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ALEMANIA

Opinión: El ayatolá Sharoudi es un


huésped no deseado
Enfermos de todo el mundo vienen a curarse a Alemania, pero el país no
tiene por qué tolerar a criminales. Aunque uno de ellos haya podido irse sin
problemas, dice Rainer Hermann, del "Frankfurter Allgemeine Zeitung".

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Dice mucho del sistema de salud alemán que tantos pacientes extranjeros confíen en
los hospitales y doctores alemanes. En ciudades como Wiesbaden, Múnich y Hannover,
el turismo sanitario es, desde hace tiempo, una industria floreciente. Por ese motivo,
resultó poco sorprendente saber que uno de los líderes prominentes de la Republica
Islámica de Irán fue internado en una clínica privada de Hannover dirigida por un
famoso doctor iraní.
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Pacientes de Arabia Saudita vuelan habitualmente a Estados Unidos para llevar a cabo
sus tratamientos allá, pero los iraníes no pueden hacer lo mismo, ya que no está
permitido su ingreso al país. Por ello, los iraníes siempre van para Alemania, donde
nunca han tenido problemas.
Pero el caso del ayatolá Mahmud Hashemi Sharoudi es diferente. El clérigo estuvo a
cargo de la Justicia de Irán entre 1999 y 2009, período durante el cual más de dos
mil personas fueron ejecutadas. Está acusado de graves violaciones de los derechos
humanos, como, por ejemplo, la ejecución de niños y adolecentes. El ayatolá estuvo en
Hannover para tratar un tumor en el cerebro. Se trata de una posibilidad que, en
principio, también debe estar abierta para él.

Hermann Rainer, del diario "Frankfurter Allgemeine Zeitung".


Volker Beck, político del partido Los Verdes, denunció que Alemania no debe
convertirse en un "sanatorio" para aquellos que hayan cometido crímenes contra la
humanidad y cuyas manos están manchadas de sangre. Ese es el caso de Sharoudi.
Durante su mandato, nunca tuvo piedad y se hizo fuerte en su cargo gracias a
sentencias arcaicas como la lapidación y el lanzamiento de personas desde las alturas.
Decenas de miles de manifestantes protestaban en las calles de Irán contra de las
condiciones de vida de la República Islámica mientras Sharoudi recibía tratamiento en
Alemania. Cuando Sharoudi esperaba en Hamburgo su vuelo de vuelta a Irán, Sigmar
Gabriel, el ministro de Exteriores alemán, se encontraba reunido con Mohamad Zarif,
su homólogo iraní.
En los últimos días, llegaron a la Fiscalía general de Alemania tres denuncias contra el
clérigo iraní. Estas no solo permitieron la salida de Sharoudi del país, sino que tal vez
incluso aceleraron su marcha. Tal vez los líderes de Irán ya se hayan percatado de que
no podrán seguir enviando sin riesgos a sus políticos a Alemania para recibir
tratamiento médico. Quienes critican que Alemania sigue siendo demasiado
tolerante con Irán, ven confirmada su opinión.
Autor: Rainer Hermann (JCG/MS)
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