Está en la página 1de 177

Jean-Marle Schaeffer es investigador del

Centra Nacional de Investigaciones Cien-


tíficas de Francia y miembro del Centro
de Investigaciones de las Artes y el Len-
. guaje del Instituto Superior de Ciencias
Sociales. Trabaja de manera interdisciplí-
nar en los ámbitos de la estética general
y de 1a teorfa 1itera ría. Entre sus obras
destacan: La imagen prec¿¡ria (1987},
El arte de la edad moderna (1992), ambos
traducidos at castellano, Qu'est-ce qu'un
genre Jittéraire? (1989) y Adleu al'es-
lhétique (2000).
DESóRDENES m
BIBLIOTECA DE ENSAYO

¿por que la fictifin?


Jean-Marie Schaeffer S
~

¿por qui! la fittifin?


~m BlBLlOTECA
DESÓRDENES
m: ENSAYO IIil \},LENGUA DE TRAPO
Traducción de José luis Sánchez-Silva

www.lengusdeirspc.ccm
Diseño ele colección: Rafa Sañudo • B. Obarhagemann 1RaRo SL
Título del original francés: Pourquoi la fiction?

Índice

Esta ob1•a ha recibido la ayuda del P. A. P. GAncíA Lo:RCA, Programa Preámbulo . ....... , .. , . , . , . , .............. , . IX
de Publicaciones del Servicio de Cooperación y de Acción Cultural de .. t eme a 1a mu
I . ¿•Qmen . 'tae:ton
.• ?................ . 1
la Embt\iada de :Francia en España y delllllin:isterio de Asuntos 1. Del lobo imitador nllobo wtual, 1. 2. Platón I: del «hacer»
al «hacer-como-si», 14. 3. Platón TI: imitm· y conoce1; 22. 4.
Exteriores ñ·ancés. Las dos genealogías de la imitación lúdica, 31. 5. Platón a
pesar de todo, 86.
Esta obra ha sido publicada con la ay1.1da de la Dirección General II. :Mimesis: imitar, fingir. representar y conocer .. 41
del Libro, Archlvos y Bibliotecas del Ministerio de Educación, Cultura 1. De un embrollo secular, tll, 2. l'l.limetismos, <14. 3. De la
y Deporte. semejanza a la imjtación, 82. 4. De la imitación a1 fingi-
miento, 73. 5. De la representación a la representación
mimética, 84. 6. La mimesis como medio de conocimiento,
100.
111. La ficción . . . . . . . . . . ................... . 115
1. Intitaeión, engaño, fingimiento y ficción, 115. 2. La filo-
génesis de la :ficción: del fingimiento lúdico compartido,
128. 3. La ontogénesis de la competencia :ficciona1: de la
© Éditions du Seuil y Jean-Maria Schaeffer, 1999 autoestimulación mimética, 148. 4. La inmersión ficcional,
©de la traducción: José Luis Sánchez·Silva, 2002 163. 5. Modelización .t'lccional: :ficción y referencia, 182.
©EDICIONES LENGUA DE TRAPO SL, 2002 IV. De algunos dispositivos ficcionales. . . . ...... . 216
Tel.: (+34) 914110248 1. Ju'egos, ensofulciones y arte, 216. 2. Vectnres y pusturas
www.lenguadetrapo.com ele 1nmersi6n, 228. 3. El relato de ficción, 245. 4. La ficción
Correo electrónico: info@lenguadetmpo.com teatral, 256. 5. Representación visual y ficción, 269. 6. El
Reservados todos los derechos cine, 281. 7. Ficciones dlgitales, 292.
ISBN: 84-89818·89·5 V. ·Conclusión ............... · ............ . 302
Depósito legal: T0-1084-2002 Bibliogtaña ............................... . 820
Imprime: RaRo Producciones SL
Impreso en España

Queda prohibida ttmninantemente la reproducción total o parcial


de esta obra sin previo consentimiento pro· escrito de la eclitorial VII
Preámbulo

Siendo cmno son las exigencias da la :información estival,


el dim1o Lib~ration del 26-27 da Julio de 1996 préte:ndia
captar la atención de. sus lectoras po1• medio de los encan·
tos de una criatura llamada Lara Croft. Junto a una 1•e..
producción de la joven en cuestión -«armadá con una Uzi
y luciendo un bikini de marca Gucci»--.Y bajo el s:nlYtítulo
«Ha nacido una estrella virtual», se podía leer; «Maciza,
intrépida, asttlta, La1•a Croft ha conseguido que millon.es
de tet'l"Ícolas pierdan la cabeza. :Mito sexual al desnudo en
multitud de portales de 1ntm-net, Lara C:ro:ft no col'l'eA.
peligro de envejecer: se trata de la he:roina de un videojue-
go, Tomb Raider, de éxito gigantesco; más de dos millones
de copias .vendidas en todo el mundo. Por encima de los·
enormes inter.eses económicos, esta criatura de bits y'p:fxe·
les y el entusiasmo que suse:i'ta son s:ínto:mas de una nueva
cultura>>, Según las declaraciones, dos páginas después,
del l'esponsable de una fi1•ma especializada en trucajes
mgitales para el cine, asa nueva cultura -la «cibercultu·
ra»- iba a ser una <levolución comparable al Renaci..
r.niento». ·
Lo que resultaba .chocante en aquel especial, por ot:ra
parte excelente, era ver un v:idaojuego -y; por tanto, se
di:r.ía, un universo ficcional interactivo-- elevado al estatua
de síntoma de la <•cibercultura», es decir, del conjun·tó de
prácticas culturales vinculadas a los r.nedios digitales. Po:r
'Supuesto, la expresión «universo :ñccíonal» es de mi cose·
IX
cha. En los CÍI'culos de la «clbe:rcultura» se hablada más se oponen en lo refexente a las consecuencias de la «ciber·
bien de «renlidad virtual» para distinguir entre los un.ive:t'· cultura» sobre el futuro de la humanidad coinciden en sus
sos digitales y las :ficciones «tradicionales», Los artículos 'de p;emisas. Am~as so~~enen que las realid~des creadas g:ra-
Libération sugerían en todo caso la idea de un vinculo Clas a las técmcas d1g:¡tales poseen un estatus radicalmen~
esencial ent1·e la revolución tecnológica digital y una .revo~ te nuevo, irreductible a todo lo que la humanidad ha con~
lución paralela que afectarla al imaginario humano. Al cido hasta el pres~nte. Ahora bien, estas premisas dan pie
pa1·ecer, actualmente estaríamos as.istiendo al nacimiento a equívocos c1·uzados. La visión eufórica de la 1·evolución
de una nueva modalidad del ser, la «realidad virtual» -di- digital, ilustrada po1· el especial dedicado a Lara Croft,
ferente a la vez de la reaHdad «vtn•dadern» y de loa pl'Odue- eleva un banal juego ficcional al nivel de una modalidad
tos tradicionales del imaginario humano, es decir, de las ontológica supuestamente nueva, la de la «realidad vir·
:ficciones-. Al caHñcar a Lara Croft de «es·trella,,, conce 8
tttal». La visión rival denuncia esa núsma «l"ealiclad virtual»
iliéndole por tanto el estatus ele actriz virtual en vez del de como «Simulacro» y como <fa:pariencia>> -tél"Dlinos ut.ilizados
simple pe1•sonaje de ficción, el periódico se hacia eco de este tradicionalmente para condenar... la ·.ficción-. Esto es cuan-
postulado. do menos extraño.
Esta concepción de la revohlL'Íón digital no es nueva, Nada más lejos de mi intención que s~1bestimar las pro-
pues hace ya una década que circula por todas pa:rtes. Pero fundas pe1turbaciones que la revolución digital-y en este
da lugar a dos interpretaciones opuestas. El especial dedi- ca..c;o el término «revolución}> no me parece demasiado fuer·
te- provocará (provoca ya) en los campos de las ciencias,
cado a Lara Croft es tfpico de la interpretación eufórica.
Sin embargo, existe una variante opuesta rarlicalmente las tecnologías, la información y la comunicación. Esta
disf6rica, también expuesta más de una vez en el mismo fum·za transformadora de lo digital está. íntimamente ligada
periódico. Su punto de partida es el mismo: la revolución al hecho de que se tl·ata de una herramienta gene:ralista,
dig:hal hal'á entrar a la humanidad en una nueva era la de pues, como apunta Claude Cadoz, ctla máquina :informática
las lc1•ealidadas virtuales)), PeJ•o la conch1sión que ext~ae es tiene la particularidad de ser la única en inte1>ven:i:r a la
completamente diferente: e,sta 1·evolución anuncia al fln de vez en los tres campos siguientes: el de la acción, el de la
obs~rvación y el conocimiento de lo real, y el de la comuni·
la realidad (<Verdadera». La «Cibercultw·a» conducirá a la
victoria de los simulacros sobre lo real, o al menos a una
cac1ón»1• Por otra parle, no cabe ninguna duda de que ]a
utilización d.~ las té~cas digitales abre nuevas posibilida·
indi:fel·enclación de ambos: vamos a entra1· en una era des a la ñce1on. Puede que estas nuevas ftmnas de ficción
caracteli.zada por el :fin de la división ontológica entre el
incluso modifiquen has·ta cie11o punto las relaciones tradi·
ser (auténtico) y la apariencia (ilusoria).
cionales entre la ficción y las otTas formas ele interacción
El hecho de que estas dos posiciones resuman en lo con la r~ali~a~. Pel'o nada de todo esto justifica los pl'esu~
esencial las opiniones vertidas en la plaza pública sobre la puestos nnplíe1tos de las clos tesis en cues·ti6n, ni tampoco
revolución (lcibernética» es revelador. De forma manifiesta, los escenarios históricos que desarrollan.
nos resulta difícil hablar de la simulación digital de otro . El escenario catast1·o:fista es particularmente poeo con-
moclo que no sea en términos extremos~ bien desde la pers~ vmcente. Pa:ra empezar, la sola idea de una posible victo-
pectiva entusiasta de una conquista de espacios virtuales ria de los simulaCl·os sobre la I'ealidad me parece absurda.
infinitos, o desde la opuesta, la de la escatología de una Supongamos por un momento que la humanidad decidiese
humanidad condenada a vivir en la apariencia y manipu-
lada por estructu1·as de poder totalitario a lo Orwell. Lo
importante en todo caso es que, aunque las dos versiones ' Cadoz (1994), página 72.

X X1
no distinguir entre lo 'verdadero y lo falso, o que la evolu- :figtll'tt el personaje de ficción que es Laxa Croft en una
ción tecnológica la llevase un día a con:fundh· lo real y lo «f;)st:rella virtual», pues, si (al menos provisionalmente)
imaginarlo (po:r ejemPlo la copulación real con el «cl.be:rse- dejamos de ladp el hecho ele que La:ra C:roft es el pel'SOntlje
xo»). Si tal cosa ocurriese, no conduchia al nacimiento de de un juego en vez del:'de un relato (diferencia que pone al
una sociedad totalmen·te alienacla, sino, más prosaicamen- . descubierto un aspecto intel'esante de las ficciones tUgi·
te, a la 1·ápida desaparición de nuestra avasalladora espe- tales), sólo se distingtle de sus ancestros no digitales en
cie. Además, afoo·tunadamente (o desgraciadamente, desde . que ha sido «generada» por un código digital, mientras que
el punto de vista de la mayorla de las o'tl·as especies), la aquellos fneron creadns -y lo son aún- a través dellan·
revolución digital no tiene estrictamente nada que ve1· con guaje (en el caso de Julien Sorel), a través de una impre-
una supuesta victoria de los simulacros sobl'e la :realidad o sión f.Omica (en el caso de ludiana Jom~s) o gráficamente
.sob1·e la representación ve:rídica. Las técnicas digiÚues, en (en el caso de Scooby-Doo). En lo que se refiere a su esta~
e"!ecto, dan origen a <(realidades vh'tuales», pe1·o la ((vil'tuaw tus ontológico, Lara Croft no es ni más ni menos <<V:Í:rtual»
lizac:ión» del mundo no es lo mismo que su :ñcciona.Bzación: que cualquier otro personaje imaginario. El hecho de que
lo vil'tual como tal se opone a lo actua111 y no a la realidad; se t:rate tle un pe1·sonaje de :ficción e31carnado en una simn·
sólo la ficción puede oponerse a la «<'ealidad» (aunque decir lación clig:ital de secuencias ñlmicas no afecta a BU estatua
esto es como no decil' nada). Por último, oontrruimnen·te a -lo que demuestra que la: ficción digital no altera el·estaw ·
lo que presuponen los sochantres y las cassand:ras de la tus lógico de la ficción (en relación con la «realidad»), sino·
:revolución digital, la virtualizaclón no es en absoluto una que se limita a pone1· a nuestra disposición nuevas fo:rrnas
invención de la era digital. Las <crealidades virtuales~> de fabricar y consu:m:il· ficciones (lo cual no es poca cosa)-.
nacen con los sistemas biológicos de repl'e.santación3: toda
t·ep:resentacion mental es una realidad virtual. Así pues,
existe una xelación entre lo virtual y la ficeión. La ficción, Pero ¿por qué presentar un libro que se supone trata de
cómo modalidad particular de la :representación, es al la ficci·án con consideraciones sob:re los videojuegQs y la
mismo tiempo una forma especffica de lo v:h'tual. PeJ•o <•cihel·cultu:ra~)? ¿No es plf:mtearse un punto de partida más
como forma especifica, es precisamente ineduetible a la bien fútil y nte:ra de lugar? Creo que esta doble objeción
definición general de lo vi:rtual. requiere una doble l'BSPl.lesta. Para empezar, no sé si las
La tesis según la cual la revolución digital confirmada realidades en cuestión pertenecen al ámbito de lo fútil. Des--
el nacimiento de tma nueva modalidad del imaginario pués de todo, la línea divisoria entre lo serlo y lo fútil no
humano sustanciálmente diferente de las ficciones tradi· pasa por el :nrlsmo sitio para todo el mundo, como ntekrtigtla
cionales parte de la misma confusión, que queda per.fectaw el hecho de que incluso la ficción litéraria, en nuestros días
mente ilustrada por el artím:tlo ele Libération cuando t1·ans· l.Ulánimemente · celebrada, en el pasado fuese a menudo
·sospechosa de futilidad. En segundo lugar, y en realidad es
lo único qua :impoo'ta, incluso si el diagnóstico de futilidad
3 Ver Lévy (1995), página 18 y siguientes. fuese ac~11tado, no pol' eso dejaría de ser cierto que hoy la
3 Lévy (obrn citada, pá¡ina 89) pretende que el nacimiento de los p:ro- ctlestión de la ficción atañe también a los videojuegos y la
eadimientos de v.irtualizaelón se I'emonta al nacimiento del lenguaje: de <~cibel·cultura».
hecho, ellengu(\je no ea amo el más ~ompltúo y el más reciente de loa aia· Pa:ra empezar, as incuestjonable que los videojuego.s
temas representacionnles desarrollados en el eu.rso de la evolución de las
especies. lncluso el .sistema reprasentaeional mtis primitivo presupone ya ocupan un espacio cada vez mayor en el imaginario -y; por
u:na modelización (y por 'tanto una virtualizaclón) del mundo exterior. tanto, en la cultma ficcional- de nuestros hijos y nietos,

Xll Xlll
como lo demuestra en particular el hecho de que su forma · cionalmente formuladas contra la ficción. Dicho de otra
lúaica originada sea cada vez .más a menudo el punto de forma, tras el intento de ponemos e:g guro·dia contra los
partida para representaciones :ñccionales en el sentido peligros de la xevolución digital s~ esconde lisa y llana-
canónico del ténnino, por ejemplo películas o series de ·tele- mente el antiguo problema de la ficción. El debate actual
visión. Esto justiñcal'ia de por si su interés para cualquie- no es en efecto más que el últhno avatar de un cuestiona-
ra que se plantee la cuestión de la ficción. Pe1·o ex:iste una miento recurrente en la cultura occidental desde la Grecia
razón más profunda por la que no podemos ignorarlos. antigua. Esto explica por qué no nos ayuda en absoluto a
Estoy convencido de que no se puede comprender qué es la evaluar los posibles peligros de la revolución digital, pero
ficción si no se parte de los mecanismos fundamentales del en cambio nos enseña mucho sobre la actit·ud ambivalente
«hacer-como-si» -del fingimiento lúclico-- y ele la simulaR que seguimos mml'teniendo respecto de la creac16n ñccio..
clón imaginativa cuya génesis se observa en los juegos de nal. De hecho, este debate demuestra que, en lo que se
rol y las en.so:fiaciones de la infancia. Ahora bien, los video- refia1•e a nuestra actitud frente a la ficción~ seguimos sien-
juegos movilizan las mismas aptitudes: para poder jugar a do contempo1'áneos de Platón.
un juego digital, hay que ser capaz de entrar en un uni-
verso regido por el fingimiento lúdico. Constituyen por
tanto una de las posibles puertas de entrada hacia ll;l cues- El contexto qua acabo de esbozar delimita el objetivo de
tión más general de las relaciones entre los juegos ñceioR este libl'O. En él, se trata:r.á de desro·rollm· un análisis de la
nales y la ficción en el sentido canónico del término. ficción capaz ele hacernos comprender su papel central en
En cuanto a la <(eibel·cultnra» en general, si bien los la cultura humana y que, de paso, explique la importancia
debates que Jll'Ovoca no nos enseñan gran cosa sobre la revo- antropológica de las artes miméticas, habida cuenta de que
ltlción digital, nos informan (involúntariamente) sobre el esas a:l'tes son también -en proporciones sin duda varia..
estado de la cuestión de la «ficción)) an este final del siglo xx. bles y según modalidades múltiples- artes de la ficción.
Como ya he indicado, la <(revolución digital» no tiene en sí Esta perspectiva me llevará a conceder una posición cen~
misma ningún nexo interesante con la cuestión de la «apa- tral a la noción de :mimesis. La imitación, la sem~anza, el
riencia~>, :n:i, en consecuencia, con la de la ficción. No quieM simulacro, la ilusión, etc., son términos que, al menos
ro sugeri:r con esto que la inquietud que algunos experi- actualmente, tienen mala prensa: los hechos que designan
mentan frente al desarrollo de los medios digitales carezca son a menudo calificados de incompatibles con todo arte
de fundamento. Los sexes humanos siempre han puesto «vro·dadero», y las nociones analíticas a las que correspon·
sus avances tecnológicos al servicio de los objetivos más den son sospechosas de estar desprovistas de toda pel·ti-
diversos, de fo1·ma que, generalmente, .sus consecuencias nencia en el terreno de la reflexión sobre las artes. Espel'O
se han visto mitigadas. Haría falta ser ingenuo para c1·eer demostrar que no sólo se trata de categorías índispensa·
que con las técnicas digitales pudiera oeurrl:r ot1·a cosa. bles, sino que, además~ designan procedimian·tos ·técnicos o
Pe1·o esos riesgos, cualesquiera que sean, no pueden expli- efectos que desempeñan un papal fundamental en innume-
car la virulencia y el carácter a menudo escatológico de las rables actividades artisticas. Con esto no pretendo hacer
polémicas, ni su polar.ización en torno a una supuesta una ob:ra innovadora: la senda que seguiré fue abierta po:t•
hegemonía de los «simulacros». La :situación se aclara sin otros trabajos a los que tendré ocasión de refa1irme a lo
embargo en euanto tomamos conciencia del hacho de que la largo de estas páginas. .
argumentación sobre la que descansa la visión disfórica del N o obstante, no conviene equivocarse sobre la función
futu:ro «cibernético» le debe mucho a las acusaciones t:I•adi- que atribuiré a la m:imesis. N o todas las mtes son rapre-

XlV XV
sentacionales: esta categoría no poib1a constituir al funda- (y de sus discípulos), sino da demostrar sobre qué prest1-'
manto de una teo1ia gene1·al de las artes. Sería tan abusi- puestos (a veces implícitos.) descansa, y compl'Emder las
vo como identificar las artes de la representación con los inquietudes que pudieron motivarla. Los ptesupuesto.s de
mecanismos miméticos que estas emplean. Pol' una parte, la posición antimimética están ligados a una incompren-
al hecho de rep1·esentar una cosa no puede ser reducido al sión profunda de las actividades mimética~, como testjmo-
hecho de imitar una cosa, ;ni siquiera en el caso de"que la nia especialmente ·la amalgama (insidiosa) entre ficción e ·
1'ep1·esen-taci6n se sirva de mecanismos mimétic.o.s. Por ilusión engañosp. Al :mismo ·tiempot la ficción está atrapa-
otra, la ficción es una -realidad «emergente», es, .decir, se da en el debate entre. el filósofo y el sofista, debate en al
·tl·ata de un hecho intencional especi:ñco e irredu·ctible a la que aquella s6lo pued'e ocu:pa1· el lugar del perdedor: ¿quién
simple adición de sus mecanismos básicqs .. Err cambio, me quel"l"ía ocupar el puesto del <®alvado» sofista? As:imis1no,
propongo reafirmm· las relaciones (reales, pero muy a habrá que intentar eomprencle1· los motivos de preocupa-
menudo olvidadas) tmt1·e las actividades miméticas <«coti· ción subyacentes a la polémita, pues su vh'ulencia no
dianas,> y la ficción (y, por tanto, también las a:r&es mimé~ pttede ser explic.acla po:r el mero enfrentamiento ent1·e dos
ticas). Pues la :importancia del mimetismo (lúdico y serio) dispositivos discursivos, el del filósofo y el del so-fista. Mi
en 1a vida de los seres hmnanos es lo qua permite com- hipótesis será que esas inquietudes obedecen a un funda-
prender por qué las artes de la representación tienden tan mento más <•o.sem·o», ligado a una conce:pci6n particular de
a· menudo (aunque no siempre) a la exacerbación del efec- la genealogía de las actividades de simuláción. Ahora bien,
to mimético. Sólo una comprensión a.decuada de los :fu:nda- esta concepción puede enseñarnos cosas importantes -si
~entos antropológicos de las aetividades miméticas p·uede no sobre qué es la. ficción, al menos sobre lo que no es-. ·
ayudarnos a entender los cimientos comunes de las a:rtes 2. La noción~de ñcción hace surgh· inmediatamente las
:mllnéticas e indicarnos la fuente primigenia· del atractivo de imitación) fingimiento, $Ímulczción, simulacro} represen·
que desde tiempos inmemoriales no dejan de eje1·cer sobre tación, semejanza, etc. Ahox•a bien, aunque todas esas no-
los se1·es humanos. cjpnes desempeñan un papel importante en nuestras dis-
Este es al menos el horizonte ideal de este libro. Pero pro- tintas formas de hablar de la ficción, raramente :Se utilizan
poner un marco general es una cosa y alcanzl.)l'lo otra. En de manera univoca. Por tanto 1 no es en absoluto sm·pren-
este caso, la emp1·esa supe1·a con mucho los límites de un dente.. ,que la misma noción de (•ficción» sea inaprensible.
h'bro y me temo que también mis co..mpetenclas. ~li progra- De ahí la importancia de una clarificación nocional. Esta
ma efectivo será po:r tanto mucho menos ambicioso. El}tre debe11a permitir resiiuar la ficción en el contexto global de
los múltiples aspectos dél :problema, sólo :me ocuparé de nuestras 1naneras de representar el mundo y de interac·
cinco. Aunque están lejos ile agotar el tema, me pm·ecen tu'ar con él. Como es obvio, este análisis constituirá un
capaces de captar .sus puntos esenciales: punto neurálgico del presente trabajo, en el sentido ele que
1. La discusión en torno a la «revolución digital)>- mues.. todas las consideraciones ultelioJ·es dependerán directa·
traque, si se qu:iel'e llegar a tma comprensión pqfiitiva de mente de él. ·
la m:ímesis y, más especlñcamente, de la ficción; antes cQn- 3. Muchas espacies animales han ~esan·ollado capaci·
viene desarmar la ru•gum,entaeió:n antimimétlca..Esa fll'gll· dadas miméticas, y no pocas son . capaces de pone1· los
men'tación está tan prañmdamente a.n:-aigada en, nuestra mecanismos miméticos al servicio de actos de fingimiento
tradición cultural que, a veces, incluso. mm·ca las teorías de (se;rio). Por otra parte, muchas especies de mamíferos son
los defensores de la ficción. Empleo a propósito el término capaces de desviar cie11as actividades motrices de sus ftm-
<<desarmar», No se trata de <irefutar» la posición de Platón ciones primigenias pru·a producir con ellas simulacros lúdi~
XVl XVll
cos: basta con obse1'Var a los cachon·os cuando se pelean tardío de la evolución de los seres vivos: la competen~ ñc-
entre ellos o con s-us paili·es. Pero la especie hmnana parece cional t•equiere el aprendizaje de. un ctlnj11nto de acti·tudes
ser la 11nica en habe:r desarrollado una aptitud para pl'odu· intencionales de gran complejidad (tan grande que supera,
cir y «consumir» ficciones en el sentido canónico del tá1'1l1ino, parece ser, hasta las aptitudes de nuestros primos> los gran-
es decir, representaciones ñccionales. Aristóteles ya señaló des monos). Dicho de otra forma, la división entre lo ficticio
que el hombre era el animal imitador pm· excelencia y que y lo factua) es una conquista humana, tanto en el plano filo-
esa disposición na-tural era la base de la invención de la fic- genético como en el ontogenético. Pero se trata en efecto de
ción: <dmita1· es connatural a los hómbres y se manifiesta una verdadera conquista de la especie htunana como tal y no
desde st'l infancia (el hombre se distingue de los otros mú- de una cultm·a en partimllar: todas las comunidades huma-
males en que es muy apto pa:ra la imitación y adquiere sus nas conocen actividades ele :ficción, aunque sólo sea en fo:rma
pl'Ílllm'OS conocimientos a través de e1la),> 4 • No es sorpl·en- de juegos de fingimiento h.íclico (de los niños). Aho:ra bien,
dente que la ficción no haya visto la luz hasta un estadio tan aunque existen buenos análisis de la ficción verbal y de- sus
relaciones con el ñngin'riento lúdico6, y, en menor medida, de
otras formas ficcionales particulares (pm· ·ejemplo el teatro o
• Aristóteles, Poética, 48b. Sigo aquf la trad\lCción de }lar(ly (1932). En el cine), la cuestión general de la :fieción -que es funda-
su traducción más reciente, :Roaelyne Dupont.-Roc y Jean Lallot (1980) mentalmente la de la competencia -ñccional-, paradójica*
señalan (páginas 144-145) qua, segün los contextos, los términos de
mente. ha sido menos explm·ada8•
mimesis y mimeisthei designan bien la :representación, bien la copia (la
imitaciún en el sentido del :resultado). En la mayor parte ele contextos, 4. La ficción puede adoptar múltiples formas. Una 11bue-
incluido el pasaje citado, se deciden por ln noción (general) de «repre- na}) descripción debe ser válida, si no para todas sus for·
sentación". Evidentemente, no estoy cualificado para intel'Venir en el de-
bate filológico, pero, desde al punto de vista de la coherencia semántica,
me parees qua su t:ratlueci6n -e:n esta caso concl'eto- plantea un p1·obl18• imitación. No ea posible comprender su polémica contra la míme.sia en tér-
ma. En la continuación de la n·ase, Aristóteles precisa que esta actividad minos de representación, aunque sólo sea porqlte distingue clarrunente
-imitar o represenw·- es pm-tieularmente la de los primeros aprendí· entre el poeta que habla en su propio nombre y el que finge lmbliU" en
zqjes. Debido a su propia traducción, Dupont·Roc y Lallot están ohligados nombre de otro: ambos representan (en el sentjdo lógico del término), pero
a supon&r que con esto Aristóteles quiere decir que los primeros aprendi~ sólo el segundo imita, y es prac:isamante esa actividad la qua plantea pro·
zajes están mediatizados por las J•epresentnc:i.ones, por {\jamplo pOT inuí· blemas. En el momento en que este texto sale pma la impre:nta, descubro
genes. Me parece una interpretación poco plausible, en todo cnso mucho an Chatenu (1998), página 29 (nota), una reflexión en el mismo sentido
menoa que la que se plantea en términos ila actividades de imitación. que 1a aqui esbozaila.
5
ContriU'iamente a lo que sostienen Dupont-Roc y Lallot, tampoco veo por La literatura dedicada a la cuestión del eatatus de la ficción literaria
qué la alusión, algunas lineas más abfljo, ru hecho de que asi nos gusta ver es muy abundanta, pero el enfoque más convincente sigue siendo, en nrl
imágenes ea porque al :mirarlas aprendemos a conocer y concluimos lo que opinión, el de Senrle (1982), tru y como fue desm".l'ollado y mejorado por
es cada col!ln» se l'eferirla a esos primeros aprendizajes. Al·istóteles añade Ge:nette (1991).
en afecto que ]a ob1·a sólo puede gustar (por imitación o representación} si a Eviclentemante, existen numerosos análisis filosóficos dedicados a la
conocemos ya el objeto (imitado o rep1•esentado), condición que p1·esupone, ficción, especialmente los textos de Bentham y el libro clásico de
me p<u·ece, que los "primeros a-prflndizajeS» hayan concluido. Si admiti· Vaihinger, Dte Philosophie des Als Ob. Pero .generalmente -y es el caso
moa en cambio q1.1a de lo que se trata es de la imitación, esas dificultades de loa dos autores citados- tratan de ln ficción como concepto filosófico,
desaparecen: basta admitir que Aristóteles habla en primer lugar de la mucho más que sobre la ficción como conrlucta humana. Otros tl·abajos,
imitación en general (como actividad antropológica) y que a continuación por ejemp1o lser (1991), anuncian análisis generales de la ficción -sn
se dirlga hacia tipos de imitación especJ:llcos (por ejemplo la rep1·esen~ libro se tittJla Das Fil~tiue umi d¡;w Jmagtnare-, pero en l'Em.'lidad se limi·
tación pictórica). Por otra parte, la polémica ~mti:mimética de Platón tan a la ficción literaria. Una excepción notable es el importante trabajo
muestra clanmumte que la cuestión que preocupaba a los filósofos era la de Kent1al1 Walton (1990).

XVIII XIX
mas' (no hay que pedir imposibles), al menos para las más clones de la ficción será también un (tímido) homenaje a
importantes. Ante todo, es necesario que dé cuenta tanto aquel qne, más que ningún otro, supo dm• a esta práctica
de loa juegos ñccionales como de la.s fiCciones en el sentido humana eminentemente agradable y provechosa toda la
canónico del término. Y dentro de estas últimas, debe valer impartancla que merece.
tanto p~n·a el teatro, la 1'ep1·esentación gráfica (t.'lnldros,
cómics.'.. ) y el cine, como pa:ra los relatos (verbales).· Pero,
al mismo 'tiempo, debe tomar en cuenta las diferentes Quede clal'O que la ambición de este lib1·o no es levantar
modalidades según las cuales la ficcionalidad se conj11ga en una teoría de las artes miméticas, ni una teo1•ía de la fic-
estas diferentes actividades y formas artísticas~ Otro pro- ción como :forma artística. En el cuarto capitulo, me veré
blema es el del estatua de las repl'esantacionas visuales abocado desde luego a examinar algunas artes mimé·ticas~
(pintura, fotografía). La noción de mimesis de Platón mete pe1·o se tratará en lo esencial de evaluar concretamente· Ja
en el mismo saco la ficción literaria y la Tewesentación pie· pel'tinencia (o la ausencia de pertinencia) de la concepción
tprica, al eonside:rm·se que ambas pertenecen del mismo de la :ficción que propongo aqu:L Mi trabajo se sitúa en tm
modo al ámbito de la (<aparienci~>. Según es~ con~epción, nivel mucho más elemental: .se t1·ata ele intenta1· compren-
que ha sido muy influyente, un cuadro figurativo seria una der los fundamentos antropológicos de la ficción. De ahi la
ficción por el simple hecho de sm• una imitación (una Tepre- impo.r~ane.ia que eoncedm·é a la cuestión de l~s actitudes
s~ntación analógica) de la realidad antes que una percepM mentales, las competencias intencionales, .Jos mecanismos
ción de esa realidad, y no porque -o en la medida en que- psicológicos, los presupuestos p1•agmáticosJ etc., .que nos
esté basado en Un fingimiento lúdico. Creo que, en esta ·permiten crear (y co:rnpre:nde:r) las ficciones. De ahí tam-
forma no matizada, la tesis no puede sostenerse, pero nos bién la c.onside:ración de la euest:ión de las ftmciones del
obligm·á a considera:r toda la complejidad da la cuestión de di.spmrl:tivo :ficdonal -puas sólo estas funciones pued~n
'la ficción en el te1Teno de la rep1·esentación W.sual. explicar pm• qué c:rearoos ficciones, por qué nos interesan y
5. ¿por qué los seres humanos se entregan a actividades poT qué obtenemos placer de ellas-. Por todas esas razo-
. ñccionales y po1· Cjué consumen con tanta :ftuición las :fic- nes, este libro se interesará más en lo que el <<hacer-como-
ciones creadas por sus congéneres? La.s investigaciones si>) de los niños o loa juegos fiecion~rle.s como Tomb Raider
causales en el terreno ele los hechos culturales (y, más (y su heroína Lara Craft) tienen en coml.m con las grandes
ampliamente, de loa hechos de intencionalidad) son en ficciones litera:das~ teatl·ales o cinematográficas, que en lo
general difíciles de llevar a cabo. Por eso, en el capitulo qt.1e (eventualmente) los distingue de ellas. Esto equivale a
final de este libl'O me limitaré a hace:r algunas reflexiones decir que, según esta parspeetiva, el universo del ugran}>
de sentido común. La cuestión -¿es necesario recordar- arte y el de los juegos «nltiles» no se oponen como dos mun*.
lo?- ya fue abo1·dada por Aristóteles en la Poátir:a. Desde dos incompatibles. Al contrario: en a1.1sancia del segundoi
entonces sin duda hemos hecho algunos progresos en lo el primero no existh1a. El hecho de haber adquirido en una
que se ré-ñere al conocimiento, po1· ejemplo, de la p:redispo~ edad más temprana la competencia del fingimiento lúdico
sición antropológica a la imitación (se1'ia y lúdica), de las es lo 1mico que e:xpllca que, más tarde¡ seamos capaces de
relaciones entre imitación y modelización, y, más globa.l- ápreciru: :ficciones artísticas más complejas. No se·h·Erta de
mente, del ftmcionamiento da la ficción. Pero, en lo esen- escoger entre Tomb Raider y El Cid, entre Lara Cro:ft y
cial, esos .nuevos saberes confu•man sus hipótesis y ccr.rro- Jimena, pues no compiten en la m:isma eategor:ía. · P~m
l:ioran el marco genara.l de su análisis. La manera en q11e somos libres de .aprec:ia1·los (y apl'eciarlas), cada cual a su
ah01·daré (.sin grandes pretensiones) la cuestión de las fun- manera.
XX XXI
I. ¿Quién teme a la imitación?

l. Del lobo imiiador al lobo virtual


Esta es la historia de dos niñas -Delphine y Marinette-.-
Y de su encuentl'o con el lobo. Aunque sus padres les habían.
hecho prometer que ntmca se acercarían a la fiera, las niñas,
· curiosas y áviclas de aventw.·as, aprovechan una momentánea
·ausencia paterna pa:ra abrirle la pue:rta. El lobo, quién lo
hubiera dicho, resulta 1m ser de lo más dulce y civilizado. Las
calumnias de las que es obja·to como conseci1e.ncia de alg1.1nos
pecadillos de juventud -entre ellos al lamentable incidente.
de Caperucita Roja, exagerado por algunas almas mezqui-
nas--" lo deprimen. 'Y es que los tiempos en que el lobo era un
lobo pru·a el hombre qm:dan ya hijos. La protección de la natu-
raleza y el acotamiento de los últimos restos de vida salvaje
han invertido los papeles: ñnahnente, el hombre ha resultado
se1· un lobo para el lobo. Bonachón como él solo, nuestro amigo
no pide más que una oportunidad pa:.ra demostrar .sus buenas
intenciones, y es el primat'O en lamentar suG desórdenes :pasa·
dos, que le han valido el opl'obio general Ya no es aquel cuyos
ojos brillaban en la noche, sino un compañero de juegos -más
bien una víctima consentidora- que se presta n los caprichos
de las :niñas.
Asr pues, la plimara visita .se desarrolla n las mil maravi·
llas y, con ocasión de un.a nueva ausencia da los padres, el
compinche es recibido como un viErlo amigo. Se abrazan, se
cuentan la.s novedades de la semana, juegan. Para empezar
un poco de eq'lrltación. Luego: t•Lobo, ¿y si jugamos al lobo?».
J
El lobo no conoce ese juego y las pequeñas tienen 'Que expli- dadora de cerillas del cuento de Andersen; como (práctica-
cárselo. Queda convenido que será él qtlie:n enca.nle al lobo. mente) cualquie1·a de nosotros cuando se sumerge en Indiana
Retorciéndose de risa, se pone a hacer el anhnal. A las pre-- Jones o Batman y requla instintivamente al aparecer el
guntas rltuale.s, da respuestas no menoa rituales. De buena. malo... La desconfianza nace cuando se rompe el encanto: ¿no
· gana imita los gestos del malvado lobo: se pone sus calzones hay algo inquietante en el hecho de qtw podamos dejm11os
y e1 pantalón, se ajusta los tirantes, el cuello postizo y el cha- subyt1gar as:í por los simulacros? Su :poder pm·ece in·esistible:
leco. En pocas palabras, se divierten como locos. Pm·o, poco a . aun .sabiendo, en el momento de exponernos a sus encantos,
poco, nuestro lobo deja de reir. Se pone serlo y desempe:fía su que se t:l·ata·de simulacros -precisamente esa certeza nos ha
papel cada vez con lJ!ás convicción. Después, una extraña agi- motivado en prlmm.· lLlgru· a exponemos a ellos-, nos dejamos
tación se apodera de él: a la vista de las piernas de las niñas, atrapar. Esa capacidad que tienen las apmiencia.s de neutl·a·
que pasan y vuelven a pasar por delante .de la mesa bajo la 'lizar nuestras instancias de <~coñ:tl•ol racional», ¿no constituye
que está .agazapado, empieza a estremecerse y aprieta los un motivo más que ati:Plciente para descoo:rllar de toda :imita·
dientes. Al :fin, la pobre bestia no aguanta más; apenas las ción, aunque sea artística? O por lo menos en 1as artes que,
niñas repiten la fórmula 1itual por tercera vez: «Lobo, qué por un motivo u otro, apelan a· ella, ¿no debal'iamos contra·
dientes más grandes tienes~~, el lobo, soltando es:pu.ma:t•ajos rre'star su eficacia mediante procedimientos de distancia-
Po/ la. boca, erueta: «Son para comm·os mejor», :sale de debajo miento :irónico, mediante una l'Uptul·a del efecto de realidad,
de la mesa, se lanza sobre sus compañeras de juego, hui des- mediante 1.ma deconstrucción de los mecanismos de aliena-
pedaza y las devora1 • · ción q1.1e pone en marcha? .
-Este cuento de Ma:rcel Aymé, variación pm·6wca de un En la. cultura occidental, esa desconfianza es l'eCUl'l'ente
tema clásico, pone en escena ciertas nociones· esenciales que desde laAntigtledad griega. Fue por supuesto Platón quien la
no~ot:ros asociamos espontáneamen-te con la ficción y, más glo~ expresó cori más fuerza, hasta tru pt.mto que todas las pol~
bahnente, con las llamadas artes miméticwi: la. seme,janza micas antimi:méticas stib.sig1:rlentes no han hecho más que
Olevada aq:uí hasta la identidad ontológiea entra personajt) y abundar en la argu.:n:niD.taci.ón desm'l'ollada en Let República.
actor), la imltac:ión (aqui un poco particulm•, pues se trata de Las reactivaciones de la actitud antimimética han sido innu-
una imitación de sJ 1lllsmo) y el fingimiento lúdico {se supone merables: la encontramos por ejemplo en la iconoclasia
que ellóbo ~verdaderO» sólo es <(de mentirijillas» el malvado medieval (bizantina); resurge en las advertencias jansenistas
lobo feroz de los eue.ntos). Pero, sobre todo, ilusti·a de manera contra el teat:l·o o la p:intura figtu•ativa; es de nllfvo ella quien
elocuente la actitud ambivalente -mezcla de fascinación y guia, al menos en parte, las reflexiones del romanticismo de
clesconñanza- con que nos sit1.1amos frente a las actividades Jena sobre la poesJa; algunas décadas más tarde; intenta des--
miméticas. Fascinación, pues buscamos activamente sim\ua· caliñca:r la fotografía; en el siglo xx, forma pm·te del programa
aros de .todo tipo y nada nos gusta tanto cpmo tragarnos el de los inventores del arte abstracto (Kandinsky y lVlondrian)
anzuelo del juego: co:m.o los espectadores de la época isabeUna y es utilizada como crite:do de.scaliñcatorlo por una (gran)
que -así lo quiere por lo menos una leyenda tet1az- escapa- pm·te de la crítica en el terreno 'de 1as artes plásticas; es la
ban del teatro cuando el diablo aparecía en escena; como el base del teatl•o épico de B1•echt y ha alimentado la mayor
nifío que llora cuando le refie1·en la muerte de la pequeña ven· parte de las polémicas «antirrealistas» y «mlthmtm.alistas» en
el 'terreno ele la ñct':ión Ute:rmia (a través de la critica del <(efec-
to de realidad» y la •(verosimilitudn); en fin, en la actualidad
1
Maree) 1\ymé, «El lobo», en Les Cantes ble1Jes dz1 chat perché, más inmediata, es ella otra vez la que fundamenta lma gl'an ·
Gallima:rd, páginas 9·28. . parta de las :reticencias que provoca el desarrollo de los

z 3
medios digitales (y, especial:men~, de las imágenes de s:í:nte- esencial que se le puede plantear es que~ si fuese exacta, la
sis y los dispositivos de realidad virtual). existencia misma de las prácticas a1'tísticas miméticas seria
Como los proceclimientos miméticos tienen una función un misterio. En efecto, si, eomo ella allrma, los aspectos
constituyente para ciertas artes, por ejemplo la pintm•a figu- miiaéticos perteneeen al ·ámbito de lo infraartistico, no se
rativa y la ficción verbal, paro también. la fotogratia, el cine y, comprende por qué los seres htunanos han desarrollado
en nuestros dias, las artes digitales, la furma más radical de tmas artes fundadas precisamente en esos aspectos. ¿Pm·
la actitud antimimética consiste en condenar esas artes como qué no· se han con:tentado con desan·olla:r p1·áctlcas artísti·
tales. Asi, en el telTeno de las a:rtes plásticas, al enemigo del cas sin componente mimético? Paradójicamente, esta debiliH
mimetismo acepta únicamente el arte no flgt1l"ativo (pin·tura dad intrínseca de la posición antlm.imética <•sofisticada» no
abstracta~ arte conceptual... ) y trata las prácticas mimé·ticas afecta a la posición más radical que ataca a las a:rtes mimé-
(pintura ñgm·ativá, fotog1:afia, cine, multimedia... ) como sim- ticas como tales; si las condena1 es precisamente pm·que .
ples síntomas de una iconolatría endémica. En el ten·eno lite- reconoce su poda1• de atracción y desconñn de él.
ra:tio, sólo salva a }a poesía (preferiblemente no nroTat.iva) y La cruzada contl'a los simulacros se presenta a menudo a
desp1·ecia la ficción en todas sus formas. Una actitud menos la vez como una lucha mo1·al y como una defensa de la exce-
radical consiste en ilistinguir entre prácticas esenciales (o lencia artística, pues se supone que Ja pulsión mimética es a
puras) y prácticas adventicias (o impuras). Así, ciert~s críticos la vez peligrosa (nos aliena) y fácil (obedece a u:recetas~>). Po:r
artísticos sostienen que, en efecto, la p.intura ñgw·ativa forma lo tanto, el discurso ant:imimé'tico es antes que nada un dis-
parte· del arte pictórico, pe:ro que sólo la pintura abstracta nos cm·so de pedagogo. De nwavo, se trata de iluminar y de hacer,
ha des.m.1bierto su esencia. La invención de esta última, aña- o volver a hacer, enb•ar .!Jn razón a Marinette y a Delphine
den, no.s parm:ite contemplar el m'te :figt'll"ativo en su ve:r:_d~de­ -los habitantes de la Cavm'lla :inducidos a error por las so:m·
l'a esencia, es decir, neut:ral:izando esos elementQs adventiCios, hra.s, los paganos iconólatras, los niños que vivan en una
pues hemos tomado conciencia del hecho de que la relación inmediatez ingenua no mediatizada aún por el eje:reicio de la
mimética no atañe al estatus artístico de las ohl'as, sino sólo razón, los oprimidos incapaces de descubl'ir po1· sí mismos los
a su función representacional. A veces encontl'am.OS la :misma mec.anismos de ·la alienación social que la :identiflcación
actitud en el terreno de la literatura: se supone que la poesía, mimética reproduce y refuerza, el«g.ran público» maniptilado
como puro juego verbal, :rep1•e.senta la esencia del arte verbal; po1· el cine ·<mollywoodiense», los «sujetos posmodernos»
en la :ficción, el elemento artístico sólo concm~:ril'fa una vez que lobotomizados por las tecnologías digitales ...-. Es también
se ha llegado má.s allá del componente mimético. Esta un discurso de denuncia: si hay victimas, tiene que haber un
segtmda forma de la actitud antimimética, la más extendida lobo. Por supuesto, este último adopta divm·sas formas segLín
actunhnente, pretende en lo esencial :neutJ•alizar la perti- las épocas: actualmente, es el comel·clante, pm· ejemplo el
nencia. de la función m.imética en el interior mismo de las p:roducto:r «hollywoodiensel> o el t•tecnocapitalista de Silicon
artes de la representación. Desde el punto de vista de los VruleY»; en otras épocas, era el actor de teatro o. incluso, como
valores estéticos, se traduce en el apoyo a las obras que en Platón, el.poeta trágico y el pintor. Pero eualesquie:ra que
«subvierten>} su fundamento mimético y en la condena ele las sean sus ropajes, el lobo imitado1· persigue siemp1•e la misma
que, por el contrario, ponen de :relieve las técnicas hnitati- meta: COl'l'omper los corazones y allanar la razón. Como se
vas (semejanza, :n~rhtralismo, efecto de realidad, trompe· supone que los efectos miméticos son <~fáclleS>l, incluso <cvul·
l'ceil) y refuerzan con ello la {<ilusión» mimética. Esta posi- ga:raá», el discu:rso antimimético as también un disem·so de la
ción presenta la ventaja de <csalva:r» a las mies miméticas, distinción. Nos permite b·aza:r una lf11ea de demarcación
pero paxa eso debe defenderlas da sí mismas. La objeción entre el arte en el sentido noble del término y todo un con-
l

Junto·de prácticas más o menos dudosas que, si uno no tiene gobiernan en grml medida la manera en que pensamos
cuidado, podrían dar el pego, pOO'que, desgraciadamente, tma actualmente las :relaciones entre arte y sociedad•..Por lo tanto,
parte del arte noble está basada en las mismas técnicas, pre· contrariamente al argumento platónico clásico, la posjción
cisameute.las de la imitación. Del mismo modo, en el terreno antimim.ética «a la nueva usanza» se construye siempre all'&-
de la ·recepción, nos pannite descalificar como no pertinente de(lol:da la tesis de una.ruptura pl'olimda entre las <{prácticas
toda fo1'llla de l'ecepeión que construya las obras como mode- tecnológicas» que condena y las a:rtes miméticas {<trailiciona·
los miméticos, es decir, que trate las ficciones como represen· leS». Se supone que tal :ruptura corresponde a una tlifel·e.ncia
tacione.s, cuando de lo que se trata es de deshacerse de toda de estatus: el arte por un lado~ la industria (y el comm·cio) por
«ilusión 1'efe1·encial» a fin ele acceder a la pureza artística de otn>. La primera manifestación de esa vmiante moderna ele la
las obras. polémica antimimétiea puede encont:ra:rse en las 1'eacciones
He engordado a propósito los trazos y caricaturizado un hostiles provocapas por el naeim:íento de la fotografla, primer
poco las posiciones ant±miméticas defendidas actualmente: en medio artístico surgido directamente de la tecnologia modm...
ocasiones son más eomple,jas y so.ñsticaclas. Pero, en el fondo, na (en este caso de la química y la óptica). A continuación vol-
· todas ellas se l'educen a las tesis que acabo de esb~ar. Lo des· vamos a encontl'a:rla en los ataques contra el, cine ((comercial»
cubriremos más tarde en Platón, porque no han avanzado y, más-recientemente, contra la-televisión. Y ele nuevo es· ella
desde aquella prime:ra furmulación -lo cual, dicho sea de la que proporciona gran parte de la munjeión a la denuncia
paso, no nos rejuvenece-. Sólo el objeto de la polémica ha actual contra las técnicas digitales (con el lobo :Bill Gatas
cambiado a lo la:rgo de la historia. Así, en nuestl·os días, y gl'B· como Big Bruther). Vale la pena detenar:ee en este debate un
cias a la tesis ad hoc del estatua in:f.raartistico de los elemen- poco más de lo que lo he hecho en la introducción, p1,1es aun·
tos miméticos, al axte pictórico y la ficción litm•m'ia escapan al que, co.nio ya he indicado7 no nos enseñe gran cosa sob:l•e los
debate. Hay que decir que, a tmvés de es·ta hipótesis auxiliar medios d:igitale$, revela la pers1atencia de una actituQ..runbi-
{que mde.nte.mente no estaba presente en Platón), la posición valente frente a la :ficción. ·
mtimimética se salva también a si misma: los blancos origi-- · La tesia d.e...ia...rnptura viene a decir que los medios diglta·
nales de la arg1.1me:ntación antill'rlmética -la pintura asi les han abolido~ ilistinción entre lo verdadero y lo falso como
como la literatura dramática y narrativa- han adquirido tq.les, y que, así, escapan a la distinción tradicional ent1·e la
hace mucho tiempo un estatua canónico en nue.stl·a cultura, ficción y la verlficabílidad nrl'erencial Hay por tanto dos
estatus que sln duda amenazarla con volver :ineficaz toda aspectos. Por una parte~ los medios cüg.itales son técnicas de
. actualización de las quejas platónicas al l'especto. De ahí el irrealización de lo real: todo lo que pasa por sus manos se
cleBplazamiento de] ataque hacia las artes nUmétiCaS cuyo tra.nsfonna en apmiencia. Por otra, a causa de esta caracte-
nacimiento es más reciente y, pm· tanto, son blaneos tanto l1stica i:n:l::r:Inseca de la herramienta digital, la distinción t1·a·
más vulnerables cuanto que se trata de artes tecnológicas. tlicional entre la ficción y lo ((factual» deja de ser aplicable; lo
Estas artes dependen en parte rle una habmdad co:mpm·tida (ligital pertenece al ámbito del simulaCl'O, es decir, reemplaza
y, a veces~ requieren una ejecución colectiva en varias etapas la realidad (en la. que la humanidad vivia hasta ahor~) po:r
plmli.ficadas; :finalmente, a menndo necesitan financiaciones una proltfm•ación :monstruosa de apmiencias. Las dos añrma-
importantes y no pueden eludh·la cuestión de la I'tm·tahilidad ciones me parecen falsas. Creo que, en el terl'eno de lo digitál,
· económica En consecuencia, d~an una pue:rta abierta para la euesti6n de la distinción entre lo verdadeJ'O y lo f~llso sigue
qua el argumento antimimético se apoye en el ideal seg'l·ega- planteándose ~actamente en los mismos tánninos ·que en el
cionista (el arte cont1·a la técnica) y en el antieco:nómico {el caso de las l'epresentaciones predigitales. Por otra parte,
arte contra la industria dé los medios de comunicación) que cuando se sitúa el cles&r:rol1o de las ficciones digitales, o :más
6 7
mente su carácte1' universal); un escáner trata exactamente
bien la utilización de la herrmnienta digital con fines ficcio- de la misma fol'llla una fotografía y una página escrita. Sólo
miles, en su· contexto histórico, lo que se ha presentado como en un segundo tiempo, y gracias a un programa de reconoci-
tma 1>uptul'a aparece como una simple etapa de un desm"rollo miento alfabético, las marcas en forma ele píxeles extraidas de
que se extiende a lo largo de va:rios siglos. las páginas de texto serán recodificadas para podoo· ser trata~
El primer punto 1'equie1·e una respuesta simple. Com?. 1~ das como signos lingüísticos. Evidentemente, el punto de par--
tesis opone los medios digitales a los otros soportes smruotiM tida también puede ser una señal ya cligital. Es lo que :pasa
cos basta con preguntarse si las ca:racterlsticas que distin- cada vez que :introduzco letras o cifras con el teclado: a cada
gl.l~n el soporte rugital de los soportes (4rarucionales» efecti- letra o cifra (y más generalmente a todo sfmbolo digital del
vamente anulan ]a distinción entre lo «verdadero» y lo <(falso». ·teclado) cor.responde 1.ma combinación binaria dada (pro·
Además, primero habría que identificar esas ca:racteristicas ejemplo: 00101111010). En este caso, la codiñcaei6n binaria
aspec:fficas2• Me pm·ece que la especificidad de la codificación funciona en relación con la escritura alfabética como esta fun.
digital es doble. ciona en relación con la lengua oral, es decil~ se trata de una
Para empezar, se trata de un soporte semiótico universal: metacodi:ñcaclón digital de un código ya digital. De una mane·
cualquier señal puede ser digitalizada. Esto significa que la ra general, una gran parte d~ la codificación :informática es de
traducción de una información ct1alquiera al lenguaje binario hecho una metacodificaci6n de informaciones ya tratadas,
del ordenador puede corresponder a transformaciones muy bien miméticamente {imágenes), bien .digitalmente (textos,
dilerentes según lá información inicial de la que se trate. informaciones digitales). Contrariamente a las apmienciás, la
Puede b·atarse de la transformación de una infor:tnación forograña digital -que hay que distinguir de la digitalización
mimética en una información digital: es lo que ocurre en el de :imágenes ro·eadas gráficamente o fotográficamente-
cas·o ele ]a digitalización de un cuadro. Conviene señalar que tiene~ por ejemplo, estattlS ele metacodi:ficación. En efecto, la
e] hecho de que se t:rate o no de una infru·mación mimética codi:l:i.cación en píxeles que efectúa el sensnr electrónico se
resulta completamente jndiferente en el estadio en el que se basa en una información que ha sit:lo tratada con anteriori-
realiza la codificación digital misma (en eso reside precisaN dad, con vistas a se1· explotada como :ñg11ración mimética,
dado que el flujo de fotones ha sido centrado por el objetivo y
qu~ el sensm· constituye el plano de :proyección de ese :flujo
a Una respuesta falsa a esta cuestión consiste en dec:iJ: que el lenguaje
infimnático se disting11e de los otros sopo:rtes de información parque es de cent1•ado. Incluso en las imágenes de síntesis ex1ste, en gene-
naturaleza digital. Esto podr:fn hacer creer que los otros velúculos de in· ral, un nivelJ•esidual que pertenece a la metacodiñcación, ya
formación son todos de natm·aleza analógica y que el código binario jmpli· que muy a menudo se pa:rte de modelizaciones miméticas de
ca el paso del analógito al élig!tol {en el presante contexto, 'analógico' no los objetos a representar. En un segundo tiempo, esas modeli·
significa 'mimético': una saiíal analógica es una sefu\1 contin11a, mientras zaciones serán transformadas en tm co~unto de coordenadas
que una se:iial digital es discontinua). Ahora bien, el código inib:r:mático de puntos de super.ñcie a partir de las cuales el programa
bina:l'io evidentemente no es el único código digital que los hombres han
desal"rollado. Las lenguas nata.ll'ales, por ejemplo, también son s:lstemns construirá los :polígonos -estos polígonos constituyen los
de signos digitales, al menos si In hipótesis saus.swiana es correetn, es datos de partida del trabf:\jo de elaboración de la imagen de
dec.ir, si sus elementos últimos, ya sea en el nivel fonético, sintáctico o síntesis propiamente dicha-.
semántico, 1•eposan som•e 1m principio de oposición dife1·encial. El ejemplo La segunda caracteristica esencial de la codificación digital
de lns lenguas demuestra también que no hay que con:fundh· <~digital» y reside en su reversibilidad, ya que as capaz, no .sólo de codiñ·
ubinnri~»>: un sistema digital no está necesarirunente basado en una opo- car cualqu1er información, sino de restituirla a continuación a
siciÓn bjnaria, es decir que sus elen1entos últimos no son necesaJ•imnante su fol'lna miginal. En esto, una vez más, hay un pru·entesco
dos.

8 9
con los sistemas de escritura en el terreno de las lenguas: la sópm'te digital se enm.tentra exactamente en la nrlama situa-
lengua est:rlta siempre puede retraducirse en d:ism:u•so m·al. ci6n que los otl•os sopoo·tes semióticos. Un texto factual.:mnne·
La diferencia es que, contrariamente a la codiñcación ele los 1izrulo sigue siendo un texto factual, de la misma forma que
sistemas de escrituras, la codificación digital n~está liro:itada un relato de ficción digitalizado sigue siendo una ficción. E~
a un único tipo de señal de entrada. :Más fund ental:mente-, vale también pm•a el terreno da las representaciones visuales,
cuando se compara la codiñcaci6n digital no y con la meta- alrededm· de las cuales se concen·tra lo esencial de la polémi·
cocü:ñcaci6n de la lengua escrita, sino con la codificación lin- ca suscitada por los medios digitales. A menudo se oye que la
g!tlstica como tal, ]a clli'e:rencia cl"ucial l'eside en el hecho de imagen digit.al es una imagen «sin ooigen y sin modelo» y esto
que esta última no es reversible. Se dice a menudo qt1e todo lo expUcro1a .su estatus intl'Ím!ecame:nte liccíonal. Pero una ima·
que puede ser pensado puede ser dicho, y Wittgenstein llegó gen de s-.íntes:is no carece iie o1·igen o modelo en mayor medi-
a defender que los límites de mi mun~o son los limites de lo da que una pintura. Ambas son'producidas intencionaclamen·
que puedo decil·. Suponiendo que esta tesis .sea válida, es te pol' se·res htmanos (al programa :informático no hace más
decir, suponiendo qúe el campo de las informaciones que pue- que ejecutar los cálculos q11é. el infografista le m·dena, Üe
den ser tratadas pm· 1.m ser httmano se reduzcan a aquellas acuerdo con el resultado que quiere obtene:r) y las dos son,
que pueden ser :l'epresentadas Ungüísticmnentfil, las lenguas según el caso, modelizaciones ñccionales o signos m:imé~cos
son en todo caso incapaces de restituir a su fOl'llla original las con una función denotativa. As:í, nada nos impide .se:rvirnos de
informaciones coc1i:ñcadas. Por ejemplo, suponiendo que la las técnicas de síntesis de imágenes para :realizar elrEftrato de
información contenida en una :image-n pueila se-r traducida en una :persona rgaJ; el estatus semiótico de ese reh·ato será
una descripción verbal, es en todo caso imposible Ietraducir- entonces exactamente el mismo que el de un retrato pictfu'ico,
la de.spués en una forma visual que guarde lazos de homolo· es decir, se tra:tm•á da un signo ic6nico que representa a una
gía con la forma mimética de partida. En cambio, el calcula- persona real. Del mismo modo, tma :fotogra:lla digital tiene el
dor binm:io no sólo es capaz de codificar una :imagen en un mismo estatus que la fotog.ra:fia <ctradicionaJ,); se trata de un
conjwto de señales binarias, sino que también puede tetl'a- indicio icónico causado por lo que representa, incluso si, en
dueh· en ·todo momento esa información en información gráfi- este caso, loa :fotones no actt.ían sobre un agente qufm:ico sino
ca, ya sea en pantalla o impresa, de tal manera que lns s!)ña- sobre un sensor electrónico. A veces se dice que la especiñtlad
·les miméticas de. e:ntl·ada y de salida estén ligadas por una de la fotografía digital reside en el hecho de que se pueden
relación de homología local y global trmwfo:.rma:r prácticamente todos los parámetros de imágenes
Si estas dos cro·acterísticas son .afectivamente los rasgos electrónica con ayu.da ele un programa de tratamiento ele imá~
principales mediante los cuales la codi:ficación digital se dis- genes, que .se pueden incrusta:r en ella elementos procedentes
tingue de los otros soportes de información, entonces la res 3
de otras imágenes, etc. Pe:m tampoco en esta caso se t:t·ata de
puesta a nuestra cuestión no deja h1gar a dudas, pues ningu~ 1ma ruptm·a, sino sim:pleménte de una adaptación y un per~
na de las dos· indica la menor a:ñnidad elettiva entre los feccionamiento de los métodos de retoque de la imagen ya
medios digitales y la ficción. De hecho, en lo que respecta a la · utilizados en la fotografía' convencional. En suma, como cual-
;cuestión de las :relaciones entra «verdad» y <(apariencia», el quier otro soprote semiótico, las tét'lli.cas digitales pueden
rlesempeñru:• diversas ñmciones. Entre esas funciones, la de la
a La tesis ele Wittgenstein es n menudo presentada como una evidencia,
ficción dista mucho de se:r la más imp01•tante y, de todas
pero está le,jos de ser evidente, entre otras cosas porque no hae& mucho caso maneras, no está ligada al .sopo1'te como tal.
de las inlarmac:iones trntadru~ en el nivel pl'eatencional -que sin embargo Pasemos al segtmdo jn·oblema, el de la relación de las fic·
fomum parte de mi mundo, aunque seen eognitivnmente silenciosas-. clones digitales con las :ficciones '~tradicionales». Evidente-

10
mente, en asta etapa del estu.cüo, aún no dispongo de los ele· a reacciones del mismo tipo que las provocadas en nuestros
mantos que me :permi:ti:rían l'esponder iürectamente a es·ta diaa· por los dispomtivos de (<realidad virtual». Lo único que ha
cuestión, ))'!.reS la m:isxna noción da (<ficción» está por aclarar. cmnb:iado es que, como ya he :indicado, a lo largo del·tie:mp!) la ,
Pm·o~ al menos, se puede demostrar que exia~ otra hipótesis
polémica se ha ido desplazando de la mimesis como tal hacia
explicativa más satiafactorla qua la de la l'U tlra. Pm·a esto, los disposi-tivos miméticos tecnológicos.
hay que partir del hecho da que la cultura contemporánea Esto no significa que el nacimiento de las :ficciones digita-
produce y consume una enornle cantidad de · Ccionea, y de l~s les no sea un jalón importante en la histm·ia de las técnica'S
más diversas formas. Sin embargo, cont:ral'irunente a lo que miméticas. Lo es, y por vados motivos. Par una pm·te, la cua-
dan a entendm·la.s polenucas actuales, la invención ele las fic- siinstantaneidad de la transmisión y la reproductividad in:fi~
ciones digitales, lejos de constituil· el 01'igen de esa bulimiá :nita de las sefiales ·tl•ansml't:idas hacen que los modos de cir-
mimética, no es más que su culminación (provisional). En culación .de las :ficciones d1gitales sean, al menos- en :p1inclpio,
efecto, en el mundo cristiano, qua (alln) es el nuestro, el mucho más flexibles que los de las :ficciones ((tradicionales>>.
mCI·emento del poder de las artes miméticas -o, para se1· De ahíla extraordinaria multiplicación de los mundos jiccio-
más exactos, el per.feccionru:n:iento de las técnicas miméti· nales <•en circulación>• y Sl1 iümensión transeult1.1ral; se quiera
cas en las artes de la representación- empezó durante el o no, los videojuegos han inaugurado la época de los juegos de
Renacimiento. Los primeros jalones esenciales fue1·on la reac- l'Ol planetarios. Por otra pa1'te, la etapa digital del de.sar.l'ollo
tivación del naturalismo pictórico (en el .sentido que del ideal nrlm~ico pe1'mite l'tmnil' en un único sopo1'te de
Gombrlch da a ese término) a. partir del siglo XIV, el clesal'l'o- comun1caci6n el conjt.mto de las técnicas ñmrlonales que
llo del teatro a partir del XVI y la eclosión de la litm·atm·a hasta ese momento estaban ligadas a medios diferentes
novelesca, grosso modo, a partir del siglo XVII. La evolución se entre sí. Finalmente, como tendremos ocasión de ver, los rus-
aceleró con la invencl6n. de la :fotogra:ffa y, sobre todo, élel cine. positivos ficdonales wgitales transforman eiertas modalida-
Aunque la mayor parte de los usos de la fotogra:ña no sean :fic· des de la ficción como la hemos conocido basta el presente.
clonales, su invención constituyó un salto cualitativo desde el Pero ninguno de estos desarrollos pone en cuestión la ws-
punto de vista de la «fidelidad» visual. Esto hace de ella un tinción entre ficción y veracidad refm·encial, entre simulabro
veetor ncclonal muy podel'Oso cada vez qua se inscribe efecti- y realidad, entre· apariencia ilusoria y ser, etc. Las ficciones
vamente en tal óptica Oo cual sucede a veces). En cuanto al digitales COl'l'esponden a usos especfficos de la hm'l·runienta
cine (e incluyo aquí la ficción televisiva), la cosa está clara: d:i.gitalque.no enturbian más la distinción entre el ~~simula­
lugar de amtesis del naturalismo visual y la narracj6n nove- cro» y la uxealitlad» de lo qtte la 'ficción verbal pone en emes..
lesca, constituye desde haca 11arias décadas el vehículo esen~ ti6n la distinción entre lo que se tlice <cde menma>> y lo que
cial de la :ficción contempo:ránea. La :rapidez con que se ha se dice «de ve1•dad». En ~bos casos· _..ficción digital y ñc-
impuesto pm· doq1.1im· demuestra su capacidad pá:ra J'esponcler ci6n verbal-, la eficaci~· de los clíspositlvos imaginativos,
de mane1•a (po1· el momento) óptima a nuestra demanda de l~os de poner en peligro estas distinciones, presupone m
unive1·sos ficc:ionales. Basta con situm·la cuestión de las fiC:. · validez.
· clones digitales en este marco histm'ico para qu1:rla :impresión En resumen 1 para desdramatiza:r los debates actuales·
de n1ptu1'a se difumine y para que aparezcan más bien como sobre la :re-volución m'be1~ética, basta con contemplro·los desde
la etapa más reciente de un desm·ollo prolongado a lo largo una perspectiva histórica. Incluso se pueite retrocedel' más ele
da varios siglos. Delnrlsmo modo, la polémica a la qua dan lo q·ue yo lo he hecho hasta aho1·a. De hecho, la situación his-
lugm· no es nueva en absoluto: cada una de las etapas que tórica act1.1al se pm·ece extrañamente a la que vio ·nacer el
mru•can el desarrollo de las técnicas miméticas ha dado lugar argumento miginarlo dirigido contra la ficción, es decil·, a la

12
l

concepción platónica. En efecto, contrariamente a lo que los de ataque diferentes. En ciertos pas~es, simplemente pro-
podría .sobrentenderse del análisis esbozado más m·1-iba, el pon.e limitar (de :fonna drástica, es cim·to) los tipos de com~
ciclo del desaiTollo de las técnicas miméticas inaugurado por portamiento (o de persona) que sm•á lícito imitar. Esta posit.
el Renacimiento no es el primer epjsodio ele este tipo en la ción parece conceder cierta función positiva a la imitación, a
historia occidental. Hubo al menos un precedente en la condición de que el objeto escogido sea el adecuado. Pero, en
Antigüedad. Des(le mediaclos del siglo v; aproximadamente, otros pasajes, sugiere que la imitación como tal -la relación
se p1·od-qjo en e!ecto un vel'dade:ro acceso de ñeht·e nrlmética mhnética, con independecia clel objeto ascpg:ido- es nociva.
en Grecia, ·tanto e.n teatro cmno en pintura: desarrollo del Po1· otl'a parte, al.trrlsmo tiempo se sirve de la noción de :n:Ume-
drama realista de Eurípides (480-406), invención de la pera. sis cuando ab01·da el problema de la ficción (y> por ta¡nto, del
pectiva lineal y creación de bastidores teat1·ales ilusionistas, fingimiento) y cuando analiza la representación mimética {y
invención del degradado por Apolodo.ro de Atenas (hacia 420)~, por tanto la i~tación). La situación. se hace aún más co.mple·
pi:rrttu·a naturalista de Zeuxis, psicologismo e..."{presivo de ja. porque, al tiempo que condena la ficción, acepta el uso de
Pa:r:rhrurlos... Ahora bien, este precedente corresponde pl·ecl- :relatos falaces cuarulo están al servicio de la pol:íti'ca del
samente a la época de Platón. Lo que es válido :para la denun- Sabio. Finalmente, su critica de principio de la mimesis art:fs·
cia de la <tcihercultura» también puede aplicarse a este caso: tica no le impide .!;iOstener una teoria del conocimiento que es
si no la situamos en el marco del desarrollo de las técnicas una teoría del reflejo -de lFl semejanza- y, po.r tanto, podría
miméticas en la época del filósofo, la v:irulencia de la ofensiva decirse, de la imitación. No puedo tener en cuenta en e~tas
platónica no puede comprenderse. Como, por otra parte, los páginas todas las interpretaciones relacionadas con los
valores promov:idos po:r la ñlosoJ1a platónica constituyen la empleos múltiples de una misma noción y, pol' consiguiente,
hase esencial de la visión del mundo de la cultm·a occidental mí análisis simplifica de manera abusiva las eoncepcione.s
cristiana, no es en absoluto SOJ'Pl'endente que sua quejas platónicas. En cambio, creo que contiep.e lo que·ha retemd\'> de
hayan sido l'ecicladas eontinllamente y que, hoy en día, haya allas la tradición antim:imética qt.~e esas mismas concepciones
qu:ien se sirva ele ellas para clemmcia:r los medios t'Hgitales. han inspirado. Dicho de ob·a for.ma, el Platón del que se· tra·
En sumat si iras la diversidad de sus máscm·as históricas el tro·á en las páginas siguientes es únicamente el de tradiwm
lobo es siempre el mismo1 los <q>adre&>, preoc1.1pados por el bie- eión antilnimética.
nestar de sus hijos, no han cambiado más que él Queda por El primer rep:foche qi:le Platón dirige contra las artes
saber si no serán padres abusivos, Cllestión a la cual el análi- miméticas recuel'da la conclusión sugerida po:r el cuento de
sis de la concepción platónica clebe:l'ia proporcionar un princi- Aymé, en la medida en que, después de todo, las desventmas
pio de respuesta. de. las dos nifias no pesan tanto contra la imitación como con·
tra una mala elección' del objeto, Si. una mala elección d~l
objeto puede ser pelig1•osa es porque los ~omportamientos rea-
2. Pla:tón 1: del <<hacer» al <<hacer-como-si» les con·en el riesgo de verse contaminados por los comporta-
La concepción platónica de la rafmesis, tal y como queda l:nientos reprensibles hn:itados. '.Hablando de aquellos que se
~1es3l'l'olladaen La Repzíblica, es compleja, poo· no deci:r plu* entl'egan a :imitaciones lúdicas de co:mportanrlentos reprensi-
ral. Esto .se debe al hecho de que Platón recm::ra a dos ángt.l· bles, Platón señala que si conviene proscribú· esas in::rltaciones
.es :para <levitar que el contagio de esa :i:mitatdón gane la reali-
• Estn skiagraphia es cuestionada expllcitnmente por Platón en La dad de su ser»: «¿No has obsm·vado que, cuando se persevera
Repllblicc& Oihro x. S02d), quien la mete en el mismo aaco que el arta del durante largo tiempo y desde la niñez en la imitación, llega
charlatán (goteiu) y oti·as aplicaciones ele la magia (thaumatopoia). esta a :introducirse en las. costumbres
. y en la misma natura-

15
l

leza, mudando el cuerpo, la voz e incluso la manera de pensar difícil de l'ealiza:r, se presenta en otras partes de forma resttel-
del qua imita?>,o. Es el (St1puesto) peligro que el cuento de ·tamente positiva. Y es que ni el mismo sabio, en su obra :polí-
Aymé escenifica de forma elocuente; a veces ocurre que los tiCll, podría evitar recur.rir no s6lo a las ficciones, sino a la
combates lúdicos entre niños {o ad1.1ltos) te:rminan en pugila- mentira (al fingimiento se1•io). Baste con recordru· el pasaje
tos serios; del mismo modo, en los «juegos de rol» de los ado- dellib:ro n de La Repz~blicc¡, donde, t:l'as declarar que la men-
lescentes, ciertos «actol'es» llevan su idantiñcación con el pei'- tira como tal es odiosa, Platón admite a¡gunas excepciones.
so.naje encm-nado hasta la pé:rdida de su propia identidad; ¿y Así, es lícito mentir a nuestros enemigos; incluso tenemos
no cuentan que la lectura de Werther empujó a cierto número . derecho a mant:ir a nuestros amigos «cuando uno de ellos, bajo
de jóvenes al suicidio por mimetismo co~ el héroe de Goethe? la influencia del delirio o de una demencia enalquierá, se pro-
La :inquietud parece justificada. Queda por saber cuál es el pone llevar a cabo alguna mala acción»; la mentira sirve
alcance real del argumento. entonces de clistracción, ~como si de un remedio se tratase»7•
Como ya he d:icho, desde el p1.:mto de vista de la estrategia En el tercer libro vuelve sob:re esto a propósito de la ed-ucación
explicita adoptada por Platón, no se tl·ata de un argumento de de los guardianes. La excepción que admite aqm desencadena
principio cont:l'a la imitación, sino de una advertencia contra consecuencias más graves, ya que se trata de elaborar un vm··
ciertas elecciones de oQjetos (de hnitación): el peligro del efec- dade:ro mito de los oo1genes -un relato etiológico-, capaz de
to de ar:rastre depende ímicamente el el estatus del objeto imiw justificar la jerarqtúa social (las tres clases) de la Ciudad
tado y no pone en tela de juicio el acto de :imitación en sí :ideal, mito que conviene inculcar a los niños desde su más
:mismo. Bastaría, por tanto, con escoger un buen modelo de tiel'lla infancia -por tanto, antes de que estén en conrliciones
imitación, con ·ñngi:r un comportamiento loable, pru·a que la de hacer l.UlO de la :razón... y del escepticismo-:-. Como de
eventualidad de un paso del «de mentira» al t<de verdad,, no hecho varamos, para Platón, el modo de acción de la ficción es
sólo no conlleve pelig.t'O alg¡.mo, sino que hasta sea deseable. el del contagio y no el del conocimiento racional; por tanto,
Es efectivamente lo que propone Platón: dado que las activi- sm·á tanto más eficaz cuanto menar sea el desarrollo de la 1ns-
dades m±n1éticas tienen 1ma función modelizan·ta, la imitación tancia de control racional, como ocurre (dicen) en los niños.
es aceptable a condición de que se limite a los comportamien- Pm·o si sólo la inoculaci6n du:ranta la primera infancia es
tos mo:ralmen'te irreprochables, susceptibles de constittili• capaz de garantizar la~eñcacia de la operación mitomimética
:modelos a seguir. Ese es el plincipio que Platón convierte en s:eria. ¿cómo no sospech~ que Platón d:ramatiz.a a ultranza el
regla pru·a escoger las actividades miméticas aceptables en la efecto contagioso de las imitaciones lúdicas (pOl' ejemplo del
educación de los guardianes de la ciudad ideal: <\Puestos a teatro) que denuncia' como fictiC'ias? O, para formularlo de
imitar, que imiten al menos y desde su más tirona :infancia otra fOl'ma, es cuando menos gracioso ver cómo el rechazo
todo lo que pueda se:rles conveniente, eomo, por ejemplo, el alarmado de la imitacl6n lúd:ica (el teatro, la poesía épica, la
valor, la sensatez, la piedad, la libertad y cuantas otras excel· pintura) viene acDlllpañado p01· una tolerancia benevolente de
sas cualirlades poseen lOB hombres superiores. Pe:ro qpe no la mentixa (pues el mito se concibe aquí explícitamente como
hagan ni imiten acciones innobles e indignas, ni nada q1..1e sea un discm-so que se sabe falso pe:ro que se pretende hacm· acep-
realmente vergonzoso»6• Lo que segím este .pasaje no parece
más que una concesión a regañadientes, tal vez :porq1.1e la 1
Ob:ra citada, n, 382. La noción de ':remedio' (pharmakon) intamene
erradicación de la pulsión mimética como tal sa.l'Ía demasiado aJ menos en dos contextos diferentes: en el pas~a que acabamos da citar,
la menfua es un l'emedio; en otros se dice que es importante oponer nn
6
Platón, La Repú.bliea, m, 395. remedio a la ficción en la mediiln en t¡ua esta actfia como tm contagio. Ver
~ Thidem. Der:rida (1972), páginas 71-198, para un análisis de conjunto élel campo

76
l
tal' como verdadero) desde el momento en que se supone que actor que imita por juego, pero para el beneficio (o pérdida)
puede ser útil ru Bien tal y como lo concibe el sabio. del público~ y finalmente el :público mismo, que -e~ calidad
Esta primera etapa del análisis plató:r;fco e~ al menos ~an de público-- no :inrlta, pero que, al prestar tma a:tene1ón com-
interesante p01• .sus omisiones y por las chs-tors1ones que SJeT· placiente a los comportamientos lúclicamente :imitados por el
ce sobre la realidad de la relación :mhnética como por las tesis aetor, se arriesga a imitarlos en sel'io en la vida real. En el pli-
que asume explicitamente. Me limitru·~ a indicar do~ ~roble· mer caso, el efecto de arrastre está ligado a un contagio da los
mas que toda tentativa de comp1•enst6n de las, ac.tivldades comportamientos Teales por los comporlám:ientos miméticos;
miméticas debe tener en cuenta, pero que la polennca plató- en el segundo, lo que está en cuestión es más bien la capaci-
nica bien presenta bajo una luz unilateral, bien ignora com· dad de manipulación del público po1• el actor (pero tmnb:ién
pletamente. . . . por el :filósofo mitólogo ele la Ciudad ideal... ), aunque la cme&-
A primera vista, el efecto de conta«io, es d~Cll', el efecto de tión de sabEn· en qué medida el mnnipuladOl' se arriesga a
mTastre inducido po1· las activjdadeg miméticas, no pro•ece manipularse a s:f mismo no puede ser excluida, como nos
afectar más que al fabricante de :ficciones, pues se supone que muestra la historia del lobo que se imita a sí mismo; en el ter-
el hecho de imitar x es lo que puede induci,r a hacer x. Por lo cm· caso, el efecto de roTasb.·e reside de nuevo en un contagio
tanto, existiría peligro para los nifios que se en~-egan a l~s de los comportamientos reales por los compoxtami.e.ritos
:miméticos, pero, contrariamente a lo que ocruTe en el primer
juegos de rol y pa:ra al aetm·, sin ~e esto perm;ta. conchur caso, ya no estamos anta una autofm'mación de hábitos com-
nada respecto a los efectos de la :flemón sob:re el ~~lico. P_¡n·.~, pm'tamentales (hábitos que tl·ansgreden la frontera entre ]o
en l'ealidad, tanto para Platón como para la tra~mon antinü· h:tdico y lo serlo), sino ante lm efecto de modelización. El juga-
mética que inaugura, la inqtrletud de que pudiese haber un dor que :finge hacer x refuerza su disposición a hacer real-
efecto de an·astre atañe tanto, si no más, al público -cuando mente x, pues (a consecuencia de la ineficacia postulada de la
ha:y público, comD es el caso de las variantes artísticas de la fronte1•a entre lo lúdico y lo serlo) fingir que se hace x tiene
actividad m:imética- como al fabricante de la :ficción, y todos prácticamente el mismo· efecto que hacm· x; en camb:io, el
con·en el riesgo de tomar modelos de los mt.mdos ficcionales. público que contempla al ·actor que finge hacer x toma ejem-
Tal vez podr.íamos ir más lEÜos y p]antaru· tl·es polos implíciM plo da esa acción para sus propias acciones serias futuras
tos: la persona que imita lúdicamente para su propi? bene:ñv (una vez más porque se supone que la ñ·ontera entre ficción y
cio (o su propia pérdida) y el de sus compañeros de JUego; el l'ealidad es permeable al efecto de contagio). En la argumen-
tación platónica, es-tos difm·entes efectos nunca quedan dis-
lexicológico complqjo y ambivalente (el plw.rmakon puede ser va:~eno tinguidos ela:rrunente, lo cual parece significar que para él
tanto como remedio; el término dasign.a además el color, el maqnilla;¡e, el obedecen todos a la misma lógica.
perfume y las especiaS') de esta noción y de sus términos empru·enta~os
(poo· ejemplo pharmakos, que designa al hechicel·o, p~l'o también al chivo · Aho:ra bien, yo creo que cuando nos plant.e~oe4_la cuestión
expiatorio); Los textos da Plat6n no utilizan la totali~~c1. de aste .campo de los posibles efectos de la :ficción sobre la «vida re~» (ya sea
semántico: po:r lo tanto, el valo1· tle una parte del análuns p1·opuesto en la del jugador, la del actor o la del p-L1blico), hay que distinguir
«La faYmacia de Platúlll• depende da la validez de su presupuesto (expli· entre dos problemas muy diferentes: el de la inmersión (y, por
cita:mente asumido :páginas 148-1•19): dado que la lengua ea un "sistema»> 'tanto, la perrneabfrldad de las :fronteras entre :ficción y l'eali-
los términos presentes en un illi!cmso :remitan a «todaa las demás paln-- dad) y el del efecto de m"!'astre (y, por tanto, Ja modelización
b:ras del sistema J.mco», lo que explica que en todo texto existan «fuerzas
ele .atr.ncción ocultas que asocian 1ma palabra presenta y una ausente»,
de la realidad por la ficción). La posibilidad de 1ma inmersión
esas fuerzas s6Jo pueden aact1.1ar sobra la escritura y lu lectma del texto completa en el simulacro, inmersión que nos llevaría a tomar
en cuestión» (página 149), la ficción :P.o:r la realidad, no se supe:rpone en absoluto a la de

19
l

una transposición de los modelos :ñceionales a la realidad, mientos :ficcionales que no encuentran equivalente real en la
tJ·ansposición que nos llevaría a calcar nuestros comporta- realidad sólo tienen e-fectos de ar:rastre muy marginales; rara-
mientos ulteriores de los de pe1·sonajes ficticios. Yo puedo se1· mente se ba visto a la gente llnitm' las proezas deportivas de
víctima de 1.ma <dlusión referencial>) frente a una ±'icci6n s:in Superman o de Batman. Es cierto que la vida imita al arte
por ello :imitar después los comportamientos ñccio:nales. Pm· (mimético), pero sólo a aquel arte q1;1e imita (ya) a la vida -
el contrario. puedo tomar como modelo los comportamientos que, a su vez, no deja de imitarse a sí misma-. ·.
ñcclonales o un universo ficclonal sabiendo :pertinentemente Desde el punto de vista de la cuestión del estatu.s de la :fi.c~
que se trata de una ficción. La identiñcación por inmersión y c:ión, el argumento antimimé'tico tiene, pm· supuesto, conse-
la identificación en el sentido de la proyección modelizante cuencias diferentes según sea la imitación propiamente dicha
son dos actividades psicológicas que se excluyen (ya que pre~ -el hecho de modelar su compm>tamiento a partir del de
suponen que el individuo se encuentl'a ante relaciones dife· otro- lo que esté en ct1estión o, por el contrario, la mmersión.
1•entes con el mundo); la primera es 1ma variante de la aten· As:í, el prec.apto agusthrlnno según el m.1al hay que fo1•zar a las
eión cognitiva, mientras que la segunda atañe a la regulación gentes a creer -es decir,, que, de hecho, hay que obligarlas a
de nuestras acciones. Ahora bien, sólo 1a p:rimel'a es especlñ· fingir que creen- descánsa en el efecto de inmersión; gracias
ca de las actividades mimética.s y, por tanto, puede conside- a este e:fecto, se supone que la ley fingida se metamorfosea en
l'al'Se que plantea un problema de legitimidad espec:í:fico de el momento oportuno el'i fe verdadera9• Por el contrario, en el
estas actividades. En cambio, el efecto de ru'Tastre se encuan~ argumento platáoieo eonb·a la imitación de acciones rep.:re:nsiM
tra tanto del lado de las actividades c•serlas» como del de las bles, pe1•o también en su defensa de los mitos falaces, se pone
actividades miméticas: cualquier actividad, y especialmente en prlmm· plano la ·capacl.dad ele la imitación para generar
un comportamiento reprensible real o la imitación (lúdica o hábitos y, pro· tanto, el efecto de ar:rast:re.
no) ele tal compm·tamiento, puede inducir a una imitación El segundo elen.tento problemático de este primer a:rgu·
seria. Debemos ir aún más lejos: si los comportamientos fin. mento anti:mimético desarrollado por Platón reside en la ma·
gidos pueden tener un electo ele a:r.rastl·e, es únicamente por- nera en que aborda la cuestión de la permeabilidad da la fron-
que en la vida como tal nuestras competencias compm·tamen· t~u-a entre fingimiento y l'ealidad, entre acci6n 1·emedada y
tales y nuesttas normas éticas deben su existencia en gran acción «.seria». Para Platón, las actividades miméticas apare-
parte a actividades rle imitación (por reiteración y por proyece cen e.senclalmente en el horizonte de la mentira, del ñngi"
ción idantiñcadm·a) de comportamientos <•sm10S» obsel'vados miento serio. como demuem•a de :manera ejemplar el hecho
en nuestros congéneres, Dado que adquirimos la maym· parte de que nunca trate de la diferencia (sin embargo enorme)
de nuestros comportamientos por una identificación formado· entre el fingimiento 'lúdico de las artes miméticas y el :fin·
ra de hábitos, y que asum:imos la mayor parta de nuestros g±miento serlo dé] filósofo mitólogo de la Ciudad ideal. El fin.
valores éticos, la l'epresentación mimética de esos comporta-
mientos y valm-es también puede inducir a transposiciones o La carnaza, del mismo Taver.n:iex), habria que plantearse primero la ele
por modelización. Si tal es el caso, ni que decir tie:ne que el la capacidad de ro-mstre de la realidad misma y, por eKtansión, la de la
efecto de arrastre de las ficciones será .siempre mucho más representación re:ti:mmcial de esta realidad, por tüemplo en el telediario.
débil que el de la realidad real 8• Por ob-a parta, los comporta- Y añade, resumiendo pe:r:feetamente la situación -mmque se trata ele
una situación q-ua slemp1•e ha sido la de la ficción en nuestra cultura-:
«Se di.ria que sólo la creación, la ñccit\n, genera problemas» (Libératitm, 9
a :Be:rtrand Tave:rnier ha señalado que en lugar de plantem·se sie:mp:t·e de octubre 1997, página 37).
la cuestión del posible efecto de arrastre de la violencia rep1esentada ñc- 0 San Agustín, De utllliati credendl, citado por Veyne (1983), página
eionulmente (La naranja mectinica, de Kub1•ick, Asesinos TJatos, de Stone 147 (nota 44),

20 21
l
g:i.lniento lúélico sólo aparece como 11n resto degradado del Ya no se t:rata sólo de evi"ta.:r simular las actividades reprensi-
fingimiento serio y nunca es considerado como una relación bles, sino de ahstene1·se de las actividades miméticas como
especifica. Tanto al miedo a la :inmersión como el miedo al efec- tales. La raz6n que invoca está relacionada con el modo de
to de ar:rasta:e pa:recen pxopo:rcionales a esa 'l•educci6n de las acción de la imitación. Pmtiendo otra vez de la imitación de ac-
actividades miméticas lúdicas a tma forma debilitada de ñn- ciones reprensibles~ dice: <<porque, aunque es necesnrio·cono·
gin:rlento serio y a la ausencia de distinción nocional entre la cer a lo.s locos y a los malos, no es conveniente hacer o imitar
imitación como ·1·eiteraci6n y la imitación c.omo simulacro sus acciones»J 2• Así pues; estamos de hecho en :presencia de
(hacer-como-si). Lo que .está en cuestión en este primer argu- tres térrainos: la acción -en este caso el referente :imitado--,
mento antimimético es, en de:ñ:nitiva, la incapacidad {o el el conocimiento y la imitación. Es legítimo, y sin duda hasta
rechazo) de reconocer la autonomía de la capacidad imagina- ·neeesroio, conocer lós comportan:rlentos reprensibles· no es
tiva como actividad mental específica y, pol' tanto, también la cuestión de entregarse a ellos, pues eso seria comp~se de
, autonomía de los procesos miméticos lúdicos10, AhOTa bien manera injusta; :pero tampoco hay que imitarlos (sobrenten·
sólo e] reconocimiento de esta autonom.la permite una com: dido: an una p.erspectiva lúdica, ya que una imitación~reitera-
prensión adecuada de la :ficción. Más adelante tenth·emos oca~ ción nos haría cae:r en la segunda catego:ría). ¿Pm• qué nQ hay
sión de ver que lo que la psicología del desarrollo nos enseña que imitarlos? La réspuesta es simple: según Platón, la :imi-
s~b1•e este t~a ~e opone irontalmente a la concepción plat6· tación no es conocimiento. Y esto vale inrlis·tintamente para
mea de la míínams, especialmente en lo referente a la relación su génesis y para su modo de operar soh1·e el público. La ela-
entre el ejercicio de la capacidad :ficeional y el1iesgo de arras- boración de una imitación no l'esulta del conocimiento de lo
tre: el p~gro de pasm· a los actos no proviene, como Pla·tón y que es imitado, como demuestra Sócrates con una iroma mox..
s1.1s segmdores c:nmn, de una vida imaginativa demasiado rlaz a expensas del rapsoda lon 13 • En esto se dist:ingt.1.e de la
~c.a, s:ino, a la inversa, de una capacidad imaginativa dama-
acción seria que, cuando es l'acional, se basa en el conocí·
miento (por ejemplo, el conocimiento clel bien y del mal). La
. mado ~oco ~es~rollada, Opo:m:·sa al ej:rclcio de las capaci- contemplación de una imitación tampoco produce conociw
dades nnagmat1vas, lejos de limitar los l".lesgos da un paso del
«de mentirn>> al <!de verdad>>, los aumentan. miento; si lo hiciera, Platón no la condenaría cuando se detie-
ne en comportamientos l'eprenaihles, pues el conocimiento de
lo que es reprensible es una buena cosa (según él). Si la m:ím&
3. Platón 11: imitar y conocer sis no l'esulta del conocimiento, ni p:roduce conocimiento, es
El argumento antimimát:ieo que acabo de resumir no es la porque actúa -como ya sabemos por el primer argumento-
·última palah1•a de Platón, ni mucho manos. En efecto mien- po:r contaminación afectiva y no po:r persuasión racional. Es :por
.
tras que en un pnmer momento sólo parecía cuestionar'
las supuesto una denuncia contra el efecto da inmersión: uEs
Un hecho, sin duda, que los mejores de nosotros {...] Cl.Um•
elecciones de oqjetos l'eprensibles, el segundo arguiQento qua
t:lo escuchan a Homero o a cualquier otro de los tl•ágicos
desarrolla está dirigido contra la 1oelaci6n mimética como tal. imitar a un héroe que, lleno de dolo1•, colma con sus lamenm
10
tos una larga ·tirada de versos o se golpea el pecho mien-
Millm (1968) msiste en esa autórlomia del fingimiento lúdico al tras grita, expe1•imentan placer; lo sabes bien) se dejan lle-
señalar: «El ñ.ngintierrto de los juegos ile mitke-believe no es un disfraz vm·, sigllen el movimiento, participan de las emociones
pm·a otra cosa, ni una actividad que pretenda inducir a al'l'o:r: se trata de
un pensamiento en acción {...) que se sine de objetos reales como ncceso-
:dos» (página 256).
19
Ln Repúblirm, m, 396.
u Sob:ra esta tema, ver páginas 306-309 clel presente t:rablljo. tB 1on, especialmente 532c-533c y 542.

22
expre.sadas...» 1". Mal escogida, la :imitaci~n es peligroáa tanto clecirlo (le otra fo:rma: lo qu.e está en cuestión en esta seg¡.:mdo
para el que se e.ntrega a ella como paTa el público. Corrompido m·gumento anti:mimético no es sólo 1ma problemática del fm-
él mismo par el 1norlelo que :ir.o:i'ta, el imitador co:trO:mpm•á gimiento, s:ino también una Jll'Ohlemática de la mimesis como
también a su público, y hasta a los •<mejores tle entt·e noso- representación opuesta a la l'apresen·taclón de las ldeas17 • Da
tros», es decir~ a los sabios (ccon excepción de 1.mos pocos» 15, De ah:f también el paso :repetido de la mimesis teatl·al (la ·ficción
nhí la necesidad de una policía severa, pues, según Platón los en el sentido estl':icto del término) a la :ñgúración. pictórlea {la
artistas :imitadores tienen una tendencia espontánea a el~gir rep1·esentaclón analógica).
objetos de imitación que no son convenientes, y no sólo porque Este paso de la mfmesis como ñ:ngimiento a la mimesis
el temperamento razonable. es más dificil de imita:r que el como l'epresentación analógica (imitación) aparece elm·amen-
~paramento m·.itable, sino también porque, hasta cuando te en la célebre contpa:ración de las tres camas (libro x, 596 y
está bien imitado, e.s más dificil de comprender que la inúta~ wguientes) y lajerm•quia onto16gica que implica; de la idea de
ción de un temperamento irritable y, por tanto, no interesa al cama (el ser de la cama tal y como está. presente en el alma
público de las fiestas16• divina, pero también tal y como se presenta en el conocimien~
A :pr:i:rciera vista, este argumento sólo parece hacei'l'mel·en- to ñlosóñco) pasamos a la cama mate:dal (la cama como apa-
cia a la elecci.ón del ob,jeto tle imitación. Sin embargo, contxa- riencia)~ que es :una imitación de aquella y, a continuación, a
I1amente al p:ri:m.ero, en realidad este argumento SBtá dirigi- la l'epre.sentaeión pictórica de la cama material, que no es
do contl·a la imitación como tal, dejando aparte la cuestión de más que la :imitación de una imitación. Esta je1•arqufa, ya lo
la elección de los modelos a imitar. En efecto, en el marco del he indicado más a:r.riba, plantea un problema para la polémi-
racionalismo platónico no pm·ece fácil que el modo de acción ca antimi:mática en la meil:ida en que :inclica que la teoría pla·
PQ'l' contagio -como modo que se opone a la persuasión :racio- tónica del conocimiento es una tso:r.ía.· del reflejo, una teoría
nal operada a través clel enfoque dialéctico- pudiese escapar mimética: el conocimiento verdadero es también una imita-
a una condena de principio. Es decir, que lo que está. en juego ción13. Pm· tanto, podr.íamos Pl'egUntarnos si no nos encontra-
en esta segtmdo ángulo de ataque no es ya tanto la cuestión mos ante 'la paradójica situación de una condena de la :m:íme-.
moral como la problemática del conocimiento· a través de la a:i.s en nombre de una concepción gnosao16gica que es, a su
constl'Ucción de una oposición"entl·e el modo de'acción de la mf· vez, mimtffiea. O, al menos, lo que al principio paxecía una
mesis y el modo de acción del conocimiento, Platón se desliza oposición cualitativa, ;;no cOl'l'a el riesgo de quedar redncido
hacia una p1·oblemática gnoseológ.ica, pues la mimesis como finalmente a una simple diferencia de grado, es decir~ a una
tal es reprensible en función de su déficit cognitivo. Para pérdida :Pl'Dg.t'esiva del :isomorfismo entl·e lo representado y su
l'epresantación? Cuanto más nos alejamos de la ldea, más se
debilita el isomm·ñamo, hasta tal punto que, cuando llegamos
al nivel de la representación pictórica, la mayoría de las prcr
La Bepública, x, !:!05c·d. Algunas lín~as después, Platón .señala qua
14
porciones orlg]nalas se han perdido. Pero de hecho estajerar·
tal compoxtamiento es propio de mt:¡jm· más qua de hombre. Esta idea
(peyo:r.ativa, :po1· supuesto) de una relaci6n entre el efecto de inmersión
imaginativa de la :!lceión y la «natmaleza» :femenina prestará sus se:rvi·
17 Recojo esta distineitm da Lncoue-:Laba:rthe (1986), pág]na 80, Aun·
cio.s en n:n.1l~ples ocasiones n lo largo ele la historia de los géneros ftccll)o que no sea tormulnda en esoo términos por Platón, corresponde a la reln·
nn1ea, espemaJ:mente en las pol~micas contra la litaratm•a novelesca. ción entre la mimesis y la alethéia .-la imitación y la vtmlnil-, teniendo
18
lbíde:m. en Cllentn su .relación con las Ideas.
18 Este hellho ha sido subrayado po:r nu:me;¡•osos autoras, aspec:ial:man·
10
Ver lliídem, x, 604e-605a. No estamos lejos da las conclanas del cine
«hollywoodienae1>, lo cual no es soxp:l'endente, mhien ea cierto CJUe el tea- te Deleuze (1969), Den-ida (1972), Lacoue·Labarthe (1986) y, más re-
tro.grlego no m·a un a:rt& ñe élite smo un a:rte popular. cientemente, Ohateau (1998).

ru¡. 25
quía de los conocimientos está calcada de una jerarquía de los entre el imitador y el sabio: el prbne:ro la atrae hacia ab~o
objetos de conocimiento. Esta última es la que introduce la (mediante un contagio afectivo), mientras que el sabio quiere
discontinuidad: en virtud del principio que preconiza que de elevarla hacia la contemplación de las Ideas (mediante 1ma
aCJl.lello que es confuso sólo se puede tene:r un conocimiento persuasión racional). Del mismo modo que no puede haber
confuso, la confección de una imitación de una imitación -la cornp:ro:miso entre lo verdadero y lo falso, no puede habm·lo
representación pictórica de 1ma cama material- no puede ser entre el sabio y el im:itador.
más que la aplicación de un conoe.imlen:to de natm·aleza ¿Qué pensa:r de este segundo ro·gumento antimimético? Me
degradada, porque el objeto en el que se apoya es, a su vez, un parece que compmrta dos aspectos que hay que distingtri:r cui·
modo de ser degradado. Ahora bien, las dHerentes moc1a1ida· dadosamente. Primero está la concepción epjdemiológica de la
des de ser definen campos ontológicos discontinuos (y opues- acción de la m:íniesis. Después, las conclusiones que Platón
tos), y no pasos continuos. La jera.rquia descendente que nos extrae de esa concepción.
lleva del conocimiento l'aclonal a la opinión (la doxa que La concepción epidemiológica tiene la ventaja de per.mitir
gobierna nuestra relación cognitiva con el mundo de las apa· a Platón pensar que la :ficción actúa. de otro modo y en otro
riencias que imitan las :ideas) y, finalmente, a la mimesis, nivel que al discurso filosófico. Actúa de otro modo: no po:r
delimita tres tipos discontinuos de relaciones con la verdad. abtltracción de conceptos gene:l'ales, sino por intmiorlzación
En este caso, el nivel de la mimesis es aquel en el que la l'ela- mimética. Actiia en otro nivel: no en el de la formación refle-
ción con la venlad no es la de un simple no-saber, s:ino la de xiva de las creencias, sino en el de los esquemas interiol'izaw
un fingimiento de una relación con la verdad -lo que :re.sta~ dos en forma de gestalts globales. En esto, la concepción
bleca eJ lazo con e1 primer argumento antim.imético-. En El platónica apunta a lo que efectivamente es 1.ma dive:rgencia
sofista, eJ pintor es acusado de no crear más que cctma especie funcional profunda entre el dominio de la ficción y el de la
de sueño artificial para aquellos qua permanecen c1espier· relación tll'eferencial» con la l'ealidad, entre la ejemplificación
tos»19• En La Bepitblica, el imitaclor mnbauca al espectador modelizante y el análisis conceptual. Tomemos el caso de la.
hasta e1 punto de que este tiene la ilusión de habérselas con ~ ficción literaria. Puesto que esta comparle el soporte semióti~
un sabi.o total, cuando evidentemente no es asi21l, Y lo nrlsmo co con la :reflexión analítica (el lenguaje), manifiesta más cla-
pasa con la imitación verbal: «El :poeta :imitativo instala una ramente esa diferencia funcional: la ejemplificación ficclonal
mala constitución en la p-ropia alma de cada uno de nosotros, tle situaciones y de secuencias compo:rtamentales posee una
por su complacencia hacia lo que esta tiene de irrazonable y función modelizante -es decir, pone a nuestra disposición
que no sabe reconocer ni lo grande ni lo pequeño, sino que ve esquemas de situaciones, escenru.·ios de acciones, constelacio~
las mismas cosas ora grandes, m•a pequeñas: haciendo simu- nes emotivas y éticas, etc., que pueden ser interio:rizadas por
lacros con simulacros, y a una distancia enorme da lo verda- inmersión y {eventua1mente) reactivadas de manera asociati·
clero)>21. En stuna, el ru.i;is·ta imitador es un bechicero22 que, con va-, mientras que la l'eflexión anaHtica conduce a saberes
ayuda de la magia (thcmmatopoia), pervierte el alma hu- abst1·actos C'tlya posible aplicación :requim·e de una operación
mana. Esta se convierte también en el objeto de una lucha racional con :reglas explícitas. Más adelante tend1·e:mos oca~
sión de ver que esta cliBtinclón, formulada aquí de manera un
El sofista, 266c.
1)
poco abrupta y simplificadora, engloba hechos que no tienen
ao Ve1• obra citada x, 598d. En lon, el veredicto final es el mismo, apli· nada de nrlsteriosos y que experimentamos cotiilianamente.
cado no a la p:intu1'a sino al arte del rapsoila. Por el momento se trataba simplemente de indicar mediante
21
lb:idam, X, 605. un ejemplo que la concepción epidemiológica de la acción de la
~ Ver La Rep!lblica. x. 598 el. ficción que Platón desarrolla en La República debe ser vista
26 27
l
también como una forma de l'aconoee:r la es:pec:iñcidad del A pesar de la agudeza de la tesis epidemiológica, el
modo de acción de la mimesis. análisis de Platól\ me parece defectuoso. En primer lugar,
El hecho de que Platón haya visto tan bien esa especlñc:idad la pastura que adopta f:rente a la mimesis no tiene en
se puede explicar de diferentes maneras. La explicación más cuenta el hecho de que esa paso del <flllito» a la 'filosofía
banal se encuentra evidentemente en la extrao:rclina:r1a agu.w (como modo de légi:timación ep.istémica) es contampo:ráneo
deza de la que da prueba tanto en este a~:nmto como en otros. de ot1·a t1·ansfa.rmación que, a su vez, tiene lugar en el inte·
Pem también hay que tener en cuenta el hecho de q1.1e Platón l'Ío:r mismo de la esfera de la ejemplificación nar:ra:tiva: se
tuvo un papel importante en una transformación histórica trata de la disociación de la modelización «mítica» en dos
mayor de los sistemas de e.reencias o, más b:ien, de los modos tipos de narración con un asta tus pragmático bien c1ife:ren·
de legitimación de las c:reencias: el paso de ·una sociedad te, a sabe:r, po1· 1.1ll lado, la historiografía y, po:r.el otro, la
:fundada en la explicación «lllÍtica»23 hacia una nueva constela- ficción narrativa -es decir, la imitación verbal lúdica-
ción -la de la filo.snfla, las matemáticas y los saberes emp:f:r.i~ (dajo de lado la cuestión de la ficción teatral y la de la
cos-. En esta nueva constelación, la legitimación de las e.reen· representación 'figurativa, que no entl•an en este marco
cias ya no descansa sobre la tl•ansmisión de tm saber social, histórico). El lugar de ese pa.so es sin duda la epopeya, al
sino sobre un aprendizaje individual fundado en la abstracción menos si se admita que, en la época clásica, pasa p:ro-
conceptual universalizadora {de ahf la teoría de las Ideas). gt'esivamante del estatus amiticO» al de una imitación que
Esto no quiere decir que ya no hubiese tra:nmnisión de saberes ya no pretende ser «de vardail»; el hacho de que en la
sociale.s, sino simplemente que ya no era un c.rite;tio de le- Poética da Aristóteles sea tl·atada en pie de igualdad con la
gitimación de los conocimientos; de ahí la degradación del poesfa dramática, cuya <cna:turalaza» ñccional e:ra ya clara·
saber social en ~<do.:~a», en «opinión>> (opuesta en adelante al sa~ mente :reconocida, me parece revelat1o:r de ese nuevo esta·
bar racional), por no deci:r en «cuentos de vie.joa>>111• Este cambio tus que hará de ella la matriz de legitimación originaria de
:fundamental vino acompañado de la voluntad, :po:r parte de los las futuras ñcciones novelescas (a partir de la época he·
:filósofos, de distanciru·se de las etiologías c<mÍiÍCru!» clel Ser. lenistica). En efecto, el término «paso» no es e.l más
Ahora bien, esas e.."q>licaclones del o:rigen da las cosas eran por adecuado, pues la :función cognitivá propia del ,•mito» no
supuesto relatos, esto es, ejemplificaciones modelizantes,.y no desaparece: ninguna sociedad puede reproducirse al mar·
explicaciones conc.eptua1es. La. antoclar:iñcación del enfoque gen de una transmisión de saberes sociales (es decir, de
filosólico exigía por tanto 1m intento de comprensión ele lo que creencias interlorizaclas en bloque y no adquiridas me-
lo d:istingtúa del :funcionamiento cognitivo de los «lllitos». diante el aprendizaje individual); en este sentido, toda so-
ciedad se l'eproduce parcialmente pol' modelización «:mlti·
'~>~ Utilizo esta noci6n con ciertas 1·eservas, pues an citn•ta madida me ca>>. Eso no quita para que ese nacimiento conjunto de la
parece unn invención el•nditn•.Apl'op6sito de la génesis griega da la noción hist.oriogra:ña y la noción ele ficción narrativa forme parte
de mito en tanto que categoría que sirve pa:rn poner n clist.anlrla tocla .del m:ismo movimiento que el que empuja a. la ñlosoña y,
lll'eencia que se l'esista a 1.ma reducción análftica o empMca, va1· Détianne más globalmente, al saber «l'aciona1», a apa1•ta:rse del
(1981), páginas 87·189. Détienne demuestra también hasta qué pun:to al <<mito».
uso actual de la noción por la antropología aigue at:rapado en esa modelo
griego (páginas 190·242). Pm·a una iHsct1sión de la l'a1nción entra ..mito» Hay que pl'ecisro• que no quiero sugerir con esto qua la
y ficción, ver páginaslBl-138 del presente trabajo. ficción como tal, es decir, la capacidad de entregarse a fingi-
¡¡.¡ riPlasmata té>n prrJtel'fJTA». Jenilfnnes Fr. l. 22, en Diah;.;l{ranz (1964, mientos lúdicos, nacle.se en aquel momento: por lo que sabe-
16." edición), tomo 1, página 128. Ver tnmbi6n Détienne, obra citáda, pági· mos, asa capacidad es mucho más antigua. Se tTata del nac.i·
mlK · :m1ento de 1m nuevo arte en una esfera cultural especfñca (]a
l

·nuestra), es decir, el nacimiento de una pl'áctica simbólica primera. Paro, al mismo tiempo,·]a respuesta que ·se le dé es
entregada a la apreciación estética p·ública. También. hay que de una :importancia crucial pá:ra la ·concepción de hi ficción. Si,
p:reci.sar que ese nuevo arte es sin duda antes un arte defini- co:mo pretende.:Platón, la mimesis no fuese un modo de adqui-
do atencionalmente (es decir, que se concede una función esté- sición de ennocl:mientos, entonces a fortiorlla ficción ta:m:poco .
tica a 11na práctica éuyo estatua originario et'R, cabe suponer- pod:r1a serlo. Si en cambio se puede demostrar que la. relación
lo, diferente) que una nueva práctica lite1·aria específica, es miniét:ica es una :reláción cognitiva, y si la ficción es un uso
decir, 1m arte en el sentido :intencional del témrlntf'l, El naci- especifico de esta relación1 entonces esta también .se:l'á un
miento de la :ñeción narrativa corresponde pr:ime:ro a una reo.. vehículo cognitivo (cuya especificidad evidentemente queda
rlentación de la actitud receptiva frente a las nruTaciones de pendiente de describir).
la tradición épica; po1' lo que sabemos, sólo 1nás tarde, tal vez
a partir del siglo no 1 a.0. 23, este me atencional se convro'tiM
rá en modelo para un nuevo género literro1o, el de la ficción 4. Las dos gent:.alogtas de ln imitación lúdica .
novelesca. En todo caso, no cabe n±nguna d1.1da de que en la La cuestión del estatua del fingimiento lúdico, que.consti.:
época de Platón ese cambio en· el modo de l'ecepción de las tuy.e el centl•o da toda compl·ensión adecuada de la ficción; se
epopeyas ya se estaba p:roduciendo. E:n la medida en que su· 1•etrot:rae al nivel del problema de su genealogía, tanto :fi16gé-
análisis no tiene en cuenta esa evolución, no es sorp1·endente nética. como ontogenética. Esencialmente, existen dos mode- .
que nunca distinga claramente ent:re mentira y fingimiento los genealógicos. El :primero, cuya forniulac:ión sin duda· más
·lúdico -lo cual lo lleva a acusar a la :representación miméti- conocida se encuentra en El nacimiento de la 'tragedia; de
ca de ser falaz-. Nietzsche, explica la génesis de la tepresentación mi:méticw
El .segtmdo límite de su análisis -sin duda, el que :funda· h1dica a partb.· de un· mm•có religioso: lá :ficción habr:ía naCido
menta su actitud polé:nrlea hacia la mímes:ls- reside en su a consecuencia del· debllitmniento p1•ogresivo ·de· la m·eencía
incapacidad de 1·econocer que el <(contagiO» mimético es un smia en la encarnación mágica~ El segundo, ilustrado de ·
tipo de conocimiento e, incluso, en cim•ta fo:rma un tipo de manera f.ljemplar :por la tem1a aristotélica de·la mímesís, ve
conoéimiento más importante que el de la razón dialéctica y en las ac:tiv.idadeS miméticas lúdicas una relación' con ·a]
el de la persuaaión racional. Es decir qua, aunque :reconoce el m·1.1ndo :inecluctible a ninguna otl·a, es decir, ilustra un com-·
modo de acción espec:iñeo de la :mimesis, no ve, o se niega a porlamiento antropológico básico con una función propia que·
aceptá:r~ que ese modo de acción es ele OO'den cognitivo. Esta no puede .ser desempeñada por ninguna otra :relación oon el ' .
cuestión crucial nos ocupm'á en el capítulo sigt.rlente, dedica- .mundo. Seg1m J)rivilegiemos una u otra de estaa dos gen~alo8
do al análisis de las conductas miméticas. En efecto, en toda g:ías> llegaremos a una concepción completamente diferente ·
su generaJ.:idad, el problema del estatua cog.njtivo de la :mfme· del fingimiento lúclico y de las actividades miméticas.
Segt1n la primera genealogía, las actividades mim.éticaf;
sis se sitúa po:r debajo de la problemática de la ficéión, ai
admitimos que esta llltima es una modalidad especffica de la primeras {desde el punto ele vista filogenético) no son activi-
··' . • . 1
dades de aprendizaje, s:ino que derivan· de la esfera de los
rituales rellgiosos y la magia, es cleciT, de encarnaciones 'con
z¡¡ Sobra asta illstmmún entre deftn.ieión atancional y deofmición inten·
eional del al'ta, que me pnxace puede aplicarse per:fectnma:ntn n esta cnso, función pe:rformativa seria: imitar a alg11.ien es convertirse en
ver Genette (1997), pág1na267. ese alguie:n. El origen de la ficción se encontrada entonces
~G Sag(m Fuaillo (1989), In primera. novela griega de la que tenemos eñ los rituales de posesión. En ellos, par supuesto, la actlvi·
. noticia, Ninos y Semframis, se remontruia al s:iglo II o 1 a. O. (página 15, dad mimética no era vivida como producto de un simulacro,
nota 4). sino cómo la toma de posesión del oficiante por el esp:í:ritu ·
l

-los gestos y palabras del :prl:me1·o producfan los signos de ca no puede tene1•una función positiva propia. No es más que
identidad revelados socialmente del espi:ritu que tomaba un :resto .inestable, ves'hlgio del paso entre lo verdadero y lo
posesión de él-. La :inmexslón total del oliclante en la aclivi~ falso. Pero incluso así sigue siendo peligrosa.
rlad mimética no era temida, sino deseada. El ob,jetivo era Esta explicación de las l'elaciones entre posesión vivida y
deshacerse de su propia persona para convertirse en el recep- posesión s:i:mnlada {seria o lúdicamente) no me parece muy
táculo de una identidad sobrenatural. «Conve:rth·se en otro» convincente. En efecto, muchos t:l'abtúos dedicados a los ri·tua·
no e:ra un riesgo, :Sino una suerte. Por el con·trarlo, la ambiva- les de posesión demuestran qua el cambio de identidad, lejos
lencia .actual frente a las artes :rn:iméticas se explicarla por el de ser el plmto de partida de la actividad mimética, es su
hecho de que, cuando la humanidad aupel'ó ese estadio ~~mági­ resultado. En general, lo que acaba siendo «de verdad»
eo» en beneficio de un control «racional» del mundo, todo lo comienza, sin embargo, como un «de mentira», es decir~ en ·
cp.1e recordase a aquellas expe1'iencias de inmersión (y po1· cuanto que imitación vivida como imitación. A través del pro·
tanto de abandono de uno mismo) podría gene1·m· angu:l'l;ja. ceso de :inmersión este flng:imiento se va transfonnando poco
Esa angustia trad1.1ce de alguna mane:ra nuestra actitud de a poco en un «de verdad», es deci:r, en una toma de posesión
sujetos ((l'acionalmente emancipados», en la medida en que la del imitadro· po.r aquel al que ilÍli:ta. El trance o el éxtasis
ficción har.ía nacer en. nosotros el miedo a l.ma «!'egresión» inducido por la actividad mimética es lo que la: hace incl:inm-
hacia comportamientos mágicos y, por tanto, •ril'l'acionales)), se del lado de la encamación seria. Por otra pm'te, desde el
Según esta hlpótesis, que es también la del cuento de punto de vista del oñcianta, esta no ¡n·oviene de un régimen
Aymé, nuestra inquietud ante la ficción y las mies miméticas de creencia, sino de nn estado vivido. La imitación voluntaria
vendría del hecho de que nos llevan a correr el riesgo de caer es un .in~1ctor de inmersión; dicho de otra :forma, los 1'iesgos
en una actitud «prelógica»; la i:mitncl6n, q1.1e entre nosotros de posesión, lejos de precade1' al nacimiento de la imitación
está al servicio de la prodt1ceión de simulacros lúdicos y, :po:r concebida como ira:itación, :p1·esuponen la capacidad de S\llllel'·
tanto, reconocidos COOll.O si:mulac:ros, s:ln embargo siem:p:re girse de manera consciente en tal actividad. Lo que pasa en
estaría expue.sta a volver a se1· el instrumento de tma aliena· los :ritos de posesión pe1'tenece entonces al mismo o1•den que
eión de nuestra identidad racional. Las actividades miméticas es~ inmm·siones totales que hacen qua ciertos juegos de l'ol
11ulicas serian al mismo tiempo un primer testimonio del paso :para adolescentes se :inclinen del lado de la identificación
del pensamiento :mágico a1 :pensamiento lógico, paso en el que, ~~seria», lo cual, dicho sea de paso, d~uestra que el mecanis-
según las preferencias de cada tmo, puede verse bien un p1·o~ mo en cuestión no está relacionado en absoluto con cierto
greso (Lévy-Bruhl), bien un signo de decadencia (Nietzsche). ~stadio pretendidamente primitivo de la humanidad.
El nacimiento del mimetismo lúdico corresponderla entonces Esta 1·elación compltúa entre el estadio de imitación cons~
a la sU:blltitución de la m•eencia alucinat!ll'ia en una encal"na- ciente (estadio en que el oñ.ciante es un actor en el sentido tea·
ción real por dos actitudes mentales «nuevas»: la mala fe .tral del término) y el estadio de encamación vivida a menudo
(ligacla a la inmersión provocada, y no ya. espontánea) y la :plantea problemas a los testigos externos Oos etnólogos),
menth·a manipt11adora (en cuanto que se beneficia cons.. divididos entre lo que parecen :indicios de mala fe (pol' pa:rte
cientamente del efecto de ar.rastre). Esta hipótesis genea1ógi· del oficiante y de su público) y lo que, a1 contl·ario, parece incll·
ca permite comprender la polémica mm•alizadoo•a rem.mente la
cm· a.-dstencia de una verdadera transformación de identi·
en Occidente e inaugurada pro· el argumento platónico que dad (mediante ilusión alucinatmia). Mirihel Leirls nos ha
acabamos de ver: el carácter contagioso ele la :ficCión clemos- dejado una ilustración :interesante de esta duela en el diario
tl•arla el est~:r~us esencialmente :irracional del fingimiento que escr:íbió dm·ante la misiful Dakar-Djibuti (1931~1933) y
lúdico. Es evidente que en tal genealogía la actividad nrlméti- en su ensayo La posesión y sus aspectos teatmles en los etío·

32 gg
l
pes de Gon.dar'. Al comienzo de1 diario, Leiris oscila pe:tma- tmas l'elaciones cuyo 01;den ea sin,c.rónico mucho más que día~
nmxtem.e:nte entJ:•e la eree:ncia de que aquello que estaba crónico -y esto incluye el caso de la ficción jnstitu:ida como
observando pertenecía al ámbito de la posewón y la constata~ tal-. De1 mismo modo que en los ritos c1e posesión existen
ciónl algo irritada, de que todas aquellas gentes eran sinu.ila- puntos de paso entre imitación consciente e imitación vivida,
dores y di~u1adores28 • En el estuilio publicado en 1958, en la ficción existen puntos de paso entre inmersión miméti-
intenta encontrar 1.m concepto intermedio que le peT.mi-ta dar ca y efecto c1e engaño. .
cuenta de ambos aspectos, la posesión vivida y la imitación La segunda genealogía, contrariamente a 1a primera, no
consciente, sin necesidan de recurrir a la hipótesis poco con~ explica .el nacimiento de la rep1·esentación mimética en el
vincente de la disimulación generalizada. La noción que.esco- marco de un modelo gnoseol6gico (pues. a ñn de cuentas, la
ge, a sabm•, la ele <~tea:b•o vivido)>, es muy sugerente. La opone oposición entre pensamiento «mágico» y pensamiento «rf.mio-
a la vez al <(teatro actuado>), donde <<la mentira [...J es prepon- nal» se :reduce a tal modelo). Su perspectiva es más bien prag-
de:rante»2ll, pues la posesión es «deliberadamente .simulada»ao, mática. En pocas palabras, supone que la actividad mimética
y a «la posesión ·que podrla:mos calificar de auténtica (ya s~a lúdica pública nace como rltualización de conflictos reales. Es
espontánea o p1·ovo~ada pero exper.imentada da buena fe, en en suma el modelo aristotélico, si admitimos que, según la
una· perspectiva mágico-religiosa en la que el trance no te011a de la catarsis, la ftmción de la mímesis teatral es des-
de-pendería de .ninguna decisión consciente del patient)»a1• La plazar los conflictos reales hacia un nivel pmamente repre-
manara convincente -exceptuando un punto que tratará más sentacional y l'esolverlos en ese nivel. La cuestión que me
adelan·te-- en que describe ese estado em:inentemente inesta- ·interesa aqui no es la ele la validez ele la teoría de la catarsislJ'J,
ble (a la vez desde el :punto t1e vista del actor y del ·de los sino únicamente la de la conc~pción genea16gjca d~r la ñcción
espeetadores·participantes) q1.1e es· el «teatro vivido» coincide que impl:ícltamente supone. Según esta, la ficción, lejos de ser
en todo punto con lo que sabemos d~ los juegos de l'01 y) sobre una forma desam·editada de la encarnación mágica, es-tá
todo, tiende a demostrar que la triada posesión «seria» ·teatro :fundada en una competencia cultural y psicológica específica
vivido ~ teatro actuado no define 1ma serie evolutiva sino tres q1.1e no puede deducirse a partir de otra relación con el mundo.
din,á:micas miméticas ilife:rentes en interacción per.rnanente. AtJllque se trate de una conquista eulttn'al y psicológica
Dicho dEf otra fm'll'la, la idea segtm la cual el paso de la pose- co:r:res:pondiente a un momento espec:ffieo de la evolución
sión a la :ficción constituye el paso histórico de una creencia en humana, sin duda nunca sabremos cuándo y cómo tuvo lugar
nna presencia real hacia la 1dea de una rep:resentación iden• esa evolución a nivel filogenético. Todo lo que podemos deLir
tiñcada como rap1·esentación simplifica de manera abusiva .es que nuesta·os parientes más próximos, los primates, no
parecen haber desarrollado la competencia en cuestión, pero
'XI Estos dos ta.xtos se encnenta·an en Le.i:rls (1986), dcmcla ag.rupa e1 con· forma pa:rte del repertorio cultmal de todas las sociedades
. jrmto de su.s textos dedicados a Áñ1ca. , humanas actuales, cualquiera r1ue ·sea su gl'ado de desarrollo
~a So'bre este tema, ver la introducción da Jean Jamin (aob¡·e todo pági· material. En todo caso; el anális:is ele la mayorla de las socia..
nas.3&-tl8) y la presentación da JactJU.es Mercie:r (páginas 891·911) del · · darles nos muestra la impo:rtancia de esta ritualizaci6n lúdi-
eErtqdio sobre ios ritos de posesión -dos textos excelentes que sitúan la
pTobJe:máticn en e1 contexto de la OID'n da Leiria .estudiando sus relaciones ca de situaciones conflictivas. Segú,n esta perspectiva; las
. con las ooncepuiones de Bataille y con la :I'Uoso:fia s~n't1'iana (en lo que con· ·práctiéas :miméticas no coruJtitu:hian el estadio último de la
cierna a la cuestión de la mala fe)-, · pél•i:l:ida de legitimidad de las m·eencias mágicas, sino qua re~
29
Ibiclem, :página 10•19. pondarlan a una necesidad positiva propia, la de una paeffi-
30
Thfdem, :página 1054.
31
ThJ¡lem. aa Para esta cuestión, vm• páginas 806-309.

34
cac:i6n de las relaciones hUllliUlas a través de un di.stancia- abstu·do c:l'i:ticw a Platón por no habe1· tenido en cuenta los
miento lúdico de los conflictos. conocimientos actnales en el campo de la psicología del desa·
En el nivel de la ontogénesis, estamos menos clesmnmdoa :rrollo. En cambio, las polémicas antimiméticas actuales, ya se
que en el de la ñlogénesis para est1.1dia:r el nacimiento de la centl·en en la :ficción cinematográfica y televisiva o en los
competencia ñcclonal. 'lbdos los :niiios deben en efecto ap:ren- medios digi·tales, no ·tienen esa excusa. Po:r lo tanto, es impor-
,der a distinguir entre lo que es «de verdad» y lo que es <~de tante intentar demostrar que, en la medida en que se limitan
menth·a». Especialmente, deben aprender a identi:ficar los a reactivar el atgumerrto platónico> y especialmente la sospe-
,contextos adaptados a las dos actitudes y a l'ec:onocer los indi.. cha de un contagio de la :realidad po1· lo.s simulacros, esas
cios (pragmáticos, sintácticos, semánticos, inflexiones de la polémicas se apoyan en una concepción de la mí:mes]s :insos-
voz, etc.) de 1.mo y otro. J-lhot·a bien~ pa:rece que prácticamente tEmible hoy en ella.
todos los niños desarmllan esa aptitud, y a una edad bastan- Resulta evidente que, contrariamente a lo que defendía
-te temprana, esencialmente a través de loa juegos de ñngi.. Platón, la mímesis es en efecto una operación cognitiva, y en
miento con los adultos. Más tarde33 tendré ocasión de volver un doble sentido, pues es la aplicación de un conocimiento y
sobre la cuestión de la aplicación de la competencia ficcional, una fuente de conocimiento. El hecho de que no haya sido
:pues me parece que confu-ma la exactitud ele la tesis que, un reconocida como tal y que, salvo raras excepciones, la ñloso:ffa
poco :imprudentemente, aclelanté en las primeras páginas de incl11.so 1a haya opuesto al pensamiento, se debe sin duda a
este libro, a saber, que la capacidad de comprendm·las ficcio- múltiples razones. Ya nos hemos ·m.·op~zado con algunas de
nes a:rtisticas pres1ipone el desa:r:ro]o de una aptitud psicoló· ellas. Pm·a empezar, está el hecho da que la filosofía defiende
gica específica cuya adquimción se remonta a los juegos de la en general1.ma concepción muy restrictiva de las modalidades
prime1•a infancia. de eonoclmien1o humano y, e11 p~eular, subestima el acceso
Sea como sea, si la comparamos con la genealogía nietzs.. no reflexivo al mundo que hace posible la ejempli:ficación
eheana, esta segunda genealogía propone una visión conside- :mimética. También está la oposición simplista entre verdad y
Tablemente diferente del fingim.iento lúdico: en luga1' ele foca- falsedad, es decir, la incapacidad de reconocer la cllversidad
liza.rse sobre el riesgo de volver a cruzar la frontel'a el'l'tre lo de las modalidades de .creencia y la diversidad de registros
ficticio y lo real, nos invita a considern:r en toda su enverga- entre los que, sin embargo, cada 1lllO de nosotros no deja de
dtJJ•a la :importante etapa constitnida por la instauración de alternm·. Después está nuestra ingenua concepción da la vida
1m dominio del fingimiento lúdico en la humanizaci6n de las mentalJ que nos :i:m:pic1e vislnmb1·ar el papel formador irre-
relaciones sociales. Para decirlo en ot:ros tél'lllinos: la segun- ductible de la simular:i6n y la modelización mentales {espe-
da genealogía nos invita a reconocer la autonomía de la iacul· cialmente en nuestras relaciones con nuestros semejantes). Y
tad :imaginativa y la impcu-tancia de su papel en la vida men- también hay que hablar de la reticencia frente a la funciona-
tal de los sm·es humanos y en el desarrollo cultural. lidad hídica de la mimesis o~ más bien, la idea segt.m la cual
·existirla 1.ma incompatibilidad entre conocimiento y placm· de
imnel'sión. _Finalmente, está nuestra concepción de la identi·
5. Platón a pesar de todo . dad personal concebida como presancia-enMsi autosu:ñciente
E1 análisis de la concepción platónica confirma la hipótesis que, desconociendo la mayor pro-te de las person:ae gracias a
según la cual la polémica ant:inrlm.ética desconoce la verdade 8 .las cuales conseguimos encajar e11 dive1·sos moldes sociales y
ra naturaleza de la actividad ficeional. Evidentemente, sería adoptar modos de existencia ir:reductibles unos a otros, sólo
:puede pensar la encarnación y la identificación miméticas en
al Ver página 148 y siguientes. forma da inautenticidad. ·

36 37
-

Es· :importante s:in embatgo 1natizar el carácter unilateral cognitivo cuya validez excede la realidad que imita, en el sen·
del análisis que :p1•opongo. Sería un error no tener en cuenta, !:ido de que abstrae de ella la est:tuctu:ra actancial profunda
si no la polémica platónica, al menos la problemática de la capaz de clar lugar a encarnaciones em:pirlcas múltiples y
que se alimenta, a saber, la del fingimiento. Esta problemáti· vmiables según los contextos. Es interesante señalar que si
ca está en efecto ausente de la visión aristotélica, que nos Aristóteles acep,ta la posibilidad de 11na :fíccionalización de
propone una imagen muy pacificada de la ficción. Para acontecimientos reales~ en cambio~ no se plantea en ningún
Aristóteles, lo que caracteriza a la :ficción es la estl"Uctura momento la posibilidad inversa, es deci1; la situación en que
represe:ntacional especifica de una narración que rep:resenta el poeta. lejos de intentar ·transfigurar lo xeal a través de una
hechos necesarios, Yel·os:ímiles o posibles. En todos los casos) modelización que haga sobresali1·la estructLu·a de acción sub-
aparece separada del discurso factual po:r una barrera cate· yacente, intente, al contrario, hacer descender su invención
gorlal estable, la que éüstingue tm modo de representación ñccional al terreno de lo 1·eal. 1Vlás tarde veremos un ejemplo
que construye tma modelización de valor genm·alizante de un de esta posihilidad ~ -que amenaza precisamente con poner
3

modo ele representación que pm'lllanece acantonado en lo pm·- en peligro la frontet·a categorial estable que el autor de la
·ticular y en lo contingente. Poco impOl'ta entonces la eventual Poética establece entre los dos cOl\iuntos discursivos y, más
proximidad entre el (<mobiliariO>> {es decir, las entidades) de ampliamente, rep.resentacionales-. Ahora bien, pm·a encon-
los unfyro•sos ficcionales y el del universo histórico. Aristóteles trar una toma de conciencia de esa posibilidad, hay qua vol~
señala que importa poco que el poeta trágico invente perso- verse hacia la teoría :platónica de la mimesis. Pues lo que
najes o, por el contl·mio, les dé «nombres conocirloS»t as decir, inquieta a Platón, ya lo hemos visto, es p.r.ecisamente la situa-
(.'uante historias tradicionales poniendo en escena personfÚes ción de una posible contaminación de la Tealidad po1• la imi-
cuyo se:r trasciende el universo ficcional. Incluso cuando tl;a· tación, :por el :fingimiento.
baja con personas reales, o por lo menos consagradas por la Por lo tanto, me parece que para comprender realmente la
tradición, sigue siendo un poeta mimético y no puede ser con~ ficción, y también la actitud ambivalente que la cultura occi-
funclido con un historiad01·; en efecto, se trata del poietés de dental ha mantenido constantemente hacia ella, de una
una eS'tl'Ucturación mimética que as 1.ma modelización gan&- forma u otra, hay que con.segujr integrar el ptmto de vista pla-
ralizante y no podría confundirse con un relato factual. tónico (la imitación como fingimiento) en el modelo mistotéli·
Al'istóteles va más allá, pues afirma que cdnclu.so cuando com· co (la imitación como modelización cognitiva). Sólo esta doble
pone un poema a partir de acontecimientos reales, no por ello pe1-spectiva permite comprender pm• qué la ficción es una con·
es menos poeta; pues nada impide que algunos de esos acon· quista c:ultu1·al de la humanidad. Esta conquista se beneficia
tecim.ientos reales sean de aquellos que acontecen probable y de la transformación tle 1m dispo.s:itivo mental que, desde el
posiblemente, y es por su relación con ello que eJ poeta los punto de vista de la ñlogénes:is, es mucho más antiguo qua la
hace objeto de su poesía»34 • Dicho de ot.ra fonna, Aristóteles actividad ñccional. pues ya .existe en el reino animal: el :fingi·
tiene una confianza absoluta en la inmunización t·ec:íproca del miento. Esto no significa que haya que asumir la tesis filoge·
mundo de la ficción y del mundo tle la realidad histó1ica. Por nética que intenta explicar el nacimiento de la ficción a partir
lo tanto, su co:ncepció"n de la mimesis no es la de la imitación de un estadio de identificación mágica, pues aq1ú lo que está
como engaño, sino la de la imi'tac:ión como modelización. En en cuestión no es la relación de la ñcc:ión con la identificación
ef'et.1o, al elabora:r su fábula según las líneas de lo posible, lo mágica, sino más bien con la ash1cia, por más que un engaño
necesario o lo verosímil, el poeta elabora de hecho tm modelo pertenezca al ámbito de la astucia (es decir, de una actitud

• a.J Poética, capítulo 9, 5lb. "


5
Ver página 115 y s1guiente.s.

39
l

mental totalmente opuesta a la de la ide-ntificación mágica). A


continuación, es necesario intentar com:pi·ender en qué senti·
do la ficción, a la vez que se s:í:rve en divarsos grados de ese
éüsposítivo de engaño, sólo puede ser una ficción mlimita los
~efectos de ese wspositivo, el grado de inmersión inducido poo·
él. De ahí la importancia tle los •tbloqueos" de ·toda clase que
se supone impiden que la inmersión se extienda hasta conta-
minar el mm·co pragmático global que instituye la obra en
cuanto que ficción. Ta1es mecanismos de :Oloqu:eo se encuen-
tran en todas ]as actividades lllilm'iticas, ya se trate de juegos II. Mímesis; imitar, fingir, representar y conocer
de rol, da ensoñaciones o de :representaciones arlisticas. Como
bien sab:ía Platón, la imitación concebida como p1·oducción
da una apariencia posee su propia dinámica, det&.rminada l. De un embrollo secular
únicamente por el grado de isomorfismo entre la imitación y El análisis de la posición antimimática habrá demostrado
lo hmtado y, por tanto, por el grado de inmersión que permi· al menos una cosa: aunque la noción de ficción sea de uso
te. Cuando ese isomorfismo rebasa cierto umbral, el engaño comente, sigue siendo singularmente opaca. Los malent.en-
opera plenamente, cualquiera que haya sido la intención que didos a los que da lugar son tan múltiples que el análisis de
haya p1·esidido su producción: pasamos de la inmersión pru·· la polémica antimimética COl'Te el riesgo de perder el rumbo
cia] caracteristica de la ficción a la inme1·sión total caracterís- en todo momento. Esta opacidad de la noción está relacio-
tica del engaño. De ahí precisamente la importancia de un nada desde hace más de dos milenios con la del término
estmlio de la génesis ontogéniea de la competencia ñccional «m.ímesis». Como hemos visto, Platón y Aristóteles ya pro-
concebida como competencia psicológica, importancia que es pusieron análisis muy divergentes. Sus traducciones al latín
tan grande que la I'econstnlcción de la génesis filogenética y a las diferen·tes lenguas e·uropeas modernas no hicieron
co1Te el riesgo de segun· siendo siempre ampliamente hipoté- más que acentuar esa divergencia, pues la noción se vio
tica. Y, si la teu.ría. platónica es, en cierta forma, el eco inquieto an-astrada a campos semánticos que distaban mucho de
de esa génesis filogenética. de la ñcción, no ser.ía sorprenden· coinciclir de una lengua a ot1·a y de un estado lingüistico a
te encontrar inquietudes del :mismo tipo en los niños, que no otro. S·u aplicación en diferentes a1·tes (pOl' ejemplo, el tea-
·tro> el relato y la :pintm·a) no mejoJ•ó las cosas. Esta m1.liti~
dE{jan de repetir la pregunta platónica: «¿De verdad o de men- plicldad de sedimentaciones históricas y contextuales, así
tira?)>, Evidentemente, la dificultad está en no quedarse enca· como la :inestabilidad semántica resultante> merecerían sin
sillado en esa pregunta; hay que intentar, en la mawda de lo d1.1da un estudio lexicológico detallado1• Pero cualesquiera
posible, reconstnlir el paso de ese estado inestable enb·e fic· que sean las peripecias históricas del término, las conse~
L'ión y :fingimiento hacia el estado psicológica y cultul'almenw cuencias actuales de esa evolución son simples de enuncia:r:
te estable de la ficción, es deci:r, hacia Ja problemática aris- la noción de mimesis se ha convertido en un verdadero c~ón
totélica. de sastre.

1Ver por ejemplo el excelente esnKlio lexicológico de Bouval'ot (1989)


dedicado al tél'llli:no 'simulacro'.

tjO
En efecto, si nos pidiesen que enumerásemos algunos mente el ele las actividades y mrtitudes de Jas que l'esulta~
ejemplos ele lo que asociamos a la relación mimética en el dtmdo por supuesto que cada una ele esas actividades o acti-
terreno artí.stico, podl1ru:nos, segím los contextos, citar los tudes puede obedecer a otras muchas conductas humanas y
enunciados más diversos, por ejemplo: ••La novela imita a la estar al servido da objetivos que no tienen nada que ver con
vida»; <cLa fotografla l'eproduce fielmente su objeto»; «Un los que persigue la creación :ñcclonal.
cuadro abstracto es una pintm·a no representaeional»; «La ¿Cómo procerler para despEñar los elementos pertinentes?
imagen se parece a la realidad»; «La imaginada virtual Por mi parte, la lección que extraigo de las polémicas anti"
abole la realidad y la reemplaza por su simulacro»; «La fic· nnméticas es que, en el terreno de las artes~ la noción de
ción finge la realidad», entre otros muchos. En un mO'mento mimesis se utiliza de tma fol"ma tan incoherente que :parece
u otro de la historia occidental, en un contexto u otro, la poco probable que podamos llegro· a clariñc.arla mediante un
mayoría de las nociones verbales q·lle intervienen en esas análisis intel"llO. Por lo tanto, en vez de intentar de.smiredar
ñ·ases ('imitar', 1-eproducir', 'l'lepresentar', 'parecer', lflngir'), desde el interio1· esta madeja emh:t·ollacla, me ha pru·ecido
asf como la mayoría de los nombres comunes (y, especial- p1·eferible enfocar la cuestión desde el e:xterim·. Sucede en
mente, 'ñcción', 'simulacro', 'imagen'), han funcionado como efecto que los hechos ah·ededor. de los que g.¡•avtta la noción
sinónimos de 'mímesis'. Eso no es todo. En la medida en que de mfm.esis no se encuentran sólo en las pl'tkticas artísticas,
esos diferentes términos han transitado por múltiples con· sino también en otros muchos tm·renos, y las disciplinas que
textos, poch'iamos distribuirlos ele ot1·a. manera con facilidad se ocupan de ellos .son numerosas, especialmente la etologia,
y decir, pm· ejemplo: <<La novela l'eproduce la vida)) en lugar la psicología del desarrollo, las teorías del aprendizaje, la :psi..
de «La novela imita a la vida», ••La ficción rep1·esenta la rea~ cología cognitiva y la inteligencia rut:i:ficial. Desda luego,
lidad» en lugar de ((La ñcci6n tinge la realidad» o, incluso, carla una de esas disclplmas trata fenómenos específicos.
<fLa fotografía imita :fielmente a su objeto» en h1gar de <(La Pero, en consecuencia, los ele-mentos que la concepción a:rtís~
fotografía reproduce fielmente su objeto» -substituciones tica de la mimesis ·tiende a confundir se presentan en ellas
que pru·ecen indicar que 'reproducir' es lo mismo que 'imi· con toda la claridad deseada.
tar', t'JU9 'ñngir' es lo mismo que 'representar', etc.-. La desv:iación hacia los hechos miméticos no artísticos no
Ahora bien, un análisis elemental demuest1•a que muchas obeclece sólo a razones heurísticas o djdácticas.. En mi o:pi~
de esas relaciones supuestamente intercambiables no pue· nión, hay una justJñcación aún más :profunda que se deriva
den, en realidad, l'educirse unas a otras y que, en algunos del marco en el cual abordo aquí la cuestión de la ficción. Me
casos -como ocurre con las nociones de <~representación» y permito :reco:rdm· que ese ma;rco l'eposa sobre la convicción
«simulacl'O-, son incompatibles. Así se comprende mejor de que la ficción rotfstica es una forma in.stituciona.hnante
por qué la mayoría ele los debates sobre las artes miméticas marc~da y culturalmente <(evolucionada» de nn conjunto de
o, en nuestros días, sob1·e las realidades virtuales, se fal- práctic?s cuyas ejemplificaciones más básicas forman parte
sean, y por qué las ásperas querellas ideológicas sobre su de ~a Vlda d.e todos_ los dias (actividades proyectivas, juegos
fm1ci6n social y sus posibles efectos sobre el público suelen :ficmonales, Juegos de rol, sueños) ensoñaciones, imaginacio-
basarse en presupuestos dudosos. Si se quiere hacer justicia nes, etc.). Ahora bien, esas mismas prácticas -y a fortio1i.la
a la ficción y comprender su función central en la cultm·a ficción artística-1·esulta:n de la combinaci6n de un conjun-
humana, primero hay que intentar hacerse una idea más to de aptitudes cognitivas, de actitudes mentale.s o activida-
coherente de las diferenciaciones pertinentes. Esta es la des físicas más elementales. Pl·ecisamente esos constituyen-
cuestión que me propongo abordar en el presente capítulo. tes elementales de la ficción son los que me gustm'ia aislar
. Por tanto, aún no trataré el tema de la ficción, sino única· en el presente capítulo. Para ello, a veces tendré que intm· .

1)2 43
l

duc:ir términos ·técnicos y desarrollm· consideraciones que a sino ca:racterlsticas fenotípicas seleccionarlas a lo larg9 de la
algunos lectnres podrían parecerles abst:t·actas. Sin enibar· evolución de una especie. Es el caso, po:r ejemplo, de los
go, intental'é evitru· toda jerga inútil y t1•ata:ré da da:r ejem- dibujos eri forma de ojo de rapaz que adornan las alas de
plos conm·etos capaces de demostrar que los hechos en cues- ciertas especies de mariposas y las p1·otegen contra pombles
tión forman parte da la realidad común y que la complejidad predadores -es decir, contra los pájaros, que son a la vez pre-
de cie1·tas distinciones que me veré obligado a introducir no
es más que el1·e:flejo de esa 1•ealidad común. Po:r otra pm'te, dadores natm·ales de las mariposas y presas natmales de las
a1g1.1nos de los fenómenos analizados. podrán parece1• a pri- ra:.paces cuyos ojos imitan las alas de las mariposas-. Lo
mera vista muy alejados de 1a C'ltestión de la ficción. Debo mismo sucede con la horoocromia pasiva de la cebra en rela~
1·ogm· al lector que tenga un poco de paciencia; a lo largo del ción con su nicho ecológico OlilS hioo·has de la estepa). Otros
análisis desc.'ubr.i:rá que la nebulosa apa1•eniementa dispa:ra- engaños co:nesponden a mecanismos J'eactivos que se a.cii·
iatla de los hechos miméticos constih:¡ye en realidad el tras- van en interacción con el entorno. El ejemplo más conocido
fondo fllogenético sin el cual no :podrlamo.s comprender el es el de la homocro:mía activa de los camaleones o, incluso,
nacimiento de la competencia ficcional. los rodaballos, dos especies cuya coloración varía segú:r,l al
entorno en el que se encuentren9• Finalmente, los engaños
más com:plejos son aqu'fllos que enb·an en el nivel de los
2. Mimetismos comportamientos en el sentido es·tricto del término: prorll1-
Cuando intentamos ·establecer las significaciones de la ciendo un engaño comportamental, el animal imita selecti-
noción tle imitación tal y como es util:izada en los diversos vamente el comportamiento específico de otro anmal# en
trahl:\:ios sobre las relaciones miméticas, tlescubrlmos q1.1e general para inducir a en·or a su predador o a su presa
tle-ñne al menos cinco tipos de fenómenos distintos cuyas potencial. Existen también serpientes no venenosas que,
funciones y nivel de complejidad di:ñe:ren unos de otros. Los cuando son atacadas, imitan las postmaa de una especie
agruparé tomando su complejidad eomo hilo conductor, es venenosa pm•a confundir a su predador.
decjr, pru·th·é de los fenómenos más elementales y más Entre todas las especies animales conocidas, la especie
extendidos ent1·e los smes vivos y terminm·é por los compor· humana es la que más ha desanollado el registro de enga-
tamientos más complejos y más espet.'i:ficos de la Cl.'llt'ln'a ños comportamentale.s, a la vez en sus relaciones con las
humana: otras especies y en las relaciones entl•e hombres. Tal evo-
a) Cuando los biólogos y los etólogos utilizan el tér.mino hlción ha sido posible gracias a dos factores. Po1• una parle,
«imitación>,, se refiaren esencialmente a los hechos de mime- en el hombre, el abanico de engaños compo:rtamen'tales no
·tfsmo con función de engaño (mimim:y ). Los engaños están está ñjádo genéticamente (contrariamente a lo que ocurre
muy extendidos entre las plantas y en el reino animal, por ejemplo con las serpientes, que adoptan «automática-
jncluido el hombre, por supuesto. Sus efectos son siempre mente» el mismo comportamiento mimético cuando se
loa mismos: en las l'elaciones entre especies favorecen al enfrentan a situaciones i(lénticas). El repertorio mimético
organismo imitador, ya sea en relación con stLS predadores o puede por tanto enrlquectm;e in:.Einitamente po1· aprendiza·
en l'elación con sus p1·esas. En las relaciones internas a la je social e individual. Por ot1·a parte, el hombre dispone de
especie favorecen al animal imitador (o al grupo iñrltado1·) un mUñero mayor de registros de interacción con s·Íl entor~
en :relación eón sus congéneres, y el objetivo puede ser, una no (~umano o no) que las o·tras espacies, y posee las.com-
vez más, agresivo o defensivo. Hay qt1e recm·dar que loa
.engaños más ••pl"imitivos•' no son hechos compo:rtamantales,
3
Para estos ejemplos y otros, ve1· Caillois (1938), páginas 109-116, o
Baudonniere {1997), páginas 18·18.

44 t)!J
l
patene:ías mentales necesarias para utilizar cualquiera de lengua o el avance de los labjos3 • Según la explicació~ más
esos registros per.ra producir sus engaños. En las relaciones comúnmente admitida, la activación de ese comportamiento
que el hombre mantiene con sus semejantes, el registro neonertru resul'tarla de un «contagio» motriz, del mismo ·Qpo
más rico en engaños es sin duda el de los sistemas simbó· que el que durante toda nuestra vida permanece operativo en
Hcos y, en primer lugar, el de la lengua. La mentira -uno el caso del bostezo~. Hay que añadir que aqui, a cli:ferencia del
de los usos imposibles de desarraigar de la lengua- no es p-rimer tipo de actividad mimética que acabamos de ver, la
más que un engaño lingüístico, puesto que mentir eq\.liva· similitud entre el acto reproducido y el acto re:productor no
le a emitir un acto de lenguaje que imita una información tiene función de <1engaño>),
sincera sin serlo, con el objetivo de engañar al oyente (o al Dicho esto, la inte1-pretación de esos hechos en términos
lector). de causalidad :mimética es controvertida. Du1·ante mucho
Vemos que la distancia entre los dos extremos del es- tiempo se ha pensado que son un testimonio de la existen~
pect1•o de los engaños es enorme, puesto que en un polo son cia. durante el periodo neonatal, de capacidades «imitati-
realizados fenotipicamente y seleccionados genéticamente, vas» en el sentido intencionalista del té:rnrlno, lo que preSl.l·
mientras que en el otro son producidos po:r una estrategia pondrfa que el bebé humano tiene desda su nacimiento la
:individual consciente y seleccionados por la evolución capacidad de elaborar una representación mental de las
cultural y la madu1·ación psicológica del individuo. Paro, a :mímicas ajenas. lnvestigaciones más recientes demuestl•an,
pesar de esas diferencias, su función es siempre la misma: sin emba:rgo, que las reinstanciaciones en cuestión no son
se trata de incluch· a el'l'or al destinatario del mimema. Y, selectivas; por· ejemplo) cuando una pe1•sona hace avanzar y
si exceptuamos los casos, raros y ambiguos, en que menti~ retroceder un lápiz ante la boca del bebé CJUe tiene delante,
mos a alguien ••por su bien» (por ejemplo, pOl'que pensamos este :reacciona también con una protlll!ión de la lengua. Esta
que la verdad le ha:ría sufrir demasiado o porque tenemos ausencia de vínculo selectivo entre el acto indt1cido {la p!'O»
:razonas para creer que «quiere» que le mientan), la menti· tusión de la lengua) y el acto inductor ha inclinado la balan-
:ra y los otros engaños comportamentales humanos tienen za en favo1• de una in'te1'Pretación en términos de respuesta
exactamente el mismo efec'to que los mimetismos fenotípi- refleja a un estimulo pobremente diferenciado. La plauaibi-
cos tle los seres vivos más primitivos: en la medida en que lidad de esta explicación se ve reforzada po1· el hecho de que
tienen éxito, constituyen una ventaja para aquel que los la reacción de protu.sión de la lengua desnpa:rece hacia los
proclt.1ce. En esto se di.sting1.1en fundamentalmente de la dos meses, al mismo tiempo que loa :reflejos motores neona·
ficción, que, como veremos, no se basa en una l'elación tales (por ejemplo, ]a marcha automática)6• Si esta explica-
antagónica, sino por el contrario en un principio de coope· ción es correcta, no podríamos hablar de actividad mimética
ración. en el sentido técnico del término, pues el comportamiento l'e-
b) El segundo tipo de fenómenos que generalmente desa producido no es causa suficiente para el comportamiento
c:ribimos con el término «imitación>, se sitúa en la :ñ·ontera l'eproductor.
entre )n etologia y la psicología. Se trata de la reproducción A pr:imera vista, este detalle parece carece1· de pertinen·
<<en espejo» de comportamientos moto1•e.s elementales, re- cia para la cuestión de la mímesis artística, pero, en reali-
producción ñmdada en los llamados «mecanismos innatos de
activación» (Niko Tinbergen). Este tipo de comportamiento 3 Para 1m :resumen de los experimentos más importantes y pro·a una
se observa por ejemplo entre los bebés que, desde sus p:rime- bibliOJP'a:lln selectiva, ver Eibl·Eibesfelilt (1984), páginas 88-93.
l'as horas de vida, reproducen ciertos movimientos faciales de • Dy:rne y Rt1saon (1998), páginas 667·684.
su entorno, como la aperlul'a de la boca, la proiusión de la 6
Baudonni8.re (1997), páginas 45·47.

47
l
dad, demostrará ser de gran utilidad cuando se trate de
tos estímulos, :p:regnancia que aumenta la :ptobahilidad. de
que el mono observaP,or elija, a su vez, la secuencia de acc1ón
estudiar las :relaciones entre la ac·tividad mimética (imita- ~nol'roalmente» inducida en él por los mismos estimulos_.. E.s
ción) y la I'elación de sem~anza (similitud). En los mecanis- posible observar hechos del mismo tipo en los humanos:
mos innatos ele activac:i6:n, astamos en presencia de una cuando nos encontramos dent:ro de 1.1n grupo de :personas
relación de semejanza entre clife1'en:tes estímulos, pero sjn entregadas a un comportamiento deternrlnado, tenemos ten-
que esta J•elación sea causalmente inducida po:t el estímulo dencia a adoptar el mismo comportamiento antes qua un
dasencaclenante {pues 1m es·tímulo dife1·ente -el movimien- comportamiento q~e nos distinga de ellos. La expresión
to de un lápiz- produce la misma reacción). Por tanto, no «réplica observaciónal» designa precisamente el papel de
podemos deduc:h· automáticamente de una relación de seme- gancho que desempeñan los comportamientos de los demá.s
janza una relación de imitación: y puede parece1•se a x sin :respecto a los nuest:t·os. Por supuesto, este papel puede sm·
tene1· que imitarla necesariamente. Me avergüenza un poco desempeñado no sólo por el comportamiento en s:I, sjno tam-
enunciar tal perogrullada, pero en las discusiones sob1·e la bién por sus efectos; así, un niño que descubre que un am:igo
:imitación se olvida a menudo. es recampensado cuando l'eali~a una a~_:ión det~J'n'linada,
e) Otro campo en el que se utiliza la noción de <limitación» tende:rá a quel'er realizar la mLSma acmon, pues la re~om­
es el del estuiüo etológico de los fenómenos denominaclos de pensa realza la p:regnancia de la acción en cuestión, lo que a
<cl'éplica obse:rvacional» (observational priming). Es·ta expre- su vez :i:nd1.1ce un mecanismo de emulación.
sión designa el cónjunto de situaciones en las que la observa- N o me detendré en estos mecanismos de réplica que
ción directa'o :indirecta del comportamiento de tm congénere o deaem:pefian un papel :impo1·tante especialmente en lo que se
un grupo ele congéneres induce al observador a una activi- re:f.iere a la producción de confonnismo social, es decir, ele
dad clel mismo tipo. Contrariamente a los hechos basados en me~anismos que aumentan la homogeneidad de las motiva-
mecanismos innatos de activación, los fenómenos de réplica ciohes en el mterlor de los grupos sociales y, por tanto, su
observacional son eminentemente .selectivos. Son hechos coherencia. Lo que importa es su característica común, a
miméticos en el sent.ido estricto del término. Por otra parte, saber, el hecho de qua se trata da situaciones en las que el
se insm'iben en una lógica probabilís·tica y, en consecuencia, comportamiento reprod\lcido siempre forma parte ya del
sin duda están vinculados a motivaciones y voliciones y no a repertorio compo:rta:mental del que imita. En otl·as palabras,
una secuencia eompo:rtamen'tal pnrfl}Ylente reactiva (cpmo la observación del compm•tamiento ajeno no desemboca en la
en el caso de los mecanismos innatos de activación). Así, un producción por imitación de un compo~'ta~ento :inédito. (en
mono que ve a un congénere romper cocÓs tendé1'6 a entrar el obset'Vador). Dicho esto, hay que d:istingull' entre dos 'tipos
en la misma secuencia comporlamenial, pero no lo hará de réplica observacional. En el primer tipo, la observac:ión del
necesari-amente. El ñmciona.:miento de ese mimetismo se comportamiento del congénere se limita a munantar la prD-
explica de la manera ·siguiente: la observación de un con- babilidad de ocu:rrencia del comportamiento observado, com~
génexe enta·egado a una ac-tividad Ct1alquiera0 induce al pm•atlo con los otros comportamientos que forman :parte del
observador a realizar la misma actividad, porque la activi" repertorio compol't.amentE)} del individuo observador. La
dad del congénere realza la pregnancia diferencial de ciex- observación del comportamiento ajeno no tiene, por tanto, 1.1n
efecto causal sob1·e el desro:rollo del comportamiento <{}'ep:ro·
a A vacea la observación de simples huellas materiales -pm• t1iamplo ductOr» sino que se limita a desencadenarlo; el desan·ollo del
unos trozos da coco- da una actividad pasada brul'ta para provocar 1.ma acto re~roducto::r no se basa en 1ma actividad ele imitación,
actividad del mismo tipo en el animal que pru.·cibe esos lnilic1os. Var Byme sino en una reg1.1laci6n pm·amente interna. Así, el hecho de
y :Rnsson, ob:ra citada, página 668.

49
que yo vea t1·abf:'.\jar a mi vecino para deshacerse de las malas d) En el tel'reno de la psicología cognitiva se utiliza el téro
hierbas de su jard:ín, me p:roduce deseos ele inicim· la misma
actividad; pel'o la forma en que la llevo a cabo, es decir, mino •dmitación» para designar los fenómenos de aprendiza·
je por ob~un-vación (observationallearning) y de aprendizaje
mediante una bina errática y en función de la mala hierba
encontmda (soy :reticente a deshacerme de los vegetales en social (social learning)1. La expresión <caprendizaje por
J1or, lo que hace mi bina particularmente ineficaz), obedece a observación» tal vez no sea muy feliz, pues la mayoría de
un plan que me es propio y reposa en una interp1·etación muy aprendizajes implican la pru'ticipación de los procesos ele ob-
laxa del principio: «Lo mejor es enenrigo de lo bueno»; esto no servación, mientras que la exp1•esión en cuestión designa los
tiene nada que ver con el plan endiabladameute eficaz, ins- aprendizajes miméticos, es decir, aprendizajes por inmer·
pirado por Atila y desarrollado por Monsanto, que aplica mi sión que reactiva la aptitud para adquirir. Este tipo de
vecino, el bien llamado Round-Up. Pero existe un segtmdo aprendizaje constituye el referente implícito de Platón cuan·
tipo de réplica obse:rvacional en que el comportamiento do niega cualquier relevancia cognitiva al acto de imitación.
observado no se limita a desencadenar una actividad del Por ot1·a parte, si mi comprensión del pas~e 48b de la
mismo tipo, sino que el desa:r:ro.llo mismo del comportamien- Po~tica -«lmitru· es connatmal a los hombres y se mani-
to inducido es un calco del que ha funcionado como réplica. fiesta desde su infancia {el hombre se distingue de los otros
Hay una edad en la que los niños no sólo tienden a entregar- animales en que es muy apto para la imitación y adquiere
se a las mismas actividades que observan en los demás sus primeros conocimientos a través da la misma)»- es
niños, sino que además tienden a calero· el conjunto de la eOJ>recta, significarla que Aristóteles se refiere al mismo
secuencia compo:rtrunental (por ejemplo, dar de comm· a la fenómeno, sólo que, contrariamente a Platón, le reconoce
m'nñeca) del comportamiento observado, cuando en su reper· una relevancia cognitiva positiva3• Igual que la imitación·
'torio compo:rta:menta] disponen de otros escenarios alternati· fingimiento, aunque :por otras 1·azones, probablemente los
vos al que imitan (evidentemente, hechos del mismo tipo se hechos de aprendizaje por imitación estén, por tanto, en el
producen en la vida. adulta). co1·azón de nuestro problema.
A diferencia de lo que ocurra en los mecanismos innatos Para poder hablar de aprendizaje pm· observación, se
de activación, en los que el vínculo entre las dos actividades .requieren dos condiciones. En primer lugar, el comporta~
no es lo bastante selectivo como pa1·a que pueda hablarse de miento rap1·oducido no debe limitarse a desencadenar un
un proceso de imitación, en los dos tipos de réplica obser· tipo de compOO'tamiento ya adquirido, sino culminar en la
vacional que acabo da distinguir, el comportamiento al q1.1e adquisición de una actividad que mm no formaba parte del
se parece la actividad :inducida desempeña un papel causal repertorio del individuo que imita. A continuación, es nece·
(el vinculo entre las dos actividades es selectivo). Pero, en el sario que la adql1isición sea causada por la observación del
primer 'tipo, ese papel causal de la actividad inductora no comportamiento repl'Od'ncido. La ñmción causal de este no
determina el desan·allo de la actividad inducida; incluso si debe limitarse a un simple papel de réplica en lo relativo a
el desarrollo de la actividad inducida se asemeja a la acti-
vidad inductora, no es causado po:r tma imitación de esta.
En el segundo tipo, en cambio, la causaliclar1 actúa también en 7
Hasta donde yo sé, las dos expresiones se refie-ren al mismo ti:po de
el nivel de las semejanzas entl-e las secuencias comporta- .aprendizaje. La primera pone de relieve el modo de adquisición (por
mentales y, si el comportamiento :inducido se parece al gan- observación y no mediante cálculo racional o mediante ensayo y enor),
cho, es pm·que imHa la secuencia comportamental- de ese nrlent1•ns que la segunda se fija en el hecho de que los mimemas son uni-
gancho. dades cognitivas de naturaleza social y no individual.
• Ver página 14, nota 4.

51
comportamientos aleato.rios»11 • Podr!amos caer en la tenta·
la elección comportamental o culminar en la imitación de 1.m ción de der..'ir que esas ap-titudes adquiridas por mimetismo
comp01·támiento cuya estructura general ya forma parte del no dependen «sólo» de una habilidad práctica y que no son
:repertorio del que imita. · ~'verdaderos» conocimientos, ya que no me dicen cómo son
El hecho de que la adquisición deba ser causada po1· la las cosas. sino que se limitan a mostrarme cómo compor-
:imitación no significa que esta sea necesariamente su única tarse con ellas. PeYo una objeción así sólo tiene sentido si
causa; podría ocutrir que esta activase una capacidad inna- identificamos (abusivamente) e1 conocimiento como ·tal con
ta -y, pm• tanto, virtualmente existente-, pero que sólo el conocimiento reflexivo o «abstracto». En realidad, toda
pudiese desarro11m·se a través de aprendiz~jes p~r obse:rva- habilidad práet:ica implica conocim:iantos que atañen al
ción. El ejemplo más conocido de 1.ma aptitud mnata que ('cómo» de las cosas. Simplemente, .esos conocimientos es-
sólo se desarrolla a través de un proceso de aprendizaje por tán ine1·ustados en la habmdml en lugar de apartarse de
imitación es la competencia lingüística. En efecto, es sabjdo ella como ocurre con los conocimientos reflexivos. Así,
que el aprendizaje lingi.iístico descansa en aptitudes inna- par~ poder clavar correctamente un clavo, yo -o, más
tas. Es el caso~ especialmente, de la discriminación fonéti· bien la estructura representacional que modeliza los pro-
ca. J_.os trabajos ele J acques lVIehleT han puesto ele mani- gr~as sensomotr:ices de mi mano derecha- debo inte-
fiesto que, desde el pe1iodo neonatal, los bebés poseen la grar un g:ran número de informaciones sobra el peso del
capacidad de disCliminación entre fonemas 9• PoY su parte~ martillo, la rigidez del clavo, su longitud y su diámetro, la
el equipo de Piel'l'e·Marie Baudonniere ha llevado a cabo densidad del material que debe penetrar, etc. El que esos
experimentos q11e sugie1·en que, desde el primer mes, los saberes no estén tematizados explícitamente y que yo sea
bebés son ca:paces, no sólo de discrinrlna:r entTe :fonemas, incapaz de formular la mayoria de ellos no debe inducirnos
sino de imitarlos selectivamentew. Pero, por otro lado, si 1.1n a error; para clavar correctamente un clavo, m:í estimación
bebé es apm'tado de todo contacto lingüístico, no ap1·ende a de los parámetros físicos pertinentes debe ser tan adecua-
hablm· por sí nrismo. El ap1·endizaje por obse1-va.clón, es da como la que me exige la resolución de una ecuación de
decir, la imitación selectiva, parec.e en·trmces ser una condi· segtmdo gt·ado. Simplemente, no toma la misma forma en
ción necesaria para que las aptitudes lingü:ísticas innatas los dos casos porque no es tratada por los mismos módulos
se activen. mentales o las misma.s funciones neurológicas; el conoci-
El terreno en el que las ventajas del aprendizaje por miento práctico sigue incrustado en un programa sanso-
observación son más visibles es, sin lugar a dudas. el de motriz, mientl·as que el conocimiento algeb1·aico adopta la
las aptitudes técnicas. En un estudio ya antiguo, Miller y forma de reglas explicltamente formuladas y accesibles a
Dollard trataron este asunto: t•Un técnico es alguien que través de un esfuerzo de rememoración consciente.
ha organilllado un gran número de conexiones ent1·e esti· El aprendizaje por mimemas existe en dos formas di-
mulos y respuestas específicas en hábitos complejos. Pa1·a ferentes. La copia puede tener lugar a partir de la fenome·
aquel que quie1·e adquiri1·la misma competencia) es mucho nología de un comportamiento (surface form behavior) o a
más :fácil hacer inte:rvenir unidades de imi'taci6n (copying pru'tlr de la estructura organizn'tiv.a. En el primer caso, con-
units) para establece1' las conexiones con·ectas entre res- cierne a una especificación lineal detallada de actos se·
puestas y estimn1os que intentm' descub1·irlas a través de euenciales. En el segundo) a la rrrganizaeión jerárquica de
un p:rog.rama comportamental global (generalmente inten-
g Meh1er (1990). Ver también Pinker (1999), especialmente páginas

416-420.
"Millar y Dollanl (1962), pág.inn 195.
•• Bauclonniitre, ob1·a r:itada, páginas 5:2-54.
cional)12• By:rne y Russonm, que introducen esta distinción, comportamentrues p1.1eden compartir una l1llsma subrutina
llaman la atención sob1·e el hecho de que la imitación con estructural. En principio, la eficacia y la economía (mental)
función cognitiva (en los seres humanos, pero también en los son las :razones q11e explican por qué el aprendizaje imita-
grandes primates) tiene por objeto, prácticamente siempre, tivo se basa en general en la estructura jerfu·quica de un
estructuras compo:rtamentales, es decir, lo que se..copia es la comportamiento en lugar de hace:rlo en la secuencia de su exM
organización de un proceso intencional complejo que incluye terlorización fenomenológica.
una estructura secuencial (la secuencia regulada de accio- Cuando hay imitación de la manifestación fenomenológi-
nes ele las que se compone la actividad global), dife:rentes ca secuencial, esta persigue esencialmente una adecuación
módulos de subrutinas actanciales (un mismo tipo ele acción mimética a nivel pe1·eeptivo, o sea, intenta reproducir los
es capaz de in·te:rvenir varias veces en la actividad global) y detalles pet·ceptualmente más pregnantes del comporta·
esquemas de coOTdinación motriz (a cada acción elemental miento :imitado, lo que By:rne y Russon denominan su «est:í-
eon·eaponde un programa moto1• complejo). Tal imitación lo»1'1. Más ta1·de volve1·é sob1·e la noción de «estilo» actanciru
presupone evidentemente que el que imlta disponga de una en la medida en que me parece dudoso que puada se1· rela·
capacidad de organización jerárquica de los comportamien- clonada con una imitación de superficie. Aunque no dicen
tos, capacidad que exige un sistema nervioso central alta- más, podemos suponer que el mimetismo de superficie con-
mente complejo (según Byrne y Russon, el go1ila sólo sena duce a una homogeneización de las señales compol'tamenta-
capaz de una organización de acción jerárquica en dos nive~ les capaz de facilitar las relaciones entre los humanos: al
les), Dawkim, en pa:rticulm·, ha llamado la atención soln·e el esta.ndarizal' la forma de la eomunicación13 , el mimetismo de
hecho de que una organización jerárquica de los comporta· supe:r.flcie disminuye la angmJtia :relacional y, ru mismo
mientes es mucho más eficaz que una organización comR tiempo, ciertos tipos de agresiviclad.
po11a:rnental puramente lineal: por 1ma pm·te, puede ser Para mi propósito, el aspecto más importante de esta dis-
1·epm·ada más fácilmente en caso de sn:fri:r un revés, por tinción entre dos niveles miméticos :reside en el hecho de que
otra, es más económica, puesto que múltiples secuencias prueba que la :imitación no se t1·ad1.1ce necesariamente en un
isomoTfismo de superficie. La adquisición po:r imitación de
1
~ Riecaur (198B), páginas 90·91, sostiene que el paso de la esfera de la una estl'uctu:ra comportamental dada es compatible con tma
acción a ln del relato de esa acci1Sn equivale al paso de tm OTden paradig- gran variabilidad en la pues·ta en marcha secuencial de esta
mático a un orden sintagmático (el de la puesta en intriga da la aeción), estructura y, por tanto, con su manifestación fenomenológi-
Pero, en realidad, la estructura jerárquica de las acciones ea la de lmn
organización secuencicl, es decir, que depende siempre tlel orden ~sintag~ ca: «La imitación hace posible el ensamblaje de secuencias
mátiw». La posiblliootl de Riccaur sólo se comprende si tomamos en consi~ nuevas a pm'tir de unidades de observación. PeTo, dado que
de:ración sus presupuestos filosóficos. Según el programa de la .hermanéu~ pueden existir diversos grados de ensamblE\} e jerárquico, la
tica, el mundo de la vida está siempre pendiente tla an propia comJ)immión imitación puede intervenir en numerosos niveles, lo que
y, por tanto, de una actividad intel'pt·etativa. En el campo de la acción, es pueda tene1· consecuencias radicalmente difel'entes en su
el1•elato quien se supone debe aportar esa intel>pretaciá'n: sólo el relato da manifestación observable»16• La eficacia del aprencliza.ie por
sentido a la acción, y esto a b:·avés de una actividad de pttesta en intl'iga
de lo evenemencial. Pero la. conclusión sólo se sostiene en la medida en imitación se basa precisamente en esta variabilidad que le
qua hayamos despojado a la acción intencional de su propia astructw·a·
ción para reducirla a un pmo acontecer pendiente de una inteliglbiliood 1
que sólo potlria llegarla desde otra pm'ta. Ver a asta respecto Dremond • Ibidam, página 677,
11990). 10
Sobre aatn eatandarjzneión, ve.r Boyd y Richerson (1988}.
10
By:rne y Russon, obra citada, página 671.
18
Byrna y Russon, ob1·a citada, página 675.

54 55
l
permite permanecer operativo an contextos situacionales liza p~:ra designal' la c1·eación de modelos cognitivos17, una
múltiples que nunca coinciden de manera es-triCta. · . actividad exenia de toda intención de engaño y :todo compo-
By.me y Russon señalan aclemás que es muy l'aro encon- · nente de simulacro (en el sentido da ilusión). Una simula~
tra:t· procesos ele imi'tación secuencial puta: la simple parce- ción en el sentido cognitivo del término :re:p~·odnce «las pro-
lación del comportamiento global en mimemas secuenciales piedades estructurales requeridas y los p1ineipios operativos
parece te.s-~oniar ya una imit~ción-jei·árqu:ica, puesto que da la entidad que se quiere simular» l-B; es homóloga de la enti·
hay que disponer de un modelo global para poder descom- dad l'eal, lo que hace que ·pueda substitulrla pa1•a la rea1iza-
ponel·lo en unidades secuenciales. No obsta para que me ción de experimentos virtuales (cuya sanción últjma sigtie
parezca_que la distinción entl·e imitadón secuencial de s1.1~ siendo,· s:in embargo, la reproductibilidad 11lterio:r en la l'eaa
perficie e :im~tación jerárquica de~a se:r mantenida. POl' • lidad misma)19• En nuestros días, cuando utilizamos el tér-
ejemp~o> eu.a:t;tdo imito las sonoridades de tma lengua extran-
mino «simulación)), en genera~ pensamos en Ja modelización
jera sin quere:r aprenderla, no cons·tJ.·uyo un modelo de com· digital o en la modelización matemática (por ejemplo1 .eilla
petencia de sus fonemas y, en ese sentido, comparado con lo
que pasa en un ve:rclade:ro aprendizaje lingüístico por imita- modelización de la genética de las poblaciones mediante la
teoría de juegos)r por tanto, en lo que podrla:mos llamar
c:i~; se trata ~.efecto de ~na imitación de superficie. Del
nnsm? modO, mntar .los gesips de un~ persona intentando modelos nomológicos (ya que el modelo representa el «obj'ea
aproXJmarme al máximo a sus cmacte:rísticas directamente to» modelizado e-n forma de reglas de engendl·amieilto abs·
perceptibles, antes que al modelo gestual que estas conere- tracto). Pe:ro, en :realidad, los procedimién~os de la s:tmu:J.a-
t~, supone :m a imitación ele sppe:rñcle más que una ·i:mita-
món generalizante. Más tarde tendremos ocrurlón de vDlver
clón modelizante no están en absoluto relacionados de
manera especff:ica con la infol'l:Üática o las matemáticas20 •
sohre esta cue~tión que ·pe:rmite comprender la distinción Existe de hecho un. seliundo tipo ele modeli~~urlón, que no es
entre la imitación «real» (la que se pone en matcha· en el ·nomólógieo sino mimético. Ev~dentemente, est.e último.tipÓ
aprendizaje por. :imitación) y el ilngi:miento. En efecto, el he- es el que más nos interesa aq1ú. Un. modelo mimético as un
cho de que By:rne y Russ?n sólo hayan descubierto tmo.s :modelo que instaura 1~ relación de homología -que cor.res-
pocos ejemplos de imitación de superficie parece es·tar di- ponde a su fmalidad cogllitiva- a través de una relación de
rectamen·te relacionado con el tipo de imitación que han semejanza. Los ingenie:i·os civiles o nl).vales por ejemplo
estucliado: la imitación-reinstanclaeión más que la imita- conf}truyen a menudo. modelos reducidos de navíos pa:z:a
.ción8apariencia. Esta es una distinción que, como veremos, probar la resistencia hidrodinámica del casco qua se dispo-
de.s~mpeña un papel importante en la ñcc~ón, pues nos pe:r·
• 17 El t\b'mino 'modelo' es trunhlán añ:ibig¡.1o, puesto que es utilizado. a la
nnt1rá dete:rminro· lo que pertenece a la modelización fic·
cional (el universo creado) y lo que pe1·tenéce al nivel del vez pa1•a denotal' lo que es imitado (por ejemplo, en la. expresión •mn
modelo de escritura») y el resultado de la i)l!i:tació~ (Mi, en la exp¡esión
fingimiento lúdico. · «Un modelo n~dueido»). Pero asta dualidad es· precisamente ]a dellnime--
· · •.'.e~ Un últiino terreno d~nde la pJ•oblemá:tica de la imita- nm cognitivo: ea el1·esultaélo de 'una actividad de imitación, :pero al mismo
mo;n desempeña un gran papel es el de 1~ in-te]igencia arli- tiempo, desde al plllltO de vista funeiona1, tiene el estatus de un mÓdelo
ficml y, más exactamenta, el de la siñnilación. El término virtulll qua será ~raslrulado a lo l'eal. ·
<cs:imulaclón}> es, desg.t•aciadamente, fuente cons-tante de ma- ¡;¡ Edelman (1994), página 293.

l~tendidos. Esto se debe a que su campo semántico tradi- w Ver Cadoz (199<1),' páginas 95-98.
El santjdo dado a la noción •<:mode:Qzaci6w> en matemáticas no es ni
20
m~nal es el ~é las apariencias, los simulacros, los engaños,
siqmara reductible al de «simt.'llnción». Pero asta cuestión sobrepasa mis
m1entras que, en el marco de la inteligencia at~ificial se u·ti~ eom:patm1clas.y, por suel'te, mi tema.
' '
mm a const:nrir. Del mismo modo, para simular la actividad de una :representación de denotación singulru· (que repre·
eléctrica de las neuronas, se puede escoger entre mod~los senta lo que 1·ealmente ha pasado) es menor gue la de una
nomo1ógicos y modelos miméticos. Los modelos nomológi- modelización mimética {que representa los hechos según las
cos, en este caso digitales, representan la actividad de las modalidades más generales de lo posible o lo necesario).
new·onas con ayuda de ecuaciones diferenciales éuyas va- ii) Supone una economía en términos de inversión repre·
riables son, entre otras, el potencial eléctrico transmem· sentaciona), pues, en relación con la información perceptiva,
branoso de las neuronas y los parámetros cinéticos de aper- lleva a cabo una reducción del níunero de pru·ámetros que
tura y cierre de los canalet! iónicos de las sinapsis (las neu- deben ser tomados en cuenta para describir y dominar la
ronas :interactúan a través de intercambios iónicos)21 • Pero realidad.
también se pueden construir modelos analógicos donde las iii) La realidad virtual elaborada por la .simulación puede
neuronas, los gr1.1pos de neuronas y sus interacciones sean ser manipulada cognitivamente (incluso a nivel experimen-
simulados por circuitos electrónicos; la adecuación miméti· tal) en lugar de la entidad o del p1·oceso simulado. Concre-
ca de esos modelos es tal que pueden ser conectados direc- tamente: haciendo variar los parámetros de la entidad o del
tamente a neuronas biológicas y, as:í, construir redes neuro- proceso virtual y <1obse1'Vando» las consecuencias de sus
nales hibridas 29 • variaciones es posible hacerse una idea del resultado de una
¿Cuáles son las caractetísticas esenciales de la modeliza- eventual manipulación efectiva s:in tener que someterse a la
ción? Ampliando un poco el análisis de la simulación digital sanción inmediata de la experiencia real.
propuesto por Claude Cadoz23, podemos retemn· cuatro rasgos: iv) Podemos utilizar la simulación no sólo para construir
i) La modeJización constituye en sí misma una ganancia un modelo de entidades existentes con el objetivo de domi-
cognitiva, puesto que realiza el paso de la observación de nar esas entidades, sino también para elaborar, gracias a la
una t•eaJidad concreta a una reconstrucción de su astructu~ combinación de mimemas sm•gidos de contextos reales dife-
ra y sus procesos subyacentes: <<Es un medio de pasar del rentes, representaciones ele objetos pm•amente virtuales, es
fenómeno realizado, percibido o medido, a una entidad más decir, objetos que no vienen avalados por un original prevjo,
fundamental; más unificada, más universal: su causa, su
Ulteriormente, esos objetos virtuales pueden se1-vir para
otigen, su razón profunda»24• Hay que señalar gua esa reduc-
crear objetos reales, es decir, pueclen funcionar como mode-
ción estructural interviene también en los modelos mimétiw
los en el sentido co:r:r:iente del término; así es como nacen las
cos, como hemos visto dmante la presentación de los hechos
invenciones humanas. Este l.UIO prospectivo de simulaciones
de aprendizaje mimético, que no se limitan a :reproducir los
rasgos fenomenológicos de superficie de un comportamiento, de objetos que no preexisten a la modelización implica una
inve1·sión de la relación entre modelo y realidad gue rige la
sino que acceden a su estructura intencional y a su organi-
zación jerá1·quica. ¿Cómo no pensar aqu:í en la distinción simulación cognitiva de entidades existentes; mientras que
aristotélica entre histm·ia y ficción? En efecto, es exacta- en la simulación cognitiva canónica lo virtual representa a
mente del mismo tipo, ya que afirma que la fuerza cognitiva la realidad, en lo que podríamos llamar la simulación pro-
yectiva, como ha .señalado Claude Cadoz, <ces la realidad la
21
El lector cm1oso por saber cuáles son los hechos {apasionantes) que que t•epresanta a loñcticio» 25 , pues asistimos a 1ma inversión
se esconden detrás de est.os términos pa.sah]emente opacos puede consul- de la relación causal entre actualidad y virtualidad. En
tar La Mnsson y otros (1998), páginas 34-37.
s:~ Ibídem. 24 Ibidem, página 97. El uso del término ".ficticio' no me parece muy

(8 Cadoz, oln·n citada, páginas 95-98. adecuado pnra deseribil' la simulación proyactivn (ni por supuesto la
:u Ibídem, página 96. simulación cognitiva canónica).

59
muchos aspectos, esta distinción entre las dos funcionalida- que pr~coniza que ~s mejo:r pensar antes de actum· (pues
des de la simulación coincide con aquella otl·a, ya traclicional, hablm• es una forma. da. acción). Y. 'pensar1 significa mi este
entre conocimiento y acción (intencional). Pues, ¿qu~ es la caso: «dotarse de una :representación mentru de la acción a
acción sino el :resultado de 1ma causalidad intencional, es cle- em:p:rendat· y de sus consecuencias probables', lo que a su vez
cil', un efecto real camac1o por la representación mental pre· puad~ traducirse como: 'simular mentalmente la acción· a
vía -el modelo mental- de ese mismo efecto?28 Dicho esto, emp1·ender. .
hay que recordar que el objeto virtualmente elaborado no Se habr.á podido constatar que el campo de los hechos
debe, necesa:riamente, mudar en modelo prascrlptivo para miméti~os. es extremadamente vasto y div.el·sificado. Pe1·o
la realización de una entidad :real: también puede conser· es p:reCisamente esa diversidad la. que nos pe1•mite cHstin- .
var su estatus de :realidad puramente virtual, aunque · glii:r los sentidos múltiples y a veces incompatibles de· la
tenga que entr.ar en ·relación con otras modelizaciones del noción de .mímesiBJ en el ter1·eno artístico .. Me pm·ece que
mismo tipo. l?s hechos qu~ hemos revisado pueden agruparse en trek!
Más an1ba elije qua las modelizaciones informática y tipos de relaCJones. Para empeza:r, está la mimesis como
matemática no son los únicos ámbitos de la simtilaclón cog- imit~~ón en el sentido técnico del té1'lllino, es decil·, como p:ro-
.nitiva. Tampoco son sus ámbitos de 01igen. De hechot la vir- duc':~n de una cosa que s~ pa1·ece a otra, y la copi~, en el
tualización moclelizante, esto es, la ct•eación de simulaciones sent1do de que la acción imitadora es una reinstanciaclón
que pueden ser tratadas en eieitos aspectos como la l'eruidad (total o parcial) de la acción imitada. El aprendizf\je por
a la que reemplazan (ya sea antes o después) es sin eluda observación es el ejemplo canónico de esta varlmri;a de la .re-
una de las competencias esenciales de la conciencia huma- laci~n mimática. El seguri~o grupo de hechos es el de la mí~
na. En efecto~ uno de los valóres de adaptación de 1a comñen- me~ds como fin~ento, es decir, como p:roduccló:n de ·una
cia -concebida como la facultad ele tener representaciones cosa que es tomada po1• la cosa que imita, por lo ·tanto, a la
mentales-reside en el hecho de que permite a los seres que que se parece, cuando .en :realidad no es una 1·einstan-
disponen de ella sinmla:r escenarios ele interacciones (con el ciaci6n de esa cos.a. Entre los hechos miméticos que hemos
mundo o con sus congéneresJ. Ytestar sus ·consecuencias pro- I'evi.sado, los fenómenos de mimicry son los. que represen~.
bables sin con·er el riesgo de una sanción experimental tan más claramente esa relación. Una tercera clase de
directa. Dennett ha seiil;ilado· que la evolución de la concien- hecho~ miméticos es 1~ de 1a mímésis como representación,
cia (como capacidad mental espec:ífica) crea las posibilidades es deCll', como prt?duetaón de un modelo mental o simbólico
pm•a tma desconexión temporal cada vez mayor entre la ·per- . ful!'daclo en una cart~graf:ía isomorfa d§ la realidad que se:
cepción de estímulos y la reacción motriz; ese tiempo de q"'?e:re coll;oce:· en v1rtud de una :relación d~ semejanza .
latencia entre la. recepción de los estímulos y la l'aacción es (dll'ecta o·md1reeta) entre las dos. Nos hemos encontrado
utilizado esencialmente par~ :rec(?r.:rer mentalmente vmios con ese tipo P.e hecho en fo1•ma de modelización mimética
escenarios J'eaccionales posibles y testar sus consecuencias pero ·t~bién intervien;te en el aprendiz~e por observación:
r>rohables daclas las ca:racte:risticas ·ele los es·tímulos ·entran~ pues este comporta s1empre la producción de un modelo
teefl. La misma jclea sustenta el adagio popular según el mental is.omo:iro del comportamiento a :imitar. Aunque la
cual es mejoo· pensar antes de hablar, adagio que no es más cue.stión de la representación (mental o simbólica) por inli~
que una aplicación espedfica de un p1·ecepto más general tamón y la de la función cognitiva de la relación mimé'l;ica
estén ~ntimamente.Hgadt~s, las abordaré por separado, por-
'ill Se trata Jll?r supuesto de un tam.a filosófico arch:iclásico. Para una
formulación reciente, va:r po:r ejemplo Searle (1985), páginas 142·171. que plantean problemas diferentes. Los tres tipos de
21
Ver Dennett (19f¡S), páginas 171·226. hechos miméticos que acabamos ele enumerar dan lugar a

6o 67
l

cuat1·o tipos de problemas: el de la imitación en el sentido Esta es una :idea bastante sorprendente. aunque sólo sea
técnico del término, el del :fingimiento, el de la 1'ep1·esenta· porque cotidianamente no dejamos de recurrir a juicios de
ción mediante imitación, y el de la función cognitiva de la similitud, como demuestra la ·.Frecuencia de emmciados del
relación mimética. Por ot1·a parte, no es difíc-11 ver que, a tipo: «Hoy he conocido a tmo que se parece a fulano (o a men-
pesru:· de sus cUfeJ'encias irreconcillables, los hechos mimé· gana)», <cEsa l'Uido me recum·da .algo ... ¡Vaya, es el lavabo que
ticos revisados tienen un denominador común: todos sacan se sale!>,, o incluso, <cEsta foto realmente se parece». De hecho,
provecho de la relación de semejanza y de un pmceso de la aptitud :para l'econoce:r como simila:res o tlispares estúnulos
imitación selectiva, ya sea pru:·a pmducir una copia (o una externos distintos numél>ica:mente es una conclición de super·
reinstanciación) de lo inútado, ya sea para crea1· una apa- vive-ncia, no sólo pm·a los se1·es humanos, sino pm~a la mayo·
riencia del mismo, ya para dar una l'epresentaeión o para 1ia de las especies animales. Todo movimiento de evitación
elaborar una simulación modelizante. No pod1·íamos abm·- (l}Ol' ejemplo, evita:r a un p1·edador) o de atracción (por ejem 8

dar el primer problema, ~1 de la imitación como tal, sin plo, encontrar com:ida) implica la capacidad de l'econocer
plantearnos al mismo tiempo la cuestión más general del que un estimulo y es del mismo tipo (o de un tipo diferen·
estatua de la l'elación de similitud. te) que un estimulo x encontTado con anterioridad. En suma,
toda clasificación de naturaleza perceptiva está fundada en
una aptitud básica: 1a capacidad de reconocer una similitud
3. De la semvanza a lct imitación entre diferentes estímulos. Y lo que vale para las clasiñca 8

Si en nuestros dias la im:itadón tiene tan mala prensa es clones (categmizaciones) vale también pru:·a los juicios de
sobre todo porque se supone que está basada en la noción de ident:i:ñcación singulm·, es decir, la aptitud pm·a reconocer
semejanza. La suposición es correcta: toda imitación impJi.. que un estímulo dado, encontrado en un momento dado, es
ca una relación de similitud :relativa entre lo que imita y lo el mismo que otro que se encontró en tm momento antm1m·.
que es imitado. Por otra parte, si la ficción implica procesos Por ejemplo, para poder l'econocel' a un individuo hay que
miméticos, en-tonces también pone en marcha relaciones de se1· capaz de l'econocm· un parecido formal (una similitud)
similitl.1d. E.s po1· tanto importante que consigamos hacernos ent:re un agi'Upamiento de estímtuos actuales y la represen~
una idea precisa de esta noción y sobre todo de su validez. tación mnemónica de otro agrupamiento de estimules dado
En efecto, por razones históricas complejas en las que no nos anterio1·ments28 • .
vamos a detener) la noción de semejanza es, a menudo, cons N o es por tanto nada sorprendente que la capacidad de
siderada poco recomendable, a la vez desde el punto de vista reconocm· similitudes desempeñe un papel absolutamente
artístico (como ideal de creación) y desde el punto de vista fi- fundamental en todos los procesos de aprendizaje. Es el caso
losófico (como noción). Voy a ocuparme únicamente de la en los ap:rendizfties más ele.m.ental~s, como la identificación
noción y su validez cognitiva, y no de la cuestión del «valor» de colores 1 fmmas, o incluso sonidos, oloJ·es o sabores, pero
de la imitación como p2·áctica artistica. Hay que añadir que, también, como ha recordado Quine, en los aprendizajes más
en general, el blanco explicito de quienes Cl'itican la ••ilusión complejos, como el del lenguaje: (l.Aprendemos mediante
mimética» es la repre.sentación pm· imitación (a veces aún ostens]ón a qué :representaciones llamar a:ma1'illas; l. e. apren-
llamada «:representación analógica») y no la relación de
similitud como tal. Pero los ru·gumentos que esgrimen para 211 Ver Block {1994) para una di.scnaión ele la necesidad da distinguil'
nega.1· la posibilidad de una rep1·esentnción mimética presu- entre do.a actividades de reconvcimianto: a) el ilesC1.1b1•imiento de un pare·
ponen que la misma noción de semejanza carece de verda- citlo formal entre dos entiélades; b) el hecho de reconocer a un individuo
dero objeto. de una experiencia perceptiva a la otra.

62
-

d.emos al oú·la palabra aplicada a muesb·as. 'lbdo lo que nece- cognitiva o pragmática. El salmón que llegue a la conclu-
Sltamos, natm·almente, es tma similitud entre los casos nue· sión de que el gran pez amenazador que se aproxima a él
vos Y las muestras. Como la similitud es tm asunto de grado no es un tiburón, ya que no comparte todas sus pl'Opieda-
hay que aprender mediante ensayo y error en qué medida un~ des con el tiburón del que escapó ayer, no durará mucho;
cosa puede .ser z·o~iza, pardusca, o verdosa, sin dejar de contar pero al que escoja sistemáticamente tm comportamiento de
c?mo _amm'l;lla. S1 encontramos que hemos hecho una aplica- evitación en cuanto se encuentre con un pez, aunque se
món d~aSlado extensa de la palabra, podemos ,emplear los tra·te de una saúlina, porque de alguna forma esa sardina
casos falsos como muestras de lo que no debe contar como se parece al gran pez amenazador que estuvo a punto de
amruillo; y, a continuación, podemos empezar a conjeturar si comérselo ayer, tampoco le irá mucho mejor. El primero
los casos nuevos son mnarl1los o no, mirando si son más sim:i-
acabará devorado por el tiburón y el segundo mol'irá de
lares a los objetos del grupo que interesa que a los de] grupo
inanición30 • En suma, s:i las normas de similitud fuesen
que no interesa. Lo que uti1izamos, incluso en este estadio pri·
normas absolutas, hace tiempo que no habría salmones. Y;
n;ritivo del aprencliz~e•. es un sentido de la similitud que fun- a este respecto, estamos todos en la misma situación que
mona a pleno rend1m1e.nto»20 • Todav.ía hay que p1·ecism· el
los salmones, pues como señala Quine: uLas criattuas que
modo de funcionamiento de la similit1.1d.
En primer lugar -como Quine y muchos otros han
se empecinan en :inducciones erróneas tienen, patética y
loablemente, propensión a extinguil·se antes de que su
t•eco:rdado-, nunca se puede hablar de similitud absoluta
sino únicamente de similitud relativa. Decid:h· que y fo:rm~ especie se :reproduzca»31 •
La única similitud cognitivamente eficaz en la vida de
parte de la clase A :po.rque se parece "grosso modo}> a x, que
es una muestra l'ec1b1da de esa clase A, equivaldría a expo- todos los dias es la similitud relativa: decil' que y perlene~
ce a la clase A, a la cual pt:n'tenece también x, no significa
nerse. a l~s des~n~a;t1os más desagradables. Si aplicásemos
tm cnteno de s1m1htud absoluta, es deciT, fundado en una que y sea similar a x en términos absolutos, sino más bien que
I'~lación diádica, muy pronto nos veríamos obligados a ele-
y es más similar a x que a un ttm:er término q del que sabe-
gu· entre dos extremos tan poco agradables--el uno como el mos que no pertenece a la clase A. Quine pone el siguiente
otro. O bien valoramos todo rasgo de· Similttud entre dos ejemplo: un niño ha aprendido por ostensión que una bola
objetos como suficiente para englobarlos en la misma clase, amarilla y un cubo amal'illo cuentan como amarillos; del
Y entonces nos encontraremos con una clase única que con- mismo modo, ha ap.rendiclo que una bola roja y un cubo
tendrá.todos los objet?s que se pa1·ecen en un rasgo u otro, rojo no cuentan como amarillos; cuando debe pronunciarse
es decu, un~ clase 1gual en extensión al conjunto del sobre si un vestido ama-rillo entra en la primera o en la
mundo tematiz.ado. pues, en un rasgo u otro, todo se pare- segunda clase, se puede suponer que lo incluirá en la pri·
ce a todo. O bJen decidimos que, pa:ra ser similaJ•es, dos mera, porque encontrm·á el vestido más similar a la bola
cosas deben tener en común todas sus propiedades y, en ese amarilla y al cubo amarillo que a la bola roja o al cubo rojo.
c.aso, tend~emos tantas clases como objetos, pues no exis- La situación puede I'epresentarse mediante el siguiente
ten dos obJetos que tengan en común todas sus propieda· gt'áñco:
des: Por lo menos se distinguirán por sus coordenadas es·
paClales y temporales, o incluso por su identidad numérica. au P!ll'n ser honesto, debo confesar que este ejemplo es inventado y que
En los dos casos, la clasificación carecerá de toda utilidad ni siqui&ra sé si el salmón y el tiburón frecuentan los mismos medios
marinos. Pero seria fácil encontrar otros ejemplos, sin duda más convin·
"" Quine tHY77), página 139. cantes.
a¡ Quina (1977), página 144.
El tllemplo es elemental, pero muestra claramente que
mtestras clasificacione.s y, po1· tanto, nuestros Juidos de simi~
l:itud, no son independientes unos de on·os. Constituyen una
red que tiene su historia, de forma que un mismo objeto
puede encontl•arsa en clases de semejanza muy di:feran:tes
según la red de similitudes ya admitidas, es decir, ya forma-
das en el momento en que hay que clasificarlo. En esta sen-
tido, <<reconoce!')~ similitudes no es tm proceso pasivo, sino
activo. Aunque los juicios de similitud ponen en l'elación proft
:piedades objetuales efectivas, son, sin embargo, construccio-
nes humanas, pues los objetos del mtmdo no llevan etiquetas
Pero también podemos complicar la situación imaginada qua puedan deseoclificru·se, ni flechas que aptmten a otros
por Quine. En su ejemplo, las dos clases iniciales están basa- objetos que, en un aspecto u otro, sean similares a ellos. Toda'.
das en el cri-terio del color. Supongamos qtre hayan sido defi- similitud entre dos o varias cosas resulta de una jerarqtúa
nidas por las formas, es decir, .supongamos que el niño haya atencional que nos lleva a priv.ilegiru•, a resaltar, ciertas pro-
aprendido a agrupar las bolas por un lado y los cubos por ot:t·o. piedades y no otras. Reconocer la función cognitiva central de
En ese caso, estaría bastante indefenso &ente a un vestido la relación de semejanza no es en absoluto incompatible con
a:Qlarillo, pues no ha aprendido a tratar el color como criterio un:a epistemología constructiv:ista (por ejemplo, del tipo de la
de clasificación pertinente. En tal situación, el niño tendl1a de Gnodman), a· condición de que el construetivismo admita
qne inventar una m.wva clase fundada no ya en la forma sino que nuest1·as constl'Ucciones de redes de similitudes son san-
po1· ejemplo en la función (en este caso la :ñmción de l'Emuhrlr cionadas por el mundo en el sentido de que sólo las que son
el cueri>o humano), o bien reclistribui:r :pteviamente los oqjetos operativas p11eden mantene1·se. Parecemos estar <•condena·
(ya clas:i:ficados) en nuevas clases fundadas no ya en la forma dos» a reconciliar el punto de vista 1·eali.sta -es decir, la idea
sino en los colores, lo que implicarla una permutación de los de que los jtricios ele sintilitud son impuestos por la reali-
elementos. Entonces, tenemos 1a siguiente situación: dad- con el punto de vista constl'Uctivista -es decir, la idea
de que las l'elaciones de similitud no se encuentran «en» la
f?"" .. ""- . ;-----·-l
1 naturaleza sino que son seleccionadas por el hombre (y, sin

a [J
duda, más genetalmente, por todo ser vivo dotado de un sis-

¿o). /(~
tema ne1'Vioso central)-.
Quina :recue1·da a este 1·especto que los juicios de simili·
tud sólo son posibles en la medida en que exista en los seres
vivos,. y especialmente en el hombre, lo que él llama ~<es­
paciamientos Cle calidad», <~espaciamientos difenmciadores»

~X u o, incluso, «espaciamientos cualitativos de estimulaciones»,


que hacen que, pm· Edemplo, (<el cí:rculo rojo se parezca a la
elipsis escarlata más que el triángulo azul»32• Añade que en

a2 Tbidam, página 140. La hipótesis ele Qujne ha sido conñ:rmacta por


trab~os recientes que abordan la cuestión de la rep:resamtac.ión mental en

66 67
ausencia de tal espaciamiento previo de las cualidades, litud nacen de la interacción entre el hombre y el mundo.
nunca podriamos adquh'ir la más :mfnima habilidad de . Testimonian conjuntamente las restricciones de lo real y
l'eacción cognitiva, pues todos los estímulos se1ian igL1a1- las del cerebro humano en sus detenninaciones biológicas
mente pm·ecido.s e igualmente diferentes. Al menos algu- y también cultut·ales. O, citando a Quine· 'por última vez:
nos de esos espaciamientos deben ser innatos, ya que, en la ((Los juicios ele similitud de un individ·uo dependen y deben
medida en que hacen posible el aprendizaje de las dife- depender de la teoría y de las creencias que tenga; paro la
l'encia:s, no pueden, a su vez, ser todos aprendidos. Pero similitud en si) aquello de lo que los j'rdcios del individuo
también deben concordar «favorablemente con los agrupa- pretenden ser juicios, tiene la amb1ción de se1· una relación
mientos funcionalmente pertinentes en la naturaleza para objetiva en el mundo. Esto :fo:r:ma parte del ·tema, no de
que nuestras inducciones l'eaulten correct~ÜI»:w. ¿Cómo nuestra teol'ia de la actividad teórica relativa al mundo,
puede quedar garantizada esa concordancia, si esos espa· sino ele nuest:m teoría del mundo»w.
ciamientos son propiedades mentales (o neumlógicas) y no La capacidad de los seres humanos para aprehender y
realidades en el mundo y, por otra parte, el mundo no lleva estl·uctura:r el mundo en términos de similitudes aparece
~tiquetas? Si nos negamos a recun•i:r al deus ex máchlna de así como un elemento absohl'tamente fundamental. Por
la a:rm.onia preestablecida o al a:pliorismo t:rascendental otra parte, es. correlativa a la que nos permite l'econocer las
(que no vemos cómo podrla se1•legitimado), la ímica expli- dispal'iclades, y por tanto las diferencias enti·e objetos. Los
cación posible me pan~ce la propuesta por el evolucionismo. dos tipos de disCl•iminación son las dos cm·as de una misma
La selección nat111'al ha conducido a la dominacl6n p:rog:re- realidad y sólo :pueden concebil·se conjuntamente. Dicho de
siva de los espaciamientos de cualidades concordan:tes con o·tra forma, y con·ti·ariamente al tópico que pretende que la
los agrupamientos funcionalmente pm'tinentes en.la natu- noción de semcóanza es más. problemática que la de clife-
raleza. En cuanto a los espaciamientos no concordantes, renc:ia, una sólo tiene .sen·tldo en relación con la otra, algo
desapa.reciel'on poco a poco por extinción de sus portado- que olvidan todos aquellos que creen podex revocar la vali-
res, que se reproducían menos que los pm>tado1'es ele los
clez de la prime1·a exaltando la segunda. Además, a pal~tir
del momento en que la noción de seml\}anza como tal recu-
espaciamientos adecuados, a causa de su ineficacia eom· pera ellt1gar que le corresponde por de1•echo en la explica-
portamental. Como todo saber humano, los juicios de sinrl- ción de la ioi'ma en la que consh>t1imos el mundo en que
vivimos, el argumento dirigido contra la imitación en el
terreno artístico pierde mucha fuerza, puesto que ya no
el mal'CO de las cienc-ias cognitivas. Aa:I, Edelman (1997) critica la teorla
analógica del conocimiento segfm ln'ntíal nuestras representaciones se
puede valerse de la no validez de la t•elación básica que
parecel'ian a los objetos representados, teo:r1a qua postula un ttisomor.ña. ft.1nda los proc~sos miméticos (artís'iicos o no). Po1· supues-
, mo de primer gradO» (fú•st-order isomm'Phism) entre la representación y to, asto no basta pa1·a invalidar el argumento antim:iméti~
lo que a.s representado. El autor Jll'opona reemplazarla por la hipótesis de co. en el eámpo de la representación. El hecho de que dife·
un ~isomorfismo tia .segtmdo g:tndo" (second·order isomorphism), según ln l'entes objetos intl·amuntlanos puedan estar vinculados por
cna\ habría una correspondencia entre si:aúlitudes distales y s:irni1itndes 1·elaciones ele semejanza, es decir, el hecho de que estemos
pro~es, en el sentido da qua los coe.ñeientes de &inrllltucl de los esti· en condiciones de orientarnos en el mundo sirviéndonos de
mulos distales (de los objetos) estarían representados en forma de coe:fi· una capacidad de reconocimiento de simili'tudes entre obje~
cientes de similitutl co:rl·esponilienl:es a las proyecciones de esus ést:Imulos
en el mapa nem·onal, es tlec:ir, en al espacio proximal construido a partir tos, no prueba que tal relación pueda (en c:iertos casos) ser
de los aJJt:ímulos.
oa Quina, obra citada, páginas 143-144. 3> lhídem, página 152.

68
l
e.s'tablecida también entre una 1·ep:resentación· simbólica y intenclona136 • Nos limitm·emos a señalar la diferencia funda-
lo que esta representa. Pero al menos esto obliga al cruza· mental que sepru.·a las dos formas. En la causalidad fun~
do antimiméiico a circunscribir de manera más precisa el eional, la relación de semejanza se transforma a postetiori
campo de la posible validez de su argumento. en :relación de imitación (debido a la presión de la selecc.:ión
Volvamos al problema que nos ocupa por ahora: ]a enes.: natural que regula la reproducción diferencial de los ras·
. tión de las afmidade.s entre la relación de similitud y la imi· gos de semejanza nacidos <(fortuitamente>> mediante un
tat:i6n. Aunque la semejanza es una condición necesaria pl'Oceso de imitar.:ión)80 , En cambio, en la causalidad miméti-
para q11e pueda haber imitación, evidentemente no es una ca intencional, la semejanza es pl~oducida desde el principio
condición suficiente. El hecho de que una cosa se parezca con una finalidad mimética. En al primer caso, 1a selectivi~
a otra no implica en absoluto que la :imite; el perfil de 1ma roca clad es posterior al nacimiento de la relación de semejanza
puede pm·ecerse al de un rostro sjn que esto signiñque que (la selección natural ((escoge» a posteriori las similitudes
el primero imita al segundo. Dicho de otra fb:rma, las :res· funcionales), mientras que en el segundo orienta la pro~
tricciones que 1'igen la imitación son más fuertes que las de ducción del mimema~ • 7

lll'la simple 1·elación de similitud. Durante la presentación


de los mecanismos innatos de activación, hemos visto que
311 :Baudonniere (obra cit!lda) distingue entre el mimetismo y 1n imita·
para poder hablar de imitación es necesario que la relación eión, resel'Vando este l11timo término para comp01'trunientos que son
ile semejanza sea selectiva. Retomando la conclu.sión de la intencionales y selectivos. El segundo c:rite:t'io no me paree& penimmte,
cliscusión dedicada a los fenómenos de réplica obseJ-vacional, por ilos :razones. Por una po:rte, los mimatiamos -e jncluyando los hechos
podemos exp1•esar lo mismo de otra forma: para poder decir de mimicry fenot!piea- trunhién son selectivos., 1) al menos se vuelv&:n
que los :rasgos x', y~ z', que se parecen a los ·rasgos x, Y> z, imi- selectivos, pues, debido a la }>l'eaión da la selección nat.m•al, sólo los mime·
tan los rasgos x, y, z, estos Ultimas deben ser la causa (o más mns ~dicaces pueden reproducirse. Por otra parte, en lo que concierne a
bien una de las causas) de la existencia de los rasgos x', y', los supuestos mimetismos no selectivos, como los rel~os neonatales que
z'. O incluso: para poder decir que tm objeto a' -dotado de hemos visto más arriba, su ausencia de selectividad plantea dudas ptecl·
srunente sobre su enrácter mimético.
las propiedades x~ y', z~ s:imila:res a las propiedades :x, y, z de as La enusalit:lad mimética funcional es un p1•oceso extremadamente
un objeto a- imita a ese objeto a, es necesario que a' sea complejo. Por tóemplo, ¿en qué santido podemos decl:r que el dib~o que
similar a a porque este posee las propiedades x, y, z. Dh'emos adm1Ullns alas ele la marl:p:o.sa imita unos ojos ele mp:a.z? Los ojos da rapaz
más simplemente que una bnitatión es la producción de 1ma no son evidentwnente la eauaa de la aparición de la relación de samejan~aa,
relación de semejanza que no existía en el mundo antes del que es debida a una m\.1taclón genética. En cambio, el po1·cent~e da super·
acto mimético y cuya existencia es causada por ese acto. vivencia y de reproducción más elevado de la ma:rlposa mntante y de stUJ
descendientes está ligado c.ausalmenta a 1aa rapaces. En efecto, los preda·
La relación causal pertinente puede tomar al menos dos dores nattU'ales de las mariposas evitan a aquellas que tienen ese dibujo,
fonnas: la causalidad .mimética 1cfunclonal» y la cammlidad porque se asem~a a los o.jos de las rapaces y ellos wsmos son presas natu·
mimética intencional. La primera queda ilustrada por los rnlí3a de esas l'apaces. Así, lo que ha visto la luz como una s:imp}e l"Slaclón
actos de mimicry encarnados fenotípicamente y los mime~ de semejanza (sin vínculo causal entre los hechos ligados por esta l'eln·
tismos genéticamente p1•ogramados; la segunda, por los ción) se transl'Ol·ma po:r efecto de la selección nat'Ul'al en una rel!lclOn de
compol·tamientos de :fingimiento, el aprendizaje observa· imitación, pues las rapaces (y más precisamente lagestalt parceptual de sus
cional, la representación por imitación y la sim11lación qjos) son la causa (indh•ecta) del a1.unento progresivo en el pool genético glo-
bal de los genes que codi:fican el dibujo sem~ante a 1.m ojo de rapaz.
modelizante. La causalidad mimética <~funcional» no nos 31 .La selectividad de ]a l'elnción mimética no se opone al hecho de que
inte1•esa directamente aquí, pues no interviene en el terre- la l'elaclón de sem~anea es en muchos casos, y especialmente en ]os
no de la ficción, cuya p1·oduccíón depende de una mímesis aprendizajes por observación, h:olíatica.

70 7J
. En res-Umen, fingir que algo no.s :pone tristes cuando en rea- lo de esa cosa, modelo fundado en una parrilla selectiva de
similitudes entre imitación y cosa lmit.ada. Volvemos a áncon-
lidad !!Os e~ indiferente, aprender a háblar una lengua ext:t·an- tra:mos aquí, en la esfera de la actividad de inñtá~6n, un
je:ra repitiendo loa sonidos emitidos por los hablantes de esa nuevo ejemplo del hecho de que la relación entre 1·epresenta·
lengua, alabOl'aT un esquema perceptivo o gráfico que :pennita L'ión y l'ealidad es tma relación de interacción: aunque el
.saber <ida un vistazo» si 1.m cae~s pertenece o no a la familia mimema esté limitado po1· las pxopiedades de lo que es imita-
c1e las Mammillaria, dibujru· nn árbol, tomEn' 1..ma fbtografla o, do, sólo a través de su elaboración descubrirnos las p:1:opieda·
inch.~.so, esc:ri.bh' un diruio, son actividades que, pese a las dife-
des objetual.es qLte lo limitan.
renclas que las separan, tienen todas en comt\n el hecho de
que su :realización comporta como condición no trivial la pro-
ducción de un m:imema, es decir, de 1má 1·elaci6n de· semejan~ 4. De la imitación al fingimiento
za selectiva. Todas esas actividades están fundadas en una .Del mismo modo que to9a :imitación implica 1.1na l'elación
misma competencia elemental, que consiste en sacar provecho de s:imilitud pero no es implicada por ella, todo ñng.iriliento
de una relación de similitud. Desde luego, .conviene no confun- :implica una :imitación (y por tanto Ulla relación de semejan-
dir la aptitud para l'econoce:l' similitudes (que es 1ma aptitud za) sin se:r i~plicado ·po:r ella. Cuando calco mi compmta-
cognitiva) con la aptitud para crear similitudes (que corres·
po~de a la actividad mimética); l'econocer semejanzas entra
miento (en la vida real) del da otra :persona, elaboro cierto
oqjetos del mundo no es una actividad mimética sino un acto uíunero de ntimemas, es decir, imito a esa persona o stl com·
cognitivo. Pero esta distinción no implica incompatibilidad p01'tamiento. Esto no significa que ~a ser esa persona ni
~u? :finja el compo1tamiant?. que imito. Así, el creyente que
alguna entre el uso cognitivo y el uso «poiét:ico» c1e la relación
de semejanza, ni muCho menos. Por un lado, como ya hemos .muta a un sru;to o a JesuCl'lsto~ no finge .ser un santo y a11n
visto, existe un conocimiento :por :imitación, es decir) que exis- menos Jesuer.1sto (lo que sería un acto blasfemo). 'Se propo-
ten procesos cognitivos (por tanto, procesos fundados en la ne t1nica:rnante llevar una vida que se asemeje a las· de esos
capacidad de :reconoca· similitudes y disimilitudes) que se rea- augLlstos :personajes y los toma como modelos. Se trata de
lizan a través de una actividad mimética (o sea, a través de la 1.m hecho de mimetismo social que se sitúa en la esfera del
¡n·oduec:ión de una relación de similitud): cuando aprendo a apre~dizaje por imitaCión~ tomo a la persona imitada co:m.o
modal~ y hago míos los compo:t·tmnientos imitados. En el
clavar co:r.recta:mente un clavo imitando los gestos de mi padre,
estoy adquhiendo el conjunto de conocimientos necesarios terreno artístico encontramos la misma. dis·!;inci6n .. Imitnr
:p~·a r~alizm· correctamente la ácción motr;iz en cuestión Po/ 1m cuadro no es equivalente a falsificarlo, e.s decir, a querer
mntamón. Por otro lado, cuando constnzyo un mimema, acce- hace1· p.asa:r la imitación por lo que es imitado; aunque hacer
do al mismo tiempo a Ím conocimiento de lo que imito· en la una fa.1siñcación implique 11n aeto de imitación. La aét:ividacl
:medida en que la construcción de una ímitación es selechlva en de los aprendices de pintor que copian cuadros· de los gran-
relaci?n co;n la~ :ProJ?ie.dades de la cosa imitada, es ipso facto des maestros no tiene que ver con la falsificación, sino con el
tm útil de mteliganma da esa cosa imitada. Si lá existencia de aprendizaje por imitación. Del mismo modo, ·al calig.rafo
·a~to.s de ap1·en~aje p~r imitación es de una importancia cru· chino que copia la ob:ra de un gran. ·maes·tro no pJ•etendé
Clal :para a:pl'ema:r el verdade:ro alcance de las artes miméticas, hacer una fals.ificación, sino . interiorlza:r las cualidades
es p~rque nos muestra que, conti·miamente a lo que sostenía humanas de la obra que imita38 • Y esta distinción es válida
Platun, la eonstrucción de una imitación es siempre una forma
aa Ver :página 8.2 del p1•esente tl'abfijo, y solr.ro todo Escancle (19!:77),
~e conocer la cosa mutada. La imitación no ¡¡¡s nunca un l'e:fle-
páginas 129·17B. ·
JO (pasivo) de la cosa imitada, sino la construcc,'ión de un mode-
73
72
incluso cuando la :imitaC'lón produce una copja imposible de lac1·o ocur:re algo muy distinto. En la medida en que alguien
distingui:r, y por tanto funciona de facto como un simulam·o lo toma por la I'ea.lidacl, ocupa el lugar de es·ta (al menos en
del original. Inclmo en el te:r:reno de la imitación comporta~ la cabeza de la víchlma, conse1ltido:ra o no) y por tanto co:rta-
men·tal, la· eventual voluntad de identificación con el mode· circuita la :relación entre la representación y la l'ealidad.
lo {en l'azón de las propiedades sobre las que se focaliza la Desde luego, los dos fenómenos se basan en una :misma ope-
imitación) debe ser distinguida del fingimiento. Porlrla suce~ ración, que es la elaboración de un conjunto de mimemas.
der que el mistiano que imita a san Francisco quisiera no Por tanto) existe en efecto un vinculo entre la imi·tació~ por
sólo parecerse al santo tomándolo como modelo, sino ade- un lado. y la simulación cognitiva y el simulacro, por el otro,
más~ a través de esa imitación, acceder él mismo al estatua pel'O ese vínculo es el mismo que existe entre una hen·a~
de santo y, por tanto, conve1·tn·se en aquello que imita, sin mien'ta {la imitación) y dos de sus múltiples usos y estatua
que esto implique el menor fingimiento por su parte: la imi- ep:istémicos. La imitación es 1ma técnica, :mientras que la
tación en cuestión pertenece al ámbito de la reinstan- simulación modelizante y el simulacro defmen dos usos dife-
clac:ións9. · rentes de esa 'técnica. Esos dos usos dan lugar a. estatutos
Estas distinciones son elementales y fáciles de compren· epistémicos distintos fundados en I'elaciones diferentes ent:l'e
der. Si las tuviésemos más presentes, escapal'Íamos a mimemas y realidad imitada: una :relación de representación
:f.!lUchos falsos problemas. Así, la mayoria de los apasionados en el primer caso, tma relación de substítttción en el segun-
debatas que :rodean el desarrollo ,ele las técnicas digitales do. Esto implica que a fm:tiori no podrla babm· identidad
están basados en una amencia de distinción entre imitación entre «realidad virtual» y fingimiento. La :realidad virtual
y apariencia, lo que permite alimentar la co:n.f'usión ent:t·e la -la :representación por imitación, ya sea mental o a:rtefac·
noción de simulcu:ifjn -que des1g:na la modelización (v.irtual) tual...;.. es una <•herramienta generalista>>40 que puede sm·
de tma situación actual- y la de :simulacro -q1.1e designa puesta al servicio de los usos más diversos. · ·
una apariencia que pasa pm· :real-, La simulación {virtual) La distinción entl·e :imitación y fingimiento pe:rmite tam-
de situaciones actuales con el objetivo de · construir una bién comprender que una imitación no es necesariamente
l'epresentaeión simplificada las mismast pero capaz ele gene- mejor cmmto más dificil sea cllstinguirla tle aquello que
:rar predicciones aplicables a esa sit1.1aci6n, es efectivamente 1mita, puesto que, en ese caso~ el ideal funcional de toda
uno de Jos usos principales de Jos o:rdenado:res. Estos fabrl· buena imitación seria el engaño. Ahora bien, el engaño
can sin lugm• a dudas realidades vjrtuales. Pero, pese a eti- la equivale al desmoronamiento de la relación de imitación en
mología común, tales simulaciones cogn:itivas no scm. simula- el sentido de que lo que imita es substitu1do por lo que es
cros, en el .sentido de que ocupa:rfan el lugar ele aquello a lo imitado. Al manos el? así para el receptor, pues la noción de
que Bl.U3tittlyen, ni :fingimientos en el sentido de q11e su meta engaño aborda la cuestión de la imitación desde el ángulo
serla indl;\cir la creencia e:r.rónea según la cual serlan efecti- de su recepción y no desde el de s11 estatus ontológico: un
vamente aquello de lo que en realidad no son más que 1ma engaño es una imitación, pero una imitación que no es reco·
l'epresentación. Por el contrario, po1·que el modelo virtual es noc:ida como tal La imposibilidad ele .distinguir la imitación
distinto de la si-tuación modelizada es por lo que puede susti- de lo que es imltado debe entonces separarse de la cuestión
tuirla y aplicarse a ella (con más o menos éxito). Con el simu- de saber si se ·t:t•ata de una imitación o no. Todos conocemos
el célebJ•e test de Tluing41-, según el cual podemos decir que
00
En cambio, si es l.ln cristinno no hln·ético, no puede nevar la vohm·
tud de imitación de Cristo hasta una voluntad de identificac:i6n, pues esto '° Coi:ffet (1005), p~\gina 79.
le conducma a querer ser idéntico a Dios. "
1
Var Turlng (1950), páginas 43S.4SO.

'Jt) '75
un ordenador piensa a partir del momento en que derrota inte:rmediaci6n de la pantalla. Es fáro1 eonceh:h· una situa-
regulannente a su adversario humano en un juego de imi- ción en la que el juez .fuese incapaz de decidir quién e.s la
tación (imitation game). Las reglas del juego son las pe1·sona I'eal:mente triste y quién el actor que .finge estar
siguientes: el ordenadm• y su adve:rsario humano están triste. Esto no cambiarla estrictamente nada en el hecho de
ocultos a la vista de un árbitro (humano), :pe:ro pueden que la pe1·sona que ha pexdido a un se1· que-rido esté triste y
comunicarse con él con ayuda de dos te1'minales de o:rden:a- el actor se limite a :fingir que está triste. En suma, el que
clor. El juego consiste en que, gracias a los mensE\Jes que seamos incapaces de distinguir entre la realidad y la apa·
envía a la pantalla, el jugador humano intenta convencer al riencia no cambia nada en ·el hecho de que, pm· un lado, está
juez ele que él es un ser humano; el Ol'denadm·, por su parte la 1·ealidad y, por el otro, la apariencia. Hay que añadir que
«:intenta» conseguir lo mismo. Según el test de Tm'ing, si el la substitución del ordenador por un verdadero sistema
juez es incapaz de decir cuál de los dos adversarios as el se:r intencional (una persona) no es un cambio trivial. De hecho,
humano y cuál es el imitador, entonces el o1·denador es implica una transfo:r.rnación en el estatus ontológico de la
capaz de pensar, pues su potencia operativa es (por lo relación mimética, que precisamente distingue el engaño
menos) igual a la del cerebro humano. Me parece que el funcional del fingimiento :intencional: el ordenador miméti 8

defecto esencial de este test reside en el hecho de que pre- co es un engaño ftmcional y no un sistema intencional impli-
supone que a partir del momento en que u.na imitación no cado en u.n comportamiento de ñnginrlent0'13 • La existencia
puede ser distinguida de la actividad imitada, ya nó hay de un simulacro, tle una apariencia que se confunde con la
diferencia pertinente alguna entre las dos. Ahora bien, el realidad a la que se parece, no significa necesariamente que
hecho da que seamos incapaces de d:isting¡.ur dos hechos no haya habido fingimiento: puede tratarse de un simple enga-
implica en absoluto que haya identidad entre ellos42• Del ño funcional. Señalemos de pasada que el análisis ele la apa-
mismo modo, el hecho de que seamos incapaces de d:istin- riencia o del simulacro en té:mrlnos de no~.ser no es perti..
guir entre una imitación y aquello que imita no transforma nante. La apariencia creada por el :ñngiririento es ta:o 1·eru
la relación de imitación en 1·elaci6n de identidad. En efecto, como la 1·ealidad con la que es confunclida, simplemente
tm engaño sólo es trlicaz en la medida en que no podemos entre sus propiedades está la propiedad funcional (engaño)
distingu.irlo de aquello que imita, pero esta eficacia es la de o intencional (fing:irniento) de ser confundida con otl·a cosa
una apariencia: si la mariposa fuese una rapaz, no nacesi- diferente de lo que re~ente es y, más precisamente, de ser
ta:rla que la tomasen por una rapaz; p.or el contrario, tan- confundida con aquello a lo que se parece. Una alucinación
éhia interés en ijue no lo hicieran. no es un no..se:r, s:ino una l'ealidad que es tomada no por lo
Cuando se aplica el test de Tu:ring a ·las actividades que es efectivamente ......a saber, una representación end~ge~
humanas de· imitación y de fingimiento, este llega, en todo na- sino por otra cosa -una pe1·cepción-.
caso, a conclusiones diñcilmente aceptables. Supongamos Emplear el mismo térml:no, el de «imitación», para desig-
que en lug!ll' de la máquina y el ser humano hay do.s seres nar los dos tipos de relación mimética -la imitaclón..reins·
humanos detrás de la col·tina, 1.1na pen;ona que ha perdido a tanciación y el fingimiento- es una fuente de malentendi·
1.1n pa:riellte pl'6ximo y un at'ior que imita a alguien que ha dos. La identidad ter.m.inológíca nos conduce a pensar que se
perdido a un ser qumiclo. lncluso podemos prescindir de la
43 .Por supuesto, .m la medida en que el ordenador es programado po:r
44
Este hecho ha sido sub1•ayado también por Desenmbes (1995), pági~ un sw hmrumo, el engaño funelonal es en illtiron instancia resultado tle
na 1156, en el mn:rco de una apasionante discusión tlsd:lcada a las vh'tudes una actividad intenclonal, contrariamente a lo que :ocun·e por ejemplo en
y a los límites del tast de Tur.ing (páginas 15ll-168). el caso de los engaños fenotípicos.

'77
l
trata en el fondo de la misma actividad y qua las dos rela- rimentado se ent:rega a la misma actividad que su modelo,
ciones sólo se distinguen por su o:'lientación funcional. Ahora pm•sigue los mismos objetivos, su acción tendrá el n:rlsmo
bien, la dife1·encia entre imitar un ·comportamiento pm·a tipo de efectos, etc. En cambio, fingir un comportamiento
reinstanciarlo (por ejemplo, en un proceso de aprendizaje) e que se imita es producir mimemas cuya suma conduce a un
imitarlo para producir un simulacro o una apariencia no compo1'tamiento que se inscribe en una clase ontológica dife+
puede ser reducida a la simple clife:t•encia f·uncional de una rente de la del comportamiento imitado. El actor que fulge
actividad, que segu:hia siendo fundamentalmente la misma. ser Hamlet-que-mata-n·Po1onio no se entrega a la misma
Cuando imito <•realmente», p1·oduzco una cosa del mismo actividad que su modelo (ficc:ional): no persigue los mismos
tipo que aquella que imito; cuando imito para fmgir, pi·eten- objetivos, su acción no tend1·á los mismos efectos, etc. Y lo
do producir una cosa del mismo tipo que aquella que im~to que es válido para el ·fingimiento h1dico vale también para el
mientras que en l'ealidad me sirvo de la imitación com'o ñng.im..iento serlo: el hipóCJ•lta que finge es·tm· triste no se
medio pa1·a l'ealizar otra cosa4'1, As:í~ cuando La F'ontaine entrega a la misma actividad que el modelo (l'erumente tris-
imita a Eso:po40 o a Fedro, realiza tma cosa del mismo tipo te) al que imita.
que los modelos que imita: escribe fábulas, es decir, l'ealiza Decir que en la imitaci6n-reinS1'ancriaci6n el im.itadm· y el
una :reinstanciación de la forma literaria que imita. Pero imitado pertenecen a la misma clase ontológica, mientras
cuando Esopo, Fedro o La Fontaine :imitan el modo de p:re· que en el :fingimiento pertenecen a clases dife1•entes, implica
.sent.aci6n de la anécdota :factual, pretenden (lúdicam.ente) que, referidos a un mismo modelo, los :mim.emas no pueden
l'enlizar actos ilocutivos l'efm·enciales, mientras que en rea~ ser los mismos en los dos casos. Es posible ·demostl·m·lo l'eto-
lidad se ah-ven de ese p1•oceso de imitación para hacer otra mando el ejemplo del cazador principiante y comparando sus
.cosa, en este caso elabm·ru· un universo ficcional. La difel'Eln~ :mimmnas con los que ha seleccionado el mimo local~ que,
cia atañe al proceso :imitativo en sí mismo. Reinstanciax un durante wa fiesta, encm'Ila al cazador más hábil. El mimo
comportamiento que se imita es pl·oduch· mimemas cuya imitará los signos aparentes que permiten :identificar al
suma (o la integración en una secuencia actancial jerarqui- cazadm• más hábil (sus movimientos, S'l.ls gestos) su mímica,
zada) conduce a un comportamiento que se inscribe en la su fo:rma de tensar el ru·eo, su mirada satisfecha cuando mere-
misma clase ontológica que el compm'tamiento imitado. El a su presa, el gesto ele disgt1sto cuanclo.falla, etc.), pero no
entrará en la secuencia intencional de la caza, de la que esos
cazador principiante que imita los gestos del cazado1• expe~ signos aparentes son manifestación pública: no llevará botín
a la aldea. Por el cont:ral'io, ya lo h~mos visto, el cazador prin~
41
Este punto ha sido ·ñ1ertamente resaltado Ptll' Austin (1994, páginas clpiante va a reinstnnciar la estructrrrnción jerárquica de la
206·228), qua dlscnta de mnnm•a detallada las diversas modalidades secuencia actanciru y por tanto su finaliclacl real. Su meta no
según las cuales el hecho de fingir que hacemos x, a la vez ext;luye que es prep:roducl:r los .signos aparentes de la secuencia actancial
hagamos x, pe:ro al mismo ·tiempo :requiere que lo que hacemos realmente ele <~enza>>, sino acceder gracias a esos signos a la est:ruetUI'a
ae asemeje «de fol'ma cal·actarfstica» (:página 222) al original, o incluso comporta:mental jerárquica .subyacente que, segtin esp.era él,
· implica l'lna l'ealiz.aeión pm·eial (ver especialmente página 218).
46 le permitirá volve1· de su expedición con un botín.
Para simplliicar la &Huación, trato aquí a Esopo como si fuese e!eC..
tivru:nente el autor real de la colección anónima de fábulas que se le atri- Puesto que en el fingimiento la actividad mimética es un
buye tradicionalmente, t:unndo sin duda no as así. Ver a este :respecto medio al servicio de la producción de algo que ea ontológica-
Scllaeffg.r (1985). Pnra un )ntento de clasificación general de las diferen- mente diferente de lo imitado, los mimemas escogidos deben
tes modalidades de la imitaeiún·rainstanciaeión en el temno artístico, cumplir una doble condición: a) deben ft.mciona:r como se,ña-
ver Chnteau (1998). les inequívocas de la cosa imitada; b) no deben :re:instanc.'iar

79
.l
realmente la cosa imitada. La :importancia de las señales objeto puede :reunir esos dos tipos de operación. Eso permi-
evocativas explica por qué en el fingimiento los m.i:memas te poner ele relieve mejor sm cli:fe:rencias. Asi1 podemos pre-
acentúan a menudo los rasgos de lo que es imitado, hasta guntarnos en qué se diferencia el proceso mimético median-
culminar en lo que en etolog:ía se conoce como «engaños te el que La Fontaine imita a Esopo y Fedro de aquel otro
hipa:rnol·male.s», pero que sin duda seria mejor llamar mediante el que Esopo, Fedro o La Fontaine imitan los l'rul·
(<mimemas hipernormales», pues la noción de «engaño» gos iloeutivoa da la anécdota factual. El análisis precedente
cm•actel'iza un modo de funcionamiento de los m:imemas (en deberla permith·nos l'esponder a esa pregunta.
este caso el modo en que el mimema ocupa ellugat• de lo que Cuando La Fontaine imita a Esopo y a Fedro, estamos
imita) en vez de un tipo de :mlmemas. Las muñecas, por ante tma situación de imjtación-reinstanciación. Esta inter-
ejemplo, son en general mimemas hlpernonnales en rela- viene en múltiples niveles, pero me limitaré al de la hnita-
ción con los rasgos de identificación de la silueta infantil que c:ión estilfstica. Como ap1.mta Géra1·d Genette, la imitación
imitan'16 • La imitación real, en cambio, debe I'einstanciax lo estilística implica siemp1·e la conatitución de una matriz de
que es imitado, y los mimemas pertinentes aquí son aque- competencia: tl,.,entre el COJ']>US imitado I...] y el texto imita-
llos que funcionan como señales jdenti:ficativas. Es hnposllile tivo se interpone inevitablemente esa matriz da imitación
no queda:r impresionado por el parentes,co existente entre esta que es el modelo de competencia o, si se preñare, el idiolec-
distinción y aquella otra, que vimos más arriba, entl·e imita~ to del corpus :imitado,. destinado a ser también el del mi~
ci6n de superficie e imitación de la es't:ructura comporta· motexto. r...] Pues imitar precisamente, en su singularidad,
mental jerárquica. La imitaci6n-reirurtanciacl6n implica un texto singular, es antes que nada constituir el idiolecto de
siempre una imitación de la estructura actancial jerárquica ese texto, es decir, identificar los rasgos estilísticos y temá·
y la imitación de superficie sólo desempeña un papel adven- ticos propios y genm·alizarlos, esto es, elevarlos aJa condi-
ticio. La inntaci6n~aparjenc.1a en cmnbio es una imitación de ción de mat1iz de imitación o red de mimetismos que puede
superficie que excluye la imitación de ]a estructura i:nten» servil' indeñnh:lamente»'l1 , Volvemos a encontrarnos con los
c.ional efectiva. La oposición no es por ·tanto totalmente dos rasgoá típicos del aprendizaje pm· imitación: la imitación
simét1·ica, puesto qua la imitación-reinstanciación puede se sostiene en una estructura jerárquica («una red de mime-
comportar también. una inntación de superllcie, a condición tismos») y desemboca en un modelo que puede ser.reinstan-
da gue esta sea la traducción de los mimemas pertinentes ciado a plaee1· (uimitm· es generalizm'»48). Y lo que es válido
desde el punto de vista de la actividad intencional global o, para el estilo de un texto Jo es también para el estilo de una
al menos, no sea incompatible con ellos, mientras que la i:miw pe:rsona. Pro· esta razón me parece que By:rne y Russon se
tación.. apariencia debe abstenerse de reinstanciar la activi- equivocan al identificar la imitación de superficie (de ~ma
dad imitada. persona) con la hnitación de su «estilo». Imiia:r a una perso-
Como ha demostrado el ejemplo de las fábulas, un mismo na en superficie es más bien imitar sus tics, es decir, el con-
junto tle señales pregnantes que pe1•miten identificarla pel""
Ja Ver también Genette (1fl91), que, poniendo como ejemplo <~el arte ceptualmente. En cambio, cuando nos p1·oponemos jmitar el
enfático dal actor», señala que el acto de simulación co:nsiste mny a mantt· estilo de una pe1·sona no nos limitamos a imitar sus tics. De
do en <~ea:rgal' Jns tintaS» (página 48, nota 2). Esas exage1·aciones tienen a manera más gene1•al, no se trata de :reprodueh· tal cual las
menudo unn :l'uneión de compensación pm"captual susceptible da favorecer secuencias comportrunentales «públicas)> de la pe1·sona imi-
la in:menrlón psicológica, como ocune en el caso de las rnúnicas hiparax·
presivas da Jo:s actoxes del cine mudo. De manexa más gen&'.ral, el uso de
engru1o.s hipel'llo:rmales en el torreno de la ñcci6n se explica sin eluda por n Genette (1982), página 90.
su :función da desencadanantes de inmersión. 18 Ibidem, página 92.

So
tada Oo que exigirla la lógica de la imitación de superficie), ción-a:parlencia vale pm·a el coiijunto de la ficción na:rrativa
sino de acceder a la <cpersonalidarl» que induce esos compoo·~ haterodiegética {el relato en tercera persona): « •••fingiendo
tamiento.s. Por otra parle, podemos aeiialar que la :imitación hacer asm·cione.s (sobre seres ficcionales), el novelista hace
ro't:ística (en el sentido de la imitación estilística) puede ser atra cosa, que es crear una obra de ·ñcción»51 • El il:iagnóstico es
un medio para imitar el «estilo» de la pe1·sona. En todo caso, válido también para la ficción homodiegética (el J'elato en pri·
esa parece ser la fUnción de la imitación en la caligrafla mera persona) ~ más ampliamente, para el modo d:mmát:ico
china; se b·ata, en efecto, de una imitación estilística, pero {teatro) -a condición de que la expresión <<.fingiendo hacer
su ve1·dadero objetivo es la imitación de las cualidades mora- asercioneS» sea reemplazada por •<fingiendo ser alguien dis$
les del tn·tista cuyo estilo Ell't:ístico se imita (el presttpuesto tinto de s:í mismo>>-. .Asi, cuando el lobo de Aymé :finge ser el
implícito es por supuesto que el estilo exp1·esa las cualidades lobo malo, su fingimiento está al stn'Vicio de la creación de]
morales de la persona). Yolaine Escamle señala que en el universo ñccional del juego de roles t•el-lobo-pe:rsigue-y-devo-
caso de la calig:t·a:tla que imita un modelo clásico, no se t1·ata l'a..a..]as-niiias>>,
t<de imitar las formas exteriormente, lo que carecería de senti- La distinción entre imitación·l'eimrtanclaci6n e imita-
do, pues lo esencial es reviviT interiormente el gesto c:read()l')>'m; ción-apariencia no es sin embm·go suficiente pro·a clarificar
lo que importa no es la similitud externa -la «SemEÚanza for- las :relaciones entre fingimiento y ficción. Es igual de váli-
mal»00-, amo la reactivación del espi1itu del m'tista imitado. da, en efecto, para las actividades de fingimiento serio:
En otros té:rminos, la imitación debe conducir a una mmer- cuando .miento; el hecho de que finja m·aer (o sabe:r) que x es
sión en el estilo moral del artista imitado (a t1;avés de la imi- real tiene una -función :instrumental en relación con un ob,je-
tación ele su obra), pues la calig:rafia tiene valor en cuanto tivo diferente, que es, en este caso, el deseo de sacar parti~
que expresión de Cl.Ullidades éticas y la imitación aspira a do ele la m·edulidad del otro. Y, sin embru·go, el lobo malo
apropiarse esas eualidades. que :finge se1· la abuelita de CaperucHa hace algo que clifle~
Volvamos a nt1estras fábulas. La relación mimética perti- l'e profundamente de lo que hace el compañe.ro de juegos de
nente en la imitación estilística emprendida por La Fontaine Dalphlne y Marlnette cuando finge ser el malvado lobo
-en este caso una l'ein&tanclación del modelo de competencia feroz. Toda concepción de la :ficción ql.le se I:imite a de:ñnil.'la
estilístico imitarlo- es muy diferente de la· que interviene en tlh'llli.nos ele apariencia, de simulacro, será incapaz de
cuando Esopo, Feclro o La Fontaine :imitan los rasgos ilocuti- dar cuenta de la difm·encia funclamental que hay entre
vos de la anécdota factual. Ya hemos visto que en .este íiltimo mentil· e inventar una fábula, ent1•e usurpar la identidad de
. caso la función de la imitación pertenece al orclen del :fingi- otra persona y encru.'lla.r un personaje, en-tra t:rucar una
miento; la :intención ilocutiva de los ·tres autores, es decir, la fotografía de prensa y elaborar u:nf'otomontajet entre c:rea:r
función que conceden a sus palabras, no es rafe:rencial; fingen aldeas pote:mkinia:nas y pintar un decorado teatral en t:ram 8

hacer astn•ciones rEte1·enciales, es decir, que se sirven del pantojo, en s1una, entre el ñngimiento manipulador y el
:marco ilocutivo de fa anéedota factual para crear un unive:rso «fingimiento compm•tido»aa. S:in embargo, en la medida en
ñccional. La imitación-apariencia se utiliza entonces como 110 que e.ste p-.roblema no atañe t~nto al estudio de lo.s procedi-
mdtwtol' del unive-um :ñccional y no como un fin en sí :rillsmo, mientos miméticos como a la definición del dispositivo ñc-
contrariamente a la inritaci6n-ninstanciación estil:ístíca. Se- cional1 me parece preferible aplazar su análisis hasta el
gún G'érard Genette¡ ese estatt.1S instrumental de la imita 9
capft1ilo siguiente.
19
Escande (1997), página 185. 61
Genette (1991), página 48.
50
Jiang Ji (siglo xvrm, citado por Escande en la obra citada., -página 138. ~~'J Seárle (1982), página 11f5.

8g
5. De la representación a la representación mimética sisten·te, mi tm·ea esencial será intentar demostrar q1.te, en
En su traducción de La Poética, Roselyne Du:pont-Roc y l'eruidad, COl'l'esponde a uno de los usos mayores de la relaa
J ean Lallot subrayan que. según los contextos, la noción de ción mimética, al tiempo que es hTeductible tanto a la imi-
mimesis en Aristóteles designa bien una 1·elac:ión de imita~ tación ptr.r l'e:instanciación como a la imitación-aproiencia.
ción, bien una relación de representación. En el primer caso, Pero si la ficción comporta mecanismos de l'epresantaci6n
la mimesis sería concebida como copia, mientl·as que como por :imitación, esto presupone a fortiorl que pertenece al
sinónimo ele la relación de representación seria definida, al campo más general de las l'epresentaciones: todas las ficcio-
contrario, como objeto semiótico Pl'Opio que no :remite a su nes, ya se trate de juegos ñccionales o de la ficción en el sen-
migan (el original imitado), es decir, hacia atrás, s:ino a sus tido canónico del térm:ino, son representaciones porque se
efectos (especialmente pragmáticos), es decir, hacia adelan.. trata de acontecimientos que se refieren a otros aconteci-
te. Que la noción de lllfmesis -no sólo en Aristóteles, sino mientos que denotan, describen, muas·tran, etc. Antes de
en la mayoria de los autores- comporta tal dualidad me pa- concentrronos en la cuestión de la representación por hnita·
l'ece incontestable. En cambio, contrariamente a Jo que ción, conviene intentar circunscribir el campo más general
parecen pensar Dupont-Roc y Jean Lallot, las dos concep- de la representación como tal, del que la representación
ciones no son en absoluto incon1patibles, por la simple razón mimética no es más que una forma específica.
de que una rep1·esentaci6n puede operar por imitaciónl}l). El término ((representación» se utiliza para describir al
Conviene precisar que la;mestión. de la representación :por menos ·tres tipos de hechos. Primero designa la manera en
imitación no · atañe de manera específica a la ficción. que los seres humanos se relacionan con la realidad! conoM
Simplemente, cualquiera que se interese por la ficción no cemos la realidad a través de <<l'epresentac.iones mentales»
puede ignorarla, pues inte1'Viene en ella por un doble con· de ella, representaciones jnducidas p01• experiencias pe1·eep~
dueto; por una parte) ciertas :formas de ficeión -pm· ejem- tivas, paro también por la :interiorización «en masa» (u
plo, las que atañen a la clepiction- toman cuerpo en siste- <<holística», por emplear un térnrino técnico) de innumel·a-
mas simbólicos que explotan una relación de similitud bles sabaras sociales ya elaborados en forma de representa-
(directa o indirecta) entre el signo y lo que este representa; ciones s:imhólicas accesibles públicamente. Después, lo· utili-
por otra paYte, en la medida en que toda :ficción implica llll zamos para describir una relación entre dos entidades
dispositivo de fingimiento h1dico, comporta elementos de intl•runundanas de forma que, en contextos e.specíñcos, la
cc:mimesis ÍOl"mBl>~ (Glowinski) capaces de :inducir ]a postura p1'ime1·a reemplaza a la segunrla, sin que por ello su morlo de
representacional, la de la relación con el mundo con respec- existencia sea constitutivamente el de un signo. Esta es la
to al C\tal f1.1nciona como J1ngimiento ~. 6
forma en que el embajador representa a su país o en que el
Dado que existe un amplio consenso en considerar que la actor personiñca (ñcticiamente) a su :personaje. Podríamos
noción de «representación por i:mitaciólll> 1·esulta incon- ,emplear los térm:inos (<encarnación» o «personiñcaeión)> para
designar este tipo de relación, aungue las entirlade.s trata~
13
Riccaur (1988), al tiempo que pone el acento sob:re la «actMdad das como tales signos ad hoc no sean necesariamente seres
mimética en tanto que produce algo» {página 59), y por tanto sobre la vivos. Finalmente, el tél'Inino se utiliza pro·a definir los
rep:resentadón, también st:l tletiene en la relación que una a la mimesis medios de representación accesibles públicamente, inventa-
con lo que imita (lo que él llama «m:!meais 1»), Por desgl•acia, 1m decisión
da contar como cantidad despreciable la distinción entl'e los diversos dos por el hombre en cuanto que medios de l'epresentación.
modos miméticos (narrativo ve:rsus dramático) le imp:lde fol'mula:r cual· Así, decimos que una imagen representa un objeto, o que
q\t1er definición rigm•osa de la «mfmasis l». una proposi.ción t•epresenta un estado de hecho. Estamos
~· Sobre este último punto, ver el capitulo m, páginn 136 y siguientes. aquí en el terreno de los verdaderos «dispositivos semióti-
8q
cos»: en primer lugar. la lengua, pero tambjén los múltiples de deriva inseparables del almacenamiento de información
conj1.1ntos de convenroones gráficas elaborados para la t'epre- en la memoria humana individual. Ahora bien, la estabili-
sentación visual figurativa. La frontera-entre el segundo y el dad de las huellas memorizadas es una de las condiciones
tercer tipo de hechos es sin duda permeable. De todas for· para que el efecto acumulativo de las experiencja.s ·vividas
mas, la única -ñ.·ontoo·a que mpÓrla es la· que ex.i.ste enb·e la pm· la humanidad a lo largo de los tiempos pueda clesple·
representación mental y la I'ep:t•esentnción simbólica en el ga1·se :plenamente. Si bien e.ste efecto es pa:rticulal'mente
sentido amplio del término> es deci:r, el conjunto de los evidente en el tel'l'eno de los conocimientos abstl•actos, no es
memos de l'B:Pl'esantaeión accesibles y compartidos pública- menos importante en otros terrenos, ya se trate de :institu-
mente élesru'l'ollados pro• el hambre. Sea como sea, más allá ciones socinlas65 o de práeticas a:rtJsticas. La as:imllación de
de sus diferencias, los tres (o dos) tipos de hechos comparten los soportes semióticos no volátiles po:r casi todas las com1.1·
una misma :función: set1•ata de entidades «intencionaleS», es nidadas htunnnas existentes en nuestros dias explica el
decir, que no valen por sí mismas, sino que c~se remiten» a desarrollo exponencial del mtt:ndo cultural -il'l'eductible a
otl•a cosa. Antes de abro•da:r la cuestión espee:ffica de la la vez al mundo físico y al de la representación mental :indi-
rept·esentación por hn:ltación, conviene aclarar la noción vidual-, que es uno de los rasgos más caraeterlsticos de
general de clisposi·tivo representacional, de la que aquella no este fin de :milenio.
es más que una forma específica. Ya sean sus soportes volátiles o no, la existencia de «bie-
Shnpliñcnndo mucho, podemos decir que, desde el punto nes simbólicos» (adaptando el titulo de un libro de Vincent
de vista de la evolución humana, los dispositivos represen~ Descombes)611 es una de las características que distinguen
iaeionales tienen dos funciones esenciales. En primer luga:r, más claramente a la humanidad de las ot:ras fo:rmas de vida
permiten a los humanos comunicar los contenidos (y las que existen e.n m1estro planeta. Aunque muchas especies
modalidades) de sus representaciones mentales y, por ese animales tienen capacidades representaclonales, sólo la
conducto, actum· unos sob1·e otros. Los dispositivos repre· humanidad ha producido de manera·conseeuente67 (casi fre~
santnclonnles son también incluctore.s de representaciones nética) dispositivos ~epl'esentacionales encarnados pública-
mentales) pues la transmisión de un mensaje sólo tiene éxito
en la. medida en que indu99· en el1·eceptor una representa~ ae Pt'U'a tln análisis de los efectos de la invencl6n da la escritul'a sob:ra
ción mental> que es equivalente a la que el emis01· ha codifi· el desa'rrollo de lns estruct11ras estatales centralizadas, ver Goody (1S88).
¡¡¡¡ Descombes (1995). No com]lm'to su tesis segdn la cual el esp;írltu debs
eado en su mensaje. A esto se añade 1ma segunda función
:igual de importante; desde la invención de los sopo1·tes ser sittmtlo "fuera» y no udentl'O», es decir, en los :inta:r.cmnbios entre las
pel'.Sonas y no en un :flujo intemo do representaciones. En mi opinión, la
materiales de almacenamiento no volátiles (grn:.fismos, es- oposición entre mentnlismo y uso p1íhlico de los signos es un falso il:ilema:
crltma)1 los .seres humanos tienen la posibilidad de almace- Si la especie humana no tuviese In capacidad mental de elaborm', alnlaee-
nar las elaboraciones mentales con .independencia de las na:r y reactivar representaciones, no habría podido deaa:trollar signos
memorias biológicas individuales. El desal'l'ollo de soportes públicos; par otro lado, si los hombres no ht1biaran clesarrollado sistemas
representacionales no volátiles ha desempeñado un papel de signos pt\blicos, no sólo serlnn incapaces de comtmiea:r sus l'&presenta·
central en la aceleración de la evolución c1.1ltm·al de la espe· clones mentales, sino incluso de enrlquecerlas de unn generación a otra y,
po1' tanto, de hacer de ellas una herramienta evolutiYa espec:iñea.
cie humana~ no pOl"que la no-volatilidad ele las elaboraroones fll D:igo «da manera consecuente» porque en muchas eS}lecies existen
simbólicas fuese la condición de posibilidad (la cultura exis~ códigos semióticos :ñjados gené't:ieamente (bnste penslll' en la danza tle las
. te desde que existen soportes de representación públicost abajas). Por otra parle, como saben todos los poseedores de animales
cualquiera que sea su estatus, ya. sean volátiles o no)~ .sino dlllllésticos, los individuos da ciertas eS}lecias son perfectamente ea}lnces de
porque permite neutralizar (en gt•an medida) los fenómenos inVentar SefuUes elementales ad hoc para comunicarse COn lDS hlllnnoos.

S(;
mente. La relación entre este «·tercer mundo» y las repre- en vez de concebir la representación mental como un hecho
sentaciones mentales es doble. Por un lado, depende :radi- psíquico y los dispositivos l'epresentacionales inventados
calmente de ellas, pues los hechos cu.ltu:rales sólo existen por los seres humanos como hechos simbólicos, reducimos la
como exterlo1izaciones ele representaciones mentales y sólo noción de representación como tal a la rep1~esentaclón en el
actúan si son interpretados por seres huma:nos88• Pero po1· sentido lógico del término, es decir, que medimos todas.nues-
otra parte, es un mductor de representaciones cuyo p~ena tras l'epresentaciones en función del ideal ve:riñcacionista y,
cial es infinitamente superior al de cualquier conjtmto indi- por tanto, en función de un uso muy específico de las facul·
vidual de rep:resentaciones mentales e, incluso, a la suma de tades repJ·esentacionalesw, Esta doble reducción a.'!plica.sin
las representaciones mentales de todos los imliv:itluos que duda por qué la cuestión del valor ref'e1•encia1 -o más bien
viven en ·un momento dado. Por tanto, aunque desde un de la ausencia de tal valor- constituye en general el núcleo
punto de vista causal la existencia misma del mtmdo cultu- de las discusiones filosóficas dedicadas a la ficción, ya se
ral dependa de la representación mental, evoluciona sagón aborde en el marco de una teoría vm·ifuncional clásica o en
una dinámica propia que da :facto circunscribe en gran parte el de la lógica moda100• De la cuestión de las relaciones ent1•e
las l'epresentaciones mentales que un inilividuo dado ficción y verdad referencial no me ocuparé hasta el próximo
puede alimentar en un momento dado y en una sociedad eap:ítulo, pero, como toda teoría de la referencia y, más
dada. Para decirlo de otra forma: si la génesis de la cultu- ampliamente, toda teoría ele la verdad presupone explícita o
ra y su existencia dependen radicalmente del hecho de que implicitamente una concepción de la :t'epresentación7 es
los seres humanos posean la capacidad neuro16gica de indispensable que explique brevemente la perspectiva desde
desan·ollar representaciones mentales, su evolución ha ad- la que abordaré el asunto.
quirido una dinámica ampliame-nte autotélica, en el senti· Para decirlo simplemente, ni la redueción de las modali~
do de c1ue loa seres humanos la ·tratan como un campo que dades de la l'e:presentación a la distinción entra representa-
merece ser desarrollado por si mismo. Esto vale tamb:ién ciones verdaderas y representaciones :falsas, ni la reducci6n
para las ficciones canónicas, que son uno de los dispositi.. de la cuestión de la verdad a la de la verdaclt•efe:tencial me
vos esenciales de ese mundo cultural. En efecto si las artes parecen legítimas. Desde luego, es innegable que la :repre-
miméticas .son realidades emergentes en relaclón con los sentación mental y la representación simbólica .son «estruc-
turas semánticas~> en el sentido lógico de esta expresión, es
.
dispositivos miméticos q1.1a estamos estudiando po:r ahora,
es p:remsamen-te porque se desarrollan segtm la doble diná- decir, que siempt•e «Be rel'i.eren a algo». Pero esto no signiñ-
mica -dependencia y autotelismo-- propia de lo.s hechos
culturales. ruJ Esto no as una eritica del ideal ve:r.i:ficacionistn. La cuestión de saber
· Una de las dificultades que plantea la noción de <l]'epre- cuáles .son las funcionalidacles mt.tltiples de la :represan:tación no se con·
sentación» -especialmente en el campo de la ficción- radi- funda con la de las exigencias legitimas que tlebe ru:epta:r toda :represen·
ca en el hecho de que, espontáneamente, tendemos a pensar tación que se pretenda descriptiva o anallticn -como es el caso del pre-
sente trabajo-.
en ella en términos de verdad y :falsedad, y a reducir asta 110
En efecto, la legitimación da los mundos ficcionnles pol' la teoria :de
última cuestión al problema del valor l'ef.erencial. En suma, los mundos posibles, es decil•, por la lógica modal, apunta también a «sal-
vru·» la ficción clesde el punto de v:ista de la deñnición lógica de la repre-
!la Segt1n la pe:r.spectiva naturaJistn que adopto, ni que decir tiene qua
sentación. Ahora bjen, PaveJ (1988) ha demostrado qua los mundos ñccio-
las representaciones mentales en .s:f mismus son una propiedad biológica nales son irreductibles a los mundos posibles da 1a lógica modal, tle fo1•ma
e~tre otrns de la especie humana. La cultma no ae op~Y.ne a lo naturaleza, que esta t1ltimn no poclrin gfll'nn'Mzar la operru:ión de saJvamento que se
moo qua es también tm producto éle la evolución biológica. espen1 da ella. Ver también página 191.

88
ca que la cuestión de su ve1·dad o su falsedad constituya el · adquisición da información por medio del canal lingüístico
eje de su funcionanriento. En efecto, la relación de cambio es es un p1•oceso :radicalmente d:ilerente del de la recogida de
imnanente a la naturaleza misma de la representación (ya info:r.mnaión realizada di:rectamente por la vía pm•ceptiva.
sea men·tal o simbólica), con independencia ele la cuestión de Sin embargo, hay razones para admit:il' que la dif'e1·encia ha
saber si al objeto al que se :refiere por el simple hecho de se:r sido ampliamente sobrestimada y que en :realidad nuestl·a
una l'epresentación le conesponde efectivamente un objeto costumbre de conñm· de forma aCl'itica en lo que nos cuen-
trascendente en tal o cual universo de :referencia. Dicho de tan se parece de mantn•a sop1•endente a nuestl•a fo1'!Da de
otra forma, antes incluso de que la cuestión de la ve:rdad y, confiar de forma acrltica en lo que vemos. Existen, por ejem-
a fo:rtlo1i, la de la verdad referencial en el sentido lógico del plo, pruebas experimentales que denmes:t:ran que lo que nos
tél'mino, entren en juego, la·represen·taclón ha definido preM cuentan es directamente t:l'aduciclo en creencias> a menos
viamente el ob.jeto (al que se l'eñere) como objeto represen~ que emprendamos un trab~o cognitivo para impedir ese
tado. Esta estru.etura es común a todas las representaciones, paso -es tlecil·, que ocurra igual que con lo que pen;:ibimos
cualesqme1·a qua sean sus condiciones de satür!acclón. a travé.s de otros canales-»m, Me parece que ese paralelis-
Esto explica por qué no me parece eo:rr~eta la idea que mo puede explicarse por dos :razones. Por una parte, nues-
distingue entre una modalidad de representación es:pecffica· tl·as experiencias perceptivas y nuestro acceso lingüístico al
mente ñecional y una modalidad factual. No.existe más que mundo no fo:rman islotes separados, sino que, por el contra·
una sola modalidad :representacional, porque la capacidad rio, están totalmente interconectados. La segtmda razón,
rsp.resentaeional ha sido elaborada por la selección natmal más gene:rnl, obedece al hecho de que toda representación
como inteYmecliarla entre nuest1•o sistema nervioso central, conlleva un contenido :representaclonal, ya se trate de las
poo• 1.m lado, y el medio exteiio:r y nuestros propios estados representaciones inducidas po1' percepciones o por enuncia-
internos, po.r otro. Por otl·a parte, existen numerosos indicios dos, o hasta ele las representaciones endógenas surgidas de
que dan fe de esa unidad de funcionamiento del mecanismo nuestra «imaginación». La dificultad no es hacernos c:reer
rep.resentacional. Así, desde el ptmto de 'Vista psicológico no que nuestras representaciones ·tienen objetos «realeS» que se
existe diferencia alguna entl'e las operaciones representa.. corresponden con ellas, sino al contrario impedirnos dar eré-·
cionales inducidas por la lectm·a de un relato histórico y las dito espontáneamente· a todo lo que vemos, oímos o imagi-
inducidas por la lectura de un relato :ficcionru. En el capítu· namos. Y ahi están los sueños para demostrar que esto vale
lo siguiente veremos que esto no significa que no haya di:Je- tanto para las imaginaciones como para las pe:rcepciones: si
rencias entre las dos experiencias, sino que esas diferencias los vivimos como si fueran reales cuando se trata de :puras
no se sitúan en el nivel del estatua de las representaciones ficciones urdidas de mane1•a endógena (incluso si, como
ind~1cidas. Por otra parte, las invéstigaciones de psicología todas ·las ficciones, reutilizan matel'iales ·repre.sentaclonales
cognitiva han demostrado que existe tm paralelismo inquie- <ll'eferenclaleSJ> ), se debe simplemente al hecho de que, :por
tante entre la actitud q11e adoptamos ante las percepciones razones relacionadas con el estado del suefio, el conjunto de
y la que adoptamos ante los enunciados que nos son dhigi· mecanismos de control que dmante la vigilia nos permite
dos. Nuest:ta actitud general ante nues·tras percepciones es distinguir entre las representaciones exógenas y las :repre-
la de la creencia ingenua, lo cual es perfectamente normal sentaciones endógenas está neutJ•alizado. Ciertos filósofos
en la medida ·en que en la mayo:rfa ele las condiciones esa
confianza perceptiva ingenua es'tá justi:ficada. Ahora bien~ 11
Millikan (1f>98), página 84. En la h:ihliograña de 811 artíeulo, el lec·
Ruth Millikan se:f1ala que lo mismo pasa con lo que apren- tOl' encontrará las ·.referenC"lns a los experimentos cuyo resultado globnl
damos a través de la palabra: «Se supone en general que la resume la autora.
l
insisten en las diñcultades de esta creencia espontánea en ·indudable-mente cognitivo de un dispositivo narrativo, en el
la adecuaei6n o la veracidad de nuestras l'&presentaciones. eualla cuestión de la ve1•dad re:fe:l'encial ni se plantea, pues
Esas dificultades existen, :po1• supuesto, pel'o si tuviésemos el relato no tiene más función que ejemplificar la regla gene-
que somete1• a 1.ma critica rigurosa el co~unto de creencias ral a través de una especie de «experiencia de pensamiento»
que hemos adquirido (y seguimos adquiriendo) a través de (nan·ativo).
(•lo que hemos visto)>, o incluso a ,través de «lo que hemos oido Conviene examimu• el pl'Dblema más particulru.• de la l'e-
decll'i> y «lo que hemos leidO», tenéhiamos que abandona1· in· pl'esantaci6n po1' imitación a la Juz de este bosqn~o algo
nume1•nbles creencias que nos son indispensables para guiar apresurado de la cuestión gene:ral de la l'eprese:ntaclón. En-
los comportamientos cotidianos más necesarios para nuestl·a tre los medios :representacionales desarrollados por los seres
supervivencia (biológica y social). humanoa, existen algunos que descansan · en t•elac:ione.s
Se impone una última precisión: no hay que confuncli.r el miméticas, porque funcionan explotando relaciones ele simi-
hecho de q11e toda representación posea condiciones de satis- litud entre el signo y lo que este representa. Algunas :fonnas
facción con la tesis según la cual toda :repl'esentación puede de la encarnación pertenecen al ámbito de esta representa-
ser juzgada en términos da vm:dad y falsedad. La ve1•dad es ción por imitación. Es el caso del trab~o del actor, por tl)em-
una condición es:peci:fica ql.Ul queda satisfecha cuando la plo; que :imita a aquel al que por otra parte representa
l'epresentación se cccoo'l'esponde» con las cosas, es decir, (incluso si aquel al qu.e :imita no tiene más que una existen-:
cuando estas son como la rep:1·esentación (•dice» o «muestra» cia ñccional). En cambio, no es el caso del embajador, que
que son. Pero esta condición sólo es pe11ii.nente en las repre· encarna el país que representa sin que esa función de repre-
sentaciones con una función descriptiva. Abora bien, nues· sentación implique la meno1· 1·elación mimática. .
tras representaciones cumplen otras funciones que poseen Contrariamente a una creencia tenaz, la idea da que puea
todas ·sus condiciones de satisfacción propias~ i1>.reductibles a dan existir dispositivos s.imbólicos que funcionen a través de
la cuestión de la verdad y la falsedad. Am, las representa~ relaciones de sin:rllitud y, por tanto, como representaciones
clones que expresan estados volitivos no tienen como fun~ pm· imitación, no plantea ningún p:roblema en pa:rtieula:r. En
ción adecuarse al mundo; en su caso se b•ata, al contrario, de afecto, ya que somos capaces de reconocer sin:rllitudes entre
adaptar el mundo a la rep1·esentaclón. Por otra pa:rte, a objetos del mundo, no veo por qué seriamos incapaces de
menudo la I'elación descriptiva está incrustada en otl•as fun. fabricar entidades :parecidas a ot1·as entidades y de servir-
clones, es decb·, que el éxito de la descripción no debe medir· nos de las primeras :para transmitir información sobre lns
se en relación con su adecuación al mundo, sino únicamente segundas, de tal :forma que la :información transmitida se
en relación con su capacidad tle inducir tma creencia cuya incruste en la relación de semejanza, es decir, que el signo
fuerza da convicción es capaz de trans:nútirsa a la twgumen- nos informe sobre la cosa a la que l'emiie gracias a la 1·ela-
taclón a la que sirve. La incruatac:ión funcional más estu- ción de semejanza que lo une a ella69 • Dicho de ob'fl :fo:rma,
diada es la que dota a la rep1·esentación descriptiva de una pm·a explotar de manera eficaz los signos mi..métieos, la
función persuasiva (es el objeto de estudio de la retórica). humanidad no tiene necesidad de 1ma capacidad especial
Pero hay otras incrustaciones f\mcionales igual de impor· sobreañadida a la aptitud general que le permite reconocer
tantea, co:rno la incrustación modelizante. Podemos encon· similitudes entre obje·tos. La mnca diferencia que .separa la
tra:l'la, pm· ejemplo, en las fábulas: la función ele las narra~
clones etiológicas en 1·elación con la Yegla general que ellas i1:! ATthm· Danto (1989, páginas 130Ml35) e.a uno de los pocos ñlósofos
mismas <(fundan» es la de 1ma modelización que concretiza actnale.s qua defi&ndan In pel'tineneia de la l'alaeión de seml;1innzn. Ver sin
la regla. Tenemos aquí el ejemplo de 1m funcionan:riento embm·go también C~mie {1995, páginas 79·112).

92 93
simple it1entlñcaci6n de una similitud entr~ ?bjetos.d~ m~· repre.sentado. Una represen·tación :ügm·ativn en dos dimen-
do del reconocimiento de una representamon por imitac16n siones o tma fotogra:ffa no se asemejan directamente a los
reside en el hecho de que en el segundo caso debemos irrter- ob,jetos que t'epl'esentan, s:ino a las modalidades de ~~ ptn··
Pl'etar la :relación de similitud factual como el veh:ículo de capción visual a través de las que tenemos un acceso duecto
una relación de representación entre la -entidad mimética Y a los objetos en cuestión. La convicción de que (cla represen·
el objeto imitad~. Faro esta condi~ón es válida :!?ara todos tación icónica imita a la realidad» -convicción que sirve de
los tipos de signos, puesto que un s1gno sólo funmona como contrapun-to fácil n las posiciones convencio:nalistas- pre·
tal si es reconocido como signo. supone una identiñcación entre el objeto ptn•cibido y el obje-
La idea según la m1al la representación por :imitación to .sin más. Esta identificación, la del <<realismo robustO», es
plantemia un problema particular se explica, me ~~·ece; por falsa si la tomamos al pie de la leti·a o· si adoptamos ·un
el .hecho de que, cuando hablamos de representaroon m;mé~ punto de vista epistemológico rlg01'.ista. En cambio, es per-
·tica, a menudo pensamos que la analogía debe opm·a:r drrec· fectamente legJt:ima desde el pu:nto de vlsta de .su valOT
tamente entl:e el representante y el representadoa4• Desde predictivo y pragmático. En efecto, ~stá adaptada al «nicho
luego, hay casos en los que es así. Por ej~mplo, ~a encarna- cognitivo» particular de la h11manidad; salvo excepciones,
ción ac..>tancial se basa en un lazo de semeJa:p.za directa entre tratar las imágenes analógicas como si imitasen a la realidad
la repl'e.sentación (el trabajo del actor) y lo ~ue es rep1•es~·
tado (por ejemplo, Hamlet matando a Poloruo). Esto no ~ug· produce resultados cognitivos cm'l'eetos65• De todas ma:nel'aB,
nifica que en situaciones de ese tipo la relación de semejan· ya sea legítima o no, tal identificación es un elemento cons·
za en sí misma sea ya 1.ma l'elación de representación. Para titutivo de nuestra relación con la l'ealidacl. Siendo asi,
que se transforme en relación de representación, debe exis- podemos considerru.· que la idea según la cual ha1xrla una
tir una estipulación social que la dote de esa ftmción. El t:l'a· semejanza db.·ecta entre la representación (gráfica o foto-
bajo del actór no representa la acción ~e H~Er~ J!Orque se gráfica) y el objeto representado, aunque técnicamente inco-
asemeja a tal acción. En efecto, la relamón de smúlitud no es n·ecta, no es, después de todo, más que un at~o inocente,
la causa de la relación representacional sino su medio) su jushlñcado porque) desde el punto de vista de las xestrlccio-
instrumento. Pero hay ot:t·o punto mucho más importante. 65
En el ter:reno donde la cuestión de la semejanza y la analo- En Jo que conciel'.ne al problema dal «condicionamientO» de nuest.roa
órganos sensoriales por las limitaciones acológ:lcLI& que ejercieron su p~e-­
. g!a se discute más acaloradamente, a saber, el de Jos signos sión sobre la hominbación, y por tanto a la enesti6n de la especificidad
visuales, la relación de semejanza pertinente ·pai'a la repre- biológica de nuestro «nicho cognitivo», ver por ejemplo Oese:r (1987), pági-
sentación po1· imi·tación no es una 1·elación directa entre el nas 151-63. Seglill Vollmer (1983, :página 47), ese cru·ácter funcional de la
signo y lo que este representa. Esa relación enlaza el signo percapcíón en 1·elación con nuestro nicho ecológico particular es responsa·
con las modalidades perceptivas de conocimiento de lo ble de stl inndecunción, yn que los objetos de investigación pe1•taneeen a
dimensiones de lo real situadas fum·a del •mesocosmo» (es decir, ele un
unive1·so de-linido especiahnente por magnitudes objetales cercanas a las
M Goodma:n (1990), página 40, señala muy perlinantemante qua la de nuestro propio orgmrlsmo, por dimensiones es:pnclales adaptadas a
semejanza no :pod:da ser una condición suficiente de l.n representación. nuest.ra velocidad de desplazamiento, etc.) para el que nuestro aparato
Pero va aún más lejos: reChazando la idea de tma l'epresentaeión por cognitivo fué seleccionndo por la evolución biológica de nuestra especie.
semejanza, excluye da hecho la similitud de la 1·elaci6n rep:resentacional De ahí nt1estras dificultades para <<representarnos», pro· ejemplo, la
y no ve en ella más qtle un e:rite-t>iP (falaz) de :lldelidad o de c.o:r.raeclón. estructura. atómica de la matarla, los objetos mam·ocó.smicos estudiados
~~ Para una argumentación equ.ilib:rndn de la pertinencia tle la noción
pro· la astrono:m:Ia, las escalas tle tempo1·alidad de la co.smologja cientffi·
de analogía en el teneno de las Tepresentaeionas vismlles, VI?Jr Ballour ca, por no habla.l' clcl es:paeio-tiampo de E:instem o de la l'elación de :lnde-
(1999), páginas 10.18. te:r.minación ent.re cm·:púsculos elementales.

9t.J 95
nes naturales en el marco de las cuales la humanidad ha tres bandas: la rep1·eaentación simbólica, el objeto visto67 y la
evolucionado, ha qtteda.do demost:l'ado que, en circunstan- conciencia humana que -sacando pmtido tle sus capacida-
cias no1'males, el objeto percibido y el o}úeto sin más pueden des de c1iscrim:inac:i6:n de las similitudes- puede medh· la
identificarse. semejanza entre el objeto visto y el objeto descrito o f'otogra~
La cues·tión de la similitud entre representación gráfica y fiado, pues la pintura o la fotografía son, a su vez7 objetos de
percepción vis·ual también debe se1· distinguida de la tesis visi6:n68• Aquí no hay necesidad alguna de üna «super-
(que se remonta a Aristóteles) ele que la percepción de un conciencia» o de un <•ojo divin·O» con un acceso absoluto a lo
objeto se asmneja al objeto percibido y. más generalmente, real que le per:n:rit:iese escapar, así, de la aspectualidad
· según la cual nttestras ideas representan los objetos exte- intrhlseca de la representación (humana)69 • Por otra parte,
I'.iores por una relación de semejanza o de isomo1•fismo entre no hay que olvidm· que nuestra competencia en el terreno de
ambos. Admitir la existencia de sistemas simbólicos basados la :inte:rp:retación de las relaciones de similitud por proyec-
en una relación ele simllitud no implica que debamos de.· ción visual no data de la invención de los primeros disposi-
fende:x• una teoría mimética del conocimiento o de la percep- tivos re:presentacionales, sino que, en forma de sombras y
ción. De hecho, me parece qtte ave1iguar si la percepción reflejos, la na:turaleza ha confrontado siemp1•e a la humani-
visual se as~meja al objeto percibido simplemente carece de dad con tales dispositivos. Y sabemos hasta qué punto esas
sentido. Podemos decir que, para construir un modelo cohe- imágenes natu1·ales han fascinado a los seres humanos,
rente de lo real, la percepción visual (del mismo modo que Pl'ecisamente a cEmsa de su pode1• ·mimético: Narciso se
la percepción auditiva) se beneficia de nuestra capacidad ahoga al querer abrazar su ref1~o, Li Po sufre lami.smasuer·
para reconocer simiHtudes entre o'Qjetos; en cambio, la idea te al querer a·trapar con sus:manos el reflejo de la luna en el
de que existe una relación de similitud entre la visión y el agua del lago. Es posible que sirvieran de modelo cognitivo a
objeto visto es, hablando con propiedad, ininteligible, pues· los seres humanos cuando se trataba de imaginar y crear los
to que presupone la existencia de 1ma. terce1·a :instancia que primeros dispositivos artefa.ctuales de representación
visual, pues compartían su característica esencial, a saber, el
estaría en condiciones de com:pantr el objet9 <•en sil> y la isomorfismo inilirecto entre representación y objeto repreft
visión del objeto66• Es igual de impm•tante distinguir esta
tesis del pl'Oblema del isomorfismo de una representación sentado.
A menudo se objeta a la idea de representacian por imi·
simbólica -por ejemplo, una proyección (foto)g:ráfica bidi- tación que es imposible deHmitar el campo de las :restriccio-
mensional de 1.m objeto- con la percepción de ese :rriismo nes de isomorfismo pertinentes pa:ra distinguida ue otros
objeto. Cuando no.s planteamos la cuestión dé la similitud en
el ámbito da la l'elación entre una representación simbólica ll7 De becho, en la mayoría de situaciones se trata más exll.ctanumte
de un objeto del mundo y una modalidad perceptiva de ese de una huella mnemónica en C01'l'a1ació:n con actos de visión del objeto,
mismo objeto, nos encontramos en efecto en una situación a o del tipo de objeto, en cuestión.
Rfl De hecho, esta situación no· es más que un caso pm'ticulm· del

«isomorfismo de seguntlo gradO>•, que, según Edehmm, define la relación


S<~ Esto no illgni.flca Ql.ls la cuestión de saber si nnestm visión de un entre l'ep:resentación y objeto :representado. la teoría mimética del cono-
objeto es correcta o ·fiel ea:razca tle sentido, pues pnra responder a asa cimiento propuesta po1• Ariatótelas y que aún encontramos en el
cuestión podemos refmir:noa a otrns actos visuales, a otras modalidades Wittgenstein del Tractatus se apoya en cambio en la itlea de un <dsmno:r-
pexceptuales, o incluso a otras hm-ramientas da cnnocimlen'to (incluidos fis.mo de primer grado» (ver a este propósito la nota 82 del p1•esente cap!·
los instrumentos artificiales). Lo que no tiene senticlo es p:regu:ntnrse si el tulo).
modo de conocimiento visual camo tal se asemeja al objeto que permite 09 Para una discusión del cnrác'ter inb•ínsecamente aspeetual ele la

ver. representación, ver Searle (1995), página 216 y siguientes.

97
tipos de representación70 • Hay que señalar prime1·o q1.1a en automática. Y en la medida en que todo mecanismo de iden~
toda su generaJidad al p1·oblema de las restricciones de ti:ficaci6n perceptiva descansa sobre un mecanismo de reco-
isomorfismo no es específico de la representación po.r :imita· nocimiento de la.s similitudes. ]o que es válido para el pri·
ción, sino que hace referencia a la relación de similitud como mero lo es a fortiori para este último. Por lo tanto. es :inútil
tal. También se plantea, por ejemplo, en el te1':teno de la.s cla~ qt1e1·er buscar criterios (epistemológicos) de similitud, pues
siñcaciones pe1·ceptivas o, incluso, en el de la identificación los criterios sólo tienen sentido en relación con los procesos
de mu\ OC1.ll'l'ancia a otn1, de un mismo objeto, de una misma penetl·ables cognitivamente. Las ve1·daderas cuestiones pel'·
pel'Sona, etc., pe1·o también en el del reconoeimiento de 1m tinentes son saber cómo se desarrollaron los mecanismos de
m:ismo tipo a través de ejemplares múltiples, una aptitud reconocimiento por similitud, en qué condiciones empíricas
que necesitamos para poder identificar, po1· ejemplo, los se activaron y cómo funcionan. Y esas cuestiones atañen a la
fonemas de una lengua11 • Por otra parte, se plantea exacta~ biolog.ía evolutiva, la neu.ropsicolog:ía y la psicología, más
mente de la misma manera en todos esos terrenos, por la que a la lógica o la ñlosoña.
simple :razón de que el mecanismo cognitivo es siempre el Aún quedan dos puntos que merecen nuestra atención. El
mismo. Aho1•a bien, los trabajos de.sar:rollado.s en el tm·.reno primero es que si las l'epl'esEmtaciones po1· imitación fun-
de la percepción, y especialmente de la categorización per- c:ion~z: gracias a capacidades que, al menos en pa:rte, son
ceptiva, tienden a cle~ostrar que los mecanismos de identi~ cogrut1vamente no penetrables {las del reconocimiento de
ñcación perceptiva (de un mi.smo objeto de una oClll'l'encia a s:imilitllcles perceptivas), cabe espe:ra1· que su adquisición
otra, o de tm mismo tipo a través de ocurrencias múltiples) ontogenética (en el marco de la mad1.u·aci6n del individuo) se
son endógenos y «no penet.mbles cognitivamente»72 , es decir, apoye en procesos de aprendiz2\)e dife:rentes de los que son
que son constitutivos de la percepción y operan de manera necesarios para la adquisición de otras competencias simbó-
licas. Aho1·a bien, la adq1.úsición, pm• ejemplo, de la capaci~
dad de identificar col'l'ectamente oijeto.s J'epresentados g:rá~
1() Asi, Nelson Goodman señala: «La teol'ia de la rep.t•esentación·copia
fica, fotográfica o f.ílmicamente, es en efecto una simple
queda candennda poo· S\l incapaeitlncl para .especiñcm• lo que es suseepti· extensión de las capacidades de reconocimiento visual y no
ble de ser copiado», (Goodman, 1990, página 37.) Goochrum emplea argu-
mentos del m.lsmo tipo para re:futro·la idea (defendida especialmente por requiere ningún ap1·endizaje especifico {un niño de un año
Gombtich y Gibson) según la 1mallas limi~c:ionea de la perspectiva pie· ya no t:iene p1•oblema alguno para identificar correctamente
tórica y las de la visión humi.Ulll serían isomorfas (Ibídem, páginas 39·46). representaciones gráficas o fotográficas). El segundo punto
Sus c:ríticns, además de no clistinguir claramente entre «isomorfismo de es la facilidad de genm•alización transcultm•al de lo.s dispo-
primer grado» e (cjsomo1·fiamo de segundo grado», presuponen que la con· sitivos de representación simbólica basados en la repl'esen-
cepc:ión ele la representación por imitación se apoya en la ic1ea de 1m tación por imitación. Desde el principio del siglo xx, los his-
isomo:rflsmo matemático, es deci:r, de una co:rrespomlencla plmto por
p1mto entre dos espacios Jn·oyectivos, y que excluye la existencia de esque-
toriadores del arte no han cesado de acumular .pruebas que
mas rep:resentacionales cultmalmente espeefñcos -algo que nunca ha demuestran que los esquemas de isomorfismo visual adop~
sostenido nadie-. tados por las diferentes tJ.·adiciones pictóricas no coinciden,

11
De hecho, el :funcionamiento da cualquier sjstama simbólico requia· y que las diferencias de una cultura a otra a veces son muy
re la intervención de nuestras capacidades de categm'izaci6n por simili· grandes. Sin embargo, cualqmeJ'a que sea nuesb·o t1·as'fondo
tud, por el simple hecho de que debemos sel' capaces de l'e:identiñca:r 11n. cultut•al, establecemos espontáneamente equivalencias
mi~mo mgno a través de múltiples ocm'l'enc:ias. De nada IDl'Ve entonces
agJtay el estaru.lru:te del convencionalismo semiótico con la espe1•nnza de
entre nuestros propios esquemas representac:ionales y los de
de¡;¡embarazm·se de la similitud y sus ptoblemas. otras culturas. Gracias a nuestras equivaJencias, aborda-
n Ver MilHkan {1998), para indicaciones Mbliográ:ñcas. mos, por ejemplo, una representación visual egipcia o china

99
de la misma manera que lo hacemos con una imagen gráfi- los de competencia miméticos no compol'tan ninguna elabo--
ca surgida de nuestra propia cultura, con ayuda de capaci- ración de .reglas abstraídas por inducción a partir de casos
dades de reconocimiento analógico adquiridas en el marco particulares, sino que pl'Oeeden por asimilación holistica de
de esta. Esto demuestra que los esquemas gráñcos, aunque ejemplificaciones l'emedadas en el nivel motor o imaginati-
diferentes de una cultura a otra, son no obstante compati- vo1'1. Finalmente, las competencias ru:lqu.ilidas miméticmnen-
bles tmos con otros. Todos obedecen a :restricciones núnimas te comportan subrutinas que, en algunos casos, no son pene-
comunes, que, sin duda, son impuestas po:r los limites de ·trablesw, en el sentido de que no pueden aro· separadas del
funcionamiento (en nuestra especie) de los mecanismos del mimema que las ejemplifica. Esto no significa qua lo.s proce-
reconocimiento po1· similitud, sos de ap:randizi\\Je por imitación sean procesos inconscientes
o que sean inducidos por estimulas subliminales: po1· el
contrario, requieren procesos atencionales muy complejos;
6. La mtmesis como medio de conocimiento simplemente, esos procesos no pueden ser explotado~ pol' acti·
El reconocimiento de la ftmción cognitiva de los v.rocesos vidades reJlexivas de abstracción de reglas o razonamientos.
miméticos ha encontrado {y a1m encuentra) múltiples resisw Por todos estos rasgos, las aptitudes y conocimientos ad-
tenclas. Estas se deben esencialmente al hecho de que más de quh'idos poo· inmersión mimética violan los miterlos epis-
dos :milerrlos de racionalismo :filosófico hru.1 tendido a restar temológicos establecidos por el racionalismo y, entonces, es
cualquier legitimidad a los procesos de aprendizaje :po:r imita- perfectamente cmnpl'ensible que este no les reconozca una
ción y par irunm·sión. Según esta visión racionalista, todos los verdadera dignidad cognitiva.
conocimientos humanos son alabol'ados a través de :procesos PeTo la realidad es testaruda y, si los análisis presentados
de aprendizaje individtlales que darían lugar a er:eenclas ñm- aql.Ú son correctos aunque sólo sea en líneas generales, una
dada.s, es decir, justiñcables por 1·azones que se pueden expli~ gi'an parte de los aprendizajes que 1·egulan nuestra l'elación
citar y enumerar. Esta idea tiene un co:rolarlo: toda m·eeneia con la realidad son efectivamente interiorlzados a través de
que seamos incapaces de funéla:r en :razones de ese tipo no la imitación de modelos eje:mpliñcantes y, por tanto, po:r
· puede ser un conocimiento, sino como mucho una opinión. inmersión, lo q"ln1 significa que no son adqu:hidos mediante
Ahora bien, el ap:rendizf:ije mimético posee ca.raeter:ísticas que una investigación iniüvidual fundada en un cálculo racional
van contl•a ese modelo racionalista. Los conocimientos adqui- (insightful planning1a). El aprendizaje mimético, lejos de ser
ridos :por mimemas son interiorlzado.s en bloque por inmer-
sión, al margen de todo control inmediato ejercido por el conw (
7~ Yfft Sha:oks (1994). pág:lnas 367·447, para un estmlio de los modos
texto ambiental o por la instancia de cálculo racional. Del ·de aprendizaje no mediatizados por :reglas.
mismo modo, estos conocimientos son empleados espontánea- 13 Ln expl'esión ea desaf01•tunad.n, ptm.s parece excluir loa pl'Ocesos prea·

mente -es decir, una vez más sin intervención de un cálculo tenclonales del too•reno cognitivo. Esto se:rfn ahsUl'do, pues, como prueba el
racional- cuando se presenta el contexto situacíonal pe:rt.i- memplo de la visión, es·tos trataro:.ientos constituyen de hechv ln primera
nente?:l, Este hecho fue puesto de manifiesto por Plat6n, etapa de todo proceso cognitivo. Paro, como se b·atn ele la expresjón tácni·
cuando reprochaba al actor Ion el no tener un conocimiento ca consagrada para designar loo hechos que me i:nteTesan aquí, prefun·o
consel'Varla. Baste con l'ScOl'dnr que 'no penetrable cognitivamante' signi~
racional de sus mimemas. Por otra prote, aunque los compor- flca aimplementa 'no accesible a un tratamiento cognjtivo descendente', es
tamientos que modelizan tengan una apariencia :reglada, los decir, que escapa a totla influencia de un estado cognitivo consciente.
procesos mentales que culminan en la eonstitución de moda- 14
Miller y Dolln:rd, obra citada., dan mmunerables E\"iamplos de tales
aprendizajes miméticos, que designan meclinnte la expresión «soeiallear-
'a Va:r Bandura (1977), página 12. ning» («apl'endizaje social»).

100
un fenómeno secundario o marginal, constituye uno de los ría ·de nuestros bagajes cogni'tivos nos son n•ans.mitidos po1·
cuatro 'tipos canónicos de aprendizaje, j't1nto a la transmi- herencia culnu·al directa, ilisponemos de bastante ·tiempo
sión cultu:ral de saberes explícitos, al aprendizaje individual libre para poder dediea.rnos a aprendizajes individuales muy
pór ensayo y errOl' y al cálculo racional. Y en el telTeno de los complejos, de lm·ga duración y sin bene:ñt1o inmediato üu:ti-
primeros aprancl:izajes del niño constituye, incluso, el tipo vidades científicasJ l'eflexión :filosófica, c1·eacl6n artística,
más extendido. Los estudios de psicología cognitiva han etc.). Richard Dawkins sostiene precisamente que la cultm·a
demostrado de manera coincidente que, en el niño, la mayo~ humana como tal puede comprenderse en lo esencial en tér·
ría de los aprendizajes fundamentales no son aprendizajes minos de l'eplieación diferencial de memas70 sometidos a las
individuales por ensayo y error (contJ·ro'iamente a lo que mismas restricciones que los genes (y especialmente a tm
pretende la pedagogía rousseauniana), ni aprendizajes proceso de selección natural), lo cual le lleva a ve:r en el
basados en elecciones racionales (contrariamente a lo que aprenclizaje por :imltación el principjo evol"1.1tivo por excelen·
. pretenda el racionalismo ñlosóñco), sino ap1•endizajes socia- cia de las culturas. Incluso si esta concepción está ftmdada
les por imitación. Los niños se .sumergen miméticamente en en una analogía demasiado simplista entre código genético
modelos ejampliñcantes; estos modelos, una vez asimilados y categorizaciones mentales y no tiene en cuenta la comple-
en forma de unidades de imitación, ele mimemas, pueden jidad de los hechos cultu:rales80, tiene el mérito nada desde-
se1• reactivados a placer ulterlormente'7• ParadQjicronente, ñable de recordar la posición central de los hechos miméti-
la parte del aprendizaje social es mucho más importante en cos en la consiJ•ttcción de la identidad cognitiva httmana. Me
el ser humano que en otros animales; desde el punto de v:U!tá guataria llamar la atención, más partiaulro'mente, sobre
cognitivo, el individualismo no se encuentra allí donde ten-. cuatro puntos que pueden mostrar la eñcacin de los ap:ren~
der:ímnos a localizarlo. Y es p1•ecisamente porque somos cog· dizajes por imitación al mismo' tiempo que su especificidad
:n:itivamente lllltcho menos individtuili.stas que los otros ani- il'l'eductible.
males {fevoluclonadoS>>t por lo qua {al menos hasta ahora) En primer lugar, hay qt1e :insistir en el p1·ofu:ndo vinculo
hemos conseguido una vent~a decisiva sobre la mayo1':ía de que existe entre la función cognitiva de la imitación y la
las especies ter:res·tres. El ap:rentlizaje social compoi-ta en modelizaeió~ mimé·tica. De hecho, la modelización mimética
efecto una ventE\)a selectiva enorme sobre el nprendizEUe e.s la etapa :centl'al de todo aprencliz~e por observación;
:indiviclual. Permite limitar la parte de la exploración me- todos los m:imema.S que pertenecen al ámbito de la imitación
diante ensayo y e1·tor, que es una modalidad de aprendizEUe jerárquica o estructural (en cuanto que opuesta a la imita-
pm·ticulro'lllente costosa (y :peligrósa); gracias al aprendiza- ción de supm~ñcle ele los eompo:rtrunientos) son adquiridos
je social, estamos en condiciones de beneficiarnos de los éxi- gracias a una actividad de modelización de los principios
tos (¡y sobre todo de los .enores!) de los congéneres que nos operativos de la actividad :imitada. Tomemos el ejemplo de
han precedido. Para decirlo de otra manera: de acuerdo con
,la transmisión explícita de saberes hecha posible :por la sjón mimética sobre la adquisición individual, ver el estudio ñmdrumntnl
Jinvenc:ión de los dispositivos simbólicos, el aprendizE\ie de Boyd y Rieherson (1985).
19
:social por imitación p~mnite hacer «her~dables» los rasgos Dawkins (1996), páginas 257~262. El tál'm:ino 'mama' es por supues·
to una contracción de 'mimemn'.
Hcomportronentales y otros) no susceptibles de ser transmi~ ro Sero·le (1997) señala que la noción de mimemn, al tTatn:r la evolución
.!tidos po1· la herencia gené·tica73• Sólo gracias a qua la mayo- de las Ideas del lpismo modo que la evolución de los genes, no tiene en
cuenta el hecho de que la explicación de la evolución de las ideas a través
71
Ver Bandu1•n (1968 y 1977). de los procesos de iJnjtación «reqn:iere todo el apm·ato de In can.scienc:m y
'1B Sobre las ventE\ias en términos de selección natm•al de la transmj. la intencionaliélad humana&• (página 105).

102 103
-

tm aprendiz .de al;fa.reJ•o chino o japonés qua se propone ligadas: el aprendiz :podrá reinstancia:rlo en lo real -l'eali"
aprender su arte inspirándose en la manera de proceder de zarlo- individualizándolo de manm·a difmencial según las
su maestro. Para esto, debe elaborar una rep1·esentación exigencias de tal o cual &'ituación concreta; y, por o·t:ra :parte,
mental de los gestos manuales pertinentes, es decil', que el podrá l'eactivm·lo de manera pmamente endógena para rea·
modelo de competencia que elabora debe ser homólogo del lizm· simulaciones mentales que, m.tando se vea confrontado
que guia la, mano del maestro. Pa:ra elaborar ese modelo a un :pl'Oblema técnico concreto, le permitirán escoger entre
men·tal (y por tanto virtual), no se apoyará en instrucciones varias actualizaciones posibles. Sólo gracias a que los mode-
explicitas (o reglas) pmporcionadas pm el maest:t•o (en los los miméticos poseen una organización jm·á1·quica que inclu-
artesanados artísticos de Extremo O:l'iente, en gmu~1·al, el ye una estructura secuencial, dife:rentes módulos de stlbl'l.1•
maestro se niega a dar instrucciones), sino que i:nicim•á un tinas ·actanc:ialea y esquemas de coordinación motriz que
proceso de inmersión mimética. Este proceso sin duda será pueden ser recomh:inados de diversas formas, son capaces de
doble. Por una pa:t·te, el aprendiz reproducirá reaJmente los generar reinstanciaciones variables según los contextos, así
gestos ele su maestl•o a :fin de as:i:milaT el p:rog:¡:·ama sen.so· como simulaciones mentales de·elecciones múltiples.
motriz que controla los movimientos de las manos y las Una segunda observac:ión impo1'tante ata:i.íe a la especifi-
dedos de su maestro. Hay que seíialar que lo que le se:rvil•á cidad de los procesos mentales en juego en la cognición mi~
de patrón para evaluar el éxito de esa aslmilación será, m~tica. Si lo.s mecanismos de adquisición y reactivación de
esenc:ial~ente, la semejanza entre el1>esultado de sus pro- los :mime:mas son rela:tivamente inaccesibles al control cons·
pias acciones y las 'de su maestro, pues no dispone de un cienta es porque, desde el punto de vista ele la evolución roo-
acceso re.fleJrivo al proceso de asimHación en si mismo, que lógica, pm·o también desde e'l de la ontogénesis, activan
es cognitivamente «SilenciosO». Por otl•a parte, completará la módulos de tratamiento cognitivo más ~~antiguos>' y «bási-
imitaci.ón-:re:i:nstanciación con imitaciones virhniles, es decir, cos)) que el cálm.ilo racional. Hay que añadir que, contraria·
con simulaciones :miméticas puramente mentales (imagina- mente a lo que sobreentiende la tesis platónica, la existencia
rá los gestos pe1•tinentes,los ejecutru·á en su imaginación). A de competencias complejas pero inaccesibles a 1ma tlescom-
:partir de los experimentos da.sart•ollaclos en los años sesen- posición ra~onada no está en absoluto limitada a los mime-
ta, y ampliamente confu·mados después, sabemos en efecto mas. Nuestra relación percep-tiva con el mundo (con las
qtle la simulación imaginativa es un operador cognitivo estructuraciones complejas que implica) es el escenm".io de
muy poderoso, especialnumte en el teneno de los aprendi- pl'Ocesos cogn:itivos ext:t·&madamente importa:rrtes y conti-
zk'\jes sensomotlices; asi, la repetición :imaginativa de un nuos; sin embargo, por lo general, se efectúa al margen de
g.esto es tan eficaz como su repetición l'eal para al pt·oce.sa todo cálculo racional. En efecto, contrariamente a lo que qui-
de aprendizaje de ese gesto. Concretamente, cuando pem- sim·a hacernos c:reer ]a «ilusión fenomenológica» esgrimida
mos a un grupo de sujetos que imaginen de manera repeti- por tantos filó.sofosa1, cuando pmcibimos el mundo no ne-
da que ejecutan el gesto que tienen que aprender, y a otl·o cesitamos inte1-pretal' nuestl·as sensaciones para abstraer
grupo que lo aprenda ejecutándolo 1•ealmente de mane1·a las ca11sas reales: vemos (u oímos) directamente los objetos
repetida, y comparamos sus resultados después de cierto que han causado las percepciones82• P01• otra parte, por esa
mímero de repeticiones, constatamos una shn:ilitud casi misma l'azón, si nos pidieran que justificásemos racional-
perfecta entre los progresos de los dos g.tupoa (comparados men-te nuestl·as certezas perceptivas más :fundamentales,
con un grupo testigo que no ha ejecutado ningún ejercicio,
ni :re~ ni mental). El modelo mimético asimilado p01· esas al PID'a una c:r:ítica tle la ilmtlón fencrmenológica, ve:r Place (1956).
dos vías cumplirá) en esencia, dos ñmciones íntimamente !l!l Ver página 96.

105
nos pond:rián en un comp1·o:nllso. Supongamos que ·usted «Es difícil imagina1· un proceso de trans:misión social en el
dice: <<Acabo de ve1· un corzo en el bosque», y que alguien que ellengu~e, los estilos de vida y las prácticas :institucio-
objeta: «¿Cómo sabe que lo que ha visto es un COl'ZO?» ¿Qué nales de una m.llttn•a sean inculpados a cada nuevo miembro
podría responder sino ((P(uque lo he visto»? Las estructura- por 1m refuerzo selectivo de comportmnientos forntito.s, sin
ciones visuales más ftmdamentales, como la traducción de la intervención de modelos que ejemplifiquen las estruetu:ras
<<imagen plana» constituida en la re·tina en forma da estí- culturales»87• Hay que añadir que .sólo las especies cuyos
mulo b-idimensional desplegado en proftmclidad, o los meen· ·individuos poseen :repertorios complejos de 1nte:tacción pue·
nismos compensadores que anulan los efectos de distancia o den bensficiar.se plenamente de las ventf\jas potenciales del
de iluminación, son incluso cogn:itivamente no penetrables83, aprend1zEde :mimético. Para ilust1·a:r las ventajas de este tipo
como demuestran a su mane1•a las ilusiones perceptivas: de aprendizaje~ M. V. FJinn y R. D. Alexande:r tomaron como
cuando somos víctimas de una ih1sión visual, el hecho de ejemplo la tJ·ansmisión de la competencia cinegé·tica en una
que sepamos (en el nivel consciente) que se trata de una ilu- sociedad de cazadores. Seg(m ellos, la mejor manera {en
sión no impide que esta siga activa, simplemente porque el té:rminos de economía de tiempo y eficacia) para que un
nivel de tratamiento cognitivo donde la interp1·etación erró- individuo ap1•enda a cazar bien no consiste en emprender
nea se ha efet'tuado es inaccesible a toda corrección conscien- un p1·oceso de ensayo y error individual, sino en imitar el
teM. Más tarde tendremos ocasión de ver que los mimemas comportamiento tlel cazador más eficaz del grupo89 , Estos
ficclonales también se benefician de este carácter cognUiva 8
autOTes añaden q11e la imitación tenderá a se:r global (u
mente no penet1•able de las características fundadoras de hollstica), pues el q11e imita no conoce pm· adelantado qué
nuestras representaciones para inducir la postura de inmer- comportamientos, entre los muchos del cazado:r imitado,
sión mimética que da origen al universo ñccional85 • están causalmente 1·elaclonados con sus éxitos. Por supues-
to, al hace1· esto, el ap1•endiz corre el 1'iesgo de imitm· tam-
Un te1•ce1' punto destacable del aprendizf\'ie por mimemas
reside en su carácter económico, un rasgo que comparte con
bién elementos qua, desde el punto de vista de la pura efi..
eacia cinegética, son l'l.lido informativo. Podría. suceder, po:r
el aprendizf\je por ttansmisión explícita (esencialmente ver·
ejemplo, que el cazado1• más hábil ttlViese la costumbre de
bal, pero también ic6nico) de saberes ya organizados. Este
prepararse pará la expedición entregándose a ciertos com-
rasgo permite, en un tiempo réc01·d, interior:izar y almace· portamientos <csuperstitúosos» puramente personales, sin re-
na:r eficazmente amplios repertorios cultm·ales. Por eso, una lación catlSal con la eficacia cinegética como tal, incluso
organización mental en condiciones de comprometerse en aunque pudiesen estm· relacionados causalmente con su éxito
aprendizajes por imitación posee una vent~a adaptativa ciar· individual (tal vez pOTque disminuyen una angustia relacio-
ta (en hh-minos darwinianos) sobre aquellos sistemas men· nada con su histmi.a pe:rsonal89). Pero ese precio (eventual) en
tales que sólo pueden pl'oceder mediante ensayo y error86• tél'm:inos de ruido informativo es muy inferior al qtte exigirla
Este hecho ha sido subrayado especialmente por Bandura: tm aprendizf\je individual por ensayo y error. Poclemos seña·
lm entre paréntesis que esto habla también en :favor de la
10 Sobr!l estos problemas, ver Shnnks y St. John (1994), a.aí como Py-
lysbyn (1997). 81 Banéiw:a (1977), página 38.
u Pan\ tma defensa argumentada de la hipótesis de una iliso<:iación 811
Flinn y Alexande:r (1982), páginas 383-400.
antl·e los procesos visuales mas fundamentales y los tl·t\tamientos cogni· ro Cuando los :rituales de preparación paTa la caza no son idio.sincra·
ti vos conscientes, ver Pylyshyn (1997). sias, sino q~1e atafien a compo:.rtrun:ientos aocia:Jmente arraigados, su flm-
80
Val' páginas 142·145. clón es nmy diferente: podemos suponer que todo :ritual sancionado social·
36
Ver Boyd y Richerson (1985), páginas •!0·60. manta cumple funciones pa:ra todos los nrlembl:os del g.I'Upo y que por

106 107
l
básicas, la inteligencia social y las proh:ibicionJ;Js morales son
pel'tinencia da la distinción entra imltación de sup~rñcie e desde luego comportamientos aprendidos (leamt), pero se
imitación jerárquica, pues el aprendiz de eaz~do:· es 1nc~pa~, prestan :mal a ser enseñados (taught). .
a1 menos al comienzo del proceso de aprendizaJe, de discl'l- La cuestión que se plantea es, evidentemente, sabe1· si lo
minm• lo que es pertinente en téxminos de la estructm·a que es válido para el apl'endiz~e pol' imitación y para la
actancial p1·ofunda y lo que no lo es; por esta :razón con·e el simulación cognitiva puede aplicarse al teneno de la ficción.
riesgo de imitar hechos de superficie en .realidad inertes puesto que gene1·almente se admite que esta pm·tenece al
desde el punto de vista de la eficacia actancial. ámbito de la apariencia y no de la imitación concebida como
El ejemplo del aprendizaje del arte cin.eg~co n? debe;~a reinstanciación o ejemplificación. Por tanto, incluso si la
llevarnos a la conclusión de que el ap1·e~diza.Je por unitaCion imitación-reinstanciaclón y la modelización mental que im·
está limitado al terreno de las aptitt1des ñsicas Y técnicas. plica son útiles cognitivos, no está claro que podamos exten-
.Esto me lleva a la cuarta observación bnportante: el apren- der esta hipótesis a la ficción. En la i:mitaci6n~aparl.encia, el
dizaje por imitación desempeña 11n papel central en el comportamiento imitador no produce sino una apa:l'iencia de
aprendizaje de las aptitudes y las normas sociales. La ~cul­ lo que hnita, mient1•as que los mimemas que entran en juego
tu:ración de los niiios se realiza mayoritariamente graCias a en el aprendizaje social culminan en reinstanciaciones efec-
apl'Emd:izajes por imitación y no por una tranmmsión expli- tivas de lo que es .imitado. Hemos visto por ejemplo que el
cita de las normas: el niño imita los comportamie~to.s da. los niño que «remeda» al cazador más e:xpal'imentado de la tribu
adultos y al mismo tiempo ínter~oriza las no:~~~ n:nplfcrtas se entrega a una actividad muy diferente de la del joven que
inc:rustadas en esos eompol'tamumtos. La Vl.Sibihdad. extre- :imita (realmente) al mismo cazado1•; el niño imita los signos
ma de la t1·ansmisión escolar de los saberes en la soeiedacl de identificación de la caza sin cazar realmente, mientras
con'tempo1'ánea a menudo nos impide ver este hecho. Pero que el joven interioriza la eatruc·tura actancial de la activi·
incluso . en nuestros días, lo esencial de los aprendizajes dad cinegética real.
sociales y morales (incluyendo la escuela) signe basándos.e · A estas alturas de la investigación no es cuestión ele :res:->
en la asimilación mimética en vez de hacerlo en el apre:ndi· ponder a la cuestión del funcionamiento cognitivo de las :ñc~
zaje explicito de normas y reglas. Este iiltimo no hac~ más clones, aunque sólo sea porque la idea según la m.ml la
que sumarse al aprendiuge por mimemas, lo cual explica su ficción se :reduce a la producción de mimemas con una mera
escasa eficacia cuando, por razones diversas, este fracasa. :función de apariencia es falsa. Por ·tanto, me limitaré sim~.1
En el terreno mm·al, este hecho es partim'll&~rmente llamati- plemente ~ intentar demos·trar que, atmque as:í :fi.1ese, no
vo, como demuestra la ineficacia patética de la educación dejarla de ser un vector cognitivo. Podemos verlo volviendo
cívica escolar cada vez que no puede apoyarse en normas de pm· última vez al ejemplo del niño que remeda lúdicamente
sociabilidad ya incrustadas en los compm'ta.mientos cotidia· la actividad da caza de los adultos (si allecto1• no le gusta el
nos de los niños o los jóvenes. La razón de este hecho no. ~s exotismo, puede reemplazar mi ejemplo por el de un niño
en absoluto misteriosa: como muchas otras competenc¡as que l'emecla la actividad de su madre o de su pad:re, mien-
tras le cambia lo.s pañales al hermanito o hermanita).
tanto conesponda a. un elemento de psicología so.clal a\wceptible de Aunque la imitación lúdica del niño sea diferente de la imi-
·desempeñar tm papel causal en el éxito. de curuq\um· cazador ~de ese tación efectiva del aprendiz de cazador, yn que no praptica
grupo). Un 1itu.al cuya función e.s reducir una angustia compartida por realmente la caza, le lJeva, sin embargo, a efectuar real-
todo el grupo evidentemente forma parte de la eatructw·a compol'ta:nen· mente algunos de los gestos del cazado:r. Por tanto, le per-
tal que el a))l'andiz debe rudmila:r: si no la asimila, se expone a 11Uil aJtua· mite adquirir 1lll.a parte de los automatismos motores y las
ci6n de angustia que puede comprometer su !llxito.
109
108
secuencias actancirues que le serán útiles más tarde; cuan- co:municacional en la mecüda en que transmite un mensaje
do realmente tenga que aprender a cazar calcando su com- que cambia la sig.nj:ñcación de las oil•as señales transmiti-
portamiento efecUvo del comportamiento del cazador más das, en este caso el hecho ele morder la mano de su amo. La
eficaz. Dicho de otra :forma, una imitaeión~aparlencia taro~ existencia de esta metacomunicación ilustra la necesidad en
bi~n comporta siemp1·e :mim.eroas en el sentido técnico del q1.1e se encuentra todo fingimiento lüdico de anunciarse
término, es decir, :re:instanc:iaciones reales da ciertos aspec· como fingimiento. Pero el ejemplo del terrier de Darwin de-
tos del compo1•tamiento :fingido; incluso la simple imitación muestra también que sin duda, .inch1so entre los animales,
fenomenológica de superficie conlleva :mimenlllS homólogos el aprendizfije mimético no es la única función de los juegos
a lo que es imitado. Po1· s1.1pttesto, la diferencia entre los dos de ñ:ngimiento. En efecto, el temer juega durante toda su
tipos ·de imitación no ha cambiado: las reinstanciaciones vida con su amo ~ de manera general, los pe:rros 1 los gatQs y
lúdicas no se apoyan en la estruetttl'a. aetancial eoncebida también los caballos o los asnos siguen entregándose a acti-
como actividad intencional completa. Pero vemos que esta vidades de fingimien·to lúdico inell.'l.So cuando son adultos, es
diferencia no se opone en absoluto a que las acUvidades de decil'1 cuando las actividades remedadas forman parte de
mi:mesis lúdica puedan formru· parte de un proceso de apren- sus :repe1•torios comportamentales de.scle mucho tiempo
dizaje por imitación. Por consiguiente, hay qt1e ampliar el atrás. En los animales domésticos, esta persistencia del fingi-
campo de aplicación de esta última noción; el aprendizaje miento h1dico en la ·edad ad1.uta puede estar ligado a su
mimético no está limitado al campo ele la imi'taeión~re:ins­ domesticación, en la medida en que la selección artiñciaJ
tanciación, sino que también ope1·a a trn;vés de la imitación· practicaéla po:r los seres hu:mano.s en general ha :Piivilegiaclo
apruiancia del fingimiento h1dico. Desde el punto de vista de los fenómenos de neotenia, es dach; la retención de los :rasgos
la evolución biológica, no es imposible que las primeras típicos del animal juvenil-de los que forman parle los juegos
manifestaciones del fingimiento hídico tuviesen una función de ñngimient~-. En lo que respe.cta a las especies salvEijes,
cognitiva. Cuando los cachorros o los jóvenes monos juegan evidentemente, esta causa no es operativa. Si dejamos a parte
a atacarse y a mo:rde1·.se, esos juegos tienen como función la eventualidad de l.Ula ftmción puramente hedonista (el pla-
permitirles adquiril•los automatismos motrices y una parte cer autotélico de la descaxga motriz), la mayorla de las :imi-
de la secuencia aetancial de la predación real. Al mismo tacione:s-apar:ienclas entre los adultos de especies salvajes
tiempo, no hay duda de que esos juegos atañen al :fingi· parecen estar ligados, bien a funciones :pru·entale.s (los padres
miento h\dico. O. E. Wilson señala en efecto que siempre vie- juegan con los pequeños), bien a funciones rituales, por ejem-
nen acompa:fiados de se:ñales <cmeiaeom'Qiricac:ionales»00 clh1- plo la predación 1itual:izada (que se obsa:rva en la garza real,
gidas al compañero ele juego para significarle que los gestos que, cuando corteja a la hembra, :realiza los movimientos
ejecutados sólo son <!de menti1·B». El hecho ya había sido motrices de la pesca) o la huida ritualizada (las hámhras de
apuntado por Darw:in (1872): ccCuando mi tm':ier me mt1er· m.we1·osas especies l'Ennedan 1m comporta:m:iento de htúda
.de la mano par!:) jugar, acompañando a men11do sns mordis· frente al macho que quiere copular con ellas)93,
cos de gruñidos, y le digo: ~•Despacio, despacio)', mgue mo:r-
d:iemlo pero me responde con algunos movimientos de la cola
llll Así, cuando comparamos el fenotipo de las razas da caballos domés·
que parecen deci:r: c'N o te preocupes, no es más que 1m
tices con el tle los eqttinos salvajes, por ejemplo el caballo de Pl:jewalSki,
juego."111». El movimiento de la cola tiene 1ma fhnci6n meta~ descubrimos que el J)l'imero se ba.sn en una sDlección da rasgos típicos de
los potros: pata» desmesuradamente largas, cara afilada, ete. Ver por
90
Wilson (1975), página 141. fd~plo Budiansky (1997).
'
1
Da:rwin (1998), páginas 65·66. 1)3 Ve1• Wilaon, obra citada, página 226 y ajguientes.

110 111
Sea como sea) en los seres humanos, muchos fingimientos con una dife1•encla relacionada con la maduración indivi-
lúdicos se inscriben manifiestamente en al marco de los pxo- dual: en las otras especies, la a:ptituc1 para el a:p1·endiz~e de
cesos de aprendizaje, incluso si la motivación inmediata que repertorios compo:rtam.enta.les nuevos disminuye dramáti-
nos hace implicarnos en tales juegos es únicamente el placer camente tras la madurez sexual, mientras que en los seres
que esperamos obtener. El hecho ha sido .señalado especial· humanos esa frontera está mucho menos mro·cCada9a. El he·
mente por 1ouri Lotman, quien sostiene que la simulación cho ele que nuestro perfil cognitivo sea de natm·aleza naoté-
lúdica posee al menos tres funciones: permite ap:rendm• un nion, es decir, que nuestl·a aptitud para emprender nuevos
comportamiento sin quedar sometido a la sanción inmediaR aprendizajes no se pierda con la madm•ez sexual, nos hace
ta de la realidad; nos enseña a modelizar situaciones sus. capaces, dtu•ante toda nuestra vida, de adaptarnos a entor-
ceptibles de present(.U'se en el futu1·o; y, finalmente, nos perR nos muy diferentes entre sí. Por tanto, no es en absoluto sor-
mite acostumbrarnos poco a poco a situaciones disfóricas prendente que los :fingimientos lúdicos puedan cumplir fun-
que tenemos que a.:frontar en la vida real (pone como qjem- ciones cognitivas irnpoo'tantes incluso en la vida de los seres
plo la muerte)9•. Uno de los campos donde la función cogni- humanos adultos. Y lo q1.1e ea válido en general para los ñn~
tiva de la simulación lúdica es más aparente es el de los g:imientos lúdicos también lo es en particular para las ·ñc~
a)ll·ediz~es sociales. Así, cuando una niña (o un muchacho) clones a:rtfsticas {contempladas desde el punto de vista de su
j1.1ega con sus muñecas, :interior:iza al mismo tiempo cim'tas creado1•). No se t1·a:ta de afirmar que esta función de apren·
reacciones que más tarde pasarán a conformar las ftmc.iones dizaje sea la función de los jnegos ñccionales o la de la fic-
maternas o paternas. Del mismo modo, en la medida en q1.1e ción a:rtística, sino únicamente que esas actividades, en
los conflictos guerrel'Ds implican combates cuerpo a cuerpo, e-nanto que fundadas en una relación de imitación~aparienw
las j'1.1stas lúdicas entre muchachos los preparan para los cia, son susceptibles de ser vecto:t'es cognitivos.
conflictos :reales de la v.ida adulta. O tamb:ién, la experiencia Vemos, .sin embargo, qtte lo q11e precede dista mucho de
en términos de interacción social que los niños adquieren resolver nuestro problema. Por una parte, los hechos que
gracias a los jt1egos de rollos forma para la vida social adtíl~ acabo de presentar sólo denmestran que la mimesis lúdica
ta, en la que debemos no solamente cambiar de persona puede tener una función cognitiva para aquel que crea imi·
según el contexto en el que nos encontremos, sino además tacione.s, Tal vez hayamos demostrado que lon puede adqui-
ser capaces de ponernos en el h1gar del otro, es decir, de ver ri:l' conocimientos entregándose a una práctica mimética,
el mundo a través ele sus ojos, aunque sólo fuese para :Pl'tWer pero no hemos l'espondido a la otra vertiente de la objeción
(y, en su caso, prevenb·) sus l'eacciones. Ade-más, esta fun- platónica, es decir, a la tesis según la cual el público que
ción de aprend:izaje no se limita a la infancia. De hecho, pai'· asiste a los espectáculos miméticos no obtiene ele ellos el
dura dm•ante toda nuestra vida. En efecto, mienb·as que los menor beneficio cognitivo. Dicho de otra forma, el análisis es
adultos de las otras especies no se entregan en absoluto a los válido para los juegos :ñccionales donde el creador y el recep~
juegos de fingimiento lúdico (salvo en las situaciones pa:rti~ tor coinciden, pe1·o no para las ficciones artísticas, en las que
los receptores no producen m:imemas, sino que se limitan a
ctilares que he citado: relación padre-hijo, neotenia seleccio-
reactivar mimemas m·eados por otro. Por otta parte, e] aná-
nada por al hombre, :fingimientos lúdicos :rituales genética-
menta fijados), los seres humanos les conceden una gran
importancia a todas las edades. Esto parece estar vi:nm;ilado ¡¡¡; Salvo en el terreno del a]ll'andizl'!je lingü:fstico por inmersión, apti·
tud que, cle.sgraeiadamente, dis:mln·uya fuertemente a partir del fmal de
04
la infancia, como todo adulto que aprenda l.llla lengua extranjera al
Ver Lotrn.an (1973), página 105. mismo tiempo que su hijo podrá comprobar.
112
l

lisis precedente trata ]a ficción como si pudiera reducirse a


su parte tle apariencia y de inmersión n:rlmética. Pero> cuan·
·do nos interesamos en las ñccipnes, no e.s tanto el fingi-
miento lo que nos :interesa como aquello a lo que este nos da
acceso: el unival'SO ñccional. Del mismo modo que, en el
ap1·endiz~e por observación, la inmersión mimética no es
más que el medio gt•aclas al cual asimilamos la estructura
comportamental cuyo dominio q1.1eremos adquirir, en los dis-
positivos :ñccionales, la apariencia y la i:nmeTsión no son más
que los vectores que nos dan acceso al universo ficcional.
Para que la ficción pudia:ra ser un modo ele aprendiz~e III. La ficción
mimético, sería necesario q1.1e la modelización ñccional tu-
viese un alcance cognitivo. ¿Y cómo podría ser así, si la ñc~
ción as engend1•ada a través de una apariencia y si, como 1. Imitc¡,ción, engaño~ fingimiento y ficción
parece p:robado, el universo q1.1e proyecta no existe más allá En 1977, :el esc:dtor alemán Wolfga:ng Hlldesheimer
de ese mismo acto de proyección? Toclas estas preguntas se publicó wa biografía de Mozart titulada simplemente
resumen en. una sola: ¿qué es la ficción? Mozartl. Aunque ellibt·o provocó numerosas contl'oversias
desde su aparición~ terminó imponiéndose como una da las
biografías clásicas del músico. Cuatro años más tarde, en
1881, Hildesheimer publicó Marbot. Eine Biographie2• .Be
trata de la biografía intalactllfll de un esteta y cri·tico ele arta
inglés, Sir Andrew Marbot, nacido en 1801 y mum'to en
1880. Vi~ero :infatigable, tuvo la suerte de conocer a las
figuras cnltunües más notables de su época: Goethe, Byron
y Shelley, Leopaxdi y Schopenhauer, Ttu·ner y Delacroix
(este último le hizo un retrato a lápiz litográfico). En todos
aquellos que le conocieron dejó Ja impresión de ser mi hom-
bl·e dotado de una inteligencia extrema combinada con un
temperamento fuet'te, pero C1.ll'Íosamente despegado de la
vi(la. Este fuá espe~mente el j1.úcio de Goethe, tal y como
nos ha llegado grac1as a una carta que le envió a su amigo
Schutz y a l1ll pasaje de las Entrevistas con Eckermann cita-
das por Hildesheimm·. Ma1·bot desapareció en 1830. A1.mque
su cuerpo :nunca fue hallado, nume:rosos indicios hablan a
favo:r de la hipótesiB de 1ma muerte po:r suicidio. Según las
cm1ias y los papeles diversos encontrados tras su muerte,
parece fuera de toda duda que durante vários años mantu-
1 Hildesheimer {1977).
2 Ídem (1981).

711)
vo una relación incestuosa con su madre, Lady Catherine débil En primal' lugar, es -posible encontJ·a:r tal revelación en
Mal'bot. ¿Su (probable) suicidio tuvo algo que ve1· con esa el texto de la sobrecubierta, donde se dice que :Marbot es por
relación incestuosa? Seg(m su bióg.raJb, más bien parece que así decirlo entretejido (eingewoben) en la historia cultural
Marbot llevó hasta sus 1lltimas coDBecuenclas una visión del del siglo X1X -expresión que nadie pal'ece haber leído-. Y
mundo ·radicalmente pesimista, reforzalla por su encuentro también en el indica, que contiene s6lo los nombres de las
con Schopenhauer. personas que realmente existieron, convirtiéndose. así el? la
Con ocasión de la aparición de su libro, una parte de la clave del libro. Por consiguiente, es extrafio que incluso Clel'-
critica alemana felicitó a Hildesheimer por rescatar del olvi- tos lectores minuciosos y perspicaces no se hayan dado cuen-
do una figu1·a histórica fascinante, no sólo por su trágica ·ta. No sólo hubieran debido concluh· a la vista del :índice que
vida, sino también pm· sus teorías estéticas. Dos aiios más la historicidad dellib1·o planteaba problemas, Bino que ade-
tarde, la obra fue traducida al francés co.n el título Sir más habl'ian podido establecer la inexistencia de 1Vlarbot
Andrew Marbof3. Por lo que sé, hace tiempo que la edición consultando la Encyclopaedia Britannicct, las Entrevistas ele
francesa está agotada, pero en 1989 tuve la suerte de encon- Goethe con Eckermann~ las cartas de Ottilia o incluso los
tl·ar un ejemplar de saldo en la Fnac des Halles, en la sec- diarios íntimos de Platen y Delaeroix, la autobiog:t·a:fia de
ción dedicada a la critica artística. A decir verdad, yo estaba Bet·lioz, las notas de Karl Blechen sobre su viaje a Italia o,
buscando otro lib1·o y me desconcertó un poco encont1·ar allí finalmente, el minucioso diario de Crabb Robinson. A ñn de
el Marbot, pues nunca se me habría ocurrido buscarlo en la cuentas, el que no lo hicieran demues·tra la verosimilitud
sección de crítica artística. En efecto, conb·miamente a lo de la existencia de Ma:rbot»3• .
que creyeron los críticos que felicitm·on al autor por haber En cierta forma, este asombro retl·ospectivo del autot· no
atraído la atención sobre 1m pensador desconocido, contl·a- puede sino asombrar6 • Los dos indicios de ficcionalidad a
riamente también a lo que parecía haber creído el empleado los que se refiere son tan débiles y están ta~ ocultos que
de la Fnac q1.1e colocó ellib.ro en aquella sección, Sir And:rew haría falta un lector-detective para descubrirlos. Pot• otra
Marbot nunca existió sino como I'ep1·esentaclón mental ala· parte, quedan más que contral'l'estado.s po1• los indicios
horada por Hildesheimer y reconst1-uida por cada lector del masivos que, por el contrario, emptljan al lector a creel' que
libro. Dicho de otra forma, a pesar de la indicación genérica se encuentra ante una biografía real. Como ha señalado
que adorna su cubierta, Marbot es una biografia imaginária, Dorl'it Cohn: «Se t1•ata de un enmascaramiento magis-
un texto ele ficción. tral»7, Y, sin embargo, no hay razó~ alguna p~ra. no confiar
En una confe1·encia dedicada a su libro, Hildesheime.r se en Hildesheimer cuando afirma que .su obJetlYO no e1·a
asomb1·aba de que tru1tos lectores hubiesen podido llamarse a engañar al lector, sino simplemente «dm.· vida)) a su perso~
engaño: uSi tru1tos lectores y críticos han caído en la trampa naje -o, para servh·nos de las nociones presentadas en el
de mi fingimiento-!, todo lo que puedo responder es que no es
culpa mía. Es verdad que mi intención fue dar vida a Mro•bot,
pero no quería embaucar (hintergehen, engañar) a nadie, 3 ,-.Arbeitrprotokolle des Verfahrens Marbot», en rllicleshei:mel' (1988),
incluso si hoy comprendo que la l'evelación de su carácter páginas 145-146.
·ficticio tal vez quedaba demasiado oculta y era demasiado o Retomo aq1.ú tmn pm1.e de los análisis p:re.sentndos en Schaeffe:.r
(1989). Ver Dol'l'it Cohn (Cohn, 1992, retomado con algnnos cambios en
Cohn, 1999, páginas 79·95) para un excelente análisis rlel es~~tus genérí·
• Ídem (1984).
co de Marbot de.sal'l'ollado desde la pe1·spectiva de la concepc10n hambur-
·• Tüuschzmg, un ténnino que según los contextos signiflca engaño, giana ele la ficción.
mistificación, fingimiento o, incluso, maniobra de dive1·sión. 1
Cohn (1992), página 302.
116
capitulo precedente, que su objetivo no era entregarse a un Para comprende1• el modo de :recepción de Marboi, hay
fingimiento serio, s:ino únicamente mrucimizar el compo- que analiza1• más de cerca los medios desplegados por el
nente mimético de su relato a fin de facilitar la inmersión autor para maximizar la fuerza de convicción de su ficción,
ficcionaP del lector en el universo imaginario-. Entonces, pues son esos mismos medios los q1.1e, po1· el contrario, han
¿es Marbot una ficción o un engaño? ¿O se tl·ata de una ñc~ contribuido a la invisibilidad del estatua ficcional de la obra.
ción Y de un engaño? ¿O de un engaño, aunque la intención Podemos agruparlos bajo cuatro epígrafes: el contexto auto-
del autor fuese componer una ficción? Cualesquiet·a que l'al, el pa:ratexto!)) la unúmesis fo:rmal» 1 ~ (es deeh', la imita-
sean las respuestas a estas preguntas (y a otras :relaciona- ción enunciativa del géne:ro biograña) y la contaminación
d~~ con ellas), Marbot, al ponerlas sobre el tapete, nos del uruvel'SO MtÓl'ÍCO (referencial) por e] universo ficcionaJ1 1:
s1tua en pleno corazón del problema de la ficción. En efec- a) El contexto autoral. Ya he dicho que en la bibliog:rafia
to, si, según la hipótesis formulada en el capitulo prece· de Hildesbeimer, Marbot vino inmediatamente detrás de
dente, la ficción resulta de la interacción de varios compo- Mozart. Por tanto no es sorprendente que muchos lectores se
nentes más «elementales)), cada uno de los cuales tiene su fiasen de la indicación genérica Eine Biographie. Por otl·a
propia dinámica, podemos supone1· que esta se cimenta en parte, los dos textos .son muy parecidos desde el punto de
la fo1~ma en que realiza la integración de sus componentes. vista de su construcción: en los dos casos, el autor dibuja el
Como estos tienen dinámicas en parte divergentes, cabe retrato de su personaje por bloques temáticos que le permi-
esperar que tal integración no sea la de una estructura ten lib:ta:tse tUl eierta medida del orden puramente cronoló-
da.da ~e un~ vez por todas, sino más bien la de un equili· gico de las biografías tradicionales. Ese mimetismo entre la
bno dmánnco, una homeostas:ia fluctuante y potencial~ biografía :real y la biogra:f.fa ñccional opera incluso en la esr!&-
mente inestable. El hecho de que Marbot no haya logrado ra de la representación visual de los libros. Así, los agrade-
-al menos para una parte de sus lectores- l'eaHzar esta cimientos del autor están insertos en el mismo lugar, tienen
integl'ación, el hecho de que haya sido 1'ecibido como un el mismo diseño de página y están dirigidos, en gran parle)
texto factual cuando la intención del auto1· e:ra ficcional, a las mismas pel'sonas. Añadamos que, antes de la publica-
deberla mostrarnos a eontrariis cuáles son las condiciones ción da Marbot, Hildeshe:imer ya había jnt:t·oducido a su per-
que deb.en cumplirse para que el dispositivo ficcional pue· sonaje «en el mundO». En una conferencia sobre música que
da func10nar. pronunció en 1980, un año antes de la aparición de su rela·
to, podemos leer lo sigl1iente: ((El teórico del a:rte inglés
And:rew Ma:rbot se negó a conversar sobre música con el
. a En .todo esta capitulo, y por no hacer más pesado el texto, las expre- joven Berlioz. Le dijo: "La música e.s una lengua intraduci~
sumes 'mmersión' e 'inmel'Sión ficcional' designan lo que en todo rigor ble: podemos hablar de su gramática, pero para cada tmo de
~ab.l'.(a qt:o llamar 'inmersión mimética ficcional'. AuntJUe la inmersión nosotros posee una signlficaci6n diferente. Si todos com~
~cCJonnJ Ju~ciona exactamente de) mismo modo que la inmersión mimé· prendiésemos lo mismo, esto aclararía menos la mtísiea que
~le~ «g.~nénea''• .tal '1 como ~s:a opera en el marco del apnmdizme por
Jmltacwn, por eJemplo, se thstmgue en que sus consecuencias potencia·
les en .el plano de las ~reencins, en el plano mokll', induso en el plano
actancul~, son mrut1·~l1zadas por el marco pragmático del fingimiento ~ Sobre esta noción, que designa e] conjunto de indicios no :intrat&&·
compartido -y esto mt:luso cuando la inmersión :ficcional es actancial, tuales mediante los cuales el autor (o el editor) orienta la lectura de su
1.:omo la del actOl'-. La diferencia entre las dos situaciones no es entonces texto, ver Genette (1987).
1mn ~!'erencia en el proceso de inmersión en si mismo: se debe n la intar· m Para esta noción, ver Glowinski Of.l87), páginas 497·506.
VMclon de un factor externo. 11
Para un análisis más detallado, ver Schaeffer (1989) y Cohn U992).

118 11()
nuestras afinidades e.spirituales."»12• Es cierto que hacia el retrato de la cubierta es el de Mozart, la biogra:lia ficticia
ñnal ele la misma confel·encia, aclara que no vale la pena tiene en la conti'acubierta una iclentiñcaci6n no sólo del pm·-
buscar indicaciones sobre 1Vlarbot en un diccionario, «pues sonaje, sino también del a1·tista que se supone lo retrató.
me lo he invenhado»1ll, Paro una revocación no equivale a una Podemos lee:r, en efecto: <~Cubie:rta: Sir Andrew Marbot. Li~
amilación: lo más cliñcil no es hacer pasar entidades ficticias tog.t•af:ía a lápiz de Eugene Delacroix {1827). París. Biblio-
pm· reales, sino reducir al estatua :ficcio-nal a entidades que teca Nacional». Evidentemente, esta atribución cobra credi-
han sido introducicla.s como reales. En efecto, la simple ocu· bilidad graciás a la diégesis que consigna un encuent:t·o
.rrencia de un nombre p1·opio induce en el receptor tma tesis entre el pintor y Ma:rbot. Por ot:ra parte, el Hb1>o comporta, a
de existencia: sólo una estipulación explícita ele ñccionali- semejanza ele la biog1·a:ña dedicada a Moza:rt, un amplio eu.a·
dad puede, si no impedh· esta proyección, que me pro·ece de:rno iconográ:fico cent:l'al constituido en parte po1· repro·
inclisociable del mismo tUlo da los nombres p1·opios, al menos ducciones de cuadros y dibujos atribuidos a sus autores :rea-
eircl,lllscrlbh· su campo de pm·tinencia de tal fo:rma que el le.s pel'O revestidos da un componente l'eferencial falso. Y lo
nombre propio en cuestión no puedE(mezclm·se con los que mismo ocurre con los l'et1·atos (supuestos) de la madre y el
designan a personas que suponemos (con razón o sin ella) padre de Ma:rbot: se trata de dos cuadros pintados por
existen realmente. Hency Raeburn, que se encuentran en la National Gallery of
. b) El paratexto. EJ elemento pa:ratextual de mayor peso Scotland, en Edimburgo. Esos m.1adros, cuya identificación
al servicio de la estrategia del ñngimtento es por supuesto ha sido falseada, se mezclan. con retratos :reales de pel·sona-
la indicación genérica Una biografía, que cumple una flm· ja.s históricos, como Leopa:l'di, Thomas de Qu:incey o Henry
ción de subtítuloH. Podemos señala:r que contrariamente al Crahb Robinson. La existencia de estos últimos refuerza por
Marbot~ la biografía dedicada a Mozart no llevaba :indicación supuesto la c:raencia del lector en la ve:racidad de los retra-
genérica. La difel'encia es fácilmente explicable: como se su- tos falseados. A esto hay que añadir unas fotos que se supo·
pone que los lectores conocen el nombre propio Mozal"t como na reproducen las mansiones familiares de los Marbot, .asi
designación de un person~e histórico, no era necesario pre- como unas reproducciones de los cuadros que Ma:rhot habrla
cisa:r que un libro que portaba su nombre como ·titulo t.u•a una visto dmante sus viajes y que comenta en el texto. El efecto
biografía. da :realidad inducido po1· la reproducción de esos cuaclros
El segundo elemento pm•atextual impm~tante es la ico.no- beneficia el estatus ontológico del hál:·oe: las obras comenta-
grafia, empezando por el retrato (supuesto) de Ma:rbot que das por el personE\)e son cttadros reales y, para colmo, el
a4o1'lla la cubierta y asocia tm rost:m al nombre clel héroe. autm· los presenta al lector, ¿c6mo poch1a este último evitro·
También aqui la semejanza con al libro sobre Mozart es casi dotar al pe1•sonaje de una axistencia real?
total, con una pequeña dife1•encia: mient:ras que en el caso Otro elemento paratextual :importante es la presencia de
del músico ninguna indicación textual nos infornia de que el un índice de nomb1·as, uso poco extendido en el campo de la fic-
ción literaria, salvo en las ediciones criticas, como las de La
17
was sagt Musilt aus» en Hildesheime~ (1988), páginas 59·60.
..
Comedia humana y En bztsca del t.iempo perdido de la
13
Ibídem, página 73. Bihliotheque de la Pléiade. El estatns de ese índice es .con~

14
Cohn (obra t-1tada, página S17)trimbián stih:rayalaimportnncia deci~ tTad:ietorio. Por un lado, funciona como elemento mimético,
siva de esta indicación genérica de naturaleza paratel!tunl. Ailade que, en pues :remeda un uso habitual en las hiog.t·a:flas factuales.
cambio, para el lector que ya conoce el estatns real del libro, la indicaeión Pm·o, por otro, Hildesheimer ha hecho también de él un indi·
Eine Biogl"aphie deja de se:r \m subtítulo con f1mción p1·agmática y se con· ce de :ñccionalidad, puesto que ha incl11ido únicamente los
vierte en una parte del título qua ya no se lee Marbot. Eine Biographie,
sino más bien Mcrrbo1: Eine Biographie, nombres de las personas históricas -da las que :intel"Vienen

120 721
en el relato y de las que simplemente son mencionadas-, presenta su descripción como una inducción psicológica
excluyendo los personajes ficticios. Pel'O como en lv!arbot la fundada en materiales públicamente accesiblesJ6 • De ahí por
g:t•an mayoría de nombres propios designan personas histó- ~emp1o el frecuente rernn·so a las citas, cuyas fuentes siem-
ricas, el libl'O presenta un desequilibrio cuantitativo abru- pre aparecen indicadas, ya se trate de pasajes supuesta-
mado.r en favo1' de estas, de forma que la ausencia en el mente procedentes de los cuadernos de notas y cartas de
índice de algunos nombres con denotación ñccional pasa fá~ Mm·bot o de enunciados atribuidos a auto1•es l'Emles. En las
cilmente desaperdbida. Por otl'a pa.rte, el hecho de que el •ll:!itas)) de los textos de Ma:rbot, las exp1•es:iones inglesas o:ri-
índice trate de la misma manera a los personajes históricos ginales utilizadas por este se añaden a veces entre parénte-
simplemente :mencionados y a los que inte1'Vienen como sis, rasgo de erudición (o de pedantería) que constituye un
aetantes en el relato refuerza aún más el efecto de reali- elemento suplementario de mimesis for-mal. En lo qua res-
druP5: los segundos desempeñan un papel decisivo en el dis- pecta a las citas at1'ibuidas a personas históricas, tienen
positivo de inmersión, en la medida en que a través de ellos estatua diversos. Algunas citas son simplemente ver:íd:icas:
el u:nive1•so ficcional «contamina» al universo histórico. Las es el caso de todas las que no tienen a Marbot como referen-
personas históricas que interactúan con los personajes ñeti· te directo. Pol' supuesto, las que hablan explícitamente de
cios realizan acciones que no pudieron realizar «en la vida Marbot son, en grados diversos, invenciones. Cuando el
real», pues estas los ponen en relación con personajes inven- contexto lo penn:ite, una misma cita combina :frases efec-
tados. En consecuencia, se encuentran ñc:cionalizadas. Pero tivamente tomadas del autor citado y :frases inventadas.
comot por otra parte, sus nombres pmpios siguen vinculados Asf, por ejemplo, una cita da Goethe datada en diciembre
a Jas personas reales, constituyen el punto de sutura entre de 1825 y atribuida a las Entrevistas con Eckermann: el
universo histórico y universo ficticio. comienzo de esta cita se encuentra efectivamente en las
e) La mimesis foYmal. Entre los 1•asgos miméticos propina Entrevifftas; en cambio, las :frases ñ:nales en las que Goethe
mente nm'Tativos que Hildeshe:imer pone en marcha para se refiere a Marbot son inventadas. Po1· :regla general, Hil~
producir la apm·iencia perfecta de una biograña real, están desheimro· limita la extensión de los pas~es inventados, lo
en primer lugar los que conciernen a la postura enunciativa. que hace su descubrimiento más difícil, incluso para un lec-
H:ildesheimer adopta a la perfección la postura del biógrafo. tm· que conozca de memoria el pasaje citado. Esta preocu-
Especialmente, hace todo lo necesruio para eviten:• que el pación por limitar las citas inventadas forma parte de una
narrador tome la consistencia de un yo-narrador (lch Er- táctica más global que consiste en ñccionaliza:r lo menos
zii.hler), como Zeitbloom en el Dokior Fau.stus de Thomas posible a las personas his,tóricas, pm·a que sean ellas las
Mann, pues una condensación así del sujeto narrador en que atraigan a los pe:rsonajes de ·ficción hacia. su órbita y no
personaje aleja su figura del autor real y al mismo tiempo al revés.
ñccionaliza el relato. Por lo tanto no es posible constata1· Desde el punto de vista de la dinámica de la lectm·a, el
ninguna ruptura en la postm·a enunciativa cuando se leen marco gen~rico de la biogra:fla factual y las citas se refuer-
Mozart y Mcrrbot uno a continuación del otro. Po1· otra parte, zan mutuamente: el lector da las citas por auténticas porque
H:ildesheimer adopta sistemáticamente una perspectiva ex· piensa que está leyendo una biog1·aña real, peJ·o en la medi 9

terio:r y se abs,tiene de toda foca1izaci6n interna. Así, cada


vez que describe los supuestos estados mentales de Marbot, ~~ Cohn, obra citada, insiste particularmente en eate aspecto -el
rechazo da la omnisciencia del nanador-, que testimonia el hecho de que
a Sobre la diferencia lógica entre estos dos rolas de los nnmb1•es pro- la ficción de Hildesheimar se opone completamente a la definición de la
pica históricos, ver De.scombes (1983), páginas ~51·280. ficción propuesta por rJamburge:r.

122 123
da en que son atribuidas a autores reales que cono,ce Hildesheime1•, al contrm•io, no sólo se inventa a su héroe,
(Goethe, Platen, Berlioz, e't,c.), 1·efuerzan a su vez la conVlc· sino que además limita en lo posible los_procedimientos de
ción de que está leyendo una biog:raña :real. Dicho de otra ficcionaliznción de las personas hlstóricas. Ya be señalado
forma, la t-rampa del engaño mimético se cierra sob:re él gra- esta característica a propósito de su uso del aparato de citas.
cias a 1.ma variante perve1•sa de lo que se suele llamar cñ·cu· Otra prueba es qtte, en vez de ampliar la superficie de inte~
lo hermenéutico. l'acci6n de las personas históricas con las figuras inventav
d) La. contaminación del mundo histórico por el mundo das, multiplica su número, lo cual le permite lim.itm· aún
ficcional. El estatt:w de las ci-tas no es más que un efecto más la intersección de cada una de ellas con el universo ñc-
local de lo que sin duda constituye, junto a la mímesis f01·· cional -habida cuenta de que la superñcie de :intarsecc:ión
mal, el operadm· de fmgimiento más fuerte, a saber, el he· es pl•oporcional a su ñccionalizaci6n-. Finalmente, hay qua
cho de que Hildeabeimm· multiplique lns encuentl'OS ent1·e señalar con Donit Cohn q1.1e lYiarbot se distingue "también de
Má).·bot y pm·sonas históricas bien conocidas. Lo que impor- mane1•a fundamental de lo que esta antora llama biografía
ta señalar es que la contaminación de los dos universos histólica ficcional (fict:ional histo1ical biography). ~emplifica·
sigue una tlli•ección diametralmente opuesta a la que gene- da especialmente pro~ La muerte de Virgilio: de hecho. en lo
ralmente se asocia a la ñcc:ión. Cuando nos planteamos la que :respecta a las técnicas narrativas, el rechazo de ·toda foea-
cuestión de las relaciones entre invención y referencia1iélad liza.ción interna en el héroe hace de Ma1·but la inversión per-
en los textos de ficción, pensamos en la introducción de ele· fecta de ese género. En la biografía histórica ficeional «se
mentos referenciales en tm universo globalmente inventado: cuenta la vida de una :persona histórica :mediante un discur-
la cnestión es entonces la de la incursión de la realidad en la so clm·amente ñccional. En Marbot, al cont:ra1'io, la vida ele
ficción. La estrategia de contaminación más comtmmente nna figura ñccional es contada metliante 1m discurso clara-
puesta al servicio del efecto ele realidad -y :reruizada de mente no ñccional {histórlco)»17 • De ahi .su conclusión: Marbot
inane:ra EÚempla:r por la ficción realista- consiste en intro" es el primer ejemplar de un género nuevo, la «biogra:ffa :ñccio·
ducir elementos re:fm·enciales -hlsttkicos, geográficos, nal historizada»111• El mismo Hildesheimer resumió :perfecta-
tem:poralesJ etc.- en el universo :inventado. En Marbot, al . mente el1•esultado de su enfoque diciendo que Marbot y su
contrmio, asistimos a la estrategia inve:rsa: Hildeshe:ime:r familia· están entretejidos en (r~ingewoben») la histo1ia del
introduce elementos inventados (person!ljes y acciones) en siglo xrx: efectivamente, están incrustadas en la historia real,
1.m universo globahnente 1'eferencial. Asi, podemos señalar forman 1.ma bolsa ñccional en un universo masivamenté
que cerca del 90% de los nombres p1·opios que intervienen de anclado en la historia cultural. Marf;ot es una inct1rsión de la
mane1•a clirecta o indirecta en la diégesis pe11:enecen a la irrealidad (e.s decir, de la invención) en la realidad, en vez de
clase ontológica de las personas histólicas, inv1rtiéndose por una inmll'sión de la realidad en la irrealidad. ·
tanto la :pi·oporción observada en la mayorla de las :ficciones Sin embargo, el libro de Hildesheimer no me inten~sa en
realistas de los siglos XIX y xx, Del misnw modo, una gran sí mismo, sino ímicamente podas enseñanzas generrues que
parte ele los acontecimientos contados o comentados se podemos extram· sobre el funcionamiento {o má.s bien la dis~
inse11ian en el universo histórico real: descripciones e :ínter~ funcionalidad) del dispositivo ñccional. Las vicisitudes de su
;pretaciones de cuadros, 1·eflexiones sobre mú_sica, ref'e:ren- recepción muestran antes que nada que, si bien la ficción
cias a acontecimien·tos hist6ricos, etc. Conviene añadir que nace de una posttua intencional especifica, e.sta no pod:ría
la estrategia en cuestión diverge también de la utilizada en
la novela histórica. El género de la novela hist6l'ica consiste l Ibitlem, _página 307.
7

en efecto en una. Jiccionalización de ptmmnas históricas. 1albiclem.

12!} 125
l

gro·antiza:r por si misma el funcionamiento efectivo del d.is~ pues se trata de un relato no factual en terce1•a pe1•sona en
positivo aplicado. Yt en este caso~ lo que está en cuestión en la esfera del :fingimiento de enunciados de realidad. No hay
el Marbcrt no es la competencia (o incompetencia) dellecto1·, la meno1• duda de que, estadísticamente hablando, Dorr:it
sino la falta de l'espeto por pro-te del autor hacia las condi- Cohn ·tiene razón al sub1·ayar el carácter excepcional dell·ela-
cionas necesarias en au~encia de las cuales esa competencia to de Hildeshmme1·, teniendo en cuenta las normas de la fic-
sólo puede ser letra muerta. Desde la ficción, el l'elato ha ción moderna. En cambio, me parece que ese rasgo -la
pasado al engaño, de formá que ejemplifica la situación bas· maximización de la :mimesis formal- no explica en ahsolu·
tanta paradójica de una representación (verbal) que, desde to la disfuncionalidad p1•agmática del libro. El caráéte:r auto-
el punto de vista intencional, es ñccional (no se trata d& una destructivo de la ficción canstruída por Hildesheime:r no se
falsificación), :pero, desde el punto de vista de su estatus pú- debe al hecho de que remede enunc:iados de realidad; pl·oce-
blico, se muestra incapaz de actuar como ·ficción. Mani~ de de la imposibnidad en la que se encuentra el lector de
ñe.stamente, este fracaso está ligado a las caracteristicas saber -antes de emprender la lectu:ra del texto-- que va a
miméticas que acabamos de examinar: al llevar el compo- leer una ficción. El hecho de que la intención del auim• no
nente mimético <<demasiado lejos», Hilde.she:ime1· se encontró sea suficiente para ga:ranth!:a:r el ftmclonamiento cor:recto
con un relato qua se puso a funcionar como relato factual. del d:iápo.sitivo ñccional no implica qtte haya que buscar en
Queda por clescuhrlr'c-l1ál fue el paso de más en esta escala- ello el m'iterio decisivo en lo que respecta a los procedimienM
da mimética. tos miméticos como ·tales. No quiero sugerir que la :rn:ímesis
Do1'1'it Cohn ha sub1·ayado insistentemente el carácter fm"lnal no haya desempeñado un papel en el paso de la fic-
excepcional de Marbot desde el punto de vista de los géneros ción al engaño. Es en efecto ella qtrlen ha :permitido que el
tradicionales de la ficción. Según ella, recordémoslo, Hil- relato funcione como engaño. En :cambio, no es ella quien
desheimer ha inventado tm génem nuevo, la ubiografla fiecio. ha impedido que funcione como ficción, o mejor dicho; si lo
nal hlsto:rizada», Pero la autora piensa también· que Marbot ha hecho, no ha sido en virtud de las reglas :p:ro})ias de 1~
corre elr.iesgo de ser el 'furlco ejemplo del género que inauw <jbiogra:tia ñccional h:i.storiz.ad.a», sino porque :HHdeshe:imer
gura19• Ajuzgar por el estatl.1s pragmático radicalmente ines- la ha extendido hasta el marco pragmático t1e su obra. Ni
table de la obJ•a, este escepticismo parece justiñcru:lo. El la mimesis for.mal, ni :liinguno de los otros dispositivos mi-
verdadero interés del libro no reside tanto en el género méticos internos al relato, ni el hecho de que Hildeshe±mer
improbable que poéhia ol"ig:inru· como en el hecho de que haya producido 1m <cmimema hipe:rnm"m.ah20 del género de la
constituye un dispositivo experimental que permite estudiar biografía factual, son el factm· decisivo. Este papel le corres*
l~s restricciones que rigen la ficción. Según Do:rrit Cohn, el ponde a la mimesis pragmática, es d:ecil', al hecho de q1.1e el
aspecto central del dispositivo reside en la mimesis formal y, conjunto de1 mm·co editm'ial -.el conjunto del paratexto-
por tanto, en la imitación de la biograña· factual. Su diag- inrlte al de la biografía factual. Si hubiese querido evitar que
nóstico está fundado en la tesis de K.Elte Hamburger, pEn·a su libro funcionase como engaño, Hildesheimer no habria
quien habría una distinción radical de estatua entre el fin. necesitado cronbial' ninguno de los rasgos miméticos intra-
gimiento de enunciados ele l'enlidad -reservado al ·relato no textuales: una simple indicación pa:l'atextunl explícita hu-
factual en primera pe1·sona- y la ficción propiamente hiera bastado :para garantizar tma recepción acorde a su
dicha, en el ámbito del1·elato no factual en tercera pexsona. intención ñccional. O, 1·etomando una distinción introducida
Evident~ente, JVarbot desmiente rotundamente e.sta tesis, en el capítulo p:l'ecadente: mientras que hubie1·a debido llnrl~
'"Obra citada, página 307. w Sobre es-ia noción, ve:r página 80.
126
127
hace un relato de :ficción, y esto precisamente en virtud de
tar el uso de las técnicas miméticas a una imitación-apa- su marco pragmát:ico.
riencia de la estl'1.1ctura de supe:rñcie de la biografía factual, El marco pragmático apropiado es evidentemente el que
el hecho de que extendiese la múne:Sis hasta el marco prag- S11ele designarse mediante las expresiones «fingimiento
mático de la obra no podía sino empujar a los lectores no ini·
ciados a creer que se encontraban ante una imitación-reins-
lúilico» o incluso (cfing.imiento compartido» (Searle21 ). Las dos
tanciación de la estructura p1•ofunda de la biografía factual, exp1•esiones pweden parecer problemáticas. ¿N o combinan
es decir, una ejemplificación de la biograña factual dotada dos impe1·ativos paradójicos? ¿Se puede deeh' de alguien que
de su fue1•za ilocutiva no:rmaJ. Al extender la lógica mimética finge lúdicamente, y por tanto «de mentira», que !'ealman-
hasta e1 marco pragmático que instituye el espacio del juego te ñnge? ¿Y cómo un fingimiento que es compartido puede
ficcional, Hlidesheimer, en lugal' de explorar una nueva fo:rma segnir siendo un fmg.imiento? Tanto más cuanto que lo que
de ficción, ha encerrado a los lectores no iniciados en la t1•am- está en cuestión no es solamente la intención del c:reador,
pa (involuntaria) de un engaño. sino -como lilctrbot ha demostrado- el estatus comunica-
cional de la obra: no basta con que el inventor de una ficción
tenga la intención de fmgir sólo lcde mentira», también es
2. La filogénesis de la ficción: del fingimiento Utdico necesario que el receptor reconozca esa intención y, por tanto,
compartido que el primero le dé los medios para hacerlo. Es por eso pm·
Marbot pru·ece justificar la descon:f:ianza platónica en la lo que el fingimiento que preside la institución de la ficción
ficción y constituir tm contraejemplo flaw·ante de la hipó- pública no sólo debe ser lúdico, sino además compartido.
tesjs al'istotélica de una estabilidad de las fronteras entre Pues el estatus lúdico depende únicamente da la intención
apariencia mimética y realidad. En efecto, al menos en una del que finge: pm•a que el dispositivo ñccional pueda ponerse
parte de los lectores, el universo ñcc:ional ha parafrltado el en marcha, esta intención debe dar lugar a un acuerdo inter-
sistema de creen~ias «serias». Po1• tanto, parece haberse subjetiva.
producido una contaminación de la realidad po1• la ficción. El cm·ácter en apariencia paradójico de las dos expresio-
Pero, al menos sj el análisis que he propuesto es conecto. nes es la traducción de una dificultad real: ¿cómo pensar la
la situación es muy diferente. En vez de fm·zar las ft•onte- relación entre las actividades de fingimiento y la situación
ras entre lo ficcional y lo factual, Marbot ha caído por debajo ·ficcional22? La existencia de tal relación no deja luga1· a
de la ficción en el campo de la manipulación mimética. El
l'elato de Hildesheimer no es una ficción que ha consegui-
do desestabilizar las ñ·onteras entre lo <ll'eah y lo ficcional, 21
Se~n·le (1982), página 115. Austin (obra citada) ve an ellingix:niento
sino una obra nana·tiva q1.1e no ha conseguido acceder al lúdico una forma parasitaria dal flng:imiento serio, lo r:unlle lleva .a dese-
estatus de ficción. Lejos de ser 1ma p1·ueba expe1'i.mental de charlo. Esto hace .su análisis un poco unilateral, mientras que la noción
de uso parasitario (que no tiene una connotación negativa, sino qna sim·
l.oa peligros de la :inmersión, pone de relieve a contrariis la plementa designa un tipo da estructm·a intencjonal que sólo puede exíst:i1·
regla cons·tituyente fundamental de ·toda :ficción: la ins·tau- a expensas de otra) s:in duda habria constituido 11n punto de partida inte·
ración de un marco pragmático adecuado a la inmersión res anta para un estudio de las !'elaciones genealógicas entre :fingimiento
ficcional. En efecto, la forma en que los lectores, después serio y fingimiento lúdico.
de leer el libro, creen en la existencia de Marbot es radi- ~a Riffatene (1990), pá¡pna 2, maiate también en esta dualidad cuando
calmente diferente de la actitud que adoptarían ante un señala que.una ficción siempre debe eo.mhinal' sus marcas de ficeionalidad
pa1·sonaje de ficción: el universo del1·elato ele Hilclesheimer con una convención de verdad, es decir, con signos da plausibilidad que
empt\)en a los leetol'as a l'eaccional' como si la historia :fuese verdadera.
parasita el :repertorio de sus creencias históricas, lo cual no
129
128
l

dudas, pues -como Marbot :nos ha enseñado- una :ficción pU$de tener éxito si es eompm-tido. Y, por supuesto, las dos
qua no consigne imponerse como tal funciona como :fingi~ situaciones deben se1· distinguidas de 1.1na tercera: aquella
miento. También sabemos en qué :plano se entabla esta rala~ en que alguien comunica a otras personas creencias (y más
ción, a sabel·, el de los medios. La ficción y el fingimiento se generalmente repi·esentaclones) <•falsas» que él cree verda-
sirven de los númnos medios, los de la imitaclón~apariencia. deras. Dicho de otra fh..rma, no sólo hay que distinguir entre
P.ero no tienen la misma función: en el caso de la ficción, se la mentira y la ficción, sino también ent:~·e el erro1• (l·eal o
En.1.pone que los m.lmemas hacen posible el acceso a nn u:ni- supuesto) y la :ficción. La cues·tión de la vei·dad y la falsedad
ve:rso imaginmio identificado como tal, en el caso del fingi- no se plantea tle la misma manera en los tres casos. Cuando.
miento se supone que engañan a la :persona que se expone a miento, cuando finjo <•Sel'iamente>>, presento como verdadero
ellos. El aspecto paradójico de las dos expresiones-no hace, lo que creo falso. Desde luego) puedo equivocarme, es decir,
en cierto modo, más que traduci:r esta distinción entre los :puede suceder que lo q1.1e creo falso sea en realidad verda-
med:ios y el -.fin. Los medios de la :ficción son los mismos que dero. P~o eso no hace sino demostrar la complejidad de la
los del :ñngjmiento, pero el fin es diferente. Dado que, desde menma como actitud intencional en relación con la verdad
el punto de vista de la evolt1ci6n biológica, las actividades o falsedad como relación de hecho ent1·e una representación
ele fingimiento. «serlo» preceden al desarrollo de las activi- y lo que representa.. Una men'ti:ra puede. fracasar de clo.s
dades da fingimiento ltíclico y compartido, sin duda nos maneras muy diferentes: puede fracasa:r po1•que los mime·
está pe:rmitido ir más la.jos y s9$tener la hipótesis de una rela- mas no eu~an o porque el mentiroso alimenta c:reencias
ción genealógica: los medios de la ficción procede:p. del fingi- e:rróneas sobre ellos. En el caso del error, las condiciones
miento. Si es asi, el estudio tle la esjleci:fícldad de la situación definitorias son inversas a las ele la mentira: tengo que tener
de :ñng:imiento lúdico compartido puede ilumina:r la génesis una Cl'eencla (o una representación) ihlsa, pero al mismo
ñloga~tica de la :ficción concebida como conquista cultm•al rle tiempo debo m·eer que es vertladm-a. En la ficción, ya lo vere-
la humanidad. O, al menos, aclm•a:r el nacimiento de la ficción mos, la situación es muy diferente: en cierta manera (¿pero
como realidad pública compartida. En e-fecto, está lejos de se:r de qué manera?), la misma cuestión de la verdad o la false-
evidente que la noc:ión de «.ñngimiento lúdico» sea pertinente dad de las representaciones ya no pa1·ece pertinente.
para descrlb:b:· las ficciones uprivadas», es decir, las ficciones Estas distinciones elementales pe:rmiten ver que, en con·
én las que el creatlor y el receptor son 'Ulla única y misma pe:r-. tra de una tendencia l'ecu:rrente, no se puede aplicar la
sona. Pero sólo en la sección siguiente aborcla:ré este proble- noción de ficción a las representaciones <anitológ:icas>>23, ni a
ma. Por el momento, únicamente tendré en cuenta la ficción las rallgiones, ni, de manera más general, a las ro•eenclas
como dispositivo público compartiélo. que quienes las tienen por verdaéle:ras acatan y los que no
Para intentar comprende1· cómo funciona el ·fmgimiento las tienen por verdaderas se niegan a acatar. En efecto, ya
lúdico compartido, podemos pa.rt:b:· de una constatación ba- sea desde el punto de vista de su génesis o de las actitudes
nal ya enunciada más m'l·iba. Cuando :finjo seriamente, mi mentales tanto de quienes lás acatan como de quienes se
objetivo es engañar efectivamente a aql.lel a ql.rlen me dirijo. niegan a ello, estos hechos no dependen: de un fingimiento
Cuando finjo con una intención ltidica, evidentemente, no es 1t1rlico compartido. Es cie1'to que el término «ficción» a mlftmw
ese el caso: al contrario, no quiero engañarle. Las condicio- do ha sido aplicado al terreno religioso, ya fuese po1· qt:úenes
nes que deben darse para que un fingimiento lúdico inter· querlan descalillcar las religiones rivales, o por q1uenes.
at$jetivo tenga éxito están en el polo opuesto de las que .siendo no creyentes, querían descalificar la religión como
exige el fing.irolento serio: un fingimiento serio sólo puede
tene1; éxito si no S$ compartido~ un fingimiento lúdico sólo '13 Pm•a una justificación del uso de las comillas, ver página 28, nota 23.

1!31
tal. La aplicación del mismo término a dos órdenes de hechos Es evidente que mi objeción sólo concierne a la aplicación
tan distintos como Jn religión y los dispositivos de fingimiento del término a contextos culturales en los que las l'e:presen~
lúdico revela la importancia de la posición antimimética en taciones en t.>uestión son efectivamente tenidas por verdade-
la cultura occidental. Pero también debel'ln quedar claro que l'as. Decir que Gilgamesh es una ficción es emith· una a:fir..
btúo este uso, en que func:ionn como sinónimo de la falsedad, maci6n contraria a la verclad. En cambio, es cierto sin duda
en realidad el término no tiene gran cosa que ver con lo que que en nuestra cultura funciona como una ficción: en la
aquí nos ocupa. Podríamos pensar que en nuestros dias no medida en que vivimos en una sociedad en la que ese :relato
sucede lo mismo, en la medida en que cuando seguimos apli- no encuentra un punto de anclaje en las creencias que_ tene-
cándolo a la.s representaciones colectivas de tipo religioso o mos generalmente por verdaderas o falsas, tendernos espon-
(<mítico.. no lo hacemos para expresar rin rechazo. Más bien táneamente a leerlo en el modo ñccional. Para los creyentes
es el s1gno de una r-einterpretadón de esas representaciones pertenecientes a 1-ma u otra de las :religiones actuales, Gil·
gamesh no puede competir eon los relatos que ellos acatan,
a partir del punto ele vista de quien no se siente concernido pues fo:rma parle de una religión desaparecida. Pro•a los no
por las mismas. Su significado parece entonces más cercano creyentes, no puede cons'tituil· una falsa creencia, pues ya
al que nos intm·esa aquí. Sin duda, pem, si es utilizado en e·l no queda quien crea en ella. No es menos cierto que, al hacer
sentido de los dispositivos ñccionales, su aplicación a los est-o, el uso actual :impone el marco pragmático de la ficción a
hechos en cuestión es aú11 peor recihlda. Tal aplicación nos un conjunto de representaciones que no dependian de él en
pe1·mite desde luego dar pruebn de .. tolerancia:. respecto a su contexto intencional original. Gérard Genette habla a
creencias que no son las nuestras, pero es una tolenmcin este respecto de 1.1n uestado involtm:tario de la :ñcción>~26 •
comprada a precio de saldo, pues nos dispensa de confron· Estado involuntario po1·que, en'las sociedades ~londe están
tru'nos realmente con ell~s. como deberíamos hacer si las 'Vigentes, las creencias llamadas <tmíticas» no_ funcionan
tomásemos en serio como creencias -cosa que hacen los que como ficciones. Siendo inevitable también, desde el momen~
sí creen en ellas~-. Más grave para nuestro propósito: e} to en que esas rep1·esentaciones son reactivadas en nuestra
bec·ho de extender e] término a creencias y rep1·esentaciones propia culttU'a, s11 ñccionalizaci.ón permite reciclru·las como
tenidas por verdaderas (por aquellos que las han desarrolla· soportes de satisfacción estética y, por tanto, seguir benefi-
do o las desru·rolla:n) equivale a desconocer la especificjdad ciándonos de ellas en términos cognitivos y afectivos. Pero
del dispositivo ficcional que reside en gran parte en el hecho hay que distinguir entre el heehn de que las abordemos como
de que lns representaciones que genera no pertenecen al Jicciones y la pretensión que podr:ía:mos tener de cltrfinirlas
ámbito del régimen de crecneins tenidas por verdaderas (o .como tales. Mi objeción sólo concierne al segundo enfoque, y
falsas). esto porque conduce a 1m desconocimiento de la especiñ.ci-
dad da la situación de fingi:mien~o lúdico -'Y pm· tanto del
lt Es la razón pQr la que el hecho cle que incluso Jos teólugos se sientan
dispositivo ñccional-- incluso en las sociedades que, por otra
en ocasiones obligudcs a discut.ir el esta tus de Jru¡ creenciaa cristianas en parte, han p1·oducido los conjllntos de creencias serias que,
términos da -.ficción,, testimonia de formn elocuente lo pé:tdldn de crcdibí· en nuestra sociedad, no funcionan más q1.1e como :ficciones.
lidad de eans creencias. Recu1nr hacia una defenau en términos de .. fic. Pues la idea sag(m la cual en las sociedades denominadas
ción• no arregla las cosas. Más bien pareee un suicidio larvndo. Para un •tprimitivas» la diBtint.ión entre representaciones tenidas por
ejemplo ele asta táctica, ve1' Wolfgung PnnJllanberg, «Das lrnmle de11 vm•daderas (o falsas) y ficción no existiría es debida sobre
Glnubens~. que abre el volumen colectivo Funkticnen des Fikliven
(FHncwneB ele lo fir:cicmnh, editudo por Dietar Henrich y Wolfgnng Iser
(flenrich e !ser, 1983, páginas ] 7-34).
26
Genetta (1991), página 80.

13!3
l
todo al desinterés de la antropología clásica por la ficción: claramente planteadas como :ficticias. Goldman y Emmison
en todo caso, los juegos ficcionales parecen exis'tir en todas han demostl·ado también que las sesiones narrativas (bi te) de
las sociedades, y en formas equivalentes a las q\.le :podemos ob- los huli de Papúa-Nueva Guinea son verdaderos batiburrillos
servru· en los niños de nuestra propia sociedad26 • Thomas pragmáticos que combinan na.tTaciones que el narrador y el
Pavel ha señalado con acierto la distinción ent:re los dos aucli'torio acatan ••seriamente" con invenciones ficcionales. Y,
tipos de representaciones recordando que «la creencia en exactamente como en nuestras :p:ropias sociedades, es la exis-
los mitos de la comunidad es obliga,toria», mientras que «la tencia de marcas convencionales de ñccionalid.ad (:frases in·
adhesión a 1a ficción es libre y claramente limitada desde el troducto.r:ias estereotipadas, repertorio de nombres propios
punto de vista espadal y temporal»27 • Las dos características específicos resm"Vados a los universos :ficcionales) lo que per 8

de la ficción que subraya -la libre adhesión y la delimita- mite a los oyentes saber en cada momento si el contexto es ñc-
ción espacial y temporal- son consecuencias directas del cional o no28• Dicho de otro modo, los huli distinguen muy cla·
fingimiento lúdico compartido: la adhesión es libre :porque el l'amente entre imaginación ficticia y creencia se1'ia, incluso si
dispositivo :ñccional es una ejemplificación del modo de inte- tma parle de los hechos en los que creen seriamente no son los
racción lúdica, que sólo podria establecerse sobre una base mismos que aquellos en los que nosotros creemos seriamente.
voluntaria; y, como todo juego, la ficción instaura sus pro- Pero el punto crucial en la distinción entre situación ficcional
pias l'eglas, lo que implica una suspensión provisional (y y creencias <~serias» no es precisamente rle1 m·den de la verdad
pm·cial) de las que tienen validez fuera del espacio lúdico. o falsedad <<efectiva»: muchas de nuestras creencimí serias
Tal as precisamente el estatus que las representaciones que nos son indlspensables para adaptamos a la realidad
••mitológicas» -evidentemente, los «mitos, nunca son más (:física y social) tienen lazos tan clistantes con los saberes que,
que las creencias de los otros- han adquirido en nuestra en términos prácticos, el hecho de que sean verdaderas o fa].
sociedad, en el marco del «estado involuntario de ficción». sas da exactamente igual. En cambio, es indispensable que
La noción de «mito», al menos si no se manipula con pt·e· tracemos 'l.1na ftont~:tra entre las Cl'eencias {verdaderas o fruA
caución, tiene aím otra desventaja, que, de alguna manera, es sas) que acatamos, y que atañen al principio de realidad
lo contrario de la prlme1·a: los mitólogos que no quieren des- (incluso si puede suceder que escapen de facto a su sanción) y
calificar las cl'eencias de las sociedades que estudian tienden las construcciones imaginativas que no atañen a ese principio
a minimizar, cuando no a negar, la pertinencia, en las socie- (o al menos no ele la :misma manera). Salvo en el caso de rus-
dades en cuestión, de la distinción entre las creencias tenidas funciones cognitivas muy graves que producen sistemática~
pm· verdadet·as y las ficciones imaginativas. Al mismo tiempo, mente Cl'eencias e:rróneas, la frontera entre lo que aspira a un
se muestran ciegos al hecho. sin embargo muy interesante, de estatua verídico y lo que no es más importante que la que hay
que las sesiones narrativas a :partir de las cuales reconstru- entre lo que es efectivamente verdadero y lo que es efectiva·
yen los pretendidos «m)tos•• muy bien pueden combinar se· mente :falso.
cuencias ~~aceptadas como ve1·daderaa>• por el narrador y su Pero, si hay que distinguir entre ficción y creencias falsas
auditorio (por ejemplo ]os relatos genealógicos) con secuencias o ilusiones, no es menos cierto que, desde el momento en que
la ficción opera a través de m:imemas, no puede no opel'a:r a
211
través de un mecanismo que es el mismo que el de los enga-
El análisis de Goldman y Emmison <1996) de los juegos ñccionales ños ..En efecto, si la hipótesis que adelantábamos en el cap1-
de Jos niftos huli CPaptia-Nueva Gnineal demuestra que esos juegos alcan-
zan una complejidad intencional que no tiene nada que envidiar a nues·
tulo p1·eeedente es correcta, la lógica general de la postura
tras ficciones m~\s relinmlas.
Z7 Pavel (1988l, página 81, M Ver Golclman y Emmison (1fJfJ6), páglnaa 27·28.

134
735
l
de atención repre.sen:tacional sólo pueda ser una: toda repre- no exterior, estados y actos COl'Pornles y mentales. Y esto
sentación presenta sus contenidos, y lo hace por el simple vale para todas las representaciones1 con independencia de
hecho de ser 1.ma representación20 • Toda representación su fuente, su modo de acceso o su modo de existencia. Asl,
posee lUla estructut·a de reenvio en el sentido lógico del tér- cualquiera que sea la diferencia lógica (desde el punto de
mino, es decir, que <'trata sob:re algo», que <1Se basa en algo». vista denotativo) entre la rep1•esentación de un caballo y
La existencia de 'tal e,struetura as inmanente a la naturale- una rep1·esentación·de-unico:rnio31 , ambas son equivalentes
za de la :representación, la defme independientemente ele la desde el punto de vista del conten:idoaz. Es cierto que, en el
cuestión de saber si al objeto de reenv:ío al que se re:ñm·e por caso del unicornio, ciertas vías de acceso quedan excluidas:
el simple hecho de ser 1.ma representación corresponde efee.. yo no podré (sin duda) ver nunca un unicornio real, es decir,
tivamente ·un objeto trascendente en tal o cual unive1•so de que ninguna de mis representaciones de unicornio podrá ser
referencia. Por tanto, hay qtte abandonar la idea segim la causada por un unicornio. Del mismo modo, hemos visto que
cual exist.irían dos modalidades de :representación, una :fic- es vital estar en condiciones ele diferenciar entre las repre-
e:ional y otra referencial, y esto pol'Cj1.1e la capacidad I'epre- sentaciones causadas por lo que representan, es decir, las
sentacional es una esti'Uctm•a neurológica elaborada de tal pe1·cepciones, y aquellas cuya causa no ea el objeto repreR
forma por la selección natural que funciona como interme- sentado -como es el caso (entl·e otms) de las repi'esentaeio-
dia:l'ia entl'e nuestro sistema nervioso central, po1· un lado, y
el entorno exterio::r.· y nuestros propios estados y actos corpo- concepción sartrlima, que sin duda conceile demasiada impo:rtancia a la
rales y compol'tament.ales, por otro. Por tanto, incluso si actividad jurlicanta en el :li.mcionamis:nto :referencial dellangtll1)e. La jdea
apun·t.a a tm obje·to inexistente, no puede represen-tarlo como de r¡ue rap:resentnrse algo aq1.tivnle a planteado se encuentra ya an Fl·ege,
inexistente, porque l'epresental·(se) una cosa equivale a cua:nd1) dice que un nomhl'tl propio :fieclonal sólo puede aseguraxsa un sen·
plantearla como contenido repre.sentacional30• Por otra parte, tido en la medida en que "hace como si nombrara» a un .ser real (Frege,
las representaciones ñccionales ·tienen exactamente las mis- 1969, página 184, citado por Bt>nvm.'essa, 1992, p!Ígina 16).
0
' El uso de guiones as una convención da eserittll'a propuesta por
mas clases de referentes que la representación común: entor-
Goodman (1990, :Página 48) P,nra marcar el hecho de que los Pl'Btlicados en
los que intel'Vienen entidades flccionnle.s son, de hecho, p1·edicados moná·
~9 Ver páginas 89-92. dieos invisibles, y no oehomailos preclicac1oa ele tlos plazas».
ao s~u·tre (19SS, 1." edición 1940), como todos los iánomenólogos, llamó :r.~ En An Apology for Poetry (1580), Philip Sidney ya 1lamnba la atan·
la atención sobre el hecho de (rue la conciencia representaelonal como tal ción sob1•e una ele esas limitaciones repl'esentacionales genéricas que se
ae de:ñna como imagen da un objeto. Pero ilistingue entl·e la eonciencia imponen al creador de l'icciones: la linrltación de identificación singulnr y,
significativa, q11e, tmn teniendo un imagen, no seria posicinnal {sólo lo especialmente, la necesidacl de nombrar a los peraomues. Co:mpar.nndo la
serla si estuviese ligada a un acto de enjuiciamianto) y 1a conciencia ima* sitl.1ación de los poetas con la de loa juristas que inventan cnsoa ·ficticios,
ginaute, que siempre sería posicional, incluso cuando no plantea su obje- se:iia:ta: ..cuando J'ep:reaentan a hombrea. no pueden dejar da nombrarlos».
to como existente {:Página 51). Según él, «leer en un lat:rero "despacho del {Sidney en Enright y Chikera (editores) (1962), página 31). Se trata en
subjefe", no es pl'oponel· nada». El letrero conciern:e a •una cierta natura· efecto de una limitación gene:raJ, es decir, nnpuesta a todo cliSClU'SO que
laza», ))el'o, •sobre esa na~uraleza, no nf'n'llla nada» (lbltlem). Me pareca, hnga l'eferencia (fultie.in o :realmente) a hombrea partieulm·ea: el simple
al contrario, que pm•a ·la mayo1ia da los loeutores :franceses tal letl·al'o hecho de introdmir una l'elin'encia singular en una frase implica un acto
satura esa «natm·alaza•• con múltiples propiedades, aunque sin duda no de identificación individual (aunque fuese indefinida) y. por tanto, al
'sean las mismas según sea el jefe, el mismo suqjefe, algún subo1·d:i:nado, menos implícitamente, un neto ele non:ñnación (en la medida en que un
un cliente o un inoportuno quien lee el letrero Clas dos1.íltimas catego:r.ías individuo humano tiene un nombre, la nominaci6'n está virtualmente pre-
comciden desde al momento en gue la magia nclministl'ativa metmnorfo· sente en el acto de identiñcnclón individual, incluso cuando el poeta ae
sea al cliente en «'llSUariO>> ). La te orla causal da la signí:iicación, defendi· abstiene de u:na nominación efectiva y se limita a itlantiñcnciones indefi.
da especialmente por Millikan (1998), me parece más pertinente qua m nidas del tipo uun homhl·ea ).

137
- !

nes p1·oducidas por nutoastimulación mimética-. Sin embar· miento serio. En este último caso, la función de los mimemas
go, aunque no p11edo ve1· un 1mico1·nio real, puedo verlo fácil· es conducir a eJ'l'OO' a las creencias, es decilj a la instmlcia con.s-
mente en imagen. Ahora bien, aun así, desde el punto de vista cien:te que J'egnla nuestras :intm·acclones directas con la reali-
de la manera en que capto visualmente esa imagen y en que dad; en el dispositivo ñcciona1, su función es activar la actitud
construyo mentalmente la entidad a la que reemplaza, no se rep1·esentacional (pe1·cephlva o lingüístico-semántica), dado
distingue en nada de la imagen de un caballo -es dec:h; que lo que el fingimiento compartido implica que sepamos que se
que es válido para las representaciones mentales también lo trata da mimemas, conocimiento que :prescribe el uso espec:ffi-
es para las representaciones icónicas-. Y, si nunca he visto co que conviene hace:r del universo generado por esta actitud
un caballo, pero en cambio estoy muy familiarizado con las rep1•esentaclonal.
imágenes de unicornios, la :representación que formaré será Pa:a intentar comprender un poco mejm·la relación entl'e
mucho más rica y comple.ja en el segundo caso que en el pri- l.o~ n:ume~as y el :fingimiento lúdico compartido, puede se:r
mero. Estos ejemplos demuestran que la existencia o ineXis- util partir de la cuestión de los engaños. En el caso de
tencia de lo que nos representamos no cambia nada en la cons- Marbot, la ausencia de síh1ación.de fingimiento compartido
titución interna de las l'epresentaciones: esta constitución hacía que el relato :funcionase como \m engafto de biograña
difiera mucho más en función de los vehículos representaeio- factual y, al mismo tiempo, el efecto era el :mismo que en el
nales (pm·cepción, acto de imaginación, signo lingüístico, figu- caso de 1m fingimiento serio (logrado). Podríamos pansa:r
l'nción analógica, estfinulo sonoro o táctil, etc.) que por la his- entonces qtte hay 1.ma incompatibj]idad entre el fingimiento
toria causal de los contenidos repi·esentacionales. Dkho de lúdico compartido y los efectos de engafio. Pero en realidad
otra fOl'In.a, como la invención ficcional.sólo puede construir s11 la relación es :más compleja. La 1•azón es doble: por una
unive:l'so utilizando la estructl.U'a representacional canónica y, parte, Marbat lo ha cle.mostt·ac1o, puede haber engaño en
al mismo tiempo, d[\ja fne1•a la cuestión de la refe1•encia tras· ausencia fle toda intención de fingimiento; po1· otra, hay
candente, que es el coiTelato funcional de la relación de reen- engafios y engaños) en la medida en que estos pueden actuar
vío inmanente, no puede dejar ele conllevar un elemento de sobl·e módulos men·tales diferentes y en que las consecuen-
o:;como si», de fingimiento. En efecto, en la invención ñccional, cias no son las mismas en todos los caso.s.
esos 1·eferentes establecidos por la naturaleza de la represen- Partamos del hecho de que puede haber engaño -es dech·
burlón mental no son la fuente causal de la repl'esentación que 7o~ión o cm'to~rcui'to entr~ el.mimema y la realidad qu~
los construye -como ocurre en la representación cognitiva umta- en au.senma de cualqmar mtención de fingimiento. Ya
s~emos por qué: el fingimiento es un hecho intencional
canónica- ni se convierten a su vez en una fuerza causal
capaz de p1·oduci:r la realidad coiTespondiente -como ocur.re rQientras que el engaño es un hecho funcional. El modo d~
en la l'epresentación como causa intencional de la pt·oducción opm·ación de un mimema (o de un conjunto de mimemas)
de un objeto-. Las 1'ep1·esentaciones son elt·esultado de una posee su propia dinámica, tJUe es :independiente de la actitud
auto-alteración de la capacidad representacional, auto-altera- intencional del c.l'eador y viene dete:rminada en lo esencia] por
ción que as posible desde el momento en que un sistema l'epr&- el grado de ísomorñsmo enb·e la imitación y lo que es imita-
sentacional accede a procesos reflexivos, como lo es la capaci- cloaa. Desde el momento en que ese isomo:r.fismo rebasa cie1•to
tunh.ral, el nrlmema ·funciona como engaño, cualquiera que
d?~ rep~·esentacional humana. La función del :fingimiento
haya sida la intención que ha presidido su p:roducción. En
luclico es crear un universo imaginario y empttiar á11·eceptor a particular, cualquier l'ep.resentaclón fundada en una explota-
sumergirse en ese universo, no inducil·le a c1·eeJ'. qua ese '!.mi-
verso imaginario es un universo real. Po1· tanto, la situac:ión de
fingimiento lúdico se clistirlgue profundamente de la de fulgi- ¡:¡ Ver página 39.

Jg8
l

ción de relaciones analógicas (es decir, toda «representación que el cine de ·.ficción, y esto desde sus o11genes, es quien se
por hni:tación») es susceptible, en circunstancias (<.favorables),, ha esforzado ~m sacar provecho de ella. La motivación Pl'ln"
de t:l'ans-formarse en engaño, y asto en ausencia de toda inten- eipal de todos los prog1•esos en el campo de las 'técnicas cine-
ción de fingimiento. Por el contrario, incluso si hay :intención matográficas parece en efecto haber sido -más que la preo--
de fingimiento, desde el momento en que el isomorfismo es cupación por la «fidelidad reproductiva>>- la voluntad de
demasiado débil, el engaño no opera: están los que saben satm·ar las películas de mimemas hlpe:rno1~es, tanto en
mentir y los otros. Es importante distinguj:r en·tonces entre lo que se :re:lie1'e a la imagen (exageración de contrastes
la relación mimética especfñca, la producción de un enga- luminosos, del brillo o el contraste de los colores, etc.), como
ño, y la intención de ñng:imiento (ser:io). en lo que se l'eñere a la banda de sonido {baste pema:r en el
Esta distinción es tanto más impo1•tante cuanto que en la Digital Dolhy caracte11zado por una exageración sistemáti·
:ficción las situaciones de inmersión ficcionales. están ligadas ea de los efectos de l'everbe:ración sonora y de la amplitud de
a efectos de engaño, aunque no hay intención de :flnginrlen- las frecuencias bajas para provocar un efecto de realidad).
'to (serio). De todos los· disposit:ivos de representación mimé~ .Ahm·a bien, como cada espectador de cine puede experimen-
tiea conocidos hasta la fecha, el cine es sin duda el que más tar de vez en cuando, tales mimemas hípernormales son
fácilmente consigue p1·oducir efectos de ese Mpo. En· este capaces de funcionar como ilusiones perceptivas. La p1•ueha
caso se trata de engaños pm:·t.mptivos3~. La posibilidad está es que inéh.1cen bucles :reaccionale.s cortos que nos empujan,
anclada en el dispositivo cinematográ:ñco como ·tal, es decir, por ejemplo, a agacharnos, a echar la cabeza hacia atrás o a
en su estatua de :representación analógica cuasi pe:t·ce:ptiva. cerrar los ojos. Aho1•a bien, tales bucles reaecionales, de
Ptu· tanto, se sit1\a antes que la distinción entre pelíeula de naturaleza nl:fleja, son t:ípicos de los ·tratamientos percepti-
ficción y pelfcula documental -:.una ca:racteristica q'l.le coma vos preatencionales. Es por tanto el módulo perceptivo el
plica singularmente el estudio de la. re1ación entre el cine que ha sido inducido a error:: el isomorfismo :mimético ha
como tal y la 'ficción cinematográ:fica00- . N o es menos cim>to bastailo pm·a desencadenar la reacción que habr:ía sido ade-
cuada si en elluga:r del mimema hubiera estado el estímulo
:>.~ Roland Barthes {Barthes, 1984, :páginas 383·887) señala que la ima- real imitado. Hay que señalar que los estímulos que inducen
gen :fllmica es un engaño, lo cual es ciertamente una tesis hiperbólica. Por ' el engaño forman parte de los que en situación real deben
ot1•a parte, Dartbes interpreta los efectos de esa ang.año en el marco da la ser tratados de un modo preatencional pa:ra poder ser proM
teoría. lactwinna de) u!maginario>~ allUlS ita COlnpal'kll' BU funcionanrlento easados eficazmente, por tanto sólo acceden a la conciencia
con el de la ideología -lo que s.igniñcn no hacer caso alguno de la Jrltun· una vez que la reacción ya está en mal'chaae. Se t1•ata de
clón da :.fingimiento httlico-. En el otro ext:remo, Walton (1990) y Cuma
(1995) mantienen que la mtuaeión del mahe-beJteve excluya la po.sibilldad bucles reaccionrues gené-ticamente programE!-dos, indispen-
:n:rlsma da que haya otros engru'ios. Pm·o C.i.n'l'ie estudia el problema úni·
crunente en ?elación con la cuestión del movimiento einelllatográ:ñco. Su ~o La existencia da un módulo de tratamiento de 1a percepC'lón inde·
l'íi!chazo a tenel' en cuenta la av$ntualidad de la existe-ncia de engaiios pendiente ele la atención perceptual p:ropiamente dicha, ampliamenta
p:l'enteneionales resulta esencialmente del hecho de gua qrrlere tlemoat:l'a:l' debatida1 ha sido ctmfl!lllada por múltiples trab~os recientes, espeeiEtl·
q~e al :qJovimiento cinematográfico ea real y no ilt1S011o. Sea lo q\le sea del mente los dedicados al ti·atamiento de las imágenes subliminales (ver pol'
estatua t1el movimiento, al simple hecho de que constn1ymnos la imagen ejemplo el informe de los tl'abf\jos de Stallimru; Dehaene y ot:ros deBano-
clnematogrd'ñca como un conjunto de pa:rcaptoa uidimen.sionales iT.Ilplicn llados en el m!U'to de la ·unidad INSERM 334: «lmágenes au1>lim.inti1eS»,
engaños preatencionales. En cambio, esto no significa, como sostenia por en Por la ciencia, noviembre, 1998, página 32). :Para una exposición gen &o
ejemplo Christian Metz, que el dispositivo einematográflco como tal sea ral del estado actual de la cuestión y una IU'gumentación en favor ele la
ficoioruil. VJY.r :páginas 270·272. :impenetrabjJiclnd cognitiva del módulo básico da la percepción vis\lal, Val'
:JII Ver páginas 269·281. Pylyshyn (1007).

1tj0 1tj1
sables pal·a ntlestl·a integridad corporal (a:pa:l'tamos la cabe- co compm·tido -y por tanto de la :inmersión Em una aparíen·
za para evltro: 1m golpe, nos agaChamos para escapar de un cia-. Por el cont.xar.io, en el ·caso de Marbot es la atención
proyectil, etc.) o psicológica (cerramos los ojos :para esc.apm· consciente de los lectores lo que ha sido llamado a engafto,
de una expe:dencia perceptiva traumática). pues la identificación del estatus pragmáti.co de un l',elatb· es
El carácter p1•eatencional de esas :ilusiones perceptivas es una decisión que pertenece al ámbito de la atención cons-
interesante para nuestro propósito. En efecto, los mime:mas ciente. Esto concuerda con el hecho de que, como ya hemos
cinema'tog'l·áñcos lrlpe:rno:rmales están lejos de ser siempre visto, los responsables del ~d'racaso» de Hildeshe:i:mer no
reproducciones de estlmulos que nOl'lnalmente activan bu- hayan sido los engaños lrlpet'llo:rmales de la mimesis formal,
cles l'eaccionales .c01·tos de tipo reflejo. Ahora bien, sólo los sino una práctica pragmática autodestl;uctiva.
m.imemas que reproducen tales est1nu.llos culminan en trans- La comparación entre las dos sitt1ac:iones -la de la trl\l;lls·
ferencias pE!l'ceptivas. Para apreciar en S'\.1 j"llsta medida la ferencía perceptiva cinematográ:.lica y la de Marbut- es
importancia de este hecho en lo que concierne a la comprena dilucidado1'a al :menos en dos aspectos. En primer lugar,
sión de las ·relaciones entre fingjmiento lúdico. compartido y pone de manifiesto que la situación de fingimiento lúdico no
efectos de engaño, hay que completarla mediante una preci- es incompatible con la existencia de engaños 1\lncional.ea que
sjón suplementaria: contrariamente al engaño inducido por operan en al nivel praateneional. El aspecto :más importante
Marbot, las ilusiones percep·tivas en mes·tión no tienen n:in~ de las tl·ansferencias pe1•cept:ivas e.stucliada.s po1· Ch:l'istian
guna :impo1·tancia. En efecto, como C1lristian Metz ha .seña- Metz reside en el hecho de que, daclo el tipo de estímulo imi~
lado con mucha agudeza, las <<transferencias perceptivas» y tado, el tratamiento de la señal ha tenido lugar en el marco
las reacciones motrices que inducen sólo son de corta dm·.a· de un bucle reaccional corto, no penetrable cognitivame.nte,
c:ió:q. Añade_ y en mi opinión es el punto decisivo, que es el Lo que está en me$tión no es tanto la existencia da un enga·
amago :nti.Smo de la :reacción motriz lo que abo11:a el engaño; .ño preatenc:ional, como el hecho de que la hlStancia de con~
comparando el estado del espectador dmante la transferen- t:rol consciente haya sido cortocircuitada, un efecto que de..
cia perceptiva con un estado de m1asi-sueño, señala q·ne «es pem:le especfficmnente del tipo de mimemn concernido. Muy
precisamente esa acción na reacción motriz] que le despier" bien·:podrla ocurrir que los mimemas hipa:rnormales que .sir·
ta, lo que le saca de su b1·eve caída en una especie de sueño, ven de gancho a la inmersión ñccional prodtijesen siempre
donde esta tiene sus :ra1ces.>>07• Si quisiésemos set· aím más engaiios preatencionales; incluso pod:da oemrir que esa
precisos, sin duela deberlamos decir que es en el momento en fuese su función en el marco de la vmiante ñccional de la
el que el feedback propriocepto1· de la reacción refleja inicia- inmersión mimética. Pod11a ocm'ln' qua el creador ele ficcio-
da accede a la conciencia cuando, conj'lllltani~te, la reacción nes, atmCj\le no tuviese intención alguna de engaftarno.s, sólo
motriz e$ bloqueada y el engaño perceptivo desactivado. pudiese empujarnos a adoptar la actitud da inmersión
Dicho de otra fonna, la instancia decisiva qua impide que :mimética en la ·medida en que él consiguiese conducir a
el engaño controle el comportamiento real es la.del control e:r:ro1· a nuestro módt'llo :re:pJ·esentacional preatencional:
consciente del tratamiento cognitivo atencional.! la concien- :para hacernos accedoo· al univE!l'so mental que él crea, debe
cia:· del espectador retoma las riendas y reinstaura la pos.. empt\iarnos a elaborar repl·esentaciones que ins'tam·an ese
tura perceptiva y men-tal adecuada, la del fingimiento lúd:i- universo. Esa es al menos la hipótesis que esg.t':imi:ré pro·a
intentar comprende1·la situación de inmersión ñccional. Por
Metz (197'7), página 124. El otro término de compa1•ac:ión ea el de
(l7
el momento, me Hmitl:ll'é a lo que la situación de transferen-
astado da hipnosis, que por otra pm·te también encontramos en Bmtbes cia pe1·ceptiva nos enseña, aunque sea a contrario, sobre la
(obra citada, páginas 388·88<1). situación de fingimiento lúdico compartido, a saber, que en
léJ2 143
l
una situación «nOl'IDal» la visión de tma pel:ícu.la viene acom- memoria a largo plazo en forma de creencias utilizables
pañada de una neutralización del conjunto ae módulos men- directamente en nuestras interacciones cognitivas y prácti~
tales que controlan las l'aacclones (motrices o no) que sm•ían cas con el mundo. La situación de fingimiento lúdico, :por el
apropiadas si, en lugar da es,tar confrontados a mimemas, contrario, corta ese lazo, lo que exige un ti•ánsito :permanen~
nos encont:rásemos en la situación perceptiva con•espon- te entre la postura representacional y una neutralización de
diente. El hecho de que hnya p:roducción de mimemas los efectos normalmente inducidos :po1· esa representación.
hipernormales no ent:ra en absoluto en contradicción con la As:í, tm esroitor de novelas, en la medida en que imita los
situación de fingimiento lúdico compartido, al menos si signos de iclentiñcación de los actos de leng1.1t\'}es referencia-
aceptamos la hipótesis de una independencia l'elntiva de les sin l'einstanciar, al mismo t:iempo, los actos imitados,
loSt;módulos mentales de tratamiento preatencional de las produce mimemas-apariencias que, al igual que los enun-
representaciones (ya sean perceptivas o lingillsticas) respecto ciados ele realidad, van a ind11cir en el lector una represen-
al centro de con:tl·ol consciente que rige n1.1estras creencias y tación mental de los objetos y acontecimientos nanados.
opel'a la integración de los datos repxesentacionales en los Pe:ro a consecuencia del marco de fingimiento lúdico, este
marcos epistemológicos especfñcos. tl·atamiento queda bloqueado en el umbral del módulo men-
La posibilidad de la coexistencia de una dinámica :funda- tal donde ellecio1' elabo1·a sus creencias sob1·e la realidad (lo
da en la eficacia de un engaño con la ausencia de engaño e que q1.1ie1'a que entienda como tal).
ilusión se explica entonces en cuanto admitimos la inde:pen~ También podemos expresm· la diferencia de otro modo.
de:ncia relativa de los módulos mentales re:presentacionales Contra:riamente al tópico, una ficción no está obligada a
:respecto al centro ele control consciente que rige nuestras revela:rse como tal38; en cambio, debe ser anunciada como
creencias y realiza la interpretación epistémica de los datos ficción! siendo la :función de tal anuncio instit1..1ir el marco
re:p:resentacionales. El fingimiento lúcllco realiza la separa~ Pl'agmático que delimita al espacio de juego en cuyo :inte·
ción funcional de esos dos «módulos» mentales, mientras rlor el simulacro puede operar sin que las l'e:presantaciones
que, en general, están unidos: en efecto, en situación normal inducidas pm· los mimemas sean tratadas de la misma ma-
todo lo que es t1•atado por los :módulos :representacionales nera que lo serian las representaciones <il'eales» :remedadas
(ya sea en el modo de la percepción o en el de la denotación :par el dispositivo iiccional. Según el contexto culttll'al y el
lingtüsticn) entra en nuestro sistema balístico de creencias tj:po de ficción, este anuncio es más o menos explícito: en el
como aspectn de la <q>ealidad)> en la que vivimos. La situación caso de una tradición :ficclonal bien arraigada en una sacie~
de fmgimiento lúdico exige, :par el contrario, que cortemos ese
lazo, lo que conduce a una deriva permanente entre la posM , as Evidentemente, no q1rlal'O decir que 1ma obra· da ñcción no pueda
tu:ra :representacional y una neutralización subsecuente de hacer de la situación da fingimiento lúdico en si misma un elemento ~emá·
los efectos normalmente inducidos po1· esa l'e:presentación. De tico. Sería una 'tesis ahsUl·da, ¡n1es esa manera de proceder corresponde a
una tl•adieión venm·able ile la lital·aturn :ficcionnl-yn se trate de lo nove-
ahí la hipótesis de que el fingimiento lúdico 1·ealiza una lesco e h'ónico en Diderot o Thomas Mann, por (\jemplo, del teatro en el
separación entre los módulos mentales representacionales taatm, o incluso de la «denotacióll>> autol'l'afel'enclal de la .ficción dl'amáti·
(perceptivos y lingi.tísticos) y .el módulo epistémico de ca, por ejemplo, en Pirandello, An.ouilh y otros muchos-. En cierta forma,
creencias. En situación <!normal», tot1o lo que es t1·ataclo por una :ficción autodenunciativa no hace miis qua re.fleja:r en a11 propio seno
los módulos J'epresentacionales (ya sea en el modo de la la doble actitud que define el :fingimiento lúdico compartido: irunarsión
percepción o en el de la denotación lingüística) posee un mimética por un lado, neutralización de sus efectos pragmáticos por el
otro. En cuanto al placer pattit.'Ular que nos producen las :ficciones de este
valor epistémico (verdadero, falso, probable, posible, im- tápo, tal vez se deba a esos saltos repetidos entre engaño y neutralización
posible, etc.) para ser almacenado a co:p.tinLlación en la consciente.
lrJtJ J45
dad dada y de una obra que se :inscribe fue1•temente en tal proyectadas en sala, debe se1· confirmado por indicaciones
tradición, el acto q·tle instituye la ficción p1.1ede, en última pm·ntextuales (o más bien para.filmicas): título, nomb•·es de
instancia, ser tácito, es decir, formar parle de los presu- los actol'es y del d:irector, eventualmente 1ma indicación
puestos implícitos de la situación de comunicación. Por genérica, etc.
ejemplo, nuestl'O conocimiento impl:ícito de los rasgos princi- Si las hipótesis qua pl·eceden son correctas en líneas
pa.1es de la ficció-n cinematográfica hace que, cuando encen- generales, entonces, en la situación de fingimiento lúdico
demos el televisor en mitad de una emisión, gemn·almente compartirlo, no es el fingimiento lo que ope1•a como fingi-
sepamos enseguida si las imágenes que desñlan son de miento. No hay que tomar al pie de la letra la expresión
naturaleza documental o forman parte de una película de fic- ..fmgimiento lúdico compartido»: lo que el dispositivo f.il!·
ción -salvo en el caso de una película de ficción fundada en cional tiene en común con el fingimiento es el recurso a
una mímes:is formal del género documental (como ciertos una misma técnica -la producción de mimemas-aparlen-
pa.s~es de Zelig, de Woody Allen) o, al contrario, de un docu~ cias--. Lo que llamamos «fingimiento lúdico» se caracteriza
mental que copia la estructm·a de la ficción (como Nanouk, por una disociación entre 1a producción de mimemas-npa-
de Roberl Flaherty):l~>, Por otra parte, las formas que adquie- l'iencias y la actitud intencional o la función pragmática
l'e el anuncio, cuando es explicito, son muy diversas según el del fingimiento. De ahí la hipótesis -un poco especulativa,
tipo ele :ficción. En el caso de la literatura oral, el papel es estoy de acuerdo- de que, desde el punto de vista ·filoge·
desempeñado po1· fórmulas introductorias convencionales. nético, el fingimiento lúdico, y por tanto la lictlón, habría
En la ficción ve1·bal escrita es, en general, el paratexto quien nacido de ese corte entra la operación pl'oductiva tle enga-
se enca1·ga de ello, ya sea mediante indicaciones genéricas ños y la actividad de fmgim.iento en I'elación con la cual
explícitas o, de manera más tácita, mediante el tipo ele t:í'tulo había sido seleccionada en el marco de la evolución bioló-
-lo que evidentemente supone una familiaridad del lector gica. La posibilidad misma de la ficción, concebida como
con la tradición literaria en cuestión·10- . En otras fonna5 de conquista cultm·al de la humanidad, depende de al menos
ficción el contrato pragmático .se materializa como un ver- tl·es condiciones. Si exige .una disociación entre procedi~
dadei·o marco físico. Es el caso de la escena teatral -para miento.s miméticos y conducta de mimicry, antes es nece-
medir su e-ficacia como marco de ñccionalización, basta pen- sario que tal disociación sea posible. Me parece que esta
sar por cont1·nste en el teatro callejero y en las dificultades condición no plantea problemas, pues ya hemos visto que
que pueden surgir en él para tmzar el límite entre la repre- la eficacia propio de los mimemas es independiente de la
sentación y la realidad Oo que, :por supuesto~ es a menudo funtlón o de la conducta a la que sirven, lo que demuestra
uno de los objetivos del teatro callejero)-. Es el caso tam- que se tl·ata de dos hechos irreductibles el uno al otro. La
bién ele la sala -y de la pantalla- cinematográfica, aun- segunda condición es, evidentemente, la existencia de una
que en el caso de la ficción cine.mntográñcn estamos ante organización mental compleja que debe posee1· al manos
ma1·cos cerrados. El encuadre material no basta, puesto dos cm'acter!sticas: una instancia de control consciente (o
que una sala de cine no proyecta .sólo películas de ficción, atencionaD capaz de bloquear los efectos de los engaños
sino también documentales. Aunque sea un indicio relati- preatencionales en el nivel de las cteencias, así como una
vamente fiable, dada la escasez ele peliculas documentales organización atencional sofisticada capaz da distinguh·
entre lo que pasa por verdadero y lo que pasa por falso.
'"Sobre la compleja situución de la ficción cine.mato&'l't\f.lcn como tal, Esto jmplica a fm·tiori que la ficción sólo pudo nacer a par·
ve:r piíginna 269·281 y 282·288. tir rlel momento en que las actividades de mimicry acce·
~o Ver Genette (1987), especialmente páginas 82, 86, 88 y 89-97. d:ieron a los comportamientos intencionales. La tercera
1t)6 147
condición es de naturale;i:':a social: la situación de fingimiento menudo la abordamos desde una p¡¡u·spectiva que i:n:fravaloi'a
lúdico compartido sólo es posible en al marco ele una o:rgani· su vm•dadexo alcance. En efecto, tendemos espont~emnente a
za.ción social en la que la cooperación J'Scíproca. es más impor- pensar que la ficción simplemente ae inserta en la relación
tante que las relaciones conflictivas. Esta condición exige en refm·encial con la realidad neutl·alizando algunas de las res-
· efecto que las técnicas miméticas dejen de estar al servicio ele tricciones que la rigen. Esta suposición está :íntimamente liga·
1·elaciones de naturaleza manipuladora (predación o autode- da a una concepción simplista de la génesis de la relación entre
fensa) y se reciclen en una actitud intencional que se apoya~ el individuo y la 1·ealidad no subjetiva y, en un sentido más
al contrario, en una :relación de transpru·encia comunicativa y amplio, del desarrollo cognitivo y afectivo Oos dos van pa:rtijos)
de confianza entre el que Pl'Oduce los mimemas y el que es del niño. Además presupone implícitamente que el cerebro del
invitado a picar el anzuelo. l'ecién nacido funciona como una hoja en blancb destinada a
llenarse de saberes l'eferenciales a medida que la realidad
exterior impr.ime sus marcas en ella, todo bajo el control de
S. La ontogénesis de lrt competencia fjccional: de la una instancia epistémica central que no sena otra que el «yo»
autoestimulación mimética del bebé. Contra esta forma de enfocar el problema, conviene
Acabo de sugerir que, desde el punto de vista de la fllogéa · recordar algunos hechos ele.me:ntales que demuestran no sólo
nesis, la ficción conlleva una disociación entre los operado· c1ue el nacimiento d~ la competencl~ ;fi~cional es ~m proceso
res miméticos y la función vital que tenían (y, en otros complejo, sino aclamas que su aclquw1c1ón es un factor muy
contextos~ siguen .teniendo) los mimemas-aparlencias con~ :importante en el p.roeeso de control de la realidad. Dicho de
cabidos como instnunentos al servicio del fingimiento otra forma, lejos de se1• una excrecencia pa:rasita:ria de una
«seriO». La hipótesis es evidentemente especulativa, pero, relación con la realidad, la actividad imaginativa, y por tanto
en la medida en que en la evolución biológica los hechos de el acceso a la competencia ficclonal, es 1.m facto1· importante
:fingimiento serio preceden de lejos a la génesis del fingi- para el establecimiento de una est:rnctura epistámica estable,
miento lúdico, al menos es pla11sihle. Sea com.o sea, y aun es decir, para la cli.stinción entre el yo y la :realidad.
suponiendo que pudiese dar cuenta del nacimiento de la fic .. Si hay dos cosas que la psicología del desarrollo -más allá
ción como actjvidad social compm'tida, no se ve mtv bien de todas las querellas escolares- ha conseguido establecer de
cómo podrfu aplicarse al dispositivo ñccional concebido como mane1a l'azonablemente cierta, es que la idea según la cual el
juego «privado». Ahora bien, la :ficción puede ser un placer bebé dispondda desde su nacimiento de un yo estructurado Y
solitmio, y a menudo lo es, al menos durante nuestra infan- que,· al mismo tiempo, su cereb1·o sería miginaJme~te virgen
cia: jugar con 1.ma muñeca, con coches en miniatura o con da toda :preestructuración de lo 1>eal son falsas. LeJOS de ser
soldados de :plomo, imaginar que se es 'I.Ulll estrella de cine una hoja en blanco, s11 ce1·ebro es-tá dotado desde su nacia
o Superman, equivale a elaborar ficciones <cplivadas». No miento de cierto número de organizaciones estructurales ya
parece fácil que la ontogénes:is de esta competencia pueda funcionales desde el punto de vista epistémico, y qua, activa-
explicarse mediante una disociación entre opexadores mimé· das po1• estfmulos extmiores a,Pl·opiados, guiarán de manera
ticos y fingimiento stn'io. Pexo de ser así, ¿dónde iría a parm· autónoma los primeros comportamientos. Esas organ:izacia:_
la validez de la noción de fingimiento compartido a la que nas genéticamente '<precahleadas~> -David Stern ha~la de
acabo de dru· tanta importancia? «estructuras menta1es p:t•efor.madaS»'11- , entre las cuales las
La cuestión ele la ontogénesis de la competencia :ñccio·
nal es (un poco) menos especulativa que la de la filogéne- ., Stern (1990), página 32. Qt1iaiern llgradecerle a Raymoncl Bellour el
sis de la ficción como actividad social Sin embargo, a hahel'lne llamado la atencián sobre este articulo.

UJ9
mejor estudiadas son las -relacionadas con la percepción frustrante, pues el niiio :pierde a1 mismo tiempo su sen-ti-
visual, la adquisición del lengu~e y la mot:ricldad l'eflaja42 , miento original de omnipotencia y experimenta su depen-
operan en un plano preatenciona1 y no parecen poder sei dencia-.
modificadas por factores atencionales (por tanto, conscien- Parece que, desde el punto de vista cognitivo, asa des-
·tes). Gtac:ias a esta cro·acterística ya son eficaces cuando proparción enti·e unas aptitudes preateneionales muy eom·
hasta la conuiencia y sus instancias de control atencional plejas, capaces de reacciomu· de manera diferencial an,te
están aún en un estado incoativo. En efecto, y una vez más se:ñales pl'Qcedentes de :fuentes diversas, y el carácte1· aun
en contJ·a del tópico, el niño no nace con una conciencia de sí ampliamente subdesa:rrollado de la organización conscien-
mismo ya estructul'ada, capaz de reconocerse como distinta te integrada1 a la que incumbe el tratamiento ulterio1· de
de su entorn0"3. En lo que se refiere a estos es·tados vividos esas señales (y especialmente su almacenamiento rep1·e·
-estados vinculados a la experiencia de las necesidatles y sentacional y su categorización), supondría el mayor desa-
de su satisfacción, a la sensibilidad al placer y al sufrimien· fío pa1·a el ni:ño. Los instrumentos prea:tenc:ionales están ya
plenamente activos, pero el cont1·ol consciente que debe
to, a las sensaciones :producidas por los niveles de tono y de tomar el relevo aún no está en condiciones de desempeñar
relajación muscula:l', así como a las estimulaciones sensoria-
su papel de forma ·fiable. Concretamente, el bebé es todavia
les, y que tienen que ve:r con lo que a veces llamamos «zoo- incapaz de repartir de forma ·adecuada los estímulos que 1e
conciencia,>-, el recién nacido no ve en el mundo que le llegan pm· todas partes entre las diferentes fuentes que los
:rodea, e incluidas las personas que se om.1pan de él, sino una causan y, por tanto, de adkpta:r sus reacciones (conscientes;
·prolongación ilimitada de .si mismo. Aún no tiene conciencia intencionales). Como señala Singar (siguiendo a otros mu-
de <isí mismO>>, pues sólo llegamos a se1• 1cnosot:ros mismos» chos psicólogos), para el bebé la distinción crucial entre
<<secretando» una membrana sept}l'adora que genera sbnul- señales endógenas está lejos de ser evidente: «De hecho,
táneamente a los dos universos, el de la interioridad subjea muy bien podrla ocu:rr:ir que para el niño no fuese fácil clis-
tiva y el de ]a exterioridad o~etiva. Como ilustran a contra- tingui:r entre los estfnmlos que está descubriendo c1,1á1es
l'io los múltiples fracasos de este proceso, a veces de graves son fundamentalmente internos y cuáles son externos) es
consecuencias, el establecimiento de una frontera estable decir, pl'Ovi~nen del entorno inmediato y actual»M. En la ·
entre el yo y el mundo, entre lo que forma pmte de nuestro medida en que1 superada la primera infancia, somos capa-
:interior y lo que forma pm'te del {(exterior>), es una empTBsa ces -al menos en ausencia de ilusiones senso1iales preaa
cuya compltúidad no puede subestimarse -ni su cru·ácter tencionalea, de estados patológicos o de cont:rainvestidu~a~
afectivas demasiado fuertes- de clasificar con mayor o
4
menor éxito nuestros contenidos mentales según las dife~
a En lo que se ¡•o:fiere allengu(\je, ver páginas 51·52. Respecto a la rentes fuentes da las que provienen y de adoptar el modo
mot:ricidad y, sobre todo, a la perc~pción via11ru y eapeelalmente la tlist:in· de reacción q1.1e conviene a cada tipo, tendemos a subesti-
ción ent1·e loa 'buelas renccionales «I!Ol"biSl), autorregulttdos y <~preatancio­
nalea)), y los al.ste:mas «largosn, responsables de la construedón de las mar con demasiada frecuencia el hecho de que el h.ebé vive
rep1·esantaclonea conscientes, vtll" Bonnet, Ghiglio:ne y Richard (1989), en tm universo que posee un estatua ontológico en gran
especialmente páginas 3·6, 1'7-74 y 160w162. parte indeterminado y que las relaciones epistémicas que
~a Para. una presantnción de ln.s diferentes teo:riaa surgidas de la psi· mantiene con los estímulos que va expwjmentando aún
colegía «clásica» (especialmente Wallon, Pinget y Janet), ver por ejemplo son esencialmente inestables.
Ey (1988, páginas 290.666}; para conctlpcionas psicoanalíticas no dogma.
ticns, ve:r los trali!\ios clásicos de Winnicott (especialmente 1975, páginas
7·39) y StEn'n (1989). ..,, Singm· (1978), página 194.

150
l
Esta inestabilidad es tanto :mayor cuanto que la aet:ividad Es tanto más vital para el niño llegm· a establecer estas
mental intencional (o represen:tauional)J no es tm :fenómeno distinciones cuanto que las antoestimulacionas son ase-
discontinuo desencadenado por la sobrevenida de estímulos diadas masivamente por sus neca.sid~des y pulsionas, y
exteriores (perceptivos o de origen somático)> que cesarla ante que, por consiguiente, tiene una tendencia natural a ser~
la ausencia de tal información exógena45• De hecho, una gran virse de ellas como cont:rainvestiduras susceptibles de se1·
pm•te de las actividades mentales no depende de estímulos dirigidas contra los etJt:ímulos desagradables o dolorosos.
amo de 1lll fenómeno de autoestimulación y, por tanto, de un Dicho de otra forma: 'todo le empuja a pl'Oyecta:rlas sobre
ñmcionamiento en bucle ce:rrado. Este· funcionamiento en los est:ímulos desagradables para reeuhri:rlos y :reempla-
bucle cel'l'ado genera contenidos mentales nuevos que resul· zarlos por l'epresentaciones más maleables y conformes a
tan de un :reciclaje (alteración, recomhinación, etc.) de infor· sus deseos. De ahí el riesgo de un parasitismo de la mode-
maciones exógenas (y resultados de estimulaciones anterlo- Uzación homóloga po:r la modelización ñceional, que, a la
:res) ya almacenadas en la memoria. Pero una vez más, en un vez, vuelve ineficaz la :pdme:ra e impide que la segunda
primer momento, el bebé es incapaz de trazar una ft·ontera tome forma como actitud mental específica. Un ejemplo
clara entre dos tipos: la modelización homóloga, en la que las bien conocido de tal disfuncionalidad es la mitomania, que
relaciones estructmales c1el modelo deben poder superponer- es una manifestación normal y corriente en el nifío, pues
se según una relación regulada con las del hecho modelizado los dos tipos de modelización están al'm ampliamente indi-
~situación que prevalece por ejemplo en los procesos de ferenciados; en cambio, si. persiste más allá de ciln•ta edad,
ap.rendiz~e por :imitación cuyo importante papel en la ,ad- se convierte en un handicap cognitivo (y social) a menudo
quisición de las primeras aptitudes humanas> y espacialmen- de graves consecuencias. Por tanto, el desafío es conside-
te en el marco de la activación de las organizaciones estruc- l·able: se trata de establecer 1ma frontera entl·e la il'nner·
turales prog:rrunrulas genéticamente, ya he recordado-, y la síón :ficcional y los hechos de autodecepción de naturaleza
modelización :ficcional (o imaginativa), concebirla como pro- imaginaria47 •
ducción de una representación en la cual la 1·elación entl·e el La investidura afectiva de las autoestimt1laciones debe
modelo virtual y la realidad no obedece a restricciones de ponernos en guardia ante un hecho que he descuidado
homolog!a global y local) sino que basta con que se mantenga hasta ahora: contra lo que podlia sugerir mi descripción, el
una relac-ión de a:nalogia global, pudienqo ser las correspon- bebé no es una máquina cognitiva, sino un organismo movi·
dencias locales amilógic.as u homólogas indifere:nteme:ntedll. . do po:r necesidades y pulsiones. Sin duda, la situación del
adulto no es ñmdamentalmente diferente. Pero, comparado
con· al bebé, su incapacidad para satisfacer sus necesidades
·lo E&te hecho vuelve inoperante todo proyecto de Jledagogfa fun· y pu1siti.nes por. sus propios medios e.s menm·. El bebé se en·
dacionnl, como el expuesto en el Emilio de Rouaseau. En su teoria, la tesis cuentra, en afecto, en una situación de dependencia l'ad:ical
de la naturaleza pul'amente sensitiva del bebé legitima dire~tl:lmente 111 1·especto a los adultos, situación real que contrasta singu·
rechazo a la imaglnaclón. :Partiendo de la idea de que ~en el comienzo de
la vida, cuando la memoria y la imaginación al.ln están inactivas, el niño lar.meJlte con el sentimiento ilusorio de omnipotencia que le
sólo está atento a lo que afecta actualmente a .sus sentidOS», concluye que
ula ·Fnntruda 1•.. ] no está en la natul'aleza» y, pax tanto, no hay que hace1...
le concesiones. (Roussenu, 1969, páginas 284 y 290.) " Para una discusión de los problemas planteados por la noción de
7
40
• Ver página 198 y S'lguientes, para una descripción más concreta y "autodecapción>• (sel¡.ileception.) y sus relaciones con la noción sartrlana
menos esoté1'ica ele esta tlistinciún que me :parece capital para ccimpren· da la «lllala !'e», va1·los estucllos l'eun:idos en Ames y Dissanayalte editores
der la especificidad ele la motlelización imaginativa. (1998).

!53
produce el hecho de que. al menos al principio, estos le n:itiva del universo en el que vive y, al mismo tiempo, le pro--
obedecen al pie de la letra. Po1· tanto, no es so:rp1'enclente tegen de la angustia de la deses·tructm·aci6n epistémica q1.1e le
que los p1ime:ros elementos estables ele su mundo, las pri· acecha tanto como la labilidad existencial.
meras constelaciones de estímulos que van a cristalizar en RecoYdemo.s que lo que se trata de comprender en esta
figuras permanentes, sean las personas que satisfacen sus etapa del análisis es la génesis del :fingimiento lúdico como
necesidades vitales: la :madre (o la persona que ocupa su autoafectaci6n, como actitud intencional rellexiva, como jue-
lugm·). En la medida en que estas responden de manera ópti- go jugado con uno lirismo. La cuestión ya no es entonces la
ma a todas sus demandas, incluso si se manifiestan como de las relaciones entre el «hacm·-como-si» lúdico y las activi-
componentes de un campo pe1·ceptivo que es por excelencia el dades de fingimiento «serlo», sino la de la génesis de una
de los estímulos que escapan a su control, o incluso lo agreden :frontera estable entre la vru'iante ficcional de la inmeTsión
(luz demasiado intensa, ruidos demasiado .fuertes, resistencia mimética por un lado, los engaños funcionales endógenos
de los objetos materiales, etc.), adquieren un estatu.s muy sin- (por ejemplo las alucinacjones) y los hechos de autodecep-
gulro·: por sus l'eacciones ante las necesidades que el niño ción o automanipulación (de los que forman parte los ritos
exterioriza, son lo que estando «fuera>> (o más bien entre el de posesión)~ por el otro. Podríamos pensal' CJl.1at en parte,
conjunto de estimulos que van a constituirse en lo <1exterior») nos encontramos aquí con la problemática subyacente a lo
más se parece al mundo enclógeno en el que reina. En conse- que he llamado 11la primera genealogía de la ñcciónl>1 es
cuencia, juegan un papel fundamental en la diferenciación decir, la teoría según la cual la ficción tendría su origen en
entre lo interior y lo exterior y en la aceptación de la realidad: los estados de posesión o de automanipulación49• De hecho,
de alguna for.m.a se convie1'1:en en los representantes del <<YO» no hay lazos genealógicos entre las alucinaciones, los est~~
infantil en el elemento intratable que va a cristalizar en rea- clos de posesión {eventualmente inducidos por automani-
lidad exterior. La distinción progresiva entre la subjetividad pulac~ón) y los estados ñccionales: se trata más bien de di~
:interior y Ja realidad exte1'ior no es entonces el res1.utado de .fe:rentes tipos de funcionamientos de las actividades de
una simple 1•elaci6n entl•e el niño y el mundo<lll, Tal distinción a1.1toestimulación mimética. También conviene distinguir
esta mediatizada por las relaciones que mantiene con la cuidadosamente los estados de posesión volunta1i.amente
madre y, más ampliamente, con los padres -que juegan un inducidos en al marco de sesiones rituales y las alucinaciones
papel de colchón, afectivo y cognitivo, entre los dos mun- ~xperimentadas de forma involuntaria. Estas últimas están
dos-. Durante mucho tiempo, desempeñarán un papel de relacionadas con d:isfunciones mentales: son verdade1'M pa~
prótes1s cognitivas de las que el n:i:i'io se servirá en cuanto tologías cognitivas que parasitan la constl'ucción perceptiva
encuentre dificultades para distinguir entre (do que es» y lo (1el m-undo de la realidad cotidiana. Por lo tanto, genexalmen-
que <<no ea>>. Más tarcle veremos que su papel es particular- te culminan en un grave handicap social, salvo en los poco.s
mente crucial en lo que respecta a la resolución de la cuestión casos en que son alzadas a poste1iori por el grupo social al es~
del estatus que conviene conceder a las :representac:iones tatus de visiones, como ciertas experiencias místicas en el
marco de la tradición cristiana (y m.m a.sí hab:ía que tener la
mimé'ticas inducidas por autoestimulaci6n y vividas en el suerte de que en tus alucinaciones apareciese algún santo y
:q:mdo de inmersión: para el niño, los depositarios de la distin· no el diablo... ). Por su pm'te, los estados de posesión, en prin-
ci6n entre ulo que es de verdad» y «lo que es de mentira» son cipio legitimados socialmente, tienen su origen en una mani-
los adultos. En suma, son los garantes de la estabilidad cog- pulación consciente y obedecen a las reglas de un co~texto

.a Sob1·e todas estas cuestiones, ve:r Flahault (1997), páginas 29·34. '0 Ver página 31 y siguientes.

155
ritual. De hecho, mempre están encuadrados de tal fonna que lelis:mo entre el sueño y las ficciones es impresionante.
no puedan invadir el tiempo profano de la vida social e indi· Como la ficción, el sueño consiste en la activación de un sis·
vidual. Estos dos rasgos los acercan a la ficción, con la nota- tema de estimulación endógena que origina representacio-
ble düerencia de que su relación con las creencias de la vida nes en ausencia de toda fnente pe1·ceptiva (directa). Por ot1·a
de todos los días está mediatizada por la idea de que la :reali- parte~ como las esti:mulac:iones imagjnativas conscientes, las
dad es doble y de que existen puntos de paso (socialmente :representaciones oníricas también tienen efectos involunta-
sancionados) ant1·e los dos niveles. Pese a esta dife1·encia, el l"ios característicos. Y, sobre todo, el problema que la evolu·
parecido es lo bastante ft1erte para que exista la posibilidad ción biológica tuvo que «resolver» en el caso del sueño está
de estados inestables y de transiciones entre inmersión :ficcio· relacionado con el que debe afrontar el 'bebé en lo que con-
nal y posesión 1'1tual, como en las situaciones aniilizadas po:r cierne a las autoestimulaciones imaginativas: ¿cómo evitar
M:ichel Leirls can ayuda da la noción de «'teatro vivido». que las representaciones puramente endógenas contaminen
La aU'toestimtllación consciente no es la única actividad los bucles reaccionales que rigen las relaciones con el ent01··
mental confrontada a la necesidad de una frontera entre los no52? En el sueño, ese riesgo existe porque en él las repre-
:mimemas endógenos y las informaciones que inte1'vienen en sentaciones onf1·icas siempre están ligadas a una activación
los bucles de interacción directa con la realidad. La situa- endógena, no sólo de los sistemas sens01iales (como testimo·
ción del sueño es simila:r. Existe, po1· supuesto, una gran nia e1rapicl eye movemen.t, que es a] indicio más fácilmente
diferencia entre el sueño y la ficción: la segunda es una ela- obsel'Vable del sueño pa:radójico, y por tanto de los sueños)OO,
boración consciente, mientras que el primero escapa a todo sino también de las zonas neurológicas que cont1·olan los
control del yo conscienteeo. Las representaciones oniricas movimientos motores. Las escenas onfricas remedan asee·
se imponen como si se tratara de percepciones, de fo:rma nas :reales hasta tal punto que entran en coi"l'elación con los
que el estado oníl'ico e.s vivido como tm estado «real». De infltljos moto1·es que co:r.responden a los de las escenas reme-
ahí la creencia, ilifundida en m11cbas sociedades, de que al ser tladas. La inmersión no es entonces sólo :representaclonal,
humano vive ele hecho en dos reru.idades, que lleva dos vidas: sino, al menos potencialmente, aetancial. Po:r lo tanto, es
la v.ida diurna y la del sue:ñorr1• }lay por otra parte un es'tl·echo vital que haya un contl•ammecanismo capaz de evitar que la
parentesco entre esta creencia y la que po.stuJa la existencia excitación de los sistemas motores que corresponden a ]as
de dos planos de t•ealidad a ñn de conciliar las experiencias de «<acciones» soñadas se trru:luzca en actividades motrices J'ea-
los estados ele posesión con la experiencia profana: en muchos les: en efecto, en el caso de las rep1·esentaciones o:niricas,
pueblos, la realidad onírica y aquella a la que accede el que falta una de las condiciones esenciales ele toda actividad
es poseído son de hecho un único y mismo universo. Como motriz exitosa, a sabe:r, la resp·uesta perceptiva. Y, efectivaw
quiera que sea, si nos abstl·aemos de la cuestión de las mente, existe un mecanismo biológico muy preciso que actúa
modalidades de producción de las representaciones, el para· a la manera de lo que Ivlichel J ouvet llama m1 «freno de

r;o Metz (1977), en unas páginas muy estimulantes dedicadaa a la rela· &2 Ver Jouvet (lf)93), página 80.
ción ent1e Sll&fit> y exparjencia cinematográfica, 1·esume perfectrunente la 63
Contrmiamente a lo que suponía F1·eud, que pensaba que los sue;ños
di!e1•encia: «El que e.stá sofiando no sabe que sueña; el espectador de cine (reves) eran los g\Ulrtlianes del Sl1eño (sommeil), es más bien al contrario,
sabe que está en al cine...» (páginn 128). en el sentido de que es durante las fases de Slte:ño (reve) euando lru:~ vías
aJ 1\!Ionique Gessain (en Jouvet y Geesnin, 1997, página 88) l'acoge el de acceso al mundo exterior están mejor cerradas y el umbral de vigilia es
.siguiente testimonio da hocn de un bassm·i (pueblo c¡ue vive a ambos lados más elevado: en consecuencia, el sistema de autoestimulaci6n e.nélógena
de la frontera entre Senegal y Guinea): aCuando endyuw !el alma] viaja, :funciona prácticamente en régimen ele autarquía, una aítttación l'ru'a*
tú sueñas: ves lo que tu endyzuv ve», mente realizable en el ter:rano da las actividades '!iccionales conscientes.

157
motor»: el cerebJ'O clel que sueña produce señales inhlhidoras .cambio, los elementos :ftmdamentrues del problema son los
(ele hecho, transmiso:z•es químicos) que bloquean las señales mismos, ya que la génesis de la competencia ficcional impli-
motoras inducidas po1·las secuencias compo:rtamentales vir- ca también la disposición de un «frenO», r;¡ue impide que las
tuales antes de que se tl'aduzcan en compo:rtamjentos actuaM estimulaclones :imaginativas contaminen las representacio.:.
les. El signo exte1·im· más visible de este mecanismo de nes cognitivas que controlan nuestras interacciones directas
bloqueo es la aton:fa musc1.1lar earacte:r:ística del sueño para~ con la realidad57• ·La existencia de tal «freno» es tanto más
dójico (no existe en las :fases de sueño <<nOl"lllal»)114 • Los t1·a· importante cuanto que la est:imulación imaginativa es tma
bajos de Jouv·et han puesto de manifiesto de manera experi- actividad mental i:r:reprimible, como testimonia de. :tbrma elo-
mental el papel crucial de ese tc:freno de motor». Jouvet ha cuente el hecho de que nos entl•egnemos a ella de mane.ra
clemostl·ado que, si se :impide la acción del contra-mecanis- extensiva, independientemente de toda función cognitiva aca~
mo en cuestión, po1' ejemplo mediante la inyección de una bada, a la vez durante la vigilia (ensoñaciones) y durante el
neurotoxina q-ue destruya la zona neuxológ.ica que contl·ola descanso (sueños). En suma, hay que habilitar un espacio, tm
la ato:nla postural, el animal en fase de sueño. paradójico (y .territorio, donde la autoestimulación imaginativa pueda ejer-
que, por tanto, está soñando) ejecuta realmente movimien- cro·se libremente s:in riesgo de contaminar los mecanismos da
·&os motores. Se trata en general de secuencias aetanciales reg¡.uaclón epistémica -incluida la modelización cogn:itiva-
estereotipadas que colTesponden a las actividades básicas del que controlan las interacciones «básicas)) con la realidad, Para
animal. En el gato se observan secuencias de exploración decirlo en otros 'términos: el niño tiene que aprender a encau-
vis1.1al (en ausencia de toda percepción visual real, pues las zar m:a actividad de autoastimulación imaginativa a través de
entradas perceptuales están inactivas durante el sueño) y. tmas vias que le permitan canalizar sus deseos, afectos y voli·
motriz, movimientos de predación (por ejemplo, la adopción clones sin arriesgarse a caer en estados patológicos como la
de la postm·a de acecho), de acicalamiento, asi como reaccfu.. a:utodecepción, la mitoman1a, etc.
nes de miedo o de rabia66• Los estremecimientos de las orejas ¿Cómo se establece ese espacio, ese ·territmio. de la fic-
y vibrisas de los gatos (o los :movimientos de las patas de los ción? Todos los que han estudiado el desm'l·ono afectivo y
perros) que se observan durante la fase de sueño paradqjico cognitivo del niño están de acuerdo en reconocer que el naci-
resultan entonces de un bloqueo motor incompleto, debido tal miento de la competencia ñccional, del «hacer-como-si», del
vez a: señales motaraé.pa:rticulmmente potentes63, No sé gran «de mentira», coincide con el de los comportamientos lúcli·
cosa sobre los eventuales lazos :filogenét.icos y neu:rológi(los cos: la ficción nace como espacio de ju.ego, es decir, que nace
entre la autoestimulaoión on.úica y las actividades de autoes- en asa porción tan particular de la l'eal:idad donde las reglas
timulaclón :imaginativa consciente. No conviene equivocarse de la realidad están suspendidas. El acceso a la competencia
so'b:re el alcance de la comparación: las clos actividades están ficcional se caracteriza entonces por la sedentarización de
ligadas a actividades de funcionamiento del cm·ebro di:fm·en 8
las autoestimulaciones imaginativas~ llamadas a desplegar·
tes -sueño por un lado, vigilia y vida consciente par ot:i·o- y se en adelante en el tal'litorlo neutl·al del juego, ten·itorio
los mecanismos de contl'Ol también son muy dife1·entes. En donde, en cierta forma, pueden ser vividas en el modo de la
axterim'idad al tiempo que siguen beneficiándose del estatus
81
' Vm· Jouvet, obra citada, páginas 37»104 y, especialmente, páginas
de realidades endógenas, es decir, escapando a las sanciones
88-89, para tma presentación. más técnica de las zonas del cerebro y los de esa exterioridad. Ahora bien, debido a la naturaleza esen·
grupos de neuronas conem•nidos.
ao Thidem, páginas 92-94. 31 Cut'l'ie (11;)95, página 98) se equivoca al desechar la comparación
•o Ib1dem, página 53. entre el sueño y la situación tle inmersión ficcional.

159
cialmente l'elacional de la construcción de la identidad sub- concebido como puesta entl·e paréntesis de la cuestión de la
jetiva, la delimitación de ese ·te1'ritorio no es al resultado de ve1•acidad y de la referencialidad de las representaciones
una madm·aci6n autárquica del niño, sino que resuJta de sus propuestas a la atención veTbal o a la ap1•ehensión percepti-
interacciones con los adultos y, más ampliamente, con los va. Como señala Wimncott, este territorio no as ni el pura-
otl·os, pues p.a:ra el bebé ,<eJ otro es alguien que regula el mente interior de las fan'tasfas (y, por tanto, potencialtnenw
yo» 58• E.n mi opinión, fue Winn:icot, a través de su modelo de te, de la autodecepclón), ni el puramente exterior de la :rea-
los fenómenos y objetos tranaicionales -:por ejemplo los lidad: <lEl objeto transicional nunca está, comO' el objeto
paños, los objetos de peluche-, quien propuso la hipótesis inte1•no, bajo control mágico ni, como la madre real, fuera de
más convincente da la génesis del acuerdo del que nace el cont1·ol»81 • Se trata de un espacio potencial que gene-ra 11n
territorio ficclonal: «Desde el principio. el objeto transicional mundo que :pueile ser compm'tido públicamente y v.ivido en
y los fenómenos t:ransicionales aportan a todo ser humano privado sin que su estatua se cuestione.
algo que siempre será importante pm·a él, a s~heT, un área Hay que señalar que ai bien es la madre (o cualquier otra
neutral de e."q)eriencia que nunca será cuestionada. Po- persona que haga las veces de :refe1·encla original) quien
demos decir som·e el ohje·to transicionnl que hay un acuerdo sedentarlza.lae a.utoastinnuaciones en el ten·eno de las acti-
vidades lúdicas, el material de la dinámica interactiva pro-
entre nosotros y el bebé segtín. el m:ull nunca h.a:remo.s la pre- viene del bebé. En efecto, lo qua va a funcionar como <<Obje-
gunta: "Esta cosat ¿la has concebido tú o procede del exte- to transiciona.l» es oo'igjna:r:iamente un pu:ro producto ele la
rio:r?" Lo importante es que sobre ese punto no se espera estimulación endógena del niño. Pm·o al principio el niño
ninguna toma de decisión. La preg¡.1n.ta no tiene razón de <.1gno:ral) que se trata de una exteriorización de un objeto
69
Ser>> .1os hechos inducidos por autoestimu1aci6n a los que cuyo origen es interno; para él se trata de una de las mt'11ti-
concierne ese contrato no son> po:r supuesto, sólo Jos objetos ples constelaciones rep:resentacionales 1·odeadas de afectos y
en el sentido estricto del término, sino también las activida· que pueblan el universo aún no estructurado en el que vive.
des verbales y las actividades motrices (Winnicott habla Por eso el papel del adulto es tan crucial: es la manera en
además de ÍOl'ma más general de fenómenos tJ·ansicionalas), que va a :reaccionar a esa. exteriorización imaginativa lo que
Como muestra el pasqje citado, la mane:ra en que. describe el decidirá la suerte de las actividades de autoestimulación y,
acuerdo que se establece ent1·e la madre (o el ~dtuto que al mismo tiempo, en 1ma parte no despreciable, la suerte del
desexnpeña. esa función) y el :niño sobre el destmo de las mño. Si, po:r l'a.zones diversas, es incapaz de reaccionar de
exteriorizaciones de las estimulaclones de este t'11timo coin· fOl'llla adecuada, es decir, mediante 1.m «contrajueg0>> 00 capaz
cide de manera significativa con el contrato del fingimiento de :ñja:r -en beneficio del niño- el estatus de sus imagina 8

lúdico tal y como opera en el terreno de las ficciones canó- ciones extariorizru:las, es de hecho la aptitud de este último
nicas, ter:reno también irurtituido como «es:pac:io transicio~ para dominar lo real lo que se plantea. Solamente a través
na1>6u. De ahlla hipótesis -que, evidentemente, no soy el de esa il'1teracción entre el juego infantil, que aún se ignora
primero en proponaz·- de que este acuerdo en torno a los como tal, y el contrajuego del adt:tlto. en el que el juego del
primeros acontecimientos y objetos transicionale.s constitu~ niño puede hacerse reconoce1• como juego las actividades ima-
ye el lugar de nacimiento (ontogenético) del estado de ñcci6n ginativas tcsolitm-ias» (poo• ejemplo, las ensoñaciones) también
acceden a un estatua definido y pie:rden su dinámica nómada.
sa Stern (1990), página 39.
a~ W:innicott, obl·n citada, pág:inas 22·23. &t Winnicott, obra citada, página 19.
52 Soln·a esta término, vel' Mrumoni (1980), página 124.
oo Bessiere (1990), página 95.

J60
l
Descle luego, como las representaciones que acceden al esta~ clones de distingu:h· claramente, entJ·e las aetividades in-
tus :ficcíonal tienen un orige:p, interno, la capacidad de :pro- tel•activas en las q~e participan, entre las que pertenecen
ducir tales representaciones -lo que :podr:íamos llamar al ámbito de un compoo'1:am.iento real y las que :pertenecen al
invención imaginativa- precede a la instauración del :fingi- ámbito de un fingimiento hídico, ante una película o un
miento compartido que se organiza en torno a los objetos cuento, aím seguirán preguntando durante mucho tiempo:
tl"ansicionales. Pe1·o para que el niño esté en condiciones de «¿Es de ve1·dad o de mentira?)>, La razón de este desfase ya
experimental' sus representaciones endógenas inducidas por nos es familiar: la asunción de las estimulacion.es mentales
autoestimulación como invenciones imagimu:ias, es necesa- endógenas como realidades puramente imaginativas se
rio que alguien las instam•e po1· él en ese eatatus. Y esto hace a t1·avés de una ínteriorizaci6n de los fingimientos
ocru'l'e en el campo interactivo que m.11mina en al estableci~ comportmnentales <(ol'iginales>>- instau:raclos po:r el contrato
'miento de un ter:ritorio de fingimiento compartido. Este interactivo que establece un térritooio de fingimiento com-
p1•ecede a las ficciones privadas en el sentido de que :in.s- partido. Es la interiorización pl'Ogl'esiva de los mecanismos
taru·a las condiciones da identificación categorial. Pod:ría de ese ((hacer-como-si» lúdico lo que a continuación genera
decirse que la iicci6n como actividad mental privada es el la capacidad de l'econstl-rtir los univet•sos ficcionales de las
resultaclo de tma :reinteriorización de las proyecciones de la obl·as de ficción, universos quet de alguna manera~ nos son
autoestimulación endógena en la medida an que en adelante entregados llave en mano.
son sedantarizadas y legitimadas por el acuerdo de ñngi~
miento compartido instaurado por el contr~uego del adul·
to. Ea-te car~:1ctel' interactivo de la génesis de la eompetem,1a 4. Lct inmersión ficcional
ficcional es uno de los mUltiples indicios del hecho de q1u1, El mérito de haber demostrado que la inmel'sión miméti~
· como .seíiala Nathalie Heinich, «la construcción de la identidad ca está en el corazón del dispositiv:o fiecional le eol'l'esponde
no es una acción solitaria, que l'mnitiría al s\lieto a si mismo: a Platón. Para que una :ficción «funcione>~, debemos ver el
es Ul'la interacción) que pone a un m'ljeto en relación con otros pa:isf\je (pin,tado), asistir al att·aeo (filmado)) (ra)vivir la dis--
sujetos, con gn.tpos, con :instituciones, con cua·pos, con objetos, puta de pareja (desm1ta). Y la fol".ma en que desmibimos el
con palabras}>63 • ) fracaso ele una ficción -<•Imposible coneeta:r con la pelicula»,
Dada la complejidad de los p1•ocesos intencio~áles en .«Este relato no engancha», <•Ese personaje no existe», o
juego, no es en absoluto soo·prendente que la capácidacl de incluso, <•El retrato no tiene vida)>- también revela el papel
contl·olar mundos ñccionales alógenos -es decir, obras de ñc· central desempeñado por la inmersión. Pe1•o también as el
ción- se desm'l·oile sólo después de la competencia activa, ·talón de Aquiles de la honorabilidad eultural <Y. especial·
es decir, después de la capacidad de construir y p:resta:r ate-n· mente filosófica) c1e la ficción, pues la ata indisolublemente
ción a ficciones interactivas y autógenas. Aunctue la insti- a la aprniencia y a lo que apm·ece como un modo da acción
tución ontogénica del campo de la ficción reposa, como icirreflexivo». Y Platón no dejó de mostl·ar que esta honora~
hemos¡ visto, en un fingimiento comparlido, los universos b:llidad está tanto más comp1·ometida cuanto que la diná.mi·
ñecionales autógenos preceden a los tmiver.sos ñccionales al6- ca de inmersión opera no sólo durante la l'ecepción de las
genos. Esta prioridad de la capacidad activa sobre la capaci- obras, sino también durante su creación. }lay q11e insisti1· en
dad l'eceptiva se tradttce espacialmente en el hecho ele que esta simetría, pues por una l'a:reza ]rlstól1ca hemos 'llegado a
atmque a la edad de cuatro años los niños ya estén en condi· disociar los dos polos: celebramos el poder imaginativo del
creador de ficciones, pe1·o menospreciamos la inmersión ñc-
61) Heinich (1996), p.ágina 838. cional como modo de rece:Pción. Sin embm·go, la distinción es
1Ó2 J6fj
una ilusión léxica: el <•poder imaginativo» no es más que una que respecta al cine, Christian Metz llegó a compa:rm·la situa-
designación alternativa del proceso de inmersión :ficcional ción del espectador con la de un sujeto qtte c:lue:rme: <•En las
creadora y, por tanto, de la competenCia receptiva activa. conáiciones ordinroias de la proyección, todos hemos podido
Ahora bien, la competencia activa y la competencia l'ecepti- observar [...) que los espectadores, a la salida, brutalmente
va son las dos caras de una misma realidad. En efecto, si el expulsados po:r el vientre negro da la sala a la pérlicla luz del
fundamento ontogénico da los dispositivos :.ficcionales está ve.st:íb1.llo, a veces tienen la cara atolonlh·ada (feliz o desdi·
en la interacción del juego del niño y el contrajuego del adul· chada) de q·uien acaba de despertarse. Salir de un cine es un
to, entonces el acceso al espacio ficcional consiste en el desa- poco como levantarse de la cama: no siempre es fácil (salvo si
l'rollo de una competencia intencional que es de manera la película nus ha dejado l'ealmante indifel>entes)l>a.1• La com~
indisociable la de la producción imaginativa Oa imtoestimu· pm·ación e.s abusiva desde el punto de vista de las realidades
lación) y la de la reactivación de los mimemns captados en el mentales (y neurológicas)que -corresponden a los dos estados~
marco de la inte1·acción de fingimiento lúdico. Asf, el «acto pe1·o cumple una función heurística innegable (que, por on·a
psicológico original llamado Lecturil>•, que Proust describe a] pmte, es el único valor que Metz quería concederle). Todo
comienzo de Joumées de Jecture, identifica una situación de espectador de cine p1.1ede observar po1· sí mismo q1.1e, cuando
inmersión ficcional reactivadora y no creadora; sin embargo, está en situación de inmersión ficcional, el umbral de aten-
las características que destaca vuelven a encontrarse, por ción a los pel'eeptos reales es más elevado q1.1e en situación
ejemplo, en la puesta en escena nan·ativa de la inmersión <mormal». Por ejemplo. los estímulos :registrados por la visión
creadora que Giono desarrolla en Noé. Por lo tanto, puede pmi.fár.ica :in:flt'lyen mucho manos sobre la dinámica de la
ser interesante partir de 1.ma descripción elemental de ]os exploración visual que en el caso de una situación pm·ceptiva
l'asgos más destacables de la situación de inmersión -ficcio- fuera de :inmersión. Del mismo modo, en el caso del ofdo, hay
nal en su generalidad. Me pa:~•ece posible articular esta feno· una neutralización parcial de los estímulos sono1•os cuyo mi-
menolog:ía ah·ededor de cuab·o puntos: gen espacial y timbre no col'l'esponden al flujo de la banda
• La inmersión ñccioual se caraeterlza por una inve1·sión sonara (sólo cuando asistimos a la proyección de una pelicula
de las relaciones jerárquicas entre percepción {y, más ge- s:in encontrarnos en situación de inmal's:ión -por e.jemplo,
neralmente, atención) intTamundana y actividad ima~ati­ porque no conseguimos conectar con la h:istoria- nos damos
va. ~lient.ras que en situación normal la actividad i~lUlgi­ cuenta con sorpresa de que el nivel de 1'1lido ambiental es a
nativa acompaña a la atención intramundana como una menudo considerable). Po1•lo tanto, el restablecimiento de las
especie de nrido de fondo, la relación .se .invierte en situación jerarquías atencionales no:rmales requiere que nos contenga"
de inmersión ficcional. El nn:rrador de Noé, que, enca:ramado ·mos: :interpelado por la cocinera, el lector :infantil de Prouat se
en su olivo, hila una ficción tt·as ob·a mientt·as 1·ecoge aceitu· ve obligado a «Volver a traer mi voz de lejos», a «hacerla salh·)),
nas, ha olvidado completamente la presencia de su mujer y de para ~~darle una ap.ari.enc:ia de vida ordinaria, una entona.ci6:n
s~ hija, que, sin embargo, recogen aceitunas a unos pasos de de respuesta, que había :pm·didD».i¡G.
él. La atención intramundnnn no ha quedado abolida -así,
en Proust, el muchachito l'egistra los ruidos del entomo a.J lVret;e, obra citada, página 143.
durante su lectura-, pero el umbral de nle1'ta que hace acce- ~a :P:roust (1971), página 181. Esta actitud banevole.nhe hacia la lectura
der los estímulos a la conciencia es más elevado que en .situa- infantil da :paso a un enjuiciamiento mucho :más ambivalente cuando ss
ción "nonna}., -del mismo modo que dmante. la fase del b•ata de la lectura en la edad adulta: posible introducción n la vida espi·
sueño paradójico y, por tanto, durante los sueños, el umb1·al ritunl, siempre cona al riesgo ele t:rasfo:rma:rse en obsMculo, po:r poco que
de vigilia es más elevado que dw'mlte las otras fases-. En lo tienda a oeupar el lugar ele «la vida personal del esph'itu» (página 180).

164
• La atención escindida conduce a la coexistencia -de dos ceptivo más fuerte. En l'ealiilad, el mismo Proust muestra que
mundos, el del entorno 1·eal y el del unive1•so imaginado (aun- los dos mundos, a pesar de su difm·encia ontológica, siguen
que sea imaginarlo a través de actos perceptivas, como en el íntimamente ligados. Pro-ust señala, en efecto, que los 1·ecuer-
cine,. donde es la percepci611 visual misma la que parece dos que conservamos !le nuesb·as lectuxas infantilés contie-
escindirse en dos), cada uno con sus pl'Op:ias l'eferencias. A pri- nen datos tanto de las ci1·cunstancias (reales) de esas lecturas
mera vista, esos dos mundos p.arecen excluirse mutuamente. como de su contenirlo59 • Me parece que esta constatación vale
Pl'Otlst disti.ngt.te así el espacio real, la habitación del pequeño para todas las experiencias notables de inmersión :ficcionál: la
lector, del espacio ñcc:ional: pm·a calmro·los «tumultos» que la :inte:rpenetración del contexto actual y del universo de inmer-
lec.tura ha t<desancadenado» en él, se pone a deambular por la sión ·ñccional crea lazos mnemónicos extl•emadamente esta-
habitación, «los ojos :fijos aún en un punto que seria vano bus-- bles entre las representaciones :inducidas por el dispositivo
car en la habitación o fuera de ella, pues· estaba situado a tma ficcional y los estímulos actuales .ap:rehendidos en segundo
distancia de alma, una de esas distancias que no se miden en plano. Es como si el contexto actual, no tematizado en el
metros ni en leguas, como las otras>>66• Pero Giono describe moraento, fuese no obstante :registrado en fonna de «fichero
una situación más compleja, que es más bien la de una 1·ela 8
adjunto», que a partir de entonces quedará :indisolublemente
ción entre fondo y ñgw·a o la de un palimpsesto. Asi, mues- ligado al universo virt'nal en cuestión. Pero hay que ir más
tra de forma muy concreta cómo el decorado y los pm·so.na- lfitios. Atmque el gtado de inmersión ficcional sea siempre
jes de Un roi scms diverlissement coexisten en la conciencia inversamente proporcional a la atención concedida al entorno
del autor con el espacio real de su despacho, de su casa y de perceptivo actual (a excepción, po:r supuesto, de las pexcepcio·
Manosque, pues <~el mundo inventado no ha bon·ado el nas que son el vector de la inmersión), esto no implica un corte
m1..mdo 1·eal: se ha superpuesto. No as transparente>>67 • De entre el mundo ele los estímulos miméticos y el repertorio de
hecho, en No~ los dos mundos se interpenet1·an~ hasta tal rep:resentac.1ones mentales surgidas de nuestras interaccltr
punto que los pe1·sonajes ficticios toman ciertos rasgos de nas pasadas con la realidad actual. Al contrario: los mime:mas
características del lugar real, que, da alguna manera, los ha pm'manecerlan radicalmente opacos si no fuesen pe:rm.anen·
contaminado: «En mi ventana oeste, he instalado I...] a la temente emparejados con las huellas mnemónicas de nues-
señora Tim. !...] Po:rque esa ventana hace juego con e~mapa ·tl'as experiencias re.ales. Esto significa especialmente, y triw
de México, con sus Yucatán, Cuba, Florida, Jamaica, Haití, viE\hnente, que toda reactivación de mimemas no puede .siDo
Puerto Rico y Antillas, y su gran cielo alternatívame te· de fundarse sobre el repm-torlo de representaciones de q1.1e ilis·
azur y de alquitrán hirviente, pm·que Urbain Timothé.e hizo pone el recepto-r en su «mundo». De una manera más gene1·al,
fortuna en México, porque la señora Tim es criolla, y porque y pa:ra yetomar la terminología de Quina introducida en el
tiene tres hijas de las que no he dicho casi nada»na. Se podrla capítnlo precedente, sólo puede haber reactivación mimética
pe:nsru· que la dife1·encia en·tre las dos descripciones se debe al en la medicla en que los espaciamientos de cualidades que
hecho de que Proust describe una situación de inmersión operan como pm'rilla de l'ecoilocimiento mimético en el :recep-
reactivadora, mientras que en el caso de Giono se n·ata de torno son demasiado diferentes de aquellos en el mm·co de los
una dinámica creadora, en la que la inmersión parece mucho
más fragmentada y, :por tanto, la p1·e.sencia del mundo pro·- ro De hecho, Proust va más lejos: lo que queda, según él, son única·
menta las circunstnncins de su leet.ura y no los libros. Esta concepción se
00
Ibidem, página 170. e:q>lica si l'ecordamos qua el fin !.l.ltimo de Sl.l texto no es celeb:rar la lectu·
3
' Ve-r Giono (1971), página 622. ra (n:i la ficción), sino, al contrario, as.igna:rle 1m territ(}tio y una legitími~
llll Ib:ldem, página 616. dad a fin da cuentas limitados al desarrollo de la ••vida· espiritual».

166
cuales el creador ha creado los mimemas. Dicho de otra forma, capacidad que tiene la inmersión ñccional éle reeonduc.h'Se
cie1'tos mimemas sólo pueden compartirse por :inme:rsión en la se manifiesta de múltiples formas. En el caso del relato ele
medida en que los individuos que tienen acceso a ellos viven en ficción. pm· ejemplo, la vinculación del final de la historia
«realidadeS>> (es decir, en l'apresentaciones de lo 1·eal) compar- con el destino ele tm personaje o de tm grupo de personajes
tidas. Est~ reparto nunca es cnmp]eto, :pm·que los <«mundos>> de deja a los comparsas sin un destino p1·opio. Si Un J'Oi sctns
do.s individuos eualqu:ie:ra no coinciden mmca totalmente divertissement concluye con el suicidio de La:nglois es porqtle
(para que asi :fmrra, los dos individuos tleberian ser, no sólo así este personaje ha sido «Conducido... hasta el final 'tle su
genéticamente idénticos, sino además haber tenido exacta- destino». Pero Delph:ine, que acaba de ser testigo del suicj-
mente las mismas experiencias). Por otro lado, la ausencia da ruo, no está en absoluto al final de su destino. De ahi la tenw
todo reparto es sin duda .igual de raro, pues los espaciamien· taci6n de hacm·recom.enzar la dinámica de la ficción: l(Sí tan
tos de cualidades coinciden lo bastante de un se:r humano a sólo espe1•as a que Delphine llegue al borde de la masacre
otl·o para que, pm• ~emplo en lo que respecta a los mimemas con sus 2apatitos finos; sí tan sólo intentas describirla,
visuales, haya siempre una posibilidad de reparto. ra:ma:ngándose la falda pm• encima de la sangre y del cerebro
• La :inmersión ñccional es tma actividad homeostática) de Langlojs como al borde de un charco de bm'l'o, verás que
es decirl que se regula a sí nrlmna con ayuda de bucles l'B· Delph:ine vivirá. Entonces, aún no has terminado»71 • Pol· lo
troactivos: en la autvestmnllación imaginativa se m1tre da tanto, el narrador ele Noé {el mismo Giono) decide vi~a:r a
las expectativas que ella misma se crea; en los fingimientos Marsella, <•con el objetivo categórico de aleja:rme de aqui».
lúdicos interactivos se mantiene a través de una dinámica Este <1aq1Ú» no es el Manosque de 1947, sino «el pafs donde
de los turnos de l'oles o ele palabra; :.tlnalmente, en situación acabo de vivir b!\tio la nieve de 1843 hasta casi 19.20», e.s
de :recepción es :reactivada po:r la tensión existente ·entre el decil·, el universo de Un roi sans divertissement, que aún le
caráete::t• s:iemp1•e incompleto de la reactivación imaginativa obsesiona hasta al punto de dirlgil'se a sus personajes reto~
y la completitud (supuesta) del universo ñccional propuesto. manclo :por su cuenta y riesgo una exclamación que Chatov
De ahí el atractivo, dm·ante nuestra infancia, de los juegos le di:r.ige a Sta:vroguine (en Les Possedés): tjPm:·o, ¿por qué
:ficclonalea que se prolongan sin fin: interrumpidos por la estoy condenado a c:ree1• siemp1·e en usted?)) 72 • .
noche para volver a ellos po:r la mañana~ algunos de esos • Las representaciones vividas en estado de inmersión ñc-
juegos colónizan la totalidad de las vacaciones de ver~o~ de cional es-tán en general saturadas desde el ptmto ele vista
forma que, en el momento de la vuelta a clase, los niñqs que me'ctivo. Esta investidtn-a afectiva actúa a diferentes niveles.
vuelven del viaje más exótico no son siempre los que m·ee- En situación de J'ecepcl6n, es-tá en pri:m.m· lugar c1el b~o con-
mos. De. ahí tamb.ién el gusto1 más tm·de, por los folletones o tinuo» de la apreciación estética, pues el consumo de ficciones
los ciclos novelescos (como La comedia humana o las canónicas se inscribe en general en las conductas estéticas18•
Barchester Nouels), por los culebrones {escritos o televisa- En cuanto a la tonalidacl de esa apreciación, varia según el
dos) que nunca acaban, por las películas por ent:regas (de :índice de satisfacción inhe:rente a la actividad de 1·eactivacl6n
Fredy 1 a Fredy 6, mientras espe1·amos F1•edy n). De ahí mimética. Por tanto, depende del buen funcionamiento de la
todavía, como sefl.ala Proust, el sentimiento de despecho inme1•sión ñccional. Este nivel de invest:idma afectiva no es,
cuando todo ha. acabado: ((Deseruiamos tanto que el lih:to
continuase, y, si fuese imposible, temu• más infm'lllación 71 Giono, obra citada, páginn 811.
sob1·e todos esos persomues ... )) 70 • Pm· parte del creador, la 7
~ lbídem, :páginrul 613 y 612. Ver trunbién la nota 2 de Robe:rt Ricntte,
página 1446.
70
P:rm.tat, obra citada, página 171.
13
Ver a este 1·eapecto, éapítulo v, página 312 y siguientes.

t68
l
evidentemente, específica de las situaciones de irunersión fic· general, en el caso de las ficciones visuales, es nuestra mira-
cional: es un sim·ple efecto de su función estética y se encuen· da misma la que está saturada de afectos: muy a menudo la
tra también en las artes no miméticas. Por tanto, hay que inmersión no se desencadena tanto a través de nuestra empa*
distinguirlo de la participación afectiva inducida por los tla con lo representado (aunque fi.1ese una persona) como a
mimemas ficcionales en cuanto que mimemas, es decir, en la través de nuestra ident:il:icación con un sujeto que ve, mira,
medida en que simulan constelaciones reales. Lo primero que que está en posjci6n de testigo (o, a veces, de voyeur}. Es en
nos viene a la mente cuando pensamos en estos fenómenos de ese sentido, por ejemplo, en el que Christian Metz ha l'elacio-
implicación afectiva, es la empatía afectiva -posítiva o nega· nado la postura del espectador cinematográfico con la pulsión
tiva- con los personajes. Platón ya señalaba que los oyentes escópica -por tanto con el placer de ver- más que con la
de los nedos ·•paYticipan de las emociones expresadas»71 • Y identificación con el héroe o la hero:ma. Y, desde una perspec-
Proust hablo de «esos seres a quienes hnbia prestado más tiva cercana, David Freedberg pudo demostrar que, desde el
atención y cariño que a las gentes de la vida, sin atreverse a punto de vista de la inmersión mimética, las jmágenes piado~
confesar hasta qué punto los runaba, [... ] esas gentes pm· las sas y las estampillas pomográñcas funcionaban de la misma
que había susph·ado y sollozndo,75 • En los relatos de ficción, el forma (aunque en contextos y con metas muy diferentes ...16):
teatro o el cine, la importancia de esta dinámica de empatía en ]os dos casos, es la mirada lo que confiere vida a la repre-
afectiva con los personajes no es cosa del azar: para que el sentación, a condición por supuesto de que esa representación
p1·oceso de inmersión pueda ñmcionar, es necesario que los sea la de una pe1·.sona o una constelación factual que en la rea-
personajes y su destino nos interesen, y para esto deben estar lidad provocarla una fuerte reacción de afectividadn. Dicho de
en consonancia con nuestras investidw·a.s afectivas reales. El otro modo, la potencia del mimema cnmo inductor de inmer-
hecho de que los afectos básicos movilizados por las ficciones sió-n se alimenta en gran parte de la reacción afectiva provo-
narrtr~ivas y dramáticas sean más o menos los mismos en cada por la realidad l'emedada. De ahí el hecho, muy impor-
todas partes y en todas las épocas, y el que consigamos con tante, de que esa potencia no dependa sólo de la <(fidelidad»
tanta facilidad sumel'girnos en 1.mjversos ele ficción perte- mimética -o más bien de su riqueza en términos de facto-
necientes a tl'adiciones cultw·ales diferentes de la nuestra, l'es l'epl'esentacionales- sino también de la cal'ga afectiva
demuestra a la vez que los afectos humanos fundamentales vinculada a lo que es representado. Las dos dinámicas se
son universales y que su repertorio es más bien rest~·'ngido. complementan: cuanto má.s fuerte es la cm·gn afectiva in-
No obstante, conviene distinguir esta empatía hacia 1 s per· ducida por lo representado, menos necesidad tiene el mime-
sonajes de la cuestión general de la investidura afectiv de las mn de ser «ñeh; y, a la inval'sa, cuanto más fiel es el mímema,
representaciones mimé·ticas, de la que no es más que una menos necesidad tiene la carga afectiva del objeto l'epresen-
forma especifica. Por una parte, existen ficciones sin persona· 'tado de ser grande.
jes: un pais~e pintado -por ejemplo un locus amoenus- es
capaz de provocar una reacción afectiva tan fuerte como un •• Aunque las fronteras no siempre sean impermeables. F.rey (1946,
acto de empatio hnc:in un ·personaje de novela. Esto no tiene página 124) recoge lm palabras de una mistica alemunn, Margnrcthe
nada de raro dado que en nuestra vida real el mundo percep· Ebtmer, que cuenta cómo una noche sacó la imagen ele Cristo de su cuna,
porque el Niño divino no se portaba bien (..nicht zílchtig..) y le impedía
tivo nunca es un mundo neutJ·o, sino que está siempre .f\lerte- dormir. Ella le cogió en sus brnzos y le habló. Después, llevando el juego
mente estructurado por nuestros afectos. De mamm1 más más lejos, le amamantó estrecMJluole contra sus pechos desnudos. Hela
aqui completamente embargada ante ..e} roce humnno de su boca,. !·ein
"' La Repúblír.o, x, 605 c·d. Ver página 23 del presente trab;;Uo. menschliches BerühFen seines Mun des• ).
'" Proust., obrn citada, página 170. ., Vrrr Fl·oeclberg 11989), especiahnontu páginas 136-160 y 317·344.

170 J'/1
Si q1.1isié:ramos desan:·ollar una verdade1'a fenomenología ñccional implica. la eficacia de una apmiencla. Por otro lado,
de la :in:me:rs:ión ñecional, cada uno de estos puntos me1·eeerla al aludir a los momentos de inmersión total en el cine Y al
un análisis más minucioso. Aclemás, habría que tene1• en 1-etomar la noción de transferencia perceptiva p1·opuesta por
cuenta otros aspectos. Ptu•o mi meta aqu:f era simplemente Christian Metz, tlis·tingui este efecto de engafio preaten-
llamar la atención sobre la realidad tangible del hecho y cional del marco pragmático del fingimiento lúdico. Y.de
sobJ:e su función cen·tral en el dispositivo ñccional. Po:r lo las creencias ligadas a ese marco. Es impo:rtante durtin-
'tanto, en vez de extenderme más en este aS'pecto de las cosas, gui:r antl•e el estado ele inmersión ficcional y la asU?~ón. de
me gustar:ía concentranna en algunos problemas que debe- una creencia. Esta distinción es de hecho una dJstmClón
:l'ian permit:il'nos ir tm poco más lejos en la comprena:ión de entre dos niveles de tratamiento de la información. La in~
sus modal:idades de funcionamiento. Me parece que hay tres me1·sión accede a las representaciones antes de que estas
puntos que merecen reflexión: la relación entre la :inme:rsión, sean traducidas en creencias. Su traducción en creencias
Jos efectos de engaño y las creencias; la distinción entre la homólogas a las que se:rJan «no:r.malmente» inducidas :por las
inme1·sión en situación de p:l'oducción ficclrrnal y la inme:rsión representaciones ñccionales remedad~ está blo~ueada. e~ el
en si-tuación de recepción -una cljstincl6n importante para nivel cognitivo superior, e.l de la atenroón consCiente, m:for-
comprendoo· no sólo la diferencia entre juegos :ñcclonales y mado del he,cho de que los estímulos son t•esultado de una
obras ñccionales, sino también, en el terreno mi.ístico, entre autoesti:m:ulaelón mimética o de un ñngimiento lúilieo com-
la inmersión proyectiva del artista y la inmersió-n react:iva- partido. La situación de inmersión ñccional se ca:r~er!za,
do1•a del público; :finalmente, la cuestión de la l'elación ent:t'e entonces, por la existencia conjunta de engaños numét:icos
:inmeYsión e <tidentificación» o, más 'bien, la necesidad de dis- praateneionales y t.ma neutralización concomitant: de esos
tinguir entre los dos problemas, dado que la :inmersión puede engaños mediante un bloqueo de sus efectos en el n1vel de la
cobrar :múltiples formas: según los vectores de inme:ra:ión (es atención consciente.
decii·, los tipos ele :fingimiento lúdico), adopta pos·tmas de La existencia de esta neutralización, que delimita la
inmersión diferentes-. Este último problema conduce direc- especificidad de la inmersión ñccional en :relación con las
tamente al análisis comparado de los diferentes clispositivos ((ilusiones» en el sentido común del tél'lllino, se manifiesta
ñccionales. Por lo tanto, me limitaré aquí a demostrar la sobre todo a ·través de sus fracasos momentáneos, como las
imposib:ifu1ad de l'eclucil' la noción de inmersión a la de iden- si~taciones en que el engaño opera co~ t~ fuer~a que ~du­
tificación psicológica -pues a menudo se pretende qu~ la ce un bucle reaccional corto que cortom:rcmta la mstanCla de
especificidad de nuestra actitud frente a una :ficción resid~ en control consciente. Es el caso, en el cine) de las tra:nsfel·en-
nuestra identificación con los «pm·solli.\ies>)-, cias :perceptivas identificadas :poz· Christian Met~. En efecto,
La necesidad de volver una vez más a las relaciones ant1·e esas transferencias conasponden a bucles reace1onales co:r..
engaño e inme:rmón obedece al hecho de que, mientras .seña- · tos es deci:r a situaciones en las que la intei·acción entre
laba que el func]onamianto del dlspositivo ñccional implica- '
percepción y' reacción se sitúa enterrune~te en e.1 ~va
• 1~rea-
ba la eficacia de una apariencia, opuse el engaño a la :ficción tencional. Esto explica por qué las 1'aace1ones motnces mvD-
{por ejemplo, en el análisis tle Mctrbot). Por un lado, si la va- lun'&arlas son en gene:ral :reflejos de p1·otecci?n: t?les l'eae-
riante :ficcional da la in:rnm·sdón mimética consiste en que la ciones correrían el 1iesgo de ser ineficaces s1 tuVlesen que
postura rep1·esentacional es ea11Sada pol' estnm:Llos que ·tran.s:itar primero por una instancia de control consciente. El
1·eme.dan una actualización de alguno de nuestros modos de bloqueo subsiguiente del reflejo se d.ebe al hec~o de que ~1
·acceso canónicos al mundo cuando ni siquiera constituyen · acceso a la conciencia de ]a seeuenc1a moto1·a mvohmtal'Ul
tal at:tualización, de esto se desprende que toda inme1·si6n reactiva el hecho de que sabemos que los estímulos que la
J72 J73
han inducido .son m:imemas: la ilusión es neutralizada y el sentado y el :medio que repTese:nta, sino la de identificar una
refla.jo motor interrum:p:ido. Entonces, si la existencia de nililma representación de dos maneras diferentes colljunta·
tales momEmcos de confusión entre realidad y apariencia es mente o la de servirse en un mismo momento de un gnncho
ap1•eciable su t•eJativa rareza y su extrema brevedad son mimético único para dos actos de inmersión dif~:mmtes. Es·to
también dfgnas de reflexión, pues ilustran bien el poder del no demuestra que la tesis de Gombrich sea falsa. De hecho,
control consciente ejercido en nombre del marco Jll'agmático contrariamente a las apariencias, esta no es incompatible
de fingimiento lüdico. O, pm·a deci:rlo de otra forma: las con el análisis en tél'lninos de estado mental escindido. Pu.es
t1•ansferencias perceptivas demuestran a contrario que la Gombrich se limita a afirmar que no se puede ver al núsmo
situación de fingimiento lüclico bloquea el conjunto de bucles ·tiempo el objetó representado y el .memo, lo en~ pa:eee
reaccionales largos (es decir, los que están bajo control de la :plausible, dado que las dos eonstruemones_ per~eptiv~. ~me­
atención consciente) que constituyen nuestras interacciones ren :profundamente la una de la otl'a. Pero esa 1:mpombihdad
<cno:rma.les» con el mtmdo. La eficacia de ese bloqueo, debido no es incompatible con la posibilidad de ver el objeto repre-
a la creencia (consciente) de que nos encontl'amos en un sentado sabiendo que vemos un mimema. Para que las dos
marco :ficcional, nos permite dejru• operar si:n riesgo a los tesis fuesen compatibles, bastar:ía con distinguir entre los
engaños funcionales preatencionales que inducen la postm·a aspectos preatencionales de la :inmersión perceptiva y el
l'eJll·esentaclonal o perceptiva indispensable para la in:mer· nivel de las creencias. S:i hacemos esta distinción, ya no
roón. . estaremos obligados a conformarnos con la solución pro·
El estado de :inmersión es desde luego un estado mental puesta por Gombrich, y que consiste a grandes rasgos en
escindido o, :para reto:mm· una expresión de Iomi Lotman, suponer que oscilamos entre dos estados, aquel en que
un «Comportamiento bipohn·»78• Esta hipótesis se opone a la vemos lo que está representado y aquel en que vemos, par
de Gombrlch, que, al contrario, piensa que los dos estados se
~emplo, el cuadro: «~eth Clarlt r...] observaba ~a gran
excluyen: según él, cuando :miramos una :imagen, o bien tela de Velázquez, [...] e mtentaba ver lo que ocuma en el
vemos la cosa representada o su soporte, pero nunca pode·
mos ve1• los dos conjun·tamenta19• Hay que señalar que ilus- :instante en que, tomando distancia, vma las capas de eolor
tra su tesis con ayuda de una situación que no tiene nada transformarse en una visión transfigurada de lo real. Per.ro,
q1.1e ver con la cuestión de la inmersión. El ejemplo -toma- hiciese lo q1.1e hiciese, ya se alejase o se acercase, no podía
do de Jastrow y ya utilizado por Wittgenstein- es célebr~: hace:r que las dos visiones coincidiesen en al mis~ in~rtan­
se trata de un dib"tijo que puede verse como la rep1•esenta¡. te, y se sentía incapaz de responder a 1~ euesti.on CJ?e ~e
clón de 1.m conejo o como la de un pato. Ahora bien, esta babia planteado: saber cómo ~abía. poclldo ser re.alizada
sitl1ación no podrla reforzar su tesis, pues no ilustra el pro· aquella obra»80 • Por supuesto, s1tuacJones d~ e~te tipo hay
blema del estado escindido («bipolm·») -inmersión :ñccional muchas, pero no co:l':respon~ al estado ~scmd1do ?aracte-
versus conciencia reJll·esentacional- sino el de un dilema listico de la Inmersión ficmonal. Gombnch destn'lbe l.ma
entre dos representaciones -o dos identificaciones m:hnéti· dinámica de oscilación entre dos atenciones pe1·ceptivas, la
cas- :igualmente posililes aunque incompatibles. No Jn'l.leba que dedicamos al contenido l'epl'esentacional y la que di:rigiM
por ·tanto la :im.p.osibilidad de ver a 1~ vez lo que está rept·e- mos a los medios de la representación. En el caso {ie la
inmersión ñccional, en cambio, la dualidad es. interna al
plano del contenido l'e:presentacional: ese contemdo es apre·
13
Lotmnn (1978), página 106. hendido en el marco de un estado mental «bipolar» ca:raete-
7
u Go:mb1'ich(1987), páginas 24-25. Ver Podro (1983), ptU'a una p:t'ssen·
tnción del debate provocado pOl' 1a tesis de Gombrich. ao lbida:m, página 25.
realidad con un mundo de <•c.reancias ñccionalea>,, cuyo esta-
rizado por una escisión entre tratamiento preatencional y rus lógico parece c1ifícil da definir. de ~t~a fo:rma que en tér~
tratamiento atencional de las representaciones. La sit'lUI.· :minos negativos, al menos en m1 opm16n. Por otra p~,
ción de la inmersión ñccional poihia compararse con aquella esta hipótesis permite dar mrenta uo sólo de la transferenma
en que nos encontramos ct1ando somos víctimas de 1.ma ih1· percepti~a {y, míw gene:ralmen'te, de la transferencia :repr~·
sión perceptiva sabiendo que se trata de una ilusi~n. En sentacional)> sino también de los hechos de transferenma
efecto, una ilusión percept:iva en el sentido 'técnico del té:r 8

afec·t:iva. Las dificultades que resultan de no tener en cuan·


mino (es decir, una ilusión que resulta de un error de los ta esta distinción pueden ser :ilustJ.•adas pol' ciertos aspectos
módulos perceptivos preatencionales) continúa sjendo ope· de la concepción ele Kendall Walton82• Stl teoría del <Jl~ce:r­
xativa incluso ct.1ando soy perfectamente cónsciente de que como-si» (make believe) conduce en efecto a una espeme de
se trata de una ilusión, es decir, cuando estoy en condiciones .dualismo ontológico, fundado en una duplicación de totla_s
de impedir que se transfo1me en creencia perceptiva (e:rrt). nuestr~ acti·tudes .se1'ias frente a1 mundo en forma de acti·
nea)81 • Aunque no pueda evitar que mi aparato perceptivo sea tudes :ñccionales; así, habla de proposiciones ficcionales, del
víctima de la ilusión, desde el momento en que sé que se trata hecho de sentir miedo ficcionalmente, del hecho de compa:rm
de una ilusión, no voy a tratar el engafio ¡n:eatencional de la th· ficcionalmente, e·tc. El primer problema de tal análisis es
misma mane1·a en que tratarla la percepción <{vmidica» cuyo que no nos enseña g:ran cosa sobre e~ estatus de lo~ hechos
lnga:r ocupa. Ahora bien, en el caso de la inmersión :liccional) asi caracterizados: lo que nos gustro'la saber es que es una
.sé, de alguna forma por definición -es decir, por el simple verdad ñccional, o qué quiere decir «mantener ficcionalmen~
hecho del acuerdo del fingimiento lúdico compartido-, que te una actitud». Walton l 1esponde diciendo que se trata de un
estoy ante una apariencia. Esto basta pa:ra bloquem· el paso «hacer~eomo-si», pero en la medida en que la descripción ~e
de los mimemas vividos en estado de inmersión al módulo términos de proposiciones :ficcionales ·o ele .aut~tudes :ñ.cclO·
mental, que, en ausencia de ese «fl·eno de motar» pragmático, nales debía precisamente explicar en qué comnste la s1tua~
los tJ.·atarla como las representaciones que se limitan a imitar. ci6n del abacer-como-si», no hemos avanzado mucho. Hay llll
La cuestión de saber si la :inmel'Sión ñccional implica engaños segundo aspecto que me, pare~e más impor~~t~: segím
o ilusiones tiene entonces una doble respuesta: presupone la Walton) todos los efectos mdmndos por una ñcc1on perte-
eficacia de engaftos de naturaleza :p:reatancional, pero excluye necen al ámbito de la actitud del «hacer-como·sh>, Walton
todo estado de il1.1sión en el nivel de la :conciencia y las ere~ · se niega entonces a considerar que un espectador de cine
cias. Desde el momento en que un mimema induce :falsa~ pueda senm verdadero wedo, una tesis que. me paxece. des--
creencias, desde el momento en que nuestra conciencia es mentida po:r la existencia de las tl•ansferenc1as p~rceptivas.
llamada a engaño, ya no ,nos encontramos en estado de in- Del mismo modo, describir las xeacciones emotivas. ~e un
mel'sión ñcclonal1 sino en la ilusión en el sentirlo comtm tlel lector o de un espectado1' diciendo que siente compas10n fic-
ténnino. Pero, al mismo tiempo, ya no nos encontramos en cionalmente, qt1e se entristece ficcionalmente, etc. y, po1·
el campo de la :ficción. ·tanto, que sólo experimenta tn.'l~si~em?cio~e~, ~o me pro·ece
Sj admitimos la hipótesis de una clistinción entre el nivel convincente des ele el punto de VlS"ta ps1colog:tco . El espect1:1~
de la inme:rsi6n y el de las creencias, evitamos dos cliñculta-
cles mayores. Pm· una parte, no tenemos necesidad de l'edo-
blar el mundo de nuestras creencias p1·opoErlcionales sobre la . aa Vel' Walton (1990). Y tamhltm CUl'l'ie t1995), cuya concepción coincd·
de en lo esencial con la de Walton, pase a algunos desacuerdos.
81
~ Tadié (1998), página 124, n-Ota 22, pa:rece aceptru•la tesis de Walt.on,
Cu:rl'ie (1996, página 29) también recoge este ptmto, a menudo subra· según la cual las emociones soli simplemente simuladas o, como él d1ee,
yado :POl' los psicólogos.
J?'l
1?6
dor complaciente, el «buen público» (retomando la expraaión
d!;} Christian Metz), que llora en una u otr.a escena de del actor. Un actor que simula una l'eaeción de cóle:ra no está
Titantc no derrama lágrimas ñecionales, ni las der1·ama ñc- clert~mente encolerizado en el sentido en que puede estm•lo
cionalmente: denama lágrimas reales, las mismas que tal al final del esplllctáculo si el público sanciona su aetuaclón
vez deri·amar.!n durante un entierro, y las der1·ama real- con silbidos: cuando está en escena, se limita a :simula:r la
mente, en el sentido de que está realmente triste. Simplemen- cólera. De hecho, aunque esta descrlpción no es falsa, me
te, \mn vez más, la reneci6n obedece a una ti·nnsferencia pa:rece que sólo es parcial. Entre los actates profesionales,
p:reatencional, esta vez de naturaleza afectiva: no 11m·a por· como en el teatro vivido estudiado po:r Leiris, la simulación
que crea estar asistiendo a 1a sepa:ración real del héroe de consciente no es en general má:s que un gancho volunta~
gran cm·azón y s1.1 amada, sino porque la constelación afecti· rista cuya meta es inducir un estado de inmet•.sión mimé·ti·
va representada induce un rapto afectivo preatencional. Por ca (actancial~ en el pTesente caso) -una inmersión de la
otra parte, la situación no se limita a los contextos ñc· que forman parte también las reacciones afectivas del
cionnl~s: las reacciones af~ctivas provocadas por 1a:s Tepre-
nivel preatenci.onal-. Desde luego, la parte de simulación
sentaClones escapan ampliamente a nuestro control cons- consciente y de empatla p:reatenciona1 es sin duda variable
ciente. Esto explica sin duda por qué la capacidad de las según los mimos, pues, como se:fiala A:l•istóteles, «el arte
situaciones ficcionales -o de los sueños- de colorear nues- poético pertenece [...) a los hombres versátiles o extravia·
tra vida afectiva persiste a veces mucho .tiempo después de dos: los prime1·os son dúctiles, los otros muy exeitables~> ,
84

nuestra salida del estado de inmersión, hasta tal punto que Pero in_cluso si la proporción entTe las dos actitudes es
veTdadaramente se puede hablar de un efecto de contami· .variable de un inmviduo a otro, las dos están siempre
na~ón (sin matiz peyorativo). Estos efectos de contamina·
implicadas: el actor debe n la vez saber «modelizarse» y ser
ción son particularmente fuertes en los niños (y en todos los eapa:z de «salir de si mismo».
verdade1·os amantes de la ficción) . .Muchos niños reaccionan
Da hecho, por medio de asta cuestión llegamos a nut'litro
con miedo real cuando les contamos (o cuando les leemos)
segundo problema, el de la diferencia entre la dinámica de
ficciones que incluyen fantasmas o bandidos. Y este miedo la inmersión ñccional creado1•a y la que preside la recepción
de las ficciones. En el caso del creador de una ficción, la
persiste tra$ el ñn del relato, como demuestra el hecho de imne:rsión sólo puede ser resultado de tma autoafeetación: el
que a menudo es reactivado por las situaciones angnstiosas cxeador de una ficción crea los ganchos capaces de ponerle
de la vida <«real)), como el miedo a la oscuridad (una anrrn~ en situación de :inmersión. El receptor en cambio se eneuen..
tia difusa, sin objeto preciso, que la situación vivid;~ tra ante ganchos ya constittúdos en los cuales le basta <ldesM
inmersión :ficticia viene a concl'eta:r oportunrunente). lizarse»l «dejm·se atrapar», Tomemos \Ul caso muy simple:
Es e~dente que no quiero decir con esto que los dispositi· una nifia que juega con su muñeca debe comenzar :por pro·
vos J:icClonales no puedan poner en ma:l'cha simulaciones de duci:r mimemas capaces de funcionar como gancho inicial
emociones. Tal parece el ea:so especialmente cuando se trata para ponerla en situación de inmersión; esta producción :ini·
ele la creación de mimemas. El ejemplo que suele dm·se es el clal.sólo puede .se1· un acto de simulación consciente; en cam·
bio, si el gancho inicial funciona co:rreetamente, la parte
imaginadas; paro al mismo tiempo sugiel'e que la distinClión entra emoción esencial lle los mimemas que producil'á a continuación será
renl Y emoción imaginada no es una d.i:farencin de naturaleza sino sim· rrumltado de la dinámica de inmersión ñccional, es decir,
ple~ante de intensidad. Ounie (1995) se inscribe también en' nnn pers· surgirá de hechos que comportm1 enga:fios p:reatencionales.
pe~t1va ce:rcunn a la da Wnlton, pues identifica la empatia con una •siro u·
lamón mental»,
34 Aristóteles {1980), página 98 (55a 82·34).
inmersión se reúnen más :fát¡"ilmente en situación de l'eCeP'"
Es así como, habiendo emp:ezado por remeda:r consciente· ció:n que en situación de creación.
mente a una madre desconsolada ante su hijita muerta, ter· Hasta aquí he tratado la inmersión como si se 'tratase de
minará llorando realmente y viviendo la escena de duelo en un dato único. En el capl'tulo siguiente veremos que las
sitl'iación de tl•ansferencia afectiva, aun sabiendo que está cosas son más complejas. Si esta complejidad pasa a menu-
jugando oon una muñeca. Del mismo modo, el act01~, si do desapercibida es porque tenemos tendencia a asociar la
empieza simulando conscientemente se:r una penmna enco- noción de inmel'sión con la de identificación. Ahora bien, del
lerizada, en muchos casos sólo podrá pl'Oclucl:r mimemas mismo modo que las reacciones afectivas provocadas pro·
conVincentes Ces decir, capaces de inducir un proceso de una ficción son irreductibles a la empatía con los personajes,
inmel'Sión ficcio:nal en el espectador) en la meilicla en que los la inmersión no pasa necesariamente por un proceso de
ganchos iniciales- le permitan ponerse en la piel del pm·so- identificación con los personajes. Po1· lo tanto, en el cine, el
nBje y, po1· tanto, sacal' pa:l'tido de los efectos espec:íficos de vector de inmersión no es la identificación psicológica con
la inme1·si6n y especialmente éle la empatia preatencional85• uno o varios personajes, sino la asunción de una actitud per~
Sin duda sucede que, en sihutci6n creadora, es necesa:lio ceptiva, Como mucho, podr:iamos decir con CJuis'tian Metz
l'aactivar la dinámica de inmersión «alimentándola» me~ que el espectador de cine se identifica a sí mismo: <<El es-
diante algunas simulaciones conscientes: de ahí su carácter pectador, en suma, se iden~fica a sí mismo, r...] como pur.o
relativamente discontinuo comparado con la inmersión l'eac- acto de percepción (como 'Vlg.ilia, como alerta): como condi~
tivante. La di:ferencia no debe so:r:prendel'llos: el receptor de ción de posibilidad de lo percibido [...]»87 • PeTo dudo q~e la
una ficción penetra (en p1incip:io) en un nnive1·so ñccional noción de identificación (aunque sea en forma de autmden~
preexistente cuya fuerza de inme1·si6n ha sido optimizada; tiñcación) convenga para describir este tipo de inme1·sión:
el creador {ya se trate de un niño que juega o de un roti.sta), me parece más exacto deci1· que el espectador adopta la pos·
en cambio, inventa sobre la mru·cha el universo en que se tma perceptiva, es decir, que el mimem! cinematográfico 1~
sumerge. Es normal que los bloqu:eos de la dinámica de induce a adoptar la actitud que adopta:I'la «normalmente>> s1
inm_ersión sean más frecuentes en el segundo caso que en el los estímulos mimétieos fuesen 1•ealmente lo que no hacen
primero. Se pueden observar discontinuidades del mismo sino imitar. En cuanto a la noción de ídentiñeación, me parem
tipo en los juegos :ficcionales interactivos: el riesgo de ent:t·o- ce qua hay que resel'Vm:la par~ desel'if>ir las .mt~aciones en
p:ía aumenta con el nümero de j11gadores, lo que requie:r~ las que el universo de mmers1ón esta constitmdo por una
diferentes renegociaciones del contrato :ñccional (fanta~ inte1iorldad subjetiva: es así como la actriz se identifica con
negotiations), en lo que respecta a los roles, la función con- .Antígona, como el niño se i~entiñ~a co~ un ladrón, o como el
vencional de ciertos accesorios imperfectos desde el punto de lector de tlna ficción narrativa se Identifica, eventualmente,
vista mimético (por ejemplo: «Hacemos como si esa roca con el narrador (es decir, adopta la postura clel na:rraclox
fuese la comisaria de policia>> ), las secuencias de acciones en como vector de inmersión). De ahí también la necesidad, a la
el contexto :ficcional global811• Pero esa diferencia no cambia que ya he hecho referencia, de distinguir la identificación
nada en la identiclad de los procesos de inmersión conside· psicológica como operador da inmersión da la ~mpat:ía a!ec·
rados en sí mismos. Silnplemente, las condiciones de la tiva inducida por el universo ñccional. Esta últim~ eonstitu·
ye uno de los efectos de la inmer!irló~, en la med1da en q~e
as No hago de e.sto una :regln absoluta, pues existen escuelas de acto1·es
nos lleva a activar, en nuestra relaman con el mundo fiemo·
que, por el contrario, insisten sobre al cont1•ol consciente y alrechnzo de
toda inmersión. lil Matz (1977), página 69.
sn Ver Goldman y Emmison (1996), página <19.
nal, nuestro re-pertorio de actitudes de la realidad de todos mite acceder a lo que constituye la verdadera finalidad de
los días. Pero, cuando voy a ver una película, lo que me inte- todo dispositivo ficcional, a saber, el (<universo de ficción»
resa es el universo al que tengo acceso gracias a la inmer- (Thomas Pave1). Para decirlo de otra manera: su papel es
sión mimética, es decir, la modelización ñccional da m1 con- de
activm· o reaet1vro· un proceso modelización mimética fic-
junto de acciones, de acontecimientos, de sentimientos, etc. c:ional; y lo hace llevándonos a adoptar (hasta cierto punto)
El eje de la eon:t'usión entre }os dos aspectos de la ficción es la actitlld na disposición mental, representaclonal, percepti-
primero que ambos son inseparables. Pro·a decirlo breve- va o aetancial) que adoptaríamos si nos encontrásemos l'eal-
mente, aun a riesgo de tener que volver más tarda sobre mente en la situación cuya apariencia elaboran los mimemas.
esto: el modelo ñccional sólo puede ser (re)activado a través Por lo tanto, es importante distinguir entre la inme1·sión y
de una inmersión mimética83• No quiero sugerir con esto que la modelización; tanto más cuanto que los detractores de la
el único enfoque que nos permite descubrir cosas sobre una ñcció~ siempre ha11 intentado reduch'la a la fabricación de
obra de ficción sen la inmersión mimética. En cambio, una ñc· una apariencia capaz de inducir una dinámica de inmersión,
clón sólo funciona como ficción en la medida en que es inte· y que sus defensores sólo creyeron poder salva:rla intentan·
riorlzada a través de tal proceso de inmersión mimética. do demostrar que, por el eontratio, era incompatible con
Cuando los alumnos tienen que anruizar un PnslÚe de El toda dinámica l'elacionada con la apariencia o el simulacro.
extranjero en la escuela, la actitud mental que se les pide De ahí la tendencia a :reducir la noción de mímesis a un pro-
que adopten no es la de la inmersión mimética, sino la pos· cedimie-nto de imitación-apariencia o, por el contrroio, a una
tura analftica de alguien que quiere identificar la fo1·nu1 en técnica de :representación sin ningún componente «imita·
que Camus estructura su universo ficclonal. He aquí sin dor))89, De hecho, lo que en gene1•nl se conside:ra como una
duda algo enormexnente útil. Aún es necesario que el uni- oposición entre dos concepciones competido:tas e incompati~
verso ficclo.nal da la obra haya sido asimilado antes, lo que bles de la ficción, debe ser inteypretado como una simple dis·
s:ignifica que al relato debe ser leído p1ime1•o en el modo de t:inci6n entre dos aspectos del dispositivo ficcional! el medio
inme1·sión ficcionru, o sea, para la obtención de placer -y de que emplea1 a saber, la inmersión, y el objetivo al que sirve
p:roveeho- ext:r.aidos de la dimensión del (l¿Qué me están ese medio, a saber, el acceso a la modelización ñccional de
contando?». Desgraciadamente, esta condición se cumple estados de hechos corrientes (experiencia perceptiva, si·
cada vez menos, pues la cultura ñccional de los jóvenes de tuaclón actancial, narración de acontecimientos, mtuaclón
hoy sólo es ma:rginalmente literaria. Es así como estruno~ intramundana... ). Repitámoslo una última vez: la ficción
llegando a la necesidad de enseñar la ficción literaria comcl p1·ocede a través de engaños preatenclonales, pero su objeti·
una lengua muerta. Pues, para acceder a una obra de ñc· vo no es conducirnos a error, elaborar apariencias o ilusio·
ción, hay que entrar en el universo creado (concebido como nes; los engaños que elabora son simplemente el vector
modelo mimético) y, para entrar en ese universo, no existe gracia.s a1 ct1al puede alcanzar su v91·dade:ra finalidad, que
otra via que ln de la inmersión ñccionru. es empuja1·nos a implicarnos en una activiclad de modeliza·
ción o, pru·a decirlo más simplemente, inducirnos a entrar en
la ficción.
5. La modelización. ficr::ion.al: ficción. y referencia La confusión entre los medios y el ñn de la ficción no
Si la inma1•.aión juega un papel central en 1a ficción, no basta sin embargo pru:a explicar por qué tenemos tantas
es menos cierto que su estatus es el de un medio: nos per· dificultades pa:ra reconocer su valor modeüzante, y el hecho

""Ver páginas 212·213. ¡)O Sobre asta última tentación, ver página 14, nota 4.
l
de que opere cognitivamente. Esa confusión se _debe tamb1én sus funciones es referirse al mundo; este acto de referencia
a la forma en que abordamos en general el p1·oblema de las se realiza a través de las ·fl·ases descriptivas o declarativas;
relaciones entre la ficción y las otras modalidades de l'epre- ahora bien, mientras t:jue desde e] p'llnto de vista lingil!stico
sentación {la percepción, las creencias referenciales, el cono- el discm·so :ficcional es también un discurso descriptivo, se
cimiento abstracto, la reflexión, etc.) y, po1· tanto, la manera aparta sin embargo del discurso referencial en la medida en
en que los dispositivos ficcionales pueden l'eferirse a la re~­ que sus frases no remiten a l'efel'tmtes ·~reales»; por tanto, es
lidad en la que vivimos. Tenemos tendencia a querer reduc1r necesario definirlo por la especific:1dad del valor tlenotacio·
el primer p1·oblema al de la !'elación ent:re l'epresentación nal de sus términos referenciales. La :respuesta «clásica» al
ñccional y asel'Ción 1'efe1·encial; en cuanto al segundo, cree- problema planteado en estos términos consiste en definir la
mos que el eje de la cuestión reside en la diferencia de esta- ficción como denotación nula: los constituyentes lingüísticos
tus entre las entidades ficcionales y las entidades de la rea- que en el discurso factual tienen valor denotativo (descri:p-
lidad Iisica. Por esto, el análisis de la ficción ha quedado L'iones definidas, nombres propios, demos·trativos, deícticos,
reducido, más o menos, al del estatus denotacional de las etc.) aquí están denotaC'ionalmente vacíos. Esta e1·a ya la
proposiciones ficcionales (o de las proposiciones que se supo- pomción de Frege, para quien los enunciados ñccionales tie·
ne implicadas por representaciones ñccionales que. como la nen sentido (Sinn) pem no denotación (Bedeu.tung): ~·Cuando
ficción cinematográfica o pictórica, no tienen estructura :Pl'~>* escuchamos, po1· ejemplo. un poema épico, lo que nos fasci-
posicionru) y al del estatua ontológico de las enti~ades ficti· na, al mm·gen de la euforia ve1·bal, es únicamente el sentido
ciasso. Esta modo de ver ha influido durante mucho tiempo de las frases, así como las imágenes y los sentimientos que
en las definiciones fllosóficas ·de la :ficción propuestas en el evocan. Si nos planteásemos la cuestión de la verdad, deja-
siglo xx. La mayo:ria de esas definiciones, incluso si tienen riamos de lado el placer estético y nos volveríamos hacia la
en cuenta la existencia de tm factor pragmático, se sitúan en ob.servat'ión cientíñca»P1• A primet•a ·vista, podrla:mos pensar
efecto en un marco decididamente semántico; fue necesario que la distinción ent:re pensamiento y denotación consigue
esperar a la decisiva contribución de Searle para empeza1· a habilitar tm espacio a la ficción. Pero la impl'esión es enga-
aceptm· la idea de que la misma definición de la ficción sólo ñosa. Según Frege, la noción de «verdad» significa en efecto
podía ser pragmática y no semántica, dicho de otra forma, lo 've1•clad denotacional' y, más precisamente, 'verdad científi-
que distinguía la ficción de lns otl'as modalidades de la ca', es decil•, una verdad probada po:r estrit::tos procedimien-
representación era esencialmente el p.echo de c¡ue implicab~ tos de validación experimental .o conceptual. Ahora bien, a
un uso específico de las repres:entamones. Lo que caracteri~ parli1· del momento en que la verdad se identifica con la
za a las representaciones ficcionales no es tanto su estatua denotación, no podría habe1· un espacio cognitivo propio de
lógico (que, de hecho, pueda ser de lo más diverso), sino el la defmidón. En ausencia de una dimensión denotaciomil, al
uso que puede hacerse de ellas. sentido pru·ece perder lo único que seria capaz de ••sostener·
El punto de partida común de todas las deñnic:iones lO». Este punto ha sido sub1·ayado por Jacques Bouveresse,
semánticas puede reconstn1:i:rse de la siguiente :forma: los q'lte señala que no se entiende bien cómo podría hab&l' una
emmc-iados lingüísticos cumplen funciones diversas; una de modalidad espec:í:fica de denotación de la referencia desde el
momento en que ya no hay referencia92• Por lo tanto, las defi-
t., A continuación desarrollo un poco el análisis esbozado en Ducl'ot y niciones semánticas de la :ficción posteriores a :Frege pueden
Slihaeffer, 1995, páginas 312-315. El lector interesado encontrará tam-
bjén unn bibliografía selectiva dailicncla al tratamiento filosófico da la fic- Gl Frege (1971), página 109.
ción. w Ver Bouveresse (1992), página 16.
verse como intentos de escapar de ese callejón sin salida. ficción del en·or y de la mentira no es de ninguna utilidad.
Las soluciones propuestas han sido múltiples, pero, a gran- Finalmente. en el supuesto de que la denotación nula sea
des rasgos, se reparten en tres grupos. una condición necesaria de las proposicionales ñccionalas,
La solución más radical, que ha 1·ecibido el favor de todos no hemos avanzado m11cho, pues los relatos de ficción en los
aquellos que aceptan el rigorismo verificacionista al estilo que todos los enunciados son enunciados de denotación nula
Carnap, ha consistido en retener la idea fregeana de una son extremadamente raros. As:í, la novela histórica extrae
identidad estricta entre ve1·dad y denotación, y en deshacel·- gran parte de su atractivo de la mane1·a en que incrusta los
se del problema de la distinción entre sentido y referencia enunciados de fuerza denotacional en los enunciados de
redt1ciendo el campo de las proposiciones dotadas ele senti- denotación nula que constituyen el marco global del relato.
do a las que satisfacen el criterio denotacional. Al mismo Esto indica que la cuestión del estatus de la ficción debe
tiempo, las proposiciones ficcionales no pueden ser más plantearse a otro nivel que en el de los elementos últimos
que pseudopropos1ciones, de donde se desprende :fatalmen- (pmposiciones u otros) que la constituyen -un punto que
te que la :ficción no podria set· un operador cognitivo. El veremos más tarde-:..
ejemplo más famoso de Ulla definición de este tipo ha sido la Los pJ•oblemas hallados por las definiciones no cognitivis-
teoría emotivista de Ogden y Richards, que sostenía que los tas de la ficción llevaron a los filósofos a buscar una solución
enunciados literm-ios, debido a su carácter ficcional, son diferente, capaz de salvar la tesis de la denotación nula al
pseudo-proposiciones que expresan actitudes subjetivas y tiempo que habilitaba un espacio para la ficción en el inte-
tienen una :función puramente emot:ivaro. La tesis th~11e la rior de una semántica referencialista. La solución consistió
vent~a de .su claridad. Pese a ello, su carácter es tan mani- en ampliar la noción de referencia de tal forma que la rela·
fiestamente falso que nunca ha convencido a casi nadie: ción denotacionalliteral no fuese más que una sub1·elación.
cualquie1·a que sea el estatus de las proposiciones ficciona- En sus vertientes no técnicas esta concepción fue defendida
les, su gramática no es la de proposiciones que expresan por numerosos c:ríticos, pero fue sin lugar a dudas Nelson
emociones y, más ampliamente, actitudes subjetivas. Pol' Goodman quien elaboró la formulaci6n más ambiciosa y pre·
otra parte, aunque la denotación nula era un requisito nece~ cisa desde un punto de vista lógico. Como esta teoria ha sido
salio de las proposiciones ñccionaJes¡).\ no podría ser una expuesta en múltiples ocasiones durante los últimos años,
condición suficiente de las mismas, :pues, si fuera el cas; me limitaré a resumirla de forma sucinta. sin entrar en los
todo enunciado falso y toda mentira serian enunciados fic detalles técnicos. Goodman, al tiempo que mantiene la idea
cionnles. Ahora bien, una definición incapaz de distinguir la de que el discurso ñcciona] es un discurso de denotación lite·
ral nula, amplia la noción de referencia incluyendo en ella,
1
" Los t:rabl\ios de Ogdon y Richnrds son, no obstante, mucho más intere-
por una parte, 1a denotación metafórica y, por otra, modos de
santes qua Jn tesis emotivista a In que se les ha reducido muy a menmlu. referencia no denotacional. Así, una aserción cuya denota-
Pa:rn t1n anál1sis de ]as ideas complejas, aunque no siempre cohel·entes, de ción es nula cuando es leída literalmente puede volverse
Richnrd.s, ver ShUJStemum (1988), páginas ~17·54 y 199·221. verdadera (es decir, puede poseer una fuerza refe1·encíal)
DI Por supuesto, no hay qt1e conf\mclir la cuestión de saber si las pro- cuando es leida metafóricamente: como Don Quijote no exis-
posiciones ficcionales posean un valol' de verdad con la de saber si pode- te, toda aserción sobre él es literalmente falsa, pero, tomado
mos enunciar verdades sobre ellas. Como ha señalado Terence Parsons, In
mayoria de la gente que emmcia In proposición: ·Pegaso es un caballo
metafóricamente, el nombre propio en cuestión se aplica con
aladQJ>, no se limita a decil' que esta proposición e.s verdadera s.egún el precisión a un gran número de hombres; lo n1ismo puede
mito, sino que es vardadern de manera absoluta: "Es una verdml real decirse de las acciones quijotescas. Por otra parte, en los tex-
sobre un objeto irreal•. (Parsons, 1974, página 78). tos ficcionales, la ausencia de denotación literal incita al lec-

J86
to1· a activar esos otros tipos de relación refen~ncial que son tanto, a una actitud que podemos adoptar l'especto a cual-
la ejemplificación y la exp1·esjón. Asi, diremos que En busca quier objeto. Toda definición interesante debe, antes que
del tiempo perdiclo ejemplifica una estructura narrativa en nada, dm· cuenta del hecho de que las ficciones son (re)pre-
bucle: el final del relato enlaza con el comienzo de la nana· sentaciones de l.mive1·sos y que, po1· tanto, Sll aspectualidad
ción dell'elato, p·ues ellib1·o se clausura con la decisión del es la de una representación en el sentido más canónico del
héroe Marcel de escribir el libro que el lector acaba de leer. tél'mino. Esto no significa q1.1e la cuestión de la actitud esté-
Po1· ot1·a pm'te, esta est1·uctma e~presa (es decir, Edempliñca tica no sea importante pm·a comprender cómo actt1a la :lic-
~etafóricrunente) Lm cierto tipo de relación entre el arte y el
ciónvs, sino únicamente que, en su caso, el objeto sob1·e el que
t1empo: eJ hecho de que el final del libro coincida con su se centra la atención estética es el 1.miverso ficcional creado.
comienzo es una metáfora de la creencia proustiana .según la Ahora bien, en lo que concierne al estatus de este unive1•so
cual la obra de m'te anula el tiempo. Dicho de otra forma Goodma:n se limita a retomar la tesis de la denotación nula:
según Goodman) las caracteristicas literarias intrínsecas' es decir, que, a fm de cuentas, sólo nos da una definición
así como los valo1·es expresivos, forman parte de la estruc: negativa de la ficción.
ttu·a re~erencial de los sistemas simbólicos al igual que la Los defensol'es de la tesis de la denotación (literal) nula
denotac1ó:r:: el que una.obr~ ca1·ezca de denotación y sea, por parten de la hlpótesis -muy sensata, creo yo- de que no
tanto, ficcmnal, no le unp1de tener una d:imensión referen- existe más que una realidad, que es el m1.mdo (físico) en el
cial. ~a gran ve11taja de la deñnlción goodmaniana es que que vivimos. Por otra pru·te, demostrando otra vez su sansa~
pe:rm1te mantener la tesis de la a1.1sencia de una fue1·za tez, piensan que sólo podemos hacer refe1·encia a cosas q1.1e
denotacionalliteral de las p:t•oposiciones :ficcionales al tiem· existen. De ahi la conclusión de que una :frase sólo puede ser
po .que le conced~ una fuerza referencial, y esto sin verse denotacional en la medida en que selecciona entidades que
obhgada a rec1.uTJr a una teoría mística ele la signi:ñcación 'fo1'man parte de ese mundo físico. El te:rcel' tipo de de-fini*
artística. Su.de.svent~~ reside en el hecho de que, al elimi~ ción semántica de la :ficción que me ocupará en estas pági-
nar la cuestlón de la denotación lite1·al, elimina al mismo nas, y que es ta1nbién el más 1·eciente, acepta la segunda
tiempo el. «como-si» de la ficción, de modo que, a fln de cuen~ hip6t~s~s, pero cues·tiona la pri:me1·a, es decir, el prejuicio
tas, esqu;va el.problema. en vez de resolve:rlosll, Desde luego, ontolog.¡co. Sus defensores, aun viendo en la ficción un ope·
todo añc1onado a la ·ficc1ón concede una gran atención a la 1·ador cognitivo, no piensan que sea necesario amplim· la
denotacióz; me~afórica, a la ejemplificación literal (por tanto, noción de referencia (para integrar en ella otras relaciones
a las pl'Opledades formales de las obras) ·y a la expresión (es semióticas aparte de la denotación lite1·al): al contrario pro-
de~r, a la interpretación figurativa), pues la aspectual:idad ponen ampliar el campo de las <•cosas)) a las que se puede
baJO la que se presenta el universo de ficción es indisociable hacer l'efe:rencia. Esto implica, por supuesto, un desplaza·
de, este unive~so. Sin embargo, estas caractel·í.sticas no po· miento de la cuestión del estatus vel'ifuncional de las pl·opo-
ih"Ian propormonarnos una definición sathrfactoria de la fic- siclones hacia la del esta-tus ontológico de las entidades. La
ción. Por una parte, según la misma tem1a de Goodman la Pl'Oposh::ión da ampliar el campo referencial se basa en gene·
atención p1·estada a esos tipos de referencialidad no' es ral en lma interp1·etaci6n filosófica particula1· de la lógica
espec;ffica da nuestra relación con la ficción: concierne, más modal, :interpretación que se ha hecho célebre bajo la deno-
amphamente, a los síntomas de la relación estética, pm· minación de «lógica de los mundos posibles». Concebida como

ou Se trata, al contrario, de la función inmEmente de todo djs-pmdtivo


u• El análisis da la teorla de la .ficción ele Goodman que propuse en
Schaeffer (1992) yn no me parece satisfacto11o. flccional. Ver página 311.

188
pura técnica de cálculo sobre proposiciones, la lógica mo~ p1·esente»9&. Los nnme:rosos m·iticos y filósofos contempol·á-
dal no se interesa po1· la cuestión de la ficción: su proyec* neos que definen la :ficción en el marco de la temia de los
to, bien distinto, es una formalización de las proposiciones mundos posibles -:par ejemplo, van Dijk, Lewis, Winne1·,
(y cadenas proposicionales deductivas) que comportan Mm1;fnez-Bonati, Pru·sons, Wolterstor.ff o Dolezel99- no ha-
ope1•adm·es modales (ceas posible que», «es necesario que», cen, en suma, mas que :retomaJ• esta idea. En efecto, incluso
«es imposible que») y cont1·afactnales («si x fuese el caso, si sus formulaciones son más técnicas que las de Bodme1· o
entonces y))), Pero es fácil comprender que, en la forma filo· Breitinger, en el fondo se suman a la tesis defendida por
sóñea de la teoria de los mundos posibles, haya podido estos, a saber, la idea según la cual los enunciados ñcciona·
inte:l'esar a los críticos y a los ñlósulbs en busca de una dañ· les remiten a realidades alternativas. Los p1mtos :fuertes de
nición semántica de la -.t1cci6n. En efecto, la lógica modal este t:ipo de definición saltan a la vista. Por una parte,
parece mucho más acogedora con la ficción que las semánti- pennite escapar de una concepción puramente negativa de la
cas :fisicalistas. Por ejemplo, en su marco, una proposición ficción. Por otra 1 la noción de «mundo ñccional» tiene la ven-
contrafactual, en vez de ser declarada denotativamente tEda de atraer la atención sobre el hecho innegable de que el
vacla, supues·tamente se l'aferlrá a un mundo posib1e -es dispositivo ñccional no se limita a una adición de proposi-
decir, a una alternativa del mundo actual en una es'tJ•uctu- ciones ñccionales {siendo la ñccionalidad del conjunto sim-
ra de interpretación ontológica más gene1•al de la que este _plemente la suma de esas proposiciones ñccionales in·
sólo es 11n miembJ'O más (aunque un miemb-ro privilegiado, dividuales), s:ino que genera un universo que es «como,> el
al menos en la teoría de Kriplte)-. Es fácil ver la ganancia universo actual y en el cual estamos inmersos «como» lo esta-
que una definición semántica de la ficción puede obtener mos en ese umverso actual. Pero estas ventajas tienen un
de una ontología tan gene1·osa: si .la realidad no se limita al p1·ecio. Pa:ra empezar, tal definición está obligada a fundar-
mundo actual, sino que comporta también mundos posi· se sobre una ontología que dificilmente podría legitima:rse
bles, entonces los mundos ñccionales acceden a una sub~ en otros términos qne en los teológicos (como efectivamente
sistencia J>l'opia -al menos si conseguimos demostrru· CJlte hac:fa Leibniz). Pero, afortunadamente, es un pt•oblema del
el estatus de los universos ficcionales es el mismo que el que no tenemos q'l1e ocuparnos aquí. La vel'dadera dificultad
de los mundos posibles-. Po1• lo tanto, los ieó1icos de la {desde el punto de vista de tma comprensión de la ficción)
:ñcC'ión del siglo XX no han sido los p1'imeros en intent.ru· obedece a1 hecho de que la identificación ent:l'e mtmdo posi-
sacar partido de esta posibilidad. La temia de los mundos ble y universo :ñccional plantea problemas -como los mis-
posibles se remonta, en efecto, a Leibniz {y, más precisa· mos defensores de la tesis han demostrado-. David Lewis,
mente, a su tesis de «la infmidad de los Universos posibles Robe:rt Howell y otros han señalado que los mundo~ ñccio·
en la Idea de Dios»D?), y algunos críticos del siglo XVIJI ya nales no obedecen a las reglas que rigen la lógica de los
la habian adaptado al problema de la ficción. Este fue el mundos posibles100, Po1· 1.ma parte, estos últimos son identi~
caso de dos imp01·tante& r.n":iticos de lengua alemana, ficados en el marco de una estructura de inte:rpretaci~n l'es~
B1·eitinger y Boclme:t. Este último, elaborando su poética
en el ma:rco de la :ñlosoña wolifiana, afirmaba po1· ejemplo
que la creación poética «pJ•efiere siempre tomar la materia
113
:Bodmer, Critisch.e Abhandlung uon dem Wzmderbw·en en tler Poesie
{1740), en Dodmer (11)66), página 32.
de su imitación del mundo posible antes que del mundo w El lecto1· intara.sado encontrará una bibliografla selectiva da las de:l:i-
nieiones t1e la :ficción insp:i1aihls pm·1a lógica moclnl en Doerot y Schaeffar,
07
Leibniz, Los principios de la filosofía o La Monadología, § 53, en obra citarla, página 815.
100
Leibniz (1965), página 462. · Ver Lewis (1978), páginas 87·46, y Bowell (1979), páginas 129·178.

1()1
l
trictiva, mientras que las ficciones se crean libremente, o al
menos sin ningún procedimiento de restricción formal e.stric· existentes de aquellas que tienen tma referencia. La teol':ía
to. Por otra parte, contrariamente a los mundos posibles, los de Goodman parece ser una excepción, pues se presenta
mundos :ficcionales son incompletos (de ahí al hecho, por ejem~ explícitamente como una teoría gene1·al de los sistemas sim~
p1o, de que no podamos saber cuántos hijos tuvo Lady bólicos y distingue especialmente entre descripción verbal
Macbeth) y, por lo :menos algunos ele ellos, como los mundos y depiction. Pero su hipótesis ftmdamental, según la cual
ficcionales de focalización interna m11ltiple (por ejemplo, nuestra 1·elación con la realidad pasarla exclusivamente por
Rashomon, de l{mosawa), no son homogéneos semántica- un conjunto de sistemas sjmbólicos culttn'alm.ente consti'ttú·
mente101. En suma, la noción de m1mdo ficcional no puede dos. me pru·ece basada en una extrapolación abusiva a par·
1·educirse a la noción lógica de m1mdo posible. Esto no signifi- tir del modelo lingüístico reducido a su armazón lógico. En
ca que sea inopel'a.nte, sino simplemente que su interés no tal co;ncepción -puramente convenciona.lista- de los proce-
reside en la función que p:retendía cumplir, a sabEn', propor- sos de representación, no hay h1gar para los hechos de Ol'den
cionarnos una deñnición semántica de la ficción que fuese mjmético103• De alu que cuanto más nos alejamos del te1Teno
compatible con las res't1·icciones de las semánticas lógicas. verbal, más difícil de aplica:r resulta la teoría de Goodman.
Sea lo que sea de las ventajas y desventajas de las clife- As:í, el cine está prácticamente ausente de sus a:nálisis104 • Me
l'entes tle.finh:iones semánticas, todas ellas comparten a1 pru.·ece que el hecho de que Goodman le haya dedicado tnn
menos ·t.t·es inconvenientes que hacen que no sean de gran poca. atención obedece a qt.1e su método de análisía no cuen-
ayuda para com})l·endm· cómo funciona la ficción. El :primer ta con herramientas pa:ra comprender el funcionamiento del
inconveniente ha sido peT!ectamente resumido por Arthtll' cine, pues su especificidad (como dispositivo ñccional) esca-
Danto: «¿Por qué -sea cual sea la teoría co:r.recta- deberla pa a un análisis q1.1e no toma en se1io el problema de la reft
tener yo, como lect01·, el más mfnimo interés por El Quijnte presentación por semejanza. Atmq1.1e sólo sea a causa de la
si el Jibro se limitase al tema de un hombre filiforme y des- existencia ele las transferencias perceptivas, el cine no per·
fasado, en una l'egión del ser que no tengo :razón alguna mite escapm a la cuestión de la inmersión, ni po1· 'tanto a la
pru·a conocer en ausencia· de las intervenciones de la teOl'ía
semántica? ¿Y si tratase simplemente de un x q11e quijot:iza 100El convencionalismo da Gom:lman conm.1erda Men con su posición
(dado qua no hay) o de un conjunto de mundos posibles clis-- nominansta, pm•o también con su ru'\hesión a los t:l'abtijos psicológicos de
tmt~s al mío? ¿O incluso si, en el plano de la refe1•encia pri· la escuela de Jerome Bnmer. En efecto, según Jerome Brune1•, la cons-
mana no tratase de nada, sino que, en un nivel secundario, trucción perceptiva de la :retiliclad obedece g:rosso modo a ln nrlmna lógica
que la investigación ciantlfica: se trata de tm proceso inferencia] (no cons·
se refiriese a entidades del tipo de ciel'to co$nto de grahaM cianta, en al caso de la percepción) qi.Ul procede a pnrth· de indicios, hipó·
dos de Gustave Doré1»100 • Dicho de otJ·a forma, las teorías tesis, ve-rificación, corrección, etc. De ah:í la negativa da B:nmer a clistin~
semánticas son incapaces de explictu' po1• q11é nos interesa~ gn:lr entre la pereept'ión y el pansanrlento, en vir&nd de la hipótesis (cuas·
mos por las ficciones. Además, tienen tendencia a l'educi:r el tionada po1• tnlbttjos más recien-tes en el campo de la nauropsicologíet de
estatua de las representaciones :ñecionales al de la :ficción la percepción) de que todas las otapns del tratamiento menta1 de las per-
verbal. Y es que estas teorías nunca se liberan realmente del cepciones son accesibles a 1os procesos descendentes (top·down) y, por
marco en el que han nacido: el ele una inte-.rrogación sobre lo tanto, susceptibles de ser influidas por las creencias conscientes. Pa:l'a
una tliscusión del estado nctual da la cuestión, ver Pylyshyn (1997).
que distingue a las p:roposiciones relativas a entidades no uu Aunque en Lenguajes clel arte habla «deJas cadencias obsesivas y de
las cualidades emocionales y sensoriales casi indesCl·iptibles» de El mio
101
Sob1•e este último punto, ver Dolezel (1988), páginas 475-498. pasado en. Marienbad -lo que, después de todo, tal vez sea una manera
mi Dnnto (1998), página 183. de reconocer los efectos propios de la inmenrión mhnética (ver Goodman,
1990, pdgjna 124)-.
l
precisamente porque Searle sostiene s?n la ~no.t· ambig~e­
de loa nlimemas, ni a la de la imitación y la semejanz't1 dacl que llll() hay :p1·opiedad textual, smtáct1ca o semánt1ca
analógica -factores cuya p~:rtinenci~ Goodman se es~1~r~ que pe:rmita identificar un -texto como obra de :ficción>> y que
:za en negar-. El seg·undo mconveruente de las de:i:irucJo- sólo cuenta ula posttu·a ilocutiva que el autor adopta en rela-
ne.s semánticas de la :ficción es que, en la hipótesis más favo- ción.con ellR1> 101 • En efecto, su análisis' se limita a la ficción
rable consiguen enunciar una condición necesaria de la fie 5

literarla108, pero su noción central de «fingimiento compal'ti-


clón, 'pero SE! muestran incapaces de deñni:r una condición do» vale :para la ficción como tal; aa1 que a quien hace u.so de.
Strllclente. De hecho1 pa:ra no desembocar en nna teoría inca· la misma le toca dete1'minar cuáles son los tipos de :fingi-
paz de distinguh· en:t:re fic~ónt ment~a. y m·ro.r, todas ell~ miento que ope1·an en los dispositivos ñccionales no verba-
están obligadas a introdum.r subl·eptlCiamente una condi- les. No obstante, hay que .señalm.· que incluso Searle pospo-
ción pragmática. F:rege ya hahia.señalado que en :ficción no ne las cuestiones de la «Suspensión de la incredulidad» y la
buscamos lo mismo que en ciencia, lo que equivale a clecll· «mimesi.s»l09•Ahora bien, las «convenciones ho.rizontales» de
que lo que distingue en el fondo los dos tm'l·enos no concier- las q1..1e habla de manera algo misteriosa están ligadas pre-
ne a la semántica, sino a nuestra actitud intencional. Nelson cisamente a la suapención de la incredulidad, o al menos al
Goodman comtata también que, en el caso de la ñcción, el problem~ al que pretende responder esta hipótesis (incluso
hecho de que ]as inscripciones estén vac:ía.s :resulta -«de nna si esa :respuesta es insuficiente, al menos tiene el mérito de
estipulación explicita de que el carácter no posee ningún haber identificado correctamente el problema). Po1• otra
conc.ol·dmlte» 103~ Por su parte, Niehola.s Wolte:rstor.ff, incluso parte, desde el momento en que definimos la ficción en té:r-~
cuando desarrolla su teoria de la ficción en el marco de una :minos de fingimiento, enh•amos en el terreno da la proble-
. semánti-ca de los mundos posibles, acaba señalando: «La mática mimética. Pero sen lo. que fue:re de estos detalles, la
esencia de la ficción no está en la naturaleza de sus estados ventf\ja decisiva de las dafinicione.s ~ragmáticas, y de la da
de hechos indicados, ni en la ve1•dad o falsedad de sus esta- Sem·le en particular, l'eside en el hecho de que demuestran
.dos. Reside en la actitud mo1•al (mood-Btance) que adopta· que la cuestión de la denota~ón de las p1•.oposicione~ ?ccio-
mos. r...] No es necesmio que los estados de hechos a los que mlles y la del esta-tus ontológ1co de las entidades ñetimas. es,
se :re:flere tma obra de ficción sean falsos, ni que el auto:r los si no ociosa, al menos secundaria. Pues, :retomando nna fo:r-
crea falsos. De hecho, puede e.reer que son todos vm·dade1•os, int1lacl6n de Gérard Genette, lo que ca.racter.iza a la. ficción
y pueden sm·lo. Lo que hace de él un autor de ficción es el es que «está más allá de lo verdadero y de lo falso»-¡ 10, es
hecho de que se limita a pres~nta:rlos sin ase1>tarlos»108 • Todo decir, que pone entre paréntesis la cuestión del yalor
esto equivale a reconocer que la ficción no podrla ser defi- referencial y del estatus antológico de las representamones
nida -en el nivel semántico. Sin embargo, ninguno de los que inducem. Esto no significa que el problema de la deno·
autores en cuestjón ha extl·a:ído asta conclusión. Entre los -tacl6n de las p:ro:poS'iciones ñcclonales y el del estatus onto-
fil6.sofo.s, al menos que yo sepa, es John Sea:l'le quien tiene lógico de }as entidades ficticias sean :interrogantes ociosos.
el mérito de haber llevado a cabo de manera más decidida el
cambio ele perspecliva que se imponíat es deci:rt de habe:r 1
0'1 Searle (198.2), :página 109.
l'eemplazado la :problemática semántica por una definición 1
oa Por otra parle, deja m~1chas e1.1estiones en &1 aire. Ver Genette
:pragmática. Si ccEl estatus lógico del discurso de la ficción» (1991), páginas 41·68.
ha hecho correr tanta tinta desde su aparición en 1974 es 1011 Searle, ohra citada, página 104.

no Genette (1991), página 20.


u1 La fic1..ión tal y como la entiendo aqul se distingue claramente de las
.~.® Gootbrum (1D90), página 181. ficciones juxiilica.s, que, según el análisis de Yan Thomas, presuponen
18
ij Wolta:rstorll (1980), página 284.
195
Pero se t1·ata de interrogantes J>l'Opiainente filosóficos, en el sobre ese punto no se espera ninguna toma de decisión. La
sentido de que, más que remith· a cuestiones impo1'tantes pregtmta no tiene razón de se:r».
para la comprensión de los dispositivos ficcionale~, demues- Tampoco hay que conchúr de la discusión dedicada a las
tran que la filosofia tiene 1.m. problema con la ficc16n. definiciones semánticaa que la cuestión de los lazos que la fic-
Tal vez no sea inútil añadir que no quiero sugerir en ción mantiene con la realidad no fi.cclonal carecen de inte1•és.
absoluto con esto que la existencia de la ficción sea un argu~ Pero, a partir del momento en que se admite que la distinción
mento en favor de la inadecuación ele la epistemología veri· entre ficción y no ficción es de orden pragmática, ya no es en
flcac:ional y de la ontología ñsical:ista. Desgraciadamente (¿o absoluto pertinente poner en el centro de la investigación el
habría que decir <~afortunadamente»?), muy bien podria problema de las relaciones ent1·e las representaciones ñcciona·
suceder que no exis·tiese más que una sola realidad, a sabe1·, les y la función refm·encial de los signos (lingüísticos u otros),
la l'ealidad física112 en la que venimos al mundo y en la que o el de la diferencia de estatt1S entre las entidades ficcionales
morimos. Del mismo modo, a pesar del t1iunfo actual del y las entidades realmente existentes. El hecho de q1.1e la ficción
convencionalismo, sigo pensando que la verdad no es una sea :instituida gracias a un fingimiento compartido les resta
cuestión da consenso y que, para ser verdadera, una :propo-- gran parte ele su importancia~ porque de todas fol'll'las aquel
~:dción debe satisfacer las conéliciones de esa realidad de la que entra en un dispositivo ficcional no va a emba:rcarse en un
que fo:rm.amos parte. Simplemente, no todas las f1.mciones de cuestionamien:to referencial en el sentido lógico del término.
las l'epresentac.iones mentales y simbólicas son de natu:rale~ Además, antes de plantem·se la cuestión de las relaciones de la
za verlfuncional, y la cuestión del estatua de los dispositivos ficción con la realidad, hay que preguntarse qué tipo de reali~
ñcc:ionales sólo concierne ma:rg.inalmente a la ep:istemología dad es la ficción misma. En efecto, a fuerza de concentJ·ase en
y la ontología. Esto no es nada sorprendente si es cierto que, sus relaciones con la realidad, con'elllos el riesgo de olvidar
retomando ot:ra vez la formulación de Winnicott, la ficción se que la :ficei6n también es una realidad Y~ por tanto, una parte
caracteriza pOl' el hecho de que «hay un acuerdo {...) que :integrante de la realidad. Dicho de otra forma, la cuestión pri·
imp1ica q1.1e nunca haremos Ja pregunta: 1'Esta cosa, ¿la has mro·dial no es la da las relaciones que la ·ficción mantiene con
concebido tú o procede del exterior?" Lo importante es que la :realidad; se trata más bien de ver cómo ope1•a en la realidad,
es decir, en nuem·as vidas.
siemj)l'e «la certeza de lo falso,., es dech·, qua tratan como hechos lo que es . La respuesta genetal a esta última cuestión ya nos es
contral'Í.c a los hechos (ver Thomna, 1995, paginas 17-63). La ficción, en
tanto que fingimiento lf1dico compartido, se distingue tamblán de las ufic· familiar: el modo de operación de la ficción (en todas sus for-
clones científicas», en el sentido da Jean-Ma:rc Lévy-Lebloncl, ])Ol' ejem:plo, mas) es el de una modelización mimética. Sobre este punto,
que itlenti.fica la ficción con la modelización: «En ese sen·tido, la e.ieneia, la ficción tiene al menos tres modos de ser diferentes: todas
también actividad efectiva de modelización, es ficción» (Lévy-Leblond, las ficciones e:!tisten en forma de contenidos mentales; algua
1998, página 397). Me parece que hay que distinguir entre modelizaciOO. nas de ellas e:!tisten además en forma ele acciones humanas
nomológica (y, más ampliamente, modelización por homología) y modeh- fí~dcamente encarnadas o en la de representaciones pública·
zaclón .ficclonal. Ver págjna 198 y siguientes.
lw Lo que supone udmiLiJ que la.s realidades mentales (y, por tanto,
mente accesibles (palabras, textos escritos, imágenes fijas,
también los hechos sociales) :forman parte ele la realidad física. Esto no flujos cinematográficos, documentos sonoros, etc.). El modo
jroplica que sólo puedan ser desc1itas ac1ecuac1amante a tl•avés de un enfo- de ser :mental de la :ficción, además ele constituir una forma
que que las reduzca a su nivel micro:I:Isico o neuro1ógjco. Al jgual que la de realización específica del dispositivo :.6cciona1 (en forma de
descripción IIaica ele las partículas subatómicas, la descripción mentalis· ensoñaciones y, más ampliamente, de la actividad imagi·
ta de los hechos mentales es la descripción da un aspecto, o de un nivel, nativa), es la base de los otros dos. Esto se desprende di-
de la :realidad ñsica de la que formamos parte. rectamente del hecho de que la ficción es una realidad p:rag·

197
mática y, más exn<:tnmente, de que necesita la instnmac:ión aplicabl~ tal cual a un númet·o indefinido de casos concretos.
de 1ma acti'tud mental específica (la de la autoestimulación Esa es la razón por la que toman, más o menos, la fol"ma de
imag:ina'tiva o, en el caso de las ·ficciones públicas, la del fin. 1ma ley o de una l'egla abstracta. Los modelos :miméticos, al
gimiento compm·tido). Una ac·tividad hmnann o una repre- contrario, son reinstanciaciones (ya sea actuales o, más a
sentación pt\blicamente accesible sólo son modos de ser de la menudo, virtuales) de lo que representan. Esto significa que
ficción en la medida en que están emparejadas con la acti- no tienen dimensión genernlizante. Considerados desde el
tud mental adecuada. Para dech·lo en otros térm.inos: la fíe· ángttlo da los procesos de aprendiz~e, son de hecho un sub-
ción descansa en una actitud intencional específica; ahora grupo de Jo que a veces se llama el «aprendiz~e por ejemplos)•
bien, como Searle ha demostl·ado de manera convincente, (instance learning) 115• O, retomando una categoría goodma-
sólo los estados mentales pueden poseer la propiedad intrln· niana que se puede aplicar aqu:í cum grano salis: un modelo
seca de ser hechos intencionales (es la razón :por la cual rrumético es una ejemplificación de lo que rep1·esanta.
Searle califica la intencionalidad de las representaciones Sin embm·go, la situación se complica, pues el campo de los
públicas como c<intencionalidad deiivada»113 ). Por supuesto, modelos miméticos se subdivide a su vez en dos subtipos que
si bien toda ficción existe (al menos) como contenido mental, diñe1·en .fOI'lllalmente uno de otro. Ya nos habíamos encontra-
lo contrario no es verdad: sólo son ficcionales los contenidos do con esta distinción clm·ante la discusión dedicarla a los
mentales (y, más ampliamente, los estados mentales) deliy hechos de autoestimulac:ión mimética mental. Entonces insis-
mitado.s por el marco pragmático de una. autoestimulaci6n tí en la necesidad del niño de conseguir 'b·azar una ft·onte1·a
imaginativa o de un fingimiento compartido y vividos (o entre las autoestimulaciones que se someten a la resb'icción
experimentados) en el modo de inmeJ•sión ñccional. de homología y las autoestimulaciones imaginativas, no so-
Desde el momento en que no se aceptan las definiciones metidas a esa restricción. La clistineión puede generalizan:~e
semánticas de la 'ficción, la cuestión central es evidentemente para todas las manifestaciones de la modelización mimética,
sabel' en qué consiste la especificidad de la modelización ·ñc- es decir, que hay que distingui1· entl·e los modelos miméticos-
cional. Para 1'esponde1· a esta cuestión, primero sintetizaré homólogos, por un lado, y loa modelos ·ficcionnles, por otro. La
brevemente los elementos generales que hemos podido desM modelización mimética-homóloga posee zonas de inte1·sacción
granar hasta ahora. Partiré de la distinción más general que tanto con los modelos nomológicos como con los modelos ñc-
nos hemos encontrado, la que es posible establecer entre los cionales. Con los primeros comparte sus rest1·lcciones cogniti·
modelos nomológicos y los modelos miméticosn~. Los primeros vas: la relación entre el modelo y lo que es modelizado debe
no nos interesan realmente, salvo en la medida en que pm·- ser de naturaleza hwnológica, es decir, debe mantm1er las
miten resaltar por contraste la especificidad de las modeliza· eq·Llivalencias estructurales locales. No obstante, como ya
clones miméticas. Me parece que la diferencia esencial entre hemos visto, la homología mimética se distingue de los mode-
los dos tipos de modelización está en sus restricciones cogni~ los nomológicos en el hecho de que no tiene la forma de una
tivas. Los modelos nomológicos deben cumplir una condición regla general o de una ley destilada por abst1·acción, sino que
de homología generaHzante, es decir, que el modelo debe ser
113
Ver Senrle i1985J, páginas 19-20. Según S.enrle 11998, capítulo 1), la uc Ver Shnnks y St. John (1994), que oponen el aprendiztQe medinnte
distinción ent1·a in tancionalidad intrínseca e intencionalldad derivada no se ejemplos al aprendizl:1ja mediante reglas (rule Jearning). Estos nuto:res
superpone a la que existe entre intencionalidacl individual e mtenc:iona11· se.fialnn qua, en el primer caso, el ap:rendizaje consiste en la memoriza·
dnd colectiva: la prlmera concierne a Ja localización y el Jugal' de fundación ción de ejemplos reactivablas, mientras que, en el segundo, abstraemos
de Jos hechos de intencionalidacl, In segundan S\J fonnn de expresión. una l'egla a partir de 1ns octm·tmcia.s de estímulos, quo aorá la únicn que
... Ver páginns 57-58. quede almacenada en 1a mamo:ria n largo plazo .

1()9
Designar las restricciones cognitivas de la modelización
consiste en una ejempliñcación (real o virtual) de lo que repre- ñccionnl mediante la expresión «analogía global» conlleva un
senta. Podemos expresar lo mismo diciendo (como hacen cier 8

paquefio riesgo de ambigüedad. Esto es debido al hecho de


tos mltores) que en el modelo mimético la regla -o mejor, la que la modelización mimética como tal explota 1.ma relación
estructtua- permanece incrustada en el ejemplo y no puede de analogía como vector Q\le permite relacionm· el mimema
&epru·ru·se de él El punto de intersección de la modelización con lo que representa. En cambio, en el presente contexto, la
mimética-homóloga con la modelización ficcional consiste en pareja pertinente no es la de lo analógico y lo «convencional»
el hecho trivial de que ambas se basan en una relación· de (en el sentido de que la relación que une una palabn1 a lo que
similitud ent.1·e el modelo y lo modelizado, y en que ambas rep1·esenta es puramente convencional), sino la de la analogía
operan por inme1·sión. Ese modo ele ope1·ación es una conse- y la homolqgia. Asi, los biólogos distinguen entre homolo-
cuencia directa del hecho de que la estructura no se pueda gfa evolutiva y analogía evolutiva: las semejanzas (por ejem-
separar de la ejemplificación modelizante: la función de plo, morfológicas) entre dos especies reciben el cali.ñcativo de
modelo de una rep1•esentaclón mimética sólo es accesible a «homólogas» cuando obedecen a las mismas causas (según el
t1·avés de 11na reactivación de la ejemplificación. En cuanto al principio: mismas causas, mi.siño resultado); en cambio, cuan-
punto esencial que distingue a la modelización mimética- do una semejanza (morfológica) es el resultado de causas dife--
homóloga de la modelización J1ccional, también lo conocemos: rentes que han actuado sobre las dos especies, se habla de
los modelos ñccionales no están sometidos a la restricción de simple analogia evolutiva. La distinción entre modelización
homología global y local, sino a una restricción mucho más mimética-homóloga y modelización ficcional está ligada a una
débil, la de la analogía global. La idea segtm la cual la ficción diferencia del mismo tipo. En un modelo mimétic~homólogo,
estmia ligada por lazos ele analogía (global) a la realidad es ya la representación tiene las propiedades que tiene porque el
tradicional, pel'O me parece completamente cor.recta. Queda estado ele hecho que modeliza tiene las propiedades que tiene:
por ver lo que se oculta tras ella exactamente. Pe1·o, antes de las propiedades del modelo corresponden a las pl'opiedacles de
acometer esa tarea, y a :fin de fijar las ideas, tal vez sea útil lo que es ·~e:pl'esentado, y esto tanto a nivel local como a nivel
concluir este (breve) ejercicio de tipología de las relaciones de global. La condición de correspondencia local <tall ove1'>.1 debe
modelización con un pequeño gráfico que l'esü:rna en lo esen· cumplirse, porque -como vimos cuanilo estudiábamos el
ciallas distinciones encontradas hasta ahora: aprendiz¡ije pm· observación- sólo ella puede ga:rantizar la
homología estructural. En el caso de un modelo mimético pro-
Tipos de modelos Nomológicó Mimético yectivo (por ejemplo, en el caso de una invención, técnica o no, .
Mimético-homólogo Flccional en la que el modelo precede al objeto modeli2ado), pbr supues-
:Restriccione¡¡ liomología }lomologia po¡• Analogía global to la relación causal se invierte: una representación (mental o
cognitivas gene1-alizante reinstanciaci6n real públicamente accesible) es un modelo pl'oyectivo de un es~ado
o simulaL'ión mental de hecho dado en la medida e.n que ese estado ele hecho tiene
Modo de Cáleulo racional Inmersión mimética Inmersión las propiedades que tiene porque el modelo tiene las proJ?i.e-
adq1Jisici6n y ficdonal dades que tiene111'. Pero, en los dos casos, hay una .relnmon
de l'enctlvnción
Ejemplos Modelos Ap1·endiz~e Juegos de
matemáticos o por observación ... fingimiento, u• Podemos señalar que las condicionas de satisfacción de ln modeliza·
digitales ensofiaciones, ción homóloga proyectiva no son más que un caso particular de las condi·
íi"cciones cionea de antisfncción de las acciones intencionales, tal y como son anuli·
artísticas ... zadas, por ejemplo, por Searle: un acontecimiento flsico (por ejemplo,

201
200
eauaal: las condiciones de homología exigen que uno de loa una estación orbital que corresponda punto por punto a la
dos polos tenga las propiedades (locales y globales) n'pm·que de la película, o que se desarrolle un ordenador que posea
el otro tiene las propiedades (locales y globales) n.. Y lo las propiedades de Ha1; pero que esto ocurra o no oeu:rra no
mismo ocurre en la modelización :fiecional. S-us condiciones le resta pertinencia a la pelfcula como modelización :ñccio~
de satisfacción no exigen que la relación entre las propi.eda· nal. En cambio; una simulación mimética virtual de una
des locales de un modelo ñccional y lo que modBliza sea una estación orbital sólo es un modelo pl'Oyect:ívo homólogo en la
dependencia causal. Para decirlo más simplemente: para medida en que la estac:ión, una vez construida, tenga las
q1.1a un modelo mimético pueda tener un valor de modeliza· propiedades que deba tener porque el modelo tiene las pro-
ción ñccianal, no es necesario que deba las p1·opiedades que piedades que tiene.
tiene al hecho de que en alguna :parte del mundo hay esta- Decir que la condición que debe cumplir una modeliza-
dos de hechos que tienen las propiedades que tienen. Por ción :ñccional es la analogia global equivale a decir que debe
supuesto, podr.ia ocurrir que efectivamente tales estados de ser tal que estemos en condiciones de acceder a ella sirvién-
hechos e-Kistiesen, pm·o cuando existe una 1·elación de co:rres- donos de las competencias mentales (representacionales) de
pondencia tal, no es pe1'tinente como relación episté:m:ica. El que disponemos paTa :rep1•esental'llOS la realidad y, más
emperador Adriano tuvo sin duda una parle de las pl·opie- exactamente, las que pondr:íamos en marcha si el un:iverso
dades que le atribuye la ficción de Mru·guerlte Yourcenar, ñccional fuese el unive1•so en que vivimos. Hay que señalm·
pero, en·tre las condidones de sathr.facción que Memorias de que esta restricción no es una convención resultante de un
Adrian.o debe cumplir pa1·a ser una modelización ficcional, acuerdo pragmático: se trata de una consecuencia directa
no figura una que exija que la posesión por el empe:rador del hecho de que no dispongamos de una competencia rept·e-
Adrlano de tales o cuales propiedades sea la causa de los sentacionalreservada espetúñcrunenta a las ñeclones118; para
rasgos atribuidos al personaje Adria:no {incluso si la imita· acceder a \ma modelización 'ficcional, las únicas competen·
ción de tal relación causal es un elemento del vector de cías de las que podemos servirnos son aquellas de las que
inmersión mimética del fingimiento lúdico pl'Opuee;to por nos servimos en otros ámbitos. Un universo ficcional sobre
Yourcenar) 111• El caso de la biogra:ña factual es diferente: el que esas competencias no pudiesen actuar no seria 1111
aquf, la condición de satisfacción esendal es que si el moda. universo ficcional, :porque no sería una representación. Al
lo atribuye tales o cuales cualidades a Adria.no, es nece.saxio mismo tiempo -y en este sentido hay que matizar lo que he
que tal atribución sea causada por el hecho de que el empe- clicho sobre la no pertinencia de la cuestión referencial-, un
rador poseyera las propiedades en cuestión. Las mismas modelo ·ficcional siempre es defacto una modelización del
diferencias pueden observarse en el plano de la modeliza- universo l'eal. En efecto, n-uestras competencias representa-
ción proyectiva. El hecho de qtle 2001: Una odisea del espa- cionales son las de la representación de la realidad de la que
cio sea una ficción no impide que en el futuro se construya formamos parte, pues han sido seleccionadas por esa misma
realidad en tm proceso de interacción peYmanente. Desde
luego, podemos fo:r'lllar modelos a pa1tir de entidades in-
lev!llltar al b1·azo) sólo es \'lna aec.ión intencional en la medida en que ese existentes, hasta podemos inventar los unive1·sos más fan-
acontecinúento es ca.uaatlo por la intención en aeción (o la intención pre-
Via) de levanta:r el brazo (ver Sanrle, 1985, páginas 122·123). tásticos, pero, en todos los casos, esas en·t:idades y esos uni-
117
E.sta precisión no carece de impo:rtnncia. pues explica po:r qué sopor- versos serán vari.antes conformes a lo que signlñca para
tamos tan mal los con:flictos entre el univel'SO :ficcional y los islotes de nosotros «SSl' una realidad)>, porque nuestras competencias
raferencialidad 'filctllnl que integra: esos con:ll:ictos pertm•ban la inmer-
sión mimética. Ver página 212. 118
Ve:r página 89 y .siguientes, y 136 y .siguientes.

202 203
representacionales son siempre relatjvas a la realidad que tenace al ámbito de la realidad en el sentido más general (y
las ha seleccionado y en la que vivimos. Dicho de otra forma, más genérico) del término.
no se puede sepa:rru· la especiñciclad de nuestras competen- El hecho de que las restr.icd.ones cog:n:lt:ivas de los modelos
cias fi.ccionales de la especificidad del tipo de «realitlath que fiecionales sean tmicamente las de nuestra competencia
estamos en condiciones de 1·epresentm·nos, ya sea según rep1·esentacional como tal explica por qué podemos decir que
modalidades de homología o de analogía. Decir que la mode~ en los universos :ficcionales al principio de coherencia interna
lización ficcional se distingue de la modelización homóloga reemplaza al pl'incipio de relación veri.funcional. En efecto, lo
en que 1·epresenta un universo «:irreaJ,,, «mexistente», etc., que llamamos cohel'encia interna no es ótra cosa que la con-
no quiere decir que tenga contenidos Yepresentacionales es· fornrldad de las 1•elaciones locales entre elementos :ficcionales
tatutariamente diferentes a los que tematizamos en las con las restricciones inherentes a la pe1·cepción visual (siendo
representaciones homólogas. Como la modelización homólo· estas restricciones, segón los casos, las de la pro·cepción
ga, la ficción es una -tematización de la realidad segt1n tal o visual, la lógica de las acciones, la narración, etc.). Pero esto
cual de Sl.lS modalidades de manifestación. Si nos aferramos implica también que el principio de coherencia interna no
a la noción de uirrealidad», como mucho podemos aplicarla a podría oponerse realmente al principio de relerencia. Si qui-
la actividad de modelización en si misma, en cuanto se sittía siéramos formular la situación de manera paradójica, podría·
en el mm·co de un fmgimiento compartido que instituye una mos decir que el principio de coherencia es aquello que, en el
lógica del «como·si»m1• En este sentido, la noción de <cunivera campo ficcional, subsiste del principio de referencia, pue.s
so ficcional», aunque es un atajo cómodo, no debe ser toma- corresponde a la restricción constituyente de la represantabi-
da al pie de la let1·a: si queremos llega.r hasta el fondo de las lidad como tal, restricción que rige la constitución de una
cosas, no debemos decir que la modelización ficcional se dis· l'elación de «a-propósito-de» (aboutness) inteligible para los
tingue de los modelos homólogos porqtte representa un uni- seres humanos y, por tanto, que rige las concliciones formales
verso ficcional, sino más bien porque es un modelo ficticio de la referancialidad como tal. La diferencia entre las dos
del un:ive1·so «factual», es decir, que se distingue mucho más modalidades no es entonces una exclusión· recíproca, sino más
po1· el tipo de relación (análoga versus homóloga) que por el bien la distinción entre las restricciones genéricas de la repre-
punto de anclaje. El hecho de que la ficción esté «más allá de sentabilidad como tal y les restricciones más estl'ictas que
lo verdadero y de lo falsOl> y que ponga entre paréntesis la presiden el uso de nuestras competencias repntsentacionales
cuestión referencial tal y como se plantea en el marco de los en el marco de una relación de homolog:ia.
modelos homólogos no impide que los modelos ñceionales se Dicho esto, la simple restricción de coherencia es efectiva~
re:6e1·an a la l'ealidad {y sean por tanto referenciales en ese mente una restricción m1w liberal-como demuestra la diver-
sentido, que es el de la analogía global), pues para los seres sidad de lo.s univel'SO.S de ficción m·eado.s por los seres huma·
humanos sólo hay modelo representacional en la medida en nos-. Esto significa que hay que distinguir entre la coherencia
que este se re-fiera a aquello a lo que nuestros actos repre· rep1·esentacional como condición de posibilidad de la modeli-
sentacionales son capaces de referirse, es df)cir, a lo que :per- zación ñccional y la coherencia como principio de evaluación
critica en el terreno de las m-tes miméticas. Por ejemplo, la
uo Ver, por ejemplo, Herl'llStein Smith ll978, página 29, citado por idea aristotélica de que un relato de ficción debe representar
Genette, 1991, página 81), que señalo que el carácter ficticio de las nove· 1.ma acción uniforme, o la variante moderna, según la cual.
las ~no está en la irrealidad ele los personajes y en los acontecimientos
:mencionados, sino en la irrealidad de la mención en si misma. !... ] Lo f.ic. debe obedecer a una est:l'Uctm·a que va de tm desequilibrio ini-
ticio es el acto de refe1·ir acontecimientos, el acto tle describir personas y cial a un equilibrio final pasando pru· ?tra s:itu~ción. (~e .~ese-­
referirse a lttgnres». quilibrio, no corresponde a las restricmones de mtehg1bilidad

204 205
representacional, sino a 1.m ideal particu1ar (incluso si es com· si)> o de acción «en sí misma», que serian especies de hechos
partido por la mayoría) de lo que debe1ia sm:· una ficción logra· brutos: «lo n.mTado no as, en su textura intima, un compl~o de
da. Asi, el hecho de que un relato termine :sin llegro· a un resD acontecimientos y 1·oles organizado según leyes ajenas a las de
tableciroiento del equilibrio, o que no obedezca al esquema la na:t:raclón. sino otro 1•elato que ya ha dado forma ele rol,
he:rmenéutico de la «Concordancia discordante», que según ' emo1ado'", al trijido de lo na:r:rable>>121 • Para dec.ll'lo de otra
1

Paul Ricoeur seria la hase normativa de todo relato occidental, manera, las condiciones de l'epresen'tabilitlad ~del actuar y
no pone en cuestión en absoluto s·u aptitud pa:ra 1\mciona:r padecer humanos)) que rigen la tematización de todo acontecí·
como modelización ñccional. Con toda pertinencia, Rainer miento (humano) «en cuanto que gene:raclo por la conciencia
Rochlitz ha objetado a la valorización de la.,«consonancia l'e&- qne lo piensa»122 son al nrismo tiempo las condiciones de posi-
tableclda» que ig:nont una pru·te importan·te de la ficción lite-- bilidad de la modelización narrativa :ficcional100• La lógica del
l'al'Ía moderna, que «ya no está estructurada necesariamente OOtum• y del padecer es s:iemp1·e una lógica del relato, y las con-
según el modelo de la :intiiga»120• Por otra parte, si las res· diciones para la emel'gencia de u:n unive:rso :l:icciorull narrativo
tricclones de la modelización ñccional son las de la intelig.ibili· (existen también univel'sos no narrativos) quedan rel.l!l.idas
dad rep1·esentacional, entonces sus condiciones de existencia cuando los mimemas son estructm•ados conforme a esa lógica.
se cu:mp1en en cuanto esa inteligibilidad queda gru:•antizada. Para decirlo aún más simplemente: para estar en condiciones
Como esas condiciones de inteligibilidad no son una propiedad de inventar o de cODlprender tma nm"l'ación ñccional, bas·ta con
específica de la ficción, sino que son presupuestas po1· la que seamos capaces de emprender acciones intencionales y de
misma como modo de elaboración de :representaciones, las con- compre:ndm· los acontecimientos que nos afectan según la
diciones mínimas que debe cumplir un dispositivo :ficcional son modalidad del padecer -y de distinguir este doble campo del
simplemente las que estructm·an la manera en que nos l'epre- ten~eno de los innumerables hechos cuya inteligibilidad no
sentmnos la realidad. Una ficción es coherente desde el mo- depencle de esa (doble) modalidad-. Aho:r.a bien, inchtso si,
mento en q1.1e es acOl·de a esas condiciones. En el terreno del según las culturas, las edades de la vida, las Cl'eencias :indivi-
relato, este punto ha sido puesto de manifiesto por Claude duales y los contextos, el campo de los hechos estructurado
B1·emoncl, qua insista especiahnen'te en la necesidad de distin- según la lógica del actt1a:r y del padecer es varlable'll-l, -todo se:r
guir entra la Jógica de las posibilidades actanciales y las hum.ano está dotado de la competencia necesaria para aplicar
estl"lletl.U'aciones efectivas de los relatos. Las posilillidades esa lógica. Al mismo tiempo. todo ser humano está en condi·
.actanciales corresponden a las restricciones de representabili· clones de 'inventar, comprender, repetir o ·tramrfonnru· las fic·
dad de una accl6n; pel'O en el interior de esas restriccionest los ciones narrativas; la única condición suplementaria que debe
nru·.ra.dores tienen una libertad de movimientos sólo limitada Cll;tnpfu es ser también capaz de adoptar una actitud de fingi·
por las preferencias (más o menos estables o cambiantes) del iniento lúdico compartido.
público po1· tal o cual tipo de intriga (cada intriga con•esponde
a una combinru:ión particular de posibilidades aetanciales). l 21Bnm1ond {1990), página 68.
PoJ' o-tra parte, Bremond 1•ecuerda que las posibilidades actan- mJbíclem.
ciales son las de la acción efectiva {como estructura intencio- l~ Vm• Bl·amond (1973), pnl'n lo que constituye al análisis más impor-
nal) antes de ser las de los relatos de ficción que se proponen tante de esta p:roblamática hasta la Jecha.
l!U Ihamond señala que todo lo qne ea antropcrmorñzado se convioo·te
rep1·estmtar acciones. También señala que la lógica del :relato
en narrable según 1M modalidades del actuar y del padecer humanos,
no consiste en estructurar una especie de acontecimiento ((en Volvamos a encont¡•a:rnos nq11í con la cuestión de la atribución de estnrlos
:mentales cuyo campo de nplicación también es variable según las edades
120
Rochlitz (1990), pt1ginns 154 y 150. de la vida, las culturas, etc.

206 207
Me parece que el análisis precedente con:ñrma la idea de s?D fit:ticias porque se remiten a un personaje ficticio, o sj
que 1a. dife:rencia entre modelización mimética·homóloga y tiene? una referencia pm·que col'responden a propiedades
modelización .ficcional no depende ni de los materiales efectivamente existentes, depende únicamente de la pe1·s·
representacionales utilizados ni del estatus verifuncional de pectiva ontológica que adoptamos. Por ejemplo, si adopta·
los 'ladrillos que fo1•man los elementos de constmcción del mos ~a ontologia al estilo de Meinong, que desplaza la
modelo. Cuando un novelista crea un unive1•so ñcciona.l, no cuestión ontológica de las entidades hacia las propiedades
se sil'Ve exclnsivamente, ni tal vez mayorltru-irunente, de ma- de esas entidades, podemos afirmar con Parsonsll!S que las
tel'iales l'Cpl'esentacionalas inventados ad hoc; :reutiliza proposiciones que predican esas Pl'Opiedades tienen un valor
materiales depositados en la memoria a largo plazo, even- referencial completamente normal (puesto que las propieda~
tualmente toma notas para fijru· experiencias :pereeptivruJ> des atribuidas a las entidades ficticias casi siempre son pro~
consigna situaciones vividas, se documenta en libros cuyo piedades que se pueden descubrir en el mundo real). En todo
contenido es absolutamente factual (libros de historia, cien· cas~~ como señala Frangois Jost a p1·opósito del cine, <•la
t:íñcos, etc.). Si nos tomásemos la molestia (cosa que no val· ficc10n puede contener elementos o propiedades reales [...]
d:lía la pena) de analizar la fuerza denotaclonal de las p1·o· sin por ello tene1· que ser un documentaJ>,aa. Y recuerda con
posiciones individuales que componen un relato ficticio, sin mucha razón que la proposición es válida también en sentido
duda descubl'il·íamos que gran parte de ellas, lejos de ser inverso: un documental puede ••contener Pl'Ocedimientos cons-
puras invenciones, son proposiciones denotativas de lo más titutivos de la ficción (por ejemplo un mantenimiento del
honestas. Lo que es válido para el relato de ficción lo es tmn· pl1nto .de vista) sin por ello entrar en el ámbito de la ñcción••127 •
bién para la ficción cinematográfica. Sj tlescompusiéJ•amos ~sta ~ohle constatación es válida pa1·a toda ficción y se
tm . western para separar las señales col'respondientes a denva directamente del hecho de que el disposjtivo ficcional
hechos int:ramundanos de las que sólo tienen existencia :por no puede ser definido semánticamente, sino sólo p:ragmáti-
babel' sido engend1·adas ficcionalmente, descubliriamos que camente. En la medida en que depende del marco de fingi-
gran parte de loa estfmulos fi1micos tienen una fum-za dentr miento lúdico compartido, el carácter ficcional de una repre-
tacional extl·emadnmente banal. La mayorla de los seres sentación es una propiedad emergente del modelo global, es
animados y los objetos inanimados que pueblan una peJicu- decir, que se tl'tlta de una propiedad que no puede ser redu-
la tienen también una existencia real al margen de la fic- cida a -ni deducida de- la sumación del cm·ácter denota-
ción; lo mismo ocurre con los paisajes {si la película se meda cional o no de los elementos locales que ese modelo combjna.
G~ard Genette resume perfectamente este estado cuando
en escenarios natm·ales), etc. En el caso de los paisajes1 .ni
siqnlera se p1.1ede detli:r que valen, no como tales, sino tíni- dice que en la ficción ••el todo (... ) ea más :ficticio que cada
camente como elementos de un unive1·so ·ñccional: el rlo una de las partes»129 • A través de esta caracteristica, las
Colorado vale como río Colorado, el valle de la Muerte vale
como valle de la Mum1e, igual que el Nueva York de las pelí- ·~ Por supuesto, como ha señalado Rorty, tal recurso sólo se impone en
culas de Woody Allen es el Nueva York real. Es cierto que los la medida en que se siguen tratando las cuestionas semánticas como pro·
bleruns epistemológicos (ROl'ty, 1983, página 85). En cambio, no estoy de
personajes de ficción son en general (pero no necesariamen· acuimlo ron Ro:rty cuando extiende su critica al pl'Ogrruna verificacionis~
te) entidades irreales. Pero las propieclacles que se les atri- ta como tal y propone reemplazar las nociones de referencia y verdad po1·
buyen, las situaciones en las qtle se encuentran, etc., a la de «tcllkin,g abrmt».
menudo corresponden a propiedades t·eales de pet·sonruJ rea· •za Jost (1995), página 167.
les y a situaciones reales consignadas en Ia memolia del m Ibídem.
•2a Genette (1991), página 60.
autor. A partir de ahí, la respuesta a la cuestión de saber si
aoS 209
modelizaciones ficcionrues se distinguen con fnel·za ele las lll(}- También podemos analizar la situación en términos de infe·
delizaciones homólogas: en estas ú1timas1 el valo1· cognitivo rencia. Así, según David Lew:is, la especificidad de las rep:t·e-
del modelo global es :indisociable del valm· de verdad de los sentaciones ñcclonales reside en el hecho de que inducen tm
elementos qué lo componen. El valor veri:ñ:mcional de un bloqueo de las inferencias a las que nos entrega:d!unos si, en
modelo mimético homólogo no es, por tanto, una propie- lugar de movernos en un universo (proposicional) 1nducido por
dad emergente. Esto es debido al hecho de qua los morlalDs inimemas, nos encontrásemos en un unive:tso simulado: si en
mimétjco.s homólogos forman parte de lo que Fodor llama el universo real un señor x viva en e1 221 n de Baker St:reet
••sist~~as isótropos», es decir, sistemas en los que el valor y si, por otra parte, es verdad que el 221 B de Baker
cogmtlvo de un elemento smgular (de una propmrlción sin~ St1·eet es un banco, entonces podemos infer.i1· que el seño1· x
gular) y el valor de verdad del sis·tema global del que este vive en un banco; en cambio, si reemp1azrunos al señor x por
elemento fol'llla parte vruian de manera estl'ictamente con- Sherlock Holmes, la infe1'encia ya no es válida> clado que las
comitante129. En cambio, la ficción no es isótl·opa, puesto que dos ocurrencias de la expresión <<221 B de Baker Sb·eet» no
que su estatua no puede reducirse a -o deducirse d&-- la forman pro·te del mismo ·universo de intro-pretaci6n se~
suma de los valores de ve1·dacl de los elementos que la com· :r,nántica 130• Esto no quiere decir que la ficción se cru•acteri-
ponen, pero depende de una condición que sólo pertenece al c·e por un bloqueo completo de las inferencias. Asi, como
modelo en su globalidad, lo que impone restricciones pm1i~
cu1ares a la manera en que puede entrar en 1·elación con Wolterstorff ha se:ñalado con razón, todas las :inferencias
nuestJ·as otras representaciones. Po1· supuesto los usos de implicadas por las proposiciones ñccionale:s son lícltas13t. De
los iüspositivos ñccionale.s son múltiplm~, i~ que las hecho, pm·a que un conjunto de rnimemas pueda generar un
maneras en que podemos vernos conducjdos a aborda:rlos urpvel·so ficcional, el receptor debe entregarse a una act:ivi·
son :imprevisibles. Sin emba:rgot todos esos 1.1sos comparten dad i:nfarencial mcesante, exactamente cmno debe hacerlo
~n la realidad. Pm:h1runos cae1· en la tentación de concluir
al menos una condición negativa: una modelización ñccional
no está destinada a se1• utilizada como l'e}>l·esentación con que todas las inferencias mixtas están bloqueadas, es decir,
func:ión 1•eferencial (contrariamente a los modelos homólo- las que resultm•.ían de la conjunción lógica de una p:roposi·
gos ~on función descriptiva), ni como escenruio :práctico (con· ción ligada al universo flccional y da una proposición ligada
tranamente a los modelos homólogos proyactivos) ni como ~1 unive1•so «real». De hecho, C'l'eo que hay que distinguir
co~nación rurlológica (contrariamente a los mod~los pres- ségún la dirección de la cadena de inferencia. Aunque, en
Cl'lptivos) -y esto aunque algunas de las representaciones e-f~cto, todas las in:fe1·encias Cjue van del uruverso ñccional
que la componen puedan ser perfectamente denotacional· hacia el unive1·so 1•eal parecen bloqueadas, no ocurre lo
men-te no vacías, ejemplificar escenarios wácticos viables o mismo en sentido inverso. Las p1imm·as quedan bloqueadas
proponer reglas axiológicas tomadas de' las normas que po1•que, si no, conducirían a una contaminación de nuestras
ordenan nuestra vida-. Y, si ese no es su uso, es simple· creencias sob1·e la 1·ealidad po:r las rep1•esantaclones ñccio·
mente porque no están en condiciones de satisfacerlo debi· náles. De heeho, esto no es más que una fm':llla específica de
do a la liberalidad de sus l'estlicciones cognitivas. ' un problema. ya. abordado en ·tres ocasiones -durante el
análisis del fingimiento lúdico, durante el est1.1CÜO de la
ll'otlol' (1986, páginas 137-189) califica de sistema iMtJ•opo todo s:is-
l!tl. génesis de la autoestjmuJación ñccional y durante la discu-
t~ma -es decJ;t, toda modelización- en el que todos los saberes ya adqui·
ncloa son pertn:entes para la con:ñrmación ele una hipótesis nueva. Por J.'lO Vat David Lawis (1978), aTruth en ñction», American Philosophical
otra parte, sostiene que la fijucj6n de nuestras m·eencias (sobre lo. reali- Quarterly, XV, páginas 37-46.
dad) es un tüemplo de sistema isób'opo. Jll Wolterstorff (1976), página 1215.

210 211
sión de la mimesis onírica-, el de la necesidad de un «ñ·eno dos p1·eguntas que dejé en el aire al final del capítulo anterior:
/
de motor», capaz de impetlir que los mimemas desemboquen ¿cómo puede el univm·so :ficticio ser un vecto1· cognitivo si, por
en bucles reaccionales, en creencias erróneas, en fenómenos otra parte, existe ímicamente como representación mental
de autodecepción o (en el caso de loa sueños) en descm·gas (por mucho que esta fuese realizada en sopo1tes repre.senta-
motrices. Pero el ejemplo de Sherlock Holmes ilustra de cionnles públicamente accesibles)? En principio, queda por
hecho la contaminación inversa y, cont1·ariamente a las apa- responde.1· la segunda pl'egtmta: incluso si el fingimiento lúcli-
¡•iencias, no corresponde a una regla general. Por ejemplo, co y la modelización .ficcional son opel'adores cogrrltivos para
las novelas de Conan Doyle contienen muchas referencias a quien elabm·a ese fingimiento y ese modelo (en el sentido en
la geografia londinense, que, contrariamente al caso de la que, por ejemplo, los juegos :ficcionales de los niños son experi-
direcdón de Sherlock Holmes, son susceptibles de dar lugar mentaciones compo:rtamentales que desempeñan un papel en
a cadenas inferenciales no solamente válidas, sino, en algu- el proceso de aculturaclón), ¿oCUlTe lo mismo con el receptm· de
nos casos, indispensables para la comprensión del relato. El una .ficción, ya que parece que este no elabora mimema algu-
ejemplo dado por Lewis tiene de particular que la inferencia n9? De hecho, a la luz de lo que hemos aprendido hasta ahora
conduce a una conclusión que entra en conflicto con el uni- sobre la inmersión mimética, la respuesta es muy simple:
verso ñccional rel lector sabe que Holmes no vive en un puesto que en un modelo mimético la regla (o la estructura
banco). Podría ocurrir que en el caso de la dirección inferen~ subyacente) no se puede separál· de su instanciación, el único
cial que va del universo real hacia el universo ficciona.l, sólo acceso posible pasa por una l'eactivaclón de la inmersión
sean bloqueadas las infel'tmcias susceptibles de entrar en mimética misma. La desm'ipción fenomenológica de la lnmel'-:-
conflicto con el mundo flccional. Por o:tra parte, podemos sión ñccional ha demostrado que en su caso octU'l'e lo mismo,
señalar que la maym1a de los amantes de la ficción juzgan en el sentido ele que la inme1·sión creadora y la inmersión
seve:rn~~nte los conflictos de ea·te tipo. Tengo un amigo, receptora no son más q1.1e do.s modalidades diferentes de una
gran abmonado a los wes·terns y a las peliculas de mmanos, misma dinámica. En este sentido, nuestra segunda Pl'egurrta
cuya penetrante vista descubre inmediatamente cualqwer no lo era realmente.
rastro de avión en el cielo, cualquier poste eléctrico que No obstante, el análisis de la modelización mimética que
ac~bo de proponer debe ser completado al menos en un punto,
asome por detrás de una colma, cualquier carretel'a asfalta·
qu~ concierne a las relaciones entre el modelo y la manera en
da en el horizonte -cosas que a sus ojos descalifican inme·
diatamente la película-. Arthur Danta da un ejemplo del que tenemos acceso al mismo. Hay que recm·dar que nuest1·o
mismo tipo: ..un amigo comenzó su novela con una descrip· acceso aJ mundo :ficcional siempre tiene lugar a través de la
ción de la gente remontando en coche la Quinta Avenida, aspectualidad bajo la que se presenta, aspectualidad incrusta-
que es de sentido único norte-sur; ftú incapaz de leer más: da en las modalidades especificas clel gancho mimético que
induce la actitud representacional 1a;¡. Por ejemplo, cuando leo
un hombre cuyo sentido de la realidad es tan débil no mere-
ce nuestra confianza en 1o que se refiere a los hechos ps:íy La Vie de Mari.anne, sólo tel?go acceso al universo ñccional en
quicos más delicados, que se supone que Wl novelista debe la medida en que reactivo el fingimiento lúdico ele Ma:livaux,
desc:rib:h· fielmente>~ um. 1'L1 Me parece que este aspecto del modo de opernción cognitivo de la fic·
Sin duda, habría mucho más que decir sob1·e las particula- ción corresponde n lo que Paul Ricceur (1983, página 109 y siguientes)
ridades de la modelización ficcional. Pero me parece que el llama In .. mtmesis 11J,. No obstante, no veo po1· qué la exps:riencln del
análisis precedente responde en lo esencial a la primera de las tiempo seria necesa:riamente al opel'ndot• cognitivo central. lncluso si nos
limitamos a las ficciones narrativas, como hace Riccaur, tmn tasia asi es
':n Danto (1993), póginn 218. demasjado l'estrictiva.

213
es decir, en la medida en que adopto la postura que adoptada miméticamente para pode1· acceder a ellos. Pot· esta razón,
si una persona llmnada Ma:rianne me contase su vida, a manos en la ficción, el contenido y la forma no pueden disociarse.
que me identifique ñcticiamente con Marianne contando su Por otra parte, el hecho de que la inmersión mimét:ica
historia Oos dos tipos de inme1·sión son en efecto compatibles pase pm· la reactivación de una postura aspectual -en el
con una ficción homodieg~tica). Esta constatación tiene un caso da La Vie ele Marianne, de una «mimesis formal» del
valo1· general: todo tmivel'so ñccional tiene su perspectiva. En neto narrativo autobiográfico y de sus modalidades- de-
ese sentido, si más arriba era importante distinguir entre la muestra que el nivel del gancho mimético es a su vez un ope-
inmersión y la modelización, igual de necesario es ins:isth· em rador cognitivo. Al acceder a1 universo ñccional de Marivaux
el hecho ele que, aunque distintas, ambas son indisociables: el gracias a la aspectualidad propia de su fingimiento .ilocuti-
universo licclonal sólo es accesible a tl'avés de la aspectualidad vo, me ejercito lúdica:mente en un rol nan·ativo que es al
específica del fingimiento representaciona1 que nos da acceso mismo tiempo una manera de hacer frente a la vida. Hago
a1 :mismo. Si, efectivamente, es cierto que lo que hace que nos nrla -expeJirnento, considero- una forma singular de
interesemos en la ficción es el <(contenido», no lo es menos que situarse en relación con los acontecimientos. Me deslizo en
ese contenido sólo es accesible a través de una ((fmma» pa.rti.. una l'esph'ación narrativa particular que ejemplifica un tipo
cular de la que no se puede separar. Aunque haya que distin- de inflexión mental no menos individua], y cuya caracteris-
guil•los dos aspectos por razones de análisis, son inclisociables tica más se.ñalada es, tal vez, la forma que tiene de at~ar
d~sde el punto de vista del funcionamiento d~l dispositivo fic- todo énfasis existencial-una actitud admirablemente resu-
cionru. As:í, el universo :ficcional de Le~ Vi e de Marianne no exi&> mida por la caída que cierra la breve presentación de la his-
te como pmo contenido, sino únicamente en la medida en que toria de Marlanna hecha por el editor (ficticio): <(Es la vida
es inducido a través de una modalidad de inmersión especíñ- de Marianne; es así como ella misma se presenta al comien-
ca, la del ftngimiento lúdico de un 1-elato autobiográfico. zo de su historia; después toma el titulo ele condesa; habla
Por supuesto, la aspectttalidad no es una especificidad de con una de sus amigas cuyo nombre está en blanco, y eso es
las representaciones ñccionales: toda 1·epresentación tiene todo-. A lo que accedo nriméticamente a tJ•avés de las
su perspectiva. La única cosa específica de la ficción es'que, modalidades particulares de la voz narrativa de Marianne
en .su caso, la aspectuaHdad no pueda separarse del univer- es a la historia de una vida que se cuenta a si misma en ese
so presentado. Se trata de una consecuencia del hecho de modo menor del «Y eso es todo». Y ese modo se encarna de la·
que el universo :ficcional sólo existe como Yepresentaeión. En manera más cone1·etn en las caracte:rísticas na:rratológicas y
cambio, las representaciones no ficcionales siempre son estilísticas del texto de Ma.rivaux. Esos rasgos llamados for-
puntos de v.ista sobre realidades que existen con indepen- mrues aparecen no sólo como vectores cognitivos al igual que
dencia de la actividad que elabora su rep1·esentación. En los contenidos representados, sino que son insepa:rables de
consecuencia, se puede separar la realidad representada los mismos. Y lo que es válido pam el1•elato de ficción tam·
del punto de vista b(\'\jo el que se p1•esenta. E incluso, si bien bién lo es para las otras formas ñccionales. Por ejemplo,
es cierto que esa sepa1•ación sólo puede hacerse a través de cuando veo una peliculn, mi mirada se introduce en la expe-
la sustitución de una perspectiva por otra, el simple hecho riencia cuasi perceptiva que instaura el universo ficcional.
de que podamos centrar nuestra atención en la misma cosa Esta aspectualidad propia del ojo de la cámara es en si
cambiando de aspectualidad es la prueba de que existe con misma un operador cognitivo, esta vez en el nivel de la expe-
independencia de la representación que se propone de ella. riencia perceptiva. Por tanto, la ficción siempre es un asun-
No ocune lo mismo con los universos ficcionales, pues estos to de fondo y forma a la vez.
son creados por la postura aspectual que debemos reactivar

ZJ(j 215
entre dispositivos :ñccionales y creencias 1·eales no es un
dato general, sino 1.ma vm'iable cultural, me pa1·ece errónea.
Sin duda debe gran :parta de su aparente plausibilidad al
hecho da que se suelen conf\mdir dos cuestiones: la primera
seria saber si la distinción ent1·e las situaciones de fmgi-
mianto lúdico compartido y aquellas en las que se elaboran
creencias •cserias» es antropológica, y la segunda la qué con-
cierne al repa11o culturalmente variable de los contenidos
representacionales ent1·e esos dos campos. Ahora bien, la
'áltima cuestión, que entra en la esfera de la semántica de
IV. De algunos dispositivos ñccionales las representaciones y, más ampliamente, de las creencias)
no tiene estrictamente nada que ve1· con la pr.ime1·a, que
atañe a su estatus pragmático1•
1. Juegos, ensoñaciones y arte . Ciertamente, en la medida en que el mismo campo de la
El niño entra en el mundo de las ficciones a través del :ficción es :instaurado de manera interactiva, es decir, a tra-
juego {gestual y ve1;bal) y de las ensoñachmes-diurnas. Estas vés de las ]•elaciones entre el niño y los adultos, sus eonte.ni·
actividades -ya se trate de ficciones interactivas con los dos :integran elementos característicos de la sociedad en la
adultos o con sus eamm·adas, de juegos. solitarios con gan- que crece. A1mqtte las competencítl$ representacionales de
chos miméticos (muñecas, coches en miniatu1•a, etc.), o de la las que dispongo son en efecto las mías, en cambio sólo soy
escena imaginarla de su teatro mental- forman el núcleo responsable de los contenidos de mis r~p:resentacione~ en un
de su competenc:ia ñceional Gracias a ellast más tru·de esta· porcentaje :mínimo. Esto es el cm·oln:r.to de ~ue los pl'lllle:os
rá en condiciones de.sacm· provecho y disfruta1· de las ficcio- ap1·endizajes (y pm· 'tanto las representaClones que guu\n
nes artísticas) o incluso de crearlas él mis~p. En la medida esós apt·endiz;;ijes) sólo resultan pa1·cirumente de los tanteos
en que estas actividades lúdicas e imaginat-ivas son pa:rte empiristas por ensayo y error, y se efectúan en gran medida
integrante del desarrollo psicológico del niño y no requieren por asimilación (mimética, pero evidentemente también v~r­
ning1.ñl aprendizaje cultm·al en particulru·, podemos supone1· bal) de l'epresentaclones públicas ya elaboradas. Lo esenroal
que existen en todas partes. Dicho de otra forma, la compa. de nuestro repertorio cultural individual no se debe a nues·
tencia ·ñccional no parece sal' una convención enlttll'al sino tros p1•opios esfue1•zps, sino que es :interiorizado en forma de
una realidad psicológica universal, una modalidad básica de estl'Uctw·as eomportamentales y de Cl'eenclas ((evidentes>)
la intencionalida(l humana. Tal es cie1•tamen·te el estatua que asimilamos de manera global en virtud rlel principio de
de la· autoastimulación mental, al menos si aceptamos los división del trabajo intelectual, que es uno de los rasgos más
l·es1utados de los trabajos de la mn.u·opsicología y la psicolo- destacables de la cultura11 • Los materiales representaciona·
gía del desarrollo, que muestran qua este tipo de actividad les a pa:rtir de los cuales elabo1·amo.s nuestras autoestimu]a-
corresponde a una modalidad funcional t3spec.í:fica de la
mente humana. El hecho ele que en todas partes los niños se 1
Ver página 131 y siguientes.
ent1•eguen a juegos ñccionales con.firma :indirectamente la 2 Esta idea de una div.i&lón del trabi\Jo cognitivo ha sido propuesta por
exactitud de la hipótesis, en la medida en que la autoesti· Hilnry Putnam (ve1·, por ejemplo, Putnru:n, 1983, página 186 y si~ú~tes).
nmlación imaginativa es indisociable de todo j11ego ñccional. Putnam elabol'a la noción esencialmente en relación con los conoCimtentos
La idea, tan difundida an nuestros días, de que la distinción cientificos, pero vnle para el conjunto de las l'epresentaciones humanas.

217
clones mentales y nuestras ficciones pública~ son en gran ~t1quiere a una edad muy precoz. En otras palabras: la com-
medida los que circulan en la sociedad a la que pertenece- plejidad del dispositivo ñccional es tal que si se t:raiase de
mos. Esto vale también para una parte de los principios de úna convención cultunumente específ'ica. y por tanto de una
organización de esos contenidos: entre la multiplicidad de 'adquisición exógena que el niño ·tuvie:ra que obtener del
tipos da organizaL'ión compatibles con las restricciones míni· ·mundo cultural en el que crece, sena incapaz de dominarlo
mrus de inteligibilidad representacional (restricciones que tan rápidamente. Como ya he señaladoJ la situación recuer-
son las de nuestra especie), cada cultura 1·ealiza elecciones da a la de la adquisición dellengu~e: si el aprendizaje del
p1·eferenciales. Esas elecciones están incrustadas en Jos con· 1engul;\je no pudiese aprovechar una estructuración mental
tenidos repn"!sentacionales que estructuran y por tanto son ~recableada», es decir~ si el niño estuviese obligado a adqui-
transmitidas al mismo tiempo que estos. Así, ni siquiera la m• su habilidad lingUistica (y especialmente ]a competencia
actividad ñccional más solitaria es solipsista: al ser elabora· i;rramatical e ilocutiva) únicamente gracias a una actividad
da con ayuda de materiales rep1·esentacionales pertene· infel'encial a pa1·tir de las om:rrrencias lingüísticas que escu-
dentes en gra:n medida al repertorio cultural establecido, es Cha, sería manifiestamente incapaz de aprender a hablar
Wla realidad (parcialmente) compartida. El hecho de que, tan deprisa como lo.hace.
por así decirlo, siempre sea posible traducir las autoestimu- Desgraciadamente, salvo algunas excepciones, los antro.
laciones imaginativas, incluso las más privadas, en juegos pólogos no se interesan lo bastante por los juegos ñccionales
colectivos o en ficciones artisticns es una consecuencia direc· de los niños (ni, por otra parte, por los hechos on:írlcos) para
ta de ese carácter compartido de una gran parte de las que podamos testar de manera concluyente la hipótesis uni·
representaciones mentales (esto vale también para los con- ,ve1·salista. Pero el est"lldio ejemplar de Goldman y Emm:ison,
tenidos de nuestros sueñosJI. al que ya me he re:fe:rldo varias veces, demuestra al menos
Todavía hay que precisar que si bien los contenidos de que esa competencia es la misma en dos sociedades tan dis·
nuestras actividades ·ñccionales son esencialmente los que tan'tes. como la nuestra y la de loe huli de Papúa-Nueva
ch·culan en la sociedad en )a que vivimos, esto no significa Guinea. El análisis desarrollado por los dos áutores revela
que sean necesariamente diferentes de una cultura a otra, .e:n efecto que la forma en que se tlesa:rrollan los «juegos
ni r¡ue sean inconmensurables. La cuestión de la vnria.bili· socioclramátícos»4 de los niños huli se corresponde totalmen-
dad cultural de las l'epresentaciones en general y de las fic· te con los fingimientos lúdicos practicados por los niños occl-
clones en particular no debería tratarse como un artículo de _dentales: los niños se implican espontáneamente en lá ac-
fe. Se trata de una simple cuestión de hecho y, aunque supe· .tividad :ficcional; se sirven de marcadores (verbales y oti·os)
re ampliamente los medios de investigación de los que dis· :_para delimitar el marco p1•agmático del universo ñccional
pongo, tengo que decir unas palnbms sobre ella, porque las y para separar las interacciones :fingidas del campo ele sus
observaciones sobre algunas artes miméticas, que conatitll· interacciones :reales; las actividades que :remedan son las
yeron lo esencial del capítulo anttnío1·, sólo tienen sentido si que .resultan pregnantes en la vida de los adultos; navegan
las situamos en el marco de este problema. sin cesar, y sin problemas, entre la inmersión mimética y
En lo que concierne a Jos juegos ñccionales, podemos es- el marco pragmático del fingimiento lúdico; utilizan una
perarnos una gran estabilidad intercultural. Esto es debido especie de diclascalias prescrlptivas o de indicaciones de apun·
~ que,, por un Indo, obligan a dominar de una competencia ·tador (prompts) pm·a dar instrucciones a los demás jugadores
mtenctonal muy compleja, pero, por otro, esa competem;ia se sobre la acción que deben acometer y sobre las palabras que

• Ver n este respecto los análisis de Duseombes (1995). • Goldman y Emmison, obra citada, página 81.

219
deben prommciar; de vez en euando, el juego se su.spende modo de recepción también accesible a todos y cada uno: de
para. dar paso a negociaciones sobre el desa:rl'Dllo futuro del ahí la dificultad de hacer de ella un ma:rcado:r de «distinción
programa imaginario (fantasy negotiations) y, especinlmen· social». Hay otros faetores que pueden entrar en juego, por
te, del esquema ñccional (explicit fa.ntasy pmposa.ls); el paso f\jemplo las :razones de orden l'elig.ioso: en la Em'Opa cristiana
de los actos de lengwúe intrañccionalas a las pt•escripclones de premoderna {más o menos hasta el siglo XVIII), la falta de legi-
escena y las sugerencias de programa ficcional, en general, timidad del relato de :ficción {a menudo excluido de las rotes
viene señalado por cambios de tonalidad o de timbre vocal, poéticas y censm·ado por su nefasta influencia, especialmente
etc. Como ya be dicho, ·sin duda seria difícil encontrar dos entre las mqjm·es) y, sobre todo, del teatro, ~e debía esencial-
universos sociales más alejados uno de otro qua la sociedad mente a sospechas de nattn'aleza religiosa. En China, donde,
huli y la nue.stra. El hecho de que, a pesar de todo, los niños como nos recuerda Yolai:lfe Escande, el mundo de la culttU'a
de ambas sociedat}es construyan los universos ficcionales de excluía la ñcci6n y la :imaginación de la lite:ratnra0, la :razón
la misma manara dice mucho en favor de la validez de la era sin duda otra. En efecto, el bud:ismo -la 1mica religión en
hipótesis universalista. A un nivel más «intuitivo», cualquie- el sentido estl·ícto del té:rm:ino que conoció la China clásica-
ra que haya visto jugar (ya sea en la realidad o, simplemen· ha sido una fuente muy fl'Uc·tí:fera de cuentos de todo tipo.
te, en un documental) a unos niños a:fl'icanos o asiáticos, lle- Una de las razones de la exclusión de la ficción parece haber
gará a la misma conclusión, aunque el caso de los huli cons- sido el «esnobismo social» de las clases instruidas (el mismo
tituye 1.lli argumento más poderosot pues se trata de una esnobismo que les emplljó a post-ular tma distinción de natu-
sociedad que, hasta hace poco, casi no había tenido contacto raleza entre el arte pictórico que ellos practicaban y el de los
alguno con el mundo «moderno». profesionales). Fran~ois Jullien ha puesto de manifiesto otra
En cierta forma, las aetividades ñceionales hídicas de los razón, más conceptual: la culttn'a clásica china no pensó el
niños también son siempre ua:rtes», al menos si tomamos ese arte a través de ·una concepción mimética; por otra parte, si
tél'lnino en st1 sentido literal, es decir, el que designa la 'aplica- exceptuamos la «heterodoxia» taoísta, no le concedió espacio
ción 1·eglada de una competencia productol'a de objetos o acon- alguno a la imaginación ni a lo extraordinal'io8 • Pero, como
tecimientos'. Además, muy bien podrlamo.s concebir -aunque en Europa, asta ausencia de legitimidad social no puede ser
no sé si esta posibilidad ha sido realizada en alguna parte- un criterio para medir el pape1 efectivo de la ficción en la
sociedades en las que las únicas actividades :fiecionnles fue- ·vida de la gente. De hecho, la cultura vernácula chlna es rica
sen los juegos de la infancia. En todo caso, paree~ que no 'Sn cueirtos fantásticos y en obras de ficción en gene1·al.
todas las diferentes comunidades humanas conceden la Además, durante la.s dinastías Ming y Qing, las minorías
misma importancia a las artes miméticas, ya sea en la vida cultivadas, a pesar de su desprecio uoñcial» por la :ficción,
social o dentro del campo más restringido de las actividade.s clesempeñaron un papel decisivo en el desarrollo del teatro
artísticas. Aunque hay que d:iati.nguir entre e.ste problema y los relatos novelescos.
del papel efectivo de las artes miméticas y el de su legitimi- De todas maneras, :fueren las que fuesen las diferencias
dad social ..En las sociedades que distinguen en·tre cultura culturales en épocas anteriores, la mundialización actual de
literaria Y cultura ve:rnácula, la :ficcióD encuentra a menudo la cultura tecnológica occidental ha cambiado la situación.
problemas de legitimación social que no nos infol'lnan de Pues esta mundialización es también la ele los disposJtivos
manera fiable sobre el papel efectivo que desempeña. Este
déficit de legitimidad social de la ficción a mem.1do parece n Escande (1999). Ver Levi {1995), pm•a un análisis del papal de la .tic·
relacionado con el hecho de que esta se apoya en una com- ción en China.
petencia compartida por todo el mundo:, y de que activa un n Jullien (1983 y 1985).

220 221
ñccionales audiovisuales inventados en Occidente. Y, mani- infantil es una cultura de transmisión hol'izonta1 y no verti·
fiestamente, como demuestra por ejemplo el éxito mundial cal, es decir, que, salvo excepciones, no son los adultos quie·
del cine americano, el amor a ln ficción se reparte de mane- nes transmiten las tradiciones lúdlcas de su propia infancia
l'a equitativa entre la mayorla de la gente. A veces se inten- a su proJe. La transmisión tiene lugar en el interior del
ta explicar este fenómeno en términos de imperialismo cul· grupo ele los niños: los mayores transmiten su cultura hícli·
tural. Pero, después de todo, nadie está obligado a ir al cine. ca a los míts jóvenes al acl:mi'tirlos en sus juegos (se trata de
Si, en todo el mundo, la gente se precipita para h· a ve1· un ejemplo de aprend:iz~e cultm·al :po1· inmersión miméti-
Jurassic Park o T'itanic, es sin duda porque esas películas le ca). Tanto como el anclaje psicológico del desarrollo de la
gustan. Podemos no compartil· esos gustos, pero esto de- competencia ficcional, esta transmisión hmizonta1 sin duda
muestra por lo menos que es fácil despertar el interés por la desempeña un papel en el ca1·áctro· eminentemente «Conse:r-
ficción en todos nosotros, cualquiera que sea nuestro origen vadm'» de las actividades ficcionales de los niños, incluido el
cultural. Un argumento aún más decisivo es la facilidad con nivel de su realización. En cambio, las artes (miméticas o
que las cultm·as más cliversas se han ampru·ado en el dispo- no) se reproducen en general po.r transmisión vertical, es
sitivo cinematog:¡·áfico para desa:r.rollar sus propias ·ficciones decir, que su ciclo de reproducción es el de las generaciones,
audiovisuales, es decil·, las que corresponden a sus gustos el mismo que rige el conjunto de las tl·ansmisiones de la
tradicionales y escenifican situaciones especialmente mte-re~ sociedad adulta. La diferencia ent1·e los dos modos de repl·o-
santes para ellas {baste pensar por ejemplo en el cine indio, ducción no es sólo la que hay entre ciclo corto y ciclo largo,·
egipcio, japonés, chino, bt·asileño o africano). En suma, pare- sino también la que existe entre reciclaje continuo y trans-
ce en efecto que el gusto por la •<ilusión l'eferencial» es una misión po1• herencia. El reciclaje continuo que caracteriza la
servidumbre voluntaria compa1·tida por el común de los reproducción de las prácticas lúdicas infantiles impide toda
mortales... cristalización de un estado pasado, capaz de apartarse de la
Evidentemente, hay grandes diferencias entre los juegos práctica presente y de ser objeto de un trabajo (aunque sea
ficcionales de los niños y las ficciones en el sentido artístico lúclico) desm·l'ollado sobre ese estado. ya sea para reactivar-
del término, aunque sólo sea po1·que los dos tipos de activi- lo o para transformarlo. En cambio, la transmisión vertical
dad se inscriben en contextos sociales muy diferentes. por herencia «generacional» prolonga el ciclo reproductivo;
Aristóteles ya disting¡.úa entre varias causas de la ficción, al mismo tiempo introduce una discontimúdad temporal
entre las que se encontraban la predisposiéión antropológi- relativa ent1·e los relatos de los ancianos y los de los jóvenes,
ca a la imitación y lo que podríamos llamar selección cultu- entre el arte da los maestros y el de los (liscípu1os. Por eso,
ral de las imitaciones más log1·adas. La pri:tnera basta para las ac:tividades se recristalizan cada generación; y esas cris·
explicar los juegos ficcionales de la infancia. Pero, para com- ta1izaciones -en nuestro caso, las grandes formas ficciona-
pre.nder la evolución histórica de las artes miméticas, tene- 1es- se conviet'ten en la apuesta de una evolución conscien-
mos que tener en cuenta la segunda, sus transformaciones te y finalizada (para los inclividuos implicados en la misma).
tanto como su creciente multiplicación. Sólo la selección Las formas especificas que adopta esta evolución son por
cultural, diversa según los lugares y las épocas, de las imi- supuesto indisociables de los otros aspectos de la reproduc-
taciones más logradas puede explicar cómo las artes mimé- ción social. Por ejemplo, una cultm·a oral se l'eproduce de
ticas han podido desarrollarse como realidades propias. Sin forma distinta que lma cultura escrita, y esta diferencia con-
duda, hay que añadir un segundo factor (además ligado al cierne también al terreno de las ficciones y, en primer lugar,
principio de selección cultural). Este factor atañe al modo al de las ficciones verbales: se ha señalado a menudo que la
de l"e:pl·oclucción de los dispositivos ficcionales. La cultura misma idea de obra estable no tiene aplicación alguna en

222 223
una cultura de transmisión oral. Del m.ism~ modo, .~a so- máticas para adultos payecen conocer ÍOl'lllas teatrales e.spe·
ciedad en la que 1n legitimación social de las hab1lidarles cialmente dedicadas a los niños, ya se trate de espectáculos
técnicas reposa sobre un aprendizaje por inmersión miméti· de :marionetas o de :piezas con actores. Por tanto, no es sor--
ca se reproduce de distinta forma que una sociedad en la que prendente que ]f.ls obras para niños compMtan con las de los
esa habilidad está legitimada como saber reflexivo y teori· adultos una sensibilidad extrema a los cambios que afectan
zado (como ocurre en la sociedad industrial). En nuestros a las condiciones de existencia y de :reproducción de la socie-
días, ya no se aprende a pintru· en el talle1·, sino en la escue· dad global. Po1· ejemplo, el a1.1ge de los lihl·os Uuatrados pro•a
la, lo que implica un modo de transmisión muy particulnr de niños .sólo es concebible en el marco del desarrollo de la
lns competencias de figuración mimética (en la medida e~ imprenta (del grabado): es:ta fo:rma de ficción para niños,
que tal transmisión aún sea coruridel'nda como una flnnli- que nos parece tan '<natural)>, fue desconocida dn.:rante la
dad, lo que ya no parece el caso). No hay que subestimar la mayar parte de la evolución humana. Del mismo modo, la ñc-
importancia que tienen múltiples factores de este tipo sobre eión verbal (esmta) pm·a niños sólo pudo desarrollarse tle
el desarrollo mismo de las m'tes (miméticas o no). Además, forma considerable tras la alfabetización masiva de la pobla~
el hecho de que una .PJ'ácticn sea sen.sible a los otros aspec· ción, y esta condición es válida tanto pa:ra las hitltoriru~ des-
tos de la vida social es un iniücio de su cristalización -y, por tinadas a ser la!das a los niños por los adultos como pa:ra las
tanto, de su importancia-. El grado de cristalización {espe- accesibles a los n:iño.s en proceso de alfabetización. Otro fac-
cialmente institucional) es directamente propo1·cionnl a esta tor que·desempe:ña un papel muy grande es el de los inven·
sensibilidad, y sólo aquello que es visible puede se1· ob.jeto de tos tecnológicos. Desde el fulal de la Seg'Uncla Guw>.ra
una interacción consciente (armoniosa o conflictiva) con los Mundial, el desarrollo de los discos da vinilo, y después de
otros aspectos de la vida. las casetes, supuso una tlecadencia relativa de las lecturas a
Como el pl'O'pósito de este lib1·o no as proponer una hlsto.. viva voz hechas por los adultos o los nmos de más edad en
ria de las formas de la ñcción, me limitaré a dar un sólo bene'11cio de la escucha solitaria de relatos pregrabados.
ejemplo de la multiplicidad de factores que habría que tener Ahora bien> una ficción contada por la madJ•e, el padre, una
en C\.umta ai quisiéramos acometer tal tarea. Me centraré en hermana mayor, un hermano mayol' o lm abuelo tiene carne~
obras de ficción dirigidas específicamente a los niños. telisticas de intimidad y proximidad existenclnJ que no
Evidentemente, por regla general, las obras .fiecionales para podría tener la voz grabada de un desconocido (aunque es~a
niños no .son creadas por niños sino por adultos, Por lo tanto, pueda tener otras m.1al:idades de las que tal vez carezcan las
su evolución se inscribe en una transmisión vtn·ticnl y un voces familiares). Más l'eclentemente, el inc:remento expo·
ciclo de reproducción cuya unidad es la generación. Esto nencial 'le las ficciones televisivas (ilibujos animados, series
no es válido sólo en lo referente a la creación da las obras, infantiles) accesibles a los más jóvenes, así como el desmTo·
s:ino también en lo l'efenmte a su recepción: con excepción de llo de caclenas ·temáticas especialmente destinadas a los
unns pocas obl'as que sa han convertido en clásicos (por n:iños han supuesto un cambio aún más considerable: las
ejemplo, Julio Verne o Bécassine en Francia, Karl May o :ñccio~es verbales, que, basta ahora, y a pesar de los li~:ros
Wilhem Busch en Alemania, etc.), las obras ñccionnles para il'llJtrados y los cómics, eran el eje de las ficciones artíst1cas
niños se renuevan de una generación a otra, es decir, que los destinadas a los n:if1os han empezado a pw·del' ese papel en
niños tienen lecturas y ven peltculas dife.ren tes de las de s u.s beneficio de las ficciones auiliov.isuales. Podría OL'tmir que
padres cuando eran jóvenes. Por otra pru'te, las formas de ese cambio fuese :b.'l·evers:ible, puesto q11e el desarrollo actual
esas obnu; en genm-al están adaptadas de formas adultas: da las ficciones digitales no puede sino reforzar el1·ela·tivo
así, sólo las sociedades que han desarrollado ficciones dra- declive de las ficciones verbales.
Y,. sin embargo, todas esas tl"B.llS'fo:rmaciones profundas de sociales o existenciales. El nacimiento, el amor, la muerte, e1
los modos de acceso a los universos ficcionales son contl-arres- éxito y al fracaso, el poder y su pérdida, las revoluciones y las
tadas por una continuidad a menudo sorprendente de los gue:rras, la producción y la ilistribución de los bienes, el esta-
temas maestros que estructm·an los universos fiecionales. Por tus social y la moral, lo sagrado y lo profano, los temas cómi-
ejemplo, desde el punto de vista de los escenarios, las fuentes cos de la inadaptación y el aislamiento, las fantasfas compen-
de interés, los conflictos escenificados, las tensiones psicológi
8
satorias, etc., atraviesan toda la historia de la ficción, desde
cas ejemplificadas, la atmósfera, etc .• la distancia entre los los mitos más antiguos hasta la literatttra contemporánea.
cuentos orales de antaño y cie1tos videojuegos actuales es Los cambios de g¡.tsto e interés sólo modifican ma:rginalmente
menor de lo que parece. Esas dos formas de ficción, tan aleja· este inventm1o»7, Esta .sorprendente estabilidad histórica.y
das en el tiempo, comparten otro :rasgo destacable. Sabemos ti·a.nscultural de la «antJ•opología imaginarla»8 desarrollada
que los cuentos no fueron una forma litermia propiamente por las representaciones ficcionales es un indicio suplementa-
infantil basta una época bastante reciente. Por el contl'ario, rio del estrecho lazo que las actividades ñccionales mantienen
durante mucho tiempo se dirigían al corljunto de la comunidad con la existencia humana en sus manifestaciones más funda-
doméstica (pm· ejemplo, dul'ante las veladas), y cada f1·anja de mentales. A1 mismo tiempo, muestra que las condiciones ex.is~
edad podía sacar partido de ellos. Esto explica su complejidad tenciales (psicológicas y afectivas) de la condición humana tal
he1IDenéutiea: un buen cuento debía estro· en condiciones de vez difieran menos de una sociedad y de una época a otra de
ser asimilado y apreciado al :mismo tiempo en niveles de com- lo que a veces nos gusta pensar.
prensión múltiples. La mayoría de los videojuegos actuales se Pero si la realidad es una, las maneras en que la vivimos,
d:higen también a un pt1blico indiferenciado desde el punto de en que la ex:perimentamt>s, son tan variadas como las moda·
vista de la edad, y uno de los criterios da su éxito (o de su fra- lidacles mediante las cuales podamos relacionarnos con Slla.
caso) reside p1•ecisamente en )a capacidad que tienen (o no) de Esta dinámica .se encuentra también en el terreno de las :fie..
despertar el interés da grupos de edades diferentes: el éxito clones. Ya accedamos al univel'so de Lolita. a través de la nove·
mundial de Myst s:in duda está en gran parte relacionado con la de Nabokov o a través de la película ele Kubriclt, el caso es
el hecho de que el universo ficcional que los jugado1·es pueden que siempl'e nos hallm·emos ante las· acciones y los gestos de
uengendra:r» es capaz de desplegarse en diferentes niveles de algunas personas máa o menos recomendables, es decir, ante
complejidad, adaptados a edades diferentes. una modelización analógica de un conjunto da acontecimien*
PodemoB ampliar la doble constatación de la variabilidad tos cuyo l1.1gar de ocu.rrencia sólo podría ser lo que llamamos
formal y la constancia temática a las artes miméticas en gene· «la realidad» (presente, pasada o futma, terrestre o no, poco
:ral. A menudo se sub1·aya, con 111Zón, la gran diversidad his- importa), en el caso de que fuesen l'eales. Esta l'elación no
tólica y culttn-al de las formas ñccionales. Pero cuando mira- depende del tipo de ficción, ni va1'ia segful la proximidad o el
mos los univm·sos ñccionales engendrados, o mejor dicho las alejamiento histórico y cultu:ral de los hechos remedados, Es
cuestiones suscitadas en esos universos, quedamos sorprendí· constitutiva del dispositivo ficcional en sí mismo, pues este
dos por el hecho de que, al margen de las diferencias temáti- nace como imitación lúdica de lo vivido, actuado, :percibido,
cas de superficie, las problemáticas son a menudo las mismas, etc., como real. Pero las modalidades según las m.1ales accede-
sea cual sea el área cultural y la época histó1ica. Este punto mos a la realidad son múltiples e i:rreduct:ibles tmas a otras.
ha sido fuertemente ~mb1·ayudo por Thomas Pave1 en lo q\te
respecta al terreno de la ficción verbal: "En todas partes y 1Pnvel (1988), página 186.
siempre, encontramos conjuntos temáticos más o menos com- &Para retomar la expresión propuesta por Claude Btemond y Thamas
pletos que incluyen nuestras principales preocupaciones, Pavel !Brumond y Pavel, 1998, página 197).

22Ó 227
En la medida en que la :ficción produce .mimemas de esas cos), las mismas restricciones cognitivas (la existencia de
modalidades (de las que se sirve como ganchos miméticos), una relación de analogía global entre el modelo y lo que es
esa misma multiplicidad Cru"acteriza a los dispositivos :ñccio· modelizado) y el nrlsmo tipo de universo (el tmiverso ficticio
nales. Por tanto, es importante reconocer que la :ficción:tiene es un analogon de lo que por una u otra causa se considera
modos de se1• muy diferentes según los sopm'tes simbólicos en ((real»). En cambio, se distinguen por la manera en que nos
los que se encarne: 1·elato verbal, pieza teatral, ro•te deln:rimo, :permiten acceder a ese universo, y también pur la aspectua-
ficción racüofónica, cómic, pintu:ra, (a veces) fotogJ·afia, cine, lidad del universo representado, es deci:r, según la modali~
dibujos animados, instalaciones (en las artes plásticas), mul- dad en que el universo ficcional se confol'llUl en el pJ·oeeso de
timedia, sistemas de realidad v.irtunl ... Y esas diferencias no inm:e:t·sión mimética.
son «simples» diferencias formales. En virtud del carácter Es importante por ·tanto hacerse una idea por lo menos
indisociahle del universo ñcclonal y de la aspectualidad a tra· aproximarla de los dispositivos ficcionalas más im:pmiantes
vés de la que este cob1•a vida, las diferencias de las modnlida- y de sus diferencias. Evidentemente, no me propongo esta-
des de inmersión (y, por tanto, del ·tipo de ñngim.iento lúdico) blecer una tipología de las artes miméticas. Se tra·ta única-
se traducen en experiencias ficclonales irreductibles la una a mente de ver en qué medida los análisis desarrollados hasta
la otl'a. Cuando leo Lolita, mi experiencia es muy diferente de aqu:í pueden ayudarnos a comprender mejor en qué modali-
la que me ·p:toporciona la adaptación cinematográfica del dades algunas de las artes :miméticas más importantes
liln·o. Y esas dos experiencias no pueden traducirse la una en emplean dispositivos ficcionales e.spscíficos. Me detendré
la otra, incluso si las dos obras <(cuentan la misma historia». entonces an esos dispositivos :más que en las a:rtes que se sil•·
Los modos de inteligibilidad de los dos dispositivos ñccionales ven de ellos. Mi enumeración tampoco pretende ser exhaus-
no son en efecto los mismos. En el p;r:imm· caso, nuestro acce- tiva. J.i1nalmente, la asignación de tal o cual ane mimética a
so a la obra es de natu:raleza verbal, mientras que en el segun- tal o cual dispositivo ñccional debe ser tomada cu.m lfl'ano
do es de naturaleza visual (y, en un sentido más amplio, per- salis, por razones que ve1·emo.s más tarde.
ceptiva). Estas diferencias) h7eductibles, son simplemente eJ En mi análisis, :me serviré de dos nociones: la de vector de
equivalente <<lúdico» de la :ir.recluctibilidad de las diferentes inmel'slón y la de postura de inmersión. Los vectores de in~
aspectualidaes gracias a 1as ctlales tenemos acceso a la «rea- :mersi6n son los fingimientos lúdicos, los ganchos :miméticos
lidad real». No e.s lo mismo que nos cuenten un acontecimien· que los creadores de flcción utilizan para gene-rar un nniverM
to que ver (pe:rcibh') el acontecimiento mientras se está desa~ so ficciona.l y que permiten a los receptores reactivar miméti·
n·ollando»: Y, como esu perspectivas upectua1es no pueden camente ese 1miverso. Las posturas de i.rune:t·sión son las
ser :redumdas la t1na a la otra en la vida real, tampoco pue· perspectivas, las escenas de inmersión que nos asignan lo.s
den sel'lo en lo qua 1'especta a su uso como vectores miméticos. vectores. Estas posturas determinan la aspectualidad. o la
:modalidad particular, b~o la que eltmiverso se nos mani:ñes·
ta, dado que entramos en él gracias a tma clave de acceso
2. '\kctores y posturas de inmersión especffica, tm vector de inmersión. Existen múltiples posturas
Todas las ficciones tienen en común la misma estructura de inmersión y a cada una le corresponde un vector de inmer~
~tencional Cla del fingimiento lúdico compartido), el mismo sión, por 'tanto un tipo de imitación-apaliencla., de gancho
tlpo de operación (se trata de operadores cognitivos miméti- mimético particular. DistribJ.1yendo las posturas de :inmersión
según un eje que va de la inmersión puramente mental (la
inducida por un relato de ficción) hasta la inmersión en una
0
Ver página 288 y siguientes. situación intramnndana (]a del actor de teatro o, según una

228 229
modalidad un poco diferente, la do alguien que «entra» en mente construidas con ayuda del vector da :inmersión de la
un sistema de realidad virtual), podemos distinguir en uná simulación de estados mentales verbales, la mayoría de los
p1ime1·a aproximación, siete dispositivos difez·entes. En cada relatos que recm·ren a él lo combinan con otros v.ectm·as. El
caso indicaré el tipo {o los tipos) de arte mimétit:o que, de hecho de que podamos encont:rm·lo también en ficciones hete-
nuevo en una primera apJ•oximaclón, hacen un uso más con- rocliegéticas, como pt•ecisamente el Ulises de Joyca, demues~
secuente de estos dispositivos. Finnlmente, pma simplificar la t1·a que la distinción de los vectores de inmersión de natu~
descripción, me linritan~ a la inmersión mimética en situación raleza vEn·bal no se supe:rpona necesariamente a la de los
de recepción. Pero en la medida en que, salvo una complica· g:rancles repa:rtos narrativos.
ción que conside1·aré más adelante, hay una equivalencia Un segundo vector de :inmersión es el del fingimiento ilo-
estricta entre la modalidad de la situación de inme:t•sión crea· cut:ivo, es decir, el ñ·ng.imiento de actos del lenguaje. En
do1·a y la de la situación de inmersión receptiva oorres:pon· esencia, los actos fingidos son actos de lenguaje descripti-
cliente, esta limitación no tiene importancia. vos, pues la mayoría de las ficciones qua se sirven del len~
El primer vector de inmersión :ficclonal gue encontramos guaje son narrativas, pero nada impide la confección de una
en el eje que va de la interioridad imaginativa hacia la ficción verbal enteramente consistente en actos de lenguaje
encal'llación física es el fingimiento lúdico de actos menta- deCla1·ativos o inte:t'l·ogativos fingidos. La postura de inmer-
les. La postura de inmersión creada por este vectOT es la sión que conesponde al ñ.ngimimto de actos de lenguaje
inte1'ior.idad subjetiva. Tomemos el famoso «monólogo autó· cleseriptivos es la «nar.ración natural>~. Accedemos al uni-
nomo)) 10 de Molly que cierra el Ulises ele Joyce. Su vector de verso ñccional a través de la voz y, en un sentido más
irunersi6n es en efecto nn fingimiento de actos mentales, am:plio, la pe1·speetiva de un naxl·ado:r que pretende contar-
pues el texto simula un flujo de conciencia (verbal). Nuestra nos hechos reales, como el que comienza su relato con estas
reactivación mimética de los pensamientos de Molly sofian· palabras: «L1.1cien Leuwen hab:ía sido expulsado de la Es-
do despierta en su cama nos asigna nuestJ·a propia vida t.'Uela politécnica pox habe1'se ido a pasear en un momento
mental :eomo postura de inmersión: pensamos los pansa· inoportuno, 1.m día que había sido casMgado, como todos sus
mientos de Molly. Conviene señalar que esos pensamientos compañeros. Fue en la época da aquellas célebres jornadas
sólo pueden ser pensamientos verbales, por la simple razón de junio, abr.il o febrero de 1832 ó 1884», Esta ·modalidad de
de que tela mimesis verbal no puede se1· más que mimesis del aceeso al .universo ficcional es ti:pica de la ficción verbal
ve:rbo» 11 • Vemos as1 cómo la elección de un vector de inmer- hetarodiegética, aunque la si'tuai.'ión se complica desda el
sión dirige la aspectualidad a través de la cual podemos momento en que hay focalización interna, es deci:r, cuando
acceder al univen.m ñcc:ional. Así, v~;wemos que el cine, dada la narración adopta el :punto de vista de un personaje que
la especificidad de su vector de inmersión, está en condicio- se constituye asi en (1yo-origen ficticio» (Kate Hamburger)
nes de remedar no sólo el pensamiento vet'bal (desde el del universo mimá'tico13•
momento en que integra elementos de mimesis verbal), sino Un tercer vector de inmersión es la substitución de iden·
.además la imag:iner:ía menta] (po1· otra parte, no se priva de .tidad narrativa. Lo encontramos en una :parte de 1a ficción
hacerlo: sólo hay que ver la.s escenas oníricas de Buñuel)12 •
Aunque existen ficciones literarias homodiegéticas antem- lo a través de la vo:a de un narrador que refiere esos· estados mentales, es
decir, n través da lo qua Do:rdt Co.bn tlama «pslcO•l'elato»: no puede reme·
~~ve.r Coh.n !1981), páginas 245-300. dar esos estados. Cohn seftala que la gnm vent~a del paico-relato 1·eside
u Ver Genette (1972), páginas 185-186. precisamente en el hecho de que está en condiciones de toma:r en cuenta
·~Naturalmente, esto no signillcn que el relato de ficción sea incapaz los Qmovimientos pa:íqt.ticos no verbalizados» (Cohn, 1981, página 63).
de dar cuenta de eontenírlos mentales no verbales. Pero sólo puede hacer- 13 Ver página 249 y siguientes.
homodiegética, :más exactamente en todos los textos en que visual homóloga, JlOl' tanto denotacional. En cambio -y es
el fingimiento se sitúa detrás ele los actos del )el)guaje, en la una de las razones que explican la dificultad de separm· 1a.s
figura del nro•J•ador, como e.a el caso en la autobiogl'afía fictiM situaciones de ficción ele las situaciones tle mímesis homólo--
cía. La postm·a de inme1·sión que corresponde a este vector ga en el terreno de la pintura y la fotografía1•1- , la pos·tu:ra
es otra vez la «narración natw·all), con la diferencia de que de inmersión ñccional es exactamente la misma que en el
el acento se desplaza del acto narrativo hacia la identidad caso de un mimema visual homólogo: se trata ele una inmer·
del narrador. La postura de inmersión inducida por una .sión perceptiva.
substitución de identidad narrativa es muy diferente de la El quinto vecto1· de inmersión se distingue del cuarto úni-
inducida por un fingimiento tle actos mentales, incluso si los camente (y no es poco) en que su soporte es la imagen e.n
dos fenómenos entran dentro de la perspectiva homodiegéti- :movimiento en vez de la imagen fija. Es el vector a través
ca {aunque está inserta en un relato heterodiegético como en del cual actúan el cine y todas las demás técnicas ñcclonales
Joyce). Esto confirma la hipótesis de que lns diferencias per- que se s:i:rven de la imagen en movimiento. Una vez más, la
tinentes de las técnicas de inmersión no siempre se super- mimesis ñecional duplica un proceso mimético constitutivo
ponen a los grandes repartos nmTativos, cuestión sobre la dal flujo de imágenes en sí mismo, en este caso la inmersión
que volveré más tarde. perceptiva (visual, pero generalmente también auditiva). El
El enarto vector de inmersión nos lleva de las reactiva- vectoT de inmersión ficclonal pertinente es el fingimiento
ciones miméticas puramente mentales inducidas por mim~ lúdico eompm'tido que nos hace tratar el flujo de imágenes
mas ve:rbnles al terreno de los mimemas que tienen que ver como si fuese camado por lo que muestra (como efectiva-
con el acceso perceptivo al mundo. El análisis correcto de los mente OtnU"l'e en 1m documental): tratamos lo que vemos
vectores de inmersión ñccional utilizados por las artes mi· como si lo viésemos porque eso ha tenido lugar, cuando en
méticas que explotan representaciones analógicas plantea realidad ha teniclo lugar únicamente porque lo vemos. La
un p1·oblema particular, en la medida en que, al margen de cámara no ha grabado tal o cual acción porque esta haya
la cuestión de su carácter ficticio o no, las imágenes gráfi· tenido lugar, sino q1.1e la acción ha tenido lugar para que la
cas y las fotografías son siempre mimemas y. por tanto, cámara pudiese mostrarla según la modalidad del fmgi-
siemp1·e son interiorizadas por un Pl'Oceso de inmersión miento lúdico compa1·tido. Hay que señalar que el vector
mimética. De ahí la dificultad de c1iftmmciar entre lo que de inmtr.rsión ñccional sigue siendo fundamentalmente el
tiene que ver con la inmersión mimética indisociable del mismo, ya se 'ti•ate de una grabación filmica efectiva, de
soporte mimético y lo que tiene que ver con la inmersión unos dibujos animados o de una película const:mida con imá·
propiamente ficcional en la medida en que esta se sirve del genes de s:íntesis. Esto obedece al hecho de que la inmersión
soporte mimético en el marco de un :fingimiento h~dico com- perceptiva es inducida por la fenomenologia del fhijo de iroáM
partido. Pero prefiero dejar esta cuestión pm•a má.s adelan- genes en vez de se1•lo pol' la relación de huella. Desde el
te. En el punto en que nos encontramos, basta con estable- punto de vista de su funcionamiento ñcclonal, no hay una
cer 1a distinción de principio que separa a los miJnemas gran diferencia entre Bambi y Babe, el cerdito valiente, aun·
homólogos de los mimemas ficcionales. El vector de inmer· que la primera sea una película de dibujos animados Y l;t
sión que utilizan las fieciones que se sirven del soporte grá 8
segunda una película "real». Esto explica también la facih·
fico o fotográfico es el fingimionto de una rapresentación dad con la que aceptamos los umversos f:íhnicos mi·dos, que,
visual homóloga. Dicho de otra forma, la situación de fingi-
miento lúilico compartido nos conduce a tratar una repre- n Esto vale también para el cine. Soln·e la distint:ión entre los mime-
sentadón visual ficcional «como si" fuese una representación mas cuasj perceptivos y au uso ficcional. vex páginn 290 y siguientes.

232 233
------~-~-~---- ~~---.

a semejanza de ¿Quién mató a Roger Babitf, combinan los at1sencia dtr movimiento en el interior del cono visual, sino
dos soportes. Es·te punto es importante, pues ilustra el abis- también a causa de la :inmovilidad del cono mismo) rodge una
mo que separa la situación de fingimiento lúdico compar- intervención activa da· mi jmaginmio pm•a que la :inmers:ión
tido .de la de :fingimiento serio. Un fingimiento serlo que se acceda a la duración y a la movilidad de un verdadero m.i:me-
sirve de nn flujo de ±mágenes sólo puede ser eficaz en la ma visual. A falta de se:r vivificados asi imag:inariamante, «los
medida en que "altera» imágenes indiciarias (cinematográ· seres qua a.ngendra la pintura. se mantienen en pie como si
ñcas), pues lo importante no es que este conduzca a errm• estuviesen vivos, pe:ro, si les :interrogamns, permanecen quie-
a· nuestro mecanismo perceptivo (en el nivel p:reatencional): tos en una pose solemne y gua:rdan silenci0>>13• .
es necesario que nos empuje a alimentar creencias er:róneas, El sexto dispositivo ñccl'Jpnal se sirve de la simulaeió:n de
en este caso, que nos muestra aeonteeinrientos reales. Los acontecimientos int:ram.wdano.s como vector ele inmersión.
engaños preatencionales no sólo no se bastan pm·a conse- Este disposiMvo instaura tm espacio real que p1.Íebla de per-
guirlo, .sino que además en última instancia son .superlluos. sonas :ffsicas reales, pero dotando a ese espacio :t•eal y a esos
Es necesario que el ñngimiento serio se sirva de lo que en personajes reales de una función mimética. Es evidentemen-
otra ocasión> a propósito de la fotografia, propuse llamar te la situación que Pl'evalece en :el teatro. Es imp01-tante
'$(sabér del arche»15: el fingimiento (serio) debe hace:rnos creer seña.la:t que aquí el vector de inmersión no es la simulación
que estamos ante un.n huella, ante una fotogra:fía o unn gra- de un flujo pe1·captivo, sino una simulación de acontecimien-
bación. fílmica. No oeun·e lo mismo en el marco de un fi:ngi· tos. Aunque el espacio de la escena sea un espacio :ñcciona.l, y
miento lúdico: .en la medida en que unos ilibujo.s animados o atmque los decOl'ados sean nrlmemas, este universo ñeclonal
unas imágenes de sintesis están en condiciones de inducir la ocupa el eapar.rlo físico,· contiene objetos flsicos y; por supuesto,
:n:rlsma postura de inmersión que una grabación :ffimica, está poblado por :personas :reales. El espectador teatral está
también pueden servir. Evidentemente, no quiero decir con en una situación parecida a la que descr:ibe Giono, salvo que,
esto que sean :inte:remnbiab1es, especialmente porque la gra- an el caso del teatro. los dos universos que se superponen {el
bación fílmica sin duda puede desarrollar engaños percepti- de la :realidad y el de la :ficción) ocupan el mismo espacio, a
vos :preatencionales más potentes que los ililn:úos animados, sabe:r, el espacio real. Si el vector de inmersión clel teatl'o no
ya que recurre a engaños hipemormalas. Pero esto no cam- está constitnido por la sim1'11ación de un flUjo perceptivo, hay
bia en absoluto el fondo del asunto. En lo que concierne a la qua pensar qt.te la postm'a de :inmro•sión del espeetadm· .tmn·
poatnra de inmersión inducida por este veetnr, se trata, poco es la de una experiencia plurip~rceptiva. En el teatro, nb
como en el caso de las :imágenes gráficas y las :fbtograñas, de me summjo en 1m mitnema que simula una experiencia pe1·~
nna inmersión perceptiva. No obstante, las dos se distin- ceptiva, s:ino en acontecimientos y acciones. Desde luego, es a
gtten en que, en el caso de las imágenes fijas, la inme:r.s.ión t:t·avés de los actos perceptivos como conozco esas acciones y
es. puramente visual y no está .saturada po1• el mimema, esos acontecim.ientos, pero estos actos no constituyen el vec~
mientras que en el cine está mimétieam.ente satu:rada (al tor de inmersión mimética, sino que son de lo más real. El
menos d~sde la invención del cine sonoro) a la vez visual y vector de inmersión no- está constituido por el hecho da ver y
· _auditiva.mente. En eJ caso de una ficción cinematográfica, me da oír los acontecimientos, sino por el hecho de asistir a esos
snmer.jo en un :flt1jo :perceptivo, en una experiencia perceptiva acontecimientos. En otraa palabras: el fingimiento lúdico no
én eJ.sentido pleno del término. En el caso de las imágenes emplea un mimema cuasi perceptivo, sino los acontecimientos
'fijas, en cmnhio, el gancho visual no sa.t1.trado (no sólo por la mismos~ Evidentemente, la ficción e:inematográñca exige tam-

m Ver Scbae.f.fer (1987}, página 41 y siguientes. 15 Platón, Feclro, 275 d, en Platón {1989), páglnn 180.
bién actos perceptivos 1•eales par parte del espectador, pm·o Pero, al mismo tiempo, como el espectador cinematográfico,
esos acto.s reales sólo le dan acceso a las huellas luminosas el teatral e.stá excluido de los acontecimientos CJue .se desarro-
sobre la pantalla. En cambio, para acceder al unive:rao mimé- llan anta él, al menos en la medida en que el contrato de ñny
tico, y pol' tanto también al universo ñcclonal (cuando el gimienio lúdico compartido le <lprohibe» intervenir como
mimema cinematográ:lico es ñccional), debe munergi:rse en la <(acto:r». Queda entonces por comprender la especificidad da su
exptniencia perceptiva imitada por esas huellas luminosas. postw·a de inmendón comparada con la del espectador cine--
La parle del espectador que se encm•ga de ~ver Ja pellcula» matográfico, que es perceptiva. No estoy mtw seguro de· la
está sentada en una butaca y foealiza su mirada en la panta- exactitud de mi hipótesis, pero me parece que la postura real
lla, pero la parte que «Ve la histmia» -la que está en situación a la que más se acerca la postura de inmersión del público tea-
bien de ~ersión mimética (en el caso de un docmmental), tral es la de un obse:rvadm· (esto explicaría tal vez por qué el
bien de inme:rsión :ficclonal (en el caso de 'Ulla película de fic- coro antiguo, que representaba de alguna manera al especta-
ción)- está pegada a la retina artefactu.al de la cámara, y su dor en el interim· del universo de la ficción, no podía interveni:l'
mirada está focalizada por y a través de la focalizaclón cuasi en la acción; sino sólo comentarla). Entonces, la postura de
perceptiva del campo :.fílmico17 • En el teatro, en cambio, el inmersión :ñccional típica del teatro imita.r:ía lúdicmnente una
espectadol' percibe realmente los acontec.':imientos psíquicos postu:ra que está lejos de .ser:no.s ~ena: esta iría desda el niño
reales y sin embargo ñccionales que se desan·ollan en el espa- que asiste, impotente, a las disputas de sus padres, hasta el
cio trldhnensionalreal y sin embargo :ficcional, y los percibe a ciudadano que asiste, jmpotente, a la deriva de su país,
tt·avés de la aspectualidad da sus propios actos perceptivos pasando por el espectador que se divie1·te con la comjciilad
reales y no a través de un mimema cuasi pm:·ceptivo (al servi- invnluntaria de la vida de cada día, el testigo más o menos
cio de un fingimiento lúdico compartido). Además, el especta- avergonzado de un altercado en la calle, o. el obse.:rvado:r desen~
dol' puede decidh·libremente focaliza:r su atención visual en tal cantado del espectáculo de la vida, que, de vuelta de todo, no
o cual personl;\je, o tal o cual parte de la escenat lo que demues- ve en la realidad como tal más que un espectáculo lleno de
tl•a que su acceso al universo ficticio no pasa por una múnesis 1•uido y fm•or. Estas comparaciones tienen el valor que ae les
de actos perceptivos. En el caso del cine, sólo es posible accs- quiera concedm·, :pm•o al menos permiten comprender que la
de:r al universo ficcional a través de la aspectualidad percepti- ccimplicación>> flccional del es:pectadm· teatral se sitúa a otro
. va l'emedada por la cámará: cua.nrlo el clnef\sta no me mues· n:ival que la del espectador cinematográ:ñco. Como Christian
tra más que un personaje, no tengo .medio alguno para ver a Metz ha señalado, el espectador ·cmematográ:ñco se reduce a
los demás; de ahí la :importancia de la dialéctica campo versus un m:úato perceptivo: sólo es percepción. Su intermediario
fuera de campo, que no existe en el teatro18• l'eaccional con el univei'sO fiecionD.l está situado en el nivel de
las modalidades perceptivas: está antes que nada colmado,
pac:i:ñcado, pasmado, desconcertado, pa:ralizado, etc., por lo
11
Esta descripción es evidentemente unnate.ral, pues no tjana en Cl.'lSll• que se p1·esenta o, mejor dicho, se impone a su percepción. No
ta los mimemaa aonoroa. Por otra parte. bah:rin que distinguirlos da la ocmTe lo m.iamo con el espectador ·teatral (y éon razón, pues no
banda sonora en su globalidad, puesto qua esta comporta también un ale·
mento no mimét:ico, la m'llsica, que la mayo:ria de las veces no forma parte hay simulación percepti-va), y el salto menta~ que nos hace
t1el universo ficcional en si mis:mo, sino qué funciona como un operadol' da
empatia afectiva. Ver Jost (1987, páginas 37·59), pam un análisis de la bru:Jtante tiempo, es clech•, cuando se ta·nta de un plano lljo. Cuando huy pla-
eumplajidad de los elementos sonoros en el cine de ñcC'jón. nos en movimiento, nti mirada tenderá a permanecal' centrada en el punto
18
Pm· supuesto, en el c:lne, tengo cle:rta l:ibertad pa:ra vm'im· el punto de de fuga, pn.rque sólo ese cent.l·Dje ele la focnliaación me poo'Dlite integrar las
· focalizacl6n de mi mirada dentro del campo ctmsi perceptivo, n1 menos en t:rans:fo.r:maciones del campo en la continuidad de una experiencia visual en
la medidn en que el marco glohál del :eampo permanezca estable durante :movimiento.

237
pasm· de 11n contexto real al·1mive:rso ñccioniil se sitl1a de algu~ sustitución de entidad flsica. dice a."d:erloriznción: :por tanto
na manera a un nivel cognitivo más l<elevado» que el de los sólo pt.lade ser actancial (incluso si la mayol'.ia de esos actos son
actos perceptivos (pues, eontrmiamente a lo que pasa en el eventt.tahnente actos de lengnaje)ll). Perso:niñcaclón y :rn:ím.asis
cine, e] tratamiento perceptivo no forma parte del universo ñc. actancial van jtmtas: el carácter sólo puede llegar a sm· públi-
cional).. El intet"llledia:rio reaccional privilegiado se sitúa en el camente accesible a través de las acciones (aunque fuesen
:Plan:o de actitndeEfintencionales .más «elabOl·adas>~, anteri01·es puramente verbales); por su pa:rte, los acnntecimientos sólo·
a las reacciones inducidas po1• el acto pe1·ceptivo en si mismo: pueden constituirse en acciones en la medida en que se remi-
se tl'ata po1• ejemplo da sentimientos de malestar, ve1·güenza, tan a un sujeto dotado de inteneionalidarl (y por tanto de
entusiasmo, m·gullo, cólera, res:peto, etc. -dicho de otra foo-ma, interioridad). La postura de inmersión c!ue COl'l'esponde a este
del tipo dé :reacciones que .somos capaces de sentir cuando asis· vector mimético es la identificación alosuqjetividad mental y
timos a acontecimientos reales (un acontecimiento es más que comportame.ntal. A nadie se le habrá escapado que este vector
una simple seetiencla dé percepciones)-. Esto no significa que y esta postura son los de los juegos ·B.ccionales. Por tanto, es
no hayá zonas de intersección entre las dos situaciones. La normal que en el terreno de las artes nri.méticas se encuentren
más manifiesta es la de las l'eacclones que escapan al contr.ol en la fol'ma del arte del actor. Como las m·tes :miméticas clási-
consciente, 'po1· ejemplo, las debidas a la e:mpatia afectiva, cas están :fundadas en la distinción entJ.·e w polo m•eador yun
COl'llD los llantos, o también las reacciones de :rel~ación de ten- polo receptor, ese vectm· de inmersión sólo es utilizado por los
siml, como la 1-:isa. Del :mis:ino modo, esas diferencias de las ereadares de dispositivos ñccionales, sin que le corresponda un
:reacciones relacionadas con la esj¡ecl:ñcidad de los vectores de polo receptivo -y en ese sentido constitnye una excepción a la
inmersión no impiden en absoluto que los. tratamientos cogni- :regla de la correspondencia entre inmersión creativa e inmer-
)ivos de nivel más elevado sigan las mismas vias en los dos s"ión receptiva-. A semejanza de los niños que juegan, los acto--
tipos 'tle ficción, pues los universos :ficcionales CJ•eados son .en res ·teatrales o cinematográficos :fingen Oúdicmnente) una sus--
los dos' casos modelizaciones de situaciones intmmundanas. titución de identidad actancial. Evidentemente, no ocurre lo
Co~c:retaménte) la cmnp:rensión de una pelicula de ficción mi.s.mo con los espectadores; los espectadOl'e.s de wa pieza teaa
exige también que las cuasi percepciones que inte:t'median t:ral o da una película no se sumergen miméticamente en una
entre el contexto :real y el u:nivarso ~ñccional sean :inttu:pTetarlas identidad actancial distinta, sino en un mimema perceptivo
el\ ·.~é:rminos de acontecimientos. Estas cuasi peTeepclones (cine) o evenemenclal (teatl·o). En efecto, si son espectadores,
darán luF también a l'eacciones intencionales ~o.mplejas del es precisamente porque están excluidos de la acción (y del
en
·tipo de las que he en.mne:.r~o relación con el 1tea:tr:O. Pero juego). El gran interés de las ficciones digitales ......si aceptamos
esto no impide qtt& ]a· zona de contacto :inmediata no· sea la considera:rlas, si no como un arte ya constituido, al meno.s
misma en los dos casos y que; por tanto~ las reacclone~rde base cómo un arte potencial- obedece al hecho de que cambian
no :fm".lllf:)n parte de la misma clase de estados mentale~l:inten.: este estado ele cosas, que hasta ahora era :intlisociahle ele las
cionales. artes miméticas. En efecto, en los juegos de aventaras cmno
. . Terminaré esta enumm•aci6n con un séptimo y último dis- :tbmb Raider me summjo fíceionalmente en una alosuQjeti:vl·
positivo :ñccional cuyo vector de :inmersión :1·eside en una sus- dad activa, pues Lro·a C:rofr. ejecuta las acciones que yo le hago
·ti:tución de identidad. fís~ca. Por ló tanto implica al :mismo ejecuta1·, de :forma que puedo adaptar la· frase de Flaubert y
·tiempó una identificaéión personalizan-te y una mimesis excla:rna:r: «¡Lm•a Crof't soy yol». Los dispositivos de :realidad
actaneial.. El lectoT :recordará tal vez el. debate seculro·. que se
l'emonta a Aristóteles, sobre la p.repondm·ru1cia de los· caracte-- lll Sin duda, existen casos .intel'Uledioa, como al de la :ficción radiofóni·
res o las acciones en una obra de teatro. De hecho, quien dice ca, donde la encamación ·fls.ica se limita a la voz.

238 239
vi:rtuel -al menos en la medida en que sea lícito hacer una El análisis elemental que acabo ele proponer. tiene ciEll'to
extrapolación a partir de su estado emblionario actual- de- número de Jimjtaeiones. Asi, contrariamente a lo que indica
penden de forma aún más clara de la misma lógica, pues en el c~adt•o, puede suceder que un mismo dispositivo ñccional
ellos el vector de inmersión está constituido por el fingimiento sea compatible con vectores (y, por tanto, posturas) de inme1•&
de una constelación situacional 1-eal en la que el jugailor se aión diferentes, atmque esos veeto1·es se .sirvan del mismo
proyectñ gracias a ganchos miméticos que traducen ficclonal- sopmte semiótico. Más a:rrlha dije por ejemplo que la :ficción
:mexl'te la dirección de su mirada (1•eal)¡ que ejecutan :ficcio- heterodiegética pasaba a través del vector del fingimiento ele
nalmente las acciones que corresponden a los :movimientos actos de lenguaje descriptivos, y que aprehendemos el uni-
reales de sus brazos y le hacen acometer clesplaza.mientos :fi.c- verso ñcclon.al a través de la voz y, en un sentido más amplio,
cionales (en un entorno v:irtil.uü) que cor.respond.en a los movi- la perspectiva de un narrador. Pero de hecho, la posima de
mientos l'ealea de sus piernas (el jugador se <«desplazt~»> sobre inmersión de la narración natural se reparte entre dos vec-
un tapiz deslizante que anUla las consecuencias de .sus movi- tores de inmersión, la s:imulación de netos ilocutivos y la
mientos en el espacio real y actúa como un <<freno ele motor» susti·tución de identidad narrativa, y los dos vectores de in,.
que ~de que las acciones ñccionales tengan consecnencias mersi6n son compatibles con el :t•elato :ficcional en te:rce1·a
en la l'ealidacl). El jugador que se sumerge en 1.m dispositivo de persona y el :relato homodiegético. Me p~:n·ece que esta posi-
l'ealidad virtual está en una situación pro·ecida a la del juga· bilidad es la señal ile que, desee el punto c1e vista de la lógica
dor de un juego ficcional <«tradicional», con la diferencia de que :ficcional; la d:is·tinción entre el segtmdo y el terce1· dispositivo
se mneve en una <<realidad» muy hnprevis:ible que sólo descu~ es sin duela una. simple di:ferane:la de acentuación. En efecto,
b:re a medida que avanza. como Genette ha demostrado, la simulación de actos ilocuti-
Como ya he dicho, esta enumm·ación no preten"de ser vos que caracteriza la ficción heteroiliegética. supone auto-
exhaustiva, y todo lo que he adelantado sobre las :relaciones máticamente una identidad entre autor y narrador20, lo que
entre 'los dive:r·soa dispositivos ·ñceionales y tal o cual arte signi:ñ.ca qua este tipo de :fingimiento es también siempre el
mimética debe tomarse cum grano salis. El siguiente gráñ~ luga.r de una sustitución de identidad narrativa, incluso si, a
éo debe ser constmrldo con moderacióil: diferencia de lo que oC'LUTe en la :ficción homodiegética (donde
el autor :finge ser un personaje-narrador), la sustitución con-
e:lerne a la :instancia. nm-:rativa extracüegética21 • Me pm·ece
1." tllspositivo 2.o ilispo.sitivo B." dispositivo ,d.'' dispositivo que esto confu1na.la hipótesis formulada más a:rriba, a saber,
Vector Simulación Shnulaeión Sustitución Simulación de que las diferencias entre vectm·es de inmersión narrativa no
de inmersión da actos de netos de 1dantidad representaciones
mentales ilocutívos narrativa milnétieas
se superponen a los grandes repartos na.r:rat:ivos. Otro ptmto
verbales homólogas que he descuidado obedece al hecho de que todo·acto na.r:ratim
Postura de 'lnterialidnd Nanaclón Nmación Pexcepción vo implica tlos polos: un narrador y un destinatm'io. De e.s'to
ironarsión sübjetiva natwal nntmal visual se rlesp1·ende que el lector puede, seg¡ln. el caso, situaxse
verbal como destinatario o como narrador. Cualquiera que sea .su
5.• dJspositivo 6.o dispositivo 7,o di.apositivo
Vector Simulación de Simulnción Sustitución 20 Ver Genette (1991), páginas 82·88.
dilimner.!rlón milnemna cuasi de de identidad ~~ Es decir, gue d-e hecho (tomo muy bían se ap1•ecia en los esquemas
perceptivos acontecimientos ñsiea propuestos por Genette) la verdadera diferencia entre ficción homoipagé·
Postura Expe1iencia Posición Identidad tica y ficción haterodiegética se sitúa en el plano de las relaciones entre
de inmersión plm·iperceptiva ele obsurvador alosubjet:ívt\ narrador y personnje: en el prl.rom· caso coinciden, mientras qua an el
actancinl segtmdo el nru•rado:r no es uno de los parson~es del universo diegético.
elección, evidentemente tendrá que renct1vnr el vector del q~e ;;e mueven. :ps~te a la ficción cinematográfiea pres~
fingimiento de netos de lengul:\ie o el de la sustitución de mndi1· de la nmTamon en el sentido técnico del té:rmino23.
identidad narrativa, porque sólo esos vectores )() permiten Otr~ a~pecto que ru;> he te~do en cuenta se refiere a que el
entrar en el unjverso ficcional, pero tiene la posibilidad de fmgrrmento perceptivo que mstaura la ficción cinematográfi-
deja:r resonar la voz narrativa como una voz que se dirige a c~ pued~ t~mar al menos dos formas, la de un campo percap·
él, as:í como )a de situru'se él mismo como voz narrativa, y, tivo <«ObJetivO>> y la de un campo perceptivo subjetivo· este
finalmente -y s:in duda es la situación más común-, de último se st1bdivide a su vez en dos tipos diferentes. se~ el
oscilar entre ambos polos. La elección que haga estará inflm- campo sea exógeno {percepción sensilile) o end6geno Gmáge~
da, entre otras cosa.s, por el estilo narrativo dal texto. Es nes mentales, por ejemplo reCtlerdos o fantasías). En electo
posible suponer, por ejemplo, que un relato que pone el acen- muchas :ficciones cinematográficas alternan planos (o esce:
to en el acto narrativo en vez de p.onerlo en los nconteci- nas enteras) filmados en cámara subjetiva con secuencias
mientos ·narrados tendrá tendencia a inducir una identiñ- {(objetivas». En el p:1i mer caso, el espectador ve lo que ve el
eaei6n con la voz rlm7ativa. Pero no se puede descartar la personaje, lo que significa que el fingimiento es el de un acto
intervención de :idios:incmsins: algmen que guBta de contar perceptivo intrafiecional. El espectador se proyecta de algu-
n~ forma en la experiencia perceptiva del person~e. En cnm-
historias, o que tiene veleidades de cuentista, se pondrá sin
duda en la piel del na.rra.dor, por el contrario, una persona hlo, en el caso de un plano filmado según el modo «Objetivo»~
que adora que le tnumta.n historias adoptará la posición del
en vez de proyectarse en la percepción de «otro», :introyecta
una experiencia perceptiva impersonal -precisamente por-
destinatario.
que es :rmpersonal, porque su ptmto de vista aún no está ocu-
Otra limitación de rni análisis concierne al cine. Para
pado, puede hacerla suya-. Convendría tmbdividir la postura
empeza1·, sólo he tenido en cuenta su aspecto visual y no su de la experiencia plurlperceptiva en dos modalidades. una
aspecto verbal, as decir, los diálogos. Esto no tiene impol·- modalidad subjetiva y una modalidad objetiva: en el primer
tancia en lo que respecta a las películas mudas, que, a pesar caso, el espectador ve el mundo a través de los actos menta-
de los rótulos o de la presencia de un narrador lisie~, npo· les, en este caso pei·captivoa, de un personEde, es decir, que se
yan al peso de su inteligibilidad en las modalidades vi- summ·ge en una experiencia pe:rceptiva que es parte del uni-
sual:mente accesibles de la lógica actancial Pe1·o la mayoría verso ñccional, mientras que, en el segundo caso la postura
de las pelit.'Ulas son «sono:rn.B» y su inteligibilidad depende da inmersión es la de algujen que percibe la acción ficticia
tanto .de los diálogos como de las imágenes (como podemos desde el exterio:rU. Como se ha señalado a menudo, esta dis~
apreCiar cuando vamos tmn película cuyo idioma desconoce- tmción es el equivalente cinematográfico de la distinción·
mos y que no está subtitulada). Sin embargo, me parece que entre foc.alizaci6n interna y focal:izaci6n externa en el relato
tener en cuenta la palabra no cambia nada fundamental res- heterodiegético.
pecto al vector de inmel'síón, que sigue siendo una expe- . La ~arlabilidad de las modalidades de la postura de
riencia pel'Ceptiva, en el sentido en que las mismas palabras mmers16n es uno de los faetores más importantes de la
forman parte del campo pluripe:rceptivo en el que el eapee~
tador s~ sumerge. Salvo excepciones (voz en off>, la palabro 23
Ver págtna :286 y siguientes.
en el cma sonDro no reemplaza a la función nn.nativa del u Ve1· Jost (1987, páginas 29·30), que opone la «oculariznción interna»
~t,uJo {o del nn!l:ador ffsic.o): al. da:r a los perso~es la posi· {la .cámara subjetiva) n la "ocularización cero» (la cámara objetiva). S.obre
b1hdad de exphmtar las 1ntunc1ones y las reh1mones en las la tlistineión entre oeularización interna (vemos lo que ve el personaje) Y
focalización :interna (sabemos lo que sabe el personaje), ver Gaudreault
21
Ver Gmnlrenult y Jost (1990>, páginas 70-73. y Jost (1990), páginas 138-139.
riqueza cognitiva ~e las :ficciones arlf~ticas, pues permite :dan permitirnos comprobar .si las hipótesis, a veces laborio-
crem·universos ·ñce1onales con perspectivas (o puntos de ac- sas, que he elabot·ado basta ~ora son cap~ces o no d~ ayu-
ceso) nn)ltiples. El hecho de que esta aptitud exista desde la darnos a entender un poco meJOl' cómo funm?na la :ñc~ón en
infancia es tanto o más destacable; algo que demuestran por las m·tes miméticas. En todo caso, nos daran la ocas1ón de
e.jemplo los juegos :flccionales solitruios con roles múltiples, en comprobar otl'a vez las limitaciones de la clasiñcación que
los que el niño pasa de una persoJriñcac:íón a otra, o incluso acabo de esbozar en esta sección.
alterna entre encarnación actancial y postura nan·ativa. es
decir, cambia de vecto1· de inmersión dmante el juego. La
misma variabilidad se observa en los juegos ñcc:íonales colee· 8. El relato de ficción .
tivos. En el caso de los juegos de los niños huli, la osCl1aeión De todos los dispositivos :ñcciona.les, los más ~phrunen­
entre diversos vectores de :inmersión es particularmente lla· te estudiados son sin lugm· a dudas los de la ñcc1ón vm·bal
mativa: los niños simulan 1.ma situación de na:rración (las nmTativa (hete:rodiegética y homodiegé·tica). Me parece que
sesiones narrativas bi te), al mismo tiempo q~ remedan per- si hay un terreno en el que los estudios lite1·arios han
sonajes, de forma que <aos locutores poseen simultáneamente demostrado que podían desarrollax· métodos ~specí:fic~~en­
la doble identidad de actante ñctitdo y na:n·ael.o:r>>26•• .
te adaptados a su objeto y capaces de produm~ conocmnen-
· El resto del presente capítulo estará dedicado a la c1is- tos acum1.1lables, es desde luego este. Esto explica tal vez por
cusi6n de algunos problemas derivados de los dispositivos qué los que estudian o~ras fm·ma.s de ficción se ~nspiran t~
ñccionales partieula:ras que acabo de distinguir: la ficción a menudo en los tl•abSJOS dedicados a .Ja nan·amón verba~, a
verbal, e'J teatro, las m·tes de la mfmesis visual estática (pin- veces con éxito, ota•a.s -por una razón que más tarcle iJldf..
tura :figurativa, fotog.ra:ffa), el cine y ]as ficciones digitales. caré- con resultados más moderados. En todo caso, la com-
Como ya he dicho> esta lista está lritlos de ser axbaustiva. plejidad y la diversidad de los problemas abordados :por~Jos
Entre los disposi'tivos ñcéionales que no he tenido en cuenta estudios dedicados al relato de ficción, a~:í como la saflstiea-
:figura especialmente· la ópera. La razón de su ausencia es su ción de los mátodos empleados, son ·tales, que escapan a un
complejidad. Lo insepm•able de la diégasis ñccional, del canto análisis 11eneral de la :ficción como el que propongo aqm. Por
y de la música hacen de ella un clispositivo dificil de analizm~ · lo tanto ~ limitaré a dos reflexiones :incidentales.
Esto es válido sob1·e todo en lo :refm·ente al componente m'lw:i· El primer. punto concierne a una cuestión general, al'a
cru, en al que ea muy dificil tener en cuenta los elementos dientemente debatida en el pasado (y que re.s;u-g_e a v~ces
puramente formales, el valor indicial de ei.e:rtas. construccio-
en nuestros d1as), la de la l'elacl6n ent:I·e ficroon 1lterar1a Y
nes, el valo1• mimético de cie11as secuencias y ele los valot·es mimesis: ¿la ficción 1ite1•ar.ia «imita» a la vida? La :espuesta
de e.'tpresividad20• Un estud:io serio de todas estas cue.stiones i!Ígem1a a esta cuestión e.s a:ñrmativa .. Podemo~ obJetar ~ut;,
super.mia las posibHidades de este t:l·abaj()-'y, por qué no .
confesarlo> de mis compe·tencias-. De hecho, lo que sigue es en al sentido técnico de tcimitación», un texto solo puede um·
más una sucesión de re'llexione.s -da :importancia y longitud tnr a otros textos. A veces esta ob,jeclón, perfectamente vá-
d~sigual- que inciden· en cuestiones djversas, que un estu~
lida, da lugal' a una inte:rp1·etación que .no 1n:e parece t~
dio en regla de las caractelisticas es:pee:íficas de las a:rtes válida. Puede sucede1· por ejemplo que se 1dentiñque la pom-
miméticas abordadas. Sin embargo, estas reflexiones debe- ción .ingem1a con lo que se llama «ilusión refenmclal» Y que
se interprete la ob.jeci6n tétlni~~ como si demos~:rase qu~ en
los textos de ·ficción la :relac.ton de <•a-propóslto-de>> die:ra
23
Goldman y Emmison, obra citada, página 29. lugar a l'elaciones puramente intertextuales. De hecho, esta
:!6 Ve? po.r ejemplo Kru-busicky (1990). in:terpl'etación de la ohjecióll a la concepción ingenua com·
2LJ5
parte con asta última la misma incapacidad para dis"tinguil' da a menl.1(lo con la de la eficacia de loa operadores de inmer-
entre la imitación como medio de inmersión y la mimesis sión mimética: al mismo tiempo, la modelización, es decir, la
modelizante. Esta confusión, que se Temonta al menos hasta naturaleza l'epresentacional de la ficción, ha sido reducida al
el Renacimiento, ha falseado la mayoría de las cliscusiones t•efecto de realidad» concebido como ilusión -y, por tanto,
dedieaqas a saber si la :ficción lite1·arla es mimética o no. generalmente con una connotación negativa-. Desde luego,
Como el debate ha sido utilizado desde todos los ángulos ideo- la euestión de los ganchos miméticos es importante, y los
lógicos habidos y por haber, su objetivo se perdió completa· estudjos dedicados a los «efectos de xealidad» han puesto de
mente de vista. De ahi una falsa alternativa, que nos obliga manifiesto la complejidad de los operadores de in:mm•sión
a escoger entre la :idea de que la :ficción na:r:rativa es ún l'eile- mimética, especialmente en la ficción xealista y natu:ralista.
jo, 1ma reproducción de la realidad, y la tesis inversa que, Pm·o el criterio de lo ve1·osímil y, en un .sentido más amplio,
por el con·t:rario, ve en ella una especie de constl'utJción auto- los. de lo :plausible, lo posible, lo concebible, etc., se baaan en
suP,ciente vinculada sólo con otl'as constl"llcciones ficciona- el :plano del tmivm·so ñccional elab01·ado, es decir, que no
les27. Basta con aceptar que la imitación y la modelizacim1 dependen sólo de la eficacia de los ganl.lho.s miméticos, sino
son ,dos aspectos de'iinidores de toda ficción, y por tanto tam~ que están ligados a la validez del modelo :ficcional (pm·a·un
bién de la ficción Utermia, pm·a acahm· con el debate. Las lector dado), y, po:r tanto, a la posibilidad (o imposibilidad) en
tmicas cosas que 1m esmito1· puede imitm· en al sentido téc· la que se encuentra de trabar lazos de a:nalogja global entre
~co. del t~inino son, por supuesto, los hechos verbales, y la ese :modelo y lo que es pm•a él la realidad.
JUStiñcamón más :fum.>te de la clafinición pragmática del rela- El segundo punto sobre el que los análisis desarrollados
to :ñecional como fingimiento verbal reside en el hecho de aqtú podrían arrojar alguna luz es un poco :más técnico, pm·o
que ha de,:iado claramente establecido ese astado de cosas. también más interesante. He definido la ficción como fingi-
Pe.rqJ por otro lado, muy bien podemos s:ignifícm· que cela ñc· miento lúdico compartido. En la medida en que esta defini·
ció~ imita a la vida>>,. si e~n esto queremos significar que la ció:n pretende ser válida para todos los dispositivos ficciona..
flemón elabora modehzamones de situaciones y de acciones, les, evidentemente, también deberla aplicarse alxela.to de
o q1.1e el lector, al leerla, imagina las sit1.1aciones descritas y ficción. Ahora bien, en el tel~reno del análisis ele los relatos,
· las acciones nan'adas. Pues la ñnalidad de la :ficción verbal existen de hecho dos concepciones competidoras que se
(ya sea narrativa o dramática), como la de cualq1:rie:r :ficción alejan precisamente en esta m.1estión. Según la primera, cleaa·
re&ide en la ~e~ción de un modelo de tmiverso, igual que el n'Ollada por John Sem·le y Gé1•ard Genette, y que he adoptado
implicitmnente en :mi estudio de los vectores de inmersión
verdadero tu"lterJ.o de su éxito o ,de su :ft·acaso. La imitación·
apariencia no es más que el gancho mimético que nos per- ñc~onal, todo relato de ficción, ya sea heterodiegético u
mite entrar en ese unive1·so, pe1•o en últ:ima instancia es hOJ.nodiagético, se apoya en un :finginrlento. Desde h1ego, no
siempre la plausibilidad (para un lector dado) de la modeli· es el mismo en los dos casos: Seade distingue en:tra el rala·
zación flccionallo que decide sobre el placer que obtiene de to en te1·eera persona (hetel·odiegético), donde el autor finge
1~ lectura y al provecho que se puede saca:r de ella. hacer ase:rcione.s vm•ídicas, y el relato en p1imera persona
En su :fm>ma de debate so})re lo «verosimil», la cuestión de (bomodiegético), donde :finge ser otra pe1·sona que ~ce aser·
la l'elación entre imitación y modelización ba sido identifictÍ- ciones vm1clicas23• Contrariamente a lo que suponen ciertas
interpretaciones perezosas de ~a rle:finición pragmática de la

a' Para unn critica de esta concepción, ver Dnnto (1993) parrl"as 184- \13 Vm- Sea:rla {1982, páginas 108 y 112) y Genette (1991, páginas 47-48
191. . ) ·~· y 62).

2tJ7
:ficción narrativa, esta definición no afirma qt1e ·toda ficción Esta doble l'.estricción explica por qué todos los indicios
verbal narrativa se base en un fingimiento de actos de len~ lingüísticos de ficciona1idad esturliados por Hambmger y
guaje serlo.s; stricto sen.su, la tesis sólo es válida para la ñc· otros (especialmente Roland Harweg y Ann Banfield) al
ción heterodiegética. La ficción homodiegética también se mismo tiempo son considerados incompatibles con los rasgos
apoya, en efecto, en un finginrlento, pel'O su objeto no es el típicos de los relatos fingidos, y por tanto con los procerli-
acto nnnativo en sí mismo, sino más bien la identidad del mentos de la mimesis formal. La ficcionalidad de un relato en
narrador. Quie:m l'ecorda:r, sin embm·go, que, analizada desde tercera persona es inversamente pmporcional a las huellas de
la perspectiva de la :inmersión mimética, la <llierencia entte mímesis fOT.llllll que contiene. Pasemos ahora a recordar rápj~
las do.s no me parece absoluta: la :ficción h.et~n·ocliegética tam· damente los indicios más conocidos31 :
bién moviliza, al menos en pqtencia, el vectoY ele inmersión de • La aplicación de verbos que describen procesos interiores
la sustitución de identidad na:rratwa. Cpensm·, reflexionar, crem; sentir, esperar, etc.) a personas dis-
La concepción rival, desmTollada por Kata .Hamburgel' (y tintas del emmdador del relato. Al margen de la ficción, esos
aceptada especialmente por Donit Cohn), niega que la ficción verbos se aplican sobre todo en primera persona, pues sólo
implique un fingimiento. Bamburger plantea una distjn. tenemos acceso a nuestra propia interioridad.
ción l'arlical entre dos tipos de usos lúdicos {no factuales) del • El empleo del c1iscurso indirecto libre y del monólogo
lenguaje: la ficción y el ·.ñngimiento. Según ella> en el tel"l'eno interior.· Mediante técnicas diferentes llegamos al mismo
varbruan, sólo el relato heterodiegético~ el drama y la halada resultado que en el primer caso: los pe1•sonajes son v:istos
narrativa pertenecen al ámbito de la :ficción30• Reducida a su desde el interior.
.mi~leo c.antral, ~u .concepción eq·uivale a afirmar que la ficción
• La utilización de anafóricos sin antecedentes (Heming~
no unplic.a ñngmnento alguno, en la medida en que no imita way, pot ejemplo, introduce a menudo a sus persontljes
directamente mediante un pronombre personal).
ningún WSC!.U'SO .Selio, es decir, retomando los términos mtro~
ducido.s aqtú, que no recun·e a 1.m gancho mimético de tipo • La utilización de verbos de sitt.1ación (por ejemplo: levan~
narrativo. La ficción constituye, siempre según Ha.mbt11'ge:r: lo tm·se, ir, estar sentado, entrar, etc.) en entmciados que se
refieren a acontecimientos alejados en el tiempo o cuya ocu~
que pod:r.í~os describir como una estructura representa~va :r:rencia se deja en una :indeta:nninación relativa. El comienzo
auttmoma, mn narrador y enteramente construida a través de de La piel de zapa constituye un buen ejemplo de esta técni-
l~s uy~·orlgen ñcti~os» que son los personeties. El1·elato homo- ca: <(1-lcu!ia finales de octubre de 1829, un joven entró en el
dieg~ti~o, en cambJo, entra en el ámbito del fingimiento ya
Palacio Real en el momento en que las casas de jttego
que nmta «enunciados de realidad.». En otras palabras: en abrlan ...>>32 En 1.m 1•elato factual, tal enunciado parecerla poco
m.umto hay hechos de mímesis formal, estamos en el terreno plausible, pues la utilización de un ve1·bo de situación se aco-
del :f'mgimiento. Por el cont1·arlo, si el relato beterod:iegético moda mal a la vaguedad de la determinación de la situación.
no depende del :ñngi.nrlento, evidentemente es necesario que • El empleo masivo de diálogos, sobre todo cuando se
todo el.emento de m!mesis fonnal (es decir, de imitación de supone que han tenido lugar en un momento alejado tempo-
na:r.racJOnes factuales) esté ausente del núsmo. 1·almente del momento de enunciación del relato.
• El empleo da deícticos espaciales referidos a terceros y,
v E.sta precisión se impone, pues Ha:mbm•ge:r considera que el cine sobre todo, la combinación de deícticos temporales con el pre-
es'tiD'la dentro también del ~campo lógico de la. :ficción literaria»
(Ha:mburger, 1986, página 1fl7). "1 Me ah'Vo atJ\Ú de mi entrada «Ficción» en Ducrot y Schaef!er (1995),
. ~ Pol' al momento he dejado de lado el drama (ver página 256 y páginas 318-320.
mgmentes). "" La cursiva es m1a.

2tJ8 249
téri'to y el pluscuamperfecto. En el discurso factual,. los de:íctiw gre mientras se rasc;a}.la con demasiaclo :ímpetu uña :ve:r.t'Uga
cos espáciales (aquí, allí, etc.) sólo pueden ser utiljzados si se muy inflamada que tenia en ln frente, exclamó: nQuie.ran los
J'&fim:en al anunciador («yo»), mientl't:ls que, en el relato de fic- dioses que eso sea ·todo". Entonces, cuando preguntó la hóra,
ción, se refie:ren eon frem1encia a la tercera persona ((<Avanzó en lugm· de la quinta, que era la que il temí4 -(quam metue·
bajo los árboles: aqni hacía más :frestlO»); asimismo, únlcamen· bat), le m11.1ncia:ron intencionadamente la sexta~ Alegre (lae·
te en el diseu.rsó de ficciÓll¡ un· deíctico temporal, come «hoy», i'um) por esas dos circunstancias, y· creyendo qzte el peligro
puede ser' combinado con el pretérito («.HOY. hacla más fríO»), o había pasado (flis ve tu! transacto iam periculo), ·se apJ'esur6
~cay91"» con el plUSctlmnperfecto («Ayer había hecho fr'ID» ). (festinantem) a partir para hacer sus abluciones»¡¡,•. Los diá·
· ' La destemporalización del p1·etérito: segtm Hamburger, logo.s es·tán · muy· rl.ifunilidos en los relatos etnográficos, y
en tmJ•elato ficticio (haterodiegético), el pretérito ya no tiene esto ya ante.s de que los etnólogos se sirviesen de las técni·
la función gramatical da designar el pasado, como testimo- cas de grabación sonora (las únicas que son capaces de legi-
nia especialmente el uso gramatical de los deícticos tempo- timar su utilización, si aceptamos las I'estlicciones del
rales. El pe1·sonaje ficticio .se constituye en yo~origen ficticio modelo epistemológico de Hamburger). Pe1·o me parece que
kic et nunc que «l'educe a la nada la signi:flcación imperfec· es aún·· más reveladora la presencia en escritos más o menos
tiva da los ve1·bos que sirven para clesc:l'ib:h·lo». En ese sentiM emparentados con .al «nuevo periodismo» de procedimientos
do, el1·elato ficticio heterodiegético es atempo1·al, de manera como el uso de anafóricos sin antecedentes, el estilo indi-
que el <<pretérito épico>>. es en cierta fm'lna la firma de la fic- .recto 1ib1·e y, :más generalmente, las técnicas de :fbcaliz~·
cionalidad en el terreno nm'l'ativollll. ción interior. %dos esos fenómenos demuestran que la re~
, Como la misma Hambmger admite~ se t1·ata da indicios l~ción entre técnicas nál"rativas ficcio.n~les y factuales no es·
de ficciomilidad .más que de criterios estrictos. Por tUl lado, de sentido único. Esta inte:rpretación qua conduce al disctll'-
a veces los relatos :factuales l'ecti:rr.en a: algunas de esas so fact;ual a to~a:r prestados procedimientos formales del
técnicas. Desde la Antigüedad~ los histo1iadores se s:i:rven relato de ficción,. igual que este los toma del discurso factual,
habitualment·e· de verbos ·de actitud pl'opósicional para ca· es rina pl'Ueba m~ ·de que la oposición entre el1•elato de fic-
ractarlzar los· estados intencionales de terceras personas. .ci6n y el relato fach1al no debe se1· abm·clada en los té1'min~s
Del mismo modo, reeu:fren a los diálogQS. ·veamos por eje:rn· d~ una epistemología emjrlrista, sino desde un punto. de
plo c6mo describe Suetonio los últimos momentos del empe- vista ;ñ;mcional, y po1· tanto pragmático.
rador Domiciano (señalo en cursiva los lexemas que,. según . Si algunos de lris indicios de ficcionalidad estudiados por
la temia de Hamhurge:r, son indicios de ñccionalidad): <1La Hmnburgex• correspondan a técnicas utilizadas en el terreno
víspera' de su mue:rte; cuando le ofrecieron unas 1::rt!.fas, o:r~ del relato factual} también existen, a la inversa, numerosos
de:íló ·:r_eserva:rlas para el d:ía siguiente, añadiendo: "Si es 1•eiatos hete:rodiegéticos no faetuales que no solamente care-
que me es·tá permitido llega1· a comerlas", después, vol· cen de los indicios de ñ.ccionalidad enumerados, sino que, por
viéndose hacia sus vecinos, declaró "que al día siguiente la el contr;nio, .recurren a lo que en buena lógica hab.ria que lla-
lu;na se teñma.de sangre en. el signo de Acuario y que se pi'O· mar.indicios de ~tfaetualidad~>. Es el caso de los p:rocet:llinien
8

ducir.ía 1.1n ncon·tecimiento clel qua todos los homb:res habla· tos que tienen que ver con la mimesis fo11nal. Por razones
la
rían". Hacia medianoche, fue presa de tal eupanto (ita est comprensible~, Hambu:rgel' no se interesa por esos procedi·
mientas. En efecto, dan al traste con su distinción ,Jógica»
exten·itus) que srut6 de su lecho. [...] Y, al ver brotar la san-
entre :fleción y fingimiento. Desgraciadamente (para su teo-
03
Para el estudio de estos indicios y su in'tel'Pl'etación, ver Hmnburger
(1986), páginas 72·124, Ha1weg (:1968) y Ba:n:ñeld (1982). B>l Suetonio (1957), página 97.
da) la mayoría de los relatos hete1·odiegéticos considerados Por el contl'ario, la hipótesis de que los relatos homodiegé-
coZ:X:o :fict.':ionales recurren de forma más o menos impoo•tante t:icos dependen únicamente del fingimiento de enunciados de
a tales procedimientos. Por las razones que conocemos, el caso realidad también de'be ser matizada. Si bien es cierto que
de }!Jarbot no es sin duda el mejor ~emplo, pe:ro al menos algtmas narraciones en primera peTsona :recmren más a la
demuestl'a que un relato ficcional heterodiegético puede, mimesis formal que los relatos hetro•odiegéticos {a condición,
igual que_ la ficción hom~diegé?ca, fingir enu~ciados de reali- recordémoslo, de que nos limitemos a la ficción heterodiegéti-
dad. Pero no hay neces1dad de buscar un eJemplo tan poco ca de los siglos XIX y XX), esto no vale pa:ra todas. Phil:ippe
representativo. Antes de la segunda mitad del siglo XIX, los Lejeune ha demostrado, por ejemplo, q1.1e la :ficción autobio~
relatos hete1·od:iegéticos que privilegian sistemáticamente la gráfica a menudo pl'eñere focalizarse sobre la experiencia del
focalización interna -pues, en efecto, a ese tipo de aspectua· personaje, rruentras que la autobiografía factual privilegia
1idad mimética corresponde el modelo de un relato engendra· generalmente la voz del narrador (diftmmciada funcional-
do a partir de «YoMmigen ficticios»- son prácticamente ine· mente del personaje, incluso si los dos coinciden desde el
xistentes. Del mismo modo, no es posible calcular el número punto de vista óntico), y los dos géneros a menudo se distin-
de ficciones en tarce:ra pe1·sona que, en el plano de la inst:itu~ guen en el plano estilistico$ll. Una de las razones po1· las que
ción del ma:rco de fingimiento lúdico, movilizan el modelo del 1a variante factual y la variante ficeional de la autohiograffa
relato histórico o 'biog:l'áfico. Desde luego, los relatos ficciona- no tienen el mismo eje de focalización :reside tal vez en el
les de focal:ización externa estricta son l'ID'OS, pero lo mismo hecho de que la inmersión ficciona.l (en el contexto de la crea-
puede decirse de la focali2aci6n interna estricta. En realidad, ción de una ficción) tiende a desviar la postura l'e:presentacio-
la mayorla de los relatos de ficción en tercera persona mez· nal del escritor de la narración de acontecimientos hacia la
clan los dos tipos de focalización, lo que, en buena lógica, activación imaginante de los acontecimientos narrados. Este
debería conducir a los defensoras de la hipótesis hambu:r- punto ha sido señalado por l{!l;te llamburger, aunque ella
gtúa.na a sostener que la mayoría de los relatos no factuales limita su alcance (sin razón) al l'elato heterodiegético: «La
son mezclas de ficción y fingimiento. De hecho, podemos il' tendencia a la mímesis es el elemento principal del arte épico,
a:On más lejos: la mayoría de los relatos hete1•odiegéiicos del y no la narración comprendida como una actitud de concien·
tipo que saan, es decir, sean ñccionales o factuales, mezclan cla y como situación que se toma a sí misma como meta»36• Es
las dos perspectivas. La razón es muy general y no tiene una cierto que Hambm·ger sobrentiende que se trata de una nece-
relación particular con el problema de la ficción: nuestras ree sjdad interna del t(ru·te épico», lo que es sin duda exagel'ado.
laclones con el prójimo, la manera en que vemos a nuestros Nada impide a un autor ,ponel' el acento, al contrario, en la
congéneres, no se limitan nunea a anotaciones behavioristas, narración como acto (por ejemplo, Sterne, Dide:rot, ciertas
s:ino que siempre :implican atribuciones de estados mentales variantes del Nouveau Roman, etc.). Pero se trata sin lugar a
-precisamente a causa de esta atribución p:royectiva, lo que dudas de una ••inclinación natmah• inducida por la pos-tm·a de
tengo frente a mi no es simplemente un. cuerpo ñsico que se inmersión ·ficcional coono tal: cuando se adopta esta postura,
me parece exteriormente, sino otro ser humano (o 1m animal, el acto nm·rativo en sí mismo no es más que el vector y no el
en la medida en que le atribuimos estados mentales y, por punto de llegada de la actividad mental. Ni que decir tiene
tanto, le clasificamos en el conjunto de entidades que tienen que estudios como los emprendidos por Leje~me sobre la auto-
que ve:r con la noción de <q>l'ójimo»)-. Dicho de otra forma, biow·afía deberian aplicarse a otros pares textuales, como por
lejos de estar :resm'Vada a la ficción, la focalización interna es
una de nuestras estrategias interpretativas más co1·rlentes en :m Lejeune (1981), páginas 25-2ft
la vida real. 34
HrunbUl'ger, ob:ra citada, página 171.

252 253
. ejemplo: t1iario de :ficción versus diario íntimo real, relato narrativa), sino con la inrl.ta.ción de estados mentales.
epistolar versus intercambio epistolar real, confesiones ficti~ Volvemos a encontrarnos con la pe.l'tinencia de la distinción
cias .versus con:fe.siones no ficticias, etc. En el marco de la tm'tl•e dos vectores de inmersión en .el íe:rreno homodiegético.
literatura· clásica, parece haber una diferencia gene:t'al válida La hipótesis de nn astado homodiegético :indirecto concuerda
pam todos los pares en cuestión. Esta atañe a la organización bien can la existenCia del discu:rso indi1•ecto libre, que I'epre-
de la na1Tativn global: las variantes ñccionales (clásicas) de ·senta las palabras interiores de un pe:rson~e al tiempo que
·Jos géné:ros homo(Üegéticos casi siemp1•e están guiadas bajo las transcribe en tercera persona. El mantenimiento ele la
. mano po1• la lógica actancial arlsto·télica. Este rasgo está au· enunciación· en te:rceta persona en :régimen de focalización
sente, o al menos es muy débil, en los géneros no lúdicos interna estricta tal vez tenga como función hacer más.fhrldo
cor.responéliente.s. Los relatos autobiog-ráficos con función de el paso de una perspectiva a otra. Para cleeido ele otra forma:
exemplum son una excepción notable. Así} las confesiones pie- al manteirimie:I!to de la tercera persona puede ser considera-
tistas del siglo XVIll poseen en genoo·al un principio de es1;:ruc.. do como un indicio de que la estl"l.tCtul·a global del 'texto ea en
tm'ación teleológica m1.zy fuerte: el descubrimiento pl'ogresivo efecto la de una narración; en los pasos hacia focalización
de ·Ja verdad y de la autenticidad religiosa -modelo que interna estricta no harla sino resaltar el espaeio vacío del acto
encontraremos en su variante (Claicizada» en las novelas de narrativo, esperando que de nuevo sea asumido por el paso a
iniciación (a menudo en forma de :ficciones beterodiegéti- una de las múltiples variantes de focalización mixta entre las
casr-:..- Es verdad .que en la literatura mode:1'11a esta diferen- que la mayol'ia de las ñccionss heterodiegét:icas no dejan de
cia tiende a diftunina:r.se en favor de una mimesis formal más alte:1·nar. Lo que Hamhurge:r construye como una oposición
elab01·ada, tal vez porque muchos escritores de ficciones entre ficción y fingimiento puede comp:re,\lderse más simple-
hómódiegéticas quieren escapar del modelo actancial arista.. mente en términos de postul'as de inmersión variables.
télico en favor de formas más a·b:iertas y no teleológi.cas. Cuando el1·elato pasa a foeruización interna, elleetm· pasa a
A menudo se :retiene de la concepción de Hamburger sobre la primera postura de :inmersión que hemos analizado: aque..
todo el hecho de que l'echaza la idea de que la :ficción hetaro- Da en la que se identifica con la aspeetual:idad subjetiva hfijo
diegé"t.ica posee un nmTador. Tomada al pie de la letra, su teo- la que el universo ñecional se presenta al héroe. Durante la
l'Ía puede parecer poco plausible. Pe:ro, a condición de limitar lectura de un pasaje en discurso intllrecto libre, adopta simul·
el alcance de la tesis a los relatos de focalización introna y de táneamente dos posturas de inmarsión (como los niños huli en
distinguir entre la función narrativa (Hamburge:r no mega la sus juegos), la de la narración natural y la de la identificación
existencia de tal ñmción) y al na:r:rador como figura, su con- mental con la interioridad del person~e. Cuando el texto
cepción pone el dedo .en la llaga: en régimen de focal:izaclón pasa a focalización externa, adopta la po.stm·a de la na-na-
interna estricta no hay mm·cas semánticas que puedan rela- ción natural, o bien se identificá con la voz narrativa, o se si-
ciomu·se con la figura de.1 nmTador .en el sentido bete:rodiegé- túa como destinatario del relato. Por supuesto, para que esta
tico del tél~o. Pero, como ha mostrado Genette, 1.100 frase interpretación sea aceptable, hay que admitir que las secuen-
o un conjunto ele frases en :régimen de focalización :inte:rna cias homodieg:éticas (indh.·ectas) pueden estar incrustadas ~n
estricta pueden se:r :refo:rmuladas en primera persona mante- una estructma hetm·odiegética. Pero la existencia de tales
niendo la equivalencia semántica. Me parece que es posible situaciones en los j11ego.s lúdicos de loa niños muestra que
considarar los pasos hacia la focal:ización interna astricta esos cambios de postura de inmersión son pm'te integrante de
como secuencias homodiegé'ticas indirectas y, más exacta- la competencia ·ficcional.. No hay :por tanto razón alguna para
mente, secuencias relacionadas~ no con la imitación de la querer·· excluirlos del campo de las ficciones artísticas.
natración natural (en :forma de la sustitución de la identidad Reinte:11>retada desde .esta parspectiva, la expresión <<función

255
nan·ativa :flt.lCtuante», propuesta por 1-Iamburge:r. es muy opor- tado su:ficiente atención a esta diversidad. Así, la interpre·
tuna. En este sentido, las técnicas de fooaliz.ación interna y tación (que corresponde al séptimo dispositivo ñccional) casi
especialmente el discm·so indirecto libra demuestran la inven· siempre se descuida en las teorías teatrales, y ello porque se
tiva de los escritores y su voluntad de aprovechm Jas ventajas limitan al teatro tal y como nosotros lo conocemos. Salvo
de la variabilidad de )as posturas de inmersión para haeer sus excepciones, dejan de lado todo lo que esté en el ámbito de la
univel'SOS ñccionales más complejos y polifónicos, aunque sea teatralidad ritual y lúdica. Ahora bien. en estos dos contex·
a expensas del rigor epistemológico. Pero, precisamente, el tos, la distinción entre actores y público no cor:responde a la
contrato de fingimiento lúdico compartido tiene por efecto des- del tea·tro en su forma canónica. En la teatralidad ritual, la
calificar este rigor, pues los modelos ficcionales tienen como distinción sólo es relativa, en la medida en que, genei·al·
meta maximizar el poder modelizante de la analogía global, y mente, todas las escenificaciones rituales implican la posibi-
no de la homología. lidad de que los asistentes participen: este proceso está
Me parece que reformulando así el problema del fingi- especialmente difundido en las sesiones da posesión, donde
miento y la narración podemos escapa:r de la oposición masi- el contagio mimético descrito por Platón funciona a pleno
va y poco plausible entre una :ficción no nm'l'ada po1· un lado rendimiento. En la teatralidad lúdica~ la de los juegos de los
y un fingimiento no ñccional por el otro. Toda :ficción narrati- niños, po:r ejemplo~ la distinción entre jugadores y público en
va implica 1m fingimiento lúdico compartido en virtud del genel'al es sencillamente inexistente. Contra1iamente a los
cual el autor pretende referir acontecimientos (segundo dis- teóricos del teatro, los antropólogos, a pesar de no intere-
positivo), o pretende ser alguien que no es y, bien refiere los sarse demasiado por los juegos de los niños. le conceden una
acontecimientos (tercer dispositivo), bien experimenta ciertos gran atención a las actividades rituales. Por lo tanto, ta:m~
estados mentales (primer dispositivo). A cada uno de estos :fin- poco han dejado de llamar la atención sobre sus dimensiones
gimientos lúdicos compartidos le corresponde un vector mi- teat1·ales. Desgraciadamente, esto les ha llevado a veces a
mé·tico y una postuxa de mmersión especlf:icos. Pero nada subestimar las diferencias entre la ficción teatral canónica y
exige que 1tna obra entera adopte de cabo a rabo el mismo vec- la teatralidad ritual. Ahora bien, esta última -el ,.teatro
tor de jnmersión Yt por tanto, corresponda íntegramente a1 vivido>) (Leiris)- es un punto de paso inestable entre la fic-
mismo tipo de fingimiento. Todas las combinaciones son posi- ción teatl·al y las per{ormances :rituales, más que una ·figura
bles, pues todos nosotms hemos aprendido desde nuestra canónica de la p:rir.o.era. En efecto, contrariamente a esta, el
infancia a cambiar de posturas de inmersión en el cmso de teatro vivido, a semejan~a de las performances rituales sin
nuesti·as explo1·aciones ñcci.onales. El mantenimiento estricto personi'ñcación, es ejecutado con vistas a su eficacia directa
durante toda una obra de las restricciones ele tm mismo vec- &n la vida real. Por otra parte, la participación en un ritual
tor de inmersión, por tanto la aplicación de un sólo tipo de comunitario en el verdadero sentido del término raramente
múnesis f'o:rm.al, no es más que una de las múltiples opciones queda a discreción de los individuos: el que no participa se
de las que dispone el novelista. sitúa (o es situado) a] margen de la comunidad. La inter·
pl'etación del esta:tus de la :ficción teatral a Ia luz del mo-
delo de la interpretación dramática desarrollado po1· Erving
tl. La ficción teatral Gof.f.man, V:ieto:r Turnar o Clifford Geertz:n. no me pal'ece
La situación de la ficción teatral es interesante, porque menos problemática. Sin duda, la interpretación de las jnte-
COl'l'esponcle de hecho a tres dispositivos ñccionales dil'e:ren-
tes, según la abordemos por medio del texto, de la :represen·
:~~ Goffman (1973), Turner (1974), Geertz (1980>.
tación escénica o la intel'Pl'eiación. No siempre se ha pres-
257
:race:lones sociales de los individt1os en términos de :roles Pese a estas 1•eseTVas, los análisis de los antropólogos tienen
sociales y de guiones dramáticos sac.a a la luz asp~ctos ~w el mérito de haber reint:rodttcido el aspecto de la inte:rpreta-
:portantes da nuestras conductas soroales. En caml)lo, la .1~­ ción teatraJ en las conside:l'acion:es sobre la ficción teatral y,
co:rpOl'ación de esas categarlas en el te:r:reno de la reflexmn por tanto, de ayudamos a comprender que el teatro, tal y
sobre el teatr.ro me parece más problemática, porque, preci- como lo conocemos, es en 1·ealidad el :resultado de varios dis~
samente al trasladarlos al plano de las relaciones sociales, positivos diferentes, cada uno de los cuales tiene m1 propia
los· an:trop.ólogos han puesto ent.l·e paréntesis el estatus ñc- lógica.
cional de las intexacciones teatrales. Los (<roles» y. los tipos La adecuada comprensión de los otros dos d:ispos:Hávos ñc-
da «dramas sociales» que estudian atañen al mimetismo c:ionales que contribuyen a la ficción teatral, a saber, el texto
social (la competencia del <tpapel» social se basa en efecto en y la ra))l'esentación, se ha vjsto muy per.judicada por la oposi-
un apTend:iz~e mimético), pero no al mimetismo lúdico. Este ción estéril ent1·e quienes pretenden reducir al ·teatl'o al texto
último actualiza una desconexión pragmática inexistente en y quienes, al contrario, qtrle:ren reducirlo a su realidad escé»
]Q que se .describe con el término de «roles soclale~. As!, nica. El Círculo de Praga, la comente del esttuctul'alis:mo
cuanQ.o Victo:r Turnar propone analizar los pmcesos dinám1.. literario que más atención ha dedicado al teatro, l'epresenta~
coa mediante los que se desarrollan y se resuelven los con- ría una for.ma particularmente expllcita de esta oposición.
flictos sociales en las comunidades humanas con ayuda del Así, seg¡.ín Otaka:r Zich, defensor de la tesis e.scenocenbista,
modelo del (<drama socia1>38 , saca a la luz un aspecto impor- la obra dramática sólo existe «realmente a pa:rtil' de su reali-
tante de la vida social. Pero cuando se aplica este análisis al zación escénica» y el texto no as más qúe un sustituto tdmper-
teatro38, se co:rre el riesgo ele suhesthnm· el hecho de que, fecto e incompleto». En cambio, J:hi Veltrusky, que adopta un
pomo dispositivo ñccio:nal, y por tanto en la medida en que punto de vista textocentrista, sostiene qt1e el texto up:redeter-
está :fundaclo en un fingimiento lúdico compartido, el hecho mfna>,·la :representación escénica y constituye u:nn ob1·a dra-
.social que constituya el teatro concierne a la esfe1·a coopera- mática en el sentido pleno del tél'mintJl2• En Francia, el texto-
tiva yno a la esfera conflictiva40• Del mismo modo, co:rremos centrismo es sin lugar a dudas la más tliñmdida de astas dos
el riesgo de in:ñ•avalm•ar la di:f'erencia l'adical de estatus concepciones~ tal vez a catlBa de la influencia de la ·teo:ria clá-
pr~l¡lticQ entre un l'Ol social acti~o (en tm co.nfli~o real) y sica del teatl'O que concedía primacía al texto. Lo mismo suce-
un nnmema de ese rol (como ocUITe en el caso ele la mte1"Pre 8

de, atmqua en menor grado, t:m Alemania, donde el peso de la


tación teatral), aunque, como ha mostrado Nathalie Heinich, concepción netamente iextocentrista defendida por el clasi-
las modelizaciones ficcíonales pongan a nuestra disposición cismo de Wei:mar (Goethe conside1·aba que las tragedias de
<croles» que podemos I'einyectar en la vida social, es dech·, Shakespeare eran obras maesb·as literarias pero que no el'an
que podemos «interpretar» (o negarnos a «inte:tpretal'»)'11 •
exis:tanma de un "yo" auténtico» (página 339). En smna, la noción de «l'Dl
(1974).
1m 'l'lll'ruíl'
social», al menos si no se maneja con J)l'Udencia, puede dar lugar a u:na
'19 Vgr Turnar (1982).
doble j:n:fxavalo:ración: desde al punto de vista de la :liCción, infrnvalcrra la
4o Ver Sebachner (1988), página 168. . especificidad del desrloblruniento p1•agmático que deñne el juego ñecional;
•·
4
¡ rleinieb (1996), páginas 888-839. Ver Ib:ídem pm·a una crltica pe:rti· desde el punto de vista de las interacciones reales, sobrestima nuestl'O
nMte de la noción de rol, en cuanto que modelo de de.scripción de la expa- «desdobla:m:ianto», :por tmlto, subestima nuestl'a falta «da contl·ol som·e los
rlaneia vivida: por una parte udese-.mpeñru· un rol» hnplioo un desdobla- elementos de la realidad que componen las situaeiones y {...]los procesos
miento «cuyas coniliciones [...) sólo se reúnen excepcionalmente>>; por ot:ra, aimb6licoa da ocupación de los papelea» (Ibídem).
ln noción «a menutlo es sostenida por mm concepción esencial:istu que, ·12 Ver mi entrada «Enunciación teatral» en Dllci·ot y Schae:fl"er (1995),
tras la superfltda1idnd y la contingencia asociadas al u1·ol", presupone la página 612.

259
rep1·esentables) ha determinado la categorización del arte francés implica la «necesroia resolución» de lo espectacular
dl"amático d1.mmte mucho tjempo·ll). en la lectura46 • Esta reducción «textualista» es :r:rmy bien
En Francia, todos los teóricos clásicos del teatro fueron resumida por La Ménardiere, que indica de pasada la auto·
textocentristas. Podemos tomar el caso de d'Aubignac. A pri- ridad antigua que legitima esta concepción: ..Estimo con
mera vista, parece defende1· una concepción equilibrada que Aristóteles que una obra es imperfecta cuando su lectura en
reconoce una posición igual a Jos dos dispositivos ficcionales, un gabinete no excita las pasiones en 1a mente de sus audi~
pues escribe: «El Poema Dramático se crea principalmente tores y no les conmueve hasta hacerles temblar o m·rancw·~
para ser representado por gente que hace cosas semejantes les lágrimEtS»'17 •
a las que aquellos que representan habrían podido hacer; y Po:r lo general, en los países anglófonos prevalece la con-
también para ser leido por gente que, sin ver nada, tiene cepción escenocentrista. La encontramos por ejemplo en
presente en la imaginación, por ]a f'uer~a de los versos, a las Nelson Goodman48, que considera que, como la música, y con-
personas y las acciones que estos int1•oducen, como si todas trariamente a la literatura, el ru·te dramático es un arte en
las cosas ocuniesen t·ealmente igual que han sido escritas»4'1, dos fases y la obra dramática sólo existe plenamente en la
Pel'o al escoger la noción de "poema dramático» d'Aubignac representación teatral: « ...una obra dramática o musical sólo
ya ha tomado una decisión sobre el lugar propio de la ficción existe cuando es ejecutada»~9 • Expresado en términos good-
teatral: el texto. Por lo tanto, no es sorprendente verle red u· manianos esto sjgnifica que, cont1·ariamente a los textos de
cir la ficción dramática al estatua de una modalidad especí· otros géneros literarios, e] texto dramático tiene como
fica de la ficción verbal. Según él, el teatro se distingue de In conc01·dantes sus ejecuciones en vez de los objetos a los que
:ficción narrativa únicamente en q1.1e '"sólo hablan las perso- se l'efiere110 • Decidiendo que los concordantes del texto dra-
nas introducidas por el Poeta, sin que él intervenga, y en
toda la acción 'l'eatral parece que los Actores ft1esen en ver· .,s Ibídem, página 425.
dad lo que representan~>45 • Por tanto, Fran~ois Prodromides 11
La Mánardiere, La Poélique !1639), págilm 12. citado por Prodl'O-
sin duda tiene razón cuando seti.ala que el teat1·o clásico mides f1997), página 424.
13
Para una iliscusión más detallada de la concepción de Gooclman, ver
"" Volvemos n encontrar esta distinción en K!\te llamburger, para Schaeffer, (1992), página 90.
quien wla escena teatral no tiene influencin alguna sobre 1n existencia lite- .,, Gooclman, (1984), pág'iru~ 144.
raria y el valor de lns obras» <Hamburger, 1986, página 191); situación "" De hecho, el análisis de Goodman ea más agudo de lo que yo sugie·
que opone u la de la transposición filmica de esas mismas obras, que st> ro aquí, pues tiene en cuenta el estatua compuesto del texto: los diálogos
supone dn lugar n uno obra nueva: la peliculu. Pero esta distinción sólo constituyen una l.luasi anotación, en la medida en que sus concorclantes
tiene sentido si se ha decidido de antemano que ln puesta en escenn tea· son las realizaciones fonéticas del esquema escrHutario; en camblo, las
tral de una piezn de teat1•o M es unn obra Oo r¡ue e.l(pJica por ejemplo que indicaciones de