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                                       Giovanni Zapata Gutiérrez, DiHom, M.D.

 2010                            Página 1 de 8 
                                          FAVOR NOTAR QUE LAS IMÁGENES SON SÓLO PARA ILUSTRAR LA IDEA 
PERO NO TENGO SUS DERECHOS 
 
¿”Hígado cargado”?

Tengo que confesarlo, hasta no hace mucho me parecía, cuando menos,


curioso y hasta cierto punto risible escuchar a los pacientes, incluso a mi
misma madre, decir que el hígado estaba “cargado” porque
experimentaban signos medio raros: sabor amargo, lengua pastosa,
eventuales episodios de mala digestión, la comida “cae pesada”,
flatulencia con ocasionales dolores debajo de las costillas del lado
derecho a veces que se va hasta debajo de las costillas por detrás y otro
montón de síntomas que, al decir de los mencionados, corresponden
con el “hígado cargado”.

Esta idea sólo cobró sentido en mi biblioteca mental cuando se me


reveló el concepto de la medicina tradicional china donde al hablar de
hígado o vesícula biliar o pulmones, no se habla de una parte del
cuerpo: se habla de un sistema, un conjunto complejo formado por
varios tejidos y órganos, interconectados por la más primigenia de las
tramas, la que se origina desde las etapas embrionarias mismas y que
son las que justifican la existencia de la acupuntura, la auriculomedicina
o la medicina ayurvédica.

En ese orden de ideas cabe darle una mirada detallada a lo que se


puede hacer para que ese gran depósito de toxinas y formidable fábrica
de sustancias benéficas del organismo, el hígado, pueda desempeñar
mejor sus funciones. La primera línea de ataque que llega al terreno
hígado y que lo agrede, al decir de esos grandes observadores de la
intrincada naturaleza del cuerpo humano, los chinos, son las emociones.
A diferencia de occidente donde el asiento de la emotividad está en el
corazón, para los chinos, las emociones tales como alegría, cólera,
animadversión, envidia y otras omnipresentes en nuestros tiempos
como el miedo, tienen como asiento la dupla formada por el hígado y la
vesícula biliar, como tal, los sentimientos negativos, los pensamientos
obsesivos afectan, no solamente pero sí de manera prevalente, estas
partes del organismo.

Si se mira desde una perspectiva estrictamente “mecánica” de cómo


funciona el cuerpo humano, estos conceptos pueden ser perfectamente
entendidos a la luz de la fisiología (cómo funciona) según la medicina

 
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convencional. Si a alguien le queda alguna duda de cómo las emociones
pueden afectar funciones del aparato digestivo en general y del sistema
hepático en particular, basta con tomar un opíparo almuerzo y salir a
dar un paseo, digamos por el área más deprimida del centro de Bogotá
a esperar que le salga al paso alguien que lo invite “amablemente”,
puñal en mano, a que entregue todas sus pertenencias, veremos qué
sucede con su digestión: una evento de carácter externo que
desencadenó una emoción con sus correspondientes pensamientos
asociados, ¡fue capaz de detener por completo los procesos digestivos
que estaba llevando a cabo!

Por supuesto que, además de las emociones y pensamientos, los hábitos


alimentarios prevalentes aportan su cuota a esta hecatombe en potencia
que se cierne sobre el hígado con consecuencias que se extienden más
allá del ámbito estricto del aparato digestivo pues éste interviene en
multitud de procesos de capital importancia para nuestra vida: el hígado
mantiene el balance necesario para que la sangre no sea “aguadita” y se
tengan hemorragias o se torne espesa y pegajosa de forma que pueda
haber tapones en arterias, con el consecuente infarto.

A lo anterior súmese el escaso


consumo de líquido o –no se sabe
si peor- la sustitución de los
líquidos naturales o el agua, por
líquidos cargados de colorantes,
acidulantes, saborizantes,
estabilizantes y enormes
cantidades de azúcar. No en vano
la pobre vesícula biliar termina
pagando los platos rotos cuando
empieza a quejarse de todo el
maltrato llenándose primero de
una bilis espesa apropiadamente
llamada “barro” que terminará
concentrándose más, haciéndose
más dura y, finalmente,
volviéndose cálculos biliares que
obligarán a extirparla. vesícula biliar, llena de cálculos
1

 
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Si se mira la dieta actual con grandes cantidades de grasas, fritos,
harinas y pocas frutas y verduras, no se necesita ser médico para saber
que tarde que temprano va a llegar la factura, así que una forma de
contribuir a aminorar ese daño potencial antes que se torne real es
ayudar a ese sistema a librarse de un poco de sus cúmulos de toxinas y
para ese propósito se esbozará lo que podría llamarse una dieta
desintoxicante para ser llevada a cabo en varios pasos.

Detoxicación hepática

Variados nutrientes accesibles en nuestro


medio contribuyen a lograr el propósito de
mantener un sistema hepático sano además
de un adecuado aporte de antioxidantes para
ayudar en la protección: desde humildes
habitantes de todos los caminos como el
conocido diente de león, pasando por la
alcachofa, acedera que se pueden incorporar
en ensaladas de hojas, sin dejar de lado los
cítricos con su contenido de vitamina C
(especial mención de la mandarina), los
vegetales amarillos como ahuyama,
zanahoria, papaya, mango, etc. que aportan
carotenoides (producen vitamina A).
Diente de león 1
Las crucíferas como brócoli,
coles de Bruselas, repollo,
contienen elementos que
contribuyen a la
detoxicación del hígado,
incluso se pueden añadir a
algunos jugos y mantener
Alcachofa 1 un consumo frecuente,
regular pero asegurando que
están muy limpias a la hora
de usarlas y haberlas adquirido de una fuente
confiable, usualmente los supermercados grandes
Coles de brucelas 1  adquieren sus verduras de cultivadores
comprometidos con cultivo orgánicos y/o de agua

 
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limpia, prefiera estos.

Una de las dos herramientas que se esbozarán en este escrito es el


enema de café que puede compaginarse con el “lavado” del hígado,
ambos orientados al mismo propósito por diferentes vías y que pueden
hacerse alternos y separados entre sí por uno o dos meses.

Enema de café

La última parte del intestino conforma una “s” antes de llegar al recto
como tal. Esta porción del intestino tiene conexión de su circulación con
el hígado lo cual permite que las toxinas remanentes se puedan
eliminar. Por esta razón desde hace tiempo se utilizan los enemas de
café, no para desintoxicar el intestino como tal, como suele creerse, sino
para “darle un empujón” al hígado en ese proceso de desintoxicación.

El café induce la liberación de una serie de enzimas, “manos” de


sustancias que agarran las toxinas y las ayudan a salir del organismo.
Para este propósito requiere de varios elementos:

1. Bolsa para enema (droguerías grandes o supermercados de salud)


2. Lubricante para la cánula (aceite de oliva, aceite de cocina)
3. Una vasija para preparar el café
4. Café orgánico (prefiéralo al café corriente) lo cual debe decir el
empaque
5. Agua filtrada, NO de la llave, puede ser la que venden envasada
6. Colador de tela
7. Un frasco como los que vienen con café en polvo o similar, con
tapa

- Para preparar el enema, utilice un cuarto de litro (250 c.c.) de


agua que NO sea de la llave y pónganla a hervir.
- Cuando hierva, añada dos cucharadas rasas de café y apague el
fuego, deje reposar hasta que tenga una temperatura agradable al
tacto: pruébela con el dedo, no debe ser caliente pero tampoco
frío.
- Usando un colador de tela, deje solamente el líquido.

 
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- Pase la mitad del líquido a la bolsa para enemas y asegúrese de
colgarla alrededor de medio metro por encima de donde va a
quedar acostado, sobre el lado derecho preferiblemente. La altura
no debe ser mayor para asegurar que el líquido llegue al recto y
colon sigmoide únicamente.
- Introduzca con cuidado la cánula, si es necesario, lubricada con
aceite de oliva o aceite comestible, evite materiales de petróleo
como la vaselina.
- Retenga el enema entre doce y quince minutos si es posible y, una
vez que lo elimine, proceda de la misma manera con la mitad
restante. IMPORTANTE: no trate de acelerar el proceso, no
aumentar las cantidades, cuidar la altura de la bolsa y mantenerse
sobre el lado derecho y quieto durante la retención del café en el
intestino.
- Este proceso se puede repetir cada dos o tres meses.
- Asegúrese de consumir un vaso de kumis, yogur o masato, todos
los días durante la semana siguiente y, por lo menos, tres días a
la semana después, del que se consigue en los supermercados,
para bebés, sin color, sabor, olor, esto es, natural; como
reposición de las bacterias “buenas” y protectoras que se deben
tener en el intestino.

Pero eso no es todo: limpiar los conductos y el depósito de bilis de


cálculos, mejora de manera dramática no sólo la digestión sino el
bienestar general. Muchos de los dolores “en la boca del estómago”,
gases y eructos que popularmente
se atribuyen a gastritis o colon
irritable, en realidad son
producidos por el acúmulo del
barro biliar o, peor, por cálculos en
la vesícula biliar que la mantienen
constantemente irritada o limitan
la posibilidad de que la bilis cumpla
con sus funciones. Incluso algunas
alergias, dolores persistentes y “sin causa” de los hombros, brazos,
cuello, pueden desaparecer. En general, al realizar estos procedimientos
de cuidado de la salud, la gente menciona una mejoría en su percepción
de bienestar general y aumento de su energía.

 
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El hígado se encarga de la elaboración de la bilis, alrededor de medio
litro por día. Dentro del hígado se encuentran una multitud de tubitos
que son los conductos biliares y todos ellos desembocan en uno grande
común. La vesícula biliar está conectada a esta tubería y se encarga de
guardar la bilis para cuando se requiere: esto es, cuando se ingieren
sustancias grasas, básicamente. Al comer alimentos que contienen
grasas, la vesicular se exprime a sí misma, de forma que la bilis
acumulada es drenada en el intestino para que se mezcle con los
alimentos en camino de ser digeridos.

Muchas personas, incluidos niños, con su correspondiente carga de


comidas prefabricadas, poca fruta, poco líquido, abundantes bebidas
artificiales y mucho sedentarismo (¡sí! El sedentarismo también afecta la
digestión), tienen los diminutos conductos biliares ocluidos con
pequeños cálculos. No tan grandes como para ser observables en
ecografías, radiografías o demás métodos de imágenes, pero
suficientemente densos para lograr que se lentifique el proceso
digestivo, pasen materiales no digeridos al intestino, lo inflamen e
inicien una cadena de eventos que terminan en manifestaciones
alérgicas o digestivas que, donde la gente suele decir: “es que no tengo
claro qué me da alergia o me causa el malestar, porque unas veces sí y
otras no, me afectan algunos alimentos”.

Incluso, se ha encontrado, que en el centro de algunos cálculos, se


encuentran poblaciones bacterianas suficientes para hacer pensar que la
cascada de eventos citados incluye, en alguna medida, bajas del sistema
inmune que facilitan que aquellas bichos que, de otra forma, no afectan,
encuentren el ambiente adecuado para desarrollarse, cultivarse y poner
su cuota a todo el conjunto de manifestaciones desagradables que se
producen en estas situaciones, esto incluye aquellas bacterias que
inician su proceso de invasión del organismo, en la cavidad bucal: no en
vano las personas que se cepillan poco o mal los dientes o con sarro,
cálculo o enfermedad periodontal, tienen mayores probabilidades de
tener trombosis, infartos, etc. ¡Todo se inicia en el hígado!.

Entonces, a continuación se esbozará la mejor forma de hacer una


limpieza a fondo del hígado y las vías biliares, que sólo se podrá usar en
personas con problemas manifiestos de la vesícula si su médico lo
aconseja, es eminentemente preventivo:

 
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Ingredientes:

- Media taza de aceite de oliva extra virgen prensado en frío (125


c.c. o mL)
- Una toronja grande o 3 limones
- 4 cucharadas de sulfato de magnesio (Sales de Epsom)
- Una botella de agua (750 c.c., tres cuartos de litro)

El agua puede sustituirse con igual cantidad de jugo de toronja fresco y


recién exprimido o con jugo de manzana fresco.

Escoja un día que pueda dedicar solo a este propósito que no tenga que
salir pues requiere reposo y baño disponible.

Tome un desayuno y almuerzo sin grasa, tal como cereales con jugo,
avena, papa cocida o vegetales, con solo sal, sin condimentos,
mantequillas ni lácteos.

Hacia las primeras horas de la tarde, una o dos, inicia ayuno: no debe
beber ni comer absolutamente nada, lo cual es muy importante tanto
para lograr el propósito como para que no llegue a sentirse mal en algún
momento.

Aliste el sulfato de magnesio (Sales de Epsom) con la botella de agua o


jugo fresco de toronja o jugo fresco de manzana, en una jarra.

Calcule para dividir esta preparación del sulfato de magnesio en 4


porciones iguales y empiece por tomar tres cuartos de taza (190 c.c.
aproximadamente) hacia las 5 de la tarde. Tenga listas la toronja o
limones y el aceite de oliva.

Teniendo claro que no ha comido o bebido nada desde la una o dos de la


tarde, hacia las siete de la noche tome la siguiente porción de tres
cuartos de taza del sulfato de magnesio y quédese quieto un rato en
cama.

En un frasco con tapa ponga la media taza o alguito más del aceite de
oliva y el jugo de la toronja o limones exprimido a mano, cierre el frasco
y sacúdalo con fuerza hasta que se mezclen bien de manera que tome
un aspecto acuoso la mixtura y téngalo a mano, sin tomarlo todavía.

 
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Trate de visitar el baño un par de veces hasta alrededor de las 9 de la
noche.

Hacia las 9 de la noche, agite fuertemente de nuevo el frasco con la


toronja o limones y el aceite de oliva y bébalo estando de pie, puede
beberlo a pocos hasta en un lapso de quince minutos.

Acuéstese inmediatamente, de otra forma, puede que no consiga el


objetivo buscado y trate de tener un sueño tranquilo y reposado hasta la
mañana siguiente.

Tan pronto se despierte en la mañana tome la tercera de las cuatro


partes en que dividió la preparación de sulfato de magnesio, si se siente
con indigestión o náuseas al despertar, espere un poco a estar mejor y
después tome el sulfato, en lo posible siga en la cama pero no tome la
bebida antes de las 7 a.m.

Dos horas más tarde tome la última dosis del sulfato de magnesio
preparado y permanezca en la cama un rato más.

Durante el día procure estar con una dieta muy suave: jugos frescos y
algo de frutas, todo muy liviano y hacia la tarde estará con un hígado
para estrenar.

Es de esperar que haya algo de deposiciones blandas o francamente


diarreicas en la mañana. No se extrañe de encontrar en la materia fecal
los correspondientes cálculos, usualmente son de color verde y con
aspecto de piedras, no los vaya a confundir con restos de comidas no
digeridas.

La materia fecal suele depositarse mientras los cálculos tienden a flotar


por su contenido de grasas tipo colesterol, mientras más vea, más
exitoso habrá sido todo este proceso. No se le haga raro encontrar un
par de miles de pequeñas piedritas que habrán arrastrado, en su salida,
alergias, rasquiñas y unos cuantos dolores de hombros o brazos. En un
par de semanas puede hacerse una sesión similar y luego repita cada
dos o tres meses, excepto si se encuentre con alguna enfermedad.