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MASACRE DE SANTA BÁRBARA

El 4 de julio de 1991, una patrulla del ejército peruano asesino a quince personas en la mina "Misteriosa", los
culpables fueron sentenciados el 16 de octubre de 1992 y beneficiados con la ley de amnistía de 1995.

El 14 de junio de 1991 se decretó la prórroga del estado de emergencia en el departamento de Huancavelica,


razón por la cual los miembros militares patrullaban durante el toque de queda ( desde las 19 horas a seis
horas del día siguiente). Bajo el pretexto de mantener el orden durante las noches, los militares ingresaban a
las casas de los pobladores, robando pertenencias y ganados, llegando en algunos casos a cometer asesinatos y
violaciones sexuales (Comisión de la Verdad).

El día 2 de julio de 1991, a las 18 horas, partió desde la base de Lircay la patrulla Escorpio rumbo a
Cochaqaccsa, llegando aproximadamente a las 21 horas. A continuación, partieron hacia la mina de Julcani y
ahí se encontraron con 5 ronderos procedentes de Buena Vista, con quienes partieron hacia Huarocopata,
llegaron a las 5 de la mañana del 3 de julio y detuvieron a seis comuneros acusados de subversión.

A las siete horas del mismo 3 de julio abandonaron Huaracopata y se dirigieron a Palcapampa, lugar donde se
encontraron con la patrulla Angel, juntos partirían hacia Rodeo Pampa en la madrugada del día siguiente. El 4
de julio llegaron al anexo de Rodeo Pampa en la comunidad de Santa Bárbara, lugar donde detuvieron a los
miembros de una familia de la comunidad, prendieron fuego a su hogar y los detuvieron desnudos pese a la
inclemencia del clima.

Según la versión de un miembro del ejército, las patrullas ingresaron por puntos distintos y oyeron unos
disparos, los cuales no pudieron precisar si fue efectuado por elementos subversivos o miembros del ejército.
En ese momento se procedió a la detención de un varón, una mujer adulta y una niña de 3 años; otro miembro
del ejército detuvo a un hombre que viajaba en dirección al poblado, finalmente otro elemento del ejército
detuvo a siete personas, obligándolos a bajar al caserío, ahí observo que el resto de la tropa había maltratado a
los pobladores.

Llegado el medio día la patrulla procedió a preparar su almuerzo, degollando algunos ganados y gallinas que
robaron. Culminado el rancho, el conjunto se dirigió hacia la mina Misteriosa, y las quince personas fueron
acribilladas; finalmente, colocaron dinamita en el lugar para explotar los cuerpos que terminaron esparcidos
por la mina.

El encargado de la patrulla en una argucia inverosímil sostuvo que los detenidos se suicidaron masivamente,
arrojándose a un barranco mientras caminaban hacia la base de Lircay. Esta versión fue desestimada por el juez
militar. Un sargento que participó del operativo indicó que antes de ser conducidos a la mina fueron atados del
cuello, así como también aceptaron que se apoderaron de las pertenencias de las víctimas.

El 18 de julio el ministerio público, algunos periodistas y familiares denunciantes encontrados los cuerpos; en
donde se hallaron trozos de lengua, partes del cuero cabelludo, entre otros elementos que permitieron
reconocer a los asesinados. Los asesinados tenían las siguientes edades: 60, 57, 31, 26, 20, 26, 24, 6, 6, 6, 3, 3, 8
meses, 8 meses y 21 años.

Sostengo que el verdadero terror estuvo a cargo del Estado, un ente regulador de conveniencia, de intereses
propios, un estado capaz de acusar de terrorista a quien denuncie su proceder, un ente capaz de poner en el
campo de batalla a dos hermanos. Una guerra interna hecha por el afán de no revisar sus errores y silenciar la
voz de protesta a punta de metralla. No soy seguidor, ni fanático del PCP- SL, solo observo los costos de la
ineficiencia estatal, un sistema que esta a punto de estallar. Hoy recuerdo la resistencia de los Incas de
Vilcabamba y después de comparar, nuevamente reafirmo la responsabilidad del estado, al gobierno de
Belaunde, García y Fujimori.

Fuente Usada: Informe de la Comisión de Verdad.

FOTOGRAFÍA: Iglesia de Santa Bárbara, archivo del Ministerio de Cultura.


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