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Dialogo Entre Masones

A r t í c u l o s Masónicos Seleccionados
Año 5 - N° 50

Febrero 2018
Herbert Oré Belsuzarri

Mario López Rico


Vicente Alcoseri
Julio Villarreal III
Herbert Oré Belsuzarri
-La cámara de reflexión………………………………………3
-¿Los landmarks son aplicables a la masonería
Mario López
actual? Rico
…………………………………………………………….12
Vicente
-Rito Alcoseri
francés……………………………………………………..16
Julio Villarreal
-Los masones estánIII locos…………………………………….21
-Los túneles de los Andes y el oro de los incas……….24
-Antecedentes occidentales
-Masonería y teosofía de la masonería
¿Moda o necesidad?…………….3
moderna………………………………………………………….66
-La teosofía………………………………………………………15
-El compás
-El monte comoo Golgota……………………………….33
Moriah representación arquetípica de
nuestros límites…………………………………………………73
-La tradición masónica y los misterios…………………42
-La
-Jurisprudenciaen
masonería el mundo sefaradí…………………..79
masónica…………………………………..51
-Los primeros sefarditas
-Landmarks y otros antiguos masones……………………….85
documentos de la
-Los lenguajesvigencia
masonería: de la modernidad en la masonería..90
y adecuación a nuestros
-¿Cuándo se debe festejar el
tiempos……………………………………………………………72 año nuevo?…………….128

Esta es la primera
La revista agradecepublicación de nuestra
la difusión de los edad de
artículos
compañero
publicados, mencionando la fuente y la autoría. la
(cinco años), noble labor de difundir
luz y la libre especulación. Hay mucho por aprender
y otro tantoValle de Lima pero
por difundir, Febrero
ello 2018
no sería posible
sin vuestra inestimable preferencia.

La revista agradece la difusión de los artículos


publicados, mencionando la fuente y la autoría.

Valle de Lima Enero 2018


MASONERIA Y TEOSOFIA
¿MODA O NECESIDAD?
Víctor Guerra

3
Tal vez, lo primero que habría que hacer es definir qué es la
Teosofía, a la cual el inefable René Guenón, le dedicó un den-
so libro titulado Teosofía. Historia de una seudo religión, en el
cual rebatía a la alter ego teosófica Blavatsky, y hay un apartado
específico titulado Teosofismo y la Francmasonería, muy intere-
sante por lo cual después de ese monumental trabajo, y Genón
no es santo de mi devoción, sería complejo y complicado resu-
mir para esta reseña la crítica guenoniana bastante bien estruc-
turada, por tanto, me referiré en lo que concierne a la Teosofía,
a lo que indican algunos diccionarios al uso, o lo que indica la
Wikipedia.

Hay defensores y detractores, y entre estos últimos definen la


teosofía como una ambivalente filosofía a modo de: «Doctrina
de varias sectas que, despreciando la razón y la fe, presumen de
estar iluminados por la divinidad e íntimamente unidos con ella
(...) Se encuentra así, como históricamente puede comprobarse,
entre aquellas dos fuentes o métodos cognoscitivos. Cuando no
se apoya en ellos, se convierte en vana superstición o morboso
misticismo y es fruto de una exaltación religiosa sostenida por
una idea confusa e imperfecta de la Divinidad.

Reproduce las contradicciones del panteísmo naturalista o


idealista y en muchas ocasiones coincide totalmente con él. Por
la duplicidad de elementos que encierra ha sido considerada
como una religión o como una metafísica»

Es evidente que esta definición no les hace justicia a las bús-


quedas teosóficas cuyos claros referentes, entre otros fueron
notables mujeres, como Mdme. Blavatsky, o Annie Marie Besant,
aunque los grandes encarnadores intelectuales parecen en su
mayoría ser hombres como Leadbearter, Heindel, Steiner, Kri-
shnamurti, Montoliú. Etc.

Sin embargo, la historia de la teosofía no es plana y se distin-


guen distintas tendencias que se van a ir sucediendo a lo lar-
4
go de su historia, y que conforman todo un cuerpo doctrinal: la
Neopitagórica, con Nigidio Filugo, Apolonio de Taina y el ecléc-
tico Plutarco, que esparcen lo que se podría considerar como
las semillas de la teosofía primigenia.

La Greco - judaica, donde se concilia la Biblia como texto sa-


grado con la filosofía griega, dándole así un carácter esotérico;
la Gnóstica, calificada como pandemónium de especulaciones
teosóficas.

Y por último la Neoplatónica: la aspiración de las almas pri-


vilegiadas al éxtasis y toda clase de comunicaciones divinas
mediante ciertos estadios de purificación e iniciación, en la
Renaciente, son los primeros que reciben el nombre de teóso-
fos entre los que se encontraban, Cornelio Agripa, Teoffastro,
Paracelso, Böhme y Schelling, en conjunción con los filósofos
citados, con los denominados Iluminados y ocultistas.

Incluso en el siglo XIX, hubo hasta una propuesta teosófica des-


de la posición del agnosticismo preconizado por Peter Washin-
gton, muy bien resume en su libro el Mandril de Madame Bla-
vatsky. Historia documentada e interesante pasa saber qué es
esto de la Teosofía.

A buen seguro que nada ha quedado claro, y menos aún con


la presentación que hacen de sí mismos, tanto teósofos como
masones.

Escojamos pues, la presentación que hacen los mismos maso-


nes y teósofos que participan en la revista, como Ana Orihuela
Galloso, en el trabajo que abre este numero 32: Binomio Maso-
nería-Teosofía,.. el Misticismo teúrgico.

En dicho artículo nos dice: «La teosofía (Sabiduría Divina) tam-


bién llamada (Sabiduría Antigua) es la eterna sabiduría que
se ha propagado de tiempo en tiempo, de edad en edad. Es el
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conocimiento ancestral que, de civilización en civilización, nos
muestra las leyes de la naturaleza y de la vida del hombre a
todos los niveles, físico y mental y espiritual, nos explica el ori-
gen y la razón del universo… por esta razón a todo este cor-
pus de conocimiento se le llamó la Doctrina Secreta... desde la
visión teosófica la masonería nos adentra en la esencia misma
del hombre, de su espíritu, una unidad inseparable de Espíritu
Universal que vitaliza todo cuanto existe. Entonces, no podemos
entender este binomio de masonería-teosofía sin creer en una
inteligencia cósmica que guía el mundo, al cual llamamos Dios.
Sin embargo, no se pide a ningún Hermano la creencia de nin-
gún credo sobre esa inteligencia, ni tampoco una manera con-
creta de concebirla.»

Es evidente que con la teosofía es sumamente fácil pasar de la


gran admiración y respeto, al repudio más transgresor, pues en
parte cuando vemos al gran volumen de actividades generadas
desde distintas actuaciones teosóficas: editoriales, escuelas, li-
bros, sociedades, cursos, programas…, etc, se percibe, al me-
nos para lo mortales comunes, que buena parte de lo escrito es
buen montón de galimatías filosóficos y de misticismos extra-
ños, y como algunos dicen inventados, para generar mercados
por unos aprovechadores de la credulidad, siempre inagotable,
que además siempre tiene, como es sabido, un nutrido batallón
de seguidores capaces de tragarse todo esta barahúnda de
cuestiones, proyectarlas y apoyarlas al máximo.

Es evidente, que ha habido mucho de ello, y P. Washington, nos


lo cuenta en un formidable libro que nos muestra que la reali-
dad tiene más vueltas, y más trabajos de lo que admite nuestra
capacidad de observación y estudio; por lo tanto, se impone la
matización acompañada del análisis objetivo de la información
que nos consta y nos hacen llegar, en este caso los diversos au-
tores que participan en la revista Cultura Masónica.

Llegados a este punto, empiezo matizando varias cuestiones, no


6
tanto de tenor teosófico, que me parece bien e interesantes sus
propuestas, pero cuando esto se constituye en una especie de
moderno caballo de Troya dentro de la masonería, esto ya es
otra historia.

No cabe duda que hubo masones teósofos internacionales e in-


cluso españoles muy interesantes, como Mario Roso de Luna, o
aquellos otros que estuvieron circulando por las logias españo-
las, como el Doctor Manuel Treviño, o Velasco, u aquellos otros
que tuvieron mucho que ver con el desarrollo de la Orden del
Derecho Humano (Le Droit Humain-DH), tanto el orbe mundial,
y incluida España, la documentación incautada por los aparatos
franquistas, que la fina les vieron y les trataron como un bendi-
tos visionarios, son interesantes de analizar.

Y es que hay realidades que nos dan ciertas pistas, pese a la


importancia de la Sabiduría Antigua, etc.., está a pesar de su im-
portancia y del peso intelectual de los padres fundadores de la
masonería moderna, esta materialización en modo teosófico no
se manifiesta dentro de la masonería hasta llegar a bien avan-
zado el siglo XIX, pese a que quieran conectar varias ramas del
saber dentro del teosofismo y los supuestos cimientos antiguos,
con la propia masonería, lo cual no deja ser significativo.

Por otra parte todo este maremágnum del pensamiento, por otro
lado no dejan de ser escuelas transversales a la propia masone-
ría, como el hermetismo, la cábala o el rosacrucismo, o la propia
condensación a modo de metáfora como es la teosofía, materias
por otro lado, que estamos estudiando en blogs como Masone-
ría del Siglo XXI, o en el de Rito Francés, y cuyas aportaciones
hay un cierto que consenso en no reconocerlas como cuestio-
nes propias del quehacer masónico primigenio, más allá de que
fueran importantes masones los que incorporaron a la masone-
ría, sus inquietudes y corrientes de pensamiento, como buen
vehículo para llegar mejor, y más lejos… En este sentido, en
varios de los trabajos que insertan en este número de La Divina
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Sabiduría, en el que participan autores masones como la pro-
pia Ana Orihuela, Adolfo Limón, Alfonso del Rosario, el amigo y
Hermano Esteban Cortijo, Juan Almirall, Xavi Madrid, pues uno
encuentra que se habla de una masonería mitificada, y no real,
pues cuando se habla de historia y de rituales, se toman por el
todo una serie de mitificaciones, que poco o nada tienen que
ver con la masonería, por ejemplo con los Antiguos Deberes, e
incluso se llega a subir estos al altar de los mistéricas teúrgias
de los canteros, padres y guardianes de milenarios conocimien-
tos, cuando no dejan de ser códigos de regulación profesional.

Estos posicionamientos nos llevan a encontrarnos con pro-


yecciones un tanto sofistas, en tanto que la mayor parte de los
análisis no se apoyan en las bases del corpus masónico que
constituyen el bagaje ritual de la masonería, como pueden las
divulgaciones, los manuscritos, los pre-rituales o los propios ri-
tuales, del siglo XVIII que cada estructura masónica, fue y ha ido
elaborando; se mitifican cuestiones como el Discurso del Caba-
llero Ramsay, que hay que situar en tiempo y época, y examinar
de forma pormenorizada su discurso, y o generar falsas míticas,
para el uso y disfrute el cebo de la Antigüedad que se quiere
que estén como muy entroncadas con la masonería, cuando eso
no es la realidad documental que tenemos.

Por tanto, algunos de estos autores que han participado en el


número 32 de CM, nos sitúan en estadios mitificados no corres-
pondientes con las fuentes masónicas, en tanto, que por ejem-
plo, Adolfo Limón nos dice que la Orden Masónica, «no es una
escuela de formación moral del ciudadano», evidentemente no
me sitúo en la escuela jesuítica de la «escuela de formación»
que como tal proponen por varios miembros de esa rama, pero
sí que las bases del trabajo comparativo ritual existentes nos
llevan a hablar de una «escuela de moral» de la que hablan los
propios rituales cuando abren sus trabajos, y le dejo esta nota
para su conocimiento: Cuando se habla del Sentido de la Franc-
masonería, vemos como de Una asamblea de gentes honestas
8
y virtuosas para el Berné de 1740, se empieza recalcar en el
tema moral como la virtud, al vencer los vicios del Luquet 1745,
y ya con el Gages de 1763 empieza la serie de la práctica de
la virtud ético moral, que de una u otra forma se va a mantener
hasta el Murat de 1850 que ya da forma definitiva va a plasmar
el programa general en base a exponer que la Francmasonería
es una actividad Filantrópica, filosófica y Progresiva.

A este respecto, la teosofía que en este caso en la estructura ma-


sónica, juega a modo de los ciclos históricos de Toynbee, pues
cuando esta (Teosofía) se creía erradicada de la estructura ma-
sónica, muy enraizada en su tiempo en el DH (Le Droit Humain,
legado cuasi imposible de olvidar, puesto que está enraizado en
mismo gen del DH, y en mucha menor consistencia en la Gran
Logia Simbólica Española (GLSE) y menos aún, en la Gran Logia
de España (GLE) a pesar de que este pudiera ser el ideal pe-
gasus de transmisión por querer aparecer como una auténtica
escuela de conocimiento antiguo y con matices importantes de
esoterismo cristiano, pero no es así y habría que preguntarse
por esta cuestión, porque la preferencia del teosofismo masó-
nico se inclina por masonerías liberales, más allá de la cuestión
específica de la mixtidad.

No debo de ocultar que durante décadas se luchó para ir des-


embarazándose del bagaje teosófico, tanto en el DH como en
la GLSE, donde aún quedan aún residuos, y tal y como estamos
viendo, de una parte, acá se está entrando en un repetido ciclo
de nuevas apariciones, al modo de los ciclos de Toynbee. Para-
dojas Masónicas lo llamaría yo a estas circunstancias.

Este grado de influencia y penetración ha venido de la mano


del ventajismo bibliográfico que se impulsó desde los ámbitos
teosofistas.

Cuando apenas si había información documental y bibliográ-


fico en el seno del mundo masónico, y las logias se llenaban
9
de gurús de todo tipo, conocí desde el año 94 unos cuantos, y
cuyos Maestros Masones formadores se dedicaba a mirarse el
ombligo, haciendo pocos esfuerzos por formarse y formarnos,
la impresionante maquinaria editorial teosófica, ya tenía en la
calle un importante arsenal de textos de los cuales nos nutría-
mos ignorantes aprendices masones, bajo títulos como Historia
Secreta de la Masonería, Cosmogonía Masónica, Enseñanzas
de un Iniciado, Masonería y el catolicismo. Cartas Rosacruces,
La magia de la Francmasonería, etc, y todo ello con la beatífica
complacencia de formadores, logias y estructuras masónicas,
se iba construyendo un edificio simbólico místico en el cual nos
imbuíamos como peces en el agua, devorada la hostia mística
del cono cimento en base a las prédicas de tales libros y sus
interpretadores.

A veces, cuando llegan hasta mi gabinete algunos Hermanos,


los cuales conforman un buen contingente de hombres y mu-
jeres proveniente del continente latinoamericano, me siento
como los desprogramadores de las sectas, pues el alambicado
montaje mental que traen acerca de lo que es la masonería, en
general es producto en buena parte de todo este volumen de
publicaciones, muchas de ellas contienen un importante matiz
surrealista teosófico pasado por diversos tamices de escuelas,
corrientes de pensamiento y modas seudomisticas.

Por poner un ejemplo, cuando realicé hace años un trabajo so-


bre los teósofos llaniscos, que fueron suavemente perseguidos
por el franquismo, legión que era en su mayor parte compuesta
por mujeres, los diarios de los trabajos de reflexión y medita-
ción, tenían más parecido al famoso Kempis, que a herramientas
para ayudar a liberar la mente, amén de la opinión personal que
a los ojos de los referentes masónicos tenían todos estos com-
ponentes de la grey teosófica.

La vieja y manida tesis del enraizamiento de la sabiduría anti-


gua, de la existencia de los grandes misterios en el seno de la
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masonería, está bien para propuestas simbólicas muy al estilo
de la new age, pero poco útil para un trabajo logial cotidiano,
más allá de que sería bueno que cada masón se formase inten-
samente hasta llegar a ese cultivo del descernimiento entre rea-
lidad y mitificación, entre falacia y ciencia, entre aventurerismo
simbólico y la realidad simbólica masónica… En fin mucho tajo
queda por abordar.

Por otro lado, en este cíclico retorno del tesofismo bajo nuevos
paraguas y propuestas metodológicas, he observado un salto
cualitativo, y no menor, si bien el enraizamiento del teosofismo
en masonería tradicionalmente ha sido con localizaciones muy
concretas, por ejemplo en lo referido al Continente Europeo:
Inglaterra, puesto que el continente americano es un mundo in-
abarcable; en general decir en lo referido al rito que lo general
siempre, esa proyección se ha hecho en base al Rito Escocés
Antiguo y Aceptado (REAA) y no deja de ser curioso que prego-
nando la búsqueda de los misterios y la sabiduría antigua como
se pretende su plasmación se proyectase sobre la base de un
ritual nacido en 1804 como es el caso del REAA.

Tal vez la explicación pudiera venir, no versada en esa búsque-


da en los cimientos del conocimiento, que pudiesen despren-
derse de tal rito, sino en la permeabilidad que este siempre ha
ofrecido a modo de cajón de sastre, para aglutina, conjuntar, y
expandir las más diversas propuestas simbólicas de cualquier
naturaleza y condición.

Al REAA siempre le ha venido bien toda esa multiplicidad, de


ahí que no haya dos REAA, iguales, pero el gran salto cualitativo
que dejan entrever los autores del texto de La Sabiduría Divina,
es que ahora la incardinación ritual se hace mediante la practica
e interpretación de los ritos egipcios, como el Menfis y Mizraim.

Está claro que dicha construcción estética y mítica de los ri-


tuales que conllevan el Menfis y Mizraim, en sus variadas con-
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formaciones, en general son vehículos ideales para el manejo
de ciertos paradigmas simbólicos y demás parafernalias cons-
tructivistas. Decir que siempre me ha llamado la atención que
los Hermanos masones que practican este tipo de enseñanzas,
tanto en la GLES o el DH se les reconoce por los colgadiellos:
medallas, pulseras, anillos, manejo fotográfico y de sentencias
varias que pueblan todas nuestras redes, y que tienen ese mar-
cado cariz egipciaco.

Tanto es así que los Pases de Grado, en los Altos del REAA, en el
DH, en los cuales participé, escuchando los trabajos de grado,
había y hay un alto porcentaje de contenidos teosóficos, y seu-
do místicos…

Como notas marginales. Indicar a los autores que no mezclen ri-


tos y rituales puesto que las columnitas de las que habla la Her-
mana Orihuela, creo que nos las visto en su vida, al menos en
España, puesto que tales elementos solo se usan en Emulación,
pero no en el REAA, ni están en otros ritos, aunque para ser más
exactos se usan en algunas logias y centradas en Inglaterra, las
cuales practican una derivación inglesa muy teosófica como es
el ritual Lauderdale, y por tanto usar de forma indiscriminada
textos de referencias distintas, y no situarlas de forma correcta,
no ayudan sino al teatrillo de la confusión.

Tal vez por eso nunca el Rito Moderno ha sido campo de atrac-
ción como rito primigenio, para las distintas escuelas de pensa-
miento, ya que aleja de su quehacer lo religioso y lo esotérico,
tal vez los Hermanos ingleses de la Royal Society, fueron precla-
ros visionarios en sus planteamientos acerca de lo que les podía
venir encima, viendo como veían el pelaje de cada uno.

Por otro lado, a Esteban Cortijo, decirle que cuando María José
Lacalzada abordó su interesante y difícil libro, el Cimiento Mix-
to de la Masonería, eludió en parte el tema teosófico de su libro,
tal y como el apunta, y eso fue debido a que de abordarlo esto
12
nos llevaría a otros puertos, y a engrosar un tema y un libro ya
de por sí difícil, y hacerlo más complicado y complejo como lo
estaba siendo, no era una opción. Como colaborador suyo que
fui en esos tiempos, puedo decir que tuvimos profundos deba-
tes sobre los temas teosóficos, y su incardinación en la masone-
ría, durante la recogida documental, y la dificultad de meternos
en algo de ese calado no tenía tanto peso, aunque en el libro se
reveló las ramas y pesos del teosofismo más allá de incardinar
cargos y grados.

Indicar a algunos autores como Adolfo Limón, que cuando haga


algunas alusiones de concepto, antes realice algunos trabajos
comparativos sobre las propuestas conceptuales de los diver-
13
sos rituales del siglo XVIII y XIX, y entresaque cuales son los
conceptos de trabajo y el marco propio que la masonería ha
pregonado desde el siglo XVIII, otra cosa es lo que al le han
contado, o la bibliografía que maneje, aunque estoy de acuerdo
con un 90% del contenido sobre la fantasía en masonería, en
teosofía ya ni le cuento…

Hubiera sido interesante comentar y rebatir algunas afirmacio-


nes, pero eso haría inabarcable e interminable esta reseña ba-
sada en un vistazo crítico cobre lo propuesto.

Queda por dilucidar si la Teosofía en Masonería es una nece-


sidad que precisa el masón para conformarse como tal, tal vez
se pueda ver como tal dado el déficit formativo, el cual intentan
acomodarse y rellenar otras escuelas ofreciéndose como ga-
rantes vehículos transportadores hacia un aglutinador integral
del conocimiento, de la Sabiduría Divina y del hombre, lo cual
no deja también tener mucho de factor Moda.

Como uno ya ha pasado y leído y quedan por la biblioteca parte


de ese bagaje de esas escuelas y corrientes de pensamiento,
propongo para un sano y equilibrado juicio la lectura de un in-
teresante libro, que fue un auténtico best seller: El Mandril de
madame Blavatsky

A todas gracias por sus aportaciones que han supuesto una gran
ayuda para entender este trasunto de lo teosófico, y sigo sin en-
tender por qué en estas entregas no hay posiciones neutras e
incluso críticas, que hagan que la revista deje de ser un panegí-
rico publicitario.

Tomado de:

http://www.victorguerra.net/2018/01/masoneria-y-teoso-
fia-moda-o-necesidad.html?spref=fb

14
LA TEOSOFIA
Carlos Gómez
Etimológicamente, teosofía significa el conocimiento profundo
(sophia) de la divinidad (theos) [2], y no se la debe confundir ni
con la Teodicea –el conocimiento que la razón puede obtener
de la existencia y naturaleza de Dios– ni con la Teología, que
funda este conocimiento en la Revelación, aunque en numero-
sas ocasiones se sustente en ellas. Es un término medio entre la
Teología y la Filosofía, entre la razón y la revelación, pues añade
a la naturaleza, objeto de la Filosofía, lo sobrenatural, propio de
la Teología, rechazando, sin embargo, la revelación en que ésta
se apoya.

Los propios teósofos opinan que fue el inventor de la palabra


Ammonius Saccas (175-242 d.C.), fundador de la Escuela Neo-
platónica, aunque la primera documentación aparece en el si-
glo XVI, aplicada a filósofos como Paracelso, Agripa o Van Hel-
mont. Sea como sea, encontramos ya sus ideas primigenias en la
escuela neopitagórica (siglo I a.C. y siglo I), con Nigidio Figulo
y Apolonio de Tiana, y en neoplatónicos como Plotino, Plutarco
o Celso. El deseo de conciliar la Biblia con la filosofía griega, de
15
la que según Filón de Alejandría deriva, suponiendo en el texto
sagrado un sentido esotérico y arcano, originará el gnosticismo
en el primer siglo del Cristianismo y otras heterodoxias medie-
vales [3].

En el Renacimiento, como ya se ha indicado, aparecen los pri-


meros a los que puede llamarse propiamente teósofos: Cor-
nelio Agripa de Nettesheim, Teofrasto Bombast de Hoenheim
(Paracelso), Juan de Van Helmont y Santiago Böhme. En el siglo
XVIII deberían añadirse los nombres de Roberto Fludd, Swe-
demborg y Luis Claudio de San Martín, entre otros iluminados.

Cornelio Agripa

En el siglo XIX acontece un cambio, que dota a la palabra teoso-


fía de un significado novedoso: en 1875 se funda en la ciudad de
Nueva York por madame Helena Petrovna Blavatsky, el coronel
H.S. Olcott, William Q. Judge y otros la Theosophical Society, que
tendrá como meta hacer una síntesis de la religión, la filosofía,
la ciencia y la sicología. Como dijo Blavatsky: «Nuestro propó-
sito más importante es resucitar la obra de Ammonius Saccas»
[4], ya que la labor de su escuela fue la de «reconciliar a todas
las religiones, sectas y naciones bajo un sistema común de éti-
ca, fundado en verdades eternas». La finalidad de Saccas era la
16
de «persuadir a gentiles y cristianos, judíos e idólatras, de que
abandonaran sus disputas y luchas, teniendo en cuenta que to-
dos poseían la misma verdad bajo varias formas» [5].

Helena Petrovna Blavatsky y H.S. Olcott,.

Y esa será la finalidad última de la Sociedad y su fundadora: re-


construir y enseñar el conocimiento primigenio que el hombre
recibió en los orígenes, oculto y diversificado en las distintas
creencias, mitos y religiones, y que en nada difiere de lo que la
ciencia puede ir descubriendo. Conocimiento que es síntesis y
que no se opone en absoluto a ninguna creencia personal.

Esta labor la llevó a cabo en gran parte la propia Blavatsky


(1831-1891), a través de numerosos artículos publicados en la
revista de la Sociedad, The Theosophist y otras ajenas, y de li-
bros como Isis sin velo (Nueva York, 1877); La doctrina secreta
(Londres y Nueva York, 1888); La clave de la Teosofía (Londres,
1889); La voz del silencio (Londres y Nueva York, 1889); Glosa-
rio teosófico, obra póstuma (Londres y Nueva York, 1892). Toda
su obra se halla recogida en Obras completas (Londres, Madrás
y Wheaton (Illinois,USA), 1933-1985), en catorce volúmenes.

17
De la lectura de esta inmensa y erudita obra, se obtiene real-
mente una visión sintética, a través del sincretismo de miles de
mitos, teorías y creencias religiosas, realidades científicas, ma-
gia, ocultismo, etc. Y de la propia teosofía anterior, de la que se
sienten sucesores. La doctrina secreta, su obra más emblemá-
tica, alcanzó un gran éxito de lectores entre las capas cultas y
artísticas de su época desde el momento mismo de la publica-
ción de las obras citadas, con una segunda edición ya en el mis-
mo 1888 y una tercera en 1893, fue reimpresa en los años 1902,
1905, 1908, 1911, 1913, 1918, 1921 y 1928. Y fue traducida a casi
todos los idiomas occidentales [6]. Sincretismo que la propia
Blavatsky tenía como meta en sus obras, como he dicho ya. Ella
misma se encarga de contestar al (…) muy erróneo concepto
que consiste en creer que en la obra que he titulado La doctrina
secreta me haya propuesto coincidir con la ciencia moderna o
explicar puntos ocultos. Me ocupaba –y aún sigo ocupándome-
en los hechos más que en las hipótesis científicas. Mi princi-
pal y único objeto fue el de hacer resaltar el hecho de que los
principios básicos y fundamentales de toda religión o filosofía
exotérica, antigua o moderna, no eran, desde el primero hasta
el último, sino ecos de la Religión de la Sabiduría primitiva [7].

Añadiendo en otra ocasión que de la misma forma que la pri-


mitiva religión cristiana se dividió con el tiempo en numerosas
sectas, así la Ciencia del ocultismo dio nacimiento a variedad
de doctrinas y diversas fraternidades. De ese modo, los ofitas
egipcios se convirtieron en gnósticos cristianos, de quienes de-
rivaron los basilideanos del segundo siglo; y los primitivos ro-
sacruces (la «Fraternidad de la Rosa Cruz» se fundó a mediados
del siglo XIII) engendraron a su vez a los paracelsianos, filósofos
del fuego, alquimistas europeos y otras ramas de su secta [8].

Ya Juan Valera define en su momento de forma magnífica lo que


se está intentando definir aquí, poniendo de relieve la impor-
tancia que la época –y quizá el propio Valera– le confería [9].
Después de ofrecernos la definición del Diccionario de la Real
18
Academia [10], Valera aduce que es insuficiente e inexacta, «so-
bre todo en nuestros días, en que la Teosofía vuelve a estar de
moda», pues «todo misticismo que no se funda en una religión
positiva, sería Teosofía según el Diccionario de la Academia, y
verdaderamente no es así», ya que «(...) el místico, sin religión
positiva, tiene de común con el teósofo el creer que su ciencia,
no sólo tiene a Dios por objeto, como la Teología o la Teodicea,
sino que viene de Dios y es revelada natural y misteriosamen-
te por Dios en el fondo o centro del alma del hombre; pero
el teósofo difiere de este místico en que combina el misticis-
mo entusiasta y la introspección de su alma y la Metafísica, y el
íntimo conocimiento de las cosas divinas, con el estudio de la
naturaleza, con el saber de sus leyes» (Juan Valera, Diccionario
enciclopédico hispanoamericano, en Cyrus C. Decoster, Obras
desconocidas de Valera, ed. Castalia, Madrid, 1965, p. 548)

Después de hablar muy brevemente sobre la teosofía antigua,


que sólo presenta como elemento común «el entusiasmo intui-
tivo», y dado que «en cada uno de los autores citados hay muy
distintas ideas y sistemas muy varios, (...) no es posible exponer
en conjunto la doctrina teosófica común a todos, y es menes-
ter estudiar separadamente a cada pensador y a cada sistema»,
Valera pasa rápidamente a hablar de la nueva teosofía: «En los
tiempos novísimos ha venido a Europa, desde la India oriental,
una flamante Teosofía que se ha extendido por todas partes, así
en nuestro continente como en América, y que requiere y mere-
ce que se explique aquí. (…) Podemos considerar como funda-
dora, o más bien como importadora en Europa de esta misterio-
sa doctrina, a una dama, llamada Elena Petrovna Hahn, conocida
y famosa bajo el nombre de Blavatsky, que era el apellido de un
general ruso con quien se casó en 1848» (Juan Valera, Op. cit.,
p. 549).

Tras unos breves rasgos biográficos [11], Varela nos informa de


lo que puede convertir a la teosofía, como al misticismo, en una
vaga fantasmagoría, y que, sin embargo, es consustancial a ella:
19
«Importa además hacerse cargo de que lo más profundo y me-
jor de esta ciencia es incomunicable, y que sólo se adquiere
penetrando, el que puede y vale para ello, en el centro de su
propia alma, y allí, en lo más íntimo y secreto, hallándolo todo»
(op. cit., p.550). Es decir, una suerte de iniciación.

Al lado de Varela, que habla «con imparcialidad, sin reproba-


ción y sin aprobación, ni positiva ni irónica» (op. cit., p. 551), te-
nemos también opiniones enfrentadas a lo que representa esta
nueva teosofía, que ayudan a completar el conjunto. Así, René
Guénon, en su estudio El Teosofismo, historia de una pseudo-
religión [12], empieza ya desde el título por negarle cualquier
relación con la auténtica teosofía, la antigua, para crear el neo-
logismo teosofismo que la diferencia, «porque, para nosotros,
esos dos sustantivos designan dos cosas bien diversas» [13]. En
efecto, también para Guénon , una cosa es la Teosofía como «de-
nominación común de doctrinas bien diversas entre sí», al que
«será oportuno conservarle el significado que históricamente
tiene», y otra el teosofismo de la Sociedad Teosófica, aunque su
fundadora, Mme. Blavatsky, tiene un conocimiento más o menos
completo de los escritos de algunos teósofos, especialmente de
Jacobo Boëhme, bebiendo ideas que incorporó a sus propias
obras, junto con una multitud de otros elementos procedentes
de fuentes sumamente diversas (René Guénon, El Teosofismo,
historia de una pseudoreligión, Ed. Huemul, Buenos Aires, 1954,
p.8).

De ahí que «ese llamado “sistema religioso particular” que


constituye la doctrina oficial del teosofismo, y que es presen-
tado, simplemente, como “la misma esencia de todas las reli-
giones y de la verdad absoluta”, lleva la marca bien visible de
las múltiples y discordantes fuentes de las que ha sido tomado.
(…) No es otra cosa que una mezcla confusa de neoplatonismo,
gnosticismo, cábala judía, hermetismo y ocultismo, agrupado
todo –bien que mal- alrededor de dos o tres ideas que, quiérase
o no, son de origen moderno y puramente occidental» (René
20
Guénon, op. cit., p. 8).

Por ese camino, el autor clasifica el teosofismo como «neoespi-


ritualismo», unido en su modernidad con otras teorías, con las
que mantiene caracteres comunes.

Sin embargo, no dejan de ser distintas: Ocultismo de diversas


escuelas, teosofismo, espiritismo, todo esto se parece, sin duda,
bajo ciertos aspectos y hasta cierto punto, pero difiere también
bajo otros y debe ser cuidadosamente distinguido también
cuando se trata de determinar las relaciones (René Guénon,
op.cit., p. 127) para concluir que es ello un efecto de esta reli-
giosidad inquieta y desviada, que constituye uno de los rasgos
más apasionantes del carácter de nuestros contemporáneos, y
sobre todo en Norteamérica es donde se pueden ver sus mani-
festaciones más variadas y extraordinarias, pero también Euro-
pa dista mucho de hallarse indemne. Esta misma tendencia fue
la que contribuyó en gran parte al éxito de algunas doctrinas
filosóficas tales como el bergsonismo (…); procede de un modo
parecido al pragmatismo de William James, con su teoría de la
“experiencia religiosa” y su recurso al “subconsciente” como
medio de comunicación del ser humano con el Ser Divino.(…)
Estará bien recordar aquí, a este propósito, el empeño con que
teorías como éstas han sido adoptadas y aprovechadas por la
mayoría de los modernistas. (…) Además, la mentalidad moder-
nista y la protestante no difieren entre sí sino en matices, siendo
idénticas en su fondo, y el “neoespiritualismo”, en general, está
muy cerca del protestantismo (René Guénon, op. cit., p. 134).

Lo mismo ocurre con el teosofismo, sobre todo con el de la 2ª


etapa de la Sociedad Teosófica, cuando, ya muerta Blavatsky,
asume la dirección Annie Besant.

Retengamos en especial esta última cita por lo obvio de su im-


portancia más general, y concluyamos, estemos o no de acuer-
do, con la idea más propia de la época y de sus seguidores, en
21
frases de Valera: «La Teosofía no es una religión: es la ciencia
fundamental de las religiones», que «no propaga nueva religión
ni repugna de las que hay, sino que las acepta todas» (Juan Vale-
ra, op. cit., p.551). Es decir, la síntesis de la que antes se hablaba
y que da el subtítulo a la obra más emblemática de Blavatsky, La
doctrina secreta. Síntesis de la ciencia, la religión y la filosofía.

Así pues, como ya se ha dicho repetidas veces, la teosofía de


Blavatsky pretende ser síntesis de ocultismo, magia y ciencias
ocultas, pero reúne también otras muchas corrientes de pensa-
miento, por lo que resulta diferente a todas sus fuentes, al mis-
mo tiempo que las refleja en su complejidad. Por lo tanto, sigo
insistiendo en que no debe confundirse con ninguna. Es teoré-
tica e interior, esotérica, nunca práctica exotérica, con lo que la
diferencia aumenta considerablemente, cosa que a veces no se
tiene lo suficientemente en cuenta. Ya la propia Blavatsky po-
nía el acento en este aspecto desde sus primeros escritos. Aun
tomando como casi sinónimo de teosofía la palabra ocultismo,
para ella, «tanto la palabra magia, como la de hechicería y ocul-
tismo, se usan en Occidente en sentido despectivo, y por lo ge-
neral para designar las escorias residuales de los tiempos del
obscurantismo» [14], y aunque «la palabra ocultismo induce se-
guramente a error» es aceptable y difiere de la magia y demás
ciencias ocultas. Pues a lo que aspira el teósofo es al «conoci-
miento del alma» o verdadera sabiduría, conocimiento secreto
y de ahí ocultismo: pero sólo ahí se admite el sinónimo.

Las demás modalidades de ocultismo son ramificaciones de las


ciencias ocultas. (…) El verdadero Ocultismo o Teosofía es la in-
condicional y absoluta renunciación de la personalidad en pa-
labra y obra, para alcanzar ese conocimiento o unión con el Yo
superior, el Maestro, el Cristo de los gnósticos (H.P.Blavatsky, El
ocultismo en oposición a las artes ocultas, Ed. Humanitas, 1992,
pg. 53).

El camino del conocimiento de esta ciencia es un camino iniciá-


22
tico y ascético hacia el yo, meta final del teósofo: En cada uno de
los grados, la clave está en el mismo aspirante. No es el «temor
de Dios» el principio de la Sabiduría, sino que el conocimiento
del yo es la Sabiduría misma. Al estudiante (…) se le representa,
grande y verdadera, la respuesta del oráculo de Delfos a todos
cuantos anhelaban oculta sabiduría, y que el sabio Sócrates re-
pitió corroborándola varias veces: HOMBRE, CONÓCETE A TI
MISMO (H.P. Blavastky, Ocultismo práctico, Ed. Humanitas, 1992,
p. 21).

Hasta aquí, el intento de situar cada cosa en su lugar, delimi-


tando el terreno desde el que hay que abordar la obra de Va-
lle-Inclán. Al indagar en el sincretismo confuso de Valle, no
hay que buscar otra fuente que la moderna teosofía, a la que
se refiere con interés alguien tan poco sospechoso de veleida-
des estéticas o filosóficas como don Juan Valera. Ahí está ya
ese sincretismo y esa oscuridad posible que se ha adjudicado
al escritor gallego y que, seguramente, toma del extenso corpus
blavatskiano, y no directamente de cada una de las corrientes
que en él convergen, sin necesidad de repetir aquí que conoció
personalmente y, sin duda, leyó a muchos teósofos de su épo-
ca, desde a su amigo Mario Roso de Luna a muchos de los que
publicaron en la revista Sophia, órgano informativo en España
de la Sociedad, y en otras publicaciones semejantes, así como
también, posiblemente, las obras de la propia Blavatsky y otros
teósofos europeos, traducidos al español, como se ha indicado,
desde finales de siglo.

Los teósofos igual que los cristianos, ven en la figura de Cristo


la encarnación de la Segunda Persona de la Trinidad (el Hijo o
Verbo), aunque su interpretación, como la de Valle-Inclán, en la
línea sincrética que les es característica, difiera fundamental-
mente de la interpretación ortodoxa. Su concepción parte de la
base de la asimilación que hacen de Jesús a la figura de otros
Maestros, sustentada en la similitud entre la vida y doctrina de
Éste –por no hablar de sus milagros- y las que otras religiones
23
y cultos presentan en sus fundadores. Esta similitud se debería
a que todos son mensajeros de las misma Fraternidad, encar-
naciones del Verbo, avatares. Y a que el símbolo que, por ana-
logía, los representa es el Sol, también sombra física o cuerpo
del mismo Verbo, que, como Él, penetra con su luz la materia y
la vivifica y la hace fructificar. Como indica Annie Besant, dis-
cípula de H.P. Blavastky y, como se ha dicho, su sucesora en la
dirección de la Sociedad Teosófica, en su libro El cristianismo
esotérico, «el curso anual del Sol es la sombra del Logos, del
«Hijo de Dios» cuando desciende a la materia» [19]. Dada esa
analogía, el ciclo del astro es considerado un reflejo de la acti-
vidad del Verbo, y cualquiera de sus encarnaciones asimila en
su biografía mortal esta actividad [20]. De ese modo, es lógico
y hasta necesario que se ofrezcan tales semejanzas entre los di-
versos «emisarios».

Esas semejanzas, pues, se basan en el antiguo Mito Solar, una


narración que, representando en primer lugar la actividad del
Verbo en el Cosmos, resume y simboliza la vida de una indivi-
dualidad que es encarnación de Éste. Sin duda, podemos com-
prender ahora mejor el símbolo valleinclaniano.

Ese Cristo solar nos conduce al concepto del Cristo místico, el


Cristo de los Misterios, pues, como ya se ha dicho, muestra en
esencia la idea del descenso del Verbo a la Materia, la Virgen,
enseñanza común en el aprendizaje de los iniciados de cual-
quier doctrina esotérica y motivo teológico de gran importan-
cia.

Siguiendo la exposición de Besant, podemos intentar un acer-


camiento a esta idea, núcleo de todo el simbolismo expuesto.
Como se lee en su ensayo, «cuando la materia que había de for-
mar nuestro sistema solar fue separada del océano infinito de
materia que llena el espacio, la Tercera Persona de la Trinidad,
el Espíritu Santo, vertió su vida en ella para animarla y, en con-
secuencia, hacerla apta para ser modelada. Esta segunda fun-
24
ción corresponde a la vida del Verbo, la Segunda Persona de la
Trinidad, la cual se sacrificó, imponiéndose las limitaciones de
la materia y constituyéndose en el «Hombre Celeste», en cuyo
cuerpo todas las formas existen, como partes integrantes su-
yas» [21].

Esta acción resulta un acto de sacrificio por razón de amor, para


que otras vidas puedan producirse en Él. Mediante este per-
petuo sacrificio amoroso, todas las vidas existen: es el acto a
cuyo influjo el Universo cambia de continuo. Vida única en la
que coexisten miles de formas, aun las más contrarias u opues-
tas, producto de la unión que del Verbo ha realizado en Él de
los principios de las otras dos personas de la Trinidad [22]. Las
ideas de don Ramón parecen resonar en la misma dirección, y
como él, los teósofos lo consideran un concepto universal y no
sólo cristiano. Lo encuentran en el hinduismo, en el mazdeísmo,
en el budismo y en otras religiones de la antigüedad.Y en todas
ellas, la Segunda Persona es siempre dual, síntesis de contra-
rios, arco que une las columnas del Templo de Salomón.

La doctrina cristiana de la Trinidad concuerda por completo


con la de otras religiones en lo que se refiere a las funciones de
las tres Personas Divinas, debiendo recordarse que la palabra
Persona procede de la latina persona, máscara, lo que cubre
algo, la máscara de la existencia Una, la revelación de Sí mis-
mo bajo una forma (Annie Besant, El cristianismo esotérico, ed.
Kier, Buenos Aires, 1959, p. 96).

Cristo es pues una fuerza unificadora que hace que «las vidas
separadas gradualmente sean conscientes de su unidad», y tra-
baja «para desarrollar en cada cual la conciencia de si misma
que finalmente le hará reconocerse una con todas las demás y
descubrir su raíz Una y divina» (Annie Besant, op. cit., p. 97). Este
es el originario y no interrumpido sacrificio, fluido de Vida que
el Amor origina, voluntario y gozoso, vertiendo del Yo para que
se formen otros yo. Y como tal, se plasma también en las biogra-
25
fías de los diversos Maestros, cerrando el círculo interpretativo
que une vida, mito y concepto metafísico en una misma y rica
analogía. Pero esta visión de Cristo se prolonga y se aquilata
con el concepto de que Cristo está en todos los humanos, que
nace, vive, es crucificado, resucita y sube a los cielos en cada
hombre «sufrido y triunfante» (Annie Besant, op. cit., p. 95). «La
biografía contenida en los Evangelios es la relación de la vida
de todos los iniciados en los verdaderos misterios» (Annie Be-
sant, op. cit., p. 95). Por eso habla San Pablo [23] del nacimiento
del Cristo en el discípulo y de su evolución y completo creci-
miento en él. «Cada hombre es un Cristo en potencia, y el de-
sarrollo de la vida de Cristo en un hombre sigue los rasgos de
la historia evangélica en sus más notables incidentes» (Annie
Besant, op. cit., p. 95), a través de un camino de sacrificio y amor.

Sacrificio del egoísmo y de todas las ataduras materiales –una


muerte simbólica–, que siempre va unido a un sentimiento de
dolor, por causa de la común e ilusoria identificación entre
el yo y su forma física. Amor gozoso de entrega y de unidad:
camino hacia una auténtica resurrección y ascensión internas
que conducen al hombre a la felicidad de la Gracia, la contem-
plación y la unión con Dios, transformándolo en un auténtico
hombre-Cristo [24], que, a su vez, podrá ejercer de posible
maestro de otros hombres que hayan decidido seguir ese cami-
no (los hermanos peregrinantes de Valle). «Los iniciados han
sido siempre tenidos como promesa del primitivo y viviente
símbolo de su propia divinidad, el fruto glorioso de la semilla
que llevaban en su propio seno» (Annie Besant, op. cit., p.90). No
me parece necesario volver a remitirnos a nuestro autor.

En este contexto, la Eucaristía es vista también por los teóso-


fos como símbolo de este eterno sacrificio. Y, como San Pablo
[25], afirman que todos los que comen de un sacrificio se hacen
copartícipes de una común naturaleza y se juntan en un cuer-
po especial unido al Ser que se halla presente en el sacrificio
y participante en su propia esencia. La Eucaristía «es un lazo
26
entre lo celestial y lo terreno, así como también un acto del
culto universal, una cooperación, una asociación con la Ley de
Sacrificio» (Annie Besant, op. cit., p. 175).

El participante se hace así uno con el Sacrificio, con el Cristo,


y, en consecuencia, queda también unido a la Vida Divina, se
vuelve uno con Dios, como en la comunión estética, el lector se
hace uno con el autor y, por ello, con el Todo. Trasmutar lo más
bajo en lo más alto es el fin de este Sacramento, como lo es de
la Alquimia, la Magia o el Arte. Y, como les es propio, los teó-
sofos también consideran esto algo muy general a cualquier
creencia desde la antigüedad, reconociéndolo en todas las reli-
giones, aun en las más alejadas entre sí [26].

Éstas son, en líneas muy generales, las teorías teosóficas. Las


relaciones con lo expuesto sobre La lámpara maravillosa, como
he ido indicando, me parecen evidentes, y, con ello, la tesis
apuntada al principio de que la obra se sustenta en una filo-
sofía y una metafísica, aunque a veces oscuras, sistemáticas y
coherentes, de abolengo teosófico. Y si no por ello se debe con-
cluir que Valle-Inclán sea teósofo, sí que, acorde con la época,
tiene muy presente la Teosofía y su sugestivo sincretismo a la
hora de crear su estética [27]. Y la propia Blavatsky observaba:
«Cualquier persona de mediana capacidad que sienta inclina-
ción hacia los problemas metafísicos, que lleve una vida pura
y desinteresada, que encuentre más satisfacción en socorrer
a su prójimo que en ser él mismo socorrido, que esté siempre
pronto a sacrificar sus goces personales en pro de los demás y
que ame la Verdad, la Bondad y la Sabiduría, por ellas mismas
y no por el beneficio que pueden reportar, es un Teósofo» [28].

Finalizamos reiterando el aforismo valleinclaniano antes citado:

Ama todas las cosas en la luz del día y convertirás la negra car-
ne del mundo en el áureo símbolo de la piedra del sabio

27
NOTAS
1. Ricardo Gullón, «Ideologías del Modernismo», Ínsula, 291(1971)
pp. 1 y 11.
- Direcciones del Modernismo, ed. Gredos, Madrid, 1971
Giovanni Allegra, «Ermete modernista. Occultisti e teosofisti in Spag-
na, tra fine Ottocento e primo
Novecento», AIUO, Sez. Romanza, XXI, 2 (1979), pp. 357-415.
- «Sull’infusso dell’ocultismo in Spagna (1893-1912), gli isiti neospiri-
tualisti», suplemento a Vie della Tradizione, 39, X, (1981), pp. 3-45.
- Il regno interiore, Ed. Jaca Book, Milano, 1982.
- «La lámpara maravillosa. Lumbres y vislumbres de la estética de Va-
lle-Inclán», Ínsula, 517 (1990), pp. 1-2
- Prólogo y notas a su edición y traducción de La lámpara maravillosa.
Virginia M. Garlitz, «El concepto de karma en dos magos españoles:
Don Ramón del Valle-Inclán y Don Mario Roso de Luna», en Angel G.
Loureiro (ed), Estelas, laberintos, nuevas sendas (Unamuno, Valle-In-
clán, García Lorca ,La Guerra Civil), Ed. Anthropos, Barcelona, 1988,
pp. 137-149.
- «La lámpara maravillosa: humo y luz», Ínsula, 531 (1991), pp. 11-12.
Carol S. Maier, Valle-Inclán y La Lámpara maravillosa: una poética ilu-
minada. (tesis doctoral), Rutgers University, New Jersey, Ph. D., 1975.
- «La lámpara maravillosa de Valle-Inclán y la invención continua
como una constante estética», en A. David Kossof et al. (eds.), Actas
del Octavo Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas,
Vol. II, Ed. Istmo, Madrid, 1986, pp. 237-245.
- «Literary Re-Creation, the Creation of Readership, and Valle-Inclán’s
La lámpara maravillosa», Hispania, 71 (1988), pp. 217-227.
- «¿Palabras de armonía?: reflexiones sobre la lectura, los límites y la
estética de Valle-Inclán», en Angel G. Loureiro (ed.), Estelas, laberin-
tos, nuevas sendas. (Unamuno, Valle-Inclán, García Lorca, La Guerra
Civil), Ed. Anthropos, Barcelona, 1988, pp. 151-170.
Octavio Paz, Los hijos del limo, Ed. Seix-Barral,Barcelona, 1974
- El arco y la lira, Ed. F.C.E., México, 1956.
2. Sabiduría parecida a la de Dios. Vid., H.P.Blavatsky, Glosario Teosó-
fico, Barcelona, 1920, p. 387.
3. Muchos incluyen en esta línea a los cátaros, los templarios y los ro-
sacruces, y a filósofos como Eckard
4. Helena Petrovna Blavatsky, «What are the theosophista», The Theo-

28
sophist, octubre de 1879, p. 5.
5. H.P.Blavastky, The key to theosophy, Los Ángeles, 1930, pp. 3-5.
6. En España aparece la primera traducción, realizada por Francisco
Montoliu y de Togores, primer presidente de la Rama de la Sociedad
Teosófica en Madrid, a partir de la segunda edición inglesa, en 1895
(I v.) y 1898 (2 v.), en Establecimiento Tipográfico de Julián Palacios,
Madrid. Mientras en Madrid se realizaba una nueva traducción de la
obra completa sobre la tercera edición inglesa, realizada por miem-
bros de la Sociedad, muerto Montoliu en 1892, los señores Melián,
Dorestes, Díaz Pérez, Xifré, Treviño, hermanos Molano y González
Blanco, que se publicará en dos volúmenes en 1895 y 1898. En 1911
aparecerá un tercer volumen en Biblioteca Orientalista, ed. Teosófica,
R. Maynadé, Barcelona, traducido por Federico Climent Terrer, Para
una información más exacta, ver Mario Roso de Luna, Simbología ar-
caica, ed. Pueyo, Madrid, 1921.
7. H.P.Blavatsky, «Nociones erróneas acerca de La doctrina secreta ,
Sophia», octubre de 1908
8. H.P.Blavatsky, «Ocultismo o magia», El Loto Blanco, mayo de 1924
9. Juan Valera, Diccionario enciclopédico hispanoamericano, en Cyrus
C.Decoster, Obras desconocidas de Valera, ed. Castalia, Madrid,1965,
pp. 548-558. Ideas semejantes aparecen en «La metafísica y la poe-
sía», Obras completas, v. II, Ed. Aguilar, Madrid, pp. 1676-1677.
10. «Doctrina de varias sectas que, despreciando la razón y la fe, pre-
sumían estar iluminadas por la divinidad e íntimamente unidas a ella.»
11. Para una biografía de Blavatsky, aunque un tanto hagiográfica, ver
Mario Roso de Luna, H.P.B, una mártir del s.XIX., Ed. Pueyo, Madrid,
1924.
12. René Guénon, El Teosofismo, historia de una pseudoreligión, Ed.
Huemul, Buenos Aires, 1954.
13. René Guénon, op. cit., pg. 7.
14. H.P.Blavatsky, El ocultismo en oposición a las artes ocultas, Ed. Hu-
manitas, 1992, pg. 31
15. Concepto que Juan Valera completa así :«El que llega a la altura de
ese conocimiento propio vence y domina su yo ilusorio y caduco y se
eleva hasta su verdadero yo; logra la unión con el ser divino, y, con-
templando a Dios en sí propio, lo comprende todo y nada queda ocul-
to para él, porque todo lo permanente, substancial y verdaderamente
real, está encerrado en el pensamiento divino. El hombre entonces es
una misma cosa con Dios, en quien residen el eterno reposo, la eterna
bienaventuranza, y la esencia eterna. (…) Y esta propia contempla-
29
ción y este propio conocimiento de Dios, que solo alcanzan los hom-
bres que con Dios se unen, es la sabiduría de Dios o Teosofía.», op. cit.
16. Valle-Inclán, La lámpara maravillosa, «Exégesis trina», V, Opera
Omnia I, p. 122, Madrid, 1922
17.«Máscara y rostro de Valle-Inclán», Por esos mundos (Madrid, 1-1-
1915), en Dougherty, Un Valle-Inclán olvidado: entrevistas y conferen-
cias, ed. Fundamentos (Espiral), Madrid, 1982.
18. Valle-Inclán, La lámpara maravillosa, «La piedra del sabio», VII, p.
216.
19. Annie Besant, El cristianismo esotérico, ed. Kier, Buenos Aires,
1959, p. 80.
20. El héroe de todas las creencias basadas en este mito presenta
siempre, entre otros muchos rasgos, el ser un dios o semidiós, y su
vida se traza conforme al citado recorrido anual del sol. Nace en el
solsticio de invierno, cuando el signo astrológico de Virgo se eleva
sobre el horizonte (nace de una Virgen) . Se encuentra rodeado de
peligros en su infancia –cuando los días son más cortos y la oscuridad
nocturna -las tinieblas- más larga -, envuelto en horrores. Sobrevive a
esos peligros –los días van alargándose- , y llega el momento de su
paso de un extremo a otro, de las tinieblas iniciales a la luz : el momen-
to de cruzar –la crucifixión-, la muerte material, en el equinoccio de
primavera. Por fin, tras un descenso al mundo inferior para rescatar
otras almas, venciendo la muerte, resucita y asciende en medio del
cielo, madurando el grano y el racimo para dotarlos de su sustancia
esencial, para dar alimento a sus adoradores. (Ver A. Besant, op. cit.
«El Cristo mítico», pp. 76-87).
21. Annie Besant, op. cit., p. 92.
22. Leemos al respecto en Blavatsky : «Saliendo de las profundidades
de la Existencia Una, del inconcebible e inefable Uno, un Logos im-
poniéndose a si mismo una límite, circunscribiendo voluntariamente
la extensión de su propio Ser, se hace el Dios manifestado, y al trazar
los límites de su esfera de actividad, determina también el área de
su Universo. Dentro de dicha esfera, nace, evoluciona y muere este
universo, que en el Logos vive, se mueve y tiene su ser. La materia del
universo es la emanación del Logos, y sus fuerzas y energías son las
corrientes de su vida. El Logos es inmanente en cada átomo, es omni-
penetrante; todo lo sostiene, todo lo desarrolla. Es el principio u ori-
gen y el fin del universo, su causa y objeto, su centro y circunferencia
… está en todas las cosas, y todas están en él. El Logos se despliega
de sí mismo manifestándose en una triple forma: el Primer Logos, raíz
30
u origen del Ser; de él procede el Segundo Logos, manifestando los
dos aspectos de vida y forma, la primitiva dualidad, que constituye los
dos polos de la Naturaleza entre los cuales se ha de tejer la trama del
Universo: Vida-forma, Espíritu-materia, positivo-negativo, activo-re-
ceptivo, padre-madre de los mundos, y por último el Tercer Logos,
la Mente Universal en la que existe el arquetipo de todas las cosas,
fuente de los seres, manantial de las energías formadoras, arca en
donde se hallan almacenadas todas las formas originales que se han
de manifestar» (Glosario Teosófico, I, p. 427)
23. Efesos, III, 16, 17
24. Comenta al respecto Blavatsky: «Los términos Cristo y cristianos
fueron copiados del vocabulario del Templo de los paganos. Cristo
significaba en dicho vocabulario un discípulo puesto a prueba, un
candidato para la dignidad de hierofante. Cuando el aspirante la ha-
bía alcanzado por medio de la iniciación, largas pruebas y sufrimien-
tos, y había sido ungido, se cambiaba su nombre en Cristo, el puri-
ficado en el lenguaje del misterio esotérico. En simbología mística,
realmente Cristo significaba que se había recorrido ya “elcamino”,
el Sendero, y alcanzado la meta; cuando los frutos de un arduo traba-
jo para unir la efímera personalidad de barro con la Individualidad
indestructible la transformaban de ese modo en el Ego inmortal.»,
Glosario Teosófico, I, p. 165.
25. Corintios, X 16.
26. Al respecto, indica Blavatsky: «El misterio de la Eucaristía no per-
tenece exclusivamente al cristianismo, Godfrey Higgins prueba que
fue instituido muchos centenares de años antes de la “Cena Pascual”,
y dice que, “el sacrificio del pan y del vino era común a varias nacio-
nes antiguas”. Cicerón lo menciona en sus obras y se admira de la
extrañeza del rito. Desde la primera fundación de los Misterios es uno
de los más viejos ritos de la antigüedad. Entre los hierofantes tenía
casi el mismo significado que entre los cristianos. Ceres era el pan, y
Baco era el vino; significando el primero la regeneración de la vida
que brota de la simiente, y el último (la uva) siendo emblema de la
sabiduría y el conocimiento. Con mucha propiedad estaban simbo-
lizados por el vino la acumulación del espíritu de las cosas y la fer-
mentación y subsiguiente fuerza de tal conocimiento esotérico (…)
El Soma, bebida sagrada de los brahmanes iniciados, corresponde
al néctar de los griegos y a la Eucaristía de los cristianos.» Glosario
teosófico,I, pp. 239-240.
Y completa A. Besant: «Los persas ofrecían a Mitra pan y vino, y en
31
el Tíbet y Tartaria se hacían ofrendas semejantes. Jeremías (Jeremías,
XLIV) habla de las tortas y libaciones que en Egipto ofrecían a la Rei-
na del Cielo los judíos que profesaron el culto de aquella nación. En el
Génesis se lee que Melchisedech presentó pan y vino para bendecir
a Abraham (Génesis, XIV, 18, 19). En los diversos Misterios de Grecia
se empleaba el pan y el vino, y Williamson (The Great Law, pp. 177-
181, 185) habla de su uso entre mejicanos, peruanos y druidas”, op.
cit., p. 177
27. Recordemos lo que ya había dicho Ricardo Gullón en 1971: «que
las doctrinas esotéricas atrajeran a los modernistas por cuanto tienen
de aproximación al misterio es cosa que me parece segura; las enten-
dieron como impulsos órficos de penetración en la sombra y, des-
entendiéndose de otras particularidades, buscaron en ellas la clave
perdida de los enigmas radicales de la existencia: de la vida y de la
muerte y del más allá. En la aceptación de lo esotérico se configura la
protesta contra el positivismo, que al amputar las creencias tradicio-
nales les había dejado en seco. Los poetas, nostálgicos del bien per-
dido, se sintieron forzados a substituir por otras divinidades el Dios
cuya muerte había proclamado Nietzsche con tan enfática energía.»,
«Ideologías del Modernismo», Ínsula, 291 (1971), p.1
28. Blavatsky, «Ocultismo práctico», Lucifer, mayo de 1888.

Tomado de:
http://www.elpasajero.com/TEOSOFIA.htm

32
EL MONTE MORIAH O GOLGOTA
José María Villa

Un lugar importante en la historia de la humanidad, donde estu-


vieron Adan, Abraham, Isacc, Jacob, Salomon, David, Hiram, Jesus,
Mahoma, los Templarios ....

Dado que el nacimiento de Abraham, en la sumeria ciudad de


Ur (actualmente Irak), coincidió con la llegada de un cometa, los
astrólogos aconsejaron al Rey (Nimrod) matar al niño destinado
a convertirse en un Emperador poderoso. El Rey le solicito a
su padre, el Príncipe Teraj, Jefe del Ejército y descendiente de
Sem (hijo de Noe, lo que a sus descendientes le da el nombre
de Semitas) que se lo entregara para matarlo y este lo engañó
entregándole a cambio el hijo de un esclavo, por lo que Abra-
ham pasó hasta sus 13 años escondido en una cueva y educado
especialmente como casta gobernante.

Cuando murió su padre y perder la protección del ejército, de-


bió huir de la tierra de sus mayores a Canaán ante la persecu-
ción del Rey en busca de un nuevo hogar, llevándose sus cono-
cimientos de dirigente sumerio y su Dios Personal (como era la
costumbre sumeria), pero el hambre los hizo seguir viaje hasta
Egipto, donde se encontraba la otra gran civilización de la épo-
ca.
33
Dado sus conocimientos y la belleza de Sara su hermana y es-
posa, engañan al Faraón quien se casa con Sara, participando
así ambos de la corte y los conocimientos Egipcios. Cuando el
Faraón descubre el engaño los expulsa.

Viendo que no podía gobernar ninguno de los dos grandes im-


perios, decidió entonces fundar su propio reino entre ambos,
esa tierra era prospera y estaba habitada por los cananitas
(descendientes de Cam que eran negros), él era semita y no
tenía genealogía para dominar esa tierra. Necesitaba que al-
guien lo designara como dueño del lugar. Encontró entonces a
su Dios personal que le promete la tierra habitada por los ca-
naneos para su descendencia en general con la condición que
se circunciden. La circuncisión será el titulo para la posesión de
la tierra. Dicha promesa es renovada a su hijo Isaac y su nieto
Jacob.

Si bien era obviamente el elegido de su Dios personal, aun de


grande no había podido tener descendencia con su esposa y
media hermana Sara. Cuando ya anciano había logrado tener
un hijo con Sara, fue Dios quien lo puso a prueba diciéndole:
Toma tu hijo, aquel a quien amas, ve con el al País de Moirah y
allí ofrécelo en holocausto.

34
¿En qué pensaba Abraham, hace 4,000 años, cuando luego de
partir la leña, encendió el fuego, ató a su hijo Isaac y levantó la
mano con el cuchillo para matarlo?

¿Cómo juzgaríamos hoy de un hombre que quiere asesinar a su


hijo para ofrecerlo como sacrificio a su Dios?

En ese instante Abraham creyó en su dios personal, no dudó de


ningún modo. De haber dudado habría obrado de manera dife-
rente. Por esa acción Abraham fue bendecido.

Y Abraham creyó, creyó para esta vida, si el hubiera pensado


para una vida futura, en el paraíso o en el más allá con facili-
dad se hubiera despojado de todo, para abandonar un mundo al
cual no pertenecía ya. Es por eso que esa acción se ha conver-
tido en un icono de la fe. Aun hoy en día se recuerda, cada año
nuevo Judío, la atadura de Isaac como símbolo de la fe.

Esta fue la tierra de Abraham que supo ser fiel a su Dios, espe-
rando contra toda esperanza en sus promesas, al que hoy vene-
ramos como padre de los creyentes y modelo de la esperanza
en Dios. Con él se inicia el régimen de la Promesa Divina que
habrá de alentar a su pueblo en su larga historia de esperas y
esperanzas.

Es a partir de ese momento que el Monte Moriah se convirtió en


el escenario donde tuvieron lugar los acontecimientos religio-
sos más importantes de toda la Historia de la Humanidad

Fue entonces que el Monte Moriah se convirtió en el lugar (o


uno de los lugares según la versión) de donde Dios tomo el pol-
vo para crear a Adán.

Fue también el lugar que eligió Adán para hacer un altar con 12
piedras y el lugar que eligieron Abel y Noé para hacer sacri-
ficios. Según algunos esas mismas 12 piedras del primer altar
35
realizado por Adán le sirvieron a Jacob para hacer la almohada
desde donde soñó la escalera que llevaba al cielo.

¿Sabría Abraham que en ese lugar se encontraban enterrados


uno de los dos monolitos donde Enoch (cainita - descendiente
de Caín) decidió transmitir los secretos de una civilización an-
tidiluviana, diseñados para sobrevivir a la destrucción previs-
ta? . Según la tradición, los fundadores de la civilización egipcia
descubrieron una de estas columnas y el primer Rey de Egipto
adoptó el nombre de Osiris, que significa Príncipe que se ha
elevado de entre los muertos.

¿Abraham que había pertenecido a la corte Sumeria y la del


Faraón, sabría de estos conocimientos?.

El que si supo de los secretos egipcios fue su nieto José, quien


logró ser nombrado Gran Visir. Casualmente en ese momento
la clase gobernante egipcia abandona sus creencias religiosas
36
y se vuelca a la creencia de un Dios único Atón (el nombre de
Jehová, también Dios único pero en este caso de un pueblo el
hebreo, aparecerá años después con Moisés, hermano del Fa-
raón y educado por la casta gobernante egipcia).

José es enterrado fuera de Egipto, en el Monte Moriah ¿Habrá


sido enterrado con todos los secretos como era la costumbre
para alguien de su rango?

Durante 1,000 años se transmite oralmente la historia de Abra-


ham y sus descendientes para luego ser incorporada a la Biblia.
Que significativa deben haber sido estas historias para perdu-
rar tanto tiempo.

Hace 3,000 años, en el monte Moriá, durante el reinado de Da-


vid, se comenzó la construcción de un templo para cobijar al
Arca de la Alianza. Recientes investigaciones del arqueólogo
alemán K. Rupprecht han demostrado que el rey David encontró
un templo más antiguo en ese lugar. Dicho templo lo termina su
hijo Salomón quien debió modificar la planta del viejo templo
con sucesivas ampliaciones y modernizaciones, de acuerdo con
las trazas que había dejado su padre.

37
Necesitaban retener a un Dios que, en ese lugar y mil años an-
tes, les había prometido esa tierra para toda su descendencia
quedando la circuncisión como señal del pacto. Para ello debían
hacer un templo donde ese Dios pudiera vivir y estar cómodo
y se había creado una casta sacerdotal, especialmente instruida
para atenderlo (Levitas).

En la construcción del templo interviene un Arquitecto y fun-


didor de nombre Hiram Abif, que enseña artes y oficios a los
Hebreos, hasta ese momento un pueblo de pastores trashuman-
tes, gobernados por una casta sacerdotal que se ocupaba de la
administración y la escritura.

Se dice que al excavar para construir el templo de Salomón


hace 3,000 años (961 AC), los Judíos encontraron los fragmentos
de la otra columna. Subsiguientemente Salomón estableció una
orden sacerdotal (Levitas) que continuo en Jerusalén hasta la
definitiva destrucción del templo, en el año 70 D.C. cuando se
dispersó a Europa.

Ese primer templo duro solo 30 años y fue destruido por el fa-
raón de Egipto Sesac (I Reyes 16,25 y II Crónicas 12,2). Se volvió
a construir y fue destruido por el ejército de Nabucodonosor
38
en el 586 a. C. no quedando en pie ni una sola piedra. Los 50
metros del Muro de los lamentos pertenecieron originalmente
a los muros de contención exteriores del Templo de Herodes,
construido en el siglo I AC y destruido en el año 70 D.C. por los
romanos, luego de una batalla que duró 139 días. Según Flavio
Josefo en esos años fueron asesinados 1.350.000 hombres, mu-
jeres y niños.

Cuando la guerra finalizó, la nación de los judíos había dejado


de existir y solo subsistía una religión: una fe que había perdi-
do la casa de Dios y la primera razón de su existencia. El culto
encontró un nuevo vínculo de unión en el estudio de la Ley y
el culto en la sinagoga. El Talmud sustituyó al Templo y con el
tiempo se convirtió en el símbolo máximo de la religión judía.

Años después el Monte Moriah, es el lugar elegido por el profe-


ta Mahoma, para llevar cabo la travesía nocturna hacia el Trono
de Dios (el Corán, Sura 17:1, Al-Isra), acompañado por el ángel
Gabriel.

39
Actualmente la Mezquita de Omar, cubre este lugar, construida
en el año 691 dC. La presencia de esta mezquita hace imposi-
ble toda investigación arqueológica de los restos del Templo de
Salomón

Según algunos historiadores, durante la Primera cruzada, los


descendientes de estos sacerdotes levitas regresaron a Jerusa-
lén con los Príncipes Cristianos, estableciendo la Orden de los
Caballeros del Temple, los que retiraron los fragmentos de la
columna de Enoch debajo del sanctasanctórum. Los Templarios
descubrieron 3 piedras y en una de ellas se encontraba tallada
la gran palabra perdida. Desde entonces, ese secreto fue trans-
mitido a los sucesores, que tienen derecho a ser reconocidos
como sumos sacerdotes de Jehová.

Seguramente gran parte de nuestra vida ha estado marcada por


los hechos ocurridos en ese pequeño lugar que es el Monte Mo-
riah, pero creo que no hay otro lugar en nuestro planeta que
haya resultado tan significativo e influyente para la humanidad.

http://josemariavilla.blogspot.pe/2007/02/el-monte-moira.
html
40
41
LA TRADICION
MASONICA Y
LOS MISTERIOS
Orlando Galindo

En los Ritos masónicos, exis-


ten grandes misterios perte-
necientes a la tradición masó-
nica del siglo XVIII, repleta de
rosacrucismo, templarismo,
iluminismo, ocultismo... Uno
de los Misterios más profun-
dos de los Ritos masónicos
es la leyenda de Hiram Abiff,
presente esencialmente en
el grado Maestro. Desde la
Maestría Masónica, que per-
tenece a la fase alquímica
Obra al Negro, la historia de
Hiram Abiff nos ofrece Luz
y nos conduce a los grados
de la fase alquímica Obra al
Blanco. Vamos a abordarla en
todo su contenido.

HIRAM ABIFF EN LA BI-


BLIA

De entre los varios personajes


que con este nombre son lla-
mados en la Biblia, el que los
masones consideran maestro
de maestros es Hiram Abiff,
natural de Tiro, artesano fun-
didor y héroe de la leyenda
42
masónica asociada al grado Maestro. La historia de Hiram Abiff
que aparece en el Antiguo Testamento de la Biblia o en la Torah
hebrea es la siguiente.

Cuando los hebreos volvieron a la tierra prometida, el rey David


comenzó a construir el Templo de Jerusalem, el Templum Domi-
ni (El Templo del Señor). Tras la muerte del rey David, su hijo el
rey Salomón, bajo la influencia del profeta Natán, prosiguió la
construcción del Templo. El lugar elegido para la construcción
fue el famoso Monte Moria (relacionado con el término mara, es
decir visión, revelación).

En la obra, Salomón contó con la ayuda de un amigo de su pa-


dre David, Hiram, rey de Tiro en el siglo XI ANE, quien aportó
una cantidad de material considerable para el edificio (oro, ci-
preses, cedros), acercándolos por mar al punto más próximo a
Jerusalem.

El rey Hiram de Tiro también le prestó algunos masones a Salo-


món para que éste culminase la gran obra que suponía la cons-
trucción del Templo. Y Salomón como recompensa concedió
al rey de Tiro la posibilidad de sacar de sus estados cada año
20.000 medidas de trigo, 20.000 de aceite…, entregándole unas
veinte ciudades de Galilea y enviándole obreros para sus nece-
sidades.

Hiram de Tiro, repleto de afecto, por último, le envió a Salomón


un artista en quien moraba el espíritu de la Sabiduría. Hijo de
una mujer de la tribu Neftalí y de un trabajador del latón llama-
do Ur (fuego, luz), de nombre Hiram (vida eterna) y Abiff (padre
mío, el fundidor), Hiram Abiff era un Maestro “lleno de sabidu-
ría, de entendimiento y de conocimiento para hacer toda suerte
de obras de bronce; y vino al rey Salomón, y fue quien hizo para
él toda su obra”. (I Reyes, 7, 14).

Los obreros masones de Hiram Abiff quedaron divididos en


43
aprendices, compañeros y maestros, y cada grado poseyó unos
signos, unos toques y unas palabras secretas.

El Antiguo Testamento de la Biblia, sobre la evolución de la


obra, nos dice:

“Hiram Abiff fundió dos columnas de bronce. Tenía cada una


dieciocho codos de alto, y un hilo de doce codos era el que
podía rodear cada una de las columnas. No eran macizas, sino
huecas; el grueso de sus paredes era de cuatro dedos. Fundió
capiteles de bronce para encima de las columnas; de cinco co-
dos de altura uno y de cinco codos de altura el otro... Erigió
primero la columna de la derecha y le dio el nombre de Jakin, y
luego la columna de la izquierda y le dio el nombre Boaz. Como
remate de las columnas había una especie de lirio. Así fue aca-
bada la obra de las columnas”. (I Re 7, 15-22). Según el Antiguo
Testamento, tras esto, Hiram Abiff preparó más decoración del
Templo, fundiendo las obras en una conocida explanada cerca-
na al Jordán.

Una cuestión distinta a la Biblia es la leyenda masónica del gra-


do Maestro que tiene relación con Hiram Abiff.

LA LEYENDA LUCIFERINA DE HIRAM ABIFF

La leyenda de Hiram Abiff que aparece en la Maestría Masónica


explica que estando cerca la terminación del Templo, Salomón
encargó a Hiram Abiff que realizase el diseño de todas las obras
de decoración del Templo. Éste instaló el taller de fundición en
una explanada no lejos del Jordán y otorgó a los masones tres
categorías: Aprendiz., Compañero y Maestro, enseñándoles sig-
nos, toques y palabras de paso.

Habían 70.000 aprendices, 8.000 compañeros y 3.600 masones.

Cuando el Templo estaba a punto de ser terminado, la reina de


44
los sabeos Balkis, princesa cuya belleza era célebre en todo
Oriente, viajó a Jerusalem para conocer a Salomón, pero el en-
cuentro no resultó del todo afortunado. Balkis, tras conocer por
el cuervo Hud-Hud un asunto relacionado con la cepa de vid
que se encontraba junto al altar, recriminó a Salomón: “para
asegurar tu propia gloria has violado la tumba de tus padres;
y esta cepa...” Y éste respondió con serenidad “que en su lugar
elevaré un altar de porfirio y de maderas de olivo, que haré de-
corar con cuatro serafines de oro”. “Esta viña -dijo Balkis- ha
sido plantada por Noé, tu antepasado. Al levantarla de cuajo has
cometido un acto de rara impiedad. Por ello, el último príncipe
de tu raza será clavado en este madero como un criminal. Pero el
suplicio salvará tu nombre del olvido y hará llover sobre tu casa
una gloria inmortal”. Balkis añadió que quería conocer a Hiram
Abiff y, finalmente, lo consiguió. Tras conocerlo, argumentó que
deseaba conocer a los masones y Salomón se negó. Pero el ge-
nial Maestro por excelencia, Hiram Abiff, subió en ese instante
a un bloque de granito y con la mano derecha realizó un signo
parecido a la T, relacionado con Tiro, Tubalcaín...; y los masones
se reunieron y guardaron un silencio y una quietud asombrosos.

Algunos días después de los hechos narrados, Bedoni, ayudante


y fiel discípulo de Hiram Abiff, sorprendió a tres compañeros:
Fanor el sirio (albañil), Anru el fenicio (carpintero) y Matusael
el judío (minero), planeando sabotear la obra. Y la obra resultó
momentáneamente saboteada, provocando que un Bedoni des-
esperado por no haber advertido a tiempo a Hiram se lanzase
a la ardiente lava. Hiram Abiff, desolado por el fracaso, se retiró
llorando y entonces soñó el sueño más importante de su vida.
Tubalcaín lo transportó al Monte Zión y al centro de la tierra y le
transmitió la tradición luciferina más pura y excelsa:

“De la fundición que brilla enrojecida en las tinieblas de la


noche se alza una sombra luminosa. El fantasma avanza hacia
Hiram, que lo contempla con estupor. Su busto gigantesco está
presidido por una dalmática sin mangas; aros de hierro adornan
45
sus brazos desnudos; su cabeza bronceada encarnada por una
barba cuadrada, trenzada y rizada en varias filas, va cubierta
por una mitra de plata dorada; sostiene en la mano un martillo
de herrero. Sus ojos, grandes y brillantes, se posan con dulzura
en Hiram y, con una voz que parece arrancada de las entrañas
del bronce, le dice:

-Reanima tu alma, levántate hijo mío. Ven sígueme. He visto los


males que abruman a mi raza y me he compadecido de ella...
-Espíritu, ¿quién eres? (pregunta Hiram)
-La sombra de todos tus padres, el antepasado de aquellos que
trabajan y que sufren. ¡Ven! Cuando mi mano se deslice sobre
tu frente, respirarás en la llama. No temas nada. Nunca te has
mostrado débil...
-¿Dónde estoy? ¿Cuál es tu nombre? ¿Adónde me llevas? (dice
Hiram)
-Al centro de la Tierra, en el alma del mundo habitado. Allí se
alza el palacio subterráneo de Enoc, nuestro padre, al que Egip-
to llama Hermes y que Arabia honra con el nombre de Edris...
-¡Potencias inmortales! (exclama Hiram) Entonces es verdad.
¿Tú eres...?
-Tu antepasado, hombre, artista..., tu amo y tu patrono. Yo fui
Tubalcaín.

Llevándole como en un sueño a las profundidades de la Tierra,


Tubalcaín instruye a Hiram Abiff en lo esencial de la tradición
de los cainitas, los herreros, dueños del fuego. En el seno de la
Tierra, Tubalcaín muestra a Hiram la larga serie de sus padres:
Iblis, Caín, Enoc, Irad, Mejuyael, Matusael, Lamec, Tubalcaín...

Y entonces le transmite a Hiram la tradición luciferina: Al co-


mienzo de los tiempos, hubo dos dioses que se repartieron el
Universo, Adonai, el amo de la materia y el elemento Tierra, e
Iblis (Samael, Lucifer, Prometeo, Baphomet), el amo del espíritu
y el fuego. El primero creó al hombre del barro y lo animó. Iblis
y los Elohim (dioses secundarios) que no quieren que éste sea
46
un esclavo de Adonai, despiertan su espíritu, le dan inteligencia
y capacidad de comprensión. Mientras Lilith (hermana de Iblis,
Samael, Lucifer, Baphomet...) se convertía en la amante de Adán
(el primer hombre) enseñándole el arte del pensamiento, Iblis
seducía a Eva y la fecundaba y, junto con el germen de Caín,
deslizaba en su seno una chispa divina (según las tradiciones
talmúdicas Caín nació de los amores de Eva e Iblis, y Abel de la
unión de Eva y Adán).

Más tarde, Adán no sentirá más que desprecio y odio por Caín,
que no es su verdadero hijo. Caín dedica su inteligencia inventi-
va que le viene de los Elohim, a mejorar las condiciones de vida
de su familia, expulsada del Edén y errante por la tierra.

Un día, cansado de ver la ingratitud y la injusticia, se rebelará y


matará a su hermano Abel.

Caín aparece ante Hiram Abiff y también le explica su injusta


situación, añadiendo que en el curso de los siglos y los mile-
nios, sus hijos, hijos de los Elohim e Iblis, trabajarán sin cesar
para mejorar la suerte de los hombres, y que Adonai, celoso tras
intentar aniquilar a la raza humana tras el diluvio, verá fracasar
su plan gracias a Noé, que será ‘avisado por los hijos del fuego’.

Al devolver a Hiram a los límites del mundo tangible, Tubalcaín


le revela que es el último descendiente de Caín, ‘último prínci-
pe de la sangre’ del Ángel de Luz e Iblis, y que Balkis pertenece
también al linaje de Caín, que es la esposa que le está destinada
para la eternidad”.

Tras regresar al Templo conducido por Tubalcaín, Hiram Abiff


está aturdido por el sueño y las visiones, acaba la obra y se une
a Balkis.

Casi terminadas las obras del Templo de Jerusalem, tres com-


pañeros que veían difícil ser admitidos en la Maestría Masónica,
47
decidieron conseguirla por la fuerza. Apostados cada uno en
una puerta del Templo, invitaron a Hiram a desvelar sus secretos.
Como éste no quiso revelarlos, cada uno le asestó un golpe (uno
con una regla sobre el gaznate, otro con una escuadra de hierro
sobre el pecho izquierdo y un tercero con un mazo en la fren-
te) y lo hirieron de muerte. Los asesinos escondieron el cuerpo
sin vida de noche en un bosque, plantando sobre su tumba una
rama de acacia (símbolo de la inmortalidad y la Maestría). Hi-
ram fue descubierto y vengado. Su cuerpo reposó en el Monte
Zión, a unos pocos metros de la Puerta de Zión.

LEYENDA Y TRADICIÓN LUCIFERINA

Hemos apreciado varias cuestiones de interés: Hiram Abiff en


la Biblia, la leyenda de la Maestría Masónica, el luciferismo de
Hiram Abiff y sus antepasados, la tradición luciferina, etc. Repa-
semos algunos puntos de sumo interés.

El árbol genealógico de Hiram Abiff, según la tradición lucife-


rina es:

1. El Dios Supremo y Desconocido


2. Iblis (Samael, Prometeo, Lucifer, Baphomet…) y Eva
3. Caín y Lebuda
4. Enoc y Naema
5. Irad y Naema
6. Mejuyael y Naema
7. Matusael y Naema
8. Lamec y Tsilla (Sela)
9. Tubulcaín y Naema
10. Ur y una viuda
11. Hiram Abiff y Balkis

Y la genealogía de Hiram Abiff de la tradición luciferina que


acabamos de describir, sin lugar a duda, por tanto, se puede
considerar totalmente “luciferina” o ligada al dios de la Luz por
48
varios motivos:

-Hiram, el fundidor de Tiro, era hijo de una viuda de la tribu de


Neftalí (I Reyes, 7-13) o de Dan. Esas dos tribus hebreas fueron
las que volvieron al becerro de oro y renunciaron al elaborado
por Moisés. Un hecho significativo.

-Hiram tuvo por padre a un tirio, también fundidor, llamado Ur.


En hebreo, esa palabra significa “Luz”. Recordemos la impor-
tancia de la Luz con mayúsculas en toda la ruta luciferina.

-La leyenda de Hiram nos cuenta que éste fue instruido, durante
un descenso al centro de la Tierra, por Tubalcaín, su antepa-
sado fundidor. Y Tubalcaín, por cierto la palabra de paso en la
Maestría Masónica, es citado en el Génesis 4-22 de la siguiente
forma: “Sela parió a Tubalcaín, forjador de instrumentos cortan-
tes de bronce y de hierro. La hermana de Tubalcaín era Nae-
ma”. El rabí Simeón (a quien se atribuye el Zohar, el principal
libro de la Cábala) nos aclara: “Naema era la madre de todos los
demonios (sic), porque procedía del lado de Caín”. Naema es
hermana y esposa de Tubalcaín, lo mismo que Isis es hermana
y esposa de Osiris.

-Tubalcaín es un antepasado cercano de Hiram Abiff y la sép-


tima generación nacida de Iblis (Samael, Prometeo, Lucifer,
Baphomet…), el dios de la Luz y Ángel de Luz en la tradición
judía, como se puede ver en el árbol genealógico de la tradi-
ción luciferina descrito más arriba. Con lo cual, podemos ase-
gurar que Hiram Abiff tenía por antepasado directo a Tubalcaín
e Iblis, el dios de la Luz.

-Todo lo expuesto no sólo muestra que Hiram Abiff pertenece a


una genealogía “luciferina”, sino una clara ligazón de éste y sus
antepasados con el dios de la Luz, llamado como hemos dicho
Iblis (Samael, Lucifer, Baphomet, Prometeo…).

49
Los Misterios relatados pertenecen a la Iniciación Primordial
que fue a parar a las masonerías operativas de Egipto, de Is-
rael… Recogidos por el escocismo y memphis-misraïm, por los
Ritos de la Orden Illuminati y la Societas OTO, por el Sistema
denominado Rojismo, esos Misterios son fundamentales en la
iniciación.

El deber de los iniciados es “descubrir” la auténtica tumba de


Hiram Abiff para poseer su Luz y sus Misterios. Así descubren
de quien descienden y quienes son, alcanzando la iniciación
completa. Unos buscan la tumba en el interior del templo, mien-
tras que otros dirigen sus pasos hacia el Monte Zión y las entra-
ñas de la Tierra.
50
GRAN LOGIA DE LOS ANTIGUOS
MISTERIOS UNIVERSALES

JURISPRUDENCIA MASONICA

51
Generalmente se acepta y acuerda que la fuente de la Jurispru-
dencia Masónica yace en los “Antiguos Landmarks”. Mucho ya
se ha dicho acerca de ello en nuestros escritos, pero ello per-
mite que se les deba prestar atención adicional para obtener
una clarificación y comprensión contextual de la Jurisprudencia
Masónica.

La frase los “Antiguos Landmarks” puede ser considerada como


originante en el reconocimiento, por la humanidad antigua, de
esas impresiones divinas, precipitaciones y símbolos, que eran
la garantía para el género humano de aquello que yace detrás,
en y encima de todo fenómeno manifestado. Ellos les hablaron
sobre ese mundo de patrones, de formas arquetípicas y de po-
deres originantes. Él comprendió así que allí existía una regla,
un orden, un programa y un control, y leyes que lo vinculaban y
de las cuales no hay evasión, sino cooperación con ellas que es-
taban buscando firmemente impresionarse sobre la mente de la
humanidad sin infringir el libre albedrío del hombre. También
comprendió que esta influencia omnipresente se extendía a lo
largo del entero universo, trayendo – con la fuerza de la persis-
tencia – orden al caos; sabiduría con la firme disipación de la
oscuridad por la luz de la razón, de la intuición y de la revela-
ción; y belleza y armonía del pecado y la lucha.

En los antiguos Templos de Iniciación de los constructores ope-


rativos se encuentran evidencias de una enseñanza primitiva
cuando los antiguos Instructores de la raza enseñaban a la hu-
manidad infantil. Ellos dieron a los hombres los símbolos ex-
ternos pero no les dieron ninguna interpretación, porque sus
mentes estaban muy poco desarrolladas para captar cualquier
significado o importancia. Solamente vieron la forma dramáti-
ca rudimentaria exterior; construyeron Templos enormes, pero
los construyeron siendo fieles a los diseños simbólicos que ob-
servaron en los ritos y ceremonias ejecutadas por los sacerdo-
tes-iniciados de antaño. En estos restos antiguos se encuentran
evidencias de centros de verdad donde el reconocimiento era
52
acorde a la instrucción dada a la humanidad sobre sus relacio-
nes divinas. Allí, los orígenes de la verdadera religión interna
se encontraron y establecieron en la tierra; y allí, los sacerdo-
tes-iniciados enseñaban a las personas con parábolas y guia-
ron a aquellos que estaba listos lo largo de los procesos de los
ritos iniciáticos. Los pocos de estos edificios sobresalientes que
quedan hoy en día, perduran como testigos inalterables de los
planes del G.A.D.U. y permanecen como símbolos inamovibles
y eternos de aquello que es verdadero y espiritual.

La responsabilidad del Masón moderno es reafirmar las verda-


des antiguas, apuntando a los landmarks como avales de esa
verdad, pero ahora en la forma de una arquitectura sintáctica de
la mente con la cual su pensamiento y consecuente acción está
conformada.

Los Antiguos Landmarks permanecen. No han sido eliminados y


pueden ser hallados por todo aquel que los busca. Su presencia
es la garantía de la luz, del conocimiento y de la inmortalidad,
y la verdad concerniente a los ritos de iniciación, las ceremo-
nias representadas dentro de la Logia Masónica, las pruebas y
dificultades a las cuales se somete siempre a un candidato de
los Misterios y las recompensas y responsabilidades resultan-
tes, todos han sido preservados en la Masonería. Nada de esta
Enseñanza antigua y eterna se ha perdido.

El Masón moderno es el heredero de las eras. Es el custodio de


la verdad que la humanidad necesita. Los Constructores deben
y pueden construir de nuevo el Templo del Señor y así servir a
la necesidad de la humanidad en la Era emergente. Ese Templo
puede ser el receptor de aquel pilar de luz que ahora se en-
cuentra listo para descender al Templo y llenar al mundo entero
con luz. Al establecer la verdadera hermandad y por el uso in-
teligente de la forma de la Masonería, el Masón puede traer luz
al mundo y apresurar la restauración de los Misterios sobre la
tierra. A la consumación de la fusión de lo interno y lo externo,
53
lo subjetivo y lo objetivo, lo operativo y lo especulativo, los Anti-
guos Landmarks testifican, tanto aquellos de orden físico como
aquellos landmarks más subjetivos que constituyen los princi-
pios del gobierno y orden, y que guían al Masón en su trabajo
de construcción.

Los landmarks de la Masonería, por lo tanto, no son sino formas


de la verdad, velando una cualidad divina y conteniendo la pro-
mesa de vida. Son verdades vivientes. Aquello que es visible
y observable en la tierra tiene su contraparte y origen en el
“cielo” (o una realidad interna) y no existe simple o meramente
en virtud de la mente de los hombres. Ciertas verdades eternas
existen, ya sea si el hombre “cree” en ellas o no y existen in-
dependientemente de su registro conciente o reconocimiento.
Esta contraparte o patrón de verdad, proviniendo, como segu-
ramente lo hace, de una MENTE mayor, se impresiona sobre la
conciencia humana y se desarrolla en aquellas formas de reli-
gión, gobierno, cultura y civilizaciones venideras como lentas
expresiones emergentes de verdad espiritual.

Sobre el registro y reacción a estas fuerzas influyentes (incluso


si son inconcientes de su Fuente) está la base del reconocimien-
to de la ley en las mentes de los hombres, no obstante, se origi-
na como ley espiritual.

Como uno de los propósitos designados de la Masonería es que


es el Custodio de la Ley entonces se deben dar consideraciones
más profundas por los Masones en su esfuerzo de comprender
este edicto.

Jurisprudencia

La palabra jurisprudencia está compuesta de dos palabras la-


tinas: jus y prudentia y expresan ciertas inferencias vitales. La
palabra latina jur viene de jus, que significa ley. De ella surge la
palabra justo. En la época clásica jus vino a denotar “derecho”,
54
particularmente “derecho legal”. Prudente y previsor son dos
derivados formados del prefijo latin pro-, que significa “antes,
por adelantado” y videns, el presente participio de videre que
significa “ver” y por lo tanto etimológicamente significa “ante-
visto”. Fue contraída al L.T. prudense, que significa “visionario,
sabio” y llegó al español vía el francés antiguo, prudent. La pa-
labra latina prudentia, significa la habilidad de gobernar y dis-
ciplinar [a uno mismo y a otros] por la razón y habilidad, mar-
cada por la sabiduría. Así el L.T. jurisprudential ha llegado a
significar e implicar: habilidad en la ley; una ciencia o filosofía
de la ley; un sistema de ley.

Es interesante notar que dos de las cuatro borlas colgantes de


las cuatro esquinas del Piso de Mosaico (por lo tanto circunscri-
tas a él) están destinadas a denotar Justicia y Prudencia: Juris-
prudencia.

La jurisprudencia Masónica, por lo tanto, emerge como una


ciencia, sistema o filosofía de ley que está redactada en subor-
dinación a los Landmarks y erigidas como un sistema de prin-
cipios y reglamentos gobernantes en el esfuerzo de establecer
conformidad a los edictos peculiares de aquellos Landmarks.
Es un sistema único de jurisprudencia en el que su sistema está
co-mesurado con ciertas premisas fundamentales afirmando el
hecho de un orden divino de ser y existir, un orden jerárquico
de Inteligencias divinas y un sistema de gobierno que es el cus-
todio de un Plan dirigiendo el curso de la evolución, revelando
así el propósito divino.

Una singularidad mayor de la jurisprudencia Masónica es que


es aplicada por Masones a sí mismos, mantenida entre los unos
y los otros, libremente sometida por un individuo Masón por su
propia voluntad y acorde a ella y que auto-regula y auto-gobier-
na como un sistema grupal jerárquico organizado.

Si los Landmarks están definidos como un reflejo o forma sim-


55
bólica de aquellos principios y propósitos gobernando la Logia
en lo Alto –el prototipo de la Masonería– entonces estos Land-
marks en la Masonería, como leyes, son esencialmente las leyes
o principios del gobierno espiritual. Existen muchos otros tipos
de leyes espirituales y leyes que gobiernan la vida del alma (en
su propio plano), pero los Landmarks, las leyes espirituales de
la Masonería, simbolizan un modo divino de los principios de
gobierno.

El sistema de jurisprudencia en la Masonería ha establecido


una división triple:

1. LANDMARKS
2. REGLAMENTACIONES GENERALES
3. REGLAMENTACIONES LOCALES

Muchas de las reglamentaciones de la Masonería están basadas


sobre costumbres y prácticas largamente establecidas que, a lo
largo de los siglos, subsecuentemente han llegado a ser codi-
ficadas en escritos como reglamentaciones, mientras que otros
han derivado de la promulgación periódica de sus tribunales
supervisores, por ejemplo, una Gran Logia.

Escritores sobre ley municipal han hecho una división de leyes


entre no-escritas y escritas –las leyes no-escritas y las leyes
escritas. La ley civil de los romanos hizo una distinción similar
entre la jus scriptum y la jus non-scriptum, siendo la última tam-
bién llamada la jus moribus constitutum, o la ley basada en con-
suetude inveterata o costumbre inmemorial. Para caer en esta
categoría, la costumbre debe haber existido desde un tiempo
al que “la memoria del hombre no puede retroceder”. Así, los
Landmarks también están ubicados en esta categoría, siendo
de tal antigüedad que ninguna memoria o historia convencional
puede alcanzarlos.

Vale la pena notar la preservación de costumbres antiguas (en


56
el sentido que el espíritu de una costumbre está preservado y
no ha degenerado en un cascarón vacío o repetición) con res-
pecto a la virtud. Como las personas corruptas casi nunca eje-
cutan ninguna acción memorable, digna de emulación, enton-
ces para hacer recuerdo a los hombres de máximas antiguas
generalmente se les recuerda la virtud.

También vale la pena notar que los Landmarks reales son rela-
tivamente pocos en número, pero tanto las Reglamentaciones
como los Trabajos (los principios de los ritos de iniciación)
derivan de ellos. Este es un punto a menudo pasado por alto.
Nuestra Constitución de AUM, por ejemplo, ofrece una tabla de
solo catorce landmarks principales. Pero este número tiene una
importancia esotérica.

Progreso y Cambio

Es necesario hacer una distinción entre landmarks y ciertas


reglamentaciones que, basadas en la tradición, costumbres y
prácticas, han sido consideradas por Masones ambiguamente
como “landmarks” a lo largo de los siglos.

Es común entre los Masones considerar a su Taller como una


“ciencia progresiva” y que “debe necesariamente ser influen-
ciada por el progreso de la era”. De hecho, los Trabajos son pro-
gresivos a medida que el candidato progresa de grado a grado,
pero en otros factores es aquí que las líneas se han vuelto borro-
sas. Los Landmarks no cambian, ni podrían hacerlo.

Es en la “institución” de la Masonería, a lo largo de los siglos,


que las líneas se han vuelto de algún modo borrosas entre los
Landmarks, Cargos y Reglamentaciones donde los Cargos y Re-
glamentaciones, promulgados por las mentes de los hombres,
han llegado a ser erróneamente considerados e incluidos en
las listas de “landmarks” debido a las tradiciones, costumbres
y prácticas establecidas, pero que no caben bajo la definición
57
de Landmarkstal como son dadas en nuestras Constituciones
de AUM. Muy frecuentemente, estas emniendas se insertaron
en varias Constituciones a lo largo de los siglos después del
hecho, por ejemplo, después que cierta práctica que no estaba
“en los libros” había continuado por muchos años, se inserta-
ban enmiendas para incluirla y “escribirla en la ley” e incluso
añadirla en la lista de “landmarks”.

En otro asunto, también diferimos del punto de vista de la Maso-


nería convencional cuando afirma que “debe, necesariamente,
ser influenciada por el progreso de la era” cuando esa afirma-
ción está implícita en el sentido ordinario de progreso. Pode-
mos estar de acuerdo con la afirmación si, por ejemplo, se re-
fiere al periodo mundial al que estamos pasando rápidamente,
la “Era de Acuario”, porque incumbiría a los Masones que son
adecuadamente sensibles a “ser influenciados” por estas ener-
gías afluyentes mientras buscan cooperar con el Plan. Se podría
argumentar, sin embargo, que la Masonería convencional no se
está permitiendo ser influenciada por el “progreso de la era”
incluso por aquella en la que vivimos y de hecho, es incluso de
algún modo reaccionaria ante ella. Para revisar esta afirmación
y poner a la Masonería más en línea con su propósito e inten-
ción divinas, debemos ver que la Masonería misma ¡debería in-
fluir el progreso de la era! (y no quedarse atrás).

Las Mujeres en la Masonería

Es en esta categoría que el argumento a favor o en contra de


las mujeres en la Masonería encuentra su lugar. El argumento
convencional en contra de las mujeres en la Masonería se hace
en base a un punto enlistado bajo los “Cargos” concernientes
a “Ciertas Calificaciones de los Candidatos a la Iniciación” el
cual, a lo largo de los siglos, ha llegado a ser ambiguamente
enlistado como un Landmark. Que deben existir –por necesi-
dad y en virtud de la naturaleza y requisitos para la Iniciación
misma– ciertas calificaciones internas pre-existentes en todos
58
los candidatos a los misterios de la iniciación, es sin duda cier-
to. Pero esta preparación y calificación es de naturaleza interna,
espiritual y, nada tiene que ver con el género. No existe nin-
gún landmark enlistado en nuestra numeración de las catorce
principales que concierna al género; ni tampoco existe ningún
otro landmark que concierna al género. Los Landmarks están
enlistados en forma de afirmaciones cortas, puntuadas, expo-
niendo los principios y propósitos que gobiernan el trabajo de
la Logia en lo Alto y simbolizan –para la conciencia humana– un
modo divino de los principios de gobierno. Acorde a ello, los
asuntos espirituales tienen que ver con la vida espiritual y con-
ciernen a la naturaleza del alma en su propio plano – la cual no
es masculina ni femenina. No tiene sexo. Es una unidad triple
que encarna y corresponde a los aspectos de la Deidad Misma;
atma-budi-manas, expresadas como voluntad-intuición-inteli-
gencia (o mente) y expresadas en la Trinidad Masónica como
Fuerza-Sabiduría-Belleza. El gobierno espiritual es gobierno
espiritual, i.e., concierne al reino del espíritu y del alma en su
propio plano de existencia. El objetivo del aspecto exotérico del
Sendero espiritual en los tres mundos es preparar la forma para
el descenso del aspecto espíritu para que la divinidad pueda
ser expresada en el plano físico. Esto resultaría en el mundo de
la forma siendo gobernada por el aspecto espíritu, trabajando
“abajo” por medio suyo y llevando así, todas las cosas al orden
en conformidad con la ley espiritual o vida. A este propósito
todas las enseñanzas y simbolismo de las ceremonias y ritos
Masónicos rinden testimonio codificado mediante las alegorías
del trabajo de los constructores.

Los llamados “Antiguos Cargos” fueron diseñados en un perio-


do en el cual los elementos operativos y especulativos de la Ma-
sonería fueron combinados. Muchos Masones eran en realidad
masones operativos y los “Cargos” que se les dieron concer-
nieron a los códigos de trabajo, a la lealtad que le debían a sus
empleadores y a un código moral básico de comportamiento.
Estos Cargos parecen ser muy antiguos y estaban contenidos
59
en un Manuscrito (escrito durante el reinado de James II, el cual
se extendió desde 1685 a 1688) que se dice había estado en
posesión de la Logia Antiquity en Londres. Probablemente son
mucho más antiguos que 1685 y contienen “Cargos simples
para permitir o aceptar Masones” es decir “Cargos y cláusu-
las a ser leídas… al hacer a un Francmasón o Francmasones”.
En esos antiguos Cargos, el tercero (concerniente al tema de
las calificaciones para la aceptación) dice, “que aquél que sea
hecho sea capaz en todos los grados; ello es, que haya nacido
libre (i.e. que no sea un esclavo); de buena parentela, honesto y
que no sea ningún peón, y que tenga su miembro correcto como
cualquier hombre debe tenerlo.” Otro Cargo Antiguo, recogido
en 1717 daba la calificación como sigue: “las personas admiti-
das como miembro de una Logia deben ser hombres buenos y
honestos, nacidos libres y de edad madura y discreta, no debe
ser peón, mujer u hombre inmoral o escandaloso, sino tener
acreditación”.

Ahora, si observamos que la Masonería es aquella especulativa


que surgió del arte operativo, entonces la verdad relativa de esa
posición está necesariamente limitada por el punto de vista no
inspirado y académico que traza los orígenes de la Masonería
hasta la resurrección de ciertos gremios operativos antiguos y
sus modos de trabajo. Si ampliamos un poco el punto de vista,
por ejemplo, que la Masonería se originó bajo la dispensación
Judía, posiblemente encarnando una tradición antigua, y que
de algún modo, debido al simbolismo particular y las alegorías
concernientes a la construcción del templo, llegó a estar inex-
plicablemente intricado con el taller de construcción Medieval
y preservado por los gremios, entonces tenemos un punto de
vista ligeramente “místico”, aunque todavía bastante limitado.
Si, de todos modos, el punto de vista es el opuesto a aquel y
se considera que el arte operativo de construcción es esencial-
mente un símbolo externo o precipitación de una Masonería es-
peculativa que se ocupa de la tarea de iluminar, educar y elevar
la conciencia de la humanidad, entonces tal punto de vista debe,

60
necesariamente, concebir al taller de construcción metafórica-
mente. Este último punto de vista, i.e., ver al taller de construc-
ción a través del símbolo y la alegoría, necesariamente dirige la
conciencia hacia un proceso de construcción de tipo metafórico
y lleva el proceso hacia adentro, hacia uno que es más subjeti-
vo que objetivo. Así, replegando el proceso constructor hacia
adentro, nos enfrentamos con un tipo de “constructor” diferente
al físico: el factor mente subjetiva, el principio mental que es
capaz de concebir el patrón del diseño (el anteproyecto arque-
típico) y consecuentemente organizar la sustancia de la mente
(el “material” simbólico), el chitta, vía la construcción-pensante.
Por lo tanto, en lugar de construir un templo externo, es hacia el
Templo interno del Alma (el Templo de Luz) que la Masonería
especulativa dirige nuestra atención, ilustrando el proceso, los
objetivos y las metas espirituales del alma por medio del sim-
bolismo del arte de la construcción. Así, la Masonería especula-
tiva dirige nuestra atención a un proceso evolutivo de la mente o
principio mental –el alma en el plano de la mente como el cons-
tructor del hombre interior– i.e. y así presenta a la mente misma
como la herramienta de trabajo principal. Este principio men-
tal, este elemento racional en nosotros que se nos es heredado
desde el alma misma y nos separa de los reinos sub-humanos
en la naturaleza, es común tanto al hombre como a la mujer.

Que hemos heredado los Antiguos Misterios en la forma de la


Masonería y preservados en una forma judía, sabiamente enmar-
cada por aquellos Profetas judíos de antaño, es sin duda cierto.
Que ellos enmarcaron aquellos Misterios dentro de las alego-
rías de la construcción y del arte de la construcción también
es sin duda cierto; pero aquello que enmarcaron, de acuerdo a
los Antiguos Landmarks era aquello que recibieron de quienes
los precedieron (y durante su estadía en Egipto y como muchos
de ellos llegaron a ser iniciados en los Misterios egipcios), las
verdades espirituales que son de una antigüedad mucho mayor,
habiendo existido “desde tiempos inmemoriales”. Fueron esos
Profetas judíos quienes sabiamente añadieron el simbolismo
61
metafórico de la construcción, i.e., el arte imaginativo de cons-
trucción interna (utilizando la nomenclatura de la construcción
metafóricamente), hasta el linaje y revelación de la Enseñanzas
de los Misterios, que aún continúa. A lo que habían aprendido
de la Luz de los Misterios egipcios añadieron la construcción
del Templo de la Luz con el objetivo de producir la forma para el
descenso del Shekinah divino, i.e., el espíritu divino en el hom-
bre. Así, mediante el arte especulativo de construcción interna,
disciplina y desarrollo intuitivo, la forma podría ser preparada
para el ingreso de algo espiritual y la divinidad se podría ma-
nifestar sobre la tierra, lo que sucedió mediante la aparición de
Cristo en la forma (y por medio de una forma judía), aunque
lamentablemente no lo reconocieron cuando sucedió.

Más y más a lo largo de los siglos, la visión o intención espi-


ritual temprana ha llegado a ser distorsionada y materializada
por tendencia materialista de la mente del hombre. ¡La primera
tarea en la cantera podría ser considerada como perdida! Pero
nada de valor esencial se ha perdido. La verdad de la iniciación
aún está allí, preservada en la Masonería.

Ahora, sin embargo, estamos en una era diferente y ¡lo perdi-


do debe ser encontrado nuevamente! Simplemente existe ne-
cesidad de una revisión de percepciones y comprensiones. El
argumento básico de la exclusión de la mujer en la Masonería,
generalmente se extiende a lo largo de las líneas siguientes,
presentadas aquí en forma de debate. Deberemos separar las
afirmaciones que expresan el punto de vista convencional con-
cerniente a las “calificaciones para la admisión” (en cursivas) y
responder a cada una de ellas con nuestra propia posición en
estos temas.

El Debate Sobre la Mujer en la Masonería

Punto de vista de la Masonería convencional: Es un Landmark


incuestionable de la Orden, y el primerísimo pre-requisito para
62
la iniciación, que el candidato debe ser “un hombre”. Esto por
supuesto prohíbe la iniciación de una mujer.

AUM – Nosotros no hemos encontrado ningún “Landmark in-


cuestionable” como el mencionado. Un antiguo “Cargo” al que
recurrió el hombre ha afirmado este punto, pero este ilustra una
de esas ambigüedades en las cuales un “Cargo” ha llegado a
ser considerado como un “landmark”. Pero un “Cargo” no es un
Landmark de acuerdo a nuestra definición. Aplicando los prin-
cipios de lógica y razonamiento espiritual, el “primer pre-re-
quisito para la iniciación” no tiene nada que ver con el género;
tiene que ver con una preparación y logro interno, espiritual y
concierne solo al “hombre” ya que la palabra “man” en inglés es
derivada etimológicamente de la raíz sánscrita, manas (mente),
refiriéndose al principio mental. Se presume que tanto hombres
y mujeres están en posesión de esta facultad (ya que es la base
del elemento racional en todos nosotros como seres humanos) y
es uno de los principios o aspectos de la Triada Espiritual. Es el
alma, que no tiene sexo, en el plano de la mente la que pasa por
la iniciación y no la personalidad individual –hombre o mujer.

Hasta la última parte del siglo diecinueve, no obstante, existía


una verdad velada en esta afirmación concerniente a la no-ad-
misión de mujeres, la cual tiene su contraparte en la Logia en lo
Alto. Hasta ese periodo, un alma tenía que estar en un cuerpo
masculino en la encarnación en la que sería admitido por pri-
mera vez en una Logia interna de un Maestro de Sabiduría (en
un Ashrama en la nomenclatura de la Sabiduría Eterna). En ese
entonces un alma que ya estaba técnicamente en tal Logia in-
terna podría encarnar en cualquier género, pero la encarnación
en la cual la admisión era lograda por primera vez debía ser en
una forma masculina. Todo eso ha cambiado ahora. Debido a
muchos factores, incluyendo avances en las oportunidades de
la educación exotérica, una pérdida en el agarre de la tiranía
de las iglesias y el pase o surgimiento desde las restricciones
peculiares distorsionadas impuestas durante la Era Pisciana, ha
63
llegado a ser posible que un alma ingrese o sea admitida en una
Logia interna en cualquier género en encarnación, siempre y
cuando todos los requisitos espirituales se encuentren en orden
y así cumplidos.

La Masonería Convencional está, por lo tanto, “atrasada” al res-


ponder a este cambio interno, pero es interesante notar que
también aproximadamente en ese tiempo se dieron las prime-
ras apariciones de Órdenes Masónicas mixtas que estaban res-
pondiendo, aunque inconcientemente, a las energías afluyentes
de este cambio interno.

Punto de vista de la Masonería convencional: Este Landmark


surge de la naturaleza peculiar de nuestra ciencia especulativa
como conectada con un arte operativo. La Masonería Especula-
tiva no es sino la aplicación de la Masonería Operativa a propó-
sitos morales e intelectuales.

AUM – Habiendo prescindido del punto de vista convencional


de que este edicto controversiales un falso “landmark” –una
ley o principio espiritual– es, por supuesto, fácil de aceptar las
bases de esta regla como fundamentada sobre una tradición o
práctica en el arte del Masón operativo, requiriendo labores fí-
sicas pesadas y derivada del tipo de conciencia existente en la
Edad Media. Pero, como fue establecido anteriormente, nuestro
punto de vista es opuesto a la versión exotérica, en que mien-
tras el punto de vista convencional respecto a que la Masonería
especulativa surgió del taller operativo, nosotros vemos al arte
operativo de manera opuesta, es decir, como un resultado ex-
terno, expresión o efecto de la ciencia interna, especulativa; la
aparición en la forma de ciertas precipitaciones internas, con-
cernientes a planes y patrones arquetípicos cósmicos y univer-
sales. Por lo tanto, en nuestro punto de vista, el taller operativo no
es otra cosa sino un símbolo externo de una realidad espiritual
interna y la ciencia especulativa, por lo tanto, existió antes que
el taller operativo. La secuencia es así invertida. Todo procede
64
desde el ser interno hacia las apariencias externas, siendo la
apariencia del fenómeno una precipitación de un impulso inte-
rior. El mediador durante la etapa de existencia auto-conciente
individualizada es el alma, el constructor del hombre interno.
La principal herramienta de trabajo de esta Entidad es el factor
mente en sus divisiones triples, a través de las cuales da forma,
moldea y construye acorde al patrón o diseño interno estableci-
do sobre la Plancha de Trazar de la conciencia espiritual. Su ob-
jetivo es provocar que la “condición del material” se aproxime
y esté conforme a la correcta sincronicidad de vibración con la
cualidad del material para la construcción del Templo de Luz;
en otras palabras, elevar los estados de la materia para aproxi-
marse a los estados de la conciencia.

Por lo tanto, nada en este punto de vista o posición, tiene que


ver con el género. Tanto hombre como mujer son iguales en la
tarea de la auto-disciplina y su resultante progreso espiritual;
ambos son capaces de conducta moral y desarrollo intelectual;
ambos tienen y son producto de las mentes y ambos pueden
pensar y construir internamente (en la luz del alma) por el me-
dio y sustancia del pensamiento.

Punto de vista de la Masonería convencional: Nuestros predece-


sores cincelaron, de acuerdo a las tradiciones de la Orden, en la
construcción de un templo material, mientras que nosotros esta-
mos comprometidos en la elevación de un edificio espiritual –el
templo de la mente.

AUM – Cierto, si el punto de vista de uno esté enteramente li-


mitado a considerar que la Masonería especulativa surgió del
taller operativo y como una nota valiosa de transformación;
pero la naturaleza especulativa de la Masonería está expre-
sada en nomenclatura judía y los judíos mismos nunca fueron
“constructores” de edificios materiales. Empleaban “artesanos
y artífices” de otras “naciones”, incluso acorde a las alegorías
de los rituales. Si aceptamos el punto de vista que los judíos
65
transmitieron los antiguos misterios (durante su dispensación
después de la cual aprendieron de los Misterios egipcios) y los
alegorizaron en la nomenclatura del taller de construcción, tam-
bién debemos comprender que su contribución ya era espe-
culativa– surgiendo de su mente fértil, imaginativa y creativa;
sus mentes siempre han estado orientadas a la elevación de un
edificio espiritual y así preparando a la forma para el descenso
del Shekinah divino, recubriendo así los Antiguos Misterios en
la nomenclatura de los constructores.

Es cierto que “nuestros predecesores cincelaron en la construc-


ción de un templo material” si consideramos a nuestros “pre-
decesores” como la humanidad temprana; pero si se le añade
el componente esotérico, entonces los “predecesores” o ances-
tros, son, por un lado, los señores lunares de la sexta Jerarquía
Creadora, los “ancestros” que proveyeron el andamiaje en el
cual el material para la forma fue vertido, (ya que ellos son los
constructores del hombre exterior); pero, por otro, tenemos a los
señores solares, los “ancestros del hombre espiritual”, la quin-
ta Jerarquía Creadora (que los Profetas judíos comprendieron y
codificaron o alegorizaron y ocultaron dentro de su cambio de
los Misterios a lo largo de las líneas del tema de los Construc-
tores) y esto está también claro en sus Enseñanzas esotéricas y
cabalísticas. Estos señores solares dieron forma y moldearon la
“construcción” de acuerdo a planes internos y diseños arque-
típicos establecidos sobre la P.T. Esotéricamente, nuestros pre-
decesores reales son, por un lado, “aquellos que han andado
este camino antes que nosotros” y han logrado la meta, i.e., ini-
ciación y maestría, y por otro, el Ser Que es la verdadera Fuente
original de nuestro Ser e Identidad Espiritual Individual, la Uni-
dad de la Cuarta Jerarquía Creadora y aquel “rayo del Absolu-
to” dentro nuestro –la Mónada. Nuestra identidad real es el Ser
espiritual Que siempre existió antes de cualquier apariencia en
lo que llamamos forma. Así, esto es también cierto para la se-
cuencia de la Masonería: el Gran Maestro existió antes de la
existencia de una Gran Logia en lo Alto; la Gran Logia en lo Alto
66
existió antes de las Logias en la tierra.

De cualquier modo, no hay nada concerniente al levantamiento


de un “edificio espiritual”, un templo de la mente como un Tem-
plo de Luz que afirme que sólo los hombres pueden hacerlo, o
que las mujeres no. Tanto hombres como mujeres ya son expre-
siones del principio manásico, y ambos, estando en posesión
del elemento racional, presumiblemente poseen esa facultad
que les permite pensar y posteriormente construir internamen-
te –por medio del poder del pensamiento– el Templo de Luz
interno.

Punto de vista de la Masonería convencional: Ellos emplearon


sus implementos para propósitos meramente mecánicos; noso-
tros los utilizamos simbólicamente, con un diseño más exaltado.

AUM – ¡Y qué sistema tan hermoso es! Sin embargo, ya se ha di-


cho suficiente sobre nuestros puntos de vista opuestos en estos
asuntos, y ¡todavía no se ha dicho nada en todo esto acerca de
porque “las mujeres no pueden hacerlo”!

Punto de vista de la Masonería convencional: Es así que en to-


dos nuestros emblemas, nuestro lenguaje y nuestros ritos, exis-
te una bella ejemplificación y aplicación de las reglas de la ma-
sonería operativa a un propósito espiritual.

AUM – Siempre fue así, solo el arte operativo es meramente sim-


bólico de un propósito espiritual pre-existente; y ¡todavía no se
ha probado nada en todo esto acerca de porque “las mujeres no
pueden hacerlo”!

Punto de vista de la Masonería convencional: Y como es eviden-


te que el Rey Salomón empleó en la construcción de su templo
solamente hombres fuertes como un roble y trabajadores inge-
niosos, así en nuestras Logias, en imitación a este gran ejemplo,
demandamos, como un requisito indispensable para la inicia-
67
ción en nuestros misterios, que los candidatos sean hombres,
capaces de ejecutar tal trabajo como el Maestro se lo indique.
Este es, por lo tanto, el origen del Landmark [¿?] que prohíbe la
iniciación de mujeres.

AUM – Como nunca nadie lo ha encontrado, la existencia misma


del Templo del Rey Salomón como un edificio material es cues-
tionable. En la Masonería especulativa, el Templo del Rey Salo-
món ha permanecido como un símbolo, un símbolo del Tempo
del Alma, el Cuerpo Egoico o Causal, donde reina el “rey”, el
alma. Sal-Om-On es un nombre compuesto hecho de tres nom-
bres del sol, (simbolizando al señor solar o alma) en tres idio-
mas antiguos. La naturaleza del “sol” en los Misterios egipcios
representaba un reconocimiento del Sol Central Espiritual y no
las interpretaciones ignorantes de los profanos y “caballeros
leídos” que tradujeron los jeroglíficos como significando lite-
ralmente “adoración al sol”, siendo ellos mismos, no iniciados
en los misterios. Un reconocimiento del sol en sus divisiones
triples y esotéricas era parte de los Misterios egipcios y ellos
comprendieron que este símbolo brillante es una manifestación
externa de la apariencia del Logos solar, que es el Sol Físico
exterior, el Corazón del Sol y el Sol Central Espiritual, el cual
encuentra su correspondencia en el hombre como el Sol de la
Personalidad, el Sol Ascendente (del alma y que está indicado
en el horóscopo como el signo ascendente o sol ascendente) y
el Sol Abrasador de la Mónada. Los judíos aprendieron esto de
los Misterios egipcios y lo codificaron sabiamente en sus Miste-
rios bajo el nombre de Rey Sol-Om-On (representando al alma
o Mónada) el Sol central Espiritual.

La consecuencia del “por lo tanto” en la afirmación convencio-


nal arriba mencionada es cuestionable desde el ángulo del ra-
zonamiento válido. Si el punto de vista de la Masonería es de
tipo material concerniente al taller operativo, entonces la exclu-
sión de la mujer en cuenta de la labor física involucrada puede
ser admisible. Pero, incluso en la Masonería especulativa con-
68
vencional, el elemento espiritual es admitido y está sobrepues-
to sobre el operativo –recurriendo a este último sólo en la forma
de alegorías y símbolos– y de todos modos ¡ninguna labor ma-
nual está nunca involucrada en las Logias especulativas moder-
nas!

Presumiblemente, la Masonería especulativa ya es más que una


“imitación” de una interpretación literal de una labor manual y a
este simple aspecto de la lógica testifican todos los ritos repre-
sentados, las alegorías dramatizadas y la configuración de un
Templo Masónico, ya que todos ellos están considerados como
símbolos ¡incluso por los Masones convencionales modernos!.
Un símbolo es un signo externo y visible de una realidad in-
terna, espiritual. Un “símbolo” no es un símbolo de un símbolo.
El arte operativo ya es un símbolo de una actividad interna. El
problema parece surgir al confundir al símbolo con lo que sim-
boliza. El llamado “requisito indispensable para la iniciación”
en los misterios de la Masonería de que “el candidato debe ser
hombre” (excluyendo a las mujeres) está basado, por lo tanto,
en razonamientos fundamentalmente erróneos. Pero, por su-
puesto, todo depende de la premisa inicial sobre la cual se basa
el argumento y –siendo la percepción interdependiente de la
existencia– dependiendo entonces del punto de vista –ya sea
material o espiritual– ambos son relativamente correctos para
la conciencia que los percibe.

No obstante, no hemos encontrado ningún Landmark descalifi-


cando a la mujer de la Masonería o de participar en los Antiguos
Misterios o de aproximarse a la Iniciación ya que todos estos
principios conciernen al alma y no a la forma. Hemos encon-
trado esta afirmación solamente en un “Cargo” Masónico que
ha sido llamado ambiguamente “landmark”; pero parece haber
sido llevado desde los gremios del taller operativo manual. Pero
puede ser igualmente argumentado que esta regla operativa no
tiene bases inteligentes en la Masonería especulativa verdade-
ra.
69
Tanto hombres como mujeres son productos de las mentes y
almas, criaturas de karma, ya que ambos no son otra cosa que
formas aparentes de una Entidad asexuada, el Alma y la for-
ma cambia de vida en vida dependiendo de los propósitos del
alma. Ambos son intrínsecamente productos de manas y presu-
miblemente, estando en posesión del elemento racional de la
autoconciencia y pensamiento, pueden pensar, planear y actuar
de acuerdo a ello.

Resumen y Conclusiones

Se ha permitido publicar el debate anterior simplemente para


ilustrar la ambigüedad que surge en ausencia de definiciones
claras y razonamiento válido y para ayudar a aclarar la posición
de AUM en el importante asunto de la controversia Masónica.
Esperamos que fomente un debate saludable dentro de la co-
munidad Masónica a nivel mundial y que oportunamente lleve a
un progreso más iluminado e inteligente.

Al dirigirnos sobre este asunto en los párrafos anteriores, sin


embargo, quisiéramos aclarar que nosotros no somos parte de
la bulliciosa multitud respecto a la “batalla de los sexos” y no
tenemos interés en ello de ningún modo. Simplemente estamos
siguiendo un edicto que fue pasado por la Gran Logia en lo Alto
e incorporándolo en nuestro edificio Masónico como una “en-
mienda reguladora” por un lado, y por otro como algo que es
perfectamente natural. Es tan natural para nosotros que ni si-
quiera pensamos en ello como siendo cualquier “otra cosa” o
controversia y hemos llevado estas consideraciones al trabajo
espiritual que tenemos entre manos.

Los problemas de la Masonería convencional no serán resuel-


tos por la inclusión de la mujer, no obstante. El progreso será
realizado solamente por el esfuerzo combinado y grupal de los
miembros de una Logia, debido a una comprensión más pro-
funda del significado de la Masonería y llegando juntos a una
70
nidad de pensamiento sobre sus labores Masónicas y el traba-
jo ejecutado en el piso del Templo. Nuestros miembros deben
primero comprenderse a sí mismos como Masones y que cual-
quier distinción de género no juega ningún rol de ningún tipo
en nuestra aceptación para la admisión o en nuestras considera-
ciones mutuas. Todos nos encontramos en el Nivel como Almas.
Simplemente recomendamos a nuestros miembros: si perciben
algo que está mal en la sociedad y necesita ser corregido, en-
tonces están en la libertad de corregirlo; pero al mismo tiem-
po, mantengan los asuntos separatistas fuera de nuestro trabajo
Masónico en AUM. Como Almas y Masones, nos encontramos
primero en el Nivel y toda otra consideración no es importante
en nuestro trabajo grupal.

http://www.grandlodgeaum.org/es/jurisprudencia-masonica/

71
LANDMARKS Y OTROS ANTIGUOS
DOCUMENTOS DE LA MASONERÍA:
VIGENCIA Y ADECUACIÓN A NUESTROS
TIEMPOS
Antonio Maceo.

1.- INTRODUCCIÓN

El estudio de los Antiguos Documentos de la Masonería consti-


tuye una tarea indispensable del Maestro Masón para entender
el espíritu y sentido del Arte Real. La existencia de los Antiguos
Documentos es la señal de que la actual Masonería procede di-
rectamente de los constructores medievales, de los que hereda
sus principales símbolos y ritos, así como los usos y costumbres
por los que se rigen sus integrantes.

Los llamados “Antiguos Cargos” o “Antiguos Deberes” (Old


Charges), a los se denominan en el presente trabajo como An-
tiguos Documentos de la Masonería, están compuestos por el
material que ha sobrevivido hasta nuestros días, alrededor de
ciento veinte documentos manuscritos, referidos a normas y re-
72
glamentos que gobernaban el arte y la ciencia de la construc-
ción antes del surgimiento del Arte moderno. El más antiguo
conocido es el denominado “Regius” (ms) y según los expertos
fue redactado en 1390 (circa); se trata de un extenso poema,
de una rima arcaica denominada “doggerel verse”, que se en-
cuentra en el British Museum. El segundo en antigüedad es el
llamado “Cooke” (ms), también propiedad del British Museum,
datado hacia 1425 (circa). El tercero en este orden es el “Grand
Lodge” Nº 1 (ms) que pertenece a la Biblioteca de la Gran Logia
Unida de Inglaterra y está datado en el 1583. Muchos de estos
Antiguos Documentos fueron escritos durante el siglo XVII y las
primeras décadas del siglo XVIII, encontrándose en poder de
Grandes Logias o en colecciones privadas.

Sin embargo, el presente estudio no se orienta al estudio de


esos documentos, sino que realiza un examen que pudiera ca-
lificarse crítico sobre los Landmarks o linderos y sus múltiples
versiones. Y ello por su pretensión de resumir la tradición, usos
y costumbres remotos que quedaron inscritos en los Antiguos
Documentos. También sobre la relación que las versiones de
estos “linderos” ha tenido para la desafortunada división de la
masonería universal que agrupa a los obreros en las denomina-
das masonería regular y adogmática.

Especial atención se presta a las Constituciones de Anderson y


a otros documentos menos mencionados, que constituyen ver-
daderos tesoros de la masonería universal.

Con el presente estudio se intenta hacer una aproximación a los


documentos masónicos que debieran ser las fuentes primeras
de derecho de una Obediencia adogmática como la que nos
auspicia.

Una parte del contenido de este estudio corresponde a la re-


copilación de textos, muchos de ellos obtenidos de la red, que
el autor realizó para la plataforma de e-learning masónico que
73
inició la R.•.L.•. Andamana Nº 3 en 2011. Otra proviene de la con-
sulta bibliográfica, o de las apreciaciones del autor que, cuando
lo considera relevante, aclara que es su opinión personal.

La presente plancha es parte del programa de estudios masó-


nicos trazado por la R.•.L.•. Añaza Nº 4 de la Gran Logia de Ca-
narias.

2.- DESARROLLO DEL ESTUDIO


.
2.1.- Los landmarks

Los landmarks (conocidos como linderos, límites, señales) son


reglas particularmente establecidas por la Masonería anglosa-
jona. Fue empleado desde tiempos muy antiguos por los maso-
nes operativos ingleses para referirse a las prácticas, costum-
bres, leyes, y usos de la masonería.

Esta palabra habría sido tomada de la Biblia y recuerda los lin-


deros ––físicos y conductuales–– que no se deben violar. En ma-
sonería se denominan así las limitaciones que supuestamente
ninguna Gran Logia puede derogar, ignorar o modificar, ya que
en ellos están contenidos los principios y la esencia misma de
la Fraternidad. Estas limitaciones, que llamaremos “linderos”,
son aquellos principios o reglas de gobierno masónico que su-
puestamente determinan la naturaleza de nuestra institución y
que, por provenir de tiempos remotos, se tienen en su mayor
parte por inviolables. Se considera que cuando se está “dentro”
de estas fronteras, se presume hay Masonería; fuera de ellas,
se está fuera de la Masonería. Los que encarnan una tendencia
quietista han llegado a sostener que la Masonería es un culto
fundado en bases religiosas y cuyos principios originales –los
landmarks– son inmutables hasta el fin del mundo. En conse-
cuencia, no se pueden introducir modificaciones en los prin-
cipios y fundamentos de la “Masonería Original” para que no
deje de ser de ser Masonería. Enfrentados a esta tendencia se
74
encuentran gran parte de los masones partidarios de una maso-
nería adogmática que represente y encarne las fuerzas dinámi-
cas frente a las tendencias estáticas.

¿Pero cuáles son estos landmarks o linderos?

Para Mackey son 25; para MacBride –enconado y demoledor crí-


tico de Mackey– solo son 12; 8 para Pound; apenas 3 para Pike;
24 para Lecerff; 54 para Grant de Louisville; 24 para Lawrence;
27 son los que se desprenden de lo actuado y aceptado en la
Asamblea General de Francmasones llevada a cabo en Paris en
el año 1523; 8 los que conserva la Gran Logia de Inglaterra; 30
los adoptados por el Gran Oriente Español en el primer tercio
del siglo XX. Algunos de estos linderos son comunes, otros son
bastante diferentes y en algunos casos se encuentran en total
contradicción. Unos pocos linderos de los muchos que se en-
cuentran en las numerosas listas coinciden o son muy similares
a las Obligaciones contenidas en antiguos Estatutos de la Co-
fradía.

¿Cuáles son entonces los verdaderos linderos? ¿Cuál es la for-


ma de establecer esto? ¿Cuáles son los patrones de referencia
que debemos emplear para identificar los genuinos linderos?
Seguramente no lo serán solamente los 25 linderos de Mackey
(los que son rechazados por una buena parte de las obedien-
cias adogmáticas, algunas calificándolos de falsedad ideológi-
ca, sectarismo y carácter tendencioso). Limitar nuestra atención
a ellos significaría una grave omisión.

Definir esta cuestión es de gran importancia para eliminar fal-


sas interpretaciones –equivocadas o intencionadas– que en for-
ma gradual y progresiva han venido desnaturalizando la Fra-
ternidad, apartándola de la región contenida en los antiguos
linderos.

2.1.1.- Diversidad de versiones de los landmarks


75
¿A qué obedece la existencia de tantos y diferentes linderos?
Pareciera que intereses políticos y tendenciosos han sido los
responsables primarios de este fenómeno. Resulta por demás
importante determinar cuáles de estos linderos son auténticos y
en consecuencia imprescindibles para la conservación de la na-
turaleza de la Fraternidad, y cuáles son los aderezos tardíos que
responden principalmente a intereses sectoriales, cuyo propó-
sito ha sido ejercer con exclusividad el gobierno de la Orden e
introducir una orientación definida, contraria a los principios de
universalidad que han caracterizado a la Francmasonería.

¿De qué dependerá la adopción de unos u otros?

Esta decisión deberá tomarse a la luz de todos los antecedentes


disponibles y en función de la clase de masonería que quere-
mos para el futuro. Y tener distintas clases de Masonería sobre
iguales principios básicos no puede calificarse como un pro-
blema sino como una posibilidad de enriquecimiento para la
Orden.

A continuación un repaso de lo que algunos destacados prede-


cesores pensaban sobre el concepto de masonería.

Albert Pike sostenía lo siguiente: “la masonería no es una re-


ligión. Pero enseña y conserva en toda su pureza los dogmas
cardinales de la primitiva fe, que subyacen fundamentalmente
en todas las religiones”.

A. G. Mackey decía que “la masonería es un sistema de morali-


dad velado en alegorías o ilustrado por símbolos. Las ceremo-
nias son externas adiciones que no afectan a su esencia”.

Para A. C. L. Arnold la “masonería es amistad, amor e integridad.


Amistad que se sobrepone a las ficticias distinciones sociales, a
los prejuicios de religión y a las condiciones económicas de la
vida. Amor sin límites ni tibiezas que no conoce desigualdades.
76
Integridad que ata al hombre a la eterna ley del deber”.

G. F. Moore pensaba que la masonería “es la ciencia de la vida


en una sociedad de hombres, como signos, símbolos y ceremo-
nias, que tiene por base un sistema de moralidad y por propósi-
to el perfeccionamiento y dicha del individuo y la humanidad”.
Oscar Posner indicaba que la vida separa a los hombres y que
para unirlos se necesita un arte. “Un medio de este arte –no el
arte mismo– es la masonería. Por tanto, la masonería es el medio
de un arte que se esfuerza en unir a los hombres separados por
la vida, a fin de que puedan entrar en una nueva comunión unos
con otros”.

Para el Gran Oriente de Bélgica, la Francmasonería es una ins-


titución cosmopolita, que tiene por objeto “la búsqueda de la
verdad y el perfeccionamiento de la humanidad. Se funda sobre
la libertad y la tolerancia; no formula ni invoca ningún dogma.
Pide al que se presente a la iniciación que sea hombre honra-
do y que posea una inteligencia que le permita comprender y
propagar los principios masónicos. Exige de sus adeptos, sin-
ceridad en sus convicciones, deseo de instruirse y abnegación.
Forma, pues, una sociedad de hombres probos, que, unidos por
sentimientos de libertad, igualdad y fraternidad, trabajan indi-
vidualmente y en común por el progreso social, ejerciendo así
la beneficencia en el sentido más amplio”.

Para Karl Krause la masonería es “el arte de educar pura y po-


lifacéticamente al hombre en cuanto hombre y a la humanidad
en cuanto humanidad, es decir el arte de despertar, dirigir y
formar plenamente su vida. El arte de alcanzar todo aquello a
lo que el hombre está llamado. Y es a la vez la totalidad de to-
dos los conocimientos y artes que pertenecen necesariamente
a esta tarea.”

Considerar estas opiniones idealizadas puede ayudar de algu-


na manera a delinear el tipo de masonería que se desea tra-
77
bajar, pero también es importante considerar lo que somos y
cuál es la diferencia que nos distingue de los masones de otras
partes del mundo.

La Francmasonería actual puede ser considerada como forman-


do dos grandes grupos: la Masonería anglosajona y la Maso-
nería latina; esta división no es arbitraria, corresponde a dos
grandes corrientes espirituales basadas sobre la diferencia de
religión practicada por la mayoría de los habitantes de estos
dos regímenes. Los países anglosajones profesan más el angli-
canismo (Estados Unidos y Alemania, por ejemplo, protestantis-
mo en general), mientras que los países latinos tienen una fuer-
te influencia de la religión católica romana.

El anglicanismo y el protestantismo tienden a ser relativamen-


te tolerantes y, sin renunciar a su credo, por lo general no son
abiertamente hostiles hacia la Masonería, y hasta se da el caso
de pastores que son, además, masones.

La iglesia católica es diferente. El Código de Derecho Canónico


promulgado por el Papa Juan Pablo II el 25 de enero de 1983,
que, en su canon 1374, señala que “Quien se inscribe en una
asociación que maquina contra la Iglesia debe ser castigado
con una pena justa; quien promueve o dirige esa asociación ha
de ser castigado con entredicho”.

Esta nueva redacción, sin embargo, supuso dos novedades res-


pecto al Código de 1917: la pena no es automática y no se men-
ciona expresamente a la masonería como asociación que cons-
pire contra la Iglesia.

Previendo posibles confusiones, un día antes de que entrara en


vigor la nueva ley eclesiástica del año 1983, fue publicada una
declaración firmada por el Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto
de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En ella se seña-
laba que el criterio de la Iglesia no ha variado en absoluto con
78
respecto a las anteriores declaraciones, y la nominación expre-
sa de la masonería se había omitido por incluirla junto a otras
asociaciones. Se indica, además, que los principios de la maso-
nería siguen siendo incompatibles con la doctrina de la Iglesia,
y que los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas no
pueden acceder a la Sagrada Comunión.

2.1.2.- Qué linderos son generalmente aceptados

De la extensa melange de linderos y de los variados intentos de


codificación e imposición, se concluye que no todos conservan
los rasgos de antigüedad. En su libro “La Masonería”, Emilio J.
Corbière señala que hay tres sobre los cuales no hay dudas de
que revisten el carácter de antiguos linderos. Son los siguientes:

• La necesidad de que los masones se congreguen en logia.


• El gobierno de la Fraternidad, cuando está reunido en logia,
está compuesto por un maestro y dos vigilantes.
• La necesidad de que cada logia, cuando se halla reunida, esté
debidamente guardada (a cubierto tanto de profanos como de
masones ajenos a la logia).

Hay quienes podrán alegar que los secretos de la Fraternidad


debieran considerarse como un antiguo lindero, sin embargo,
en la actualidad esto carece de importancia, habida cuenta que
los nombres de las autoridades son de dominio público, al igual
que las actas de sus asambleas generales, su inscripción de los
registros públicos de sociedades, sus enciclopedias, y los libros
que dan detallada información de sus ceremonias, grados y ri-
tos.

Las mayores discrepancias que se desprenden de un estudio


comparativo de los linderos conocidos, se producen con rela-
ción a la interpretación sobre lo que es el Gran Arquitecto del
Universo, el Libro de la Ley Sagrada y la idea de la inmortalidad
del alma.
79
Estas discrepancias han producido polémicas doctrinarias,
enfrentamientos y divisiones que persisten en nuestro tiempo.
El tema no es nuevo. Oswald Wirth señalaba que “la discordia
tiene su origen en divergentes concepciones en cuanto al ca-
rácter fundamental de la Francmasonería. Algunos quieren ver
en ella una comunidad de creencias reducidas a la afirmación
de la paternidad de Dios, de la inmortalidad del alma, y en el
reconocimiento de un Libro Sagrado, promulgado por la ley di-
vina. Otros estiman que la masonería debe respetar todas las
opiniones religiosas y filosóficas, para no exigir a sus adeptos
sino una moralidad garantida… He aquí el doble punto de vista
que todavía divide a los miembros de una gran confraternidad,
creada y destinada a unir a todos los hombres de bien”.

2.1.3.- La cuestión del Gran Arquitecto del Uni-


verso

El Gran Arquitecto del Universo es una fórmula relativamente


moderna. Para algunos, un Dios polimórfico. Un símbolo de un
principio generador para otros.

La creencia en un Ser Supremo y en una vida futura no tiene


nada de específicamente masónico. ¿Acaso ella no es también
la ley fundamental de todas las Iglesias, la base de todos los
cultos, y a este título, no es ella común a la casi totalidad del
mundo profano? ¿Cómo aceptar, en tales circunstancias, que
esa creencia puede contarse entre esas “ceremonias, reglas y
leyes juzgadas” como absolutamente necesarias para distinguir
a la Orden? ¿Dónde se encuentra la definición del Dios de los
masones? Es inútil que se busque, pues tal definición no exis-
te en ninguna parte como cuerpo de doctrina. Los términos de
este “landmark” de Mackey no pueden ser interpretados más
que en un sentido profano, vulgar, y bajo esa fórmula resulta
incompatible con los principios fundamentales y el espíritu de
la Orden Masónica. Son muchos los que sostienen que los ma-
sones están obligados a tener una “religión” y que no es posible
80
la religión sin el reconocimiento de la responsabilidad del hom-
bre respecto del Ser Supremo o Potestad que llamamos Dios,
por lo que la necesidad de una religión requiere forzosamente
la creencia en Dios. Esta definición resulta demasiado estrecha.
Una de las reconocidas clasificaciones de las religiones es la
denominada “antiteística”, la cual contiene el ateísmo, el agnos-
ticismo, el panteísmo y el animismo. En consecuencia, las “opi-
niones particulares” pueden recorrer todo el camino que va
desde el más puro y refinado monoteísmo al ateísmo, pasando
por el politeísmo, el naturalismo y el fetichismo.

En el Convento organizado en 1877 por el Gran Oriente de Fran-


cia un pastor protestante, el hermano Federico Desmons propu-
so la supresión de la obligatoriedad de la creencia en Dios. Su
proposición fue aceptada por la Asamblea General:

“Pedimos la supresión de esta fórmula porque si es embarazosa


para la Veneratura y para las Logias, no lo es menos para los
profanos que animados de sinceros deseos de formar parte de
nuestra grande y bella Institución, generosa y progresista, se
ven detenidos por esta barrera dogmática que su conciencia no
les permite saltar.

Pedimos la supresión de esta fórmula porque nos parece ex-


tra, inútil y extraña al objeto que persigue la Masonería. Cuan-
do una sociedad de sabios se reúne para estudiar una cuestión
científica ¿se siente obligada a poner en la base de sus Estatu-
tos una fórmula teológica cualquiera? No, esto no se hace. Los
sabios estudian la ciencia independientemente de toda idea
dogmática o religiosa. ¿Por qué no se debe hacer lo mismo en
Masonería? ¿Es que su campo no es bastante vasto, su dominio
lo suficientemente extenso, para que no le sea necesario poner
pie sobre terreno que no sea el suyo?

Dejemos a los teólogos al cuidado de discutir los dogmas, deje-


mos a las Iglesias autoritarias al cuidado de formular sus Sylla-
81
bus, pero que la Masonería quede en lo que debe ser, es decir,
en una Institución abierta a todos los progresos, a todas las ideas
morales elevadas, a todas las inspiraciones amplias y liberales.
Que no descienda jamás a la arena ardiente de las discusio-
nes teológicas que no han aportado jamás –creedme lo que os
digo– más que turbulencias y persecuciones. ¡Que se guarde
muy bien la Masonería de querer ser una Iglesia, un Concilio, un
Sínodo, porque todas las Iglesias, todos los Concilios, todos los
Sínodos han sido violentos y perseguidores! Y esto por haber
querido tener siempre el dogma como base. El dogma que por
su naturaleza es esencialmente inquisidor e intolerante.

Que la Masonería, pues, se cierna majestuosa por encima de to-


das estas cuestiones de sectas o iglesias, que domine en toda su
altura las discusiones, que permanezca siendo el vasto abrigo
siempre cubierto a todos los espíritus generosos y valientes, a
todos los investigadores de la verdad, concienzudos y desinte-
resados, a todas las víctimas, en fin, del despotismo y la intole-
rancia”.

2.1.4.- El Libro de la Ley Sagrada, un símbolo que


divide

El “Libro de la Ley Sagrada” fue en los antiguos tiempos sola


y simplemente el “Libro de la Ley”, libro que contenía los An-
tiguos Deberes, las reglas –los “Old Charges”– que regulaban
la actividad de los gremios. Sobre él prestaban su juramento
los antepasados operativos. Existen indicios de esto, y en cam-
bio, no existen rastros de que se prestaran ante ningún “libro
sagrado”. En la Constitución de Anderson de 1723 no se decía
nada sobre esto. Tampoco se decía nada en la reforma de ca-
rácter aclaratorio que Anderson efectuó en 1738. Recién en el
año 1760 la Biblia adquiere la categoría de “luz” de la logia. Sin
embargo, en los altares de los masones operativos medievales
no había ninguna Biblia. En ellos solo se encontraban las he-
rramientas de trabajo: la regla, la escuadra y el compás –estas
82
eran sus luces. Estas sí son indispensables para los rituales. La
presencia obligatoria de un “Libro Sagrado” puede ir en contra
de las exigencias naturales de la enseñanza iniciática, inclusive
puede hasta llegar a ser inconciliable con el empleo ritual de
símbolos a los que el mundo profano haya dado una determina-
da significación, que el Masón mal iniciado o poco instruido en
su Arte no tenderá a superar. O. Wirth encuentra comprensible
“que la Biblia conserve todo su prestigio ante aquellos espíritus
religiosos que buscan en ella la palabra de Dios, haciéndola,
a la par, la guía infalible de su fe; pero semejante veneración
está muy lejos de poder imponerse racionalmente y constituye
una característica anglosajona de la que no participan las razas
latinas. Los masones anglosajones quisieron tener su Masonería
particular y renunciaron al universalismo proclamado en 1723”.
Exigir un espíritu religioso es impropio de la Orden. Quien se-
ñala los antiguos manuscritos para recordar que en ellos se ha-
cía referencia a que las reuniones se consagraban a Dios, a la
Santísima Trinidad, a los santos y a la Virgen, hay que contra-
poner que esto no significa la obligatoriedad de esa práctica.
En aquellos tiempos todos estaban obligados a pertenecer a
una religión, quienes así no lo hacían o no lo manifestaban eran
considerados herejes y eran candidatos a perder todo, incluso
su vida.

La religión, considerada como sistema de fe y de veneración,


pertenece a la Iglesia, con toda legitimidad, y no necesaria-
mente a una organización fraternal. “La Francmasonería no es
un credo, ni un dogma, ni señala determinado camino a seguir a
fin de ganar la gloria. La Francmasonería no puede ser una reli-
gión porque no tiene dogma, y es harto sabido que no hay reli-
gión sin dogma. La Francmasonería no puede ser una religión,
porque sus principios están en pugna con los dogmas de las
religiones, y están en pugna con estos, porque estos se declaran
eternos y materia de fe ciega y absoluta, mientras que aquellos
están sometidos al criterio científico experimental, que pue-
de modificarlos con el progreso de la investigación”(Victory y
83
Suárez). Las Constituciones de Anderson de 1723 no tienen ni
confieren a la masonería un espíritu religioso. En este sentido
es importante recordar aquella regla de interpretación de las
normas jurídicas, según la cual ubi lex voluit, dixit; ubi noluit,
tacuit(cuando la ley quiere, lo dice; cuando no quiere, calla). Y
esto es precisamente lo que sucedió con estas Constituciones.
No dicen absolutamente nada sobre la presunta obligatoriedad
de la calidad religiosa ni de la obligatoriedad del polémico “Li-
bro de la Ley Sagrada”.

2.1.5.- La creencia en la inmortalidad del alma

Mackey la hace figurar como el vigésimo lindero. Paton lo defi-


ne como la “resurrección de los cuerpos y la vida futura”. Pike
acepta la creencia en la vida futura, pero no en la resurrección.
Esta supuesta obligación no puede considerarse como tal:

1. porque no existen vestigios de que al constituirse la Francma-


sonería moderna, fuera la creencia en la inmortalidad del alma
algo que integrara el propósito de sus fundadores;
2. porque nada sobre el particular se consigna en las Constitu-
ciones de Anderson de 1723, ni aún en los Reglamentos Gene-
rales de 1721, y si no fue móvil o ideal de la Gran Logia Inglesa
en sus pasos iniciales, no puede exigirse a las demás Potencias
que se fundaron posteriormente;
3. porque en razón de la íntima vinculación que tal creencia tie-
ne con el dogma, es casi seguro que se introdujo en la Orden
por aquellos místicos que adoptaron la tendencia dogmática en
épocas ulteriores;
4. porque la creencia en la inmortalidad del alma integra la
ideología de ciertas especulaciones filosóficas que guardan re-
lación con algunos altos grados, no con los simbólicos, y deben
eliminarse por el carácter adogmático de la Orden y en aras
de su universalidad; (Derecho Interpotencial Público Masónico,
Cap. IX, Art. 28).

84
Pensar en nuestro tiempo en la “inmortalidad del alma” es inad-
misible para quienes no comparten ideas religiosas que auspi-
cian este supuesto. Esta idea para ellos se resume en la inmorta-
lidad del pensamiento y de las obras. Afortunadamente, la Gran
Logia Unida de Inglaterra ha dejado de lado la obligación de la
creencia en una vida futura.

El prestigioso jurista argentino Virgilio A. Lasca, en su obra “De-


recho Interpotencial Público Masónico” señala que lo funda-
mental a considerarse en estas guías o pautas, debe inspirarse
en lo esencial del contenido de las Constituciones de Anderson
de 1723, y en modo alguno en las particularizaciones o peculia-
ridades que en cada jurisdicción masónica se han impuesto por
las modalidades de ambiente. “Se impone una elevación espiri-
tual para avizorar la gran obra a cumplir por la Francmasonería
en esta humanidad ansiosa de paz y armonía para afianzar su
progresivo mejoramiento.”

“Deben contemplarse todos los principios que tiendan a unir


las Potencias, y desechar aquellos otros que son motivo de dis-
crepancia, si es que comprendemos bien el Arte de construir
una verdadera fraternidad.”

Es conveniente distinguir que las referidas Constituciones de


Anderson no son de modo alguno un antiguo lindero, aunque sí
pueden ser un patrón de referencia. La Constitución publicada
por la Gran Logia de Inglaterra en el año 1723 es una verdadera
reforma de los usos y costumbres de la Masonería operativa,
llevada a cabo por la necesidad de organizar la Fraternidad, a
fin de reunir los elementos dispersos y coordinar sus esfuerzos.
Esto está claramente explicitado en la página 73 del Libro de las
Constituciones de 1723, en la que se puede leer esta interesan-
te texto: “…Habiendo sido –en Inglaterra– considerablemente
interpoladas [¡no solo en la Biblia se hacían interpolaciones!]
y mutiladas y lamentablemente alteradas las añejas Constitu-
ciones… nuestro antiguo Respetable Gran Maestre encargó al
85
autor examinar, corregir y redactar, siguiendo un método nue-
vo y mejor, la historia, deberes y reglamentos de nuestra vieja
fraternidad. En consecuencia, este último ha estudiado diversos
documentos provenientes de Italia, de Escocia y de distintas re-
giones de Inglaterra –entre los que encontró gran número de
errores– y de ellos, así como de otros antiguos archivos masóni-
cos, sacó las Constituciones aquí publicadas con los Deberes y
Reglamentos Generales”.

Esta página ha sido sospechosamente puesta en la sombra por


los historiadores. Existe una larga lista de antiguos documen-
tos masónicos, y se cree que el famoso “Manuscrito Regio”, que
data de alrededor del año 1390, es el más antiguo de todos. La
“Carta di Bologna”, importante documento del año 1248, tam-
bién es mantenido en la oscuridad por muchos de historiógra-
fos de la Fraternidad. ¿A qué se debe este silencio? ¿Se tendría
que ver en esto una no confesada intención de preponderancia
británica?

La obra de Anderson no pudo evitar la aparición de susceptibi-


lidades. Edouard Plantagenet cuenta que aquellos que perma-
necían fieles a lo que creían ser la verdadera tradición masó-
nica, no querían admitir que la tradición que respetaban podía
haber sido realmente corrompida por alteraciones de todo or-
den. Es precisamente a estos hermanos a quienes se debe en
1722 –en el mismo momento en que el trabajo de Anderson era
confiado a una comisión de revisión especialmente nombrada
para su examen– la publicación de una Constitución (“The Old
Constitutions belonging to the Ancient and Honourable Socie-
ty of Free and Accepted Masons”), copiada –según lo declara-
ban– de un documento manuscrito de más de quinientos años
de edad. No cabe ninguna duda que este antecedente provocó
que años más tarde –en 1858 como se pretende– se publicara
una lista enumerativa de los “Landmarks”, o Principios Funda-
mentales e Imprescindibles de la Orden, que opusieron a las
“Constituciones de Anderson”. Todavía hoy la Gran Logia Unida
86
de Inglaterra hace de esos Landmarks la base de la ortodoxia
masónica, y al mismo tiempo hoy muchos hermanos creen que
ciertos linderos están indisolublemente unidos a los postulados
de las Constituciones de Anderson.

Según Plantagenet,“si confrontamos los Landmarks y las Obliga-


ciones [Anderson], nos vemos fatalmente obligados –de buen o
mal grado– a comprobar que, lejos de complementarse mutua-
mente, como nos induciría a admitirlo la doctrina anglo-sajona,
ambos documentos se contradicen o se hallan en desacuerdo
sobre más de un punto; que su respectiva autoridad ‘legal’ está
lejos de ser equivalente y, por último, que sus divergencias –tan
nefastas para la noble grandeza y la sublime universalidad del
Ideal masónico– tienen por origen un malentendido, tanto más
afligente [sic] cuanto que él no parece ser, más que una deplo-
rable consecuencia de la eterna incompatibilidad existente en-
tre la letra y el espíritu. Estas diferencias no son fruto del azar ni
de la fantasía del redactor; ellas son voluntarias, premeditadas
y, lo que es más, meticulosamente definidas y puestas a punto”.

Estas diferencias se acentuaron con el tiempo e impulsaron a


los “antiguos” (la oposición de los “modernos” que rodeaban
y apoyaban a Anderson) a volver a sus antiguos sentimientos,
renegar de las Constituciones de Anderson, invocar la impres-
criptibilidad de los linderos (landmarks) que ellos “habían des-
cubierto” y provocar así la alteración del texto original de An-
derson y después el paradojal maridaje de sus linderos con las
Antiguas Obligaciones.

¿Qué son y qué no son entonces los Landmarks?

Hasta hoy no se conoce ni su número ni su naturaleza particular,


y ninguna de las nomenclaturas en curso reviste un carácter de
autenticidad suficientemente notoria como para evitar la duda
que nace de tan singulares contradicciones y de la visible puja
que produce su cotejo. Unos pocos corresponden a los antiguos
87
e inalterables linderos. Otros muchos no son nada más que tar-
díos agregados e interpolaciones que tuvieron como objeto pri-
mordial sustentar posiciones altamente criticables por lo poco
masónicas. Ciertamente, no será posible a través de estos me-
dir el grado de desviación que se ha operado en la Fraternidad,
ni el alejamiento de los postulados que la animaban. Conside-
rar que los llamados landmarks son el conjunto de rasgos pro-
pios y exclusivos de la Orden –sin efectuar un previo análisis de
los mismos– puede llevarnos a cometer graves equivocaciones.
Este análisis es ineludible para determinar si las Constitucio-
nes de Anderson pueden o no ser consideradas como la Carta
fundamental de la Masonería especulativa, o en su defecto, con-
siderar como tal a los principios básicos de la Francmasonería
Universal, aprobados en la Asamblea General de Francmasones
reunida en Paris en el año 1523.

No hay dudas de la existencia real de determinados linderos no


desprovistos de cierta autoridad y que pueden –en cierta medi-
da por lo menos– representar algunos elementos esenciales de
la regularidad masónica. Sin embargo, para hacer de ellos bajo
esta forma la base del derecho masónico, sería necesario to-
davía que esos linderos fundamentales fuesen codificados des-
pués de haber sido aligerados de todas las prescripciones cuya
universalidad no está demostrada de un modo incontrovertible,
o que no se ajustan estrechamente a la definición admitida para
sus caracteres específicos.

Los linderos que propuso Mackey son notoriamente posteriores


al libro de las Constituciones de Anderson. En cuanto al resto,
¿qué título se podría invocar ante las circunstancias ya señala-
das para conceder a los linderos en general una precedencia
cualquiera sobre las Constituciones de Anderson? El argumen-
to de la anterioridad no puede ser utilizado; su autenticidad está
sujeta a caución; su universalidad es discutible; su número es
desconocido; nada define “oficialmente” su carácter; ni siquiera
se puede pretender que la enunciación de los principales de
88
entre ellos haya aportado un elemento nuevo para el estableci-
miento de los cuadros del derecho masónico.

En la Constitución “operativa” publicada en Londres en 1722 no


se encuentra ninguna referencia que pueda servir de base para
la justificación de los “landmarks” de Mackey. Por el contrario,
se puede apreciar que por primera vez apareció esta expresión
en el vocabulario masónico, en el artículo XXXIX de las Anti-
guas Ordenanzas, publicadas a continuación de las Constitucio-
nes de Anderson:

“XXXIX. Every Annual Grand Lodge has an inherent Power and


Authority to make “new regulations” or to alter these, for the
real Benefit of this ancient Fraternity: Provided always “the old
Landmarks be carefully preserved…”

Como en el decreto de aprobación de la Gran Logia se expresa


que los textos de Anderson deben ser considerados como las
únicas Constituciones de la Orden:

“… and we ordain that these be received in every particular Lo-


dge under our cognizance, as the only Constitution of Free and
Accepted Masons amongst us…”

No puede caber duda de que las prescripciones a que esta de-


claración se refería no eran otras que las editadas por los “Old
Charges” mismos.

Si se consideran estas prescripciones con la atención que se


merecen, rápidamente se constata que, adoptando el aspecto
de una constitución operativa, estas trazan muy claramente el
cuadro espiritual de la Masonería especulativa, destacando las
tradiciones que importa respetar para que el Masón virtuoso
pueda “realizar” la iniciación y convertirse en un “Iniciado” –en
el sentido intelectual del término– y para que la Orden conser-
ve su fisonomía propia en medio de las instituciones profanas,
89
dedicadas a la satisfacción fragmentaria y temporal de las aspi-
raciones trascendentes e integrales de la comunidad masónica.

Se enfrenta así una verdadera disyuntiva: optar entre Linderos


o Constituciones. Abordar la difícil tarea (hasta hoy no acometi-
da) de pesquisar y analizar todos los linderos que andan dando
vueltas y decidir cuáles de ellos son auténticos y vitales para el
mantenimiento del carácter que identifica a la Fraternidad.Pue-
de resultar equívoco emitir una opinión acerca de los “antiguos
linderos” considerando solamente los enunciados por Mackey.
Nadie ha podido responder de qué fuentes los ha extraído. Son
muchos los hermanos que no aceptan la preferencia excesiva
que se otorga a estos linderos por sobre las Constituciones de
Anderson, porque en algunos aspectos ellos las desvirtúan con
una peligrosa pugna y en otros las repiten inútilmente.

Lo que interesa ante todo es entenderse. Cuando se proclama


que los antiguos linderos son “inalterables, inamovibles e in-
mutables” resulta positivamente cierto si se tienen en cuenta
cuando menos las Constituciones de Anderson, pero no si se
considera la nomenclatura de Mackey, que ha invadido muchos
terrenos para poder pretender cierta calidad de imprescripti-
ble. No se puede detener la evolución misma, atándola a los lí-
mites infranqueables de un pasado muerto. La naturaleza no es
estacionaria.

“Las instituciones envejecen mientras la Humanidad rejuvene-


ce sin cesar; los métodos pueden gastarse, las exigencias de los
tiempos y del espíritu modificarse, las doctrinas corromperse,
solo el “fin” permanece eternamente idéntico a sí mismo por-
que nosotros estamos ‘en el valle’ y él está ‘en la cima’.

Si a nuestro turno osáramos expresar un landmark iniciático en


apoyo de nuestra tesis, diríamos que lo que nos distingue espe-
cíficamente de la actividad intelectual y social del mundo profa-
no es precisamente que ‘la comunidad humana se esfuerza por
90
realizar la doctrina’ tentando a cada individuo, cada función y
cada grupo a imponer la suya a los otros, mientras que la colec-
tividad masónica no aspira sino a encaminar la Humanidad ha-
cia ‘el fin’, haciéndolo perceptible a todos y dejando a cada uno
el cuidado de encontrar su vía y de progresar por ella según sus
fuerzas y sus posibilidades.

Es por eso que la enseñanza iniciática no se presta a ninguna


limitación espiritual; la glosa iniciática de hoy es esencialmente
diferente de aquella cuyo texto nos dan los rituales del siglo
XVIII, aunque el objetivo final siga siendo el mismo.

Como conclusión se puede afirmar que las Obligaciones de An-


derson, al igual que los Principios Básicos Constitutivos de la
Francmasonería Universal del año 1523, constituyen los únicos
documentos capaces de proporcionar una base sólida al dere-
cho masónico. Desgraciadamente, los llamados landmarks o lin-
deros, bajo su forma actual no solamente es nulo su valor, sino
que, además de su imprecisión, su falta de coordinación y la
puja enredada que evidencian sus términos, constituyen para la
Orden un mal de una excepcional gravedad que sería de urgen-
cia extirpar. ¿Es ello posible? No cabe duda de que sí. Bastaría
solamente con no dejar que en la busca racional de la solución
del problema la letra ahogue al espíritu y los particularismos
estrangulen a la Fraternidad”. (Plantagenet)

Los “antiguos linderos” –los landmarks– cuyo sentido real y


número no son ampliamente conocidos por los masones, han
demostrado que solo convienen a las potencias masónicas, ya
que les permite –por la ambigüedad del término– acusarse re-
cíprocamente de la no observación de la antigua tradición de
los Masones operativos, pecado del que todas ellas se hacen
más o menos culpables.

2.2.- Las Constituciones de Anderson

91
Las Constituciones de Anderson señalan el inicio de la moder-
na francmasonería especulativa. Fueron redactadas por el pas-
tor James Anderson y Jean Théophile Désaguliers, aprobadas y
publicadas en 1723.

“Constituciones de Anderson” es la acepción más común a las


constituciones en las que se refleja por primera vez la condición
de los masones especulativos tras la tradición de los masones
operativos de siglos anteriores. El nombre con el que se publicó
es “Constitución de los Francmasones”. El documento original
fue modificado posteriormente en 1738 y 1813.

De una forma simbólica se hace constar en las Constituciones


que a partir de entonces ya no será la catedral un templo de
piedra a construir, sino que el edificio que habrá de levantarse
será la catedral del Universo, es decir, la misma Humanidad.

El trabajo sobre la piedra bruta destinada a convertirse en cúbi-


ca, es decir, apta a las exigencias constructivas, será el hombre,
quien habrá de irse puliendo en contacto con sus semejantes
a través de una enseñanza en gran parte simbólica. Cada útil o
herramienta de los picapedreros recibirá un sentido simbólico:
la escuadra, para regular las acciones; el compás, para mante-
nerse en los límites con todos los hombres, especialmente con
los hermanos masones. El delantal, símbolo del trabajo, que con
su blancura indica el candor de las costumbres y la igualdad;
los guantes blancos que recuerdan al francmasón que no debe
jamás mancharse las manos con la iniquidad, etc.

La Masonería se convertía, pues, en el lugar de encuentro de


hombres de cierta cultura, con inquietudes intelectuales, inte-
resados por el humanismo como fraternidad, por encima de las
separaciones y de las oposiciones sectarias, que tantos sufri-
mientos habían acarreado a Europa: la Reforma, por una parte,
y la Contrarreforma, por otra. Les animaba un espíritu universa-
lista y el deseo de encontrarse en una atmósfera de tolerancia
92
y fraternidad. El artículo fundamental de las Constituciones de
1723 lo subraya claramente al afirmar que “…Aun cuando en los
tiempos antiguos los masones estaban obligados a practicar la
religión que se observaba en los países donde habitaban, hoy
se ha creído más oportuno no imponerle otra religión que aque-
lla en que todos los hombres están de acuerdo, y dejarles com-
pleta libertad respecto a sus opiniones personales. Esta religión
consiste en ser hombres buenos y leales, es decir, hombres de
honor y de probidad, cualquiera que sea la diferencia de sus
nombres o de sus convicciones.”

Otro artículo precisa que cuando los trabajos están cerrados y


los hermanos se hallan reunidos fuera de la logia, pueden dedi-
carse a placeres inocentes evitando los excesos de todo género,
y sobre todoabsteniéndose de decir y de hacer cosa alguna que
pudiere herir o romper la buena armonía que entre todos debe
reinar siempre. Por esta razón, no deben llevarse a estas reunio-
nes odios privados, ni motivo alguno de discordia y, sobre todo,
deben evitarse en absoluto las discusiones sobre religión y po-
lítica, sobre nacionalidad, puesto que los masones, como antes
hemos dicho, no profesan otro ideal que la universalidad, y que
pertenecen a todos los pueblos, a todas las lenguas…

Este apartado ha dado lugar a un cierto mal entendido, ya que


de la recomendación de Anderson que se refiere al momento
“cuando la Logia esté cerrada, pero estando aún reunidos los
hermanos”, algunos masones han hecho una interpretación ex-
tensiva al momento en que la Logia está organizada, prohibien-
do en ella la discusión sobre determinados temas.

2.2.1.- Evolución

Las Constituciones de Anderson son una de las más importantes


para los francmasones en el mundo. Para entender su contenido
deberíamos comprender primero un poco el contexto histórico.

93
El contexto histórico

Como ya se ha comentado varias veces, frecuentemente se tien-


de a analizar los hechos de una época con la mentalidad actual,
error que da lugar a muchos equívocos. Para poder medir en
su justa medida el alcance de cualquier hecho histórico es vi-
tal conocer el contexto histórico en el cual este tuvo lugar. Las
Constituciones de Anderson no son una excepción, y para ver el
alcance real de su contenido, para darse cuenta cuan avanzada
fue, es necesario verlas desde la óptica de dicha época.

La sociedad inglesa de 1720 se destacaba por su intolerancia,


frivolidad e inmoralidad. La iglesia se hundía y el gobierno era
impotente. Sin embargo, durante este mismo período Inglaterra
conoce profundos cambios. Por otro lado, después de las cruen-
tas luchas políticas y religiosas, llega el triunfo de la monarquía
constitucional, del régimen representativo, de la libertad para
los protestantes, pero también de la prohibición del catolicismo.
El Parlamento Inglés había tomado prestadas para elaborar la
nueva Declaración de los Derechos las ideas de Locke: asegu-
rar la libertad y la felicidad del hombre. Sin embargo, tenemos
que destacar que esta tolerancia era parcial y estaba restringi-
da a los cristianos protestantes y anglicanos. Los católicos y los
musulmanes eran rechazados, los libres pensadores excluidos.
Esta limitación, la encontraremos en parte, en las Constitucio-
nes de Anderson de 1723 pero en las siguientes será eliminada,
lo cual ya es prueba de su modernismo para la época.

Asimismo, Desaguliers formaba parte de la Royal Society y


trabajaba muy en cercanía con Sir Isaac Newton, por lo que el
nuevo aire de la ilustración encontró un camino de entrada a su
través. Las obras de Newton originan la nueva orientación cien-
tífica de la época y trae el cambio de espíritu radical que nos ha
transmitido Voltaire.

Nacidas en este contexto, en 1723 Desaguliers, que no debe-


94
mos olvidar participó junto con Payne en la elaboración de las
mismas, no ignoró el concepto de tolerancia propuesto por Loc-
ke y tuvo en cuenta el principio de separación de los poderes
eclesiástico y estatal. La publicación de las Constituciones mar-
ca además el deseo de establecer una historia de la Masonería
que afirme su filiación operativa y tradicional sin poner en ries-
go el aspecto jurídico del texto.

Las constituciones: su desarrollo y evolución

Definido más o menos el ambiente de la época se puede hacer


una breve cronología de cómo fueron desarrollándose los pa-
sos que llevaron a su creación. Aunque se dice que Payne orde-
nó a James Anderson la redacción de las Constituciones esto no
es del todo correcto. Quien realmente dio la orden fue el Duque
de Montagu, si bien fue durante el mandato de Payne y con la
ayuda de este y Desaguliers que estas fueron tomando forma.

Tanto George Payne como Desaguliers eran recopiladores de


documentos masónicos antiguos. Si bien bajo el período de
mandato de Desaguliers en una decisión controvertida, ordenó
quemar varios manuscritos masónicos para evitar que fuesen a
manos profanas. Este exceso de celo masónico originaría una
pérdida de valiosos elementos de investigación histórica.

Durante el mandato de Payne y Desaguliers se acercaron a la


Masonería muchos nobles, entre ellos el Duque de Montagu,
que fue elegido Gran Maestro el año 1721. El día 25 de Sep-
tiembre de ese mismo año, Montagu encarga a James Ander-
son que presentase un proyecto de Constitución compilando
las antiguas Constituciones Góticas de los gremios Alemanes
promulgadas en 1459, también conocidas como Ordenanzas de
la Asociación de Logias de Constructores y que agrupaba a las
Grandes Logias de Estrasburgo, Viena, Colonia y Berna.

El motivo de ese encargo fue el crecimiento experimentado por


95
la Gran Logia de Inglaterra, lo cual hizo ver la necesidad de
crear una Constitución como medio de control de la institución.
Se sabe que tanto Payne como Desaguliers colaboraron con Ja-
mes Anderson de manera muy cercana poniendo a su disposi-
ción gran parte de la documentación que ambos conservaban
sobre la antigua masonería. El reverendo Anderson (era pastor
protestante) se dedicó con especial interés a su trabajo. El 27
de Diciembre de 1721 se designó una comisión de 14 hermanos
entre los que estaban el propio Anderson, el pastor Desaguliers
y el anticuario Payne. La obra fue aprobada en una reunión so-
lemne en el Asamblea de la Gran Logia el 17 de Enero de 1723,
dirigida por el Gran Maestro Duque Felipe de Wharton.

Después de la aprobación de la Constitución, la obra fue publi-


cada en la revista “Postboy” y autorizada su venta libre el 28 de
febrero de 1723. La obra, aún cuando todo el trabajo fue realiza-
do por Anderson, llevaba una dedicatoria de Desaguliers al ex
Gran Maestro Duque de Montagu, bajo cuyo mandato fue orde-
nada su redacción.

El libro tenía una corta historia de la masonería desde la crea-


ción del mundo, los Antiguos deberes o Leyes Fundamentales
(Old Charges), las 39 obligaciones o 39 artículos de los Regla-
mentos Generales, la aprobación del libro, los 6 artículos de la
Constitución propiamente dicha y 4 canticos masónicos (Can-
ción del Maestro, Canción del Vigilante, Canción de los Com-
pañeros y Canción de los Aprendices). La constitución no hace
referencia alguna a grados superiores ni a la leyenda de Hiram
Abif.

La publicación de la primera edición del Libro de las Constitu-


ciones creó polémicas muy fuertes en todos los ámbitos socia-
les. El artículo más polémico de la Constitución acabó siendo el
nº 1 (Dios y la Religión), que establece que:

“Un masón está obligado, por su condición, a obedecer a la Ley


96
moral, y si entiende bien el Arte, no será jamás un ateo estúpido,
ni un libertino irreligioso”

Este artículo, tal como se redactó fue interpretado como un ata-


que a los ateos, eso hizo, entre otras cosas que Anderson fuera
llamado de nuevo en 1735 para preparar una Segunda edición
de su obra. En esta segunda edición aprovechó para introducir
una importante modificación en este controvertido artículo y el
25 de Enero de 1738 entregó el producto de su trabajo al que
añadió una lista de todos los Grandes Maestros desde 1717 has-
ta la fecha.

El artículo 1º fue modificado y redactado de esta manera: “El


masón está comprometido por su cualidad misma, a obedecer
la ley moral, como un verdadero noaquita [Discípulo de Noé]”.
Sin embargo, ni siquiera esta redacción fue definitiva, el año
1813 se publicó una tercera edición que volvió a ver modificado
dicho polémico artículo, que quedo como sigue:

“Un Masón está comprometido, por su cualidad misma, a obe-


decer la ley moral y si entiende bien el arte, no será nunca un
ateo estúpido ni un libertino sin religión, siempre que crea en el
glorioso Arquitecto del Cielo y de la Tierra y que practique los
deberes sagrados de la moralidad”

Se terminaba así con la obligación de practicar la religión del


país en el cual morase el masón, pudiendo mantener su creen-
cia religiosa original.

2.2.2.- Las modificaciones inglesas de 1738 y


1813

El artículo primero de “las Constituciones de Anderson” fue


modificado en dos reimpresiones en Inglaterra.

Desde el punto de vista inglés, se trataba de precisar la prime-


97
ra redacción y evitar derivados en su interpretación. Desde el
punto de vista de la mayoría de las obediencias francesas, estas
modificaciones se perciben, por el contrario, como una restric-
ción del universalismo masónico, que estas últimas rechazan.

Este debate no es simple. Es verdad que la redacción de An-


derson haya ido más allá de las tradiciones masónicas. Además,
ella ha suscitado serias controversias en Inglaterra desde su
aparición. ¿Qué debe hacerse primeramente? ¿La antigua tra-
dición, que, teniendo en cuenta el contexto de la época, podía
difícilmente no ser teísta, o, por el contrario lo que otros llaman
el “proyecto andersoniano”, que autoriza una amplia libertad
de conciencia? ¿Se puede, por ejemplo, conferir la iniciación
masónica a personas que se encuentran en la línea del pensa-
miento de Spinoza o en el de Confucio? ¿Se pueden aceptar a
los que creen Dios, sin tener la certeza de que Dios es personal
y revelado? ¿Se puede, en fin, iniciar en la Masonería a agnósti-
cos o a ateos?

Las respuestas son diferentes… como lo son las Obediencias.

A continuación las distintas versiones del artículo primero de


las Constituciones de Anderson:

1723:

Un Masón está obligado por su título a obedecer la Ley moral


y si comprende bien el Arte, no será jamás un ateo estúpido, ni
un libertino irreligioso. Sin embargo, en los tiempos antiguos
los Masones fueron inducidos en cada país a pertenecer a la
religión de ese País o de aquella Nación, cualquiera fuese, no
obstante, se le considera ahora como aceptable de someterlo a
la Religión que todos los hombres aceptan, dejando a cada uno
su particular opinión, y que consiste en ser hombres buenos y
leales u hombres de honor y de probidad, cualesquiera fuesen
las denominaciones o creencias que pudiesen distinguirlos; de
98
este modo, la Masonería deviene el centro de unión y el medio
de anudar una verdadera amistad entre personas que hubiesen
debido permanecer perpetuamente alejadas entre sí.

1738:

(Este texto se modificó con motivo de la transformación de la


Gran Logia de Londres en Gran Logia de Inglaterra):

Un masón está obligado por su título obedecer a la ley moral y si


comprende bien la profesión, él no será nunca un ateo estúpido,
ni un libertino irreligioso ni actuará en contra de su conciencia.
En los tiempos antiguos, los masones cristianos eran llamados
a actuar de acuerdo con las costumbres cristianas de cada país
donde ellos viajaban. Pero la masonería existente en todas las
naciones, aun de religiones diversas, lleva a que los masones
adhieran a la religión según la cual todos los hombres están de
acuerdo (dejando a cada hermano sus propias opiniones), es
decir, ser hombres de bien y leales, hombres de honor y de pro-
bidad, cualquiera sean los nombres, religiones o confesiones
que ayuden a distinguirlos: pues todos se articulan sobre los
tres artículos de Noé suficientes para preservar el fundamento
de la Logia. De este modo la Masonería es el centro de la unión
y el feliz medio de unir a las personas, quienes, de otro modo,
habrían permanecido perpetuamente desconocidas entre sí.

1813:

(Como fin de la larga división entre las “Antiguas” y las “Moder-


nas”, las dos corrientes se reunifican formando la actual Gran
Logia Unida de Inglaterra que incluye el siguiente texto en sus
nuevas constituciones):

En lo que respecta a Dios y la Religión: un masón está obligado,


por su título, a obedecer la ley moral y si comprende bien el
Arte, él no será jamás un ateo estúpido ni un libertino irreli-
99
gioso. De todos los hombres, él debe comprender mejor que
Dios ve de otra manera que el hombre, pues el hombre ve la
apariencia externa, en tanto que Dios ve el corazón. Un masón
está, en consecuencia, restringido a no actuar nunca en contra
de los mandatos de su conciencia. Cualquiera sea la religión del
hombre o su manera de adorar, no está excluido del Orden, con-
siderando que él cree en el glorioso arquitecto del cielo y de la
tierra y que él practica los deberes sagrados de la moral. Los
masones se unen a los hombres virtuosos de todas las creencias
en el lazo sólido y agradable del amor fraternal, que les enseña
a ver los errores de la humanidad con compasión y a esforzarse
por la pureza de su propia conducta, de demostrar la alta supe-
rioridad de la fe particular que ellos profesen.

2.3.- Los principios básicos de la masone-


ría

Pensar en que existan principios básicos, fundamentales, de la


masonería que recojan el espíritu de los Antiguos Documentos,
es otra forma de abordar el complejo tema que nos ocupa.

Tal vez lo más sensato es buscar en la lejanía del tiempo, las vie-
jas costumbres y obligaciones que se daban para sí los viejos
masones de otrora.

Por ello varios entendidos en la masonería se inclinan hacia los


Principios Básicos que fueron establecidos por la Asamblea Ge-
neral de Francmasones reunida en París en el año 1523. De su
lectura, de manera sorprendente, se percibe un cierto aroma de
contemporaneidad a pesar de sus casi 4 siglos de solera.

Mandatos tales como:

“1. Siete o más francmasones debidamente capacitados, reuni-


dos bajo la bóveda celeste, a cubierto de indiscreción profa-
na, para discutir y resolver libremente, por mayoría de votos,
100
los asuntos que les interesen colectivamente, forman una logia
francmasónica, similar a las de la Masonería operativa…”

“…f) formar triángulos y estrellas para trabajar Masónicamente


en los lugares donde no es posible reunirse en Logia por razo-
nes de fuerza mayor;…”

“…i) pedir el Certificado de Retiro de la Logia sin explicación


de causas, estando en pleno goce de sus derechos…”

“…21. Siete o más Logias Francmasónicas de un territorio de-


terminado pueden formar una Federación (Gran Logia) y tres o
más Federaciones pueden unirse en una Confederación…”

“…25. Entre los francmasones y sus asociaciones no pueden


existir diferencias basadas en la distinción de razas, color o na-
cionalidad…”

“…Estos preceptos no pueden estar en contraposición con los


progresos de las Ciencias ni con las ideas avanzadas de épocas
posteriores…”

Todos resultan familiares a las prácticas masónicas actuales.

Sin embargo estos principios básicos de 1523 son con frecuen-


cia cuestionados bajo la sentencia de que no hubo masonería
antes de 1717. Pero hay hechos y monumentos históricos que
hacen pensar en no fue tanto así.

Por ejemplo, en Ávila se edificó entre 1514-1516 la “Capilla de


Nuestra Señora de la Anunciación” destinada a 26 ancianos, 13
hombres y 13 mujeres, bajo la dirección del sacerdote Mosén
Rubí (o Rubén o Robí/Rubí/Rabí= “Rabino”) de Bracamonte.
Procedía de Flandes y se consideraba hebreo y creó en España
uno de los más antiguos testimonios arquitectónicos, induda-
blemente masónicos. Pero la Inquisición les hizo parar las ac-
101
tividades en 1530. Esa capilla fue visitada en 1519 por el almi-
rante de Coligny (quien llevaba en su blasón un compás y un
martillo) (Ver “La cara oculta de la historia Moderna”. Vol I. Jean
Lombard. P. 269).

La citada Asamblea de 1523, periodo en el entorno de las Aca-


demias de Leonardo da Vinci, Marcilio Ficino, Luca Pacioli y sus
amigos. Ese encuentro de 1523 lo sintonizó con las reuniones
anuales tratadas y denunciadas en el Concilio de Aviñón (1326),
pero también podrían tener de base y fuente de inspiración u
organización las Academias de origen florentino.

La importancia de Italia en la difusión de las doctrinas herméti-


cas y neoplatónicas databa de la fundación, en el siglo XV, de la
Academia Platónica de Florencia. Debido al peligro que supo-
nía la Iglesia para los adeptos a estas doctrinas, consideradas
incompatibles con la ortodoxia católica, a menudo tuvieron que
agruparse en sociedades secretas. Por eso se cita en ocasiones
la existencia de una misteriosa Cofradía de Filósofos Napolita-
nos que se remontaría al Renacimiento y cuyo número de adep-
tos estaba rigurosamente limitado a doce. Uno de ellos, llama-
do Lucilius, retirado a Toulouse para conseguir discípulos, fue
descubierto y ejecutado el 19 de febrero de 1619 acusado de
“ateísmo” (“La Tradición Oculta”. Galtier. P. 49-50).

La Masonería del “Rito Primitivo”, nace formalmente como Insti-


tución precisamente en 1523 y este formato se debe a Leonardo
da Vinci y su entorno, en particular Pablo Toscanelli y Améri-
co Vespuccio, hombres ilustres de entonces, extendiéndola en
Francia y de ahí saltó a otros países, dando pie a sistemas ritua-
lísticos diferentes, extendiéndose en muy corto plazo en Fran-
cia, Holanda e Inglaterra y finalmente en Alemania, donde se
iniciaba el movimiento Reformista.

Para el primer núcleo masónico de aquel Rito, aparte de los tres


personajes citados, encontramos: Andrea Verrochio, Marco An-
102
tonio de la Torre, Luca Paccieli (Pacioli?), Francisco Melzi, César
Sesto, Bernardo Luini, Andrés Salaino, Marco Vegioni, Antonio
Boltrafio, etc. (“Historia Geneneral de la Francmasonería Pro-
gresista Universal”. Su filosofía. P. 7).

Todo lo cual, de forma apretadamente apresurada, demuestra


que las tradiciones de la masonería operativa tuvieron sus ma-
nifestaciones especulativas mucho antes de la constitución de
la Gran Logia de Inglaterra.

Luego, estos principios básicos bien pudieran servir de land-


marks de las obediencias adogmáticas.

En tiempos más recientes podemos constatar los landmarks que


adoptó el Grande Oriente Español, en su gran Gran Asamblea
Nacional en Barcelona los días 23 al 27 de junio de 1933. De su
lectura se puede apreciar su armonía con las Constituciones de
Anderson y los Principios Básicos de 1523. Muchas de las obe-
diencias de Estados Unidas, defensoras de los landmarks, han
trazado sus propios linderos en lugar de utilizar las versiones
conocidas.

Y hay también correspondencia de dichos documentos con el


principio que trazó el Convenio Universal de Supremos Conse-
jos Confederados de Lausana en 1875:

“Vivir honradamente; obedecer las leyes de su país; practicar


la justicia; amar a sus semejantes; trabajar incesantemente para
el bienestar de la humanidad y procurar alcanzar por medios
pacíficos y progresivos su emancipación.”

Existe otra formulación de principios, más bien descriptivos,


que no dejan de ser válidos para el trabajo masónico. El Dr. Ar-
turo Martínez Holgado, M:. M:., en su trabajo “La Masonería y
sus 4 principios fundamentales” simplifica la cuestión:

103
i.- Principio de libertad
ii.- Principio de igualdad
iii.- Principio de fraternidad
iv.- Principio de tolerancia

Y estos principios los deriva de un posicionamiento sobre la


definición de la Masonería y su alcance:

1. La Masonería es una institución humanística


2. La Masonería es una institución esencialmente ética
3. La Masonería siempre enseña
4. La Masonería no es una religión
5. La Masonería no es una secta
6. La Masonería no es un partido político
7. El verdadero masón no hace distinción alguna de religión,
credo o ideología
8. El verdadero masón no hace distinción alguna de raza, posi-
ción social o posición económica
9. Para la Masonería el hombre es dueño y señor de sus pensa-
mientos y de sus actos
10. La Masonería considera que individuo y sociedad van uni-
dos
11. La Masonería se fundamenta en la fuerza de la razón
12. La Masonería es una orden iniciática
13. En Masonería se está AL ORDEN, no A LA ORDEN de nadie
14. La Masonería es una fraternidad
15. El verdadero masón trasciende con su trabajo

Como se puede apreciar, los principios básicos de la masonería


están íntimamente relacionados con la fijación de los límites,
de los linderos, de la cerca, que determinan si se está en terre-
no de la masonería o no. Pero esto también está sujeto a la in-
terpretación de los antiguos documentos, de la definición de la
masonería que se quiere desarrollar, del alcance del concepto
del GADU y hasta de condicionamientos históricos, sociales sin
excluir los económicos.
104
2.4.- Vigencia de los antiguos documen-
tos, landmarks y las Constituciones

Cuando se repasan los Antiguos Documentos, las distintas ver-


siones de los landmarks, las Constituciones y otros documentos
contentivos de principios masónicos, básicamente se percibe
familiaridad con lo que se practica, y la sensación de que hay
cosas que no han cambiado desde los viejos tiempos. En algunos
casos se aprecian diferencias con la actualidad que se pudieran
calificar de estilo, pero que no afectan la esencia del Arte. Los
problemas aparecen, como se dijo, cuando se vislumbran las
barreras de la masonería que se quiere desarrollar y a lo que
se le quiere dar relevancia o no, todo lo cual provoca divisiones
y escisiones. Y de esa incapacidad humana, esa inobservancia
del principio de tolerancia han resultado las múltiples denomi-
naciones masónicas dentro de las mismas jurisdicciones. Este
defecto convencionalmente se ha querido resumir en una im-
propia clasificación de masonería regular e irregular. Y lo peor:
la prohibición de la primera de relacionarse con la segunda.

El autor de esta plancha se inclina a pensar que la mayoría de


las reglas y estipulaciones contenidas en los documentos que
hoy se utilizan en las distintas denominaciones masónicas tie-
nen vigencia, son perfectamente aplicables al trabajo masónico
(de acuerdo con la definición masónica de cada una), aunque
unas pocas han quedado obsoletas por falta de adecuación a
los tiempos modernos.

Se dice que la Masonería es una especie de condensado de lo


mejor de la cultura, el conocimiento, la moral, la razón y las ex-
periencias del hombre a lo largo de los tiempos. Sin embargo, la
velocidad en la que dichos elementos han evolucionado desde
la segunda mitad del siglo XX, no ha permitido a la Masonería
incorporar ese nuevo acervo, la esencia de los días que corren,
al condesado total del Arte. Los documentos que hoy son objeto
del presente estudio fueron trazados y estaban a tono con el
105
acervo acumulado hasta sus días. No se puede pedir a los pre-
decesores imaginaran y también previeran, por ejemplo, que la
esclavitud (moral para la época) habría de desaparecer y hasta
ser condenada en los tiempos subsiguientes. Es especialmen-
te extraordinario que los principios básicos de 1523 enuncia-
ran que “…Estos preceptos no pueden estar en contraposición
con los progresos de las Ciencias ni con las ideas avanzadas de
épocas posteriores…”.

Cuando Mackey sentencia que “las mujeres, los cojos, los lisia-
dos, los esclavos, los mutilados, los menores de edad y los an-
cianos, no pueden ser iniciados”, o cuando Anderson relata a
bien que “los reyes y los príncipes se mostraron muy bien dis-
puestos para con la sociedad, por la sumisión y la fidelidad de
que los masones dieron constantemente pruebas en el cumpli-
miento de sus deberes de ciudadano”, o los propios principios
básicos de 1523 fijaban que “no se admiten como francmasones
los esclavos, los menores de edad y los incapacitados física y
mentalmente” se debe considerar el determinismo y la moral
imperante en la época.

Para el autor de esta plancha la adecuación de cualquier docu-


mento considerado en el presente estudio no debe ser resulta-
do de un acto voluntarista de acomodar el texto a determinadas
conveniencias, aunque fueren legítimas. La adecuación para
una efectiva vigencia y validez de dichos documentos viene de-
terminada por si se avienen a las convenciones sobre los dere-
chos humanos universalmente reconocidos, como en la Francia
de los Derechos del Hombre, y a las cartas magnas de los países
democráticos donde se respeten dichos derechos universales.
Planteado de otro modo: la vigencia y validez de algún precepto
caduca cuando lesione algún derecho fundamental reconocido.
Es por ello que no serían vigentes la prohibición de asociación
masónica con la que Mackey limita a las mujeres en su derecho
fundamental de libre asociación; o la sumisión a los reyes que
Anderson consideraba correcta en los masones porque vulnera
106
la libertada individual como derecho fundamental; o la exclu-
sión de los descapacitados que fijan los principios de 1523, por-
que son contrarias a los derechos humanos y a la ley. “El masón,
debe ser una persona tranquila, sometida a las leyes del país
donde esté establecido y no debe tomar parte ni dejarse arras-
trar en los motines o conspiraciones fraguadas contra la paz y
contra la prosperidad del pueblo…” reza en las Constituciones
de Anderson. A pesar de ello, el autor de este trazado conside-
ra que el masón, convencido de su papel social, debe tener en
cuenta la máxima de Séneca: “El honor prohíbe acciones que la
ley tolera”, porque esta posición es útil en la retorcida actuali-
dad donde determinadas legislaciones, bien conformadas se-
gún el Derecho, amparan actos que la opinión pública rechaza.
2.5.- Grandes Logias Unidas de Europa

La decisión de 2012 de la masonería “regular” centroeuropea


de separar a la Gran Logia Nacional de Francia e invitar a la
Gran Logia de Francia (que reconoció a la Gran Logia de Cana-
rias), introdujo cierta inquietud entre las potencias que confor-
man la confederación de las Grandes Logias Unidas de Europa
(hoy Confederación Internacional de Grandes Logias Unidas).
Esto dio lugar a una declaración de las Grandes Logias Unidas
de Europa de 22 de septiembre de 2012 sobre los principios en
los que se basa la confederación. Es interesante observar que
para no utilizar los imprecisos adjetivos “adogmática” o “libe-
ral”, utilizan con acierto para definir la masonería que trabajan
como Masonería Regular y Tradicional.

A continuación una traducción libre de dicho este documento:

1. la Masonería regular y tradicional es una Orden iniciática uni-


versal que se basa en la fraternidad.
2. Trabaja a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo.
3. Los tres Grandes Luces de la Masonería se colocan en el altar
de juramentos: un volumen de la Ley Sagrada, el compás y Ia
escuadra.
107
4. Las obligaciones de los masones se toman ante esas tres
Grandes Luces.
5. Las Francmasonería regular y tradicional proclama su lealtad
inquebrantable y total devoción a la patria.
6. En Logia, las discusiones sobre política y religión están estric-
tamente prohibidas.
7. En cuanto a los principios anteriormente definidos, la maso-
nería regular y tradicional se remite a las “Antiguas Obligacio-
nes”, sobre todo lo relacionado con el cumplimiento de las tra-
diciones de la Orden y a la práctica efectiva y fiel del ritual y del
simbolismo como medio de acceso al contenido iniciático de la
orden. Esto se refiere a las Constituciones de Anderson de 1723.
8. Sólo la adhesión a estos principios garantiza a las partes sig-
natarias la pertenencia de una Logia a la Francmasonería Regu-
lar y Tradicional.

3.- CONCLUSIONES

Las presentes conclusiones corresponden a la opinión personal


del autor del presente trazado y no expresan necesariamente
la doctrina de la Gran Logia de Canarias ni la de cualquier otra
Obediencia, ni los puntos de vista de algunas de las referencias
utilizadas:

1. La fijación de los landmarks, y su redacción, es un intento de


resumir los “Antiguos Deberes”, la tradición oral, extrapolándo-
los a la masonería especulativa, de forma que sirvan de “fron-
tera” definitoria de lo que es y lo que no es masonería, intento
que lamentablemente no siempre ha sido exitoso y, por demás,
polémico.
2. Los landmarks conocidos, en sus distintas versiones, están
fuertemente influidos por la definición de la Masonería que con
los mismos se quiere “deslindar”, por lo que en la práctica no
pueden entenderse como un fiel resumen de los principios he-
redados de los Antiguos Documentos de la Masonería.
3. Los conocidos landmarks de Mackey no corresponden a la
108
masonería regular y tradicional de la Gran Logia de Canarias,
aun cuando muchos de sus reglas resulten familiares y hasta úti-
les y aplicables a los trabajos cotidianos.
4. Los landmarks de Mackey responden conceptualmente a la
llamada “masonería regular”, cuyo centro auspiciador es la
Gran Logia Unida de Inglaterra.
5. Las Constituciones de Anderson de 1723 constituyen el docu-
mento que sienta las bases de la masonería especulativa, y son
suficientes como fuente primaria del derecho masónico.
6. Los landmarks en las obediencias que no siguen la masone-
ría anglosajona son prescindibles, ya que los linderos que se
marcan para cada una están contenidos en las estipulaciones de
sus propias Constituciones y Reglamentos, sin que tengan, de
forma obligada, que enumerarse taxonómicamente.
7. Sin embargo, lo anterior no impide que cualquier obedien-
cia, partiendo de la sabiduría del Arte, pueda fijar sus propios
landmarks, es decir, las fronteras que definan lo que está dentro
o fuera su propio universo masónico, a partir de una tranquila
interpretación de los Antiguos Documentos.
8. Antecedente y ejemplo de lo que se expresa en la conclusión
anterior es la fijación de landmarks que hizo el Grande Oriente
Español en su Gran Asamblea Nacional de junio de 1933.
9. El texto de los Principios Básicos Constitutivos de la Franc-
masonería Unviversal aprobados en la Asamblea General de
Francmasones de París en el año 1523, es un documento útil e
interesante, pero no se deben indubitablemente adoptar como
sustitutivo de los landmarks, como de cierta manera sugiere
Plantagenet. Esos principios tampoco son un resumen razona-
blemente amplio de la tradición oral ni de los manuscritos. Es
preferible la opción que se concluye más arriba de que cada
Obediencia fije sus propios límites.
10. Los “Landmarks” lejos de ser “dogmas de fe”, deben ser el
conjunto de rasgos propios y exclusivos de la Orden, que la ha-
gan original y por ende, distinta a cualquier otra organización,
incluidas otras Potencias, y especial y radicalmente de las pro-
fanas.
109
11. Es en el sentido que se define en la conclusión anterior, y
solo en ese, que dichos principios puedan tener cierto carác-
ter inmutable, no por una cuestión dogmática, sino por ser ge-
neralmente aceptados en virtud de tratarse de preceptos que
atienden a la razón universal, así como al “sentido común”. In-
mutable por ser reglas escritas de la Orden, resumen de las
costumbres y tradiciones, en tanto y en cuanto la propia Orden
no se vea impelida a actualizarlas a la sociedad donde se ejerza
la Masonería.
12. El concepto del GADU debe quedar como un ejercicio in-
dividual del masón, fuera de toda imposición. Considerado de
esta forma, no es previsible que pueda convertirse en un ele-
mento que desvíe el ideal masónico. Bien pudiera este tema ser
objeto de un estudio independiente.
13. Por otra parte, mantener el uso del término GADU permite
entender el lenguaje masónico, al tiempo que facilita el acerca-
miento fraternal a otras Obediencias que utilicen el concepto
de forma diferente.
14. El hecho de que el “Libro Sagrado” no provenga de las tra-
diciones antiguas no es motivo para “desterrar” la costumbre
(heredada o no de la masonería “regular”) de utilizar la Biblia
en el Altar. En todo caso, la determinación de que se coloque un
libro u objeto simbólico de la Ley, y cuál,debe quedar sujeta a
la libre decisión de la Logia.
15. La creencia en la inmortalidad del alma también debe que-
dar como un ejercicio individual del masón, pero sin formar
parte del contenido ni el método masónico. Y ello porque ade-
más de haber quedado en desuso entre quienes la introdujeron
en la masonería anglosajona, no es uniforme su comprensión y
aceptación por parte de todos los masones.
16. Hay que admitir que a los ojos profanos, y a los de muchos
hermanos, la Masonería ha quedado algo anquilosada porque
no ha asimilado totalmente grandes avances de la Humanidad
de estos últimos 100 años y ha quedado inmutable después los
extraordinarios acontecimientos, políticos, sociales y bélicos
de la historia reciente. Como se dijo, por lo vertiginoso de tales
110
hechos la Masonería no ha tenido tiempo para asimilar en su
acervo todo lo nuevo y diferente, ni todos los traumas y expe-
riencias de los convulsos acontecimientos del siglo XX.
17. A pesar de ello, la “modernización” de la Masonería no debe
implicar el abandono de sus orígenes, tradiciones, documentos
históricos, ni los ritos y las ceremonias que le dan un sello de
distinción propio. El Teorema de Pitágoras no ha sido olvidado a
pesar del gran avance de las Matemáticas, ni la Constitución de
los Estados Unidos ha sido derogada, ni la Biblia ha dejado de
utilizarse tras la modernización de las iglesias.
18. La vigencia y validez de un precepto o regla de cualquier
documento rector de la masonería caduca cuando lesione algún
derecho fundamental reconocido.
19. La declaración de falta de vigencia o validez de cualquier
precepto masónico a partir de una opinión personal o de una
decisión voluntarista, o inspirada en tendencias políticas, ideo-
lógicas o de otra índole –ajenas todas a la masonería– que ig-
nore una legítima tradición solo conduce al desvío del ideal
masónico y la manipulación de su trabajo a favor de propósitos
carentes de nobleza del espíritu.
20. La declaración de las GLUDE de 2012 no puede interpre-
tarse como enumeración de principios que rigen la masonería
europea, sino como amplia plataforma para que Potencias de
distintas denominaciones puedan integrarse a sus fines y acti-
vidades.
21. El principio de la GLUDE sobre la “devoción a la patria”,
no es bien llevado en España por sus propias circunstancias
históricas. Los masones españoles no se escapan de ello. Con
frecuencia se ve la patria a través de los intereses y fines parti-
distas, o eventualmente a través de iconos circunstanciales (por
ejemplo, el fútbol, con “La Roja”), o de forma efímera o formal
en algunos acontecimientos. Sin embargo, ese principio es vá-
lido para la masonería en casi todo el resto de países, lo cual
merece una reflexión por parte de los masones españoles y, al
menos, respeto a los masones que sustenten ese valor.

111
REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA
Gracias a la amabilidad de HH.•. de otras Obediencias ha sido posible
acceder a libros agotados o de difícil adquisición, de los cuales han
ofrecido copias de las secciones de interés para el presente estudio.

1. Cobiêre, Emilio J.– La Masonería.- México, 1982


2. Corral Baciero. Manuel, / A. L. E. Moral.- Antiguos Documentos Masónicos.
Introducción a la Historia de la Francmasonería.- Edic. Miraguano
3. Cox Learche, W.- La Regularidad Masónica en una Nueva Luz (LOS “LAND-
MARKS”).- Editorial Herbasa
4. Ferro, Dr. Jorge Francisco.- Los “Antiguos Deberes” (Old Charges): Traduc-
ción y estudios crítico sobre dichos Antiguos Documentos.- Documento de
estudio interno.
5. Ferro, Dr. Jorge Francisco.- La Masonería Operativa.- Kier
6. González Ginorio, José.- Las Fuentes del Derecho Masónico.- Ediciones “El
Monitor Masónico”, México, 1954
7. Herrera Michel, Iván.-El Paradigma de la Regularidad, y los Movimientos
Masónicos Actuales.- Discurso en la CONFERENCIA MASÓNICA AMERICA-
NA, 2004
8. Méndez-Trelles, Ignacio.– Textos Fundamentales de la Masonería.- Masó-
nica.es
9. Morales Charris, Mario.- Antiguos Documentos de la Masonería.- Barran-
quilla, Colombia, 2004
10. Morales Charris, Mario.- Visión Postmoderna de los Landmarks Masóni-
cos.- Ponencia presentada en el marco del Primer Congreso Masónico de la
Gran Logia de Norte de Colombia, MARZO 19 Y 20 DE 2004
11. Morales Miranda, Juan.- Ritos y Secretos de la Antigua Masonería.- Erisa.
Madrid,
12. Plantagenet, Edourd.- Bases del Derecho Masónico, ¿Landmarks u Obli-
gaciones de Anderson?.- Mexico, 1980
13. Shepherd, Silas H.- La Constitución de 1723: Compilación de las Marcas
(Landmarks) de la Masonería.- Alata Fulla, 1998
14. Vail, Rev. Carlos H.- Los Misterios Antiguos y la Masonería Moderna.- Ber-
bera Editores
15. Villar Bordones, Gonzalo.- Los Landmarks Masónicos.- Pietre-Stones Re-
view of Freemasonry, 2009
16. Victory y Suárez.- La Francmasonería no es una religión.- Argentina, 1975
17. Woichejosky, Felipe.- Qué son y qué no son los Landmarks.- Revista Hi-
ram Abif 2013.08.30

Tomado de:
http://canarianfreemasonry.org/inicio/archivos/438
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LIBROS DE
HERBERT ORE
Ahora en: lulu.com

www.lulu.com herbert ore

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