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NHC

Nueva
Historia
de Colombia

Director Científico y Académico


ALVARO TIRADO MEJÍA

Asesores
JORGE ORLANDO MELO
JESÚS ANTONIO BEJARANO
Plan de la obra

1 Colombia Indígena - Conquista y Colonia

2 Era Republicana

I Historia Política 1886-1946

II Historia Política 1946-1986

III Relaciones Internacionales, Movimientos Sociales

IV Educación y Ciencias, Luchas de la Mujer, Vida Diaria

V Economía, Café, Industria

VI Literatura y Pensamiento, Artes, Recreación


NHC
Nueva
Historia
de Colombia

VI Literatura y Pensamiento,
Artes, Recreación

PLANETA
Dirección del proyecto: Gloría Zea
Gerencia general: Enrique González Villa
Coordinación editorial: Camilo Calderón Schrader

Material gráfico: Museo de Arte Moderno de Bogotá, Museo Nacional, Museo 20


de Julio, Museo de Desarrollo Urbano, Biblioteca Nacional, Biblioteca de la Cancillería
en el Palacio de San Carlos, Archivo de la Cancillería, Hemeroteca Luis López de
Mesa, Academia Colombiana de Historia, Federación Nacional de Cafeteros, Museo
Numismático del Banco de la República, Fondo Cultural Cafetero, Biblioteca de la
Universidad de Antioquia, Biblioteca Pública Piloto de Medellín, Archivo FAES,
Archivo Nacional de Colombia, Sala de la Constitución de la Casa de Nariño, Centro
Jorge Eliécer Gaitán, UTC, CTC, CGT, CSTC, Centro Cultural Leopoldo López
Alvarez de Pasto, Cromos, El Tiempo, El Espectador, El Siglo, Revista Proa, Patronato
de Artes y Ciencias, Centro de Documentación Musical (Colcultura), Conferencia
Episcopal Latinoamericana, Archivo de la Catedral de Bogotá, CINEP, Cinemateca
Colombiana, Compañía de Fomento Cinematográfico Focine, Corporación Nacional
de Teatro, Teatro Popular de Bogotá, Corporación de Teatro La Candelaria, Fundación
Teatro Libre de Bogotá, Escuela Militar de Cadetes José María Córdova, Archivo
Melitón Rodríguez, Colección Pilar Moreno de Ángel, Colección Carlos Vélez, Ar-
chivo Planeta Colombiana.

Diseño: RBA, Proyectos Editoriales, S.A. Barcelona (España)


Investigación gráfica: Juan David Giraldo
Asistente: Ignacio Gómez Gómez
Fotografía: Jorge Ernesto Bautista, Luis Gaitán (Lunga), Arturo Jaramillo, Guillermo
Melo, Oscar Monsalve, Jorge Mario Múnera, Vicky Ospina, Carlos Rodríguez, Fer-
nando Urbina.
Producción: Osear Flórez Herreño
Impreso y Encuadernado por: Editorial Printer Colombiana Ltda.

©PLANETA COLOMBIANA EDITORIAL S.A., 1989


Calle 31, No. 6-41, Piso 18, Bogotá, D.E. Colombia

ISBN (obra completa) 958-614-251-5


ISBN (este volumen) 958-614-259-0

La responsabilidad sobre las opiniones expresadas en los diferentes capítulos de esta


obra corresponde a sus respectivos autores.
Sumario

Sumario
Introducción
Jorge Orlando Melo 5

1 Literatura y pensamiento. 1886-1930


Andrés Holguín Holguín 9

2 Literatura colombiana. 1930-1946


Juan Gustavo Cobo Borda 35

3 Literatura y pensamiento. 1946-1957


Luis Antonio Restrepo Arango 65

4 Literatura y pensamiento. 1958-1985


Luis Antonio Restrepo Arango 89

5 El periodismo en Colombia. 1886-1986


Enrique Santos Calderón 109

6 Cien años de arte en Colombia


Eduardo Serrano Rueda 137

7 Un siglo de arquitectura colombiana


Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez 181
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

8 Cien años de teatro en Colombia


Carlos José Reyes Posada 213

9 Historia del cine colombiano


Luis Alberto Álvarez Córdoba 237

10 La música de Colombia
Otto De Greiff Haeusler 269

11 La música en Colombia en el siglo XX


Hernando Caro Mendoza 273

12 La cultura popular colombiana en el siglo XX


Gloria Triana Varón 303

13 Humor regional en Colombia.


Prototipos, características y vertientes
Daniel Samper Pizano 327

14 El deporte en Colombia
Mike Forero Nougués 351

15 El ajedrez en Colombia
Boris De Greiff Bernal 391
Introducción 5

Introducción
Jorge Orlando Melo. muerte de Silva, en un trágico gesto, y
desde la época de Pombo, la poesía ha
sido una forma de arte muy propia de
los colombianos, buena parte de los cua-
Literatura y Pensamiento les aprende las fábulas de Pombo desde
la escuela y conoce al menos la obra
más popular de Silva, Valencia, Flórez,

E l último volumen de esta obra De Greiff, Barba-Jacob o Carranza. En


aborda temas que tradicional- la década de los veintes la novela abre
mente se han dejado por fuera de los un nuevo horizonte al país, que reco-
libros y tratados históricos, y que han noce sus conflictos y procesos de cam-
sido considerados como propios de estu- bio en las obras de Osorio Lizarazo o
dios especializados. La historia del arte, de Rivera. Los años posteriores a la se-
o de la literatura, por ejemplo, han sido gunda Guerra Mundial han visto un cre-
tema de importantes trabajos, pero no cimiento casi abrumador de la produc-
han formado parte de las historias gene- ción literaria, pero también un claro
rales del país. Por esto, su tratamiento afianzamiento de una calidad que per-
ha dejado de lado las relaciones, com- mite confrontar la obra de muchos co-
plejas pero indudables, entre las formas lombianos con la literatura universal.
del pensamiento y la actividad política García Márquez, por supuesto, resulta
o económica de la sociedad. En nuestra la más fuerte confirmación de lo ante-
época, cuando la ambición de los histo- rior.
no
Pero la historia de nuestra literatura
es sólo la de quienes han logrado el
riadores es rendir cuenta plena de la evo- reconocimiento amplio del público, y
lución de conjunto de una sociedad, de por ello las páginas siguientes atienden
la totalidad de las formas de manifesta- a esos autores de vanguardia cuyo in-
ción de la actividad humana, resulta in- flujo puede ser restringido pero pro-
completa una historia de Colombia que fundo y duradero, y a los escritores que
ignore estos aspectos. han tratado, en el ensayo social o filo-
La historia de la literatura comienza, sófico, de comprender los aspectos
como parece propio para la Colombia esenciales de nuestra nacionalidad. Ló-
de hace cien años, ante todo con la his- pez de Mesa, Fernando González, Ger-
toria de una nación de poetas: desde la
6 Nueva Historia de Colombia, Vol VI

mán Arciniegas, Hernando Téllez: su formaron los lenguajes y las técnicas,


obra recibe una necesaria inscripción en y el contenido expresado por telas y gra-
el horizonte de su tiempo, para poder bados, se modificó la relación entre el
señalar sus alcances y limitaciones. Las artista y su medio social: en estos cien
últimas décadas, por lo demás, mues- años el arte dejó de estar ligado necesa-
tran la creciente afirmación de una cul- riamente a la celebración y adorno de
tura literaria abierta al mundo, pero al edificios monumentales y significati-
mismo tiempo enfrentada a un país com- vos, para convertirse en un producto de
plejo y difícil: novelistas, poetas, ensa- consumo cultural privado, con un mer-
yistas atentos a todas las corrientes de cado comercial de una gran amplitud.
Europa o América, muchas veces tras- En forma paralela, la arquitectura,
humantes, pero que buscan comprender como profesión formal dejó de estar li-
y no idealizar a una Nación desgarrada mitada a las grandes construcciones pú-
pero creadora. blicas o religiosas, para contribuir a la
Buena parte de la visión que los colom- edificación, primero de las viviendas
bianos tienen de Colombia se ha for- privadas de los grupos sociales de mayo-
mado, hasta los años más recientes, a res ingresos y luego, con los conjuntos
través de la prensa. Si en el siglo XIX residenciales oficiales, de todos los gru-
su circulación reducida la hizo vehículo pos urbanos y a veces de amplios secto-
de los enfrentamientos políticos de la res rurales. La historia de la arquitectura
élite, ya desde las primeras décadas de colombiana corre parejas con la expan-
este siglo fue el agente principal de la sión de las ciudades y con el abandono
conformación de la ideología política de las estructuras urbanísticas tradicio-
de las clases medias. nales. En este proceso, las influencias
Para mediados de siglo, la lectura diaria de los cambios sociales han sido defini-
del periódico se había convertido en há- tivas, dan para conducir a la situación
bito irrenunciable de la mayoría de los contradictoria actual, donde coexiste
pobladores urbanos, y a veces parecía una arquitectura técnicamente avanzada
que el país no sólo se conocía a través y de alta calidad con una práctica mu-
de la prensa, sino que lo manejaban los chas veces rutinaria, e imitativa.
periódicos. Esta historia la narra, desde
dentro, un autor que puede reconocer El teatro tiene una larga tradición en el
los aportes de la prensa pero también país, y fue, como puede verse en este
advertir los procesos que amenazan su volumen, una de las formas favoritas
realidad contemporánea, tentada por el de diversión urbana en los comienzos
sensacionalismo y la trivialización, y de siglo. Pese a la competencia creciente
amenazada por los nuevos medios de del cine, y más recientemente, de la
comunicación. televisión, ha logrado desarrollarse, y
en los últimos años un conjunto amplio
Las artes y la recreación de directores de primera calidad ha man-
tenido un nivel creativo que continúa
El examen de la evolución de las artes garantizando su supervivencia. Aunque
colombianas durante la última centuria desplazado como forma masiva de co-
resulta sorprendente y revelador. Han municación y entretenimiento, su im-
sido años de una rápida transformación pacto sobre grupos reducidos pero signi-
de los lenguajes expresivos y de ruptura ficativos es innegable: los medios uni-
y desintegración de las convenciones versitarios, ciertos sectores sindicales,
académicas. De la exposición de Bellas algunas barriadas con alta cohesión pa-
Artes de 1886, extensa y abrumadora, recen constituir públicos de elección
en la que todavía aparecía como válida para un teatro que quiere ser crítico y
la copia de los cuadros famosos de Eu- al mismo tiempo estéticamente válido.
ropa, a la multiplicidad de formas de
expresión de los pintores y escultores Fue el cine la forma de expresión triun-
de los últimos años, el arte ha cambiado fante durante las décadas que siguie-
considerablemente. Y así como se trans- ron a 1920. Aunque el público ha visto
Introducción

ante todo un cine extranjero, desde país. En claro contraste con el universa-
la segunda década del siglo han sido lismo de la llamada música culta, se
muchas, muchas más de lo que cual- presentan las diversas manifestaciones
quiera creería, las películas hechas en de la cultura "popular": en estas páginas
Colombia. María, Aura o las violetas, aparece una descripción muy ilustrativa
tantas obras literarias, hasta el reciente de algunos aspectos de ella, en particu-
Cóndores no entierran todos los días: lar su expresión en fiestas y danzas de
en ellas se encuentra la historia de la grupos indígenas del país, o de celebra-
búsqueda de un cine propio. ciones colectivas como los carnavales
Otras formas de expresión de la crea- de Barranquilla.
tividad reciben atención en estas pági- Por último, no podía faltar en esta
nas. Por una parte, la música, cuyos Nueva historia una visión del humor na-
caracteres la alejan de todo naciona- cional y sus características, ni' el re-
lismo radical, es en buena parte la his- cuento de la vida deportiva, que tantas
toria de quienes incorporan al país los implicaciones ha tenido y tiene a todo
lenguajes universales; sin embargo, la nivel en nuestro país. Se cierra así, un
creación nacional es destacada, aunque panorama de las letras y las artes que
no constituye aún una actividad conti- incluye también, como expresión crea-
nua y atendida por los aficionados del tiva, la recreación.
Capítulo 1 9

Literatura y pensamiento.
1886-1930
Andrés Holguín cia paganizante, un renovado culto al
cuerpo humano, que se aprecian en la
escultura y también en la literatura; y
Antecedentes literarios vueltos hacia la antigüedad griega y
romana, reviviéndola más que copián-

L a literatura nace, en la geografía dola, ya hay en Italia figuras como Pe-


que hoy es Colombia, como una trarca y Botticelli, como Maquiavelo y
débil prolongación —un eco apenas, Galileo.
un apéndice— de aquello que era la Para entonces, España prolonga,
literatura de España en uno de sus ins- penumbrosamente, su dilatada Edad
tantes más brillantes y sobrecogedo- Media, hasta el punto de que muchos
res. Si el siglo XV fue, en su final, el se han preguntado, con razón, si existe
del asombroso descubrimiento de un verdadero renacimiento en aquella
América y allí mismo empezó la gesta cultura que, demasiado aferrada to-
de la Conquista, de tanta gloria para davía a los modelos religiosos —en
los españoles como de tanto infortunio contraste con el resto de Europa—, no
y desamparo para los indígenas, los si- avanza con la ciencia del momento
glos XVI y XVII representan, por exce- —piénsese en la astronomía—, no ha
lencia, la llamada «edad de oro» de las regresado al culto del cuerpo humano
letras hispánicas. y a la sensualidad que ello supone, y
El Renacimiento había llegado tar- cuya literatura es, en las postrimerías
de, sin embargo, a España; y si, en las del siglo xv, sustancialmente medioe-
letras concretamente, Italia ya era ple- val, como en el caso de ese gran poeta,
namente renacentista durante los si- don Jorge Manrique, autor de las «co-
glos XIV y XV, ese fenómeno no se ha- plas» a la muerte de su padre don Ro-
bía extendido todavía a la península drigo.
ibérica. Ciencia nueva, «cosmos» nue- Pero si este soplo italianizante del
vo y, sobre todo, un hombre nuevo Renacimiento llega tarde a España, y
habían ya surgido en Italia; y sus pen- sus primeros brotes son ya los que
sadores, novelistas y poetas tienen ya aparecen bien entrado el siglo XVI, con
el sello inconfundible de la nueva Garcilaso y Boscán, bajo el gobierno
edad. Hay un aire nuevo, una tenden- imperial de Carlos V, se prolonga lue-
10 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

La madre Francisca llevaban consigo. Y el hombre nuevo


Josefa del Castillo que ha aparecido no sólo es dubitativo
y Guevara (1671-1742), y pesimista, sino que vive, en carne
escritora y poetisa propia, como don Francisco de Que-
tunjana. Sobresale
en la literatura vedo, toda la crisis, la decadencia y el
colombiana morir de España que se avecinan. El
especialmente por gran poeta lo experimenta todo por
su autobiografía anticipado. Es la época de Cervantes.
(Grabado de Peregrino Y es también la de Shakespeare. Y, en
Rivera Arce,
"Colombia Ilustrada", lo concerniente a las letras castellanas,
1890). son las dos vertientes en que se abre
el Barroco: el culteranismo de don
Luis de Góngora, y el conceptualismo
del mismo don Francisco de Quevedo,
que en prosa como en verso expresa la
dualidad de su temperamento y los
contrastes que se transparentan en su
época y en su obra. Ese doble movi-
miento barroco, muy característico del
siglo XVII de una España que ya vis-
lumbra su ruina, se cierra admirable-
mente con una poderosa figura del
teatro, don Pedro Calderón de la Bar-
ca, que si se emparenta con Shakes-
peare (el paralelo de Hamlet y Segis-
mundo, con sus dos monólogos, es un
lugar común de la literatura), de otra
parte retorna cristianamente al ideal
go en una literatura polifacética, que de los «autos sacramentales» que vie-
a finales de ese siglo se desdobla pa- nen a culminar, en cierto modo, con
radójicamente en el movimiento de la su El gran teatro del mundo.
mística (con figuras tan notables en
la prosa como fray Luis de León y Los vagos comienzos
en la poesía con el extraordinario Cán-
tico espiritual de san Juan de la Cruz), Vagas resonancias de todo ello fueron
para vivir o revivir, en forma dramá- lo que llegó hasta nosotros durante los
tica, los comienzos de la decadencia largos y opacos siglos de la Colonia,
española, ya bajo el cetro sombrío de hasta el punto de que son muy pocas
Felipe II. El tránsito de un siglo al las figuras notables que logran seguir
otro, del XVI al XVII, señala un cambio las huellas a los grandes genios del Re-
de rumbo: es el paso del clasicismo se- nacimiento español. En el caso de la
reno y triunfante al barroco agónico. Nueva Granada, apenas merece una
El Renacimiento mismo ha hecho cri- mención la monja Castillo, más por su
sis para buscar, desde las entrañas de autobiografía que por sus débiles ver-
España, a ese hombre nuevo que es, sos; y bien vale la pena subrayar la im-
en buena medida, Lope de Vega, pero portancia excepcional que tiene un
que lo son a cabalidad no sólo don Mi- original y hermético poeta, discípulo
guel de Cervantes sino su héroe de- de Góngora, es cierto, pero que, tanto
mencial y triste, melancólico y nostál- en breves como en extensísimos poe-
gico, patética figura de una nueva mas, da la medida de un talento lírico
edad que surge entre derrotas y bru- excepcional: es Hernando Domínguez
mas. Atrás quedaron clasicismo y Re- Camargo. Y, sin otras creaciones de
nacimiento; y atrás quedaron, sobre mérito especial, se llega pronto a la
todo, la confianza y la serenidad que época de la Independencia y, algo más
Capítulo 1 11

tarde, a la renovación literaria que im-


plica el romanticismo. Lo que queda
atrás, o sea, los finales del siglo XVIII
y una buena parte del siglo XIX, tiene
los límites y la marca pobre de un
«costumbrismo» sin verdaderas pro-
yecciones estéticas. Y el marco fijado
para este comentario literario —en
particular sobre la poesía— es otro: es
el comprendido entre el año de 1886,
que coincide con una nueva forma de
gobierno y una nueva constitución po-
lítica, y el de 1930 cuando, llegado el
partido liberal al gobierno, la totali-
dad de las estructuras del país empie-
zan a modificarse radicalmente, con
un cambio de mentalidad que se hará
muy visible en las artes y en las letras.

Literatura frente a la tierra


y la historia
Antes de entrar en el estudio de aquel
lapso (1886-1930), y a fin de poder
analizarlo adecuadamente, es preciso
aludir a una tendencia muy arraigada
en la literatura colombiana, que va a
marcar diversas épocas pero tal vez de
la manera más notoria el período men-
cionado. Me refiero al aislacionismo y
al subjetivismo del escritor colombia-
no. Es un fenómeno que podría pa- factores externos que, en cierto modo, Hernando Domínguez
reder paradójico —casi incomprensi- juegan con el artista y con su supuesto Camargo (1606-1659),
ble—, pero no por ello menos real. Y poder creativo. Lo cierto es que todos, poeta gongorino y
culterano de talento
es factor que no puede dejar de te- en una u otra forma, hacemos parte de lírico excepcional,
nerse en cuenta, pues es una de las lí- este todo mayor que es la colectividad, autor del "Poema heroico
neas directrices de nuestra cultura, al la cual explica al individuo y no a la San Ignacio de
menos en ese tiempo: los finales del inversa. Este concepto puede conducir Loyola", publicado
siglo XIX y las tres primeras décadas a la hermosa tesis del «unanimismo» en Madrid en 1666.
Nacido en Santafé,
del siglo XX. Véase lo que ocurre. de Jules Romains o, en otra área del este poeta tiene una
Con base en la doctrina positivista pensamiento, a la hipótesis de un «in- importancia
(Augusto Comte en la filosofía; Hi- consciente colectivo» tal como fuera indiscutible
pólito Taine en su aplicación al arte) formulada por Freud y Jung, para des- en las letras
cubrir los recónditos impulsos que castellanas del
y, luego, con la más fundamentada del siglo XVII.
materialismo histórico (Marx, En- mueven al grupo social, inclusive para
gels), se ha sostenido habitualmente forjar sus leyendas y sus mitos, y que
que el arte, y con éste la literatura, son mueven paralelamente al individuo;
el resultado necesario, por no decir fa- en este caso especial, al escritor. Todo
tal, de las circunstancias históricas en ello es lo aceptado; y afirmar lo con-
que ese arte se desenvuelve, como fru- trario parecería una insólita herejía.
to de la vida social, política y econó- Más aún: desde hace ya muchos
mica del respectivo país. Es decir, que años se ha venido sosteniendo la tesis
la creación literaria está condicionada, del artista «comprometido», no sólo
o determinada, por un conjunto de como un ideal en el caso del novelista,
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
12

del ensayista y del poeta, sino como Esa actitud del escritor colombiano
algo de lo cual es imposible escapar: —evasiva o subjetiva—, que se evi-
el escritor es eco o portavoz de su dencia en formas literarias tan disí-
pueblo, de su generación, de su tierra miles como el cuento, la novela y la
misma. poesía, viene de atrás. El ejemplo más
Y, sin embargo... Sin embargo, al notorio es el de la época de la Inde-
menos en el caso colombiano y en el pendencia. En un momento de tal
breve lapso de tiempo del que se ocu- trascendencia histórica, el de la rup-
pa este estudio (1886-1930), el fenó- tura del régimen colonial, la poesía co-
meno se presenta con notas muy di- lombiana no encontró quien cantara
ferentes. ¿Una es acaso la teoría, apli- ese episodio heroico, ni quien canta-
cable a casos recientes (Picasso, Mi- ra dignamente a Bolívar y su gesta
Aviso publicitario guel Hernández, Pablo Neruda...) y emancipadora. Era una época román-
de la Librería otra, muy distinta, la situación que ha- tica, como eran románticos sus pen-
Torres Caicedo, bitualmente puede comprobarse en las sadores y sus héroes. Nótese cómo el
publicado en
"El Heraldo". letras colombianas, y, de manera muy romanticismo aparecerá mucho más
de Bogotá, 1892. especial, en ese período que va de la tarde en nuestras tierras, hacia la mi-
época de la Regeneración hasta el as- tad del siglo XIX; cómo el cantor de
censo del partido liberal al poder en Bolívar, Miguel Antonio Caro, co-
1930? rresponde a una época ya muy distan-
Lo cierto es que, al releer y analizar te de la epopeya de la independencia;
la literatura colombiana correspon- y, sobre todo, cómo los poetas de la
diente a ese período de cuarenta y cin- generación libertadora —como Luis
co años, la realidad del país no apa- Vargas Tejada— se mantienen toda-
rece por parte alguna —salvo mínimas vía dentro de una vertiente costum-
excepciones—, y de ninguna manera brista muy pobre (Las convulsiones) o
podría afirmarse que los escritores de dentro de formas literarias que son
esa época —novela, cuento, poesía— apenas una débil prolongación de la
hayan reflejado, paso a paso, así sea retórica del siglo XVIII.
diseñando vagamente, los cambios su- Nótese cómo otro tanto ocurre con
fridos por el país, sus abruptas o la generación del 1885-1886. Se trata
cruentas transformaciones, sus gue- de otra época decisiva para el país.
rras civiles, sus metamorfosis políti- Éste se transforma notoriamente. En-
cas, económicas, sociales... Nada de frentamientos políticos e ideológicos
ello es tema central de la literatura. en todas partes; guerra civil de 1885;
Ése es el hecho. Y es un hecho que cambios sociales y políticos profun-
reclama una clara interpretación: ¿au- dos. El sistema federalista, que quedó
sentismo? ¿evasión? ¿subjetivismo? plasmado en la Constitución de Rio-
¿alejamiento voluntario de una reali- negro de 1863, entró en quiebra y cri-
dad inmediata que, muchas veces, re- sis definitivas. Era una utopía, una
sulta agobiadora o traumática? ¿o es hermosa pero delirante utopía políti-
una realidad que no es juzgada como
objeto propio del arte? ¿o es el anhelo ca. El sistema federalista, con sus go-
bernantes autónomos en los territorios
de lograr una obra literaria más per- que hoy constituyen, aproximadamen-
durable y trascendental? ¿o es acaso te, los respectivos departamentos, do-
una reacción, en profundidad, frente a
las anteriores formas del costumbris- tados de ejército propio y política,
mo local? Muchas pueden ser las in- moneda y leyes locales, desarticuló a
terpretaciones, o las hipótesis. Pero el la nación, llevándola hasta la más caó-
hecho mismo está a la vista: la falta de tica de las situaciones. De ahí la im-
concordancia, incluso de comunica- periosa necesidad de un cambio. Ese
ción, entre una dura realidad del país cambio, que reunificó a una nación
y la desenraizada actitud de sus escri- antes atomizada en inútiles feudos, es-
tores. tableciendo un régimen presidencial
muy fuerte, una pálida «descentrali-
Capítulo 1 13

zación administrativa» y un vigoroso en la época de la Independencia. Para


centralismo político, que todavía im- bien o para mal: ése es el hecho desde
pera entre nosotros, fue lo que quedó el punto de vista literario. Ajena por
estructurado en una nueva Constitu- completo a esos cambios políticos y a
ción, la de 1886, como resultado de un catástrofes tan tremendas como dos
amplio movimiento político, el de la guerras civiles, abrumadoras, y la mu- Miguel Antonio Caro
Regeneración, y el de una alianza de tilación del territorio, la lírica está (1843-1909),
dos alas de los partidos tradicionales, buscando sus propios y personales de- excelente traductor
el liberal (con Rafael Núñez) y el con- rroteros. Dentro de ellos, vamos a en- latino y prosista,
servador (con Miguel Antonio Caro). contrar —no hay que dudarlo— vetas cantor de Bolívar
No fue la revolución que necesitaba, y y miembro destacado
prodigiosas, minas sorprendentes. La del movimiento
acaso sigue necesitando, el país incon- incomunicación entre la realidad que regeneracionista:
forme; pero fue la búsqueda de una vive el país y la lírica que es creada en "No fue la revolución
solución aceptable para los partidos y aquellos años permite afirmar, por que necesitaba,
para la nación, más una solución pac- una parte, que sus poetas no dan tes- y acaso sigue
tada desde lo alto que un acuerdo po- necesitando, el país
timonio alguno de su tierra y de su his- inconforme, pero
pular, de raíz, al que jamás se ha lle- toria; y, por otra, que la poesía misma fue la búsqueda
gado. Sea de todo ello lo que fuere, el cobra un vuelo excepcional, al menos de una solución
país cambió de fisonomía; si retroce- en los versos de algunos vates sor- aceptable para los
dió en algunas cuestiones fundamen- prendentes. partidos y para la
tales —como la nueva alianza del go- nación..." (Óleo de
En una «reflexión final», al término Ricardo Gómez
bierno con la Iglesia católica y la pro- de mi Antología crítica de la poesía co- Campuzano, ca. 1938,
longación de un deplorable «status» lombiana (1974), ya me planteaba el Biblioteca Nacional).
para los indígenas y sus tribus—, en
muchos otros aspectos se metamorfo-
seó favorablemente. La unificación
del país; la implantación de leyes co-
munes; la coordinación de unas fuer-
zas armadas antes dispersas; la for-
mación de una política civil (a cuyo ré-
gimen ideal habrá que regresar algún
día no lejano), y numerosas reformas
económicas, todo ello produjo cam-
bios muy significativos en nuestra his-
toria, en nuestras costumbres, en
nuestra economía. Infortunadamente,
dos hechos funestos señalan la termi-
nación de un siglo y el comienzo de
otro: una nueva y desastrosa guerra ci-
vil (la llamada de «los Mil Días») y la
separación de Panamá; mejor dicho,
el infame zarpazo que Theodore
Roosevelt, en nombre del imperialis-
mo, dio a una parte indefensa de nues-
tro territorio, para adueñarse del ist-
mo. Pocas veces se han conjugado, en
forma tan perfecta, la audacia del in-
vasor con la ineptitud del ofendido,
nuestro país gobernado por el señor
Marroquín, autor de La perrilla.
Mientras todo ello ocurre en nues-
tra nación, ¿en qué se halla empeñada
nuestra poesía? Está, sin duda, por
otros rumbos. Ése es el hecho, como
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
14

grave interrogante: el que alude a la


existencia (inclusive a la posibilidad)
de una auténtica poesía colombiana.
Y allí, tras aludir a algunas pocas ex-
cepciones, indicaba que en la mayor
parte de nuestros poetas la tierra co-
lombiana, y todo lo que ella implica,
era la gran ausente. Señalé allí tam-
bién que no se conoce mucho mejor a
Colombia después de recorrer las pá-
ginas de sus poetas; que nuestros líri-
cos, actuando en áreas muy dispares,
no tienen un lenguaje común, o un co-
mún denominador lírico; y que su poe-
sía es, en general, «desenraizada»,
como desligada del terruño y del habla
y de los modismos locales, con la evi-
dente excepción del poeta cartagenero
Luis Carlos López. Señalé también
que otro tanto ocurre con la historia:
y que no sólo el mundo precolombino
está ausente —al contrario de lo que
sucede en México y en el Perú—, sino
que nuestra lírica ha sido creada al
margen de la historia, y de ahí que los
graves problemas colectivos, incluso
los coetáneos al poeta, como las gue-
rras y la violencia, la erosión de las tie-
rras o el hambre, los conflictos de los
campesinos o de los indígenas, no apa-
recen reflejados, vivenciados en sus
poemas. El poeta colombiano no ha
sido «él y su circunstancia», para em-
plear la expresión de Ortega, y de ahí
la dificultad de hablar de una verda-
dera «poesía colombiana». Ésta se in-
serta, en mejor forma, dentro del con-
texto de la poesía hispanoamericana o
Portada de "María"
(México, Viuda de Ch.
dentro de las vertientes de las diversas
Bourel, 1928 - Fondo escuelas poéticas. Los hechos señala-
Cultural Cafetero) y dos no implican, obviamente, un con-
Jorge Isaacs, foto de cepto de «valor» sobre la poesía co-
Paredes, de 1867, año lombiana. Me he limitado a la com-
en que se publicó la
primera edición de probación de un hecho.
la novela. Lo cierto es que el poeta colombia-
El romanticismo se no se ha vuelto sobre sí mismo —ésa
produce tardíamente es su actitud habitual— y, a través de
en Colombia y se
prolonga también una interioridad muy rica, con una
hasta época sensibilidad agudísima y una visión
muy avanzada, tanto muy personal de hombre y mundo,
en novela como nos ha entregado —en sus mejores
en poesía.
instantes— una poesía intensa, subje-
tiva, emotiva; sin duda, perdurable.
Los poetas colombianos han escrito
Capítulo 1 15

más sobre ellos mismos que sobre la José Eusebio Caro


naturaleza que nos rodea, sobre los (1817-1853),
hechos sociales o sobre la historia iniciador de la poesía
romántica en el país,
—lejana o inmediata—. Ésa ha sido con composiciones
—me parece— su actitud más carac- como "En altamar",
terística, su nota distintiva. "Despedida de la
patria" y
"Estar contigo".
El romanticismo. Rafael Pombo y
otros poetas
El romanticismo aparece muy tardía-
mente en Colombia y se prolonga, de
manera insólita, hasta épocas muy
avanzadas. Este fenómeno, que se evi-
dencia en la narrativa, ya que la María
de Jorge Isaacs aparece en 1867 (que-
dando por fuera de nuestro estudio,
que parte de 1886), es especialmente
significativo en el área de la poesía. El
juego cronológico resulta, aquí, des-
concertante. La palabra «romántico»
fue forjada por Juan Jacobo Rousseau
en 1765 cuando, al pasearse cerca del
lago de Bienne (Suiza), lo describe
como novelesco (roman-tique). El mo-
vimiento poético así denominado se Rafael Pombo
incuba ya en las postrimerías del siglo (1833-1912), muy
XVIII, especialmente en Alemania e In- conocido por sus
glaterra, y obviamente sirve de preám- "Fábulas y verdades",
bulo a la Revolución francesa de 1789, "Cuentos pintados" y
así como al movimiento de indepen- "Cuentos morales
para niños formales",
dencia de los Estados Unidos. Desde es autor de poemas
esos cuatro polos culturales, el roman- perfectos, como
ticismo poético se extiende pronto por "Noche de diciembre",
todo el mundo. Mientras triunfa de- "Preludio de primavera"
cisivamente en Francia en las primeras y "Hora de tinieblas".
décadas del siglo XIX con Víctor Hugo, Con él, la poesía
romántica llega a
Lamartine, Vigny y Musset, Colombia su perfección
se mantiene todavía, en ese mismo en Colombia.
lapso, dentro de moldes neoclásicos,
como ya lo subrayé en el caso de Var-
(1817-1853); llegará a su plenitud con
Rafael Pombo; y se prolongará, en ver-
tientes decadentes, hasta la muerte de
Julio Flórez en 1923. Son más de se-
tenta años de poesía romántica, expre-
sada en versos que se desenvuelven en
muy distintos niveles. Pero, en el pe-
ríodo que nos concierne, sólo una gran
voz romántica en realidad: la de
presada en versos que se desenvuelven
en muy distintos niveles. Pero, en el
período que nos concierne, sólo una
gran voz romántica en realidad: la de
16 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

Rafael Pombo, que no es sólo el mejor La compleja personalidad de Pom-


poeta del romanticismo hispanoame- bo le lleva a veces a éxtasis místicos,
ricano, sino el mejor del romanticismo como en su soneto «De noche»; otras
en lengua española. Al lado suyo, apa- veces, a hermosos raptos de amor,
recen como poetas muy menores los como en «Preludio de primavera»;
otros románticos latinoamericanos, lo pero también su espíritu se siente pe-
mismo que los de España (Espronce- netrado por las más sombrías dudas y
da, el duque de Rivas, Carolina Co- es entonces cuando aparece un poeta
ronado, Núñez de Arce, incluso Gus- rebelde y blasfemo, que lanza impre-
tavo Adolfo Bécquer). De la obra de caciones sobre la existencia y contra
Rafael Pombo, demasiado vasta, se- Dios, de la manera más desgarrada.
Diego Fallon guramente por falta de sentido auto- Así ocurre en el gran poema de Pom-
(1834-1905), crítico, como ocurrió con frecuencia bo titulado «Hora de tinieblas», algu-
cantor de la luna.
en otros grandes románticos, perdu- nos de cuyos fragmentos resultan en
ran unos pocos, prodigiosos poemas. verdad estremecedores:
Se trata de unos cuantos poemas ex-
traordinarios por su confesión perso- ¡Oh qué misterio espantoso
nal, muy auténtica, por la intensidad es éste de la existencia!
de la emoción, por la insólita belleza ¡Revélame algo, conciencia!
del lenguaje musical, por los proble- ¡Habíame, Dios poderoso!
mas trascendentales que, con frecuen- ¿Por qué vine yo a nacer?
cia, suscita, a través de estrofas inol- ¿Quién a padecer me obliga?
vidables. ¿Quién dio esta ley enemiga
El mejor poema de Rafael Pombo de ser para padecer?...
Joaquín González es, sin duda, su «Noche de diciem-
Camargo (¡865-1866), bre», cruzado de amor y de hondas an- Las décimas, al estilo de Calderón
perfección formal. gustias. Es un poema asombrosamen- de la Barca en La vida es sueño, se en-
te perfecto, inspirado por un profundo trelazan en una serie de preguntas y
amor: dudas que conmueven, pues son las
que el hombre se ha planteado, sin
Noche como ésta, y contemplada respuesta posible, desde el comienzo
[a solas, de los tiempos:
no la puede sufrir mi corazón:
da un dolor de hermosura irresistible, Oh Adán, ¿cuándo estuve en ti?
un miedo profundísimo de Dios... ¿Quién te dio mi alma y mi pecho?
Mira ese cielo... Es demasiado cielo ¿Quién te concedió el derecho
para el ojo de insecto de un mortal: de que pecaras por mí?...
José María Rivas Groot refléjame en tus ojos un fragmento
(1863-1923) que yo alcance a medir y a sondear... Son pocos los poemas de Rafael
autor del poema Pombo que perduran por su frescura,
"Constelaciones". Un poema que debe ser leído y ad- su emoción y su hondura lírica. Pero
mirado en su totalidad. Sin embargo, con esos pocos resulta suficiente. Y
existen otros casos en los que Pombo ocurre con este poeta que general-
solamente tiene aciertos fragmenta- mente se le admira por lo que no es.
rios, como en el poema titulado Se le admira por las fábulas y cuentos
«Siempre», en el cual se encuentra pintados que, en su mayor parte, son
esta bellísima estrofa: traducciones o adaptaciones del in-
glés. O se le admira por poemas seu-
Voy hacia atrás pisada por pisada, doépicos (ése no era su talante) y por
recogiendo el rumor de nuestros pies, poemillas folclóricos. Todo ello debe
repensando un silencio, una mirada, dejarse de lado y relievar, más bien,
Candelario Obeso un toque, un gesto... tanto que fue los seis u ocho poemas conmovedores
(1849-1884), [nada que Pombo escribió en verdaderos ins-
inaugura la poesía y que un diamante hoy es. tantes de inspiración y de sobrecogi-
negra en Colombia.
Capítulo 1 17

miento, experiencias tan hondamente


vividas que todavía hoy se transmiten
al lector con igual energía.
Al lado de José Eusebio Caro, an-
tes, y de Rafael Pombo, después (ellos
representan, ejemplarmente, los dos
ciclos de nuestra poesía romántica),
los demás poetas del romanticismo co-
lombiano desmerecen mucho. Don
Rafael Núñez —más importante en la
política que en la poesía— escribió
versos duros y sin emoción, que no lo-
gran rozar —como él pretendió— la
frontera de la filosofía; Epifanio Mejía
—frustrado, demencial, fracasado—
dejó su hermoso canto a la raza antio-
queña; Diego Fallon cantó a la luna,
en estrofas que oscilan entre un ro-
manticismo tardío y un naciente par-
nasianismo, por la perfección que bus-
có en cada uno de sus cuartetos luna-
res; Gutiérrez González se expresó ro-
mánticamente, con más sentimentalis-
mo que acierto lírico («Auras»,
«Julia»)...; muchos otros versificaron,
dentro del ámbito romántico, con de-
sigual fortuna. Pero vale la pena des-
tacar el caso de un poeta que muere
muy joven (1865-1886), Joaquín Gon-
zález Camargo, que, en su muy breve
obra, deja dos bellos poemas («Viaje
de la luz» y «Estudiando») que, lo mis-
mo que el poema «Constelaciones» de Rafael Núñez
José María Rivas Groot (1863-1923), (1825-1894),
"más importante en
buscan formas más perfectas y traba- la política que en
jadas de expresión poética. Y, al lado la poesía, escribió
de ellos, ocupando un puesto aislado versos duros y sin
dentro de nuestra lírica romántica, emoción, que no
aparece Candelario Obeso, muerto logran rozar
-como él pretendió-
trágicamente en 1884, quien inaugura la frontera
la poesía de color en Colombia. Es, de la filosofía."
por lo tanto, un precursor. Un pre-
cursor de excelente calidad. Hace
«poesía negra» con gracia y hondura.
Por primera vez emplea, en nuestra lí-
rica, el habla negra de nuestras costas
y de los bogas del río Magdalena. Su Epifanio Mejía
«Canción del boga ausente» es justa- (1838-1913).
"Frustrado,
mente célebre: demencial,
fracasado,
dejó su hermoso
Qué trijte que ejtá la noche, canto a la
la noche qué trijte ejtá: raza antioqueña
no hay en er cielo una ejtreya... ('Antioquia o
la mano de Dios')."
Remá, remá...
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
18

Final de siglo y comienzo de otro.


José Asunción Silva y Guillermo
Valencia
Dejando de lado el romanticismo,
hay que considerar lo que ocurre, res-
pecto de la poesía, en las postrimerías
del siglo XIX y los comienzos del siglo
XX. José Asunción Silva se suicida en
mayo de 1896 a los treinta años de
edad. En ese mismo año había escrito,
de su puño y letra, su Libro de versos:
es su testamento poético que, infor-
tunadamente, los recopiladores pos-
teriores no han respetado, pues —con
el ánimo de editar la «obra comple-
ta»— han agregado textos discutibles,
poemillas de infancia, versos de cir-
cunstancias, es decir, todo lo que el
poeta mismo repudió de modo explí-
cito, a mi entender. No han faltado,
así, quienes se dediquen a hacer muy
voluminosas «obras completas» de Sil-
va (Instituto Caro y Cuervo, Colcul-
tura, etc.), cuando lo necesario es pre-
cisamente proceder a la inversa, o sea,
seleccionar cuidadosamente los pocos
poemas realmente perdurables, con-
movedores, que aparecen en el céle-
bre Libro de versos. Ningún poeta co-
lombiano nos lega un gran número de
poemas «inmortales». El caso de Pom-
bo es bien significativo. Y lo mismo lo
José Asunción Silva
(1865-1896) y
es el caso de José Asunción Silva, del
Guillermo Valencia cual perduran, a no dudarlo, como re-
(1873-1943), sultado de una de las sensibilidades lí-
El primero, antes ricas más hondas, unos cuantos poe-
de suicidarse, había mas incomparables: Los «Nocturnos»,
escrito de su puño
y letra su "libro de «Crepúsculo», «Estrellas»..., «Mid-
versos", verdadero night Dreams», «Triste», «Los made-
testamento poético. ros de San Juan»... muy poco más. Es
Dos años después, lo esencial, lo esencial de su misterio-
Valencia irrumpe sa, conmovedora, desolada poesía.
innovadoramente
en la poesía del país Dos años después (1898), Guillermo
con su libro "Ritos" Valencia irrumpe en las letras nacio-
de estilo nuevo nales con un primer volumen de poe-
y muy original sías que, complementado con otros
para la época. versos, será su célebre tomo Ritos, pu-
Significativamente,
ningún poeta blicado luego en Londres (1914). La
colombiano deja un poesía de Valencia revela, entonces,
gran número de un estilo nuevo, muy original para la
poemas "inmortales": época, versos logrados estéticamente,
ni Silva, ni Pombo, muy depurados, despojados del sen-
ni Guillermo Valencia.
timentalismo propio de la era román-
Capítulo 1
19

Banquete en homenaje
al poeta Guillermo
Valencia, en Bogotá,
noviembre de 1932.
Lo acompañan Mariano
Ospina Pérez,
Baldomcro Sanín Cano,
el presidente
Enrique Olaya Herrera
y Tancredo Nannetti.

tica, tocados de elegancia verbal y vislumbra desde su abismo psicológi-


también afectados de cierta elocuencia co. Valencia es todo lo contrario: es
como en su notable «Anarkos». Si Sil- un poeta narrativo o descriptivo, que
va es un poeta intimista (como en su muy poco nos habla de él mismo. Su
«Nocturno» Una noche...), Valencia tema no es, evidentemente, Guillermo
es objetivo y descriptivo. Valencia re- Valencia. Cigüeñas, centauros (como
sulta deslumbrante en varios de sus cisnes y princesas lejanas en Rubén
grandes cuadros poéticos, como en Darío), o Erasmo o César. Todo ello
«Cigüeñas blancas», en «San Antonio resta calor y emotividad a sus poemas,
y el Centauro» y en «Los Camellos». que pueden ser, hoy, más admirados
Pero, con frecuencia, Valencia resulta que compartidos. De todos modos,
hoy un tanto frío o académico, más con Valencia se inaugura una nueva
anecdótico que estremecedor. Su obra era en la poesía colombiana: va a ser
adolece de cierta «retórica», la pro- la época modernista. Y él, Valencia,
pia del modernismo que entonces se va a convertirse en el «maestro» por
difundía por toda Hispanoamérica, excelencia, para varias generaciones.
encabezado genialmente por el ni- Sus poemas, sus prosas, sus discursos
caragüense Rubén Darío. Valencia colmarán todo un ciclo de la vida na-
explora las nuevas riquezas del len- cional, imponiendo su sello, su gusto,
guaje modernista, sus metáforas, sus su estética. A Silva hay que estudiarlo
temas exóticos o históricos. Rara vez en el instante dramático de su muerte.
Valencia se vuelve sobre sí mismo y, A Valencia, en la plenitud, un tanto
sin embargo, es en esos momentos ex- paganizante, de su existencia. La clave
cepcionales cuando crea algunos de de Silva está, a mi modo de ver, en las
sus poemas más perdurables para causas recónditas que le llevan al sui-
nuestro gusto, como «Job» y «Hay un cidio; y que no son ni la muerte del
instante...». De este modo, el con- padre, ni la muerte de la hermana
traste entre los dos poetas —a finales amada, ni la bancarrota financiera, ni
del siglo— es completo. Lo mejor de ningún otro hecho objetivo. Hay que
Silva está en sus poemas más perso- ir más al fondo de su personalidad. Sil-
nales y subjetivos colmados de un os- va nunca entendió el mundo en que le
curo misterio, que es el de su vida mis- tocó vivir. Es un anticipo del mundo
ma y el del mundo enigmático que él absurdo y del hombre absurdo. De allí
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
20

Víctor M. Londoño Romanticismo de Pombo... Poemas


(1876-1936), poeta misteriosos de Silva... Poemas des-
que, en la tradición lumbrantes de Valencia... Así se cie-
de Valencia, rra el siglo XIX en nuestra lírica. Y va-
es amigo de temas
orientales y autor rias corrientes partirán de allí hacia las
de versos vibrantes primeras décadas de nuestro siglo XX.
v rítmicos. Si, para entonces, el romanticismo co-
mienza a agonizar, el legado de Silva
(más simbolista que modernista) se
prolongará luego, en especial en poe-
tas como Eduardo Castillo; y la heren-
cia de Guillermo Valencia será la que
recibirán otros poetas de principios
del siglo, como Víctor M. Londoño,
José Eustasio Rivera o Leopoldo de la
Rosa. Ya volveré sobre todo ello más
adelante, cuando deba tratarse, ade-
más, el caso especialísimo de uno de
provienen, en otra vanante, sus sar- nuestros mejores poetas: Porfirio Bar-
casmos, sus ironías, sus «gotas amar- ba-Jacob (1883-1942).
gas», que sirven para definirlo psico-
lógica pero no poéticamente. Esas ex- La narrativa: Tomás Carrasquilla
trañables causas de su suicidio expli- y José Eustasio Rivera
can, retrospectivamente, sus enigmá-
ticos poemas, pero no pretendo En el período de nuestro análisis
desarrollar aquí ese tema: quede ape- (1886-1930), la narrativa colombiana
nas esbozado. fue de extrema pobreza. Atrás había
quedado ya esa obra muy caracteri-
zada del romanticismo que fue la Ma-
Leopoldo de la Rosa ría de Isaacs (primera edición, 1876),
(1888-1964), poeta un relato más poemático que novelís-
barranquillero, tico, con hermosas descripciones de
cantor de la angustia,
de la soledad, un paisaje de excepción como es el
de la noche y del Valle del Cauca. De allí en adelante,
mar, heredero de la durante un largo lapso, la narrativa se
tradición de limitó a unos efímeros cuadros de cos-
Guillermo Valencia. tumbres o a unos relatos que no al-
canzaban la fuerza del realismo de
otras latitudes. Algunos nombres so-
bresalen evidentemente: Ángel Cuer-
vo, José María Rivas Groot, Lorenzo
Marroquín; pero no puede afirmarse
que sus esquemas novelísticos hayan
perdurado. Y de las varias novelas es-
critas por José Manuel Marroquín
(Entre primos, Blas Gil, etc.) quizá la
única que mantiene algún atractivo es
El Moro, la autobiografía de un ca-
ballo de la Sabana de Bogotá, aunque
no sobrepasa los límites del costum-
brismo de la época. Muchos otros
nombres y novelas naufragan rápida-
mente, y sólo son conservados en pá-
ginas vacilantes de los especialistas.
Capítulo 1
21

Todo ello cambia cuando aparece


un cuentista y novelista de verdad,
como lo fue don Tomás Carrasquilla
(1858-1940). Gran parte de su obra
narrativa fue publicada en el período
que nos concierne (Ánima sola, El pa-
dre Casafús, En la diestra de Dios Pa-
dre, La marquesa de Yolombó, etc.)
Es, por fin, una obra de gran narra-
dor, auténtica, veraz. Su lenguaje ás-
pero, crudo, toma las modalidades y
dichos de su tierra antioqueña. Antio-
queños son casi siempre sus perso-
najes, de vigorosos caracteres, estu-
diados muchas veces en profundidad.
Si es erróneo hablar de Carrasquilla
como de un «clásico» y resulta deso-
rientador el paralelo con Pereda, lo
cierto es que el «maestro» tenía un es-
tupendo talento y conocía muy bien la
técnica del cuento y de la novela, al
menos los de su instante histórico. Es
cierto, sin embargo, que ese instante
ha pasado; y que, frente a la narrativa
actual, los cuentos y pequeñas novelas
del antioqueño pierden cada vez más
vigencia. Su obra más lograda, La
marquesa de Yolombó (sin olvidar En
la diestra de Dios Padre, que fue pues-
ta en escena con mucho éxito por el
grupo de Enrique Buenaventura), sir-
ve, a un tiempo, para mostrar las ca-
lidades y las limitaciones de Carras-
quilla: un excelente narrador de la
anécdota, dentro de una técnica y un
estilo que hoy se ven claramente su-
perados. De todos modos, en el largo
lapso que va de la María hasta el año
de 1930, sólo la obra de Carrasquilla, versos países latinoamericanos, como El novelista Tomás
al lado de La vorágine de José Eus- a Ángel Rangel (Infierno verde) en Carrasquilla (1858-1940)
tasio Rivera, se mantiene, y conserva, Brasil y a Rómulo Gallegos (Doña en Bogotá, hacia 1920.
casi paradójicamente por encima del Bárbara) en Venezuela. Estos novelis-
Atrás, a la derecha,
costumbrismo y falso realismo, su sa- Guillermo Quevedo Z.
tas rebasaron el costumbrismo ante- "Cuentista y novelista
bor auténtico y su hechizo. rior, y también el falso realismo. Por de verdad, su lenguaje
La vorágine cierra este ciclo de cua- primera vez, el escritor colombiano áspero, crudo, toma
hizo frente a una naturaleza real, hos- las modalidades
renta y cinco años de narrativa. Su pri- y dichos de su tierra
mera edición es de 1924, pero muchas til y abrumadora. Selva y llano, el antioqueña, como
otras se han multiplicado hasta nues- hombre indefenso, los problemas so- antioqueños son casi
tros días, dado el éxito de la novela de ciales —en especial los derivados de la siempre sus personajes,
Rivera. Ella corresponde a un nuevo explotación del caucho—, todo se en- de vigorosos caracteres,
trecruza en La vorágine en una afor- estudiados muchas veces
concepto de la novela hispanoameri- en profundidad."
cana, el que intentó fundir al hombre tunada síntesis. Es claro que no se tra-
y la naturaleza. Muchos propósitos si- ta, ya hoy, de repetir el experimento
milares impulsaron a escritores de di- y el propósito de aquellos escritores
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
22

latinoamericanos de las primeras dé- losofía que una verdad religiosa ya


cadas del siglo XX; pero es indudable aceptada. Y ése fue, infortunadamen-
que ellos abrieron nuevos derroteros, te, el caso, no sólo de España, durante
tuvieron una mirada nueva sobre la muchos siglos, sino también el de sus
naturaleza y sobre el hombre de Amé- colonias americanas. Habrá que es-
rica Latina. Más que el estudio psi- perar hasta la célebre generación de
cológico de los caracteres (Cova, Ali- 1898 para que Unamuno exprese fi-
cia), resulta de vivo interés la nueva losóficamente su propio existir y sus
medida del paisaje colombiano, la propias dudas, incertidumbres y an-
presencia de una selva impenetrable gustias; y para que Ortega, tras estu-
que no se presenta ya con las notas diar en las universidades alemanas,
amables de una naturaleza romántica, pueda pensar, en nuevos términos fi-
Portada de la primera sino con el poder incontrastable de losóficos, en su yo y su circunstancia.
edición de una fuerza demoníaca. En este senti- Pero ni el uno ni el otro dejarán de
"La marquesa de do, es bien interesante el paralelo que
Yolombó", la obra exponer su pensamiento filosófico a
más lograda de puede establecerse no sólo entre los través de hermosas aproximaciones a
Carrasquilla, personajes sino entre los paisajes de Don Quijote de la Mancha.
publicada por la María y de La vorágine. Dentro de esta tradición, y dentro
Librería de A.J. Cano, de ese contexto, no puede sorprender
Medellín. 1928.
La ausencia de filosofía. que en Colombia, como en la mayor
El ensayo parte de los países hispanoamerica-
nos, la filosofía haya sido siempre una
Si es evidente que no puede hablar- planta exótica.
se de una «filosofía» colombiana, es El ensayo literario ha tenido mejor
legítimo estudiar la forma literaria del suerte que la filosofía. En aquel des-
«ensayo». La ausencia de filosofía es doblarse de un siglo a otro —sin que
una tradición española. Lo cierto se presentara una ruptura visible ni en
es que, a lo largo de muchos siglos, las letras ni en las costumbres—, apa-
la historia de la filosofía no pasó por Es- recieron ensayistas, lingüistas, filólo-
paña. Algunos emperadores y pensa- gos, juristas..., oradores y predicado-
dores romanos, de ascendencia ibéri- res que pasaron pronto; algunos pocos
ca, se aproximaron más a los temas de pensadores cuyas páginas perduran.
la moral que de la filosofía (Séneca, En este bloque de escritores, que en-
Adriano, Marco Aurelio...) Y así si- gañosamente parece monolítico a la
guió ocurriendo en España desde la distancia, hay líneas de pensamiento y
expulsión de los moros hasta las pos- visiones muy disímiles. Allí sobresalen
trimerías del siglo XIX. La ausencia de —es obvio, pero hay que reiterarlo
un auténtico pensamiento metafísico aquí— Miguel Antonio Caro, Rufino
en España —en alarmante contraste José Cuervo y Marco Fidel Suárez.
con Francia, Inglaterra y Alemania— Enlazados por la tradición hispánica,
se agravó notablemente en la penín- por las preocupaciones lingüísticas y la
sula con la influencia del absorbente perfección del idioma y del estilo, de-
pensamiento religioso. Si la religión jan, sin embargo, tres obras de diver-
impulsó ese asombroso movimiento sos niveles y perfiles. Suárez perdura,
poético que fue el de la mística a fines sobre todo, por sus doce volúmenes de
del siglo XVI, lo cierto es que frenó del los Sueños de Luciano Pulgar, multi-
todo la expansión de un pensamiento tud de ensayos, reflexiones y enseñan-
libre, sin el cual la investigación cien- zas de toda índole. A la vez místico y
tífica y filosófica no es viable. La fi- sarcástico, amante del tono francisca-
losofía implica el asombro —como ya no y de la sátira, es autor que resulta,
lo sabían Platón y Aristóteles—, y ese hoy, de difícil lectura. Las preocupa-
poder de maravillarse no existe cuan- ciones y los hechos que fueron de su
do ya se tiene la verdad en la palma época han quedado abolidos por el
de la mano. Nada excluye más a la fi- tiempo; y ya sólo los estudiosos de
Capítulo 1 23

nuestra literatura —en esa dimen- Rufino José Cuervo


sión— pueden complacerse en una (1844-1911), figura
lectura que fatiga y desencanta. Un cimera de la
lingüística,
crítico mordaz dijo, tal vez con razón, "maestro en tratar con
que a Suárez le faltó escribir «El sueño frescura los temas más
del lector»... La obra de Cuervo tiene áridos", autor de
un ámbito más preciso y restringido; "Apuntaciones
y, por lo mismo, acaso, de mayor va- críticas
sobre el lenguaje
lor. Su interés es el idioma, el que se bogotano" (1872),
desenvuelve lentamente, como un or- "El castellano en
ganismo, desde el medioevo y Cervan- América" (1901) y
tes hasta su propia época (1844-1911). "Diccionario de
No hay allí una intención literaria construcción y régimen
—aunque a veces cae en desvarios crí- de la lengua
castellana" (1886-93).
ticos— sino lingüística. Fue un maes-
tro en tratar con frescura y con ingenio
los temas más áridos. Y así nacieron Marco Fidel Suárez
(1856-1927).
sus Apuntaciones sobre el lenguaje bo- Perfeccionista del
gotano, el Castellano popular y caste- idioma y del estilo,
llano literario y su monumental Dic- perdura sobre todo
cionario, tan monumental que, ha- por los doce volúmenes
biendo llegado sólo hasta las primeras de los "Sueños
de Luciano Pulgar"
letras comentadas (A, B, C), el Insti- (óleo de F. Mastellani,
tuto Caro y Cuervo se ha consagrado pintado en 1893).
a continuar la labor. Caso más com-
plejo e interesante es el de Miguel An-
tonio Caro. Además de que colmó con
su presencia y sus dircursos medio si-
glo de la política nacional, fue un es-
pléndido jurista, a quien principal-
mente se debe la Constitución de
1886, que, aunque reformada varias
veces, rige todavía el país. En su vasta
obra de pensador y ensayista revela
una cultura inagotable. Tradujo, en
octavas reales soporíferas, La Eneida
de Virgilio. Tradujo muchos otros
poetas latinos, bíblicos, franceses e in-
gleses. Como poeta original, perduran
algunos de sus sonetos («Pro senec-
tute», «Patria»...) y, en medio de una
literatura más retórica que lírica, más
formal que intensamente sentida
(como lo había sido la de su padre,
José Eusebio), la «Oda a la estatua del
Libertador». Dirigida a esta estatua
hecha por Tenerani que se halla en el
centro de la plaza de la capital, esta
oda está alimentada por un hermoso
pensamiento: es el del Bolívar triste,
desengañado, melancólico y vencido
por la vida. Así lo vio el escultor y así
lo cantó Caro en unas «liras» de rara
perfección, que constituyen uno de los
24 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

Felipe Pérez a una vigorosa personalidad, consti-


(1836-1891), ensayista tuye la gigantesca obra de un titán de
boyacense de estilo las letras, agudo y polémico.
ameno y libre, Esta generación, que ha sido llamada
autor de numerosos
cuentos y novelas «clásica» sin mucho sentido, se comple-
e iniciador del menta con otros escritores de muy di-
género de la novela versa tendencia, como Felipe Pérez, au-
histórica en el país. tor de numerosos ensayos, escritos en
forma más amena y libre («Carlota Cor-
day», «Huayna Cápac»...) y, sobre
todo, muchos cuentos y novelas, como
Los Gigantes, con los cuales se cierra
efectivamente el siglo XIX.
Ya en los comienzos del siglo XX,
tres ensayistas notables aparecen en
un horizonte nuevo. Don Antonio
Gómez Restrepo deja una monumen-
tal Historia de la literatura colombia-
na, que complementó con notas y ar-
poquísimos ejemplos de poesía épica tículos escritos con la generosidad,
en Colombia. En esas liras hay sobrie- precisión y justicia que siempre le ca-
dad y, a veces, grandeza y nostalgia: racterizaron. Se diría, con razón, que
él prolonga esa tradición colombiana
Inclinando la espada, que viene de atrás, especialmente la
tu brazo triunfador parece inerme; de Caro, Cuervo y Suárez (En menor
terciado el grave manto; la mirada medida y en una obra demasiado dis-
en el suelo clavada; persa, lo hizo también don Baldomero
mustia en tus labios la elocuencia Sanín Cano, que infortunadamente no
[duerme. dejó un libro original que diera la di-
mensión de su personalidad, de sus
La multitud de ensayos de Caro gustos y conocimientos literarios). De
—sobre todos los temas imaginables— otro lado, Fernando González (1895-
da el mejor testimonio de la vastedad 1964), que escribió también cuentos y
de sus conocimientos, de su actitud ju- novelas, dejó algunos memorables es-
rídica, de sus preferencias literarias; tudios biográficos, como el dedicado a
también de sus ideas políticas y reli- Bolívar, y numerosos ensayos, como
giosas, no exentas de dogmatismo y, a su célebre Viaje a pie, que revelan
veces, de fanatismo. Todo ello, aliado —caso bien excepcional en las letras
colombianas— una personalidad filo-
sófica, fuerte y liberada de prejuicios.
Antonio Gómez Pero lo cierto es que sus libros se di-
Restrepo (1869-1947), funden en una época posterior al 1930,
ensayista notable por lo cual apenas hago alusión a su
a comienzos del
siglo XX, autor de fascinante figura literaria. Y otro tan-
la monumental to sucede con un prolífero y cuidado-
"Historia de la so, aunque rebuscado, escritor del
literatura colombiana" mismo instante: me refiero al ilustre
(1945-46) y de notas profesor Luis López de Mesa (1884-
y artículos escritos
"con generosidad, 1967). Pensador múltiple, serio y muy
precisión y justicia." consciente de su misión de escritor,
reaccionó —con claras nociones evo-
lucionistas— contra el pensamiento
tradicional; analizó, desde su ángulo
siempre original, nuestro país y nues-
Capítulo 1 25

tra historia; y se planteó, como pro- sólo deja un poema. Y es cierto: deja
blema primordial, la identidad del un poema, el que expresa lo esencial
hombre colombiano por encima de la de su vida o de su cosmovisión, acaso
variedad que denotan nuestras regio- expresado en unas pocas formas poe-
nes. Fue López de Mesa el primer so- máticas, o en versos dispersos. Ya se-
ciólogo colombiano. Obras suyas ñalé que ese fenómeno se reitera al
como La sociedad contemporánea, De pasar de José Eusebio Caro a Rafael
cómo se ha formado la nacionalidad Pombo, y de Silva a Valencia. Será
colombiana y, sobre todo, su Diserta- una ley constante en la lírica de nues-
ción sociológica dan una nueva ima- tro país.
gen del país y su habitante. Pero, por Retomando el hilo de la poesía co-
lo ya indicado, quede hecha apenas lombiana, hay que observar que del
esta breve alusión a la vasta obra so- simbolismo de Silva deriva un poeta Eduardo Castillo
ciológica (sus cuentos y novelas tienen bastante desconocido pero de excelen- (1889-1938).
Del simbolismo de
menor trascendencia) de López de te condición lírica. Es Eduardo Cas- José Asunción Silva
Mesa. Muchos otros ensayistas apa- tillo. Y del modernismo, de corte par- deriva este poeta
recen antes de 1930, pero no pretendo nasiano, de Guillermo Valencia, se de excelente
hacer una lista completa y fatigosa... desprenden los sonetos de José Eus- condición lírica,
tasio Rivera; surgen, así, dos libros de evocador de la
nostalgia, la ternura,
La poesía a principios del siglo XX marcado interés: El árbol que canta y la melancolía
Tierra de promisión. y la intimidad
Si la narrativa y el ensayo, a fines de Castillo, opacado por la fama de (Caricatura de
un siglo y principios del otro, resultan Valencia, circulaba nostálgico y bo- Coriolano Leudo,
escasos y, con frecuencia, decepcio- hemio en una Bogotá lluviosa, de al- "Moncrayón", 1918).
nantes (dejando a salvo las importan- cohol y de droga. Vistos ahora, a la
tes excepciones que he señalado en distancia, Valencia y Castillo han cam-
esos dos géneros), la poesía, en cam- biado notoriamente. Transformados
bio, mantiene su hermosa tradición, por el tiempo, la obra de Valencia se
que debe, eso sí, ser juzgada en su ver- ha desvalorado en buena medida
dadero valor, o sea, no tanto por la (como los frescos de Pompeya), mien-
profusión de alegres o bohemios ver- tras los sonetos de Castillo perduran.
sificadores —que han dado una ima- Aunque los versos de Castillo parecen
gen equivocada al país—, sino por la
presencia singular de unos pocos poe-
Fernando González
tas admirables. Lo cierto es que la (1895-1964), autor
poesía es un extraño milagro, hecho de cuentos, novelas
tanto de sensibilidad como de altísima y estudios biográficos,
cultura, de intuición y dominio del dejó numerosos ensayos,
lenguaje, de música y hechizo. Y ese como su célebre
"Viaje a pie" (1928),
«milagro» rara vez se da. Piénsese que "que revelan, caso
a lo largo de más de cien años (todo bien excepcional en
el siglo XVIII), ni Francia ni España nos las letras colombianas,
dejaron un poeta, ni un poema... a pe- una personalidad
sar de los muchos versos escritos. Ese filosófica, fuerte
y liberada
rigor con el cual debe apreciarse la de prejuicios."
verdadera poesía —precisamente por (Foto de Jorge Obando,
el prodigio humanó que representa— hacia 1936).
conduce a otra conclusión que ya he
sugerido en líneas anteriores: es que
cada poeta nos deja, apenas, unos
cuantos poemas perdurables; y que,
así, las grandes obras, como las «obras
completas», resultan gravemente en-
gañosas. Novalis decía que cada poeta
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
26

fruto de un decadentismo finisecular,


un tanto pasado de moda, los indu-
dables aciertos de sus sonetos nos si-
guen asombrando, como aquella mu-
jer, apenas entrevista en los ensueños
del amanecer, que
fue algo como la sombra de una
[sombra
o un sueño recordado en otro sueño,
y también la novia lejana o la mujer
soñada que el poeta ha buscado ince-
santemente y que, quizá,
se halla dispersa y difundida en todas:
versos nacidos de un temperamento
poético, de una sensibilidad muy agu-
da, y de un innato sentido de la música
del verso.
En la otra vertiente, José Eustasio
Rivera trazó, en sus sonetos de Tierra
de promisión, unos vivos cuadros del
trópico. Selva y llano, flora y fauna re-
viven en unos versos más trabajados
que emocionales. Si allí falta la deli-
cada emoción que hay en Castillo —o,
antes, en Silva—, hay pinceladas que
perduran en la memoria como los
«raudos potros» que, al término de su
carrera delirante,
José Eustasio Rivera
(1888-1928), en la
última foto que le oyen llegar al retrasado viento.
fue tomada en vida,
en Nueva York, Los sonetos de Rivera constituyen
y en una caricatura
de Ricardo Rendón. un espléndido contrapunto de su no-
Es el autor de vela La vorágine.
"La vorágine" (1924), La poesía colombiana presenta
y también el siempre sorpresas. Y una de las ma-
espléndido sonetista yores es la aparición del gran poeta de
de "Tierra de
promisión" (1921). Cartagena, Luis Carlos López (1883-
1950). En pleno apogeo del modernis-
mo, y escribiendo sonetos a la manera
modernista, el «Tuerto» López per-
manece aislado o solitario en su acti-
tud poética. «De mi villorrio», «Pos-
turas difíciles» y «Por el atajo» (escri-
tos entre 1908 y 1920) resumen lo me-
jor de su original poesía, que rompe
con el lenguaje habitual de nuestra lí-
rica y busca una temática muy distinta.
El idioma (sin juventud la cosa está fre-
gada / más que fregada, viejo Bode-
Capítulo 1 27

gón) no tiene relación alguna con el de


Silva, Pombo o Valencia. Hace poesía
con elementos que, hasta ese momen-
to, están considerados como «antipoé-
ticos», como al hablar del cariño que
le inspira Cartagena:
bien puedes inspirar ese cariño
que uno le tiene a sus zapatos viejos.
Por primera vez, la provincia emer-
ge en la lírica colombiana, de manera
muy especial el litoral del Caribe y
Cartagena misma. Con humor, con
gracia inimitable, una sutil y nostálgi-
ca poesía se desprende de estos versos
desencantados y burlescos. Algunos
críticos, con evidente error, lo consi-
deran el mejor poeta colombiano.
Hay que situarlo en su verdadera di-
mensión, como un innovador original.
Sus retratos del alcalde, del peluque-
ro, del cura del pueblo, tienen una
frescura y una precisión admirables.
Burla y humor han entrado de lleno,
con él, en el ámbito de nuestra poesía.
Y también esa secreta nostalgia y esa
vaga sonrisa con que subraya la situa-
ción de las solteronas

que hacen decir al diablo


con los brazos en cruz: ¡pobres Luis Carlos López,
[muchachas! "El Tuerto",
en una fotografía
El destile de los poetas es largo: juvenil y en una
Mario Carvajal, José Umaña Bernal, caricatura de R. Gómez
Reynero, 1921.
Juan Lozano y Lozano (justamente "Por primera vez,
célebre por su hermoso soneto a la ca- la provincia emerge en
tedral de Colonia), Gregorio Casta- la lírica colombiana,
ñeda Aragón, Octavio Amórtegui, Al- de manera muy especial
berto Ángel Montoya (hay que res- el litoral del Caribe
y Cartagena misma.
catar su soneto «Al amor» en medio Con humor, con gracia
de una obra demasiado extensa y inimitable, una sutil
«galante»)...; muchos otros poetas y nostálgica poesía
también. se desprende de sus
En medio de todo ello, otra nota versos desencantados
y burlescos..."
original: es el libro titulado Suenan
timbres publicado por Luis Vidales en
1926. Con algunos toques surrealistas
—fenómeno digno de ser subrayado
ya, el surrealismo, de tanta trascen-
dencia en países como México, Argen-
tina y Perú, no echó raíces en Colom-
bia—, la obra lírica de Vidales es no
28 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

Luis Vidales (1904-) sólo ingeniosa y picaresca, sino que,


irrumpe en la poesía revelando una insólita personalidad,
colombiana en 1926 nos muestra, con frecuencia, la otra
con un libro de gran
originalidad: cara de la luna, y de la realidad diaria.
"Suenan timbres" Inconforme, rebelde, antiburgués, su
Con elementos lírica abre nuevos horizontes. Después
surrealistas, de ese libro inicial, Vidales ha deri-
ingenioso, picaresco, vado hacia una poesía «comprometi-
inconforme, rebelde
y antiburgués, da» que, personalmente, me despierta
su poesía abre menos interés.
nuevos horizontes. Dejando de lado a Jorge Zalamea
Borda, más importante como prosista
que como poeta, en especial por su
Vida maravillosa de los libros (su Sue-
ño de las escalinatas resulta mediocre
Una reunión poética
por su retórica y su elocuencia, y por
en los años 30: su cercanía a Saint-John Perse, al cual
Luis Eduardo Nieto tradujo, por lo demás, en forma ex-
Caballero (Lenc), celente), es forzoso regresar a la gran
la niña María Paulina poesía. Y ésta queda nuevamente sim-
Nieto, Roberto bolizada por un nombre y unos pocos
Liévano, Miguel
Rasch Isla poemas estelares. Es Porfirio Barba-
y Eduardo Castillo. Jacob, que renueva profundamente
nuestra lírica en la década de los años
treinta. Su nombre era Miguel Ángel
Osorio (1883-1942). Nacido en Antio-
quia, en Santa Rosa de Osos, viaja
incansablemente por islas y repúblicas
del Caribe, buscándose, sin hallarse
jamás. Finalmente, ancla en México,
donde muere bohemia y pobremente,
como había vivido. Por su forma y su
tono, es una poesía postmodernista.
Lírica autobiográfica, fresca, dolori-
da, punzante. Aunque en sus versos
perduran huellas del modernismo de
Darío y de Valencia, a los que admi-
raba con pasión, lo que resulta fasci-
nante en Barba-Jacob, como en Silva
y en todo gran poeta, es su acento muy
personal. Es lo que, muy auténtica-
mente, tiene que transmitir al lector.
De ahí que Barba-Jacob, como Bau-
delaire __con el cual tiene algún pa-
rentesco lírico—, no pueda ser clasi-
ficado fácilmente. Está en una encru-
cijada; en él confluyen muchas voces
e irradiaciones; y de él parten otros ca-
minos. Lo único importante, en poe-
sía, es esa voz íntima, o última, del
poeta, es su ternura o su alarido in-
confundible; es el secreto y recóndito
mensaje de sus versos singulares. Es la
confesión de una experiencia que el
Capítulo 1 29

lector ya conoce. En el poema sobre


el tedio, Baudelaire exclama:
Tú conoces, lector, a este monstruo
[exquisito,
hipócrita lector, mi hermano y
[semejante.
Desde allí, el lector será ya siempre
el semejante: así se inicia la poesía
moderna; y de ahí que, compartiendo
la experiencia del poeta, el lector que-
de estremecido con la entrecortada
voz del otro, que puede llamarse An-
tonio Machado o Pablo Neruda; o
Porfirio Barba- Jacob.
Aunque los poemas de Barba son
casi siempre autobiográficos, sus exé-
getas han fallado al tratar de fijar el
alcance de sus versos haciendo el es-
tudio de su vida errabunda, de sus via-
jes y drogas, de su doble erotismo:
nada de ello explica o clarifica su obra.
Lo esencial es su acento, lúcido o som-
brío, su rebeldía, su desgarrado terror
frente a la vida y a la muerte, su per-
plejidad ante las estrellas y ante las co-
sas cotidianas.
Quedan en él algunas reminiscen-
cias románticas:
Entre los coros estelares
oigo algo mío disonar;

Porfirio Barba-Jacob
(Miguel Ángel Osorio
Benítez, 1883-1942),
en una fotografía
de 1927. Al lado,
' un autógrafo suyo
incluido en
"Antorchas contra
el viento",
compilación de sus
poesías realizada
por Eduardo Santa.
Lo esencial en
Porfirio "es su acento,
lúcido o sombrío,
su rebeldía,
su desgarrado terror
frente a la vida
y a la muerte,
su perplejidad ante
las estrellas y las
cosas cotidianas."
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
30

Porfirio Barba-Jacob, su retorno hacia la infancia, sus sueños


caricatura de y alucinaciones. Prima en él lo emo-
Lisandro Serrano. tivo, sin duda. Sabía, por ello, que el
significado de su poesía «hay que de-
sentrañarlo, no en la complejidad de
sus pensamientos, sino en la comple-
jidad de sus emociones». Pero es la
suya una obra muy trabajada, lograda
día a día, que «resume los esfuerzos de
muchos años de experiencia honda y
seria sobre el dolor humano», son sus
propias palabras. Así, su poesía parte
de una profunda experiencia emotiva
pero se transforma en una verdadera
obra de arte.
Un magnífico ejemplo de su poesía
autobiográfica es el poema «Futuro»:
Decid cuando yo muera... (y el día esté
[lejano)
soberbio y desdeñoso, pródigo y
[turbulento,
en el vital deliquio por siempre
[insaciado,
era una llama al viento...
El poeta se analiza en profundidad
y comprende que, a pesar de su dolor
En 1937, cuando y de su angustia, ha vivido tan inten-
Porfirio Barba-Jacob samente que puede exclamar como en
se encontraba muy
enfermo en México,
su «Canción innominada»:
su amigo Juan B.
Jaramillo Meza ¡Y nadie ha sido más feliz que yo!
publicó en la
Imprenta Departamental Es el trágico y vital ritornello de su
de Manizales
"La canción de poema. Sufrimiento y júbilo se entre-
la vida profunda mezclan, así, en su alta poesía. Pero el
y otros poemas", poeta no puede negar ni olvidar el le-
edición que gado de la muerte inexorable. El final
el poeta desautorizó. de su «Elegía de septiembre» lo ex-
presa bellamente:
He vivido con alma, con sangre, con
[nervios, con músculos,
y voy al olvido.
En esta poesía tan vital, la presencia
constante es la de la muerte. Por ello,
en su muy conocida «Canción de la
vida profunda», tras aludir a los cam-
biantes estados del alma y del corazón
en el vaivén de los días (hay días en
que somos tan móviles, tan móviles,
hay días en que somos tan plácidos, tan
Capítulo 1 31

plácidos, hay días en que somos tan lú- Pardo García habla, más bien, de sus
bricos, tan lúbricos...) el poeta regresa páramos entrañables, de su secreta des-
a la verdad del morir: esperación.
Rafael Maya pasa de La vida en la
Mas hay también, oh Tierra, un día, sombra (es el título de su primer libro
[un día... un día... de poemas, de 1925), con versos inti-
en que levamos anclas para jamás mistas muy conmovedores
[volver.
Un día en que discurren vientos Volver a verte no era sólo
[ineluctables... un ligero y constante empeño,
Un día en que ya nadie nos puede sino anudar dentro del alma
[retener! el hilo roto del ensueño;
volver a verte era un oscuro
Similar mensaje, entre lo dionisíaco presentimiento que tenía
de la vida y lo patético de la muerte, de hallarte ajena, y sin embargo
es el que se encuentra expresado en seguir creyendo que eras mía...
otro de sus mejores poemas, la «Ba- Volver a verte tras la noche
lada de la loca alegría». Para formarse impenetrable del abismo
una cabal idea de esta creación lírica, era hallar en tus ojos una
el lector tendrá que ir hacia esos tex- imagen vieja de mí mismo...,
tos; y a muchos otros, como «Canción
de la soledad», «Un hombre», «La- pasa así de sus versos primigenios a
mentación de octubre»... para hallar, otros poemas de más alto vuelo, los
en toda su hondura humana, la voz del
gran poeta.
León de Greiff
(1895-1976),
foto tomada hacia
Los Nuevos. Otros poetas. 1918, por la época
en que era contador
Piedra y Cielo del Banco Central
y publicaba poesías
Hay que cerrar este rápido esquema en semanarios y
de la poesía colombiana con una alu- revistas literarias
sión al grupo llamado de «Los Nue- con el pseudónimo
vos». Cerrarlo así un tanto arbitraria- de Leo Legris.
mente, en cuanto estos poetas nacen ¿Lo mejor de
su poesía?
aproximadamente con el siglo XX pero La música encantada
la irradiación de sus poemas se prolon- de sus versos.
ga más lejos, mucho más acá de 1930.
Bastará esa breve alusión. Y concretán-
dola a tres nombres principales.
¿Lo mejor de León de Greiff? La
música encantada de sus versos. ¿Lo
mejor de Rafael Maya? Su serena
emoción, que parece la de un clásico
de nuestros días. ¿Lo mejor de Ger-
mán Pardo García? El mensaje de an-
gustia que atraviesa sus poemas.
León de Greiff (1895-1976) maneja
una orquesta personal, como los viejos
juglares lo hacían con el laúd en el me-
dioevo. En los poemas de Maya, como
antes en los campos de Guillermo Va-
lencia, renace en Popayán que murió
casi del todo en reciente catástrofe.
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
32

León de Greiff
(tercero en la
segunda fila) e integrantes
del grupo La Fragua,
de la Universidad
de Antioquia, 1912.
Tres años más tarde
De Greiff fundaría
el famoso grupo
literario de
los Panidas,
también en Medellín.

que aparecen en los Coros del medio- del lector compartir o recrear el
día (1928) y, luego, en su volumen ti- poema:
tulado Después del silencio. Allí están
algunos de los mejores poemas escri- Poeta soy, si es ello ser poeta.
tos en nuestro país. Baste citar su «In- Lontano, absconto, sibilino. Dura
vitación a navegar» y «En las primeras lasca de coridón, vislumbre oscura,
horas». gota abisal de música secreta.
Hay que anotar que, por un extraño
fenómeno, tal vez de aquellas afini- Amor apercibida la saeta.
dades electivas de que habló Goethe, Dolor en ristre, lanza de amargura.
las últimas generaciones colombianas, El espíritu absorto, en su clausura.
tanto de críticos como de poetas, ex- Inmóvil, quieto, el corazón veleta.
perimentan cierta repulsa —más ins-
tintiva que reflexiva— frente a los Poeta soy si ser poeta es ello.
poemas de Rafael Maya y de Germán Angustia lancinante, pavor sordo.
Pardo García. Quizá algo falta o falla Velada melodía en contrapunto.
en la obra de Maya: tal vez la voz tan
personal de Silva o de Barba-Jacob, la Callado enigma tras intacto sello.
aguda sensibilidad de Pombo o la su- Mi ensueño en fuga. Hastiado y
gestiva picardía del «Tuerto» López o [cejijunto.
de De Greiff. Lo cierto es que Maya Y en mi nao fantasma único a bordo.
parece con frecuencia demasiado me-
dido o ecléctico. Muchos piensan que Este soneto («Poeta soy») revela
su poesía es más susceptible de ser ad- significativamente el personalísimo
mirada que amada. Y ello es grave. lenguaje y el tono lírico de León de
Un mayor consenso existe respecto de Greiff. Pero el abanico de su poesía es
la admirable creación poética de León muy amplio. Y, si el lector desea hacer
de Greiff. Influido fuertemente por una aproximación, así sea fugaz, a esta
los simbolistas franceses, que son sus obra múltiple, deberá sumergirse lar-
indiscutibles maestros, tiene la música gamente en los volúmenes del poeta
inefable y la gracia sutil de una poesía antioqueño. Allí encontrará sus can-
melodiosa y alada, con notas autobio- ciones, sus baladas, sus relatos, una
gráficas y alusiones cultas, que exigen inmensa riqueza poética. Todo lo vi-
Capítulo 1 33

vido, lo leído, lo amado. De ahí sus


constantes alusiones a su propia vida,
a su aventura o su bohemia, a lo que
alguna vez pensó o soñó o escribió.
Ello hace de su obra un extraño la-
berinto. En la última instancia, la
poesía de León de Greiff es una pro-
longada, inacabable confesión. Es
también su «testamento». Es el tes-
timonio de su vida, de su larga vida
de poesía y música, sueño, cultura,
vivencias.
Germán Pardo García es, en mi opi-
nión, uno de los mejores poetas co-
lombianos. No tanto por sus cuarenta
libros de versos dispares sino (como
ocurre también en otros grandes poe-
tas) por un puñado escaso de poemas
emotivos, angustiados, doloridos,
muy puros. Un ejemplo de síntesis
poética, con el ritornello de su angus-
tia, es el breve poema titulado «Tem-
pestad»:

En la dulce magnolia cotidiana


y en el candor de su simplicidad
han tocado mis dedos muchas veces
la tempestad.

En el agua de espíritus serenos


y piedras en su limpia oscuridad,
he escuchado en las tardes más
[hermosas
la tempestad.

En el fresno que me abre sus maderas tegrantes del grupo de Piedra y Cielo, Rafael Maya
como un hombre que brinda su como Eduardo Carranza, Arturo Ca- (1898-1980),
macho Ramírez, Tomás Vargas Oso- estudio fotográfico
[bondad, de 1919.
al ir a reclinarme he presentido rio, Carlos Martín, Jorge Rojas, Darío En su poesía
la tempestad. Samper y Gerardo Valencia; pero son se debe destacar
poetas mucho más cercanos a nuestros la serena emoción,
En los ojos de todas las criaturas, días (Espejo de naufragios, el primer "que parece la de
libro de Camacho Ramírez, es de un clásico de
en toda pequeñez o inmensidad, nuestros días."
ha encontrado mi alma frente a frente 1935) y salen, por tanto, del marco fi-
la tempestad. jado a este capítulo.
Lo cierto es que los movimientos li-
Vendrá el silencio de absolutas formas, terarios (novela, cuento, ensayo, poe-
descenderé a la múltiple unidad, sía...) no coinciden con los cambios
y todavía escucharé en el polvo políticos del país; y soy consciente de
la tempestad. que ni empecé en 1886 ni terminé en
1930 como me lo había propuesto.
Muchos otros poetas merecerían un Pero la literatura, como la vida, tam-
estudio cuidadoso, en especial Anto- bién está hecha de aproximaciones y
nio Llanos, Aurelio Arturo y los in- de incertidumbres...
34 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

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Capítulo 2 35

Literatura colombiana. 1930-1946


J. G. Cobo Borda ya ávida, burguesía industrial, cen-
trándose tanto en el análisis del lati-
fundio como en el de los emigrantes
E n 1930, León de Greiff (1895-
1976) publica, en Medellín, su
Libro de signos, segundo mamotreto,
europeos, al sur del continente. En el
suburbio como en las desdichas del
campo.
como acostumbraba a subtitularlos, de La primera imagen, en consecuen-
su producción poética. En 1945, en cia, y quizás también la más superfi-
Buenos Aires, Germán Arciniegas cial, es la de las gruesas líneas, en
(1900) ve editada su Biografía del Ca- blanco y negro, de los grabados en
ribe. ¿Qué ha pasado entre estas dos madera con los cuales se ilustraban li-
fechas en la literatura, latinoamericana bros y revistas por aquellos tiempos.
en general y en la colombiana en par- Un buen ejemplo, a nivel colombiano,
ticular? Un cambio que hoy nos re- lo constituyen los de Mancha de aceite
sulta evidente pero que en aquel en- (1935), la novela de César Uribe Pie-
tonces no era fácil percibir en medio drahíta (1897-1951) sobre los yaci-
de tantas tendencias, tan diversas en- mientos petrolíferos en Venezuela.
tre sí, y todas conviviendo en el mismo Campesinos en los puros huesos;
ámbito. obreros que protestan sobre un telón
de fondo de fábricas y chimeneas;
Denuncia y protesta banqueros, de lustroso sombrero de
en el contexto latinoamericano copa y un puro entre los dientes. El
garrote del Tío Sam. Esta iconografía Grabados de
Como el título de un libro del poeta se repitió, sin mayores variantes, por Gonzalo Ariza
peruano Luis Nieto aparecido en toda América. Tenía que ver, nadie lo para la edición
1938: Puños en alto. Poemas de barri- duda ahora, con el encuentro en Wa- de "Mancha de
cada y combate, la primera y más ob- shington, en 1938, de Franklin Delano aceite" (1935),
Roosevelt y el perpetuamente reele- novela de
via es la que hace suya la denuncia César Uribe
anti-imperialista (United Fruit, Stan- gido dictador de Nicaragua, Anastasio Piedrahíta:
dard Oil, explotación minera) y el ata- Somoza. iconografía de
que a los intermediarios locales, la vie- La lista de dictadores es extensa y la denuncia
ja oligarquía terrateniente, la nueva, y abarca del Caribe al Río de la Plata: antiimperialista.
36 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

Jorge Artel (1909-), ción, en 1946, de Juan Domingo Pe-


poeta cartagenero, rón como presidente, no por ello de-
exponente de la jaría de reanudarse al poco tiempo.
afirmación de la Pero es quizás la muerte de Juan Vi-
auténtica poesía
negra con libros
cente Gómez, de Venezuela, en 1935,
como "Tambores en lo que mejor sintetiza este período. La
la noche" (1940), perdurabilidad de los dictadores
muy en la línea adquiría ya caracteres legendarios.
preconizada por (Sobre Gómez, el colombiano Fernan-
el cubano Nicolás do González (1895-1964) escribiría un
Guillén con
títulos como libro: Mi compadre, en 1934.)
"Motivos del son", Así lo entendió muy bien Miguel Án-
"Sóngoro cosongo" gel Asturias, quien abrió este mismo ci-
y "West Indies Ltd." clo a nivel literario con sus Leyendas de
Guatemala (1930), donde la mitología
maya y el surrealismo francés engen-
dran un producto típicamente latinoa-
mericano de alto voltaje poético, ce-
rrándolo en 1946 con la obra que retra-
taba ante el mundo el personaje nuestro
por excelencia: El señor presidente.
Al lado de las dictaduras castrenses,
que Colombia entonces no tuvo, las
preocupaciones, ya sea por el indígena
o por el negro, alimentan una produc-
Rafael Leonidas Trujillo, en la Repú- ción literaria que bien puede subor-
blica Dominicana, sobre el cual, en dinar la validez estética a la reivindi-
1953, el escritor colombiano José An- cación social, en tantos casos apenas
tonio Osorio Lizarazo (1900-1964) pu- esquemática: indios y blancos, patro-
blicó una elogiosa semblanza, pagada nes y obreros. Las referencias canó-
por el propio Trujillo: La isla iluminada nicas son, en la novela, Huasipungo
(1946); Maximiliano Hernández Martí- (1934), de Jorge Icaza, y El mundo es
nez, en El Salvador; Jorge Ubico, en ancho y ajeno (1941), de Ciro Alegría;
Guatemala; Fulgencio Batista, en y como curiosidad frustrada, El tungs-
Cuba. Los dictadores latinoamericanos, teno (1931), del poeta peruano César
apoyados en tantos casos por Estados Vallejo; y en la poesía: Motivos del
Unidos, manejaron sus países como ha- son (1930), Sóngoro cosongo (1931) y
ciendas y prefirieron, antes que senados West Indies Ltd. (1934), de Nicolás
obsecuentes, el terror y el paternalismo Guillén. Es apenas natural, en conse-
como métodos para mantener un cesa- cuencia, que escritores colombianos
rismo, en verdad, poco ilustrado. como Antonio García, en Colombia,
SA (1934) y en Pasado y presente del
No es extraño entonces que «la era indio (1938), y Jorge Artel, en Tam-
de Trujillo», como él mismo quiso au- bores en la noche (1940), se adscriban,
todenominarla, iniciada en 1930, coin- con carácter derivado, a estas líneas
cida, en sus comienzos, con la llamada mayores. Como lo decía García, en un
«década infame» en la Argentina. El artículo aparecido en la Revista de las
golpe militar del teniente general José Indias, en 1941 («La novela del indio
Félix Uriburu en contra del presidente y su valor social»): «Ciro Alegría está
radical Hipólito Yrigoyen habría de escribiendo en novelas la sociología del
inaugurar en aquel país, tan alejado Perú.» Sólo que deteniéndonos, con
en apariencia de las llamadas «repú- mayor atención, en el terreno, y con-
blicas bananeras», una cadena inter- templándolo, en detalle, veríamos
minable de golpes de cuartel que si cómo al lado de esta literatura «com-
bien parecía suspenderse con la elec-
Capítulo 2 37

prometida» en sus inflexiones ideológi- Portada de "Pasado


cas y sociológicas hay también otra que y presente del indio",
de Antonio García,
desde la vertiente ensayística reflexiona con prólogo de
buscando una trascendencia mayor. Benjamín Carrión,
publicado por
Reflexión y trascendencia Editorial Centro,
de Bogotá.
"Las preocupaciones,
Esta segunda línea la ejemplariza el tí- ya sea por el
tulo del libro de Raúl Scalabrini Ortiz indígena o por
aparecido en 1930 en Buenos Aires: el negro, alientan
El hombre que está solo y espera. una producción
¿Quién es él? El habitante de la gran literaria que puede
subordinar la validez
ciudad. El transeúnte que en medio estética a la
del acelerado desarrollo urbano busca reivindicación
sus raíces queriendo conocer, a fondo, social."
esa patria, en tantos casos ajena, que
tiene allí delante. Lo hará, en ocasio-
nes, desde la lírica. En otros, y ape- Una concepción
lando a las nuevas ciencias del hombre del "ser nacional":
Luis López de Mesa
—antropología, sociología, psicolo- (Oleo de Inés Acevedo
gía— elabora aportes capitales para la Biester (Academia
comprensión de estos países. Enume- Colombiana de
ro tres: Radiografía de la Pampa Historia).
(1933), de Ezequiel Martínez Estrada,
en la Argentina; Casa grande e senzala
(1933), de Gilberto Freire, en el Bra-
sil; y Contrapunteo cubano del tabaco
y el azúcar (1940), de Fernando Ortiz,
en Cuba.
Estas páginas, aún válidas, y volca-
das con atención minuciosa al análisis
de realidades concretas, tratan de una
geografía y un mestizaje; una historia
y un desarrollo; unas relaciones de
producción y una filosofía, incluso.
Hasta una concepción del «ser nacio-
nal» bien puede desprenderse de allí.
Por las mismas fechas, Luis López de
Mesa (1884-1967), entre nosotros, se
preguntaba igualmente De cómo se ha
formado la nación colombiana (1934),
Eduardo Mallea redactaba las páginas
de su Historia de una pasión argentina
(1937) y Samuel Ramos trazaba el
Perfil del hombre y la cultura en Mé-
xico (1938).
Se buscaba la América profunda, la
América esencial, y se trataba de re-
hacerla, de nuevo, a través de la edu-
cación y la cultura, la autenticidad y el
deporte, los clásicos griegos o las len-
guas indígenas, superando tanto el ne-
potismo dictatorial como las desigual-
dades sociales. Para ello eran útiles
38 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

tanto el evolucionismo de López de de manera más clara, tal viraje. Los de


Mesa como el idealismo de Mallea, Lázaro Cárdenas, en México, nacio-
como el positivismo de Ramos, como nalizando las compañías angloholan-
el marxismo que José Carlos Mariá- desas y norteamericanas explotadoras
tegui revelaba en un libro programá- de petróleo. O el de Rómulo Galle-
ticamente titulado: Defensa del mar- gos, el autor de Cantaclaro (1934), Ca-
xismo (1934). Era una cultura progre- naima (1935) y Pobre negro (1937),
sista, en su reformismo democrático, quien en 1940 había sido candidato
Eduardo Castillo,
que buscaba dejar atrás la devota pe- simbólico a la presidencia de su país,
caricatura de numbra clerical y su empecinado ais- Venezuela, obteniéndola luego, efec-
Arboleda, 1919. lamiento del mundo moderno. tivamente, para el período 1948-1952,
Frutos tardíos Quedaba atrás la «república vieja» y siendo derrocado en noviembre de
del modernismo como se dijo en el Brasil, en 1930, 1948 por un golpe militar. Desterrado
con su libro en Cuba, y luego en México, sólo diez
"El árbol que cuando Getulio Vargas subió al poder.
canta", de 1928. Pero quizás otros nombres expresen, años más tarde volvería a su patria.
Política y exilio: dos constantes del
escritor latinoamericano en ésa y en
casi todas las épocas. ¿No aspiró tam-
bién acaso José Vasconcelos a ser pre-
sidente de México, siendo derrotado
en 1930? ¿No publicó en 1933 Alejo
Carpentier su primera novela, de tema
afro-cubano: ¡Ecué-Yamba-O!, tenien-
do que exiliarse, en París, al poco tiem-
po, por culpa del dictador cubano de
turno? En todo caso, en el Perú, mien-
tras Víctor Raúl Haya de la Torre pro-
mueve las consignas socialistas del
APRA, reforma agraria, defensa del in-
dio, Estado anti-imperialista, uno de los
hombres que lo secunda con mayor en-
tusiasmo, Luis Alberto Sánchez, histo-
riador y crítico literario, publica en 1940
un libro denominado: Balance y liqui-
dación del novecientos.
Se clausuraba el modernismo entre
nosotros; y sus últimos estertores de-
cadentes. Se buscaba dejar atrás aquel
movimiento que en Colombia parecía
dar frutos tardíos con El árbol que
canta, de Eduardo Castillo, aparecido
en 1928, pero que sin embargo contri-
buiría aún a nutrir las obras poéticas
de Porfirio Barba-Jacob (1883-1942) y
de Rafael Maya (1897-1980) y a tornar-
se apenas decorativo y ya carente de
nervio en los madrigales galantes de Al-
berto Ángel Montoya (1902-1970).
Fin de una época y comienzo de
otra: la explosión, en la década de los
veinte, de las vanguardias, se había
amortiguado, y sus ecos, en Colom-
bia, salvo el único ejemplo tantas ve-
ces citado de Suenan timbres (1926),
Capítulo 2 39

de Luis Vidales, no fueron oídos. Sin


embargo una tercera, y por ahora últi-
ma mirada, al imaginario mapa literario
de América Latina que vamos esbozan-
do, nos permitirá advertir, aquí y allá,
secretas manchas de verdor que reto-
maban el ímpetu de la vanguardia,
adensándolo. Tales manchas presagia-
ban el verdadero cambio.

El verdadero cambio
¿Quién fue su artificie? Varios. Entre
ellos, y en primer lugar, Jorge Luis
Borges. En 1932 aparece en la Argen-
tina, con el título de Discusión, una
recopilación de sus ensayos: la poesía
gauchesca, la Cábala, el cine, el escri-
tor argentino y la tradición, las versio-
nes homéricas, Whitman y Flaubert.
Allí, también, un ensayo fechado en
1930 y titulado La supersticiosa ética
del lector. En su página final asienta
Borges esto:
«La preferida equivocación de la li-
teratura de hoy es el énfasis. Palabras
definitivas, palabras que postulan sa-
bidurías angélicas o resoluciones de
una más que humana firmeza —único,
nunca, siempre, todo, perfección, aca-
bado—, son de comercio habitual de
todo escritor. No piensan que decir de
más una cosa es tan de inhábiles como
no decirla del todo, y que la descui-
dada generalización e intensificación
es una pobreza y que así lo siente el
lector. Sus imprudencias causan una Alberto Ángel
Montoya, en 1960.
depreciación del idioma.» Concluyen- Sus madrigales
do: «Ignoro si la música sabe deses- galantes, último
perar de la música y si el mármol del reducto del
mármol, pero la literatura es un arte modernismo, ya
que sabe profetizar aquel tiempo en carente de nervio.
que habrá enmudecido, y encarnizarse
con la propia virtud y enamorarse de
la propia disolución y cortejar su fin.»
Por los mismos años en que una li-
teratura honesta y animada de buenas
intenciones, o patética y tremendista,
o simplemente panfletaria, pretendía Luis Vidales:
cambiar el mundo, Borges modificaba único ejemplo de
las vanguardias
el ángulo de enfoque y hacía que la li- con sus poemas de
teratura se mirase a sí misma. Gracias "Suenan timbres",
a tal modificación, nuestras letras se publicado
volvieron mucho más eficaces. A la en 1926.
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
40

sía, tan despojada como tumultuosa,


tan exacta como reveladora. Ahora sí
la realidad era recreada de arriba aba-
jo gracias a la imaginación.
Lo confirman el Borges de Historia
universal de la infamia (1935) y el Bor-
ges, ya plenamente dueño de sí, de El
jardín de senderos que se bifurcan
(1941) y de Ficciones (1945). El Felis-
berto Hernández de Por los tiempos
de Clemente Collins (1942), en el Uru-
guay, o el ambiguo mundo, entre fan-
tasmal y concreto, de la chilena María
Luisa Bombal, en La última niebla
(1935) y La amortajada (1938). Tam-
bién la precisa «irrealidad» científica
de Adolfo Bioy Casares en su novela
La invención de Morel (1940). Y el fe-
cundo aporte, a nivel de la prosa en-
sayística, de autores como el colom-
biano Baldomero Sanín Cano (1861-
1957), con Crítica y arte (1932), el me-
"Los maestros", suma de protestas, quejas y llantos se xicano Alfonso Reyes, con La expe-
doble retrato de oponía ahora la resta, donde impera- riencia literaria (1942), y el dominica-
Baldomero Sanín Cano ban tanto el humor como el pudor, el no Pedro Henríquez Ureña en Pleni-
v Guillermo Valencia,
juego y la ironía, la creativa erudición. tud de España (1942) y Las corrientes
pintado por literarias en la América hispánica, en
Efraín Martínez La literatura latinoamericana ya no se
en 1932 agotaría más en la servidumbre de la su edición en inglés de 1945.
(Biblioteca denuncia sino que se trocaba en el sue- Sin embargo, y utilizando una ex-
Nacional, Bogotá). ño lúcido de una prosa, y en una poe- presión del historiador francés Fer-
nand Braudel, podemos decir que
Eduardo Caballero
también en América Latina conviven
Calderón, su esposa historias paralelas con velocidades dis-
Isabel Holguín tintas. En 1941, en el mismo año en
y sus hijos que Eduardo Caballero Calderón
Antonio, Beatriz, (1910), en Colombia, publica Tipaco-
María del Carmen que, estampas de provincia, José Ma-
y Luis. Este autor,
"teniendo siempre
ría Arguedas, en el Perú, edita Yawar-
en mira la lengua Fiesta y Juan Carlos Onetti, en Uru-
de Castilla, fija guay, edita Tierra de nadie, precedida,
su terruño boyacense en 1939, por El pozo.
con nostalgia
pasatista..." El solitario de Onetti; y esos exilia-
dos, no sólo de Europa, sino de toda
ilusión colectiva, eran ya hombres que
se miraban a sí mismos con el desa-
pego y la morosidad típicos del exis-
tencialismo. La novela como fenome-
nología. La confluencia de puntos de
vista, en la obra de Arguedas: coste-
ños, serranos, mistis, indios, y su in-
corporación del quechua en pro de la
ductilización de un lenguaje que los
unifique, hace de ella un producto na-
tural de la transculturación narrativa.
Capítulo 2 41

Por su parte, Caballero Calderón, te- el voto democrático. Independencia


niendo siempre en mira la lengua de que, empleando expresiones del libro
Castilla, fija su terruño boyacense, y de López de Mesa ya citado, nos per-
sus inconfundibles campesinos, con mitiría superar la etapa de la «emoti-
nostalgia pasatista: ése también era un vidad adolescente» e ir más allá de un
mundo arcaico que la industrialización arte que sólo era «un sollozo de sole-
arrasaría. dad», «el gemido de un errabundo en
Ciudad y campo, sí, gamonales y el vacío».
siervos, sí, liberalismo y fascismo, sí, Donde se dio en forma más palpa-
modernidad y anacronismo, también, ble este propósito de renovación lite-
pero así mismo una literatura, en todo raria fue en la poesía. Allí se destacan,
el continente, que buscaba ir más allá con claridad, las obras señeras. Alta-
de esas oposiciones binarias y en tan- zor, de Vicente Huidobro, aparecido
tos casos apenas maniqueas. en 1931; las Residencia en la tierra I y
Si, en la década de los treinta, Ar- II, de Pablo Neruda, aparecidas
turo Uslar Pietri, con Las lanzas co- en 1933 y 1935, respectivamente; los
loradas (1931), asume la barbarie de Nocturnos, de Xavier Villaurrutia,
las guerras de Independencia, Rober- en 1933, y su Nostalgia de la muer-
to Arlt, con sus Aguafuertes porteños te, en 1938; Tala, de Gabriela Mistral,
(1933), aparecidas antes en los diarios, en el mismo año; y Poemas humanos
hace suyo el desamparo de los prole- y España, aparta de mí este cáliz, de
tarios, los marginados, y el nihilismo César Vallejo, clausurando la década
radical de los anarquistas defensores de 1930 a 1940. ¿Sólo ellos? No, por
del acto gratuito, a través de un len- supuesto.
guaje del todo ajeno a la Academia También allí, comenzando, o defi-
pero en cambio pleno de vitalidad y niéndose, las obras de Ricardo Moli-
fuerza. Los tiempos disímiles con- nari y de Enrique Molina, en la Ar-
fluían en espacios comunes, buscando gentina, cuyo primer libro, Las cosas
una nueva Independencia. A ella con- y el delirio, data de 1941; Rosamel
tribuirían la industria, la educación y del Valle y Humberto Díaz Casanue-

Pablo Neruda a su
llegada a Bogotá,
en septiembre de
1943. A su lado,
Arturo Camacho
Ramírez y Eduardo
Carranza.
"Residencia en la
tierra" (1933, 1935),
de Neruda, fue una
de las obras
señeras en el
propósito de
renovación de la
poesía.
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
42

Eduardo Carranza va, en Chile; Emilio Adolfo West-


con Salvador Dalí, phalen, en el Perú —Las ínsulas extra-
y en su biblioteca. ñas es de 1931 y Abolición de la muer-
Con este poeta
irrumpe en la poesía te, de 1935—; José Lezama Lima, en
el grupo de Cuba: Enemigo rumor es de 1941; Jor-
Piedra y Cielo. ge Carrera Andrade, en el Ecuador;
Obra significativa Pablo Antonio Cuadra y Carlos Mar-
de este momento es tínez Rivas, en Nicaragua... Los gér-
"Canciones para
iniciar una fiesta", menes renovadores a los cuales no era
de 1936. ajeno el surrealismo habrían de tener
una larga y robusta descendencia.
Esta década y media que había visto
el ascenso de Hitler al poder, en 1933;
sentido, en carne propia, la tragedia
que fue la guerra civil española, ini-
ciada el 18 de julio de 1936 —el mismo
año en que Eduardo Carranza (1913-
1985) publica, en Colombia, sus Can-
ciones para iniciar una fiesta—; y pa-
decido, en todos los órdenes, las in-
cidencias de la segunda guerra mun-
dial, entre 1938 y 1945, es la que ahora
sí podemos entrar a estudiar teniendo
en cuenta este marco latinoamericano,
y desde la perspectiva específica de las
obras literarias colombianas de alguna
significación que se editaron durante
estos quince años: 1930-1946. Los
años, en Colombia, de la llamada Re-
pública Liberal. Caracterizados, en
poesía, por los nombres de De Greiff,
Porfirio Barba-Jacob (1883-1942), Ra-
fael Maya, Aurelio Arturo (1906-
1974) y la irrupción de Piedra y Cielo,
con Eduardo Carranza a su cabeza.
En el ensayo, por Sanín Cano, López
de Mesa, Germán Arciniegas, Jorge
Zalamea (1905-1969), Hernando Té-
llez (1908-1966), y en la novela, por
Eduardo Zalamea (1907-1963), Uribe
Piedrahíta, Osorio Lizarazo, Caballe-
ro Calderón y Fernando González, os-
cilante entre ella y el ensayo. No son
todos, pero sí algunos de los que con-
viene tener en cuenta.

Colombia literaria:
reacción y progreso
La convivencia, en el mismo lapso, de
por lo menos tres generaciones: la
del Centenario, la de Los Nuevos y
la de Piedra y Cielo; la imagen que nos
deparan las revistas literarias más des-
Capítulo 2 43

tacadas de la época (Revista de las In-


dias [1936-1950], Pan [1935-1940]); las
tensiones advertibles, entre una mo-
dernización que se desea y unos re-
manentes vetustos cuyo peso era to-
davía decisivo; la voluntad democrá-
tica, a nivel popular, que llevaba a es-
critores como Germán Arciniegas,
después ministro de Educación en
1941, a dar con prosa ágil versiones re-
visadas de la historia, en general, y la
de Colombia, en particular (el caso de
El estudiante de la mesa redonda
[1932], con todo el ímpetu juvenil de
éste como transmisor de cultura y
abanderado de grandes cambios; su
trabajo sobre Los comuneros [1938] o
su biografía de Jiménez de Quesada,
revaluando el barro indígena y convir-
tiendo su figura, al final, en una re-
surrección del Quijote andariego por
tierras de América), todo ello apunta
hacia esa búsqueda, que la nación, y
el espíritu, emprendían de «mejores
aires», como lo proclamaba León de
Greiff en sus poemas. De más amplios
horizontes, como los que Baldomero
Sanín Cano iba acotando.
Colombia, a raíz de la depresión
económica de 1929, padecía los vai-
venes del mercado mundial e incluso Germán Arciniegas,
en ella varias cosas se modificaban. Fi- "transmisor de
jada, siempre, dentro de la órbita del cultura y abanderado
Respice polum, la estrella del norte de grandes cambios"',
que simbolizaba a Estados Unidos, en en la época de
aquel período sus contactos con el res- publicación de
"El estudiante de
to de América Latina se hicieron más la mesa redonda"
fluidos. Lo prueban, a nivel literario, (1932).
algunos ejemplos: la inclusión, en la
antología Laurel, de México, en 1941,
coordinada en su parte americana por
Xavier Villaurrutia y Octavio Paz, de
18 poemas de Profirio Barba-Jacob,
todos ellos fechados entre 1910 y 1920:
«Canción de la vida profunda», 1914,
«Elegía de septiembre», 1915, «Los
desposados de la muerte», 1919, «Ba-
lada de la loca alegría», 1921, «Futu-
ro», 1923. Por ello, cuando se empie-
zan a editar, en la década de los trein- Porfirio Barba-Jacob,
el hombre con cara
ta o cuarenta, sus primeras recopila- de caballo:
ciones poéticas (Canciones y elegías es sus poemas tuvieron
de 1932, Rosas negras, de 1933, Can- rápida difusión
ción de la vida profunda y otros poe- en Latinoamérica.
44 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

Germán Arciniegas,
embajador de Colombia
en México, hace
entrega de las
cenizas de Porfirio
Barba-Jacob al
gobernador de
Antioquia, Germán
Medina Ángulo,
y al director de
educación Ramón
Jaramillo Gutiérrez,
en presencia de
familiares del
poeta, enero 14
de 1945. La foto,
tomada en el
Cementerio Universal
de Medellín
es de Carlos E.
Rodríguez.

mas, 1937, El corazón iluminado, de coherente, centrarse su atención en


1942) se estaba reconociendo, primero Juan Vicente Gómez el tiempo sufi-
fuera, la importancia de uno de los po- ciente para dedicarle un libro —«mez-
cos auténticos «malditos» que ha te- cla de ángel y de tigra parida» lo
nido la literatura colombiana, y los llama—, atestigua que en él, como en
Fernando González méritos de un destacado miembro de el Uribe Piedrahíta de Mancha de acei-
y Luis Enrique Osorio,
en la finca la segunda generación modernista. te, las fronteras nacionales eran impo-
"La Samaritana", Pero no sólo eso. El hecho de que Fer- siciones ajenas, frutos de los desmem-
fotografía publicada nando González, con su «método bramientos producidos por las guerras
por "Cromos", 1942. emocional», y su vitalismo un tanto in- civiles posteriores a la Independencia,
o de la balcanización ulterior, propi-
ciada por el capital extranjero, y no
por necesidades emanadas de la propia
realidad americana, cuya unidad ya era
perceptible.
En este sentido el libro clave es la
Biografía del Caribe (1945), de Ger-
mán Arciniegas. En él toda la historia
de estos pueblos, una historia que no
cesa en ningún momento, es siempre
idéntica. Narrada en presente, des-
bordada de anécdotas, y animada por
un humor leve y una fulgurante rapi-
dez narrativa que le da ímpetu de no-
vela, gracias a ella nos acostumbramos
a tratar con naturalidad a los seres más
remotos e inaccesibles. Va de Colón a
Theodore Roosevelt, del siglo XVI al
XX, y todo ello bajo el sol de las Anti-
llas. Como lo dice Arciniegas, refi-
riéndose a una de las ciudades de este
mundo: «allí cada nación arroja un
nuevo grupo de colonos, cada conti-
Capítulo 2 45

nente un color, cada lengua un acento, Pero la urbanización, tan decisiva, es


hasta hervir una de esas espumosas lo que mejor estudia en su ciclo bo-
ollas podridas que son la gloria del pu- gotano, que comprende, para este pe-
chero universal». Fernando González, ríodo: La casa de vecindad (1930),
por su parte, afirmaba que Suramérica Hombres sin presente (1938) y Gara-
era «el teatro del gran mulato», enten- bato (1939).
diendo por mulato todo individuo de La brevísima descripción de su con-
sangre mezclada. Asumiendo, enton- tenido es ya un reflejo cabal de aque- Portada de
"La cosecha" (1935)
ces, el mestizaje como base de nuestra llos tiempos: En la primera, y debido de José Antonio
cultura, Arciniegas logra darnos una a la llegada de los linotipos, un tipó- Osorio Lizarazo,
visión de ese arco insular que se ex- grafo pierde su empleo, y acaba con- publicada por el
tiende sobre unos 4.700 kilómetros, en vertido en mendigo. En la segunda, editor Arturo Zapata,
el cual la belleza natural y la rapiña «novela de empleados públicos», M anizales, 1939.
imperialista, como en el caso del canal como la subtitula, Osorio logra con- Osorio es la figura
novelística
de Panamá, los contrastes de culturas ciliar el análisis de la incipiente buro- arquetípica
y el sincretismo religioso y musical, cracia con una monotonía —la mo- del período de la
forman un ininterrumpido estrépito notonía bogotana— aun más intole- República Liberal.
histórico que no podía menos que sa-
cudir la gris molicie colombiana de
aquel entonces, con su bien manejada
prosa de periodista viajero.
En realidad todo contribuía a sacu-
dir la modorra. El conflicto armado
con el Perú, en 1932, en el mismo Pu-
tumayo de Uribe Piedrahíta, en Toá
(1933); las reformas tributarias y la
nueva ley de tierras, de López Puma-
rejo, en el 36; el fracaso del golpe mi-
litar contra él, en Pasto, en 1944; y,
cómo no, la presencia de Jorge Eliécer
Gaitán y las masas que lo acompaña-
ban, a todo lo largo de estos años.
Esto se reflejaría de modo muy cla-
ro en la narrativa de Osorio Lizarazo,
uno de sus biógrafos, quien en 1939
publica un folleto titulado Ideas de iz-
quierda. Liberalismo, partido revolu-
cionario, donde critica la primera ad-
ministración de López, considerando
ya frustrada su Revolución en Mar-
cha. En una república anodina e im-
personal, dice, y además eminente-
mente conservadora, sólo ha habido
un cambio de rótulo. Más certeras, en
cambio, son sus novelas, aparecidas
por aquellos años que parecen hacer
de él la figura arquetípica del período,
con todas las limitaciones que ello im-
plica. Una, La cosecha (1935), y otra,
El hombre bajo la tierra (1944), lo
abren y cierran, en forma previsible,
refiriéndose a la vida en las haciendas
cafeteras o a la explotación de las mi-
nas, todo ello dentro del área rural.
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
46

La nueva cultura, una cultura del


deporte y la radio, una cultura de la
cañe, en ebullición, que ante la esca-
sez sentida por todos —fueron años de
hambre— desencadenó intensos y va-
riados cambios sociales, obligando a la
gente a abandonar su secular pasivi-
dad y participar activamente en la vida
colectiva, convivía con otra, de signo
contrario. Convivía, sí, pero también
luchaba contra ella, en forma deno-
dada. Con razón López de Mesa, al fi-
nal de su trabajo acerca De cómo se
ha formado la nación colombiana, de-
cía: «el desorden de la cultura en que
vivimos denota un período de transi-
ción», agregando: «Nuestro mundo es
una fantasmagoría, el cinematógrafo
lo representa ante la historia.»
Muy seguramente. Pero también,
ante estos avances, otros prefirieron
replegarse, explorando mundos inte-
riores y sacando a luz tesoros ances-
trales. No es insólito que uno de los
poemas más aplaudidos de la época
sea La ciudad sumergida (1939), de
Jorge Rojas, un laborioso descenso al
interior de sí mismo, al mar del tiempo
y la memoria, donde la búsqueda se
hace mediante «un conocimiento lu-
minoso, sin mancha de experiencia»,
en impecables tercetos.
Pero es quizás la publicación, en
1942, del poema «Morada al Sur», de
Aurelio Arturo, en la revista de la
Universidad Nacional, la institución
que mejor encarna la nueva cultura
Aurelio Arturo rable que la propia mediocridad de sus por aquel tiempo, donde esa inmer-
visto por Eduardo pequeños seres. Y en la tercera, re- sión confirma la importancia de la
Ramírez Villamizar poesía, como lo había hecho ya De
a finales de
montándose a principios de siglo y lle-
los años 40. gando hasta Enrique Olaya Herrera, Greiff, para representar a un país en
Su poema "Morada nos da un cuadro muy amplio de un su verdad más íntima y sin embargo
al Sur", publicado niño que sufre los rigores de la edu- más compartible. Ya «no eran jardi-
en 1942, "confirma cación eclesiástica, el reacomoda- nes», ni «atmósferas delirantes». Era
la importancia de
la poesía para
miento de las clases sociales una vez una sola hoja:
representar a un terminadas las guerras civiles, y, sobre
país en su verdad todo, de la miseria inalterable de un pequeña mancha verde, de lozanía, de
más íntima Bogotá sombrío, de velas de sebo, que [gracia,
y sin embargo Osorio Lizarazo buscaba despertar
más compartible." hoja sola en que vibran los vientos que
con sus relámpagos justicieros. Los [corrieron
mismos que se volverían realidad, en
poco tiempo, con los incendios del 9 por los bellos países donde el verde es
de abril de 1948, los cuales arrasarían [de todos los colores,
con esa época. los vientos que cantaron por los países
[de Colombia.
Capítulo 2 47

la que daba razón de ser a una tierra por simpatía o rechazo, por afinidad o
y a unas gentes, alimentándose de su distancia, diversas propuestas litera-
circunstancia, pero trascendiéndola rias. Esos avances y esos retrocesos,
gracias a la síntesis melódica que sus esas pugnas y esos marginamientos,
ritmos, purificados de toda nostalgia son los que ahora podemos medir
espuria, alcanzaban. Era el adiós a mejor, a través de varios casos concretos.
una naturaleza convertida en magia. Literatura que en tantos casos
En los mismos años de la preocu- parecía evadirse de los problemas in-
pación hispánica de Piedra y Cielo, y mediatos, la fuga desembocó, en los
los sucesivos furores gongorinos, gar- mejores, en obras inconfundiblemente
cialorquianos, nerudianos y miguel- nuestras. Otros, medularmente com-
hernandezcos; de la asimilación de la penetrados con su momento, parecen
derecha francesa por parte de Los más bien devorados entre la rigidez de
Leopardos; o de la eficacia comuni- dos fechas. Sin embargo, la auténtica
cativa, en su tarea biográfico-periodís- literatura, que es siempre un perpetuo
tica, a la usanza norteamericana, que presente, se nutre tanto del pasado
demostraba Arciniegas, Aurelio Ar- como de los imprevisibles caminos que
turo recordaba el hilo de un diálogo va abriendo.
entre el poeta y su medio, que nacido,
quizás, en Silva, atravesaba esa deci- Baldomero Sanín Cano,
siva época de cambios, para mantener maestro benévolo
y renovar una tradición. Para perdu-
rar, siendo algo original. Algo La revista Patria, de Bogotá, decía en
que atiende a los orígenes de nosotros su edición correspondiente al 6 de no-
mismos. viembre de 1924: «Ha salido de Lon-
El liberalismo reformista que subió dres con rumbo a la República Argen-
al poder con Olaya Herrera, otorgan- tina, de donde se encaminará a esta
do derechos a la mujer y posibilitando ciudad, nuestro ilustre compatriota
el acceso a la conducción del país de don Baldomero Sanín Cano, quien ha
una clase empresarial más próxima a estado ausente de la patria desde hace
una burguesía moderna, suscitaría, cosa de veinte años, durante los cuales

Guillermo Valencia y
Baldomero Sanín Cano
en el estudio del
pintor Efraín
Martínez, en Popayán,
mientras posaban
para su doble retrato
de 1932
(ver página 40).
48 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

ha contribuido al brillo del nombre co- riaciones alrededor de nada (1936).


lombiano por su vasta erudición lite- Hablando de De Greiff repite lo que
raria y sus campañas de prensa al ser- dijo de Carrasquilla: «Toda su vida,
vicio de las más benévolas ideas.» toda su inteligencia, todos sus estudios
Nombrado representante a la Cá- miran a la poesía.»
mara por el partido liberal, en 1933; Entender el oficio intelectual como
miembro de número de la Academia una tarea diaria fue, aunque parezca
de la Lengua, en 1935, y rector de la insólito, una de sus lecciones más fe-
Universidad del Cauca, en 1942, el re- cundas. En segundo lugar, la atención
torno de Sanín Cano a Colombia lo que siempre prestó a las letras colom-
convierte en una figura pública. Más bianas, ubicándolas dentro de un mar-
importantes, por cierto, son los libros co comparativo, a nivel latinoameri-
que durante estos quince años edita. cano y, en general, universal. No fue
Son cuatro: Crítica y arte (1932); Di- intolerante, en ningún momento, y su
vagaciones, filologías y apólogos lite- rigor, a simple vista, no resulta de-
rarios (1934); Ensayos (1942) y Letras masiado perceptible. Pero el tono de
colombianas (1944). su prosa está allí, en los periódicos,
Aparecidos dos en Bogotá, un ter- día tras día, y luego en los libros, hasta
cero en Manizales y el cuarto en Mé- convertir su presencia reiterada en
xico, comprueban su voluntad de re- una modificación radical de la escala
ligarse a su tierra, brindándole el cau- de valores: hablaba de lo que sabía y
dal de lecturas, países, idiomas, y conocía. Los que debían ser tomados
amable sentido de las proporciones, en cuenta —Silva, Valencia, Isaacs,
que había ido adquiriendo en sus di- Carrasquilla, Luis Carlos López, Ri-
latados desplazamientos por el mun- vera, Maya, De Greiff— lo fueron,
do. Periodista siempre, y «aclimatador por fin, de manera tradicional y justa.
de novedades», como fue calificado en Si a comienzos de siglo les descubría a
forma despectiva, fue, en realidad, el los colombianos el porqué de la pin-
fundador entre nosotros de la moder- tura impresionista, en los treinta, con
na crítica literaria, a partir de sus idéntica generosidad de espíritu, y a
maestros Taine y Brandes. Calificado, partir del nivel intelectual que él mis-
además, de «neo-liberal», por José mo había obtenido, les demostró que
Carlos Mariátegui, «porque la palabra formaban parte del mundo y que era
liberalismo sabe a cosa rancia, bastan- necesario dicho conocimiento para
te desacreditada», Sanín Cano sirvió que el aporte nuestro, quizás insigni-
de puente para conectar a Colombia ficante, quizás valioso, fuera posible.
con el mundo, y lograr que el estrecho Hay, al final, en su prédica, una in-
ámbito parroquial, que nos ahogaba, sistencia demasiado paternal, ante una
adquiriera unas dimensiones mucho grey que no parecía escucharlo, pero
más amplias. si bien ello lo torna digresivo, y algo
Era un viejo «modernista», si así errático, sus elementales mandamien-
puede decirse —recuérdese que nació tos no fueron estériles. Entre el nacio-
en 1861— que en aquella década del nalismo a ultranza y el cosmopolitismo
treinta al cuarenta recogía su cosecha, mimético, el impulso, el cambio de
sin por ello anquilosarse, con los ojos una visión crítica que luego, en discí-
vueltos al pasado. Por el contrario: los pulos suyos como Hernando Téllez,
tenía muy abiertos para reconocer, en (Inquietud del mundo, 1943; Luces en
1936, que Tomás Carrasquilla —según el bosque, 1946; Diario, 1946), habría
su criterio, «el mejor novelista de Co- de volverse más personal y urticante.
lombia»— no había hecho otra cosa Pero sin Sanín Cano nada de ello ha-
que leer y escribir, «las ocupaciones bría sido posible. Sereno, antidramá-
fundamentales del hombre de las le- tico, jovial, en medio de hispanistas
tras», y destacar, un año después, las rezagados, censores eclesiásticos y
virtudes de León de Greiff en sus Va- maniáticos de la ortografía, él repre-
Capítulo 2 49

sentó la ecuanimidad, el mundo, la ale-


gría de leer, la sabia sonrisa. No parece
mucho, visto desde hoy día, pero en su
momento tal aporte fue decisivo.

León de Greiff, uno y múltiple


El De Greiff de aquellos años, como
lo resaltaba Sanín, pasaba por su me-
jor momento. Publica Libro de signos
(1930), Variaciones alrededor de nada
(1936) y Prosas de Gaspar (1937), re-
dactadas estas últimas entre 1918 y
1925. Inspirado y burlón, travieso y
erudito, bardo y místico, da la impre-
sión de no tomarse a sí mismo dema-
siado en serio y, sin embargo, está
produciendo algunos de sus más sig-
nificativos poemas: los «Relatos», por
ejemplo.
Gran lector de libros de viajes, en
una de las «Favilas» recogidas en Va-
riaciones se interroga:

¿Qué se hicieron los vagos anhelos


[innocuos?
¿Mi fuga?
¿Mi evasión?
¿Mis periplos jasoneos?
¿Qué se hicieron los cálidos vinos de la
[Aventura y los tesoros
de mis noches estremecidas en el selvoso
[asilo bolombólico?
Anclado.
Al pairo.
En mi sitio.
Dijo el Otro.

El Otro, que era él mismo. Como León de Greiff


cuando tenía un año
Harald el Obscuro, todos sus viajes de edad, fotografía
eran ya viajes de regreso. Había halla- tomada en Medellín
do el lugar y la fórmula. Su transhu- por Melitón Rodríguez.
mancia, en el tiempo, y sus desplaza- Durante los años 30,
mientos, en el espacio, se concentra- De Greiff vive uno
de sus mejores
ban, ahora, en la variedad infinita de momentos: "Inspirado
su escritura, que crecía, precisamente, y burlón, travieso
ante la chatura del medio que la ro- y erudito, bardo
deaba. y místico, da la
impresión de no tomarse
a sí mismo demasiado
Lodo, barro, nieblas; bruma, nieblas, en serio y, sin
[brumas embargo, está
de turbio pelaje, produciendo algunos de
de negras plumas. sus más significativos
Y luces mediocres. Y luces mediocres. poemas..."
50 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

si amor no fue, / ningún otro amor se- (cómo se reiría, con tal expresión) ha-
ria atemperaba su salacidad jocunda: bía sido pionero, mucho antes que
¡Oh Rosa de los abrazos / de fulva leo- Uribe Piedrahíta y Zalamea Borda, en
na en brama! / Rosa picara felina. Y sus respectivas novelas. Él, De Greiff,
esta lujuria de buena ley —«dóname también dejó la ciudad y se fue a per-
tu lagar tibio y recóndito»— contri- seguir el oro, en los ríos de Antioquia,
buía a vigorizar el pentagrama infinito el Nare, el Porce, con puertos solea-
de sus ritmos; su obsesión por conver- dos, tiendas de lona, gentes de aven-
tir el poema en pura música. tura, alcohol y alegres damiselas, que
Sólo que la corporeidad era palpa- ahora resurgen, en su memoria, como
ble. Admitía el sarcasmo contra ¡toda el paraíso perdido. El barco ebrio de
la trinca, todo el cotarro!, ¡el zafio lote! Rimbaud, anclado en una altiplanicie
León de Greiff y hacía que un lenguaje añejo se de- —Bogotá— poblada de nubes y mu-
en la madurez. sempolvara con su desparpajo de ju- gre. Era la vida en bruto; la vida sana,
Sus seudónimos: glar extemporáneo. Parecía precipi- en fin, la que había quedado atrás y a
Leo Legris, Guillaume tarse en el absurdo, por culpa de sus la cual ahora el fastidio urbano va ha-
de Lorges, Sergio
Stepansky, Gaspar von
caprichos, pero nunca caía. Erguido y ciendo perder brillo.
der Nacht, Bogislao von robusto, sabía muy bien su origen sue- Pero todo un paisaje muy concreto,
Greiff, Matías Aldecoa, co, y las fuentes que lo nutrían; de de ríos y quebradas, de casas de zinc
Erik Fjordson, Barba-Jacob a Poe, de Verlaine y y guaduas, de aguardiente y hamacas,
Claudio Monteflavo, Rimbaud a Baudelaire y Laforgue, de se trueca, sin perder por ello nada de
Ramón Antigua,
Gunar Tremholt,
Tristán Corbiére y Heine al Flaubert su sabroso picante, en una saga mito-
Diego de Estúñiga, de Bouvard y Pecuchet. Sabía también lógica, donde venus y sirenas conviven
Proclo, hacia dónde —«se encaminaba su con robustas campesinas, en algo in-
El Shalde, nave»— para emplear uno de sus to- confundiblemente colombiano, dentro
Harols el Obscuro, picos predilectos: hacia sí mismo. En
Lope de Aguinaga,
de su peculiar mitología. Es ya Bolom-
Miguel Zulaibar, el «Relato de Gaspar» lo dice: bolo, «región salida del mapa», tan real
Beremundo el Lelo, como imaginaria, y a la cual él puebla
Alipio Falopio, en orgulloso narcisismo con sus copiosos personajes. Una mul-
Tantonto Bandullo, espiritual aposente el entero titud de alter-egos que él ha puesto en
Adenagodosor
el Tratajoso.
ritmo de las fazañas antañonas marcha, con su talento, y en plan de
y el palpitante ritmo de mi iluso conquista, como señala Jorge Zala-
ensoñar y también el turbulento mea, para ocupar esa tierra que ya era
inverecundo ritmo de mi pasión suya mediante el idioma, la música, la
[desbordada, ironía y el amor perceptible. Todos
y el ritmo sincopado de mi definitivo ellos —el pícaro truhanesco, el juglar
[aburrimiento: medieval, el sentimental claudicante,
en orgulloso narcisismo, Oh Risa! el iracundo polemista—, todas estas
máscaras sugieren su prodigiosa ca-
Contra «el grasoso potaje de la vida pacidad inventiva, sustentada en una
cotidiana» él enfila su tedio y enrumba férrea realidad: la fidelidad a sí mis-
su odio, en ningún momento dañino. mo; a sus quimeras, invenciones y
Eran formas de un discurrir distraído, y mentiras. Su máxima evasión, su ma-
en el fondo inocente, de grata charla yor irrealidad, era vivir en Colombia.
bohemia y entre amigos. Pero esta char- Entre Ofires soñados y penurias
la, ingeniosa, viva, y animada por mu- reales, De Greiff va tejiendo su vasta
chas lenguas, mucha música, y diversas tela, de «cazador cazado». «Corazón
literaturas, no le impedía mantener, con desalado y espíritu burlón», «de poeta
claridad, las distancias, lejos de Santan- (y en el Trópico) estoy»: qué mejor de-
deres y Bolívares, como dice en el «Re- finición que la suya propia. El resul-
lato de Aldecoa». tado, en estos años treinta —véase el
El ocioso era lúcido; y su no hacer «Relato de Sergio Stepansky» o el
nada, terriblemente fecundo. Incluso «Relato de Guillaume de Lorges»—,
en la exploración de tierras vírgenes es insuperable.
Capítulo 2 51

Rafael Maya (1879-1980), yo nací en una urbe


o la tradición conservadora hecha de granito y de mármol
con escudos de piedra tosca
Conservador en política, católico en que unen la clave de los arcos,
religión y clásico en poesía, Rafael y llena de polvo y de huesos
Maya publicó, en estos años, tres vo- como un antiguo catafalco
lúmenes de versos: Coros del medio- («Invitación a navegar», de Coros del
día (1930), Después del silencio (1935) mediodía).
y Tiempo de luz (1945). Y tres de en-
sayos: Alabanzas del hombre y de la La cita resulta ilustrativa: confirma
tierra, volumen I, 1934; volumen II, su devoción por el pasado y por ciertas
1935, y Consideraciones críticas sobre figuras literarias—Virgilio, Horacio—
la literatura colombiana (1944), acaso que le ayudan a expresarlo. Así la
el más personal y valioso de sus tra- poesía de Maya, en este período, man-
bajos, en este campo. tiene vigente su admiración por los
personajes de la mitología griega
Una poesía clásica —Flora, Afrodita, el joven Arcade—,
en un tiempo de cambio o cristiana —Jesucristo como poeta
crucificado, en uno de los poemas dia-
La obra poética de Maya se destaca logados de Después del silencio—, o
por su sobriedad expresiva y el afecto incluso del fantasma romántico, como
inalterable hacia ciertos temas, cons- en su romance «Mujer y rosa». Pero
tantes a todo lo largo de su produc- cuando trata de incluir en ella las nue-
ción. Primero que todo, su ciudad na- vas realidades —En las abiertas calles
tal, Popayán: / forjaba sus motores / o movía sus hé-

Una excursión del


grupo Los Nuevos,
a mediados de los
años 20. Conformaban
este grupo literario
Rafael Maya, Alberto
y Felipe Lleras
Camargo, Germán
Arciniegas, Eliseo
Arango, León de
Greiff, José Mar,
Jorge Zalamea,
Luis Vidales, José
Umaña Bernal.
Germán Pardo García,
Octavio Amórtegui,
Juan Lozano y Lozano,
Rafael Vásquez,
Alberto Ángel
Montoya.
52 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

lices / la divina mecánica («La muerte nal: Itinerario de fuga, también de


del héroe»)—, la estructura se resien- 1934. Igualmente, en «Mujer sobre el
te, y fracasa. ébano», otro poema dialogado, infun-
Debe, como en otro de sus poemas de a su verso, en ocasiones demasiado
dialogados, «Rosa mecánica», con- lógico, un muy humano erotismo:
trastar la naturaleza, en sus formas
más simples, un tallo de hierba, un es- Yo vi su desnudez ligera
carabajo azul, con una conflagración dorar la alcoba, como la luna un
cósmica (palabra, esta última, que uti- [puerto nocturno.
liza con frecuencia) en la cual caen mil Parecía que de sus hombros
fábricas por el suelo. Sólo así se siente arrancaban dos llamas para iluminar
insertado, de nuevo, en el mundo que [su cuerpo,
Rafael Maya: le es propio: el de la tierra, en sus ci- y que toda ella, desde la raíz de las
"Conservador en clos legendarios; el del firmamento, [vértebras
política, católico
en religión, siempre inmutable. hasta el nácar mínimo de las unas,
clásico en poesía..." Igual sucede en romances como el participase alegremente de la energía
de «Elegía de las lámparas», donde la [elástica del fuego.
llegada de la luz eléctrica a un pueblo
le dicta amargas reflexiones. Se reza Pero este erotismo no se mantiene,
menos, y la luna, provinciana, se pier- en otros textos, ni logra volver más ac-
de en alegre / calle de letreros. / ¡Todo cesibles sus largas y a veces un tanto
lo cambiaron / los negros inventos! Sí, monótonas reflexiones filosóficas; o su
el mundo de Maya no es el del rui- titanismo, un tanto sumario.
doso / mecánico infierno. Pero no se Quizás, consciente de ello, él pre-
piense por ello que se complace en el fiere concentrar sus esfuerzos en la fle-
rechazo fácil. Si bien ama las som- xible cárcel del soneto. Tiempo de luz,
bras todas / del antiguo tiempo, en al- por ejemplo, es un libro que sólo con-
gunos de sus mejores momentos logra tiene sonetos: 49, escritos entre 1940
una acertada fusión de formas clásicas y 1945. Limita así su ambición, como
y temas eternos, todavía válidos. Su el que lleva igual título, a una estética,
«Invitación a navegar» es muy logra- no por menor, menos reveladora.
da, en tal sentido. El adiós que pro-
fiere a su tierra, y a sus propios lími- Ahora voy a lo humilde, a lo pequeño,
tes, es sereno, y logra crear una vasta buscando en todo la fracción divina
atmósfera en torno suyo, no diluyén- de un amor, de un crepúsculo, de un
dose en él, sino manteniendo vivas sus [sueño.
raíces.
Esta estrofa es un buen ejemplo: Y sólo así mi corazón advierte
la unidad que se encuentra en toda
La tibia noche de mi infancia [ruina,
oyó una historia de naufragios y el designio creador que hay en toda
en que mi abuelo, que tenía [muerte.
un corazón de Ulises bárbaro,
murió de viejo en una isla Los tiempos modernos no impedían
comiendo dátiles dorados. escribir poesía. Le daban, por el con-
trario, un extraño encanto. El de ma-
La utopía poética se torna palpable, nifestar, en versos libres, su distancia
y la voluntad de huida se asume en co- de una modernidad, y un progreso,
rrespondencia con un sentimiento en- que definitivamente no le interesaban.
tonces muy generalizado. Lo corro- Más aún: de repudiar una «revolución
boran la novela Cuatro años a bordo en marcha» —que, por cierto, no era
de mí mismo. (1934) de Eduardo Za- la suya, y que, además, comenzaba a
lamea y el título, y el contenido, de un estancarse— apelando a. la intempo-
libro de poemas de José Umaña Ber- ralidad clásica. Poeta culto, poeta in-
Capítulo 2 53

telectual, poeta docto, estas preocu- sarán con cualquier jerarquía, re- Grupo de escritores
y poetas, entre los
paciones se hacen más claras en sus creándose en el espectáculo final «de que se distingue a
ensayos. una vasta e incurable mediocridad». Arturo Camacho
El Ortega y Gasset de La rebelión de Ramírez, Jorge Rojas,
Una crítica justa las masas (1929) entusiasmó a muchos José Umaña Bernal,
latinoamericanos. Eduardo Carranza,
ante una tradición precaria Juan Lozano y Lozano,
Esta conciencia crítica sustentada Felipe Lleras,
«Fue firme siempre sin arrogancia vana, en una ética del lenguaje le fue útil Enrique Uribe White,
y orgulloso, sin vanidades pueriles»: así para analizar nuestra breve tradición Luis Eduardo Nieto
describe Maya a José Eusebio Caro y anterior, con gran perspicacia. Caballero, Rafael
«Muchas de las poesías de Rafael Maya, Hernando
algo de eso hay también en Maya. Con- Turriago (Chapete).
tinuidad y rigor, desdeña el histérico Núñez son exposiciones prosaicas de
brillo de los aciertos ocasionales y elige, temas científicos, escritas en renglones
en cambio, la penumbra diligente. Tra- cortos.» «¿Qué cosa quedó de ese hu-
baja a largo plazo. manismo del siglo pasado, de ese fer-
«Somos un pueblo de hombres apa- vor por los estudios clásicos de que fue
sionados y, por lo tanto, mudables e símbolo preclaro Miguel Antonio
inconstantes», escribe en su ensayo so- Caro? Quedó un poco de fraseología,
bre «Aspectos del romanticismo en la afición por ciertos temas eruditos y
Colombia», y luego agrega: más que algo que podríamos definir como la
apasionados somos, en realidad, «sim- manía o prurito del greco-latinismo.
plemente emotivos». Esto explica qui- En fin: un humanismo fraccionado y
zás «el país de burócratas y de emi- acomodaticio, para uso de la oratoria
nencias pedigüeñas», como lo definió; y el periodismo, y con todos los estig-
y da pie para su aristocratismo de es- mas del ripio y del rezago.» «Pequeña,
píritu: los prejuicios dominantes y la muy pequeña, en relación con su vida,
voluntad sañuda y vengativa de las su talento y su formidable ilustración,
masas —tales son sus palabras— arra- es la obra de Valencia.»
54 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

En 1944 se definió con estas pala- hoy, resultan demasido largos para
bras: «No me ha disgustado nunca la una volandera hoja de periódico.
palabra retrógrado, ni cuando se apli- Eran, si se quiere, más profundos y
ca en sentido literario, ni cuando se le más graves. No es que Maya se situase
da significación política y religiosa. Si al margen de lo que estaba pasando.
algo necesita apoyarse en los suelos Por el contrario. Como director de la
más duros del pasado es la revolu- crónica literaria del diario El País, de
ción.» He aquí el fundamento de su fe Cali, impulsó, desde 1936, las prime-
en «la continuidad lírica de Colom- ras apariciones públicas de Piedra y
bia». «Como todos los pueblos pobres Cielo y, antes, los trabajos premoni-
y felices, hemos cantado mejor de lo torios de Aurelio Arturo. Y, aunque
que hemos logrado vivir. La belleza breve, su participación, en 1944, como
nos ha prestado auxilio siempre para miembro del partido conservador en
suplir abundantemente lo que nos la Cámara de Representantes, mues-
negó la menguada realidad.» tra con claridad sus simpatías políti-
cas. Pero hay algo en él que se sustrae
Mirada al contorno a los afanes de la hora. Una solidez en
su tarea crítica y una equilibrada frial-
En un país de nueve millones de ha- dad en su quehacer poético, que
bitantes, como el que describió muy demuestran la firme profesionaliza-
bien la norteamericana Kathleen Ro- ción de su tarea y el recto criterio
moli, en su libro Colombia (Buenos con que siempre la puso en práctica.
Aires, Editorial Claridad, 1944), don- Sin abdicaciones y a la vez sin con-
de sólo había 35.000 extranjeros regis- cesiones.
trados como residentes, y «en el que
la clase gobernante es limitada y el 80 Jorge Zalamea (1905-1969),
por ciento de la población es analfa- la praxis de un hombre de letras
beta», era apenas natural que los es-
critores buscasen perpetuar el carácter En 1933, Jorge Zalamea publica su en-
ideal de su república literaria. Como sayo político: De Jorge Zalamea a la
lo dijo Alberto Lleras, a la presidencia juventud colombiana. Era vicecónsul
de la República se podía llegar por en Londres. Se trata de una vigorosa
una escalera de alejandrinos parea- diatriba contra la generación del Cen-
dos. Sólo que por aquellos años, y con tenario, «inconsciencia, debilidad, his-
buen olfato, ya percibían las modifi- trionismo y mezquindad en sus fines»,
caciones que experimentaría su hábi- tales las acusaciones, y un llamado de
tat. Ahora sólo les quedaban los su- alerta a los miembros destacados de su
plementos literarios de los periódicos, generación —Los Nuevos, título de
y no el país, para medir sus fuerzas. una pequeña revista literaria de la cual
Otro viajero, el boliviano Alcides Ar- sólo aparecieron cinco números en
guedas, había registrado en su libro La 1925— previniéndolos acerca de su
danza de las sombras (1934) el tiraje de «adhesión entusiasta a los hombres y
los diarios, al comenzar la República Li- doctrinas» del Centenario. Los Nue-
beral, en el 30. Eran éstos: «El Tiempo, vos más destacados eran los hermanos
30.000 ejemplares en edición ordinaria Felipe y Alberto Lleras Camargo,
y hasta 50.000 los domingos; Mundo al Maya, Arciniegas, Elíseo Arango,
Día, 20.000 y, los sábados, hasta León de Greiff, Francisco Umaña
40.000; El Espectador: 15.000; El Nue- Bernal, José Mar, Manuel García He-
vo Tiempo: 5.000; El Diario Nacional; rreros y Luis Vidales, a juzgar por la
4.000; El Debate: 3.000. nómina de colaboradores. La carta de
Allí, a través de ellos, y, claro está, Zalamea es, además de un programa
mediante la radio, se daría la batalla de gobierno, una defensa de la inde-
por la modernización y el cambio. pendencia del hombre de letras ante la
Pero los ensayos de Maya, releídos política, y a la vez de su libertad de
Capítulo 2 55

participar, si así lo exige su conciencia, Jorge Zalamea:


en tareas colectivas. una vocación
«Un pueblo económicamente enfer- literaria
al servicio
mo no puede producir cultura; si ya la de la causa
tenía, la pierde; si carecía de ella, ja- liberal y de la
más estuvo tan lejos de alcanzarla», Revolución
dice allí Zalamea, y a su regreso a Co- en Marcha.
lombia, en el año 36, habría de entre-
garse, con gran entusiasmo, a las ta-
reas que en el campo cultural promo-
vía la primera administración de Ló-
pez Pumarejo. En ella Zalamea se de-
sempeña como secretario general del
Ministerio de Educación y luego, por
18 meses, encargado interino del mis-
mo, y como director de la Comisión de
Cultura Aldeana. Si en el primer car-
go defiende con brillante inteligencia,
ante la Cámara y el Senado, la refor-
ma educativa, en el segundo publica
una muy válida monografía sociológi-
ca sobre el departamento de Nariño
(1936). De 1937 a 1938 es secretario
general de la Presidencia y en tal cargo
elabora un estudio sobre La industria
nacional (1938).
El niño que había comentado libros
de los decadentes franceses, en Cro-
mos; que se había embarcado, aven- años han sido los del positivismo
turero adolescente, por tierras de (1880-1900), los del espiritualismo
América, con una compañía de teatro; (1900-1920) y los de planteamientos
y que de 1928 a 1933, precozmente socialistas, entre 1920 y 1940, con el
maduro, viajando, entre otros países, reconocimiento del populismo como
por España, había mantenido con Fe- factor importante de la escena política
derico García Lorca una estrecha latinoamericana. Consecuente con esa
amistad, según lo corroboran las her- renovación progresista, Zalamea saca
mosas cartas de este último, había sus conclusiones. ¿Cuáles son?
puesto su vocación literaria al servicio La existencia, durante aquellos
de una causa con la cual se sentía iden- treinta años, de un proceso de mixti-
tificado. Había conocido el poder, y ficación que había sustituido «la cosa
las obligaciones que conlleva. Su con- concreta y viva» por la retórica; que
ferencia, en mayo de 1936, en el Tea- había disimulado «la ignorancia de la
tro Municipal, titulada «La cultura geografía humana y del hecho econó-
conservadora y la cultura del liberalis- mico», con acicalamientos de clásico o
mo», es una cabal muestra del debate intemperancia de románticos, cuando
intelectual y político, en aquellos no con «el bálsamo milagroso destila-
años. do en tierras ultramarinas por los Ba-
A las acusaciones de «ordinariez y rres y los Daudet y los Maurras». La
mental bajeza» que se le hacen al go- última alusión era transparente: se re-
bierno liberal, él responde con un aná- fería a esa «Acción francesa» traduci-
lisis de los treinta años de hegemonía da a Manizalez, que era el grupo de
conservadora: 1900-1930. No sobra re- Los Leopardos, varios de los cuales
cordar que en el plano de las ideas, y habían colaborado en Los Nuevos,
de manera asaz esquemática, estos con artículos por demás dicientes. Au-
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
56

grarla en tan poco tiempo, pero de to-


dos modos la construcción de la Uni-
versidad Nacional, a lo cual Zalamea
coadyuvó en forma tan eficaz, atesti-
gua su capacidad de trabajo, en el te-
rreno de la praxis cultural. Originados
en la misma voluntad pedagógica son
los tres libros que publica en un mismo
año: 1941. Son ellos La vida maravi-
llosa de los libros, viajes por las lite-
raturas de España y Francia, que fue-
ron, originalmente, charlas por la ra-
dio; Nueve artistas colombianos, bre-
ves textos de presentación de los pin-
tores del momento: Pedro Nel
Gómez, Ignacio Gómez Jaramillo,
Gonzalo Ariza, Luis Alberto Acuña,
Sergio Trujillo y el escultor Ramón
Barba, entre otros; e Introducción al
arte antiguo, un breviario didáctico.
En estos años, la vocación de Za-
lamea se encaminaba más hacia la ta-
rea pública, en sus aspectos de divul-
gación cultural y actualización de re-
ferencias, que hacia la elaboración de
una obra. Sólo años más tarde, en el
exilio argentino, redactaría su mejor
obra: El gran Burundún-Burundá ha
Augusto Ramírez muerto (1952) y experimentaría «la
Moreno (1900-1974),
uno de los gusto Ramírez Moreno, en el N.° 1, el consolación», deparada por sus tra-
fundadores del titulado «La orientación reaccionaria ducciones de Saint-John Perse. Aho-
grupo de de la juventud», y Silvio Villegas, en ra, en estos años, Zalamea asumía con
Los Leopardos. el N.° 3, con el denomiado «Reflexio- honestidad su identificación con un
La polémica
literaria se nes inactuales». La polémica literaria partido, el liberal, y un gobierno, el de
convertía en se convertía en lucha política. A la vi- López Pumarejo, que encarnaba, en
lucha política. brante oratoria de Los Leopardos, el campo administrativo, similares
que había escuchado con atención las propuestas renovadoras a la suya en el
Silvio Villegas campo literario. Esta propuesta suya,
(1902-1972), vociferaciones de Mussolini y los silen-
miembro de cios de Franco, Zalamea oponía la similar a la de Sanín Cano cuando, en
Los Leopardos, pragmática construcción de escuelas, contra del peso de la tradición hispa-
foto de 1923, colegios y universidades. A la profe- nizante, presentó las literaturas nór-
cuando escribió su sión de fe religiosa y política, en asun- dicas a un público que las desconocía
poema "Ilusionismos"
tos educativos, una amplia tolerancia de plano, muestra también las ambi-
de credos e ideas. Pero el asunto no güedades y conflictos de un medio
era fácil y él mismo reconocía allí, en que, por pobre y precario, no permitía
esa intervención, la «pesada y lenta a verdaderos hombres de letras como
marcha de los órganos administrati- eran Baldomero Sanín Cano y Jorge
vos»; y el débil e intermitente interés Zalamea el pleno despliegue de su
de las regiones por la acción del go- fuerza creadora. Debían, primero,
bierno central. La modificación.del es- crear el espacio propicio donde su
tilo y el tono de la vida nacional, que obra pudiera desarrollarse. Sólo que,
había señalado como meta de su go- por desgracia, en tal tarea secundaria
bierno López Pumarejo, al asumir el consumieron buena parte de su ener-
poder en 1934, no parecía factible lo- gía y su talento.
Capítulo 2 57

Ilustración para la
versión discográfica
de "El gran Burundún
Burundá ha muerto",
publicado por la
emisora HJCK en la
voz de su autor,
Jorge Zalamea Borda.
Es su mejor obra,
escrita en Argentina.

Dos novelistas: sostenidas por un laconismo que les


César Uribe Piedrahíta veda el arrebato exaltado, ante la ve-
y Eduardo Zalamea Borda getación, ante la injusticia, ante las
pasiones, y que, por el contrario, le
Uribe Piedrahíta publicó dos novelas permite ser muy sobrio en sus descrip-
y dejó trunca una tercera: Caribe. La ciones. Se trata de un mundo opaco,
primera, Toá (1933), está referida a en el cual hombres y animales llegan
las regiones caucheras del Caquetá y a confundirse, reaccionando del mis-
el Putumayo. Exploración de un terri- mo modo. El retrato es simple pero
torio y exploración de una conciencia, acertado.
la primera concluye con la expulsión «Durante la década de los años
de los colonos colombianos, prove- treinta, casi se supera el vanguardismo
nientes de Tolima y Antioquia, por las en favor de la tradición realista que se
milicias armadas de la casa Arana. La vuelca hacia la protesta social. Es im-
segunda exploración, la de la concien- portante notar la persistencia de la
cia, se centra en la relación amorosa postura vanguardista y particularmen-
entre un médico blanco y una indíge- te que algunas novelas de protesta
na, y termina con la muerte de la mu- también adoptan la actitud vanguar-
jer, en un parto, y la conversión del dista ante la invención de la realidad
médico en un despojo alucinado: bal- y la innovación técnica»: así caracte-
bucea palabras ininteligibles en dialec- riza a esta época el crítico John J.
to carijona y huitoto. Escrita nueve Brushwood, en su obra La novela his-
años después de La vorágine, retoma panoamericana del siglo XX (México,
varias de sus preocupaciones: la ciu- . 1984) y sus palabras son perfectamen-
dad apática, la huida hacia una selva te aplicables a Mancha de aceite
redentora, la ferocidad de una natu- (1935), la segunda novela de Uribe
raleza que se creía factible dominar y Piedrahíta, anunciada, antes de su
que terminaría por devorarlos. aparición, como «novela anti-imperia-
Quizás por ser Uribe Piedrahíta mé- lista». En ella el texto y los grabados
dico, las páginas de la obra se hallan de Gonzalo Ariza tienen igual impor-
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
58

Ilustración de tancia, integrando un solo bloque,


Alberto Arango compuesto, además, por cartas, do-
Uribe para "Toá" cumentos oficiales, y rápidos flashes
(1933), de César
Uribe Piedrahíta, informativos que nos dan una visión
novela sobre las global de la explotación petrolera,
explotaciones desde el lago de Maracaibo hasta el
caucheras del Catatumbo. «La más vigorosa novela
Coquetá y Putumayo
y sobre las del petróleo en Venezuela hasta el
actuaciones de presente», se ha dicho, y la razón re-
la casa Arana. side en la capacidad de Uribe Piedra-
híta para, con muy poco, decir mucho.
Para mostrar la compleja red de cau-
sas y efectos que van desde el adulte-
rio, entre un médico colombiano y la
esposa del superintendente nortea-
mericano de los pozos petroleros, has-
ta el dictador que desde Caracas rige
todo el país, pasando por la horda de
intermediarios y las previsibles tensio-
nes entre unos y otros.
Con buen oído para el lenguaje ha-
blado, como ya lo había demostrado
en Toá, la novela finaliza con el fusi-
lamiento, por los gringos, del médico,
luego de haber intentado fundar en
vano un sindicato. La explosión final
de un pozo, «holocausto de venganza,
muerte y purificación», parece contra-
Ilustración de
Gonzalo Ariza para
decir, en algo, su lograda sobriedad
la novela realista, pero estas 130 páginas de tex-
"Mancha de aceite" to grabado quedan como cabal incor-
(1935), de César poración de los recursos gráficos —ti-
Uribe Piedrahíta. pografía, márgenes, ilustraciones— a
un contenido militante. Collage socia-
lista sin héroes positivos. Si bien traza
con rapidez los caracteres —prepoten-
cia de los conquistadores yanquis, si-
nuosidad untuosa de los intermedia-
rios, abyección impuesta a los natu-
rales—, el saldo final la convierte en
la novela-ejemplo de los años treinta,
tanto por el contenido como por su
técnica. Es como un largo afiche de
protesta, en 130 páginas.

El viaje a la Guajira
de Eduardo Zalamea Borda
Más compleja, indudablemente; más
lírica, en su ambientación; más ena-
morada de sí misma en el análisis de
una mente y un cuerpo, es Cuatro
años a bordo de mí mismo (1934).
Subtitulada «Diario de los cinco sen-
Capítulo 2 59

tidos», ellos se abren para su prota- de la crisis andariega, viéndolo tal


gonista en la Guajira, como los del como en realidad era: un pueblucho
anti-héroe de Uribe Piedrahíta se de casas viejas, bajas, y personas ge-
abrieron en las selvas del Putumayo. neralmente antipáticas, todas vestidas
Es el viaje iniciático —las singladuras con trajes oscuros». El mismo que di-
de De Greiff, el Viaje a pie (1929) de bujaba De Greiff, el mismo que pin-
Fernando González, la invitación a taba Osorio Lizarazo.
navegar de Rafael Maya— llevado a Pero en el caso de Zalamea sus lec-
cabo por todo el territorio colombia- turas —Virginia Woolf, Aldous Hux-
no, y por la psiquis de sus habitantes. ley, Dos Passos, Caldwell, Faulkner,
Se trataba de descubrir un país lla- Proust—, con tan buen criterio glosa-
mado Colombia, tanto desde la no- das en sus columnas de El Espectador,
vela, la poesía y el ensayo como desde le permiten dar forma a esa vida en es-
la sociología o la economía. Recuér- tado puro; a ese enceguecimiento que
dese la monografía de Jorge Zalamea le produce el sol, la arena, las blancas
sobre Nariño; la Geografía económica salinas de Manaure y el resplandor del
de Caldas, de Antonio García. sexo en medio de una naturaleza yer-
En el caso de Eduardo Zalamea, la ma. Irracionalidad primitiva en que se
educación sentimental, dentro de un mezclan los colores «fauves» de las
orden constituido; y la experiencia re- mantas guajiras con las reverberacio-
belde que esta estructura les impedía nes impresionistas de un horizonte he-
tener a los jóvenes —sexo, violencia, cho todo de luz. Muchachos que que-
aventura, otras tierras, la disolución rían ser libres y a la vez enriquecerse,
en una naturaleza que era a la vez anímicamente o, de modo más prác-
amenaza y tentación— es el motor que tico, mediante alguna explotación de
les impulsa. Atrás quedaba el Bogotá caucho, sal u oro, en aquellas comar-
estrecho y frío, y «con pretensiones de cas inexploradas. Cuando el protago-
urbe gigante», al cual volverían, luego nista de Cuatro años... retorna a la

La plana mayor del


grupo Piedra y Cielo:
Gerardo Valencia,
Arturo Camocho
Ramírez, Jorge Rojas,
Eduardo Carranza
y Darío Samper.
La foto fue tomada
en "Santa Rosa",
la casa del poeta
Rojas en Bogotá.
60 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

ciudad, su rechazo es tajante: «Aquí regido por una gracia ágil, entre ne-
está la civilización, llena de números, bulosa y mágica, a través de la cual
de fechas, de marcas. Allí, la vida ver- asomaba un idealizado pero percepti-
dadera, dura y desnuda como una pie- ble paisaje tropical; y una vibrante
dra. Allí estaban las mujeres desnu- sonoridad, surcada de juegos de
das, los hombres francos, los peligros palabras:
simples y con los dientes descubiertos.
Aquí está todo velado, escondido, fal- ¿En que jardín del aire o terraza del
sificado.» El retorno lo hace con los [viento,
dos libros que lo habían acompañado: entre la luz redonda del cielo
Los trabajos y los días, de Hesíodo, y [suspendida,
El viajero y su sombra, de Nietzsche. creció tu voz de lirio moreno y la
El contraste, sólo en apariencia, es no- [subida
torio. Se trata, en verdad, de dos in- agua surtió que te hace de nube el
telectuales que revelan los caracteres [pensamiento?
de su sociedad, huyendo de ella. Pero,
curiosamente, a través de los libros Transparente en el sentimiento y
que escriben terminarán por hallarla, artificial en la forma, había en ella, sin
retratada en sus páginas. Las dos no- embargo, algo íntimo en medio de su
velas —Toá y Cuatro años a bordo de levedad. Sin embargo, como lo dijo
mí mismo— son el verdadero viaje. Jorge Zalamea en 1940: «Eduardo Ca-
rranza tiene alas para vuelos más altos
Eduardo Carranza (1913-1985). y amplios que los circulares que en-
«Salvo mi corazón, todo está bien.» saya en su clausurado jardín de niñas
como alondras y jazmines como
Si bien los primeros poemas de Au- niñas.»
relio Arturo, aparecidos en suplemen- En contra de la altisonancia predo-
tos literarios de 1931 a 1934, consti- minante, Carranza opuso un adelga-
tuyen el punto de ruptura en medio zamiento verbal y un acento más fino,
del largo dominio modernista, éste hecho casi siempre de nostalgia:
sólo falleció oficialmente en Colombia
en 1936 con la aparición del libro ini- Asomada en su alma, ella sonríe
cial de Eduardo Carranza: Canciones detrás del aire, pensativamente.
para iniciar una fiesta, al cual habrían
de seguir, dentro del período que con- Al mismo tiempo, Carranza, am-
templamos, otros dos: Seis elegías y un parado en Rubén Darío y Juan Ra-
himno (1939) y Ellas, los días y las nu- món Jiménez, iniciaba sus campañas
bes (1941). líricas y, secundado por Bolívar, el
Y fue quizás la personalidad beli- Bolívar autoritario, el Bolívar de la
gerante de Carranza, nacido en constitución boliviana, sus escaramu-
Apiay, en los Llanos Orientales, y zas políticas.
afirmada en su destino de poeta, la en- En 1935, por ejemplo, conocerá a
cargada de dar carta de ciudadanía a Guillermo Valencia, quien desde la
una poesía esbelta y emotiva, llena de aparición de Ritos (1889) había ejer-
sugerencias musicales y que tenía cido una dictadura poética, dictadura
como elementos más propios un cielo que habría de prolongarse aún por al-
perpetuamente azul y un coro de don- gún tiempo, y a la cual no eran ajenos
cellas inmateriales, o de «doradas se- el hecho de haber sido dos veces can-
ñoritas lánguidas», como las llamaría didato frustrado a la presidencia de la
cuarenta años más tarde. República y el vivir, arisco y señorial,
Esta poesía, que encontraba en en una ciudad hecha a su medida, po-
Garcilaso y en Gustavo Adolfo Béc- payán, de la cual llegó a ser cantor y
quer algunos de sus paradigmas, res- símbolo. Carranza, de veintidós años,
piraba un clima de juventud y lozanía, quien acaudillaba un movimiento ju-
Capítulo 2 61

venil de tipo nacionalista y redactaba Arturo Camacho


un semanario llamado Derechas, le re- Ramírez en 1935,
a los 25 años
prochó a Valencia el exceso de cultura de edad. Es el autor
en su poesía; de cautela y contención, "Presagio del amor",
que la tornaba fría, y recibió la res- "Espejo de
puesta que su insolencia merecía: naufragios" y
"Límites del mundo",
«Amigo, en las más altas cumbres entre otros libros
hace frío.» de poemas.
Años más tarde, en 1941, volvía a la
carga calificando a Valencia de «re-
tórico genial al servicio de un poeta
menor», en un resonante artículo ti-
tulado «Bardolatría», en el cual es-
bozaba su poética: «En el lirismo lo
esencial no es lo que se dice sino lo
que no se dice, la dorada niebla de su-
gestión que esfuma los contornos del
poema.» Se afiliaba así a una ilustre
tradición colombiana que de José Fotografía y
Asunción Silva a Eduardo Castillo y firma autógrafa
de éste a Aurelio Arturo ha preferido de Tomás Vargas
la insinuación al grito. La voz baja a Osorio (1908-1941),
la voz alta. poeta piedracielista
autor de
Pero en ese entonces Carranza ya "Un hombre sueña"
no era, como se autodefiniría en 1974, "Regreso de la
«el secreto adolescente triste» sino «el muerte", "Territorio
joven victorioso en su relámpago». Su amoroso" y
relámpago fue Piedra y Cielo. "Travesía
terrestre".
Apropiándose del título de un libro
de Juán Ramón Jiménez, y con el pa-
trocinio de Jorge Rojas, mecenas del
grupo, aparecieron entre septiembre y
diciembre de 1939 cinco cuadernos, y
el año siguiente dos, que recogían pro-
ducciones del propio Rojas, Carlos
Martín, Arturo Camacho Ramírez,
Eduardo Carranza, Tomás Vargas
Osorio, Gerardo Valencia y Darío
Samper.
Con los ojos fijos en la generación
española del 27, que la célebre anto-
logía de Gerardo Diego, en 1932, ha-
62 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

bía puesto a circular por toda Améri- fluidez, su aroma volandero, a más ló-
ca, esta poesía aérea, delicada y sus- gicas y obvias fórmulas expresivas.»
pirante, que retomaba «el imperio tan Como él mismo lo reiteraba, «volvie-
dulce como tiránico de las eternas nor- ron a los eternos asuntos con las eter-
mas poéticas», según las palabras de nas palabras: el amor terreno y el ce-
Jorge Zalamea, adquirió, sin embar- leste amor, la angustia del tiempo, del
go, en el caso de Carranza, una en- espacio, de la muerte, la ausencia, la
tonación propia. voluptuosidad, la nostalgia, la melan-
Base de su fama fueron sus sonetos, colía, la alegría o la pena de existir.
recogidos en Azul de tí (1937-1944). Había pasado la tormenta, y el campo,
Allí se agrupan versos que la memoria el aire y el cielo de la poesía eran de
colectiva no olvida, como aquellos de nuevo puros, azules, cristalinos».
«Teresa en cuya frente el cielo empie- Sólo que esa poesía primaveral, rni-
za» o el conocido final de su «Soneto mética, en ocasiones, de la de Pedro
con una salvedad»: «salvo mi corazón, Salinas, de la de Jorge Guillén, de la
todo está bien», que gozaron de justa del propio Paul Valery, cuyo Cemen-
resonancia. La poesía, ha dicho Ca- terio marino tradujo Jorge Rojas en
rranza, es anécdota trascendida, y en 1945, corría varios peligros. El mayor,
ella un neo-romántico exaltaba, den- como lo expresó, en 1944, Joaquín Pi-
tro de la tradición clásica española, el -eros Corpas, refiriéndose a la totali-
mito del amor juvenil. La palabra me- dad del piedracielismo, era el compro-
lancolía, una melancolía entre enter- bar cómo «la excesiva finura de las
necedora y elástica, define muy bien imágenes» comunicaba a los textos
dicho período, en el cual mantiene la «una fragilidad exasperante». Lo que
añoranza de un paraíso feliz, y per- fue asombro, y metáforas sorpresivas,
petuamente perdido. Un paraíso de se había trocado en fórmula. A partir
palmeras y vastos horizontes por el de allí, y utilizando el mismo arsenal
cual flotan, translúcidas, o saltan gim- metafórico, Eduardo Carranza se de-
násticas, innumerables muchachas, dicó a cantarle, en voz alta, a la patria.
siempre en flor. Su lenguaje diáfano y Fabricó, así, una poesía pública y enu-
su buen gusto le impiden caer en el merativa, conmemorando paisajes y
riesgo sentimental, como lo ha seña- sobre los cuales ha caído, en forma
lado Fernando Charry Lara. justa, el peso del tiempo. En esa ruta,
Una nota de Carranza, fechada en próxima al «nerudismo», lo había pre-
1943, y referida a su compañero de cedido Rojas con sus conocidos poe-
Piedra y Cielo, Jorge Rojas, define mas «El cuerpo de la patria» y la «Pa-
bien los objetivos del grupo: la vigen- rábola del nuevo mundo», dedicado
cia de los mismos, entre 1920 y 1935, este último a Cristóbal Colón y fecha-
ha quedado atrás; atrás han quedado, do en el año 1945.
entonces «los deleznables tópicos ul- Autor de uno de los primeros ar-
traístas, la denominada poesía social, tículos que se escribieron en Latino-
a base de un falso sentimiento revo- américa sobre José Antonio Primo de
lucionario y una reiteración interna- Rivera, el caudillo falangista; defen-
cional de lugares comunes; la utópica sor, en el juicio universal, de Benito
poesía pura con su pretencioso her- Mussolini; cantor de Cara al sol, «el
metismo». himno más hermoso de amor y muerte
«Se buscaron de nuevo la claridad que yo conozco», Eduardo Carranza
conceptual, la clásica ordenación, la era, mediando la década de los cua-
métrica y los ritmos tradicionales y renta, un poeta célebre quien, en cier-
una prudente objetividad; se procuró to modo, había desplazado a Guiller-
—aun reaccionando contra la anéc- mo Valencia, arrebatándole su «cetro
dota literaria y el poema argumental— de insigne marfil». Viajaría, en 1946,
dar a la poesía asideros mentales y a Chile, como agregado cultural, y
sentimentales y reducir su misteriosa allí, como luego, más tarde, en Espa-
Capítulo 2
63

El poeta Eduardo
Carranza con el
escritor
y académico español
Camilo José Cela,
durante una visita
a la casa de
Antonio Machado,
en Segovia, 1953.
En ese momento,
Carranza era
agregado cultural
de la embajada
de Colombia
en Madrid.

ña, entre 1951 y 1958, su poesía ex- Sin embargo, cuarenta años más
perimentaría un cambio sensible. Ma- tarde, estas palabras de Danilo Cruz
duraría y se enriquecería. Vélez hacen justicia al aporte inicial
Precisamente un poeta chileno, Pa- de Carranza: «El primer libro de Ca-
blo de Rokha, proverbial enemigo de rranza —dice— significó una ruptura
Neruda, visitó por aquellos años, con una tradición de extemporaneidad
1945-1946, a Colombia, publicando y una incorparación de la poesía co-
sus impresiones en un libro titulado lombiana a la modernidad.» ¿La ra-
Interpretación dialéctica de América - zón? En Canciones para iniciar una
Los cinco estilos del Pacífico (Buenos fiesta «el poema se desliga de lo dado,
Aires, Ediciones Libertad, 1947). y no tiene que buscar su verificación
Miembro del partido comunista y de- en las cosas —en los objetos exterio-
fensor a ultranza de la Unión Sovié- res, en los sentimientos, en el mundo
tica, Rokha se sorprende al ver cómo, cultural— sino en sí mismo». Auto-
durante el segundo gobierno de López nomía de la poesía para cantar lo que
Pumarejo, muchas «figuras intelectua- su propio lenguaje le dicta y de esta
les de la clase media, que adoptan las manera poder recobrar, de nuevo, el
formas académicas de la versificación mundo. Tal la contribución de Carran-
caduca», y que «arrastran aún la mar- za y su grupo.
ca de la camisa negra del fascio», re- Un aporte, como todos los de este
presentan una tendencia innovadora. período 1930-1946, marcado por las
Le asombra aún más comprobar cómo fecundas contradicciones de una épo-
«la actitud académica de Piedra y Cie- ca de cambio. Pero, como diría Bor-
lo aparece como revolucionaria», y ges, ¿no son acaso todas las épocas,
cómo la reacción hace la revolución li- épocas de cambio? Así, por lo menos,
beral contra la reacción y apoyándose y en este caso concreto, lo atestigua
en los reaccionarios, todo lo cual, «in- esta literatura, debatiéndose, de con-
discutiblemente» —según él—, «va a tinuo, entre un pasado que la constri-
la demagogia». Tal era el contradic- ñe y un futuro que no logra visualizar,
torio clima en que se desarrolló Piedra del todo, en sus retrocesos y en sus
y Cielo, calificado por Rafael Gutié- rupturas. En su estabilidad renova-
rrez Girardot de «Revolución en la dora y en sus avances, a veces no del
tradición». todo perceptibles.
64 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

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Capítulo 3
65

Literatura y pensamiento.
1946-1957
Luis Antonio Restrepo

E n el ocaso de la República Libe-


ral, marzo de 1946, Luis López
de Mesa, ex ministro y uno de los más
prestigiosos intelectuales del país, dio
comienzo a un ciclo de conferencias en
la Universidad Nacional. En la pri-
mera conferencia se refirió al crosop-
terigio, pez de aletas franjeadas, pro-
bable transición entre los vertebrados
marinos y los terrestres. Dos días des-
pués, el ministro de Educación, Ger-
mán Arciniegas, recibía una comuni-
cación firmada por monseñor Ismael
Perdomo, arzobispo de Bogotá: «Ten-
go el honor de dirigirme a Su Señoría
para manifestarle muy respetuosa-
mente que tuve oportunidad de oír la
conferencia que dictó antier el doctor
Luis López de Mesa, con motivo de
inaugurarse la Facultad de Filosofía velar por la integridad de la doctrina Luis López de Mesa
de la Universidad. El señor López de que se enseñe en cuestiones que se ro- y los "crosopterigios",
Mesa sostuvo las ya anticuadas hipó- caricatura de Alberto
cen con la Religión, desearía no verme Arango Uribe alusiva
tesis que tratan de explicar el origen en la penosa obligación de desautori- a la polémica tardía
del hombre mediante un falso evolu- zar las anunciadas conferencias, con surgida con la Iglesia
cionismo, en abierta oposición con las detrimento del buen nombre de la a propósito de la
enseñanzas católicas sobre la materia. Universidad Nacional. Ruego, pues, teoría evolucionista
Como, según se ha anunciado, el co- muy atentamente a S.S. se digne to- en marzo de 1946.
nocido Profesor continuará la exposi- mar las medidas que estime conve-
ción de tales teorías, y es deber mío nientes a este respecto.»
66 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

rejes.». Sin embargo, al final de su car-


ta se percibe el argumento de más
peso para la cancelación del ciclo de
conferencias: «Un político discreto y
alerta me llamó por teléfono a recor-
darme que había elecciones próximas
y polémicas universitarias muy can-
dentes, añadiendo en su vocabulario
peculiar patético: "¿No habría modo
de hacer nacer esos cochinos vertebra-
dos en alguna otra parte?"» Sin duda,
mirada de cerca, la popular historia
del profesor López de Mesa y su sar-
dina es algo más que una anécdota. En
primer lugar, es un ejemplo del poder
de la Iglesia católica sobre la difusión
de la cultura, pues la nada jocosa co-
municación oficial del arzobispo Per-
domo es simplemente la prohibición
de la enseñanza de la teoría de la evo-
lución, apelando a la autoridad que le
confería el Concordato de 1887. En
segundo lugar, deja muy en claro el te-
mor del liberalismo a los eventuales
efectos electorales de una polémica
con la jerarquía eclesiástica.
No deja de ser significativo que este
incidente ocurra después de dieciséis
años de régimen liberal. El liberalis-
mo, no siempre con la misma fir-
meza, había reivindicado la libertad
de pensamiento y de cátedra, en
oposición a la tradición confesional
Monseñor Ismael Lopéz de Mesa suspendió inmedia- instaurada desde la época de la Re-
Perdomo, tamente sus conferencias. Haciendo generación. De aquella época data la
arzobispo primado consolidación de la tradicional alianza
(óleo de Ignacio Salas, gala de su fino humor, explicó, por
colección del Celam, medio de una carta, su decisión. En entre el partido conservador y la Igle-
Bogotá). El famoso ella relata el origen de lo que él mismo sia. A cambio del apoyo religioso, el
incidente de las denomina la «tempestad de la sardi- régimen entregó al clero el control
"sardinas" con el na»: un periodista había escuchado un ideológico de la educación, desde la
profesor López de Mesa, escuela primaria hasta la universidad;
evidenció la chiste de uno de los asistentes a la con-
prohibición ferencia y publicó un artículo donde hecho importante, sin duda, aunque
por parte de la afirmaba que el profesor López de es bueno no olvidar que todavía en las
Iglesia de ensenar la Mesa sostenía que una lamprea o sar- primeras décadas de este siglo la in-
teoría de la dina había salido del mar a producir mensa mayoría de la población estaba
evolución, apelando
los vertebrados terrestres. Más ade- al margen del aparato educativo.
para ello a la
autoridad que le lante López de Mesa comenta, no sin De derecho y de hecho se ejerció
confería el Concordato, cierta distancia aristocrática, el tumul- una aplastante censura sobre las ideas
así como el temor to que había producido su conferen- que real o supuestamente se separa-
del liberalismo a los ban de la ortodoxia católica. Esta si-
eventuales efectos
cia: «Y aquello fue punto menos que
electorales de una un ataque de histeria, en que hasta se- tuación generó una tendencia muy
polémica con la sudos varones de la comarca bailaron fuerte a la homogeneidad, que, asu-
jerarquía eclesiástica. el "porro de la sardina" con música de mida por la mayoría de la población,
Darwin y de otros más o menos he- funcionó como un mecanismo de pre-
Capítulo 3 67

sión que reemplazó, muchas veces, la ideas fascistas en boga en la Europa de


acción de las autoridades civiles y ecle- la época. La versión española del fas-
siásticas. cismo, el falangismo, por su carácter
La arrogancia de un clero educado católico y su culto al hispanismo fue
en el espíritu del Syllabus (la carta del naturalmente el modelo para los po-
arzobispo Perdomo al ministro de líticos e intelectuales conservadores.
Educación es un excelente ejemplo) se Cuando en 1934 el presidente Al-
reforzó por el papel político de la Igle- fonso López Pumarejo puso en mar-
sia durante la hegemonía conserva- cha sus proyectos de reformas, la opo-
dora. El clero no sólo legitimaba es- sición se le hizo en nombre de las tra-
piritualmente el régimen, sino que la diciones hispánicas y católicas del
sucesión en la presidencia de los gran- país. Ya se tratara de la ley orgánica
des jefes conservadores estaba, en úl- de la Universidad, la reforma del Con-
tima instancia, en manos del arzobispo cordato, el proyecto de reforma agra-
primado de Colombia, y una vez to- ria, el ataque apuntaba a denunciar el
mada la decisión, las parroquias del carácter ateo, masón y comunista del
país funcionaban como eficientísimas gobierno. Pero también desde el ala
agencias electorales. derecha del partido de gobierno se de-
Esta situación se prolongó por casi nunciaba la tendencia «socializante»
medio siglo y modeló profundamente del sector liberal que seguía a López
la sociedad colombiana; no es pues Pumarejo.
exagerado definir la cultura de la épo- La guerra civil española (1936-
ca como una «cultura de sacristía». 1939), que coincidió con los años de la
Ciertamente una minoría resistió, Revolución en Marcha, agudizó aún
pero la mayoría se adhirió por convic- más los rasgos fascistas del conserva-
ción o por interés. tismo. Además, el compromiso de la
El factor religioso fue pues un com- Iglesia católica con el franquismo se
ponente importante en la configura- reflejó en el escenario colombiano en
ción de la fisonomía social y cultural forma bastante inquietante, pues el
de la Colombia moderna, pero no fue clero, que veía amenazados sus privi-
el único. Una sociedad polarizada en- legios tradicionales, reaccionó asu-
tre la miseria y la riqueza, con una cla- miendo actitudes similares a la «cru-
se media inexistente en muchas regio- zada» franquista. Como prueba bas-
nes y débil en otras, sólo podía pro- taría mirar los sermones pronunciados
ducir una cultura de clérigos, burócra- durante el Congreso Eucarístico de
tas, generales y doctores que en sus ra- Medellín, en 1936: se invita al pueblo
tos de ocio cultivaban las «bellas colombiano a «entregar hasta la últi-
letras», la oratoria y la gramática. ma gota de sangre» en defensa de los
El desarrollo económico del país, en «eternos valores cristianos». Procla-
particular en la tercera década, pro- mar la posibilidad de desatar una gue-
dujo cambios relativamente importan- rra religiosa se volvió rutinario en los
tes en la mentalidad de los sectores mensajes de los obispos y los sermo-
que sufrieron el impacto de la indus- nes de los eclesiásticos. Por su parte el
trialización y el crecimiento urbano conservatismo suscribió entusiasta-
que lo acompañó. Los años veinte ven mente estas incendiarias declara-
ciones, tan útiles para sus fines par-
surgir el movimiento obrero y las pri- tidistas.
meras organizaciones socialistas. El
partido liberal, o más precisamente un Durante los dos gobiernos que si-
sector de él, da un viraje de sus tra- guieron al de la Revolución en Mar-
dicionales posiciones individualistas y cha, el de Eduardo Santos y el segun-
antiintervencionistas, hacia políticas do de López Pumarejo, esta conste-
de contenido reformista. En el con- lación ideológica pasó a estado de la-
servatismo, su ideología autoritaria y tencia, parcialmente al menos. El
confesional fue impregnándose de liberalismo había depuesto sus aspi-
68 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

raciones reformistas, poco podían ob- puertas de la nación a la emigración


jetar las derechas. roja española? El partido liberal no se
En 1946, el liberalismo dividido puede lavar las manos de las atroci-
pierde las elecciones presidenciales; dades del 9 de abril, porque él procla-
es, sin embargo, mayoría en el Con- mó la Revolución en Marcha, cuyo
greso. Mariano Ospina Pérez es cons- desfile destructor, sacrilego y criminal
ciente de la necesidad de una transi- es una fecha que cubrió de luto y de
ción para poder consolidar el poder vergüenza a la patria.»
conservador. Pero no es fácil manejar La Universidad Nacional y la Es-
al sector acaudillado por Laureano cuela Normal Superior fueron repeti-
Gómez que exige prontitud en el des- damente señaladas como los focos de
monte de los aparatos liberales y al li- donde habían salido las ideas materia-
beralismo que pugna por pasar el cua- listas y ateas que, a través del magis-
trenio con los menores golpes posi- terio y otros medios de difusión, ha-
bles, antes de recuperar la presiden- bían infectado a parte del pueblo co-
cia. El país se caldea y en los campos lombiano. Ya desde los días siguientes
y pueblos comienza la Violencia. Jor- al levantamiento se eleva la inquietan-
ge Eliécer Gaitán, dirigente indiscuti- te consigna de que se trata de «una lu-
do del partido, hace vibrar a grandes cha de la civilización cristiana contra
masas populares con su oratoria vin- la barbarie».
dicativa de tipo populista, que al mis- En 1950 asume la presidencia Lau-
mo tiempo genera miedo en las clases reano Gómez, cuyas posiciones fascis-
altas. Su asesinato el 9 de abril de 1948 tas eran de todos conocidas. El libe-
desata un levantamiento espontáneo ralismo había ordenado la abstención
en muchos lugares del país, pero en en las elecciones por falta de garantías
Bogotá tiene efectos arrasadores. El mínimas. El país entraba de lleno en
intento de rehacer el gobierno de una virtual guerra civil, que por eu-
Unión Nacional tiene resultados me- femismo se ha llamado la «Violencia».
lancólicos y el cierre del Congreso por Gómez planteó abiertamente la recris-
orden del ejecutivo, en 1949, pone fin tianización del país como la meta su-
al entendimiento, así fuera mínimo, prema de su gobierno; a la lucha po-
entre los partidos tradicionales. lítica se le daba pues la significación de
El 9 de abril reabre el debate sobre una cruzada religiosa. La Iglesia lo
la cultura colombiana. Tanto la Iglesia acompañó en la tarea, aunque no
como el conservatismo sindicaron a las siempre la jerarquía eclesiástica se ex-
reformas educativas llevadas a cabo presó con la beligerancia fanática de
por la Revolución en Marcha y más in- Miguel Ángel Builes, obispo de Santa
mediatamente a la intelectualidad de Rosa de Osos.
la izquierda liberal. El Siglo, el 27 de Se inicia un doble proceso de puri-
noviembre de 1948, con ejemplar ni- ficación: en la burocracia, de elemen-
tidez, establece el vínculo de causali- tos liberales (cosa normal en las cos-
dad entre liberalismo y 9 de abril: tumbres políticas de la época) y pu-
«Pero el señor ministro dirá que eso rificación ideológica del país; esta
fue un abuso, que no fueron los libe- combinación resultó nefasta porque
rales, sino los comunistas, los autores potencializó al máximo el sectarismo
del 9 de abril. Convengamos con ello. tradicional.
Pero pregunto a Su Señoría: ¿qué En el terreno de los aparatos trans-
partido hizo posible la implantación misores de cultura, la actitud de into-
del comunismo entre nosotros? Cuál lerancia se puso de manifiesto abier-
. de los dos partidos pagó, con dineros tamente. La Universidad Nacional fue
de la nación, al tenebroso comunista el primer blanco. Era uno de los sím-
Lombardo Toledano, para que viniera bolos de la Revolución en Marcha. A
a presidir los congresos sindicales? través de ella se habían introducido las
¿Cuál de los dos partidos abrió las ciencias sociales: sociología, econo-
Capítulo 3 69

mía, antropología, antes desconocidas Pero ya en julio de 1948, en un ar-


en el país como disciplinas académi- tículo de la revista de la Universidad
cas. Desde ella se intentaron poner las Nacional, se había colocado el Insti-
bases para el desarrollo de una filo- tuto de Psicología Aplicada de dicha
sofía diferente al escolasticismo tomis- Universidad bajo el patronato del pa-
ta dominante hasta 1936. Ya el 3 de dre Balmes, pues según el autor del
febrero de 1948, El Siglo exigía la edu- artículo: «Designio providencial el
cación confesional: «El fin principal que esta primera actuación pública
de la educación, si es que se quiere (del Instituto) haya podido vincularse
conjurar el total eclipse de la justicia al recuerdo de Balmes en la fecha del
en el mundo, tiene que ser el inculcar primer centenario de su prematura
en la juventud la noción y la práctica muerte.»
de los principios morales; la moral, Se procedió a arreglar cuentas con
por otra parte, debe descansar como otro de los símbolos del liberalismo: la
sobre insustituibles fundamentos so- Escuela Normal Superior. Los cargos
bre postulados religiosos; la concien- eran graves. Según El Siglo, José
cia no puede tener otro respaldo dis- Francisco Socarrás, rector de la Nor-
tinto de los eternos valores del espí- mal Superior, «causó a la educación
ritu. De sobra sabemos el ruidoso fra- en Colombia el más abominable de los
caso de las morales inmanentes y ra- males: escoger alrededor de 500 licen-
cionalistas de tipo kantiano: inútil ciadas incrédulas, indigestas con la
recordar cuán perjudiciales, cuán filosofía de Marx y de Kant, con la si-
maléficos son los resultados de la cología de Freud, las cuales se adue-
moral utilitaria. Consiguientemente ñaron de nuestros colegios y de los
—aprendemos a decirlo sin miedo—, cargos directores en el magisterio y en
la educación debe ser confesional.» la dirección de la educación, llevando
Al día siguiente, desde El Tiempo, adelante la obra satánica de educar sin
se defendía la libertad de cátedra, Dios y de corromper nuestra niñez y
aunque el sector santista siempre se juventud dándoles en forma cruda y
había sentido algo incómodo con la descarnada una información freudiana
promoción de las ideas marxistas que sobre las operaciones más sagradas de
la libertad de cátedra permitía hacer la vida animal humana». Este expe-
en la Universidad. diente contra la Normal Superior es
La lucha por el control de la Uni- del 16 de enero de 1948; tres años des-
versidad Nacional termina una vez pués, en el gobierno de Laureano Gó-
se ha posesionado Laureano Gómez. mez, el ministro de Educación Rafael
Se liquida la ley orgánica y se reali- Azula Barrera dividió la institución en
za la aspiración de años: la Universi- dos secciones, una masculina en Tunja
dad es confesional en consonancia con y otra femenina en Bogotá, nombran-
el Concordato. No sólo el «veneno la- do los respectivos rectores de extrema
tente del marxismo» fue erradicado; el derecha. De esta manera, tanto el pe-
Instituto de Filosofía de la Universi- ligro ideológico como el sexual que-
dad Nacional cayó bajo la inquisidora daron conjurados.
mirada de El Siglo. No se trataba del En ese año le tocó el turno a la Re-
marxismo, en este caso, sino de otra vista de las Indias. En el número 117
«ideología foránea» que usurpaba el de marzo de 1951, una lacónica nota
puesto de la filosofía perenne. El 12 anunciaba que por disposición del mi-
de septiembre de 1950, El Siglo de- nistro de Educación, Rafael Azula Ba-
nuncia: «... que un estrecho e intran- rrera, la revista dejaba de aparecer y
sigente grupo de secuaces de Heideg- en su reemplazo se fundaba la revista
ger y Kierkegaard se va adueñando Bolívar, que sería dirigida por el poeta
del Instituto de Filosofía y que el to- Rafael Maya.
mismo ha sido barrido como si fuera En verdad, se trataba de un acto sim-
una detestable alimaña». bólico: hacer desaparecer el nombre,
70 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

Germán Arciniegas, internamente asociado a la Revolución


director de la en Marcha; pues la revista Bolívar no se
"Revista de las Indias",
durante su segunda diferencia en lo fundamental de la hacía
etapa, en el tiempos conservatizada.
gobierno de
Eduardo Santos. Revista de las Indias
La historia de esta publicación es bas-
tante significativa. Había sido fundada
en julio de 1936, como órgano del Mi-
nisterio de Educación, con la explícita
función de divulgar las realizaciones
que en el terreno de la educación y la
cultura llevaba a cabo el gobierno de
la Revolución en Marcha.
Los nueve números publicados des-
de su fundación hasta comienzos de
1938 permiten captar los objetivos
El pintor educativos y culturales de la Revolu-
Ignacio Gómez
Jaramillo, ción en Marcha. El primer número di-
colaborador funde el homenaje a Tomás Carras-
de "Revista quilla con motivo de la entrega que se
de las Indias". le hizo del premio José María Vergara
y Vergara. En el número 2 aparece
«Arte Quimbaya» de César Uribe Pie-
drahíta, excelentemente ilustrado con
dibujos del autor. Recuérdese que
Uribe Piedrahíta había traducido, en
colaboración con el profesor Hermann
Walde-Waldegg, el libro de K. Th.
Preuss Arte monumental prehistórico,
sobre San Agustín. También en este
número aparecen ilustraciones y fo-
tografías sobre los recientes descubri-
mientos de los hipogeos de Inzá. En el
número 5 se publicó «Máscara de oro
Gerardo Molina, de Inzá» de José Pérez de Barradas, y
otro importante en el 7 «Investigaciones arqueológicas
colaborador de
"Revista de las
de Tierra Adentro» de Gregorio Her-
Indias". nández de Alba. Vale la pena anotar
que este interés por las culturas indí-
genas precolombinas fue característico
de un sector de la intelectualidad li-
beral influenciada por la Revolución
mexicana, las ideas del aprismo y la in-
terpretación del marxismo de José
Carlos Mariátegui. La revista dedicó
su número a la reestructuración de la
Universidad Nacional; se hace un in-
forme muy completo sobre la depar-
tamentalización y las nuevas áreas
académicas como sociología, psicolo-
gía, filosofía, geografía e historia. Se
anuncia la incorporación del Instituto
Capítulo 3 71

Agrícola de Medellín a la Universidad


y el proyecto de incorporación de la
Escuela Nacional de Minas. También
en el número 8 se publica el «Plan
para una escuela modelo» de Fritz
Karsen.
Colaboran en la revista Gerardo
Molina, Antonio García, Germán Ar-
ciniegas, Gonzalo París Lozano, Ig-
nacio Gómez Jaramillo, Gonzalo Ari-
za, Gerhard Mazur, León de Greiff,
Aurelio Arturo, Luis Vidales y Eduar-
do Carranza.
Pero esta excelente revista fue par-
cialmente afectada por la célebre
«pausa» liberal personificada por
Eduardo Santos. A fines de 1938, co-
mienza una segunda época de la revis-
ta; se argumenta que la función que
venía cumpliendo la revista como ór-
gano de difusión de la cultura colom-
biana la llenan muy bien la revista Ja-
veriana, la del Rosario y la revista
Pan. Debe, pues, la Revista de las In-
dias convertirse en una revista ameri-
cana que será dirigida por Germán
Arciniegas. La Revista de las Indias
deja de ser el portavoz de un proyecto
político cultural estatal, lo que al fin
de cuentas es muy lógico, pues el li-
beralismo ya no tenía ninguno para
ese entonces. De todas maneras, la re-
vista continuó su labor como revista
de la cultura general. León de Greiff
y Carlos Castro
Las realizaciones de la «recristiani- Saavedra.
zación» del país deben ser colocadas
en un contexto más amplio. La cen-
sura de prensa afectó a las publicacio-
nes periódicas de oposición. Así fue
como Crítica, quincenario político cul-
tural dirigido por Jorge Zalamea, tuvo
que cerrar en 1950 bloqueado por la
censura previa. Crítica publicaba tra-
ducciones de grandes autores contem-
poráneos europeos y norteamerica- Jorge Zalamea,
nos, comentarios sobre música clásica director del
quincenario
y crítica de las artes plásticas, nacio- político "Crítica",
nales y extranjeras. En su corta exis- que hubo de cerrar
tencia hizo mucho por romper las tra- en 1950, bloqueado
dicionales murallas del provincialismo por la censura
cultural. (En la fotografía.
Zalamea firma
La persecución se generalizó por autógrafos en una
todo el país. El caso de la Casa de la feria del libro
Cultura de Medellín es un buen ejem- de los años 60).
72 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

El novelista Manuel promovía música y talleres de artes


Mejía Vallejo, uno plásticas, pero su trabajo más impor-
de los fundadores
de la Casa de la
tante fue un programa de bibliotecas
Cultura, de Medellín, culturales en los barrios; fue este tra-
en 1947, cuyo más bajo el que desató la acusación de «pe-
importante programa ligrosos comunistas», por parte de los
fue la creación diarios conservadores de la ciudad, La
de bibliotecas
en los barrios Defensa y El Colombiano. La institu-
de la ciudad. ción fue desmontada y sus miembros
El proyecto fue hostigados y expulsados de sus traba-
perseguido. jos. La lucha contra el «basilisco», ese
monstruo con miembros liberales y
masónicos y una diminuta cabeza co-
munista, se adelantaba cuidadosamen-
te en todo el país.
En Medellín, un alcalde concibió la
idea de destruir los frescos que Pedro
Nel Gómez había pintado en el Pala-
cio Municipal. Argumentaba que los
desnudos de la obra eran «obscenos»,
un insulto a la moral tradicional de los
plo. De carácter privado, sin patri- antioqueños; afortunadamente, se lle-
monio oficial, había sido fundada en gó a una transacción y los frescos se
1947 por un grupo de intelectuales. Su conservaron pero cubiertos con corti-
junta directiva estaba conformada por nas. Inmediatamente viene a la me-
Manuel Mejía Vallejo, Fernando moria el escándalo que se desató en
González, Pedro Nel Gómez y Alber- Medellín a raíz de los desnudos ex-
to Aguirre. Entre otros colaboraban puestos por Débora Arango en 1939.
activamente José Horacio Betancur, La Defensa los declaró apenas dignos
Jorge Artel, Arturo Echeverri Mejía y de las «casas de venus». La prensa li-
Luis Martel. La Casa de la Cultura beral salió a la defensa de la discípula

En la Biblioteca
Santander, de la
Casa de la Cultura,
en Medellín, algunos
de sus principales
promotores: César
Rincón Noreña,
Manuel Mejía Vallejo,
el escultor José
Horacio Betancur;
atrás: Carlos Castro
Saavedra, Balmore
Alvarez, Luis Marte!
y Alberto Aguirre
(fotografía de
Carlos E. Rodríguez,
mayo de 1948).
Capítulo 3 73

de Pedro Nel Gómez y el escándalo Tomás Carrasquilla,


tuvo proyecciones nacionales, pues Antonio José Restrepo,
León de Greiff
Jorge Eliécer Gaitán, ministro de (sentados) y Otto
Educación, la invitó a exponer en el Morales Benítez,
Teatro Colón. El senador Laureano José Eustasio Rivera,
Gómez, en un debate contra el go- Fernando González,
bierno, citaba entre otras pruebas del Gabriel García
Márquez y Juan
irrespeto del régimen liberal a los Zuleta Ferrer, mural
principios patrios, las exposiciones de Pedro Nel Gómez
pictóricas de índole pornográfica en el en la Biblioteca
Teatro Colón. En Pamplona, una pu- Pública Piloto,
blicación católica les recordaba a los Medellín, 1980.
niños y jóvenes hijos de liberales que
a los padres se les debía imitar, pero
sólo en sus virtudes y no en sus vicios.
Aunque se podrían multiplicar in-
definidamente los ejemplos de la in-
tolerancia y fanatismo de los agentes
oficiales y oficiosos de esa «recristia-
nización», que también afectó a la mi-
noría protestante, difícilmente se da-
ría cuenta de la situación del país en
esos trágicos años.
La cultura colombiana no había te-
nido, preciso es decirlo, ningún desa- Pedro Nel Gómez
rrollo espectacular en el período an- en plena ejecución
terior al 9 de abril, pero de todas ma- de uno de sus murales,
neras el impulso de la Revolución en en 1961.
Marcha, por lo menos había sacudido Al final de los
años 40, los frescos
a un sector de la intelectualidad y lo que el pintor había
había hecho más sensible a los proble- realizado en el
mas sociales del país. Ahora, dada la Palacio Municipal
ideología del régimen conservador, de Medellín fueron
todo esto era reprimido y, con el pre- cubiertos por orden
texto de la defensa de las tradiciones de un alcalde
conservador.
hispánicas y católicas, se volvía en mu-
chos aspectos a los valores culturales
dominantes en los años de la hege-
monía conservadora. José Antonio
Osorio Lizarazo publicó, en 1952, su
novela El día del odio, cuyo tema es
la vida de una humilde mujer del pue-
blo, enmarcada en una descripción de
los barrios pobres de Bogotá y el es-
tallido del 9 de abril.
Hernando Téllez dice sobre esta no-
vela: «Osorio ha hecho la conquista li-
teraria de Bogotá, para la novela. De
un Bogotá latente y dantesco que ciñe
y pone cerco con su cinturón de mi-
seria y dolor a la otra ciudad, la va-
nidosa y confiada ciudad donde viven
los poderosos y los soberbios.» Téllez
no ocultaba los defectos de la obra, en
74 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

particular el alegato sociológico, pero escritura, no es convincente la concep-


resaltó la capacidad del autor para en- ción que del fenómeno social se hace
frentar la complacencia y la comodi- en ella; de ninguna manera se le exige
dad intelectuales. Veinte años después al autor, ni en éste ni en ningún caso,
de la publicación de El día del odio, un manejo sociológico, psicológico o
Ernesto Volkening, en un ensayo para histórico de tipo extraliterario, sino la
la revista Eco titulado «Literatura y capacidad de iluminar, por los medios
gran ciudad», se refiere a la volcánica estéticos, una parcela de la realidad.
erupción de El día del odio, en la cual Pero Caballero Calderón, más que ilu-
«alternan pasajes de enorme pujanza, minar, idealiza y simplifica.
de ferocidad terrible, con otros inso- En 1953 aparece Viento seco, de
portablemente melodramáticos». Daniel Caicedo. En esta obra, por el
Portada de
"El Cristo de espaldas"
También de 1952 es El Cristo de es- contrario, se trata de mostrar en toda
de Eduardo Caballero paldas de Eduardo Caballero Calde- su fuerza la masacre que castigaba al
Calderón, 1952. rón, una de las primeras novelas sobre país. Pero el autor, con gran torpeza
el tema de la Violencia. Aunque hay literaria, acumula desgracias y desgra-
en ella un manejo literario correcto, cias —que podrían ser fundadas en do-
pues el autor es un profesional de la cumentación de archivo—, sin por eso

Novelistas de la
Violencia:
José Antonio Osorio
Lizarazo, autor de
"El día del odio"
(1952) y Daniel
Caicedo, autor de
"Viento seco" (1953).
Capítulo 3 75

lograr producir una obra de literatura,


ni develar el sentido vital e histórico
del drama. A pesar de todos sus es-
fuerzos, el prologuista de la obra, An-
tonio García, no logra convencer a na-
die de que con buenos propósitos, bas-
tante nebulosos, por lo demás, y sin co-
nocimiento del oficio, que para García
es algo secundario frente al «compro-
miso», Viento seco sea una verdadera
novela. No fueron pocos los que ilu-
samente creyeron que el «tema» de la
Violencia, con toda su carga de dra-
matismo, les iba a permitir escribir
una novela, a pesar de la falta de ta-
lento y el desconocimiento del oficio,
como si la clave del trabajo literario
estuviera en el tema: los resultados fue-
ron desastrosos. Fue necesario esperar
a que García Márquez transformara la
Violencia en objeto literario con su El
coronel no tiene quien le escriba.
Alfonso López publicó en 1953 Los
Elegidos, una interesante novela sobre
la clase dominante colombiana en la
época de la guerra. López Michelsen
logra una obra escrita en un lenguaje
escueto, sin barroquismos o prosa seu-
dopoética, cosas tan corrientes en la
literatura de la época. La obra plantea
una excelente relación con la temática
urbana así como con el manejo de la
«interioridad».
El Gran Burundún-Burundá ha
muerto, de Jorge Zalamea (1905-
1969), publicada en Buenos Aires en
1952, es la obra representativa de esta
sombría época de la historia del país. lo ha logrado. La respuesta a su pre- Parlada de
Escrita durante el «voluntario y me- gunta la ha dado el tiempo. La obra, "El coronel no tiene
quien le escriba",
lancólico exilio» del autor en Argen- como toda verdadera obra de arte, lo- de Gabriel García
tina es, según lo dice el mismo Zala- gra la síntesis de lo particular y lo uni- Márquez, edición de
mea en carta a Germán Arciniegas, versal. Alberto Aguirre,
«una forma híbrida de relato, poema Jorge Zalamea es con León de Medellín, 1961.
y panfleto», mediante la cual trata de Greiff el prototipo del intelectual al- La aparición
de este libro,
restablecer el contacto entre el escri- tamente calificado, con una visión só- significó la
tor y el pueblo, obra que más que ser lidamente universal y al mismo tiempo transformación de
leída «debe ser recitada ante las masas profundamente comprometido con la la Violencia
a las cuales se dirige». En la misma sociedad en que vive. en verdadero
carta, Zalamea señala que El Gran objeto literario.
En 1946 inició sus traducciones de
Burundún-Burundá ha muerto «es Saint-John Perse, Elogios, Lluvias, Nie-
como un eco de las quejas y el llanto ves, Exilio, Anábasis. En octubre de
de los pueblos colombianos», pero al 1949, «bajo el terror de la época», había
mismo tiempo pretende alcanzar la publicado, en su quincenario, Crítica,
universalidad. Zalamea se pregunta si «La metamorfosis de Su Excelencia»,
76 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

magnífico relato sobre el poder, germen paralela a esa tradición de analfabetis-


de El Gran Burundún. En ese mismo mo, de miseria económica y desajuste
año aparece Minerva en la rueca, reco- político en que ha vivido el pueblo?
pilación de ensayos literarios. He ahí una grave cuestión que, en mi
En 1955 aparece La hojarasca, de sentir, anula la ilusión del humanismo
Gabriel García Márquez. Esta obra colombiano en el sentido social ya in-
contrasta con todas las demás que se dicado, puesto que demuestra cómo la
escriben en este período, bastante po- cultura en Colombia no se ha benefi-
bre por cierto. No es una revolución ciado, no ha podido beneficiarse con
en la novela colombiana, pero sí mar- el mensaje de sus humanistas, cuya
ca una distancia muy nítida con el con- obra sigue siendo desconocida o enig-
servadurismo de Eduardo Caballero mática para ese pueblo. Antes, pues,
Portada del primer Calderón, que había escrito un año de que la cultura colombiana tenga
libro publicado por antes Siervo sin tierra, con la inconsis- una dimensión humanística propia-
Gabriel García tencia de un Osorio Lizarazo. ¿Qué mente dicha, correrá mucha agua y, lo
Márquez, que es peor, mucha sangre, bajo los
"La hojarasca"
decir, pues, del producto medio que
(1955), con diseño seguía moviéndose entre el costum- puentes de la historia, según puede
de la pintora brismo y la cursilería? La hojarasca colegirse de los signos del zodíaco
cartagenera muestra la guerra de un escritor serio, social.»
Cecilia Porras. que trabaja para asimilar las técnicas Quien escribía estas palabras había
Escrita cuatro años
antes, esta obra
de la novela moderna y que al mismo sabido sacar las consecuencias del 9 de
"muestra la guerra tiempo tiene la capacidad innata de la abril y de la represión generalizada
de un escritor serio evocación poética. —y de la respuesta desesperada a esta
que trabaja para Hernando Téllez (1908-1961) fue, represión— que se ha llamado la Vio-
asimilar las
técnicas de la
después de Baldomero Sanín Cano, el lencia. Pero, desgraciadamente, muy
novela moderna más lúcido de los críticos colombia- pocos intelectuales estuvieron a la al-
y que al mismo nos. El autor de Literatura y sociedad tura de las circunstancias históricas.
tiempo tiene la escribió un ensayo en 1951, titulado Desde la óptica conservadora, ya se lo
capacidad innata ¿Pero hay tradición humanística?, vio más atrás, se insistió en achacar la
de la evocación
poética." donde hace la vivisección del huma- responsabilidad de lo que estaba ocu-
nismo colombiano. En un pasaje de rriendo en el país a la «nefasta influen-
dicho ensayo, Téllez dice: «¿Se puede cia» del liberalismo; directamente, a
admitir como real una tradición hu- veces, o indirectamente, en cuanto
manística de la cultura colombiana, cómplice del materialismo ateo co-

Durante el primer
Festival del Libro,
en Bogotá, una
entrevista de
Alberto Zalamea,
director de "Semana",
con Eduardo Caballero
Calderón y
Manuel Scorza,
agosto de 1959.
Capítulo 3 77

Baldomero Sanín Cano,


ya octogenario,
"sin duda el hombre
que más hizo por
despertar la cultura
del largo sueño
en que la sumieron
la Regeneración
y la hegemonía
conservadora."
(Fotografía tomada
en la casa de
Guillermo Valencia,
en Popayán).

munista. En el sector liberal, frecuen- dictadura de Laureano Gómez. Es un


temente se desvió el análisis de las libro bien documentado, pero adolece
causas de la Violencia, de buena o de de dos fallas que están íntimamente li-
mala fe, esto poco importa, a peregri- gadas. En primer lugar, la concepción
nas argumentaciones sobre la ignoran- política de Arciniegas se mantiene rí-
cia del pueblo colombiano, cuando no gidamente enmarcada en una idea for-
se llegó hasta apelar a sospechosas malista de la democracia, y, en segun-
teorías, por decir lo menos, sobre el do lugar, este libro, como todos los
ancestro indígena, pero sin atreverse a demás del autor, está dominado por
plantear el problema de las condicio- esa peculiar manera de abocar el tra-
nes sociales y económicas. bajo histórico que consiste en la sim-
El prestigioso ensayista Germán plificación sistemática en aras de un
Arciniegas publicó en 1952, en el ex- efecto literario, muy exitoso, por cier-
terior, pues en Colombia era imposi- to, pero más que discutible.
ble, Entre la libertad y el miedo. Es En 1949 el ya octogenario Baldo-
una denuncia de las dictaduras lati- mcro Sanín, sin duda el hombre que
noamericanas, incluyendo la virtual más hizo por despertar la cultura co-
78 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

León de Greiff:
durante seis décadas
su presencia en la
poesía colombiana
es absolutamente
única y original.
La musicalidad,
la recreación del
lenguaje,
la identidad de
sonido y sentido
y su relación
intensa y crítica
con la vida
caracterizan
su obra.

lombiana del largo sueño en que la su- Era la Poesía como la luz del viento
mieron la regeneración y la hegemo- cuando discurre —sordo—, cuando
nía conservadora, publica De mi vida [divaga —ciega—.
y otras vidas, y en 1955, dos años antes Símbolo puro del infinito dentro del
de su muerte a los noventa y seis años, [momento
sale, editado por Losada, su último li- y de lo efímero que dura y que perdura
bro: El humanismo y el progreso del [y que se va y que nunca llega.
hombre. León de Greiff (1895-1976)
empieza a publicar sus poemas en la Era la Poesía como campo reseco tras
revista Partida, editada en Medellín en [la siega,
1915. Su presencia en las letras colom- como el océano después de la borrasca,
bianas es, desde ese momento, un he- [híspido y lento.
cho único. El carácter verdaderamen- Igual a la hembra poseída, saciada
te musical de su poética, es decir, la [—Ípsilon, Gama, Omega—
identidad de sonido y sentido; su tenaz y al hombre pensieroso, trascendental,
trabajo de recreación del lenguaje, o [hierático, virulento.
sea, su capacidad para rescatar la pa-
labra de su desgaste cotidiano, y, fi- La Poesía es cosa de pasmo y sortilegio
nalmente, su relación intensa y crítica [y maravilla;
con la vida hacen de él un poeta difí- fácil tonada que la discanta el
cilmente accesible al lector común y al
intelectual medio, educados en la [caramillo;
grandilocuencia y sensiblería de la aria aérea en la cálida voz sexual de la
poética dominante. En este período [contralto.
aparecen Fárrago, quinto mamotreto Todo el dolor inmerso en la congoja;
(1954); Velero paradójico y Bárbara [toda la euforia. Apenas brilla
charanga (1957). lumbrada ocasional si zozobrante:
En Fárrago, quinto mamotreto, [estride sólo el grillo...
León de Greiff da una definición de La Poesía cosa es cimera tallada en
poesía, bella y profunda: [corazón si de cenizas de basalto.
Capítulo 3 79

Sin embargo, León de Greiff no re- factor suplementario de aceptación


presenta la orientación de la poesía en oficial y de identificación para las
los años cuarenta y cincuenta, pues «muchachadas de derecha».
son los «piedracielistas», en particular En los poemas de Aurelio Arturo
Eduardo Carranza, quienes inspiran a (1906-1974) escritos entre 1945 y 1972,
los jóvenes poetas. Los poetas de Pie- recogidos en Obra e imagen, se en-
dra y Cielo distribuyeron a manos lle- cuentra una de las experiencias poé-
nas «niñas», lirios, nubes, palomas, ticas más profundas de la literatura co-
azules, muchos azules, etc. y con ellos lombiana. Los tres poemas publicados
aderezaron sus clisés sobre el amor y en el primer número de Golpe de da-
la mujer. Este ejercicio poético senti- dos en 1972, «Palabra», «Lluvias» y
mental se adecuó muy bien a la tra- «Tambores», forman un verdadero
dición poética del país, que se había tríptico en el que se condensa la te-
movido entre Guillermo Valencia y mática más profunda de la poesía de
Julio Flórez. El piedracielismo tenía Arturo, la reflexión poética sobre el
todas las condiciones para convertirse lenguaje. «Palabra» comienza así:
en la poesía oficial de la época de Lau-
reano Gómez: poesía de evasión, con nos rodea la palabra
una idea del amor que excluye todas la oímos
sus contradicciones, todos sus riesgos, la tocamos
quedando sólo una dulzarrona melan- su aroma nos circunda
colía, mientras que la naturaleza, per- palabra que decimos
dida toda su densidad simbólica, se y modelamos con la mano
convierte en un falso decorado. Pero, fina o tosca
además, el piedracielismo tenía un in- y que
grediente político, su culto a la his- forjamos
panidad (la España de Franco, claro con el fuego de la sangre
está) y al catolicismo. El falangismo y la suavidad de la piel de nuestras
de sus máximos representantes fue un [amadas

Eduardo Carranza
con su hija María
Mercedes y el poeta
Eduardo Cote Lamus
en tierras de Norte
de Santander, 1962.
Carranza y los
piedracielistas
representan la
orientación de la
poesía en los
años 40 y 50:
son ellos quienes
inspiran a los
poetas jóvenes
de la época.
80 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

En «Tambores» son los instrumen-


tos del hombre, la objetivación del
trabajo de la especie:

suenan en siglos y milenios lejanos


transmitiendo en la tierra hasta muy
[lejos
la palabra humana
la palabra del hombre y que es el
[hombre
la palabra hecha de fatiga y sudor y
[sangre
y de tierra y lágrimas
y melodiosa saliva...
Y la palabra se hace canción: «Can-
ción del viento», «Canción del vera-
no», «Canción de hojas y de lejanías»;
las raíces de este tríptico hay que bus-
carlas en toda la obra de Aurelio Ar-
turo, comenzando por Morada al sur.
Jaime Ibáñez, Andrés Holguín y
Fernando Charry Lara son los más co-
nocidos representantes del movimien-
to de Cántico, también llamados Cua-
dernícolas. Desde el punto de vista de
la poética, el movimiento de Cántico
fue muy similar a Piedra y Cielo; tam-
bién en él predomina el modelo es-
pañol; esta vez Vicente Aleixandre es
el modelo. Holguín escribió en 1974
La poesía inconclusa y otros ensayos,
libro que ayudó a ampliar el panorama
de la reflexión crítica en el país. Su la-
bor como traductor del francés ha sido
Aurelio Arturo: Es la palabra en su ser inmediato, también importante: Poesía francesa,
en su libro "Obra humano, cotidiano. En «Lluvias» el antología y La poesía de François Vi-
e imagen" se llon. Estuvo posteriormente vinculado
encuentra "una poeta escucha la naturaleza, se ubica
de las experiencias en los estratos más arcaicos, allí donde a la revista Mito. Charry Lara ha sido
poéticas más el mito funde al hombre con su mundo poeta y ensayista.
profundas de la circundante: Aunque el gran público sólo cono-
literatura
colombiana". ció la poesía de Rogelio Echavarría en
así principian esas lluvias 1964, a raíz de la publicación de El
[inmemoriales Transeúnte, hecha por el Ministerio de
de voz quejumbrosa Educación, parte de su obra fue escri-
que hablan de edades primitivas ta entre 1945 y 1955. Ciertamente tie-
y arrullan generaciones ne razón Luis Vidales cuando señala
y siguen narrando catástrofes algunas de las características de su es-
y glorias tilo: control de la emoción, asepsia de
y poderosas germinaciones la expresión poética; pero debe agre-
cataclismos garse que lo que más llama la atención
diluvios en esta poesía es la intensa y desmiti-
hundimientos de pueblos y razas ficada relación con el mundo, mundo
de ciudades urbano, duro, desencantado:
Capítulo 3
81

Todas las calles que conozco El 13 de junio de 1953, el general Recepción a Camilo
son un largo monólogo mío Gustavo Rojas Pinilla tomó el poder. José Cela, en junio
de 1953; aparecen
llenas de gentes como árboles Laureano Gómez no alcanzó a impo- con él Lucio Pabón
batidos por oscura batahola ner, mediante una Asamblea Consti- Núñez, Fernando
tuyente, su proyecto de constitución Charry Lara, Jorge
Y frente al pastiche piedracielista de tipo fascista; tampoco había podido Rojas, Oscar
del amor, bastaría oponer como un eliminar la resistencia de sectores cam- Echeverri Mejía,
Rodrigo Jiménez
verdadero antídoto los primeros ver- pesinos liberales, a pesar de la feroz Mejía y Gilberto
sos de «Seguro de su sombra»: represión que incluyó bombardeos Alzate Avendaño
aéreos a las zonas de guerrilla. El ge- (fotomontaje
Desde mi oscuridad veo todo tu cuerpo neral Gustavo Rojas Pinilla, conser- publicado por
y tú, que estás iluminada, no ves mis vador, católico y anticomunista, era "Índice Cultural").
[ojos de entera confianza para el conserva-
ni siquiera mis ojos, ensombrecidos de tismo ospinista, la Iglesia católica y el
[luz tuya... Departamento de Estado y su política
de paz le atraía las simpatías del per-
De 1946 es el libro de poemas del seguido partido liberal. Sobre estas
antioqueño Carlos Castro Saavedra, bases estableció su prestigio momen-
Fusiles y luceros. A pesar de la estre- táneo.
cha relación con el modelo nerudiano, El gobierno de Rojas fue, en lo fun-
esta obra, la mejor de Castro Saave- damental, la continuación de los dos
dra, logra una expresión personal que anteriores, excepción hecha de la nue-
redime su poesía de la dependencia va actitud frente al partido liberal.
formal del gran poeta chileno. Este continuismo, se verá más adelan-
82 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

te, es particularmente claro en el te- y, al mismo tiempo, ocultar la irres-


rreno cultural. ponsabilidad del gobierno, que no ha-
La persecución al partido comunis- bía tomado las más mínimas medidas
ta, muy fuerte desde el 9 de abril, es de seguridad, como se demostró en
intensificada por el gobierno militar y una investigación oficial posterior.
culminará en el decreto legislativo 434 Rojas Pinilla adoptó la política cul-
de 1956, contra las actividades de ín- tural de su antecesor, aunque, es pre-
dole comunista. Según este decreto, se ciso reconocerlo, con un cierto mar-
castigaban estas actividades con pre- gen de tolerancia para con los intelec-
sidio o relegación a colonia agrícola tuales liberales. Pero en términos ge-
penal, de uno a cinco años; con inter- nerales no se nota ninguna ruptura
dicción del ejercicio de cargos y fun- con el culto a la «civilización cristiana»
ciones públicas por diez años; inca- y a la «España eterna», tan cara a la
pacidad para actuar como dirigente intelectualidad conservadora que ase-
sindical por el mismo tiempo, e im- soró a Rojas. Es más, bajo el gobierno
pedimento de por vida para pertene- de Rojas las relaciones con la España
cer a las fuerzas armadas. franquista se mantuvieron con el mis-
Entre las actividades comunistas, mo entusiasmo que en las épocas de
así penalizadas, están las siguientes: Ospina Pérez y de Gómez. Con Rojas
«Quien redacte documentos, panfle- los elogios al «Caudillo», que desde
tos, hojas volantes, libros o cualquier hacía unos años se había vuelto aliado
otro tipo de publicaciones en apoyo de de los Estados Unidos, se complemen-
los fines u objetivos del comunismo, o taron con los elogios a otro mimado de
los distribuya, embarque o remita Washington, el dictador de la Repú-
como propaganda.» Quedaba al cri- blica Dominicana, Rafael Leonidas
terio de los encargados del ejercicio de Trujillo, el «Benefactor», para el cual
la represión establecer qué tipo de pu- escribía como «plumífero» a sueldo
blicación podía considerarse como José Antonio Osorio Lizarazo.
subversiva; según las circunstancias, Otro factor de continuidad fue el re-
podía ser El Capital de Marx o un en- chazo de cualquier planteamiento de
sayo sobre el subdesarrollo. Era, tipo reformista; como en el tiempo
pues, el decreto 434 un poderoso y có- de Gómez, hablar de reformas era ya de
modo medio de represión. por sí subversivo. Una situación que
Durante el régimen de Rojas Pinilla materialmente presionaba a la intelec-
el comunismo siguió cumpliendo el tualidad a la aceptación expresa o tá-
papel de chivo expiatorio. El 9 de abril cita del status quo y bloqueaba el ejer-
el gobierno conservador había acusa- cicio de la crítica, fundamento esencial
do al «comunismo internacional» de de una cultura viva.
ser el causante de la muerte de Gaitán Aunque fundada durante el gobier-
y del subsiguiente levantamiento po- no de Ospina Pérez, la revista Hojas
pular. Por su parte, Rojas Pinilla acu- de Cultura Popular Colombiana, diri-
só a los comunistas de los hipotéticos gida por Jorge Luis Arango, fue la pu-
disparos contra la tropa que, según la blicación oficial más representativa de
versión oficial, obligaron al personal la época de Rojas. Esta revista sor-
militar a repeler el ataque, matando a prende por la calidad del diseño y el
varios estudiantes en pleno centro de lujo de las reproducciones. Pero un
Bogotá, el 9 de junio de 1954. Tam- análisis de contenido permite hacer al-
bién el general Rojas sindicó al parti- gunas reflexiones, cuyo alcance no se
do comunista como el responsable del limita a esta publicación.
estallido de una caravana de camiones En Hojas de Cultura Popular Co-
cargados con explosivos, que había lombiana, como en la revista Bolívar,
sido estacionada en una populosa zona domina un enfoque de la cultura que
de la ciudad de Cali. El general Rojas transforma su forma tradicionalista,
trató de desprestigiar a los comunistas oculta la exclusión de todo tema que
Capítulo 3 83

implique el tratamiento de los proble-


mas reales del país, así como la con-
troversia seria de tipo teórico. Por eso
una nebulosa «cultura general», rei-
terativa hasta el cansancio, llena las
páginas y páginas de estas revistas. Es
patente, por ejemplo, la ausencia de
toda referencia a los movimientos fi-
losóficos y literarios contemporáneos
tanto de Europa como de Estados
Unidos. Solamente tienen cabida los
ensayos sobre «hispanidad», en los
que frecuentemente se insiste en la crí-
tica al «equivocado y nefasto camino»
tomado por la cultura occidental —ex-
cepto España, naturalmente— a partir
del Renacimiento y la Reforma, la-
mentablemente continuado por la
Ilustración, para desembocar trágica-
mente en la Revolución francesa, el li-
beralismo y, finalmente, en el engen-
dro fatal de este proceso: el socialis- Refiriéndose a esta época, Fernan- Belisario Betancur
mo. Además, lo «popular» está «idea- do Charry Lara decía: «La cultura del (foto de 1946, con
lizado» por la vía de un folklore fácil, país sufrió en la mayoría de sus aspec- Baldomero Sanín
mientras que los grandes problemas tos una paralización que apenas puede Cano) y Diego Tovar
del pueblo colombiano, el analfabetis- tomarse como reflejo del desastre na- Concha (abajo),
mo, la carencia de tierra, las condicio- directores de la
cional. Nadie puede ser ajeno a una revista "Prometeo",
nes de salubridad, la violencia brillan sensación de desconfianza de todos los publicada desde
por su ausencia. Lo mismo ocurre con valores, a un estado de escepticismo marzo de 1955 con
el proceso de urbanización tan impor- de todas las circunstancias y a una des- criterio conservador.
tante en esa década del cincuenta. Se
puede afirmar, sin peligro de exage-
rar, que la lectura de Hojas de Cultura
Popular Colombiana produce la extra-
ña impresión de que Colombia era un
país de felices campesinos y de peque-
ñas y cultas ciudades coloniales, o,
cuando más, decimonónicas.
También el sector conservador fiel a
Laureano Gómez publicó su revista.
Belisario Betancur y Diego Tovar
Concha dirigieron desde marzo de
1955 la revista Prometeo. La revista
tiene cierto aroma teológico. En ella,
al lado de traducciones de Hölderlin y
ensayos sobre literatura colombiana,
se encuentran denuncias sobre la pe-
netración de la herejía protestante en
Colombia; y al lado de una crítica a la
persecución contra Gerardo Molina,
la defensa ultramontana del proyecto
constitucional de Laureano Gómez
suscrita por los directores de la publi-
cación. Prometeo miraba al pasado.
84 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

ilusión de todos los mitos.» Charry


Lara sintetiza en forma magistral ese
estado de desconfianza, escepticismo
y desilusión en la minoría que se atre-
vía a pensar. Estado que fue la pre-
condición afortunada para que se in-
tentara un replanteamiento de la po-
sición del intelectual frente a la socie-
dad. La primera manifestación de esta
nueva actitud fue la revista Mito.
En abril de 1955 aparece el primer
número de Mito, dirigido por Jorge
Gaitán Durán (1924-1962) y Hernan-
do Valencia Goelkel. El comité patro-
cinador estaba compuesto por Luis
Cardoza y Aragón, Carlos Drummond
de Andrade, León de Greiff, Octavio
Paz y Alfonso Reyes. Este comité no
es un simple formalismo, sino más
bien el reconocimiento por parte de
los fundadores de la revista de la ne-
cesidad de establecer una conexión
con aquellos que en su calidad de
«maestros» habían abierto el camino.
Es característico de Mito el que nunca
se planteó el falso problema de la lu-
cha de generaciones; por el contrario,
la revista Mito puso siempre por de-
lante la calidad y la lucidez de sus co-
Jorge Gaitán Durán laboradores. Aún más, Gaitán Durán
y Hernando Valencia y sus compañeros señalaron siempre
Goelkel, directores
de la importante lo que les unía a la cultura colombiana
revista "Mito" y latinoamericana independiente, de
que congregó a los ahí su énfasis en figuras como las
principales de Baldomero Sanín Cano, León de
intelectuales Greiff y Jorge Zalamea.
y literatos
de los años 50, Mito quiere ser una revista nueva,
con un énfasis no posar de rebelde. Hay en ella algo
en las corrientes así como un afán por recuperar el
vivas de la
cultura universal. tiempo perdido durante el sombrío in-
Se caracterizó por terregno que siguió al 9 de abril. El
su rechazo a todo énfasis puesto por Mito en las corrien-
dogmatismo o tes vivas de la cultura universal era la
intransigencia manifestación de la protesta de un sec-
y por su defensa
del pluralismo
tor de la intelectualidad colombiana
ideológico. contra el aislamiento cultural que se
había impuesto al país por una déca-
da. Aquellos que no entendieron el
verdadero significado de este esfuerzo
acusaron a Mito de snobismo, sin dar-
se cuenta de lo cerca que estaba su crí-
tica de aquella que rechazaba todo lo
que pudiera cuestionar el status quo
con el mote de «ideologías foráneas».
Capítulo 3 85

En el primer número se exponen deja ver las debilidades de sus plan-


con claridad los principios que inspi- teamientos, consecuencia del esque-
ran a la nueva publicación: rechazo a matismo de sus análisis de la situación
todo dogmatismo y a todo sectarismo, coyuntural del país. Además, los co-
intransigencia sólo frente a aquello munistas se veían obligados a hacer
que atente contra la condición huma- justificaciones que resultaban poco o
na. Al terminar la presentación se nada convincentes acerca de los trá-
afirma: «no es anticonformista el que gicos conflictos que acompañaban el
reniega de todo, sino el que se niega proceso político en los países socialis-
a interrumpir su diálogo con el hom- tas. Esto se vio muy claro cuando Mito
bre. Pretendemos hablar y discutir abrió un debate sobre la invasión so-
con gentes de todas las opiniones y viética a Hungría y el fusilamiento de
todas las creencias. Ésta será nuestra Imre Nagy. Mientras que para un so-
libertad.» cialista independiente como Gerardo
No pasó mucho tiempo para que co- Molina se trataba de un crimen y una
menzara la polémica sobre Mito. El equivocación, para Darío Mesa, Nagy
número 4 de la revista reprodujo la ex- había sido «aniquilado en la corriente
tensa carta de Darío Mesa en la que se de la mayor revolución de la historia
criticaba a Mito desde la óptica del humana».
marxismo ortodoxo. Darío Mesa dice, En este estado de incertidumbre
sin duda, verdades sobre la realidad histórica se puso en marcha Mito y tra-
colombiana, hace juicios certeros so- tó de cubrir tres frentes principales.
bre el devenir cultural del país, pero En primer lugar, ser un medio de ex-
su texto está escrito en ese lenguaje a presión para las diversas manifestacio-
medias justiciero, a medias condes- nes de la literatura y el pensamiento
cendiente, que es característico de los colombianos y latinoamericanos, in-
que escriben con la seguridad de po- cluyendo también a los escritores es-
seer la verdad y de ir en la dirección pañoles perseguidos por el franquis-
correcta del movimiento dialéctico de mo. Aquí abajo, novela de Juan Goy-
la historia. tisolo, exiliado en París, fue publicada
Los directores de Mito no preten- por la revista. En segundo lugar, la re-
dían tener la clave de la historia, pero vista asumió sistemáticamente la tarea
¿quién la tenía? de la traducción de textos inéditos en
En 1955, muchos tenían la sensa- castellano de grandes autores moder-
ción de que el país estaba hundido en nos. La labor de la revista apuntaba a
un verdadero pantano histórico. Los hacer conocer textos que posiblemen-
dirigentes de los partidos tradicionales te nunca serían traducidos o lo serían
llevaban a cabo las primeras gestiones muy tarde, y al mismo tiempo a mo-
para retomar el poder con el menor tivar el interés de los lectores. Éste es
sacrificio de sus privilegios. Entre los el sentido de las traducciones de Ber-
intelectuales, algunos colaboraban told Brecht, Gottfried Benn, Martin
con la dictadura, otros seguían las di- Heidegger, Jean Paul Sartre, el mar-
rectrices de sus jefes políticos, mien- qués de Sade, Georges Bataille, Saint-
tras que una minoría, consciente de la John Perse, Dylan Thomas, Ernst
necesidad de una transformación de la Cassirer, André Malraux, Vladimir
estructura socioeconómica del país, Nabokov, Samuel Beckett, John Up-
planteaban otra salida. Sectores libe- dike, etcétera.
rales de izquierda y el partido comu- Mito publicó una serie de testimo-
nista representaron una posición alter- nios o documentos sobre la vida coti-
nativa. diana del pueblo colombiano: «Un
Los comunistas proclamaban la juez rural en Guataquí», «Historia de
transformación radical de la sociedad, un matrimonio campesino», «Historia
la revolución socialista. Un análisis de de una muchacha colombiana», «El
los documentos del partido comunista drama de las cárceles en Colombia»,
86 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

Gabriel García Isabel viendo llover en Macondo», del


Márquez, fotografía autor de La hojarasca, Gabriel García
tomada en París, Márquez. Del mismo autor se publicó
1957. Vinculado al
grupo de "Mito", El coronel no tiene quien le escriba, en
se publican en esta el número 19, de mayo-junio de 1958
revista su "Monólogo la realización literaria por excelencia
de Isabel viendo sobre la Violencia.
llover en Macondo",
en 1955, y también Paralelamente, las Ediciones Mito
"El coronel no publicaron Literatura y sociedad de
tiene quien le Hernando Téllez; Pesadumbre de la
escriba", tres años belleza y otros cuentos de Baldomero
más tarde. Sanín Cano; Muestras del diablo de
Pedro Gómez Valderrama; El museo
vacío de Marta Traba; Sade, textos es-
cogidos y precedidos por un ensayo: El
libertino y la revolución de Jorge Gai-
tán Durán, con un dibujo de Alejan-
dro Obregón. La portada del número
20, 1958, reproducía una obra de Ra-
mírez Villamizar. Las críticas de arte,
teatro y cine tienen un lugar impor-
tante en Mito; la de cine es ejercida
con un rigor nuevo en el país, pues no
se limita al comentario de la película
«Historia clínica de un homosexual», sino que muchas veces viene acom-
etc., y en una forma más elaborada, pañada de textos explicativos, como
«Muestrario de hospitales», un infor- en el caso de Senso de Luchino Vis-
me sobre el hospital de Melgar y tex- conti y de Las noches de Cabiria, de
tos históricos sobre los hospitales en la Federico Fellini Los críticos eran
colonia y un fragmento del Diario del Hernando Salcedo Silva, Guillermo
año de la Peste de De Foe. También Angulo y Hernando Valencia Goelkel.
se publicó «La Iglesia y el Estado en En febrero de 1958, Jorge Gaitán
Colombia vistos por diplomáticos nor- Durán se vio envuelto en un incidente
teamericanos», así mismo uno de los que dice mucho sobre la situación de
documentos fue la transcripción de la cultura colombiana. Miembro de la
una canción, «El guerrillero», recogi- Junta Nacional de Censura, organis-
da en Tolima. Como documentos po- mo adscrito al Ministerio de Educa-
dían también considerarse el texto de ción, Gaitán Durán, propuesto para
Eduardo Cote Lamus, «Diario del ese cargo por la Asociación de Escri-
Alto San Juan y del Atrato», «La iz- tores y Artistas de Colombia, renun-
quierda en Colombia» de Gerardo ció públicamente, denunciando al mis-
Molina y «Crónica de mayo» de Pedro mo tiempo la prohibición de la pelí-
Gómez Valderrama, sobre el 10 de cula francesa Rojo y negro, basada en
mayo en Bogotá y la actividad de los la novela del mismo nombre, de
intelectuales, en particular los del Stendhal. En su carta de renuncia afir-
«grupo» de Mito. ma que había aceptado el cargo de
Estos documentos, en especial censor nacional de cine para evitar
«Historia de un matrimonio campesi- que películas como ésta y como El que
no», sacudieron a los lectores de Mito. debe morir fueran prohibidas o muti-
Era algo nuevo en un ambiente acos- ladas.
tumbrado a la censura y, lo que es Los defensores de la moral reaccio-
peor, a la autocensura. naron agresivamente; se sacó a relucir
En el número 4, de octubre-noviem- como argumento que la obra de
bre de 1955, apareció «Monólogo de Stendhal estaba en el Índex de los li-
Capítulo 3 87

Inauguración de la
emisora HJCK,
septiembre 15 de
1950: Gloria
Valencia de Castaño,
Gonzalo Rueda Caro,
Alfonso Peñaranda R.,
Roberto Arciniegas,
monseñor Emilio
de Brigard Ortiz,
Eduardo Caballero
Calderón
y Eduardo Carranza.

bros prohibidos. El Siglo complemen- Obregón, Ignacio Gómez Jaramillo,


tó con la acusación de que la película Alberto Zalamea, Jorge Eliécer Ruiz
estaba financiada por los comunistas, y los firmantes de la declaración de
y, finalmente, la señora presidenta de Mito.
la Junta Nacional de Censura, encar- El general Rojas había perdido el
gada por el gobierno para defender la apoyo del sector ospinista; el liberalis-
moral del pueblo colombiano, argu- mo, con sus órganos de prensa cen-
mentó «sabiamente» que aquellos que surados, había vuelto a sufrir el hos-
criticaban la prohibición de Rojo y ne- tigamiento de la época anterior; los
gro no habían leído el libro ni visto la dos partidos tradicionales sentían el
película; pues en el primer caso, peligro implícito en las tendencias del
¿cómo podían haber leído el libro si gobierno de Rojas para perpetuarse
estaba en el Índex? y en el segundo, en el poder mediante la creación de
no podían haber visto la película pues una tercera fuerza política; la Iglesia le
había sido prohibida. Finalmente, la retiraba el apoyo, esa misma Iglesia
señora directora amenazó a la burgue- que había legitimado el golpe del 13
sía con las consecuencias de la lectura de junio, a pesar de las airadas y amar-
del libro o la presentación de la pelí- gas protestas de Laureano Gómez,
cula: sus esposas e hijas serían viola- que, con razón de su parte, creía ha-
das como Julieta de la Mole o Luisa ber servido al máximo a la consolida-
de Renald. ción del poder del clero en Colombia.
El 10 de mayo de 1957, Mito publicó Entre otras razones de conveniencia
un número extraordinario de cuatro política, la Iglesia estaba descontenta
páginas; incluía una declaración de la con la pretensión del general de fun-
revista firmada por Pedro Gómez Val- dar una fuerza sindical propia, en de-
derrama, Jorge Gaitán Durán y Her- trimento de la Unión de Trabajadores
nando Valencia Goelkel, así como la de Colombia, creación de la Iglesia y
«Declaración de los intelectuales co- asesorada por los jesuitas.
lombianos durante el paro general» Se formó entonces un Frente Civil
firmada, entre otros, por Baldomero que incluía al sector laureanista, y un
Sanín Cano, Eduardo Caballero Cal- paro general, en gran parte de tipo pa-
derón, Hernando Téllez, Alejandro tronal, dio al traste con el gobierno de
88 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

Rojas; una Junta Militar lo reemplazó las libertades formales, posibilitando


el 10 de mayo. Comenzaba el Frente un debate abierto sobre los problemas
Nacional: alternación en la presiden- del país; negativas, en cuanto que el
cia y paridad en los puestos públicos. Frente Nacional implicaba la amnesia
En principio, no era, propiamente ha- colectiva sobre las causas reales de
blando, un proyecto de transforma- más de una década de persecución y
ción a fondo de las estructuras sociales sangre. El Frente Nacional era, pues,
del país; sin embargo, el nacimiento una invitación a la complicidad, así
del Frente Nacional trajo sus conse- como el expreso reconocimiento del
cuencias en el ámbito de la cultura, fracaso de los partidos tradicionales
consecuencias positivas en la medida para funcionar en el marco de la clá-
en que el Frente Nacional restableció sica democracia liberal.

Bibliografía
COBO BORDA, JUAN GUSTAVO. «Notas sobre la literatura colombiana». En: Colombia hoy, Bo-
gotá, Siglo XXI, 1978.
GUTIÉRREZ GIRARDOT, RAFAEL. «La literatura Colombiana en el siglo XX». En: Manual de his-
toria de Colombia, tomo III, Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura. 1980.
TÉLLEZ, HERNANDO. Textos no recogidos en libro, tomo I; Bogotá, Instituto Colombiano de
Cultura. 1979.
Capítulo 4 89

Literatura y pensamiento.
1958-1985
Portada de la
Luis Antonio Restrepo segunda entrega
de "Mito",
junio-julio de 1955,
con artículos de
El grupo de Mito Hernando Téllez,
Drummond de Andrade,

L a revista Mito permite ubicar, así


sea sin mucho rigor, un grupo de
escritores que ya sea como orienta-
Alvaro Mutis,
Gerardo Diego,
Martin Heidegger,
Andrés Holguín,
dores de la publicación o bien como Jean Reverzy y
sus habituales colaboradores se han Pedro Gómez
denominado el «grupo de Mito». Valderrama.
Como se observará, la mayoría de los
participantes en esta espléndida aven-
tura intelectual nacieron entre 1920 y
1930. Pudieron, pues, vivir el 9 de
abril y sus consecuencias. A finales de
la década del cincuenta participan en
la transición al Frente Nacional. Sus
posiciones políticas son diferentes,
aunque tienen en común la aceptación
del pluralismo en las ideas y una ac-
titud crítica ante la situación del país.
No siempre con la misma intensidad y
claridad. Aunque tampoco existe en-
tre ellos identidad en el campo esté- neraciones, siempre tan discutible,
tico, es visible la red de afinidades en por decir lo menos.
sus intereses y valoraciones. Su mutuo Jorge Gaitán Durán (1924-1962),
reconocimiento no fue casual. Entre fundador de la revista, es, sin duda,
Alvaro Mutis, Jorge Gaitán Durán y uno de los más representativos entre
Gabriel García Márquez existen co- los intelectuales que hacen la transi-
nexiones que no pueden reducirse al ción de la dictadura al Frente Nacio-
dato mecánico de una teoría de las ge- nal. Sus primeros libros de poesía, ln-
90 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

Solo en la palabra, luna inútil,


[miramos
Cómo nuestros cuerpos son cuando se
[abrazan,
Se penetran, escupen, sangran, rocas
[que se destrozan,
Estrellas enemigas, imperios que se
[afrentan,
Se acarician efímeros entre mil soles
Que se despedazan, se besan hasta el
[fondo,
Saltan como dos delfines blancos en el
[día,
Pasan como un solo incendio por la
[noche.
Lo más importante de la prosa de
Gaitán Durán está constituido por su
Diario (1950-1960), la Revolución in-
visible (1959) y El libertino y La Re-
volución (1960).
Toda la prosa de Gaitán Durán está
atravesada por su máxima preocupa-
ción, la política. El Diario, por ejem-
plo, está estructurado a partir de la re-
flexión política sobre Europa, la
Unión Soviética y China, países visi-
tados por el autor. La Revolución in-
visible es uno de los esfuerzos más se-
rios, si no el más, por comprender el
destino histórico del país cuando ape-
nas se iniciaba el Frente Nacional. El
libertino y La Revolución, a pesar de
Jorge Gaitán Durán sistencia en la tristeza (1946), Presen- cierta abstracción en el tratamiento
y Eduardo Cote Lamus, cia del hombre (1947) y Asombro del tema y de una dependencia —ex-
Madrid, hacia 1954. (1951) son obras de formación, de plícitamente reconocida por el mismo
búsqueda. China (1952-1955) y El li- Gaitán Durán— de Georges Bataille,
Portada de bertino (1953) muestran el tránsito ha- Maurice Blanchot y Sartre, es una
"Si mañana despierto" cia una poética personal que está re- obra bastante interesante, aunque se
(1961), de Jorge podría preguntar si el pensamiento del
Gaitán Durán, con presentada por Amantes (1958) y Si
ilustración de mañana despierto (1961). marqués de Sade no podría haber ayu-
Enrique Grau Araújo. El poema «Se juntan desnudos», de dado a pensar un tema más cercano
Amantes, permite captar la temática como el de la Violencia en Colombia.
de amor y de muerte que domina esta En 1961 Gaitán Durán escribió el li-
obra. breto para una ópera, Los hampones,
que le permitió trabajar en asocio de
Dos cuerpos que se juntan desnudos otros artistas importantes de aquellos
Solos en la ciudad donde habitan los años: Luis Antonio Escobar, autor de
[astros la música, el director de la Orquesta
Inventan sin reposo al deseo. Sinfónica de Colombia, Olav Roots; el
No se ven cuando se aman, bellos director de teatro Santiago García y el
O atroces arden como dos mundos pintor David Manzur. El texto de Gai-
Que una vez cada mil años se cruzan tán Durán permanece demasiado cer-
[en el cielo. ca de sus fuentes de inspiración: Ber-
Capítulo 4 91

told Brecht, Jean Genet y Sartre. Des- Empecé por abrir la soledad
de el punto de vista literario, Los como quien destapa una botella
hampones es una obra excesivamente y no encontré ningún camino,
esquemática, y como teatro está cal- di pasos atrás para buscar palabras y
cada sobre la estructura más simple de [cantar
la dramaturgia brechtiana. y no vi nada;
Eduardo Cote Lamus (1928-1964) volví por la ciudad y sólo el viento,
colaboró en Mito con traducciones del el que viene y el que va, como perdido
alemán y crítica de libros; también pu- como buscando Dios, como arañando
blicó en esa revista «Diario del Alto los altos, los duros, los broncos
San Juan y del Atrato». Su primer li- [estoraques.
bro de poesías Preparación para la
muerte (1950) carece de interés. Con Pedro Gómez Valderrama (1923),
Salvación del recuerdo (1953) y Los Con el profesor
estrechamente asociado a Mito desde Archibald McLeish,
sueños (1951-1955) se va consolidando su fundación, publicó en Ediciones Aurelio Arturo,
su estilo. Pero es en Estoraques (1961- Mito su libro Muestras del diablo Eduardo Carranza,
1963) donde alcanza su madurez como (1958). También es autor de El retablo Gustavo Wilches,
poeta. Si bien esta obra no está exenta de maese Pedro. En el año 1976 apa- José Pubén,
de recaídas retóricas, a las que siem- reció su novela La otra raya del tigre Fernando Arbeláez,
Fernando Charry
pre fue proclive este autor, hay en y en 1984 La barca de los locos, co- Lora y Eduardo
ellas hallazgos indiscutibles: lección de relatos. Cote Lamus.
92 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

Pedro Gómez
Valderrama
y Alvaro Mutis.
El primero, autor
de "Muestras del
diablo", "El retablo
de maese Pedro",
"La otra raya del
tigre" y "La nave
de los locos".
El segundo, autor
de "Los elementos
del desastre",
"Los trabajos
perdidos", "Diario
de Lecumberri",
"Summa de Maqroll
El Gaviero",
"La mansión de
Araucaíma",
"Caravansary",
"La nieve del
almirante", "Ilona
llega con la lluvia"
y "La última escala
del Tramp Steamer"

Fernando Charry Lara realizó una ria. Después de la desaparición de


intensa labor como crítico, que luego Mito, pasó a la dirección de Eco, de
habría de continuar en la revista Eco. 1963 a 1967, y allí continuó su trabajo,
Andrés Holguín, antiguo miembro del recogido en parte por Colcultura en
grupo de los Cuadernícolas como Crónicas de libros.
Charry Lara, también colabora con Álvaro Mutis (1923), cuya Reseña
Mito y en sus ediciones aparece en de los hospitales de ultramar apareció
1961 su libro La Tortuga, símbolo del en el número 2 de Mito, es uno de los
filósofo. Eduardo Mendoza Varela, más grandes poetas colombianos vi-
ensayista y crítico, autor de El Medi- vos. Su obra lentamente elaborada y
terráneo es un mar joven, también es- meditada a fondo no tiene fisuras. Al-
tuvo vinculado a la revista. varo Mutis no improvisa. A partir de
Hernando Valencia Goelkel (1928) Los elementos del desastre (1953) se
llevó a cabo en este período una labor hace dueño de su voz poética que se
sustancial en su doble calidad de or- despliega a través de Los trabajos per-
ganizador y de crítico. Cofundador de didos y Reseña de los hospitales de ul-
la revista Mito, desplegó en ella toda tramar. En 1984 publicó Los emisa-
su capacidad como ensayista lúcido, rios, demostrando en este libro las vir-
dotado de una formación universal. tudes de su poética cada vez más de-
Fue también uno de los primeros en cantada. Su prosa, desde el Diario de
asumir la crítica de cine en forma se- Lecumberri (1960) pasando por la La
Capítulo 4 93

mansión de Araucaíma hasta concluir, García Márquez, como todo gran


provisionalmente, en Caravansary escritor, había formado sus propios
(1981), es también muy interesante. De lectores. Les había enseñado a reco-
capital importancia para comprender la nocerlo y a reconocerse en la límpida
posición vital y literaria de Mutis es su prosa y la clásica estructura de Cien
ensayo La desesperanza (1965). años de soledad. Pero en 1975, des-
En el número 19 de Mito, a media- pués de siete años de trabajo silencio-
dos de 1958, apareció El coronel no so, les deparó una sorpresa muy des-
tiene quien le escriba de Gabriel Gar- concertante: El otoño del patriarca.
cía Márquez (1928). El maltratado Hubo miradas atónitas, salidas en fal-
tema de la Violencia se convertía en so de críticos áulicos, tímidas tentati-
objeto literario por obra y gracia de la vas de rechazo, etc.; no era para me-
alquimia artística del autor de La ho- nos, no porque se tratara de un inten- Portada de la
jarasca. to de experimentación literaria, pues primera edición de
"Cien años de
En 1967, Cien años de soledad, una hasta el menos diestro reconoce, si se soledad", de Gabriel
novela que no tiene comparación en lee la obra, que está frente a un tra- García Márquez,
las letras colombianas. Quizá una de bajo meticuloso desde la primera pa- publicada en Buenos
las claves para explicar la acogida uni- labra hasta la última. A esta obra sí Aires por la
que le cabe la anotación de Humberto Editorial Suramericana
versal de esta obra sea la maravillosa en abril de 1967.
relación que en ella se establece con el Eco: «... en primera instancia, una no-
sustrato mítico. En Cien años de so- vela no tiene nada que ver con pala- Gabriel García
ledad el mito no es una referencia vir- bras. Escribir una novela es una cues- Márquez y Pablo
Neruda, Premios
tuosista sino que constituye una uni- tión cosmológica, como la historia Nobel de Literatura
dad con el trabajo literario consciente contada por el Génesis...». El descon- en 1982 y 1971,
de sí mismo. cierto nace de la exigencia que se le respectivamente.
94 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

hace al lector desde la obra misma: lido de las ensoñaciones del patriarca.
asumir otra estructura, otro estilo de Es un caso patético de cómo el virtuo-
relato, como condición para introdu- sismo puede devorar una obra. Ad-
cirse en el cosmos del dictador, sin quieren un carácter premonitorio unas
nostalgia por la estructura cartesiana palabras de Hernando Téllez cuando
de Cien años de soledad o de El co- saludaba la edición mexicana de El co-
ronel no tiene quien le escriba. El lec- ronel no tiene quien le escriba: «La im-
tor tiene que comenzar por renunciar presión que deja un escritor tan flui-
a una pregunta: ¿Quién habla? Al fin do, tan ágil, tan iluminado, es la de
de cuentas, esta novela está «tejida» de que puede hacer con el tema y con su
infinidad de voces que resuenan en un prosa lo que quiera. Pero uno teme al
tiempo distinto al cotidiano cómoda- mismo tiempo que esa presteza, esa
mente lineal. No hay que culpar al lec- comodidad, esa libertad de movimien-
Alvaro Cepeda tor, la exigencia es fuerte. El otoño
Samudio, su hija tos puedan llegar a satisfacerse por sí
Patricia y su del patriarca es tan buena como Cien mismas y volverse un ejercicio, una re-
esposa Teresa años de soledad, sólo que obedece a ceta. La intuición y la facilidad son dos
Manotas en Nueva lógicas diferentes. Sí, de la misma ma- hadas maravillosas y engañosas. Hasta
York, a finales nera en que José y sus hermanos de ahora todo parece ir bien en una ca-
de los años 60.
"La casa grande", Thomas Mann y el Ulises de James rrera literaria que apenas comienza.
de Cepeda, fue el Joyce son obras maestras de la novela Pero no parece impertinente recordar-
último libro moderna. le al autor los riesgos que van inclui-
publicado por Nadie puede olvidar su contacto con dos en esta clase de virtudes y com-
Ediciones Mito,
y de él se han una obra literaria de calidad; se trata placencias.»
realizado de un recuerdo activo, la sensación de El último libro publicado por Edicio-
numerosas ediciones, que algo se ha hecho parte de su pro- nes Mito, La casa grande, novela de Al-
traducciones pia vida. Pero después de leer Crónica varo Cepeda Samudio (1927-1972), se
y adaptaciones de una muerte anunciada (1981), sólo leerá siempre con el placer que produ-
al teatro. queda el vacío; cuanto más, se puede cen las obras escritas con talento.
"Se leerá siempre recordar que el número de ejemplares
con el placer que En Mito aparecieron también ensa-
producen las obras impresos para la primera edición fue yos y piezas del dramaturgo y director
escritas con de 1.050.000 ejemplares, y eso porque de teatro Enrique Buenaventura,
talento." se trata de un número que parece sa- (1925), el primer hombre de teatro en
Colombia, por su profesionalismo y
por su calidad. Fue fundador del Tea-
tro Estudio de Cali (TEC) y autor de
A la diestra de Dios Padre, basada en
el cuento de Tomás Carrasquilla, Los
papeles del infierno, y La orgía, entre
otras.
En 1960 se publica en Medellín An-
tares, de Arturo Echeverri Mejía
(1919-1964); era un diario de viaje, sin
pretensiones literarias, aunque bien
escrito y no carente de interés. Marea
de ratas enfrenta el tema de la Violen-
cia, donde tantos fracasaron estruen-
dosamente, y el resultado es una obra
donde las limitaciones son compensa-
das ampliamente por la capacidad del
autor para manejar el relato. Eche-
verri Mejía escribió otras dos novelas,
El hombre de Talara y Bajo Cauca,
ambas publicadas en 1964. En ellas no
sólo se mantiene el nivel de Marea de
Capítulo 4
95

ratas, sino que es visible un mayor Jorge Zalamea,


control en el estilo. Según su editor y en los años 60.
crítico Alberto Aguirre, el resto de su Su obra "El sueño
de las escalinatas",
obra es fallida. de 1964, ilustra su
Marea de ratas no pasó desaperci- tesis de una poesía
bida. Jorge Gaitán Durán la catalogó escrita para ser
como una de las cinco mejores obras declamada
aparecidas en Colombia durante el ante las masas.
año de 1960. Posteriormente fue sub-
estimada y olvidada por la crítica,
hasta su reedición por Colcultura en
1981. Manuel Mejía Vallejo (1923)
había escrito en 1945 una novela de ju-
ventud, La tierra éramos nosotros,
bajo la influencia de Tomás Carras-
quilla, pero con una asimilación del
modelo suficientemente activa como
para que no se pueda acusar a esta no-
vela de simple imitación. destacó Héctor Rojas Herazo con sus
En 1963 apareció El día señalado, la novelas Respirando el verano y En no-
novela más lograda de Manuel Mejía viembre llega el arzobispo.
Vallejo y una de las mejores del pe- León de Greiff, el gran maestro de
ríodo. La sobriedad del relato, el tra- la poesía colombiana, publicó Nova et
León de Greiff lee
bajo sobre las palabras para amplificar vetera en 1973. Son poemas tardíos en a García Márquez.
su poder evocativo y el ritmo sosteni- los que domina la meditación sobre los En 1973, tres años
do que le da una gran unidad al texto grandes temas de su vida: el amor y la antes de su muerte,
son sus mejores cualidades. poesía, vistos desde la perspectiva de publica "Nova et
Posteriormente, Mejía Vallejo se ha la senectud. León de Greiff asume la vetera", donde trata
los temas del amor
lanzado a arriesgados y discutibles ex- caducidad de la vida con serenidad y y de la poesía
perimentos literarios en Aire de tango, humor, lejos de cualquier trascenden- vistos desde
Las muertes ajenas y La tierra sigue talismo: la senectud.
andando. Puede no ser equivocado
añorar la belleza y hondura de El día
señalado.
Jorge Zalamea, una vez vuelto al
país después de años de exilio «volun-
tario», desplegó una sorprendente ac-
tividad intelectual. Entre otras obras
publicó El sueño de las escalinatas
(1964), ejemplo poco convincente de
su tesis de una poesía escrita para ser
declamada ante las masas. En 1965
apareció su penetrante ensayo Poesía
ignorada y olvidada y, fiel a su voca-
ción pedagógica, en el más alto senti-
do de la palabra, escribió Introducción
a la prehistoria (1967), publicada
como homenaje al primer centenario
de la Universidad Nacional. De esta
época es también su traducción de
Mares de Saint-John Perse. Al mo-
mento de su muerte, 1969, se encon-
traba trabajando en Cantata del Che.
En la década del sesenta, también se
96 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

Nieva tras de los vidrios (eskaldiana el título de «Variaciones alrededor del


nieve, si no en mi corazón). nadaísmo», Zuleta señala la inanidad
Mi corazón se entregó a la galbana de la pretendida oposición nadaísta a
con qué blas-pascaliana sinrazón. la sociedad burguesa. Ésta no los con-
Antes, a diestra y zurda, tarambana sidera como su antinomia, sino como
corazón regalaba, corazón de León. hijos descarriados. En un pasaje de su
A troche y moche, desde edad artículo, dice Zuleta: «Pues bien, mi
[temprana querido "Nadaísta", he aquí una no-
y hasta en madura edad, sin ton ni son. ticia horrorosa, pero que de todas ma-
neras conocerás: la ciudadanía no está
Nadaísmo, irrupción de la juventud dispuesta a tomar medidas contra tí,
agita tu calavera una vez más, emplea
El último número de Mito, junio de la blasfemia, "motílate" como quie-
1962, estuvo dedicado a mostrar es- ras, todo será en vano: ni una sola
critos de los nadaístas: Gonzalo Aran- beata se santiguará.»
go, Amílcar Osorio (Amílcar U.), Jai- Políticamente, el nadaísmo no ofre-
me Jaramillo Escobar (X-504), Eduar- cía ningún peligro para el naciente
do Escobar, J. Mario Arbeláez (J. Frente Nacional. En eso tiene toda la
Mario), Elmo Valencia, Humberto razón Zuleta. Sin embargo, este mo-
Navarro, Diego León Giraldo. Era la vimiento que nace en Medellín, la in-
nómina, casi íntegra, de los nadaístas. dustrial y católica segunda ciudad del
Para completarla habría que incluir a país, no puede ser comprendido sino
Luis Darío González, Malgrem Res- como reacción a los valores dominan-
trepo, Alberto Escobar, Jaime Espi- tes en dicha ciudad. La valoración de
nel y Darío Lemos. la marihuana, la prédica de la libera-
Este movimiento nació en Medellín ción sexual, incluyendo, a veces, la
en 1958. Su fundador fue Gonzalo reivindicación del homosexualismo, el
Arango, (1931-1976), un intelectual rechazo del trabajo, los enfrentó a la
antioqueño más o menos desconocido, sociedad y más de una vez a la policía.
que había colaborado con la dictadura Aunque el nadaísmo también tuvo al-
de Rojas. Fue el autor del Manifiesto guna acogida en Cali, sólo en Medellín
nadaísta, documento en el que se ha- adquirió importancia, y en cierto
cía un llamado a la rebeldía, en un len- modo sus límites fueron marcados por
guaje efectista y sin bases teóricas se- la oposición a un tipo determinado de
rias. Es una mezcla de anarquismo con sociedad. En Bogotá pasan desaper-
un existencialismo de cliché. cibidos, en la Costa son simplemente
Gonzalo Arango, con un notable ta- inconcebibles.
lento publicitario, eligió el camino del Dentro de esa lógica, la apoteosis
escándalo para hacerse conocer. Que- del nadaísmo tenía que ocurrir, como
ma de libros en la Plazuela de San Ig- efectivamente ocurrió, en Medellín.
nacio, frente al Paraninfo de la Uni- En 1961, la Santa Misión se había apo-
versidad de Antioquia. Afiches fune- derado de la ciudad. Un nutrido grupo
rarios anunciando la muerte de la poe- de jóvenes y fanáticos sacerdotes es-
sía colombiana, etc. En 1959, sabotaje pañoles invadieron a Medellín. Todo
al Congreso de «Escribanos Católi- el ritualismo religioso de que es capaz
cos», lo que le costó a Gonzalo Aran- el catolicismo se combinó con la emo-
go unos días de cárcel. tividad religiosa antioqueña. Hubo vo-
Efectivamente, lograron su objeti- ces discordantes como la del decano
vo, pues la prensa de Medellín y de de arquitectura de la Universidad
Bogotá comenzó a interesarse por el Pontificia Bolivariana, Antonio Mesa
nadaísmo. Tal vez uno de los primeros Jaramillo, católico por fuera de toda
en escribir un artículo serio sobre el sospecha, quien escribió un artículo
tema fue Estanislao Zuleta. En el se- criticando la Santa Misión, a la que
manario La Calle, julio de 1958, bajo llamó «cristianismo de pandereta», lo
Capítulo 4 97

que le costó la fulminante expulsión de El fundador del


la universidad. En la noche de la solem- Nadaísmo y la
actriz Fanny
ne clausura de la Santa Misión en la ca- Mickey durante
tedral de la ciudad, algunos nadaístas, el Festival de
fingiendo comulgar, se dedicaron a me- Arte de Cali,
ter las hostias en libros; fueron descu- 1964. "Con un
biertos por los fieles, y, una vez que el notable talento
publicitario,
arzobispo logró evitar que fueran lin- Arango eligió
chados por la enardecida multitud, se el camino del
los trasladó, de acuerdo a su edad, a la escándalo para
casa de menores o a la cárcel de La La- hacerse conocer."
dera. ¿Qué más podía hacer el nadaís-
mo? Dos años después, el movimiento
se había dispersado..
Desde el punto de vista literario el
anáfisis del nadaísmo no es fácil. No
contaron con un medio de expresión;
el proyecto de la revista Nada nunca
se concretó. Sus relatos, poesías y ma-
nifestaciones aparecieron en periódi-
cos y revistas, sobre todo en Bogotá y
Cali. Aunque los nadaístas no pueden
ser enfocados como un bloque homo-
géneo, pues más allá de los clichés son quizás las mejores. También es-
propiamente «nadaístas» se expresaba cribió para Cromos y El Tiempo. Al
su individualidad, se pueden captar final de su vida entró en un misticismo
ciertas líneas de influencia. El existen- muy de acuerdo con la moda del hip-
cialismo sartriano fue mucho menos pismo criollo de comienzos de los años
influyente de lo que se cree, pues para setenta.
la mayoría de ellos Sartre era dema- Humberto Navarro (1932) escribió
siado serio y comprometido política- Amor en grupo, la crónica del nadaís-
mente. Henry Miller, Jack Kerouac, mo, como la denominó Amílcar U.
Alien Ginsberg y Laurence Durrell, Esta novela, además de su evidente va-
con su, en ese entonces, famoso Cuar- lor documental, literalmente es muy in-
teto de Alejandría, fueron los modelos. teresante. Sin embargo, no es conocida
Para Amílcar U., como para algunos por los críticos, ni siquiera por aquellos
otros nadaístas, Rimbaud, Constantin que se han especializado en la «novela
Kavafis, Lautréamont y Robbe-Grillet urbana». También ha publicado Al-
fueron muy significativos. guien muere al grito de la garza, Pes-
Fernando González, el controverti- cador de imágenes y Juego de espejos.
do autor de Viaje a pie, no sólo influyó Amílcar Osorio (1940-1985), el na-
sobre el nadaísmo sino que fue el úni- daísta con la más sólida formación in-
co intelectual de prestigio en valorar telectual, dejó inédita la mayor parte
positivamente al grupo; con razón se de su obra. La revista Eco publicó en
reconocía en muchos de los aspectos 1969 su cuento «El caudatario», y un
del nadaísmo, en particular en el vi- poco antes de su muerte accidental sa-
talismo que él venía predicando desde lió en edición limitada su libro de poe-
la década del treinta. mas Vana stanza. Tanto el relato
Gonzalo Arango dejó una obra li- como estos poemas muestran una ca-
teraria, recogida en parte en Obra ne- racterística del quehacer literario de
gra (1974), de poca calidad. Tuvo más Amílcar U., su independencia con los
suerte como periodista; sus colabora- clichés nadaístas cultivados por Gon-
ciones para La Nueva Prensa, donde zalo Arango y J. Mario. «Cuerpo ce-
publicó la columna «Todo y nada», leste» lo muestra muy bien:
98 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

con aplicación reverente va fundando J. Mario, Eduardo Escobar, Jaime


besos Espinel y Darío Lemos son otros de
por todo mi cuerpo los nadaístas que continúan escribien-
aquí uno frío y rápido do. También habría que tener en
como un Aldebarán apagado, cuenta a dos escritores generalmente
aquí uno más leve pero tibio, asociados con el nadaísmo: Fanny
aquí uno ardiente, Betelgense, Buitrago, autora de El hostigante ve-
aquí un mordisco, aquí una luna, rano de los dioses, y Mario Rivero.
aquí otro y otro aquí, asteroides, Este último es autor de una obra poé-
aquí las Pléyades, y en el pecho tica que, desgraciadamente, con los
la vagante supernova, años ha ido perdiendo la dureza para
una binaria azul en las caderas, penetrar en la experiencia vivida. De
uno de cráteres abiertos en la boca, esta etapa lo mejor está recogido en
Fanny Bu i trago, hasta convertirse en la equivocada Baladas sobre ciertas cosas que no se
autora de
"El hostigante constelación de la medusa deben nombrar. Independientemente
verano de los dioses", fija en el firmamento de esta noche. del nadaísmo, Giovanni Quessep
"Cola de zorro", (1939) escribe una poesía de alta ca-
"Los pañamanes" Jaime Jaramillo Escobar (1932) lidad. En 1961 publicó su primer libro,
y "Los amores de X-504, es autor de «Narices por ore- Después del paraíso, que fue seguido
Afrodita". Desde por El ser no es una fábula y por Du-
su iniciación jas», un corto pero excelente relato
literaria con el sobre la Violencia, publicado por la ración y leyenda.
grupo nadaísta, revista Esquemas en 1961. Su poesía
desembocó en su apareció inicialmente en Los poemas Objetivo: la realidad colombiana
narrativa más de la ofensa, premio Casius Clay de
personal, de buen poesía nadaísta (1969). Luego publicó
dominio del idioma En La revolución invisible (1959), Jor-
y gran capacidad Poemas de tierra caliente (1983) y ge Gaitán Durán, al enjuiciar el Fren-
imaginativa. Sombrero de ahogado (1984). te Nacional, se refería a él como a «un
proyecto en el vacío» y señalaba con
lucidez la sensación que muchos inte-
lectuales compartían en ese momento:
«Sentimos que se ha producido una
ruptura dramática en la historia de
Colombia —durante años hemos per-
cibido en la vida cotidiana un sabor de
lodo y de muerte—, sentimos el ruido
subterráneo de un cambio, de un gran
movimiento de estructuras. Sabemos
que estamos al borde de un proyecto
decisivo, pero ignoramos cómo inte-
grarnos a él, cómo iniciarlo, cómo rea-
lizarlo. Nuestra mentalidad sigue sien-
do anterior a la tragedia.»
Se trataba, pues, de ponerse a la al-
tura de la experiencia histórica y de
adquirir instrumentos intelectuales
para analizar el presente; un presente
que para muchos intelectuales se pre-
sentaba como una gran frustración co-
lectiva, pues el Frente Nacional no
planteaba soluciones de fondo a los
grandes y viejos problemas del país.
El acuerdo de los dos partidos tradi-
cionales era ante todo una repartición
del poder entre fracciones acaudilla-
Capítulo 4 99

das por los viejos políticos. Como res- brerías y en cajas de cartón en la re-
puesta a esta situación los intelectua- sidencia del autor, vástago de una de
les que tenían una posición crítica se las más poderosas familias de la bur-
lanzaron al estudio de la historia del guesía criolla. A comienzos de los se-
país y de su economía. Faltaba pre- senta se agota. La segunda edición la
paración y había que adquirirla sobre hará una editorial marxista de Mede-
la marcha. llín, la Oveja Negra. Los intelectuales
Darío Mesa había publicado en de izquierda leen el informe de la mi-
Mito (1957) Treinta años de historia de sión Lebret, así como El desarrollo
Colombia 1925-1955. Este ensayo he- económico de Colombia, de la CE-
cho con la óptica del marxismo seguía PAL. Se hace cada vez más claro que
paso a paso el proceso económico y las el problema del país es concreto,
contradicciones políticas del país. In- cuantificable: mortalidad infantil, de-
dalecio Liévano Aguirre publicó por sempleo, analfabetismo, carencia de
entregas, en la revista Semana y luego vivienda, en fin, subdesarrollo y de-
en la Nueva Prensa, Grandes conflic- pendencia. Se lee pues a Paul Baran,
tos sociales y económicos de nuestra La economía política del crecimiento,
historia, una interpretación a contra- a Paul Swewzy, Teoría del desarrollo
pelo de la historiografía tradicional. capitalista, a Maurice Dobb, Econo-
Ni en el primer caso ni en éste interesa mía política y capitalismo, etc. Como
la corrección o no de los análisis: lo el Frente Nacional trae consigo el re-
que importa es su impacto sobre la conocimiento de que la Violencia algo
gente joven que se interrogaba sobre tiene que ver con la estructura de la
la historia colombiana. propiedad de la tierra, y se inicia tí-
Esta actitud de búsqueda se mate- midamente un estudio sobre una po-
rializa en la recuperación de libros ol- sible reforma agraria, crece el interés
vidados y subestimados. Luis Eduardo por el análisis de los problemas del
Nieto Arteta escribió una obra en la campo. En 1957 aparece en la revista
que trataba de replantear la historia de la Universidad de Medellín el es-
de Colombia, Economía y cultura en tudio de Hernán Toro Agudelo Plan-
la historia de Colombia, cuya primera teamiento y soluciones del problema
edición fue hecha en 1942; veinte años agrario. Toro Agudelo, con un exce-
después sale la segunda edición. lente acopio de información estadísti-
El interés manifestado en 1962 por ca, demostraba que «éste no es un país
la obra de Nieto Arteta es indicativo de pequeños propietarios sino de po-
de una nueva actitud frente a la his- cos pero fuertes latifundistas». El so-
toria. A pesar del esquematismo y las ciólogo Orlando Fals Borda había
limitaciones en el terreno de la infor- inaugurado en 1957 el análisis socio-
mación, el libro de Nieto Arteta se va- histórico con su libro El hombre y la
loraba como un esfuerzo importante tierra en Boyacá.
hacia nuevas temáticas de la investi- Los intelectuales tenían dos opcio-
gación sobre la realidad colombiana. nes políticas. De un lado estaba el par-
Un libro escrito hacía más de cuatro tido comunista, que había podido vol-
décadas, Problemas colombianos, de ver a la legalidad a raíz del plebiscito
Alejandro López, es sacado de las bi- de 1957. El partido había resistido y
bliotecas y empieza a ser estudiado sobrevivido en la clandestinidad. Aho-
con interés: al fía de cuentas, «la lucha ra volvía a la palestra política, publi-
del hacha contra el papel sellado» se- caba su semanario Voz de la Demo-
guía siendo actual. cracia y trataba de acomodarse me-
Industria y protección en Colombia, diante alianzas a los estrechos límites
obra pionera de nuestra historia eco- del Frente Nacional. El XX Congreso
nómica, de Luis Ospina Vázquez, ha- del PCUS había oficializado la cam-
bía salido en 1955 y sin pena ni gloria paña de desestalinización, lo que, teó-
envejecía en los anaqueles de las li- ricamente al menos, colocaba a los co-
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munistas en una mejor posición en el históricos lejanos, rodeados de una


terreno de la lucha ideológica; sin em- aureola épica que los hacía más dis-
bargo, los duros esquemas de pensa- tantes aún; pero la revolución dirigida
miento heredados de tres décadas de por hombres jóvenes, cercana en el es-
dogmatismo y represión generalizados pacio y el tiempo, obsesionó a todos los
no cedieron tan fácilmente, ni en po- que soñaban con un cambio social. Esa
lítica ni en filosofía, menos aún en el obsesión tendría complejas consecuen-
dogma de un arte y una literatura so- cias históricas en Latinoamérica en ge-
metidos a los cánones del «realismo neral, y en Colombia en particular.
socialista». En Colombia, el partido El ejemplo de Mito fue seguido por
comunista era una opción poco atrac- una serie de revistas efímeras cuyo
tiva para esos intelectuales que el mis- contenido deja ver los intereses inte-
mo partido definía como «pequeño- lectuales que flotaban en el ambiente.
burgueses». La otra opción era el Mo- En 1958, Francisco Díaz y Carlos Rin-
vimiento Revolucionario Liberal, cuyo cón fundan la revista Tierra Firme,
medio de expresión, el semanario La donde se traduce a Jean Hyppolite, a
Calle, hacía el papel de voz discordante Martin Heidegger, a Hölderlin, y sa-
en la aparente armonía preestablecida len ensayos sobre la situación econó-
del Frente Nacional; su jefe, Alfonso mica del país de Jorge Child y sobre la
López Michelsen, cuestionaba lo que Universidad, de Rafael Gutiérrez Gi-
llamaba «el club del Frente Nacional» y rardot. A finales de 1961 aparece Es-
denunciaba la formación de una coali- quemas, dirigida por Germán Colme-
ción irreversible de los partidos tradi- nares, Jorge Orlando Melo y Rubén
cionales, para repartirse el poder y el Sierra Mejía; trae artículos de los di-
presupuesto. Pero la experiencia histó- rectores y de Fanny Buitrago, José Pu-
rica hacía temer las veleidades de los je- bén, Fernando Abeláez, Amílcar U. y
fes liberales, siempre dispuestos a rein- traducciones de Herbert Marcuse y
tegrarse a la máquina oficial, una vez lo- Wright Mills.
grada una posición de fuerza con la di- La revista Eco, patrocinada por
sidencia. Carl Buchholz, cuyo objetivo era el de
Así ocurrió con el MRL. En 1962, difundir «la cultura occidental», en
este movimiento parecía haberse con- particular la de la República Federal
vertido en un desafío serio al Frente Alemana, fue, a pesar de tan sublimes
Nacional. En las elecciones presiden- y oficiosos propósitos, un verdadero
ciales de ese año, López Michelsen medio de difusión de la filosofía, la
obtuvo más de medio millón de votos; crítica literaria y la obra de grandes
se trataba, pues, de un movimiento de autores alemanes y de otros países eu-
masas que clamaba por cambios pro- ropeos: así mismo abrió sus puertas a
fundos en la estructura social colom- autores colombianos, y en ella escri-
biana. Sin embargo, el MRL comenzó bieron Danilo Cruz Vélez, Jorge Elié-
lentamente a derivar hacia el Frente cer Ruiz, Rafael Gutiérrez Girardot,
Nacional hasta fundirse con él, crean- Carlos Rincón, Marta Traba, Germán
do un vacío político que sólo vino a ser Colmenares, Darío Ruiz, Fernando
llenado fugazmente por el equívoco Charry Lara, Álvaro Mutis, etc. Esta
movimiento populista, la Anapo, di- dinámica se debe en gran parte a quie-
rigido por el ex dictador Rojas Pinilla. nes la dirigieron desde su fundación en
El primero de enero de 1959, Fidel 1960 hasta su extinción en 1985: Her-
Castro entraba a La Habana y en cier- nando Valencia Goelkel, Nicolás
to modo comenzaba la Revolución cu- Suescún, Ernesto Volkening y Juan
bana. No es fácil medir el impacto de Gustavo Cobo Borda. Eco publicó
esta primera revolución latinoameri- buena parte de la obra crítica de Er-
cana. La Revolución rusa de 1917, la nesto Volkening. Sus ensayos y tra-
china de 1949, se presentaban a los ducciones contribuyeron a romper la
ojos del latinoamericano como hechos tendencia de la cultura colombiana al
Capítulo 4 101

provincialismo. Volkening, residente las basuras de la historia por un es-


en el país desde la edad de veintiséis quema dogmático incapaz de com-
años, alcanzó a captar maravillosa- prenderse a sí mismo ni de seguir la
mente el ambiente cultural de su país evolución del mundo contemporá-
de adopción, como lo demuestran sus neo.» Estrategia reivindica la impor-
ensayos sobre autores colombianos. tancia que para la izquierda tiene el
estudio de Husserl, Sartre y Merleau-
E1 grupo de Estrategia Ponty, Lévi-Strauss, y marxistas he-
terodoxos como Lefebvre y el Lukács
Una de estas revistas, también de cor- de Historia y conciencia de clase, que
ta duración, apenas tres números, no el de El asalto a la razón, buen
pero sin embargo de una gran signifi- ejemplo del dogmatismo staliniano.
cación por sus consecuencias teóricas, Una de las consignas de la revista
fue Estrategia, publicada en Bogotá a era la invitación a la lectura de las
partir de 1962, dirigida por Estanislao obras de Marx, sin la tradicional me-
Zuleta y Mario Arrubla, ambos naci- diación de los manuales del Instituto
dos en 1935. Se asume como una pu- de Marxismo-Leninismo de la Unión
blicación marxista no dogmática. Sus Soviética, así como una fuerte crítica,
directores habían sido miembros del inspirada en particular en Sartre, del
partido comunista, pero se habían re- materialismo dialéctico en Engels y
tirado en protesta por la insistencia del Lenin.
grupo en una línea dogmática en la Sartre tuvo una especial importan-
teoría y artesanal en la práctica polí- cia para este grupo. En 1960 había
tica. La revista también se enfrentaba aparecido la edición francesa de su
al extremismo de izquierda, que en Crítica de la razón dialéctica, prece-
aquella época comenzaba a tomar dida de un ensayo, Problemas de mé-
fuerza entre los medios estudiantiles. todo, en el cual el máximo represen-
Inicialmente era portavoz de un pe- tante del existencialismo francés lla-
queño grupo político, el partido de la maba al marxismo «la insuperable fi-
revolución socialista, que rápidamente losofía de nuestro tiempo», «el humus
hizo crisis por la aparición de «tenden- de todo pensamiento particular y el
cias aisladas y aventureras» en algunas horizonte de toda cultura». No es di-
de sus regionales, trasformándose en fícil imaginar el entusiasmo producido
la Organización Marxista Colombia- por una validación como ésta de una
na. En este trabajo político-intelec- concepción bastante maltrecha por va-
tual, Zuleta y Arrubla estuvieron rias décadas de stalinismo. Jorge Or-
acompañados por intelectuales y es- lando Melo tradujo Problemas de mé-
tudiantes de Bogotá, Medellín, Car- todo, y ésta fue la única publicación de
tago e Ibagué, entre los cuales estaban las Ediciones Estrategia.
Jorge Orlando Melo, Jaime Mejía Du- Otra de las características del grupo
que, Jorge Villegas, Javier Vélez, Al- de Estrategia fue su defensa del psi-
varo Tirado, Margarita González, coanálisis, de un psicoanálisis «con
Moisés Melo, Socorro Castro y Hum- base marxista», como decía Zuleta en
berto Molina, entre otros. su ensayo «Marxismo y psicoanálisis»,
En el número 2 de esta publicación en el número 3 de la revista. Se tra-
aparece esbozada la posición del gru- taba de una visión del psicoanálisis
po frente a las relaciones entre el mar- apoyada en la lectura directa de la
xismo y otras disciplinas. Zuleta criti- obra de Freud y algunos de sus segui-
ca la actitud cerrada de los partidos dores franceses, que comenzaban a
comunistas, mantenida a pesar de las conocerse en el país, como Jacques
autocríticas del XX Congreso PCUS: Lacan, J. B. Pontalis y Daniel Laga-
«El psicoanálisis, la fenomenología, la che. La literatura era, para el grupo de
lingüística estructural, casi toda la an- Estrategia, uno de los medios privile-
tropología, han sido arrojadas entre giados para el conocimiento de la rea-
102 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

lidad; esta tesis tenía sus raíces en el madas «novelas de formación». Esta
mismo Marx; basta recordar el papel obra ha sido objeto de un sistemático
que juegan en su obra nombres como silencio por parte de la crítica, silencio
los de Balzac, Shakespeare y Goethe. injustificado, pues la obra de Mario
Además, la literatura era también cen- Arrubla tiene valores literarios eviden-
tral en el pensamiento de Lukács y tes. No es el menor de ellos el trata-
Sartre. miento del fenómeno urbano en la pers-
Era una continuación de la mejor pectiva del proceso de migración ace-
tradición marxista, pues rechazaba la lerado que ocurre a comienzos de la dé-
estéril «teoría del reflejo» que había cada del cincuenta, como consecuencia
dominado a los intelectuales marxistas de la agudización de la Violencia.
ortodoxos. La literatura no se conce- Estudios sobre el subdesarrollo co-
bía como el reflejo pasivo de la reali- lombiano (1969) de Mario Arrubla se
dad, ni como la expresión mecánica de convirtió en un best-seller universitario
una ideología de clase, sino como una durante los años setenta. El libro tiene
interpretación creadora e iluminadora como punto de partida dos ensayos so-
sobre la realidad en cuanto materia bre la economía del país, aparecidos
prima del trabajo literario. Implicaba en los números 2 y 3 de Estrategia. En
también un interés por disciplinas que él está plasmada la concepción que de
potencializaran el análisis literario la economía y la historia tenía el sector
como la etnología, la historia, el psi- marxista no comunista de los años se-
coanálisis y la lingüística. senta, concepción que, si bien es un
En el último número de la revista, poco apocalíptica, había, sin embargo,
enero de 1964, apareció una lista de captado con bastante claridad las fa-
futuros trabajos, algunos de los cuales llas estructurales de la sociedad co-
salieron efectivamente en el transcur- lombiana.
so de los años en otras revistas, pero La importancia de Marx, Freud y
que se pueden enfocar como indicati- Sartre para los intelectuales críticos de
vos de las tendencias teóricas de este aquella época se puede visualizar fá-
sector de la intelectualidad de izquier- cilmente en las palabras de Jorge Gai-
da: «Paranoia y esquizofrenia: polos tán Durán, en la introducción a La re-
psicológicos del mundo burgués», volución invisible: «Creo que el país se
«Sigmund Freud y la sociedad an- ha engañado sobre la formación de los
tioqueña», «Introducción a la obra escritores que más o menos tienen mi
de Kafka», «Introducción a la obra de edad. Pertenezco a una generación
Dostoiewski», «El estudiantado co- marcada con más hondura por Marx,
lombiano y la revolución», «El na- Freud y Sartre que por Proust, Joyce
daísmo y la juventud colombiana». o Faulkner; nos interesa y nos entu-
Estanislao Zuleta escribió poste- siasma la experiencia literaria de Bor-
riormente Teoría de Freud al final de ges y Robbe-Grillet o la experiencia
su vida, Conferencias sobre historia ontológica de Heidegger, pero pres-
económica de Colombia, Comentarios tamos más atención a Machado, Lu-
a la «Crítica de la economía política», kács o Henri Lefebvre; nos conmueve
de Carlos Marx, Comentarios a «Así la aventura humana de Henry Miller o
habló Zaratustra», de Nietzsche, La Jean Genet, pero es una película como
propiedad, el matrimonio y la muerte Paths of glory, de Stanley Kubrick,
en Tolstoi y «La Montaña Mágica» y donde nos reconocemos. Nuestro
la llanura prosaica; estos últimos li- humanismo es quizás una paradoja:
bros son un ejemplo del trabajo de in- sentimos en carne viva la fascinación
terpretación de obras literarias reali- del pensamiento y arte de este tiempo
zado por Zuleta. Mario Arrubla pu- que gritan con desesperanza la negli-
blicó a mediados de los sesenta su no- gencia del hombre frente a una histo-
vela La infancia legendaria de Ramiro ria implacable y a la vez creemos que
Cruz, una obra del género de las lla- podemos reformar el mundo.» Son las
Capítulo 4 103

palabras de un actor y testigo de ex- satisfactoria para una juventud ilusio-


cepción de ese tiempo, que sintetizan nada por el ejemplo de la Revolución
lo que pensaba y a lo que aspiraba la cubana. De ahí que las propuestas de
joven élite intelectual surgida de un un marxismo abierto como la del gru-
pasado de fanatismo y violencia. po de Estrategia fueran descalificadas
El marxismo vuelve a la universidad como «humanismo pequeño-burgués»
pública. El Frente Nacional, poco a por los grupos políticos de izquierda
poco, fue levantando las prohibiciones que comenzaban a formarse al margen
que desde comienzos del cincuenta pe- del partido comunista, calificado a su
saban sobre la enseñanza y discusión vez de «reformista».
del pensamiento marxista en la uni- A mediados de la década se estaban
versidad colombiana. Las tesis de organizando dos grupos de tipo ar-
Marx pasan a formar parte de la for- mado: el Ejército de Liberación Na-
mación de los estudiantes de filosofía. cional, de inspiración castrista y reclu-
Los postgraduados que vuelven de Pa- tado casi exclusivamente entre estu-
rís, Franckfurt, Berlín u otras univer- diantes de la Universidad Nacional y
sidades europeas traen el interés que la de Santander. Como consecuencia
por el marxismo se abría paso entre de una disidencia dentro del partido
los medios intelectuales del Viejo comunista, en parte producida por la
Continente. Si más adelante el mar- ruptura chino-soviética, aparece el
xismo universitario cayó frecuente- grupo maoísta que se autodenominó
mente en estériles esquematismos, Partido Comunista Colombiano Mar-
también es cierto que su influencia fue xista Leninista y procedió a organizar
benéfica para impulsar a muchos es- grupos guerrilleros bajo el nombre de
tudiantes y profesores por el camino Ejército Popular de Liberación. En
de investigaciones concretas, en par- este caso también predominó el ele-
ticular en la economía, la historia, la mento estudiantil. Aunque formal-
sociología y la antropología. mente los dos grupos se enfrentaban
La editorial Oveja Negra, fundada entre sí por la adopción del modelo
en Medellín en 1968 por un grupo de castrista del «foco guerrillero» en el
jóvenes intelectuales de izquierda y di- caso del ELN y «la guerra popular» en
rigida por Moisés Melo, expresa muy el del EPL, en realidad se trataba de
bien los nuevos intereses culturales. dos formas de «foco guerrillero». Más
Publicó textos de los clásicos del mar- adelante apareció otro grupo maoísta,
xismo y obras de autores colombianos el Movimiento Obrero Independiente
como Luis Ospina Vásquez, Luis Revolucionario, MOIR, cuyo ámbito
Eduardo Nieto Arteta e Indalecio Lié- de acción fue, a pesar de su nombre,
vano Aguirre. Esta editorial fue el casi exclusivamente la universidad.
modelo de muchas otras que aparecie- Estos grupos y otros grupúsculos com-
ron durante los años setenta, como La petían entre sí y con el partido co-
Carreta, La Pulga, El Tigre de Papel, munista en el escenario socialmente
etc. En 1974 aparece la revista Cua- bastante restringido de la universidad
dernos Colombianos, editada por Ma- pública y de algunas privadas.
rio Arrubla, Jesús Antonio Bejarano, Para finales de la década del sesenta
Moisés Melo, Alvaro Tirado y Jorge y durante buena parte de la siguiente,
Orlando Melo. Ejemplifica la orien- la vida universitaria se ve conmocio-
tación tomada por la investigación en nada por interminables asambleas es-
ciencias sociales. Publicó artículos so- tudiantiles, huelgas, pedreas, a veces
bre historia y economía colombianas, con lamentables saldos de víctimas. El
así como de crítica literaria y psicoa- gobierno cierra y reabre las universi-
nálisis. dades, reprime a veces, como durante
Pero la situación política y social en el gobierno del presidente Pastrana.
el marco institucional del Frente Na- Entre los militantes universitarios
cional se presentaba cada vez más in- toma fuerza la idea de «destruir la
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dida de relación con la realidad del


país; pues, equivocados o no, muchos
estudiantes partieron para «el monte»
de donde un buen número no volvió
jamás, ya fuera por caer bajo las balas
de las Fuerzas Armadas o eliminados
en las frecuentes purgas internas ocu-
rridas dentro de los grupos guerrille-
ros. Otros volvieron frustrados a rein-
tegrarse al mundo burgués que habían
tratado de destruir. Algunos perma-
necieron en esas organizaciones que
después de muchos avatares lograron
instalarse en el campo hasta la actua-
lidad.
El caso más representativo es el de
Camilo Torres Restrepo, sacerdote y
sociólogo, que en 1965 convocó a los
grupos de izquierda para que se con-
gregaran en un Frente Unido contra la
burguesía y el imperialismo. Éste fue
el intento más serio para que la iz-
quierda tomara contacto con las gran-
des masas. Sin embargo, el bloqueo
creciente por parte del gobierno y la
El padre Camilo Universidad», aparato ideológico del Iglesia a la actividad política de Ca-
Torres Restrepo, sistema, bajo la influencia del movi- milo lo fue inclinando hacia la concep-
durante un incidente miento estudiantil europeo del 68 y de ción armada de la revolución. El cre-
con la fuerza
pública en Bogotá la Revolución cultural china. cimiento de la abstención en las elec-
(noviembre de 1965), Sin embargo, este proceso de poli- ciones del Frente Nacional, conse-
acompañado por tización bastante discutible, por decir cuencia del desgano de los electores
Jaime Arenas, lo menos, va acompañado como con- para votar por un candidato del par-
Víctor Medina Morón secuencia de la reforma universitaria, tido contrario al que pertenecían por
y Julio César Cortés.
de la aparición del profesorado de tradición, así como la lógica sensación
tiempo completo y de la apertura de de estar participando en un ceremo-
nuevas unidades docentes, sobre todo nial sin sentido, pues la alternación le
en el ámbito de las ciencias humanas. quitaba parcialmente el interés a la
La llamada «nueva historia», con su participación electoral, fueron inter-
énfasis en la historia económica, ha pretados por la izquierda no comunis-
producido resultados que, traducidos ta y por el mismo Camilo Torres como
en obras, no son desdeñables. Y algo un índice inequívoco de descontento
parecido, aunque con resultados me- popular. Fue un espejismo que se en-
nos sólidos, se puede decir de los tra- carnó en la consigna de la «abstención
bajos en filosofía, sociología y antro- beligerante», acogida por Camilo To-
pología. Estos trabajos se hicieron por rres, dándoles así más peso a las ten-
esfuerzo personal, con algún apoyo dencias armadas dentro del Frente
institucional, no siempre coherente, y Unido.
con la hostilidad de los grupos radi- Su carisma personal y su doble ca-
calizados que no veían en la investi- rácter de sacerdote y universitario le
gación otra cosa que «academicismo». permitieron a Camilo contar con una
Sería simplificar las cosas no mirar gran acogida entre los medios estu-
la situación de los estudiantes radica- diantiles, incluyendo a sectores cató-
les sino desde el punto de vista de su licos, pues no debe olvidarse que, a
jerga, de su dogmatismo y de su pér- raíz del Concilio Vaticano II, convo-
Capítulo 4 105

cado por Juan XXIII en 1962, la Igle- Cruz que señala


sia replanteó su política social. Por el sitio de
esto también contó Camilo con una Patio Cemento
donde fue abatido
moderada aceptación por parte de sec- el padre Camilo
tores sindicales católicos. Aunque la Torres, el 15 de
base de opinión del Frente Unido fue febrero de 1966.
predominantemente estudiantil, logró
alguna penetración entre los sindica-
tos de izquierda de Barrancabermeja,
Bucaramanga y Medellín.
Pero Camilo Torres finalmente optó
por la vía armada. El ELN distribuyó
un comunicado acompañado de una
foto de Camilo con barba, uniforme y
fusil al hombro, en que anunciaba su
incorporación a la guerrilla. Meses
después aparecía en la primera página
de los periódicos la foto del cadáver de
Camilo, caído en combate en Patio
Cemento, Santander, el 15 de febrero
de 1966. La posibilidad de un movi-
miento de izquierda, amplio y de masas,
se cerraba de esta manera.
En la inauguración del Primer Con-
greso de Sociología en la Universidad tanto se había discutido en los años se-
Nacional, en 1966, se rendiría el tri- senta, fue enterrada sin pena ni gloria
buto de un minuto de silencio a Ca- por el acuerdo de Chicoral: el proble-
milo Torres, lo que produciría el ai- ma agrario seguía vigente. Las ciuda-
rado retiro del ministro de Educación des siguieron creciendo y con ellas cre-
de ese entonces. «Elemento subversi- cieron también los cinturones de mi-
vo dado de baja por las autoridades» seria, refugio de desempleados y ca-
para el Frente Nacional, prototipo del rentes de los más mínimos servicios.
intelectual comprometido integral- ¿Qué puede significar la palabra cul-
mente con el destino de su pueblo tura para estas gentes marginadas por
para los intelectuales y estudiantes de el mismo proceso económico? ¿Acaso
izquierda, ése fue Camilo Torres. el porcentaje de analfabetismo abso-
El mundo de los guerrilleros, sus re- luto no continuó siendo lo suficiente-
des urbanas, sus luchas internas, pa- mente grande como para avergonzar a
saron a ser parte de la literatura co- un país que se pretende civilizado? ¿Y
lombiana. Existen dos novelas sobre qué decir del analfabetismo funcional?
el tema, escritas en forma responsable Parece como si se quisiera mantener el
y de una calidad indudable: El deser- analfabetismo para que el presidente
tor de Plinio Apuleyo Mendoza y Sin de turno monte su campaña de alfa-
remedio de Antonio Caballero. betización patriótica.
El crecimiento económico sostenido Ciertamente el crecimiento econó-
del país, notable desde mediados de la mico amplió la base de la clase media,
década de los sesenta, no solucionó, generándose así una extensión del
sin embargo, los problemas estructu- mercado de productos culturales.
rales que la intelectualidad crítica ve- Ante todo, naturalmente, de esa cul-
nía denunciando desde los comienzos tura de masas tan bien representada
del Frente Nacional. Para millones de en nuestro medio por la televisión es-
colombianos, la lucha por la supervi- tatal, las cadenas radiales y la proli-
vencia seguía siendo un reto cotidia- feración de una literatura folletinesca.
no. La Reforma Agraria, sobre la cual Por otra parte, el relativo crecimiento
106 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

de la universidad, en particular de la de una población sometida a los limi-


estatal, también ha coadyuvado al cre- tantes atrás mencionados.
cimiento de la industria editorial. To- Si desde el punto de vista del lector
davía en los años sesenta la industria potencial las cosas no van bien en Co-
editorial colombiana era pequeñísima, lombia, el balance de la actividad
los tirajes de libros fluctuaban entre creadora en la esfera de la literatura y
1.000 y 1.500 ejemplares, una edición otros aspectos del pensamiento, du-
de 3.000 ejemplares era algo extraor- rante las dos últimas décadas, también
dinario. Después de mediados de los deja mucho que desear. El otorga-
setenta, este crecimiento se acelera y miento del premio Nobel a Gabriel
además de las editoriales colombianas García Márquez, que, dicho sea de
comienzan a instalarse filiales de edi- paso, nada quita ni agrega a su genio
toriales extranjeras. En los últimos literario, ha producido desgraciada-
años llama la atención la difusión de mente un ruido cultural que se ha tra-
colecciones de libros, discos y folletos, ducido en una autocomplacencia acrí-
muchas veces de alta candad intelec- tica hábilmente manipulada desde
tual, vendidos a precios módicos en arriba. Pero cuando se apaga un poco
puestos de revistas y supermercados. el coro del elogio a la cultura colom-
Sin embargo, las pocas estadísticas so- biana y se procede a analizar con se-
bre lectura de prensa y libros de que renidad el estado de la narrativa y la
se dispone arrojan resultados poco poesía colombianas en la última dé-
alentadores. Descontando el proble- cada, sólo se puede sacar una conclu-
ma del analfabetismo, es preciso tener sión: el trabajo literario, con contadas
en cuenta que la docencia en la escue- excepciones, está dominado por la im-
la primaria y secundaria, tanto pública provisación y su correlato, la superfi-
como privada, es bastante adversa al cialidad, y en los últimos años por las
desarrollo de una actitud positiva fren- exigencias del mercado editorial.
te a la lectura. A lo anterior hay que Germán Espinosa, nacido en Car-
agregar que los modeladores de la opi- tagena en 1938, publicó Los cortejos
nión pública, la radio (exceptuando del diablo en 1970; seis años más tar-
las emisoras culturales), la televisión y de, Colcultura editó su colección de
la relativamente poco leída prensa, si cuentos Los doce del infierno, y en
se tiene en cuenta el porcentaje alfa- 1982 apareció su mejor obra: La teje-
beta de la población del país, tienen dora de coronas. Albalucía Ángel
una actitud frente a la cultura que va (1939) publica inicialmente Los gira-
desde el desconocimiento, en aras de soles de invierno en 1966 y después, en
la promoción de una subcultura de España, Dos veces Alicia (1972). Su
masas en la radio comercial, hasta un obra más lograda, Estaba la pájara
condescendiente lugar secundario en pinta sentada en el verde limón, apa-
la televisión y la prensa. Como auto- reció en 1975. Luego, en 1979, Col-
justificación, se alega siempre que la cultura publica su libro de cuentos ¡Oh
cultura pensada como actividad crítica gloria inmarcesible!. Y en 1982, tam-
y creadora es asunto de una ínfima mi- bién en España, publica una obra de
noría. carácter experimental «titulada Misiá
La situación de las bibliotecas pú- señora. Óscar Collazos, nacido en
blicas del país no es muy animadora. 1942, cuyo primer libro de cuentos El
No se trata de insistir en la virtual au- verano también moja las espaldas fue
sencia de bibliotecas en las pequeñas publicado en Medellín por Ediciones
poblaciones, sino de señalar cómo en Papel Sobrante en 1967; más adelante
las ciudades intermedias, y aun en las publicó Esta mañana del mundo en
grandes ciudades, el servicio de las bi- 1968 y Disociaciones y despojos en
bliotecas públicas es bastante deficien- 1974; su última novela, Todo o nada,
te y se combina negativamente con la es de 1982. Gustavo Álvarez Gardea-
relativa ausencia de interés por parte zábal (1945) es autor de una novela so-
Capítulo 4 107

bre la Violencia, Cóndores no entie- Andrés Caicedo


rran todos los días, sin lugar a dudas (1951-1977). autor
su obra mejor lograda; ha escrito tam- de "¡Que viva la
música!"'.
bién Dabeiba, El bazar de los idiotas, "Independientemente
El titiritero y El divino. de su valor
Entre estas excepciones es necesa- testimonial, que
rio citar en primer lugar a Andrés Cai- es muy grande,
lo que sorprende en
cedo, nacido en Cali en 1951; inten- su trabajo literario
samente atraído por el cine, fundó en es su capacidad
su ciudad natal la revista Ojo al Cine. para crear un
En 1975 publicó un relato, «El atra- espacio literario
vesado», y en 1977 Colcultura publica de gran intensidad,
con medios
su novela ¡Que viva la música!. El 4 de inéditos."
marzo de ese mismo año se suicidó.
¡Que viva la música! es, sin lugar a du-
das, una de las mejores novelas escri-
tas en Colombia en la década del se-
tenta. Independientemente de su va-
lor testimonial, que es muy grande, lo
que sorprende en el trabajo literario
de Andrés Caicedo es su capacidad
para crear un espacio literario de gran
intensidad, con medios inéditos. La
«Mona» es el personaje femenino me-
jor logrado de la literatura colombia-
na, sin falsificaciones, sin clichés; en la del agua (1972), Luna de ciegos
novela de Andrés Caicedo por pri- (1974), Señal de cuervos (1979), Fa-
mera vez en nuestra literatura irrumpe bulario real (1980) y Umbrales (1982).
otro personaje: la música. Su libro La crítica literaria, concebida como
póstumo Destinitos fatales no ha hecho un trabajo de formación del lector,
otra cosa que corroborar su garra de bien fundada en una cultura sólida por
escritor. parte del crítico, es escasa en el país.
Otro explorador de la literatura es Ya se vio atrás cómo el camino abierto
Rafael Humberto Moreno-Duran por Baldomero Sanín Cano fue segui-
(1946), residente en España durante do por unas cuantas personalidades a
varios años, ha publicado cuatro no- las cuales ya se ha hecho referencia.
velas: Juego de damas, El toque de En la última parte de este período ha-
Diana, Finale capriccioso con madon- bría que señalar a algunos intelectua-
na y Los felinos del canciller. Roberto les que han mantenido el ejercicio de
Burgos Cantor (1948) es autor de una la crítica literaria en un nivel respeta-
excelente colección de cuentos, Lo ble. Rafael Gutiérrez Girardot, anti-
amador, y una novela, El patio de los guo colaborador de Mito, que ha es-
vientos perdidos, publicada por Pla- crito sobre Jorge Luis Borges y An-
neta Colombiana en 1984. Tomás tonio Machado, es autor de «La lite-
González (1950), cuya primera nove- ratura colombiana en el siglo XX», po-
la, En el comienzo era el mar, es una lémico ensayo que hace parte del
obra bien estructurada y de una poé- Manual de historia de Colombia, de
tica contenida y eficaz. Es también sig- Colcultura. Jaime Mejía Duque, des-
nificativa la novela de Luis Fayad de la perspectiva de Lukács, se ha con-
(1945) Los parientes de Esther, publi- sagrado al análisis de la literatura co-
cada en España por Alfaguara. lombiana y es autor de varios libros,
Entre los poetas más destacados de entre los que se destacan Literatura y
la década del setenta está Juan Ma- realidad y «El otoño del patriarca» o la
nuel Roca (1945), autor de Memoria crisis de la desmesura. Darío Ruiz Gó-
108 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

mez, autor de dos novelas, La Ternura Uno de los aspectos más relevantes
que tengo para vos y Hojas en el patio, del quehacer cultural de este período
ha escrito en revistas y en los suple- fue la labor realizada por Gloria Zea,
mentos literarios ensayos sobre la li- Juan Gustavo Cobo Borda, Santiago
teratura contemporánea nacional y ex- Mutis y el equipo de Colcultura entre
tranjera. Juan Gustavo Cobo Borda es 1974 y 1982. La Biblioteca Básica Co-
autor de varios libros de crítica, de lombiana, la Colección Autores Na-
compilaciones y antologías de litera- cionales y la Biblioteca Popular per-
tura colombiana; es preciso destacar mitieron a un amplio público el co-
su trabajo sobre Baldomero Sanín nocimiento de las obras más represen-
Cano. Fernando Cruz Kronfly y Jorge tativas de la novela, la poesía y el en-
Alberto Naranjo, el primero de ellos sayo de la Colombia moderna. El
autor de la novela Falleva, y de algu- Manual de historia de Colombia, bajo
nos ensayos lúcidos sobre la literatura la dirección de Jaime Jaramillo Uribe,
contemporánea; el segundo se ha con- es otro de los aportes sustanciales de
centrado en el análisis de obras de Colcultura al conocimiento del país:
Kafka, Lowry y Juan Rulfo, entre es, pues, de lamentar que esta labor
otros. no haya continuado después de 1982.

Bibliografía
ARRUBLA, MARIO. «Síntesis de historia política contemporánea», en Colombia, hoy. Bogotá,
Siglo XXI, 1978.
GAITAN DURÁN, JORGE. La revolución invisible. Bogotá, Ediciones Tierra Firme, 1959.
SANTAMARÍA, S., RICARDO y GABRIEL SILVA LUJAN. Proceso político de Colombia. Bogotá, Ce-
rec, 1984.
TÉLLEZ, HERNANDO. Textos no recogidos en libro, tomo II. Bogotá, Instituto Colombiano de
Cultura, 1979.
Capítulo 5
109

El periodismo en Colombia.
1886-1986
Primera página del
Enrique Santos Calderón "Papel periódico
de la Ciudad de
Santafé de Bogotá",

S egún Antonio Cacua Prada, autor


del único registro histórico com-
pleto del periodismo en Colombia
del miércoles 9 de
febrero de 1791,
fundado y dirigido
por Manuel del
—referencia indispensable, pese a sus Socorro Rodríguez,
fallas, para cualquier investigación so- con el cual se
bre el tema—, un terremoto originó el inicia el periodismo
periodismo colombiano. En efecto, el de publicación
regular en Colombia.
movimiento sísmico que hace doscien-
tos años, el 12 de julio de 1785, sa-
cudió a Santa Fe de Bogotá, dio lugar
a la primera noticia impresa. Se llamó
«Aviso del terremoto», fue redactado
por un grupo de frailes, publicado en
la Imprenta Real y alcanzó a sacar tres
números en el lapso de un mes, con
información sobre los estragos causa-
dos por el temblor.
Al margen de antecedentes como el
«Aviso del terremoto», se ha conve-
nido en que el periodismo colombiano
propiamente dicho, es decir, periódico
de publicación regular, nació el 9 de go personal y asistente del virrey Ez-
febrero de 1791 con la aparición del peleta, quien lo nombró en el cargo de
Papel Periódico de la Ciudad de Santa bibliotecario real. Con periódicas y
Fe de Bogotá, que fundó y dirigió Ma- muy explicables interrupciones, el Pa-
nuel del Socorro Rodríguez. Don Ma- pel Periódico logró sostenerse durante
nuel, nacido en La Habana, Cuba, ha- seis años, los mismos que duró el man-
bía llegado dos años antes al Nuevo do del virrey Ezpeleta, hasta el 6 de
Reino de Granada en calidad de ami- enero de 1797.
110 Nueva Historia de Colombia, Vol. VI

El surgimiento del periodismo co-


lombiano moderno se podría ubicar
más precisamente con la aparición de
El Espectador, el 22 de marzo de 1887,
fundado por Fidel Cano en Medellín.
Esta publicación apareció con la con-
signa de «trabajar en bien de la patria
con criterio liberal y en bien de los
principios liberales con criterio políti-
co», máxima que posteriormente fue
cambiada por «trabajar en bien de los
principios liberales con criterio patrió-
tico».
De formato tabloide, El Espectador
se editó dos veces por semana, martes
y viernes, y se presentaba como un
«periódico político, literario, noticioso
e industrial». La suscripción por ocho
números costaba 20 centavos, pero
«cuando por cualquier motivo se sus-
pende el periódico, se devolverá a los
suscriptores la suma correspondiente a
los números que faltan». La adverten-
cia no era casual, porque las suspen-
siones eran frecuentes y por lo general
impuestas desde arriba. En su primer
editorial, don Fidel Cano anunció que
se proponía «aprovechar al servicio
del liberalismo como doctrina y como
partido, la escasa suma de libertades
que a la imprenta le han dejado las
nuevas instituciones, y luego procurar
que otros contribuyan al cultivo de la
Patria».
Cuando iba por el número 30, el 8
de junio de 1887, el gobierno de Ra-
fael Núñez suspendió la edición de El
Espectador. A los seis meses reapa-
reció, pero el 7 de marzo de 1888 el
Primer número de presidente Núñez dictó nuevas medi-
"El Espectador", das contra la prensa, sobre todo la tris-
publicado en
Durante el siglo XVII y hasta fines
Medellín el martes del XIX, cuando se puede decir que temente célebre ley 61 de 1888 —-«la
22 de marzo de 1887. arranca la era del periodismo colom- ley de los caballos» que llamara Fidel
Menos de tres meses biano contemporáneo, nacieron y mu- Cano—, que castigaba con la prisión,
más tarde, el rieron a lo largo y ancho del territorio el exilio o la pérdida de derechos po-
gobierno de Rafael líticos a quienes alteraran el orden pú-
Núñez suspendió
nacional varios miles de publicaciones
este periódico de diversa índole, sobre todo político- blico, y que constituyó el más impla-
por primera vez; literarias, que en su accidentado de- cable instrumento represivo contra la
luego, por ley 61 venir, con sus altos y bajos, fueron prensa opositora de la época. Y es que
de 1888 ("la ley de conformando, a golpe de tenacidad, la censura y el despotismo fueron la
los caballos") se tinta y talento, lo que es considerado norma durante la Regeneración de
ordenaron duras
medidas de represión hoy como uno de los géneros perio- Rafael Núñez.
contra la prensa dísticos más respetados de Latinoa- En este mismo período fueron sus-
oposicionista. mérica. pendidos, además de El Espectador,
Capítulo 5
111

Fidel Cano,
fotografía de
Melitón Rodríguez.
En los primeros
veinte años de
"El Espectador",
debió enfrentar
una accidentada
historia de
censuras y cierres
forzosos.

más de una docena de periódicos li- co. Pero a menos de tres meses de fi-
berales (El Relator, El Demócrata, El nalizar el siglo XIX, el 19 de octubre de
Autonomista, El Debate, El Derecho, 1899, cuando ya iba por el número
entre otros) y fueron desterrados o en- 505, estalló la guerra de los Mil Días.
carcelados intelectuales y periodistas Nuevo silencio forzoso para el bise-
tan destacados como José María Var- manario de los Cano, que volvió a
gas Vila, Rafael Uribe Uribe, los ex aparecer en octubre de 1903, ya como
presidentes Santos Acosta y Santiago diario, y continuó hasta diciembre de
Pérez, el «Indio» Uribe y el propio Fi- 1904, cuando fue suspendido por ór-
del Cano. Todo dirigente político de denes del gobierno del general Rafael
importancia dirigía o colaboraba en al- Reyes. Volvió a la calle ocho años des-
gún periódico, herramienta indispen- pués, y en junio de 1913 llegó a las mil
sable de las labores proselitistas de la ediciones.
época. Su accidentada historia de censuras
El 8 de agosto de 1893, cuando El y cierres forzosos, la misma de casi to-
Espectador iba a la altura de su nú- das las publicaciones liberales de en-
mero 282, el gobernador de Antio- tonces, demuestra cómo esa consigna
quia, Abraham García, ordenó silen- de Fidel Cano «trabajar en bien de la
ciarlo y mandó poner preso a Fidel patria con criterio liberal» resultó har-
Cano. Tres años después reanudó su to difícil. Era de verdad una labor casi
publicación, pero en junio del 96 el heroica, en una época regida por go-
periódico recibió una orden de sus- biernos conservadores de corte auto-
pensión indefinida. ritario, que nunca se reconciliaron con
En diciembre de ese mismo año el la libertad de prensa, pues considera-
Congreso aprobó una nueva ley de ban la mordaza oficial como la forma
prensa y a ella se acogió Cano, quien más eficaz de combatir la prensa po-
reanudó la publicación de su periódi- líticamente adversa.
112 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

La prensa de fin de siglo


La importancia de la prensa durante la
época de la Regeneración la da en
buena medida el hecho de que este
movimiento político haya estado pro-
movido y estimulado por su principal
dirigente, Rafael Núñez, desde perió-
dicos políticos. Sus artículos en El
Porvenir de Cartagena, que había apa-
recido en 1877, y en La Luz de Bogotá
(1882), de su propiedad, dieron siem-
pre la línea a sus seguidores. Retirado
de la presidencia efectiva, de 1888 a
1894 los gobernantes seguían en Bo-
Rafael Núñez, gotá las indicaciones que, explícitas o
bronce en la sibilinas, leían en los editoriales de El
Casa de Nariño. Porvenir, donde no se publicaba una
El principal línea sin la revisión previa del Rege-
dirigente de la
Regeneración nerador.
impulsó su Durante la misma época surgió el
movimiento con primer diario privado exitoso: El Te-
plena conciencia legrama, de Jerónimo Argáez, que cir-
del poder de la
prensa en la culó entre 1886 y 1901: además de su-
difusión de las brayar la publicación de noticias —los
ideas. Sus artículos periódicos anteriores eran ante todo
aparecieron en de comentarios—, se apoyó en el ca-
"El Porvenir", de
Cartagena y en
ble internacional, que le permitió con-
"La Luz", de Bogotá tar con información diaria recibida a
ambos de su través de Buenaventura. Otros diarios
propiedad. importantes surgieron en los años si-
guientes, como El Correo Nacional,
que bajo la dirección del conservador
Carlos Martínez Silva apareció en sep-
tiembre de 1890 y contó entre sus co-
laboradores a don José Manuel Ma-
rroquín y a Juan B. Pérez y Soto. En
noviembre de 1894 fue suspendido por
orden oficial y entre los motivos que
anotaba el ministro de Gobierno Luis
Holguín para silenciar el diario estaba
el de que su redacción, al llevar «los
odios personales al terreno político»,
había convertido a aquel diario en
«instrumento de sistemática agresión
contra la autoridad del jefe de Esta-
do», y que además se había «antici-
pado a publicar documentos oficiales
sin competente permiso».
En enero de 1895 El Correo Nacio-
nal reapareció bajo la dirección de
don Rufino Cuervo Márquez, hasta el
año de 1899, cuando fue nuevamente
suspendido a la altura de su edición
Capítulo 5
113

2.601. Volvió a aparecer en mayo de


1903, dirigido por el historiador Ge-
rardo Arrubla, y fue suspendido nue-
vamente en 1909, para reaparecer en
agosto de 1913. Este diario ya traía fo-
tografías desde 1906. En 1913 publicó
la del candidato conservador a la pre-
sidencia, José Vicente Concha. Tenía
un tamaño de pliego y unas excelentes
presentación y armada para la época.
En materia de avances técnicos, en es-
tos últimos años de El Correo Nacio-
nal, ya comenzaban a llegar al país los
primeros linotipos —inaugurados ha-
cia 1911 por La Gaceta Republicana—
y la primera rotativa, estrenada por El
Diario Nacional en 1915.
Ante la imposibilidad física de re-
señar los muchos periódicos que na-
cieron y murieron a todo lo largo del
territorio nacional a finales del siglo
XIX y las numerosísimas publicaciones
de carácter literario que también pro-
liferaron en la época, se podría inten-
tar una síntesis diciendo que el perio-
dismo de este período se destacó por
su militancia, combatividad y extrema
politización. Todas esas publicaciones
contribuyeron a radicalizar posiciones
y a exacerbar los ánimos de unos par-
tidos que buscaron los campos de ba-
talla para dirimir sus diferencias. El
periódico era un arma fundamental de
las luchas políticas y de las contiendas
fratricidas que se libraron en aquella
época.
Entre los diarios liberales, además "El Correo Nacional",
de El Espectador, se destacaron Re- dirigido por Carlos
lator, dirigido por el ex presidente Martínez Silva,
Santiago Pérez y clausurado por el go- apareció en 1890
bierno en 1893; La Crónica, dirigido y entre 1895 y 1899
fue dirigido por
por José Camacho Carrizosa, que ex- Rufino Cuervo Márquez.
presó las ideas de los liberales pacifis-
tas en 1897-1899, y El Autonomista,
orientado por Rafael Uribe Uribe, ór-
gano de expresión de quienes no veían
otra salida que la rebelión para recu-
perar los derechos del liberalismo.
Dadas las fuertes restricciones a la "La Gaceta
Republicana",
prensa vigentes, no tanto bajo la de Enrique Olaya
Constitución de 1886 como bajo la fa- Herrera, inauguró
mosa ley K, vigente entre 1887 y 1898, los primeros
muchos opositores buscaron formas linotipos
en 1911.
burlescas e irónicas de expresión, y los
114 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

periódicos satíricos y de caricaturas se


hicieron comunes, y surgían frecuen-
temente, para morir bajo la censura.
Entre los polemistas más notables de
la época estuvieron Antonio José Res-
trepo y Juan de Dios Uribe, el «In-
dio», editores de La Siesta (1886) y Sa-
gitario (1889); Uribe sufrió destierros
y persecuciones y murió en el exilio.
Entre los caricaturistas fue famoso Al-
fredo Greñas, quien hizo circular El
Zancudo, que a partir de 1890 se de-
dicó a ridiculizar a los gobiernos de la
Regeneración y duró hasta fines de
1891. Greñas editó también El De-
mócrata, en 1891 y 1892, un periódico
más tradicional en el que colaboran
los principales liberales del momento,
al que también correspondió su dosis
de multas y suspensiones. Luego pu-
blicó El Barbero, antes de exiliarse en
Costa Rica, en 1893.
En medio de la guerra de los Mil
Días apareció un nuevo periódico
orientado por los liberales José Ca-
macho Carrizosa y Carlos Arturo To-
rres: El Nuevo Tiempo. En 1905 lo
adquirió el poeta y periodista conser-
vador Ismael Enrique Arciniegas, y
desde ese momento se convirtió pro-
bablemente en el más influyente de los
periódicos del país, por el poder de
que gozó duró durante toda la hege-
monía conservadora, y vino a cerrarse
en 1932. Además de su importancia
política, dio amplio espacio a la lite-

"El Zancudo"
y "El Demócrata",
dos de los periódicos
orientados por
Alfredo Greñas
entre 1889 y 1892,
para fustigar a
los gobiernos de
la Regeneración.
Fecha su periódico
en 1791 irónicamente,
dando a entender el
atraso de las ideas
en el país. Bien
diciente es también
la frase "Los grandes
no nos parecen tales
sino porque estamos
de rodillas..."
Capítulo 5 115

ratura e incluyó El Nuevo Tiempo Li- A comienzos del siglo XX se fundan


terario como suplemento especial, de importantes diarios, algunos de los
1903 a 1915, y luego a partir de 1927. cuales habrían de marcar la pauta de
la prensa colombiana hasta nuestros
Revistas e ilustraciones días. En 1915 El Espectador comienza
a fines de siglo a publicarse en Bogotá como diario
vespertino bajo la dirección conjunta
A partir de 1880 empezaron a surgir de Luis Cano y Luis Eduardo Nieto
periódicos que daban un gran espacio Caballero (LENC), mientras que la
a las ilustraciones: se trataba de gra- edición matinal continuó saliendo en
bados, elaborados a partir de fotogra- Medellín hasta 1923, bajo la dirección
Maximiliano Grillo,
fías o pinturas, y que, más que ilustrar de Gabriel Cano. Durante la gran cri- director de la
la noticia, eran adiciones artísticas a sis económica del año treinta, El Es- "Revista Gris", de
periódicos esencialmente literarios y pectador estuvo al borde de la banca- literatura, ciencias
culturales. El más famoso de todos fue rrota total. Logró sobrevivir gracias a y variedades,
El Papel Periódico Ilustrado (1880-85) la ayuda de Eduardo Santos, quien, 1892-1896. Abajo,
primera entrega de
de Alberto Urdaneta, en el que cola- según Gabriel Cano, «salvó al mori- "El Tiempo",
boraron los principales escritores de bundo al abrirle en condiciones libe- enero 30 de 1911.
los dos partidos tradicionales. Suspen-
dido por la muerte de Urdaneta, su ta-
rea fue continuada por Colombia Ilus-
trada (1889-92), dirigido por José T.
Gaibrois. Además de estas publicacio-
nes, bastante elegantes y lujosas, cir-
cularon varias revistas culturales muy
influyentes, como Repertorio Colom-
biano (1878-1899) de Carlos Martínez
Silva, Revista Colombiana (1895-97)
de José Luis María Mora, Revista Gris
(1892-96) de Maximiliano Grillo, don-
de hizo sus primeras publicaciones im-
portantes Baldomero Sanín Cano, y
El Montañez, (1898-99) de Mario Os-
pina Vásquez, donde publicaban To-
más Carrasquilla y Efe Gómez.

Siglo XX:
El Tiempo y El Colombiano
El siglo XX se inicia en Colombia en me-
dio del olor a pólvora de la guerra de
los Mil Días y con el eco aún vivo del
fragor de los enfrentamientos partidis-
tas que desgarraron a la nación durante
buena parte del siglo XIX. Combates ci-
viles y luchas internas en las que el pe-
riodismo jugó una parte decisiva, en la
medida en que siempre adoptó un papel
militante en favor de uno u otro de los
dos bandos enfrentados y fue esencial
instrumento de lucha de las formacio-
nes políticas. La pluma era tan valiosa
como la espada en las pugnas entre li-
berales y conservadores.
116 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

ta Ismael Enrique Arciniegas, La Na-


ción de Barranquilla, y La Época de
Cartagena), y contrata los servicios de
una agencia europea de noticias, cu-
yos despachos llegaban a Buenaven-
tura y de allí a los diarios. El Colom-
biano conquista a través de los años
una notoria influencia regional y es en
la actualidad el tercer periódico en cir-
culación nacional.
Un año antes de la fundación del
decano de la prensa antioqueña, había
aparecido en Bogotá, el 30 de enero
de 1911, El Tiempo, una pequeña hoja
de cuatro páginas impresa en una ar-
tesanal prensa de madera construida
en Ibagué. El Tiempo fue fundado por
Alfonso Villegas Restrepo, quien apo-
yaba al gobierno republicano de Car-
los E. Restrepo. En 1913, Villegas se
lo ofrece en venta al joven abogado
bogotano Eduardo Santos, su futuro
cuñado, quien poco a poco lo convier-
te en un importante órgano de opinión
y, eventualmente, en el diario más in-
fluyente del país.
Factor de peso en el éxito de El
Tiempo es el haber sido desde el co-
mienzo una empresa económicamente
autosuficiente, en trance permanente
de modernización y hábilmente geren-
ciada durante treinta y seis años (1913-
49) por Fabio Restrepo. El doctor
Santos solía recordar que en el primer
mes El Tiempo le produjo una utilidad
de 16 pesos y que «desde el segundo,
me dio lo necesario para vivir». En
Portada de ralísimas las puertas de los talleres de 1919 adquiere sus dos primeros lino-
"El Colombiano", El Tiempo. Eran épocas en las que la tipos y una máquina plana «Duplex»,
de Medellín, importada de Nueva York.
correspondiente a solidaridad ideológica contaba más
julio 23 de 1912. que la competencia comercial. En Otro factor de importancia en el as-
El martes 6 de 1955, El Espectador se convierte en censo periodístico de El Tiempo es
febrero del mismo diario matinal. también la vinculación en 1920 de En-
año se inició la En 1912 aparece en Medellín el bi- rique Santos Montejo, hermano de
publicación de
este periódico semanario conservador El Colombia- Eduardo, quien orientó durante largos
dirigido por no, dirigido por Francisco de Paula años la labor informativa, y bajo el
Francisco de Paula Pérez, que en 1914 se convierte en seudónimo de Calibán, se convirtió a
Pérez y cuya diario y comienza a destacarse por través de su columna «Danza de las
primera plana sus exitosos esfuerzos informativos. horas» en el comentarista más leído de
estaba totalmente la prensa colombiana.
dedicada a la Como el realizado durante la primera
publicidad. guerra mundial, cuando El Colombia- Antes de la fundación de El Tiem-
no integra un pool informativo con po, Calibán ya era un combativo pe-
otros diarios conservadores (El Nuevo riodista que había iniciado en Tunja
Tiempo, que dirigía en Bogotá el poe- La Linterna (1909-19), una publica-
Capítulo 5 117

ción radicalmente liberal que lo hizo hasta 1957. En la siguiente década el


acreedor a varias excomuniones, en más popular fue tal vez Jaime Barrera
ese fortín del clericalismo conservador Parra. Luego comenzó la carrera de
que era la capital boyacense. Calibán humorista de Lucas Caballero Calde-
institucionaliza en Colombia el género rón (Klim), que se extendió hasta hace
y la profesión del columnista —en el muy poco. Entre las mujeres, fue no-
sentido de una vocación exclusiva— table la cronista Emilia Pardo Umaña.
con su «Danza de las horas», que es- La segunda década de siglo, además
cribió ininterrumpidamente tres veces de El Colombiano, vio surgir varios de
a la semana durante treinta y nueve los periódicos regionales de mayor in-
años, desde 1932 y hasta dos días antes fluencia y duración. Así, en 1915, se
de su muerte, en 1971. fundó El Correo Liberal, de Medellín,
Otros columnistas importantes, que que duró hasta mediados de siglo; en
adquirieron prestigio durante la dé- 1916 El Relator, de Cali, y en 1919 La
cada de los veinte, fueron Luis Teja- Defensa, periódico conservador de
da, José Mar y Luis Eduardo Nieto Medellín, donde inició su carrera pe-
Caballero, quien continuó escribiendo riodística Belisario Betancur.

Luis Eduardo Nieto


Caballero en los
talleres de
"El Tiempo",
años 30.
"Factor de peso
en el éxito de
este diario es
el haber sido desde
el comienzo una
empresa
económicamente
autosuficiente,
en trance permanente
de modernización
y hábilmente
gerenciada durante
36 años (1913-1949)
por Fabio Restrepo.
118 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

Entre los que sobreviven aún, de- mésticas, con fuerte énfasis literario y
ben señalarse La Patria, fundado en con la mira intelectual apuntada hacia
1921 en Manizales, y el diario buman- Europa, de donde provenían las gran-
gués Vanguardia Liberal, fundado en des corrientes del pensamiento y de
1919 por el dirigente de ese partido donde se nutrían literaria e ideológi-
Alejandro Galvis Galvis, que no tarda camente nuestros políticos y periodis-
en volverse el más importante órgano tas. Que en ese momento son casi lo
informativo y vocero liberal de San- mismo: políticos y periodistas. Porque
tander. Sus combativas posiciones edi- si algo caracteriza al periodismo co-
toriales y sus críticas a una Iglesia lombiano es que ha estado siempre
identificada con los regímenes conser- hermanado a la política. El periodismo
vadores le valen varias censuras ecle- nacional ha sido y sigue siendo semille-
siásticas. En 1949, los obispos de San- ro de presidentes y líderes partidistas.
tander prohiben bajo pecado mortal Un importante hecho en la historia
«vender, leer, oír, comprar o guardar» del periodismo nacional fue la conso-
Vanguardia Liberal. Este tipo de san- lidación de las revistas de tipo gráfico.
ciones clericales, junto con las exco- La más notable de todas ha sido Cro-
muniones de sus directores, son fre- mos, fundada en 1916 por Gustavo
cuentes contra toda la prensa liberal, Arboleda y el impresor Miguel Santia-
que se oponía ahincadamente a la in- go Valencia. Desde los primeros nú-
tervención de la Iglesia en política. meros intentó utilizar la fotografía
La primera mitad del siglo XX y más como elemento central de su diseño, y
específicamente hasta la segunda gue- a lo largo de su existencia ha ido uti-
rra mundial, se caracteriza por un pe- lizando los diversos adelantos técnicos
riodismo de sabor aún provinciano en la reproducción gráfica, sobre todo
aunque eminentemente político-parti- mediante un uso creciente del color.
dista. Era una prensa con limitada vi- Varias publicaciones han tratado de
sión del mundo exterior, sometida a competir con Cromos, sin que se haya
los vaivenes de las luchas políticas do- hallado una fórmula realmente exito-
sa. Estampa fue la más duradera de
ellas, y se publicó entre 1938 y 1970.
Portada de
"La Linterna",
semanario publicado Prensa y poder político
en Tunja por
Pedro A. Zubieta Basta adelantar la mirada al presente
y Enrique Santos
Montejo (Calibán),
para comprobar cómo casi todos los
junto con el médico jefes de Estado de los últimos cien
Juan C. Hernández, años han ejercitado el periodismo y se
a partir del 30 consideran como hombres de la pren-
de julio de 1909. sa. Belisario Betancur hizo sus pri-
De este periódico meras armas políticas e intelectuales
aparecieron 502
números, el último desde La Defensa y luego en El Siglo,
en julio de 1920. periódico del cual fue subdirector y di-
rector. Misael Pastrana lo descubrió
tardíamente, pero lo ejercita a través
de su revista Guión y en La Prensa.
Los dos Lleras, Alberto y Carlos, han
sido periodistas toda su vida. Carlos
Lleras Restrepo fue brevemente direc-
tor de El Tiempo en el año 1941, di-
rigió en 1961 el semanario Política y
algo mas, y desde 1974 es director-fun-
dador, supremo orientador y escritor
del semanario Nueva Frontera.
Capítulo 5
119

Presidentes periodistas, 1886-1986


Rafael Núñez (1880-82; 1884-90): La Democracia (1850), El Porvenir (1877),
La Luz (1881-84).
Carlos Holguín (1886-92): La Prensa (1866), El Deber (1877).
Miguel Antonio Caro (1892-98): El Tradicionista (1871), La Nación (1885)
Carlos E. Restrepo (1910-1914): La República (1891), El Correo de Antio-
quia (1899), Vida Nueva (1904), Colombia (1916).
José Vicente Concha (1914-18): El Día (1897).
Marco Fidel Suárez (1918-22): El Nacionalista (1897).
Pedro Nel Ospina (1922-26): El Deber (1876).
Miguel Abadía Méndez (1926-30}: El Ensayo (1887), El Colombiano (1891).
Enrique Olaya Herrera (1930-34): El Mercurio (1904), El Comercio (1903),
Gaceta Republicana (1909): El Diario Nacional (1912-38).
Eduardo Santos (1940-42): La Revista (1909); El Tiempo (1913), Intermedio
(1950), La Tarde (1930), Revista de América (1945).
Mariano Ospina Pérez (1946-50): El Colombiano (1930), La República
(1954).
Laureano Gómez: La Unidad (1909), El Siglo (1934), Revista Colombiana
(1933), Diario Gráfico (1950).
Roberto Urdaneta Arbeláez (1952-53): El País (1913).
Alberto Lleras Camargo: Los Nuevos (1925), La Tarde (1930).
Guillermo León Valencia: Claridad (1936), El Liberal (1938-51), El Tiempo
(1931); Semana (1946), El Independiente (1956).
Gustavo Rojas Pinilla (1953-57): Alianza Popular (1959-66).
Carlos Lleras Restrepo: El Tiempo (1941), Política y Algo Más (1961), La
Nueva Economía (1961), Nueva Frontera (1974).
Misael Pastrana Borrero: El Porvenir (1945), Guión (1977).
Alfonso López Michelsen: El Liberal (1949-51), La Calle (1957).
Belisario Betancur: La defensa (1940), El Siglo (1952), La Unidad (1954-55),
Prometeo (1955-57).
Sólo se han incluido aquellos casos en los que el periódico es dirigido por el
presidente, o es de su propiedad, o escribe los editoriales.

Alberto Lleras Camargo fue direc- pública. Eduardo Santos, presidente


tor de El Liberal (1938), inspirado por de 1938 a 1942, fue director de El
el presidente Alfonso López Pumare- Tiempo a lo largo de más de cuarenta
jo, y que tuvo notable influencia po- años. Hasta un ex presidente tan poco
lítica (1938-51). Posteriormente, Lle- inclinado a las letras como Julio César
ras Camargo lanzó la revista Semana Turbay Ayala ha hecho sus escarceos
(1946-61), fue columnista y editorialis- en el campo de la prensa, fundando el
ta de El Tiempo, y orientador durante fugaz semanario Democracia e impul-
varios años de la revista Visión. La sando en 1979 la creación de la revista
trayectoria política de Alvaro Gómez Consigna, y más recientemente del se-
Hurtado ha estado siempre vinculada manario Hoy por hoy. Alfonso López
a la de El Siglo, diario fundado en Michelsen fue editorialista de El Li-
1936 por su padre, Laureano Gómez, beral a fines de los cuarenta, y en 1958
quien se apoyó en este diario para au- fundó el semanario La Calle, órgano
mentar su fuerza política, y fue pos- del MRL, aunque ha sido el presiden-
teriormente presidente de la Repúbli- te que menos ha contado con una
ca. El ex presidente Mariano Ospina prensa propia o que lo respalde deci-
Pérez fundó en 1954 el diario La Re- didamente. Su hijo Felipe López Ca-
120 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

Juan Lozano
y Lozano, director
de "La Razón"
(1936-1948)
y Alberto Lleras
Camargo, director
de "El Liberal"
(1938-1951),
fotografía tomada
en Medellín, 1950.
"La Razón" se apuntó
la primicia del
asesinato de Gaitán,
publicada el mismo
9 de abril de 1948.

Portada de "Mundo ballero, sin embargo, orienta hoy la


al día", magazín revista Semana y un influyente noti-
que inauguró el
reporterismo gráfico ciero de televisión.
en el país y publicó Entre las décadas de los treinta y los
las primeras cincuenta, el país presenció el espec-
historietas gráficas táculo de un periodismo dinámico
nacionales —siempre partidista— en el que sur-
("Mojicón" y "Los
tres mosqueteros"'). gieron, y también desaparecieron, dia-
Fue fundado el 15 rios y revistas que constituyen invalua-
de enero de 1924 ble testimonio de su tiempo. Veamos
por Arturo algunos de los más sobresalientes.
Manrique (llamado
"El Kiosko") y La Razón (1936-1948), el diario di-
Luis Carlos Páez rigido por el poeta e intelectual liberal
y se publicó Juan Lozano, que dio la «chiva» his-
hasta 1938. tórica sobre el asesinato de Gaitán. El
Liberal (1938-1951), el diario orien-
tado por el ex presidente Alfonso Ló-
pez Pumarejo, que circuló catorce
años, hasta su deceso por razones eco-
nómicas y políticas. Mundo al Día
(1924-38), magazín que inauguró el re-
porterismo gráfico en Colombia y pu-
blicó las primeras historietas gráficas
nacionales. Sábado (1943-57), impor-
tante semanario liberal fundado por
Armando Solano y Plinio Mendoza
Neira. Semana (1946-61), fundada por
el ex presidente Alberto Lleras, diri-
Capítulo 5 121

gida luego por Hernando Téllez. Esta Gómez, y La República a Mariano Os-
revista adaptó la fórmula informativa pina Pérez y sus herederos. El Colom-
de Time al país, cuya presentación biano, vinculado a los Ospina, ha sido
gráfica también acogió: fue la primera orientado por los Gómez Martínez.
revista de síntesis semanal, y se des- En estos casos, se trató en general de
tacó por el brillante estilo de sus re- periodistas que lograron crear empre-
dactores y por sus magníficas crónicas sas de gran magnitud y solidez. En
políticas, así como por las caricaturas épocas más recientes, los diarios han
de Jorge Franklin. Del lado conser- surgido ante todo por la vinculación
vador fueron notables Diario de Co- de grupos empresariales que desean
lombia (1952-57), órgano del fogoso lí- ampliar su poder político, como se se-
der Gilberto Alzate Avendaño, que se ñala más adelante.
hizo célebre por los avisos que publicara
burlando la censura de prensa, y Diario Del provincialismo al teletipo
Gráfico (1950-56), que dirigió Enrique
Gómez Hurtado hasta su destierro por La prensa suele reflejar el estado de
el general Gustavo Rojas Pinilla, quien desarrollo social, económico y cultural
clausuró el periódico en 1956. del país y ha sido y será un espejo
Un rasgo dominante de la prensa —aunque no siempre perfecto, ni to-
colombiana de primera mitad de este talmente fiel— de su realidad circun-
siglo, y que se ha prolongado hasta dante. Su provincialismo de comien-
ahora, a pesar de los intentos del ca- zos de siglo, para llamarlo de alguna
pital financiero por apropiarse de manera, era el resultado de las natu-
algunos órganos de expresión, es el rales dificultades que existían para co-
carácter marcadamente familiar de los municarse con el mundo exterior y es-
más importantes diarios. El Tiempo tar al tanto de los acontecimientos in-
ha estado vinculado a la familia Santos ternacionales. Tal circunstancia se re-
en forma muy estrecha, así como El fleja claramente en el cubrimiento que
Espectador a los Cano. El Siglo ha es- hace la prensa colombiana de la pri-
tado siempre vinculado a la familia mera guerra mundial, de la cual lle-

Un almuerzo
ofrecido por
Plinio Mendoza Neira,
director de "Sábado"
a sus colaboradores,
con motivo de la
publicación de su
primera entrega,
que circuló el
17 de julio de 1943.
Entre los asistentes,
Jorge Rojas, Eduardo
Carranza, Lucas
Caballero (Klim),
Adolfo Samper,
Alejandro Vallejo,
Arturo Camocho,
Carlos Martín,
José Antonio Osorio
Lizarazo y Antonio
Cardona.
122 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

gaban noticias fragmentarias y aisla- identificados en su mayoría con las


das, que los periodistas trataban de fuerzas que acaudillaba el general
colocar dentro de un contexto com- Francisco Franco, y los liberales y co-
prensible para sus lectores. munistas, que defendían a la Repúbli-
Existen anécdotas significativas de ca española). De la misma manera,
la época, como aquella que solía con- aunque con más matices y menos pa-
tar Eduardo Santos sobre las noticias sión, más adelante se presentarían
que en 1917 provenían de la Revolu- simpatías con el conservatismo por el
ción rusa y de los combates entre bol- eje de Mussolini-Hitler, y del libera-
cheviques y mencheviques. Durante lismo y su prensa por las fuerzas alia-
muchas semanas, Santos y toda la re- das de Gran Bretaña, Francia y Esta-
dacción de El Tiempo estuvieron con- dos Unidos. Los editoriales, noticias y
vencidos de que se trataba de una gue- los mismos titulares de los diarios evi-
rra entre un general de apellido Bol- dencian bien hasta qué punto eran ve-
chevique contra otro llamado Men- hementes sus lealtades y discrepancias
chevique. Tales eran la desvinculación internacionales. La posguerra, a partir
y lejanía de los acontecimientos de co- del 45, marca no sólo el surgimiento
mienzos de siglo, que las personas me- de Estados Unidos como la potencia
jor informadas de Colombia cometían económica y militar de Occidente,
estos errores de apreciación. sino también el de su influencia deci-
La aparición del teletipo marca un siva en el campo de la comunicación.
ingreso frontal de la prensa colombia- Aquí el periodismo colombiano co-
na, y, por ende, de la opinión del país, mienza a cambiar sus fuentes de ins-
al mundo exterior. Este avance técni- piración y sus patrones profesionales
co define la integración del país a la de Europa hacia el gran vecino del
noticia internacional y de allí surgen Norte, que pasa a la vanguardia en
las grandes agencias de prensa, con- tecnología de la información y se con-
sorcios europeos y norteamericanos vierte en modelo de periodismo para
como UPI, AP, AFP, y REUTER. nuestros diarios. Sobre todo en el as-
Este vínculo con el exterior era com- pecto técnico-formal, vale decir, en
plementado ocasionalmente con la de- determinadas pautas sobre elabora-
signación de corresponsales especiales ción de periódicos: forma de organi-
en capitales claves del mundo. Sin em- zación de las empresas periodísticas;
bargo, la capacidad de comunicación métodos, técnicas de distribución y
de estos cronistas no podía jamás com- mercadeo; estructura de la noticia; y,
petir con teletipos que durante veinte en fin, en una serie de esquemas de
horas al día transmiten sin cesar noti- conducta empresarial y profesional del
cias de todos los continentes. periodismo norteamericano que co-
Pero es definitivamente a partir de mienza a pesar decisivamente sobre
la Guerra Civil española (1936-39) e los diarios colombianos.
inmediatamente después durante la Es una influencia más de forma que
segunda guerra mundial (1945), cuan- de contenido, porque, en lo que a con-
do la prensa colombiana se abre de ve- cepción misma de la noticia e infor-
ras al escenario de la política interna- mación se refiere, siguen existiendo
cional. Durante la segunda guerra diferencias significativas. Los grandes
mundial, los periódicos comienzan a diarios norteamericanos, que en un
tomar partido de manera tajante fren- comienzo eran todos marcadamente
te a los acontecimientos mundiales. partidistas e identificados con algunas
Ya lo habían hecho con motivo de la de las dos formaciones políticas tra-
Guerra Civil española, que impactó y dicionales de ese país, poco a poco
dividió profundamente a la opinión evolucionaron hacia posiciones de in-
pública colombiana entre la izquierda dependencia. Pero, hoy en día, más
y la derecha de aquella época (entre del noventa por ciento de los diarios
los conservadores, que se sentían norteamericanos se autodefinen como
Capítulo 5
123

«independientes» frente al gobierno y liación político-partidista determina-


a los partidos republicano y demócra- da, y casi sin excepción se declaran
ta. Los medios informativos nortea- como liberales o conservadores. Aún
mericanos asumen, pues, el periodis- hoy, no se encuentra un diario colom-
mo como una misión de fiscalización biano de influencia que no se atribuya
global, no sólo del Estado sino tam- la condición de depositario de la doc-
bién de los partidos políticos. trina liberal o conservadora y que no
asuma esta función como ingrediente
Las revistas de los intelectuales importante de su labor informativa.
Se trata en realidad de una carac-
Los grupos generacionales que han terística sui generis de la prensa co-
tratado de expresar sus opiniones han lombiana. No se observa en otros paí-
apelado con frecuencia a la publica- ses de América Latina, donde los pe- Portada del número
ción de revistas de opinión y cultura. riódicos, si bien adoptan posiciones de Navidad 1938
En la década de los veinte, Luis López combativas en lo político e ideológico, de la revista "Pan",
de Enrique Uribe
de Mesa fundó con Agustín Nieto Ca- generalmente no asumen con tanto White, que llegó
ballero la revista Cultura, y Germán énfasis lealtades partidistas, ni se sien- a publicar 36
Arciniegas publicó Universidad, radi- ten tan vinculados histórica, emocio- números entre
cal y polémica. Antes, León de Greiff nal e intelectualmente con la trayectoria agosto de 1935
había dirigido Partida, y en 1925 Al- de sus partidos políticos. Entre otras co- y mayo de 1940.
berto Lleras Camargo encabezó la ge- sas, porque pocos países latinoameri-
neración expresada en Los Nuevos. canos han tenido una tradición de bi-
Durante la década siguiente la princi- partidismo tan larga y estable como la
pal publicación cultural fue oficial, lo colombiana. Se trata, pues, de un rasgo
que expresaba la presencia creciente distintivo de nuestro periodismo, que lo
del Estado en todos los aspectos de la marca desde el siglo pasado, que sigue
vida nacional: la Revista de las Indias, vigente hoy y que incide sobre su con-
dirigida entre otros por León de ducta informativa.
Greiff, perduró hasta mediados de si- Esta vocación político-partidista tie-
glo, cuando fue transformada por el ne un lado saludable en la medida en
gobierno conservador en la revista Bo- que los diarios promueven la confron-
lívar. En los años cuarenta se destacó tación de ideas y procuran llevarles a
la revista Pan, de Enrique Uribe Whi- los ciudadanos la necesidad particular
te, y durante los primeros años del en política. Su aspecto negativo surge
Frente Nacional tuvieron particular cuando estas lealtades partidistas in-
influencia Mito, orientada por Jorge terfieren la imparcialidad informativa.
Gaitán Durán, y Estrategia, de Esta- Tal distorsión se aprecia sobre todo en
nislao Zuleta y Mario Arrubla: estas las épocas de campaña electoral, cuan-
publicaciones divulgaron el existencia- do la información política tiende a in-
lismo, el marxismo, el psicoanálisis y clinarse por las preferencias de cada
la literatura de vanguardia que influ- diario y no se establece una separación
yeron a los jóvenes intelectuales de los clara entre el comentario editorial y la
años cincuentas y sesentas. Después, información propiamente dicha, ni se
este tipo de revistas culturales han da un tratamiento equitativo a todas
proliferado y se han especializado, al- las opciones políticas en juego.
gunas orientadas a la literatura y otras Aunque esta situación se ha atenua-
a las ciencias sociales: su número hace do con el pasar de los años, aún hoy
imposible mencionarlas. los periódicos colombianos les otorgan
claras ventajas informativas a sus com-
La distorsión partidista promisos partidistas liberales o con-
servadores, en una actitud que no se
Los grandes diarios colombianos, los corresponde bien con el estado de áni-
nacionales y los regionales, los gran- mo ni las expectativas de un país don-
des y los pequeños, mantienen una fi- de más del cincuenta por ciento de la
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
124

opinión pública expresa sistemática- diario creado con la intención de man-


mente en las encuestas que no se sien- tenerse independiente de los partidos, y
te identificada con ninguno de estos dirigido «paritariamente» por el liberal
partidos; que se considera indepen- Pedro Gómez Valderrama y el conser-
diente, que es apolítica, o que tiene vador Mario Laserna, El Mercurio,
otras lealtades ideológicas. apenas duró tres meses, en 1955.
En los años duros de la Violencia
(1946-1953), se aprecian bien los bro- Frente Nacional:
tes francamente pasionales que alcan- la pausa que refresca
zó la vocación partidista de la prensa
colombiana. Repasar los diarios de Con el pacto bipartidista del Frente
esta época es una experiencia aleccio- Nacional, en 1957, luego de la caída
nadora y digna de profundizar. Tanto del general Rojas, se inicia una etapa
los periódicos liberales como los con- de serenidad y reflexión sobre el pa-
servadores incurren en distorsiones sado. La prensa se acopla al espíritu
poco menos que escandalosas de la del Frente Nacional y entra en su co-
realidad: inflan titulares, inventan em- rrespondiente fase de tregua infor-
boscadas, exageran los muertos. Este mativa. Se trataba de no reavivar los
período de la historia colombiana sectarismos partidistas y de quitarles
marcó un ejemplo de desmesura ti- piso a los remanentes de la Violencia,
pográfica, que llegó a extremos que que comenzaba a tomar visos de ban-
hoy se considerarían como la negación dolerismo puro. Este fenómeno da lu-
máxima de profesionalismo. El día de gar a reuniones de directores de gran-
la toma de posesión de Laureano Gó- des diarios del país, con el fin de llegar
mez como presidente de la República a un acuerdo que limitara el desplie-
en 1950, ningún diario liberal mencio- gue noticioso sobre ese subproducto
nó su nombre. El Tiempo, El Espec- patológico de la violencia liberal-con-
tador y otros periódicos liberales evi- servadora, que cobraba un creciente
taron durante dos años mencionar a auge en las sangrientas hazañas de
Laureano Gómez, el jefe del Estado. «Chispas», «Sangrenegra», «Desqui-
También es cierto que estaban some- te» y demás bandoleros legendarios
tidos a la persecución constante de un que sembraban el terror en departa-
régimen que se proponía silenciar por mentos como el Tolima y Huila. Pac-
cualquier medio al liberalismo. Del tos que en el fondo no resultaron, por-
lado conservador, la pasión y el sec- que el «síndrome de la chiva» siempre
tarismo no sólo eran comparables, terminaba por ser determinante. Pero,
sino en gran medida responsables de de cualquier forma, hay una toma de
la situación creada. conciencia y un intento por superar
Los diarios, liberales y conservado- esta etapa de pasión tipográfica que
res, fueron parte activa de este clima caracterizó la época de violencia po-
de violencia. Aquí se puede decir que lítica de la década anterior.
sí influyeron en el comportamiento En los años sesenta se inician en al-
político de los ciudadanos en forma di- gunos diarios las primeras discusiones
recta. Asumieron el enfrentamiento sobre la necesidad de independizarse
bipartidista sin reservas y sin mayores de los directorios políticos para darle
intentos por llamar a la reflexión. En cabida a cierto pluralismo en la infor-
estos años, la prensa fue no sólo un re- mación política, que no es otra cosa
flejo de la exacerbación del momento, que registrar, sin epítetos ni adjetivos
sino un factor de alimentación de la denigrantes, la actividad de los adver-
misma, en un período en que la ob-
jetividad informativa estaba totalmen- sarios políticos. Se logran algunos avan-
te subordinada al combate doctrina- ces, aunque tímidos. Si se analiza lo que
rio. Tan fuerte era la vocación parti- es durante el Frente Nacional el com-
dista de la prensa, que un excelente portamiento de la llamada «gran pren-
sa» liberal y conservadora en relación
Capítulo 5 125

con la oposición de la época —el tra- cuando se aplica un control oficial di-
tamiento que se da al MRL de López recto sobre ambos medios.
Michelsen, por ejemplo, y posterior- La televisión, en especial, es celo-
mente a la Anapo—, salta a la vista que samente vigilada por el Estado y los
una falta de equilibrio informativo, he- dos partidos tradicionales. No es ca-
redada del pasado, sigue vigente. sual, en este sentido, que todos los no-
Durante el Frente Nacional (1957- ticieros informativos de la TV sean
74), los diarios colombianos inician tradicionalmente adjudicados, según
una etapa de mayor profesionaliza- una repartición casi milimétrica, entre
ción. El paulatino abandono de las pa- las principales corrientes liberales y
siones partidistas, la búsqueda de im- conservadoras gobiernistas.
parcialidad, coinciden con un período
de grandes avances técnicos en el que La libertad de prensa Estampilla
los periódicos compiten más como em- de correos
presas comerciales y se consolidan En el período del Frente Nacional se conmemorativa del
como grandes industrias. En los años TV Congreso
consolida en Colombia una ya emer- Panamericano
sesenta se desarrolla simultáneamente gente tradición de libertad de prensa. de Prensa,
una mayor conciencia profesional en- Si bien es cierto que a fines de siglo 1946, con la
tre redactores y comentaristas. Se per- XIX y hasta 1909 la censura de prensa imagen de
filan y adquieren fuerza relativa los y la suspensión de los diarios eran más Antonio Nariño.
primeros gremios de periodistas bien la regla, en la medida en que du-
(CPB, ACP, CNP) y se evidencia un rante los últimos cincuenta se fueron
mayor énfasis en el profesionalismo, solidificando las instituciones políticas
es decir, en la incorporación de pautas y consolidando la estabilidad del Es-
informativas y editoriales provenien- tado, también se fue enraizando, no
tes de las democracias occidentales, sólo como concepción jurídica sino en
según las cuales la independencia po- la propia conciencia nacional, la liber-
lítica y económica de la prensa —ade- tad de prensa. En el último medio si-
más de elementales requisitos de ve- glo la prensa colombiana ha gozado
racidad, exactitud y objetividad— se del privilegio de estar libre de la cen-
considera como ingrediente esencial sura militar o del chantaje oficial in-
de su credibilidad. directo que han agobiado en forma
El énfasis mayor en la objetividad y casi permanente a la mayoría de los
el paulatino abandono de esa subor- países latinoamericanos.
dinación informativa a las pasiones Después de varias décadas de liber-
políticas tradicionales también tienen tad de prensa, el partido conservador
que ver con el progresivo desarrollo reintrodujo la mala costumbre de la
de la radio y la televisión, como ór- censura, cuando regresó al poder en
ganos que no sólo entretienen sino in- 1946, tras dieciséis años de República
forman. La independencia de estos Liberal. Cuando Mariano Ospina Pé-
dos medios se encuentra, sin embargo, rez decreta la clausura del Congreso
condicionada por el hecho de perte- en 1949, también impone la censura
necer al Estado, que las entrega a par- directa de prensa, endurecida luego
ticulares para su explotación comer- bajo el régimen de Laureano Gómez,
cial. Circunstancia que genera una tu- elegido en 1950 en comicios en los que
tela respecto de los gobiernos de turno no participó el partido liberal, perse-
que no se da en la prensa escrita, la guido en sus adherentes y amordazado
cual legalmente no está sometida al en su prensa.
control estatal. De hecho, a lo largo El caso de censura de prensa más ex-
del Frente Nacional, se puede obser- plícita en el último medio siglo —con
var cómo los gobiernos utilizan la ra- cierre de periódicos— se dio bajo
dio y la televisón, sobre todo en co- el general Gustavo Rojas Pinilla, que
yunturas determinadas, generalmente inició su gobierno en 1953 con el
relacionadas con el orden público, cierre de El Siglo, órgano de expre-
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
126

Laureano Gómez
con periodistas
de "La Defensa",
de Medellín, en 1945:
Juan Mejía, Alberto
Giralda López,
Ovidio Rincón Peláez,
Julián Uribe Cadavid,
Bernardo Naranjo,
Belisario Betancur,
Joaquín Rincón
Peláez y Luis
Guillermo Velásquez
Moncada. "LaDefensa"
fundado en 1919,
fue destruido el
9 de abril del 48.

sión del régimen de Laureano Gómez La prensa de izquierda


y que estaba naturalmente identifica-
do con todos los excesos del gobierno Derrocado Rojas y conformado el
conservador. Frente Nacional, los diarios comien-
El general Rojas no tardó en cen- zan a operar dentro de una libertad de
surar también a la prensa liberal y fue prensa casi total. No existían mayores
así como en 1955 clausuró El Tiempo contradicciones entre ellos mismos, ni
y seis meses después El Espectador. tampoco con el gobierno compartido,
La dictadura militar permitió, sin em- que todos respaldaban. Las restriccio-
bargo, que estos diarios reaparecieran nes más notables a la libertad infor-
a los pocos meses bajo distinto nom- mativa se reducen a un esporádico
bre: Intermedio (1956-58), sugestivo hostigamiento de la frágil prensa de
título bajo el cual circuló El Tiempo, oposición del momento, de predomi-
y El Independiente (1956-58), ambos nante inspiración marxista. Esta pren-
de todos modos sometidos a una es- sa, balbuciente y no muy periódica
tricta censura cotidiana. Ante las de- (con la notable excepción del sema-
claraciones de Eduardo Santos a la nario del partido comunista, Voz de la
prensa extranjera para condenar la Democracia, luego transformado en
censura, Rojas Pinilla expidió un de- Voz Proletaria), es el reflejo de for-
creto en el que establecía que toda crí- maciones políticas de izquierda, que al
tica a su gobierno desde el exterior se- calor de la revolución cubana incursio-
ría considerada «traición a la patria». nan en la universidad, los sindicatos y
Capítulo 5
127

"El Intermedio",
diario que reemplazó
a "El Tiempo" cuando
fue censurado por
Gustavo Rojas
Pinilla. Circuló
entre el 21 de
febrero de 1956
y el 7 de junio
de 1957, dirigido
por Enrique Santos
Montejo (Caliban).

el campesinado. También en la lucha En Colombia, la prensa no adscrita


armada, cuya persistencia y propaga- a los partidos tradicionales no se ha
ción dan lugar a frecuentes abusos gu- destacado por su continuidad ni difu-
bernamentales contra la libertad de sión. Con la excepción ya anotada del
organización, movilización y expre- órgano oficial del partido comunista,
sión de la oposición política revolucio- que lleva más de veinticinco años de
naria. Si bien no se puede decir que a existencia casi ininterrumpida, ha sido
lo largo de los últimos treinta años la una prensa endeble y casi artesanal,
prensa de izquierda ha gozado de to- muy ideológica y poco informativa.
tales garantías, no ha habido tampoco Uno de los primeros y más notables
una censura deliberada y sistemática. esfuerzos por desarrollar una prensa

"El Independiente",
diario que sustituyó
a "El Espectador"
durante la dictadura,
entre el 20 de
febrero de 1956
y el 31 de mayo
de 1957, con algunas
interrupciones.
Fue dirigido por
José Salgar,
Alberto Lleras,
Guillermo Cano
y Eduardo Zalamea.
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
128

de orientación socialista y sindical fue manario oficial del partido comunista,


la fundación en Cali, en 1925, de La y duró hasta 1939. A partir de 1942,
Humanidad, inspirado y dirigido por cuando el PC lanzó una línea demo-
Ignacio Torres Giraldo. A los pocos crática y de colaboración con las po-
años, en 1932, apareció Tierra, el se- tencias occidentales, se editó el Diario
Dos portadas de gundo diario comunista de Suraméri- Popular, que duró hasta 1947 y apa-
"Unirismo", el ca, que alcanzó a publicar 42 números recía como órgano del Partido Socia-
semanario de y cuya imprenta fue destruida por una lista Democrático, nombre adoptado
Jorge Eliécer Gaitán
publicado en 1934, «poblada» durante la guerra colombo- entonces en vez del de partido comu-
como órgano de la peruana (el comunismo calificaba la nista. A partir de 1947 se volvió a un
Unión Nacional guerra como el resultado de las luchas semanario, Vanguardia del Pueblo,
Izquierdista imperialistas de Estados Unidos e In- que pudo circular hasta 1950; entre
Revolucionaria 1950 y 1957 la prensa del partido fue
(Unir), que él glaterra y pidió a los soldados de am-
había fundado bos países volver las armas contra sus clandestina e ilegal.
el año anterior. verdugos). Tierra reapareció como se- De los agitados años veinte datan
también El Socialista, de Juan de Dios
Romero, que duró con varias suspen-
siones hasta 1937, pese a los sistemá-
ticos carcelazos que ganaba el direc-
tor; Vanguardia Obrera, editado en
1924 por el dirigente sindical Raúl E.
Mahecha; La Justicia, orientado en
Medellín por María Cano y por los pe-
riódicos del movimiento anarquista La
Voz Popular (Bogotá, 1924), Vía Li-
bre (Barranquilla, 1925) y Organiza-
ción, vocero del Grupo Libertario de
Santa Marta (1925).
El gaitanismo, por su parte, se ex-
presó por medio del diario Unirismo
(1934) y luego por el semanario Jor-
nada (1974). Posteriormente, la Liga
de Acción Política, movimiento socia-
lista creado en 1943 por Gerardo Mo-
lina, Antonio García, José Francisco
Socarrás y otros editó el diario Acción
Política hasta julio de 1944. El MRL
(Movimiento Revolucionario Liberal)
de Alfonso López Michelsen imprimió
el mordaz semanario La Calle (1957-
66), y el Frente Unido, que aglutinó a
fines de la década de los sesenta el
sacerdote Camilo Torres Restrepo,
tuvo la publicación del mismo nom-
bre. La Anapo, a su vez, publicó
Alianza Popular entre 1959 y 1966 y el
semanario Alerta durante los años se-
tenta.
La característica central de todas es-
tas publicaciones era sobrevivir mien-
tras durara su respectivo movimiento
político, lo que resalta su exclusivo ca-
rácter de voceros ideológicos y parti-
distas.
Capítulo 5 129

En un plano más profesional, o me- Descubrimiento de la objetividad;


nos partidista si se quiere, merece ser consolidación del profesionalismo
destacada en el campo del periodismo
oposicionista e independiente La Nue- Como decíamos anteriormente, du-
va Prensa, que circuló entre los años rante las décadas del sesenta y setenta
1960 y 1967 bajo la dirección de Al- cobran importancia las agremiaciones
berto Zalamea, quien en su último periodísticas de los redactores de la
año quiso convertir su publicación prensa, que intentan reivindicar sus
en plataforma del movimiento «nacio- puntos de vista como profesionales de
nal revolucionario» del ex ministro los medios, y comienzan a ingresar
de Defensa, general Alberto Ruiz también a los periódicos las primeras
Novoa. promociones de universitarios, egre-
En los años setenta, el experimento sadas de las facultades de periodismo Primera plana de
periodístico más interesante lo cons- o comunicación social. Este fenómeno "Jornada", el día
tituyó la revista Alternativa (1974- marca la llegada colectiva a las redac- de elecciones del
ciones de una generación con mayor 16 de marzo de
1980), a cuya fundación estuvo vin- 1947. Fundado un
culado el premio Nobel de Literatura formación académica, que no vivió la
mes antes, prolongó
Gabriel García Márquez, y que se dis- Violencia ni se siente tan identificada labores hasta abril
tinguió por su política de buscar un con los partidos tradicionales, porta- de 1957 con
público más amplio del que represen- dora de una mayor objetividad y pro- colaboradores como
taban los lectores «cautivos» de la iz- fesionalismo. Durante este período, el Jorge Uribe Márquez,
periodismo colombiano experimenta Darío Samper,
quierda y, también, por su intento de Alejandro Vallejo,
cambiar la oposición política al siste- un desapasionamiento partidista. Los Rafael Maldonado
ma bipartidista liberal-conservador periódicos continúan desempeñando Sánchez y
mediante el uso de técnicas periodís- su papel de voceros liberales y conser- Jorge Villaveces.
ticas modernas y un contenido temá- vadores, pero dentro de una tónica
tico más variado y ágil. más reposada y de mayor objetividad
informativa, lo cual estimula el desa-
Llámese La Humanidad, La Nueva rrollo de una práctica periodística más
Prensa o Alternativa, la prensa no li- equilibrada y proyectada hacia el ex-
beral ni conservadora del último siglo terior, en lo que a búsqueda de pautas
se ha caracterizado por su corta vida y profesionales más rigurosas se refiere.
su crónica escasez de recursos econó- Durante los años setenta aparece ya "La Calle", órgano
micos, que revela la carencia de ese el pluralismo político dentro de los de oposición al
sostén vital de los medios informativos mismos diarios. En El Tiempo, en me- Frente Nacional
en los países capitalistas, que es la dio de no pocos forcejeos internos, se y vocero del MRL.
pauta publicitaria. Pero al margen de consolidan columnas editoriales im- Fundado el 20 de
esta falta de anuncios oficiales o pri- septiembre de 1957
pulsadas por periodistas vinculados a por Alfonso López
vados, que podría interpretarse como las directivas del diario, que expresan Michelsen, con Alvaro
una forma indirecta de boicot econó- análisis y comentarios que no sólo di- Uribe Rueda como
mico, la tradición de libertad de pren- fieren de la orientación política del pe- director, se publicó
sa en Colombia se compara muy fa- riódico, sino que en muchas ocasiones por última vez
en 1966.
vorablemente con la del resto del Con- resultan francamente antagónicas res-
tinente. pecto de sus editoriales. Las columnas
La existencia de una prensa com- «Contraescape» de Enrique Santos
bativa, dinámica y con influencia po- Calderón y «Reloj» de Daniel Samper
lítica ha sido sin lugar a dudas —y pese Pizano podrían considerarse en cierta
a sus acostumbrados excesos partidis- forma como las precursoras del mo-
tas— un soporte esencial de la demo- derno pluralismo de opinión dentro de
cracia representativa en nuestro país. las páginas editoriales de la llamada
No deja de ser significativo que desde gran prensa colombiana. Pluralismo
la dictadura del general Rojas Pinilla que obviamente nunca ha sido perfec-
no ha habido en Colombia ninguna to, como lo evidenció la salida del co-
publicación censurada o suspendida lumnista Klim (Lucas Caballero Cal-
por decreto oficial.
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
130

derón) de El Tiempo, por sus virulen- (1974), fundado y dirigido por Carlos
tos comentarios contra el presidente Lleras Restrepo; Guión (1977), de Mi-
López Michelsen. sael Pastrana Borrero, y Consigna
Es ése, de todos modos, un fenó- (1979), de la corriente política de Julio
meno que causa desconcierto inicial, César Turbay Ayala. En 1982 aparece
en la medida en que los directores de nuevamente Semana, dirigida ahora
la prensa no están acostumbrados a la por Felipe López Caballero, quien
discrepancia interna, ni los jefes polí- adquirió el nombre de la antigua pu-
ticos liberales a que en esos diarios, blicación de Alberto Lleras Camargo.
antes homogéneos y disciplinados, se Pese a ser propiedad del hijo del ex
ventilaran opiniones críticas de su par- presidente López Michelsen, Semana
tido. Primaba y aún prima dentro de se distingue de las demás revistas po-
"La Nueva Prensa", ciertos círculos la creencia de que líticas porque no aparece como vocera
publicación dirigida cualquier disparidad de criterios den- de opiniones personales de un ex
por Luis Zalamea tro de un periódico produce necesaria- mandatario, y logra un nivel de obje-
en los años 60, mente la desorientación del lector, tividad que la convierte en el sema-
en diferentes
formatos v en quien aún es concebido más como un nario de información política de más
distintas épocas. elector en potencia que como un ciu- peso entre el público.
En sus páginas dadano pensante, y al que hay que im-
centrales publicó partirle línea política sistemática, más El capital financiero en los medios
Indalecio Liévano que información objetiva y elementos
Aguirre su obra
"Los grandes de juicio diversos. La otra cara del relativo alejamiento
conflictos Esta tendencia a la institucionaliza- de la subordinación partidista durante
socio-económicos
de nuestra historia". ción de columnas de opinión indepen- el Frente Nacional es el paulatino in-
dientes se expande a otros diarios li- greso de los grandes grupos financie-
berales (El Espectador, El Heraldo, ron a los medios de comunicación. Ya
Diario del Caribe, Vanguardia Libe- no se trata de los directorios políticos
ral), mientras que los periódicos con- como tales, sino de dueños de empre-
servadores se inclinan más bien por la sas no periodísticas, que ven en el pro-
homogeneidad de sus páginas edito- gresivo control económico de los me-
riales. dios de comunicación una fuente de
La fundación en 1979 del diario El múltiple poder. Este hecho no tarda
Mundo en Medellín, por un grupo de en volverse un peligro para la libertad
empresarios progresistas de Antio- de prensa, en la medida en que se con-
quia, demuestra hasta dónde se ha lo- solidan grandes cadenas de opinión,
grado implantar en el país una con- con el subsiguiente efecto de mono-
cepción más independiente y amplia polización del proceso informativo.
del quehacer periodístico. Pese a que También, porque quienes actuaban
se define como doctrinariamente li- como financistas de la prensa, a través
beral, El Mundo se propone desde su de la publicidad para sus empresas,
primer número una filosofía de plu- deciden más bien entrar a orientar di-
ralismo de opinión en sus columnas rectamente a los medios.
editoriales y de imparcialidad política El fenómeno se ha evidenciado en
en sus páginas informativas, lo que, la radio a través del control de la Ca-
junto con una ágil diagramación y un dena RCN por el conglomerado Ar-
agudo sentido de las necesidades tec- dila Lulle, o en la prensa del Valle del
nológicas e informativas del periodis- Cauca con diarios como El País, del
mo moderno, hace que hoy sea con- grupo Lloreda, Occidente, del grupo
siderado como uno de los mejores dia- industrial de la familia Caicedo, y El
rios que se publican en Colombia. Pueblo, de la familia Londoño, con-
Un rasgo peculiar de los años seten- cesionaria del consorcio japonés
ta es la proliferación de semanarios Sharp; o en la Costa Atlántica, con
políticos orientados por ex presidentes Diario del Caribe, propiedad del gru-
de la República: Nueva Frontera po Santo Domingo.
Capítulo 5 131

Tal vez el caso más significativo del que produjeron en Estados Unidos la
intento de controlar la prensa por par- guerra de Vietnam y la administración
te de un conglomerado financiero es el Nixon, surgió una nueva ola de repor-
protagonizado a comienzos de los teros de investigación, entre ellos los
años ochenta por el grupo Grancolom- famosos Bob Woodward y Carl Bern-
biano, bajo la tutela de su presidente stein, que fueron «hollywoodizados»
Jaime Michelsen Uribe. Este grupo, debidamente en el filme Todos los
que ejerció una enorme influencia so- hombres del presidente.
bre prensa, radio y TV a través de su El periodismo investigativo en Co-
abultada pauta publicitaria y de la pro- lombia no surgió sino después de la se-
gramadora RTI, logró el control de la gunda mitad del siglo. A mediados del
revista Cromos, trató de consolidar un siglo XIX floreció la revista satírica El
imperio de distribución de prensa y re- Alacrán, que ejercía algunas funciones
vistas, y llegó a decretarle un boicot de denuncia. Por la época de la gran
publicitario a El Espectador, como re- cosecha de los muckrakers (1903 y si-
presalia por las denuncias de este dia- guientes), el periodismo colombiano
rio sobre irregularidades financieras estaba muy comprometido política-
del grupo. Este episodio desempeñó mente, y su vocación informativa era
un importante papel en el eventual co- apenas un embrión: ello explica que
lapso del Grancolombiano y quedó allí no cupiera esta forma de fiscali-
como aleccionadora experiencia sobre zación. En las décadas siguientes la
los antidemocráticos excesos a los que prensa ocasionalmente adelantaba
puede conducir la pretensión del campañas de denuncia; algunas de
gran capital financiero de intimidar o ellas contenían elementos de exposé;
silenciar la prensa que critica sus pero en realidad no obedecían a ím-
actuaciones. petus y circunstancias profesionales,
sino a propósitos y campañas políti-
El periodismo investigativo cas. El cuidado de los dineros públi-
cos y otras materias que tradicional-
En los años setenta también se con- mente convocan a los periodistas de
solida en Colombia el llamado perio- investigación suscitaban, es verdad,
dismo investigativo, o aquella tenden- publicaciones y denuncias, pero más
cia según la cual el ejercicio periodís- por interés político que por actitud
tico busca descubrir hechos de rele- profesional.
vancia social que alguien pretende En los años sesenta y setenta surgen
mantener ocultos, y cuya exposición las primeras investigaciones que se
es fruto del trabajo del periodista. El modulan dentro de la definición del
periodismo investigativo constituye periodismo investigativo y que no obe-
una de las más elaboradas formas de decen a móviles políticos, sino a un
fiscalización social que ejerce la pren- afán profesional de fiscalización. Fue-
sa (otras son el comentario y la infor- ron en un principio publicaciones oca-
mación en sí). sinales: de Daniel Samper Pizano so-
A partir de los años finales del siglo bre los vínculos del ex ministro Ro-
pasado se desarrolló en Estados Uni- drigo Llorente con una firma urbani-
dos una gran escuela de periodismo in- zadora; de Germán Castro Caycedo
vestigativo que produjo varias figuras sobre algunas actuaciones del contra-
de importancia, e investigaciones que lor Jorge Enrique Escallón, de Luis E.
suscitaron reformas sociales de alguna Cardozo (El Pueblo, Cali) sobre irre-
trascendencia en ese país. Posterior- gularidades en la Empresa de Servi-
mente pasó la ola, y, durante años, cios Públicos local.
apenas unos pocos periodistas (Jack En 1977 se publican dos investiga-
Anderson, I. F. Stone, Jessica Mit- ciones que empiezan a darle cuerpo
ford) continuaron la escuela del ex- definitivo al periodismo investigativo.
posé. Con el deterioro político y social Una es la de Daniel Samper y Alberto
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
132

Donadío en las instalaciones del Se- El éxito de la UI de El Tiempo mul-


nado de la República; la Presidencia tiplicó las oficinas similares en otros
del Senado se niega a permitir el ac- diarios. Tuvieron o tienen unidades
ceso a sus archivos, los dos periodistas investigativas, a imitación de aquella,
demandan el oficio ante el Consejo de El Heraldo, Colprensa, El Mundo, El
Estado, éste acepta su demanda y el País, Vanguardia Liberal y El Espec-
Senado se ve obligado a abrir sus tador. Alberto Donadío ha publicado
puertas a los periodistas, que descu- tres libros con investigaciones de fon-
bren toda suerte de anomalías relacio- do: Banqueros en el banquillo, ¿Por
nadas con proveedores fantasmas, fac- qué cayó Michelsen? y El espejismo de
turas supercostosas, nóminas de em- las cajas de compensación. En varias
pleados inexistentes, etc. El escándalo universidades se dicta el periodismo
es grande. A finales del año, Samper investigativo como cátedra, y hay al-
y Donadío publican su investigación gunos periodistas colombianos afilia-
conjunta sobre favoritismo en contra- dos a un organismo internacional es-
tos del Ministerio de Obras Públicas, pecializado del gremio, Investigative
que da pie a varias investigacio- Reporters and Editors. A Colombia se
nes condenatorias de las autoridades le reconoce la vanguardia en periodis-
(Contraloría, Procuraduría, Comisión mo investigativo en América Latina.
de Acusaciones de la Cámara).
Las actividades del Senado y el Mi- Los años ochenta:
nisterio de Obras constituyen la ges- prensa y terrorismo
tación de la Unidad Investigativa de
El Tiempo, que empieza su labor en La década de los ochenta arranca do-
agosto de 1978 con un informe de ecos minada por una polémica, cada vez
internacionales acerca del comercio más aguda, sobre las relaciones entre
ilegal de animales silvestres. Desde la prensa libre y la violencia política.
entonces, la Unidad Investigativa ha Más precisamente, sobre las limitacio-
publicado más de 130 informes en que nes y responsabilidades de los medios
se denuncian los más diversos temas, informativos frente a los actos de te-
y ha ganado varios premios de perio- rrorismo y subversión que socavan la
dismo por ello. estructura misma de sociedades de-
mocráticas que toleran la libertad de
expresión.
Diarios de Colombia, El debate cobra toda su intensidad
bajo el gobierno de Belisario Betan-
1927 y 1985 cur, que inaugura no sólo una política
1927 de acercamiento dialogado con los
1985 protagonistas de la violencia política
Antioquia 5 2 —las guerrillas—, sino también una
Atlántico 5 3 actitud de máximo respeto por la li-
Bolívar 4 1 bertad de información, que contrasta
Boyacá 0 1 significativamente con la de su pre-
Caldas y Risaralda 3 3 decesor. En efecto, bajo la adminis-
Cauca 0 1 tración de Julio César Turbay Ayala
Cundinamarca 10 7 (1978-82), delicadas situaciones de or-
Magdalena 2 2 den público dieron lugar a un estricto
Nariño 1 2 control oficial —y en algunos casos di-
Santander 2 4 rectamente militar— sobre los noticie-
Norte de Santander 2 2 ros de radio y televisión. En 1980, el
Tolima y Huila 0 1 cubrimiento noticioso de un aconteci-
Valle 3 4 miento que congrega en Bogotá a la
37 crema y nata de la prensa mundial, la
Total 33 toma de la Embajada Dominicana por
Capítulo 5 133

Diarios que se editan en Colombia. 1985


En Colombia se editan más de treinta diarios cuya circulación colombiana se calcula en casi un
millón y medio de ejemplares diarios. Medidos por circulación (promediando días ordinarios y
domingos), volumen y nivel informativo, cubrimiento e influencia nacional, se considera que los
primeros 10 diarios del país son los siguientes:

1. El Tiempo. Bogotá (1911), circulación certificada de 259.000 ejemplares diarios.


Director: Hernando Santos Castillo.
2. El Espectador. Bogotá, (1887), circulación no certificada de 176.000 ejemplares
diarios. Director: Guillermo Cano( 1986).
3. El Colombiano. Medellín, (1912), circulación certificada de 112.000 ejemplares.
Director: Juan Gómez Martínez.
4. El País. Cali, (1950), circulación certificada de 71.000 ejemplares. Director Alvaro
José Lloreda.
5. El Heraldo. Barranquilla, (1933), circulación certificada de 59.000 ejemplares. Di-
rector: Juan B. Fernández Renowitzky.
6. El Mundo. Medellín, (1979), circulación de 45.500 ejemplares. Director: Darío
Arizmendi Posada.
7. Vanguardia Liberal. Bucaramanga, (1919), circulación certificada de 35.000 ejem-
plares. Director: Alejandro Galvis Ramírez.
8. La Patria. Manizales, (1921), circulación de 35.800 ejemplares. Director: Luis
José Restrepo Restrepo.
9. El Siglo. Bogotá, (1936), circulación de 69.000 ejemplares. Director: Gabriel Melo
Guevara.
10. Occidente. Cali, (1961), circulación de 56.000 ejemplares. Director: Alvaro Cai-
cedo González.

Además de los anteriores, circulan en el país los siguientes diarios:


Diario Ciudad Año de Director
fundación
La República Bogotá 1954) Rodrigo Ospina Hernández.
Diario del Caribe Barranquilla 1956) Alfonso Fuenmayor.
La Libertad Barranquilla 1979) Roberto Esper Rebaje.
El Frente Bucaramanga 1942) Rafael Ortiz González.
El Pueblo Cali 1975) Alejandro González Jaramillo.
El Universal Cartagena 1961) Gonzalo Zúñiga Torres.
La Opinión Cúcuta 1960) Eustorgio Colmenares.
Diario de Huila Neiva 1966) María Mercedes Rengifo de
Duque.
El Derecho Pasto 1928) Francisco Muriel Buchelli.
Diario del Sur Pasto 1983) Jorge Hernando Carvajal
Pérez.
La Tarde Pereira 1975) Gonzalo Vallejo.
Diario del Otún Pereira 1982) Javier Ramírez González.
El Liberal Popayán 1938) Eduardo Gómez Cerón.
Diario Vallenato Valledupar 1980) Lolia Acosta de Villarroel.
El Espacio Bogotá 1965) Jaime Ardila Casamitjana.
Diario del Oriente Bucaramanga 1969) José Jaimes Espinosa.
Diario de la Frontera Cúcuta 1958) Teodosio Cabeza Quiñónez.
El Informador Santa Marta 1958) Edgardo Vives.
La Tierra Tunja 1984) Antonio Martínez Martín.
El Bogotano Bogotá 1972) Consuelo Salgar de Montejo.
El Caleño Cali 1976) Oscar Hincapié.
El Deber Bucaramanga 1923) Feisal Mustafá Barbosa.
Cinco PM Bogotá 1985) Luis Guillermo Vélez T.
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
134

el M-19, se desarrolla bajo la cuida- tican ejecuciones o asesinatos políticos


dosa supervisión estatal de estos me- y rechazan la paz son entrevistados
dios. Así mismo, se ejerció una amplia por los noticieros radiales y televisa-
manipulación de la información, como dos de gran sintonía. Viene entonces
en la supuesta entrevista del principal la mencionada reacción de un sector
acusado del asesinato del ex ministro de la opinión, que denuncia la utili-
Pardo Vuelvas, y que era un video mi- zación que hacen de una prensa ce-
litar. El gobierno Betancur se inicia, gada por el «síndrome de la chiva» al-
sin embargo, con la declarada inten- gunos grupos marxistas armados, que
ción de no ejercer presión alguna so- nunca aplicarían semejantes criterios
bre los medios informativos («prefiero de amplitud informativa si estuvieran
una prensa desbordada a una censu- en el poder. Y es así como en la Co-
rada», dijo en su momento el jefe del lombia de los ochenta se plantea, con
Estado), lo cual permite un cubri- todo su vigor y emotividad, esa polé-
miento exhaustivo, a veces frenético, mica hoy vigente en tantas democra-
de todos los hechos noticiosos prove- cias del mundo occidental en torno al
nientes de ese tema hasta entonces ve- modo de cubrir los actos de violencia
lado, que es la guerrilla. Sobre todo política y, más específicamente, los de
entre aquellos medios —radio y TV—, un terrorismo que se ha mostrado ex-
que habían estado sometidos a una tu- perto en el empleo de la prensa para
tela oficial en la materia y que apro- divulgar sus consignas y cuyos actos
vechan esta ausencia de ataduras con más impactantes por lo general buscan
un celo competitivo y una dedicación capturar titulares.
al tema que no tardan en generar reac-
ciones sociales y tensiones políticas. Igualmente complejo es el proble-
ma de la transmisión de enfrentamien-
El «descubrimiento» de la guerrilla tos de orden público, lo que hace que
en una coyuntura de aproximación gu- las informaciones transmitidas entren
bernamental a este fenómeno antes a hacer parte de los elementos de de-
tabú y de libertad de prensa total, sig- cisión de los grupos guerrilleros o te-
nifica el súbito ingreso de los jefes de rroristas, que pueden ver cómo la
la subversión a la primera plana de los transmisión del hecho genera presio-
medios masivos de comunicación. Los nes sociales o políticas de gran mag-
parias de ayer se transforman en las nitud y restringe las posibilidades de
nuevas «vedettes» de la noticia y co- acción del gobierno mismo. Los perio-
mienzan a disfrutar de un despliegue distas, por su parte, ansiosos por tener
casi inusitado y en ocasiones irrefle- relaciones favorables con quienes pue-
xivo e ingenuo, que tiende a magnifi- den ofrecerles las más espectaculares
car la dimensión y significado mismos «chivas», pueden estar tentados a
del fenómeno social y político que re- presentar la información de modo que
presentan los grupos armados. no irrite a quienes crean oportunidades
El veterano jefe de las FARC, Ma- tan notables de tener una inmensa
nuel Marulanda Vélez, el legendario audiencia prendida de la radio o la te-
«Tirofijo», disfruta, en el período de levisión.
la firma de los acuerdos de tregua y Esta discusión sobre la responsabi-
cese del fuego, de una atención perio- lidad que entraña la libertad de prensa
dística más extensa e intensa de la que en las democracias —sobre todo en las
recibiera a través de treinta años de subdesarrolladas—, que estalla en
una actividad armada e ilegal que lo toda su intensidad bajo el gobierno
hacen acreedor al título de jefe gue- Betancur, incita a toda la prensa co-
rrillero más antiguo de América. Ac- lombiana a una nueva reflexión. Y a
ciones armadas de la guerrilla, como un nuevo interrogante. ¿Es el perio-
la toma de Florencia o de Yumbo, son dista de hoy el «idiota útil» de quienes
transmitidas en directo por las cadenas saben manipular su deseo de especta-
radiales, y hasta los grupos que prac- cularidad y búsqueda de noticias «ca-
Capítulo 5 135

Algunas colecciones de artículos periodísticos


BARRERA PARRA, JAIME. Notas del Week-end. Bucaramanga, Imprenta del De-
partamento, 1933.
BARRERA PARRA, JAIME. Panorama antioqueño. Medellín, 1936.
BARRERA PARRA, JAIME. Prosas. Bogotá, Continente, 1965.
CEPEDA SAMUDIO, ALVARO. En el margen de la ruta (Periodismo juvenil 1944-
1955). Recopilación y prólogo Jacques Gilard. Bogotá, Oveja Negra
1985.
GARCÍA MÁRQUEZ, GABRIEL. Obra periodística. Vols. I y II, Textos costeños;
Vols. III y IV, Entre cachacos; Vols. V y VI, De Europa y América.
Selección Jacques Gilard. Bogotá, Oveja Negra, 1983.
GARCÍA PEÑA, ROBERTO. Rastro de los hechos. Selección Rafael Gómez Ho-
yos. Biblioteca del Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, XX. Bo-
gotá, Eds. de la Revista Ximénez de Quesada, 1970.
GARCÍA PEÑA, ROBERTO. Medio siglo sobre El Tiempo. Colección Biblioteca
Pública Piloto. Vol. II. Medellín. Ed. Letras, 1978.
GÓMEZ MARTÍNEZ, FERNANDO. Los que son y los que fueron. Medellín, Bi-
blioteca Pública Piloto. 1980.
LOZANO Y LOZANO, JUAN. Obras selectas. Medellín, Eds. Horizontes, 1965.
NIETO CABALLERO, LUIS EDUARDO. Entrevistas del cronista Espejo. Bogotá,
Ed. A.B.C., 1946.
PARDO UMAÑA, EMILIA. La letra con sangre entra. Colección Literaria, n.° 3.
Bogotá, Fundación Simón y Lola Guberek, 1984.
Periodismo: Los Santos: Eduardo, Enrique y Gustavo. Bogotá, Selección
Samper Ortega, 1936.
SANTAMARÍA, GERMÁN. Colombia y otras sangres. Bogotá, Planeta, 1987.
SANTOS CALDERÓN, ENRIQUE. La guerra por la paz. Bogotá, Cerec, 1985.
SANTOS MONTEJO, ENRIQUE. Danza de las horas. Bogotá, Colcultura, 1972.
SOLANO, ARMANDO. Glosas y ensayos, 1923-1945. Selección Hernando Mejía
Arias. Bogotá, Colcultura, 1981.
TEJADA, LUIS. Gotas de tinta. Bogotá, Colcultura, 1977.
TÉLLEZ, HERNANDO. Textos no recogidos en libro, 2 vols. Bogotá, Colcultura,
1979.
URIBE, JUAN DE DIOS. Sobre el yunque. En: Obras completas. Recopilación
Antonio José Restrepo. Bogotá, Imprenta La Tribuna, 1913.
ZULETA FERRER, JUAN. La historia contra la pared. Selección de ensayos y
editoriales, El Colombiano 1930-1978. Medellín, Biblioteca Pública Pi-
loto, 1978.

lientes»; o es el simple «chivo expia- en mayo de 1985, tras una entrevista


torio» de la crisis de su tiempo, al que radial de Caracol con un grupo gue-
se le reprocha el solo hecho de reflejar rrillero que había asaltado una esta-
lo que pasa? Por su parte, el gobierno ción de carabineros en Suba, y luego
Betancur, presionado por sectores so- de otra por televisión en el Noticiero
ciales que nunca se reconciliaron con de las Siete, con un encapuchado que
el guerrillero en primera plana, y defendió el asesinato de un abogado
consciente a su vez de «excesos y des- laboralista en Medellín, el ministro de
bordamientos» de no pocos medios in- Comunicaciones envió una enérgica
formativos, decide modificar su acti- carta de protesta al Círculo de Perio-
tud inicial de extrema tolerancia. Así, distas de Bogotá.
136 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

Lo significativo de la conducta ofi- tros tiempos. Dilema que, pese a sus


cial, lo meritorio, si se quiere, es que nuevas formas y envolturas, tiene mu-
en lugar de aplicar una censura directa cho que ver con la clásica máxima que
o una sanción administrativa sobre es- alude al sentido de responsabilidad de
tos medios (que, de todas formas, per- una prensa libre. Los desafíos y res-
tenecen al Estado), prefirió devolver- ponsabilidades que para el periodista
les el problema a los periodistas, para colombiano de los ochenta plantea el
que fueran ellos mismos, a través de tratamiento —sin chantajes, ni tute-
sus gremios y de su propia conciencia las— de esta realidad explosiva, son
profesional, los que propusieran la so- los que con seguridad marcarán su
lución a este complejo dilema de nues- evolución en los años venideros.

Bibliografía

ANGARITA SOMOZA, AGUSTÍN. Historia del periodismo en el Tolima, 2 Vols. Ibagué, Eds. To-
lima, 1970.
CACUA PRADA, ANTONIO. Historia del periodismo colombiano, 2.a ed. Bogotá, Ed. Presencia,
1983.
FONNEGRA, GABRIEL. La prensa en Colombia. Bogotá, El Áncora, 1984.
GÓMEZ OLACIREGUI, AURELIANO. Prensa y periodismo en Barranquilla, siglo XX.
Barranquilla,
Eds. Lallemand Abramuck, 1979.
OTERO MUÑOZ, GUSTAVO. Historia del periodismo en Colombia. Bogotá, Biblioteca Aldeana
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RODRÍGUEZ, MARCO TULIO. La gran prensa en Colombia. Bogotá, Minerva, 1963.
RODRÍGUEZ PLATA, HORACIO. Apuntes para una historia del periodismo en Santander. Buca-
ramanga, Biblioteca Santander, 1942.
Capítulo 6
137

Cien años de arte en Colombia


Eduardo Serrano píritu romántico que imperaba en esa
época como lo hacen manifiesto las
múltiples ocupaciones que desempeñó
Finales del siglo XIX. durante su corta vida. Urdaneta,
Un nuevo espíritu quien viajó repetidamente a Europa,
además de fotógrafo fue un agudo es-

E l ánimo centralista que propug-


naba por un Estado fuerte de
proyectos ambiciosos y que habría de
critor y caricaturista político, lo cual le
trajo como consecuencia la prisión y
un destierro temporal. Fue también el
dar origen a la Regeneración, se vio militar encargado por el gobierno de
pronto reflejado en el área de las artes Rafael Núñez de la fiscalía en el con-
visuales a través de dos hechos fun- sejo de guerra a Ricardo Gaitán Obe-
damentales para el desarrollo de la so, caudillo del ejército insurgente en Ricardo Acevedo
pintura y la escultura en Colombia, la guerra de 1885. Y fue así mismo el Bernal.
que tienen lugar exactamente en 1886: fundador y director de El Papel Perió- "Alberto Urdaneta",
la apertura de la Escuela Nacional de dico Ilustrado, una de las empresas 1883.
más logradas y ambiciosas, no sólo Óleo sobre lienzo.
Bellas Artes, entidad que se encarga- Museo Nacional de
ría de la formación de prácticamente dentro del periodismo sino también Colombia, Bogotá.
todos los artistas de comienzos de si- dentro del campo artístico, que se ha- Urdaneta, fundador
glo; y la celebración de la Primera Ex- yan emprendido en el país. y director de
posición Anual, gran muestra-inven- "El Papel Periódico
De todas las empresas culturales de Ilustrado",
tario sobre el patrimonio artístico del Urdaneta, sin embargo, las que más personaje de la
país, la cual marca también el surgi- claramente reflejan el espíritu de la Regeneración, fue
miento del concepto de «arte contem- época, las que más firmemente apun- el fundador de la
poráneo» en la sociedad colombiana, tan hacia el nacimiento de otra era y Escuela de Bellas
y, por ende, del arte como reflejo de Artes y organizador
las que más directa incidencia tendrían de la primera
la sociedad en la cual y para la cual es en el desarrollo de las artes visuales en Exposición Anual
producido. Colombia fueron la Exposición de en 1886.
En ambos hechos fue figura crucial 1886 y la Escuela Nacional de Bellas
el pintor y dibujante bogotano Alber- Artes. La primera, porque situó a la
to Urdaneta (1845-1887), personali- pintura y la escultura del país en su
dad avasalladora y fiel reflejo del es- justa dimensión, enfatizando su valor
Nueva Historia,de Colombia. Vol. VI
138

veces igualado en nuestra historia. Sus


trabajos resumen las mejores virtudes
académicas. Los tres fueron fotógra-
fos que nutrieron su realismo con imá-
genes logradas con la cámara, y la
obra de cada uno a su manera es fiel
reflejo de los valores y ambiciones que
estimulaban la creatividad visual en
esa época.
Con ellos quedaron atrás la inge-
nuidad y gracia de la pintura llamada
«republicana» (por haber sido reali-
zada después de la Independencia,
aunque estéticamente responda a los
mismos parámetros de la pintura co-
lonial). Su trabajo es más certero, cul-
to y elegante, representando, por con-
siguiente, un cambio contundente de
objetivos y un claro rompimiento en
nuestra tradición artística. Pero ya no
eran tampoco los héroes de las gestas
emancipadoras, con sus coloridos uni-
formes y sus enhiestos penachos, los
personajes que ordenaban y adquirían
las obras de arte, sino la clase alta ci-
tadina que miraba fijamente a Europa
en cuanto a sus afectaciones y sus mo-
das, y quien era amiga de mostrar su
buen gusto, su influencia y su poder,
en sus retratos.
Pantaleón Mendoza (1855-1911), el
menos prolífico de ellos, fue discípulo
de Urdaneta y de Felipe Santiago Gu-
Pantaleón Mendoza. como patrimonio artístico e iniciando tiérrez (pintor mexicano que alcanzó
"Catalina Mendoza' 1890. su apreciación en un contexto históri- gran éxito en Bogotá con su trabajo de
Oleo sobre lienzo,
92.5 x 72.5 cm.
co e, inclusive, universal. La segunda, fuertes rasgos académicos). Posterior-
Museo Nacional, Bogotá. porque aparte de ser un centro docen- mente se radicó en Madrid, donde es-
te de comprobada solvencia intelec- tudió a los grandes maestros españo-
Epifanio Garay tual, habría también de convertirse en les, cuyas obras reprodujo con bene-
"Autorretrato" punto de enlace de los mejores artistas ficios evidentes en su desarrollo pic-
Lápiz sobre papel. y en principal escenario de las activi- tórico. Aunque exploró temas religio-
Museo de Arte dades creativas hasta la segunda dé-
Moderno. Bogotá.
sos y costumbristas, es el retrato la
cada del presente siglo. modalidad que expresa mejor sus as-
piraciones y talento. Sus obras son so-
La academia y el retrato brias en color y en elementos, hacien-
do manifiestos un agudo sentido de la
Por otra parte, tres profesores de pin- intimidad y un especial deleite en el
tura de la Escuela Nacional de Bellas contraste de luces y de sombras.
Artes, los bogotanos Pantaleón Men- Aunque con algunos objetivos si-
doza, Epifanio Garay y Ricardo Ace- milares como el realismo y las normas
vedo Bernal, fueron los artistas que académicas, la obra de Epifanio Ga-
gozaron de más reputación a finales ray (1849-1903) resulta muy distinta
del siglo XIX, y quienes llevaron el arte de la de Mendoza en talante y en pre-
del retrato a un nivel de calidad pocas sencia. Garay —quien se inició como
Capítulo 6 139

pintor de cuadros de género e incur-


sionó también en los temas religiosos
y el desnudo— ha sido llamado con ra-
zón el retratista máximo en la historia
del país. Su producción de retratos no
sólo fue constante, sino que represen-
ta un logro indiscutible, como resu-
men de la personalidad de los mode-
los, por la fidelidad a sus rasgos físi-
cos, y por la experta realización como
pinturas.
Garay estudió en la Academia Ju-
lian de París y fue también cantante de
ópera, lo cual, aparte de permitirle
viajar extensamente (adquiriendo la
sofisticación y el aliento mundano que
son perceptibles en sus obras), deter-
minó su inclinación por la utilería, los
accesorios y el vestuario, que se hace
plenamente manifiesta en su produc-
ción al óleo. Podría decirse que el ar-
tista pensaba con detenimiento sobre
la escenografía en que debían apare-
cer los personajes, de manera que ésta
fuera una corroboración de su belleza
o de su ánimo, de su espiritualidad o
su prestancia. En los retratos mascu-
linos —entre los cuales son dignos
ejemplos los de los presidentes Ma-

Epifanio Garay.
"Retrato del general
Jesús Casas
Castañeda",
Oleo sobre lienzo,
125 x 105 cm.
Colección
particular.

Epifanio Garay.
"La mujer del
levita Efraín", 1899.
Óleo sobre lienzo,
128 x 198 cm.
Museo Nacional,
Bogotá.
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
140

nuel A. Sanclemente y Rafael Nú-


ñez—, los modelos aparecen por lo re-
gular en su despacho en clara indica-
ción de entrega a sus labores, ya
acompañados por libros, plumas y
bastones que son señal de su intelec-
tualidad y don de mando. En los re-
tratos femeninos —entre los que so-
bresalen los de Elvira Tanco de Malo
y Teresa Díaz-Granados de Suárez
Lacroix— llaman en cambio la aten-
ción el cuidado en los detalles, el vi-
goroso sentido del color y especial-
mente la sensualidad en la interpre-
tación de encajes, sedas, joyas y aba-
nicos con los cuales enfatizaba su fe-
minidad.
Ricardo Acevedo Bernal (1867-
1930), el de más larga vida de los tres
—razón por la cual su trabajo se siente
más moderno—, fue alumno de Men-
doza, estudió en los Estados Unidos,
y, como Garay, asistió a la Academia
Julian en París. Su obra abarca una va-
riedad de géneros más amplia, con-
centrándose sin embargo la mayor
parte de su producción en los temas
religiosos y el retrato.
Se ha comparado con frecuencia la
fuerza de la obra de Garay con la sua-
ve delicadeza del trabajo de Acevedo
Bernal, cuyas figuras son menos con-
Ricardo Acevedo
Bernal. cretas y no revelan al ánimo de carac-
"Modelo", París, terización psicológica evidente en el
1889. trabajo del primero. Sus interpretacio-
Óleo sobre lienzo, nes, sin embargo, son simples y di-
61.5 x 49.3 cm. rectas, sin tantas arandelas y esceno-
Museo Nacional,
Bogotá. grafía; su pincelada es más firme y no-
toria, y su color es más medido y ama-
Ricardo Acevedo
ble. Sus retratos —entre los que cabe
Bernal. mencionar el de su señora, Rosa Bies-
"Retrato del pintor ter, y el de una modelo en París— per-
Francisco Antonio miten comprobar su gran capacidad de
Cano", 1917.
Oleo sobre lienzo,
observación, especialmente en la con-
75.4 x 47.1 cm. frontación deliberada de ciertos retos
Museo Nacional. académicos que el artista se imponía,
"Interpretaciones entre los cuales se cuenta una ilumi-
simples y
nación variante (oblicua, directa, na-
directas, sin tantas
arandelas y tural, artificial, etc.) y extraños y di-
escenografías; fíciles puntos de vista.
su pincelada es más Con Mendoza, Garay y Acevedo
firme y notoria, aparecen finalmente, en la pintura co-
su color más
medido y amable." lombiana, la correcta perspectiva, el
ajustado escorzo, la composición equi-
librada, las precisas proporciones y
Capítulo 6
141

acertadas consideraciones de luz y de Ricardo Moros


color. Con ellos se inicia en nuestra Urbina.
historia el internacionalismo artístico, "Mirador de la
en oposición al primitivo nacionalismo Quinta de Bolívar",
1905.
del período republicano. Con su obra Acuarela sobre papel,
cobran fuerza los conocimientos y la 30 x 25 cm.
habilidad técnica en la valoración del Quinta de Bolívar,
arte. Y con su ejemplo aparece en la Bogotá.
pintura del país una actitud nueva y
claramente coincidente con las metas
académicas: el profesionalismo.
Otros artistas cuya obra revela un
fuerte ascendiente académico, aunque
no necesariamente en el área del re-
trato, son el boyacense Ricardo Moros
Urbina (1865-1942), quien además de
pintor fue un prolífico acuarelista y di-
bujante, así como el iniciador del arte Santiago Páramo.
publicitario en el país; el sacerdote bo- "Muerte de San José".
Oleo sobre lienzo,
gotano Santiago Páramo (1841-1915), 22.5 x30cm.
quien revivió, con gran admiración Colección particular,
por las obras maestras del arte univer- Bogotá.
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
142

Andrés de Santa María.


"Las segadoras", 1895.
Óleo sobre lienzo,
80 x 106 cm.
Museo de Arte Moderno,
Bogotá.
Es el pintor que
inicia el modernismo
en Colombia.

sal, la pintura religiosa que había ten- su infancia y juventud en Europa, el


dido a desaparecer desde el período artista bogotano Andrés de Santa Ma-
colonial; el cucuteño Salvador More- ría (1860-1945), quien estudió en la
no (1874-1940), quien produjo algu- Academia de Bellas Artes de París y
nos óleos cuidadosos sobre la figura participó con éxito y frecuencia en el
humana, y Francisco Antonio Cano, acreditado Salón de Artistas France-
Eugenio Zerda y Coriolano Leudo, de ses. Santa María había presenciado el
quienes se hablará más adelante. surgimiento del impresionismo, había
Andrés de Santa seguido con pasión la polémica origi-
María. Comienzos de otra era: nada por su aparición y había tomado
"Autorretrato"
el modernismo partido a su favor; es decir, había es-
(detalle), 1923 c. cogido la más libre interpretación de
Óleo sobre lienzo,
70 x 61 cm. Se utiliza en arte el término «moder- formas y contornos y el énfasis en la
Museo Nacional, no» para referirse genéricamente a inestabilidad de la luz y los reflejos
Bogotá. aquellas actitudes y movimientos pic- —que eran patentes en las obras de
tóricos que comienzan con el impre- ese grupo— como metas inmediatas
sionismo y que, por lo tanto, son en su de su devenir pictórico. Sus primeros
mayoría aportaciones del siglo XX. Sus cuadros, como Lavanderas del Sena,
más comunes características son las si- hacen manifiesta, por ejemplo, la in-
guientes: el haber presentado un reto, clinación del artista por el agua, ese
otra salida, en relación con las limi- elemento tan definitivo en la pintura
tantes disciplinas de las distintas aca- impresionista, mientras que en otras
demias; y el haberse constituido, en su obras, como El té, la escena de espar-
momento, en la vanguardia del tra- cimiento al aire libre y la moda pari-
bajo artístico. sina de fin de siglo hace forzosa su
Pues bien, a finales de 1893 llegó de comparación con algunas realizacio-
regreso a Colombia, después de pasar nes de los artistas de ese movimiento.
Capítulo 6
143

No obstante, la influencia del im- Andrés de Santa María.


presionismo en el trabajo de Santa "En la playa de
María ha sido permanentemente exa- Macuto", 1907.
gerada, puesto que sólo es reconocible Oleo sobre lienzo,
292 x 246 cm.
en sus más tempranas obras. Y no en Museo Nacional.
todas, prefiriendo el artista en algunos Hacia 1904,
casos, como en Las segadoras, rendir- Santa María "cambia
le un homenaje —con claros toques de los pinceles por la
nacionalismo— a Jean-François Mi- espátula y comienza
a dejar a la vista
llet. Es éste precisamente el período los golpes de color,
de su producción que pasó inadvertido las huellas de sus
para el público colombiano de finales movimientos,
de siglo, acostumbrado a la solemni- iniciando así la
dad de la academia, y obsesionado con etapa de una obra
que se ha calificado
las rivalidades políticas. Y son éstos como expresionista
los trabajos que obligaron un seguro y por sus distorsiones
discreto silencio por parte de la crítica y emotividad, pero
que había leído sobre el impresionis- cuya individualidad
mo, pero que aún no había aprendido constructiva
y expresiva
sus innovaciones ni comprendía sus culminaría en un
objetivos. post -impresionismo
Paradójicamente, cuando en 1904 la único elemento que define las figuras, muy particular,
en el cual fueron
crítica de arte decide discutir su obra que las saca de esa pasta oscura y ru- objetivo principal
y hablar de impresionismo (dando pie gosa —sin perspectiva ni otra indica- el pigmento,
a una interesante polémica en la cual ción de espacio— que cubriría los lien- la materia,
intervinieron Baldomero Sanín Cano, zos de su último período. el jugoso óleo
Maximiliano Grillo y Ricardo Hines- En conclusión, el trabajo de Santa y el placer de
troza Daza), se produce un viraje en prepararlo
María —aparte de ser reflejo de una y aplicarlo..."
sus ideas y en su manera de pintar, sensibilidad exaltada y de una per-
que lo alejará cada vez más de los pa- manente reflexión pictórica— actuali-
trones de esa tendencia. Ese año cam- zó el arte del país en relación con las
bia los pinceles por la espátula y co- vanguardias europeas y abrió, por
mienza a dejar a la vista los golpes de consiguiente, campos de creatividad
color, las huellas de sus movimientos, desconocidos hasta entonces. Primero
iniciando así la etapa de su obra que como profesor de pintura y escultura,
se ha calificado como expresionista y luego como director de la Escuela de Andrés de Santa
por sus distorsiones y emotividad, Bellas Artes (entidad que transformó María.
pero cuya individualidad constructiva positivamente ensanchando sus áreas "Flores y frutas",
y expresiva culminaría realmente en de enseñanza), Santa María ejerció 1917 c.
una fecunda influencia en sus alum- Óleo sobre lienzo,
un post-impresionismo muy particu- 55 x 45 cm.
lar, en el cual fueron objetivo princi- nos, quienes aprendieron con él, no Museo Nacional,
pal e inspiración fecunda el pigmento, sólo la validez artística de cualquier Bogotá.
la materia, el jugoso óleo, y el placer tema o sujeto, sino también a trabajar
de prepararlo y aplicarlo a borbotones el desnudo con modelo y a pintar al
sobre el lienzo. aire libre. Su labor al frente de ese
Su obra incluye una extensa varie- centro docente, sin embargo, le aca-
dad de temas: paisaje, retrato, bode- rrearía el rencor de los enemigos del
gón y cuadros de costumbres, religio- gobierno del general Rafael Reyes,
sos e históricos. Es una obra culta que quienes lo harían blanco de sus críticas
y determinarían su regreso a Europa a
refleja los valores e intereses de su comienzos de 1911.
tiempo. Además es una obra que hace
patente una continua reflexión artís- Radicado en Bruselas, Santa María
tica, especialmente en el tratamiento continuaría acrecentando el empasto
de la luz; la cual se convertiría en el hasta llegar a pinturas como La pesca
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
144

milagrosa y Concierto campestre, en Su escultura es de corte neoclásico,


las cuales las escenas son de muy di- pero de mayor pulcritud que la de su
fícil lectura dada la generosidad de la maestro Cano y mucho más expresiva
materia; y hasta lograr también un que la de César Sighinolfi (1833-1902)
amplio reconocimiento artístico como y la de Dionisio Cortés (1863-1934),
lo pone de presente el libro que sobre autores de algunas obras conmemo-
su obra publicó el crítico André Rid- rativas ubicadas en la capital de la Re-
der, así como su consagratoria expo- pública. Desnudos femeninos de To-
sición retrospectiva celebrada en 1936 bón Mejía como los titulados La poe-
en el Museo de Bellas Artes de esa sía y El silencio persiguen claramente
ciudad. el ideal de noble grandeza propia de
Ahora bien, el término «moderno» la escultura de la antigüedad, pero ha-
Portada de la tiene otra acepción artística estricta- ciendo al mismo tiempo perceptible
revista "Lectura mente relacionada con un movimiento cierta atrayente sensualidad, a la que
y Arte", febrero contribuyen la monumentalidad de las
de 1906, dirigida
en las artes decorativas de gran auge
por Marco Tobón en Europa y los Estados Unidos a fi- figuras y el momentáneo estatismo de
Mejía, Francisco nales del siglo XIX y comienzos del XX: las poses, así como la pureza del már-
y Antonio J. Cano el «art nouveau». En este sentido el mol y la tersura del acabado. Su obra
y Enrique Vidal. introductor del «estilo moderno» en de este tipo constituye el trabajo tri-
Colombia es el escultor antioqueño dimensional más logrado de comienzos
Marco Tobón Mejía (1876-1933), al- del siglo en Colombia (no el más «mo-
gunos de cuyos relieves acusan la línea derno», si se tiene en cuenta la mayor
larga, sensible y sinuosa característica libertad en las formas de las esculturas
de esa tendencia. de Santa María); y también el más am-
Marco Tobón Mejía se inició en la la- bicioso como realización y concreción
bor escultórica bajo la tutela de Fran- de ideales y creencias estéticas.
cisco Antonio Cano, con quien fundó La producción más personal y más
en Medellíh la revista Lectura y Arte en interesante de Tobón Mejía, sin em-
la cual se difundieron las inquietudes bargo, son sus relieves en bronce y
pictóricas y literarias de comienzos de otras aleaciones, en los cuales el artis-
siglo. En 1905 viajó a París, donde se ta hace gala de sus dotes de diseñador,
radicó hasta su muerte, aunque con al- de sus conocimientos del «estilo mo-
gunas temporadas en Colombia e Italia, derno», y de su admiración por sub-
y manteniendo siempre estrechos vín- jetivismos de los simbolistas y en par-
culos con su país natal como lo indican ticular por su acento en la imaginación
las diversas obras de tipo conmemora- y en la fantasía. En su obra Murcié-
tivo que produjo. lago, en la cual representa a una joven
con las alas de este animal, por ejem-
Marco Tobón Mejía. plo, es notoria su intención de miste-
"La danza". rio y su aguda inventiva, y en trabajos
Bronce, como Salomé —ese tema favorito del
diámetro 6 cm. «art nouveau»— salta a la vista su in-
Colección particular, clinación por lo sobrenatural y recón-
Bogotá.
dito, mientras que el título, involucra-
do al diseño, subraya su afición por los
rasgos decorativos del mencionado
movimiento.
El ímpetu modernista —en sus dos
acepciones— no habría de extenderse
de inmediato en Colombia, disminu-
yendo notablemente con la partida de
Santa María y Tobón Mejía hacia Eu-
ropa. Otras preocupaciones habrían
de surgir en el panorama artístico del
Capítulo 6
145

Marco Tobón Mejía.


"Murciélago", 1910.
Bronce,
12 x 8.5 cm.
Museo Nacional,
Bogotá.
"En sus relieves
en bronce y otras
aleaciones,
el artista hace
gala de sus dotes
de diseñador, de
sus conocimientos
del 'estilo moderno'
y de su admiración
por los simbolistas."

país, limitándose la expresión de mo- En corto plazo el paisaje se convirtió


dernidad, en las primeras décadas del no sólo en sujeto meritorio sino en el
siglo XX, a contadas expresiones en el principal tema del trabajo artístico, de-
campo pictórico. salojando en la atención de los artistas
a las aristocráticas matronas, a los en-
La primeras décadas del siglo XX: copetados caballeros y a la vida de los
el paisajismo santos. Casi la totalidad de los pintores
de comienzos de siglo en el país prac-
De las enseñanzas de Santa María, las ticaron el paisaje; y lo hicieron con frui-
que más hondo calado tuvieron en Co- ción, buscando cada cual con su repre-
lombia fueron: su creencia en la dig- sentación la proyección de su talento y
nidad de cualquier tema como sujeto particularidad.
artístico; el acento nacionalista paten- Además, con el interés de estos ar-
te en algunas de sus obras (pese a que tistas se inició la expresión consciente
estilísticamente se inscriban dentro de de lo aledaño, de lo propio, de lo co-
los parámetros de la vanguardia eu- tidiano, con el lenguaje universal de la
ropea); y su predilección por pintar, o pintura (objetivo que habría de con-
al menos bosquejar, al aire libre. vertirse en fructífera constante a lo
Santa María, por ejemplo, es el in- largo de todo el siglo XX). El incipien-
troductor del paisajismo en Colombia, te nacionalismo implícito en la idea,
no sólo por su tratamiento repetido y por ejemplo, habría de generar una
afortunado del tema, sino también pintura idealizada, que canta a las be-
porque habiendo sido nombrado llezas naturales del país, que alaba sus
como primer profesor de esta materia valles y montañas, que ensalza sus cos-
en la Escuela Nacional de Bellas Artes tas y sus ríos, que enaltece su flora y
(junto con el pintor español Luis de su topografía y que glorifica sus oca-
Llanos, quien murió al poco tiempo de sos, poniendo de presente una gran
iniciadas las clases), fue él quien real- admiración por la tradición europea
mente infundió en sus alumnos la de- de la pintura de paisajes, aunque no
voción por este tipo de pintura. precisamente por el modernismo.
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
146

color, evidenciando amplios conoci-


mientos y destreza técnica. Sus cua-
dros de exteriores incluyen además
vistas de ciudades, calles y edificios,
en los que la pincelada, más libre y de-
finida, insinúa cierta intención de mo-
dernismo. Pero su obra en general re-
vela una actitud que puede asimilarse a
la de la Escuela Barbizon en su con-
frontación del paisaje por el paisaje
mismo —sin justificaciones de otra cla-
se— y presenta cuidadosos acabados,
así como una cierta aura romántica.
El artista boyacense Jesús María
Zamora (1875-1849) prefirió en cam-
bio la Sabana de Bogotá y los Llanos
Orientales como motivos de sus óleos
de clara entonación poética. Sus pri-
meros cuadros, generalmente de pa-
Ricardo Borrero Cada uno de estos artistas tuvo un rajes, se fueron aclarando y ganando
Alvarez. estilo diferente y mostró predilección en extensión hasta convertirse en pa-
"El Boquerón", 1905 c. noramas que remiten a la pintura clá-
Óleo sobre madera, por un tipo especial de paisajes. Por
17 x 23 cm. ejemplo, el pintor huilense Ricardo sica por el orden que destacan en la
Colección particular, Borrero Alvarez (1874-1931), uno de naturaleza, por su pastoral serenidad, y
Bogotá. los más sobresalientes cultores de la especialmente por su énfasis en la luz y
modalidad, prefería las montañas y en las atmósferas. Zamora —quien
quebradas como tema de sus lienzos; también trató temas históricos— inter-
y éstos son de una gran delicadeza, pretó con frecuencia la hora del crepús-
suavemente trabajados y de armónico culo, infundiéndoles a sus obras un

Jesús María Zamora,


"Paisaje", 1915 c.
Oleo sobre cartón,
25.8 y 35 cm.
Museo de Arte
Moderno, Bogotá.
"Sus panoramas
remiten a la pintura
clásica por el orden
que destacan en la
naturaleza, por su
pastoral serenidad
y por su énfasis
en la luz y en
las atmóferas..."
Capítulo 6 147

acento melancólico con sus cielos rosa-


dos y sus intensos arreboles.
La obra de Roberto Páramo Tirado
(1859-1939, antioqueño residente en
Bogotá la mayor parte de su vida) está
casi realizada sobre diminutos lienzos
y cartones (de 9x13 cm en promedio),
y es una obra que ante todo hace per-
ceptible su atracción por lugares pin-
torescos, su capacidad de observación
y su agudo sentido para las composi-
ciones. Páramo pintó jardines, par-
ques y rincones, pero sus obras más in-
teresantes y dicientes son aquellas en
que, gracias a su extraordinaria orga-
nización del espacio pictórico y a pesar
de las reducidas dimensiones, logra in-
cluir líricos e inmensos panoramas que
hacen alusión al infinito. Su trabajo,
fino, grácil y de sensible cromatismo, ciones de sus ramas y los diferentes Roberto Páramo
constituye una de las expresiones más verdes de sus hojas. Su trabajo tiene Tirado.
"Paisaje", 1900 c.
particulares en nuestra pintura de pai- una calidad arcádica, de ensueño, que Óleo sobre cartón,
sajes. refuerza la apariencia patriarcal y se- 9.2 x 13.7 cm.
El pintor bogotano Eugenio Peña rena de sus árboles, subrayando en Museo de Arte
(1860-1944) se concretó a su vez en las esta forma la reacción que representa Moderno, Bogotá.
regiones sabaneras, aunque el verda- en gran parte la pintura de paisajes,
dero tema de su obra son los árboles: contra el crecimiento urbano suscitado
su altura, su esbeltez y su follaje, los por el uso del concreto en las primeras
accidentes de sus troncos, las bifurca- décadas del siglo.

Eugenio Peña.
"El Boquerón".
Óleo sobre cartón,
31 x 40 cm.
Museo Nacional,
Bogotá.
148 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

El pintor cartagenero Jeneroso Jas- Cano, Leudo, Fídolo Alfonso Gon-


pe (1846-1918) vio en los edificios his- zález Camargo, Miguel Díaz Vargas y
tóricos de su ciudad natal y en el pai- Domingo Moreno Otero, artistas to-
saje marino circundante el motivo dos ellos de gran significación en el
ideal para sus óleos, en los cuales, movimiento paisajista de comienzos
como en sus fotografías, prima un in- de siglo, pero cuya frecuente confron-
terés documental. El artista y crítico tación de la figura humana ha moti-
tunjano Rafael Tavera (1878-1957) se vado que sus obras sean tratadas en
inspiró en el territorio de Boyacá, otra parte de este escrito.
Cundinamarca y los Llanos Orientales Además, aunque la representación
para sus pinturas, acudiendo con fre- tradicional de los paisajes decaería al
cuencia al recurso de la fauna (ban- acercarse a la mitad el siglo XX, su vi-
dadas de pájaros, hatos y rebaños), gencia habría de mantenerse hasta ese
para incrementar la sensación de es- entonces (e inclusive hasta más tarde)
pacio y avivar sus perspectivas. El bo- para artistas como los bogotanos José
gotano Luis Núñez Borda (1872-1970) María Portocarrero (1874-1932) y Ra-
eligió en cambio los jardines de la ca- fael Mena (1897-1973), el boyacense
pital y la exuberante flora de los cli- Félix María Otálora (1876-1961) y el
mas cálidos, en particular de las cuen- santandereano Oscar Rodríguez Na-
cas del Cauca y del Magdalena, para ranjo (1911), así como para el valle-
sus composiciones de estudiado colo- caucano Dolcey Vergara (1912) y el
rido. Mientras que su coterráneo Ri- caldense Sergio Trujillo (1911). Los
cardo Gómez Campuzano (1893-1981) destacados fotógrafos cundinamar-
encontró en los parques, en las plan- queses Luis B. Ramos (1900-1956) y
taciones y en los atardeceres lumino- Erwin Kraus (1911), incursionaron
sos su principal fuente pictórica. igualmente, con algunos resultados
La naturaleza había pasado a con- positivos, en interpretaciones pictóri-
vertirse —al igual que en la literatu- cas de la naturaleza de corte tradicio-
ra— en la principal inspiración de los nal, pero cuyas simplificaciones se
pintores, y a su representación ha- convertirían en presagio del surgi-
brían de recurrir también Moros, miento de otro gusto y de otra época.

Luis Núñez Borda.


"Ribera del
Magdalena", 1920 c.
Óleo sobre cartón,
34 x 49 cm.
Museo de Arte
Moderno, Bogotá.
Capítulo 6
149

Francisco Antonio
Cano.
"Bodegón", 1912.
Oleo sobre lienzo,
40 x 61 cm.
Museo de Arte
Moderno, Bogotá.

Finalmente, la acuarela, esa técnica Como el paisaje, también el bodegón


cuyas luminosas transparencias se gozó a comienzos de este siglo de afor-
prestan admirablemente para las re- tunados cultores en Colombia, entre
presentaciones de exteriores, alcanzó quienes se cuenta en primer término el
a partir de los años treinta un cierto artista antioqueño Francisco Antonio
auge vinculado al interés por el pai- Cano (1865-1935), quien estudió tam-
saje. Especialmente en Medellín bién en la Academia Julian de París,
—donde se destacan los trabajos de reiterando la influencia de dicho cen-
Pedro Nel Gómez, Humberto Chaves tro en nuestra pintura de comienzos
(1891-1971), Luis Eduardo Vieco de siglo. Cano fue, como la mayoría
(1882-1955) y Rafael Sáenz (1910)— de los artistas sobresalientes de la épo-
pero también en Bogotá —como lo ca, profesor y director de la Escuela
ponen de presente las obras de Ignacio Nacional de Bellas Artes. Fue así mis-
Gómez Jaramillo y José Restrepo Ri- mo crítico de arte; y además de su tra-
vera (1895-1952)— y en Cartagena bajo al óleo realizó diversas esculturas
—como lo demuestra la producción de de tipo conmemorativo y fue un hábil
Hernando Lemaitre (1925-1970)— los y talentoso dibujante..
artistas no pudieron sustraerse a la Su trabajo no tiene en realidad lí-
atracción de interpretar la naturaleza mite temático, puesto que, como re-
con las amplias y fluidas manchas ca- tratista, produjo innumerables obras
racterísticas de esta técnica. de gran fidelidad a las fisonomías;
como intérprete de cuadros religiosos,
El bodegón temas clásicos y alegorías, fue un pin-
tor prolífico y de amplia aceptación;
El bodegón, o sea la representación como autor de motivos costumbristas
pictórica de objetos inanimados (ge- alcanzó encomiosos comentarios (es-
neralmente comestibles pero también pecialmente por su obra Horizontes,
flores y utensilios), ha sido, como el en la cual muestra una pareja campe-
paisaje, un tema tradicional en la pin- sina sobrecogida ante la inmensidad
tura desde los grandes maestros del del panorama); como paisajista fue
Renacimiento hasta nuestros días. ampliamente reconocida su habilidad
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
150

Roberto Páramo. jo de Acevedo y de Garay. Sus bo-


"Naturaleza muerta degones representan por lo regular ra-
del pintor". mos de rosas y otras flores contra fon-
Óleo sobre cartón, dos que resaltan su frescura y su color;
17,5 x 11 cm.
Colección particular, y están delicadamente trabajados
Bogotá. —aun en su época madura, cuando
empieza a demostrar cierto interés en
el gesto y en el pigmento— haciendo
manifiestas tanto su ambición deco-
rativa como la destreza del pintor.
Aparte de Cano —y, por supuesto,
de Santa María—, también trabajaron
sobre el tema Roberto Páramo Tira-
do, quien involucraba objetos autóc-
tonos como vasijas de barro en sus re-
presentaciones de frutas tropicales;
Ricardo Borrero Álvarez, autor de ra-
mos de rosas que compiten con los de
Cano en la atención a los detalles; y
también, en un sentido laxo, Domingo
Moreno Otero y Miguel Díaz Vargas,
cuyos cuadros sobre ventas de frutas y
verduras son verdaderos bodegones por
la importancia de estos elementos en la
de trasladar al lienzo la apariencia de obra, aunque sean al aire libre y hagan
montes y parajes; y como autor de bo- claras referencias costumbristas.
degones se hizo acreedor a numerosos La naturaleza muerta o bodegón
premios desde los inicios de su carrera iría transformándose de acuerdo con
artística. nuevas actitudes artísticas, encontrán-
Ricardo Borrero Su obra está imbuida por un interés dose sensibles ejemplos de los años
Álvarez. de corrección y por la gravedad que treinta y cuarenta realizados por Ig-
"Rosas". corresponde con su formación y vo- nacio Gómez Jaramillo y Pedro Nel
Óleo sobre tela,
60.5 x 94.5 cm.
cación académicas, por lo cual no es Gómez. Así mismo, el artista antio-
Museo Nacional, extraño que —particularmente en sus queño Eladio Vélez (1897-1967) in-
Bogotá. retratos— sea reminiscente del traba- cursionó con particular percepción en
este tema, produciendo obras bien es-
tructuradas, algunas de las cuales son
reminiscentes de Paul Cézanne. Mien-
tras que el antioqueño Santiago Me-
dina (1911) involucra piezas de arte
prehispánico y colonial —aludiendo
como Páramo a lo propio y lo local—
en su bodegones de equilibrada com-
posición y cromatismo.

El costumbrismo_ _
Finalmente, los temas costumbristas,
otra especialidad pictórica de larga
trayectoria en la que se presentan es-
cenas cotidianas y comunes, tuvieron
así mismo algunos exponentes de ta-
lento al iniciarse el siglo XX. Aun
cuando en el país se habían ejecutado
Capítulo 6
151

algunos cuadros de costumbres, éstos


seguían constituyendo novedad, no
sólo por el carácter trivial de las re-
presentaciones (en oposición a los te-
mas importantes, históricos o religio-
sos, de la inmensa mayoría de los pin-
tores), sino también por la inclusión
de situaciones familiares y corrientes
(a cambio de las escenas típicas que se
habían acentuado en las obras de este
tipo), así como por las características
de su realización, puesto que hasta el
período finisecular no son pintadas
bajo las luces académicas, y hasta los
primeros años de este siglo no lo son
con objetivos modernistas.
Entre los artistas que trabajaron te-
mas costumbristas con ánimo moder-
no sobresale el bogotano Fídolo Al-
fonso González Camargo (1883-1941),
cuya obra podría calificarse —como la tación de los volúmenes por medio Fídolo Alfonso
de su maestro Santa María— de post- de manchas de color atestiguan, a su González Camargo.
impresionista, puesto que a conciencia "Poniendo la mesa".
vez, su decidida voluntad antiacadé- Óleo sobre madera,
busca una manera de pintura diferente mica y sus claras ambiciones de par- 27.2 x 35 cm.
de la impresionista, y así lo hacen ma- ticularidad. Colección particular,
nifiesto el énfasis en la materia y el Su trabajo no se limitó a los temas Bogotá.
imaginativo colorido de sus cuadros. de costumbres, sino que incursionó
El desdén por el detalle y la interpre- también con sensibles resultados en el

Fídolo Alfonso
González Camargo.
"El bazar", 1915 c.
Óleo sobre madera,
16 x 24.5 cm.
Colección particular,
Bogotá.
"Su obra podría
calificarse de
post-impresionista
... por el énfasis
en la materia y por
el imaginativo
colorido."
152 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

Pero es especialmente en las esce-


nas exteriores y en los motivos fami-
liares donde el artista logra hacer más
clara la individualidad de su visión. En
su obra Aguadoras en el chorro de Pa-
dilla, por ejemplo, salta a la vista su
gran capacidad de percepción y de
simplificación, dadas la economía en
elementos y detalles y su limitación a
los toques de color apenas necesarios
para visualizar la escena. Mientras que
en El bazar son evidentes su dominio
del contraste y la soltura del pincel; sin
que por ello se pierda información so-
bre el ánimo con que se acostumbraba
asistir a estas festividades.
Sus escenas domésticas son, por
otra parte, trabajos que podrían cali-
ficarse de intimistas, no sólo por su te-
mática de oficios cotidianos y de jar-
dinería, sino ante todo por su aproxi-
Francisco A. Cano bodegón y en el retrato (modalidad mación somera, sobria y personal, a
"Lavanderas en el esta última en la cual hizo patente su dichos temas. En ellos, una figura fe-
río", 1919. menina —por lo regular la de su ma-
Óleo sobre lienzo,
habilidad para el dibujo); pero sobre
61.5 x 73.5 cm. todo en el paisaje, que trató con ad- dre— aparece cosiendo, bordando,
Colección particular, mirables libertad y concisión. Los cocinando, pero siempre trasluciendo,
Bogotá. chircales y otros parajes aledaños a la tanto la devoción del artista por el am-
capital fueron los lugares predilectos biente del hogar, como su agudo sen-
Coriolano Leudo. para sus expresivas representaciones, tido compositivo y su permanente re-
"Nocturno", 1915 c. aunque también pintó amplios pano- flexión cromática.
Óleo sobre lienzo,
49 x 60 cm.
ramas de formato pequeño, reminis- Por otra parte, entre los artistas que
Colección particular, centes de la misma paradoja en el tra- trataron temas de costumbres dentro
Bogotá. bajo de Roberto Páramo. de esquemas más tradicionales figuran
—además de Francisco Antonio
Cano— los pintores bogotanos Mar-
garita Holguín y Caro (1875-1959),
quien realizó algunas obras de este gé-
nero con la misma ingenuidad y recato
manifiestos en sus cuadros religiosos;
y Eugenio Zerda (1878-1945), quien
además de pintor fue escultor y pro-
fesor de música, y cuyos cuadros ex-
teriores, como el titulado En el par-
que, dejan entrever —con el debido
respeto por las normas académicas—
cierto interés por el impresionismo,
tanto en las consideraciones de la luz
como en el carácter espontáneo y ca-
sual de las escenas.
También bogotano, Coriolano Leu-
do fue un artista de variada temática,
que descolló en el campo del retrato y
que trabajó algunos cuadros de cos-
tumbres con atención y esmero, si
Capítulo 6
153

bien ceñido a los valores aprendidos Roberto Pizano.


primero con Enrique Recio y Gil (pin- "Autorretrato con
tor español de acento tradicionalista mi hijo Juan", 1927.
radicado por algún tiempo en Colom- Óleo sobre lienzo,
bia en las postrimerías del siglo XIX), 93 x 73.5 cm.
Colección particular,
y luego en la Academia de San Fer- Bogotá.
nando en Madrid. Cuadros suyos
como Mantillas bogotanas hacen ma-
nifiesto, por su cuidado en la repre-
sentación de los textiles, modas y tipos
humanos, el interés documental im-
plícito en el tema.
Roberto Pizano —quien, como
Leudo, era bogotano y estudió en la
Academia de San Fernando— tam-
bién realizó en los años veinte algunas
obras de tipo costumbrista, como La
misa en el pueblo (en la cual registra
los atuendos campesinos, la presencia
de la orquesta y el recogimiento de los
fieles), amén de retratos y pinturas de
tipo familiar. Pizano fue además un destacan particularmente sus paisajes
estudioso del arte colonial, crítico agu- de Santander, en los cuales incluye
do y entusiasta impulsador del arte. con frecuencia poblaciones y cuya rea- Domingo Moreno Otero,
Entre sus discípulos figuró el artista lización hace evidente un personal de- "Frutos de mi tierra",
payanés Efraín Martínez (1898-1956), leite en el color. En sus cuadros sobre 1940.
quien produciría igualmente algunos las afueras de Bucaramanga, por Óleo sobre lienzo,
cuadros de costumbres en las siguien- 197 x 205 cm.
ejemplo, la erosión rojiza de la tierra, Museo Nacional,
tes décadas. el azul fuerte del cielo y los verdes es- Bogotá.
Por último, el pintor santandereano
Domingo Moreno Otero (1882-1948)
y el bogotano Miguel Díaz Vargas
(1886-1956) trabajaron así mismo so-
bre temas de costumbres, inclinándose
su obras por las escenas típicas de la
vida campesina. Ambos estudiaron en
la Academia de San Fernando en Ma-
drid (hecho que subraya la importan-
cia que adquiere este centro docente,
después de la Academia Julian, en la
formación de los artistas colombianos
de la primera mitad de este siglo); am-
bos fueron profesores de la Escuela de
Bellas Artes en los años veinte; en las
obras de los dos es distinguible un
cierto eco de las enseñanzas de pin-
tores españoles; y los dos encontraron
—como todos los artistas destacados
de su época— en las revistas El Grá-
fico y Cromos una entusiasta difusión
de sus pinturas.
En la obra de Moreno Otero
—quien además hizo ilustraciones y
pintó temas históricos y retratos— se
154 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

de interés social que en corto tiempo


habría de imponerse en nuestro me-
dio. En otras palabras, si bien es cieno
que Díaz Vargas y Moreno Otero no
muestran en sus obras ninguna incli-
nación por las vanguardias internacio-
nales, su trabajo, no obstante, por su
atención a temas de índole social y por
su ánimo nacionalista, es precursor de
uno de los grandes cambios que ha-
brían de iniciarse a mediados de los
años treinta en la pintura colombiana.
En las primeras décadas del siglo,
en conclusión, hubo en el país espíri-
tus alertas como Santa María, Tobón
Mejía y González Camargo, quienes
propugnaron por una expresión con-
temporánea y al mismo tiempo propia
en la pintura y la escultura. La inmen-
sa mayoría de los artistas, sin embar-
go, trabajó dentro de las normas aca-
démicas y sobre la consagrada temá-
tica del paisaje, el retrato, el bodegón
y las costumbres; aunque cada cual
con objetivos particulares y sinceros, y
asentando y definiendo en cada cua-
dro —por las preferencias, sensibili-
dad y gusto que hacen manifiestos y
también por los valores que desde-
ñan— los inicios de una tradición pic-
tórica en Colombia.
El trabajo del antioqueño Ricardo
Miguel Díaz Vargas peciales que utilizaba en relación con Rendón (1894-1931) y del bumangués
"En el mercado", 1940 c. la naturaleza, son claro testimonio de Alfredo Greñas (1859-1949), aunque
Óleo sobre lienzo, su inclinación por los contrastes. Sus dentro del campo específico de la ca-
110x90 cm. temas costumbristas incluyen Escenas ricatura y de la sátira política, merece
Fondo Cultural
Cafetero, Bogotá.
de arriería y ventas de mercado como también una especial mención como
la titulada Frutos de mi tierra, de claro agudo testimonio de los álgidos de-
"Autorretrato", espíritu nacionalista. bates partidistas del período.
sin fecha. Miguel Díaz Vargas fue un artista
Óleo sobre tela.
Museo Nacional, dedicado en primer término a repre- Los años treinta y cuarenta.
Bogotá. sentar, según sus propias palabras, Nacionalismo y teorías
«las escenas domésticas de las gentes
pobres». También pintó retratos, así En 1934 regresó a Bogotá el artista
como paisajes, que varían entre ro- antioqueño Ignacio Gómez Jaramillo
mánticos recodos y vistas panorámi- (1910-1970), después de haber estu-
cas. Su atracción por la vida campe- diado en algunos talleres particulares
sina, por los productos de la tierra y, en Madrid y en la Academia de la
sobre todo, por el exuberante color lo- Grande Chaumiére en París, y de ha-
cal, quedó fielmente reflejada en lien- ber participado con relativo éxito en
zos como En el mercado, de manifies- diversas exposiciones europeas. La
ta audacia cromática; sus cuadros muestra que presentó en el Teatro Co-
—como los de Moreno Otero del mis- lón, ese mismo año, no dejó duda so-
mo tipo— abren camino a la pintura bre el talento del artista ni sobre el es-
Capítulo 6 155

píritu moderno que alentaba su pin-


tura, inspirada en especial en las con-
cepciones plásticas de Paul Cézanne.
Dos años más tarde el artista viajó a
México, iniciando, bajo el fértil influjo
de los maestros del muralismo mexica-
no, Diego Rivera, José Clemente Oroz-
co y David Alfaro Siqueiros, su trabajo
en este género pictórico. El impacto de
esa escuela, y en particular de su te-
mática socialmente combativa, se hizo
claro de inmediato en los murales Li-
beración de los esclavos y Los comu-
neros realizados en el Capitolio Nacio-
nal a su regreso; y habría de perdurar a
lo largo de toda su carrera en algunas
producciones en las que no sólo incur-
sionó en temas humanistas, sino que lle-
gó a denunciar la violencia política que
se extendió en Colombia al acercarse la
mitad del siglo XX.
En su obra no hay ninguna inten-
ción de ilusionismo, y de ahí la liber- El color en Gómez Jaramillo es me- Ignacio Gómez
tad en sus interpretaciones de figuras, surado, depurado por la simplifica- Jaramillo.
"Vista sobre Toledo",
bodegones y paisajes en los cuales se ción, sobresaliendo por regla general 1930 c.
evidencian una visión sólida y sintéti- en cada obra una tonalidad romántica Óleo sobre lienzo,
ca, un dibujo dinámico y preciso y una y callada: los ocres en las Vistas de To- 99 x 118 cm.
clara preferencia por el orden y la con- ledo, los grises en el San Sebastián. Colección particular,
cisión. Sus trabajos se presentan a ve- Gómez Jaramillo —quien fue así mis- Bogotá.
ces divididos en diferentes planos, mo un hábil dibujante, y también ima-
como los de Cézanne, adquiriendo ginativo ilustrador— incursionó por
cierta calidad abstracta con su orga- algún tiempo en la pintura abstracta y
nización eminentemente plástica de trabajó frecuentemente en el desnudo
formas, y ganando así también una es- femenino proyectando, entre el rigor
tructura lógica y severa de donde pro- y sobriedad propios de su obra, un
vienen su contundencia y solidez. cierto acento poético y sensual.

Ignacio Gómez
Jaramillo.
"Desnudo", 1964.
Óleo sobre lienzo,
70 x 146 cm.
Colección particular,
Bogotá.
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
156

El carácter de avanzada —en lo so- con los frescos— de los grandes maes-
cial y lo pictórico—, patente en su tra- tros del Renacimiento.
bajo, suscitó álgidas polémicas que El impacto de la pintura mural re-
condujeron hasta el cubrimiento de nacentista y el auge que había cobrado
los murales del Capitolio (con ocasión dicha técnica gracias al ímpetu del mu-
de la IX Conferencia Panamericana). ralismo mexicano (iniciado en 1921)
Su obra, sin embargo, constituye sin incidieron sin ninguna duda en la pre-
lugar a dudas una de las expresiones dilección de Pedro Nel Gómez por las
más personales y logradas del arte co- obras de arte público. El contenido
lombiano de mediados de este siglo, y político y social del movimiento me-
fue influencia fecunda para generacio- xicano, su acendrado humanismo y su
nes posteriores que supieron valorar exaltado nacionalismo, aunado al sen-
Pedro Nel Gómez. su aproximación simultáneamente tido artístico y arquitectónico de Flo-
"Autorretrato", 1960. sensible e inteligente a la pintura. Con rencia —la ciudad donde se descubrió
Acuarela sobre papel, su trabajo reingresa la conjugación de la perspectiva—, estarían siempre la-
59x47 cm. contemporaneidad y nacionalismo en tentes en los miles de metros cuadra-
Museo Pedro Nel
Gómez, Medellín.
el arte del país. dos de frescos con que el artista or-
Pedro Nel Gómez (1899-1984) es- namentó diversos edificios, especial-
tudió simultáneamente arte e ingenie- mente en Medellín, conformando el
ría en Medellín, y presentó en 1924 en más rico y relevante legado del país en
Bogotá una muestra de paisajes rea- este género pictórico.
lizados en acuarela, los cuales, si bien El hombre, el amor, el trabajo, la
tradicionales en tratamiento y en com- historia, la mitología, los problemas
posición, fueron premonitorios de la sociales y la riqueza de Colombia son
aguda visión que habría de caracteri- básicamente los temas de su obra mu-
zar su obra. El año siguiente viajó a ral, para la cual partía de armoniosos
Holanda, Francia e Italia, radicándose bosquejos abstractos a los que ajus-
hasta 1930 en Florencia, donde estu- taba posteriormente las representacio-
dió pintura y arquitectura, y donde se nes. El vibrante colorido, y la fuerza
familiarizó con el trabajo —sobre todo y la energía de los motivos y de la rea-

Luis Alberto Acuña.


"Retablo de los
dioses tutelares
de los Chibchas",
1935 c.
Oleo sobre madera,
200 x 300 cm.
Museo Nacional,
Bogotá.
Acuña sería
"el más articulado
y coherente
expositor del
indigenismo
pictórico en
Colombia y fundador
del grupo Bachué."
Capítulo 6
157

lización, complementan el dramatis- rancia tropical. Más adelante acalla un


mo implícito en su escala. poco su paleta confiriéndole cierta to-
Aparte de la arquitectura y el mu- nalidad metálica, pero sigue revaluan-
ral, Pedro Nel Gómez trabajó en pin- do lo autóctono y lo propio, especial-
tura de caballete, escultura, dibujo, mente a través de la representación de
grabado y, sobre todo, en acuarela, las costumbres y las peculiaridades ét-
técnica en la que su producción resul- nicas del campesino del país, a quien
ta, además de prolífica, especialmente interpreta exagerando con orgullo sus
innovadora y personal. La acuarela ojos rasgados, sus labios pronunciados
gana con su obra en dimensión artís- y sus pómulos salientes. Las figuras,
tica, no sólo por haberla realizado en además, son de una contextura sólida
formatos relativamente grandes, sino, y maciza que indica fortaleza y sana
en primer lugar, por haberla conver- voluptuosidad, cualidades estrecha- Ignacio Gómez
tido en vehículo apropiado para obras mente emparentadas con su obra tri- Jaramillo.
ambiciosas y profundas con su parti- dimensional en piedra, cerámica y ma- "Autorretrato",
cular lenguaje de colores vivos y enér- dera. Madrid, noviembre
gicos brochazos, poco usuales en la 1930.
Las pinturas de Acuña están ejecu- Óleo sobre tela.
modalidad. tadas mediante pequeños toques de Colección particular,
Sus acuarelas incluyen motivos di- color que remiten al puntillismo de Bogotá.
versos como el bodegón, el paisaje y Georges Seurat y Paul Signac (artista
el desnudo, pero especialmente el este último a quien conoció durante su
tema del baharequeo y la minería de permanencia en París), pero su técnica
socavón de su nativo Anorí, así como no se halla encaminada como la de es-
los mitos populares presentes también tos dos pintores a comprobar teorías
en sus murales. «Lo que he pintado en científicas sobre la visión y combina-
mis cuadros y en mis frescos no lo in- ción de los colores, sino a enfatizar la
venté, lo bebí en la realidad», solía de- contundencia y solidez de sus figuras.
cir, haciendo referencia a su sinceri- Acuña, quien aparte de pintor y es-
dad creativa y al carácter acentuada- cultor ha sido crítico, historiador, mu-
mente regional de su trabajo. Su obra, seólogo y profesor de arte, también se
que fue objeto de encendidas polémi- cuenta entre los iniciadores de ese fe-
cas políticas y estéticas en su momen- bril nacionalismo que comienza en los
to, conforma una de las más ricas y años treinta en la pintura colombiana,
coherentes expresiones plásticas de y que habría de tener inmediato eco
nuestra historia. en el trabajo de artistas más jóvenes
Desde 1929, por otra parte, había como Carlos Correa, Débora Arango
regresado al país el artista santande- y Alipio Jaramillo.
reano Luis Alberto Acuña (1904) Carlos Correa (1912) nació en Me-
—quien había sido alumno de Rober- dellín, donde estudió con Humberto
to Pizano— después de asistir a diver- Chaves, Eladio Vélez y Pedro Nel Gó-
sas academias y talleres particulares mez. Su trabajo, en un comienzo in-
en París y Madrid. Acuña sería el más teriores y retratos de inclinación rea-
articulado y coherente expositor del lista, fue haciéndose cada vez más ex-
indigenismo pictórico en Colombia, y presionista y orientándose hacia la
el fundador del grupo Bachué, cuyos problemática social y la denuncia po-
miembros buscaron ante todo la inte- lítica, hasta desembocar en una diatri-
gración del arte del país con las con- ba sobre los misterios religiosos. Pos-
diciones específicas y particulares de teriormente, Correa ha tratado diver-
su medio. sos temas, entre ellos el pre-hispánico
Acuña exalta con tal fin la mitología inspirado especialmente en la estatua-
aborigen, interpretándola en grandes ria de San Agustín.
óleos como el Retrato de los dioses tu- Débora Arango (1910), también
telares de los Chibchas, de brillante co- antioqueña y alumna de Eladio Vélez
lorido en consonancia con la exube- y Pedro Nel Gómez, se orientó hacia
158 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

por Siqueiros, con quien colaboró en


Chile, su trabajo representa motivos
obreros y campesinos en composicio-
nes sólidas y bien determinadas tanto
en su obra de caballete como en su
pintura mural.
Un caso especial dentro de la pin-
tura que surge en estas décadas lo
constituye el artista bogotano Gonzalo
Ariza (1912), quien comenzó también
por tratar temas sociales pero que
pronto habría de encontrar un derro-
tero no sólo propio sino aparte. Ariza
estudió en el Japón «para que la in-
fluencia oriental no le llegara a través
de los impresionistas sino directamen-
te», al decir de un crítico de arte. El
artista invoca la prehistoria común de
las culturas orientales y aborígenes de
América, haciendo referencia a las re-
laciones de su obra con la pintura ja-
ponesa, particularmente en su apro-
ximación a la naturaleza como a un
todo ilímite, majestuoso e impactante.
Aunque ha pintado pájaros y flores
tropicales, los óleos y acuarelas de
Gonzalo Ariza están prácticamente
dedicados a representar las peculiari-
dades del paisaje andino: flora, luz,
atmósfera y topografía. En su obra se
enfatizan, por lo tanto, la autenticidad
del paisaje nacional, su variedad y su
inédita belleza, comenzando por el pá-
ramo poblado de frailejones, descen-
Gonzalo Ariza. una temática social, ruda y agresiva en diendo a la sabana con sus cielos grises
"Cerros de Bogotá", la cual se refleja ampliamente la ra- y cargados, continuando entre la nie-
1947 C. dicalización política que ocurre en el bla hacia las zonas cafeteras, hasta de-
Óleo sobre lienzo, país durante los años cuarenta. Su sembocar en la vegetación feraz cer-
77.5 x 58 cm. cana al Magdalena.
Colección particular,
condición de mujer y el moralismo de
Bogotá. los medios oficiales de entonces cola- Su perspectiva es con frecuencia aé-
boraron en el rechazo que su obra pro- rea, por lo cual cada parte de algunos
dujo en Medellín y, por consiguiente, de sus cuadros es equidistante del pun-
en su alejamiento de los círculos del to de vista del pintor; mientras que sus
arte. Su trabajo es tajante y vigoroso, composiciones son, por regla general,
evidenciando, como el de Correa, un irregulares, fragmentarias, sin la tra-
claro acento expresionista, sobre todo dicional preocupación por el balance.
en su fuerte colorido y en las distor- Gran parte del espacio, por ejemplo,
siones con las cuales enfatiza sus men- puede presentarse cubierto de nubes o
sajes. neblina, sugiriendo apenas que la na-
Finalmente, el artista caldense Ali- turaleza se extiende por debajo, más
pio Jaramillo (1913) escogió así mismo allá de los límites del cuadro. Su tra-
la problemática social y la exaltación bajo, en general, constituye una de las
de las virtudes del pueblo colombiano expresiones más particulares y logra-
como tema en su pintura. Influenciado das de la pintura nacional.
Capítulo 6
159

La escultura realista, hacia temas históricos, po-


pulares e inclusive políticos, haciendo
Este ánimo nacionalista que aparece perceptibles cierta expresividad en sus
en el arte colombiano al aproximarse personajes y un especial cuidado en
la mitad del siglo encuentra igualmen- los detalles. Dos alumnas suyas, am-
te expresión en el trabajo de algunos bas bogotanas, Josefina Albarracín
escultores como el boyacense Rómulo (1910) y Hena Rodríguez (1915), quie-
Rozo (1899-1964), cuya producción, nes prestaron notoria atención a los
decididamente indigenista, alcanza un rasgos étnicos de sus modelos, com-
alto grado de simplificación. Aunque plementan finalmente la nómina de
su obra es muy escasa en el país (por escultores cuya obra —si bien modesta
haber transcurrido la mayor parte de y mucho más tradicional que la pin-
su vida en México), una escultura suya tura— revela de todas maneras la pre-
sobre la diosa Bachué bautizó al cita- dilección por lo local, la decidida de-
do movimiento artístico. voción por lo autóctono y el espíritu
También boyacense, José Domingo nacionalista que caracteriza y define al
Rodríguez (1895-1968) trabajó en los arte colombiano de las décadas del
más diversos materiales (mármol, gra- treinta y el cuarenta.
nito, cemento, bronce, madera), lle-
gando a cierta elegante concisión en su Obras conmemorativas
variada temática, que incluye, por su-
puesto, motivos campesinos. Ramón Son numerosos los pintores citados a
Barba (1894-1964, nacido en España lo largo de este escrito que trabajaron
pero radicado desde muy joven en Co- en obras conmemorativas, y por con-
lombia) orientó su labor, de tendencia siguiente relacionadas con la nacio-

Rómulo Rozo.
"Mater Doloroso",
1930.
Bronce,
17 x 19 x 30 cm.
Museo Nacional.
Bogotá.
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
160

Dentro de los cultores de la escul-


tura conmemorativa, merecen una es-
pecial mención el artista cundinamar-
qués Miguel Sopó (1918), cuya obra,
pese a su acendrado conservadurismo,
presenta una ejecución adecuada y
cierta ambición de particularidad; y el
artista antioqueño Rodrigo Arenas
Betancur (1919), autor de las más nu-
merosas y espectaculares obras de este
género en Colombia. Arenas estuvo
radicado por largo tiempo en México,
adquiriendo de los muralistas el ánimo
monumental, pero sus piezas, aunque
enérgicas, con implicaciones simbolis-
tas y colocadas frecuentemente en
complicados andamiajes, se inscriben
realmente dentro del realismo de cor-
te tradicional.
En las obras de la mayoría de los ar-
tistas que surgen en los años treinta y
cuarenta, en conclusión, es notoria
una fuerte ascendencia teórica, por
ejemplo, en su rechazo —más preco-
nizado que real— a las influencias fo-
ráneas, y en su ambición de conciliar
Santiago Martínez nalidad, entre quienes cabe destacar a el trabajo artístico con temas políticos
Delgado. Urdaneta, Santa María, Acevedo Ber- y sociales, posiciones ambas hereda-
"Bolívar en el das del muralismo mexicano. Son
Congreso de Cúcuta" nal, Cano, Zamora, Tavera y Moreno
1945-1947. Otero. A ellos se suma en estas dé- obras en las que resulta cristalina la
Fresco, cadas el artista bogotano Santiago búsqueda consciente de raíces y par-
6.84 x 7.62 ms. Martínez Delgado (1906-1954), autor ticularidades culturales, y en las que es
Salón Elíptico, del mural que preside el salón elíptico claramente perceptible ese ánimo na-
Capitolio Nacional, del Capitolio Nacional y cuyas ilustra- cionalista que se vislumbró por pri-
Bogotá.
ciones para la revista Vida ofrecen un mera vez en este siglo a través del pai-
buen ejemplo de su habilidad para el sajismo, que reforzaron algunos cua-
diseño. dros costumbristas, y que, como se ha
También son numerosos los traba- visto, cobró realmente fuerza y cohe-
jos públicos que ornamentan plazas, rencia teórica durante las décadas en
parques y edificios en distintas ciuda- consideración.
des de Colombia, y entre cuyos auto-
res se cuentan —aparte de varios ex- Mediados de siglo.
tranjeros— prácticamente todos los Abstracción y expresionismo
escultores mencionados, desde Cano y
Tobón Mejía hasta Rodríguez y Rozo. Al iniciarse el siglo XX, empieza a per-
Trabajaron así mismo en obras de este cibirse en el arte europeo un impulso
género a mediados de siglo el artista cada vez más fuerte que lo aleja de la
quindiano Roberto Henao Buriticá imitación del mundo visible, surgien-
(1898-1964); el bogotano Gustavo Ar- do, con sus expresiones más extremas,
día (1895-1963), los boyacenses Car- el concepto de «arte abstracto» en la
los Reyes (1903) y Julio Abril (1912- historia del arte occidental. Si bien al-
1979) y los antioqueños José Horacio gunos de los movimientos generados
Betancur (1920-1959) y Bernardo Vie- por dicho impulso, como el cubismo,
co (1813-1956). el suprematismo y De Stijl gozaron de
Capítulo 6 161

Marco Ospina.
"Aurora", 1950,
Oleo sobre lienzo,
75.5 x 150 cm.
Museo de Arte
Moderno, Bogotá.
Es el introductor
de la pintura
abstracta
en el país.

reconocimiento antes de 1945, el arte Ramírez no partía de la naturaleza


abstracto sólo alcanza preeminencia sino que apelaba a su agudo sentido
internacional después de la segunda constructivo, por lo cual dichos tra-
guerra mundial, cuando Nueva York bajos resultan precursores de sus pos-
comienza a remplazar a París como ca- teriores relieves y esculturas. Y ya a
pital de la vanguardia artística. mediados de los años cincuenta, Gui-
En Colombia, esa fuerza o actitud llermo Wiedemann (1905-1969, naci-
creadora alejada de la imitación de la do en Alemania pero radicado en Co-
naturaleza se manifiesta primero, su- lombia desde 1939) también comienza
tilmente, en la obra de Ignacio Gómez a realizar composiciones abstractas,
Jaramillo, la cual, no obstante asen- inspiradas primero en el mundo visi-
tarse en lo real, alcanza cierta calidad ble, pero concebidas más tarde en tér-
abstracta —vía Cézanne— por su di- minos puramente pictóricos como co-
visión en planos, simplificación de for- lor, forma, composición y textura.
mas y esencialización. Pero es real- Las más tempranas obras de Wie- Guillermo Wiedemann.
mente en la segunda parte de la dé- demann en el país revelan su interés "Muralla china",
cada de los cuarenta cuando una ac- 1964.
por la vegetación tropical y por la po- Óleo sobre lienzo,
titud definitivamente abstracta co- blación negra de la costa del Pacífico 96.5 x 168 cm.
mienza a perfilarse en el país, y así lo y las riberas del Magdalena, que in- Museo de Arte
pone de presente la obra del artista terpretó con un dibujo seguro y ex- Moderno, Bogotá.
bogotano Marco Ospina (1912-1983),
quien partiendo de esquematizaciones
de la naturaleza, como en Flor, llega
a composiciones en las que la natura-
leza ya no es reconocible aunque per-
manezca como inspiración, puesto que
lo importante es la interacción inde-
pendiente de formas y colores.
Pocos años después el artista nor-
tesantanderano Eduardo Ramírez Vi-
llamizar (1923) presentó en Bogotá
una serie de pinturas realizadas en Pa-
rís, ciudad que permanecía como cen-
tro de la abstracción geométrica. En
estas obras, con base en colores planos
y con clara injerencia de la geometría,
162 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

presivo aunque con manchas de color toda ha tenido gran repercusión con-
cada vez más sueltas y poéticas. Pos- ceptualmente en el desarrollo de la
teriormente desaparecía el dibujo y pintura del país.
con él todo vestigio de figuración, El impulso hacia la abstracción, sin
adentrándose su abstracción por un li- embargo, no siempre se exteriorizaría
rismo de corte expresionista y de acen- por medio de posiciones tan extremas
to primordialmente cromático. como las de Ospina, Ramírez y Wie-
Ya en los años sesenta, Wiedemann demann, sino que también se haría
se decide por la «abstracción pura» y, sentir, a través de expresionismo, es
trabajando en acuarelas, óleos y «co- decir, a través de obras que se alejan
llages», confronta la creación libre sin deliberadamente de la imitación de lo
alusiones a otra realidad distinta de la real en favor de una vehemente pro-
Alejandro Obregón de sus obras. Sus acuarelas mantienen yección de sentimientos y emociones.
"Blas de Lezo a través de sensibles transparencias el Tal es el caso del trabajo de Alejandro
(Autorretrato)", hálito poético de sus primeros cua- Obregón (1920, nacido en Barcelona,
1979. España, pero radicado en la Costa at-
Acrílico sobre tela,
dros; sus óleos presentan fuertes tra-
90 x 100 cm. zos y cierto asomo de geometría, no lántica), cuya obra, a pesar de cen-
Colección Gabriel obstante su carácter expresionista y su trarse en la naturaleza, hace manifies-
García Márquez. énfasis en el pigmento; mientras que tas una fértil imaginación y una sin-
Alejandro Obregón. sus «collages» —en los que utilizaba gular vitalidad.
"Fuga y muerte alambres, cuerdas, cabuya, yeso, tela Obregón, como la mayoría de los
del alcatraz", ¡963. y papel— son cuidadosamente cons- artistas de su generación, vivió por al-
Óleo sobre lienzo, truidos revelando gran conciencia en
200 x170 cm.
gún tiempo en Europa y los Estados
Museo de Arte
la composición y en la consideración Unidos, iniciando su carrera en el país
Moderno, Bogotá. de los distintos elementos. Su obra a mediados de los años cuarenta con
un trabajo que todavía acusaba fide-
lidad a la academia, pero que iría ac-
tualizándose y singularizándose hasta
convertirse en un lenguaje pictórico
de personalidad y profundidad inape-
lables. La evolución de su trabajo cau-
só un fuerte impacto en los círculos
artísticos, suscitando de inmediato la
gran admiración y el amplio recono-
cimiento de que ha gozado desde en-
tonces en Colombia.
Su pintura pasa del naturalismo al
expresionismo paulatinamente, a me-
dida que el artista va exaltando su pa-
leta, dominando los pigmentos, defi-
niendo símbolos y signos y reconstru-
yendo con intención poética —des-
pués de haberlas fragmentado— las
múltiples figuras que conforman su te-
mática. Su estilo está compuesto de
contrarios: inmensos espacios de bro-
chazos enérgicos y detalles minuciosos
de pincelada delicada; misteriosas ve-
laduras y figuras contundentes; zonas
grises y calladas y áreas de colores
fuertes, vivos, contrastantes; referen-
cias directas a la realidad y alusiones
inequívocas a la magia, los enigmas y
la fantasía.
Capítulo 6 163

Alejandro Obregón.
"Colibrí hechizado
por una mojarrita",
1962.
Oleo sobre lienzo,
30 x 51 cm.
Colección particular,
Bogotá.

En su obra se conjugan, además, el metros de sus lenguajes escultóricos,


concepto de arte como idioma univer- ambos utilizando elementos geométri-
sal y el de arte como expresión de una cos, ambos basados en el impulso
cultura, razón por la cual su ímpetu constructivo, pero con resultados
creativo y su libertad expresiva se ha- completamente distintos entre sí.
llan con frecuencia referidos al paisaje Edgar Negret (1920) nació en Po-
y la flora y fauna tropicales: mangla- payán, estudió en Cali y desde los
res, volcanes, cóndores, toros y alca- años cuarenta, cuando aún revelaba Edgar Negret.
"Libélula", 1983.
traces que transforma en símbolos de una formación académica, empezó a Aluminio pintado,
su país y el continente, gracias a su mostrar su obra en nuestro medio. 62 x 53 x 60 cm.
fuerza pictórica y su intensidad cro- Más tarde presentó algunas piezas cu- Colección particular,
mática. Obregón también ha incursio- yas simplificaciones y pronunciadas Bogotá.
nado en temas de connotación política
y social (Velorio, Violencia, Homenaje
al Che Guevara)., subrayando su preo-
cupación regionalista; y ha realizado
numerosos grabados así como algunos
dibujos y esculturas con temas y ob-
jetivos similares a los de sus lienzos.
Su trabajo, que en estilo y contenido
ha ejercido extensa influencia, sobre-
sale como una de las expresiones pic-
tóricas latinoamericanas más ambicio-
sas y logradas de este siglo.

Planteamientos tridimensionales
También para el trabajo tridimensio-
nal soplan vientos abstraccionistas en
los años cincuenta, como lo patentizan
las obras de Edgar Negret y Eduardo
Ramírez Villamizar, quienes por esa
época comienzan a definir los pará-
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
164

La idea de movimiento sugerido por


las direcciones y dobleces de los ele-
mentos, en oposición con la manera
en que se engranan y se afianzan, es-
tablece una tensión que se refuerza
con el constante contrapunto entre
curvas y rectángulos y espacios ocu-
pados y vacíos. Su trabajo es meticu-
loso, disciplinado, exacto, y simultá-
neamente expresivo y sugestivo, cons-
tituyendo una de las obras más defi-
nidas y personales de la plástica con-
temporánea.
Eduardo Ramírez Villamizar co-
menzó por llevar a una exigua tri-
dimensionalidad los planteamientos
geométricos de sus pinturas —a las
cuales ya se ha hecho referencia— me-
diante la construcción de relieves en
madera pintados de blanco y en los
que, sobre un amplio plano, produ-
ciendo un sutil juego de luces y de
Eduardo Ramírez protuberancias y concavidades eran sombras, se suceden líneas horizonta-
Villamizar. inequívoca señal de una intención abs- les y verticales así como algunos cír-
"Recuerdo de Machu- tracta. Pero es sólo a finales de la dé- culos o sus segmentos. Su obra, aus-
Picchu No. 1", 1984.
cada de los cincuenta, a su regreso de tera, segura, rigurosa, está siempre
Hierro oxidado, fuertemente estructurada y apoyada
108 x 1000 x 150 cm. Europa y los Estados Unidos —tras
Colección del experimentar con el yeso, la cerámica, en formas cuya precisión no es obs-
artista, Bogotá. el acero y el hierro y haber escogido táculo en la proyección de sensibilidad
el aluminio como el material propicio y de lirismo.
para sus pronunciamientos—, cuando Ya en los años sesenta el artista ex-
Negret confronta al público colombia- perimenta con diferentes materiales
no con una obra escultórica sin obje- como el aluminio, el acrílico y el hie-
tivos de representación. rro en la producción de piezas plena-
Recortando las láminas pero man- mente tridimensionales (es decir, que
teniendo las formas ensambladas en no demandan el punto de vista frontal
Enrique Grau. un solo plano, uniendo más tarde ele- propio de la pintura y los relieves),
"Autorretrato mentos modulares en afirmaciones de para concentrarse más adelante en
en sepia", 1986. franca tridimensionalidad, y curvando formas modulares que aumentan y dis-
Óleo sobre tela,
74 x 47 cm. o arqueando finalmente el aluminio, minuyen de tamaño de acuerdo con un
Colección del Negret ha conformado una obra que ritmo establecido y con paralelos en el
artista, Bogotá. hace agudas alusiones a la tecnología crecimiento orgánico. Realizadas en
y a la naturaleza sin salirse de un es- láminas de hierro pintadas de blanco,
tricto y meditado ordenamiento. El negro o rojo, estas obras testimonian
aluminio pintado de rojo, blanco o ne- la admirable capacidad de síntesis del
gro mate pierde visualmente su cali- artista y su enérgica voluntad de or-
dad metálica ortorgándoles a las pie- denación, al tiempo que hacen claros
zas tal liviandad que parecen que fue- unos patrones de desarrollo interno
ran a elevarse, pero los tornillos a la —reminiscentes de los del caracol que
vista con los cuales las sujeta denotan ha servido con frecuencia como ins-
claramente los procesos y herramien- piración de su trabajo— que deter-
tas empleados en su construcción, minan su lógica y carácter.
amén de ser una directa indicación de Ramírez ha realizado numerosas es-
su estructura. culturas públicas (inclusive muchas de
Capítulo 6 165

sus obras más pequeñas dan la impre-


sión de anteproyectos para trabajos
monumentales), como la situada en el
Parque Nacional de Bogotá, en la cual
dieciséis módulos de acento vertical
invitan a un recorrido interno y con-
tradicen con su exactitud y contunden-
cia las formas caprichosas de la natu-
raleza circundante. Su trabajo —como
el de Negret— se destaca plenamente
dentro del panorama de la escultura
internacional contemporánea.

Continuidad de la figuración
Si bien es cierto que en la década del
cincuenta comienza la abstracción a
extender con fuerza sus dominios en el
arte colombiano, también es cierto
que la pintura figurativa no ha perdido
nunca vigencia en el país, pudiendo ci-
tarse esta constante como caracterís-
tica de la escena artística regional. Así
lo hacen manifiesto por esos mismos abanicos, como personajes extraídos Enrique Grau.
años los trabajos de Enrique Grau y de tarjetas postales de los primeros "La niña del
Fernando Botero, quienes después de bodegón", 1969
años de este siglo. Sus escenarios van Óleo sobre lienzo,
algunas veleidades abstraccionistas llenándose a la vez de múltiples ob- 140 x 160 cm. Fondo
(Grau con óleos esquematizantes y jetos (alacenas, cajas, máscaras y flo- Cultural Cafetero.
Botero con dibujos de acento expre- res) con los cuales conforma los am- "Nariño y los
sionista) comienzan a definir morfo- bientes recargados que determinan en Derechos del hombre",
logías, con grandes diferencias entre 1983.
gran parte el carácter anecdótico de Oleo sobre lienzo,
sí, aunque con patentes intenciones de sus representaciones. Pero si las figu- 159 x 189 cm. Casa
representación y definitivamente cen- ras manifiestan cierto ánimo idealista de Nariño, Bogotá.
tradas en la figura humana.
Grau (1920, nacido en Panamá pero
cartagenero por familia y residencia)
inicia, como Obregón, su carrera artís-
tica en los años cuarenta, aunque es
sólo después de sus estudios en Nueva
York y en diversas ciudades italianas
cuando comienza realmente a cimen-
tar los parámetros de su lenguaje. Ex-
traños personajes de cabezas angula-
res y túnicas a rayas, perfectamente
estáticas, como sorprendidos in fraganti
por una luz frontal, empiezan a poblar
sus lienzos junto con objetos como hue-
vos, velas, máscaras y jaulas, de ine-
quívoca entonación simbólica.
A comienzos de los años sesenta las
figuras van perdiendo angularidad y
trasformándose en seres rollizos, car-
nosos, voluptuosos, ricamente atavia-
dos con encajes, plumas, sombreros y
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
166

su pericia y su deleite en el oficio. Su


trabajo, que también ha ejercido una
amplia influencia en el país, incluye
—aparte de varias escenografías y pro-
ducciones cinematográficas— nume-
rosos dibujos, témperas, murales y
grabados, así como diversas obras tri-
dimensionales construidas primero
mediante el ensamblaje de objetos
antiguos e industriales, pero que más
recientemente reproducen, en bronces
sensualmente elaborados, el fino hu-
mor, los recónditos misterios y las nos-
tálgicas evocaciones que distinguen su
pintura.
El antioqueño Fernando Botero
(1932) es, por otra parte, el más re-
conocido internacionalmente de los
artistas del país, habiendo conforma-
do un mundo pictórico donde la mo-
numentalidad, el humor, la ironía, la
ingenuidad y el dominio técnico jue-
Fernando Botero. en su obesidad y solidez, los detalles gan un papel preponderante. Sus pri-
"Obispos muertos" patentizan claras miras de realismo, meras obras revelan claramente su ad-
1957 particularmente en la interpretación miración por los muralistas mexicanos
Óleo sobre lienzo, y por los grandes maestros del Rena-
171 x 195 cm.
de texturas y de consistencias.
Grau aplica el óleo con espátula y cimiento italiano, bajo cuyo influjo se
Museo Nacional,
Bogotá. pincel, y define sus volúmenes me- inicia su labor pictórica.
diante la interrelación de luz y som- A finales de la década de los años
bra, evidenciando con su rico croma- cincuenta, sin embargo, Botero en-
tismo y generosidad con el pigmento, gorda sus figuras hasta cubrir buena
parte de sus lienzos, enunciando así
ese estilo, mezcla de realismo y dis-
Fernando Botero.
"Pedrito", 1971. torsiones, que hace al tiempo original
Óleo sobre lienzo, y prácticamente inclasificable su tra-
192.5 x 124 cm. bajo. Su obra de esos años, además,
Museo Nacional, se nutre temáticamente de la historia
Bogotá. del arte (Homenaje a Mantegna, la
Mona Lisa, El niño de Vallecas) y de
motivos extraídos de la vida y mitos
colombianos (Obispo durmiente, Apo-
teosis de Ramón Hoyos, La Virgen de
Fátima), los cuales habrían de conver-
tirse en fuentes constantes de su re-
pertorio.
Su pincelada, en un principio enfa-
tizada y concreta permitiendo entre-
ver la estructura de sus cuadros, va ha-
ciéndose cada vez menos notoria, al
tiempo que sus figuras, objetos y fru-
tas van adquiriendo sensualidad con la
amplificación y con la aplicación cui-
dadosa y delicada del pigmento. Sus
perspectivas son a veces caprichosas y
Capítulo 6 167

arbitrarias, como lo es la escala en las


figuras, que varía de acuerdo con su
importancia en la composición, mien-
tras que la gordura le sirve como base
para una cariñosa burla que comple-
menta con las expresiones de descui-
dada inocencia de sus personajes. La
obra de Botero —quien trabaja la es-
cultura en bronce, mármol y materia-
les sintéticos— trae a la memoria la
cerámica prehispánica y la pintura del
período colonial, combinando de ma-
nera magistral la singularidad de su vi-
sión pictórica con las formas y el color
de sus experiencias y de su cultura.
También en la década de los años
cincuenta comienzan a verse en el país
algunas obras como las de Antonio
Roda, David Manzur, Leopoldo Rich-
ter, Jorge Elias Triana, Augusto Ri-
vera y Armando Villegas, las cuales, o
bien oscilan entre la abstracción y la
figuración o bien revelan conocimien-
tos y raciocinios abstractos, aunque la
representación continúe siendo un ob-
jetivo principal dentro de sus concep-
ciones.
El trabajo de Antonio Roda (1921,
nacido en España pero radicado en
Colombia desde 1955), por ejemplo,
ha pasado de momentos como el de
sus Tumbas, en los que el sujeto es gencias de este medio, pero en ellos Fernando Botero.
prácticamente irreconocible —entre la también pueden encontrarse áreas que "Autorretrato
a los 50 años",
gestualidad exacerbada y la libertad aisladas revelan intenciones de com- 1982.
cromática— a períodos en que la re- posición abstracta. En su obra toda es Óleo sobre lienzo,
presentación es más directa y acentua- perceptible una cierta entonación su- 55 x 43 cm.
da, en concordancia con sus connota- gestiva y romántica, coincidente con el Colección particular,
ciones históricas, místicas o literarias: carácter íntimo, secreto, de sus temas. Bogotá.
Felipes, Cristos, Autorretratos y Ob- El artista caldense David Manzur
jetos del culto. El objetivo de comu- (1929) ha variado en cambio de ma-
nicar un ánimo, un espíritu, ha pri- nera radical entre la abstracción y la
mado siempre en su pintura, represen- figuración, aunque conservando cier-
tando por regla general espacios am- tas constantes en su obra como la ex-
biguos e imprecisos que contrastan perimentación lumínica y el carácter
con el dinamismo y la emoción que de- sugerente del color y las texturas. Su
rivan de su color y de su técnica. producción abstracta incluye obras de
En los últimos años, Roda ha tra- intención espontánea, expresionista, y
bajado simultáneamente la pintura y trabajos en los que priman, en el otro
el grabado enriqueciendo cada una de extremo, la geometría, la lógica y el
estas expresiones con sus experiencias impulso constructivo. Su producción
en la otra. Sus grabados —mezcla de figurativa hace agudas y constantes re-
aguafuerte, aguatinta y puntaseca— ferencias a la historia del arte, espe-
son más precisos y realistas y más de- cialmente en los bodegones y en los
personajes. Hay detalles —como las
pendientes del dibujo según las exi-
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
168

moscas y las transparencias— de un aplicando conceptos y teorías que tie-


cuidadoso realismo en sus pinturas, nen que ver con la abstracción. Triana
pero su obra se distingue por su ca- primero hizo directas alusiones al cu-
rácter idealista, por su énfasis en el bismo para enfatizar más tarde la ex-
medio utilizado y por su entonación presión, especialmente en sus pinturas
misteriosa y poética. de temática política. Y Rivera, quien
Otra mira diferente siguen los tra- tuvo un período de abstraccionismo
bajos de Leopoldo Richter (1896- puro, regresa a la figuración, no con
1984, nacido en Alemania, pero radi- ánimo de imitación sino con atención
cado en Colombia la mayor parte de a la espontaneidad. Otro artista que
su vida), quien, como Wiedemann en ha oscilado entre la figuración y la abs-
sus inicios respecto a la raza negra, se tracción es Armando Villegas (1929,
inspira en los indígenas para registrar nacido en Perú), cuyas primeras obras
en pequeños óleos y dibujos la fres- carecen de intenciones de representa-
cura de su vida y la atractiva pureza de ción, aunque las más recientes inter-
su mundo. Richter esencializa y por lo pretan personajes mitológicos pre-his-
tanto abstrae dicho universo, e ignora pánicos, ricos en vestimentas y toca-
la perspectiva tradicional para repre- dos.
sentar con armoniosas distorsiones y Finalmente, la mujer, quien empie-
finas estilizaciones dicientes de su ima- za a figurar de manera consistente en
ginación y sensibilidad, los animales, el arte colombiano a partir precisa-
la vegetación, y, esencialmente, las ac- mente de mediados de siglo, participa
Manolo Vellojín tividades, ritos y costumbres de am-
"Beato de Burlero", así mismo de la disyuntiva entre la re-
1985.
bientes primitivos. presentación y la abstracción, como lo
Acrílico sobre También el tolimense Jorge Elias hacen manifiesto los trabajos de la ar-
lino crudo, Triana (1921) y el caucano Augusto tista caldense Judith Márquez (1929),
120 x 120 cm.
Colección particular,
Rivera (1922-1982) continúan traba- de la pereirana Lucy Tejada (1924), y
Bogotá. jando en la figura humana, aunque de la cartagenera Cecilia Porras (1922-
1971). Judith Márquez pasa de una
abstracción geometrizante y de vivo
cromatismo a una figuración que se
podría catificar de expresionista. Lucy
Tejada ha regresado en cambio a la fi-
guración, habiéndose iniciado con in-
terpretaciones espontáneas de la na-
turaleza. Mientras que Cecilia Porras,
siempre interesada en la representa-
ción, especialmente de la flora y las
calles y murallas de su ciudad natal,
pintaba dichos temas bajo el impulso
abstraccionista de la simplificación y
de un libre e idealizado colorido.

Las ultimas décadas


En los años cincuenta, en conclusión,
el arte del país se abre a una serie de
tendencias cuyas más notorias carac-
terísticas son su ímpetu moderno y su
internacionalismo (no obstante sus
continuas alusiones al medio colom-
biano). El expresionismo y la abstrac-
ción darán pie para el trabajo de nu-
merosos artistas que han seguido sus
Capítulo 6 169

raciocinios y preceptos. Y dada la cer-


canía de Nueva York —una ciudad
que los artistas colombianos visitan
aún más asiduamente que sus prede-
cesores a París—, tendrán pronto eco
en nuestro medio los rompimientos
conceptuales y los movimientos de
vanguardia.

La geometría
En cuanto a la abstracción, por ejem-
plo, en los años sesenta surgen obras
como la del artista cundinamarqués
Carlos Rojas (1933), la del vallecau-
cano Ornar Rayo (1928), la de la bo-
gotana Fanny Sanín (1935) y la del ba-
rranquillero Manolo Vellojín (1943),
las cuales establecen, cada una a su
manera, nuevos planteamientos den-
tro de la tendencia geométrica iniciada
durante el anterior decenio. Rojas
—quien también es escultor— inicia
su obra con pinturas de intención cu-
bista, pasando luego a lienzos de co- claras alusiones a emotivas experien- John Castles.
lores planos que proponen sensibles cias (esquelas, ritos religiosos, fune- "Sin título", 1985.
divisiones del espacio. Posteriormente rales), ha ido conformando una obra Hierro fundido,
hace pinturas de líneas por lo regular ascética y severa en la que cuentan por 8.5 x 207 x 79 cm.
horizontales que no obstante su poder Colección del
igual actitudes tan disímiles como la artista, Bogotá.
evocativo aluden claramente a pro- introspección y la contemplación. La
porciones y medidas. Pero más recien- disección pictórica de los paisajes del
temente ha aparecido el dorado en sus antioqueño Alvaro Marín (1946), las
pinturas y con él no sólo el gesto de su pinturas monocromas divididas en
aplicación sino también un carácter at- áreas mates y brillantes del risaralden-
mosférico reminiscente de los astros. se Rafael Echeverri (1952) y las cons-
Rayo, por otra parte, ha logrado la trucciones de colores sutilmente va-
consolidación de un lenguaje de «cin- riantes en varios bastidores del caleño
tas», por lo regular en blanco y negro, Camilo Velásquez (1950) continuarían
las cuales tienen un efecto de tridi- sensiblemente, ya en la década de los
mensionalidad logrado con el vapori- setenta, con la tradición de la pintura
zador en las áreas que corresponden geométrica en Colombia.
con sombras y dobleces. Sanín pasó de En cuanto a la escultura, los artistas
hacer unos trabajos de acento expre- antioqueños John Castles (1946), Al-
sionista a pintar bandas verticales di- berto Uribe (1947), Ronny Vayda
cientes de su interés cromático, las (1954) y Germán Botero (1946) serían
cuales irían entretejiéndose con ban- los encargados de proseguir en los úl-
das horizontales para armar cuadrados timos años la exploración de las apti-
y rectángulos simétricos. Mientras que tudes tridimensionales de la geome-
Vellojín, apoyado primero en basti- tría. Castles, primero con varillas y lá-
dores irregulares cuya forma coincide minas de hierro sin pintar, posterior-
ópticamente con el encuentro tridi- mente fundiendo sus distintos elemen-
mensional de dos o más espacios, con- tos y más recientemente dejando al
centrado después en el cuadrado y el descubierto las uniones de las piezas lo
rectángulo, y más recientemente con que relieva su estructura, se ha aden-
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
170

Feliza Bursztyn.
"Baila mecánica",
1979.
Estructuras
metálicas,
motores eléctricos
y telas.
De su instalación
en la Galería
Garcés & Velásquez,
Bogotá.

trado en construcciones que enfatizan representan una respuesta estética a la


progresión, equilibrio y simetría. Uri- simplificación y precisión de la geo-
be, utilizando varillas de hierro pavo- metría. Bursztyn, por ejemplo, se ini-
nado, sostiene bloques de maderas ció trabajando la chatarra, a la que
tropicales en condiciones que resaltan, luego añadió sonido y movimiento,
bien su peso, bien su masa, o bien un realizando más tarde ambientaciones
giro inesperado en su colocación. Vay- en las que mezcló música, vestuarios y
da, mezclando la dura transparencia escenografía. Herrán comenzó hacien-
de láminas de vidrio con la contun- do pinturas que podrían calificarse de
dencia de formas geométricas de hie- informalistas, y aunque pasó por un
rro, construye piezas que, grandes o período geométrico, su interés pronto
pequeñas, remiten a una arquitectura habría de evolucionar hacia sutiles y
sin función determinada. Mientras sensibles campos de color. Hernández
que Botero parte del cubo como Cas- abandonaba la figuración en los sesen-
tles, pero para la elaboración de mó- ta para configurar una morfología de
dulos que se interrelacionan descri- colores callados y signos gaseosos que
biendo el vacío mediante líneas de alu- habría de madurar en la siguiente dé-
minio anodizado. cada. Mientras que Grass acude a sím-
Caso aparte lo constituyen los bolos y formas pre-hispánicas para
trabajos de los artistas bogotanos Fe- abstracciones con cierto énfasis maté-
liza Bursztyn (1933-1982), Olga de rico.
Amaral (1932) y Manuel Hernández
(1928), del santandereano Antonio La representación
Grass (1937), de la nortesantanderea-
na Beatriz Daza (1927-1968) y del ca- Aun cuando la figuración, como se ha
leño Alvaro Herrán (1937), cuyas visto, nunca pierde vigencia en la pin-
obras, bien por los materiales emplea- tura del país, muchas de las obras que
dos —tejidos en lana y cerda en el se han inclinado por este género en las
caso de Amaral y muros en cerámica últimas décadas permiten comprobar
en el de Daza— o bien por su acento una fuerte ascendencia expresionista
expresionista dentro de la abstracción, (convirtiéndose paradójicamente por
Capítulo 6 171

su conservadurismo en precursoras del ticas y haciendo claras alusiones a la


auge de que empieza a gozar esta ten- historia del arte ha conformado una
dencia internacionalmente). Las hi- obra en la que cuentan por igual las
rientes pinturas de mujeres disectadas referencias violentas y las connotacio-
del cartagenero Norman Mejía (1938), nes místicas. También Jim Amaral
y los sugestivos Congos del barran- (1923, nacido en los Estados Unidos)
quillero Ángel Loockhartt (1933), la ha trabajado el dibujo y la pintura con
crítica social a base de espontáneos objetivos de representación, aunque
grafismos del caldense Luciano Jara- con ánimo sensual e inspiración su-
millo (1933-1984) y la denuncia polí- rrealista. Mientras que la antioqueña
tica de violento cromatismo del toli- Marta Elena Vélez (1938) pintaba so-
mense Carlos Granada (1933), las áci- bre telas estampadas cambiando su
das deformaciones dibujísticas del ca- lectura, y la manizalita María de la Paz
leño Pedro Alcántara (1942) y las pa- Jaramillo (1948), ya en los últimos
sionadas distorsiones eróticas del años, ha testimoniado, en gráfica y en
también vallecaucano Leonel Góngo- pintura de claro corte expresionista,
ra (1932) son ejemplo pertinente. los bailes populares y las actitudes fe-
A sus obras habría que añadir la del meninas en la sociedad colombiana.
bogotano Antonio Samudio (1934), Aparte de María de la Paz Jaramillo Luis Caballero.
quien altera las figuras con sentido sa- y de otros artistas ya mencionados "Sin título", 1976.
tírico, humorístico, y más reciente- como Roda y Alcántara, el caucano Lápiz y pastel
Luis Ángel Rengifo (1906), el antio- sobre papel.
mente la de su coterráneo Luis Ca- 57 x 76 cm.
ballero (1943), quien explorando el queño Augusto Rendón (1933), el cu- Museo de Arte
cuerpo humano con intenciones eró- cuteño Luis Paz (1937), el quindiano Moderno. Bogotá.
172 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

En los años sesenta, por otra parte,


la pintura figurativa se abre también
en una dirección de más clara van-
guardia bajo los influjos del arte pop,
algunas de cuyas peculiaridades sirven
como base a buen número de artistas
del país para iniciar lenguajes que, a
la postre, se diferencian plenamente
de este movimiento de origen nortea-
mericano. Tal es el caso de las obras
del artista payanés Santiago Cárdenas
(1937), del cartagenero Álvaro Ba-
rrios (1945), de la bumanguesa Beatriz
González (1938), del samario Hernan-
do del Villar (1944), del antioqueño
Javier Restrepo (1943) y de los bogo-
tanos Bernardo Salcedo (1939) y Ana
Mercedes Hoyos (1942); y también del
artista pereirano Hernando Tejada
(1925), quien se desempeña desde los
años cincuenta como pintor y muralis-
ta, pero quien en los setenta comienza
a realizar trabajos tridimensionales en
madera que hacen manifiesto un fino
humor mediante su absurda mezcla
de figura humana e implemento uti-
litario.
Beatriz González, por ejemplo, co-
menzó por trasladar a esmalte sobre
lata (en referencia a nuestros buses y
camiones) comentarios sobre la ico-
nografía popular colombiana, los cua-
les insertó más adelante en muebles
que complementan irónicamente su
sentido. Últimamente altera con pin-
tura el contexto de objetos industria-
les creando situaciones de agudo hu-
mor crítico que aluden a instituciones,
costumbres o sucesos del país. Alvaro
Barrios, en cambio, se inició con di-
bujos y collages que crecerían tridi-
mensionalmente hasta convertirse en
cajas que involucran objetos cursis y
baratos. Más tarde se adentró en el
Ana Mercedes Hoyos. Hugo Zapata (1945) y los bogotanos conceptualismo trabajando a su ma-
"Bodegón", 1985. Nirma Zárate (1933), Juan Manuel nera sobre la obra del artista francés
Óleo sobre lienzo,
290 x 145 cm. Lugo (1945) y Margarita Monsalve Marcel Duchamp, pero regresando en
Colección de (1948), así como Umberto Giangrandi los últimos años a un dibujo culto e
la artista, Bogotá. (1943, nacido en Italia), han trabajado imbuido por un aura mística y onírica.
con particular empeño y notables re- Salcedo, por otra parte, presenta en
sultados en el área del grabado, den- los sesenta unas cajas construidas con
tro de estilos y temáticas que permiten diversos elementos producidos indus-
clasificarlos en la representación ex- trialmente y pintadas siempre de blan-
presionista. co. Poco después incursiona en el con-
Capítulo 6 173

ceptualismo haciendo amplio uso de Bernardo Salcedo.


frases y palabras. Y más recientemen- "Mediterráneo", 1984.
te muestra su predilección por el ab- Madera y acero.
60 x 28 x 90 cm.
surdo poético, bien mediante el en- Colección del
samblaje de dos o más objetos sin re- artista, Bogotá.
lación entre sí, o bien utilizando hojas
de serrucho para representar las olas
y sugerir el agua.
Ana Mercedes Hoyos también alu-
de al pop en su temática inicial de bu-
ses y avisos comerciales, pero más
adelante, a través de la interpretación
de puertas y ventanas, y haciendo én-
fasis en su geometría, llega práctica-
mente a la abstracción. En su última
producción ha regresado a la repre-
sentación agigantando bodegones de
la historia del arte y subrayando su ca- Hernando del Villar.
lidad pictórica mediante el uso exal- "San Felipe de
tado y consciente del pigmento. Barajas", 1985.
Acrílico sobre tela,
Finalmente, Hernando del Villar, 90 x 130 cm.
cuyas primeras obras presentaban la Colección del
figura humana en colores planos re- artista, Bogotá.
174 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

miniscentes de la publicidad —y quien son: el antioqueño Rodrigo Callejas


llega en los setenta a la abstracción (1937), quien recrea con sensible co-
geométrica— se orienta por último ha- lorido el ambiente de los bosques; el
cia el paisaje que interpreta con la vi- boyacense Antonio Barrera (1948), a
brante exuberancia cromática de la quien interesan primordialmente las
Miguel Ángel Rojas. naturaleza tropical. En los últimos atmósferas de la Sabana; y la ibague-
"Baños", 1984. años su obra se ha ido complicando in- reña Ana María Rueda (1954), cuyas
Mosaicos y sonido tencionalmente con la creación de si- pinturas son realmente simplificacio-
ambiental. nuosos patrones que avivan y enrique- nes del paisaje en cuanto a su omisión
Instalación en la
Galería Garcés cen su festiva producción. Otros artis- de los detalles.
& Velásquez, tas que se han dedicado últimamente
Bogotá. a la representación de la naturaleza El nuevo realismo
Otro movimiento internacional que
tuvo una amplia y entusiasta acogida
en Colombia en los últimos años fue
el nuevo realismo (llamado igualmen-
te hiperrealismo), movimiento que
también se desarrolla en el país con
características propias como la supre-
sión en ciertos casos de la imagen fo-
tográfica y como su énfasis en la te-
mática social en muchos otros. El nue-
vo realismo comienza a verse en el
país a través del trabajo de Santiago
Cárdenas, un artista interesado en el
aspecto físico de objetos contempo-
ráneos no simbólicos (de donde parten
sus relaciones con el pop) y quien sin
apoyarse en la imagen fotográfica lle-
ga a un contundente ilusionismo acen-
tuado por la correspondencia en for-
ma y en escala de sus lienzos y de los
objetos de profundidad escasa que in-
terpreta. Su trabajo hace patente una
aguda percepción de los aspectos más
definitorios de las cosas y una gran
destreza técnica.
También al iniciarse los setenta,
pero haciendo en cambio amplio uso
de la fotografía, el artista bogotano
Miguel Rojas (1946) inició la repre-
sentación de close ups del cuerpo hu-
mano con intenciones abiertamente
eróticas. Sus últimos dibujos de gran-
des dimensiones, sin embargo, repre-
sentan pantallas de cinematógrafo y
acusan cierta calidad abstracta para-
dójicamente derivada del realismo con
el cual interpreta, por ejemplo, una
proyección fuera de foco. Rojas tam-
bién ha incursionado en el conceptua-
lismo construyendo ambientaciones
en las cuales la recreación de una rea-
Capítulo 6 175

lidad autobiográfica sigue siendo ob-


jetivo principal. El artista caleño Ever
Astudillo (1948), por otra parte, hizo
por un tiempo dibujos de calles de ba-
rrios y pequeñas poblaciones que ha-
blan a las claras de su interés en plas-
mar la realidad objetiva, pero más re-
cientemente su trabajo se ha vuelto
más libre y expresivo, interviniendo
más constantemente la espontaneidad
y la imaginación.
Igualmente dentro del realismo, el
cartagenero Darío Morales (1944-
1988) ha alcanzado una calidad excep-
cional en sus representaciones de mo-
delos desnudas en el estudio del pin-
tor, en las cuales, no tanto por la des-
nudez como por la posiciones y puntos
de vista, hay con frecuencia un lla-
mamiento erótico. Su trabajo, se trate
de dibujos, pinturas o esculturas, alu-
de con frecuencia a la historia del arte
y hace manifiesta una entonación poé-
tica y romántica. El antioqueño Gre-
gorio Cuartas (1938), quien se basa en
una temática renacentista y de mar-
cado misticismo; el payanés Juan Cár-
denas (1939), cuya obra —básicamen-
te autorretratos— evidencia cierto es-
píritu nostálgico; el caleño Oscar Mu-
ñoz (1951), inclinado por comentarios
de índole social; el santandereano Sa-
turnino Ramírez (1946), a quien inte-
resan en primer término las expresio-
nes de los billaristas y el ambiente os-
curo y denso del «café»; y el antio- piedras comunes que recuerdan las li- Darío Morales.
queño Óscar Jaramillo (1947), quien mitaciones de la vista, puesto que sólo "Autorretrato",
interpreta prostitutas destacando el al cerciorarnos de su peso permiten 1975.
estilo, estampado y hechura de sus ro- comprender que son producto de la in-
Óleo sobre lienzo,
pas, son también artistas cuya obra so- 195 x 150 cm.
tervención humana. Colección particular,
bresale por captar de manera exacta y Bogotá.
fiel la realidad.
El conceptualismo
Finalmente, los artistas cartagene-
ros Arnulfo Luna (1946), Alfredo En las postrimerías de los sesenta tam-
Guerrero (1936), Cecilia Delgado bién aparecen en el país los primeros
(1941) y Roberto Angulo (1946), y el ejemplos de arte conceptual —una
antioqueño Luis Alfonso Ramírez modalidad creativa que cuestiona la
(1957) también se han dedicado a la importancia del objeto artístico enfa-
interpretación realista de figuras fe- tizando en cambio los alcances de la
meninas, de puertas y ventanas, de idea—, tendencia que conformaría sin
paisajes y de ambientes urbanos, res- duda el más revelador y radical acon-
pectivamente. Mientras que el cera- tecer en la escena artística colombiana
mista pastuso Fabio González (1952) de la siguiente década. Aparte de al-
ha repetido con minuciosa precisión gunos de los artistas mencionados pre-
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
176

Beatriz González.
"Naturaleza —mesa-
viva", 1971.
Esmalte sobre lámina
de metal ensamblado
en mueble metálico,
110 x 130x75 cm.
Colección de la
artista, Bogotá.

viamente en relación con otro aspecto Coca-Cola. Bernal presenta una o dos
de su obra, los barranquilleros Ramiro palabras en carteles publicitarios que
Gómez (1949), Sara Modiano (1951) y disemina en las ciudades incitando a
Alvaro Herazo (1947), los antioque- poéticas asociaciones. Y Santiago Uri-
ños Juan Camilo Uribe (1945), Santia- be, inyectando humor en el área del
go Uribe (1958) y Adolfo Bernal diseño, produce muebles absurdos de
(1954), el bogotano Antonio Caro apariencia extravagante y de funcio-
(1950) y la caleña Alicia Barney nalidad dudosa.
(1952) sobresalen por los alcances y Herazo, por otra parte, se halla de-
originalidad de sus propuestas. dicado a la acción artística o perfor-
Gómez, por ejemplo, produce en- mance con miras históricas y políticas,
samblajes con materiales de desecho mientras que su coterráneo Inginio
enfáticamente no atractivos (cajas y Caro (1952) ha incursionado igual-
zapatos viejos, vidrios rotos, animales mente en el conceptualismo modelan-
disecados, brea y puntillas) de apa- do en cera imágenes y objetos religio-
riencia peligrosa y mágica. Juan Ca- sos destinados a ser devorados por el
milo Uribe hace «collages» con estam- fuego. Los bogotanos Germán Linares
pas religiosas retocadas. Modiano rea- (1947), quien usa ramas como basti-
liza grandes construcciones en ladrillo dores en los cuales teje lienzos y pa-
que revelan su interés en el anverso y peles que pinta con colores y patrones
el reverso de un espacio dividido es- extraídos de decoraciones populares,
calonadamente. Barney organiza en y Liliana Villegas (1951), quien mez-
bolsas plásticas objetos que recoge en cla varias artes como la música, la dan-
una especie de arqueología del mundo za y la pintura en presentaciones co-
actual. Caro apela a cambios de con- lectivas, también han reforzado en su
texto para hacer críticas irónicas como trabajo los conceptos empleados por
la de su valla Colombia en la cual apa- sobre la permanencia o la finura del
rece el nombre del país con el tipo de objeto de arte. Con el conceptualis-
letra y colores con que se escribe
mo, finalmente, se abre un campo de
Capítulo 6 177

ricas posibilidades creativas para la fo- sionada a la pintura, en la que el calor


tografía, que se convierte en material individual juega un papel preponde-
propicio para el experimento, y así lo rante. Y con este movimiento que pro-
comprendieron los artistas antioque- pone un olímpico desdén por la aca-
ños Luis Fernando Valencia (1946) y demia y una confrontación indiferen-
Jorge Ortiz (1949) y la bogotana ciada de la abstracción y la figuración,
Becky Mayer (1944), quienes se apo- se complementa el pluralismo de es-
yan en la cámara para pronunciamien- tilos y tendencias vigentes en el país y
tos que trascienden los valores foto- que conforma a grandes rasgos la prin- Antonio Caro.
gráficos. cipal característica de su escena artís- "Colombia", 1976.
tica actualmente. Esmalte sintético
El nuevo expresionismo En conclusión, en el arte colombia- sobre metal,
56 x 80 cm.
no de los últimos cien años es plena- Museo de Arte
Por último, ya en los años ochenta, es mente perceptible la intención de Moderno, Bogotá.
perceptible un renacer en la pintura conjugar un. ánimo nacionalista que
del país —como prácticamente en la subraya peculiaridades culturales, es-
de todo el mundo— de la tendencia pecialmente en su temática, con un
expresionista, respirándose una nueva afán de modernismo evidente primero
libertad creativa que se manifiesta en en la preponderancia académica como
el carácter espontáneo e intuitivo de esfuerzo de actualización, y más tarde
las obras de más reciente aparición. A en la entusiasta acogida que se brinda
grandes rasgos, entonces —según se a los movimientos de vanguardia, los
colige del trabajo de los artistas como cuales, si bien comienzan a hacerse
los bogotanos Gustavo Zalamea sentir esporádicamente, hoy gozan de
(1951), Lorenzo Jaramillo (1945), Ma- inmediata y amplia acogida en nuestro
ría Teresa Vieco (1953) y Andrés Gar- medio. En consecuencia, la escena
cía-Peña (1964), de los antioqueños artística colombiana es en la actuali-
Raúl Fernando Restrepo (1949) y Ma- dad alerta y culta, habiendo compren-
rio Ossaba (1949), del pereirano Car- dido que su metas son la excelencia y
los Enrique Hoyos (1951) y del ba- los aportes a la conciencia y a la his-
rranquillero Rafael Panizza (1953) —, toria del país, y por ende a la civili-
el arte de los jóvenes pone de presente zación occidental, de la cual hacemos
una aproximación exuberante y apa- parte irremediablemente.

Revistas de artes plásticas


Título Fecha Ejemplares Director
Plástica 1945 2 Escuela de Bellas Artes
Plástica 1956-60 16 Judith Márquez
Prisma 1957 12 Marta Traba
Arte en Colombia Desde 1976 38 Celia de Birbragher
Revista del Arte
y la Arquitectura
en América
Latina 1978-81 8 Alberto Sierra
Otras publicaciones que sin estar totalmente dedicadas a las artes visuales han
contribuido a la difusión del arte del país son El Papel Periódico Ilustrado
(1881-1887), Revista Ilustrada (1898-99), las revistas Cromos y El Gráfico en-
tre las décadas del diez y el treinta, y la revista Espiral en su segunda época
(1948-1953).
C apítulo 6
178

Escuela Nacional de Bellas Artes


Directores Edificio

1886-87 Alberto Urdaneta Colegio de San Bartolomé


1887-93 César Sighinolfi Convento de la Enseñanza
1893 Epifanio Garay
1894-95 Mariano Santamaría
1895 Cierre por la Guerra Civil
1896-98 Mariano Santamaría
1898-99 Epifanio Garay
1899-1902 Cierre por la Guerra Civil
1902 Ricardo Acevedo Bernal
1903-04 Ricardo Moros Urbina
1904-11 Andrés de Santa María
1911-17 Ricardo Acevedo Bernal Pabellón de Bellas Artes
1918-22 Ricardo Borrero Álvarez
1923-27 Francisco Antonio Cano Academia de la Lengua
1928-29 Roberto Pizano (El Pabellón de Bellas Artes
1929-30 Ricardo Gómez Campuzano continuó utilizándose para ex-
1930 Rafael Maya posiciones hasta 1933)
1931-34 Coriolano Leudo Facultad de Matemáticas e
1934-35 Miguel Díaz Vargas Ingeniería
1936-37 Alberto Arango
1938 José Rodríguez Acevedo
1938-39 Miguel Díaz Vargas
1939 José María González Concha
1940-43 Ignacio Gómez Jaramillo Convento de Santa Clara
1944-46 Luis Alberto Acuña
1946-48 Miguel Díaz Vargas
1948-49 Alejandro Obregón
1949-50 Marco Ospina
1950-53 Efraín Martínez
1953-57 Dolcey Vergara
1957-59 Jorge Elias Triana
1959-60 Jesús Arango
1960-61 Eugenio Barney
1962 Juan Ferroni
1962-64 Eugenio Barney
1964 Luis Ángel Rengifo
1964-66 Manuel Hernández Universidad Nacional
1967-72 Francisco Cardona
1972-75 Santiago Cárdenas
1975-76 Héctor Castro
1976-77 Carlos Granada
1978-79 María Elvira Iriarte
1980-82 Alfonso Mateus
1982-83 Nirma Zárate
1984 Gerardo Aragón
1984-85 Armando Villegas
1985 Cecilia Ordóñez
1986 Diego Mazuera
1988 Mariana Varela Navarro
Capítulo 6 179

Salones Nacionales
Fecha Nombre oficial Primeros premios
1940 I Salón Anual de Artistas Colombianos Ignacio Gómez Jaramillo
Ramón Barba
1941 II Salón Anual de Artistas Colombianos Santiago Martínez Delgado
1942 III Salón Anual de Artistas Colombianos Carlos Correa
José Domingo Rodríguez
1943 IV Salón Anual de Artistas Colombianos Desierto
1944 V Salón Anual de Artistas Colombianos Miguel Díaz Vargas
Miguel Sopó
1945 VI Salón Anual de Artistas Colombianos Jorge Ruiz Linares
María Teresa Zerda
1946 VII Salón Anual de Artistas Colombianos Dolcey Vergara
Margarita Posada
Carlos Díaz
Josefina Albarracín
1950 VIII Salón Anual de Artistas Colombianos Luis Alberto Acuña
Moisés Vergara
1952 IX Salón Anual de Artistas Colombianos Blanca Sinisterra de Carreño
Tito Lombana
1957 X Salón Anual de Artistas Colombianos Enrique Grau
Hugo Martínez
1958 XI Salón Anual de Artistas Colombianos Fernando Botero
Julio Fajardo
Enrique Grau
Luis Ángel Rengifo
1959 XII Salón Anual de Artistas Colombianos Eduardo Ramírez Villamizar
1961 XIII Salón Anual de Artistas Colombianos Manuel Hernández
Ignacio Gómez Jaramillo
Pedro Hanné Gallo
1962 XIV Salón Anual de Artistas Colombianos Alejandro Obregón
Eduardo Ramírez Villamizar
Antonio Roda
1963 XV Salón de Artistas Colombianos Carlos Granada
Pedro Alcántara
Edgar Negret
Beatriz Daza
Augusto Rendón
1964 XVI Salón de Artistas Colombianos Augusto Rivera
Leonel Góngora
Eduardo Ramírez Villamizar
1965 XVII Salón de Artistas Colombianos Norman Mejía
Feliza Bursztyn
Pedro Alcántara
1966 XVIII Salón de Artistas Nacionales Alejandro Obregón
Eduardo Ramírez Villamizar
Pedro Alcántara
Augusto Rendón
Roxana Mejía
180 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

1967 XIX Salón de Artistas Nacionales Edgar Negret


1969 XX Salón de Artistas Nacionales Carlos Rojas
1970 XXI Salón de Artistas Nacionales Ornar Rayo
1971 XXII Salón de Artistas Nacionales Olga de Amaral
1972 XXIII Salón de Artistas Nacionales Sin premios
1973 XXIV Salón de Artistas Nacionales Ever Astudillo
Juan Antonio Roda
Carlos Rojas
1974 XXV Salón Nacional de Artes Visuales Juan Cárdenas
John Castles
María de la Paz Jaramillo
1976 XXVI Salón Nacional de Artes Visuales Santiago Cárdenas
Germán Botero
1978 XXVII Salón Nacional de Artes Visuales Ana Mercedes Hoyos
El Sindicato
1980 XXVIII Salón Nacional de Artes Visuales Beatriz Jaramillo
María Consuelo García
1985 XXIX Salón Nacional de Artes Visuales Ronny Vayda
Carlos Salazar
1986 XXX Salón Anual de Artistas Colombianos Leonel Góngora
Gustavo Zalamea
1987 XXXI Salón Anual de Artistas Colombianos Luis Fernando Peláez
(Medellín) Doris Salcedo
1989 XXXII Salón Anual de Artistas Colombianos Diego Mazuera
Cartagena Miguel Angel Rojas
Bibiana Vélez
Hugo Zapata

Bibliografía
BARNEY CABRERA, EUGENIO. Temas para la historia del arte en Colombia. Bogotá, Universidad
Nacional, 1970.
GIRALDO JARAMILLO, GABRIEL. La pintura en Colombia. México, Fondo de Cultura Económica,
1948.
ORTEGA RICAURTE, CARMEN. Diccionario de artistas en Colombia. Bogotá, Plaza & Janes Edi-
tores, 1979.
SAMPER ORTEGA, DANIEL. «Breve historia de la Escuela Nacional de Bellas Artes». En: Ini-
ciación de una Guía del Arte Colombiano. Academia Nacional de Bellas Artes. Bogotá,
Imprenta Nacional, 1934.
SERRANO, EDUARDO. Un lustro visual. Ensayos sobre arte contemporáneo colombiano. Bogotá,
Museo de Arte Moderno de Bogotá y Ediciones Tercer Mundo, 1976.
SERRANO, EDUARDO. Andrés de Santa María. Bogotá, Carlos Valencia Editores y Museo de
Arte Moderno de Bogotá, 1978.
TRABA, MARTA. Historia abierta del arte colombiano. Cali, Museo de Arte Moderno La Ter-
tulia, 1974. Marta Traba. Bogotá, Museo de Arte Moderno de Bogotá y Editorial Planeta,
1984.
Capítulo 7 181

Un siglo de arquitectura
colombiana
Alberto Saldarriaga R. porado en la conciencia colectiva de
Lorenzo Fonseca M. los habitantes, quienes lo aplicaron en
las incontables fundaciones de los nue-
vos frentes de poblamiento que expan-
1886 dieron las áreas habitadas del territo-
rio colombiano. Ejemplo de ello son

M ientras el país intentaba una vez


más promulgar una constitución
política y trataba de restablecerse de
los pueblos establecidos durante la co-
lonización antioqueña, ese vasto mo-
vimiento poblador del área central del
sus guerras civiles, las que habrían to- país, iniciado en Antioquia a finales
davía de proseguir por diecisiete años del siglo XVIII y que para 1886 alcan-
más, las ciudades y pueblos colombia- zaba ya las tierras de Risaralda y del
Pabellón de las
nos, las casas y edificios, las haciendas Quindío. Sus pueblos, génesis de al- Artes, en el parque
y las casas campesinas mostraban to- gunas de las ciudades intermedias ac- del Centenario,
davía los trazos característicos de las tuales, siguieron rigurosamente la de Bogotá, 1810
herencias de la arquitectura colonial y pauta española de la cuadrícula, aun (Postal turística
en terrenos de fuertes laderas, filos y en la colección
del ancestro indígena. Estas herencias del Museo de
fueron la base principal de las cons- cañadas. Desarrollo Urbano,
trucciones efectuadas en el territorio La casa de zaguán y patio, de co- Bogotá).
nacional durante el siglo XIX y, en mún construcción en Colombia duran-
1886, daban alojamiento a los tres mi- te el siglo XIX, fue otra muestra de esa
llones de habitantes de ese territorio. herencia española, la que todavía está
La herencia de la arquitectura co- vigente en muchas regiones del país.
lonial se manifestó prácticamente en La construcción propia de esas vivien-
todos los niveles del trabajo del ur- das fue la que empleó muros gruesos
banismo y de la arquitectura del siglo en adobe y grandes techos en teja de
XIX, especialmente en aquellas regio- barro. Sin embargo, las técnicas cons-
nes en las que el poblamiento hispá- tructivas propias de la herencia indí-
nico había dejado huellas más profun- gena subsistían en áreas en las que,
das. El trazado de pueblos y ciudades por motivos ambientales y culturales,
regido por una malla o cuadrícula de eran más adecuadas. Estas técnicas se
calles y manzanas ya se había incor- basan en el empleo de materiales ve-
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
182

El Capitolio
Nacional, de Bogotá,
todavía en
construcción en
esta fotografía
tomada hacia 1895.
Las obras se
iniciaron en 1847
con los planos
del arquitecto
inglés Thomas Reed,
y sólo concluyeron
en 1928, tras 80
años de trabajos.

getales y minerales sin elaborar; ta- peo. Los centros de Bogotá, Medellín
pias, bahareques, guadua, cañas, ho- y Cali, Popayán y Bucaramanga se
jas de palma, paja, esteras, piedras, transformaron gradualmente con estas
etc. fueron parte de la otra gran he- incursiones del neoclasicismo criollo,
rencia arquitectónica que configuró la dando como resultado una primera hi-
tradición popular colombiana. bridación de las construcciones de las
Para 1886, se habían iniciado ya áreas históricas, en este caso poco des-
cambios en la arquitectura promovi- tructiva y ampliamente decorativa.
dos por familias adineradas, por la Los cambios en las técnicas cons-
Iglesia y por el Estado. Desde los co- tructivas se dieron en dos campos: la
mienzos mismos de la vida republica- producción y empleo del ladrillo co-
na algunas minorías urbanas habían cido y la ornamentación en hierro. Fá-
orientado sus preferencias arquitectó- bricas de ladrillo se instalaron en va-
nicas en dirección a los aires ingleses, rias ciudades del país, especialmente
franceses y norteamericanos. En 1847 en Bogotá. Las ferrerías y los talleres
se inició la construcción del Capitolio de ornamentación en hierro se incre-
Nacional de Bogotá, encargado por el mentaron. Estas técnicas sirvieron
entonces presidente general Tomás para dar nueva estabilidad y aparien-
Cipriano de Mosquera y planeado por cia a las edificaciones y para desarro-
el arquitecto inglés Thomas Reed en llar algunas posibilidades estructurales
el más severo estilo neoclásico, enton- y decorativas diferentes a las tradicio-
ces en boga en Europa. Ese mismo es- nales. El aumento de técnicas exclu-
tilo fue acogido con fervor por las fa- sivamente decorativas, especialmente
milias adineradas que comenzaron a las molduras en yeso y el papel de col-
adoptar, en sus viejas casonas colonia- gadura, permitió transformar el aus-
les, detalles ornamentales del nuevo tero espacio interior de la arquitectura
estilo y a construir nuevas casas de tra- colonial en espacios vistosos y coloridos
zado colonial con fachadas y detalles y el espacio público en un ambiente ur-
evocadores del neoclasicismo euro- bano lleno de texturas y color.
Capítulo 7 183

En 1886 el país estaba claramente agrícola estaba todavía centrada en las


formado por regiones cuya interco- grandes haciendas. La arquitectura es-
municación era todavía difícil. En taba fuertemente ceñida a las pautas
cada una de las regiones se había de- coloniales y los cambios todavía se en-
sarrollado una arquitectura diferente, contraban en estado incipiente. En la
con elaboraciones particulares de sus cuenca del río Cauca se producía el fe-
herencias e influencias. Al norte, en la nómeno más pujante y significativo
costa del Caribe, las ciudades de Car- del siglo XIX, la ya mencionada «co-
tagena, Barranquilla y Santa Marta lonización antioqueña», que había de-
conservaban todavía su trazado y su jado a su paso, de norte a sur, alre-
arquitectura coloniales. Su auge como dedor de ochenta fundaciones urbanas
puertos y centros de comercio estaba importantes. Medellín se perfilaba en
todavía por producirse. En la vasta re- 1886 como un centro económico de
gión costera de grandes haciendas y la- primera magnitud, con el primer auge
tifundios predominaba la arquitectura de la economía con los comienzos del
autóctona de casas de bahareque, con trabajo industrial. La arquitectura de
grandes cubiertas en hojas de palma, la colonización antioqueña y su empleo
arquitectura que se extendía hacia el de la guadua como material de cons-
interior, a lo largo del río Magdalena trucción fueron desde el siglo XIX una
hasta lugares situados al sur de la ciu- de las expresiones culturales más defi-
dad de Neiva. En la cordillera oriental nidas del país. En el resto del territorio
se encontraban fuertemente arraiga- nacional la arquitectura era predomi-
das las tradiciones y al tiempo se pro- nantemente nativa, con raíces africanas
ducían cambios originados por el in- en la costa pacífica y con raíces indíge-
tercambio comercial fronterizo en Cú- nas en el territorio de los Llanos Orien-
cuta, por el auge del tabaco y el flo- tales y de la selva amazónica.
recimiento comercial de Bucaramanga
y obviamente por el cambio cultural y No fueron muchas las nuevas obras
político que irradiaba la capital, Bo- de significación comenzadas antes de
gotá. Esta misma tradición hispánica 1886. El Capitolio Nacional en Bogotá
ser conservaba en el extremo surocci- se encontraba en proceso de construc-
dental del país: Valle, Cauca y Nari- ción desde 1847. En 1874 se dio co-
ño. En estas regiones la economía mienzo en Medellín a la construcción
de la catedral de Villanueva, con pla-

Estado actual de
la Plaza de Bolívar,
de Bogotá, con la
estatua del
Libertador de Pietro
Tenerani en el
centro, y con la
fachada del
Capitolio en el
costado sur.
La plaza fue
remodelada en 1959
por Fernando
Martínez Sanabria.
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
184

iniciado cambios en su apariencia y los


tipos «republicanos» ya se encontra-
ban establecidos en las distintas ciu-
dades del país.
La Constitución de 1886 y el perío-
do que inauguró iniciaron en el país un
proceso de estabilización gradual co-
nocido por los historiadores como la
«Regeneración». Es a partir de enton-
ces cuando se incrementan notable-
mente las obras públicas, las construc-
ciones civiles y en general la transfor-
mación urbana. Ese año marcó enton-
ces un límite virtual entre el pasado ar-
quitectónico de pueblos y ciudades y
los cambios que habrían de sobrevenir.

Catedral de nos iniciales del arquitecto italiano Fe- 1886 -1936.


Villanueva, lipe Crosti, pero en 1883 y por diver- De la república tradicional
en Medellín, sos inconvenientes la obra se suspen- a los comienzos del país moderno
obra iniciada en dió. En Bogotá, en 1874 se dio co-
1874 con diseño
del arquitecto mienzo a la construcción del Panópti- En los cincuenta años transcurridos
italiano co Municipal (hoy Museo Nacional), entre 1886 y 1936, la situación de la
Felipe Crosti. con planos de Thomas Reed. En 1879 arquitectura del país se transformó
esta obra contaba ya con un adelanto considerablemente y pasó, por así de-
considerable y estaban al servicio mu- cirlo, de lo colonial a lo moderno.
chas de sus dependencias. En 1884 se Esto no significa que una enorme can-
inauguró en Bogotá el Parque del tidad de edificaciones se construyeran
Centenario, que puede considerarse el en los términos de la arquitectura mo-
primer ejemplo de parque urbano en derna internacional, sino que se cons-
el país. Las viviendas urbanas habían truyeron ejemplos aislados en que las

Pabellón de la
Industria en el
Parque Centenario,
de Bogotá, 1910.
Capítulo 7 185

Pabellón Egipcio
en el Parque del
Centenario, Bogotá,
1910. Para las
exposiciones de
los cien años de la
Independencia,
intervinieron en
el diseño de los
pabellones
arquitectos como
Pietro Cantini
y Arturo Jaramillo.

formas y la técnica fueron transfor- Existen dos aspectos importantes en


mándose hasta alcanzar niveles aná- los cambios producidos en la ciudad y
logos a los establecidos internacional- en la arquitectura colombiana entre
mente como pautas de progreso. 1886 y 1936. El primero de ellos fue
El curso seguido por la arquitectura en la concepción misma de la ciudad y
colombiana en estos cincuenta años del espacio público que abandonó la
fue interesante. El incremento de retícula tradicional e implantó ideas
construcciones públicas en las ciuda- análogas a las de ciudad-jardín y a los
des fue notable, lo mismo que el de trazados diagonales que evocaron
construcciones residenciales privadas. imágenes de gran ciudad europea. El
De este período datan los ejemplos segundo cambio se operó en las edi-
más importantes de la llamada «ar- ficaciones mismas, que pasaron de una
quitectura republicana» en Colombia. influencia neoclásica a una adaptación
Al finalizar el período, la vivienda de de «estilos» diversos, dentro de lo que
las familias adineradas no sólo había se califica como «eclecticismo» en la
cambiado sus estilos, sino también se arquitectura del período, y de allí pa-
había trasladado de los densos barrios saron a las pautas modernas.
céntricos de las ciudades a barrios pe- La mayor parte de las ciudades co-
riféricos dotados de amplias zonas ver- lombianas de comienzos del siglo con-
des. Nuevos barrios de vivienda media servaban su trazado tradicional, de
se establecieron en los bordes de los origen colonial en las más antiguas y
centros históricos y en ellos se desa- de origen republicano en las más re-
rrolló una arquitectura urbana muy cientes. Estas estructuras urbanas muy
característica en la que se asociaron compactas albergaron en sus manza-
elementos coloniales con otros pres- nas y predios las viejas casas conser-
tados de la arquitectura pública y de vadas y las nuevas construidas dentro
la arquitectura de vivienda costosa. Se del espíritu republicano. En este teji-
construyeron también los primeros do se insertaron algunos de los nuevos
proyectos de vivienda para empleados edificios públicos, que en ocasiones
y obreros, promovidos por entidades exigieron la destrucción de antiguos
oficiales u organizaciones caritativas. conventos o casas y en ocasiones apro-
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
186

los mercados, etc. Medellín creció en


este período proporcionalmente más
que Bogotá y su fisonomía a comienzo
del presente siglo distaba mucho de
parecerse a la población de 1810. Algo
semejante sucedió en Cúcuta, ciudad
que debido a su localización fronteriza
tuvo importancia y desarrollo notables
a comienzos del siglo.
Las ciudades nuevas como Maniza-
les y Pereira se encontraban a comien-
zos del siglo en una situación muy pa-
recida a la de los pueblos. Sin embar-
go, y gracias a su vertiginoso avance
económico, se adelantaron en ellas al-
gunas construcciones que habrían de
perdurar por un tiempo, hasta la lle-
gada de nuevas maneras de construir.
En Manizales este proceso se inició
después del incendio de 1925.
En los primeros años del siglo se in-
crementó la construcción de parques
en las ciudades y se usó para muchos
de ellos el espacio de plazas o plazo-
letas ya existentes. Entre los parques
urbanos importantes construidos en
este período se encuentra el Parque
Centenario en Cartagena, con el que
se celebraron los cien años de la de-
claración de independencia de la ciu-
dad. El Parque de la Independencia
en Bogotá se embelleció con diversas
construcciones y fuentes. El Parque
Santander se engalanó también a fi-
Vista sobre la vecharon algunos de los escasos terre- nales del siglo XIX y se denominó ofi-
catedral durante nos sin construir en los centros anti- cialmente como parque en 1909. En
el incendio de Medellín se inauguró el Bosque de la
Manizales, en 1925.
guos. Los límites de las ciudades se
Después de la mantuvieron casi intactos mientras en Independencia en 1913. Sin embargo,
tragedia, se inició su interior se efectuaba una densifi- perduró todavía la idea tradicional de
un período de auge cación considerable. Tal es el caso de ciudad sin árboles, herencia del perío-
constructivo Bogotá, que para 1910 todavía con- do colonial.
en la ciudad,
que ya desde
servaba límites semejantes a los que La construcción de redes de ferro-
comienzos de siglo había tenido un siglo atrás. La nueva carriles se inició en el país antes de
se había manifestado, construcción urbana a lo largo del si- 1886 y se desarrolló considerablemen-
gracias al glo XIX había bordeado las manzanas te en los primeros treinta años del pre-
avance económico. existentes y, dentro del recinto así sente siglo. Éste fue un avance notable
constituido, las nuevas construcciones en la comunicación interna de las re-
se hicieron al lado o sobre las anti- giones del país y dio origen a la cons-
guas, sin perderse la trama organizada trucción de estaciones en las ciudades
y compacta, y sin desplazar lugares y pueblos conectados por las redes.
simbólicos de fuerte raigambre en Las más importantes de estas estacio-
cada ciudad: la plaza y sus construc- nes se localizaron, como es lógico, en
ciones, las iglesias parroquiales, los las ciudades principales. La estación
ríos todavía descubiertos y con agua, de la Sabana de Bogotá (arquitectos
Capítulo 7 187

Gastón Lelarge y Mariano Santama- Gastón Lelarge e intervención del ar-


ría 1910), la estación Medellín en la quitecto bogotano Julián Lombana.
capital antioqueña (Enrique Olarte, En 1908 se inauguró el Palacio de la
1914), la estación de Manizales (Ullen Carrera, con planos atribuidos a los
y Cía., 1922), la estación de Montoya dos arquitectos mencionados. Des-
en Barranquilla y la estación de Chi- pués de 1910 se construyeron otros
quinquirá, son ejemplos muy repre- edificios importantes: el edificio de la Estación de
sentativos de la arquitectura republi- Gobernación de Cundinamarca (Gas- ferrocarril
cana de los ferrocarriles. Posterior- tón Lelarge y Arturo Jaramillo) se ini- de Manizales,
mente, entre 1925 y en 1936 se cons- ció en 1918 y se concluyó en 1933. de la firma Ullen
y Compañía, 1922.
truyeron otras estaciones, dentro del Para la alcaldía de Bogotá se constru- La construcción
espíritu ecléctico de la época. yó en 1927 un pequeño edificio ale- de redes
Entre 1886 y 1925 se construyeron daño al edificio Liévano. El Capitolio ferroviarias
en Bogotá varios edificios públicos Nacional se concluyó en 1928, tras tuvo considerable
ochenta años de trabajos y con la in- desarrollo
destacados, la mayor parte de ellos del en las tres
espíritu del neoclasicismo. El Teatro tervención de muchos de los arquitec- primeras décadas
Colón se inició en 1886 con planos del tos extranjeros y bogotanos ya men- del siglo XX,
arquitecto italiano Pietro Cantini y se cionados. Su conclusión marcó en dando origen a la
concluyó en 1895. En 1902 se inició la cierta manera el final de período re- construcción de
publicano de la arquitectura bogotana estaciones de
construcción del edificio Liévano en el notable arquitectura
costado occidental de la plaza de Bo- y el final de un proceso de búsqueda en diferentes
lívar, con planos del arquitecto francés de la estabilidad nacional. regiones del país.
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
188

Hogar Escuela de
San Antonio, Bogotá,
construido a
comienzos de siglo
por Julián Lombana.

Las construcciones para la educa- sión de instalaciones para el cuidado


ción y la salud tuvieron un impulso se- de la salud y para la ayuda a los des-
mejante al de los edificios públicos. validos. Los hospitales de San José y
En Bogotá se edificaron sedes para al- La Hortúa se construyeron en Bogotá
gunas dependencias de la Universidad en 1905 y 1924 respectivamente. El
Nacional de Colombia: Matemáticas e primero contó con la intervención de
Ingeniería, hoy Museo Militar (1913), Pietro Cantini y Diodoro Sánchez y el
Derecho en el antiguo claustro de San- segundo con la intervención de Ra-
ta Clara (Arturo Jaramillo, 1914), la món Cardona y Pablo de la Cruz. El
Escuela de Medicina (Gastón Lelarge, Asilo de San Antonio (Julián Lom-
con intervención de Arturo Jaramillo, bana) y el Hogar Escuela de San Pablo
Alberto Manrique Martín y Guillermo (atribuido a Gastón Lelarge) fueron
Herrera Carrizosa, 1916 en adelante). construidos antes de .1920. Medellín
El Gimnasio Moderno (Francis Fa- tuvo un incremento similar en las
rrington, 1919), el Colegio Pedagógico construcciones públicas y privadas du-
Nacional (Pablo de la Cruz, 1927) y el rante este período. La catedral de Vi-
Colegio Departamental de la Merced llanueva se reinició en 1889, esta vez
(José Lascano Bertí, 1926) son tres ex- con planos del arquitecto francés
celentes ejemplos de arquitectura para Charles Carré y la dirección de obra
la educación secundaria. La remode- de Heliodoro Ochoa. En 1919 inter-
lación y ampliación del antiguo claus- vino en la obra el sacerdote arquitecto
tro de San Ignacio para el Colegio Na- salesiano Juan Buscaglione, quien di-
cional de San Bartolomé, efectuadas señó los altares, el púlpito y el coro;
por Carlos Camargo desde 1919, die- la obra se inauguró en 1931. El Hos-
ron como resultado otro edificio edu- pital de San Vicente de Paúl se inició
cativo con una fachada neoclásica cui- el 4 de agosto de 1916, con planos ini-
dadosamente trabajada en piedra. La ciales del arquitecto francés Auguste
escuela municipal conocida como Gavet, desarrollados por Enrique
«República Argentina», obra de Al- Olarte, Agustín Govaertz y Félix Me-
berto Manrique Martín y construida
en 1914, indica el alto nivel de calidad jía. Su construcción se concluyó en
de las construcciones públicas. 1934. El arquitecto belga Agustín Go-
vaertz proyectó el edificio de la Go-
En el campo asistencial se activó la bernación de Antioquia, iniciado en
participación del Estado en la provi- 1925 y aún sin concluir. En la misma
Capítulo 7 _ 189

Hotel Magdalena,
en Puerto Berrío,
primer edificio en
concreto reforzado
que se construyó
en el país, entre
1908 y 1912.
La fotografía fue
publicada en el
Álbum de Medellín,
de la Sociedad de
Mejoras Públicas,
1922.

fecha se inició la construcción del Pa- después del incendio de 1925. Su ca-
lacio Nacional, obra del mismo arqui- tegoría de centro cafetero principal ya
tecto, también inacabada. En 1924 se se había establecido para esa fecha. La
inició la construcción, en un solo edi- construcción de la ciudad después del
ficio, del Teatro Junín y del Hotel Eu- incendio se efectuó dentro de las po-
ropa, con planos de Govaertz. Este sibilidades económicas que brindó la
bello edificio fue destruido en 1967 prosperidad de algunos de sus ciuda-
para dar paso a la torre de Coltejer. danos. La iniciación de la obra del
Igual suerte corrió el Teatro Bolívar, Palacio Departamental en 1924 ante-
obra de H. M. Rodríguez y Enrique cedió la iniciación de la obra de la
Olarte. catedral, la que contó con planos del
En el campo de las construcciones arquitecto francés Auguste Polty. El
para la educación se destacan en Me- Palacio Departamental, obra del
dellín los edificios del Colegio de San arquitecto norteamericano John Wo-
Ignacio (Félix Mejía y Agustín Go- tard, al servicio de la compañía Ullen,
vaertz, 1925), con su iglesia corres- es un raro ejemplo de arquitectura
pondiente, la Universidad de Antio- ecléctica, con un tratamiento muy es-
quia (H. M. Rodríguez e Hijos, 1916) pecial de la decoración. La catedral,
y el excepcional edificio para el Se- enorme construcción en concreto re-
minario Conciliar, construido desde forzado, evoca la imagen de una ca-
1919 con planos de Juan Buscaglione tedral gótica, a pesar de no tener su
y actualmente recuperado como cen- trazado correspondiente. El Edificio
tro comercial. Entre las construccio- Sanz, obra de Papío y Bonarda cons-
nes realizadas en Antioquia, fuera de tructores, según reza alguna placa, fue
la ciudad de Medellín, deben desta- construido antes de 1930. El Teatro
carse el puente colgante sobre el río Olympia fue uno de los raros ejemplos
Cauca en Santa Fe de Antioquia, obra de teatro en herradura que fueron he-
del ingeniero José María Villa, cons- chos en distintas ciudades del país y,
truido en 1895, y el Hotel Magdalena en este caso, destruido para dar paso
en Puerto Berrío, construido entre a un parqueadero de automóviles.
1908 y 1912, primer edificio en con- En la ciudad de Cali, antes de 1925
creto reforzado construido en el país. se destaca la construcción del Teatro
La ciudad de Manizales tuvo su Municipal, inaugurado el 9 de abril de
auge arquitectónico correspondiente 1918, obra de los ingenieros Rafael
190 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

En el resto del país se destacan, an-


tes de 1925, los edificios de la Aduana
(E. A. de la Rosa y Cía., 1919-1921),
y del Hospital de Barranquilla (1921),
el Coliseo Peralta (1893) y el Club del
Comercio en Bucaramanga (Pedro
Colón Monticoni, 1920), el Mercado
de Cúcuta (1891), la Plaza de Toros de
la Serrezuela (Marcelo Calvo, 1925) y
el Teatro Heredia (Felipe Jaspe, 1910)
en Cartagena. El Heredia fue una be-
lla interpretación del teatro clásico ita-
liano, construido con elementos de-
corativos labrados en madera. La Pla-
za de la Serrezuela, construida quince
años después, es también una estruc-
tura en madera con gran cantidad de
motivos ornamentales.
Edificio de la Borrero y Francisco Ospina. Las obras La casi totalidad de las edificaciones
Aduana, Barranquilla, del Palacio Nacional y del Edificio enumeradas hasta ahora se proyecta-
construido por Otero en la Plaza de Cayzedo, se ini- ron siguiendo los cánones del neocla-
E.A. de la Rosa
y Compañía ciaron en 1925. El primero, con planos sicismo europeo del siglo XIX, inter-
entre 1919 y 1921. del arquitecto belga Joseph Martens, pretados de distintas maneras según la
se concluyó en 1933. El segundo, con procedencia directa de los autores o
planos de Borrero y Ospina, fue el pri- de las influencias. Son excepciones no-
mer edificio construido en concreto tables los ejemplos góticos de la iglesia
reforzado en la ciudad de Cali. de Chapinero (Julián Lombana, 1900)
y el antiguo Seminario (Juan Bautista
Arnaud, 1920), en Bogotá, el goticis-
Fachada del Teatro mo de la Gobernación de Antioquia y
Faenza, de Bogotá,
obra de de la catedral de Manizales y el estilo
J.M. González Concha, románico de la catedral de Villanueva
1924, uno de los en Medellín. Excepciones aun más no-
más interesantes tables son los pocos ejemplos que
ejemplos de muestran influencias del «art nou-
influencia del
"art nouveau" veau» europeo: el Hotel Victoria en
europeo en la Barranquilla y la fachada del Teatro
arquitectura Faenza en Bogotá (J. M. González
colombiana. Concha, 1924) son dos de esos raros
ejemplos. En la lista de autores men-
cionados hasta ahora se encuentra
otro aspecto interesante: la gran ma-
yoría de ellos eran arquitectos extran-
jeros que llegaron al país específica-
mente para proyectar o construir una
obra particular. Es el caso de Thomas
Reed, Gastón Lelarge, Alejandro
Manrique y Lorenzo Murat en Bogo-
tá, Charles Carré, Agustín Govaertz y
Juan Buscaglione en Medellín, Papío
y Bonarda y John Wotard, este último
al servicio de Ullen y Cía., en Mani-
zales, Joseph Martens en Cali, Pedro
Colón Monticoni en Bucaramanga,
Capítulo 7 191

entre otros. Los arquitectos naciona-


les del período fueron formados en
su mayoría en trabajos al lado de los
extranjeros, o en las escuelas de in-
geniería.
A partir de 1920 se producen cam-
bios más fuertes en la situación urbana
del país y transformaciones en su ar-
quitectura. Este fenómeno conduce
más directamente a la modernización
de concepto y realizaciones acordes
con pautas del urbanismo y de la ar-
quitectura de Estados Unidos y de las
corrientes de la arquitectura moderna
europea que para esa época había
avanzado considerablemente en su
proceso de definición y consolidación.
Uno de los hechos que contribuyó a
acelerar el proceso de modernización iniciada en el año 1928, con planos de Edificio Pedro A.
de la arquitectura fue el estableci- Diego Suárez Costa y Alberto Man- López, en la
miento de dependencias oficiales en- rique Martín, y terminada por los ar- avenida Jiménez,
cargadas de atender obras públicas y de Bogotá,
quitectos chilenos Julio Casanovas y construido en
construcciones para la asistencia so- Raúl Manheim, es sin duda un claro 1919-1924 por
cial. El Ministerio de Obras Públicas ejemplo de la situación de transición Robert A. Farrington,
se creó en 1905 y contó con una Di- arquitectónica hacia lo moderno. Téc- ingeniero
rección de Obras Públicas Nacionales nicamente, el edificio fue avanzado en norteamericano.
a cargo de edificios nacionales, ferro- Técnicamente,
todos sus aspectos, pero su apariencia es la primera
carriles, caminos, puentes, baldíos, conservó la composición neoclásica, edificación
etc. En el Ministerio de Obras Públi- ya entonces en proceso de desapari- representativa
cas trabajaron ingenieros y arquitectos ción. Con menos elegancia se constru- del cambio hacia
titulados y con conocimientos técnicos yó el edificio Manuel Pedraza, cono- la arquitectura
más avanzados que el resto de sus co- cido también con el nombre de Hotel contemporánea
legas en el país. Esto estimuló el pro- en la capital.
Estación (ingeniero Francisco Cano, Abajo, edificio
ceso de modernización de las cons- 1929) frente a la estación de la Sabana del Hotel Granada
trucciones mucho antes de que se pro- de Bogotá, obra de considerables es- (1928), planos de
dujera el cambio más definido hacia pecificaciones técnicas en proporción Diego Suárez Costa
los conceptos de la arquitectura mo- a su modesto carácter. y Alberto Manrique.
derna.
El Edificio Pedro A. López, hoy
Banco Cafetero, construido entre
1919 y 1924 por Robert M. Farring-
ton, ingeniero norteamericano, es el
primer edificio técnicamente repre-
sentativo del cambio que se opera en
Bogotá. Neoclásico en su exterior, fue
construido en concreto, y en su dota-
ción se emplearon materiales e insta-
laciones importados. En el mismo es-
píritu se construyeron en Bogotá el
Edificio Cubillos (Alberto Manrique
Martín, 1927) y el Banco Hipotecario
de Paul Stuper y Fred T. Ley, ambos
norteamericanos (1929). La construc-
ción del Hotel Granada en Bogotá,
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI
192

El incremento de la actividad indus- con otros estilos, con la intención de


trial y comercial que se inició en los resaltar el prestigio de sus dueños y el
primeros años del siglo XX en especial buen gusto de una clase social. Es así
en Bogotá, Medellín, Cali, Barran- como en estos barrios se edificaron ca-
quilla y Cartagena, aumentó la capa- sas de apariencia mudéjar, española,
cidad adquisitiva de nuevos sectores californiana, medieval, inglesa, etc. El
de población que se dedicaron preci- barrio de La Merced en Bogotá, cons-
samente a esas actividades. La deman- tituido hacia 1930, conservó desde sus
da de nuevos barrios residenciales comienzos una apariencia homogénea
para población de altos ingresos, con dada por el llamado «estilo inglés», lo
nuevas especificaciones, condujo, ha- que permitió lograr un conjunto ur-
cia 1920, a la formación de barrios pe- bano de gran unidad visual y espacial.
riféricos tales como El Prado en Ba- Estos barrios se encuentran actual-
rranquilla, el Prado en Medellín, mente sujetos a una despiadada des-
Manga en Cartagena, La Merced en trucción que ha acabado con sus cua-
Bogotá y El Centenario en Cali. En lidades urbanas.
Bucaramanga, en Cúcuta, Santa Mar- Se conocen algunas referencias de
ta, Neiva e Ibagué, el mismo fenó- edificios importantes construidos en el
meno se reprodujo en pequeña escala país entre 1925 y 1936, demolidos en
y en sectores más vecinos a los centros los años del vandalismo urbano entre
principales. 1950 y 1980. El Teatro Olympia de
El común denominador de los nue- Manizales, (1927), el Hotel Granada y
vos barrios fue el abandono de la con- el Hipódromo (Vicente Nasi, 1928) en
cepción tradicional de viviendas en hi- Bogotá, el Teatro Garnica de Buca-
lera para implantar la edificación suel- ramanga, y el Hotel Alférez Real en
ta o pareada rodeada de jardines que, Cali (Borrero y Ospina, 1928) se cuen-
en casos como el del barrio Manga en tan entre estas pérdidas. Entre los
Cartagena, alcanzaron proporciones ejemplos que sobreviven se destacan
de parque. En estos nuevos barrios se especialmente el Palacio Municipal de
edificaron casas muy distintas de la vi- Medellín, construido entre 1931 y
vienda republicana, inmediatamente 1937, y la fábrica de la Compañía Na-
anterior. El neoclasicismo, ahora sí cional de Chocolates también en Me-
definido como un estilo, se combinó dellín, construida en 1928, obras am-

Casa de
El Prado,
en Barranquilla,
uno de los barrios
periféricos
cuya construcción
se inicia hacia
1920 en las
principales
ciudades del país.
Capítulo 7 193

bas de Nel Rodríguez, trabajadas en


lenguaje muy cercano a la arquitec-
tura moderna. Las obras del Ministe-
rio de Obras Públicas en diversos lu-
gares del país muestran combinacio-
nes diversas de lenguajes eclécticos y
modernos. El Edificio Nacional de Nei-
va (Alberto Wills y Rafael Lelarge,
1933), el Edificio Nacional de Villavi-
cencio (Pablo de la Cruz y José María
Cifuentes, 1933-35) y el de Bucaraman-
ga (Pablo de la Cruz, 1932-35) son
muestras de estas combinaciones.
Entre 1930 y 1936 se construyeron
varios edificios más claramente defi-
nibles como modernos, según las pau-
tas internacionales del momento. El
proyecto para la Biblioteca Nacional
en Bogotá (1933-1938) y el Edificio
del Instituto Nacional de Rádium
(1933), obras del arquitecto Alberto
Wills Ferro, son ejemplos del aban-
dono de los estilos pintorescos y de la
localización dentro de los lincamien-
tos de sobriedad propios de las ideas
modernas de los arquitectos europeos
y norteamericanos del momento.
Hacia 1930 el grupo de arquitectos
colombianos había aumentado nota-
blemente, con profesionales gradua-
dos en universidades extranjeras y con
ingenieros que hicieron estudios es-
peciales de arquitectura, ya que los es-

Un aspecto del
Edificio Nacional,
de Neiva,
construido por
Alberto Wills
y Rafael Lelarge
en 1933, con el
lenguaje ecléctico
o mezcla de estilos
que caracterizó la
arquitectura oficial.

Biblioteca Nacional,
en Bogotá, vista
desde la fachada
norte. Alberto Wills
Ferro la construyó
entre 1933 y 1938.
194 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI

tudios en Colombia estaban adscritos fesionales que por su formación ya es-


a las escuelas de Ingeniería. El mayor taban al tanto de los movimientos y
volumen de la construcción urbana era tendencias de la arquitectura moderna
realizado por los «constructores», per- en los Estados Unidos y en Europa.
sonas hábiles en el manejo de obras y La posibilidad de intervenir en pro-
con capacidad de contratar obreros y yectos de cierta magnitud a escala ur-
efectuar las labores necesarias para la bana se intensificó gracias a la crea-
edificación. Las ciudades eran hechas ción de otras entidades oficiales tales
por estos constructores, quienes aten- como el Banco Central Hipotecario,
dieron prácticamente las necesidades antiguo Banco Hipotecario Nacional
de todos los sectores sociales. Muchos (1932) y el Instituto de Acción Social
de ellos adquirieron prestigio y capa- de Bogotá. Si bien las primeras reali-
cidad económica suficiente para ac- zaciones fueron concebidas todavía en
tuar independientemente y desarrollar términos del eclecticismo convencio-
por su cuenta, o en asocio con urba- nal, muy pronto las ideas modernas
nizadores, barrios enteros. El trabajo se hicieron presentes en sus reali-
de los arquitectos fue, por contraste, zaciones.
restringido a los sectores de altos in- Estas ideas que se filtraron gradual-
gresos y al mismo tiempo vinculado a mente en la práctica profesional de la
las empresas del Estado. Entre 1930 y arquitectura colombiana eran ya de
1936 esta situación de competencia en- común interés en Europa y en Estados
tre arquitectos, ingenieros y construc- Unidos, aun cuando no hubiese toda-
tores se agudizó y condujo a deter- vía muchas obras construidas. Las
minar con mayor precisión el alcance nuevas ideas planteaban un enfoque
académico y profesional de la arqui- formal y técnico de la arquitectura en-
tectura colombiana. La fundación de marcado dentro de un ámbito social
la Sociedad Colombiana de Arquitec- de carácter progresista y revoluciona-
tos en 1934 asumió precisamente esta rio. El umbral en que se encontraba el
labor. mundo de los países ya industrializa-
La arquitectura popular antes de dos hacía vislumbrar nuevos estados
1936 se realizó siguiendo las pautas sociales, económicos, políticos y cul-
tradicionales regionales. La formación turales, guiados por la racionalidad in-
de los grupos populares urbanos, que dustrial, por una mentalidad de pro-
data del siglo XIX, incluyó la trasposi- greso a toda costa y por la expectativa
ción de elementos de la arquitectura de una amplia difusión del bienestar.
de otros sectores sociales a las cons- La arquitectura moderna fue enten-
trucciones necesarias para albergar la dida y propuesta como parte esencial
población de bajos ingresos. Los cons- en la construcción de esos nuevos es-
tructores, los albañiles y otros artesa- tados, como portadora y representan-
nos de la construcción eran los encar- te no sólo de una nueva estética sino
gados de hacer la arquitectura de la también de una nueva visión de los
ciudad y al hacer la suya propia imi- modos de vivir.
taron a veces imaginativamente los de- La conjunción de una ideología po-
talles y las apariencias de las construc- lítica de progreso y del mensaje de la
ciones más influyentes. arquitectura moderna confluyó en la
implantación de esas ideas en Colom-
La arquitectura moderna bia como parte de la «Revolución en
en Colombia: 1936 Marcha» pregonada por el gobierno
del doctor López. Dos planes desarro-
La Sección de Edificios Nacionales del llados en Bogotá entre 1934 y 1936 por
Ministerio de Obras Públicas, reorga- arquitectos extranjeros marcan el pun-
nizada en 1932 durante el gobierno de to de cambio entre lo tradicional y lo
Olaya Herrera, fue el centro de con- moderno. El Plan Regulador de Bo-
vergencia de una generación de pro- gotá, propuesto por el urbanista aus-
Capítulo 7 195

triaco Karl Brunner, fue el primer El surgimiento de las ideas moder-


plan de ordenamiento urbano conce- nas en Colombia no fue un fenómeno
bido en términos del siglo XX en el de amplio alcance inmediato en nin-
país. El Plan General de la Ciudad gún campo. En la arquitectura se con-
Universitaria desarrollado por los ale- servó durante varios años más el eclec-
manes Fritz Karsten (pedagogo), Eric ticismo y algunos resabios neoclásicos.
Lange y Leopoldo Rother (arquitec- Aun en el seno de entidades tales
tos) fue el primer plan de conjunto como el Ministerio de Obras Públicas,
que obedeció a una planeación aca- el Banco Central Hipotecario y la
démica moderna y dio cuerpo físico a Caja de la Vivienda Popular, en don-
una entidad de la magnitud de la Uni- de se impulsaron algunas ideas mo-
versidad Nacional. dernas, muchos arquitectos aplicaron
En esa misma universidad y dentro tanto estas ideas como las más con-
de su proceso de reorganización, se vencionales, de acuerdo con el criterio
fundó en 1936 la Facultad de Arqui- del cliente o del lugar de cada obra.
tectura, hecho que ratificó el recono- Pioneros tales como el arqu