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Universidad Nacional de Colombia

Asignatura de Habilidades Comunicativas


Profesor Manuel López
Ensayo por Johnny Rodríguez Ardila

TEMOR A LO PREMONITORIO

¿Está justamente fundada la percepción de intrascendencia de la ciencia ficción como


subgénero literario por parte de la crítica?

(…) Se rumorea que un grupo secreto de gente gobierna al


mundo. Gente que no puede morir, así que nos mantienen al
resto en pie de guerra para reírse de nosotros. Depende de
cómo mangoneen la historia, pero es posible que mañana yo
sea tan real como Superman o el Rey Arturo. No hace falta
ser un cirujano cerebral para darse cuenta que esas historias
son una sarta de mentiras. (…) Palahniuk, 2007 (1)

Así como no todo el que escribe literatura o que cree estar haciéndolo, es realmente un
literato. Escribir una novela no es garantía de reconocimiento por parte de los lectores,
mucho menos si estos pertenecen al selecto círculo de los críticos literarios. Pero si bien
este panorama es ya bastante desolador (por lo menos para quienes tratan de triunfar con
sus escritos), hay un estigma aún más poderoso que puede recaer sobre quien pretende
ser escritor: procurar conseguir reconocimiento escribiendo novelas de ciencia ficción,
siendo este un subgénero narrativo que para la crítica carece de importancia dado su
aparente poco nivel de compromiso con la realidad histórica y contextual del mundo que
describe.

La historia ya ha demostrado que ser prolífico en la creación narrativa, tener un gran


número de lectores y haber publicado en varios idiomas, no es sinónimo de ser digno ante
los círculos académicos de la literatura. Veamos por ejemplo el caso de Julio Verne, quien
se toma como referente y si no el fundador del género, sí como uno de sus principales
exponentes, y quien a pesar de su reconocimiento en círculos populares y de lectores no
doctos, nunca recibió en vida la aprobación académica de quienes dictaminan los cánones
que miden lo apropiado o no de las artes narrativas. Tal vez la culpa que debe cargar Julio
Verne, por lo menos desde la perspectiva de algunos teóricos del género, es que su obra
está demasiado basada en el viaje de aventuras y su único mérito radica en el hecho de la
predicción pseudo-científica de la aparición de máquinas, aparatos y objetos tecnológicos
antes de su tiempo. Pero por otro lado, esta misma desacreditación nos lleva a entender
que hay un problema de definición de los componentes estructurales que determinan lo
que es o no, ciencia ficción.

Aunque el problema puede tener génesis en varios hechos, es preciso reconocer que la
misma teoría de definición de los subgéneros de la narrativa ha creado vacío o confusión
en la descripción de lo que se inscribe o no como ciencia ficción. Mientras para algunos es
sinónimo de viajes de aventura espacial y lucha contra creaturas fantásticas, para otros,
abarca un rango mucho más significativo de posibilidades en relación con la proyección
científica y la existencia de mundos utópicos y distópicos.

Para Hugo Gernsback (1926)(2) la ciencia ficción es “una fascinante narración mezclada con
hechos científicos y visión profética” y es esta mezcla entre la argumentación técnica
tomada de las ciencias puras y la capacidad de predecir futuros, lo que para muchos debe
sentar la importancia del género. Como sostiene Jaime Ricardo Reyes (2000) (3) “No son
fantasías baratas para espíritus banales en busca de evasión”. Por el contrario, se trata de
sustentaciones epistemológicas de las relaciones que tienen la ciencia y los avances
tecnológicos con los entornos sociales donde se presentan.

Propongo entonces mi propia definición como puerta de entrada para resolver esta
dificultad: la ciencia ficción es un género literario que narra situaciones imposibles de
suceder en un mundo tal y como lo conocemos, pero que se sustentan en hipótesis
basadas en lo científico y lo tecnológico en función de describir o plantear una reflexión
sobre un contexto social específico y con la capacidad de predecir hechos o situaciones
del futuro. Me apoyo en lo que exponen Nicholls y Clute (Mejía, 2012) (4) en su
enciclopedia de ciencia ficción: “Para llevar la definición a un mínimo irreductible: la
ficción mimética (en literatura) es real, la fantasía no es real, la ciencia ficción no es real,
pero es natural, en oposición al resto de la fantasía que no es real pero si sobrenatural,
luego la ciencia ficción puede suceder, la fantasía no”.

Ahora bien, otra de las dificultades que debe enfrentar la ciencia ficción es la decidida
exclusión que ha recibido por parte de la academia en la estructuración de los pensum de
formación para estudios literarios, crítica y creación literaria. La pregunta entonces es
¿por qué? Aunque quepa la posibilidad de encontrar otros, creo firmemente en dos
puntos básicos para explicar este fenómeno. El primero tiene que ver con las temáticas
que aborda la CF (5), siempre relacionadas con la fantasía, los cuentos de hadas, los
extraterrestres, el viaje en el tiempo o las realidades utópicas (6). Y segundo, el intento
racional de explicar esta irrealidad con sustentos científicos, técnicos y sociológicos
argumentando la posibilidad de que la “fantasía” sea una realidad.

Esto desencadena que la academia tenga una relación de amor y odio con la ciencia
ficción ya que ésta no intenta conseguir el mismo nivel de autoridad que busca con los
estudios de autores clásicos o de aceptado renombre pero que trataron temas cuya
ficción era sólo un pretexto para contar su realidad; y al mismo tiempo reconoce el
espacio propio que la CF tiene al adentrarse en el campo de los estudios culturales donde
encuentra coincidencia con la literatura considerada “seria” en términos de los aportes
que ambas proveen al mundo. Hay entonces, una predisposición a juzgar la CF como una
pieza de pobre calidad artística al quedarse con la temática anecdótica como
impedimento para ver la profundidad reflexiva y el dominio de las técnicas narrativas que
la componen. No se puede aceptar que todo lo escrito en ciencia ficción sea de alta
calidad, pero tampoco lo contrario. Ya decía T. Sturgeon: “el 90 por 100 de la ciencia
ficción es una porquería, pero es que el 90 por 100 de todas las cosas es una porquería”.
(Scholes y Rabkin, 1982) (7)

La calamidad que persigue a este género no termina aquí. Gracias a las producciones
cinematográficas irresponsables o de bajos presupuestos, las series televisivas de dudosa
calidad y el comic de consumo masivo, se ha estereotipado a la ciencia ficción con la idea
de literatura baladí, de argumentos ligeros que se sostienen con efectos especiales, el
maquillaje deslumbrante o el efectismo banal propio de la incapacidad creativa. Dado que
este tipo de entretenimiento encuentra público en los grupos juveniles, se ha terminado
por concluir que estos grupos sienten identificación con el género por lo elemental de sus
conceptos que brindan poca exigencia en su apreciación e interpretación. No puedo negar
esta realidad, pero puedo argumentar en defensa de la CF que las producciones masivas
no son un reflejo ni cuantitativo ni cualitativo de las condiciones de esta literatura y que el
vacío que hay entre la literatura infantil y la adulta sí puede ser llenado por la CF, pero no
por su trivialidad evasiva de la realidad, si no por su talante cuestionador y prospectivo
que se asocia con el temperamento juvenil, siempre rebelde, crítico y siempre inconforme
con la solemnidad del mundo adulto.

Hay pues un aire de injusticia alrededor de la ciencia ficción, lo que no ha permitido


valorar con sensatez a escritores como Julio Verne, H. G. Wells, Aldus Huxley, George
Orwell, Arthur C. Clarke, Isaac Asimov, Ray Bradbury, Stanislaw Lem, Ursula K. Le Guin,
etc. entre muchos otros; y quienes en su mayoría llegaron a tener algún tipo de
reconocimiento, años después de su muerte o sólo en círculos especializados dedicados a
resarcir la iniquidad que con ellos se cometió. Es por eso que desde hace algún tiempo
han tomado cierto nivel de importancia premios como el HUGO, nombrado así en honor a
Hugo Gernsback y entregado por la WSFS (Sociedad Mundial de Ciencia Ficción); el
NÉBULA entregado por la SFWA (Asociación de Escritores de Ciencia Ficción y Fantasía de
estados Unidos); o el LOCUS de la revista del mismo nombre, que buscan elevar el
prestigio de autores que de otra forma podrían pasar inadvertidos a pesar de su calidad
literaria. Lamentablemente estos premios son vistos por la comunidad académica, como
una vitrina para incrementar las ventas y no son respetados como una condecoración
ligada a la aprobación artística o técnica de quienes los reciben.

Tal vez haya una explicación que englobe toda la problemática, pero que lejos de ser
concluyente, podría llegar a ser otra causa de desacuerdo con la crítica: la CF ha probado
en numerosas ocasiones que el porvenir descrito o el mundo paralelo inventado por ella,
no era mera suposición imaginativa, sino que su raíz argumental proyectada desde la
ciencia y la premonición tecnológica y social se convirtió en realidad con el paso de los
años, guardando irrefutables coincidencias entre el futuro enunciado y el presente
alcanzado por la historia. Esta suerte de anticipación, puede ser vista como en el pasado lo
desconocido fue visto por los antiguos, negándose a aceptar explicaciones racionales y
más bien mitificando los hechos y obligando a la creencia dirigida por un poder
hegemónico. ¿Se teme entonces al poder premonitorio de la ciencia ficción?

(1) Dicho por Bodie Carlyle en el capítulo 41, página 311 de la novela Rant – La vida de un asesino- de Chuck
Palahniuk, Editorial Mondadori, 2007, en la que se plantea la posibilidad del viaje en el tiempo y los
intríngulis de las paradojas espacio-temporales.

(2) Uno de los cultores de la ciencia ficción fundador de una de las más importantes revistas para la
publicación de relatos de este género. Revista Amazing Stories, editorial de abril de 1926.

(3) Jaime Ricardo Reyes, Teoría y Didáctica del género Ciencia Ficción, Cooperativa Editorial Magisterio,
2.000 Pg. 12

(4) Peter Nicholls y John Clute, Enciclopedia de la Ciencia Ficción, citado por Orlando Mejía Rivero en
Cronistas del Futuro, Editorial Universidad de Antioquía, 2012. Introducción Pg. XIV.

(5) N. del A. En muchos círculos se acepta la sigla de CF para referirse a la ciencia ficción, incluso en
contraposición al Sci-Fi norteamericano y “Hollywoodense”.

(6) El estudio de Jaime Ricardo Reyes en su “Teoría y didáctica del género de ciencia ficción” 2012, Pg. 36,
establece que los temas se pueden dividir en cuatro grandes campos: 1. Ciencias–Técnica; 2. Extraterrestres,
seres fantásticos, mundos paralelos; 3. Conquista del tiempo; y 4. Utopías y anti-utopías.

(7) Scholes y Rabkin, La Ciencia ficción. Historia, ciencia y perspectiva. Taurus, 1982, Pg. 74, hablando sobre
Theodore Sturgeon, autor de la novela “Más que humano”.