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José Rabasa

Intencionalidad, invención y reducción al absurdo


en la invención de América
[26/06/2012]

Edmundo O’Gorman parecería ser un blanco fácil dada su resistencia a leer y considerar las propuestas
deconstructivistas, las políticas postcoloniales, y los estudios subalternos que se desarrollaron a partir de los años 60.
En particularidad, subrayaría la reticencia en nuestros días a hablar de ontología histórica, al menos con la rotundidad
de O’Gorman. Sin embargo, creo que nos equivocaríamos al dejarnos llevar por nuestros supuestos adelantos
filosóficos. También creo que el mejor tributo que se le puede hacer a O’Gorman es el de una lectura crítica que lleve
sus propuestas a nuevos planos de inteligibilidad. Nos debemos preguntar si las paradojas de O’Gorman no guardan
sorpresas a nuestra certidumbre crítica. Me refiero a estas paradojas y sus espacios de perplejidad como las muecas
de O’Gorman. Debemos proceder con pasos de paloma. Si bien no podemos exigirle a O’Gorman que participara de la
deconstrucción o los estudios subalternos, sí podemos imaginar un posible diálogo en el que le pidiéramos sus
afiliaciones, negativas y críticas de autores cercanos a su pensamiento—a saber, José Ortega y Gasset, Edmund
Husserl y Martin Heidegger entre otros. Retomaré este punto al final del ensayo.

2En este artículo me limito a discutir tres conceptos claves de su obra, a saber: intencionalidad, invención y reducción
al absurdo. Estos conceptos rigen su trabajo en tres libros fundamentales—La idea del descubrimiento de América, La
invención de América de 1958, y las posteriores reescrituras de este libro en la traducción al inglés de 1961, y su
versión en español de 1978. Estos libros constituyen una meditación continua sobre la necesidad de pensar la
aparición de América en la conciencia europea, ya no bajo la modalidad de descubrimiento sino de invención. Los
elementos críticos de mi trabajo versan tanto sobre cuestiones de carácter teórico como sobre sensibilidades
políticas, si acaso estas dos dimensiones pueden estar nítidamente separadas. Una vez desarrollados los conceptos de
intencionalidad, invención y reducción al absurdo, paso a proponer cuatro tesis para pensar la intencionalidad de las
cosas americanas.

Intencionalidad
3El argumento central de La invención de América de Edmundo O’Gorman gira en torno a la necesidad de la
intencionalidad para la interpretación de un descubrimiento de América. O’Gorman postula la siguiente tesis sobre el
proceso de poner a prueba la validez de un acto interpretativo:

 1 E. O’Gorman, La invención de América: investigación acerca de la estructura histórica del nuevo mu (...)

Pues bien, escribe O’Gorman, lo esencial al respecto consiste en reconocer que cualquier acto, si se le considera en sí
mismo, es un acontecimiento del que, por lo tanto, no podemos afirmar que es, es decir, un acontecimiento sin ser
determinado. Para que lo tenga, para que podamos afirmar que es, es necesario postularle una intención o propósito.
En el momento que hacemos eso, en efecto, el acto cobra sentido y podemos decir lo que es; le concedemos un ser
entre otros posibles. A eso se llama una interpretación, de suerte que podemos concluir que interpretar un acto es
dotarlo de un ser al postularle una intención1.

 2 Véase B. Latour, Sur le culte moderne des dieux faitiches ; suivi de Iconoclash, Paris: La Découve (...)

4 La frase clave en este pasaje es: “interpretar un acto es dotarlo de un ser al postularle una intención”. De ahí que
O’Gorman se pregunte si es aceptable hablar de un descubrimiento cuando está ausente la intencionalidad de llevar a
cabo un tal acto. A partir de esta pregunta O’Gorman transforma la cuestión del “descubrimiento de América” en el
cuestionamiento de la historia de la idea que América fue descubierta. En la historia de esta idea se encontrarían en
última instancia los criterios para establecer el sentido de la invención de América. A mi modo de ver la contribución
fundamental de O’Gorman reside en forzarnos a pensar América como una construcción histórico-discursiva. No le
podemos pedir a O’Gorman el haber considerado la invención de América bajo la modalidad de los factiches de Bruno
Latour, ya que O’Gorman fallece en 1995 y Latour publica su primer ensayo sobre el culto moderno de los dioses
factiches en 19962. Sin embargo, Latour nos puede abrir brechas para pensar la factualidad de la invención de
América en O’Gorman. El término factiches está formado de la conjunción de la palabra francesas fait (hecho)
y fétiche (fetiche), ambas se remiten al latín facere. Consideremos que en su discusión de la invención de América
O’Gorman apela a la vez al constructivismo como al realismo. O’Gorman parecería decirnos que una vez mostrada la
verdad de la emergencia ontológica de América cualquier mente sensata reconocería su realidad. Ahora bien, el
concepto de intencionalidad carece de un significado unívoco que lo constituiría como una forma irreducible del saber.
En la propia obra de O’Gorman el concepto de intencionalidad tiene variantes que sugieren una paradoja inherente al
concepto. Veamos algunas instancias.

5Más allá de La invención de América, O’Gorman define la tarea de los estudios coloniales en los estudios filológicos a
las ediciones críticas de las múltiples obras que estuvieron a su cargo, en términos de un desplazamiento del enfoque
que valoraba casi exclusivamente la historiografía colonial a partir de los datos que podían proporcionar al
investigador del siglo XX. O’Gorman propone que los textos sean estudiados y valorados como artefactos culturales,
ideológicos e intelectuales, como totalidades, ya no a partir de los datos fragmentarios que podamos extraer. Lo
expresa de una manera tajante en su “Prólogo” a la Historia natural y moral de las Indias. Aunque es un pasaje
archiconocido, lo cito extensamente:

 3 J. de Acosta, Historia natural y moral de las Indias, ed. Edmundo O’Gorman, México: Fondo de Cultu (...)

En términos generales, cabe afirmar que los textos que pueden llamarse fuentes históricas han recibido de manos de
nuestros historiadores un tratamiento, ciertamente serio, de crítica intensa; pero orientado de una manera
insuficiente. Se encuentra fundamentalmente una actitud de considerarlos como—para usar una metáfora expresiva—
minas de donde extraer ciertos datos y noticias. Lo menos que hoy puede decirse a este respecto es que es una
posición absolutamente ineficaz, si sólo fuera porque estos textos son también susceptibles de la consideración como
totalidades. Ya no es posible ignorar que un libro, un texto, una fuente, vienen a ser la respuesta de una voluntad, la
que a su vez, descansa en una serie indefinida de supuestos. Es por eso que un libro dice mucho más que de lo que
pueda deducirse por medio de un análisis fragmentario. Esos supuestos forman parte de un complejo histórico
inagotable3.

6Este pasaje me ha servido como principio heurístico en mis acercamientos a la historiografía colonial en De la
invención de América, originalmente tituladoInventing America, donde el gerundio en inglés y el genitivo en español
apuntan a la noción de que estos textos forman parte de un proceso histórico abierto e inagotable, para adoptar las
palabras de O’Gorman. La invención ya no sería algo acabado sino que se reconstituiría periódicamente de acuerdo a
las sensibilidades generacionales, así como a las posturas políticas o identitarias de los investigadores. En este pasaje
del “Prólogo” a Acosta ya podemos vislumbrar la problemática de la intencionalidad que O’Gorman privilegia en La
invención de América, sin embargo encuentro que se da de una forma menos rígida. La noción de que los textos
“vienen a ser la respuesta”, dice O’Gorman, “de una voluntad, que a su vez, descansa en una serie indefinida de
supuestos”, sugiere la necesidad de tener en cuenta los lugares emotivos, intelectuales, lógicos, semióticos, sensuales
e imaginarios que exceden la intencionalidad de un sujeto cognitivo apuntando más bien a máquinas deseantes
textuales. Este no es el lugar para una larga disquisición sobre la historia del término intención que remontaría a la
escolástica, en particular a Santo Tomás de Aquino y a la distinciones que ya entonces se daban entre intención con
un sentido lógico o cognitivo. En el caso de O’Gorman se privilegia el sentido cognitivo que en la filosofía moderna
toma un lugar fundamental primero en la psicología de Franz Brentano y luego en la fenomenología de Edmund
Husserl. Dejamos de lado las cuestiones de intencionalidad en un sentido ético. Pero antes de abordar el tema de una
intencionalidad que excede a la conciencia individual en los procesos de invención, examinemos las etapas en la
historia de la idea del descubrimiento de América que corresponden a formas de intencionalidad:

 4 E. O’Gorman, Lainvención de América, p. 44.

71) En una primera etapa “la interpretación consiste en afirmar que Colón mostró que las tierras que halló eran un
continente desconocido, porque con esa intención realizó el viaje”4.

 5 Idid., p. 44.

8Para O’Gorman esta interpretación es admisible porque se trata de un ente capaz de tener una intención de
descubrir. Se tuvo que abandonar esta interpretación por el simple hecho de que “su fundamento empírico resultó
documentalmente insostenible”5. No podemos documentar que Colón tuvo una tal intención.

92) En una segunda etapa “la interpretación consiste en afirmar que Colón mostró que las tierras que halló eran un
continente desconocido porque si es cierto que ésa no fue la intención con que realizó el viaje, ni tuvo idea de lo que
había hecho, al ejecutar el viaje cumplió la intención de la historia” (44).

10Según O’Gorman esta interpretación es aún admisible porque el acto se concibe como inmanente a la Historia,
entidad que puede concebirse como capaz de tener intenciones. Colón viene a ser un instrumento de la Historia con
mayúsculas. “Esta tesis, según O’Gorman, tuvo que abandonarse porque la premisa teórica resulto insostenible”.

113) En la tercera etapa “la interpretación consiste en afirmar que Colón mostró que las tierras que halló en 1492
eran un continente desconocido puramente por casualidad, es decir sin que medie ninguna intención al respecto”.

12O’Gorman encuentra que esta tesis carece de los requisitos de una interpretación al negar la presencia de una
intención. Como el acto sin intención no puede tener el sentido que se le concede es forzoso, según O’Gorman,
suponer que la intención existe a pesar de que se le niega. La pregunta entonces radica en definir el ente de la
intención del acto. O’Gorman ofrece tres posibilidades: el sujeto del acto, el acto mismo y el objeto del acto.

 6 Ibid., p. 45-47.

13Habiendo descartado las dos primeras posibilidades pasa a mostrar el absurdo en el que se cae al pensar que la
intención en esta etapa “quedó radicada como inmanente a la cosa que se dice descubierta”. El absurdo radica en que
esta interpretación pide que se acepte que “esas tierras revelaron su secreto y escondido ser cuando Colón topó con
ellas”. Ya no se trata de atribuirle una intención a la Historia, sino de atribuirle intenciones inmanentes a una cosa
meramente física. Cito sus conclusiones: “Así el hombre ya no es siervo del devenir histórico, concebido como un
proceso de orden racional, según acontece en el idealismo—lo que ya es bastante grave—sino que ahora es el esclavo
de no sé qué proceso mecánico de los entes inanimados”6.

14Estas etapas hacen patente no solo que Colón no pudo mostrar a América sino que América no es un ente que se
puede descubrir. Habría que añadir una cuarta etapa (que podemos denominar “el momento O’Gorman”) en la que la
cuestión ya no consiste en preguntarnos si Colón mostró América, sino en reflexionar sobre el ser de América, es
decir, sobre su invención.

Invención
 7 E. O’Gorman, Invención de América: el universalismo de la cultura occidental, México: Fondo de Cul (...)

 8 Véase D. Chakrabarty,Provincializing Europe: Postcolonial Thought and Historical Difference, Chic(...)

15En la primera versión de la Invención de América de 1958, O’Gorman divide su ensayo en dos partes. La primera
ofrece un análisis minucioso del proceso que dio lugar a una representación geográfica del Nuevo Mundo distinto a
Asia. A mi parecer este estudio resulta insuperable. O’Gorman traza las diferentes instancias en las que las nuevas
tierras dejan de tener atributos asiáticos. La segunda parte ofrece un acercamiento histórico que argumenta que más
allá del ámbito geográfico la realidad ontológica de América es primordialmente histórica. En esta primera versión
de La invención de America el argumento histórico, una vez más, resulta incontrovertible en tanto a su descripción de
las ideologías eurocéntricas vigentes. El brillo de O’Gorman se manifiesta en el planteamiento de una paradoja: “A
medida que América va siendo, va dejando de ser América; la significación profunda de su historia estriba, se va
aniquilando su ser al mismo tiempo que se actualiza”7. El proceso de autoaniquilación se vino dando desde las
primeras descripciones del mundo americano en las que se le constituía como un ser vacío cuya significación histórica
consistía del potencial de ser como Europa. Implícita está la noción de que Europa “es en ese momento la civilización
vicaria de la humanidad”. Europa en una palabra constituye un modelo al cual debe aspirar América. El
autoaniquilamiento se da en el proceso de transformación de la naturaleza y las culturas amerindias. En el horizonte
histórico, sin embargo, la especificidad ontológica de América va más allá de los programas de evangelización, por
ende de la autoaniquilación de las culturas indígenas, en las formas de vida europea que ya no son meras réplicas. El
destino de América se da en la reformulación de lo universal, en una suerte de provincialización de Europa, para
hacerle eco al título del libro del historiador indio Dipesh Chakrabarty. Si bien O’Gorman no compartiría los postulados
marxistas de Chakrabarty, en particular su proyecto historiográfico de escribir dos tipos de historia: mientras la
Historia 1 utiliza las categorías abstractas del Capital de Marx (a saber: mercancía, valor de cambio, trabajo,
plusvalía, etc), la Historia 2 se inspira en Heidegger para una aproximación a las temporalidades y vivencias de las
sociedades hindúes en las que las deidades saturan la vida cotidiana de los trabajadores del yute 8. O’Gorman y
Chakrabarty coinciden en la imperiosidad de los valores universales de occidente. Valores que en sus sociedades no
se dan como meras réplicas sino como formas propias de pensar lo universal.

 9 E. O’Gorman, Invención de América, p. 94-95.

 10 Ibid., p. 98.

 11 Véase J. Rabasa,Without History: Subaltern Studies, the Zapatista Insurgency, and the Specter of (...)

16En este primer ejercicio O’Gorman se abstiene de identificar el ser americano con alguna entidad particular. Si bien
habla de “las filias y fobias de indigenistas y europeizantes”, también habla de “la circunstancia innegable de que si
no son pieles rojas tampoco son ingleses, holandeses o franceses y que si no son españoles ni portugueses, tampoco
son por eso aztecas, incas o mayas”9. Habiendo planteado la cuestión en términos de identidad, la fuerza de su
argumento apunta a la condición en la que “se canceló el cerrado provincialismo europeo de concebir lo universal
como patrimonio particular”10. Al usar el termino “vacío” O’Gorman sugiere la negación histórica de los pueblos
amerindios. Observemos que O’Gorman estaba demasiado conciente de la historicidad de los pueblos amerindios
como para aceptar la noción de que eran pueblos sin historia. Ahora bien, el reconocimiento de la historia de los
pueblos indígenas desde la colonia al periodo republicano fue una historia para la administración colonial y su
autoaniquilación, es decir, para su incorporación a la Iglesia y por ende a la historia universal. Lo que nunca implicó ni
implica hoy día que este llamado a la autoaniquilación fuera exitoso. En fin, este no es el lugar para insistir en este
punto pero debemos considerar que el valor de ser reconocido no solo según estos criterios evangelizadores sino
también según criterios seculares es un valor cuestionable cuando se busca establecer espacios culturales autónomos.
La posibilidades de los espacios autónomos reside en la habilidad de habitar lo europeo particularizado en lo
americano sin entrar en contradicción con un habitar de espacios que se mantienen fuera de la historia universal. En
inglés, el términowithout implica la anfibología (lack/outside) de lo que llamaríamos en español, por crear un
neologismo, el sinfuera de la historia11. Los espectros del indigenismo estatal rondan en el transfondo de la discusión
de O’Gorman del ser histórico de América, pero se mantienen al margen del debate. También ronda el espectro de
Estados Unidos como la realización plena del significado histórico del devenir de América y la humanidad.

 12 E. O’Gorman, La invención de América, p. 159. Obsérvese que esta frase no figura en la versión ing (...)
17Es a partir de la traducción al inglés de 1961 y la edición española de 1978 en que se da un giro ideológico
profundo en la discusión de la invención de América. Giro que responde a la revolución cubana de 1959. Esta
reducción histórica implica la negación de toda agencia fuera de la América anglo-sajona. Esta tesis resulta
contradictoria, es decir ideológica, en tanto que la afirmación del carácter universal de la historia de Occidente implica
su reconocimiento por todos los pueblos de América, si no del globo. Como se dice en inglés se trata de un wishful
thinking que en última instancia apela a las armas para mantener su credibilidad. O’Gorman concluye la versión de La
invención de América de 1978 con las siguientes palabras: “Que el alcance de esa meta implique un recorrido de
violencia e injusticia, que durante él se corra, incluso, el riesgo de un holocausto atómico, no debe impedir la clara
convicción acerca de la autenticidad de aquella suprema posibilidad histórica”12. La realidad de América entendida
por los ideales de la América anglo-sajona se fundamenta en la soberanía que ésta puede ejercer a partir de un
estado de excepción que justifique el recurso a las armas nucleares y que socave violentamente toda apelación a la
justicia. El derecho e imbricación de todos los pueblos estaría definido por la universalidad del nuevo imperio y sus
nuevos requerimientos.

18El cosmopolitismo de toda propuesta de una historia universal conlleva el dilema de que toda articulación de lo
universal tiene una vocación englobante que constituye una historia única a partir de la cual todo reclamo de
reconocimiento de las historias particulares implica tanto una subordinación como una negación de sus propios
términos. La historia universal es un género discursivo de la memoria (que podríamos yuxtaponer y diferenciar de la
micro-historia, la crónica, la carta de relación, el mito, la leyenda, y toda una amplia gama de formas de
rememoración) que en última instancia encuentra la necesidad de aunar la fuerza del argumento con la fuerza de las
armas. Las propuestas universales constituyen los criterios a partir de los cuales se establece la verdad de los otros
géneros. El estar fuera de la historia y carecer de historia puede muy bien ser una virtud en tanto que un grupo
humano puede seguir practicando formas de memoria que no respondan a las exigencias metodológicas que definen
los criterios para definir los hechos en la labor historiográfica vigente. El concepto de factiche (los hechos son
productos, no meros datos) nos permite pensar alternativas a los criterios positivistas que fundamentan la definición
de los hechos históricos a partir de prácticas discursivas que separan a la historia propiamente dicha del mito, la
leyenda, testimonios, etcétera.

 13 J. Ortega y Gasset, “Ideas y creencias”, inIdeas y creencias, Buenos Aires y México: Espasa-Calpe (...)

 14 E. O’Gorman, La idea del descubrimiento de América: historia de esa interpretación y crítica de su(...)

19Con estos postulados en mente pasemos a considerar la invención de América ya no exclusivamente en términos
de la idea de que América fue descubierta sino de la producción de significantes y significados inéditos que emergen
de experiencias pre-lingüísticas y pre-predicativas. Entiéndase el pre fuera de una teleología implícita en este sufijo.
El paso a la predicación podría ser pensado con el distingo que hace Ortega y Gasset entre creencias e ideas, las
primeras subyacen y sustentan la experiencia del mundo, las segundas, dice Ortega, “son obra nuestra y, por lo
mismo, suponen ya nuestra vida, la cual se asienta en ideas creencias que no producimos nosotros…” 13. Recordemos
que O’Gorman cita este texto de Ortega y Gasset en La idea del descubrimiento de América14. Más adelante, con
Husserl, hablaré de habitus en términos no dispares al de creencias en Ortega.

20¿Cuándo es que Occidente, por seguir la línea de O’Gorman, toma conciencia de las transformaciones de la
sensibilidad que vienen a ser el resultado de cambios en el horizonte de la experiencia que incluirían una amplia gama
de transformaciones del cuerpo y la conciencia que irían desde los nuevos alimentos a la nueva imagen cartográfica
del mundo? Por extensión podríamos también hablar de las transformaciones del habitus mesoamericano que resultan
de la incorporación de objetos europeos. Ni Europa deja de ser Europa por la incorporación de América, ni
Mesoamérica deja de ser Mesoamérica por la incorporación de Europa. Una tesis muy poco afín a las sensibilidades
políticas de O’Gorman pero que es necesario que se postule. El europeo y su mundo son re-significados de acuerdo a
un habitus mesoamericano que por mucho que se trató de destruir y sustituir con un habitus cristianocontinúa
existiendo hasta nuestros días. No intacto, por supuesto, pero ¿qué permanece igual después del descubrimiento de
América? El desliz es intencionado.

21En vez de pensar en términos de un binario que opone “descubrimiento” a “invención” encontramos la necesidad de
remontarnos a un momento anterior al viaje de Colón. América como invención o descubrimiento es un resultado de
inventos y descubrimientos que se fueron dando a lo largo del siglo XV, en particular en la exploración y colonización
de África y las Islas Canarias, para sólo nombrar uno de los archipiélagos en el Atlántico. Estos inventos incluyen
artes de navegar, recursos cartográficos, sistemas económicos, formas de esclavitud, armas, recursos lingüísticos que
constituyen el habitus tanto mental como lingüístico que subyace y determina la experiencia y las primeras
descripciones de Colón. De nuevo, la cuestión reside en definir el principio, el momento en que toma forma la
concepción de un Nuevo Mundo que no se puede reducir al concepto de un continente sino que debe incluir la suma
de los atributos, símbolos, imaginaciones, fantasías, y sensaciones que provocan las realidades inéditas de lo que
eventualmente se llamará América. De ahí que la cuestión ya no sea “la invención de América” en singular sino la de
una continua reflexión e invención de América que por definición será múltiple e inacabable.

 15 Véase, por ejemplo, A. Muyulema, “De la ‘cuestión indígena’ a lo ‘indígena’ como cuestionamiento. (...)

22El horizonte está abierto a la intervención de múltiples actores. Intervenciones que en algunas instancias apelan a
un nuevo nombre para el continente, por ejemplo, el de Abya Yala, que en lengua cuna significa “tierra en plena
madurez”, y que varias organizaciones indígenas han asumido desde la década de los 80 15. A partir de este tipo de
intervenciones no podemos sino que poner el nombre de “América” entre comillas, o para adoptar la práctica de
Heidegger y Derrida, sous rature, bajo un tachón: América. No se puede dar el cuestionamiento del ser de América en
términos más radicales que bajo el tachón del nombre.

Reducción al absurdo
23¿Qué es América? ¿Es posible establecer la verdad de América sin caer en un dogmatismo? ¿No implica el proceso
de desmitificación una mistificación aún más profunda? ¿Incurre O’Gorman en una nueva reificación de América al
establecer una historia única, es decir, la del supuesto universalismo de occidente? ¿Nos ofrece O’Gorman una salida
a la reducción al absurdo? ¿Se supera el fetichismo en el que supuestamente incurrimos al considerar la existencia de
un ente inerte con intencionalidad?

 16 Véase el Capítulo 1 de Karl Marx, Capital.Crítica de la economía política, 3 tomos, trad. Pedro S (...)

 17 E. O’Gorman, La invención de América, p. 52.

24Mi referencia a fetiches y fetichismo tiene por objetivo procesar los postulados de O’Gorman en términos del
análisis de las mercancías que Marx elabora en el primer capítulo del Capital. Marx deslinda cuatro momentos que
corresponden a un primer intercambio, Forma Simple o Singular del Valor, entre dos objetos (x mercancía a = y
mercancía b); a un segundo momento, Forma Total o desplegada del Valor en que se dan secuencias de múltiples
intercambios de objetos (z mercancía a= u mercancía b, o = v mercancía, o = w mercancía d, o = xmerccancía E, o =
etcétera; un tercer momento, Forma General del Valor, en que un objeto viene a ser la medida del valor de todos los
objetos, este sería el lienzo en Marx; y un cuarto momento, Forma de Dinero, en que se constituye el oro como valor
universal. La diferencia entre la forma III y la IV es que “ahora laforma de intercambiabilidad general directa, la
forma de equivalente general, se ha soldado de modo definitivo, por la costumbre social, con la específica forma
natural de la mercancía oro… [S]ólo en el momento en que el oro se transforma en mercancía dineraria, y sólo a
partir de ese momento en que ya se ha convertido en tal mercancía dineraria, la forma IV se distingue de la III, o
bien laforma general del valor llega a convertirse en la forma dinero”. La génesis del oro como valor universal tiene
como objetivo una reducción al absurdo que Marx define como el carácter fetichista de la mercancía y su secreto. Nos
encontramos con un feticheen tanto que esta forma dineraria de las mercancías implica una contradicción. Para Marx
el carácter ideológico de la cosificación del valor de las mercancías en el oro se define en última instancia por su
carácter contradictorio que residiría en la transmutación de toda la mercancía. Marx da el ejemplo jocoso de la mesa
que “no solo se mantiene tiesa apoyando sus patas en el suelo, sino que se pone de cabeza frente a todas las demás
mercancías y de su testa de palo brotan quimeras mucho más caprichosas que si, por libre determinación, se lanzara
a bailar. El carácter místico de la mercancía no deriva por tanto, de su valor de uso”16. No es este el lugar para hacer
un análisis detallado de los argumentos de Marx, mi propósito es el de señalar que tanto para Marx como para
O’Gorman (ya para Parménides) el absurdo residía en caer en una contradicción. Si en el capitalismo los objetos
adquieren una dimensión espectral, O’Gorman identifica el momento absurdo en la identificación de América como
ente inerte con intenciones, es decir, como un espectro: “Bien, pero ¿Qué otra cosa delata este estupro metafísico
sino la idea de que, ya plenamente constituido en su ser, allí estaba el continente americano en secular y paciente
disposición de revelarse al primero que, como en un cuento de hadas, viniera a tocarlo?”17.

 18 Ibid., p. 83.

 19 Ibid.

25El secreto de esta contradicción reside en la teoría de la intencionalidad que O’Gorman privilegia. Ahora bien, ¿qué
nos ofrecería Latour para complicar estas aseveraciones críticas? Cuando salgo a la calle con el propósito de comprar
pan suspendo mi saber del carácter absolutamente social del billete que uso, muy a la manera del científico en el
laboratorio que para llevar a cabo su experimento suspende su conciencia de la producción de los protocolos que
permitirán establecer los datos, o la manera del historiador que al discurrir sobre la invención de América requiere de
la suspensión de la paradoja. Cito a O’Gorman: “La respuesta es un tanto paradójica. En efecto, es claro, que si
América se ofrece como esa ‘parte del mundo’ que por designio providencial ha permanecido ajena y al margen del
devenir histórico universal, en tal hecho reside el único sentido que de momento tiene y puede tener”18. O’Gorman
pasa a poner en subrayado, “tiene el sentido de su falta de sentido”, que califica con la siguiente indicación, “lo que
no es un mero juego de palabras, porque indudablemente el que algo se ofrezca de pronto como ayuno de
significación en un orden dado de la realidad es ya una manera de tenerla; es la significación, justamente de no tener
ninguna”19.

26Si bien es un absurdo identificar el descubrimiento de América con el viaje de Colón cuando éste nunca tuvo un
objeto en su conciencia llamado América, ¿no es también un absurdo negarle a Colón la posible intencionalidad de
descubrir un objeto que se define como una idea que vino a ser el resultado de un proceso histórico posterior a su
viaje? ¿Se trata de una obviedad incontrovertible?

Cuatro tesis para pensar la intencionalidad del mundo americano


27Pasemos a generar una segunda serie de preguntas: ¿En qué momento comienza la invención de América si no es
con las descripciones y elucubraciones de Colón? ¿Se debe pensar América en términos de una estructura histórica
que en un momento dado podemos definir sin ambigüedad? ¿Podemos pensar la intencionalidad como un componente
de la naturaleza y del lenguaje que no necesariamente implique la conciencia, el cogito husserliano, para mencionar
al fundador de la fenomenología que privilegia la intencionalidad? ¿Es absurdo pensar que un ente inerte tenga
intenciones? ¿No debemos considerar que el concepto de objetos inertes es un producto histórico-discursivo?
Propongo las siguientes cuatro tesis:

281) Los escritos de Colón elaboran variantes de tres grandes tópicos de Occidente, a saber, el milenarismo, el
exotismo y el buen salvaje. No se trata de una mera proyección de lo conocido sino de una producción textual de
nuevas variantes y formas de estos complejos culturales. Por ejemplo, se parte con la idea del antropófago
usualmente ubicado en las postrimerías de Asia entre las razas monstruosas, se regresa con el caníbal. Se parte con
la idea del paraíso terrenal, se regresa con un jardín natural habitado por buenos salvajes. Siguiendo al Freud de La
interpretación de los sueños, se podría hablar en término de un trabajo del texto análogo al trabajo del sueño. Aquí
me beneficio del magnífico estudio de Michel de Certeau sobre la producción textual del salvaje en Jean de Léry.

292) América es un ente histórico, es decir, un constructo discursivo abierto a múltiples interpretaciones. El deseo de
clausurar el debate implicaría un pensamiento dogmático, una postura que iría si no en contra del temperamento al
menos en contra de los postulados críticos de O’Gorman. Desde el siglo XVI se tiene plena conciencia de que América
es el producto de un juego de espejos, recuerden la brillante alegoría de Jan Van der Staret, Stradanus, en la que nos
ofrece la imagen de Amerigo Vespucci despertando a América, llamándola con su nombre invertido, en femenino. La
leyenda bajo el grabado dice: “America. Americen Americus retexit—Semel vocavit inde semper excitam” (América.
Amerigus redescubre America—La llamó una sola vez y desde entonces permanece siempre despierta). La inversión
del dibujo que sirvió para el grabado nos ofrece una clave más para la lectura de la escena del descubrimiento como
una alegoría irónica. Si toda alegoría por naturaleza es irónica al decir una cosa y su contrario, según la definición de
Quintiliano, no podemos sino celebrar el regocijo con el que Stradanus expone el código que permite la identificación
de la alegoría. América resulta ser un objeto que se reconstituye constantemente a partir de los deseos de aquellos
que la disputan. Pulsiones (sexuales, de vida, muerte) que estando ubicadas en el organismo son anteriores a
cualquier forma de representación psíquica o carga afectiva. En la alegoría de Stradanus se dan la posibilidad de
pensar los códigos que registran tanto los efectos en el cuerpo como las pulsiones que causan las cosas que definen a
América: la fauna en la que sobresale el perezoso, los instrumentos de guerra tupí, la mujer soñolienta sobre la
hamaca y, sobre todo, la escena de los caníbales que ubica en un mismo gesto el punto de fuga que posibilita la
representación realista y el motivo que permite el reconocimiento de la mujer como América. América es tanto un
producto de Amerigo como Amerigo lo es de América, como mínimo a nivel de los signos que definen sus identidades.
En este sentido la cuestión de la intencionalidad se viene a complicar en tanto a que la cognición de los objetos está
desde un principio saturada de valores sentimentales, afectivos, simbólicos y corporales que subyacen al conjunto de
signos que definen las características y atributos de lo americano. En la intencionalidad que objetiva el mundo ya se
da una razón americana.

 20 Véase Walter Benjamin, “Little History of Photography”, inSelected Writings, Vol. 2 1927-1934, Tr (...)

303) La intencionalidad de la naturaleza implica un mundo poblado de cosas con vida propia. Estos serían tanto
objetos naturales como lingüísticos y culturales. El ser de las cosas corresponde a algo así como el ser en si kantiano
que por definición no podemos conocer por la razón (Crítica de la razón pura) pero que podemos intuir e interpretar a
partir de esquemas teleológicos (Crítica del juicio). Las cosas en la naturaleza exceden los predicados y las categorías
bajo las cuales las tratamos de apropiar, contener o interpretar. Más allá de la tendencia a constituir el mundo,
podemos concebir a los objetos afectándonos profundamente. A manera del inconciente fotográfico de Walter
Benjamin, para quien el mundo imprime su ser en el film creando fantasmas que el fotógrafo descubre en el revelado,
podemos hablar del registro de entes que nos han venido sorprendiendo por su vivacidad en las descripciones iniciales
de Colón20. Por el otro lado, la intencionalidad del lenguaje es quizás más fácil de reconocer. Palabras, conceptos y
nociones tienen historias propias que nos persiguen con significados inesperados. Tampoco es difícil aceptar que la
experiencia de las cosas en otros momentos históricos y en culturas ajenas a Occidente, por no hablar de los
espectros del capital, hayan sido y sean de seres vivientes con fuerzas espirituales. En las palabras está comprimida
la historia de la lengua.

314) Si bien los objetos son inertes, la novedad de los objetos americanos implican una dislocación del conocimiento
y de los códigos vigentes, si no de las categorías lógicas. La novedad de la realidad entra en la conciencia desde el
mundo. El horizonte de la experiencia de Colón, por nombrar al primero en verse en la necesidad de comunicar lo
inédito americano, se ve invadido por fenómenos sin precedente. Su intencionalidad se ve frustrada. Se encuentra
inmerso en sensaciones de las que no puede dar sentido ni razón. No se trata de decir que Colón tuvo la
intencionalidad de descubrir América sino que en Colón se inicia un proceso en el que los sentidos y la conciencia
europea son afectados. En este sentido el horizonte de la experiencia está constantemente sujeto a un proceso de
expansión. Más allá de los posibles signos preconcebidos, la lengua contrae una forma de ser que implica una
experiencia abierta en la que se da una constante reapertura de la plenitud del ser. La lengua no es algo aparte al
mundo de los objetos; la lengua es ese aparte sin el cual no se da un tal mundo. La lengua y el mundo se entretejen
en un proceso abierto.

32Reitero las cuatro tesis: 1) Los escritos de Colón elaboran variantes de tres grandes tópicos del buen salvaje, el
milenarismo y el exotismo; 2) América es un ente histórico, es decir, un constructo discursivo abierto a múltiples
interpretaciones; 3) La intencionalidad de la naturaleza y de la lengua implica un mundo poblado de cosas dotadas de
vida propia; 4) Si bien los objetos son inertes, la novedad de los objetos americanos implica una dislocación del
conocimiento y de los códigos vigentes, si no de las categorías lógicas.

A manera de conclusión
 21 Sigo la traducción al inglés, Edmund Husserl,Judgment and Experience: Investigations in a Genealo(...)

33Paso a proponer que más allá o mejor dicho más acá de la intencionalidad y cognición debemos considerar el lugar
del habitus en el trabajo póstumo de Edmund Husserl, Erfahrung und Urteil: Untersuchungen zur Genealogie der
Logik[Experiencia y juicio: Investigaciones en la genealogía de la lógica]21. Se pública en alemán en 1944. O’Gorman
lector de Revista de Occidente no pudo haber ignorado esta noticia bibliográfica. Es más, la lectura de Ortega, en
particular deIdeas y creencias ya se presta a una reflexión sobre el habitus. Por otro lado, lo arriba señalado sobre el
trabajo filológico de O’Gorman, que acentuaba la necesidad de pensar el trasfondo intelectual de los cronistas de
Indias, ya implicaba una concepción de la intencionalidad que iba más allá de la conciencia de los autores. A mi
parecer el aspecto más importante de esta obra de Husserl es la exploración de la experiencia pre-lingüística y la
actividad pre-predicativa como fundamento de los niveles subsiguientes de la cognición. En la experiencia pre-
lingüística encontramos la presencia de sensaciones, afectos, imágenes, impresiones sensoriales que pueden venir a
ser objeto de cogitaciones sin ninguna garantía que éstas encuentren los términos y categorías apropiados. El uso del
prefijo –pre cumple una función heurística en la que no se debe intuir un proceso teleológico que desembocaría en
una expresión lingüística. En estos estudios Husserl privilegia la experiencia y la intuición inmediata, el mundo de la
vida, sobre la vestimenta de ideas que la ciencia sobrepone. Aun antes de venir a ser objetos de cogitaciones, las
sensaciones, las impresiones, los afectos y la carne tomarían formas determinadas a partir del habitus que las
registra en el espacio de un horizonte de sentido que permanece sin embargo pre-lingüístico y pre-predicativo.
Husserl elabora el concepto de habitus para marcar los intersticios entre la experiencia y el juicio.

34No debemos tener ninguna prisa por superar los estados intermedios. Más bien debemos habitar el mundo desde
ellos y descubrir nuevas manifestaciones de lo real. En estos espacios toma forma la creatividad de significados,
expresiones, formas pictóricas, o simples sensaciones que dan origen a la novedad pero que también son resultado de
lo nuevo. Son procesos en los que se descubren significados que los datos tienen pero que también hacen que los
datos tengan significados. Husserl postula la noción de un pasado muerto que si implica el olvido no desaparece sin
dejar ningún trazo, la experiencia permanece en un estado latente. Estamos constantemente envueltos en procesos
de aprehensión que no llegamos a constituir plenamente pero que afectan nuestro habitus. De ahí que podamos
hablar del conocimiento en el modo de un habitus que respondería y se definiría en la inmediatez de la experiencia.
Por ejemplo, percibimos el espectro de los colores, con sus distintas luminosidades, pero no necesariamente pasamos
a nombrarlos. Nuestro habitus nos permite distinguir colores y establecer tipologías de objetos así como reconocer
nuevos objetos que escapan la determinación del habitus. Esto implica la posibilidad de un marco de sentido vacío, de
un horizonte residual. Las aprehensiones más primitivas se dan en un ahora en el cual no se tiene conciencia del
carácter determinado de los objetos. Este ahora no debe ser pensado en términos de momentos discretos en el flujo
temporal sino más bien en términos de una suspensión y dilatación del tiempo. Elhabitus implica una intencionalidad
pre-conciente así como la transformación delhabitus que sería el resultado de impresiones sin precedentes. La
intensidad de los objetos tendría un impacto en el habitus.

 22 E. O’Gorman,Invención de América, p. 19.

35Siguiendo a Alfred North Whitehead podemos también pensar no ya en términos de un sujeto, de un cogito que
piensa, siente o percibe el mundo, sino de lo que Whitehead denominó el superject/superjeto que es el resultado de
las impresiones causadas por la intensidad de las cosas del mundo. De ahí la necesidad de complementar
intencionalidad con intensionalidad, que dado a mi seseo es indistinguible en mi vocalización. ¿Cuál era el horizonte
de los objetos con intencionalidad en el universo colombino o por añadidura en los universos amerindios? ¿No tenían
fuerzas mágicas los pictogramas en los libros que los misioneros quemaron? ¿No se funden intencionalidad e
intensionalidad en un mundo en el que los objetos no son inertes sino formas vivas que el pensamiento moderno
mata en su afán de objetivación? ¿No implica el proyecto de la fenomenología aprender a ser sensibles al mundo, a
no objetivar, al menos en el pensamiento de Heidegger? Observen que aparte de la mención de Ortega y Gasset,
O’Gorman cita en la primera edición de La invención de América a manera de epígrafe al Heidegger de los
pensamientos poéticos en Desde la experiencia del pensar “Sólo lo que es idea es lo que se ve; mas lo que se idea es
lo que se inventa”22. Las cosas en el mundo exceden las determinaciones que nuestras categorías imponen. El
lenguaje también implica intencionalidad en su empleo, en la direccionalidad inmanente que excede a la conciencia.

36Ahora bien, desde una perspectiva europea, la invención de América, es decir la producción de un Nuevo Mundo
que vino a tener ese nombre por mero accidente histórico-ideológico, no puede estar deslindada de la producción de
un nuevo hombre, es decir, de una nueva subjetividad, del superject de Whitehead. En el viaje de Colón se da una
mutación epistemológica que podemos caracterizar como la cesura ente el sujeto y el objeto. La carencia de
referentes a los objetos americanos en los mapas, las enciclopedias, los herbarios y narrativas de viaje que Colón
tenía a la mano implica el surgimiento de la naturaleza como objeto a describir directamente. Estos son objetos
desconocidos cuya intensidad marca y constituye la subjetividad de Colón llevándolo a entretener la posibilidad de
quedarse en las nuevas tierras que caracteriza como deseables a no querer abandonar.
37En parte debemos leer en estos pasajes un afán publicitario, pero no debemos descartar un afán económico que se
ve frustrado por no poder decir para qué sirven, ni siquiera qué son los objetos que observa. Los términos “maravilla”
y “oro” (aunque el recurso natural más deseado no deja de ser uno entre muchos) se infectan mutuamente. Los
árboles son maravillosos por su altura y derechura, por su belleza que en última instancia lleva a Colón a transformar
en su imaginación en aserraderos para la producción de tablas y mástiles. El nuevo mundo es una nueva madeira. Un
objeto deseable por la riqueza de los recursos naturales. Pero el hiato epistemológico que separa al sujeto del objeto
también implica todo un programa de documentación. Colón (o más bien Las Casas) expresa en el Diario el extremo
de la nueva condición cuando escribe: “para hazer relaçión á los Reyes de las cosas que vían no bastara mill lenguas
a referillo, ni su mano para lo escrevi que le parecía qu’estava encantado” (Martes 27 de noviembre de 1492). Se
podría decir que aún vivimos bajo el encanto y también que las mil lenguas ya no son exclusivamente los sujetos
dóciles (aunque aún abundan los intérpretes dispuestos al etnosuicidio, o autoaniquilamiento en el lingo de
O’Gorman) que imaginaba Colón sino que se multiplican cada día en su afán contestatario.

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Bibliographie
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Notes
1 E. O’Gorman, La invención de América: investigación acerca de la estructura histórica del nuevo mundo y del
sentido de su devenir, México: Fondo de Cultura Económica, 1978, p. 43.
2 Véase B. Latour, Sur le culte moderne des dieux faitiches ; suivi de Iconoclash, Paris: La Découverte, 2009.
3 J. de Acosta, Historia natural y moral de las Indias, ed. Edmundo O’Gorman, México: Fondo de Cultura Económica,
1979, p. c.
4 E. O’Gorman, La invención de América, p. 44.
5 Idid., p. 44.
6 Ibid., p. 45-47.
7 E. O’Gorman, Invención de América: el universalismo de la cultura occidental, México: Fondo de Cultura
Económica, 1958, p. 96.
8 Véase D. Chakrabarty, Provincializing Europe: Postcolonial Thought and Historical Difference, Chicago: University
of Chicago Press, 2002.
9 E. O’Gorman, Invención de América, p. 94-95.
10 Ibid., p. 98.
11 Véase J. Rabasa, Without History: Subaltern Studies, the Zapatista Insurgency, and the Specter of History,
Pittsburgh: University of Pittsburgh Press, 2010.
12 E. O’Gorman, La invención de América, p. 159. Obsérvese que esta frase no figura en la versión inglesa, The
Invention of America: An Inquiry Into the Historical Nature of the New World and the Meaning of Its History.
Westport, Conn.: Greenwood Press, 1961.
13 J. Ortega y Gasset, “Ideas y creencias”, in Ideas y creencias, Buenos Aires y México: Espasa-Calpe argentina,
1940, p. 13.
14 E. O’Gorman, La idea del descubrimiento de América: historia de esa interpretación y crítica de sus fundamentos,
México: Centro de Estudios Filosóficos, 1951.
15 Véase, por ejemplo, A. Muyulema, “De la ‘cuestión indígena’ a lo ‘indígena’ como cuestionamiento. Hacia una
crítica del latinoamericanismo, el indigenismo y el mestiz(o)aje”, in Ileana Rodríguez (ed.), Convergencia de tiempos:
estudios subalternos/contextos latinoamericanos, Amsterdam: Rodopi, 2001, p. 327-363.
16 Véase el Capítulo 1 de Karl Marx, Capital. Crítica de la economía política, 3 tomos, trad. Pedro Scaron et al.
Madrid: Siglo XXI, 1980.
17 E. O’Gorman, La invención de América, p. 52.
18 Ibid., p. 83.
19 Ibid.
20 Véase Walter Benjamin, “Little History of Photography”, in Selected Writings, Vol. 2 1927-1934, Traducción
Rodney Livingstone. Cambridge, MA: Harvard University Press, 1999, p. 507-530.
21 Sigo la traducción al inglés, Edmund Husserl, Judgment and Experience: Investigations in a Genealogy of Logic,
traducción James S. Churchill and Karl Ameriks, Evanston: Northwestern University Press, 1979.
22 E. O’Gorman, Invención de América, p. 19.
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Pour citer cet article

Référence électronique
José Rabasa, « Intencionalidad, invención y reducción al absurdo en la invención de América », Nuevo Mundo Mundos
Nuevos [En ligne], Colloques, mis en ligne le 26 juin 2012, consulté le 21 janvier 2018. URL :
http://journals.openedition.org/nuevomundo/63440 ; DOI : 10.4000/nuevomundo.63440
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Auteur

José Rabasa
Harvard University
jrabasa@fas.harvard.edu