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La calidad del suelo y sus indicadores.

A pesar de la importancia para la vida, el suelo no ha recibido de la sociedad la atención que merece. Su
degradación es una seria amenaza para el futuro de la humanidad. Por lo tanto, los científicos se enfrentan al
triple desafío de intensificar, preservar e incrementar la calidad de la tierra. Para ello, es necesario contar con
una sólida concepción de la calidad y con indicadores de calidad o salud de la tierra y de manejo sostenible
de la misma, tal como se cuenta para dar seguimiento a variables sociales y económicas. En este trabajo se
realiza una revisión de los principales conceptos relacionados con la calidad del suelo y sus indicadores. El
adecuado manejo de los conceptos sobre estos temas debe redundar en un mejor manejo de la sostenibilidad
del recurso, de la agricultura sostenible y en la toma de decisiones de políticas de uso del suelo. El desarrollo
de indicadores de calidad del suelo debería basarse en el uso de este recurso y en la relación entre los
indicadores y la función del suelo que se esté evaluando. Deben considerarse propiedades edáficas que
cambien en un periodo de tiempo relativamente corto.

Es necesario describir qué es el suelo, tal y como éste se encuentra en la naturaleza, para poder
posteriormente comprender los procesos a que está sujeto y la relación que tiene con la vegetación y con los
demás factores del medio ambiente.

El suelo es un recurso dinámico que sostiene vida vegetal. Está compuesto de partículas minerales de
diferentes tamaños (arena, limo y arcilla), de materia orgánica y numerosas especies de organismos
vivientes. Por lo tanto, el suelo tiene propiedades biológicas, químicas y físicas, algunas de las cuales son
dinámicas y pueden cambiar en respuesta al manejo del suelo.

No sólo resulta interesante tratar de conocer las características morfológicas del sustrato edáfico, sino
también reconocer que éste es una parte integral del ecosistema y que, por lo tanto, existen múltiples y
complejas interrelaciones e interdependencias que se dan entre el suelo, la vegetación y otros factores
ambientales. Al darnos cuenta de tales interacciones, llega a surgir una pregunta importante: ¿qué significa
el suelo para nosotros? o ¿qué hace el suelo para nosotros?

Un suelo saludable nos da aire limpio y agua, cosechas y bosques productivos, buenos pastizales, vida
silvestre diversa, además de hermosos paisajes. Y el suelo hace posible todo esto si se realizan cinco
funciones esenciales.

1. Regulación del agua. El suelo puede regular la distribución de lluvia o del agua proveniente de sistemas
de irrigación, la infiltración, el desagüe, el flujo y almacenamiento de agua y substancias disueltas, incluidos
el nitrógeno, fósforo, plaguicidas, así como otros nutrimentos y compuestos disueltos en el agua.

2. Soporte de vida vegetal y animal. El suelo sostiene el crecimiento y la diversidad de plantas y animales al
proporcionar un ambiente físico, químico y biológico para que se realice el intercambio de agua,
nutrimentos, energía y aire.

3. Filtrado de contaminantes. El suelo puede actuar como un filtro para proteger la calidad del agua, el aire y
otros recursos. Los minerales y microbios presentes en el suelo son los responsables de filtrar, amortiguar,
degradar, inmovilizar, y desintoxicar materiales orgánicos e inorgánicos, incluidos productos de desecho
industriales y municipales, y depósitos atmosféricos.

4. Ciclado de nutrimentos. El suelo almacena, modera o modifica la liberación y el ciclado de nutrimentos y


otros elementos esenciales para las plantas. Así que el carbono, el nitrógeno, el fósforo y muchos otros
nutrimentos son almacenados, transformados y ciclados a través del suelo.

5. Soporte de estructuras. Las construcciones requieren de un suelo estable para su sostenimiento, y los
tesoros arqueológicos asociados con la presencia del hombre son también protegidos en el suelo.
Una vez que ha sido comprendido el concepto de suelo, resulta oportuno presentar y describir el concepto
objeto de análisis en la presente colaboración, denominado calidad del suelo.

CONCEPTUALIZACIONES.

La calidad y la salud del suelo son conceptos equivalentes, no siempre considerados sinónimos (Doran y
Parkin, 1994). La calidad debe interpretarse como la utilidad del suelo para un propósito específico en una
escala amplia de tiempo (Carter et al., 1997). El estado de las propiedades dinámicas del suelo como
contenido de materia orgánica, diversidad de organismos, o productos microbianos en un tiempo particular
constituye la salud del suelo (Romig et al., 1995).

La preocupación por la calidad del suelo no es nueva (Lowdermilk, 1953; Doran et al., 1996; Karlen et al.,
1997; Singer y Ewing, 2000). En el pasado, este concepto fue equiparado con el de productividad agrícola
por la poca diferenciación que se hacía entre tierras y suelo. Tierras de buena calidad eran aquéllas que
permitían maximizar la producción y minimizar la erosión. Para clasificarlas se generaron sistemas basados
en esas ideas (Doran y Parkin, 1994). Esos incluían términos como tierras agrícolas de primera calidad. El
concepto de calidad del suelo ha estado asociado con el de sostenibilidad, pero éste último tiene varias
acepciones. Para Budd (1992), es el número de individuos que se pueden mantener en un área dada. En
cambio, para Buol (1995), el uso del suelo se debe de basar en la capacidad de éste para proporcionar
elementos esenciales, pues éstos son finitos y limitan, por ende, la productividad. La calidad del suelo, ha
sido percibida de muchas formas desde que este concepto se popularizó en la década anterior (Karlen et al.,
1997). Este concepto ha sido relacionado con la capacidad del suelo para funcionar. Incluye atributos como
fertilidad, productividad potencial, sostenibilidad y calidad ambiental. Simultáneamente, calidad del suelo es
un instrumento que sirve para comprender la utilidad y salud de este recurso. A pesar de su importancia, la
ciencia del suelo no ha avanzado lo suficiente para definir claramente lo que se entiende por calidad.

El término calidad del suelo se empezó a acotar al reconocer las funciones del suelo: (1) promover la
productividad del sistema sin perder sus propiedades físicas, químicas y biológicas (productividad
biológica sostenible); (2) atenuar contaminantes ambientales y patógenos (calidad ambiental); y (3)
favorecer la salud de plantas, animales y
humanos (Doran y Parkin, 1994; Karlen et al.,
1997) (Figura 1). Al desarrollar este concepto,
también se ha considerado que el suelo es el
substrato básico para las plantas; capta, retiene y
emite agua; y es un filtro ambiental efectivo
(Larson y Pierce, 1991; Buol, 1995). En
consecuencia, este concepto refleja la capacidad
del suelo para funcionar dentro de los límites del
ecosistema del cual forma parte y con el que
interactúa (Parr et al., 1992).

Elemento filtrante, amortiguador y de reflexión. La


propiedad que posee el suelo como filtro y
Figura 1. Principales componentes de la calidad de suelo
amortiguador de retener sustancias (Doran y Parkin, 1994).
mecánicamente o fijarlas por adsorción,
contribuye de manera decisiva a proteger las aguas subterráneas y superficiales contra la penetración de
agentes nocivos, evitando la transmisión de dichos agentes al ciclo de alimentación: plantas, animales y
seres humanos.

Además de ello, el suelo consigue transformar determinados compuestos orgánicos, descomponiéndolos o


modificando su estructura, consiguiendo así la mineralización de numerosas sustancias. La capacidad del
suelo para compensar influencias de agentes químicos es, no obstante, limitada; su alteración conduce a la
reducción o al colapso de importantes funciones naturales del suelo. La sobrecarga de su capacidad de
acumulación convierte al suelo en un foco emisor de sustancias químicas y contaminantes que lixiviarán
afectando a las aguas.
Para Gregorich et al. (1994) la calidad de suelo es una medida de su capacidad para funcionar
adecuadamente con relación a un uso específico. Arshad y Coen (1992) le dieron a este concepto una
connotación más ecológica; la definieron como su capacidad para aceptar, almacenar y reciclar agua,
minerales y energía para la producción de cultivos, preservando un ambiente sano.

Las definiciones más recientes de calidad del suelo se basan en la multifuncionalidad del suelo y no sólo en
un uso específico, pero este concepto continúa evolucionando (Singer y Ewing, 2000). Estas definiciones
fueron sintetizadas por el Comité para la Salud del Suelo de la Soil Science Society of America (Karlen et
al., 1997) como la capacidad del suelo para funcionar dentro de los límites de un ecosistema
natural o manejado, sostener la productividad de plantas y animales, mantener o mejorar la
calidad del aire y del agua, y sostener la salud humana y el hábitat.

¿Qué es la calidad del suelo?

A lo que nos referimos con el término de calidad del suelo es a que éste también responde a lo que se desea y
se espera de él, es decir, dicha calidad es la capacidad de un tipo específico de suelo para funcionar dentro de
los límites de los ecosistemas tanto naturales como los que están bajo manejo, para mantener la productividad
animal y vegetal, así como mantener y mejorar la calidad del agua y del aire, y para conservar la salud
humana y la calidad de vida.

Al respecto, la gente tiene ideas muy diversas sobre lo que significa el término calidad del suelo; por ejemplo:
a) Para la gente involucrada activamente en la producción agrícola, podría ser una tierra potencialmente
productiva, que mantiene o mejora la producción, que contribuye a incrementar los beneficios o mantiene los
recursos del suelo para su uso por futuras generaciones;
b) para los consumidores, el término podría representar un recurso alimenticio que sea abundante, saludable y
fácil de solventar para presentes y futuras generaciones;
c) para los naturalistas, podría constituir un suelo en armonía con el paisaje y sus alrededores;
d) para los interesados en el medio ambiente, podría significar un suelo que funciona a toda su capacidad
dentro de un ecosistema, con respecto al mantenimiento o mejoramiento de la biodiversidad, de la calidad del
agua, del ciclado de nutrimentos y de la producción de biomasa.

El suelo también tiene cualidades tanto innatas como dinámicas. La cualidad innata se refiere a la capacidad
natural del suelo para funcionar. Por ejemplo, los suelos arenosos tienen una mayor capacidad de drenaje que
los suelos arcillosos. Por su parte, los suelos profundos tienen más espacio para las raíces que aquellos suelos
con un lecho de rocas cerca de la superficie. Estas características no cambian fácilmente.

La cualidad dinámica se refiere a cómo el suelo puede cambiar dependiendo de la forma como es manejado. Y
es que las alternativas de manejo pueden afectar la cantidad de materia orgánica, la estructura y profundidad
del suelo, y su capacidad para capturar agua y nutrimentos.
En resumen, los suelos van a responder de forma diferente según el manejo dependiendo de las propiedades
innatas y dinámicas del suelo y del paisaje que lo rodea.

¿Por qué es importante la calidad del suelo?

Un adecuado manejo que mejore la calidad del suelo beneficiará las tierras de cultivo, los terrenos destinados
para uso forrajero y, en general, la productividad de nuestros bosques y plantaciones. Asimismo, el
mejoramiento de la calidad del suelo puede contribuir a reducir los costos que se generan cuando se presentan
problemas de erosión del suelo y puede ayudar a mejorar el uso eficiente de los nutrimentos y del agua, así
como a asegurar que el recurso sea sustentable para un uso futuro. Además, sin lugar a duda, beneficia la
calidad del agua, el aire y el hábitat para la vida silvestre.

La calidad del suelo y la sustentabilidad: ambas van de la mano. El entendimiento de la calidad del suelo
significa poder llevar a cabo un buen manejo del suelo, de manera que éste pueda funcionar óptimamente no
sólo ahora, sino también en el futuro; y el monitoreo de los cambios en la calidad del suelo nos permite
determinar si una serie de prácticas de manejo resultan productivas y sustentables.

La evaluación de la calidad del suelo resulta esencial para poder determinar la sustentabilidad de los sistemas
de manejo de la tierra. Para cada situación particular será necesario desarrollar sistemas de manejo diferentes,
de acuerdo con las características específicas del suelo y con las diversas condiciones ambientales en que se
encuentra. Los objetivos fundamentales de todo sistema de manejo son alcanzar una producción generosa y la
conservación del recurso, con el fin de lograr un rendimiento sostenido de manera constante y a lo largo del
tiempo.

Determinación de la calidad del suelo.

La calidad del suelo implica la determinación de qué tan bien el suelo realiza sus funciones. Por lo tanto, no se
puede determinar midiendo o registrando el rendimiento de cultivos, la calidad del agua o cualquier otro
parámetro individual. La calidad de un suelo es, pues, una determinación de cómo éste puede llevar a cabo
todas sus funciones en un momento determinado, y de cómo dichas funciones pueden ser mantenidas para su
uso futuro.

La calidad del suelo no pude ser medida directamente, de manera que se necesitaría utilizar ciertos
indicadores para su evaluación. Los indicadores son propiedades del suelo o de las plantas –ya sea físicas,
químicas y biológicas que pueden medirse para monitorear cambios en el suelo y que nos proporcionan una
guía o indicio sobre el funcionamiento del suelo. Por su parte, los indicadores de gran utilidad son aquellos
que pueden medirse fácilmente, los que detectan cambios en las funciones del suelo, los que abarcan
propiedades químicas, biológicas y físicas, los que resultan accesibles y de fácil aplicación en condiciones de
campo, y los que mejor detectan las variaciones en clima y manejo.

¿Por qué son importantes los indicadores de la calidad del suelo?


· Los indicadores de la calidad del suelo son importantes para enfocar los esfuerzos por mantener y mejorar la
condición del suelo;
· Para la evaluación de las prácticas y técnicas de manejo del suelo;
· Para relacionar la calidad del suelo con otros recursos;
· Para colectar la información necesaria para determinar tendencias;
· Para determinar tendencias en las condiciones óptimas del suelo en todos los ámbitos (global, nacional y
local);
· Para guiar en la toma de decisiones con respecto al manejo del suelo.
Manejando la calidad del suelo
El manejo de la calidad del suelo proporciona una guía para el uso eficiente y sustentable del suelo a partir de
un amplio rango de perspectivas de manejo, para terrenos cultivados, pastizales, zonas forestales y
plantaciones, así como áreas urbanas. Cada combinación de un tipo de suelo y uso de la tierra requiere y
demanda la realización de una serie diferente de prácticas de uso y manejo para mejorar la calidad del suelo.
Sin embargo, algunos principios suelen ser aplicables en la mayoría de las situaciones.

Algunas de las prácticas más comunes que son llevadas a cabo para mejorar y mantener la calidad del suelo
son:

• La adición de materia orgánica. Las adiciones frecuentes de materia orgánica están ligadas a muchos
aspectos de la calidad del suelo. La presencia de la materia orgánica puede provenir de residuos de cultivos en
la superficie del suelo, de las raíces de plantas (o cultivos), de abono y de otras fuentes. La materia orgánica y
los organismos que se alimentan de ésta pueden mejorar tanto la capacidad del suelo para capturar agua como
la disponibilidad de nutrimentos, y ayudan a proteger el suelo contra la erosión.
• Evitar el exceso de labranza (cultivo, labor). La labranza tiene efectos positivos, pero también puede causar
una degradación excesiva de la materia orgánica en el suelo; además, puede destruir la estructura del suelo y
causar su compactación.

• Manejo razonable en el uso de fertilizantes y plaguicidas. En nuestra época, el uso de plaguicidas y


fertilizantes químicos ha evolucionado nuestra agricultura. Desafortunadamente, además de sus efectos
deseados, pueden dañar a organismos que no son el punto de atención, así como contaminar el aire y cuerpos
de agua cuando no son manejados apropiadamente. El lado positivo de su uso es que permiten aumentar el
crecimiento vegetal y la producción de materia orgánica que es regresada al suelo para su reutilización por
plantas, animales y microorganismos.

• Incrementar la cubierta vegetal. Un suelo desnudo es más susceptible a la erosión por viento y agua, y a
secarse y desmoronarse. Por tanto, una cubierta protege el suelo, proporciona un hábitat para organismos que
viven en él (insectos, lombrices y bacterias) y mejora la disponibilidad del agua para ser utilizada por la flora
y la fauna presentes.

• Incrementar la diversidad vegetal. La diversidad es benéfica por varias razones. Cada cultivo (o especie de
planta) presente en el suelo contribuye a la presencia de un tipo específico de estructura de raíces y de
residuos para el suelo. Una diversidad de organismos en el suelo puede ayudar a controlar poblaciones de
plagas y a reducir o mantener al mínimo la presencia de malezas y las infecciones causadas por plagas. Esta
diversidad a lo largo del paisaje y a través del tiempo puede aumentarse por medio de numerosas prácticas de
manejo agropecuario, utilizando zonas de amortiguación y pequeños campos de siembra, lo cual contribuiría a
incrementar la variedad de plantas, animales, microorganismos y, en general, de la vida silvestre que están
interactuando con el suelo y el ambiente de un sitio determinado.

Generalmente, la investigación intenta identificar tanto los vínculos entre las diversas prácticas de manejo del
suelo como las características del suelo que resultan más evidentes al observarlo (por ejemplo, el uso de los
indicadores de la calidad del suelo); investigar los procesos a que está sujeto (por ejemplo, el ciclado de
nutrimentos) y las funciones del suelo (entre otras, la productividad y calidad ambiental), y analizar las
relaciones e interacciones que ocurren entre el suelo y los demás factores del medio ambiente.

El propósito fundamental de investigar y determinar la calidad de nuestro suelo no es solamente poder


lograr una mayor estabilidad en la estructura del suelo y mejorar su actividad biológica o alguna otra
propiedad del suelo, sino también es proteger y mejorar, a largo plazo, nuestra productividad agrícola, la
calidad del agua y, en general, el hábitat de todos los organismos vivientes, incluido el hombre.

Indicadores de la calidad del suelo

A pesar de la preocupación creciente acerca de la degradación


del suelo, de la disminución en su calidad y de su impacto en el
bienestar de la humanidad y el ambiente, aún no hay criterios
universales para evaluar los cambios en la calidad del suelo
(Arshad y Coen, 1992). Para hacer operativo este concepto, es
preciso contar con variables que puedan servir para evaluar la
condición del suelo. Estas variables se conocen como
indicadores, pues representan una condición y conllevan
información acerca de los cambios o tendencias de esa Figura 2. Triángulo Moebius para las
condición (Dumanski et al., 1998). Según Adriaanse (1993) los tres dimensiones implícitas en el
indicadores son instrumentos de análisis que permiten concepto sostenibilidad. (Hünnemeyer
simplificar, cuantificar y comunicar fenómenos complejos. et al. 1997).
Tales indicadores se aplican en muchos campos del
conocimiento (economía, salud, recursos naturales, etc). Los indicadores de calidad del suelo pueden ser
propiedades físicas, químicas y biológicas, o procesos que ocurren en él (SQI, 1996). Para Dumanski et al.
(1998) dichos indicadores, no podrían ser un grupo seleccionado ad hoc para cada situación particular, sino
que deben ser los mismos en todos los casos. Esto con el propósito de facilitar y hacer válidas las
comparaciones a nivel nacional e internacional. Tal posición no es compartida por los autores del presente
trabajo, quienes sostienen que los indicadores que se empleen deben reflejar las principales restricciones
del suelo, en congruencia con la función o las funciones principales que se evalúan, como lo ha sugerido
Astier et al. (2002). Hünnemeyer et al. (1997) establecieron que los indicadores deberían permitir: (a)
analizar la situación actual e identificar los puntos críticos con respecto al desarrollo sostenible; (b)
analizar los posibles impactos antes de una intervención; (c) monitorear el impacto de las intervenciones
antrópicas; y (d) ayudar a determinar si el uso del recurso es sostenible.

Hay tres elementos implícitos en el concepto sostenibilidad: la dimensión económica, la social y la


ecológica (Goodland y Daly, 1996; Hünnemeyer et al., 1997) (Figura 2). La sostenibilidad ecológica se
refiere a las características fundamentales para la supervivencia que deben mantener los ecosistemas a
través del tiempo en cuanto a componentes e interacciones. La sostenibilidad económica implica la
producción a una rentabilidad razonable y estable a través del tiempo, lo cual haga atractivo continuar con
dicho manejo. Y, la sostenibilidad social aspira a que la forma de manejo permita a la organización social
un grado aceptable de satisfacción de sus necesidades. El manejo sostenible puede, por lo tanto, significar
distintas cosas según la función principal del recurso o del momento histórico en que se hace una
evaluación. El desarrollo agrícola sostenible abarca las tres vertientes. No parece posible optimizar
simultáneamente cada uno de los tres componentes de la definición anterior, lo más conveniente es definir
ciertos límites aceptables para cada uno de ellos y optimizar primero uno, procurando que la intensidad de
los otros dos se ubique en el límite aceptable para ese momento y condición particulares. Con el transcurso
del tiempo, los tres objetivos deberían ir acercándose a los óptimos ideales para cada uno de los tres
componentes. La Figura 3 muestra un enfoque para la definición de indicadores propuesto por
Hünnemeyer et al. (1997). Este enfoque hace que los indicadores de calidad del suelo puedan considerarse
dinámicos en el tiempo. Por lo que para cada momento histórico o situación particular habría que buscar un
equilibrio entre los tres objetivos del desarrollo sostenible.

Figura 3. Enfoque para la definición de indicadores (Hünnemeyer et al. 1997).

Condiciones que deben cumplir los indicadores de calidad del suelo. Para que las propiedades físicas,
químicas y biológicas del suelo sean consideradas indicadores de calidad deben cubrir las siguientes
condiciones (Doran y Parkin, 1994):

a) describir los procesos del ecosistema; b) integrar propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo; c)
reflejar los atributos de sostenibilidad que se quieren medir; d) ser sensitivas a variaciones de clima y
manejo; e) ser accesibles a muchos usuarios y aplicables a condiciones de campo; f) ser reproducibles; g)
ser fáciles de entender; h) ser sensitivas a los cambios en el suelo que ocurren como resultado de la
degradación antropogénica; i) y, cuando sea posible, ser componentes de una base de datos del suelo ya
existente.

En virtud de que existen muchas propiedades alternativas para evaluar la calidad del suelo, Larson y Pierce
(1991); Doran y Parkin (1994) y Seybold et al. (1997) plantearon un conjunto mínimo de propiedades del
suelo para ser usadas como indicadores para evaluar los cambios que ocurren en el suelo con respecto al
tiempo (Cuadro 1). Los indicadores disponibles para evaluar la calidad de suelo pueden variar de
localidad a localidad dependiendo del tipo y uso, función y factores de formación del suelo (Arshad y
Coen, 1992). La identificación efectiva de indicadores apropiados para evaluar la calidad del suelo
depende del objetivo, que debe considerar los múltiples componentes de la función del suelo, en particular,
el productivo y el ambiental. La identificación es compleja por la multiplicidad de factores químicos,
físicos y biológicos que controlan los procesos biogeoquímicos y su variación en intensidad con respecto al
tiempo y espacio (Doran et al., 1996).

Indicadores físicos. Las características físicas del suelo son una parte necesaria en la evaluación de la
calidad de este recurso porque no se pueden mejorar fácilmente (Singer y Ewing, 2000). Las propiedades
físicas que pueden ser utilizadas como indicadores de la calidad del suelo (Cuadro 1) son aquellas que
reflejan la manera en que este recurso acepta, retiene y transmite agua a las plantas, así como
las limitaciones que se pueden encontrar en el crecimiento de las raíces, la emergencia de las
plántulas, la infiltración o el movimiento del agua dentro del perfil y que además estén
relacionadas con el arreglo de las partículas y los poros. La estructura, densidad aparente,
estabilidad de agregados, infiltración, profundidad del suelo superficial, capacidad de
almacenamiento del agua y conductividad hidráulica saturada son las características físicas del
suelo que se han propuesto como indicadores de su calidad.

Cuadro 1. Conjunto de indicadores físicos, químicos y biológicos propuesto para monitorear los cambios que ocurren en el suelo (Larson y Pierce,
1991; Doran y Parkin, 1994; Seybold et al., 1997).
Relación con la condición y Valores o unidades relevantes ecológicamente; comparaciones
Propiedad
función del suelo para evaluación

Físicas

Textura Retención y transporte de agua y compuestos % de arena, limo y arcilla; pérdida del sitio o
químicos; erosión del suelo posición del paisaje

Profundidad suelo, suelo Estima la productividad potencial y la erosión cm o m


superficial y raíces

Infiltración y densidad aparente Potencial lavado; productividad y erosividad minutos/2.5 cm de agua y g/cm3

Capacidad de retención de agua Relación con retención de agua, transporte, y % (cm3/cm3), cm de humedad
erosividad; HA, textura y M.O. aprovechable/30 cm; intensidad de precipitación

Químicas

Materia orgánica (N y C total) Define la fertilidad del suelo; estabilidad; Kg de C o N ha-1


erosión

pH Define actividad química y biológica comparación entre los límites superiores e


inferiores para la actividad vegetal y microbiana

Conductividad eléctrica Define la actividad vegetal y microbiana dSm-1; comparación entre los límites superiores e
inferiores para la actividad vegetal y microbiana

P, N, y K extractables Nutrientes disponibles para planta, pérdida Kg ha-1; niveles suficientes para dllo de cultivos
potencial N; productividad e indicadores de
calidad ambiental

Biológicas

C y N de la biomasa microbiana Potencial microbiano catalítico y depósito para Kg de N o C ha -1 relativo al C y N total o CO 2


el C y N, cambios tempranos de efectos del producidos
manejo sobre materia orgánica

Respiración, contenido de Mide la actividad microbiana; estima la Kg de C ha-1 d-1 relativo a actividad de biomasa
humedad y temperatura actividad de la biomasa microbiana; pérdida C contra entrada al reservorio
total de C

N potencialmente mineralizable Productividad del suelo y suministro potencial Kg de N ha-1d-1 relativo al contenido de C y N total
de N

Indicadores químicos
Los indicadores químicos propuestos (Cuadro 1) se refieren a condiciones de este tipo que afectan las
relaciones suelo-planta, la calidad del agua, la capacidad amortiguadora del suelo, la disponibilidad de
agua y nutrimentos para las plantas y microorganismos (SQI, 1996). Algunos indicadores son la
disponibilidad de nutrimentos, carbono orgánico total, carbono orgánico lábil, pH, conductividad eléctrica,
capacidad de adsorción de fosfatos, capacidad de intercambio de cationes, cambios en la materia orgánica,
nitrógeno total y nitrógeno mineralizable.

Indicadores biológicos

Los indicadores biológicos propuestos (Cuadro 1) integran gran cantidad de factores que afectan la
calidad del suelo como la abundancia y subproductos de micro y macroorganismos, incluidos bacterias,
hongos, nematodos, lombrices, anélidos y artrópodos. Incluyen funciones como la tasa de respiración,
ergosterol y otros subproductos de los hongos, tasas de descomposición de los residuos vegetales, N y C de
la biomasa microbiana (SQI, 1996; Karlen et al., 1997). Como la biomasa microbiana es mucho más
sensible al cambio que el C total se ha propuesto la relación C microbiano:Corgánico del suelo para detectar
cambios tempranos en la dinámica de la materia orgánica (Sparling, 1997).

De acuerdo con estas ideas, no habría un enfoque único para generar un conjunto de indicadores para cada
propósito. Los enfoques pueden cambiar con el tiempo conforme incremente el entendimiento de los
problemas ambientales y conforme los valores sociales evolucionen. Uno de los enfoques ampliamente
utilizados por lo inmediato de su comprensión es en el que trabaja la Organización para la Cooperación y
el Desarrollo Económico (OECD). Se trata del sistema presión-estado-respuesta, el cual se basa en una
cadena de causalidades donde se entiende que las actividades humanas originan presiones sobre el
ambiente (indicadores de presión) que modifican la calidad y cantidad de los recursos naturales
(indicadores de estado) en virtud de lo cual se produce una respuesta que tiende a modular la presión
(indicadores de respuesta) (Figura 4, OECD, 1993). Dentro del enfoque presión-estado-respuesta, la
OECD (1991, 1993, 2003) ha propuesto algunos indicadores ambientales que se relacionan con la calidad
del suelo. Dos de ellos son indicadores para el riesgo de erosión hídrica y riesgo de erosión eólica.
Recientemente la OECD (2003) ha propuesto indicadores de acumulación de C en el suelo. Por la urgencia
de contar con herramientas que permitan evaluar la evolución de este

recurso natural se continúa trabajando en la materia. Adicionalmente, esta organización ha instado a sus
miembros a establecer indicadores nacionales de diversa naturaleza, entre ellos de calidad del suelo. En los
Estados Unidos de América se ha constituido el Soil Quality Institute (SQI, 1996), organismo encargado de
difundir entre los productores agrícolas los principios básicos de los indicadores de calidad del suelo y a
proponer metodologías simples para realizar mediciones. La Unión Europea y Canadá han publicado
información valiosa al respecto (Gregorich et al., 1994; MMA, 1998).

Figura 4. Naturaleza y uso de los indicadores ambientales (OECD, 1993).

Conclusiones
Todo tipo de vida depende de la calidad del suelo para su supervivencia. Por ende, la protección de este
recurso natural debe ser una política nacional e internacional. Para lograr lo anterior y, al mismo tiempo, un
manejo adecuado del suelo, es necesario contar con indicadores que permitan evaluar su calidad. El
desarrollo de tales indicadores debe hacerse con base en las funciones del suelo que se evalúan;
considerando aquellas propiedades edáficas sensibles a los cambios de uso del suelo. En materia de calidad
de suelo, se requiere ampliar la perspectiva original enfocada sólo a suelos agrícolas para incluir también
suelos forestales de ecosistemas naturales y modificados con fines específicos como el urbano o el
pecuario. Queda mucho por hacer, pero los primeros pasos ya se han dado.

1. La problemática de la utilización del suelo. Concepto de degradación.

El uso que se hace del suelo está causando unos cambios sin precedentes en los paisajes, los ecosistemas y el
medio ambiente. Las áreas urbanas y sus infraestructuras son los consumidores de suelo con un crecimiento
más rápido, generalmente a expensas de la tierra de producción agrícola. El paisaje rural está cambiando
debido a la intensificación de la agricultura, el abandono de las tierras y la explotación forestal. Las regiones
costeras y montañosas están sometidas a profundas reorganizaciones espaciales para acomodar el turismo y
las actividades de ocio masivos.

Como se ha expuesto en los temas anteriores, el suelo es un ente de la Naturaleza, cuyas características son el
resultado de una larga evolución hasta alcanzar un equilibrio con las condiciones naturales. Y hemos de tener
claro que en esas condiciones ambientales no está incluida la acción de las civilizaciones humanas. El suelo es
un componente del medio natural y como tal debe ser considerado como un suelo virgen, no explotado. Es
evidente que su continua y abusiva utilización por parte del hombre ha truncado su evolución y ha
condicionado negativamente sus propiedades. Como resultado el suelo se deteriora, se degrada.

Se considera como degradación del suelo a toda modificación que conduzca al deterioro del suelo.

Según la FAO - UNESCO la degradación es el proceso que rebaja la capacidad actual y potencial del suelo
para producir, cuantitativa y cualitativamente, bienes y servicios.

La degradación del suelo es la consecuencia directa de la utilización del suelo por el hombre. Bien como
resultado de actuaciones directas, como agrícola, forestal, ganadera, agroquímicos y riego, o por acciones
indirectas, como son las actividades industriales, eliminación de residuos, transporte, etc.

Las actividades como la agricultura, la silvicultura, el transporte y la vivienda usan el suelo y alteran el estado
y las funciones naturales de éste. Muchos problemas medioambientales tienen su origen en el uso del suelo,
que conduce al cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación de las aguas, los suelos y el
aire. Los efectos pueden ser directos (por ejemplo, destrucción de hábitats o paisajes naturales) o indirectos
(por ejemplo, el sellado del suelo y la deforestación, que aumentan los riesgos de inundación). El cambio
climático produce desertificación, cambios en la ocupación del suelo y riadas, entre otros fenómenos.
Actualmente existe una fuerte tendencia que clama por una utilización racional del suelo. Sus principios se
agrupan en lo que se conoce por Conservación de Suelos. Las teorías conservacionistas persiguen obtener
máximos rendimientos pero con mínima degradación.

El cuidado del suelo es esencial para la supervivencia de la raza humana. El suelo produce la mayor parte de
los alimentos necesarios, fibras y madera. Y sin embargo, en muchas partes del mundo, el suelo ha quedado
tan dañado por un manejo abusivo y erróneo que nunca más podrá producir bienes (FAO, 1976).

2. Tipos de degradaciones.

Dentro del amplio concepto de degradación se distinguen una serie de degradaciones diferentes.
2.1 Degradación de la fertilidad. Es la disminución de la capacidad del suelo para soportar vida. Se
producen modificaciones en sus propiedades físicas, químicas, fisicoquímicas y biológicas que conllevan a su
deterioro.

Al degradarse el suelo pierde capacidad de producción y cada vez hay que añadirle más cantidad de abonos
para producir siempre cosechas muy inferiores a las que produciría el suelo si no se presentase degradado.

Puede tratarse de una degradación química, que se puede deber a varias causas: pérdida de nutrientes,
acidificación, salinización, sodificación, aumento de la toxicidad por liberación o concentración de
determinados elementos químicos. El deterioro del suelo a veces es consecuencia de una degradación física,
por: pérdida de estructura, aumento de la densidad aparente, disminución de la permeabilidad, disminución de
la capacidad de retención de agua. En otras ocasiones se habla de degradación biológica, cuando se produce
una disminución de la materia orgánica incorporada.

2.2 Erosión. La erosión es la pérdida selectiva de materiales del suelo. Por la acción del agua o del viento los
materiales de las capas superficiales van siendo arrastrados. Si el agente es el agua se habla de erosión
hídrica y para el caso del viento se denomina erosión eólica.

El concepto de erosión del suelo se refiere a la erosión antrópica, que es de desarrollo rápido. Frente a ella
está la erosión natural o geológica, de evolución muy lenta.

La erosión geológica se ha desarrollado desde siempre en la Tierra, es la responsable del modelado de los
continentes y sus efectos se compensan en el suelo, ya que actúan con la suficiente lentitud como para que sus
consecuencias sean contrarrestadas por la velocidad de formación del suelo. Así en los suelos de las
superficies estables se reproduce el suelo, como mínimo, a la misma velocidad con que se erosiona.

Es más, es muy importante destacar que la erosión natural es un fenómeno muy beneficioso para la fertilidad
de los suelos.

Efectivamente, como es sabido, todas las propiedades del suelo,


y por tanto su profundidad, son consecuencia de una
determinada combinación de los factores formadores. En una
determinada región aparecerá un suelo cuya profundidad será el
resultado de un clima concreto (temperatura y precipitaciones),
sometido a la actividad de unos determinados organismos, en un
tipo de relieve, que actúan sobre una clase de roca durante un
tiempo. Si no actuase la erosión natural esa profundidad de
material edafizado se iría alterándose progresivamente cada vez
más conforme el suelo se fuese volviendo más antiguo y llegaría
un momento que todos los minerales originales se habrían
transformado totalmente, ya no aportarían ningún nutriente
nuevo al suelo y este quedaría constituido por un residuo totalmente infértil. Prácticamente toda la Tierra
estaría recubierta de una capa inerte, sin posibilidad de soportar vida alguna

Afortunadamente este panorama aterrador no se presenta precisamente debido a la erosión geológica. Esta
lenta erosión va decapitando lentamente las capas superiores de los suelos con lo que va disminuyendo el
espesor del suelo y este se va progresivamente profundizando hacia capas más internas donde se encuentra el
material original sin transformar (para mantener su profundidad de equilibrio
con las condiciones ambientales)

Así, de esta manera se van incorporando continuamente nuevos materiales al


suelo (materiales frescos, no alterados, con abundantes minerales que al
alterarse aportan nutrientes a los suelos). El tipo de suelo será siempre el
mismo (mientras no se produzca un cambio en las condiciones ambientales)
pero, ¡se irá desplazando con el tiempo!. Hacia el interior de la tierra en los
relieves planos y caminando lateralmente en los relieves colinados (los valles
se van ensanchando).

2.3 Contaminación. Por último, el suelo se puede degradar al acumularse en él sustancias a unos niveles tales
que repercuten negativamente en el comportamiento de los suelos.

La FAO define la contaminación como una forma de degradación química que provoca la pérdida parcial o
total de la productividad del suelo.

El diccionario de la Real Academia define la contaminación como la alteración de la pureza de alguna cosa,
como los alimentos, el agua, el aire, etc.

La acumulación de sustancias tóxicas para los organismos suele producirse de una manera artificial, como
consecuencia de las actividades humanas, pero también puede ocurrir de manera natural, la edafización libera
sustancias contenidas en las rocas (heredadas o neoformadas) que se concentran en el suelo alcanzando
niveles tóxicos.

3. Consecuencias de la degradación.

La degradación tiene importantes consecuencias. Veamos las referidas al suelo en sí mismo y dejaremos las
medioambientales y socioeconómicas para otras disciplinas (avalanchas, inundaciones, empobrecimientos,
migraciones, etc).
 Pérdida de elementos nutrientes (N, P, S, K, Ca, Mg...). Puede ser de manera directa, bien al ser
eliminados por las aguas que se infiltran en el suelo o bien por erosión a través de las aguas de escorrentía,
o de una forma indirecta, por erosión de los materiales que los contienen o que podrían fijarlos.
 Modificación de las propiedades fisicoquímicas: acidificación, desbasificación y bloqueo de los
oligoelementos que quedan en posición no disponible.

 Deterioro de la estructura. La compactación del suelo produce una disminución de la porosidad, que
origina una reducción del drenaje y una pérdida de la estabilidad: como consecuencia se produce un
encostramiento superficial y por tanto aumenta la escorrentía.

 Disminución de la capacidad de retención de agua: por degradación de la estructura o por pérdida de


suelo. Esta consecuencia es especialmente importante para los suelos andaluces sometidos a escasas
precipitaciones anuales.

 Pérdida física de materiales: erosión selectiva (parcial, de los constituyentes más lábiles, como los limos)
o masiva (pérdida de la capa superficial del suelo, o en los casos extremos de la totalidad del suelo).

 Incremento de la toxicidad. Al modificarse las propiedades del suelo se produce una liberación de
sustancias nocivas.

En definitiva, se produce un empeoramiento de las propiedades del suelo y una disminución de la masa de
suelo. Estos efectos tienen dos consecuencias generales: a corto plazo, disminución de la producción y
aumento de los gastos de explotación (cada vez el suelo necesita mayor cantidad de abonos y cada vez
produce menos). A largo plazo: infertilidad total, abandono, desertización del territorio.