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UNIVERSIDAD PRIVADA SAN JUAN BAUTISTA

FACULTAD DE CIENCIAS DE LA SALUD


ESCUELA PROFESIONAL DE ESTOMATOLOGÌA

TÌTULO
INJERTO ÒSEO EN IMPLANTOLOGIA ORAL

PRESENTADO POR:
GUTIERREZ VALVERDE, JESSIKA

CURSO DE TITULACIÒN 2018 – 1

ASIGNATURA: IMPLANTOLOGIA ORAL


DOCENTE:
SEDE/FILIAL DE ESTUDIOS:

LIMA – PERÙ
2018
2. Agradecimiento

Primeramente, es mi deber agradecer a mi familia y cercanos por su constante


apoyo, amor y comprensión a lo largo de todos mis estudios y durante la realización
de este trabajo. También agradecer de forma profunda a mi docente guía de esta
investigación, _______________, por su paciencia y constante entrega de
conocimientos, experiencias y consejos.
Adicional, agradecer a la Escuela Profesional de Estomatología UPSJB que me
forjo como odontólogo, por su rigurosidad e incansable tarea de formar, más que
profesionales, personas. Quisiera mencionar además al coordinador Dr. Gino
Huarancca Tipiana, por su incondicional apoyo y disponibilidad de brindar consejos
y ayuda en cada momento.
3. Dedicatoria

A Dios Por permitirme llegar hasta el final de este trabajo para poder culminar un
gran objetivo como profesionales siempre dándonos inteligencia, sabiduría y
entendimiento.
A mis padres, esposo e hijos Por el apoyo incondicional que siempre me dieron
por medio de consejos, valores que eran mi motivación de seguir luchando hasta
conseguir mis objetivos.
4. Resumen

La implantología dental tiene un papel preponderante en la época actual, así como


el uso de los injertos óseos para mejorar la calidad y cantidad de hueso en aquellos
pacientes que sufren una gran atrofia y reabsorción de los rebordes alveolares
residuales. Se realizó una revisión bibliográfica que tuvo como propósito resaltar
los efectos que sobre una persona provoca el desdentamiento, tanto parcial como
total, y la importancia de una rehabilitación rápida y con calidad. Se describió la
importancia de los injertos óseos, los tipos de injertos óseos, así como los
materiales utilizados en la actualidad para realizar estos injertos. Son nombradas
las zonas en el medio intrabucal que más se utilizan para la obtención de injertos
óseos, además de los principales mecanismos por los cuales se logra el éxito de
dicha técnica, evidenciándose la importancia de la misma en la rehabilitación oral,
dentro del desarrollo de la estomatología moderna.

Palabras clave: implanto logia oral, injertos óseos, pérdida de hueso


5. Índice
CAPÍTULO I:

1.1. Descripción de la Empresa


Injertos óseos en Implantología Oral

1.2. El problema
En los últimos años, la odontología ha revolucionado la práctica odontológica
ofreciendo soluciones protésicas, remplazándose dientes naturales con
diferentes formas de tratamiento. Así, la implantología, consiste en
reemplazar los dientes perdidos, ya sea en el caso de pacientes totalmente
edéntulos para soportar la prótesis, como en pacientes parcialmente
edéntulos, donde se pueden sustituir uno o varios dientes con coronas
individuales. Los tratamientos con implantes han evolucionado gracias a que
los diseños son modernos, ya sean macro o microscópicos.
Los defectos óseos en el maxilar humano son comunes. Ellos son en su
mayoría determinados por la pérdida prematura de dientes, enfermedad
periodontal o traumatismos dentoalveolares que causan reducción del
volumen del hueso alveolar, lo cual se convierte en motivo de consulta para
los tratamientos estándar con implantes oseointegrados.
La reabsorción patológica del hueso maxilar es una de las primeras causas
de limitaciones para la rehabilitación de pacientes en la consulta
odontológica, siendo esta uno de los motivos de consulta más frecuentes
en la población adulta. La insuficiencia en anchura y altura del reborde
alveolar obliga la búsqueda de alternativas de tratamiento, encaminadas
a la recuperación de la anatomía perdida, la reconstrucción y el aumento
de rebordes alveolares severamente reabsorbidos. Estos rebordes
actualmente son abordados con diferentes tipos de materiales de
regeneración ósea y técnicas quirúrgicas, que permiten predecir buenos
resultados para la colocación de implantes endoóseos.
Adicionalmente, a través de estudios de histología e histomorfometria se ha
demostrado la eficacia de los injertos óseos autólogos para aumento de
reborde alveolar debido a que estos aseguran una fuente de células
osteogénicas y una estructura rígida para la osteotomía con fresas
mecánicas cuando se van a colocar los implantes, además el bloque de
injerto óseo conserva volumen a diferencia injertos óseos alogénicos con
partículas muy diminutas. El hallazgo de osteocitos sugiere vitalidad ósea;
así aquellos tejidos óseos que muestren células inflamatorias y campos de
lagunas óseas u osteocitos vacíos serán considerados como tejidos no
vitales por lo cual el proceso de oseointegración en estas circunstancias no
se llevará a cabo de la mejor manera.
La atrofia ósea es una condición que se caracteriza por una reducción
volumétrica del tejido óseo ya completamente desarrollado con la
consiguiente insuficiencia funcional. La atrofia puede ser fisiológica, cuando
estructuras ya completas evolucionan según su regresión natural, traumática
o patológica.
En los últimos años, la odontología ha revolucionado la práctica odontológica
ofreciendo soluciones protésicas, remplazándose dientes naturales con
diferentes formas de tratamiento. Así, la implantología, consiste en
reemplazar los dientes perdidos, ya sea en el caso de pacientes totalmente
edéntulos para soportar la prótesis, como en pacientes parcialmente
edéntulos, donde se pueden sustituir uno o varios dientes con coronas
individuales.
De esta manera los investigadores se plantearon el siguiente interrogante
¿Cuáles son los injertos óseos que se debe utilizar en implantología oral?

1.3. Justificación
Diversos procedimientos quirúrgicos tales como los injertos óseos en bloque,
la distracción ósea alveolar o técnicas de regeneración ósea guiada permiten
aumentar eficazmente el volumen óseo del reborde alveolar. Sin embargo,
existe una falta de evidencia científica en cuanto a la técnica de elección se
refiere debido principalmente a la falta de estudios clínicos randomizados y
controlados. Por otro lado, los autores no siempre especifican la morfología
del defecto óseo, siendo en ocasiones múltiples y variados, ni tampoco
cuando los injertos se han utilizado para corregir un defecto horizontal y
cuando para corregir un defecto vertical, por lo que es difícil o imposible
separar los datos en función del tipo de atrofia ósea, sesgando así los
resultados del estudio, y por tanto la extrapolación de los mismos. En otros
estudios los pacientes son observados durante un corto periodo de
seguimiento, que habitualmente termina antes de la colocación de los
implantes dentales, por lo que la información disponible acerca de la
evolución de los mismos es escasa. Además no todos los estudios
establecen unos criterios de éxito bien definidos, por consiguiente no es
posible extraer conclusiones definitivas ni realizar comparaciones directas
entre los estudios. Si bien los implantes pueden insertarse de forma diferida
o simultánea a la cirugía del injerto óseo, en la amplia mayoría de los
estudios revisados sobre injertos óseos, los implantes suelen insertarse de
manera diferida.
Por todo lo anteriormente mencionado, y para intentar mejorar la evidencia
científica al respecto, se creyó conveniente realizar el presente trabajo de
investigación.
CAPÍTULO II

2.1. Marco teórico


2.1.1. Reabsorción ósea
El tejido óseo es un tejido conjuntivo especializado que está integrado por
70 % de sustancia inorgánica (que le otorga dureza) y 30 % de sustancia
orgánica (que le otorga elasticidad); a pesar de que es uno de los
componentes más duros del cuerpo es un tejido dinámico que cambia
constantemente debido a las fuerzas que soporta, por lo que las lesiones
que se pueden producir dan lugar a su resorción.
La reabsorción ósea es la pérdida de tejido óseo, que puede ser producida
por varios factores entre los que se mencionan a: la pérdida dentaria,
traumatismos, tumores, quistes, uso de prótesis removible, enfermedad
periodontal y reabsorción ósea fisiológica que se produce en la vejez,
dando como resultado la limitación funcional del área afectada, misma que
debe ser corregida para la rehabilitación ulterior, generalmente en base a
procedimientos quirúrgicos, donde se apliquen injertos óseos.
2.1.1.1. Efectos de la pérdida dental
La pérdida de dientes provoca una reabsorción del hueso alveolar
circundante y da lugar a la formación de rebordes edentulos atróficos.
Esta alteración va acompañada de problemas anatomoclínicos, que a
menudo modifican los resultados predecibles de los tratamientos
tradicionales. La pérdida ósea provoca en primer lugar una reducción en
la anchura del hueso. El reborde residual estrechado produce molestias
cuando los delgados tejidos que lo recubren tienen que soportar la carga
de una prótesis mucosoportada. La atrofia continuada de la mandíbula
también puede dar lugar a la formación de rebordes oblicuos internos y
milohioideos prominentes, recubiertos por mucosa fina, móvil y poco
adherida. El reborde alveolar residual sigue reabsorbiéndose y los
tubérculos genianos superiores pasan a ser la parte más elevada del
reborde mandibular anterior.
Apenas existe ninguna oposición al desplazamiento anterior de la prótesis
hacia el labio inferior durante la función bucal o el habla. Esta situación se
complica aún más con el desplazamiento vertical de la parte distal de la
prótesis durante la contracción de los músculos milohioideos y
buccinador, y la inclinación anterior de la mandíbula atrófica en
comparación con la de maxilar superior.
El hueso pierde anchura, posteriormente altura y seguidamente anchura
y altura de nuevo, la encía pierde adherencia de forma gradual. La
mandíbula con atrofia avanzada suele estar recubierta por tejido gingival
muy poco o nada adherido. La encía queda expuesta a abrasiones por
parte de la prótesis móvil y se acompaña además de la existencia de
inserciones musculares desfavorablemente bajas y un tejido muy móvil.
La pérdida dental provoca, un extenso e irreversible proceso de
reabsorción que influye en el tratamiento del paciente.
La mayoría de la pérdida ósea ocurre durante el primer año post
extracción.
La mandíbula sufre un importante proceso de reabsorción y remodelado
que se caracteriza por una reducción ósea irreversible. En casos de atrofia
extrema, la mandíbula puede perder hasta el 70 % del volumen óseo en
la región del cuerpo mandibular siendo entonces uno de los huesos
afectados de forma más importante por la atrofia en el cuerpo humano.
El promedio de reabsorción vertical es de 1,2 mm en el primer año
después de la pérdida dentaria y progresa hasta 0,5 mm por año. La
reducción ósea en el primer año puede llegar a ser diez veces mayor que
en los años siguientes. Cuando el reborde es afilado con adecuada altura
e inadecuada anchura, la reducción del hueso mandibular puede llegar a
afectar de forma tan severa al hueso que deje el canal expuesto y
submucoso.
En la mayoría de los casos, solamente se encuentra un proceso
redondeado, alto y favorable durante los primeros dos años después de
la pérdida dentaria. Los problemas anatómicos derivados del edentulismo
son, la reducción de la anchura y altura del hueso de soporte, prominencia
de los rebordes milohioideos y oblicuo interno, desplazamiento anterior de
la prótesis por la inclinación anatómica y su elevación por las
contracciones de los músculos milohiodeo y buccinador, pérdida de
espesor de la mucosa, con la correspondiente sensibilidad a la abrasión,
pérdida de hueso basal pudiendo aparecer parestesia por dehiscencia del
conducto mandibular. Aumento del tamaño de la lengua, mayor
intervención de la lengua durante la masticación, pérdida del control
neuromuscular con la edad y el efecto de la pérdida ósea sobre la estética
facial.
El empleo de implantes dentales para proporcionar apoyo a las prótesis
ofrece un gran número de ventajas en comparación con el uso de prótesis
removibles mucosoportadas. Entre las que se pueden mencionar, el
mantenimiento del hueso y las dimensiones verticales, colocación de los
dientes en una buena posición estética, lográndose una buena oclusión,
con cargas oclusales directas, lo cual automáticamente deriva en mayores
porcentajes de éxito en el tratamiento, aumento de la fuerza oclusal, mejor
función masticatoria, fonética y propiocepción, siendo mayor la estabilidad
y retención. Además se pueden reducir tanto los flancos como el paladar.
A la hora de predecir las posibilidades de éxito de un implante dental, tiene
una gran importancia la preparación y experiencia del profesional, así
como la calidad del hueso disponible. Una vez establecidas las
necesidades protésicas y los deseos del paciente, si se necesitan
implantes para sustentar la prótesis prevista, el elemento fundamental es
el hueso disponible.
La cantidad de hueso disponible en la región de un contrafuerte potencial
para un implante se valora no solo en función de la altura, sino también
de la anchura y la longitud, aunque también se debe tener en cuenta el
cociente de la división corona/implante y la dirección de las fuerzas sobre
el cuerpo del implante.
En cuanto a la altura de hueso disponible esta se mide desde la cresta del
reborde edéntulo hasta los puntos destacados opuestos, como el seno
maxilar o el conducto mandibular en las regiones posteriores, mientras en
las regiones anteriores, están limitados por los orificios nasales maxilares
y el borde inferior de la mandíbula.
La anchura del hueso, se mide entre las placas vestibular y lingual a nivel
de la cresta del emplazamiento potencial del implante. La cresta de un
reborde edéntulo se apoya sobre una base ancha, de sección triangular,
lo cual permite realizar una osteoplastia para asi conseguir mayor anchura
de hueso.
Por otro lado la longitud del tejido óseo disponible, suele estar limitada
cuando existe presencia de dientes, por lo que la longitud necesaria para
la supervivencia de los implantes endooseos dependen de la anchura del
hueso. La angulación del hueso, en condiciones idóneas se debe alinear
con las fuerzas de la oclusión y ser paralela al eje longitudinal de las
coronas clínicas.
2.1.2. Injertos Óseos en Implantología Oral
2.1.2.1. Generalidades
El empleo de injertos óseos como alternativa de reconstrucción de
defectos óseos, ya sean congénitos u ocasionados por traumatismos,
secuelas oncológicas e infecciosas, tienen como finalidad restablecer la
integridad anatómica y funcional de una estructura alterada. Durante
décadas, los investigadores se han dado a la tarea de encontrar en los
injertos ciertas características que respondan a cada una de las
necesidades de reconstrucción; este hecho ha llevado a estudiar y
comparar los beneficios de algunas estructuras óseas potencialmente
donantes, que incrementen las probabilidades de éxito del tratamiento y
disminuyan considerablemente los posibles riesgos y complicaciones
durante la toma y colocación de los injertos óseos. De igual manera, se
han estudiado diversos biomateriales para aplicación en implantología
oral, sin embargo, estos no poseen la capacidad natural de inducir el
proceso de regeneración ósea, haciendo de ellos materiales inertes
biocompatibles de relleno, que no sustituyen las características de los
injertos óseos autólogos, pero utilizados conjuntamente si así se requiere,
pueden mejorar los resultados. El primer indicio del empleo de injertos
óseos para la reconstrucción de defectos óseos data de 1668, cuando Van
Meekren trasplantó hueso heterólogos de un perro al hombre para
restaurar un defecto en el cráneo. En 1809 Merrem, realizó el primer
trasplante de injerto autólogo óseo con éxito. En 1878 Macewen, según
se informa, trasplantó con éxito un hueso alogénico en humanos. En 1891
Bardenheur fue el primero en realizar un injerto de hueso autólogo a la
mandíbula. En 1908, Payr describió el uso de trasplantes libres de tibia y
costilla. En 1938 Orell produjo un material de injerto de hueso bovino por
medio del uso de álcali fuerte, y en 1942 Wilson, creó un banco de huesos
usando técnicas de congelación. De acuerdo con los resultados obtenidos
de estas investigaciones, se realizó la clasificación actual de injertos de
acuerdo con su origen y estructura, con el propósito de establecer algunas
de sus características más importantes, que permitan al cirujano realizar
la elección adecuada basada en las necesidades estructurales y
funcionales requeridas.
2.1.2.2. Definición
Se conoce como Injerto, a un fragmento de tejido vivo que se implanta en
una parte del cuerpo para reparar una lesión, o con fines estéticos.
El injerto óseo es un procedimiento quirúrgico comúnmente empleado por
los cirujanos para aumentar la capacidad de regeneración del hueso.
Los injertos óseos tienen una doble función: mecánica y biológica.
Dependiendo del resultado clínico que se busque, una de las funciones
puede ser más importante que la otra. En la interfase injerto óseo-huésped
existe una compleja relación donde múltiples factores pueden intervenir
en la correcta incorporación del injerto; dentro de ellos destacan la zona
de implantación, vascularización del injerto, interfase hueso-huésped,
inmunogenética entre donante y huésped, técnicas de conservación,
factores locales y sistémicos diversos (hormonales, uso de
medicamentos, calidad ósea, enfermedades crónicodegenerativas) y las
propiedades mecánicas (que dependen del tamaño, la forma y tipo de
injerto utilizado).
2.1.2.3. Objetivos
El principal objetivo de los injertos óseos es la restauración del aparato de
inserción perdido, utilizándose una gran variedad de materiales.
El objetivo esencial cuando realizamos injertos óseos máxilo-
mandibulares es lograr una cantidad suficiente de hueso que permita
colocar adecuadamente implantes osteointegrados. La altura ósea
mínima necesaria para la colocación de un implante es de 10mm según
la mayoría de los autores. En cuanto a la anchura mínima, se admite que
es necesario que exista al menos 1 mm de hueso a cada lado del implante.
Se han mostrado resultados predecibles a largo plazo con implantes de
menor longitud, hasta de 5mm
2.1.2.4. Clasificación de los injertos
La utilización de injertos óseos en la implantología oral, tiene que ver con
el origen y estructura de los mismos, lo cual se incluye en la clasificación
actual de injertos, con el propósito de establecer algunas de sus
características más importantes, que permitan al cirujano realizar la
elección adecuada basándose en las necesidades estructurales y
funcionales requeridas.
Según estos criterios, los injertos han sido clasificados en:
A. Autólogos (autoinjertos)
Este tipo de injerto se compone por tejido tomado del mismo individuo
y proporciona mejores resultados, ya que es el único que cumple con
los tres mecanismos de regeneración ósea (osteogénesis,
osteoinducción y osteoconducción), además evita la transmisión de
enfermedades y el rechazo inmunológico.
B. Homólogos (aloinjertos)
Se componen de tejido tomado de un individuo de la misma especie,
no relacionado genéticamente con el receptor; cuenta con capacidad
osteoinductiva y osteoconductora, y según Betts "se comporta como
una estructura que permitirá la neoformación ósea a partir del
remplazo gradual que sufre el injerto por el hueso del hospedero,
haciendo este proceso lento y con considerable pérdida de volumen.
Existen tres tipos de aloinjertos óseos:
• Aloinjertos congelados.
• Aloinjerto iofilizado (secado en frío).
• Aloinjerto iofilizado y desmineralizado.
C. Isogénicos (isoinjertos)
Se componen por tejido tomado de un individuo genéticamente
relacionado con el individuo receptor.
D. Heterólogos (xenoinjertos)
Se componen de tejido tomado de un donador de otra especie,
además clínicamente no son aceptables debido a su gran
antigenicidad.
En cuanto a su estructura, los injertos óseos pueden ser: corticales y
esponjosos; cada uno posee determinadas características y cualidades.
La estructura cortical produce un buen relleno y brinda buenas
propiedades mecánicas debido a su composición, ya que se puede
adaptar y contornear fácilmente. Para su óptima función debe ser
correctamente fijado al lecho receptor, por medio de placas o tornillos a
presión; la estructura esponjosa se fusiona más rápidamente al lecho
receptor debido a que los grandes espacios abiertos que presenta,
permiten una rápida revascularización propiciando la neoformación ósea;
sin embargo, tiene ciertas limitantes, ya que no tiene suficiente resistencia
mecánica para tolerar tensiones en defectos de gran tamaño. Es por ello
que la unión natural de una lámina cortical y esponjosa proporciona
mejores resultados colocando la porción trabecular contra el hospedero y
la cortical hacia la superficie externa. Sin embargo, se han considerado
otras variedades de injertos óseos, tales como: médula, partículas, y pasta
de hueso, entre otros.
2.1.2.5. Mecanismos básicos de los injertos
Los injertos óseos son los únicos que tienen la particularidad de inducir de
manera natural el proceso de regeneración ósea, que ocurre a partir de
estos 3 mecanismos básicos:
A. Osteogénesis
Depende exclusivamente de la supervivencia de las células
trasplantadas, principalmente de los preosteoblastos y osteoblastos.
Se origina principalmente en hueso esponjoso, debido a su rápida
revascularización, que puede ser completa a las dos semanas,
mientras que en el cortical puede llevar varios meses.
B. Osteoinducción
Se inicia por medio de la transformación de células mesenquimales
indiferenciadas perivasculares de la zona receptora a células
osteoformadoras en presencia de moléculas reguladoras del
metabolismo óseo. Dentro de estas moléculas cabe destacar el grupo
de las proteínas morfogenéticas, pero también se encuentran otra
serie de proteínas implicadas en el metabolismo óseo, como son el
PDGF16, 17, FGF18, 19, IGF20, 21, 22, 23, 24, 25, EGF26, 27,
TGF14, 15 y VEGF15. La fuente de estas proteínas son los injertos
autólogos, el plasma rico en factores de crecimiento y las proteínas
morfogenéticas obtenidas mediante técnicas de ingeniería genética.
La proteína morfogenética, que se deriva de la matriz mineral del
injerto, es reabsorbida por los osteoclastos y actúa como mediador de
la osteoinducción; esta y otras proteínas deben ser removidas antes
del inicio de esta fase, que comienza dos semanas después de la
cirugía y alcanza un pico entre las seis semanas y los seis meses,
para decrecer progresivamente después.
C. Osteoconducción
Es un proceso lento y prolongado, donde el injerto tiene la función de
esqueleto. Este tipo de curación predomina sobre todo en los injertos
corticales, donde el injerto es progresivamente colonizado por vasos
sanguíneos y células osteoprogenitoras de la zona receptora, que van
lentamente reabsorbiéndolo y depositando nuevo hueso.
Las tres fases (osteogénesis, osteoinducción y osteoconducción), ocurren
simultáneamente siempre que se trate de un injerto autólogo trabecular,
cortico-trabecular o cortical. El hueso trabecular induce el proceso de
osteogénesis, mientras que el cortico-trabecular además de ser útil para
la reconstrucción anatómica, provee la mayor parte de la proteína
osteogénica, de gran importancia en la segunda fase de la cicatrización
ósea. La cortical sola como injerto provee una estructura muy resistente,
su cicatrización ocurre únicamente a través de osteoconducción, y
además puede actuar como barrera de invasión del tejido blando,
comportándose de manera similar a una membrana microporosa utilizada
para la regeneración ósea guiada.
Por otro lado, el rechazo inmunológico, representa un problema latente
principalmente con aloinjertos y xenoinjertos; es el resultado de la
reacción celular del hospedero a los antígenos trasplantados. Los
antígenos responsables de este rechazo son los pertenecientes al sistema
del antígeno de histocompatibilidad mayor. Sin embargo, el empleo de
algunos métodos puede prolongar la supervivencia del injerto, como el
tratamiento con inmunosupresores, que se ha convertido en una
necesidad práctica en todas las combinaciones donante-receptor. En la
actualidad se utilizan como agentes inmunosupresores la azatioprina, los
corticosteroides, la ciclosporina, las globulinas antilinfocitarias y los
anticuerpos mononucleares anti-células T.A pesar de que la
inmunosupresión ha permitido lograr grandes avances en la supervivencia
de los injertos, también tiene grandes contratiempos, ya que aumenta la
sensibilidad a las infecciones provocadas por hongos, virus y otros
microorganismos. Es por ello que la similitud genética entre el receptor y
el donador de un tejido trasplantado, parece ser el principal factor
responsable del éxito del injerto. Tal es el caso del isoinjerto, pero
principalmente del autoinjerto, por ello este último es considerado como el
injerto idóneo de reconstrucción de primera elección, debido a que cumple
con los siguientes criterios: biológicamente aceptables, es decir, no
provocan ningún tipo 21 de respuesta inmunológica adversa e inducen de
forma activa el proceso osteogénico.
Adicionalmente, se puede obtener estructura cortical, esponjosa o cortico-
esponjosa, que sea capaz de soportar las fuerzas mecánicas producidas
en el sitio quirúrgico, además de contribuir al soporte interno de la zona.
Además, con el objetivo de incrementar las probabilidades de éxito del
injerto, es necesario realizar un manejo adecuado durante la toma del
injerto, así como una cuidadosa manipulación extracorpórea del mismo, a
manera de incrementar la viabilidad de las células osteogénicas
supervivientes, para lo cual es conveniente: evitar el calentamiento óseo
por fricción generado mediante la osteotomía y ostectomía de la toma del
injerto, y el remodelado de este; no deberá sobrepasar los 42ºC. También,
se debe preservar el periostio, ya que este posee un gran potencial
osteogénico, conservar en un medio adecuado al injerto, ya que el
potencial osteogénico del injerto se pierde si se mantiene expuesto al aire
durante más de media hora o inmerso en suero salino por más de una
hora, o si es sumergido en soluciones antibióticas como bacitracina o
neomicina. Finalmente, fijar al injerto mediante tornillos de compresión al
lecho receptor, para disminuir la reabsorción del injerto.
El sitio receptor debe estar libre de contaminación para evitar la infección,
además la elección del sitio donante debe realizarse tomando en cuenta
algunos factores importantes como: el tamaño del injerto requerido, el tipo
de estructura ósea adecuada, la conformación anatómica, la cicatriz del
sitio donante, el acceso al sitio donante, los posibles inconvenientes,
complicaciones y secuelas del sitio donante y la habilidad del cirujano,
entre otros. Actualmente el manejo de diferentes regiones potencialmente
donantes, facilita la toma del injerto y la reconstrucción anatómica.
Para reemplazar la falta de un órgano dentario incisivo, el tratamiento con
implantes dentales se debe considerar como tratamiento de elección. En
la mayoría de los casos, la pérdida del diente anterior se debe a
traumatismos maxilofaciales, fracasos endodónticos o a la ausencia
congénita. Antes de la colocación del implante, el aumento de injerto óseo
de la cresta alveolar es a menudo indicado a causa de una deficiencia de
volumen óseo, especialmente en el diámetro labiolingual. Para reconstruir
la pérdida ósea (atrofia ósea o defecto óseo) antes de la colocación del
implante. Cuando se presenta trauma oclusal y enfermedad periodontal
aguda, lo más acertado encontrar es un paciente con atrofia ósea
avanzada de la cresta alveolar, esto hace imposible la colocación de
implantes dentales de manera convencional.
Casi todos los injertos de hueso sugieren que un período de cicatrización
de 3 meses (periodo necesario), antes de la colocación de implante
dentales en el sitio injertado, esto permite la integración adecuada del
material injertado. El reborde desdentado con hueso adecuado y la
mucosa sana normalmente no presenta complicación alguna para la
colocación de implantes dentales. Sin embargo, la rehabilitación con un
implante dental puede ser seriamente comprometida cuando hay
deficiencia en la cresta alveolar debido a las grandes reabsorciones
óseas.
Varias técnicas se han propuesto para mejorar el volumen de hueso en
las zonas gravemente atróficas antes colocación de implantes dentales,
incluyendo injertos óseos, la división de la cresta o expansión ósea, y la
distracción osteogénico.
2.1.1.6. Incorporación de injertos óseos
El proceso de incorporación de un injerto óseo es un mecanismo complejo
que varía dependiendo del sitio de colocación y el tipo de injerto utilizado.
Se divide en tres fases:
• Fase temprana (1 a 3 semanas): osificación membranosa en la zona
adyacente a la cortical ósea y la conversión del hematoma posoperatorio
en estroma fibroblástico alrededor del injerto.
• Fase intermedia (4 a 5 semanas): incorporación y remodelación del
injerto con una zona central cartilaginosa y osificación endocondral
alrededor de la misma.
• Fase tardía (6 a 10 semanas): mayor cantidad de médula ósea en
formación de hueso cortical alrededor de la zona central y remodelación
ósea.

2.2. Definición de conceptos


CAPÍTULO III

3.1. Análisis

3.2. Propuesta de solución

CAPÍTULO IV

4.1. Conclusiones

Los injertos óseos constituyen en todas sus variantes un elemento importante para
la implantología dental, sobre todo en aquellos casos en los que la atrofia ósea de
los rebordes alveolares residuales se ha hecho intensa y no permite muchas veces
el empleo de los implantes dentales para lograr rehabilitaciones duraderas y de
calidad, momento en el cual se impone la necesidad de utilizar estos injertos, los
cuales permitirán, en conjunto con la rehabilitación implantológica, prevenir los
efectos negativos que trae para el paciente la pérdida ósea instaurada posterior a la
pérdida dentaria.
Bibliografía
Anexos