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Ed. Ramírez Suaza, P.

Th
La Sanidad Del Corazón Atrofiado

Las cosas no siempre son como aparentan.


En una ocasión Jesús visitó la sinagoga, era un sábado. Día de culto. Dentro del recinto
se encontró con una persona creyente que tenía una mano muerta, atrofiada. La
verdad es que el tipo sólo estaba allí para rendir culto a Dios, nada más. Pero muchas
personas al ver a Jesús entrar al recinto sagrado, acudieron al servicio, no para adorar
al Señor como lo hacía él y la persona con la mano muerta; fueron al culto para vigilar
a Jesús, a ver si hacía sanidades un sábado o no.

Hasta aquí hay varias apariencias engañosas: algunas personas se congregan, creyera
uno que para orar; pero no, lo hacen para ver qué se hace en el servicio. La segunda
apariencia engañosa es que el enfermo tiene la mano muerta, a decir verdad sí, está
necesitado de sanidad. Pero los asistentes tienen una enfermedad peor, tienen
atrofiado el corazón, esto es peor que tener una mano atrofiada.
Mejor que la historia nos la cuente S. Marcos. Por favor, abra las Escrituras en el
evangelio según S. Marcos 3.1-6

Atender la vida es más importante que atender la religión.

La Sanidad Del Corazón Atrofiado


una lección de vida

El evangelista Marcos ha tejido con palabras hermosas una historia bella, la historia de
Dios presente en su creación, de manera especial, en medio de los hombres. Esta
experiencia extraordinaria -Dios con nosotros- ha provocado tensiones teóricas entre
diferentes grupos del judaísmo propio del siglo I.
Para este relato, Marcos narra que la tensión la protagonizan los fariseos y herodianos
contra Jesús.

Por lo regular, cuando leemos las buenas noticias de Dios para nosotros en los
evangelios y nos topamos con personajes como “fariseos”, “herodianos”; regularmente
los satanizamos, les atribuimos categoría de malos. Y claro que sí, lo fueron, pero no
como lo imaginamos en el común religioso.

Abramos un poco la comprensión que tenemos de estos grupos judíos propios del siglo
I.
Fariseos: una comunidad religiosa dentro del judaísmo que se caracterizó por ser
extremos en la piedad. Su énfasis religioso recayó en la pureza sexual y ritual, la

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obediencia a los 10 mandamientos y 613 leyes mosaicas, sin perder de vista las buenas
obras. Inclusive tenían obras de beneficiencia.
Tenían escuelas, estilo monasterios, en los que se dedicaron con empeño a escudriñar
las Escrituras, especialmente la Torá (primeros cinco libros de la biblia). Entre muchas
otras cosas más, los fariseos eran muy celosos con guardar el sábado y con dar los
diezmos.

Los herodianos, por otro lado, eran un partido político dentro del judaísmo que estaba
a favor de herodes, de ahí “herodianos”. Estos eran repugnantes porque como judíos
apoyaban las políticas de un pagano que representaba el imperio romano en tierra
santa. La pregunta del pueblo fue obvia: ¿cómo es posible que unos judíos respalden a
Herodes?

Los fariseos y herodianos eran dos bandos opuestos, entre ellos nada amigables. Pero
cuando Jesús aparece en el escenario ambos -fariseos y herodianos- ven al Galileo
como un enemigo en común. Dejando las diferencias a un lado, fariseos y herodianos
se unieron para conspirar contra Jesús el Mesías.
Con estas aclaraciones sobre el tapete, vamos juntos a desempacar la narrativa en 4
“v”:
1. La visita
2. La vigilancia
3. La vida
4. La villanía

Empecemos:
La visita
Como dije hace poco, el día de culto en el mundo judío es el sábado.
Es sábado. Jesús lo sabe. Así que se agenda para ir al servicio. Note Ud. que Marcos
usa un término para nosotros preocupante: “visitó la sinagoga”. Eso significa mucho,
es decir, Jesús no se congrega regularmente en esa sinagoga, simplemente la volvió a
visitar. En esta ocasión había un hombre con la mano muerta en el culto.

En la primera visita Marcos narra que Jesús en la sinagoga sanó una persona de
opresiones demoníacas, ahora, en esta segunda visita, hay un enfermo quien nada qué
ver con opresiones espirituales. El evangelio de los hebreos, un texto apócrifo matiza
un poco el acontecimiento de la mano muerta. En el texto apócrifo habla el hombre de
la mano seca diciendo: «Yo era albañil y ganaba con (mis) manos el sustento. Te pido,

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Jesús, que me devuelvas la salud para que no me vea en la necesidad deshonrosa de


tener que mendigar mi comida.»
No vamos a recoger estas palabras con plena certeza histórica, sencillamente nos
permite contemplar una posibilidad de intuir mejor al personaje que tiene la mano
muerta.

La vigilancia
Desde los días de Jesús las congregaciones albergan personas que hacen algo bueno
con motivaciones perversas. Ejemplo, se congregan -lo cual es muy bueno- con la
motivación pecaminosa: vigilar qué se hace dentro del servicio.
Fariseos y herodianos se congregaron ese sábado con Jesús en la misma sinagoga.
Ellos, especialmente los fariseos, debían dar el ejemplo de la actitud reverente, devota,
sincera, piadosa en la virtud de congregarse, en lugar de proceder coherentemente con
sus compromisos religiosos, asumen el rol de los politiqueros: asistir a reuniones para
“buscarle caída al otro”.

Querían acusar a Jesús. ¡Qué cosa más osada esa!


Pero en últimas, siendo francos, nosotros también hemos querido acusar a Dios. ¿A
caso no lo acusamos y culpamos de nuestras desgracias? ¿A caso no hemos acusado a
Dios y culpado, inclusive de nuestros pecados? Escúlquese las memorias del alma y
verá que también has acusado a Dios.

Quiero recordarles algo, ¡Dios no se equivoca! Dios no incumple los mandamientos


que él mismo nos dio. Lo que pasa es que Dios no es religioso, no espere a que Dios se
comporte como pentecostal, reformado, neopentecostal o cualquier otra categoría
evangélica inventada. Jamás olvide esto: Dios no nos hizo para luego él ser nuestro
complaciente. Dios no nos hizo para hacernos sus amos. No somos reyes que ejercen
algún dominio sobre nuestro Creador.
No es Dios quien tiene que proceder para complacernos. Somos nosotros quienes
tenemos que proceder de maneras agradables a él.
Así que cuando te reúnas, no lo hagas para buscar caídas, errores, pecados de otros;
congrégate para adorar a Dios.

La vida
El testimonio de Marcos para este milagro pone en silencio al enfermo, el “dialogo”
pareciera ser entre Jesús y quienes han asistido al servicio para “buscar caída”. Jesús,
en diálogo con los demás, le dice a quien tiene la mano atrofiada que se ponga en

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medio de todos. Y el tipo obedece. Dialogando con los demás, menos con el enfermo,
pregunta el Nazareno: -¿Qué está permitido hacer en los días de reposo? ¿El bien o el
mal? ¿Salvar una vida o no salvarla?-
Esta discusión es interesante porque en últimas es un debate teológico. Según la
interpretación tradicional del mundo judío, nada se puede hacer el sábado, excepto
rendir cultos a Dios. Pero, imaginemos que la casa de alguien se derrumba un sábado.
¿Se puede auxiliar a los damnificados? O hay que esperar a que pase el sábado para
poder ayudar. Para Jesús, dejar al hombre de la mano muerta sin sanidad equivale a
un pecado de omisión, es decir, es dejarlo morir sabiendo que se le puede ayudar.

Los presentes, especialmente fariseos y herodianos no supieron responderle, además


tenían “rabo de paja”, pues ellos auxiliaban sus animales cuando un sábado se caían al
pozo o algo similar. ¿No vale más la vida de un ser humano que la de un animalito?
Si ellos auxilian animales un sábado, ¿por qué el Hijo de Dios no puede auxiliar una
persona un sábado?
Ninguno de los presentes tiene respuesta o argumento para refutar las palabras de
Jesús.

Ya que nadie tiene palabras, respuesta o argumentos; Jesús tiene para todos una
mirada, de aquellas que dicen más de mil palabras. Dice ​Marcos: ​Entonces echó una
mirada airada en torno a ellos, molesto por el endurecimiento de su corazón.
Un comentarista bíblico, en este caso del evangelio de Marcos, escribió: “​La reacción
de Jesús es doble; siente ira por el daño que hacen al pueblo y, al mismo tiempo, pena
por el que se hacen a sí mis​mos con su ceguera voluntaria; son dos expresiones de su
amor al hom​bre.​”

La dureza del corazón. ¡Eso es! Un corazón atrofiado por la incredulidad es la tragedia
más lamentable dentro del pueblo de Dios.
Esta tragedia provoca en Jesús la paradoja de su amor: enojo y tristeza. Un corazón
atrofiado no es capaz de desarrollar fe.
Con la paradoja de su amor en su ser (tristeza y enojo), Jesús se dirige de nuevo al de la
mano muerta y le sana. Tristemente no sanó los corazones atrofiados de los fariseos y
herodianos allí presentes.
Fueron al culto para ser espectadores, y sólo eso lograron: ser espectadores de un
milagro, cuando eran quienes más lo necesitaban.

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La villanía
Fariseos y herodianos se confabularon para dar muerte al Cristo.
Vaya villanía. Vaya hipocresía. ¿A caso los fariseos como comunidad piadosa no enseña
y practica el amor al prójimo? ¿A caso se les olvida que matar es pecado?
Un sábado, un día de reposo estos bellacos conspiraron contra Jesús.

Aplicaciones:
1. Cultive una actitud piadosa a la hora de venir a los cultos.
La virtud, la práctica de congregarse es clave, fundamental en la vida cristiana. Es el
esfuerzo, la demostración del interés humano por mantener viva la llama de la fe.
Cada persona tiene motivaciones para congregarse, pero tú abraza la motivación de la
fe, la esperanza y el amor.

2. Mantenga firme la fe en Jesús de Nazaret.


Es muy cierto que a veces nos fijamos en los demás en nuestra vida espiritual; ya sea
para recoger leña y encender mis chismes, críticas, murmuraciones o para sostenerme
en Dios por medio de las conductas de los demás. Si los demás se manejan bien,
religiosamente hablando, entonces yo me sigo congregando. Si se manejan mal,
entonces yo a esa iglesia no vuelvo. Cada uno de nosotros debe fijar su mirada en
Jesús, autor y consumador de la fe. Es cierto que todos los cristianos tenemos que ser
ejemplo de virtud. Es cierto que algunos hermanos nos decepcionan, como también es
muy cierto que tú y yo hemos decepcionado a muchos otros. Aún con esas decepciones
podemos sostenernos en la fe porque nuestro punto de referencia es Jesús. Porque
nuestro salvador es Jesús. Porque nuestra roca y castillo fuerte es Jesús. Porque quien
nos perdona y sana es Jesús.
No tengo la menor duda que los fariseos decepcionaron al hombre de la mano muerta,
pero Jesús no lo decepcionó; lo sanó.

3. No deje de reconocer sus necesidades.


Los fariseos y herodianos no estaban de acuerdo con Jesús para sanar al hombre de la
mano muerta. Pensaban que esa sanidad podría atenderse otro día, en otra
oportunidad, en otro lugar o peor aún, ¡deje así!
La desgracia en que estas personas viven es que no reconocieron sus propias
necesidades. Ellos no eran conscientes de su enfermedad: corazón atrofiado.

¿Cuál es tu necesidad hoy?

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