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El gaucho Martín Fierro

(1872) I ¡Ni los mirones salvaron


de esa arriada de mi flor!
Aquí me pongo a cantar Fue acoyarao el cantor
al compás de la vigüela, con el gringo de la mona;
que el hombre que lo desvela a uno solo, por favor,
una pena estrordinaria, logró salvar la patrona.
como la ave solitaria
con el cantar se consuela. Formaron un contingente
con los que del baile arriaron.
Pido a los santos del cielo Con otros nos mesturaron
que ayuden mi pensamiento. que habían agarrao también.
Les pido, en este momento ¡Las cosas que aquí se ven!
que voy a cantar mi historia, Ni los diablos las pensaron.
me refresquen la memoria
y aclaren mi entendimiento. A mí el juez me tomó entre ojos
en la última votación.
Vengan santos milagrosos, Me le había hecho el remolón
vengan todos en mi ayuda, y no me arrimé ese día
que la lengua se me añuda y él dijo que yo servía
y se me turba la vista. a los de la esposición.
Pido a mi Dios que me asista
en una ocasión tan ruda. […]

[…] Volvía al cabo de tres años


de tanto sufrir al ñudo,
Mi gala en las pulperías resertor, pobre y desnudo,
era, en habiendo más gente, a procurar suerte nueva.
ponerme medio caliente, Y lo mesmo que el peludo
pues cuando puntiao me encuentro enderecé pa' mi cueva.
me salen coplas de adentro,
como agua 'e la virtiente. No hallé ni rastro del rancho,
¡sólo estaba la tapera!
Cantando estaba una vez ¡Por Cristo, si aquéllo era
en una gran diversión, pa' enlutar el corazón!
y aprovechó la ocasión ¡Yo juré en esa ocasión
como quiso, el Juez de Paz. ser más malo que una fiera!
Se presentó, y áhi no más
hizo una arriada en montón. […]

Juyeron los más matreros


y lograron escapar.
Yo no quise disparar,
soy manso y no había porqué.
Muy tranquilo me quedé
y ansí me dejé agarrar.

Allí un gringo con un órgano


y una mona que bailaba
haciéndonos ráir estaba
cuando le tocó el arreo.
¡Tan grande el gringo y tan feo,
lo viera cómo lloraba!

Hasta un inglés zanjiador


que decía en la última guerra
que él era de Inca-la-perra
y que no quería servir,
tuvo también que juír
a guarecerse en la sierra.
con el porrón de ginebra.

Supe una vez por desgracia Ahi no más pegó el de hollín


que había un baile por allí, más gruñidos que un chanchito
y medio desesperao y pelando el envenao
a ver la milonga fui. me atropelló dando gritos.

Riunidos al pericón Pegué un brinco y abrí cancha


tantos amigos hallé, diciendolés: "Caballeros,
que alegre de verme entre ellos dejen venir ese toro.
esa noche me apedé. Solo nací... solo muero."

Como nunca, en la ocasión El negro, después del golpe,


por peliar me dió la tranca, se había el poncho refalao
y la emprendí con un negro y dijo: "Vas a saber
que trujo una negra en ancas. si es solo o acompañao."

Al ver llegar la morena Y mientras se arremangó


que no hacía caso de naides, yo me saqué las espuelas,
le dije con la mamúa: pues malicié que aquel tío
"Va... ca... yendo gente al baile." no era de arriar con las riendas.

La negra entendió la cosa No hay cosa como el peligro


y no tardó en contestarme pa' refrescar un mamao;
mirandomé como a un perro: hasta la vista se aclara
"Más vaca será su madre". por mucho que haiga chupao.

Y dentró al baile muy tiesa El negro me atropelló


con más cola que una zorra, como a quererme comer;
haciendo blanquiar los dientes me hizo dos tiros seguidos
lo mesmo que mazamorra. y los dos le abarajé.

"Negra linda", dije yo, Yo tenía un facón con S


"me gusta... pa' la carona"; que era de lima de acero;
y me puse a talariar le hice un tiro, lo quitó
esta coplita fregona: y vino ciego el moreno.

"A los blancos hizo Dios, Y en el medio de las aspas


a los mulatos San Pedro, un planazo le asenté,
a los negros hizo el Diablo que lo largué culebriando
para tizón del infierno." lo mesmo que buscapié.

Había estao juntando rabia Le coloriaron las motas


el moreno dende ajuera; con la sangre de la herida
en lo escuro le brillaban y volvió a venir furioso
los ojos como linterna. como una tigra parida.

Lo conocí retobao, Y ya me hizo relumbrar


me acerqué y le dije presto: por los ojos el cuchillo,
"Po-r-rudo... que un hombre sea alcanzando con la punta
nunca se enoja por esto." a cortarme en un carrillo.

Corcovió el de los tamangos Me hirvió la sangre en las venas


y creyéndose muy fijo: y me le afirmé al moreno,
-"Más porrudo serás vos, dándole de punta y hacha
¡gaucho rotoso!", me dijo. pa' dejar un diablo menos.

Y ya se me vino el humo Por fin, en una topada,


como a buscarme la hebra en el cuchillo lo alcé
y un golpe le acomodé y como un saco de güesos
contra el cerco lo largué.

Tiró unas cuantas patadas


y ya cantó pa'l carnero.
Nunca me puedo olvidar
de la agonía 'e aquel negro.

En esto la negra vino,


con los ojos como ají
y empezó la pobre allí
a bramar como una loba.
Yo quise darle una soba
a ver si la hacía callar;
mas pude reflesionar
que era malo en aquel punto,
y por respeto al dijunto
no la quise castigar.

Limpié el facón en los pastos,


desaté mi redomón,
monté despacio y salí
al tranco pa' el cañadón.

[…]
les conocí la intención
y solamente por eso
Me encontraba, como digo, es que les gané el tirón,
en aquella soledá, sin aguardar voz de preso.
entre tanta escuridá,
echando al viento mis quejas, "Vos sos un gaucho matrero",
cuando el grito del chajá dijo uno, haciendosé el güeno.
me hizo parar las orejas. "Vos matastes un moreno
y otro en una pulpería,
Como lumbriz me pegué y aquí está la polecía
al suelo para escuchar. que viene a justar tus cuentas;
Pronto sentí retumbar te va a alzar por las cuarenta
las pisadas de los fletes si te resistís hoy día."
y que eran muchos jinetes
conoci sin vacilar. "No me vengan, contesté,
con relación de dijuntos;
Cuando el hombre está en peligro esos son otros asuntos.
no debe tener confianza. Vean si me pueden llevar,
Ansí, tendido de panza, que yo no me he de entregar
puse toda mi atención aunque vengan todos juntos."
y ya escuché sin tardanza
como el ruido de un latón. Pero no aguardaron más
y se apiaron en montón;
Se venían tan calladitos como a perro cimarrón
que yo me puse en cuidao; me rodiaron entre tantos.
tal vez me hubieran bombiao Yo me encomendé a los santos
y me venían a buscar, y eché mano a mi facón.
mas no quise disparar
que eso es de gaucho morao. Y ya vide el fogonazo
de un tiro de garabina,
Al punto me santigüé mas quiso la suerte indina
y eché de ginebra un taco. de aquel maula, que me errase
Lo mesmito que el mataco y áhi no más lo levantase
me arroyé con el porrón: lo mesmo que una sardina.
"Si han de darme pa' tabaco,
dije, ésta es güena ocasión." A otro que estaba apurao
acomodando una bola
Me refalé las espuelas, le hice una dentrada sola
para no peliar con grillos; y le hice sentir el fierro.
me arremangué el calzoncillo Y ya salió como el perro
y me ajusté bien la faja cuando le pisan la cola.
y en una mata de paja
probé el filo del cuchillo. Era tanta la aflición
y la angurria que tenían,
Para tenerlo a la mano que tuitos se me venían
el flete en el pasto até, donde yo los esperaba:
la cincha le acomodé uno al otro se estorbaba
y, en un trance como aquél, y con las ganas no vían.
haciendo espaldas en él
quietito los aguardé. Dos de ellos, que traiban sables,
más garifos y resueltos,
Cuanto cerca los sentí, en las hilachas envueltos
y que áhi no más se pararon, enfrente se me pararon,
los pelos se me erizaron y a un tiempo me atropellaron
y, aunque nada vian mis ojos, lo mesmo que perros sueltos.
"No se han de morir de antojo"
les dije, cuando llegaron. Me fui reculando en falso
y el poncho adelante eché,
Yo quise hacerles saber y en cuanto le puso el pie
que allí se hallaba un varón; uno medio chapetón,
de pronto le di el tirón lo tocó un santo bendito
y de espaldas lo largué. a un gaucho, que pegó el grito
y dijo: "¡Cruz no consiente
Al verse sin compañero que se cometa el delito
el otro se sofrenó; de matar ansí un valiente!”
entonces le dentré yo
sin dejarlo resollar, Y áhi no más se me aparió
pero ya empezó a aflojar dentrándole a la partida.
y a la pun...ta disparó. Yo les hice otra embestida,
pues entre dos era robo
Uno que en una tacuara y el Cruz era como lobo
había atao una tijera que defiende su guarida.
se vino como si fuera
palenque de atar terneros, Uno despachó al infierno
pero en dos tiros certeros de dos que lo atropellaron;
salió aullando campo ajuera. los demás remoliniaron,
pues íbamos a la fija,
Por suerte en aquel momento y a poco andar dispararon
venía coloriando el alba lo mesmo que sabandija.
y yo dije: "Si me salva
la Virgen en este apuro, Ahi quedaban largo a largo
en adelante le juro los que estiraron la jeta;
ser más güeno que una malva." otro iba como maleta
y Cruz, de atrás, les decía:
Pegué un brinco y entre todos "Que venga otra polecía
sin miedo me entreveré; a llevarlos en carreta."
hecho ovillo me quedé
y ya me cargó una yunta, Yo junté las osamentas,
y por el suelo la punta me hinqué y les recé un bendito,
de mi facón les jugué. hice una cruz de un palito
y pedí a mi Dios clemente
El más engolosinao me perdonara el delito
se me apió con un hachazo; de haber muerto tanta gente.
se lo quité con el brazo,
de no, me mata los piojos; Dejamos amontonaos
y antes de que diera un paso a los pobres que murieron;
le eché tierra en los dos ojos. no sé si los recogieron,
porque nos fuimos a un rancho,
Y mientras se sacudía o si tal vez los caranchos
refregándosé la vista, áhi no más se los comieron.
yo me le fui como lista
y áhi no más me le afirmé Lo agarramos mano a mano
diciendolé: "Dios te asista" entre los dos al porrón:
y de un revés lo voltié. en semejante ocasión
un trago a cualquiera encanta
Pero en ese punto mesmo y Cruz no era remolón
sentí que por las costillas ni pijotiaba garganta.
un sable me hacía cosquillas
y la sangre se me heló. Calentamos los gargueros
Desde ese momento yo y nos largamos muy tiesos,
me salí de mis casillas. siguiendo siempre los besos
al pichel, y por más señas,
Di para atrás unos pasos íbamos como cigüeñas,
hasta que pude hacer pie; estirando los pescuezos.
por delante me lo eché
de punta y tajos a un criollo: "Yo me voy, le dije, amigo,
metió la pata en un hoyo donde la suerte me lleve.
y yo al hoyo lo mandé. Y si es que alguno se atreve
a ponerse en mi camino,
Tal vez en el corazón yo seguiré mi destino,
que hace el hombre lo que debe.