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Exigir el síntoma

Patrick Monribot

(Talence)

En el capítulo 11 de "La cuestión del aná lisis profano" Freud hace surgir,
evocando la influencia del ello sobre el yo, la expresión que nos reú ne e n
este Coloquio: " Era más fuerte que yo". Esta figura allí en imperfecto y el
editor señala que Freud lo ha escrito en francés en el texto alemán.

En mis encuentros con la Zwangneurose", ningún sujeto había encarnado


mejor esta frase que el pequeño Rafael. En este fin de primavera, el
jovencito de apenas 8 años comienza a alertar seriamente a sus padres:_QQ
quiere comer. Esto se parece a una huelga pero sin reivindicación , sin
alegar una razón precisa. La huelga se radicaliza cuando, llegado el calor,
él decide igualmente no tomar agua. Lo que los padres solicitan es un
poco "el analista UDEC", tras el fracaso de la persuasión, inútilmente
transmitida por el médico de familia. Los recibo en este contexto de
urgencia.
.
He aquí los cinco fragmentos cruciales que han puntuado esta cura .

Primer fragmento .

Me entero de entrada que Rafael, desde hace varias semanas, se inflige


autocastigos bajo la forma , como él lo d ice, de " trabajos forzados " . Estos
autocastigos rápidamente se ven redoblados por la privación de diversos
Rlaceres: los bombones, mirar la televisión, jugar. Al comienzo, el entorno se
divierte, luego se fastidia y hoy, se inquieta.

Se trata, en cierta medida, de una historia sin palabra. Todo lo que Rafael
puede decir de ello a quien lo interroga se reduce finalmente al título de
este coloquio, pero en su propia lengua: " Es así, debo castiga rme, no
puedo hacer nada al respecto" . Él no sabe por qué. Agreguemos que el
apetito está conservado, 5=1ue no tiene antecedentes similares y que no
tiene nada de anoréxico. Es un huelguista.

Dicho esto, cabe agregar que Rafael no permanece en silencio y no ha


renunciado al g oce de hablar. Curiosamente, el dedica la primera sesió n a
explicarme que él no tiene ningún síntoma. En efecto, no está muy
intranquilo por lo que le sucede, al revés que sus padres. El, que no ha leído
la carta de Lacan a Jenny Aubry, me dice: "'jo me privo, pero son ellos los
que sufren". Cuanto mucho, está molesto or las preocupaciones
suscitadas en los padres, y sobre todo por la presión consiguiente que
recae sobre él. Tenemos pues la situación siguiente al comienzo del análisis:
un "es más fuerte gue ye( ciertamente, pero que no hace síntoma. ¿Cómo
correlacionar entonces el "más fuerte que yo" con el valor de un síntoma
que sea suyo y lo divida?

Durante las primeras sesiones, elijo callarme. Este silencio, acompañado de


mi indiferencia ante su presencia, lo intriga, tanto esta actitud rompe con
la flota de preocupaciones ansiosas del entorno. El termina por quejarse de
ello: "Me traen para que te vea por mis castigos y vos no decís nada, ni
siquiera me mirás, te burlás de mí o qué?" Yo rompo el silencio clausurando
---:> la sesión: "Sabés algo, lo que preocupa en vos, no es para nada eso!" No
he anulado la inquietud del Otro, que parece esencial a la transferencia
para él, pero he opacificado y desplazado su causa. Rafael parte _
descolocado.

Esta posición lo lleva a responder a la pregunta que yo no le había hecho.


En la sesión siguiente, a fin de engancharme, me anuncia, a título de
confidencia, haber elaborado un poquito de saber, al menos una
hipótesis: "Creo que he comprendido, dice, y no lo repite: Me castigo
porque tengo secretos. Es mi. vida privada, no puedo decirte nada más!" A
lo que yo respondo: "No es necesario". Luego, interrumpo la entrevista .

Segundo fragmento

Comienzo de sesión: los padres aliviados me informan que su hijo ha vuelto


a tomar agua. Tomo nota sin triunfalismo, porque nada está en orden
todavía.

Por su parte, Rafael, está intrigado por otra cosa: "No lo entiendo, dice,
había previsto, ayer por la tarde, un castigo, pero me olvidé de hacerlo! Es
la primera vez que me sucede"

Para celebrar esta formación del inconsciente, primera en su género


desde que comenzdron nuestros encuentros, salgo de mi silencio y le
pregunto con vivo interés la naturaleza de este castigo. Incapaz de
responder, me dice: "Incluso me olvidé de qué se trataba ". Dos olvidos en
veinticuatro horas, es formidable! Algo del goce pasa al inconsciente o a
"la contabilidad" como lo dice Lacan en "Radiofonía" . Se lo digo en serio y
decido suspender la sesión que fue corta este día. Efecto probable de
escansión, la memoria le vuelve en el umbral de la puerta del consultorio;
recuerda: " Yo debía copiar cien vecesi, "no seré agresivo con mis padres" .
Tal era el castigo olvidado.

Elijo producir un equívoco sobre el "cien veces": "Cuando es sin fe, digo
yo, es que uno ya no cree en ello". Es necesario decir que la madre me
había hecho un largo relato sobre la controversia de la que era objeto
Rafael. El padre quería poner a su hijo en una escuela de la diócesis en ,í
nombre de su fe, mientras que ella se oponía en nombre de su ateísmo. El .lú;.
había incluso inscripto a la fuerza a su hijo sin prevenir a su esposa, quien '4<--
quería que yo arbitre este litigio. En resumen, en la primera entrevista, ~
Rafael, disgustado, había comentado el asunto en estos términos: "Y yo? A
ellos no les interesa saber en qué creo yo! El también me había
preguntado en esa ocasión si yo tenía fe. Es pues este significante de la
discordia el que retorna en la interpretación que arriesgo.

A continuación de esta sesión, los castigos cesan, incluso las privaciones,


para gran alivio de los padres.

En qué se va a transformar este "es más fuerte que yo" en este niño?

Tercer fragmento

Tras el tiempo de los secretos, el tiempo de la transferencia .

Un sueño viene a señalarlo: él está en la escuela, el maestro se calla, no


responde a sus preguntas. Afortunadamente hay un libro al alcance de la
mano, con todas la~ respuestas dentro.

Rafael dice no comprender nada de este guión. Esto le recuerda


simplemente mi biblioteca que él examina con atención, especialmente
interesado en los libros que yo haya podido escribir. De mis escritos
imaginarios, índice del supuesto sabec su interés se desliza a mi persona,
luego a mi vida privada, ansioso por saber finalmente si yo amaba a mis
hijos. Curioso ero cortés, conserva su rudencio: "vos no estás obligado a
responder", dice. Le hago notar que es eso precisamente lo que pasa en el
sueño: el Otro, bajo la figura del maestro, no responde .

La demanda y la declaración de amor que se anuncian aquí no tardan en


acompañarse de su revés: un cortejo de afectos hostiles que no hace más
que comenzar y que me arrastra a un error de estrategia. He aquí el
detalle. Fabrica unas sierras de papel, destinadas a matarme, de una
manera particularmente sádica : "Te corto en pedazos, te meto en un

. -
frasco, con tu mujer y meto el frasco en el freezer. Así te guardo"

Error de estrategia, en efecto, porque he dejado decir y dejado hacer.


Haciendo del muerto -es necesario decirlo-, yo tomaba el lugar del
maestro silencioso designado en el sueño, igual que su padre quien, más
allá de sus "actings", nunca dice nada, no sabe nada, no ve nada -
veremos por qué-, y duerme esperando a su hijo en la sala de espera de
mi consultorio. En suma, no hago otra cosa que repetir la inconsistencia del
padre, dejándome captar por el significante-amo de su sueño: el maestro
que no responde. Resultado: algunas semanas después, la cura patinaba,
el disco estaba rayado, y todas las sesiones estaban consagradas a jugar,
es decir a gozar de esta masacre de la sierra.

En este punto, -tema de actualidad en nuestra Escuela-, fue el control el


que me resucitó, o más bien, el controlador encargado de puntuar la
resistencia, siempre del lado del analista . En efecto, planteado el
diagnóstico de neurosis obsesiva - lo que el resultado confirmó-, ¿podía
acaso yo dejar que Rafael se instalara en un goce " por él mismo (tan
poco) ignorado"?

Podía yo dejarme atrapar en los hilos de su astucia precavida, en la que lo


esencial consistía en asegurarme, y en recordar, con una sonrisa en los
labios, que todo esto, -la ma?acre, etc.-, se trataba de un juego, de hacer
semblante, de "hacer como si", en síntesis, del significante y que, en el
fondo, con el significante, uno puede decirlo todo y hacerlo todo? En
f suma , él me demuestra que puede gozar sin riego con las palabras. A fin
de corregir este contrabando de la transferencia, se espera en principio el
acto analítico.

La dirección de la cura finalmente rectificada, una vez que el analista se


reanima, la sesión siguiente es más que breve: lo acompaño a la puerta al
primer golpe de la sierra.

Cuarto fragmento

Este corte ha detenido este modo de goce: matar al Otro sin riesgo, dado
que "es para hacer como si".

Este corte también ha cambiado el discurso, porque la palabra de Rafael,


a partir de esta intervención, ha tomado peso. Si hablar tiene alguna
consecuencia, es necesariamente una menos ligera, menos lúdica, y esto
se torna entonces algo serio. Se trata entonces de obtener de Rafael un
"bien-decir" sobre el deseo, en lugar de un goce lúdico infinito: éste debe
poder finalmente condescender al deseo.

Me hablará de los secretos que considera inútil seguir guardándolos: se


trata del "conjugo" de sus padres. Su madre tiene un amante y amenaza

r
con abandonar la casa. Esta situación tensa no me había sido señalada. El
oiño síntoma de lo que no marcha entre los padres, comienza a decirse. Su
"vida privada", es la partida inminente de su madre.

Por primera vez se siente mal : "Este hombre se acuesta con mi madre. L~J
adiviné la primera vez que él vino a casa. Mi papá, él, no vio y no supo
nada. Luego, él supo pero no dijo nada. Creo que ella va a partir."

Inmediatamente dicho esto, Rafael encadena sobre la transferencia: "Yo


fabricaría una vez más una sierra para matarte pero sé que vos no querés".
Frase muy valiosa, porque ella articula un deseo de muerte dirigido al
analista, inmediatamente después de haber hablado del amante de la
madre. Esta articulación rubrica en este niño analizante, su lugar
fantasmático en la transferencia: el pequeño amante de la madre es él, el
rival edípico a eliminar, es el analista.

Para interpretar, simplemente le hago ver que el comienzo de sus


autocastigos ha coincidido con la intuición de este adulterio, tan
justamente percibido desde .el primer día. En suma, ¿por qué se castigaba
él en todo este asunto? De aquí en más, la cuestión de la causa queda
planteada.

Quinto fragmento

La cura de Rafael se compromete pues por el lado del complejo de Edipo.

Como yo no he validado la salida transferencial del parricida de la sierra,


esto lo obliga a buscar otra solución al impasse edípico. Se trata de un
verdadero trabajo: Rafael dibuja todas las combinaciones posibles,
trazando metódicamente diversos circuitos esquematizados sobre el papel.
Se trata también de una escritura.

Todos los guiones que propone, para evitar la partida de su madre,


desembocan sistemáticamente en el asesinato del rival, -del amante, del
"verdadero". Pero él señala con pertinencia que esto lo conduce
inmediatamente a la cárcel: de todas formas, él pierde a su madre,
suceda lo que suceda.

En el fondo, ésta es su gran pregunta de siempre: perder o no perder a su.


madre. Ella hace surgir otra, siempre sobre la causa : ¿por qué desea ella
algo en otra parte? Dado que ella tiene en la casa todo lo que le hace
falta: hijos y marido? Rafael considera, de acuerdo con su padre, que su
madre tal vez haya sido atraída por el dinero del amante. Yo recuso
semejante solución, demasiado fácil, que quiere instalar un plus-de-gozar
para cubrir lo que él intenta desmentir. La cuestión de su " ser fálico" está
toda entera comprometida en este tormento . En el horizonte de una
defalicización anunciada, Rafael se rehúsa, por otra parte, a venir a las
sesiones. Incluso llegará a lastimarse la cabeza al caer en la escalera de mi
edificio: la sesión no tendrá lugar.

Al cabo de un momento, él ha podido develar lo esencial, lo que lo


minaba desde siempre. He aquí las coordenadas: desde hace p oco, está
deprimido y fatigado. Es algo manifiesto y totalmente nuevo. Los
autocastigos y otras privaciones están en el pasado. Nos aproximamos a
un problema que, esta vez, lo abruma realmente. Acorralado, termina por J
decirme: " Estoy cansado porque tengo siempre a mi madre en mi
cabeza". Este anuncio marca un viraje en la cura ..

Me parece que tenemos ahora una versión distinta del "es más fuerte q ue
:::LSL_, pero esta vez correlacionada al síntoma: Rafael tiene sin cesar a su
madre en la cabeza, lo que lo obsesiona y lo agota. Si el síntoma exige a
veces un análisis, el análisis exige siempre un síntoma: y es tarea del
analista el exigirlo. Su vida privada no está pues privada de m adre , c omo
lo hacía pensar tal vez demasiado apresurada me nte la situación fa miliar,
sino que ella está privada d8 la posibilidad de privarse de la madre . Es esto
el síntoma de este niño: no lo que él era para el Otro parental, sino aquel
que él endosa, y a partir del cual la cura se va a orientar.

En efecto, a partir de ese momento, la pregunta de Rafael sufrió una


inversión dialéctica. Ya no se trata de "¿cómo evitar su partida? " sino
" ¿cómo librarme de ella? Respuesta formulada inmedia tamente en el
orden del "bien-decir" : " Es a mí a quien le toca dejarla".

Yo apruebo la idea. El entrevé la necesidad de perder "el objeto ]


materno". Es una forma de castración que supone una separación, y exige
un trabajo de duelo, del que el análisis debe hac erse el barquero.

La primera solución sugerida no va casi en este sentid o y podría inquietar.


Dibuja su cerebro con su madre en el interior. Apunta un revó lver en sus
sienes: "Si me mato, me libro de ella al mismo tiempo" . Desap arecer c o n eJ
objeto es evidentemente una solución melancólica. Pero, el conjunto d el
caso permite descartar esta hipótesis, tanto más c ua nto que é l mismo
señala la dimensión d e semblante, apuntando finalmente a inquietar al
Otro en la transferencia.

Rafael va a entrar en el largo y lento trabajo de la palabra. y de la


transferencia frente al acto analítico. El puede enmarcar una pérdida. Por
otra parte, la partida efectiva de su madre no cambia la situación.

La desagregación del objeto maternq, por el juego de los cortes, va a


hacer progresivamente aparecer el árbol que ocultaba la foresta: la
f emergencia de una satisfacción pulsional desconocida. He aquí el umbral
L de un más-allá del Edipo.

Una contingencia ha querido que Rafael encuentre los tampones


higiénicos usados de su madre, olvidados en el baño, en ocasión de una
visita a su hijo. Está asombrado. Se trata de un encuentro inesperado. Me
habla incluso con una especie de elación. La noche siguiente, Rafael
sueña que está en el baño, hay sangre en el inodoro, y él siente una
especie de angustia porque él sabe que alguien lo espía por el ojo de la
cerradura. Tal vez es su padre. Se despierta.

Esta pesadilla anuncia el color del objeto pulsional que causa la división y
lo angustia. El objeto mirada se precisa, se aloja en el Otro, supuesto detrás
de un ojo de cerradura. El ra~go voyeurista es notorio. El más allá del Edipo
surgió con este trazo de "Pere-versión" .

Después de este sueño, Rafael decide no venir más a sus sesiones. Ya tienej
categóricamente sufiente. Su madre ha vuelto al hogar, y él se regocija
tanto más cuanto que piensa haberla dejado.

La última tarjeta postal recibida de él es un vestigio de la transferencia, no


sin el objeto, dado que se trata de un par de binoculares.

Por lo tanto es posible que lo vuelva a ver algún día .

1 En francés, "cien veces" , (cent fois) resulta homófono de "sin fe" (sans foi)