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Reseña bibliográfica del libro:

Joseph Ratzinger, Creación y Pecado, Eunsa-Ediciones de la Universidad de Navarra, 2005.

El cardenal Ratzinger en 1981 en sus sermones de cuaresma quiso recoger la doctrina


cristiana sobre la Creación, y reivindicarla desde la predicación y la teología. Esta nueva forma
requerida de predicar a cerca de la creación es porque estaba abandonada y sustituida por filosofías
existenciales. La tesis está en: El mundo creado es un don amoroso hecho al hombre por Dios creador.
La relación del hombre y la naturaleza es de manipulación y no llega a ser de escucha, ya que la
presunción del sujeto está guiada por su sentido unitivo de autonomía. Es ahí donde Joseph Ratzinger
quiere darle un nuevo sentido a esta exposición de fe, y desde el relato de la creación exponer con
actualidad una nueva visión sobre la creación. Esta reseña bibliográfica la haré abordando cada uno de
los cuatro capítulos con sus elementos más importantes.

Capítulo I: Dios creador

La cita bíblica que ilumina este capítulo es: Génesis 1,1-19. El primer dato evidente que salta
es la Creación y su Creador, lo cual, no va en contra posición con la propuesta científica; ya que el
autor explica que en el marco de referencia bíblico no está como objetivo dar un informe científico,
sino transmitir una experiencia de fe.

La diferencia entre forma y fondo del relato de la creación parte de que la Biblia, como libro
religioso, no intenta ser un tratado científico, entonces hay que distinguir entre forma de representación
y contenido representado, lo que nos quiere decir en el fondo es: Dios ha creado el universo. En la
interpretación se tiene que distinguir entre las imágenes y el concepto y también los límites entre
imágenes y mensaje, ya que el Universo se inclinó ante la razón que se eleva a Dios, la fe pues no se
contrapone a la ciencia.

En la unidad de la Biblia como criterio de interpretación es ver el eco de la historia de Dios


con su pueblo, ya que no es como una novela o un manual, sino el empeño de Dios por hacerse
progresivamente comprensible al hombre y al mismo tiempo el esfuerzo humano por comprender
progresivamente a Dios. En el Antiguo Testamento, vemos que Israel siempre ha creído en Dios como
Creador, y eso lo comparten algunas culturas de la antigüedad. La humanidad entra en contacto con
esta verdad sobre Dios, la cual nunca ha estado del todo ausente, pero tampoco siempre ha tenido la
misma importancia. El momento clave está en el exilio del pueblo de Israel en Babilonia, y
representaba que el Dios de Israel había sido vencido, esto fue una tremenda prueba de fe, pero los
profetas iluminaron el momento y mostraron algo que sobrepasaba las expectativas del pueblo, y era
que: Dios no era sólo de una tierra, sino que dominaba cielo y tierra, en todos los países, y en todos
los pueblos, pues él lo había creado todo. Con esta expresión de fe, entendieron que tiene en sus manos
la historia y resignificaron su existencia y su relación con Dios. Esta experiencia representa, en
palabras de Ratzinger, es: “la liberación del Universo por la razón, el reconocimiento de su
racionalidad y de su libertad. Pero este relato también resulta ser como la verdadera Ilustración
porque sitúa la razón humana en el fundamento originario de la Razón creadora de Dios” (pág.37).

El criterio cristológico está bien definido en el prólogo del evangelio de san Juan, puesto que
por medio de la Palabra han sido creadas todas las cosas. Cristo nos libera de la esclavitud y nos
devuelve de nuevo la verdad de las imágenes. En Cristo la creación puede ver al creador de una forma
distinta, desde una fe racional, la cual procede de la libertad, del amor y de la razón, son fundamento
de la realidad de Dios que crea.

Capítulo II: Significados de los relatos bíblicos de la creación

El marco bíblico de referencia es: Génesis 1,20-2,4. Hay dos elementos claves, el primero es
que los cristianos leemos la Sagrada Escritura en relación con Cristo, él nos libera de una falsa
esclavitud de la literalidad del texto en una garantía de la verdad, firme y realista que podemos
afirmarnos, y el segundo elemento es que la Creación es algo racional, y encuentra en la escritura una
respuesta esperada.

La racionalidad de la creación remitida desde Ratzinger está basada en el hágase de Dios y


en las dos grandes teorías científicas de la conservación y la conservación de la materia y la energía.
Estas teorías vistas de una forma radicalista nos llevan a dejar a un lado a Dios, porque se bastan a sí
mismas. En la Creación nos contempla Dios mismo, y la novedad es que las ciencias nos han mostrado
un nuevo e inaudito relato de la creación, con grandes y nuevas imágenes, pero retomado por el
cristianismo desde el Espíritu Creador, el cual, mediante la razón, la libertad, la belleza y el amor, nos
dan un nuevo valor necesario para la vida.

Hay un significado permanente de los elementos simbólicos del texto, aunque son distintos
los modos de hablar de la ciencia y de la fe, ambos nos expresan a un solo Dios. Como dice el cardenal,
la creación es por su Palabra expresadas por unas figuras simbólicas en el mismo texto, como por
ejemplo la frase “Dios habló” que aparece 10 veces en el relato, o como la cifra del número siete, a
semejanza de los días de la semana y las fases de la luna, también otra figura es el movimiento, como
el de los astros y el del corazón en analogía del ritmo del Amor de Dios que en él se manifiesta.

La alianza de Dios con los hombres se ve exteriorizada en la creación y en el culto. Esto crea
un espacio de adoración a Dios, porque en la Creación distingue su mensaje para nuestra vida, y en el
culto, no por conveniencia o chantaje; adopta una forma moral de existir, en el pueblo de Israel está
reflejada por el Sabbat y la Ley, y en la vivencia de estos dos elementos fundamentales se vive la
alianza. Por medio del Amor de Dios, el hombre se entiende como creado para amar y ser amado en
la historia. En palabras de Ratzinger es: Dios ha creado el Universo para poder hacerse hombre y
desparramar su amor, para extenderlo también hacia nosotros, invitándonos a participar de él (Cfr. 54).

De aquí se deriva un tema importante, que es la estructura sabática de la Creación. El sábado,


aparece descrito como el día en el que el hombre, en la libertad de la adoración, participa de la libertad
de Dios, de la serenidad de Dios y así de la paz de él; es un renovado comienzo en el que se recibe de
manos de Dios otra vez el mundo. Históricamente esto se llegó a entender desde el exilio, y en la cruz
rescata al hombre del dominio de su propio quehacer, en sentido de adoración, libertad y serenidad de
Dios, para que el hombre pueda vivir de verdad, ya que el hombre ha rechazado su semejanza con Dios
para pisotear el Universo.

El versículo 28 del primer capítulo del génesis nos pone de relieve con un problema, y es el
mandato de someter (explotar) la tierra. El ser humano ha maltratado a la Creación y se ha olvidado
de su llamado a “cuidar y labrar”. En el cristianismo el Cuerpo de Cristo tiene una incidencia en la
vida del hombre, como pasado, presente y futuro; tiene que encontrarse y abrirse camino en la vida
para internarnos en lo central del mensaje de la Creación escuchando el mensaje de la verdad que
subyace en la realidad, no como producto del azar y de la necesidad, sino en el ritmo de la historia del
amor de Dios con los hombres. El quehacer está no en una fe sumisa, sino en el convencimiento de
que nosotros podemos ser realmente creativos, por ende, creadores en unión con el Creador, para
perfeccionar y avanzar al Universo y a nosotros mismos. Por último, si entramos en interacción con la
idea de que el Creador es el verdadero Redentor del hombre, en confianza, estamos en el camino de la
salvación.

Capítulo III: La creación del hombre

De Génesis 2,4-9 toma Ratzinger el marco de referencia de la pregunta ¿Qué es el hombre?


Su respuesta sólo se entiende desde la libertad, porque sólo así se reconoce el proyecto de Dios, pero
no se espera que la respuesta sea la misma de siempre, sino que sea una respuesta nueva de y en cada
uno de nosotros.

El texto sagrado nos dice que el hombre ha sido creado de tierra, esto es una humillación y
consuelo. Humillación por su destino de “ser para la muerte”, pero creado de tierra buena, lo cual nos
hermana con toda la creación, porque somos el mismo, que parte y vuelve a su destino. Por esto es
importante ver que no hay hombres diferentes, sino que poseemos una única humanidad formada por
Dios y en referencia con él por el aliento que nos da. Esto es nuestro consuelo, que dependemos aún
de Dios. Por lo tanto, la Biblia nos dirige el sentido de poder hacer nuevas las cosas.

El ser humano por la dignidad de ser creado como imagen de Dios, la realidad divina entra
en contacto con el Universo, porque Dios entra a través del hombre en la creación, y está dirigido a él.
Cada hombre es conocido y amado por Dios y está bajo su protección; la inviolabilidad de su dignidad
está supeditada por una categoría tanto espiritual y ética, la cual se debe lograr desde la responsabilidad
moral. El ser-imagen-de-Dios expone al hombre al no estar cerrado en sí mismo, y lo pone en relación
hacia todo-lo-demás, y en palabras de Ratzinger es “en la entrega de sí mismo se recobra a sí mismo”
(pág.73). Aquí estamos llegando a la respuesta de la pregunta, la cual, puesto que Cristo es la respuesta
en relación con los hombres, respuesta que se estructura mediante su hermandad y su resurrección, nos
une como un miembro de su Cuerpo, dirigido al futuro, pero desde sí mismo en el presente.

Ratzinger no ve ninguna disyuntiva entre Creación y Evolución, ya que la evolución trata de


describir periodos biológicos, no se excluye de la unidad de la Creación. La fe y la razón nos llevan a
pensar sobre el acontecimiento de que se originara la vida, la contingencia de la vida une las dos y el
cardenal la expresa en la sentencia: “Yo no tenía que existir, pero existo y Tú, ¡oh! Dios, me has
querido” (pág. 78). Por tanto, la existencia nos debe llevar al agradecimiento, la libertad y el saber;
pero a esto se suma lo grandioso de la biología y la microbiología en el misterio más íntimo de la vida,
y tratan de descifrar precisamente la vida. Es importante ver el proyecto de la humanidad se transmite
y no sólo por la maquinaria de su organismo, sino por los grandes proyectos humanos que nos remiten
a una Razón Creadora que hoy es más claro y radiante que nunca: y es fruto del amor. En la pasión de
Cristo, al ser presentado por Herodes, maltratado y humillado, muestran la deshumanización de sí
mismo; aprender con Él, en la paciencia del amor y del sufrimiento, qué es el hombre y llegar a serlo.
El Dios cristiano está presente en la historia, está en el cosmos, pero no es el cosmos.
Capítulo IV: Pecado y Salvación
El marco bíblico está en Génesis 3,1-24, sobre el tema de del pecado nos remite Ratzinger a
la conversión, mediante la libertad, y el hombre sólo puede ser santo tanto en cuanto es realmente él.

Las limitaciones y la libertad de hombre están en el sentido en cómo se relaciona con el


mundo y lo convierte para sí mismo en propiedad. Ratzinger dice que la relación del hombre y Dios
no es una amenaza, sino un don y regalo de la bondad de Dios que salva y unifica. Mediante la alianza
y su rompimiento la tentación no comienza con la negación de Dios sino con la desconfianza, esta
figura está distinguida con la serpiente; el hombre se ve amenazado con su libertad y con las cosas más
apreciables de la vida. La técnica y el arte posibilitan al hombre con todo aquello que es capaz, por lo
tanto, los productos de su atrocidad dan al hombre la culpa y le llevan a dar límites y medidas. Por otra
parte, la acción liberadora está en recepción de la dependencia al amor Creador como resolución. Esto
puede hacerlo ver como amenazado y esclavizado, pero es una falsedad de su limitación.

El pecado original no es una posibilidad abstracta, no como hereditario, sino que está en
referencia estar encerrado en sí mismo, vivir solo por sí y para sí, y se limita al contacto de referencia
para aquellos a los que ama; el pecado significa la negación de la relación porque quiere convertir a
los hombres en Dios y es una ofensa que afecta siempre al otro.

Por último, la respuesta del Nuevo Testamento nos mantiene en la novedad de Cristo, en
Jesucristo vivimos la realidad de ser-hijos. El ser humano comienza de nuevo, y es una referencia
siempre abierta a nosotros con relación de la Creación y el Creador, es un espacio de libertad mediante
la obediencia. Significa aceptar el amor de Dios que es nuestra vida, y precisamente esta dependencia
es libertad porque es Verdad y Amor. En la visión del Reino de Dios se reestructura una novedad
práctica por medio de la esperanza y que tiene culmen en el árbol de la vida, en el árbol de la cruz, y
siempre es invitación a Convertirse, (renovarse) y creer en el Evangelio (creer en el hombre nuevo).

Valoración crítica
Este libro de Ratzinger nos mantiene en una relectura constante de conceptos que ya
sabemos, pero que repensados desde otra lectura de fe nos conservan en una novedad. La Creación
debe repensarse con referencia a la ciencia y a un discurso pastoral novedoso, que vuelva a situarnos
en relación con Dios y poder tomar un nuevo rumbo y sentido en nuestra vida de fe.

La naturaleza es valorada de nuevo, en relación con el hombre, no como inferior a él, sino
como creados por Dios y sostenidos por él. Es importante que en la predicación se retome la creación
para mantenernos en la tensión del quehacer humano, superando el pecado y pasando a la gracia.

Recomiendo la lectura de este libro para ponernos en la tesitura de la acción de Dios en


nuestra vida, la cual debe ser vista en correlación con su trabajo de Creador, que nos invita a ser
creadores junto a él.

Conclusión
Nos queda en claro que Dios no deja nunca su obra, y que no hay que desligarnos de él. El
compromiso ante él es volvernos mediante a la razón, la ciencia y la praxis que nos hagan más
humanos, y siguiendo a Cristo como modelo de humanidad nueva, a la cual tendemos todos.

Por: Leonardo Moctezuma Mora.