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Levanta el tabernáculo de reunión, Pr.

Carlos Mraida
Escrito el 15/01/2018
Pr. Carlos Mraida
El comienzo de un nuevo año siempre es una enorme oportunidad para aprender y entonces
crecer. Y la principal traba para aprender es que primero debemos desaprender lo aprendido.
Es como si vos te compraras un auto antiguo. Imginate, un Ford T, que tuvo diferentes dueños,
y cada uno lo pintó de un color diferente. Pero vos querés el original. Y entonces tenés que lijar
y lijar, capa por capa de pintura, según cada ex dueño.

Y lo mismo nos sucede a nosotros. Nos van pintando con capas de colores la cabeza, la
manera de pensar, y también de creer el evangelio. Y esas capas de pinturas no nos dejan ver
el original de Dios. Desaprender para aprender. Olvidar para saber. Y como bien dice Rubem
Alves, cada uno pinta el mundo de afuera con los colores que tiene adentro. El que es alegre,
mira el mundo de manera optimista, coloridamente. Y el que está depresivo, pinta el mundo
negro.

La casa en la que vivimos antes de la actual, cuando nos mudamos, tenía una de las
habitaciones, pintada de rojo furioso una pared, otra de negro violento, con una decoración
terrible. Era la habitación de un adolescente punk, con un mundo interior terrible, con ira y
espíritu de muerte.

Y así hacemos con Dios. Lo pintamos a Dios según nuestro interior. Y hacemos a Dios a
nuestra imagen, en lugar de ser nosotros a su imagen. Por eso, Dios dejó como mandamiento
no te harás imagen. Pero nosotros nos hacemos a Dios a nuestra imagen. Eso es la religión. Y
cada generación le da una capa de pintura nueva, que va ocultando más y más el original. Y
Dios se parece cada vez más a nosotros, los que lo pintamos.

Y cada generación una nueva capa. Por ejemplo: la generación de religiosos de la Edad Media
le dieron una capa de oscurantismo. Y la generación de religiosos de la época victoriana le
dieron una capa de represión. Esta la nuestra, le dio una capa de evangelio hiperindividualista,
consumista, yoista, del show que entretiene y no convierte, de magia y autoayuda.

Y hoy tenemos una iglesia con un evangelio que no transforma la realidad, y que ya no es
pertinente para muchos de esos creyentes teñidos de colores que tapan el original, porque sólo
el evangelio bíblico el original, es el que tiene capacidad de transformación de vidas y de
realidades. Y los religiosos de nuestro tiempo pintamos rostros que decimos que son de Dios,
pero que en realidad muestran nuestro interior, individualista, consumista, yoísta, aburrido,
apático necesitado de nuevos entretenimientos y reticente al verdadero cambio.

Y esto no describe a los otros, sino a nosotros. Por eso el desafío continuo es a convertirnos
continuamente. A desaprender para aprender, a olvidar para conocer, a lijar para ver la pintura
original.

La palabra profética es precisamente eso. Y más si es al comienzo de un nuevo año. No es


tanto un anuncio de lo que vendrá, como un llamado a volver al original. Así lo vemos en los
profetas de la Biblia. Ellos llaman al pueblo a volver a la voluntad original de Dios, y entonces
anuncian que si no lo hacen cosas malas ocurrirán en el futuro, pero que si lo hacen Dios los
restaurará. Es decir, el futuro es una vuelta al original de Dios.

Jeremías es llamado a un ministerio disruptivo. Era un adolescente. Porque necesitamos de los


más jóvenes, para que nos hagan ver la capa de pintura que nosotros hemos pintado. Y la
tentación es decir, son jovencitos, no saben hablar. Pero Dios le dice a Jeremías, no digas soy
niño. Porque Hoy te doy autoridad para que hagas frente a naciones y reinos. A algunos
deberás desarraigar, derribar, destruir y derrocar; a otros deberás edificar y plantar».

6 verbos. Y la palabra de hoy tiene como intención desafiarnos a conjugar como iglesia del
Señor de esta generación y de esta nación, estos mismos 6 verbos.

1. Debemos desarraigar conceptos que están enraizados en nosotros y que no son bíblicos.

2. Debemos derribar argumentos que el diablo ha instalado entre nosotros y que nos hacen una
iglesia mimetizada con la cultura y por ende imposibilitada de cambiarla.

3. Derribar la altivez que nos hace creer que yo no te necesito a vos y puedo vivir la vida
cristiana en soledad.

4. Debemos destruir las fortalezas mentales y espirituales que se han edificado y que hacen
que tengamos 66% de no congregados, desilusionados y enfriados.

5. Debemos derrocar a Mamón, de la jefatura de la iglesia, haciendo de la Casa del Padre,


casa de mercado.

6. Y debemos edificar, levantar el modelo bíblico de iglesia, para poder sembrar y plantar las
semillas de la iglesia que Dios quiere levantar en este tiempo, para que las puertas del Hades
retrocedan ante su avance.

Por eso Jesús decía: oísteis que fue dicho, pero yo os digo. Esta generación pintó el templo de
los colores de casa de mercado, pero yo quiero que ustedes lijen las paredes para que vuelva a
ser casa de mi Padre. ¿Están listos para empezar? Pues bien, empiecen raspando sus
corazones. Porque las paredes del templo, del evangelio que han predicado, de la iglesia que
han estructurado, es sólo reflejo de ese interior centrado en ustedes mismos, que sólo busca
recibir, aburrido y apático que necesita shows, que busca en el evangelio el medio para
satisfacer sus propios deseos, en lugar de buscar hacer los deseos del Padre. El problema no
es el templo, el problema son ustedes. El color del templo es el de sus corazones.

Así que la Palabra profética hoy más que traer lo novedoso, viene a mostrar dos o tres líneas,
bocetos del original. Dios le da una indicación muy especial a Moisés, para el comienzo del
nuevo año. Y siento que es una indicación para nosotros en este comienzo de año.
Éxodo 401-2: Luego el Señor le dijo a Moisés: 2 Levanta el tabernáculo de reunión el primer día
del nuevo año. 2018 un año en el que levantemos el tabernáculo de reunión. Y creo que esto
nos desafía al menos a tres cosas:

1. Desde el primer día del nuevo año levantemos la iglesia:

Ustedes recordarán la historia. El pueblo de Dios está esclavo en Egipto y Dios levanta a
Moisés para liberar a esos esclavos de la cautividad. Y efectivamente Dios obra
sobrenaturalmente y no sólo los liberta, sino que les da identidad de pueblo, y de pueblo de
Dios. Mientras solo eran individuos eran esclavos del sistema. Pero el Señor los hace cruzar
por las aguas del Mar Rojo y los libera y los convierte en un pueblo.

Lo mismo ha sucedido con nosotros. La sangre de Cristo Jesús nos hizo libres del pecado y de
la esclavitud del diablo y de la muerte, y cuando fuimos bautizados nos bautizó en un cuerpo, la
iglesia, nos hizo su pueblo. Porque estamos en Cristo, es que ya no somos más creyentes
aislados sino que somos cuerpo de Cristo, iglesia, su pueblo.

Y Dios tiene la intención de tener una relación con su pueblo. Por eso le dice a Moisés que
lleve al pueblo al Sinai. Pero cuando Moisés tiene un encuentro con la presencia misma de
Dios en el monte, el pueblo se llena de temor, y le dice a

Moisés: tené vos relación con Dios, en lugar de nosotros.

Pero Dios no se resigna a eso. Su deseo de Padre era formar con ese pueblo una gran familia.
Así que le manda a Moisés construir un tabernáculo, y le dice para qué: 25.8: Además, quiero
que me construyan un santuario para que yo viva entre ustedes. Dios no quería un encuentro
con un hombre aislado sino con un pueblo. Claro que deseaba tener una comunión personal
con cada miembro de ese pueblo, pero como parte de un pueblo de una familia. Yo quiero vivir
entre ustedes como mi pueblo, mi familia.

Y llama a ese lugar el tabernáculo de reunión, o la tienda del encuentro. En la reunión del
pueblo era que Dios se iba a encontrar con sus hijos, e iba a manifestar su gloria. 29.43: Me
reuniré allí con el pueblo de Israel, en el lugar que se hace sagrado por mi gloriosa presencia.

Así que ahora llega el primer día del nuevo año, y entonces Dios le dice a Moisés llegó el
momento en que me levantes el tabernáculo de reunión.

A lo largo del este nuevo año, yo quiero manifestar mi gloria en medio de mi pueblo, y para ello
quiero que mi pueblo se reúna, tome conciencia de su identidad como mi pueblo. Ya no son
más un rejunte de individualidades, fácilmente esclavizadas por el sistema, sino son un pueblo.
Pero no son cualquier pueblo, sino mi pueblo. Por eso tienen que reunirse y encontrarse
conmigo y experimentar mi gloria.
Y 2018 tiene que ser un año en donde levantemos un tabernáculo que el diablo se ha
encargado de tirar abajo. Es el tabernáculo de reunión, es la tienda del pueblo de Dios. El
diablo ha logrado que los creyentes pierdan su conciencia colectiva, como pueblo de Dios. Que
proclamemos y vivamos un evangelio individualista y privado, que nada tiene que ver con lo
que la Biblia enseña. Que despreciemos la iglesia, el cuerpo de Cristo, que no valoremos ser
familia de Dios. Que creamos ingenuamente que podemos vivir la vida cristiana en soledad.

Pero Dios nos dice, desde el primer día del año, quiero que levanten en sus vidas la identidad
de pueblo, la conciencia de que son mi familia, porque Yo soy Padre. Con “un dios” pueden
tener relación individualista, pero conmigo como Padre, no, porque si soy Padre, tengo hijos e
hijas, y entonces ustedes son hermanos, familia. Yo quiero vivir en medio de ustedes, mi
pueblo, y como vos sos parte de mi pueblo, entonces también vivo en tu vida. Y es en medio de
mi pueblo donde manifiesto mi gloria.

Eso no ha cambiado. No es del AT. Porque Jesús dijo que allí donde están dos o tres
congregados en su nombre es que él manifiesta su presencia. Jesús viene a montar su tienda
en medio de dos o tres congregados. No es como a mí se me ocurre. Moisés no pudo hacer lo
que mejor le pareció. Hebreos 8.5: Ellos sirven dentro de un sistema de adoración que es solo
una copia, una sombra del verdadero, que está en el cielo. Pues cuando Moisés estaba por
construir el tabernáculo, Dios le advirtió lo siguiente: Asegúrate de hacer todo según el modelo
que te mostré aquí en la montaña.

Todo lo que le mandó hacer a Moisés era dos cosas. Por un lado era una copia. Es decir, tuvo
que seguir un modelo. En segundo lugar era una sombra de lo verdadero y definitivo. Israel
vivió la sombra pero nosotros en Cristo Jesús vivimos la plenitud.

Y le mandó que levantara una tienda, un lugar de reunión, y dentro de ese tabernáculo debía
haber un lugar especial donde Dios manifestaba su presencia, llamado el lugar santísimo. Allí
estaba el Arca del Pacto, ¿por qué? porque Dios había hecho un pacto con su pueblo. Era su
pueblo elegido. No eran individuos elegidos aisladamente, sino pueblo elegido, pueblo con el
que había celebrado un pacto, con quien tenía una alianza.

Y Moisés lo hizo así. Hizo una copia de lo que vio. Vio el modelo perfecto que sería el nuevo
pacto hecho con la sangre de Cristo. Pero nosotros no tenemos sombra, sino plenitud. La
sangre de Cristo es el nuevo pacto entre el Señor y ¿quien? Entre el Señor y su pueblo. Y por
eso la copa del nuevo pacto, no la tomás solo en tu casa, sino en medio del cuerpo de Cristo, la
iglesia.

Y Dios le mandó a Moisés que hubiera otro lugar, además del santísimo, llamado el lugar
santo. Y le ordenó que ponga un candelabro e instale las lámparas, y que esas lámparas
debían estar siempre encendidas.

Moisés vio el modelo y copió y construyó un candelabro. Pero en el Nuevo Testamento en


Apocalipsis se nos habla del original, y se nos dice que la iglesia, el pueblo de Dios es el
candelabro que porta la luz.

Jesús dijo: Vosotros, no tú, sino vosotros, sois la luz del mundo. Y el aceite de ese candelabro
es la unción del Espíritu Santo, y Efesios 5.18-19 dice que somos llenos del Espíritu, no en la
soledad, sino antes bien sed llenos del Espíritu, 19 hablando entre vosotros con salmos, con
himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones.

Y además le ordenó a Moisés que pusiera una Mesa con los panes de la propiciación. Eran 12
hogazas. ¿Por qué 12? porque representaban a todo el pueblo. Era la mesa en la que el pueblo
se presentaba ante el rostro de Dios. Y Moisés vio el modelo perfecto, Cristo, que nos hizo el
acceso libre a la presencia misma del Padre, y nos sentó a nosotros a su Mesa. ¿Cuál la
individual? No, la de las 12 hogazas, la del pueblo todo, porque somos familia.

Moisés tuvo que conformarse con una copia y una sombra, porque faltaban siglos para la
venida del Mesías, Jesucristo, quien traería lo perfecto y completo. Pero era un anticipo que en
esencia preparaba la venida del Mesías.

Nosotros vivimos después de Cristo. Y problema es que el evangelio individualista, es una mala
copia y una sombra oscurecida de lo que Cristo vino a hacer. Y nos perdemos buena parte de
la maravilla de la vida cristiana, por no entender, por no discernir el cuerpo de Cristo, la iglesia.

¿Y sabés lo que dice San Pablo? Que por no discernir el cuerpo de Cristo, muchos están
enfermos y debilitados entre el pueblo de Dios y muchos duermen. Nos perdemos los recursos
que el Señor puso en el Cuerpo de Cristo. No somos sanados porque para serlo Jesús dijo que
impongamos las manos, que unjamos con aceite, que oremos unos por otros, que llamemos a
los ancianos. Cuerpo de Cristo. Estamos debilitados porque creemos que puedo vivir la vida
cristiana solito. Estoy dormido, porque nadie me despierta, despabila, me desafía, hierro con
hierro.

Por eso tenemos que lijar la pintura individualista y volver a la Palabra, y recuperar la
importancia de la iglesia, del cuerpo de Cristo, de la familia de Dios, de la vida cristiana
comunitaria. A entender que Dios dice que quiere vivir en medio del tabernáculo de reunión,
que donde hay dos o tres congregados en el nombre de Jesús es que él manifiesta su
presencia.

Que su gloria se da allí en el lugar del encuentro de Dios y su pueblo. No volvamos a


ensombrecer lo que Cristo vino a revelar. No volvamos a hacer misterio escondido, el misterio
revelado que es la iglesia.

Que las lámparas que somos nosotros permanecen encendidas cuando estamos juntas. Que el
favor de Dios, su rostro está delante de los 12 panes, en la mesa de la comunión. Que en este
nuevo año, vos disciernas, entiendas, el cuerpo de Cristo. Que te apropies de todos los
recursos del cuerpo y que vos seas pan que alimenta al resto.
2. Desde el primer día del nuevo año renovemos el mover:

Hace ya algunos años que vengo diciendo que viene una nueva iglesia. Que la iglesia tal como
la conocemos no está siendo un factor de transformación de la nación, y que no está siendo
pertinente siquiera para los propios cristianos, que en gran número ya no se congregan. Y Dios
nos ha ido mostrando algunas de las cosas que él quiere encarnar en este tiempo. Nos mostró
que quiere hacer de su iglesia Casa del Padre y no casa del mercado.

Que él quiere que esta generación recupere las obras del Padre, que refleje al Padre. Jesús no
habló nada por su propia cuenta, sino que proclamó lo que oyó al Padre proclamar. ¿Qué
habrá oído al Padre proclamar? Lo mismo que escuchó Moisés allí en el monte: El Señor
descendió en la nube y se puso junto a Moisés. Luego le dio a conocer su nombre: 6 pasando
delante de él, proclamó: ―El Señor, el Señor, Dios clemente y compasivo, lento para la ira y
grande en amor y fidelidad, 7 que mantiene su amor hasta mil generaciones después, y que
perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado (34.6-7).

Así que Jesús proclamó y mostró eso, así que la iglesia tiene que mostrar a ese Papá clemente
y compasivo, lento para la ira, grande en amor, tiene que ser una iglesia compasiva y amorosa.
Que proclama y sirve amando.

Jesús no hizo nada que no viera hacer al Padre. Las obras del Padre eran las que Él hizo, y las
que nos manda hacer a nosotros.

Jesús vino a mostrar al Padre, y el Padre es Amor. La esencia de su persona es Amor, Dios es
amor. Su poder es un atributo, pero la esencia es AMOR. No somos llamados a mostrar todo lo
que Dios puede hacer. Somos llamados a mostrar el amor del Padre, y entonces, él
manifestará sus atributos, su poder.

Porque a Dios no le interesa que lo reconozcan por su poder, sino que lo conozcan como
Padre. Porque el diablo lo reconoce por su poder, pero no lo conoce como Padre, ni hace la
voluntad del Padre.

Desde el primer día del nuevo año, experimentá la relación con el Padre y mostrá al Padre.
Jesús dijo, yo voy al Padre, pero ahora el que cree en mí, las obras que yo hago, las obras del
Padre, las hará también y mayores hará. Muchos de esos que hoy no están en la Casa del
Padre, es porque nunca conocieron a Dios como Padre. Sólo tuvieron una relación con un Dios
todopoderoso que debía actuar a favor de ellos, según sus deseos. Y cuando por alguna razón
no actuó así, se enfriaron, se desilusionaron.

Muchos de esos que hoy no están en la Casa del Padre, es porque se cansaron de una iglesia
que es casa de mercado, y no familia de Dios. Una iglesia individualista, centrada en un show
que con el tiempo te entretiene y no te cambia, que te hace espectador y no protagonista, con
una religión consumista, con pensamiento mágico. Muchos de esos que hoy no creen o dejaron
de creer, es porque no ven las obras del Padre en la vida de los creyentes.
El tabernáculo era transportable. Se podía desmontar fácilmente para llevarla a un nuevo lugar.
La iglesia hoy tiene que ser llevada a un nuevo lugar. En la historia de la iglesia reiteradamente
se han producido tres ciclos. Movimiento, institucionalización, renovación.

Movimiento. La iglesia recién nacida, era conocida como “los del camino”. Era una iglesia en
movimiento. Con el correr del tiempo se va necesariamente estructurando. Esto no sólo ocurre,
sino que es necesario. Pero el problema es cuando la estructura se come al mover. Deja de ser
un instrumento que ayuda al mover, y se convierte en un fin, y en algo que detiene el mover.

Y la iglesia empieza a trabajar para sostener la estructura y no para el mover del Espíritu. Es
cuando el movimiento se convierte en un monumento, y se cae en la institucionalización. Ahí es
cuando viene la necesidad de la renovación.

Por eso en ese primer día del nuevo año Dios le manda a Moisés hacer dos cosas. Una
levantar un tabernáculo de reunión, movible. Y dos, generar una renovación del liderazgo, con
gente joven que sirviera junto a los líderes mayores. 12 Lleva a Aarón y a sus hijos a la entrada
del tabernáculo y lávalos con agua…14 Luego haz que se acerquen sus hijos y vístelos con sus
túnicas. 15 Úngelos como ungiste a su padre, para que ellos también me sirvan como
sacerdotes. Al ungirlos, los descendientes de Aarón quedan apartados para el sacerdocio por
siempre, de generación en generación.

Lo que hace algún tiempo vengo enseñando en todo el país acerca de liderazgo
multigeneracional, los actuales pastores ungiendo y compartiendo liderazgo y autoridad con
nuevos y jóvenes pastores, para venga una renovación unida a la experiencia y fidelidad a la
palabra.

Y aquí también como iglesia. Tenemos que levantar al lado de todos los niveles de liderazgo
gente joven que se forme al lado de los mayores, y que traiga una renovación, que mantenga el
movimiento en movimiento.

Los primeros creyentes eran conocidos por los del camino. Pero ya a fines del primer siglo, el
Señor le habla a la iglesia de Éfeso, y lo deja asentado en Apocalipsis 2 para todas las iglesias
de todos los tiempos y le dice a aquella iglesia y a nosotros: perdieron el primer amor. Y los
felicita por sus obras, por su trabajo esforzado, por su fidelidad a la verdad, por su estructura y
firmeza aun en medio de pruebas, pero si no corrigen rápido lo que han perdido, la
institucionalización les devorará el mover. Así que renueven el primer amor.

La renovación siempre es una vuelta al primer amor. ¿Qué es el primer amor? Primer significa
lo más importante. Y ¿qué es lo más importante? La prioridad de Dios. Cuando un fariseo le
preguntó por el mandamiento más importante, Jesús dijo que todo se resumía en amar a Dios y
amar al prójimo. Esa es la prioridad de Dios. Que tengamos una relación de amor Padre, hijos
con Él, y que nos amemos los unos a los otros.
Por eso me gusta cómo la NTV traduce primer amor: 4 Pero tengo una queja en tu contra. ¡No
me amas a mí ni se aman entre ustedes como al principio! (Y el comentarista William Barclay
dice que perder el primer amor probablemente signifique que la iglesia de Éfeso había perdido
el primer ardor de amor por la fraternidad).

La nuestra es una generación que podría ser halagada por Dios por muchas buenas cosas que
hoy la iglesia vive. Pero tal vez podría corregirnos en algo parecido a los efesios. “Deben
enfatizar lo que para mí es mi prioridad: La gente. El amor fraterno. Mis hijos perdidos,
alejados, apartados”.

En este nuevo año levantemos el tabernáculo de reunión. Levantemos recuperando el valor


conceptual de la iglesia. No se puede tener una correcta relación con la cabeza sin el cuerpo.
El valor existencial de la iglesia, no se puede vivir la vida cristiana sin iglesia. El valor vivencial
de la iglesia, la prioridad de Dios es la gente a la que Él ama, y el amor unos por otros debe ser
nuestra prioridad vivencial.

3. Desde el primer día del nuevo año restauremos el encuentro:

Al tabernáculo de reunión, también se lo llamaba la tienda del encuentro. Porque era el


encuentro del pueblo, y del pueblo con Dios. 7 Moisés tomó la tienda de campaña y la puso a
cierta distancia fuera del campamento, y la llamó tienda del encuentro con Dios (33.7).

Dios manifestaba su presencia por medio de una nube que estaba sobre ellos como pueblo por
encima del tabernáculo. 34 Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de
Jehová llenó el tabernáculo.

La gloria de Dios se manifestaba en medio del pueblo. Y en ese encuentro colectivo era que
Dios revelaba su guía tanto en lo colectivo como en lo personal. Cuando alguien quería
consultar al Señor, iba a la tienda, la cual estaba fuera del campamento (33.7).

La presencia de Dios en medio de la nube no era para provocar meramente algo emocional o
místico: “Sentí la presencia”. No. La razón de ser de la manifestación de la presencia era que
Dios dirigía al pueblo, lo guiaba.

Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus
jornadas; 37 pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba. 38
Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche
sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas (40.36-38).

Según la nube se movía el pueblo se movía. Y si la nube se detenía el pueblo se detenía. Y


llamo tu atención a que esto ocurría en todas sus jornadas.

Al comenzar el nuevo año renovemos nuestro encuentro con el Señor para ser guiados por él
en todas las jornadas del nuevo año.
Tenemos que lijar y lijar el auto para que recuperemos el color original. Esta generación cautiva
de la cultura del mercado pintó el evangelio de color yoísta, egocéntrico, de autoayuda, de
sentirme bien. La presencia de Dios no es para tener sensaciones que me hagan sentir mejor.
Es para ser dirigidos por él, en todo y en todas nuestras jornadas.

La presencia de Dios no es para que te de una mano para cumplir tus deseos y sueños. No.
Esa es la pintura de la cultura de esta generación que centra todo en el yo. No son tus deseos,
no son tus sueños. El centro es Dios. Son sus deseos, son sus sueños. La gente no iba al
tabernáculo para que Dios bendijera sus proyectos. Iban para consultar a Dios, y que Dios lo
guiara.

El pecado original fue que Adán y Eva quisieron ser dios. Es decir, ocupar ellos el centro. Es el
mismo pecado llevado a la enésima potencia el de nuestra generación. Somos dioses. Somos
el centro. Son nuestros deseos, son nuestros proyectos. Y entonces Dios que me los bendiga.
Y si no me los bendice, ni siquiera me planteo si mis deseos estaba equivocados. Si no me los
bendice, pues entonces ya no necesito de Dios. Porque yo tengo necesidades y Dios está para
suplirlas.

El problema de Adán y Eva no fue que dejaron de creer en Dios, sino que dejaron de dejarse
guiar por él, para que Dios se convierta en su ayuda. Dios dejó de ser Señor para ser su ayuda.

A partir de allí, el gran pecado, es creer en Dios para que Dios me ayude a lo que yo quiero
hacer, creer en el poder de Dios para que haga mis deseos, en lugar de hacer yo sus deseos,
su voluntad. Y esto genera una enorme insatisfacción.

Cuando nuestros deseos se cumplen, nos pasa lo de los chicos con los juguetes que tanto
pedían, y que ahora que los tienen los aburre. Cuando nuestros deseos no se cumplen somos
gobernados por nuestras carencias. No es la nube de la presencia de Dios la que nos guía,
sino la nube de la pesadez de una vida insatisfecha.

Si mi relación con Dios como mi Padre que lo llena todo, no está bien resuelta en lo más íntimo
de mi corazón, si en lo más profundo de mi intimidad lo que hay es una carencia y no Su
plenitud, voy a ser dirigido continuamente en la vida por esa carencia. Y voy a vivir siempre
corriendo detrás de la zanahoria.

Una zanahoria que llamaré “mis deseos, mis expectativas, mis proyectos”, pero que son
distintas ropas, trajes, vestidos, y cuando la desvestís siempre te encontrás con lo mismo: la
carencia basal que está en lo profundo de tu corazón y que tratás de llenarla con tus deseos,
tus proyectos, tus sueños.

Y cuando lográs alcanzarlos te das cuenta que no te llenan, así que tenés que comprarte un
nuevo vestido, ponerte un nuevo desafío, alcanzar un nuevo deseo, para ver si esta vez sí te
sentís satisfecho. Ninguna generación en la historia de la humanidad ha logrado tanto como
esta, ni concretado más proyectos, ni crecido tanto en su conocimiento, ni avanzado tanto
como ésta. Sin embargo, es la generación más insatisfecha.

Y el problema es cuando los creyentes somos esclavos de la cultura, y entonces partimos de


los principios de la cultura, y buscamos su apoyo en la Biblia. Y como en la Biblia vas a
encontrar textos para cualquier pretexto, entonces nos pintan el auto no del color original, sino
del color cultural. Y tenemos un evangelio yoísta, egocéntrico, y una iglesia casa del mercado,
casa de cautividad cultural.

El proceso es al revés. Partí de lo que dice Dios, y cuestionate todo lo que dice este mundo, los
sabios, los exitosos, los gurúes. Porque el cielo y la tierra pasarán pero su palabra no pasará.
Porque la especialidad de Dios es avergonzar a los sabios de este mundo.

Gente insatisfecha, nos ha pintado un Dios todopoderoso que está para satisfacer nuestros
deseos. Por eso están insatisfechos. Pero sólo se alcanza satisfacción plena en la vida y no
somos esclavos de las carencias, cuando vivimos para los deseos de Dios.

En lo profundo de tu corazón tiene que haber una convicción y no una duda. Una plenitud y no
una carencia. Allí en lo más íntimo de tu ser está el Espíritu de Paternidad, del Padre que todo
lo llena, y que te adoptó como hijo. Y si hijo heredero. Y ya no hay más carencias. Y ya no se
trata más de mí, ni de mis sueños, ni de mis proyectos, sino de los de sueños que Dios pensó
para mí antes de crearme, y de las obras que de antemano preparó para que yo ande en ellas.
Porque somos hechura suya.

Sos libre en Cristo. No te esclavices a espíritus de insatisfacción. 14 Porque todos los que son
guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. 15 Y ustedes no recibieron un espíritu que de
nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar:
«¡Abba! ¡Padre!»

En todas las jornadas de este nuevo año dejate guiar por el Espíritu. El pueblo de Israel sólo se
movía cuando la nube se movía. Si caminaban, porque ellos deseaban algo, sin que la nube se
moviera, caminaban esa jornada sin la presencia de Dios que los guiara. Y quedaban librados a
su propia suerte.

Si la nube se movía y ellos no caminaban también esa jornada perdían la presencia guiadora
de Dios. Las grandes decisiones que vas a tener que tomar en el nuevo año, no serán tanto
elegir entre cosas buenas y malas, sino entre cosas buenas y cosas de Dios. Porque los
sueños y proyectos, deseos y expectativas de un cristiano se suponen que son cosas buenas.
Pero creo que ya te diste cuenta muchas veces en tu vida, la diferencia de algo que puede ser
bueno, y algo que es de Dios. Las cosas de Dios siempre nos llenan de plenitud. Las buenas
nuestras muchas veces son sólo pérdida de tiempo, de energías, y sobre todo, las alcancemos
o no, alimentan aún más nuestra insatisfacción, porque en vez de guiarnos el Espíritu del
Padre, nos guían nuestras carencias.
Muchas oportunidades se te van a presentar en este nuevo año. Por favor, levantá la tienda del
Encuentro, y metete dentro de la nube. Metete en el proceso personal-coletivo de dejarte guiar
por Dios. Es personal, porque finalmente serán tus decisiones. Es colectivo, porque Dios te
puso en un cuerpo para confirmar tus pasos, con tus hermanos, con tus líderes.

Cuánto más éxito tengas mayores serán las tentaciones de envolverte en cosas buenas, pero
que no son cosas guiadas por Dios. Esto requiere estar en la nube. Estar en la presencia del
Espíritu del Padre que te quiere guiar. Orar, buscar, escuchar, esperar, y moverte sólo cuando
el Espíritu te lo indica.

Este nuevo año tenés que tener tu cabeza en la nube. Hay dos tipos de nubes. Una es una
nube de opresión, de insatisfacción, de pesadez, que oscurece el cielo. Pero hay otra nube, la
de la presencia del Espíritu Santo que proclama la Paternidad de Dios sobre tu vida, Abba,
Papito. Y que te guía. Y levanta tus cargas, y quita la pesadez, y abre el cielo para vos. Metete
en esa nube. Dice: 18 Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés
en el monte cuarenta días y cuarenta noches (Éxodo 24:18).

Metete este nuevo año en medio de la nube de su presencia. No es una cuestión mística, es
absolutamente pragmática. No es una cuestión emocional o sensorial, es directiva, proyectiva.
No es pasividad. Es absolutamente proactiva, fructífera. Es seguir guiado por Dios a aquello
para lo cual te creó.

La primer orden dada por Dios fue: fructificad. Cuando vivís para tus deseos, guiado por tus
carencias, en lugar de dar fruto vivís comiéndote los frutos. Qué importante es que lleguemos a
este nivel de orientación, no solo por nuestra propia seguridad, sino que pueda haber una
fecundidad en las cosas que hacemos.

Moisés entró en la nube y permaneció en ella. Hoy es el último día del año. Mañana será un
nuevo año. Levantemos en él la tienda del encuentro con nuestro Padre. Bajo su nube, su guía,
levantando su tabernáculo como iglesia. Una iglesia casa del Padre, familia de Dios, cuerpo de
Cristo, mover del Espíritu Santo, lugar del encuentro con el Dios que bendice todas nuestras
jornadas para que seamos de bendición.

La nube los guió en medio del desierto para que llegaran a la tierra que fluía leche y miel. Para
muchos el 2018 será una tierra desértica. Para vos será una tierra que fluya leche y miel. Para
muchos será desértica porque serán guiados por sus carencias íntimas sin resolver. Y
prosperarán pero seguirán desiertos. Y tendrán parejas, y seguirán solos y secos. Y alcanzarán
y lograrán pero se comerán los frutos y seguirán en desierto.

Pero para vos 2018 será tierra que fluye leche y miel. Porque de lo profundo de tu interior fluye
ríos de agua viva que hacen que nunca más tengas sed ni carencia alguna. En tu interior está
el Espíritu de Papá, el Espíritu del que todo lo llena en todo. El espíritu que te guía a tierras de
amor, de progreso, de prosperidad, de bendición junto a tus hermanos.
Te sea revelado el Cuerpo de Cristo, para que a lo largo de este año, no estés enfermo, ni
débil, ni dormido. “Espíritu de sabiduría y de revelación ven sobre nosotros, y establece
definitivamente en nuestro interior el misterio del Cuerpo de Cristo, y establécenos
definitivamente a cada uno de nosotros en ese cuerpo, para que todos vivamos sanos, fuertes
y despiertos”.

Te sea revelada la Paternidad de Dios, de manera que en lo más íntimo de tu ser tengas una
convicción y plenitud y no una carencia. “Espíritu Santo que clama Abba, ven y sella
definitivamente nuestros corazones con la Paternidad que todo lo llena, con su amor, que todo
lo afirma con su aprobación”.

Te sea revelado tu propósito de manera que hagas las obras del Padre, las mayores,
manifiestes el amor del Padre, proclamándolo a Él, y sirviendo con amor a la gente. “Espíritu
Santo, ven sobre nosotros para ser testigos de Cristo, para mostrar al Padre en el poder del
Espíritu”.

Te sea renovado el primer amor. “Espíritu Santo que derrasmaste el amor del Padre en
nuestros corazones manifiesta ese amor a través de nosotros los unos con los otros”.

Oro para que en todas tus jornadas seas guiado por el Espíritu Santo. Y declaro sobre tu vida
en este nuevo año, la Escritura de 3 Juan 2: Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas
las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.

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