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Flor del valle

En épocas remotas, cuando la existencia no tenia orden alguno, había un hermoso valle en medio
del todo. Por allí corrian varios ríos, habían frutales, pasto perfectamente verde, clima perfecto
para el descanso de la conciencia creadora, y entre árbol y árbol habían coloridas hamacas hechas
unas de cosa y otras de solo amor. Todo era perfecto allí, pues cuando no hay orden alguno, rige la
anarquía de la naturaleza, sin reglas, sin leyes, sin dirigentes a quien seguir… solo esta el instinto,
el instinto de las cosas. Y allí, en ese especial valle, se encontraba también la individualidad en
forma casi humana, uno de estos representantes de la individualidad era Kunturi, un muchacho (si
es que podríamos llamarlo asi) feliz, sereno, ingenioso, misterioso, calmado y agresivo a la vez,
pues cuando las corrientes de los ríos enfurecían se despertaba su instinto agresivo, cosa que no
podía controlar. Él era alguien de pocas rutinas, pues todos los días ese pequeño (¿o inmenso?)
valle tenía cosas para sorprenderle, tales como especies muy diversas de frutas, nuevos sabores
todos los días, arboles gigantes de personalidad fuerte, espíritus guardianes que le enseñaban
cuando lo pedia, seres inorgánicos que eran parte del inconsciente colectivo, animales parlantes
también con conciencia individual, entre otras tantas. Sus únicas rutinas eran contemplar las
estrellas que lo rodeaban junto al sol y la luna (recordemos que en esos tiempos no existía Dia ni
Noche) y observar las flores de la vida. Sin embargo Kunturi un dia encontró algo muy misterioso,
encontró una flor muy diferente a todas las que alguna vez había visto, pero no físicamente, sino
diferente en las sensaciones que transmitia y la energía que transportaba en su ser. El no podía
creerlo, al acercarse a esa flor había algún tipo de comunicación hermosa pero incomprensible
para su razón… era algo muy diferente, pues esta bella flor no se comunicaba ni en palabras, ni por
telepatía, ni por símbolos, ni por ningún otro método conocido por el, simplemente se
comunicaba a través de su propia existencia. Kunturi paso días contemplándola, viendo como
aquella flor cambiante se comunicaba con el, tratando de entender su lenguaje, oyendo sus cantos
al rozarse con el viento, y admirando su simple desnudez. Pero a pesar de todos sus esfuerzos
seguía sin comprenderla ¿por qué era esa flor tan especial? ¿por que lo atraía tanto?, no
obteniendo respuestas por si mismo, decidio buscar a su espíritu guía, el imponente árbol
Pumwilka, el mas viejo de los viejos entre los espiritus guardianes. Para obtener respuestas del
espíritu debía volverse uno con el, es decir, debía comer de su corteza para entrar en contacto.
Una vez Kunturi hubo hecho esto, se encontró en la realidad de Pumwilka –Viejo amigo, tanto
tiempo sin buscarte… pero ya era momento, pues me inunda la cabeza una atracción, pero no es
una cualquiera, es una flor, una flor de vida bastante diferente– dijo Kunturi. Tras estrecharle el
alma por unos instantes, el espíritu lo miro un poco confundido y le respondio con una canción
que decía:

“Ay mirando las estrellas,

y mirando ya hacia el sol,

busco estrellas en la luna,

busco flores en el sol

pero no encuentro la tuya,

pues no existe en mi razón,


no te amargues el momento,

sigue con tu perfección,

hoy no tengo tus respuestas,

pero aquí te doy mi corazón,

busca entre los valles verdes,

una hamaca hecha de amor”

Y sin decir ni una palabra mas, la presencia de Pumwilka se desvaneció y en pocos minutos Kunturi
cayo en un profundo y placentero sueño. Tiempos después, cuando recupero la conciencia, hizo su
esfuerzo por recordar la canción, pues por experiencias pasadas ya sabía que cuando consultaba
con espíritus guías debía recordar muy bien las canciones aprendidas para poder lograr su
búsqueda, entonces de esta manera mientras cantaba la canción una y otra vez, emprendió su
búsqueda de las hamacas. Tuvo que cruzar varias cuevas llenas de sensaciones nuevas y tuvo que
cruzar ríos que le robaban la calma y le despertaban la agresividad, pero después de todas las
dificultades las encontró. Tan pronto vio las hamacas le tomo varios tiempos poder descifrar
cuales eran hechas de cosa y cuales eran de amor, pues a pesar de que se veian exactamente igual
de coloridas y extravagantes, las dos tenían funciones diferentes, las de amor podrían entregar
sensaciones, emociones, sentimientos o respuestas; mientras que las de cosa solo podrían
entregar un delicioso descanso entre el vientre vivo del valle. Cuando por fin supo cuáles eran de
amor, gracias a las pistas de la serpiente arcoíris, se acostó en una de ellas y se entregó por
completo al “aquí” y al “ahora”. Estando en ella tuvo explosiones de risa, llanto, crisis, dolores y
placeres, sin embargo no había visión alguna que le diera respuestas a su atracción y a sus intentos
de comprender el lenguaje de La Flor. Al salir de la hamaca Kunturi ya tenia cierto desespero, pues
ya era este su segundo intento de obtener respuestas sin éxito alguno… Por lo que decidio caminar
sin rumbo alguno, como hacía de costumbre, y mirando a las estrellas encontró su camino a un rio
desconocido para el hasta el momento. Se sumergio en el y por largos tiempos sintió haber
encontrado el elixir de la vida, pero de repente la corriente enfurecio y rápidamente despertó su
instinto agresivo, destructor y malgeniado, pero esta vez peor, pues con odio hacia la existencia y
el desorden, empezó a hacerle daño a aquel especial valle que siempre lo acogió, pero de repente
a lo lejos vio a la flor, a la hermosa y misteriosa flor… todo se calmo, todo estaba en armonía
nuevamente, otra vez había perfeccion, todo se calmo porque allí estaba La Flor, y en esos
tiempos que duro el contacto, Kunturi avanzo hacia ella y cada vez sentía más esa incomprensible
forma de comunicación, sin embargo esta vez no tuvo afán de comprenderla, pues con admirarla
le bastaba. Asi paso tiempos y tiempos, viéndola, sintiéndola, oliéndola, tocándola y seduciéndola,
todo esto con el fin de acercarse a su naturaleza, y ya nada mas importaba, pues estar cerca de
ella le daba todo lo que necesitaba, y tiempo a tiempo cada vez podía comprender mas su
lenguaje a pesar de que este no era ya su objetivo, pasaba mucho comunicándose con ella, cosa
que ningún otro animal individual podía entender. Finalmente llego una palabra nueva a la mente
de Kunturi, esta palabra era “Esencia”, ¿que podría significar eso?. No le dio mucha importancia,
sin embargo en uno de sus contactos con la bella flor, sintió esa palabra, esa extraña palabra, asi
que decidio caminar por el valle de manera solitaria, buscando significado a la Esencia y sin éxito
alguno volvió a la flor y entendio todo. Entendio que el y La Flor se comunicaban a través de la
esencia, y por eso esa comunicación era tan especial, porque nadie mas conocía la esencia en ese
valle de espiritus, animales, seres, y perfeccion. Al comprender en su totalidad esta vez a la flor,
conocio sus virtudes y defectos, la escucho sin aburrirse nunca y entendio su inocencia y alegría,
pero necesitaba estar mas con ella. Busco el origen de la Esencia a través de sueños, y le pidió a
esta conciencia que le diera oportunidades, oportunidades de entregarle su vida entera a la flor, y
asi paso, pues al tiempo siguiente, al despertar del sueño, la flor se había convertido en una
hermosa muchacha, representante de la individualidad, ¡tal cual como el! Kunturi no podía
creerlo, estaba totalmente extasiado contemplando su desnudez, sus finos cabellos de laminas de
oro, su perfecta sonrisa hecha de nubes y su delicado cuerpo con hemosas curvas. Y mientras Flor
era observada por Kunturi, ella exploraba los nuevos sentidos con los que contaba, pues que
maravilloso era ver, que hermoso que era poder tocar, y saborear, que rico que era saborear. Y
mientras se exploraban, sentían, y vivian uno al otro, descubrieron nuevas sensaciones
placenteras, esto entre besos, roces, cosquillas, deseo e incluso una buena conversación.
Lentamente, el momento los hizo llegar hasta todos los rincones de aquel valle por tan solo unos
tiempos cortos pero infinitos, pues llegaron a la cuna de la esencia, del desorden, de la existencia,
y luego de esto ya no hubo más inocencia en Flor pues ella junto a Kunturi se entregaron a la
pasión y al amor.

No paso mucho más después, pues ya estando Kunturi con su Flor, nada podía estar mal, todos los
días eran algo nuevo, incluso los días de tristeza, pues en estos el le componía una canción, y asi
de esta hermosa pareja nace el arte y la belleza, y siempre como representantes de la
individualidad, no podrían ser nadie mejor que ellos en el sentido de la unión.