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Aplicación de las Seis propuestas para el próximo milenio del escritor Ítalo Calvino

en el cuento “La costurera” de Eduardo Antonio Parra por la estudiante Karen

Cabezas Calderón

El escritor Ítalo Calvino, en esta obra, plantea como primera propuesta la levedad.

Esta reside en mirar el mundo con otra óptica que consiste en elevarse por encima de la

pesadez de lo cotidiano como si se anduviera por entre los vientos y las nubes (1995, pp.

15-17).

En cuanto al cuento por analizar, encontramos la presencia de esta en su

argumento. No obstante, primero se comentará aquello que se considera pesadez.

Parte de la historia gira en torno a un niño que nace en medio de una casa habitada

solo por mujeres que se dedican a la costurería. Él fue obligado a crecer como niña y a

ser vestida como tal, dado que no se pensaba, desde el inicio del embarazo, en el

nacimiento de un varón.

Este niño, René, vive en completo abandono por parte de su madre (que solo en

líos con hombres anda) y por el poco interés de su abuela para con él. Su vida es solitaria

y las únicas amistades que tiene en la escuela son niñas. Su abuela, con el paso del tiempo,

muere, y su madre destruye el negocio familiar al gastarse el dinero en licor y en hombres.

Este ambiente pudo ser totalmente “pesado” para el niño, si no llega una mujer,

María José, quien comienza a criarlo y a darle el afecto que se le ha negado. Es aquí donde

la levedad surge: esa fea mujer de aspecto hombruno se encarga de vestirlo como niño,

además de aconsejarlo sobre lo que significa ser un hombre, pero más allá de enseñarlo a

conquistar mujeres y de dejar atisbarlas por un hueco mientras ellas se toman las medidas

de sus vestidos, María José le brinda amor maternal.

También encontramos levedad en la pícara historia de María José, quien resulta

ser, después de todo, un hombre, José María, quien opta por disfrazarse de mujer para

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sostener a su numerosa familia. También se siente la ligereza cuando el niño sospecha

sobre la inclinación sexual de esta mujer y cuando María José le dirige guiños hacia el

hueco por el que René observa a las mujeres medio desnudas mientras aquella las

manosea para enseñarle cómo tocar el cuerpo femenino.

La comicidad de este asunto, más la extrañeza y la sorpresa de René al saber que

fue criado por un hombre travestido, eleva por los aires la dura vida que le tocó arrostrar

al lado de una familia indiferente.

Por otra parte, Calvino señala que en la literatura debe haber rapidez, la cual

consiste en un “apresurarse despacio” (máxima latina). La obra literaria debe contener

una rapidez ágil y precisa, tanto en la forma como en el contenido. Además, se debe basar

en la economía expresiva, sin menospreciar el interés estilístico, la estructura y la lógica

esencial con que se narra el texto. Es necesario aclarar, que Calvino está a favor de los

momentos en que hay dilación en un texto, ya que es imposible que no existan, pero

aconseja mantener un equilibrio entre retardar el final y apurarse a él, de ahí el “festina

lente” (pp. 46-61).

En “La costurera” hay varios ejemplos de rapidez sin hacer menoscabo del estilo

y la estructura. Cuando el niño le reclama a María José por el coscorrón que le dio por

haberlo encontrado jugando con la máquina de coser, se da un diálogo entre ambos en el

que Parra usa el estilo del discurso directo libre —el narrador pasa de su narración al

discurso directo sin indicación explícita (Anderson, 1999, p. 215)— que apresura la

conversación:

¿Y qué tengo que entender?, mastiqué las palabras con un rencor que ya se

diluía en mí. Que eso de coser vestidos es cosa de viejas. Los hombres han

de hacer cosas de hombres, carpintería, soldadura; o ser doctores o

abogados. Pero hay señores que cosen, acuérdate de Chuy Juárez. Ay,

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René… Chuy Juárez es rarito, ¿no ves cómo levanta burlas en la calle?

Fíjate en sus caminados, en la ropa que usa, y en su greña igual a la que

traías de chiquito y yo te corté. Tú no quieres ser así. ¿Te gustaría que te

dijeran mariquita? (…). No, dije. Yo soy hombre. Ella sonrió. ¿Entonces

me perdonas? Sí, María José (Parra, s. f., p. 49).

En tercer lugar, Calvino habla sobre la exactitud. Esta se distingue por poseer tres

características: 1. Diseño de la obra bien definido y bien calculado. 2. La evocación de

imágenes nítidas, incisivas, memorables. 3. El lenguaje más preciso posible como léxico

y como expresión de los matices del pensamiento y la imaginación (pp. 71-72).

Podemos encontrar la exactitud en este cuento con sus tres características en la

descripción de María José:

Es fea, sí. Rara, también. Pero hábil y trabajadora. Ancha de espaldas,

velluda, hombruna, la nueva costurera fue el gran hallazgo de doña Licha

(…). No, María José era una quedada. ¿Quién puede fijarse en ella, tan mal

hecha, con las caderas escurridas, el busto plano y tan peluda? (…). Quizá

si le regalo una de las ceras que me traen de McAllen se le cayera ese

bigote (…). Y tampoco le serviría para los brazos de trailero que tiene” (p.

43).

Aparte de las canas en las sienes y de la panza de músico que se le había

formado (…), continuaba zamba, ancha de hombros, algo encorvada y sus

pupilas brillaban igual que siempre (…). Incluso el bozo que le cubría el

labio superior parecía haber desaparecido, aunque una tarde que la observé

bajo el sol me di cuenta que nomás se le había blanqueado como las sienes

(pp. 50-51).

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La cuarta propuesta de Calvino es la visibilidad. Se refiere a que antes de escribir,

se debe contar con una imagen visual cargada de significación. Si esta yace en la mente

del escritor, al momento de redactar, la palabra en papel será el equivalente de la imagen

visual, siempre de la mano con el estilo (pp. 99-104).

Como solo se puede inferir esta imagen visual a partir de lo ya escrito en el cuento,

se ofrece un rastro de esta, además de que se da por hecho de que sí tuvo que haber varias

imágenes en la mente de Parra lo bastante afianzadas para elaborar su texto. He aquí un

ejemplo de visibilidad:

No solo deseaban que fuera niña: estaban seguras de que lo sería. (…)

máquinas de coser, tijeras, moldes y patrones (…) se aplicaron con

enjundia sobre trozos de tela rosa pastel, rosa mexicano (…) hasta llenar

las cajoneras con ropones, chambritas, vestiditos, sábanas y toallas

primorosos y delicados. La habitación de “la niña” se cubrió de papel tapiz

estampado de abejitas, pájaros, flores y nubes, y los jugueteros se

atiborraron de muñecas, hornos miniatura y juegos de corte y confección

(…). En mis fotos de bebé aparezco con atuendo de niña, jugando con

muñecas, si bien cierta hombría se advierte en lo sucio y descuidado de la

ropa (…). Tantas prendas cosieron para mí antes del parto, que cuando

María José llegó a sumarse al taller de costura yo aún andaba de rosa (p.

44).

Esta descripción de René como niña se puede afirmar que proviene de una imagen

visual cargada de significación, ya que representa en el texto el rechazo y la negación ante

la posible llegada de un varón, ya que los hombres solo desgracias le han traído a esta

familia. El disfraz de niña esconde lo que no se quiere ver, a saber, el recuerdo del hombre

que embarazó a la madre de René.

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La última propuesta de Calvino es la multiplicidad. Esta se puede definir como

una literatura que demuestre el gusto por el orden mental y la exactitud, la inteligencia de

la poesía y, al mismo tiempo, de la ciencia y de la filosofía. Es un red infinita de

conexiones entre los hechos, las personas y las cosas. Se ve al mundo como un “sistema

de sistemas” en el que cada sistema singular condiciona los otros y es condicionado por

ellos. Se trata de un libro absoluto y enciclopédico.

Uno de los ejemplos que Calvino nos ofrece es el cuento de Borges “El jardín de

los senderos que se bifurcan”. Según el escritor italiano, “se presenta como un cuento de

espionaje, que incluye un cuento lógico-metafísico, que incluye a su vez, la descripción

de un interminable novela china, todo concentrado en un docena de páginas” (p. 133).

Al ser descrita la multiplicidad como un “libro absoluto y enciclopédico”, no es

posible incluir el relato “La costurera” dentro de esta propuesta, ya que carece de una

visón de mundo como “sistema de sistemas”. El cuento no representa un verdadero reto

a la imaginación del lector, a la manera borgiana; el estilo es sobrio, el argumento es

sencillo, pese a la presencia de cierto misterio que se resuelve al final y, por último, no es

un cuento lógico-metafísico como las narraciones de Borges o de Cortázar.

Bibliografía

Anderson, E. (1999). Teoría y técnica del cuento. Barcelona: Editorial Ariel, S. A.

Calvino, I. (1995). Seis propuestas para el próximo milenio. Madrid: Ediciones Siruela,

S. A.

Parra, E. (s. f.). Desterrados. México, D. F: (s. ed.).

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