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Climent Sanjuán; Producción y crisis ecológica

La revolución Copernicana y la teoría darwinista contribuyeron a la reanimalización del hombre y a la


constatación de la pertenencia humana a la Naturaleza. Estas nociones resultaron muy útiles para
enriquecer la ecología, que desde las primeras décadas del siglo XX, ya no se conforma con analizar la
interacción entre los organismos o su relación con el entorno natural, sino que porfía por ampliar su
campo de acción a las ciencias sociales. Además, el efecto del hombre sobre los hábitats naturales,
concienció a muchos científicos de la necesidad de incorporar nuevas líneas teóricas dentro del marco
de la ecología tendentes a establecer una relación clara entre medio ambiente y sociedad.

Será la antropología la primera disciplina de las ciencias sociales que mostrará interés por la ecología, y
que señala que las diferentes variantes de la naturaleza han condicionado, en mayor o menor medida, la
organización y el desarrollo de las culturas humanas, desarrollándose así la ‘’ecología cultural’’. El
enfoque determinista utilizado con anterioridad – que supone que el entorno físico determina
absolutamente el modo en que se organizan las sociedades -, se abandonará y se va a establecer el
enfoque posibilista, según el cual, son los factores históricos y culturales, y no el medio natural, los
que determinan el modo de organización social. El ‘’posibilismo ambiental’’ considera que la cultura
juega un papel social activo que limita la influencia del entorno natural a la posible contención del
crecimiento y desarrollo de una comunidad.

La antropología ecológica – que contiene al neofuncionalismo y al materialismo cultural – intenta


relacionar el comportamiento cultural de los seres humanos, y en concreto de las sociedades primitivas,
con los fenómenos ambientales.

 La visión neofuncionalista, define la cultura como un sistema de adaptación que capacita a los
humanos para adecuarse a su entorno; su centro de estudio es la población y no la cultura.
Incorpora el concepto de ‘ecosistema’, e incluye dentro del mismo a las poblaciones humanas,
que al igual que el resto de las poblaciones animales, establecen complejas relaciones con el
medio, donde la modificación de un componente da lugar a la modificación de otro.

 El materialismo cultural trata de explicar las diferencias y semejanzas del comportamiento de


los grupos humanos a través del estudio de las constricciones materiales a que están sujetos –
modo de producción, tecnología, modo de reproducción, etc.-; a los que considera factores
causales de un determinado comportamiento cultural. La evolución cultural de un pueblo viene
determinada, según este enfoque, por factores demográficos, tecnológicos, económicos y
ambientales. Muchos estilos de vida, responden así, a comportamientos inteligibles.

Luego, se desarrolla la ‘’ecología humana’’, que se interesa por la distribución espacial de los grupos
sociales y los efectos que estas localizaciones crean sobre las instituciones, las comunidades y la
organización de la ciudad. Enfatiza las variables espacio y distribución.

La sociología ambiental, en cambio, cuyo objeto de estudio se centra en las relaciones entre ambiente y
sociedad, se desarrolla a partir de los setenta, y dirige sus esfuerzos hacia un doble frente: por una
parte, analiza la incidencia que el movimiento ecologista tiene sobre las sociedades desarrolladas, y por
otra, estudia el impacto y la actitud del público con respecto a la problemática medioambiental.
Relación hombre-naturaleza: pretende dar respuesta a la percepción que el hombre, como ser
social, tiene de su propio entorno natural. En este sentido, podemos distinguir una triple visión: la
tecnocrática, la biologista y la ecologista.

 La concepción tecnocrática persigue la autosuficiencia del individuo a través del dominio


incondicional de la naturaleza. Cree que el proceso de industrialización es suficiente para
paliar la escasez y no contempla la finitud de los recursos naturales. Los problemas
ecológicos aquí son inexistentes, ya que si aparecen, es posible solucionarlos por la ciencia,
la tecnología y los mecanismos de la economía de mercado.

 La concepción biologista propone un férreo control de la natalidad y una reorientación de las


principales tendencias sociales hacia modelos propios de la sociedad rural.

 La visión ecologista abarca un amplio arco ideológico; los principales problemas


ambientales residen en el despilfarro de Occidente, en las numerosas guerras locales y en la
persistencia de las condiciones infrahumanas en los países subdesarrollados. La
responsabilidad de los problemas ecológicos no recae en la miseria y el crecimiento
demográfico de los países del Sur, sino en el productivismo, en el consumismo, en los
residuos industriales y en la carrera armamentística de los países del Norte.

Un segundo campo de análisis, se centrará en la ‘’sociología del riesgo ecológico’’, que descubre en el
desarrollo científico-industrial una dimensión oscura que se concreta en la poca previsión de las
consecuencias futuras que el actual desarrollo puede acarrear a las próximas generaciones. Finalmente,
una tercera área se orienta hacia los ‘’estudios de impacto ambiental’’, cuyo contenido se circunscribe a
la incidencia socioeconómica que puede ejercer sobre el medio ambiente y las poblaciones afectadas
determinada acción – como la construcción de un vertedero de basura, una represa, una autopista, etc.

La suma de estas aportaciones ha contribuido a modelar en concepto de medio ambiente a partir de una
determinada valoración y conocimiento de la realidad, que básicamente consiste en que hay que
preservar el medio natural en que vivimos para seguir perpetuándonos como especie. Sin embargo, de
esta conclusión de desprenden dos cuestiones relevantes: por una parte, persiste la creencia de
que la especie humana no está sometida a restricciones naturales y que los problemas que van
apareciendo se pueden resolver gracias a los avances científicos y tecnológicos, y a la gestión
eficiente de recursos; mientras que por otra parte, la propia dinámica del riesgo y la creciente
concienciación ecológica muestran otra realidad, que señala al modelo productivo como el
principal responsable del deterioro del medio natural, y apunta hacia la necesidad de reformular
los principios fundamentales que rigen la vida económica de nuestra sociedad.
El capitalismo como productor de riesgos ecológicos
La relación hombre-naturaleza ha sufrido a lo largo de la historia cambios profundos que han
determinado una transformación radical del entorno natural. El hombre primitivo, cazador-recolector,
utilizaba para su subsistencia herramientas muy rudimentarias que apenas incidían en el medio natural.
La primera ofensiva contra los recursos naturales se da recién con la rotulación a gran escala de las
tierras ocupadas por bosques y matorrales, para conseguir nuevos espacios de cultivo. El impacto
global es, sin embargo, moderado, y la naturaleza sigue dominando la vida humana y no a la inversa.
Esta situación varía radicalmente con la irrupción del capitalismo; durante el siglo XX conoce un
desarrollo ‘’sin límites’’ que permite en pocas décadas transformar la sociedad rural en urbana, técnica
e industrializada. El modo de producción capitalista posibilita un acceso factible a bienes tan
elementales como: alimentación, higiene y salud, y a bienes superiores como conocimiento, educación
y ocio. Se inicia el vértigo del consumo, el aumento del nivel de vida pasa a ser el objeto de la
existencia humana y el progreso económico el gran ídolo de los tiempos modernos. El capitalismo
logra resolver con éxito diversas crisis económicas, que exigen a cambio, unos elevados costes
ecológicos. La incorporación del petróleo como fuente de energía básica, la producción en serie, el uso
generalizado de la electricidad, los productos químicos, el automóvil, etc. Son factores que contribuyen
a multiplicar el impacto humano sobre la biosfera; es el inicio de la crisis ecológica global, denunciada
por diversos grupos ecologistas que asocian la problemática ambiental con el progreso basado en el
crecimiento económico exponencial y el productivismo, y que define al capitalismo como un sistema
de alto riesgo ecológico, que provoca por sus propias leyes de funcionamiento, crisis ambientales de
incalculables consecuencias.

El productivismo
El productivismo se ha convertido en una característica dominante de nuestra sociedad, y constituye el
punto de partida de la crítica ecológica a las instituciones y organizaciones que identifican el progreso
con el crecimiento económico ininterrumpido y la sociedad de consumo.
Desde una perspectiva sociológica, puede definirse como una ética en la que el trabajo cumple un papel
crucial, al expresar la primacía de la industria en la sociedad moderna. Una ética en la que el trabajo,
como empleo remunerado, se ha separado de las demás esferas de la vida, convirtiéndose en un
estandarte de significado moral que define hasta qué punto los individuos se sienten dignos o valorados
socialmente. Desde el punto de vista económico, el origen del productivismo se sitúa de lleno en las
reglas de juego capitalista. En una economía de mercado las decisiones de qué producir, en qué
cantidad y para quién, se toman de forma dispersa. No existe instancia centralizadora de la información
y es el mecanismo de los precios el cargado de asignar los recursos (demanda > oferta > dinero).
En virtud de estas reglas, los individuos se ven obligados adoptar una conducta que les asegure la
supervivencia, por más que no sea la que deseen. A las empresas se las obliga a competir, a producir
sin límite y a ajustar sus precios para sobrevivir al mercado. La creciente competitividad y las
necesidades productivas de las empresas constituyen el derroche de recursos y la agudización de la
problemática ecológica.
El productivismo se legitima desde el mismo momento en que las sociedades consideran que el
crecimiento económico constituye un fin en sí mismo, que dota a los pueblos de riqueza y
bienestar. Para los países desarrollados el crecimiento económico significa un aumento del nivel de
vida y el antónimo de la crisis económica; mientras que para los subdesarrollados, el crecimiento
constituye la única salida de la miseria y la pauperización.

Este proceso de legitimación es el responsable de la extensión del productivismo en todo el planeta a


través de una serie de mecanismos que se pueden agrupar en tres grandes modelos:

- El crecimiento del consumo y la producción como consecuencia del aumento del nivel de vida
(crecimiento del PIB)
- El crecimiento del consumo y la producción como consecuencia de la integración de los países
en vías de desarrollo a los circuitos de comercio y de consumo mundial.
- El crecimiento del consumo y la producción como consecuencia del aumento de la población.

El primer criterio es el mayor responsable de la extensión del productivismo; ya que la necesidad de


evitar la crisis obliga a las economías desarrolladas a procurar un crecimiento económico continuado,
que en el marco de mercados muy saturados, solo puede impulsarse a través de tres estrategias: 1.
Aumento de las exportaciones. 2. Estimulo de nuevos deseos y necesidades. 3. Reducción de la vida
media de los bienes de consumo. El tercer criterio es el que menor incidencia tiene, pues el aumento
demográfico de la población puede no ir acompañada de un aumento en la capacidad de consumo de
las mismas.

La sociedad de consumo

En la economía de corte clásico, se define al consumo como el momento en que una mercancía es
introducida en el mundo de las utilidades y es usada; considera que la producción viene determinada
por las necesidades del consumidor que, en primera instancia, genera la demanda para posteriormente
originar la producción, completándose así el ciclo de consumo de los productos. Este proceso tiene
vigencia hasta que se implementa la fabricación en serie, que va a exigir la organización de sistemas
comerciales que impondrán su propia dinámica a la sociedad. El consumo deja de constituir un
mecanismo entre la oferta y la demanda para pasar a convertirse en una esfera creada por la
producción. El aparato productivo, una vez satisfechas las necesidades básicas, se especializa en la
creación de nuevas demandas. El deseo sustituye a la necesidad, el consumo pierde su valor de uso y de
cambio para convertirse en un significado. Los bienes de consumo pasan a tener un carácter simbólico.
Esta transformación de la actividad consumidora neutra a otra dotada de significado cultural, determina
el paso del consumo al consumismo. En la sociedad occidental, los individuos se realizan y pertenecen
a un grupo social determinado mediante la adquisición y exhibición de bienes de consumo. La
sociedad de consumo tiene la capacidad de crear hábitos y modelar estilos de vida. Y en este punto es
donde entra en conflicto con el medio ambiente, ya que es directamente responsable del deterioro
ambiental. Sin una corrección profunda de los hábitos de consumo difícilmente se pueda reequilibrar la
relación actividad humana-naturaleza.
Concienciación ecológica y movimientos ecologistas

La concienciación ecológica surge como fenómeno social ante la evidencia de un límite real que
impide el crecimiento ilimitado capitalista. En un principio este movimiento aparece en un contexto
reivindicativo amplio, que exige mejoras en las condiciones de vida y de trabajo de los obreros, en
términos de salud pública, saneamiento e higiene, principalmente en Gran Bretaña del siglo XIX.
Luego, en los EEUU, aparecen los grupos preservacionistas, que protegen los bosques y los recursos
primarios de la alta explotación comercial. A diferencia de estas asociaciones, los nuevos grupos de
defensa ambiental de los años 70, se enfrentan a una sociedad muy distinta, con problemáticas también
diversas. Son asociaciones que en el plano ideológico, extienden la conciencia de un límite natural al
desarrollo capitalista, y que, desde una plataforma organizacional, abandonan posiciones
individualistas y avanzan hacia otras más centradas en la institucionalización y la presión política. Sus
principales activistas y simpatizantes provienen de las nuevas clases medias, con alto nivel de
formación, que disponen de estabilidad económica y desempeñan una ocupación ligada al sector de
servicios. El ecologismo es un movimiento contemporáneo, que se opone a los planteamientos de
racionalidad económica y política que hacen las instituciones.

Aparición de los ‘’partidos verdes’’ > en respuesta a la incapacidad del estado para dar respuesta a
demandas sociales relacionadas al ambiente.

El Desarrollo Sostenible

El concepto de ‘’desarrollo sostenible’’ se utilizó por primera vez en el informe de Brundtland, en la


Asamblea General de las Naciones Unidas, y puso de relieve que la actividad humana está modificando
las constantes vitales de la naturaleza y, lo que es más importante, está amenazando la vida de las
poblaciones futuras del planeta. Es decir, estamos tomando prestado capital del medio ambiente de las
futuras generaciones sin intención ni perspectivas de reembolso, y es por esta razón, que el modelo
actual debe ser reemplazado por un modelo de desarrollo sostenible: dirigido a satisfacer las
necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras.
El desarrollo sostenible requiere la promoción de valores alienten niveles de consumo limitados,
dentro de lo ecológicamente posible, y a los que todos puedan aspirar razonablemente.
Se debe superar la fragmentación entre lo económico y lo ecológico, relacionada con las ganancias a
corto plazo, que ignora las consecuencias a largo plazo. Se deben introducir cambios en el sistema legal
que establezcan que un medio ambiente adecuado es esencial para la salud y el bienestar de todos los
seres humanos.
El proyecto de la sociedad sostenible – definido por el club de Roma – implica el desarrollo
cualitativo de la sociedad y no la expansión ilimitada de la capacidad económica de sus individuos,
proponiendo una transición hacia una sociedad más cohesionada, menos competitiva, y mucho más
cuidadosa de su entorno natural. El ‘’progreso’’ no puede seguir siendo prisionero del dogma del
aumento del PIB, y la calidad de vida tiene que predominar sobre los niveles de vida. El desafío
consiste, no tanto en seguir creciendo indefinidamente, sino en acabar con las principales amenazas que
afectan a la humanidad; esto solo será posible a partir de la adopción de una nueva ética y una nueva
actitud, que impulse un desarrollo económico que reestablezca el equilibro social y ecológico.