme a mí mismo. No va a ayudar. El hijo de
puta caliente quiere a Anna, no a la mano.
Además, me estremezco por realizarme una paja pensando en ella como
un mendigo patético.
Dios, fue humillante ver la comprensión que robó sus rasgos y el horror
que se arrastró en sus ojos. Ella no podía alejarse de mí lo suficientemente rápido.
Me senté sobre mis caderas como un idiota cuando ella tiró encima la parte
superior y salió fuera del sofá. Sus bragas eran una causa perdida, al parecer,
porque ella simplemente huyó de la habitación, murmurando “Lo siento- adiós”
48

tirándolo hacia mí.


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Ni siquiera me dejó besarla. Eso dolió más. Como si besarme fuese tan
personal que ella no podía soportarlo. Como si ella necesitara relegarme como a
alguien aleatorio, una mierda cercana sin rostro.
Me quejo de nuevo, y paso mi mano por mi cara. Mis brazos se sienten
como plomo, y estoy temblando. Poco a poco, enciendo el agua caliente y me
hundo sobre el duro suelo de mi ducha. Solo he experimentado el más caliente,
más erótico, sexo de mi vida, y no creo que vaya a conseguir una repetición. Esta
noche fue, obviamente, una desaconsejada follada con ella. Y estoy tan jodido
porque esta fue la mejor cosa que me ha pasado.

49
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Traducido por July & gabyguzman8
Corregido por Daliam

Anna
No sucedió. Eso es lo que vamos a pretender. Destellos de Baylor
levantándose sobre mí, de su pecho deslizándose contra el mío, su gruesa,
enorme polla hundiéndose en mí... Mis pasos se tambalean. Está bien, fue así, y
soy incapaz de fingir lo contrario. Pero en realidad no cuenta. Fue un... un...
problema cósmico, un pequeño desvío de la realidad. Fue un enganche. Nada
más. Nada menos. Puedo hacer esto. He tenido ligues antes. Si te veo no me
acuerdo, bam, gracias, hombre. La lujuria satisfecha. La vida continúa.
Tomando una respiración profunda, me dirijo por el pasillo hacia mi clase.
Mierda en un palito de paleta. Baylor está contra la puerta, una pierna
cruzada sobre la otra, con los brazos ligeramente doblados sobre su amplio
pecho. Mi corazón late como un conejo asustado tratando de huir de un zorro.
Me mira, una pequeña sonrisa tira en la esquina de su boca.
Como de traidor que es mi cuerpo, mi pulso salta ante ese gesto. Mi boca
quiere devolverle la sonrisa. Me muerdo el interior de mi labio. Pero se vuelve
algo peor mientras me acerco delante de él. Lo conozco ahora. Conozco la textura
de su piel, como su polla se siente muy dentro de mí, los sonidos que hace cuando
llega.
—Hola —dice.
Mi piel hormiguea. Dios, su voz. Su voz susurrando contra mi sexo
húmedo. Detente. Trago con fuerza.
—Hola.
Su sonrisa crece. —He estado pensando en ti, Jones.
—No te esfuerces.
50
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—Esa animosidad. —Un soplo de aire caliente toca mi mejilla mientras se
inclina, trayendo su cuerpo demasiado cerca para mi cordura—. Pensé que ya
habíamos pasado esa etapa.
Estoy en mi propio infierno personal, porque lo único que quiero hacer es
lamer el costado de su fuerte cuello y sumergir la mano en sus pantalones
vaqueros muy gastados y agarrar lo que es mío. Me alejo y lo miro, centrándome
en la barbilla porque no puedo mirarlo a los ojos. Cobarde. —Está bien. Vamos a
pasar a la etapa “no mencionar o pensar en ello de nuevo”.
Baylor frunce el ceño. —No me gusta esa opción.
—No me importa. —Le doy una mirada mordaz a la puerta, entonces a su
grande y amplio pecho—. ¿Te importa moverte fuera del camino? Quiero ir a
clase.
Él simplemente se queda allí, con los brazos cruzados en una forma que
hace cosas interesantes a sus bíceps y antebrazos, y escanea mi cara. Todavía no
puedo mirarlo a los ojos, lo que me molesta.
—¿Estás avergonzada? —pregunta en voz baja.
—No. Difícilmente. —Sí. Completamente.
—Te ves avergonzada. Estas toda sonrojada aquí. —Sacude un dedo por
mi mejilla.
Golpeo su mano. —Me sonrojo cuando estoy molesta.
Su voz retumba a lo largo de mi piel. —Esa no es la única vez que te
sonrojas.
Y ahora mis rodillas están débiles. Le echo un vistazo, viendo el calor y la
luz burlona en sus ojos, por lo que me centro en el lóbulo de la oreja en su lugar.
Un bonito, inocuo lóbulo de oreja. Que quiero morder. —¿Es este tu protocolo
post ligue? ¿Fastidiar a la chica después? ¿Necesitas retroalimentación o algo
para acariciar tu ego? ¿Vas a preguntar si la tierra se movió para mí?
Él levanta la mano y empieza a contar los puntos con los dedos. —No
tengo que pedir eso, Jones.
»Los dos sabemos que la maldita tierra se derritió. No tengo un protocolo
de enganche. Me gustaría hacer una broma acerca de lo que hay que acariciar,
pero eso es demasiado fácil. Francamente, estoy decepcionado de que te
permitiste abrirte a eso. —Él toca la punta de mi nariz, y la sonrisa come mierda
de Baylor crece—. Esperaba más de un desafío.
—¡Gah! —Lo empujo pasando más allá de él.
51

—¿Gah? —Se ríe, mientras abro la puerta del aula—. ¿Es eso incluso
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inglés?
—Señor Baylor —la profesora Lambert dice a modo de saludo, sus ojos
pálidos estrechados con reprimenda—. Señorita Jones. Me alegro de que ustedes
dos pudieran hacerlo. ¿Podrían por favor tomar asiento?
Le doy una rápida inclinación de cabeza, completamente consciente de
cada ojo en Baylor y yo mientras caminamos por un pasillo. En cuanto a Baylor,
es una presencia que no me puedo quitar. Y mi cuerpo estúpido está zumbando
como si fuera su propia hora feliz.
La clase pasa a un ritmo insoportable. Lambert está discutiendo el ideal
utópico de Platón, y aunque trato de concentrarme, mi cuerpo está en demasiada
sintonía con Baylor para tener éxito.
—¿Qué dice, señorita Jones?
Salto con el sonido de la voz de Lambert. Seguramente estoy mirando
hacia ella como un idiota con la boca abierta.
—¿Podría repetir la pregunta? —Me obligo a preguntar. No voy a mirar a
Baylor, quien está probablemente sonriendo con satisfacción petulante.
Los labios de Lambert se contraen. —¿Cree usted que la utopía de Platón
podría funcionar en la sociedad de hoy en día?
—No, señora, no lo creo. —Es una respuesta corta, pero estoy demasiado
agravada por la presencia de Baylor para dar una mejor.
—¿Por qué, señorita Jones?
Correcto. Suprimo un suspiro y trato de lucir impávida. —Porque, en el
fondo, se basa en la idea de la perfección. Esa perfección es posible. Lo cual no lo
es.
—Espera —Baylor interrumpe, tan rápido, que me pregunto si no estaba
esperando una apertura que me obligaría a mirarlo—. ¿Estás diciendo que no
debemos esforzarnos por alcanzar la perfección? —Sus ojos brillan, y sé que él
está teniendo diversión incitándome—. Muy a la actitud derrotista, señorita Jones.
—Estoy diciendo que no es posible, señor Baylor, porque la perfección es
imposible de definir.
—Estoy de acuerdo con Baylor —dice un tipo de dos filas más arriba. Lleva
camiseta del equipo de Baylor así que no estoy sorprendida. El defensor de
Baylor me da una mirada acusadora—. Quiero decir si Drew no tratara de
alcanzar la perfección, no habríamos ganado dos Campeonatos bajo su liderazgo.
Apenas me abstengo de rodar mis ojos.
—Esto es cierto —dice Baylor, servicialmente.
52

Imbécil.
Página
—Hay una diferencia entre, tratar de obtener un nivel de perfección
personal, a esperar que una sociedad viva de manera unilateral en perfecta
armonía —digo—. Uno se basa en una expectativa personal. El otro se basa en
las masas después de la opinión de uno. ¿Y quién decide? ¿Quién dicta esta
utopía?
—Platón, obviamente. —Baylor me sonríe.
Lo miro de vuelta, pero es difícil estar molesta por su actitud juguetona.
—No importa el hecho de que prácticamente no tenemos ejemplos de una
sociedad utópica prosperando en una situación real —digo.
Una de las chicas que ha estado sobre Baylor desde el inicio del semestre
levanta la mano, como si ella necesitara permiso para hablar. —¿Qué pasa con la
Atlántida?
Oh, Jesucristo en un árbol de durazno.
Echo un vistazo a Baylor, y él está mordiéndose el labio para no reírse.
Todo esto es demasiado para no reírme. Aparto la mirada antes de perderlo. Pero
lo siento a mi lado, y sé que está ansioso por dejarlo suelto, que sólo lo hace peor.
Es tan malo que apenas escucho la respuesta de Lambert, lo cual es bueno porque
sé que me haría reír. Un resoplido reprimido a mi derecha me hace girar. Mi
mirada enfrentándose con la de Baylor y compartimos una mirada de alegría,
pero es de corta duración. De repente me acuerdo de la última vez que lo miré a
los ojos. Cuando estaba muy dentro de mí, su polla gruesa y pulsante con su
liberación, y el sonido estrangulado que hizo cuando la soltó. El calor me inunda.
Debo mostrarlo. No sé cómo ocultarlo. Su sonrisa se desliza, mientras sus
labios se parten. En un suspiro, su mirada se funde.
Santo infierno, estoy en problemas.
Vagamente, soy consciente de la gente que se levanta a mí alrededor. La
clase se está yendo. No puedo apartar la mirada de Baylor. No cuando él se
levanta lentamente. No cuando se detiene frente a mi escritorio y tiende la mano.
—Ven conmigo.
Voy, porque no puedo ignorar esta necesidad. Pero no lo toco. En el
momento en que lo haga, todo habrá terminado. Voy a saltar sobre él aquí y
ponerme en ridículo en público. Tal vez él lo sabe porque deja caer la mano y la
aprieta en un puño, como si él también tuviera que practicar la moderación.
La esquina de su boca tiembla. Me está mirando por encima. Soy la comida
y él está planeando cómo hacer para consumirme. Giramos a la vez y caminamos
fuera del aula con naturalidad engañosa. ¿Pero por dentro? En el interior me
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estoy quemando. De nuevo. ¿Cómo ocurre esto de nuevo? Mi suéter negro me


Página

ahoga, mi apretada falda de punto araña la piel sensibilizada en mis muslos.


Quiero estas cosas fueras. Quiero piel con piel. Lo quiero tan mal, cada paso es
una lucha. Al igual que si estuviera caminando a través de agua y jabón,
resbaladizo y caliente.
A pesar de que no me está tocando, Baylor me está llevando, claramente
intentando ir a algún lugar. No podemos llegar muy pronto.
Un sonido estrangulado por la impaciencia se me escapa, y sus pisadas
aumentan, su mano cerniéndose justo detrás de mi espalda. Apresuro mis pasos
mientras nos dirigimos a la biblioteca principal que está en la esquina diagonal a
la sala de historia. Las personas van y vienen, acercándose vigorosamente a las
amplias escaleras de la entrada y bajo el alto pórtico sostenido por columnas.
Ajenos a nosotros. Al intenso calor que se arremolinaba a mi alrededor,
amenazando con derretirme en el momento en que me detenga. Estoy tan
nerviosa, apenas puedo sacar mi carnet estudiantil y deslizarlo por el escáner.
Baylor lo hace un poco mejor. Una rápida mirada ardiente de él y estoy
temblando de nuevo, dirigiéndome al ascensor.
¡Dios! Puedo tenerlo justo aquí. Envolverme en torno a él. Hincarle un
diente a esa carne suya tan firme. O deslizarme hasta mis rodillas y…
La puerta se abre y entramos. Y también lo hacen otros tres estudiantes.
Mis dientes se juntan con un sonoro clic.
Baylor se para junto a mí, su brazo apenas rozando el mío. Lo siento hasta
mis pies. No nos miramos. No hablamos. Él golpea el botón de la planta alta,
donde están esos folios raros. Biblioteca Siberia, un refugio.
Poco a poco las personas se van quedando en otros pisos, dejándonos
completamente solos. Pero ninguno de los dos nos atrevemos a movernos. Tan
pronto como las puertas se abren, saltamos fuera del ascensor. Caminamos tan
rápido como podemos sin llegar a correr. Siento mi garganta en carne viva, el
espacio entre mis piernas ya está resbaladizo, y mis pezones duros
presionándose contra el sujetador.
Los deportivos de Baylor no hacen ni un sonido en el linóleo recién pulido,
pero los tacones de mis botas lo golpean con un constante y fuerte click, click, click.
Este piso está desprovisto de gente, y tan callado que puedo escuchar mi propia
respiración saliendo en desarticuladas ráfagas. Nos dirigimos a la parte de atrás,
al lugar más apartado. Mis rodillas están a punto de doblarse, y el sujeta mi codo.
El toque quema.
En el instante en que alcanzamos el oscuro lugar apartado, me empuja allí
bruscamente, azotándome contra las estanterías. Sin ceremonias, tira mi falda
hacia arriba, empujándola hacia mi cintura. Rudo, con manos determinadas
arrastra mis caderas hacia atrás, prácticamente dejando mi culo en el aire
54

mientras me pone en la posición que me quiere. Es todo lo que puedo hacer para
Página

no agradecerle, rogarle que se dé prisa de una puta vez y me folle. Mis dedos se
aferran al borde de acero de la estantería y se resbalan un poco por el sudor en
mis palmas.
Su respiración tosca, es un incontrolable sonido tras de mí. Su calor
palpable contra mi piel expuesta. Presiono mis labios en mi sudorosa muñeca y
arqueo mi espalda, dándole una mejor vista. El sonido de su cierre bajando y el
rasgón de un paquetito de aluminio llena el aire. Se me dificulta respirar, la
anticipación apretando vilmente y fuertemente en mi vientre. Mis bragas son
arrancadas y tiradas a un lado. Toca con su dedo para probar mi humedad.
¡Sí! ¡Sí!
Y luego se entierra. Duro. Me muerdo el interior de mi labio para contener
un grito. Es tan grueso. Tan, tan bueno. Tan profundo que estoy en mis pies; mi
sexo palpita.
Sus dedos se clavan en mis caderas, tirándome hacia él, obligándose a
entrar aún más profundo. Un vago sonido proveniente de su dirección, como si
el también estuviera aguantando un gemido. No puedo soportarlo. Es demasiado
grande. ¡Demasiado allí! Y entonces él se mueve, un rápido y frenético bombeo.
Cierro mis ojos, me sacudo en sus caderas, encontrándolo embestida tras
embestida.
La excitación y la lujuria se extienden sobre mi piel con dentelladas
ardientes de placer.
Todo está en calma excepto por nuestras amortiguadas respiraciones y por
la húmeda bofetada de carne contra carne que no podemos controlar. Sus jeans
hasta sus muslos presionan contra la parte trasera de mis muslos mientras acaba
dentro de mí. Porque no hay nada cariñoso ni delicado en esto. Me está follando
duro. Mis puños se cierran, el esfuerzo por estar en silencio me hace temblar. Sus
manos se deslizan de mis caderas a debajo de mi camisa. Su piel es tan ardiente,
las palmas de sus manos son maravillosamente ásperas, que tuve que respirar
profundo.
Se desliza bajo mi sostén, tomando mis pechos, y sosteniéndolos mientras
me folla. ¡Va a matarme! Estoy segura. Casi grito cuando atrapa la punta de mis
pezones con sus dedos y los pellizca retorciéndolos, jalándolos simultaneo a sus
embestidas.
Santa. Mierda.
Mi orgasmo golpea en una serie de olas, mi sexo convulsionando y
cerrándose en su polla. Él se enloquece. Su boca encuentra ese punto vulnerable
en mi cuello mientras envuelve su cuerpo con el mío. La terminante yema de su
dedo toca mi clítoris, y me estoy viniendo de nuevo, al igual que él. Los
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pensamientos se dispersan como hojas secas hasta que sólo queda uno.
Página

Nunca voy a tener suficiente de él.


Página 56
Drew
Muslos sacudiéndose, respiración áspera, cierro mis ojos y trato de
calmarme. Dios. Eso fue… No tengo palabras. Mis piernas están tan débiles,
podría caer de rodillas en cualquier momento. Las réplicas de placer me tienen
sacudiéndome, sosteniendo a Anna fuertemente.
No se me concede más de un momento para apoyarme en su cálido cuerpo
y respirarlo antes de que ella empiece a moverse violentamente, tratando de
ignorarme. Con su meneo, me deslizo fuera de ella y reprimo un gemido por la
pérdida repentina de ese apretado calor, pero parece que no puedo moverme.
—Fuera —sisea innecesariamente, dándome un codazo en el estómago.
Sé que tiene razón, no nos pueden ver así. Pero, ¡joder!, un hombre necesita
un minuto después de algo como eso. Me tambaleo hacia atrás, estirando el
condón fuera— uno menos de los cinco que había metido en mi billetera esta
mañana porque la esperanza es eterna— y lo anudo antes de presenciar un
escándalo. Pero, ¿dónde se supone que lo ponga? Echa una mirada penetrante a
mi polla, o mejor dicho, el hecho de que está colgando en el aire. Hago una cara
de molestia mientras me meto de nuevo en mis pantalones antes de subir el
cierre. Apunto a un bote de basura que está en la esquina, tiro el condón en el
basurero vacío. Sí, no me importa quién lo encuentre. Para cuando regreso a su
lado, ya tiene su camisa puesta pero aún esta adorablemente desarreglada.
Respirando en un ligero jadeo, ella la plancha hacia abajo con sus manos; lo que
me hace querer tirarla de espaldas. Luego se recoge el cabello en la mano y le da
la vuelta a la longitud de este sobre sus hombros.
—Esto no puede pasar de nuevo…
Gruño. —Va a pasar otra vez. Harías bien en admitirlo. —Con un
resoplido, ella empuja con la mano su cabello y lo fulmina con la mirada.
—No. Es. Posible.
—Sí. Es. Posible. —no quiero ser un imbécil pero no me engaño. —Te
deseo. Me deseas. —Una risa burlona se me escapa—. Aunque creo que “desear”
es una palabra muy floja aquí. “implorar” tal vez, “estar demente por”
definitivamente.
Se puso rosada; sus labios, los que aún tengo que tocar, se fruncen. Quiero.
Quiero darle un beso tan desesperadamente, mis labios realmente palpitan de
deseo. Pero acerté, la vi saltar cuando dije “demente por”. Actuando por
instinto, agarro su muñeca y la tiro hacía mí, notando que no se resistió. Llevo su
57

mano hasta mi entrepierna, donde mi erección está creciendo de nuevo —todas


Página

las alabanzas a los poderes regenerativos de una polla necesitada— un profundo


rubor se acciona en sus mejillas, y maldita sea si no la toma, apretándola lo
suficiente como para hacerme gruñir.
—Me pongo así cada vez que pienso en ti. —Me inclino, oliendo las cálidas
especias en su cabello perfumado y el persistente olor a sexo en su piel—. Recién
te tuve, y ya estoy dolorido por estar dentro de ti para que te corras de nuevo.
Así que no me digas que esto va a detenerse. No cuando me estas tocando así. —
Anna aparta su mano lejos.
—Está bien, vale. Me tienes. Yo también te deseo. —Agacha su cabeza y
una caída de rizos oculta su rostro de mí, pero no sus palabras. Muy mal. Ella no
tiene idea de lo que eso provoca en mí. No podría ser tan cruel. Es una tortura no
alcanzarla, arrastrarla de regreso a nuestro lugar apartado para otra ronda.
Probablemente no duraría ni dos minutos, así de caliente como estoy.
Pero ahora se está moviendo, dirigiéndose hacia los ascensores
balanceándose en su andar. Yo la sigo. —Acabo de darme cuenta del problema
aquí, Jones. Tengamos una cita. Ya sabes, como las personas normales ¿quiénes
están en eso de conocerse? —una mirada de refilón es todo lo que me da.
—Mira, no quiero una relación. En especial, no contigo.
Me detengo en seco. —¿Por qué no conmigo?
—Somos muy diferentes —ella pincha el botón y mira fijamente las
puertas del ascensor. Rechazado. No estoy de acuerdo.
—Somos iguales en todas las formas posibles. —¿Por qué no puede verlo?
Su espalda está frente a mí, rígida e inflexible.
—Ni siquiera te gusto. Tú no me gustas. —Guau. Eso duele. Qué
vergonzoso. Apoyo mi hombro contra el borde del panel de la puerta,
inclinándome lo suficiente para meterme en su campo de visión.
—Ahí es donde te equivocas. Tú me gustas. Demasiado. —Miro hacia otro
lado tratando de no hacer una mueca de dolor, luego me obligo a mirarla de
nuevo—. Lo siento si no te gusto…
Una vez más agacha su cabeza, otra vez un rubor golpea sus mejillas. —
Lo siento. —Sacude su cabeza y aclara su garganta—. Lo que dije fue una mierda.
Sí me gustas. Es sólo… —ella levanta sus manos de pura impotencia—. Es sólo
que no quiero una relación por ahora.
La decepción agita mis entrañas como un deslave de rocas. —Bien.
Entonces solo follemos —le doy una mirada fría e inexpresiva mientras se
escucha el sonido de las puertas del ascensor abriéndose—. Porque cualquier
oportunidad que me des, la tomaré.
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Página
Traducido por Michelle M

Corregido por Camila Cullen

Anna
Llego tarde al almuerzo con Iris y George. Llámalo renuencia a enfrentar
el pelotón de fusilamiento. No estoy bajo la ilusión de que no se darán cuenta que
tuve sexo con Baylor. Soy terrible en esconder cosas, e Iris ya sospecha de mi
repentina desaparición en la fiesta de la otra noche.
Una parte de mi quiere hablar de eso. No sobre Baylor precisamente,
porque la idea de él platicando detalles con sus amigos me hace temblar, y me
niego a ser una hipócrita. Pero tengo que procesar esta locura. No puedo creer
que volviera a tener sexo con él. Y de todos los lugares, en la biblioteca.
Cualquiera nos pudo ver. La ironía es que tenía miedo de que me vieran con él y
aún así lo dejé follarme en un espacio público, dos veces ahora, no se me escapa.
Sin aviso, pienso en él de rodillas frente a mí, con la cabeza enterrada entre
mis piernas. Mis mejillas arden y un calor me recorre hasta la parte posterior de
los muslos mientras camino al restaurante con estilo años 50’s que se encuentra a
las afueras del campus. Buen Dios, quiero dar la vuelta, encontrar a Drew Baylor
y hacerlo de nuevo. Ahora sé que no es la emoción de ser descubierta follando
con él la mejor cosa que he experimentado. Es él, la forma en que reacciono a su
cuerpo, su tacto, su voz. Y eso me asusta hasta la mierda.
Me gustas. Mucho.
Maldición. Si sólo fuera otra persona. Alguien más. Un tipo normal. Un
don nadie al igual que yo. Pero no lo es y nunca lo será. Cuando pienso en el
escrutinio público de él y cualquier persona con la que esté, quiero esconderme,
correr por las colinas.
Tomo una respiración profunda y me digo que me relaje. Se acabó. Está
hecho.
59

Iris y George ya ocupan una cabina. Mientras George mira en mi dirección,


me observa y levanta una ceja en reproche.
Página
—Lo siento —digo, mientras me deslizo a un lado de Iris—. Perdí la noción
del tiempo.
—Te pedimos un batido de vainilla y las papas fritas están en camino, —
dice George—, pero elige lo demás.
George se levanta sobre Iris, aunque ellos comparten características
similares, su herencia mexicana se muestra en sus ojos oscuros enmarcados por
espesas pestañas, piel dorada y brillante cabello negro.
La camarera viene con nuestras bebidas y patatas fritas, con su mirada
persistente en George. —¿Sabes lo que quieres?
—Siempre —responde con una confianza descarada que hace ruborizar a
la camarera, e Iris y yo rodamos los ojos. No es que pueda culpar el gusto de la
camarera. George es increíblemente guapo. Y aunque aprecio el nivel estético,
nunca he sentido un atisbo de atracción sexual hacia él. Lo que es una buena cosa,
ya que prefiero tener su amistad que una liberación breve.
Pedimos nuestras hamburguesas y una vez a solas, Iris se gira en su
asiento para estudiarme. —Entonces… ¿vas a decirnos por qué tienes un
tremendo chupetón adornando tu cuello?
Mierda. Como si su aviso lo hubiera activado, el lugar donde mi cuello se
curva para encontrar mi clavícula comienza a palpitar. Los recuerdos me asaltan,
de la boca de Baylor allí, su lengua deslizándose sobre mi piel justo antes de
chupar duro. No quiero saber lo mal que se ve.
Los ojos de George brillan mientras se inclina hacia delante. —Es una
belleza. ¿Quién es el hombre? ¿O es una chica? Dios. —Pone la mano sobre su
corazón—, por favor dime que es una chica.
Le lanzo mi servilleta a la cabeza.
—Es Drew Baylor —dice Iris—. ¿No es así?
Escogiéndome, ocupo mi boca soplando en el batido.
—Vete a la mierda —grita George con una risa—. En serio, Ris, deja de
jugar.
El cristal en mi mano cae en la mesa con un ruido sordo. —¿Por qué es tan
gracioso? —Dejo escapar—. ¿Estoy tan gorda como una vaca, que la idea de que
esté con Drew Baylor es cómica?
Un gorgoteo muere en la garganta de George y se endereza. —¿Estás
jugando? Eres hermosa. Baylor tendría suerte de estar cerca de ti.
—Bueno, gracias —digo, algo apaciguada y al mismo tiempo
60

completamente conmovida. Mierda, ya está pasando. La incredulidad. El


Página

cuestionamiento. ¿Por qué Baylor me escogió? Incluso yo quiero saber. Lo cual


pica mi orgullo y me dan ganas de desaparecer.
George se remueve en su asiento, mirándose irritado con su repentina
explosión de sentimiento. —Ni siquiera es tu tipo. Y no eres exactamente su tipo.
Dime algo que no sepa, George.
—Los polos opuestos se atraen —canta Iris. Entonces toda ella se voltea
hacia mí—. ¿Así que fue Baylor? Oh Dios mío, ¿es tan caliente como pienso que
es? ¿El tamaño dentro de sus vaqueros es tan grande como el de sus zapatos?
La nariz de George se arruga como si oliera algo en mal estado. —
¿Podemos no ir allí, Ris? Soy un chico.
—Oh, ¿lo eres? —Ella se encoge de hombros—. Debí haberlo olvidado.
Él hace una mueca. —¿Eso quiere decir que quieres detalles de mis ligues?
—Dios no — decimos Iris y yo al mismo tiempo.
George se ríe, pero no es disuadido. —¿Así que fue el chico batalla?
Recojo una patata, hundiéndola en la kétchup. —¿Realmente importa
quién era?
—Sí —dicen George e Iris al mismo tiempo.
—¡Jinx3!
—¡Ja! Tú pierdes Ris, no hables hasta que diga su nombre. Lo que podría
ser en una hora.
—No voy a jugar ese juego aburrido, chico.
—Tú empezaste. Eso constituye jugar.
Cuando ellos se juntan, Iris y George actúan como si estuvieran en el
cuarto grado. Ruedo los ojos y me hundo más en mi silla. Tal vez me olviden si
me abstengo de hacer movimientos bruscos.
Sin suerte. Los ojos oscuros de Iris se fijan en mí como un halcón cazando.
—Es mejor que nos digas. Te conviene que sepamos la verdad, antes que
comencemos a especular.
Tiene un punto.
Le doy vueltas a mi papa.
—Suéltalo, Anna —advierte.
—Fue él.
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Página

3
Cuando dos personas dicen la misma cosa a la vez, en ingles se dice, "Jinx!!"
—Dilo de nuevo. —George pone su mano en la oreja, pero está sonriendo
ampliamente.
—Ya me escuchaste. —Seguro como el infierno que no lo repito. No me
gusta haberlo dicho en absoluto. Lo que paso fue… Ni siquiera sé cómo
describirlo, pero sé que sólo me pertenece a mí. Y a Baylor. Nadie más va a tener
los detalles. Al menos no por mí. Infierno, ¿le estará contando a sus amigos? Trato
de no retorcerme en mi asiento.
Iris chilla. —¿Fue bueno? ¿De qué estoy hablando? Por supuesto que lo
fue. Ustedes obviamente están calientes el uno por el otro. Oh, ¡esto es tan
increíble!
Al oír el entusiasmo de Iris, algunos ojos miran a nuestra dirección. De
repente no puedo respirar bien. Manos de hierro presionan mi columna,
empujando mis pulmones. Mis manos se adormecen. —Está bien, ya para. —Mi
tono es duro, bastante serio, tanto como para que Iris y George me miren
boquiabiertos. Trato de mantener la calma, pero no puedo. El frío dentro de mí
me está haciendo temblar—. Esto no va más allá de esta mesa. Nadie lo puede
saber. Nadie. Nunca.
Si la gente lo sabe, no puedo manejarlo. Simplemente no puedo. No eso.
No la especulación que podría surgir. ¿Drew Baylor entendió eso? Ya es bastante
malo que he esperado por la realización en sus ojos de que ha cometido un error
al perseguirme.
Un gruñido se abre camino por mi garganta. ¿De qué mierda estoy
hablando? Soy mejor que esto. No soy la bruja. No debería estar avergonzada.
Maldiciéndome por mi reacción instintiva de pánico, aprieto mis ojos con las
yemas de mis dedos calientes hasta que estrellas bailan en la oscuridad. Mierda,
no me he puesto tan mal desde que tenía quince años.
Y no puedo ir allí de nuevo. A pesar de los pensamientos locos de nosotros
saliendo que corren por la cabeza de Baylor, no hay posibilidad que una chica
como yo este con un tipo como él. He pasado muchos años tratando con tanto
dolor, saliendo de ese pozo de duda e inseguridad, como para volver de nuevo
ahora. Mi libido demasiado ansioso sólo tendrá que tomar una ducha fría.
Tomo una respiración inestable. Mis amigos me miran como si me
hubieran crecido dos cabezas. —¿Está claro? —pregunto.
—Como el agua —dice George, lentamente, frunciendo el ceño—, pero ya
deberías saberlo.
Una punzada de remordimiento pica en mi interior, pero no es lo
suficiente para realmente hacerme arrepentirme de mis palabras.
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Iris parece igual de reflexiva. —No voy a decirlo. No iba a… —Se detiene,
como si lo hubiera entendido y me mira más cerca—. Oh Dios mío, ¡lo hicieron
dos veces!
Es mi turno de estremecerme. Demasiado para calmarla. ¿Y qué
demonios? ¿Es psíquica?
Iris se ríe ante el horror obvio en mi cara. —Ese es un chupetón fresco. Y
sé que conectaste con él en la fiesta. Los dos subieron al mismo tiempo. Y —me
señala con un dedo acusador—, ambos hicieron la caminata de la vergüenza
cuando bajaron.
—No me di cuenta cuanta atención prestaste —respondo—. Qué paso con
tener la lengua en la garganta de Henry toda la noche.
George hace un ruido de disgusto. —¿Por qué salgo con ustedes? ¿Por
favor, podemos parar con los detalles?
—Bien por mí —digo—. Me encantaría que habláramos de otra cosa.
Poniendo los ojos en blanco, Iris coge otra papa. —Por supuesto que pongo
atención. Estaba esperando que eso pasara.
Me enderezo, con mis manos golpeando la mesa de formica barata.
—Espera. ¿Qué? ¿Sabías…? Sabías que él estaría allí, ¿no es así?
Impenitente, Iris sonríe. —Bueno, duh. Se supone que todos los jugadores
del equipo tienen que asistir. Y por mucho que lo negaste, sabía que te gustaba.
Sólo necesitabas un pequeño empujón hacia él.
—Tú, pequeña sabandija. —Estoy algo cabreada y algo más impresionada.
Ella tiene una maldad maquiavélica que nunca consideré.
Se encoge de hombros y agarra otra papa. —Puedes fingir que estás
indignada si quieres, pero es obvio que te gustó follar con el chico si lo hiciste dos
veces.
—Hazme un favor, —digo con el ceño fruncido—, y detente la próxima
vez que te sientas con la necesidad de ayudarme.
—Bien. De todos modos, mi trabajo aquí está hecho. —Ella rompe una
patata en su boca y la mastica con un vigor exagerado.
Estoy tentada aventarle una papa en la cabeza, pero están demasiado
buenas y tengo hambre.
—Dos veces —dice George después de un momento—. ¿En menos de una
semana? Eso parece una relación para ti, Banana.
63

Casi me ahogo con una papa. —No lo es.


Página

—Lo es —dice Iris—. Y lo sabes.


Bueno, follar para aliviar la calentura ocasional e inevitable es más mi
estilo últimamente. Desde que rompí hace años con Hayden un estudiante de
segundo año, me convertí en alguien que no sale con un tipo más de una vez.
Hayden. Puf. No quiero pensar en el Sr. Encantador Poeta y Angustiado. Pensé
que éramos almas gemelas. Resulta que él pensó que Amber, la vegana y
manifestante, era su alma gemela. Ellos abandonaron la escuela y se unieron a
Occupy Wall Street4. Nunca lo volví a ver. Lamentablemente, ya que lo último
que miré de él fue su pálido trasero bombeando entre las piernas peludas de
Amber.
Se suponía que Hayden era la opción segura, y que no tenía nada del
potencial de Drew Baylor. No puedo enamorarme de Baylor. No lo haré.
—Así que fue más de una vez —murmuro—. Eso no lo hace una relación.
—¿Una relación sería tan malo? —pregunta Iris gentilmente.
Jesús. Primero Drew, ahora Iris. ¿Qué le paso a los días de universidad
despreocupados e inocentes llenos de experimentar sexo pervertido?
—No necesito o quiero una relación. Son emocionalmente agotadoras.
Tengo suerte si tengo energía para ir a clase en estos días. Y, ¿cuál es el punto de
arriesgarme a estar con alguien cuando nos vamos a graduar y seguir adelante
en menos de un año?
—Podría durar más. —Comienza Iris.
Pero niego con la cabeza y tomo un sorbo en mi pajilla. —No vale la pena
el riesgo. Tampoco hace una relación dos folladas al azar.
Pasará de nuevo. También lo podrías admitir.
—Es un comienzo, —dice Iris.
—No lo es. —Empujo mi batido—. Yo sólo… él… nosotros…
—¿Vas a conjugar o qué? —pregunta George, con sus labios curvándose.
—Ja. —Expulso un soplo—. No sé lo que está pasando. Hay algo entre
nosotros que es como… —Mi mano se levanta sin poder hace nada.
—¿Cómo un grano de pus a punto de estallar? —dice George
servicialmente—. Ya sabes, todo caliente y palpitante y muriendo por ser tocado.
La presión por apretarlo crece y crece hasta que vas y, ¡bam! —George golpea
juntos sus puños—. Erupción.
64

4
Es una rama de la acción de protesta Movimiento 15-O que desde el 17 de septiembre de 2011
ha mantenido ocupado el Zuccotti Park de Lower Manhattan en la Ciudad de Nueva York,
Página

Estados Unidos.
—¡George! —Iris le lanza la servilleta hecha una bolita y yo una papa. Él
está demasiado ocupado riéndose a carcajadas para defenderse—. Harás que me
enferme.
—Eso es totalmente asqueroso —agrego con una risa.
—En serio —resopla Iris—, ¿Mami te dejo caer cuando eras un bebé o algo
así?
—Vamos —todavía se está riendo—, sabes que es verdad.
—No quiero pensar en cualquier tipo con el que estoy…
—¿Follando?
—Soy el agua —digo—, en términos de un grano.
—Si bueno. —George se roba una de mis papas—, definitivamente
matarías la presión si lo fueras.
—Voy a pensar en ti como una espinilla —espeta Iris—. Ya sabes, aquellos
profundos que hacen de tu vida un infierno y siempre aparecen cuando te
avergüenzan más.
—Ah, me amas, hermanita. —George le sopla un beso en el aire.
Iris pone los ojos en blanco antes de voltearse hacia mí. —Creo que estás
cometiendo un error.
—Estoy de acuerdo —digo, malinterpretando deliberadamente sus
palabras—. Fue un error que no volverá a suceder.

65
Página
Drew
Gray y Diaz están en mi cocina cuando llego a casa. Mi estado de ánimo
está tan podrido, que casi me arrepiento de darle una llave a Gray, pero entonces
huelo algo en la gran olla de la estufa que hace mi boca agua y decido que las
invasiones ocasionales valen la pena. Podría haberle pedido que fuera mi
compañero de cuarto, pero cada vez que vamos a un partido fuera, tengo una
habitación con él —y a veces con otros chicos— lo cual es bastante socialización
para mí. Además, me gusta vivir solo.
Cuando mis padres murieron, me dieron un cheque del seguro de vida de
dos millones de dólares y dos certificados de defunción. De inmediato vomité el
contenido de mi estómago y no me levanté de la cama durante una semana. Ni
siquiera toqué el dinero. Quería a mis padres, no un maldito cheque.
Eventualmente, el entrenador me convenció de que mis padres consiguieron ese
seguro porque querían prevenirme. No fue el mejor consuelo, pero lo soporté y
llamé a un asesor financiero que puso el dinero en varias cuentas.
El año pasado, cuando aprendí el verdadero valor de la privacidad por la
vía difícil, compré una pequeña casa estilo bungalow. No planeo vivir aquí para
siempre, así que la pagué en efectivo y durante el verano tuve el baño y la cocina
remodelándose. Cuando esté listo, la venderé con una pequeña ganancia y
pondré esos ahorros en otra parte. Por ahora, sin embargo, es mi refugio.
Lanzo mis llaves a la mesa del vestíbulo, haciendo mi camino por el salón-
comedor abierto. Mantuve algunas cosas cuando mis padres murieron: el
comedor y los muebles de la sala, la porcelana china de mi mamá de su boda y
algunos recuerdos de la infancia y fotos. Dar el resto fue una pesadilla que aún
me persigue de vez en cuando.
Tal vez algunas personas piensan que no los he dejado ir al guardar los
muebles, pero hay algo relajante en ver el conjunto del sofá de cuero y una silla
de mi mamá de Pottery Barn, o la mesa de café que compró en una escapada de
fin de semana, o la mesa de comedor que provenía de la casa de los padres de mi
papá.
Gray y Diaz asienten mientras camino por delante de ellos y entro a mi
habitación. Después de una rápida ducha, me uno a ellos.
—¿Qué estás cocinando, cariño? —le pregunto a Gray, quien me arroja a
la cabeza un paño con fastidio.
A diferencia de mí, Gray en realidad puede cocinar. Su mamá era noruega
66

y al parecer las mujeres noruegas creen en la igualdad de género en todas las


tareas domésticas. Ha estado cocinando desde que estaba en séptimo grado.
Página
—Estofado, mejillas dulces —responde Gray con sarcasmo—. Ahora
tráeme una cerveza, ¿quieres?
Diaz simplemente gruñe con diversión. Es uno de los mejores defensas con
el que he jugado, pero no dice mucho. Nunca. Sin embargo, sabe cómo encontrar
buena comida gratis, lo que explica su presencia aquí.
Meto la mano en la nevera y luego le lanzo una cerveza a Gray. Una ceja
de Diaz se levanta y da otro gruñido, finalmente hablando. —¿Tienes Gatorade?
La botella de 32 onzas sabor cereza va hacia él. Sé que la beberá toda.
En cuanto mí, renuncio al alcohol durante la temporada, así que tomo agua
embotellada. Estoy empezando a hartarme del agua. En realidad estoy harto de
muchas cosas.
Estamos en silencio mientras nos instalamos en la sala para comer
mientras vemos la televisión. Estoy algo aliviado. En verdad no quiero hablar. El
estofado es bueno. Mejor que cualquier cosa que he comido en la semana. Maldita
sea, voy a tener que pedirle a Gray que me enseñe a cocinar algún día, porque
esto es mejor que la comida rápida y congelada.
Mi boca está llena de estofado cuando Gray ataca.
—Entonces, ¿cuál es el trato entre tú y la pelirroja? —Me mira—. ¿Lo
hiciste con ella?
Aunque no digo ni una palabra, Grey me conoce demasiado bien, así que
cuando la esquina de mi boca se tensa en molestia, sonríe. —Bien por ti, hombre.
Folla de una puta vez. Frotar el cacho simplemente no es lo mismo que joder. —
Sacude la cabeza mientras ruedo los ojos.
Gray ha perdido la esperanza en mí ya que he renunciado a las relaciones
sexuales ocasionales el último año. Yo también he estado desesperanzado,
volviéndome demasiado familiarizado con la mano derecha, como Gray tan
cuidadosamente lo señaló, pero los riesgos no han merecido la pena hasta ahora.
No quiero una relación. Especialmente contigo. Sí. Eso todavía duele.
Gray me da un golpe en el brazo. —Estoy pensando que ella es más que
una mamada, ¿eh? Hombre, ella tiene un buen culo.
—Ella tiene nombre. Es Anna. Úsalo. —Miro a Gray. Duro—. Y si te
sorprendo hablando de su cuerpo de nuevo, te arrancaré un pedazo del tuyo.
Error número uno: dar el nombre de tu tormento. Error número dos:
convertirse visiblemente protector.
La sonrisa de Gray se extiende. —Te gusta.
67

No tiene ni idea.
Página

Tomo otro bocado de estofado, así no tengo que hablar.


—Así que ya has estado dentro de ella, pero sigues tan abatido como un
triste saco. ¿Cuál es el problema?
Maldita plaga.
—No hay ningún “problema”. —Señalo la TV con mi tenedor—. Quiero
mirar Pardon the Interruption si no te importa.
—Y a mí me gustaría una mamada todas las noches antes de irme a la
cama. La decepción es una perra.
—Hombre… —Diaz niega con la cabeza antes de atacar su comida de
nuevo.
Suspirando, dejo mi plato vacío. ¿Cuál es el problema? ¿Por dónde
empezar? Creo que me he convertido en un amigo que folla con la chica de quien
está enamorado. Y mientras que el sexo es fenomenal, el hecho de que ella me ve
como algo insignificante me está matando. Sí, decir eso en voz alta no aplastará
mi orgullo.
—Ella es —frunzo el ceño ante el televisor—. No lo sé… vacilante.
—Así que ella te deja joderla, pero ¿no quiere tener nada que ver contigo
de otra manera? —Gray resopla una risa, cubriéndose la boca para mantener el
guiso—. Oh, la ironía.
Gray es demasiado inteligente para su propio bien.
—Idiota —murmuro luego de darle una mirada—. Y vamos añadir una
regla. No hablar de Anna en términos de sexo, en cualquier forma o manera.
Se limpia la boca y toma un trago de cerveza. —Mira, hombre, no estoy
tratando de ser una polla…
Bien.
—Sólo estoy…. mierda… conmocionado. Pensaba que ella estaba
enamorada de ti.
Se levanta para volver a llenar su plato y me quedo en el sofá. —Lo
desearía.
Un movimiento a mi lado me tensa. Olvidé que Diaz estaba allí, es tan
tranquilo. Cautelosamente lo miro, y él me devuelve la mirada por un momento
antes de dar un pequeño encogimiento de hombros. —Ella no pertenece, es todo.
—¿Quieres correr para mí otra vez, D? —Me siento con los puños
apretados, no necesito a mis compañeros tratando de hacer a Anna una extraña.
Se encoge de hombros otra vez. —No significa nada malo, pero ella sabe
68

que no encaja en nuestra tripulación. La vi en la fiesta. No estaba cómoda.


Página
Aprieto la parte trasera de mi cuello rígido. Esto es más de lo que Diaz me
ha dicho las últimas semanas, por lo que las palabras toman un tiempo para
hundirse a través del aturdimiento.
—Es cierto, —dice Gray mientras se deja caer de nuevo en su asiento—.
Lucía ansiosa como el infierno.
Me pellizco el puente de la nariz. Hay un dolor de cabeza llegando. —Sí.
—Tienen razón. Lo sé. Sólo lo ignoré a favor de sentir lástima por mí mismo.
—Si quieres estar con ella —dice Diaz—, es mejor que tomes las cosas con
calma. —Sus dientes son blancos contra el bronce de su piel—. Lento, mientras
la cortejas, hermano, claramente eres su perra si esos ojos brillantes y culo
borracho significan algo.
—Te puedo patear el culo también, D.
—Chicos, por favor.
—Así que —le pregunta Gray a Diaz—, ¿cómo cortejas a una chica, D?
—Con poesía.
—¿Poesía? —Gray escupe—. ¿Estás jodidamente bromeando?
—No, eres un ignorante. Es genial y a las mujeres les encanta.
Gray presiona una mano sobre su pecho como si estuviera dolido. —Yo…
no tengo palabras.
—Porque eres un jugador mocoso —dice Diaz, apuñalando su guiso con
la cuchara.
—Eso duele, D. muy dentro de mi suave y pegajoso interior.
—Hombre…
—Apuesto que lees “Em Haikus5”. No puedo imaginarte decir más de
diecisiete sílabas a la vez.
—Es mejor que imagines mi pie en tu culo, hermano. Porque está a punto
de estar allí.
Ellos siguen hablando mierda, pero mi mente se pierde en otra parte.
Pienso en mi papá y en el tiempo que trabajamos en cambiar el carburador de mi
viejo coche. El pedazo oxidado no se movía.
—Nunca fuerces algo, Drew. Una pieza, un pase, un juego, lo que sea —Sus
oscuros ojos marrones estaban en los míos—. Si lo fuerzas, pierdes. Con paciencia y
69
Página

5
Libro de poesía.
persistencia es como se gana en la vida. Tómate tu tiempo, busca la solución, y si no viene
a ti, recalcula, vuelve a evaluar e inténtalo de nuevo.
Conozco a la verdadera Anna. He visto atisbos de ella. Cuando no está
pensando en las razones para no estar juntos, esa chica me mira como si fuera
algo para ella. Es la Anna que hace que mi corazón lata más rápido, con la que
disfruto cada segundo que estoy con ella. Si piensa que puede esconderse detrás
del sexo, entonces voy a dejar que se esconda hasta que se dé cuenta de que soy
seguro, que estar juntos puede ser trascendental. Y vaya si no voy a disfrutarlo.
Porque bien puedo ser paciente, pero no un santo.

70
Página
Traducido por Michelle M

Corregido por Camila Cullen

Anna
Es un domingo perfecto. El clima es fresco y el sol está radiante. Hay cosas
que tendría que hacer, terminar tareas, libros que leer. Podría ir de compras o ver
una película en la ciudad. Pero no, estoy sentada en el balcón viendo el escaso
tráfico de la calle. Mi estómago duele y mi piel se siente demasiada tensa. Sé lo
que está mal. Estoy infectada de anhelo por Baylor.
Va a pasar de nuevo.
La adicción se derrota con la abstinencia. Así que voy a ser fuerte. No iré
hacia él. Sólo tengo que sacar mi culo y hacer algo.
En la mesa a un lado de mí, mi teléfono suena.
Estoy esperando que Iris me diga donde está para unirme a ella. Pero no
es eso.
Desconocido: Hola. Soy Drew. ¿Estás ocupada?
Miro la pantalla, mi mente está tratando de entender las palabras. ¿Drew?
¿Me está mandando mensajes? Echo un vistazo por encima de mi hombro, como
si fuera a estar atrás de mí o algo así. Lo que es estúpido y mocoso. Todavía sigo
bastante segura que él me volvió loca. Sin embargo, hay una parte de mí, que
salta un poco de la emoción. La parte inferior, piensa misteriosamente mientras
le regreso el mensaje.
Yo: ¿Cómo conseguiste mi número?
Me levanto y me dirijo dentro del apartamento, con la sensación fuerte de
ser observada aún en mí.
Desconocido: La lista de la clase. : )
Resoplo mientras aplasto mi pulgar en la pantalla.
71

Yo: Maldita lista.


Página

Desconocido: Es bastante genial para mí.


—Si bueno, para ti lo debe ser —murmuro, ¿pero a quién estoy tratando
de engañar? Para mí también. Tecleó de nuevo el teléfono.
Desconocido: ¿Dónde estás ahora?
Mis mejillas empiezan a doler por mi sonrisa reprimida.
Yo: Mi casa.
Desconocido: ¿Dónde está?
Hago una pausa, mi corazón también está dando un salto. Esto es
estúpido. Él me hará daño. Sin siquiera intentarlo. Tengo que protegerme. El
pensamiento apenas se forma y sin embargo me encuentro respondiendo.
Yo: ¿Por qué?
Desconocido: Quiero saber, obviamente.
Yo: ¿Esto es una llamada organizadora de sexo?
Maldición si todas mis partes felices no se están animando. Traidoras.
Desconocido: En el espíritu de la honestidad brutal en la que interactuamos, sí. Sí
lo es.
Me río, demasiado sorprendida para no hacerlo. Y una estúpida sonrisa
jala mis mejillas cuando respondo.
Yo: Tienes puntos por la honestidad, Baylor.
Desconocido: Entonces dame la dirección, Jones. Mi lista de lugares semipúblicos
se ha disminuido. Paso de los armarios de conserje y las cabinas de baños. Son asquerosos.
Y no quiero que alguien que no sea yo mire tu precioso culo. Me gustaría abstenerme de
golpear gente si es posible.
Estoy de acuerdo con la falta de privacidad, aunque mi cerebro está
estancado en la referencia de mi trasero. ¿Piensa que es precioso? Bueno. Puedo
hacer esto. Puedo mantenerlo en solo sexo. Sólo sexo. Impresionante, caliente,
perfecto….
Antes de que pueda convencerme de no hacer esto, mando mi dirección.
Sudor florece sobre mi piel en el segundo que lo mando.
Mi teléfono está silencioso por demasiado tiempo. Mierda. Cuando el
timbre suena de nuevo, mi corazón da un vuelco.
Desconocido: Estoy en camino.
Mi corazón rápidamente comienza a correr. Y también yo. Prácticamente
aviento mi teléfono mientras vuelo en acción, agarrando la ropa esparcida,
72

basura, calcetines, mis sujetadores cómodos horribles y una variedad de cosas


esparcidas que saturan el lugar. Todo entra en el armario. Está bien, no me
Página

debería importar como se ve mi lugar. Si soy una vaga, soy una vaga.
Pero también soy una chica, y no voy a dejar que vea mi lugar en otra
condición que no sea impecable.
No sé a qué distancia está, ¿por qué no le pregunté? Patinando en el baño
me veo en el espejo. Por lo menos no tengo ni un grano o algo. Lo que me hace
pensar en George y su analogía del grano. Maldito George.
Me veo bien, pero Drew vendrá por una cosa y ahora estoy un poco
sudorosa. No tengo tiempo para lavarme el cabello así que limpiar mi cuerpo
debería ser suficiente, afeitándome en todos los lugares pertinentes en tiempo
récord. Entrando a mi habitación, me golpeo el dedo del pie en el tocador.
—¡Joder! —Estoy brincando en un pie mientras me pongo unos pantalones
de yoga. Suena el timbre y todavía estoy medio vestida—. ¡Mierda, mierda,
mierda!
Agarrando el suéter que está sobre mi silla del escritorio, lo meto por
encima de mi cabeza. Me hecho una mirada rápida, frenética para verificar si hay
manchas, por favor no dejes que haya manchas, me calma de alguna manera; el
suéter es agradable de un color verde oscuro y de lana.
Un segundo antes de abrir la puerta, me quito la liga del cabello y la lanzo
a una esquina oscura lejos en la sala.
Y entonces Baylor está frente a mí, con las manos metidas en sus bolsillos,
su cabello despeinado como si acabara de pasar sus dedos. Ojos dorados bajo
oscuras cejas rectas, un pequeño hoyuelo en la mejilla izquierda, con un cuerpo
para matar o morir. Hace que mis rodillas se sientan débiles y que mi piel arda.
Todo el maldito tiempo.
Nos miramos el uno al otro, él sonriendo y yo con mi corazón latiendo
como un tambor. ¿Vamos a hablar? ¿Simplemente se supone que tenemos que ir
por eso? Supongo que primero lo tengo que invitar dentro.
—Oye. —Mi primera palabra es increíblemente ingeniosa.
—Oye a ti también. —Su mirada me recorre—. Te ves bonita. Sonrojada —
añade con una profunda sonrisa—, pero bonita.
—Sí, bueno. —Me hago hacia atrás y le hago una seña para que entre—.
Acabo de correr por toda la casa limpiando así que… —Me encojo de hombros.
Se ríe un poco, caminando hacia la sala. Dios, es tan alto. Sin tacones a su
lado soy como un duende.
—Diría que estás bromeando conmigo, Jones —se gira y llama mi
atención—, pero sé lo honesta que eres.
73

Muerdo una sonrisa y cierro la puerta. —Lo dices como si fuera una mala
cosa.
Página

—Gracioso, pensé que te estaba dando un cumplido.


—¿Ya hemos caído en esa etapa de los cumplidos? —Estoy un poco sin
aliento y no tengo idea de qué voy hacer conmigo misma. Así que estoy atascada
siendo una idiota.
—Jones, te he hecho cumplidos desde el primer día. —Su voz es baja y
suave, y hace que mis dedos se doblen en la alfombra—, simplemente no has
prestado atención.
Tomando una respiración, le pregunto algo súper importante. —¿Quieres
una bebida? ¿O deberíamos empezar a follar como jodidos conejos?
Ni siquiera sé la respuesta que prefiero hasta que dice. —Una bebida sería
buena. —Algo se alivia en mí, cuando ni siquiera debería estar tan agitada.
Me sigue a la cocina abierta, sus ojos lo observan todo, desde la decoración
de Ikea y los muebles de segunda mano, hasta el calendario de Iris de los
bomberos calientes de Nueva York colgados en la pared de la cocina. —Bonito
lugar —dice amablemente. Porque no es tan bonito.
—Hicimos lo que pudimos con los desechos de mi mamá. Aunque algunas
de esas cosas hayan visto días mejores. —Le echo un vistazo al gran sofá
marrón—. Creo que mamá tenía esa cosa desde que tenía diez años.
—Yo hice lo mismo. Cuando mis padres… —Se calla, mirándose triste.
—¿Cuándo ellos qué?
Se aclara la garganta, agachando la cabeza mientras se rasca la parte
trasera de su cuello. —Ah, cuando ellos murieron.
Mis entrañas se sacuden de golpe. —¿Tus papás están muertos? —Por
supuesto que sí, lo acaba de decir, idiota—. Quiero decir… infierno, Drew, lo siento.
No lo sabía.
La esquina de su boca se levanta por un intento de sonrisa. —¿Cómo lo
ibas a saber?
—Es probablemente cosas que se saben de ti comúnmente, ¿no es así?
—Puede ser. Pero los dos sabemos que no te gusta saber nada del fútbol o
de mi vida. —Suena extrañamente aliviado por eso.
—¿Tú —lucho para mantener mi voz vacilante—, viviste con tus abuelos
o algún pariente?
El agarra la parte posterior de su cuello de nuevo. —Nahh. No tengo
ninguno. Sólo éramos mis padres y yo.
Jesús. Todo lo que puedo pensar es que es un huérfano. Sólo en la vida. Y
74

mira lo que ha logrado. No es mi asunto sentirlo, pero el orgullo y la admiración


se hincha dentro de mí. No es que pueda decirlo sin que suene condescendiente.
Página

—Drew, lo siento —digo—. Eso es una mierda.


—Sí. Lo es. —No me mira.
—¿Cómo…? —Me estremezco—. Olvídalo.
—No es malo ser curioso, tampoco. —Un ruido irónico lo abandona—.
Sucedió un verano después que me gradué del bachillerato. Estaban de excursión
en Colorado. Una avalancha repentina vino y… pasó… no sé. Quiero decir,
¿Quién coño espera algo así?
Nadie. Quiero abrazarlo tanto que mis brazos duele. Pero no creo que
apreciara el gesto. Si fuera yo, lo tomaría como lástima. Como si estuviera
preocupado por la cosa, mira a la cocina.
—¿Puedo tener mi bebida todavía?
—Claro. —Salgo de mi estupor y me muevo a la nevera—. Bien.
Baylor inclina una cadera contra la barra de desayuno.
—Tenemos —abro la nevera y busco—, cerveza One Blue Moon, agua
embotellada, vino blanco y jugo de naranja.
—Voy a tomar el agua. —Su estómago suena fuerte e impacientemente.
Sus mejillas se sonrojan y su boca tiembla con ironía—. Perdón.
—¿Hambriento? —digo, levantando una ceja.
—Casi siempre. —Ni siquiera trata de hacer que suene como una
insinuación. Y sin embargo, de alguna manera lo hace. Probablemente porque no
puedo entrar en la misma habitación con Drew Baylor y no pensar en sexo. Pero
me comporto mientras abro la nevera de nuevo y hurgo en ella.
—Bueno, hay pastel de chocolate, dos piezas de pollo, yogur, a pesar que
realmente no deberíamos tocar eso o Iris nos matará….
Detrás de mí, Baylor abre su botella y toma un trago antes de mirar por
encima de mi hombro.
—¿Iris? Tu compañera de vivienda, ¿no?
—La única. —Todos los músculos en mi cuerpo se retuercen por su
cercanía. Pero me calmo—. Te golpeará si tocas su yogur griego.
—Ah.
—También hay… —Me asomo bajo una tapa de aluminio—…ohhh,
brochetas.
—¿Tuvieron una fiesta o algo así? —Sus brazos descansan en el borde de
la puerta, detrás de mis hombros y extrañamente me siento protegida.
75

—Son del servicio de catering. El derecho de traernos bandejas de comida


es una de las principales razones por las que tomé el trabajo. Iris y yo ahorramos
Página

un montón de dinero en alimentos.


Los ojos de Baylor se arrugan en las esquinas. —Estoy bastante seguro que
eres la compañera de cuarto de ensueño de los atletas.
No pregunto si eso lo incluye a él, pero vuelvo a la comida. —¿Entonces?
¿Qué será?
—¿Realmente me vas a dar de comer? —Suena sorprendido.
—Claro que sí. —Me muevo incómodamente de un pie a otro—. ¿O no
quieres que lo haga? —Porque puedo retroceder. Simplemente puedo llevarlo a
mi habitación y…
—No, quiero decir, sí. Sí lo quiero. —Baylor ahora se sonroja por
completo—. Mierda. Comida. Quiero decir…
Me río. —Sé lo que quieres decir.
Gime y se pellizca el puente de la nariz. —Sólo haz las brochetas.
Sin dejar de reírme, saco el contenedor y un paquete de huevos. —Está
bien, pero yo no recaliento. Me gusta pensar en las sobras más como en una
materia prima para nuevas comidas.
Su vergüenza se derrite y se inclina atrás hacia el mostrador. —¿Qué me
estás preparando, Jones?
—Una frittata. —Agarro un pedazo de queso Gouda—. Con queso.
—Suena genial.
Es sorprendentemente fácil y divertido estar con Baylor en la cocina. Me
ayuda a liberar la carne y verduras de sus pinchos, y entonces corto todo en
pequeños pedazos, mientras él ralla el queso para mí.
—Sabes cocinar. —Observa mientras empiezo a freír las piezas de las
brochetas. El olor a cebolla y la carne perfuma el aire.
—Soy competente. —Bato los huevos y los vierto en el sartén—. Al crecer,
sólo éramos mi mamá y yo, así que ayudé en lo que pude.
Cuatro generaciones atrás, la familia de mi mamá emigró, no a Nueva
York con el resto de sus hermanos italianos, sino a Georgia. Sin embargo mi padre
era irlandés puro. Y acababa de bajar del avión cuando conoció a mi mamá. Las
fotos de él muestran un joven en tonos blanco como la leche y con naranjas vivos.
Terminé siendo una mezcla de ellos con la piel pálida y algo bronceada, pero
también con pecas, ojos verdes y cabello de color rojo.
Realmente no recuerdo mucho de mi padre. El tiempo tiene una manera
de desaparecer la imagen de una persona. Por desgracia, también tiene la manera
76

de dejar una herida pudriéndose y escondiéndose profundamente en la piel.


Página
—Iris es la verdadera cocinera aquí —balbuceo—. Ella es como la quinta
generación mexicana-americana y su familia es propietaria de un restaurante
mexicano patea traseros en Tucson.
Drew me mira mientras revuelvo los huevos. —¿Qué pasó con tu papá?
—Es una pregunta tranquila. Porque sabe de primera mano que mi respuesta
podría ser mala.
¿Lo es? Soy bastante insensible a todo lo de mi papá. Hasta que tengo que
hablar de ello. Un bulto familiar de dolor se instala en la parte posterior de mi
garganta. Lo ignoro y me encojo de hombros. —Fuera de la imagen desde que
tenía siente.
Baylor me está mirando. Me concentro dispersando el queso sobre la
mitad de los huevos cocidos. —Ahí —digo—, en un momento tendremos una
frittata.
Mi voz es demasiado chillona y frágil. No debería haber hablado. No
debería haberle cocinado. Esto sólo es un ligue, no algo de contarnos todo. Pero
ya es demasiado tarde. Y todavía me sigue mirando con esos ojos que saben tanto.
—¿Por qué está fuera de la foto? —pregunta con la voz baja.
Saco dos platos y consigo los tenedores. —Es una historia de mierda.
—Yo te conté mi historia de mierda. —Pone los platos y los tenedores uno
junto al otro—. Además, soy un gran oyente.
Mientras que su trabajo es dar órdenes y pensar rápido, algo acerca de su
tranquilidad y fuerza me da ganas de confiar en él.
—Cuando tenía siete —digo—, mi padre le dijo a mamá que no podía
manejar la paternidad, que yo era un dolor en el culo, siempre lloriqueando por
atención. —Mi sonrisa es débil y tambaleante—. Sus palabras.
Me doy la vuelta y saco la frittata, poniéndola a enfriar en la estufa. Es de
color dorado y el queso está derretido. Agarro un cuchillo y la corto. —Así que
regresó a Irlanda y mamá me crio.
A veces me pregunto si mi padre se habría quedado si no le hubiera
rogado que lo hiciera. Pero tenía que hacerlo. Y simplemente parecía afligido.
Cuando se fue, me acurruqué debajo de la cama. Mamá hizo lo mismo. Sólo que
ella lloró. Yo nunca lo hice. No me dejé hacerlo.
Una mano cálida cubre la mía y se mantiene. Suavemente, Baylor me quita
el cuchillo antes de ahuecar la parte posterior de mi cuello. —Tienes razón —
dice—, es una historia de mierda. Y tu padre es un gran estúpido indigno.
77

Miro el suelo. —¿Qué? ¿No hay un “estás mejor sin él”?


Página

El pulgar de Baylor acaricia el largo de mi cabello. —Pero eso ya lo sabes.


—Sí, lo sé. —Me arriesgo a mirarlo. Su expresión es tan grave, como si
estuviera herido por mí, cuando es él quien no tiene familia. Algo profundo en
mi corazón se aprieta.
La exploración en mi cuello no se detiene y su voz cae baja y profunda. —
Algunas personas nunca entienden lo que tienen. —Una ligera presión en la parte
de atrás de mi cuello me acerca a su calor—. Y algunas personas esperan toda
una vida para tener a quien amar.
La emoción se entierra dentro de mí, es caliente, mareante, asfixiante.
Quiero excavar y dejar que tome mi dolor. Él es fuerte, tal vez pueda soportarlo.
Extrañamente quiero acercarlo y sostenerlo como si fuera él el lastimado. No lo
entiendo. Esto no es luz o diversión. Esto me está consumiendo. Es un constante
ataque.
Mientras nos miramos, sus parpados inferiores y cabeza se sumergen
hacia mí. Mis labios se abren con una necesidad palpitante de tocar los suyos.
Quiero su sabor, su aliento en mí llenando mis pulmones.
Su susurro roza mi mejilla. —Anna…
La puerta de enfrente se abre, y brinco, casi tirando las jodidas fritttatas.
Drew estira una mano para sostenerme, pero ya me estoy girando hacia Iris que
entra en el apartamento.
Ella para cuando nos ve y George, que la está siguiendo de cerca, choca
contra ella. —Maldita sea mujer, dame una pequeña advertencia. —De repente,
deja de hablar y ambos se quedan con la boca abierta hacia Drew.
Genial. Puedo controlar a Iris. George es otra cosa por completo. Y sé que
voy a pagar cuando una luz ofensiva brilla en sus ojos. Su voz apenas está por
debajo de una melodía cuando dice. —Oye, Baylor. Diría que eres la última
persona que esperaría que estuviera en la cocina de Anna, pero estaría
mintiendo.
Drew levanta una ceja hacia mí y yo miro a George directamente, quién
sólo sonríe y da un paso adelante, ofreciendo su mano. —George Cruz.
Se dan la mano en ese fuerte y abrupto saludo de chicos donde se miden
el uno al otro, y ruedo mis ojos.
—Y esa es Iris —digo, porque mi amiga simplemente estaba parada allí
sonriendo como el gato de Cheshire.
Drew le ofrece su mano a ella. —La compañera de cuarto quién tiene un
excelente gusto para las fiestas.
78

E Iris empieza a reírse. Dios, esto es demasiado extraño. Baylor es


demasiado grande para la cocina, elevándose por encima de todos.
Página
—¡Oh! ¿Eso es comida? —George agarra el sartén y le doy un golpe en la
mano. El la quita, sosteniéndola contra su pecho—. ¡Ay, mujer! Compartiendo
amor, ¿eh?
—Consigue el tuyo. —Divido la mitad de la frittata y una mitad la pongo
en el plato de Drew—. Come —le digo.
George está lejos de terminar de lloriquear. —Pero yo también tengo
hambre. ¿Por qué él puede conseguir algo y yo no?
Iris tose con su mano en la boca, un poco ruborizada. —¿Tienes qué
preguntar?
Drew se ríe, aunque sus mejillas también están un poco ruborizadas. No
es estúpido, sin embargo, y rápidamente se mete en su comida.
Por otro lado, George está haciendo pucheros. —¿Enserio, Banana? ¿Sin
comida?
La cabeza de Drew vuela hacia arriba, una gran sonrisa que se extiende
por toda su cara. —¿Banana?
—Sí. —Iris se sirve yogurt—. Ana Banana.
—Su mamá le dice así —dice George servicialmente—. Anna tiene un viejo
peluche raído de banana escondido en su armario.
Golpeo su cabeza.
—¡Ay, demonios!
Corto una pequeña parte del resto de la frittata, tomándola para mí y
pasando el resto para George, el grano en el culo. —Sólo toma tus ganancias mal
ganadas y vete.
Él hace un sonido alegre y roba mi tenedor.
Drew se come todo y aunque su sonrisa es grande hay sombras en sus
ojos.
—Así que ustedes conocen bien a Anna.
Iris ayuda. —Hemos estado juntas desde el primer año.
—Compañeros de cuarto —dice George con la boca llena de comida.
Las cejas de Drew se elevan por eso. —¿Todos ustedes?
—Hasta que George se mudó el año pasado por miedo a ser invadido por
estrógenos. —Iris hace una mueca—. Sus palabras no las mías.
George asiente por eso, con una alta expresión. —Un hombre sólo puede
79

tener una cantidad de artículos femeninos en su baño antes de que sea tiempo
para cortar y correr.
Página

—Tengo mi propio baño, tonto —digo.


—Sí. Y me das comida. Ahora me estoy preguntando por qué me mudé.
—Rápido como un rayo, George se inclina hacia delante y pone un beso sonoro
en mi mejilla. Está jodiendo a Drew, viendo si le importa.
Y está funcionando. La expresión de Drew se convierte completamente
neutral. Pica su frittata antes de bajar su tenedor. —Entonces… ¿ustedes?...
Mira de George a mí. Iris hace una mueca de horror y George se ríe. Es un
canalla, pero no un idiota y saca a Drew de su miseria. —Esto va ser difícil de
creer, porque obviamente te interesa nuestra chica, pero la idea de hacer algo con
Anna hace que el estómago se me revuelva.
—Ídem —espeto secamente de regreso, notando que Drew parece
demasiado contento.
George me sonríe. —Ella es la hermana que nunca tuve.
—¡Oye! —Iris le da un puñetazo en el brazo—. ¡Yo soy tu hermana!
—No, tú eres mi gemela. Totalmente diferente, Ris.
—Como sea.
Mientras George e Iris debaten si hay distinción entre los “gemelos” y los
“hermanos”, me inclino cerca de Drew. —Sus constantes peleas pueden haber
sido un factor para que George se mudara.
Se ríe y coge otro bocado. —Esto es bueno, por cierto. —Mira hacia mi
plato—. ¿Estás segura que tuviste suficiente?
Detengo su movimiento de ofrecerme de lo suyo con un toque en su mano.
Él es cálido y quiero tanto envolver mis dedos con los suyos y sacarlo de aquí.
Me retiro.
—Eso es dulce, pero estoy bien. Cociné esto más por ti.
Su expresión es suave. —Gracias, Anna.
El espacio entre nosotros disminuye, tranquilamente, como si Iris y
George no estuvieran peleando, como si estuviéramos solos. Su gran muslo
presiona contra el mío que es más pequeño y un calor florece a lo largo de la
conexión. Cuando habla, es bajo y sólo para mí. —Entonces, ¿”Banana”, eh?
Le doy una mirada seria. —Si me dices de esa manera, vas a perder un
dedo.
Un pequeño hoyuelo se forma a lo largo de su mejilla izquierda. —¿Por
qué un dedo?
—¿No es así como siempre empieza para los chicos malos? Pierden un
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dedo, entonces un ojo, tal vez una oreja… —Me encojo de hombros—. Parecía
Página

apropiadamente amenazante.
—Ah, mucho. No te preocupes, Jones. Aprendí la lección. No apodos para
ti. —Su dedo le da un golpecito a la punta de mi nariz—. Nuestra relación es
especial de esta manera.
Ahí está de nuevo. La palabra con “R”. Cojo un bocado de frittata. Los
huevos ya están fríos.
—Bueno, me voy —anuncia George.
El rostro de Iris se arruga. —Dijiste que irías conmigo y Henry al cine.
—No me necesitas siendo la tercera rueda, Ris. —Estoy segura que George
usa la misma expresión que uso cuando hablo de Henry: valientemente tratando
de ocultar el asco—. Y no estoy de humor para serlo.
Iris pone un puño en su cadera. —No te ha impedido salir con nosotros
antes. Además fue tu idea ir al cine.
George simplemente se encoje de hombros. —Cambie de idea. Eso pasa.
—Se gira hacia Drew—. Fue bueno conocerte, Baylor. Tengo que decir que haces
un impresionante trabajo en el campo, hombre.
¿Et tu6, George?
Drew lleva los elogios con calma y simplemente sonríe, es una sonrisa
amable, no como las que me da cuando sus ojos se iluminan y hay un hoyuelo en
su mejilla. —Gracias. Hago mi mejor esfuerzo. Fue bueno conocerte.
George no ha desaparecido por más de unos minutos cuando la cerradura
de la puerta gira y Henry entra con una llave en la mano.
—Le diste una llave —le siseo a Iris. No hay manera que deje que Henry
tenga libre acceso a nuestra casa.
Ella tiene la gracia de hacer una mueca de dolor. —No de forma
permanente. La recuperaré.
—Ahora mismo —espeto en voz baja. A un lado de mí, Drew está
frunciendo el ceño, habiendo oído el intercambio.
Henry se pasea hasta la barra de desayuno. —Dulzura. —Le da un beso
desordenado a Iris, pero sus ojos están puestos en nosotros. Principalmente en
Drew. Hace una doble toma mientras lo reconoce.
—Batalla Baylor. —Pone una mano en la cadera de Iris—. Pensé que estaba
viendo cosas.
—Nop —dice Drew con un tono suave, sus ojos vigilantes.
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Página

6
En francés: ¿Eres tú, George?
Henry se ríe, como si se conocieran entre sí. No estoy segura si lo hacen.
Nunca los he visto intercambiar palabras. Henry le pone fin a mi sospecha
diciendo. —Henry Ross. Juego en el centro del campo para el equipo de
lacrosse. —Su mirada va de Drew hacia mí. —Y aquí estaba yo, pensando que no
te gustaban los chicos, Anna.
—Henry —espeta Iris.
—¿Qué? —dice Henry, todo inocencia.
—No —digo a la ligera—, entendiste mal. No me gustan los idiotas.
Iris me mira, mientras Henry apoya los antebrazos en la barra y me da una
sonrisa desagradable. —Pensé que eras demasiada prejuiciosa para el sexo.
Antes de que pueda decir una palabra, la mano caliente de Drew está en
mi nuca. Envolviéndome, es un peso reconfortante y un soporte. —Cuidado.
No me está hablando a mí. Sus ojos están sobre Henry. No hay nada
abiertamente amenazador sobre su postura, con una mano casualmente en el
mostrador y con sus hombros relajados. Sin embargo el mensaje es claro. En caso
de que Henry haga un movimiento en falso, Drew podría derribarlo en un
instante. No necesito ser protegida. Pero se siente bien saber que él está dispuesto
a hacerlo.
El ceño de Henry es tan forzado como su tono. —¿Cuidado?
—¿Es necesario que lo deletree? —Drew no tiene la necesidad de levantar
la voz. La autoridad de su presencia es suficiente para que Henry aparte la
mirada primero.
—Todos ustedes necesitan relajarse. Sólo estoy molestando.
Consciente de que Iris se encoge, me abstengo de llamarlo mentiroso.
Drew también lo hace, pero no quita su dura mirada de Henry.
—¿Nos vamos? —Henry le espeta a Iris.
—Sí. —Ella nos da una mirada de disculpa mientras toma el brazo de
Henry y casi lo jala por la puerta.
—Deja la llave. —Le digo antes de que lleguen allí.
Henry se detiene, sus hombros se tensan y gira la cabeza para mirarme.
Pero su mirada choca con la de Drew, y simplemente se encoge de hombros antes
de cavar en su bolsillo y sacar un juego de llaves. Henry las lanza en el mostrador
donde aterrizan con un fuerte ruido.
Tan pronto como se van, me apoyo contra el mostrador suspirando. —Es
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un idiota.
Página

—Supongo que Iris no ve eso. —Hay un tono conocedor en la voz de


Drew.
—Me gusta creer que ella está viviendo en la felicidad ignorante en lugar
de elegir estar con él con los ojos bien abiertos.
Me muevo para agarrar el plato de Drew, pero reacciona primero,
recogiendo tanto el suyo como el mío y llevándolos al fregadero.
—Cualquiera que sea el caso —digo mientras él enjuaga los platos y yo
abro el lavavajillas—, ella no lo ha bateado.
Drew inclina su cadera contra el mostrador. —A veces pasa con los chicos
del equipo. Salen con chicas que son malas noticias, manipuladoras,
preocupándose sólo por la fama. De vez en cuando alguien tratará de intervenir
por el pobre infeliz.
—Es dulce que se cuiden entre ustedes.
Sus dientes parpadean en una sonrisa rápida, pero tensa. —Bueno, no es
del todo altruista. Un equipo es fuerte mientras no haya algún eslabón débil. A
ninguno de nosotros nos gusta ver un hombre abatido por juegos mentales. —
Los hombros de Drew se levantan en un encogimiento de hombros—. No es que
importe. La advertencia a un chico de una chica sólo lo molesta y lo acerca más a
ella.
—Es por eso que aprieto los dientes y trato de alejarme de Henry.
La expresión de Drew crece. —Lo vi en la fiesta. ¿Es por eso que no querías
ir?
—No quería ir porque no me gustan las fiestas. —Lanzo la toalla de mano
al fregadero—. Henry estando en el lugar simplemente lo hizo mucho peor.
La esquina de su boca se inclina hacia arriba. —Todavía estoy contento
que estuvieras allí. —Sus ojos son caramelo líquido y todo pensamiento de Henry
se derrite en una oleada de calor y anhelo. Como si sintiera la misma prisa, el
pecho de Drew se levanta en un aliento y su voz se reduce a un ruido sordo—.
Muéstrame tu habitación, Jones.

83
Página
Traducido por Juliee y July
Corregido por Ione

Anna
A pesar del calor que promete su voz, y a pesar del hecho de que vino a
mi apartamento por una sola razón; al llegar a mi habitación, Drew no me toca.
Estamos lado a lado en la cama, los dos mirando el techo. Hombro con hombro,
pero ese es nuestro único contacto. Doblo las manos con seguridad en mi
estómago y él hace lo mismo. No estamos follando. No estoy tratando de subirme
encima de él como un árbol, o lamerlo como una Tootsie pop. Aunque quiero hacer
esas cosas. Una parte de mí siempre lo hace.
Todavía no puedo creer que tenga a Baylor en mi habitación. Su presencia
llena cada pulgada. Es tan expansivo con su carisma que no puedo conseguir
suficiente aire, o simplemente hacerlo. Hace que me bombee la sangre y me de
vueltas la cabeza.
Cuando finalmente habla, mi piel salta por el sonido rico y profundo.
―¿Cuál es tu obsesión con la vieja Siouxsie?
No necesito verlo para saber que está apuntando con la barbilla hacia el
cartel enmarcado de Siouxsie Sioux, la cantante y líder de Siouxsie y los Banshees,
que está sobre mi cama. Con sus exageradas y rectas cejas negras, su salvaje
cabello negro tipo Bob y su pequeña boca roja parece una desquiciada Betty Boop
gótica. Grita belleza atemporal y "jódete" todo a la vez. Me encanta su estilo.
―No es vieja. ―Protesto. Aunque supongo que lo es ahora.
Probablemente esté en sus cincuenta años. Realmente no quiero saber. Allí, en mi
muro, es inmortal.
―No me respondiste. ―Me presiona. Hace ruido con un suave susurro y
sé que ha girado la cabeza para mirarme. Mantengo los ojos en Siouxsie. Esto no
disuade a Baylor―. Pareces tener una cosa por ella.
Estamos escuchándola ahora, su inquietante voz cantando un cover de
84

Dear Prudence.
Página
Me encojo, y mi brazo frota contra el suyo. ―Sólo mírala. No da una
mierda por nada. Dirigió una banda de hombres, fue parte de una revolución de
la música. ―Me encojo de nuevo―. Y es jodidamente guay.
Se ríe. Es una buena risa, profunda y contagiosa. Sólo oírlo me hace
sonreír.
Su risa muere y estamos callados por un momento, sólo escuchando
música y acostados. Sus piernas son tan largas que; aunque estén dobladas, son
por lo menos cinco pulgadas más largas que la mías. Hay arrugas azules y
oscuras bajo el telón de fondo de los ojos embrujados de Siouxsie. Estoy relajada,
me doy cuenta. Y al mismo tiempo, la tensión siempre está presente cuando está
cerca, mi estómago está a punto de estallar lentamente.
―Entonces, ¿te gusta la música vieja, eh? ―pregunta.
Giro la cabeza solo lo suficiente para ver sólo su brazo. Su bíceps es tan
grande que me pregunto si puedo conseguir que mis dos manos lo rodeen. Estoy
tentada a probarlo. ―Sí ―digo, con la voz demasiado ronca―. Supongo que me
gusta.
Asiente con la cabeza y puedo ver su barbilla. Y su boca. Estoy enamorada
de su boca y nunca la he probado. El labio inferior es amplio y; sin embargo,
relleno, una curva suave que quiero seguir con mi lengua. Pero no lo haré.
Su labio superior es casi un arco, una cruel burla de un labio, y; sin
embargo, el efecto se arruina porque Drew casi siempre está sonriendo. No lo
está ahora, sin embargo. Sus labios están relajados, llenos.
Se mueve cuando habla. ―Me gusta Lynryd Skynryd, Zepplin, Queen ―dice
como si fuera una confesión. Como si me fuera a sentar y apuntarlo gritando ¡Ah-
ha! ¡Adicto al rock clásico encerrado en el armario! Hasta que se da cuenta de que no
lo voy hacer, no cuando escucho álbumes punk británicos más viejos que yo.
Es su turno de encogerse de hombros, como si mi silencio le agitara. ―Mi
papá solía escuchar ese tipo de cosas. ―Inclina el cuerpo hacia mí, lleva la mano
a su bolsillo trasero y saca su billetera. Coge una imagen entre su pulgar y su
índice y tiembla un poco cuando me lo da―. Mis padres.
Sus padres son tan jóvenes en la imagen. Están colgados uno del otro, sus
brazos sobre sus hombros como si actuaran torpemente para la cámara. Su papá
es alto, moreno y guapo, en una clase de víctima de la moda porque está usando
un mal corte de cabello estilo mullet y vistiendo jeans rasgados y ceñidos y una
playera negra de AC/DC. Pero su sonrisa es amplia y un hoyuelo adorna su
mejilla. La mamá de Drew está besando su otra mejilla, pero está poniendo sus
labios sobre él mientras voltea hacia la cámara y, claramente se ríe de sus
85

travesuras. Es a su manera víctima de la moda, tal vez más que su papá, pero se
Página

ve impresionante. Su cabello rubio y rizado es una burla de proporciones épicas


y lo tiene a la altura de los hombros. Una playera negra de encaje con una falda
apretada del mismo color, todo combinado con una botas de combate que hace
que las quiera ya. Pulseras de caucho negro adornan sus antebrazos.
―Entonces ¿a tú mamá le gustaba Madonna, cierto? ―Hago una mueca
hacia Drew y se ríe levemente.
―Sí, por unos meses, eso es lo que ella diría. ―Su expresión se vuelve
suave―. Llamaron a esto su imagen de la vergüenza. Les gustaba más de alguna
manera los conciertos como el Live Aid.
―¡No, mierda! Recuerdo leer sobre ese concierto en mi clase de historia
del Rock and Roll. ―Estoy sonriendo mientras estudio la imagen. Me duele el
corazón. Casi puedo sentir su alegría y su ausencia―. Lucen tan jóvenes y felices.
Y guapos también. ―Porque los son. Drew tiene la nariz y los ojos de su mamá,
y la línea de su mandíbula afilada y la sonrisa de su papá.
Le doy la imagen, tratándola con el cuidado que se merece. No la mira y
en su lugar mira hacia otra parte. ―Se conocieron en la universidad. ―Su voz
es tranquilla y vuelve a mirar hacia el techo―. Y eran felices. ―Su perfil es tenso,
se le arrugan las esquinas de la boca―. No lo sé, supongo… supongo que me
siento cerca de ellos al escuchar la música que estamos escuchando.
El dolor, fuerte y oscuro dolor, enterrado profundamente en sus palabras,
el dolor que está luchando por ocultar, me da directamente a través de todo. Me
aclaro la garganta, encontrando la voz. ―Y, ¿quién no ama a Queen? ―Le doy
un pequeño codazo, justo el movimiento para que mi codo choque contra su
brazo―. Es decir, ¿no es We Will Rock You como el himno de todos los
deportistas?
Mi recompensa es su sonrisa y la forma en que la esquina de sus ojos se
arruga. Deja salir una suave risa. ―Sí ―dice tranquilamente, y luego con más
ligereza―: sí, supongo que los es.
No sé qué más decir. Estoy consolando a Drew Baylor cuando se supone
que debería estar follándolo. Un incómodo nudo comienza a formarse en mi
estómago. No merezco escuchar acerca de sus padres. Ni siquiera mirar sus caras
sonrientes. De repente, lo quiero fuera de aquí. No puedo respirar.
Estoy a punto de pedirle que se vaya, cuando habla otra vez.
―Entonces, supongo que te gusta el tipo de chicos Emo. ―Gira un poco
la cabeza y nuestros ojos se encuentran. Ahí está, ese pequeño y caliente zumbido
dentro de mí que pasa cada vez que nos vemos, como si sus ojos tuvieran algún
maldito poder en línea directa hacia mi sexo. La cama suena debajo de él mientras
se mueve. Apoya una mano bajo su cabeza y se cierne sobre mí. Su voz es
86

pausada, más deliciosa, más baja; como si también sintiera el zumbido. ―Chicos
Página
que visten de negro y tocan melodías en sus guitarras para mostrar su tormento
interior.
Hay una guitarra en mi habitación. Una Gibson acústica que mi mamá me
dio en mi cumpleaños 18. Había visto su mirada en ella cuando entró por primera
vez en mi habitación.
―Puede que sea la única que toca melodías tormentosas.
La sonrisa de Baylor es perezosa y profundiza esas líneas sobre su boca.
Hay una mirada cómplice en sus ojos, como si pudiera leerme la mente. Y a lo
mejor puede. Porque sus palabras siguientes son―: Apuesto que te molesta no
poder tocar una canción completa.
Le lanzo una mirada feroz, pero no puedo estar propiamente molesta.
Tiene razón, después de todo. Quería tocar demasiado, pero apesto. Mis dedos
son como los chicos borrachos de fraternidad golpeándose uno contra otro sobre
las cuerdas. Una vergüenza. ―Lo hace.
Como si mi sinceridad tuviera una recompensa, su sonrisa crece más. Esa
sonrisa. Toma aliento y luego lo echa. Pero ahora mi respiración es demasiado
rápida y demasiado llamativa. Su mirada dorada se desliza hasta donde me
suben y bajan los pechos por la agitación repentina, y su expresión se vuelve
seria, casi severa, como si estuviera contemplando hacer cosas oscuras con ellos.
Estoy de acuerdo en lo que piensa. Estoy bastante segura de que podría
morderlos y me gustaría que lo hiciera. Pero lentamente mira detrás de mí. Me
sonrojo y, aunque su voz es un poco más áspera, todavía está en control. El
Bastardo. ―Puedo tocar ―dice. No está presumiendo. Es una declaración.
―¿Tú? ¿La guitarra? ―El escepticismo sale de mis palabras.
Un flash de dientes blancos. ―Yo. El gran deportista tonto. ―Dice
burlonamente, pero no enojado. Como si supiera que la mayoría de la gente
asume que los deportistas son tontos, pero le importa una mierda.
―No creo que seas un tonto ―dejo salir. Es lo más cerca que estoy de
darle un verdadero cumplido. Y ambos lo sabemos.
Continúa. Y luego todo su enorme cuerpo, empaquetado en músculos se
inclina sobre mí, se detiene a pulgadas de distancia, lo suficientemente cercano
para que sienta el calor de su aliento contra mi mejilla cuando susurra. ―No creo
que seas tonta tampoco.
Entonces, de forma rápida y sin esfuerzo se mueve lejos y va a por la
guitarra.
Me siento, con mis pies debajo de mí, ya que él se instala en la silla de mi
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dormitorio y juega con las cuerdas para afinar la guitarra. Se ve bien en sus
Página

manos. No, no es alguien pequeño ni usa vaqueros ajustados, la sola idea de eso
me hace querer reír; Drew Baylor fue hecho para los Levi’s de cintura baja y
camisetas que se amolden contra sus músculos definidos. Pero agarra la Gibson
con seguridad.
―Mamá dijo que no podía sólo ser todo acerca de deportes. Así que, si
quería jugar, tenía que aprender un instrumento también.
―Que explotadora ―bromeo.
―Ese fue mi argumento cuando protesté.
Cuando pone la guitarra donde quiere, comienza a tocar. La melodía es
compleja y familiar. Me toma un momento recordarla. Norwegian Wood.
―Ahora, a mi madre ―dice mientras toca, su atención en las cuerdas―
probablemente le gustaba Madonna, pero malditamente amaba a Los Beatles.
Toca y un rubor me sube por la cara. Después de todo, es una canción sobre una
mujer que usa a un hombre para tener relaciones sexuales.
¿La escogió específicamente para mí? ¿O era sólo para mostrar su
habilidad? No voy a preguntar y, muy pronto, se acabó. Sus ojos se encuentran
con los míos y hay un brillo juguetón en los suyos. ―¿O tal vez una vieja estándar
de micrófono abierto? ―Con facilidad introduce la de Dave Matthews Crash Into
Me “Emo guys love playing this one”.
El rubor de molestia en mi interior se eleva. Hayden, mi antiguo novio,
solía tocar esta canción. En la noche de micrófono abierto. Todo el maldito
tiempo. Pero nunca logró la rápida facilidad con la cual fluyen los dedos de Drew
la melodía de la guitarra.
Peor aún, Drew canta. No es perfecto, su voz se desplaza fuera de tono y
es fuerte, pero no importa porque él vende la canción. Puedo oír la voz de mi
abuelo Joe en mi cabeza diciéndome que este muchacho podría vender hielo en
la Antártida.
Drew no termina la canción, y sé que no es porque no puede, es porque no
está tratando de jactarse. Solo jugar un poco. Él demuestra esto cuando llama mi
atención y sonríe ampliamente. Estoy embelesada. Sonrío de vuelta cuando se
detiene y comienza a tocar el lado de la guitarra y cantar las palabras.
We will rock you.
Y me río. Porque lo da todo. Hace un ridículo de sí mismo y claramente
no le importa. Y de repente no me importa tampoco. Me uno a él, gritando las
palabras con él.
―Idiota ―digo cuando terminamos.
―Mira quién habla. ―Drew comienza a reír y lo hago también. Nos
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alimentamos el uno del otro, riendo hasta que estoy agarrándome el costado. En
Página

realidad no es tan gracioso, de qué nos estamos riendo de nuevo. Tal vez es sólo
una manera de romper la tensión que siempre hay entre nosotros. O tal vez es
porque él, como yo, realmente no ha reído sólo por el placer de hacerlo en mucho
tiempo. No lo sé. Ni siquiera me importa. Es bueno no importarte nada por un
tiempo.
Como si por algún silencio de común acuerdo nuestras risas se apagan
como una sola. Y nos quedamos mirándonos el uno al otro, ambos un poco sin
aliento. Su mirada se funde. Es como si hubiera accionado un interruptor y me
dejara en la oscuridad y él es mi luz. Él es todo lo que puedo ver.
La silla cruje bajo sus pies mientras lentamente baja la guitarra. No puedo
moverme. No puedo recuperar el aliento.
Estoy tan caliente que me duele la piel. Hay un dolor entre mis piernas y
en mis pechos. Un ritmo palpitante que coincide con mi corazón. Sólo puedo
jadear y verlo levantarse.
Su boca es dura, sus ojos brillan oscuramente debajo de los párpados y
mientras viene hacia mí. Me encuentro inclinándome hacia atrás, como si le
tuviera miedo, cuando en realidad es todo lo que puedo hacer para no rogarle
que se dé prisa y me toque. Se detiene a los pies de la cama y me mira por encima,
un insolente y lánguido escrutinio que debo encontrar insultante, pero sólo me
pone más caliente.
Cuando habla, su voz es áspera, rápida, fuerte. Se raspa contra mis
nervios, en la habitación tranquila, aunque es un murmullo cercano. ―Quítate el
suéter.
Oh, Dios, estoy mareada. Mi cabeza es ligera y luego pesada, mi aliento
sale en medio de jadeos ahogados mientras busco a tientas el botón de mi jersey.
El aire frío me besa la piel cuando expongo el vientre.
Simplemente mira, esperando. Mis pechos duelen tanto que, cuando paso
mi suéter sobre ellos, gimo. No estoy usando un sostén. Tenía que haber esperado
tanto; mis pechos son demasiado grandes para ocultar el hecho. Aun así, sus
fosas nasales se dilatan en un profundo suspiro.
Y entonces viene hacia mí, lento, balanceándose como un león. Se arrastra
sobre mí, una verdadera montaña de testosterona e intención. Un grueso muslo
se mete entre mis piernas, presionando allí, y me da un alivio dulce y una suave
agonía. Cuando su caliente y húmeda boca se cierra sobre mi pezón, gimo tan
fuerte que me asusta un poco. No él. Me chupa más fuerte y caemos de nuevo en
la cama. No tengo otro pensamiento coherente.
89
Página
Drew
Las tetas de Anna, desnudas y a plena luz del día, me hacen perder la
cabeza. Apenas puedo pensar, estoy temblando tanto. El pezón apretado llena mi
boca y de doy golpecitos con la lengua, amando la manera en que se arquea hacia
mí, su respiración en rápidos jadeos. La dejo ir con un chasquido fuerte y luego
me inclino hacia atrás para mirarla de nuevo.
Santo infierno, es perfecta para mí. Pechos firmes y en forma de lágrima
tan llenos que desbordan un poco en los lados de su estructura estrecha. Un color
crema luminoso suave, que tiemblan con cada respiración que toma.
Sus pezones, uno de los cuales he aspirado a un pico húmedo, son de un
oscuro rosa. Marrón helado de vainilla relleno de azúcar. Quiero comérmela. Con
un gruñido de impaciencia, le saco el jersey que ha agrupado alrededor de su
cuello y sus rizos rojos silvestres caen sobre su cara. Entonces me arranco la
camisa; estoy demasiado caliente para respirar con ella puesta.
Ella se ríe un poco, hasta que me siento de nuevo en mis caderas y quito
sus pantalones y bragas en un movimiento rápido. Entonces simplemente me
mira con sus grandes ojos verdes. Pero veo la forma en que sus dedos se enroscan
en las cubiertas y sus hermosas tetas se levantan con cada respiración que toma.
La lujuria se ensancha a través de mis venas como fuego. Pero se
vuelve peor cuando mi mirada se desplaza sobre su cuerpo.
Jesús. Su cintura es pequeña en comparación con las redondeadas curvas
de sus caderas que facilitan entrar del todo, muslos lisos, y pantorrillas largas.
Pecas cubren sus hombros, incluso algunos en su cadera. Infinita crema rociada
con azúcar, presentada en su cama como una ofrenda de todo lo que siempre he
querido.
Mi atención se posa sobre el lugar en el que necesito hundirme. Ese
pequeño triángulo de rizos, tan rojo oscuro como un día de San Valentín entre
sus dulces muslos. Muchas chicas se lo depilan por completo. Siempre me
descoloca, no estoy con una preadolescente. No Anna. Ella es perfecta para mí.
De repente no puedo respirar bien. Mi voz sale áspera y estrangulada.
―Abre las piernas y déjame ver ese hermoso coño.
Todo su cuerpo se tensa, su boca suave se abre en una respiración agitada.
Oh, pero sus ojos brillan. Le gustan mis palabras sucias y sin flirteo. Nunca he
hablado mucho durante las relaciones sexuales antes, nunca pensé en hacerlo. No
90

sé por qué es diferente con Anna. Tal vez es porque la quiero tan mal, no pienso
en otra cosa que el cegamiento, la lujuria desgarradora y la necesidad de
Página
prepararla para el paseo. Parece encantarle tanto que me tiene temblando de
nuevo. De esta manera, por lo menos, es toda mía.
Sus muslos temblorosos se abren. Brilla allí, sus labios rosados regordetes
y húmedos.
―Eres tan hermosa ―digo con voz ronca―. Tan her… ―No puedo
hablar.
El aire entre nosotros se tensa. Ella se extiende más amplia, sin vergüenza,
sin trucos. Ni siquiera está mirando mi cara, sino el bulto de mi entrepierna
donde mi erección está tratando desesperadamente de perforar a través de mis
pantalones vaqueros. Con una mano temblorosa, abro el botón y bajo la
cremallera, el sonido ruidoso en la habitación tranquila. Estoy tan jodidamente
duro, mi polla salta hacia arriba, latiendo al ritmo de mis latidos.
Su aliento se ensancha, los dientes muerden la curva rolliza de su labio.
Sostengo su mirada mientras me agacho y me doy un golpe ligero, lo suficiente
para hacer que mi pene aumente, pero no lo suficiente para satisfacerme.
Ella observa el movimiento y su respiración se vuelve agitada.
―¿Quieres esto en ti, Anna?
Su mirada va rápidamente hasta la mía. Está jadeando ahora, lamiéndose
sus labios húmedos de una manera codiciosa. Casi me quejo.
―¿Quieres que folle tu coño?
Su abdomen se aprieta.
―Dime, Anna ―susurro, inclinándome para que pueda recorrer mis
labios en su rodilla doblada, por su suave muslo. Tiembla, su carne saltando bajo
mi tacto. Huelo su almizcle, el olor débil del gel de ducha persistente en sus rizos
suaves y siento el calor de su núcleo. De cerca, es de todos los tonos rosas.
Bonito.
Doy al pliegue en la parte superior de su muslo una lenta lamida.
―Drew…
Dios, me encanta escucharla decir mi nombre. La recompenso y beso los
labios de color rosa, mojados temblorosos ante mí.
―O tal vez quieres que te chupe ―digo antes de hacer precisamente eso.
Se arquea fuera de la cama y tengo que poner una mano sobre la suave
curva de su vientre para mantenerla inmóvil.
Me encanta hacerle esto. Lamer, acariciar, follarla con la lengua,
91

dejándome tomar sabores profundos de su sexo. Siento el calor de mi propia


Página

respiración mientras me las arreglo para preguntar―: ¿Qué quieres, nena?


Y entonces oigo. ―Lo quiero todo.
Estoy perdido. Mis dedos buscan a tientas el condón, casi rompiéndolo
por la prisa de ponérmelo. Entro, enganchando sus piernas sobre mis brazos a
medida que avanzo. Mi polla se hunde en ella con un solo golpe y gime tan fuerte
y duro que casi me vengo en ese momento. Pero encuentro su hombro y lo
detengo firme con mis dientes mientras bombeo dentro de ella. Su culo aprieta
contra mis palmas con cada embestida.
Sus piernas fuertes se envuelven alrededor de mí, sus tacones clavándose
en mi espalda me estimulan. Voy a enloquecer.
Deslizando mis manos por su espalda, la llevo hacia mi regazo. Sus brazos
vienen a mí alrededor como si pertenecieran allí. Lleno mis manos con su
regordete e irresistible culo, apretando mientras encuentro el punto dulce en el
cuello con la boca. Ella es fragante aquí, oliendo a especias y Anna.
―Tómame ―exijo contra su piel húmeda, mi lengua lamiendo sobre la
superficie sedosa antes de chupar―. Tómame.
Sus manos agarran mis hombros y luego me está montando, su coño
caliente apretando mi polla tan fuerte que me sacudo. Aprieto su culo, tratando
de no tenerla demasiado fuerte por miedo a hacerle daño. Pero es una lucha. La
quiero demasiado y mis caderas se alzan hasta encontrarse con ella en la carrera
descendente. Ella hace esos ruidos, esos pequeños gemidos que me vuelven tan
caliente que estoy sudando, mi aliento áspero contra su cuello. Sus pechos se
agitan y se deslizan contra mi pecho con cada embestida. Estoy en el cielo, no
quiero que termine. No puede terminar.

92
Página
Traducido por Michelle M
Corregido por Ione

Anna
Tal vez cometí un error al dejar entrar a Baylor a mi casa. Esto es algo
personal, algo que muestra una parte de mí, intercambiamos historias acerca de
nuestras familias. Puede que fuera demasiado para él. O tal vez la novedad ha
desaparecido y ha venido a recordar esas perfectas citas con las groupies. No lo
sé. Extraño la yo decisiva, cuando era fácil alejarse. Ahora estoy atrapada en esta
clase tratando de no mirar a Drew Baylor, quien ha estado encorvado en su
asiento durante los últimos cuarenta y cinco minutos.
Bueno, tal vez pude ser yo la que lo echara después de que tuviéramos
sexo en mi cama. Pero eso había sido tan intenso que tuve que recomponerme en
privado. Y sí, fui yo la que dejó claro que no lo volvería a ver hasta la próxima
clase de filosofía.
Y aunque sea más seguro no mirarnos durante la clase, su comportamiento
es extraño. Aislado, sin hablar, estoy convencida de que terminamos. Es
sorprendente cuanto duele.
Drew es el primero en salir. Yo soy la siguiente. Podría estar exagerando.
¿Cómo saber más?
Mi radar interno se ha ido sin permiso. Pero abro la maldita boca y decido
averiguarlo.
Ya está fuera de la sala de conferencias y bajando por las amplias escaleras
delanteras.
―Baylor… ―No lo digo en voz alta, pero lo escucha.
Sus largos pasos tartamudean y entonces se gira. Y ya que lo estoy
siguiendo por las escaleras, los dos nos acercamos en el descanso en el mismo
momento, cara a cara. Estoy un escalón por encima de él, lo que nos hace casi de
la misma altura. No me había dado cuenta antes, soy un monstruo y todo, pero
93

ahora tengo una buena mirada, él es pálido bajo su bronceado y su boca está
cansada alrededor de los bordes.
Página

―¿Estás bien? ―pregunto―. Te vez terrible.


Su boca se aplana aún más. ―Estoy bien. ―Mira hacia el patio, como si
quisiera encontrar seguridad. Y me pongo fría.
Nunca ha mirado hacia otro lado para alejarse de mí.
―Bueno ―me muevo más allá de él―. Nos vemos.
No consigo dar un paso más antes de que tome mi mano. ―Anna…
Me deja ir cuando miro abajo, hacia nuestras manos y, al instante, quiero
que vuelva ahí.
―Tengo dolor de cabeza ―se queja.
Se me aprietan los labios, un extraño alivio se empuja a través de las venas.
―¿Y los grandes y fuertes hombres no admiten la debilidad?
La esquina de su boca se eleva, pero no me mira a los ojos. ―Algo así.
―Entonces se ve tan pálido que me acerco.
―Oye ―digo en voz baja, mientras busco su cara―. ¿Es realmente malo,
no?
Asiente. ―Migrañas. Las tengo.
―Yo también. ―Y apestan. Le toco el brazo y la piel debajo del antebrazo
es como la seda. Tengo que parar de acariciarlo―. Es necesario que te recuestes.
No debiste venir a clase.
―No puedo faltar a clase ―dice con un suspiro―. Y no puedo ir a casa.
Tengo práctica en una hora.
―¿Práctica? Drew…
―Eso es lo que hago ―Se aprieta los ojos con los dedos―. A veces es una
mierda. Pero es parte del trabajo. Tomé algo de ibuprofeno, estaré bien.
―¿Tendrás a los chicos estrellándose contra ti mientras tienes migraña?
―Necesito dejarlo ir, pero me duele la cabeza por él.
En lugar de molestarse, me da una débil sonrisa. ―¿Aún sintiendo lástima
por mí? Porque creo que puedo manejar una lágrima o dos.
―Deja de desviarte del tema. ―Le agarro del codo―. Ven conmigo.
―No lo sé, Jones. Por mucho que quiero, no creo que pueda hacer la gran
cosa…
―Drew, cállate.
Sumisamente, cumple.
94

Podría llevarlo a mi casa; pero no hay el tiempo suficiente. Así que lo llevo
hacia el sindicato de estudiantes. El sol está muy alto y luminoso mientras
Página

caminamos.
―Ponte las gafas de sol ―digo mientras caminamos.
―¿Me quieres de incógnito? ―Ya las está sacando y poniéndoselas. Y se
ve demasiado bien usándolos.
―No, es para tus ojos ―cierro la boca mientras atrapo su sonrisa―. Deja
de joder conmigo.
Se ríe. ―Pero si joder contigo es divertido, Jones.
―¿Enserio sólo estás aplicando doble sentido conmigo?
Otra risa. ―No creo que esa pregunta sea gramaticalmente correcta, Jones,
pero sí ―Me lanza un brazo alrededor de los hombros, abrazándome cerca y me
besa la sien. Estoy envuelta en su calor, sintiendo su afecto. Aturdida, empujo
para abrir la puerta del comedor.
―¿Qué vamos hacer aquí? ―pregunta Drew, sosteniéndome la puerta.
Ni siquiera necesito agacharme bajo su brazo extendido. ―Consiguiendo
suministros.
A pesar de su palidez, menea las cejas. ―Ahora, tienes toda mi atención.
No. No voy a sonreír. Ni siquiera un poco.
Sonrío.
―Tienes una obsesión con una cosa.
―No es cierto, Jones ―dice con esa voz única para mí―. Tengo un par de
obsesiones en lo que a ti respecta. Pero sí, finalmente, conducen al mismo lugar.
―La mirada malvada en sus ojos me dice exactamente qué es ese lugar. No es
que tenga alguna duda.
Lucho contra una sonrisa, ruedo los ojos y voy hacia la plaza de comidas.
Sólo para ser inundada por gente. Es decir, personas alrededor de Drew.
Sinceramente, no sé cómo se encuentra. Inmediatamente el sudor pincha mi
espalda baja y se me tensan los hombros. Estoy empujando a los chicos que
vienen a darle una palmada a Drew en el hombro o darle los cinco.
El roce de los dedos de Drew contra los míos me dice que está tratando de
agarrar mi mano. Lo evado y me alejo. No se ve feliz por eso y voy directo a la
barra de ensaladas. ―Estaré allí.
Lo dejo frunciendo el ceño antes de que se gire y hable con sus fans.
En la barra de ensaladas, encuentro un pequeño contenedor y lo lleno con
aceite de oliva.
―¿Qué pasa con el aceite de oliva?
95
Página
Casi se me cae el recipiente en cuestión sobre Drew. ―Para alguien tan
grande, puedes sorprender a una persona súper bien ―Ahora que está aquí,
siento su calor y energía en mi espalda―. Y tendrás que esperar para ver.
Inclina la cabeza sobre mi hombro para mirar debajo de mí. ―Tus
afirmaciones de inocencia se están gastando en este punto ―lo dice a la ligera,
pero escucho la tensión en su voz. ¿Está molesto porque lo deje atrás?
Esas personas no vinieron a verme. Entonces, ¿por qué me siento culpable
por hacerlo? La parte detrás del cuello me pica con más fuerza. Fuerzo una
sonrisa. ―Bien. Me he ganado tu escepticismo. Pero pronto te arrepentirás.
Con lento cuidado, me quita un mechón de pelo que me colgaba sobre la
frente. ―Confío en ti, Jones.
―Vamos ―digo, un poco demasiado rudo―. Vamos a la segunda planta.
La expresión de Drew se aplana y es distante. Y mi corazón salta en un
latido de dolor, pero luego me doy cuenta de que no es por mí. Él ni siquiera está
mirando en mi dirección. Esto es para salir rápidamente de aquí. Porque
simplemente está dando pasos hacia delante, sus manos apenas tocando la parte
baja de mi espalda y no hay un alma adelante. En verdad, se separan como el mar
rojo por él.
―¿Cómo haces eso? ―pregunto por la comisura de mis labios―. Es como
un súper poder.
Resopla. ―Aprendes con bastante rapidez a emitir un “aléjate” cuando es
necesario.
Lamentablemente, algunas personas son inconscientes. Y para mi horror,
un rostro familiar rompe entre la multitud. No he visto a Whitney desde que se
graduó en bachiller. En verdad, no sabía que iba a esta universidad. No es que
tuviera motivos para seguir su paradero; nos odiamos.
Delgada, tonificada y bronceada, con el cabello largo y rubio colgando
como una cortina por la mitad de su espalda; siempre me recordó a una Barbie.
Un desafortunado estereotipo, sin embargo ahí lo tienes. Viene en línea recta
hacia Drew.
No teniendo otra opción más que caminar en su camino, Drew se detiene.
Los grandes ojos azules de Whitney parpadean hacia él. ―Drew Baylor.
Pensé que eras tú.
―Tenías razón ―dice Drew.
Ella me ignora por completo. No es sorprendente. Fue una perra conmigo
96

durante años. Sonriendo ampliamente, le ofrece una mano a Drew. ―Whitney


Summers. Conozco a tu amigo Thompson ―su sonrisa crece―. Y a Rolondo
Página

―Ahora da una risita―. Y a Simms.


Jesús. ¿Le está dando a entender lo que creo que es? Drew y yo
intercambiamos una mirada y está claro que él se está preguntando lo mismo. La
boca de él se tuerce. ―Um. Bueno. Un placer conocerte.
Mueve su peso sobre las puntas de sus pies, como si tuviera la intención
de caminar alrededor de ella, cuando se inclina más sobre él. ―Sólo pensé en
presentarme ―dice―. Ya sabes. Decir hola.
―Bueno. Hola.
Whitney sacude con una mano una gran cantidad de cabello sobre su
hombro y sigue sonriéndole. ―Tal vez podamos ir por una taza de café en algún
momento.
Genial. Perfecto. Tengo la oportunidad de ser testigo de las proposiciones
a Drew en vivo y en directo. No me atrevo a mirarlo. No quiero ver su expresión.
Simplemente no puedo reaccionar. No cuando Whitney me trata como si no
estuviera aquí.
Mirándola, siento la misma rabia impotente como cuando estaba en la
escuela. ¿Cómo alguien así, alguien mezquina, poco profunda y aburrida podía
tener al cuerpo estudiantil en su mano? ¿Qué es lo que me faltaba a mí para haber
sido rechazada? Nunca había sido fea.
De verdad que no entiendo al mundo en la forma en que funciona. El
abuelo Joe solía decirme que la mezquindad no vale la pena. Pero estoy segura
que todo lo que compone ese dicho no clasificaba en bachiller.
De pie junto a Drew, aprieto los dientes y lucho contra el impulso de huir.
O romper mi puño en la nariz de perro de Whitney. Tal vez se da cuenta de mi
molestia porque me toca la parte baja de la espalda. Siento como una marca de
calor a lo largo de la espalda. ―Si nos disculpas ―le dice a Whintney―. Tenemos
que ir alguna parte.
Su sonrisa se desinfla. Me mira a los ojos y una mirada calculadora aparece
torciendo su cara. ―Te conozco ―su cabeza se inclina mientras me mira―. Creo
que sí.
Oh, demasiado genial. ―Lo haces. Fuimos a las secundaria juntas, pero
como sea.
―Ah, Anna, ¿verdad? ―Se ríe un poco, como si estuviera avergonzada
por su metida de pata, pero no me engaña.
Y está mirando a Drew, no a mí. ―Algunas personas sí que son
memorables en comparación de otras.
97

Me tenso, lista para atacarla. Pero Drew detiene mi respuesta poniendo un


brazo sobre mi hombro. El abrazo es propiamente y claramente una marca que
Página

nos une.
―Bueno, no creo que ahora te olvides ―dice, su tono no es del todo
agradable.
No es que Whitney detecte su sarcasmo. No, ella resplandece.
Y aunque sé que Drew tiene buenas intenciones, no me gusta que sea
testigo de esto. Que me defienda.
La forma en que las personas reaccionan ante nosotros es como el polo
norte y el polo sur.
Con el corazón herido, estoy rígida en su abrazo y miro abajo hacia
Whitney. ―Teniendo en cuenta que me decías Anna Banana la retrasada desde
el tercer grado ―añado fríamente―, o eres muy estúpida o una mentirosa.
Su boca cae abierta mientras un rubor estalla en su cara. No había esperado
mi honestidad.
Drew le da un apretón a mi mano, mientras me mira. ―¿Estábamos yendo
a alguna parte?
―Sí.
Me guía rodeando a Whitney, ninguno de los dos se despide de ella. Un
susurro de “perra” nos sigue mientras nos alejamos y Drew se inclina cerca, su
aliento rozando mi oído. ―Del tipo que el sartén le dice a la olla, ¿no?
Una reacia sonrisa tira de mis labios, mientras me aparto de su agarre.
―Nunca la vas a convencer de eso.
―Siento que fuera grosera contigo. ―Frunce el ceño, la preocupación
oscurece sus ojos. Odio eso.
Me encojo de hombros. ―Probablemente estaba nerviosa por tu gran
presencia.
Su ceño crece. ―¿Excusándola, Jones? No se lo merece.
No, ella no lo merece, pero la alternativa de contarle que ella y todos los
demás que conocí la mayor parte de mi vida se comportaron de esa manera
constantemente es impensable.
―Whitney era una animadora de mi secundaria. Ella es la tuerca para
todas las cosas del futbol. ―No tengo duda que hubiera tenido sus garras en
Drew si hubiera ido a nuestra escuela.
Drew me da una mirada, como si supiera lo que estoy pensando. Por otra
parte odio que me pueda leer tan fácilmente.
―¿Supongo que no te gustan las porristas? ―pregunta.
98

Evitamos a un grupo de chicas, todas ellas con los ojos puestos en Drew.
Página

Tranquilas risitas se escuchan mientras pasamos.


―Oh, no lo sé ―digo―. El año pasado en mi grupo de estudio, había una
chica que estaba en el equipo de aquí. Laney. Ella era agradable. Trabajó su culo
para tener éxito en el deporte y la admiraba por ello.
―Conozco a Laney. ―Por la mirada feliz en sus ojos, me pregunto qué
tanto, pero antes de expresar ese pensamiento poco caritativo, añade―: está
saliendo con mi amigo Marshall.
Ah.
Drew abre la puerta a la escalera para mí.
―Pero entonces están las porristas como Whitney ―continúo―, que
parece haber estudiado el manual para perras estereotipadas de todas partes
―Me encojo de hombros, liberando un mechón de cabello que estaba atrapado
debajo de la correa del bolso―. ¿Por qué sentirán que deben actuar todas iguales?
Nunca lo sabré.
Los ojos de Drew están nublados con arrugas en las esquinas de un humor
cansado.
―Te sorprenderías lo fácil que es jugar ese papel. ―Hace una pausa, con
una mano en la barandilla―. O tal vez no. No con lo inconformista que eres.
Los elogios no se llevan bien conmigo. Especialmente no los de Drew.
Hago una cara y me obligo a bajar la voz. ―Bah. La inconformidad también es
un papel.
―Tal vez, pero… ―Drew da una rápida sonrisa, genuina, pero tensa con
dolor― pero cualquier persona debería ser inconformista.
―¿Me estás lanzando a Emerson?7 ―Niego con la cabeza mientras nos
abrimos paso por las escaleras―. Ahora sólo estás presumiendo.
―¿Qué puedo decir? Mi mamá era profesora de inglés. Emerson era su
favorito. Y otros chicos de Goodnight Moon antes de dormir. Me quede con eso y
unas frases de Emerson.
―Siendo un machista más del montón.
―¿Qué? ―Sus cejas se levantan con indignación―. No hay nada machista
en esa cita ―reprimo una sonrisa. Es demasiado fácil. Y si las burlas lo distraen
de su dolor, mejor.
―Bien. Como sea. “él quería ser el hombre”. ―Hago unas comillas con los
dedos para dar énfasis―. ¿Por qué no humano?
99
Página

7 Ralph Waldo Emerson fue un escritor filósofo y poeta estadounidense. Líder del movimiento
trascendentalismo a principios del S. XIX
Desafortunadamente, Drew es demasiado rápido. Su creciente ceño de
repente se rompe en una sonrisa de complicidad. ―Hombre es de carácter
genérico y lo sabes.
―También es sexista ―replico, teniendo demasiada diversión.
―Dudo que lo consideraran como tal en 1841, Jones.
Estoy a punto de tomarle el pelo pero luego le doy un buen vistazo a Drew.
Se está poniendo más pálido, un ligero sudor brota de su frente. Una punzada
me duele en el pecho.
―Vamos ―Lo agarro por el codo y lo guío por el pasillo―. Vamos a que
te sientes, antes de que te caigas de cara.

Subiendo las escaleras nos dirigimos a la estación de radio del campus. Es


una gran zona acristalada, tripulada por Floyd Hopkins la mayoría de las tardes.
Ahora él está allí, tomando un descanso por el aspecto del bocadillo y el refresco
que tiene sobre la mesa fuera de la cabina del DJ.
Me ve venir y sonríe ampliamente. Alto, delgado, con una tupida cabellera
de rizos rubios oscuros y una desalineada barba de chivo, es un moderno Shaggy.
Pero no se puede negar su carisma. Siempre ha habido algo encantador acerca de
la forma en que se comporta. Una confianza perezosa.
En segundo año, Floyd fue el tipo que me introdujo en la mariguana.
Fumamos y tuvimos sexo. Fue por accidente. Pero nos quedamos como amigos.
Bueno, “amigos” era más tecnicismo. Era más como conocidos carnalmente. No
es que eso le impidiera abrazarme por demasiado tiempo. O tal vez lo esté
haciendo porque Drew está de pie a mi lado; los ojos de Floyd permanecieron en
él durante mucho tiempo también.
―Anna Jones, ¿cómo estás?
Me libero de Floyd. Esto era una mala idea. Una de muchas. ―Bien.
―Seh…. ―Floyd mira entre Drew y yo como esperando una explicación.
Drew parece estar listo para irse.
―Mira ―digo―, puedo usar el cuarto de atrás… ―El horror se escapa de
mi voz. La sonrisa de Floyd es espeluznante y las cejas de Drew se levantan
golpeándome. Santa mierda. Realmente soy una idiota, porque nunca se me
ocurrió como sonaría mi petición.
100

―Saca tu cabeza fuera de eso ―espeto, enrojecida y con ganas de morir.


Página
Afortunadamente Floyd se ríe. ―Sólo estoy jugando contigo, Anna. Sé que
serías la última chica que pediría mi sofá prestado para tener sexo. ―Mira a
Drew―. Incluso con Baylor aquí. Es demasiado discreta, ¿ya sabes?
Drew simplemente lo mira y Floyd se desinfla como un globo. En cuanto
a mí, quiero golpear algo. Floyd pasa un dedo por su barbilla peluda. ―Bien. Ve
y toma siete minutos.
―Realmente necesitamos más como una hora… ―De nuevo mi voz
muere en un gorgoteo.
La sonrisa de Floyd estalla con toda su fuerza. A mi lado, Drew hace un
sonido de asfixia como si se estuviera ahogándose.
―Dios, sólo… ―Agarro a Drew pasando a Floyd y entrando como una
tormenta al cuarto, cerrando la puerta de la diversión de Floyd.
Pero no de Drew. Se echa a reír mientras se agarra la cabeza. ―Ay, mierda
―se ríe de nuevo―. Dios, debiste ver su cara.
―Divertido. ―Enciendo la lámpara de lava. Sí, el cuarto tiene una, lo cual
me pareció cursi cuando vine, pero ahora sirve para el propósito.
―Quiero decir, eso no fue muy sutil, Jones. ―Sus ojos están nublados y
parpadean. Bastardo, incluso se ve bien con dolor.
―Vas a lamentar haberte burlado de mí. ―Apago la luz del techo y nos
sumergimos en un mundo oscuro de sombras en movimientos azules―. Y si de
nuevo haces una broma más sobre sexo…
―¿Te vas a poner muy enojada? —pregunta Drew mientras se deja caer
en el sillón. Un suspiro lo abandona mientras inclina la cabeza contra el respaldo
acolchonado. Tiene dolor, pero parece contento―. Gracias por encontrar un
lugar para acostarse ―dice―. Necesitaba esto.
Con cuidado me siento a su lado. ―Estoy feliz que no se diera cuenta del
aceite.
Drew se echa a reír de nuevo, pero termina con un gemido. ―Anna.
La emoción que viene por la forma en que dice mi nombre me priva de mi
voz. Mi agarre es inestable cuando destapo el aceite y froto un poco entre mis
palmas. ―Dame la mano.
Las cejas de Drew suben pero lo hace. Usualmente sus manos están
calientes, pero ahora su piel está fría y húmeda.
―Mucha gente piensa que un masaje en el cuello es lo mejor para un dolor
101

de cabeza ―digo, sosteniendo su mano entre las mías por un momento para que
se caliente―. Ya que tenemos una enorme cantidad de tensión en nuestras
Página

manos. Tienen puntos de presión que se enlazan directamente con el dolor de


cabeza.
Su gran mano es casi demasiado para manejar. Primero me concentro en
su gran palma, amasando mis nudillos en el centro de la misma. Y Drew gime,
dejando caer la cabeza a un lado. Sus largos dedos ligeramente se curvan,
envolviendo mi mano más pequeña.
―Mi madre me hacía esto cuando tenía migrañas ―digo―. Presionar los
puntos de tensión es la manera más rápida para aliviar el dolor.
―Eres una Diosa ―dice con otro gemido―. Una diosa que sabe frotar las
manos.
―Adulador.
Su antebrazo es esculpido bajo mis dedos, su piel es suave y rápidamente
caliente.
―Sólo para ti, nena.
Entonces nos quedamos tranquilos.
―Entonces, ¿Floyd? ―dice de la nada.
Mis manos siguen por un segundo. ―¿Se supone que debo responder a
eso?
Inclina la cabeza, mirándome. ―¿Novio viejo?
Tiro uno de sus lagos dedos, apretándolo al final. ―En realidad no.
―¿Acabas de salir de una cadena de ligues?
Aunque el lugar es oscuro, claramente ve demasiado bien. Me detengo y
lo miro a los ojos. ―Como si tú pudieras hablar
Sus dedos se enroscan en los míos un segundo antes que los aleje, y él los
sujeta más firmemente. ―Estoy celoso. ―La luz de la lámpara le pone la cara
azul ondulante. Las líneas se profundizan alrededor de sus ojos―. ¿Bien? Yo…
―Sus pestañas bajan―. No me gusta verte con un tipo que te conoce de esa
manera.
―¿Sabes cuantas chicas he visto colgando en tu vida? ―Me late el corazón
demasiado rápido―. ¿Cuántos culos has bofeteado fuera de nuestra clase?
Frunce el ceño. ―Soy un atleta. Nosotros bofeteamos culos por afecto. Y
sólo porque soy amable con esas chicas no significa que tendré sexo con ellas,
sabes.
Hago un sonido poco favorecedor de incredulidad y él le da un pequeño
tirón a mi mano. ―Bien, no me creas. La pregunta es, ¿te molesta ver eso?
102

Atrapada. Por mi propia gran boca. Juego con la punta de su dedo,


corriendo mi yema a lo largo de su uña recortada. ―No me gusta ahora.
Página
No dice nada. No por un insoportable largo minuto. Pero siento su mirada
como una manta caliente. Entonces su pulgar me acaricia los nudillos. ―Bien
entonces ―dice bruscamente y de una forma poco natural―, entonces lo puedes
entender.
Una punzada muy parecida a culpa se dispara a través de mí. ―No es más
que un ligue al azar.
Drew espera un momento antes de contestar con voz baja. ―Yo también.
―La nota acusatoria no se pierde.
Y trago saliva fuertemente. ―Sí, pero eres un ligue que no parece tener fin.
Resopla, pero su agarre se aprieta un segundo. Tranquilizo esto
pellizcando la almohadilla entre su pulgar y el dedo índice donde se esconde un
mundo de tensión. Gruñe y se desliza más abajo en el sofá, cerrando los ojos.
―Eso es bueno.
―Lo sé. Tus manos están muy tensas.
―Divertido ―murmura Drew―, eso es lo que el entrenador Johnson, mi
coordinador ofensivo dice. Siempre está detrás de mí para estirarlas más.
Las líneas de su cara todavía están cansadas y tensas, pero hay una sonrisa
flotando alrededor de su boca. Pongo su mano suavemente en su muslo y agarro
la otra.
―¿De verdad lo amas, no? ―pregunto.
Su mano se remueve un poco en la mía antes abrir los ojos. ―¿El fútbol?
Claro que sí. No lo haría si no lo hiciera.
―No lo sé ―me encojo de hombros―, algunas personas lo hacen. Para
complacer a sus padres, para encajar, por atención. Hay un montón de razones.
―Si bueno, no llegarán muy lejos si no lo aman. De lo contrario la presión
te va a derribar.
―A ti te afecta ―pregunto muy bajo―. ¿La presión?
Es tan silencioso que sé que no quiere contestar. Aunque su reticencia no
me debe doler, lo hace.
―No tienes que…
―A veces lo hace ―dice en voz baja―. A veces… ―Toma una respiración
profunda―. Me despierto al borde de un grito. Es como si todo estuviera a punto
de explotar cuando bajo la guardia para dormir.
103

No sé qué decir, así que simplemente presiono mi pulgar profundamente


en su palma y lo froto en un pequeño círculo. La tensión en su mano se alivia, al
Página

igual que su voz. ―Pero tienes que aceptar que eso es parte de la vida. Móntalo
y entonces déjalo ir.
―Cada año, antes del inicio de la temporada, mi padre me preguntaba,
¿todavía quieres esto? ―Drew se gira hacia mí―. Porque sabía lo difícil que se
haría si no lo quería. Me advirtió que me llegaría y que tendría que encontrar una
manera de lidiar con esto.
―¿Tu padre jugaba? ―Muero de la curiosidad por sus padres.
Parpadea, con un lento barrido de sus pestañas. Tal vez es el ibuprofeno y
el masaje. O tal vez le hice daño con la pregunta. Espero que sea lo primero. Sigo
frotándole la mano, acariciando su muñeca y luego un largo jalón a su antebrazo.
―No fútbol ―contesta Drew, mirándome los dedos―. Él jugaba béisbol.
Un lanzador. Fue reclutado por la MLB directamente de la universidad. Un
desgarro en el rotador durante su última temporada le impidió convertirse en
profesional ―sonríe―. Papá era mi entrenador de liga.
―Y sin embargo, elegiste el fútbol. ¿Qué? ¿No eres bueno en el béisbol?
Sus labios se enroscan mientras sus ojos revolotean cerrándose. ―Pateaba
culos en el béisbol, Jones. Pude haber jugado eso en su lugar. Pero el fútbol
siempre lo fue todo.
―Si eres bueno en los dos, ¿cómo lo sabes?
Los largos dedos de Drew envuelven a los míos, sosteniéndome en un
puño cálido. No abre los ojos mientras me habla. ―Algunas cosas son así.
Simplemente lo sabes.
Me aclaro la garganta. ―Te envidio. Nunca he estado segura de nada.
―Aparte de querer a Drew desde el momento en que puse los ojos en él. Pero no
diré eso. En cambio, quito mi mano de la suya y él la deja ir como si supiera que
necesito liberarme.
―No seas demasiada envidiosa ―dice con ironía―. Saber lo que quieres,
y tener, son dos cosas muy diferentes ―Sus ojos se cierran en los míos con un
golpe que siento profundamente en mi estómago―. Prefiero tener lo que quiero
a simplemente saber.
Aparto la mirada primero y luego me muevo al final del sofá y me siento
con las piernas cruzadas. ―Acuéstate.
Me mira de reojo con el ceño ligeramente fruncido, como si en realidad no
quisiera moverse. ―¿Algo más?
Agarrando mi abrigo, lo monto en mi regazo y le doy una palmadita. ―La
cabeza aquí.
104

Las cejas de Drew suben y su expresión es una mezcla entre confusión y


cansancio, me río. ―¿Qué piensas que te voy hacer?
Página

―No lo sé ―dice, mientras se va acostando―. Pero espero que sea lo


mejor.
―¿Dónde está la confianza? ―digo con un suspiro dramático.
Pone la cabeza entre mis piernas cruzadas. ―Te acabo de contar algo que
nadie más sabe de mi vida, Jones. No creo que la confianza pueda ser más clara.
Me inclino sobre él, nuestras caras están al revés. Me ha humillado. Mis
palmas se asientan sobre sus hombros, presionando suavemente para no
alarmarlo y mis dedos encuentran el cordón de cuero que lleva en el cuello. Lo
recorro, mirando el picor de la piel a medida que avanzo. Cuando llego al
pendiente, paso mi pulgar sobre la madera pulida.
Me está mirando, su mirada vigila vulnerablemente. Pero cuando habla,
es como si su ser se abriera. ―Es un trozo de madera de la puerta principal de la
casa de mis padres. ―Sus pestañas barren abajo, ocultando su dolor―. Imaginé
que de esa manera siempre llevaría un pedazo de mi antiguo hogar conmigo.
Mierda. Él está tallando lentamente su nombre en mi corazón. Y duele.
Quiero inclinarme sobre él y protegerlo. Sin embargo sus mejillas están
sonrosadas y su cuello se pone más rígido por segundos, como si estuviera
arrepentido de su confesión.
Apoyo la palma sobre el colgante, sosteniendo la madera contra la dura
pared de su pecho. Cuando puedo hablar sin emoción, digo. ―Ahora le daré un
masaje a tu cara.
―¿Mi cara? ―repite, como si me hubiera ofrecido a meterle el dedo en la
nariz.
Ahogo una risa. ―Tenemos aún más tensión en nuestra cara que en
nuestras manos. ―Teniendo mis manos sobre él, froto la parte superior de sus
hombros antes de hacer lo mismo con su cuello. Le gusta y se hunde más en el
sofá.
Sus ojos revolotean como si quisiera cerrarlos. Mis manos se hunden hasta
la mandíbula y luego se asientan en su frente. ―Está bien. Cierra los ojos.
Cuando lo hace, simplemente le paso los dedos por la cara, tocando la
fuerte estructura ósea, limpia. Extrañamente siempre he atribuido que el
atractivo de Drew viene de su interior, la forma en que es y cómo todas sus
emociones brillan a través de él. Pero, Dios, él en realidad está hermosamente
hecho.
Mientras mi cara es toda curvas, la suya es como un diamante, formada
por ángulos dramáticos y líneas cortadas. Su nariz es alta y recta, amplia un poco
en el medio, sólo dándole más carácter.
105

Sus pómulos provienen hacia abajo, hacia esa boca gloriosamente móvil
que siempre está dispuesta a sonreír. Ahora relajado, es como si estuviera
Página

haciendo un mohín. Su mandíbula se define y está en perfecta simetría con sus


mejillas.
Con constante presión firme, mis dedos se montan sobre las crestas de las
cejas, barriendo la tensión. En una lenta luz ondulante la lámpara de lava arroja
azules y grises profundos sobre su piel.
―Sigue hablándome ―susurra.
Hago una pausa. ―¿No le molesta a tu cabeza el ruido de mi voz?
Sus gruesas pestañas proyectan una sombra en la parte superior de sus
mejillas. ―Tu voz no es ruido. Es una canción que quiero oír una y otra vez.
Oh. Mi. Dios.
Tomando una respiración profunda, pellizco la parte inferior de sus cejas,
moviéndome hacia el interior. Drew gime bajo.
―¿Es tu segundo nombre Andrew? ―No es la más brillante conversación,
pero tengo curiosidad.
La curva de sus labios se levanta un poco. ―Nop. Sólo soy Drew ―habla
bajo, más como un murmullo―. A mamá no le gustaban los apodos. Pensó que
me llamarían como se les diera la gana. Así que sólo soy Drew Baylor. Sin
segundo nombre.
―Creo que amo a tu mamá por eso ―digo en voz baja.
Sus ojos se abren y me miran detenidamente. El dolor aún es persistente
en ellos, pero también hay un calor que me hace sonrojar. ―Ella también te
hubiera amado.
No, no lo hubiera hecho. ¿A qué madre le gustaría que una chica usara a
su precioso hijo para tener sexo? A ninguna. Bloqueo su cara de la vista y paso
mis pulgares hacia los lados de su nariz y por sus mejillas, excavando
profundamente.
―Cristo ―exhala―, eso es bueno.
―Lo sé. ―Sonrío un poco.
―¿Y tú? ―pregunta―. ¿Tienes un segundo nombre?
―Marie. ―Le doy un golpecito a su mandíbula. Trabajando la tensión allí.
―Anna Marie ―entona―. Me gusta eso.
Se queda en silencio y suavemente tarareo, en realidad no con una canción,
sino con una cadencia que llena el silencio, el suspira su cuerpo relajándose aún
más bajo mi tacto.
―¿Cuándo es tu cumpleaños, Anna Marie?
106

―Vas hacer eso de llamarme por mi segundo nombre.


Página

Su sonrisa es inestable, como si estuviera debilitada por el dolor. ―Sólo


tienes que responder la pregunta.
―¿Por qué? ―Deslizo las manos bajo su cuello, buscando su cráneo. Sus
músculos están densos ahí―. ¿Me vas a dar un regalo?
―Si lo pones de esa manera… oh, Dios, que es ese lugar. ―Sus cejas se
curvan en una mueca de dolor―. Dios, hazlo de nuevo, Jones.
El calor invade mi piel, pero lo hago. Él se estremece, su largo cuerpo
liberando el dolor.
―Si lo pones de esa manera ―dice volviendo al tema de los regalos―,
creo que tengo que hacerlo, ¿no piensas eso?
―Deja de tensarte ―me quejo, pasando mis dedos a lo largo de la parte
posterior de su cráneo antes de responderle.
―Me comprometes, Baylor. ¿Cuándo es tu cumpleaños entonces?
Drew deja escapar un suspiro y gime mientras encuentro los puntos de
tensión que le aquejan. Ahora está relajado, reposando pesadamente en el sofá.
He tenido mis manos por todo su cuerpo, y sin embargo quitar su dolor es una
satisfacción que nunca esperé.
Su voz es soñolienta. ―19 de noviembre.
Hago una pausa. ―No lo es.
Abre un ojo. ―¿Por qué iba a mentir? ―Abre los dos ojos―. ¿Cuándo es
el tuyo?
Muerdo mi labio. ―20 de noviembre.
Drew sonríe, su expresión entera se aligera. ―Somos colegas de
cumpleaños. ―Su sonrisa se vuelve engreída―. Soy mayor que tú.
Una pequeña sonrisa se me escapa. ―Puedes tener esa victoria. No
conozco a ninguna chica que quiera ser mayor que su… ―Mi voz muere.
Pero es demasiado tarde, porque es obvio lo que iba a decir. Su novio.
Satisfacción rueda en su cara, pero hay algo más. Algo que tiene a mi
corazón acelerándose en mi pecho y me pone la boca seca. Un reconocimiento.
Como si hubiera estado esperando eso.
Sus pestañas son largas y gruesas, enmarcando sus ojos castaños. Por
debajo de mis dedos, su garganta de levanta. ―Anna.
Mi pecho se aprieta al punto de dolor. Mi mamá siempre me acusó de tener
un exceso de orgullo. La gente piensa que el orgullo es algo que deberías ser
capaz de controlar, que es algo pecaminoso, que es mejor usarlo en pequeñas
107

dosis. Y tienen razón. Pero la mayor parte de mi vida, el orgullo ha sido el único
que ha mantenido mi cabeza en alto. Ahora me está impidiendo tener a Drew. Lo
Página

sé. Infierno, siento esas duras manos sobre mí, sosteniendo con una presión que
habla de desesperación. Sé esto y sin embargo no puedo liberarme. No estoy
lista.
De nuevo regreso a la bodega familiar. Allí es seguro. Y en lugar de
reconocer esta creciente cosa entre nosotros, mis manos se mueven hasta las
mejillas de Drew.
―Duerme ―digo, pasando mi pulgar por su labio inferior―. Lo necesitas.
―Duérmete ―insisto mientras mi garganta no se cierre por ella misma―.
Te voy a despertar.
Se resiste por un momento, mirándome con esos ojos que revelan
demasiado. Pero después hace lo que pido, poniéndose en mi cuidado. Paso los
dedos por su cabello sedoso y lo miro por encima mientras duerme.

108
Página
Traducido por Kari
Corregido por Michelle M

Anna
Es cada vez peor, esta adicción. Necesito a Drew con mayor frecuencia y
con más urgencia. Al menos hay reglas. Reglas para mantenerme bajo control,
segura. Reglas que son de alguna manera acordadas y entendidas sin tener que
decir una palabra. Siempre nos reunimos en mi casa, no tan tarde como para
justificar una fiesta de pijamas, nunca se queda más de una hora, o tres si estamos
especialmente… necesitados. Y todavía no hay besos en la boca, aunque estoy
empezando a ver más y más sombras de descontento en Drew con respecto a esta
regla. Pero todavía no lo ha dicho. Y hago un trabajo admirable diciéndome que
es lo mejor. Tengo que protegerme. Porque nunca voy a estar rezagada de nuevo.
Ahora estamos desnudos y en mi cama, mi sábana favorita de lana cubre
nuestros cuerpos. Tracé la línea metiéndome bajo las sábanas con él. Eso es
demasiado personal, demasiado parecido a hacer el amor versus ligar. No es que
meterse bajo las sábanas sea un problema cuando, desde el instante en que
cerramos la puerta de mi habitación, no pensamos en otra cosa que estar piel con
piel.
Aún más preocupante es que ahora que hemos terminado, no está
yéndose. Tampoco lo estoy apresurando a irse. El sudor le da a su piel dorada
una fina capa, y está jadeando ligeramente como si estuviera corriendo millas.
La luz se desvanece fuera, los rayos del sol poniente entrando a hurtadillas
a través de mis persianas y derramándose en mi habitación hasta que se pintaron
en rayas brillantes de color naranja intenso.
Una de sus manos descansa ligeramente sobre la pared ondulada de su
abdomen. Me concentro en como yacía, de medio lado, con una mano atrapada
bajo su hombro, la otra mano todavía agarrando el poste de la cama. Me había
aferrado con tanta fuerza a ese poste cuando él me folló que me pregunto si
109

tendrá que ayudarme a liberar mis dedos de la madera.


Un delicioso y pequeño escalofrío me recorre. Las cosas que me hace. La
Página

meticulosidad como toma su placer y me da el mío. Mis pezones se tensan.


Afortunadamente, Drew no lo ha notado. Él está de espaldas tomando largos
tragos de agua de la botella que está en la mesa de noche. Y ahí es cuando lo veo.
La habitación está ensombrecida pero no lo suficiente para ocultar algunas cosas.
—Tienes un tatuaje. —Hay una cualidad cantarina en mi observación que
no puedo y no quiero ocultar. Porque estoy sonriendo. Una sonrisa maligna.
Y él se da la vuelta para mirarme correctamente. —Sí.
—Es un hacha de batalla —agrego con alegría. Una linda pequeña hacha
de batalla estilo dibujos animados como del tamaño de mi pulgar en la cima de
su nalga izquierda. Como algo que Papá Pitufo podría manejar. ¿Cómo no he
visto esto antes? Claro, porque normalmente el habría subido sus pantalones y
se dirigiría hacia la puerta ahora.
Las mejillas de corte alto de Drew se vuelven rosa. —Jodido Cancún. Las
vacaciones de primavera, mi segundo año, me puse tan borracho una noche.
Recuerdo vagamente una sensación de ardor en la mejilla de mi trasero mientras
mis compañeros corearon ‘Batalla, Batalla’. Eso es todo. Me desperté desnudo en
una cama llena de… —El rubor vuelve con fuerza, y se pasa la mano por el pelo,
lo que hace que se destaque de punta en el lado derecho. De manera adorable.
Así es como se ve avergonzado—. Lleno de chicas y chicos.
Me río, una risa de bruja loca, crepitante, que se ganó un golpe de una
almohada en mi cara.
—No es divertido —insiste, aunque hay una pizca de humor en su voz—.
Yo estaba en una orgía y no me acuerdo de nada. Imagina los horrores. —Finge
un estremecimiento.
Esto sólo me hace reír más duro.
—Con la madre de todas las resacas —añade Drew amargamente, aunque
ahora está definitivamente sonriendo—. Y este maldito tatuaje. —Él estira el
cuello para mirar hacia abajo, a su culo—, estúpida hacha de guerra.
—Culo de Batalla Baylor8. —Me estoy muriendo ahora. Y doy un pequeño
chillido cuando él se lanza por mí. Hay un poco de pelea, que involucra
principalmente a Drew metiendo otra almohada en mi cara mientras yo aúllo de
risa. Pero luego termina con él medio encima de mí, su grueso muslo empujado
entre los míos y su pecho presionado contra mi torso. Todavía nos estamos riendo
un poco, sin embargo, y él me sonríe.
—Juré no volver a beber en exceso en ese mismo momento y fui a que me
chequearan por cada enfermedad conocida por el hombre al segundo que volví
a casa. —Su sonrisa se atenúa un poco, y su mirada busca la mía—. Estoy limpio,
110

ya sabes. Me hago controles periódicos. —La gravedad de su tono y la forma en


Página

8 En inglés Battle Butt Baylor.


que dice esto me hace creer que está repentinamente preocupado que voy a
detenerlo de jugar más adelante debido a su pasado con altibajos.
—Lo estoy también —le digo—. El día que cumplí dieciséis años, mi mamá
me puso con la píldora y me inició en una revisión bianual de enfermedades de
transmisión sexual.
Las cejas de Drew suben. —Eso es un poco…
—¿Paranoico? —le sugiero. Dios sabe que no necesitaba tomar la píldora
en ese entonces.
Un escalofrío de sensación viaja a lo largo de mi cuero cabelludo, y me doy
cuenta de que él está jugando con un mechón de mi cabello, rizándolo alrededor
de su dedo. Su voz es baja entre nosotros. —Yo estaba pensando más como
‘desconfiada’.
No quiero explicar lo equivocado que está, porque entonces tendría que
decirle que ni un solo chico miró en mi dirección en toda la escuela secundaria.
En cambio, levanto un hombro. —Mi mamá es ginecóloga. Para ella, es una señal
de amor. Ya sabes, como el hijo de un dentista que se vería obligado a cepillarse
y usar hilo dental tres veces al día antes de que ella lo haga dos.
Drew sonríe, pero luego su expresión se queda en blanco e intensa. Lo
siento en mi corazón, como si lo alcanzara a través de las costillas y le diera un
apretón. Él me mira como si yo le gustara demasiado. Como si a él le gustara esta
intimidad.
—Déjame verlo otra vez —le digo. Porque tengo que salir de debajo de él.
Y porque realmente quiero mirar su pequeña marca de la vergüenza de nuevo.
—No —susurra con una pequeña sonrisa. Apoya la punta de su nariz casi
tocando la mía. Puedo ver las pestañas individuales rizadas gruesas y oscuras
alrededor de los ojos. Sus iris son ámbares pulidos y bajan con diversión.
—Sí —le digo, sin aliento.
—No. —Sus labios rozan mi mandíbula, mi barbilla. Está demasiado cerca
de mi boca. Demasiado cerca de mí.
—Sí. —Empujo un pulgar entre sus costillas, y grita.
—Jones —advierte, deslizándose lejos cuando lo hago de nuevo.
—Baylor —entono yo—. Déjame ver.
—Tranquila con los pulgares del mal, mujer.
—Entonces déjame ver.
111

—Está bien, está bien. Las cosas que hago por ti —resopla, mientras se da
Página

la vuelta con un murmullo.


Oh, Dios, su cuerpo es una obra de arte. Largo, delgado y musculoso.
Perfecto en proporción. Su espalda es estrecha y recta, el valle de la espina dorsal
profunda entre losas de músculo tenso. El valle se sumerge, entonces se levanta
hasta los globos redondeados de su magnífico culo. Un culo tan fuerte que sus
nalgas dejan marcan en los laterales. Sus largas piernas se cubren en una llanura
de vello castaño claro y están tan esculpidos como el resto de él, con muslos
gruesos y pantorrillas bien definidas.
Quiero lamerlo desde el cuello hasta el talón. Y tomar mi tiempo en ello
en el medio. Pero él me está esperando.
Su culo se retuerce como si estuviera sintiendo mi mirada. La barbilla
apoyada en sus brazos doblados, gira la cabeza para darme una mirada de
soslayo. —¿Bien?
—Sólo disfrutando de la vista —digo con una mueca que lo hace resoplar.
—Espera tu turno, Jones. No lo olvides… No la luz. ¡Ahh! —Entrecierra
los ojos cuando enciendo la luz de la mesilla—. ¿Estás tratando de dejarme ciego?
—La habitación estaba demasiado oscura, y quiero ver este engaño
correctamente. —Mi aliento se detiene—. Jesús, Drew, tu costado.
—¿Hmmm? —Él levanta una ceja y luego echa un vistazo por encima del
hombro—. Oh, está bien.
‘¿Bien?’ No puedo retenerme de inclinarme hacia abajo y pasar una mano
a lo largo de su lado inferior. Está cubierto de hematomas. Grandes y feas
contusiones, como manchas de bayas sobre su piel dorada. Mora, arándano,
frambuesa. Son una muda de piel horizontal de dolor. Y yo había estado
agarrándolo de allí. Jesús.
—Tuve un partido de ayer —me recuerda. Como si no fuera nada que su
cuerpo fuera golpeado.
—¿Es siempre así? —Me acurruco a su lado, mi mano corriendo
lentamente sobre la suave piel de su espalda y a lo largo de su flanco. Él es más
pálido aquí, y en la parte superior de sus muslos, donde sus pantalones cortos
han bloqueado el sol. Se estremece un poco, su piel picando.
—Algunos juegos son más difíciles que otros. Este fue una perra.
Me duele la garganta. Hay un moretón negro justo encima de su hueso de
la cadera. Lo toco con la punta de mi dedo, y él se estremece de nuevo.
Al instante, me echo atrás. —¿Te duele? —Por supuesto que sí. ¿Cómo no
lo haría?
112

Pero Drew se gira para mirarme, sus caderas levantándose un poco y


revelando la sombra de su pene contra la cama. La extensión de mi angustia es
Página

grande, porque ni siquiera me siento distraída. Mi palma se detiene en el cálido


ascenso de su trasero cuando él me mira. —Si digo que sí —pregunta—, ¿vas a
besarlo y hacerlo mejor?
Él me está tomando el pelo, pero hay calor en sus ojos. Él no lo sabe, pero
besar su carne maltratada es algo que me duele hacer. Me inclino hacia delante.
Y su respiración se acelera. Casi se ve vulnerable, la forma en que su cuerpo se
tensa y sus ojos siguen mi movimiento.
A pulgadas de él, floto, esperando, mi corazón late con fuerza cuando miro
hacia arriba.
—Sí —susurra.
Mis labios tocan su piel y su aliento se detiene.
—Sí —dice de nuevo, más urgente.
Otro beso, suave, dulce. Mis labios trazan su dolor con cada sí, sí, sí, mi
pelo deslizándose sobre su piel como un río de color rojo sangre.
Todo se convierte en calor lánguido. Las sábanas se mueven ligeramente
mientras se vuelve sobre su espalda y me arrastran sobre él, mis labios
recorriendo los moretones en flor sobre el vientre duro como una piedra. Trazo
las ranuras entre sus músculos con mi lengua, y él hace ruiditos de satisfacción.
Y yo también. Dios, es hermoso, su piel tensa, su cuerpo tan perfeccionado parece
que ha sido moldeado en bronce.
El calor de seda de su pene, ahora duro y erecto, roza mi mejilla, y me
detengo. Él me está mirando a través de sus párpados entrecerrados, su aliento
ligero y rápido. Miro hacia él cuando mis labios rozan la tierna cabeza, y grazna
un débil “Sí”.
Sí. He querido probar el pene de Drew desde el momento en que lo vi. Él
es glorioso aquí, grueso, largo y recto. Él huele a almizcle y calidez, y está
temblando como si estuviera tratando de mantenerse quieto.
La redonda cabeza hinchada es satén suave y caliente contra el cielo de mi
boca cuando lo acerco y le doy una suave succión.
Drew gime en voz alta, sus caderas moviéndose, lo que lo empuja más
profundamente. Envuelvo mi mano alrededor de él y chupo de nuevo.
—Sí —gime. Sus dedos temblorosos envolviéndose a través de mi pelo. Él
me mantiene allí, haciendo pequeños sonidos indefensos mientras se bombea
suavemente dentro y fuera de mi boca. La visión de él, con la cabeza echada hacia
atrás, sus labios abiertos y el ceño fruncido, como si sintiera dolor, la forma en
que sus músculos se destacan en relieve porque están apretados con tanta fuerza,
113

todo ello, me pone tan caliente que empiezo sudar. Mis muslos tiemblan y mi
sexo palpita mientras muevo mi lengua sobre su cabeza, chupándolo duro, luego
Página
suave, tomando tanto de él como pueda en mi boca antes de retroceder en un
deslizamiento lento.
Quiero volverlo loco. De la forma en que él lo hace.
Me encanta cuando empuña mi pelo más duro, conduciéndose en mi boca,
su mano libre agarrando la colcha como si pudiera quedarse rápidamente sin
amarras.
—Anna… —Mi nombre es una súplica en sus labios mientras se retuerce—
. Bebé… Por favor, voy a…
Corro mi palma a lo largo de la lámina de músculo que es su vientre, y él
tiene su liberación con un grito agudo.
Es cálido, viscoso y salado-dulce. Nunca he hecho esto antes, quedándome
con un hombre hasta el final. Pero con Drew, lo bebo de un trago. Hasta que él
se vuelve suave e indefenso en mi boca. Y sé que estoy en aguas profundas y
oscuras. Porque quiero hacerlo todo de nuevo. Todo ello. Una y otra vez.

114
Página
Traducido por Kari (SOS) & gabyguzman8
Corregido por Clari (SOS)

Anna
Necesito perspectiva. Tengo que recordar por qué mantener mi resolución
es un buen plan. Necesito ir a casa, y mamá está fuera los lunes. A la mierda. Me
salto las clases. Le doy una llamada para dejarle saber que estoy llegando.
Es una mañana de otoño perfecta cuando me subo en mi Vespa y me dirijo
hacia la casa de mi madre. El scooter no es muy práctico; no puedo usar la
autopista, por lo que me meto en carreteras secundarias. Y sé que tendré un
infierno con mi mamá, una vez más, por conducirlo hasta su casa. Pero me
encanta la sensación del aire corriendo por encima de mí, y la capacidad de
zigzaguear dentro y fuera del tráfico. Aun así, sería inteligente vender mi scooter
y comprar un coche. No me gusta conducir mi Vespa en la lluvia, y los meses de
invierno sin descanso apestan. Tengo un poco de ahorros —infierno, mi mamá
me iba a comprar un coche, ella odia tanto el scooter.
La indecisión con respecto a mi moto llena mis pensamientos, y estoy feliz
por eso. Me impide pensar en otras cosas, otras personas. Muy pronto, estoy
llegando al frente de la casa donde crecí. Es colonial, de 1920, de ladrillo rojo
hecha en Georgia.
Me encanta esta casa, con sus cinco ventanas a lo largo de la última planta
y cuatro ventanas, dos flanqueando cada lado de la puerta central roja, en la
planta baja. Me encanta que de alguna manera se las arregló para escapar del
temido porche estilo Tara que tantos hogares del sur tratan de imitar. Es una casa
sencilla, sin pretensiones. Y aunque el camino de entrada ha sido siempre limpio
y acogedor, nunca lo he usado, optando por entrar por la puerta lateral en su
lugar.
Entré en el garaje, aparcando junto al antiguo Mercedes azul de mi madre.
Ha tenido ese coche desde que nací. Con sólo mirarlo me lleno de una sensación
de bienvenida a casa, al igual que el olor de ladrillo viejo y flores de mirto.
115

A través de la ventana, veo a mamá en la cocina. Han pasado meses desde


que la he visto, pero ella no ha envejecido. Por otra parte, mi mamá nunca parece
Página

envejecer. Mágicamente se ha conservado. Delgada y en forma, lleva pantalones


azul cielo de seda para estar en casa y un suéter fino color crema de cachemira.
Su brillante pelo negro cae ingeniosamente alrededor de sus hombros, y le da un
golpecito impaciente mientras saca el viejo bote de moka maltrecho de la estufa.
Mientras mi madre podría ser una dama sureña, también es un médico y segunda
generación italiana, lo que significa que voy a recibir capuchino y fruta para el
desayuno en vez de galletas y salsa. Su única concesión podría ser algunos bollos
frescos, bajos en grasa.
Sonrío y abro la puerta. Su rostro en forma de corazón se ilumina.
—¡Banana!
Se apresura hacia mí y me da un beso en la mejilla. Estoy rodeada por el
aroma a lavanda que ella prefiere.
—¿Cómo ha estado mi bebé?
—Bien. —Es la única respuesta que quiere escuchar de todos modos.
Con un asentimiento, se balancea de nuevo a la olla de moka y procede a
verter el rico café espeso en una taza medio llena de leche caliente. El olor es
acogedor y delicioso. Si tan sólo pudiera conseguir una vez la perfección del café
de mi madre, de hecho, sería una chica feliz.
—Ven —insta—, vamos a sentarnos y hablar. —Coloca la taza al lado de
un lugar asignado, con una servilleta de lino. Melones recién cortados, fresas y
frambuesas esperando en un cuenco de cristal. Ésta es mi mamá en su máxima
expresión. Campanas de advertencia suenan en mi mente. Más aún cuando se
vuelve y tira una bandeja de bollos calientes del horno. No se ven con poca grasa.
—Por lo tanto —dice mientras me sirve un bollo y reparte un poco de
fruta—, ¿nada nuevo está sucediendo?
Ésta es la norma. A mamá no le gusta entrometerse, pero por lo menos está
interesada en mi vida. Creo que sería menos amable al respecto, sin embargo, si
le contara que he estado cogiendo con el mariscal de campo estrella en mi
dormitorio. Mis mejillas se calientan mientras tomo un sorbo de café. Dios, es
bueno.
Mis ojos se cierran para degustar el sabor.
—Te he echado de menos, mamá. —No sé de dónde salió eso, pero es la
verdad.
El silencio cae sobre mí, y abro mis ojos. Sus ojos, tan parecidos a los míos
en la forma menos la profundidad, de color marrón oscuro, me miran.
116

—¿Es algo malo, Banana?


Me encojo de hombros y tomo otro sorbo necesario.
Página

—¿Una chica no puede extrañar a su madre?


—Por supuesto que puede. —Acuna mi mejilla con su mano fría. La piel
de mi madre siempre está fresca—. Sólo que conozco a mi bebé y algo te está
molestando.
Suspirando, empiezo con mi bollo. Tenía razón. Esto no es bajo en grasas,
y es mi favorito, con sabor a naranja y limón. Incluso hay mantequilla fresca sobre
la mesa, suave y esperando a que lo sumerja. Unto algo en una sección del bollo
antes de hacerlo estallar en mi boca. El cielo.
—Estoy bien. Feliz. —Y aunque la duda me asalta en una base constante,
soy feliz. Me golpea como un ladrillo en la cara, con tanta fuerza que en realidad
me estremezco en mi asiento. Estoy feliz. Me despierto llena de expectación.
Luchando con el sueño para mantener la sensación cerca de mí. ¿Por qué no
puedo disfrutarlo? ¿Aceptarlo? Dios, qué jodido desastre que soy.
—Mamá…
La puerta trasera se abre de nuevo y Terrance, el novio del momento de
mi mamá, entra. Debería decir "del año" porque eso es casi lo más largo que estos
chicos duran. He odiado a cada uno de ellos. Y mientras que eso puede sonar
petulante, siempre ha sido por una buena razón. Hubo un Marcus, quien la llamó
basura en su cara, escupió en su comida, y luego gritó que ella no lo amaba lo
suficiente. Todo delante de mí. Hubo un Oliver, profesor delgado y torpe, que
acabó robándole diez mil dólares de su cuenta bancaria. Y Jeremy, que la criticó
tanto que ella ganó veinte libras y un día se olvidó de usar maquillaje para el
trabajo, lo que es el equivalente a una crisis nerviosa para mi madre. Al menos,
ninguno de ellos la golpeó. No que yo sepa, de todos modos.
Terrance es dueño de una tienda de libros usados y pellizca monedas
mediante la recopilación de paquetes de sal, pimienta, salsa de tomate, y otras
cosas de varios restaurantes de comida rápida en la zona. No puedo hacer esta
mierda. También, generalmente detesta ser dejado fuera de cualquiera de los
asuntos de mamá.
—Hola, Anna —dice mientras llega más lejos en la cocina y mira mis tetas.
Atentamente.
Toma asiento al lado de mi mamá e inmediatamente pone un brazo
alrededor de su hombro, dejando sus dedos largos y pálidos colgando justo sobre
sus pechos. Porque, mientras que él podría mirar a mis tetas, toma cualquier
oportunidad que pueda para tocar a mi mamá cuando estoy cerca.
Me revuelve el estómago.
—Hola, Terrance. —Mantengo mis ojos en su pelo grasiento, separado
117

severamente por la mitad. Igual que Hitler. Cuando mi estómago se revuelve de


nuevo, miro a mi madre, que está tratando de parecer casual y tranquila, a pesar
Página

de que algún cretino la está acariciando como si fuera un perro faldero.


No me molesto en darle una mirada sucia a mi madre —él está aquí en mi
día con ella. Lo hace todo el tiempo.
Incluso si viviera cien años, nunca entenderé a mi madre. Es inteligente,
brillante, hermosa y talentosa. Y tiene el autoestima de un mosquito. No puedo
entender por qué preferiría no estar sola que conformarse con estos… no quiero
ni llamarlos hombres.
—¿Le contaste a Anna las buenas noticias, Cecilia?
Mamá tiene la gracia de ruborizarse, y sé que será malo. Dios,
simplemente no dejes que sea un casamiento. He temido esto desde que tenía
diez años y finalmente me di cuenta de que uno de estos imbéciles podría
convertirse en un elemento permanente con quien mamá debería casarse. Por
suerte, las relaciones terminaron antes de esa fecha.
—Bueno, querida. —Se encoge de hombros cuidadosamente fuera del
alcance de Terrance cuando se inclina hacia adelante—. Me estoy poniendo vieja
ahora.
Tiene cincuenta y cinco. Apenas mayor.
—Y hay mucho que ver en este mundo.
Bueno, es cierto.
La mano de Terrance aterriza en su cadera y acaricia su trasero. Ahora
estoy oficialmente enferma.
—Así que he decidido retirarme —dice mamá con otro color.
—Eso es… —lucho—. Bueno, eso es genial, si eso es lo que quieres, mamá.
—Estoy feliz de pensar en mamá relajándose, aunque sospecho que estará
aburrida en cuestión de meses.
Pero no ha terminado. Se desplaza en su asiento y mi corazón se desploma.
Dios, por favor, no la cosa del matrimonio.
—¿Qué? —pregunto.
—También he decidido vender la casa.
Las palabras estallan una bomba dentro de mi cráneo. Me siento allí, mi
cerebro revuelto, dejándome incapaz de hablar.
—Nos vamos en un crucero por el mundo —agrega Terrance,
sonriéndome con sus dientes grises.
—¿Estás vendiendo tu casa? —le pregunto a él—. Ah, cierto, se me
118

olvidaba. Tú alquilas. —Porque estoy empezando a entender la idea.


Los ojos pequeños y brillantes de Terrance se estrechan.
Página

—No creo que eso sea tu asunto.


—Sin embargo, estás aquí cuando esta conversación es realmente entre mi
madre y yo.
—Anna —comienza mamá.
—No lo hagas. —Levanto una mano. Luego, tomo una respiración
profunda—. ¿Puedo decir cualquier cosa para que cambies de opinión?
—Deberías estar feliz por tu madre, jovencita. —Terrance está
convirtiéndose en una fea sombra roja—. No la hagas sentir mal.
—Mierda, no me llames jovencita de nuevo. Y no estoy hablando contigo.
—Anna, el lenguaje. —Mamá se acerca más a mí, como si fuera a extender
la mano y acariciar la mía.
Pongo mis manos en mi regazo.
—¿Puedo? —le pregunto de nuevo.
Sus ojos se vuelven tristes, lamentables.
—Ya no vives más aquí, y pensaba que me gustaría comprar algo más
pequeño cuando vuelva.
—No importa que tus padres te dieran esta casa. Este es el único hogar que
he conocido.
Terrance resopla.
—Te dije que codiciaría la casa, Cecilia.
—¿Igual que tú, Terry? —le devuelvo abruptamente.
—Anna. —Es una súplica de mi mamá.
—No, Cece, no la trates como a una niña —corta Terrance, elevándose para
mirarme—. Puedo cuidar de mí mismo.
—Todo evidencia lo contrario —digo, sin alejarme de su figura
acercándose—. Y si te acercas más a mí, verás lo fácil que puedo cuidar de mí
misma.
Mamá salta entonces.
—Anna, Terrance, detengan esto ahora. —Se vuelve y coloca una mano en
el pervertido—. Déjame manejar esto.
No puedo ver más. En verdad, debería haberme ido hace mucho tiempo.
Sé cómo funciona esto. Ella me podrá amar, pero siempre elige el lado de su
novio.
119

—Me tengo que ir.


La boca de mamá cae abierta, como si esto fuera un shock para ella.
Página

—Pero acabas de llegar. Ni siquiera has comido.


No voy a comer ahora. Vomitaré.
—Hablaré contigo más tarde. —Agarro mi bolso y me voy. Y no trata de
detenerme de nuevo.

Dolor, rabia y asco es un peligroso cóctel en mis venas. Bueno, pienso


irónicamente, quería un recordatorio, y estoy segura como el infierno de que
tengo uno. Éste no es el consuelo que necesito. Conduzco por los alrededores
hasta que mis brazos están cansados y estoy cerca de quedarme sin gasolina. No
quiero regresar a mi departamento. No quiero hablar con Iris o George al
respecto, ambos escucharon la saga de mi mamá muchas veces antes, y lo que sea
que digan no va a ayudar. Nada va a cambiar la situación. Lo cual sólo hace que
mi agitación arda más fuerte.
El hermoso día de otoño es incongruente con mi estado de ánimo.
Esponjosas nubes chocan en un cielo azul. El aire sólo es una refrescante sombra
y el sol brilla ardiente en mi cabeza mientras camino a través del estacionamiento
del campus, dejando mi Vespa atrás.
El estadio se cierne sobre mí, y mis latidos se alborotan. Cuanto más me
acerco, más fácil es escuchar los sonidos del juego, el trinar errante de un silbato,
los gruñidos y golpes de hombros jóvenes lanzándose unos contra otros, o esos
artefactos de entrenamiento con almohadillas para protegerse de choques, cuyo
nombre no recuerdo.
Dispersos sobre los asientos del estadio, como pájaros amontonándose
para ser alimentados, están las personas mirando la práctica del equipo de fútbol.
Cabezas estirándose hacia delante para ver a Drew hacer un pase. El balón da
vueltas por los aires, rápidas y certeras, para caer con precisión perfecta en la
mano abierta de un receptor. El jugador ríe y trota despacio regresando a Drew,
lanzándole la pelota antes de que uno de los entrenadores haga un comentario a
alguno de los dos. Estoy muy lejos para oírlo, y me gusta que sea así.
Sentándome a pocos pies de un par de chicos más jóvenes, quienes se
emocionan de lo maravilloso que es Batalla Baylor, me siento en el anonimato.
Segura. El sol se ha deslizado detrás de la línea del estadio y mi asiento cae en las
sombras. Un alivio por el calor.
120

Drew hace unos cuantos pases más, cada uno más lejos, cada uno en una
dirección diferente, en enfoque diferente. Está usando un casco, pantalones
Página

cortos de baloncesto que lo golpean en las rodillas, y su camiseta sin el bulto extra
de las almohadillas. Y cada vez que lanza, una franja de piel dorada se muestra
a lo largo de la parte inferior de su camiseta. Algo que hace que todos mis lugares
felices se estrechen suavemente.
Yo no debería estar aquí, enamorada tontamente como una groupie. Un
clamor en mi cabeza crece a medida que las personas se van y me vuelvo más
visible sentada sola en el banco. Pero no puedo encontrar esta fuerza en mí misma
para irme. Me gusta verlo moverse, ver la forma en que su equipo y sus
entrenadores interactúan con él. Lo aman. Es evidente. Así como la dicha que
siente. Brilla desde dentro de él. Y sólo es una práctica. Lo envidio. Nunca en mi
vida me he sentido así por algo que haya hecho.
El equipo se dispersa otra vez, moviéndose en grupos, y Drew empieza
una extraña “agachar-saltar-embestir” jugada con un grupo de chicos quienes
deben ser mariscales de defensa, ya que todos están agarrando balones de fútbol
y pretendiendo lanzarlos con cada embestida. Debería verse ridículo, pero es más
como una danza: elegante, poderosa. Pero no más que Drew. Dios, él es rápido.
Mis músculos del muslo podrían rasgarse de mis huesos si intentara moverme
así de rápido. Pero él sigue andando, como si fuera fácil.
Mi trasero va entumeciéndose por estar sentada, pero en mi interior, una
calma recala sobre mí. Tomo una respiración profunda, envolviéndome en el
aroma del césped, los asientos de metal, y un ligero rastro de un limpio sudor
masculino. Un fuerte silbido suena, y ellos están corriendo, dejando el campo.
Todos menos Drew. Está sacándose el casco, sus ojos en mí, como si todo
el tiempo hubiera sabido que estaba allí. Tal vez lo sabía. No lo sé. Mi respiración
se acelera, mis pezones apretándose mientras mi ritmo cardíaco aumenta. Me
encuentro saliendo, mis piernas llevándome abajo por las escaleras de hormigón
a medida que él camina en mi dirección, sus pasos largos y confiados.
En el momento en que llego al campo verde esmeralda, él está sonriendo.
Y mientras que una parte de mí quiere sonreírle de vuelta, de repente estoy al
borde de las lágrimas. Mierda.
Él se acerca, aún sosteniendo un balón en su mano como si fuera una
extensión de sí mismo.
—Señorita Jones. —Su voz es fresca con burla—. Por un momento pensé
que eras un espejismo.
No puedo mantenerle la mirada a los ojos. No cuando los míos están
ardiendo y mis labios queriendo temblar. Por dentro, estoy temblando. Drew está
tan cerca ahora, podría extender la mano y tocarlo con facilidad. Podría presionar
mis frías palmas en los densos músculos de su pecho, donde sé que estará cálido.
121

Te necesito. Te necesito tanto…


Página
Pienso en el petulante y maldito Terrance, sus manos vagando por el culo
de mi madre; y hundo profundamente mis manos en los bolsillos de mi chaqueta
ligera.
—Y yo que pensaba que estaba siendo cautelosa.
—Pensé que te lo había dicho, Jones. Siempre noto cuando estás cerca. —
Su sonrisa vacila cuando ve mi expresión—. ¿Ocurre algo?
Parpadeo con fuerza y miro a otro lado.
—Esto… —Da un paso más cerca, el balón cayendo a sus pies—. ¿Estás
bien?
—No. —Mierda. Mierda. Mierda. Voy a soltarlo—. Yo, ah… no.
En la siguiente respiración, sus brazos están envueltos a mi alrededor,
sosteniéndome contra su cuerpo delgado. Por un momento, me tenso,
sintiéndome expuesta de muchas maneras. Nunca he sido sostenida de esta
forma por un hombre. Ninguno de mis supuestos novios o citas me ha abrazado
realmente. Y desde luego, no he sido abrazada por mi padre. El saberlo es un
shock, como si todo el acompasado consuelo que siento en el abrazo de Drew me
arropara.
Hundo mi nariz en el centro de su pecho mientras envuelvo mis brazos
alrededor de su esbelta cintura. Está empapado de sudor, huele a ello. No me
importa. Se siente tan malditamente bien, su duro cuerpo sólido y cálido contra
el mío, que quiero quedarme de esta manera hasta que él tenga ganas de dejarme
ir.
Pero no lo hace. Me sostiene. No indagando o hablando, sólo
sosteniéndome fuerte y protectoramente, sus labios presionados en la coronilla
de mi cabeza. Estoy arropada en el refugio de su cuerpo. A salvo del mundo
entero.
Cuando estoy totalmente sumergida en el abrazo de Drew, mi cuerpo
relajado, habla.
—¿Quieres hablar de ello?
Amo ese tono particular en su voz. Nunca lo he escuchado usarlo con
nadie excepto conmigo. Pero me alejo lentamente de él. No puedo hablar de esto
y adherirme a él al mismo tiempo. No si quiero mantener mi dignidad.
Afortunadamente, me deja ir, su expresión es feroz, como si fuera a patear
el trasero de alguien si se lo pidiera. Si no estuviera tan agotada, sonreiría.
122

—Fui a visitar a mi madre.


Miedo, completo y profundo llena sus ojos, y me maldigo.
Página
—Ella está bien —digo rápidamente—. Fue… Ella sólo… ah… —Jodida
mierda, ¿cómo puedo estar quejándome con él de las payasadas de mi madre
cuando sé que él mataría por tener a su madre de vuelta?
De alguna manera me lee muy bien, y una mirada irónica se instala en sus
ojos.
—Se te permite estar en una pelea con tu madre, Anna. Lo prometo, no me
va a afectar.
Mis hombros caen en un suspiro.
—Simplemente parece estúpido cuando… —Me perdí de nuevo,
ruborizándome con irritación.
Toca mi mejilla, rozando un mechón de mi cabello.
—¿Qué pasó?
Me sacudo de nuevo sobre mis talones mientras miro hacia abajo fijamente
a la hierba recién cortada. Hay un poco de tiza en la punta de mi bota.
—Está vendiendo la casa. —La amargura llena mi boca—. Así puede ir en
un crucero por el mundo con Terrance-El-Cabrón.
Drew tensa sus manos en sus caderas estrechas mientras me mira.
—Mierda. Anna, lo siento.
Sí, porque sabe lo que se siente perder la casa de su niñez. De nuevo, me
encojo. No debería estar quejándome, pero él no parece alterado en lo absoluto.
De hecho, su nariz se arruga a lo largo del puente de su nariz.
—Eh… ¿Quién es Terrance-El-Cabrón?
Fuerzo una sonrisa.
—Su novio momentáneo. No estaba siendo literal, gracias a Dios. —Mi
sonrisa se desinfla—. A pesar de que realmente debería llamarlo “El de las manos
itinerantes”.
Las cejas de Drew se juntan al instante, sus fosas nasales dilatándose
mientras se endereza.
—No te ha tocado, ¿verdad?
Puedo ver al viejo Terrance yaciendo en una cama de hospital si digo que
sí, pero sacudo mi cabeza y Drew se relaja.
—No. Pero manosea a mi madre delante de mí.
123

El ceño de Drew vuelve.


—Creo que habría perdido la jodida razón si hubiera visto a un tipo
Página

toquetear a mi madre.
—Es repugnante —digo—. Lo hace para molestarme. Gracias a él, mi
madre está vendiendo nuestra casa. Porque el viejo Terry no tiene los fondos para
pagar por su medio. —Maldigo de nuevo—. No hay nada que pueda hacer. Ella
no me escuchará, no importa lo que diga.
Parpadeo rápidamente y trato de calmarme, pero no puedo parar de
hablar.
—Sé que estoy comportándome como un bebé en esto. No es como si
viviera ahí, o planeara hacerlo nunca más. Pero es como si esa última red de
seguridad se fuera. Y ahora nunca seré capaz de ir… —Mis palabras mueren, el
terror invadiéndome.
Pero Drew me mira a los ojos y termina la oración.
—¿Ir a casa otra vez? No reprimas tus palabras por lástima, Anna. No
necesito eso.
Quiero marchitarme en el césped.
—Creo que hay una diferencia entre lástima y compasión, ¿no crees?
No quita la mirada mientras asiente lentamente.
—Algunas veces, sin ser consciente, atrapo los aromas de mi antigua casa.
No sé cómo será exactamente, tal vez una mezcla de libros viejos y café, o
detergente de ropa y aire fresco. —Su mirada se pierde—. Pero huele igual a casa.
Y extraño tanto la mía que me cuesta respirar.
—Desearía que pudieras volver a casa —le digo, con ganas de llorar.
Los ojos de Drew se fijan en mí.
—Yo también. Pero creo que tenemos que hacer nuestros propios hogares.
Mirándolo, bronceado por la luz del sol, su apretada expresión por el
cansancio, pero seria, mientras me mira, creo que podría amar a este hombre.
Podría amarlo para siempre. Mi respiración se acorta.
—Cuando me dirija a encontrar mi propio hogar —digo—, nunca lo dejaré
ir.
Su garganta se mueve dando un trago.
—Buen plan. —Da un paso más cerca de mí—. Lo siento, Anna.
Sé que está hablando de mi madre, mi pérdida de un puerto seguro.
—Yo también. —Pero me estoy refiriendo a él. Porque Drew nunca debió
haber perdido a su familia. No debería tener que usar un pedazo de su casa de la
124

infancia en el cuello porque es lo único que le queda.


La apretada sensación de inquietud ha regresado. Cambio de posición
Página

sobre mis pies, con la mirada vagando por el campo. Drew toma una sonora
respiración y pasa una mano por su cabello empapado de sudor. Sus ojos se
entrecierran mientras los rayos del sol poniente caen de lleno en su cara.
—¿Quieres probar algo?
Levanto una ceja, y se ríe.
—Qué mente sucia, Jones.
—¿Por qué asumirías eso? —Cruzo los brazos frente a mi pecho. Pero
estoy sonriendo también. Sonreír es mejor. Más seguro—. A menos que tengas
una mente sucia también.
—Por supuesto que sí. —Toca la punta de mi nariz con un dedo,
haciéndome sacudirlo fuera con molestia. Sólo se ríe—. ¿Por qué crees que somos
tan perfectos juntos?
Mi respiración se vuelve un poco inestable, y la luz de sus ojos se atenúa
un poco. Pero simplemente recoge su balón.
—Sin embargo, esta vez, sólo iba a preguntar si desearías lanzar unas
veces la pelota.
—¿Lanzar una pelota?
—Qué cara más agria —observa Drew de una forma demasiado alegre—.
No va a explotar en tu mano.
—Si tú lo dices. Soy un asco en los deportes.
Rueda los ojos.
—Nadie está pidiéndote que seas buena. Sólo lánzala. —Lanza la bola bien
alto y la atrapa sin mirar—. Confía en mí, Jones. Es un excelente calmante para el
estrés.
Drew procede a enseñarme cómo sostener el balón, colocando mis dedos
en los cordones, y el pulgar por debajo de la bola.
—Sostenlo ligeramente, con las yemas de los dedos. El control en los dedos
es muy importante.
—Oh, créeme, amigo, soy una gran defensora del control en los dedos —
digo, sólo esta parte con descaro. Ah, pero es un error bromear, porque estoy
recordando esos largos dedos empujando dentro de mí, curvándose lo justo para
encontrar ese lugar que me vuelve loca.
La luz del sol cubre de oro la punta de sus largas pestañas mientras
parpadea hacia mí. Un rubor asciende a la parte alta de sus mejillas.
125

—Deja de tratar de distraerme, Jones. Tus tácticas baratas de seducción no


funcionarán en este campo sagrado. —La aspereza en su voz me dice lo contrario,
Página

pero decido ser buena.


—¿Puedo lanzar ya? —Reprimo una sonrisa—. ¿O es que tienes más
fantasías creativas cruzándose por tu cerebro?
—Tengo toneladas de fantasías. Pero solo puedes oírlas cuando tengamos
un lugar para llevarlas a cabo. Ahora, haz lo que te digo, Señorita Jones.
Me rindo y me pongo en sus manos capaces mientras me dice las
instrucciones —da un paso atrás de esta manera, pon el balón cerca de tu oreja, levanta
tu brazo así, lanza allí, párate así. Estaría sorprendida si logro retener la mitad de
todo esto.
—Recuerda —dice, dando un paso atrás para darme espacio—, deja que
la pelota ruede fuera de tus dedos. Tu fuerza viene de tu torso y tus piernas. Todo
es cuestión de impulso y confianza.
—Claro. —Voy a estropear esto magníficamente.
Drew sonríe ampliamente.
—Sí, el primer lanzamiento va a ser un asco.
—Sal de mi cabeza —murmuro.
Él sólo ríe.
—Es más como leer tu expresión. Ahora deja de estar toda inmóvil.
Sigo las instrucciones, sintiéndome como una idiota. Y el balón se
tambalea en el aire hacia la tierra con un ruido sordo a unos diez pies de distancia.
Estupendo.
—Bueh… —Desempolvo mis manos—. Eso fue divertido.
Me giro para irme, cuando me agarra el brazo, sin dejar de reír. El imbécil.
—Buen intento, Anna. Pero no lo creo. —Él tira la pelota de regreso a mi
mano—. Otra vez.
—Qué mandón.
—Te encanta. —Sus ojos ahora son de oro, brillando en el sol.
Sí, me encanta. Gruño y lo intento otra vez. Y otra vez, con Drew
deteniéndome de vez en cuando para darme indicaciones. Repentinamente, esto
es divertido. No una diversión espectacular, pero un poco adictivo. Le digo esto
a Drew, y él innegablemente brilla cuando me sonríe.
—Exactamente —dice—. ¿Por qué crees que hago esto? Es la necesidad de
hacerlo cada vez mejor.
126

—¿Hacerlo mejor? —Lo miro, atónita—. Pero si ya eres perfecto.


Su expresión se vuelve suave, cálida, y se acerca unos pasos.
Página

—Eso piensas, ¿eh?


Conozco ese tono, también. Y cuando sus párpados bajan, su mirada va a
mi boca, mi corazón patea en mi pecho. Agarro la pelota entre mis manos.
—Muéstrame —suelto.
Parpadea, sus ojos volviendo a los míos, y su frente se arruga entre sus
cejas.
—¿Qué quieres decir?
—Muéstrame que tan lejos puedes lanzar el balón.
Una esquina de su boca se curva hacia arriba.
—¿Quieres que me luzca para ti?
—Si tengo que pedirlo, no es lucirse. Pero, sí, quiero ver lo que puedes
hacer.
Drew me estudia por un momento, la suave brisa levantando las puntas
de su cabello. Tal vez, sabe que estoy evitando algunas cosas, tal vez, se pregunta
el porqué. O, tal vez, simplemente piensa que estoy loca. Como si hubiera llegado
a esa conclusión, sacude su cabeza ligeramente.
—Bien. Pero vas a tener que pasarme el balón.
—¿Pasarte el balón? —Hago una mueca—. Como cuando se agachan…
Su sonrisa es malvada.
—Y yo pongo mis manos entre tus piernas. No me mires así. Dex hace eso
por mí en cada juego.
—¿Es aquí donde debo lanzar un monólogo sobre el homoerotismo
flagrante encontrado en el fútbol?
—Estaría decepcionado si no lo hicieras. Pero desde que estamos hablando
de mí poniendo mis manos sobre ti, ya no creo que eso aplique aquí. —Se inclina
cerca de mi mejilla, y su proximidad hace que mi piel se erice. Más aún cuando
su voz profunda retumba en mi oído—. Prometo hacerte saber la próxima vez
que el equipo llegue a las duchas.
—Oh mi… —Agito una mano como si pudiera refrescarme, lo cual es
medio en broma—, es un lindo cuadro el que estás pintando, Baylor.
Drew resopla y me da un empujón con el balón.
—Sólo posiciona el balón, Jones, antes de que cambie de opinión. —Pero
está sonriendo mientras da un paso atrás.
127

—Bien. —Suspiro y me pongo en la posición que he visto hacer a los


jugadores.
Página

Drew se acerca más de lo que creo que es estrictamente necesario. Su porte


y su fuerza es una pared por encima de mí.
—Mmm, abre más las piernas y haz que ese hermoso trasero suba más,
nena.
A pesar de las bromas, el calor inunda mi bajo vientre. Pero le doy una
mirada asesina por encima de mi hombro.
—Estás disfrutando esto demasiado.
Él solo guiña un ojo.
—Ya lo sabes. Ahora posiciona el balón en tres.
—¿Qué significa eso?
—Al tercer sonido que haga, me entregas el balón. —Le da un ligero azote
a mi trasero—. Espabílate, Jones.
Y luego, su voz rueda sobre mí como rugido.
—¡Hut, hut, hut!
Jesús. Mis pezones se contraen y un estremecimiento cruza mi interior
mientras obedezco y tiro. Se las arregla para atrapar el penoso malabar de esa
pelota. Me vuelvo para mirarlo, y es magnífico. Es hermoso. De cerca, su cuerpo
es poesía. Sus músculos en realidad se ondulan a lo largo de su torso y en su
brazo mientras lanza, su expresión fiera y concentrada. Quiero taclearlo,
lanzarme a su delicioso cuerpo y devorarlo bocado a bocado.
Estoy tan embobada con la boca abierta hacia él que casi me olvido de
mirar la pelota, pero trato de reponerme y miro.
—Maldición —digo. La pelota es un cohete, rompiendo el aire a toda
velocidad formando un gran arco. Y sigue hasta que por fin llega a la tierra con
un rebote duro en el área de anotación.
Los labios de Drew se curvan en las esquinas.
—Buen tiro —se dice a sí mismo, no exactamente como un elogio, pero sí
satisfecho, y me pregunto si siempre evalúa su trabajo.
Mi curiosidad es disipada por un largo, evidente, silbido de hombre.
El alto chico rubio que por lo general anda con Drew está trotando por las
escaleras.
—Hermoso. Puta bomba, hombre. Pero me erraste por una milla.
Drew se ríe.
—Y nosotros sabemos lo difícil que es perderse esa gran cabeza tuya.
128

—Mejor deberías pensar que todo esto es sobre la coordinación con mis
manos y no con mi cabeza, amigo. —El rubio tiene una mano cubriéndose la cara
Página

del resplandor del sol para estudiar el campus—. ¿Qué fue eso, de todos modos?
¿Sesenta y cinco yardas? —Silba otra vez y luego, corre por el campo,
moviéndose como si caminar no fuera una opción cuando puede correr.
—Setenta y uno —responde Drew—. Pero, ¿quién está contando?
El hombro de Drew roza el mío mientras el chico se detiene ante nosotros.
Es enorme, una o dos pulgadas más alto que Drew y fácilmente con unas 20 libras
más de músculos. El tipo me mira con recelo, pero me pone una sonrisa amable.
—Hola.
—Hola. —Estoy bastante segura de que Drew le habló sobre mí, de
nosotros, y su amigo no lo aprueba.
—Anna —dice Drew—, este es Gray Grayson. Él juega como receptor.
—Los chistes burlones son bienvenidos e incentivados —añade Gray con
un movimiento de sus cejas. Al igual que Drew, es muy guapo, pero tipo surfista
de California, con el deje de echarse el dorado cabello rubio en su frente
bronceada.
—¿Gray Grayson? —No debería repetir su nombre de esa manera, pero es
inevitable. ¿Qué estaban pensando sus padres?
Gray se estremece. Pero por debajo de sus cejas rubias, sus ojos azules no
muestran ningún indicio de haberse molestado.
—Lo sé, ¿bien? —responde a mi pregunta no hecha, que debe ser muy
obvia—. Mi mamá estaba locamente enamorada de Gray Grantham, un personaje
de este libro de John Grisham, “El informe pelícano”.
—¿Te puso el nombre del personaje de un libro? —dejo escapar. Atticus
Finch es una cosa. Infierno, estoy segura que el sur está atestado de Atticus y
Rhett por la misma razón. Pero este es nuevo para mí.
—Estaba leyéndolo al final de su embarazo. Como sea —se encoge de
hombros—, pensó que Gray Grayson sería “tan lindo”. —Ahora está frunciendo
el ceño, pero no hay ira real detrás de eso, solamente cariño, y una ligera mueca
de dolor como si le doliera pensar en su mamá—. Así que, eso es algo con lo que
tengo que vivir.
—A veces, lo llamamos Gray-Gray —suelta Drew inocentemente y se gana
un puñetazo de Gray en el brazo.
—Y algunas veces, lo llamo —Gray asiente hacia Drew—, QB con mi pie
dentro de su culo. —Gray mira la pelota esperando en la línea final y luego, mira
a Drew—. ¿Estás listo, hombre?
129

Debido a que Drew está parado tan cerca, siento la tensión en su brazo.
—Sí. —Drew me mira de reojo—. Es el cumpleaños de Gray.
Página
Le doy a Gray una sonrisa cortés, porque estoy bastante segura que no le
agrado.
—Feliz Cumpleaños.
Me devuelve una sonrisa más sincera.
—Gracias. Aunque no sé nada sobre rondar los veintidós. Se siente como
el principio del fin.
—No sé de qué se está quejando —me dice Drew—. Él es el bebé del
equipo.
Gray da un suspiro largo y pesado.
—Parece que fue ayer cuando retiré mi identificación falsa.
Drew arruga las esquinas de sus ojos.
—La manera en que sostenías esa maldita cosa, pensarías que era su bebé.
—Oye, me dio muchos años de servicio, dedicados a la búsqueda de mi
placer.
Sonrío ante su conversación, pero luego caigo en lo que dice Drew.
—¿Apenas tienes veintidós?
—Te dije que era mayor, Jones.
—Pensé que te referías por un día. —Echo un vistazo entre él y Gray—.
¿Cómo es que los dos tienen veintidós? —Demonios, Drew debe tener al menos
veintitrés.
—Fuimos “camisa-roja” en nuestro primer año —dice Gray, como si esto
fuera obvio.
Cuando Drew ve que no tengo ni idea de qué demonios está hablando
Gray, me da una sonrisa tensa.
—Básicamente, pasamos nuestro primer año en el banquillo, tomando
clases pero sin jugar. A eso se le llama “camisa-roja”.
—Míralo de esta forma —añade Gray—, estamos envejeciendo como el
vino. Cuanto más tiempo estemos aquí, más grandes, más fuertes y mejores nos
volvemos. ¿Por qué un programa debería perder su tiempo con unos niños
enclenques de dieciocho años en lugar de esperar a que lleguen a la máxima
eficiencia?
Todo esto suena un poco interesado, pero inteligente, supongo. Y porque
130

veo una vacilación en los ojos de Drew, como si esperara que piense menos de él
por la “camisa-roja”, asiento, mirando cómo se relaja notablemente.
Página

—El fútbol de la universidad es nada si no hay intereses —dice a la ligera.


Gray le da una palmada al brazo de Drew.
—Los chicos están esperando. Vamos con ellos.
Pero Drew me mira de nuevo.
—¿Quieres venir? Vamos a estar yendo a un par de bares.
En realidad, es dulce la forma en que es notoria su lucha interna, como si
no quisiera dejarme pero también quisiera salir con sus amigos. Sonrío y sacudo
la cabeza.
—Gracias, pero tengo un trabajo de investigación.
—Caminaré contigo hasta tu auto. —Sus dedos rozan mi codo y siento el
toque entre mis muslos. Jesús, esto lo manejo pésimo.
Mientras Gray sale corriendo para encontrarse con los otros chicos, Drew
y yo dejamos el estadio. El aire entre nosotros es tenue, como si los dos
estuviéramos muy conscientes de que no debemos salir así. Y es muy claro, para
cualquiera que se haya molestado en mirarnos, que no somos solo amigos. No
por la manera en que caminamos tan cerca, nuestros brazos tocándose. Su mano
roza la mía, y me pregunto si la agarraría, pero ya estamos en mi scooter, y
rebusco en mi bolso por las llaves.
Drew evalúa mi moto con una ceja alzada.
—Montas una Vespa roja. ¿Con una cesta en el frente? —Sus hoyuelos se
están formando—. Dios. —Lleva una mano a su pecho—. La necesidad de hacer
una broma a lo Caperucita Roja está matándome. —Un gemido exagerado de
frustración lo abandona.
Ruedo los ojos mientras me agacho para desbloquear mi cadena.
—Lo sabía.
Es incorregible.
—Es jodidamente adorable, Jones. —Sus ojos marrones cálidos me
miran—. Tú eres adorable.
—Y tú estás así de cerca de perder ese valioso equipamiento tuyo, Baylor.
Me da esa sonrisita come-mierda de Drew Baylor.
—Estaría preocupado si no supiera que tienes un interés particular por mi
paquete.
—Dios, caminé directo hacia esa, ¿verdad? —Por un momento, solo nos
quedamos ahí, sonriéndonos, entonces, algo cambia. Mi corazón empieza a latir
131

más rápido y otra oleada de calor pasa sobre mí. Creo que podría desearlo
siempre. Y por la forma en que sus ojos se oscurecen y su cuerpo se tensa,
Página

inclinándose más cerca del mío, también me desea.


Pero él está en busca de mi boca, sus párpados descendiendo, su boca se
ve suave. Me paro y me hundo bruscamente en mi casco. Mi cabello brota
alrededor de mi cuello como tentáculos rojos.
—Bueno —dijo con un falso brillo—. Diviértete esta noche.
Drew está tranquilo mientras se acerca. Todo dentro de mí se alborota,
pero él simplemente baja mi visera con su mano suave.
—Nos vemos, Jones —dice—. Cuídate.
Me subo a la moto y la enciendo, pero me detengo y levanto la visera.
—Drew… —Tomo un pequeño respiro—. Gracias por escucharme, por
hacerme sentir mejor.
Apoya sus manos en sus caderas esbeltas, y cuando habla, su voz sale un
poco áspera.
—Gracias por confiar en mí lo suficiente como para compartirlo.
Mi garganta duele mientras lo dejo ahí, parado en el estacionamiento, mi
cuello se pone rígido al saber que está mirado mientras me alejo.

132
Página
Traducido por gabyguzman8 & Dahi
Corregido por Romina22

Drew
Por primera vez desde que estoy con Anna, estoy aliviado de que no
quiera estar conmigo esta noche. No quiero que vea el espectáculo que es la
celebración del cumpleaños de Gray. Llegamos a algunos bares, quedándonos lo
suficiente para que la multitud grite en reconocimiento; para que Gray tome un
trago, tal vez jugar una partida de billar o de dardos, y después irnos. Podría
parecer habitual, pero incluso ahora, hay reglas. No beber en exceso, nada de
escándalos públicos, y definitivamente no llevar una chica al azar a casa. En este
momento, estamos en el primer lugar de los tableros en todos los ámbitos, y cada
equipo quiere hacernos caer. No hay espacio para errores. Tal vez otros equipos
lo llevan diferente, pero esto funciona para nosotros.
Dex y yo estamos a cargo de mantener a los chicos a raya. Somos los
sobrios centinelas de pie a cada lado de nuestro grupo de chicos inquietos. Por lo
general, este trabajo es una mierda, pero no me importa esta noche. Aunque me
encanta salir con mis chicos, toda la escena me cansa. Unos meses atrás, esto
podría haberme preocupado, pero ahora lo reconozco por lo que es: Mi idea de
diversión ha cambiado. Ya no incluye anticipar cuantos diferentes pares de tetas
desfilan ante mí o cuantas chicas puedo follar. No me importa si las personas me
reconocen o me dan una palmada en la espalda y me ofrecen comprarme un
trago. Prefiero que no me noten en lo absoluto. Esa clase de atención ya no
significa nada para mí. La vida tiene más color, más sabor, y calor en las pocas
horas que estoy con Anna, entonces me veo en todos esos años de fiesta. A través
de esa diversión siempre se sintió como si estuviera buscando cierta satisfacción
133

inefable que constantemente me esquivaba. Con Anna, siento como si hubiera


aterrizado justo donde quiero estar.
Página

Mis hombros pesan de cansancio y mis parpados se sienten pesados


mientras nos dirigimos a mi casa. Normalmente, no permitiría una fiesta aquí.
Pero es el cumpleaños de Gray y merece divertirse. Mi casa está a salvo de la
mirada del ojo público y de lo que pueda ocurrir allí. Porque Gray ha sido tajante
con su pedido de cumpleaños. Con un suspiro reprimido, me apoyo contra la
pared de mi sala de estar y veo como cuatro mujeres semidesnudas dan un baile
erótico a Gray. Hay tantos miembros desnudos, parece como si unas dementes
mujeres hydra estuvieran retorciéndose a su alrededor.
Tetas rebotan en su cara, un culo muele su entrepierna, manos recorren su
cabeza y hombros, y él está encantado, así como nuestros compañeros de equipo.
Gritos y silbidos suenan. Especialmente cuando las mujeres se separaron cada
una acompañadas por un hombre. La música retumba al tiempo que esas carnes
finas y brillantes se retuercen. Echo un vistazo al reloj de mi DVR y aprieto los
dientes. Sí, soy oficialmente un viejo gruñón. Sólo quiero irme a la cama. Frente
a mí, Dex se apoya en el mostrador de la cocina bebiendo de una botella de agua.
Con su cuerpo gigantesco, cabello castaño desgreñado, y una perfecta
barba, que él insiste en usar; usualmente las mujeres le dicen “Oso”, algo que,
estoy bastante seguro, le encanta tremendamente. Ethan Dexter, o Dex como
todos lo llaman, juega en el centro, mi mano derecha, fundamental para fijar un
objetivo, y el único capaz de pararse delante de una línea de hombres furiosos
que intentan aplastarme. Amo a este chico y no me da vergüenza admitirlo. Me
dirijo a él, pasando por encima de las piernas de la mujer, ahora arrodillada, ante
Gray. Su cabeza subiendo y bajando rítmicamente. ¡Santo Infierno!, no quiero ser
testigo de eso. ¡Algunas cosas nunca deben hacerse en público!
—¿Quién mierda ordenó una sesión de servicios completo?—pregunto a
Dex, mientras me paro a su lado.—Eso no era parte del trato.
Dex cruza sus fornidos brazos sobre su pecho. —Simms. El pequeño hijo
de puta. —Simms, quien es una maciza parte de la defensa, también está
recibiendo algún servicio personalizado.
Me aparto y pesco una botella de agua de la nevera. —Dejemos que
acaben, y luego las chicas salen de aquí. —Tomo un largo trago y hago una
mueca. —Me importa una mierda si es el cumpleaños de Gray, no tengo que ver
toda esta mierda.
No me importa, si nos descubren estamos con la mierda hasta el cuello.
No por la policía. Es una triste realidad que somos tan venerados por esta ciudad,
por este Estado, que podemos hacer cualquier cosa por debajo del asesinato. Y
algunos días, me pregunto si realmente incluso eso.
134

No, estoy hablando del Entrenador, quien no aguantaría ninguna mierda.


Dex gruñe. Su rostro se queda en blanco y se muerde el labio. Si hay una cosa
Página

que sé sobre Dex, es su intenso disgusto por el exhibicionismo. Nunca ha sido


para eso del sexo casual. Por lo que sé, podría tratarse de un chico súper recto y
que sigue siendo virgen.
—¿Por qué no detenerlos ahora?
—Es cruel detener a un chico a la mitad de… —Me encojo de hombros, no
queriendo terminar esa declaración.
Pero he hecho sonrojar aún más a Dex.
—Puedes irte si quieres —le ofrezco—. Puedo limpiar sólo.
Dex niega con la cabeza y agarra su agua, tomándola en dos tragos. Baja
la botella vacía y la cierra, y limpia su boca con el dorso de la mano. —No, no voy
a hacerte eso, hombre. ¿Puedes imaginar que una novia esté bien con esto?
A pesar de mi mal humor, una sonrisa tira de mis labios. Anna
probablemente me daría un sermón acerca de cómo hacen a la mujer un objeto y
cómo estos servicios pagados deshumanizan a ambos sexos. Estaría en lo
correcto, pero ella nunca ha tenido que hacer frente a un Gray quejoso antes.
Orgullo. Una cálida satisfacción me baña cuando pienso en Anna. Y luego se
escurre rápidamente, dejándome helado, porque quiero a Anna reuniéndose con
Dex y con el resto de ellos. Lo cual parece que jamás va suceder. Se resistiría a la
idea.

Por otra parte, ella vino a mi práctica de hoy. Ella me busco por la
comodidad habitual. La calidez vuelve. Es extraño cuanta satisfacción me da
quitar el dolor de sus ojos y reemplazarlo con felicidad. Cuando pienso en su
estúpido padre ausente, a quien me gustaría golpear personalmente hasta dejar
una mancha de él en el césped, y al novio “de las manos itinerantes” que tiene su
madre; la resistencia de Anna para intentar hacer una conexión más profunda se
vuelve más clara. Mientras que yo crecí viendo de primera mano lo que puede
ser una relación amorosa comprometida, ella probablemente no tiene ni idea.
—¿Tienes una mujer, Dex?
Dex estudia los gabinetes detrás de él como si tuvieran el secreto de la
vida. —Sólo estaba pensando en voz alta.
—No parece. —Doy un trago y trato de ocultar mi sonrisa. —Suena como
que tienes miedo de lo que una chica específica podría pensar. —Lo que haría
que ya seamos dos.
—Había una chica. —Las esquinas de los ojos de Dex se extienden, como
si estuviera atrapado entre una sonrisa y una mueca.—A ella no le gustaba el
135

football. ¿Y qué podía decir al respecto? —Concuerdo con él. —Dijo que éramos
sólo unos niños con enormes cuerpos.
Página
—Bueno, a veces lo somos —murmuro—¿Pero no lo somos todos los
hombres en algún momento u otro?
—Sabes que será peor cuando estemos en todo lo alto. La importancia de
todo esto. —Dex acaricia su barbilla y la mueve hacia la sala de estar. —Añádele
una puta tonelada de dinero a esto, y verás el desastre que resulta.

Dinero. Por cómo estamos jugando la mayoría de nosotros, estaremos


amontonando una montaña por estas fechas el próximo año. No es una fantasía,
es un hecho. Y vendrá con la expectativa de excelencia. Contra los chicos que son
más rudos, rápidos, fuertes, y por mucho, más experimentados. Después de
ganar el reconocimiento nacional, he tenido el privilegio de hablar con algunos
de mis héroes: los mariscales de campo que han ganado el Super Bowl.
Ellos no se hacen ningún lío en ser francos y hablarte de la presión
implacable. En la universidad, tienes lo que se siente como 10 minutos en el bolsillo.
¿En la NFL? Son diez segundos. Y es mejor que creas que te golpearan con fuerza. No
andas buscando el cañón de una pistola, sino el maldito cañón, chico.
¿Eso me asusta?
Me pone ansioso como un demonio. Quiero con mi vida que pase ya.
Encojo mis hombros y bajo mi botella también vacía. —Estaremos bien, y por
“estaremos” me refiero a ti, unos cuantos otros, y yo. No estoy muy seguro sobre
alguno de estos cabezahueca.
Dex sólo me mira como si no hubiera respondido de la manera que quiere.
—¿Piensas que es inteligente enamorarte de una chica cuando sabes lo que te
espera en un futuro cercano?
—¿A qué te refieres con eso? —Sé que estoy con el ceño fruncido pero ¿él
acaso cree que un chico puede simplemente acabar con sus sentimientos?
Los enormes hombros de Dex se levantan y caen. —Estoy pensando en
una chica que ama la vida tanto como te ama a ti, para tratar la mierda con la que
vamos a estar lidiando, eso es todo.
La mueca en mi cara parece hundirse en mis huesos. Quiero bambolear mi
cuello solo para deshacerme de la sensación fea que se está asentando sobre mí.
¿Ama la vida? Mierda, yo ni siquiera sé cómo llegar a hacer que Anna considere
la posibilidad de amarme.
Una chica decide perder la tanga y saltar al regazo de Gray, y he tenido
suficiente.
136

—Muy bien, eso es todo —digo. —Estoy dando por terminado este juego.
—Ya era hora —murmura Dex.
Página

—Escuchen —exploto, con mi tono de mando —la fiesta se acabó.


—¿Qué?—grita Simms.—Acabamos de empezar.
—Y ahora vamos a finalizar. —Dex planta sus pies bien separados y cruza
sus gruesos brazos sobre el pecho.
—Estamos llegando a los límites. El entrenador se entera de esto y las luces
se apagan.
—No jodas, hombre, eso es malo —se queja otro chico.
Pero están escuchando, Dex y yo somos co-capitanes, y están
acostumbrados a escucharnos.
Además, no nos hemos esforzado tanto esta temporada como para
arruinarlo ahora. Las mujeres, por otro lado, están atónitas conmigo y con Dex,
como si nos hubiéramos vuelto locos.
¿Qué hace que mis chicos no muevan sus pies?—Vamos — aplaudo con
fuerza. —Muévanse.
—Sí, mamá
—Así es —digo al grupo. —Mamá y Papá han hablado, así que sean
buenos pequeños bastardos y vayan a la cama. —Alguien lanza un resoplido por
ponerle fin a esto, pero se están moviendo, haciendo su camino hacia la puerta,
con Dex arreándolos hacia ella. En cuanto a las chicas, todas menos una se
escurren al cuarto de baño para ponerse su ropa de nuevo, refrescarse, o lo que
sea, no quiero saber. La que se ha quedado es la que me preocupa. Ella me está
mirando como si fuera una bola de helado en un cono, mientras avanza más,
vestida sólo con unos tacones negros, sus pechos rebotando con cada paso.
Mierda. Me ocupo de recoger botellas vacías, rogando que sólo esté en
busca de un trago. No tuve esa suerte. —Battle Baylor. ¡Dios!, tú sí que eres
caliente.— ella se arrima más cerca, rozando sus pezones con mi brazo mientras
se mueve para quedar frente a mí. —Incluso eres mucho mejor en persona de
como luces en la TV. —Son de tamaño natural también. Me niego a acercármele
correspondiéndole, pero quiero. No estoy ciego, el cuerpo de esta mujer es de alta
calidad y dispuesto. Todavía la quiero lejos de mí. Mantengo mis ojos en su
rostro. —Tengo limpieza por hacer aquí. Tú y tus amigas, ¿todo bien con el
pago?— Me da una escasa sonrisa, sus labios brillando con una capa de brillo
rosa que probablemente sabe como a cena rancia.
—No te preocupes sobre el pago. Ya terminó mi horario de trabajo como
para eso. He estado muriendo por poner mis manos en ti.
Ojos azules bordeados de lápiz de ojos oscuro miran hacia mí. Ella empuja
137

sus tetas desnudas bajo mi nariz.


Algo en lo más vil de mí puede apreciarlo, una mujer desnuda es una
Página

mujer denuda, después de todo. El resto de mí, sin embargo, se siente incómodo.
Cuando estaba en la escuela secundaria, tuve fantasías de ser atendido por
múltiples mujeres a la vez, de recibir exactamente este tipo de proposición. El
joven en mí había pensado que iba a ser sexi como el infierno. La realidad, muy
pronto me doy cuenta, es cutre y torpe.
—Siento decepcionarte, pero no me interesa. —Ni siquiera un poco. La
necesidad de apresurarme a sacarla de mi casa presiona en la parte posterior de
mi cuello. Más aun cuando ella se inclina hacia mí y sus pechos rozan mi camisa.
Ella huele a cerveza y desodorante, y tenía la polla de mi mejor amigo en su boca
no hace ni diez minutos. El pensamiento me hace preguntarme cómo mantuvo
su brillo de labios tan impoluto.
—Ah, ahora, Battle —ella frota su mano sobre mi pecho mientras me mira
—creo que cambiarás de opinión cuando veas lo que puedo hacer con mi boca.
Yo no quiero tener nada que ver con su boca. Estoy bastante seguro de que
nunca seré capaz de ver el brillo de labios de color rosa de la misma manera otra
vez.
Suavemente, tomo su muñeca y aparto su mano de mí.
— Cariño, podrías succionar el centro de una Tootsie top y todavía diría
que no. No es que no aprecie tu oferta.
Ella pone mala cara, pero da un paso atrás. —Tienes una manera divertida
de mostrar tu aprecio.
—Como te he estado diciendo, es hora de irse. Conduce con cuidado.
Es casi divertida la forma en que parece tan confusa y desconcertada.
Como si ella nunca hubiera contemplado la idea de ser rechazada. Ella toma una
larga mirada de mí, y luego recoge sus cosas, tirando de una camiseta y
pantalones ajustados de su bolsa, para seguir adelante.
—¿Por qué los realmente calientes son siempre gay? —dice mientras se
cuelga su bolso sobre un hombro. Lanza al aire su largo pelo rubio, y luego se va.
Quiero hundirme en alivio. Sólo Gray está ocupado mirándome con
disgusto. No me había dado cuenta que él estaba cerca.
—No puedo creer que lo rechazaras.
—No puedo creer que pensaras que aceptaría su oferta.
Gray niega con la cabeza. —Bien, tú no engañas. Pero algunos de nosotros
no hemos perdido nuestras pollas por una chica. Tenía planes, ¿sabes? Y ellos no
te incluían a ti enviando a esas mujeres a casa.
138

Correcto. No me gusta pensar en cuales eran esos planes. Especialmente


con los ojos de Gray vidriosos y arrastrando las palabras.
Página
—Mira, si quieres echar un polvo, llama a una de tus amigas. —Las cuales
son unas perdidas. Palabras de Gray. —No tomes mujeres de ese tipo en esta
casa.
Gray resopla con fuerza a través de sus labios. —¿Crees que hay alguna
diferencia para mí?
—Hay un mundo de diferencia, y lo sabes. —Al menos algunas de sus
folladas, y estoy empezando jodidamente a odiar ese término, no esperan pago.
Lo miro, considerándolo. La oscuridad se esconde en su expresión. De repente
me doy cuenta de que su familia no lo ha llamado. —¿Quieres quedarte aquí?
Podemos pasar el rato.
Dice adiós con su mano, tambaleándose sobre sus pies. —Na. No estoy
listo para terminar la noche.
—Iré contigo.
Gray se aleja. —De ninguna manera. No cuando estás en el modo de
"Mamá Gallina". Ve a acostarte. Está todo bien.
Por encima de su hombro, me encuentro con los ojos de Dex, y él me da
un movimiento de cabeza. Él tiene esto.
—Está bien. —No estoy feliz por esto, pero empujarlo podría sólo
enojarlo. No es algo que yo quisiera hacer esta noche. Mientras que sepa que va
a llegar a casa y quedarse allí, entonces tengo que respetar sus deseos. Le doy una
palmadita al hombro de Gray. —Feliz cumpleaños hombre.
Me mira por un momento, cabreado, pero luego los nubarrones se van y
de repente tira de mí en un abrazo de oso. Nos damos un golpe en la espalda del
otro, y me encuentro a mí mismo aliviado.

Solo en mi habitación, sin embargo, no puedo dormir. Mi teléfono


descansa pesadamente en mi mano. Anna ha confesado ser un ave nocturna,
sobre todo debido a quedarse hasta tarde leyendo. Yo podría estar leyendo
también. Mi libro de jugadas se apoya en el otro lado de la cama, y hay una novela
de Jack Reacher acumulando polvo en la mesa de noche. En cambio, corro mi
pulgar a lo largo del borde del teléfono, y mi pierna se balancea con gran
agitación.
—A la mierda.
Mi pulgar se desliza por la pantalla y pulsa “llamar” antes de que pueda
disuadirme.
139

Ella responde con un ronco —¿Hola? —El sonido viaja a través de mi piel
en pequeños lametones de placer.
Página

—Hey —me acomodo en mi cama. —No te desperté, ¿verdad?


—No. Sólo estaba…
—¿Leyendo? —ofrezco con una sonrisa.
—Sí —suena vagamente molesta de que haya adivinado correctamente, y
mi sonrisa crece. Ella hace un pequeño ruido como un suspiro ahogado—. Es
demasiado tarde para una llamada para follar, Baylor.
—¿Es en sexo en la única cosa que piensas, Jones? —Apoyo mi cabeza en
mi brazo doblado y miro hacia el techo. —Quiero decir, ¿qué pasa si sólo quiero
oírte hablar esta noche?
Ella resopla. —Si alguien tuvo una noche memorable, fuiste tú. Hablando
de eso, ¿por qué me llamas ahora? ¿No deberías estar, no lo sé, poniéndote
borracho?
—No bebo durante la temporada.
—¿En serio?
—Como una clase de historia. —Dirijo una mano sobre la piel desnuda de
mi abdomen, y desearía que fuese Anna tocándome. —Se mete con mi
rendimiento, y de todas formas no necesito la molestia que viene con la fiesta.
Esta noche, fui el conductor designado y todo un aguafiestas.
—Los chicos deben haberte amado. —Hay una sonrisa en su voz.
La oscuridad me rodea, cálida y cercana ahora. —Pudo haber habido
algunas quejas…
—Pobre bebé —canta sin compasión alguna. —No llegaste a tener ninguna
diversión.
—Depende de tu concepto de “diversión”. —Me gustan sus bromas y
quiero más.
Ella se ríe, una suave risa sofocada que hace que mi intestino se apriete. —
Entonces, ¿qué hiciste esta noche? ¿O no lo deberías decir?
—Te lo diría, pero tal vez no quieras escuchar.
—Pfft. Eso sólo me pone más curiosa. Y lo sabes Baylor.
Sonrío antes de encender la luz a mi lado. —Correcto. Algunos chicos le
compraron a Gray un grupo de strippers.
—¿Estaban buenas? —pregunta de inmediato, su voz es superficial.
Es cuando me admito a mí mismo que quiero sus celos. Lo cual es una
estupidez. Y estúpido es estar decepcionado cuando ella no lo está. Me encojo
140

de hombros, pero luego me doy cuenta que ella no puede verme. —Gray parecía
pensar que si.
Página

—¿ Pero tú no? —Un mundo de escepticismo vive en su tono.


—No.
—Correcto. —Casi puedo oír sus ojos rodando. —Así que un montón de
mujeres desnudas dando vueltas no te provocó nada a ti. Buen intento, Drew.
—¿Quieres saber lo que me hizo sentir? —Mi respuesta es más aguda de
lo que quiero que sea, pero no puedo controlarlo. —Vacío. Al igual que el mundo,
que está repleto de gente solitaria que no saben qué coño están haciendo con sus
vidas.
No es hasta que digo esas palabras que me doy cuenta de lo solitaria que
ha sido mi vida. Hasta ella. Hasta que comprendí cómo la vida podría ser si ella
me dejase entrar.
Anna está en silencio por un momento. —Tal vez eso es cierto. Pero no se
puede arreglar a otras personas. Sólo a ti mismo. —Suena tan triste, me siento
como que le pisé los talones.
—Además —le digo, haciendo mi tono más ligero, burlándome, porque
es más fácil para los dos —hay una chica en la que no puedo dejar de pensar. Ella
ocupa toda mi atención, incluso cuando no estoy con ella.
Su voz es juguetona, cayendo en línea con la mía. —¿Estás seguro de que
esta no es una llamada para tener sexo?
¿Quieres que lo sea? Casi pregunto, pero estoy demasiado cansado, así que
le digo la verdad en su lugar. —Se trata de mí, no pudiendo dormir y con ganas
de escuchar tu voz.
Su respiración se atrapa, un sonido gratificante si alguna vez he oído uno,
y luego viene el sonido moviéndose alrededor, como si ella también se hundiese
bajo sus cubiertas. —Iris y yo salimos en busca de hamburguesas esta noche —
dice en voz baja, una abertura de conversación que me sorprende tanto y envía
una punzada a mi pecho. —George, por lo general, viene con nosotras, pero ha
estado mendigando fuera últimamente. Lo cual es un tanto extraño.
Tal vez debería estar celoso de George. Está claro que es el mejor amigo de
Anna. Salvo que ellos realmente se tratan unos a otros como hermanos.
Metiendo mi brazo bajo la almohada cierro los ojos, entonces sólo somos
ella y yo.
—¿Qué crees que está pasando?
—Me gustaría decir que fue una chica, sólo que George suele anunciar
cuando está con alguien, y él no lo está haciendo.
141

—¿Anunciarlo? —Me estoy riendo de la idea.


—Sí. Él estaría empezando a cantar “No hay descanso para los malvados” de
Página

Cage The Elephant en voz baja a todas horas.


—Eso es… ¿interesante?
—Se está volviendo extrañamente loco, es lo que es. Especialmente desde
que suena como Mickey Mouse cuando canta.
Y entonces los dos estamos riendo.
No sé cuánto tiempo hablamos de cosas intrascendentes antes de dar una
cabeceada para dormir. Cuando me despierto por la mañana, el teléfono aún está
acunado en mi mano.

142
Página
Traducido por Michelle M
Corregido por Pily

Drew
Cuando entré a la universidad mi mayor elección no era algo urgente.
Sinceramente, pude haberme ido hacia la Educación en General, haciendo los
mínimos requerimientos y a nadie le hubiera importado. No lo dudé; el punto se
hizo muy claro para mí. Tenía extremadamente claro que no quería ese viaje. Iba
contra todo lo que mis padres me enseñaron. Claro, elegí Literatura Inglesa
porque fui criado con ella y no pudo ser más fácil para mí. El fútbol es un trabajo
de tiempo completo y necesitaba todas las ventajas de mantener mi cabeza fuera
del agua cuando se tratara de lo académico.
Sin embargo trabajo hasta el culo y me las arreglo para mantener un
promedio de 4.0. Estoy orgulloso de eso. Aun así estoy deseando graduarme.
Estudiar sin fin y la falta de sueño me está afectando.
A decir verdad, mis parpados se sientes pesados y mi cabeza quiere caer
hacia delante mientras mi profesor de Literatura en cine habla como un zumbido
sobre las diferencias entre la película y la novela de Una habitación con
Vistas. Tomo respiraciones profundas, tratando de aclarar mi mente, pero la
habitación mal ventilada no está ayudando.
El final de la clase no puede llegar lo suficientemente rápido. Miro
rápidamente el reloj mientras el profesor Gephard nos regresa el examen que
tuvimos la semana pasada.
Un honesto examen de evaluación. Como si todavía estuviéramos en la
secundaria. Me entraron ganas de reír cuando nos lo dio.
143

―Buen trabajo, señor Baylor ―dice Gephard mientras pone el examen en


mi escritorio. Un 100. Puntuación perfecta.
Página

Sobresalgo en esta clase. Francamente, es muy fácil y me gusta el material.


Le doy un asentimiento, mis ojos escaneando la prueba a falta de algo
mejor que hacer, cuando veo un error. Frotándome los ojos, lo leo de nuevo. Sí,
contesté mal la pregunta número diez.
Esperando hasta que todo el mundo se esfumara, me dirijo a la mesa de
Gephard. Levanta la mirada mientras me acerco.
―¿Cómo puedo ayudarlo señor Baylor?
―Hay un error en mi prueba. Tengo la respuesta diez incorrecta. ―Señalo
la pregunta―. Debería ser Charlotte Bartlett, no Freddy Honeychurch.
Gephard ni siquiera mira el papel, pero parpadea hacia mí como si
estuviera farfullando. La parte trasera de mi cuello se pone caliente. Es solo una
pregunta estúpida. No debería empujarlo. Pero me molesta igualmente.
Señalo la hoja de nuevo.
―Escribí que Freddy le dijo al señor Emerson que Lucy rompería su
compromiso con Cecil. Pero fue Charlotte.
Sonriendo, Gephard pone su palma sobre la prueba y me la regresa.
―Es obvio que ha leído el trabajo a fondo, señor Baylor. No veo ninguna
razón para marcarte por un simple error.
Algo espeso y feo se retuerce a través de mi estómago.
―Pero me equivoqué.
―Sí, sin embargo, está claro que sabías la respuesta. El hecho de que
pudieras descubrir el error me dice lo mismo. ―Sonríe de nuevo―. Excelente
juego el de la semana pasada, por cierto. Llevé a mi nieta a verte jugar.
Un pulso comienza a palpitar en la base de mi cuello.
―Eso es genial… ―Miro hacia el enorme 100 garabateado en la parte
superior de mi examen―. ¿Me está diciendo que cuando un estudiante responde
una pregunta mal, usted lo ignora si sabe que leyeron el trabajo a fondo?
Su sonrisa se desliza un poco.
―Eres un estudiante de A. Uno de los mejores de esta clase.
La bilis quema mi garganta. La trago, pero no puedo controlar la forma en
que mi corazón está latiendo.
―¿Llegué allí por mi cuenta o tuve ayuda?
Gephard se sienta con la espalda recta, su boca de adelgaza en una línea
144

de color purpura.
―¿Qué es exactamente lo que quiere implicar, señor Baylor?
Página
―No quiero implicar nada ―digo de manera uniforme, como si no
quisiera agarrar su suéter de lana y sacudirlo hasta que su dentadura resuene―.
Le estoy preguntando si le da las mismas oportunidades al resto de mis
compañeros de clase.
Su mirada acuosa parpadea hacia la mía.
―Mis colegas y yo estamos conscientes que usted tiene más
responsabilidades que sus otros compañeros de clase.
―Tiene que estar bromeando. ―Toma todo lo que tengo no romper mi
puño en la mesa―. Nunca pedí su ayuda. No la quiero. Nunca.
―Oh, por el amor a Dios… ―Gephard arrebata el papel y hace un corte a
través de la pregunta con su pluma roja. Sus nudillos tiemblan mientras escribe
99 en la parte superior de la hoja. Y lleva de nuevo el papel a mi dirección―. Ya
está. Una reducción de puntos. Ahora tiene una A menos, señor Baylor. ¿Feliz?
Furia estrella su puño contra mi esternón.
―No trate de insultarme.
Las tenues cejas de Gephard suben pero no le doy oportunidad de hablar.
―Tengo el justo derecho de hacer preguntas como cualquier otro
estudiante. ―Sosteniendo la prueba entre nosotros, lo miro―. Aparentemente
mucho más.
Su rostro se vuelve color magenta.
―Estás exagerando.
Apoyo mis puños sobre la mesa, inclino mi peso sobre ellos, con lo que mi
cara está al nivel de la suya y él se estremece. El miedo ensancha sus ojos y quiero
bufar. Piensa que soy un matón. Perfecto. Pero no voy a retroceder. Mantengo el
nivel de mi voz y lo digo pausadamente así él puede escuchar cada palabra
claramente.
―Siento disentir.
Arrebatando la prueba, me giro y salgo del aula de clases.
Me las arreglo para alejarme de Gephard sin gritar, pero estoy lejos de la
calma. Apenas puedo ver recto mientras dejo el campus y vuelvo a casa. Mi
cabeza está palpitando, mi garganta se cierra y duele. Hay un zumbido en mis
oídos.
En el asiento de mi coche, la prueba está boca arriba, burlándose de mí con
su falsa puntuación. Sí, todavía recibí una A. ¿Pero cuántas otras veces fui
145

ayudado por mis maestros? En su mayor parte, en Literatura inglesa, la mayor


parte de mis notas proceden de lo bien que mis profesores creen que manejo el
Página

tema. Pienso en las horas; inclinado sobre mi computador, tratando de plasmar


mis pensamientos en palabras. Y el orgullo que sentí cuando me dieron una alta
calificación en esos papeles.
Mis sudorosas manos agarran el volante mientras una ola de humillación
me golpea. ¿Todo fue una broma? ¿Una jodida broma sobre mí?
No lo sé. Y eso me quema. Tengo que saber.
En casa, corro hasta que llego a mi oficina.
Mentiras. Todo podría ser mentiras. Años de ellas.
Las manos me tiemblan, mientras rasgo a través de mis archivadores, con
la intensión de arrancar las antiguas pruebas y ensayos. Los papeles se baten,
vuelan y van al suelo. Agarro un viejo examen, listo para apartarlo, cuando me
detengo, mi respiraciones sale en pequeñas y duras cantidades.
La hoja se tambalea ante mis ojos, el sonido de mi corazón golpea en mis
oídos. Y luego la prueba se desmorona en mi puño. No puedo ver.
―¡Joder! ―Aviento el papel hecho un ovillo tan duro como puedo. Golpea
la pared con un toque inservible―. ¡Mierda!
Me hundo en el suelo, agarrando las puntas de mi cabello y parpadeo
duro. Estoy temblando y no puedo parar. Quiero vomitar. Quiero golpear con
fuerza mi escritorio.
Soy un cobarde, porque no puedo llevarme hacia la verdad. Si todos ellos
me han ayudado, no puedo vivir con la humillación. Pero la duda ya está ahí, y
sé que nunca desaparecerá. Puedo tratar de ser la mejor persona que puedo ser,
pero el mundo solo quiere ver una parte de mí. Y me siento enfermo hasta mis
huesos.

146
Página
Traducido por gabyguzman8, Tannia Maddox , Michelle M & Pagan Moore

Corregido por Debby

Anna
―¡Aquí está el hombre fatal!
―¡El hombre fatal! ―Todos aclamábamos, alzando nuestras copas en alto
en honor de nuestro amigo. El hombre fatal, cuyo verdadero nombre es Joseph
Schwartz, está radiante, su cara redonda y rizos angelicales brillando a contra luz
sobre la mesa de póquer.
―¡Sí, sí! ―Se sonroja.
El rubor crece cuando su novia, Jin, le da un sonoro beso en la mejilla.
―Tan modesto, mi hombre.
Fuera, ha empezado a llover, dentro está cálido, el olor a pizza y cerveza
inunda el aire. Estoy pegado a mi viejo grupo de estudio de la secundaria,
jugando póquer y celebrando que “el hombre fatal” tiene un 180 en su LSAT9.
Aunque el grupo se disolvió el año pasado, y rara vez frecuentamos, nos
conocemos desde que éramos estudiantes de primer año, y esta reunión sabe
agridulce ahora que estamos en último año.
―¿Todavía quieres ir a Tulane, amigo? ―le pregunta Pete antes de tomar
un trago de su cerveza.
El hombre fatal, después de haber pasado el Mardi Gras en New Orleans
hace dos años, lo tiene claro en su cabeza, él va a la escuela de derecho allí. No a
Harvard o Princeton o cualquier Universidad dentro del Ivy League que sus
padres hayan tenido atesorada en sus corazones.
Todavía con un poco de rubor en las mejillas, el hombre fatal pasa una
mano sobre sus interminables rizos castaños. ―Si pueden tenerme, sí.
―¿Si? ―Pete reluce su sexy “Taye Diggs no tiene nada que hacer a mi
147

lado” sonrisa, mientras está reprimiendo un caramelo entre sus dientes parejos.
―Yo no lo dudaría, amigo. Tienes bastante ventaja.
Página

9
Test de admisión a la escuela de derecho.
Pete es el que tiene bastante ventaja después de haber sido miembro de
MCAT10 en Julio y haber sobresalido. No es algo que haya sorprendido a alguien.
Él es brillante. Y tiene sus propios planes. Será Johns Hopkins hasta el final para
él. El primero de su familia en ir a la Universidad y también a la escuela de
Medicina.
Aparte de Pete, el hombre fatal, y Jin, también dirigidos a la escuela de
leyes, el grupo incluye a John que quiere ser escritor, y yo. También, soy la única
que no tiene una pista o un plan maestro.
―Pete es bueno. Estarían locos de rechazar su solicitud. ―Jin apoya al
hombre fatal dándole un apretón en el brazo. Se ven tan lindos juntos. Siempre
acariciándose, siempre haciendo sonreír al otro.
Miro hacia la ventana donde las gotas de lluvias cristalinas salpican el
cristal.
Conversaciones zumban alrededor, reconfortantes y familiares. Pero hay
algo empujando mi piel desde mí interior, como si estuviera tratando de liberarse
de mi cuerpo y salir. Las siguientes palabras del hombre fatal me sacan de mi
niebla.
―Entonces yo… nosotros. ―Mira hacia Jin y se sonroja de nuevo―.
Tenemos más noticias. ―Se pone rojo como una remolacha mientras su mano se
posa sobre Jin―. Nos vamos a casar.
El silencio reina con tanta rapidez que hasta puede escucharse hacer
ruidos en el estómago de alguien. Si mi cara se parece a la de los demás, está
abierta como la de un pez. Jin y el hombre fatal hacen una mueca de tristeza, y
sus sonrisas felices caen, obligando a mi boca a moverse. ―¡Chicos! ¡Felicidades!
El resto despierta del shock.
John se aclara la garganta. ―Uh sí, felicidades. ―Es obvio que él piensa
que es un disparate. Y tal vez todos lo hacemos. ¿Matrimonio? ¿Ahora?
Jin entrecierra los ojos mirándonos―Todos ustedes piensan que estamos
locos, ¿cierto?
Atrapada.
―No. ―Pete protesta débilmente. Se acomoda alzándose en su asiento―.
No, Jin. Todos nosotros sabemos que ustedes dos son el uno para el otro.
Ella resopla pero se ve un poco apaciguada. ―Bueno, dah. De lo contrario
no lo estaríamos haciendo. Además, aplicaremos para una vivienda estudiantil
de casados. ―Pero esa no es la razón. La verdadera razón está escrita en la mirada
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Página

10
El MCAT (Medical College Admissions Test, por sus siglas en inglés) es un examen
presentado en los Estados Unidos por personas que desean entrar a una facultad de medicina.
que ella le da al hombre fatal. La manera en que él le devuelve la mirada. Ellos
sólo lo saben.
Estoy impresionada por la fe que se tiene cada uno. Su valentía.
John arroja sus cartas sobre la mesa. Hemos dejado de jugar de todos
modos. ―Dado que estamos anunciando mierda, conocí a alguien. ―Mira
alrededor, sus ojos azules presionando las esquinas―. Su nombre es John.
Otro doloroso silencio cae. No tenía idea de que John era gay. Estoy
bastante segura de que nadie aquí tampoco lo sabía.
―¿John y John? John―John. ―Palmeo su brazo, sintiendo la tensión―.
¿Qué adorable es eso?
Pretende fulminarme con la mirada, pero he oído la repentina paz en su
respiración, y veo la sonrisa que se arrastra sobre sus labios. ―Cierra la boca, A.
Pete lanza sus tarjetas también, y extiende su mano por más caramelos.
―No puedo creer que hayas esperado hasta ahora para decirnos que eres gay.
―Sólo me estoy aceptando, Petey.
Pete hace una mueca. ―Francamente me siento un poco insultado de que
nunca hayas coqueteado conmigo. Soy jodidamente caliente.
Él hombre fatal, resopla. ―¿Tú?, Claramente yo soy más caliente.
―Sí, pero tú ya estás tomado. ―John bromea, sin dejar de verse un poco
pálido pero sonriendo ahora.
―Y he escuchado que Petey no se acobarda ―añado, robando uno de sus
caramelos.
―¿Porque no me pruebas y lo ves? ―ofrece Pete con una mirada lasciva.
Tomo un gran puñado de caramelos, cortando un trozo en la punta, y todo
el mundo gime con fingido horror.
―¿Y tú Anna? ―John ofrece con una suave sonrisa―. ¿Tienes alguna
bomba que tirarnos?
Oh, claro. Estoy follándome al famoso mariscal. Ni siquiera bajo pena de
muerte iba a decir las palabras en voz alta. Esto podría sentirse como una traición
a Drew, y honestamente, podría ser una bomba, pero no es ningún logro. Ni
siquiera es algo que pueda decir con orgullo. Y sin embargo el pensamiento de
delatar a Drew hace que respire con miedo.
―Nah. ―Tomo otro bocado de caramelos, esperando que no se queden
149

atascados en mi garganta. ―Nada nuevo, nada que contar.


Con esa mentira, el grupo comienza a charlar de nuevo, hablando de sus
Página

planes. Pierdo el hilo de la conversación, sus palabras son zumbidos indistintos


unos de otros. Los rostros de mis amigos se convierten en una serie de
parpadeantes sonrisas y ojos brillantes. Por alguna razón, me dan ganas de llorar.
El sabor de las fresas artificiales inunda mi boca, y ese extraño impulso
dentro de mí se pone en marcha una vez más. Se siente como la insatisfacción. Y
necesidad. Me froto mi vientre bajo, donde se centra el dolor, contando los
minutos para volver a casa. Mis amigos están felices de una manera en la que yo
no lo estoy. Pero sé cómo puedo llegar allí, al menos temporalmente. Mi mano se
arrastra en busca de mi teléfono.

150
Página
Drew
Otro juego, otro triunfo. Invictos. Las eliminatorias, por primera vez en el
futbol universitario, se están acercando, y el campeonato es nuestro para perder
los estribos. Los chicos están llenos de júbilo cuando el autobús regresa al
campus.
La lluvia cae fuerte, y golpea la parte superior del bus como disparos. No
nos detiene de salir corriendo de él, o reírnos mientras Marshall se resbala en el
barro, cayendo de culo y maldiciendo.
Me detengo para coger mi bolsa esperando mi turno cuando el conductor
me llama para recoger mi equipaje. Parece que era lo más sensato habernos
quedado en el bus.
Al otro lado, la chica de Harrison está esperando bajo un paraguas
enorme, su culo apoyado en un brillante Range Rover negro.
―Guao. ―Rolondo Johnson nuestro receptor estrella silba mientras viene
a mí lado―. Esa es una belleza para conducir.
―¿De quién es el coche? ―pregunto, frunciendo el ceño mientras Harrison
corre a saludar a su chica. Porque ambos sabemos que es un muy buen apoyo
extra o un agente quien le dio ese coche. Los agentes son particularmente
agresivos en cazarnos. Ellos no pueden, rotundamente, darnos cosas, pero son
expertos en encontrar áreas poco definidas, prestar un auto lujoso de manera
indefinida, comprar a los padres desamparados de los chicos una mansión,
comprar regalos a sus amigos de la infancia a cambio de que digan buenas
palabras sobre ellos, y una docena de zanahorias brillantes estarían colgando
frente a nuestras caras si firmábamos con ellos.
―Es de Garrity.
Uno de los agentes sinvergüenzas. Oh, hay unos cuantos que son más
sutiles. Se presentan en los partidos con representantes de la compañía, con la
promesa de ofertas de publicidad a montones que pueden servirte. O se las
arreglan para conseguir chicas que cuiden personalmente de ti. Yo toqué mi
primer par de tetas falsas, cortesía en una de las salas privadas de los agentes.
¿Lección aprendida? El plástico nunca será tan bueno como carne real.
Rolando sacude su cabeza, dispersando el agua. ―Mejor que Harrison no
se dañe o va a perder esa atracción.
―El ni siquiera debió aceptarlo, es estúpido. Sin mencionar que está
151

jugando la ruleta rusa con el Comité de Infracciones. ―Los cuales ha tirado en


picada a los mejores y más grandes jugadores por violaciones menores.
Página
Al escuchar mi tono, Rolondo me mira y su expresión se empieza a
endurecer, la lluvia está rebotando en sus hombros. ―¿Crees que es fácil? Tú ya
tienes dinero. ―Frunce el ceño―. Tú no compartes un puto hueco de cuarto con
dos hermanos o inspeccionas tus sábanas para ver si hay cucarachas en la noche.
Sus palabras se envuelven alrededor de mi cuello, sofocándome. ¿Debo
sentirme culpable? Tal vez debería. Tal vez debería asentir y callar. No es como
si él pudiera notar, que todavía me está consumiendo.
―Nunca tuviste que lidiar con nada de eso. Tuviste una familia quienes…
―Rolondo se detiene rápido, sus ojos se abren con horror, y peor que eso, con
lástima―, ¡mierda! hombre, yo no quería decir eso.
―No, tienes razón. Me lo merecía. ―Me negaba a ser compadecido por la
pérdida de eso―. Y puedes llamarme una perra creída si quieres. Pero Harrison,
tú, y yo, tenemos el talento para hacerlo todo por nuestra cuenta. No chupes la
polla de un agente solo porque te da juguetes lujosos.
Las fosas nasales de Rolondo se ensanchan, su boca se endurece, pero
luego estalla en una amplia sonrisa y ríe. ―Mierda, no necesitas ir por mí a la
escuela de maestría, chico batalla.
―¿Yo? ―resoplo―, tú eres el que está hablando largo y tendido de la
inconformidad con nuestra formación.
Sus cejas se levantan como plumas, y me da la mirada divertida que
siempre hace cuando caigo en lo que él llama “modo profesor”.
Un rubor aparece sobre mis mejillas y crece cuando Rolondo dice―: Y
pensaba que yo era él que estaba hablando del impacto disconforme de nuestro
status socio económico cuando se enfrenta a potenciales agentes con sus
incitadores estímulos.
Los dos nos miramos por un segundo antes de reírnos de nuevo.
―Comandante sociólogo de mierda ―murmuro.
―Henry puto Higgings. ¿Vas a volverme Eliza Doolittle?
―Ahí vas de nuevo. Tratando de convencerme para convertirte en ti. Deja
morir el sueño, hermano.
Londo frunce el ceño, mostrándome el dedo medio. ―Además, tú lo has
entendido al revés. Ellos chupan nuestras pollas.
―¿Quién está chupando pollas?―Gray se mete entre nosotros y palmea
con una mano nuestros hombros.
152

―Harrison ―decimos juntos.


Página
―Suena bastante bien. ―Gray nos da otra palmadita―. ¿Nos vamos? ¿O
ustedes dos van a sentarse bajo la lluvia y expandirse en su efusivo rollo sobre
penes?
Ellos planean salir por una pizza. Otros van a ver los partidos de la NFL
en el bar de Dino.
Yo no quiero hacer ninguna cosa. ―Me voy a casa a secarme y tomar una
siesta.
―Marica.
―Uno tiene que dormir un poco. ―Cuelgo la mochila sobre mi hombro y
voy a mi auto. Estoy empapado, y mi cuerpo duele con un cansancio general que
verdaderamente nunca pasa. Pero es el vació centrado justo detrás de mis
costillas lo que me molesta. Se está poniendo peor en estos días. Creciendo.
Realmente no quiero ir a casa. No hay nadie esperándome allí, nadie con
quien hablar. Los chicos son como hermanos para mí. Me divertiría si saliera con
ellos. Pero últimamente me encuentro solo queriendo… ser yo. Sin
conversaciones de mierda, sin expectativas, solo siendo yo. Lo cual hace que toda
la mierda tenga sentido. Pero la necesidad igual sigue aquí.
Paso una fría mano sobre mi rostro húmedo, pesco mis llaves y me
desplomo en mi auto tan pronto como abro la puerta. En el interior, el sonido de
la lluvia es más fuerte, el interior está sombrío y húmedo. Un nudo se alza en mi
garganta. Odio esta sensación de aislamiento. Frotando mi pecho dolorido, me
muevo para activar el encendido cuando mi teléfono vibra.
Una sonrisa aparece de golpe sobre mi rostro al ver el nombre en la
pantalla. Anna.
Mi sonrisa crece cuando leo el texto.
Este mensaje llega a usted por el SRTS (sistema de radio para tener sexo). Si está
de vuelta en la ciudad, traiga su culo mojado justo aquí.
Sólo Anna puede hacerme reír y ponerme duro de un solo golpe. Enciendo
el coche y hago rechinar los neumáticos, mi día, de repente es más brillante que
el desierto a mediodía.
153
Página
Anna
La lluvia golpea duro contra la ventana mientras abrazo mi cama. Drew
me tomó por detrás y después de quitar cuidadosamente el condón, ahora es un
peso reconfortante contra mi espalda, con sus brazos enmarcando los míos, con
nuestros dedos unidos. Respiramos como si fuéramos uno, con un ligero resoplo
mientras caímos desde lo alto en que el sexo nos llevó. Mi cara se estrelló contra
la almohada, pero no me importa. Soy una masa sin huesos, así de complacida
estoy. Y tan cálida con él que quiero rogarle que no se mueva. Nunca. Podríamos
simplemente quedarnos de esta manera y escuchar la lluvia. Nunca levantarnos.
Sólo que se supone que debo echarlo. Un nudo se junta justo debajo de mi
esternón mientras trato de reunir la voluntad para decir las palabras. Y entonces
él lo hace.
Sus labios se presionan contra mi hombro gentil, beso reverente.
Al instante me tenso. Y lo mismo le pasa. Puedo sentirlo tensarse
firmemente a lo largo de mi cuerpo. Pero él no se mueve. No, se tensa aún más y
después deliberadamente me besa de nuevo, como si me retara a protestar. Otro
amoroso beso sobre mi hombro. Luego otro.
Mi corazón se acelera de nuevo en mi pecho.
―¿Qué haces? ―Apenas puedo hacer la pregunta y suena demasiado
suave, demasiado débil.
Se detiene por un momento, sus labios apenas tocan mi hombro.
―Besando tus pecas. ―La punta de su lengua corre sobre mi piel, saboreando y
algo dentro de mí se calienta.
―¿Pero por qué? ―pregunto mientras sigue haciéndolo. Lento.
Detenidamente. Explorando.
Es la ternura lo que hace que mi corazón lata más rápido y mi respiración
se quiebre.
―Porque moría por hacerlo. ―Dios, su voz. Es tan baja y suave, una
caricia en sonido. Me deshace. Combinado con sus besos, pronto seré un lío
tembloroso. Sus grandes cálidas manos acunan mis brazos, como si fuera huir.
Debería.
―Hay tantas aquí. ―Continúa de manera perezosa, sus labios corriendo
a lo largo de mi piel―. Como azúcar morena en la crema.
154

Resoplo. ―Son manchas color naranja.


El hace un ruido profundo en su garganta. ―Lo sé. Ahora quieta, estoy
Página

ocupado aquí.
No es como si pudiera moverme. Su pesado muslo se encuentra al lado
del mío y su cálido pecho se presiona contra mi culo.
Se mueve, pellizcando y degustando en su camino sobre mis hombros. Un
suave toque va a través de mi cuello para así poder besar mi nuca.
Me estremezco. Un temblor en el cuerpo se siente tan delicioso como
aterrador. Es demasiado. Demasiado íntimo. Él me rodea, con todo el calor y la
fuerza, con cada toque como si me adorara.
Presiona un beso abierto en mi hombro y un pequeño gemido viene de él.
―Soñaba con hacer esto el otro día.
―¿Qué? ―He caído en una neblina, pero eso me conmueve lo suficiente
para levantar mi cabeza.
Puedo verlo sonreír, pero su atención está en mis pecas. ―En la clase
―dice―, perdí la noción del tiempo pensando quitarte ese suéter blanco que
llevabas y lamiendo tus hombros.
Mientras subraya esa pequeña confesión, lame desde mi nuca hasta la
punta de mi hombro.
―No puedes estar pensando en eso en clases. ―Dios, no puede o estaré
pensando en eso cuando lo hace, y nuca recordaría una maldita palabra de
nuestro profesor.
Desafortunadamente, Drew niega con la cabeza mientras besa su camino
a mi espalda. ―Lo siento, Jones, pero no tienes nada que decir sobre mis
fantasías.
―Imbécil.
Se ríe ampliamente por eso, pero no se detiene. ―Por ejemplo tus pechos.
Desempeñan un papel protagónico en muchos. ―Se mantiene conversando
mientras se desliza por mi espalda, sus manos sostienen mis costillas―. Dios casi
lo pierdo durante una revisión de la materia, pensando en esos pezones, la
forman en que se tensan cuando los chupo y la forma de esos pequeños gemidos
que haces cuando lo hago.
Podría haber gemido otra vez porque se detiene por un momento, sus
labios succionan. ―Sí ―susurra―, de esa manera.
―Jesús. ―Es todo lo que puedo decir.
―O tu coño. Tu dulce y rosa… ―Besa profundo mi cintura―. Coño.
Siempre tan mojado para mí. ―La punta de su lengua baja, esparciendo placer a
155

su paso. ―Pienso en eso cada vez voy por aquí. ―Chupa la piel sensible en la
parte baja de mi espalda―. En cuan apretada y mojada estas para mí.
Página

Sus palabras son crudas. Debería protestar. No puedo. Mi cuerpo se ha


revelado contra mí. Se ha convertido en una cosa lánguida, estirada y ondulada
ante su tacto justo como un gato a la luz del sol. Estoy tan caliente que mi piel
realmente se estremece. Pero él no se detiene. Claro que no.
La verdad es que no quiero que lo haga. Nada se ha sentido mejor que
esto.
―Y luego está tu culo. ―Deja escapar un gemido largo que me sonroja.
No es que se haya dado cuenta. Está demasiado ocupado conmigo―. Este culo.
―Sus grandes manos palmean cada lado de mi trasero y lo aprietan.
―¡Drew!
―Shh. ―Le da a mi trasero una ligera palmada y me sonrojo aún más en
la forma en que mi carne se mueve. Mientras él tararea―. Estoy teniendo un
momento. ―Su voz es ronca―. Con este maldito culo perfecto.
―¡No lo es! ―Aunque estoy feliz con mi cuerpo, sé lo que es y lo que no
es.
―Ah, Jones. ―Hace un gesto de desaprobación―. Sólo toma los elogios.
―Le da a mi nalga izquierda un pequeño beso como una pluma.
―Simplemente soy honesta, tonto.
Otro beso aterriza en mi piel. ―Eres ciega. Tu culo. Jesús, todo tu cuerpo.
―Hace una pausa, con la boca apenas tocando el punto de mi espalda que se
abalanza para encontrarse con mi trasero―. Nada se le compara, Jones.
Estoy conteniendo el aliento.
―He visto a las chicas con las que has estado, Baylor. ―Tan pronto como
las palabras están fuera de mi boca, me estremezco. Es estúpido traerlas de mi
mente. Pero ya lo dije, así que tengo que terminar―. No puedes afirmar que mi
cuerpo es… ―Me equivoqué; no puedo decir el resto.
Y por la forma en que sus manos se aprietan en mi cintura, no creo que lo
tome bien. Cuando habla, es tranquilo pero insistente. ―El hecho que me resulta
difícil recordar a otra mujer debería decirte algo.
―Sí, bueno… Mierda.
Poco a poco se ríe. ―Nunca ganaras este argumento.
―¿Ah, no?
―No. Y ya que haces la pregunta. ―Su palma viaja por mi cadera y luego
hacia atrás―. Es mi opinión que tu culo es perfecto. Digo, tu culo es perfecto
para mí.
156

No puedo dejar de reír. ―No puedo creer que estés sacando


construcciones filosóficas ahora mismo.
Página
―Créelo, nena. ―Hay felicidad y cierta petulancia en su voz―. Me gusta
debatir contigo.
A mí también me gusta. Más de lo que debería. Me gusta él. ―¿Te das
cuenta que puedo usar el mismo argumento? En vista que has hecho a mi culo
una cuestión de preferencia personal en lugar de una discusión de hechos
empíricos.
Se ríe, su risa es ahogada por sus labios apretados contra mi piel.
―Y de todas maneras ―agrego un poco ahogada―, estás engañado.
―¿Cómo? ―Pero suena como si lo sabe muy bien. Simplemente no le
importa.
―Atacas sólo después de ponerme en debilidad.
Esto demuestra lo correcto cuando dice sonriendo. ―Soy un competidor.
¿Qué esperabas?
―No tu cara en mi culo ―murmuro. Pero su atención y cuidado son
condenadamente buenos que no quiero que termine. Quiero quedarme aquí y
dejar que haga lo que quiera de mí hasta que no pueda recordar mi nombre. O el
suyo. Así que por supuesto, como la idiota que soy, me tenso aún más.
―Relájate, Jones ―susurra, sus dedos ligeramente me hacen cosquillas ya
que los recorre―, puedes manejarlo.
―Es fácil para ti decirlo. No es tu culo el que está siendo inspeccionado a
quemarropa.
Otra carcajada retumba. ―Puedes inspeccionar mi trasero. No me
importa.
―Baylor ―advierto.
―Jones ―se burla. Y entonces su lengua lame la curva de mi mejilla.
Un gemido patético se me escapa y mi cabeza golpea el colchón. Pero él
simplemente se ríe roncamente, muy satisfecho de nuevo―. Si no puedes
manejarlo, llama a esto una bendición ―sugiere antes de darme un pequeño
pellizco.
―¿Una bendición? ―Eso sale demasiado parecido a un chillido.
―Sí. ―Su aliento es cálido―. Una bendición traer mi culo hasta aquí en la
lluvia por una llamada sexual.
―Oh, ya veo. ―Mi respiración se atrapa mientras el golpea un punto
157

sensible―. ¿Así que ahora esto es una tarea?


―Nunca dije eso. ―Acaricia, malditamente acaricia, mi trasero―. Dije que
Página

llamaras si querías sentirte mejor. ¿Pero yo? Yo estaría aquí cada día si me dejas.
No voy a entrar en eso. Pero no puedo evitar sonreír contra mi antebrazo.
―¿Y qué bendición me darás la próxima vez?
El me da otro beso suave. ―Cualquier cosa.
Rápidamente, pero constante, responde enviando un poco de emoción a
través de mí. Aprieto los labios más duro en mi antebrazo. ―Cuidado Baylor,
podrías lamentarlo.
Hace un zumbido. Contenido. Divertido. ―Posiblemente. Pero algo me
dice que lo voy a disfrutar, también.
Ligeramente traza sus dedos sobre mis caderas, levantando piel de gallina
en su paso.
―¿Y qué tal un masaje en los pies?
―Tal vez tengo un secreto fetiche con los pies. ―Sé que está sonriendo.
Lo puedo sentir por mi piel―. Tal vez baje a tus pies.
Me río un poco. ―Si piensas que vas asustarme, estas equivocado.
―Probablemente dé grandes masajes. Con sus dedos fuertes. Estoy tentada a
pedir uno ahora.
―Maldita sea. ―Su suspiro me hace cosquillas en la espalda―.
¿Entonces? ―Otro beso―. Vamos, golpéame con eso.
Inclino mi cabeza y me acurruco en la cuna de mis brazos. ―Tal vez te
tenga editando mi trabajo de clase.
Él se queda quieto, puedo escuchar mi propio corazón y entonces apoya
su mejilla en mi trasero. Quiero retroceder y deslizar sus brazos debajo de mí y
permanecer pegados.
―¿Editarlo? ―Su voz vibra a través de mi piel.
Asiento distraídamente. ―Mm. Ya sabes, indica todos los defectos de la
lógica como lo haces en la clase. Odio admitirlo, tienes más razón de lo que te
equivocas. No es de sorprenderse, por alguien tan inteligente como tú.
Estoy básicamente balbuceando, pero su poder sobre mí me aprieta, y él
toma una respiración fuerte.
Las mantas se mueven ligeramente cuando estiro mi cuello para mirarlo.
Desde mi punto de vista sólo puedo ver su perfil desde arriba, las vetas de oro
de su cabello en la coronilla de la cabeza y el marrón más oscuro a lo largo de su
sien, el alto puente de la nariz, y la gruesa curva de sus pestañas contra sus
mejillas. Con la cabeza apoyada en mi culo, su cuerpo es la mitad de la cama, él
158

es tan malditamente alto. Delgado pero fuerte, musculoso pero elegante. Podría
mirarlo siempre. Y sus hombros están tan apretados ahora que cada tendón y
Página

curva se destacan.
―¿No crees que eres inteligente? ―Mi voz suena áspera en la
tranquilidad.
Su respuesta es tan tosca, pero hay un indicio de risa amarga en ella. ―Oh,
lo reconozco soy inteligente. ―Levanta la vista, y cuando nuestros ojos se
encuentran, ese familiar, dulce golpe me golpea directamente en el corazón. Sus
ojos son oscuros y están brillando en la luz baja―. Es sólo que, fuera de mi
equipo, a mucha gente le importa una mierda si lo soy o no.
No, la mayoría sólo se preocupa por su brazo. El que ahora está envuelto
alrededor de mi cintura, y me da un pequeño apretón como si necesitara
acercarme más. O su mano, que presiona con ternura mi bajo vientre, tan cálida
y segura que la satisfacción se extiende sobre mí.
Quiero mantener este momento. Mantener esta parte de él, como un
secreto. Pero él no es mío para mantenerlo, e incluso a pesar de que podría hacerle
daño que las personas sólo vean su superficie, aún ama esa vida. ¿Y por qué no
habría de hacerlo? Su talento es inmenso, y él trabaja duro. No quiero cambiar
eso. Esto lo cambiaría.
Mirándome, su expresión se vuelve preocupada y dolida. ―Atrapé a uno
de mis profesores dándome una mayor calificación. ―Casi se ahoga con las
palabras, como si esto lo matara al admitírmelo―. No sé cuántas veces ha
ocurrido sin mi conocimiento, o si todos ellos han hecho cosas por el estilo.
Se sostiene tan fuerte, el dolor y la humillación que siente es tan evidente
que me pongo roja de ira. ―Que se joda, Drew. ―Nunca he querido golpear a
alguien tanto como quería golpear a su profesor―. Que se joda cualquier persona
que haga eso.
La mejilla de Drew se presiona más profundo en mi carne. ―Lo sé. Es sólo
que no me gusta pensar que mi carrera académica ha sido una mentira. ―Su voz
se reduce a apenas un susurro―. Eso significa mucho para mí.
Clavo mis dedos en mis antebrazos mientras fulmino con la mirada a la
colcha de la espina. ―Hiciste el trabajo, tienes la inteligencia para hacerlo. Nadie
puede quitarte eso. ―Trago más allá del espesor en mi garganta―. Y si no fueras
a ninguna clase, serías una de las personas más inteligentes que conozco. El más
dedicado.
El silencio sigue después de mi declaración, y la suave caricia de la
respiración de Drew me hace cosquillas en la piel. Cuando finalmente habla, su
voz es áspera. ― Siempre me haces sentir mejor. Como yo mismo otra vez.
Una punzada se dispara a través de mi corazón, dulce y doliente. Drew no
159

me hace sentirme como yo. Él me hace sentirme mejor que yo. Como si hay una
pequeña parte rota en mí, vibrando y perdida, y siempre que está cerca de él cae
Página
en su lugar y se aprieta. El pensamiento me aleja, hundiéndose en ese lugar frío
y espeso que me ahoga. Estoy empezando a necesitarlo demasiado.
Y porque es inteligente, y me conoce ahora, conoce mi estúpido miedo, su
agarre de repente cambia. Mientras una mano se aligera hasta la taza de mi
pecho, la otra mano se desplaza hacia abajo. Sus largos dedos callosos se deslizan
entre mis piernas, y yo cierro mis ojos, mis músculos se aprietan en esa deliciosa
manera que me hace sentir como un adicto, con ganas de pedir más y más.
Siempre más.
―¿De nuevo? ―pregunto como si estuviera media exasperada, pero no lo
estoy. Estoy agradecida, y mi corazón cae cada vez más en su cuidado. Eso me
aterra.
No consigo la oportunidad de caer en picado por el terror. Drew me da
vuelta, sus labios siguen el recorrido de sus manos. ―Solo pruebo mi anterior
punto de tu irresistibilidad. ―Es un soplo contra mi piel.
Cierro los ojos. No pienses. Simplemente siente. Y él me deja, porque los dos
somos excelentes mentirosos ahora.

160
Página
Traducido por Fabiro13, Camila Cullen & Michelle M
Corregido por Jessibel

Drew
Como mariscal de campo, lidero mi equipo. Marco las pautas del juego.
Quemando el trasero de mis chicos o haciéndoles caer de lleno si no estoy al
tanto de todo. Realmente nunca sentí la presión de esa responsabilidad, porque
no está en mí sentarme y ser subordinado en un juego. Amo liderar mi equipo.
Pero puedo ser algo solitario.
Los defensores y receptores, el guarda línea, ambos de defensa y ofensa,
forman sus propios grupos unidos. Pueden hablar de estrategia y técnica entre sí
y a menudo salir juntos.
¿Los mariscales? Yo no salgo o me compadezco de las reservas. Sólo hay
un mariscal de campo que hace el trabajo, mientras que los otros calientan el
banquillo y esperan la oportunidad de relevo.
Soy afortunado de que nuestro equipo sea unido. El entrenador se asegura
de eso. Pero cuando me siento solo en el autobús camino a Florida, rodeado por
el profundo ruido sordo de mis chicos charlando, la distancia entre ellos y yo se
extiende. Lo cual es jodidamente sensible y estúpido y me molesta. No tengo
ninguna razón para sentirme solo. En cualquier momento, Gray sacudirá su culo
en el asiento junto a mí para hablar sin parar. Y si no es Gray, alguien más lo hará.
Lo sé. Es solo que no es suficiente en estos momentos.
Fuera de mi ventana, el marrón de la hierba, el azul del cielo y el gris del
suelo, se dibujan en líneas borrosas. Todo lo que quiero es regresar. Lo quiero
tanto que me duele el estómago.
―Joder ―murmuro, frotando mi mano sobre la zona afectada.
El asiento de al lado se sumerge con un chillido. ―No eres mi tipo,
Baylor ―dice Dex.
161

Me saca de mis pensamientos. ―Buena cosa ―me burlo―, me harías


pedazos como una ramita.
Página

Él se ríe. ―Lo sabes.


Trescientas libras de puro músculo y rápida velocidad, realmente me
puede romper en dos. Pero él es el tipo menos agresivo que conozco.
Me ofrece un palo de carne seca de la bolsa que está demoliendo y niego
con la cabeza.
―¿Qué pasa, chico Batalla? ―Sus ojos grises escudriñan mi cara como si
estuviera viendo debajo de mi piel. ―Te ves... decaído.
Un poder de observación muy desarrollado y una constante sensibilidad
de su entorno son los que hacen a Dex un excelente centro. Pero justo ahora no
aprecio sus habilidades. Estoy pensando en Anna, que besó mis moretones con
una ternura que hizo que mi corazón se volcara en el pecho antes de chuparme
la polla hasta que perdí la razón. Anna, que con su hablar claro y declaraciones
feroces me devolvió un pedazo de mi orgullo. Anna, quien todavía no besa mi
boca ni dejará que la bese.
Deseo tanto estar con ella en este momento, para reclamar esa boca de una
vez por todas, necesito de un gran esfuerzo para responder con voz
tranquila. ―¿En comparación con quién? ¿Rolondo? ―Miro el hombre en
cuestión, que ahora está mostrando su nuevo baile de la victoria de anotación en
el pasillo. ―¿O tal vez Lloyd? ―Cabeceo hacia la gran defensa, quien duerme
en el asiento de enfrente. Una línea de baba cuelga de sus labios y Marshall se
apresura hacia el cabeza hueca, se inclina colgando un cordón de zapato sucio
frente a la nariz de Lloyd. Eso no va a terminar bien.
Dex resopla de las payasadas, pero no es disuadido. Regresa su atención
hacia mí. ―Me refiero a tu persona.
Durante los juegos, es su trabajo vigilar, no sólo mi trasero, sino también
el de todos los hombres en el campo. Puede leer un bombardeo inminente, puede
cambiar la jugada si se detecta un cambio en la defensa. Sus instintos se han
perfeccionado como una espada, lo que significa que se da cuenta de las
anomalías antes, durante, o después de cualquier juego.
―Dolor de cabeza ―le digo encogiéndome de hombros. Esta es una
concesión importante, porque nadie quiere admitir el dolor físico. Pero prefiero
eso, a la verdad, lo que llevará a un acoso sin final.
Dex toma un bocado de carne seca, sus grandes dientes moliendo la carne
endurecida como si fuera un panecillo.
―¿Así que no es cuestión de mujeres entonces? ―Su sonrisa me dice que
sabe.
162

Maldito. Gray. Hablador fanfarrón, pronto estará muerto, Gray, el dolor


en mi culo.
Página

―Porque yo he escuchado que tienes una pequeña linda pelirroja.


―Ustedes son peores que las chicas, ¿lo sabes? ―Murmuro, luego me
hundo en mi asiento frente a la ventana―. Un grupo de chicas chismosas.
Él simplemente se encoge de hombros. ―Yo no soy el que está abatido
mirando por la ventana. Como chica enamorada. Pensé que ya habíamos hablado
de esto. No es inteligente, hombre. Especialmente para ti.
Todo lo que puedo hacer es empuñar mis manos, para no mostrar ningún
tipo de reacción. Después del fiasco que conocido como Jenny, supongo que
involucrarse es una idea estúpida para mí. El recordatorio de Dex es injusto, sin
embargo, ya después de la ruptura estaba tan concentrado en patear traseros, que
ganamos el Campeonato Nacional. De nuevo. Desafortunadamente, gracias a las
mentiras amargas de Jenny, el trabajo de Dex de mantenerme a salvo en el campo
se puso más difícil. Bien pude haber colgado sobre mi pecho un letrero de Pateen
a Baylor, después de la mierda que ella lanzó sobre mí.
―¿Le preguntas al chico Batalla sobre su nueva chica, gran D? ―Rolondo
ahora está colgando sobre mi asiento, con una jodida cruel sonrisa. Se ríe entre
dientes, antes de dar a mi cabeza una palmada juguetona―. ¿Crees que estás
escondiendo algo, hombre?
―¿En serio? ―Empujo a ambos―. ¿Ustedes no tienen nada mejor que
hacer?
―Si. ―La sonrisa de Rolondo sigue en su lugar, que brilla más fuerte que
el diamante en la oreja―. No es divertido verte todo acongojado en tu asiento.
Maldita sea, muchacho, ¿te estás sonrojando?
Me pellizco el puente de la nariz y rezo por un accidente de autobús.
―La está pasando mal ―dice Díaz detrás de mí. Es cuando me doy cuenta
de que todos los malditos me están mirando. Todo el maldito autobús. Voy a
matar a Gray, que está visiblemente tranquilo en su asiento en frente, tratando
de parecer inocente mientras hojea la revista Sports Illustrated.
―¿Quién es? ―pregunta Marshall, desde el otro lado del camino.
―He oído que ella es la chica de la fiesta de ese equipo de lacrosse de hace
un mes ―dice Dex―. La pelirroja que llevaba esa blusa negra asesina.
Todos los chicos que están allí asienten al instante en confirmación.
Diablos, la blusa de Anna definitivamente dejó una gran impresión.
Dex mira a su alrededor a su audiencia ahora cautiva. ―La forma en que
Baylor la veía parecía que era el trofeo del campeonato.
―No, Dex ―dice Díaz―. No puedes comerte ningún trofeo. Y Batalla
163

definitivamente parecía hambriento.


Carcajadas estallan. Jesús, ¿es que todo el mundo miraba el ridículo que
Página

hacía en esa fiesta?


Rolondo silba bajo. ―Debe ser una chica estupenda para conseguir tener
a Batalla babeando.
―Se parece a Christina Hendricks ―Dex agrega felizmente.
Rolondo niega con la cabeza. ―Hombre, no hay nadie en el campus que
tenga tetas tan grandes. Créeme, yo lo sabría.
―Cuida tu boca ―espeto. No me importa si tengo que acabar con todo el
autobús. Nadie habla de Anna de esa manera. Incluso, si Rolondo está
técnicamente en lo correcto, Anna es ni de lejos tan grande... Mierda. Odio
oficialmente estos chicos.
Rolondo levanta sus manos en defensa. ―Oye, hombre, no quise decir
ninguna ofensa. ―Porque si hay una regla de oro entre los hombres, es que no se
habla mal sobre la novia de un chico o su mamá―. Sólo estoy diciendo,
mencionaron a Christina Hendricks y estoy pensando en una cosa.
―Y yo no he dicho nada sobre las enormes tetas de tu chica ―Dex insiste,
ruborizado. ―Le dije que se parecía a la dama, tienen mucho en común, sobre
todo el rostro.
Pellizcar el puente de la nariz es claramente inútil contra este dolor de
cabeza creciente.
―¿No creen que se parece más a la Viuda de Negra en Los Vengadores?
Una ronda de acuerdo retumba a través del bus.
―Esa película fue increíble ―Simms interviene―. ¿Recuerdas cuando
Hulk rompió la mierda de Loki como si fuera una muñeca de trapo? Maldita sea,
quisiera hacer eso en el campo. Atrapar unos pocos corredores y, ¡bam, bam,
bam!
―Seguro también quieres ser verde. ―Rolondo lanza una lata de Pringles
vacía en defensa del amante de Hulk, que la tira lejos con el ceño fruncido antes
de tomar represalias con una botella de agua medio llena.
―Cualquier cosa que parezca, nuestro chico Drew está azotado. ―Esto
viene de Marshall. Bastardos. Todos ellos.
―¿Por qué no la llamas, hombre? ―Alguien grita desde atrás. Jenkins.
Hago una lista mental con fines de venganza.
―Oh, cariño ―entona Thomson... otro sabelotodo―. ¡Te extraño
taaantoooo!
Cuando comenzaron a hacer ruidos de besos, hago lo único que puedo
164

hacer. ―La Chica de Marshall le dio un oso de peluche rosa y él lo lleva en su


mochila a todos lados ―grito.
Página
―¡Traidor bastardo! ―refunfuña el pobre Marshall. Pero es demasiado
tarde para él. Él se pierde en una maraña de chicos tratando de defender su
mochila.
El caos sigue hasta que el asistente de equipos defensivos se pone de pie
en la parte delantera del autobús y calma a todo el mundo con la amenaza de
ejercicios adicionales. Sí, me encantan estos chicos. Estoy feliz y satisfecho hasta
que Dex se inclina, hablando sólo para mí. ―Si estás realmente con esta chica,
cierra esa mierda. Ciérralo, deséchalo y concéntrate en tu juego.
Y así, mi burbuja estalla. ¿Qué diablos estoy haciendo con Anna?

165
Página
Anna
Él no está aquí. Está en un partido fuera. Florida. Esto es lo bajo que he
caído. Conozco su horario. Y estoy sentada en mi habitación a las diez de la noche
de un sábado, en lugar de estar fuera con Iris y George. Me excusé, diciendo que
necesitaba leer. Amo acurrucarme con un buen libro. Excepto que ésta noche era
una mentira. Mi lector de libros electrónicos está apagado y yace al final de mi
cama, donde lo lancé más temprano en un resoplido de irritación. Una chica solo
puede leer la misma línea muchas veces, antes de renunciar al fantasma.
Estoy tan inquieta que mis piernas se sacuden, lo que aumenta mi molestia
cuando mis piernas desnudas se deslizan sobre el edredón y pequeñas chispas
de sentimiento corren por mi piel sensible. Pensamientos de las cosas que Drew
me ha hecho en esta misma cama invaden mi mente y me hacen desplomarme
con un gemido. Mierda.
Meter mi rostro en una almohada no ayuda. Nada lo hace.
Debería hacer algo, algo físico, ir a caminar, porque odio correr, o tratar
uno de esos DVD de fortalecimiento básico a los que Iris es adicta. Cien
sentadillas suenan bien. Estoy hurgando un sostén deportivo cuando mi teléfono
suena. Y todo mi cuerpo se congela. Pero no mi corazón. Ese golpea con deseo y
gozo. Estúpido corazón.
Camino con una admirable calma y tranquilidad hacia mi mesa de noche
donde yace mi teléfono. El mensaje con su pequeño símbolo verde brilla hacia mí
en la pantalla oscura. Drew.
Una sonrisa se dibuja en mi rostro. Mi mano tiembla solo un poco cuando
deslizo la pantalla y leo.
Baylor: Hola. ¿Estás ahí?
¿Debería contestar? Quizás no debería estar ahí, porque sé lo que significa.
No, estoy junto a mi teléfono. ¿Qué persona de mi campus no tiene un teléfono
en su mano todo el tiempo? Quiere decir, ¿estoy libre para hablar? Estoy sentada
un sábado por la noche anhelando… hago una pausa. Si está preguntando él debe
estar libre. ¿Cierto?
Mordisqueo la esquina de mi labio mientras contesto.
Yo: Estoy aquí
Solo le toma un segundo responder.
166

Baylor: ¿Qué haces?


Página

Y luego:
Baylor: Estoy en mi habitación de hotel.
Como si necesitara hacerme saber que no está solo comprobando mi
ubicación, si no que quiere charlar. Absolutamente no estoy sonriendo cuando
me siento en mi cama y me pongo cómoda.
Yo: Estoy en mi habitación también.
Baylor: ¿En la cama?
Yo: Es mejor sentarse en el suelo.
Baylor: Amo esa cama.
Bufo. Cerdo. Nunca voy a tener sexo con él en esta cama de nuevo. Tal vez
en su cama. Déjenlo tener memorias encantadas.
Yo: Cerdo.
Baylor: Soy un chico. Los pensamientos porcinos son indicativos de nuestro sexo.
Solamente Drew usaría palabras como “porcino” e “indicativos” en un
mensaje de texto. Y soy la estúpida quien pensaba que él era algún deportista
idiota.
Yo: Saberlo es la mitad de la batalla. ¿Por qué no estás fuera?
Ya. Pregunté. Y casi me mata. Me mata más cuando se toma unos
segundos para responder.
Baylor: No quería salir.
Yo: ¿Por qué no?
Detente. ¡Detente ahora, vaca masoquista!
Mi teléfono se mantiene inmóvil, acusatorio. Tenías que preguntar, parece
decir. Salto cuando suena de nuevo.
Baylor: Estoy cansado de eso. De salir. La escena. Los chicos quieren ir de fiesta.
No dice el resto. No necesita hacerlo. Nadie en su equipo bebe realmente,
lo que significa que solo hay una opción disponible para ir de fiesta. Mi estómago
se desliza horrible, verde de los celos, cuando pienso en las chicas que estarían
colgando de él si estuviera fuera. Pero no lo está. Está intercambiando mensajes
conmigo. Envía otro.
Baylor: Y tú no estás aquí.
Mi garganta se cierra. Juro por Dios, cerrada. No puedo tragar. Miro mi
teléfono que descansa débil sobre mi mano húmeda. Una voz insidiosa grita en
167

mi cabeza ¡Peligro, yo me daría la vuelta si fuera tú! Esto es muy cercano a una
relación. No quiero una. No con él.
Página
La peor parte es que me estoy mintiendo a mí misma. Él no es el idiota
arrogante que pensé que era. Lo deseo. Constantemente. Quiero hablar con él.
Unos pocos mensajes y toda mi noche es más brillante, el color y las texturas de
mi habitación son más ricos, intensos. Puedo oler mi loción corporal, pomelo y
vainilla, cuando antes había sido un enmudecido lío. Y puedo saborear el sabor
del miedo en mi boca. Aumenta cuando mi teléfono suena en mi mano.
Drew.
Me conoce bien. Sabe que estoy a punto de enloquecer. El latir de mi
corazón es incesante, tum, tum, tum. Estoy segura que oye cuando lentamente
deslizo la barra y contesto. ―¿Te rompiste un dedo o algo?
―Decidí que quería oír tu voz en cambio ―dice con una risa pequeña.
Porque no está frente a mí, porque no estoy distraída por su brillo dorado,
su voz tiene mucho más poder sobre mí. Se hunde a través de la densa carne y se
desliza a lo largo de mis huesos, anidado profundo en ese duro órgano bombeado
que solía ser mi corazón. Ya no se siente mío. Una sensación nauseabunda
serpentea a través de mí.
―Y odio enviar mensajes ―continúa. Está inseguro. Puedo oír la manera
en que trata de forzar un tono ligero bromista. Y porque sé que esto es duro para
él, a quien todo viene fácilmente, aclaro mi garganta y me sumerjo.
―Es impersonal ―añado.
Hay una sonrisa real en su voz ahora. ―Sí. La mayoría de la gente no lo
entiende.
―¿Estás cansado? ―Mi lengua se siente más grande de lo normal, como
si fuera a tropezar con mis palabras, decirle algo que no estoy dispuesta a admitir.
―Sí. ―El sonido de su voz cambia mientras se mueve a través del teléfono
e inmediatamente me pregunto si está en la cama. ¿Duerme desnudo? ―Sin
embargo no puedo dormir ―dice, afortunadamente inconsciente de mis
pensamientos.
―¿Pasa mucho? ―Sé que sí. En realidad ya hemos hablado antes de
dormir.
―Ahora pasa más. ―Hace una pausa―. Sigo pensando en ti.
¡Me cago en una rosquilla!
La almohada es suave contra mi espalda, pero mi piel todavía está
demasiado caliente. Y entonces mi estúpida boca me traiciona. ―También pienso
168

en ti.
Me estremezco con tanta fuerza que mis mejillas cosquillean. Pero él
Página

suspira. Es suave y tempestuoso, me inclino, presionando mi mejilla al teléfono.


―Me gustaría estar allí ―dice.
Yo también. Tanto que duele. Duele profundamente en mi pecho y a lo
largo de mi estómago. Me deslizó más abajo en la cama, como si pudiera huir de
la sensación.
Cuando no digo una sola palabra, él solo sigue hablando. Tal vez sabe que
me estoy escondiendo bajo las sábanas en este momento. Tal vez sabe que perdí
mi voz.
―¿Alguna vez te preguntaste si eres la persona que se supone que debes
ser? ―Habla bajo, como si se estuviera escondiendo a un lado de mi cama, como
si tuviéramos alguna platica somnolienta, justo antes de quedarse dormido.
―¿Como si debería estar intentando de cambiar quién soy? ― le pregunto.
―No exactamente. Más cómo… ―Se ríe suavemente―. Diablos, ni
siquiera estoy seguro. Yo sólo… siempre he querido jugar fútbol. Ni siquiera
puedo imaginar una existencia sin ello.
―Al menos lo sabes. No tengo la menor idea de qué quiero hacer. No
quiero ser una esclava del trabajo. No quiero que sea aburrido. Quiero una vida
fuera de lo ordinario. Pero, ¿cómo conseguirla cuando no tienes ni idea?
Cuando todo lo que eres es ordinario.
He abierto mi alma para él. Pero no me lástima, porque él me está dando
una pequeña muestra a cambio.
―¿Crees que saber es mejor? Todo lo que sé es cómo ser un mariscal de
campo. Y cada momento gira en torno a ganar. O perder. ―Hace una pausa como
si estuviera luchando―. Piensa en ello, toda una vida se centra constantemente
en el juego siguiente. ¿Eso es lo que soy? ¿Una lista interminable de victorias y
pérdidas?
Por un momento siento el peso de cada uno de esos ojos que
constantemente acatan el problema en Drew. Y está aplastando. Mis dedos se
aprietan alrededor del teléfono. ―¿Tienes miedo de perder?
Al principio creo que no va a responder, pero lo hace y su voz tiene un
extraño, casi un tono secreto. ―¿Quieres saber lo que es realmente ganar?
―Dime.
―No se trata sobre el talento. No al más alto nivel. Eso es casi igual. Y ni
siquiera es acerca de quién lo quiere más. Se trata de quién tiene la mayor
convicción que puedan tomar. El miedo, la duda, la vacilación, eso es lo que te
169

mata.
―¿Así que tienes miedo?
Página
―¿En la oscuridad, a altas horas de la noche? Sí. A veces. ¿En el campo?
No. Diablos, no. Es sólo en mí. Sabiendo que lo puedo hacer.
Sonrió por eso. ―Sin embargo, suenas… desanimado. ¿Perdiste el juego
de hoy?
―Ganamos. ―Hay algo de diversión en su tono―. ¿Alguna vez miras mis
juegos, Anna?
Anna. El sonido de mi nombre en sus labios se siente más personal que
cuando desnudo mi piel para él. Me hundo más bajo las sábanas. ―Una
vez. ―Había sido una cosa hermosa y agonizante para ver. Mi estómago se había
cerrado cada vez que salió al campo―. No me gusta ver que te golpeen.
Lo odié, estaba herida por él. Y sin embargo, cada vez que hizo una jugada,
me había sentido tan orgullosa, tan asombrada de sus habilidades que mi
respiración se cortó y mi corazón dolía.
El silencio entre nosotros es embarazoso y aumenta. Doble jodida mierda.
Me apresuro. ―Y creo que la forma en que te ves a ti mismo te convierte en lo
que eres. Tu alma no tiene título ni profesión. Eres tú. El resto de las palabras se
pueden joder.
Eso trae una doble risa seca de él. Pero pronto se queda en silencio de
nuevo.
―¿Y cómo me ves? ―pregunta finalmente. Muy cuidadosamente.
―Eres sólo Drew.
La respuesta de un cobarde. Pero también la verdad. Son demasiadas
palabras simples y demasiado cortas para ser catalogado por ellas.
―Creo que eres hermosa ―dice en voz baja.
―La belleza se desvanece ―me ahogo.
―No cuando viene del interior.
Jesús. Mis ojos revolotean cerrados y me estoy acurrucando sola. No
hablamos. Su respiración es un ruido ligero que se mezcla con la mía.
Cuando habla, su voz es aún más baja, una caricia a lo largo de mi
mejilla. ―Quiero besarte, Anna.
Mi respiración queda atrapada. Ahora estoy completamente bajo las
sábanas, en un mundo oscuro. Y no hay nada más que su voz. ―Pienso en ello
todo el tiempo. ¿Qué tan suaves son tus labios? ¿Cómo sabrán? ¿Harás esos
dulces sonidos que haces cuando hacemos el amor?
170

Hacer el amor. No jodas. Me estremezco. Drew.


Página
Ni siquiera sé si he dicho su nombre en voz alta. No importa, porque él
sigue hablando, es una confesión que se hace más grande cuando se
prolonga. ―Quiero besarte tanto que renunciaría al sexo por la oportunidad de
tener tu boca. Me encanta tu boca, Anna. La forma en que tu labio superior es
como un botón, una curva regordeta y que sopla como si hicieras un puchero. Me
encanta tu suave y rosa boca.
Su susurro es áspero y grueso. Y estoy tan caliente que estoy sudando. Mi
mano desciende por mi pecho, a lo hinchado de mis pesados y doloridos senos,
y se detiene sobre mi corazón. Presiono contra él, como para evitar que mi cuerpo
se libere.
―Pero jamás dejarás que te bese ―dice en la oscuridad―. ¿Por qué no me
dejas besarte, Anna?
No puedo respirar.
―¿Por qué, Anna?
―Es demasiado ―digo en tono áspero.
―No cuando lo quiero todo ―dice tan profundo y fuerte, replanteando
una reclamación―. Y lo quiero todo contigo, Anna.
Creo que dice mi nombre porque sabe lo que me provoca. Lo usa de esa
manera una y otra vez, como si estuviera diciendo algo más importante que mi
nombre. Lo dice con reverencia. Con intención.
Las lágrimas pican detrás de mis ojos. ¿Qué jodidos me pasa? Me
preocupo por él. Es mi amante, pero también es mi amigo. El único con el que me
encuentro a mí misma. ¿Por qué simplemente no puedo ceder? ¿Por qué no
puedo entregarme a él?
En mi mente, veo a Drew Baylor, con micrófonos debajo de su rostro
mientras él grita, después de la victoria del Campeonato Nacional. Cien mil
fanáticas gritando en el fondo. Drew Baylor, trayendo personalmente millones
de dólares en ingresos a esta universidad; entrevistado por la ESPN, con agentes
arrastrándose a su alrededor, prometiendo al mundo. Drew yendo a New York
por un proyecto y firmando un contrato multimillonario para el siguiente año.
Le mentí. No sólo veo a Drew. También veo a la estrella. Y yo sólo soy
Anna. No me gusta la luz. Necesito la oscuridad.
Él es tan inteligente que entiende que me ha empujado a mi límite y su
tono se vuelve suave y tierno. Lo cual es infinitamente peor. ―Sólo pensé que
deberías saberlo. Buenas noches, Anna.
171

No digo una palabra. Me aferro a mi teléfono mucho después que él colgó.


Página
Traducido por Fabiro13

Corregido por Clari

Anna
La tranquilidad de mi mañana es rota por Iris y Henry. Quienes no están
nada tranquilos con lo que están haciendo. Estoy segura que he sido culpable de
lo mismo. Aunque realmente trato de contenerme cuando sé que Iris está aquí.
Ellos no. Sobre todo no Henry. Tengo mis sospechas de que el imbécil lo está
haciendo apropósito; sería el tipo que se rebaja en algo como eso. Cuando
comienza a gruñir “sí, sí, sí”. No me importa cuál es su motivación, tengo que
salir de aquí.
Cojo el teléfono y marco.
―¿Quieres ir a pasear en bicicleta? ―pregunto tan pronto como él
contesta. Estoy desesperada, prácticamente saltando por todo el cuarto mientras
me visto―. Iris y Henry están en ello como conejos enloquecidos.
Gracias a Dios dice sí.

―Hazme un favor, ¿podrías, Anna?


Mi bicicleta da con un bache, todo el marco vibra y yo junto a ella.
―¿Qué es? ―digo cuando el peligro de morder mi lengua pasa.
George me da una mirada rápida antes de maniobrar alrededor de otro
bache.
―No vuelvas a decirme cuando mi hermana va por ello como una zorra
172

sucia.
Página

Al instante, me estremezco. George no debería enterarse de su hermana


teniendo sexo, menos con Henry, él lo odia.
―Mierda. Lo siento. No estaba pensando.
Él cae en un agradable paso rápido. ―Bueno, sí, estás advertida. Hazlo de
nuevo, y llevo a Sylvester a nuestra próxima cena.
―¡Ew, no! ¡Me comportaré, lo juro! ―Sylvester es el primo de Iris y
George con espeluznantes manos y quien estoy convencida de que es un asesino
en serie. En unos años, veré a George e Iris siendo entrevistados en CNN:
―Nosotros siempre tuvimos nuestras sospechas sobre Sly, pero nuestra
madre nos hizo salir con él.
Satisfecho, habiéndome aterrorizado suficiente, George me da una sonrisa
y acelera. Llevamos el ritmo uno al otro mientras recorremos la pista para
bicicletas. La luz de la mañana se asoma a través de las hojas y el aire es fresco.
Respiro y dejo que me enfríe.
Después de un par de millas, llegamos a un claro, y George señala hacia
él. Rodeamos a un gran olmo y dejamos nuestras bicicletas descansando en el
suelo mientras nos sentamos. El silencio nos rodea. A pesar del buen tiempo, el
lugar está básicamente desierto. Es sábado por la mañana, así que estoy
suponiendo que la mayoría de las personas sigue durmiendo después de una
noche de viernes.
Después de tomar un largo trago de agua, le doy un codazo George.
―Entonces, ¿qué está pasando contigo?
George termina su propia bebida antes de responder.
―Eso es lo que te iba a preguntar.
―Lástima. Pregunté primero, así que suéltalo.
―Maldición, mujer. ―Pero George sonríe. Su sonrisa se hace más grande,
pero obviamente está tratando de mantener un aire de indiferencia, y mi
curiosidad se dispara. No me deja colgando mucho tiempo. Me mira de reojo con
sus ojos negros y sus mejillas rojas―. Conseguí un puesto de interno con Jackson
y Goldman en Nueva York.
―¡Georgie! ―Lo empujo otra vez―. ¡Es genial! ―Después de años de oír
a George parlotear sobre finanzas, sé que Jackson y Goldman son la mejor firma
de la banca inversionista en Nueva York, y la idea de George de Nirvana.
―Joder, sí lo es. ―Sonríe abiertamente mientras agacha su cabeza―. Unos
profesores me recomendaron y… ―Se encoge de hombros.
―¿Y reconocieron lo brillante que eres? ―añado, haciendo reír a George.
173

―Sí, y eso también.


Página

Reímos como un par de idiotas.


―Entonces, me estás invitando a tu casa de playa de Hampton. ―Si hay
una cosa que tenemos en común, es nuestro deseo de vivir en Nueva York
cuando nos graduemos.
―¿Estás colándote, Banana?
―Ya lo sabes. Puedo fregar los platos.
―No, gracias. Apestas lavando platos.
Lo empujo con mi hombro, y ríe, pero unas sombras permanecen en sus
ojos.
―Que pasa ―digo cuando estamos tranquilos―, ¿cuál es el problema?
¿Te preocupa no hacerlo bien?
George suspira.
―Voy a patear culos. Me parece que he estado esperando toda mi vida
por esta oportunidad.
―¿Pero…? ―digo porque está allí, algo oscuro y pesado está sobre él.
La tensión está en sus ojos, examina sus manos que cuelgan de sus rodillas
dobladas.
―Es Iris. ―Sus hombros suben en un suspiro―. Sé que suena loco, pero
siempre hemos estado juntos. Y ahora…
No lo estarán. Iris odia la ciudad de Nueva York con pasión. Y ya ha sido
aceptada en el programa de postgrado de Arqueología del Estado de Arizona.
―No se lo has dicho, ¿verdad?
―No. He estado tratando de trabajar en ello. ―George se mueve como si
su camisa le apretara mucho―. Me refiero a ¿qué chico lloriquea por dejar a su
hermana? Pero ella también es mi gemela.
―Lo sé ―digo. Y lo hago. A pesar de sus peleas ocasionales, son los
hermanos más unidos que he conocido. A menudo terminan los pensamientos
del otro. Y están casi siempre juntos.
George podría haber ido a una escuela de la Ivy League, donde podría
haber ganado valiosos contactos. Él tenía los grados y las ofertas. Pero eligió
seguir a Iris al Estado.
Como si estuviera pensando lo mismo, dice:
―Le prometí a mi mamá que después cuidaría a Iris. Quería hacerlo. ―Da
un pequeño suspiro―. Ahora todo se siente tan real. Iremos por caminos
174

separados, y, mierda, es una cosa jodida darse cuenta de que, tal vez, realmente
necesito cuidar de ella antes que de mí.
Página
George parpadea rápidamente y con fuerza, y yo le permito tener un
momento. No tengo palabras de consuelo. ¿Cómo puedo? Mi futuro ahora es un
oscuro agujero vacío. Si miro demasiado en ello, gritaría.
Un ciclista nos pasa, rompiendo el silencio. Tomo una respiración
profunda.
―Así que dejamos que Iris friegue los platos todo el verano.
La risa estalla en George.
―Ella se quejará, pero sabes que le encantará. ―Iris es una completa
maniática del orden.
Ambos sonreímos cuando terminamos nuestras aguas.
―¿Cuál es problema entre tú y Baylor? ―George me mira
inquisitivamente―. La verdad. No vengas con mentiras. ―Me conoce lo
suficientemente bien para entender que esta versión de mí no es normal.
―¿Estamos compartiendo?
George me penetra con la mirada.
―Derramé mis tripas, así que sí, lo estamos.
Suspiro y descanso los brazos en mis rodillas. La hierba verde cosquillea
mis tobillos ya que una brisa baila sobre la vereda. Agarro una hoja marrón y la
enrosco alrededor de su tallo.
―Tenemos sexo. Mucho. ―Dios, debería ser más fácil, sin embargo, las
confesiones nunca lo son. Me asusta abrir la boca para purgar, nunca podría
parar.
―¿Te está tomando el pelo, Banana? ―La amenaza absoluta de George de
perseguir a Drew y hacerle pagar es clara.
Se me escapa una risita.
―Más bien es al revés. ―La vergüenza sube lentamente mi cuello y lo
hace bien―. Él quiere… ―Todo. Me estremezco―. Se supone que sólo es sexo.
George se aclara la garganta.
―¿A quién crees que estás engañando con eso?
―Sólo a mí, por lo visto. ―Frunzo el ceño hacia el suelo.
Después de un momento largo, George se mueve.
―Esto no es como tú. No está mierda rara que tienes con él. ¿Cuál es el
175

problema?
Que esto es como una relación temporal para mí. Drew no encaja en
Página

ninguna categoría. Realmente, nunca lo hizo.


―Él es… es mi espejo. ―Parece estúpido cuando lo digo, pero, también,
suena a verdad dentro de mí―. Cuando estoy con él, no puedo esconderme. Toda
la mierda, todas las cosas jodidas que creo que he superado están reflejadas en
mí en perfecta claridad, diciéndome que estoy llena de ello.
―Mierda ―dice George.
Retuerzo más la hoja.
―¿Sabes qué es lo más jodido de todo? Aunque vea todo mis defectos,
cuando estoy con él, soy… ―Arranco la hoja y me encojo de hombros mientras
un sonido indefenso sale de mí―. Dios, va a sonar muy estúpido, George, pero
siento… todo. ―Me tapo los ojos con mis manos para no ver a mi amigo. Es tan
cursi. Tan jodidamente cursi, pero innegable―. Soy tan feliz que estoy asustada
de tomar el siguiente aliento porque podría terminar.
No puedo verlo, pero puedo sentir la presencia de George. Y el peso de su
mirada.
―Si eso es tan bueno ―dice finalmente―, ¿por qué lo mantienes alejado?
Trago varias veces hasta tener la fuerza para contestar.
―Porque tiene que terminar. Va a salir de allí y tendrá el mundo en la
palma de su mano, mientras que yo me esforzaré sólo para encontrar un trabajo
de nueve a cinco. Y cuando esto termine, no me recuperaré.
El silencio me envuelve. Lleno de sonidos de los grillos de finales de otoño,
y a lo lejos el ruido del tráfico. Quiero irme lejos y morir. Sobre todo cuando
George suspira.
―Mierda, Anna.
―Sí ―digo, sabiendo lo que realmente quiere decir―: estoy jodida.
Pone un brazo alrededor de mí y me atrae hacia su hombro sudoroso. Me
inclino en él, resignándome, aún ahora, de que su consuelo no me hace sentir ni
la mitad de aliviada que con Drew. Eso sólo lo hace peor.

No veo a Drew en toda la semana. Me envía un texto diciendo que, gracias


a su partido fuera de casa, está retrasado en clase y tiene que ponerse al día.
176

Nadie que yo conozca tiene un horario tan loco como Drew. Trabaja con su
equipo hasta el amanecer, después las clases, luego práctica, entonces las
reuniones, y luego, las tareas y estudiar. Francamente, estoy sorprendida de que
Página

a veces encuentre tiempo para verme.


Finalmente, cuando Drew está disponible para vernos, yo soy la que está
atascada trabajando. Como si el universo conspirara contra nosotros, nuestra
única clase juntos es cancelada cuando la profesora Lambert envía un correo
electrónico diciéndonos que tiene gripe.
Pero por la noche, cuando estoy en mi cama y él está en la suya, me llama.
Hablamos de nada demasiado profundo, simplemente cosas pequeñas. Lo que
significa que tengo tiempo para oír su voz tanto como necesito sentir su cuerpo
contra mío. Lo que me deja sin aliento y me pone nerviosa. Pero, tal vez, un poco
de espacio es lo mejor.

177
Página
Drew
Juego en casa. Sólo quedan segundos en el reloj, y estamos a sesenta yardas
de la zona de anotación. Un touchdown y el juego es nuestro. El ruido de la
multitud es como el motor de un jet calentando para el despegue. Recorre los
alrededores del estadio y se arrastra sobre mí con un poder que hace vibrar mis
huesos. Eriza mi piel. Levanto con firmeza mi balón. Es tiempo.
Con el corazón en la garganta, me acerco a mis chicos llamándolos al
juego. Apenas puedo escuchar mi propia voz y utilizo señales, para dejar todo
claro.
―Crabapple Betty. Uno.
―Hut ―gritan todos. Un aplauso, y ellos rompen y entran en formación.
A nuestro alrededor hay un mar rojo de fanáticos, creciente como una ola
rompiéndose. Montones de hachas plásticas de batalla meneándose de ida y
vuelta, su canto es una rítmica pulsación: batalla, batalla, batalla. Frente a mí hay
una extensión de interminable verde y un muro de hombres de línea, grandes y
pesados, que se mueven nerviosos con la necesidad de aplastarme. Gruñidos y
golpeteos de pies. Bajo las luces, es más brillante que el mediodía y caliente como
el infierno.
Surge la adrenalina y la tensión. Compruebo rápido al entrenador. Hay
que hacerlo.
―¡Hut!
Dex me encaja la pelota. Los chicos entran en acción. El ruido sordo de
carne contra carne atraviesa el aire. Finjo un pase a Gray, luego retrocedo.
Librado paso a paso. Los hombres de línea se me vienen en cuanto se dan cuenta
del engaño. Mis chicos los mantienen fuera.
Rolondo va profundo, pero un defensa y un esquinero van sobre su culo.
Esquivo una tacleada, corto por la derecha, esquivo de nuevo. Gray está cubierto.
Diaz peor. Mis pulsos se elevan, la multitud grita. Compruebo a Rolondo de
nuevo.
Está libre, abriéndose camino con velocidad.
Todo se ralentiza en mi interior. Soy sólo yo, y Rolondo tiene que ser.
Respiro profundo, llevo mi brazo hacia atrás, lo impulso y tiro. ¡Vuela!
Un brazo engancha mi mitad, choco contra el césped con un ruido sordo
178

que golpea un hueso. Mis ojos siguen el balón mientras va girando a través del
aire. Y es jodidamente hermoso cuando mi bebé cae del cielo a la tierra justo en
Página

la cuna de las manos de Rolondo como personalmente la puse ahí.


Directamente en la zona de anotación. Perfecto.
El rugido de victoria es ensordecedor.
―Sí ―grito, mi voz se pierde en el caos.
El enjambre de mis chicos tira de mí hacia arriba, rebotándome.
―¡Esto es de lo que estoy hablando!
Mi cabeza vibra en mi casco por todas las palmadas.
―Así se hace, perras. ¡Whoo!
Salto alto, perforo el cielo, y luego corro hacia Rolondo. Me encuentra a
mitad de camino, golpeando su pecho con el mío.
―¡Así se hace! ―Doy palmadas a su casco, sonriendo abiertamente―.
Jodidamente hermoso, hombre.
―Porque mi chico me lanzó un gran cohete en fila ―grita hacia atrás,
riendo y cogiendo mi camiseta para abrazarme―. ¡Somos los dueños de esto!
Tropezamos hasta el banquillo, estamos rodeados de nuevo por el equipo.
La banda toca una canción de victoria. La multitud grita para nosotros. Por mí. Y
no hay nada como esto. Es como volar y caer todo a la vez. Sólo una cosa más en
este mundo me hace sentir tan arriba como esto, una persona. Y voy tras ella.

179
Página
Traducido por Dahi & Jul
Corregido por Jessibel

Anna
EL sábado me encuentra trabajando en mezclar bebidas para el
departamento del fondo de ingeniería de alumnos, celebrado en el sindicato de
estudiantes. Es una gran fiesta con un servicio de cena completo, lo que significa
que mi espalda está adolorida por transportar bandejas alrededor del enorme
lugar, cargadas de platos de cena. La asistencia es bastante baja, algo que mi
gerente Dave atribuye a la celebración de la cena, al mismo tiempo, del partido
de fútbol. Pienso en Drew jugando y una extraña punzada de culpa pincha mis
entrañas. Debería estar allí. Viéndolo. Animándolo. Lo dejo a un lado y me
concentro en mi trabajo.
Nos lleva una buena hora limpiar la cocina, cargar las bandejas planas en
la lavaplatos y cerrar el vino restante. Cuando el resto del personal se va, me
quedo atrás con Dave, porque alguien debería y nadie más se ofrece de
voluntario. Como gerente, Dave es responsable de devolver la llave a la oficina
principal. Una vez que haya terminado aquí, será todo por esta noche.
Él camina afuera conmigo, lo cual es bueno ya que el edificio se volvió
oscuro y bastante aterrador, lugar ideal para una película del degollador. Cuando le
digo eso, nos reímos sobre la idea, a pesar de que un escalofrío corre a lo largo de
mi espina dorsal. Estoy asustándome a mí misma.
―Pensándolo realmente ―Dave dice a la ligera, ―cada sitio en el que
trabajamos es ideal. Basta pensar en lo que podría pasar en la sala de
Arquitectura. Todos aquellos espejos impecables. ―Su ceja rubia se mueve―. No
hay ningún lugar donde esconderse.
Me rio de nuevo. ―Detente. O nunca más trabajaré otro turno de noche.
180

Solo sonríe más amplio. Y se burla con un terrible acento de Bella


Lugosi. ―No te resistas. Tus noches son mías, Anna Jones.
Página

―Idiota.
Estamos casi en mi scooter cuando lo veo. Y mis pasos avanzan
lentamente.
Bañado por el brillo de la luz del estacionamiento, está apoyado contra un
poderoso coche clásico rojo cereza con gruesas rayas blancas de carrera,
corriendo por su centro. Sé lo suficiente de coches para identificar que es un
Camaro y está en perfecto estado. No es que realmente importe. Mis ojos están
en Drew. Y, Dios, se ve bien. Vaqueros desteñidos descansan en sus recostadas
caderas. Tiene una pierna cruzada sobre la otra y las manos, llenando sus
bolsillos, tirando de los pantalones vaqueros hacia abajo. Un Henley gris pálido
abraza su amplio pecho y sus magníficos brazos.
Me está mirando, lo ha hecho desde que lo noté, y su hoyuelo en la mejilla
se profundiza cuando nuestros ojos se encuentran.
―Vaya, eso es lindo ―respira Dave a mi lado.
Estoy bastante segura de que él no está hablando sobre el coche. Giro mis
ojos. ―Buenas noches, Dave.
Él deambula, murmurando en voz baja acerca de perras afortunadas
mientras camino hacia Drew. Un paseo casual, como si mi corazón no fuera a
diez millas por minuto, como si no quisiera correr y saltar sobre él.
Una sonrisa maliciosa aparece en sus labios mientras me voy acercando.
Estoy sonriendo también. No puedo contenerlo. Él solo se ve tan jodidamente
bien. Hay algo extraño flotando en mi pecho. Felicidad. Estoy tan feliz de verlo,
mis piernas quieren ir más rápido. Fuerzo un ritmo constante.
Cuando estoy a cinco pies de distancia, Drew se impulsa fuera del coche y
se queda parado. Sigue sonriendo cuando me detengo frente a él y sus ojos viajan
por encima de mí. Siento que mira profundo hacia a mis huesos. Dios, es sexi. Yo
no suelo pensar en chicos en esos términos. Sexy suena falso, un adjetivo mejor
que dejaron para el uso de los anunciantes. Pero Drew es el sexo en una cuchara.
Lo quiero dejar caer en mi boca y saborearlo.
―Es gay, sabes ―Drew dice a modo de saludo.
Es un pequeño milagro que yo sepa de lo que está hablando porque puedo
oler el olor a limpio de Drew, una esencia picante ahora. Puedo sentir el calor de
su cuerpo y me está poniendo bastante mareada.
― Teniendo en cuenta que he conocido a más de uno de los novios de
Dave, yo diría, si, lo sé. ¿Así que me estas advirtiendo, por qué?
Drew resopló una breve carcajada. ―Celos tontos, Jones. Él es un buen
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tipo para caminar contigo afuera.


Página
―Mmmm ―lo miro―. ¿Ganaste esta noche, Baylor? ―Supongo que lo
hizo. Incluso aquí, lejos del estadio, las débiles cepas de la banda de la escuela y
de las risas viajan a través del aire.
Todo su rostro se ilumina. ―Sí.
No puedo evitar sonreír. ―Bien por ti.
Drew se encoge de hombros como si nada, pero no me engaña. La felicidad
rebota a su alrededor, una efervescencia burbujeante en la noche oscura. ― Hice
mi parte ―su mirada vaga por mi cuerpo―. Bonito traje, Jones.
Todavía estoy en mi ropa de catering, una camisa blanca Oxford y una
falda negra hasta las rodillas. Y unas estúpidas bailarinas. Probablemente me veo
totalmente como una chica de doce.
― Tú tienes tu uniforme ―le digo―. Yo tengo el mío. ¿Por qué sonríes
así? ―Hay un brillo en sus ojos que es tan sucio que hace que mi corazón deje de
latir.
―Te estoy imaginando en mi uniforme.
―Porque esas hombreras enormes se verían muuuy sexis ―hago una
mueca.
Su lengua se extiende sobre el borde de los dientes. ―En realidad, estaba
pensando más en la línea de mi camiseta. Dios, te verías caliente en mi camiseta.
―El sueño húmedo de un atleta, ¿supongo? ―me burlo, pero mi aliento
es un poco más rápido ahora. Es como si pudiera sentir la textura sedosa de la
gran camiseta de Drew deslizándose sobre mi piel desnuda.
―¡Por supuesto, cariño!
―Dios. ―Ruedo mis ojos y sacudo mi cabeza.
Se está riendo de nuevo, un sonido bajo, un vibrante sonido que enciende
mi interior. De repente, estamos más cerca, a menos de un pie de distancia. No
sé si se movía o si yo lo hice. No puedo pensar. Está tan cerca que el calor surge
entre mis piernas y mis pechos crecen pesados. Estoy rodeada por Drew. De
nuevo.
―Te he echado de menos. ―Su voz es suave, ese tono especial que he
llegado a pensar como mío. Un sonido íntimo bajo que llena el espacio entre
nosotros. Como si estuviéramos en nuestro propio mundo. Todo en lo que puedo
pensar es en la última vez que utilizó esa voz en mi: quiero besarte, Anna.
Y por la forma en que me mira, su enfoque está en mis labios y las cejas
182

dibujadas apretadamente con la intención, supongo que está pensando en eso


también. Él aún no me ha tocado, pero su fuerte cuerpo se inclina más cerca del
Página

mío.
Una ráfaga de viento helado se precipita sobre el estacionamiento y
tiemblo. ―No sé cómo puedes soportarlo aquí sin abrigo ―balbuceo―. ¿No
tienes frio?
Drew extiende la mano y agarra las solapas de mi chaquetón de segunda
mano, que cuelga abierto a la brisa. Su tacto es tan suave cuando él tira de los
extremos juntos, que estoy allí, con la garganta cerrada y la boca seca.
―Soy el mejor jugador de fútbol durante cuatro horas ―no deja ir mi
abrigo, pero lo sostiene, sus pulgares frotando lentamente la lana, los
antebrazos a una pulgada de mis pechos―. Si pudiera salirme con la mía, no
estaría vistiendo una camiseta en absoluto.
―Eso podría… ―¿Ser maravilloso? Si, ¿por favor? ¿Con azúcar
encima? ―, darle a la policía del campus algo de qué hablar mientras comen
donas en la mañana.
―Mmmm ―acepta con un rumor vago, mientras que tira sólo lo más
mínimo de mi abrigo. Voy más y más a la deriva y su voz baja a un
murmullo―. La prensa tendría una pelota. Drew Baylor conmociona todo al
revelar sus pezones.
No se debe permitir decir palabras como “pezones” en público. Como si
lo hubiese llamado, los míos se estimulan al instante. Sus pestañas caen, y sé que
notó mi agitación. Oigo su inhalación lenta.
Un latido constante une el calor entre mis piernas. Mi pecho está tan
apretado ahora que mete la cabeza para rozar sus labios a través de mi oído, no
puedo respirar.
―¿Me extrañaste, Anna? ―susurra.
Mis manos se encuentran en camino a su pecho y presiono mis palmas allí,
contra los músculos densos. Huele a limpio, como al gel de ducha que utiliza y
debajo de ella, su olor natural. Es tan familiar para mí ahora que no puedo
describirlo ya. Solamente sé que quiero atraerlo profundo hasta mis pulmones.
Quiero cerrar los ojos y apoyarme en él. Pero los mantengo abiertos y me
concentro en la piel dorada de su garganta.
Me encanta esa parte de su cuerpo, la vulnerabilidad de su piel sensible.
Me encantan los pequeños huecos justo por encima de su clavícula, donde su
cuello cae hacia abajo para encontrarse con sus hombros, y sé que si presiono mi
boca en ese punto tierno y succiono, él me dará un gemido indefenso, el sonido
que él siempre hace cuando lo beso allí. Casi dejo escapar un gemido. ¿Lo he
echado de menos?
183

―Si.
Página
Puedo sentir su sonrisa sobre mi mejilla. ―Bien. ―Las puntas de sus
dedos pasan por debajo de mi mandíbula, justo por encima de mi pulso
acelerado.
―¿Este es tu coche? ―Dejo escapar. De repente. Ya sea a Drew le gusta
apoyarse en los coches extraños o yo soy la idiota que está afirmando lo obvio.
Drew retrocede un poco y me mira. ―Si.
―Es magnífico. ―Soy una pelele. Tomando el camino del cobarde de un
Dodge.
Su sonrisa es irónica. Él sabe que estoy tratando de distraerlo y claramente
lo divierte. Pero él me sigue el juego. Drew gira y amorosamente dirige su palma
sobre el capó brillante de su coche. ―Este de aquí es la pequeña roja.
―Pequeña roja ―repito. Me hace pensar en la primera vez que hablamos,
me llamó gran roja. Fue el momento en que decidí odiarlo. Y me pregunto cómo
es que estoy aquí ahora. ¿Cómo ha sucedido esto? Lo deseo más que a mi
próximo aliento. Lo necesito más que lo que nunca he necesitado a nadie.
Tal vez él siente mi tensión, porque me mira cuidadosamente. ―Es un
término cariñoso, ya sabes ―dice en voz baja―. De todos modos, yo no la
nombré a ella.
―¿Ella?
―Todos los coches son damas, Jones. ―Guiña un ojo. Y debería ser cursi,
un guiño así, pero no lo es. Me dan ganas de besar su mejilla. No es solo atractivo,
es lo jodidamente adorable. Y es completamente ignorante de mi soñadora
expresión porque volvió a acariciar su coche―. Ella es un Chevy Camaro Z28 de
1971. ―Su expresión se oscurece un poco, llegando a ser casi agridulce―. Era de
mi papá. La consiguió en un depósito de chatarra y la restauró desde el armazón
hasta el final.
Su orgullo suena claro y le da al coche otra palmadita. ―Condujo a mi
madre a la locura cuando gastaba sus fines de semana con la pequeña roja, pero
ella sabía lo mucho que le gustaba… ―se encoge de hombros.
―¿Alguna vez trabajaste en ella?
―En su mayoría la he puesto a punto y he cambiado la cinta, pero, si, sé
cómo arreglar un coche, si eso es lo que estás preguntando. ―Un poco de
picardía nace en sus ojos oscuros―. ¿Quieres ir a dar un paseo?
―¿Ahora?
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―No. Dentro de tres horas. ―dice inexpresivo―. Me imagino que


puedes conseguir tu pijama, tal vez dormir por un tiempo, luego podríamos
salir.
Página

―Sabelotodo.
Ya está abriendo la puerta del pasajero. ―Vamos, Jones, ven conmigo.
Dudo.
―Va a ser agradable y cálido con la calefacción ―añade.
El oscuro interior del Camaro brilla en el resplandor amarillo de la luz del
estacionamiento. Drew está esperando. Quiere besarme. Él quiere todo.
Tomo un poco de aliento. ―Está bien, pero será mejor que ésta cosa vaya
rápido.
―Ella va a poner tu pelo liso. ―le da a uno de mis rizos un tirón juguetón
antes de cerrar la puerta detrás de mí.
En el interior, el coche huele a cuero viejo y un poco de crema de afeitar
de Drew. Es así de sutil el aroma de Drew, que me hace hundir en mi asiento e
inhalar profundamente. Entonces él está metiéndose en el coche. Su sonrisa es
como la de un niño cuando gira la llave y el coche ruge a la vida con un gruñido.
―Oh, sí, nena ―le dice a ella, ―ronronea para mí.
―¿Quieres un poco de tiempo a solas? ―Pregunto, pero me encanta la
forma en que aprecia a su coche.
Su hoyuelo se profundiza. ―Ésta es en una experiencia compartida, Jones.
Sigue mis instrucciones. Ahora, el cinturón de seguridad.
Hago lo que me ordena y felizmente se sienta mientras lo saca del
estacionamiento. Va lento a través del campus, enciende la calefacción y juguetea
con la radio. Pronto, estoy lo suficientemente caliente como para sacarme el
abrigo y Led Zepplin cantando Kasmir, llena el silencio.
―No estabas bromeando sobre el rock clásico ―digo, echando un vistazo
alrededor del tablero―. Me sorprende que no haya un estéreo 811.
―Asimismo.
Se ríe. ―Papá puso un nuevo equipo de música el año pasado al que él….
Deja de hablar y se vuelve a la carretera principal. El coche salta hacia
adelante con un pequeño ruido gutural.
―Es un coche hermoso ―digo para llenar el silencio incómodo. Odio que
me duela, que eche de menos a sus padres―. Me alegra que lo tengas.
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Eight-track es un Cartucho de 8 pistas (también llamado "Magazine" en
Argentina), es un dispositivo basado en la cinta magnética para grabación de
Página

sonido, popular desde mediados de los años 60 hasta principios de los 80.
―Yo también. ―Está callado por un momento, luego sonríe
suavemente―. Cuando finalmente saqué las mejores calificaciones, me dejó
usarlo en las citas. Se convirtió en mi búsqueda personal de sexo.
―Bien. ―Arrugo mi nariz―. Acabas de ponerle fin a tomarme de
cualquier manera aquí.
Me pongo duramente colorada en el momento en que mis palabras salen
de mi boca, y Drew resopla.
―Maldita sea, ahí va mi plan. ―Él me envía una mirada―. En realidad,
el asiento trasero es ridículamente pequeño para un coche grande y deportivo.
No se puede hacer nada allí, más que conseguir un calambre en la pierna.
Para su diversión, miro por encima de mi hombro. El asiento es pequeño.
Molesta conmigo misma y por la petulante sonrisa de Drew, saco mi teléfono.
Nos dirigimos a un gran tramo de carretera vacía y sé que va a dejar que el coche
vaya por allí. ―Esta radio, ¿funciona con mi teléfono? ―Pregunto.
Drew asiente. ―Me gustan los coches viejos, pero tengo mis normas. ―Se
agacha y me entrega un cable de entrada para descargar una canción. Es mi turno
de sonreír―. Creo que te gustará esta. ―Pulso reproducir.
Su expresión no tiene precio, su nariz se arruga en la confusión ante el
vivaz toque de una guitarra y dos chicos que conversan en un estilo
bohemio. ―¿Qué demonios?
―Solo escucha.
Lo hace y su boca hace un tic. Los chicos se burlan de The Doors ahora, y
Drew resopla.
―Son los Dead Milkmen ―le digo.
Un tipo le pregunta al otro amigo qué coche le consiguió el papá. Mi
mirada atrapa a Drew y estamos ambos sonriendo.
―No me digas ―dice Drew, al igual que la banda se lanza a un duro y
rápido punk rock riff sobre un Camaro. Es maniaco, todos los tambores y
guitarras y los cantantes gritando.
―Un increíble Camaro, hombre ―le digo con una sonrisa.
Y Drew sale. Estamos volando, mi espalda presionada contra el asiento, y
estoy riendo tan fuerte que mis costados duelen. Drew ríe conmigo. Estamos
locos entre la velocidad y las ridículas letras. Y no quiero que termine. La
pequeña roja acaba la carretera, el asfalto gris es una falta de definición. Debo
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tener miedo, pero me siento viva.


Corremos junto hasta que la canción termina y luego Drew
Página

disminuye. ―Eso fue excelente ―dice.


―Así es el coche. ―Apoyo la cabeza en el asiento y sonrío. Estoy dolorida
de la risa, hay pequeñas réplicas de vértigo en mi vientre.
Todo está tranquilo, salvo el zumbido constante del motor, y eso está bien.
La realización se apodera de mí. Podemos sentarnos juntos en silencio y se siente
cómodo. ¿Cuándo había ocurrido? Antes de que pueda cavilar sobre ello por más
tiempo, el estómago de Drew gruñe. Con insistencia.
―¿Por qué tengo la sensación de que tu estómago habla
conmigo? ―pregunto.
La esquina de su boca se crispa. ―Algo así como por tu culpa.
―¿Oh, en serio?
―Solo lo alimentaste una vez. Naturalmente va a venir a pedir más.
―Naturalmente. ―Resoplo y luego agarro mi bolsa―. No sé si debería
permitir este desarrollo, pero sucede que tengo un sán…
―Dámelo, Jones.
―¿Estás seguro? ¿Nos dejarías comer en la Pequeña Roja? Quiero decir,
el interior está bastante limpio.
Drew me mira de reojo. Está luchando con una sonrisa, pero se las arregla
para lucir falsamente amenazante. ―Entrega la comida y nadie saldrá herido.
Saco una larga sección de ocho pulgadas de un sándwich que había
tomado de la cocina autoservicio y él hace un gemido exagerado.―Nena, es muy
grande.
―Esa es mi línea.
―Sí, lo es.
Resoplando, tomo una pequeña sección de sándwich luego le entrego el
resto.
Su gemido es real y agradecido cuando comienza a devorar el sándwich,
con una mano en el volante la otra sosteniendo amorosamente su
alimento. ―Italiano ―dice entre bocado y bocado―. Salud.
―Debes tener mucha hambre porque este sub es mediocre como
mínimo. ―El sándwich está pastoso y demasiado salado.
―Me muero de hambre. No he comido desde antes del partido. ―Drew
me da una mirada rápida y culpable.
Es más difícil de tragar mi bocado. ―Gracias por llevarme a dar un
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paseo. ―Mis palabras son suaves en el coche oscuro y cuando el silencio cae, es
menos fácil.
Página
Pero Drew simplemente se encoge de hombros y remata su último
bocado. ―No hay ningún otro lugar donde quiera estar.
Lo que hace el dolor dentro de mí más fuerte.
Se asoma hacia abajo en mi bolsa. ―No supongo que tienes…
Saco mi botella de agua antes de que pueda terminar y soy recompensada
con otra de sus sonrisas.
―Eres una diosa, Anna Jones.
Finjo un tono casual, como si mi corazón no estuviese herido y
desconcertado. ―Bueno, ya que te sientes muy bien y en deuda. ¿Puedo conducir
La Pequeña Roja? ―Necesito algo que hacer, algo para calmarme antes de
arrojarme a él y ofrecer mi adoración eterna.
Y tengo que admirar la forma en que lucha para no reaccionar con el
horror que, tan claramente, acaba sobre él. No imagino a nadie más que a Drew
manejando este coche. Tiene que ser así, porque él casi se retorcía en su asiento.
Estoy a punto de librarlo, decirle que está bien, lo entiendo, entiendo que es una
cosa de hombres, cuando de repente se tira a un lado de la carretera.
―Está bien, pero…
―Si dices algo lamentable de mi capacidad para manejar, acabaré
contigo ―me burlo, sólo para romper la tensión.
―Quiero vivir ―bromea. Entonces me mira fijamente, pero hay un brillo
en sus ojos bajo el ceño fruncido―. En serio, quiero vivir así...
―Tonto. ―Le doy un ligero golpe antes de abrir la pesada puerta del
coche y salir. Nos reunimos en el centro, las luces del automóvil iluminándonos.
O mejor dicho, corro hasta él y salto en el asiento del conductor, cerrando la
puerta detrás de mí―. Está congelado ahí ahora ―digo mientras se mete en el
asiento del pasajero.
Mis piernas se ciernen en algún lugar de la tierra de nadie. Es tan alto; los
pedales están al menos a un pie de distancia de mí. Murmurando sobre gigantes,
ruedo el asiento hacia adelante y él resopla. ―Más como duendes pelirrojos
quienes necesitan tirar del asiento hacia el volante.
―No, de ninguna manera parezco un duendecillo. ―La idea es ridícula.
Su mirada fugaz viaja sobre mis pechos y caderas, y es caliente. ―Puede
que tengas razón.
Sólo estoy un poco nerviosa cuando enciendo el coche.
188

No me importa. Conduzco rápido y sin problemas, aprendiendo de la


sensación del coche y sus pulsos.
Página
Drew me estudia, su cuerpo doblado un poco en el asiento. ―Pensé que
lo pisarías a fondo.
Me encojo de hombros mientras nos deslizamos por una curva
suave. ―Estoy llegando a conocerla primero.
La forma en que me mira es como si he dicho algo especial. No entiendo
esa mirada, me pone inquieta en lo profundo de mi vientre, así que lo ignoro y
conduzco. Estamos tranquilos, arrullados por el ronroneo suave del motor. Y es
bueno. El coche viejo, con su suave piel y el calor, es acogedor.
El camino es realmente un gran circuito, nos trae de vuelta a la ciudad.
Puedo ver las luces de la escuela aproximándose a nosotros.
Kilómetro y medio más tarde, veo un lugar abandonado y pongo la
intermitente. Lo cual es ridículo teniendo en cuenta que somos los únicos aquí,
pero la costumbre es la costumbre.
Cuando Drew habla, su voz firme es tan profunda que es
calmante. ―Puedes conducirnos de vuelta ―dice―. Tú decides.
No creo que pueda soportar la sensación de su mirada en mí por más
tiempo. Hace cosas extrañas a mi corazón, lo acelera, lo frena. Él me vuelve loca
y estoy empezando a pensar que sabe exactamente cuánto.
―Está bien ―le digo mientras lo saco. Los neumáticos crujen sobre la
grava y el coche se estremece a través de una pequeña protuberancia. Lo pongo
en neutral, apago el motor y me doy cuenta de inmediato del error de mi plan.
Estamos solos en la oscuridad, un capullo cálido en el coche. Y aunque nunca he
eludido la oportunidad de saltar sobre Drew, todo se siente diferente ahora. De
alguna manera, sin mi permiso, nos acercamos más, y sé que una decisión debe
ser tomada.
Drew parece nervioso, así, sus bíceps se agrupan debajo de la camisa
mientras da golpecitos en su rodilla.
―Vamos a cambiar asientos entonces ―digo, no del todo mirándolo a los
ojos.
Está claro que ninguno quiere salir a la calle, lo que significa sólo una
opción. Tenemos que pasar por encima del otro. O tal vez es la excusa que tanto
necesitamos para tocar. Que incluso nos necesitamos, lo que hace tensar mi
estómago.
Tan pronto como entramos en acción, la realidad es que no es la situación
sexy que había imaginado. No cuando nuestras rodillas golpean entre sí, al
189

mismo tiempo que mi barbilla choca con el hombro masivo de Drew.


―¡Ay!
Página

―¡Uf!
Retrocedo, golpeando mi cabeza en el techo cuando Drew torpemente cae
hacia un lado, su trasero conectando con el volante. La bocina del Camaro es un
grito en la noche oscura. Murmurando una maldición, Drew intenta pasar su
pierna por encima de la consola, al mismo tiempo que yo, y nos enredamos de
nuevo.
―Mueve tu culo, gran montaña ―me quejo.
Él empieza a reírse, lo que me hace reír también. Nos reímos y maldigo
cuando Drew se desliza sobre mí y medio me arrastro al asiento del pasajero, sólo
para sentir un tirón en mi falda.
―¡Mierda! Estoy atascada en la palanca.
Drew ríe más fuerte.
―No te atrevas a hacer bromas de palancas ―advierto a través de una
carcajada.
―Estoy demasiado ocupado tratando de quitar mi culo fuera del
volante. ―Su hombro aplasta mi pecho mientras se menea, riendo tan duro, tan
torpe como yo―. Joder, ¿por qué no pones el asiento de atrás?
―No. Ay. ¿Lo moverías? ―Tiro de mi falda, pero su muslo está en mi
pantorrilla, en el asiento del conductor.
―No lo pensaba ni de lejos.
―Obviamente. Espera. ―Sus costillas se meten en mi rostro mientras se
inclina sobre el asiento del conductor. Hay un fuerte chasquido y luego estamos
cayendo cuando el asiento va hacia atrás. Drew gira, aterrizando en el asiento,
envolviendo su brazo alrededor de mi cintura y tirando de mí con él. Termino en
su regazo con un ruido sordo, y Drew gruñe de dolor. Mi pierna doblada esta
torpemente en su pecho y me pone fuera de balance.
―En serio, Jones ―dice, todavía sin aliento por nuestro ataque de risa, ―si
querías estar en mi regazo, sólo tenías que preguntar. ―Pone una mano en mi
espalda, evitando que el volante presione mi columna vertebral.
Mis mejillas dolían de sonreír. ―Me atrapaste. Todo era parte de un plan
malvado para convertirnos en un pretzel humano. Cuidado con tu cabeza. Pierna
entrando.
Agacha la barbilla mientras levanto mi pierna hacia arriba y sobre su
cabeza, efectivamente, sentándome a horcadas en su regazo con las rodillas
metidas debajo de los brazos en el espacio apretado. No es muy cómodo, ¿pero a
quién estoy engañando? Me gusta donde estoy.
190

La posición, sin embargo, agrupa mi falda alrededor de mis caderas. Al


instante, su mano libre aterriza en mi muslo expuesto. ―¿Tienes frío? ―pregunta
Página

en voz baja, mientras empieza a frotar para mantenerme caliente.


Niego con la cabeza, después de que mi voz huyera. ¿Cómo podría tener
frío, con su firme y caliente torso tan cerca del mío? Su latido es constante y duro
debajo de mi palma.
―¿Te hice daño en cualquier lugar? ―Me lleva aún más cerca, hasta que
mis pechos se apoyan en su pecho.
―No. ―Cara a cara, todo lo que puedo ver es a Drew de color azul pálido
a luz de la luna, con los ojos brillantes y oscuros mientras me estudian. Su mirada
baja a mis labios y se queda allí, mientras su agarre se vuelve más firme, cargada
de intención. El calor me invade veloz y fuerte.
Su boca. Tan cerca. Tan cerca que nuestro aliento se mezcla. Me encanta
su boca, la forma exuberante de la misma, y yo ni siquiera sé a qué sabe, cómo se
siente. Sus dedos se presionan en la carne de mi muslo, como si necesita aferrarse
a algo y mi mirada se encuentra con la suya.
Allí hay una expresión de dolor y súplica.
Drew nunca lo tomará de mí. No, a menos que sepa que yo también lo
quiero. La ternura se mezcla con el imperante calor dentro de mí, un embriagador
calor que me tiene naufragando aún más en su abrazo. Con cuidado, trazo su
mandíbula, la textura como papel de lija, fino contra la punta de mis dedos.
―Anna. ―Aquello es un susurro.
Sosteniendo su mirada, me inclino. Mis labios rozan los suyos. Tan ligero
que es apenas un toque. Pero es todo. Lo siento hasta los dedos de los pies. Drew
toma una respiración fuerte, su cuerpo se tensa. Así lo hago de nuevo. Más fuerte.
Más seguro. Aferrándome sólo un poco de su labio inferior.
Entonces gime. Sus dedos se enroscan en mi pelo, agarrando firmemente,
mientras inclina la cabeza y me besa de vuelta. No es duro o frenético. Es una
cálida exploración, como si cayéramos en el medio de un beso, lenguas
deslizándose, labios fusionándose y partiendo en un ritmo lento. Y me enciendo,
ardiendo con más fuerza que el sol. La sensación, deseo, necesidad, surge a través
de mí en un gemido que se ha perdido en su boca.
Drew se estremece. Sus dedos recorren a lo largo de mi cuello, mi mejilla,
y hacia abajo de nuevo, mientras sus labios acarician y chupan los míos.
Profundizando, tiene más de mí a cada minuto. Y cada vez mi corazón se aprieta
un poco más duro dentro de mi pecho.
Los mareos me inundan. No hay arriba o abajo, solo Drew. La boca de
Drew. Su sabor y su calor. Quiero a hundirme en él, ahogarme en su toque.
191

Tiemblo, gimiendo de frustración mientras me froto contra su erección y abro la


boca más para recibir su beso. Él me aprieta fuerte. Castigándome.
Página

―Es mejor ―dice entre el beso.


―¿Mejor? ―Mis manos deambulan por las llanuras de su pecho, el
aumento redondeado de sus hombros. He echado de menos la sensación de
tenerlo contra mí.
―Besarte. Es mejor de lo que imaginaba.
No me había atrevido imaginar. Toco su mejilla y nuestras miradas
chocan. Mi respiración se acorta. Mi corazón realmente duele. ―Drew. ―No sé
qué más decir. Pero parece suficiente para él en este momento. Me abraza como
si fuera preciosa para él, como si quisiera que nos fusionáramos.
―Ven conmigo a casa ―susurra entre besos que se están haciendo más
urgentes, feroces. Su piel está húmeda, su cuerpo temblando tan fuerte como el
mío―. Te necesito, Anna. Te necesito en mi cama.
Apenas puedo mantener los ojos abiertos. Mis ropas me ahogan. El sudor
hace cosquillas por mi espalda y mis muslos tiemblan de necesidad. Y no puedo
dejar de besarlo. Profundo, ligero, duro, suave. Es demasiado. Sabía que iba a
serlo. Estoy perdida en él.
―Anna... ―Su voz es débil ahora. Áspera como su respiración.
―Sí ―consigo decir―. Sí.
Presionando su frente a la mía, asiente una vez, sus dedos todavía vagan
por encima de mi cara como si él necesita memorizarla con el tacto. ―Está
bien. ―dice en la búsqueda de otro beso―. Está bien.

192
Página
Traducido por Michelle M
Corregido por Clari

Anna
Me quedo en su regazo mientras nos lleva a casa. Es estúpido y peligroso,
pero ninguno de los dos está pensando claramente. No es una opción moverme
de él para dejarlo ir. El brazo de Drew permanece alrededor de mi cintura, su
gran mano agarra mi cadera como si tuviera miedo de que cambiara de opinión,
tratando de escapar.
No lo hago. No lo haré. Ya es demasiado tarde. Estoy débil y necesitada
de él. Así que, él conduce y mi cabeza descansa sobre su hombro mientras mis
dedos se entrelazan en su cuello, tocando donde su pulso es rápido. Me sostiene,
presiona su mejilla contra la parte superior de mi cabeza mientras maniobra el
coche en las calles bajas y oscuras del barrio.
Su corazón late tan rápido como el mío. Estamos casi zumbando con
anticipación ansiosa. Si no lo conseguimos pronto, sé que me empujará y me
llevará al asiento trasero, ya sea que haya un pequeño espacio o no. Casi lo
sugiero, estoy tan dolorida por él, pero el coche se desvía en un camino de
entrada y luego para.
Tiene el coche apagado y el freno de mano en cuestión de segundos. Las
puertas se abren y, de alguna manera, estamos fuera. Estoy en sus brazos. Ni
siquiera sé cómo se las ingenió para balancear mi cuerpo del coche con tanta
facilidad, ni protesto mientras me está llevando. Estoy bastante segura que si me
pone abajo en este momento, ambos caeríamos.
Su casa es un pequeño bungaló con techo de dos caídas de agua que crea
un amplio porche delantero. Drew da pequeños pasos en los escalones de la
entrada. Entierro mi nariz en su cuello y aferro mis piernas alrededor de su
cintura mientras hurga por sus llaves. Luego, los dos tropezamos dentro.
Consigo un vistazo de paredes blancas, techos altos y suelos oscuros. Una
193

lámpara retro de los años 30 con lava caliente está sobre un sofá de cuero, una
silla y una mesita de madera. Esto no es el lugar de reunión de un chico de
Página

universidad. Es una casa. Hay fotos enmarcadas colgando en las paredes. Eso es
todo lo que veo. Drew captura mi boca con la suya una vez más, su agarre en mi
trasero es apretado y seguro mientras camina por la habitación.
Su cuarto es fresco, tranquilo y hay un suave resplandor de la lámpara de
mesa con luz dorada. Drew me deja en la orilla de la cama antes de atacar mis
botones, sus dedos son torpes y desesperados, su boca nunca deja la mía.
Mis nudillos se prensan en su abdomen mientras abro sus vaqueros,
empujándolos hacia abajo en mi prisa. La cintura de sus boxers se engancha con
su pene duro y maldice. Se libera, entonces llega por mí. Todo se convierte en un
borrón, ropa tirada y besos frenéticos. Y entonces, el mundo se levanta. Estoy en
sus brazos en un segundo, y hundiéndome en algo fresco, para ser bajada al
grueso edredón al siguiente segundo.
Drew trepa sobre mí. Caliente, húmeda piel se desliza por encima de la
mía. Músculos duros. Carne pesada. Y en todos los lugares que toca, me
enciende.
No dejamos de besarnos. No creo ser capaz de detenerme. Muero de
hambre por su boca.
Se mueve entre mis piernas e inclino mis caderas para darle mejor acceso.
Ahora. Lo quiero ahora. Duro. Rápido. Sin embargo, de repente se frena,
succionando mi labio inferior antes de levantar la cabeza. Brazos me sostienen,
me mira a los ojos, sus dedos juegan con mi cabello.
Sus párpados apenas están abiertos, pero no cierra los ojos.
―Todas las noches ―dice―. Cada noche he pensado en tú estando aquí.
Justo de esta manera.
Me estremezco. Cada noche he tenido miedo de estar aquí. Me gusta esto.
Porque lo quería mucho.
Piel con piel, somos un lío, temblando y sudando. Nuestros vientres se
presionan, los latidos de su pene son calientes y firmes. Me cuesta respirar. Mis
palmas se deslizan por su estrecha cintura, mientras trato con un tono ligero.
―Ahora que me tienes aquí, ¿qué harás conmigo?
Los labios de Drew se curvan en una sonrisa lenta pero satisfecha.
―Mantenerte aquí.
Infierno.
Justo cuando temo que la emoción me podría paralizar, se mueve, sus
caderas se balancean hasta que la punta redondeada de su pene empuja contra
194

mi apertura. Mi atención se pone en cero sobre ello, ese lugar donde todo es tan
caliente y necesitado de sexo. Sostiene mi mirada, desliza la punta. Luego el
Página

bastardo para.
―Drew. ―Retorciéndome, trato de tomar más.
Sólo sonríe y se mantiene estable, una sólida plancha de músculo
inquebrantable.
―¿Me quieres?
―Sabes que lo hago. ―Cada pulgada existencial. Pero no es eso lo que
está preguntando y los dos lo sabemos.
―¿Todo de mí? ―Su expresión se torna seria, su voz es un fantasma en el
silencio. Oh, pero entonces inclina sus caderas, empujando un poco más, un
incentivo diseñado para volverme loca―. ¿Quieres todo de mí, Anna?
Puedo sentir mi corazón latiendo contra el suyo. Gemelos estables,
rápidos, que coinciden en el ritmo. Podría decir que no. Una retirada con
seguridad. Y eso sería terminar con lo mejor que me ha pasado. Con una mano
temblorosa, me acerco y paso mis dedos por su cabello húmedo hacia su sien.
―Sí.
Traga audiblemente, su cuerpo tembloroso se siente como un alivio contra
mi piel.
―Me alegro de que lo resolviéramos. ―Se mueve para empujar, pero se
detiene de nuevo. Esta vez, con una maldición que se confunde con la mía.
―Ahora, sólo estás siendo cruel ―gimo.
―No… joder ―maldice―. Dejé los condones en el coche.
―¿En el coche? ―Me retuerzo, apenas pensando―. ¿Qué demonios están
haciendo ahí?
Sus ráfagas de aliento sobre mis mejillas duelen.
―No es como que los necesite aquí, Jones. ―Inclina la cabeza y me besa
en un ángulo diferente, con toda la boca húmeda y caliente. Cuando habla de
nuevo, es un susurro―. Los había dejado en tu casa, pero parecía presuntuoso.
Dios, incluso me encanta la forma en que susurra “presuntuoso” contra mi
boca. Mis labios vibran con ello y los lamo, antes de lamer los suyos. Estoy tan
caliente, tan encendida, no puedo soportarlo. Estoy tan vacía que duele.
―Olvida los condones ―digo con voz ahogada―. Sólo… sólo fóllame.
Un temblor viaja sobre él y siento la cabeza de su pene contrayéndose.
Ojos color miel me miran.
―¿Estás segura?
195

Los dos sabemos que es una cuestión de creer en el otro cuando decimos
que estamos limpios y somos exclusivos, de Drew confiando en mí cuando le
Página
digo que estoy tomando la píldora. ¿Confío en él? Sí. ¿Estoy nerviosa? Infiernos,
sí.
Trago rápidamente, resistiendo la tentación de moverme.
―¿A menos que no quieras? ―No voy a mantenerlo en su contra si quiere
un condón. Nunca. Empiezo a decirle eso cuando responde.
Su respuesta es un beso, uno sexy y sucio, húmedo en mi boca, mientras
mete su pene profundamente. Esa invasión de espesor que me llena, me hace
jadear.
―Santo infierno ―gime―. Te sientes tan bien. ―Y luego, está
bombeando, gimiendo bajo mientras se mueve. Mi enfoque se estrecha con el olor
de su piel, la sensación de tenerlo empujando y estirando mi sexo hinchado, los
dos hacemos sonidos mientras embiste.
Su pulgar se encuentra con mi pezón apretado y lo rueda. Combinado con
la forma en que lame mi labio superior es casi indecente. Me sacude hasta la
medula.
―Oh, mierda ―grito en su boca.
Un orgasmo viene sobre mí, no con violencia, sino uno lento, ascendente
de calor que me tiene temblando y gimiendo en su boca abierta. Estoy débil con
ello, mis brazos caen a los costados mientras eso me toma.
―Eso es todo ―susurra contra mis labios―. Déjate llevar. ―Acuna mi
mejilla, su mano es grande, cálida, sólida, mientras me observa acabar con sus
ojos ardiendo.
Impotente, me agarro de su cabello, mientras otro lío de sensaciones me
golpea.
―Drew. Yo… ―No puedo respirar―. Necesito… ―A ti.
―Lo sé ―dice como si escuchara mi súplica silenciosa―. Lo sé.
Captura mi mano, obligándome a permanecer con él mientras arranca mi
corazón y muele sus caderas. Estoy en el precipicio cuando pierde el control. Un
estremecimiento corre sobre él, y entonces, se apoya en sus brazos y embiste en
mí. Carne golpea contra carne. El impacto hace que los huesos de mis caderas
duelan. Estoy tan mojada, tan desordenadamente húmeda, que cada sonido se
magnifica. Y me encanta.
―Eres tan jodidamente perfecta ―gime, moviendo sus caderas con un
movimiento giratorio, crudo y codicioso, como si estuviera en celo contra mí. Mi
196

mundo se vuelve oscuro y violentamente lujurioso. Me vengo de nuevo, la


sensación perforándome, haciéndome arquear, mis caderas persiguiendo a las
suyas, mis manos arañando sus hombros.
Página

Drew se deja ir con un largo gemido y una inundación de calidez me llena.


Por un momento estamos echados tranquilamente, Drew acurrucado a mí
alrededor, su mejilla contra la mía, las comisuras de nuestros labios tocándose
mientras jadeamos. Poco a poco, vuelvo a mí misma, consiente de sus dedos
acariciando mi hombro y el pulso de su pene en mi interior.
Es tan tranquilo que cuando susurra en mi oído, todo mi cuerpo se
estremece por el sonido.
―Me has destruido, Anna Jones.
Sé exactamente lo que quiere decir, porque él también me destruyó.

197
Página
Traducido por gabyguzman8
Corregido por Clari

Anna
Bajo las mantas, donde se está cómodo y cálido, no podemos dejar de
tocarnos el uno al otro. Nada brusco, solo pequeñas caricias. La caricia de un
dedo a lo largo del hombro, el provocar cosquillas en un brazo, un roce de labios
al costado de la frente.
Estamos frente a frente, el brazo de Drew serpentea bajo mi cuello y se
envuelve alrededor de mis hombros, manteniéndome lo suficientemente cerca
para compartir el mismo aire, nuestras piernas enroscadas juntas están en un
ardiente enredo. No quiero moverme. Quiero mantener mi mano donde
descansa, sobre su pecho sudoroso y sentir el ritmo constante de su corazón.
Quiero descansar. Siento que he estado corriendo desde siempre, y no sé por qué
o para qué.
―Felicidades de nuevo por el triunfo de esta noche ―hablo en pequeños
susurros, sin querer romper el frágil y pequeño mundo en el que nos hemos
refugiado.
La sonrisa en respuesta de Drew, es una de perezosa satisfacción. Su gran
cálida mano se dobla protectoramente alrededor de mi cuello y su pulgar traza
mi mandíbula.
―Fue la victoria más dulce de todas. ―Lentamente, me empuja dentro.
Su sonrisa crece, incluso cuando, fácilmente, me da un suave beso como la
mantequilla. Él canturrea y lo hace de nuevo antes de retroceder―. Finalmente,
conseguí que Anna Jones me deje besarla.
Sus palabras toman un segundo para calar dentro, y luego, resoplo.
―Idiota.
Drew ríe por lo bajo, pero me está besando otra vez, suave, solicitando
198

pequeños besos, como si estuviera memorizando mis labios con los suyos.
Página
―No lo soy ―murmura contra los míos―. ¿Crees que ganar un partido
de fútbol se compara con esto? Por favor. ―La punta de su lengua toca la esquina
de mi boca sonriente antes que sus labios continúen―. Debes estar loca, Jones.
Su dura polla es un suave peso rozándome. En seguida, él está rodando
sobre mí, deslizando sus caderas entre mis músculos extendidos. Envuelvo mis
brazos alrededor de sus hombros y suspiro.
―Bueno, alguien está loco ―digo―. Eso es seguro.
―Mmm. ―Besa mi cuello, mi mandíbula―. Alguien lo está ―concuerda
en mi oído, haciéndome temblar, sostengo con más fuerza sus duras caderas que
están deslizándose suavemente por la humedad de mi sexo. Pronto se hundirá
en mí. Pero no todavía. Le gusta molestarme. Y me encanta cuando lo hace.
No obstante, se detiene y levanta la cabeza para sonreírme. A la tenue luz
de la lámpara del solitario dormitorio, sus ojos son dorado oscuro. Su toque es
dolorosamente tierno mientras repasa los nudillos a lo largo de mi mejilla.
―Bésame, Anna ―susurra, sus labios a pulgadas de los míos.
Y estoy perdida. Mi mano se siente demasiado pesada, temblorosa cuando
empiezo a meter los dedos en su pelo sedoso y tirar de él hacia abajo. Mi boca se
mueve sobre la suya, lenta, buscando, vertiendo todo lo que soy en él. Responde
con un pequeño gemido, elevando sus caderas, y luego, hundiéndose de nuevo
en mí. Llenándome.
―Una vez más ―exige tan pronto como se rompe el beso. Así que lo hago.
Lo beso mientras me trabaja, hasta que los dos estamos demasiado débiles para
hacer algo más que sostenernos el uno a otro, reducidos a una pila temblorosa de
extremidades y bocas agotadas.
Y cuando entrelaza sus dedos con los míos y susurra:
―Quédate.
Lo hago.
199
Página
Drew
Estoy agotado. Hasta bien entrada la noche, Anna y yo estuvimos
buscándonos el uno al otro. Había caído frito a dormir, solo para despertar
cuando unas manos suaves se deslizaban sobre mi trasero o una lengua caliente
lamía a lo largo de mi cuello antes de viajar hacia abajo. Anna, una vez satisfecha,
suspiraba y se quedaba dormida, cálida y suave contra mí, mi mano acunando
sus pechos. Era incapaz de resistirme a jugar con su pezón, moviéndolo y
pellizcándolo suavemente hasta que ella se retorció y se volvió en mis brazos con
un murmurado:
―¿Otra vez?
Sí, otra vez. Hasta que no podamos movernos.
En las primeras horas de la mañana, me acosté con su cálido peso contra
mí, su mano estaba sobre mi pecho como si mantuviese a mi corazón vigilado y
seguro. El simple acto de dormir nunca había sido tan bueno. La desperté por el
hundimiento en su húmedo calor interior. Anna me recompensó con una amplia
sonrisa y envolvió sus piernas alrededor de mi cintura para sostenerme allí
mientras compartíamos besos perezosos.
Ahora, después de dejarla durmiendo bajo mis sábanas y tomar una larga
ducha caliente, estoy en la cocina, con las rodillas débiles y la polla llena de dolor,
mis manos temblando ligeramente mientras intento hacer huevos revueltos.
Estoy fallando miserablemente. Cuando se vuelven marrones y se agrupan en
bolas duras, maldigo y saco la sartén de la estufa.
―Tostadas ―murmuro para mí mismo―. Puedo hacer tostadas.
―¿Qué es ese olor horrible? ―Anna sale de mi habitación, vistiendo una
de mis camisetas, que la cubre hasta la mitad del muslo, y un par de pantalones
de yoga negros. Mi corazón da un vuelco en mi pecho.
―Oye. ―Me muevo para bloquear la evidencia de mi fiasco de huevos.
Pero no está mirando en mi dirección. Deambula hacia el manto donde reposa
mi trofeo Heisman. El oleaje de orgullo que siento por el hecho de que se haya
dado cuenta, probablemente es ridículo, pero está ahí de todos modos. Su
delgado dedo recorre la base donde está grabado mi nombre.
―Obtuve eso en mi segundo año ―digo―, cuando ganamos nuestro
primer campeonato.
Me mira, con los ojos brillantes.
200

―Esto es una clase de gran cosa, ¿no?


Página

―Ah, sí. ―La más grande de mi carrera hasta ahora.


No se deja engañar por mi acto humilde.
―Eres increíble, Drew.
Así como tú. No lo digo, sin embargo. Estoy en peligro de caer de rodillas
y confesar todo a este punto. En cambio, mantengo una postura gacha con un ojo
en ella mientras camina hacia mí.
―¿De dónde sacaste los pantalones? ―pregunto, agradecido de que mi
voz no se quiebre.
Ella mira alrededor de la cocina, con la nariz arrugándose como si
estuviera oliendo en una escena del crimen. Pero luego se detiene, pasa la mano
por sus rizos enmarañados y sonríe.
―Estaban en mi bolsa en caso de emergencia.
―¿Emergencia? ―¿Cómo hospedajes nos planificados con chicos? No voy
a ponerme celoso.
―Después de que Dave se estrelló contra mí con tres galones de ponche
de frutas durante un picnic de ex alumnos, nunca he ido a trabajar sin ropa extra
por seguridad.
Pero está usando mi camisa.
Los rizos de Anna caen cuando niega con la cabeza.
―Desafortunadamente, no hay productos para el cabello, por lo que no
podría lavar mi maldito cabello.
Es entonces que me doy cuenta de que su piel está de color rosa y
sonrojada por la ducha.
―En caso de que no hayas podido notar, tengo champú.
Me mira como si yo hubiera dicho una mala palabra.
―Usaré ropa de segunda mano, compraré camisetas baratas de Target,
pero no estoy usando champú de farmacia en este pelo. No si quiero caminar
entre los seres vivos.
No puedo ocultar mi sonrisa.
―Oh, bueno, no endulzaré tu disgusto.
―Está bien para ti. Eres un chico. Probablemente podrías utilizar jabón en
el pelo y se vería bien. La insufrible tendencia-a-erizarse-fuera-de-control de mis
rizos es otra historia. ―Se acerca aún más a la cocina y ve los huevos. Cruzo mis
manos sobre mi pecho, sintiéndome claramente enrojecido.
201

―Traté de cocinar.
Página

Sus labios se contraen.


―Puedo ver eso.
Cambio mi peso sobre mi otro pie.
―No estoy seguro de lo que pasó.
Se le escapa una pequeña risa. En lugar de sentirme estúpido, me
encuentro riendo también.
―Demasiada llama sería mi conjetura ―dice, mientras viene a mí. Su
mano se posa en mi pecho, justo sobre mi corazón, mientras se pone de puntillas
y me da un beso que hace que mi respiración se entrecorte. Instantáneamente,
mis brazos se envuelven alrededor de ella. Se siente más cálida en la mañana,
más suave. La beso de vuelta, explorando profundo, y pruebo el sabor de mi
pasta de dientes en su lengua.
La voz de Anna se desliza entre besos.
―¿Tienes práctica hoy?
La sostengo sólo un poco más fuerte.
―Sí. Maldición.
Se ríe, un sonido suave, contento.
Por primera vez en mi vida, quiero saltarme la práctica. No quiero hacer
otra cosa que pasar el día con Anna y convencerla de quedarse otra noche. Estoy
considerando seriamente dejarla hablar de llevarme de vuelta al dormitorio en
este momento, pero se tira hacia atrás y le da a mi pecho una palmadita amistosa.
―Entonces vamos a poner algo de comida en ti. Huevos, puedo
hacérnoslos ―dice―, sólo necesito un poco de café en primer lugar. ―Mira
alrededor de mis mesadas.
―Uh... ―Me rasco la parte posterior de mi cabeza―. Yo no tengo
ninguno.
Es como si la hubiera abofeteado. Se le corta la respiración, su cara se pone
pálida.
―¿Qué?
―No tengo café o una cafetera, para el caso.
Le doy lo que espero sea una enorme sonrisa, porque Anna comienza a
enfurecerse. Al igual que un erizo preparándose para atacar.
―¿Cómo en la Tierra, no tienes una cafetera en tu casa? ―Paseándose por
la longitud de mi cocina, levanta sus manos en horrorizada indignación―. ¿En
202

esta preciosa cocina?


―Apesto preparándolo y consigo mi café ¿en una tienda? ―Ofrezco
Página

amablemente.
Sus fosas nasales se dilatan en una inhalación.
―¿No puedes hacer café? Oh, vamos, Drew. ¡Sólo es moler y agua! ¡Agh!
―Créeme ―digo mientras le sirvo un vaso de jugo de naranja―, el café
puede ser regiamente jodido.
Sus labios se curvan mientras mira el lío que solía ser huevos.
―Oh, te creo.
Me toma dos pasos para llegar a ella. Chilla cuando la agarro de la cintura
y la levanto sobre el mostrador. Pero al instante, sus muslos se apartan para
hacerme espacio, y me acerco, posando mis manos en la curva de sus caderas,
mientras ella se agarra de mis hombros.
―Entonces ―mordisqueo su labio superior y luego el inferior―, ahora
que hemos establecido que te conviertes en una bestia furiosa sin tu café de la
mañana…
―Yo no diría 'bestia furiosa'... ―Hace una pausa con una sonrisa y un
rubor―. Bueno, está bien, soy una bestia furiosa.
―Una muy tierna, sin embargo. ―La beso una vez. Dos veces―. Por lo
tanto, si tuvieras tu elección de café, ¿cuál sería?
Sus piernas se envuelven alrededor de mis caderas, jalándome en su
exploración de mi cuello con sus labios suaves. Cuando ella llega a ese lugar, ese
maldito lugar que se conecta a mis bolas, me quejo. Su sonrisa deja huellas en mi
piel.
―Expreso ―murmura, todavía ocupada con ese lugar―. Casi todas las
mañanas, sin embargo, me gusta latte o un capuchino.
―Podría estar equivocado ―levanto una parte de sus rizos abundantes y
beso detrás de su oreja―, pero no creo que una simple cafetera haga el truco.
―Tienes razón. Necesitarías una olla de moka.
―¿Qué diablos es eso? ―Beso mi camino hacia su mandíbula.
El humor calienta su voz cuando responde.
―Es una olla para hacer expreso. ―Anna se aleja con el ceño ligeramente
fruncido―. Lamentablemente, no puedo hacerlo tan bien como mi mamá.
Realmente necesito una de esas máquinas de café expreso de fantasía para lograr
la perfección. Pero no puedo permitirme eso.
―Bueno, entonces ―digo―, vamos a conseguirte un café.
203

―Vamos a pedir a domicilio ―dice contra mi hombro―. Mi cabello es una


horrorosa catástrofe.
Página

―¿Qué? Estás loca.


―Drew ―dice con exasperación―, mi cabello se ve como si hubiera sido
parte de las pruebas de un túnel de viento.
Me recuesto para inspeccionar, y cruza sus brazos sobre el pecho,
levantando la barbilla en desafío. Bien, así que su pelo es un poco salvaje,
pululando alrededor de su delicado rostro en una enojada nube roja oscura. Pero
eso sólo hace que se vea como si hubiera pasado horas en mi cama. Lo apruebo.
Envolviendo mis brazos alrededor de sus hombros, la estrecho, porque,
realmente, no puedo mantener mis manos o la boca fuera de ella.
―Eres preciosa.
No me sorprendo cuando Anna rueda los ojos. Mi chica espinosa.
―Preciosa. ―Lo dice como si la palabra fuera una enfermedad―. Típico.
―¿Por qué típico? ―Lucho una sonrisa. Ella piensa que no la conozco.
Pero lo hago. Y sé exactamente a dónde irá con esto.
Se le arruga la nariz, lo que hace que sus mejillas se pongan regordetas.
Aunque la he enjaulado con mis brazos, se las arregla para levantar una mano y
marcar sus puntos en sus dedos.
―¿Por qué no graciosa, o inteligente, o interesante?
Agarro un dedo con mis labios y lo chupo, haciéndola temblar. Poco a
poco, me vuelvo a enfocar liberando su dedo con cuidado.
―Sabes todo eso. ―Muevo mi pulgar a lo largo de su mejilla―. Pero no
creo que sepas lo hermosa que eres. Por eso es que la elegí para decírtelo.
Una lenta sonrisa enrosca las comisuras de sus labios sensuales. Ella está
luchando contra ella, lo que significa que he tocado un nervio.
―¿Porque necesito saber que soy hermosa? ―pregunta.
―Sí. ―Presiono un beso lento y perezoso en su boca―. Sí, lo necesitas.
Anna tiene confianza y nunca ha ocultado su cuerpo de mí, lo que me pone
enormemente cachondo. Pero pienso que ella no ha sido apreciada por todo lo
que es.
Sus ojos verdes brillan hacia mí con placer, y mi corazón se aprieta.
Entonces, sus largas pestañas revolotean cerradas mientras me besa de vuelta con
suavidad, mi atención se pone lánguida, y mi cabeza da vueltas. Un pequeño
zumbido retumba en su garganta.
―Y ¿qué es lo que tú necesitas saber? ―pregunta ella, pasando sus dedos
204

por mi pelo. Dios, eso se siente bien.


Caigo ante ella, acariciando el lugar fragante y cálido en su cuello donde
Página

se curva hacia su clavícula. Mis palabras salen ahogadas.


―No está en mi lugar decírtelo.
―¿Un desafío? ―Suena demasiado contenta por ello.
―Tal vez. ―Lamo un camino a lo largo de su clavícula.
―Hmm... ―Sus manos delinean mis mejillas. Levanta mi cabeza y me
mira a los ojos como si estuviera buscando algún secreto oculto―. Bueno,
entonces, eres gracioso. Inteligente. Interesante.
Aunque estoy feliz de que ella piense eso, no es lo que necesito oír de ella.
Estoy empezando a lamentar haberla desafiado. Porque no puedo decirle lo que
necesito sin exponer mi punto débil. Así que recurro a la seguridad de las
ocurrencias.
―¿No hermoso?
―Lo eres. ―Su sonrisa se vuelve descarada―. Pero eso ya lo sabes, ¿no?
―Tal vez.
―Lo sabes.
Mordisqueo la punta de su nariz.
―No es tan importante para los chicos como para las chicas, me temo.
―Probablemente tengas razón. ―Se acurruca cerca, envolviendo sus
brazos alrededor de mi cuello, sus manos jugando con mi pelo otra vez. Me
encanta el brillo en sus ojos―. Oh ―dice a la ligera―. Hay una cosa más.
―¿Qué?
Su expresión se vuelve suave.
―Me gustas tal como eres, Drew Baylor.
Noqueado. De nuevo. Mi garganta se cierra demasiado como para
encontrar mi voz. Trago convulsivamente.
―Me gustas demasiado tal y como eres, Anna Jones. ―Estoy loco por ti. Yo
malditamente te adoro―. Ve a recoger tu condenado cabello ―digo en su lugar―.
Y vamos a conseguirte un poco de café.
205
Página
Traducido por gabyguzman8
Corregido por Romina22

Anna
Escabulléndome en mi apartamento en plena mañana, me siento como una
intrusa. No quiero estar aquí. Quiero a Drew. Es desconcertante, ya que estoy
más necesitada de lo que nunca he estado en mi vida. Acerca de todo. Aunque
estoy bastante segura de que Drew está igual de necesitado. Nos tomó veinte
minutos hacerlo en su coche antes de que él me dejara ir con un suspiro y una
promesa de encontrarnos después de la práctica.
Las prácticas y reuniones de equipo no son una opción, sino una
obligación. Sinceramente, no sé cómo Drew se hará cargo, ya que apenas durmió.
Pero su cuerpo es una hermosa y perfecta máquina, y él sabe cómo hacerla
funcionar.
A pesar de sus protestas de esperarlo en su casa, que eran variadas y
persuasivas, llegué a casa. Se sentiría demasiado extraño esperar en su casa, sola.
Más de una oportunidad para pensar. Y Dios sabe que soy una experta en pensar
demasiado las cosas.
Así que aquí estoy, labios hinchados, pelo salvaje, sujetando con fuerza
mis llaves para evitar su tintineo, mientras voy de puntillas más allá de la sala de
estar de camino a mi habitación. Cuando chirria el sofá y una forma oscura se
levanta de él, hago lo más sensato y grito como un alma en pena.
Las llaves vuelan por la habitación, e Iris apenas las esquiva a tiempo para
evitar que la golpeen en la cabeza.
―¿Qué carajo, Anna?
―Lo siento. ―Caigo contra la pared de la sala de estar―. Asustaste toda
206

la mierda amorosa dentro de mí.


―Debes haber estado preocupada, haciendo la caminata de la
Página

vergüenza―, rezonga Iris antes de estallar en lágrimas.


―¡Ris! ―dejo caer mi bolso y me apresuro al sofá. Sólo entonces me doy
cuenta de que ella es un desastre, su maquillaje está corrido, su cabello todo
levantado en un extremo. Su ropa está arrugada y estirada, como si ella hubiera
dormido con eso puesto. Y a juzgar por las abolladuras en los cojines del sofá,
probablemente lo hizo.
―¿Qué está pasando?
―Henry―, ella gime mientras me siento a su lado―. Él, mierda...
mierda…
―¿Qué? ―Me agarra del brazo. Si él la lastima...
―Me engañó ―suelta.
Esperando lo peor, esto realmente me llena de alivio, pero mi corazón
sufre por Iris. Yo no soy del tipo sensible, pero Iris lo es. Así que la atraigo a mis
brazos, y ella se apoya fuertemente contra mí.
―Oh, Dios, Anna, era tan vergonzoso. ― Ella sorbe y alcanza la caja de
kleenex medio vacía a sus pies. Más vale una tormenta de nieve que ser usado
como basura en el piso―. Fui allí para darle una sorpresa, ¿sabes? ―sus oscuros
ojos húmedos parpadean hacia mí, y lo único que puedo hacer es asentir, no me
gusta a donde va esto.
―Su compañero de cuarto me dejó entrar, y yo... y yo... ―Ella se
estremece―. Yo llevaba este ajustado camisón... demonios.
―Y estaba esperando en su cama, cuando él... él... ¡El puto irrumpe en la
habitación con su lengua en la garganta de alguna puta!
Ouch.
Un agudo ruido perfora el aire mientras se inclina hacia adelante,
presionando sus manos contra su cara. ―¡Ni siquiera me di cuenta hasta que
estaban justo encima de mí!
―Oh, Rissy ―acaricio su cabello―. Lo siento mucho.
Ella se alza, sus palmas dan un golpe a sus muslos, como una bofetada.
Una rabia salvaje le ilumina los ojos.
―Y ese pedazo de mierda, puta madre, el muy cabrón tuvo el descaro de
gritarme ―ella apuñala un pulgar contra su pecho―. ¡Porque fui sin preguntar!
―su risa es maníaca.
―Él era un montón de mierda, Iris, ¿qué esperabas? No estaban casados
ni nada.
207

Ella rompe en una rápida sarta de maldiciones en Spanglish, que aprecio


aunque sólo sea por su inventiva.
Página
―¡No puedo creer que ni siquiera trató de disculparse! ―le digo, cuando
se calma lo suficiente para obtener una palabra de ella.
Iris suelta duramente hacia mí. ―Bueno, ¿por qué habría de hacerlo?
Cuando Henry nunca está equivocado―. Sus puños se aprietan en sus muslos, y
entonces ella está llorando otra vez.
No puedo hacer nada más que frotar su espalda. ―¿Quieres que llame a
George?
―¡No! ―ella luce horrorizada―. Él sólo va a empeorar las cosas yendo
allí y pateando el culo de Henry.
Y George haría un buen trabajo. Mientras que él es feliz, despreocupado y
obsesionado con las finanzas, a George también le gusta mantenerse en forma
practicando artes marciales mixtas.
―¿Eso es un problema?, ¿por qué?
Iris frunce el ceño. ―No quiero que Henry piense que vale la pena. ― Ella
se hunde en su asiento y frunce el ceño―. Además, George estará todo: “te lo dije,
Ris” , y eso es algo que no quiero escuchar.
Nota mental: reprimir cualquier pretensión de decir "te lo dije".
―Él va a saberlo tarde o temprano. ―Levanto una mano cuando ella se ve
lista para arrancarme la cabeza―. Pero voy a seguir tranquila por ahora. ¿Por
qué no vas a tomar una ducha, mientras yo voy a conseguir algunos tentempiés
verdaderamente terribles e indudablemente buenos, y tenemos un poco de
tiempo de calidad en el sofá?
Iris sonríe y se inclina para un rápido beso en la mejilla. ―Gracias, Banana.
Eso suena bien.
Me tomo tiempo para correr a la tienda de la esquina y llenar mis bolsas
de golosinas. Sólo estoy entrando en el apartamento cuando mi teléfono suena.
Baylor: Hey, hermosa. Tenía un pequeño descanso entre ejercicios. ¿Qué piensas
hacer?
Sonrío ampliamente. Mierda. Estoy tan metida con él. Quiero bailar aquí
mismo. Quiero correr y esconderme. Me conformo con responderle de vuelta.
Yo: Mis axilas están en un drama. Iris descubrió a Henry con otra chica anoche.
Las cosas están mal por aquí.
Baylor: Maldita sea. Lo siento por Iris, pero ese tipo es todo un punto de venta.
Yo: El mayor de todos. Iris estuvo con Henry por dos años. Ella es una ruina.
208

Baylor: ¿Así que supongo que tendrás bastante trabajo entre manos?
Página

La decepción tira con ambas manos en mi esternón.


Yo: Un tiempo de chicas es inminente. Las películas ya están rentadas. La comida
chatarra adquirida. Tablero de dardos con la foto de Henry adjunta ya se colgó en este
momento.
Baylor: Lol. Supongo que voy a verte en clase entonces.
Yo: Eso es probablemente una buena hipótesis. : ( Lo lamento.
Baylor: Voy a consolarme a mí mismo abrazando la almohada en la que dormiste.
Tal vez los chicos van a venir y vean” Serpientes en el avión” conmigo. Suspiro…
Yo: divertido. : P
Baylor: ; ) me gustaría llamarte en algún momento, pero quiero vivir.
Yo: Ya sabía yo que eras más inteligente de lo que pareces.
Baylor: Nos vemos, Jones.
Yo: Más tarde, Baylor.
Maldita sea, ya lo echo de menos. Esto no puede ser bueno. Un pánico
ancestral intenta abrirse camino hasta mi pecho.
Exposición. Siento que rasga a través de mi piel y me froto mis brazos para
evitar que se propague aún más.
Iris arrastra los pies de nuevo en la sala, con el cabello mojado, y con
manchas de humedad extendiéndose en su camiseta Bieber. Su torpe y limpia
sonrisa de adolescente se burla de mí. Pero Iris parece disminuida, sus hombros
se encojen sobre sí mismos. Meto mi teléfono en mi bolso y me encuentro con Iris
en el sofá para darle un gran abrazo.
―Lo siento, Ris . ―Le beso la parte superior de su cabeza.
―Sí yo también.

Una bandeja de brownies y cinco de Kahlúa y vodkas más tarde, Iris y yo


hemos visto “Resacón en Las Vegas” (1, 2 y 3), “Estrellados”, “Damas de honor”, y
“La boda”. Cuando nos dimos cuenta del lamentable tema basado en las bodas
que atravesó nuestras selecciones de DVD, dimos paso a una repetición de
televisión de Die Hard. No es que eso ayudó.
209

Cuando Bruce besa a su esposa en el final de la película, Iris lanza una


papita a la televisión.
Página
―Dios―, gruñe Iris extendiéndose en el sofá―, ¿hay alguna película que
no tenga un momento romántico en ella? ―Ella deja caer una almohada sobre su
cabeza y da gemidos.
No me siento mucho mejor después de haber consumido mi peso en
azúcar. Yo reposo en una posición sentada, la habitación está girando
ligeramente. ―Temo que no, Frijol de mantequilla.
Ella levanta la esquina de la almohada y sus ojos oscuros se estrechan.
―¿Frijol de mantequilla? ―Nos miramos la una a la otra por un momento, antes
de estallar en carcajadas.
―Ni siquiera era tan bueno en la cama ―dice Iris entre bufidos.
No quiero saber. Pero Iris se encuentra en estado de ánimo de compartir.
―Tenía sólo un modo. Rápido, estúpido, y distraído. Lo juro por Dios, hubo
momentos en que mis dientes repiquetearon.
―¡Iris!
Ella me mira con una sonrisa maligna. ―¡Es verdad! Era como acabar en
las manos de un juguete sexual, ¿sabes? Todo... ― Pegando sus labios bajo sus
dientes, ella inclina la cabeza hacia atrás mientras empuja sus caderas de forma
rápida.
Entonces las dos nos reímos, risitas vertiginosas que están diseñadas para
sacar el dolor de Iris. Pero sólo hace que el cuarto gire más rápido. Nuestras risas
mueren en un gorgoteo, la de Iris o la mía, no puedo notarlo.
―¿Sabes qué es lo peor? ―dice Iris, mirando al techo. Su voz es
repentinamente sombría, tensa.
―¿Qué?
―Yo sabía que él me estaba engañando. Te lo juro, lo sabía. ―Se le
enrojece la nariz. ―Acabo de quitarle la vista gorda a todo. Mierda, soy una
idiota.
Me dirijo a mi lado para estar plenamente frente a ella. ―Sólo querías que
las cosas vayan bien. Y él es el idiota, no tú. ―Su atención se mantiene en el techo
mientras expulsa un largo suspiro.
―No puedo culparlo por completo.
―¿Qué diablos quieres decir con eso? ―Me tambaleo hacia arriba. No es
una buena idea.
Ella me mira, sus ojos oscuros brillando. ―Sólo que no está exactamente
210

en una posición fácil.


―No estoy entendiendo, Ris.
Página
Iris se encoge de hombros, y luego abraza la almohada que tenía en el
pecho.
―Él es caliente. Él es el capitán del equipo de Lacrosse. Muchas chicas se
lanzan sobre él. Y, no sé... ―otro encogimiento de hombros―. ¿Cómo
reaccionaría yo a la misma tentación?
Mi boca se abre y se cierra mientras yo trato de hablar. ¿Es en serio? ―Iris,
a menos que estén desnudas y aterricen en su pene cuando se lanzan sobre él,
Henry no tiene excusa para coger con ellas cuando, se supone, que debe estar
comprometido contigo.
El sofá cruje cuando se vuelve a mirarme. Su boca en una línea plana de
protesta. ―¿Estás diciendo que si constantemente hay chicos chocando contigo,
tú los ignoras por Drew?
Una vez más, ¿es en serio? ¿Ha visto a Drew? Nada se le compara. ―Sí,
yo los ignoro.
Sus ojos oscuros se clavaron en mí. ―¿Y tú piensas que él haría lo mismo?
¿Qué no se siente tentado de forma constante?
El resultado de una tarde de comida chatarra amenaza con salir por mi
garganta. Quiero decir que Drew nunca haría eso. Toda mi alma lo llora. Pero mi
mandíbula parece haberse bloqueado.
La voz de Iris es baja pero clara. ―Quiero decir, él es una estrella, mucho
más de lo que Henry nunca podrá ser. Él tiene su propia página Wiki. Devotas de
Tumblr dedicadas a él, por el amor de Dios. Él se reunió con el maldito Presidente
De los Estados Unidos. ¿Sabías eso?
Silenciosamente, niego con la cabeza.
―¡Su última novia era una reina de belleza!
¿En serio? Ahora que acaba de ser cruel. ¿Cree que quiero saber que Drew
tenía una novia? ¿Una puta novia reina de belleza? Un sentimiento feo,
demasiado cercano a una furia-celosa pesa en mis entrañas mientras yo la miro.
―Este es el Sur. Cualquier chica medio bonita con una madre ambiciosa tiene al
menos una corona sobre su manto.
Iris resopla como si estuviera llena de mierda, y juro por Dios que si ella
me dice que esta antigua novia rescató yaks bebé en el Tíbet, voy a golpearla.
Pero ella simplemente niega con la cabeza. ―¿Tienes alguna idea de cuántas
mujeres matarían por estar en tu lugar? ¿Cuántas de ellas probablemente están
esperando la oportunidad de tomarlo? O tal vez lo tienen. Como dices, sólo están
211

follando.
Mi garganta se siente áspera cuando encuentro mi voz. ―¿Por qué me
Página

dices esto?
Su delgado hombro se levanta, y quiero golpearla. Pero me siento allí
mientras ella me mira con ojos tristes. ―Sólo estoy señalando que nunca se sabe.
Crees que todo es bueno. Crees que sólo te quiere a ti. Pero si estás con alguien
así, nunca se sabe.

Me froto la parte posterior de los brazos y resisto el impulso de encogerme.


Ella ni siquiera me ve. ―Tal vez sea una buena cosa que lo hayan
mantenido como algo casual. Ahórrate el dolor.

212
Página
Traducido por Michelle M
Corregido por Romina22

Drew
Me paro delante de los estantes llenos de pequeñas ollas de diferentes
colores. ―¿Para qué demonios quieres esas? ―pregunto a Gray.
De cuclillas para inspeccionar una olla más grande color calabaza, Gray
levanta la vista.
―Porciones individuales.
―¿Para quién? ¿Barbie y Ken?
Gray resopla y se para. ―Probablemente. No lo sé, supongo que las
podrías usar para un aperitivo. ¿Sopa, tal vez? ―Y ahora las pequeñas ollas de
muñecas son el centro de su atención.
Cuando Gray recoge una pequeña olla azul brillante, su mano casi la
abarca completamente. Frunce el ceño y la coloca en el estante. ―Sí. Es
jodidamente estúpido. No quiero sopa en estas miniaturas.
Se mueve de una forma segura, con autoridad, mientras yo lo sigo con
torpeza, como un tipo que se encuentra en territorio extraño. Pongo los hombros
rígidos, sintiéndome como un bobo en una casa de muñecas. Las mujeres nos
echan miradas cautelosas en nuestros caminos. No somos los únicos chicos de la
tienda de artículos de cocina, pero sí somos los más jóvenes, grandes y
desaliñados, con zapatillas de deporte maltratadas y vaqueros desgastados.
La expresión irritada de Gray se vuelve reflexiva. ―Hombre, a donde
quiera que me recluten, será mejor que sea lo suficientemente frío para la sopa.
―¿Sopa? ¿Ese es tu criterio? ―No sé si Gray tiene un equipo y una ciudad
213

real en mente. Es una regla no escrita no decir el equipo para el que quieres jugar.
La decepción sería demasiada dura si no fuese así, y lo más probable es que no
Página

lo hagas. Por esa sola razón, nunca he puesto mis esperanzas en ningún equipo.
―Nunca subestimes el poder de la sopa ―Gray escoge un hombro―. Me
gusta el clima frío. Otoño. Invierno. No quiero esa mierda tropical ―Me da una
sonrisa―. Incluso si eso significa congelar mi culo jugando en la nieve.
―¿Así que le vas a decir que no a Green Bay12?
―Ahora, no te vuelvas loco. Me gustaría abstenerme de congelar
demasiado mis bolas.
―Hombre, por favor. Somos de Chicago. Es un milagro que lleguemos a
la pubertad sin congelar nuestras pelotas.
Ambos nos reímos.
―¿Qué pasa contigo? ―Gray casi suena melancólico. Lo entiendo. Ahora
estamos tan cerca de ello. Al principio, cuando la NFL no era más que una fantasía
lejana, nos entreteníamos por ahí y hablábamos de lo que queríamos de nuestras
carreras: Super Bowl, MVP, los records, las yardas. En resumen, las cosas obvias.
Ahora, están a unos meses de distancia. Y aunque hemos sido buscados por casi
todos los exploradores de los equipos, con toda probabilidad, ya no vamos a
jugar juntos. Lo que apesta.
―¿Honestamente? Quiero un equipo dinámico. Quiero la misma sinergia.
―Amigo, no estoy conteniendo mi respiración por eso.
―Qué va. ―Debido a que ambos sabemos que la NFL es un negocio duro.
La paga es la mejor, en cantidades demenciales para mantenerlo en marcha. No
muchos equipos son capaces de pagar el mejor talento en todas las posiciones.
Por no hablar de los egos involucrados, que siempre añaden otra mierda a la cual
tratar. Froto mi esternón y recojo una espátula que se parece a la cabeza de Mickey
Mouse antes de dejarla caer de nuevo en la bandeja―. Quiero una gran ciudad,
con fans entusiastas, entrenadores que no apesten y gerentes que no tengan la
cabeza en el culo.
―Y un propietario que no quiera jugar en el asiento trasero del entrenador
sería la cereza, también. ―La sonrisa de Gray es amplia e irónica.
Hacemos nuestro camino hacia el lado opuesto de la tienda.
―Así que… ¿Anna? ―Gray hace señas con las manos perezosamente
como si me esperara para llenar los espacios en blanco―. ¿Qué pasa con ustedes
dos? Algo ha cambiado, eso es absolutamente seguro.
Una sonrisa tonta tira de mi boca. No puedo ocultarlo.
Él pone los ojos en blanco. ―¿Así de malo?
214
Página

12
Los Green Bay Packers son un equipo profesional estadounidense de fútbol americano de la
ciudad de Green Bay, Wisconsin.
―No hay nada malo en ello. ―De hecho, es tan bueno, que me pregunto
si una persona puede morir de placer. Estoy dispuesto a probar la teoría. Tan
pronto como me pueda recomponer de nuevo.
Nos detenemos ante una fila de electrodomésticos de acero relucientes.
Los ojos de Gray se estrechan. ―No te entiendo, poniendo tanto esfuerzo
en una chica. Es como si te hubieras ido mentalmente.
Manoseo una etiqueta de precio. 1500 dólares. Como regla, no me
sobrepaso. ¿En Anna? No escatimaría 1500 dólares. ¿Eso me hace un loco? No me
importa. Hacer a Anna feliz, me hace feliz.
―¿Puedes explicarme que se siente tomar el balón para un touchdown?
―pregunto, sin levantar la vista.
―¿Estás tratando de igualar la perfección de jugar fútbol con echar un
polvo? ―sacude la cabeza―. ¿En serio? ¿Me estás tomando el pelo?
Entonces sonrío, en parte porque estoy pensando en Anna, pero sobre
todo, porque sé que voy a enloquecer a Gray, lo cual es siempre divertido. ―No.
Estoy explicando la perfección de estar con Anna, con jugar fútbol.
―Me voy a enfermar. Todo sobre ti me enferma ―añade con una mirada
agria.
―Ese es tu problema, Gray. No saber lo que se siente enamorarse de una
chica. Si es así, no debes cuestionarlo ―palmeo su hombro―. Ahora, ayúdame a
escoger esta mierda, ¿quieres?

215
Página
Anna
Una cosa divertida de la vida, es que es fácil observar todo desde afuera.
Podemos ver el punto exacto donde nuestros amigos la joden, dónde hacen las
cosas mal, son ciegos a lo correcto, incluso estando frente a ellos. Como por
ejemplo, ¿por qué coño no nos escuchan y toman nuestros consejos en lugar de
ser todos idiotas al respecto?
Vemos películas de terror y sabemos cuándo gritará la chica idiota que va
al sótano para investigar ese ruido; nos deleita la estupidez, sentirnos superior a
eso. Si fuéramos nosotros, nos aseguraríamos de no ser tan estúpidos.
Claro que lo haríamos; simplemente no nos daríamos cuenta del peligro.
Porque la verdad es que estamos caminando sordos, mudos y ciegos la mitad del
tiempo. Y a pesar de que me lo puedo decir esta tarde, después de joderla, no me
hace sentir mejor. Porque estoy a punto de hacer la madre de todo lo jodido.
Mierda. Lo siento en mis huesos, como una muerte inevitable de la que no puedo
escapar, pero lo hago de todos modos. Y parte de mi sabe que voy camino a la
destrucción. La mayor parte de mi, de hecho. ¿Eso hace que trate de clavar mis
talones en el piso para intentar frenar? Por supuesto que no. Soy la chica
caminando por las escaleras oscuras hacia el sótano. La verdad es que he sido ella
desde que empezó todo.

216
Página
Traducido por ∞Jul∞ & Dahi
Corregido por Romina22

Anna
Desde la ventana, el patio es una alfombra de verde, rodeado de cobre y
árboles con punta de oro.
Las ramas se mecen con la suave brisa, y las hojas doradas danzan. Es una
bonita imagen. Los estudiantes pasean en su camino a uno de los muchos
edificios de ladrillo rojo que bordean la plaza. Está todo tan silencioso, vibrante
vida llena las afuera de la ventana.
En el interior, sin embargo, estoy frente al pelotón de fusilamiento.
―¿Algo interesante por ahí, señorita Jones? ―La profesora Lambert
golpea su bloc de notas con la punta de la pluma.
Le doy una sonrisa medio culpable. ―Me encanta el otoño. Es mi estación
favorita. ―Estoy bastante segura de que, de ahora en adelante, siempre voy a
asociar a Drew con el aire fresco y el dorado sol.
Las líneas finas alrededor de los ojos de Lambert se profundizan.
―Prefiero la primavera. Nuevas flores y hojas verdes.
Evidentemente, cansada de bailar alrededor de su misión prevista, toma
un pequeño respiro, y su enfoque se refuerza ―Dígame, señorita Jones, ¿ha
pensado en lo que podría hacer al graduarse esta primavera?
Sabía que esta pregunta venía. Es por eso que estoy aquí. Evaluando mí
progreso hasta la fecha y la insistencia en mis planes futuros. Como jefe del
departamento, la profesora Lambert se ha reunido conmigo para discusiones
similares durante toda mi carrera universitaria.
Me inclino hacia atrás y cruzo una pierna sobre la otra. ―Lo he pensado.
―Cuando no estoy pensando en Drew, estoy pensando en eso―. Pero no he
217

llegado muy lejos.


Entendimiento suaviza su expresión. ―No dejes que eso te preocupe
Página

demasiado. Para la mayoría de nosotros, se necesita toda una vida para entender
verdaderamente lo que somos y lo que queremos. Simplemente estoy tratando
de ayudarte a dar un paso en la dirección correcta.
Pensaba que la universidad sería ese paso, pero, al parecer, no lo es. Eso
sólo me hizo un diletante intelectual.
―¿Has pensado en la escuela de posgrado? ―pregunta―. Con tu
promedio de calificaciones, me imagino que un montón de programas estarían
interesados en contar contigo.
Tener un 4.0 abre puertas, es cierto. También, te hace pensar que la
academia es el único lugar seguro para ti.
―No. Honestamente, profesora, no tengo ningún deseo de continuar con
la escuela en este momento. ―La idea me hace estremecer. Puedo estudiar
porque es mi trabajo actual, pero no siento ninguna pasión por ello. Me estoy
volviendo loca por lo extenuante que es la escuela. Y a pesar de que me asusta
como el infierno, quiero estar en el mundo, un pequeño pez en un gran mar azul.
Lambert me estudia, su cabeza inclinada hacia un lado, como si al
mirarme desde otro ángulo, podría desbloquear una pista de lo que se supone
que debo hacer. Pues buena suerte con ello. Me he mirado en el espejo durante
horas en este punto y todavía no tengo ni idea.
Cuando habla es cautelosa. ―Entiendo que está involucrada con el señor
Baylor.
Mi cuerpo se convierte en plomo en mi silla, mientras mi corazón
comienza a latir. ―¿Qué le hace decir eso?
Esta vez, su sonrisa es suave e irónica. ―Vamos, señorita Jones. Ustedes
dos están en clase conmigo. Tendría que estar ciega para no darme cuenta.
Resistí el impulso de retorcerme como un niño en mi asiento. ¿Éramos tan
obvios? Probablemente. Se necesita toda mi fuerza de voluntad para no mirar a
Drew, para no extender la mano y tocarlo cuando se sienta a un pie de distancia
de mí. Y Drew siempre ha sido menos circunspecto. Cada clase, siento el calor y
el poder de su mirada en mí como los rayos del sol.
―No estoy segura de cómo esto es relevante para nuestra conversación
―digo.
Se muerde la esquina de su labio, y en ese momento, ella parece mucho
más joven que sus cincuenta y tantos años. Se inclina hacia delante, apoyando los
brazos sobre su escritorio, su cabello corto balanceándose sobre sus orejas. ―Me
doy cuenta de que esto no es asunto mío ―una introducción que no presagia
218

nada bueno―, pero es fácil perderse en el fervor del amor.


¡Ay! Esa palabra con "A" de nuevo.
Página
―Lo cual es comprensible ―continúa―. Pero cuando se trata de alguien
como el señor Baylor…
―Tienes miedo de que voy a desperdiciar mi potencial por un jugador de
fútbol ―termino por ella―. Y yo que creía que lo sabía mejor que eso. ―No estoy
tan segura de sí lo sigo haciendo. Lo cual asusta el infierno fuera de mí.
Su boca se frunce ante mi sarcasmo. ―El señor Baylor posee una
personalidad poderosa, que eclipsa fácilmente a otros. Y mientras que la mayoría
de mis profesores compañeros te instarían a mantenerlo feliz, estoy más
preocupada por tu vida.
Me inclino hacia delante también. ―Estás bien. No le incumbe. Sin
embargo, puedo apreciar su preocupación.
Las comisuras de sus ojos se contraen mientras me mira detenidamente.
―Lo único que pido es que te consideres en primer lugar. Es todo lo que pido de
cualquier estudiante, por cierto. Incluso del señor Baylor.
Pero ambas sabemos que Drew no tiene que preocuparse de perderse en
mí. Su vida está trazada con puntitos brillantes de luz.
Un abismo oscuro se abre bajo mis pies, amenazando con succionarme.
Porque tiene razón, no tengo ni idea de quién se supone que debo ser, o qué
demonios voy a hacer una vez que la universidad termine y Drew ya no esté.

La sensación de desánimo no disminuye mientras sigo a la profesora


Lambert a nuestra clase. Sólo quiero ir a casa y meterme debajo de las sábanas.
La habitación es demasiado fría, y las puntas de mis dedos helados comienzan a
palpitar mientras tomo mi asiento y saco mi AirBook. Debido a la reunión, estoy
temprano y Drew no está aquí. Pero llegará pronto.
Había estado esperando verlo por días. Lo extraño y lo quiero con una
fuerza, que me ata en nudos y me roba el sueño. Ahora, miro a Lambert, y luego
lejos, ansiedad rueda dentro de mi estómago.
Y entonces él está aquí. Como siempre, lo siento antes de que lo vea. Pero
cuando lo hago, no puedo respirar.
Drew se detiene en la entrada a la habitación y simplemente me mira.
219

Luego sonríe. Todo su cuerpo parece encenderse. Como si estuviera conectado a


mí. Y esa energía salta a mí, levantando los vellos a lo largo de mi piel,
Página

tropezando el ritmo constante de mi corazón. Perdida. Ahora lo sé. Yo misma me


he perdido en él.
Absolutamente.
Su sonrisa crece mientras camina hacia adelante. Está tan iluminado, las
personas lo miran fijamente mientras camina. Y mi pulso se acelera más. Estoy
prácticamente rebotando en mi asiento con la necesidad de saltar y envolverme
en torno él. Pero entonces atrapo la mirada conocedora de la profesora Lambert
y me tenso. Jodida profesora entrometida.
Drew se detiene antes de mi escritorio. ―Hola. ―Oh, esa suave, para-mí-
la-única voz, me derrite cada vez que la oigo.
Antes de que pueda decir algo a cambio, se inclina y captura mi boca con
la suya. Creo que hasta mi núcleo. El beso es posesivo, tierno, y sólo lo suficiente
para que quiera correr tras él cuando se aleja. Pero estamos en clase, así que
refuerzo mis puños contra el escritorio y aguardo.
El brillo de afecto en sus ojos me dice que sabe exactamente lo que estoy
haciendo y cuan afectada estoy.
Su mano caliente agarra mi mejilla fría, y me estremezco.
―Te extrañé ―susurra antes de cepillar un beso sobre la punta de mi nariz
y luego caer en su asiento.
Empiezo a darle una sonrisa de soslayo pero noto los pares de ojos sobre
nosotros. Jesús. Todo el mundo se queda mirando. Se detienen en cuanto Drew
los nota. Pero a él no parece importarle. Simplemente mueve su escritorio cerca
del mío, hasta que nuestros brazos se rozan, desatando más hormigueo sobre mi
piel.
Cuando sus dedos se entrelazan con los míos, me apoyo en él. ―¿De
verdad les diste más para que miren boquiabiertos?
Él resopla suavemente bajo su aliento. ―Nunca entenderé por qué les
importa lo que hago.
―Creo que se trata más de lo que tú haces ―murmuro oscuramente.
Se ríe, su pulgar acariciando el dorso de mi mano. ―Bueno, me preocupo
por eso.
Otra mirada de Lambert, y saco mi mano de la Drew para abrir mi
portátil. Él hace lo mismo, pero permanece cerca de mi lado, me toca cada vez
que puede. Y me siento sofocada, como si estuviera envuelta en gruesa lana
caliente. No por Drew, sino por el resto del mundo, que nos miran de reojo todo
el tiempo.
220
Página
La noticia de nosotros no paro después de clase. No siguió mientras
caminábamos fuera de la sala de conferencias y en el césped. Drew, como de
costumbre, no se da cuenta. Él está más preocupado por poner su brazo alrededor
mío y de acariciarme el pelo.
―Dios, hueles bien ―dice―, ¿qué es lo que te hace oler tan bien, Jones?
No puedo dejar de reírme de eso. ―Una abundante aplicación de aceite
marroquí para mantener a mi pelo fuera del control del frizz es la causa más
probable.
―Ah ―dice con una sonrisa ―las cosas caras que patean el culo a las
tiendas de shampoo de un centavo, ¿verdad?
―Tú lo sabes, nene.
Creo que es el “nene” el que llega a él, porque tan pronto como lo digo,
estoy rodeada por Drew. Una mano se desliza por mi nuca mientras su brazo me
envuelve para acercarse más a mí.
Una parte de mí quiere fundirse en él y nunca dejarlo. La otra parte se
siente tan expuesta como un nervio abierto.
La mejor mitad de mí gana. Mientras besa su camino hasta mi cuello, en
dirección a ese lugar que me hace su esclava, me estremezco, presionando mi
mano a su lado.
―Llámame "nene" de nuevo ―murmura, su aliento es caliente contra mi
piel.
―¿Por qué? ―No puedo resistirme a recorrer con mis dedos su pelo.
Sus dientes raspan un punto particularmente sensible―. Porque me gusta
escucharlo.
Mis labios se contraen, con inundaciones de calor entre mis piernas. ―
Nene.
―Mmmm… ―Él me sostiene cerca―. De nuevo.
―Bobo ―me río en voz baja.
―Ponlo sobre la mesa, Jones ―insiste, su risa ronca en mis rizos.
―Nene. Nene. Nene… ―El último sale mucho más tiernamente de lo que
pretendía.
Puedo sentirlo sonreír contra mi cuello. ―Ven a mi casa esta noche. Tengo
221

algo para ti.


―Lo apuesto.
Página

―Esa es mi chica sucia ―bromea.


Luego yo las escucho, las voces de dos chicas que no están tratando de
ocultar su desdén. ―¡Oh dios mío, eso no puede estar con él!
―¿Ella? ¿Por qué ella? ―dice otra―. Porque yo podría sacudir su mundo
mejor que eso.
―Mira el tamaño de su culo. Simplemente no.
Los comentarios vienen a mí como fuego rápido, rasgan a través de mi piel
y tritura mis entrañas. No creo que Drew las escuche. Él no se tensa e incluso no
se inmuta mientras pellizca y lame la curva de mi cuello, sus manos van a mi culo
para exprimirlo. Mi culo se siente actualmente cinco veces más grande de lo
habitual. Tiro hacia atrás, apoyando la mano en su pecho para evitar que me siga.
Sus ojos están desenfocados, confundidos, y parpadea lentamente para
aclarar sus pensamientos. ―¿Te hice cosquillas?
Se ve demasiado complacido ante la perspectiva.
―No aquí. ―Me niego a mirar a nuestro público.
―¿Qué pasa aquí? ―Una sonrisa torcida se inclina en su boca exuberante
cuando su cálida palma roza la parte de atrás de mi cuello para ahuecar la base
de mi cabeza. Sus labios capturan los míos, suaves, buscando, y es fácil olvidar
el mundo. Zumba en la parte posterior de mi garganta, un sonido irresistible que
hace que mis rodillas estén débiles. No puedo dejar de sujetar la parte delantera
de su camisa, aunque sólo sea para mantenerme entera.
Una ahogada risa malvada, rompe a través de mi niebla. ―¿Demasiado
bajo, Baylor?
―Tal vez él perdió una apuesta.
No puedo soportarlo más. Lo dejo libre.
―No ―le digo a Drew―, no aquí. ―Por el rabillo de mi ojo, veo a las dos
chicas, ahora se unió una tercera, observando. Y es humillante.
―Anna ―dice Drew, ajeno y confundido―. ¿De qué estás hablando?
―Hace un gesto furtivo a tocar mi mejilla, pero se detiene cuando me tenso, él
mira en dirección a mi mirada fugaz.
Color oscuro inunda sus mejillas, sus cejas están completamente juntas.
―¿Me estas tomando el pelo?
Su voz llena todo el patio y me tenso aún más. Mi mirada corre a toda
velocidad alrededor. Unas pocas personas se están frenando. Mirando. Puedo
verlo en sus expresiones: ¿Qué está haciendo Baylor con esa chica?
222

―Mantén tu voz baja ―digo. Odio las escenas. Las odio. Mi cara quema.
Página

Drew parece que quiere golpear algo. ―¿Por qué? ¿Por qué alguien podría
saber que estamos juntos?
―Nosotros no…
―Correcto ―rompe, cortándome―. Estamos solo follando. ―Realmente
grita ahora―. ¿Cómo podría olvidarlo?
Quiero morirme en el acto. Más personas han parado. Drew me ve
mirando, y les frunce el ceño por encima del hombro a las chicas que miran con
los ojos muy abiertos. Con una maldición, él agarra mi codo. Su agarre es firme,
pero no duele, cuando me lleva a un grupo de árboles en el borde del patio. Nos
da un poco de privacidad, pero todavía estamos expuestos. Todavía estoy
expuesta. Tengo que detener esto. Pero me parece que no puedo decir ni una
palabra.
No tengo que hacerlo. Drew me mira.
Dolido y enojado, con ira en sus palabras mientras se inclina sobre mí. ―
Así que puedo poner mi polla en ti. Me la puedes chupar ―hago un gesto de
dolor. ―Puedo comerte el coño hasta que grites mi nombre ―añade con una
sonrisa burlona―, pero la idea de que podría tratar de darte un beso en público
es tan horrible, que jodidamente tu realmente te retiras.
Mis labios tiemblan y me los muerdo. Dios, le he herido. Le estoy haciendo
daño ahora. Tengo que arreglar esto, pero mi mente y mi cuerpo están cerrados.
―Yo sólo…
―¿Sólo qué? ―presiona―. Sólo no quieres que la gente sepa que eres…
―su boca funciona, pero las palabras no vienen, su mandíbula se tensa, sus ojos
se vuelven brillantes de frustración.
―¿Soy qué? ―No puedo dejar de preguntar. ¿Una perra? Si lo sé. Yo soy
la idiota aquí. Lo sé muy bien.
Pero él no dice eso. Dice algo mucho peor. ―¡Mía! ―grita―, ¡que tú eres
mía!
El suelo debajo de mí se balancea, se inclina hacia atrás. Mi cabeza golpea
el tronco de un árbol. Suya. Ni siquiera puedo imaginar un mundo en el que yo
le pertenezco a alguien. Nunca me ha pasado. Nadie me ha querido nunca por
completo. Él debe estar equivocado. Él va a ver eso. Con el tiempo lo va a ver.
―Nosotros. Yo… ―Respiro―. No se suponía que…
―Sí, sé eso ―rastrilla una mano por mi pelo. ―Lo dejaste bien en claro.
Qué somos, y lo que no somos. ―Las esquinas de sus ojos se pliegan. Hay dolor
allí. Decepción. No soy digna de él. Quiero gritárselo. No soy digna de su dolor.
Él tiene al mundo en la palma de su mano. No me necesita siendo una carga.
223

Es su turno para mirar hacia otro lado, su puño va hacia su cadera, su


cabeza se zambulle mientras sus labios se presionan.
Página
Un mechón de pelo cae sobre su frente, y mis dedos palpitan por la
necesidad de tocarlo.
Su voz se vuelve baja y amarga. ―Quiero decir, Dios no permita que la
perfecta, con clase, Anna Jones, este viendo a Drew, el hombre de las putas, ¿no?
―sacude la cabeza en un resoplido―. Ni siquiera sabes lo jodidamente irónico
que es. ―Sus ojos capturan entonces los míos, y están quemándose―. No tienes
ni puta idea.
No puedo detenerme a continuación. ―Drew. No quiero herir tus
sentimientos.
―Lo dice la chica que no tiene ningún sentimiento.
Parpadeo rápidamente, con ganas de ceder a mí misma. Ni siquiera sé lo
que puedo decir. Yo sabía que esto iba a terminar más temprano que tarde. No
estaba destinada a ser suya. A pesar de que creo en sus palabras, sé que estoy
cometiendo un gran error. Estoy jodida de la peor manera posible. Impotente, me
acerco. Mis dedos rozan su antebrazo. Y él explota como si lo hubiese cortado.
Su brazo vuela y da un gran paso hacia atrás.
―¡No! ―Se agarra el pelo de la parte posterior de su cabeza como si fuera
a sacárselo―. Traté de darte espacio, darte tiempo. Pensé que estabas asustada,
que eras tímida. Joder, no sé qué, algo.
Dios, me conoce tan bien, me dan ganas de llorar, pero no lo hago. ―Pero
solamente estábamos follando, me engañé a mí mismo. Sólo no me quieres como
yo quiero.
―No, Drew, eso era…
―Dime que estoy equivocado, entonces ―insiste, su voz cruda―. Dime
que toda esta mierda de follar ha sido acerca de lo que soy.
Me duele la garganta tan mal que las palabras se sienten como vidrios
rotos. ―No puedo.
Su expresión se queda en blanco, su mirada va justo a través de mí. Y mi
corazón se desploma. He hecho esto. He logrado que me mire como si fuera una
extraña.
―¿Sabes qué? No necesito esto. ―Está retrocediendo―. No necesito nada
de esto.
A pesar de que sé lo que viene, todavía se sumerge como un cuchillo
cuando por fin lo dice.
224

―He terminado. Hemos terminado.


Y luego se aleja.
Página
Traducido por Dahi
Corregido por Clari

Anna
Estoy muerta por dentro. Mis emociones se han bloqueado tan fuerte, que
casi no siento, sólo el peso denso de mi cuerpo que se mueve hacia adelante.
Estoy como empujando contra un espeso y frío lodo. Ni siquiera sé cómo terminé
en la cafetería local. Debo haber caminado. Debo haber ordenado; hay un café
con leche sin tocar al lado de mi portátil. Estoy escribiendo… algo. La mitad del
período de la reina Isabel y el uso de su virginidad como un medio de poder
político.
Perfecto. No quiero ni mirar lo que he escrito. Si es un reflejo de mis
pensamientos, he dicho algo en la línea de: permanece virgen. No te involucres.
Huye mientras puedas.
No es que la abstención de las relaciones sexuales me hubiese protegido
de Drew. Él se había enterrado bajo mi piel antes de que me hubiese puesto un
dedo encima.
Las personas van y vienen, y unos pocos miran hacia mí, como si me
conocieran. No lo entiendo, pero tampoco me importa.
Estoy a punto de irme, cuando Iris me encuentra. Su sonrisa es
excesivamente brillante, la que utiliza cuando quiere animarme.
―Supongo que tienes un mal día ―dice, mientras se sienta en la mesa
frente a mí.
―¿De qué estás hablando? ―Las dos lo sabemos, pero no sé cómo lo sabe
ella.
―Las personas están tuiteando que Battle Baylor tenía una “pelea de
amantes con cierta pelirroja astuta” hoy en el campus.
225

¿Astuta?
Página
―¿Las personas jodidamente tuitean sobre esa mierda? ―Es todo lo que
puedo dejar escapar. Jodida mierda. ¿Están tuiteando? ¿Quién diablo son esas
personas? ¿No tienen una vida?
Iris me mira como si estuviera loca.
―¡Por supuesto que tuitean sobre ello! Él es Drew Baylor, chica.
―¿Y cómo demonios hiciste para ver esos tuits?
Iris se encoge de hombros.
―Hay un hashtag. #BattleBaylor. Lo sigo.
Por supuesto, él tiene su propio hashtag.
―¿Lo sigues? ¿Me estás tomando el pelo?
―Yo y un par de miles de otras personas. Empecé a seguirlo cuando te
enganchaste con él.
Me quejo y presiono las palmas frías de mis manos contra mis ojos
doloridos.
―No te preocupes, cariño. ―Iris me da una simpática palmadita en el
hombro―. Al menos no hay imágenes. Todavía no, de todos modos. Aunque no
he comprobado en Instagram. Vamos a hacer eso más adelante.
―Oh, Dios. ―Ni siquiera había considerado las imágenes. Quiero morir.
Sólo morir. Creo que podría si hay evidencias fotográficas de Drew gritándome.
Odio oficialmente los putos medios de comunicación social. Me los estoy
prohibiendo a mí misma. De por vida.
―Entonces. ―Iris recoge mi café, lo encuentra frío y lo deja en donde
estaba con el ceño fruncido―. ¿Qué pasó? ¿Te cansaste de todo el sexo sin fin?
La pregunta me da una bofetada. Creo que en realidad, me estremezco.
Está sonriéndome cuando mi corazón ha sido arrancado de mi pecho. Al parecer,
he sido demasiado eficaz en mis manifestaciones de que Drew y yo no éramos
nada serio. O eso, o la tristeza aman la compañía. Sea lo que sea, la quiero lejos.
―No quiero hablar de ello.
―¿Le preguntaste por exclusividad, y él te mandó de paseo? ―Hay un
fuerte brillo en sus ojos―. Porque patearé su trasero si hiere a mi Anna Banana.
―No sé qué es peor ―digo con un poco de fuego―, el hecho de que
pienses de que era parte de un harén o que pienses que le estuve rogando. ―No
agrego la idea ridícula de Iris pateando el culo de Drew. Esa parte es dulce.
226

Incluso si la imbécil me llamó desesperada.


―Lo sé ―dice―, te enamoraste de él y eso te golpeó. Y ahora él está
Página

corriendo asustado.
Eso es. He terminado. Recojo mi portátil y lo meto en mi bolso.
―No ―digo en voz falsamente brillante―, fue porque quería darme un
beso en público, y yo lo traté como si tuviera la maldita plaga. Y cuando dijo que
quería que yo fuese de él, se lo tiré en su cara también. ―Estoy de pie y con el
bolso en el hombro mientras ella abre la boca hacia mí―. ¿No lo sabes? Soy
incapaz de enamorarme y todo ese sentimiento de mierda.

La noche me encuentra sola, escuchando a Trent Reznoor cantar Closer, el


volumen tan alto que la pobre Souixsie vibra contra mi pared, en peligro de caer
a su perdición.
Al menos no estoy revolcándome en el piso, abrazando una almohada
como el niño del cartel de los corazones rotos por todas partes. No, estoy
superando la mierda con la bolsa de boxeo que George instaló para mí en mi
cumpleaños número veintiuno. Porque, como dijo él, de vez en cuando, debería
ser capaz de sacar a golpes la mierda de algo.
Pero a la única persona que quiero golpear ahora es a mí misma. Mis
nudillos se lastiman mientras aporreo la dura bolsa. No es suficiente. Golpeo una
y otra vez. El sudor se derrama por mi cara, quema mis ojos. No escucho la puerta
abrirse o sus pasos mientras cruza la habitación.
Ni siquiera lo noto hasta que se encuentra junto a mí. Mi respiración sale
y entra cuando me detengo, apoyando mis manos enguantadas en mis caderas.
Los ojos oscuros de George toman todo. La tristeza y la simpatía
permanecen en sus ojos, pero hace lo mejor que puede.
―¿Nine Inch Nails? ―pregunta―. ¿De verdad, Banana?
Pobre Trent, tan incomprendido en esta canción. No se trata de follar. Se
trata de la necesidad, la desesperación por la salvación. Mis ojos arden y lucho
por un respiro.
―Parecía apropiado ―digo. Y luego me echo a llorar.
George me jala y me abraza con fuerza. Unos segundos más tarde, Iris
entra en la habitación. Los tres nos apiñamos juntos, pero ellos son los que me
sostienen.
227
Página
Drew
Mis pies golpean el pavimento con un fuerte tump, tump, tump; que
resuena justo en mi cabeza. No sé dónde estoy ni a dónde voy. Solamente corro.
Mis espinillas arden y mi garganta está en carne viva, pero eso no es nada
comparado con el enorme abismo que se extiende sobre mi pecho. Dolor. Empuja
hacia afuera de mi corazón y por mis huesos, mis venas, mi piel espesa como el
feo fango. Santa mierda, duele.
Mejoro mi ritmo, tratando de dejar atrás el dolor. Éste sólo crece.
¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?
La fea escena se reproduce. Recuerdo mis palabras, la forma en que
fluyeron de mi boca como si estuviera fuera de mí, incapaz de controlarlas. Pero
no me detuve, y ella no me contradijo. No protestó cuando me alejé.
La derrota nunca se ha sentado bien conmigo. Pero esto no es un juego.
Los juegos van y vienen. A veces ganas, a veces pierdes. No hay nadie que se
parezca a Anna. No puedo simplemente salir y reemplazarla. Acabo de perderla.
Mis tripas se aprietan duro. Me voy a enfermar. Me he empujado
demasiado lejos. Mis rodillas golpean el pavimento un segundo antes de vomitar
en la hierba. Es violento, pero no me purga. No, esa sensación de malestar
simplemente vuelve, llenándome y confirmándolo.
Me siento sobre mi trasero, jadeando, el sudor goteándome por los ojos.
Los pájaros cantan. Alguien está arrancando un coche. A lo lejos, una mujer llama
a su hija para que vaya adentro. Me limpio la boca y abrazo mis rodillas a mi
pecho.
Extraño a mis padres. Los extraño tanto que el agujero que Anna dejó en
mi pecho cuando arrancó mi corazón es tan grande, que tengo miedo de poder
desmoronarme. Quiero hablar con ellos. Lo cual es irónico, considerando que
cuando estaban vivos, nunca discutí sobre mi vida amorosa con ellos. Si
estuvieran con vida, probablemente no hablaría con ellos tampoco. Pero habría
ido a casa, habría cenado en su casa, y dejaría que me inundaran de una
conversación ociosa hasta sentir una cierta apariencia de normalidad. En cambio,
me siento más solo de lo que nunca he estado.
Es suficiente para que me den ganas de gritar. Obligo a mis piernas a
levantarme y mantenerme en movimiento.
Cojeando a casa con dolor de estómago, y el dolor extendiéndose, no
228

pienso en nada más que poner un pie frente al otro.


La casa está en silencio cuando entro. Siempre está silenciosa. Pero ahora
Página

el silencio rasguña a lo largo de mi piel. Ahora podría odiar el silencio.


Mi mano tiembla cuando alcanzo una botella de bebida deportiva. El sabor
es nauseabundo para mí, amargo y apagado, pero me lo trago. Riachuelos de
bebida pegajosa corren por debajo de mis mejillas.
Entonces lo veo, sentado en el mostrador como una jodida burla. El nuevo
paquete, una máquina de café de cromo brillante. Mi visión se vuelve roja como
algo caliente que surge desde mi cuerpo. La botella en mi mano vuela por el aire,
rompiéndose en una explosión de color naranja brillante en mis armarios. Y
luego, voy hacia la máquina, arrancando el cable con la fuerza suficiente como
para romper la cubierta del toma corrientes.
El afilado acero asoma en mis brazos mientras me arrojo hacia mi puerta
abierta y le doy caza a la basura. Con un grito, tiro la estúpida máquina en el cubo
de basura. Quiero patear la cosa, jodidamente perforar el infierno fuera de algo,
pero me sorprende la mirada boquiabierta que mi anciana vecina, la señora
Hutchinson, tiene hacia mí. La diminuta mujer parece estar lista para
desmayarse. Mierda.
Apretando la boca, me dirijo de un golpe a la casa. Estoy en la sala vacía,
agarrándome la parte de atrás de mi cuello y luchando por respirar
profundamente con la cólera atravesándome. Mi pecho se levanta y cae, mis
dientes doloridos donde los muelo juntos. Y entonces, la rabia simplemente huye.
Sólo que me deja con algo peor, un dolor insidioso que casi me lleva a mis
rodillas.
Me tambaleo hacia la ducha y me quedo allí mucho tiempo. En el
momento en que puedo ponerme de pie de nuevo, mi garganta está inflamada y
mi cuerpo débil. No quiero pensar en nada.
Cuando Gray llega, estoy sentado en el sofá, jugando Dead Rising en la
oscuridad.
Como de costumbre, se mete en mi casa y le da un golpecito a la lámpara
de al lado del sofá.
―Voy a asumir que tú metiste esa máquina de expreso de mil dólares en
la basura.
Gruño y sigo aniquilando zombis con mi bate de béisbol virtual.
―Lo tomaré como un sí ―añade, como si me importara.
―Haz lo que quieras. ―Me duele decirlo, así que decido abstenerme de
hacer algo más que lo mismo.
Gray suspira y entra más en la sala de estar. Capto el olor de algún
229

producto de carne ahumada, pero no me molesto en mirar. No quiero comer nada


de todos modos. Pero mi atención se desplaza cuando coloca un paquete de seis
Página

en la mesa de café con un ruido sordo. Las brillantes botellas verdes parecen
resplandecer contra la madera oscura. Un bulto se reúne en mi garganta.
Refrescos Green River. Me encantaba esa mierda cuando era niño. Mi padre solía
dármelos durante las barbacoas de verano.
―¿De dónde…? ―Me aclaro la garganta―. ¿De dónde sacaste eso? ―Se
pueden encontrar solamente en Chicago.
―Orden especial. Quería dártelos para tu cumpleaños ―admite Gray,
acomodándose en el sofá a mi lado después de dejar la otra bolsa, la que contiene
comida por el olor que tiene―. Pero me imaginé que las apreciarías más ahora.
No necesito preguntarle a Gray cómo sabe; este maldito campus arroja
chismes con la potencia y la eficacia de una manguera de bomberos.
―Ellos han estado quedándose en mi nevera ―continúa―, porque si
vamos a beber lo que se ve como residuos tóxicos, debería estar fría.
El nudo en mi garganta crece en proporciones épicas. El control cuelga
pesado en mi mano cuando parpadeo hacia él. Gray está en silencio por un
momento y luego, me da un refresco y saca una salchicha de la otra bolsa.
―Ahora me doy cuenta de que éstas no son tan buenas como las salchichas
de Chicago, pero tendremos que conformarnos. Debido a que ninguna de esas
perras hacen entregas a domicilio.
Sostengo la bebida helada con mi mano.
―Gracias. ―Mierda, si digo más, voy a estar llorando a gritos, sería
embarazoso para ambos.
Afortunadamente, no dice nada más. Y nos sentamos juntos, bebiendo
refrescos de limón, comiendo salchichas mediocres, y jugando videojuegos hasta
que afuera está oscuro.

230
Página
Traducido por Tannia Maddox & TamiMiau
Corregido por Clari

Anna
Las próximas semanas son un ejercicio de miseria constante. Mi estado de
insensible adormecimiento se descongela. En su lugar, hay un abismo de dolor
abierto. Es tan grande que estoy sorprendida cuando me miro y no encuentro un
enorme agujero. Todo mi esfuerzo se va en no acurrucarme, y así poder
permanecer de pie cada vez que entro a una clase que compartimos y lo veo. No
es que mi falsa valentía importe. Drew ni siquiera me mira.
¿Lo peor? Se había cambiado de asiento. Escogió un pupitre tan lejos de
mí como fue posible, al otro extremo del aula donde tendría que estirar el cuello
para verlo. Todo el mundo se da cuenta, por supuesto. Él es su sol. Cada vez que
cambia de posición, sus mundos salen de orbita. El mío mayormente. Me siento
fuera del centro, como si pudiera caerme en un abismo entre los escritorios.
Cada vez que habla en clase, mis nervios contraen mi piel y mi corazón
hace un salto como si estuviera tratando de volver a su dueño. Odio a mi corazón
traicionero.
Pude haber tratado de disculparme, pero él no me da ninguna
oportunidad. Está fuera de la puerta tan pronto como el profesor da el visto
bueno. Lo persigo, no estoy consiguiendo estar cerca de él de todas maneras.
Podría hacerlo, pero mis pies no me impulsan hacia delante. Sólo quiero que todo
termine.
De todos modos, ¿qué podría decir?
Lo siento, Drew, pero no puedo dejar de lado mi estúpida yo. ¿Recuerdas
la escuela secundaria? ¿A esa gordita, chica torpe? Esa que hay en cada escuela.
¿La que todo mundo conoce, pero nadie ve? ¿En mi escuela? Bueno, ella tenía el
pelo rojo rizado y con frenillos. Era demasiado pálida, demasiado tranquila.
Nunca consiguió que le pidieran ir al baile. Nunca fue a su graduación o salió
231

con algún chico en su coche. Nunca experimentó un beso hasta que llegó a la
universidad.
Página
Y no importa lo que ella se diga ahora a sí misma, esa maldita vergüenza
estúpida, esos gélidos años de aislamiento, no parecen dejarla. No importa que
sepa que ahora atrae a chicos. No importa que ella sepa que es inteligente, o que
tiene amigos. En el fondo, sigue siendo esa chica. Incluso cuando lucha para
cortar la línea.
Y no puede respirar con la mierda de ser de nuevo el centro de atención.
Porque ellos lo verán. Todos verán que sigue siendo esa chica gorda que no
encajaba. Y tú eres el centro de atención, Drew. Tú la opacas.
Sí. Patético. Porque debería estar sobre ello. Odio no estarlo. Odio mi
debilidad. Y prefiero que Drew me odie por las razones equivocadas a que sienta
pena por las correctas.
Lo que hace que me odie aún más.
Y así, el dolor continúa cuando lo sigo fuera de la clase la semana
siguiente, sólo para detenerme muerta cuando se encuentra con otra chica. Ella
tiene escrito que es una animadora de la hermandad, desde el tamaño de sus
vaqueros hasta su pelo lacio, cayendo como una hoja en su culo delgado. Y tal
vez, lleva una gran cantidad de inseguridades profundamente en la piel, pero la
odio a la vista de todos modos.
Él le da su sonrisa brillante, la que usó para hacer que mis rodillas cayeran,
y ella mete su brazo en el suyo. Se ven tan perfectos juntos, que me detengo. Tal
vez, sea lo mejor. Merece ser feliz. Merece a alguien que no sea un desastre.
En las escaleras ese pensamiento viene más fuerte: A. La. Mierda. Eso.
Estoy a punto de decirle la verdad. Que me importa. Me importa
demasiado. Entonces, él gira su cabeza, como si me sintiera observándolo.
Nuestros ojos se encuentran, y ladea una ceja de tal forma que parece que dice:
¿qué coño estás mirando? Como diciendo: tu oportunidad se ha ido.
Me doy la vuelta y me voy sin mirar de nuevo.

232
Página
Drew
El vestidor huele a lodo, sudor y derrota. Me siento solo en el banco frente
a mi casillero y miro mis manos. Manos que lograron ir tres balones, cuatro pases
incompletos y la intercepción que perdió el juego. El peor puto juego de mi vida.
Cada respiración que tomo envía pedazos de agonía a lo largo de mi
espalda magullada y mis caderas. Mi cabeza duele tanto que siento que mis ojos
saltarán. Los bajos murmullos chocan con el aire alrededor, pero nadie me habla.
No los culpo. Soy su líder y los he defraudado.
Empeora cuando Rolando me da una palmadita en el hombro.
―Eso pasa, hombre ―dice bajo y sólo para mí―, no es nada más que un
juego.
Entonces, quiero encogerme dentro de mí. Soy el que lanzó lo pases de
mierda, haciendo que él luciera mal en el campo. Sabe por qué lo he jodido y que
no me esté matando por ello tiene a mi garganta cerrándose.
El sudor corre a lo largo de mis sienes y quema mis ojos. Pero no me
muevo para limpiar esa mierda. Espero, tranquilo, hasta que los chicos van a la
ducha y se cambian. Hasta que me dejan.
Me baño solo, de pie bajo el agua caliente, mientras un bulto llena mi
garganta, y después, apago el grifo. Estoy vestido y cerrando mi cremallera
cuando Gray regresa.
Me mira por un largo momento, sus cejas están ceñidas. Sí, también la he
jodido con él. “Perdón” ya parece demasiado trillado.
Su voz atraviesa el silencio.
―Mira, hombre, tienes que saber que te quiero como un hermano.
―Todos tus hermanos son unos penes. ―Es una broma vieja, dicha
muchas veces antes, pero mi voz suena como la grava y se siente como un vidrio
contra mi garganta. La humillación se arrastra sobre mí. Todo el mundo pierde
de vez en cuando. Pero no de esta manera, no por ser un maldito estúpido y
regalar un juego.
Una pequeña sonrisa se rompe en su cara.
―Unos penes totales. ―Se acerca―. Entonces, más que un hermano.
Quiero sonreír, quiero fingir que todo está bien. Pero no puedo mirarlo a
233

los ojos. Sé lo que sea que me va a decir. Dios sabe que escuché más que un regaño
de mis entrenadores.
Página

―No quiero limpiar tus pelotas ―continúa Gray―, así que voy a decir
esto de una vez. Saca la cabeza de tu culo y termina con esa chica.
Es más fácil decirlo que hacerlo.
―Necesitamos a tú cabeza bien, Drew. Entiendo que estés molesto por un
tiempo, pero ya es suficiente. Un pedazo de culo no vale la pena por esta mierda.
Mi cabeza se sacude hacia arriba. Miro a Gray sin atreverme a abrir la boca.
Pero simplemente sacude la cabeza y se acerca más.
―No es más que una puta mentirosa…
No recuerdo el movimiento. Una neblina roja empaña mi visión mientras
lo golpeo contra la pared, mis manos agarrando su camisa.
―Nunca… ―Muelo mis dientes.
La boca de Gray cae abierta.
―¿Qué demonios?
Mierda. Gray ha sido empujado lo suficiente por la gente que se suponía
que se preocupaba por él. Doy un paso atrás, dejándolo ir de repente, y él se
encoge un momento antes de ponerse en posición vertical, entrando en mi cara.
―¿Tú jodidamente me atacas por ella?
Tomando una profunda respiración, retrocedo. ―No quise hacer eso. Sólo
no… no hables de ella de esa manera. No es una puta.
―No puedo creer esto. ―Gray me mira como si fuera un extraño―. ¿Me
estás tomando el pelo?
Agarro mi bolsa y la pongo por encima de mi hombro.
―¿Quieres a alguien para culpar? Entonces, échame la culpa. Soy el que
perdió el juego, no… ―No puedo decir su nombre.
―¡Ella te botó! ―Su cara está roja.
Pongo una mano sobre mi cabeza, donde duele tanto que mi visión se
torna borrosa.
―Nunca mintió. Me lo hice a mí mismo.
Sus ojos se estrechan mientras me mira y luego levanta las cejas.
―Estás enamorado de ella.
Maldito dolor de cabeza. Mis ojos se están llenando ahora. Parpadeo una
vez, duro y desesperadamente. Gray mira hacia otro lado, como si estuviera
avergonzado de mí. Mi piel pica.
―Siento haberte decepcionado. ―Voy hacia la puerta―. No sucederá de
234

nuevo.
Página
Anna
Iris ha desaparecido. No vino a casa la noche del viernes. Ni la del sábado.
Ya que no tiene novio, me preocupo. Iris no tiene cosas de una noche. Le tomó
seis meses acostarse con Henry por primera vez. Así que, el hecho de que no esté
aquí, me molesta. Y lo hace el hecho de que no está contestando el teléfono o los
diez mensajes que le he mandado.
Mi preocupación crece, llamo a George para preguntarle si sabe dónde
está, lo que es una mala idea porque George se oye mortalmente quieto al otro
lado de la línea.
―Me estás diciendo que el viernes fue la última vez que la has visto, ¿y
solo estás llamándome ahora? ―responde George con una voz que no he
escuchado antes.
Me encojo, mi agarre en el teléfono se vuelve más fuerte.
―Lo siento. No estaba pensando.
―Mierda. ―George respira pesadamente.
Sudor helado baja por mi espalda.
―Pensé que estaba contigo. Dijo que estaba contigo.
George explota.
―¡Puta mierda! Pendejo, maricon…
Que esté maldiciendo en español me pone más nerviosa. Como Iris,
George nunca hace eso al menos que esté fuera de sí.
Toma otro gran respiro antes de hablar otra vez.
―¡Ella dijo que saldría contigo!
―No creerás que está con…
―Sí, malditamente lo creo ―suelta George―, le juro a Dios, que quiero
patear el trasero del pendejo ese por tocar a mi hermana de nuevo.
Porque si a ambos nos dijo mentiras, sabemos que está con Henry. Y
quiero matarla. Muerta con una gran almohada. Tal vez, si le doy en la cabeza
con una, golpearé un poco de sentido en ella.
―Estoy yendo allí ―dice George.
―Si lo matas ―digo―, hazlo lucir como un accidente. ―Sólo estoy
235

bromeando a medias.
George gruñe antes de cortar.
Página
Estoy haciéndome un gofre congelado y café cuando finalmente me
responde uno de los miles de textos.
Iris: Tranquila. Estoy bien. ¿Tenías que enloquecer a George?
Aunque el alivio me golpea, quiero golpearla en la cabeza. La uña de mi
pulgar golpea contra la pantalla.
Yo: Por supuesto que lo hice. ¡Nos asustaste mucho, Iris!
Iris: Está bien, está bien, lo siento. Fue estúpido de mi parte no llamar.
Bajando por el teléfono, abro otro mensaje.
Yo: De todas maneras, ¿dónde estás?
Aunque lo sé. Necesito que lo confirme antes de matarla.
Iris: Con Henry.
Yo: ¿Qué está mal contigo, Iris? ¡TE ENGAÑÓ!
Puedo escucharla prácticamente humeando. El teléfono en silencio era un
testamento de ello.
El sonido sonó fuerte en la cocina.
Iris: Sí, Anna, lo sé. Estaba ahí.
Ruedo los ojos y tomo un mordisco de mi gofre, que se ha enfriado y
puesto duro. Otro sonido.
Iris: Tuvo sus razones.
Pongo el gofre a un lado y respondo.
Yo: ¿Para caer en una vagina desconocida?
Sí, estoy siendo una maldita, pero no puedo hacer nada más. ¿Cómo pudo
volver con él? ¿Tiene alguna idea? Lo hará de nuevo. Siempre lo vuelven a hacer.
Hemos hablado de esto.
Iris: Divertido. Estaba asustado, ¿bien?
Gruño. Pero es un sonido inútil para ella. Tal vez no.
Iris: Las cosas estaban poniéndose muy intensas para él.
Yo: ¿Así que pensó que se simplificarían cogiéndose a otra chica?
¿O chicas? Quién sabe con ese estúpido.
Iris: Mira, la gente hace cosas estúpidas cuando está asustada. Y tú deberías
hablar. Alejaste a Drew porque estás asustada.
236

Mi cara se calienta y mis dedos vuelan.


Página

Yo: ¡No engañé a Drew! ¡Ni siquiera éramos una pareja oficial!
Iris: Si y ¿por qué es eso, A? ¿Porque estabas avergonzada de ser vista con él? Lo
tratabas como tu juguete personal. ¿Cómo eso es mejor?
El calor toma todo mi cuerpo. Late bajo mis párpados, y quiero lanzar el
teléfono a través de la habitación, verlo romperse en mil pedazos.
Iris: Admítelo, siempre tratamos como mierda a los que amamos.
Hay un sonido en mi cabeza. Perra. Una perra total.
Yo: No amo a Drew.
Iris: Sí. Como digas.
Estoy apretando las letras tan fuerte que mis uñas duelen.
Yo: No estamos hablando de mí, ahora. Estamos hablando de ti.
Iris: ¿Y por qué no podemos hablar de ti? ¿Por qué nunca podemos hablar de ti?
¿Porque lo tienes todo controlado? Eso no es verdad, A.
Golpeo el teléfono con el mesón. No quiere mi ayuda. Bien. Dejémosla
arruinar su vida. Me cansé. Tomé el teléfono y le dije exactamente eso.
Iris: Eso está bien. Es mi vida. Mis errores. Y al menos estoy tratando. ¿Qué estás
haciendo tú con tu error?
Yo: No hay nada que hacer.
No voy a llorar. Incluso la punta de mi nariz está helada y hay un nudo en
mi garganta del tamaño de una manzana.
Iris: ¿Llamarlo? ¿Decirle que lo sientes?
El teléfono en mi mano vibra y tomo grandes bocanadas de aire.
Yo: ¡ME CAMBIÓ! ¡¿ESTÁ BIEN?! Me cambió con toda la mierda. Fin de la
historia.
Y yo también lo hice. Se acabó incluso antes de que comenzara, y estoy
bien. Estoy bien.
Cuando el teléfono suena, lo contesto por hábito. Pero no digo una
palabra, solo contesto.
La voz de Iris suena suave y dudosa.
―Oye, chica. Lo siento. Eso fue duro de mi parte.
―Está bien ―murmuro. Preferiría correr desnuda por el campus que
hablar con ella ahora mismo, pero finalizar la llamada lo volverá peor. Iris me
descubriría eventualmente.
237

Iris suspira.
Página

―Mira, sé que solo estás tratando de protegerme, ¿bien? Y te amo por eso.
Como que te odio ahora, Iris.
Lo que debe saber, porque sigue hablando.
―Y lo que dije sobre Drew y tú… ―Hace una pausa―. Lo siento. He sido
una perra insensible con todo esto. Y no me di cuenta… sólo. Sólo olvídalo por el
fin de semana, Banana. ¿Está bien?
―Sí. ―Aclaro mi garganta―. Seguro.
―Tengo que irme ―dice―, Henry se ha despertado y…
―Está bien. ―Juego con el mago de mi tazón―. Está bien, entonces.
Terminamos la llamada con incómodos murmullos de despedida.

238
Página
Traducido por TamiMiau
Corregido por Florpincha

Anna
Por primera vez, no estoy feliz de que sea mi cumpleaños. No me siento
de ánimo para celebrar. El cumpleaños de Drew fue ayer. Y aunque fui la
estúpida que lo alejó con ambas manos, en alguna parte de mi mente, planeé
celebrar nuestros cumpleaños juntos. Al menos, habría encontrado una manera
de estar con él un día o el otro. ¿Con quién lo celebró? ¿Habrá pensado en mi
hoy?
Sentada en mi cama en el apartamento vacío, me abrazo a mí misma,
presionando una mano en mi pecho. ¿Cuándo se supone que se acaba el dolor?
Me siento tan vacía, aún tan cargada de dolor que apenas puedo moverme.
Dormir ya no es un consuelo. Cada momento que pasé con Drew se reproduce
en mi cabeza. Cuando despierto, mi almohada está húmeda y mis mejillas llenas
de lágrimas secas.
Estoy saliendo para juntarme con George abajo cuando me tropiezo con
una caja en mi puerta. Es un regalo un poco grande y cuadrado, y adornado con
papel blanco y una cinta negra. Hay un sobre bajo la cinta. No puedo ver ninguna
escritura, pero de inmediato mi corazón salta tan fuerte que lo escucho en mis
oídos. Me siento casi asustada de tomar el regalo. Desde afuera, una bocina
suena.
Agarrando el paquete con dedos torpes, corro hacia el auto.
—No se supone que te des regalos tu misma, Anna —bromea George
cuando ve el paquete en mis manos.
—Ja —traté de reír, pero no pude.
Partimos, el regalo frío en mi palma sudorosa. Mirando por la ventana,
presiono la punta de mis dedos con la dura esquina de la carta hasta que se dobla.
¿Debo abrirla ahora? ¿Al menos para ver de quién es? Creo que lo sé. Pero tal vez
239

me equivoque. No sé qué me lastimará más, si estoy bien o mal.


Sólo hay una manera de saber. Y no puedo esperar hasta llegar a casa. Mis
Página

dedos tiemblan mientras saco la carta y la rompo para abrirla. Es una carta blanca
con “Anna” escrito con una dura y masculina letra. Mi aliento se atasca cuando
la veo y un loco sonido parecido a un gruñido sale de mis labios. Ni siquiera sé
si es la letra de Drew. Sólo estoy suponiendo. ¿Cuán triste es eso?
Temblando, abro la carta:
Compré esto antes…
Parecía estúpido desperdiciarlo.
Feliz Cumpleaños.
—Drew
No he llorado en semanas. No me lo permitiré. Pero mirando al regalo
envuelto, siento un familiar ardor y cosquillas en mis párpados. Mi garganta se
aprieta tan fuerte que me cuesta tragar. No puedo romper el regalo de Drew.
Quiero dejarlo tal y como está, igual a la última vez que lo tocó. Pero algo me
espera dentro, y tengo que saber que es. El auto toma velocidad por la carretera
mientras cuidadosamente saco la cinta e intento abrir el regalo sin romper el
papel.
Dentro hay una caja, y cuando levanto mi regalo, un sollozo sale de mi
pecho. Es un disco enmarcado de Siouxsie & the Banshees, Juju, circa 1981. Y está
firmado por toda la banda. Una cosa rara y hermosa que no pensé que alguien en
el mundo sabría que amo.
Así es, soy una verdadera fuente de lágrimas, mocos y fuertes sollozos
mientras aplasto el marco en contra de mi pecho.
George me da una mirada horrorosa. —¿Qué mierda? Anna, háblame.
No puedo. No sin morir un poco más. —Lo siento. Síndrome pre-
menstrual.
Mientras la mirada de horror de George crece, estornudo y busco un
pañuelo en mi cartera. Encuentro una arrugada servilleta que rasguña mi piel
cuando la uso. —El regalo es de mamá —miento—, creo que extraño mi hogar.
No luce convencido. De hecho, estoy segura de que sabe que estoy
mintiendo. Pero lo deja pasar con un encogimiento de hombros. —Supongo que
es bueno que pronto irás a casa por las vacaciones.
Pero mi hogar ya no es un lugar. Me he dado cuenta muy tarde que es una
persona. Y lo he apartado de mi vida.
240
Página
Drew
Cumplí 23 años ayer. Desde que mis padres murieron, he odiado mi
cumpleaños. Sólo servía como recuerdo de que mi familia se ha ido, y que estoy
esencialmente solo. Gray está claramente sacándome del pozo de Anna. Se las
arregló para convencerme de ver una película ayer, una forma completamente
ridícula de celebrar, en su opinión. Ahora quiere sacarme a una celebración de
cumpleaños con los chicos, que no aceptarán un no como repuesta. Preferiría
pretender que los cumpleaños no existen.
Pienso en el regalo que dejé en la puerta de Anna. Desde que llegó el
álbum, he querido ver la expresión de su rostro cuando lo abra. Ahora sólo puedo
tratar de imaginarlo. ¿Sonrió de esa rápida y brillante manera cuando se siente
sorprendida? ¿O sonrió lentamente, brillando, como si estuviera perdiendo una
pelea con sus emociones?
¿Le gustó? ¿Soy patético por dárselo? Mierda, si descubriese cuanto pagué
por él, ciertamente luciré como un baboso. Pero no era como si lo pudiese
devolver; lo compré en un anticuario.
¿Por qué me torturo con esto? No puedo volver y pedir otra oportunidad.
Tengo algo de orgullo. Y no sé cómo pelear por ella y mantenerlo. Darle el regalo
fue la última cosa que podía hacer. Sólo puedo esperar que entienda, estoy aquí
si me quiere.
—Estúpido —murmuro para mí mismo.
Un golpe en la puerta de mi habitación me hizo sentarme rectamente. —
Salgo en un segundo —le digo a Gray, que está esperando a que aliste a mi culo.
Mierda, realmente no quiero ir. Pero un chico no le puede decir a otro que
preferiría deprimirse en casa. No si quiere sobrevivir a las bromas.
—Tienes un paquete —la voz de Gray es baja por la barrera de la puerta,
pero hay algo raro en su tono neutral que tiene a mi pecho doliendo.
En dos pasos, estoy en la puerta, abriéndola. Está parado allí, una mueca
divertida en su rostro, sosteniendo un paquete envuelto. Por un momento, frunzo
el ceño. ¿Está haciéndose el divertido? ¿Es de él?
Pero no me imagino a Gray usando papel plateado o haciendo una
elaborada cinta. Es muy femenino.
Tengo que aclarar mi garganta para hablar. —¿De dónde lo sacaste?
241

Gray hace un trabajo de mierda tratando de ocultar su cautela. —Pensé


haber oído algo en la entrada, y encontré esto junto a la puerta.
Página

Mi cuerpo se tensa con la necesidad de correr fuera de la casa y buscar en


la calle. Tenía que ser Anna. ¿Por qué no tocó? Mierda, yo no toqué, tal vez pensó
que esa era la manera en que quería hacer las cosas. No es así. Sólo me acobardé
como una niñita.
—¿Y bien? —Gray mueve la caja—. ¿Vas a tomarla? ¿O debo tirarla?
Antes de que pueda hacer eso, agarro el regalo de su mano. No lo miro
pero lo sostengo un poco lejos de mi cuerpo como si me quemara. Pero mis dedos
se entierran en él.
Gray y yo nos miramos mientras me quedo inmóvil con indecisión y duda.
Tal vez no es de Anna. ¿Y por qué estoy nervioso como una anciana? Le doy a
Gray una fea mirada, porque comienza a reírse, y cierro la puerta en su rostro.
No hay manera de que abra esta bomba frente a él.
Preparándome para el dolor, rompo el paquete con un movimiento. Una
carta cae al piso. Con la mano temblando la tomo mientras estudio el libro de
cuero que el papel roto ha revelado. Ensayos de Emerson. Páginas con oro.
Condición Prístina. Me siento en el piso, mi espalda apoyada en la cama. Paso
una mano por la portada y luego abro la carta.
¿Qué le das al chico que parece no querer nada?
Creí que un poco de pasado sería bueno.
Feliz Cumpleaños, Drew
—Anna.
Mis dedos aprietan el libro tan fuerte que lo siento sonar. Presionado mi
cabeza entre mis rodillas, tomo fuertes respiraciones para no perder la cabeza.
¿No quiero nada? ¿Es ciega? Quiero salir de la casa y encontrarla. Sólo para
tomarla de los hombros y gritarle: “¡Tú! ¡Te quiero a ti, a ti terca, ilusa dolor en el
culo!”
Al mismo tiempo, pongo el libro cerca de mi pecho. Ensayos de Emerson.
Lo recordó. Y me está devolviendo una parte de mis padres. ¿Sabía que los
extrañaría en mi cumpleaños? Pestañeo rápidamente. Por supuesto que lo sabía.
Lo sabía todo. De pronto, fue difícil respirar.
Otro golpe en mi puerta hace eco en mi habitación. —Drew, hombre…
¿vienes?
Tragando muchas veces, presiono mis ojos ardientes y rojos encontrando
mi voz. —Sí.
Pongo el libro y la carta en mi mesa de noche y dejo la habitación. La vida
sigue. Incluso cuando no lo quieres.
242
Página
Traducido por Kari
Corregido por Florpincha

Anna
Son las 10 p.m. del viernes, y estoy en un club. En una cita.
Cuando Iris insistió que necesitaba salir de mi depresión e ir a una cita,
todo en mí se resistió a la idea. Pero entonces recordé los fríos ojos de Drew
encontrándose con los míos mientras se alejaba con otra chica. Es cierto, me dio
un regalo de cumpleaños, pero su tarjeta lo decía todo, no lo podía devolver y
por eso pudo haber decidido dármelo.
Lo de nosotros se acabó, y tengo que aceptar mi error y seguir adelante.
Cameron es perfecto. Es ágil y oscuro. Sus vaqueros negros abrazan sus
piernas hasta que desaparecen en sus Pumas vintage. Su pecho magro está
cubierto por una andrajosa camiseta Mr. Yuck, que me frunce el ceño cuando él
se inclina hacia atrás y toma un poco de su cerveza. Hemos estado discutiendo
los lugares que nos gustaría visitar en Londres, y me estoy divirtiendo.
Bueno, tan divertida como una chica puede estar con un maldito agujero
en su pecho. Un agujero vacío de mierda que no va a desaparecer. Pero tal vez
esta noche bastará y encontraré una manera de llenarlo. Absolutamente no voy a
frotar furtivamente una mano por mi esternón cuando Cameron vuelve su
atención hacia el escenario. Una banda está a punto de tocar, y las luces del
escenario arrojan un halo de luz azul sobre el pelo negro de Cameron. Esos
brillantes mechones se balancean sobre sus hombros cuando se inclina hacia mí,
su aliento sosteniendo una pisca de cerveza mientras me habla al oído. —Ya
escuché a estos chicos, son geniales.
Asiento. Realmente no sé nada de la banda, pero voy a tomar la palabra
de Cameron. Él es realmente hermoso. Pestañas negras gruesas enmarcan sus
ojos azules, ¿y cuando pone un brazo alrededor de mis hombros?
No siento nada.
243

No estoy dispuesta a aceptar la derrota. No me alejo cuando sus cálidos


dedos descansan en la parte de atrás de mi cuello. Bastante audaz, teniendo en
Página

cuenta que nos conocimos hace alrededor de una hora.


—Así que, ¿cuánto tiempo hace que conoces a Iris? —me pregunta.
Cameron trabaja en una tienda de jugo con Iris. Ella estuvo tratando de
emparejar a Cameron conmigo durante meses. Me resistí por a Drew. En quién
no voy a pensar esta noche.
—Nos conocimos el primer año. —Tomo un sorbo de mi cerveza. Se ha
vuelto sosa—. En orientación.
—Genial. —Lanza hacia atrás un mechón de pelo. Es un movimiento tan
perfecto, destacando sus músculos vigorosos y mostrando su pelo brillante, que
me pregunto si lo practica en el espejo. Un loco, y no deseado, impulso me tienta
para preguntarle si saca mediocres versiones de Crash Into You en la guitarra.
Estoy parpadeando rápidamente en las luces del escenario cuando lo veo.
Está de pie en el bar, y ha traído una amiga. Aunque, por la forma en la que ella
apoya la mano en su culo, supongo que “amiga” no es la palabra que debo usar.
No parece importarle su andar a tientas. Su sonrisa es lenta y fácil mientras él le
da una cerveza y se inclina para oír lo que sea que necesita susurrarle al oído. Se
ríe un poco, la amplia extensión de sus hombros temblando.
Debo mirar hacia otro lado. Pero como de costumbre, mi cuello no quiere
obedecer. No, sólo siento y observo mientras charlan y su mano se vuelve más
familiar con su culo. Apenas registro que Cameron sigue jugando con el borde
del cuello de mi camisa, la punta de sus dedos deslizándose por mi piel, o que
habla de sus bandas favoritas.
Tengo que hacer un esfuerzo para arrastrar mi atención a mi cita.
Apestaría si Drew me ve mirando. Estoy casi a salvo cuando Drew gira, su
mirada escaneando la multitud de una manera perezosa, y sus ojos se conectan
conmigo.
Atrapada, sólo puedo mirarlo de regreso. Él está a más de seis metros de
distancia. El aire es brumoso y oscuro. Las cabezas se balancean y se entrelazan
mientras la gente camina más allá de la barra. Y sin embargo, es como si justo
estuviera frente a mí.
¿Le gustó el libro?
Así como Drew lo tenía, yo lo compré hace mucho tiempo. Pero, a
diferencia de él, me sentía demasiado asustada para dárselo. Hasta que me dio
mi regalo. Debería haberlo superado y entregárselo en persona, pero no tenía las
agallas para enfrentarme a él.
El dolor en mi pecho se hunde, y mis palmas hormiguean. No me puedo
244

mover, encerrada en su mirada como lo estoy. Quiero ir a él con tantas ganas que
mis muslos se tensan, como si pudiera levantarme. Pero entonces la conexión se
rompe.
Página
Él vuelve su atención a Cameron. O, mejor dicho, a la mano de Cameron.
Incluso desde tan lejos, sé que eso es lo que está viendo: a Cameron tocándome.
Los ojos de Drew se estrechan. Su expresión no es bonita, y está tan
concentrado que me pregunto si lo que ve es al defensa de su equipo justo antes
de que él lance un pase de touchdown sobre sus cabezas.
De repente, me siento enojada. No tiene derecho a fruncir el ceño cuando
tiene a alguna groupie tomando medidas con la mano de su culo. Y esa hermosa
idea me trae directa a las náuseas. Especialmente cuando veo a la Señorita
Manoseo-Inocente envolver su brazo alrededor de su cintura. Ahora acaricia su
estómago. Mi lugar.
—Disculpa —le digo a Cameron—. Vuelvo enseguida.
Por suerte Cameron no pregunta por qué tengo que escapar. No veo hacia
Drew mientras hago mi camino al baño.
En el interior, paso agua fría sobre mis muñecas. Siempre voy para enfriar
mis muñecas. Salpica agua en tu cara, y es un hecho que alguien va a entrar en el
cuarto de baño. Y sabrán que estás molesta. Mejor, te miran con lástima. Peor
aún, ellos te preguntan si estás bien mientras te miran con lástima. ¿Las muñecas,
no obstante? Puedes fingir fácilmente que estás lavándote las manos.
Me quedo ahí hasta que mis dedos empiezan a entumecerse. No me veo
al espejo. No sé si me va a gustar lo que veo. Unas pocas gotas de agua golpean
mi vientre y me estremezco, saliendo de mi niebla. Mi camiseta negra se sube,
dejando al descubierto una franja de piel sobre mis vaqueros. La maldita camisa
es demasiado apretada. Esto es la genial adición de Iris a la elección del vestuario
de esta noche. Porque, según sus palabras, “si tienes tetas como las tuyas, tienes
que mostrarlas de manera adecuada”. Tops de escote bajo, Iris insiste, son baratos
y sin inspiración.
“Pero permanece totalmente cubierta con algo que abraza tus atributos y los chicos
no pueden dejar de querer ver lo que hay debajo. Es como la última provocación”. Señoras
y señores, el mundo está de acuerdo con Iris.
En este momento, estaría satisfecha con una camiseta de trapo y
pantalones de pijama. Quiero ir a casa.
Secando mis manos, tiro por última vez la parte de abajo de mi camisa y
salgo del baño. Sólo para caminar directamente hacia Drew.
Se apoya en la pared del pasillo del baño. Me recuerda tanto a la primera
vez que nos tocamos mutuamente, que mis rodillas se debilitan. Detrás de él, el
245

club es oscuro y la música ha comenzado. Aquí, es demasiado brillante. Cada


línea en su cara, el color dorado profundo de sus ojos, la pequeña pista de un
hoyuelo en su mejilla izquierda, se ilumina. Y es totalmente familiar para mí. Es
Página

como si la historia se repitiera, y me pregunto cómo sería mi vida ahora si


simplemente me hubiera alejado de él la primera vez que chocamos en una sala
oscura. Pero no lo hice. Y aquí estamos. Aquí estoy, rota.
Verlo tan cerca duele. Tener su atención, tanto tiempo negada, ahora
centrada plenamente en mí es a la vez una manta caliente y una cuchilla afilada.
Habla primero, y su voz rica como la mantequilla suena tan bien que presiono
mis palmas contra la pared granulada para no tocarlo.
—Gracias por el libro. —Su expresión está en blanco, no muestra ninguna
emoción, a excepción de los pliegues en las comisuras de sus ojos, como si al
mirarme se quemara.
Sin duda, me quema mirarlo. —Gracias por la portada del álbum. Fue…
Bueno, me encanta. —Infiernos. Ahora estoy siendo efusiva.
Frunce el ceño un poco, pero luego asiente. —Lo mismo con el libro. —Sus
ojos se encuentran con los míos, y sus palabras salen rebuscadas—. Me encanta
también.
El calor me invade. No puedo hacer esto. No puedo soportar estar cerca
de él y no tocarlo. Echo un vistazo hacia la barra, preguntándome si Cameron
puede verme, preguntándome si la chica de Drew vendrá a buscarlo. Esto se
siente mal, como si el mundo se hubiese volcado de cabeza.
Drew se da cuenta de la dirección de mi mirada, y se para más alto, los
hombros rígidos. Su tono se vuelve amargo. —Veo que has encontrado a tu chico
emo.
Aparento un encogimiento de hombros descuidado. —Sí, somos precisos,
es más hipster que emo. —Cuando Drew me mira, continúo bruscamente—. ¿Tu
cita no va a preguntarse dónde estás?
Las comisuras de su boca se levantan. No es una sonrisa. —Así es, una cita.
Veo que estás familiarizada con el concepto, a pesar de todas las evidencias de lo
contrario.
—No tengo citas, no como en serie, pero trato de salir. —¿Qué estoy
haciendo? No quiero hacerle daño. Sólo quiero escapar.
—¿Mantienes un seguimiento de con quién salgo, Anna? —pregunta en
voz baja, con una sonrisa en la boca.
Quiero golpear esa boca. Quiero gritarle por pasar a través de una
cantidad de mujeres de una hermandad cuando hace menos de un mes afirmó
que yo era suya.
—No, Drew —digo, de repente cansada—. Sólo sé cuál es tu Modus
246

Operandi.
Se quita de la pared y se encuentra en frente de mí en un movimiento
Página

fluido. Y una parte enferma de mí ama cuando él me empuja. Me encanta estar


rodeada de su fuerza y su calor. Su familiar olor hace que me duela el corazón y
mi cuerpo se anime. Sí, por favor, me dice.
Se inclina más cerca, su nariz casi tocando la mía, y su voz se lanza a través
de mí, por lo que mi carne zumba. —Nunca miré a otra chica cuando estaba
contigo. Ni siquiera pensé en una. Ni una sola vez.
Me obligo a mirarlo a los ojos, y nuestras bocas están demasiado cerca. —
No miré a nadie tampoco. Sólo tú.
—Entonces por qué… —Se detiene con una maldición, y golpea sus puños
en la pared.
Salto, lista para escapar, pero me ha atrapado, con la frente presionando
contra la pared mientras inhala y exhala. Está tan cerca de mí que su pecho roza
el mío con cada inhalación. Y me estremezco con la necesidad de retenerlo. Pero
no lo hago. Puedo sentir su ira. Él vibra con ella.
—Podríamos haber estado tan bien —dice.
Antes de que pueda contestar, se aleja de mí con esos reflejos rápidos que
lo hacen una estrella del deporte. Retrocede. De regreso a su cita.
Me muevo para ir a otro lado, cuando me agarra. Una mano acunando mi
cuello, la otra juega contra mi espalda, deslizándose debajo de mi camisa para
tocar mi piel desnuda. Su boca se estrella contra la mía en la siguiente respiración.
Y mi cuerpo se convierte en supernova. Su lengua se desliza profundamente, sus
labios dañándome, y se siente tan bien que voy a gemir detrás de todo. Siempre
es así. No puedo tener suficiente de él. Devoro su boca, juego con su lengua. Mis
pechos se aplastan contra la dura pared de su pecho. Dulce alivio.
Drew.
Y entonces él me está alejando. Estoy tambaleándome. Sus ojos están sin
brillo, llenos de dolor, pesar, y lo peor de todo, repugnancia.
—Tan jodidamente bueno. —Me deja allí desplomándome contra la pared.
247
Página
Drew
De todos los errores que cometí, ese fue bastante colosal. Un jodido
estúpido, eso es lo que era. Maldita sea, no debería haber seguido a Anna al baño.
Y seguro como la mierda que no debería haberla besado. Mis costillas se
comprimen dolorosamente ante la idea. Sostenerla, sentir sus suaves y regordetes
labios, una vez más, fue a la vez agonía y éxtasis. Todavía siento su sabor en mi
boca. No he tomado otra copa desde que la besé, alguna parte desesperada de mí
renuente a lavarla. En resumen, estoy loco.
Por desgracia, la cordura abandonó el edificio al segundo que vi a Mr.
Yuck poner sus putas manos sobre Anna. Era lo único que podía hacer para no
pisotear a través de la multitud y aplastar la cara del chico emo. Santo infierno,
mirar sus dedos acariciar el cuello de Anna sabiendo exactamente cómo se siente
su piel, sabiendo que nunca conseguiría hacer lo mismo, me destruyó. Nada
podría detenerme de buscarla, tocarla y dejarla recordar lo que se estaba
perdiendo.
Un gran plan. Sólo que ahora también recuerdo con toda claridad lo que
me falta.
Habiendo experimentado verdaderos celos, puedo decir con seguridad
que la emoción es insidiosa, y no quiero volver a sentirla de nuevo. Pero persiste
como una plaga, comiendo a través de mis entrañas con dientes grandes y
gruesos. Froto el hueco en el centro de mi pecho y luego salgo de la niebla en que
he estado revolcándome. Cristo, salí con otra chica. No debería estar pensando
en la que no me quiere.
Respiro y enfrento a… Mierda. ¿Cuál es su nombre?
En la oscuridad del interior de mi coche, sus ojos brillan cuando me mira.
Es bonita. Todas ellas lo son, estas chicas a las que invito a salir sin la intención
de dejar que las cosas vayan más allá de una cita. Diablos, todas se ven similares,
mismas características generales, el mismo tipo de cuerpo, mismo gusto en ropa.
Todas americanas, alegres chicas de hermandad. ¿Por qué no me di cuenta de eso
antes de Anna? Y yo la acusé de querer solamente un tipo.
La amargura llena mi boca.
Mi cita sonríe, vacilante. —Eso estuvo… agradable.
Agradable. Correcto. Estuvimos en el club por diez minutos antes de que
yo desapareciera, metí mi lengua en la garganta de otra chica, y luego vine
248

rápidamente de regreso para sacarla de allí como si el lugar estuviera en llamas.


Muy agradable de mi parte.
Página
—Sí. —Me aclaro la garganta—. Lo siento, estoy cansado esta noche.
Hemos estado practicando mucho. —Mentira. Pero una que la mayoría de las
chicas parecen apreciar.
Ella no es diferente. Sonríe de nuevo, sus ojos comprensivos. —Eso está
bien. Tu dedicación es admirable.
Que se lo digan a los chicos, la mayoría de los cuales quieren matarme
ahora.
—Gracias… —Mierda. ¿Cuál es su nombre? ¿Stacy? No. ¡Shannon!—.
Shannon.
Me preparo para el impacto en caso de que lo haya hecho mal, pero sonríe
como si le hubiera dado alguna gran recompensa.
Sin tener nada más que decir, dirijo toda mi atención de nuevo a la
carretera. ¿Por qué salí con ella? Fue una estupidez. Sofocante. No puedo llevarla
a casa lo suficientemente pronto. Enciendo la radio en un intento desesperado de
llenar el silencio. Jack White canta sobre enamorarse de un fantasma y no ser lo
suficientemente valiente como para besarla. Apuñalo el botón con más fuerza de
la necesaria.
Gracias a Dios ahora estamos en frente de su casa de hermandad, porque
no creo que pueda conducir más. Paro y freno con la fuerza suficiente para
enviarnos meciéndonos hacia adelante.
Como si hubiera estado esperando este momento, Shannon se vuelve en
su asiento y me da una mirada expectante. Su lenguaje corporal es muy claro,
desde la forma en que se inclina hacia mí, con su mirada revoloteando de mi boca
a mis ojos. Quiere que la bese.
Mis dedos se aprietan alrededor del volante, y el cuero cruje.
No la voy a besar en este coche. No donde conseguí por primera vez mi
boca en la de Anna. Sólo ver a otra chica sentada en el asiento del pasajero es una
bofetada en mi cara. Está mal. Anna debería estar allí. En cierto modo, lo está. Me
perseguía con cada respiración. Mi refugio está ahora en ruinas lo que
efectivamente me da ganas de golpear algo.
Presiono el broche del cinturón de seguridad, abro de un tirón mi puerta
y tropiezo en el aire frío de la noche. Doy una respiración profunda mientras
rodeo el coche y abro la puerta para mi cita.
No disuadida, se las arregla para deslizar su cuerpo contra el mío cuando
sale del coche. Infiernos.
249

—Entonces —murmura, apoyando una mano en mi pecho—, gracias por


salir conmigo esta noche.
Página
Retrocedo, cerrando la puerta del coche con mi cadera. Ella sigue, y su
mano se encuentra mi cuello.
—Sí, claro. —Sueno como un idiota. Soy un idiota. ¿Por qué salí esta
noche?
Sus ojos me miran. Esperando.
No. No va a suceder. Ni siquiera puedo despertar un poco de entusiasmo.
Pero entonces pienso en Anna yendo a casa con Mr. Yuck. Ella siguió adelante.
Con el ceño fruncido, inclino mi cabeza más cerca de la chica que está dispuesta.
Labios rosa se abren con invitación. Yo paro.
Simplemente hazlo. Hazlo y sigue adelante también. Besa a la maldita chica, ya.
Ella toma la decisión por mí. Sus labios chocan en los míos. Se sienten mal,
no de la forma correcta. Huele mal, a flores dulces en lugar de especias cálidas.
Mal, mal, mal. Todo mi cuerpo retrocede. Retrocedo, saliendo de su agarre en un
forcejeo torpe. Jesús. Mi pene realmente se siente como que está arrugado en mis
pantalones cortos.
—Lo siento —le digo tal como ella lo hace.
El calor inunda mi cara. Debería haber sido capaz de, al menos, besarla.
Ella es linda y dispuesta, después de todo. En cambio, mi carne se arrastra. Y me
enfada. Estoy infectado con Anna. Quiero hacer un agujero a través del techo de
mi coche.
Dándole a Shannon una risa temblorosa, doy un paso más lejos, mi culo
golpeando la puerta del coche. —Estoy ah… —completamente jodido—, cansado.
—Sí —La forma equivocada de su boca se tuerce en una media sonrisa—.
Dijiste eso.
—Bien. —Dios, sólo déjame salir de aquí.
Pero antes de que pueda hacer un escape, habla de nuevo, su tono
extrañamente neutral. —¿Es por ella?
Me sacudo tan fuerte que mi codo golpea la ventanilla del coche. —¿Ella?
Shannon parpadea hacia mí. —Ya sabes, la pelirroja en el bar. —
Demasiado para mí siendo sutil—. ¿Es ella con la que terminaste? ¿Es la Gallina
Roja?
—¿Gallina roja? —repito, mi cabeza zumba. ¿Qué. En. El. Infierno?
Me da una mirada diseñada para tranquilizar, aunque estoy lejos de
250

estarlo. Pero hay un brillo en sus ojos como si estuviera muriendo por el chisme.
¿Cree honestamente que quiero hablar de Anna con ella? Y, de nuevo: ¿Gallina
Página

Roja? Oh diablos, no.


—Ya sabes —dice—, de la que estaban hablando en Twitter e Instagram.
Una fea sensación de malestar se escurre sobre mis hombros. Por un
momento, sólo puedo mirar a esta chica mientras el zumbido en mis oídos se hace
más fuerte. —¿Qué demonios están diciendo?
Ajena a mi creciente rabia, responde con entusiasmo. —Eso, que dejaste a
alguna pelirroja en medio del patio.
Ese día me persigue todavía. Escuchar a alguien hablar de ello me daña el
pecho.
—¿Por qué la están llamando Gallina Roja? —sueno como si estuviera
hablando a través de un largo túnel. ¿Sabe Anna esto? Ella odiaría eso. Yo lo odio.
—No sé a quién se le ocurrió eso.
—¿Qué significa? —Mi corazón late tan fuerte que duele. Como regla
general, me quedo lejos de las redes sociales. Obviamente los chicos me
escondían algo, porque normalmente me dirían sobre cualquier tontería.
Shannon se desplaza de un pie al otro. Su repentino nerviosismo hace que
mis pelos de punta se eleven aún más. —Supongo que es porque ella trató de
atraparte en una relación. Ya sabes, por quedar embarazada.
El suelo parece balancearse debajo de mí, y un frío sudor rompe sobre mi
piel. Mierda. ¿Está Anna embarazada? No se veía… Diablos, ¿Cómo se ve el
embarazo al principio? Pero ella me hubiera dicho esta noche, ¿no es así? Por otra
parte, he llegado casi a la ofensiva con ella, que no es exactamente hacer una fácil
apertura para un tema así. Santa jodida mierda, pero si ella está…
Voy a vomitar. Aquí mismo, en la acera de Shannon. Sin embargo, detrás
del instantáneo terror hay una extraña especie de euforia. Si Anna está
embarazada, voy a ir y pegarme a ella. Jodido orgullo.
De alguna manera, encuentro la capacidad de hablar. Es un milagro que
pueda formar una oración. —¿Por qué la gente piensa que está embarazada?
Quizás Shannon finalmente se da cuenta de que estoy a punto de perder
mi mierda porque ella se abraza.
—¿¡Por qué!? —mi grito resuena en la noche.
Shannon traga visiblemente, con sus ojos cada vez más redondos. —
Bueno, tú, ah… al parecer le gritaste acerca de su relación siendo sólo un ligue,
y, bueno, ella se alejó toda encorvada, agarrándose el estómago, así que…
Entonces, no hay pruebas de que Anna esté embarazada. Sólo tontos
251

saltando a una conclusión errónea y metiendo sus narices en lugares que no les
incumben. A pesar de que el alivio me inunda, el zumbido en mis oídos crece a
Página

un clamor. —Por lo tanto, ¿todos piensan que dejaría a una chica embarazada, y
luego la rechazaría públicamente cuando ella me lo diga?
En la relativa oscuridad, puedo ver el rubor rodando por sus mejillas. —
Ah… bueno…
Comezón rompe a lo largo de mi piel. —¿Y creyendo esto, todavía querías
salir conmigo? —bueno, podría estar gritando. Mierda, es un milagro que no esté
gritándole a las nubes en este punto. ¿Eso es lo que la gente piensa de mí?
Shannon se aleja un paso. —No te culpo. —Como si esto supusiera que
todo el embarazo fue obra del Anna.
—Bueno, deberías —me rompo—. Si fuera cierto. Deberías permanecer
lejos de cualquier imbécil que haría algo así.
Ella sólo me mira como si me hubiera vuelto loco, y la rabia dentro de mí
surge. ¿Qué demonios le pasa a esta chica?
Respiro, no quería asustarla más. Soy mucho más grande que ella, e
incluso si no puedo esperar para alejarme, no es genial hacerla sentir miedo.
—Mira —dije con falsa calma—, lo que has oído, es incorrecto. Sí, esa era
la chica, y sí nos separamos. Pero fue una decisión mutua. —Me estremezco un
poco con eso, pero no es realmente una mentira. Anna no quería una relación, y
yo no podía fingir que no era lo único que quería—. Ella es una buena chica. Y
me pone enfermo que la gente pudiera pensar lo contrario.
Con los ojos abiertos Shannon asiente como si su vida dependiera de ello.
Se sostiene los brazos sobre su pecho. Puse ese miedo en ella, y la culpa aprieta
mi estómago.
—Me tengo que ir. Lo siento. —No estoy seguro de qué más puedo decir.
Sólo tengo que salir de aquí.
En el momento en que llego a casa y me las arreglo para encender mi
portátil, me tiemblan las manos. Náuseas ruedan alrededor de mi estómago
cuando una búsqueda de mi nombre en Twitter se detiene en cientos de tweets.
Y ahí están, en 140 caracteres de pura maldad. Las especulaciones sobre por qué
discutía con una pelirroja curvilínea. Comentarios sobre Anna que hacen que me
duela el corazón y mi sangre hierva, y luego encuentro las fotos.
Mis dientes rechinan. Ahí estoy, cerniéndome sobre Anna, que se ve tan
pequeña en comparación. Soy un monstruo con músculos abultados y una vena
que sobresale en mi cara. Nunca me he sentido tan avergonzado. Anna está
pálida, elevando su barbilla con desafío. Eso lo recuerdo. Pero nunca vi las
secuelas. Hay una foto de mí caminando lejos, humillado porque capta mi propio
dolor. Mi cara se tuerce con él. Y entonces una de Anna.
252

Apoyándose en el árbol, apretando sus brazos alrededor de su cintura, sus


hermosos ojos mirando hacia el cielo como si este tuviera alguna respuesta. Dolor
Página

grabado en sus características. Con dedos temblorosos, estuve a punto de tocar


la pantalla. Dolor que refleja el mío propio.
¿He hecho algo equivocado, terminando con Anna? ¿Importa? Ella está
actualmente en una cita con Mr. Yuck. Y no puedo pasar por alto el hecho de que
una discusión pública ha traído la fealdad de la opinión pública sobre su cabeza.
Nunca quise eso para ella. Después de leer los tweets de odio, ¿cómo puedo
culpar su renuencia a ser vista conmigo?
Por primera vez en mi vida, me da miedo salir al campo y jugar de nuevo.
Porque todos lo están viendo por las razones equivocadas.

253
Página
Traducido por Michelle M
Corregido por Florpincha

Anna
Estoy tan agradecida por el descanso, que podría llorar. No sólo porque
me ahorrará el tener que enfrentarme a Drew en clase, sino que solamente tengo
que escapar. Por primera vez en muchos años, la casa de mi mamá es un refugio
al que quiero correr tan rápido como pueda.
Mejor aún, no tengo que ver a Terrance cuando llego aquí. El mes pasado,
cuando mi mamá expresó sus dudas sobre la venta de su casa de niña, Terrance
enloqueció, diciéndole que no tenía derecho a impedir sus sueños por ser una
cobarde. Mamá se dio cuenta que no era el sueño de ella, sino el de él. Dos
semanas después, el viejo Terry estaba navegando a las Bahamas con su perro.
La cena del día de gracias es tranquila. Mamá a menudo invita a gente
para que la pasen con nosotras, amigos solteros, los que no pudieron ir con sus
propias familias. Cuando era más joven, me quejaba porque no quería
compartirla con otros adultos. No cuando solamente veía a mi mamá trabajando
en la cena.
A medida que fui creciendo, aprecié el sonido de la risa y las
conversaciones interesantes durante las comidas. Desgraciadamente, este año, mi
mamá no invitó a nadie. Sé que la razón es que le preguntarán sobre Terrance y
la ruptura es demasiado fresca para que mamá lo enfrente. Me identifico.
Enteramente. Sólo que prefiero tener distracción. Ahora mismo solamente somos
mamá y yo. Y una casa tranquila.
Cocinamos juntas y tratamos de encontrar algo para hablar. La charla
usualmente no es un problema, pero ya que lo único que quiero hacer es
acurrucarme en la cama y llorar, me encuentro en una lucha.
Mi mamá llena el vacío y habla de su práctica. Sobre su amiga Silvia,
piensa que podría ser bulímica. Acerca de la nueva crema hidratante que
254

encontró y que ama los reciclados. Y aquello está bien. Si sólo este dolor, este
agujero constante dentro de mí se llenara con cada pedazo de comida que tomo,
Página

en vez de hacerse más grande.


Si tan sólo sintiera la calidez en vez del frío. Mis paredes ya no estarían
amontonadas. Podría derribarlas en cualquier momento. Justo en la alfombra de
peluche turca de mí mamá.
El postre, como siempre, lo comemos en la sala, mientras nos acurrucamos
frente al fuego en el viejo sofá de cuero color crema que mamá re-tapizó el año
pasado. En el frenesí de la decoración, también convirtió la chimenea de leña en
una de gas y aunque las llamas bailan y se ven alegres, echo de menos el olor de
la leña.
La casa de Drew tiene una chimenea de leña. Me lo imagino arrodillado
frente a ella, apilando madera y consiguiendo las llamas. ¿Ahora está ahí? ¿Está
con Gray? Dios, eso espero. La idea de que Drew esté solo hace que mi corazón
se sienta físicamente herido. Tomo un pedazo extra grande de pastel de queso y
calabaza y trato de no ahogarme con él.
—¿Qué pasa contigo, Anna?
Estuve a punto de saltar en mi asiento. No me di cuenta que mamá me
miraba. Aunque no debería sorprenderme. Incluso si ella no siempre actúa como
si prestara atención, por lo general lo hace.
Paso los dientes del tenedor a través del pastel de queso. Podría evadir,
desviar la atención, pero decir la verdad es la forma más rápida con mamá. Igual
que arrancarse una vendita pegajosa. —Rompí con alguien.
—Siento escucharlo, cariño.
Mi tenedor se hunde profundo.
—No llegó muy lejos. Realmente no estábamos el uno con el otro —Dios,
la mentira me ahoga. Voy a vomitar en la cena de acción de gracias aquí en el
suelo de la sala. Tomo una respiración profunda—. Pero creo que lo herí y siento
eso. —Pude haberme hecho algún daño interno irreparable, pero no necesitamos
hablar de eso.
Mamá sabiamente no dice nada, sino que simplemente se levanta y me
hace una taza de expreso. Me da el tiempo suficiente para controlar mi
respiración irregular y mi labio temblando. Cuando regresa, estaba recompuesta.
—Con un poco de crema extra arriba —dice, poniendo una pequeña taza
sobre la mesa delante de mí—. Así como te gusta.
—Gracias. —El rico y profundo aroma del café expreso, es un consuelo
necesitado.
—Mamá —digo después de un trago de bienvenida—. ¿Pensaste que mi
255

padre era…? bueno, ¿el único? ¿Ya sabes cuándo lo conociste por primera vez?
Como de costumbre, la mención de mi padre hace que su expresión se
Página

quede en blanco y de hielo. Toma un sorbo de su propio café. —¿La dura verdad?
Desde que era una niña, siempre me ha preguntado si quiero la versión
blanda o la dura. Lo que me deprime es que siempre pedí la versión suave. Hoy
no.
—La franca —digo.
—En realidad no —dice mamá con un suspiro.
Me incorporo. —Entonces, ¿por qué te casaste con él?
Se pasa la mano por el cabello, un verdadero signo de sufrimiento; nunca
se arriesgaría a arruinarlo así. —Porque quería que el fuera el único. Y tal vez…
—Se encoge de hombros levemente, su cabello oscuro se desliza sobre su
hombro—. Tal vez si él se hubiera quedado, podría haberlo sido.
El sabor del café se vuelve amargo en mi boca. Dejo a un lado mi taza y
hundo mis pies debajo de mí. —Pero si él hubiera sido el único, se hubiera
quedado. Y lo sabrías desde el principio. ¿Verdad? Quiero decir, se habría sentido
perfecto. —Es una protesta floja, pero la sola idea de que mi padre podría haberse
convertido en su verdadero amor me desconcierta.
La ligera risa de mi mama llena la habitación. —¿Crees que el amor no se
trabaja? ¿Qué no necesita crecer? —Su cabello se balancea mientras niega con la
cabeza—. Por supuesto que sí.
Me siento sobre los cojines con un jadeo. —¿Honestamente, mamá? Me
sorprende que de todos tú aún creas en el amor.
—¿Por qué? —Sus estrechos ojos se convierten en rendijas oscuras.
—Porque tú… —Doy un suspiro de frustración. No quiero herirla, pero
mi boca sin pensar ya empieza. Ahora no puedo regresarlo—. Todos estos
chicos… —Dejo la frase sin terminar, mirando a otro lado. El calor del fuego
aprieta mis mejillas.
Los ojos de mamá están en mí, quemando aún más mi piel. —¿Porque fallo
en el amor?
Débilmente, asiento. Y ella bebe su café mientras mira al fuego. El tintineo
de su taza contra el plato rompe el silencio. —¿Por qué crees que sigo
intentándolo, Anna? —La tristeza pesa en su suave voz.
Y cuando me atrevo a mirarla, veo las líneas profundizarse alrededor de
sus ojos.
»No, no he encontrado el amor —dice—. No del tipo que dura. Pero está
allá afuera. Y me duele pensar que por mis errores, has llegado a ser tan
256

desconfiada.
Toda mi cara pica con el calor y las ganas de llorar. Jodido infierno, nunca
Página

he llorado tanto en mi vida como en las últimas semanas. Odio eso. Odio el ovillo
de arrepentimiento y la fealdad que toma residencia en mis entrañas.
Pongo mis rodillas contra mi pecho, envolviéndome.
Sin embargo, todavía me siento fría y desequilibrada, como si algo esencial
se escapara de mí.
La voz de mamá se hace más aguda. —Odio decírtelo, pero me recuerdas
a tu padre justo en este momento.
Es como un puñetazo en el estómago. Exhalo una ráfaga de aire. —Eso es
bajo. E injusto. No soy nada como él. Nada. —He trabajado duro para para no ser
como ninguno de ellos.
Sus labios se fruncen mientras sus cejas se levantan. Sabe que me está
cortando. Estoy pagando por lo que le dije. Incluso si no lo admite.
—Bueno —dice—, él también se dio por vencido cuando las cosas se
pusieron difíciles. Nunca quiso intentarlo. Sólo tomó el camino más fácil.
—Si piensas que encuentro algo de esto fácil —digo con dificultad—, estás
equivocada.
Mamá pone su taza sobre la mesa de café. —Tal vez. Pero todavía te sientes
más segura en tu miseria que en salir a jugártela con lo desconocido.
Estoy de pie antes de que pueda pensar hacerlo. —Me voy a la cama.
Mis pies se comen la alfombra de peluche, propulsándome lejos de las
garras de mi madre. Pero su alcance es lejano y no puedo bloquear su última
observación. —Está bien correr, Anna. Pero sólo te sentirás peor por ello.
A veces realmente odio a mi madre.

El sábado por la noche regreso al campus y llego a la conclusión de que


tengo que renunciar a mi trabajo. Lo decido en el momento en que abro un correo
de Dave y leo el horario de comidas. Estoy inscrita para ir al partido de fútbol de
mañana por la noche. ¿Qué demonios?
—Tengo una cosa familiar —dejo escapar cuando llamo a Dave. Sin
embargo, es la excusa más frívola del mundo, es una total mentira. Mis planes
para el fin de semana incluyen hacer un gran lote de brownies, ver una película
que no tiene absolutamente ningún romance, subir por las sábanas y esconderme
allí hasta que las clases empiecen de nuevo.
Él está muy poco cooperador. —Entonces lo debiste decir hace dos
semanas cuando hacía el calendario.
257

—¿No puedo cambiar el turno con alguien más?


Página

—¿Con quién? Tengo todas las manos cubiertas de trabajo. Este es el


último partido antes de los finales.
Otras pérdidas del equipo ha puesto al equipo de Drew en contención.
Algo que todos a excepción mía toman muy enserio. Para Drew, este es uno de
los pasos finales para el Campeonato Nacional. Por un momento fugaz, me
pregunto, cómo se siente, si está nervioso. Entonces recuerdo que me he puesto
una prohibición sobre pensar en Drew. En cuanto al resto del mundo, es de lo
único que pueden hablar. El entusiasmo por el juego y las discusiones sobre las
posibilidades del equipo se han animado por el campus durante semanas.
El tono de Dave está lejos de ser compasivo. —Lo siento pero tienes una
mierda de suerte.
Y es así, que estoy atascada trabajando en la barra de lujo durante el
partido de Drew.
Jodida. Mierda.
Por lo general es un buen trabajo. La barra siempre es cálida, mientras que
todos los que trabajan afuera se congelan sus culos. Yo, simplemente tengo que
acomodar el buffet, la bodega y mantener limpio. Sólo que no puedo evitar ver
el juego. O escucharlo. Nuestra escuela tiene altavoces, dándome la actualización
del progreso de Drew mientras intento concentrarme en mi trabajo.
Los peces gordos de la universidad y sus amigos están relajados,
rellenando sus caras y dando su opinión sobre Drew y sus compañeros de
equipo.
—Grayson se ve bien —dice uno de ellos—. Pero Baylor está apagado. No
sé en qué demonios piensa… ¡Lanza el maldito balón, chico!
Quiero decirle al hombre que cierre la maldita boca o baje al campo y
juegue el mismo. Pero sostengo mi lengua.
—Él está despejado. Johnson está despejado. ¡Lánzalo maldita sea!
La habitación gime mientras el locutor de radio lo llama pase incompleto.
No puedo dejar de mirar. Drew, tanto el hombre real y su doble en los televisores
tiene sus manos en las caderas y mira hacia abajo, a la hierba. Claramente
pronuncia una maldición y luego regresa con su equipo.
—Ha estado apagado en los últimos partidos —insiste el Sr. Lo Sé Todo.
Y aunque el chico a su lado está silencioso al respecto, todavía lo escucho
pronunciar. —Problemas de vaginas.
Jodido cerdo.
Pero, Dios, ¿eso es lo que piensa la gente? Mi estómago se revuelve.
258

Debe ser, porque el cerdo no es el único que se queja que Drew está fuera
del juego. El locutor continúa diciendo cómo Drew no ha sido el mismo desde
Página

hace un mes más o menos. Y la forma en que tiene que concentrarse de nuevo en
ello, porque este juego es brutal.
Y lo es. Cada golpe que Drew toma aprieta todo mi cuerpo en simpatía. La
barra está lo suficientemente cerca para que pueda escuchar el impacto de carne
sobre carne, los gruñidos. El equipo contrario, grandes brutos de Alabama, están
golpeando a Drew y a sus chicos.
Grayson cojea después de una tacleada en particular, claramente tratando
de despejar y Drew es más lento en levantarse cada vez que la defensa se
precipita hacia él. Pero lo mantiene. Está ganando, aunque es obvio que le toma
todo lo que tiene.
Cuando el medio tiempo llega, soy un manojo de nervios. Mi cuello duele
y sólo puedo imaginar cómo se siente Drew. El vívido recuerdo de su cadera y
torso con moretones azules y negros, cruelmente se mete en mi mente. Lo había
besado y lamido a través de su carne maltratada. Y él enredó sus dedos por mi
cabello y me sostuvo como si fuera lo único que importaba.
La verdad se estrella contra mí como una ola rompiéndose, y soy
succionada por el resultado. Él es la única cosa que importa. Lo he sabido, pero
hasta ahora, nunca me deje sentir completamente el vacío de su perdida en mi
vida. El sentimiento es tan duro y fuerte que casi me tambaleo.
Lágrimas queman mis ojos mientras camino de regreso a la pequeña
cocina para conseguir otro plato de alitas de pollo. Mirando fijamente a ciegas
una cuba de salsa de barbacoa, mi cuerpo se adormece, mientras un bulto en mi
garganta amenaza con ahogarme.
Me he convertido en todo lo que siempre he culpado, un don nadie, una
sombra buscando rincones oscuros por temor a ser juzgada. Y lo hice yo misma,
creyendo en la percepción de otras personas sobre mí y escondiéndome como si
no fuera lo suficientemente buena. La peor parte es que pensaba que hacía lo
contrario, que estaba siendo fuerte, no dando una mierda.
Que jodidos. En todo caso, me importa demasiado. Me preocupo por las
opiniones de la gente equivocada, gente sin puta cara que nunca va a significar
nada para mí y sin embargo he estado agachando la cabeza por temor a lo que
piensan.
—Dios. —Mi puño golpea el mostrador. Apoyando las manos sobre él, lo
golpeo una y otra vez, parpadeando para contener las lágrimas. No puedo creer
esto. He sido tan estúpida. Tan ciega—. Dios.
En la otra habitación, los aplausos del público suenan. Inhalo fuertemente
y limpio mis ojos con el dorso de una mano. Una extraña sensación de ligereza
me abraza. Mis hombros se enderezan. Pero en el fondo de mi pecho, todavía
259

duele. El agujero sigue ahí.


Drew. Sólo él puede llenar ese vacío.
Página
Después que el juego termine, iré hacia él. Le diré todo. Rogaré por otra
oportunidad si tengo que hacerlo. Pudimos haber sido tan felices. Estábamos tan bien
juntos. Era demasiado cobarde para creer en eso.
Mientras vuelvo a la barra, me siento maltratada pero más tranquila, como
si hubiera llorado toda la noche pero al final he tomado mi aliento. El juego está
de vuelta y los espectadores se sientan.
Estoy a punto de poner una bandeja en la mesa cuando algo pasa. Es como
si pudiera sentir el peligro. Mi cabeza gira hacia los amplios ventanales al mismo
tiempo que los hombres y las mujeres empiezan a gritar. Todo se ralentiza. Mi
mirada se estrecha en el enorme defensa estrellándose contra Drew, llevándolo
hacia abajo y a un lado, mientras que otro brutal golpe llega desde el lado
opuesto.
Drew cae. Su pierna está mal, sobresale en un ángulo extraño. Y él está
gritando. Es un sonido de cruda agonía que rompe a través de la caja y sobre el
estadio. Toma el aliento de la multitud rugiente, creando un silencio de muerte.
La bandeja se estrella contra el suelo con las piezas de pollo derramándose.
Alguien se da la vuelta y mira. Pero en realidad ya estoy saliendo de la
habitación.

260
Página
Traducido por Kari
Corregido por Florpincha

Anna
Las entrañas del estadio son un caos. Los reporteros y jugadores están en
todas partes. La gente grita, y luego la seguridad del campus está allí. Mi insignia
de catering me lleva lejos, pero no lo suficiente. Me detuve a poco de los
vestuarios por un guardia vigilante.
—Soy su amiga —le grito, frenética. Drew. Drew.
—Tú y todos los demás, dulzura. Danos un descanso y deja que los
médicos lo revisen en paz. —El guardia se mueve para cerrar la puerta, cuando
veo a Gray justo detrás.
—¡Gray! ¡Grayson! ¡Gray! —Estoy gritando.
Se detiene y frunce el ceño a través de la ranura de la puerta al cerrarse.
—¡Por favor, Gray!
Gray todavía está con el ceño fruncido mientras deambula hacia adelante
y pasa más allá de los hombros del guardia. Me agarro a su brazo tan pronto
como está lo suficientemente cerca. Su piel es fría y cubierta de sudor. Junto a mí,
él es una casa, una pared de blanco y rojo en sus almohadillas y uniforme. Su
expresión es triste, asustada, y me asusta más.
—¿Está bien? —Jadeo. Mi agarre en su brazo se aprieta.
La garganta de Gray funciona, y cuando habla es áspero. —Su pierna está
rota. Es malo.
—Oh, Drew —susurro. Su temporada ha terminado. Tal vez su carrera.
Me duele por él. Envolviendo mis brazos alrededor de mi cintura, busco el rostro
de Gray—. ¿Puedes hacerme entrar a verlo?
Los ojos azules y grises se llenan de sospecha. Es como si acabara de
261

recordar que soy el enemigo. No sé cuánto le ha dicho Drew, pero no puede ser
bueno.
Página

—Él no necesita un agravante. Si estás aquí para mirarlo boquiabierta…


—Vete a la mierda. —Le pego a una de sus hombreras—. Vete a la mierda
si es por eso que estoy aquí.
Su cara se tuerce, y da un paso en mi espacio. —¿Por qué estás aquí? Lo
trataste como una mierda. —Debo haber hecho una mueca de dolor porque se
burla—. Si lo sé. No lo querías antes, así que, ¿por qué estás aquí?
—Porque yo… —Mi boca se seca. No voy a decirle esto a Gray. Sólo a
Drew. Pero Gray hace un agujero a través de mi cabeza, y es el único que me
puede llevar con Drew—. Me preocupo por él. —Es verdad, pero no toda la
verdad—. No sé si me necesita o incluso si quiere verme. Pero él necesita a
alguien. Está solo y herido, y yo… —Mi aliento se engancha—. Quiero que sepa
que estoy aquí para él. Yo… no quiero que se sienta solo en este momento.
Gray me mira por lo que parece una eternidad, y luego sus hombros se
hunden. —Mira, no están dejando que nadie lo vea ahora, sólo los entrenadores.
Ellos lo llevan al hospital. Ve a casa —su mirada explora mi frente y me doy
cuenta que estoy cubierta en mostaza con miel y salsa de barbacoa—, toma una
ducha, y yo te recogeré. Podemos ir juntos.

Dejar a Drew atrás es una de las cosas más difíciles que he tenido que
hacer. Estoy temblando en el momento en que llego a casa.
Una hora más tarde, estoy en el camión de Gray, y nos dirigimos al
hospital.
Nuestro silencio es torpe y pesado. Sé que no le agrado a Gray, y no estoy
interesada en por qué no lo hago. La culpa es un ladrillo en mi pecho.
—Te equivocaste con él —dice Gray finalmente.
Me muevo de mi vigilia por la ventana. Y continúa cuando le doy una
mirada inquisitiva. »Drew no duerme alrededor. Como que, no tiene sexo casual.
No desde hace un tiempo.
Debo verme escéptica; y admito, me siento un poco sorprendida, porque
Gray se encoge de hombros. »Sí, fue un poco salvaje por un par de años. Todos
lo hicimos. Y sí, tiene chicas que cuelgan de él a su izquierda y derecha. Pero eso
es todo lo que hacen. Colgar allí.
—Fuera de la bondad de su corazón —no puedo dejar de decir. La visión
del sin fin de candidatas de comerciales de pasta de dientes bailando en mi
cabeza hace que sea un poco difícil de creer.
262

—No —dice Gray con paciencia exagerada—. Más bien como que él es
demasiado vago y tolerante para rechazarlas. Podría perder el tiempo de vez en
Página

cuando, pero no las folla. —Gray resopla cuando levanto mi ceja—. No me creas.
Pero es la verdad. El coach manda mensajes de sexo seguro sobre nuestras
cabezas en una base constante. Drew es una estrella, y la gente va a hacer cosas
locas para conseguir un paseo. Él tiene que estar atento a las acusaciones falsas
de embarazo, posibles gritos de violación, mierdas que la mayoría de los
individuos de la universidad nunca tratan. Y bueno…
—¿Bueno qué?
Gray se rasca detrás de la oreja. —Él se quemó. Al comienzo del tercer año.
Con Jenny —esto viene como una mala palabra—. Drew y Jenny estuvieron
juntos desde el final del segundo año. Ella quería casarse.
—¿Cuando tenían veinte? —grito prácticamente—. Eso es una locura.
Él asiente como si estuviera predicándole al coro. —Eso es lo que Drew le
dijo. Pero Jenny quería un seguro que él no dormiría alrededor, encontrar a otra
chica, como si eso fuera remotamente el estilo de Drew. Cuando Drew dijo que
no, que eran demasiado jóvenes. Ella le dio un ultimátum y él siguió.
—Bueno, es sin duda una desafortunada historia…
—Una semana después —interrumpió Gray—, Jenny le dijo a cualquiera
quien quisiera escucharlo cómo Drew la dejó porque él estaba estresado por el
fútbol. Que tenía miedo de perder. Que su brazo estaba “en agonía” después de
cada práctica. Mostró a la gente sus mensajes de texto. Seleccionando los que
torcían la verdad para sus propósitos.
—Esa perra.
La expresión de Gray se vuelve fea. —Lo dijiste. Y ellos escucharon. La
prensa. Otros equipos. Expones un indicio de debilidad, y ellos saltan. Drew fue
golpeado durante cada partido que teníamos. Ahora, con cada chica con la que
está, él tiene que preguntarse si ella lo va a vender.
Me hundo en el asiento de cuero, desinflada. —¿Por qué me cuentas todo
esto? —Miro a Gray—. Quiero decir, ¿no deberías estar velando por su espalda,
en lugar de derramando sus secretos?
—Estoy viendo por su espalda. Necesitas saber que él no es un jugador. Y
si eso es todo lo que eres después…
—Hay cosas sobre mí que Drew tenía incorrectas también —chasqueo,
pero luego me encorvo—. No te lo voy a decir. Pero él es más para mí que sólo…
—¿Una follada?
Mi cara llamea. —¿De verdad? ¿Realmente acabas de decirme eso?
263

Él ríe. —Vale la pena para verte encogerte.


Página
Mientras le arreglan el hueso a Drew, Gray y yo nos sentamos en el
vestíbulo. Lejos, un grupo de chicas omnipresentes se pasean como espectros,
esperando claramente por noticias de él. Sueltan risitas cuando capturan la vista
de nosotros, y yo ruedo mis ojos.
—Disculpa —dice una de ellas, su voz nada salvo educada—. ¿Eres la
Gran Gallina Roja?
Mi cara hormiguea. A mi lado, Gray murmura algo grosero en voz baja y
frota su gran mano sobre sus ojos. ¿Es eso lo que la gente me ha estado llamando?
Iris y George me han refugiado, me mantienen fuera de las redes sociales, pero
sé que se ha hablado. La mayor parte es feo.
Poco a poco me vuelvo. Hay cuatro de ellas. Bronceadas, delgadas, con
aire satisfecho.
—No —le digo—. Soy Anna Jones.
Un delineado intenso sonríe. —Si exacto. No puedo creer que estés aquí.
¿No es eso un poco patético? Drew te dejó.
Gray se desplaza en su asiento, haciendo una mueca. Me quedo de piedra
todavía. Hay mucho que decir sobre quién y lo que es patético en este escenario.
Y, sí, una parte de mí siente el peso caliente y familiar de la humillación y quiere
esconderse de ella.
Pero tomo una respiración profunda y abordo lo que es realmente
importante aquí. —En serio, ¿qué te pasa? ¿Te he dado alguna razón para ser una
perra conmigo? ¿Sabes qué? —digo cuando abre la boca—, no me importa. Ya he
terminado con todas ustedes. Váyanse a la mierda ahora. ¡Vamos, a volar monos!
¡Vuelen! —Hago movimientos fugaces con las manos hasta que todas se vuelven
de color remolacha roja y acechan fuera, murmurando varios insultos en voz baja.
A mi lado, Gray se ríe en su puño. —Las mujeres son malvadas.
—Las mujeres son impresionantes —respondo, sin mirarlo porque todavía
estoy molesta—. Sólo has estado sobreexpuesto a lo peor de nuestro género.
Él gruñe en reconocimiento, y esperamos en silencio. Por el momento
Drew descansa en su habitación y no se le permiten visitas, su entrenador ya ha
llegado y se alza como un grifo, bloqueando la entrada de la puerta. Cuando Gray
me acompaña hasta la habitación de Drew, su entrenador da un paso adelante.
Medio esperaba que tirara a Gandalf y al estado, “¡No pasarán!”
Lo qué básicamente hace, aunque su entrega tiene la cortesía sureña para
suavizar el golpe. —Lo siento, jovencita, pero no hay visitantes. Es mejor que
264

vayas a casa ahora.


Página
Por desgracia para él, no estoy con mucho ánimo para las cortesías
sociales. —No me iré hasta que vea a Drew. Él me puede decir que me vaya si
quiere.
El entrenador es un hombre grande, y cuando cruza los brazos sobre su
pecho y separa sus pies, bloquea toda la puerta. —Drew no está en la posición de
tomar esa decisión. Estoy haciéndolo por él. No puedes entrar.
Sonrío al entrenador, gratamente como si tuviera todo el tiempo del
mundo. —No soy una de tus jugadores o tu hija. No tienes ninguna autoridad
para decirme lo que puedo y no puedo hacer.
—Mira, jovencita…
—No —le interrumpo—, utilices ese título misógino condescendiente en
mí otra vez. Puedes llamarme Anna, o señorita Jones si quieres ser formal. Pero
jovencita está fuera de la mesa. —Levanto una ceja—. A menos que te guste ser
llamado “hombre viejo”, que sería el insulto equivalente.
A mi lado, Gray se aclara la garganta varias veces, rápidas, pero no le doy
una mirada. El entrenador de Drew me está mirando como si me hubieran
crecido dos cabezas. —Bueno —dice con una voz un poco ahogada—, supongo
que me pusiste en mi lugar.
—No estoy tratando de hacer nada más que llegar a Drew.
—Entrenador —interviene Gray—, ella es la chica de Drew.
La chica de Drew. No realmente. Eso duele demasiado.
—La razón por la que ha estado jugando como un herido ambulante 13,
quieres decir. —Los ojos del entrenador Smith son duros para mí, por lo que me
dan ganas de retorcerme.
—Lo que significa que probablemente se sentirá un infierno de mucho
mejor si la ve a ella en vez de a nosotros —dice Gray.
Quiero abrazarlo, aunque no estoy tan segura de que tenga razón.
El entrenador Smith parece pensar lo mismo.
—Voy a entrar ahí —le digo—. Trata de detenerme, y se va a poner feo.
Esta vez, la risa reprimida de Gray no es tan efectiva. Las cejas del
entrenador Smith suben, pero se hace a un lado. —Sí que eres insistente. De todos
modos.
Me muevo a la puerta cuando él se acerca. —Pero si oigo algún ataque de
histeria, te estoy cargando sobre mi hombro y te llevaré de aquí, señorita Jones.
265
Página

Walking wounded: es una persona que ha sido herida o dañada psicológicamente por sus
13

experiencias en la vida.
Tengo que amar a un hombre que protege a sus jugadores como si fueran
suyos. Asiento y luego abro la puerta de la habitación de Drew.
El aire frío y el olor a antiséptico golpearon mi cara mientras camino
dentro. Al sonido de la puerta abriéndose, vuelve la cabeza, pero es un
movimiento frustrado, y rápidamente aleja la mirada. Su cama se eleva al final
para que su pierna rota pueda descansar más alta que su cabeza. La luz solar
desvaneciéndose convierte la imagen en la ventana en un lienzo naranja, y en
contra de ella, el perfil de Drew es afilado y limpio. El abanico de sus pestañas es
tocado en oro mientras parpadea. Pero el resto de su cuerpo está quieto. Tan
quieto. Y a pesar de que es un tipo grande, la cama del hospital le disminuye.
Él no se mueve mientras camino más cerca, pero traga rápidamente,
haciendo una serie de ruidos de chasquidos en la garganta. Sus fosas nasales se
ensanchan, y un temblor trabaja sobre él. Trata tan duro para no dejarlo ir. Y me
mata.
No lo hago girarse, pero rodeo la cama hacia su lado bueno. Para
enfrentarlo. El chasquido en su garganta se hace más fuerte. Aspira aire por la
nariz. Dios, está pálido y maltratado.
—Drew. —Mi voz es un soplo, y su labio inferior tiembla. Su mirada lanza
dardos alrededor como si no supiera dónde buscar y está a punto de romperse.
Me hundo a su lado, y un suspiro tembloroso es arrancado de él. Está
moviendo la cabeza como para decir no, no, no, y su rostro se pone más y más
rojo. Suavemente, acuno su mejilla. Los ojos de Drew se cierran apretadamente
mientras se inclina en mi palma, y una lágrima fugaz sale.
—Bebé —le susurro, llena de angustia por él.
Un sollozo escapa. Cae en mí, su cabeza cavándose contra mi pecho
mientras sus manos se aferran a la parte de atrás de mi camisa. Lo acerco mientras
él lo suelta. Los sonidos rotos, todo su cuerpo sollozando, desgarrándose en mí.
Me curvo alrededor de su torso, protegiéndolo con lo poco que tengo mientras
llora.
No digo una palabra, no trato de decirle que está bien, porque no lo está
en este momento. Sólo puedo pasar mis dedos por su pelo, acariciar su ancha
espalda, y mecerlo lentamente. Su agarre en mi camisa tira con fuerza como si
fuera su tabla de salvación. Y me acurruco más cerca para que pueda sentirlo
todo de mí. Soy una pared. Nadie puede llegar a través de mí ahora. Lo protegeré
con todo lo que tengo.
Pierdo la noción del tiempo, y mi pierna empieza a entumecerse. Pero no
266

me quejo. Pronto se pone pesado contra mí. Pero sé que está despierto. Sus
pestañas cosquillean en mi cuello mientras parpadea.
Página
—Lo siento mucho, Drew —le susurro por fin, y no se trata sólo de su
pierna.
Y tal vez lo escucha porque un suspiro tembloroso lo abandona. Le beso
la sien, la húmeda elevación de su pómulo, la frente, todo el tiempo
acariciándolo. Un toque suave a lo largo de su cuello, por encima del hombro, la
mandíbula. —Lo siento mucho —le digo de nuevo.
Abre su gran mano y la presiona contra la parte baja de mi espalda. Siento
el calor de sus labios en mi cuello, y su respiración.
—Lo siento mucho, Drew.
—Anna. —Es sólo mi nombre. Sin embargo oigo la paz en el mismo. Y la
necesidad.
Nos sostenemos entre sí. Y no voy a dejarlo ir.

267
Página
Traducido por Amélie.
Corregido por Clari

Anna
Me quedo con Drew hasta que el personal del hospital me echa. Y vuelvo
por la mañana para quedarme con él de nuevo. No decimos mucho. Me siento en
el sillón grande que he dejado al lado de su cama. A veces sostengo su mano. A
veces sólo se sienta y juega con mis dedos mientras mira fijamente por la ventana
con una expresión pensativa. Le leo a Emerson, lento y bajo, y sólo para sus oídos.
Cuando se queda quieto y en silencio, me detengo.
—Más. —Su voz es oxidada y suave, y su mano envuelve la mía en un
agarre cálido.
Leo hasta que se duerme. Pero no lo dejo. No puedo. Estando cerca de esta
manera pone de relieve lo vacía que me he sentido sin él. Conozco a este hombre
en muchos niveles minúsculos. En formas en que no me di cuenta, la cadencia de
su aliento, el olor de su piel, la forma en que siempre hace un pequeño sonido en
su garganta cuando cambia de posición en la cama. Pequeños fragmentos de
información que hacen a Drew totalmente único.
Su habitación del hospital rápidamente toma el parecido a una floristería.
Aparentemente interminables ramos de “Mejórate” son traídos por enfermeras
radiantes. Nada de eso hace a Drew siquiera esbozar una sonrisa. Cuando una
enfermera maniobra con un globo en forma de balón de fútbol combinado con
flores, él chasquea.
—Llévatelos. —Sus manos moviéndose con molestia—. Llévatelos todos.
—Mira a la enfermera sorprendida, y su expresión se vuelve dolorosa—. Por
favor, sólo dáselos a las personas que necesitan un poco de alegría. Tiene que
haber un montón de candidatos en este lugar.
La enfermera, que es obviamente una fan, le sonríe a Drew como si fuera
un Dios.
268

—Bueno, por supuesto que hay. ¿No es dulce que sugieras eso?
Sólo puedo oírlo murmurar—: Más bien enfermo del maldito husmeo. —
Página

Y lucho por mantener mi sonrisa oculta.


—Si vienen más, ¿puedes hacer lo mismo? —Es todo lo que pide.
La enfermera está de acuerdo, pero cuando toma el jarrón más cercano a
Drew, la para con un rápido—: Espera. —La cama cruje debajo suyo mientras se
inclina y arranca un pequeño capullo de rosa amarillo del florero. Rompe el tallo,
dejando sólo unos dos centímetros, y luego, sin ceremonia, mete la rosa en mi
coleta alta. Me sonrojo, y la enfermera sonríe de nuevo, pero Drew meramente
cae de nuevo en sus almohadas, cruzando los brazos sobre su amplio pecho y
mira al televisor, que ni siquiera está encendido.
—Él es un encantador natural —dice la enfermera, como si fuera una
madre orgullosa.
—Oh, sí —murmuro, sonriéndole a Drew, quien ahora está
sonrojándose—. Sobre todo cuando está de mal humor.
—Hum… —Las cejas de Drew se fruncen juntas—. Prefiero mirarte a ti,
de todos modos.
Suspirando felizmente, la enfermera sale, sin ver crispar la boca de Drew
en las esquinas. Pero yo sí, y una vez que se ha ido, me inclino y lo beso en la
mejilla con un rastro de barba cubriéndola.
—Gracias —susurro—. Estaba tratando de no estornudar con todas esas
flores. —Sé exactamente por qué odia verlas, pero estoy feliz de fingir que era la
única que no las quería.
La cabeza de Drew se inclina hacia atrás mientras cierra los ojos.
—Sólo quiero salir de aquí.
—Lo sé. —Suavemente, corro mis dedos hacia arriba y hacia abajo por su
antebrazo. Me encanta la apretada, textura satinada de su piel; lo podría tocar
indefinidamente. Pero una sombra en la ventana de la puerta me llama la
atención—. Parece que los chicos están aquí para verte.
Drew se tambalea, sus ojos salvajes.
—Oh, mierda no.
—¿Qué quieres decir con ‘no’?
—Deshazte de ellos, Anna. —Luce aterrado.
—Drew, no voy a decirles que se vayan. Deben estar preocupados por ti.
Agarra mi mano.
—No quiero que me vean así. —Sus párpados bajan, su mirada yendo
269

lejos—. No quiero oír sobre el juego. O enfrentarlos. ¡Mierda!


Debido a que Gray ya va entrando con lo que parece todo el equipo. Evado
Página

la mano de Drew, me levanto y me inclino sobre él.


—Estos chicos te quieren. Y tú los quieres a ellos. No olvides eso. —Lo
beso en la mejilla y finjo que no lo veo mirándome como si fuera una traidora
mientras camino por la puerta.

270
Página
Drew
Mantengo mis ojos en el culo respingón de Anna mientras se escabulle de
la habitación. Mujer traicionera. Con ella saliendo, tengo que enfrentar a los
chicos, quienes están entrando como si fueran a un maldito funeral. Y no es así,
¿cierto? Damas y caballeros, la muerte de la carrera universitaria de Drew Baylor.
Desafortunadamente, él no salió en un resplandor de gloria, luz y fans gritando.
No, fue sacado, gritando de dolor y con ganas de llorar por su mamá. Mierda.
Nadie dice nada mientras entran, un desfile de piernas llenando mi punto
de vista, y el olor a desodorante, gel de ducha, y el olor débil de lo que sólo puedo
describir como “fútbol” que persiste en ellos llena mi nariz.
Mierda. Mierda. Mierda.
Tengo que mirar hacia arriba. Me duele el cuello al hacerlo. Mis ojos arden
mientras lucho para mantenerlos abiertos. Los corredores me rodean, los
sustitutos y segundos se derraman en el exterior del pasillo.
—Hola —digo a nadie en particular.
Un gruñido de—: Hola, Battle. —Es devuelto.
Es tan torpe, estoy ahogándome en él. Debajo de la sábana, aprieto mis
puños. No miro a los ojos de mis chicos, y ellos tampoco a los míos. Gray se
adelanta y se deja caer en el asiento que Anna dejó vacante.
—Jesús, que alguien cuente una broma o algo así.
Un par de chicos se ríen nerviosamente. El siguiente silencio es
ensordecedor.
—Oye —dice Gray en el vacío—, ¿cómo sabe Darth Vader qué consiguió
Luke para Navidad? ¡Él sintió sus regalos!
Todo el mundo se queja de eso.
—Vaya mierda, Gray-Gray.
Pero están riéndose más. Rolondo se adelanta y golpea mi hombro. Duro.
—¿Estás bien, hombre? —Hace una mueca—. Aparte de tu pierna
reventada.
Nos miramos a los ojos por un rato y luego, nos reímos. No
completamente, pero es suficiente por ahora.
—Sí. Aparte de mi pierna reventada. Y apestando a hospital.
271

—Esa niñera tuya no puede doler —dice Dex con una sonrisa.
Página

Alguien tose:
—Escarlata.
Ruedo los ojos, pero no estoy tocando eso.
La sonrisa de Dex se desvanece.
—Les pateamos el culo, Drew.
—Por ti, hombre —añade Simms. Furia hierve a fuego lento en sus ojos, y
en los ojos de mis chicos mientras miro a su alrededor. Por un breve momento,
casi lo siento por los jugadores que deben haber sido golpeados. Pero entonces,
recuerdo por qué y un dolor aprieta mis entrañas. No quiero ser parte del equipo
Gipper.
—Hijos de puta se lo merecían —dice el mariscal. Una queja más fuerte
corre a través de la habitación.
—¿Estamos en las finales, entonces? —logro preguntar.
Nadie me mira a continuación.
—Sí.
Sin mí. No me necesitan, después de todo. ¿Es mezquino que se sienta
como una patada en el estómago? Sí. Pero les digo lo que necesitan oír. Tomando
una respiración profunda, me obligo a que las palabras salgan con convicción,
para hacer frente a todos y cada uno de sus ojos.
—Y ustedes les patearán el culo.
Un sonido de acuerdo pasa por la habitación, pero es poco entusiasta.
Gracias a Dios, o quien sea que esté escuchando mis súplicas, que la
enfermera teje a través de la multitud y comienza a echar a todos. Y se van.
Después de haber estado en el otro lado de este tipo de visitas, sé lo tanto que
quieren escapar. Quiero seguirlos.
Uno tras otro, vienen hacia adelante, me dan una palmadita en el brazo o
el hombro con un murmurado—: Mejórate. —O algún equivalente. Y cada vez,
se siente como otro clavo en mi ataúd. Por el momento es sólo Gray, quiero estar
solo, estoy sudando. Tacha eso, quiero a Anna. Quiero perderme en su aroma
cálido, su voz dulce, o simplemente su piel suave.
Pero Gray se rezaga. Frunce el ceño, abre la boca, la cierra, y luego, lo
intenta de nuevo.
—Ganamos porque nuestra defensa les cerró. No marcamos otro punto de
mierda. Nuestra productividad ofensiva se fue al infierno cuando te sacaron.
272

Mi garganta se cierra, y estudio el tejido de la delgada manta del hospital.


—Eres uno de los grandes, Drew. No lo olvides.
Página

—Era —murmuro.
Da un paso más cerca, entrando en mi campo de visión.
—Eres. —Su expresión es feroz—. No has terminado todavía.
Anna entra pero se detiene, su mirada va a mí, y luego a Gray, y se cierne,
claramente preocupada de estar interrumpiendo algo. Gray la mira, pero luego
me mira. Moviéndose más rápido de lo esperado, se extiende y despeina mi
cabello, dándole a mi cabeza un pequeño empujón al final.
—Te quiero, gruesa cabeza de bastardo. —La voz de Gray es desigual, y
me doy cuenta, entonces, cómo de asustado ha estado. Yo habría estado
demasiado, si hubiera visto su pierna rota como una ramita.
—Lo mismo aquí —digo, algo se atasca en mi garganta.
Él se retira rápidamente, dándole a Anna una pequeña sonrisa.
—Cuida de nuestro chico. Nos vemos mañana, Drew.
Mañana. Cuando por fin seré libre de este lugar. A pesar de que estoy
contando los segundos, una ola de pánico negro se hunde alrededor de los bordes
de mi visión.
Anna vuelve a sentarse. Tomo su mano y no la dejo ir.

273
Página
Anna
En la noche, cuando me echaron de la habitación de Drew una vez más,
agarro sus llaves y voy a su casa. Sí, estoy básicamente forzando una casa, pero
toca hacerlo. El coche de Drew está en el garaje, uno de sus compañeros de
equipo, presumiblemente, lo trajo con la llave de repuesto. La luz del porche está
encendida, al igual que la luz de la cocina, apenas visible en la parte posterior.
Me anima que alguien se preocupara lo suficiente como para proteger su casa de
esa manera.
Acarreando mi carga de provisiones con una mano, apoyo la cadera contra
la puerta y entro. Estoy a mitad de camino a través de la sala cuando una forma
masiva levanta la vista de la cocina. Naturalmente, grito y lanzo las llaves a mi
atacante. Con un tintineo rebotan en el centro de la frente de Gray Grayson antes
de traquetear en el suelo.
—¿Qué mierda? —Se agarra la cabeza y me mira ferozmente.
Avergonzada, y con mi corazón acelerado, respondo de vuelta.
—La mayoría de la gente esquiva.
—¿Sí? —Todavía frunciéndome el ceño, agarra las llaves con una mano—
. La mayoría de la gente no irrumpe en las casas y lanzan las llaves a las cabezas
de víctimas inocentes.
Desde que las bolsas de los comestibles están cortándome la circulación
de mi mano, me empujo más allá de él y las pongo en el mostrador.
—Si tengo las llaves, no estoy forzando una casa, ¿no?
Gray entra en la cocina, donde una olla de algo se está cocinando en la
estufa. Huele fantástico.
—No sé. —Me mira, sospechoso—. ¿Le preguntaste a Drew si podías usar
sus llaves para entrar en su casa?
Pillada.
Me encojo de hombros.
—Drew estaba ocupado en otra cosa. —Empiezo a descargar los víveres—
. Tuve la buena intención de venir aquí, limpiar y hacerle un poco de comida para
la semana. Pero no sabía que ya tenía un chef residente.
Sorprendentemente, Gray sonríe ampliamente.
274

—Es un sistema de trueque simple. Cocino y Drew me deja pasar el rato.


Página
La idea de que Gray sienta la necesidad de hacer un trueque por la
compañía de Drew tiene a mi corazón apretándose por el chico. Sé que no confía
en mí, pero me gusta.
Tomo otro vistazo a la olla.
—¿Qué cocinas?
—Sopa. —Gray se mueve como si fuera una cerveza frágil.
—¿De qué? —le pregunto, mis labios retorciéndose.
—Frijoles blancos con chorizo y maíz.
Mi estómago gruñe, en realidad. No he comido en todo el día.
—Dios, me encanta la sopa.
Por la expresión complacida de Gray, sé que he dicho algo bien.
Inclinándome hacia delante para coger otro olor, casi bailo con
impaciencia.
—¿Cuándo va a estar listo?
Las rubias cejas de Gray se levantan en fingida ofensa.
—Esto de aquí es para Drew, mujer. Haz tu propia cena.
—Oh, vamos. Un tazón no va a doler. Además —saco una bolsa de
manzanas—, tengo la intención de hacer pasteles. Estoy bastante segura de que
puedo hacer un trueque por la cena.
Con los ojos brillantes, Gray se lame los labios.
—¿Realmente puedes hornear?
—¿Puedo hornear? ¿En serio me acabas de preguntar eso?
—Ah… —Alza las manos en señal de rendición—. ¿Preguntarte qué? No
recuerdo haber dicho otra cosa además de que tenemos un trato.
Chico inteligente. Entonces, sonrío.
—Bien. Y cuando hayamos terminado, me puedes ayudar a limpiar.
—Tenía que enamorarse de una luchadora —murmura Gray en voz baja.
Pero también está sonriendo. Y nos llevamos muy bien después de eso.
275
Página
Traducido por gabyguzman8
Corregido por Clari

Anna
Drew se destapa para irse, y lo hace como si hubiera salido de una cárcel.
—¡Finalmente! ¿Dónde está mi ropa?
El médico ríe ante su entusiasmo. Más aún, cuando Drew deja su cama y
va cojeando hacia el baño, la parte posterior de su bata de hospital aleteando en
su prisa y mostrando su culo desnudo al mundo. Ruedo los ojos mientras Gray
resopla. Él y el entrenador de Drew están aquí.
Drew regresa, vestido con pantalones cortos de baloncesto holgados y una
camisa de manga larga de algodón que abraza su delgada figura.
—No puedo esperar para salir de aquí.
—Me preocuparé por ti si te gustó el hospital —dice el entrenador Smith
con una pequeña sonrisa. Es un hombre severo, pero puedo ver su afecto por
Drew.
Todo va bien hasta que una enfermera llega con una silla de ruedas. —
¿Listo para ir a casa, Sr. Baylor?
Drew mira la silla como si fuera una serpiente. —Sí. Pero no voy a subirme
en eso.
Ella le da una sonrisa paciente. —Reglamento del hospital, me temo.
Incluso para ti. —Hay acero en la mirada que fija en él, y el ceño fruncido de
Drew crece porque todos sabemos que no va a discutir con ella.
—Bien. —Da saltitos desde su cama y se gira a la posición en una pierna.
No mira a nadie mientras la enfermera acomoda su pie en el apoya pies y le da
una palmadita amistosa en el brazo.
—¿Todo listo?
276

—Sí. —Odia estar en silla de ruedas. Cada línea de su cuerpo, su mirada


hosca, irradian ese hecho. Mi abuelo hubiera llamado histérica la expresión de
Página

Drew.
—Bien. Ahora, sólo necesito saber que tienes a alguien cuidándote en tu
casa por los próximos días.
La barbilla de Drew se alza de golpe mientras un leve rubor inunda sus
mejillas.
—No necesito a alguien cuidándome. Estoy bien.
Una vez más, la enfermera utiliza su sonrisa paciente-no-proteste-
conmigo.
—No quiero volver a verlo por aquí, Sr. Baylor. Dese un tiempo para
acostumbrarse a sus muletas antes de ir por su cuenta.
Drew se pone más colorado, con las manos curvándose en puños
apretados. Sus dientes destellan en una mueca. He visto esa mirada antes. Justo
antes de que explotara conmigo. Me meto.
—Estaré cuidando a Drew.
Su mirada me penetra como una pervertida hoz.
—No.
Se hace eco a través del aire, duro y feo. Y mi espalda empieza ponerse tan
tensa que se siente como si mi columna vertebral fuera una barra de acero.
—Sí, lo estaré.
Las fosas nasales de Drew se ensanchan.
—No quiero tu compasión. —Si las palabras fueran uñas, habría sido
perforada.
Aparento un largo suspiro.
—Correcto. Gray, elimina “la lástima por Drew” de mi lista de cosas por
hacer, ¿podrías?
Gray se ahoga reprimiendo una risa, y el entrenador Smith tiene un
repentino interés en sus zapatos. Los ojos de Drew se estrechan en rendijas y,
durante un buen rato, estoy segura de que va a gritar, pero su boca comienza a
crisparse.
—Te dije que era un culo inteligente —le dice a Gray.
—Eh —Gray se rasca la parte posterior de la cabeza—, podría haber jurado
que dijiste “dolor en el culo”.
La enfermera escoge ese momento para entrometerse.
277

—¿Está todo claro, entonces?


—Voy a traer el auto —digo. Ya era bastante malo que Drew tenga que ser
Página

rodado afuera. Vigilarlo no lo hará sentir bien.


—Anna…
Corto a Drew antes de pueda reanudar sus objeciones con lo de la lástima.
—Si fuera yo —le digo—, ¿harías lo mismo?
Todo el mundo se queda en silencio. Si pensé que las cosas eran incómodas
antes, subestimaba gravemente el concepto. Porque, ¿qué si dice que no? ¿Y si no
quiere estar conmigo nunca más? ¿Siente algo por mí?
—Sí. —Lo dice tan suavemente, pero con tanta fuerza, que mi respiración
se traba. Sus oscuros ojos miran los míos—. Sí.
Y de repente, todo lo demás se desvanece. Sólo somos nosotros en la
habitación.
—¿Y si necesitara ayuda, pero no quisiera pedirla? —pregunto.
Su pecho se levanta en una respiración mientras me mira.
—Yo nunca te dejaría.
Me duele tragar, y mi voz sale más áspera de lo que debería.
—Entonces, no me lo pidas a mí.
Cuando asiente, evade mi mirada, pero sé que es porque hay demasiadas
personas en la habitación.
—Ve por el coche.

278
Página
Drew
Regresar a casa nunca se ha sentido tan bien. Desde antes de que mis
padres murieran, no he experimentado tal alivio al entrar en mi casa. Es cálido,
tranquilo, y el olor del cuero y limpieza general me rodean mientras cojeo a la
sala, mis muletas chocando con un ruido sordo contra el suelo de madera pulida.
Me detengo y miro alrededor antes de pasar a Anna, que ha tomado un interés
extremo en un punto remoto en la pared.
—Limpiaste. —Toda la casa brilla.
Se encoge de hombros.
—¿A quién le gusta volver a una casa desordenada?
—Anna, no tenías que…
—Si me dices que no tengo que ayudarte una vez más, yo… —Su nariz
adorable se arruga mientras se va apagando en una pérdida.
—Tú, ¿qué? —bromeo—. ¿Me golpearás? ¿Con un rodillazo en mis
pelotas?
Una ceja castaño rojizo se levanta, mientras me mira, su mirada
deteniéndose en mi pecho.
—Te retorceré un pezón muy fuerte.
Resoplo, pero mi pecho crece caliente. Cristo, la idea de Anna pellizcando
mi pezón me tiene fuera de mí.
—Siempre y cuando tenga la oportunidad de devolver el favor, Jones.
Justo como había esperado, se sonroja.
—Pervertido.
—Prefiero libertino igualitario. —Doy un porrazo más en la habitación y
dejo a un lado mis muletas antes de desplomarme en el sofá. El cuero acolchado
a mi alrededor, una comodidad familiar en la que me hundo. Esperaba que Anna
me siga; ha estado merodeando encima de mí como si tuviera miedo de que me
mueva. Pero todavía está de pie junto a la puerta y me mira con una expresión
extraña, su boca porta una media sonrisa nerviosa.
—¿Qué? —Me muevo un poco en mi asiento, arrastrando mi pierna
lesionada para descansar en la tumbona. Ahora que estamos solos y no distraídos
por cosas como monitores del hospital, enfermeras que iban y venían, y mi dolor
279

intenso, hay una cierta cantidad de incomodidad entre nosotros. Ella ha roto mi
corazón, y me prometí mantenerme alejado. Una declaración que se derrumbó
Página

como arena seca en el segundo que entró en mi habitación del hospital y me miró
como si fuera la cosa más importante en su vida. He estado esperando meses por
esa mirada. Pero eso no borra todo.
—Nada —dice, todavía mirándome—, sólo extrañaba tu humor.
He echado de menos mucho más de ella.
—La mayoría de la gente realmente no entiende mi humor —digo en su
lugar.
Y entonces, sonríe plenamente.
—Me lo creo.
Finalmente, entra en la casa, cerrando la puerta detrás de ella. Es el
momento en que me doy cuenta de la pequeña bolsa en su mano. Se ruboriza
cuando veo eso.
—Pensé que tal vez… —Su rubor empieza a bajar por su cuello—. Bueno,
tal vez te gustaría un poco de compañía por un tiempo.
Así que, también, está insegura. Debería preguntarle en este momento, lo
que espera de mí. Si quiere lo que teníamos antes, me matará. No puedo volver
a eso. Pero tiene que saberlo. Y se quedó a mi lado en el hospital, cuando antes
habría corrido en la dirección contraria.
El momento se extiende, y ella se desplaza de un pie a otro, su expresión
volviéndose contraída y pálida como si estuviera asustada de que le diré no, que
le diré que se vaya ahora mismo. Eso no pasará.
—Te quiero, Anna —digo en voz baja—. Siempre lo hago. Si quieres
quedarte, tienes que saber que también quiero eso.
Sus pestañas parpadean hacia abajo, ocultándome sus ojos mientras me da
un asentimiento enérgico.
—Eso es lo que quiero. —La respuesta es apenas un susurro, pero lo
escucho y mi cuerpo responde con una oleada de calidez y satisfacción.
—Bueno, entonces… —No sé qué decir exactamente. Trae tu dulce culo
aquí y siéntate en mi regazo, probablemente sonaría demasiado necesitado,
incluso si eso es lo que anhelo. Demonios, ha pasado más de un mes desde que
la he tocado correctamente.
Anna, sin embargo, tiene otras cosas en su mente.
—¿Quieres algo de comer?
Detrás del olor familiar de casa, algo salado y algo dulce permanece en el
280

aire.
—¿Gray estuvo aquí?
Página

Resopla, entrando en la cocina.


—Supón que fue Gray quien cocinó. Sí, él estuvo aquí, también.
Me imagino a Anna y Gray en mi casa juntos y frunzo el ceño. Mientras
los médicos me armaban de nuevo, ellos seguían adelante con su vida. Ninguna
de sus vidas ha sido rota en pedazos. Y la diferencia entre ellos y yo es
dolorosamente clara.
Inconsciente de mi creciente ansiedad, me mira oblicuamente.
—Tendrías que haberme dicho que tenías un chef personal. No me hubiera
molestado.
Me giro en mi asiento para mirarla por completo.
—¿Cocinaste para mí?
—No te veas tan conmocionado. Lo he hecho antes. —Ahora, tiene el ceño
fruncido.
—Estoy aún más agradecido, Anna.
Mi honestidad es recompensada por su rubor.
—En realidad, no cociné. Gray lo hizo. Te cocinó sopa de frijoles. —Sus
labios se contraen—. Dijo que los analgésicos podrían dejarte 'atascado' y en un
estado en el que necesitarías un poco de fibra.
—Ese idiota.
Ríe.
—¿Qué? ¿No hay necesidad?
—Apenas. Pero me estoy muriendo de hambre, así que, no estoy
rechazando su maldita sopa.
—Sin vergüenza. —Su expresión es descarada mientras va por un tazón—
. Yo horneé.
—Ella hornea. —Sonrío al techo, ganándome una rodada de ojos de
Anna—. ¿Qué me horneaste, Jones?
—Tarta de manzana.
—Impresionante. Trae eso, también. —Ahora que estoy fuera de ese
asqueroso hospital de comida sin sabor, estoy tan hambriento que podría comer
toda la tarta. Y que Anna lo haya hecho para mí hace que sea aún mejor.
Cualquiera que sea el caso, se preocupó lo suficiente como para limpiar mi casa,
hornearme una tarta, y permanecer a mi lado.
281

Los sonidos de ella revoloteando alrededor de mi cocina, recalentando la


sopa y consiguiendo una bandeja lista me da sueño. Me relajo contra el sofá, mis
párpados poniéndose pesados. Se siente bien tenerla aquí, como si la casa fuera
Página

de repente un hogar completo. Un pensamiento estúpido como para fijarse en él,


porque sólo está aquí por un tiempo. Pero sé, en mis huesos, que la quiero aquí
para siempre. Tengo veintitrés años, mi vida cuidadosamente construida acaba
de ser hecha pedazos, y a pesar de eso, sé con toda claridad que no quiero volver
a separarme de Anna Jones.
La veo caminar hacia mí, y se me aprieta el pecho. Está pálida por falta de
sueño, su pelo rojo volando salvajemente en todas las direcciones, no está en su
mejor momento, y sigue siendo la mujer más hermosa que he visto en mi vida.
—Se supone que debes estar elevando esa pierna. —Pone la bandeja
cargada sobre la mesa antes de tomar algunas almohadas del sofá y meterlas bajo
mi pierna. No es que llegue lejos. Un gruñido de fastidio se le escapa mientras
trata de levantar cuidadosamente mi pierna y lucha—. Jesús, es como la rama de
un árbol —gruñe.
Resoplo y la ayudo a transportar el peso muerto que es mi pierna, para
que pueda colocar las almohadas debajo.
—¿Eso significa que no vas a llevarme a la cama?
Niega con la cabeza, reprimiendo una sonrisa, pero luego me llama la
atención.
—¿Estás cansado?
—Sí. —El agotamiento me tiene por las pelotas. Si me lo permito, me
hundiría y estaría fuera durante semanas—. Pero todo lo que he estado haciendo
es dormir.
Asiente en comprensión y desliza otra almohada detrás de mi espalda.
—Entonces, vamos a pasar el rato por un tiempo.
Antes de ir a la cama. Juntos. Y aunque, estoy sintiéndome como mierda
afiebrada otra vez, la idea de dormir en una cama con Anna, aprieta mi instinto
con deseo. Necesito tocarla. Sólo sentirla a mi lado.
—Siéntate —le digo—. Has hecho lo suficiente por ahora.
Anna me da un plato de sopa y luego, toma el suyo antes de venir. Sin
dudarlo, se acurruca, su hombro apoyándose en el mío, como si también
necesitara consuelo. Antes de que pueda decir una palabra, me entrega el mando
a distancia, y sonrío.
—¿Sabes cómo cuidar de un hombre?
—No —asegura—, no lo sé. Nunca he hecho esto antes.
La sopa queda atrapada por el repentino nudo de mi garganta.
282

Anna toma una cucharada antes de hablar de nuevo.


Página

—Sólo conozco a tipos como los de la televisión.


Pero no enciendo el televisor. Aún no. Francamente, me temo que estará
en el canal de deportes, y no creo que pueda soportar ver cualquier deporte en
este momento. Estoy seguro como la mierda de que no quiero ver una repetición
de mi pierna rompiéndose en la televisión nacional, o escuchar las opiniones de
las ruedas deportivas sobre mis posibilidades de recuperación y lo que esto
significa en lo que respecta al proyecto de reclutamiento.
La sopa de nuevo se revuelve en mi estómago, y me doblo hacia delante
para dejarla. Sólo que no puedo llegar a la mesa con la mayor parte de mi pierna
manteniéndose derecha. Aprieto los dientes con ganas de tirar el cuenco por la
habitación.
Anna lo toma de mi mano y cuidadosamente lo coloca sobre la mesa.
—Recuéstate —dice en voz baja.
Lo hago porque la alternativa está librándose y golpeando el lado del sofá.
Enciende el televisor, golpea el botón de silencio, y luego, cambia de canal
antes de que pueda registrar lo que estaba en marcha. Me conoce demasiado bien.
Y me gusta. Cuando el volumen se enciende de nuevo, es algo de cocina en vivo,
y ella ocupa su puesto a mi lado. Envuelvo un brazo alrededor de sus hombros y
la atraigo cerca. Descansa su cabeza en mi pecho y coloca su cálida palma en mi
abdomen.
Comemos y vemos programas de cocina, y Anna se pone más pesada y
suave a mi lado mientras se relaja. Es tranquilo, cálido, y lo más pacífico que he
sentido en años. Con la punta de mis dedos, dibujo patrones en su brazo y la
curva de su cadera. Está tan tranquila que me pregunto si se durmió, pero luego,
sus dedos imitan los míos y traza pequeños círculos en mi estómago. La lujuria
se despliega dentro de mí, pero no hago nada al respecto. Sólo la abrazo.
Y cuando hace un suave bostezo medio forzado, le beso la cima de la
cabeza.
—¿Por qué no te acuestas? Apoya la cabeza en mi regazo.
Sus ojos verdes van hacia mí, vacilantes.
—Me comprometo a comportarme. —Es un poco cierto.
Se escabulle hacia abajo.
—Lo dices como si fuera algo bueno. —Entonces, está descansando su
cabeza en mi regazo con un suspiro de satisfacción—. Olvida que dije eso. Quiero
descansar aquí durante unas cuarenta semanas, si eso está bien.
283

—Cualquier cosa que quieras, cariño. —Quiero que suene como una
tomadura de pelo pero sale ronco. Me aclaro la garganta y agarro el control
remoto para cambiar el canal.
Página
Con aire ausente, le acaricio el pelo. Los rizos salvajes son de seda gruesa,
saltando alrededor de mis dedos con vida propia. La masa de color rojo oscuro
es tan densa que sólo puedo concentrarme en una sección. Me dejo complacer; he
querido tocarle el pelo de esta manera desde hace mucho.
—Harás que quede como un payaso —dice en voz baja, pero no se mueve.
—¿Quieres que me detenga? —Las hebras se rozan en mi piel con fricción
placentera.
—No. —Sus párpados aletean—. Nunca.
Lo cual está bien para mí. Mi chica favorita y mi programa favorito. A
veces la vida es buena. Se pone mejor cuando Anna sonríe mientras empieza el
espectáculo.
—Top Gear. Excelente.
—¿Te gusta Top Gear? —Sigo pasando mis dedos por su pelo.
Su boca se curva, lo que empuja su labio superior regordete en ese puchero
que me vuelve loco.
—Sí —Vuelve un poco la cabeza para mirarme—, ¿es eso tan
sorprendente?
—Algo así. —Encojo los hombros—. No he conocido a una chica que le
haya gustado antes de ti.
—Mmm. —Sus ojos verdes se estrechan, pero siguen siendo cálidos y
relajados, divertidos—. ¿Qué, en nuestra cercana relación, te hace pensar que me
parezco en algo a las chicas que has conocido?
Suavemente, me río. Estoy caliente por todas partes ahora.
—Buen punto.
Se acurruca más profundamente en mi regazo; me encanta la sensación,
quiero sentir que la estoy protegiendo proporcionándole un lugar para
descansar.
—Así que déjame adivinar —le digo—. ¿George te llevó a esto?
—En realidad, fue Iris.
El cuero chilla mientras se vuelve de espaldas, su cabeza ahora totalmente
acunada en mi entrepierna, lo que tiene un efecto esperado en mi pene. Se agita,
y haré al hijo de puta caliente bajar. Si se da cuenta, no dice nada. En cambio, me
mira con ojos verdes anchos, el color de las hojas del acebo.
284

—Ewan McGregor fue estrella invitada en un episodio, así que, Iris tuvo
que verlo.
Página

—Su documental The Long Way Down fue genial.


Hay brillo en los ojos de Anna.
—¿De dónde crees que tuve el deseo por mi pequeña Vespa?
Interiormente, gimo por la mujer que aprecia todas las cosas de
automotriz.
Entonces, se encoge de hombros, sin mirarme a los ojos, como si fuera
tímida.
—Solía fantasear acerca de hacer algo así.
—¿Qué? ¿Conseguir una motocicleta y sólo montarla?
Tal vez haré lo mismo. Llevarme a Anna conmigo. Tan pronto como esta
pierna de mierda esté sana. El pánico toca los bordes de mi mente con dedos
negros. Su risa de luz me trae de vuelta.
—No del todo. —Junta su pelo contra su hombro mientras se gira hacia
mí—. Solía pensar en lo divertido que sería documentar algo así, ¿sabes? —Se ríe
de nuevo, un sonido incómodo—. O tal vez, fue la idea de seguir a Ewan
McGregor por todos lados.
Juego con uno de sus rizos rojos.
—Apuesto a que patearías traseros en una producción cinematográfica.
Las mejillas de Anna se vuelven rosas.
—No sé nada de películas.
—Entonces, aprende. Todos comenzamos siendo ignorantes.
Se encoge de hombros otra vez.
—Quizás.
Pongo mi mano en su mejilla.
—Bebé, lo que sea que te propongas a hacer en tu mente, lo harás. Eres tan
perfecta y ni siquiera lo sabes.
—Tonterías. —Pone los ojos en blanco—. Estás olvidando que no puedo
soportar ver deportes.
No he olvidado nada. La inquietud se asienta sobre mis hombros, pero me
encojo de hombros. No quiero pensar en eso por lo que rompimos, aunque está
ahí, y será necesario abordarlo, pero no ahora, cuando por fin estoy relajado.
—Lo que no entiendo es a Iris —digo en su lugar—, Ewan McGregor, ¿de
verdad? La he catalogado más como una amante de bandas de chicos.
285

Las esquinas de sus ojos magníficos se arrugan cuando sonríe.


—Iris ama las bandas de chicos. Pero tiene una cosa especial con los chicos
Página

rubios.
—Pero ese tipo que estaba con ella… Henry, ¿no?
La cabeza de Anna se mueve contra mi pene cuando asiente, y reprimo el
impulso de retorcerme.
—Está de nuevo con él. Idiota.
—¿Henry o Iris? —me burlo, pero me molesta la forma en que nos hemos
perdido de la vida del otro.
—¿Ambos? —ofrece.
No puedo evitar sonreír ante su mirada contrariada.
—Henry tiene el pelo oscuro —señalo.
—Sí, bueno —dice con el ceño fruncido—, sigo esperando a que se dé
cuenta de que es todo lo contrario a ese tipo.
Su mejilla es sedosa contra la punta de mis dedos. La acaricio a lo largo de
su sien y luego trazo el arco curvado de su frente. Y simplemente me mira como
si tomara placer en el acto. Su respiración es suave y constante, su cuerpo es
caliente donde se encuentra con el mío.
El área del hematoma alrededor de mi corazón empieza a doler. El saque,
la ruptura de la pierna, todo ello me ha dejado desestabilizado y apenas tocarla,
simplemente descansar aquí con ella, de esta manera, me afecta. Quiero llorar.
Quiero reír. Quiero sumergirme tan profundo dentro de Anna que olvidaré mi
nombre. Un bulto llena mi garganta y dejo que mis palmas descansen contra su
mejilla. Malditas emociones fluctuantes. El doctor me advirtió acerca de ellas.
Pero, infierno, a este ritmo, voy a ser una ruina para el final de la semana.
—¿Y cuál es tu tipo? —me encuentro preguntando. Una parte de mí me
maldice por verme débil y necesitado. Pero, a la mierda, la otra parte de mí está
necesitada. Sé por qué me fui. Realmente, no sé por qué regresó ella.
Sus ojos se oscurecen cuando busca mi cara, como si supiera que ya no
estoy bromeando. Es muy callado entre nosotros, el sonido del televisor a todo
volumen de fondo. Poco a poco, levanta el brazo y pasa los dedos por mi
mandíbula. Su expresión cambia, está abriéndose. Miedo, puedo verlo
parpadeando en sus iris verdes, pero algo más, algo que hace un nudo en mi
interior.
—Tú lo eres. —Su voz es baja y nublada. Pero su toque se hace más fuerte
mientras envuelve sus dedos alrededor de la base de mi garganta, donde mi
pulso late con fuerza. Su barbilla se levanta, terca, segura—. Tú eres el único al
que quiero, Drew. En todas las cosas.
286

Nada puede detenerme de resbalar mi brazo bajo sus hombros y tirarla


hacia mí. Sus labios son suaves y tiernos, pero no la he besado verdaderamente
Página

en tanto tiempo, que me golpea como un puñetazo en el estómago. Me hundo en


un profundo suspiro, robando uno de los suyos, y cuadro mi boca para ir más
profundo. Su lengua se desliza contra la mía, y estoy mareado. Siento como que
estoy cayendo en ella. Mis abdominales tensos se estremecen, pero no puedo
detener el beso. Necesito más. Siempre más.
Y está dándomelo, besándome con la misma necesidad. Estoy feliz de
darle todo lo que quiere, pero cuando voy a llevarla más lejos en mi regazo, un
dolor agudo se dispara a través de mi pierna. Es suficiente para hacerme
retroceder y tomar un respiro. Pero no la dejo ir.
Sus dedos corren a través de mi pelo, mientras acuno su mejilla y la abrazo.
Durante un largo momento sólo respiramos, y luego, encuentro la fuerza para
hablar.
—Te he echado de menos.
Sus labios cosquillean en la esquina de los míos.
—Te he echado de menos, también. Tanto que duele.
No debería sentir satisfacción, pero lo hago. No es que quiera lastimarla.
De hecho, nada me complacería más que darle placer. En este momento sería
bueno. Yaciendo aquí, en el sofá, ya no es suficiente. Si tuviera la fuerza, la
recogería y la llevaría a mi habitación. Pero no puedo, lo que es una mierda.
Necesito ayuda para llegar allí. Mientras que normalmente hubiera odiado tener
que pedir ayuda, ésta es Anna, lo que hace toda la diferencia. Si cualquier hombre
te dice que no le gusta que la mujer de la que está enamorado, esté cuidándolo
cuando está herido, probablemente miente.
—Llévame a la cama —susurro contra su mejilla.
—¿O te pierdo para siempre? —Hay una sonrisa en su voz.
Sonrío, lento y ancho.
—¿Acabas de citar a Top Gun para mí?
—Tal vez.
Esta chica. Jesús, ella lo hace para mí.
Todas esas deliciosas curvas se mueven a la vez y está de pie, tratando de
alcanzar mis muletas. Odio el panorama de ellas, odio la forma en que mi pierna
late, que no puedo hacer nada. Pero empujo todo a un lado, porque ella está aquí.
No estoy solo, y no me importa si tengo que depender de cinco analgésicos, estoy
teniéndola esta noche.
287
Página
Traducido por Pagan Moore, ∞Jul∞ & Dahi
Corregido por Clari

Anna
A pesar de que está en muletas, Drew reduce el trabajo de entrar en su
habitación. Hay un destello familiar en sus ojos, uno que me hace poner toda
caliente y nerviosa por dentro. Aunque tengo mis preocupaciones acerca de tener
relaciones sexuales con él ahora mismo. Se hará daño. Empujarle la pierna sin
querer y perjudicarlo más es la última cosa que quiero hacer. Por otra parte,
besarlo en el sofá me ha motivado, sé que si me toca, todas mis intenciones
buenas se derribarán como un castillo de naipes en una fuerte brisa.
Drew llega al centro de la habitación antes de detenerse. También limpié
aquí, y aunque no pienso que le importe, una parte de mí todavía se encoge. Me
hice cargo de su casa con impunidad, haciéndola mía antes de que incluso
hayamos establecido las cosas. En ese momento, empujé todo a un lado a favor
de asegurar su comodidad, pero él está aquí ahora, viendo lo que he hecho.
Sus ojos dorados encuentran los míos y sonríen, suave y tiernamente.
—Mi mamá solía darme sábanas frescas cuando enfermaba. Siempre me
sentí bien al caer en una cama limpia. —Su boca se tuerce—. No estoy diciendo
que pienso en ti como mi mamá, sólo que… bueno, te lo agradezco.
Ahora estoy ruborizándome.
—Mi mamá también hacía eso. Tal vez, es una cosa de las mamás.
Sostiene mi mirada.
—Si alguna vez te enfermas, me comprometo a cambiar las sábanas para
ti.
El calor inunda mis venas. Una declaración pequeña, prometiendo un
futuro. Se dirige al baño.
—Estoy muriendo por una ducha. Lo juro por Dios, apesto como a
288

hospital.
Página

—Sólo un poco —bromeo, siguiéndolo. Tengo la habitación equipada para


esta eventualidad.
El baño de Drew es precioso. Tiene calefacción por suelo, es de madera
oscura y envejecida, baldosas de vidrio blanco y azul, y una ducha a ras del suelo
encerrada en paneles de vidrio esmerilado, el espacio se asemeja a un spa de lujo.
Un recipiente blanco descansa sobre la base de un mueble de teca. Pone sus
muletas allí mientras se estira para abrir la ducha, y el agua cae del gran cabezal.
Casi al instante, el aire comienza a ponerse sofocante y húmedo.
Sus ojos brillan de nuevo mientras se voltea.
—¿Vas a unirte a mí, Jones? —Menea sus cejas como un villano antes de
tirar su camisa por la cabeza. Dios mío, nunca voy a superar su esplendoroso
pecho, o la forma en que sus músculos tensos se mueven y fluyen bajo su piel
melosa.
—Hoy no. —Mi voz es inestable mientras lucho con la imagen de su pecho
todo mojado y brillante, de correr mi lengua a lo largo del surco de su abdomen,
por debajo del rastro feliz de pelo oscuro que lleva a su grueso…
—Aguafiestas —suspira—. Aunque voy a suponer que terminaríamos
sobre nuestros culos cuando estoy en esta condición.
Parpadeando rápidamente para despejar mi mente sucia, me acerco y
agarro la bolsa de basura y la cinta quirúrgica que he puesto en un estante. —
Hablando de… —Las sostengo y doy una mirada mordaz a su pierna. Si bien el
médico le dijo a Drew que podía mojar el yeso, tomará horas para que se seque y
no será cómodo para él.
—Pervertida. —Manteniendo sus ojos en los míos, engancha sus pulgares
en la cintura de sus pantalones cortos y se los saca, revelando aquellas piernas
fuertes y largas, y el pene pesado que me ha traído tantas horas de placer. Trago
saliva. También he echado de menos esta parte de él, que ya está poniéndose más
abultado. Su pene se curva a medida que comienza a elevarse bajo mi mirada.
Con esfuerzo levanto la mirada hacia su cara, que actualmente tiene esa
expresión todavía caliente con aire satisfecho. Le doy una mirada nivelada.
—Compórtate.
—¿Qué? —Él es toda inocencia—. Estoy tomando una ducha aquí, Jones.
Tengo que desnudarme para hacer eso.
—Como sea. —Y porque puedo bromear también, me arrodillo ante él, con
mi cara a centímetros del calor de su pene. Se retuerce, su olor almizclado llena
mis fosas nasales. Levanto la vista hacia él, con mi dulce sonrisa—. Levanta la
pierna.
289

Su pulso late de forma visible en la base de su garganta mientras me mira.


Lentamente, levanta su pierna enyesada unos centímetros. La bolsa de basura
Página

cruje cuando bajo su pie con facilidad y empiezo a tirar de ésta sobre él. El
abdomen plano de Drew se levanta y cae en un ritmo estable y rápido.
Su pierna es tan larga, la bolsa apenas llega a la parte superior del molde.
Con movimientos rápidos, envuelvo los extremos con cinta quirúrgica, sin perder
de vista la forma en que su pene está levantándose orgulloso y a la espera. El
deseo me llena. Sé cómo va a saber, salado y dulce, cómo se va a sentir contra mi
lengua, pesado y firme. En cambio, lo miro a los ojos.
—Vamos, todo listo.
Drew traga audiblemente, sus caderas se inclinan un poco como si no
pudiera evitarlo.
—Te encanta torturarme, ¿no? —Su voz es un susurro ronco, casi no se
escucha por encima de la constante lluvia de la ducha.
Lamo mis labios secos, notando el modo en que se para su aliento cuando
lo hago.
—Es lo justo, ya sabes.
—¿Por qué lo es, Jones? —Pero él lo sabe. Puedo verlo en sus ojos, esos
malditos ojos que tanto desafían y hacen promesas.
Ahueco su trasero, ese increíble culo firme que ocupa un lugar destacado
en muchos de mis sueños sucios. Mi dedo acaricia su pequeño tatuaje de hacha
de batalla, y sus fosas nasales llamean en un aliento bruscamente estirado.
—Porque —digo—, tú sólo tienes que estar de pie allí para torturarme.
—Acabas de hacer que valgan la pena las horas incontables y difíciles de
ejercicio. —Una nota burlona aligera su tono, pero las sombras se deslizan en sus
ojos. Drew no se esfuerza para impresionar a la gente. Su cuerpo es un
instrumento, pulido finamente para actuar en un nivel óptimo. Y ahora se ha roto.
Sé que está luchando contra el miedo y ha sido así desde el saque.
Mis rodillas protestan cuando me levanto. En mi camino, me detengo y
beso la punta suave y caliente de su pene, y él sisea. Antes de que esté totalmente
de pie, toma mi cuello y me tira. Sus bíceps sobresalen cuando curva sus brazos,
y luego, su boca está sobre la mía, su beso tentándome con pequeños lametones,
chupando suavemente, las respiraciones son sostenidas y necesitadas. Su pene
empuja mi vientre mientras me apoyo en él, y estoy tan caliente, tan mojada que
casi me olvidé de por qué esto es una mala idea.
Se balancea sobre sus pies, la larga longitud de su cuerpo amenaza con
caerse. Me voy hacia atrás.
—Drew…
290

Él no me deja ir, pero suspira—: Todo bien, todo bien. Seré bueno por
ahora. —Sus ojos se encuentran con los míos, y veo el calor en ellos—. Pero vas a
pagar por eso, Jones.
Página
—Estaré esperando, Baylor. —Tiernamente, beso su boca, demorándome
sólo lo suficiente para que me siguiera cuando me alejo. Le sonrío—. Ahora, toma
tu ducha.
Él le da un pellizco suave a mi labio superior antes de retroceder.
—Joven despiadada. —Y entonces, antes de que pueda cambiar de opinión
y agarrarlo, cojea hacia la ducha y se queda bajo el rocío.
No, no voy a mirar. No lo haré. Mi boca se seca. Esos finos músculos se
definen por la piel tensa, toda pulida y brillante. El agua corre en riachuelos fuera
de su pene todavía medio duro. Aspiro un aliento y cierro la puerta sobre su
molesta risa.

Huyendo a la relativa seguridad de la habitación de Drew, retiro la colcha


de la cama y arreglo las almohadas para que él pueda descansar cómodamente.
Se siente bien hacer esto por él, la anticipación ya revolotea en mi vientre. Vamos
a dormir aquí. Lo he hecho antes. Aunque nunca así, sin planificación y sin la
promesa de sexo. Prefiero esta manera, sabiendo que estoy aquí porque
simplemente quiero estar con él. Liberándome más de lo que creía posible.
Estoy sonriendo mientras atrapo un vistazo en el espejo, entonces, me
detengo de horror. Mi cabello tiene un factor de estática de diez.
—Infierno —gruño a la locura sobresaliendo de mi cabeza. Soy como una
versión femenina de Carrot Top14 enloqueciendo. Y he estado coqueteando con
Drew así. Casi gimo, pero lo sofoco cuando oigo a la ducha detenerse.
Agarro mi bolsa de aseo cuando entra en la habitación.
Drew, por supuesto, no se molesta con una toalla. No, está perfectamente
bien cojeando con el trasero desnudo y dándome una sonrisa descarada.
—Voy a tomar una ducha —digo pasando a su lado, muriendo por sujetar
mi cabello maníaco.
Levanta una ceja furioso.
—Entonces, ¿por qué no te duchaste conmigo?
—Sabes por qué. —Estoy casi a salvo.
—Desperdiciar agua es un delito en algunos estados, Jones —grita,
mientras me escabullo al cuarto de baño.
291

—Lo bueno es que no vivimos en uno de esos estados. —Cierro la puerta


detrás de él.
Página

14Comediante estadounidense, conocido por su pelo pelirrojo brillante.


A pesar de mi tormentoso cabello, la ducha de Drew es el cielo. Inclino mi
cuello y dejo que el agua caliente se vierta en mis músculos doloridos. Pero no
tardo mucho. Ahora quiero estar junto a Drew.
Pongo los productos suficientes para que mi cabello se comporte, miro a
mi alrededor buscando mi camisón y maldigo. Lo he olvidado. Y aunque no soy
tímida acerca de Drew viéndome desnuda, parece una ridiculez hacerlo ahora.
No es que vaya a salir envuelta en una toalla tampoco. Podría ponerme mi ropa,
pero apesta demasiado a hospital. Entonces, veo una de sus camisas colgando en
la parte posterior de la puerta del baño. Huele limpia, así que la tomo, sólo para
darme cuenta que es una de sus camisetas.
Deslizo la camiseta por encima de mi cabeza, y cae hasta mis rodillas, las
mangas se deslizan alrededor de mis codos. Vacilo, preguntándome si desea que
me la deje puesta cuando lo escucho desde la otra habitación.
—¿Te perdiste allí, Jones?
Rodando mis ojos, pongo un poco de loción en mis piernas.
—¿Muy impaciente?
—Oye —dice desde la habitación—, ¿qué con este pequeño frasco de aquí?
Abro la puerta.
—Es aceite de oliva. —He dejado un pequeño frasco de ello en su mesita
de noche—. El fisioterapeuta del equipo dijo que podrías estar adolorido, y no
tenía ningún aceite de masaje así que…
—¿Hablaste con mi FT? —Suena un poco entrecortado, sorprendido, pero
no enojado.
—Por supuesto. —Entro a la habitación—. No sería de mucha ayuda para
ti si no lo hiciera. Puedo masajearte la pierna ahora, si tú… ¿Qué? —Me detengo
al final de la cama—. ¿Por qué me miras así?
Porque se arrastra a sí mismo de su posición encorvada en la cama, sus
músculos agrupados y tensos, y me mira boquiabierto. Por un momento,
simplemente nos miramos el uno al otro. Dios, pero él es un espectáculo. La luz
de la lámpara ilumina con fuerza su piel dorada, un agudo contraste con la ropa
de cama blanca que yace sobre sus estrechas caderas, la cobija más una broma
que una barrera.
Drew rompe el silencio.
—Tú… —Se aclara la garganta—. Estás tratando seriamente de matarme,
292

¿verdad?
—¿Estás drogado? —Me río en voz baja, pero mi ritmo cardíaco se ha
Página

incrementado a un aleteo emocionado.


—Tal vez. —Sus labios se curvan en una sonrisa ladeada—. Te ves
completamente, espectacularmente caliente en mi camiseta, Anna Jones.
Pongo los ojos en blanco, pero sonrío.
—Estás drogado.
—Ven aquí. —Él sostiene su mano hacia mí—. Como ahora.
Sacudiendo mi cabeza, voy hacia él, y grito inmediatamente cuando
agarra mi muñeca y me da un tirón sobre la cama.
—Fácil —lo amonesto mientras me pongo a horcajadas sobre su regazo,
enfrentándolo—. No voy a ser feliz si me haces patearte la pierna
—Que se joda la pierna. —Sus manos se depositan en mis caderas.
Desde que lo tengo todo para mí misma, exploro la sedosa piel de su pecho
con mis manos, amando los densos músculos y el calor que desprende. Drew
siempre está caliente.
—¿Se siente bien? —Mi voz es suave con una actitud protectora que no
sabía que era capaz de hacer.
—Se siente muy bien ahora, Jones. —Levanta una mano y traza
suavemente el número uno sobre mi seno derecho. Mi pezón se endurece bajo su
toque, y él permanece allí, moviéndolo de un lado a otro, atrás y adelante.
—Esto se ve mucho mejor en ti que en mí.
Y a pesar de que el calor está en su mirada, oigo el tirón en su voz y la
oscuridad. Mi interior se aprieta. Trato de alejarme, pero me sostiene apretada,
el ceño fruncido trabajando entre sus cejas mientras me mira interrogante.
—No debería haber llevado esto. Fue desconsiderado. —¿Por qué no me
di cuenta de que recordaría su derrota cuando viera la camiseta estúpida?
Le da a mi cadera un apretón.
—Sí, deberías. Cada maldita noche, si puedo opinar. —Lucha
valientemente por una sonrisa.
Queriendo calmarlo, acaricio sus hombros.
—Está bien. Si usas esto todas las noches.
—Pero no llevo nada, Jones.
—Lo sé. —Le doy un beso suave.
Nuestros labios se aferran, y él enreda una mano por mi cabello.
293

—Eres tan hermosa para mí —dice contra mi boca.


Me aparto para mirarlo a los ojos.
Página

—¿Para ti?
A menudo dice eso, y una parte de mí se pregunta si otros le han dicho lo
contrario a él.
—Para mí. —Sus dedos trazan la curva de mi hombro, rozando un mechón
de cabello sobre él—. Cuando estamos juntos, sólo somos tú y yo. No existe nadie
más.
Me hace querer llorar, decirle cosas que nunca me he permitido pensar, y
mucho menos decirlas en voz alta.
—Drew. —Presiono mi puño contra su pecho—. No puedes seguir
diciéndome estas cosas perfectas. —Le doy una sonrisa insegura—. Quiero decir,
¿cómo se supone que debo manejar eso?
Él se ríe.
—¿Estás dándome problemas por ser demasiado romántico?
—No. —Beso su mejilla, en lo alto por el rabillo del ojo—. Quizás. Me
parece que cuando se trata de ti, también soy competitiva.
Otra carcajada retumba en su pecho.
—¿A jugar, entonces?
—Sí. —Beso su otra mejilla.
Suspira, toca mi cuello, un golpe ligero.
—Golpéame con ello, Jones.
—¿Drew? —Acaricio su oreja.
—¿Sí?
—Creo que eres lindo de verdad —digo alargando las palabras.
Se echa a reír.
—Oh, guau —dice inexpresivo—, he sido adiestrado.
—Lo sabes.
Lo he echado de menos. La felicidad es una cuchilla que corta en mi
corazón.
Su cálida palma roza mi muslo hasta que su pulgar roza los rizos entre mis
piernas. Inmediatamente, mi interior se aprieta. Más aún cuando su voz
disminuye bruscamente.
—Ah, extrañé esto. Extrañé la perfección de tu vagina.
294

—Oh, eso es fácil —le digo con un bufido.


—Clásico también.
Página
Reímos, pero otro toque ligero de su dedo pulgar me pone completamente
mojada. Él lo siente y suspira, descansando su frente contra la mía.
—La vagina de Anna Jones. La perfección total.
—Estoy pensando en tener tarjetas preparadas que digan precisamente
eso. —Estoy tratando de no retorcerme contra su dedo incursionando.
—Por lo menos, lo tienes impreso en tu ropa interior. —Él golpea su pulgar
sobre mi clítoris.
—He decidido renunciar a la ropa interior por completo. —Estoy sin
aliento—. Parece una vergüenza cubrir la perfección, ¿sabes?
—Buen plan. No quieres ahogar a nuestra chica aquí.
—Eres tan reflexivo, Drew.
Aunque estamos bromeando, y hace todo lo posible para encenderme, ese
aire sombrío todavía se cierne sobre él. Su respiración es demasiado lenta y
pesada, como si tuviera un peso enorme en el pecho. Y mi corazón duele por él.
Especialmente cuando traza distraídamente los números en mi pecho una vez
más.
—Oye. —Agarro su mejilla—. La usarás de nuevo. No te atrevas a pensar
de otra manera.
—Sí, señora.
—Quiero decir eso, Drew. Lo harás.
Las comisuras de sus ojos se arrugan con preocupación.
—¿Qué te hace estar tan segura, hermosa?
—Porque no está en ti renunciar.
La sonrisa de Drew es lenta, pero amplia.
—Bésame, Anna.
Nos encontramos a mitad de camino. Instantáneamente, me abro a él, y su
lengua se sumerge para probarme. Me estremezco, amando la forma en que me
toca, y respira en mí en un suspiro.
Bajo la sábana, su pene se eleva duro y fuerte, clavándose entre mis
piernas. Me meso contra él, y los dos gemimos. Drew agarra mis mejillas,
sosteniéndome en donde me quiere.
—Me encantan tus labios —susurra.
295

Succiona mi labio inferior, juega con mi boca en esa deliciosa forma suya.
—Amo la forma en que besas —digo.
Página
Gruñe, la vibración haciendo que mi boca se abra. El beso va de oscuro a
luminoso.
—Te amo.
Las palabras me golpean y todo mi cuerpo lo absorbe. Estoy temblando
mientras me aparto para mirarlo. Su expresión es tierna pero cautelosa. Sabe que
ha puesto mi mundo de cabeza.
—¿Qué dijiste? —suelto.
—Ya me oíste. —Su tono es cauteloso, como si estuviera esperando a que
huya, pero con la esperanza de que no lo haré.
Lágrimas empañan mi visión. Mi cuerpo se siente como plomo. Me hundo
en sus brazos y me desplomo contra su pecho. Suavemente, me levanta un poco
hasta que me puede ver.
—Oye. —Su pulgar limpia una lágrima—. No te lo dije para molestarte.
Te lo dije porque contenerlo es demasiado difícil. —Se inclina hasta que nuestras
respiraciones se mezclan—. Quiero decírtelo todos los días.
Drew pausa y la vulnerabilidad se aprieta en la esquina de sus ojos. —Y
tú necesitas saber qué es esto para mí, antes no fui claro. —Profundos ojos
dorados se mantienen en los míos. Él estaba permitiéndose a sí mismo quedarse
abierto, revelando su alma—. Tienes mi corazón, Anna. Y cada vez que tuve que
alejarme de ti, cada vez que te alejabas de mí, se sentía como si estuviese siendo
arrancado de mi pecho. Jodidamente dolía, Anna.
Su confesión refleja mis sentimientos tan de cerca que una nueva oleada
de lágrimas calientes se depositan en mis ojos.
—Me dolió también. Tanto. Me sentí tan vacía que no podía ponerme de
pie.
Las cejas oscuras de Drew se fruncen.
—Entonces, ¿por qué no…?
—Tenía miedo. Mierda. —Tomo una respiración inestable, sintiéndome
enferma—. Tú brillas tanto, Drew. Y es hermoso para mí, pero no sabía cómo
vivir bajo tu luz.
Frunce el ceño, su expresión feroz creciendo. Pero sus palabras son bajas,
fuertes.
—¿Lo que la gente ve? Eso es sólo brillo. Pero, Anna, tú me enciendes. A
Drew. No al jugador. ¿No sabías cómo vivir bajo mi luz? No tengo más luz a
296

menos que estés allí.


—Drew. —Con una mano temblorosa, acaricio su cuello, luego descanso
Página

mi palma en el centro de su pecho—. No soy… —Aprieto mis ojos cerrados. No


quiero admitir mis debilidades. Ni siquiera a mí misma. Pero éste es Drew, y
confío en él. Más importante aún, merece saber. Abro mis ojos y lo enfrento.
Y está mirándome, sin saber ahora, que es probable que lo lastime
nuevamente, por mí y por mis jodidos problemas.
»Nunca fui al baile de graduación —dejo escapar—. Nunca me pidieron ir
a una cita, los chicos ni siquiera me miraban en la escuela secundaria.
Su expresión cambia de conmoción a confusión, a la comprensión, eso
hace a mi interior cabecear. Mis dedos se encrespan contra el denso aumento de
picotazos forjándose.
»Realmente, a nadie le gustaba. Era la chica rara. La silenciosa que ellos
querían pretender que no existía. —Resoplo, un sonido feo de dolor—. O, tal vez,
no sabían que existía de verdad.
Me encojo de hombros, queriendo que nuestros ojos no se encuentren,
pero lo hacen.
»Mamá me llamaba un florecimiento tardío. Lo que significa cretinos
todos cuando tienes dieciséis años y agonizas por dentro. —Con saña, me limpio
los ojos—. Y tú… —Mi voz se quiebra antes de que pueda controlarla—. Cuando
digo que brillas, quiero decir exactamente eso. Tú eres el sol alrededor del cual
orbitan las personas. Si hubieras estado en mi escuela, habrías sido al que todo el
mundo sigue. Nunca me hubieses visto escondiéndome en las sombras.
—Anna… —Su voz es tan suave que pone mis dientes en el borde.
—No —chasqueo—, sólo… déjame terminar.
Me da un asentimiento torpe.
»Sé que no fue justo tratarte como lo hice —digo—. O que te pusiera en
alguna categoría que creé debido a una mala experiencia y vieja angustia
adolescente. Pero es difícil, Drew. —La boca me tiembla, y muerdo mi labio—.
Es difícil anular todo eso, ya que volvía a mí cada vez que me prestabas atención
en público y la gente miraba fijamente. Cuando se preguntaban por qué estabas
conmigo.
—Me importa una mierda lo que la gente piensa —me corta con un
chirrido—. Sólo lo que tú piensas.
Mi barbilla cae. No puedo mirarlo más.
—¿No lo entiendes? Me sentí como una impostora. Seguía esperando a
que te des cuenta que te equivocaste. Que era la chica que se suponía que nunca
297

tenías que ver.


—Imposible —dice tranquilamente con fiereza.
Página

—Pero…
—Anna, bebé, nunca serías la chica que no vi, nos hubiésemos conocido
ahora o en el instituto. —Me tira cerca, frotando su nariz a lo largo de la punta
de la mía—. ¿No lo entiendes? Sé que no lo serías porque, desde el momento en
que puse mis ojos en ti, eres todo lo que puedo ver. —Drew me besa, persistiendo
antes de alejarse para estudiarme. Sus ojos están claros y llenos con tanta emoción
que mi garganta se cierra. Como si él también estuviera vencido, traga rápido, y
su voz no es más que un soplo—. Te amo, Anna Jones. Eso no va a cambiar. Te
amé cuando pensé que nunca estaríamos juntos, y todavía te amo.
Suelto una respiración fuerte y luego, me inclino hacia él. No beso sus
labios, pero sí el punto sensible de su cuello, donde late su pulso.
—Te lo tendría que haber dicho antes.
Su garganta se mueve bajo mis labios mientras traga.
—Sí. —Sus labios rozan mi sien, sus cálidas y ásperas palmas alisando mis
muslos—. Pero ahora entiendo.
—Lo siento mucho, Drew. —Pongo un beso tierno en el centro de su
pecho.
Su voz es gruesa.
—No necesito eso.
No, él necesita las palabras, por lo menos para saber que me importa
también. Le debo mucho más. Sentándome en su regazo, me encuentro con sus
ojos. La emoción obstruye mi garganta, hace que mi corazón se acelere a golpes
desesperados.
Parece rígido, su boca relajada, pero no sonríe. Dios, él es todo. Todo. Toco
su mejilla, rozando con mis dedos la piel áspera con barba. Mi boca se abre, pero
aún, nada sale. Con un sonido confuso, me lanzo sobre él, abrazándolo con fuerza
y metiendo mi cara en la suave curva de su cuello. Es cálido, su olor familiar y
reconfortante tan profundo, que me tiene llorando fuerte.
Y aunque, claramente, lo he sorprendido, envuelve sus brazos alrededor
de mí y se aferra con fuerza.
—Oye —dice en voz baja—. Anna…
—Lo siento. —Trago aire, tratando de calmarme—. Lo siento. —Pero no
puedo parar de temblar.
Sus brazos de acero se apoyan contra mi espalda, su pecho es una losa
sólida que me fortalece. Me acurruco en él más profundamente.
298

—Estaba muy asustada —susurro contra su piel húmeda—. Te vi… el


golpe. Necesitaba llegar a ti, y… —No puedo decirle el resto.
Página
Debajo de mí, su cuerpo se relaja un poco y su gran mano cubre la parte
posterior de mi cabeza antes de acariciarla.
—Shhh. Está bien.
Pero no lo está. ¿Cómo puedo explicarle? Si no se hubiese levantado de ese
golpe, algo vital dentro de mí habría muerto. La verdad me ahoga, quema mi
garganta.
—Está bien, Anna. Te tengo. —Su voz delicada y suave es profunda sobre
mi piel, como una caricia—. No te dejaré ir.
No lo hará. Nunca lo hace realmente. En un suspiro, presiono mi frente
contra la suya.
—No se suponía que esto sucediera.
—¿Qué no se suponía, bebé?
Dirijo mis dedos temblorosos a lo largo de su mandíbula.
—Encontrarte a ti ahora. Antes de tener junta toda mi mierda.
—Pero lo hiciste —susurra—. Y yo no lo siento.
Ni yo.
Lo miro. Realmente lo miro, con los ojos bien abiertos, dejándolo ver todo
de mí. Cada vulnerabilidad oculta. A cambio, veo el mundo en los suyos. Un
temblor me atraviesa, y tomo su mejilla.
—Te amo, Drew Baylor. Nadie nunca ha hecho tanto por mí como tú. Te
adoro, te necesito, te anhelo…
Sus labios se encuentran con los míos, su beso profundo y exigente.
Me hundo en él, agarrando su cuello y sus hombros como una cuerda
salvavidas. Y no hay más de que hablar, sólo la búsqueda de besos, cortos,
frenéticos. Lugares para tocar y redescubrir. La emoción y la necesidad surgen
como una marea. La sábana que cubría su regazo se cae lejos, y su caliente pene
se presiona contra mi sexo, deslizándose contra la humedad que se encuentra allí.
—Ponme dentro de ti —respira en mi boca, sus labios mordisqueando los
míos—. Tengo que estar dentro de ti.
Me sacudo contra él, haciéndolo gemir. Cuando me elevo y su gruesa
corona redondeada se presiona contra mi abertura, nuestras miradas se
bloquean. Los dos nos estremecemos cuando me hundo en él. Se siente tan
condenadamente bien, como todo lo que he perdido y como nada igual. Es mejor.
299

Verdadero.
Los músculos a lo largo de su pecho se presionan mientras empuja más, y
Página

un rubor trabaja sobre sus mejillas.


—Dios —habla en tono áspero—, he echado de menos estar rodeado de ti.
Tan perfecto. Esto es lo que necesitaba. A ti. Aquí.
—Lo sé. Necesitaba esto también. —Tomo sus mejillas con mis manos—.
Te he extrañado. Te he extrañado mucho.
Su ojos se aprietan cerrados por las palabras, su garganta trabajando. Sus
manos ceden hasta abrazarme mientras lo sostengo. Y él se impulsa,
encontrándome a mitad del camino. Nuestras frentes se tocan, nuestros alientos
mezclándose calientes e irregulares.
Lo monto suavemente, trabajando mis caderas en un ritmo ondulante que
nos tiene temblando. Mi sexo se siente hinchado, lleno de él. El ritmo es una
tortura. Soy muy consiente de cada centímetro de su grueso contorno entrando
y saliendo de mí.
Mi piel echa humo, y me saco la camiseta, el aire fresco apretando mis
pezones. Drew toma uno en su boca, chupando con provocación las puntas
afiladas, lo que se siente hasta mi núcleo. Mi respiración se atrapa, y mis entrañas
se aprietan. Un movimiento que sé que él siente cuando gime y responde con un
empuje más áspero. Su gran mano abraza mi trasero por debajo, apretando y
amasando como si estuviera compensando las oportunidades perdidas.
Dios, es una deliciosa vista, todo sudado y sonrojado, sus músculos
moviéndose mientras su cuerpo se sacude contra el mío. Me inclino, lamo su
fuerte garganta. Su aroma me rodea, una comodidad y un afrodisíaco. Me
encanta la forma en que huele y se siente.
Ahora, ambas manos toman mi culo. Su dedo roza la entrada de mi culo,
y yo silbo. Sensaciones, oscuras y prohibidas, se escabullen a través de su toque.
Nuestros ojos se encuentran. Debido a que Drew presta atención a cada
uno de mis movimientos, y porque lo estoy mirando, veo la comprensión y los
albores del conocimiento en sus ojos.
Lentamente, deliberadamente, acaricia el lugar de nuevo, una exploración
que rodea la zona. Y de nuevo, mis entrañas se aprietan. Se siente ilícito, este
toque, y a pesar de mi corazón latiendo con fuerza, o quizá debido a eso, me
empujo contra su dedo. Sólo lo suficiente. Su garganta trabaja tragando, su piel
cosquilleando. Dentro de mí, su pene se hincha.
Manteniendo mi mirada, y moviéndose lo suficientemente lento para que
lo detenga, Drew llega a la mesita de noche. No miro lo que hace. Una parte de
mí lo sabe, y voy de caliente a fría. La anticipación tiene a mi corazón saltando
dentro de mi pecho y mi garganta se seca. Ambos hemos estado tan quietos y
300

tensos, siento su palpitante pene dentro de mí. Nuestra ropa mezclada suena alto
en el silencio. Y luego, veo el brillo de sus dedos ahora recubiertos de aceite de
Página

oliva.
El primer contacto es un proceso lento, un empuje insistente. Trago saliva,
mi palpitante clítoris y toda mi mitad inferior apretándose. Dios.
La gruesa punta de su dedo calza en el anillo apretado de mi culo. Gimo,
mi cabeza cayendo hacia adelante. Oh Dios. Lo que estamos haciendo es algo
nuevo para mí. Algo que nunca le confié a alguien para que lo hiciera. Es
personal, travieso, decadente. Quiero más.
Mirándome con los ojos oscuros, lo hunde más allá. Mis párpados aletean,
el placer y una sensación de plenitud abrumándome. Estoy tan caliente, tan
encendida, que apenas puedo respirar. Mi pecho se levanta, mis muslos tiemblan.
También se sacude, su mirada con párpados gruesos nunca alejándose de
los míos, y sé que él nunca ha hecho nada como esto tampoco. Con su ropa
interior como si estuviera corriendo millas, el sudor haciendo resplandecer su
piel.
Con cada empuje de su pene, su dedo se desliza más lejos, entonces,
empuja de nuevo su pene en retirada. Dentro y fuera, a un ritmo lento e
inexorable, el ataque doble me pone más caliente. Estoy tan débil, sólo puedo
yacer contra su pecho y tomarlo mientras me estremezco y sudo. Nuestros labios
se rozan, compartiendo nuestra respiración. Lo beso, confiando mi lengua en su
boca, jodiéndolo como él lo hace conmigo. Drew gime. Sus caderas chocan contra
las mías, más duro y agresivo.
Otro dedo se hunde en mí, y gimo. Los dolores de la invasión, una pesadez
llega, de la que quiero escapar y empujar hacia adelante. Lo siento en todas
partes, recorriendo mi piel, lamiendo el valle bajo mi espina dorsal. Voy a
fundirme aquí, disolverme y hundirme en su carne.
Su siguiente empuje desgarra mi cuerpo. Mis pechos se deslizan sobre su
resbaladizo pecho. Gira sus dedos. Y pierdo el sentido de mí misma mientras
comienzo a venirme, gimiendo ansiosamente. Arqueo la espalda, mis manos
apoyadas sobre sus hombros.
Pero no deja de atormentarme. Empuja más profundo. El orgasmo
aumenta con cada aliento. Frenética, empujo mis caderas, necesitando la fricción.
—Oh, mier… Oh, mier…
Me inclino sobre Drew, mi cara metiéndose en su cuello, todo mi cuerpo
se viene tan fuerte que me sacude. Débilmente, sujeto sus hombros mientras mis
caderas se muelen contra las suyas. Necesito la liberación. Todavía me estoy
viniendo, llorando por el placer que me atraviesa.
301

—Drew. —Es una súplica indefensa—. Drew…


En un profundo gemido, gira su cabeza, y agarra la parte de atrás de mi
Página

cuello. Su beso es frenético, desordenado cuando se introduce en mí, duro y


salvaje. El orgasmo rompe a través de mí como un fuego frío. Gimo en su boca.
Traga, su respiración saliendo con exhalaciones feroces de su nariz. Todo su
cuerpo se sacude, su agarre en mi pelo se aprieta mientras se encorva contra mí.
Se viene con un bramido que vibra en toda su complexión.
Durante un buen rato, nos acostamos débiles y llenos de sudor. Mi cuerpo
sube y baja contra su pecho mientras su respiración se debilita. Entonces, me
sostiene en su contra, con un brazo envuelto alrededor de mis hombros, el otro
sobre mis caderas, y acribilla mi cara con besos tiernos.
—Bebé, ¿estás bien? Eso fue… —Un escalofrío delicioso lo atraviesa.
—Sí —susurro—. Eso fue tanto. —Sonriendo, juego con los extremos de su
cabello y débilmente le devuelvo el beso. Finalmente. Finalmente, todo se siente
bien.
Drew aprieta mi mano contra su pecho sudoroso donde su corazón
todavía late a un ritmo feroz. Su voz es silenciosa, pero muy clara.
—Mi mundo está en tus manos, Anna.
Y lo llenaré con todo el amor que tengo. Nos quedamos dormidos así, él
sigue estando muy dentro de mí, nuestros cuerpos tan entrelazados, que nos
hemos convertido en uno.

302
Página
Traducido por Dahi
Corregido por Clari

Drew
Tengo a Anna toda para mí durante siete días. Siete días de vivir de lo que
comienzo a llamar la Santísima Trinidad de la “S”: sexo, sueño y sustento. Es todo
lo que necesitamos realmente. Mi cama es el campamento base, sin embargo,
hemos hecho incursiones en el sofá, la mesa de la cocina, y de vez en cuando, en
mi banco de pesas, aunque no puedo recordar cómo incluso nos dirigimos allí.
Puedo, no obstante, recordar con perfecta claridad cómo llegó Anna, cómo sus
paredes internas me apretaban mientras gritaba. Lo que me pone cachondo de
nuevo cuando cojeo a la cocina para más sustento.
Como un chico que siempre ha operado bajo un horario, pensé que me
pondría inquieto, teniendo que salir por ahí, pero soy un amante del recreo.
Siempre y cuando no piense en el fútbol, estoy feliz. Relajado. ¿Cuándo fue la
última vez que estuve relajado? Ni siquiera lo recuerdo. Sé una cosa: es porque
estoy con Anna. Anna quien me ama. Dios, lo que me hace tener su amor. Me
hace sentir tan débil como un puto gatito y tan grande como una jodida montaña.
Como si mis pensamientos la llamaran, Anna entra en la sala de estar. Sólo
que lleva su bolso de viaje. Con lo cual, mi estómago toca fondo.
—¿Estás yéndote? —Creo que sueno casual, pero no puedo estar seguro.
Estoy demasiado fuera de balance para medirme.
Deja caer la bolsa en el sofá para poner su cabello en una cola de caballo.
—Tengo que lavar la ropa.
—Puedes hacerlo aquí. —Delicado. Eso no sonaba para nada necesitado.
Me da una sonrisa rápida.
—Lo sé. Pero estoy un poco harta de esta ropa también.
Correcto. Bueno, ahí va esta discusión.
303

Caminando con su habitual gracia informal, se dirige a la cocina.


Página

—Después del desayuno, creo que iré a casa y haré algunas cosas.
Golpeo mi uña contra el fondo de mi vaso con jugo de naranja.
—Bueno.
No sé qué me pasa. Me gusta mi soledad. Anna debería irse cada vez que
quiera. Y yo debería estar bien con eso. Solo sé que al momento en que salga de
esta casa, tomará el sol de mi día con ella.
Suena un largo y fuerte zumbido, y el aroma a café llena el aire. La
máquina de expreso. Gray la trajo antes, fingiendo que la pidió prestada mientras
que estaba en cama en el hospital, una mentira por la que todavía estoy muy
agradecido. Especialmente cuando Anna chilló sobre la cosa como una niña en la
mañana de navidad y me abordó cuando le dije que la compré para ella.
Anna toma su taza recién preparada del mostrador y se sienta en uno de
los taburetes de la barra. Usa una camiseta blanca sin mangas y unos calzones
cortos de hombre. Es jodidamente caliente. Estoy tentado a empujar la parte
superior sobre sus pechos y chupar las puntas dulces, pero hay un hoyo en mi
estómago que no desaparecerá.
Ajena a mi agrio estado de ánimo, Anna amontona en una voltereta los
rizos de su cara y toma un sorbo de café.
—Esta noche voy a salir con Iris y George. —Sus ojos en mí, y no pierdo la
vacilación en su expresión—. Deberías salir también. Tal vez quedar con tus
amigos. Dex sigue llamando.
Tiene miedo de que me convierta en ermitaño. Demasiado tarde.
—Sutil, Jones.
Impertinentemente, sonríe.
—Es una de mis muchas cualidades.
Resoplo.
—Bien. Saldré. —No quiero hacerlo, pero maldita sea si le doy una razón
para empezar a compadecerme.
—Bien. —Agarra una banana, le frunce el ceño, entonces, la deja antes de
bajarse del taburete. Su culo respingón se levanta en el aire mientras hurga en las
profundidades de la nevera—. Así que, supongo que te veré mañana.
Mi mano aprieta el vaso.
—Puedes volver aquí esta noche, Anna. Está bien. Tienes una llave.
No me mira mientras se sirve un yogurt.
304

—No. Será tarde. —No es algo que me importe—. Y, de todos modos, debo
salir fuera de tu casa por un tiempo. Darte un poco de espacio.
Página
Mierda, sus manos se mueven demasiado rápido, guardando el yogurt,
limpiando con un trapo de cocina, jugando con el mango de una cuchara. La veo
aletear alrededor, y mi corazón se hunde en la cavidad de mi pecho.
—¿Necesitas espacio? —Lo digo con tanto cuidado como me es posible.
Pero se congela como un ladrón y me mira atrapándome con recelo. Me siento
como si hubiésemos tropezado con un campo de minas.
—¿Y tú? —Se voltea de espaldas.
A pesar de mi malestar, una sonrisa tira de mis labios.
—¿Vamos a hablar en círculos ahora?
Algo de la rigidez deja sus hombros. Su sonrisa inclinada refleja la mía.
—Quizás. Por qué no defines tu idea de espacio, y yo te digo la mía.
Ésta es una de esas trampas de chicas, diseñadas para dejar abierto un
agujero de tu propia creación. Lo sé, y ella lo sabe. Pero su mirada directa me dice
que será mejor responder o sólo caeré en otro agujero. Maldita lógica femenina.
Dirijo una mano por mi pelo.
—“Espacio” sería hacer cosas juntos porque queremos estar juntos. Hacer
cosas por separado porque queremos hacer cosas separados.
Lentamente asiente, sus ojos nunca dejando los míos.
—Yo diría lo mismo.
Parte de la tensión se alivia en mi pecho.
—Para ser claros —le digo—, estar contigo es el punto culminante de mi
día.
Anna muerde la parte inferior de su labio, pero no puede ocultar la
expresión de satisfacción floreciendo en sus rasgos.
—Tú también eres el punto culminante en mi día.
Es mi turno de asentir, no del todo mirándola porque no quiero que vea
mi alivio.
Está mirándome otra vez.
—Eso no es todo lo que querías decir, ¿o sí? —Mueve una mano
ociosamente, como si dibujara el resto fuera de mí—. Vamos, sé que hay más.
Agarro la parte posterior de mi cuello.
—Múdate conmigo. —Las palabras están fuera de mi boca antes de que
305

incluso las procese plenamente. Y cuelgan allí, entre nosotros, una bomba de
humo detonada que la hace entrecerrar los ojos hacia mí.
Página
Su boca se abre y se cierra antes de que un débil—: ¿Qué? —rasga su
garganta.
Quiero encogerme. Pero no doy marcha atrás, no miro hacia otro lado.
—Sé que es probable que tengas un montón de muy buenas razones, muy
lógicas, por las que no deberíamos vivir juntos tan pronto. Caray, puedo pensar
en una docena de ellas justo ahora. Pero aquí está la cosa… —Mis dedos se
extienden sobre el mostrador, el frío granito debajo de mi palma—… al principio,
me moví con cautela, pues no quería asustarte o empujarte…
—¿Y no te importa empujarme ahora? —corta, su voz irónica pero con una
sonrisa temblorosa. Es una sonrisa que me da algo de esperanza de que no se
dará la vuelta y correrá en cualquier segundo.
—Eso no es todo. No fui honesto contigo en ese entonces. Con lo que
quería. —Doy un paso más cerca. Mi mano arrastrándose en el mostrador hacia
ella—. Y todo se fue al infierno.
Sombras oscuras aparecen en sus ojos. Culpa. Conozco eso, pero no voy a
retractarme de lo que he dicho. Bajo mi voz, para que sea suave, persuasiva.
—Así que, me imagino que ahora puse todo sobre la mesa. Porque, Anna
—mis dedos tocan los suyos fríos, y los uno a los míos, conteniéndolos con
fuerza—, cuando dije que quería todo, eso es lo que quise decir. Quiero ir a
dormir contigo, para despertarme contigo. Cada día. ¿La idea de que vayas a casa
esta noche, y de mí durmiendo sin ti? La odio.
—¿Lo haces?
—Suenas sorprendida.
Sus labios entreabiertos, rígidamente niega con la cabeza.
—No. Yo… odio esa idea también. No sabía si querías que me quedara o
me vaya o… —Se desvanece mirándome nerviosamente.
Más que un maldito rayo de esperanza.
Le doy a sus dedos un ligero apretón.
—Probablemente debería terminar de afirmar mis intenciones.
—¿Hay más? —Está luchando contra una sonrisa.
—Sí. —La saco de alrededor del mostrador para ponerla frente a mí. Su
cabeza se inclina hacia atrás mientras mira hacia arriba, y toco la curva de su
mejilla con mi pulgar. Mi corazón late contra mis costillas. Estoy yendo con todo.
Pero es lo que mejor hago. Y he aprendido la lección; Anna es demasiado
306

importante como para ir con rodeos.


Página

—Un día —le digo—, quiero casarme contigo.


Todo su cuerpo da un tirón reflexivo, su boca abriéndose.
—¿Te casarás conmigo?
No puedo evitar sonreír ante su sorpresa.
—Ahora no. No estamos listos para eso todavía. —Trazo su labio inferior
con mi dedo pulgar—. Pero un día. Un día, te preguntaré y espero que digas que
sí. —Acuno su mejilla—. Eres para mí, Anna Marie.
Entra en mi espacio, una de sus manos aterriza en mi cintura mientras la
otra cae sobre mi brazo para aferrarse estrechamente. Mi corazón se contrae antes
de que algo profundo dentro de mí se acelere. Está buscando mi cara, una
pequeña sonrisa rompiendo en su rostro.
—¿Porque a veces tú sólo lo sabes? —Una sonrisa tira apretadamente de
mis mejillas.
—Has estado prestando atención.
Y entonces, se acomoda en mi abrazo, sus manos se deslizan sobre mi
pecho y alrededor de mi cuello. Todo dentro de mí es cálido cuando me agacho
para encontrarme con sus labios, pero apenas me detengo cerca de ellos.
—¿Eso es un sí?
Ella se detiene también, sus mejillas tirando en una sonrisa.
—Tú sabes, no tienes que convencerme. Iba a decir que sí.
Mis tripas se aprietan. Se acurruca cerca, mordisqueando mi mandíbula,
hasta la esquina sensible de mi boca. Lo siento hasta la base de mis bolas.
—¿Lo hacías? —Sigo su boca con la mía, tratando de capturarla, pero está
evadiéndome, una sonrisa adornando sus labios mientras los roza contra los
míos.
Agarro la curva de su cadera y la tiro con fuerza contra mí.
—Jones.
—Baylor. —Ríe, y luego, cede, sus dedos jugando con el cordón de cuero
alrededor de mi cuello.
—Por supuesto que lo iba a hacer. —Su pulgar acaricia la astilla de madera
que era de la casa de mis padres. Cuando sus ojos me encuentran, son grandes,
verdes y profundos.
—Tú eres mi casa, Drew.
307

Dejo escapar un suspiro inestable.


—Seremos la casa del otro.
Página
Anna
Decirles a mis amigos que estoy mudándome con Drew va mejor de lo que
esperé, lo cual no es mucho. Correcto, Iris comienza conmigo.
—¿Estás jodidamente loca? —Me sigue a mi habitación, mirándome
cuando abro mi armario y saco la maleta con la que mi madre me envió a la
universidad—. Acaban de volver. ¿Por qué te mudarías con él?
—¿Porque me preguntó? —Coloco la maleta sobre la cama—. ¿Y porque
quiero?
George se pasea por la habitación.
—¿Qué hay de Iris? No puedes dejarla tirada.
Le echo un vistazo antes de ir a mi tocador.
—¿Crees que haría eso? —Me duele que lo hago, pero lo entiendo; el amor
puede volver locas a las personas—. Voy a seguir pagando el alquiler de aquí
hasta que Iris se mude a la escuela de posgrado.
—¿Entonces Drew va a ser como tu viejo con plata? —Iris se burla de la
idea.
—Sí, porque eso es tan yo. —Ruedo mis ojos—. Él es el dueño de su propia
casa y sólo paga los servicios públicos. Yo pago los alimentos. —Hubiera querido
pagar por más, pero Drew insistió. Su nombre está en las facturas, y él tiene el
dinero, por lo que nos pusimos de acuerdo.
Iris se deja caer en la cama y distraídamente golpea la cerradura de la
maleta.
—Entiendo que estás feliz de volver con Drew, Banana, pero, vamos, has
estado evitando el compromiso como la peste, ¿y ahora vas a vivir con él?
No puedo culpar a Iris por su escepticismo. Si me hubiera escuchado a mí
misma semanas atrás, habría pensado lo mismo. Pero las cosas cambian. Las
personas crecen.
—Durante meses he estado tratando de resistirme a dejar que Drew entre,
convencida de que perdería a quien era si lo hacía. Que él aplastaría mi corazón.
Pero yo era la que destruía mi alma. Era jodidamente miserable.
Incluso las sombras de aquellos recuerdos duelen. Las dejo a un lado con
una respiración profunda.
308

—Soy feliz con él.


—Eso no significa que debas vivir con él —dice ella.
Página
—No, no significa eso. Pero si estar con él me hace feliz, entonces, ¿por qué
alejarme por temor a que no funcione? Eso sería estúpido.
—Pero eres tan joven. ¿No quieres ver lo que el mundo tiene para ofrecer?
Como si la vida estuviera en algún lugar a la vuelta de la esquina, y la
encontraré si continúo buscando. Es lo que todos hemos estado prometiendo, un
anillo de latón escurridizo que siempre está fuera de nuestro alcance, y un día,
un día aparecerá frente a nosotros. Bueno, no quiero una vida rutinaria. Ya la he
probado y apesta.
Niego con la cabeza.
—Solía pensar que si me daba cuenta de lo que quería hacer con mi vida,
todo caería en su lugar. Ahora —me encojo de hombro—, ahora pienso que la
felicidad nunca va a ser tener un perfecto trabajo, un hogar, una vida. No es un
destino, ¿sabes? Es una serie de momentos. Quiero decir, ¿no es eso lo que es la
vida? ¿Momentos? ¿El aquí y ahora?
Meto mi ropa interior dentro de mi bolso.
—Sí, tengo que descubrir qué quiero hacer con mi vida. Podría terminar
con la mejor carrera del mundo, pero al final del día, con quien vaya a casa, con
quien comparta mis logros es lo que hace que la lucha valga la pena. Y para mí,
eso es Drew. Así que, sí, es imprudente y puede estallarme en la cara, pero no
tengo miedo. Estoy más emocionada de lo que nunca he estado. Así que… me
apoyan, ¿o no?
—Mierda —pronuncia lentamente George en una sonrisa—. Hemos
tenido un monólogo. —Se inclina cuando le arrojo un calcetín en su cabeza. Su
expresión se pone seria—. Si estás tan segura de ello, entonces tienes mi
bendición, joven Anna.
Beso la parte superior de su cabeza.
—Gracias, Georgie. —Luego le doy a su cabeza un golpe—. Sabelotodo.
Ríe. Pero Iris no lo hace. Sus ojos oscuros siguen preocupados. Lo que me
preocupa. —¿Ris?
Lentamente, niega con la cabeza. —Sigo diciendo que estás loca. Pero
estoy con George. Si estás tan segura, te apoyaré.
—Nunca he estado más segura de nada. —Pensé que me perdí con Drew.
Pero la verdad es que me encontré. Nunca se me ocurrió que Drew podría ser
una persona por la que perder la fe.
309
Página
Traducido por Dahi & Yess
Corregido por Clari

Anna
No veo el problema al principio. Todo lo que veo es a Drew. Lo único que
ocupa mi tiempo es la forma en que nosotros inmediatamente hacemos clic juntos
cuando me mudo. Nos llevamos tan bien, es como tener una fiesta de pijamas sin
fin con mi persona favorita en el mundo. Así que, por supuesto, me olvido de las
señales.
No es hasta que pasa otra semana y sus amigos comienzan a aparecer que
me doy cuenta de que algo anda mal. Por un lado, Drew no quiere verlos. Son
sus compañeros de equipo. Estos chicos prácticamente viven en los bolsillos del
otro. ¿Y ahora? Ahora, Drew está encorvado lejos sobre el sillón, mirando a la
nada, mientras sus chicos pasan el rato en el sofá, viendo un partido de la NFL.
Son muy bulliciosos, gritando, riendo y diciendo insultos afables. Me gustan.
También comen. Mucho. Estoy animada de vuelta en la cocina en busca
de más frituras cuando Drew toma mi brazo.
—No tienes que darles de comer, cariño.
Dirijo una mano por su pelo.
—Soy mitad irlandesa, mitad italiana, y toda del sur, Drew. Es como
físicamente imposible para mí no ofrecer comida y bebida a las visitas. —
Honestamente, creo que moriría de vergüenza si no lo hiciera.
Sus cejas se juntan cuando me mira por encima de ellas.
—Entonces les diré que se vayan. Problema resuelto.
Riendo, beso su frente, y su brazo me envuelve al instante sobre mi
cintura. Me apoyo en él, porque parece necesitarlo.
—Pero me gusta que estén aquí. Son tus amigos. Lo que quiere decir que
son los míos también.
310

Se queja de algo en voz baja, pero lo ignoro, con la esperanza de que su


Página

estado de ánimo se eleve ahora que sabe que no estoy incómoda por la compañía.
No lo hace. Se pone peor. Se hunde en un silencio que, de alguna manera,
grita alto y claro que está disgustado.
—Oye, Drew —lo llama su amigo Rolondo—. Hombre, necesitas
tranquilizarte allí. Lo juro, si hablas más, se te va a reventar una tripa. —Sonríe
mientras lo dice y arroja una bolita de queso a la cabeza de Drew.
Drew aplasta la basura.
—Estoy bastante seguro de que ustedes hablan por todos nosotros,
‘Londo.
No hay humor en su tono. No he tenido mucha interacción con el receptor
abierto estrella, pero sé que Drew y Rolondo son cercanos. Rolondo me echa un
vistazo, y veo preocupación allí, y alimenta también la mía.
Se pone peor cuando el medio tiempo comienza, y uno de los chicos
cambia a ESPN. Con la suerte que tenemos, están hablando de Drew y sus
posibilidades de dejar de ser un proyecto de primera selección. Al parecer, la
mayoría de los expertos lo programaron para ser seleccionado número uno.
Ahora, con su lesión, está todo en el aire. Todo el mundo se pone rígido, sobre
todo Drew, pero nadie parece capaz de cambiar de canal.
La luz de la pantalla parpadea con la expresión pétrea de Drew mientras
observa un tipo de gran tamaño en un traje profesional especulando sobre su
pierna. Y mi corazón duele por él. Hasta que mencionan su visita al campus.
Instantáneamente, mi estómago se desploma. Mierda. He sido la que ha salido
por comida —o sustento, como Drew ha estado llamándolo— y yo, exactamente,
no lo estuve dejando solo.
Me acerco al borde del control remoto.
—Tal vez deberíamos…
—Esto es lo que Anna Jones, novia de Drew Baylor, tenía que decir —
anuncia el periodista.
Mi rostro aparece en la pantalla, los micrófonos metiéndose bajo mi nariz
mientras trato de escapar en la zona de estacionamiento de Piggly Wiggly. Siento
el calor en mis mejillas. Dios, ¿mi cara realmente parece tan redonda?
Inmediatamente, todo el mundo se anima, disparándome miradas, y
luego, a la televisión. Ni si quiera puedo mirar los ojos de Drew. Quiero llorar.
En vez de eso, me quedo mirando la televisión. El recuadro en mi cara, en cada
momento, me destrozó, cansada de oír las dudas en la voz del reportero, viéndolo
volverse en contra de su héroe. Habría querido golpearlos a todos y a cada uno
311

de ellos.
—Ustedes lo nombraron Battle por una razón. —Mi voz se ajusta a través
Página

de los altavoces. Me veo enojada. Recuerdo la ira. Me alimentó, hizo que mis
palabras salieran duras—. Porque nunca renuncia. Van a tener que confiar en que
no va a renunciar a esto tampoco. —En la televisión, los empujo pasándolos, y
luego, escapo en el auto de Drew.
Mi cara posiblemente está incendiándose ahora. Cada ojo está en mí, pero
sólo me preocupo por un par, y él no está mirándome. Y entonces, me doy cuenta
de que el resto de los chicos están sonriéndome.
—Se los dices, Escarlata —dice Marshal, que por alguna razón se gana un
panecillo en la cabeza por Dex.
—Es que nadie va a jugar con nuestro chico —insiste Rolondo—. No con
nuestra chica pateando traseros.
Gray atrapa mis ojos, y una pequeña sonrisa perpleja juega sobre su boca.
Me sonrojo aún más.
Y entonces, todos están riendo y hablando como si nada hubiera pasado.
Me quedo mirando a Drew hasta que finalmente levanta la cabeza. No
puedo decir lo que está pensando, y eso me asusta. Me muevo cerca de él, con
miedo a tocarlo. No debería haber hablado. Nunca hablar con la prensa. Incluso
yo sé eso.
Todavía no se encuentra con mi mirada, Drew toma mi mano. La suya está
fría y seca mientras entrelaza sus dedos con los míos y los lleva arriba para un
beso.
—Me defendiste —murmura tranquilo.
—Por supuesto que lo hice. Siempre te defenderé, Drew.
Aprieta sus labios contra mis dedos.
—Siento que hayas tenido que lidiar con ello.
—Yo no —digo—. Sólo lamento que tuvieran que preguntarme. Por
supuesto que vas a volver.
Mira hacia otro lado. No mucho tiempo después, cojea hacia nuestra
habitación, alegando que está cansado. No regresa. Y a partir de entonces, no
pregunta por los chicos otra vez. Los evita a todos con una habilidad que podría
ser impresionante si no me preocupara tanto.
—Solamente te quiero a ti —susurra contra mi cuello en el oscuro capullo
de nuestra cama—. Sólo tú.
Debería complacerme. Pero no lo hace.
312
Página
Drew
Mientras no piense en fútbol, estoy bien. Pero el mundo no quiere que deje
de pensar en fútbol. Estoy empezando a ofenderme por la reclamación que el
juego y sus aficionados tienen sobre mí. He dado todo. Ahora estoy cansado.
El entrenador espera que vaya a la práctica, solo queda un juego más, y es
el Campeonato Nacional. Tengo que estar allí, mostrar mi apoyo. El cobarde en
mí quiere ocultarse. No quiero que me miren con lástima. Pero mi equipo se
merece algo mejor de mí. Así que, iré. Pero el entrenador también quiere que
vaya a terapia física. Necesito estar en forma cuando mi pierna sane.
Prometo ir a terapia física, pero no lo hago. No hago nada. Y se convierte
en un peso sobre mi pecho. No parece que pueda salir de ello. Sé que Anna lo
nota. No ha dicho nada, pero está llegando. No sería Anna si mantuviese sus
opiniones para sí misma.
¿Lo peor? Las pesadillas. Me golpean como un saco. Me despierto
temblando y sudando. Me toma mucho tiempo darme cuenta de que no estoy en
el campo, mi casco enterrado en el barro, césped en mi boca y el hueso de mi
pierna roto por la mitad.
Pero estoy bien. Mientras no piense en fútbol, estaré bien.
Es difícil no pensar en algo que amas.

Anna ha salido con Iris. Estaba ansiosa cuando se iba, jugueteando con las
llaves del coche y besándome casi distraídamente mientras se apresuraba por la
puerta.
Me siento en un taburete en mi mesa de la cocina y giro la tapa de una
botella. ¿Está decepcionada de mí? ¿Quiere que salga más? Froto mis dedos por
el rastrojo de mi mandíbula. Caray, no he ido a ninguna parte durante semanas,
porque no quería ver a las personas. La última vez que salimos fue para un
chequeo, un simple número de palmaditas de pena, de mejórate pronto, y de eres
lo máximo que hemos tenido —junto con un incidente de un hombre adulto
literalmente llorando en mi hombro, que Dios me ayude—, fue una auténtica
pesadilla. Me hizo sudar y casi vomito antes de que Anna hubiese llegado a casa.
Ella no dijo mucho entonces, sólo que las personas eran jodidamente raras.
Cuando estábamos a salvo en casa, me llevó a la cama y me mantuvo ocupado
313

durante la noche. No está bien, la forma en que estoy apoyándome en ella. Es


otra cosa que me parece que no puedo parar.
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Un golpe en la puerta me sacude de mi depresión. Yo, literalmente, me
estremezco, mi espalda endureciéndose y mi corazón latiendo con demasiada
fuerza. Con un ruido de irritación hacia mí mismo, me empujo hacia atrás del
mostrador y voy hacia la puerta.
El entrenador se encuentra en el umbral, su rostro curtido ensombrecido
por una gorra de béisbol. Va informal, lo que, para él, significa pantalones y una
camisa de polo. También me hace sospechar. El entrenador probablemente no se
da cuenta, pero te lo dice. Un traje significa que va a patearte el culo a toda prisa.
Casual significa que vendrá a ti como un amigo, con la esperanza de colarse por
tu resistencia antes de que te des cuenta de que ha estado jugando.
—Oye, entrenador. —Doy un paso atrás para dejarlo entrar.
—Drew. —Se dirige hacia la cocina. Ha estado aquí lo suficiente para saber
dónde está. El entrenador me ayudó a elegir el lugar. Me ayudó a levantar mi
culo del suelo cuando mis padres murieron. Y no lo quiero aquí. El olor a su
colonia cara hace que la garganta se me cierre.
Se vuelve y me mira.
—¿Cómo estás?
—Bien. —Cojeo hacia el mostrador. Una botella medio vacía de cerveza
descansa allí. Quiero beberla toda, y al mismo tiempo, empujarla a la basura y
esconderla del entrenador.
Me conformo con descansar mis manos en el mármol frío.
—¿Quieres una cerveza o algo? —Dios, sólo lo quiero fuera de mi casa. Su
presencia está asfixiándome.
Me da una mirada nivelada.
—¿Bebes a menudo?
No puedo dejar de resoplar.
—Me gustaría pensar que no soy tan prosaico como para convertirme en
un borracho. O un drogadicto —agrego porque sé que su siguiente pregunta será
sobre mis analgésicos.
Molesto, sonríe a su manera, como si estuviera orgulloso. Lo cual me da
ganas de romper cosas. Pero la sonrisa se desvanece.
—Te has perdido otra sesión de terapia física.
¿Qué puedo decir? Nada. El peso en mi pecho crece. Siento que me
observa.
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—¿Quieres decirme por qué te la perdiste? ¿Y también la práctica? Puede


Página

que no seas capaz de jugar, pero sigues siendo miembro de este equipo. Habla
mal de ti y del equipo que no te presentes.
Nunca he oído tal decepción tenue en mi entrenador. Me aclaro la
garganta. No puedo decirle la verdad. ¿Cómo puedo decirle a este hombre que
no quiero volver?
El reloj gigante, que mi mamá rescató de un edificio céntrico en Chicago,
da la hora en el comedor. Y entonces, el entrenador da un paso hacia mí.
—Si pudieras verte a ti mismo como lo hago yo. —Sacude la cabeza—.
Simplemente no quiero que todo ese potencial se pierda, Drew.
—Sí, bueno, yo tampoco. —Desafortunadamente, algunas cosas no están
bajo mi control. Cambio mi peso hacia mi pierna buena, y digo lo que tengo que
decir para sacarlo de aquí—. Mire, no me perderé otra terapia física.
La sensación de asfixia está creciendo, obstruyendo mi garganta, llenando
mis pulmones.
—La rotura es limpia —dice—. Eres joven y fuerte. Sanarás y estarás de
vuelta en tu mejor forma en poco tiempo.
Cometo el error de mirarlo a los ojos. Y una mierda, eso fue estúpido
porque nuestras miradas se bloquean, y sé que él ve todo. Que sabe lo que pasa
en mi cabeza, que me siento asustado. Que en el instante en que escuché a mi
pierna romperse, algo dentro de mí también lo hizo, y me di cuenta de que todo
en lo que había confiado era tan sólido como el humo.
Tal vez, él también piensa en mi padre, cuya carrera profesional fue
arrebatada por una lesión en la universidad. Mi padre no era un hombre
amargado, pero la pérdida lo perseguía. La vi en sus ojos, en la forma que estuvo
distante a veces cuando íbamos sobre el tema de mí yendo a la NFL. Mi padre
fue el mejor hombre que jamás haya conocido. Pero no quiero ser él, no de esa
manera.
El entrenador tuvo que entender esto. Fue amigo de mi padre. El silencio
entre nosotros se extiende, y quiero tanto apartar la mirada, que rechino los
dientes.
—Drew. —El entrenador hace una pausa, y sé que va a empeorar—. Tal
vez sería bueno que vieras a un terapeuta…
—No —grito a pesar de mi deseo de mantener la calma—. No estoy
jodidamente… —Respiro fuerte y levanto una mano—. No voy a ir a un
terapeuta, ¿de acuerdo? Así que eso queda ahora fuera de la mesa.
Sus ojos son duros.
—No hay vergüenza en hablar con alguien.
315

—¿Crees que no lo sé? —Cojeo hacia la isla de la cocina con la fuerza


suficiente para hacer que mi pierna duela—. Estuve allí lo suficiente cuando mis
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padres murieron. Estoy bien. —Lo miro—. Bien.


El entrenador suspira.
—Sólo piensa en ello, hijo.
—No soy tu hijo. —Genial, ahora sueno petulante. Me agarro del pelo para
no gritar de nuevo.
—Sé eso —dice en voz baja—. Pero no significa que no pueda
preocuparme por ti y por lo que estás pasando. —Su mirada me sujeta—. Y le
prometí a tus padres que te cuidaría. No retrocedo ante mis promesas. Tampoco
lo haces tú.
Un golpe bajo. Porque, cuando accedí a jugar bajo el programa del
entrenador después de que él juró hacer lo correcto por mí, les prometí a mis
padres que respetaría las reglas de este hombre. Ahora, no hay nada que pueda
decir que no me haría quedar a la defensiva. Me pellizco el puente de la nariz,
presionando contra mis ojos adoloridos. Sólo quiero dormir.
Las manos pesadas del entrenador descansan sobre mis hombros y me dan
un apretón.
—Piensa en ello, ¿de acuerdo?
Sordamente, asiento, pero es una promesa vacía y ambos lo sabemos.

Aquello podría haber sido más fácil si Anna hubiera regresado a casa. Ella
puede distraerme mejor que nadie. En verdad, es la única que quiero a mi
alrededor en estos días. Algo por lo que sé que debería estar preocupado.
La única distracción que puedo encontrar es hacer algo de trabajo corporal
en el banco de pesas. Cuando oigo el timbre del teléfono, pongo las pesas hacia
abajo con un sonido metálico. Desafortunadamente, no es Anna sino Gray.
—Hola, hombre. Estoy yendo para allá y haré lasaña esta noche. Y antes
que digas que no, Anna dice que estás libre. Sorprendente, ¿no?
Frunzo el ceño hacia mi yeso.
—¿Hablaste con Anna primero?
—Uh, sí. ¿Cómo más voy a conseguir una invitación? —La incredulidad
en su voz es grande, y me molesta.
—Entonces, ¿por qué molestarse en decirme? ¿Por qué no sólo te apareces?
—¿Porque no soy un idiota?
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—¿Estás seguro de eso?


Página

El silencio en el otro extremo de la línea es total.


Bueno, eso fue una mierda. Pero no puedo evitarlo. El pequeño hijo de
puta está conspirando a mis espaldas. Con Anna. Mi pecho se aprieta con fuerza.
A la mierda, ¿sabían que el entrenador venía también? El calor se arrastra hasta
mi cuello. Estoy malditamente seguro de que ellos lo hacían.
Cuando Gray finalmente habla, su voz es fuerte y enojada.
—¿Cuál es tu problema, Drew?
Tengo una larga lista en este momento.
—Olvídalo.
—Correcto —chasquea Gray—. Lo haré.
Lo que significa que me mirará cuando llegue aquí y me hará sentir como
una mierda. Paso mi mano a través de mi pelo, empujando hacia abajo en mi
cuero cabelludo. Mi cabeza es un latido constante de dolor ahora.
—¿Necesitas un aventón?
Ya que recuerdo, con una sensación de hundimiento, que el pobre hombre
no sólo se ha ofrecido a cocinar para mí otra vez, también me prestó su camioneta,
así no tengo que quedarme en la casa. La culpa es una mierda.
—No —dice Gray, más ligero ahora—. Anna dijo que me traería.
Mis dientes se juntan con un chasquido ruidoso. Correcto. Porque están
comunicándose. Mi agarre en el teléfono pone mis nudillos blancos.
—Me tengo que ir. Nos vemos más tarde.
Hay otra pausa incómoda, entonces, Gray habla.
—Nos vemos. —Él cuelga.
El teléfono es un ladrillo en mi mano. Quiero llamar a Anna y preguntarle
por qué piensa que está bien poner a mi amigo sobre mí. ¿Es esto una especie de
fiesta de la simpatía? ¿O es que ya no le gusta salir únicamente conmigo? ¿Está
aquí Gray como una tercera rueda?
—Mierda.
Odio ser paranoico. Odio este sentimiento de insatisfacción que se arrastra
a través de mí a todas horas. Necesito salir de la casa.
Tomando el camión de Gray —que trae un lavado fresco de culpa— salgo.
A Anna le gusta el vino, así que voy a buscar alguno para la cena.
Lamentablemente, una vez en la tienda, está claro que no tengo idea de lo que
estoy haciendo. Sé que le gustaría rojo con lasaña, o al menos eso es lo que mis
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padres siempre bebieron con ella. Pero hay como quinientas botellas de rojo.
¿Qué tipo preferiría? ¿Merlot? ¿Cabernet? ¿Pinot Noir? ¿Cuál es la diferencia?
Página

—Infierno.
—¿Puedo ayudarte… Drew?
Volteo para encontrarme a Jenny mirándome. Doble Infierno.
Me las he arreglado para evitar verla por más de un año. Lo cual era
perfecto para mí. Es extraño verla ahora. Cada pulgada suya es un tanto familiar
como extraño.
Jenny tiene ese tipo de belleza perfecta. Estructura ósea perfecta, ojos azul
brillante, cabello oscuro brillante, y el cuerpo de una modelo. Esas eran las cosas
que me atrajeron de ella en primer lugar.
Me veía como un semidiós en ese entonces, y por lo tanto, necesitaba tener
una decoración adecuada para ir con mi estatus elevado. Para demostrarles lo
que significa ser un pene arrogante y lo que conseguía.
—¿Trabajas aquí? —Es todo lo que puedo pensar en decir.
Ella se sonroja, agachando la cabeza, y su pelo cae sobre su hombro en una
ola de resplandeciente color marrón.
—No. Yo… bueno, te vi de pie aquí con el ceño fruncido en el vino… —
Me da un encogimiento de hombros impotente, presionando sus brazos pegados
a los costados como lo hace ella, lo que hace que sus pechos se echen hacia fuera
y su culo se eleve.
La inclinación de su cabeza, el encogimiento de hombros. He visto estos
movimientos una y mil veces. Solía preguntarme si los hacía para resaltar su
belleza. Ahora estoy casi seguro.
—Pensé en hablar contigo —dice en voz baja, acercándose un poco.
El aroma de la fresa artificial llena mi nariz. La conozco bien. Crema
corporal de fresa. Después de ducharse, se pararía desnuda delante de mí y
frotaría todo sobre sí misma en momentos de meditación lentos diseñados para
atraer. Sólo que siempre fue tímida al respecto, fingiendo que simplemente se
preparaba, aunque, no tan sutilmente, sacudiendo su culo. Una noche, Jenny me
masturbó usando un puñado de esa cosa. Diez minutos después de correrme, mi
pene se puso rojo brillante y jodidamente ardía como el fuego. No importa lo
mucho que enjuagué al pobre bastardo, mi piel quedó irritada por una semana.
Mis bolas se aprietan por el dolor recordado.
—Lo siento mucho —murmura. De alguna manera, está a centímetros de
distancia de mí. Mi espalda está en el estante del vino—. Acerca de tu lesión. Sé
lo mucho que el juego significaba para ti.
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¿Siente lo de mi lesión? Al segundo que oí las palabras “lo siento” saliendo


de su boca, asumí que me pedía disculpas por mostrarle al mundo nuestros
mensajes personales. O quizás, por hacerle creer a las personas que era un
Página

quejumbroso marica después de cada juego. Eso todavía me molesta.


Por otra parte, no debería estar sorprendido por su enfoque en el fútbol.
Jenny siempre quiso que tuviera éxito. Quería escuchar mi nombre coreado tanto
como yo lo hice, hasta que se hizo evidente que no sería parte del espectáculo.
Quería ser mi esposa. Esposa. En el momento en que oí esa palabra salir
de su boca, quise correr tan rápido como podía en otra dirección. Me preocupaba
por ella, me gustaba la forma en que se hacía cargo de mí, pero no me enamoré.
Y en ese momento, sabía que nunca lo haría. Todavía no sé si mi rechazo le
rompió el corazón o simplemente la enojó. Jenny siempre mantuvo sus
sentimientos ocultos.
—Es lo que es —murmuro. La parte de atrás de mi cuello se siente caliente
de nuevo, el aroma perfumado de fresa haciendo contraerse mi nariz.
—Estarás de vuelta. —Sus ojos azules me miran dulcemente—. Sé que lo
harás.
Anna dijo lo mismo. Sólo que me miró cuando lo hizo, como si fuera mejor
no desafiarla por discutir.
Tentativamente, Jenny llega. Sus dedos son frescos, las puntas de sus uñas
cuidadas se presionan en mi piel.
—Te he echado de menos, Drew. —Una uña traza mi antebrazo.
Sus pechos casi están tocando mi pecho, sus labios se abren en invitación.
Podría tenerla. Podría seguirla a su casa y follarla ciegamente. El sexo con Jenny
era todo lo que podía hacer por mí. Lo cual suena bien en teoría, pero no importa
cuántas veces le pregunte, ella nunca me daría una opinión propia. Conociendo
a Jenny, todavía me dejaría hacer lo que quiera con ella.
Y siento absolutamente nada. Nada, excepto la omnipresente confusión
del bicho de la ansiedad y la ira que se ha retorcido bajo mi piel desde el golpe.
Está mirándome con un brillo de triunfo en sus ojos. Como si pensara que
es irresistible.
Tal vez lo es para algunos. Y mientras podría parecer sin defectos en la
superficie, mirando en mi interior, nunca me ha dado un golpe tan fuerte de
necesidad que consigo con una simple mirada de Anna.
Anna, que, con sus rizos salvajes y curvas generosas, es más hermosa para
mí de lo que Jenny nunca lo será. Anna, que huele a especias exóticas, piel caliente
y hogar. Anna, que me trae paz, y sin embargo, puede ponerme más caliente y
apretado que una bobina de suspensión.
Anna, que está mirándome desde el otro lado del estante del vino.
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Todo mi cuerpo se detiene, yendo de un cosquilleo caliente a uno frío.


Página

Su voz sale áspera como un jarabe rico.


—Sólo pensé que conseguiría un poco de vino para la cena. —Con una
mano temblorosa, sostiene una bolsa de botellas de vino mientras me quedo
boquiabierto con horror sin sentido—. Parece que estabas haciendo lo mismo. —
Sus ojos verdes parpadean en Jenny antes de ir de nuevo a mí—. Te dejaré con
tu… plática.
Y entonces, está caminando lejos, y el suelo se siente como si se estuviera
cayendo por debajo de mí.

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Página
Traducido por gabyguzman8
Corregido por Clari

Anna
Joder, joder, joder, mierda. Avanzo a zancadas por los puestos del
estacionamiento, con el vino caro en mano, mi cabeza martilleando al unísono
con mi corazón frenético. No me gusta lo que acabo de ver. Lo odio. Mi estómago
se revuelve y mi boca se llena de saliva. Quiero volver allí y agarrar a esa pequeña
sucia puta del cabello y estrellar su cara en la sección de cabernet.
Mis dedos tiemblan con la llave del coche, que se sacude mientras
desbloqueo la alarma y giro la llave para abrir la puerta.
Sé quién es. Jenny. La pequeña zorra que intentó arruinar la vida de Drew
cuando él no podía entregarse a ella. Lo sé porque la idiota tenía una camiseta
rosa de fútbol —de un tamaño demasiado pequeño— con el nombre “Jenny”
impreso en la parte posterior. Náuseas. No puedo creer que Drew salió con
alguien que usa ropa con su nombre en ella.
Obviamente, quiere volver a intentarlo ahora que es vulnerable. Dios, la
forma en que lo miraba, como un gato todo listo para lamer la crema. Perra.
—¡Anna! —Drew puede moverse muy rápido en muletas si está motivado.
Prácticamente vuela a través del estacionamiento, sus ojos desorbitados y su
rostro pálido.
—Espera.
Me meto en el coche y lo enciendo, amando la forma en que ruge a la vida
por debajo de mí. Este es el auto de Drew, y no me importa, porque estoy a punto
de alejarme de su culo. Antes de que pueda cerrar de golpe la puerta, sin
importar, la agarra, saltando un poco mientras inclina la cadera contra el coche.
—Puedo explicarlo. —Está jadeando ahora, el sudor goteando en su sien.
—Sólo las palabras que una chica anhela escuchar —murmuro. Espinas
321

calientes detrás de mis ojos. Ahora no. Necesito un respiro.


Página
La perra sale de la tienda, quedándose cerca y mirándonos con interés.
Estará aquí para recoger los pedazos así que debería despedir a Drew en este
momento.
Él ni siquiera mira en su dirección. Sus ojos, abiertos con dolor, me
perforan.
—Tienes que saber que…
—En la casa —chasqueo—. Ahora, fuera de mi camino.
—No. —Se inclina, agarrando mi mano con su fría y húmeda mano—.
Háblame.
—Aquí. No. —Doy una mirada apuntando en la dirección de la perra—.
No estoy haciendo esto con público.
Sorprendentemente, da un paso atrás y me da un breve asentimiento.
—Está bien. —Levanta una mano—. Está bien, pero voy a seguirte.
Fiel a su palabra, sigue justo detrás de mí mientras conduzco a casa. A
pesar de que me demoro en hacerlo, no voy a velocidad, sino que mantengo un
ritmo constante y respiro profundamente todo el camino a casa. Mis manos están
frías y sudorosas en el volante.
Quiero vomitar. Quiero llorar. Drew está escapando de mí. Y no sé si
puedo manejar la situación.
Una vez en casa, doy un portazo al salir del coche, sólo para escuchar a
Drew hacer lo mismo. No digo nada mientras dejo el vino y lo pongo en el
mostrador de la cocina. Para cuando está dentro y cerrando la puerta, estoy
enjuagándome la cara caliente con agua fría.
—Anna. —Su voz es suave, persuasiva a medida que se acerca—. Cariño,
sé que tenía mal aspecto, pero…
—Está bien. —Me vuelvo para mirarlo, viendo su complexión pálida y su
ceño confundido—. Está bien, Drew.
Su talón golpea contra el suelo mientras cojea hasta mí.
—No es que quiera pelear —comienza lentamente—, pero he estado a
punto de perder mi mente del miedo durante los últimos veinte minutos, por lo
que, ¿puedes explicarme esto? —Sus cejas suben, pero se ve como adolorido
cuando me mira—. Porque soy el perdido aquí.
Apoyo mi mano sobre la suya fría, y al instante la captura, entrelazando
sus dedos con los míos y manteniéndolos apretados como si pudiera correr. El
322

gesto me hace sonreír a pesar de que de repente estoy tan agotada que quiero
acostarme. Está en una situación de pánico. No lo culpo. La escena con la que me
Página

topé parecía muy acogedora para algunos.


—Vi la forma en que la mirabas —le digo.
—¿Cómo la miré? —Su voz es un chirrido, su mirada lazándose sobre mi
cara en curiosidad desenfrenada.
—Como si fuera un insecto.
Una corta risa sin sentido del humor lo abandona.
—Sí, eso lo resume todo.
Con un rápido tirón, me arrastra en sus brazos y me sostiene
apretadamente mientras entierra su nariz en mi pelo.
—Cristo. Te vi de pie allí, y pensé... —Se arrima más cerca, sus labios se
presionan en la cima de mi cabeza—. Me encanta la forma en que hueles. —Es un
cambio de tema bastante extraño, pero no lo cuestiono. Envuelvo mis brazos
alrededor de su cintura. Simplemente haciendo que se asiente la vibración
desenfrenada dentro de mi pecho.
—¿Pensaste qué? —pregunto—. ¿Qué te dejaría?
Puedo sentir la tensión reuniéndose en su espalda.
—Tal vez —murmura en mi pelo—. No lo sé. No pensaba más allá del
pánico inicial. Definitivamente pensé que habrías gritado, tal vez una botella de
vino rota en mi cabeza.
Me río en su hombro, donde está apoyándose mi cara. Pero estoy bien en
donde estoy, cálida y segura.
—Confío en ti, Drew. —Si hubiera estado mirando a su ex de la forma en
que me mira, habría habido una pelea. Me habría destruido. Pero no dudé de él
ni por un minuto, porque vi su angustia y la forma en se apartaba de la pequeña
bruja.
La sorpresa ondea sobre él, y se aleja un poco para mirarme a los ojos.
—Entonces, ¿Por qué te alejaste así?
Me encojo de hombros.
—Necesitaba un momento. De lo contrario, podría haber roto la cara de
esa pequeña mierda.
Claramente lucha para no sonreír. Chico inteligente.
—Así que, ¿no hay una graciosa pelea de gatas?
—No si quieres vivir.
323

Sus ojos son claros y cálidos.


—¿Sabes lo que pensaba justo antes de verte?
Página

—¿Quiero saber? —digo con un ceño medio fruncido.


Sonríe.
—Estaba pensando en que eras mi casa y mi paz.
—Dios, sueno positivamente pueblerina. ¿Estaba vistiendo un delantal en
esa visión? —Pretendo rodar los ojos, pero la felicidad me llena.
—Si imaginase eso, el delantal habría sido todo lo que tuvieras puesto. —
Tirando de mí de nuevo, envuelve sus brazos a mi alrededor hasta que estamos
presionados cadera contra cadera. Lo suficientemente cerca como para sentir al
bulto creciendo detrás de sus vaqueros—. También pensaba que me pones más
caliente de lo que ninguna lo hace.
— Dulce hablador. —Pero lo beso. Porque es imposible estar tan cerca de
él y no besarlo. La felicidad se hincha dentro de mí—. Te amo, Baylor.
—Te amo más, Jones. —Se hace cargo del beso, inclinando la cabeza y
ahondando más profundamente, acariciándome con la boca.
—Drew —digo entre calientes besos buscados.
—¿Mmm? —Succiona mi labio superior antes de lamer el inferior.
—¿Cómo estuvo la charla con tu entrenador? —Tengo que preguntar. Si
lo dejo distraerme, lo olvidaré y es importante.
Drew, sin embargo, se pone rígido y me deja ir con un ceño fruncido.
—Así que sabías que iba a venir.
No voy a pedir disculpas al respecto. Necesita hablar con alguien además
de mí. Alguien que podría entender cómo se siente. Soy simpática, pero no he
estado allí. No soy un atleta competitivo.
—¿Discutieron la terapia?
—Jesús. —Drew se rompe, pasándose una mano por el pelo. Los cabellos
de oro-marrón se pegan en la parte superior. Se apoya contra el mostrador y me
mira—. No quiero hablar de esto.
Por supuesto que no. Nunca lo hace. Abro la boca para decirle lo mismo
cuando la puerta se abre.
—¡Hola, hola, hola! —Gray se pasea con una gran bolsa de compras bajo
el brazo. Obviamente, se sienta en el mostrador—. Tú —me dice—, te olvidaste
de recogerme.
Me estremezco.
—Oh, demonios, Gray. Lo siento. Me distraje.
324

—Sí, sí, acaba con las disculpas, y deja de hacerte la inocente, estuve
sentado en el bordillo mientras que tú estabas ocupada con el mariscal de campo.
Página

—Sonríe antes de darme un beso de saludo en la mejilla.


Por encima de su hombro, el ceño fruncido de Drew se profundiza a
medida que mira fijamente mi mejilla. Un rubor de enfado me golpea. ¿Así que
puedo pasar por alto a su ex cachonda frotándose contra él, pero se enoja por un
beso en la mejilla? Retrocedo mientras Gray se da vuelta y le da a Drew una
palmada en el hombro.
—Oye, hombre. ¿Cómo vas?
—Genial. —Drew suena como si moliera algo debajo de un diente.
Si Gray lo nota, no hace mención de ello.
—Buenísimo. Pero esperen, tengo que mear como ustedes no tienen idea.
Drew rueda los ojos mientras Gray se dirige al cuarto de baño.
—¿Por qué lo invitaste aquí?
—Silencio. —Le doy a su cintura un pellizco rápido, y gime, bordeándose
lejos de mi alcance—. Está aquí porque es tu amigo, tonto.
—Acaba de sentir lástima por mí.
—Bueno, ¿quién no lo haría cuando has decidido volver a tener cinco?
Drew me da una mirada de advertencia, a la que no hago caso.
—Está aquí porque te aprecia. ¿Y desde cuándo no te ha gustado la
compañía de Gray?
—¿Desde que comenzó a besar a mi chica? —ofrece con falsa simpatía.
Me quedo boquiabierta. Este no es Drew. Él no es demasiado posesivo o
irracional. No se enoja con amigos.
—Vas a lamentar esa declaración —le digo en voz baja—. Te vas a dar
cuenta de lo mierda que estás siendo.
Sus labios se aplanan en una línea, pero Gray ya está caminando por el
pasillo de atrás. Sus ojos se fijan en nosotros, pero no disminuye ni un paso.
—Ahora, pues —dice como si nada estuviera mal—. Vamos a cocinar.

Drew está hosco mientras Gray cocina. Es huraño cuando nos sentamos a
cenar. Y es sombrío cuando comemos.
Mi mano se aprieta alrededor de la servilleta, el impulso de arrojársela a
la cabeza es relativamente alto. Todo lo que puedo hacer es luchar para mantener
325

la conversación tensa con Gray.


—Está bien —le digo a Gray—, has hecho una lasaña admirable. No es tan
Página

buena como la de mi madre, pero lo será.


—No me mates con elogios ahora —ríe Gray, y luego, niega con la
cabeza—. No estoy tratando de superar a tu mamá italiana con una lasaña de
aficionados, Jones. Es una locura decirlo. —Sus cejas se menean—. Pero acepto el
cumplido.
Drew resopla. El sonido es repentino y severo.
—¿“Jones”? —Jones es su apodo para mí. Pero no pensé que sería
territorial. Le da una mirada dura a Gray, y mi pecho crece apretado—. Y yo que
pensaba que no te gustaba mi chica.
Frunzo el ceño ante Drew. Por lo tanto, el ser un puto descerebrado está
en el menú de esta noche. Es bueno saberlo.
Gray no se inmuta.
—No, hombre —me sonríe mientras responde—, todo está bien. Anna y
yo lidiamos nuestros asuntos sobre el pastel.
Trata de tranquilizar a Drew, pero sé que ha dicho algo que no debía.
La parte superior de las mejillas de Drew se ven rojas.
—Parece que sí —dice con una mueca.
Los hombros de Gray se alzan a medida que avanza lentamente y mira a
Drew. Cuando habla, su voz es fría y plana.
—¿Qué estás insinuando, hombre?
—Gray, él no… —comienzo, pero Gray levanta una mano, sin apartar los
ojos de Drew.
—Deja que diga lo que quiere decir, Anna. —Las fosas nasales de Gray se
ensanchan un poco—. Así que dime, ¿me estás acusando de tratar de hacer una
escena para tu chica? —Está cabreado, más de lo que lo he lo visto, pero detrás
hay un dolor intenso. Siento dolor por los dos.
Los músculos de los antebrazos de Drew se tensan como un cable mientras
aprieta un puño. Se miran el uno al otro, una total combinación de más de ciento
ochenta musculosos kilogramos de creciente agresividad masculina. Ninguno de
ellos parece estar dispuesto a romper el contacto visual. Luego, Drew se mueve,
tan rápido, que me estremezco.
Da un golpe con su puño sobre la mesa, haciendo vibrar a los platos.
—No —suelta, luego toma una respiración áspera antes de empujar la
mesa—. No, ¿está bien? —Sus movimientos no tienen su gracia habitual cuando
se levanta, chocando la silla con su pierna—. Estoy cansado de las mierdas de
326

ustedes dos, escabulléndose para tratar de arreglarme.


Página

¿Escabulléndonos? Casi grito las palabras, estoy tan furiosa, pero no voy
a pelear con él delante de Gray.
Gray resopla.
—Estamos tratando de ayudarte.
—Bueno, no lo hacen.
—Una jodida pena, Baylor. Eso es lo que hacen los amigos.
La mandíbula de Drew se aprieta.
—No hay nada malo conmigo. ¿O esperaban que bailara el vals mientras
salen margaritas de mi culo todo el tiempo?
—No me importa lo que salga de tu culo —dice Gray—, en tanto y en
cuando no estés acusándome de traicionar a mi mejor amigo.
Drew se estremece, su boca apretándose. Pero no se disculpa. Se aleja, su
paso es determinado, incómodo, y enojado.
—Voy a la cama —dice, sin mirar atrás.
Gray se para.
—Yo me iré.
—No te molestes. Hagan lo que quieran. —Drew hace una pausa en la
puerta de nuestra habitación. No se voltea pero posa sus apretados puños en el
marco de la puerta—. Gracias por la cena. —Las palabras son bruscas y
claramente las arrancó de su garganta a la fuerza por la costumbre, y luego, cierra
la puerta detrás de él con un ruido sordo.
Dejo caer los hombros.
—Lo siento, Gray.
Mueve la cabeza, sus ojos azules todavía llenos de dolor e ira.
—Me lo esperaba. Maldita sea, lo ha estado evadiendo por un tiempo.
—No quiere decir eso, lo sabes. —No estoy segura si lo hace o no. Yo sé
que, el viejo Drew, nunca habría buscado pelea con Gray.
Gray niega con la cabeza.
—No está celoso de nosotros. —Su voz es baja, como si no quisiera que
Drew escuche—. Está celoso de mí, y eso simplemente apesta.
Frunzo el ceño, y él suspira.
»Está lesionado, Anna. Y yo no. Tan simple como eso. —Gray rueda los
hombros y la cabeza hacia la puerta—. Llévalo a hablar con ese terapeuta. No lo
culpo por evitarlo —sus ojos reflejan un humor cansado—, pero tiene demasiadas
327

margaritas clavadas en el culo.


Página
Drew
Anna no viene a la cama cuando Gray se va. No estoy sorprendido. La
cagué. Peor aún, sabía lo que hacía en cada paso del camino. Era como si el Drew
racional estuviera encerrado a cal y canto dentro de mi mente, mientras que el
Drew tonto se hacía cargo.
Acostado en la cama, miro hacia el techo y me maldigo por ser tan idiota.
De nuevo. Estoy en un terreno casi negro porque Anna insiste en cerrar tanto las
persianas como las cortinas. Al parecer, le gusta dormir en la oscuridad tan
completa que es como si estuviéramos gateando en un útero.
Lo cual está bien para mí en este momento. Un olvido sensorial estaría
bien.
Una losa gris luz de luna atraviesa la cama cuando Anna abre la puerta.
Debe tener una mirada asesina con visión nocturna, o ser en parte un vampiro
porque no enciende ni una luz mientras se mueve a través de la habitación y en
el baño.
Mi corazón late fuerte en mis oídos mientras escucho el agua corriendo del
lavabo y espero a que regrese. La sugerencia del entrenador se arremolina
alrededor de mi cabeza. ¿Terapia? Sólo estoy lesionado, no chiflado. Sí, tiendo a
analizar demasiado las cosas, pero antes no me encantaba exactamente ir a
terapia.
—Háblame de tus padres, Drew.
—Están muertos, doc. ¿Qué más hay que saber?
—¿Cómo te hace sentir eso?
Como si estuviera en caída libre desde la oscuridad del espacio.
¿Cómo me siento ahora? Como si estuviera en caída libre desde la
oscuridad del espacio.
De alguna manera mis dedos terminan agarrando las sábanas. Me obligo
a dejarlo ir, y calmar al infierno hacia dentro. Es sólo una jodida pierna rota. Se
curará. Volveré a estar en forma.
En la siguiente respiración estoy en el campo, el aroma de la hierba, tiza,
y mi propio sudor llenando mi nariz. Oigo pasos en la zona defensiva, siento que
reverberan a través del suelo mientras vienen sobre mí. Se me aprieta el
estómago, el ácido aumenta en mi boca junto con el terror profundo en mi alma
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de saber que este saque va a ser catastrófico. A continuación, el rayo del dolor
caliente y el sonido de mis huesos rompiéndose como la dura madera. Se me
Página

revuelve el estómago con dolor.


Ese chasquido, se hace eco como un sonido enfermo en mis oídos, incluso
mientras tomo otra bocanada de aire. Entonces, Anna está ahí, metiéndose en la
cama, el colchón apenas sumergiéndose debajo de su ligero peso.
Por primera vez, me arrepiento de la compra de una cama matrimonial.
Ella bien podría estar en Siberia, pegándose a la orilla de su lado, mientras estoy
colocado sobre mi espalda como una losa de piel de res en el mío.
Ya que he estado en la oscuridad más tiempo que ella, puedo ver en
sombras la forma de sus hombros, redondos y contorneados, lejos de mí. Los
rizos derramados sobre la almohada en una masa oscura y laberíntica.
Un bulto llena mi garganta.
—Lo siento.
Mis palabras cuelgan incómodas y en voz alta sobre nosotros.
Las sábanas se mueven ligeramente mientras se vuelve, y después, está a
mi lado, su mano cálida acaricia mi bajo vientre. Me encanta la forma en que me
toca, la manera en encuentra los puntos exactos, los que son más sensibles.
Deslizo mi brazo bajo su cuello y la atraigo más cerca, reconfortado cuando apoya
su cabeza en mi hombro. La curva de su delicioso culo llena mi palma. Le doy un
ligero apretón.
—Me disculparé con Gray mañana. —Lo cual no será fácil, ya que casi
nunca peleamos, y fui un gran imbécil.
Los senos de Anna se presionan contra mi costado cuando suspira. Está
usando uno de esos camisones delgados que la favorecen, el cual no hace nada
para bloquear el calor de su cuerpo, y lucho por ignorar cómo sus dedos trazan
un círculo debajo de mi ombligo.
—Estamos, todos nosotros, jodidos de alguna manera —dice—. La única
diferencia es la cuestión de qué tan profunda es nuestra locura y cómo
manejamos nuestra mierda. Francamente, creo que la locura va y viene en ciclos.
Hago un sonido, en algún lugar entre una risa y un resoplido.
—Debe ser mi momento del mes, entonces.
—Mmm… —Anna me acaricia de nuevo—. No debería haber invitado a
Gray sin preguntarte. Lo lamento.
No puedo contenerme. En un movimiento, ruedo sobre ella, y sus muslos
se apartan al instante, acunando mis caderas mientras apoyo mis antebrazos a
ambos lados de ella, así no aplastaré su pecho. Sus ojos brillan en la oscuridad,
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su pelo es un halo salvaje alrededor de su rostro pálido.


—Tu pierna —protesta contra mi buscadora boca.
Página
—Está bien. —Acaricio sus labios, y luego, sumerjo mi lengua en su boca
dulce. Tiene un ligero sabor a pasta de dientes de menta, pero en el fondo es pura,
deliciosa Anna. Besando su boca carnosa, esa sensual boca hace que mi cabeza se
aligere. Se gira cuando mi erección se frota sobre un cosquilleo de ondas y de
resbaladizo deseo. Que se moje por mí tan fácilmente como yo me pongo duro
por ella es algo inmenso a lo que nunca me acostumbraré.
Con cuidado me sacudo en su contra, deslizándome sobre el lugar donde
quiero estar. Mis manos enganchan su camiseta y acaricio su piel sedosa. Sus
curvas son suaves y cálidas por debajo de la dureza de mi cuerpo.
—Anna. —Beso la comisura de su boca, luego la otra—. No te merezco.
Aprieta mis mejillas, sus pulgares rozando mi mandíbula.
—Probablemente no —dice en otro beso—. Puedo ser un dolor en el culo.
—Siempre con los chistes —susurro antes de besarla más profundo y
levantar mis caderas lo suficiente para que la cabeza de mi pene encuentre su
centro húmedo. Con un gemido, me hundo en ella. Tan apretado. Tan perfecto.
Un temblor de calor baja por mi espina dorsal. Voy despacio, haciéndole
el amor con una adoración que me tiene temblando, sudando. Sus manos
acarician mi espalda, mi culo, una exploración suave mientras hace pequeños
ruidos que envían deseo ardiente por mis venas. Es perfecto. Me doy un banquete
en su boca suave y bombeo lentamente dentro y fuera de su cuerpo acogedor.
Aquí y ahora, estoy entero. Curado. Si sólo pudiera durar para siempre.
Pero nada lo hace. Y pronto se hace evidente que, aunque Anna está
respondiendo a mi tacto, no está siendo de la forma en que normalmente es.
Comienzo a sentir la tensión en ella, la manera en que se retiene. Me recuerda a
aquellos primeros días en que yo trataría de moverme por un beso, y ella me
evadiría. Mi interior está frío y pesado, y levanto mi cabeza.
—¿Qué pasa?
Está demasiado oscuro para ver totalmente su expresión, y no me gusta
eso. Odio la forma en que se endurece aún más. La forma en que se detiene por
un momento demasiado largo. Cuando habla, su voz sale poco natural, apagada.
—Nada… Drew… —Sus pechos se presionan contra mí mientras se toma
un respiro—. Solo estoy cansada.
Un bulto llena mi garganta.
—Deberías haberlo dicho. Deberías haberme parado.
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Sus ojos brillan en la oscuridad gris. La tristeza en ellos hace que mi pecho
se apriete.
Página

—No es tan malo como eso —dice, llegando hasta tocar mi mejilla. Pero
he visto suficiente. Trato de separarme de ella, pero soy torpe, aplastando mi
pecho en el de ella, mi pierna mala pellizcándome y enviándome dolor hasta la
cadera y hacia abajo a mis dedos del pie. Muerdo una maldición, mientras Anna
intenta tirar de mí de regreso. Es torpe, pero la evado.
—No quiero sexo por lástima —susurro, ruedo lejos y me siento en el
borde de la cama.
La mano de Anna apenas toca mi espalda, como si hubiera estado llegando
a mí, pero luego, se ha ido, y su voz sisea como un látigo en la oscuridad.
—Y yo no quiero ser acusada de dártelo.
No voy a pedir disculpas. Ya he terminado de disculparme esta noche.
Hago trabajar una de mis manos a través de la otra y me levanto de la cama.
—Olvídalo.
—¿A dónde vas?
—No puedo dormir. —Agarro un par de pantalones cortos desechados.
Me los pondré en la sala de estar. Demonios, si voy a bambolearme por aquí,
tratando de vestirme—. Vuelve a dormir.
—Drew…
—Por favor, Anna. —Mi voz se rompe, desesperada—. No puedo seguir
con esto esta noche. —No espero su respuesta, pero huyo a la seguridad de la
otra habitación, donde está tranquilo y libre de cualquier expectativa. Por
primera vez, desde que conocí a Anna, me pregunto si sería mejor que manejara
esto solo.

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Traducido por Dahi
Corregido por Clari

Anna
Alguien tiene que ceder. Drew se hace daño por dentro, y no puedo
ayudarlo. Tampoco puedo simplemente sentarme e ignorarlo por más tiempo.
La tensión que se crea es un globo cada vez más inflado, creciendo apretado e
hinchado. Tengo tanto miedo del estallido inevitable, que no me atrevo a tocarlo.
Pero la única cosa que alguna vez me ha traído evitarlo es dolor.
Acostada en la cama, veo la luz de la mañana colarse a través de una grieta
en la cortina, estirando sus pálidos dedos por el techo. Mi corazón es una piedra
pesada en mi pecho. Tengo que decirle cómo me siento. No va a ser fácil. El
orgullo de Drew es algo muy poderoso. Y mucho más sensible de lo que jamás le
di crédito.
Algo se estrella fuera en la sala, me tiene sentada rápidamente. Me lanzo
una bata y corro.
Drew está en cuclillas sobre un vidrio roto. Doblándose en un ángulo
incómodo, en su intento por barrer los pedazos.
—Aquí —digo, yendo hacia él—, déjame.
—Puedo hacerlo. —Su tono es cortante cuando me aleja.
Me quedo atrás, viendo cómo limpia el lío. Nubes de tormenta
ensombrecen su expresión. Y cuando agarro un trozo suelto de vidrio con una
servilleta, la tormenta se rompe.
—Jesús —chasquea—, te dije que podía hacerlo. ¿Puedes dejar de flotar
sobre mí como una abeja?
Lucho para mantener mi expresión neutral cuando tiro el vidrio.
—No viste uno, y yo lo vi. Eso no es estar flotando.
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—Oh, ¿no? —Sus cejas oscuras crecen con incredulidad—. Así que, ¿no
has estado caminando sobre cáscaras de huevo alrededor de mí todo este tiempo?
Página

Haciendo una pausa, tomo un respiro. Calma. Necesito calma.


—Si he estado caminando sobre cáscaras de huevo es porque has estado
buscando pelea.
Su testaruda barbilla se levanta, y sus ojos no se encuentran con los míos.
—Tal vez tú has estado esperando a que me rompa.
—Tal vez lo hago.
Se estremece ante eso, su mirada lazándose hacia la mía.
No quito la mirada.
—Tal vez estoy buscando al Drew del que me enamoré. Porque, si me
preguntas, se ha ido a la clandestinidad.
El color se drena de su rostro, pero puedo ver las ruedas girando en esa
aguda mente suya. Sé que va a evitar esto, fingir que todo está bien, y que todo
está en mi cabeza.
Como un reloj, su expresión se alivia.
—Anna…
—No —doy un paso hacia adelante, señalándolo con el dedo—, a la
mierda con “Anna”. Tú no me apaciguarás por más tiempo.
Sus cejas se arrugan.
—¿Qué es lo que quieres de mí? Estoy tratando de no pelear.
—No me importa si peleamos, si eso significa que reconocerás el hecho de
que has tenido un problema en tu cabeza hasta el momento. —Ahora, mi corazón
está acelerándose. No me gusta la confrontación. Detesto que sea con Drew.
Los músculos de su cuello se tensan y su color oscurece.
—Jesús, ¿qué les pasa a todos? —Rastrilla una maño por su pelo
desordenándolo antes de golpear su muslo—. ¿Le darías un descanso? No soy
un problema que todo el mundo tiene que resolver.
—Oh, mentira.
Su ceño va hacia arriba.
—¿Discúlpame?
—Ya me escuchaste. Eso es una absoluta puta mentira. Sabes muy bien
que si fuera yo, Gray, o cualquiera de tus amigos, harías lo mismo. Así que no
empieces otra vez con la línea “por qué no me dejan solo”.
Drew retrocede, su culo golpeando el mostrador.
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—Ni siquiera sé por qué te importa.


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—¡Por supuesto que me importa! ¿Por qué no me importaría?


—¿No es mejor si no vuelvo a jugar de nuevo, Anna? ¿Eh? —Da un paso
con fuerza en mi dirección—. Quiero decir, no es como si tú quisieras que sea
mariscal de campo. No querías tener nada que ver conmigo al principio. Tomaste
una mirada y decidiste que solamente era un atleta cabeza hueca que no era
digno de tu tiempo.
—Eso no es justo. Sabes que no quería quererte…
—Bue