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¿Por qué el matrimonio es importante?

- Es una forma planeada por Dios para poder desarrollar nuestra vocación de
servicio, amor y entrega.
- Permite el crecimiento personal, la ayuda en el crecimiento del otro y es el espacio
donde puede abrirse paso el milagro de la vida.
- Es el inicio de una vida familiar propia, de la cual deben salir personas sanas,
alegres y capaces de amarse y amar a los demás.
- Si lo analizamos bien y no nos dejamos llevar por las corrientes del mundo que
ponen en duda el valor del matrimonio, podemos encontrar una serie de beneficios
(seguridad, salud, económicos, para los hijos, etc.).
- La tradición católica siempre ha reconocido que el matrimonio es también una
relación natural. Personas de cualquier religión, o no creyentes pueden casarse y su
matrimonio es respetable y digno pues, lo sepan o no, tiene su origen en
Dios mismo que al crear al ser humano le hizo capaz de amar a su pareja y
entregarse a ella para formar una sola carne.
- Pertenece también al sueño natural de toda pareja el poder permanecer unidos y
para siempre. Esta aspiración humana tan legítima está sin embargo amenazada
con frecuencia por la debilidad del corazón humano que no siempre sabe o puede
ser coherente con su íntima vocación al amor. La historia del pecado ha dejado
también su rastro negativo en nuestra condición y nuestras culturas haciendo a
veces que no amar o ser egoístas sea más fácil que buscar en todo el bien, incluso
de quienes amamos.
- Por eso Jesús, Redentor de la humanidad, vino también al rescate del amor de la
pareja y además de ofrecerle su salvación que libera del influjo del mal y del
pecado, está dispuesto a ser la fuerza misma de amor que, unida al esfuerzo de
amor de cada cónyuge, los conduzca seguros a amarse y entregarse para
siempre, al igual que lo hizo El en la cruz. De este modo, la fidelidad y grandeza
del amor de Cristo se convierte en la garantía misma del amor matrimonial y hace
de él una alianza indisoluble. A este don tan especial se le llama también “la
gracia matrimonial” y se participa de ella mediante la celebración del “sacramento
del matrimonio.”
- Jesús está dispuesto a ser la fuerza misma de amor que, unida al esfuerzo o
consentimiento de amor de cada cónyuge, los conduzca seguros a amarse y
entregarse para siempre. A esta fuerza se le llama también “gracia matrimonial”.
- Como lo describe el Catecismo de la Iglesia Católica, Dios que siempre salió al
encuentro de su pueblo, sale ahora, mediante el sacramento del matrimonio, al
encuentro de los esposos cristianos y “permanece con ellos, les da la fuerza de
tomar su cruz, de levantarse después de sus caídas, de perdonarse mutuamente,
de llevar unos las cargas de los otros, de estar sometidos unos a otros en el temor
de Cristo (Ef. 5, 21), y de amarse con un amor sobrenatural, delicado y fecundo.
” (CIC, 1642)
- Cuando los cónyuges se aman con el amor de Cristo invocado y celebrado en su
sacramento y consumado en su diario vivir, se convierten también en instrumentos
o “ministros del amor de Dios.” Así, a través de cada uno de ellos, Dios mismo
sigue sosteniendo, escuchando aceptando, acariciando y sirviendo al cónyuge y a
los hijos que nazcan de su relación. Es decir, mediante la gracia matrimonial los
esposos no sólo logran ser felices sino que se convierten también en instrumentos
mutuos de salvación para su cónyuge.
- Por eso, si aún no estás casado, o te casaste pero no conociste antes lo que Jesús
tiene preparado para tu amor, puedes hacerlo ahora, buscando el sacramento del
matrimonio que ofrece la Iglesia Católica o si ya lo hiciste puedes siempre renovar
tus promesas matrimoniales y beneficiarte así de su gracia.

Etapas en la vida matrimonial:

- Recién casados: Momento de ejercitar la tolerancia, crecer en comunicación,


delegar responsabilidades, etc.
- La llegada de los hijos: Tiempo de no descuidar los espacios con la pareja,
transmitir a los hijos el sentido de intimidad de los esposos (no dejarlos dormir en el
mismo cuarto), transformar la rutina y monotonía en nuevas formas de
comunicación, compartir experiencias con otras parejas de esposos, etc.
- Cuando los hijos se van: Es como el examen final de la pareja. Empezar a re-
descubrirse y compartir juntos, reinventar la vida de familia y de intimidad como
pareja (actividades, viajes, paseos, caminatas, etc.), compartir con otros lo
aprendido.
- Cada etapa debe ir acompañada de un “crecer” espiritual.

Raíces bíblicas del matrimonio

Desde sus primeras páginas el matrimonio aparece como un tema importante entre las
revelaciones de Dios a la humanidad.

En el antiguo testamento:
El matrimonio está entre los planes básicos y originales de Dios para la humanidad:

 Fuimos creados hombres y mujeres para que pudiéramos amarnos en


pareja (Génesis 1, 27-28). Pero además, estacapacidad de amor y
relación es, en su realidad misma, el signo que refleja que somos parecidos a
Dios, o a Imagen de Dios, que es Amor (Gn. 1, 27; Mt., 19,4; Icor, 11,7, etc.).
 Gracias a este don que nos constituye y define, la pareja humana, más que
cualquier otra pareja de creaturas, puede aspirar a la máxima aventura
o vocación posible para un ser: no sólo encontrarse con otro para establecer
amistad o recibir un servicio, sino para “ser pareja”, es decir, salir de sí mismo y
entregar todo lo que se tiene de más íntimo, para formar una comunión de vida y
amor, o matrimonio: “Por eso el hombre abandonará a su padre o a su madre y
se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne” (Gn. 2, 24).
 Es claro entonces que el amor y la sexualidad son para los humanos
“bendiciones” que nos libran de la soledad (“no es bueno que el hombre esté
solo”, Gn 2, 18), y nos posibilitan encontrar en la persona de otro género a
alguien a nuestro mismo nivel (“esta si es hueso de mis huesos y carne de mi
carne” (Gn. 2,23).
 Gracias a ello, hombre y mujer pueden ser el uno para la otra el compañero o
compañera de conquistas y logros, y sobre todo, la pareja con la cual podemos
abrirnos al milagro de la procreación: “Y los bendijo Dios diciendo:
‘Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los
peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la
tierra” (Gn 1, 28).

Sólo el pecado introdujo problemas y limitaciones al amor matrimonial que Dios


diseñó originalmente para la pareja:

 El pecado, que rompió el equilibrio original y alejó al hombre de la voluntad de


Dios, estableció también una ruptura en la comunión original entre hombre y
mujer. Como lo expresa el capítulo 3 del Génesis, la que acababa de ser
reconocida como la compañera ideal es ahora acusada por Adán como la
culpable de su caída. Y lo que antes era compañía y relación solidaria, se
degradará a sometimiento del hombre sobre la mujer y dependencia emocional y
miedo de parte de la mujer (véase, Gn. 3, 7-13). Es decir, el pecado es la razón
de la desconfianza, de la falta de solidaridad, de los celos, de los abusos y toda
falta de respeto y verdadero amor que desde entonces vienen sufriendo los
matrimonios.
 Por efecto de este pecado aparecerá también en Israel la poligamia entre reyes
y patriarcas. Moisés permitió igualmente el divorcio por la “dureza del corazón”
de los hombres (véanse, Deuteronomio 24,1 y Mateo 19,8).

Sin embargo, aunque afectado, el matrimonio siguió siendo considerado en


Israel como un bien para el ser humano:

 La entrega incondicional que supone el matrimonio es usada en el Antiguo


Testamento como el símbolo de la entrega exclusiva y amorosa de Dios a su
pueblo a través de la Alianza: “Yo te desposaré para siempre. Justicia y rectitud
nos unirán, junto con el amor y la ternura. Yo te desposaré con mutua fidelidad,
y así conocerás quién es Yavé” (Oseas, 2, 21-22). Véase también, Jeremías,
31,31-34.
 Los profetas ayudaron igualmente al pueblo a entender que Dios no quería la
separación entre esposos (Véanse Oseas 1-2; Isaías 54 y 62; Jeremías 2-3 y 31;
Ezequiel 16 y 23; Malaquías 2,13-17).
 Los libros de Ruth y Tobías dan testimonio de la belleza e importancia de la
fidelidad y la ternura dentro del matrimonio y el libro del Cantar de los
Cantares hace una poética presentación del amor de pareja que en su
intensidad y pasión sirve de símbolo del amor de Dios por su pueblo.

En el nuevo testamento:
Cristo restauró el orden perdido y le devolvió también al matrimonio su sentido original:

 En el Reino de Dios, donde cada cual debe amar al otro como a sí mismo, la
entrega total y fiel de los esposos es de nuevo una realidad posible (Véase,
Mateo 19,3-6; Ef. 5,31, 1Cor 6,16).
 Sólo la muerte separa a quienes se aman con el Amor que Dios les da (Mt 19,
6).

Pero además de restaurar el orden perdido, Cristo inició una nueva era para el
amor:

 Cristo, que se hizo una sola carne con la humanidad y pudo amarnos hasta el
extremo (Jn. 13, 1) hizo que las parejas que viven de su amor puedan amarse
como El ama: “Puesto que Dios los ha elegido a ustedes, los ha consagrado a él
y les ha dado su amor... tengan amor que es el vínculo de la perfecta unión” (Col
3, 12-14);Es decir, “Quien está lleno de Cristo ama como El, en fidelidad y
totalidad". De este modo, lo que Cristo une no lo separa nada ni nadie. Así el
compromiso matrimonial queda basado no en una decisión humana que puede
estar sometida a la fragilidad de nuestras decisiones, sino en el poder mismo del
amor de Cristo que obrando en el corazón de los esposos los hace amarse
como El mismo nos ama. "Quien permanece en el amor, permanece en Dios y
Dios en El “ (1 Jn 4,16).
 Por eso, el amor que ahora se profesan los esposos cristianos ha sido elevado a
la dignidad de ser, no sólo imagen del amor de Dios, sino también
“sacramento” o símbolo real y tangible de la entrega misma de Cristo en la
cruz. Así lo explica San Pablo cuando dice a los esposos: Así como Cristo ama
a su Iglesia y da todo de sí para hacerla santa, así también los esposos deben
amar a sus esposas” (Efesios 5, 25-26). Y también las esposas deben amar a
sus esposos como Cristo ama a su Iglesia (Véase Efesios 5, 22-23).
 “Las bodas iniciadas por El Cordero” (Apocalipsis, 19, 1. 5-9) son pues un
camino claro de santidad para la pareja (Carta de Pedro, 3, 1-9) y una forma de
hacer que otros conozcan a Dios y se decidan también por su amor: “Ámense
los unos a los otros como yo los he amado. En esto conocerán todos que son
mis discípulos: en que se aman unos a otros” (Jn. 13,35 y 1Jn 4, 7-12).
 Para profundizar, se recomienda leer Catecismo de la Iglesia Católica #1602-
1617.