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FRASES DE BENITO JUAREZ

1.- “Entre los individuos como en las naciones, el derecho al respeto ajeno es la paz”.

2.- “En la política la línea recta es la más corta”.

3.- "No se puede gobernar a base de impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción
a las leyes. No se pueden improvisar fortunas, ni entregarse al ocio y a la disipación, sino
consagrarse asiduamente al trabajo, disponiéndose a vivir, en la honrada medianía que
proporciona la retribución que la ley les señala".

4.- “Los hombres no son nada, los principios lo son todo”.

5.- “Libre, y para mi sagrado, es el derecho de pensar. La educación es fundamental para la


felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los
pueblos”.

6.- “La democracia es el destino de la humanidad; la libertad su brazo indestructible”.

7.- “El gobierno tiene el sagrado deber de dirigirse a la Nación, y hacer escuchar en ella la voz
de sus más caros derechos e intereses”.

8.- “El primer gobernante de una sociedad no debe tener más bandera que la ley; la felicidad
común debe ser su norte, e iguales los hombres ante su presencia, como lo son ante la ley;
sólo debe distinguir al mérito y a la virtud para recompensarlos; al vicio y al crimen para
procurar su castigo”.

9.- “Como hijo del pueblo nunca podría olvidar que mi único fin debe ser siempre su mayor
prosperidad”.

10.- “Todo lo que México no haga por sí mismo para ser libre, no debe esperar, ni conviene
que espere, que otros individuos u otras naciones hagan por él”.

LEMA DE PORFIRIO DIAZ

“Orden y progreso”
LEMA DE FRANCISCO I. MADERO

“sufragio efectivo no reelección”


NOMBRE COMPLETO DE HIDALGO

Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo-Costilla y Gallaga Mandarte


Villaseñor
NOMBRE COMPLETO DE GUADALUPE VICTORIA

José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix

NOMBRE COMPLETO DE FRANCISCO VILLA

José Doroteo Arango Arámbula


NOMBRE COMPLETO DE MORELOS

José María Teclo Morelos Pérez y Pavón


NOMBRE COMPLETO DE VICENTE GUERRERO

Vicente Ramón Guerrero Saldaña

NOMBRE COMPLETO DE SANTA ANA


Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón
Leyes de Reforma
(1859-1860)

En medio del fragor de la guerra el gobierno de Juárez, desde Veracruz, dio a conocer un
manifiesto a la Nación el 7 de julio de 1859. En éste delineó las medidas que consideraba
indispensables “para poner un término definitivo a esta guerra sangrienta y fratricida”, así como
para “desarmar de una vez a esta clase (el clero) de los elementos que sirven de apoyo a su
funesto dominio…”.

Siguieron después las denominadas “Leyes de Reforma”:

Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos del 12 de julio de 1859


Esta Ley decreta que entran “al dominio de la nación todos los bienes que el clero secular y
regular ha estado administrando con diversos títulos, sea cual fuere la clase de predios,
derechos y acciones en que consistan, el nombre y aplicación que hayan tenido”, y declara que
habrá “perfecta independencia” entre los negocios del Estado y los negocios puramente
eclesiásticos.
“El gobierno se limitará a proteger con su autoridad el culto público de la religión católica, así
como el de cualquiera otra”.

Ley de Matrimonio Civil, del 23 de julio de 1859


El artículo 1 de esta Ley declara que “El matrimonio es un contrato civil que se contrae lícita y
válidamente ante la autoridad civil. Para su validez bastará que los contrayentes, previas las
formalidades que establece esta ley, se presenten ante aquélla y expresen libremente la
voluntad que tienen de unirse en matrimonio.”

Ley Orgánica del Registro Civil o Ley sobre el Estado Civil de las Personas, del 28 de julio
de 1859
De acuerdo con el artículo 1 de esta Ley “Se establecen en toda la República funcionarios que
se llamarán Jueces del estado civil y que tendrán a su cargo la averiguación y modo de hacer
constar el estado civil de todos los mexicanos y extranjeros residentes en el territorio nacional
por cuanto concierne a su nacimiento, adopción, arrogación, reconocimiento, matrimonio y
fallecimiento”.

Ley sobre Libertad de Cultos, del 4 de diciembre de 1860


Esta Ley se expidió casi al finalizar la guerra y cuando el triunfo de los liberales era un hecho.
Con ella culmina la obra inconclusa de la Constitución de 1857 pues la libertad de cultos no fue
inscrita por el Constituyente. En su artículo 1 la ley señalaba que “Las leyes protegen el ejercicio
del culto católico y de los demás que se establezcan en el país, como la expresión y efecto de
la libertad religiosa, que siendo un derecho natural del hombre, no tiene ni puede tener más
límites que el derecho de terceros y las exigencias del orden público. En todo lo demás, la
independencia entre el Estado por una parte, y las creencias y prácticas religiosas por otra, es
y será perfecta e inviolable. Para la aplicación de estos principios se observará lo que por las
Leyes de la Reforma y por la presente se declara y determina”.
Además, el Ejecutivo promulgó diversos decretos:

Decreto que declara que cesa toda intervención del clero en los cementerios y camposantos,
quedando los lugares respectivos bajo jurisdicción civil, del 31 de julio de 1859.

Decreto que declara qué días deben tenerse como festivos y prohíbe la asistencia oficial a las
funciones de la Iglesia, del 11 de agosto de 1859. Declara que dejan de ser días festivos, para
el efecto del cierre de tribunales, oficinas y comercios, todos los no comprendidos en los
siguientes: los domingos, el día de año nuevo, el jueves y viernes de la Semana Mayor, el jueves
de Corpus, el 16 de septiembre, el 1º y 2 de noviembre, y los días 12 y 24 de diciembre (Artículo
1)

Decreto por el que quedan secularizados los hospitales y establecimientos de beneficencia, del
2 de febrero de 1861, que hasta la fecha habían administrado las autoridades y corporaciones
eclesiásticas.

Decreto por el que se extinguen en toda la República las comunidades de religiosas, del 26 de
febrero de 1863. Este decreto se expide durante la invasión y ocupación del territorio nacional
por el ejército francés. Quedan extinguidas “en toda la República las comunidades de señoras
religiosas” pero dicha extinción no comprende a las Hermanas de la Caridad, pues, “aparte de
no hacer vida en común, están consagradas al servicio de la humanidad doliente”.
Benito Juárez
Biografía
Hijo de Marcelino Juárez y Brígida García, matrimonio indígena de humilde
condición, Benito Juárez quedó huérfano siendo niño y cursó sus primeros
estudios en su pueblo natal. Tenía veinte años cuando ingresó en el Instituto
de Ciencias de Oaxaca, donde se licenció en derecho. Su preocupación por la
realidad social y en particular por la situación de los campesinos lo llevó a
adherirse a los ideales liberales que venían difundiéndose por América
desde la Revolución Francesa y a participar activamente en la política.

En 1831 Benito Juárez fue elegido regidor del ayuntamiento de Oaxaca y, un


año después, diputado al Congreso del Estado. Era éste el primer paso de
una actividad que le llevaría a ser el máximo mandatario de la nación, aunque
para ello debió ascender lentamente en el escalafón político, sortear
dificultades sin cuento, padecer el exilio, sufrir la cárcel, encabezar una
guerra civil y atraerse la ira de numerosos enemigos. La energía con que
defendió los intereses que representaba le valió en 1846 ser diputado por
Oaxaca ante el Congreso de la Unión. Un año más tarde fue designado
gobernador de su estado natal, cargo en el que permaneció hasta 1852.

Su oposición al tratado de Guadalupe-Hidalgo, por el que México perdió


vastas zonas de su territorio en favor de Estados Unidos, encontró cauce en
las filas liberales y en la defensa de un proyecto federalista. Sin embargo,
los conservadores lograron una vez más hacerse con el poder en 1853,
acaudillados por el general Antonio López de Santa Anna, y Juárez se vio obligado
a exiliarse en Cuba.

La guerra de Reforma

Sus disposiciones legislativas, que inspiraron la Constitución de 1857, de


corte liberal, motivaron la reacción de los conservadores, quienes se
pronunciaron al año siguiente en el plan de Tacubaya. Comonfort pactó con
ellos, dio un golpe de Estado y encarceló a Juárez, lo cual fue el detonante
del conflicto civil llamado la guerra de Reforma (1858-1860).

Como presidente de la Corte Suprema de Justicia, Juárez, que había


conseguido huir, se convirtió en el presidente legítimo, de acuerdo con la
Constitución. Presionado por sus enemigos, hubo de refugiarse en Panamá,
pero regresó en mayo de 1858 para establecer su gobierno en Veracruz.
Desde allí expidió las leyes de Reforma y proclamó una Constitución más
radical que la anterior. En 1859 su gobierno fue reconocido por los Estados
Unidos, y, con su ayuda, los liberales derrotaron finalmente a los
conservadores en 1860.

La ocupación francesa

Sin embargo, las graves dificultades económicas por las que pasaba el país
obligaron a Juárez a suspender el pago de la deuda externa. La medida
motivó la intervención armada del Reino Unido, España y Francia en 1861 y
sumió de nuevo al país en una tensa situación de guerra. Las promesas de
Juárez determinaron la retirada de las dos primeras potencias, pero Francia,
en connivencia con los conservadores, invadió México en 1863, y en 1864,
tras ocupar la capital, acabó por imponer al archiduque Maximiliano de
Austria como emperador de México.

Ante la instauración del Imperio de Maximiliano I, Benito Juárez se retiró a


Paso del Norte y desde allí organizó la resistencia. Hombre de leyes por
encima de todo, prorrogó no sin profunda vergüenza y violencia interna sus
poderes presidenciales hasta que terminase la guerra, y emprendió
enseguida la ofensiva republicana, que triunfaría tras el sitio de Querétaro
en 1867 y se saldaría con el fusilamiento de Maximiliano el 19 de junio en el
Cerro de Campanas.
Los últimos mandatos

Con el país empobrecido y desunido, fue reelegido por séptima vez en agosto
de 1867. Juárez restauró la República federal y dio vigencia a las leyes de
Reforma. Pero el último lustro de su vida política estaría marcado por
revueltas y conflictos de toda índole. Por una parte, proliferaban en México
brotes de bandolerismo y grupos guerrilleros revolucionarios, y por otra el
sistema constitucional, que se había impuesto tras arduas luchas contra las
poderosas fuerzas de la reacción, comenzaba a desacreditarse ante las
acusaciones de fraude electoral. Para colmar el vaso, el presidente inició
impopulares reformas con objeto de acumular en sus manos un mayor poder
ejecutivo.
Emiliano Zapata

Biografía

Miembro de una humilde familia campesina, era el noveno de los diez hijos
que tuvieron Gabriel Zapata y Cleofás Salazar, de los que sólo sobrevivieron
cuatro. En cuanto a la fecha de su nacimiento, no existe acuerdo total; la
más aceptada es la del 8 de agosto de 1879, pero sus biógrafos señalan otras
varias: alrededor de 1877, 1873, alrededor de 1879 y 1883. Emiliano Zapata
trabajó desde niño como peón y aparcero y recibió una pobre instrucción
escolar. Quedó huérfano hacia los trece años, y tanto él como su hermano
mayor Eufemio heredaron un poco de tierra y unas cuantas cabezas de
ganado, legado con el que debían mantenerse y mantener a sus dos
hermanas, María de Jesús y María de la Luz.

Su hermano Eufemio vendió su parte de la herencia y fue revendedor,


buhonero, comerciante y varias cosas más. En cambio, Emiliano permaneció
en su localidad natal, Anenecuilco, donde, además de trabajar sus tierras,
era aparcero de una pequeña parte del terreno de una hacienda vecina. En
las épocas en que el trabajo en el campo disminuía, se dedicaba a conducir
recuas de mulas y comerciaba con los animales que eran su gran pasión: los
caballos. Cuando tenía alrededor de diecisiete años tuvo su primer
enfrentamiento con las autoridades, lo que le obligó a abandonar el estado
de Morelos y a vivir durante algunos meses escondido en el rancho de unos
amigos de su familia.

Una de las causas de Revolución mexicana fue la nefasta política agraria


desarrollada por el régimen de Pofirio Díaz, cuya dilatada dictadura da nombre
a todo un periodo de la historia contemporánea de México: el Porfiriato
(1876-1911). Al amparo de las inicuas leyes promulgadas por el dictador,
terratenientes y grandes compañías se hicieron con las tierras comunales y
las pequeñas propiedades, dejando a los campesinos humildes desposeídos
o desplazados a áreas casi estériles. Se estima que en 1910, año del estallido
la Revolución, más del noventa por ciento de los campesinos carecían de
tierras, y que alrededor de un millar de latifundistas daba empleo a tres
millones de braceros.
Tal política condenaba a la miseria a la población rural y, aunque era un mal
endémico en todo el país, revistió particular gravedad en zonas como el
estado de Morelos, donde los grandes propietarios extendían sus
plantaciones de caña de azúcar a costa de los indígenas y los campesinos
pobres. En 1909, una nueva ley de bienes raíces amenazaba con empeorar
la situación. En septiembre del mismo año, los alrededor de cuatrocientos
habitantes de la aldea de Zapata, Anenecuilco, fueron convocados a una
reunión clandestina para hacer frente al problema; se decidió renovar el
concejo municipal, y se eligió como presidente del nuevo concejo a Emiliano
Zapata.

Tenía entonces treinta años y un considerable carisma entre sus vecinos por
su moderación y confianza en sí mismo; pasaba por ser el mejor domador
de caballos de la comarca, y muchas haciendas se lo disputaban. Como
presidente del concejo, Zapata empezó a tratar con letrados capitalinos para
hacer valer los derechos de propiedad de sus paisanos; tal actividad no pasó
desapercibida, y posiblemente a causa de ello el ejército lo llamó a filas. Tras
un mes y medio en Cuernavaca, obtuvo una licencia para trabajar como
caballerizo en Ciudad de México, empleo en el que permaneció poco tiempo.

La Revolución mexicana

La política agraria y las abismales desigualdades sociales que trajo consigo


el Porfiriato figuran entre las causas profundas de la Revolución mexicana,
pero su detonante inmediato fue la decisión de Porfirio Díaz de presentarse
a las elecciones de 1910. Tales "elecciones" eran en realidad una farsa
pseudodemocrática para prolongar otros seis años su mandato; el viejo
dictador, tras reprimir y eliminar la libertad de prensa y cualquier atisbo de
disidencia política, mantenía el formalismo de hacerse reelegir
periódicamente.

Francisco I. Madero, fundador del Partido Antirreeleccionista (formación política


que aspiraba precisamente a interrumpir esa perpetuación), había
presentado su candidatura a la elecciones de 1910, pero fue perseguido y
obligado a exiliarse. Comprendiendo la inutilidad de la vía democrática,
Francisco Madero lanzó desde el exilio el Plan de San Luis, proclama política
en la que llamaba al pueblo mexicano a alzarse en armas contra el dictador
el 20 de noviembre de 1910, fecha de inicio de la Revolución mexicana. La
clave del éxito de su llamamiento en las zonas rurales radicaba en el punto
tercero del Plan, que contemplaba la restitución a los campesinos de las
tierras de que habían sido despojados durante el Porfiriato.