Lecturas Situadas: Edición septiembre 2017

Estimados colegas docentes, bibliotecarios y mediadores:

En esta nueva edición de Lecturas Situadas, tenemos el agrado de contar con la palabra, experiencia
y compromiso de la reconocida y querida narradora María Héguiz, quien en 2005 fundó la Escuela de
Lectores Narradores Sociales (ELNS), un espacio de capacitación para la formación de Lectores
Narradores Sociales y creación y actualización permanente de Centros de Lectores Narradores
Sociales. Dos años más tarde, en 2007, con el propósito de profundizar esta experiencia de trabajo,
creó, junto a un grupo de colaboradores, la Asociación Civil No Gubernamental “Argentina Narrada
Comunidades y Libros”.

Desde el 2010, en el marco del proyecto Bicentenario, llevan adelante Caminatas por la Lectura en
distintos lugares del país.
Este año, el Encuentro de Bibliotecarios Escolares del 10 de noviembre, organizado por las
Bibliotecarias Referente Cendie de la Región Educativa 1 cerrará con una Caminata por la Lectura en
la ciudad de La Plata.

El presente artículo fue escrito por María Héguiz con fragmentos de su libro “Laboratorio de Lectura
y Narración Social. Pedagogía del libro hablado”. Novedades Educativas 2017.
Los invitamos a conocer la propuesta.
LECTURA Y NARRACIÓN SOCIAL - Bibliotecas como voz de la comunidad

Lo estoy viendo. Es un cocodrillo de vidrio que tiene confites de colores que trasparentan por uno
de sus lados.
Siento que me mareo hoy domingo por los confites y otro domingo por la crema y otro domingo...
En el tiempo comprendo: no eran los domingos...eran los lunes y yo, que no quería o no podía ir a la
escuela.
Y hacía borrones y me dormía en las clases.

Ya en el jardín de infantes había llorado tanto que no hubo forma de “adaptación” y volví al refugio
de la casa.
Salir al mundo no me resultaba fácil, necesitaba fortalecerme.
Como era flaquita me empezaron a dar lomitos con pan y dulce de leche.
Pero hubo algo que fue la llave.
Mi madre es uruguaya. En ese tiempo conocía muy poco de la historia argentina. Un país nuevo,
hijos nuevos, con una educación nueva para ella.
Viendo que “había que hacer algo con la nena” se inspiró en la historia argentina. Que de alguna
forma le era ajena, pero que le interesaba conocer.
Compró manuales diversos, los leyó. Con ellos escribía síntesis de las invasiones inglesas, 25 de
mayo, 9 de julio, Sarmiento.
Escribía con una letra muy linda en unas hojas oficio donde todo esto quedaba sumergido en las
palabras que lo relataban como un cuento.
Estas imágenes del papel cobraban vida en su voz y el cuento ya era una película de acción,
o de amor o épica.
Y Liniers, Mariano Moreno y el fuerte de Bs. As y los pasadizos secretos, todo era imagen y emoción.

Sin que nadie me obligara y con un entusiasmo creciente, me tiraba en sillones para releer esas
hojas y me las repetía en voz alta. Estaba en segundo grado.
Como mi hermano era mayor y ya iba a la secundaria me llevaba temprano a la escuela.
En la soledad de los pasillos coloniales de la escuela pública de mi barrio de Floresta caminaba sola
repitiendo esas hojas, esos cuentos, esa historia que sentía mía.
Cuando llegaba la hora de “la lección” pedía insistentemente pasar y no paraba de hablar y de contar
esas hojas cuento historia niña durante una hora seguida.
Esto empezó a ser un hecho escolar extraño y empecé a ser escuchada.
Y al tener voz se produjo el misterio, empecé a “andar muy bien en la escuela”

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¡Bien en todo! ¡Hasta en matemática!!
La voz habilitó mi persona.

Estudié declamación y participaba en todos los actos escolares.
En cuarto grado para el día de San Martín me dieron unas anécdotas para decir en el acto.
Sentí que no me gustaban, que no eran atractivas para decir. Quizá estaban mal escritas y tuve una
intuición literaria.
No quise decirlas y me obligaron a hacerlo.
Ese día falté a la escuela. Recuerdo que me llevaron a la dirección, la directora me miró con ternura y
me puso una nota muy roja en el cuaderno.
Revivo mi sentimiento. Me veo sentada en la silla de aquella dirección sintiendo que no me
importaba la nota colorada, convencida de que no podía decir algo que no sentía decir.

Termina la escuela con el 6º grado y para el acto de egresados tengo que llevar la “bandera de
ceremonia”. Pero se hacía una obra de teatro y si estaba con la bandera no podía cantar ni decir un
poema que me gustaba mucho.
No quise llevar la bandera. Fue muy complicado el tema. Finalmente canté.
No es fácil tener voz en este mundo.
Pero sin este descubrimiento que las invasiones inglesas y la voz de mi madre inspiró, posiblemente
mi vida hubiera sido seguir haciendo borrones.
Este encuentro con la voz es un gesto cotidiano. Es la vida misma. Y es más, la palabra es lo que uno
va eligiendo de la vida. Con todos los borrones que siempre son muchos, como también algunas
hendiduras de luz.

A veces son tan fuertes las dificultades que uno necesita trabajarlas. Y en la búsqueda de encontrar
caminos propios, intenta casi desesperadamente trasmitirlos en la necesidad de que la propia
experiencia alivie a otros.

De esto se trata mi propuesta de Lectura y Narración Social.
Lectura y Narración Social como un nuevo espacio, como una nueva mirada para que ese simple
gesto de la lectura entre todos, con todos nos vuelva más conscientes de nosotros y devuelva lo
más humano en el encuentro.
Acerco el concepto de Lectura y Narración Social y una propuesta de trabajo de campo “Caminata
por la Lectura. Leer despierta la voz” a través de fragmentos de mi libro.

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“El centro del trabajo es el libro en la voz de la gente,
como expresión de su memoria, su presente, y sus sueños.
El libro que se sumerge en la vida y la interpreta en alguna nueva luz.
Por eso el eje es la biblioteca. Entendiéndose como biblioteca,
los espacios formales como bibliotecas populares, municipales,
escolares, especializadas, o el pequeño estante con algunos pocos libros,
o un solo libro en una mano que valore su existencia,
Cada persona, cada comunidad, es una biblioteca viviente.
Es memoria de los libros que la expresan”.
María Héguiz

Lectura y Narración Social. Desentrañando un título
“Lo Social”

¿Qué nos reúne?
Un título y preguntas

Querría averiguar por Lectura y Narración Social…
…porque soy maestra / profesora / bibliotecaria y no leo con “matices” y no me animo a contar sin
libro.
…porque soy jubilada y he sido maestra, y quiero seguir leyendo en escuelas con “necesidades”,
donde puedo ser útil.
…soy estudiante y quiero hacer algo con “compromiso social”, podría leer en hospitales, en cárceles,
en barrios.
…soy empleada, pero el trabajo cotidiano me limita, necesito un desahogo, brindarme de otra
forma.
…soy comerciante, trabajo en una empresa y quiero “dar algo” a la sociedad. Siempre me gustó la
lectura.

Una de las direcciones de múltiples preguntas e inquietudes es “lo social”, combinado con “me gusta
leer”.
Aparecen en los comentarios palabras como “dar”, “brindar”, “voluntario”, “solidario”, “ser útil”,
“leer con expresión”, “saber narrar”…
Hay preguntas.
El maestro, profesor, bibliotecario que necesita brindarse desde un nuevo lugar y no sabe cómo.

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Una nueva etapa, que nos invita a leer desde el placer de la abuela, de la maestra jubilada con los
niños ya no alumnos.
El compromiso del joven hacia un futuro que desea distinto, quiere ser parte de ese cambio y se
pregunta desde dónde.
El cerco de la urgencia cotidiana, en trabajos donde la presión para producir nos aleja de lo humano,
y necesitamos sentir que una parte nuestra sigue viva, y “leer y contar a otros” se intuye como un
posible camino.
La reflexión de la vida que cuando nos brindó lo bueno que tiene, nos invita a devolverlo a otros en
“algo” que no se alcanza a precisar.
En las preguntas aparece como eje “lo social”.
“Lo social”. Hacer algo por el otro.
Sí, pero no.
Este va a ser nuestro primer trabajo. Olvidarnos de “lo social” que mira afuera, para ver el espacio de
“lo social” por dentro.

Quizá transitamos alguna vez por alguna experiencia de lectura en algún lugar comunitario.
Quizá fuimos un día, con el efecto de un día, y nos quede aún la emoción de lo que vimos y vivimos.
Ese joven que nos mira entre los barrotes de una cárcel, o el niño con leucemia que apenas puede
escucharnos.
De ese día, quizá nos queda, también, un extraño lugar donde nos sentimos “felices”.
Sí, felices de nosotros mismos, de lo que nos animamos y dimos. Y contamos la experiencia una y
otra vez.
Contamos nuestra sincera aventura con la vida, ante la aprobación también “social”, solidaria,
culposa y admirativa de nuestra audiencia.
¿Es esto “lo social”?
Sí, pero no.

Después de ese día glorioso (para nosotros), queda un joven que continua al día siguiente detrás de
los mismos barrotes de esa misma cárcel y queda ese niño con leucemia luchando entre la vida y la
muerte.
¿Para quién fue el beneficio de nuestra “beneficencia”?
Para nosotros mismos.
Es interesante escuchar adentro de nosotros, hacia dónde se orientan los “beneficios”.
Por eso, los invito a repensar “lo social” desde otro ángulo, o desde muchos.
Desde un caleidoscopio, donde el otro es tan autónomo como nosotros mismos, es tan fuerte como

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nosotros mismos, el adolescente desamparado, el niño enfermo...
Donde no vamos a brindar algo a alguien que no lo tiene. Vamos a brindarnos en una experiencia
compartida, continuada, comprometida, enriquecedora para ambos, y de crecimiento y
multiplicación social para todos.

“Lo social” con una mirada abierta.
Abierta a una multiplicidad de facetas en el encuentro con el otro, que nos recrea, que “nos crea”
como sociedad desde una identidad genuina.
“Lo social” que es todo. Un contexto de encierro, un hospital, un trabajo con no videntes o en
instituciones psiquiátricas, y también la familia, un grupo de niños de una escuela, una fiesta del
pueblo o el barrio, un cumpleaños, un casamiento. Todo, porque es vida.
“Lo social” comienza con nuestra persona y los que están cerca. Si un grupo de lectores va a un lugar
con fuertes carencias llevando su material “bien ensayado”, pero no está en el grupo “lo social”
como vínculo, como aprendizaje de escuchas, tiempos, lugares, presencias, respetos, “lo social” es
mentira. El momento ha sido solo una buena excusa para la exhibición personal.

Si, en cambio, “lo social” nos incluye, nos reúne a todos y a cada uno, y nos responsabiliza y proyecta
como grupo humano, en el que no se distingue el que lee y el que escucha; si exploramos el “sentir”
cuando todos contamos, cuando no cuenta “mi cuento”, ni el cómo salió “mi lectura”; si estamos
atentos para potenciar nuestro hablar entre todos, la Lectura y Narración Social no empieza y
termina en cada uno y el libro se vuelve experiencia.
Desde ahí hay un desafío y un cambio que no está en el libro, ni en “leer o contar bien”. Está en la
mirada, en desde dónde se lee y se cuenta.
Esta es la experiencia transformadora, ese instante del libro como vínculo.
La creación de un espacio lector es la vivencia de lo social en la voz compartida.

La lectura como hecho social

El lector más cercano soy yo mismo.
¿Qué “me leo” en silencio?
Este primer encuentro lector es íntimo.
Leo, no leo. ¿Con qué personaje me cruzo?
Cómo me cuento. ¿Hablo con mi lector?
¿Le tengo paciencia en sus búsquedas?
¿Lo entiendo si ha leído poco o se fatiga?

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¿Conozco al lector que soy yo mismo?

El libro que nos lee, el libro que me lee, va abriendo en mí zonas insospechadas.
¿Lo escucho?
¿Soy solidario con este libro que despierto?
¿Soy consecuente con él, con las zonas dormidas de mí mismo, que el libro me muestra como
espejo?
Aquí está el primer hecho social.
Difícilmente pueda estar con otro, si yo mismo no soy ese libro a compartir.
Sin este espacio del libro adentro, que vibra en nuestra voz y en nuestras manos, el libro afuera es
solo un objeto.
Posiblemente termine siendo víctima de alguna manipulación didáctica, moral, literaria. Los objetos
deben servir para algo. Para eso son objetos.
La vida del libro que me lee soy yo mismo, y esta es la voz de un lector que quiere encontrarse con
algún otro. Que atraviesa el objeto libro con su persona.
El libro es el vínculo, es lo que necesita volver a ser hablado entre todos.

Realfabetización lectora

El libro nos revela - rebela.
Yo que soy profesor, quería que mis alumnos conocieran a Cortázar y lloro delante de ellos con “La
señorita Cora”1.
Yo, que buscaba cuentos para enseñar a mi nieto valores, termino en una lectura riendo con él.
Realfabetizar la lectura es no leer desde el rol. El rol de “profesor” o de “abuela”.
Es recrear el lector en mi persona.
Sentir a Cortázar es permitir que se entienda. Reír con el nieto es enseñarle valores.
El rol no se pierde, se enriquece con lo humano.
Es importante darnos tiempo para esta realfabetización lectora.
Si leemos desde el rol, solo va a llegar el mensaje que el rol nos imponga.
Si somos nosotros el libro, aparece esa vida imaginaria que nos transforma, y al compartirla, nos
encuentra con el otro.
En la emoción del profesor, la vida del adolescente de Cortázar “salva su vida”, porque seguramente
los alumnos van a ir a buscar algo más de aquella persona-profesor-escritor que los conmovió.
Si en el hecho mismo de la comunicación del arte (que trasciende todo rol y esquema, porque por

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eso es arte) nos olvidamos de ser alumnos, escritor-Cortázar, y profesor-que-enseña, si somos
personas en la vivencia de un adolescente que lucha entre la vida y la muerte, el libro va a ser vida
entre nosotros para pensarnos un poco más.
Muchos sabemos leer letras, pero quizá tengamos que “aprehender” a contar sentidos.
Para algunos, las letras son difíciles, pero pueden leernos con una hondura, que los que sabemos
muchas palabras debemos escuchar. Ahí nos está hablando la Lectura y Narración Social.

Los libros en la voz de la gente

Los niños no leen, los adolescentes no leen, los jóvenes no leen. En la era de la tecnología “nadie
lee”. Esta frase se escucha con frecuencia en todo tipo de espacio. Nadie lee y mucho menos “en voz
alta “. Y menos “contando”.
Leer conecta con la emoción, nos muestra vulnerables, nos expone a criterios de aceptación y crítica.
Leer está asociado a algo antiguo, como esa cultura que hoy ya no da ni eficiencia, ni éxito, ni
empleo y se asocia a tiempo perdido, o a pantalla cultural acreditada que cubre pragmáticos
intereses. En un mundo donde la técnica impregna nuestros sentidos y la ciencia se esfuerza por
reinventar la vida.
Pero el hombre vive en mutaciones continuas. Su estado natural es el cambio. Y extrañamente, en
medio de la oscuridad, siempre ha preservado lo humano: el habla, que lo define, y su consecuencia,
la palabra.
Los nuevos horizontes siempre han abierto y abren infinitas posibilidades.
¿Cómo se va a perder el libro si es lo que somos? Los libros son voces y no tienen formato. El libro es
más que el libro, por eso atraviesa el tiempo y nos habla.
Hablar la lectura es habilitar la palabra desde el pensar y el sentir qué significa. Es el cuerpo de la
palabra que da voz a la persona que la nombra.
La voz de los libros. La de todos. La que nos iguala.
Hoy no estamos narrando solo para retomar un rito antiguo. Hoy estamos en el mundo de la imagen,
y el rito se instala como un desafío día tras día.
Una sola imagen moviliza al mundo. ¿Qué imagen? ¿Qué imagen moviliza deseos y destinos?
¿Cuál es la usina de la imagen interna de personas y comunidades? ¿Qué lectura nos piensa y nos
cuenta desde la más dura vibración? La de sentir la fragilidad propia y la del otro, la que nos iguala.
Eso es leer-nos. Eso es contar-nos.
Desde la imagen, todos podemos ser el otro en algún momento. Hoy no tengo hambre, pero no sé si
mañana; hoy tengo trabajo, no sé si mañana; hoy no soy un refugiado, pero no sé mañana.

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Los libros son el laboratorio de imágenes donde leo, recreo y veo en otros, lo posible que puedo ser
yo mismo.
En un imaginario sin tiempo ni espacio todo es posible. Y ahí entiendo a ese otro que parece estar
lejos, pero me refleja en lo humano. Y no necesito vivir la guerra para entender lo que significa.
Y en la guerra misma, la imaginación es una forma de explicarme.

(…) “el soldado ruso despertó a su compañero y se fueron sin despedirse... hacia la puerta, el
jardín, la línea de fuego. En la puerta se detuvo, como quien se acuerda de algo, se volvió y me
preguntó cuál era mi profesión. Cuando la intérprete se lo dijo, el ruso le respondió “jarasho”
(bien)... Le pregunté por qué estaba “jarasho”, porque estaba “bien” que alguien fuera escritor,
porque él creía que estaba “bien”.
Reflexionó unos momentos. Y respondió cuidando sus palabras, pronunciándolas lentamente, con
un énfasis especial:
–Está bien porque si tú eres escritor, puedes decir lo que nosotros pensamos.
Salió despacio. No volvió la cabeza. La carrera de un escritor no suele merecer muchos
reconocimientos. Pero yo conservo esta frase como una condecoración muy especial”.
“¡Tierra,Tierra!” Sándor Márai, 2006.

¿Qué pasa si los libros son protagonismo de todos?
¿Qué pasa si no empiezan y terminan en alguien, sino que circulan como cuerpo social?

Capítulo 4. Caminata por la lectura. Leer despierta la voz

“Cada paso es una voz que lee, es una voz que despierta”.
María Héguiz

Un día me pregunté “¿qué pasaría si los que creemos en los libros nos reunimos para leerlos y
contarlos en voz alta a cielo abierto?”.
Caminando en nuestro paisaje, leyendo y hablando en calles, plazas, montañas, playas, ríos.
Para que la comunidad toda salga a las puertas de sus casas y se entere de “que el libro existe”, y
comparta su alegría.
Para que la comunidad toda sea invitada a participar de la celebración. Para que los medios sientan
que el libro es noticia.
“¡Salimos en la tele por la lectura!”, comenta entusiasmado un niño de una escuela, quizá
sorprendido de que la lectura pueda aparecer en esa pantalla que convalida oportunismos más que

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permanencias.
¿Qué pasaría si salimos a la calle a resignificar el espacio público, “un bien común” que nos
pertenece a todos? ¿Si saliéramos a reeditarlo para contar lo mejor de nosotros como humanos en
general y como comunidad en particular?
Donde no haya escenarios para mirar a alguien que nos cuente lo que somos, sino voces de todos
hablando “en poesía” por las calles.
Donde el paisaje, el patrimonio, sea el escenario real, paralelo en las miradas. Donde todos nos
encontremos para contarnos, para leernos esos libros que nos reflejan en un espejo de identidades,
de memorias y de sueños.

Caminata por la lectura. Leer despierta la voz

La “Caminata por la lectura. Leer despierta la voz” es un programa en Red de Argentina Narrada,
OSC, y la Escuela de Lectores Narradores Sociales. De participación libre, abierta y gratuita.
Ha comenzado en el año 2010 como proyecto Bicentenario. En el año 2016, ya se han realizado más
de 100 Caminatas por la Lectura en la Argentina. Una en Berlín, México, Quito y en India.
Es un proyecto de capacitación con videos, materiales y espacios de intercambio.
No es una “Caminata por la lectura…” la que camina. Son todas en conexión, en un andar de libros y
de voces que camina en gente, comunidades y países que se unen.
La Caminata por la Lectura no es un día, es la celebración de pasos realizados.

Paso 1. Acciones de Lectura y Narración Social

El grupo que decide caminar organiza un mapa comunitario con los pasos hacia la caminata.
Pasos que son acciones de Lectura y Narración Social, vivencias en la voz.

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Cada grupo de caminantes elegirá dónde dedicar sus lecturas. Bibliotecas, escuelas, hospitales,
cárceles, hogares, comedores, sociedades de fomento.
Las acciones planeadas pueden ser dos, tres o más. Lo importante no es la cantidad, sino la calidad
de la experiencia.
Es interesante que lo vivido en un lugar pueda replicarse a lo largo del año. Si la comunidad se
organiza, hoy seremos 3 leyendo en un espacio social, y mañana 20 contando en 10 espacios y en
este caminar, cada año seremos más en más lugares generando un crecimiento, multiplicando el
libro en nuevas voces.

Paso 2. Caminata por la lectura. Leer despierta la voz

Un día elegido con libertad, aquellos que nos leímos y contamos nos reunimos para caminar. Para
compartir a la sociedad lo vivido y para invitarla a compartir la propuesta.
Todos los espacios que han participado en estas acciones figuran en carteles que acompañan este
caminar de pasos.
Se camina diciendo esos versos o palabras que alguna vez aprendimos y llevamos dentro.
Se pueden leer poemas o frases o textos breves. Acompañar con un megáfono o parlante para que
las voces tengan más llegada. Se pueden realizar paradas de lectura para leernos entre todos.
Entregar y leer versos o textos de libros a los transeúntes desprevenidos o asombrados que se
cruzan o se detienen a observar o compartir, o se unen al caminar.
La “Caminata por la lectura. Leer despierta la voz” es acción. Libros que salen a la calle en la voz de la
comunidad. Todo esto puede integrarse con músicos, escritores u otras expresiones que surjan
genuinamente del mismo grupo que se ha reunido para realizarla.
Es la comunidad que se lee. No es el armado de algo. Es el desarmado social que encuentra libertad
para contarse y leerse. Comunidad que respira. Libros que dan voz a cada uno de los que caminan.

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No importa si somos tres amigos que salimos a caminar o 1500 personas.
La calidad de la transformación es el centro. Cientos de personas con carteles sobre la lectura, pero
que nos le ha sucedido nada, solo alimentan una ignorancia carente de sentidos.
Tres que saben lo que significa, son voces de transformación y cambio.
Es importante enviar a todos los medios este acontecimiento.
La cultura suele atrapar a la cultura. Que el libro sea una noticia cotidiana. Que la gente y la
comunidad sientan que “los libros son parte de su existencia”.

“La Caminata por la lectura. Leer despierta la voz” es un proyecto que invita a la comunidad toda a
caminar a cielo abierto, como cierre de un recorrido de acciones personales, institucionales y
regionales de lectura comunitaria.
Es una fiesta de celebración de todas las acciones realizadas, caminando, leyendo y contando a viva
voz, con la comunidad y su gente como protagonista.

Este año la “Caminata por la lectura. Leer despierta la voz” adhiere a la Agenda 2030 (UNESCO)
Educación de calidad, paz, igualdad.
¿Porqué necesitamos salvarnos de a uno, mirando nuestro pequeño espacio? en vez de salvarnos
todos desde el imaginario simbólico de un arte que nos piense, nos eleve a planos colectivos, a una
humanidad que se escuche desde la metáfora reveladora.
Un sólo verso nos devuelve la vida para entenderla mejor.

El simple gesto de la lectura: Ética de lo posible

Qué es lo que nos distingue de toda vida existente: el habla.
Qué es lo que nos iguala: el habla.

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Qué es lo que nos somete: el habla.
Qué es lo posible: el habla.

El simple gesto de la lectura: Ética de lo posible.
Ese gesto inicial de la lectura.
Esa comunión hablada que es el contar o leer un libro.

En estas experiencias lo abrimos desde distintas transversalidades y todas se cruzan en un posible
gesto ético. Ética que no se explica, que acontece en el breve instante del suceso.
Nos adentramos en los espacios de este gesto.
Dos personas. Una lee y otra escucha. El libro puede estar o no como objeto. Se crea en el imaginario
de ambas. En nuestra nueva narración.
Hoy hay tratados sobre valores, solidaridad. Numerosos libros para niños y jóvenes sobre estos
temas. Comentarios de todo tipo desarrollados con mayor o menos frivolidad.
Pero las guerras siguen, los suicidios de jóvenes, los femicidios, el agotamiento desesperado de la
pobreza.
Valores, solidaridad, confianza social.
En el simple gesto de la lectura está todo, pero no lo ejercemos. Porque accionarlo es ir al
encuentro, es palabra en acción.
Es palabra que no queda silenciada en nuestro cuerpo. Es palabra hablada que se juega en el
asombro y el riesgo cambiante de otras voces.
No es “hablar de”, es “estar en”, es un gesto que nos compromete.

El simple gesto de la lectura nos parece extraño. No lo integramos a lo cotidiano. Mientras que todas
las explicaciones las repetimos como logros probados.
Dos personas leyéndose y contándose, y el libro que las cruza.
En este instante, esas dos personas se escuchan, en deseos, en afectos, en sueños.
Se comparten y re-crean. Imaginan otras realidades para salir del pequeño entorno de la cercana
mirada y entrar en ese saber de “lo humano”, que me responsabiliza en imágenes lejanas, pero tan
cercanas como mi propia vida.
Mis labios pronuncian palabras de poeta. Sensibilidad que comienza a depurar sentidos. Mi oído las
escucha. Como la música que me vuelve más sutil.
Mi lenguaje se enriquece en posibilidades. El libro en su infinita diversidad de temas despierta,
desnuda horizontes propios. Cuestiona deseos ajenos.

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Todo esto y mucho más pasa cuando dos personas se leen, se cuentan, se narran y cuando un libro
es la excusa que los une.
¿Por qué este gesto ético no se practica?
¿Por qué no se vive como quien respira?
¿Si está todo en él?
¿Por qué realizamos tantas actividades para darle una significación que pierde y dispersa su esencia?
¿Qué secreto, o peligro habrá en este gesto del libro, que siempre algo nos distrae de su centro?
¿Qué pasaría si todos nos leemos y contamos a todos?
Ética en un gesto.
¿Qué pasaría si esta ética del libro nos encontrara mirándonos unos a otros?

El arte del libro en la palabra hablada es voz en lo humano.
Es un simple gesto ético que no se explica, vive como posibilidad.
Desnuda, denuncia, compromete. Es un ejercicio íntimo de la libertad.

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Más información sobre Escuela de Lectura y Narración Social Argentina Narrada en:
argentinanarrada.org.ar

Como siempre, los invitamos a comunicarse con nosotros y compartir relatos, fotos y experiencias
en torno a las propuestas. Pueden escribirnos a: consultasplanlecturaba@gmail.com

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