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LA MÉTRICA DEL MARTÍN FIERRO.

POR EMILIO CARILLA

El verso

El Martín Fierro está escrito en versos octosílabos, con la excepción de dos coplas de seguidillas que aparecen en la Ida y algunos
eneasílabos aislados. Hernández vio que el verso octosílabo era el que predominaba en la versificación y en el canto del gaucho,
así como el que daba el cauce a sus dichos y refranes. Hernández defiende un aspecto consustancial al gaucho. El verso octosílabo
de larga tradición en la métrica española recupera en el siglo XIX un terreno que había perdido en el siglo anterior. El octosílabo
permanece en la poesía anónima y se empina en la poesía culta. Echeverría es buen ejemplo, con el esquema métrico de La
Cautiva (le parecía según su prólogo en Rimas uno de los más hermosos y flexibles de nuestro idioma). La poesía en lengua
gauchesca anterior al Martín Fierro es poesía en verso octosílabo con los hitos esenciales que constituyen Hidalgo, Ascasubi y Del
Campo, sin importar la forma que elijan –romance, redondilla o décima-. El Martín Fierro ofrece los cuatro tipos de octosílabos
aunque como característica corresponde al octosílabo polirrítmico (Según Tomás Navarro.

Las estrofas

El poema de Hernández ofrece el predominio de una estrofa que da perfil individualizador a la obra, la estrofa hernandiana, la
sextilla, con la cual se abre el poema y ocupa gran parte de la obra. Hay otras combinaciones métricas: romance, seguidilla,
redondilla.

La sextilla

La sextilla, a pesar de su primer verso blanco (libre), es la estrofa hernandiana. El esquema clásico es abbccb, puede haber
variaciones con el cambio de orden de las rimas en los versos finales o con los cambios de rima, asonancias en lugar de
consonancias. “Aquí me pongo a cantar” es el sello inconfundible. En su obra, la característica del verso inicial no desaparece.
Martínez Estrada explica que el verso inicial tan particularizador entronca con formas tradicionales. Sin embargo, advierte que la
estrofa de Hernández forma parte de un grupo de métrica romántica especial que se reconoce en la estrofa bermudina
(abbc/deec), la cual ofrece alguna semejanza con la sextilla hernandiana. Lo característico de estas formas estróficas es que se
apartan de las combinaciones tradicionales de la métrica española tímidamente ya que si bien el romanticismo persiguió alguna
libertad en el verso y desasimiento del rigor clasicista, sintió aún firma la presencia del verso y su rima. Además del esquema
abbccd se encuentra la combinación abbcbc, aabcbc y aabccb, perdiendo en esta dos últimas su condición de independiente que
tanto lo individualiza en el poema. La sextilla aunque es la estrofa característica no es la estrofa del poema total. Las variantes e
irregularidades muestran problemas que Hernández no alcanzó a resolver.

El Martín Fierro está escrito como canto, de un gaucho, por eso las particularidades rompen esquemas fijos, siendo fieles a la
concepción imaginable en cantores reales, poco cuidadosos de rigores métricos. Si bien no es el testimonio desnudo de un cantor
rústico, el poema de Hernández se justifican esas particularidades mejor que en otras manifestaciones literarias que escapan a su
ámbito y personajes. El objetivo es destacar las estructuras más comunes dentro de las divisiones internas de la estrofa
hernandiana. El poeta suele terminar su pensamiento coincidiendo con el final de un verso y la clausura de la estrofa cierra con
una idea. Hernández prueba su dominio del verso. A veces el pensamiento desborda las palabras o Hernández no encuentra la
expresión adecuada como si la forma estrófica resultara demasiado corta o demasiado amplia: más lo primero que lo segundo.
Estas posibles debilidades no amenguan la consistencia que da relieve a todo el poema. Como curioso precedente podemos
señalar alguna casual estrofa de Ascasubi, en Paulino Lucero que corresponde al poema abbccb. No parece defendible apoyarse
en relaciones como las que se han tentado con décimas, quintillas o cuartetas. La estrofa guarda coherencia con otras novedades
de la métrica romántica. La visible homogeneidad del poema nos convence del acierto de Hernández al personalizar dicha estrofa.

El Romance
Se presenta en cuatro cantos del poema, en la Vuelta, en los cantos XI, XX, XXIX, XXXI. Hernández utiliza el romance como un
elemento narrativo: punto de enlace, pasaje explicativo. Leopoldo Lugones señalaba que la redondilla y el romance eran en el
Martín Fierro como interludios que evitaban la monotonía (El payador). Martínez Estrada explica el uso del Romance como un
deseo del poeta de evitar colocar la parte de su relato de menor cuantía en el mismo plano que los demás (Muerte y
transfiguración del Facundo). Las afirmaciones de Lugones y Estrada resultan válidas salvo para el canto XI. Afirmado el poeta en
su sextilla, el romance juega un papel complementario, primero en el grupo de las combinaciones métricas complementarias del
poema. El romance aparece en el Martín Fierro como un testimonio que entronca, con la revalorización del romance en la época
romántica y con el uso continuado del metro en la poesía gauchesca. Hidalgo, Ascasubi, Lussich lo prueban. La presencia del
romance muestra al Martín Fierro como un poema no ajeno a la tradición del romance en estas regiones. El canto VII de la Ida
aparece como un curioso enlace o forma intermedia entre romance y redondilla. En lo hipotético, cree que Hernández trazó esta
redacción como provisoria con el fin de darle una elaboración más unitaria luego. El canto del Martín Fierro presenta estrofas con
consonancias y estrofas con asonancias, es decir, formas de romance en alternancia aunque cambie las rimas.

La redondilla

En dos cantos continuados de la Vuelta (cantos XXVII Y XXVIII) utilizó Hernández la redondilla correspondientes a la parte final del
relato de Picardía, que concilian la narración de la vida en la frontera con comentarios sobre el servicio y críticas al régimen
militar en los fortines. En boca de Picardía hay urgencia por terminar su relación. Y eso pudo determinar al autor a utilizar este
metro más cerrado, forma intermedia entre el rigor de la sextilla y la libertad del romance, aunque hubiera podido utilizar el este
último. Hernández no mantiene un mismo esquema. Junto a la típica redondilla que prevalece mezcla rimas cruzadas, agregando
por ejemplo a la redondilla dos versos de un refrán.

Otras formas métricas

Sólo la sextilla, el romance y la redondilla abarcan cantos completos, las otras son menores. La seguidilla tiene cuatro versos (con
alternancia de heptasílabos y pentasílabos) pero no excluye un mayor número, de seis. Las de Hernández tienen seis como si
quisiera igualar el número de sus sextillas. También en dos copas del canto XI de la Ida el autor no utiliza el octosílabo. Por último,
la presencia de estrofas como versiones caprichosas de la sextilla hernandiana, alargada en dos versos. La sextilla no es sólo la
estrofa predominante sino que también extiende sus rasgos a otras formas, que completan este sector del poema.

Conclusión

El Martín Fierro ofrece la presencia de una métrica con cierta variedad, que no se reduce sólo a la estrofa personalizada por el
mismo. La sextilla se identifica con lo esencial del poema, personajes y ambiente; hay unidad entre métrica, tema y lengua, de la
cual el lector se convence. La estrofa hernandiana inicia una búsqueda de libertad métrica, construyendo un nuevo camino
aunque no vaya más allá de su verso inicial. Reconoce la habilidad de versificador del autor del Martín Fierro, pero a diferencia de
Lugones que afirma que nunca el verso tuvo dificultad para Hernández, explica que tuvo más de una que pudo vencer y otras que
no pudo resolver. El tema y el carácter del poema (ámbito y personajes) atenúan versos irregulares.
MARTÍN FIERRO EN HISTORIA DE LA LITERATURA ARGENTINA. POR MARÍA TERESA GRAMUGLIO Y BEATRIZ SARLO

Una nueva conciencia. Un folleto humilde El gaucho Martín Fierro, por José Hernández, fue impreso en la Imprenta de La Pampa
en 1872. Siete años después, la librería del Plata presentó La vuelta del Martín Fierro, un éxito de público, que no había tenido
antecedentes en el Río de la Plata. El hecho altera la relación entre las obras que habían sido escritas en la Argentina (o por
argentinos) y el nombre de literatura nacional que los románticos Echeverría y Gutiérrez habían propagandizado. Ida y Vuelta del
Martín Fierro confirmaban 1) la popularidad gauchesca, 2) la oportunidad de una denuncia sobre la condición social del gaucho y
3) la transformación literaria del saber y la experiencia rurales. Cada una de estas tres líneas existía antes de Martín Fierro por
separado o entrecruzadas. Su confluencia en el poema de Hernández produce un nuevo efecto literario e ideológico. Podría
agregarse de ideología literaria, porque Martín Fierro propone, en una estructura formal que no es la del realismo del siglo XIX,
una representación realista. Hay que presuponer que en Martín Fierro un nuevo tipo de conciencia, de lo rural literario y
sociológico que elige un lenguaje. No es posible sólo la mera yuxtaposición de las tres líneas, que la fuerza de sus contenidos
sociales provenga de su ajuste verbal y narrativo induce a pensar que Hernández modifica tanto la tradición en la cual proyecta
inscribirse, inaugurada por Hidalgo, como la denuncia que compartía con otros. Las flexiones particulares del programa social
parecen anunciar la peculiar inscripción de su poema en la gauchesca y están destinadas a confirmar una comunidad cultural con
el conjunto de saberes, decires y creencias rurales: la sabiduría del pueblo reivindicada en el Martín Fierro en oposición a la
ciencia urbana.

La lengua del Martín Fierro está constituida por un conjunto no demasiado abigarrado de peculiaridades fonéticas, un puñado de
arcaísmos y americanismos y una sintaxis que elude la subordinación. Se define esencialmente por el sistema de metáforas, por el
sistema de connotación, por los desplazamientos de la ironía. El Martín Fierro, construyéndose a partir de las convenciones de la
poesía gauchesca, las modifica por la recolocación de esas formas en una nueva ideología literaria y por la explicitación de un
programa social. El material del poema, al organizar un sistema de ideas, una retórica, un saber rural y una lengua, se inscribe en
la tradición gauchesca de Hidalgo a Ascasubi, pero diferenciándose de ella. Un nuevo tipo de conciencia sobre el gaucho, sobre lo
rural, se impone al público culto después de la publicación del Martín Fierro.

Política y literatura: un sistema de articulaciones. La actividad política de Hernández a partir de la década de 1850, sus escritos
sobre la cuestión del gaucho, de la política de fronteras y del indio, publicados desde 1869 en El Río de la Plata, constituyen los
momentos de un sistema de mediaciones. Martín Fierro resulta de la articulación literaria de este conjunto. Al configurar un
diagnóstico, un programa y un ideal social orgánico, comunican al poema una serie de ejes temáticos: el ruralismo, la solidaridad
social, el proyecto de una sociedad más equitativamente organizada. El liberalismo reviste una flexión particular en el
pensamiento de Hernández. Los escritos periodísticos proporcionan un diagnóstico sobre la condición de la campaña que incluye
varias líneas argumentales: la ley y su aplicación desigual en la ciudad y en el campo, la política de tierras públicas, la política
inmigratoria, la cuestión indígena y el servicio de fronteras; organizadas en un sistema de oposiciones que puede resumirse en
dos parejas de conceptos descriptivos-valorativos: derechos naturales del habitante de campaña versus arbitrariedad del
gobierno de las ciudades; y desorden social versus ideal social orgánico. A su vez, uede detectarse otro sistema de figuras cuyos
conflictos son tema centra en el Martín Fierro: este sistema opone al gaucho (habitante de la campaña) frente al pueblero, a la
autoridad, al gringo y al indio.

Las necesidades e intereses de la comunidad rural no coinciden con los del gobierno urbano y éste tiene la obligación política y
moral de atender a los reclamos del campo, es central en el diagnóstico y en el programa de Hernández, confiriendo así un sesgo
particular de su liberalismo. La ecuación clásica de Echeverría+Alberdi con que se definió el pensamiento de Hernández requiere
precisiones. La afirmación, en la tradición alberdiana, de independencia de la sociedad civil respecto del Estado, se combina
(posible en Martín Fierro) con la convicción de que las instituciones liberales no bastan, es necesario secundar su espíritu
progresista. Por otro lado, Hernández tiene un modelo de relación con los indios. La civilización no da otros derechos, discurre
Hernández que los que son compatibles con su cultura y su progreso. Es el progreso el que someterá al indígena, integrándolo a la
sociedad nacional. El ruralismo hernandiano es el factor que enlaza su programa social con los sentimientos que la comunidad
campesina nutría frente a los indios.
Hernández opina que la inmigración puede convertirse en un factor negativo si los gobiernos no enfrentan una cuestión
fundamental: la carencia de una política progresista de la tierra pública está en el origen de la concentración de inmigrantes en
las ciudades. La división en pequeñas parcelas y su entrega a quienes deseen explotarlas podrán contribuir a plantear el problema
de los contingentes inmigratorios y la indigencia de los hijos del país. La propuesta de Hernández quedaba enfrentada a la que en
definitiva fue la forma de propiedad en el campo argentino. La dispersión de Fierro y de sus hijos en el Canto 33 de la Vuelta es la
metáfora del programa incumplido de Hernández. Martín Fierro que vuelve del desierto a ver su lo dejan trabajar, sólo tendrá
ante sí el destino de peón de estancia. Ese año de 1879, en el que Hernández redondea su programa rural (división de la tierra
pública y entrega de las extensiones ganadas al indio a los soldados que las defendieron, política racional de inmigración
vinculada al reparto de tierra) es el que marca el momento más reformador de sus ideas.

El ideal de una sociedad armónica (consigna que se hace presente también en el Martín Fierro) donde el gobierno repare las
injusticias y las oposiciones que desmembrarán fatalmente al cuerpo nacional es otra de las flexiones particulares del liberalismo
hernandiano. Su paternalismo pertenece al horizonte cultural del mundo campesino. La manera como Hernández concibe estos
derechos, el lugar que ocupan en su intervención política de la década de 1860, es lo que caracteriza su pensamiento como una
versión ruralizada, paternalista en ocasiones, del liberalismo. Ida y Vuelta de Martín Fierro tematizan esta trama de ideas. En la
Ida, como en los escritos de la década de 1860, el tono de denuncia puede ser más neto pero la Vuelta que desemboca en una
nueva dispersión no deja dudas de que la visión del mundo de Hernández y su diagnóstico de los males que estaban asolando la
campaña bonaerense habían conservado sus elementos más estables. Una nueva conciencia habita en un hombre de las filas
rurales pero no oligárquicas, un miembro segundón de la élite política que siendo periodista y soldado, elige la forma gauchesca
para condensar literariamente los temas de su denuncia y su programa social.