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Evangelizar según papa Francisco

(ACI).- Esta mañana en la homilía de la Misa que presidió en la capilla


de la Casa Santa Marta donde reside, el Papa Francisco explicó que
evangelizar no es vanagloriarse, ni una mera función, tampoco es hacer
proselitismo.

Evangelizar, precisó, es dar testimonio de Cristo con la propia vida,


también anunciarlo con la palabra, y hacerlo desde el corazón
acompañando a otros en el camino de la fe.

Según señala Radio Vaticana, el Papa lamentó que hoy en día haya
cristianos, laicos y sacerdotes, que se vanaglorian por lo que hacen:
“vanagloriarse… me vanaglorio… Es reducir el Evangelio a una función o
a una vanagloria: voy a evangelizar y llevo a la Iglesia a tantos… Hacer
proselitismo: esto también es vanagloria”.

“Evangelizar no es hacer proselitismo. Es decir, evangelizar no es


irse de paseo, ni reducir el Evangelio a una función, ni hacer
proselitismo. Es lo que nos dice Pablo aquí: ‘no lo hago para gloriarme’ –
y añade– ‘al contrario, es para mí una necesidad imperiosa’. Un cristiano
tiene la obligación, con esta fuerza, como una necesidad, de llevar el
nombre de Jesús, desde su mismo corazón”.

Para que la evangelización no termine convirtiéndose en una mera


“función”, Francisco dijo que es necesario que el estilo que asuma el fiel
cristiano sea el de “hacerse todo para todos”. “El estilo es ir y compartir
la vida de los demás, acompañar en el camino de la fe, hacer
crecer en el camino de la fe”, dijo.

El Pontífice alentó luego a ponerse en la condición del otro: “si está


enfermo, acercarme, no atosigarlo con argumentos”: acercarse, asistir,
ayudar. Se evangeliza con la actitud de la misericordia y con el
testimonio de la propia vida.

En este contexto, el Papa recordó una pregunta que le planteó un


muchacho en el almuerzo con los jóvenes en la Jornada Mundial de la
Juventud en Cracovia realizada a fines de julio: le preguntó qué le
puede decir a un amigo ateo.

“¡Qué buena pregunta! Todos conocemos a personas que se alejaron de


la Iglesia: ¿qué les tenemos que decir? Yo le respondí: ‘¡escucha, la
última cosa que tienes que hacer es decirle algo!’ Empieza a hacer y él
verá lo que haces y te preguntará. Y cuando te pregunte tú
dile…’ Evangelizar es dar testimonio: yo vivo así, porque creo en
Jesucristo. Despierto en ti la curiosidad de una pregunta… ‘¿Por qué
haces eso?’ Porque creo en Jesucristo y anuncio a Jesucristo, no sólo
con la Palabra –se debe anunciar con la Palabra– sino también con mi
vida”.

En el día de la memoria litúrgica de San Pedro Claver, el Papa recordó


su testimonio, cómo compartió su vida anunciando el Evangelio y
compartiendo su vida con los “descartados” de su tiempo: los esclavos,
los negros, que llegaban desde África.

[Puede leer: Hoy la Iglesia celebra a San Pedro Claver, protector


de la población negra]

“Este hombre no se fue de paseo diciendo que evangelizaba. No redujo


la evangelización a un funcionalismo, tampoco a un proselitismo.
¡Anunció a Jesucristo con los gestos, hablando con los esclavos,
viviendo con ellos, viviendo como ellos!”

“¡Y como él hay tantos en la Iglesia! Tantos que se anonadan a sí


mismos para anunciar a Jesucristo. También todos nosotros, hermanos
y hermanas, tenemos la obligación de evangelizar, que no quiere
decir llamar a la puerta del vecino, de la vecina, decir: ¡Cristo ha
resucitado!”

Evangelizar, concluyó el Santo Padre, “es vivir la fe, es hablar con


mansedumbre, con amor, sin querer convencer a nadie, sino
gratuitamente. Es dar gratis lo que Dios me ha dado gratis a mí: esto es
evangelizar”.
El pensamiento del papa Francisco sobre la misión
de la Iglesia
El cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, ha revelado el
contenido de la intervención del cardenal Bergoglio en la congregación
general de cardenales previa al cónclave.
Según ha contado, el cardenal Bergoglio hizo una intervención que le
pareció "magistral, esclarecedora, comprometedora y cierta". Por
coincidir con su pensamiento sobre la Iglesia, preguntó al cardenal
Bergoglio tras su intervención si tenía un texto escrito, pues deseaba
conservarlo, lo cual este negó. Pero a la mañana siguiente, "con
delicadeza extrema" le entregó el texto de la "intervención escrita de su
puño y letra tal y como él la recordaba".
La dulce y confortadora alegría de evangelizar
La evangelización es la razón de ser de la Iglesia. "La dulce y
confortadora alegría de evangelizar" (Pablo VI). Es el mismo Jesucristo
quien, desde dentro, nos impulsa.
1.- Evangelizar supone celo apostólico. Evangelizar supone en la Iglesia
la parresía de salir de sí misma. La Iglesia está llamada a salir de sí
misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las
periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de
la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del
pensamiento, las de toda miseria.
2.- Cuando la Iglesia no sale de sí misma para evangelizar deviene
autorreferencial y entonces se enferma (cfr. La mujer encorvada sobre
sí misma del Evangelio). Los males que, a lo largo del tiempo, se dan en
las instituciones eclesiales tienen raíz de autorreferencialidad, una
suerte de narcisismo teológico. En el Apocalipsis Jesús dice que está a la
puerta y llama. Evidentemente el texto se refiere a que golpea desde
fuera la puerta para entrar... Pero pienso en las veces en que Jesús
golpea desde dentro para que le dejemos salir. La Iglesia
autorreferencial pretende a Jesucristo dentro de sí y no lo deja salir.
3.- La Iglesia, cuando es autorreferencial, sin darse cuenta, cree que
tiene luz propia; deja de ser el mysterium lunae y da lugar a ese mal
tan grave que es la mundanidad espiritual (Según De Lubac, el peor mal
que puede sobrevenir a la Iglesia). Ese vivir para darse gloria los unos a
otros. Simplificando; hay dos imágenes de Iglesia: la Iglesia
evangelizadora que sale de sí; la Dei Verbum religiose audiens et
fidenter proclamans, o la Iglesia mundana que vive en sí, de sí, para sí.
Esto debe dar luz a los posibles cambios y reformas que haya que hacer
para la salvación de las almas.
4.- Pensando en el próximo Papa: un hombre que, desde la
contemplación de Jesucristo y desde la adoración a Jesucristo ayude a la
Iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales, que la ayude a ser
la madre fecunda que vive de "la dulce y confortadora alegría de la
evangelizar".

Tiempos liturgicos de la Iglesia Catolica: Cuales y cuantos son

La Iglesia católica denomina Año litúrgico al período cíclico anual


durante el cual se celebra la historia de la salvación hecha por Cristo.

El año litúrgico se divide en tiempos fuertes y tiempo ordinario.

La Iglesia organiza los domingos correspondientes al año alrededor de la


Pascua.

Los tiempos fuertes pertenecen al Adviento, Navidad, Cuaresma y


Pascua.

El tiempo ordinario son los demás días.

Los tiempos litúrgicos son los siguientes:

 Adviento: en este tiempo comienza el año litúrgico. Las lecturas


se centran en la próxima venida de Jesús al final de los tiempos y
en la preparación de la Navidad, en la que termina este tiempo.

 Navidad: comienza el 24 diciembre y termina con la fiesta del


Bautismo de Jesús. Durante este tiempo se recuerda la venida
histórica de Jesús fortaleciendo nuestra fe y esperanza en su
venida gloriosa al final de los tiempos.

 Cuaresma: comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Jueves
Santo, antes de la misa de la última Cena. Durante este tiempo se
nos llama a la conversión recordando la entrega de Jesús por
nuestra salvación.

 Triduo Pascual: empieza con la misa de la última Cena y termina


con la misa de Pascua, teniendo como punto máximo la Vigilia
Pascual. Durante este tiempo revivimos la muerte y resurrección
de Jesús.

 Pascua: empieza con la liturgia del domingo de Pascua y termina


con la fiesta de Pentecostés (dura 50 días). Durante este tiempo
tratamos de tener un encuentro con Cristo resucitado tal como lo
vivieron los primeros testigos de su resurrección.

 Tiempo ordinario: son los domingos restantes del año. Este


tiempo dura alrededor de 30 semanas y está dividido en dos
períodos: el primero comienza después del Bautismo del Señor y
se interrumpe por Cuaresma y Pascua. El segundo es después de
Pentecostés y termina con la fiesta de Cristo Rey.