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LLÁMAME EVA

Mónica Benítez
Copyright © 2017 Mónica Benítez

Todos los derechos reservados.


ÍNDICE

1. Arcoíris
2. Nervios
3. La entrevista
4. ¿Una infusión?
5. La familia
6. Sentimientos
7. Eva
8. Confusión
9. La realidad de Ali
1
Arcoíris

Desde que empecé a trabajar en la revista “Arcoíris para ellas” mi vida


se había convertido en un auténtico caos, yo era licenciada en periodismo pero
en lugar de ejercer de periodista me dedicaba a editar, redactar y corregir
historias contadas por las lectoras de nuestra revista, en fin, cualquier cosa
menos ponerme de cara al público. Lo de entrevistar a la gente quedaba para
compañeras que no compartían mi torpeza ni mi habilidad para meter la pata.
No me importaba, me sentía más cómoda detrás de la barrera. Digo que
mi vida se convirtió en un caos porque el lanzamiento de la revista tuvo una
acogida mayor de la esperada, se recibieron miles de felicitaciones por email
y todas ellas acompañadas de preguntas, de cosas que las chicas querían saber
sobre las chicas, que iban desde preguntas como ¿Cuándo sabe una que es
lesbiana? hasta ¿Cómo salir del armario y no morir en el intento? ¿Cómo hacer
el amor con una mujer? ¿Cómo sé si la chica que me gusta también entiende?
Ya sabéis de qué hablo…
Todas las mujeres que leían nuestra revista tenían preguntas y querían
respuestas, y mi jefa, Rebeca, una mujer que pierde los nervios con cierta
facilidad estaba dispuesta a dárselas. Tras una reunión se decidió dedicar una
sección de la revista para que las mujeres que así lo desearan pudieran contar
sus historias, ya fuera la típica historia de amor que acaba bien, la que acaba
mal, la salida del armario, como se dieron cuenta de su tendencia sexual, en
fin, cualquier experiencia que pudiera servir de apoyo a otras lectoras.
Se habilitó una dirección de email para que todas las mujeres pudieran
enviar sus historias, y en efecto, yo era la encargada de esa sección. Hicimos
un anuncio en la revista para hablar de la nueva sección que estábamos
preparando e invitarlas a contar y enviar sus historias, casi me da un infarto
cuando al día siguiente encontré más de treinta emails en la bandeja de
entrada. Se dejó sitio para contar tres historias cortas o dos largas cada
semana. Los emails fueron en aumento y no daba abasto para leerlos, después
de tres meses tenía más de cuatrocientos acumulados sin leer, seguro que allí
había historias increíbles pero yo no podía atenderlas todas (también había
otras que daban un poco de yuyu, ojo). Estaba harta de pedirle a Rebeca que
me pusiera a una ayudante pero siempre me ignoraba, ni siquiera se molestaba
en decirme que no.
Cada semana seleccionaba unas cuantas y después me reunía con Rebeca
para decidir con ella el Top Tres, después me encerraba en mi despacho y
cumplía mi misión: editar, redactar y corregir. Había otra chica que se
dedicaba en exclusiva a leer los comentarios que las chicas dejaban en Twitter
sobre las historias, de esa forma me ayudaba a saber cuáles les interesaban y
cuáles no.
—¡Alicia!—escuché como me llamaba Rebeca con su característica y
desagradable voz desde el otro lado del pasillo.
¿Es que no sabía utilizar el puto teléfono?
Me levanté de un salto y crucé el pasillo lo más rápido que pude, Rebeca
además de borde era impaciente, por no hablar de que por fin era viernes y
quería pasar un fin de semana tranquilo, con tranquilo me refiero a no
pasármelo rayada tras una de sus broncas sin sentido. Me asomé en su
despacho casi sin aliento.
—Pasa y cierra la puerta—ordenó sin mirarme.
Rebeca acababa de cumplir los cincuenta, que no era nada malo oye,
conocía a muchas mujeres de esa edad con las que no dudaría en acostarme,
pero ella, joder, no conocía a nadie más dejado que ella, siempre venía con el
pelo encrespado y mal peinado, las raíces negras ya debían alcanzar los cinco
centímetros y se le mezclaban con unas canas tiesas como alambres. Tenía la
piel blanca como un muerto y se ponía maquillaje con colores tan intensos y
llamativos que hacían que costara mantenerle la mirada, a mí personalmente
me provocaba escalofríos, pero puede que eso se viera agravado por el hecho
de que no me caía nada bien. Mira que llegaba a ser fea la cabrona.
Pero ella pagaba, así que: jódete Ali…
—Siéntate—aquí más que hablar me ladró.
—¿Necesitas algo Rebeca?—pregunté un poco dubitativa.
La revista se publicaba los jueves, digamos que el día más tranquilo de
toda la semana para todas era el viernes, no es que hubiera menos trabajo pero
ya no existía la tensión previa a la publicación, eso siempre volvía los lunes.
Rebeca dejó lo que estaba haciendo, se quitó las gafas, se recostó en su silla y
me miró como si se sorprendiera ella misma por haberme contratado, a veces
ni yo misma lo comprendía…
—Supongo que sabes quién es Eva Dabán ¿No?—dijo como si una
negativa pudiera costarme el despido.
Claro que lo sabía, no creo que existiera lesbiana alguna que no lo
supiera, y no lesbianas también. Eva Dabán era una impresionante mujer que
trabajaba como acompañante de lujo para mujeres con un bolsillo altamente
abultado. Sus únicas apariciones públicas eran siempre en eventos y fiestas
caras, en la compañía de alguna mujer poderosa y con suficiente dinero como
para pagar sus desorbitadas tasas. No es que yo supiera cuanto cobraba, pero
se rumoreaba que una noche con ella te podía costar lo que yo cobraba en todo
un año.
Aparecer con Eva Dabán a tú lado no significaba que estuvieras
desesperada y tuvieras que pagar por sexo, en aquel mundo significaba
prestigio, todas la deseaban pero solo unas pocas la tenían a su alcance. Si
ella te acompañaba tú reputación se disparaba, era así de simple.
—¿La prostituta?
—Acompañante de lujo—matizó.
«Por supuesto»
—Perdón.
—Vamos a hacerle una entrevista Alicia—dijo muy seria.
—¿A sí?—pregunté sorprendida—Creía que no le interesaba ser
entrevistada…
Desde que se publicó la revista por primera vez, el principal objetivo de
Rebeca fue conseguir una entrevista con Eva Dabán, sabía de sobra el reclamo
que esa mujer despertaba y una entrevista en exclusiva con ella catapultaría la
reputación de la revista de inmediato. Pero por lo visto a Eva no le
interesaban ese tipo de cosas, jamás había concedido entrevistas ni acudía a
los múltiples eventos a los que era invitada salvo que fuera en compañía de
alguien, se mostraba muy celosa de su intimidad.
—Digamos que ella y yo compartimos una amiga en común y gracias a
eso, Eva ha accedido por fin a dejar que le hagamos la entrevista.
No me podía creer que hubiera una persona en el planeta que relacionara
al orco que tenía delante con la preciosa y sexy Eva Dabán. Aunque me
preocupaba más saber por qué me lo estaba contando, ¿No querría que la
ayudara a preparar las preguntas? Pasar más tiempo de la cuenta con Rebeca
podía ser un auténtico infierno.
—La vas a entrevistar tú Alicia—dijo clavando sus espeluznantes ojos
sobre mí.
Estuve a punto de reírme pensando que por primera vez en su vida había
decidido gastarme una broma pero su mirada mortificante me lo impidió.
Suerte que estaba sentada cuando me lo dijo. ¿Estaba hablando en serio?
¿Quería que yo, el último de sus monos, entrevistara a Eva Dabán?
—Mira Alicia, te seré sincera, recurro a ti porque no tengo a nadie más.
Eso ya me cuadraba más.
—Dabán ha aceptado ser entrevistada pero tiene sus propias condiciones,
la entrevista se hará este domingo en su casa. O es el domingo o no hay
entrevista, así de sencillo. Estamos en pleno agosto y la única reportera que
tengo disponible es Lupe, pero Eva se ha negado a dejarse entrevistar por ella,
así que solo me quedas tú.
La verdad es que no me sorprendía que no quisiera que Lupe la
entrevistara, la muchacha era famosa por sus preguntas impertinentes y poco
apropiadas, era de las que escarbaban en la mierda y buscaban trapos sucios
para destacar. Nunca había entendido porque Rebeca se lo permitía hasta que
me enteré de que era su sobrina.
«Ay las sobris...»
—¿Y no prefieres entrevistarla tú?—pregunté. Eva Dabán era lo más
importante que nos había pasado ¿Y me la iba a dejar a mí? ¿A la torpe Ali?
—Te puedo asegurar que lo haría si pudiera Alicia.
Como odiaba que me llamara así, ella sabía de sobra que no me gustaba
pero aun así lo hacía.
—Pero este fin de semana es el estreno de una importante película del
género y no puedo faltar. Espero que no haga falta que te diga lo importante
que es esta entrevista para nosotros, si la cagas no solo te despediré, sino que
me encargaré personalmente de que no encuentres trabajo de reportera en la
vida ¿Te queda claro?
«Sin presión»
Menuda mierda, no solo me caía el marrón, sino que encima me caía en
fin de semana porque a la guapa de Dabán le apetecía que fuera un domingo.
Perfecto.
—¿Y las preguntas? ¿Ha pedido alguna censura?—pregunté con sorna.
—Podrás hacerle todas las preguntas que quieras y ella decidirá sobre la
marcha si las contesta o no, no quiero que insistas ni des rodeos Alicia, si hay
algo de lo que no quiera hablar cambias de tema y punto.
—¿No hay límite de preguntas?—eso me sorprendió un poco, este tipo de
gente solía concederte un tiempo concreto o un número determinado de
preguntas, una vez llenado el cupo adiós muy buenas.
—No hay límite para nada, ni de preguntas ni de tiempo.
«Algo es algo»
Eso me beneficiaba, así no tenía que agobiarme seleccionando las
preguntas que podían ser más interesantes, simplemente le haría todas las que
quisiera responderme y después ya me encargaría de seleccionar con Rebeca
lo que se publicaba y lo que no.
—¿Hay algo en concreto que quieras que le pregunte?
—No, cualquier cosa que te diga ya es un regalo, lo único que no quiero
es que la cagues. Toma, esta es su dirección, te estará esperando a las nueve
de la mañana, ¡no llegues tarde por Dios!
Genial, a madrugar un domingo y pasarme todo el puto sábado redactando
preguntas para la señorita.
2
Nervios

Esa mañana me levanté muy temprano, no quería llegar tarde a la


entrevista y sabía que me iba a tirar media hora escogiendo la ropa para al
final acabar poniéndome unos pantalones piratas negros y ajustados, con una
camiseta de tirantes de un verde clarito que resaltaba mi piel morena. Me
recogí mi larga melena oscura en una cola alta, no soportaba que el pelo me
rozara el cuello, y menos con el calor que hacía. Dudé mucho con el calzado
pero en cuanto abrí la ventana y el aire calentorro me golpeó en la cara decidí
que iría en chanclas. Me daba igual que la elegante Eva Dabán no aprobara mi
vestimenta, al fin y al cabo yo era así, informal por naturaleza y no iba a
cambiarlo para ella.
Cogí mi libreta, había escrito en ella más de cien preguntas, sabía que no
me contestaría varias y que no habría tiempo para tantas, aunque no había
puesto límites en algún momento aquella mujer se cansaría y daría por zanjada
la entrevista. Lo sé, podría haberlas escrito con ordenador, pero yo era una
sentimental y había ciertas cosas a las que les tenía mucho cariño, entre ellas
las libretas. Me aseguré de que la grabadora tenía batería suficiente, pero por
si acaso también me llevé el cargador.
Ya estaba lista, lo tenía todo, todo menos la tranquilidad que debería
mostrar para entrevistar a alguien. No podía evitarlo, supongo que por eso me
gustaba más el trabajo de despacho, allí no me ponía nerviosa y me mostraba
más segura de mí misma, en cambio ahora estaba hecha un flan, y ya de paso
podía reconocer que Eva Dabán me imponía mucho. Siempre mostraba una
seguridad y un aplomo impresionantes, las pocas veces que había hablado en
público debido a la compañera que tenía siempre se mostraba decidida y
elegía con cuidado sus palabras. Jamás había dicho nada que desentonara ni se
le había conseguido sacar una palabra con respecto a sus acompañantes.
¿Sería yo capaz de estar a la altura? Lo dudo bastante…
Parecía inteligente, muy inteligente y guapa, tenía una melena castaña que
siempre brillaba intensamente, nunca la había visto con el pelo de otro color
así que supongo que ese era el suyo natural, tenía los ojos a juego con su pelo
y una sonrisa increíblemente sexy. Era alta y esbelta, tenía unos pechos
medianos preciosos, solía vestir como una ejecutiva, al fin y al cabo lo era,
dirigía un negocio altamente rentable en el que ella era la única empleada. Si
no fuera porque yo ya sabía a lo que se dedicaba, jamás hubiese pensado que
fuera posible que una mujer como aquella vendiera su cuerpo por dinero.
Decidí ir en taxi, estaba demasiado nerviosa para coger el coche y el
metro de Madrid no tenía parada cerca de la urbanización de lujo en la que
ella vivía. Llegué a las nueve menos cinco.
¡Joder menos mal!
Estuve un par de minutos parada frente a la casa, intenté relajarme, tomé
un par de bocanadas enormes de aire e hice algunos estiramientos, pero nada
funcionó, me temblaban las piernas y las manos, y notaba como el corazón me
latía descontroladamente. Creo que jamás me había puesto tan nerviosa. Tras
mi fracasado intento de relajarme me armé de valor y llamé al timbre de la
puerta blanca de hierro. Al cabo de unos segundos eternos la voz más dulce
que había oído en mi vida me contestó.
—¿Sí?
—Soy Ali, Alicia, de la revista Arcoíris—me atraganté un poco y me
aclaré la garganta—tengo que hacerle una entrevista, soy la que la
entrevistará. Mierda…
Me sentí gilipollas en la más alta de las categorías, Eva no dijo nada,
solo abrió. Yo me había apoyado en la puerta y en cuanto el sonido
característico ese que hacen las puertas cuando su dueño aprieta el botón para
abrir liberó la cerradura, mi propio peso empujó la puerta y a mí tras ella. Por
suerte pude agarrarme a la maneta y evité estamparme en el suelo de su jardín.
Su enorme jardín, joder que grande era. Caminé rápido a través del
camino de piedra hasta la entrada de la casa, debí tardar dos minutos o así,
bueno puede que menos pero a mí se me hizo eterno. Justo cuando iba a llamar
a la puerta esta se abrió, supongo que ella ya tenía calculado lo que la gente
tardaba en recorrer la distancia entre la puerta de la calle y la de su casa.
Se me cortó la respiración cuando la vi, lejos de lo que yo imaginaba
estaba vestida con un pantalón corto por encima de la rodilla y una camisa de
manga larga blanca colocada de manera informal, dejaba a la vista un
canalillo que yo no pude evitar mirar, fue lo primero que vi después de su
cara, también se había recogido el pelo en una especie de moño desaliñado
que le quedaba de maravilla con los mechones colgando, siempre la había
visto con el pelo suelto y ver su cuello al descubierto me hizo sentir un ligero
y extraño escalofrío.
No me esperaba que me recibiera vestida tan informal, me descolocó y
me puso más nerviosa todavía.
—¿Alicia no?—dijo extendiendo su mano para estrechar la mía.
—Ali, solo Ali porfa—dije avergonzada.
¿Porfa? ¿En serio? Mierda.
—Vale, solo Ali…—dijo con una sonrisa divertida—pasa por favor.
Caminó descalza por el salón mientras yo la seguía sin dejar de mirarla,
atravesamos la cocina que era más grande que mi apartamento y salimos a un
jardín lateral, allí había una sombrilla enorme en medio del césped y dos
sillones blancos de esos con el respaldo flexible pero que no llegan a ser
mecedoras. En medio había una mesa baja de cristal, a un lado había un
columpio de esos en los que te puedes tumbar, un par de hamacas y una
inmensa piscina.
—¿Te parece bien aquí?—dijo señalando los sillones—hace buen día y
con la sombrilla se está muy bien aquí fuera.
—Sí, claro, donde quiera, usted manda—contesté acariciando la hierba
con un pie como si dibujara un semicírculo.
—Llámame Eva—dijo en un tono adorable—y relájate Ali, no muerdo.
—Lo siento es que no estoy acostumbrada a estas cosas—dije tomando
asiento.
Ella sonrió.
—Tranquila yo tampoco ¿Te apetece beber agua? ¿Café? U otra cosa…—
preguntó.
—Agua está bien, gracias.
Se fue a la cocina mientras yo la observaba alejarse, que bien le sentaba
aquella ropa…Regresó con una jarra de agua fría y dos vasos, los llenó y yo
cogí el mío y le di un trago largo, tenía la sensación continua de que la boca se
me quedaba seca. No estaba segura de que hubiera agua suficiente en aquella
casa para saciar mi sed.
—Bueno ¿Cómo quieres que lo hagamos?—dijo sentándose.
En ese momento yo estaba bebiendo agua de nuevo y se me fue por el otro
lado al escuchar su pregunta, me atraganté a lo bestia, de esas veces que
empiezas a toser y te quedas sin aire, de esas que piensas que te vas a morir
vamos…Dejé el sillón y me arrodillé en el césped, los ojos me lloraban
mientras tosía desesperadamente en un intento de coger aire, tenía un calor
horrible. Eva se acercó a mí asustada, se agachó y colocó su cálida mano por
debajo de mi garganta, la otra la sentí en mi hombro y poco a poco empezó a
llegarme el aire.
Sabía que estaba roja, lo notaba, el corazón me latía con fuerza y no tenía
claro si era porque había estado a punto de morirme asfixiada o porque ella
me estaba tocando.
—¿Mejor?—preguntó cerca de mi oído.
Yo asentí.
—Perdona, me refería a la entrevista—puntualizó consciente de que yo
había entendido otra cosa.
—No, perdona tú—dije avergonzada.
—Tranquila, va con el trabajo…—dijo bastante seria. Volvió a llenar mi
vaso sin mirarme y se sentó.
En ese momento me sentí fatal, pequeña, inútil y miserable, todavía no
habíamos empezado a hablar y yo y mis inseguridades ya le habíamos
recordado que era una prostituta.
—Bebe despacio—sugirió cuando me vio coger el vaso de nuevo.
Intenté hablarle pero no me salió la voz, empecé a aclararme la garganta
pero no había manera.
—Perdón—dije mientras seguía carraspeando.
Al principio me miró sería, pero poco a poco se le empezó a dibujar una
sonrisa en la cara hasta que al final empezó a reírse, apoyó el codo en el
reposabrazos y se tapó la boca con la mano para no parecer tan descarada,
pero a mí me pareció la imagen más espectacular que había visto nunca. Tenía
las piernas cruzadas y la camisa se le descolgaba hacía el lado en el que
estaba apoyada, dejando ligeramente visible la curva de uno de sus pechos.
Sin previo aviso tuve una contracción entre las piernas y se me escapó un
suspiro ahogado, todo el cuerpo me temblaba y me costaba respirar. El
corazón me latía hasta en los párpados, me sentía tremendamente excitada,
noté como la humedad alcanzaba mí tanga, no me había pasado nunca con
nadie y me asusté mucho al pensar que ella pudiera darse cuenta. Me retorcí en
mi asiento, crucé las piernas apretando los muslos con fuerza para ahogar
aquel deseo que sentía entre ellas, suspiré hondo un par de veces y estiré los
brazos como si acabara de levantarme, sabía que era de muy mala educación
pero fue lo único que se me ocurrió para conseguir liberar algo de tensión.
En aquel momento supe que yo también pagaría por estar con ella, porque
me besara una sola vez, porque volviera a tocarme, por acostarme con ella…
—Lo siento—susurré avergonzada.
—No te preocupes, nadie debería levantarse tan temprano un domingo.
Volví a suspirar y ella sonrió de nuevo sin dejar de observarme.
—Perdona que me ría, es que me pareces tan frágil Ali—dijo
recolocándose en su asiento.
—Soy un poco torpe lo siento—dije recuperando mi voz—Te explico un
poco esto ¿Vale?
—Tú dirás…—dijo entrelazando los dedos.
Conseguí calmarme un poco, supe que lo mejor para quitarme aquellos
pensamientos o mejor dicho, aquellas sensaciones, era empezar la entrevista y
centrarme en mi trabajo.
—Bueno, si te digo la verdad no he tenido mucho tiempo para preparar la
entrevista—dije cabizbaja—normalmente ordeno las preguntas por temas pero
me avisaron muy tarde y están mezcladas, no siguen ningún tipo de orden, las
fui apuntando conforme me venían a la cabeza…
—No te preocupes, así será más ameno, ir saltando de un tema a otro
puede ser hasta divertido, tranquila. Además es culpa mía, fui yo la que exigió
que fuera hoy.
—Gracias—sonreí—si te parece me confirmas algunos datos básicos
para cuando preparen la biografía y empezamos. También te haré algunas
preguntas aleatorias, quiero decir que tus propias respuestas provocaran
preguntas que a lo mejor no están aquí y…
—Tranquila Ali, me parece bien—dijo cuando vio que empezaba a
liarme otra vez.
—Vale, según lo que he encontrado te llamas Eva Dabán, bueno eso está
claro—dije contestándome yo sola mientras ella se reía.
«Joder que hostia tengo»
—Tienes treinta y tres años, naciste en Barcelona, actualmente vives en
Madrid y tienes una licenciatura de Veterinaria ¿Es todo correcto?—dije
alzando las cejas para mirarla.
—Sí—afirmó con sus ojos clavados en los míos.
Carraspeé un poco de nuevo, bebí más agua y suspiré profundamente.
Cogí mi boli para ir tachando las preguntas conforme se las hiciera y encendí
la grabadora.
3
La entrevista

—Empiezo ¿vale?, si en cualquier momento quieres parar solo tienes que


decírmelo—dije poniéndome las gafas para leer.
—Te quedan bien.
—¿Qué?
—Las gafas Ali, que te quedan bien—dijo sin dejar de mirarme.
Joder que nerviosa me ponía, y ahora más, sabiendo que le gustaba como
me quedaban las gafas.
—Gracias—contesté sonrojada.
—Ya no te interrumpo más lo prometo—dijo haciendo una señal con la
mano para que empezara con la entrevista.
—Vale empezamos—me aclaré otra vez—¿Por qué alguien con una
carrera universitaria acaba trabajando como acompañante de lujo para
mujeres?
Ella cogió aire, como si esa respuesta fuera complicada o larga.
—Pues si te digo la verdad, fue precisamente estando en la universidad
donde me hicieron la primera propuesta.
—¿Te refieres a que alguien te ofreció dinero a cambio de sexo mientras
estudiabas?
—A cambio de sexo propiamente dicho no, y tampoco fue dentro de la
universidad si es lo que preguntas.
Yo me la quedé mirando esperando su historia y ella empezó a
contármela.
—A mí me apasionaba lo que estudiaba, bueno, y lo sigue haciendo, y por
ello siempre que podía acudía a cualquier seminario o conferencia que
estuvieran relacionados. Cuando estaba en tercer año asistí a una conferencia
de esas que duran dos días, era un fin de semana. Al acabar las primeras
ponencias se hizo un descanso y una de las ponentes se acercó a mí.
—¿Qué edad tenías entonces?—la interrumpí.
—Veintiséis, yo no tenía recursos económicos para pagarme la carrera y
cuando terminé el bachillerato tuve que ponerme a trabajar para ahorrar, así
que empecé a estudiar más tarde.
—Gracias, continua por favor.
—Bueno pues aquella ponente…
—Supongo que no vas a decirme el nombre…—sonreí.
—No, no voy a hacerlo—contestó devolviéndome la sonrisa.
Tenía que intentarlo…
—Aquella ponente—continuo—me invitó a que me tomara un café con
ella, su ponencia me había parecido de lo más interesante, así que acepté. Tras
estar charlando un rato me dijo que esa noche tenía una cena con unas amigas y
que no le apetecía ir sola, que si quería acompañarla. Yo me negué, supongo
que ese sexto sentido que tenemos las mujeres me decía el tipo de compañía
que ella quería.
—¿Y qué pasó?
—Que me ofreció dinero—dijo encogiéndose de hombros.
—¿Así sin más?—pregunté sorprendida.
—Sí, era de aquellas mujeres que siempre conseguía lo que quería y no le
importaba pagar por ello. Al principio me sentí muy ofendida pero me ofreció
una cantidad que a mí entonces me suponía pagar el alquiler de cuatro meses.
Yo me negué igualmente pero ella insistió y me garantizó que no me pondría
una mano encima, que lo único que quería era que la acompañara, que charlara
con ella para no sentirse tan sola, ya que todas sus amigas iban acompañadas.
Se detuvo para beber agua unos instantes.
—Hacía apenas un año que me había independizado, hasta entonces vivía
con mi hermana, yo estudiaba por las mañanas y trabajaba en una librería por
las tardes, pero mi sueldo no me daba para pagar el alquiler, los gastos, los
estudios…así que prácticamente todos los meses mi hermana tenía que
ayudarme. Yo estaba harta de ser una carga para ella y con aquel dinero podría
estar unos meses sin pedirle nada…
—Y aceptaste—di por hecho.
—Sí. Al principio fue muy duro, me sentía sucia y degradada, pero
conforme fue pasando la noche y comprobé que no me había mentido me
empecé a sentir mejor, más cómoda, el resto de sus acompañantes me trató
como a una más, aunque estoy segura de que sabían porque estaba yo allí.
—Entiendo que ella era mayor que tú…
—Sí, aunque tampoco una barbaridad, tenía cuarenta años y lo cierto es
que era una mujer muy atractiva. No me desagradaba estar en su compañía,
tenía una conversación muy interesante, sobre todo para una cría catorce años
menor que ella. Me trató muy bien, fue atenta y educada en todo momento, no
me rozó ni una sola vez y cuando la cena terminó me preguntó si estaría
dispuesta a repetir aquello alguna vez, yo le contesté que me lo pensaría—dijo
sonriendo.
—¿Te acostaste con ella?—se me escapó—perdona esta pregunta esta
fuera de lugar—dije abochornada.
Aun así me respondió.
—No, no me acosté con ella aquel día, pero sí que lo hice más adelante.
A raíz de aquel encuentro empezó a llamarme para otros, de forma esporádica,
las condiciones eran las mismas y a mí me hacía falta el dinero. Cogimos
cierta confianza, me sentía cómoda con ella y en una de esas ocasiones cuando
me llamó para pedirme que la acompañara a un partido de futbol me preguntó
si estaría dispuesta a hacer algo más por ella. Yo enmudecí, pero ella siguió
hablando, me dejó claro que no esperaba ningún tipo de relación, que solo
quería sexo y que si me negaba lo entendía. Que yo no tenía que hacer nada si
no quería, que se conformaba con follarme ella a mí…
Se me abrieron los ojos como platos mientras ella se colocaba unos
mechones por detrás de las orejas y bebía un poco de agua antes de continuar.
Me sorprendió la naturalidad con la que utilizó la palabra follar. Noté como
esa excitación descontrolada volvía a sacudir mis entrañas de nuevo, la
humedad volvió a hacer acto de presencia y una ola de fuego recorrió mi
cuerpo. Apreté las piernas de nuevo y agarré los reposabrazos con fuerza
mientras intentaba controlarme. Por suerte Eva estaba absorta en su historia y
no se dio cuenta del efecto que provocaba en mí con una palabra o un simple
movimiento.
—En aquel momento no sabría explicarte como me sentí, pero no sé
porque, acepté. Yo siempre he tenido muy clara mi condición sexual y ella me
parecía atractiva así que no sé. Cuando acabó el partido fuimos a un hotel, yo
estaba tan nerviosa que no era capaz ni de mirarla.
Se quedó callada unos instantes, pensativa, yo no la interrumpí, le dejé su
tiempo sin dejar de observarla y aproveché para relajarme un poco.
—Creo que de esa noche solo puedo contar hasta aquí Ali.
—De acuerdo.
No insistí, mi puesto dependía de ello y además sentía un tremendo
respeto por aquella mujer que no dejaba de mirarme. Taché la pregunta y fui a
por la siguiente. Oh, esta era importante para mí, vaya que sí, y además no
tenía nada que ver con la palabra sexo.
—¿Por qué hoy? La entrevista digo—pregunté mientras hacía bailar el
boli a toda velocidad entre mi dedo pulgar y el índice—¿Por qué un domingo?
—¿Te he puteado no?—dijo sonriendo—Lo siento, tenía el día libre y
quería quitarme este asunto de en medio cuanto antes, lamento que hayas
tenido que pringar por mi culpa Ali.
—No te preocupes, reconozco que para mí los domingos son un día
sagrado de sofá y libro, pero ha valido la pena el esfuerzo.
Mierda, ¿Yo había dicho eso?
—Me alegra oír eso.
Sonreí tímidamente, taché la pregunta y seguí moviendo el boli mientras
buscaba la siguiente. Justo cuando fui a abrir la boca el boli se me escapó de
entre los dedos y salió disparado como una flecha contra Eva, por suerte tuvo
reflejos y se cubrió la cara con los brazos porque el boli impactó de lleno en
su brazo derecho.
—¡Mierda, lo siento!—dije mientras me levantaba corriendo en su
dirección.
—Vaya, menuda puntería chica—dijo con una sonrisa—si no fuera porque
lo he visto diría que me lo habías tirado a propósito.
—Lo siento Eva—dije completamente abochornada—¿Te he hecho daño?
Ella se miró el brazo, tenía una pequeña raya azul pintada en la camisa.
Después me miró a mí sin decir nada, me clavó la mirada mientras yo estaba
agachada a su lado recogiendo el puto boli y me paralicé. Se me aceleró tanto
el pulso que pensé que iba a salir andando como las muñecas de famosa al
compás de mis latidos. Su mirada era apacible, como si estuviera disfrutando
de la visión mientras yo solo podía pensar en cómo sería besarla, dejar que
aquellos labios rozaran los míos, sentir el calor de su aliento y la humedad de
su lengua.
En esas décimas de segundo que ella pasó sin dejar de mirarme, empecé a
sentir un tremendo cosquilleo en el estómago que tardó menos de lo que me
hubiera gustado en colocarse de nuevo entre mis piernas. Mi respiración se
aceleró y ella sonrió al darse cuenta. Entonces se puso en pie y me tendió una
mano para que me levantara. Sabía que tocarla no me convenía en absoluto
pero hubiera sido muy grosero por mí parte rechazar su ayuda así que me armé
de valor y cogí su mano. La excitación fue tan grande que me sentí un poco
mareada y aturdida, clavé la mirada en el suelo y en cuanto estuve en pie solté
su cálida mano, se dio la vuelta en dirección a mi silla y cogió mi libreta y la
grabadora.
Yo me quedé como una estatua observándola, entonces volvió hacia mí y
me dio la grabadora, ella se quedó con la libreta…
—Descálzate y ven—dijo invitándome a que la acompañara.
—¿Qué?
—Que te descalces Ali.
—¿A dónde vamos?—conseguí preguntar mientras obedecía.
—A pasear por el jardín—ahí me quedé loca—te veo muy nerviosa Ali.
Cuando yo estoy así suelo salir al jardín a pasear descalza, el contacto de los
pies desnudos sobre la hierba me relaja—dijo alzando las cejas y los
hombros.
Creo que solo escuché desnudos. Empezamos a caminar despacio, su
jardín bordeaba toda la casa así que nos pusimos a dar vueltas. Ella miraba
las preguntas de la primera hoja de la libreta sin decir nada mientras yo poco a
poco me daba cuenta de que Eva tenía razón, caminar descalza por la puta
hierba me relajaba. Me concentré en mis pasos, en echar un pie delante del
otro y en el sonido de los pájaros, del silencio. De vez en cuando la miraba de
reojo, Eva parecía tranquila, relajada, en paz…Transmitía una serenidad
inmensa, y de la misma forma que provocaba aquel tremendo descontrol en mi
cuerpo también conseguía calmarme. No sé cuánto rato estuvimos caminando
en silencio ni cuántas vueltas dimos a su casa, pero me gustó.
—Si quieres puedes continuar mientras andamos—dijo devolviéndome la
libreta.
Me sacó de mis pensamientos y entonces recordé el momento boli
volador.
—No me has contestado Eva ¿Te he hecho daño?—atiné a decir.
—No, aunque dudo que consiga quitar esta mancha de tinta—dijo
mirándome de reojo con una sonrisa divertida.
—Te pagaré la tintorería.
—No digas chorradas, anda sigue—dijo haciendo un gesto con la cabeza
señalando la libreta.
—Lo siento—sonreí. Cogí la libreta y sin pensarlo lancé la siguiente
pregunta—¿Alguna vez has rechazado a alguna posible clienta?
—Sí, por supuesto. En varias ocasiones y por diferentes motivos—
contestó metiendo sus manos en los bolsillos mientras seguíamos andando.
—¿Cómo por ejemplo?
Alzó las cejas antes de responder.
—Pues depende, desde mujeres que sé que no pueden pagar mis tarifas
hasta mujeres con una reputación que no me gusta o que simplemente no me
atraen. Eso último ha sonado muy mal ¿No? ¿Puedes borrarlo?—dijo
empequeñeciendo los ojos.
Hay que tierna ella coño…
—Por supuesto—no pude evitar reír y ella sonrió de nuevo.
—¿Eres selectiva con tus clientas?
—Esa pregunta no está en la libreta…
—Solo has leído la primera página…
—¿Cuántas hay?—preguntó alarmada.
—Bastantes, pero tranquila, acabaremos cuando tú lo digas—me la quedé
mirando esperando su respuesta.
—A sí, perdona, la pregunta. Pues…esto te va a sonar quizá un poco
presuntuoso Ali, pero por suerte, desde el principio me he podido permitir el
lujo de decir sí o no, no me veo capaz de acompañar a alguien con quien no
tenga un mínimo de feeling por decirlo de alguna manera, que como mínimo
me caiga bien vamos, y sobre todo que me inspire confianza. Odio las
situaciones incómodas, así que si alguna mujer no me entra por el rabillo del
ojo no acepto, independientemente de la cantidad que me ofrezca.
—Tu respuesta me lleva un poco al principio otra vez—dije mirándola de
soslayo—dices que la primera vez que hiciste esto fue con aquella ponente
pero ¿Cómo llegaron las demás? ¿De dónde salieron?
—De la primera, de “la ponente” —sonrió—como te he dicho la
acompañaba a lugares en los que ella iba con otras amigas, y un buen día me
comentó que una de sus amigas también quería mi compañía, como siempre
era muy cordial, muy “pero solo si tú quieres, sin obligaciones”, yo sabía
quién era su amiga, había hablado con ella algunas veces y me parecía una
persona muy correcta y amable. Acabé aceptando y digamos que a partir de
ahí empezaron a aparecer más amigas de las amigas, mi tiempo empezó a ser
cada vez más escaso por lo que ellas mismas eran las que iban aumentando las
ofertas, y poco más, así es como empecé.
—¿Te arrepientes?
—No—contestó tajante—poco a poco empezó a gustarme lo que hacía,
me gustan las mujeres y me gusta complacerlas. Tengo un trabajo que me
permite hacerlo así que no, no me arrepiento.
¡Dios! aquella entrevista iba a acabar conmigo y con mi voluntad…
4
¿Una infusión?

Tras unas cuantas vueltas por el jardín en las que yo acabé más cansada
que relajada, Eva decidió que era el momento de continuar la entrevista dentro
de su casa, entre una cosa y otra eran las once y media de la mañana y el calor
empezaba a hacerse notar incluso en la sombra. Me senté en la mesa de la
cocina (bueno en una silla no en la mesa claro) mientras ella preparaba café y
sacaba una bandeja de pastitas de esas que compras en las pastelerías y te
cuestan un pastón.
—¿Tienes alguna infusión?—pregunté consciente de que el café era lo
último que necesitaba en mi estado.
«Aunque un Valium estaría mucho mejor»
—Claro, creo que hay té verde y manzanilla, ¿Qué prefieres?
—Una manzanilla por favor—respondí aliviada.
Ella sonrió sin decirme nada y abrió un armario para coger la caja que
contenía la infusión.
—Puedes continuar—dijo mientras yo la miraba danzar por la cocina.
—Sí, claro, perdona—miré la siguiente pregunta, esta era de esas que no
seguían el hilo pero ahí estaba—¿Alguna vez has estado con alguna mujer
casada?
Se le dibujó una sonrisilla mientras me miraba de reojo. Acabó de servir
el café y la infusión y se sentó frente a mí.
—Sí, varias—dijo antes de morder una pastita.
—¿Sabiéndolo?
—Unas veces lo sabía y otras me enteraba después, pero sí. Mira Ali, yo
no soy partidaria de meterme en medio de una relación, pero cada mujer que
me contrata lo hace para que la vean conmigo, por lo tanto entiendo que su
marido o su mujer están al corriente de lo que hacen. Pero si además te lo
tengo que decir desde un punto de vista más frívolo, la realidad para mí es
muy simple, no es mi problema. Yo tengo un trabajo y unas tarifas, si las pagas
y me interesa, tus problemas de pareja no son asunto mío.
Joder como me gustaba esta mujer y lo claro que lo tenía todo.
—¿Has tenido problemas alguna vez? Me refiero a parejas celosas que
hayan ido a por ti…
Suspiró profundamente y me miró, después se humedeció los labios para
seguir hablando y yo sentí como se me humedecía otra cosa ¿Realmente eso
me estaba pasando? ¿Es qué no iba a acabar nunca? ¿Era mi cuerpo una fuente
inagotable de deseo y yo no lo sabía?
—Un par de veces, ambas con mujeres, quiero decir con parejas
femeninas. La primera me envió una carta amenazándome, diciéndome todo lo
que me iba a pasar si volvía a ver a su esposa conmigo y te aseguro que
escribió cosas dignas de una auténtica psicópata. La segunda me amenazó en
persona, eso sí, con buenos modales, toda una señorita ella—dijo riendo.
—¿Y qué hiciste?
—Pues lo único que puedo hacer en estos casos, no volver a verme con
esas clientas. Una cosa es que sea conocedora de que tienen pareja y otra es
que vengan a amenazarme o me causen problemas, ya te he dicho que las
situaciones incómodas no me gustan así que estos temas los zanjo de una forma
bastante radical.
—¿Qué es lo más raro que has tenido que hacer para una clienta?
—Yo creo que para mí lo más raro ha sido escuchar ciertas confesiones,
hay algunas personas que me contratan porque tienen algún tipo de deseo
sexual un tanto peculiar y no se atreven a contárselo a nadie, así que me pagan
una auténtica burrada únicamente para que las escuche.
—¿Deseos de que tipo? Para que nos hagamos una idea…
Pues mira…la que más me impactó fue una que me dijo que le excitaba
masturbarse cuando estaba defecando—dijo haciendo una mueca.
—Oh, vaya—dije conteniendo las ganas de reír—¿Por qué crees que te
contratan a ti para eso? ¿No les saldría más barato ir a un psicólogo? ¿O a un
psiquiatra…?
—Creo que para esas personas es más fácil contarle algo así a una puta
que a un psicólogo, supongo que dan por hecho que yo habré hecho o visto
cosas mucho peores que ellas y no me voy a sorprender de lo que me cuentan,
en cambio un psicólogo que se supone que es alguien con una profesión más
que decente podría alarmarse y decirles algo que no quieren escuchar, no sé…
supongo que se sienten más a gusto explicándoselo a alguien a quien
consideran inferior.
Odié a esas mujeres…
—¿Contratar a Eva Dabán tiene algún requisito? ¿Alguna cláusula?
—Sí, siempre exijo un certificado médico que demuestre que no padecen
enfermedades contagiosas. Yo también lo entrego si es lo que vas a
preguntarme—dijo adivinando mi siguiente pregunta. Yo sonreí—también hago
que me firmen un contrato en el que se especifica que es exactamente lo que
pueden esperar de mí y lo que no para que después no haya mal entendidos.
—¿El contrato es el mismo para todas?
—No, depende de cada mujer y de para que me contrate, tipo de evento
me refiero.
—¿Unas tienen más privilegios que otras?
—Sí—contestó encogiéndose de hombros—esto tampoco quiero que lo
publiques.
—De acuerdo. ¿Por qué respondes a mis preguntas y después me pides
que no las publique?—pregunté sin pensar mucho—sería mucho más fácil no
responderme, pero aun así lo haces…
—Vaya, buena pregunta Ali, esta sí que no me la esperaba…
Por primera vez desde que había cruzado la puerta de su casa vi en Eva
un punto de vulnerabilidad, a ver si al final tras esa imagen de mujer decidida
se escondía una mujer cargada de sentimientos…
—Supongo que son detalles que no le cuento nunca a nadie y que de algún
modo necesito exteriorizarlos, compartirlos con alguien para que ciertas cosas
no me consuman, pero sí, tienes razón, es más fácil no contestar, perdona.
—Noo, por favor, hazlo, es solo que me contrariaba un poco esa actitud,
pero de verdad, me encanta que lo hagas Eva.
Con lo que me gustaba a mí escuchar a esa mujer y por una pregunta
estúpida casi me quedo sin sus confesiones.
—Bien, gracias.
—Vale, siguiente pregunta. ¿Por qué has aceptado la entrevista? Me
consta que llevamos meses persiguiéndote y siempre te has negado, ¿Por qué
este cambio?
—No veo que interés puede tener esa pregunta para los lectores Ali…—
dijo con su adorable sonrisa.
Mi corazón se encogía cada vez que mi nombre era pronunciado por sus
labios. Carraspeé un poco para aclararme de nuevo.
—Bueno, en realidad es curiosidad personal, perdona—me estaba
poniendo colorada, lo notaba, lo sabía, ardía. Empecé a ruborizarme sin
motivo, bueno sí, sí que tenía un motivo, hacía rato que no podía dejar de
preguntarme si Rebeca estaría entre sus clientas, sabía que tenía pasta de
sobra y solo de pensar en Eva y ella retozando se me revolvía el estómago—
es que mi jefa, Rebeca—puntualicé—dijo que teníais una amiga en común y
yo…
—¿Tú qué Ali?
¡Dios, me estaba dando un infarto!
—Bueno, quería saber si era cierto, que ambas tenéis una amiga en
común.
Se recostó en la silla y suspiró tan profundamente que vi como sus pechos
se elevaban sin que yo pudiera dejar de mirarlos.
«Mierda, mierda, mierda»
Sabía que se había dado cuenta, su mirada me decía que era
perfectamente consciente de como la había mirado, mi corazón latía
desbocado y ella no parecía inmutarse, solo me miraba fijamente, supongo que
ese comportamiento formaba parte de su personalidad. Tal vez Eva fuera una
conquistadora nata y ni siquiera lo sabía…
—Es cierto, compartimos una amiga en común, y si no hubiera sido por su
insistencia te aseguro que tú y yo no estaríamos hablando ahora mismo. ¿Por
qué tienes tanto interés en saberlo?
Creo que ese fue el momento en el que mi cara pasó del rojo al blanco, yo
era la entrevistadora, yo era la que hacía las preguntas y por supuesto no
estaba preparada para ser yo la que las respondiera.
—Esta entrevista no continuará si no me respondes—afirmó sin dejar de
mirarme con esos ojos que se colaban en mí y me desarmaban, con esa actitud
contundente y pasiva que hacía que me temblaran las piernas, con esos labios
sensuales que hacían que mil mariposas danzaran por mi estómago en
dirección descendente…
Tomé una decisión bastante inusual en mí, necesitaba recuperar mi
condición de persona adulta medianamente normal y dejar la de colegiala
vergonzosa y cachonda, pero sobretodo necesitaba que aquella situación
acabara cuanto antes, así que fui al grano.
—¿Te has acostado con Rebeca? ¿Está entre tus clientas?
No sabría muy bien como describir la expresión que se dibujó en su
rostro, creo que era una mezcla entre asombro, enfado, ofensa e incomodidad,
y eso último yo sabía que no le gustaba, ella me lo había dicho en dos
ocasiones.
—Mira en un día normal te aseguro que esta entrevista se hubiera
acabado aquí, pero me pillas de buen humor, tanto que hasta voy a responderte
—dijo en tono severo—no sé muy bien qué tipo de interés tienes tú en conocer
esa respuesta Ali, pero no, Rebeca no está entre mis clientas, lo que te ha
dicho es cierto, tenemos una amiga común, Laura, por si te interesa saberlo.
Además, ya te he dicho que me tomo la libertad de escoger a mis clientas y
desde luego Rebeca no encaja en mis requisitos por varios motivos que no te
voy a mencionar…
—¿Pero alguna vez te ha pedido que…?—no me atreví a terminar la
frase, no sabía que coño me pasaba en la boca, me había venido arriba, pero
le bastó una mirada fulminante para que me entraran unas ganas tremendas de
callarme, y entonces se levantó. Caminó hacia mí sin decir nada, se paró en
frente, se inclinó y colocó sus manos en los reposabrazos de mi silla, acercó
sus labios a mi oído dejando que sus mechones rozaran mi cara, me provocó
una mezcla entre cosquillas externas e internas, no solo en la cara, también
entre las piernas. Me quedé paralizada, creo que dejé de respirar, sí seguro, no
respiraba.
—Contrólate Ali…—me susurró con sus preciosos pechos delante de mis
ojos. Se levantó y se fue a por una cerveza dejándome al borde del infarto.
—¿Quieres?—preguntó con la cerveza en la mano.
Solo pude negar con la cabeza, las palabras no me salían, solo me faltaba
añadir alcohol a mi estado de gilipollez permanente. Creo que ya podía
hacerlo oficial, en menos de cuatro horas me había enamorado de Eva Dabán
¿Porque eso tenía que ser amor no? Ese deseo tremendo que sentía por ella,
ese cosquilleo en mí estómago…lo cierto es que no tenía con que compararlo
porque creo que no me había enamorado nunca, pero si no era amor ¿Qué era?.
Esto no podía estar pasándome a mí, ¿Se podía ser más imbécil que yo? ¿Es
que no había mujeres en el planeta que yo tenía que sentirme atraída por la
única que no iba a corresponderme como yo quería?
Volvió a sentarse, bebía directamente del botellín, sin vaso, yo siempre
había opinado que no había nada más sexy que una mujer bebiendo cerveza
directamente de la botella, llamarme rarita, pero yo soy así.
—¿Por qué te interesa tanto saber si me he acostado con tu jefa Ali? ¿Ya
no me verías con los mismos ojos si lo hubiera hecho?
—Sí, no…no sé, es que no me cae bien, perdona…no sé qué me pasa, yo
no soy así de impertinente Eva. Lo siento mucho.
—¿Qué te parece si volvemos a la entrevista y hacemos ver que esto no
ha pasado?—dijo sonriendo.
—Sí, por favor—supliqué agradecida.
Esta parte de la entrevista la borraría en mi casa, aunque Eva no me lo
había pedido a mí no me convenía que Rebeca la escuchara.
5
La familia

Me recompuse un poco, durante un buen rato estuve haciendo algunas


anotaciones en la libreta y descartando algunas preguntas, Eva aprovechó para
mirar su móvil y me dejó unos minutos para hacer una llamada. Después de
eso volvió a sentarse y me estudió para ver si ya me había convertido en una
persona normal otra vez.
—Ya estoy lista, perdona lo de antes, no volverá a pasar—dije con ojos
de gata abandonada.
—Bien. Oye, he pedido que nos traigan algo de comida, veo que esto se
alarga y ya empiezo a tener hambre, supongo que no te importa ¿no?
—No, claro que no, gracias—respondí rápidamente para que viera que
estaba por la labor.
La verdad es que me sorprendía que me permitiera seguir con la
entrevista después de lo que había hecho.
—¿Te ayudo?—pregunté cuando vi que se levantaba para recoger la
mesa.
—No, tú sigue con la entrevista y yo de mientras voy preparando todo
esto para cuando llegue la comida, no te preocupes.
—De acuerdo—me giré un poco para poder verla mientras se movía por
la cocina—siguiente pregunta: ¿Qué opina tu familia sobre el trabajo que has
elegido?
Alzó las cejas y me miró mientras tiraba algo en la basura.
—Pues no es un problema la verdad, mi familia no es muy extensa. Mis
padres murieron en un accidente cuando yo tenía dieciocho años y nos
quedamos solas mi hermana mayor y yo.
—Vaya, lo siento mucho Eva…
—Gracias.
—¿Y qué opina tu hermana?
Eva se echó a reír como si acabara de recordar algo gracioso. Se apoyó
en el mármol de la cocina con las dos manos para responderme, otra imagen
adorable para mi retina.
—La verdad es que cuando se lo conté pensé que iba a darle un paro
cardiaco allí mismo, la cara se le descompuso, tuve que acercarle una silla
corriendo para que se sentara—sonrió de nuevo al recordarlo—al principio
no se lo tomó muy bien, no por lo que yo hacía sino porque en el fondo sé que
se sentía culpable, como si no hubiera hecho algo bien. Es nueve años mayor
que yo, cuando murieron nuestros padres ella hacía poco que había terminado
la carrera de medicina y en seguida se puso a trabajar, pero su sueldo por
aquel entonces solo daba para mantenernos a las dos, no podía pagar mis
estudios y poco después es cuando yo empecé a trabajar para ahorrar. Ella
llevaba tiempo saliendo con un chico, iban muy en serio y cuando a él le
ofrecieron un puesto fijo en Madrid, a mí no me quedó otro remedio que
venirme aquí con ellos. Conseguí el empleo en la librería y con mi sueldo y la
ayuda de mi hermana y mi cuñado empecé a estudiar la carrera. Creo que ella
pensaba que yo lo había hecho para no depender de ella, y tal vez las primeras
veces fue así, pero desde luego ella no fue el motivo por el que decidí
dedicarme a esto.
—¿Pero al final lo comprendió?
—Me costó mucho tiempo conseguir que entendiera que había llegado un
punto en el que yo no lo estaba haciendo solo por dinero, me gustaba mi
trabajo y también le expliqué algunos detalles que la ayudaron a tranquilizarse.
Desde ese momento todo volvió a fluir con normalidad, de vez en cuando me
pega alguna charla para animarme a dejarlo pero jamás me ha juzgado, me
respeta y yo la adoro por eso. Mi hermana es la única persona en la que confío
ciegamente—murmuró con un tono de voz más bajo.
—¿Y a tu cuñado que le pareció?
—Él siempre fue un hombre de esos que todo le parecía bien, ni bueno ni
malo, cuándo mi hermana se lo contó solo le dijo que si era lo que yo quería
ellos no eran quien para oponerse. A mí nunca me dijo nada, me siguió
tratando igual que siempre.
—¿Cuánto tardaste en contárselo a tu hermana?
—Buff…pues al menos un año o así, quería hacerlo, pero me sentía con
el mismo miedo que cuando tuve que contarle que era lesbiana.
—¿Eso fue un problema para ella? ¿Lo de que fueras lesbiana?
—Que va, yo sola me monté mi propia película—dijo riendo—cuando se
lo conté me dijo que ya era hora de que lo reconociera, que ella hacía tiempo
que se había dado cuenta.
Las dos nos reímos.
—Entonces, cuando dejaste de pedirle dinero ¿Ella no sospechó nada?
¿No te preguntó de dónde salía?
—Sí claro, el primer mes que le dije que podía apañármelas sola me
preguntó que como era posible, entonces le dije que en la librería estaban
contentos conmigo y además de dejarme hacer una hora más cada día me
habían subido el sueldo. Hasta entonces creo que jamás le había mentido a mi
hermana, así que ella me creyó y yo arrastré un tremendo sentimiento de culpa
hasta que le conté la verdad.
—Lo que has dicho antes, sobre las charlas de tu hermana para animarte a
dejarlo—dije haciéndola recordar—me lleva a otra pregunta que tengo por
aquí—dije buscando entre las hojas para tacharla—aquí está: ¿Te has
planteado dejarlo en algún momento o es algo que no contemplas?
Suspiró muy hondo y arqueó las cejas mientras terminaba de colocar los
platos y los cubiertos en la mesa, entonces sonó el timbre.
—Perdona debe ser la comida, saca lo que quieras para beber, ahora
vuelvo.
Abrí la nevera y cogí una botella de vino, la descorché mientras ella
volvía con las bolsas. Me sentía un poco más tranquila, así que una copa de
vino no me sentaría mal.
—Como no sabía que te gustaba he pedido un poco de todo, hay pollo
asado, ensalada, pasta y fruta.
—Muchas gracias pero podías haberme preguntado, ahora te sobrará
comida…
—Tranquila, lo que sobre me lo como para cenar—dijo con una sonrisa
fugaz.
Llené las copas de vino mientras ella servía los platos. Nos sentamos a
comer y Eva continuó respondiendo las preguntas.
—En cuanto a tu pregunta de antes, la respuesta es no—dijo tajante—no
es que no me lo haya planteado, pero por ahora no tengo intención de dejarlo,
tal vez más adelante, cuando mi cuerpo ya no resulte tan atractivo para las
mujeres, no lo sé…No es algo en lo que piense mucho la verdad.
—¿Y si alguien te lo pidiera?
—¿Te refieres a una pareja?—dijo mientras se limpiaba con la servilleta
para después dar un sorbo de vino.
—Sí, supongo…—me ruboricé otra vez.
—Pues no me ha pasado, pero creo que no, yo no me escondo de lo que
soy, y quien me conoce sabe lo que hay, si decide ir un paso más allá conmigo
tiene que ser aceptando mi trabajo, porque eso es lo que soy Ali, yo no
concibo el amor si una de las dos partes no respeta y acepta todo lo que es la
otra. Mi trabajo forma parte de mi personalidad, de quien soy ahora. Que
alguien que se supone que me quiere me pidiera que lo dejara creo que me
ofendería, pero ya te digo, por ahora no me ha pasado, así que tampoco voy a
decir de esta agua no beberé…
Se me partió el alma, porque en el fondo yo sabía que sí tuviera la más
mínima posibilidad con Eva Dabán, yo sí que necesitaría la exclusiva, no
estaría dispuesta a compartirla con nadie, yo sería esa persona que no
aceptaría esa parte de su vida. Supongo que debió notar algo en mi mirada
porque decidió hacerme una pregunta que me descolocó un poco.
—¿Qué edad tienes Ali?
—Veinticuatro, casi veinticinco—contesté con la voz ronca, creo que
volvía a estar rozando el infarto. Ella sonrió.
—Casi veinticinco—sonrió—que joven…supongo que con esa edad no
entiendes lo que te acabo de decir, yo probablemente no lo hubiera hecho,
pero con el paso de los años y cuando tienes ciertas experiencias necesitas
saber que la persona que está a tu lado lo está para todo, para lo mejor y para
lo peor, pero sobre todo sin juzgar tus motivos. Necesitas a alguien que te
acepte tal y como eres sin exigir ningún cambio, porque en el momento en que
eso pasa, esa persona te está prohibiendo ser tu misma, anulando una parte de
ti y de tu personalidad y eso no es amor Ali. Al menos no para mí.
—Puede que no sea amor, pero yo tampoco creo que sea amor permitir
que la persona que quieres se acueste con otras mujeres, perdona pero no
estoy de acuerdo contigo Eva.
Ella me sonrió complacida.
—¿Y si te dijera que no me acuesto con ellas, que solo las acompaño?
¿Cambiaría eso tu opinión? ¿Aceptarías una pareja en esas condiciones?
Me quedé un poco desconcertada ante sus preguntas ¿Cambiaba eso mi
forma de ver el amor? Puede, no era lo mismo saber que tu chica estaba
acompañando a alguien que saber que se la estaba follando, evidentemente.
Aun así, creo que yo sentiría celos igualmente. Pero lo que me descolocó más
fue el hecho de lo que me planteó, ¿Era una metáfora o realmente no se
acostaba con todas esas mujeres? Tenía que preguntárselo.
—Espera Eva ¿No te acuestas con tus clientas, es eso lo que me estás
diciendo?
Se empezó a reír otra vez, y me encantaba que lo hiciera, tenía una
sonrisa preciosa, pero ahora me cabreaba, quería que me respondiera.
—Yo no he dicho eso Ali…
—¿Pero es cierto?—tal vez esto me costara el fin de la entrevista, pero
quería una respuesta—¡Joder Eva, ¿Te las follas o no?!—dije enfadada.
—Cuidado con el tonito Ali—me advirtió.
—Perdona—dije con la cabeza gacha. Ella se puso seria y guardó
silencio un momento que se me hizo infinito.
—Es cierto y no lo es, es una verdad a medias. Apaga ese cacharro—dijo
señalando la grabadora.
La apagué de inmediato. Me entraron ganas de golpearme la cabeza
contra la pared, Eva Dabán estaba a punto de confesarme algo que estaba
segura de que sería una exclusiva y acababa de prohibirme publicarlo.
—Vamos a la sala de estar, estaremos más cómodas.
—¿Y esto?—dije refiriéndome a los platos.
—Ya lo recogeré luego, no te preocupes.
La seguí hasta otra estancia de la casa, era enorme, con una cristalera que
ocupaba gran parte de la pared, había dos sillones de piel de color negro que
hacían juego con dos sofás que ocupaban dos de las paredes, en el centro
había una mesita de madera del mismo color. Ocupamos los sillones, estaban
uno en frente del otro, ligeramente ladeados para poder contemplar las vistas
al enorme jardín trasero de la casa. En el medio había otra pequeña mesilla,
allí colocó los cafés y se sentó de lado para seguir con la entrevista. Tuve la
sensación de que no sabía muy bien cómo empezar a hablar así que la animé.
—Dices que es una verdad a medias, ¿A qué te refieres?
—Esto no puede salir de aquí ¿me oyes?
—Tranquila, he parado la grabadora—se la mostré y la dejé sobre la
mesa para que la viera en todo momento—y no pienso decir nada, de verdad.
—Gracias—cogió aire por la nariz y lo soltó lentamente por la boca
mientras yo babeaba al mirarla—¿Recuerdas las cláusulas de las que te he
hablado antes? Los contratos que hago firmar…
—Sí claro, me acuerdo—afirmé.
—Bueno, pues una de esas cláusulas dice que dentro de mis servicios no
entra la actividad sexual, tan solo se limitan a la compañía, nada más.
Mis ojos se abrieron como dos platos, pero de esos más grandes, de los
que te ponen con el segundo…
—Un momento, me estoy perdiendo Eva, dices que tus servicios no
incluyen sexo pero al principio de la entrevista dijiste que te habías acostado
con tu primera clienta…
—Y es cierto, lo hice, pero no porque me pagara más, lo hice porque
como te he dicho, era una mujer atractiva y a mí también me apetecía hacerlo.
Aquel día no acepté el dinero extra que me ofreció, ni las siguientes veces
tampoco. Le dejé claro que mis servicios solo incluían la compañía, lo demás
era personal.
—¿Entonces entiendo que te acuestas con unas sí y con otras no?
Uy que raro era todo esto…
—Así es. Como mujer tengo mis necesidades y además me gusta el sexo,
y mucho—puntualizó haciendo que el hormigueo volviera a posarse entre mis
piernas y mis bragas se humedecieran más, porque creo que no había tenido
tiempo de que se secaran.
—Pero ellas, la gente, todo el mundo Eva, todo el mundo cree que bueno,
hablando claro eres una prostituta. Se supone que esas mujeres te contratan
para tener unos servicios que incluyen relaciones sexuales, no lo entiendo…
Ella sonrió de nuevo. Joder como me gustaba.
—Como te he dicho tengo necesidades, pero para mí el sexo no es solo
sexo, es algo a lo que le doy un valor muy importante, me gusta disfrutarlo al
cien por cien y no puedo hacer eso si no siento una mínima atracción con la
otra persona, así que no estoy dispuesta a vender esa parte de mí por dinero.
Cuando solicitan mis servicios sí que es cierto que se sorprenden cuando les
digo que no pueden esperar nada físico de mí, pero me contratan igualmente
porque al final lo que realmente quieren es que las vean conmigo, supongo que
con eso les basta.
—¿Y cuándo las conoces que haces? Dices…contigo follo y contigo no…
¿Es algo así? Porque es un poco raro sabes…—Ella volvió a reírse, como si
disfrutara volviéndome loca.
—Antes de aceptar cualquier servicio siempre les pido una reunión
previa, me gusta conocerlas un poco, por varios motivos, no solo por eso,
independientemente del sexo también tiene que haber cierto feeling para que
yo decida pasar cierta cantidad de horas con ellas. Si al final ese feeling
existe, entonces les explico lo del sexo, sin rodeos. Si es alguien con quien
tengo claro que no pienso hacer nada se lo digo, y si es alguien con quien hay
posibilidades pues se lo digo también. Aunque también creo que deberías
saber que no todas me contratan esperando un polvo Ali, muchas lo hacen
únicamente por la compañía, o para contarme cosas raras…—dijo divertida.
—Entonces tus precios son solo por hacer de acompañante ¿no?
—Exacto, eso es así para todas, como te he dicho si después me apetece y
ellas quieren, es un tema aparte, pero no tiene nada que ver con el trabajo.
Yo estaba flipando, la impresionante Eva Dabán jamás se había
prostituido, follaba por placer no por negocios, joder: ¡Eva Dabán era la puta
ama!
—¿Por qué dejas que la gente crea que vendes tu cuerpo Eva? Seguro que
a lo largo de estos años has tenido que aguantar todo tipo de insultos, de
miradas, de acusaciones y vete a saber que más, cuando podrías cortarlo de
raíz ¿Por qué no dejas que el mundo sepa quién es realmente Eva Dabán?
—Porque cuando empecé a acompañar a más clientas, empecé a ser
conocida en ese círculo de mujeres adineradas muy rápido, yo entonces no lo
veía como un trabajo, era simplemente algo que hacía, me gustaba y me
generaba grandes ingresos, pero a raíz de una clienta, “Laura” este nombre te
lo he dicho antes porque a ella no le importa—sonrió—empezaron a llamarme
mucho, mi fama de acompañante de lujo se extendió como la pólvora casi de
la noche a la mañana, esperaban el mismo trato que había tenido Laura…
—¿Con ella te acostaste?
—Sí, Laura fue la segunda mujer con la que me acosté. El caso es que yo
les expliqué todo lo que te he dicho y les pareció bien, cuando se lo decía a
las clientas lo aceptaban sin más, después me enteré a través de Laura que se
había convertido en una especie de competición entre ellas, del rollo a ver
quién salía con premio, fue la propia Laura la que me aconsejó no decir nada,
poco a poco mi reputación fue creciendo y con ello mi caché, y hasta hoy.
—Entonces podemos resumirlo en que decirlo, sería malo para el
negocio…
—Puede que sí o puede que no, pero no voy a arriesgarme. Además, si
ahora decidiera revelar esa parte de mí ¿Quién crees que iba a creérselo?...
Tal vez tenía razón, aunque yo la creía.
—¿Y no te da miedo que tus clientas lo acaben contando?
—Dentro de ese contrato hay también una cláusula de confidencialidad.
—¿Tú hermana lo sabe? Quiero decir, esta parte, la de que no te
prostituyes…
—Sí, ese detalle fue mano de santo para que no le diera un infarto—las
dos nos reímos.
6
Sentimientos

Estuvimos hablando un buen rato de su hermana y después de la confesión


que acababa de hacerme, yo intenté convencerla de que debía decirle la
verdad al mundo, eliminar la etiqueta de prostitución que arrastraba, pero ella
se negó, no parecía importarle que la tacharan de algo que en realidad no era y
a mí me molestaba.
—No lo entiendo—refunfuñé.
—¿Quieres que te diga otra razón de peso para no hacerlo?—dijo
cambiando de posición.
—Por favor…
—Esa etiqueta como tú la llamas, me permite saber quién me respeta
como persona y quien no, así de simple, tengo buenas amigas que no lo saben y
a las que no les importa que las vean en mi compañía, quedamos para tomar
café, ir a la playa, al cine, lo que haga falta…en cambio conozco a otras
personas que sé que jamás permitirán que las vean conmigo, que se
avergonzarían de tener una amiga como yo, y a ese tipo de personas prefiero
tenerlas lejos.
—Pero si son tus amigas podrías decírselo, ahora que ya sabes que son
eso, buenas amigas.
—Son amigas sí, pero cuanta más gente lo sepa más posibilidades hay de
que se extienda el rumor.
—Pero a mí me lo has contado ¿Por qué?
—Porque creo que es necesario que lo sepas Ali, desde el principio he
tenido la sensación de que saber a qué me dedico te estaba afectando de una
forma diferente, y, no sé, he preferido contártelo—dijo encogiéndose de
hombros como si nada.
Me quedé sin habla, ¿A qué se refería? ¿Había notado que me gustaba?
¿El efecto que estaba provocando en mí? ¿Oía los latidos de mi corazón?
¿Presentía las ganas de besarla que tenía? ¿De quitarle la ropa? ¿De recorrer
con mi lengua hasta el último poro de su piel? ¿De hacerle el amor hasta
perder el conocimiento? ¿A qué se refería Eva?
—¿Podemos continuar la entrevista?—dije para salir del paso.
—Claro.
Encendí la grabadora de nuevo y vi la siguiente pregunta.
«Mierda»
—¿Es compatible tu trabajo con el amor?
—Buff—dijo riendo—difícil respuesta. Yo creo que sí,
independientemente de lo que te he contado antes, esto último no lo pongas…
Claro, ahora había un antes y un después, de cara a los lectores
hablábamos de una prostituta, de una persona a la que si decidías amar ibas a
tener que compartir, pero yo ahora sabía que eso no era así y suponía que si
ella se liaba con alguien en ese plan también se lo contaría, ahora todo era más
complicado.
—Sí das con una persona dispuesta a aceptar quien eres yo creo que sí
que se puede, de hecho yo he estado en pareja algún tiempo y el motivo de la
ruptura no fue mi trabajo, ni tampoco un impedimento. Creo que depende de la
voluntad de las personas y de la intensidad del amor que sientan.
Lo que yo digo, esta mujer en el fondo es una sentimental.
—¿Hay alguien en tu vida ahora?
—¿Eso lo pone ahí o lo quieres saber tú?
Me retorcí en mi asiento, tanto que se me cayó la libreta y casi me caigo
yo al intentar cogerla. Menuda cabrona la Eva esta, no se le escapaba ni una,
efectivamente esa pregunta no estaba incluida, era yo la que quería saberlo y
la anterior pregunta me lo había puesto en bandeja.
—Perdona, no es necesario que contestes—dije mientras notaba como me
ponía de todos los colores, sentí un tremendo calor y me ruboricé como nunca.
Pero como siempre ella sonrió.
—No perdona tú, he sido un poco brusca—se levantó y trajo más agua
fría, supuse que para ayudarme a bajar mis colores.
—¿Pero la hay?—volví a preguntar, total, ya me había pillado…
—Si te refieres a una pareja no, no la hay.
—¿Pero hay alguien no?
—Bueno, digamos que mi mejor amiga y yo nos ayudamos mutuamente—
dijo con una tímida sonrisa.
—¿Laura?
—Sí, ella está soltera y yo también, así que aliviamos tensiones de vez en
cuando…—dijo con naturalidad.
—¿Y por qué no salís juntas si tan bien os lleváis? —Volvió a sonreír
como si lo que le planteaba fuera una locura.
—¿Laura y yo? Que va, imposible, somos demasiado iguales, no
funcionaría en la vida. Aunque nos acostemos de vez en cuando nuestra
relación es puramente de amistad, más allá de eso creo que nos pasaríamos el
día peleando. Ya lo hablamos en una ocasión y las dos estuvimos de acuerdo
en que esto era lo mejor, ella hace su vida y yo la mía, si ella decide salir con
otra persona lo dejamos en solo amistad y ya está, no es un problema.
—¿Hay alguna clienta a quien no le cobres?
—Si no le cobro no es clienta.
Zas en toda la boca para mí.
—Perdona, a veces soy un poco tajante Ali—dijo riendo—Laura, ella es
la única que solo fue clienta mía la primera vez, conectamos en seguida y la
amistad surgió muy rápido, a partir de ahí empezamos a quedar para hacer
cosas que no tuvieran nada que ver con el trabajo y pasó de ser mi clienta a
ser mi mejor amiga, así que si alguna vez la tengo que acompañar lo hago
encantada. Y sin cobrar…
—¿Te ha pasado alguna vez que una de tus clientas se haya enamorado de
ti?
—Buff, joder con la pregunta Ali—dijo acomodándose mejor.
Yo la miré expectante, eso era que sí, y me moría de ganas por conocer la
historia.
—Podría decir que me ha pasado dos veces, ambas muy diferentes—dijo
frotándose las manos con cierto nerviosismo.
—¿Diferentes en qué sentido?
—Bueno, la primera yo siempre he pensado que confundió la compañía
con el amor. Tenía seis años más que yo, y en el momento en que me contrató
la primera vez digamos que ella estaba pasando por un momento en su vida en
el que lo había perdido todo a nivel personal, se sentía tremendamente sola y
me contrató únicamente para que le hiciera compañía. Pasé toda una tarde con
ella, escuchando, hablando y paseando. Lo cierto es que conectamos bien y fue
una velada agradable.
—¿Pero no hubo sexo?
—No, como te he dicho ella solo quería compañía, dejar de sentirse sola.
Una semana después volvió a llamarme, repetimos y empezó a llamarme cada
semana, yo en ningún momento sospeché nada, pensé que para ella era una
especie de terapia pero supongo que en algún momento se olvidó de que yo
estaba allí porque ella me pagaba. Una tarde, mientras paseábamos por el
Retiro me confesó que se había enamorado de mí, me quedé sin palabras, en
ningún momento me había dado esa sensación, yo suelo notar esas cosas y no
me pareció que ella tuviera ese tipo de sentimientos hacia mí, por eso te digo
que creo que confundió la compañía con el amor, se sentía a gusto conmigo y
pensó que se había enamorado, no sé…
—¿Y tú que hiciste?
—Pues decirle lo que pensaba, le conté mi teoría y también le recordé el
motivo por el que yo estaba allí, me sentí fatal por ello, pero yo no sentía nada
por ella y no quería que se hiciera una idea equivocada ni alimentar su
confusión.
—¿Y ella qué te dijo?
—En un principio se ofendió. Andamos en silencio durante casi otra hora
y después me dijo que tal vez tenía razón, ese día no le cobré y ella no me
volvió a llamar más.
—Vaya, es una historia triste, habrás visto cosas de todo tipo ¿no?
—Ni te lo imaginas—contestó con un gesto de asombro.
—¿Y la otra historia?
Suspiró hondo otra vez.
—Pues como te digo esta fue totalmente diferente y algo más complicada,
me contrató para que la acompañara a una gala benéfica, su mujer no quería ir
y ella no quería ir sola, así que yo la acompañé.
—¿Su mujer lo sabía?
—Sí, claro, era un acto público, se hubiera enterado de todos modos. El
caso es que ella era una de esas mujeres con las que yo sí que me hubiera
acostado, no se lo dije porque tenía pareja y no quería líos, pero aquella noche
lo pasamos muy bien juntas, era una mujer muy divertida que tras un par de
copas de más me acabó confesando que su mujer tenía una aventura con un
hombre. Tras aquello nos sentamos en una zona más privada para hablar y así
pasamos el resto de la noche. Esa misma semana me llamó otra vez, me dijo
que le apetecía verme para tomar un café, nada de eventos ni de gente, algo
tranquilo para charlar, yo acepté y cuando terminamos la charla me pidió que
la acompañara a su apartamento a tomar una copa, su mujer estaba de viaje y
no sé muy bien porque, pero accedí a ir con ella.
—Y os acostasteis—afirmé.
—Sí, no hubo copa ni conversaciones, solo sexo. Tras aquel día se
convirtió en una rutina, pasábamos parte de la tarde charlando de cualquier
cosa y después acabábamos en su casa o en un hotel, ella me decía que era una
forma de vengarse de su mujer y a mí no me importaba porque me lo pasaba
bien con ella, y además era muy buena en la cama—dijo tímidamente.
—¿Pero entonces a ella le cobrabas?
—Solo la parte de la compañía, cuando nos acostamos la primera vez yo
le expliqué mis condiciones y le parecieron bien, conforme fueron pasando los
días en que nos encontrábamos le dije que no quería cobrar, al fin y al cabo
era muy poco tiempo el que pasábamos hablando y no me parecía bien, pero
ella insistió en que mi tiempo valía tanto como el suyo y siguió pagándome.
—¿Y cuándo supiste que se había enamorado de ti?
—Tras unos cuantos encuentros noté que su comportamiento empezaba a
cambiar, se mostraba cariñosa y empezó a preocuparse por cómo eran mis
días, por mi vida, por mi historia. Empezó a llamarme a diario y a decirme
que me echaba de menos. Fue ahí cuando me di cuenta de que para ella no era
solo sexo, supe que sentía algo más por mí. Al principio intenté engañarme a
mí misma pensando que solo eran imaginaciones mías, creo que fui bastante
egoísta en aquel momento, a mí me gustaban aquellas sesiones de sexo y
supongo que no quería perderlas—dijo con cierto sentimiento de culpabilidad
—pero una tarde mientras paseábamos me cogió de la mano y entonces lo tuve
claro y se lo pregunté.
—¿Y ella qué te dijo?
—Pues lo que yo llevaba días temiendo, confirmó mis sospechas. Me dijo
que no sabía en que momento se había enamorado de mí pero que lo tenía
claro, que no me había dicho nada por miedo a que me alejara de ella y que se
encontraba en trámites de divorcio. Independientemente de lo que yo le dijera
no quería continuar con su mujer, eso me alegró, no se merecía sufrir por una
mujer que pasaba de ella, pero por otro lado me entristeció porque desde ese
momento iba a sufrir por mi culpa, yo no sentía lo mismo por ella y tenía que
decírselo.
—¿Cómo se lo tomó?
—Pues bastante bien la verdad, me dijo que ella ya sospechaba que el
sentimiento no era mutuo así que no la cogió por sorpresa. Esa tarde nos
abrazamos durante no sé cuánto rato y nos despedimos para siempre. Casi un
año después me enteré de que tenía pareja y que por lo visto estaban muy bien,
sentí un alivio tremendo al saber que por fin alguien la amaba como se
merecía.
—¿Has vuelto a verla después de aquello?
—Me la encontré hace poco en un supermercado—dijo con una sonrisa
enorme—iba con su chica, me invitaron a tomar un café con ellas y la verdad
es que pasé una tarde muy agradable. Me alegra saber que por fin es feliz.
7
Eva

Disfruté mucho escuchando las historias de Eva, me hubiera gustado que


tuviera más de aquel tipo, me hicieron ver que era una mujer que no solo tenía
las ideas claras sino que también se preocupaba por la gente, no era de
aquellas a las que les gustaba hacer sufrir de forma gratuita.
Aquí iba yo con mis preguntas mezcladas.
—¿Cómo es Eva cuando no trabaja?
Arqueó las cejas y me miró divertida.
—Pues supongo que como ves ahora, me gusta la tranquilidad, puedo
pasarme tres días seguidos en casa a base de libros, vino, paseos por el jardín,
piscina y siesta.
—¿Películas no?
—Las películas prefiero verlas en el cine o en buena compañía, si estoy
sola no pongo mucho la tele la verdad.
—¿Y cuando no estás en casa?
—Fuera de casa me encanta viajar, si algún día me retiro tengo pensado
dar la vuelta al mundo sin prisas—dijo en un tono dulce y adorable—también
me gusta el teatro, pasear, la playa, tomarme una cerveza en una terraza, no sé,
creo que me adapto a cualquier cosa, menos ir de compras, eso me pone de
bastante mal humor—dijo riendo—pero quizá con lo que más disfruto es con
los animales, suelo ir bastante a menudo a las protectoras para pasear a los
perros, me transmiten una paz que no soy capaz de expresar.
—¿Cómo es que no tienes ninguno? Teniendo en cuenta lo mucho que te
gustan y el terreno que tienes…
—Porque los perros necesitan atenciones y compañía, hay veces que
estoy fuera toda la semana, tengo unos horarios que desconcertarían a un
animal. Por supuesto que me encantaría tenerlo, de hecho tendría una docena,
pero no traeré a ninguno a mí casa hasta que no pueda darle las atenciones que
se merece.
Adorable, simplemente adorable.
—¿Y carácter? ¿Cómo te describirías?
Aquí se mordió los labios y yo sentí una pequeña contracción entre las
piernas acompañada de un tremendo hormigueo. Otra vez…
—Mi amiga Laura siempre dice que tengo un carácter fuerte pero
controlado, que solo lo saco cuando realmente es necesario, ya sabes—dijo
riendo—tengo bastante paciencia, a veces creo que demasiada, no soy nada
tímida y me considero una persona bastante decidida y con las ideas muy
claras, la verdad es que no sé que más decirte…
—¿Y en el amor? Está pregunta sí que está, mira—dije señalándola en mi
libreta mientras las dos nos reíamos.
—En el amor creo que soy bastante cariñosa y atenta, yo soy de las que si
va, va con todo, pongo toda la carne en el asador, así que cuando me parten el
corazón lo hacen a lo bestia. Como contra, me gusta recibir lo mismo que doy
y soy bastante activa sexualmente.
Mis bragas empapadas.
—¿Ser muy activa sexualmente es un problema?
—Suele acabar siéndolo, porque si la persona con la que estoy no lo es,
llego a un punto en el que empiezo a sentir que me falta algo, no me siento
completa por decirlo de alguna manera—por primera vez fue ella la que se
ruborizó—ya sé que suena un poco feo decirlo pero supongo que para quienes
somos así, el sexo tiene un peso importante en la balanza de la relación. Yo
necesito ciertas dosis y si no las tengo me empieza a cambiar el carácter,
digamos que me empiezo a poner de mal humor y esas cosas—dijo sonriendo.
En eso yo cumpliría sin problemas, estaba segura, si por mi fuera me
pasaría los días enteros haciendo el amor con Eva Dabán.
—¿Ha habido algún gran amor en tu vida? ¿Alguien que haya marcado un
antes y un después?
Suspiró profundamente, tanto que si hubiera decidido no contestar a la
pregunta yo ya hubiera sabido que la respuesta era que sí, su mirada se volvió
dulce y melancólica a la vez.
—Digamos que marcó un después, porque antes de ella no hubo nadie, fue
mi primera novia y la mujer a la que más he querido hasta la fecha—afirmó.
—¿Cuánto hace de eso?
—Mucho, yo aún vivía en Barcelona—contestó sin darme una fecha
exacta.
—¿Y por qué acabó?
—Acabó cuando tuve que venirme a Madrid con mi hermana, yo no podía
permitirme quedarme y ella no podía venirse, se encontraba acabando la
carrera y su padre le hubiera hecho la vida imposible, a ella, a mí y a mi
hermana, ella vivía una situación muy complicada en su casa por aquel
entonces.
—¿No os planteasteis seguir la relación a distancia?
—Sí, pero lo descartamos de mutuo acuerdo, ninguna de las dos nos
sentimos con fuerzas de hablar solo por teléfono y vernos un fin de semana
cada dos o tres meses que era lo máximo que hubiéramos podido conseguir
entonces. Las relaciones a distancia al final siempre acaban muriendo, poco a
poco el amor se va apagando hasta que termina. Así que decidimos no alargar
nuestra agonía y zanjar aquello de golpe—dijo con los ojos vidriosos.
—¿No has vuelto a verla o a saber de ella en todo este tiempo?
—A verla no, pero sí que supe de ella hace poco, me consta que acabó la
carrera y que se ha convertido en alguien excelente en su trabajo, tiene pareja
y se la ve muy feliz, así que me alegro muchísimo por ella. No se merecía todo
lo que sufrió cuando yo la conocí.
—¿Pero no has hablado con ella personalmente?
—No, digamos que sé de ella a través de terceros.
—¿Cómo os conocisteis? Si no es mucho preguntar…
—En una cafetería cercana a la universidad en la que ella estudiaba, fue
un año después de que murieran mis padres, yo empecé a trabajar en esa
cafetería en verano y cuando el curso académico empezó ella apareció por
allí, creo que me enamoré en cuanto la vi cruzar la puerta el primer día—dijo
sonriendo—las dos nos conocimos en un momento de nuestras vidas que no
era nada bueno para ninguna y eso nos unió muchísimo, encontramos un apoyo
inmenso la una en la otra y además nos queríamos con locura, así que mientras
duró fue una maravilla.
—Lamento que tuviera que acabar—dije con sinceridad.
—Y yo, pero la vida es como es y hay que seguir adelante, ¿Podemos
cambiar de tema?
—Claro—tuve la sensación de que aquello le dolía así que no insistí y
busqué la siguiente pregunta.
—¿Te han acosado alguna vez? Sabemos que las lesbianas somos muy
entregadas—dije riendo—además de tus clientas tienes un ejército de fans,
¿Alguna vez te ha causado problemas de ese tipo tu fama?

—Tanto como problemas no, al menos no hasta la fecha. Sí que es cierto


que en ocasiones he recibido cartas y correos que daban un poco de miedo la
verdad, de personas que creo que de algún modo se han imaginado algún tipo
de historia conmigo y la han llevado un poco más allá.
—¿Y en esos casos que haces?
—Pues mira, al principio ese tipo de correos los contestaba, les
explicaba de la mejor manera que eso que pensaban no iba a pasar jamás, pero
en una ocasión una de esas cartas la recibí directamente en mi buzón y sin
sello, una cosa es que por algún motivo que desconozco sepan dónde vivo y
otra que se presenten aquí. Eso sí que me asustó, acudí a la policía y ellos me
recomendaron no responder a ese tipo de correos así que desde entonces no lo
he hecho.
—¿Y qué pasó con la carta del buzón?
—Nada, no volví a recibir ninguna más, la policía cree que posiblemente
esa persona me vigilaba y al ver que acudí a la policía debió asustarse.
—Que miedo, ¿Cuánto hace de eso?
—Unos tres años.
—¿Y no te asusta pensar que pueda volver a pasar, o que esa persona siga
por ahí obsesionada?
—Sí, claro que sí, pero intento no pensar demasiado en esas cosas,
tampoco quiero obsesionarme. Tras aquello instalé sistemas de seguridad en
toda la casa y la verdad es que vivo bastante tranquila, de vez en cuando
recibo alguno de esos correos pero tampoco le doy mucha importancia.
8
Confusión

—¿Quieres dar por acabada la entrevista?—dije al ver que miraba el


reloj.
Yo también lo miré, ya eran casi las seis de la tarde, la verdad es que
para no querer la entrevista, Eva se estaba portando de maravilla. Se lo pensó
un poco antes de contestarme.
—No voy a dejar que me hagas todas las preguntas que dices que tienes
porque entonces estaríamos aquí hasta la semana que viene—dijo con su
adorable sonrisa—pero si aún te quedan algunas que quieras hacerme no me
importa seguir un rato más, total no tengo nada mejor que hacer…
—Me alegra entretenerte—dije algo ofendida.
—No quería decir eso Ali, perdona, me refiero a que estoy a gusto, para
mi está siendo un día diferente, si tú no estás cansada por mi adelante.
—Yo estoy bien, en realidad solo me quedan un par de preguntas
importantes, si te parece te las hago y damos por cerrada la entrevista…
—Perfecto.
Hay Dios mío la siguiente pregunta.
—¿Cuánto—me atraganté—perdón. Cuánto cuesta pasar una hora con Eva
Dabán?—alcé la vista sin levantar la cabeza, para tantear su reacción.
Me miró contrariada, como si estuviera debatiendo en su interior si esa
pregunta era relevante para la revista o era cosa mía, para mí era las dos
cosas, me interesaba a partes iguales.
—Yo no cobró por horas Ali, tengo un precio cerrado que únicamente
varía en función de la persona que me contrata.
—¿No le cobras lo mismo a todas?
—Sí y no, si son clientas nuevas tengo un precio y si son repetidoras otro.
También puede verse aumentado si pasa de cierta cantidad de horas o del tipo
de evento, para mí no es lo mismo acompañar a alguien a una simple cena que
acudir a un acto benéfico lleno a rebosar de gente.
—Entiendo, ¿Y cuál es ese precio?
—Entre 20.000 € y 30.000 € pero esto tampoco quiero que lo publiques.
Creo que con mi cara de ese momento podían inventar un emoticono
nuevo para WhatsApp. Me entró la risa floja y me subieron unos calores
tremendos, me puse en pie y la miré alucinada.
—¿En serio? ¿Eso por cuanto, por cinco o seis horas?—pregunté con un
tono un poco más alto de lo habitual.
Ella sonrió antes de contestar, supongo que le divertía mi reacción.
—Sí—dijo. Así, sin más oye, como quien te dice que tiene que ir al
baño…
—¡Dios mío!—grité—eso son unos cuatro o cinco mil euros la hora Eva.
—Si lo miras así, sí, más o menos va por ahí la cosa…
—¿Cuántos días a la semana trabajas?—ella no paraba de reírse.
—Pues depende, algunas semanas trabajo un par de días, otras toda la
semana y otras no trabajo nada…—dijo encogiéndose de hombros.
Mi gozo en un pozo, me hundí, si en algún momento me había planteado
pagar por su compañía mis posibilidades acababan de irse al traste. Resultó
que los rumores de sus desorbitadas tasas eran ciertos.
—Vaya, eso me deja sin opciones—bromeé, aunque en cierto modo ya me
daba igual que entendiera que también iba en serio.
Me miró extrañada, como si acabara de darse cuenta de algo y su mirada
se entristeció.
—A ti no te cobraría Ali, te acompañaría a donde quisieras gratis, pero
supongo que no es eso lo que quieres ¿Verdad?
—¿Cómo sabes que no es eso lo que quiero?—pregunté con un nudo en la
garganta.
Me quité las gafas y las dejé en la mesa antes de sentarme de nuevo. Esa
conversación estaba tomando un camino en el que yo sabía que iba a acabar
llorando y era mejor no tenerlas puestas, para no tener que limpiarlas luego y
eso…Yo era una llorica innata, la lágrima fácil era uno de mis defectos y yo lo
odiaba.
—Hace rato que te lo estoy notando, quería pensar que te incomodaban
algunas respuestas o incluso las propias preguntas, pero ya veo que la cosa no
va por ahí.
—Ya ves, soy así de imbécil, ayer estaba cabreada por tener que
madrugar el domingo y dieciocho horas más tarde creo estoy enamorada de
una mujer que no puede darme lo que quiero—dije intentando contener las
lágrimas.
En un principio me miró contrariada, como si algo no le cuadrara, como
si yo me estuviera convirtiendo en su enamorada número tres y no tuviera
claro si realmente lo estaba o solo estaba confundida. La verdad es que ni
siquiera yo lo sabía, pero todas esas sensaciones tan placenteras y extrañas
que había estado sintiendo con ella durante todo el día acababan de ganarme la
partida, habían derribado mi muro y yo caí con él. Aun así, pese a sus
sospechas, Eva fue terriblemente comprensiva conmigo.
—Por Dios Ali…—su mirada y su voz fueron tan dulces en ese momento
que no pude contener las lágrimas—mierda, no llores por favor—se levantó,
desapareció y volvió con un paquete de clínex, se agachó a mi lado y me
entregó uno.
Me sequé las lágrimas y me soné los mocos con ella a mi lado.
—No sabes cuánto lo siento Ali, si me hubiera dado cuenta habría parado
la entrevista hace rato. Sabía que te ponía nerviosa pero pensé que era por lo
tímida que eres, en ningún momento he llegado a pensar que empezabas a
sentir algo por mí…
No era lo que yo quería oír pero parecía afectada y al menos era sincera.
—Hubiera sido tarde igualmente, creo que me he enamorado de ti en
cuanto me has abierto la puerta.
—Joder Ali…te diría que me halagas, pero no sabes lo mal que me siento
ahora mismo.
—No pasa nada, las personas no pueden tener siempre lo que quieren
¿no?—pregunté.
—No, no pueden…—susurró.
—Aunque si tú en algún momento llegases a sentir lo mismo que yo, tal
vez podría adaptarme…
Lo sé, sonó muy desesperado, pero realmente lo estaba, sabía que en
cuestión de minutos saldría de allí y no volvería a verla más y eso solo hacía
que tuviera más ganas de llorar.
—Las dos sabemos que eso no es así Ali, tú querrías una exclusiva y
sabes que yo no te la daría.
—¿Ni siquiera te gusto un poco?—lloriqueé como una cría, al fin y al
cabo supongo que es lo que era para ella. Una chica demasiado joven como
para entender y aceptar el tipo de vida que llevaba ella.
Sonrió dulcemente ante mi pregunta, me cogió una mano entre las suyas.
Joder que suaves eran.
—No se trata de eso Ali, me pareces una chica muy atractiva y me caes
muy bien la verdad, tal vez si nos conociéramos mejor y tuvieras unos pocos
años más acabara sintiendo algo por ti, no lo sé. Pero eso ya no vamos a
comprobarlo, no sabiendo que sientes algo por mí. No sabes cuánto siento esto
de verdad. Además eres demasiado joven para entender ciertas cosas que
pasan en mi vida.
—¿Si no te hubiera dicho lo que siento por ti te hubieras acostado
conmigo?
Ale, toma pregunta. Ella se ruborizó un poco, sacó media sonrisa y
arqueó las cejas.
—¡Joder! ¿Eso es que sí?—dije alarmada ante mi desgracia.
—No lo sé Ali, puede, supongo que sí, sí, si se hubiera dado el caso es
muy posible que hubiera pasado, ya te he dicho que me pareces muy
atractiva…
—Diosss, soy una bocazas—me reprendí yo sola.
—No digas tonterías, eres valiente, has sido muy valiente al confesar lo
que sentías, te admiro de verdad, no sé si yo hubiese sido capaz en tan poco
tiempo…—sonrió.
—¿Me besarías Eva? Solo un beso, no te pido nada más, deja que me
lleve eso de aquí.
¿Qué me pasaba? ¿Me había vuelto loca? Yo no era así, pero sentía una
necesidad imperiosa de saber que sentiría al besarla.
—Ali…
—Por favor Eva…—le rogué.
—No puedo hacerlo Ali, eso no te hará ningún bien te lo aseguro, es
mejor dejar las cosas como están.
Dejé caer la cabeza hacia atrás y la apoyé en el sillón, me quedé en
silencio, dejando que las lágrimas resbalaran por mis mejillas sin molestarme
en secarlas, me frotaba las manos nerviosa, no sabía si salir corriendo o
hacerme un ovillo y llorar hasta quedarme seca.
—Ven, paseemos un poco por el jardín—dijo cogiendo mis manos y
tirando de mí.
—Nooo—le pedí mientras me sorbía los mocos.
—Por favor Ali, te irá bien hazme caso.
Cedí. Me levanté y ella me cogió de la mano, empezamos a caminar
descalzas por el jardín igual que habíamos hecho tan solo unas horas antes. La
diferencia era que ahora caminábamos extremadamente despacio, en silencio,
escuchando como la hierba crujía bajo nuestros pasos, dejando que la leve
brisa caliente acariciara nuestros cuerpos. Caminamos así mucho rato, dando
vueltas a la casa, ella me soltó la mano y pasó su brazo por encima de mis
hombros, me besó la cabeza y seguimos caminando…
Yo me calmé, me sentía mejor, mucho mejor, esos paseos me
reconfortaban. Ella me reconfortaba. No dejaba de sorprenderme la reacción
de Eva, lo más fácil para ella habría sido pedirme que me fuera de su casa y
olvidarse de la niñata que acababa de declararle su amor, pero no lo hizo, en
lugar de eso paseó conmigo para que yo me calmara, me transmitió su paz y su
dulzura, su cariño y su afecto, dedicó su tiempo a consolarme.
Me entristecía saber que no podía contarle al mundo lo maravillosa que
era Eva Dabán.
—¿Sabes lo que creo?—dijo sin que dejáramos de andar y sin quitar su
brazo de mis hombros.
—No—contesté sonriendo—¿Qué crees?
—Que no te has enamorado de mí—me besó la frente con ternura.
—¿A no?—pregunté con cara de póker.
—No—dijo con su sonrisa—creo que te has encaprichado, es parecido,
pero es diferente.
Tal vez tuviera razón, Eva era objeto de deseo de muchas lesbianas, yo
me incluía entre ellas, tal vez el hecho de haber tenido la oportunidad de
conocerla mezclado con lo mucho que me había gustado su personalidad me
estuvieran jugando una mala pasada, haciéndome confundir el amor con el
deseo, porque eso sí que lo tenía claro, la deseaba, la deseaba muchísimo.
—Ojalá sea eso—sonreí aliviada, pasé mi brazo por detrás de su cintura
y la besé en la mejilla. Ella me sonrió. Seguíamos caminando, hubiese
caminado hasta el fin del mundo con ella, con aquella paz, aquella tranquilidad
y aquella seguridad que Eva me transmitía.
—Ya verás como sí, esto te durará unos días y luego te reirás—nos
reímos las dos.
—¿Te podré llamar algún día? Cuando se me pase digo, para tomar un
café o una cerveza, no hace falta quedar aquí si te incomoda, podemos quedar
en un bar, me gustaría que fuéramos amigas Eva, te prometo que me
comportaré como una adulta—bromeé.
—Me encantaría que lo hicieras Ali, y yo no he dicho que seas una cría,
solo que eres muy joven, no es lo mismo—sonrió.
—Para no ser una cría menudo día te estoy dando…—dije agachando la
cabeza.
Ella sonrió, se detuvo frente a mí y se metió las manos en los bolsillos
del pantalón.
—Ojalá que todo lo malo que me pasase fuera que una chica preciosa
viniera a mi casa a entrevistarme y acabara diciéndome que le gusto—dijo
guiñándome un ojo.
Las dos empezamos a reírnos y a caminar hacia el interior de la casa.
9
La realidad de Ali

—Aún me quedaba una pregunta para cerrar la entrevista Eva, ¿Te


importa que te la haga?—dije mientras recogía mi libreta del sillón.
—No, claro que no, dime…
—Si volvieras atrás en el tiempo, a cuando tenías veintiséis años y
tuvieses la oportunidad de elegir otra vez ¿Elegirías lo mismo? ¿Volverías a
escoger esta vida?
Volvió a arquear las cejas. Que sexy se ponía cuando hacía eso, joder.
—Pues no sé que contestarte chica—suspiró profundamente—pero
supongo que sí…creo que sí que escogería esta vida Ali, tal vez no sea el
trabajo más prestigioso del mundo pero a mí me ha dado muchas cosas buenas,
y malas también—sonrió—pero creo que la balanza de las buenas compensa,
he crecido mucho como persona y he conocido a gente increíble por el camino,
he sido confidente de historias maravillosas y he disfrutado con lo que hacía.
No me arrepiento de la decisión que tomé, así que pienso que volvería a
tomarla.
Sonreí, apagué la grabadora y empecé a recoger mis cosas.
—¿Te puedo hacer yo una pregunta?—dijo curiosa.
—Claro que puedes, ¿Qué pregunta?—contesté intrigada.
—¿Por qué te cae mal tu jefa?
No pude evitar reírme antes de contestar.
—Bueno no sé—dije encogiéndome de hombros—me suele tratar como si
fuera una inútil, me grita y no me respeta, a veces creo que me tiene allí por
pena, nunca valora mi trabajo, no sé Eva, a veces pienso que realmente no
sirvo para esto.
—No digas gilipolleces Ali, a mí me has parecido una periodista
estupenda, tímida, bonita y estupenda—dijo sonriendo—estoy segura de que
en el fondo sí que te valora, esa mujer es sumamente desagradable pero es
inteligente, por eso te tiene en su equipo, porque sabe lo mucho que vales.
—¿La conoces?—pregunté aun más intrigada.
—Coincidí con ella una vez, a mí tampoco me cayó muy bien la verdad,
pero como te digo me pareció inteligente—dijo guiñándome un ojo.
Caminamos juntas hasta la puerta de entrada, yo la abrí y ella apoyó la
espalda en el marco y el culo en sus manos.
—Muchas gracias por todo Eva, supongo que Rebeca te llamará para las
fotos y yo te pasaré una copia de la entrevista cuando la tenga maquetada, para
que le des el visto bueno o corrijamos cualquier detalle que consideres
oportuno—dije contemplando su rostro.
El sol ya empezaba a caer y su figura se veía ligeramente ennegrecida, no
pude reprimir las ganas que tenía de besarla, así que lo hice, lo hice despacio,
muy despacio, para que viera mis intenciones y me detuviera si deseaba
hacerlo, yo no podía, mis labios tenían vida propia y mi cuerpo los seguía
obediente, ella no se movió, Eva dejó que me acercara.
Coloqué mi mano derecha en su cintura y la izquierda en su cara, paseé
mis dedos por detrás de su oreja y la atraje despacio mientras yo me acercaba
más, separé ligeramente los labios y ella me imitó justo antes de que mi lengua
se colara por su abertura y mis labios sellaran el agujero. Sentí una excitación
tremenda y su cuerpo reaccionó de la misma forma, agarró mi cara con las dos
manos y me mantuvo pegada a sus labios mientras devoraba los míos, jugamos
con nuestras lenguas, dejando que chocaran y resbalaran dentro de nuestras
bocas, nos dimos infinitos besos, saboreé sus labios hasta quedarme sin aire y
casi sin sentido, y entonces pasó, Eva se separó y me besó en la frente.
—Gracias—susurré mientras me abrazaba a ella.
—A ti—contestó devolviéndome el abrazo—cuídate Ali.
—Tú también Eva…
Le sonreí y me marché.

***

La entrevista se publicó dos semanas después, el éxito fue brutal, como


previsión por las ventas esperadas Rebeca lanzó casi el doble de ejemplares
aquella semana, se agotaron en siete horas. Dos días después mi espeluznante
jefa me anunció que había decidido subirme el sueldo por el excelente trabajo
que había hecho con Eva y contratar a otra chica para que me ayudara con la
sección. Me alegre mucho, no puedo negarlo, pero a la vez no puedo dejar de
pensar que tras ese aumento de sueldo y ese repentino cumplido acerca de mí
trabajo se esconde la influencia de Eva, más que nada porque Rebeca además
de fea y desagradable es una rácana.
Creo que Eva tenía razón, confundí lo que sentía por ella, tras varios días
encerrada en mí despacho trabajando como una posesa para que su entrevista
tuviera el aspecto que merecía me di cuenta de una cosa, la echaba de menos,
pero no porque me hubiera enamorado de ella, la echaba de menos porqué me
pareció la persona más increíble que había conocido nunca, me había
encantado hablar con ella y ser confidente de algunos de sus secretos más
íntimos, echaba de menos su forma de afrontar la vida, su expresión siempre
sonriente y calmada, pasear con ella por el jardín, su seguridad, sus
principios, su emotividad y su empatía. Creo que confundí el amor con la
admiración, porque realmente la admiraba, ojala yo tuviese la mitad del coraje
que tenía ella. Eva Dabán había marcado un antes y un después en mi vida, me
dio un referente, un modelo a seguir, alguien en quien inspirarme cuando me
fallaran las fuerzas y la motivación, alguien en quien apoyarme cuando me
sentía perdida.
Eva no me mintió, dos meses después de la publicación de la entrevista
me armé de valor y la llamé, quería invitarla a comer como muestra de
agradecimiento por todo lo que sin saberlo, ella había hecho por mí. Aceptó
(aunque después no me dejó pagar), comimos en la terraza de un carísimo
restaurante y pasamos el resto de la tarde charlando en el jardín de su casa. No
volvimos a besarnos, nos hicimos amigas, no de esas que se ven cada día y
hablan de cualquier cosa, amigas de esas que se ven de vez en cuando y aun
así es como si se hubiesen visto el día anterior.
Que nadie se equivoque, sexualmente la deseaba como una loca, pero no
como una loca enamorada, sino como alguien que sabe reconocer un cuerpo
atractivo y desea fundirse en él, la deseaba tanto como cualquier otra mujer
que tuviera ojos en la cara y supiera quien era Eva Dabán.

FIN
Otros libros de la autora

La borde y dulce Lai

Después de seis años de relación, Lai se ve obligada a dejar a Vero tras


enterarse de que esta la engaña. A partir de ahí entra en un ciclo
autodestructivo hasta que su mejor amiga, Lore, decide que ha llegado el
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Aunque los métodos de Lore no son los más convencionales, sí que le


sirven para captar de pleno la atención de Lai, a quien no le queda otro
remedio que hacer caso de su amiga. Lai se pone las pilas y empieza a salir
por el ambiente, cuando parece que está empezando a recuperarse, su jefe la
envía a Madrid diez días para vigilar de cerca a una joven que no hace más
que causarle problemas a su padre.

Lai es escolta privada y para esta misión tiene una nueva compañera:
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ella…Desde ese momento entran en un tira y afloja que acabará uniéndolas
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Con la ayuda de su equipo y en especial de Megan, una de sus


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Todo eso cambia cuando el primer día de curso conoce a Minerva, una de
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Aun así decide no rendirse y lanzarse a la conquista de la profesora que no se
lo pondrá nada fácil.

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