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Pastor Miguel Núñez

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Lo que comenzó con una simple protesta de parte de Martín Lutero, en contra de una serie
de prácticas religiosas de parte de la iglesia de Roma, culminó siendo un movimiento
transformador de la Iglesia y de toda la sociedad. Este movimiento, denominado como la
Reforma, se expandió por los próximos 200 años, cruzando el océano y llegando a
Norteamérica. Las cinco “Solas” que vamos a ver resumieron la teología propulsada por la
Reforma.
Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la catedral de Wittenberg el 31 de Octubre de 1517.
La queja principal de estas tesis era la venta de indulgencias, con las cuales se pagó una
buena parte de la construcción de la Basílica de San Pedro. Sin embargo, esto inició todo un
movimiento que culminó revisando no solo la venta de las indulgencias, sino también toda
la teología que la iglesia de Roma practicaba y enseñaba.
Por años, los teólogos de la Reforma cuestionaron y cambiaron el entendimiento de la
salvación del hombre que la iglesia católica abrazaba, junto con toda la teología relacionada
al plan de redención. Con el paso del tiempo se hizo necesario resumir todo ese nuevo
entendimiento teológico, con tal de que otros pudieran visualizarlo de una manera sencilla,
pero no simplista. Esto dio origen a estas cinco famosas frases:
SOLA SCRIPTURA: La Palabra de Dios es la máxima autoridad en materia de fe y práctica.
Por tanto, nada que contradiga la revelación de Dios puede regular la vida del creyente
(Gálatas 1:6-10; 2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:3).
SOLA FIDE: La salvación solo puede ser recibida cuando ponemos nuestra fe en Aquel que
murió por nosotros, excluyendo la posibilidad de que nuestras obras puedan contribuir
(Efesios 2:8-9, Romanos 3:28).
SOLA GRATIA: La salvación es un don de Dios. Por tanto, es algo que el pecador recibe de
forma inmerecida basada en los méritos de Cristo alcanzados durante su vida, muerte y
resurrección (Efesios 2:8).
SOLUS CHRISTUS: La salvación se encuentra solo en Cristo, excluyendo así todo otro camino
para llegar a Dios (Hechos 4:12).

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SOLI DEO GLORIA: El propósito de la salvación que recibimos es glorificar a Dios; poner de
manifiesto las excelencias o virtudes de su carácter (Efesios 1:4-6; 1 Pedro 2:9).
Estas frases representan el corazón de la teología reformada, y resumen verdades no
negociables del evangelio. La fortaleza de una iglesia depende de las verdades que la
sustentan, y de ahí que toda iglesia bíblica necesite no solo abrazar estos principios, sino
también proclamarlos de una manera que garantice que estos sean pasados a la próxima
generación. Lamentablemente, muchas iglesias han asumido estos principios y han dejado
de proclamarlos con claridad y frecuencia. Con el tiempo, todo lo que es asumido va siendo
olvidado poco a poco. Nuevas generaciones en los últimos 200 años desconocen parcial o
completamente toda la historia detrás de esta teología, y poco a poco fueron desarrollando
una teología liberal (a final del siglo XIX), o un pragmatismo ignorante de la centralidad de
la gloria de Dios en el plan de redención (segunda mitad del siglo XX).
Algunos podrían preguntarse por qué hablar de este tema en esta ocasión. Creo que es una
buena pregunta. No sé cuántos se han percatado de que hay un resurgimiento de las
doctrinas de la gracia en nuestros días, aun dentro de iglesias que vienen de un trasfondo
pentecostal. Por tanto, hablar de estos temas contribuye a fortalecer y a promover este
nuevo mover en Latinoamérica.
Ciertamente, la iglesia primitiva no usó esta terminología para hablar de sus creencias; pero
cada una de estas frases está arraigada en la revelación del Nuevo Testamento, que daba
continuidad al pacto anterior. A lo largo de la historia, la Iglesia ha elaborado credos,
declaraciones de fe y frases como las que aquí definimos, no como una forma de traer nueva
revelación, sino buscando maneras de afirmar lo ya conocido, para evitar que las verdades
fundamentales de nuestra fe sean olvidadas en el tiempo, o tratando de llamar a la Iglesia a
sus raíces.
Oramos para que el mismo Dios que levantó a un Martín Lutero o a un Juan Calvino vuelva
a hacer lo mismo en nuestros días, y que la transformación de la iglesia y de la sociedad vista
en Europa y Estados Unidos en los años de 1500 – 1700 pueda ser vista en nuestra región.
Si te interesa conocer más de estas Solas, puedas entrar en los siguientes enlaces para leer
un artículo que escribí sobre cada una:

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"¡A la ley y al testimonio! Si no hablan conforme a esta palabra, es porque no hay para ellos
amanecer" Isaías 8:20
“Los hombres no rechazan la palabra porque encuentran faltas en ella, sino porque ella
encuentra faltas en ellos” John Blanchard
El miércoles 17 de abril del año 1521, Martín Lutero fue traído ante lo que se conoció como
la dieta de Worms, donde se le pidió se retractara de sus escritos y de 41 de sus 95 tesis. La
respuesta de Lutero fue la siguiente: “Ya que su más serena majestad y todos sus príncipes
requieren una respuesta clara, simple y precisa, yo le daré una sin cuernos ni dientes, y es
esta: Yo no puedo someter mi fe al papa o a los concilios, porque está tan claro como el día
que ellos han errado continuamente y se han contradicho a sí mismos. A menos que yo sea
convencido por el testimonio de las Escrituras, o por razones evidentes, me mantengo firme
en las Escrituras por mí adoptadas, y mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios, y no
puedo ni quiero revocar ninguna, viendo que no es seguro o justo actuar contra la
conciencia. A Dios que me ayude. Amén”.
Cuando Lutero habló de que su conciencia era prisionera de la Palabra de Dios, estaba
haciendo referencia a que opiniones y tradiciones de hombres no nos obligan cuando de
asuntos doctrinales se trata. Del mismo modo, no somos obligados por concilios o bulas, ni
credos o confesiones de fe. Solo la Palabra de Dios nos ata; solo ella obliga la conciencia de
manera universal. No podemos olvidar eso, porque hoy hay muchas cosas en todas las
denominaciones, incluyendo aquella a la cual pertenece nuestra congregación, que son
puramente denominacionales. Quizás no sean enseñanzas antibíblicas, pero simplemente
representan la forma en que un grupo de cristianos ha elegido hacer las cosas. La tradición
no nos hace bíblicos. Cuando los credos y las confesiones de fe coinciden con la Palabra,
esas declaraciones nos exigen una cierta obligación; pero su autoridad no está en ellas, sino
en la Palabra de Dios que las ampara.

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El veredicto de Dios acerca de su palabra
El apóstol Pedro, por dirección del Espíritu Santo, nos dejó algunos principios relacionados
al tema de Sola Escritura. En 2 Pedro 1:20-21 leemos lo siguiente:
"Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación
personal, pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que
hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios".
1: Las Escrituras no son asunto de interpretación personal. Por tanto, tenemos que ser
cuidadoso cuando escuchamos a personas decir, “para mí esta porción de las Escrituras
significa esto”, y otro decir, “bueno, para mí significa esto otro”, teniendo significados
contrarios, y que luego ambos estén satisfechos con lo que cada cual entendió del mismo
texto. Un texto de la Palabra tiene una sola interpretación, aunque puede tener múltiples
aplicaciones. En nuestra humanidad sabemos que dos personas ortodoxas en su teología
pudieran diferir en la interpretación de un mismo texto; pero esto no nos dice que ambos
están en lo correcto. El Espíritu que inspiró el texto sabe cuál es la interpetación correcta, y
es ese entendimiento el que tenemos que tratar de encontrar.
2: Ninguna de las enseñanzas de la Palabra llegaron a nosotros como consecuencia de una
intención, deseo o proyecto humano. El hombre no decidió tener una revelación de Dios, ni
decidió escribir estas enseñanzas, sino que la revelación que tenemos hoy fue el producto
de la voluntad divina.
3: Cuando estos hombres hablaron, hablaron de parte de Dios, inspirados por el Espíritu
Santo. De hecho, en 2 Timoteo 3:16 leemos que toda Escritura fue inspirada por Dios. La
palabra traducida como inspirada en el griego es Theopneustos, que significa exhalar; es
como decir que la Biblia fue exhalada por Dios. Es esa inspiración de parte de Dios que nos
obliga a poner la Biblia por encima de toda otra autoridad, opinión o declaración humana.
Como es la Palabra de Dios, quitar o agregar al contenido de la Biblia es un asunto muy serio;
es violar su integridad.Si le añades, pones en boca de Dios cosas que Él no ha dicho, y si le
quitas, eliminas verdades que Dios ha querido comunicar al hombre.

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SOLA SCRIPTURA significa que la Escritura es:
INSPIRADA por Dios.
ESTÁ COMPLETA en sí misma.
ES INERRANTE; no contiene errores.
ES INFALIBLE, y por tanto incapaz de errar o de guiarnos al error.
ES LA AUTORIDAD SUPREMA; por encima de todo.
SOLA SCRIPTURA implica que la Palabra es la única que obliga la conciencia de manera
universal.
SOLA SCRIPTURA no elimina el valor de los concilios y confesiones de fe que han coincidido
con la Palabra, y que resumen largas horas de estudio y debates por parte de grandes
hombres de Dios.
SOLA SCRIPTURA no nos permite hacer uso de la interpretación privada para torcer la
Palabra.
SOLA SCRIPTURA requiere de reglas de interpretación transmitidas a lo largo de los siglos.
SOLA SCRIPTURA no nos permite despegarnos del pasado y hoy traer interpretaciones
nuevas que contradicen la fe.
SOLA SCRIPTURA juzga la iglesia y sus maestros, y no al revés.
SOLA SCRIPTURA requiere de hombres y mujeres que manejen con precisión la palabra de
verdad.
Por todo esto, ninguna iglesia podrá levantarse y sobrevivir sin la autoridad, la guianza y la
luz de la Palabra de Dios. Nuestra única esperanza como sociedad está en esa palabra
revelada.

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“Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley”,
Romanos 3:28

Sola Fide es la segunda de las 5 SOLAS de la reforma. La expresión significa salvación por fe
solamente, o dicho de una manera más teológica, justificación solo por fe. Esta doctrina es
de suma importancia: Lutero decía que Sola fide era el artículo sobre el cual la Iglesia se
mantiene en pie o se derrumba. El no creer esta doctrina no solo me deja sin salvación, sino
que llevaría a la Iglesia a su ruina. Lo que creamos acerca del rapto de la iglesia no
necesariamente tiene un efecto sobre nuestra salvación; pero ese no es el caso con Sola
Fide. Esta doctrina es la columna vertebral de la fe cristiana. Esta es la doctrina que la iglesia
de Roma no cree, ya que aún al día de hoy enseñan que la salvación se obtiene a través de
la fe más las obras que hacemos. Y fue esta doctrina, junto con la doctrina de Sola Escritura
que vimos en la entrada pasada, las que hicieron que los reformadores rompieran con la
iglesia a la cual habían pertenecido por años.
Lutero y Sola Fide

Curiosamente, aunque Lutero terminó defendiendo esta doctrina con su propia vida, no fue
así desde el principio. Lutero fue alguien que tempranamente comprendió de la justicia
perfecta de Dios, antes de creer en la doctrina de la salvación por fe solamente o Sola Fide.
Lutero vivió atormentado por sus pecados, y vivía aterrorizado pensando en su posible
condenación. No podía dormir tranquilo meditando en la justicia perfecta de Dios, que de
ninguna manera él encontraba cómo satisfacer.

Lo que más molestaba a Lutero era el hecho de que, a pesar de haber sido un monje
impecable, no encontraba paz para su alma; lo que le llevó a confesarse hasta dos y tres

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horas diariamente. Lutero describió este período de su vida como uno de gran
desesperación. Él dijo haber perdido el contacto con el Cristo Salvador y Consolador de su
vida, quien se convirtió en su carcelero y torturador de su alma[1]. Esto llegó a atormentarle
tanto que cuando alguien le preguntó en un momento de su vida si él amaba a Dios, Lutero
respondió: “¿Amar a Dios?...¡a veces, yo lo odio!”.

En 1516, mientras enseñaba el libro de Romanos, Lutero llegó a entender la esencia del
evangelio, el mensaje de las Buenas Nuevas, y comprendió finalmente que “el justo por la
fe vivirá”, Romanos 1:17 . Esta verdad ya había sido proclamada en el Antiguo Testamento,
como vemos en Habacuc 2:4 . Entendida esta verdad, Lutero llegó a expresar lo siguiente:
“Finalmente, meditando día y noche, por la misericordia de Dios, yo…comencé a entender
que la justicia de Dios es aquella a través de la cual el justo vive como un regalo de Dios, por
fe…con esto me sentí como si hubiese nacido de nuevo por completo, y que hubiese entrado
al paraíso mismo a través de las puertas que habían sido abiertas ampliamente”[2].
Más el justo por la fe vivirá

Si le preguntáramos a cualquier transeunte de qué forma él o ella piensa ir al cielo, con


mucha probabilidad te dirá algo como esto: “Bueno, yo no he matado a nadie, nunca he
robado, nunca le he sido infiel a mi esposa…es posible que haya dicho algunas mentiras,
pero realmente, ¿quién no las ha dicho? No soy el más santo de todos, pero tampoco soy el
peor; de manera que espero que Dios pueda tomar eso en cuenta”. Palabras similares a
estas son empleadas con frecuencia por aquellos que viven a nuestro alrededor cuando se
le cuestiona acera de la próxima vida. Pero esto dista mucho de las enseñanzas de la Palabra.
El apóstol Pablo escribió en Romanos 3:20 que “por las obras de la ley ningún ser humano
será justificado delante de El…”. En otras palabras, ninguna de las obras que hacemos tienen
el peso para darme entrada ante el trono de Dios. Notemos cómo en un momento dado, el
pueblo hebreo se había desviado tanto del camino que Dios dijo a través del profeta Isaías,
en Isaías 64:6 , que sus mejores obras eran como trapos de inmundicia. En el original, la
frase traducida como trapos de inmundicia hace referencia a paños que han sido usados
para la menstruación. Así lucen mis obras cuando pasan por el escrutinio de la justicia de
Dios. Y esas son mis mejores obras; imaginémonos ahora las peores.

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Lutero, entendió eso, y casi perdió la cabeza, puesto que la idea de permanecer bajo
condenación le atemorizaba grandemente, conociendo a la vez que le era imposible vivir
una vida perfecta que le permitiera entrar a la presencia de Dios. Finalmente, Lutero
entendió que era posible tener un carácter moral perfecto para entrar a la presencia de
Dios, pero que ese carácter moral perfecto no lo adquiero yo a través de mis obras de
santificación, porque ninguna de mis obras es perfecta para pasar el estándar de Dios. Esa
rectitud moral me la da Cristo y me la da la por la fe puesta en Él. Romanos 3:21-22 nos dice:
“Pero ahora, aparte de la ley, la rectitud moral de Dios ha sido manifestada, atestiguada por
la ley y los profetas; es decir, la rectitud moral de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para
todos los que creen”. La rectitud moral de Dios se manifestó ahora aparte de la ley; la ley
no me la puede dar. Pero es una rectitud moral que yo obtengo por medio de la fe en
Jesucristo, como dice el versículo 21. De ahí la frase Sola Fide, o solo por fe.

El día que Cristo murió, mis pecados le fueron cargados (imputados) a su cuenta de una
manera real. Por eso Cristo sufrió un puro infierno en la cruz, un infierno de dolor y de
separación temporal del Padre, expresado en su grito: “Dios mío, Dios mío por qué me has
abandonado”. De esa misma manera, el día que yo deposito mi fe en Cristo como mi Señor
y Salvador, su carácter moral perfecto me es cargado a mi cuenta. A esto que acabamos de
explicar es que llamamos la doble imputación en teología.

Allí en la cruz, mis pecados le fueron imputados a Cristo, y su santidad o carácter moral me
es cargado a mi cuenta, lo cual ocurre el día que yo le entrego mi vida. Como resultado,
ocurren dos cosas:

Yo quedo sin deuda.


Yo adquiero una santidad ajena, que me ha sido otorgada al yo creer en Cristo como Señor
y Salvador. Esa santidad es la santidad de Cristo.

Como mencionamos anteriormente, Sola Fide no es una idea nueva; eso fue exactamente
lo que ocurrió cuando Abraham creyó. Génesis 15:6 dice que Abraham creyó y le fue
contado por justicia. Recuerde que la palabra justicia hace alusión al carácter moral de Dios.
Entonces, lo que Génesis 15:6 dice es que Abraham creyó y, al creer, su fe le fue contado

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por carácter moral, siendo entonces justificado por la fe depositada en Dios. En otras
palabras, la razón de la salvación de Abraham no fueron sus obras, en lo más mínimo, sino
su gran fe; la fe que depositó en el Dios de su salvación. Y esa fe hizo que Dios lo considerara
como si fuera justo, aunque no lo era. Por eso los reformadores insistieron en que la
salvación es solamente por fe. Ahora esa fe si es verdadera, estará adornada por obras; no
hechas para obtener salvación, sino hechas como evidencia de la salvación ya recibida. De
ahí la frase: salvación solo por fe, pero no fe sola.

Ahora, para que no lo olvidemos, salvación por fe solamente no es lo mismo que cuando
alguien se para y hace una profesión de fe. Muchos son los que han hecho una profesión de
fe, pero no tienen posesión de esa fe. Una simple oración para recibir al Señor, hecha de los
labios para fuera, no me va a limpiar de mis pecados. La fe que limpia de pecados necesita
de tres elementos:

1. La fe que me salva necesita conocimiento de lo que Cristo hizo por mí; de lo que hemos
venido explicando. Eso es lo que los reformadores llamaron en latín, notitia, que hace
referencia al conocimiento que tengo de todo lo que hemos venido explicando. De manera
que mi fe no puede ser irracional, ilógica; ni es tampoco fe en la fe.

2. La fe que salva necesita poseer convicción de la verdad; convicción de que Cristo es el


único nombre dado a los hombres por medio del cual pueden ser salvos (Hechos 4:12 ), y
de que Él es el camino, la verdad y la vida, (Juan 14:6 ). Esto es que los reformadores
llamaron assensus, de donde viene la palabra asentir, en el sentido que yo tengo que asentir
o afirmar con convicción lo que la verdad es, como Dios la ha revelado.

Pero eso no es suficiente. Los demonios tienen notitia o conocimiento de que Cristo es el
Salvador; y ellos tienen assensus, esto es, ellos están convencidos de que Cristo es el
Salvador del mundo: lo saben mejor que nosotros. Por eso dice Santiago que los demonios
creen y tiemblan (Stg. 2:19). Lo que ellos no tienen es el tercer elemento:

3. Fiducia: confianza en Cristo. Ellos no han depositado esa confianza en el Señor y por eso
permanecen condenados.

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Para ser salvo necesitas absoluta confianza en que la santidad de Cristo imputada a tu
persona es lo único que te puede calificar para entrar al reino de los cielos, y eso ocurre el
día que te arrepientes de todo corazón, pides perdón por tus pecados basado en el sacrificio
de Cristo y le entregas tu vida a Dios y recibes la suya; la vida eterna que Él te regala. Esto
es lo que significa Sola Fide. En la próxima entrada estaremos observando la razón de
nuestra salvación: Sola Gratia.

[1] Kittelson, James: “Luther The Reformer”, Minneapolis: Augsburg Fortress Publishing
House, 1986, 79.

[2] (Obras de Lutero, vol. 34, 337).

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"Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que
es don de Dios", Efesios 2:8

Hace unos años se celebró en Inglaterra un congreso de diferentes religiones, con la idea de
reunir expertos en distintos dogmas y comparar sus enseñanzas. En un momento dado,
estos expertos se preguntaron si el cristianismo tenía algo particular que no pudiera
encontrarse en ninguna otra religión. Pensaron en la encarnación, pero otras religiones
tenían a los dioses en formas humanas. Mencionaron la resurrección, pero otras creencias
cuentan de personas habiendo resucitado. Mientras discutían, entró al salón C.S. Lewis, uno
de los grandes pensadores y defensores de la fe cristiana, y preguntó que a qué se debía la
discusión. Ellos le explicaron que estaban discutiendo si había alguna contribución única de
el cristianismo, que no pudiera encontrarse en ninguna de las otras religiones. Sin pensarlo
dos veces, C.S. Lewis respondió: "¡Ah! Eso es fácil: es el concepto de la gracia". Los llamados
expertos tuvieron que concluir que es cierto, que en ninguna otra religión Dios hace un
ofrecimiento de su amor y de su salvación completamente gratis, de forma incondicional.
Solo en el cristianismo se da esa condición. En todas las demás religiones, el pecador
necesita hacer algo (obras de algún tipo) para obtener el favor de Dios. En la fe cristiana, el
perdón de Dios, y por tanto la salvación del hombre, es obra de un Dios soberano,
omnibenevolente y misericordioso, que otorga el perdón y el resto de sus bendiciones a sus
criaturas por la inmensidad de su gracia.

El apóstol Pablo pone de manifiesto de una manera clara cómo Dios reveló que ciertamente
la salvación es dada por gracia, como vemos en este pasaje a los Efesios 2 :

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“4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, 5 aun
cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por
gracia habéis sido salvados)(énfasis añadido)”.

Ese solo verso nos deja ver la base de la salvación; pero luego cuando Pablo escribe a los
romanos, años más tarde, él explica de una forma llana cómo la gracia y las obras se
contraponen cuando de la salvación se trata. Leamos Romanos 11:5-6 :

“Y de la misma manera, también ha quedado en el tiempo presente un remanente conforme


a la elección de la gracia de Dios. Pero si es por gracia, ya no es a base de obras, de otra
manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya
no es obra”.

En este pasaje Pablo explica cómo si las obras contribuyeran a nuestra salvación, en
cualquier grado, entonces lo obtenido deja de ser por gracia. Y si mi salvación es realmente
por gracia, ya entonces mis obras quedan excluidas.

Quizás uno de los conceptos más pobremente entendidos es el de la gracia de Dios hacia los
hombres. Muchos que están dispuestos a afirmar que nuestra salvación es enteramente por
gracia a la vez están dispuestos a conceder algún rol a nuestras obras. Por esa razón, antes
de continuar debemos aclarar primero lo que es la gracia, para luego poder entender mejor
cómo llega la salvación al hombre.

La gracia de Dios puede ser definida como las riquezas de Cristo dadas a nosotros a expensas
de Su sacrificio. Otros han definido la gracia como el recibir aquello que no merecemos…
como es la gloria. Mientras que misericordia puede ser definida como el NO recibir aquello
que sí merecemos… como lo es el infierno. No hay nada que podamos hacer para ganarnos
la entrada al reino de los cielos. Y la razón es muy sencilla: todas las facultades del hombre
están teñidas por el pecado, aún después de su regeneración: sus emociones, su
pensamiento, su hablar, sus motivaciones, sus acciones... Por tanto, nuestras obras no
pasarían el escrutinio de la justicia perfecta de Dios.

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Lamentablemente, al hombre se le hace difícil concebir que no hay nada que él pueda hacer
para contribuir a su salvación, dado que prácticamente todo lo que él obtiene de este lado
de la gloria está relacionado a algún esfuerzo humano. Nos parecemos mucho al niño de
esta historia: este niño tenía unos 4 o 5 años y era llevado siempre a la iglesia por sus padres.
En aquella iglesia se celebraba la comunión una vez al mes; el primer domingo de cada mes.
Este día, era la norma el tomar dos ofrendas en vez de una: la primera se recogía antes del
sermón, y la segunda se tomaba inmediatamente antes de la comunión, y era una ofrenda
que se recogía para el fondo de benevolencia. Normalmente los padres daban dinero a su
hijo para poner en la primera ofrenda, pero no en la segunda. Un domingo ellos decidieron
darle dinero para poner en ambas ofrendas. Él pone su ofrenda antes de la comunión, y
cuando llega el tiempo de tomar la comunión, él se para a tomarla, algo que nunca había
hecho. Su madre lo detiene y le dice: "¡Tú no puedes tomar la comunión todavía!", a lo que
el niño responde: "¿Porqué no? ¡Ya yo pagué!".

Estamos tan acostumbrados a pagar, o a recibir algún beneficio después de pagar, que no
podemos concebir una salvación “gratuita”. Gratuita para el hombre, porque lo que yo
recibo en Cristo, que es sin costo alguno, le costó la vida a mi Redentor. El pago más alto
que jamás se haya hecho en todo el universo, se pagó por mi salvación.
La gracia de Dios es soberana

Si al hombre se le hace difícil concebir una salvación por gracia, se le hace más difícil concebir
una salvación soberana. Cuando revisamos lo revelado por Dios en su palabra descubrimos
que su gracia es general para todos los hombres, como leemos en Mateo 5: 45b: “porque El
hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Pero Dios también ha
revelado que hay una expresión de su gracia que es especial para sus elegidos, y esa verdad
es evidente en múltiples pasajes distintos.

El Evangelio de Lucas nos dice lo siguiente en Lucas 4:25-27 : "En Israel habían muchas viudas
en el tiempo de Elías, y Dios decidió enviar a Elías, no a las viudas de Israel, sino a una viuda
en Sarepta, la tierra de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta
Eliseo, pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio". Vemos aquí la gracia

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soberana de Dios al enviar a su profeta, no a las viudas judías, sino a una viuda gentil. El
pasaje también nos dice que en esos mismos tiempos habían muchos leprosos en Israel, y
ninguno de ellos fue sanado, sino Naamán el sirio. Eso es gracia soberana porque unos la
reciben y otros no, según quien la otorga.

¿Cuál es la respuesta del hombre ante la gracia soberana de Dios? La podemos ver en los
versículos 28 y 29 de este texto de Lucas, después que Jesús habló estas palabras: “Y todos
en la sinagoga se llenaron de ira cuando oyeron estas cosas, y levantándose, echaron a Jesús
fuera de la ciudad, y Lo llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada su
ciudad para tirar a Jesús desde allí”. El hombre no tolera que Dios elija soberanamente cómo
Él obrará, porque a la carne le gusta la idea de dirigir su propio destino.

Quizás, el pasaje donde vemos más claramente el ejercicio soberano de la gracia de Dios es
en Romanos 9 . Veamos:

“9 Porque esta es una palabra de promesa: POR ESTE TIEMPO VOLVERE, Y SARA TENDRA UN
HIJO. 10 Y no sólo esto, sino que también Rebeca, cuando concibió mellizos de uno, nuestro
padre Isaac 11 (porque aún cuando los mellizos no habían nacido, y no habían hecho nada,
ni bueno ni malo, para que el propósito de Dios conforme a su elección permaneciera, no por
las obras, sino por aquel que llama), 12 se le dijo a ella: EL MAYOR SERVIRA AL MENOR. 13
Tal como está escrito: A JACOB AME, PERO A ESAU ABORRECI”.

El Señor eligió a uno sobre otro desde antes de nacer; anterior a cualquier acción de parte
de estos dos mellizos, para mostrar su soberanía en la elección de Jacob sobre Esaú… no
basado en sus obras, sino en el propósito de Dios, como revela el mismo pasaje. El apóstol
Pablo, como buen polemista que fue, anticipa los cuestionamientos de sus opositores y
continúa su disertación de esta manera:

14 ¿Qué diremos entonces? ¿Que hay injusticia en Dios? ¡De ningún modo! 15 Porque El dice
a Moisés: TENDRE MISERICORDIA DEL QUE YO TENGA MISERICORDIA, Y TENDRE
COMPASION DEL QUE YO TENGA COMPASION. 16 Así que no depende del que quiere ni del
que corre, sino de Dios que tiene misericordia. 17 Porque la Escritura dice a Faraón: PARA

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ESTO MISMO TE HE LEVANTADO, PARA DEMOSTRAR MI PODER EN TI, Y PARA QUE MI
NOMBRE SEA PROCLAMADO POR TODA LA TIERRA. 18 Así que del que quiere tiene
misericordia, y al que quiere endurece.

Con esto, Pablo pone de manifiesto que Dios no le debe misericordia a ningún ser humano,
porque la raza ya está bajo juicio a partir de la caída de Adán. Lo justo sería enviar a la raza
entera al infierno, y nadie tendría el derecho de cuestionar a Dios. Pero en vez de hacer eso,
Dios envía a un grupo de personas a la gloria que no merecían, y cuando lo hace, lo hace
exclusivamente por su gracia.

Muchos preguntarían entonces, si es por gracia, ¿por qué Dios todavía hace al hombre
responsable? Esa es la pregunta que Pablo anticipa y que él mismo responde inspirado por
el Espíritu Santo:

19 Me dirás entonces: ¿Por qué, pues, todavía reprocha Dios? Porque ¿quién resiste a su
voluntad? 20 Al contrario, ¿quién eres tú, oh hombre, que le contestas a Dios? ¿Dirá acaso
el objeto modelado al que lo modela: Por qué me hiciste así?

Con estas palabras Pablo silencia a sus opositores y deja ver que el hombre, que no ha
creado el mundo, que no ha redimido al mundo y que no entiende los propósitos de Dios,
no está en una posición de cuestionar al Dios soberano del cielo y de la tierra.

Solamente por gracia es una de las grandes doctrinas de la Biblia que necesita ser
proclamada en cada generación tan claramente como sea posible. Si abandonamos esta
doctrina convertimos al hombre en merecedor, lo cual es contrario a la revelación bíblica.
Debemos sentirnos altamente agradecidos de nuestro Dios que en su gracia suplió un
Redentor para nosotros, y por su sangre nos dio vida cuando estábamos muertos en delitos
y pecados.

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“Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, Juan 14 : 6

Hemos llegado a la cuarta Sola, una enseñanza que, al igual que las demás Solas, forma parte
de la columna vertebral de la fe cristiana: Solo en Cristo hay salvación. La palabra de Dios lo
dice de esta manera: “Este Jesús es la PIEDRA DESECHADA por vosotros LOS
CONSTRUCTORES, pero QUE HA VENIDO A SER LA PIEDRA ANGULAR. 12 Y en ningún otro
hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual
podamos ser salvos” (Hch 4:11-12).

Esta verdad es consistente con las palabras de Juan 14 con que iniciamos este artículo, y
que forman parte de una larga conversación que los discípulos tuvieron con el Señor la
noche antes de la crucifixión. Ese último momento debió de haber sido una noche pesada y
llena de confusión. La confusión entre ellos es reflejada por la pregunta de Tomás en el v. 5:
Señor, si no sabemos adonde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?, a lo que Jesús
responde con su afirmación de que Él es el camino, la verdad y la vida. Él llevó a Tomás a
hacer la pregunta que produjo esta respuesta que Tomás y los demás necesitaban conocer.
Ahora bien, ¿qué nos estaba enseñando Jesús con estas palabras? Veamos cada una de estas
afirmaciones, y cómo se relacionan a Solus Christus.

Yo soy el camino

Antes de la caída, Adán tenía acceso a la presencia de Dios; pero al pecar se desvió, y él y
nosotros, sus descendientes, perdimos el camino de regreso. Aunque Adán conocía dónde
estaba Dios, él perdió el "mapa" para regresar. En el proceso, Satanás vino y cambió todos

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los letreros de las carreteras y colocó múltiples nuevos letreros que dicen: "Moralidad",
"Filosofía", “Superación personal”, “El poder de tu mente”, "Tu mejor esfuerzo", y a todos
les colocó debajo el sub-título “Hacia Dios”. Pero ninguno de ellos podía llevar a Dios. Lo
único que puede ayudarnos es una persona que haya venido de allá, que conozca el camino
y nos lleve hasta allá; y esa persona es Jesús (Jn. 3:13 ). Las demás religiones te ofrecen
sabiduría humana envuelta en un lenguaje místico, que le es atractivo al hombre en su
condición caída. Jesús nos ofrece una relación personal a través de la cual vamos siendo
transformados a su imagen.

Se cuenta que en una ocasión un viajero contrató un guía para que lo condujera a través de
un área desierta. Cuando llegaron al comienzo del desierto, el viajero vio que toda la arena
lucía igual, y que no habían huellas por ningún lugar. El viajero preguntó: "¿Dónde está el
camino para transitar por el desierto?", a lo que el guía le respondió: Yo soy el camino. Así
ocurre con Jesús[1].

Yo soy la verdad

Todos los demás caminos prometen llevar al hombre a Dios, pero le mienten y le engañan.
Cuando Adán calló, él cayó, porque creyó una mentira; y desde entonces él perdió su
habilidad de diferenciar la verdad de la mentira. Esta es la razón por la que los descendientes
de Adán hemos creído tantos engaños. Por tanto, el Cristo decir la verdad no iba a ser
suficiente, porque nosotros no sabríamos cómo diferenciarla de la mentira. De ahí que
Cristo no vino solo a decir la verdad, sino a encarnarla, para que nosotros que no sabemos
discernir la verdad del error, podamos encontrarla en su persona.
Yo soy la vida

Al Adán caer, las consecuencias de su caída fueron devastadoras, hasta el punto que la Biblia
nos informa que quedamos muertos en delitos y pecados; lo cual nos imposibilitaba el
regresar a casa. Eso hizo necesario que Cristo viniera y se identificara como la vida en quien
nosotros podemos resucitar.

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Cuando Dios creó a Adán y a Eva, en medio del huerto había un árbol del cual ellos no podían
comer. ¿Recuerdan el nombre del árbol? “El árbol de la vida y el árbol del conocimiento del
bien y el mal”, (Gn.2:17). El primer Adán perdió la vida al desobedecer; ahora en el segundo
Adán el hombre recobra la vida. Es increíble cómo en el huerto del Edén Dios le prohíbe a
Adán y a Eva comer del árbol de la vida, pero ellos decidieron comer. Sin embargo, en el NT,
Cristo se ofrece como el pan de vida, como el árbol de la vida del cual todos podemos comer,
pero el hombre no quiere comer de Él.

Pudiéramos resumir lo que hemos dicho hasta ahora de esta manera:


 Cristo es el camino que hay que seguir.
 Él es la verdad encarnada que tenemos que creer.
 Él es la vida que tenemos que vivir.
 El único camino, pero no el más transitado

Si bien Jesús es el único camino al Padre, Él no es la vía más transitada. Hay tres caminos
que el hombre regularmente ha decidido seguir[2]:

El primero es el camino de la naturaleza. Aquellos que dicen: "yo adoro a Dios en la


naturaleza", "yo adoro a Dios jugando golf". Y no dudamos que adoren a dios, excepto que
el dios que esos adoran no se llama Jehová o Cristo, sino que adoran al dios naturaleza, o al
dios golf, o al dios YO. Y eso es idolatría; una abominación a los ojos del Dios verdadero.

El camino de la moralidad. Muchos piensan que si vivimos una vida buena, eso nos ganará
el cielo. ¡Y es cierto! El problema es que no ha habido una sola persona, ni la habrá, que
pueda vivir esa vida buena, porque la palabra revela que no hay una sola persona justa fuera
de la persona de Jesús. Pablo lo expresa de esta manera: “como está escrito:
NO HAY
JUSTO, NI AUN UNO; 11 NO HAY QUIEN ENTIENDA,
NO HAY QUIEN BUSQUE A DIOS; 12
TODOS SE HAN DESVIADO, A UNA SE HICIERON INUTILES;
NO HAY QUIEN HAGA LO
BUENO,
 NO HAY NI SIQUIERA UNO” (Ro. 3:10-12).

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De manera que aquellos que están confiando en su moralismo entran a la condenación
creyendo todo el tiempo que serían salvos. Su “buena vida” los hizo perder. Hay una sola
cosa peor que estar perdido sin Dios y es estar perdido y creer estar en el camino correcto.

El camino de la religión. Este es el tercero de los caminos del hombre, donde están los que
dicen: si voy el domingo, doy mi diezmo, y participo en algunas de las actividades de la
iglesia, tengo el cielo garantizado. Estos mueren y entran a una eternidad de condenación
siendo súper religiosos, pero no convertidos, ni transformados. No importa si el camino es
el del Hinduismo, que afirma que al final de mis reencarnaciones me uniré a Brahma; o si
sigo los ocho pasos del Budismo, tratando de deshacerme de mis deseos egoístas; o si sigo
el camino de la obediencia a Alá… al final todos estos nos dejan perdidos en el desierto, y al
morir termino en la condenación eterna.

Cuando la verdad se encarnó en la persona de Jesús, todo sistema religioso, incluyendo el


judaísmo, quedó reemplazado.

Mientras que Confucio dijo: Yo nunca dije que era santo.


Jesús preguntó: ¿Quién me acusa de pecado? (Jn. 8:46 ) ¿Y la respuesta fue? Nadie.

Mientras que Mahoma dijo: Si Dios no tiene misericordia de mí, no tengo esperanza.
Cristo dijo: El que obedece al Hijo tiene vida eterna (Jn. 3:36 ).

Mientras que Buda dijo: soy alguien en búsqueda de la verdad.


Cristo dijo: Yo soy la verdad (Jn. 14:6)

Confucio enseñó por unos veintidós años. Mahoma por un tiempo similar. Buda enseñó
unos veinticinco años. Entre los tres enseñaron casi setenta años. Jesús enseñó sólo por tres
años, pero ningún otro personaje de la historia ha impactado el curso de la civilización como
lo hizo este hombre en tres años de enseñanza y dos mil años de impacto. Confucio murió
divorciado; Mahoma tuvo 11 esposas y muchas concubinas, a pesar de que el Corán solo
permite 4; Buda abandonó a su esposa y a su hijo. Sin embargo, Cristo murió sin pecado.

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Jesús fue enterrado un viernes y resucitó el domingo, cumpliendo su propia profecía, algo
que ningún otro ha podido hacer. Cristo no solo dijo ser el camino, la verdad y la vida, sino
que también dijo “…Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá”
(Jn. 11:25 ). Y porque Él vive, yo también viviré.

[1]Michael Green, Illustrations for Biblical Preaching, (Grand Rapids: Baker Book House,
1982,),421.

[2]Montgomery Boice, James; The Gospel Of John, Vol 4, (Grand Rapids: Baker books, 1999),
1083-1085.

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"Porque de El, por El y para El son todas las cosas. A El sea la gloria para siempre. Amén",
Romanos 11:36

Hemos llegado a la última de las Solas, Soli Deo Gloria: para la gloria de Dios solamente. La
idea detrás de este principio es doble: en primer lugar, esta enseñanza nos deja ver que la
razón por la cual Dios hace todas las cosas es para su propia gloria. En segundo lugar, esta
Sola nos enseña que nosotros deberíamos hacer todas las cosas para la Gloria de Dios.

El texto con el que iniciamos esta entrada lo resume bastante bien. Como otros han
observado, las frases “de Él”, “por Él” y “para Él” encierran todo el contenido de este
capítulo 11 de la epístola a los Romanos. Si alguien quiere una respuesta corta de por qué
las cosas tienen que ser para la gloria de Dios, la razón es muy sencilla, y está resumida en
tres proposiciones de este solo versículo: de, por y para. Tomemos la primera frase:

“De Él”:Todo es de Él porque Él es el propietario de todas las cosas. David reconoció esa
gran verdad en el Salmo 24:1, “Del SEÑOR es la tierra y todo lo que hay en ella; el mundo y
los que en él habitan”. Además, todo es de Él porque de Él provienen todas las cosas. Hasta
la lluvia y el sol que el impío recibe, la recibe por la gracia de Dios. "¿Qué tienes que no
recibiste?", pregunta el apóstol Pablo en 1 Corintios 4:7 .

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“Por Él”: Todo ha sido hecho por Él y todo es sustentado por Él. Juan 1:3 , Hebreos 1:3 y
Colosenses 1:17 respaldan esta idea.

“Para Él”: Colosenses 1:16 dice que el Padre hizo todo para el Hijo, y por otro lado 1
Corintios 15:28 dice que cuando el Hijo termine de hacerlo todo, Él le devolverá todo al
Padre para que “Dios sea todo en todos”.
Cuando Dios demanda su gloria

Cuando Dios demanda que la gloria sea dada solamente a Él, Él no está tratando de llamar
la atención. Dios está satisfecho en su propia perfección, por lo que no necesita nada. Él no
está buscando que lo aplaudan y lo alaben, puesto que después de nosotros aplaudir a Dios,
nos quedamos cortos del tributo que Él se merece. Dios no tiene necesidad de algo tan
imperfecto y tan inferior como la adoración que nosotros podemos rendirle. Esto no quiere
decir que Él no la disfruta sino que no la necesita. Dios disfruta de nuestra adoración de la
misma manera que un padre se complace en sus hijos cuando estos han asimilado bien sus
buenas enseñanzas y las reflejan en sus vidas. En el caso de Dios, mientras mejor adorador
soy, más cerca de la imagen de Su Hijo estoy. Y mientras más cerca de esa imagen me
encuentro, mejor reflejo el propósito para el cual Él me creó. Y mientras más cerca de ese
propósito me encuentro, más plenitud de vida disfruto. Y mientras más plenitud tengo, más
gozo experimento. Y mientras más gozo experimento en Dios, más glorifico su ser. Como
bien dice John Piper, "Dios es más glorificado en nosotros, cuando estamos más satisfechos
en Él".

En más de una ocasión personas me han preguntado que si no es egoísta de parte de Dios
el que todo sea para su gloria. Y nos hacemos esa pregunta por una razón muy sencilla:
nosotros pensamos que Dios es como nosotros (Salmo 50:21). Cuando alguien hace algo y
luego insiste en llevarse todo el crédito, esa actitud nos molesta, porque entendemos que
esa persona está poniendo de manifiesto su orgullo. En realidad sabemos que él o ella no
merece todo el crédito. Pero cuando Dios exige su gloria, El es merecedor de todo el crédito
porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. Veamos una ilustración más: Si Dios dijera

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mañana que Él es el ser más glorioso que existe, eso no sería orgulloso de su parte, y no lo
es porque es cierto; decir lo contrario sería mentir.

Ahora bien, que Dios exija que las cosas sean hechas para su gloria no significa de ninguna
manera que Dios sea egoísta. ¿Cómo lo sabemos?Contestemos esa pregunta con otra
pregunta: ¿cómo saben los hijos que un buen padre no es egoísta cuando le piden que le
respeten y le honren? Lo saben porque los padres se pasan la vida trabajando para ellos, y
se pasan la vida proveyendo para ellos. Pero supongamos que un hijo estuviese padeciendo
de una enfermedad mortal, y que para que él poder vivir, el padre tuviera que dar su sangre
y morir, a lo que él accede. ¿Podría ese hijo acusar a su padre de haber sido egoísta? ¡Claro
que no! Eso y más, es lo que Dios ha hecho:
 Nos ha dado la vida.
 Sostiene nuestra vida.
 Nos ha dado los dones y talentos que usamos en esta vida.
 Ha provisto las oportunidades de la vida.
 Y como si eso no hubiese sido suficiente, Dios se dio a sí mismo cuando fuimos
afectados por una enfermedad mortal, de la cual sólo podíamos salir si Él moría por
nosotros, y Él lo hizo en la persona de su Hijo. Su muerte por nuestra vida.
¿Todavía tienes duda de si Dios es egoísta cuando exige que toda la gloria sea para Él?
Para Su gloria, por nuestro bien.

Necesitamos entender que al Dios actuar para su propia gloria, los únicos beneficiados
somos nosotros. Cuando Dios despliega su poder, nada es agregado a su ser, pero nosotros
sí nos favorecemos de su poder, porque es su diestra la que nos ha sostenido. Igual sucede
cuando Dios despliega su sabiduría; Él no se hace más sabio. O cuando nos da su gracia, Él
no sufre ningún cambio ni para bien, ni para mal… Él es Dios. Esto merece que lo digamos
otra vez: cuando Dios se glorifica a sí mismo, exhibiendo sus atributos, los beneficiados
somos nosotros, sus criaturas.

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Juan 17:1 dice: “Estas cosas habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha
llegado; glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti”. CuandoDios glorificó al Hijo, lo
hizo en la cruz, y nosotros resultamos ser los principales beneficiarios de su muerte. En la
cruz, el Padre mostró el amor y la gracia del Hijo hacia los pecadores. Cuando el Hijo glorificó
al Padre, lo hizo en la cruz, cumpliendo la obra que le había dado y satisfaciendo su justicia.
Y de nuevo, nosotros fuimos los beneficiados al no tener que ir a la condenación eterna.
Entonces, ¿cómo glorificamos a Dios?

Dijimos que cuando Dios muestra sus atributos, Él se está glorificando a sí mismo. La
pregunta sería, ¿de qué manera podemos nosotros glorificar a Dios? La Biblia dice en 1
Corintios 10:31 , “Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa,
hacedlo todo para la gloria de Dios”. Hay muchas cosas en la vida del creyente que él no
hace para la gloria de Dios. De hecho, con toda probabilidad, la mayoría de los creyentes no
hacen la mayoría de las cosas de su vida para la gloria de Dios. Ganamos dinero no pensando
cómo esto glorificaría a Dios, y gastamos dinero sin pensar cómo este gasto glorificaría a
Dios. Más bien tendemos a pensar cómo va a satisfacer un deseo de mi carne. Nosotros
somos seres egoístas aun a la hora de dar. Cuando damos a otros, damos y luego queremos
que el otro nos lo agradezca, cuando en realidad si lo hubiésemos dado para la gloria de
Dios, ni nos preguntaríamos si el otro lo agradeció o no, porque no lo dimos para eso en el
primer lugar.

Entonces, ¿cómo le glorificamos? Podemos glorificar a Dios en adoración, cuando cantamos


acerca de sus atributos. Podemos hacerlo en oración, cuando nos centramos en reconocer
quién Él es, y reconocemos que Él es capaz de suplirnos, aun cuando no se lo pedimos,
manifestando que es fiel y digno de confianza. Podemos glorificar a Dios cuando le amamos
por encima de todas las cosas, porque con eso mostramos que Dios vale más que cualquier
otra cosa en la vida, y que nadie puede competir con Él.

Ser agradecidos es otra forma en la que le damos gloria a Dios, porque ponemos de
manifiesto que Dios no necesita tenernos en la abundancia para sentirnos satisfechos. En la
escasez muchas veces Dios nos da más de Él, mostrando su suficiencia.

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Una forma más de glorificarlo es cuando evitamos el pecado, reflejando su santidad en
nosotros. Pero cuando yo evito el pecado, Dios no se beneficia en nada; el beneficiado soy
yo. Cuando evito la avaricia, me beneficio porque no termino esclavizado por el afán de
hacer dinero. Cuando el dinero está en primer lugar, el dinero me esclaviza. Cuando el
trabajo está en primer lugar, el trabajo me esclaviza. Cuando mis deseos sensuales están en
primer lugar, la lujuria me esclaviza. Dios es el único ser que demanda estar en primer lugar
sin esclavizarme; de hecho solo cuando lo tengo en primer lugar es que soy verdaderamente
libre.

También podemos glorificarle al ser altamente productivos. Ya Cristo lo dijo: “en esto es
glorificado mi Padre en que llevéis mucho fruto” (Jn. 15:8 ). Filipenses 1:11 nos llama a estar
“llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios”.
En este sentido, podemos glorificar a Dios usando nuestros dones y talentos de una manera
que otros puedan entender que lo que hago con excelencia, lo hago porque Dios lo ha hecho
posible.

Por último, podemos glorificar a Dios como lo hicieron los mártires. Ellos defendieron Su
verdad y murieron por Su causa. Sufrir por Su causa y darle gracias a Dios en medio del dolor
son maneras extraordinarias de glorificar su nombre. Cristo lo hizo, Pablo lo hizo, los
reformadores lo hicieron. Juan 9 nos habla de una persona que nació ciega y estuvo ciega
por años para que la gloria de Dios se manifestara en él. Cristo no vino con la intención de
pasar por esta tierra con la menor cantidad de dolor posible. Cristo vino a desplegar la gloria
de Dios sobre la tierra, independientemente de cuánto eso costara. Y al final le costó la vida.

Ahora, si no quieres glorificar a Dios de la manera que hemos venido describiendo, jamás
podrás disfrutar de Dios de este lado de la gloria. ¿Por qué tiene que ser así? Por algo que
el Catecismo de Westminster dice en su primera pregunta: "¿Cuál es el propósito número
uno del hombre?" Respuesta: “Glorificar a Dios y gozar de Él para siempre”. Esas dos
afirmaciones van de la mano: mi gozo depende de que yo le glorifique. Esto es importante:
si no puedes gozarte en Dios y disfrutar de Él ahora, es porque la vida que estás llevando no
le está glorificando. Es imposible vivir glorificando a Dios y no vivir en gozo. El gozo es el

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resultado natural de vivir una vida de plenitud en Dios glorificándole en lo que hago y en lo
que dejo de hacer.

Con esta entrega finalizamos nuestras publicaciones acerca de las Cinco Solas de la Reforma.
Estos cinco principios no constituyen toda la teología que el movimiento de La Reforma
abrazó, pero sí resumen la columna vertebral de dicha teología. Las implicaciones de estas
Solas van mucho más allá de lo que pudimos expresar en estas breves reseñas. Creo que si
lo analizamos, bien todas las desviaciones doctrinales que hemos visto a lo largo de los años
de una u otra manera están relacionadas a alguna mala interpretación a mala aplicación de
uno de estos cinco principios. Eso nos da una idea de cuan importante es el poder entender
y aplicar estas enseñanzas con precisión.

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