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Mejores esposos, mejores padres y madres

(Génesis 1:27-28):

Cuando lo hijos aparecen en la vida matrimonial es muy sutil que tomen un lugar
prevalente en la vida de pareja, haciéndose lo más importante y en ocasiones lo más
prioritario, descuidándose así la vida de pareja para concentrarse más en ellos que en la
relación misma. Es claro que los hijos necesitan atención permanente y durante los
primeros años de sus vidas el proceso no resulta fácil sobre todo para la madre, la cual
biológicamente debe dedicarse a sus hijos, sin embargo, allí está el riesgo, pues nos
dedicamos en la maravillosa labor de ser padres y madres, perdiendo de vista que esta
labor será más efectiva, cuando la vida de pareja es fuerte y sólida, dándole así verdadera
seguridad afectiva y emocional a los hijos.

La Palabra de Dios nos enseña que Dios crea primero a la pareja para que ella siendo
fuerte y estando unidos entre si y ante el sobrenatural amor de Dios, puedan ver la
bendición de multiplicarse en su descendencia y a través de una formación sabia de su
familia poder glorificar a Dios en sus hijos, entregándoles un legado de bendición.

Los hijos que se desarrollan de manera saludable en todos los aspectos de sus vidas, son
el resultado maravilloso de la unidad, el apoyo, la entrega y la bendición en la vida de
pareja, pues así fue el orden establecido por Dios en su Palabra. Por el contrario, las
familias disfuncionales son las que carecen de todo lo emocional, de lo afectivo; son
familias conformadas por individuos en crisis.

Miremos los aspectos claves para desarrollar una paternidad-maternidad


equilibrada:

- Fortalezca la vida de pareja en el amor mutuo. Cuando la pareja no se ama


mutuamente, sino que permanecen juntos sólo por conveniencia o por los
mismos hijos; genera un estado deplorable que es percibido por los hijos,
pues ellos disciernen la mentira, la hipocresía y tal vez el egoísmo que
sostiene la relación de sus padres, lo que no les ofrece un soporte fuerte
para poder desarrollarse sanos emocionalmente y seguros. Esto es lo que
pone a los hijos en condición de riesgo frente a los peligros sociales, ya que
no pueden contar con sus padres por completo y menos confiar en ellos.
- Es importante el trabajo en equipo de la crianza de los hijos.
- Comuníquese con la pareja para que estén de acuerdo acerca de los
aspectos de la crianza como las disciplinas, los permisos, los estímulos o
gratificaciones y luego comunique a los hijos lo que se espera de ellos. Esto
les dará confianza y seguridad, pues les permite percibir a sus padres como
personas que saben lo que están haciendo con ellos.
- Organice el tiempo de pareja y el tiempo con los hijos, no pierda su
intimidad. Debe existir en la agenda tiempo sólo para la pareja, tiempo de
la pareja con los hijos, tiempo de cada progenitor con sus hijos, y tiempo de
cada progenitor con cada uno de sus hijos por separado; ya que estos
espacios serán los que enriquecerán la vida de familia.
- La ayuda y delegación de responsabilidades en los hijos es vital (ambos
somos responsables). En el hogar las tareas domésticas no tienen género,
todos colaboramos para que la familia viva en óptimas condiciones.
- No le delegue a los hijos responsabilidades que no les correspondan
(corregir a sus hermanos, que respondan por ellos, que los cuiden todo el
tiempo), o que no estén de acuerdo a su edad emocional y física (que
cocine cuando no lo puede hacer, que haga mandado o mensajerías, etc.).
Asuma su responsabilidad como padre, así con su ejemplo lo formará para
la vida.
- Los hijos son un resultado de la vida de pareja (Salmo 127:1-5). Las parejas
que se aman y crecen emocionalmente juntos, tienen hijos que son de
bendición a la sociedad.

APLICACIÓN TEOTERÁPICA

Entienda que los hijos un día se irán y la pareja quedará a nuestro lado, esta es
la razón por la que debemos dedicarnos a nuestra pareja como algo prioritario.