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La interposición de los campos: Remontar la historia

Georges Didi-Huberman

EL MONTAJE

El montaje es una figura de conocimiento excelente para mostrar


los conflictos, las paradojas, los choques recíprocos como sucede en
la política que teje a toda la historia.

Para ello, necesita juntos los dos significados de desmontar: (1) El


exceso de las energías y (2) la estrategia de los lugares, “la locura de
la transgresión” y “la sabiduría de la posición”. (p. 153)

Walter Benjamin ve en el juego chino milenario llamado go “la


sabiduría de la posición” y en el teatro épico “la locura de la
transgresión”, “el exceso de energías”, “el arte de hacer salir toda
cosa de su lugar habitual, el arte de hacer surgir la existencia fuera
del cauce del tiempo.” (p. 153-154)

Walter Benjamin sobre la idea. La idea en el montaje. “Las ideas


son a las cosas lo que las constelaciones son a los planetas. Esto
primero quiere decir esto: no son ni su concepto ni su ley. En
consecuencia, (las ideas) sólo cobran sentido por sus posiciones
respectivas, una manera de decir que no atañen ni a la universalidad ni
a la razón clasificatorio, sino a su lugar afirmado en un montaje dado.”
(p. 154)
El montaje, un estilo de pensamiento. El montaje es una manera
filosófica, un estilo de pensamiento (?) que se remonta al origen o que
remonta lo contemporáneo. ¿Cómo lo hace? Considera “el testimonio
del origen” de todo acontecimiento histórico una restauración, una
restitución y que por ello mismo está inacabado, siempre abierto. El
montaje como estilo de pensamiento histórico es “una manera de
desmontar cada momento de la historia, remontando, fuera de “los
hechos constatados”, hacia lo que “atañe a su pre y post historia.”. (p.
155)

COMENTARIO: El párrafo anterior está preñado de una de Las tesis de


FilosofÍa de la Historia. Aquella que habla sobre hacer saltar el
continum de la historia. También sobre la historia de los vencedores o
la historia oficial que vendría a ser “los hechos constatados.

Hacer saltar el continuo de la historia, crear intervalos,


discontinuidades. “Ahora bien, este doble movimiento crea intervalos y
discontinuidades, de manera que el conocimiento histórico se
convierte en verdadero montaje temporal, “la forma que hace proceder
extremos alejados” o momentos de los que todavía no se ha percibido
el secreto parentesco, el “recorrido virtual”. Por lo tanto no hay
“remontada” histórica más que por “remontaje” de elementos
previamente disociados de su lugar habitual.” (p. 155-156)

“No cabe oponer un Benjamin modernista que práctica el montaje


y un Benjamin pasadista que busca orígenes y supervivencias. (…) El
valor de asombroso de la mirada de Benjamin sobre la historicidad en
general sería el mantenerse constantemente en el umbral del
presente, a fin de “liberar el instante presente del ciclo destructor de
la repetición y sacar de la discontinuidad de los tiempo las
oportunidades de un cambio”. Teológicamente hablando, esto significa
que no hay redención futura sin la exégesis de los textos más
antiguos, no hay mexicanismo posible sin re pensar las fundaciones.
(…) He aquí por qué el elemento más vanguardista, en Benjamin, nunca
existe sin el anacronismo de su junción con algo como una
“arqueología”. (p. 156-157)

La espacialidad en el pensamiento. ErnstBloch. “El montaje


arranca a la coherencia derrumbada y a los múltiples relativismos del
tiempo partes que reúne en figuras nuevas. Este procedimiento (…)
cuando es usado conscientemente, como en Brecht, es un
procedimiento de interrupción que permite coincidir a partes muy
alejadas anteriormente. Aquí grande es la riqueza de una época
agonizante, de una asombrosa época de confusión donde la noche y la
mañana se mezcla en los años veintes. Esto comprende desde los
encuentros apenas esbozados de la mirada y de la imagen hasta
Proust, Joyce, Brecht y más allá. Es una época caleidoscópica (cine
kaleidoskipische Zeit), una revista.” (p. 157- 158)

Años 20: “Riqueza de una época agonizante, cómo la Antigüedad Tardía


y como el manierismo y el barroco. (…) No hay más “decadencia” que
“progreso” en historia: sólo hay heterocronías o anacronías de
procesos de múltiples direcciones y velocidades. Ahora bien, “no-
contemporaneidad” (Bloch) es una manera de decir “anacronismo. No
todos están presentes en el mismo tiempo presente (…) Al contrario
llevan en sí un pasado que se inmiscuye (…), un pasado que no ha sido
puesto al día. El montaje -con su catalogo de cosas descartadas, de
esos contenidos que no encuentran lugar en el sistema de conceptos
masculinos, burguesa, religiosos- sería entonces el medio por
excelencia de hacer dialéctica,, es decir políticamente fecunda, esta
no-contemporaneidad.” p. (158)

El montaje es una exposición de anacronías porque precisamente


procede como una explosión de la cronología. El montaje corta las
cosas habitualmente reunidas y conecta las cosas habitualmente
separadas. Crea por lo tanto una sacudida y un movimiento: “La
sacudida. Estamos fuera de nosotros. La mirada vacila y, con ella, lo
que miraba fijamente. Las cosas exteriores ya no son familiares, se
desplazan. Algo ahí se ha vuelto demasiado ligero, va y viene.” (…) ¿Por
qué el material salido del montaje nos parece tan sutil, tan volátil?
Porque ha sido soltado de su espacio normal, porque no deja de correr,
de migrar de una temporalidad a otra.