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ALCANCES Y EFECTOS DE LA PROPUESTA UNIFICADA EN CASO

DE CONCURSO PREVENTIVO DE UN CONJUNTO ECONÓMICO.

Introducción
La reforma a la ley de concursos y quiebras de 1.995, contempló por primera
vez las particularidades específicas del concurso preventivo de varias personas
integrantes de un conjunto económico, regulando en el Capítulo VI del Título II de la
ley 24.522 y bajo la denominación de “concurso en caso de agrupamiento” (arts. 65 a
67) este fenómeno de la organización empresarial y que denomina en forma indistinta
como “agrupamiento, conjunto económico o grupo económico”1; donde se contempla
la posibilidad de la presentación concursal preventiva y vinculada, ante el mismo
juez, de una pluralidad de sujetos (personas físicas o jurídicas)2.

1
Si bien no ignoro las diferencias conceptuales de estas tres
acepciones, por comodidad en la exposición y porque la misma ley les da
un mismo sentido, las utilizaré indistintamente a lo largo de este estudio.

2
Rouillón Adolfo A. N., Régimen de concursos y quiebras ley
24.522, 11 edición actualizada y ampliada, ed. Astrea, Bs. As. 2.002, pg.
154 y sgtes.
Precisamente la justificación del instituto, según nos informan en su obra
colectiva Rivera, Roitman y Vítolo, deviene de la recepción doctrinal y
jurisprudencial del fenómeno que ya en tiempos en que regía la ley 19.551, había
dado andamiento a trámites concursales ante un mismo juez, con plazos idénticos
(incluida la junta de acreedores), evitando de tal modo inútiles dispendios
jurisdiccionales y ante el fenómeno económico de la concentración empresaria3;
ofreciendo en su exposición un importante catálogo de casos (vgr. Zaidel, Salomón y
ot.; Sasetru S.A.; Promotora Internacional de Ventas S.A.; Cominar S.A.), que
abordaron algunos o todos los aspectos que luego regulara la norma en examen; como
así también la doctrina que propiciaba tan importante reforma.
En cuanto a las características fundamentales del sistema adoptado por la ley,
en acotado resumen, puede decirse:
que debe tratarse de un conjunto, grupo o
agrupamiento económico de orden permanente, debidamente exteriorizado de modo
tal que pueda probarse la existencia del conjunto;
que puede estar integrado por sociedades o
personas físicas, debiendo formularse la petición de apertura del concurso en forma
simultánea y de la totalidad del grupo, siendo exigible que todos los sujetos sean
concursables (art. 2 LCQ.) y cumplan con los requisitos de los arts. 2 a 5; 10; 11; 12 y
en su caso 6 a 9 de la ley de concursos y quiebras, aunque en relación a la cesación de
pagos sólo se considera suficiente que uno de ellos se encuentre en ese estado con la
condición de que pueda afectar a los demás integrantes del grupo económico (art. 66
LCQ).
Así, resulta competente el juez del sujeto que tenga los activos más
importantes, se designa una sindicatura única (que puede ser A o B, e inclusive
plural), tramita cada concurso por separado aunque existe la posibilidad de que los
acreedores de un concurso puedan impugnar las insinuaciones creditorias en los
restantes, debiendo oportunamente la sindicatura presentar un informe general
unificado; a lo que se suma que es facultad de los concursados formular propuestas
de categorización de acreedores y/o de acuerdo preventivo en forma individual o

3
Rivera Julio César - Roitman Horacio - Vítolo Daniel Roque, Ley
de concursos y quiebras T. I, pg. 434.
unificada4.

4
Cfr. Rivera Julio César, Instituciones de derecho concursal T. I,
ed Rubinzal-Culzoni, Santa Fe 1996, pg. 350 y sgtes.
Por cierto y al no ser el conjunto económico un sujeto distinto de los
miembros que lo componen, ya que no posee personalidad jurídica5 aunque sí es
encuadrable en la regla genérica de licitud6 , es que en realidad lo que se consagra, es
un sistema de concursamientos individuales en forma conjunta y coordinada7 y no un
concurso único para todos los integrantes del grupo, en razón de que éste como tal no
es sujeto concursable sino que lo son cada uno de los sujetos agrupados8.
Desde luego que no pretendo en esta ocasión abordar en su totalidad el
fenómeno antes dicho, cuyo análisis y justificación pueden consultarse con provecho
en la importante obra de Heredia ya citada; sino tratar de dar respuesta a algunas
preguntas que se plantean cuando, ante la presencia de un concurso de estas
características, los sujetos integrantes del grupo hayan ejercitado la opción que les
profiere el art. 67 LCQ. en su tercer párrafo, esto es “...proponer categorías de
acreedores y ofrecer propuestas tratando unificadamente su pasivo”.
Así, aparecen a la vista las siguientes preguntas: ¿pueden formarse categorías
mixtas (vgr. que abarquen a acreedores de más de un concursado)?. En ese caso, ¿el
cómputo debe efectuarse sin considerar a cada sujeto concursado en particular y sólo
teniendo en cuenta las mayorías de los arts. 45 y 67 LCQ.? ¿Cómo se computa una
conformidad -o la no conformidad- cuando el acreedor lo es de más de uno de los
deudores concursados por igual causa o título (vgr. codeudor solidario)? ¿Cómo se
tributa la tasa de justicia en caso de activo y pasivo consolidados? ¿Y los honorarios
en ese mismo supuesto?. Y por último, si hay quiebra, son aplicables las normas de
coordinación de procedimientos previstas para el caso de la quiebra extensiva,

5
Op. Cit. pg. 344.

6
Rivera-Roitman-Vítolo, op. cit. pg. 434.

7
Favier Dubois (h) E., El grupo de sociedades en concurso:
aspectos generales, Rev. “Doctrina societaria”, Errepar, Buenos Aires,
abril 1996, N 101, pg. 889.

8
Heredia Pablo D., Tratado exegético de derecho concursal T. 2,
ed. Abaco, Bs. As. Julio 2.000, pg. 344.
principalmente en lo que hace a la formación de una masa única -art. 167- o un fondo
remanente -art. 168- o cada falencia tramita por su lado?.

La propuesta de categorización
Ya se ha dicho que el art. 67 LCQ. prevé la formación de “...un proceso por
cada persona física o jurídica concursada...”, que si bien admite la interinfluencia de
todos ellos desde el mismo inicio (vgr. presentación en un mismo acto, designación
de una sola sindicatura, posibilidad de que los acreedores formulen impugnaciones y
observaciones a las solicitudes de verificación formuladas por los acreedores en los
demás), es recién con la propuesta de categorización (art. 41 LCQ.) que los sujetos
integrantes del grupo económico podrán evidenciar por primera vez su decisión de
correr la misma suerte; obteniendo el acuerdo para todo el grupo o en su caso el
fracaso total (y la consiguiente quiebra de todos ellos) aunque algunos
individualmente podrían haberse “salvado”.
Y en ese orden es que aparece a la vista la primera de las preguntas
formuladas. ¿Es factible que la propuesta de clasificación y agrupamiento en
categorías de acreedores pueda trasvasar los “límites” de los sujetos concursables y
contenerse en una misma categoría a acreedores de dos o más de los concursados
integrantes del conjunto económico?
El coautor de la ley 24.522, Dr. Julio César Rivera, responde por la afirmativa
a esta pregunta. Así, explica que la categorización se podrá hacer desvinculando a los
acreedores de la sociedad o sujeto con el cual contrataron. De modo que, por ejemplo,
en la categoría de acreedores de menos de $10.000,oo entrarán los que sean con ese
límite en cualquiera de las sociedades concursadas; lo mismo los bancos, los
proveedores, etc. 9; lo que se justifica, al decir de Heredia10, en la misma finalidad
tenida en miras por la ley al establecer la posibilidad de categorizar acreedores, esto
es que los sujetos agrupados puedan ofrecerles a aquellos propuestas con contenidos
diferenciados de acuerdo preventivo; imponiéndose de ello la necesidad de establecer

9
Rivera Julio César, Instituciones de derecho concursal T. I, Ed.
Rubinzal-Culzoni, Santa Fe 1.996, pg. 358)

10
Heredia, op. cit. Pg. 465.
previamente las categorías de acreedores en que puedan ser clasificados sin tener en
cuenta el sujeto deudor.
Más aún, agrego en ese orden, que si no está en el ánimo del grupo ofrecer
propuestas diferenciadas de acuerdo preventivo (art. 41 primer párrafo última frase),
la propuesta de la categoría única de “acreedores quirografarios” implica considerar
como una sola categoría a todos los acreedores de esa naturaleza, sin importar a cuál
de los deudores corresponden; dándose en ese caso “tratamiento unificado al pasivo”
si así ha sido puesto de manifiesto en la oportunidad del art. 41 LCQ.
De lo contrario y aunque luego se optara por formular una “propuesta
unificada de acuerdo preventivo” (art. 43 LCQ.), cada uno de los deudores
concursados tendrá su propia categoría de “acreedores quirografarios” con las
consecuencias en cuanto al cómputo de mayorías a los términos de los arts. 45 y 67
LCQ. que ello importa.
Es que siendo tanto la propuesta de categorización como la de acuerdo
preventivo unificados resortes exclusivos del grupo económico, que pueden o no
utilizar, la falta de mención en la oportunidad antes dicha no puede suplirse
posteriormente ya que, como bien lo expresa el art. 42 LCQ. la resolución del marras
fija definitivamente las categorías y los acreedores comprendidas en ellas, escapando
a mi criterio al arbitrio judicial, la posibilidad de formular otras categorías que las
mínimas legales cuando las propuestas por el deudor resultan irrazonables o
directamente no hay propuesta; aunque no desconozco la autorizada opinión en
contrario sobre ese tópico11.

La propuesta de acuerdo preventivo


Íntimamente vinculado a lo anterior como se ha visto, aparece esta cuestión.
Dice el art. 67 LCQ. que el conjunto económico puede formular no sólo categorías de
acreedores, sino también “propuestas de acuerdo tratando unificadamente su pasivo”;
cuestión esta última sin dudas de mayor trascendencia que lo anterior, ya que aquí la
no obtención de las conformidades (computadas según los arts. 45 y 67 LCQ.) traerá
aparejada la quiebra de la totalidad de los integrantes del grupo, aunque, como ya se
dijo, alguno individualmente se hubiera “salvado”.

11
Cfr. Heredia, op. cit. Pg. 38 y sgtes.
No obstante, más que la propuesta unificada, lo que interesa es el modo en
que se computarán las conformidades que acompañen los deudores teniendo en
cuenta la o las categorías formuladas oportunamente y sobre todo la posición relativa
de aquellos acreedores que por una misma causa o título aparecen en el pasivo de dos
o más sujetos que conforman el grupo.
Concretamente sería el caso de una deuda financiera de alguno de los
integrantes del grupo, garantizada por otro u otros integrantes del mismo (vgr.
codeudores solidarios, avalistas, fiadores lisos, llanos y principales pagadores, etc.);
donde la deuda total es una sola, pero la incidencia en los pasivos individualmente
tratados se multiplica tantas veces como sujetos pasivos estén involucrados en la
operatoria de marras.
Y para ello considero menester volver al tema de la categorización de
acreedores; ya que, si en la oportunidad del art. 41 LCQ. el conjunto formuló una
categoría única de acreedores quirografarios, o distintas categorías (financieros,
proveedores, etc.) aunque contemplando la situación antes dicha, y ello fue acogido
por el juzgador en la oportunidad de dictar la sentencia de categorización del art. 42
LCQ.; las conformidades emitidas por los mismos (o en su caso la falta de
conformidad) deberán computarse “unificadamente”, es decir una sola vez en “la” o
“las” categorías a que pertenezcan estos acreedores sin tener en cuenta el o los
deudores concretos del grupo.
Mas, si no hubo propuesta unificada de categorías, o si la misma fue
considerada irrazonable por el juzgador y por lo tanto se ciñó a las categorías
mínimas de ley, como cada deudor tiene su propia categoría de “acreedores
quirografarios”, no obstante mediar “propuesta unificada”, el cómputo de estos
acreedores (ya sea su conformidad o no) debe efectuarse en el pasivo de cada uno de
los deudores, aplicándose en su caso la previsión del art. 67 LCQ. si no se alcanzan
las mayorías del art. 45 del mismo cuerpo legal.

La tasa de justicia y la regulación de honorarios


Abordo conjuntamente estos dos temas por cuanto entiendo que tanto el
crédito
fiscal como el de honorarios responden a la misma “ratio” y por tanto deben tener
igual tratamiento, cuestión que se evidencia con mayor claridad para el caso de que el
concurso preventivo termine en una quiebra indirecta, situación en la cual uno y otro
son calificados como “gastos de conservación y justicia” a los términos y con los
alcances del art. 240 LCQ.
Aclaro que esta digresión previa la efectué en razón de que el tema en
cuestión fue motivo de debate en el Ateneo de Derecho Comercial del Colegio de
Abogados de Mendoza, donde se plantearon posturas que entendían que mientras que
al tema de la tasa de justicia debía considerárselo desde una óptica (vgr. partiendo de
la base de que se trata de activos y pasivos consolidados, evitándose con ello la
“doble imposición”); al de los honorarios, debía vérselo desde otro punto de vista
(vgr. como si fueran concursos diferentes y en ese caso con regulaciones autónomas
teniendo en cuenta el activo -y en su caso el pasivo- de cada concurso particular,
abstracción hecha de los resultados que podría aparejar la “consolidación” antes
dicha).
Así entonces lo que aquí interesa es determinar si, así como la voluntad del
grupo económico de unificar sus propuestas de categorización y/o de acuerdo puede
llegar a tal punto que permita integrar categorías de acreedores de los distintos sujetos
concursados aunque nada tengan que ver entre ellos; si también esa misma voluntad
unificadora alcanza para variar las bases patrimoniales para determinar el “quantum”
de la tasa de justicia como de los honorarios profesionales.
Al respecto y antes de continuar creo menester dar un breve ejemplo.
Supongamos por caso que estamos en presencia de un concurso preventivo de un
conjunto económico compuesto por cuatro integrantes, donde el activo del primer
sujeto (que llamaremos A) es de $1.000.000 y su pasivo de $1.500.000,oo; el activo
del segundo sujeto (B) es de $ 300.000 y su pasivo de $ 2.000.000; el activo del tercer
sujeto (C ) es de $200.000 y su pasivo de $ 150.000 y el activo del cuarto sujeto (D)
es de $2.000.000 y su pasivo de $ 2.500.000,oo; siendo que el estado de activos y
pasivos consolidados del agrupamiento arroja un activo de $3.000.000 y un pasivo de
$ 2.200.000.
Así, en Mendoza la base para determinar la tasa de justicia en los concursos
preventivos es el activo denunciado por el síndico y aplicado por el juez para regular
los honorarios de los profesionales intervinientes, tomándose una alícuota del 0,7%
(art. 298 inc. C. del Código Fiscal); mientras que, la regulación de honorarios
encuentra sus pautas en los arts. 265; 266 y cctes. LCQ., que establecen como base
regulatoria el 1 al 4% del activo, con el límite objetivo del 4% del pasivo.
Al respecto si tomáramos cada concurso en particular y fijáramos el 4% del
activo (donde este es inferior) o en su caso el 4% del pasivo (cuando éste está por
debajo del activo) tendríamos los siguientes resultados:
Concurso A: $7.000,oo de tasa de justicia y $40.000,oo de honorarios;
Concurso B: $2.100,oo de tasa de justicia y $12.000,oo de honorarios;
Concurso C: $1.050,oo de tasa de justicia y $6.000,oo de honorarios; y
Concurso D: $14.000,oo de tasa de justicia y $80.000,oo de honorarios.
O sea que el total asciende a $24.150,oo para la tasa de justicia y $138.000
para los honorarios.
Por otra parte de considerar los estados de activos y pasivos consolidados, los
montos resultantes serían los siguientes: $21.000,oo para tasa de justicia y $88.000,oo
para honorarios.
Y, como puede advertirse, la cuestión no es menor y además de ello tampoco
excepcional, ya que por lo general aparecerán diferencias según el criterio que se
utilice.
Así entonces planteada la cuestión, considero que para dar una solución al
problema es menester indagar en la naturaleza del concurso de grupos empresarios,
recordando lo ya dicho al comienzo de este estudio, esto es que al no ser el conjunto
económico un sujeto de derecho, en realidad existen tantos procesos individuales
como integrantes del agrupamiento hubiera, en cada uno de los cuales se producirán,
con las excepciones que marca la ley, todas las actuaciones propias de cualquier
concurso preventivo, aunque encaminadas a un resultado compartido12.
Y en ese orden de ideas es que comparto la postura de la Cámara Nacional
Comercial Sala E plasmada en el caso Playwell S.A., que a los fines de la
determinación de la tasa de justicia desechó la consideración del “pasivo
consolidado” más allá del mismo origen de ciertas deudas, las que a los fines aludidos
deben ser consideradas tantas veces como concursos tramitaren, pues cada uno
generó individualmente actividad jurisdiccional13, siendo asimismo coincidente este

12
Heredia Pablo, op. Cit. Pg. 455.

13
Fallo citado por Rivera-Roitman-Vítolo, op. Cit. pg. 441
criterio con el de la Sala A del mismo tribunal14; aclarando que resulta irrelevante
para este fin que la base de determinación sea el activo (casa de Mendoza) o el pasivo
(caso de la justicia nacional) ya que, como se ha visto la consolidación puede incidir
en una u otra columna según el caso.

14
C.N.CO. La Forestal Química s/conc. Prev. s/inc. Tasa de
justicia; ED, 178-297.
Y por ello mismo es que considero que los honorarios de los profesionales
que han intervenido en los distintos concursos del conjunto económico (abogados de
los concursados y síndico y sus letrados) deben regularse en cada expediente y
teniendo en cuenta los activos y pasivos de cada uno de los sujetos concursados y
conforme a las pautas de los arts. 265 y 266 de la ley 24.522 (considerando en cada
caso los márgenes que proporciona el art. 266 LCQ.), aunque sin tener en cuenta el
estado de activo y pasivo consolidados; por lo cual no comparto la posición de
Rivera, quien considera que como el síndico debe presentar un informe general
unificado, la regulación de honorarios debe ser única y tomando en consideración el
activo del grupo presentado en el informe consolidado15. Para ello, si el bien el
síndico presenta un informe general unificado, cuando considera los incisos 2 y 3 del
art. 39 LCQ., debe en primer término referirse a cada uno de los integrantes del
grupo; y, luego, hacer la consolidación de las deudas, créditos y cosas que componen
tanto el pasivo como el activo del “conjunto económico”. Por lo menos esa es la
modalidad utilizada por las sindicaturas que han intervenido en este tipo de procesos
múltiples en la Provincia de Mendoza y que a mi criterio por las razones expuestas
más arriba es la correcta.

Falta de aprobación de las mayorías necesarias: la quiebra del conjunto


económico
Ya he dicho más arriba que el cómputo de las conformidades debe hacerse
teniendo en cuenta las categorías de acreedores fijadas definitivamente por el
juzgador en la oportunidad del art. 42 LCQ., debiendo alcanzarse para cada una de
ellas las mayorías de capital y personas establecidas por el art. 45 del mismo cuerpo
legal, esto es la mayoría absoluta de acreedores que constituyan las dos terceras partes
del capital; aunque esa pauta general reconoce en el caso del concurso de
agrupamiento con propuesta de acuerdo unificada la posibilidad excepcional del art.
67 LCQ. (voto favorable de no menos del 75% del total del capital con derecho a
voto computado sobre todos los concursados y no menos del 50% del capital dentro
de cada una de las categorías) y a la que Maffía ha llamado el “verdadero cramdown”

15
Rivera Julio César, op. Cit. pg. 357.
de la ley 24.52216; e inclusive, agrego ahora, no advierto óbices para que el juez
aplique al caso, si se dan los extremos, el nobel instituto denominado “cramdown
power” del art. 52 inc. 2) b. de la ley de concursos y quiebras, según la reforma de
mayo de 2.002 (ley 25.589).

16
Maffía Osvaldo, Los tres cramdownes de la ley 24.522, ED,
t.168-1.106
Ello, además de que si entre los sujetos concursados se encontraban personas
jurídicas susceptibles de “cramdown” (art. 48 LCQ.) y sin perjuicio de la unificación
de propuestas, el “maestro ausente” Guillermo G. Mosso sostuvo la procedencia de la
apertura del procedimiento especial así denominado respecto de las sociedades
presentadas en concurso conjunta y simultáneamente, susceptibles de salvataje; con
fundamento en que la vía del art. 48 LCQ. se impone en razón de que la ley privilegia
la solución preventiva sobre la liquidativa; por lo cual recién cuando se haya agotado
“la segunda ronda preventiva” es que procederá la quiebra de todo el grupo17. Y si
bien la propuesta de Mosso lo fue en orden al derogado art. 48 de la ley 24.522; el
ahora repuesto mediante ley 25.589 es aún más claro en ese sentido, ya que, inclusive
consagra un derecho al “ballotage” de la misma sociedad concursada, al posibilitarle
formular propuestas en esa instancia a la par de los “cramdistas” (art. 48 inc. 4 LCQ.,
conforme ley 25.589), lo que da cuenta de que en ese caso la propuesta unificada de
todo el grupo que no obtuvo las conformidades en la etapa de concurso preventivo
opera como un prolongador de “status concursal” de sus integrantes en razón de
existir entre los mismos algún o algunos sujetos susceptibles de “cramdown”.
No obstante, si de ninguna de las maneras antes dichas se han obtenido las
mayorías, la ley dispone que debe declararse la quiebra “de todos los concursados”,
previsión que extiende inclusive para el caso que, alcanzadas las mayorías, se
declarara la quiebra de alguno de ellos “durante la etapa de cumplimiento del acuerdo
preventivo”. Solución distinta al caso en que se hubieran hecho propuestas
individuales, donde cada uno de los concursados corre suertes separadas, ya que las
consecuencias de la falencia de alguno de ellos sólo recaerán en ese sujeto18.
Intentaré ahora dar respuesta a la última de las preguntas más arriba
formuladas, esto es si para el caso de falencia de la totalidad del conjunto económico
deben aplicarse las normas de coordinación de procedimientos previstas para los
supuestos de extensión de quiebra del art. 161 y cctes. LCQ.
Para ello es menester considerar previamente si la unificación de propuestas

17
Mosso Guillermo G., El cramdown y otras novedades
concursales, Ed. Rubinzal-Culzoni, Santa fe 1998, pg. 88 y sgtes.

18
Rivera-Roitman-Vítolo, op. cit. pg. 450.
implica “per se” la consolidación definitiva de los activos y pasivos de los distintos
sujetos, o, si una vez declarada la quiebra cada falencia readquiere la autonomía que
tuvo hasta el momento de la formulación de la propuesta unificada y que, como ya
dije, no perdió al momento de tributar la tasa de justicia y regularse los honorarios de
los profesionales intervinientes.
Al respecto habría que distinguir si la quiebra se declaró como consecuencia
de la falta de obtención de las mayorías, o por la falta de cumplimiento en el pago de
las cuotas concordatarias (o los honorarios) o por la nulidad del acuerdo homologado;
ello, en razón de los efectos que deben atribuirse al art. 55 LCQ. en cuanto dispone la
“novación” de las obligaciones originarias.
Así, si no se obtuvieron las mayorías legales (en alguna de las variantes
expuestas), si bien debe declararse la quiebra de todo el conjunto, porque los entes
jugaron su suerte a la del grupo19 no por ello considero aplicables las normas que
prevén la formación de masa única (art. 167) o en su caso formación de un fondo
remanente destinables a satisfacer las obligaciones de los acreedores del resto del
grupo (art. 168 LCQ.), ya que de ninguna manera pueden atenderse pasivos de uno de
los integrantes del grupo con los activos de otros. Sin perjuicio claro está de ocurrir a
las otras normas de ese acápite que apuntan a coordinar los procedimientos y evitar
desgastes jurisdiccionales innecesarios, como por ejemplo la unidad de sindicatura
(que ya viene del concurso preventivo), la verificación de los créditos entre los
distintos sujetos fallidos, etc., o que pueden servir para unificar la venta de bienes que
estén en condominio (designando para ello un único enajenador para todos los
activos). Inclusive, si dentro del concurso del grupo se encuentra un “matrimonio”,
las normas de orden público de los arts. 5 y 6 de la ley 11.357 (irresponsabilidad de
un cónyuge por las deudas del otro, salvo las onera matrimonii) serían plenamente
aplicables.

19
Bergel S. y Paoloantonio M., Concurso en caso de agrupamiento,
Revista de derecho privado y comunitario, Concursos, pg.- 246.
Y ello en razón de que los supuestos del art. 161 LCQ. en cuya base se
sustenta la formación de masas únicas o separadas (con redistribución de remanentes)
no son los que evaluó la ley para sistematizar el instituto ni los que el juzgador tuvo
en cuentas al momento de abrir el concurso preventivo del grupo. Más, de haberse
persuadido de que estaba en presencia de alguno de los casos de quiebra extensiva
(actuación en interés personal, situaciones de control o confusión patrimonial
inescindible) lo más seguro es que hubiera rechazado la petición, ya que como bien lo
pone de manifiesto García Martínez, estos supuestos están referidos a situaciones
patrimoniales patológicas y limitadas, mientras que el campo de los grupos
económicos es mucho más amplio20; tratándose de fenómenos económicos que caen
dentro de la regla genérica de la licitud21, como ya se dijo.
Por ello, entiendo que no corresponde aplicar normas netamente
sancionatorias y que parten de la mencionada patología a un supuesto que no es
exactamente el legal, máxime si en nuestra propia ley de concursos y quiebras el
“status” falencial de algún integrante de un “grupo económico” (que puede dar lugar
al concurso preventivo) sin las características previstas por el art. 161 “no se extiende
a los restantes” (art. 172).
Desde luego que, como ya dije, alguna coordinación de procedimientos
deberá haber, siendo por ello aplicables las previsiones de los arts. 166 y 170 (en
cuanto a la forma de verificación de las acreencias recíprocas), como así también las
del art. 135 (caso de coobligados solidarios que seguramente los habrá dentro del
grupo) y asimismo, la posibilidad de unificar el sujeto enajenador e inclusive realizar
algún o algunos bienes en forma conjunta y teniendo en cuenta las distintas
participaciones que al respecto le cupiere a cada falencia.

De allí en más y con las salvedades expuestas (vgr. casos del art. 135 LCQ.)
cada proceso falencial seguirá su curso, efectuándose un informe final y proyecto de
distribución en cada uno de ellos.

20
García Martínez, R., Derecho concursal, Bs. As. Ed. Abeledo-
Perrot, 1.997, pg. 246.

21
Rivera - Roitman - Vítolo, op. cit. pg. 434.
¿Y qué sucedería si el acuerdo propuesto hubiera sido votado por los
acreedores y luego se declarara la quiebra de alguno de los sujetos concursados, la
cual, conforme a la previsión del art. 67 LCQ. también arrastra a todos los integrantes
del grupo?
Adviértase que en este caso opera la previsión del art. 55 LCQ., esto es que
las obligaciones originarias se han novado como consecuencia de la homologación
del acuerdo. Pues, por ello mismo es que a ese respecto no podría darse una respuesta
única, ya que habría que estar a los términos del acuerdo que votaron los acreedores
de las distintas categorías, e, inclusive las garantías que para su cumplimiento
ofrecieron los deudores concursados. Mas, como bien lo pone de manifiesto Heredia,
también en este caso cada concursado sigue individualmente obligado por su propio
pasivo, y después de la homologación del acuerdo, también estarán obligados por ese
pasivo de los restantes sujetos agrupados; empero, no hay confusión de los pasivos de
los sujetos agrupados, ni el grupo como tal, que carece de personalidad jurídica,
asume como propio el total del pasivo consolidado22.

22
Heredia Pablo, op. cit. pg. 480.
Por último queda el supuesto de que la quiebra ocurriera como consecuencia
de la nulidad del acuerdo votado por los acreedores (arts. 61 y 77 inc. 1 LCQ.). En
ese caso, será menester establecer la causal específica por la cual el juzgador hizo
lugar al incidente de nulidad (art. 60 LCQ.) cuyo presupuesto es siempre de orden
doloso23, lo que podría encuadrar la situación concreta en alguna de las previsiones
del art. 161 LCQ. Y, entonces, según las circunstancias propias de cada causa es que
el juez al momento de dictar la sentencia que hace lugar a la nulidad y declara la
quiebra consiguiente de todo el grupo económico, previa evaluación sobre la
conducta de sus integrantes, podría encuadrarlos en alguno de los supuestos del art.
161 LCQ. y en su caso establecer la existencia de masa única o fondos remanentes
según lo resolviera. Pero de no ser así, también las quiebras tramitarán en forma
independiente, sobre todo en razón de que la declaración de nulidad del acuerdo torna
a los acreedores al status anterior a la apertura del concurso (art. 61 inc. 2 LCQ.), esto
es, inclusive, al momento previo a la oportunidad en que el juzgador evaluó la
procedencia del concurso preventivo del grupo económico.

23
Rouillón, op. cit. pg. 150.