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Condiciones y antecedentes históricos del desarrollo de la Filosofía griega

del período ático-antropológico, de acuerdo a:

a) circunstancias políticas.

b) económicas.

c) culturales.

d) religiosas.

Atenas se convirtió, luego de las guerras médicas y de las victorias del Maratón,
Platea y Salamina, en el punto principal de una poderosa política y del centro de
la vida comercial y cultural de Grecia. «El predomino de la aristocracia fue
reemplazado por un régimen democrático, en el que los ciudadanos podían alzar
la voz e intervenir en debates».1 «La ordenación democrática hacía posible la
participación de los ciudadanos en la vida política y hacía preciosos los dotes de
oratoria que permitieron tener éxito».2

Es por esto, «que con el arte de la palabra, el brillo de la oratoria y el


manejo de la dialéctica para la discusión adquirieron gran importancia en un
artista, amante del buen decir».3 «La educación tradicional a base de la música,
rítmica y gimnástica, resultaba insuficiente a quienes deseaban intervenir de
manera eficaz en la palestra política».4 «La preponderancia de Atenas fue
también causa de que se convirtiese un centro de confluencia de las escuelas
filosóficas, que hasta entonces se habían mantenido alejadas de la metrópoli».5

«Los sofistas eran profesores que iban de ciudad en ciudad buscando su


auditorio, y que por un precio convenido, enseñaban a sus alumnos, en lecciones
aisladas o en una serie de cursos».6 Sus métodos y discursos lograron un gran
entusiasmo entre la juventud ateniense, lo que ocasionó que fueran recibidos
con hostilidad por seguidores del antiguo régimen de carácter conservador y
aristocrático.

La palabra sofística fue empleada para señalar a los poetas, como


Píndaro lo hacía, mientras que Herodoto para señalar los Siete Sabios, a

1 Guillermo Fraile. Historia de la filosofía 1. Grecia y Roma. Biblioteca de autores cristianos.


Madrid. 1997. p. 224.
2 Nicolás Abbagnano. Historia de la filosofía I. Editorial Hora, S. A. Barcelona. 1994. p. 120.
3 Guillermo Fraile, op. cit., p. 224.
4 Ibídem.
5 Ibid., p. 225.
6 Emile Brehier. Historia de la filosofía I. Editorial Sudamericana 1987. p. 81.

1
Pitágoras y a Solón.7 Pero luego de la guerra de Peloponeso liada en la
desgracia, la palabra sofística alcanzó el sentido desfavorable, por lo que se
conoció a este grupo de pensadores griegos más por parte de sus discrepantes,
así como Jenofonte, Platón e inclusive Aristóteles. «Platón tendía a recalcar lo
malo de los sofistas, en gran parte para que se advirtiese la gran ventaja que les
llevaba Sócrates, quien había desarrollado todo lo bueno que había en la
Sofística y lo había elevado a un nivel mucho más alto que el alcanzado por los
sofistas».8

«La sofística puede ser considerada como la afirmación de la superioridad


de la vida social, apoyada en técnicas desde los oficios más humildes hasta el
arte más excelso de los sofistas que se enorgullecían en enseñar: la virtud
política».9 «Así pues, la sofística se diferenció de la anterior filosofía griega por
el objeto que se ocupaba a saber, el hombre, sus civilización y las costumbres;
el hombre empezaba a adquirir conciencia de sí».10

Como ya se ha mencionado antes, luego de las guerras persas,


incrementó la vida política en Grecia, especialmente en Atenas, en cuanto a la
participación. Para esto, el tener cierta cultura era primordial para participar o
desenvolverse en la vida política. Los sofistas profesaban el arte de la Retórica,
que resultó sumamente importante para la vida política y que se convirtió en un
arma de la misma. Su concepto de Retórica se refería a una formación cultural
enciclopédica, suficiente para preparar a los jóvenes a intervenir con éxito en los
debates públicos y en el gobierno del Estado.11 Enseñaban profesión el arte de
la palabra, de instruir y entrenar en la "virtud" política por excelencia, en la "virtud"
de la nueva aristocracia del talento y la habilidad.12 También contribuyeron a
ampliar el concepto de ley y elaboraron el concepto de justicia.13

También se diferenció en cuanto al método, procuraban reunir las


observaciones realizadas, luego de sacar condiciones teóricas y prácticas. Como
resultado de aquellas diferencias entre opiniones y creencias, era la conclusión
de lo que era imposible saber algo con certeza,14 punto que se incluye en los
caracteres generales.

«La cultura que constituía el objeto de su enseñanza era la que resultaba


útil a la clase dirigente de las ciudades en que impartían su magisterio; por eso

7 Guillermo Fraile, op. cit., p. 225.


8 Frederick Copleston. Historia de la filosofía I. Grecia y Roma. Editorial Ariel. España. 1994. p.
99.
9
Emile Brehier, op. cit., p. 82.
10 Frederick Copleston, op. cit., p. 96.
11
Guillermo Fraile, op. cit., p. 228.
12
Frederick Copleston, op. cit., p. 97.
13
Guillermo Fraile, op. cit., p. 228.
14 Frederick Copleston, op. cit., p. 97.

2
era pagada».15 Como los sofistas no conformaron su escuela filosófica, siguieron
direcciones muy variadas, y hasta opuestas.16 Aunque se permitieron agruparlos
bajo un rúbrica común. «Los sofistas realizaban su tarea culturizante por medio
de la educación de los jóvenes y dando lecciones públicas en las ciudades; mas,
como eran profesores que van de población en población y hombres de gran
experiencia y que representaban, a pesar de todo, una reacción un tanto
escéptica y superficial, vino a ser corriente la idea de que, reuniendo a los
jóvenes, se los arrebataban a las familias y desprestigiaban ante ellos los
criterios tradicionales hasta dar al traste con el código de las costumbres y con
las creencias religiosas».17

Se proponían ante todo educar a la juventud en orden a conseguir fines


políticos, a formar hombres de Estado, ganar pleitos, conquistar puestos, triunfar
en los negocios, sin reparar demasiado en la elección de medios.18

A diferencia de la filosofía del periodo cosmológico, en busca de un


principio de las cosas de forma estable y permanente, los sofistas buscaban la
impermanencia y la pluralidad, sin nada estable. Con la característica de la
variedad y contingencia de las cosas, además de que a cada una era como a
cada uno le pareciese, sin una verdad objetiva, tenían al hombre como el
principio de todas las cosas. La plantación del problema desde la sofística fue
escéptico, adaptando una actitud negativa, y así no poder conocer con
seguridad. Las cosas no eran de sentido bueno o malo, ya que no existe norma
alguna que fuese trascendente de conducta. Para ellos las leyes no tenían
fundamento alguno sobre la Naturaleza, ni tenían un origen proveniente de los
dioses, por lo que los hombres no poseían otra ley que no fuese la natural de
sus instintos.

«Perfeccionaron la Dialéctica y plantearon el problema crítico del valor del


conocimiento, desarrollando las actitudes implícitas en los presocráticos, aunque
en su solución derivan hacia el subjetivismo y el escepticismo».19

«Tales fueron, a pesar del extraordinario talento de los sofistas, los


resultados de una concepción de la vida intelectual orientada únicamente hacia
el éxito.»20 Los representantes de la sofística fueron Protágoras, Gorgias,
Hippias, Pródico de Ceos, Trasímaco, Calicles, Antifón y Critias.

15 Nicolás Abbagnano, op. cit., p. 46.


16 Guillermo Fraile, op. cit., p. 226.
17
Frederick Copleston, op. cit., p. 98.
18
Guillermo Fraile, op. cit., p. 227.
19 Ibid., p. 228.
20 Emile Brehier, op. cit., p. 84.

3
Fuentes.

 Emile Brehier. Historia de la filosofía I. Editorial Sudamericana 1987.

 Frederick Copleston. Historia de la filosofía I. Grecia y Roma. Editorial


Ariel. España. 1994.

 Guillermo Fraile. Historia de la filosofía 1. Grecia y Roma. Biblioteca de


autores cristianos. Madrid. 1997.
 Nicolás Abbagnano. Historia de la filosofía I. Editorial Hora, S. A.
Barcelona. 1994.
 Rodolfo Mondolfo. El pensamiento antiguo. Editorial Losada. Buenos
Aires. 1959.

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