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buenas, aca estamos escondidos bajo los sublimes pastos del espíritu donde se agazapa peligrosa una

serpiente de ternuras visibles, bajo la superf por coop….

pueden apropiarse de un color, es como robar materia prima de los sueños, del arte, como quitarle un
retazo al espítu del misterio, de la gran maravilla horrorosa y fantástica que nos rodea**

el poder se apropia de todo. incluso de un color, ahora el ejemplo es el amarillo

El amarillo es el color que se percibe ante la fotorrecepción de una luz cuya longitud de
onda dominante mide entre 574 y 582 nm. Se asemeja a la coloración característica de la piel
del limón maduro, de la flor del diente de león o del oro.

Amarillo: Es considerado como un tono alegre y cálido. Sin embargo, también


propicia el cansancio de la vista y hace llorar a los bebés.

En los manuales de la percepción de este color se lee:

Es el color del optimismo y de la alegría pero también del enojo, de la mentira y la envidia.

Es el color de la iluminación y del entendimiento, pero también de la traición.

Es el color de la diversión, la amabilidad y lo positivo, representa la acción, el poder, la voluntad, además de


simbolizar la arrogancia y el exceso de ego. En el amarillo, más que en otros colores, la polaridad se hace
extrema.

Es el color más contradictorio en cuanto a los sentimientos que despierta.

¿A qué se debe esta ambivalencia?

En un principio el amarillo viene considerado el color del sol, en casi todas las representaciones pictóricas
el astro viene pintado de este color, y el sol es, en muchas culturas, el astro de la divinidad. Al ser asociado
con la luz solar, del mediodía, del oro, se convierte en un color que transmite alegría, calor y actividad.
Simboliza el camino central y recto, el curso de la acción ideal y noble que yace entre dos extremos.

En la antigüedad era un color muy apreciado: a los Romanos, por ejemplo, les agradaba vestir prendas de
este color durante las ceremonias y las bodas.

En Oriente y en América del Sur el amarillo siempre fu considerado positivamente: en Asia fue y sigue siendo
asociado al poder, a la riqueza y a la sabiduría, en China fue el color reservado al Emperador.

En Occidente, en cambio, el amarillo ha asumido en el tiempo un carácter negativo. Para los teóricos del
medioevo que argumentaban si el color pertenecía a la luz o a la materia, el amarillo, progresivamente, deja
de ser el color de la luz. Los aspectos divinos, luminosos y aéreos de la época pagana pasan en un segundo
plano, el amarillo se convierte en un color impenetrable y que no puede ser absorbido, que no invita a entrar
y no favorece la profundización… Puede aspirar a la luz pero sólo en su manifestación sensible y por lo tanto
degradada, apagada e imperfecta. En ésta época el amarillo pierde su connotación divina y viene

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considerado como un velo tras el cual se vislumbra una luz más clara, de carácter absoluto. En la dialéctica
entre el amarillo y el blanco resplandeciente (que implicaba una forma de conciencia más elevada), el
amarillo pierde su batalla y retrocede a una forma de conciencia relativa, limitada y parcial, la única de la
cual es capaz nuestro yo.

A partir del siglo XIII, las cosas empeoran. El antropólogo Michel Pastoureau sostiene que otra competencia
desleal, esta vez con el oro, contribuye enormemente a crear la historia infamante del amarillo que de
símbolo positivo que resplandece, brilla e ilumina, el color divino por excelencia, se convierte desde
entonces en nada menos que en la sombra del oro. Con el afirmarse decidido del oro como otro valor
absoluto, el amarillo-color asume un significado prevalentemente negativo, delineándose como una
degeneración de las cualidades materiales, trascendentes, luminosas y morales del oro. Convertido en un
color apagado, triste, se trasforma en el color de la enfermedad y la caducidad, el color del otoño y del
declino.

En los cuadros los personajes despreciables se representaban a menudo con prendas de este color: Judas
encarna el traidor por excelencia y viene pintado con un manto amarillo, símbolo de su infamia, del engaño y
la mentira.

Me parece plausible la explicación que da Corominas para su etimología: amarillo < “amarellus”, del bajo
latín hispánico, diminutivo de “amarus” > amargo por la palidez de los que padecían ictericia, causada por un
trastorno en la secreción de la bilis o “humor amarus” (humor amargo).

Derivar amarillo de ámbar (del árabe al-anbar) y formar sobre esta base un diminutivo con un sufijo latino –
ellus me parede más problemático. Sobre todo teniendo en cuenta que hay ámbar de varios colores: ámbar
amarillo, gris o pardillo, negro o azabache. Con la expresión ser como el ámbar ponderamos la claridad y
transparencia de algunos líquidos, especialmente del vino.

Según Ralph Penny, aunque el latín hispánico era arcaico y conservador, sus descendientes «poseen una
serie de rasgos que revelan la existencia de cambios innovadores que se circunscriben de modo exclusivo a
la Península. Algunas innovaciones hispánicas consisten en la formación de derivados: amaru “amargo” >
amarellu > “amarillento” > amarillo».

Ahora bien, -continúa Gargantilla– ¿por qué este color y no otro? ¿Fue una elección propia del pintor
holandés o respondió a algún tipo de alteración médica? Se han propuesto dos posibles explicaciones
médicas: la intoxicación crónica por absenta y la intoxicación por digital.
En cuanto a la intoxicación crónica por absenta, sabemos que era el licor por excelencia en los
entornos bohemios que frecuentaba el artista y que contiene tujona, un aceite químicamente
relacionado con el alcanfor, cuyo consumo mantenido y elevado puede provocar visión en halos de
colores. Sin embargo se ha calculado que habría que consumir 192 litros de absenta para producir
este efecto, una cantidad muy elevada.
La otra posibilidad es que los halos amarillos fuesen las xantopsias que produce la intoxicación
crónica por digital. Sabemos que esta sustancia formaba parte del tratamiento de la epilepsia y de
las enfermedades mentales en el siglo XIX, puesto que se le atribuía un efecto antiepiléptico y
sedante. Analizando las epístolas del artista a su hermano Theo hemos podido saber que la digital fue
un tratamiento que le prescribió de forma regular el doctor Paul-Ferdinand Gachet. Es más, en el
retrato que realizó a su médico en 1890, en el que aparece sujetándose la cabeza con su brazo derecho,
hay un ramillete de Digitalis purpurea o dedalera sobre la mesa, la planta a partir de la cual se
extrae la digital.

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LA DIGITAL PURPUREA La digitalina de la digital purpúrea, flor que ya usaban las curanderas
durante la Edad Media para tratar con éxito el edema producido por la insuficiencia cardiaca y que
a la fecha sigue siendo un pilar en el esquema terapéutico de dicha afección. Pero la digitalina
usada en exceso conlleva un efecto colateral en la visión: la exaltación del color amarillo. El doctor
Gachet, el médico que lo trató en sus últimos meses de vida y al que Vincent había recurrido a
instancias de su hermano (siguiendo una recomendación de su colega Pisarro) era un entusiasta
en el uso de esta droga. Paradigmáticamente, el último cuadro de van Gogh muestra al doctor
Gachet con una flor en su mano, una campanilla o digitalis purpúrea. Se han señalado otras
fuentes de intoxicación como su adicción al ajenjo, bebida alcohólica popular de fines de siglo que
fue prohibida por los problemas que generaba, debido a su principio activo, el Thujone, que
también produce visión amarilla. El uso de Santonina como medicamento para los trastornos
digestivos también acarrea una alteración en la visión de los colores y probablemente Vincent lo
usase bajo propia prescripción. Vincent vivía solo, tenía escasos medios por lo que su alimentación
era irregular y de dudoso equilibrio nutritivo. Además, tenía la costumbre de llevarse a la boca
cualquier objeto. Signac debió sacarle la trementina que usaba para pintar porque intentó beberla
en su presencia. Se ha comentado sobre los halos de colores alrededor de las luces que aparecen
especialmente en sus cuadros nocturnos, circunstancia harto sospechosa de un aumento brusco
de la presión ocular, que ocasiona un edema corneal con la consiguiente descompensación de las
luces blancas en halos que parecen un arco iris. Sin embargo, en el examen visual que le hizo el
doctor Gachet (Gachet era médico de los ferrocarriles franceses y tenía que hacer rudimentarios
exámenes visuales a los trabajadores por lo que contaba con algunos instrumentos oftalmológicos)
no detectó mayores alteraciones visuales, constatando 10/10 de visión en ambos ojos. Sea por un
problema visual, sea por una proclividad ligada a su psicopatología o por una inclinación artística
propia de su búsqueda estética (interesa señalar que en sus autoretratos solía cambiar el color de
sus ojos para que combinase con los colores del fondo y del vestido). Vincent van Gogh nos regaló
una obra llena de luz y colores donde el amarillo

pero el color no puede ser ususrpado por el poder ya arruinaron otras cosas, los naziz, neustad, la
usurpación simbólica de lo que es parte de la mirada, o arrancarle un cacho al arcoíris, desgarrar la
naturaleza, poner en un frasco el universo entero si fuera posible y venderlo en una vidriera eso lo
haría el capitalismo voraz, el capitalismo chancho asqueroso, la total antipoesía de la mas media, el
márquetin autoayudesco berreta, la nada, el desierto que crece, la dominación no solo de nuestro
cuerpo real y simbólico por el dinero sino también de nuestros corazones, la magia inmunda del
sistema que propicia egoísmos y violencias

el amarillo es un color para que pinte un niño, para que llueva sobre un cuerpo un vestido, para que
el satanás doloroso de mis sueños imagine una flor sencilla

para el beso de klim o unos patitos

las ajadas, envejecidas hojas de un libro, el brazito plástico e inmóvil de un gatito chino

el macrismo es demacrismo

bajo la superficie el ser es un deseo o un capricho del color que se quiera, del acolor del amor de
un sol blanco un perro rojo y una luna amarilla