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Consuelo Martín

Consuelo Martín es doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, donde al término de
sus estudios dirigió durante varios años seminarios en el Departamento de Metafísica. Trabajó, además, en
epistemología, psicología y en filosofía de la ciencia, intentando armonizar el pensamiento filosófico
oriental y el occidental. En la actualidad se la conoce como especialista en filosofía advaita (no-dual) de la
India.

Como filósofa vocacional, ha dedicado su vida al camino de la realización humana, lo cual constituye la
esencia de todas las tradiciones, por lo que se la considera experta en filosofía perenne. Pero lo que más
destaca de su quehacer filosófico es la dimensión práctica de sus enseñanzas, consecuencia de su vivencia de
lucidez, la cual se plasma en la dirección de retiros y seminarios.

Nisargadatta y Krishnamurti son los principales maestros que han inspirado la línea de Consuelo Martín.
Antonio Blay y Eckhart Tolle son otros maestros con un mensaje enriquecedor. No obstante, cada uno de
estos referentes espirituales aportan su punto particular de consciencia basado en su trabajo personal y
experiencia.

La práctica del silencio, la contemplación, la meditación, etc. han sido y son las especialidades de Consuelo
Martín para dirigirse hacia la realización personal. Hoy día sigue realizando retiros (cursos) para vivir la
verdad en el silencio.

Consuelo Martín es autora de más de una docena de libros, y es, además, directora de la revista Viveka,
revista dedicada al discernimiento en el camino contemplativo, que se viene publicando sin interrupción
desde el año 1.977.

Recursos:

Libros - Publicaciones:

Libros de Consuelo Martín en Español

Selección de textos / enseñanzas:

Vivir en Espíritu y en Verdad (Introducción al libro)

Las Upanisad, enseñanzas atemporales (Fuente: Upanisad)


La plenitud de la vida (Fuente: El silencio creador)

La atención liberadora (Fuente: El silencio creador)

La realización por el silencio (Fuente: El silencio creador)

Atma Bodha de Sankara (Fuente: Sankara - La visión advaita de la realidad)

La mente pura es morada de libertad (Fuente: Contemplar lo eterno)

El silencio creador (Introducción al libro)

Investigar en libertad (Introducción al libro La Libertad y el Amor)

Lo más sencillo es contemplar (Introducción al libro El Arte de la Contemplación)

Descubrir el misterio de la actitud religiosa (Introducción a los libros De la Oración a la Contemplación y


Lo verdadero y lo falso en religión)

Entrevistas:

"Lo malo del pensamiento es cuando te identificas con él" (Crecejoven)

Charlas y diálogos:

La advaita como experiencia existencial liberadora y Heidegger (Fuente: Revista Viveka)

"La contemplación es la vía directa" (Fuente: La Revolución del Silencio)

Mirar con ojos nuevos (Fuente: Vivir por inspiración)

Otros recursos:

Retiros con Consuelo Martín

Vídeo-entrevista sobre Advaita-Vedanta: generalidades (YouTube)

Vídeo-entrevista sobre Advaita-Vedanta: Sankara (YouTube)

Webs, blogs y redes sociales:

Web sobre retiros con Consuelo Martín: Escuela de Contemplación Kaivalya


Web donde participa Consuelo Martín: Escuela Española de Desarrollo Transpersonal

Libros de Consuelo Martín en español


lo verdadero y lo falso en religión

Consuelo Martín
Mandala Ediciones (1991)

En el segundo volumen de la colección Viveka, Consuelo Martín nos propone, en diversas sesiones de
investigación, el estudio de la religión, comprender totalmente qué es y la verdad que hay en ella. Para ello,
será necesario poner nuestra mente, el instrumento con el que vamos a investigar, en equilibrio; porque no
podemos dejarnos llevar... / leer más

meditar con el astavakra samhita

Consuelo Martín
Mandala Ediciones (1996)

"Samhita" es un conjunto de aforismos de la tradición Védica, y Astavakra es el autor. No sabernos con


exactitud quien era el sabio Astavakra. Hay un relato en el Mahabharata que se refiere a un Astavakra
(Vanaparvan Cap. 132-34), pero no se puede afirmar que sea nuestro sabio porque se desconoce la fecha en
que fue escrito este texto... / leer más

conciencia y realidad

Consuelo Martín
Editorial Trotta (1998)

La apertura de la sensibilidad filosófica de Occidente a otras voces –a veces lejanas en el espacio y en el


tiempo, a veces próximas pero largamente calladas– es una constante en el pensamiento de las últimas
décadas. Agotados desde hace algún tiempo otros modelos, se busca una metafísica que no se limite a
explicar la realidad sino que ayude... / leer más

el silencio creador

Consuelo Martín
Mandala Ediciones (1999)

El silencio no es, como pudiera pensarse, opuesto a la expresión creadora, sino por el contrario, el camino
hacia la fuente de donde brota la esencia de toda creación. Se produce espontáneamente al observar las
limitaciones que impiden ver lo que realmente es. Y al mirar desde este silencio, se hace patente que si bien
cada nivel mental tiene sus propias leyes... / leer más

brahma-sutras

Consuelo Martín
Editorial Trotta (2000)

Los Brahma-Sutras, junto con la Upanishad y el Bhagavad Gita, constituyen el Prasthana-traya, el triple
canon de la Sruti, la revelación de la sabiduría de la India. Los comentarios de Shankara a esta valiosa
tradición constituyen la aportación de la filosofía para explicar la no-dualidad, el estado de unidad de
conciencia al que aluden los más elevados... / leer más

la revolución del silencio

Consuelo Martín
Gaia Ediciones (2002)
En la contemplación silenciosa se produce una investigación vivencial en la misma conciencia que investiga.
La acción de la sabiduría en la conciencia de quien contempla es una verdadera revolución: la revolución del
silencio. Así podría resumirse, en palabras de la misma autora, el contenido de este pequeño pero profundo
libro... / leer más

meditaciones sobre la verdad última

Consuelo Martín
Editorial Dilema (2005)

Este libro contiene un conjunto de meditaciones de la tradición védica advaita, atribuidos al sabio Astâvakra,
junto con las meditaciones que la autora ha hecho sobre ellas. Tanto unas, las tradicionales, como otras, las
actuales, apuntan a la realidad última y absoluta.
La realidad aparente y el conocimiento convencional que de esa se tiene... / leer más

la libertad y el amor

Consuelo Martín
Ediciones Obelisco (2006)

Todos los seres humanos tenemos sincero interés por descubrir la posibilidad de amar y ser libres. Y si
alguna vez imaginamos como separados el amor y la libertad, lo cierto es que siempre anhelamos vivirlos
inseparables. Hemos de abandonar la creencia de ser este estrecho lugar circunscrito al cuerpo físico, las
emociones y las ideas... / leer más

discernimiento
Consuelo Martín
Editorial Trotta (2006)

Este libro aborda un estudio inusual sobre el discernimiento que trasciende el mero pensar sobre lo que es
discernir. Afirma que la verdad del conocer ha de surgir entre las apariencias pensadas a partir de una
posición adecuada de la mente: la contemplación. Y una reflexión racional sólo tendrá valor, en este sentido,
si prepara para ese acontecimiento no-dual (advaita)... / leer más

el arte de la contemplación

Consuelo Martín
Gaia Ediciones (2007)

La contemplación no está separada de la vida; forma parte del vivir. De hecho, es la esencia misma de la
vida. Y porque es la esencia de la vida, contemplar no requiere de ningún conocimiento misterioso ni
adiestrarse en una enrevesada técnica. Somos ya conciencia contemplativa. Así que basta con depositar la
atención serenamente sobre el presente... / leer más

sé una luz

Consuelo Martín
Editorial Dilema (2008)

En "Se una luz", la base metafísica es la vivencia interior como una nueva manera de comprender la
existencia. Por eso el contenido esencial, la invitación directa de este libro, es el de llegar a ese resplandor, a
esa forma de sur una luz que atraviese todos los niveles de realidad, una verdad tan directa que, ciertamente,
no es fácil de admitir... / leer más
sankara

Consuelo Martín
Editorial Dilema (2008)

Por primera vez se presenta en castellano un libro sobre la filosofía de la no-dualidad (advaita) de Sankara.
Sankara, el maestro [Sankaracharya) entre los advaitines, generación tras generación, ha sido el más
admirado de los filósofos hindúes. Dedicó su vida a presentar, aclarar y enseñar la sabiduría de las escrituras
contenidas en los Vedas... / leer más

bhagavad gita

Consuelo Martín
Editorial Trotta (2009)

El Bhagavad Gita (en sánscrito, el canto del Señor) está considerado como la obra clásica y más importante
de las escrituras hindúes. Sus setencientos versos, escritos hacia el 600a.C., sintetizan las principales
filosofías y doctrinas de los vedas, constituyendo no sólo un libro de alto valor metafísico, sino además un
manual para la vida en una síntesis de... / leer más

upanisad

Consuelo Martín
Editorial Trotta (2009)

Los textos upanisádicos son poemas filosóficos. Casi siempre los encontramos en forma de verso y como
diálogo entre un maestro de sabiduría y su discípulo. La enseñanza trata sobre las verdades últimas de la
existencia, y por la índole de su contenido, se emplea a menudo un lenguaje metafórico. Aquello de lo que
se dialoga es enseñanza secreta, y lo secreto, en este caso... / leer más
vivir por inspiración

Consuelo Martín
Editorial Dilema (2009)

El significado de la vida no es algo definible con meras palabras; es algo que se revela a través de los
variados movimientos de la existencia. La pregunta esencial de ¿qué significado tiene la vida? no la
resuelven las respuestas rutinarias, parciales y limitadas, acuñadas por el pensamiento. Es necesario indagar
en los motivos últimos de la acción... / leer más

de la oración a la contemplación

Consuelo Martín
Editorial Dilema (2009)

La autora de este bello y hondo libro convoca al lector a un repensar nuevo y sereno, lúcido y universal, que
invite a descubrir el misterio de la actitud religiosa. Para ello se aúnan las tradiciones de Oriente y
Occidente, se descigra el misterio sagrado del símbolo (que trascienda en la raíz cualquier manifestación
puramente exotérica del mismo)... / leer más

contemplar lo eterno

Consuelo Martín
Gaia Ediciones (2012)

Esta obra recoge lo esencial de las charlas sobre la contemplación que Consuelo Martín ha venido
impartiendo durante sus retiros meditativos. Constituye un conjunto de reflexiones y descripciones prácticas
que la autora denomina "investigaciones", debido a que resultan de su propia mirada contemplativa, esto es,
una mirada abierta, transparente y lúcida... / leer más

vivir en espíritu y en verdad

Consuelo Martín
Ediciones Obelisco (2017)

¿Estamos dormidos o despiertos? La vida lúcida, ¿es posible? ¿Qué es "atención"? ¿Cómo podemos Vivir
con más atención? ¿Se puede conocer lo desconocido? ¿Dónde se encuentra la llave? ¿Qué hay detrás del
mundo, detrás del universo? En este libro, Consuelo Martín va a sumergirse en un tema que no tiene límites:
la Verdad que nos ilumina. La autora nos descubre... / leer más

https://www.nodualidad.info/maestros/consuelo-martin.html
La plenitud de la vida
por Consuelo Martín

La observación silenciosa

La vida está creándose en cada instante, y si no nos entretenemos con los argumentos imaginarios de nuestro
pensamiento egocentrado, descubriremos esa vida creadora. Darnos cuenta de esto es extraordinariamente
transformador. Observando en esta dirección empezamos a ver todas las cosas a través de esa verdad, y ella
nos va haciendo desde dentro, nos va creando de nuevo. Es como volver a nacer. Por eso la filosofía perenne
ha llamado a esta transformación un nuevo nacimiento.

Vivir la vida de acuerdo a las normas de una sociedad, a una tradición religiosa, a una filosofía, ¿qué sentido
tiene? Si todos los cambios que han ocurrido en mi mente tenían este origen condicionado, si eran para
amoldarme a unas experiencias de la época, a un estilo de persona, a un ideal religioso o social ¿he vivido
mí propia vida? Para encontrarme con mi propia vida, con algo auténtico, de primera mano, tengo que
vaciarme de todas estas ambiciones o deseos. Hasta que desaparezca el bullicio de tantas ideas adquiridas y
pueda percibirse el silencio que abre las puertas a mi auténtica vida.

Cuando empiezo a escuchar serena y cuidadosamente el silencio que está detrás de todas las voces
conocidas, dejo de entretenerme en cambiar las situaciones de mi vida y las de los demás. Descubro el valor,
hasta entonces desconocido para mí, de la observación silenciosa. Compruebo así lo sencillo que es vivir en
un estado de meditación, porque la mente meditativa es el estado natural de la mente creativa.

Meditar es ser consciente, vivir vigilante, mirar de una manera nueva. Mientras sólo veo a través de
apariencias, sean ideas, estados de ánimo o hábitos pisco-físicos, todo se mueve por el mismo carril
acostumbrado, todo es mecánico y aburrido. Para ver más allá de lo que vemos, para que nuestra mirada sea
verdadera, creadora, hay que soltar lo que veníamos viendo, hay que abandonar esquemas viejos, hay que
colocarse en otro lugar desde donde nuestra vista abarque un espacio más amplio. Es aprender a ver lo
invisible en todo lo que aparece ante mi vista. Es como dirigir nuestra mirada allí donde normalmente no
veíamos nada. Es como estrenar nuevos ojos para una nueva manera de ver que creará una nueva vida.

En el espacio ilimitado de nuestra mente, escuchando el silencio interior, surge la meditación, la


contemplación gozosa de "lo que es" de instante en instante. El vaciar la mente de actitudes fijas, de
recuerdos, de creencias, la deja en un estado inocente en el que el silencio aparece y comienza su actitud
creativa. En cada situación, en cada momento de la existencia en el que irrumpe el silencio en mi mente, allí
distingo lo real de lo irreal, allí me siento libre y en comunión con todo. Comprendo entonces que la vida es
algo que se está inventando a cada latido de mi corazón.

Experiencias y plenitud

El ser humano busca la felicidad que es su naturaleza. Quiere llegar a ser aquello que ya es sin darse cuenta.
Y en su carrera tras de lo imposible satisface muchos deseos que le quitan la sed de felicidad
momentáneamente. Al realizar un deseo a un cierto nivel, nos sentimos bien porque dejamos de sentir la
inquietud, la sed de ese deseo. Pero eso afecta a una parte limitada de nosotros. En el fondo persiste un
deseo indefinido global, un vacío por llenar; nos acompaña siempre un anhelo de plenitud. Este anhelo nos
mueve en muchas direcciones buscamos la felicidad en muchas cosas diferentes. Y el movimiento de querer
conseguir algo produce cierta excitación pero nos quita precisamente la felicidad serena y profunda que
anhelamos.

Al llenarnos de experiencias de cosas, de satisfacciones, nos estamos vaciando de plenitud. Este vacío
interior no se llena acumulando cosas, ni el dinero, ni los conocimientos, ni el poder, lo colman, porque lo
que tenemos a un nivel nos hace notar más lo que nos falta. La plenitud no aparece por la cantidad de
satisfacciones sino por la ausencia de deseos que produce el descubrimiento de nuestra verdadera naturaleza
en el silencio de la conciencia. No somos felices al coleccionar más y más experiencias, sino al profundizar
en la conciencia. Desde cualquier experiencia, si comprendemos, podríamos desembocar en la no-
experiencia.

Descubrir la no-experiencia es comprender que no hay realidades extrañas a la conciencia que las vive. Lo
real es mi conciencia, que puede presentarse como conciencia del otro, conciencia del mundo. Pero ¿desde
qué lugar de profundidad vivo?, esta es la pregunta fundamental para el auto-descubrimiento que conduce a
la realización o la plenitud en el vivir.

¿Puedo darme cuenta de la realidad de mi conciencia separándola de las formas que va tomando? Con ello
no pierdo ninguna forma de las que aparecen, ni sentimientos, ni vivencias de ninguna clase, lo único que
pierdo es la ilusión de aquello que tenía una realidad por sí mismo. Sólo pierdo un error. Por eso este camino
de realización, no es un ascetismo ni un esfuerzo por sacrificar unas cosas para obtener otras. Sin embargo,
cuando estamos refugiados en el pensamiento, creemos que vamos a perder algo y por eso tenemos miedo al
silencio.

Todas las realidades que se crean a través de las mentes son "conciencia de algo", si investigo en esa
conciencia, se produce un silencio de los ruidos del pensar, un vacío de las formas creadas por ese pensar. Y
entonces es posible vivir la realidad fundamento de todas las realidades proyectadas. Este es el camino hacia
sí mismo. No es posible descubrirlo si no se va de la mano de la sabiduría. Sólo la disolución de las ilusiones
pone al descubierto ese nuevo ámbito transformador de nuestra existencia al que estamos llamando silencio.

Si a la felicidad llegara el ser humano por la acumulación de experiencias placenteras y de cosas que las
producen, los sabios, los místicos de todos los tiempos y de todos los lugares, habrían sido unos locos,
porque iban en la dirección contraria. No buscaban la fama, el dinero, el éxito, las experiencias de placer.
Pero cuando escuchamos los sencillos relatos de sus vivencias, encontramos que son los únicos que vivían
en plenitud, en paz, los únicos que sabían de la felicidad incondicionada.

Cualquier ser humano puede descubrir el secreto y darse cuenta de que el camino correcto hacia la felicidad
es inverso al que parece. Aquí no funciona el llamado sentido común o la lógica convencional. Lo verdadero
no responde a los caminos que habitualmente van pisando los seres humanos. Y la felicidad tampoco como
todos sabemos.

Estadísticamente hay muchas más personas que viven con este error fundamental, de las que han salido de él
y caminan en dirección opuesta. Pero eso no añade ninguna fiabilidad a su conducta. Aunque sólo una
persona descubriera la verdad, sería suficiente. Brilla por sí misma, no necesita demostración ni consenso
colectivo. El gran número de los que buscan la felicidad en lo externo, no significa nada, sólo que muchas
mentes individuales están empezando el camino de desengañarse del error. Esta investigación se está
haciendo porque ya hay un cierto número de mentes desengañadas en un menor o mayor grado. Lo que
tenemos delante para descubrir resulta extraño: que lo que parece lleno está vacío realmente y lo que parece
vacío es la plenitud total.

Hacer un silencio mental es vaciarse, no de realidades, sino de actitudes equivocadas. Nos vaciaremos de las
identificaciones que equivocadamente hemos estado haciendo con personas y cosas. La primera en la que se
apoyan todas las demás es la identificación con el yo. El creer que somos un yo separado de los demás desde
el que juzgamos, escogemos, separamos todas las cosas. Deshacer esta creencia del "yo" significa
deshacernos de todas las creencias.

Es necesario ver con claridad que la afirmación del "yo" es algo añadido a mi verdadera identidad. Al
encerrarme distraídamente en mi "yo", he puesto límites, muros divisorios a mi identidad. Si dejo de
afirmarme como una entidad separada dejaré de vivir una identidad angustiada por los límites que ha creado
mi pensamiento, y empezaré a sentirme en expansión, en libertad, sin límites. Descubriré vivencialmente la
plenitud de la vida.

Extracto de "El Silencio Creador"


La atención liberadora
por Consuelo Martín

Investigando acerca de la Verdad, desde cualquier aspecto que la miremos, nos abrimos al todo. Esto
especialmente sucede si el tema es la conciencia porque aunque parezca que la conciencia es algo muy
abstracto y alejado de lo real, conciencia es todo, es aquello de lo que todo está hecho. Si queremos saber
qué es la realidad, qué es la Vida y de qué estamos hechos nosotros, para actuar en armonía, tenemos que
saber que la realidad está hecha de conciencia que es el acto de darnos cuenta. Aquello por lo que nos damos
cuenta es el trasfondo de que está hecha la realidad.

Nos acostumbramos a pensar que la realidad es algo que está fuera de nosotros, un objeto externo. Pero lo
que crea ese objeto, lo que lo construye, es el acto de darse cuenta. En nuestra conciencia de vigilia nos
parece que lo real es lo que se proyecta en la vida y el "darse cuenta" es algo que sin saber como, refleja la
realidad, algo que se nos escapa. Es todo lo contrario. Conciencia es la realidad que se manifiesta fuera en
mil situaciones y formas a las que llamamos nuestra vida. El que hagamos esta inversión tiene enormes
consecuencias en nuestra existencia. Es un error que nos hace vivir de una manera equivocada.

Si siento que vivo más intensamente, que mi vida tiene más realidad, más autenticidad, pienso que la causa
es algo de fuera. Algo atrae mi atención, me hace estar más consciente y considero causa a ese algo de la
felicidad que siento; pero si me noto más vivo, es porque he intensificado mi conciencia y no porque ese
objeto que tengo delante sea verde o rojo, o porque esa persona sea simpática o no lo sea. He creado una
condición en mi mente. He condicionado mi estado interno de mantenerme despierto, alerta, a una cosa o
situación externa que me produce satisfacción. Intensificamos la conciencia de una manera condicionada.
Esto se aprovecha muchísimo en la vida diaria, como lo hace la propaganda, poniendo delante cosas que
susciten la atención y creen condiciones de agrado y bienestar. Lo que me interesa me hace sentir muy bien.
Lo que no me interesa no pongo atención en ello. Pero me parece que no es interesante por una idea en mi
mente. La vida entera es interesante si nos damos cuenta de qué es la conciencia, si la vemos de dentro a
fuera. Pero como la vemos al revés condicionamos nuestros estados internos a las realidades exteriores y
creamos las condiciones de acuerdo con ideas que tenemos en nuestra mente. Ideas que algunas veces
coinciden con las de otras personas y otras son peculiares de cada uno.

Estas ideas condicionantes de nuestra mente surgen en ella de acuerdo con unas valoraciones o normas,
adquiridas por la experiencia del pasado por lo que hemos oído a otros, o nos han impuesto, pero nunca
como consecuencia de la verdad. La verdad funciona de otra manera. Cuando nosotros descubrimos la
verdad, no nos condiciona, la verdad nos libera. Amplía nuestra conciencia. Cuando una cosa, persona o
situación nos interesa, se intensifica nuestra conciencia pero no se amplía, se intensifica porque ponemos en
ello atención y nos sentimos más vivos, no nos aburrimos, pero siempre de acuerdo con un
condicionamiento, la idea mental que tengamos sobre esa cosa, persona o situación. Lo que he hecho es
intensificar la conciencia pero no ampliarla. La he limitado. La consecuencia de esto es que me he atado a
eso, que no soy libre. Las próximas veces, cuanto más veo las cosas con la idea equivocada de que para ser
feliz necesito de ellas, estaré condicionándome más y más en esa dirección. La verdad tiene el efecto
opuesto, intensifica la conciencia pero no la limita hacia un objeto particular, sino que la amplía dirigiendo
la atención hacia la totalidad. No se concentra la mente en un punto, se abre al infinito.
Esta es la verdadera atención: estar abierto de una manera realizadora, abierto a lo total, tanto que la vida
pueda crear a través de nosotros, expresando en cada momento algo nuevo. Al descubrir los verdaderos
valores, los que son expresión de la conciencia profunda, los diferenciamos de los otros, de los que son
cualidades cambiantes. Y con independencia de ellos sentiré que soy fuerza, amor, belleza, armonía; a pesar
de mi debilidad, de mi estatura, de mi falta de dinero, etc. Comprendo, veo, me doy cuenta de que hay una
Inteligencia que está dando fuerza a mi vida, y con independencia de esas formas, esa Inteligencia está ahí y
yo siento que soy esa Inteligencia. Con la atención en la totalidad esos valores absolutos se van expresando
porque lo que hace que se limiten y condicionen es la atención particularizada a las representaciones
externas de ellos.

Si estamos acostumbrados a que nuestra conciencia se intensifique solamente ante aquello que nos interesa o
gusta, según unas ideas que han ido calando en nuestra mente a lo largo de la vida, veamos la manera de
ampliar la conciencia por algo que valoramos, algo de primera mano, lo que nos interesa de verdad que es
ser, tener energía, claridad y belleza en la vida. Estos valores que todos los seres humanos intuimos en el
silencio, son los verdaderos móviles para el despertar de la atención.

La ampliación de la conciencia, la atención auténtica es todo lo contrario a la concentración: se produce de


una manera espontánea y natural, en el silencio y la quietud de la mente. Todo lo verdadero es espontáneo y
sencillo. Lo originario, lo que está en lo profundo de la conciencia es siempre natural y sencillo.

Si la atención es justo ese darse cuenta, ese ampliar la conciencia, ¿cuándo ampliamos la conciencia?
Cuando intuimos que somos amor, belleza... La verdadera atención se produce de esta manera: descubro una
verdad, cuando me intereso por ella, y cuando estoy pendiente de esa verdad porque intuyo que es esencial,
entonces mi conciencia se amplía. No tengo que hacer nada más. Intuyo que soy amor, que no depende de
las condiciones, libre de todo condicionamiento y la conciencia se amplía en esta verdad. Así voy abarcando
más y más, descubriendo las verdades y manteniendo mi atención en darme cuenta de ellas, porque me
interesa profundamente, porque las amo.

El amor es la atracción a la unidad. Cuando amo la verdad en la situación de cada instante, y la contemplo,
con independencia de como se manifieste, mi conciencia se está ampliando, me estoy dando cuenta de
cuales son mis verdaderos valores. Y si me mantengo en esa actitud, descubro lo que es vivir en plenitud sin
depender de lo que suceda.

Esto no quiere decir que no me importe lo que esté sucediendo, bueno o malo, sino que teniendo la vivencia
interior, puedo vivir lo exterior acompañado de esa Presencia que está en mí. Puedo sentir que algo está mal
en una zona limitada, es obvio, pero no me identifico ya con eso, porque en lo profundo estoy en un estado
de plenitud, de libertad y desde allí vivo la situación particular adecuadamente.

No es así como funcionamos. En el momento en que nos sucede algo desagradable ponemos en ello nuestra
atención, nos desesperamos y sufrimos, pero cuando pasa un poco de tiempo, o mucho, eso se olvida y
nuestra atención la coge otro suceso, desapareciendo esa desesperación. El cambio de nuestra atención
cambia nuestros estados afectivos y emocionales. Aquí podemos investigar qué es lo que hacemos con la
realidad: estamos dando realidad a aquello en lo que ponemos o concentrarnos nuestra atención.

Seamos, pues, inteligentes y no demos realidad absoluta a ninguna cosa, ya que todas son relativas y
cambiantes. Demos sólo realidad a esa atención que viene del fondo, a esa Presencia interna y dejemos que
en esa atención, en esa conciencia, se vayan manifestando y expresando todas las cosas que sirven para
hacernos aprender. Todo lo que sucede nunca es casual. Absolutamente todos los acontecimientos son
expresión de la Inteligencia, todos son expresión de ese movimiento, los más desagradables, los que creemos
que no nos corresponden, todos.

Práctica: Abrirse a lo desconocido


Para dar paso al silencio tenemos que dejarlo todo. Nos parece que nos quedamos en silencio y no
encontramos ahí nada, porque estamos esperando encontrar sensaciones, emociones e ideas. Soltando las
sensaciones agradables y desagradables, las emociones positivas y negativas y toda clase de ideas o juicios,
me abriré al silencio desconocido. Dejaré de dar realidad a ese mundo hecho de ideas y descubriré la
realidad que me realiza en el silencio creador. Simplemente dejaré lo conocido para abrirme a lo
desconocido.

No buscaré nada, porque todo lo que busque lo buscaré a través de ideas. No me esforzaré en nada, porque
todo esfuerzo supone la idea de un yo que quiere afirmarse. Dejaré que las cosas sean lo que son, que las
sensaciones aparezcan y desaparezcan en la superficie de mi conciencia, que los pensamientos atraviesen mi
mente pensante. Y me mantendré sin nada, a la expectativa de lo real desconocido, despierto, alerta a este
instante de conciencia lúcida. La plenitud está en lo real y lo real sólo aparece en este instante presente.

Escucho el silencio, y al escuchar se borran los pensamientos, los recuerdos, las experiencias pasadas y las
deseadas para el futuro. Este silencio lo borra todo. Y el cristal de mi mente queda limpio, transparente para
reflejar la luz. El silencio suaviza todas las estrías puntiagudas del psiquismo egocentrado, deshace todos los
nudos emocionales haciendo desaparecer la angustia y la preocupación de la ambición y el miedo. Escucho
el silencio y me descubro libre, libre desde dentro, libre para vivir la plenitud que soy.

Cuando ya no busco ninguna alegría en particular me encuentro con la alegría total, cuando ya no busco
ninguna satisfacción, descubro la felicidad plena. La presencia de lo real se empieza a sentir en la paz de
este silencio. Permanezco así, lúcido, escuchando, contemplando y el silencio se va creando y me va
creando. Descubro esa plenitud desconocida en la quietud callada de mi conciencia despierta.

Fuente: Consuelo Martín. El silencio creador (Mandala Ediciones)


La realización por el silencio
por Consuelo Martín

¿Cómo me realizo?

Puede parecer extraño hablar de realización mediante el silencio ya que se tiene la idea de que realizarnos es
conseguir algo, tener experiencias, desarrollar cosas, adquirir conocimiento. No parece por eso posible que
acallándonos nos podamos realizar.

Vamos a mirar por qué el silencio nos realiza. La realización humana es algo peculiar. El ser humano se
realiza descubriéndose. Porque realizarse es ser auténticamente, llegar a ser lo que ya se es, serlo en
autenticidad, tomar contacto con ello, darnos cuenta de ello. Cuando me voy realizando lo que hago es poner
al descubierto lo que soy realmente. No estoy añadiendo algo que no tenía y que se va obteniendo con
esfuerzos, con conocimientos, técnicas o experiencias.

Lo que he de hacer para descubrir mi propio ser, es acallar aquello que se ha añadido a lo que soy. Lo
añadido hace un ruido en la superficie de nuestra conciencia al que ya estamos habituados. Habría que ir
acallando ese ruido. El ruido está hecho de lo que nos parece ser, de lo que nos hemos acostumbrado a ser,
de aquellos hábitos mecánicos que nos hemos ido creando. Ese es el ruido y eso es lo que hay que aprender a
silenciar.

Es como si mirásemos la superficie de un lago en la que cayera un objeto y se produjeran ondas. Cuando las
ondas desaparecen el lago vuelve a quedar completamente sereno. Si miramos entonces podremos ver, como
en un espejo, todo lo que en él se refleja. Mientras el agua se movía no podíamos ver nada. Esto sucede
también en la conciencia humana. Mientras estemos en la superficie de nuestra conciencia, en nuestra mente
habitual, todos los movimientos de tantas inquietudes, miedos, deseos, ansias de llegar a ser, están
impidiéndonos descubrir la realidad tal cual es, la que somos y a la que aspiramos, que son la misma.

Simplemente acallando ese movimiento, dejándolo tranquilo, silenciando ese ruido de todas nuestras
inquietudes, deseos y miedos, nuestra mente muestra una superficie serena, transparente como un espejo y la
realidad se presenta tal cual es, reflejándose en ella. Porque la realidad está siempre ahí, permitiéndonos
descubrir el verdadero sentido de nuestra vida. Esto es realizarse. Al descubrir el sentido de mi existencia,
me realizo. Y la realidad que descubro que soy, me sorprende porque escapa a todas mis fantasías, las cosas
que podría imaginar como lo mejor para mí. Todo eso, comparándolo con lo que la realidad es, resulta una
nimiedad. Al hacer un trabajo profundo de silenciar capas en la conciencia y adentrarnos más y más en ella,
se descubren cosas que sobrepasan los deseos limitados de la mente.

Si estoy en la superficie de la conciencia, en el pensamiento, vivo atado al tiempo. A lo que me ha sucedido


en el pasado y a lo que me puede suceder en el futuro. Pero se me escapa el presente, lo real. Al no vivir el
presente, la vida me parece tediosa, aburrida, sin sentido. Todo se repite en mi ignorancia. Culpo a la vida y
la encuentro carente de significado. Pero cuando se vive la realidad no existe la posibilidad del tedio, del sin
sentido, pues todo es inesperado y se mueve de instante en instante. Todo es extraordinariamente inteligente.

La realidad es una melodía maravillosa y todo ser humano vive para escucharla. Cuando nos ponemos un
disco y escuchamos su melodía, nos olvidamos del disco y del material que está hecho. Pero si el disco se
raya no podemos entonces olvidarlo pues al repetirse capta nuestra atención totalmente y dejamos de oír la
melodía. Es el disco el que se vuelve entonces importante. Miramos para ver que le sucede, empezamos a
preocuparnos por el disco y no podemos escuchar ya nada más. Los seres humanos estamos
permanentemente preocupados por nuestro yo personal, que podría ser el disco del ejemplo. Nuestra vida la
vivimos mecánicamente, dando vueltas y vueltas alrededor de lo mismo y pendientes sólo de solucionar lo
que aparece. Pero si la mente fuera transparente a lo real y permitiera que la vida fluyera, como cuando el
disco es perfecto, no me daría cuenta de que ahí está, no habría interferencias y la bella melodía de la
realidad sonaría tal cual es.

El mecanismo repetitivo lo introduce en mi mente el error. Cuando no hay error, todo es espontáneo. La
verdad es la cosa más sencilla, es algo transparente que deja que la realidad se manifieste.

Realizarme es permitir que la realidad se exprese a través de mí. Cuando esto sucede yo no soy distinto de lo
que se expresa. Me doy cuenta de que la realidad y yo no somos cosas separadas. Ya no separo el disco de la
melodía, porque el disco no tiene ninguna importancia. Lo único que importa es la melodía. Entonces mi
vivir se transforma de una manera mágica, podríamos decir, porque ya no está atado a la ley de causa y
efecto. Se acaban todas las causas, todas las limitaciones, los condicionamientos sociales y morales. Ya no
hay ninguna limitación porque la vida no la conoce. Lo que sí es cierto es que es perfectamente adecuada,
que se adecua en cada instante por el propio impulso de la inteligencia que es. La vida es inteligencia pura,
está en cada instante adecuándose. Por eso no requiere cálculo, angustia, miedo, ni nada de lo que se vive
habitualmente en el ámbito psicológico.

Un instante de darse cuenta de lo que es la vida, compensa todo el tiempo que se ha ido dedicando a esta
investigación de la conciencia, porque el instante así vivido es sin tiempo, es eterno, mientras que se pueden
pasar años y años de dar vueltas en lo psicológico sin descubrir absolutamente nada, sino repetición tras
repetición de lo mismo. Esto es lo que llamamos desde el punto de vista subjetivo, vivir en plenitud. Vivir la
plenitud es escapar al tiempo. Algo que no tiene duración escapa también al espacio. No es más grande ni
más pequeño, es total. Lo que no se puede encerrar ni amoldar a nada.

Y si esto no se vive así es por un error de funcionamiento que sólo nosotros podemos advertir y corregir. En
esto consiste nuestro vivir. Vamos cometiendo errores que nos permiten aprender. Sólo por esos errores se
ha creado ese abismo entre esta vida que nos parece natural y que es completamente antinatural —llena de
angustia y preocupación, con toda la gama de problemática emocional y mental que conocemos— y el vivir
en plenitud.

Vivir en plenitud es esa felicidad que anhelamos, detrás de la que vamos constantemente y no alcanzamos.
¿Será inalcanzable? No somos felices cuando intentamos conseguir algo y lo conseguimos. Somos felices
cuando hacemos un silencio en esa ambición. Cuando el silencio disuelve esa ambición, la plenitud que está
detrás aparece espontáneamente. Es entonces cuando me siento ser plenamente. Esa es la felicidad que de
verdad añoro y no aquella tras la que corro. Aquí está la diferencia y si la veo claramente puede transformar
por completo mi manera de vivir.

Extracto de "El Silencio Creador"


Fuente: Consuelo Martín. El silencio creador (Mandala Ediciones)
El silencio creador
por Consuelo Martín

1. Aproximación al silencio

Esta obra ha sido realizada con el material de un curso sobre una investigación acerca del silencio de la
conciencia. El valor que tengan estas clases separadas del ámbito en el que nacieron, se nos escapa. Lo que
sí sabemos es que será de mayor utilidad para los lectores que conozcan el sentido de la investigación que en
ellas se hace, y la dimensión operativa que puede tener su estudio realizado con la actitud adecuada. Por eso
advertiremos que no se trata de pensar sobre el silencio; con ello solamente pondríamos en actividad una
zona superficial de nuestra mente, aquella donde se analizan y clasifican mecánicamente conceptos, y esto
no tendría repercusión en otros lugares del psiquismo, ni afectaría a la conducta. No sería por tanto
operativo.

Es obvio que al pensar en conceptos referidos al silencio, no vivencio lo que el silencio es, y desconoceré su
acción si me limito a eso. Mientras que si hago una investigación con la intención de abrirme a la verdad
desconocida que pueda aparecer, observando y contemplando lo que voy descubriendo, haré un trabajo
práctico, vivencial. Con él provocaré un movimiento de profundización en la mente que abrirá distintos
espacios lúcidos en el ámbito total de la conciencia. Este inquirir y avanzar hacia nuevos territorios de
comprensión, alternará con silencios que surjan espontáneamente, en los que se asimilará lo que se ha visto
en ese momento y se irá integrando a mi conciencia.

Tratamos de realidades no mensurables, no objetivables, realidades que no pueden ser estudiadas con
métodos científicos objetivos. Para adentrarse en esta aventura de la conciencia, es necesario estar dispuesto
a transcender la dualidad sujeto-objeto. Hay que comprender la posibilidad de que se unifique, en un instante
sin tiempo, la realidad en la contemplación creativa. Desaparecerá entonces la separación entre el
experimentador y la realidad experimentada. Sólo a partir de esta intuición participaré de los
descubrimientos que aquí se evocan. En una investigación vivencial, mi conciencia es el investigador y lo
investigado y es también el camino por recorrer.

El lugar de nuestra mente desde el que habitualmente leemos o estudiamos un tema, es inadecuado en este
caso, por lo limitado de la simple especulación intelectual. Pero podríamos inventar ahora mismo una actitud
diferente que nos situara en un lugar nuevo, podríamos hacer un espacio en nuestro interior donde el silencio
no fuera extraño.

Tratemos de ver por encima del discurso racional. Atravesemos esas zonas de nuestra mente donde
incansables barajamos lo conocido y aventurémonos a penetrar en aquella región silenciosa que está detrás.
La memoria del pasado no nos servirá en esta investigación. Sólo abrirá camino la sinceridad de nuestra
búsqueda y la sencilla lucidez que acompaña la visión de la verdad.

2. ¿Por qué el silencio es creador?

¿Puede crearse lo positivo de algo negativo? Con la palabra silencio evocamos una negación, un vacío, pero
no nos referimos al obvio vacío de sonidos o al dejar de hablar sino al vacío del ruido de los pensamientos y
los hábitos condicionados que impiden oír lo que está detrás. Es silencio de lo mecánico y repetitivo, de la
memoria del pasado y de todo aquello que sin cesar está tapando la sinfonía aún no escuchada de la Vida
total.

Cuando nos abrimos a esa música, ¿qué es lo que sucede en nosotros? Tener unos minutos de silencio es un
privilegio, una gracia, que nos devuelve misteriosamente a nosotros mismos. Y cuando somos tocados por
esa mano providencial nos quedamos respetuosamente callados y amorosamente vigilantes para escuchar y
sentir esa Presencia silenciosa en el interior de la Conciencia.
Podemos vivir muchos niveles de silencio. Desde los tres modos básicos de experiencia, por las sensaciones,
por las emociones, por los pensamientos, podemos descubrir los tres niveles básicos del silencio. Y los tres
están interrelacionados, ya que cada zona que se silencia facilita el profundizar en otras.

El silencio es sobre todo, silencio del pensamiento. Cuando el pensamiento se ha silenciado, ya no se opone,
no juzga, no calcula con astucia la acción, no es protagonista en suma, sino callado y sereno transmisor de lo
que la Inteligencia dicta. Lo real está fuera del pensamiento y del tiempo, por eso decimos que está en el
silencio. La palabra silencio evoca un estado que no niega nada de lo real. Sólo niega el ruido que impide
percibir directamente aquella realidad desconocida.

No significa desde luego que la realidad sea inmóvil y callada ni tampoco que para vivenciar un estado de
conciencia verdadero tengamos que quedarnos mudos y paralizados. En la quietud y el movimiento, en el
silencio y la palabra se expresa igualmente lo real.

Se debe observar sin embargo con atención y discernimiento que hay un movimiento verdadero, expresión
de lo que es, como una bella danza es el libre bailar de la Vida inteligente. Mientras que hay un movimiento
que surge del conflicto de una mente obstruida por la visión parcial e ilusoria. Este último produce una
acción mecánica, desordenada y confusa porque no es creativo.

También podemos encontrarnos con la Palabra Verdadera, creación directa de la Inteligencia en el silencio
del pensamiento, la Palabra que evoca la lucidez de donde ha nacido y trae consigo la fuerza creadora de la
verdad. Es la palabra unificadora de realidades. Y cuando alguien la pronuncia es porque él mismo es esa
Palabra creativa. Se distingue muy bien de aquella otra palabra, expresión del pensamiento egocentrado, que
nacida de lo limitado y lo confuso, produce efectos similares en la superficie de la conciencia.

Conforme vamos avanzando en esta dirección, va siendo una evidencia para nosotros lo inesperado. Donde
parecía no haber más que negación de realidades aparece una dimensión diferente de realidad. El vacío de lo
limitado está lleno de lo ilimitado. Y como lo que tiene límites es siempre expresión de lo que es sin límites,
el silencio de la conciencia abierta al infinito es plenitud y potencia creativos.

3. La Inteligencia creadora

La comprensión más allá del pensamiento y la desidentificación del pensar que esta comprensión posibilita,
es la raíz del silencio que despierta la Inteligencia creadora. A su vez la contemplación de esta inteligencia
que es pura lucidez, a través de una investigación sincera de la Verdad y una observación cuidadosa del
proceso del pensar, produce la comprensión y crea en el silencio. Saliendo del estrecho recinto de nuestro yo
psicológico, nos encontramos en el espacio abierto de la inteligencia. La inteligencia incansablemente está
creando lo manifestado, sin que se agote jamás la fuerza de su creatividad y sin que lo creado salga nunca de
su unitotalidad. En el silencio de la mente se libera esta fuerza potencial que puede crear lo nuevo en mi
vida.

Al desbloquearnos con ejercicios físicos como asanas y pranayamas de hatha-yoga, liberamos la energía
única que se expresa a través de nosotros. Y esta energía sana el cuerpo, lo equilibra y armoniza. Purificando
las emociones egocentradas con las prácticas religiosas o de bhaktl-yoga, liberamos el amor y vivimos un
sentimiento de unidad que nos abre el corazón a todo y a todos. Pero pocos son los que han descubierto que
es posible dejar en libertad la inteligencia creadora, para que nos ilumine y cree a través de nuestra mente. El
camino es el amor a la verdad. Y la lucidez creciente que aparece en el silencio, es la guía.

La lucidez es la vivencia no-dual de la conciencia pura. Cuando la mente racional calla, porque ha
comprendido, aquello que es real, se vivencia directamente sin pasar por los moldes del pensamiento. La
división entre sujeto y objeto se acaba ahí. Y la vida aparece como una creación constante que se expresa en
todas direcciones.

4. Escuchar el silencio
Es necesario aprender a escuchar de una manera nueva. Es así como la atención crece y varnos haciéndonos
uno con ella. El escuchar verdadero no es pasivo, es enormemente activo, es acción y oración, es atención
creativa.

Escuchando se descubre esta atención y desde ella se comprende y atiende a todo. En el silencio del
escuchar en contemplación amorosa, se deshacen los deseos y las ambiciones, los miedos y las inquietudes.

La mente silenciosa encuentra la armonía de todas las cosas. Esa armonía siempre anhelada que se busca en
vano en las imágenes sensoriales. Es la belleza perfecta, la que nunca hemos visto pero adivinamos que
existe a través de los signos, las formas y los movimientos de todas las cosas. Esa belleza está ahí y la
encontramos por primera vez en el silencio. El equilibrio que da sentido a todos los contrastes y las
contradicciones, a todos los cambios, es el estado natural del silencio. Como si el universo en infinitos trozos
separado y esparcido en todas direcciones, se reencontrara en la belleza gozosa de la Unidad. Como si
aquello tan valioso que estaba perdido entre el caos incontable de múltiples realidades revelara de pronto la
clave secreta de mi existencia única. Así es el silencio creador. Aprender a escucharlo es aprender a
descubrir la Vida como creación constante.

(Texto Introducción del libro El silencio creador)


Fuente: Consuelo Martín. El silencio creador (Mandala Ediciones)
nvestigar en libertad
por Consuelo Martín

Todos los seres humanos tenemos sincero interés por descubrir la posibilidad de amar y ser libres. Y si
alguna vez imaginamos separados el amor y la libertad, lo cierto es que siempre anhelamos vivirlos
inseparables.

Investiguemos sobre ello. Empecemos a indagar sobre la libertad desde una actitud mental libre de lo
establecido en el pasado. Porque nadie puede saber lo que la libertad es, si en el mismo acto de saberlo no es
ya libre. Y así el camino hacia la libertad quedará trazado sobre la libertad misma y no sobre conjeturas
condicionantes. Krishnamurti hablaba de esta manera de la verdadera libertad: No es un ideal, una cosa que
pueda suceder eventualmente. En la libertad el primer paso es el último. Y porque tenemos en cuenta esta
verdad, intentaremos en esta breve introducción, adentrarnos en la lucidez liberadora para poder participar
de estas investigaciones sobre la libertad con la misma actitud libre en que se crearon.

Cuando inquirimos sobre la verdad movilizamos la mente entera, si el impulso que nos mueve es sincero.
También el pensamiento se mueve. No interfiramos en él. Dejemos que encuentre cauce natural a
disposición de la intuición, de la inteligencia total. No nos desviemos a otro lugar para no pensar, ni nos
concentremos en las sensaciones o los sentimientos. Así el ámbito mental quedará libre, dispuesto para ser
iluminado por la verdad. Lo que se descubra entonces no habrá nacido del pensamiento. El pensamiento se
moviliza sólo para permitir la apertura a un espacio libre donde la luz pueda penetrar. Así se produce la
claridad, la evidencia nítida e impersonal. Y es el descubrimiento de esa lucidez lo que importa al investigar
y no la manera en que el pensamiento lo formula. Si creyéramos que hacemos algo valioso barajando
conceptos, caeríamos en el mismo error de quien definiera a una persona por las ropas que lleva puestas.

Aventurémonos a descubrir la claridad de la luz, un descubrimiento que nadie puede hacer por otro. No es
un conocimiento individual. Ninguno ingresa en el ámbito de la verdad sino que ella misma se abre camino
en unidad de conciencia.

Investiguemos por tanto juntos y transcendamos, si cabe, la contradicción de la lógica lineal, hacia una
lógica expandida a la totalidad. Y así, en cada conciencia individual surgirá libremente la luz de la
conciencia total que las incluye.

¿Cómo se investiga a partir de la unidad de conciencia? No consiste este inquirir en el traspaso de ideas de
una mente limitada a otra limitada también. En la visión directa de la verdadera investigación se rompen los
límites de ese espacio mental personal, aquello que consideraba hasta entonces mi mente, lo que sin tregua
piensa mi cerebro. Las verdades no pasan de un cerebro a otro. No cambian de lugar. Los conceptos, quizás
sí.

La verdad, en el sentido vivencial de estado de conciencia al que apuntamos aquí, no transmigra de mente a
mente porque no está encerrada en pensamientos. Estos se movilizan dejando un espacio abierto. En
libertad, la lucidez que ya somos descubre la verdad siempre una y esa unidad se expande en amor. Así es
como vivimos lo impensable, el amor incondicionado.

Hemos de abandonar la creencia de ser este estrecho lugar circunscrito al cuerpo físico, las emociones y las
ideas. Hemos de salir de ahí, si anhelamos ser libres, porque no hay otro camino hacia la libertad. Todo lo
que creo ser me separa, me encierra en los límites que mi creencia construye y, acorralado así por
inadvertencia, me muevo fuera del amor.

Al ser destruidas las falsas creencias en una investigación inteligente descubro la libertad y el amor. Y brota
alegría, la alegría de encontrarme sin límites, la libertad siempre anhelada que acompaña la plenitud del
amor. El acto creativo de investigar es liberador. ¿Podremos aceptar esta verdad mientras investigamos?
Observemos pacientes los movimientos de nuestra mente para ir dejando caer todas las ideas limitadoras en
una apertura total. Quizá surja así algo inesperado.
Seré libre si aprendo a investigar y aunque esa libertad se exprese de mil modos, quedaré libre, incluso de la
condición en que se muestre. Porque no habrá compulsión para hacer las cosas de una u otra manera.

De cualquier forma, nada ni nadie puede arrebatarme la plenitud que soy, pues soy lo infinito que no tiene
mengua. Mientras investigo aprendo a darme cuenta de esa infinitud que se expresa en sucesión, proyectada
sobre la pantalla de la temporalidad. Si ya he descubierto la libertad, puedo aceptar serena y amorosamente
cualquier secuencia limitada que aparezca sobre el lienzo del pensamiento-tiempo.

Investigar así no es tratar de asuntos particulares que impiden ver las interconexiones en la unidad. Es
remontarse por amor a la verdad a esas alturas donde la luz armoniza las formas, mientras ilumina lo
particular.

La unidad es el estado real donde la verdad es. Y en la diversidad, las distorsiones de los opuestos han de ser
armonizadas por la visión totalizadora de la lucidez. Así es la mirada verdadera en la que todo el vivir puede
incluirse. No se encontrará ahí el investigador con fórmulas ni métodos ni sistemas de ideas. No hallará
saberes específicos sobre cosas y situaciones, ni los sentimientos siempre confusos que la búsqueda de los
amores crea. La auténtica investigación puede conducirle, sin embargo, a un estado verdadero de ser donde
la libertad y el amor surjan sin ser buscados.

(Texto Introducción del libro La Libertad y el Amor)


Fuente: Consuelo Martín. La Libertad y el Amor (Ediciones Obelisco)
Lo más sencillo es contemplar
por Consuelo Martín

La contemplación no es algo separado de la vida; forma parte del vivir.

En un momento atemporal de nuestra existencia, descubrimos la contemplación, y con ella descubrimos la


vida auténtica y el significado profundo de la vida.

No pensemos, por tanto, que la contemplación es ajena a nuestras actividades diarias. En todas las
situaciones del vivir se puede contemplar. Se vive con todo, y así todo puede ser transformado.
Contemplando descubrimos el porqué de la existencia, por qué sufrimos, por qué amamos. La unidad que se
crea al contemplar deshace todas las dudas que la separación creó, y las preguntas que nos hacemos, todas
aquellas que quedan sin aclarar desde el nivel del pensamiento, encuentran respuesta en la contemplación.

A menudo, escuchamos que el camino contemplativo es difícil. Mientras dicen esto, los seres humanos se
enfrascan en grandes dificultades existenciales por no comprender... Pero contemplar no es difícil ni fácil.
Es sencillo, como lo es la verdad.

Al contemplar se avanza directo desde la verdad hasta la verdad. Y cualquier método o intención estudiada
que no deje nuestra mente en estado contemplativo será mero entretenimiento del pensar o, dicho de otra
manera, provendrá del mundo de los sueños.

Entretenerse en el campo mecánico de lo conocido, de lo que es habitual, parece fácil; pero no hay nada que
cree más dificultades que mantenerse distraído en lo falso, creyendo que es lo verdadero.

Contemplar es acceder a lo natural; por eso ha de ser sencillo, aunque a partir de nuestros hábitos nos
parezca complicado. Si a un niño que sólo sabe avanzar a gatas por el suelo se le dice que ande erguido, es
normal que le parezca difícil. Sólo si, con confianza y decisión, lo intenta una y otra vez acabará
descubriendo que estaba en su naturaleza, y ya no usará más las manos para asegurarse. Con ello cambiará
su visión.

La mente contemplativa está hecha de lucidez sin esfuerzo. Comprobémoslo contemplando. Es la única
prueba posible.

Creemos que comprendemos algo cuando lo analizamos comparándolo con otras cosas. En eso se entretiene
el pensamiento. Pero comprender desde la verdad es algo distinto. En la verdadera comprensión se presenta
lo real directamente en una simple toma de conciencia. A eso lo llamamos contemplar.

Cuando nos movemos dentro de la memoria del pasado, afirmamos y negamos, o aceptamos y rechazamos
sin salir nunca de la influencia invisible de lo ya sabido, de lo viejo repetido una y mil veces por unos y por
otros. La contemplación rompe este proceso mecánico; allí se vive en lo nuevo. Sin separación entre el
contemplador y lo contemplado, cesan las dependencias creadas por los apegos y los rechazos, y se descubre
lo que siempre estuvo presente: el ámbito sagrado de la unidad total.

Para contemplar hay que atravesar el silencio. Desde el bullicio del pensar, sentir, desear, temer, no se
presentará la contemplación. Para contemplar hay que atravesar el silencio, amplios ámbitos de profundo
silencio. Es entonces cuando se hace en la mente un espacio vacío envuelto en una gran serenidad, en una
gran paz. Se deshace así lo que creía ser y lo que creía eran los otros, lo que pensaba eran la vida o el
mundo. Y una mente que no se encuentra encadenada en las experiencias del pasado y los proyectos del
futuro vive un presente eterno.

Estemos atentos a ese instante en el que sobreviene el silencio de lo psicológico, porque en él puede
revelarse la verdad por inspiración. Comprenderemos entonces que la vida no se copia, no se repite, no se
obedece, no se deduce lógicamente, no se conquista por la fuerza. La verdad es lo que es más allá de las
apariencias; es lo que soy. Y si la mente se encuentra en equilibrio, silenciosa y serena, porque ha
comprendido la lección de las apariencias, habrá revelación. Se revelará lo siempre nuevo. Y podré vivir a
partir de lo verdadero, recién estrenado en cada instante atemporal.

(Texto Introducción del libro El Arte de la Contemplación)


Fuente: Consuelo Martín. El arte de la contemplación (Gaia Ediciones)

Descubrir el misterio de la actitud religiosa


por Consuelo Martín

La vida tiene sentido, es expresión de la Inteligencia total, de Aquello que ha sido llamado sagrado. Pero "lo
sagrado" ha estado siempre sumido en el misterio. Al estar limitados la mayoría de los seres humanos al
estrecho espacio del pensamiento, lo sagrado que sobrepasa este lugar, resultaba incognoscible, por eso
muchos errores se han asociado a la intuición vaga y oscura que de lo sagrado aparecía.

Las religiones han procurado racionalizar y clasificar aquella intuición de lo desconocido, según los
condicionamientos sociales de cada época. Quizá ya no nos conformamos con las explicaciones que dan las
religiones, pero no por eso hemos de renunciar a aclarar el misterio. Nos interesa investigarlo, puesto que en
ese descubrimiento consiste precisamente nuestra realización como seres humanos.

Ahora la exigencia de claridad nos impulsa a buscar por nosotros mismos, sin seguir consignas externas,
usando nuestra propia inteligencia y desde la desconocida capacidad de nuestra intuición. Y al descubrirlo,
el misterio religioso se irá haciendo uno con nuestro vivir y llegará a ser el sentido de la vida para cada uno
de nosotros. Nos moveremos espontáneamente creando nuestra vida, como se crea una obra de arte, a partir
de lo que somos y nacida por la inspiración de lo total, de la realidad sagrada.

Me daré cuenta enseguida de que la conducta que se ajusta a unas normas ajenas a mi comprensión, sean
leyes morales establecidas o disciplinas religiosas, se convierten en una cárcel donde me voy encerrando
poco a poco; mientras que la auténtica actividad humana irrumpe espontáneamente impulsada desde lo
profundo del ser. No es la conducta que sigue unas pautas establecidas la que da sentido a la vida del ser
humano. La acción adecuada, la actitud directa y pura que intuimos es la auténtica acción humana, y es
consecuencia de la visión clara del propósito de la existencia. Sólo así el orden será verdadero y producirá
armonía. Podemos construir nuestra vida como nuestra gran obra de arte y empezaremos por los cimientos,
desvelando el sentido misterioso que está detrás de todo.
¿Cuál es el sentido de la vida del ser humano? ¿Cuál es su destino esencial? Si sigo la escala de causas que
marca mi anhelo interior de verdad, de perfección, de plenitud, veré que el sentido profundo y total del vivir
está grabado en esa especie de proyecto maravilloso, esa "imagen de Dios" como se ha dicho, que somos
todos nosotros. Y si está grabado en mí, sólo yo puedo descubrir el objetivo de mi existencia. No hay nada
que hacer fuera, no hay fuera, pues el movimiento de expresión, de creación y de relación con los demás es
un movimiento interno dentro de lo Real, es la voluntad sagrada.

Esto es lo que en la tradición religiosa se ha llamado cumplir la voluntad de Dios. Prescindiendo del aspecto
personal de Dios, tan ligado a las actitudes religiosas del pasado como proyección de la persona humana.
¿Cuál sería esa Voluntad divina? ¿No será la realidad que se expresa en cada instante vivida en relación a
todo? Y como la voluntad de Dios es infinita, cuando me adecúe a ella, me estoy adecuando al infinito, a un
infinito de posibilidades que se vive con plenitud. Por eso seguir la voluntad divina es ser libre.

Nuestra obra de arte, la vida, consiste, ante todo, en descubrir el plan divino allí donde se encuentra, allí
hasta donde haya descendido la mano de Dios. Allí donde está mi deseo, mi anhelo; allí empiezo el trabajo
creador y ascendente de mi vivir. "Allí donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón" se nos dijo.

Si no soy consciente del plan de la vida creativa en mí, porque estoy dormido, aún no ha comenzado "mi
obra", aún no se puede hablar de "religión". Sin embargo, algo se hace, mientras, a través de mí. Actúo
movido por circunstancias exteriores, pero actúo. La llamada "vida externa" me plantea constantes retos,
preguntas para inducirme a despertar. Me dé cuenta o no, de alguna manera tengo que responder a esos
retos. Puedo responder consciente o inconscientemente. Si estoy dormido respondo inconscientemente,
entonces mi vida se parece a un afinar los instrumentos antes de empezar el gran concierto de mi existencia.
Así como los músicos antes de comenzar la melodía prueban con algunos sonidos su instrumento, así
preparo inconscientemente mi participación en esa inmensa melodía que es la vida. Quizá surjan oraciones
de petición de aquello que creo me falta. Surgirán si intuyo que hay algo más allá de la vida limitada que
impone mi estrecha visión.

En el momento en que me despierto, empieza el concierto. Éste es el paso de la actitud condicionada,


egoísta, cuando me preparo sin tener en cuenta la armonía total, sin dar aún la nota adecuada, en relación
con las otras notas, a la vida consciente. Cuando abro los ojos y me despierto, constato que ahí se está
produciendo una melodía, entonces comienzo a tocar en armonía con los demás, y mi vida va dejando de
estar centrada en mí y se abre a la Vida total espontáneamente. Dar gracias es mi oración redimida.

Al despertar escucho esa melodía maravillosa del vivir, que se manifiesta en un movimiento armonioso y
consciente de aprender. Dentro de él, cada nota, cada respuesta a la realidad es algo que descubro, algo
nuevo. Es un nacer momento a momento, donde los problemas psicológicos, en el marco de los cuales la
vida parece no tener sentido, pierden su fuerza y se disuelven en la nada. Rezar es entonces una apertura a lo
nuevo.

La vida religiosa es la expresión del descubrimiento de la Verdad, que empieza en una investigación sincera
y directa como la que vamos a hacer. Es religioso quien conoce vivencialmente el sentido misterioso de la
vida. Mi acción no puede ser sino el efecto vivo y constante de mi visión de la Verdad. Ir una y otra vez a lo
interno, lo que realmente soy, volver al origen de todo es el camino religioso y la investigación religiosa es
la que nos abre la posibilidad de vivir desde allí, donde toda ignorancia se disuelve. La verdadera religión no
se fundamenta en creencias irracionales ni en razonamientos lógicos. La dimensión religiosa del ser humano
ha de establecerse sobre la evidencia directa.

La tradición religiosa es una estructura donde se apoya la investigación en principio, pero luego, cuando ya
ha madurado la Verdad descubierta en ese investigar libera de toda estructura. La persona verdaderamente
madura en religión aprende directamente de la lucidez de su conciencia, ora y contempla.

(Texto Introducción de los libros "De la oración a la contemplación" y "Lo verdadero y lo falso en
religión")
Fuente: De la oración a la contemplación (Introducción) - Editorial Dilema