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“EL ORDEN CONSERVADOR. LA POLÍTICA ARGENTINA ENTRE 1880 Y 1916”.

Natalio Botana
En El orden conservador, Natalio Botana propuso un tema de debate medular: las posibilidades de consolidar las instituciones
republicanas en la Argentina.
Estudia los mecanismos institucionales que permitieron a los actores construir y conservar el poder político, en La Tradición
Republicana.
Propone una biografía intelectual de Alberdi y Sarmiento para descubrir el itinerario de las ideas republicanas en un país en
escorzo. Este recorrido, así entendido, es el de las posibilidades de realización del proyecto de libertad política, el de la república
democrática, propuesto en la Constitución Nacional.
Explora los mecanismos institucionales que permitieron a los actores implantar un principio de legitimidad, poner en marcha
un sistema de dominación, conservarlo, defenderlo y reformarlo. A través de un análisis mixto, entre teoría política e historia,
construye la dinámica política finisecular; un modelo de interpretación que cubre un arco temporal entre la federalización de la
ciudad de Buenos Aires y el acceso de Roca a la presidencia hasta la sanción de una nueva legislación electoral, la ley Sáenz Peña
que implicó la pérdida del poder político del PAN.
La fórmula alberdiana se convirtió en la llave para entender la política. Se habría establecido una combinación entre una receta
operativa, que ofrecía los mecanismos para controlar el poder evitando las luchas de la elite, a través de la restricción de los
derechos políticos, y una prescriptiva que se establecería plenamente una vez transformadas las costumbres. De este modo, el
régimen conservador quedó asociado a la idea de una república falsa en contraposición con una experiencia que sería verdadera
una vez que se llevase a la práctica la instauración plena de los derechos políticos.

1. LOS ORÍGENES DEL RÉGIMEN DEL OCHENTA


Siete décadas no habían bastado para constituir una unidad política, ni para legitimar un centro de poder que controle a lo largo
del territorio nacional. Esto es lo que se planteaba en 1880. La solución a tal problema se alcanzó por medio de la fuerza. Se
llevaba adelante un enfrentamiento entre dos regiones que reivindicaban intereses contrapuestos:
 Buenos Aires: Ciudad-puerto abierta al exterior, asiento histórico del Virreinato, con un hinterland que crecía a medida que
se ganaba la tierra salvaje.
 El interior: Cubría una realidad geográfica mucho más extensa donde se erguían sistemas de poder embrionarios
constituidos sobre la autoridad tradicional de caudillos que se desplazaban desde el Litoral hasta los llanos de La Rioja.

La constitución de una unidad política: El significado del conflicto entre Bs. As. y el interior residía en su falta de solución,
pues ambas partes se enfrentaban sin que ninguna lograra imponerse a la otra. Un empate inestable, mientras no se lograra hacer
del monopolio de la violencia una realidad efectiva y tangible.
 Monopolio de la violencia: Hecho por el cual un centro de poder localizado en un espacio reivindica con éxito su
pretensión legitima para reclamar obediencia a la totalidad de la población afincada en dicho territorio, es la característica
más significativa de una Unidad Política. De un modo u otro, por la vía de la coacción o por el camino del acuerdo, un
determinado sector de poder, de los múltiples que actúan en un espacio territorial, adquiere control imperativo sobre el
resto y lo reduce a ser parte de una unidad más amplia. Este sector es supremo, no reconoce una instancia superior,
constituye el centro con respecto al cual se subordina el resto de los sectores y recibe el nombre de poder político o poder
central.
En la Argentina del siglo pasado cuando Justo José de Urquiza derrotó a Juan Manuel de Rosas en la batalla de Caseros
(1852), vio su fin una forma de gobierno caracterizada por una descentralización autonomista según la cual las provincias
(Confederación Argentina) se reservaban la capacidad de decisión. El sistema benefició a las provincias más fuertes, ese era el
objetivo de Urquiza, para ellos propuso combinar la efectividad de la fuerza con la eficacia de un acuerdo pactado por los mismos
gobernadores que, mientras apoyaban a Rosas, fueron los protagonistas naturales del régimen de la confederación.
Los gobernadores se reunieron en la capilla de San Nicolás de los Arroyos y celebraron un pacto que los comprometía a
celebrar un Congreso Constituyente para organizar políticamente a las 14 provincias. El camino elegido fue el acuerdo: los
gobernadores elaboraron un consenso por el que cedían una parte del poder de decisión, con tal objeto establecieron un ámbito de
comunicación, el Congreso Constituyente, cuyas deliberaciones culminarían en una unidad política que definiera las relaciones de
subordinación de las provincias con respecto al poder central.
El consenso se quebró el 11 de septiembre de 1852 porque Bs. As. no aceptó transferir el poder que se reservaba, igualdad de
representación en el Congreso y a la nacionalización de la Aduana anunciada en el artículo 19 el Pacto de San Nicolás. Este

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rechazo se reflejó en la coexistencia armada de dos proyectos de unidades políticas: la Confederación con asiento en Paraná y Bs.
As. que culminó con la victoria de esta última en la Batalla de Pavón (1861).

Tres problemas básicos: integridad territorial, identidad nacional, organización de un régimen político: Los presidentes
posteriores a Pavón (1861) desempeñaron su papel desde una provincia hegemónica en la que se tomaban decisiones de carácter
nacional. El papel del presidente (definido normativamente en la Constitución sancionada en 1853 y reformada en 1860 luego de
la batalla de cepeda) careció de los medios necesarios para hacer efectivo el poder político debido a la coexistencia obligada con
el gobernador de Bs. As. en la ciudad-capital de la provincia más poderosa.
Tres presidencias:
1. Bartolomé Mitre (1862-1868)
2. Domingo Faustino Sarmiento (1868-1874)
3. Nicolás Avellaneda (1874-1880).
Protagonizaron este período que culminó con la elección de Julio A. Roca (1880-1886).
En el transcurso de estas presidencias se manifestaron tres problemas cuya solución dependía de la persistencia de la unidad
política:
1) Integridad territorial: El ámbito espacial sobre el que debía ejercerse el poder político. Se relacionada con la fuerza
coercitiva de que dispone el poder político para hacer frente a determinados actores que impugnan su pretensión de
monopolizar la violencia.
Movimientos de impugnación al poder político embrionario en algunas provincias del interior donde se produjeron
movimientos de fuerza que fueron controlados por el poder central: represión de caudillos del partido federal: Ángel
Vicente Peñaloza y Felipe Varela; así como la victoria obtenida durante la presidencia de Sarmiento frente al
movimiento de Ricardo López Jordán, que siguió al asesinato de Urquiza en Entre Ríos.
2) Identidad nacional: Los pueblos dispersos, instalados en el territorio, abrían el interrogante de saber si estaban
dispuestos a integrar una comunidad más amplia que la de aquellas comarcas limitadas donde nacían y percibían el
marco natural de su vida cotidiana. Se refiere a los mecanismos de comunicación entre los actores localizados en
distintas regiones, por cuya mediación se van creando vínculos de solidaridad más amplios que los anteriormente
existentes.
3) Unidad nacional: Era necesario implantar en estos pueblos dispersos un modo de elección estable de gobernantes
capaces de formular decisiones autoritativas que comprometieran a esa comunidad naciente en su conjunto. Plantea la
necesidad de desarrollar sentimientos de legitimidad compartidos acerca del valor que merece la estructura institucional
del poder político y las reglas de sucesión que regula la elección de los gobernantes.
Buenos Aires, al igual que otras provincias no estaba dispuesta a subordinarse al poder político. Esto se refleja en la división
de Bs. As. en las facciones porteñas en:
 “nacionalistas” conducidos por Mitre. La estrategia de Mitre, decidido a nacionalizar Bs. As. para subordinarla al poder
central como al resto de las provincias.
 “autonomistas” dirigidos por Adolfo Alsina. La exitosa oposición de Alsina quien, para conservar las tradiciones
autonomistas de su provincia, no dudó en aliarse con los grupos federales del interior para imponer las candidaturas de
Sarmiento y de Avellaneda.
El papel desempeñado por el autonomismo en la provincia de Bs. As. puede ser asimilado con la suficiente fuerza para impedir
la consolidación de su oponente, pero sin el consenso indispensable para conquistar el poder presidencial.
Entre 1868, y fundamentalmente en 1874, las clases gobernantes de las provincias trazaron alianzas para imponer en el
Colegio Electoral un hombre del interior que había hecho carrera en Bs. As. Nicolás Avellaneda fue la figura que cristalizo por
primera vez estas expectativas: tucumano, universitario de Córdoba, hizo carrera desde muy joven en el autonomismo porteño
como legislador, ministro de gobierno durante la gobernación del Alsina y ministro nacional en la presidencia de Sarmiento.

La crisis del 80: Los presidentes provincianos posteriores a Pavón terminaron sus períodos gubernamentales combatiendo
movimientos de fuerza: Sarmiento, levantamiento de 1874 y Avellaneda rebelión del gobernador de Bs. As. Carlos Tejedor.
El resultado de estos enfrentamientos fue favorable para el poder central, en los combates de Barracas, Puente Alsina y Los
Corrales, en 1880, se enfrentaron el interior y Buenos Aires para decidir, por la fuerza de las armas, la subordinación definitiva de
todas las provincias al poder político nacional. Estos actos de violencia dividieron al viejo ejército de línea y trazaron el cuadro
para perfilar la autoridad militar y política de Julio A Roca.

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Roca sirvió al ejército nacional en todas aquellas acciones que contribuyeron a consolidar el poder político central: combatió
en la guerra del Paraguay; derroto al Gral. Arredondo y en 1879 dirigió la campaña del desierto que culminó con la incorporación
de 15.000 leguas de tierras nuevas.
Esa trayectoria permitió a Roca mantener contactos con las clases gobernantes emergentes, fue moldeando así un interés
común para el interior. Las provincias interiores subordinadas al poder central advirtieron que el camino para adquirir mayor peso
político consistía en acelerar el proceso de nacionalización de Bs. As. y no en retardarlo, los ejecutores de ese interés serían los
gobernadores vinculados con Roca y cobijados por Avellaneda. Organizados en una “Liga” cuyo epicentro fue Córdoba, tejieron
una trama electoral que condujo a Roca hacia la presidencia.
La liga de gobernadores (del interior) impuso su candidato en el Colegio Electoral en las elecciones de abril 1880 mientras que
Bs. As. emprendía el camino de la resistencia armada. Avellaneda instala el gobierno nacional en Belgrano y Roca organizaba la
marcha sobre Bs. As. tres sangrientos encuentros: Barracas, Puente Alsina y Los Corrales decidieron la victoria a favor de los
nacionales. Bs. As. se subordinaba el poder político central. El resultado de estos acontecimientos se tradujo en dos leyes:
 Una federalizo la ciudad de Bs. As, que desde el 8 diciembre de 1880, la ciudad de Buenos Aires, quedó sometida a la
jurisdicción exclusiva del gobierno nacional.
 Otra prohibió a las provincias la formación de cuerpos militares.
Roca, el presidente electo, cobijo a su futuro gobierno bajo el lema de: Paz y Administración “Necesitamos paz duradera,
orden estable y libertad permanente…”
Unión y gobierno ordenado: El lenguaje de Avellaneda y Roca. La unión era sinónimo de intereses, valores y creencias
reunidos en torno de un sistema de poder común. La cuestión del régimen político se planteaba como un desafío de crear la
integridad territorial y de comunicar a los grupos en la perspectiva de una comunidad más amplia. Es la construcción del régimen
emprendida por los hombres del 80.

2. LA REPÚBLICA POSIBLE
Regímenes políticos y legitimidad: Un régimen político puede ser entendido como una estructura institucional de posiciones
de poder, dentro de un orden jerárquico, desde donde se formulan decisiones autoritarias. De esta explicación se desprenden dos
interrogantes:
a. Que vínculo de subordinación establecerá el poder político con el resto de los sectores de poder presentes en la
sociedad.
b. Que reglas garantizarán el acceso y el ejercicio del poder político de los futuros gobernantes.
La estructura institucional de un régimen alberga: la realidad del poder y a su vez las relaciones de control se asientan sobre
intereses materiales y de valores. El tema consiste en traducir aquellos intereses y valores en una creencia compartida que haga las
veces de norma habitual para regular las relaciones de poder.
Se trata entonces de consagrar una “fórmula prescriptiva o un principio de legitimidad” que no sólo busca satisfacer ciertas
ideas acerca del régimen mejor adaptado, sino también pretende gratificar intereses materiales reivindicados por grupos y clases
sociales. Así es como puede resultar un sistema de legitimidad que vincula las expectativas, valores e intereses de los actores con
las instituciones del régimen.
Alberdi y su fórmula prescriptiva: Desde los albores de la independencia, los criollos que asumieron la conducción de las
antiguas colonias españolas enfrentaron la contradicción entre el principio de legitimidad de la monarquía hereditaria y el
principio de legitimidad de la república electiva. Cuando se rompieron los lazos con la corona española, estos grupos dirigentes
asumieron la tarea de construir una legitimidad de reemplazo.
La búsqueda de fórmulas prescriptivas que conciliaran la desigualdad del antiguo régimen con los principios igualitarios
emergentes fue llevada adelante por Juan Bautista Alberdi. Alberdi fue el autor de una fórmula prescriptiva que gozó del beneficio
de alcanzar una traducción institucional sancionada por el congreso Constituyente en 1853. Esta fórmula prescriptiva tiene la
particularidad de justificar un régimen político en cuanto hace al origen del poder y a su programa futuro. Alberdi sostuvo que los
argentinos debían darse una constitución para realizar un determinado proyecto. Este programa constituye un conjunto de metas al
que debe dar alcance una nación abierta al futuro. Los campos específicos sobre los cuales se proyecta son: la inmigración;
construcción de FFCC; canales navegables. Para alcanzar estos fines Alberdi tenía la intención de provocar un “transplante”
cultural, rechazando la cultura tradicional que impide el cambio y la innovación, y opta por otro modelo: el de los países europeos
en vías de una sociedad industrial. Un cambio de tal envergadura no puede proyectarse si no es inyectando desde afuera nuevos
fermentos de población que sean portadores de esos valores.

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El medio seleccionado para alcanzar esas metas es el régimen político basando la figura del legislador como aquel que va
delineando una concepción acerca de la organización y distribución del poder. Funda una capacidad de decisión dominante para el
poder político central; otorga el ejercicio del gobierno a una minoría privilegiada; limita la participación política del resto de la
población. La cuestión que preocupaba a Alberdi era la de organizar un poder central, fuerte para controlar los poderes locales.
Por una parte está la necesidad de encontrar una fórmula concreta de reducción a la unidad y por la otra el acuerdo inevitable que
se debe establecer con aquellos que detentan posiciones de poder. Alberdi sugiere que el nuevo régimen contenga algo del
antiguo. Su idea era la organización Federal. En la fórmula Alberdiana el presidente materializa el poder central, pero no detenta
todo el poder ni tampoco ejerce un dominio irresponsable sobre la sociedad. El gobierno responsable deriva de la legitimidad del
presidente investido por una constitución. Impedir la tiranía es la finalidad básica del gobierno republicano y de esa finalidad se
deduce la teoría de las limitaciones de poder.

Libertad política para pocos y libertad civil para todos: Una vez prescriptos los poderes centrales y los poderes
subordinados, el problema que surge en una fórmula republicana es el de saber quiénes y bajo que reglas podrán ejercer el
gobierno de la sociedad. Alberdi rechaza explícitamente toda forma de designación derivada de la herencia.
La posición democrática hace derivar el título de legitimidad del gobernante de la elección realizada por el pueblo, no hay
legitimidad posible si la misma no deriva del consentimiento popular. Los riesgos pueden surgir de los conflictos entre facciones
adversas o de la demagogia del actor con vocación del representante. Es decir, el pueblo es siempre la fuente de la cual deriva la
legitimidad del gobernante.
La cuestión que preocupaba a Alberdi es como hacer de un pueblo sumergido en la miseria y en la ignorancia una colectividad
federativa apta para el ejercicio del gobierno republicano. Según él la libertad civil abre entonces la ruta para implantar la nueva
cultura, porque esas garantías traerán inmigración, industria y riqueza.
La fórmula Alberdiana prescribe la coexistencia de dos tipos de repúblicas:
c. La república abierta: regida por la sociedad civil. En ella tiene cabida todos los ciudadanos, nacionales o extranjeros,
pero éstos no controlan sus actos de gobierno; los miembros que la integran no intervienen en la designación de los
gobernantes; no son electores ni representantes.
d. La república restrictiva: construida sobre el ejercicio de la libertad política, la participación en el gobierno no se limita a
un pequeño número de ciudadanos, sino que están habilitados para intercambiar el papel del elector y representantes
que de esta manera hacen suyo el proceso de aprendizaje.

Alberdi y Tocqueville: la libertad frente al riesgo de la igualdad: Se busca hacer que un pueblo de miseria e ignorancia se
transforme en una federación para el ejercicio del gobierno republicano. La libertad civil abre la ruta para implantar una
nueva cultura para traer inmigración y riquezas.
 Alberdi: El legislador debe discriminar la participación del pueblo soberano y los excluidos de la soberanía política.
 Tocqueville: El sociólogo debe comprobar el eco igualitario que hace al habitante de una nación sujeto apto para
constituir un pueblo que se manifiesta por el sufragio universal.

3. LA OLIGARQUÍA POLÍTICA
El control de la sucesión:
La hegemonía gubernamental: Una observación importante se trata de que a partir del 80 el incremento de la riqueza
consolidó el poder económico de un grupo social cuyos miembros fueron aptos para ser designados gobernantes. El poder
económico se fundía con el poder político; esta coincidencia justificó el desarrollo de la oligarquía. Tres puntos de
vista entrecruzan cuando hablamos de oligarquía en la Argentina.
1. La oligarquía es una clase social determinada por su capacidad de control económico.
2. La oligarquía es un grupo político, en su origen representativo que se corrompe por motivos diversos.
3. La oligarquía es una clase gobernante con conciencia de pertenecer a un estrato político superior integrada por un tipo
específico de hombre político: el notable.
La oligarquía puede ser entendida como un concepto que califica un sistema de hegemonía gubernamental cuyo imperio
Alberdi observaba antes y después de 1880. El sistema hegemónico se organizaría sobre las bases de una unificación del origen
electoral de los cargos gubernamentales. Ante esta perspectiva el control evoca una acción de poder, potencia ejercida sobre otros
dentro de un espacio político determinado, el acto de quien controla y quien es controlado, ambos dentro de una relación política.