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PREDICANDO CON EL PODER DE LO ALTO

Introducción

Hay dos formas de predicar (1 Tes 1:5):

- En palabra solamente
- Con poder espiritual

La pregunta es, ¿qué hace la diferencia? Es una pregunta compleja porque la


‘moneda’ tiene dos caras: la soberanía de Dios y la responsabilidad humana. Hay
que mantener un equilibrio entre estos dos elementos.

EJEMPLO: La diferencia entre la prédica de Pablo en Tesalónica y Atenas (Hch 17:1-


4, 16-19 y 32-34). El mismo hombre, la misma región geográfica, la
misma gente (judíos y griegos), pero dos resultados muy diferentes.

Sin embargo, cada predicador tiene que enfrentar esta pregunta: “¿Cómo puedo
predicar con mayor poder espiritual?” ¡Era una pregunta que le inquietaba a
Pablo! Ver 1 Cor 2:1-5.

1. “NO CONFÍES EN TI MISMO”

Pablo usa dos frases interesantes:

- “no fui con excelencia de palabras o de sabiduría” (v.1)

 ‘logos’ = ‘discurso’.
 ‘juperoje’ (de ‘juperejo’) = ‘tener por encima’; ‘autoridad’,
‘eminencia’, ‘excelencia’ (Fil 3:8). Fil 4:7 (“sobrepasa”).
 ‘sofia’ = ‘sabiduría’.

¡Estas son las cosas que buscan los filósofos, los charlatanes, etc.!

OJO: Palabras pueden tocar las emociones de las personas, y pueden


motivarlas a grandes cosas. Pero, son ineficaces frente a la condición
espiritual del ser humano, que está “muerto” y “ciego” en su pecado.

- “estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor” (v.3)

 ‘ginomai pros jumas’ = ‘vine hacia ustedes’, ‘llegué a ustedes’.


 ‘astheneia’ = ‘fragilidad’, ‘debilidad’, ‘enfermedad (que debilita)’.
Ver Lucas 13:11-12; Juan 5:5.
 ‘fobos’ = ‘miedo’
 ‘tromos’ = ‘temblor’.

¡El ‘mundo’ no quiere estas cosas – las menosprecia! Valora y admira a


los que están llenos de auto confianza, de seguridad en sí mismos, de
fuerza y valentía personal.

El predicador no debe ser así.

- Debe tener “mucho temor y temblor” delante de Dios; es decir,


‘reverencia’ (2 Cor 7:15; Efe 6:5).

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- Debe tener “mucho temor y temblor” delante de los hombres;
reconociendo lo imposible que es la tarea que pretende lograr (hacer
que las personas dejen el pecado y comiencen a amar a Dios). Eso
fue lo que la pasó a Pablo en Corinto (Hch 18:9-11).

Cuando el predicador tiene estas actitudes, facilita la manifestación del poder de


Dios en la predicación.

2. “CONFÍA EN EL EVANGELIO”

En Rom 8:3 Pablo habla de algo que era imposible para el ser humano lograr, por la
debilidad de la ‘carne’; pero fue algo que Dios logró por Cristo.

Es igual con la predicación. Salvar a un pecador; hacerle nacer de nuevo; darle un


amor a Dios, y un deseo de vivir en santidad – todo eso es “imposible” para el
predicador, por cuanto es débil por la carne. Pero lo que es imposible para
nosotros, es posible para Dios. Él lo hace por el poder (‘dunamis’) del evangelio
(Rom 1:16-17).

Por consiguiente, lo que el predicador tiene que hacer es dejar de confiar “en la
carne”, y poner toda su confianza en el poder del evangelio.

Eso nos llevará a una pregunta MUY importante: “¿Qué es el evangelio?” Tenemos
que estar seguro de ello, para poder predicar con poder espiritual.

Los elementos importantes del evangelio:

- La realidad del pecado y la verdadera condición del pecador.


- El plan eterno de Dios de salvar al pecador.
- La soberanía de Dios en la salvación del pecador.
- La naturaleza de la salvación (justificación/regeneración/santificación/
abnegación personal/servicio a Dios/glorificación).
- El propósito de la salvación (glorificar a Dios).

¡Nuestra confianza tiene que estar puesta en Dios y en el evangelio de Dios!

EJEMPLO: El testimonio de Pablo en Tesalónica (1 Tes 2:1-14).

3. “PREDICA A CRISTO CRUCIFICADO”

Para Pablo, el elemento central del evangelio es “Cristo crucificado”. Si queremos


experimentar el poder de Dios en la predicación tenemos que tener esto como el
elemento central (2 Cor 1:12, 19).

Pablo sabía que al ‘mundo’ no le interesa este mensaje; no le gusta este mensaje;
rechaza este mensaje; odia este mensaje (1 Cor 1:18).

El ‘mundo’ quiere que prediquemos otra cosa (1 Cor 1:22)

Por eso tenemos que escoger entre la “sabiduría humana” o el “poder de Dios”.

EJEMPLO: 1 Cor 1:22-25.

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A eso se debe la determinación de Pablo (1 Cor 2:1-2; “me propuse”, ‘krino’).
¿Por qué? Es “para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres,
sino en el poder de Dios” (1 Cor 2:5). ¡Cuán importante es eso!

Si queremos convencer a los seres humanos, podemos confiar en la sabiduría


humana; pero si queremos ver cambios radicales en sus vidas, tenemos que confiar
en el poder de Dios. Y ese poder radica en el mensaje de “Cristo crucificado”.

4. “CONFÍA EN EL PODER DE DIOS”

La gran pregunta que confronta a todo predicador es esta: “¿En quién va a


confiar?” Hay sólo dos opciones: tendrá que confiar en la sabiduría humana, o en
el poder de Dios. ¡No hay otra posibilidad!

El poder de Dios se manifiesta por medio del predicador, cuando éste expone Su
Palabra (Is 55:10-11).

El poder de Dios es grande (2 Crón 20:6, 21-24; Sal 66:3).

El poder de Dios es lo que transforma al ser humano (Hch 26:18; Rom 1:16; 2 Cor
4:4-7; Efe 2:1-10).

Este es el poder que el predicador debe anhelar con todo su ser; es el único poder
que hace eficaz la predicación – no sólo para el pecador, sino también para el
creyente (animar su vida espiritual, producir mayor compromiso con Dios, etc.).

5. “BUSCA EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO”

Hablando en el contexto de la vida de oración, Pablo dice: “el Espíritu nos ayuda a
nuestra debilidad [‘astheneia’]” (Rom 8:26).

- Cuando venimos a orar tenemos una gran “debilidad”; “no sabemos qué
conviene pedir”. En ese contexto de “debilidad”, el poder del Espíritu Santo
se manifiesta, y nos ayuda a orar con poder espiritual (ver 2 Cor 10:3-5).

- Es igual en la predicación. Tenemos que reconocer nuestra “debilidad”; “no


podemos predicar como conviene”. Es cuando reconocemos eso, que el
poder del Espíritu Santo se manifestará en nuestra predicación.

El predicador debe tomar en cuenta lo que pasa con el cuerpo mortal. Pablo dice,
“se siembra en debilidad [‘astheneia’], resucitará en poder” (1 Cor 15:43). Si el
predicador quiere experimentar el poder del Espíritu Santo, tiene que estar
dispuesto a ser ‘sembrado en debilidad’; a “morir a su ego”.

A veces Dios nos ayuda a “morir” a nuestro sentido de auto confianza, por medio
del dolor y el sufrimiento. En Corinto, los falsos profetas (judaizantes) se confiaban
en la ‘carne’; Pablo se distanció de ellos, indicando que el verdadero siervo de Dios
piensa en forma muy diferente (2 Cor 11:22-30).

Pablo se gloriaba en su “debilidad” (‘astheneia’). ¿Por qué? Lo explica en 2 Cor


12:9-10. Por eso Dios le dio un aguijón en la carne (2 Cor 12:7). ¡Tenemos que
escoger entre querer sentirnos fuertes y capaces, o tener el poder del Espíritu
Santo!

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El ejemplo que Pablo presenta es de Cristo mismo (2 Cor 13:4); y el contexto es el
poder en la predicación (2 Cor 13:3). Cristo se ofreció a la muerte por el Espíritu
Santo (Heb 9:14). Tenemos que seguir ese ejemplo.

¡Lo que el ángel le dijo a María (acerca del nacimiento de Cristo) es lo que debe
pasar con todo predicador (Lucas 1:35)! Si queremos que algo “santo” nazca de
nuestro ministerio (como predicadores), tendremos que experimentar el poder del
Espíritu Santo viniendo sobre nosotros.

6. “VIVE UNA VIDA CONSAGRADA A DIOS”

Difícilmente experimentaremos el poder de Dios en la predicación si no vivimos


vidas consagradas a Dios. Él no usará instrumentos pecaminosos, llenos de malas
actitudes, motivaciones, comportamientos, etc.

Si el predicador desea ser un instrumento útil en las manos de Dios tiene que
cuidar su vida espiritual, y limpiarse de toda contaminación espiritual.

Conclusión

¿Por qué tantas de nuestras predicas son sólo ‘con palabra’, y no ‘con poder
espiritual’? ¿En qué áreas de nuestras vidas tenemos que dejar que Dios trabaje?