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LLUVIA OBLICUA – FERNANDO PESSOA

I
Atraviesa este paisaje mi sueño de un puerto infinito
Y el color de las flores se transparenta en las velas de grandes navíos
Que abandonan el muelle arrastrando en las aguas como sombra
Los bultos al sol de aquellos árboles antiguos...
El puerto que sueño es sombrío y pálido
Y este paisaje está lleno de sol por este lado...
Pero en mi espíritu el sol de este día es puerto sombrío
Y los navíos que salen del puerto son estos árboles al sol...
Doblemente libre, me abandoné paisaje abajo...
El bulto del muelle es el camino nítido y calmo
Que se levanta y se yergue como un muro,
Y los navíos atraviesan los troncos de los árboles
Con una horizontalidad vertical,
Y dejan caer amarras dentro de las hojas...
No sé quién me sueño...
de pronto todo el agua de mar del puerto es transparente
Y veo en el fondo, como una estampa enorme que estuviese allí desdoblada,
Este pasaje todo, hilera de árbol, camino ardiendo en aquel puerto,
Y la sombra de una nave más antigua que el puerto que pasa
Entre mi sueño del puerto y mi ver este paisaje,
Y llega hasta mis pies, y entra dentro de mí,
Y pasa hasta el otro lado de mi alma...

II
Ilumínase la iglesia por dentro con la lluvia de este día
Y cada vela que se enciende es más lluvia golpeando en los vidrios...
Me alegra oír la lluvia porque ella es el cuerpo encendido,
Y los vidrios de la iglesia vistos desde fuera son el sonido de la lluvia oído por dentro...
El esplendor del altar mayor es el yo no poder casi ver los montes
A través de la lluvia que es oro tan solemne en el mantel del altar...
Suena el canto del coro, latín y viento sacudiendo los vidrios,
Y se oye rechinar el agua a causa de haber coro...
La misa es un automóvil que pasa
A través de los fieles que se arrodillan en hoy ser un día triste...
Súbito viento sacude en esplendor mayor
La fiesta de la catedral y el ruido de la lluvia lo absorbe todo
Hasta oírse sólo la voz del padre que se pierde a lo lejos
Con el sonido de ruedas de automóvil...
Y se apagan las luces de la iglesia
En la lluvia que cesa...

III
La Gran Esfinge de Egipto sueña dentro de este papel...
Escribo, y ella se me aparece a través de mi mano transparente
Y al borde del papel se yerguen las pirámides...
Escribo, me perturba ver que el pico de mi pluma
Es el perfil del rey Keops...
De pronto me detengo...
Se oscureció todo... Caigo por un abismo hecho de tiempo...
Estoy enterrado bajo las pirámides escribiendo versos a la luz
clara de este candelero,
Y todo el Egipto me aplasta desde lo alto a través de los rasgos que trazo con mi pluma...
Oigo a la Esfinge que se ríe por dentro
Del sonido de mi pluma al correr en el papel...
Atraviesa el que yo no pueda verle una mano enorme,
Lo barre todo hacia el borde del techo que queda detrás de mí,
Y sobre el papel donde escribo, entre él y la pluma que escribe,
Yace el cadáver del rey Keops, mirándome con ojos muy abiertos,
Y entre nuestras miradas que se cruzan corre el Nilo
Y una alegría de barcos embanderados vaga
En una diagonal difusa
Entre yo y lo que pienso...
¡Funerales del rey Keops en oro viejo y Yo!...

IV
¡Qué panderetas el silencio de este cuarto!
Las paredes están en Andalucía...
Hay danzas sensuales en el brillo fijo de la luz...
De repente todo el espacio se detiene...,
Se detiene, resbala, se desata...,
Y en un borde del techo, mucho más lejos de lo que está,
Manos blancas abren ventanas secretas
Y hay ramos de violetas cayendo
Por haber una noche de primavera allá fuera
Sobre este estar y con los ojos cerrados...

V
Allá fuera anda un remolino de sol en los caballos del carrusel...
Árboles, piedras, montes, bailan parados dentro de mí...
Noche absoluta en el mercado iluminado, plenilunio en el día de sol allá fuera,
Y las luces todas del mercado hacen ruidos en los muros de la quinta...
Pandillas de muchachas con cántaros en la cabeza
Que pasan allá fuera, plenas de estar bajo el sol,
Se cruzan con grandes grupos pegadizos de gente que anda en el mercado,
Gente toda mezclada con las luces de las barracas, con la noche y con la luna,
Y los dos grupos se encuentran y se penetran
Hasta formar sólo uno que es los dos...
El mercado y las luces del mercado y la gente que anda en el mercado
Y la noche que da en el mercado y lo levanta en el aire,
Andan por encima de las copas de los árboles llenos de sol,
Andan visiblemente por debajo de los peñascos que relucen al sol,
Aparecen del otro lado de los cántaros que las muchachas llevan en la cabeza,
Y todo este paisaje de primavera es la luna sobre el mercado,
Y todo el mercado con ruidos y luces es el suelo de este día de sol...
De repente alguien sacude esta hora doble como en un tamiz
Y, mezclado, el polvo de las dos realidades cae
Sobre mis manos llenas de dibujos de puertos
Con grandes naves que se van y no piensan en volver...
Polvo de oro blanco y negro sobre mis dedos...
Mis manos son los pasos de aquella muchacha que abandona el mercado,
Sola y contenta como el día de hoy...

VI
El maestro sacude la batuta
Y lánguida y triste la música empieza...
Me recuerda mi infancia, aquel día
En que yo jugaba al pie del muro de una quinta
Arrojándole una pelota que tenía de un lado
El deslizar de un perro verde, y del otro lado
Un caballo azul que corría con un jockey amarillo...
Prosigue la música, y estás en mi infancia
De repente entro yo y el maestro, muro blanco,
Va y viene la pelota, ora un perro verde,
Ora un caballo azul con un jockey amarillo...
Todo el teatro es mi quinta, mi infancia
Está en todos los lugares, y la pelota viene a tocar música,
Una música triste y vaga que pasea por mi quinta
Vestida de perro verde que se vuelve jockey amarillo...
(Tan rápida gira la pelota entre los músicos y yo...)
La arrojo de vuelta a mi infancia y ella
Atraviesa el teatro todo que está a mis pies
Saltando con un jockey amarillo y un perro verde
Y un caballo azul que aparece por encima del muro
De mi quinta... Y la música arroja pelotas
A mi infancia... Y el muro de la quinta está hecho degestos
De batuta y rotaciones confusas de perros verdes
Y caballos azules y jockeys amarillos...
Todo el teatro es un muro blanco de música
Por donde un perro verde corre detrás de mi nostalgia
De mi infancia, caballo azul con un jockey amarillo...
Y de un lado para otro, de derecha a izquierda,
Donde hay árboles y entre las ramas, al pie de la copa,
Con orquestas que tocan música,
Donde hay filas de pelotas en la tienda donde las compré
Y el hombre de la tienda sonríe entre los recuerdos de mi infancia...
Y la música cesa como un muro que se derrumba,
La pelota rueda por el despeñadero de mis sueños interrumpidos,
Y de lo alto de un caballo azul, el maestro, jockey
amarillo que se vuelve oscuro,
Da las gracias, posando la batuta encima de la fuga de un muro,
Y se inclina, sonriendo, con una pelota blanca encima dela cabeza,
Pelota blanca que le desaparece por las costillas abajo...

TABAQUERÍA – ÁLVARO DE CAMPOS

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
Cuarto de uno de los millones en el mundo que nadie sabe quién son
(Y si lo supiesen, ¿qué sabrían?)
Ventanas que dan al misterio de una calle cruzada constantemente por la gente,
Calle inaccesible a todos los pensamientos,
Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
Con el misterio de las cosas bajo las piedras y los seres,
Con el de la muerte que traza manchas húmedas en las paredes,
Con el del destino que conduce al carro de todo por la calle de nada

Hoy estoy convencido como si supiese la verdad,


Lúcido como su estuviese por morir
Y no tuviese más hermandad con las cosas que la de una despedida,
Y la hilera de trenes de un convoy desfila frente a mí
Y hay un largo silbido
Dentro de mi cráneo
Y hay una sacudida en mis nervios y crujen mis huesos en la arrancada.

Hoy estoy perplejo, como quien pensó y encontró y olvidó,


Hoy estoy dividido entre la lealtad que debo
A la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
Y la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

Fallé en todo.
Como no tuve propósito alguno tal vez todo fue nada.
Lo que me enseñaron
Lo eché por la ventana del traspatio.
Ayer fui al campo con grandes propósitos.
Encontré sólo hierbas y árboles
Y la gente que había era igual a la otra.
Dejo la ventana y me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?

¿Qué puedo saber de lo que seré, yo que no sé lo que soy?


¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser esas mismas cosas que no podemos ser tantos!

¿Genio? En este momento


Cien mil cerebros se creen en sueños genios como yo
Y la historia no recordará, ¿quién sabe?, ni uno,
Y sólo habrá un muladar para tantas futuras conquistas.
No, no creo en mí.
¡En tantos manicomios hay tantos locos con tantas certezas!
Yo, que no tengo ninguna ¿puedo estar en lo cierto?
No, en mí no creo.
¿En cuántas buhardillas y no-buhardillas del mundo
Genios-para-sí-mismos a esta hora están soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-Sí, de veras altas y nobles y lúcidas-
Quizá realizables,
No verán nunca la luz del sol real ni llegarán a oídos de la gente?

El mundo es para los que nacieron para conquistarlo


No para los que sueñan que pueden conquistarlo, aunque tengan razón.
He soñado más que todas las hazañas de Napoleón.
He abrazado en mi pecho hipotético más humanidades que Cristo,
He pensado en secreto más filosofías que las escritas por ningún Kant.
Soy y seré siempre el de la buhardilla,
Aunque no viva en ella.
Seré simpre el que no nació para eso.
Seré siempre sólo el que tenía algunas cualidades,
Seré siempre el que aguardó que le abrieran la puerta frente a un muro que no tenía puerta,
El que cantó el cántico del Infinito en un gallinero,
El que oyó la voz de Dios en un pozo cegado.
¿Creer en mí? Ni en mí ni en nada.
Derrame la naturaleza su sol y su lluvia
Sobre mi ardiente cabeza y que su viento me despeine
Y después que venga lo que viniere o tiene que venir o no ha de venir.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
Conquistamos al mundo antes de levantarnos de la cama;
Nos despertamos y se vuelve opaco;
Salimos a la calle y se vuelve ajeno,
Es la tierra y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.

Come chocolates, muchacha,


¡Come chocolates!
Mira que no hay metafísica en el mundo como los chocolates,
Mira que todas las religiones enseñan menos que la confitería.
¡Come, sucia muchacha, come!
¡Si yo pudiese comer chocolates con la misma verdad con que tú los comes!
Pero yo pienso y al arrancar el papel de plata, que es de estaño,
Echo por tierra todo, mi vida misma.)

Queda al menos la amargura de lo que nunca seré,


La caligrafía rápida de estos versos,
Pórtico que mira hacia lo imposible.
Al menos me otorgo a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
Noble al menos por el gesto amplio con que arrojo,
Sin prenda, la ropa sucia que soy al tumulto del mundo
Y me quedo en casa sin camisa.

(Tú que consuelas y no existes, y por eso consuelas,


Diosa griega, estatua engendrada viva,
Patricia romana, imposible y nefasta,
Princesa de los trovadores, escotada marquesa del dieciocho,
Cocotte célebre del tiempo de nuestros abuelos,
O no sé cual moderna -no acierto bien la cual-
Sea lo que seas y la que seas, ¡si puedes inspirar, inspírame!
Mi corazón es un balde vacío.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus me invoco,
Me invoco a mí mismo y nada aparece.
Me acerco a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, la acera, veo los coches que pasan,
Veo los entes vivos vestidos que pasan,
Veo los perros que también existen,
Y todo esto me parece una condena a la degradación
Y todo esto, como todo, me es ajeno.)

Viví, estudié, amé y hasta tuve fe.


Hoy no hay mendigo al que no envidie sólo por ser él y no yo.

En cada uno veo el andrajo, la llaga y la mentira.


Y pienso: tal vez nunca viviste, ni estudiaste, ni amaste, ni creíste
(Porque es posible dar realidad a todo esto sin hacer nada de todo esto.)
Tal vez has existido apenas como la lagartija a la que cortan el rabo
Y el rabo salta, separado del cuerpo.

Hice conmigo lo que no sabía hacer.


Y no hice lo que podía.
El disfraz que me puse no era el mío.
Creyeron que yo era el que no era, no los desmentí y me perdí.
Cuando quise arrancarme la máscara,
La tenía pegada a la cara.
Cuando la arranqué y me vi en el espejo,
Estaba desfigurado.
Estaba borracho, no podía entrar en mi disfraz.
Lo acosté y me quedé afuera,
Dormí en el guardarropa
Como un perro tolerado por la gerencia
Por ser inofensivo.
Voy a escribir este cuento para probar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,


Quién pudiera encontrarte como cosa que yo hice
Y no encontrarme siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente:
Pisan los pies la conciencia de estar existiendo
Como un tapete en el que tropieza un borracho
O la esterilla que se roban los gitanos y que no vale nada.

El Dueño de la Tabaquería aparece en la puerta y se instala contra la puerta.


Con la incomodidad del que tiene el cuello torcido,
Con la incomodidad de un alma torcida, lo veo.
El morirá y yo moriré.

El dejará su rótulo y yo dejaré mis versos.


En un momento dado morirá el rótulo y morirán mis versos.
Después, en otro momento, morirán la calle donde estaba pintado el rótulo
Y el idioma en que fueron escritos los versos.
Después morirá el planeta gigante donde pasó todo esto.
En otros planetas de otros sistemas algo parecido a la gente
Continuará haciendo cosas parecidas a versos,
Parecidas a vivir bajo un rótulo de tienda,
Siempre una cosa frente a otra cosa,
Siempre una cosa tan inútil como la otra,
Siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
Siempre el misterio del fondo tan cierto como el misterio de la superficie,
Siempre ésta o aquella cosa o ni una cosa ni la otra.

Un hombre entra a la Tabaquería (¿para comprar tabaco?),


Y la realidad plausible cae de repente sobre mí.
Me enderezo a medias, enérgico, convencido, humano,
Y se me ocurren estos versos en que diré lo contrario.

Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos


Y saboreo en el cigarro la libertad de todos los pensamientos.
Fumo y sigo al humo con mi estela,
Y gozo, en un momento sensible y alerta,
La liberación de todas las especulaciones
Y la conciencia de que la metafísica es el resultado de una indisposición.
Y después de esto me reclino en mi silla
Y continúo fumando.
Seguiré fumando hasta que el destino lo quiera.

(Si me casase con la hija de la lavandera


Quizá sería feliz).
Visto esto, me levanto. Me acerco a la ventana.
El hombre sale de la Tabaquería (¿guarda el cambio el la bolsa del pantalón?),
Ah, lo conozco, es Estevez, que ignora la metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería aparece en la puerta).
Movido por un instinto adivinatorio, Estevez se vuelve y me reconoce;
Me saluda con la mano y yo le grito ¡Adiós, Estevez! y el universo
Se reconstruye en mí sin ideal ni esperanza y el Dueño de la Tabaquería sonríe.
EL GUARDADOR DE REBAÑOS – ALBERTO CAEIRO

Yo nunca guardé rebaños


Pero es como si los guardara.
Mi alma es como un pastor,
Conoce el viento y el sol
Y anda de la mano de las Estaciones
Siguiendo y mirando.
Toda la paz de la Naturaleza sin gente
Viene a sentarse a mi lado.
Pero yo quedo triste como una puesta de sol
Para nuestra imaginación,
Cuando enfría el fondo del llano
Y se siente la noche entrada
Como una mariposa por la ventana.
Pero mi tristeza es sosiego
Porque es natural y justa
Y es lo que debe estar en el alma
Cuando ya piensa que existe
Y las manos cogen flores sin que ella se entere.
Como un ruido de cencerros
Más allá de la curva del camino
Mis pensamientos están contentos
Sólo me da pena saber que ellos están contentos
Porque, si no lo supiera,
En vez de estar contentos y tristes,
Estarían alegres y contentos.
Pensar incomoda como andar en la lluvia
Cuando el viento crece y parece que llueve más.
No tengo ambiciones ni deseos.
Ser poeta no es una ambición mía.
Es mi manera de estar solo.
Y si deseo a veces,
Por imaginar, ser corderillo
(O ser el rebaño todo
Para andar disperso por toda la ladera
Siendo muchas cosas felices al mismo tiempo),
Es sólo porque siento lo que escribo a la puesta de Sol,
O cuando una nube pasa la mano por encima de la luz
Y corre un silencio por la hierba.
Cuando me siento a escribir versos
O, paseando por los caminos o por los atajos,
Escribo versos en un papel que está en mi pensamiento,
Siento un cayado en las manos
Y veo una imagen de mí
En la cima de un otero,
Mirando mi rebaño y viendo mis ideas,
O mirando mis ideas y viendo mi rebaño,
Y sonriendo vagamente como quien no comprende lo que se dice
Y quiere fingir que comprende.
Saludo a todos los que me leen,
Agitando el sombrero ancho
Cuando me ven en mi puerta
Apenas la diligencia se levanta en la cima del otero.
Los saludo y les deseo sol,
Y lluvia, cuando la lluvia es necesaria,
Y que sus casas tengan
Al pie de una ventana abierta
Una silla predilecta
Donde se sienten leyendo mis versos.
Y al leerlos piensen
Que soy cualquier cosa natural—
Por ejemplo, el árbol antiguo
A la sombra del cual cuando niños,
Se sentaban con un sofoco, cansados de jugar,
Y limpiaban el sudor de la cabeza caliente
Con la manga del mandil rayado.
II

Mi mirar es nítido como un girasol


Tengo la costumbre de andar por los caminos
Mirando a derecha y a izquierda,
Y de vez en cuando para atrás…
Y lo que veo a cada momento
Es aquello que nunca antes había visto,
Y me doy cuenta muy bien…
Sé tener el pasmo esencial
Que tiene un niño, si, al nacer,
Repara de veras en su nacimiento…
Me siento nacido a cada momento
Para la eterna novedad del mundo…
Creo en el mundo como en una margarita,
Porque lo veo. Pero no pienso en él
Porque pensar es no comprender…
El mundo no se hizo para que lo pensaramos
(Pensar es estar enfermo de los ojos)
Sino para mirarnos en él y estar de acuerdo…
No tengo filosofía: tengo sentidos…
Si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que ella es,
Si no porque la amo, y la amo por eso,
Porque quien ama nunca sabe lo que ama
Ni sabe porque ama, ni lo que es amar…
Amar es la inocencia eterna,
Y la única inocencia es no pensar
III

Al atardecer, recargado en la ventana,


Y sabiendo de soslayo que hay campos enfrente,
Leo hasta que me arden los ojos
El Libro de Cesario Verde.
Que pena tengo de él. Era un campesino
Que andaba preso en libertad por la ciudad.
Pero el modo conque miraba las casas,
Y el modo como observaba las calles,
Y la manera como se interesaba por las cosas,
Es la de quien mira los árboles
Y de quien baja los ojos por la calle adonde va
Y anda observando las flores que hay por los campos…
Por eso tenía aquella gran tristeza
que nunca dice bien que tenía
Pero andaba en la ciudad como quien anda en el campo
Y triste como disecar flores en los libros
Y poner plantas en jarros…
IV

La tormenta cayó esta tarde


Por las orillas del cielo
Como un pedregal enorme…
Como si alguien desde una ventana alta
Sacudiera un gran mantel,
Y las migajas todas juntas
Hicieran un barullo al caer,
La lluvia llovía del cielo
Y ennegreció los caminos…
Cuando los relámpagos sacudían el aire
Y abanicaban el espacio
Como una gran cabeza que dice que no,
No sé por qué —no tenía miedo—
Me puse a rezar a Santa Bárbara
Como si fuera yo la vieja tía de alguien…
¡Ah! es que rezando a Santa Bárbara
Yo me sentía aún más simple
De lo que creo ser…
Me sentía familiar y casero
Y habiendo pasado la vida
Tranquilamente, como el muro del patio;
Teniendo ideas y sentimientos por tenerlos
Como una flor tiene perfume y color…
Me sentía alguien que pudiera creer en Santa Bárbara…
¡Ah, poder creer en Santa Bárbara!
(¿Quién cree que existe Santa Bárbara,
Pensara que ella es persona y visible
O qué pensará de ella?)
(¡Qué artificio! ¿Qué saben
Las flores, los árboles, los rebaños,
De Santa Bárbara?… Una rama de árbol
Si pensara, nunca podría
Construir santos, ni ángeles…
Podría pensar que el sol
Es Dios, y que la tormenta
Es una multitud
Enfadada por encima de nosostros…
¡Ah, como los hombres más simples
Son enfermos y confusos y estúpidos
Cerca de la clara simplicidad
Y la salud de existir
En los árboles y las plantas!)
Y yo, pensando en todo esto,
Quedé otra vez menos feliz…
Quedé sombrío y enfermo y taciturno
Como un día en que todo el día amenaza la tormenta
Y ni siquiera de noche llega…
V

Hay metafísica bastante en no pensar en nada.


¿Qué pienso yo del mundo?
¡Qué sé yo lo que pienso del mundo!
Si me enfermara pensaría en eso.
¿Qué idea tengo yo de las cosas?
¿Qué opinión tengo sobre las causas y los efectos?
¿Qué es lo que he meditado sobre Dios y el alma
Y sobre la creación del Mundo?
No sé. Para mí pensar en eso es cerrar los ojos
Y no pensar. Es correr las cortinas
De mi ventana (pero no tiene cortinas).
¿El misterio de las cosas? ¡Qué sé yo lo que es el misterio!
El único misterio es que haya alguien que piense en el misterio.
Quien está al sol y cierra los ojos,
Comienza a no saber lo que es el sol
Y a pensar muchas cosas llenas de calor.
Pero si abre los ojos y ve el sol,
Y ya no puede pensar en nada,
Es porque la luz del sol vale más que los pensamientos
De todos los filósofos y de todos los poetas.
La luz del sol no sabe lo que hace
Y por eso no se equivoca y es común y buena.
¿Metafísica? ¿Qué metafísica tienen aquellos árboles?
La de ser verdes y copudos y de tener ramas
Y la de dar fruto en su hora, lo que no nos hace pensar,
A nosotros, que no sabemos entenderlos
¿Pero qué mejor metafísica que la de ellos
Que es de no saber para qué viven
Ni saber que no lo saben?
“Constitución íntima de las cosas”…
“Sentido íntimo del Universo”…
Todo esto es falso, todo esto no quiere decir nada.
Es increíble que se pueda pensar en cosas de ésas.
Es como pensar en razones y fines
Cuando el comienzo de la mañana está rayando
y por los lados de los árboles
Un vago oro lustroso va perdiendo la oscuridad.
Pensar en el sentido íntimo de las cosas
Es, acrecentado, como pensar en la salud
O llevar un vaso al agua de las fuentes.
El único sentido íntimo de las cosas
Es que ellas no tienen sentido íntimo ninguno.
No creo en Dios porque nunca lo vi.
Si Él quisiera que yo creyera en Él,
Sin duda que vendría a hablar conmigo
Y entraría adentro por mi puerta
Diciéndome, ¡Aqui estoy!
(Esto es tal vez ridículo a los oídos
De quien, por no saber lo que es mirar las cosas,
No comprende a quien habla de ellas
Con el modo de hablar que reparar en ellas enseña)
Pero si Dios es las flores y los árboles
Y los montes y sol y el rayo de luna.
Entonces creo en Él,
Entonces creo en Él a toda hora,
Y mi vida toda es una oración y una misa,
Y una comunión con los ojos y por los oídos.
Pero si Dios es los árboles y las flores
Y los montes y el rayo de luna y el sol,
¿Para qué le llamo Dios?
Le llamo flores y árboles y montes y sol y rayo de luna;
Porque si Él se hizo, para que yo lo vea,
Sol y rayo de luna y flores y árboles y montes,
Si Él se me aparece como árboles y montes
Y rayo de luna y sol y flores,
Es que Él quiere que yo lo conozca
como árboles y montes y flores y rayo de luna y sol.
Y por eso yo lo obedezco
(¿Qué más sé yo de Dios, que Dios de sí mismo?),
Le obedezco viviendo, espontáneamente,
Como quien abre los ojos y ve,
Y le llamo rayo de luna y sol y flores y árboles y montes,
Y lo amo sin pensar en Él
Y lo pienso viendo y oyendo,
Y ando con Él a toda hora.

ODA TRIUNFAL – ÁLVARO DE CAMPOS

A la dolorosa luz de las grandes lámparas eléctricas de la fábrica


tengo fiebre y escribo.
Escribo rechinando los dientes, una fiera ante esta belleza,
ante esta belleza totalmente desconocida por los antiguos.

¡Oh ruedas, oh engranajes, r-r-r-r-r-r-r-r eterno!


¡Fuerte espasmo retenido de los maquinismos furiosos!
¡Furiosos fuera y dentro de mí
por todos mis nervios disecados,
por todas las papilas de todo aquello con que siento!
Tengo secos los labios, ¡oh grandes ruidos modernos!
De oíros demasiado cerca,
y me arde la cabeza de querer cantaros con el exceso
de expresión de todas mis sensaciones,
con un exceso contemporáneo de vosotras, ¡oh máquinas!

Febril y mirando los motores como a una Naturaleza tropical


-¡grandes trópicos humanos de hierro y fuego y fuerza!-
canto, y canto al presente, y también al pasado y al futuro,
porque el presente es todo el pasado y todo el futuro
y están Platón y Virgilio dentro de las máquinas y de las luces eléctricas
sólo porque hubo antaño y fueron humanos Virgilio y Platón,
y pedazos de Alejandro Magno tal vez del siglo cincuenta,
átomos que han de tener fiebre en el cerebro del Esquilo del siglo cien,
andan por estas correas de transmisión y por esos émbolos y por estos volantes
rugiendo, rechinando, rumoreando, atronando, ferrando,
haciéndome un exceso de caricias en el cuerpo con una sola caricia en el alma.
¡Ah, poder expresarse todo como un motor se expresa!
¡Ser completo como una máquina!
¡Poder ir por la vida triunfante como un automóvil último modelo!
¡Poder, al menos, penetrarme físicamente de todo esto,
rasgarme todo, abrirme completamente, volverme poroso
a todos los perfumes de aceites y calores y carbones
de esta flora estupenda, negra, artificial e insaciable!

¡Fraternidad con todas las dinámicas!


¡Promiscua furia de ser parte-agente
del rodar férreo y cosmopolita
de los trenes estrenuos*,
de la tarea de transportar cargas de navíos,
del giro lento y lúbrico de los guindastes,
del tumulto disciplinado de las fábricas,
y del casi-silencio susurrante y monótono de las correas de transmisión!

¡Horas europeas, productoras, entablilladas


entre maquinismos y quehaceres útiles!
¡Grandes ciudades paradas en los cafés,
en los cafés -oasis de inutilidades ruidosas-
donde se cristalizan y precipitan
los rumores y los gestos de lo Útil
y las ruedas dentadas y los coginetes de lo Progresivo!
¡Nueva Minerva sin alma de los muelles y estaciones!
¡Nuevos entusiasmos con la estatura del Momento!
¡Quillas de placas de hierro sonriendo arrimadas a las dársenas
o en seco, erguidas, en los planos inclinados de los puertos!
¡Actividad internacional, transatlántica, Canadian-Pacific!
¡Luces y febriles pérdidas de tiempo en los bares, en los hoteles,
en los Longchamps y en los Derbies y en los Ascots,
y Picadillies y Avenues de l'Opera que entran
por dentro de mi alma!

¡Hola, calles, hola, plazas, hola, la foule!


¡Todo lo que pasa, todo lo que se para ente los escaparates!
¡Comerciantes; vagabundos; escrocs exageradamente bien vestidos;
miembros evidentes de clubes aristocráticos;
escuálidas figuras ambiguas; padres de familia vagamente felices
y paternales hasta en la cadena de oro que atraviesa el chaleco
de bolsillo a bolsillo!
¡Todo lo que pasa, todo lo que pasa y nunca pasa!
¡Presencia excesivamente acentuada de las cocottes,
banalidad interesante (¡y quién sabe qué otra cosa por dentro!)
de las burguesitas, madre e hija, por lo general,
que andan por la calle con cualquier motivo;
la gracia femenina y falsa de los pederastas que pasan, lentos;
y toda la gente sencillamente elegante que pasea y se exhibe
y luego resulta que tienen un alma dentro!

(¡Ah, cómo desearía ser el souteneur de todo esto!)


¡La maravillosa belleza de las corrupciones políticas,
deliciosos escándalos financieros y diplomáticos,
agresiones políticas en las calles,
y de vez en cuando el cometa de algún regicidio
que ilumina de Prodigio y Fanfarria los cielos
usuales y lúcidos de la Civilización cotidiana!

¡Noticias desmentidas de los periódicos,


artículos políticos insinceramente sinceros,
noticias passez à-la-caisse, grandes crímenes-
de los que dos columnas pasan a la segunda página!
¡El olor fresco a tinta tipográfica!
¡Los carteles pegados hace poco, mojados!
¡Vients-de-paraître amarillos con una cinta blanca!
¡Cuánto os amo a todos, a todos, a todos,
cuánto os amo de todas las maneras,
con los ojos y con el oído y con el olfato
y con el tacto (¡lo que representaría para mí tocaros!)
y con la inteligencia como una antena a la que hacéis vibrar!
¡Ah, de qué manera todos mis sentidos se encelan por vosotros!

¡Abonos, trilladoras a vapor, progresos de la agricultura!


¡Química agrícola, y el comercio casi una ciencia!
¡Oh muestrarios de los viajantes-de-comercio,
de los viajantes-de-comercio, caballeros-andantes de la Industria,
prolongaciones humanas de las fábricas y de las oficinas tranquilas!

¡Oh telas en los escaparates, oh maniquíes, oh últimos figurines!


¡Oh artículos inútiles que todos quieren comprar!
¡Hola, grandes almacenes con varias secciones!

¡Hola, anuncios luminosos que se ven, parpadean y desaparecen!


¡Hola, todo aquello con lo que hoy se construye, con lo que hoy se es diferente de ayer!
¡Eh, cemento armado, hormigón, técnicas nuevas!
¡Progresos de los armamentos gloriosamente mortíferos!
¡Blindajes, cañones, ametralladoras, submarinos, aeroplanos!

Os amo a todos, a todo, como una fiera.


Os amo carnívoramente,
perversamente y enroscando mi mirada
en vosotras, ¡oh cosas grandes, banales, útiles, inútiles,
oh cosas modernísimas,
oh mis contemporáneas, forma actual y próxima
del sistema inmediato del Universo!
¡Nueva Revelación metálica y dinámica de Dios!
¡Oh fábricas, oh laboratorios, oh music-halls, oh Luna Parks,

oh acorazados, oh puentes, oh muelles flotantes,


en mi mente turbulenta y encandecida
os poseo como a una mujer hermosa,
os poseo totalmente como a una mujer hermosa a la que no se ama,
a la que se encuentra por casualidad y nos parece interesantísima!

¡Eh-ah-ho, fachadas de los grandes almacenes!


¡Eh-ah-ho, ascensores de los grandes edificios!
¡Eh-ah-ho, reorganizaciones ministeriales!
¡Parlamentos, políticas, secretarios de presupuestos,
presupuestos falsificados!
(Un presupuesto es tan natural como un árbol
y un parlamento tan bello como una mariposa.)

¡Hola, interés por todo en la vida,


porque todo es la vida, desde los brillantes en los escaparates
hasta la noche, puente misterioso entre los astros
y el mar antiguo y solemne, bañando las costas
y siendo misericordiosamente el mismo
que era cuando Platón era verdaderamente Platón
en su presencia verdadera y en su carne con el alma adentro,
y hablaba con Aristóteles, que no había de ser su discípulo!

Yo podría morir triturado por un motor


con el sentimiento de deliciosa entrega de una mujer poseída.
¡Arrójenme dentro de los altos hornos!
¡Tírenme debajo de los trenes!
¡Azótenme a bordo de los barcos!
¡Masoquismo a través de los maquinismos!
¡Sadismo de no sé qué moderno y yo y barullo!
¡Aupa, jockey que has ganado el Derby,

morder tu cap de dos colores!

(¡Ser tan alto que no pudiese entrar por ninguna puerta!


¡Ah, mirar es para mí una perversión sexual!)

¡Eh, eh, eh, catedrales!


¡Dejad que me parta la cabeza contra vuestras esquinas,
y que sea levantado de la calle lleno de sangre
sin que nadie sepa quién soy!

¡Oh tranvías, funiculares, metropolitanos,


restregaos conmigo hasta el espasmo!
¡Huy, huy, ay, ay, ay!
¡Soltadme carcajadas en plena cara,
oh automóviles atestados de parranderos y de putas,
oh multitudes cotidianas ni alegres ni tristes de las calles,
río multicolor anónimo donde no puedo bañarme como querría!
¡Ah, qué vidas tan complejas, qué de cosas por todas las casas de todo esto!
¡Ah, saberse la vida de todos, los apuros de dinero,
los disgustos domésticos, los vicios que no se sospechan,
los pensamientos que cada uno tiene a solas en su cuarto
y los gestos que hace cuando nadie lo puede ver!
¡No saber todo esto es ignorarlo todo, oh rabia!,
oh rabia que como una fiebre y un celo y un hambre
me consume el rostro y me agita a veces las manos
en crispaciones absurdas justo en medio de las turbas
en las calles llenas de encontronazos!

¡Ah, y la gente ordinaria y sucia, que parece siempre la misma,


que dice palabrotas como palabras corrientes,
cuyos hijos roban a las puertas de los ultramarinos,
y cuyas hijas a los ocho años -¡y esto me parece hermoso y me gusta!-
masturban a hombres de aspecto decente en el hueco de la escalera!
¡Ah, la gentuza que anda por los andamios y se va a casa
por callejas casi irreales de estrechez y podredumbre!
¡Maravillosa ralea humana que vive como los perros,
que está por debajo de todos los sistemas morales,
para quien no ha sido hecha ninguna religión,
creado ningún arte,
destinada ninguna política!
¡Cuánto os amo a todos, porque sois así,
ni inmorales de tan bajos que sois, ni buenos ni malos,
inalcanzables por todos los progresos,
fauna maravillosa del fondo del mar de la vida!

(En la noria del huerto de mi casa


el burro anda dando vueltas, dando vueltas,
y el misterio del mundo es de este tamaño).
Límpiate el sudor con el brazo, trabajador descontento.
La luz del sol sofoca el silencio de las esferas
y todos hemos de morir,
¡oh pinares sombríos del crepúsculo,
pinares en los que mi infancia era otra cosa
de lo que ahora soy...!

Pero, ¡ah, otra vez la rabia mecánica constante!


Otra vez la obsesión agitada de los autobuses.
Y otra vez la furia de estar yendo al mismo tiempo dentro de todos los trenes
de todas las partes del mundo,
de estar diciendo adiós desde la borda de todos los navíos,
que a estas horas están levando anclas o alejándose de los muelles.
¡Oh hierro, oh acero, oh aluminio, oh chapas de hierro curvado!
¡Oh muelles, oh puertos, oh convoyes, oh guindastes, oh remolcadores!

¡Eh-ah grandes desastres de trenes!


¡Eh-ah hundimientos de galerías de minas!
¡Eh-ah naufragios deliciosos de los grandes trasatlánticos!
¡Eh-ah revoluciones aquí, allá, acullá,
alteraciones de constituciones, guerras, tratados, invasiones,
ruido, injusticias, violencias, y tal vez en breve el fin,
la gran invasión de los bárbaros amarillos por Europa,
y otro Sol en el nuevo Horizonte!

¡Qué importa todo esto, pero qué importa todo esto


al fúlgido y rubro ruido contemporáneo,
al ruido cruel y delicioso de la civilización de hoy!
Todo esto apaga todo, salvo el Momento,
el Momento de tronco desnudo y caliente como un fogonero,
el Momento estridentemente ruidoso y mecánico,
el Momento, dinámico pasaje de todas las bacantes
del hierro y del bronce y de la borrachera de los metales.

¡Ea trenes, ea puentes, ea hoteles a la hora de cenar,


ea aparatos de todas las clases, férreos, brutos, mínimos,
instrumentos de precisión, aparatos de triturar, de cavar,
industrias, brocas, rotativas!
¡Ea! ¡ea! ¡ea!
¡Ea electricidad, nervios enfermos de la Materia!
¡Ea telegrafía sin hilos, simpatía metálica de lo Inconsciente!
¡Ea túneles, ea canales, Panamá, Kiel, Suez!
¡Ea todo el pasado dentro del presente!
¡Ea todo el futuro ya dentro de nosotros! ¡Ea!
¡Ea, ea, ea!
¡Frutos de hierro y útiles del árbol-fábrica cosmopolita!
¡Ea, ea, ea! ¡ea-ho-ho-ho!
No sé que existo para dentro. Giro, doy vueltas, me ingenio.
Me enganchan en todos los trenes.
Me izan en todos los muelles.
Giro dentro de las hélices de todos los barcos.
¡Ea! ¡Hurra! ¡Ea!
¡Ea! ¡Soy el calor mecánico y la electricidad!
¡Ea! ¡Y los rails y las casas de máquinas y Europa!
¡Ea y hurra por mi-todo y en todo, máquinas trabajando, ea!

¡Saltar con todo por encima de todo! ¡Aúpa!

¡Aúpa, aúpa, aúpa, aúpa!


¡Hala! ¡Hola! ¡Ho-o-o-o-o!
¡Z-z-z-z-z-z-z-z-z-z-z-z!

¡Ah, no ser yo todo el mundo y todos los sitios!