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LLÁMAME EVA

Mónica Benítez
1

Arcoíris

Desde que empecé a trabajar en la revista “Arcoíris para ellas” mi vida se


había convertido en un auténtico caos, yo era licenciada en periodismo pero en
lugar de ejercer de periodista me dedicaba a editar, redactar y corregir historias
contadas por las lectoras de nuestra revista, en fin, cualquier cosa menos ponerme
de cara al público. Lo de entrevistar a la gente quedaba para compañeras que no
compartían mi torpeza ni mi habilidad para meter la pata.

No me importaba, me sentía más cómoda detrás de la barrera. Digo que mi


vida se convirtió en un caos porque el lanzamiento de la revista tuvo una acogida
mayor de la esperada, se recibieron miles de felicitaciones por email y todas ellas
acompañadas de preguntas, de cosas que las chicas querían saber sobre las chicas,
que iban desde preguntas como ¿Cuándo sabe una que es lesbiana? hasta ¿Cómo
salir del armario y no morir en el intento? ¿Cómo hacer el amor con una mujer?
¿Cómo sé si la chica que me gusta también entiende? Ya sabéis de qué hablo…

Todas las mujeres que leían nuestra revista tenían preguntas y querían
respuestas, y mi jefa, Rebeca, una mujer que pierde los nervios con cierta facilidad
estaba dispuesta a dárselas. Tras una reunión se decidió dedicar una sección de la
revista para que las mujeres que así lo desearan pudieran contar sus historias, ya
fuera la típica historia de amor que acaba bien, la que acaba mal, la salida del
armario, como se dieron cuenta de su tendencia sexual, en fin, cualquier
experiencia que pudiera servir de apoyo a otras lectoras.

Se habilitó una dirección de email para que todas las mujeres pudieran
enviar sus historias, y en efecto, yo era la encargada de esa sección. Hicimos un
anuncio en la revista para hablar de la nueva sección que estábamos preparando e
invitarlas a contar y enviar sus historias, casi me da un infarto cuando al día
siguiente encontré más de treinta emails en la bandeja de entrada. Se dejó sitio para
contar tres historias cortas o dos largas cada semana. Los emails fueron en
aumento y no daba abasto para leerlos, después de tres meses tenía más de
cuatrocientos acumulados sin leer, seguro que allí había historias increíbles pero yo
no podía atenderlas todas (también había otras que daban un poco de yuyu, ojo). Estaba
harta de pedirle a Rebeca que me pusiera a una ayudante pero siempre me
ignoraba, ni siquiera se molestaba en decirme que no.

Cada semana seleccionaba unas cuantas y después me reunía con Rebeca


para decidir con ella el Top Tres, después me encerraba en mi despacho y cumplía
mi misión: editar, redactar y corregir. Había otra chica que se dedicaba en
exclusiva a leer los comentarios que las chicas dejaban en Twitter sobre las
historias, de esa forma me ayudaba a saber cuáles les interesaban y cuáles no.

—¡Alicia!—escuché como me llamaba Rebeca con su característica y


desagradable voz desde el otro lado del pasillo.

¿Es que no sabía utilizar el puto teléfono?

Me levanté de un salto y crucé el pasillo lo más rápido que pude, Rebeca


además de borde era impaciente, por no hablar de que por fin era viernes y quería
pasar un fin de semana tranquilo, con tranquilo me refiero a no pasármelo rayada
tras una de sus broncas sin sentido. Me asomé en su despacho casi sin aliento.

—Pasa y cierra la puerta—ordenó sin mirarme.

Rebeca acababa de cumplir los cincuenta, que no era nada malo oye, conocía
a muchas mujeres de esa edad con las que no dudaría en acostarme, pero ella,
joder, no conocía a nadie más dejado que ella, siempre venía con el pelo
encrespado y mal peinado, las raíces negras ya debían alcanzar los cinco
centímetros y se le mezclaban con unas canas tiesas como alambres. Tenía la piel
blanca como un muerto y se ponía maquillaje con colores tan intensos y llamativos
que hacían que costara mantenerle la mirada, a mí personalmente me provocaba
escalofríos, pero puede que eso se viera agravado por el hecho de que no me caía
nada bien. Mira que llegaba a ser fea la cabrona.

Pero ella pagaba, así que: jódete Ali…

—Siéntate—aquí más que hablar me ladró.

—¿Necesitas algo Rebeca?—pregunté un poco dubitativa.

La revista se publicaba los jueves, digamos que el día más tranquilo de toda
la semana para todas era el viernes, no es que hubiera menos trabajo pero ya no
existía la tensión previa a la publicación, eso siempre volvía los lunes. Rebeca dejó
lo que estaba haciendo, se quitó las gafas, se recostó en su silla y me miró como si
se sorprendiera ella misma por haberme contratado, a veces ni yo misma lo
comprendía…

—Supongo que sabes quién es Eva Dabán ¿No?—dijo como si una negativa
pudiera costarme el despido.

Claro que lo sabía, no creo que existiera lesbiana alguna que no lo supiera, y
no lesbianas también. Eva Dabán era una impresionante mujer que trabajaba como
acompañante de lujo para mujeres con un bolsillo altamente abultado. Sus únicas
apariciones públicas eran siempre en eventos y fiestas caras, en la compañía de
alguna mujer poderosa y con suficiente dinero como para pagar sus desorbitadas
tasas. No es que yo supiera cuanto cobraba, pero se rumoreaba que una noche con
ella te podía costar lo que yo cobraba en todo un año.

Aparecer con Eva Dabán a tú lado no significaba que estuvieras desesperada


y tuvieras que pagar por sexo, en aquel mundo significaba prestigio, todas la
deseaban pero solo unas pocas la tenían a su alcance. Si ella te acompañaba tú
reputación se disparaba, era así de simple.

—¿La prostituta?

—Acompañante de lujo—matizó.

«Por supuesto»

—Perdón.

—Vamos a hacerle una entrevista Alicia—dijo muy seria.

—¿A sí?—pregunté sorprendida—Creía que no le interesaba ser


entrevistada…

Desde que se publicó la revista por primera vez, el principal objetivo de


Rebeca fue conseguir una entrevista con Eva Dabán, sabía de sobra el reclamo que
esa mujer despertaba y una entrevista en exclusiva con ella catapultaría la
reputación de la revista de inmediato. Pero por lo visto a Eva no le interesaban ese
tipo de cosas, jamás había concedido entrevistas ni acudía a los múltiples eventos a
los que era invitada salvo que fuera en compañía de alguien, se mostraba muy
celosa de su intimidad.
—Digamos que ella y yo compartimos una amiga en común y gracias a eso,
Eva ha accedido por fin a dejar que le hagamos la entrevista.

No me podía creer que hubiera una persona en el planeta que relacionara al


orco que tenía delante con la preciosa y sexy Eva Dabán. Aunque me preocupaba
más saber por qué me lo estaba contando, ¿No querría que la ayudara a preparar
las preguntas? Pasar más tiempo de la cuenta con Rebeca podía ser un auténtico
infierno.

—La vas a entrevistar tú Alicia—dijo clavando sus espeluznantes ojos sobre


mí.

Estuve a punto de reírme pensando que por primera vez en su vida había
decidido gastarme una broma pero su mirada mortificante me lo impidió. Suerte
que estaba sentada cuando me lo dijo. ¿Estaba hablando en serio? ¿Quería que yo,
el último de sus monos, entrevistara a Eva Dabán?

—Mira Alicia, te seré sincera, recurro a ti porque no tengo a nadie más.

Eso ya me cuadraba más.

—Dabán ha aceptado ser entrevistada pero tiene sus propias condiciones, la


entrevista se hará este domingo en su casa. O es el domingo o no hay entrevista, así
de sencillo. Estamos en pleno agosto y la única reportera que tengo disponible es
Lupe, pero Eva se ha negado a dejarse entrevistar por ella, así que solo me quedas
tú.

La verdad es que no me sorprendía que no quisiera que Lupe la entrevistara,


la muchacha era famosa por sus preguntas impertinentes y poco apropiadas, era
de las que escarbaban en la mierda y buscaban trapos sucios para destacar. Nunca
había entendido porque Rebeca se lo permitía hasta que me enteré de que era su
sobrina.

«Ay las sobris...»

—¿Y no prefieres entrevistarla tú?—pregunté. Eva Dabán era lo más


importante que nos había pasado ¿Y me la iba a dejar a mí? ¿A la torpe Ali?

—Te puedo asegurar que lo haría si pudiera Alicia.

Como odiaba que me llamara así, ella sabía de sobra que no me gustaba pero
aun así lo hacía.

—Pero este fin de semana es el estreno de una importante película del


género y no puedo faltar. Espero que no haga falta que te diga lo importante que es
esta entrevista para nosotros, si la cagas no solo te despediré, sino que me
encargaré personalmente de que no encuentres trabajo de reportera en la vida ¿Te
queda claro?

«Sin presión»

Menuda mierda, no solo me caía el marrón, sino que encima me caía en fin
de semana porque a la guapa de Dabán le apetecía que fuera un domingo. Perfecto.

—¿Y las preguntas? ¿Ha pedido alguna censura?—pregunté con sorna.

—Podrás hacerle todas las preguntas que quieras y ella decidirá sobre la
marcha si las contesta o no, no quiero que insistas ni des rodeos Alicia, si hay algo
de lo que no quiera hablar cambias de tema y punto.

—¿No hay límite de preguntas?—eso me sorprendió un poco, este tipo de


gente solía concederte un tiempo concreto o un número determinado de preguntas,
una vez llenado el cupo adiós muy buenas.

—No hay límite para nada, ni de preguntas ni de tiempo.

«Algo es algo»

Eso me beneficiaba, así no tenía que agobiarme seleccionando las preguntas


que podían ser más interesantes, simplemente le haría todas las que quisiera
responderme y después ya me encargaría de seleccionar con Rebeca lo que se
publicaba y lo que no.

—¿Hay algo en concreto que quieras que le pregunte?

—No, cualquier cosa que te diga ya es un regalo, lo único que no quiero es


que la cagues. Toma, esta es su dirección, te estará esperando a las nueve de la
mañana, ¡no llegues tarde por Dios!

Genial, a madrugar un domingo y pasarme todo el puto sábado redactando


preguntas para la señorita.
2

Nervios

Esa mañana me levanté muy temprano, no quería llegar tarde a la entrevista


y sabía que me iba a tirar media hora escogiendo la ropa para al final acabar
poniéndome unos pantalones piratas negros y ajustados, con una camiseta de
tirantes de un verde clarito que resaltaba mi piel morena. Me recogí mi larga
melena oscura en una cola alta, no soportaba que el pelo me rozara el cuello, y
menos con el calor que hacía. Dudé mucho con el calzado pero en cuanto abrí la
ventana y el aire calentorro me golpeó en la cara decidí que iría en chanclas. Me
daba igual que la elegante Eva Dabán no aprobara mi vestimenta, al fin y al cabo
yo era así, informal por naturaleza y no iba a cambiarlo para ella.

Cogí mi libreta, había escrito en ella más de cien preguntas, sabía que no me
contestaría varias y que no habría tiempo para tantas, aunque no había puesto
límites en algún momento aquella mujer se cansaría y daría por zanjada la
entrevista. Lo sé, podría haberlas escrito con ordenador, pero yo era una
sentimental y había ciertas cosas a las que les tenía mucho cariño, entre ellas las
libretas. Me aseguré de que la grabadora tenía batería suficiente, pero por si acaso
también me llevé el cargador.

Ya estaba lista, lo tenía todo, todo menos la tranquilidad que debería mostrar
para entrevistar a alguien. No podía evitarlo, supongo que por eso me gustaba más
el trabajo de despacho, allí no me ponía nerviosa y me mostraba más segura de mí
misma, en cambio ahora estaba hecha un flan, y ya de paso podía reconocer que
Eva Dabán me imponía mucho. Siempre mostraba una seguridad y un aplomo
impresionantes, las pocas veces que había hablado en público debido a la
compañera que tenía siempre se mostraba decidida y elegía con cuidado sus
palabras. Jamás había dicho nada que desentonara ni se le había conseguido sacar
una palabra con respecto a sus acompañantes. ¿Sería yo capaz de estar a la altura?
Lo dudo bastante…

Parecía inteligente, muy inteligente y guapa, tenía una melena castaña que
siempre brillaba intensamente, nunca la había visto con el pelo de otro color así
que supongo que ese era el suyo natural, tenía los ojos a juego con su pelo y una
sonrisa increíblemente sexy. Era alta y esbelta, tenía unos pechos medianos
preciosos, solía vestir como una ejecutiva, al fin y al cabo lo era, dirigía un negocio
altamente rentable en el que ella era la única empleada. Si no fuera porque yo ya
sabía a lo que se dedicaba, jamás hubiese pensado que fuera posible que una mujer
como aquella vendiera su cuerpo por dinero.

Decidí ir en taxi, estaba demasiado nerviosa para coger el coche y el metro


de Madrid no tenía parada cerca de la urbanización de lujo en la que ella vivía.
Llegué a las nueve menos cinco.

¡Joder menos mal!

Estuve un par de minutos parada frente a la casa, intenté relajarme, tomé un


par de bocanadas enormes de aire e hice algunos estiramientos, pero nada
funcionó, me temblaban las piernas y las manos, y notaba como el corazón me latía
descontroladamente. Creo que jamás me había puesto tan nerviosa. Tras mi
fracasado intento de relajarme me armé de valor y llamé al timbre de la puerta
blanca de hierro. Al cabo de unos segundos eternos la voz más dulce que había
oído en mi vida me contestó.

—¿Sí?

—Soy Ali, Alicia, de la revista Arcoíris—me atraganté un poco y me aclaré la


garganta—tengo que hacerle una entrevista, soy la que la entrevistará. Mierda…

Me sentí gilipollas en la más alta de las categorías, Eva no dijo nada, solo
abrió. Yo me había apoyado en la puerta y en cuanto el sonido característico ese
que hacen las puertas cuando su dueño aprieta el botón para abrir liberó la
cerradura, mi propio peso empujó la puerta y a mí tras ella. Por suerte pude
agarrarme a la maneta y evité estamparme en el suelo de su jardín.

Su enorme jardín, joder que grande era. Caminé rápido a través del camino
de piedra hasta la entrada de la casa, debí tardar dos minutos o así, bueno puede
que menos pero a mí se me hizo eterno. Justo cuando iba a llamar a la puerta esta
se abrió, supongo que ella ya tenía calculado lo que la gente tardaba en recorrer la
distancia entre la puerta de la calle y la de su casa.

Se me cortó la respiración cuando la vi, lejos de lo que yo imaginaba estaba


vestida con un pantalón corto por encima de la rodilla y una camisa de manga
larga blanca colocada de manera informal, dejaba a la vista un canalillo que yo no
pude evitar mirar, fue lo primero que vi después de su cara, también se había
recogido el pelo en una especie de moño desaliñado que le quedaba de maravilla
con los mechones colgando, siempre la había visto con el pelo suelto y ver su
cuello al descubierto me hizo sentir un ligero y extraño escalofrío.

No me esperaba que me recibiera vestida tan informal, me descolocó y me


puso más nerviosa todavía.

—¿Alicia no?—dijo extendiendo su mano para estrechar la mía.

—Ali, solo Ali porfa—dije avergonzada.

¿Porfa? ¿En serio? Mierda.

—Vale, solo Ali…—dijo con una sonrisa divertida—pasa por favor.

Caminó descalza por el salón mientras yo la seguía sin dejar de mirarla,


atravesamos la cocina que era más grande que mi apartamento y salimos a un
jardín lateral, allí había una sombrilla enorme en medio del césped y dos sillones
blancos de esos con el respaldo flexible pero que no llegan a ser mecedoras. En
medio había una mesa baja de cristal, a un lado había un columpio de esos en los
que te puedes tumbar, un par de hamacas y una inmensa piscina.

—¿Te parece bien aquí?—dijo señalando los sillones—hace buen día y con la
sombrilla se está muy bien aquí fuera.

—Sí, claro, donde quiera, usted manda—contesté acariciando la hierba con


un pie como si dibujara un semicírculo.

—Llámame Eva—dijo en un tono adorable—y relájate Ali, no muerdo.

—Lo siento es que no estoy acostumbrada a estas cosas—dije tomando


asiento.

Ella sonrió.

—Tranquila yo tampoco ¿Te apetece beber agua? ¿Café? U otra cosa…—


preguntó.

—Agua está bien, gracias.

Se fue a la cocina mientras yo la observaba alejarse, que bien le sentaba


aquella ropa…Regresó con una jarra de agua fría y dos vasos, los llenó y yo cogí el
mío y le di un trago largo, tenía la sensación continua de que la boca se me
quedaba seca. No estaba segura de que hubiera agua suficiente en aquella casa
para saciar mi sed.

—Bueno ¿Cómo quieres que lo hagamos?—dijo sentándose.

En ese momento yo estaba bebiendo agua de nuevo y se me fue por el otro


lado al escuchar su pregunta, me atraganté a lo bestia, de esas veces que empiezas
a toser y te quedas sin aire, de esas que piensas que te vas a morir vamos…Dejé el
sillón y me arrodillé en el césped, los ojos me lloraban mientras tosía
desesperadamente en un intento de coger aire, tenía un calor horrible. Eva se
acercó a mí asustada, se agachó y colocó su cálida mano por debajo de mi
garganta, la otra la sentí en mi hombro y poco a poco empezó a llegarme el aire.

Sabía que estaba roja, lo notaba, el corazón me latía con fuerza y no tenía
claro si era porque había estado a punto de morirme asfixiada o porque ella me
estaba tocando.

—¿Mejor?—preguntó cerca de mi oído.

Yo asentí.

—Perdona, me refería a la entrevista—puntualizó consciente de que yo


había entendido otra cosa.

—No, perdona tú—dije avergonzada.

—Tranquila, va con el trabajo…—dijo bastante seria. Volvió a llenar mi vaso


sin mirarme y se sentó.

En ese momento me sentí fatal, pequeña, inútil y miserable, todavía no


habíamos empezado a hablar y yo y mis inseguridades ya le habíamos recordado
que era una prostituta.

—Bebe despacio—sugirió cuando me vio coger el vaso de nuevo.

Intenté hablarle pero no me salió la voz, empecé a aclararme la garganta


pero no había manera.

—Perdón—dije mientras seguía carraspeando.


Al principio me miró sería, pero poco a poco se le empezó a dibujar una
sonrisa en la cara hasta que al final empezó a reírse, apoyó el codo en el
reposabrazos y se tapó la boca con la mano para no parecer tan descarada, pero a
mí me pareció la imagen más espectacular que había visto nunca. Tenía las piernas
cruzadas y la camisa se le descolgaba hacía el lado en el que estaba apoyada,
dejando ligeramente visible la curva de uno de sus pechos.

Sin previo aviso tuve una contracción entre las piernas y se me escapó un
suspiro ahogado, todo el cuerpo me temblaba y me costaba respirar. El corazón me
latía hasta en los párpados, me sentía tremendamente excitada, noté como la
humedad alcanzaba mí tanga, no me había pasado nunca con nadie y me asusté
mucho al pensar que ella pudiera darse cuenta. Me retorcí en mi asiento, crucé las
piernas apretando los muslos con fuerza para ahogar aquel deseo que sentía entre
ellas, suspiré hondo un par de veces y estiré los brazos como si acabara de
levantarme, sabía que era de muy mala educación pero fue lo único que se me
ocurrió para conseguir liberar algo de tensión.

En aquel momento supe que yo también pagaría por estar con ella, porque
me besara una sola vez, porque volviera a tocarme, por acostarme con ella…

—Lo siento—susurré avergonzada.

—No te preocupes, nadie debería levantarse tan temprano un domingo.

Volví a suspirar y ella sonrió de nuevo sin dejar de observarme.

—Perdona que me ría, es que me pareces tan frágil Ali—dijo recolocándose


en su asiento.

—Soy un poco torpe lo siento—dije recuperando mi voz—Te explico un


poco esto ¿Vale?

—Tú dirás…—dijo entrelazando los dedos.

Conseguí calmarme un poco, supe que lo mejor para quitarme aquellos


pensamientos o mejor dicho, aquellas sensaciones, era empezar la entrevista y
centrarme en mi trabajo.

—Bueno, si te digo la verdad no he tenido mucho tiempo para preparar la


entrevista—dije cabizbaja—normalmente ordeno las preguntas por temas pero me
avisaron muy tarde y están mezcladas, no siguen ningún tipo de orden, las fui
apuntando conforme me venían a la cabeza…

—No te preocupes, así será más ameno, ir saltando de un tema a otro puede
ser hasta divertido, tranquila. Además es culpa mía, fui yo la que exigió que fuera
hoy.

—Gracias—sonreí—si te parece me confirmas algunos datos básicos para


cuando preparen la biografía y empezamos. También te haré algunas preguntas
aleatorias, quiero decir que tus propias respuestas provocaran preguntas que a lo
mejor no están aquí y…

—Tranquila Ali, me parece bien—dijo cuando vio que empezaba a liarme


otra vez.

—Vale, según lo que he encontrado te llamas Eva Dabán, bueno eso está
claro—dije contestándome yo sola mientras ella se reía.

«Joder que hostia tengo»

—Tienes treinta y tres años, naciste en Barcelona, actualmente vives en


Madrid y tienes una licenciatura de Veterinaria ¿Es todo correcto?—dije alzando
las cejas para mirarla.

—Sí—afirmó con sus ojos clavados en los míos.

Carraspeé un poco de nuevo, bebí más agua y suspiré profundamente. Cogí


mi boli para ir tachando las preguntas conforme se las hiciera y encendí la
grabadora.
3

La entrevista

—Empiezo ¿vale?, si en cualquier momento quieres parar solo tienes que


decírmelo—dije poniéndome las gafas para leer.

—Te quedan bien.

—¿Qué?

—Las gafas Ali, que te quedan bien—dijo sin dejar de mirarme.

Joder que nerviosa me ponía, y ahora más, sabiendo que le gustaba como me
quedaban las gafas.

—Gracias—contesté sonrojada.

—Ya no te interrumpo más lo prometo—dijo haciendo una señal con la


mano para que empezara con la entrevista.

—Vale empezamos—me aclaré otra vez—¿Por qué alguien con una carrera
universitaria acaba trabajando como acompañante de lujo para mujeres?

Ella cogió aire, como si esa respuesta fuera complicada o larga.

—Pues si te digo la verdad, fue precisamente estando en la universidad


donde me hicieron la primera propuesta.

—¿Te refieres a que alguien te ofreció dinero a cambio de sexo mientras


estudiabas?

—A cambio de sexo propiamente dicho no, y tampoco fue dentro de la


universidad si es lo que preguntas.

Yo me la quedé mirando esperando su historia y ella empezó a contármela.

—A mí me apasionaba lo que estudiaba, bueno, y lo sigue haciendo, y por


ello siempre que podía acudía a cualquier seminario o conferencia que estuvieran
relacionados. Cuando estaba en tercer año asistí a una conferencia de esas que
duran dos días, era un fin de semana. Al acabar las primeras ponencias se hizo un
descanso y una de las ponentes se acercó a mí.

—¿Qué edad tenías entonces?—la interrumpí.

—Veintiséis, yo no tenía recursos económicos para pagarme la carrera y


cuando terminé el bachillerato tuve que ponerme a trabajar para ahorrar, así que
empecé a estudiar más tarde.

—Gracias, continua por favor.

—Bueno pues aquella ponente…

—Supongo que no vas a decirme el nombre…—sonreí.

—No, no voy a hacerlo—contestó devolviéndome la sonrisa.

Tenía que intentarlo…

—Aquella ponente—continuo—me invitó a que me tomara un café con ella,


su ponencia me había parecido de lo más interesante, así que acepté. Tras estar
charlando un rato me dijo que esa noche tenía una cena con unas amigas y que no
le apetecía ir sola, que si quería acompañarla. Yo me negué, supongo que ese sexto
sentido que tenemos las mujeres me decía el tipo de compañía que ella quería.

—¿Y qué pasó?

—Que me ofreció dinero—dijo encogiéndose de hombros.

—¿Así sin más?—pregunté sorprendida.

—Sí, era de aquellas mujeres que siempre conseguía lo que quería y no le


importaba pagar por ello. Al principio me sentí muy ofendida pero me ofreció una
cantidad que a mí entonces me suponía pagar el alquiler de cuatro meses. Yo me
negué igualmente pero ella insistió y me garantizó que no me pondría una mano
encima, que lo único que quería era que la acompañara, que charlara con ella para
no sentirse tan sola, ya que todas sus amigas iban acompañadas.

Se detuvo para beber agua unos instantes.


—Hacía apenas un año que me había independizado, hasta entonces vivía
con mi hermana, yo estudiaba por las mañanas y trabajaba en una librería por las
tardes, pero mi sueldo no me daba para pagar el alquiler, los gastos, los estudios…
así que prácticamente todos los meses mi hermana tenía que ayudarme. Yo estaba
harta de ser una carga para ella y con aquel dinero podría estar unos meses sin
pedirle nada…

—Y aceptaste—di por hecho.

—Sí. Al principio fue muy duro, me sentía sucia y degradada, pero


conforme fue pasando la noche y comprobé que no me había mentido me empecé a
sentir mejor, más cómoda, el resto de sus acompañantes me trató como a una más,
aunque estoy segura de que sabían porque estaba yo allí.

—Entiendo que ella era mayor que tú…

—Sí, aunque tampoco una barbaridad, tenía cuarenta años y lo cierto es que
era una mujer muy atractiva. No me desagradaba estar en su compañía, tenía una
conversación muy interesante, sobre todo para una cría catorce años menor que
ella. Me trató muy bien, fue atenta y educada en todo momento, no me rozó ni una
sola vez y cuando la cena terminó me preguntó si estaría dispuesta a repetir
aquello alguna vez, yo le contesté que me lo pensaría—dijo sonriendo.

—¿Te acostaste con ella?—se me escapó—perdona esta pregunta esta fuera


de lugar—dije abochornada.

Aun así me respondió.

—No, no me acosté con ella aquel día, pero sí que lo hice más adelante. A
raíz de aquel encuentro empezó a llamarme para otros, de forma esporádica, las
condiciones eran las mismas y a mí me hacía falta el dinero. Cogimos cierta
confianza, me sentía cómoda con ella y en una de esas ocasiones cuando me llamó
para pedirme que la acompañara a un partido de futbol me preguntó si estaría
dispuesta a hacer algo más por ella. Yo enmudecí, pero ella siguió hablando, me
dejó claro que no esperaba ningún tipo de relación, que solo quería sexo y que si
me negaba lo entendía. Que yo no tenía que hacer nada si no quería, que se
conformaba con follarme ella a mí…

Se me abrieron los ojos como platos mientras ella se colocaba unos mechones
por detrás de las orejas y bebía un poco de agua antes de continuar. Me sorprendió
la naturalidad con la que utilizó la palabra follar. Noté como esa excitación
descontrolada volvía a sacudir mis entrañas de nuevo, la humedad volvió a hacer
acto de presencia y una ola de fuego recorrió mi cuerpo. Apreté las piernas de
nuevo y agarré los reposabrazos con fuerza mientras intentaba controlarme. Por
suerte Eva estaba absorta en su historia y no se dio cuenta del efecto que provocaba
en mí con una palabra o un simple movimiento.

—En aquel momento no sabría explicarte como me sentí, pero no sé porque,


acepté. Yo siempre he tenido muy clara mi condición sexual y ella me parecía
atractiva así que no sé. Cuando acabó el partido fuimos a un hotel, yo estaba tan
nerviosa que no era capaz ni de mirarla.

Se quedó callada unos instantes, pensativa, yo no la interrumpí, le dejé su


tiempo sin dejar de observarla y aproveché para relajarme un poco.

—Creo que de esa noche solo puedo contar hasta aquí Ali.

—De acuerdo.

No insistí, mi puesto dependía de ello y además sentía un tremendo respeto


por aquella mujer que no dejaba de mirarme. Taché la pregunta y fui a por la
siguiente. Oh, esta era importante para mí, vaya que sí, y además no tenía nada
que ver con la palabra sexo.

—¿Por qué hoy? La entrevista digo—pregunté mientras hacía bailar el boli a


toda velocidad entre mi dedo pulgar y el índice—¿Por qué un domingo?

—¿Te he puteado no?—dijo sonriendo—Lo siento, tenía el día libre y quería


quitarme este asunto de en medio cuanto antes, lamento que hayas tenido que
pringar por mi culpa Ali.

—No te preocupes, reconozco que para mí los domingos son un día sagrado
de sofá y libro, pero ha valido la pena el esfuerzo.

Mierda, ¿Yo había dicho eso?

—Me alegra oír eso.

Sonreí tímidamente, taché la pregunta y seguí moviendo el boli mientras


buscaba la siguiente. Justo cuando fui a abrir la boca el boli se me escapó de entre
los dedos y salió disparado como una flecha contra Eva, por suerte tuvo reflejos y
se cubrió la cara con los brazos porque el boli impactó de lleno en su brazo
derecho.

—¡Mierda, lo siento!—dije mientras me levantaba corriendo en su dirección.

—Vaya, menuda puntería chica—dijo con una sonrisa—si no fuera porque lo


he visto diría que me lo habías tirado a propósito.

—Lo siento Eva—dije completamente abochornada—¿Te he hecho daño?

Ella se miró el brazo, tenía una pequeña raya azul pintada en la camisa.
Después me miró a mí sin decir nada, me clavó la mirada mientras yo estaba
agachada a su lado recogiendo el puto boli y me paralicé. Se me aceleró tanto el
pulso que pensé que iba a salir andando como las muñecas de famosa al compás
de mis latidos. Su mirada era apacible, como si estuviera disfrutando de la visión
mientras yo solo podía pensar en cómo sería besarla, dejar que aquellos labios
rozaran los míos, sentir el calor de su aliento y la humedad de su lengua.

En esas décimas de segundo que ella pasó sin dejar de mirarme, empecé a
sentir un tremendo cosquilleo en el estómago que tardó menos de lo que me
hubiera gustado en colocarse de nuevo entre mis piernas. Mi respiración se aceleró
y ella sonrió al darse cuenta. Entonces se puso en pie y me tendió una mano para
que me levantara. Sabía que tocarla no me convenía en absoluto pero hubiera sido
muy grosero por mí parte rechazar su ayuda así que me armé de valor y cogí su
mano. La excitación fue tan grande que me sentí un poco mareada y aturdida,
clavé la mirada en el suelo y en cuanto estuve en pie solté su cálida mano, se dio la
vuelta en dirección a mi silla y cogió mi libreta y la grabadora.

Yo me quedé como una estatua observándola, entonces volvió hacia mí y me


dio la grabadora, ella se quedó con la libreta…

—Descálzate y ven—dijo invitándome a que la acompañara.

—¿Qué?

—Que te descalces Ali.

—¿A dónde vamos?—conseguí preguntar mientras obedecía.

—A pasear por el jardín—ahí me quedé loca—te veo muy nerviosa Ali.


Cuando yo estoy así suelo salir al jardín a pasear descalza, el contacto de los pies
desnudos sobre la hierba me relaja—dijo alzando las cejas y los hombros.
Creo que solo escuché desnudos. Empezamos a caminar despacio, su jardín
bordeaba toda la casa así que nos pusimos a dar vueltas. Ella miraba las preguntas
de la primera hoja de la libreta sin decir nada mientras yo poco a poco me daba
cuenta de que Eva tenía razón, caminar descalza por la puta hierba me relajaba. Me
concentré en mis pasos, en echar un pie delante del otro y en el sonido de los
pájaros, del silencio. De vez en cuando la miraba de reojo, Eva parecía tranquila,
relajada, en paz…Transmitía una serenidad inmensa, y de la misma forma que
provocaba aquel tremendo descontrol en mi cuerpo también conseguía calmarme.
No sé cuánto rato estuvimos caminando en silencio ni cuántas vueltas dimos a su
casa, pero me gustó.

—Si quieres puedes continuar mientras andamos—dijo devolviéndome la


libreta.

Me sacó de mis pensamientos y entonces recordé el momento boli volador.

—No me has contestado Eva ¿Te he hecho daño?—atiné a decir.

—No, aunque dudo que consiga quitar esta mancha de tinta—dijo


mirándome de reojo con una sonrisa divertida.

—Te pagaré la tintorería.

—No digas chorradas, anda sigue—dijo haciendo un gesto con la cabeza


señalando la libreta.

—Lo siento—sonreí. Cogí la libreta y sin pensarlo lancé la siguiente


pregunta—¿Alguna vez has rechazado a alguna posible clienta?

—Sí, por supuesto. En varias ocasiones y por diferentes motivos—contestó


metiendo sus manos en los bolsillos mientras seguíamos andando.

—¿Cómo por ejemplo?

Alzó las cejas antes de responder.

—Pues depende, desde mujeres que sé que no pueden pagar mis tarifas
hasta mujeres con una reputación que no me gusta o que simplemente no me
atraen. Eso último ha sonado muy mal ¿No? ¿Puedes borrarlo?—dijo
empequeñeciendo los ojos.
Hay que tierna ella coño…

—Por supuesto—no pude evitar reír y ella sonrió de nuevo.

—¿Eres selectiva con tus clientas?

—Esa pregunta no está en la libreta…

—Solo has leído la primera página…

—¿Cuántas hay?—preguntó alarmada.

—Bastantes, pero tranquila, acabaremos cuando tú lo digas—me la quedé


mirando esperando su respuesta.

—A sí, perdona, la pregunta. Pues…esto te va a sonar quizá un poco


presuntuoso Ali, pero por suerte, desde el principio me he podido permitir el lujo
de decir sí o no, no me veo capaz de acompañar a alguien con quien no tenga un
mínimo de feeling por decirlo de alguna manera, que como mínimo me caiga bien
vamos, y sobre todo que me inspire confianza. Odio las situaciones incómodas, así
que si alguna mujer no me entra por el rabillo del ojo no acepto,
independientemente de la cantidad que me ofrezca.

—Tu respuesta me lleva un poco al principio otra vez—dije mirándola de


soslayo—dices que la primera vez que hiciste esto fue con aquella ponente pero
¿Cómo llegaron las demás? ¿De dónde salieron?

—De la primera, de “la ponente” —sonrió—como te he dicho la


acompañaba a lugares en los que ella iba con otras amigas, y un buen día me
comentó que una de sus amigas también quería mi compañía, como siempre era
muy cordial, muy “pero solo si tú quieres, sin obligaciones”, yo sabía quién era su
amiga, había hablado con ella algunas veces y me parecía una persona muy
correcta y amable. Acabé aceptando y digamos que a partir de ahí empezaron a
aparecer más amigas de las amigas, mi tiempo empezó a ser cada vez más escaso
por lo que ellas mismas eran las que iban aumentando las ofertas, y poco más, así
es como empecé.

—¿Te arrepientes?

—No—contestó tajante—poco a poco empezó a gustarme lo que hacía, me


gustan las mujeres y me gusta complacerlas. Tengo un trabajo que me permite
hacerlo así que no, no me arrepiento.

¡Dios! aquella entrevista iba a acabar conmigo y con mi voluntad…


4

¿Una infusión?

Tras unas cuantas vueltas por el jardín en las que yo acabé más cansada que
relajada, Eva decidió que era el momento de continuar la entrevista dentro de su
casa, entre una cosa y otra eran las once y media de la mañana y el calor empezaba
a hacerse notar incluso en la sombra. Me senté en la mesa de la cocina (bueno en
una silla no en la mesa claro) mientras ella preparaba café y sacaba una bandeja de
pastitas de esas que compras en las pastelerías y te cuestan un pastón.

—¿Tienes alguna infusión?—pregunté consciente de que el café era lo último


que necesitaba en mi estado.

«Aunque un Valium estaría mucho mejor»

—Claro, creo que hay té verde y manzanilla, ¿Qué prefieres?

—Una manzanilla por favor—respondí aliviada.

Ella sonrió sin decirme nada y abrió un armario para coger la caja que
contenía la infusión.

—Puedes continuar—dijo mientras yo la miraba danzar por la cocina.

—Sí, claro, perdona—miré la siguiente pregunta, esta era de esas que no


seguían el hilo pero ahí estaba—¿Alguna vez has estado con alguna mujer casada?

Se le dibujó una sonrisilla mientras me miraba de reojo. Acabó de servir el


café y la infusión y se sentó frente a mí.

—Sí, varias—dijo antes de morder una pastita.

—¿Sabiéndolo?

—Unas veces lo sabía y otras me enteraba después, pero sí. Mira Ali, yo no
soy partidaria de meterme en medio de una relación, pero cada mujer que me
contrata lo hace para que la vean conmigo, por lo tanto entiendo que su marido o
su mujer están al corriente de lo que hacen. Pero si además te lo tengo que decir
desde un punto de vista más frívolo, la realidad para mí es muy simple, no es mi
problema. Yo tengo un trabajo y unas tarifas, si las pagas y me interesa, tus
problemas de pareja no son asunto mío.

Joder como me gustaba esta mujer y lo claro que lo tenía todo.

—¿Has tenido problemas alguna vez? Me refiero a parejas celosas que hayan
ido a por ti…

Suspiró profundamente y me miró, después se humedeció los labios para


seguir hablando y yo sentí como se me humedecía otra cosa ¿Realmente eso me
estaba pasando? ¿Es qué no iba a acabar nunca? ¿Era mi cuerpo una fuente
inagotable de deseo y yo no lo sabía?

—Un par de veces, ambas con mujeres, quiero decir con parejas femeninas.
La primera me envió una carta amenazándome, diciéndome todo lo que me iba a
pasar si volvía a ver a su esposa conmigo y te aseguro que escribió cosas dignas de
una auténtica psicópata. La segunda me amenazó en persona, eso sí, con buenos
modales, toda una señorita ella—dijo riendo.

—¿Y qué hiciste?

—Pues lo único que puedo hacer en estos casos, no volver a verme con esas
clientas. Una cosa es que sea conocedora de que tienen pareja y otra es que vengan
a amenazarme o me causen problemas, ya te he dicho que las situaciones
incómodas no me gustan así que estos temas los zanjo de una forma bastante
radical.

—¿Qué es lo más raro que has tenido que hacer para una clienta?

—Yo creo que para mí lo más raro ha sido escuchar ciertas confesiones, hay
algunas personas que me contratan porque tienen algún tipo de deseo sexual un
tanto peculiar y no se atreven a contárselo a nadie, así que me pagan una auténtica
burrada únicamente para que las escuche.

—¿Deseos de que tipo? Para que nos hagamos una idea…

Pues mira…la que más me impactó fue una que me dijo que le excitaba
masturbarse cuando estaba defecando—dijo haciendo una mueca.
—Oh, vaya—dije conteniendo las ganas de reír—¿Por qué crees que te
contratan a ti para eso? ¿No les saldría más barato ir a un psicólogo? ¿O a un
psiquiatra…?

—Creo que para esas personas es más fácil contarle algo así a una puta que a
un psicólogo, supongo que dan por hecho que yo habré hecho o visto cosas mucho
peores que ellas y no me voy a sorprender de lo que me cuentan, en cambio un
psicólogo que se supone que es alguien con una profesión más que decente podría
alarmarse y decirles algo que no quieren escuchar, no sé…supongo que se sienten
más a gusto explicándoselo a alguien a quien consideran inferior.

Odié a esas mujeres…

—¿Contratar a Eva Dabán tiene algún requisito? ¿Alguna cláusula?

—Sí, siempre exijo un certificado médico que demuestre que no padecen


enfermedades contagiosas. Yo también lo entrego si es lo que vas a preguntarme—
dijo adivinando mi siguiente pregunta. Yo sonreí—también hago que me firmen un
contrato en el que se especifica que es exactamente lo que pueden esperar de mí y
lo que no para que después no haya mal entendidos.

—¿El contrato es el mismo para todas?

—No, depende de cada mujer y de para que me contrate, tipo de evento me


refiero.

—¿Unas tienen más privilegios que otras?

—Sí—contestó encogiéndose de hombros—esto tampoco quiero que lo


publiques.

—De acuerdo. ¿Por qué respondes a mis preguntas y después me pides que
no las publique?—pregunté sin pensar mucho—sería mucho más fácil no
responderme, pero aun así lo haces…

—Vaya, buena pregunta Ali, esta sí que no me la esperaba…

Por primera vez desde que había cruzado la puerta de su casa vi en Eva un
punto de vulnerabilidad, a ver si al final tras esa imagen de mujer decidida se
escondía una mujer cargada de sentimientos…
—Supongo que son detalles que no le cuento nunca a nadie y que de algún
modo necesito exteriorizarlos, compartirlos con alguien para que ciertas cosas no
me consuman, pero sí, tienes razón, es más fácil no contestar, perdona.

—Noo, por favor, hazlo, es solo que me contrariaba un poco esa actitud,
pero de verdad, me encanta que lo hagas Eva.

Con lo que me gustaba a mí escuchar a esa mujer y por una pregunta


estúpida casi me quedo sin sus confesiones.

—Bien, gracias.

—Vale, siguiente pregunta. ¿Por qué has aceptado la entrevista? Me consta


que llevamos meses persiguiéndote y siempre te has negado, ¿Por qué este
cambio?

—No veo que interés puede tener esa pregunta para los lectores Ali…—dijo
con su adorable sonrisa.

Mi corazón se encogía cada vez que mi nombre era pronunciado por sus
labios. Carraspeé un poco para aclararme de nuevo.

—Bueno, en realidad es curiosidad personal, perdona—me estaba poniendo


colorada, lo notaba, lo sabía, ardía. Empecé a ruborizarme sin motivo, bueno sí, sí
que tenía un motivo, hacía rato que no podía dejar de preguntarme si Rebeca
estaría entre sus clientas, sabía que tenía pasta de sobra y solo de pensar en Eva y
ella retozando se me revolvía el estómago—es que mi jefa, Rebeca—puntualicé—
dijo que teníais una amiga en común y yo…

—¿Tú qué Ali?

¡Dios, me estaba dando un infarto!

—Bueno, quería saber si era cierto, que ambas tenéis una amiga en común.

Se recostó en la silla y suspiró tan profundamente que vi como sus pechos se


elevaban sin que yo pudiera dejar de mirarlos.

«Mierda, mierda, mierda»

Sabía que se había dado cuenta, su mirada me decía que era perfectamente
consciente de como la había mirado, mi corazón latía desbocado y ella no parecía
inmutarse, solo me miraba fijamente, supongo que ese comportamiento formaba
parte de su personalidad. Tal vez Eva fuera una conquistadora nata y ni siquiera lo
sabía…

—Es cierto, compartimos una amiga en común, y si no hubiera sido por su


insistencia te aseguro que tú y yo no estaríamos hablando ahora mismo. ¿Por qué
tienes tanto interés en saberlo?

Creo que ese fue el momento en el que mi cara pasó del rojo al blanco, yo era
la entrevistadora, yo era la que hacía las preguntas y por supuesto no estaba
preparada para ser yo la que las respondiera.

—Esta entrevista no continuará si no me respondes—afirmó sin dejar de


mirarme con esos ojos que se colaban en mí y me desarmaban, con esa actitud
contundente y pasiva que hacía que me temblaran las piernas, con esos labios
sensuales que hacían que mil mariposas danzaran por mi estómago en dirección
descendente…

Tomé una decisión bastante inusual en mí, necesitaba recuperar mi


condición de persona adulta medianamente normal y dejar la de colegiala
vergonzosa y cachonda, pero sobretodo necesitaba que aquella situación acabara
cuanto antes, así que fui al grano.

—¿Te has acostado con Rebeca? ¿Está entre tus clientas?

No sabría muy bien como describir la expresión que se dibujó en su rostro,


creo que era una mezcla entre asombro, enfado, ofensa e incomodidad, y eso
último yo sabía que no le gustaba, ella me lo había dicho en dos ocasiones.

—Mira en un día normal te aseguro que esta entrevista se hubiera acabado


aquí, pero me pillas de buen humor, tanto que hasta voy a responderte—dijo en
tono severo—no sé muy bien qué tipo de interés tienes tú en conocer esa respuesta
Ali, pero no, Rebeca no está entre mis clientas, lo que te ha dicho es cierto, tenemos
una amiga común, Laura, por si te interesa saberlo. Además, ya te he dicho que me
tomo la libertad de escoger a mis clientas y desde luego Rebeca no encaja en mis
requisitos por varios motivos que no te voy a mencionar…

—¿Pero alguna vez te ha pedido que…?—no me atreví a terminar la frase,


no sabía que coño me pasaba en la boca, me había venido arriba, pero le bastó una
mirada fulminante para que me entraran unas ganas tremendas de callarme, y
entonces se levantó. Caminó hacia mí sin decir nada, se paró en frente, se inclinó y
colocó sus manos en los reposabrazos de mi silla, acercó sus labios a mi oído
dejando que sus mechones rozaran mi cara, me provocó una mezcla entre
cosquillas externas e internas, no solo en la cara, también entre las piernas. Me
quedé paralizada, creo que dejé de respirar, sí seguro, no respiraba.

—Contrólate Ali…—me susurró con sus preciosos pechos delante de mis


ojos. Se levantó y se fue a por una cerveza dejándome al borde del infarto.

—¿Quieres?—preguntó con la cerveza en la mano.

Solo pude negar con la cabeza, las palabras no me salían, solo me faltaba
añadir alcohol a mi estado de gilipollez permanente. Creo que ya podía hacerlo
oficial, en menos de cuatro horas me había enamorado de Eva Dabán ¿Porque eso
tenía que ser amor no? Ese deseo tremendo que sentía por ella, ese cosquilleo en mí
estómago…lo cierto es que no tenía con que compararlo porque creo que no me
había enamorado nunca, pero si no era amor ¿Qué era?. Esto no podía estar
pasándome a mí, ¿Se podía ser más imbécil que yo? ¿Es que no había mujeres en el
planeta que yo tenía que sentirme atraída por la única que no iba a
corresponderme como yo quería?

Volvió a sentarse, bebía directamente del botellín, sin vaso, yo siempre había
opinado que no había nada más sexy que una mujer bebiendo cerveza
directamente de la botella, llamarme rarita, pero yo soy así.

—¿Por qué te interesa tanto saber si me he acostado con tu jefa Ali? ¿Ya no
me verías con los mismos ojos si lo hubiera hecho?

—Sí, no…no sé, es que no me cae bien, perdona…no sé qué me pasa, yo no


soy así de impertinente Eva. Lo siento mucho.

—¿Qué te parece si volvemos a la entrevista y hacemos ver que esto no ha


pasado?—dijo sonriendo.

—Sí, por favor—supliqué agradecida.

Esta parte de la entrevista la borraría en mi casa, aunque Eva no me lo había


pedido a mí no me convenía que Rebeca la escuchara.

5
La familia

Me recompuse un poco, durante un buen rato estuve haciendo algunas


anotaciones en la libreta y descartando algunas preguntas, Eva aprovechó para
mirar su móvil y me dejó unos minutos para hacer una llamada. Después de eso
volvió a sentarse y me estudió para ver si ya me había convertido en una persona
normal otra vez.

—Ya estoy lista, perdona lo de antes, no volverá a pasar—dije con ojos de


gata abandonada.

—Bien. Oye, he pedido que nos traigan algo de comida, veo que esto se
alarga y ya empiezo a tener hambre, supongo que no te importa ¿no?

—No, claro que no, gracias—respondí rápidamente para que viera que
estaba por la labor.

La verdad es que me sorprendía que me permitiera seguir con la entrevista


después de lo que había hecho.

—¿Te ayudo?—pregunté cuando vi que se levantaba para recoger la mesa.

—No, tú sigue con la entrevista y yo de mientras voy preparando todo esto


para cuando llegue la comida, no te preocupes.

—De acuerdo—me giré un poco para poder verla mientras se movía por la
cocina—siguiente pregunta: ¿Qué opina tu familia sobre el trabajo que has elegido?

Alzó las cejas y me miró mientras tiraba algo en la basura.

—Pues no es un problema la verdad, mi familia no es muy extensa. Mis


padres murieron en un accidente cuando yo tenía dieciocho años y nos quedamos
solas mi hermana mayor y yo.

—Vaya, lo siento mucho Eva…

—Gracias.
—¿Y qué opina tu hermana?

Eva se echó a reír como si acabara de recordar algo gracioso. Se apoyó en el


mármol de la cocina con las dos manos para responderme, otra imagen adorable
para mi retina.

—La verdad es que cuando se lo conté pensé que iba a darle un paro
cardiaco allí mismo, la cara se le descompuso, tuve que acercarle una silla
corriendo para que se sentara—sonrió de nuevo al recordarlo—al principio no se lo
tomó muy bien, no por lo que yo hacía sino porque en el fondo sé que se sentía
culpable, como si no hubiera hecho algo bien. Es nueve años mayor que yo, cuando
murieron nuestros padres ella hacía poco que había terminado la carrera de
medicina y en seguida se puso a trabajar, pero su sueldo por aquel entonces solo
daba para mantenernos a las dos, no podía pagar mis estudios y poco después es
cuando yo empecé a trabajar para ahorrar. Ella llevaba tiempo saliendo con un
chico, iban muy en serio y cuando a él le ofrecieron un puesto fijo en Madrid, a mí
no me quedó otro remedio que venirme aquí con ellos. Conseguí el empleo en la
librería y con mi sueldo y la ayuda de mi hermana y mi cuñado empecé a estudiar
la carrera. Creo que ella pensaba que yo lo había hecho para no depender de ella, y
tal vez las primeras veces fue así, pero desde luego ella no fue el motivo por el que
decidí dedicarme a esto.

—¿Pero al final lo comprendió?

—Me costó mucho tiempo conseguir que entendiera que había llegado un
punto en el que yo no lo estaba haciendo solo por dinero, me gustaba mi trabajo y
también le expliqué algunos detalles que la ayudaron a tranquilizarse. Desde ese
momento todo volvió a fluir con normalidad, de vez en cuando me pega alguna
charla para animarme a dejarlo pero jamás me ha juzgado, me respeta y yo la
adoro por eso. Mi hermana es la única persona en la que confío ciegamente—
murmuró con un tono de voz más bajo.

—¿Y a tu cuñado que le pareció?

—Él siempre fue un hombre de esos que todo le parecía bien, ni bueno ni
malo, cuándo mi hermana se lo contó solo le dijo que si era lo que yo quería ellos
no eran quien para oponerse. A mí nunca me dijo nada, me siguió tratando igual
que siempre.

—¿Cuánto tardaste en contárselo a tu hermana?


—Buff…pues al menos un año o así, quería hacerlo, pero me sentía con el
mismo miedo que cuando tuve que contarle que era lesbiana.

—¿Eso fue un problema para ella? ¿Lo de que fueras lesbiana?

—Que va, yo sola me monté mi propia película—dijo riendo—cuando se lo


conté me dijo que ya era hora de que lo reconociera, que ella hacía tiempo que se
había dado cuenta.

Las dos nos reímos.

—Entonces, cuando dejaste de pedirle dinero ¿Ella no sospechó nada? ¿No


te preguntó de dónde salía?

—Sí claro, el primer mes que le dije que podía apañármelas sola me
preguntó que como era posible, entonces le dije que en la librería estaban contentos
conmigo y además de dejarme hacer una hora más cada día me habían subido el
sueldo. Hasta entonces creo que jamás le había mentido a mi hermana, así que ella
me creyó y yo arrastré un tremendo sentimiento de culpa hasta que le conté la
verdad.

—Lo que has dicho antes, sobre las charlas de tu hermana para animarte a
dejarlo—dije haciéndola recordar—me lleva a otra pregunta que tengo por aquí—
dije buscando entre las hojas para tacharla—aquí está: ¿Te has planteado dejarlo en
algún momento o es algo que no contemplas?

Suspiró muy hondo y arqueó las cejas mientras terminaba de colocar los
platos y los cubiertos en la mesa, entonces sonó el timbre.

—Perdona debe ser la comida, saca lo que quieras para beber, ahora vuelvo.

Abrí la nevera y cogí una botella de vino, la descorché mientras ella volvía
con las bolsas. Me sentía un poco más tranquila, así que una copa de vino no me
sentaría mal.

—Como no sabía que te gustaba he pedido un poco de todo, hay pollo


asado, ensalada, pasta y fruta.

—Muchas gracias pero podías haberme preguntado, ahora te sobrará


comida…
—Tranquila, lo que sobre me lo como para cenar—dijo con una sonrisa
fugaz.

Llené las copas de vino mientras ella servía los platos. Nos sentamos a
comer y Eva continuó respondiendo las preguntas.

—En cuanto a tu pregunta de antes, la respuesta es no—dijo tajante—no es


que no me lo haya planteado, pero por ahora no tengo intención de dejarlo, tal vez
más adelante, cuando mi cuerpo ya no resulte tan atractivo para las mujeres, no lo
sé…No es algo en lo que piense mucho la verdad.

—¿Y si alguien te lo pidiera?

—¿Te refieres a una pareja?—dijo mientras se limpiaba con la servilleta para


después dar un sorbo de vino.

—Sí, supongo…—me ruboricé otra vez.

—Pues no me ha pasado, pero creo que no, yo no me escondo de lo que soy,


y quien me conoce sabe lo que hay, si decide ir un paso más allá conmigo tiene que
ser aceptando mi trabajo, porque eso es lo que soy Ali, yo no concibo el amor si
una de las dos partes no respeta y acepta todo lo que es la otra. Mi trabajo forma
parte de mi personalidad, de quien soy ahora. Que alguien que se supone que me
quiere me pidiera que lo dejara creo que me ofendería, pero ya te digo, por ahora
no me ha pasado, así que tampoco voy a decir de esta agua no beberé…

Se me partió el alma, porque en el fondo yo sabía que sí tuviera la más


mínima posibilidad con Eva Dabán, yo sí que necesitaría la exclusiva, no estaría
dispuesta a compartirla con nadie, yo sería esa persona que no aceptaría esa parte
de su vida. Supongo que debió notar algo en mi mirada porque decidió hacerme
una pregunta que me descolocó un poco.

—¿Qué edad tienes Ali?

—Veinticuatro, casi veinticinco—contesté con la voz ronca, creo que volvía a


estar rozando el infarto. Ella sonrió.

—Casi veinticinco—sonrió—que joven…supongo que con esa edad no


entiendes lo que te acabo de decir, yo probablemente no lo hubiera hecho, pero con
el paso de los años y cuando tienes ciertas experiencias necesitas saber que la
persona que está a tu lado lo está para todo, para lo mejor y para lo peor, pero
sobre todo sin juzgar tus motivos. Necesitas a alguien que te acepte tal y como eres
sin exigir ningún cambio, porque en el momento en que eso pasa, esa persona te
está prohibiendo ser tu misma, anulando una parte de ti y de tu personalidad y eso
no es amor Ali. Al menos no para mí.

—Puede que no sea amor, pero yo tampoco creo que sea amor permitir que
la persona que quieres se acueste con otras mujeres, perdona pero no estoy de
acuerdo contigo Eva.

Ella me sonrió complacida.

—¿Y si te dijera que no me acuesto con ellas, que solo las acompaño?
¿Cambiaría eso tu opinión? ¿Aceptarías una pareja en esas condiciones?

Me quedé un poco desconcertada ante sus preguntas ¿Cambiaba eso mi


forma de ver el amor? Puede, no era lo mismo saber que tu chica estaba
acompañando a alguien que saber que se la estaba follando, evidentemente. Aun
así, creo que yo sentiría celos igualmente. Pero lo que me descolocó más fue el
hecho de lo que me planteó, ¿Era una metáfora o realmente no se acostaba con
todas esas mujeres? Tenía que preguntárselo.

—Espera Eva ¿No te acuestas con tus clientas, es eso lo que me estás
diciendo?

Se empezó a reír otra vez, y me encantaba que lo hiciera, tenía una sonrisa
preciosa, pero ahora me cabreaba, quería que me respondiera.

—Yo no he dicho eso Ali…

—¿Pero es cierto?—tal vez esto me costara el fin de la entrevista, pero quería


una respuesta—¡Joder Eva, ¿Te las follas o no?!—dije enfadada.

—Cuidado con el tonito Ali—me advirtió.

—Perdona—dije con la cabeza gacha. Ella se puso seria y guardó silencio un


momento que se me hizo infinito.

—Es cierto y no lo es, es una verdad a medias. Apaga ese cacharro—dijo


señalando la grabadora.

La apagué de inmediato. Me entraron ganas de golpearme la cabeza contra


la pared, Eva Dabán estaba a punto de confesarme algo que estaba segura de que
sería una exclusiva y acababa de prohibirme publicarlo.

—Vamos a la sala de estar, estaremos más cómodas.

—¿Y esto?—dije refiriéndome a los platos.

—Ya lo recogeré luego, no te preocupes.

La seguí hasta otra estancia de la casa, era enorme, con una cristalera que
ocupaba gran parte de la pared, había dos sillones de piel de color negro que
hacían juego con dos sofás que ocupaban dos de las paredes, en el centro había una
mesita de madera del mismo color. Ocupamos los sillones, estaban uno en frente
del otro, ligeramente ladeados para poder contemplar las vistas al enorme jardín
trasero de la casa. En el medio había otra pequeña mesilla, allí colocó los cafés y se
sentó de lado para seguir con la entrevista. Tuve la sensación de que no sabía muy
bien cómo empezar a hablar así que la animé.

—Dices que es una verdad a medias, ¿A qué te refieres?

—Esto no puede salir de aquí ¿me oyes?

—Tranquila, he parado la grabadora—se la mostré y la dejé sobre la mesa


para que la viera en todo momento—y no pienso decir nada, de verdad.

—Gracias—cogió aire por la nariz y lo soltó lentamente por la boca mientras


yo babeaba al mirarla—¿Recuerdas las cláusulas de las que te he hablado antes?
Los contratos que hago firmar…

—Sí claro, me acuerdo—afirmé.

—Bueno, pues una de esas cláusulas dice que dentro de mis servicios no
entra la actividad sexual, tan solo se limitan a la compañía, nada más.

Mis ojos se abrieron como dos platos, pero de esos más grandes, de los que
te ponen con el segundo…

—Un momento, me estoy perdiendo Eva, dices que tus servicios no incluyen
sexo pero al principio de la entrevista dijiste que te habías acostado con tu primera
clienta…
—Y es cierto, lo hice, pero no porque me pagara más, lo hice porque como te
he dicho, era una mujer atractiva y a mí también me apetecía hacerlo. Aquel día no
acepté el dinero extra que me ofreció, ni las siguientes veces tampoco. Le dejé claro
que mis servicios solo incluían la compañía, lo demás era personal.

—¿Entonces entiendo que te acuestas con unas sí y con otras no?

Uy que raro era todo esto…

—Así es. Como mujer tengo mis necesidades y además me gusta el sexo, y
mucho—puntualizó haciendo que el hormigueo volviera a posarse entre mis
piernas y mis bragas se humedecieran más, porque creo que no había tenido
tiempo de que se secaran.

—Pero ellas, la gente, todo el mundo Eva, todo el mundo cree que bueno,
hablando claro eres una prostituta. Se supone que esas mujeres te contratan para
tener unos servicios que incluyen relaciones sexuales, no lo entiendo…

Ella sonrió de nuevo. Joder como me gustaba.

—Como te he dicho tengo necesidades, pero para mí el sexo no es solo sexo,


es algo a lo que le doy un valor muy importante, me gusta disfrutarlo al cien por
cien y no puedo hacer eso si no siento una mínima atracción con la otra persona,
así que no estoy dispuesta a vender esa parte de mí por dinero. Cuando solicitan
mis servicios sí que es cierto que se sorprenden cuando les digo que no pueden
esperar nada físico de mí, pero me contratan igualmente porque al final lo que
realmente quieren es que las vean conmigo, supongo que con eso les basta.

—¿Y cuándo las conoces que haces? Dices…contigo follo y contigo no…¿Es
algo así? Porque es un poco raro sabes…—Ella volvió a reírse, como si disfrutara
volviéndome loca.

—Antes de aceptar cualquier servicio siempre les pido una reunión previa,
me gusta conocerlas un poco, por varios motivos, no solo por eso,
independientemente del sexo también tiene que haber cierto feeling para que yo
decida pasar cierta cantidad de horas con ellas. Si al final ese feeling existe,
entonces les explico lo del sexo, sin rodeos. Si es alguien con quien tengo claro que
no pienso hacer nada se lo digo, y si es alguien con quien hay posibilidades pues se
lo digo también. Aunque también creo que deberías saber que no todas me
contratan esperando un polvo Ali, muchas lo hacen únicamente por la compañía, o
para contarme cosas raras…—dijo divertida.
—Entonces tus precios son solo por hacer de acompañante ¿no?

—Exacto, eso es así para todas, como te he dicho si después me apetece y


ellas quieren, es un tema aparte, pero no tiene nada que ver con el trabajo.

Yo estaba flipando, la impresionante Eva Dabán jamás se había prostituido,


follaba por placer no por negocios, joder: ¡Eva Dabán era la puta ama!

—¿Por qué dejas que la gente crea que vendes tu cuerpo Eva? Seguro que a
lo largo de estos años has tenido que aguantar todo tipo de insultos, de miradas, de
acusaciones y vete a saber que más, cuando podrías cortarlo de raíz ¿Por qué no
dejas que el mundo sepa quién es realmente Eva Dabán?

—Porque cuando empecé a acompañar a más clientas, empecé a ser


conocida en ese círculo de mujeres adineradas muy rápido, yo entonces no lo veía
como un trabajo, era simplemente algo que hacía, me gustaba y me generaba
grandes ingresos, pero a raíz de una clienta, “Laura” este nombre te lo he dicho
antes porque a ella no le importa—sonrió—empezaron a llamarme mucho, mi
fama de acompañante de lujo se extendió como la pólvora casi de la noche a la
mañana, esperaban el mismo trato que había tenido Laura…

—¿Con ella te acostaste?

—Sí, Laura fue la segunda mujer con la que me acosté. El caso es que yo les
expliqué todo lo que te he dicho y les pareció bien, cuando se lo decía a las clientas
lo aceptaban sin más, después me enteré a través de Laura que se había convertido
en una especie de competición entre ellas, del rollo a ver quién salía con premio,
fue la propia Laura la que me aconsejó no decir nada, poco a poco mi reputación
fue creciendo y con ello mi caché, y hasta hoy.

—Entonces podemos resumirlo en que decirlo, sería malo para el negocio…

—Puede que sí o puede que no, pero no voy a arriesgarme. Además, si ahora
decidiera revelar esa parte de mí ¿Quién crees que iba a creérselo?...

Tal vez tenía razón, aunque yo la creía.

—¿Y no te da miedo que tus clientas lo acaben contando?

—Dentro de ese contrato hay también una cláusula de confidencialidad.


—¿Tú hermana lo sabe? Quiero decir, esta parte, la de que no te
prostituyes…

—Sí, ese detalle fue mano de santo para que no le diera un infarto—las dos
nos reímos.
6

Sentimientos

Estuvimos hablando un buen rato de su hermana y después de la confesión


que acababa de hacerme, yo intenté convencerla de que debía decirle la verdad al
mundo, eliminar la etiqueta de prostitución que arrastraba, pero ella se negó, no
parecía importarle que la tacharan de algo que en realidad no era y a mí me
molestaba.

—No lo entiendo—refunfuñé.

—¿Quieres que te diga otra razón de peso para no hacerlo?—dijo cambiando


de posición.

—Por favor…

—Esa etiqueta como tú la llamas, me permite saber quién me respeta como


persona y quien no, así de simple, tengo buenas amigas que no lo saben y a las que
no les importa que las vean en mi compañía, quedamos para tomar café, ir a la
playa, al cine, lo que haga falta…en cambio conozco a otras personas que sé que
jamás permitirán que las vean conmigo, que se avergonzarían de tener una amiga
como yo, y a ese tipo de personas prefiero tenerlas lejos.

—Pero si son tus amigas podrías decírselo, ahora que ya sabes que son eso,
buenas amigas.

—Son amigas sí, pero cuanta más gente lo sepa más posibilidades hay de
que se extienda el rumor.

—Pero a mí me lo has contado ¿Por qué?

—Porque creo que es necesario que lo sepas Ali, desde el principio he tenido
la sensación de que saber a qué me dedico te estaba afectando de una forma
diferente, y, no sé, he preferido contártelo—dijo encogiéndose de hombros como si
nada.

Me quedé sin habla, ¿A qué se refería? ¿Había notado que me gustaba? ¿El
efecto que estaba provocando en mí? ¿Oía los latidos de mi corazón? ¿Presentía las
ganas de besarla que tenía? ¿De quitarle la ropa? ¿De recorrer con mi lengua hasta
el último poro de su piel? ¿De hacerle el amor hasta perder el conocimiento? ¿A
qué se refería Eva?

—¿Podemos continuar la entrevista?—dije para salir del paso.

—Claro.

Encendí la grabadora de nuevo y vi la siguiente pregunta.

«Mierda»

—¿Es compatible tu trabajo con el amor?

—Buff—dijo riendo—difícil respuesta. Yo creo que sí, independientemente


de lo que te he contado antes, esto último no lo pongas…

Claro, ahora había un antes y un después, de cara a los lectores hablábamos


de una prostituta, de una persona a la que si decidías amar ibas a tener que
compartir, pero yo ahora sabía que eso no era así y suponía que si ella se liaba con
alguien en ese plan también se lo contaría, ahora todo era más complicado.

—Sí das con una persona dispuesta a aceptar quien eres yo creo que sí que
se puede, de hecho yo he estado en pareja algún tiempo y el motivo de la ruptura
no fue mi trabajo, ni tampoco un impedimento. Creo que depende de la voluntad
de las personas y de la intensidad del amor que sientan.

Lo que yo digo, esta mujer en el fondo es una sentimental.

—¿Hay alguien en tu vida ahora?

—¿Eso lo pone ahí o lo quieres saber tú?

Me retorcí en mi asiento, tanto que se me cayó la libreta y casi me caigo yo al


intentar cogerla. Menuda cabrona la Eva esta, no se le escapaba ni una,
efectivamente esa pregunta no estaba incluida, era yo la que quería saberlo y la
anterior pregunta me lo había puesto en bandeja.

—Perdona, no es necesario que contestes—dije mientras notaba como me


ponía de todos los colores, sentí un tremendo calor y me ruboricé como nunca.
Pero como siempre ella sonrió.

—No perdona tú, he sido un poco brusca—se levantó y trajo más agua fría,
supuse que para ayudarme a bajar mis colores.

—¿Pero la hay?—volví a preguntar, total, ya me había pillado…

—Si te refieres a una pareja no, no la hay.

—¿Pero hay alguien no?

—Bueno, digamos que mi mejor amiga y yo nos ayudamos mutuamente—


dijo con una tímida sonrisa.

—¿Laura?

—Sí, ella está soltera y yo también, así que aliviamos tensiones de vez en
cuando…—dijo con naturalidad.

—¿Y por qué no salís juntas si tan bien os lleváis? —Volvió a sonreír como si
lo que le planteaba fuera una locura.

—¿Laura y yo? Que va, imposible, somos demasiado iguales, no funcionaría


en la vida. Aunque nos acostemos de vez en cuando nuestra relación es puramente
de amistad, más allá de eso creo que nos pasaríamos el día peleando. Ya lo
hablamos en una ocasión y las dos estuvimos de acuerdo en que esto era lo mejor,
ella hace su vida y yo la mía, si ella decide salir con otra persona lo dejamos en solo
amistad y ya está, no es un problema.

—¿Hay alguna clienta a quien no le cobres?

—Si no le cobro no es clienta.

Zas en toda la boca para mí.

—Perdona, a veces soy un poco tajante Ali—dijo riendo—Laura, ella es la


única que solo fue clienta mía la primera vez, conectamos en seguida y la amistad
surgió muy rápido, a partir de ahí empezamos a quedar para hacer cosas que no
tuvieran nada que ver con el trabajo y pasó de ser mi clienta a ser mi mejor amiga,
así que si alguna vez la tengo que acompañar lo hago encantada. Y sin cobrar…
—¿Te ha pasado alguna vez que una de tus clientas se haya enamorado de
ti?

—Buff, joder con la pregunta Ali—dijo acomodándose mejor.

Yo la miré expectante, eso era que sí, y me moría de ganas por conocer la
historia.

—Podría decir que me ha pasado dos veces, ambas muy diferentes—dijo


frotándose las manos con cierto nerviosismo.

—¿Diferentes en qué sentido?

—Bueno, la primera yo siempre he pensado que confundió la compañía con


el amor. Tenía seis años más que yo, y en el momento en que me contrató la
primera vez digamos que ella estaba pasando por un momento en su vida en el
que lo había perdido todo a nivel personal, se sentía tremendamente sola y me
contrató únicamente para que le hiciera compañía. Pasé toda una tarde con ella,
escuchando, hablando y paseando. Lo cierto es que conectamos bien y fue una
velada agradable.

—¿Pero no hubo sexo?

—No, como te he dicho ella solo quería compañía, dejar de sentirse sola.
Una semana después volvió a llamarme, repetimos y empezó a llamarme cada
semana, yo en ningún momento sospeché nada, pensé que para ella era una
especie de terapia pero supongo que en algún momento se olvidó de que yo estaba
allí porque ella me pagaba. Una tarde, mientras paseábamos por el Retiro me
confesó que se había enamorado de mí, me quedé sin palabras, en ningún
momento me había dado esa sensación, yo suelo notar esas cosas y no me pareció
que ella tuviera ese tipo de sentimientos hacia mí, por eso te digo que creo que
confundió la compañía con el amor, se sentía a gusto conmigo y pensó que se había
enamorado, no sé…

—¿Y tú que hiciste?

—Pues decirle lo que pensaba, le conté mi teoría y también le recordé el


motivo por el que yo estaba allí, me sentí fatal por ello, pero yo no sentía nada por
ella y no quería que se hiciera una idea equivocada ni alimentar su confusión.

—¿Y ella qué te dijo?


—En un principio se ofendió. Andamos en silencio durante casi otra hora y
después me dijo que tal vez tenía razón, ese día no le cobré y ella no me volvió a
llamar más.

—Vaya, es una historia triste, habrás visto cosas de todo tipo ¿no?

—Ni te lo imaginas—contestó con un gesto de asombro.

—¿Y la otra historia?

Suspiró hondo otra vez.

—Pues como te digo esta fue totalmente diferente y algo más complicada,
me contrató para que la acompañara a una gala benéfica, su mujer no quería ir y
ella no quería ir sola, así que yo la acompañé.

—¿Su mujer lo sabía?

—Sí, claro, era un acto público, se hubiera enterado de todos modos. El caso
es que ella era una de esas mujeres con las que yo sí que me hubiera acostado, no
se lo dije porque tenía pareja y no quería líos, pero aquella noche lo pasamos muy
bien juntas, era una mujer muy divertida que tras un par de copas de más me
acabó confesando que su mujer tenía una aventura con un hombre. Tras aquello
nos sentamos en una zona más privada para hablar y así pasamos el resto de la
noche. Esa misma semana me llamó otra vez, me dijo que le apetecía verme para
tomar un café, nada de eventos ni de gente, algo tranquilo para charlar, yo acepté y
cuando terminamos la charla me pidió que la acompañara a su apartamento a
tomar una copa, su mujer estaba de viaje y no sé muy bien porque, pero accedí a ir
con ella.

—Y os acostasteis—afirmé.

—Sí, no hubo copa ni conversaciones, solo sexo. Tras aquel día se convirtió
en una rutina, pasábamos parte de la tarde charlando de cualquier cosa y después
acabábamos en su casa o en un hotel, ella me decía que era una forma de vengarse
de su mujer y a mí no me importaba porque me lo pasaba bien con ella, y además
era muy buena en la cama—dijo tímidamente.

—¿Pero entonces a ella le cobrabas?

—Solo la parte de la compañía, cuando nos acostamos la primera vez yo le


expliqué mis condiciones y le parecieron bien, conforme fueron pasando los días
en que nos encontrábamos le dije que no quería cobrar, al fin y al cabo era muy
poco tiempo el que pasábamos hablando y no me parecía bien, pero ella insistió en
que mi tiempo valía tanto como el suyo y siguió pagándome.

—¿Y cuándo supiste que se había enamorado de ti?

—Tras unos cuantos encuentros noté que su comportamiento empezaba a


cambiar, se mostraba cariñosa y empezó a preocuparse por cómo eran mis días,
por mi vida, por mi historia. Empezó a llamarme a diario y a decirme que me
echaba de menos. Fue ahí cuando me di cuenta de que para ella no era solo sexo,
supe que sentía algo más por mí. Al principio intenté engañarme a mí misma
pensando que solo eran imaginaciones mías, creo que fui bastante egoísta en aquel
momento, a mí me gustaban aquellas sesiones de sexo y supongo que no quería
perderlas—dijo con cierto sentimiento de culpabilidad—pero una tarde mientras
paseábamos me cogió de la mano y entonces lo tuve claro y se lo pregunté.

—¿Y ella qué te dijo?

—Pues lo que yo llevaba días temiendo, confirmó mis sospechas. Me dijo


que no sabía en que momento se había enamorado de mí pero que lo tenía claro,
que no me había dicho nada por miedo a que me alejara de ella y que se
encontraba en trámites de divorcio. Independientemente de lo que yo le dijera no
quería continuar con su mujer, eso me alegró, no se merecía sufrir por una mujer
que pasaba de ella, pero por otro lado me entristeció porque desde ese momento
iba a sufrir por mi culpa, yo no sentía lo mismo por ella y tenía que decírselo.

—¿Cómo se lo tomó?

—Pues bastante bien la verdad, me dijo que ella ya sospechaba que el


sentimiento no era mutuo así que no la cogió por sorpresa. Esa tarde nos
abrazamos durante no sé cuánto rato y nos despedimos para siempre. Casi un año
después me enteré de que tenía pareja y que por lo visto estaban muy bien, sentí
un alivio tremendo al saber que por fin alguien la amaba como se merecía.

—¿Has vuelto a verla después de aquello?

—Me la encontré hace poco en un supermercado—dijo con una sonrisa


enorme—iba con su chica, me invitaron a tomar un café con ellas y la verdad es
que pasé una tarde muy agradable. Me alegra saber que por fin es feliz.
7

Eva

Disfruté mucho escuchando las historias de Eva, me hubiera gustado que


tuviera más de aquel tipo, me hicieron ver que era una mujer que no solo tenía las
ideas claras sino que también se preocupaba por la gente, no era de aquellas a las
que les gustaba hacer sufrir de forma gratuita.

Aquí iba yo con mis preguntas mezcladas.

—¿Cómo es Eva cuando no trabaja?

Arqueó las cejas y me miró divertida.

—Pues supongo que como ves ahora, me gusta la tranquilidad, puedo


pasarme tres días seguidos en casa a base de libros, vino, paseos por el jardín,
piscina y siesta.

—¿Películas no?

—Las películas prefiero verlas en el cine o en buena compañía, si estoy sola


no pongo mucho la tele la verdad.

—¿Y cuando no estás en casa?

—Fuera de casa me encanta viajar, si algún día me retiro tengo pensado dar
la vuelta al mundo sin prisas—dijo en un tono dulce y adorable—también me
gusta el teatro, pasear, la playa, tomarme una cerveza en una terraza, no sé, creo
que me adapto a cualquier cosa, menos ir de compras, eso me pone de bastante
mal humor—dijo riendo—pero quizá con lo que más disfruto es con los animales,
suelo ir bastante a menudo a las protectoras para pasear a los perros, me
transmiten una paz que no soy capaz de expresar.

—¿Cómo es que no tienes ninguno? Teniendo en cuenta lo mucho que te


gustan y el terreno que tienes…

—Porque los perros necesitan atenciones y compañía, hay veces que estoy
fuera toda la semana, tengo unos horarios que desconcertarían a un animal. Por
supuesto que me encantaría tenerlo, de hecho tendría una docena, pero no traeré a
ninguno a mí casa hasta que no pueda darle las atenciones que se merece.

Adorable, simplemente adorable.

—¿Y carácter? ¿Cómo te describirías?

Aquí se mordió los labios y yo sentí una pequeña contracción entre las
piernas acompañada de un tremendo hormigueo. Otra vez…

—Mi amiga Laura siempre dice que tengo un carácter fuerte pero
controlado, que solo lo saco cuando realmente es necesario, ya sabes—dijo riendo
—tengo bastante paciencia, a veces creo que demasiada, no soy nada tímida y me
considero una persona bastante decidida y con las ideas muy claras, la verdad es
que no sé que más decirte…

—¿Y en el amor? Está pregunta sí que está, mira—dije señalándola en mi


libreta mientras las dos nos reíamos.

—En el amor creo que soy bastante cariñosa y atenta, yo soy de las que si va,
va con todo, pongo toda la carne en el asador, así que cuando me parten el corazón
lo hacen a lo bestia. Como contra, me gusta recibir lo mismo que doy y soy
bastante activa sexualmente.

Mis bragas empapadas.

—¿Ser muy activa sexualmente es un problema?

—Suele acabar siéndolo, porque si la persona con la que estoy no lo es, llego
a un punto en el que empiezo a sentir que me falta algo, no me siento completa por
decirlo de alguna manera—por primera vez fue ella la que se ruborizó—ya sé que
suena un poco feo decirlo pero supongo que para quienes somos así, el sexo tiene
un peso importante en la balanza de la relación. Yo necesito ciertas dosis y si no las
tengo me empieza a cambiar el carácter, digamos que me empiezo a poner de mal
humor y esas cosas—dijo sonriendo.

En eso yo cumpliría sin problemas, estaba segura, si por mi fuera me pasaría


los días enteros haciendo el amor con Eva Dabán.

—¿Ha habido algún gran amor en tu vida? ¿Alguien que haya marcado un
antes y un después?

Suspiró profundamente, tanto que si hubiera decidido no contestar a la


pregunta yo ya hubiera sabido que la respuesta era que sí, su mirada se volvió
dulce y melancólica a la vez.

—Digamos que marcó un después, porque antes de ella no hubo nadie, fue
mi primera novia y la mujer a la que más he querido hasta la fecha—afirmó.

—¿Cuánto hace de eso?

—Mucho, yo aún vivía en Barcelona—contestó sin darme una fecha exacta.

—¿Y por qué acabó?

—Acabó cuando tuve que venirme a Madrid con mi hermana, yo no podía


permitirme quedarme y ella no podía venirse, se encontraba acabando la carrera y
su padre le hubiera hecho la vida imposible, a ella, a mí y a mi hermana, ella vivía
una situación muy complicada en su casa por aquel entonces.

—¿No os planteasteis seguir la relación a distancia?

—Sí, pero lo descartamos de mutuo acuerdo, ninguna de las dos nos


sentimos con fuerzas de hablar solo por teléfono y vernos un fin de semana cada
dos o tres meses que era lo máximo que hubiéramos podido conseguir entonces.
Las relaciones a distancia al final siempre acaban muriendo, poco a poco el amor se
va apagando hasta que termina. Así que decidimos no alargar nuestra agonía y
zanjar aquello de golpe—dijo con los ojos vidriosos.

—¿No has vuelto a verla o a saber de ella en todo este tiempo?

—A verla no, pero sí que supe de ella hace poco, me consta que acabó la
carrera y que se ha convertido en alguien excelente en su trabajo, tiene pareja y se
la ve muy feliz, así que me alegro muchísimo por ella. No se merecía todo lo que
sufrió cuando yo la conocí.

—¿Pero no has hablado con ella personalmente?

—No, digamos que sé de ella a través de terceros.

—¿Cómo os conocisteis? Si no es mucho preguntar…


—En una cafetería cercana a la universidad en la que ella estudiaba, fue un
año después de que murieran mis padres, yo empecé a trabajar en esa cafetería en
verano y cuando el curso académico empezó ella apareció por allí, creo que me
enamoré en cuanto la vi cruzar la puerta el primer día—dijo sonriendo—las dos
nos conocimos en un momento de nuestras vidas que no era nada bueno para
ninguna y eso nos unió muchísimo, encontramos un apoyo inmenso la una en la
otra y además nos queríamos con locura, así que mientras duró fue una maravilla.

—Lamento que tuviera que acabar—dije con sinceridad.

—Y yo, pero la vida es como es y hay que seguir adelante, ¿Podemos


cambiar de tema?

—Claro—tuve la sensación de que aquello le dolía así que no insistí y


busqué la siguiente pregunta.

—¿Te han acosado alguna vez? Sabemos que las lesbianas somos muy
entregadas—dije riendo—además de tus clientas tienes un ejército de fans,
¿Alguna vez te ha causado problemas de ese tipo tu fama?

—Tanto como problemas no, al menos no hasta la fecha. Sí que es cierto que
en ocasiones he recibido cartas y correos que daban un poco de miedo la verdad,
de personas que creo que de algún modo se han imaginado algún tipo de historia
conmigo y la han llevado un poco más allá.

—¿Y en esos casos que haces?

—Pues mira, al principio ese tipo de correos los contestaba, les explicaba de
la mejor manera que eso que pensaban no iba a pasar jamás, pero en una ocasión
una de esas cartas la recibí directamente en mi buzón y sin sello, una cosa es que
por algún motivo que desconozco sepan dónde vivo y otra que se presenten aquí.
Eso sí que me asustó, acudí a la policía y ellos me recomendaron no responder a
ese tipo de correos así que desde entonces no lo he hecho.

—¿Y qué pasó con la carta del buzón?

—Nada, no volví a recibir ninguna más, la policía cree que posiblemente esa
persona me vigilaba y al ver que acudí a la policía debió asustarse.

—Que miedo, ¿Cuánto hace de eso?


—Unos tres años.

—¿Y no te asusta pensar que pueda volver a pasar, o que esa persona siga
por ahí obsesionada?

—Sí, claro que sí, pero intento no pensar demasiado en esas cosas, tampoco
quiero obsesionarme. Tras aquello instalé sistemas de seguridad en toda la casa y
la verdad es que vivo bastante tranquila, de vez en cuando recibo alguno de esos
correos pero tampoco le doy mucha importancia.
8

Confusión

—¿Quieres dar por acabada la entrevista?—dije al ver que miraba el reloj.

Yo también lo miré, ya eran casi las seis de la tarde, la verdad es que para no
querer la entrevista, Eva se estaba portando de maravilla. Se lo pensó un poco
antes de contestarme.

—No voy a dejar que me hagas todas las preguntas que dices que tienes
porque entonces estaríamos aquí hasta la semana que viene—dijo con su adorable
sonrisa—pero si aún te quedan algunas que quieras hacerme no me importa seguir
un rato más, total no tengo nada mejor que hacer…

—Me alegra entretenerte—dije algo ofendida.

—No quería decir eso Ali, perdona, me refiero a que estoy a gusto, para mi
está siendo un día diferente, si tú no estás cansada por mi adelante.

—Yo estoy bien, en realidad solo me quedan un par de preguntas


importantes, si te parece te las hago y damos por cerrada la entrevista…

—Perfecto.

Hay Dios mío la siguiente pregunta.

—¿Cuánto—me atraganté—perdón. Cuánto cuesta pasar una hora con Eva


Dabán?—alcé la vista sin levantar la cabeza, para tantear su reacción.

Me miró contrariada, como si estuviera debatiendo en su interior si esa


pregunta era relevante para la revista o era cosa mía, para mí era las dos cosas, me
interesaba a partes iguales.

—Yo no cobró por horas Ali, tengo un precio cerrado que únicamente varía
en función de la persona que me contrata.

—¿No le cobras lo mismo a todas?


—Sí y no, si son clientas nuevas tengo un precio y si son repetidoras otro.
También puede verse aumentado si pasa de cierta cantidad de horas o del tipo de
evento, para mí no es lo mismo acompañar a alguien a una simple cena que acudir
a un acto benéfico lleno a rebosar de gente.

—Entiendo, ¿Y cuál es ese precio?

—Entre 20.000 € y 30.000 € pero esto tampoco quiero que lo publiques.

Creo que con mi cara de ese momento podían inventar un emoticono nuevo
para WhatsApp. Me entró la risa floja y me subieron unos calores tremendos, me
puse en pie y la miré alucinada.

—¿En serio? ¿Eso por cuanto, por cinco o seis horas?—pregunté con un tono
un poco más alto de lo habitual.

Ella sonrió antes de contestar, supongo que le divertía mi reacción.

—Sí—dijo. Así, sin más oye, como quien te dice que tiene que ir al baño…

—¡Dios mío!—grité—eso son unos cuatro o cinco mil euros la hora Eva.

—Si lo miras así, sí, más o menos va por ahí la cosa…

—¿Cuántos días a la semana trabajas?—ella no paraba de reírse.

—Pues depende, algunas semanas trabajo un par de días, otras toda la


semana y otras no trabajo nada…—dijo encogiéndose de hombros.

Mi gozo en un pozo, me hundí, si en algún momento me había planteado


pagar por su compañía mis posibilidades acababan de irse al traste. Resultó que los
rumores de sus desorbitadas tasas eran ciertos.

—Vaya, eso me deja sin opciones—bromeé, aunque en cierto modo ya me


daba igual que entendiera que también iba en serio.

Me miró extrañada, como si acabara de darse cuenta de algo y su mirada se


entristeció.

—A ti no te cobraría Ali, te acompañaría a donde quisieras gratis, pero


supongo que no es eso lo que quieres ¿Verdad?
—¿Cómo sabes que no es eso lo que quiero?—pregunté con un nudo en la
garganta.

Me quité las gafas y las dejé en la mesa antes de sentarme de nuevo. Esa
conversación estaba tomando un camino en el que yo sabía que iba a acabar
llorando y era mejor no tenerlas puestas, para no tener que limpiarlas luego y
eso…Yo era una llorica innata, la lágrima fácil era uno de mis defectos y yo lo
odiaba.

—Hace rato que te lo estoy notando, quería pensar que te incomodaban


algunas respuestas o incluso las propias preguntas, pero ya veo que la cosa no va
por ahí.

—Ya ves, soy así de imbécil, ayer estaba cabreada por tener que madrugar el
domingo y dieciocho horas más tarde creo estoy enamorada de una mujer que no
puede darme lo que quiero—dije intentando contener las lágrimas.

En un principio me miró contrariada, como si algo no le cuadrara, como si


yo me estuviera convirtiendo en su enamorada número tres y no tuviera claro si
realmente lo estaba o solo estaba confundida. La verdad es que ni siquiera yo lo
sabía, pero todas esas sensaciones tan placenteras y extrañas que había estado
sintiendo con ella durante todo el día acababan de ganarme la partida, habían
derribado mi muro y yo caí con él. Aun así, pese a sus sospechas, Eva fue
terriblemente comprensiva conmigo.

—Por Dios Ali…—su mirada y su voz fueron tan dulces en ese momento
que no pude contener las lágrimas—mierda, no llores por favor—se levantó,
desapareció y volvió con un paquete de clínex, se agachó a mi lado y me entregó
uno.

Me sequé las lágrimas y me soné los mocos con ella a mi lado.

—No sabes cuánto lo siento Ali, si me hubiera dado cuenta habría parado la
entrevista hace rato. Sabía que te ponía nerviosa pero pensé que era por lo tímida
que eres, en ningún momento he llegado a pensar que empezabas a sentir algo por
mí…

No era lo que yo quería oír pero parecía afectada y al menos era sincera.

—Hubiera sido tarde igualmente, creo que me he enamorado de ti en cuanto


me has abierto la puerta.
—Joder Ali…te diría que me halagas, pero no sabes lo mal que me siento
ahora mismo.

—No pasa nada, las personas no pueden tener siempre lo que quieren ¿no?
—pregunté.

—No, no pueden…—susurró.

—Aunque si tú en algún momento llegases a sentir lo mismo que yo, tal vez
podría adaptarme…

Lo sé, sonó muy desesperado, pero realmente lo estaba, sabía que en


cuestión de minutos saldría de allí y no volvería a verla más y eso solo hacía que
tuviera más ganas de llorar.

—Las dos sabemos que eso no es así Ali, tú querrías una exclusiva y sabes
que yo no te la daría.

—¿Ni siquiera te gusto un poco?—lloriqueé como una cría, al fin y al cabo


supongo que es lo que era para ella. Una chica demasiado joven como para
entender y aceptar el tipo de vida que llevaba ella.

Sonrió dulcemente ante mi pregunta, me cogió una mano entre las suyas.
Joder que suaves eran.

—No se trata de eso Ali, me pareces una chica muy atractiva y me caes muy
bien la verdad, tal vez si nos conociéramos mejor y tuvieras unos pocos años más
acabara sintiendo algo por ti, no lo sé. Pero eso ya no vamos a comprobarlo, no
sabiendo que sientes algo por mí. No sabes cuánto siento esto de verdad. Además
eres demasiado joven para entender ciertas cosas que pasan en mi vida.

—¿Si no te hubiera dicho lo que siento por ti te hubieras acostado conmigo?

Ale, toma pregunta. Ella se ruborizó un poco, sacó media sonrisa y arqueó
las cejas.

—¡Joder! ¿Eso es que sí?—dije alarmada ante mi desgracia.

—No lo sé Ali, puede, supongo que sí, sí, si se hubiera dado el caso es muy
posible que hubiera pasado, ya te he dicho que me pareces muy atractiva…
—Diosss, soy una bocazas—me reprendí yo sola.

—No digas tonterías, eres valiente, has sido muy valiente al confesar lo que
sentías, te admiro de verdad, no sé si yo hubiese sido capaz en tan poco tiempo…
—sonrió.

—¿Me besarías Eva? Solo un beso, no te pido nada más, deja que me lleve
eso de aquí.

¿Qué me pasaba? ¿Me había vuelto loca? Yo no era así, pero sentía una
necesidad imperiosa de saber que sentiría al besarla.

—Ali…

—Por favor Eva…—le rogué.

—No puedo hacerlo Ali, eso no te hará ningún bien te lo aseguro, es mejor
dejar las cosas como están.

Dejé caer la cabeza hacia atrás y la apoyé en el sillón, me quedé en silencio,


dejando que las lágrimas resbalaran por mis mejillas sin molestarme en secarlas,
me frotaba las manos nerviosa, no sabía si salir corriendo o hacerme un ovillo y
llorar hasta quedarme seca.

—Ven, paseemos un poco por el jardín—dijo cogiendo mis manos y tirando


de mí.

—Nooo—le pedí mientras me sorbía los mocos.

—Por favor Ali, te irá bien hazme caso.

Cedí. Me levanté y ella me cogió de la mano, empezamos a caminar


descalzas por el jardín igual que habíamos hecho tan solo unas horas antes. La
diferencia era que ahora caminábamos extremadamente despacio, en silencio,
escuchando como la hierba crujía bajo nuestros pasos, dejando que la leve brisa
caliente acariciara nuestros cuerpos. Caminamos así mucho rato, dando vueltas a
la casa, ella me soltó la mano y pasó su brazo por encima de mis hombros, me besó
la cabeza y seguimos caminando…

Yo me calmé, me sentía mejor, mucho mejor, esos paseos me reconfortaban.


Ella me reconfortaba. No dejaba de sorprenderme la reacción de Eva, lo más fácil
para ella habría sido pedirme que me fuera de su casa y olvidarse de la niñata que
acababa de declararle su amor, pero no lo hizo, en lugar de eso paseó conmigo
para que yo me calmara, me transmitió su paz y su dulzura, su cariño y su afecto,
dedicó su tiempo a consolarme.

Me entristecía saber que no podía contarle al mundo lo maravillosa que era


Eva Dabán.

—¿Sabes lo que creo?—dijo sin que dejáramos de andar y sin quitar su brazo
de mis hombros.

—No—contesté sonriendo—¿Qué crees?

—Que no te has enamorado de mí—me besó la frente con ternura.

—¿A no?—pregunté con cara de póker.

—No—dijo con su sonrisa—creo que te has encaprichado, es parecido, pero


es diferente.

Tal vez tuviera razón, Eva era objeto de deseo de muchas lesbianas, yo me
incluía entre ellas, tal vez el hecho de haber tenido la oportunidad de conocerla
mezclado con lo mucho que me había gustado su personalidad me estuvieran
jugando una mala pasada, haciéndome confundir el amor con el deseo, porque eso
sí que lo tenía claro, la deseaba, la deseaba muchísimo.

—Ojalá sea eso—sonreí aliviada, pasé mi brazo por detrás de su cintura y la


besé en la mejilla. Ella me sonrió. Seguíamos caminando, hubiese caminado hasta
el fin del mundo con ella, con aquella paz, aquella tranquilidad y aquella
seguridad que Eva me transmitía.

—Ya verás como sí, esto te durará unos días y luego te reirás—nos reímos las
dos.

—¿Te podré llamar algún día? Cuando se me pase digo, para tomar un café
o una cerveza, no hace falta quedar aquí si te incomoda, podemos quedar en un
bar, me gustaría que fuéramos amigas Eva, te prometo que me comportaré como
una adulta—bromeé.

—Me encantaría que lo hicieras Ali, y yo no he dicho que seas una cría, solo
que eres muy joven, no es lo mismo—sonrió.
—Para no ser una cría menudo día te estoy dando…—dije agachando la
cabeza.

Ella sonrió, se detuvo frente a mí y se metió las manos en los bolsillos del
pantalón.

—Ojalá que todo lo malo que me pasase fuera que una chica preciosa viniera
a mi casa a entrevistarme y acabara diciéndome que le gusto—dijo guiñándome un
ojo.

Las dos empezamos a reírnos y a caminar hacia el interior de la casa.


9

La realidad de Ali

—Aún me quedaba una pregunta para cerrar la entrevista Eva, ¿Te importa
que te la haga?—dije mientras recogía mi libreta del sillón.

—No, claro que no, dime…

—Si volvieras atrás en el tiempo, a cuando tenías veintiséis años y tuvieses la


oportunidad de elegir otra vez ¿Elegirías lo mismo? ¿Volverías a escoger esta vida?

Volvió a arquear las cejas. Que sexy se ponía cuando hacía eso, joder.

—Pues no sé que contestarte chica—suspiró profundamente—pero supongo


que sí…creo que sí que escogería esta vida Ali, tal vez no sea el trabajo más
prestigioso del mundo pero a mí me ha dado muchas cosas buenas, y malas también
—sonrió—pero creo que la balanza de las buenas compensa, he crecido mucho
como persona y he conocido a gente increíble por el camino, he sido confidente de
historias maravillosas y he disfrutado con lo que hacía. No me arrepiento de la
decisión que tomé, así que pienso que volvería a tomarla.

Sonreí, apagué la grabadora y empecé a recoger mis cosas.

—¿Te puedo hacer yo una pregunta?—dijo curiosa.

—Claro que puedes, ¿Qué pregunta?—contesté intrigada.

—¿Por qué te cae mal tu jefa?

No pude evitar reírme antes de contestar.

—Bueno no sé—dije encogiéndome de hombros—me suele tratar como si


fuera una inútil, me grita y no me respeta, a veces creo que me tiene allí por pena,
nunca valora mi trabajo, no sé Eva, a veces pienso que realmente no sirvo para
esto.

—No digas gilipolleces Ali, a mí me has parecido una periodista estupenda,


tímida, bonita y estupenda—dijo sonriendo—estoy segura de que en el fondo sí
que te valora, esa mujer es sumamente desagradable pero es inteligente, por eso te
tiene en su equipo, porque sabe lo mucho que vales.

—¿La conoces?—pregunté aun más intrigada.

—Coincidí con ella una vez, a mí tampoco me cayó muy bien la verdad, pero
como te digo me pareció inteligente—dijo guiñándome un ojo.

Caminamos juntas hasta la puerta de entrada, yo la abrí y ella apoyó la


espalda en el marco y el culo en sus manos.

—Muchas gracias por todo Eva, supongo que Rebeca te llamará para las
fotos y yo te pasaré una copia de la entrevista cuando la tenga maquetada, para
que le des el visto bueno o corrijamos cualquier detalle que consideres oportuno—
dije contemplando su rostro.

El sol ya empezaba a caer y su figura se veía ligeramente ennegrecida, no


pude reprimir las ganas que tenía de besarla, así que lo hice, lo hice despacio, muy
despacio, para que viera mis intenciones y me detuviera si deseaba hacerlo, yo no
podía, mis labios tenían vida propia y mi cuerpo los seguía obediente, ella no se
movió, Eva dejó que me acercara.

Coloqué mi mano derecha en su cintura y la izquierda en su cara, paseé mis


dedos por detrás de su oreja y la atraje despacio mientras yo me acercaba más,
separé ligeramente los labios y ella me imitó justo antes de que mi lengua se colara
por su abertura y mis labios sellaran el agujero. Sentí una excitación tremenda y su
cuerpo reaccionó de la misma forma, agarró mi cara con las dos manos y me
mantuvo pegada a sus labios mientras devoraba los míos, jugamos con nuestras
lenguas, dejando que chocaran y resbalaran dentro de nuestras bocas, nos dimos
infinitos besos, saboreé sus labios hasta quedarme sin aire y casi sin sentido, y
entonces pasó, Eva se separó y me besó en la frente.

—Gracias—susurré mientras me abrazaba a ella.

—A ti—contestó devolviéndome el abrazo—cuídate Ali.

—Tú también Eva…

Le sonreí y me marché.
***

La entrevista se publicó dos semanas después, el éxito fue brutal, como


previsión por las ventas esperadas Rebeca lanzó casi el doble de ejemplares aquella
semana, se agotaron en siete horas. Dos días después mi espeluznante jefa me
anunció que había decidido subirme el sueldo por el excelente trabajo que había
hecho con Eva y contratar a otra chica para que me ayudara con la sección. Me
alegre mucho, no puedo negarlo, pero a la vez no puedo dejar de pensar que tras
ese aumento de sueldo y ese repentino cumplido acerca de mí trabajo se esconde la
influencia de Eva, más que nada porque Rebeca además de fea y desagradable es
una rácana.

Creo que Eva tenía razón, confundí lo que sentía por ella, tras varios días
encerrada en mí despacho trabajando como una posesa para que su entrevista
tuviera el aspecto que merecía me di cuenta de una cosa, la echaba de menos, pero
no porque me hubiera enamorado de ella, la echaba de menos porqué me pareció
la persona más increíble que había conocido nunca, me había encantado hablar con
ella y ser confidente de algunos de sus secretos más íntimos, echaba de menos su
forma de afrontar la vida, su expresión siempre sonriente y calmada, pasear con
ella por el jardín, su seguridad, sus principios, su emotividad y su empatía. Creo
que confundí el amor con la admiración, porque realmente la admiraba, ojala yo
tuviese la mitad del coraje que tenía ella. Eva Dabán había marcado un antes y un
después en mi vida, me dio un referente, un modelo a seguir, alguien en quien
inspirarme cuando me fallaran las fuerzas y la motivación, alguien en quien
apoyarme cuando me sentía perdida.

Eva no me mintió, dos meses después de la publicación de la entrevista me


armé de valor y la llamé, quería invitarla a comer como muestra de agradecimiento
por todo lo que sin saberlo, ella había hecho por mí. Aceptó (aunque después no
me dejó pagar), comimos en la terraza de un carísimo restaurante y pasamos el
resto de la tarde charlando en el jardín de su casa. No volvimos a besarnos, nos
hicimos amigas, no de esas que se ven cada día y hablan de cualquier cosa, amigas
de esas que se ven de vez en cuando y aun así es como si se hubiesen visto el día
anterior.

Que nadie se equivoque, sexualmente la deseaba como una loca, pero no


como una loca enamorada, sino como alguien que sabe reconocer un cuerpo
atractivo y desea fundirse en él, la deseaba tanto como cualquier otra mujer que
tuviera ojos en la cara y supiera quien era Eva Dabán.

FIN
Otros libros de la autora

La borde y dulce Lai

Después de seis años de relación, Lai se ve obligada a dejar a Vero tras


enterarse de que esta la engaña. A partir de ahí entra en un ciclo autodestructivo
hasta que su mejor amiga, Lore, decide que ha llegado el momento de que Lai abra
los ojos y vuelva a encaminar su vida.

Aunque los métodos de Lore no son los más convencionales, sí que le sirven
para captar de pleno la atención de Lai, a quien no le queda otro remedio que
hacer caso de su amiga. Lai se pone las pilas y empieza a salir por el ambiente,
cuando parece que está empezando a recuperarse, su jefe la envía a Madrid diez
días para vigilar de cerca a una joven que no hace más que causarle problemas a su
padre.

Lai es escolta privada y para esta misión tiene una nueva compañera:
Claudia. Su relación no empieza con buen pie, los repentinos cambios de humor de
Claudia desquician a Lai, que considera que para borde ya está ella…Desde ese
momento entran en un tira y afloja que acabará uniéndolas más de lo que se
imaginan.

Encubierta: libro 1

Marlo es una inteligente y brillante abogada, que aburrida de trabajar para


otros bufetes decide montar su propia empresa. Desde ese momento se dedica a
proteger los intereses de sus adinerados clientes siempre y cuando estos no
incumplan ninguna ley.

Tras conseguir una intachable reputación gracias a su discreción y la


eficiencia de sus investigaciones, un multimillonario empresario al que odia,
consigue convencerla para que le ayude a buscar a su hija desaparecida mientras
realizaba una travesía junto a sus amigas en el yate familiar.

Con la ayuda de su equipo y en especial de Megan, una de sus


investigadoras de la que se ha enamorado perdidamente, emprenden una
búsqueda en la que todas las pistas apuntan a que la chica podría encontrarse en
una isla cuya existencia se basa solo en rumores y leyendas de pescadores.
¿Lograran encontrarla?

Descubierta: libro 2 (Encubierta)


Tras ser arrastrados por una corriente hasta impactar contra otro barco,
Marlo y su equipo descubren que tienen posibilidades reales de encontrar a Sara
Mantral, lo que desconocen son los retos a los que tendrán que enfrentarse si
quieren conseguirlo.
Tan lejos, tan cerca…

Después de un año viviendo en Madrid, ciudad a la que se trasladó para


dejarlo todo atrás y comenzar de cero, Alexa decide retomar sus estudios
universitarios donde los dejó años atrás tras conocer a la que ahora era su ex.

Su vida es estable y sencilla, tiene un trabajo que le gusta y está encantada


de estar soltera y poder disfrutar de la tranquilidad de una vida sin compromisos.

Todo eso cambia cuando el primer día de curso conoce a Minerva, una de
sus profesoras de la que se enamora de forma inmediata. Tras indagar un poco
descubre que Minerva solo tiene una única norma: nada de líos con alumnas. Aun
así decide no rendirse y lanzarse a la conquista de la profesora que no se lo pondrá
nada fácil.

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