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MEDIO INFORMATIVO – FAU, UCV – JUNIO DE 2000

El valor documental de la Ciudad Universitaria de Caracas

SILVIA HERNANDEZ DE LASALA

La Ciudad Universitaria de Caracas en un conjunto autónomo dentro de la capital venezolana que


contiene en su interior muestras de la mejor arquitectura que hayamos proyectado y construido en el
país.

Me hubiera gustado que al menos unas pocas manzanas de la ciudad colonial caraqueña se hubieran
conservado relativamente intactas. Ellas nos hubieran podido contar cómo hacíamos los poblados en
esos años, cuál era su escala y la calidad de sus edificaciones, cuáles los materiales y técnicas
constructivas de entonces, cómo se vivía en esa época. No hubiera importado que el valor formal de
nuestras capitales y pueblos coloniales fueran escasos si se comparaban con las manifestaciones
urbanas que se produjeron en otras naciones latinoamericanas, era lo que teníamos, lo que fuimos, fue
el origen desde donde se partió para obtener logros posteriores. Una argumentación similar pudiera
esgrimirse acerca de otros periodos de nuestra historia pasada, porque para preservar la memoria de la
ciudad moderna todavía tenemos tiempo, aún podemos evitar que se extinga en el devenir de los
requerimientos cotidianos y que conservemos de ella apenas algunos monumentos puntuales que poco
nos dicen acerca de los procesos para llegar a ellos o de lo que ha sido la vida urbana moderna.

La Ciudad Universitaria de Caracas es un conjunto autónomo dentro de la capital venezolana que


contiene en su interior muestras de la mejor arquitectura que hayamos proyectado y construido en el
país. Este doble papel de organismo complejo de la vida urbana moderna nacional, contenedor a la vez
de verdaderas cimas de la arquitectura del siglo XX, constituye una de sus principales características,
que es necesario considerar seriamente en el momento en que se discuten las acciones que habrán de
regir el futuro de este conjunto.

Otra de las características más singulares de este complejo es la de su creación a lo largo de más de
tres décadas por un mismo arquitecto. Esta cualidad lo convierte en el documento fundamental para el
estudio y conocimiento de la obra de Carlos Raúl Villanueva, el arquitecto más importante que hemos
tenido en el país. Pero más allá del estudio de la obra de su autor, este documento guarda las claves
para la comprensión de un periodo de tiempo fundamental para la construcción de la modernidad
venezolana, que es necesario preservar como fragmento urbano capaz de permitir, a generaciones
futuras, realizar lecturas con mayor distancia y amplitud en las miradas. La Ciudad Universitaria de
Caracas es un monumento para la historia, no sólo para un futuro cercano, es un documento para los
siglos por venir.

Esta ciudad en miniatura posee una cualidad fundamental, la de narrarnos una historia de buen diseño
arquitectónico, pero también, permitirnos leer en sus edificios y espacios abiertos, la transformación de la
arquitectura moderna venezolana. Ésta evolucionó desde sus orígenes más ambiguos, en los primeros
planteamientos de conjunto en la Facultad de Medicina, hacia una racionalidad más decidida pero
incipiente todavía en la Facultad de Ingeniería, para alcanzar luego las manifestaciones más sublimes de
una arquitectura tropical latinoamericana en las obras de los años cincuenta.

La conservación para el futuro de esta ciudad en miniatura es fundamental para la historia nacional, sin
embargo, es necesario reconocer que no es una tarea fácil, por tratarse de un organismo vivo con
imperativos reales que requieren respuestas inmediatas a las cuales se sumarán las de aquellas
generaciones futuras que también permanecerán ancladas al devenir del conjunto.
Urbanidad

La Ciudad Universitaria de Caracas guarda en su interior algunas joyas de la arquitectura del siglo XX: el
corazón del conjunto, constituido por el lugar de la autoridad, la Biblioteca Central, las grandes salas
para las celebraciones y la plaza que las mantiene unidas; las edificaciones deportivas y las grandes
facultades que se proyectaron durante la década de 1950. Sin embargo, no creo que sea posible reducir
el valor de una ciudad en miniatura a la existencia de objetos valiosos, ya que lo que caracteriza
precisamente a una ciudad es su urbanidad, el hecho de alojar una comunidad que la habita de una
manera determinada, por esta razón, sus espacios abiertos constituyen también valores fundamentales
que es necesario preservar.

Los espacios urbanos de esta ciudad del saber muestran una manera muy particular de entender el
diseño urbano y una sensibilidad especial para interpretar el lugar tropical, las cuales se evidencian de
diferentes maneras: en la concepción de la forma de percibir las edificaciones a diferentes horas y
distancias; en el valor simbólico asignado a las obras dentro del campus; en las portentosas estructuras
para el desplazamiento de los habitantes, creadas para el disfrute de un caminar protegido; en el vínculo
que se estableció con el automóvil, tan importante hacia mediados del siglo pasado, en los simbióticos
lugares de encuentro del exterior y el espacio cubierto en donde se desenvuelve la vida más informal del
estar ahí, durante el tiempo entre las clases.

Es importante hacer énfasis, sin embargo, en que uno de los rasgos urbanos fundamentales de la
Ciudad Universitaria de Caracas, es precisamente la continuidad entre el adentro y el afuera, la
materialización del espacio fluido, sueño perseguido por las vanguardias del siglo XX y hecho realidad
con todo su esplendor en nuestro clima y paisaje, donde adquirió un carácter único gracias al
enriquecimiento que le aportan los tamices de luz, la concepción de la estructura, el manejo del color y la
presencia del arte.

La disyuntiva

Creo que no hay discusión cuando se plantea la necesidad de conservar la Ciudad Universitaria de
Caracas, el problema surge cuando se tratan de establecer los criterios para su preservación en el
futuro. Estos generalmente se radicalizan entre dos posturas opuestas: la primera de ellas, se
caracteriza por permitir la modificación y el cambio de los edificios y espacios que se consideran menos
significativos dentro del campus y conservar relativamente intactas las obras maestras, garantizando así
la preservación de los objetos arquitectónicos y vacíos principales pero permitiendo, a la vez, la huella de
los otros en las edificaciones y espacios menos importantes de la Ciudad Universitaria de Villanueva.
Esta visión daría lugar a un tejido complejo, mutante, donde destacarían los monumentos puntuales
existentes.

La segunda postura clama por la conservación del campus Villanueva de la forma más intacta posible,
como fragmento urbano en el cual los vacíos y edificaciones tienen un valor de conjunto indivisible. Esta
postura se apoya también en el hecho que el tamaño de campus actual es relativamente pequeño en
comparación con todo el terreno adyacente disponible, donde el presente y el futuro pueden urdir
nuevas, libres y complejas tramas que abrigarían un corazón moderno. Con esto se soslayaría,
simultáneamente, la amenaza de destruir, con las intervenciones de un futuro incierto, un fragmento
urbano consagrado, un patrimonio mundial.

Con la primera alternativa se privilegia el devenir que se manifiesta en un tejido donde hay elementos
puntuales de gran valor histórico, monumentos aislados en una trama mixta, compleja, con huellas
entremezcladas que el tiempo habrá de permitir. La segunda visión daría lugar a un fragmento de ciudad
preservado para el futuro, un documento que constituye a la vez un viaje, el del arquitecto en su
búsqueda de un espacio moderno tropical, latinoamericano, que caracteriza la arquitectura de su tiempo,
la evolución y la historia de un gran creador.

El futuro
En el momento en que se decide velar por el futuro de la Ciudad Universitaria de Caracas, creo que es
necesario aclarar, ¿qué es lo que deseamos? ¿Queremos solamente conservar los gran logros del
conjunto, las cimas de un proceso complejo y mantenido por medio siglo de la historia nacional y dejar
que el resto se disuelva en el devenir de intervenciones vinculadas a las vicisitudes del tiempo?, o será
mas bien que queremos asegurar para la historia, un proceso mediante el cual se alcanzó la excelencia y
que puede mantenerse como ejemplo del quehacer de un arquitecto, desde sus inicios más ambiguos
hasta el logro de una de las cimas más importantes de la arquitectura del siglo XX, el corazón de Ciudad
Universitaria de Caracas.

Las autoridades universitarias tienen en sus manos el futuro campus de la Universidad Central de
Venezuela, ese documento fundamental que narrará a los siglos por venir, cómo fue nuestra mejor
arquitectura del siglo XX, de qué manera estudiábamos, enseñábamos, nos reuníamos, recreábamos,
trasladábamos, conservábamos nuestro patrimonio. Diremos a los siglos por venir qué tan buenos
arquitectos logramos ser y cómo cuidábamos lo que era nuestro.