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I

Mihaly Csikszentmihalyi

EL Yo

EVOLUTIVO

Una psicología para un mundo globalizado

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editorial

SUMARIO Introducción . , . . . , . . . . . . .
SUMARIO
Introducción
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Título original: THE EVOLVING SELF
A Psychology for thc Third Millennium
© 1993 by Mihaly Csik:szentmihalyi
© de la edición cn castellano:
Parte 1
EL ATRACTIVO DEL PASADO
2008 by Edüorial Kairós, S. A.
Edi(ori.1 Kairós, S.A,
Barcdona. E'paila
1. La mente y la historia
.
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23
La perspectiva de la evolución
23
La red global
,
En el umbral del nuevo milenio
Azar, necesidad y algo más .
¿Somos malos sin remedio? .
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26
Nirvana Lib,,," S.A. ok c.Y. Méx iro, D.F
30
37
40
C! de la traducción del ingl é s: Miguel Portillo
Revisión: Joaquirn Martrnez Piles
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La irrupc ión del Yo
Más pensamientos sobre "La mente y la historia" .
El b ien y el mal
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44
46
Primera edición: Abril 2008
53
2. ¿Quién controla la mente'!,
57
FotocornJXlsición: Gnlfime. Barcelona
Tipografía: l íme,. cuerpo 11. ,"Ierlineado 12.~
Eterna insatisfacción, , , , .
59
Irnpre,ión y encuadernación: Romanya- Valls. Capellades
Caos y consciencia. ,
.
62
66
ESIC
libro ha sido imprc"l C1)n pape l certificado FSC, proviene ,le fuentes respeIU()!;a,
CM
la socie,la<l y el medio amhicntc. y ~"en t" con ¡ '" requi';tos neecsarios para se,
c'On"dorado un "libro arni~", de ¡os bosques H
,
,
¿Por qué la felicidad resulta tan esquiva?
Los límites de la razón
La adicción al placer
Estrés, tensión y honnonas
69
, .
77
,
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82
Más pensamientos sobre "¿Quién controla
amene
?.
I
t
,
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90

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SUMARIO

3. Los velos de Maya

llusión y realidad

.

El mundo de los genes.

El mundo de la cultura . El mundo del Yo Más pensam ientos sob re " Los velos de Maya" .

·

·

93

93

105

112

122

131

4. Depredadores y parásitos

Las fuerzas de la selección Poder y

.

La explotación de mujeres y niños

Diferencias in dividuales de poder.

La transmisión de la desigualdad . Explotación parasitaria La es trategia de la irresponsabili dad. Explotación a través del mimetismo. Más pensam ientos sobre "Depredadores

y parásitos" .

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S. Memes frente a genes.

La competencia de los mcmes . Memes y adicción

Memes y medios La competencia de ideas.

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189

 

·

195

. 203

Memes y materiali smo.

.207

Más pensa mientos sobre "Memes frente a genes" .

·

212

Parte II

LA FUERZA DEL FUTURO

6. Dirigir la evolución.

Algunos principios de la evolución

·

219

.220

SUMARIO

La naturaleza de la complejidad . Moralidad y El control de la Eumemesis: limitar la reproducción de memes . Complejidad de la

evolució n" .

Más pensamientos sobre "Dirigir la

7.

Evolución y fluidez .

Los elementos de la flu idez ¿Por qué fluir resulta gratificante? Las consecuencias de fluir ¿Qué ocurre cuando no se fluye? Fluir en la vida cotidiana Más pensamien tos sobre "Evolución y fl uidez" .

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7

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· 251

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· 272

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278

· 284

.287

.295

8.

El Yo trascendente .

· 297

Cómo son los trascendedores

· 298

¿Qué es el Yo?

· 308

Imágenes evolutivas del Yo ideal

·

3 14

El desarrollo del Yo a lo largo de la vida

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334

Fluir y el crecimiento del

·

337

Las habilidades de es pi ritualidad y sabid uría .

· 340

 

Los desafíos del futuTO.

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348

Más pensamien tos sobre "El Yo trascendente"

·

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9.

El fluir de la

.

·

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Fluir y la evol ución de la tecnología. Fluidez y cambio his tórico. La buena Crear una buena sociedad Educar para la buena sociedad. Más pensamienlos sobre "El fluir de la historia"

.359

.364

·

376

· 381

· 385

. 390

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SUMARIO

10. Una fraternidad para el futuro

Forjar una fraternidad. Células para el futuro

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Una fe para el futuro.

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· 393

· 396

· 402

· 407

Más pensamientos sobre "Una fratern idad

para el futuro"

Agradecimientos . Notas. Referencias. Índice.

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· 415

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457

.477

,

INTRODUCCION

Lo que sigue a continuación es una secuela de Fluir, un li-

bro que escri bí hace tres

años. Fluir representó un cuarto de

siglo de investigaciones psicológicas sobre la felicidad. En él exponía un sumario de los principios que hacen que valga la pena vivir la vida. Trataba de preguntas como éstas: ¿por qué a algunas personas les encanta su trabajo, se lo pasan es- tupendamente con su familia y disfrutan de las horas pasa- das pensando en soledad mientras otras aborrecen sus traba- jos, se aburren en casa y les aterra estar solas? ¿Cómo pueden transfonnarse las rutinas cotidianas de manera que resulten tan emocionantes como esquiar por la ladera de una monta- ña, tan satisfactorias como cantar el coro del Aleluya, tan sig- nificativas como participar en un ritual sagrado? Los estudios que yo y otros hemos realizado sugieren que esas transfonna- ciones son posibles. Después de muchos años de investigaciones sistemáticas, llegó el momento de pasar revista a lo aprendido y presen- tarlo anle una audiencia más amplia. Fluir tuvo un éxito in- esperado a la hora de lograr ese objetivo; no obstante y a fin de completar sus argumentos, es necesario explorar muchas cuestiones que no podían ser tratadas en aquel volumen. Éste es precisamente el objeto del presente libro. Mi interés en el disfrute empezó en 1963, cuando tra- bajaba en una tesis doclOral sobre desarrollo humano en la Unjversidad de Chicago . La tesis giraba alrededor de un im- portante tema relativo a la creatividad: ¿cómo hace la gen-

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lO

EL Yo EVOLUTIV O

te para hacerse preguntas nuevas? ¿Cómo identifican proble-

mas en los que nadie había pensado hasta aquel mo mento ?

Para responder a todo ello decidí observar a los artistas tra- bajando. Tomando notas y fotografías acerca de la evo lu-

ción de las pinturas y luego preguntando a los artistas acerca

de qué sucedía en sus mentes mientras trabajaban, imaginé

que podría obtener val iosas infonnacio nes acerca del proce-

so creativo. Aun que mi in vest igació n so bre

la creati vidad demostró

ser un éxito, hubo algo todavía más importame que se mani- festó a raíz de mis observaciones de anistas cuando estaban

pintando. Lo que más me impresionó

recían estar con lo que sucedía en los lienzos. Daba la impre-

sión de q ue cuando se esforzaban por dar forma a su visió n entraban e n un trance ea"¡ hip nóti co. Cuando un a pintura em ~ pezaba a res ul tar inte re"ante no podían apartarse d e e lla; se olvi d aban d el hambre, d e l as obligaciones soc i a l es, d e l ti em~ po y del cansancio, de manera que podían co nti nuar con e ll a. Pero esta fascinación sólo duraba mientras la pintura estaba sin acabar; una vez que dejaba de cambiar y crecer, el artista solía apoyarla contra una pared para dirigir su atención a la siguiente tela en blanco. Estaba claro que lo que resultaba más absorbente en el proceso de pintar no implicaba acabar obteniendo un bello

cuadro, sino el propio proceso de

pintarlo. A l principio me

pareció extraño, porque las teorías psicológicas suelen supo~ ner que nos sentimos motivados bien por la necesidad de eli~

minar una condición desagradable como hambre o miedo o por la esperanza de algún tipo de recompensa fut ura, como

fue 10 inmersos q ue pa-

di nero, posición o prestigio. La idea de que

d iera trabajar sin descanso d urante d ías, sin ni nguna otra ra~ zÓn que seguir trabajando, carecía de toda credi bil idad. Pe ro si uno se detiene a pensarl o, este co mport amiento no es tan

un a persona pu~

I NTRODUCCIÓN

11

raro como pudiera parecer en un prin cip io. Los artistas no son los únicos que invierten tiempo y esfuer.lo en una activi~ dad q ue cuenta con pocas reco mpensas fu era de sí m isma. De hecho, todo el mundo dedica grandes cantidades de tiempo a hacer cosas que resultan inexplicables a menos que asuma- mos que hacerlo es disfrutable en sí mismo. Los niños pasan

gran parte de sus vidas jugando. Los adultos también juegan al póquer o al ajedrez, participan e n deportes, se dedican a la jardinería, aprenden a tocar la guitarra, leen novelas, van a

miles de cosas-, sin que di chas activida~

fies tas o pasean por el bosque -y otros ning una otra razón aparte del hecho de

des resultan divert id as . Sí, claro está, sie mpre existe la posibilidad de que alguien se h aga ri co o f a m oso al ha cer al gu n a de est a s cosas. E l pj n ~

lor puede te ner un golpe de su erte y vender un cuadro a

museo. El g ui tarrista puede aprender tan bien a tocar

guíen le ofrezca un contrato de grabación . Podemos car la práctica de los deportes para mantenemos sanos, e ir

a fiestas porque es posible obtener contactos profesionales o

aventuras sexuales. Los o bj eti vos exte rnos suelen estar pre~

sentes como telón de fondo, pero rara vez son la razó n prin~

cipal por la que nos in volucramos e n dichas acti vidades. La razón princi pal para tocar la g uitarra es q ue es un disfrute, al

ig ual que hablar con gente e n una fiesta . Tocar la gu itarra o ir

a fiestas no es algo q ue le guste a todo el mundo, pero quie~

nes dedican su tiempo a hacerlo lo hacen porque la calidad de la experiencia mientras se hallan inmersos en esas activi~ dades es intrínsecamente gratificante. En pocas palabras, al~ gu nas cosas se hacen por diversión. Pero esta conclusión no nos lleva muy lejos. La cuestión obvia es: ¿por qué son divertidas estas cosas? Por extraño que parezca, cuando in ten ta mos respo nder esta pregunta re~ su Ita que, con trariame nte a lo que esperábamos, la enorme

un

que al~

justifi~

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12 EL Yo EVOLUTIVO

variedad de actividades divertidas comparten algunas carac- terísticas comunes. Si se le pregunta a una jugadora de tenis cómo se siente cuando un partido va bien, nos descri birá un

estado mental muy similar al que nos ofrecerá

un ajedrecis -

ta sobre un buen torneo.

ción acerca de cómo se pintura o imcrpretando

un bue n partido o leer

Lo mism o sucederá con una descrip-

sie nte alg uie n que está absorto en la un a pieza musical difíci l. Presenciar

un libro interesante también parece

producir el mi smo es tado

porque ésta fue la metáfora elegida por varios en trevistados acerca de cómo se sentían cuando su experiencia resultaba lo más di sfrutablc po sible: era como ser llevado por una co- rriente, en la que todo sucedía s in problemas y sin esfuerzo. Co ntrar iamente a Jo que podríamos pensar, " flu ir" no sue-

le tener lugar durante relajados mome ntos de oc io o entrete- nimiento, s ino más bie n cuando nos hallamos activamente sumerg idos en un e mpeno difíci l, en una tarea que nos obli ga

a emplearnos a fo ndo. física o mentalmente. Puede sucede r

Hacer un trabaj o difícil, des-

lizarse por la cresta de una ola gigantesca o enseñar a nues- tro hijo las letras del alfabeto son tipos de experien cias qu e

concentran todo nuestro ser e n un arrebato

nico. elevándonos por encima de las ansiedades y abulia que carac terizan gran pane de la vida cotidiana. Resulta que cuando los desafíos son elevados y se util izan

a fondo las habilidades personales, experimentamos este ex-

traño estado de consc iencia. El primer síntoma de que se está fluyendo es una conce ntración de la atención sobre un obje- ti va claramente definido. Nos sentimos sumergidos, concen- trados, absortos. Sabemos lo que hay que hacer y obtenemos una respuesta inmediata acerca de cómo lo estamos hacien- do. La jugadora de teni s sabe después de cada golpe si la pe- lota ha ido a parar a donde qui so env iar la; e l piani st a sabe

de energía armó-

realizando cualqu ier acti vidad.

me n ta l. Yo 10 denomino "flui r",

INTRODUCCiÓN

13

cada vez que pulsa una tecla si las notas suenan como deben hacerlo . Incluso un trabajo generalmente ab urrido, una vez que los desafíos se han equilibrado con las habilidades de la persona y que se han clarificado los objetivos, puede empe- zar a resultar emocionante y apasionante. La profundidad de la concentración req ue ri da por e l e qui-

librio prec iso de desafíos y habi lid ades excluye preocuparse acerca de cuestiones que pasan a ser temporal mente irrele- vantes. Nos olv idamos de nosotros mismos y nos ab ismamos

la activ idad. Si el escalador se preoc upase de su trabajo o de su vida amorosa mientras cuelga sobre el vaCÍo sujetándo-

se a la pared únicamente con la punta de sus dedos, no tarda-

ría en caer. El músico tañiría

drecista perdería la partida. El uso apropiado de las habilidad es ofrece una sensac ión de control sobre nuestras acciones, pero como estamos de- masiado oc upados para pensar en nosotros mismo s, no im- porta si co ntrol amos o no, si ganamos o perdemos. Solemos experimentar una sensación de trascendencia, como si se es- tuvie sen expandiendo los límites del Yo. El marino se sien - te uno con la embarcación, el viento y el mar; el cantante tie- ne una mi sterios a sensació n de armon ía uni versal. En esos

una cuerda equ ivocada y el aje -

en

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momentos desaparece la co nscie nc ia del

dan la impresión de pasar en un peri quete, sin q ue nos de-

mos cuenta. Ese estado de consciencia, que es lo que más se acerca a

lo que pudi éramos de condi ciones. El

son más suscept ibles de producir fluidez que otras porque (1) tienen objetivos concretos y reglas manejables, (2) posi- bilitan el ajuste de las oportunidades de ac tuar con nuestras cap acidade s, (3) proporcionan información clara acerca de cómo lo estamos hac iendo, y (4) eli minan las diSlTacciones y

ti e mpo y las horas

ll amar felicidad, depende de dos grupos primero es externo. Algunas ac ti vidades

14 EL Yo EVOLUTIVO

hacen posible la concentración. Los juegos, las actuaciones artísticas y los rituales religiosos son buenos ejemplos de ta- les "actividades fluidas". Pero uno de los hallazgos más im- portantes de nuestros estudios ha sido que cualquier activi- dad puede producir la experiencia óptima de fluir, siempre y cuando cumpla los requerimientos enunciados anteriormen- te. Los médicos dicen que la cirugía es un "deporte de con- tacto corporal" tan adietivo como navegar a vela o esquiar; a los programadores informáticos les suele costar separarse de sus teclados. De hecho. la gente parece fluir más cuando rea- lizan sus trabajos que cuando se dedican a otras actividades en su tiempo libre. El segundo grupo de co ndicio nes que permiten fluir es in- lema, de cada persona. Algunas personas cuentan con la ex -

trañ a habi li dad de combinar s us ca pacidades con las oport uni· dades que les rode an. Se proponen o bjetivos que les res ult an manejables incluso cuando no parece que puedan hacer nad a. Son bu e nas a la hora de leer la re troinformac ión que otras no pueden percibir. Pueden concentrarse con fac ilidad y no se d istraen. No tienen miedo de perderse, por lo que su ego des-

aparece fácilmente de la co nsciencia.

Las personas que han

aprend id o a controlar la consciencia de ese modo c uenta n con una "personalidad flu ida". No necesitan jugar para fluir; pueden ser felices incluso trabajando en una cadena de mon- taje o languideciendo en confinamiento solitario . En Fluir desc ri bí a personas q ue habían hecho de sus vi- das una experienc ia fe liz y signifi cativa al introducir toda la fluidez posible en su trabajo y relaciones. Algunas de estas personas eran trotamundos s in hogar, mi entras que otras ha- bían padecido tragedias devastadoras como ceguera o pará· lisis; no obstante todas habían s id o capaces de transfonnar

condiciones aparentemente sin salida en una existencia sere· na y alegre. Pero también señalé el hecho de la dificultad de

INTRODUCCIÓN

15

crear una vida feliz simplemente a base de añadir una serie de experiencias fluidas. En este caso el todo es mucho más que la suma de sus partes. Un artista puede pintar durante dé- cadas y disfrutar de cada minuto de su actividad y no obstan- te dep rimirse y perder la esperanza al alcanzar la madurez aro

cas i toda su

tística. Un tenista profesional puede disfru tar de

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carrera y acabar desilusionado y amargado. Para transformar la totalidad de la vida en una expe ri e ncia fl ui da unificad a es

necesari o tener fe en un s istema de sig nifi cados que propor- cione sentido aJ propio se r. En el pasado, la fe solía estar basada en explicac iones religiosas. Cómo empezó el mundo, por qué debíamos su-

frir, qué sucedía después d e

cas se respondieron mediante las mejores explicaciones que la gente pudo imag inar, esforzá ndose por ordenar el caos y las ocurrenc ias de la exjstencia. Los relatos míti cos de todas las rel igio nes tratan de esos tem as, y a me nu do alcanzan la conclusió n lógica de que debe existir un Dios, o todo un pan- teón de di oses, responsables de nu estro destino . Basá ndose en esas historias, todas las religiones han desarrollado reglas para viv ir, a menudo sabias en sus consecuencias, que per- miten que las personas lleven una existencia coherente. Los senti dos que la humanid ad ha inve ntado a través dc la reli- gión desempeñaron un papel fundamental, y probablemen- te io·emplazable, en nuestra historia evolutiva. Seríamos una especie a nim al muy d ist inta si nuestros antepasados no hu- bieran acertado a imaginar un cosmos con sentido y antro- pomótfico. Pero ahora, en la cúspide del seg un do milenio desp ués del nacim ie nto del que ha sido llamado e l bija de Dios, es difícil mantener la fe en las historias y relatos tradicionales. El con- tenido literal de los textos sagrados, de los an tiguos rituale s. de reg las como las que proh ibfan el d ivo rcio o el aborto, pa-

mo ri r

Esas cuestiones bási-

16 EL Yo EVOLUTIVO

recen estar cada vez más en conflicto con otras cosas que he-

Pocos siguen cre-

mos ido descubriendo acerca del mundo .

yendo que la tierra es plana o que ocupa el centro del sistema

solar. Aunque un sorprendente y elevado número de personas

sigue creyendo que la tierra no existió hasta hace unos pocos miles de años a.C. y que el ser humano fue creado tal y como es hoy en día de un montón de arcilla, esas creenc ias van a resultar cada vez más anacrónicas -al menos en su forma li- teral- para cada nueva generación. El ocaso de las creencias tradicionales es un momento pe- ligroso para cualquier cultura. Al descartar una explicación religiosa literal, resulta fácil desacreditar la sabiduría obte- nida a costa de mucho esfuerzo y que a menudo se halla en- tretejida con la primera. Cuando la cronología y causalidad de la Biblia se tornan sospechosas, lo mismo sucede con sus mandamientos contra la avaricia, la violencia, la promiscui - dad sexual y el egoísmo. Durante un corto período, quienes rechazan toda la visión del mundo tradicional se sienten li- berados y alborozados de hallarse en una nueva tierra sin re - glas ni restricciones. Sin embargo, no tarda en hacerse obvio que vivir en libertad absoluta no es posible ni deseable. Sin reglas basadas en la experiencia pasada es muy fácil come- ter graves errores; sin un sentido de propósito final es difícil mantener el valor cuando llegan las inevitables tragedias de la vida . ¿Pero dónde puede encontrarse una fe en la que uno pueda creer en el tercer milen io? Fluir finalizaba con la propuesta de que comprendien- do mejor nuestro pasado evolutivo podíamos sentar las ba- ses para un sistema viable con sentido, para una fe que pro- porcionase orden y propósito a nuestras vidas en el futuro. Conocemos a nosotros mismos es el mayor logro de nuestra especie. Y comprendemos a nosotros mismos -de qué esta- mos hechos, que motivos nos impulsan y con qué objetivos

I NTRODUCCIÓN

17

soñamos- implica, en primer lugar, comprender nuestro pa- sado evolutivo. Sólo a partir de esta base podremos crear un futuro estable y con sentido. Este libro se ha escrito con el objeto de desarrollar en profundidad este argumento. El primer capítulo, "La mente y la historia", presenta la perspectiva evolutiva y plantea que para comprender cómo funcionan nuestras mentes hay que tener en cuenta sus pro- fundas raíces en el lento desarrollo del pasado de nuestra es- pecie. Reflexiona sobre la red de relaciones que nos unen entre nosotros y con el entorno natural, y describe brevemen- te cómo apareció la consciencia introspectiva, liberándonos hasta cierto punto del control del detenninismo genético y cultural. El siguiente capítulo, "¿Quién controla la mente?", trata de algunas de las consecuencias indeseables de la evolución del Yo. Libres del control externo, solemos caer presas de una profunda insatisfacción, de un anhelo esquivo en pos de ob- jetivos siempre más allá de nuestro alcance: un legado de la emancipación de la mente. Todavía no hemos aprendido a que ésta haga lo que deseamos, o 10 que es bueno para nosotros . En lo referente al control de la mente, somos como un conduc- tor novato al volante de un ból ido de carreras. Tres fuentes de ilusión se alzan entre nosotros y una cia- ra percepción de la realidad . Se analizan en el tercer capítulo, "Los velos de Maya" . Incluyen las distorsiones debidas a las instrucciones genéticas, en otro tiempo necesarias para nues- tra supervivencia, pero a menudo en conflicto con la presente realidad; las distorsiones de la cultura en la que nacimos y las que son resultado de la inupción del Yo como entidad separa~ da que tiene sus propias exigencias sobre la mente. A menos que comprendamos la manera como esas fuerzas contiguran la manera en que pensamos y actuamos, nos será difícil obte- ner control sobre la consciencia.

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18 EL Yo EVOLUTIVO INTRODUCCIÓN 19 Pero nuestras vidas no sólo están dirigidas internamente por
18 EL Yo EVOLUTIVO
INTRODUCCIÓN
19
Pero nuestras vidas no sólo están dirigidas internamente
por las in strucciones de genes , culturas y el Yo. La evolución
es el resultado de la competencia entre organismos en pos de
la energía requerida para la supervivencia. Las fuerzas de la
selección continúan activas a nuestro alrededor: los opreso-
res nos explotan desde arriba y los parásitos desde abajo. Las
ideas que concebimos, los artefactos tecnológicos que crea-
mos, compiten entre sí, y con nosotros, por los escasos recur-
sos materiales y por la atención disponibles, que es el recurso
má.s escaso de la mentc . La necesidad de aprender a llevar-
nos bien con esas amenazas externas se discute en los capí-
tulos cuarto y quinto, "Depredadores y parásitos" y"Memes
frente a genes".
"Dirigir la evolución" es el capítulo siguiente. Examina
cómo se aplican los principios de evolución al desarrollo de
la cultura y la consciencia, y presenta la idea de que si el pa-
sado tiene algún sentido deberá hallarse en el aumento en la
complejidad de las estructuras materiales y la información
en el tiempo. Esta característica del proceso evolutivo pue-
de proporcionar una dirección significativa a nuestros esfuer-
zos, una esperanza de cara al futuro .
El capítulo séptimo, "Evolución y fluidez", explica por
qué las experiencias fluidas conducen al aumento de la com-
plejidad en la consciencia. Argumenta que, a fin de contar
con un futuro que valga la pena, debemos descubrir mane-
ras de disfrutar de las acciones que provoquen mayor armo-
nía en nuestro interior, la sociedad y el entorno del que for-
mamos parte.
En el siguiente capítulo, "El Yo trascendente", se presen-
tan algunos estudios de casos prácticos sobre individuos cu-
yas vidas se ajustan a la evoluc ión de la complej idad. Esas
personas que disfrutan de todo lo que hacen, que no dejan de
aprender y mejorar sus capacidades, y que están tan decidi-
das a alcanzar objetivos más allá de ellas mismas que el mie-
do a morir tiene escaso poder sobre sus mentes. Su ejemplo
sugiere lo que pudiera significar el vivir a través de una fe
evolutiva.
El capítulo noveno, "El fluir de la historia", afirma que
fluir no sólo ayuda a evolucionar al ser indiv idual, sino que
también proporciona la energía y dirección para llevar a cabo
algunas de las más importantes transfonnaciones en tecnolo-
gía y cultura. Coches y ordenadores, conocimiento científico
y sistemas religiosos parecen haber sido creados más a par-
tir de un gozoso deseo de descubrir nuevos desafíos, y para
crear orden en la consciencia, que por una necesidad o un
cálculo de provecho. A partir de estas reflexiones se propone
la visión de una "buena" sociedad que hace que sea posible
tanto el fluir como la complejidad.
El último capítulo, "Una fraternidad para el
futuro", deli -
nea algunas sugerencias prácticas sobre lo que podría impli-
car aplicar la fe evolutiva . Si es c ierto que, en este momento
de la historia, la mejor "historia" es la irrupción de la com-
plejidad, entonces podemos hablar del pasado y del futuro, y
si
es cierto que fuera de ella nuestro ser a medio formar corre
el
riesgo de destruir el planeta, y nuestra consciencia en cier-
nes con él, entonces ¿cómo podemos llegar a darnos cuen-
ta del potencial inherente en el cosmos? Cuando el Yo acep-
ta conscientemente su papel en el proceso de la evolución, la
vida adquiere un sentido trascendente . Pase lo que pase con
nuestras existencias individuales, llegaremos a ser uno con la
fuerza que es el universo.
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Parte 1

EL ATRACTIVO DEL PASADO

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1. LA MENTE Y LA HISTORIA

LA PERSPECTIVA DE LA EVOLUCIÓN

Cada año sabemos más acerca de la increíble complejidad de nuestro universo. La mente titubea ante la sugerencia de mi- les de millones de galaxias, cada una compuesta de miles de millones de estrellas, girando lentamente en todas di reccio - nes recorriendo distancias inimaginab les. Y en el interior de

cada grano de materia los aceleradores de partículas reve-

lan constelaciones cada vez más huidizas de extrañas partícu- las surcando misteriosas órbitas. En medio de este campo de fuenas fonnidables, una vida humana se desarrolla en lo que es menos de un milisegundo en la escala temporal cósmica. No obstante, en lo que a nosotros respecta, es precisamente

eso, nuestra propia y corta vida, llena de unos cuantos y pre-

ciosos momentos, 10 que más nos

todas las galaxias, agujeros negros y supemovas juntos. y existen buenas razones para que así sea. Como dijo Pascal, los seres humanos pueden ser frágiles como juncos, pero son seres pensantes; en sus consciencias reflejan la in- mensidad del universo. En los últimos siglos la presencia hu-

mana se ha hecho más importan te en el mundo natural. Sólo desde hace poco somos capaces de tener un vislumbre de los millones de años que nos han precedido, eones duran- te los que miles de organ ismos se sustituyeron entre sí, lu- chando por sobrevivir en un paisaje en evolución constante. y ahora nos damos cuenta de que nuestro patrimonio úni-

i mporta, mucho más que

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LA ME NTE Y LA m!ITORIA 25 24 EL ATRAcnvo DEL PASA DO co -
LA ME NTE
Y LA m!ITORIA
25
24 EL ATRAcnvo DEL PASA DO
co - la consciencia reflexiva que nos llevó a creer durante un
ti empo que estábamos destinados a ser la cúsp ide de la crea·
c ión- viene acompañado de una imponente responsabilidad.
Comprendemos que estar en la primera línea de la evolución
d e este planeta significa que podemos d ir ig ir nuestra energía
vital hacia la consecuc ión de crecimiento y armonía o bien
masculino y a la mujer femenina, o una religión que enseña a
mostrarse intolerante frente a los miembros de otra.
Mientras nos esforzamos en cambiar el c urso de la his to-
ria no podernos ignorar las res tri ccio nes co n las qu e nos ha
cargado el pasado; hacerlo sólo provocaría frustració n y des-
ilusión. Conocer las fuerzas que determinan la consciencia y
las acciones puede hacer posible que nos liberemos de ellas:
despilfarrar los potenciales que hemos heredado. aumentan-
do así el predominio del caos y la des trucción.
A fin de real izar las elecciones que conducen a un futuro
mejor,
es conve ni ent e ser conscie ntes de las fuenas que ope-
ran en la evolución; después de todo, a través de ellas triun-
faremos o fracasaremos como especie. Mi intención en este
libro es reflexionar acerca de lo que sabemos sobre evolu-
ció n, y de sarro ll a r la s imp licac iones d e ese co nocimiento en
las acc io nes co tidia nas. Si co mprendemos mejor aq uello a lo
que nos enfrentamos, di spondremos de más opc iones para vi -
vir nuestra vida de manera responsable, y tal vez para ayu-
dar a dirigir el futuro hacia los objetivos más positivos para
la humanidad.
Un resultado de reflexionar acerca de la evolución es que
uno aprende a tomarse el pasado muy en serio. Natura non
lecit sa/tum, decían los romanos; la naturaleza no progresa
a base de saltos. Lo que somos en la actualidad es res ulta-
do de fuerzas que actuaron sobre nuestros antepasados hace
muchos miles de años, y lo que la humanidad será en el fu-
turo dependerá de nuestras elecciones presentes. Pero nues-
tras eleccione s están influidas por un número de com p ul sio-
nes que forman parte de la configuración evolutiva de todo
ser humano. Está n so me tidas a lo s genes que regulan las fun -
c iones d e nuestro c uerpo y a los in stintos, q ue, por ejemplo,
nos empujan a encolerizarnos o excitarnos sexual mente in-
cluso cuando no queremos. También están constreñidas por
la herencia c ultu ra l, por s istemas que enseñan al homb re a ser
ser libres para decidir qué pensar, qué sentir y cómo actuar.
En este momento de nuestra historia debería ser posible que
un ind ividuo crease un Yo que no fuese si mpleme nte resul-
tado de impulsos biológicos y hábitos culturales, sino una
creación consciente y perso nal. Ese ser sería consciente de
su libertad y no la temería. Disfrutaría de la vida en todas sus
formas y se haría consciente de manera gradual de su paren-
tesco con el resto de la humanidad, con la vida como un todo
y con las fuerzas laten tes que an iman el mundo más allá de
nuestra comprensión. Cuando el Yo empieza a trascender los
estrechos intereses que la evolución ha encajado en su estruc-
tura, entonces está preparado para empezar a tomar el control
de la dirección de la evoluc ión. Pero confonnar el rumbo fu -
turo de la evolución no es algo que puedan conseguir indivi-
duos soli tarios trabajando j untos. Por ello, es necesar io con-
siderdf qué instituciones sociaJes serían las adecuadas para
fomentar acciones evolutivas positivas. y cómo podemos de-
sarrollar más.
Eso, en pocas palabras, es el proyecto de este libro. Pri-
mero ex plorará las fuerzas q ue nos han confo nn ado desde e l
pasado, convirtiéndonos en el tipo de organismos que somos;
describirá maneras de ser que nos ayuden a liberamos de la
opresiva influencia del pasado; propondrá enfoques de la vida
que mejoren su calidad y conduzcan a un a parti cipación jubi-
losa, y reflexionará acerca de las posibles maneras de integrar
e l c recimiento y la l iberación del Yo con lo s de la soc iedad
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26 EL A1'1tACnVO DEL PASADO

en su conjun to. Está claro q ue la tarea que se propone este li-

bro

es demas iado ambic iosa para realizarla en el interior de

sus

cubiertas. El co noci mi ento a ume nta cada año; la expe-

rie nc ia madura con el tiempo. Esc ri bir acerc a de esas cues-

Liones es en sí mismo

un proceso evolutivo -a lgo que cam-

bi a lentame nte. q ue nunca fi nal iza- pero te ngo la esperanza

de q ue El Yo evolutivo sea un primer paso e n ese proceso.

al final de cada capítulo he e nu -

En parte por esta nlz6 n,

merado algunas cuestiones a fin de estim ul ar e l proceso de

para q ue el lec tor

fa Olla modesta de

demostrar que los arg umentos de es te libro no están comple-

tos, que es tá a bierto a que cada lector continúe por s í mi smo según su sab iduría y experienc ia. Escrib ir e n los libros a fi n de completar los pensamientos del autor ha sido una de las práctic as acadé micas más a ntigu as e n toda ci vilizac ión. Las anotacio ncs de los lectores que aparece n en los márgen es de las páginas fo nn an ta nta parte de la c ultura como lo que apa- recc im preso en esas pág inas; por eso tiene sentido propo r- cionar una alte rn ativa para que el lector se impliq uc de ma-

reflexión. segu idas de espacio en bl anco

incl uya sus pensamientos. Se trala de

una

nera ac ti va con lo q ue

Icc. Espero que así sca.

LA RED GLOBAL

No hace muc ho mi esposa y yo tuvimos el pri vilegio de po-

der presenc ia r un consejo munic ipal en una peq ueña comu - nidad de las mon tañas Rocosas. El luga r se hal lab a a unos

2.700 m de altitud, en un agradab le valle encara mado entre

picos enormes. El aire era tan fresco como agua de manan- tial perfumada con fraganc ia de resina. Los col ibríes revolo- teaban baj o los aleros y un águ ila sobrevolaba los campos. La reun ión se celebra ba c n e l a legre edi fi cio de l ay untamie n-

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L

A MENTE Y LA HISTOR IA

27

to, un edificio de troncos de madera y cristal, con altísimos tec hos catedralicios, en cl avado e n unos te rrenos bell amente ajardinados. En el aparcami ento rel ucían los últi mos made- Jas de 4x4. Asistían a la reunión unas sese nta personas, todas

parecían estar

de aspecto

a gusto consigo mismas. Algunas de aque ll as personas eran ranc heros, otras eran auxi liares de enfermería o enseñantes,

y otras se habían semirretirado

aq uí desde la lejana c iudad o

bien trabajaban en las cercanas pistas de esq uí. Al princ ipio la re unió n se desarroll ó co mo sue le sucede r, con la ap rob ac ión de los doc umentos y comen tar ios so bre proyec tos en marc ha y orde nan zas . Pero no había pasado mu- cho t iem po cuando un ranc hero largu irucho se puso en pie para e xpresar la primera queja . Aun que vivía a ve inti c uatro k ilómetros al no rte de la pobl ac ión, dijo , e n los días de in- viern o las chi meneas de la com unid ad proyec taban tal manto de humo sobre el valle que con du cir por él era como hacer- lo por una zona de gu erra . ¿Había pen sado el consejo en algo para res tring ir el uso de leña? A conti n uación se puso en pie un hombre más mayor para desc ri bir el pe li groso estado de l río Blue, que, como todo el mundo sab ía, era uno de los me- jores siti os para pescar truchas de todo e l estado. O más bien, había sido. Por desgracia, el departamento federal de carre- teras, a fin de mantener abierto el puerto de mo nt aña por e l que discurría la interestatal, ll ev aba años vertiendo toneladas de arena sobre la carretera helada. La a ren a iba a parar al río , anegando los recodos y cav idades en los q ue desovan las tru- chas. En el río Bl ue q uedaba n cada vez menos truchas. La mención de la interestatal provocó un a pregunta por parte de la audiencia. ¿Cuál era la tasa actual de robos y alla- namientos en la localidad? ¿Era ci e rto q ue desde la construc- c ión de la nu ev a carrete ra la tasa de deli tos se había di spa- rado e l 400 %? El sher iff e xpli có que, bue no, s í, ése era un o

entusiast a, personas vigorosas que

28

E L ATRACTIVO DEL PASADO

29

de los precios que había que pagar por el progreso. Antes de

que existiese la ¡nterestatal , la chusma de la ciudad no es ta-

ba interesada en conducir hasta aquí por carreteras tortuosas para entrar en una casa. Pero ahora que el camino era rápido y cómodo, había más delincuentes dispuestos a hacerlo. El

humo, las truchas y los allanamientos son nuestras preocu-

paciones más nimi as. intenumpió un anciano ranchero. que

se pu so en pie para ha blar con voz e ntrecortada y co n emo- ción. Lo que de verdad importaba era ¿qué va a pasar con

nuestra agua? Ninguno de

El valo r de nuestra tierra

nosotros

sob revivi rá sin e ll a, dij o.

depe nde de los derechos de agua

que poseemos. Pero ahora las c iudades al este y al oeste es-

tán construyendo g igantescos túneles subterráneos para aspi- rar el agua que hay debajo de nuestras tierras, dejándolas se- cas. Las praderas se están volviendo marro nes y frá giles , los rebaños mennan. Según di sc urría la reunión en esta vena, se iba haci end o

cada vez más evidente que aquél no era e l lu gar que yo pe n- saba que era. Al principio creía estar presenciando el proce- so de toma de decisiones de un grupo de norteamericanos independientes. autosuficientes y pudientes. que tenían el fu- tu ro en sus manos. Al final me di c uenta de que aquella pe- queña comunidad , orgulJosa de su aislamiento respecto a los infortunios del mundo, estaba de hecho totalmente enreda- da co n procesos econó micos , políti cos y demográficos que se habían originado muy lejos de ella, y sobre los qu e aque- llos ciudadanos tenían poco control. Y así, lo que yo llevaba tiempo sabie ndo de un modo más o menos abstracto, sa li ó a la luz: e n la tierra no qu eda ningún sit io e n el que uno pueda planear e l propio de stino s in tener en cue nta lo que sucede en el resto del mundo.

dos anécdotas que pud ieran ayudar a ilustrar

esta c uestión. Hace un os a ños , un profe sor canad iense amigo

Hay otras

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de un amigo estaba planeando j ubilarse con su esposa. Como eran gente sensible y racional, decidieron retirarse al lugar más fuera de peligro que pudieran hallar. Se pasaron años ho- jeando anuarios y enciclopedias para comprobar las tasas de

homicidios y estadísticas sanitarias, infonnándose acerca de la dirección de los vi en tos (para no estar a sotavento de pro-

bables objetivos nucl eares), y

perfecto. Compraron una casa a principios de 1982. Dos me- ses más tarde su casa fue destruida: habían elegido irse a vi-

vir a las Malvinas. La otra hi stori a tiene que ver con el parien te de un amigo, que es un industrial extremadamente rico. Él también queóa retirarse a al gún lugar tranq ui lo, libre de la co nges tión y la delincuencia de Europa. Adquirió una islita e n las Bahamas, construyó una espléndida propiedad y se rodeó de vigilan- tes armados y perros guardianes. Al principio se sintió segu- ro y cómodo, pero las preocupaciones no tardaron en asomar la nariz. ¿Contaba con guard ias suficientes para protegerle en caso de que su riqueza atrajese a delincuentes a saquear la

No o bsta nt e , s i reforzaba la g uardia tal vez eso le debili-

taría cada vez más, haciéndose más dependiente. Además, la jaula de o ro em pe zó a ser aburrida ; as í que regresó al anoni- mato de una gran c iudad. Puede que e n tiempos de Joh n Donne ya fuese cierto aquello que dijo: «Ningún hombre es una isla», pero lo cier- to es que ahora es obvio. Y la interrelación de las ac ti vida- des e intereses humanos aumentará co n más rapidez de lo

finalmente hallaron e l

refugi o

isla?

que estamos acostumbrados en el tercer milenio en el que estamos entrando. Nuestras acci ones afectarán a todos los se- re s vivie ntes del planeta, y a nosot ros nos afectarán las su- yas. Prevaleceremos o desapareceremos juntos. No obstan- te, la consciencia humana ha desarrollado el pe nsam iento a lo largo de milenios para representar experiencias individua-

30 EL. ATRAcnVQ Da PASADO

les, para fomentar intereses individuales: como mucho, es- tamos preparados para amar y p roteger a nu estros parientes más cercanos. Pocas personas son capaces de expand ir sus

mentes para abarcar intereses más amplios. comprendiendo

que la división en tre "yo" y "el otto" es en gra n

ria. Pero. po r lo general, nuestra consciencia no

da para los problemas que tenemos por delante, por muy ur- gentes que parezcan.

parte arbitra-

es tá prepara-

¿De qué manera podemos remodelar la mente para ajustar-

nos a los desafíos del futuro inmediato? Una posibilidad, que

este libro explora, es repasar lo que sabemos acerca del pasa-

do evolutivo y su legado en nuestras mentes. Comprendiendo cómo se ha desarrollado la psicología humana a lo largo del tiempo en resp uesta a las condic iones cambi antes del entor- no, podemos llegar a descu brir quc es posible adapta mos co n mayor rapidez a los cambios cada vez más rápidos que re- qu ieren nuestra atención en el fut uro.

EN EL UMBRAL DEL NUEVO MILENIO

¿Por qué iba a querer alguie n leer un libro sobre evoluci ón y

psico logía? No le serv irá al lector para in vert ir su dinero de manera más provechosa ni para planear una buena renta de j ubilación. Tampoco le ayudará a perder peso, dejar de fum ar

profesio nal. No podrá ofrece r a la

o ascender e n la jerarquía

gente de las Rocosas una orientación clara acerca de cómo salvar sus truchas o su agua. E n lugar de eso, lo que El Yo evolutivo ofrece es una com- prensión más profunda acerca de la dirección en la que ha es- tado yendo la vida sobre la tierra, para a partir de ahí contar una sensación más clara acerca de cuál pudiera ser el sentido de la propia vid a. La gente q ue ya sabe lo q ue q uiere hacer

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LA MENTE Y LA HISTOltlA

31

de su vida probab leme nte consi d e re supe rfluo el conten ido del libro. Quienes creen que el placer y las posesiones son la

única razón de la existencia no necesitan seguir leyendo nada más, ya que estas páginas les serán de escaso valor. Los fun- damentali stas religiosos y los materi a li stas tenaces no bu sca n el tipo de conocimiento que se explorará en estas páginas, porque ya se sienten cómodos con sus propias creenc ias. El

lector ideal es alguie n que s ien te cu ri osidad acerca

do de la vida, al que no ha convencido ninguna de las expli-

caciones existentes , pues no las exhaustivas, al que le preocupa

también le g ustaría hacer algo al respecto. Para alguien así, es te libro pud iera ser un semillero de id eas que se tradujese en un propós ito más claro y en un a convicción más intensa con los que hacer frente a la vida. Repasaremos las fuerzas qu e han dad o fo rma a las actu a- les cond iciones en este planeta, a fin de explorar cómo po- dría ser el futuro . No 10 que será, sino lo que podría ser. La diferencia entre será y podría ser depende de nosotros. Hasta cierto punto, es nuestro comportamiento el que detenni na- rá el guión. Actuando en concierto con tende ncias evoluti- vas positivas puede que no nos hagamos más ricos, ni este- mos más sanos ni seamos más poderosos, pero es probable que obtengamos cierta felici d ad, o al menos serenidad. sa- biendo que nuestras acciones ayudan a que cobre forma un

futuro mejor. Cuando el prime r mi len io iba a pagá ndose, dando paso al segundo, hace mil años, en Europa la gente empezaba a pre- pararse para el fin del mundo. Hubo muchos que abandona- ron sus hogares para acampar en las laderas de las monta-

de asf ev ita r los peores

sufrimient os que con toda seguridad ocasionaría el ardiente Armagedón. Creye ro n que si e l fin del mundo le s pillaba en

del sen ti-

considera lo suficientemente el estado del m undo y al q ue

ñas

y en santuarios, con la esperanza

32 EL ATRACTIVO DI: I. PASADO

la cresta de un monte, después de morir estarían má.s ce rca

de Dios , e ntre los primeros de la fila para ll egar a la sede del

juicio ctemo. Muchos de los que poseían tierras y ganado los

dieron a los pobres, porque según los Evangel ios,

ne muchas menos opcio nes de entrdr en el reino de los cie- los que un came llo de pasar por el ojo de un a aguja. La gente vivió ansiosa durante muchos años, mirando por encima del

un rico ti e-

hombro en busca d e l a

se ñales qu e anunc iasen la segunda

venida de Cristo, que señalaría el principio del fin . Aunque durante el pasado medio siglo también hemos

si d o presas del miedo de q ue una grdn explosión fina l consu-

mi ese lodo rastro de vida sobre el pla neta , las razones de ese

miedo han cambiado. A fin ales del primer mil e nio la,; perso- nas creían que Dios había prometido poner fin a Su gran ex- perimento terrenal mil años después de la muerte de Su Hijo. Ahora vivimos con el mi ed o de des integrar, gracias a apara- tos de nuestra propia invención, la energía que mantiene uni-

da la materia, red ucie ndo la infi ni ta varied ad de la vida so bre el planeta a un desierto vacío

y complejidad y mortífero.

Hemos aprendido mucho e n los úhimos mi l años. Hemos compre ndid o q ue la Ti erra no es e l ce ntro del universo y la mayoría de las personas se han reconciliado con la idea de que los seres humanos empezaron a caminar por las llanuras africanas hará unos cuatro millones de años, después de pa-

mamíferos que se remo ntan hasta

sar un ti empo e n papeles de

una pequeña musaraña que se alimentaba robando huevos de

di nosaurios hace unos 250 millo nes de años. Hemos aprendi - do que nu es tra ensalzada ca pacidad razonadora se asi enta en

un a fina eapa de tejido que se extiende sobre un sólido cere-

bro reptiliano , y

intereses de nuestros genes ciegamente programados entran

en conflicto co n nu estros va lores, e inc luso co n nuestros pro- pios intereses, acaban ganando los genes.

hemos ll egado a sospec har q ue cuando los

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L A Ma'TE y L A HISTORIA

33

Nuestros antepasados del año mil eran infinitamente más pobres en ténninos de bienes materiales, pero más ricos es-

piritualm ente. La mayoría de e ll os vivían e n osc uros y fríos

cuc hi triles sin mobil iario de ningún tipo , solfa n pasar ham-

bre y te nían escasas posesiones, e n caso de contar con alg u-

na. Si pudieran entrar en cualquier bogar suburbano de hoy en día, creerían haber penetrado en un palacio ensoñado. Por otra parte, aunque en nuestra época se cree que somos des- cendientes de monos colgados de un pla netita qu e se tamba-

lea precariame nte en

las criaturas favoritas de un Dios omnipotente que envi6 a su

único Hijo a morir para que todos ellos pudieran vivir para s iempre I?n un gozo eterno. Esta vi si6 n del mundo proporcionó a nuestros antepa sa-

dos un consolador sentido de destino, una sensación de segu- ridad en sí mismos. Incluso los numerosos descrefdos y rene- gados sumergidos en el pecado mortal sentfan que sus vid as

estaban protegidas por un a hicie sen d urante sus vidas,

mo instante de su vida podía devolverles a un estado d gra-

cia y asegurarles la felicidad eterna. Nuestros antepasados se

consideraba n a sí mismos protagonistas de un

sal . En camb io, nosotros, en palabras de Jacqu es Manad, vi· vimos en un «universo de soledad congelado.» Despojados de las ilusio nes de nuestros mayores, también nos hemos vis- to pri vados de su fe . ¿Es ésta pues, otra ilustración del dicho "bendita ignoran- c ia"? ¿ Fueron las épocas pasadas más fe lices a causa de sus espeji smos? Aunque es impos ible lograr una certeza sólida sobre esta cuestión, no parece posible que la persona común de hace mil años -o de hace cien o de hace d iez mil años- fuese más fe liz que nosotros ahora. Esos hi sto riadore s que intentan in vestigar en la mentalidad de las eras pasadas ob·

un universo mecánico, e ll os c reían ser

red de seguridad. Hiciese n 11qu e un acto de fe reali zado en e l últi-

dra ma uni ver-

34 EL ATRACfIVO DEL P SAOO

tienen semblanzas más bien sombrías acerca de lo que signi-

ficaba vivir en la antigua Roma o en la Inglaterra victoriana.

Johann Huizinga. que escribió uno de los relatos

sos de la vida en la edad media. la describió como un perío- do casi esquizofrénico, en el que las personas estaban obse-

sionadas alternativamente por la avaricia o el autosacrificio,

y sus humores oscilaban entre el miedo abyecto y el éxtasis espiritual. Sea n cuales fu eren sus mérilos, las creencias básicas de una era ti enen un impacto en e l futuro de la s personas qu e las ma ntienen. Ta l vez la fe de la Edad Media proporcionó la au- toconfianza sufic iente como para poder romper poco a poco las ataduras de los dogmas religiosos, preparando el cami- no para siglos posteriores de desc ubrimientos y exploración. Nuestras creencias actuales-o su falta- tendrán una influencia

más inte n-

co mparable. ¿Lograremos reunir rios para pcnnitimos disfrutar de

por no hablar de uno que sea mejor que el presente? ¿O bien nuestra raza desaparecerá, con un a explosión o un gemido, porque no hem os podido hacernos una idea de qué es la vida? Lo que suceda en el tercer milenio depende de lo que ocu- pe la consciencia huma na ahora: de las ideas e n las que usted

y yo creemos, en los valores que respaldamos, las acciones que emprendemos. Depend e de aquello en lo que nos inte- resamos, de l entorno que c reamos al invertir nuestra energía

psíquica. Llegados a este punto, el lector podría preguntar- se: ¿yeso qué tie ne q ue ver conmigo? Ya me cuesta bastan- te mantener mi cuenta del banco s in números rojos, ag uantar en mi trabajo y a mi familia , in tentar di sfrutar de alguna ale- gría e n la vida. ¿Por qué tend ría que im portarme el tercer mi-

lenio? ¿Qué me importa a mi el fu turo de la

La tesis de este libro es que convertirnos en parte activa y consciente del proceso evolutivo es la mejor manera de dar

el coraje o el vigor necesa- un futuro, cualqu ier fut uro,

humanidad?

L A MENTE Y LA HISlURlA.

35

sentido a nuestras vidas en el momento presente y de paso de disfrutar de cada momento. Comprender cómo funciona

la evolución y qué papel podemos desempeñar en ella pro- porciona una dirección y un sentido de los que por otra par-

te carece

debamos renunciar a objetivos personales ni subordinarlos a

ni ngún tipo de bien

bien al contrario. Los individuos que desarrolle n su singu la-

ridad al máximo, y que al mismo tiempo se identifiquen con los grandes procesos que tienen lugar en el cosmos, escapan

a la soledad de sus destinos individuales. Y además, como es-

pero demostrar, escribir la historia es más gratificante que ser

barri do po r ella

Pero, ¿por qué es ta n urgente esta necesidad de reflexio- nar sobre el pasado y el futuro en este período precisamen-

te? De hecho, estamos viviendo un mome nto único, e n un umbra l c rucial de la hi storia pl a netar ia. Si un inspector es - pacial llegase de visita a la Tierra tras una ause ncia de un os pocos miles de años, no daría crédito a 10 que vería. ¿Cómo es posible que la calidad del aire hubiera cambiado de manc-

ta n drástica? ¿Qué había pasado con todas aq uellas fron- dosas selvas tropicales? ¿Cómo es que enormes extensiones

de Norteamérica y Siberia?

ra

esta cultura laica y desacralizada. No signi fica que

uni versal a largo plazo. De hec ho, es más

desde la pasividad.

de maizales cubren las ll anuras

¿De dónde han sa lido todas esas ovejas de Nueva Zelanda, y

por qué hay tan pocos leones y ballenas, y por qué no queda ningún pájaro dodo? Y sin duda se quedaría pasmado por los

cambios físicos ocurri dos en cemento c ubrie ndo la tierra,

e nonnes estructuras apuntando

hacia el c ielo y por todas partes señales de una labor ince- sante que convierte la energía mineral, vegetal y química en humo y residuos. Si nuestro visi tante imaginario di spus iese de cierto cono- cimie nto hi stórico acerca de las fases de la evol ución planc-

un espacio de tiempo tan corto:

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36 EL ATRACTIVO DEL PASADO

taria no tardaría en darse cuenta de que estaba presenciando una etapa crucial en la evolución del planeta Tierra: ese pe-

ríodo de unos pocos miles de años en los que una de las espe-

cies animales se torna autorreflexiva y se embarca en el pro- yecto de transformar a su imagen y semejanza todo aquello que se le pone por delante. El inspector espacial sabría, por experiencias pasadas en otras partes de la galaxia, 10 peligro- sa que iba a ser esa época para el resto de formas de vida del planeta en cuestión. Antes de darse la vuelta para realizar el viaje estelar de retomo a su casa, probablemente murmura- ría unas cuantas palabras, deseando buena suerte a la espe- cie despierta cuyos pasos torpes darán como resultado bien la destrucción del planeta o el lento florecimiento de una gran civilización. Ese momento, claro está, es ahora. Aunque parece que hace unos cuatro millones de años ya existió alguna forma de vida humana, hace tan sólo diez mil años que nuestros ante- pasados aprendieron que plantar semillas daría como resulta- do una cosecha más abundante, y todavía menos tiempo que aprendieron que a los metales podía dárseles forma y todavía menos desde que se dieron cuenta de que había símbolos que podían representar palabras y pensamientos. y sólo hace cien años más o menos - menos de un parpa- deo en términos de nuestro pasado-- que empezamos a damos cuenta de que el futuro no está regido por una providencia in- tencionada, sino que en gran parte radica en nuestras manos. Antes de que Darwin y sus seguidores convirtiesen la evolu- ción biológica en algo tan convincente, la mayoría de la gen- te creía que una figura omnipotente estaba a cargo del uni- verso, y que a pesar del predominio del dolor y la m iser ia en este mundo, Él acabaría ocupándose de nosotros para siem- pre en el próximo. Por otra parte, la teoría de la evolución su- giere que todas las especies - incluida la humana- deben ser

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L A MENTE Y LA HISTORIA

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responsables de su propia supervivencia; no existe ningún protector sobrenatural que las salve. Aunque apenas hemos dispuesto del tiempo suficiente para asimlarlo, nos vemos forzados a tomar decisiones que afectarán la supervivencia de la vida en el planeta. La verdad es que necesitamos toda la suerte que podamos reunir. Pero lo que más necesitamos es tomamos nuestra situación en serio y desarrollar el conoci- miento que haga posible elaborar Ulla respuesta creativa.

AzAR, NECESIDAD Y ALGO MÁS

¿Pero puede usted, o yo, o cualquier ser humano individual, influir sobre el futuro? La actual comprensión de la causa- lidad sugiere que los acontecimientos vienen determinados por la interacción accidental y fortuita con leyes naturales in- mutables. Una mariposa que aletea sobre una orquídea a ori- llas del Amazonas puede poner en marcha una cadena de di- minutas perturbaciones atmosféricas que pueden dar como resultado un huracán que destruya cientos de apartamentos en Florida. La formación de huracanes puede explicarse en términos de presión atmosférica y diferenciales de tempera- tura; pero el aleteo de la mariposa - y el centenar de otras causas que suprimen o alientan los efectos del movimiento inicial de sus alas- puede seguir perteneciendo a la imprede- cible esfera del azar fortuito. Atrapados entre inflexibles leyes naturales y caprichosos sucesos más allá de cualquier consideración, ¿podemos hacer otra cosa que dejarnos llevar por ello? La respuesta a la vida más racional parece ser un fatalismo resignado. En la prác- tica eso significa renunciar a toda responsabilidad, reflexión y capacidad de elección. Implica seguir de manera automáti- ca cualquier necesidad y deseo que los genes han codificado

38 EL AlRAcnVQ DEL PASADO

en nuestros cromosomas, al menos dentro de los límites per- mitidos por la sociedad en la que vivimos. Ocuparnos de lo

"primero y más importante" -nuestras comodidades, place-

res y ambic iones- es todo 10 que podemos espe rar conseguir,

según este guión.

Llegados a este punto emp ieza a emerger una extraña pa-

radoja. Si todo el mundo adopta esa actitud -s i todos nos so-

metemos a las fuerzas determinantes de la causalidad- es im-

probable que la hum anidad

sobreviva. Quienes tienen acceso

acaparando a un ritmo cada vez

a recursos los co ntinuarán

más acelerado. y los que no los tienen se su blevarán a fin de obtener su parte. y el res ul tado será una guerra de todos con-

tra todos. Mientras que si h ubiese suficien te gente que cre- yese que el futuro está en parte en sus manos, la posibilidad de sobrevivir aumentaría bastante, pues estarían dispuestos a dar pasos para evitar el catacl ismo. Pero si eso es cierto, ¿en- tonces el azar y la necesidad son los únicos detenninantes de nuestro destino? ¿D además de esas dos fuerzas hay alguna otra que esté dando fonna al futuro? Se ha puesto de moda aflnnar q ue la acción individual ' no tiene un efecto significativo e n la historia. Si Sócrates o Juana de Arco no se hubieran puesto en pie para defender sus creencias -dice esta teoría-, o si Raoul WaJlenberg no hubie- ra renunciado a su cómoda vida para salvar a m iles de judíos en la Hungría ocupada por los nazis, pues entonces otros lo habrían hecho. En cualquier caso, sus dramáticas tomas de postura no han tenido ninguna influencia en el curso de los acontecimientos. que son decididos por el vector de las fuer- zas sociales, no por las elecciones indiv iduales. Este arg umento puede contar con cierto mérito en lo to- cante a los descubrimientos científicos o tecnológicos. Si los hermanos Wright no hubieran conseguido q ue su avión volase - fracasando como ocurriera antes de ellos con Duo

L A MEN"l'E Y LA HISTORI A

39

Li li entha l, Samuel Langley y tantos otros- alguie n ha bría

perfeccionado una máquina voladora en uno o dos años más. La ciencia y la tecno logía han seguido su propia trayecto- ria de desarrollo, que las mentes humanas han acordado en ayudar pasivamente. Pero no todas las acciones humanas es- tán tan determ inadas. Los in d ivid uos realmente creativo s son quiene s triunfan, contra todas las presiones del in stinto y de

la sabiduría mundana , al visualizar una manera de vivir que

liberará y hará más felices a los demás. Romper con la fatalista aceptación de la programación ge- nética o histórica requiere, cuando me nos, una creencia e n la libertad y en la autodetenninación. Es improbable que una persona corra riesgos y trabaje por el bien común a menos que crea que tendrá una influenc ia. ¿Se está engañando al- guien así? Después de todo, los axiomas cient íficos afirman que todos lo s sucesos deben tener ca usas, y por e ll o si un san Franc isco decidió repartir su riqueza entre los pobres y reti- rarse a orar con otros jóvenes. debió ser porque quería irritar a su rico padre, o porque era un homosexual latente o tal vez

porque padecía

Pero puede aceptarse el axioma de causalidad sin tener que ser reduccionista. De las muchas causas que dieron fo r- ma a las acciones de san Francisco, una de las principales fue la creencia de que su s acciones tenian importancia y que te- nía la responsabilidad de cambiar el mundo que le rodeaba. Esta cree ncia, en sí misma, es una "causa". La idea delli- bre albedrío es una predicción ineluctable, quienes la respe- tan están liberados del detennini smo absoluto de las fuerzas

alg ún desequilibrio honnonal.

ex ternas. E l azar y la necesidad son ú ni cam e nte reg las para seres que son incapaces de reflex ionar. Pero la evolución ha in- troducido una salvaguardia entre las fuerzas determinantes y las acc ión humana. Al igual que el embrague de un motor, la

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40 E L Al'lI.ACTIVQ OEL PASADO

consciencia permite a quienes la utilizan apartarse ocasional- mente de la presión de conductores implacables para tomar

sus propias dec isiones. La consec ución de la co nscienci a in -

trospectiva, que en este planeta sólo han conseguido los se-

res humanos , es una bendic ión ambi valente. No s6lo

ponsable del coraje desprendido de Gandhi y Martin Luther

King , s ino tambi én de los apetitos "antinaturales"

Sade o de la in saciable am bi ción de Stalin. La cons-

ciencia, este tercer condicionante de nuestro comportamien- to, puede conducimos bien a la salvac ión o a la destrucción.

del mar-

qués de

es res-

¿SOMOS MALOS SIN REMEDIO?

Sólo hace cien años, la creen ci a predominante en las socie- dades occidenta les era que la humanidad, sobre todo su ver-

sión industriali zada, era e l pinác ul o de la creac ión , destinada a heredar la tierra. Los victorianos y eduardianos creían que su sociedad había alcanzando la cúspide del progreso. Pero este optim ismo fue sólo una aberración temporal en la hi sto- ria. A lo largo del pasado la gente solía cons iderar su é poca a

través de

una visión de l destino de la humanidad q ue era con-

flictiva e

incluso trágica. Platón no fue el úni co e n cree r e n el

fm de la Edad de Oro. Para muchos cristi anos, como Calvino, el hombre y la mujer estaban corrompidos más allá de cual- quier espe ranza , incapaces de ayudarse a sí mi smos sin la

gracia de Dios. Pero entonces, durante el siglo XIX, dio la im-

presió n, durante un ti e mpo, de que la ciencia,

y la tecnología iban a convertir el mundo en un nuevo Jardín del Edén. Tras ese breve interludio de autosatisfacción, he- mos vuelto a dar la vuel ta hacia una despavorida falta de con- fianza en la bondad y capacidad que tiene la humanidad para ayudarse a sí misma.

la democracia

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L A MENTE Y LA HISTORIA

41

Irónicamente, pero c omo era de esperar, aq ué ll os que ti e- nen esperan zas elevadas e irreales son quienes más sorpren-

didos se

humano. Una imagen de color de rosa de la naturaleza huma-

na no puede soportar un análisi s

que los sacerdotes sean santurrones, los soldados vali e ntes y las madres siempre abnegadas, y demás, están destinados a

ll evarse un chasco. Para e llos la historia

será un e norme error o, como tan bien dijo Macbeth, una hi s-

to ri a contada por un idiota, llena de fu ria y rui do, q ue no

nifica nada. M ientras que si uno empieza asumiendo que los humanos son básicamente criaturas débiles y desorientadas, lanzadas por el azar a asumir el papel central del escenario planetario, s in un g uión ni en sayo s, entonces la ima gen de 10 que h e mos con seguido no resu lta tan descolorida. Parafraseando lo que dijo el adi estrador sobre su perro hablador, la cuestión no es que can temos bien, sino que cantamos. Es c ierto que los seres humanos se han estado matando en- tre sí continuamente desde el principio de los tiempos, y que qu ienes se las arreglaron para aferrar e l poder han te ndido a ex plotar a los débiles. Es cierto que la avaricia ha tenido pre- cedencia sobre la prudencia , y eso es lo que ah ora nos lleva a des truir el en torno del que depende la vida. ¿ Pero por q ué de- bería ser de otro modo? Culpar a la humanidad de esas fa ltas es como hacer respo nsable al tib uró n de sus hábitos sang rien- tos o al ciervo de comer demasiada hi e rba. Pode mos estar evol ucionando, pero todav ía tenemos mucho ca mi no por de- lante antes de poder superar lo que es innato en nuestro com- portamiento. E l pote ncial humano y otros mov imie ntos New Age de los pasados treinta años han intentado devolver a los hombres y las mujere s la di gn idad perdida ante el reduccionismo cien-

muestran ante la pervers idad del com portam ie nto

detallado. Quienes esperan

de la raza huma na

sig-

42 El. AT\l.ACTIVQ DEL PASADO

tífico. Pero, al hacerlo, a menudo se han pasado de la Taya y caído en los excesos contrarios. Su a menudo romántica vi- sión de la perfección humana ha alentado muchas ilusiones vanas, que a su vez han conducido a las personas a desilu-

s ion es

ben lo que la mente puede hacer. resulta difícil distinguir lo

que es una metáfora y lo que se presenta como un hecho. «La

mente es un holograma que regi stra toda la sinfonía de aconte-

Cualquier mente recapitu la

cimientos vibratorios cósmicos

in necesarias. Cuando los pensadores New Age descri-

todos los sucesos cósmicos

La mcnte no tiene límites»), es-

cribe Sam Keen, un entusiasta teólogo. Por fortuna, nada de todo eso es cierto, pues si la mente registrase verdaderamen- te «toda la sinfonía de acontecim ientos vibratorios cósmi- cos» - sea lo que fuere que eso signifique- nos volvería locos. El problema de muchas de la s promesas del movimiento New Age es que, aunque reflejan algunas verdades acerca del funcionamiento interno de la mente, muchas personas creen que pueden aplicarse igualmente al mundo material externo, y ahí es donde están destinadas a frustrarse. Tomemos por ejemplo este credo de un seminario Thcta, citado por WilIiam Hulme: «El pensador en todos nosotros es el creador del uni- En el interior de la esferd de nuestras mentes so- mos Dios, p ues podemos contro lar lo q ue pensamos, y 10 q ue concebimos como verdadero se convierte en la verdad» . Con ciertas salvedades, esta afinnación pudiera aceptarse en lo relacionado a «la esfera de nuestras mentes». Pero muchos creyentes se toman la última fra se, «lo que concebimos como verdadero se convierte e n la verdad» como si hiciera refe- rencia a acontecimientos concretos, no sólo a estados menta- les. Se trata de una concreción desubicada que lleva a mucha gente a esperar re sultados materiales cuando "sólo" se pre- tenden espirituales. La oración, la meditación y la veneración ayudan a aportar armonía a nuestras vidas interiores. Pero la

verso

LA MENTE Y LA HISTORIA

43

mayoría de las personas no buscan armonía: más bien rezan para recuperar la salud, ganar la lotería o encontrar un aman-

te.

En lugar de proclamar cualidades divinas, deberíamos considerar que el 94 % de nuestro material genérico se so-

lapa con el de los chimpancés, y luego pregumamos cómo es posible que algunos de nosotros hayamos construido ca- tedrales, u ordenadores o naves espaciales. Por no hablar de la sorpresa que nos llevamos cuando caemos en el hecho de que incluso aJgunos individuos intentan ayudar a los demás.

Si esperas un vaso lleno, un vaso con agua ha sta

la mitad te

parecerá vacío; pero si uno no espera nada de agua, entonces el mismo vaso parecerá medio lleno. Usted y yo formamos parte del proceso de evolución. Somos amasi jos de energía programada para llevar a cabo fi - nes egoístas, no para nosotros mismos, sino a fin de conservar

y replicar la infonnaci6n codificada en nuestros genes. Atila

podía creer que era "el azote de Dios" al abrirse camino a san- gre y fuego a través de Europa, y los españoles estaban medio conve ncidos de que estaban saJva ndo las almas de Jos in dios

a los que exterminaban, pero básicamente eran d irigidos por

los mi smos imp ulsos que hacen que las aves em igren oque los lemmings corran a toda velocidad hac ia el mar. Al mirar hacia

q ue hi cieron nu es-

tros antepasados y llegamos a la conclusión de que los huma- nos so n intrínsecamente mal vados. Pero nosotros mismos no hemos sido mejores de lo que deberíamos, ni tam poco peores. La era de la ingenuidad ya ha quedado atrás. Ya no es pos i- ble que la humanidad siga cayendo en el sibaritismo. Nuestra especie se ha vueh o muy poderosa para dejarse llevar sólo por instintos. Las aves y los lemmings sólo pueden perjudi-

atrás nos se nti mos horrorizad os al ver 10

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44 EL ATRACTIVO DEL PASADO

carse a sí mismos, mientras que nosotros podemos destruir la matriz de la vida en el planeta. Los impresionantes poderes de los que nos jactamos también exigen una responsabilidad correspondiente. Conforme vayamos tomando conciencia de los motivos que dan origen a nuestras acciones y nuestro lu- gar en la cadena de la evolución se tome más claro, debemos idear un plan significativo y vinculante que nos proteja a no- sotros, y al resto de la vida, de las consecuencias de lo que hemos creado.

EL BIEN y EL MAL

Hace más de seiscientos años, en dos de los muros del ayun- tamiento de Siena, el artista Ambrogio Lorenzetti pintó un par de grandes frescos: uno era una alegoría del "buen go- bierno" y el otro del "mal gobierno". La escena del "buen go- bierno es parecida a las imágenes del libro infantil de Richard Scarry titulado Busy Busy World. Muestra una ciudad en la que todas las casas están limpias, todos los jardines llenos ·de frutos y flores y todo el mundo hace algo útil. Por todas par- tes se observan señales de ord~n y prosperidad. En cambio, en el "mal gobierno" la gente aparece discutiendo y pelean- do, las viviendas están abandonadas y las cosechas plagadas de malas hierbas. Es una ilustración tan buena como cual- quier otra acerca de lo que la gente en todo el mundo quiere decir con bueno y malo : malo es entropía: desorden, confu- sión, desperdicio de energía, la incapacidad de trabajar y al- canzar objetivos; el bien es entropía negativa, o negentropía:

armonía, previsibilidad, actividades con senlido que llevan a satisfacer los propios deseos. Por desgracia, los conceptos de "bien" y "mal" suelen uti - lizarse con propósitos egoístas, dándoseles definiciones que

LA MENTE Y LA HISTORIA

45

anuncian intereses mezquinos. Los sicneses deseaban un

buen gobierno, pero durante siglos lucharon fieramente con-

tra sus vecinos florentinos. Los primeros colonos europeos que llegaron a América -incluso los más religiosos- atribu- yeron a los nativos rasgos malignos como crueldad y sal- vajismo, de manera que pudieran sentirse cómodos arreba- tándoles sus tierras y vidas. William Hubbard, que en 1677 escribió una de las primeras descripciones de los nativos de Nueva Inglaterra, los llamó "villanos traicioneros" e "hijos

de Satanás". Para los comunistas chinos, los norteamericanos

eran diablos imperialistas; para los ¡ranÍes eran simplemente demonios, aunqüe nosotros a cambio consideramos al ayato- lá y a Saddam Hussein como Satanás encarnados. "Bien" y "mal" son términos relativos, y mientras una persona los siga identificando exclusivamente con su propio cuerpo, familia, religión o grupo étnico, lo seguirán siendo. Lo que es bue- no para mí puede ser malo para usted, y viceversa. Durante la guerra fóa, el fracaso de una cosecha rusa se consideraba una señ al de nuestro éxito, y el problema de las drogas en los Estados Unidos representaba para los rusos una demostra- ción de su superioridad. Cuando los valores que apoyan una postura moral son de miras estrechas, es imposible lograr un acuerdo universal acerca de qué es bueno y qué es malo. El único valor que todos los seres humanos podemos com- partir fácilmente es la continuación de la vida en la Tierra. En este objetivo único se unen todos los egoísmos individuales. A menos que la identidad de la especie tenga prioridad sobre las identidades más particulares de fe, nación, familia o persona, será difícil ponerse de acuerdo sobre el curso que hay que se- guir para garantizar nuestro futuro. Al llegar a este punto nues- tro cerebro está programado genéticamente para "ocuparse de lo Más Importante", y por la sociedad para apoyar sus institu- ciones. Pero lo que hay que hacer es cambiar el programa, de

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46 EL ATRACT IVO DEL PASADO

ma nera que apoyar las necesidade s del plane ta en su conjun~

to se convierta e n la p ri oridad n úmero u no. ¿Es eso posible? ¿Cómo pueden los hombres y las mujeres superar las pul- siones que se insc rib iero n hace millones de años en su códi- go genéti co? ¿Cómo podemos desaprender las motivaciones que se nos e nseñaro n desde nuestras pri meras horas de vida? Los objetivos y valores con los que contamos ahora son apropiados para especies que luchan ciegamente con otras espec ies en la corriente de la vida. So n apro pi adas para pa- sajeros, no para navegantes. Pero tanto si nos gusta como si no, ahora somo s los pilotos de la astronave Tierra. Para desempeñar ese papel necesitamos un conjunto de instruc- ciones nuevas, nuevos valores y objetivos mediante los que

gobern ar la nave entre muchos peligros antaño

En esta aventura de la mente, la primera etapa nos lleva a re-

flexionar sobre qué --o quién- es cada uno de nosotros indi- vidualmente.

descon oci dos.

LA IRRUPCIÓN DEL Yo

El proceso que hemos denom inado evolución existe porque nada es s iem pre lo mismo o igua l. Sólo existen dos opc io- nes para las cosas tanto vivas como inanimadas: pennitir que la entro pía se salga con la suya o in te ntar vencer al sistema. La evolución representa la segu nda alternati va. Con el tiem- po , tod a fonna , toda estruc tu ra, tiende a de scompo nerse y sus componentes a regresar a la aleatoriedad . Las células del c uerpo se di sgregan, los órganos se deterioran , los uten sil ios se gastan y oxidan, las elevadas cadenas montañosas se con- vierte n e n a rena, las grandes civi li zaciones se vie ne n aba- jo y son olvidadas e incluso las estrellas mueren cuando se les acaba la e nerg ía. Un coche funcionará durante unos años,

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LA MENTE Y LA HISTORIA

47

pero después cuesta demasiada energía mantenerlo en mar- cha, tanta que no vale la pena. Cuando uno se compra un a casa piensa en un refu gio pennanente, pero si no se arregla e l tejado , si no se enlucen las paredes y pinta e l maderame n lo sufic iente, la casa empezará a sufrir los efectos del paso del ti empo. La razón de este proceso de desintegración es la en- tropía, la ley su prema del universo. Pero la entropía no es la única ley q ue opera en e l uni ve r- so. También existen procesos que van e n la dirección con- traria: creación y crecimiento forman igualmente parte de la

hi storia, igual que la descomposición y la muerte. Toman fo r-

ma unos cristales bellamente dispuestos, se desarrollan nue-

vas fonnas de vida, emergen métodos de explotar la energía cada vez más inverosímiles. Siempre que aumenta el orden

en un sistema en lugar de venirse abajo, podemos decir que ahí tene mos a la negentropía funcionando. Todo sistema, tanto si se trata de un a piedra como de un animal, tiende por encima de todo a mantenerse en un estado o rdenado. En e l caso de las cosas vivas, la mayoría de lo que denominamos "vida" consiste en esfuerzos para asegurar la a utoconservación y auto rre p roducc ió n. Una ballena inten tará seguir s ie ndo una ballena mientras pu eda y an tes de q ue sea de masiado tarde intentará reproducir todas las eopias posibles

ballena d eberá fru strar a la

d e e ll a misma. Para lograrlo, la

entropía extrayendo oxígeno del aire y calorías del plancton.

y protegiendo a sus crías de cualquier peligro y depredador. Para que la nege ntropía opere, un organismo - un cuer- po in d ividual, o una famili a o un siste ma soc ial- debe es -

tar siempre reparándose y protegiéndose, alcanzando grados

más elevados de eficacia a la hora de transformar la ener-

beneficio. Los mome ntos c ulmin antes de la

gía e n su propio

hi storia humana

tado la autoprotección frente a la acometida de la entropía.

so n los descubrimientos que nos han facili-

48 EL ATIlAcnVO DEL PASADO

El descubrimiento del fuego es famoso y con motivo. Uno de nuestros distantes antepasados tuvo la brillante idea de aprovechar la combustión para invertir -aunque fuese tem- poral y localmente- los insensibilizadores efectos del frío, una de las manifestaciones favoritas de la entropía. El desa-

rrollo de sistemas más eficientes y cada vez más inverosími- les, es lo que llamamos evolución. La evolución se nos impo-

ne por el hecho de que los sistemas se de smoronan con el tiempo a menos que se tornen más eficientes. No podemos

quedarnos parados y pennanecer en el mismo sitio; debemos avanzar incluso para pennanecer quietos. La competencia es el hilo conductor que discurre a través

de la evolución. Las formas de vida se desplazan en tre sí en el escenario de la historia, dependiendo de su éxito a la hora de tomar energía del entorno y transformarla en su propio beneficio. Pero otras especies sobreviven porque han halla- do maneras de mejorar sus oportunidades de supervivencia a través de la cooperación. Paradójicamente, la cooperación puede ser una herramien ta competiti va muy eficaz. No obs - tante , hasta que los humanos entraron en escena, la compe- · tencia y cooperación sucedieron totalmente a ciegas y de ma- nera inintencionada. Otra manera de considerar la evolución es verla no como la supervivencia selectiva de formas dc vida como dinosau- rios o elefantes, sino de infonnación. Desde esta perspecti- va, lo que cuenta no es la forma externa o material del or- ganismo, sino las instrucciones que lleva. Los organismos biológicos llevan en sí guiones extremadamente detallados, codificados químicamente en sus genes, y en realidad la evo- lución trata acerca de la supervivencia de esas instrucciones. Los elefantes sólo son un producto secundario de la infor- mación genética contenida en los cromosomas elefánticos. Teóricamente uno podría crear elefantes siempre que se con-

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LA M ENTE Y LA HIS TOR

IA

49

tase con el anteproyecto de sus genes. Pero sin sus instruccio- nes genéticas, los elefantes desaparecerán de la faz de la tie- rra en una única generación. La mayoría de las personas han aceptado la noción de evolución biológica. Pero la información genética no es el único tipo de información que se esfuerza por sobrevivir. Existen otros tipos de información que compiten entre sí a fin de mantener su forma y transmitirse a través del tiempo.

Por ejemplo, los idiomas compiten, al igual que las religio- nes, las teoóas científicas, los estilos de vida, las tecnologías e incluso los elementos de esa esfera de la consciencia que hemos considerado como el "Yo". En el interior de todas las personas radica una maravillo- sa capacidad para reflexionar sobre la información registrada por los diversos órganos de los sentidos, y para dirigir y con- trolar esas experiencias. Consideramos tal capacidad como algo tan normal que apenas nos preguntamos de qué se tra- ta, y no obstante, al menos por lo que sabemos, es un reciente desarrollo evolutivo que sólo ha alcanzado el cerebro huma- no. De pensar en ello le damos nombres como consciencia, percepción consciente, Yo o alma. Sin ella sólo podríamos obedecer instrucciones programadas en el sistema nervioso por nuestros genes. Pero contar con una consciencia intros- pectiva nos permite escribir nuestro propio programa y tomar decisiones para las que no existían instrucciones genéticas. La imagen del Yo con la que solemos contar es la de una personita, un homúnculo, sentado en algún lugar del cerebro que controla todo lo que discurre por los ojos, oídos y el resto

y lue go tirando

de

de algunas palancas, que nos hacen actuar de diversas mane- ras. Pensamos en esc ser en miniatura como alguien muy sen- sible e intel igente . el jefe de la maquinaria corporal. Quienes lo conciben como el "alma" consideran que es el hálito de

los sentidos, evaluando dicha información

50 EL ATRACflVO DEL PASAOO

Dios, que ha transfonnado nuestra arcilla nonna! y corriente en un envoltorio mortal para la chispa divina. La neurología contemporánea cuenta con una visión más prosaica acerca de qué es el Yo y cómo ha evolucionado. El cerebro no parece contar con una estructura material o fun- ción neurológica separada que pudiera considerarse el fenó-

meno del "Yo" o de la "consciencia". La capacidad de re- flexión apareció en respuesta a los millones de circuitos

LA MENTE Y LA HISTORIA

51

de la esfera de la consciencia, y decidiendo qué sensaciones

o ideas debían

sensación de contar con algo en nuestro interior que dirigía la

consciencia, le dimos un nombre -el Yo- y lo consideramos lo más normal del mundo. Y el Yo se fue convirtiendo en una parte de los seres humanos cada vez más importante. Con el tiempo, este Yo creado internamente nos llegó a parecer tan real como el mundo exterior observado a través

la

tomar precedencia sobre el res to . Al tener

neuronales que fueron evolucionando cada uno de ellos para

de los sentidos. Al igual

que el aire, s iempre está ahí; igual

realizar una tarea limitada, como ver el color, mantener el cuerpo en equilibrio o detectar ciertos sonidos. Como la in-

que el cuerpo, también cuenta con sus límites. Es algo que puede resaltar herido, pero que también puede elevarse; cre-

formación especializada y desconectada proporcionada por esas neuronas rebotaba en el interior del cerebro, acabó al- canzando un nivel de complejidad tal que hizo necesario con- tar con un policía de tráfico interno que dirigiese y prioriza- se el flujo de percepciones y sensaciones. En algún momento del lejano pasado los humanos lograron desarrollar un meca- nismo de ese tipo en forma de una consciencia. Pero la ima- gen del policía de tráfico también resulta engañosa, pues su- giere de nuevo una especie de muñeco homúnculo, un 'ser pequeñín que se ocupa de todo en el interior del cerebro. Pero no es así. La consciencia se par~ce más a un campo magnéti- co, a un aura o a un tonalidad annónica resultante de una m i- ríada de sensaciones separadas recogidas por el cerebro. Pero una vez desarrollada la consciencia introspectiva, parece que la manera como funciona el cerebro realizó un increíble salto cuántico. Ya no sólo experimentó necesida- des, urgencias, sensaciones e ideas separadas compitiendo por "tiempo en antena" en la consciencia, para pasar a ser ad-

ce y s us poderes van aumentando leOlamente. Aunque todos los cerebros humanos pueden generar una consciencia intros- pectiva, no todo el mundo puede utilizarla de igual manera. Algunos individuos siguen de forma casi exclusiva las ins- trucciones de su configuración genética o los dictados de la sociedad, con escasa o nula contribución por parte de la cons- ciencia. En el otro extremo del espectro están los individuos que desarrollan seres autónomos con objetivos que sobrepa- san las instrucciones externas, viviendo casi exclusivamente según reglas autogeneradas. La mayoría de nosotros opera- mos entre esos dos extremos. Pero una vez que hay un Yo -aunque se utilice poco-, éste empieza a presentar demandas, como cualquier otro organis- mo. Quiere mantener su forma a fin de reproducirse a sí mis- mo incluso después de que muera el cuerpo que 10 transpor- ta. El Yo, como los demás seres vivos, utilizará energía de su entorno para evitar que la entropía lo destruya. Un ani- mal sin un Yo consciente sólo necesita reproducir la infor-

mitidas ahí estrictamente en términos de prioridades estable-

mación de sus

genes . Pero una persona con un Yo, también

cidas a través de instrucciones químicas heredadas. En lugar

querrá

mantener y difundir la información de su conscienc ia.

de ello, también experimentó la totalidad de d ichos impul-

Un Yo

identificado con pose s iones materiales conducirá a su

sos conformando un Yo distinguible, capaz de hacerse cargo

propietario a acumular cada vez más de éstas, a pesar de las

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52 EL ATRACOVO DEL PASADO

consecuencias que pudiera tener para otros. El Yo de Stalin, creado alrededor de la necesidad de poder, no descansó hasta que todo aquel que pudiera desafiar su poder absoluto estu- viese muerto. Si el Yo adopta su forma a partir de una creen- cia, la supervivencia de dicha creencia será incluso más im- portante que la del cuerpo: los mártires cristianos se sentían más amenazados por las consecuencias de comprometer su fe que por los leones. Es por esta razón por la que el destino de la humanidad en el próximo milenio depende tan estrechamente de la clase de Yoes que logremos crear. La evolución de ninguna mane ra está garantizada. Tenemos la oportunidad de formar parte de ella en la medida que seamos capaces de comprender cuál es nuestro lugar dentro de ese gigantesco campo de fuerza que llamamos naturaleza. En el futuro no nos servirán ni la hu- mildad excesiva ni la grandilocuencia. Si los Yoes de nuestros hijos y de sus hijos se toman demasiado tímidos, demasiado conservadores y retraídos, e intentan detener los cambios re- tirándose a un capullo seguro, acabarán siendo superados por formas de vida más vitales. Por otra parte, si nos limitamos a echar para delante ciegamente, apropiándonos de todo 10 que podamos, aunque pertenezca a ~tros o al mundo que nos ro- dea, no quedará gran cosa de la que disfrutar en este planeta. Que la vida continúe en este mundo depende ahora de no- sotros. Y si sobrevivimos y conservamos una vida que valga la pena ser vivida, dependerá del tipo de Yoes que seamos ca- paces de crear y de las formas sociales que edifiquemos. Es cierto que tenemos por delante muchas tareas importantes en estos peligrosos tiempos: desde salvar las selvas tropicales a proteger la capa de ozono, desde reducir el número de naci- mientos a evitar que los que están vivos se hagan trizas en- tre sí. Pero ninguna tarea es a la larga más importante que ha- llar una manera de desarrollar Yoes que apoyen la evolución.

L A M ENTE Y LA H 1STOKIA

53

De ello depende todo el resto de consecuencias positivas. Si queremos contar con una historia, nuestras mentes deben es- tar preparadas para crearla.

MÁs PENSAMIENTOS SOBRE "LA MENTE Y LA HISTORIA "

Puede que al estudiar con más profundidad los contenidos de este capítulo quiera responder a las pregunta.s siguientes. Después de cada una de ellas cuenta con espacio para ano- tar sus pemamientos. Este procedimiento se mantiene en to- dos los capítulo.s. Y si desea escribir unas respuestas más de- talladas en un cuaderno o en un ordenador personal, podría estar empezando a crear su propia versi6n ampliada de este fibro, que como tal s610 sugiere un principio y necesita sus ideas para estar completo.

Interconexión

Suponiendo que no padece dificultades económicas, ¿podría pensar en un lugar al que le gustaría retirarse y esconderse de los problemas del mundo? ¿Elegiría un campamento annado de supervivencia, una cultura apartada como la de Bali o una isla desierta del Caribe? ¿Y hasta qué punto cree que sería fe- liz allí? ¿Por qué?

¿En qué aspecto de su vida es usted totalmente autosuficien- te? Imaginando que no pudiera contar con la cooperación de otras personas, ¿podría obtener alimentos yagua? ¿Podría seguir teniendo coche? ¿De qué porcentaje dispone de la in- formación que uno necesita para sobrevivir?

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54 EL AlRACfIVO DEL PASADO

Evolución

En la actualidad, casi la mitad de los habitantes de los Estados

Unidos sigue creyendo que el universo fue creado hace alre~ dedar de seis mil años. Suponiendo que usted no se encuentre

entre ellos, ¿alguna vez ha intentado visualizar la duración de

la historia de los EE.UU. en comparación con la historia de la vida humana tal y como la conciben actualmente la mayoría de los científicos, o con la historia de la Tierra?

¿Hay algún otro período de la historia humana en el que le hubiera gustado vivir en lugar del actual? De ser así, ¿por qué?

Azar y necesidad

Considerando el desarrollo de su vid a hasta el momento pre- sente, ¿qué porcentaje cree que ha jugado en ella el elemen- to del azar? ¿Decidió usted mismo las escuelas a las que asis- tió? ¿Pudo ir al colegio que quiso ? ¿Eligió a sus amigos, a su pareja? ¿Su trabajo es una elección vocacional, o es más bien accidental? De hecho, ¿existe qlgún aspecto de su vida que sea resultado de una elección considerada?

¿Qué ha determinado en mayor grado el curso de su vida, el azar o la necesidad? ¿Cómo puede diferenciar ambos? ¿Le importa cuál de los dos prevalece?

Libertad

¿En qué aspecto de su vida se s iente más libre: cuando está solo o con otras personas? ¿Cuando trabaja o cuando tiene tiempo libre? ¿Se debe esa sensación de libertad a saber que

L A MEt'lTE Y LA HISTORIA

55

puede hacer lo que quiera 0, por el contrario, a saber que lo que hace es lo que debe hacer?

¿Siente la necesidad de ampliar la cantidad de libertad de

que goza en su vida? ¿ Hay veces en el trabajo en las que se siente esclavo de la rutina, cuando se limita a cubrir el expe- diente sin ningún control personal? ¿Yen su vida domésti- ca? ¿Qué debería hacer para tener más control sobre esa par- cela de la vida en la que ahora siente que carece de control? ¿Qué se lo impide?

Bueno y malo

¿Cuáles son las mayores fuentes de entropía en su vida? ¿Qué

le

la culpa?

hace sentir más triste, irritado o deprimido? ¿De quié n es

¿En qué condiciones siente más serenidad y felicidad? ¿Por qué no son más frecuentes esas ocasiones?

Yo

¿Cuál es el principio estructurador de su Yo? ¿La fama o la fortuna, es el deseo de ser amado u odiado, de ser envidiado o agradecido? ¿Qué es lo que no podría perder sin perder su sentido del Yo?

Partiendo de lo que conoce de usted mismo, de 10 que le hace feliz y de las libertades y limitaciones de su vida, ¿de qué ma- nera cree que contribuye a escribir la historia? ¿Y cuáles se- rían las consec uen cias si no hiciese nada?

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2. ¿QUIÉN CONTROLA LA MENTE?

A lo largo de las últimas generaciones se ha comprobando

que las mayores amenazas para la supervivencia humana no

son las naturales, sino las que se originan en nuestro propio

interior. No hace mucho, un hombre s610 podía hacerse daño a sí mismo y a quienes vivían en su proximidad. Incluso hace

un siglo, el alcance de la maldad de una persona no llegaba

mucho más allá de la distancia que podía recorrer una bala de rifle. Si un hombre era malvado, si se volvía loco , el alcance de sus fechorías estaba muy limitado. Pero en las últimas cin-

co décadas las posibilidades de que una única persona pro-

voque daños a gran escala han aumentado drásücamente. Un general demente podría desencadenar una oleada de destruc-

ción peor que las hordas de Gengis Khan. Y una única gene~ raci6n de ciudadanos respetuosos de las leyes como usted y yo, a través de decisiones bienintencionadas e inocentes, po~ dría acabar envenenando la atm6sfera o convirtiendo el pla- neta en un lugar no adecuado para la vida utilizando medios ingeniosos. Para nuestros antepasados, entenderse a sí mis- mos mejor era un lujo agradable. Pero en la actual idad apren- der a controlar la mente puede haberse convertido en una prioridad más importante para la supervivencia que la bús- queda de otras ventajas que las ciencias experimentales pu- dieran aportar. A fin de autodesarrollarnos para ser capaces de habérnos- las con las fuerzas evolutivas que nos dinamizan y conducen por el tercer milenio, es imperativo estar familiari zado con el

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58 EL ATRACTIVO DEL PASADO

fu nciona miento de la mente. Se puede con ducir un coche du~ rante toda la vida sin te ner ni idea de cómo fu nciona el mo- tor, po rque el objeto de co nducir es ir de un lugar a otro , in- dependi e ntemente de cómo se logre. Pero vivir toda una vid a sin comprender cómo pensamos, por qué sentimos de la ma- nera en que lo hacemos, desconociendo lo que diri ge nuestras acciones. es pasar por alto lo más importante de la vid a, que

es la calidad de la propia experienc ia. Lo que acaba impor-

¿QUIÉN CONTROLA LA MEl'.'TE?

59

ETERNA INSATISFACCIÓN

A lo largo de diversos períodos históricos y dependiendo del

vocabulario simból ico de la época, se ha sugerido que en el

funcionamiento de la mente humana pudiera haber algo in- trínsecamente equivocado. Hsün Tzu , el filósofo co nfu cia- no del siglo 1II a.c., que ha dejado una huella importante en

el pensamiento chino, basó sus enseñanzas en el supuesto de

tándole más a tod as las perso nas es 10 que ocurre en la co ns- ciencia: los momentos de alegría y las épocas de desespera- ción acum ulados a lo largo de los años es 10 q ue dete rmina qué será esa vida. Si no obte nemos control sobre los conteni- dos de la consciencia no podemos vivir una vida sati sfacto -

que el ser humano es malo por naturaleza. S610 a través de agotadora au todiscipl in a, ri tual es, la mú sica adec uada y modelos dignos de seguir, podían los individuos albergar al- guna esperanza de mejorar. De igual modo, uno de los dog-

ma s cen trales de la teología cristiana es la doctrin a del pe-

una

ri

a, por no hablar de contri buir a un res ultado

pos iti vo de la

cado original. Según esta creencia, nacemos corrompidos.

hi

storia. Y e l primer paso hac ia la con secuc ión

de ese contro l

Es importante constatar la razón: según la Biblia, es porque

es comprender c6mo funciona la mente.

Adán y Eva desobedecieron las órdenes de Dios y comieron

No hay duda de que el mecanismo cerebro-mental es uno de los log ros más espléndidos de la evolución. Por desgrac ia

un fruto del árbo l del co nocimiento. En otras palabras, el mal que subyace en la raíz de la condición humana fue el deseo

a pesar de sus asombrosas características, también ha desa-

rrollado varios procesos que son menos deseables. Toda adap- tació n evolu tiva e impres io nan te se desarrolla bloqueando

y

Nuestro cerebro es un gran ordenador, pero también cuenta

de saber más. El mensaje parece ser que, de haber aceptado el des tino, como hacen otros animales, sin aspirar a la conscien- cia reflexiva y a la libre elección, seguiríamos viviendo en ar-

otras posibil idades: e l murciélago c ue nta con un so narexqui-

monía con el resto de la creación e n el J ardín

del Ed én.

s itamente sensi bl e, pero su vista es mala; e l tibu rón tampoco puede ver muy b ien pero su sentido del olfato es fantástico.

con algunos obstáculos peligrosos a causa de la fidelidad con

En el Fausto de Goethe subyace igualmente una visión si- m ilar de la condic ión human a. Co n los años. el docto Fausto se descubre desilusionado con lo que ha logrado en la vida. Está ca nsado de la filosofía. di sgustado ante la de bilidad del

la que capta la

realidad. El primero

de ell os es el propio s is-

c uerpo, no le in te resa la consec ución d e fama ni dinero. ni

tema

nervioso.

Cuanto más se sabe acerca del func ionamien-

el sexo, el placer, el vino ni las canciones, incluso desprecia

to de la mente. más nos damos cuenta de que el fil tro a través

del que

cios incorporados. Si no e ntendemos de qué manera operan dichos prejuicios. los pensamientos y acciones nunca llega- rán a estar bajo un control consc ie nte .

experiment amos e l mundo cuenta con ciertos preju i-

toda esperanza y fe. No obstante, admite que s ie nte «el do- lor de la vida, el camino esuecho de la tierra. Es demasia- do viejo para contentarse jugando y demasiado joven para vivir sin deseo» . En ese momento se le aparece e l mi smísi - mo diab lo en fonna de Mefi stófel es y le ofrece sus serv icios.

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60 EL ATRACTIVO DEL PASAOO

Le promete colmar sus vagos deseos y hacerle feliz a cam- bio de su alma tras la muerte. Fausto acepta el trato, porque está seguro de que ni siquiera el diablo puede hacerle apre- ciar lo que la vida puede ofrecerle. Éste es el pacto que sella con Mefist6feles:

«Si tus promesas me engañan de manera que quede contento, si resulta que disfruto con ello

pennite que mi vida finalice.

Si alguna vez te digo:

"Espera, esto es justo lo que quería", podrás sacar tus cadenas y llevarme para siempre.JoJo

Durante mucho tiempo pareció que Fausto había hecho un buen trato, porque por muchas riquezas, honores y poder que el diablo le proporcionase, Fausto siempre se las arreglaba para que le resultase aburrido y carente de sentido. Nunca tuvo un momento de tentación en el que dijese: «Espera, esto es justo lo que queríaJo) (finalmente el pobre Fausto hallaóa su destino, pero esa parte de la hi storia ya no nos interesa en este momento). El héroe de Goethe ha sido tradicionalmente interpreta- do como la representación de la psicología del hombre mo- derno "fáustico". Pero el impulso que hace que las personas busquen sin cesar nuevas experiencias y posesiones sin hallar satisfacción pudiera ser más contumaz y universal de lo que imaginamos. De hecho, pudiera ser una función incorporada del sistema nervioso no sólo humano sino también de los ani- males inferiores. Así es como lo expresa el neurólogo y an- tropólogo Melvin Konner:

¡,QulÉ."1 CONTROLA LA MENTE?

61

«Las partes motivadoras del cerebro, en especial el hipotá-

lamo, cuentan con características funcionales relativas a la

cronicidad aparente de la insatisfacción humana. Los expe-

rimentos con animales sobre el hipotálamo lateral sugieren ] que el estado interno crónico del organismo sería una

l

vaga mezcla de ansiedad y deseo, tal vez mejor descrito con

la frase: "Quiero", dicho

con o sin un objeto verbal» .

De ser eso cierto, un mecanismo así habría sido muy útil para la supervivencia de la especie, pues asegura que estemos siempre alerta y vigilantes, atentos a la aparición de nuevas oportunidades, tratando de obtener más cosas, de controlar más energía, todo lo cual debería convertimos a nosotros y a nuestros descendientes en más viables. Pero aparentemente, el precio que hemos de pagar IX'r ese mecanismo es que, al igual que Fausto, nunca hallemos la satisfacción con lo que conseguimos, o al menos no hasta que reconozcamos que la evolución ha situado a la mente en un ciclo interminable. En la vida cotidiana, esa insatisfacción fáustica puede do- cumentarse con facilidad. No existe un límite natural de de- seos. Una persona desempleada pudiera creer que si ganase treinta mil dólares al año seóa feliz. Pero quien gana esa can- tidad piensa que si pudiera ganar sesenta mil seóa feliz, y el que los gana cree que cien mil satisfacerÍan su deseo interno.

y así de manera infinita. Lo mismo podría aplicarse a la esfera de las posesiones materiales: la casa en la que uno vive nunca es lo suficientemente impresionante, el coche que se conduce nunca es lo hastante nuevo. Muchos estudios han demostrado que la escalada de expectativas es la regla imperante en toda sociedad en la que hay posibilidad de mejorar la propia suerte. La mente parece operar bajo la instrucción general de que debe permanecer en alerta constante para mejorar las propias opciones, porque si no es así, habrá otro que se aproveche de

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62 EL ATRACflVO DEl

PAS ADO

e ll o. Este principio operati vo implica q ue uno siempre debe esforarse por conseguir más, no para estar a la par. Esa pre-

di spoS ició n refleja la ley de la selva; una cierta cantidad de

paranoia intrínseca pudiera ser aparentemente útil , y tal vez

la supervivencia. En muchos sentidos, el

indispe nsable, para

¿QuiÉN CONTROLA LA MI'NI"E?

63

Pero existen pruebas que apuntan a que los procesos de pen samient o son menos ordenados de lo que a uno le gusta-

ría creer. De hecho. podría decirse que el caos, y no el orden, es el estado natural de la mente . Cuando ningún estímulo ex-

terno compromete la atención -como una conversación, una

avance de la civilización ha consistido en crear peque ñas zo-

tarca que

hay que reali zar, un periódi co qu e leer o un pro-

nas de existencia protegida en las

que la competiti vidad y el

grama en

la televis ión-, los pensamientos emp iezan a deri-

peligro están minimizados, donde podemos sentimos tempo- ralmente a salvo y bajar la guardia. Danzas tribales, ceremo- nias religiosas, actuaciones artísticas, j uegos, deportes y el ocio en general tambié n ofrecen algunos de esos oasi s de paz. Pero alg un as persona s ni siquie ra pueden j ugar al golf sin planear una adquisición o preocuparse por la competencia. ¿No sería ideal si pudiéramos ser ambiciosos perfeccioni s- tas c uando la situación lo requiriese , pero luego pode r rela- jarnos y disfrutar? Si empezamos a comprender cómo hemos sido programados, al menos tendremos un a opción de supe- rar las in stru cc iones ge néticas c ua ndo sus demandas se vuel- van intolera bles y de ejercer cierto control sobre esta anti gua fuerza evolutiva.

CAOS y CONSCIENCIA

Se suele dar por sentado que, aunque podemos no contro-

lar nada más, al menos dirigimos lo qu e sucede e n

mente s. Aunque la mayoría de las personas se han reconc i-

la demostració n de Freud acerca de que n uestra ra-

zó n suele hallarse bajo el dom inio de deseos reprimidos, y de

que aunq ue sepamos lo vulnerable que es el s iste ma nerv ioso

a los efectos de las drogas y los procesos fisiológicos, segui-

mo s te ndiendo a creer que sIempre que queramos.

podemos pensar lo que queramos,

li ado con

nuestras

var sin sentido. En lugar de un h ilo agradable y lógico de ex-

perienci as me ntales. hay ideas inco ne xas q ue aparecen de la

nada, y aunque realicemos un esfuerzo, es imposible regresar

a una Hnea de pensamiento coherente durante más de unos

pocos minutos.

Esta afirmación parece quedar demostrada a partir de estu-

estímulo s. Los individuos e n confi -

namiento solitario - tanto en campos de prisioneros como en experime ntos de privación- donde se hall an aislados de cual- quier pauta s ignificati va de so ni do, visió n o activi dad, no tar- dan e n pe rder el hi lo de sus pen samientos, y de scriben haber tenido ex trañas e incontrolables fantasías y alucinaciones. La me nte neces ita informac ión ordenada para mante nerse en or- de n a sí mi s ma . Mie ntras cuen te co n objetivos claros y rec iba información retroactiva, la conscienc ia seguirá canturrean- do. Por eso los juegos, deportes y rituales ceremoniales son algunas de las actividades más satis factorias, porque mantie- ne n la atención ordenada dentro de unos límites concretos y

claros. Inclu so la experi encia de trabajar en

dios sobre la pri vación de

un empleo, que

a menudo la gente aftrma odiar, cuenta con esas caracterís-

ticas de orden y co ntinuidad. Cuando está n

sa el caos. Otro importante descubrimiento es que en la vida coti-

ausentes, regre-

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personas dicen se ntirse más apáti cas e in- están sol as y s in nada que hacer. Paradó -

j icamente, cuando somos más libres, cuando podemos hacer

dia na y nonnal, las sati sfec has cuando

64 EL ATRACTIVO DEL PASADO

cualquier cosa que deseemos, es cuando somos más incapa-

ces de hacer nada. En esas

gar, y tarde o temprano da con algún pensamiento doloroso o deseo insatisfecho. En esas circunstancias, la mayoría de

nosotros somos incapaces de pararnos a pensar e n lugar de

hacer algo útil o divertido. Para muchas personas de la so-

ciedad occidental la peor parte de la semana es el domingo

por la mañana entre las diez y las doce del mediodía. Para

quienes no asisten regularmente a la iglesia, es la parte me-

nos estructurada de la semana, sin demandas externas que

ate nder ni hábitos para canalizar la a tenció n hac ia alg ún obje-

tivo. Uno desayuna, lee los periódicos del domingo y lue-

go, ¿qué? Para cuando llega el mediodía la mayoría de las personas ya ha tomado una decisión: mirarán un partido e n

la televisión, saldrán para coger el coche o pintará n el por~ che trasero. La decisión proporciona una nueva dirección a la mente, y los pensamientos desagradables que pud ieran haber surgido vuelven a retroceder más allá del umbral de la per· cepción consciente. La ironía radica en que la mayoría de los que trabajan ex-

más agradable en el trabajo que

perimenta n un estado mental

en casa. En el trabajo suele estar claro lo que hay q ue hacer y existe información clara acerca de lo bien que se está lle- vando a cabo. No obstante. poca ge nte estaría dispuesta a tra- baja r más y tene r menos tiempo de oc io. A quienes es tán de

acuerdo se les compadece como "ad ictos al trabajo". Suele

pasar desapercibido el hecho de que el trabajo que queremos

evitar es en realidad

que cada vez queremos más. Esta condición también cuenta con una explicación evo- lutiva razonable. Si pud iéramos contentamos co n pennane- cer sentados a solas, manteniendo agradables pensamientos, ¿quién se dedicaría a cazar al tigre de afi lados colmillos? ¿O

sit uacio nes la mente tiende a va-

más sati sfactori o que e l tiempo libre , del

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¿QUII~."'lCOI'<TROLA LA M erm;:'?

65

quié n conduciría dos horas en la autovía congestionada para ir a trabajar? Probablemente es mejor que necesitemos orde-

nadas aportacio nes externas a fin de den ; de este modo nos aseguramos

la realidad objetiva y la s ubjetiva. Si pudiéramos soñ ar y sa-

ti sfacer la s fantasías, independienteme nte de

fuera de nuestra cabeza, nos meteríamos en un problema. Si imaginar las relac iones sexuales fuese tan satisfactorio como tenerlas en real idad, no tardaríamos en dejar de tener hijos.

Así que el hecho de que la mente experimente un desorden

desagradable cuando no está metida en acciones con un obje- tivo es una importante carac terística de seguridad. Pero, no obstante, una cosa es reconocer la sabiduría de un de sarrollo así para el biene star co ntinuo de la especie y otra aceptar sus consec uenc ias persona les . Después de todo, si pretendemos controlar la consc iencia, debe ríamos poder

fun cionar al menos con cierta independenc ia parcial

respec-

to a los estímulos extemos. ¿Existe algún medio de liberdr-

de

nos a nosotros mismos de la intrus ión de este mecani s mo seguridad evolutivo?

Existen dos maneras de evitar el deambular aleatorio de

que suele expcri me ntarse como una dolorosa

sensación bien de ansiedad o de aburrimiento. Una es impo- ner orden en la mente desde el exterior. Al sumergirnos en una

tarea, hablar con otra persona o incluso segu ir un programa de televi sión, estructuramos nue stra atención y ésta puede se- guir una pauta más o menos lineal. La otra manera de lograr orden es desarrollar una di scipli na interna que haga posible

y a me- muc hos

años aprender a hace rlo . En cua lq uier caso , la me nte no va a ordenarse y seguir agradables pautas de experiencia a menos

que uno dedique energía a dar forma a la consciencia. Exi sten

mantener la mente en or- cierta congruencia entre

10 que sucediese

la consciencia,

concentrarse a volu ntad. Eso es mu c ho más difícil, ditadores, yog ui s . anistas y especialistas les cuesta

66 EL ATRAC'nVQ DEL. PASADO

in numerables maneras de conseguirlo, pero todas e ll as impli-

can desarrollar hábitos elegidos personalmente. Éstos pue- den incluir fonnar al cuerpo mediante carreras, yoga o artes

marciales; desarrollar pasatiempos como marquetería, pintu-

ra o locar un instrumento musical; o bien realizar actividades mentales concentradas como leer la Biblia, dedicarse a las

matemáticas o escribir poesía: cualquier actividad detenni-

nada que req uiera ca pa ci dades que impida n q ue el desorden se apodere de la mente , forzándola a una frené tica escapada.

¿POR QUÉ LA FELlCIDAO RESULTA TAN ESQUIVA?

Exis te otro prej uicio en el modo como opera la mente que di- ficu lta hall ar satisfacc ión. Antes vimos que c uan do la aten- ción no es tá ocupada en una tarea específica, como un trabajo

o conversación , los pe nsamientos empiezan a vaga r en círcu-

los aleatorios. Pero e n este caso "aleatorio" no significa que existan las mismas posibilidades de tener pensamientos feli-

ces o tristes. Lo que s ucede más bien es que 10 m ás probable es que la mayoría de los pensamientos que ac udan a la men-

te cuando no elitamos concentrados sean deprimentes. Las ra-

zones para ello son de dos tipos. En primer lugar, considerando todas las cosas sobre las que es posible pensar, las posibilidades negativas superan

En nuestra vida hay más cosas " mala s" que

"b uenas". s impl eme nte porque los ti pos de res ultados que de-

a las pos itivas.

fmimos como " bue nos" sue len se r raros e improbabl es. Por ejemplo, s i pensamos acerca de mi sa lud, existe un esce nario positivo -b ue na salud- y cientos de negativos, representados

por las diversas enfe rmedades. S i

ble que vaya a dar con uno de los numerosos resultados ne- gativos. Si me mudo a una casa nueva. existe una posibili-

mi me nte vaga, es proba-

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¿QU IÉN CONTROlA. Lo\. MENTE?

67

dad de que todo esté en orden. Pero también hay cientos de

cosas que pueden ir mal ; el

ñerías pueden no func ionar, la in stalación eléctri ca puede ser

vieja y otras más. Tambi é n es importante señalar que, cuanto más e levadas

sean la<; esperanzas, tambi é n más elevadas son las probabi li- dades de fru stración. Al a umentar las propias esperanzas, di s - minuyen automáticamente las probabilidades de éxito. ¿Qué es más fáci l consegu ir para el hombre normal con sobrepeso,

pesar 80 o 90 kg? S i m i objetivo es quedarme en

probable que me dep rima al pensar en mi peso que s i as piro

a q uedarme en

llón de dólares al año. la posibi lidad de sentirm e desg raciado

a causa de mi s ingresos será mayor que si a punto a la mitad

de esa cifra . Por 10 tanto una de las ma neras más senci ll as de

disminu ir la frec uencia de los pensamientos negati vos es mo-

derando se lectivame nte la<; esperanzas. Eso no s ign ifi ca que las ambiciones necesariamen te prod uzcan infel icidad. Pero a

me nudo mantenemos esperanzas tan e levada

ras de la vida que la decepción es un res ultado cantado. La segunda razón por la que e l vagabundeo sin control de la mente topa con pensamicntos negativos es que una tendcnc ia pesimista de ese tipo debe ser adaptativa, si por "adaptación" queremos decir mayores probabilidades de su- perv ive ncia. La me nte se echa en brazos de las posibil ida- des negativas igual que la aguja de una brújula busca e l polo magnét ico, porque es la mejor mane ra, po r lo general , de an- ticipar situaciones pe li grosa s. Los resu ltados pos itiv os son gratificantes, pero ya se ocup an de sí' mismos, por lo que es innecesario que as ignemos a su contemplación parte de la es- casa ene rg ía ps íqui ca de q ue di sponemos. Pero al oc upamos de las posibilidades desagradables estaremos mejor prepara-

tejado puede filtrar agua, las ca-

80, es más

90. Si mi ambi ció n es ga nar un cuarto de mi-

en tantas esfe-

dos para lo inesperado.

68 EL ATRACTIVO DEL PASAOO

La predisposición o tendencia hacia los resultados ne-

gativos aparece muy bien ilustrada en el atractivo que cual- quier tipo de calamidad tiene para la mayoría de la gente. Un accidente de tráfico, un incendio o una pelea callejera atrae de inmediato un gentío de espectadores ávidos. La atención se ve atraída por la violencia y el peligro, mientras que se salta los acontecimientos nonnales, tranquilos y satisfacto- rios. Los medios de infonnación son muy conscientes de esta

propensión, y por ello las crónicas de los periódicos están lle- nas de atrocidades, y en los programas de televisión abundan las escenas sangrientas. El resultado es que se calcula que un niño nonnal presencia más de setenta mil asesinatos en tele- visión antes de llegar a la edad adulta. Las consecuencias a largo plazo de tal dieta visual están por comprobar. Cuando la mente se entretiene en algo negativo, crea con- flicto en la consciencia. Este conflicto entropía psíqui- ca- se experimenta como una incidencia negativa. Sentir una calva en mi cabeza me hace pensar en las desagradables con- secuencias de envejecer y me deprime. O bien mi mente pue- de derivar hacia las intrigas de la oficina y pensar en cómo algunos compañeros intentan hacer prosperar sus carreras a cuenta mía; eso me pone rabioso y me preocupa. O bien pu- diera preguntarme por qué mi mujer no ha llegado a casa toda- vía, y entonces sentirme celoso y preocupado. Depresión, ra- bia, miedo y celos son simplemente manifestaciones distintas de la entropía psíquica. En todos los casos, lo que sucede es que la atención se fija en informaciones que entran en con- flicto con ciertos objetivos; la discrepancia entre lo que deseo y lo que realmente sucede crea esa tensión interna. Las emociones negativas no son necesariamente malas. Se han pintado muchos cuadros importantes y se han escri- to grandes libros a fin de escapar de la depresión. La rabia ha llevado a los revolucionarios a crear instituciones sociales

¿QUIÉN CONTROLA LA MENTE?

69

más justas. El miedo a los rayos condujo a la invención del pararrayos. Pero mientras los pensamientos negativos persis- ten, acaban haciéndose con el control de la consciencia, difi- cultando el control de pensamientos y acciones. Además, las experiencias subjetivas de miedo, cólera y demás son des- agradables, y cuanto más las experimentamos, más misera- ble se vuelve la vida. La mente de la especie no es únicamente fáustica en su descontento, sino casi victoriana en su salaz fascinación por el lado negativo de la vida. A consecuencia de ello, si per- mitimos que nuestra consciencia individual sea dirigida por instrucciones genéticas que resultaron ventajosas en el pasa- do, es probable que la calidad de nuestra vida sufra en el pre- sente. Quienes siempre se preocupan acerca de lo que puede salir mal, puede que estén bien preparados frente a los peli- gros, pero desconocen qué es disfrutar de la vida. La mejor estrategia implica hallar un equilibrio entre Jo que es bue- no para nosotros en general y lo que es bueno para nosotros como individuos diferenciados que viven en el aquí y ahora. No podemos rechazar las instrucciones genéticas relativas a la paranoia; pero tampoco podemos segu irlas a ciegas, o nos perderemos aquello que hace que nuestra vida particular ten- ga sentido.

Los LÍMITES DE LA RAZÓN

Por lo que sabemos (que no es mucho), la gente ha intentado conocer el significado de sus vidas interiores . Pensamientos y emociones son cosas extrañas. ¿De dónde proceden? ¿Son reales? ¿Adónde van? Los griegos creían que pensamientos y emociones tenían su origen en el pecho, los hindúes los si- túan a lo largo de diferentes centros a lo largo de la médula

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70 EL

T RAcnVO DEL PAS

OO

espinal y los chinos sostienen que pensamos con el corazón.

Para explicar la exi stencia de la conscienc ia, algunas cultu-

hablan

ras creen que los espírit us de los antepasados muertos

con los vivos, mientras que otras consideran que es la voz de dioses o demonios. A la gente le costó un tanto concebir la mente como algo se parado del cuerpo y comprender que los procesos me nta- les podían controlarse. La actitud general parece haber sido que el pensamiento es algo que sucede de manera espontá-

nea , como respirar o sudar. Se consideraba la vida me ntal

como parte del fun cionamiento hal ístico del cuerpo. tan aJe-

jada de nuestro cont rol como la d igestión. El di cho ro ma-

sana e n un c uerpo

sano, es un reflejo de la creencia de que el pensamiento es

in separable de las funciones físicas. La annonía entre acti -

vidad mental y física se acentuó especialmente en las cultu- ras orientales, donde la separación entre cuerpo y mente nun· ca fu e tan grande com o e n Occidente. E l yoga, que alienta la dieta correcta, la adecuada postura corporal y la respiración

correc ta, que se cree que afec tan el conte ni do de pensamien- tos, emociones y la capacidad de concentración, no es más que un ejemplo. Cuando los filósofos gri egos ini ciaron sus in vesti gaciones

s iste máticas acerca de la natural eza del Yo, ya e stab a claro que los procesos de pensamiento seguían sus propias reglas

y que podían configurarse y diri gi rse a voluntad. Mediante la formac ión mental adecuada, un poeta ciego podía llegar

a escribir el verso más glorioso, y un filósofo poco convin-

cente podía concebir los pensamientos más brillantes. A raíz de esos trabajos, la me nte pasó a cons iderarse más importa n- te que su contenedor físico. Cuando san Francisco enseñó en el s iglo XIII, se refirió al cuerpo como "henna no asno", la en- voltura de carne y huesos que laboriosamente transporta a la

no de Mens sana in corpore sano, mente

¿Qun! N CONl1l0LA I.A ME."ITE?

71

me nte en su viaje (y claro está, también al alma, pero ésa es otra historia). En el siglo XVII se alcanzó el punto culminante de esta di- cotomía, tras el implacable análisis de los procesos mentales lle vado a cabo por René Descartes. Éste creía que e l fluido

racional de pensamientos pod ía tener lugar indepen diente- mente de todo lo demás: del cuerpo y sus necesidades, de an- teriores aprendizajes, valores culturales e incluso egoísmos. Demostró la viabi lidad de sus afirmaciones pasando años en una aireada casa ca mpesina en un a melancólica playa ho- landesa. dond e formuló un prodigioso núm ero de elega ntes teor ías q ue trataban desde ópt ica y cálculo has ta las prime- ras incursiones sistemáticas en la epis temología. Durante un tiempo, las reglas desarrolladas por Descartes fueron enor- me mente liberado ras , porque prometían que bastaba co n sen- tarse y pensar las cosas en profundidad para que todo s los se- res human os ll egasen a las mi sm as conclu sion es. Por desgracia, al cabo de poco ti e mpo resultó ob vio q ue e l cerebro no estaba aislado del resto del c uerpo y qu e no fu n- ciona meramente como una máquina lógica y geométrica que reali za operaciones deductiva s. Esa con clusión apareció en parte como re sultado de la evidencia continuada acerca de la terca irracionalidad humana, en forma de guerras sin sentido, pesadas dictaduras, absurdas revolu ciones y la ab undancia de otras formas de comportamiento aparentemente irracio-

dieron forma conceptual lo s e scri tos de

nales. A todo ello le

Sigmund Freud, que demostró que los pensamientos y accio- nes de individuos aparentemente serios y sanos estaban go- bernados por recuerdos reprimidos de sucesos ocurridos en la infancia. Por ejemplo, cuando disiento de mi jefe acerca de su propuesta para una campaña de ventas, yo podría estar usando proyecciones y tendencias demográficas de mercado de manera muy lógica, pero la verdadera raron de m is obje-

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72 EL ATRAcnVO n EL PASADO

ciones sería que mi jefe despierta en mí la hostilidad que sen- hacia mi padre. Las cifras que utilizo en mi argumentación no son más que simples racionalizaciones que podrían in ter- pretarse con igual fac ilid ad para demostrar lo contrario si yo

tu viese sentim ientos distintos acerca de mi jefe. Lo mismo

valdría para la autonomía de los procesos racionales. El marxismo lanzó otro ataque a la independencia pura del pensamiento. Esta doctrina subrayaba el papel del egoísmo material a la hora de dar forma a nuestros argumentos preten- didamente racionales. Afirmaba que los filósofos medievales no podían separar sus ideas de los intereses de la Iglesia que les apoyaba; que científicos y filósofos de la Ilustración pre- sentaron ideas que eran afines a la clase mercantil, y que los pensadores decimonónicos no seguían el dictado de la razón sino que estaban influidos por las necesidades de las clases capitalistas dominantes. Y es de suponer que los estudiosos marxistas tenían su propio pensamiento confonnado por las demandas de los burócratas comunistas. Lo que según este punto de vista parece un argumento racional, suele ser u na ideología disfrazada, un intento de transfonnar necesi dades egoístas en verdades con vali dez universal. y en cuanto los marxistas perdieron parte de su amplio atractivo intelectual, en los fértiles campos de Europa brota- ron nuevos asaltos contra la razón. En las últimas décadas, el deconstruccionismo y el postmodernismo se han encargado de desprestigiar a la razón a partir del punto donde lo dejaron Freud y Marx. El deconstruccionismo es la última fonna de una perspectiva que ha ido emergiendo a intervalos regulares a lo largo de la historia, según la cual no hay manera de saber nada a través de la propia experiencia directa. Si intento con- tarle algo acerca del sufrimiento de mi infancia, las palabras que utilizaré aportarán el primer ni vel de distorsión al relato, y su interpretación de mis palabras acabará distorsionando

¿ Q UI ÉN CONTlWLA LA MEl'I;lE?

73

la historia todavía más. Ni la lógica ni el discurso científico pueden evitar el desconcertar con sus intentos comunicati- vos. No hay manera de aprehender la realidad a través de las palabras, todas las generalizaciones son sospechosas y com- partir sign ificados entre las mentes es una tarea ilusa. Los racionali stas, claro está, no han tirado la toalla. Im- pertérritos ante las a menudo infantiles exageraciones ro- mánticas de quienes niegan la validez de cualquier intento de conocimiento objetivo, prosiguen su alegre caminar supo- niendo que en el universo hay orden y que la mente está equi- pada para reconocerlo. En sus esfuerLos en pos de la verdad inequívoca, los racionalistas a veces sucumben a la tendencia de simplificar la consciencia, convirtiéndola en una carica- tura de sí misma. Los actuales seguidores del enfoque carte- siano son los científicos cognitivos que creen que estudian- do cómo funcionan los ordenadores acabarán descubriendo cómo pensamos todos. Las similitudes suelen ser instructi- vas, pero al creer que los ordenadores son espejos en los que podemos ver reflejarse el funcionamien to de la mente, mu- chos científicos cognitivos están confundiendo ese reflejo con la realidad. Si tenemos en cuenta todo lo que hcmos aprendido duran- te este último siglo, sería de justicia admitir que Descartes tuvo razón al creer que la mente puede seguir principios ra- cionales universales, pero (y es un gran pero) sólo mientras se sigan principios racionales universales. No es una casualidad que esa puntuali zación parezca tauto lógica . Pensamos como ordenadores siempre que pensamos como ordenadores. Pero ciertamente, esa función particular sólo representa un peque- ño aspecto de cómo pensamos. Toda persona normal puede aprender las reglas del ajedrez - siempre que quiera hacerlo- y luego, al jugar al ajedrez puede parecer que se comporta tan racionalmente como cualquier autómata. Pero la lógica sólo

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74 EL ATRACTIVO DEL PASADO

es una pequeña parte de 10 que sucede en la consciencia de un

jugador de ajedrez humano. También existe un placer senso-

ri al al tocar las piezas; está el alivi o al escapar de las cargas del mundo real para sumergirse en una actividad manejable e

la emoc ión de batir a un oponente, y la alegria

de poder hacer frente a un difícil desafío. Todas esas emocio- nes se hallan presentes al jugar al ajedrez, y sin ellas ¿a quién le importaría seguir reglas lógi cas? En cambio, el ordenador no ti e ne elección entre jugar o no . Es una falacia concluir, como hacen Herbert Simún y

otros profetas de las nu evas c ienc ias cog ni tivas, quesi p rogra-

man un ordenado r to c ientífico como

debió hace rl o la

mente de Newton cuando dio con esas leyes. Podemos estar

leyes su cons-

c iencia contenía al menos tantos elementos no racionales como hay e n la de un j ugador de ajedrez, y que e sas emo- ciones e intuiciones fueron más importantes en la génesis de su descu brimiento que la lógica. Que un ordenado r obten- ga los resultados de Newton en unos pocos segundos (siem-

pre y cuando se le introduzca la información preselecciona- da y las reglas correctas, todo lo cual supone conocimientos previos, y por 10 tanto no es en abso lu to comparable a la s i- tuación original), no resulta más sorprendente que el hecho de que cualquiera pueda obtener en unos pocos segundos una répl ica fotográfica de los frescos de la Capilla Sixtina que a Miguel Ángel le costaron doce años pintar. No obstante, sería difíc il afirmar que comprendiendo cómo funciona la cámara

podemos entender cómo pensaba Mi g ue l

El pensamiento mcional opem bi e n en Jos límites d e " jue- gos" racionales como ajedrez, geometría o cálculo, todos ellos con reglas muy claras y supuestos limitados. Un ejerci-

ni ficará que el ordenador funcio na igual qu e

independiente;

de manera q ue deduzca un d escub ri m ien- las leyes del movimiento de Newton, sig-

se guros de qu e c uando Newton escribió s us

Ánge l.

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¿Q UTÉN CONTROLA LA MENTE?

75

cio de estrategia militar puede muy bien llevarse a cabo lógi- camente en dependencias del estado mayor, pero en un cam- po de batalla las cosas cambian. Los economistas son muy listos a la hora de dar forma a comportamientos económicos siguiendo todo tipo de supuestos y conjeturas, pero sería una tontería esperar que esos comportamientos funcionasen pre-

deci blemente en la realidad , donde las suposiciones no valen. Para los sacerdotes es muy fácil seguir reglas religiosas en

ritual es ecles iásticos , pero les resulta

muy difícil hacerlo en la complejidad de la vida privada. Los jugadores de béisbol se comportan de modo predecible y or- de nado durante un partido, pero s i les q uitases los árbitros, su comportamiento no tardaría en degenerar. Está muy bien contar con estructuras racionales y lógicas

los bellos y o rdenados

con las que o rdenar pe nsamientos y acciones. Gran parte de

lo q ue llamamos c ivilización consiste en intentos de

lizar la vida, de manera que las acciones puedan ser prede-

cibles y razonables. Pero la civilización es una construcción frág il q ue neces ita u na protección y cu idados constantes. S in

ellos, la

ninguna garantía de que las presiones evolutivas pudieran, por sí mismas, producir un aumen to del comportamiento ra- cional. Por ejemplo, podría deci rse que la guerra solía ser más racional en el pasado, cuando los ejércitos luchaban so- bre todo para impresionarse e n lugar de aniquilarse entre s í, que las ofe nsi vas se de tenían para permitir la recogida de las

cosechas, que las batallas finalizaban a la puesta de sol y que las bajas civiles se consideraban de mal gusto. De igual ma- nera, el comportamiento eco nómico parece haber s id o más racional en el pasado, cuando adquirir propiedades no era el único objeti vo q ue motivaba las accio nes de las persona s. Si lo que queremos es más comportamiento racional, no pode- mos esperar a que suceda por sí mismo; debemos invertir

raciona-

me nte no se comportará lógicamente. y no existe

76 EL ATRACTlVO DEL PASADO

energía psíquica en la creación y conservación de ordenados sistemas de reglas. Pero supongamos que pudiéramos reducir todas las op- ciones a la lógica binaria del ordenador y hallar una manera de plegamos a un programa de acción perfectamente racio- nal que vinculase a todos los miembros de la sociedad. ¿Nos aseguraría eso un futuro prometedor? Es improbable. La ra- zón funciona mejor en sistemas cerrados en los que existen reglas aceptadas y donde los resultados pueden predecirse. Construir un motor o un puente siguiendo especificaciones técnicas, jugar al ajedrez o al béisbol, o solucionar un pro- blema que cuenta con una solución convencional son activi- dades para las que se echa mano de los pasos analíticos de la mente. Pero el futuro no está limitado por reglas ni cuenta con re - sultados predecibles. Necesitamos cultivar algo más que ló- gica si queremos prosperar en él. Debemos fomentar la intui- ción a fin de anticipar cambios antes de que ocurran; empatía para comprender lo que no puede expresarse con claridad; sabiduría para percibir la conexión entre sucesos aparente- mente inconexos, y creatividad para descubrir nuevas ma- neras de definir problemas, nuevas reglas que hagan posible adaptarse a lo inesperado. La lógica puede programarse en un ordenador porque sus reglas no cambian fácilmente con el tiempo. Pero la evolu- ción humana no puede ser limitada por reglas estrictas. Debe ser flexible para poder aprovechar cualquier oportunidad que se presente en el caleidoscópico panorama de su entorno. Intuición, empatía, sabiduría y creatividad fonnan parte del proceso evolutivo humano. y cambian con el tiempo según cambian los sucesos y nuestra comprensión de los mismos. Si programásemos todas esas cualidades en un ordenador, quedarían obsoletas casi inmediatamente, porque con cada

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¿Q UI ÉN CON TROLA LA M ENT E?

77

generación cambian las condiciones que afectan a la cons- ciencia humana, y lo hacen de manera sutil pero importante. por ejemplo, las actitudes hacia la mujer que hace unas pocas décadas resultaban perfectamente aceptables, ahora parecen descaradamente sexistas. Este cambio no fue preordenado ló - gicamente, sino que ha sido resultado de muchas experien- cias humanas distintas. El ordenador no sabría cómo rees- cribir sus programas porque para ello hace falta una mente dependiente de un cuerpo, que viva en un entorno histórico y cultural único, y que sepa computar lo que todavía no es ra- cional.

LA ADICCIÓN AL PLACER

Si la racionalización excesiva es peligrosa, también sucede lo mismo con la excesiva confianza en la sabiduría del cuer- po. Nuestros antepasados pasaron una y otra vez de confiar en sus mentes a hacerlo en sus sentidos, primero abrazan- do a Apolo y luego a Dionisos. El sociólogo Pitirim Sorokin ha descrito esos cambios de visión del mundo en sus inves- tigaciones sobre la historia de la cultura, que ha considera- do como alternancias entre fases ideacionales, o regidas por su valor, y sensatas, regidas por el placer. En nuestra propia época hemos presenciado una transición, iniciada durante la BeHe Époque de principios del siglo xx, que cobró impulso tras la primera guerra mundial , acelerándose después de la segunda guerra mundial, alcanzando su apogeo a finales de la década de 1960. La actual fase sensata se caracteriza por un aumento de la 1egitimización del materialismo (probable- mente las personas tenían una orientación igualmente mate- rialista antes, pero pocas osaban admitirlo en público), un re- chazo gradual de represiones de comportamiento y códigos

78 EL ATRAcnvo DEL PASAOO

morales , considerados como hipócritas o ignorantes, una fal- ta de fe en vaJores pennanentes, un egocentrismo narcisista y una impenitente búsqueda de satisfacción sensorial. Una popular formulación de esta manera de estar en la vida ha sido la "filosofía Playboy" inspirada por Hugh Hefner, el editor del medio oeste estadounidense de la primera revista de amplia difusión de la nueva era sensata. Halló eco en las muchas sectas, terapias y estilos de vida que brotaron en la Costa Oeste durante las dos últimas generaciones y que en-

salzaban lo ilimitado de los potenciales humanos . El men-

saje básico de este movimiento es que deberíamos hacer 10 que sienta bien, porque el cuerpo es el que mejor sabe lo que nos conviene. Cualquier intento de interferir en el placer es sospechoso, forma parte de una conspiración para convertir nuestras vidas en algo miserable. Esta tesis no hubiera significado gran cosa mientras hu- biera continuado siendo una "filosofía", pero coincidió con un período histórico en el que pudieron ponerse en práctica muchas de sus afirmaciones. La opulencia material ayudó lo suyo. Coches, anticonceptivos, jacuzzis y una plétora de co- modidades hicieron posible que muchas personas sintiesen que realmente podían llegar a satisfacer todos sus caprichos sin temer las consecuencias. Pero resulta que existen muchos datos que sugieren que nuestro cuerpo no sabe exactamente lo que le conviene. El aumento del número de drogadictos, alcohólicos, víctimas de enfermedades de transmis ión sexual, embarazos no de- seados y glotones demuestra que hacer lo que a uno le pare- ce bien puede en realidad hacer que acabemos sintiéndonos mal. Ratas de laboratorio que tienen la opción de elegir en- tre comer o estimular eléctricamente centros de placer en sus cerebros eligen la estimulación y mueren de hambre. Monos adictos a la heroína se esfuerzan hasta morir de agotamien-

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¿QUIÉN CONTROLA LA MENTE?

79

to por conseguir otro chute. El comportamiento sim ilar que puede verse en las calles de nuestras ciudades nos demuestra con qué faci lidad sucumbe el cerebro al placer. El placer, según el entendimiento actual de la evolución, es una experiencia que se siente cuando uno hace algo que en el pasado fue útil para la supervivencia. Es resultado de una estimulación química de los receptores neuronales apro- piados, normalmente mediante substancias que el organismo ha necesitado para un funcionamiento óptimo. Por ejemplo, cuando nuestros lejanos antepasados vivieron en el mar, sus cuerpos se adaptaron a un entorno salado. Aunque la raza humana haya sido terrestre desde hace muchos millones de años, sigue necesitando un suministro constante de sal a fin de recargar el equilibrio fisiológico del cuerpo, mantener el metabolismo interno y la potencia eléctrica en las membra- nas celulares, necesaria para que el corazón bombee sangre. Con el tiempo, el gusto de la sal se ha vuelto agradable, una afortunada adaptación que aseguró que la buscaríamos y con- sumiríamos en cantidad necesaria. Eso estaba muy bien en entornos pasados en los que la sal escaseaba. Los mercaderes cargaban con pedazos de sal y re- corrían enormes distancias, cambiándola por marfIl y meta-

les preciosos; se libraron guerras por su prop iedad; las minas de sal estaban entre las posesiones más preciadas de los pri- meros imperios. Como era cara, re sultaba d ifícil excederse en su consumo. El placer del gusto salado estaba equilibrado por su escasez. Pero como nuestros antepasados aprendieron

a extraer y concentrar sal con mayor eficacia, se hizo más ac-

cesible y por tanto económica. Ahora una bolsa de patatas fri- tas puede proporcionar más sal de la que contenían las dietas

del pasado durante muchos días. La sal sigue teniendo buen sabor, pero ahora consumimos demasiada, y ello puede llegar

a poner en peligro nuestra salud.

80 EL ATRAcnVO DEL. PASADO

¿QuIÉN COl\'TROI

A

LA MEI'oTE?

81

 

El m ismo modelo vale para las grasas, el azúcar, el al~

La evolución nos proveyó aparentemen te con un eficiente

co hol y otras su bstanc ias que pueden ser fácilmente adieti- vas. Como en tiempos pasados fueron buenas para nosotros,

mecani smo para conseguir que hiciésemos lo más convenien· te para nosotros: la experienci a del place r. Pero para ahorrar

aprendimos a disfrutar de ellas. Pero tras la aparición de la

esfuerzos (y la evolución siempre trata de ahorrar esfuerzos,

c ultura, las condiciones empezaron a camb iar cada vez con mayor rapidez, y los centros de placer cerebrales no tuvie-

porq ue la entropía es muy poderosa y la energía muy difícil de obtener), no proporcionó un mecanismo co mplementari o

ro

n tiempo de ad aptarse. En un período de tan s610 c uaren ta

para determinar el justo medio y evitar los excesos. Como

años tras

1860, la producción mundial de azúcar aumentó e l

dice Tiger, parafraseando al fil ósofo Santayana: «Quienes no

500%. y para 1990 había unos 17,7 millones de estadouni- denses con pro bl emas d e alcohol, y 9.5 millones de consumi -

aprenden de la prehistoria están condenados a repetir sus éxi- tos». El cerebro no nos dirá cuándo ya está bie n.

dores de drogas ilícitas. Nuestros genes no han tenido ti empo

La única manera de evit ar convertirse en peli grosamen·

parci aprender que demasiada sal, azúcar, cocaína o alcohol es

te depe ndiente del placer es utilizar la mente. Sólo a travé s

pe rj ud icial. Como nunca tuvieron que preoc uparse acerca de la presencia de esas su bstancias en demasía , no se alzaron de · fensas contra su exceso. La consecuencia es que el placer se ha convertido en un guía engañoso de l comportamiento. Lo que vale para las substancias químicas también sirve para hablar de comportamientos que son placenteros porque ayudan a sobrevivir, pero que se vuelven peligrosos si uno se excede. El antropólogo Lionel Tiger afirma que el sexo, el ejercicio de dominio y poder, y la interacción social son pla· centeros porque en el pasado ayudaron a sobrevivir. Porejem· plo, en la Edad de Piedra una persona solitaria habría tenido prob lemas para enco ntrar un compañero con e l que procrear,

de la reflexión consciente podemos detenninar qué cantidad nos conviene de eso que parece tan bueno, para luego poder adoptar un a disciplina que haga posible detenerse en el um- bral del exceso. Eso es precisamente lo que han intentado ha- cer las religiones: proporcionar instrucciones culturales para mantenerse en el medio . Por ejemp lo, e l cristianismo, el is- lam y el budi s mo, tres de las fes más a ntiguas y difundidas, son partidarias de la moderac ión de los apeti tos desmesura· dos. Los s iete pecados capitales del c ri stia ni s mo nos adv ie r· ten contra gratificarse en un orgullo desmedido, demasiadas posesiones materiales, sex ual idad desordenada, la en vid ia de los demás, demasiada comida y beb ida, cólera y pereza.

y

no habría tardado mucho en ser devorada por los grandes

Tamb ién las Cuatro Nobles Verdades del budismo afirman

fe

li nos que recorrían la sabana . Sólo sobrev ivían aquellos in·

que (1) el sufrimiento es una parte esencial de la existen-

di

vid uos que sentían placer en compañía del grupo y que nun·

cia, (2) la causa del sufrimiento es el deseo, (3) la liberación

ca se alejaban de otras personas. Por eso, todos de sce ndemos de antepasados extravertidos -los supervivientes-, y nuestros

del sufrim ie nto implica la eliminación del deseo y (4) la eli- minaci ón del deseo se consigue sig uiendo el Óctuple Noble

ce

rebros están cableados para expe ri me ntar placer al hallar·

Sendero, que a su vez es un sistema de autodisc iplina por el

nos en compañía de otras personas. Pero la sociabilidad, como otros comportamientos adaptativos útiles, puede en nuestros tiempos acabar siendo exagerada y convert irse e n perjudicial,

que se aprende a controlar los infinitos caprichos corporales. Pero las re ligiones ya no pueden impo ner las limitaciones necesarias, as í que hasta que se desc ubran nuevas y cre íbles

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82 EL ATRAcnvo DEL PASADO

instrucciones culturales, cada uno de nosotros deberá encon-

trar por sí mismo el justo medio que impida que el placer se

apodere de nuestras vidas .

ESTRÉS, TENSTÓN y HORMONAS

A causa de su susceptibilidad frente al placer, la mayoría de

las religiones y filosofías han mantenido al cuerpo bajo sos-

pecha desde la antigüedad. Frente a los ciegos deseos del cuerpo, a menudo se ha buscado la salvación en los proce- sos de pe nsamiento racionales. Pero nunca ha sido fácil con- seguir que el cuerpo escuchase a la razón. Acerca de la re-

mente -cuerpo, o mente-cerebro, se han de sarrollado

dos opiniones extremas. Una es la actual opinión ortodoxa de que pensamientos y emociones están directamente causa- dos por procesos electroquímicos u hormonales que tienen lugar en el cerebro; así pues la fenomenología es un epi fe- nómeno de la neurofisiología. En otras palabras, que 10 que sentimos y pensamos no es más que consecuencia de proce-

lación

sos fisiológicos sobre los que tenemos escaso o nulo control . Luego está la postura diametralmente opuesta a la anterior, defendida por resueltos cienciologistas y demás, que afirma que la mente es totalmente independiente de su soporte bio-

lógico. y no sólo eso , s ino que puede incluso

mente fenómenos físicos fuera del cuerpo; puede hacer que aparezcan dólares en una cuenta bancaria, eliminar cánceres,

elevar edificios en el

tumbre, es algo más compleja y radica entre ambas posicio- nes extremas.

Está claro que cualquier cosa que la mente experimen-

te debe estar basada en procesos neurofi siológicos cerebra -

les. La cuestión rad ica en si la interpretación de esas cxpe-

afectar directa-

aire y demás. La verdad , como de cos-

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¿ QU I ÉN CON T RO LA L A M ENTE?

83

riencias en la consciencia puede a su vez afectar las redes químicas subyacentes. Son varios los científicos que así lo

creen. Por ejemplo, Roger Sperry, que ganó el Nobel en 1981

por sus descubrimientos con pacientes de cerebro dividido

(por callosotomía) y que inició los estudios de lateralidad he- misférica, cree que aunque la consciencia es generada por las

propiedades electroquímicas del cerebro, en algunos aspec-

tos importantes se hace independiente de sus orígenes y pue-

de a su vez sugerir pensamientos y

pues, los sucesos que tienen lugar en la mente pueden con-

acciones adicionale s. Así

vertirse en causas por derecho propio.

El estrés es una fonna de esta interacción mutua que ha sido ampliamente estudiada. El estrés puede medirse en tér- minos de toda una variedad de cambios fisiológicos, que van desde la liberación de adrenalina, el sudor de las pal- mas, la dilatación de las pupilas, la aceleración de los lati- dos del corazón, el aumer.to de la presión sanguínea y de- más. Esos cambios representan un valor adaptativo positivo en cuanto que preparan al cuerpo para luchar o huir frente a una amenaza externa. Pero el estrés excesivo o prolongado puede ser perjudic ial porque descompensa el equilibrio inte - rior del cuerpo. El estrés aumenta cuando nos hallamos fren- te a estresantes externos como un desconocido en un calle- jón oscuro, un plazo de entrega de un trabajo o un bulto en la axila. El argumento convencional que relaciona estos he- chos es el siguiente: un estresante externo provoca el estrés fisiológico, que a su vez - si es excesivo- provoca daños fí- sicos. La lección práctica que algunos extraen de esa conc.:1u- sión es que para permanecer sanos deben eliminar los estre- santes externos, tanto si es el trabajo, la esposa o el coche que no funciona . Pero la cantidad de estrés que uno experimenta no sólo depende de los estresantes. Hay muchas maneras en las que

84 EL ATRACTIVO D EL PASADO

el control de la consciencia puede ayudar a mitigar los cfee· tos de causas ex ternas. Es notorio , por ejemplo, que la reac-

ción de estrés no suele aparecer hasta que el peligro ha pasa- do. Los artilleros de helicópteros en Vietnam no mostra ban señales fi siol ógicas de estrés d uran te sus mis io nes, cuando s us vidas coman co nsta nte peligro; pero c uando el he licó p- tero regresaba a la base. sus hormonas empezaban a burb u- jear. El motivo de ello es que cuando el peligro e s tab a presen - te, los soldados podían bloquear la sensación temporalmente;

pero en cuanto regresaban a la base, la consciencia volvía a permitir que irrumpiera la comprensión de que podían haber muerto , la c ual les afectaba con creces. Aunq ue una inmedi a- ta respuesta estresante pudiera haber sido útil a los antiguos guerreros que luchaban con espadas y lan zas, el modern o guerrero que se s ienta en una cabin a de alta tecnología pro- bablemcnte está más a salvo inhibi endo el flujo de adrena li- na hasta más tarde ; la reacc ión ho rmo nal incontrolada podría

fác il me nte cond uci r La manera como

termina la severidad de la reacción de estrés . Las personas muy neuróticas, o las proclives a la depresión, suelen consi-

derar los acontecimientos de ma nera más negati va y reaccio-

nan con intens idad ante estresan tes mas iado a otras personas. Es cierto

deprimirse con más fac ili dad deb ido a una predisposició n ge- nética, pero tam bi é n es verdad que es pos ible aprende r a mo- dular las propias interpretaciones de los sucesos. La lección a

extraer de esta concl usión es que para estar sano no es nece-

a un accidente. interpretamos las ame nazas también de-

qu e no molestaría n de- que una persona puede

sario cambiar los estre santes

externos, sino la prop ia me nte.

Si la adrenalina es una de las hormo nas que desempe ña un

de

las más implicadas e n los comportamientos dominantes tra- dicionalmente asoc iados con la masculinidad: jactarse, alar-

papel más importan te e n el estrés, la testosterona es un a

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¡,QUIÉN COl\'TROLA LA MEl\'TE?

85

dear, fanfarronear, tomarse agresivo e iniciar peleas. Parece que este compuesto químico se desarrolló a través de la evo-

lución para asegura r que los

dos is may or que las mujeres- pudi eran proteger su descen- dencia y territorio. Se ha doc umentado en grupos de pri ma-

tes que los machos más dominantes ti e nden a contar con los

más

más mansos presentan a su vez los más bajos. A partir de esa obse rvación podría extrapolarse que la te stosterona tie - ne algo que ver con la creación de la jerarquía y estratifica- ción social. También es fáci l extraer la conclusión de que la testos- terona causa el comportamiento dominante y masc ulino. Aunque prob abl e mente sea cierto en parte, lo contrario tam- bién parece serlo . En otras pal abras, el comportamiento y la experiencia modifi can la fisiol og ía. Si apartamos a un mono manso de la parte inferior del orden en que comen los ma· chos de su grupo y le colocamos en un grupo de mo nas, se volverá más e nérgico y resuelto , y el nivel de testostero na de su c uerpo a um e ntará . En cam bio, si a un mono dominante con elevado nivel de testosterona se le aleja de sus compañe- ros y se le mete en un grupo diferente que cuente con una es- tructura dominante fuerte ya establec ida, el macho in migran- te deberá ocupar una posición en los niveles inferiores de la jerarquía, y como consecuencia su nive l de testos tero na di s- minuirá. Está claro que la domin ación no es s implemente un reflejo del nivel hormonal: los efectos del entorno y la propia percepción de la posición jerárquica que se ocupa también cuentan en una compleja causalidad circular. Habría qu e añadir que las j erarquías dominantes entre los primates no están formadas por los machos más machos va- puleando a todo e l resto para somete rlo s. Po r lo general suele ser al contrario: los a nimal es más man sos permiten a los que

hombres -que cuentan con una

ele vados ni veles de testo sterona y que los in di viduos

86 EL AT II. ACn VQ l)IOL PASADO

se afirman más alcan7

ar

su posición d e dom ini o renunci ando

a los enfrentamientos. ¿Cuáles son las implicaciones de esta

tendencia para la evoluc ión bumana? Los genes y las honno-

nas también nos afectan el temperamento, y el temperamen-

to es un factor importa nte a la hora de determinar la po sici ón

socia l. En a lgun as orga nizaciones como los Marine s , las

compañías de ferrocarril , los sindicatos o General Molors. un elevado nivel de resolu ción probablemente ayuda a as-

ce nde r. pero e llo se d ebe sobre todo a que los tipos extraver- tidos y res ueltos son respetados por los que no lo son tanto. Y una vez establecidos los diferenciales de poder, el comporta- miento, los procesos de pensamiento, y presumiblemente los

ni ve les hormonales que son típicos de diferentes posiciones,

refuerzan la resolución de los dominantes y la docilidad de los subordinados. No obstanre, esta pauta no es inevitable. Cambiando los valores y reglas de una organización, hay gente con distintas configuraciones que también obtienen respeto y poder, yeso,

a su vez, es pos ible que conlleve consecuencias fisiológicas. Hasta c ierto punto ya está sucediendo como resultado de pro-

gramas de discriminación positiva que han situado a un nú- mero cada vez mayor de mujeres en posiciones de liderazgo. Incluso General Motors y Conrail se están dand o cuenta de que los p rin c ip ios o rg a ni za Li vos q ue c orresponden a u na ma - nada de babuinos pudieran no ser los más eficaces para diri- gir una compleja corporación industrial. Si la testosterona y otras substancias químicas priman a los varones e n e l tipo de co mportamie nto c inético y resuel-

se lecc ionado como adaptat ivo para

to q ue la evo lu ció n ha

la mitad de la especie, el estrógeno participa en la regula- ción del comportamiento de la otra mitad. Durante gran par- te de la historia evolutiva, la espec ialización entre los sexos era muy si mpl e: los hombres debían producir y las mujeres

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¡ . Q UIÉN CO:-'lROLA LA ME!\'TE?

87

reproducir. La producción incluía sobre roda cazar y tareas

las hormo nas que fa- impl icaba tener niños

fuertes y sanos que pudiemn crecer hasta alcanzar la madu- rez, y las mujeres desarrollaron las hormonas necesarias para

ello. Mientras que las hormonas masculinas se desencade- nan cuand o un a amenaza o enfrentami ento ex te rnos req uie- ren una respuesta rápida y con tundente, las feme ninas si guen

un ritmo interno relacionado con el cicl o

beración de andrógenos y estrógeno, q ue ayuda a las mujeres

a ser receptivas a los hombres, también las hace críticas y se- lectivas a fin de asegurarse la mejor pareja para sus propios genes. Una vez tiene lugar la concepción (estamos aquí ha- blando de millones de años durante los que las mujeres adul- tas estaban cas i invariablemente embarazadas), las hormonas ayudaban a predisponer a la futura madre hacia un comporta- miento protector y afectuoso. A l ig ual qu e el efecto de las hormona s masc ulina s no siempre es adaptativo respecto al entorno social contempo-

ráneo , también el efecto de las

a veces problemático. Los ciclos reproductivos de las muje-

res siguen sie ndo operativos, pero en las sociedades tecnoló-

gicas, en las que la mayoóa de las mujeres sólo concibe una

honnonas feme ninas resulta

reproductivo. La li -

defensivas, y los varones adquirieron cil itaban esas tareas. La reproducció n

o dos veces a lo largo de la vida, han perdido gran pane de su

función. Hasta hace bien poco las mujeres empezaban a te- ner hijos cuanto antes, pues sólo sobreviv ían uno o dos. Hace dosci entos c incuenta años , la madre de Lui s XV I tuvo on ce abortos espontáneos y ocho nacimientos vivos durante los

catorce años de su matrimonio; de sus cinco hijos, sólo uno sobre vivió. Ésa no fue una situación inusual a lo largo de los millones dc años de evoluc ión humana. Hoy e n día, la s tasas infe riores de mortalidad infantil han convert id o la prepara- ción mensual para el embarazo en algo con poco sentido. Al

88 EL ATRAcrlVO DEL l'A5A oo

igual que la irritabilidad masculina inducida por la testostcro- na puede res ultar embarazosa y fuera de lugar en una sala de consejo de administración o en un laboratorio, los cambios

conductuaJes inducidos por e l ciclo

pueden parecer arbittarios o caprichosos.

Volvemos a hallamos frente a una de las paradojas cen- trales d e la e volución: las habi lidades adaptativas d el pasad o,

nece-

caza- dores machotes tienen pocos lugares en los que encajar en la

econoITÚa moderna, y muchos de ellos pueden convertirse en

marginados amargados del sistema. Hoy en día, demasiada testostcrona es probable que tenga como resultado la delin- cuencia en lugar delliderazgo. De igual modo, los tipos fe- me ninos de madres amanles sufrirán de ferti lidad fr ustrada en un mundo superpobJado. En la med ida en que todos noso- tros estamos programados para ser cazadores o madres, de- bemos conci liarnos con esta incómoda herencia. En la actualidad está de moda tratar de negar la herencia evolutiva. Ahora q ue los hombres ya no salen a cazar cada

neces itamos ser más do-

m añana, prosig ue el a rgume nto, no

minantes que las mujeres. 0, dado que hemos decidido que

todos los hombres son iguales, no necesitamos ser individuos

domina ntes. Por otra

parte, las femin istas intentar borrar

que hicieron pos ib le que ex.istiésemos, no nos faci litan

me nstru al en las mujeres

sari am ente la vid a ahora ni nos hacen más feli ces. Los

el pasado evolulivo in s istiendo en q ue las mujeres pucJen - y deben- ser ta n agresivas y domina ntes como los varones. También hay algunos hombres que desarrollan comportamien- tos afectuosos, acercándose al ideal tradicional femenino. Pero cree r que las instruccio nes depo sitadas en nuestros genes a lo largo de eras de selección natural pueden simple-

genera-

mente ser alteradas en e l transcurso de unas pocas

ciones a travé s de las bue nas in tenc iones no e s má s que una

vana ilusión. Muchos padres deben haber tenido una expe-

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¿QUIÉN CONT ROLA LA MENTE?

89

rie nc ia similar a la que pasó una de mis compañeras de la Universidad de Chicago , una neurocientífica con dos hijos. u n c hi co y una chica , a fina les de los sesenta. Conve nc ida de q ue el com portamiento dependiente del sexo no era resulta- do más q ue de prácticas ed ucati vas cu ltu ralmente estereoti- padas, hizo todo lo que estuvo e n su mano por criar a ambos hijos de la misma manera. Al se r una profes ional de éx ito , la madre esperaba que tam bién sería un bue n modelo para sus hijos. A a mbos los trató de la misma manera, hablánd oles en el mi s m o tono y vis tié ndoles con ropa parecida. Cua ndo l1e- gó el momento adecuado a ambos se les dio camiones y mu- ñecas para j ugar. No obstante, por mucho q ue inte ntó in cul- carl es un comportamiento no relac ionado con e l sexo de cada uno, el niño no dejaba de apartar las muñecas y la chiquill a igno rab a delicadamente los camiones. Ahora mi co lega reco - noce de mala gana qu e su hijo se ha convert ido en un agresi- vo y extravertido jovencito y que la hija es una encantadora, seductora y sensi ble mujercita. Intentar negar las diferencias in natas entre las personas es una de las presunciones más ridícu las de nuestros ti em pos. Pretender que podemos ser todo 10 que q ue ramos s in te ner en cuenta la manera como la fi siología controla la me nte no s6lo es inúti l s ino peUgroso, porq ue sólo reporta des ilus ión,

res ulta sorprenden- se haya desarrolla-

do un "movimiento masculino" en oposición di aléctica a los intentos de la década de 1960 de ignorar los hechos acerca de la biología mascul ina y sus consecuenc ias psico lógicas. In cluso aunque algunas de las manifestacio nes de este movi~ miento res ul ten ig ualmen te r id íc ul as por su vehemencia re-

accio naria - ba il a r desn ud os en e l claro de un bosque al ritmo

ori ginal a la a li enac ión

hi pocresía y finalmente escepticism o. No te, por ejem pl o, q ue en los últimos años

de tambores no es una solución muy

yuppie-, indican una ne c esidad nada trivial. A l gunas pul sio~

90 EL ATRAcnvo DEL PASADO

Des básicas no pueden erradicarse, y si no se satisfacen de manera significativa y creativa, seguirán clamando en bus- ca de satisfacción. Por otra parte, es necesario comprender que la "naturale- za humana" es resultado de adaptaciones accidentales a con- diciones medioambientales ya desaparecidas hace mucho. Nuestra programación genética está inevitablemente des- tinada a proporcionarnos percepciones distorsionadas de la

realidad ahora que las condiciones externas han cambiado. Sólo trascendiendo las limitaciones de la fisiología, sin dejar

que la testosterona

la manera como actuamos o pensamos, nos liberaremos de la

tiranía del pasado. Para lograrlo se requiere paciencia, buena disposición y, por encima de todo, una mayor comprensión del funcionamien to de la mente.

o el estrógeno dete rmine n por completo

MÁs PENSAMIENTOS SOBRE "¿QU IÉN CONTROLA LA MENTE?"

Eterna insatisfacción

¿En qué csfera de la vida siente mayor descontento? ¿Aspecto físico, dinero, relaciones? Supongamos que ha logrado aque- llo que deseaba; si quería ser rico, imagine que ahora es mul- timillonario. ¿Cree que sería feliz? ¿Hay algo más que le gus- taría conseguir? ¿Cuántas personas ricas de las que conoce o de las que ha oído hablar parecen ser felices y estar contentas?

¿Ha de esforzarse por conseguir más para ser feliz? ¿O bien el intento de satisfacer sus ambiciones interfiere con sus po- sibilidades actuales de ser feliz?

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Caos y consciencia

¿QUIÉN CONTROLA LA MENTE?

91

¿Le molesta el desorden? ¿Pasa tiempo dándole vueltas a sus problemas, autocompadeciéndose? Si así fuese, ¿qué suele hacer? ¿Se dedica a entretenerse, toma estimulantes o se su- merge en algún tipo de actividad como trabajar o jugar al golf? ¿Qué es lo que le va bien?

¿Hasta qué punto puede controlar su atención? ¿Debe tomar pastillas para poder dormir o mantenerse despierto? ¿Ha de tener la televisión o la radio encendidas como sonido de fon- do para ayudarle a mantener la mente en la dirección correc- ta? ¿Dispone de un sistema para concentrar la mente cuando neces ita reflexion ar, tipo escribir en un diario, confeccionar listas o meditar?

Felicidad evasiva

¿Hay veces en que se siente feliz sin razón, o sólo cuando todo funciona como a usted le gusta? ¿Puede hacerle sentir- se feliz una hermosa vista, una bonita canción, la buena suer- te ajena, o bien su felicidad está limitada a la satisfacción de sus objetivos personales?

¿Qué suele hacer cuando no se presenta alguien a quien es- peraba? ¿Tiende a sentir amargura y sumergirse en la frustra- ción, o se le ocurre hacer algo al respecto?

Los límites de la razón

Cuando intenta argumentar una cuestión con lógica, ¿hasta qué punto cree que su razonamiento está infl uido por el in- terés propio? Piense en la última discusión que tuvo con su

92

EL ATRACTIVO DEL PASAOO

pareja o un colega del trabajo. ¿Tuyo que ver con los argu-

mentos que presentó su comodidad personal y esperanzas de

ascenso, o bien la necesidad de tener razón? ¿Hay alguna si-

tuación en la que su lógica sea totalmente objetiva?

Si confecciona una lista de las cosas que sabe bajo cuatro en- cabezamientos: (1) las cosas que sabe a través de la experien-

cia directa, (2) las que se desprenden lógicamente de verda- des evidentes, (3) las que cree porque se lo contaron, (4) las

que "s610 sabe" a través de una sensación visceral e intuitiva,

¿cuál de las columnas sería más larga?

La adicción al placer

¿A qué placeres es adicto: azúcar, alcohol, opiáceos, endor- finas o televisión? ¿Cuáles son las consecuencias de tal adic- ción, pros y contras? ¿Qué le costar(a liberarse de ella, y cómo se sentiría? ¿Qué podría elegir para sustituir a la anti - gua adicción?

Estrés, tensión y hormonas

¿Puede reconocer cuándo su cuerpo interfiere con el con- trol sobre la consciencia, por ejemplo, cuándo tener hambre le pone nervioso e irritable? ¿Ha desarrollado algún sistema para recuperar el control?

¿Siente que si el cuerpo le dice que algo es bueno o malo, en- tonces es que así debe ser? Si, por ejemplo. siente una oleada de cólera contra alguien que se le cuela en una cola, le pare- ce que debe expresar la cólera? ¿O si le atrae alguien sex ual- mente, debería intentar tener relaciones sexuales con esa per- sona, independientemente de otras relaciones en curso?

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3. LOS VELOS DE MAYA

El cerebro es un mecanismo maravilloso, pero también en-