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COLÉGIO UNIVERSITÁRIO EDICIONES ISTMO

PATRIMONIOS
CULTURALES
OE L A S E S P A í l A S
FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

LA CIVILIZACION CÉLTICA
EN
GALICIA
La presente edición comprende:

S O B R E F L O R E N T I N O L O P E Z A L O N S O - C U E V I L L A S Y LA G A L I C I A C É L T I C A , p o r
el Prof. Dr. don José M. Gómez-Tabanera, de las RR. AA. de Historia y
de Bellas Artes, Madrid, etc.

Bibliografia de F. Lopez Alonso-Cuevillas.

Florentino López Alonso-Cuevillas y la Galicia de su íiempo (J.M.G.-T.).

U N P R Ó L O G O A LA P R E S E N T E E D I C I Ó N , por el Prof. Dr. don Antonio Beltran


Martinez, Catedrático Emérito de la Universidad de Zaragoza, Secretario
General de los Congresos Arqueológicos Nacionales de Espana, etc.

LA civaizAciÓN C É L T I C A E N G A L I C I A , por Florentino López A. Cuevillas.


Rcedición de la edición princeps publicada en 1953 por Porto y C" edito-
res, Santiago de Compostela.

APENDICE:

Cien aportaciones bibliográficas sobre temas célticos, de publicación pos-


La presente edición de La civilización céltica en Galicia, nuevamente c o m p u e s t a tipográficamen-
te. se ha llevado a cabo sin modificación capitular, algunas correcciones de erratas observadas
en la primera edición, incluída uniformidad de las nomenclaturas, así como peculiaridades dei
Castellano utilizado en el NW. de Espana. Asimismo s e ha enriquecido con nuevas ilustraciones
que se presentan intercaladas en el texto, con numeración romana.

Prohibida la reproducción total o parcial de este libro, su tratamiento informático, e incluso su


transmisión por técnica alguna, ya electrónica, mecânica, fotocopia, registro u otros métodos,
sin la autorización fehaciente y por escrito de los titulares dei Copyright.

f Para la presente edición. Heredern* ^ «=,


© by J.M. Gómez-Tabanera (Presant IA o r e n t i n o López Alonso-Cuevillas.
© Ediciones Istmo & J.M Góm P 7 TJK y A n e x ° s ) y A. Beltrán Martinez (Prólogo).

EDICIONES ISTMO, c/ fc>lombta


ISBN: 84-7090-199-0 ' * 8 0 1 6 * MADRID
Depósito Legal: M. 29.082-1989
Composiclón: AZ Fotocomposiclón, Sdad .
Imprenta Rogar, Fuenlabrada (Madrid) P' da' 0w^do-
PRESENTACIÓN

FLORENTINO LOPEZ ALONSO-CUEVILLAS


Y LA GALICIA CÉLTICA

Por José M. Gótnez-Tabanera


Antropólogo e historiador

1. Sobre un libro, su autor y su tiempo

El libro La civilización céltica en Galicia, que hoy tenemos el


privilegio de reeditar trás su primera aparición en 1953 —es decir,
hace cabalmente 36 anos— es una obra totalmente agotada que
sólo podia adquirirse en alguna oferta de librerías de segunda mano
o de catálogos de bibliófilos. Su autor, Florentino López Alonso-
Cuevillas, juzgó oportuno dedicarlo a la memoria dei polígrafo
português Francisco Martins Sarmento, uno de los pioneros de
Ia arqueologia prehistórica portuguesa y peninsular, cuyo nombre
habría de ser recordado por el entrafiable colectivo lusitano que
con sede en Guimaraes (província do Minho, Portugal), donde aus-
picia el museo en que se guardan muy importantes documentos
arqueológicos — muchos procedentes de Citania de Briteiros y Cas-
tro de Sabroso— a la vez que un recoleto centro de trabajo con
biblioteca cuyo conocimiento es obligado para todo aquel que se
interese en el estúdio de la cultura castrena —presunta civiliza-
ción celta— que se expresó en todo el NW. hispano con anteriori-
dad a su conquista por Roma.
Escultura céltica en madcra de carárt»r
mmann Hr» Çcnmm v iA votivo, encontrada en el santuario gal°
En su origen, el presente libro fue un volumen de papel recicla-
romano de Scquana y hoy cn cl Museo Arqueológico de Dijon (Francia). En
Galicia son harto escasos este tipo de hallazgos
J. M. Gómez-Tabanera Preseníación
II III

do, con unas poças lâminas en cuché, editado casi por compro- Paço, J. R. do Santos Júnior, personas entrailables todas ellas a
miso, en una época de penúria en la que el denominado Seminá- las que ha ido llamando la Dama Blanca, y los aún vivos X. Lo-
rio de Estudos Galegos, con sede en Santiago, creado en 1926 renzo, J. Fraguas, el ya citado J. Filgueira y el asturiano J. L.
en un acto de amor al liar. De una trayectoria regionalista/auto- Pérez de Castro... Creo que fue ésta la única ocasión que tuve
nomista, el Seminário será sustituido por otra entidad cultural, de tratar un tanto relajadamente a don Floro, cuya obra ya cono-
ahora de corte centralista, el Instituto de Estudos Galegos «Padre cía y dei que me quedaria un recuerdo imborrable, no sólo por
Sarmento», subordinada en cierto modo al Consejo Superior de sus saberes, sino también —permítaseme la expresión— por su na-
Investigaciones Científicas, entidad paraestatal que desde Madrid tural elegancia.
y en el Régimen impuesto por el General Franco, dictada las con- Hoy quiero evocar su figura en estas páginas, que vuelven a
signas y directrices «pertinentes» en relación a la cultura de las ver la luz gracias a la generosidad y amor filial de sus hijas Julia
Espafias. De aqui que el autor de La civilización céltica en Gali- y Elvira. Páginas cuya reedición se convertia en algo insoslayable,
cia, pese a llevar la Sección de Prehistoria de dicho Instituto — más, trás la Miscelânea editada en su recuerdo en 1986, bajo el
como asimismo había llevado anos antes, la dei Seminário de Es- patrocínio de la obra cultural de la Caixa Ourense. Y al hacerlo
no sobra una advertencia.
tudos Galegos— no se decidiera a publicarlo bajo su patrocínio
y prefiriera hacerlo por libre. Tanto más, cuando el Instituto «Pa- Ante todo, que el libro que hoy se imprime, es quizá conse-
dre Sarmento» no parecia ofrecerle excesivas garantias, en el sen- cuencia menor, de otro más ambicioso, posiblemente la «Historia
tido de garantizarle su edición, coincidiendo con la fecha de cele- de Galiza» que bajo la dirección de Ramón Otero Pedrayo y para
bración en Galicia dei III Congreso Nacional de Arqueologia. ser publicado por el grupo Nos (vid. infra) se tenía listo ya en
Fue ésta la razón «oficial» en la que se amparo Florentino Ló- 1951, pero que por diversas circunstancias tuvo que esperar a ser
publicado por el Instituto Argentino de Cultura Gallega de Bue-
pez Alonso-Cuevillas para confiar el original de su libro a la co-
nos Aires en 1973 y en três volúmenes. De aqui, que muchos lo
nocida Editorial Porto y Cia, con librería en la tradicional calle
hayan considerado una primera redacción dei volumen III de di-
de la Azabachería de Santiago de Compostela, que vendió una
cha «Historia de Galiza» que don Floro no pudo ver publicada
primera y única edición en poco más de dos aftos, sin que el autor
y cuya colaboración a la misma fue revisada en su momento por
se preocupase posteriormente en una posible reedición revisada y
su fiel amigo X. Taboada Chivite que redactara un capítulo dedi-
actualizada. cado al arte rupestre... Henos pues con dos fechas, la de 1953,
Por aquellas fechas, Florentino, con 67 afios encima, se sentia
afio de publicación en Santiago de La civilización céltica... y Ia
ya un tanto viejo y fatigado, lo que no constituyó obstáculo para
de 1973, la de la publicación de la «Historia de Galiza» en Bue-
que hiciese lo indecible para presidir dos Sesiones dei esperado
nos Aires. Son indudablemente bastantes afios, más si cuentan los
Congreso Nacional de Arqueologia en su propia ciudad natal, Oren-
transcurridos hasta hoy y que han cambiado profundamente, no
se, en el que incluso presentó dos importantes y extensas comuni-
ya el concepto de arqueologia, sino sus métodos y con ellos nues-
caciones. Fue en esta ocasión cuando el autor de esta Presenta-
tra visión dei pasado dei NW. hispano, en el que se incluye el
ción, a la sazón mozo y estudiante universitário con ribetes de
âmbito gallego. Ello ha permitido su conocimiento más ajustado,
etnógrafo, tuvo ocasión de ser presentado a Cuevillas por J. Fil- sobre todo de «su más reciente Prehistoria», con la adquisición
gueira Valverde y tratarle en el curso de alguna reunión, e incluso de nuevas y revolucionarias técnicas de investigación que han per-
ágape, en las que participaron, aparte de don Floro, los hoy fina- mitido obtención de cronologias absolutas, merced a métodos ob-
dos F. Bouza Brey, X. Taboada Chivite, V. Risco, X. R. Fernán- jetivos. Así, la utilización dei carbono radiactivo (C14) o aquella
dez Oxea, X. Ferro Couselo y los portugueses M. Cardozo, A. do
J. M. Gómez-Tabanera Presenlación
IV V

técnica que aprovecha la medición dcl magnetismo residual en ce- dos por el ya citado grupo cultural Nos, un tanto elitista que pu-
râmicas para obtener fechas, e incluso aquellos parâmetros susci- dieron influir en Cuevillas de la misma manera que tópicos pare-
tados por las Mamadas Palinología, Antracología, etc. Técnicas ape- jos configurarán en la Europa Central la reconstrucción de su pa-
nas aplicadas en la Espana de 1953 y cuya aplicación y desarrollo sado a partir de Ias primeras síntesis românticas. Cabe senalar,
han trastocado en el panorama peninsular mucho de lo que se no obstante, que Florentino Cuevillas supo, ya en su madurez li-
daba por bueno y cierto, en relación con el conocimiento dei más teraria, librarse de toda una serie de fantasmas y ensuenos, desde
remoto pasado, pero también de las gentes y culturas que nos pre- el presunto celtismo que pudo troquelar la nacionalidad gallega,
cedieron, para cuyo conocimiento no bastan ya las reconstruccio- haciéndola legataria de una civilización, a otros que intentarán
nes y. trabajos de un O. Montelius, de un J. Dechelette, de un ver las raíces de la nacionalidad gallega mucho más atrás, quizás
P. Bosch Gimpera, e incluso de otros maestros más próximos. Tam- en un atlantismo megalitista antecedente de la cultura castrena.
poco la heurística clásica, cuya interpretación se prestaba a una Por ello quizás, el libro La civilización céltica en Galicia no
serie de teorizaciones más o menos fantásticas a la hora de expli- pueda entenderse totalmente sin conocer otras aportaciones dei
car —particularmente en las llamadas Edades dei Metal— el ori- autor, incluso en el campo dei ensayo literário y de la etnografia
gen de diversas poblaciones de las Espanas y su posible «acultu- y el legado ideológico/cultural en que pudo inspirarse, pues en
ración» posterior por gentes hablantes de lenguas indoeuropeas tal caso, forma algunos de sus planteamientos no podrían enten-
derse.
y entre éstas, más bien tardias, aquellas que los griegos llamaron
De aqui que hayamos crcído útil y necesario, precediendo al
keltoi (celtas).
Prólogo que para la presente edición de La civilización céltica en
Otra circunstancia que habrá de tenerse en cuenta es que Flo-
Galicia ha escrito el Prof. Antonio Beltrán Martinez, dar una breve
rentino López Alonso-Cuevillas j am ás fue un «investigador de Ca-
noticia de la vida y obra de su autor. No es otro el fin de esta
rrera», digamos, un «profesional» dei estúdio dei pasado en un Prcsentación.
estricto sentido académico y su formación, de raiz autodidacta,
se debió a circunstancias muy particulares. Ello no quita que, bien
o mal, en un momento determinado, pudieran influirle diversos
2. Noticia biográfica de Florentino López Alonso-Cuevillas
tópicos que van desde la teosofia de un Mario Roso de Luna,
en quien se interesa bien joven, hasta el legado que pudieron de-
Florentino López Alonso-Cuevillas nació el 14 de noviembre de
jarle no sólo los clásicos Verea y Aguiar o Barros Sivelo, hasta
1886 en Orense, el mismo ano que el futuro rey Alfonso XIII,
J. Villamil, M. Murguia y F. Macineira, pongamos por caso, y
y que su paisano Castelao en el seno de una familia que hoy in-
en Portugal, A. F. Simoes, Leite de Vasconcelos, Sampaio, Severo,
cluiríamos en la burguesia media-alta. Su padre, Florentino López
Martins Sarmento y Mendes Correa Tópicos y fantasias entre los
Barbán, delegado de Hacienda, había fallecido en Lugo sin llegar
que dominan afirmaciones referidas a la esencia céltica de la lusi- a conoccrle. Su madre, Vicenta Alonso-Cuevillas Álvarez-Seara, bas-
tanidad/galleguidad; a la importancia de la «raza» en la determi- tante más joven que su difunto esposo, pertenecía a una conocida
nación, transmisión y conservación de los valores culturales (in- familia orensana, en la que confluían la estirpe de los Cuevillas
cluída la lengua); a la superioridad de los celtas sobre los iberos; originaria de Miranda de Ebro —terratenientes, propictarios, fun-
de lo ario sobre lo semita, en suma un cierto subjetivismo que cionários, administradores de patrimonios— y los Seara, de la ran-
a veces se impone a la hora de interpretar la Historia dei NW. cia hidalguía orensana. De aqui que el nombre completo dei nino
hispano y su vertiente atlântica, o la de la Península en su vcr- seria Florentino López Alonso-Cuevillas, pese a que con el trans-
tiente mediterrânea. Tópicos que en su dia pudieron ser sustenta-
VI J. M. Gómez-Tabanera Presentación VII

currir de los aftos y al convertirse en una personalidad consagra- introvertido que restringe su relaeión social a un muy limitado
da y notoria dentro de la Arqueologia espaftola, se le conocerá círculo de amistades, pese a que el vivir en una pensión de estu-
como «López Cuevillas» o, simplemente, «Cuevillas». diante de la rua dei Villar en un ambiente que quizá no diferia
El ser hijo único, que no llegó a conocer a su progenitor, y excesivamente dei que habría de reflejar Pérez Lugín en La casa
en cuya felicidad infantil, aparte de la madre, compitieron un sin- de la Troya, le daria ocasión para mostrarse un tanto mundano.
fín de tios y allegados, configuraria su carácter dentro de una Terminada Ia licenciatura de Farmacia, retornaria a Orense, donde
normativa elitista que, por entonces, era de buen tono en distin- habría de integrarse en médios que, por su linaje, se le presentan
tos âmbitos de la Espana de la Restauración. Así, y con objeto afines, pudiendo frecuentar diversas tertúlias y mentideros. Así,
de que aprenda las primeras letras, frecuentará, cumplidos los cua- «El Club», tertúlia que se reunia en la botica de Temes, o la ter-
tro anos, la escuela de párvulos de las senoritas de Hermida, fa- túlia que mantenían diversos miembros de la Comisión Provincial
mosa en la «buena sociedad» orensana, para pasar, acto seguido, de Monumentos, en torno a su ex profesor, Marcelo Macias y otros,
al Colégio León XIII, donde aprende solfeo y llega incluso a to- que acertaron a despertar en el joven Florentino un primer pruri-
mar clases particulares de violín que le harán lucirse más de una to por el conocimiento de la Historia. Parecen preocuparle por
vez como «nino prodigio» en la capilla de m úsica de la Catedral. entonces los siglos de la Ilustración y de transición dei Antiguo
Tenía diez anos cuando en 1896 inicia el Bachillerato en el Ins- Régimen (siglos xvin y xix), a través de fray B. F. Feijoo y de
tituto de Orense de reciente creación. Entre sus primeros condiscí- Thiers.
pulos y más tarde queridos amigos, podrían recordarse a Luis Te- En 1911, contando ya veinticinco aftos, decidió trasladarse du-
mes Fernández, a Saulo Quereizaeta y Antonio Diéguez Novoa. rante algún tiempo a la Corte, asistiendo en Madrid, por libre,
Estudian Vicente Risco y Pérez Coleman. De estos aftos de Ba- a clases de Historia de Espana e Historia de la Literatura Espa-
chillerato, el propio Florentino recordará rnuchos anos después nola y a las lecciones que imparten en el Caserón de San Bernar-
como queridos maestros a Marcelo Macias, a Moreno López, y do Juan Ortega y Rubio, Prudencio Mudarra y otros. Se hace
a Salvador Padilla. contertulio asiduo dei Ateneo, donde convive con su paisano, dos
Terminado felizmente el Bachillerato, Florentino López Cuevi- anos más joven que él, Otero Pedrayo, pero también con Primiti-
llas tiene ocasión de trasladarse a Santiago de Compostela, en cuya vo Rodriguez Sanjurjo y Urbano Feijoo de Sotomayor. Gusta de
Universidad estudia Farmacia, que termina cuatro anos después, frecuentar Lhardy, y asistir a los estrenos teatrales y se hace asi-
carrera que nunca ejerció como titular de un dispensário abierto, duo de penas y tertúlias bien conocidas. No obstante, acabará sin-
aunque en los últimos anos de su vida le permitiria echar una tiéndose un tanto perdido. Decide, pues, regresar a Orense, y arrin-
mano, a más de un amigo. ^Por qué eligió tal carrera? Lo ignora- conar, si es posible, la carrera de Farmacia. Para ello se presenta
mos, aunque no hay que descartar imperativos familiares y el he- a oposiciones como funcionário de la Administración, ingresando
cho que el ser boticário titulado abria un holgado campo de po- en el Ministério de Gobernación, e inmediatamente después, en
sibilidades económicas en la Espana de la Restauración, más a el de Hacienda, logrando en éste, trás una corta estancia en Sala-
la hora de establecerse. No obstante, estos anos universitários ser- manca, ser destinado, vários meses después, a Orense y en su ciu-
virán a López-Cuevillas para ampliar su círculo social por lo ge- dad natal desempefta su función pública hasta la jubilación. En
neral bastante elitista, leer a los autores de moda, que en novela la misma, se esposaria cnseguida con Milagros Rodriguez, quien
cultivan el naturalismo, e incluso asistir a diversas veladas literá- le daria tres hijas.
rias y conferencias organizadas por las Facultades de Derecho y Pronto logró Florentino López Cuevillas integrarse en ei am-
Medicina. En estos afios, sin embargo, se irá forjando su natural biente burguês de su ciudad natal, en la que termina residiendo
J. M. Gómez-Tabanera Presentación IX
VIII
significaciones, despierta en Florentino menos interés que el mun-
pro vila. En Orense, su entranable liar, cuya paz secular contrasta
do exótico en el que se encierra nuestro hombre en sus lucubra-
con el ajetreo de otras ciudades gallegas, como el mismo Santia- ciones con os insatisfeitos do mundo que os arrodea. No en vano
go con su Universidad, La Coruna con su Capitania y tráfago todos los dei grupo viven encerrados nos nosas torres de marfin
naval, o la misma Pontevedra. Totalmente aclimatado a la probeta ben acochados no himation dos gregos, no albornoz dos arabes
orensana, pronto veremos a López Cuevillas participando en las ou nas tunecas de Oriente, como escribirá el mismo Cuevillas anos
de un Ateneo recién fundado (1914), asumiendo diversas iniciati- más tarde.
vas culturales, e incluso desempenando el cargo de bibliotecário. En 1918, y a raiz de convocarse la I Asamblea Nacionalista Ga-
Aqui particularmente habrá de forjarse Cuevillas a la vera de su llega en Lugo, empieza a producirse un cambio de actitud en el
tio, Julio Alonso Cuevillas, y de Primitivo Rodriguez Sanjurjo, grupo orensano y que lleva a sus componentes a entrar en el campo
que influirán en gran medida en la formación de Cuevillas, al dei galleguismo, que, desde anos atrás, con mayor o menor Suer-
igual que en la de Vicente Risco y Ramón Otero Pedrayo. Forma- te, venían trillando gentes de la anterior generación, como el ya
ción en la que juegan toda una serie de lecturas, particularmente famoso Manuel Murguia. Se ha querido explicar tal «golpe de
de românticos y simbolistas franceses, que les llevarán ramalazos timón» en la influencia que pudo ejercer en el mismo, Losada
de exotismo, aparte dei que les impregna el teósofo cacereno Ma- Diéguez, a la sazón catedrático de Instituto en Orense. El propio
rio Roso de Luna, buen amigo de Rodriguez Sanjurjo. Florentino López Cuevillas nos da la pertinente explicación en el
Es entonces cuando F. López Cuevillas busca una forma de ex- artículo que publicará en el número 1 de Nos, «Dos nosos tem-
pansión mediante el ensayismo periodístico y literário. Primero será pos». En realidd, y como senaló en su dia Justo G. Beramendi,
en el períodico local de índole liberal El Mino, sobre arte y críti- se trata de una nueva visión dei mundo como consecuencia de
ca teatral, en el que colabora su companero Vicente Risco. Le vivir ya con los pies en el suelo, lo que impone un cambio de
veremos asimismo colaborar en La Zarpa, Diário de Orense, El tópicos en la temática que frecuentaban. Así, el catolicismo se im-
Heraldo, Misión, Pueblo Gallego, Faro de Vigo, La Noche, La Ré- pondrá sobre la teosofia, el celtismo sobre el orientalismo, el drui-
gio n, en una expansión anímica un tanto inesperada, pero en rea- dismo sobre el budismo, el Egipto faraónico, sobre la inaferrable
lidad muchas veces fruto de las inquietudes que comparte con un Atlântida y el Volksgeist herderiano sobre el individualismo. Pare-
grupo de amigos, en su mayor parte intelectuales, que representan ce difícil, pero fue fácil, más cuando el galleguismo podia expli-
el modernismo cultural y literário que puede conocer por enton- carse merced a unas presuntas raíces celtas más o menos legenda-
ces una ciudad provinciana como Orense y cuyo cordón umbilical rias. Por aftadidura, la integración de todo el grupo en las que
quiere encontrar en la Francia que ha troquelado a Ruben Dario. se habrían de llamar Irmandades da Fala, no entraiiaba renuncia
Es un grupo que presume de cosmopolita, y de dandismo, lo que alguna a posiciones previas, sino más bien al futuro bajo otra pers-
les confiere en la recoleta Orense cierta fama de raros. Este grupo pectiva que se antojaba fascinante y fructitera.
será el que en 1917 funda La Centúria, una revista que se subtitu- Con todo esto, se rompe definitivamente con el realismo mági-
la Revista Neosófica que habrá de acoger diversas colaboraciones co que impregna la obra teosófica de Mario Roso de Luna, que
dei grupo de distinta índole, más si se tiene en cucnta las preocu- tanto influyó en los orígenes intelectuales dei grupo Nos, pero se
paciones variopintas que les embargan. En esta revista, en la que correrá el riesgo de caer en una celtomanía más sofisticada que
escribirán asimismo Vicente Risco, R. Otero Pedrayo, Julio A. Cue- Ia que perturbo a la generación anterior, al sustentar construccio-
villas, publicará Florentino Rusia y su revolución y Divagaciones nes irracionales más o menos elaboradas bajo Ia fascinación dei
al margen de un cuento de Las mil y unas noches, lo que viene Erlebnis diltheyano y en las asechanzas en que se puede incurnr
a demostrar que por entonces Galicia como entidad de mil y una
J. M. Gómez-Tabanera Presenlación
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con el abuso de teorizaciones etnológicas bajo el prisma ciclo- Se abre así un proceso que durará todo el período entre guerras
cultural... (1918-1939) con distintas vicisitudes para todo el grupo de Nos,
F. López Cuevillas, V. Risco, R. Otero Pedrayo y otros, se ins- embarcado a partir de 1922 en la Irmandade Nazonalista Galega
criben en las flamantes Irmandades da Fala entre 1917 y 1918, fundada por Vicente Risco, de la que Florentino López Cuevillas
cuyo alma es el tradicionalista y social-católico Antón Losada Dié- pasa a ser Conselleiro para, más tarde, serio también en la Asam-
guez. En un principio, resultan un grupo variopinto que parece blea de Monforte en la que el propio Risco figurará como Conse-
haber recogido la antorcha nacionalista que en su dia prendió Mur- lleiro Supremo. Por otra parte, se vive una situación un tanto kaf-
guia. Esta la época en que ha empezado a definirse en el grupo kiana, no sólo por los «dimes y diretes» que se crean con otros
orensano la que habría de llamarse Xeración Nos, que dará nom- grupos regionalistas, sino también por la misma dictadura dei Ge-
bre a la revista homónima y que se impondrá todo un proceso neral Primo de Rivera, que coarta toda labor de organización y
de renovación de la cultura gallega, que se presenta hibernizada propaganda nacionalista.
en sus manifestaciones más dialécticas, desde que cuatro lustros Pese a todo se va avanzando. López Cuevillas no dudará en
antes se produjo una escisión en los movimientos regionalistas/auto- fundar con sus compafteros orensanos a finales de los 20 el Parti-
nomistas, trás la acción partidista de Alfredo Branas, e incluso, do Nazonalista Republican de Orense, organización clandestina que
aftos más tarde, contemplo el fracaso de Solidaridad Gallega. Aho- bulle ante la previsible caída de la dictadura primorriverista y dei
ra, la realidad de la existencia de una Academia Gallega que mer- que será alma R. Otero Pedrayo, circunstancia que le aparta poli-
ced a la labor heróica de M. Curros Enriquez, en el Centro Ga- ticamente de Risco en la Dereita Galeguista; con la que siempre
llego de La Habana y de otros centros gallegos distribuídos por se alineó Florentino lo que a la larga, trás la sublevación militar
todo el mundo, y que viene expresándose en La Coruna desde de 1936, le libraria de ser depurado, dei exilio o de la muerte,
como tantos correligionários suyos.
aftos atrás, quizá sea posible que como Ave Fénix, pueda emerger
una nacionalidad gallega, con su propia lengua, etnia y cultura Retrocediendo en esta visión prospectiva a la Galicia de 1920,
y cuya vivência (Erlebnis) sienten los hombres de Nos, que inten- ailo de la fundación de la revista Nos, que vino a ser algo así
tan comprometerse con una Galicia que ven proyectarse hacia el como una Revista de Occidente escrita en gallego, cabe ver que
futuro. Quemando etapas, la fala galeca es utilizada ab libiturn al llegar a la madurez, López Cuevillas va transformándose y como
por todos los miembros y colaboradores de Nos, que buscan su en su dia ocurrió con Manuel Marguía, quizás con objeto de jus-
normalización, sin acudir a la vecina lengua portuguesa. Se im- tificar una apasionada búsqueda de las raíces, pasa dei estúdio
pone así una fala nacional, que trasciende de la expresión lírica de la Historia que siempre le apasionó, al de la Arqueologia, pu-
consagrada por Rosalia de Castro, Manuel Curros Enriquez y Pon- blicando su primer trabajo de arqueologia en Nos y, naturalmen-
te, en gallego (A mansión de Aquis Querquernis), con el que ini-
dal, para convertirse en un habla, en realidad, una lengua de cul-
tura plena, que permite su uso en las más diversas temáticas lite- cia la Seción Arqueolóxica de dicha revista, primer fruto de una
vocación que le «reconcome» desde dentro, desde muchos aftos
rárias o ensayísticas. En realidad, este Rexurdimento en cierto modo
atrás, quizá desde la tertúlia de la Comisión Provincial de Monu-
recuerda a la Renaixença que aftos atrás conoció Catalunya, en
mentos de Orense, a la que solía asistir recién graduado en Far-
una lección que, con el paso de los aftos y en el transcurso de
macia. <,Cómo explicarse sino que, trás tantos aftos, se manifieste
los 80, bajo el amparo de la actual Constitución espanola, inten-
tal pasión alimentada intimamente? Quizá pueda entenderse in-
tarán aplicar precipitadamente fuerzas vivas, aunque quizá con mo-
tentando comprender los vericuetos mentales en que se forjó el
tivaciones menos idealistas, por un lado, Euskalerría, por otro,
galleguismo de Florentino, de inspiración historicísta y que inten-
Valencia, y, finalmente, ciertos grupos dei Principado de Astúrias.
J. M. Górnez-Tabanera Presenlación XIII
XII
e a Ofiolatría en Galiza, como sobretiro de Nos, y donde se lleva
taría justificar buscando bases científicas que pudieran darle ra-
a cabo una interpretación personal de la heurística clásica, bajo
zón, por un lado de la realidad dei liar gallego, no sólo embe-
el aliento dei historiador catalán Luis Pericot, discípulo de Bosch
biéndose en su paisaje y geografia (cometido que asumiría plena-
Gimpera y a la sazón docente en la Universidad de Santiago. Obra
mente Ramón Otero Pedrayo), sino también el alma popular, su
primeriza un tanto impregnada de realismo mágico y en la que
vida espiritual, y si se quiere su etnografia y folklore (a asumir subyace aún la celtomanía, al tildar a los Os Oestrimnios como
por Vicente Risco) y, finalmente, la ergología o cultura material gentes célticas que viviendo en un Neolítico avanzado conocerá
y etnohistoria, a desvelar desde más allá de la Historia, incluyen- su desplazamiento por otras gentes, los Saefes que considera como
do los componentes étnicos que la hicieron (estúdio éste en que una avanzadilla celta originaria que llegó a tener la fuerza sufi-
se empenaria Cuevillas). ciente para celtizar integramente Galicia...
En el siguiente apartado, abordaremos cómo Florentino Cuevi- La publicación fue recibida de forma dispar, aunque a la larga
llas asumió dicho cometido, refiriéndonos a cómo pudo surgir su prestigia a Cuevillas afirmándole como directivo dei Seminário de
dedicación hacia dichos temas. Parece indudable empero que muy Estudos Galegos, a cuyo frente desarrollará una ingente labor en
bien pudo iniciarse hacia 1920, trás la publicación de «Dos nosos el campo de la Arqueologia y Prehistoria, que trasciende incluso
tempos», publicado en 1920 en el número 1 de la revista Nos, a los anos de la proclamación de la I República.
donde nos pinta la situación espiritual que viven los miembros Con el estallido de la Guerra Civil (1936) había de quedar inte-
de su generación, adelantándose a la actitud que anos más tarde rrumpida toda una serie de trabajos en marcha, tanto más cuan-
hicieron Risco y Otero Pedrayo en Nós, os inadaptados (1933) y do algunos de los integrantes dei Seminário habían alcanzado cierta
Arredor de si (1930). notoriedad política por su ideologia republicana, nacionalista, o
Este ensayo es el primer texto suyo gallego que se conoce, así meramente autonomista, hecho que supuso a veces la persecución,
como el que marca el inicio de su vocación galleguista que habrá el encarcelamiento, o el exilio. Cuevillas, por su filiación derechis-
de desembocar en su dedicación a la Prehistoria y Arqueologia, ta y católica, tras salir exonerado de la depuración que conoció
aunque ello no implique el abandono de otro tipo de actividad la Delegación de Hacienda de Orense, pudo sortear la difícil si-
intelectual en el terreno dei pensamiento y de la literatura. Quizá tuación política, aunque ello le significo tener que relegar a un
fue entonces cuando Cuevillas empezó a experimentar mismo el segundo término gran parte de sus investigaciones en torno al pa-
llamado síndrome de celtomanía, tras una indigestión de textos sado dei liar gallego, e incluso, en una «ceremonia de la confu-
que le durará durante vários anos y que paulatinamente le llevará sión», escribir sobre temas religiosos. A la vez y durante la gue-
a dominar el campo de conocimiento elegido para su ejercicio de rra, seguiria publicando en alguna revista especializada, ya en el
la galleguidad. Esto le lleva a toda una serie de indagaciones que Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos de Orense, ya
van desde los castros dei NW. a la cultura megalítica que se ex- cn alguna portuguesa, manteniendo de forma más o menos su-
presa en las llamadas rnamoas, al estúdio más o menos pormeno- brepticia el espíritu autonomista de la xeración Nos, en parte exi-
rizado de diversa orfebrería autóctona y otros documentos arqueo- liada a ultramar.
lógicos, incluso presuntos ídolos, todo ello unido a particulares En 1939, una artritis articular que vénia afectándole le dificulto
sondeos en el campo de la etnografia. Finalmente, en 1929, y fru- seguir desplazándose como vénia haciendo a diversos yacimientos
to de su colaboración con Fermín Bouza Brey, un joven magistra- arqueológicos, objeto de su atención, por lo que habrá de desa-
do que se intercsa en el estúdio de la etnografia y el folklore, rrollar mayormentc «trabajos de gabinete», que le permiten sope-
que ha figurado con él como miembro fundador dei Seminário sar el «estado de la cuestión», e iniciar la redacción de una obra
de Estudos Galegos, publicai á en 1929 Os Oestrimnios, os Saefes
J. M. Gómez-Tabanera Presenlación
XIV XV

sintética, la que anos más tarde cristalizará en La civilización cél- óbito entristeció profundamente a toda Galicia, ahora consciente
tica... y, posteriormente, en el tomo ya mencionado en el aparta- que nadie como Cuevillas se había afanado tanto, dentro de su
do anterior de la «Historia de Galiza» que bajo la dirección de generación, por la búsqueda de las más profundas raíces etnohis-
R. Otero Pedrayo habría de publicarse bastantes afíos más tarde tóricas dei pueblo gallego, y que nadie como él había intentado
en Buenos Aires. comprender la arqueologia prehistórica de Galicia y muchos as-
El ingreso de Florentino López A.-Cuevillas ya en 1941, como pectos de sus tradiciones culturales. Su desaparición supuso la re-
Miembro Numerário de la Real Academia Gallega, terminada la dacción de sentidos escritos, entre los que recuerdo un evocador
Guerra Civil, vino a ser para él una consagración, aunque un tanto poema dei hoy finado F. Bouza Brey.
triste al tener en cuenta las relevantes ausências al acto, motiva-
das por el régimen político en que se vivia... A su notable discur- AO FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS
so de ingreso contestaria su entranable amigo y colaborador F. no 14 do mes de Santos do 1956

Bouza. Con balbo verbo, jouh Floro!,


Por entonces, como ya se ha dicho, el llamado Instituto de Es- lembraréi hoxe o traballar de un dia
tudos Galegos «Padre Sarmento» había sustituido al entranable cando a ideia era ceibe, e estaba firme
a man na man amiga.
Seminário de Estudos Galegos. A la nueva fundación, legataria
Con balbo verbo hoxe...
forzosa de los fondos bibliográficos y culturales de aquél, se ha- que arrecadas albricias
bía incorporado Cuevillas, compartiendo la dirección de su Sec- e que a emoción tamén a min me abrangue,
ción de Prehistoria, en una dedicación honorífica y sin retribu- me acoitela e acarína.
ción, ya que esto hubiera sido incompatible con la que tenía en
jRuibéns de aquelas xeiras en precura
la Delegación de Hacienda. Habrán de transcurrir así aftos en que da entrana eterna e viva,
la Figura de Cuevillas se hace sobradamente conocida entre los da entrana algareante,
especialistas en Arqueologia y Etnografia y que habrían de trans- moza a un tempo e antiga,
currir hasta la elección de Santiago, como sede dei III Congreso alicerce e fondal, ernbigo e cerne,
Nacional de Arqueologia, que en sus Sesiones de Orense dieron formento e albariza,
da historia virxinal da nosa patria,
ocasión al ya anciano estudioso para conocer a arqueólogos de
entorgada no castro e na pardina!
toda Espafta y dei extranjero con los que hasta entonces sólo se
había carteado, a la vez que a la generación que llegaba empu- Neixón, Túllara, Ourille...
jando. Volveria a encontrarse allí con el arqueólogo catalán L. ;Qué nova, requeimante poesia
Pericot, que con Pedro Bosch Gimpera, fue hasta cierto punto gardaron para nós isas estrofas
de inxenua toponímia!
su Nestor y guia, en sus primeros aftos de dedicación vocacional.
/Canto mar, canto ceo e canta espranza
Três.anos más tarde, en 1956, Cuevillas llegó a la edad legal dende a morta «Cida» de Santa Uxía!
de jubilación. Todavia, y pese al progreso de su arterioesclerosis, iQué farturento engado, o noso esprito,
seguiria trabajando con afán en nuevos proyectos y publicaciones. nas arcas do Barbariza, na surrisa
La muerte le sorprendería el 30 de julio de 1958, el mismo afio de aquil boneco antergo da «Casota
do Pá ramo», topou!
de la jubilación de su entraftable amigo Ramón Otero Pedrayo,
;Santa Lu cia,
quien desde aftos atrás había regresado dei exilio y había accedi- Briteiros e Sabroso...!
do a la cátedra de Geografia de la Universidad compostelana. Su
J. M. Gómez-Tabanera Presentación
XVI XVII

iSerpa Pinto, pontevedrista «Castro Sampedro y Folgar» en el que floreció un


Xurxo Lourenzo, o Fernández Hermida, grupo de trabajo dirigido por Enrique Campo y luego por Ra-
o Anxelo Colemán e... tantos... tantos
mon Sobrino Buhigas, cuyo Corpus Petroglyphorum Gallaeciae,
nesta bágoa furtiva!
jAdiante, adiante! Deus che fixo forte publicado por el Seminário de Estudos Galegos, concentro la aten-
como un chando de dolmen pra que sigas ción de la comunidad académica internacional por la importancia
facendo pan e carne pra os espritos, dei inventario dei singular arte rupestre presentado. la labor de
das arqueoloxías! dicho Museo seria continuada por J. Filgueira Valverde, Alfredo
;Sen toutinar, avante! iQue inda hai ermos Garcia Alen, Antonio de la Pefia Santos y otros. Por otra parte,
que anovar pola Terra...! y desde muchos anos atrás (1913), diversas excavaciones llevadas
Cando espila
o tempo ao veu de tanto neboeiro, a cabo no lejos de la villa de La Guardia (Pontevedra), en el monte
e a gran verdade compareza ispida, de Santa Tegra (Santa Tecla), habían puesto en evidencia la exis-
das mámoas entreabertas, das citanias tência de una importante Citania que fue objeto de excavaciones
onde ambos andivemos de por vida, sucesivas, y que, incluso, promovió, bajo los auspícios dei mismo
ao guindar cos trebellos feruxentos Museo de Pontevedra, la creación de la que se llamaría Sociedad
das finadas teorias, Pro-Monte, de la que fue alma, hasta su fallecimiento, el canóni-
han marmurar ises moimentos sagros:
—«lOnde anadará o Cuevillas go de la catedral de Orense y Tuy, Juan Dominguez Fontela, apo-
que tan ben encetóu a nosa orixe; yado en lo posible por Florentino Cuevillas.
que tanto amou nosa alma primitiva; López Cuevillas perteneció a numerosas academias y sociedades
que aledóu, cariüento, a soedade eruditas e ilustradas. Además de ser Académico de Número de
dos nosos toxos e das nosas silvas?». la gallega, fue Correspondiente de la Real Academia de la Histo-
E unha voz bradeante ria de Madrid, Miembro Numerário de la Sociedad Espanola de
do mais outo fuxida Estúdios Clásicos, M. C. de la Sociedad Portuguesa de Antropo-
dirá ben e pra sempre:
—«Carón meu logia y Etnografia (Oporto), de la Associaçao de Arqueólogos Por-
tróuxoo Santa Maria. tugueses (Lisboa), dei Institute International d'Anthropologie de
Eiquí estivo, e pideume Paris, dei Instituto Arqueológico Alemán (Berlín), de la Sociedad
de vivir antre vós vida infinita... Espanola de Antropologia, Arqueologia y Prehistoria (Madrid),
Buscaino que por ahi anda vagaroso, Miembro de Honor dei Grupo «Marcelo Macias», Comisario Pro-
jpor ise paradiso da Galiza!» vincial de Excavaciones Arqueológicas y presidente de la Comi-
sión de Monumentos de Orense.
La semilla que sembró ya empezaba a fructificar por entonces,
no sólo en el espíritu dei mismo Instituto «Padre Sarmento», cuya
Sección de Prehistoria y Arqueologia, en 1967, nueve aftos des-
pués, adquiere plena realidad. Posteriormente la llegada al Depar- 3. La signifieación de Florentino López Alonso-Cuevillas en la
elaboraeión de la Prehistoria gallega
tamento de Prehistoria y Arqueologia de la Universidad de San-
tiago, de Carlos Alonso dei Real, antiguo alumno de Santiago
En los apartados precedentes de esta Presentación se ha inten-
Montero Diaz y de Julio Martinez Santa-Olalla, dejaría una este-
tado brindar una breve noticia de Florentino López Cuevillas como
la imborrable en Santiago. A su vez, quizá interese recordar la
autor de La civilización céltica en Galicia y después como ser hu-
relación que desde aftos atrás mantendría Cuevillas con el Museo
J. M. Gómez-Tabanera Preseníación
XVIII XIX

mano trascendente que vive su circunstancia existencial en Gali- Paulatinamente, Cuevillas va tomando conciencia de que los im-
cia, concretamente en Orense. Se han esbozado en ella su primera perativos de la Historia son unos y los de la fantasia y «novele-
juventud, sus estúdios, sus inquietudes y, si se quiere, su snobis- ría» que pudo llevar Mario Roso de Luna y otros «iluminados»
mo como un intelectual de tardia madurez que integrado en la al grupo de Nos, son otros. Acabará convenciéndose que la realL
que habría de llamarse xeración Nos, heterónimo que quizá po- dad de una Galicia céltica con personalidad propia, a configurar
dría corresponder a Ia que los historiadores de literatura espanola aún en el Antiguo Régimen, y emerger nitidamente en el siglo
llaman «Generación dei 27», habrá de despuntar, tras su adscrip- xix con el Romanticiscmo, no es tal. Tampoco ese Volkgeist que
ción en las llamadas Irmandades da Fala (1917) y el deslumbra- deslumbro al grande y venerado patriarca que es Manuel Mur-
miento de esa irrenunciable galleguidad hacia 1920, al despertar guia, ya Presidente de la Real Academia Gallega y Archivero en
tardiamente su interés por el pasado de su liar y las gentes que La Corufta en la Delegación de Hacienda. Precisamente, Ia obra
lo forjaron. Este interés despunta muy posiblemente, tras el autoa- de Murguia se había convertido en una especie de norte para Cue-
nálisis a que el mismo Cuevillas se somete tras la contemplación de villas por su vibrante galleguidad y el celtismo a «macha-martillo»
su Galica, de sus hombres y de su historia, el mismo al que indefec- que exultaba.
tiblemente se someterán Ramón Otero Pedrayo y Vicente Risco. No es de extrafiar que Cuevillas, ante la diversidad de pareceres
De este autoanálisis surgió en Florentino López Cuevillas la 11a- expuestos en los distintos textos que va conociendo, se fuera ha-
mada de la vocación perdida: el cultivo de Ia Prehistoria de Galicia. ciendo cada vez más escéptico ante afirmaciones en torno a cel-
^Inícios? Nombres no faltan, tanto de tratadistas y estudiosos tas, dólmenes, druidas, mamoas, «casas de mouros» y demás, y
de lengua portuguesa como Castellana, e incluso, £por qué no?, para sacar sus propias conclusiones, optando por visitar y estu-
catalana. Ahí tenemos por caso a Pedro Bosch Gimpera, maestro diar distintos yacimientos arqueológicos dei NW. Ahí estaban por
de Luis Pericot, que a la larga ejercería en nuestro hombre una caso en el vecino Portugal la Citania de Sabroso y el castro de
particular fascinación, con la edición que hace junto con el ale- Briteiros que visito acompanado de Rui da Serpa Pinto, o en Pon-
mán Adolfo Schulten, de toda una serie de fuentes clásicas, entre tevedra, junto a La Guardia y el rio Mifto, en pleno territorio
las que muy tempranamente y por lo que puede atafier al más de los Grovios —de hacer caso a la Historia Antigua—, las «casi-
remoto conocimiento de Galicia, por parte de los primeros nave- ilas dos mouros», quizá la vieja Abróbiga galego-romana de las
gantes de la antigüedad, la Ora Marítima de Rufo Festo Avieno, Fuentes, en el monte de Santa Tecla.
recién editado por la Universidad de Barcelona. Cuevillas estudia, Había que ir con mucho cuidado en las interpretaciones, y és-
glosa e interpreta exhaustivamente. Tempranamente se sumergirá tas tendrían que basarse siempre en el trabajo de campo^que traerá
también en el estúdio dei Manuel d'Archeologie prehistorique, Cel- como consecuencia catalogaciones sistemáticas de castros y otros
tique et Gallo-romaine, dei francês J. Dechelette, de E. Dottin, yacimientos prehistóricos anteriores a datar en un mundo megalí-
de E. Cartailhac, de D'Arbois de Jubanville, de A. Schulten... En tico o en la misma Edad de Piedra.
poco más de un afio se pondrá al tanto de todo lo que se ha La creación dei Seminário de Estudos Galegos y en él, la Sec-
escrito en Espafta y Portugal sobre Prehistoria y Protohistoria que ción de Prehistoria, constituyó el primer hito de una labor que
pueda interesarle y no tardará demasiado en estudiar «por lo que habría de prolongarse durante decenios. Pronto serán catalogados
pueda servirle» al nórdico Aberg, a los teutones Schuchardt y Hoer- Val de Vilamarín, Terras de Celanova, O Carballiflo, Barbanza,
nes, al francês Lefebvre, al inglês Leeds... Aprovecha una visita Lobeira, Mélide, Deza, Savinao, en una labor interdisciplinar de
a Galicia dei suficiente P. Obermaier y se relaciona y cartea con equipo, en la que intervienen Vicente Risco y Otero Pedrayo, que
habrán de ocuparse de Etnografia/Folklore y Geografia, respecti-
destacados especialistas de allende el Pirineo.
v J. M. Gómez-Tabanera Presentación
AA ^ — •
XX!

vãmente. Por lo que a él respecta, llenará cientos de papeletas, quizá le llevó a hipervalorar en la cultura castrefla los presuntos
con vistas a un inventario de túmulos (mamoas), y la elaboración elementos célticos a integrarse en ella. Esto hace que veamos a
de mapas de dispersión. Pronto inicia excavaciones en asentamientos Cuevillas en otra dimensión ya subrayada tiempo ha por Manuel
castrefios, como los de San Cibrán das Las, Trofla, Cameixa y Carlos Garcia Martinez en el artículo que dedico a nuestro hom-
en estaciones megalíticas como Lobeira, Maus de Salas, Monte bre en la G. E. G.*, quizás la más notable aportación que conoce-
de Mora, etc. Raudamente transcurren uno, dos lustros... Es lógi- mos en el trance de la biografia a López Cuevillas. Dicho autor
co que terminase convirtiéndose en una autoridad sin cátedra, en subraya los dos grandes méritos de nuestro hombre: que acertó,
la especialidad. Su visión de la Galicia prehistórica le permitirá pese a no proceder de una facultad universitária especializada o
incluso desarrollar hipótesis de trabajo personales en torno a la de una institución similar, a dotar a la Arqueologia de su patria
cultura megalítica dei NW., que serán recogidas por sábios breto- de una particular dimensión científica, y después a sistematizaria.
nes como Leraz y LeRouzic, por el mismísimo V. Gordon Childe, Pero aún hay más: intentaria caracterizaria, quizás siguiendo pau-
por los esposos Leisner y ya, trás la Guerra Civil espanola, por tas suministradas por estudiosos de su tiempo con los que trató,
Eoin MacWhite, un inglês que estudiaba el Bronce atlântico, be- como Mendes Correa, Obermaier o el mismo Bosch. De aqui que
cado por Martinez Santa-Olalla. intente ante todo el definir y limitar las culturas nativas y exóge-
Pero también, en todo lo que se refiera a la que —en un con- nas que se manifiestan en Galicia, la afiliación étnica de las gen-
senso con los portugueses— habrá de llamarse cultura castreja/cas- tes que pudieron crearlas y, finalmente, el carácter atlântico, e in-
trense, cuyas raíces intenta conocer mediante estúdios que, par- cluso si se quiere concretar, más europeo, que ve en las mismas.
tiendo de la ergología pura, trasciende a las formas económicas, Cavilando en la cuestión, nuestro hombre se da muy pronto
organización socio-política, religión, etc. cuenta en la «unidad cultural» que parece manifestarse en todo
Terminará por imponerse en el estúdio de la tecnologia meta- el NW. que integra Galicia, e incluso el N. de Portugal, si se toma
lúrgica, basándose en Dechelette y otros maestros, con quienes pre- como frontera geográfica el margen septentrional dei Duero. Di-
tende profundizar en las Edades dei Metal dei NW. Pero se inte- cha unidad quizá empezó a configurarse mucho antes, en el Pa-
resará también en el arte rupeste expresado en petroglifos y en leolítico. No obstante, milénio trás milénio, tras la recepción dei
el mundo mucho más remoto que constituye el Paleolítico galaico- agrocultivo, podrá ir haciéndose más evidente como «área cultu-
astur apenas estudiado. Todo esto lo aborda tranquilamente, sin ral» con el megalitismo, la recepción dei Bronce y la emergencia
prisa alguna, sin discusiones en torno al «;yo lo vi primero!», que dei mundo castreno. López Cuevillas se da enseguida cuenta dei
han amargado la vida a más de un arqueólogo. conservadurismo dei âmbito, cuyo carácter terminal (marginal) hace
López Cuevillas mantendrá, pese a todo, en su interior el hán- que las formas culturales que llegan al mismo no sólo pervivan
dicap —positivo o negativo, eso es otra cuestión— de ser conside- durante milénios, sino que conozcan particulares adaptaciones im-
rado un outsider por la comunidad académica «profesional», dado puestas por el paisaje en que se manifiestan y que se expresa,
que en su vida pública fue siempre un atento y meticuloso fun- al igual que pasó en otros lugares de la Europa continental, como
cionário de Hacienda Pública, lo que no fue obstáculo para que Jutlandia (Dinamarca), Bretafta (Francia) pero también insular como
su nombre llegase a ser bien conocido por los doctos. Están, por Cornualles (SW. de Inglaterra) e Irlanda en el que cabría denomi-
otra parte, sus antecedentes de los inicios de Nos, que no le libra-
rán en manera alguna de que más de uno ponga en duda las raí- * Me reficro a la Gran Enciclopédia Ga/lega, publicada a partir de 1974 en Santiago
de Compostela por Silvério Cartada y otros, tras la edición de la Gran Enciclopédia Astu-
ces objetivas de su dedicación y vea en la misma una raiz român- riana en Gijón.
tica —que hoy equipararíamos al llamado realismo mágico— que
J. M. Gómez-Tabanera Presentación XXIII
XXII

La interpretación es fascinante, más cuando a la hora de bus-


nar «síndrome de Finisterre», en el sentido de tener conciencia
car una filiación étnica de esas poblaciones «centroeuropeas» las
de ser algo así como culs-de-sac de Ia Ecúmene, dada su respecti- califica de célticas resucitando así el viejo mito y ven su lejano
va situación terminal geográfica. punto de partida en algún lugar de la cuenca dei Rhin. Se parti-
Desde un primer momento, Cuevillas repararia en la realidad rá, pues, desde un primer momento de la glosa e interpretación
pretérita, anterior a los primeros asentamientos de gentes indoeu- de Bosch al poema de Avieno, cuando identifica la invasión de
ropeas y de un «fenómeno megalítico» que se manifiesta incluso las llamadas «gentes de la serpiente» con la arribada de los Sae-
anteriormente a los fenómenos de celtización. A la hora de pro- fes al NW. hispânico, gentes que Cuevillas y Bouza identifican
nunciarse sobre el mismo, prefiere no hacerlo, aunque se da cuen- con un pueblo pre-celta o celta que pudo penetrar hacia el siglo
ta de su particular dispersión, incluso de la presunta homogenei- vi a. C. en la Península, trás un largo y accidentado recorrido
dad de que adolece, consecuencia de la adopción de tradiciones en la que distintas aculturaciones habrían de repercutir hasta su
culturales que en un primer momento no sabe si considerar origi- definitivo asentamiento en Galicia*. Gentes de procedencia cen-
narias ya dei Sur —desde la otra ribera dei Duero—, ya de la troeuropea, insisten nuestros autores, muy posiblemente un núcleo
misma fachada atlântica, en la que se integra todo el NW. hispâ- celta, que se manifesto aún lo suficientemente vigoroso para celti-
nico. Tomará buena nota dei comportamiento de las poblaciones zar totalmente Galicia. Na nosa etnoloxia castrexa —escribirán—
que al parecer se van sucediendo y entre éstas de una cuyos com- percíbese con craridade a presencia dun pobo autóctono (...), vése
ponentes étnicos le llaman particularmente la atención, hasta el a invasión de pobos celtas que traen eiquí a cultura de Hallstatt
punto de dedicarles uno de los primeros textos de tema arqueoló- que ven moi penetrada, como se sabe, de inspiracións itálicas, e
gico, que redacta en colaboración con otro «amateur», el joven
abogado Fermín Bouza Brey. Ahí está, el ya recordado y que lle- * la presunta inspiración de BOSCH GIMPERA en tal concepto surge cuando dicho ar-
queólogo, analizando las noticias de AVIENO referidas a las gentes que llama Cemsos y
vará por título Os Oestrimnios, os Saefes e a Ofiolatria en Gali-
Se/es, ubicadas en la vertiente atlântica de la Península, cree \cr en los últimos un gcntili-
za, trabajo que se publicará como separata de Nos* partiendo de cio helenizado, cl Sepses que interpreta como «pueblo de la serpiente» y que se extendía
la lectura que P. Bosch Gimpera hizo de Ora Marítima de Rufo entre el Mondego y el Vouga, con los limites en las serranias de Gralhcira y Caramulho.
Cientes que para Bosch pcrtenecen a un grupo céltico que la irrupción de los Belgas en
Festo Avieno, un poema geográfico dei siglo iv a. C., inspirado Ia Península Ibérica dispersó por la misma y cuya relación étnica con los pueblos dei
posiblemente en un rotario massaliota... En dicha publicación, Cue- grupo galaico supuso la c.xpansión de un culto ofiolãtrico a extenderse por el N. de Portu-
villas y Bouza parten de la suposición de que los primeros cons- gal y de Galicia, así como su diferenciación ulterior en Ia tnisma cultura de los castros,
mas relacionada con la dei territorio cémsico. También para Bosch, estos Sepses. en rela-
tructores de megalitos, pero también portadores de la metalurgia ción con los galaicos, se desplazarian junto a ellos hacia la Meseta Norte y mientras ei
que conoce el NW. hispânico, son los Oestrimnios, un pucblo de grupo galaico seguia un camino al N. dei Duero, los Sepses llegarían al hoy territorio
controvertido origen étnico, a referir a la Edad dei Bronce, cita- português a través de Salamanca/Ciudad Rodrigo^Villaformoso/Guarda y la cuenca dei
Mondego hasta la costa.
dos en el mencionado poema, pero que habrán de constituir una E insiste BOSCH: «En cl Périplo, con los Se/es, se menciona los Draganos, 'subvinoso
población indígena, que fundida con otra, de presunto origen cen- máxime septentrione', por lo que Schultcn los loealizaba al N. de Esparta, en Astúrias,
troeuropeo, dará vida a la que habrá de llamarse «cultura castre- y nosotros los colocamos anteriormente cerca de allí, en las estribaciones gallegas de la
Cordillcra Cantábrica. Berthelot ha interpretado cl nombre de los Draganos como una
fta». Ambos autores intentan reconstruir así la primitiva ocupa- eorrupción de Draconi y los creería los mismos Sefes-Sepses por una misma confusión
ción y organización territorial y la pervivencia en el curso de los dei dragón con la serpiente, interpretación a la que ahora nos inclinaríamos, teniendo en
cuenta que esta parte dei Périplo es muy difícil, debido a las noticias imprecisas que pro-
siglos no sólo de particulares formas de pensamiento, sino tam- bablemcnie proceden, no dei mismo navegante Massaliota, su autor, sino de las recogidas
bién de una particular cultura material. de los Tartesios de Andalucía que navegaban por aquellas costas (Cf. P. BOSCII GIMPERA,
Prehistoria de Europa, Madrid, Ed. Istmo, 1975, pp. 826-827).
* Rcproducido en f. LÓPEZ ALONSO-CUEVILLAS, Miscelânea, Caixa Ourense, Orense, 1987.
J. M. Gómez-Tabanera Presentación XXV

XXIV
lias se vislumbra con cierta nitidez al comparar ciertos complejos
dexérgase por cabo o desenvolvemento peculiar do complexo así arqueológicos galaico-portugueses con otros bien conocidos de la
formado nun senso orixinal que fai destacar a sua persoaloidade Armórica (Francia) y, otros parajes dei âmbito atlântico, incluso
dentro do cadro peninsuar posthallstáttico dun xeito rexo e in- Irlanda.
confundibei Quizá en esta «amplitud de miras» veamos expresarse el génio
Desde un primer momento, López Cuevillas se preocupa de la anticipador de Cuevillas, alguna de cuyas intuiciones y teorizacio-
posible trascendencia que parecen tener las comunicaciones pre- nes han sido confirmadas por la investigación arqueológica con-
históricas o protohistóricas que hubieran podido existir entre los temporânea. De aqui la trascendencia que presenta su labor para
diversos ámbitos/finisterres de la fachada atlântica, e incluso Islas las nuevas generaciones de arqueólogos que se forjan en las Es-
Britânicas, haciendo suya, parte de la especulación de su paisano panas.
Macineira, el primero que vislumbra la importancia dei puerto de Con los anos Cuevillas logrará diferenciar más y más la perso-
Bares en el comercio metalúrgico atlântico durante la Edad dei nalidad propia de que adolece la cultura castrena, que se mani-
Bronce, que habrá de ser estudiado posteriormente por E. Mac- fiesta, ya coincidiendo, según su punto de vista, con las primeras
Withe, Ch. Hawkes, y últimamente por P. Coffyn. Relaciones y arribadas célticas, cuyo impacto es evidente en diversos castros in-
contactos que incluso pudieron darse anteriormente en virtud de dígenas dei NW. (Penarrubia, Boreiro, O Neixon) propiciando for-
afinidades a manifestarse desde la misma Edad de Piedra con sus mas de vida que habrán de prolongarse incluso más allá de la
distintos horizontes líticos. Cuevillas no echará en saco roto tales Romanización y posterior Suevización. Indudablemente, todo ha-
reflexiones que incluso concentra con intuición pionera en los mo- bía cambiado a partir de la irrupción en sangre y fuego dei ro-
mentos en que se manifiesta el llamado fenómeno megalítico que mano Bruto, de aqui que haya de considerar, como el más tipica-
según el autor habría de marcar «as relacións marítimas do no- mente castreno, el período que pudo transcurrir desde fines dei
roeste hispânico con outros fis terras atlânticos, que quizais iniciá- Bronce hasta la penetración romana.
ranse xa denantes, fanse mais aitivas, preludiando un contaito que En LM civilización céltica en Galicia que se reedita, Florentino
non ha crebarse en moitos séculos». Las posibles relaciones a que López A.-Cuevillas nos da una visión que ha pasado a ser clásica
alude Cuevillas hoy sabemos que habrán de incrementarse en pe- de la cultura castrena, enumerando aquellos elementos que la con-
ríodos siguientes, con el conocimiento progresivo de la metalur- figuran y que en cierto modo corresponden a otros muchos, es-
gia, sobre todo en la Edad dei Bronce dando lugar a la primera trictamente hablando, los «pueblos dei NW.», incluyendo en los
«comunidad atlântica» que pudo conocer Europa en su primavera mismos a toda esa franja territorial que constituye la cornisa
histórica. No obstante, a Cuevillas le preocupa el hecho de que, cántabro-astur desde el Bidasoa al Eo y que incluye asimismo a
si las relaciones con âmbitos de más allá dei Duero, pueden expli- gran parte de Galicia*. Pueblos en los que, sin embargo, no puede
carse merced al tráfico dei metal, particularmente oro y estafto, hablarse de raíces célticas dominantes, pese a la recuperación de
no puede explicarse en lo que se refiere a «otras terminales atlân- la celtomanía, aunque ahora como indoeuropeización prerroma-
ticas» en las que, al parecer, abundaban estos recursos minerales. na. Posiblemente sea interesante subrayar a la hora de caracteri-
No se explican —al menos no podia explicarse aún hace médio zar tales pueblos y particularmente de los que habrían de llamar-
siglo— aunque para Cuevillas ante la realidad ergológica eran evi-
dentes, más ante determinados artefactos, orfebrería, ajuares, ar- • Cf. al respecto como obra clásica, dentro de esta visión, el libro hoy cJásico (ed.
mas c incluso petroglifos... Indudablemente se da un paralelismo varias edicioncs) de JIILIO C A R O BAROJA, LOS pueblos dei Norte inicialmente publicada
por el C.S.I.C. (Madrid).
en distintas culturas de los finisterres, que quizá no se debe total-
mente a fenómenos de convergência. Paralelismo, que para Cuevi-
J. M. Gómez-Tabanera
XXVI

se «poblaciones castreftas» es que aprendieron antes que de roma-


nos, de gentes celtas y celtizadas —de habla indoeuropea— las
técnicas metalúrgicas de la obtención dei hierro, desconocidas aún
en el siglo vi por las poblaciones autóctonas. También, que el co- ANEXO I
nocimiento de tales técnicas dio una particular personalidad a la
cultura castrena dentro de un horizonte cultural hallstáttico y post-
BIBLIOGRAFIA DE
hallstáttico, lo que relego a un segundo término, las técnicas que
FLORENTINO LÓPEZ A.-CUEVILLAS
impondrán la cultura de La Téne. La cultura castrena pasará así
a constituir un término post quem de esa «civilización céltica en
Galicia», a imponerse no sólo en la hoy base territorial de Gali-
cia, sino también por todo el N. de Portugal hasta el Duero, in- Afio 1920
cluyendo tierras limítrofes astures y quizá limítrofes al castro de 1 Dos nosos tempos.
Caravia, próximo al Sella, en el que ya se impone una acultura- Ourense. NOS, tomo I, núm. I.
ción celtibérica. Hecho este que seria tomado en cuenta al igual
que otras conclusiones de Florentino López Cuevillas por el fina- 1921
do filólogo y anticuario asturiano J. M. González a la hora de
2 Do noso tempo. O silencio das musas.
redactar su «Astúrias protohistórica», en cuya metodologia se si- Ourense. NOS, tomo I, núm. 6.
gue con cierta fidelidad la adoptada por Cuevillas, sin espíritu 3 Seición arqueolóxica. A mansión de Aquis Querquernis.
Ourense. NOS, tomo I, núm. 9.
crítico alguno.
Aqui podríamos terminar, no sin llamar también la atención en 4 Seición arqueotóxica. O Castro A Cibdade en San Ciprián das Las.
Ourense. NOS, tomo I, núm. 10, tomo II, núm. 13.
el hecho de que Cuevillas, que en cierta forma sigue un método
histórico-cultural, el mismo que logra cierto predicamento en la 1922
Europa entre-guerras, al convertir a la Etnografia como disciplina
auxiliar a aplicar a la hora de extraer conclusiones mediante el 5 O Castro A Cibdade de San Ciprián das Las.
NOS, núms. 10, 12, 13, A Crufla.
comparativismo etnográfico. Dicha metodologia había sido puesta 6 A mansión de Aquis Querquenis.
en práctica desde aftos atrás por el Seminário de Estudos Gale- Boi. Com. Prov. Mon. Orense, tomo VI.
gos, más o menos influído por la labor que habrá de desarrollar 7 Seición arqueolóxica. Unha reutificación a un pequeno descobrimento.
en el vecino Portugal toda una pléyade de arqueólogos y etnógra- NOS, tomo 1, núm. II
fos más o menos dependientes de la Comisión de Servidos Geo-
1923
lógicos y dei Instituto de Alta Cultura de Lisboa, pero también
en iniciativas de otros âmbitos como pueden ser la Sociedad In- 8 Unha lápida romana inédita.
ternacional de Estúdios Vascos (con la hoy venerable figura de NOS, tomo II, núm. 18.
P. J. M. de Barandiarán), e incluso de Francia, Italia, Suiza y di- 9 Os dólmenes do monte das Nobas en Lobeira.
A Crufta. NOS, núm. 18.
versos países germânicos, nórdicos y eslavos. 10 A Edade de Ferro na Galiza.
A Crufta. NOS, núms. 10, 20, 21, 22, 23, 24.
J. M. G.-T
J. M. Gómez-Tabanera
XXVIII Presentación
XXIX

1924 25 Nota encol de unha inscultura inédita de Tenorio.


Boi. R. A. Gall. Tomo XVII. La Corufia.
11 A ciíania do monte A Cidade en San Cibrao das Las. 26 O ídolo cilíndrico do Museo Arqueolóxico de Pontevedra e outros ídolos
Boi. R. A. Gall. núms. 164, 165, 166. Tomo XIV. La Corufia. galegos.
Arq. Sem. Est. Gal. Tomo I. Sant-Iago.
1925 27 En colaboración con Fermín Bouza Brey: Bibliografia da Prehistoria galega.
NOS, 18 págs + I hoj. A Crufia.
12 A citania do monte A Cidade en San Cibrao das Las. 28 Catálogo dos Castros galegos. I. Val de Vilamarín.
Boi. R. A. Gall. núms. 167, 168, 169. Tomo XV. La Corufia. (Con once castros), 29 págs.
13 As mámoas do conceito de Lobeira. Contribuzón ô estudo do megalitismo 29 En colaboración con Fermín Bouza Brey: Prehistoria e Folklore da Barbanza.
galego. NOS. Sem. Est. Gal. 43 págs. + I mapa. A Crufia.
Boi. R. A. Gall. Afio XX, núms. 170, 171. Tomo XV. La Corufia. 30 A citania do monte A Cidade en San Cibrao das Las.
14 Os ouxetos argáricos do Museo de Ourense. Boi. R. A. Gall. Afio XXII, núms. 193, 194. Tomos XVI, XVII. La
Corufia.
Boi. R. A. Gall. núm. 173. Tomo XV. La Coruna.
15 Nota encol do mobiliário d'algunhas mámoas galegas depositado no Mu-
1928
seo de Ourense.
Boi. R. A. Gall. núm. 176. Tomo XV. La Corufia.
31 En colaboración con Fermín Bouza Brey: Paralelos galegos a unha práctica
16 As mámoas do conceito de Rairiz. popular trasmontana.
Boi. R. A. Gall. núm. 178. Tomo XV. La Corufia.
Vol XXXVIII. R. Guimaraes.
32 Catálogo dos Castros galegos. II. Terra de Celanova.
1926
(Con diecisiete castros). NOS. 28 págs. A Crufia.
17 Papeletas arqueolóxicas e folklóricas da bisbarra de Verín.
1929
NOS, núm. 36. A Crufia.
18 Novos eisemprais da ourivesaria prehistórica galega. Nota encol do tesouro
33 En colaboración con Fermín Bouza Brey: Os Oestrimnios, os Saefes e a
da Golada. Ofiolatría en Galiza.
Bulleti de 1'Axociació Catalana d'Antrop. Etnograf. i Prehist. Tomo
Sep. NOS, 166 págs. + 2 hojas. La Corufia.
IV. Barcelona, págs. 110-114. 34 As insculturas do Coto do Corno.
19 En colaboración con Fermín Bouza Brey: Prehistoria galega. O Neixón. NOS, núm. 64, tomo VI. A Crufia.
Boi. R. A. Gall. núms. 181, 182, 183, 184, 185. Tomo XV. La Corufia. 35 Un novo machado de talón de dous anéis.
20 A Edade de Ferro na Galiza. Boi. R. A. Gall. Tomo XIX.
NOS, núms. 27, 28, 30, 32, 33, 35. A Crufia.
1930
1927
36 En colaboración con Antonio Fraguas e Pura Lorenzana: As mámoas do
21 Papeletas para un inventario das mámoas galegas. Savirlao. A anta de Abuime e a necrópole do monte da Morá.
NOS, núms. 39, 40. A Crufia. Arq. Sem. Est. Gal. Tomo V. Sant-Iago.
22 Puas estazóns doménicas. 37 Novas cerâmicas das antas galegas.
NOS, núm. 44. A Crufia. Porto.
23 Un achádego arqueolóxico no Carballido. 38 En colaboración con Xoaquín Lourenzo Fernández: Vila de Calvos de Ran-
Boi. R. A. Gall. Tomo XVII. La Corufia. dín. Notas etnográficas e folklóricas.
24 Unha nova ara galega. San Xoán de Crespos. 76 págs. + 1 hoja. Sem. Est. Gal. Santiago de Compostela.
Boi. R. A. Gall. Tomo XVII. La Corufia.
J. M. Gómez-Tabanera
XXX
Presentación
XXXI
39 Catálogos dos Castros galegos. III. Tera do Carballido.
(Con seis castros). NOS, 20 págs. La Corufla. Anuário dei Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecários y Arqueó-
40 En colaboración con Luis Pericot: Excavaciones en la citania de Trofia. logos. Vol. II Madrid.
Mem. Junt. Sup. Exc. Antig., núm. 115. Madrid. 54 En colaboración con Rui de Serpa Pinto: Estudos sobre a Edade de Ferro
41 Un novo machado de íalón de dous anéis. no noroeste da península. Tres fase. I: As fontes lieterarias; II: As tribus
Boi. R. A. Gall. Afio XXV, núm. 221. La Corufla. a sua constituzón política; III: A Relixión.
Sep. de Arq. Sem. Est. Gal. VI, Sant-Iago de Compostela.
1931 55 Caraiterísticas e problemas da cultura norte dos castros.
Asoc. para el Prog. XIV Congreso (Santiago, 1934). Madrid, 1935.
I 42 En colaboración con Fermín Brey: La civilización neoeneolítica gallega.
Arch. Esp. de Arte y Arq., núm 19; 21 págs. + 6 lám. Madrid. 1935

43 Unha pedra castrexa do Bierzo. 56 O culto das fontes no noroeste hispânico.


(Con dos grabados). Boi. R. A. Gall. Tomo XX. La Corufla.
Extracto dos fase. II e III do Vol. VII. Trabalhos da Sociedade Portu-
44 Catálogo dos Castros galegos. IV Terra de Mel ide. guesa de Antropologia e Etnologia. Impresa Portuguesa. Porto.
(Con 39 castros). Sem. Est. Gal. Sant-Iago. 57 Cerâmica de los castros con decoración en relieve.
Act. y Mem. de la Soe. Esp. de Ant., Etn. y Preh. Madrid.
1932
1936
45 Un castro na beira do Mirlo.
NOS, núm. 101. Tomo IX. A Crufia. 58 En colaboración con Vicente Fernández Hermida e Xaquín Lourenzo Fer-
46 Os torques do Noroeste hispânico. nández: Galicia, Parroquia de Valle.
Arq. Sem. Est. Gal. Tomo IV. Compostela. Sem. Est. Gal. Imp. LA REGION. Orense, 328 páginas
47 Notas encol das lúnulas atopadas na Galiza. + 2 hoj. + lám. I-VII + 1 mapa.
Arq. Sem. Est. Gal. Tomo IV.
48 Los brazaletes posthallstátticos dei noroeste hispânico. 1937
Sep. de Arch. Esp. Arte y Arq. 12 págs. + 2 lám. Madrid.
59 La aurora de la Divinidad.
1933 Suplemento de MISION, núm. 16. Orense, 1-4-1937.

49 A área xeográfica da cultura Norte dos castros.


Sem. Homenagem a Martins Sarmento, 5 hoj. Impresa Portuguesa. Gui- 1938

maraes. 60 En colaboración con Joaquin Lorenzo Fernández: Arqueologia dos Querquemos.


50 Prehistoria de Melide. Sep de Terra de Melide. Rev. de Guimaracs. Vol. XLVI1I.
Sem. Est. Gal. 133 págs. + 4 lám. Compostela.
51 En colaboración con Xúrxo Lourenzo: Catálogo dos Castros galegos. V.
1939
Terra de Lobeira.
(Con siete castros). NOS.-114-118. 61 Una arracada posthallstáttica (Villar de Santos, Ginzo de Limia).
Boi. Com. Prov. Mon. Orense, núm. 247. Tomo XII.
1934
1942
52 Cómo nasceu a cidade de Ourense.
NOS. Sep de Boletín, 10 págs. Santiago. 62 La orfebreria prehistórica de Pontevedra.
53 Puertas de castros gal (egos. Museo de Pontevedra. Tomo I.
Presentación XXXIII
J. M. Gómez-Tabanera
XXXII 75 En colaboración con Joaquin Lorenzo Fernández: Notas arqueolóxicas do
castro de Cameixa.
Rev. de Guimaraes. Tomo LVIII, 3-4.
1943 76 E! Nordeste de Portugal y el arte megalítico.
C.S.I.C. Arch. Esp. de Arq., 72, págs. 245-254. Madrid.
63 Las insculturas dei Outeiro da Cruz.
Boi. Mus. Arq. Prov. de Orense. Tomo I. 1949
64 Una nueva arracada posthallstáttica.
Boi. Com. Prov. Mon. Orense. Tomo XIV, 1943-44. 77Una mámoa de la sierra de San Mamede y un trozo de mosaico.
Cuad. Est. Gall. Tomo IV. Santiago.
65 Relaciones prehistóricas de los finisterres atlânticos.
Boi. Com. Prov. Mon. Orense. Tomo XIV. Homenaje a Don Marcelo 78 Un acha de talón de doble anillo.
Cuad. Est. Gall. Tomo IV. Santiago.
Macias, págs. 207-232. 79 Sobre el número de mámoas y su distribución en Galicia.
Boi. Mus. Arq. Prov. Orense. Tomo V.
1946 80 Sobre las relaciones con Bretaha.
Cuad. Est. Gall. Tomo IV. Santiago.
66 En colaboración con Joaquin Lorenzo Fernández: Las habitaciones de los
1950
castros.
Cuad. Est. Gall. Tomo II, fase. V, págs. 7-74. Santiago.
67 Sobre el onomástico personal prerromano de galecos y astures. 81 Las fíbulas castreüas y su significado etnológico.
Sep. dei Boi. Mus. Arq. Prov. Orense. Tomo II. Cuad. Est. Gall. Tomo V.
68 En colaboración con Jesus Taboada: Una estaciôn galaico-romana en el 82 Un barrio inédito dei castro de Troria.
Cuad. Est. Gall. Tomo V.
Outeiro de Baltar. 83 Un probable anuleto dolménico.
C.S.I.C. Arch. Esp. Arq., núm. 63. Madrid.
Boi. Com. Prov. Mon. Lugo. Tomo IV, núm. 33. Primer semestre. 7
1947 págs. + 1 figura.

1951
69 Armería posthallstáttica dei noroeste hispânico.
Cuad. Est. Gall. Tomo III. Santiago.
70 Los vasos semiovoides y la cronologia de los vasos de ancho borde hori- 84 Joyas castrerlas.
C.S.I.C. Instituto de Arqueologia y Prehistoria. Madrid.
zontal. 85 La diadema áurea de Ribadeo.
Boi. Com. Mon. Orense. Tomo XVI. Cuad. Est. Gall. Tomo VI. Santiago. Págs. 123-131.
71 Particularidades curiosas de algunos castros de la comarca de Lalin.
Sep. dei Boi. Mus. Arq. Prov. Orense. Tomo III. Imp. LA REGION, 86 Esculturas zoomorfas y antropomorfas de la cultura de los castros.
Cuad. Est. Gall. Tomo VI. Santiago. Págs. 177-204.
8 págs. 87 La clasificación tipológica dei arte rupestre dei noroeste hispânico y una
72 O Trasno na vila.
Pontevedra, boa vila, de A. Portela Paz. Gráficas Torres. Pontevcdra. hipótesis sobre la cronologia de alguno de sus tipos.
Zephyrus. Tomo II. Seminário de Arq. de la Univ. de Salamanca. P. 73-81.
73 Las Act.
caba fias de losdecastros.
y Mem. la Soe. Esp. de Ant., de Ant., Etn. y Preh. Tomo
1952
XXII, Cuad. 1 y 4. Madrid, págs. 141-146.
88 En colaboración con Joaquin Lorenzo: Cuatro perlas con pilas en el Sur
1948 de Galicia.
Cuad. Est. Gall. Tomo VII. Santiago.
74 La cultura megalítica dei NW peninsular.
Sep. dei Boi. Mus. Arq. Prov. de Orense. Tomo IV. Imp. y Papelería

Otero, 9 págs.
j Gótnez-Tabanera
Presentación XXXV

XXXIV
105 Paleopaisaxe.
89 La etnologia de la cultura castrerla. Colección Ensayos Paisaxe e Cultura. Ed. Galaxia. Vigo.
Zephyrus. Tomo III. Sem. de Arq. de la Univ. de Salamanca. 106 Armas de bronce ofrendadas al rio Sil.
90 Las relaciones atlânticas. Zephyrus. Tomo VI, 2, Sem. de Arq. de la Univ. Salamanca.
Cuad. Est. Gall. Tomo VII. Págs. 424-425. 107 El comienzo de la Edad de los metales en el noroeste peninsular.
Cuad. Est. Gall. Tomo X. Santiago.
1953 108 El comercio y los médios de transporte de los pueblos castre/los.
Cuad. Est. Gall. Tomo X. Santiago. Págs. 5-40.
109 Cómo Galicia entró en la Historia.
91 La civilización
Ed. Porto ycéltica en Galicia.
Cia. 519 págs. + 3 hoj. + lám. 1-16. Santiago de Com- Boi. R. A. Gall. Aflo XLIX. Tomo XXVI, núms. 301-304.
110 La Cidá do Castro de San Millán.
postela. Cuad. Est. Gall. Tomo X. Santiago. Págs. 138-140.
92 Oestrimnida y sus relaciones marítimas.
Cuad. Est. Gall. Tomo VIII. Págs. 5-44.
93 En colaboración con Jesus Taboada: Noticias sobre a Cida do do Castro. 1956
Rev. de Guimaraes, vol. 63. 111 En colaboración con Manuel Chamoso Lamas: Restos dei ajuar de una
94 Cerâmicas castrerias de la ciudad y provinda de Lugo. mámoa.
Boi. Com. Prov. Mon. de Lugo. Tomo V, págs. 253-260.
Boi. Com. Mon. Orense. Tomo XVIII, fase. III. Enero-Junio.
95 Caracteres de la cultura megalítica dei Noroeste. 112 En colaboración con Jesus Taboada: Dos nuevas hachas de bronce encon-
Crónica dei III Congreso Arqueológico Nacional. Galicia. Institución
tradas en Galicia.
96 Fernando el Católico.
En colaboración Zaragoza.
con Antonio Fraguas: Los castros de ta tierra de Savirlao. Boi. Com. Mon. Orense. Tomo XVIII, fase. III. Enero-Junio.
Crónica dei III Congreso Arqueológico Nacional. Galicia. Institución 113 La silla de la Reina Mora en el Coto de Castro de Esposende.
Boi. Com. Non. Orense. Tomo XVIII, fase. III. Enero-Junio.
Fernando el Católico. Zaragoza. 114 El município de Lais.
97 El paleolítico
Zephyrus, dei Noroeste peninsular.
IV. Homenaje a César Morán Bardón. Págs. 25-28. Salamanca. Boi. Com. Mon. Orense. Tomo XVIII, fase. III. Enero-Junio.
115 Un nuevo Castillo de la Reina Loba.
99 Carballido (Orense).
(Campafta Castro
de 1944). de Cameixa.
Noticiário Arq. Hisp. Tomo I. Madrid, páginas Boi. Com. Mon. Orense. Tomo XVIII, fase. III. Enero-Junio.
116 En colaboración con Laureano Prieto: Restos de una villa romana en las
75-81. (Campafla de 1945). Id., 81-91. Hermitas.
100 Restos romanos en la Limia. Cuad. Est. Gall. Tomo XI, fase. XXXIII. Santiago.
Cuad. Est. Gall. XXVI. Santiago. Págs. 437-439. 117 Interpretación de algunos fragmentos de joyas.
Cuad. Est. Gall. Tomo XI, fase. XXXIII. Santiago.
1954 118 Una hebilla original.
Cuad. Est. Gall. Tomo XI, fase. XXXIII. Santiago.
101 Sobre ta mitologia y las costumbres relativas a três pilas megalíticas de! 119 El ajuar de un dolmen de corredor.
Cuad. Est. Gall. Tomo XI, fase. XXXIII. Santiago.
Ribero de Avia.
Cuad. Est. Gall. Tomo IX. Santiago. Págs. 181-192. 120 Una hacha de piedra de sección circular.
102 Ajuar funerário de una mámoa de Lugo. Cuad. Est. Gall. Tomo XI, fase. XXXIII. Santiago.
Cuad. Est. Gall. Tomo IX. Santiago. 121 Una placa de pizarra con perforaciones bicónicas.
103 La Edad dei llierro en el Noroeste (La cultura de los Castros). Cuad. Est. Gall. Tomo XI, fase. XXXIV. Santiago.
Congreso Intern. de Cienc. Prehist. Tomo IV, 33 págs. Madrid. 122 Una nueva espada castrerla.
Cuad. Est. Gall. Tomo XI, fase. XXXIV. Santiago.
1955 123 Nota acerca de una figura it{fálica.
Cuad. Est. Gall. Tomo XI, fase. XXXIV. Santiago.
J04 En colaboración con Jesus Taboada: Un oppidum de la tribu de los bíbulos.
C.S.I.C. Arch. Esp. de Arq. Primer Semestre, núm. 91. Madrid.
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1AXXX
IIAXXX
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ANEXO II

BIBLIOGRAFIA EN TORNO A
F. LÓPEZ ALONSO-CUEVILLAS Y SU TIEMPO

J. G . BERAMENDI, Vicente Risco no nacionalismo galego, Santiago, 1 9 8 1 .


C. CASARES, Otero Pedrayo. Vigo, 1981.
X . LORENZO FERNÁNDEZ, Cuevillas, etnógrafo, en «Homenaxe a Florentino L. A .
Cuevillas», Vigo, 1957.
R. OTERO PEDRAYO, Florentino L. Cuevillas, Vigo, 1980
L L . PERICOT, Algunos recuerdos personales de Cuevillas, «BCPMOr», XX, 1959.
S . QUEREIZAETA, Tiempos universitários, «BCPMOr», X X , 1 9 5 9 .
V. Risco, En lembraza de Florentino López Cuevillas, «BRAG», XXIX, 1959.
X. TABOADA CHIVITE, Cuevillas e o seu maxisterio, «Grial», 21, 1968.
C. BALIÍJAS, «Otero Pedrayo, intelectual», Cuadernos de Estúdios Gallegos, Tomo
XXXI, 1978-1980.
X . G . BERAMENDI, El nacionalismo gallego en el primer tercio dei siglo XX,
tesis doctoral. Universidad de Santiago de Compostela, 1981 (en curso de
publicación).
R. CARBALLO CALERO, Historia da literatura galega contemporânea, Vigo, Gala-
xia, 1981.
X . CASTRO, O galeguismo na encrucillada republicana. Orense, Diputación Pro-
vincial, 1985.
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cesa en la época moderna, tomo 2, Vigo, Edicions Xerais, 1987.
X . R . Q U I N T A N A y M . VALCARCEL, Ramón de Otero Pedrayo, vida, obra e pensa-
mento, Vigo, Ir Indo, 1988.
VV. A A., Homenaxe a Ramón Otero Pedrayo no LXX aniversario do seu naci-
mento, Vigo, Galaxia, 1958.
VV. AA., Grial, núm. 52. Monográfico sobre Otero Pedrayo, Vigo, Galaxia, 1976.
VV. AA., A sombra imensa de Otero Pedrayo, Vigo, A Nosa Terra, extra n.° 8, 1987.
VV. AA., Prehistoria e Arqueoloxia de Galicia. Estado da cuestión, Instituto de
Estudos Galegos «Padre Sarmiento», Lugo, 1979. En Ia Introducción y al
historiar el desarrollo de los estúdios arqueológicos en Galicia, se recuerda
a F. López A. Cuevillas como uno de los pioneros de la investigación.
J. Sorb, «Cuevillas, un centenário olvidado», remembranza recordatoria publica-
da en la Sección de «Cultura» de ABC de Madrid (3-VI-1986).
ANEXO III

F. LOPEZ A.-CUEVILLAS Y LA GALICIA DE


SU TIEMPO

1886. Nace en Orense, en la calle dei Progreso núm. 77, hijo


de Florentino López Barbán, delegado de Hacienda, y de
Vicenta Alonso-Cuevillas Alvárez-Seara, perteneciente a una
notoria familia orensana. Se publica en Santiago LM Re-
gión Gallega, periódico que dirigirá el polígrafo Manuel
Murguia y dei que figurará como propietario Faustino Oran-
tes y Magallón, que inserta un artículo de fondo dei pro-
pio Murguia titulado «^Qué es nación?», definiendo a Ga-
licia como a una nación de las Espanas; es una visión fe-
deralista que amplia la visión dada por G. Núftez de Arce
en el Ateneo de Madrid (8 nov.), en la que, junto a los
regionalismos de Cataluna y País Vasco, veia en el gallego
un «embrión informe».
1887. El escritor Juan Valera, en su ensayo «Historia de la civi-
lización ibérica» (Revista de Espana, CVII1) habla de la
existencia en la Península de tres lenguas românicas: Caste-
llano, catalán y português, reduciendo al gallego a un dia-
lecto de la última.
1888. Antonio Sánchez Moguel, en su Discurso de Recepción en
la Academia de la Historia (3 dic.), niega la fundamenta-
ción histórica de la nacionalidad gallega y critica la «cel-
tomanía» de galleguistas como M. Murguia.
1889. M. Murguia, en su publicación El regionalismo gallego, de-
fine el particularismo gallego contestando a Sánchez Mo-
guel y a otros.
1890. A raiz d e celebrarse los J u e g o s Florales de Barcelona, M .
J. M. Gómez-Tabanera Presentación XLII1

XL1I _
ga», que se celebra en la librería de Eugénio Carré Aldao
Murguia, que ha sido nombrado Mestre dei Gay Saber, pro- y a la que asiste asiduamente M. Murguia.
nuncia en la Lliga de Catalunya su histórico discurso «Orí- 1910. Marcha a Madrid con objeto de completar su formación
genes y desarrollo dei regionalismo en Galicia» que publi- cultural y conocimientos frecuentando famosas tertúlias y
cará integramente La Espana regional. Meses después se haciéndose buen amigo de su paisano, el joven Ramón Ote-
constituye en Santiago de Compostela, b a j o la presidencia ro Pedrayo.
de M. Murguia, la Asociación Regionalista Gallega.
1911. Ingresa por concurso-oposición en el Ministério de Hacienda,
1891. Se publica en Santiago (30 mar.) La patria gallega, revista siendo destinado en diciembre a Salamanca.
dirigida por Murguia, órgano oficial de la Asociación Re- 1912. Retorna a Orense, reincorporándose a la vida social de su
gionalista y que dirigen Murguia y Brafias. ciudad natal.
1892. Tras el reingreso de M . Murguia en el Cuerpo de Archive- 1913. Se rinde en La Corufia un homenaje a M. Murguia al cum-
ros (dei que había sido cesado con la Restauración), es des- plir los ochenta afios (17 de mayo). Dicha fecha quedará
tinado a la Biblioteca de la Universidad de Santiago. institucionalizada afios después (1976) como Dia das Le-
tras Galegas.
1893. Asiste al Parvulario de las Sritas de Hermida.
1914. Primeros escarceos literários conocidos en la prensa y re-
1896. Inicia sus estúdios de Segunda-Ensefianza (Bachillerato) en
vistas locales («El Mifío», etc.).
el nuevo Instituto de Orense, donde tendrá como docentes
entre otros a Marcelo Macias, y como companeros a Vi- 1915. Trabaja en la fundación y afirmación dei Ateneo de Oren-
se, recién fundado.
cente Risco y a Pérez Colemar.
1916. El cenáculo ourensan se empieza a interesar en el movi-
1898. Alfredo Branas f u n d a en Santiago la Liga Gallega, de la
que asume la Secretaria, colectivo que conocerá cierto des- miento galleguista tras colaborar en las llamadas Herman-
crédito al ponerse Branas al servido dei pretendiente car- dades di fala, colectivo variopinto, el primero que en Orense
asume el regionalismo murguiano como nacionalismo (18
lista, hecho que desune a los regionalistas. de mayo).
1901. Termina sus estúdios de Bachillerato. 1917. Funda con V. Risco, R. Otero Pedrayo, Primitivo R. San-
1902. Ingresa en la Universidad de Santiago estudiando Farma- jurjo y otros intelectuales gallegos la revista «neosóFica»
cia, especialidad en la que se licencia en 1906 y viviendo La Centúria.
en distintas pensiones de la Rúa dei Villar. 1918. Empieza a interesarse por el movimiento galleguista, tras
1905. Por iniciativa dei Centro Gallego de La Habana donde se colaborar en la creación de las llamadas Irmandades de
crea la Asociación Iniciadora y Protectora de la Academia Fala.
Gallega, que preside el poeta Manuel Curros Enriquez. 1918. Se convoca en Lugo la I Asamblea Nacionalista (nov.), a
1906. Tras la pertinente aprobación gubernamental, la recién fun- la que el cenáculo Ourense permanece indeciso.
dada Academia Gallega tiene su sesión inaugural en La Co- 1919. Es nombrado Bibliotecário dei Ateneo.
rufia, b a j o la presidencia honoraria de la Condesa de Par- 1920. Se siente atraído por algunas formulaciones dei teósofo ex-
d o Bazán y la presidencia ejecutiva d e , M . Murguia. tremefio Mario Roso de Luna. Funda con otros conspícuos
1907. Se funda en La Corufia el grupo Solidaridad gallega que
mantiene latente el regionalismo en la tertúlia «Cova celti-
XLIV J M. Gómez-Tabanera Preseníación
XLV

intelectuales la revista Nos, escrita integramente en galle- de Estúdios Gallegos «Padre Sarmiento». El mismo ano,
go. Dicha revista será la más audaz iniciativa anterior a con ocasión de ser Orense la sede dei III Congreso Nacio-
1936 en pro dei galleguismo cultural y en la que se signifi- nal de Arqueologia, de cuya Secretaria General es titular
ca la que habrá de ser llamada Xeración Nos, expresión el Prof. Antonio Beltrán, tiene ocasión de presidir varias
galleguista de la «Generación dei 27» que se expresa en sesiones.
Madrid y que pondrá en marcha un amplio programa de 1955. Asume la redacción dei tomo «Prehistoria» de la Historia
investigación y creación cultural, etnografia, arqueologia, de Galicia que bajo la Dirección dei geógrafo Ramón Ote-
historia, geografia, literatura, etc. ro Pedrayo conocerá su edición príncipe y en três volúme-
1921. Florentino López A.-Cuevillas, como conspícuo miembro nes en Buenos Aires (República Argentina), con el patrocí-
de la Xeración Nos, Figura como uno de los fundadores nio de Manuel Puente*
dei Seminário de Estudos Galegos de Santiago de Com- 1956. Al cumplir los 70 anos de edad y llegar a la jubilación,
postela. recibe un homenaje de la intelectualidad gallega.
1922. Publica su primer trabajo de arqueologia gallega: «A man- 1958. Muere el 30 de julio en Orense.
sión de Aquis Quierquernis». 1969. La figura de Florentino López A. Cuevillas merece una re-
1924. Publica en lengua gallega: «A edade de ferro na Galiza». cordación especial en el llamado «Dia das Letras Gallegas».
1928. Inicia sus primeros trabajos de arqueologia de campo y 1986. Al cumplirse el centenário dei nacimiento de F. López A.
lleva a cabo la excavación de los castros de San Cibrián Cuevillas tiene lugar tanto en su ciudad como en toda Ga-
y Trona que habrán de ocuparle hasta bien entrado el ano licia y Centros Gallegos de ultramar, diversos actos de re-
cuerdo y homenaje.
de 1930.
1930. Es uno de los fundadores de la Irmandade Nazionalista 1987. La Caixa Ourense publica como homenaje a la memoria
Galega, de tendencia política conservadora y, acto segui- de Cuevillas el libro Miscelanea, en el que se recogerán di-
do, el «Partido Nazionalista Republicano» dei que será pre- versos estúdios arqueológicos de Florentino López A. Cue-
villas publicados en lengua Castellana y en lengua gallega,
sidente Ramón Otero Pedrayo.
en colaboración con conocidos especialistas gallegos y por-
1941. Ingresa en la Real Academia Gallega. tugueses (Fermín Bouza Brey, Rui de Serpa Pinto).
1944. Colabora en la creación dei Instituto de Estúdios Gallegos
«Padre Sarmiento», entidad que bajo la dictadura franquista
sustituye al suprimido Seminário de Estúdios Gallegos, pa-
sando a dirigir la Sección de Prehistoria.
1951. Se publica en Madrid «Las joyas castrefias» a cargo dei
Instituto «Rodrigo Caro» de Arqueologia dei Consejo Su-
perior de Investigaciones Científicas.
1953. Con el pie editorial de Porto y Cia publica en Santiago
• Esta insigne aporlación de F. López A. Cuevillas constituye el vol. IH de la citada
de Compostela «La civilización céltica en Galicia», obra Historia de Galiza y corrcspondió a otro insigne orensano, Xesús Taboada Chivite, su puntual
sintética de larga maduración, refundición de otra más am- puesta a punto a efectos de publicación.
biciosa cuya publicación ha sido aceptada por el Instituto

I
PRÓLOGO A LA PRESENTE EDICIÓN

ANTONIO BELTRÁN

M
e honré con la amistad de Florentino López Cuevillas,
hombre cabal y de gran personalidad, cuya obra de in-
vestigación conocí bien y admiré mejor, y con quien es-
tuve en estrecho y afectuoso contacto cuando me tocó organizar
el III Congreso Nacional de Arqueologia que se desarrolló en las
cuatro capitales de provindas gallegas y en Santiago y en ciuda-
des dei norte de Portugal. El congreso decidió que no podia en-
contrar mejor símbolo para la investigación gallega que Florenti-
no López Cuevillas, justo en el afio que publicaba el libro al que
estas palabras introducen, honrándose con su presencia en la pri-
mera sesión celebrada en Orense y publicando en las actas, como
homenaje, trabajos suyos inéditos que rebasaban en mucho los
limites de las habituales comunicaciones, dedicados a la cultura
megalítica dei noroeste y a los castros de la comarca de Savinão,
con un total de 72 páginas y 20 lâminas. Por otra parte, como
«captatio benevolentiae» dei lector que se preguntará por qué es-
y atribuído a tas palabras mias -preliminares estorban la inmediata lectura dei
Trisquel calado cn piedra encontrado cn Castromao (Celanova) texto dei gran prehistoriador gallego, diré que los entonces jóve-
Ia Edad de Hierro. Museo Arqueológico dc Orense. nes asistíamos a uno de los primeros intentos, sin duda el prime-
ro en Galicia, de remover el simple monolitismo de las ideas en
uso sobre «los celtas» y acerca de los rígidos e indiscutidos es-
quemas que las investigaciones de las culturas centroeuropeas ve-
nían a hacer tambalear. Eran novedades importantes las investiga-
ciones sobre la cultura de Lusacia (que llamábamos con el nom-
bre alemán Lausitz) y los preceltas, se discutían encarnizadamente
Antonio Beltran
2
Prólogo 3

los problemas de los ilírios y Pokorny y sus obras lingüísticas es-


taban en la mente de todos y se confiaba más en los datos ar- Los celtas y los «primeros pobladores» de la Península. Críticas
queológicos y filológicos que en las teorias nacidas de Kosina, en- v polémica*
quistadas en razas arias y en lenguas indoeuropeas que habían
invadido la ciência germânica y que convertían en sospechosas mu- Florentino López Cuevillas significa, a través de su obra, un
chas de las teorias que mezclaban, con nefastos resultados, len- importante hito en la historiografia de las investigaciones arqueo-
gua, religión, raza y cultura. Por otra parte, la renovación sobre lógicas en Galicia y su libro de 1953 que ahora se reimprime vé-
las nuevas ideas acerca dei Bronce final y la I Edad dei Hierro nia a ser, en su tiempo, como hemos dicho, una puesta al dia
habían llegado de las escuelas alemanas, en las que las polémicas de una parte de las cuestiones que preocupaban a los humanistas
habían alcanzado gran viveza. espanoles en el primer cuarto de este siglo puesto que incidían
en lo que todavia llarnaban muchos el problema de los «primeros
Fui con las gentes de mi generación protagonista de una etapa pobladores» de la Península y eran no poços quienes zanjaban
de inquietud y de severa crítica que saludó el libro de Florentino la cuestión con la cita de Marcial respecto de los celtiberos, «nos
López Cuevillas como un sano intento de poner las cosas en su genitos iberos celtosque». La cosa era sencilla, una población nór-
sitio al menos para una zona donde lo «celta» era ya tópico a dica, vinculada de una u otra forma con Europa, atravesaba los
la hora de buscar las raíces dei pueblo gallego. El que haya bas- Pirineos por los pasos practicables, se extendía por el norte y es-
tado un cuarto de siglo para relegar al olvido muchas de las no- pecialmente por el noroeste y concretamente por Galicia; otro nú-
vedades de entonces no es sino una muestra de que nuestra ciên- cleo de carácter mediterrâneo y origen africano se establecía por
el Levante y el sur. De sus contactos nacerían las poblaciones in-
cia trabaja bien, de que anda deprisa sin temor a abandonar hi-
termedias tales como los celtiberos y. no había ninguna dificultad
pótesis que parecían fundadas y de que los jóvenes investigado-
para establecer la sutura entre las culturas magdalenienses france-
res; que entonces aún no habían nacido a las tareas científicas,
sas y el arte paleolítico de las cuevas, por una parte, y el capsien-
serán capaces de forjar esquemas válidos a los que deseamos que,
se africano y las pinturas en abrigos al aire libre levantinos, por
por lo menos, alcancen otro cuarto de siglo de validez. Quizá ha-
otra. Así el «cliché» de las dos Espanas tomaba carta de natura-
bría que cerrar este enfadoso proemio diciendo que no todo lo
leza desde el Paleolítico, se prolongaba a través de la cultura de
nuevo es bueno por el mero hecho de serio o parecerlo ni todas
Alméria y sus conexiones con el norte de África y sobre esta neta
las elaboraciones pasadas son desechables simplemente porque ha división cultural que se fundia, en cierto modo, en el arte esque-
transcurrido el tiempo sobre ellas. Hay, sin duda, nuevos hechos mático de la Edad dei Bronce, en Espana, caerian las invasiones
que obligan a admitir novedades importantes y a abandonar opi- europeas a través dei Pirineo que vendrían a separar a los herede-
niones mantenidas muchas veces por la fuerza de la rutina. Lo ros de estas secuencias culturales en dos ramas bien definidas, de
importante será diferenciar unas de otras y trabajar con humildad origen distinto y diferente antropologia y hasta, si se quiere, de
aceptando las lecciones de las cosas pasadas y las muchas que mentalidad antitética, los iberos y los celtas. Estos planteamientos
hemos de recibir de las presentes y las futuras. En este sentido, se convirtieron en tópicos, hasta conducir al de las «dos Espa-
las páginas de López Cuevillas pueden servir de excelente lección fias» y mostraron su falta de consistência al aparecer los trabajos
para cuantos aspiren a conocer la elaboración de la ciência pre- de Bosch Gimpera que dominaron sin discusión durante varias dé-
histórica actual hace médio siglo. cadas hasta que comenzaron a ser combatidos por la joven escue-
la de prehistoriadores esp arl o les de la posguerra civil entre quie-
nes habría que incluir fundamentalmente a Almagro y Martinez
Antonio Beltrán Prólogo
4 5

Santa-Olalla, que revisaban las opiniones expuestas a lo largo de invasión de gentes europeas que conocemos con el nombre de inva-
veinte anos por Pedro Bosch Gimpera• con sucesivas rectificacio- sión céltica, denominación demasiado simplista...». Se crearon teorias
nes. Lo que nadie ponía en duda por los afios cuarenta es que que partían de los «celtas» y que llegarían hasta las exageraciones
gentes de lengua indoeuropea, que se enterraban incinerándose y de Floriano y de otros autores y se jugó, frecuentemente, con pre-
juicios sobre senas de identidad que entonces se llamaban aún «re-
depositando las cenizas en urnas que se disponían en «campos»
gionales» buscando el modo de enraizar las diferencias en circuns-
organizados y que arrastraban elementos de inhumadores bajo tú-
tancias históricas. En ocasiones, planteamos la posibilidad de que
mulos, habían atravesado el Pirineo por diversos lugares y en «olea-
independientemente de una población indígena (que PericoV hacia
das» que venían a constituir una «invasión» se extendían por di-
arrancar dei graveiiense) cuyas raíces podían estar en la Edad dei
versas zonas de la Península donde se establecieron permanecien- Bronce, diferenciada en distinas zonas de la Península, llegasen in-
do hasta que los pueblos colonizadores les hallaron y registraron fluencias muy distintas y de diversas procedências que matizjarian
sus nombres. Las discusiones estribaban en saber cuántas oleadas culturalmente las bases primitivas; Martinez Santa-Olalla suponía
se produjeron, cuándo y por qué parte dei Pirineo pasaron, en que existió una primera invasión de protoindoeuropeos de hacia
qué lugares se establecieron y por quiénes fueron desplazados y el afio 100, modificada por otra de preceitos que traería elementos
de qué forma dejaron sus huellas en topónimos, hidrónimos y oró- de la cultura de los túmulos, entrando por los pasos occidentales,
nimos, siendo el gérmen de pueblos cuyos nombres comenzaría- y poco después, por Catalufla llegarían las gentes de los campos
mos a conocer a través de los textos escritos de los pueblos colo- de urnas; la verdadera invasión seria la de los celtas goidelos que
nizadores y muy tardiamente por médio de las monedas y las lá- dominarían una «clasicización» de lo céltico e incluso afirmaba que
pidas. Las polémicas protagonizadas por Almagro y Santa-Olalla2 las emisiones monetários ibéricas con el jinete derivaban de una
tenían como lugar común el ataque a las doe trinas de Bosch Gim- adaptación de los modelos de la llamada «moneda céltica».
pera, puesto que eran el punto de partida inevitable, sin perjuicio
de las discrepâncias mutuas en las que terciaban la mayor parte
de los prehistoriadores de su tiempo. Hacia 1960 la opinión de Las ideas sobre Hallstatt y La I£ne
Almagro era que «Espana sufre en el último milénio a. de J. C.,
sobre todo entre el 800 y el 600 aproximadamente, una importante Resultaba cómoda, pero falsa la división de una Edad de llie-
rro en dos etapas que, por influencia francesa, muchos sentaban
1 Los trabajos sobre el tema han sido recogidos en P. BOSCH GIMPERA, Peletnología entre el Hallstatt austríaco y La Tène de Suiza y Francia y pare-
de la Península Ibérica. Colección de trabajos sobre los Celtas, Fenícios, Iberos, Vascos, cían apasionantes las discusiones que llegaban hasta la acritud y
Griegos y Fenícios, Graz 1984, pero hay que subrayar, «Una primera invasión céltica cn
Esparta hacia 900 a. C.», Investigación y Progreso, 1923, Etnologia de la Península Ibéri-
que hoy; sin duda, parecerán a muchos simples anéedotas relega-
ca. Arqueologia i arts ibérics, Barcelona 1932, 1\vo Celtic Wawes in Spain, Proceedings bles a la categoria de curiosidades. Sin embargo, valdría ta pena
of the British Academy, XXVI, Londres 1942, «Les mouvements celtiques: essai de rccons- reflexionar sobre el contraste entre las síntesis o teorias que so-
titution», Eludes celtiques, Paris V, 1950-51, p. 352 y VI, 1952-53, p. 71; «Infiltrações
brepasaban poco los limites de las hipótesis de trabajo, bellas por
germanicas entre os celtas Peninsulares», Revista de Guimarães, LX, 3-4, 1951 El pobla-
miento antiguo y ta formación de los pueblos de Espafla, México 1945. El problema in- su simplicidad y, sin duda, erróneas por explicarlo todo partiendo
doeuropeo, México 1960 y otros trabajos anteriores incorporados a los ya citados («Los de escasos da tos, y los análisis de nuestros tiempos que muestran
celtas y la civilización céltica cn Ia Península Ibérica», «Los celtas en Portugal y sus cami- abundancia de datos contradictorios que pueden llevar y de he-
nos», «Celtas e Ilirios», etc.).
2 M . ALMAGRO BASCH, Origen y formación de! pueblo hispano, Barcelona 1958 q u e 3 L. PLRICUT, Las raices de Espatla. Madrid 19^2 y La Espafla Primitiva, Barcelona
rectifica cn muchos puntos sus opiniones anteriores expuestas cn «La Espafta de las invasiones 1950.
célticas», Historia de Espafta de Menéndez Pidal, 1, 2, Madrid 1952. J. MARTINEZ SAN-
TA-OLAILA, Esquema Pa/etnológico de la Península Hispânica, Madrid 2." ed. Madrid 1946.
6 Antonio Beltran
Prólogo
cho han conducido a nuevas sínlesis en las que se niega todo, co- 7
menzando por cualquiera de los nombres asignados entonces a las
y apoyándose en las capas más profundas dei cabeza de la Cruz,
culturas de los siglos que corren entre el x y el v a. C, que ya
en Cortes de Navarra, postulaba un primer establecimiento en el
no reciben el nombre de Hallstatt ni de Primera Edad de Hierro,
siglo ix de gentes procedentes de las zonas de Lérida y Aragon
para los que resulta incompleto el apelativo de indoeuropeos e ina-
centralllegadas por los pasos pirenaicos y por nuestra parte re-
ceptable el de campos de urnas y, por encima de todo, discutible
dactamos en 1959 un estado de la cuestión que, aunque dirigido
el que sean aplicadas exclusivamente a los celtas. Se anadía a esto esencialmente al valle dei Ebro, recogía el problema de las pene-
el problema de los ligures como una de las ramas originales de traciones exteriores a través dei Pirineo y que vale la pena resu-
los indígenas prerromanos de la Península, sin darse cuenta de que mir aqui5; en aquel momento resultaba indiscutible que las inva-
en ocasiones parecia como si se la presentase como un escenario siones o invasión, que nadie ponía en duda, de gentes de cultura
vacío donde los «pobladores» entraban por uno u otro puntos Cardi- hallstáttica, dando el término un valor convencional se generalizo
nales como si actuasen sobre un campo despoblado. Bosch hacia por via terrestre y por cualquiera de los pasos pirenaicos y no
arrancar, en sus primeros planteamientos, el fenómeno de la «celtiza- sólo por los más accesibles y transitados; también era de general
ción» de una primera invasión por Cataluna hacia el siglo vi, el aceptación que desde la cuenca dei Ebro los caminos de penetra-
Roquizal dei Rullo, las Valletas de Sena y el Cabezo Torrente de do n hacia el interior iban por el portillo dei Pancorbo desde la
Chiprana, en el Ebro médio y sus afluentes serían de los siglos llanada de Álava a Burgos, por el Jalón hasta el valle de Henares
vin a vn y otra invasión de hacia el 600 alcanzaría la Meseta; des- y por los abruptos pasos dei Bajo Aragon hasta el Maestrazgo
pués partió de cuatro invasiones, la primera de hacia el 900 que y Levante, y desde aqui por Almansa a la Mancha albacetena.
contendría los elementos de los campos de urnas junto con otros Las oleadas que todavia no se cuestionaban eran dos de gran en-
de los túmulos que entrarían en la Península por los pasos orienta- tidad, la segunda dividida en cuatro más según los estúdios de
les dei Pirineo, perpetuadas en los topónimos en -acum y -dunum; Bosch Gimpera o una sola continua y de gran duración según
la segunda, hacia el siglo vn seria la portadora de la cerâmica exci- Almagro, provocadas por los movimientos de pueblos en el centro
say llegando hasta el Roquizal, las Cogotas de la Cardenosa y el de Europa a partir dei ano 1000, o rebajadas estas fechas por
centro de la Meseta, alcanzando hasta el propio Tartesos; la tercera, Santa-Olalla hasta el 650. Si anadimos el árduo problema de los
de hacia el 600 seria de germanos y la cuarta y última, de hacia Ligures, Ilirios y la posibilidad de otras rutas de influencia co-
la mitad dei siglo vi corresponderia a los celtas propiamente dichos. mercial y cultural a través dei tráfico dei estano se comprenderá
la complejidad de las cuestiones que parecían aclararse a través
de los jiallazgos arqueológicos hace treinta anos y que aparecen
Si esto parece problema suscitado en nuestros tiempos quisiéra-
hoy de nuevo muy complicadas aunque volviendo a muchas de
mos desenganar a quienes así piensen y bastará con que recurran
las conclusiones que parecían abandonadas, sobre todo en orden
al libro de López Cuevillas o a cualquier síntesis entre los anos a la cronologia.
cuarenta o cincuenta; aquél muestra las indecisiones y contradic-
ciones de la primera mitad dei siglo respecto dei problema de los
celtas. Maluquer4 recogió las antiguas exposiciones y las críticas 5 A. B E L T R A N , «La indocuropcización dcl valle dcl Ebro» Primer Symposium de
Prehistoria de la Península Ibérica, Pamplona 1960, p. 103. Una visión general actualiza-
4 J. M A L U Q U E R D E M O T E S , «Pucblos celtas», Historia de Esparta de Menéndez Pi- da de los problemas en M. ALMAC.RO G O R B E A , en Historias de Espai\a. 1. Prehistoria,
dal, I, 3, Madrid 1954 y El yacimiento hallstáttico de Cortes de Navarra, Pamplona 1958 de Grcdos, Madrid 1986 y T. C V U A P A y G. DELIBES, «El Broncc final» y «La Edad dei
E. S A N O M E I S T E R , Dic Keltcn in Spanien», Madrider Mitteilungen, I, Madrid 1960, p. 75. Hierro», cn Manual de Historia Universal, I, Ed. Nájera, Madrid 1983, p. 492 y en estas
obras el tema.
Prólogo
Antonio Beltran 9
8

con lo que actualmente se piensa y expone una apretada síntesis


Los planteamientos de 1950 atendían o bien a la llegada de gentes
de lo que podría ser una visión elemental de los modos de vida
dei Rhin y dei sudoeste francês, que pasarían por el Pirineo Occi- de las culturas dei Bronce final y la I Edad dei Hierro en Espana
dental y descenderían por al valle dei Ebro o si la ruta se trazó y Portugal. El nacimiento de la cultura llarnada de los campos
por el norte de Italia y Suiza, por el Ródano, hasta Cataluha y de urnas («Urnenfelderkultur») con una cierta unificación cultural
de aqui por los Nogueras o llegando hasta las montarias que cie- dei centro de Europa desde el Báltico hasta la vertiente sur de
rran el valle en Tarragona, ascenderian por el valle. En realidad los Alpes y en el curso alto y médio dei Danúbio y dei Rhin,
ya entonces pensábamos que un camino no excluía al otro y que iba a producir aoreciables câmbios en los conocimientos tecnoló-
habria que anadir los pasos dei Pirineo central, con el dei Galle- gicos y en el campo de las ideas religioso-funerarias y en la vida
go, que habla de galos establecidos en amplias zonas zaragozanas económica. Estos incineradores que depositaban las cenizas de los
denunciados sólo por topónimos e hidrónirnos, adernas dei esplên- muertos contenidas en urnas, en hoyos abiertos en el suelo, agru-
dido camino de la red fluvial Alcanadre-Isuela-Cinca-Segre. pados en necrópolis, se iban a extender de norte a sur hacia el
1200, alcanzando como puntos extremos Catalufta, Italia con la
cultura protovillanoviana y la Hélade con la invasión de los «pue-
La revisión de las ideas vigentes a m ita d es dei siglo xx. Plantea- blos dei mar» y la caída de Micenas, acompanados estos hechos
mientos culturales. de grandes câmbios políticos en el Oriente próximo.

En nuestros dias los planteamientos son completamente distin- Donde no hubo sustitución de las culturas dei Bronce Médio
tos y, de hecho, cuando Florentino López Cuevillas deja de lado se produjo un especial progreso por las innovaciones tecnológicas
la cuestión de origen y sustrato acomete el desarrollo arqueológi- y por los câmbios de cultura espiritual y en la Península Ibérica
co de la cultura material de las gentes que ocuparon los territó- seguirá el desarrollo de diversas zonas, atlântica, mediterrânea y
rios galaicos entre el Bronce final y la cultura de los castros, que la Meseta que venían a afirmar las estructuras originadas en el
hace, atinadamente llegar hasta la época romana, mostrando la Neolítico y Calcolítico con la fijación de las poblaciones y la se-
fuerte carga tradicional y retardataria a veces y la quiebra de las lección de los lugares de habitación, el reforzamiento de la identi-
ideas respecto de una exclusiva penetración de «celtas» a través dad de los grupos y la vinculación familiar con sepulturas colecti-
dei Pirineo para extenderse por la Península hasta el noroeste y vas y un evidente desarrollo dei urbanismo, de la agricultura, dei
tomar un aspecto peculiar en estas tierras e insistir en los contac- pastore o, de la cefalización social de la división de clases y dei
tos atlânticos desde la Edad dei Bronce, también de moda por trabajOy de la especialización y el apogeo de la metalurgia. Mu-
la mitad dei siglo. Sin duda puede parecer que se asocian de for- chos de los elementos estabilizados en esta etapa pueden ser con-
ma poco conveniente las ldeds~de etnia y de cultura material. La siderados corno las raíces de las futuras diferencias que acabarán
forma en que incluso la romanización incide en las culturas indí- produciendo las variedades regionales esparíolas; o dicho de otra
genas y en las muy complejas asentadas sobre ellas podría refle- forma, lo que llarnamos hoy, por ejemplo, aragonês, catalán o ga-
jarse en tas monedas enepígrafas tal vez acunadas en Lugo y con llego podría seguirse desde nuestros dias, sin solución de conti-
la panóplia de armas que conviene a los pueblos dei centro y norte nuidad, hasta la Edad dei Bronce.
de la Península como tipo.
El siglo xiii BP. es la época de generalización dei rito funerário
Quizá valga la pena confrontar lo que era cornúnrnente admiti- de la cremación de los cadáveres que se conocía ya en casos sin-
do hace cuarenta anos que puede leerse en el libro de Cuevillas
Antonio Beltrán Prólogo
10 11

guiares alternando con los enterramientos de inhumación de tú- modos de enterramiento, aunque la atomización de culturas y su
mulos («Hügelgràberkultur»). La aparición de este complejo he- amplia extensión geográfica hagan difícil, muchas veces, someter
cho ha sido simplificado pensando unos que fue implantado por a patrones únicos estas manifestaciones de la vida material o de
gentes venidas dei Este, para Gordon Childe la cultura de Lausitz las ideas.
o Lusacia, agricultores que desalojarían a los pastores de los tú-
mulos o bien, según otros, como consecuencia de una lenta acul- Los poblados indican una cierta estructura militar de la socie-
turación que podría depender de una evolución interna, sin rup- dad, situados con carácter defensivo en puntos estratégicos, cum-
tura y consiguiente hiatus entre dos culturas, produciéndose en el bres de cerros, cruce de rios, islãs, a los que se anaden importan-
amplio territorio citado, en el que se desarrollaron grupos locales, tes obras de fortificación, que vienen a perfeccionar los princípios
con diferencias acusadas en su cultura material, perdurando sin ya existentes en la Cultura de los Túmulos, con un terraplén y
solución de continuidad hasta la I Edad dei Hierro. foso, y empalizadas de postes entre uno y otro y torres interme-
dias, esto en los pobladores fortificados de Lausitz, escasa tnura-
La periodización clásica es la de Reinecke, que al Bronce de llas de piedra, con dos muros rellenos de piedras y.tierra, y puer-
los Túmulos de sus fases B y C, ahadiría los grupos transicionales tas flanqueadas por torres o con ingeniosos dispositivos de pro-
introductores dei rito de la incineración en su Bronce D, seguido tección.
dei Hallstatt A, B, C, D, remozada tal periodización por-Kim-
ming, en Grupos Preliminares (Bronce D de Reinecke), Etapa clá- Las casas tomando como base las de Wasserburg en Bocchau,
sica (Hallstatt A, B) y la final de campos de urnas tardios de lago de Federsee, fueron pequenas, inicialmente de planta cuad ra-
la Edad dei Hierro (Hallstatt C y D). La actualización de estos da y luego en U con pátio de acceso, si bien normalmente eran
períodos fue realizada por Müller-Karpe y Marija Gimbutas, par- rectangulares alargadas o trapezoidales, construídas con madera y
tiendo de la comparación con las cronologias dei mundo heládico barro, aunque los restos arqueológicos nos proporcionan sólo po-
entre la caída de lo micénico y el período geométrico griego, que- zos rellenos con ceniza y basureros con restos de animales de co-
dando así una cronologia que sintetizamos: mida, cerâmica, etc. Con todo no son raras las vivieridas en cue-
Bronce D transicional, a partir dei Heládico reciente III B, 1250 va, siguiendo la tradición. En cuanto a los enterramientos nor-
malmente, como hemos dicho, en urnas y en el interior de hoyos
BC. excavados en el suelo, pero en ocasiones falta la urna y en Lau-
Hallstatt A y B, entre el Heládico reciente, Submicénico y pro-
sitz ésta se protege por una estructura, túmulo, cista o círculo de
togeométrico, antes dei 750.
Hallstatt B 3, entre el 750 y el 725, con empuje de los pueblos piedras, debiendo subrayarse que en muchas necrópolis se rnantu-
vo la inhumación.
dei Este, tracocimerios.
Hallstatt C y D, propiamente dicho, I Edad dei Hierro.
Podemos deducir que hay en estas culturas rasgos que indican
Esta periodización es menos importante si se discute la influen- cierto conservadurismo junto con pruebas de innovación no de-
cia centroeuropea en las culturas espaholas dei Bronce final y de masiado fácil es de interpretar. Los ajuares se componen de cerâ-
la I Edad dei Hierro, pero resulta fundamental para la ordenación mica y de objetos metálicos sin grandes diferencias en las diversas
de los Campos de Urnas. Los materiales arqueológicos permiten tumbas, lo cual ha permitido deducir un cierto equilíbrio social
establecer algunas ideas generales sobre la vida económica de es- y económico, con la excepción de los momentos iniciales de los
tos pueblos y se repercusión en la ocupación dei territorio y los Campos de Urnas, dei Bronce D, y en el final de los traco-cimerios,
Antonio Beltran Prólogo 13
12

que definen una oligarquia militar (según se deduce por las sofis- dei vino, o el comercio de la sal que seria la razón dei desarrollo
ticadas armas encontradas) y una jerarquización social. de Hallstatt.

Economicamente todos los restos arqueológicos muestran la im-


portância de la agricultura, especialmente dei cultivo de cereales, EI Bronce final en Ia Península Ibérica y los «Campos de Urnas»
denunciada por los abundantes molinos barquiformes, hachas de
bronce de deforestador, azuelas para el trabajo de la madera y En ésta, la última fase de la verdadera prehistoria, cuando se
graneros en los poblados. Pero hay muchos restos de buey, caba- producen los câmbios que van a dar lugar a la aparición de las
llo, cabra, cerdo y oveja, que hablan de una intensa presencia de etapas históricas, con las primeras menciones de los historiadores
animales domésticos y dei pastoreo, independientemente de que clásicos sobre el remoto occidente rico en me tales. En la Penínsu-
sigamos las teorias de Gordon Childe y veamos en los pastores la se delimitan áreas culturales bien definidas que se relacionan
los protagonistas de la Cultura de los Túmulos que habría perdu- entre sí activamente y reciben corrientes exteriores, una de origen
rado conjuntamente con la de las Urnas, propia de agricultores. atlântico, por el mar, desde la etapa megalítica, en la zona Occi-
Los huesos de animales salvajes permiten otorgar mucha impor- dental de la Península; otra la centroeuropea de los Campos de
tância económica y posiblemente como actividad viril a la caza Urnas atravesando los Pirineos; y finalmente, la mediterrânea pa-
(ciervo, jabalí, alce). tenta desde el Neolítico, y concretamente los primeros directos desde
la zona oriental. No queremos insistir en las polémicas sobre la
La especialización de actividades, la vida urbana y la división terminologia de invasiones y oleadas y cuántas fueron si nos in-
dei trabajo confirieron singular importancia a los ofícios, con apren- clinamos por la afirmativa o bien si estamos frente a transforma-
dizajes y acumulación de experiencias que se transmitían por la ciones que, en buena parte, responden a estímulos internos. Pare-
enseüanza fundamentales para entender la organización de la so- ce que la solución está en un eclecticismo que acepte que, sin
ciedad. Los desplazamientos, la busca de matérias primas y la con- venir todo desde el exterior, se reciben concretas y muy matizadas
siguiente mejora de los médios de transporte completan este as- influencias por diversos caminos.
pecto. Estas actividades tienen singular interés en lo que se refiere
a la metalurgia y a la fundición, con la técnica de la ceral perdi- Almagro Gorbea distingue por estas razones un Bronce atlânti-
, , . . F W/ i co, la cultura de las Cogotas, en el área atlântica, los campos de
da, el repujado y el martilleo y la obtencion de utensílios y ar-
mas, experimentando nuevas aleaciones y creando las bases cien- urnas, un Bronce final dei Sudeste y el Levante con una cultura
tíficas de un progreso industrial que encontraria desarrollo en la tartesica dei Bronce final y por fin Tartesos y el período orientali-
fabricación de joyas, dei vidrio, de la cerâmica y de princípios
arquitectónicos, todo en relación con los materiales y su transfor-
mación, el domínio sobre los lugares de producción de matérias A las características generales de esta cultura hay que anadir
primas, etc. Fundamental es el uso dei caballo como animal de la formación y la supuesta expansión de los pueblos protocélticos
tiro y de monta, con discusión sobre la fecha de inicio que puede y de las lenguas indoeuropeas, aunque en una amplia zona dei
llevarse hacia el 1200, así como el carro de cuatro ruedas que nordeste afectada en la Península por los campos de urnas la len-
acabará teniendo un fin ceremonial y funerário. Se inician las gran- gua utilizada será el ibérico preindoeuropeo, poniéndonos sobre
des rutas que atravesaban toda Europa, como la de! âmbar que aviso acerca de los peligros de identificación de raza, religión, len-
comunicaba Escandinavia con ítalia y Grécia y a la inversa la gua y cultura que no son nunca interdependientes. Se presenta,
Antonio Beltran
14 Prólogo 15

pues, con mucha fuerza el sustrato local, y se critican en nuestros en cistas tumulares por tradición de los últimos megalitos de las
dias los términos utilizados corrientemente hasta ahora, tal como poblaciones de pastores; son aldeas pequenas de una veintena de
se ha dicho, como hallstáttico, invasión céltica o indoeuropea, que- casas y un máximo de 250 habitantes, sobre cerros de fácil defen-
dando fuera de lugar la discusión sobre las oleadas y el número sa, controlando una zona de vega fluvial y secano para cereales
de ellas y la idea de las invasiones como marchas armadas de y pastoreo, a lo largo dei rio lo que indica una cierta organiza-
ocupación. ción dei territorio. La economia agrícola, con auxilio dei pastoreo
y en forma secundaria de la caza y la pesca; anade la metalurgia
Los Campos de Urnas se extienden por Cataluna, el valle dei con abundantes moldes de fundición que indican industrias loca-
Ebro, el Bajo Aragon y el norte de Valencia. En el siglo xn se les y, supuestamente, intercâmbios de excedentes de producción por
produce la arribada de grupos de agricultores de los Campos de metales. El Bajo Aragon tiene un desarrollo paralelo al Segre, con
Urnas dei Rhin y Suiza a Cataluna, por las vias dei Pertús y el poblados elevados junto a los rios, tipos metálicos de fabricación
Rosellón sustituyendo en un momento contemporâneo dei Halls- local a juzgar por los moldes hallados en los poblados, cerâmica
tatt A centroeuropeo la inhumación en cuevas por la incineración de tradición de los Campos de Urnas antiguos, relacionada con
en urnas con túmulos exteriores que cubren la tumba; aparecen las montarias de Cataluna a través de la trashumancia. Hay fun-
casas de planta rectangular, muros de adobe y cubierta de ramaje, daciones ex novo, pero también persistência dei Bronce local, evi-
con ocupaciones cortas en el tiempo salvo el caso de algunos tells denciando crecimiento demográfico; los poblados se instalan jun-
como la Pedrera de Vallfogona de Balaguer. Almagro Gorbea ha to a los rios, con tierras cultivables de cereal, necrópolis tumula-
separado unos campos de urnas antiguos, como Can Missert, de res y perduraciones que en algunos casos llegan hasta la iberiza-
otros recientes, como Agullana, en cuyo tiempo se produjo la ex- ción; de unos 100x75 m de ejes), aldeas de 50 a 100 casas y
pansión de los campos de urnas por el Bajo Aragon, como deno- poblaciones de 300 a 500 habitantes, con las viviendas con me-
tan el Roquizal dei Ru lio, el Cabezo de Monleón y Azai la, cuyo dianerías, muros posteriores dando la espalda al cerro y sirviendo
esplendor se produce a partir dei 700. El elemento de cultura ma-
de murallas; espacio interior de 4 m más o menos de ancho y
' terial más antiguo serían las urnas bitroncocónicas de perfil care-
unos 8 de largo, con cimientos de sitiares y muro de tapial o ado-
nado y superfície brillante, con acanalados, semejantes a las cue-
be, reforzado por postes, techo de una o dos vertientes de ramaje
vas dei Languedoc.
y barro sostenido por vigas o troncos y, alguna vez, con pies de-
rechos centrales o en otros puntos. Suelos de tierra apisonada. La
Los Campos de Urnas recientes empezarían ya entrado el pri-
organización de la casa, sea ésta de origen centroeuropeo o pe-
mer milénio, con un gran crecimiento demográfico y la absorción
ninsular, comporta una parte anterior cuadra o depósito de ape-
dei sustrato precedente, con más yacimientos y más extensos, pri-
ros, estancia principal con banco corrido junto a la pared, hogar,
meros poblados eslables y necrópolis con muchos enterramientos.
Continúan los yacimientos anteriores, pero el crecimiento demo- seguramente sin chimenea y al fondo una pequena despensa o al--
gráfico provoca la aparición de otros como La Pedrerera de Vall- macért de alimentos, con tinajas y muchas cerâmicas... La igual-
fogona o el Molá y en el Ampurdán, Agullana. dad de plantas y distribución salvo las diferencias por objetos,
pesas de telar, kernoi, moldes de fundición, elementos de alfarero,
En el valle dei Segre y en el Bajo Aragon, los primeros elemen- indicaria una cierta igualdad social. Se ha puesto en duda, recien-
tos de los Campos de Urnas aparecen en el Bronce médio con temente, la importando de la ganaderia desde el punto de vista
vasijas provistas de asas de apêndice de botón y enterramientos de alimentación, con presencia de ovejas, cabras, ganado vacuno
y cerdos, caballos, gallinas, caza y pesca.
Antonio Beltran
16 Prólogo 17

Cuestiones sobre el área atlântica


Las infilíraciones de las Urnas dei Bajo Aragon llegan hacia
el Sur hasta la altura de Sagunto. Los Campos de Urnas alcanzan En el área occidental se desarrolla la metalurgia por los contac-
hasta la Edad dei Hierro, evolucionando a partir dei siglo vm BC, tos con Bretana (hachas de talón, espadas de puno tripartito) aun-
acentuando su personalidad local. Algunos elementos orientales que hubiera talleres con gran personalidad industrial (palstave con
se notan en la estela de Valpalmas, donde los raros y exóticos dos asas). Las relaciones atlânticas de Bronce final I con Irlanda
objetos que figuran, lira y escudo con escotadura en v, podrían parecen claras. Hacia el 1100 se iniciaria el Bronce final II, con
representar el status social dei difunto con predomínio sobre el gran avance de las industrias de palstaves. Importadas de Breta-
resto de los miembros dei grupo. Desde el s. vn llegarían fíbulas na, las espadas pistiliformes, llegadas con los llamados «sword bea-
de pivotes y de doble resorte, con introducción a través dei co- rers». En el Bronce final III aparecen las espadas de lengua de
mercio fenicio de telas y câmbios en el modo de vestir, uso de carpa, con el mejor exponente en la ria de Huelva de hacia el
hierro en cuchillos y otros objetos y renovación tecnológica, apli- 850 asociadas a cascos, puhales cortos y fíbulas de codo, que mues-
cando la siderurgia a la agricultura, la artesanía y la guerra, con tran relaciones atlânticas y "mediterrâneas, preludiando la apari-
los câmbios sociales pertinentes. Otros fenómenos son la diferen- ción de la civilización tartésica. Calderos como el de Cabarceno
ciación social, concentración de riqueza patente en tumbas con serían importados de Irlanda y recipientes de oro indican una pro-
coliares o brazaletes de bronce, introducción de productos colo- cedendo exterior, mientras los toues podrían ser un componente
n iales, establecimiento de los pob lados en puntos estratégicos de de tipo local.
las vias comerciales, potenciándose algunos sobre los demás y crea-
ción de una estructura territorial con domínio de Qlgún poblado
concreto sobre los demás. Aparecen también las espadas de hierro Bronce final y el Hierro I en el resto de la Península
con empuhadura de antenas de orígen ultrapirenaico y probable-
mente los arreos de caballo que indicarían una élite ecuestre y En la meseta llega a su apogeo Cogotas con decoraciones exci-
decoraciones semejantes a las de los pastores hallstátticos dei Lan- sas que emplaman con las decoraciones lo ca les dei vaso campani-
guedoc y estampados serialados en la zona dei Rhin. forme de tipo Ciempozuelos, aunque es difícil explicar los parale-
lismos europeos de las «Kerbschnitt keramik»). Las casas, muy
La incineración de los cadáveres impide precisiones antropoló- mal conocidos fueron de planta rectangular (Cerro dei Berrueco,
gicas, pero se advierte un cambio en los elementos lingüísticos, Monachil) y no es rara la ocupación de cuevas. Cogotas I mantie-
toponímicos y onomásticos, quizá aportados por una minoria do- ne la inhumación. Excepcional es el riquísimo tesoro áureo de Vi-
minante, puesto que la lengua y el alfabeto ibéricos siguieron vi-
llena, con una joya de hierro que lleva la ocultación a mediados
gentes hasta la romanización y serían los propios de los poblacio-
dei siglo vin. Andalucía sufre un cambio alrededor dei 1150, po-
nes anteriores a los campos de urnas. Existe, no obstante, una
sando de estructuras tradicionales a una nueva economia y dispo-
continuidad cultural con ininterrumpido crecimiento de los pobla-
sición de pob lados compuestos por casas de planta rectangular
dos a consecuencia dei aumento demográfico y evolución de la
con cimientos de piedra (Purullena), caba rias de adobe con planta
cultura material con aparición de cerâmicas fenícias desde el siglo
irregular revestida de estuco decorado con estrias (Monachil), es-
vn y griegas a partir dei 575.
casez de caballo y abundando de cabras y ovejas, llegada de ce-
râmicas excisas y dei Boquique y aparición de la «retículo bruni-
da», que suele ponerse en relación con modelos que aparecen en
Antonio Beltran Prólogo 19
I
18

en muy poco tiempo, una nueva época de la Historia de la Hu-


la costa fenícia entre el 1000 y el 850, aunque en Andalucía apa-
manidad. Se producirá el contacto en el Mediterrâneo occidental
rezca en el Carambolo entre el siglo x y el vm. En la zona Occi-
entre los indígenas aún culturalmente inmersos en la Edad dei Bron-
dental se recibe un fuerte impacto dei mundo atlântico mediante
ce final y los pueblos colonizadores, dotados de la siderurgia y
un tráfico comercial como el denunciado por la ria de Huelva,
de una avanzada cultura con importantes progresos técnicos. Los
poblados sin amurallar en cerros de fácil defensa, esteias «extre-
fenícios dominarán comercialmente el Mediterrâneo, partiendo de
menas» con presencia dei difunto y objetos personales, enterra-
Sidón y sobre todo de Tiro, tras la caída de Micenas, el declive
miento en cistas sin ajuares, pero con representaciones de fíbulas
de Egipto y dei império hitita, con indudable protagonismo de
de codo, cascos, espejos, escudos con escotadura en V, carros.
los «pueblos dei mar» cuya invasión se ha sen alado como estímu-
lo para los câmbios dei 1200. Hasta el 574 a. C. con la toma de
Tiro por Nabucodonosor, la thalasocracia tiria dominará los ma-
La plena I Edad dei Hierro res desde Chipre a Sicilia, Cerdena y Túnez, tomando luego su
relevo en Cartago.
En esta etapa una nueva técnica de trabajo de fragua, con hor-
no y fuelles, sustituye a la fundición con moldes cuando el traba-
En la Península Ibérica, Gadir con templo dedicado a Melkart,
jo dei hierro, de mineral abundante y barato, sustituye al dei bronce.
fue fundación, según la tradición recogida por las fuentes, dei 1100
El cambio económico es importante, más asequible y barato, con
aunque la arqueologia dificilmente nos lleva a antes dei siglo vm.
los instrumentos, aperos y armas «democratizados» fáciles de re-
Desde allí se comerciaba con el interior, la zona minera de Rio-
componer y restaurar. Las armas de bronce serán signo de poder
y los útiles de hierro podrán ser adquiridos por todos, aunque tinto inicialmente, produciéndose el mismo fenómeno orientalizante
durante algún tiempo este metal sea raro y caro; conocemos las que en Italia entre los siglos vm y VL Cartago fundó Ebysos el
citas de prémios en bolas de hierro sustituyendo a los calderos 654 alternando en el Mediterrâneo central su potencia con los grie-
o trípodes de bronce, en la Ilíada, y la correspondendo entre hiti- gos, con Victoria en Alalia y derrota en Himera. En su política
tas y egípcios tratando de obtener el nuevo metal y las técnicas hacia occidente desarrollará los périplos de Hannon e Himilcon.
siderúrgicas. Su principio puede estar en el mundo hitita de hacia Las pugnas con Roma y la pérdida de Sicilia provocarán la fun-
el 1200, extendiéndose con las penetraciones de los Pueblos dei dación en el Sudeste espafíol de una nueva Cartago, desde donde
Mar; independientemente dei punto exacto de origen Anatólia, Ma- se preparará la II guerra púnica y un intenso contacto con los
cedónia y el nordeste de Tracia debieron ser las plataformas desde indígenas dei interior, que continuarán adscribiéndose como mer-
donde llegó el hierro hasta el occidente de Europa, donde ya se cenários, siendo un activo médio de contacto con la cultura car-
taginesa.
conocía en Inglaterra hacia el siglo vi y por el Mediterrâneo, des-
de Chipre y Grécia, llegando a Italia en el s. x con la explotación
de tos recursos de Ischia y de la isla de Elba desde el V I I L Los Por su parte, los griegos, que habían fundado colonias en el Me-
fenícios y los griegos lo llevarían hasta Occidente desde antes dei diterrâneo oriental, las costas de Anatólia y las dei mar Negro, en
aho 1000 o por lo menos desde el s. vm. las bocas de! Nilo en el central con el sur de Italia y Sicilia, desde
d siglo v m En el siglo siguiente, Emporion, Rhode, Hemerosko-
Politica y economicamente desaparecen los grandes impérios pion o Mainake, marcan la colonización griega en Hispania, en-
orientales, nacerá la cultura griega, se inventará el alfabeto y mu- tran en contacto con Tartessos como muestra el episodio de la ayuda
cho más tarde la moneda, es decir, comenzará y se desarrollará, que presto a los focenses Argantonio, frente a los fenícios de Gadir.
Antonio Beltran Prólogo 21
20

Los fenómenos de aculturación de los pueblos orientales son En el interior la carga de los elementos indígenas tradicionales
paralelos en Italia y Espana; lo mismo que ocurrió con las cultu- será muy fuerte y en ocasiones la iberización no llegará hasta las
ras de Villanova y dei Lacio, y la presencia dei poderio etrusco, penetraciones de ejércitos cartagineses y, sobre todo romano, levas
en Italia; los etruscos presentan una primera fase cultural orienta- y enrolamiento de mercenários y establecimientos militares estra-
lizante, reemplazando a los villanovianos en el s. vn e integrándo- tégicos.
se en la esfera cultural griega a partir dei VL En Sicilia Naxos
estaba fundada en 734 y Siracusa alcanzó el domínio dei este de El desarrollo de los Campos de Urnas y las influencias de Ita-
la isla oponiéndose a los cartagineses que ocupaban el oeste, des- lia y de las estepas dei Este de Europa, matizan el complejo cul-
de la antigua colonia de Motya en el s. vra. En Cerdena sigue tural de fines de la Edad dei Bronce, con la etapa traco-cimeria,
la civilización nuraghica, con figuras.de guerreros en bronce, has- apareciendo a partir dei 700 en el Alto Danúbio y Europa Occi-
ta la ocupación de la isla por los cartagineses. dental la tumba de carro, de origen póntico, de nuevo con rito
de inhumación. Hallstatt asume así la tradición local de los Cam-
Las Baleares continuarán con su cultura Talayótica II, pero re- pos de Urnas, con anadido de los jinetes nor-pónticos y estímulo
cibiendo la influencia de griegos y, fundamentalmente, de fenícios de las civilizaciones mediterrâneas.
y cartagineses. Menorca conoce un especial florecimiento de tala-
yots, navetas y taulas. Los poblados estarán fortificados artificialmente con murallas
muy desarrolladas como las de la Heuneburg, cuya influencia clá-
sica se demuestra por ânforas vinarias massaliotas y cerâmicas áticas
Fenómenos orientalizantes y grequizantes de figuras negras o la tumba de Hochdorf y en Francia el ente-
rramiento principesco de Vix. Las tumbas con túmulo y las lla-
Como en Italia, entre el siglo vni y el vi se produce en la Penín- madas de carro dan ajuares muy importantes, como objetos lujo-
sula y, sobre lodo en Andalucía, un fenómeno orientalizante que sos de vidrio y marfil; la gigantesca crátera de Vix de 1.64 m y
se fundirá con el principio de la cultura ibérica. Un factor impor- más de 200 kg de peso; espadas largas o más cortas con antenas,
tante será el de Tartessos, importaciones orientales como las de- para jinetes y también cocheros, que difundirían el hierro por toda
nunciadas por la necrópolis de la Joya, de Huelva (carros, jarros Europa, arco y flechas semejantes a las dei Cáucaso, cráteras de
de palmeta, braserillos, thymiateria, piezas de marfil y oro, cuentas bronce, trípodes con adornos de origen griego y cerâmicas lisas,
de âmbar), el tesoro dei Carambolo y en la propia Huelva cerâmi- incisas, excisas o estampadas y pintadas. La sal, el hierro, el co-
cas griegas como el vaso de Klitias. El fenómeno se extiende hasta bre, el oro y el âmbar, su tráfico, la demanda desde lejanos paí-
Medellín, con cerâmicas pintadas y uso dei torno, urbanismo de ses, pudieron ser los estímulos económicos para el activo comer-
los poblados, adopción de la escritura partiendo de los alfabetos cio con los griegos y por consiguiente para la penetración de ele-
de las ciudades púnicas; en Extremadura siguen las esteias decora- mentos de cultura material en puntos muy distantes de las ciuda-
das y en Andalucía se introducen decoraciones pintadas, se utiliza des originarias.
el torno; finalmente se asimilan la religión y los ritos de los colo-
nizadores con sincretismos de las antiguas y las nuevas divinida- La difusión de los Campos de Urnas tardios alcanza al Levan-
des. Ilacia el siglo vi nacerá la cultura ibérica. La fundación de te, al valle dei Ebro, hasta Cortes de Navarra, El Redal y Álava,
Emporion influirá en la cultura de los campos de urnas catalanes. quedando más aisladas las tierras interiores de la Península que
Prólogo 23
Antonio Beltrán
22

ce valenciano y el Argar (según Savory); en el Hallstatt C, hacia


se mantienen con gran personalidad, bastante al márgen de la ci-
el 700; un incêndio dará un nuevo poblado de la I Edad dei Hie-
vilización continental dei momento, que hacen impropio el nom-
rro, con el máximo esplendor, pero con continuidad, muralla de
bre de cultura hallstáttica para estos momentos de la Península;
barro, tres habitaciones en las casas, tejado a una sola vertiente,
faltan las espadas largas propias de jinetes, que son el indicio más
que para Maluquer es de tradición centroeuropea, aunque con re-
claro dei mundo material hallstáttico. Las tradiciones locales y la voco de cal, que recibe pinturas de tipo esquemático, aparición
penetración de elementos exteriores explicarían la formación de dei hierro, aunque continúe el bronce, cerâmicas pintadas y deco-
la cultura celtibérica en torno al Sistema Ibérico, con guerreros ración pictórica geométrica mural en el interior de las viviendas
que se inhuman con sus armas y bocados y arreos de caballo, (además de morillos). Hacia el 550 sufre el poblado otra destruc-
incluso algún casco y coraza, y que pudieron llevar consigo los ción por incêndio y una nueva reconstrucción. De este tiempo se-
topónimos en -briga, en seg- y la onomástica céltica. rán los poblados alaveses (Penas dei Oro, Henayo) y su extensión
hasta el Soto de Medinilla (Valladolid), con casas célticas de planta
En Cataluna se mantiene la tradición de los Campos de Urnas, circular, con agricultura.
aunque ya se presenta el hierro en los Períodos v y vi de Alma-
gro Gorbea, el primero coincidente con el s. vn BC (A guliana, La mezcla de influencias en la zona de Levante y Sur es eviden-
El Molá), quizá con origen mediterrâneo como denuncian las fí- te; el jinete dei Cingle de la Mola Remigia, en el barranco de
bulas arcaicas de doble resorte que se encuentran también en las Gasulla con casco con cresta, podría ser un elemento introducido
necrópolis fenícias dei s. vn en el Mediodía peninsular. Un hori- por los Campos de Urnas y fecharlo hacia el siglo viu a pesar
zonte protocolonial con influencia griega transformaria las cultu- de su estilo naturalista y de los problemas que plantea en el con-
ras indígenas de los Campos de Urnas aunque con continuidad junto de «pinturas levantinas» en el que está inmerso.
dei asentamiento; el período vi de Almagro (siglo vi) será el de
generalización dei hierro y aparición de las cerâmicas a torno y
En la economia dei Bronce tardio o final en el Mediodía pe-
fuego oxidante entre el Languedoc y Valencia, con casi exclusivi-
ninsular hay un cambio en la dieta alimentícia, decayendo la im-
dad de lo griego. Urnas subsidiarias dei Período rv de Cataluna,
portância de los ovicápridos y aumentando la de bóvidos y équi-
con una corriente que desciende por el Ebro hasta el grupo Ro-
dos, quizá a consecuencia de una mejora dei ambiente provocada
quizal. El hábitat es de viviendas rectangulares alargadas de unos
por la oscilación húmeda dei Subboreal; en Cerro de la Encina
50 m2 fachadas a calle longitudinal o plaza central que pasará
el caballo alcanza el 60% por la cria especializada en los pastos
al mundo ibérico. Los enterramientos o cistas tumulares son de
de Sierra Nevada. Desaparecen los ritos funerários argáricos con
incineración, con ejemplos cuadrados o circulares (Azaila, Cala-
inhumación de los cuerpos encogidos. Luego serán escasos los ca-
ceite, Escodinas Bajas, San Cristobal). Las cerâmicas pintadas per-
miten llevar estos fenómenos a fines dei vn y vi. Es interesante balios y vacas sustituidos por ovejas y cabras, retrocediendo el
la proyección hacia el sur de estos Campos de Urnas (Pajaronci- cerdo, a lo que hay que ahadir la deforestación, agotamiento dei
llos de Cuenca) y la presencia de cerâmicas excisas en Vinarregell bosque por las cabras y aparición de una nueva etapa de sequedad.
(Castellon) y Los Saladares (Alicante).
En Andalucía Occidental alcanzará gran importancia la minería
Cortes de Navarra, con población agrícola desde el Bronce fi- y se producirán câmbios radicales en la sociedad, con abundancia
nal in, según Delibes procedente dei Bajo Aragon, con casas rec- de objetos de prestigio como espejos, peines, Uras, además de ar-
tangulares de adobe, adosadas y con la misma concepción dei Bron- mas, evidenciándose en las esteias extremenas, las inscripciones tar-
Antonio Beltran
24 Prólogo 25

tésicas, sepulturas de câmara bajo túmulo, tesoros como el dei en Agullana y Tarrasa. Lo que entonces pensábamos 7 debe ser
Carambolo, edifícios como el de Cancho Roano (Zalamea la Real), puesto al dia de acuerdo con lo antedicho teniendo en cuenta que
o el mausoleo de Pozo Moro, mercados y vias de comunicación, los únicos elementos de necrópolis que hasta ahora hemos en-
etc., relaciones atlânticas y mediterrâneas, preludiando la apari- contrado en el cabezo de Monleón son tres túmulos con ortos-
ción de la civilización tartésica. Calderos como el de Cabarceno tatos de piedra cinéndolos, con urnas de incineración en dos de
serían importados de Irlanda y recipientes de oro indican una pro- ellos, y otra vacia quizá utilizada como «ustrinum» tal como
cedência exterior, mientras los toques podrían ser un componente comprobamos en Lommel-Katenbosch y otros yacimientos centro-
de tipo local. europeos, lo que separa este conjunto funerário de los habituales
«campos de urnas». Suponiamos entonces una cronologia más an-
tigua que la postulada por otros autores, llevando hasta el siglo
EI Castro dei Cabezo de Monleón (Caspe, Zara goza) ix los primeros establecimientos y aunque nuestra opinión suscito
comentários adversos asegurábamos una sola ocupación, sin su-
El yacimiento dei Cabezo de Monleón puede brindamos un cierto perposiciones de estratos, abandonándose el poblado mucho antes
paralelismo respecto de la evolución de los problemas gene rales
de la iberización dei siglo v, según denunciaba una sola capa de
a que estamos aludiendo.6 Las ideas que en los anos de la exca-
cenizas y maderos quemados, juntamente con elementos de techum-
vación predominaban no ponían en duda que el mundo dei Bron-
bre, yesos con impresiones de canas, etc., y desde luego, persi-
ce final se extendía hasta una primera edad dei Hierro que seguia
guiendo los modelos de las cerâmicas, excisas, de las acanaladas,
utilizando la metalurgia dei bronce como actividad industrial aun-
de las pintadas, de los kernoi y de las plantas de las casas en
que conociese la existencia de la siderurgia, dentro de una vida
el valle dei Rhin, aparte de una amplia carta de distribución de
cultural retardataria que se modificaba por la aportación de inva-
los kernoi cuyo carácter ritual aseguraba la singularidad de su re-
siones europeus a través dei Pirineo que encontraban como pri- partición.
mer colector general el valle dei Ebro. Cortes de Navarra, por
una parte, y las Valletas dei Sena y la Pedrera de Vallfogona de
Balaguer por otra, con el Cabezo de Monleón eran los dos yaci-
7 A. B E L T R Á N , «La cerâmica dei poblado hallstáttico dei cabezo de Monleón, IV
mientos básicos y las cerâmicas excisas y acanaladas servían de Congreso Internacional de Ciências Prehistóricas y Protohistóricas, Madrid 1954, p. 763;
fósil director para establecer las vinculaciones con las culturas que «Notas sobre un kernos hallado en Caspe (Zaragoza), Caesaraugusta 5, Zaragoza, p. 43
se movían desde el valle dei Danúbio al dei Rhin y desde aqui ss.; «Una vasija ritual en El cabezo dc Monleón (Caspe)», III Congreso Nacional de Ar-
queologia, Zaragoza 1955; «Avance sobre la cerâmica excisa dei Cabezo de Monleón»,
por el Ródano y otros caminos hasta el Pirineo que una vez atra-
IV Congreso Nacional de Arqueologia, Zaragoza 1959, p. 141; «Notas sobre los moldes
vesado ofrecería a través de los rios y especialmente, en lo que para fundir bronces dei Cabezo de Monleón», VI Congreso Nacional de Arqueologia,
nos interesa, por el complejo Alcanadre-Isuela, Cinca-Segre de fá- Zaragoza 1951; «El poblado hallstáttico dcl cabezo de Monleón, Caspe, Esparta», V Con-
cil via hasta el Ebro médio, uniéndose aqui con otras corrientes greso Internacional de Ciências Prehistóricas y Protohistóricas, Berlín 1961; «Un nuevo
kernos dcl oppidum hallstáttico dcl Cabezo dc Monleón, Caspe», VI Congreso Nacional
que penetraban por la llanada de Álava hasta el Pancorbo y con de Arqueologia, Zaragoza 1961, p. 144; «Caspe (Zaragoza)», El Vado, Noticiário Arqueo-
las que, desde Catalur\a, tenían sus puntos geográficos expresivos lógico Hispânico, IV, 1956-61, Madrid 1962; «Estúdio de los kernoi hallstátticos de Caspe
(Zaragoza, Esparta) y sus relaciones», Congreso Nacional de Ciências Prehistóricas y Pro-
6 La puesta al dia dc las cuestioncs relativas al Cabezo de Monleón en A. B E L T R A N , tohistóricas, Roma 1966, p. 28; «Dos notas sobre cl poblado hallstáttico dcl cabezo de
«Algunas notas dc actualización dc las conclusioncs sobre el poblado dcl Bronce final Monleón. 1. La planta. II. Los Kernoi», Caesaraugusta 19-20, 1962 p. 7-56 y «Las casas
y dc la I Edad dei Hierro dcl Cabezo dc Monleón (Zaragoza)», en llomenaje al Prof. dcl poblado dc la I Edad dei Hierro dcl Cabezo de Monleón», Boletín de! Museo de
Tarradell, en prensa. Zaragoza, 3, 1984, p. 23-101. '
Antonio Beltran Prólogo 27
26

Aquellas ideas las hemos ido poniendo al dia, elementalmente, por término médio, sobre el que se disponía un brasero de areilia.
en trabajos de síntesis9 aparte de que dejamos deliberadamente En estos puntos no se alcanzó ninguna novedad sobre lo conoci-
en el yaeimiento zonas intactas con objeto de poder revisar las do y publicado. Sí, en cambio, en lo que se refiere a dos peque-
conclusiones obtenidas. En 1986 se llevó a cabo una comproba- nos hornos de fundición cuyas bóvedas de material refractario,
ción, justificada por la vandalización de las ruinas puestas al des- muy espesas, comunicarían con una câmara de reverbero, uno de
cubierto en las campanas de 1952 a 1960, contando con la cola- cuyos ejemplares encontramos en la antigua excavación. Cerca de
boración de Andrés Álvarez Gracia.9 Aparte de las cuestiones ge- los hornos se localizaron dos valvas de un molde de fundición
nerales de cronologia era importante comprobar la planta dei po- de arenisca para puntas de flecha.
blado, especialmente en la calle o espacio central y en la zona
noroeste donde se habían hallado indícios de posibles superpôsi- En la cerâmica predominan las vasijas bicónicas de borde con-
ciones de estructuras. Las conclusiones obtenidas pueden resumir- vexo y decoración acanalada, grandes vasijas con cordones ador-
se en la siguiente forma. En las zonas excavadas no existió más nados con digitaciones, pondera semilunar y una fuente con asas
que una sola ocupación y siendo éstas las únicas que habrían per- «de oreja», numerosos rinones de sílex y lascas producidas en con-
mitido por el espesor dei yaeimiento haber contenido dos o más tacto con el fuego; en la antigua excavación obtuvimos en una
niveles, podemos aplicar a la totalidad dei poblado lo comproba- casa un conjunto de las lascas guardado en una especie de alace-
do en los mencionados espacios que es lo que habíamos estableci- na sobre un banco. Un par de piezas eran elementos de hoz sobre
do hace 25 anos. Un incêndio generalizado, aunque no muy in- lasca, con delineación denticulada, utilizadas en tareas agrícolas.
tenso, con caída sobre el suelo de tierra apisonada de carbones
de las vigas de la techumbre carbonizadas y cenizas, provocaria
Los resultados de la excavación confirman lo que se expuso en
el abandono dejando sobre el terreno las cerâmicas y llevando con-
anteriores síntesis y aun cabría pensar que las cerâmicas excisas
sigo los pobladores todos los materiales utilizables.
son más antiguas de lo que se venía admitiendo y correspondien-
La técnica urbanística utilizada responde a una misma época tes a un sólo nivel de ocupación. En el Cabezo de Monleón no
o al menos es unitaria y sin diferenciaciones. Las paredes de ado- existió más que un momento de ocupación bastante dilatado. El
be, apoyadas en cimientos de una hilada de piedras o de dos pa- poblado es un conjunto unitário peculiar con paralelos dentro de
ralelas, con interior de barro, disponiéndose de bancos adosados la zona en los yacimientos de Zaforas, horizonte II de Palermo
a los muros. En las medianerías se localizan postes de madera y Mas dei Pastor, por nombrar los más significativos. Cronologi-
infestados como habíamos visto en Heuneburg. Todas las casas camente se situaria entre el 950-900 y el 750-700 BC. No se dife-
eran de planta rectangular, algunas muy alargadas, la mayoría con rencian niveles arqueológicos si bien cabría suponer que hubiera
dos estancias, en la principal un hogar circular u ovoidal de 0,50 m dos fases «generacionales», con el mismo utillaje, desapareciendo
en la segunda etapa los elementos más antiguos contemporâneos
8 A. BELTRAN, «La indoeuropeización dei Valle dei Ebro», cit. y «Los poblados halls- de la fundación. Las cerâmicas excisas y otros materiales tienen
tátticos de Caspe y los problemas cronológicos de la cultura dcl Bajo Aragón», Homenaje
a Bosch Gimpera, México 1963, p. 41. «Aragón Prehistórico» en Aragón en su Historia, vigência a lo largo de toda la vida dei poblado encontrándola en
Zaragoza 1980, p . 32; «Cabezo de Monleón» en Atlas Arqueológico de Aragón I, Zara- diversas asociaciones en la misma forma que en Palermo. La per-
goza 1980, p. 541.
9 Andrés ALVAREZ y J. A. GIL BACHILLER, «Urbanismo prerromano en lierras de Cas-
manência dei poblado dei Cabezo de Monleón durante más de
pe». Bajo Aragón Prehistoria, IV, Caspe 1982, p. 61. J. J. EIROA, A. ALVAREZ y J. A . G I L dos siglos en pleno apogeo pudo deberse a su condición de cen-
BACIÍILLER, Carta Arqueológica de Caspe, Cuadernos de Estúdios Caspolinos. Zaragoza 1983. tro de actividad metalúrgica utilizando como matéria prima metales
Antonio Beltrán Prólogo 29
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amortizados, tal como denotan los dos hornos y el médio cente- en oro y plata, macizos torques para uso masculino, colgantes,
nar de moldes de fundición localizados diademas, que diferenciaban a los poderosos, viviendo de la agri-
cultura, pero sobre todo dei pastoreo, sin olvidar la caza, la pesca
y el marisqueo. Ritos religiosos las llamadas piedras «formosas»,
estatuas de guerreros y de verracos además de peculiaridades or-
La cultura castrena
namentales en determinadas casas que podrían indicar usos espe-
No resulta fácil exponer una visión actualizada de la cultura ciales. Sobre el sus trato lingüístico indoeuropeo se introdujeron
lenguas célticas y en general esta cultura sufrió la influencia mili-
castrena sin aludir a los elementos que influyen en ella proceden-
tar y cultural romana, aunque permanecerían con indudable fuer-
tes de la Meseta, el Centro y Sur de Portugal y Andalucía, inclu-
za los elementos indígenas."
yendo Tartesos; pefò el actual territorio de Galicia, Astúrias y el
oeste de Zamora alberga una cultura muy peculiar semejante a
Podríamos, para terminar, recomendar la atenta lectura dei li-
la de los castros lusitanos y relacionada con la de los celtibéricos,
bro que sigue, fruto de su tiempoy de los desvelos de un investi-
una de cuyas características>, como denuncio Cuevillas, es la persis-
gador que conoció mejor que nadie los mistérios de los orígenes
tência de elementos culturales de la Edad dei Bronce, totalmente de las gentes de su tierra y de las culturas que en el solar gallego
vivos en pleno siglo vn a. C. y teniendo como fósil director los desarrollaron y pedir que se atienda especialmente al denso con-
últimos tipos de las hachas de talón y las tubulares con dos anillas junto de hechos objetivos indudablemente base para cualquier teoria
y espadas de antenas de bronce, de inspiración tartesia demás de no radicalizando las posturas frente a las hipótesis que cambian
la implantación de la empunadura de antenas que se estaba repitien- vertiginosamente, a veces con una especie de retorno que quizá
do en todos los Campos de Urnas dei S.O. europeo. Hay que anadir explique el profundo interés que suscitan estúdios como el que
la conocida casa de planta circular con cubierta cónica, de piedra comentamos.
aunque con precedentes en adobe que podrían buscarse en las dei
Soto de Medinilla (Valladolid), un pórtico, en ocasiones, agrupa- ANTONIO BELTRAN MARTÍNEZ
das dentro de recintos fortificados, con puertas açodadas y con
un considerable número de poblados. Esta cultura está consolidada
en el siglo vi a. C. y recibe poco a poco el hierro a través dei
Portugal de hoy y la Meseta, desarrollando una ostentosa orfebrería

10 Nos parece muy aceptable el esquema cronológico-cultural propuesto por Andrés


Áivarez, de forma hipotética, para el Bajo Aragón, iniciado por el Cabezo dei Cuervo
de Alcafiiz, dei Bronce mcdio, con un conjunto cerâmico de tipo levantino, cerâmicas exci-
sas y dei Boquique que llegan al Bronce final. En este momento, se incluiria el Cabezo
11 Al libro de 1953 de López Cuevillas habría que aftadir Las joyas castrejas, Ma-
Sellado que evolucionaria a partir dei Bronce médio. En cl término de Caspe el paso dei
drid 1951. Como aportaciones muy recientes al tema Estúdios de Culturas Castrexa e da
Bronce médio al final estaria representado por Sancharancón, con algún elemento propio ™ston<* Antiga de Galicia. Santiago de Compostela 1983, editados por G. P E R E I R A , J .
de los campos de urnas antiguos. A continuación el Bronce final II incluiria el Cingle M A L U Q U E R DE M O T E S , «Formación y desarrollo de la cultura castrefla». Actas de la 1 Jor-
de la Yal de Zail, el horizonte III de Palermo y Piarroyo; el Bronce final comprendería nadas de Metodologia Aplicada a las Ciências Históricas, I, Santiago de Compostela 1976.
el Cabezo de Monlcón, horizonte II de Palermo, Zaforas y Mas dei Pastor; el Hierro HER
N A N D E Z , «La escultura zoomorfa dei Occidente Peninsular», Trabajos de Prehisto-
inicial estaria representado por la Loma de los Brunos, Siriguarach y Palermo I y una ria, 39, Madrid 1982, p. 211. Sobre el problema filológico: M. L. ALBERTOS, «Perduracio-
etapa más avanzada y la posterior iberización estarían representadas por el Cabezo dei nes indígenas en la Galicia romana: los castros, las divinidades y las organizaciones genti-
Cascarujo y La Tallada. icias en la epigrafia», Actas dei Coloquio Internacional dei Birnilenario de Lugo, Lugo 1977.
1
CELTAS Y PRECELTAS

T
odos los prehistoriadores coinciden en afirmar que en la
primera mitad dei último milénio antes dei comienzo de
nuestra era, invadieron la Península, atravesando los pasos
dei Pirineo, gentes venidas dei Norte, cuya presencia p r o d u j o una
serie de câmbios fundamentales en las culturas indígenas, deter-
minando el fenómeno que desde hace poco se designa con el nom-
bre de indo-europeización de la Hispania. Pero al tratarse de de- >
terminar el número y las fechas de estas oleadas invasoras y al
querer aplicarles una denominación étnica, las opiniones de los
distintos autores difiereivunas de otras de un m o d o considerable.
Para M. Almagro Bascíi) hubo una sola invasión de pueblos de
—•
origen ^raTPCTO'lò~§trficientemente fuerte y numerosa para afec-
tar a todo el âmbito peninsular, seftalando para este hecho el si-
glo viu como fecha inicial. En cambio, para P. Bosch Gimpera >
la entrada de estos pueblos, que califica también de celtas, se ve-
A LA MEMORIA DE rifico en dos grandes oleadas, subdividida la segunda en cuatro
FRANCISCO MARTÍNS SARMENTO, grupos, que sucesivamente fueron cruzando los desfiladeros pire- '
CUYAS HUELLAS SON NUESTRO CAMINO naicos. La oleada más antigua los atravesó por la parte oriental
F.L.C. e. introdujo en Catalufia y luego en otras muchas regiones hispâ-
nicas la cultura de los llamados Campos de Urnas procedente de
la Alemania meridional, donde se refugiaran elementos célticos que
estuvieran en contacto fronterizo con los ilirios. El segundo" movi-
miento, consecuencia de la presión germânica en la línea dei Rhin,
se escalono en cuatro avances; uno que es al que se le atribuye
la introducción de la cerâmica excisa, propia de la llamada Cultu-
ra de los Túmulos; otro que se distingue por el nombre de la tri-
La civilización céltica en Galicia 33
Florentino Lopez Cuevillas
' 32

dena, Araius, Elanus y otros, cree ligures a los Cántabros, Astu-


bu de los Cempsos que ocupaban el centro de Portugal, donde
res, Vascos, Lusitanos y Carpetanos y más al oeste y al sur a los
en efecto se encuentra la necrópolis de Alpiarça, con vasos que
Cempsios, y por su parte R. Menéndez Pidal, influído en algo
recuerdan los holandeses de Vledder-Bonninghardt; la tercera, la
por Pokorny, supone establecido en Hispania un pueblo ambro-
más importante para nosotros, es la de los Sefes, que se instalan
ligur-ilirio al que seria debida la presencia de la raiz ambr, de
en las tierras dei noroeste hispânico, y la cuarta, que parece ser
donde sale entre otros el nombre de Ambroa, en La C o r u n a , de
la menos interesante, es la de los Belgas. Las fechas en que se
la voz ganda, de donde vendría gándara, y de diversos topónimos
colocan todos estos movimientos son las siguientes: en el ano 900
portugueses con los tan manejados sufijos en -asco y -asca, que
el comienzo de la cultura peninsular de los Campos de Urnas;
aparecen en la piedra con inscripción latina dei a n o 117 a. C.,
en el 700 el principio de la entrada de la segunda oleada; en el
que trata de una cuestión de limites entre las Genuantes y los
650 la invasión de los Cempsos; en el 600 la de los Sefes y en
Laugenses y que es una de las principales fuentes utilizadas en
el 570 la de los Belgas. el estúdio dei idioma de los ligures.
Lo mismo J. Martinez Santa-Olalla que Luis Pericot, admiten
No seria propio de este lugar el hacer una exposición detallada
la sucesiva aparición_de grupos célticos que van penetrando en
de las vicisitudes de lo que se ha llamado ya el enigma ligur ni
distintas regiones peninsulares, pêro rebajan considerablemente la
de su estado actual, tarea que por otra parte está realizada bri-
cronologia de Bosch Gimpera, poniendo Martinez Santa-Olãllã el
llantemente por Almagro en su artículo «Ligures en E s p a n a » y
comienzo de su Hierro céltica en el ano 650 y Pericot su Hierro I
por Bosch Gimpera en el suyo, «Celtas e Ilirios», ni p o d r í a m o s
en el 700. tampoco tratar en detalle las repercusiones de esta cuestión en Por-
I Pero al llegar a este punto es necesario que dediquemos por
tugal, tan intimamente relacionado con Galicia, y que pueden re-
un momento nuestra atención al llamado^problema ligur^que tie-
gistrarse en publicaciones de Martins Sarmento, de Leite de Vas-
ne en Espana antecedentes que se remontan al siglo xvni, que
concellos y Mendes Correa, y así nos limitaremos a sentar los tér-
en el xix extendieron D'Arbois de Jubainville, Camile Jullian y
minos dei problema y a indicar las dificultades que a nuestro en-
sus seguidores a todo el occidente de Europa, y que Adolf Schul- tender se o p o n e n a ^ u ^ r e s o l u c i ó n .
ten resolvió en el sentido de considerar a los ligures como el pue-
Es cierto que ^íesiodò^habla, a mediados dei siglo vu, de los
blo más antiguo de nuestra Península y de identificarle con los
Ligures en un sentufo-qiíe los hace aparecer como el pueblcTmas
vascoSL-problema que después de abandonado ha vuelto a rena-
importante de la porción occidental de la Ecúmene,/ pêro el valor
cer, defendiendo la tesis ligurista algunos investigadores, princi-
cie este texto ha sido combatido en cierta manera por Dechelette
palmente italianos, y no admitiéndola otros, entre ellos los espa-
al ocuparse dei comercio dei âmbar y de un m o d o más rotundo
ftoles Bosch Gimpera y Almagro, suponiendo este último la exis-
tência de un factor lingüístico que actuó tanto sobre la Liguria por André Berthelot y por Ettore Pais, quien observa quç/Hesiodo
como sobre Espana, anterior a la dispersión de los pueblos célti- escribe en una época en que el mundo griego no iba más allá de
cos, gálicos_y_britónicos y a la de los ilirios y vénetos, y que Sicilia y de Italia, desconociendo por completo las Costas dei Oceano
seria transportado £orJos^proto-celtas de los Campos de Umas y dando a los Ligures, de los que se tenían noticias p o r l o s Etrus-
a nuestia .país* cos, una extensión que nunca habían alcanzado. En fuentes más
Los puntos de vista favorables a la tesis ligur fueron defendidos "modernas a Hesiodo, vuelven a encontrarse referencias al pueblo
más_desde_eJ_lejxeno de los textos y la lingüística que desde el que nos ocupa concretadas ya a nuestra Península, y así en el péri-
terrenp arqueológico, y así M. Gõmez-Moreno valiéndose de una plo base de la Ora Marítima de Rufo Festo Avieno se menciona
serie de nombres personales como Ambatus, Boutius, Tritius, Doi- un Rernix Ligus, que se situa por lo general en Astúrias, y un
Florentino López Cuevillas •
34 La civilización céltica en Galicia 35

Ligustinus lacus en el Coto de Donana, cerca de la desembocadura A los antiguos ligures se los describió como gente de pequena
dei Betis (Guadalquivir), pêro lo mismo Mendes Correa que Bosch estatura, de color moreno, valerosos luchadores y muy amantes
Gimpera, piensan acerca de la primera referencia, que en la edi- de su libertad. Según el mapa publicado por A n d r é Berthelot, la
ción príncipe dei poema de Avieno, se consigno, por error, Ligus tierra que ocupaba este pueblo iba desde el Norte de Pisa siguien-
por lucis, designación dei pueblo lusitano, y en cuanto al ligustinus do una línea recta hasta el centro de Apenino, y desde allí conti-
lacus sospecha Berthelot que está en lugar de libustinus lacus que nuaba abarcando todo el país comprendido entre Dertona y Asti
figuraria en el manuscrito hoy perdido de aquel poema, aludiendo y el golfo de Génova, introduciéndose luego en la Provenza, pero
al pueblo libio, en relación a lo que dice Avieno de los Tartesios. sin alejarse mucho de la costa. Esta Liguria existente aún en el
siglo iii a. C., fue notablemente reducida por Augusto, en sus li-
mites marítimos que empezaban en Luna y terminaban antes de
Niza, y también en su penetración por el Apenino, dilatándose
en cambio por el Norte hasta Turín, el Monte Viso y el Col de
Larche. *•
Atendiendo a su tipo físico hay que suponer a los Ligures una
procedencia africana, y se hace necesario creer que hablaban un
idioma dei mismo origen, pero como entre los elementos lingüís-
ticos que se atribuyen a este pueblo se encuentran muchos de in-
dudable naturaleza indo-europea, llevó este hecho a algunos auto-
res a creer indoeuropeos a los dichos Ligures y a otros a afirmar
que sobre un fondo mediterrâneo habían actuado influencias que
produjeran una indoeuropeización dei médio primitivo/ Este últi-
mo parecer que desde la publicación dei «Die ligurische Sprache»,
de Kretschmer, es el más generalmente admitido, ha hecho entrar
en escena como pueblos influenciadores a los Ambrones, a los
Vénetos y a los llirios, sin hablar ya de los Celtas vecinos de los
Ligures por el lado de los Alpes y también en los VALIAS HPI P O
y dei Ródano y tan identificados con ellos que Almagro ha podi-
do decir que «es hoy imposible diferenciar arqueológica y filoló-
gicamente lo ligur de lo celta ni en Italia ni en Francia ni en
Espana».
Se comprende fácilmente que un estado tan inseguro de conoci-
mientos, unido a las lagunas existentes en lo que s e ^ g í O G Q j ] ^
los dos grupos de idiomas celtas y sobre las lengUcy^cceltas,.
Y una vez dicho lo que antecede conviene que hablemos algo
hagan posibles todas las hipótesis; que se traigan^S" tó Ligurys
de los Ligures, de su país de origen, de su lengua y que indique-
de África o que se los suponga viniendo dei Nfl^e á dei Este O
mos en qué época se supone que penetraron en la Hispania.
de Europa y que se les adjudiquen, con excesiva Íítjeialicjad, una *>)
N^BIBLIOTECA//
Florentino López Cuevillas La civilización céltica en Galicia 37
36

serie de palabras, de raíces y de sufijos, con antecedentes, en un los Campos de Urnas, tiene su representación más próxima a no- ^
lado o en otro, pêro cuyo verdadero origen, lo mismo que el de sotros en la necrópolis de Alpiarça, situada al Sur dei Duero, y ^
las vocês con que se les compara son realmente desconocidos. que otros restos que podrían serie aproximados como las cerámij
Otro problema, lleno también de dificultades, es el que se refie- cas con decoración excisa, registradas en algunos castros, c o m o . -
re a la época en que se supone la entrada en la Península dei los de Coaiia y Sendim, son escasos considerados en conjunto,
pueblo Iigur. Para Schulten, para Pericot, y aun para el mismo y en alguna ocasión dudosos.
Rusell Cortez, cuando en apoyo de sus puntos de vista menciona De conformidad con una opinión compartida por muchos pre—
la semejanza de las esteias ligures con las portuguesas de Mon- historiadores tenemos que colocar te entrada de los indoeuropeos
en nuestro país en un momento tardio dentro dei cuadro cronoló-
corvo, Crato y Esperança, /dicha entrada tendría que remontarse
gico de los movimientos de estos pueblos en la Hispania, pero
a tiempos, muy jviejos, a los de la «población más antigua que
tal tardanza no puede de ningún modo_ traerse más acá de la pri-
nos es dado comprobar historicamente» según Schulten; o habría
mera mitad dei siglo_vi,. ya que las nuevas formas que aqui apare-
que colocaria en siglos oportunos para venir bien «al sustrato in-
cen y que forzosamente tenemos que pensar traídas por los inva-
dígena neolítico común desde la Península a Italia»/ según Peri-
sores, como por ejemplo las fíbulas de apêndice erguido, deriva-
cot, o tendríamos que llegar a la edad megalítica, si damos una
das dei tipo de La Certosa y los punales con antenas, son pecu-
significación probatória a la comparación de-las esteias italianas
liares de los últimos tiempos de Hallstatt, pero no acusan a ú n
y portuguesas indicadas por Rusell Cortez. ningún sintoma de evolución hacia la cultura de La Téne.
Pero admitiendo cualquiera de dichas fechas, resalta en seguida
Como ya hemos dicho la llegada de los pueblos Sefes a la Pe-
su anacronismo con la introducción en nuestra península de una
nínsula se data hacia el ano 600, pero la distancia entre los Piri-
lengua indo-europea que no podia usar en tiempos tan remotos
neos y las regiones atlânticas donde se instalaron, la recorrieron
un pueblo de cuna africana y mucho menos si ese pueblo es el
de seguro muy despacio, con las detenciones y tanteos de unas
que aporta la cultura neolítica mediterrânea y lo identificamos con gentes que buscan nuevos hogares, no siendo por lo tanto aventu-
los llamados Chassenses por J. Arnal. Este inconveniente queda rado imaginamos que su irrupción en las tierras dei NW. hispâni-
evitado si se supone que los ligures o ambro-ilirio-ligures son los co ocurriría alrededor dei afio 590, y desde luego antes dê~qüe
que desempenan el papel asignado por Bosch Gimpera a su pri- se escribiera el Périplo fuente de la «Ora Marítima», de Avieno,
mera oleada céltica y por lo tanto los que introducen y aclimatan cuya fecha es, según se cree, anterior al 550, y en el que quedó
la cultura de los campos de urnas, pero este punto de vista al un recuerdo muy vivo de aquella irrupción, algo desnaturalizado
que se inclinan Gómez Moreno, Menéndez Pidal y Nino Lambo- después en las vicisitudes por que pasó aquel Périplo, hasta llegar
glia ha sido combatido por el propio Bosch, quien hace observar a su última refundición en el siglo iv de nuestra Era, que es la
que las toponimias catalanas terminadas en -dunum, que sólo pue- única que conocemos.
den ser atribuídas a la gente de las urnas, son indudablemente Después de terminada la dedicatória de Probo, pariente o joven
celtas; y han sido objetadas asimismo por Almagro, quien así y pupilo de Avieno, y una vez terminada una alusión a «Gades 11a-
todo estima posible que mezclados con los pueblos de los campos mada antes Tarteso» y a las Columnas de Hércules, se sitúa el
de urnas llegaran hasta el Pirineo grupos procedentes de los Al- autor dei poema, o mejor dicho el redactor dei Périplo, en la Ca-
pes suizos y dei alto Ródano a los que se deba calificar de Ligures. beza de un cabo prominente vuelto al mediodía y al que la anti-
Puesta ya la cuestión en estos términos y viniendo ahora al área güedad denomino Oestrimnido, debajo dei cual se abre un golfo
geográfica del/NW. peninsular.hay que declarar que la cultura de y se levantan unas islãs designadas con el mismo nombre de aquel
Florentino Lopez Cuevillas
38 La civilización céltica en Galicia 39

cabo, y luego de dar estas precisiones geográficas, se refiere a las prendidas entre la de Sein y la de Ouessant. No niega Schulten
gentes que viven en el país y dice: «Aqui hay un pueblo de gran que hubiera otros Oestrimnios, en las tierras dei oeste de nuestra
fuerza, de ánimojevantado, de,eficaz habilidad, dominando a to- península y que fueran arrojados de allí por los Sefes, y trata
3õTT5pãsIón por el comercio; con barcas de pieles cosidas sur- de explicar la aparición de gentes de idêntico nombre en esta re-
can valerosamente el turbio mar y el abismo dei Oceano lleno gión y en la Bretana, suponiendo que la invasión de los ligures
de monstruos; pues ellos no supieron construir sus naves con ma- venida de África y que atravesó Europa, dejó como vestígio de
dera de pino nf de acebo, ni tampoco con el abeto curvaban las su paso denominaciones de tribus iguales en los dos países.
barcas como es costumbre, sino que,' cosa digna de admiración, Por otra parte un grupo numeroso de autores, peninsulares en
siempre construían las naves con pieles unidas, recorriendo con su mayoría, creen que la Oestrimnida corresponde a la actual Ga-
frecuencia sobre tal cuero el vasto mar». licia, y uno de ellos, el pontevedrés Garcia de la Riega, cuyas opi-
Pero no se limita la Ora Marítima a citar sólo en esta ocasión niones se semejan mucho a las que recientemente sostuvo el ale-
a los Oestrimnios, sino que más adelante, y al hablar de la Ofiu- mán Herrmann, precisa sus localizaciones situando- el cabo Oes-
sa, nombre con que se designa por lo menos a una parte de nues- trimnico en el Finisterre, el seno que se abre por debajo de él
tra península, informa que «Fue llamada primero Oestrimnida por- en las rias que existen desde dicho cabo al Silleiro, y estima por
que habitaron sus lugares y campos los Oestrimnicos. Luego mul- último que las islãs Oestrimnidas son algunas de las que se levan-
titud de serpientes ahuyentó a los habitantes y dio nombre a la tan en el interior y en la boca de aquellas rias.
abandonada tierra». Es evidente que esta parte inicial de la «Ora Marítima» está
Estos versos son puestos por Bosch Gimpera en relación con llena de oscuridades, motivadas por la mezcla de informaciones
otros que aparecen algo más adelante, y en los que se refiere como sacadas dei Périplo de que antes hablamos y de otro debido al
«Los Cempsos y los Sefes tienen elevadas colinas en el campo almirante cartaginês Himilcon, y porque los datos relativos al Atlân-
de la Ofiusa», y fijándose en que la palabra Sefes se deja reducir tico de la primera de estas dos fuentes, no se recogieron directa-
a la denominación griega de las serpientes, concluye por afirmar mente en las tierras que se describen, sino que se tomaron de boca
que la invasión de gran número de animales de tal especie que de los marineros tartesios que navegaban por el Mar Exterior, los
expulsa a los Oestrimnios, no significa otra cosa que la entrada cuales a su vez, aunque es sabido que visitaban Galicia en busca
en el país de una tribu o grupo de tribus, que se conoce y desig- de estano y quizá de oro, no es de pensar que pasaran más al
na con el nombre de sus emblemas totémicos o de sus ensenas norte, debiéndose creer que adquirieron noticias de las tierras bo-
heráldicas. reales de Armorica, Ierne y Albion por los marinos gallegos, que
Estaria aqui fuera de lugar el hacer la resena de la serie, real- desde muy antiguo arribaban a ellas, explicándose así el que Avieno
mente notable, de hipótesis y pareceres que se han formulado acerca consignara que la distancia entre la Oestrimnida y la Isla Sagra-
de estos pasajes de la Ora Marítima que hablan dei país Oestrim- da, o Irlanda, era de dos dias de navegación, apreciación de dis-
nico, y bastará con que digamos que mientras unos comentaristas tancia, que es el argumento de más peso para identificar la men-
lo colocan en la Bretafta francesa, otros lo localizan en las regio- cionada Oestrimnida con Bretana, pero al que no debe otorgárse-
nes dei noroeste peninsular. le gran valor por ser muy posible que se debiera a un error de
Tenemos así, por ejemplo, a Schulten que no vacila en situar los informes originales dei primer Périplo o una equivocación en
al cabo Oestrimnico en la punta de Saint Mathieu y el golfo y cualquiera de los textos porque pasó hasta su actual estado.
las islãs dei mismo nombre en los senos que se abren frente a Porque contra la mencionada identificación y a favor de otra
Ias ciudades de Brest y Douamenez y las islitas que quedan com- que, como la de Garcia de la Riega y Herrmann, ponga Ia Oes-
La civilización céltica en Galicia 41
Florentino López Cuevillas
40

poner que aquellos mercaderes navegaran largamente por un mar


trimnida en Galicia pueden traerse a la discusión fuertes argumen- peligroso, en busca de algo que podían obtener, con mayor abun-
tos. Recordemos que Avieno describe aquel país como rico en es- dancia y facilidad, en una tierra mucho más cercana a su punto
tano y que senala como accidentes de su costa, un cabo promi- de salida.
nente cuya mole está «completamente vuelta hacia el tibio medio- Pero sin entrar ahora en esta cuestión dei tráfico dei estano,
día», un golfo que se extiende por debajo dei cabo y unas islãs sobre la que volveremos más adelante, diremos que en el poema
que sobresalen en el golfo y que yacen separadas, y que alude, «Ora Marítima» encontramos dos noticias de alto interés para el
por último, a las barcas de pieles cosidas de que los Oestrimnios estúdio de la cultura que nos ocupa, refiriéndose la primera a la
se servían para surcar «valerosamente el turbio mar». invasión de las regiones deLNW*. hispânico, en los comienzos dei
Muchos de los caracteres mencionados: la existencia de mineral siglo vi, por un pueblo indoeuropeo llamado de los Sefes, la
de estaiio, los senos que recortan la costa y que pueden ser toma- segunda a la existencia, en las aludidas regiones, de un sustrato
dos por uno solo, como ocurre en Mela con las rias de Vigo, indígena, el pueblo Oestrimnico, trastornado pero no expulsado
Pontevedra y"Arousa, que se comprenden en un solo golfo, y la dei país, por los invasores. Y Oestrimnios y Sefes son de este modo
presencia de islãs que hay que considerar cercanas a la costa, con- los dos factores que colaboran en la formación de la cultura de
vienen por igual a Galicia que a Bretana; pero otros detalles: el los castros, debiendo nosotros tratar de inquirir y de determinar
de la inclinación dei cabo hacia el sur y el de los barcos de pie- qué elementos constitutivos son aportación de uno o dei otro de
les, solamente se pueden atribuir a Galicia, porque en primer lu- los pueblos en contacto, teniendo en cuenta que si los Sefes repre-
gar lo mismo la punta de Saint Mathieu que los otros grandes sentan la penetración de la metalurgia dei hierro y de formas nuevas
promontorios bretones se hallan orientados hacia el oeste, y en de armas y de útiles, los Oestrimnios fueron desde luego no sólo
cambio el cabo Finisterre, tan acertadamente identificado con el los más numerosos, sino asimismo los depositários de una tradi-
Oestrimnico por Garcia de la Riega, presenta completamente vuelta ción desenvuelta en muchos siglos en el mismo territorio y los
hacia el sur «la elevada mole de la rocosa cima» y en cuanto custodios de ese algo inaprensible que imprimió carácter y perso-
a los barcos de cuero se encuentran citados por Estrabón como nalidad a nuestras manifestaciones culturales desde que los hom-
usados en la Galecia antes de la expedición de Decimo Junio Bruto, bres pisaron el suelo de Galicia.
para navegar por los estuários y lagunas. Estas embarcaciones que Hay en la ria de Arousa, frente a la villa marinera de Rianxo,
fueron también empleadas por otros pueblos, no parecen haber una pequena punta conocida por el Neixón, en cuya extremidad
sido conocidas por los armoricanos, cuyos barcos, en el tiempo batida por el mar en tres de sus lados, existe un ingente montón
de las guerras de las Galias, sabemos por César, que solo tenían de tierra, piedras y valvas de moluscos al que designan, sin duda,
de cuero las velas, siendo el casco de madera, muy alto y con por su aspecto de parapeto, con el nombre de Castro Pequefto,
proas y popas reciamente acondicionados para resistir el embate y a alguna distancia hacia el interior se ve un recinto circular for-
de las olas. tificado con terraplenes al que se Uama Castro Grande. Pues bien,
Un argumento más en favor de la localización que propugna- el Castro Pequeno tiene el mérito de ser la única estación arqueo-
mos nos Io proporciona el mismo Avieno cuando afirma que la lógica que nos refleja la primera época de la invasión Sefe, y que
Oestrimnida era visitada por los mercadercs tartesios que iban allí nos ofrece un complejo en que cosas traídas por dichos invasores
a buscar estaflo, metal que era conocido y beneficiado en Galicia se mezclan con las que son propias de los antiguos habitantes Oes-
desde los primeros tiempos dei bronce y que provoco un fuerte trimnios. A ellos pertenece una valva entera y la mitad de otra
movimiento industrial, resultando en consecucncia absurdo el su- destinadas a la fundición de hachas de bronce de las llamadas
Florentino López Cuevillas La civi/ización céltica en Galicia 43
42

de tubo; una especie de pendientes bicónicos, asimismo de bron- to de Elora, en la desembocadura dei Tambre, que recuerda viva-
ce, y la mitad de una pulsera de la misma aleación, estrecha, pla- mente a los germanos asentados asimismo a Portugal.
noconvexa y decorada con semicírculos enfrentados, de un tipo Pero aun admitiendo estas mezclas creemos que el núcleo fun-
corriente en la transición dei Bronce al Hierro, pêro que en vez damental que caracterizaba de un modo más recio a los invasores
de entrar en Galicia por tierra como entró en Catalufla, conduci- indo-europeos era un núcleo celta, y creemos también que fue lo
da por las gentes de los campos de urnas, vino por mar desde suficientemente fuerte para celtizar por entero al país invadido,
Bretana, donde abundan las pulseras de esta clase en el depósito y que no se limito como algunos opinan a ocupar los territorios
que en Estrabón y en Plinio aparecen habitados por tribus que
de Bignan, relacionado geográficamente con el de Bard, en el de-
reciben el nombre de célticas, sino que se extendió por todas par-
partamento de Loire, en el que existen ejemplares con decoracio-
tes dejando siempre claras huellas de su paso.
nes casi idênticas a las dei ejemplar gallego. Como claramente de-
Es cierto que Estrabón al describir nuestra tierra sólo habla de
bidas a los Sefes se recogieron en el Castro Pequeno una cacha
unos Céltigos que vivían alrededor de los Artabros, y de los que
de una navaja, hecha en hueso y adornada con círculos estampa-
dice que eran parientes de los que moraban en las riberas dei rio
dos, igual a otra de la necrópolis de Hallstatt; una fíbula de pie
Anas, relatando luego la leyenda de su viaje y separación; y es
largo y unos fragmentos cerâmicos en los que aparecen unas inci-
cierto asimismo que Plinio califica sólo de céltigas a las tribus
siones, estrechas y poco profundas, que trazan en un fragmento
de los Nerios y de los Presamarcos, como si fueran éstas las úni-
unas líneas oblicuas y en otro unos rombos que componen una
cas que merecieran tal designación étnica; pero en contraste con
especie de ancha retícula. estos datos hay otros que dan a los celtas una extensión mucho
Y llegados aqui es necesario que nos preguntemos cuál era la mayor.
filiación étnica de los pueblos indígenas y de los pueblos invaso-
Tenemos, en primer lugar, los testimonios de Heredoto, de Efo-
res. Respecto a los primeros si no queremos enrolados en el gru-
ro y de Eratóstenes que afirman, aunque de un m o d o muy gene-
po ligurista, nada se puede decir, y sólo nos limitaremos a llamar
ral, que el occidente de la Península se hallaba habitado por los
la atención sobre el hecho de que el nombre de la tribu galeca
celtas; luego el propio Plinio al precisar la situación de las Casite-
de los Albiones, instalada entre los valles inferiores dei Navia y
rides las sitúa frente a Celtiberia, entendiendo con entera eviden-
dei Eo, tenga su exacto correspondiente en la Inglaterra pregala,
cia por tal, no la Celtiberia interior y mesetana, sino sencillamen-
y que el nombre de la tribu o pueblo de los Oestrimnios, aparez-
te una tierra litoral de la Península Ibérica, habitada por celtas,
ca también en la península armoricana bajo la forma de Ossisi-
que teniendo en cuenta la marcha dei relato pliniano y las noti-
mios, hecho que cobra un interés extraordinário si tenemos en cuen-
cias concordantes de Estrabón, no puede ser otra que la Galicia,
ta las relaciones dei NW. peninsular con Bretana y con Inglaterra
de la que se viene a afirmar, que por lo menos en la costa se
patentes desde la época megalítica.
hallaba habitada por los celtas. Y finalmente Mela, cuya descrip-
Por lo que toca a los invasores, se les otorga generalmente una
ción de nuestras costas es la más exacta y detallada de todas las
filiación celta, aunque sea bien tener en cuenta que en un despla-
que nos dejaron los geógrafos antiguos, se conforma con los da-
zamiento de pueblos que recorren dilatados caminos tienen que
tos de Plinio que acabamos de mencionar, y asegura que todas
ocurrir los fenómenos de incorporación que 'desvirtúan más o me-
las gentes que viven en la costa que va desde la desembocadura
nos la pureza primitiva, por lo cual no es nada extrafio que se
dei Duero hasta los Artabros, y también esta misma tribu, son
seftalen en Galicia gentes germanas como las que en Lugo hicie- celtas.
ron dedicaciones a la diosa Poemana, epónima de una tribu de
Desde otro punto de vista y aunque nos limitemos a utilizar
dicha naturaleza o como los que dieron su denominación al puer-
44
Florentino López Cuevillas

los n o m b r e s de lugar t e r m i n a d o s en brica, briga o dunum, cuya LAMINA I

celticidad es universalmente a d m i t i d a , nos encontramos con que


estos nombres no aparecen sólo en u n a s determinadas comarcas
sino que se esparcen p o r t o d o el NW. peninsular, y así Adobricà
y Brigando se senalan en los Artabros; Lambrica en un lugar no
bien precisado al sur dei rio M i n o ; Aobriga en el valle dei Táme-
ga o muy cerca de él; C a l a d u n u m entre Braga y Chaves; Longo-
brica en la localidad dei M a r c o de Canaveses; Celiobriga en los
términos de la tribu de los Celerinos en el valle dei Cábado, Abo-
brica en los Grovios; Valobriga en los Nemetatos; Tuntobriga en
un lugar i n d e t e r m i n a d o dei convento jurídico bracarense; Calubri-
ga en los Gigurros, cerca de la Rua de Petin, y Nèmetobriga en
los Tiburos, de seguro en las inmediaciones de la actual villa de
Trives. A estos nombres, que a veces son por completo celtas como
en el caso de N e m e t o b r i g a y q u e otras Io son sólo en su termina-
ción, podemos aftadir las denominaciones tribales de Lemavos, Ne-
metatos y Turodoros q u e tienen correspondências en las Galias,
f o r m a n d o así u n c o n j u n t o de cuyo examen debe destacarse que
la inmensa mayoría de los n o m b r e s en él comprendidos, se locali-
zan en el sur de Galicia y en las regiones dei N. de Portugal,
lejos por tanto de los lugares o c u p a d o s por las colectividades que
Estrabón y Plinio califican de celtas y que demuestran la exten-
sión alcanzada por este pueblo en t o d o el NW. de la Península.
Por otra parte una localización restricta de los Sefes, un asen- ^Arriba izqj. Detalle de "El Galo Moribundo",
tamiento o domínio establecido tan sólo en algunas comarcas, ten- en el que se aprecia la hermosa cabeza,

Celtas
cuello con torques y parte dei torso de una
dría que reflejarse por fuerza en los fenómenos culturales y que
estatua en mármol que figuro
producir una matización especial, según las tierras que fueran ocu- originariamente en Pérgamo, Asia Menor,
p a d a s o no por los invasores, pero lejos de ocurrir esto nuestra como representación arquetípica de
cultura de los castros ofrece una_notable uniformidad, y los mis- "El Buen Salvaje" celta, por el arte
grecorromano.
m o s m o n u m e n t o s funerários aparecen en las cercanias de Guima-
raes, que en las inmediaciones de Orense, que en el valle inferior ^Arriba der.). Estatua levantada a Ambiorix,
rey de los Eburones, erigida en el siglo XIX
d e Navia, en la Astúrias occidental; y las mismas casas de pare- en Tongern, Bélgica, a dicho caudillo celta.
des curvas se encuentran cerca dei Duero que en las orillas dei
(Abajo izq.). Poco después de que la
m a r de La Corufta, e idênticas espadas, fíbulas, joyas y decora-
IV República Francesa diera fama
ciones carámicas se registran en las riberas dei Ave que en la mon- 20 CIGARRÍUOS internacional a una marcha de cigarrillos
HÍ8RA
taria de Lugo. fGaulois;, se impondria en Espana otra
marca: Celtas.
LAMINA II

L A M I N A III

L A CORUNA
•OVÍEOO

•LUGO

•L€ON

•PALENCIA

•0Rji6ANCA
•BRAGA •VALLAOOLIO

PORTO

•SALAMANCA SEGOVIA •

Expansión céltica en ta Europa prehistórica.


•AVILA

IIMBRA

Area de manifestación de la llamada "civilización castrena" en el N.W. de la Península


Ibérica. En la zona rayada se manifestara asimismo siempre con mayor intensidad.

Casa circular de tradición castrena.


Santa Trega. Pontevedra.
Distribución territorial en et N.W. hispano tras los asentamientos célticos.
LAMINA l\ L A M I N A V

CONVENTUS CONVENTUS
LUCENSIS \
LUCUS AUGUSTI AfcTURUM

CONWH
ASTUKICA CIUNIENSIS
A U G U S T A

CONVENTUS L CLUHIA
BRACARAUGUSTANUS
o RRACARA AUGUSTA

HISPÂNÍA ULTE"Rfet/'*LUSITANIA
POSIBLE D I V I S I O N E N D I O C E S I S A N T E S DE LA D I V I S I O N C O N V E N T U A L

G A U A E C I A Y ASTURIA T A R R A C O N E N S I S B i CANTABRIA

Mapa arqueológico de La Coruna en el que se indican diversos yacimientos, explotacio-


nes mineras y restos arqueológicos a datar de la Edad de! Bronce (iprecélticos?)

Província de La Coruna 15. Ordenes y su comarca.


1. Ortigueira y su comarca. 16. Villasantar.
2. Puentes de Garcia Rodriguez, Goente, La Boliquera. 17. Sobrado.
3. Taboada (Puentedeume). 18. Togues.
4. La Coruna (afueras de la capital). 19. Mazaricos (Rio Jallas). Grupo II.
5. Corme (Ria de Lage y Corne). 20. Negreira (Rio Tambre).
6. Dombate (cercanias de la aldea de Bomeiro-Lage). 21. Negreira (afueras de la Ciudad).
7. Cerceda. 22. Santiago de Compostela.
8. Vimianzo. 23. Enfesta (La Bacolla).
9. Mondime. 24. Arzua.
10. Verdoyas (Rio dei Castro). 25. Mellid.
11. Barca dei Ezaro (Rio Jallas). 26. Touro.
12. Puente Olveira (Rio Jallas). 27. Santiso.
1. División administrativa dei N. de Hispania durante el Alto Império. 13. Bradomil (Rio Jallas). 28. Noya (Lousame).
14. Mazaricos (Rio Jallas). Grupo 1. 29. Rianjo.
2. Id. durante et Bajo Império.
L A M I N A VI LAMINA VII

Mapa arqueológico de Orense en el que se indican diversos yacimientos, explotaciones


mineras y restos arqueológicos a datar en la Edad dei Bronce (iprecéíticos?)

Província de Orense
1. Cea (Carballino). 21. Calvos de Radín (Rio Salas).
2. San Facundo (Carballino). 22. Radín. Grupo IV.
3. San Facundo (cercanias dei Rio Arenteiro). 23. Radin. Grupo S.
Mapa arqueológico de Lugo en el que se indican diversos yacimientos, explotaciones 4. Celanova. 24. Tamaguelos. (Comarca de Verin).
mineras y restos arqueológicos a datar en la Edad de Bronce (iprecélticos?). 5. Arcos. 25. Fraira (C. de Venn).
6. Laguna de Antela. 26. Progo (C. de Verin).
Província de Lugo 14. Villalvita (Lugo). 7. Villar de Santos (Comarca de Ginzo). 27. Villaverdós (C. de Verin).
1. Vivero. 15. Alta (Lugo). 8. La Sainza (junto al Rio Limia). Comarca de Ginzo. Grupo I. 28. Laza (Rio Camba).
2. Ferreira. 16. Palas de Rey. 9. La Sainza. Grupo II. 29. Barbadanes.
3. Oreba (C. de Mondonedo). 17. Camporredondo. 10. Rairiz de Veiga (Rio Limia). 30. Gomesende.
4. Mondonedo. 18. Monterroso. 11. Sabucedo (Ginzo). 31. Pademe.
5. Santavalla (cercanias de Villalba). 19. Taboada. 12. Bande (Rio Limia). 32. Carballeda (C. de el Barco).
6. Villalba. 20. Paradela (Rio Mi Ao). 13. Calbos (Comarca de Bande). 33. Bembride (Rio Camba).
7. La Parrocha (Villalba). 21. Castro de Rey. 14. Lo bera (Comarca de Bande). 34. Chadreja de Queija (Rio Navea).
22. Sobrado (Rio Mi fio). 15. Entrimo (Rio Limia). 35. Asadur.
8. Pastoriza.
23. Sarriá. 16. Cabaleiras (Rio Limia). 36. Piedrafíta.
9. Reigosa.
17. Oleias. 37 Villar dei Barrio.
10. Castro dei Rey. 24. Puebla do Brollón.
18. Illa (Rio Limia). 38. Lucenza.
11. Quintela. 25. Vilachá (Comarca de Monforte do Lemos).
19. Mámoas de Salas (conservado en toponímia). 39. Parano.
12. Otero dei Rey. 26. Parada (Rio Loi).
20. Calvos de Radín (Rio Salas). 40. Abelo (Comarca de Rivadavia).
13. Parga. 27. Puebla de Brollón.
L A M I N A VIII
La civilización céltica en Galicia 45

Pero esta unidad, que tiene una tan firme expresión, está ela-
PONTEVEDRA borada dentro de nuestro país, y si podemos reconocer la proce-
28 26' 25
dência clara de muchas formas, cuyos prototipos son evidente apor-
tación dei pueblo Sefe, tenemos que declarar también que el acen-
to personal, la originalidad que distingue a nuestras manifestacio-
nes culturales de otras vecinas y coetâneas, reside no en las gentes
invasoras y forasteras, sino en las antiguas identificadas secular-
mente con el país, y a las que el país mismo dotó de un caracter
determinado.
Porque hay algo que sobrenada en el agua de las inundaciones
y que vuelve a brotar entre la tierra de los derrumbamientos, algo
que transforma los elementos importados y que se impone terca-
mente en todas las contingências, que no se sabe exactamente dónde
reside, pero cuya presencia se adivina en todos los casos. Los ro-
manos llamaban a un ser que encarnaba un concepto semejante,
el genius loci. Pues bien, aunque los Sefes, pueblo celta que trans-
formo el aspecto de la vida en el NW. hispânico, se extendieron
• ObtflON ít (>• •!•'< f
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por todo su âmbito y Uevaron sus peculiaridades a los más escon-
• 0»">»n O didos rincones, fue en definitiva el pueblo precelta de los Oes-
trimnios el que dijo la última palabra, conservando parte impor-
tante de sus creaciones y haciendo suyas e imprimiendo su sello
a las creaciones de sus invasores y dominadores.

Mapa arqueológico de Pontevedra en el que se indican diversos yacimientos, explotacio-


nes mineras y restos arqueológicos a datar en la Edad dei Bronce (iprecélticos?)
Província
incia ddoe Pontevedra ...... —
1. Artono (Lalin). 21. Lebozan (Rio Deza). 42. Meaho.
2. Borrajeiro (Lalin). 22. MiHerada (Rio Deza). 43. Poyo.
3. Borrajeiro (segundo grupo). 23. Dozan (Rio Deza).
44. Cernadelo (Rio Verdugo).
4. Golada. 24. Lebozán (Grupo segundo). 45. Arcada (Rio Verdugc).
5. Galecos (Rio Deza). 25. Oca.
26. Ribeiro. 46. Bueu (Ria de Pontevedra).
6. Moimento (Rio Deza). 47. Cangas (Ria de Pontevedra).
7. Cadrón (Rio Arnego) 27. Callobre.
28. Paradela. 48. Domeyo (Ria de Vigo).
8. Moimento. 49. Pazos do Borbem.
9. Ventosa (Rio Arnego). 29. La Estrada.
30. Catoira. 50. Comarca de Vigo.
10. Ooyas (Lalin). 51. Plôeiro (Rio Toa).
31. Valga.
11. Von tosa (Grupo segundo). 52. PuentcAreas (Rio Tea).
12. Ventosas. 32. Arcos de Furcos. 53. Porriho.
13. Rodeiro (Lalin. Rio Arnego). 33. Cesar (Rio Umta).
54. Guillada.
14. Rodeiro (Grupo segundo).
34 La Estrada.
55. La Caniza. Presunta restauración de una embarcación típica dei Bronce Atlântico construída
35 Nigoi (Rio Umi.i)
15. Rodeiro (Grupo tercero). 36. Barro 56. Chenlo (Rio Louro). mediante «cosido» dei tablazón (siglo viu a. de C.). River Humber (Inglate-
16. Rodeiro (Grupo cuarto). 57. Gondomar.
37 Ct*l*seda (Rio Umia).
17 Lalin. •>fl- roicarey. 58. Bayona (Ria de Vigo). rra). Este tipo de embarcación fue posiblemente conocido y utilizado en el NW.
18. Alcama (Rio Arnedo) 59 Nievas
19 Albarellos.
39 Pardesoa
60 Oya de Esparta. (De S. Piggot)
40 M"is. Rrvadumia (Cambados). 61. Goyan
20 San Bartolome (Rio Deza). 41. Cercado
62 Curros
2
EL MARCO GEOGRÁFICO

E
n general puede decirse que el marco geográfico de nues-
tras culturas prehistóricas es no sólo la actual Galicia, sino
toda la región natural que se conoce con el nombre de Ma-
tizo galaico-duriense, región de costas, en trechos rectas, como
entre el Duero y el cabo Silleiro, pêro recortadas casi siempre en
senos que en las rias bajas se hacen muy profundos; tierra de
viejas montanas erosionadas que por el Este se levantan todavia
hasta los 2.000 metros de altura, de valles formados en ocasiones
por depósitos terciários o cuatemarios, y de extensas penillanuras
en las que los cursos fluviales abrieron surcos estrechos y hondos.
Pero las culturas prehistóricas no siempre encajan con exactitud
en el escenario geológico, y si en algún momento lo sobrepasan
en otros no llegan a ocuparlo en su totalidad, y así por ejemplo
la comarca dei Bierzo, la de Valdeorras, el partido judicial de Viana
do Bolo y una parte considerable dei de Trives, permanecen ajenos
por completo a nuestra cultura megalítica, que en su período ini-
cial se extendiera en cambio al Sur dei Duero, abarcando territó-
rios que luego habían de diferenciarse de las formas primitivas,
por la mayor riqueza y variedad de las suyas. En los tiempos
avanzados dei Bronce, los depósitos y los tesoros que los repre-
sentaban, se colocan de modo principal en las costas, por ser se-
guro que en ellas estaba la máxima actividad dei comercio de los
metales, y se prolongan por toda Astúrias y aun por León, y por
último en la época natural son teatro de una serie de penetracio-
nes y <le intercâmbios con las culturas vetinas, que crean una se-
rie de zonas grises en las que es difícil trazar netas líneas divisórias.
Florentino López Cuevillas 49
48 La civilización céltica en Galicia

El Macizo galaico duriense fue comprendido por los romanos a motivos étnicos, siendo probablemente su causa razones politi-
en unión de la montafía astur e incluso y hasta de algunas por- cas relacionadas con la guerra cántabra, y el recuerdo de la vieja
ciones de la Meseta leonesa, en la província que se designo con unidad quedó todavia vivo.
el nombre de Gallaetia, que se hallaba dividida en los tres con- En las estrofas de un poeta, que si bien cometió a veces ana-
ventos jurídicos de Lucus, Bracara y Asturica, pero estas divisio- cronismos, es digno de crédito por su erudición, por haber sido
nes de carácter administrativo, no tenían una exacta significación dueno de una magnífica biblioteca y por tener manejado para com-
etnológica, pues mientras que los galecos propiamente dichos, o poner su poema las obras de antiguos analistas más que la histo-
lo que es lo mismo, los habitantes de los términos jurisdiccionales ria de Tito Livio, y que conocía además con detalle los pueblos
de Bracara y Lucus y de la porción occidental dei de Asturica, peninsulares, en la Púnica de Silio Itálico, los Lusitanos y los Ga-
constituían un solo pueblo, que los escritores antiguos asimilaban lecos se juntan para combatir en el ejército de Aníbal, b a j o las
o relacionaban intimamente con los lusitanos, vecinos suyos por órdenes de Viriato, su héroe nacional, que en esta ocasión apare-
el Sur, los A t u r e s , con los que limitaban por el Este, aparecen ce más bien que como un personaje real, como un símbolo y un
en los textos clásicos como diferentes de los Galecos. recuerdo de la primitiva unidad. Pero en cambio Silio considera
Para Estrabón, que utiliza en este caso informes de Posidonio a los Astures como un pueblo diferente, dándoles c o m o padre a
y sobre todo de Polibio, todo el país comprendido entre el Tajo Astyr, el escudero de Memnon, y como jefe a Erdo, «cazador in-
en su curso inferior, y el cabo Ortegal, se designa con el nombre fatigable que recorre las cumbres dei Pirineo».
de Lusitania y una de las tribus que en ella vivia, la de los Gale- Tiene esta diferenciación un valor muy significativo, porque la
cos, sirviera para otorgar una denominación común a la parte más política romana que desprendiera la Galecia dei solar lusitánico
numerosa de las tribus lusitánicas, y por el contrario los Astures, se orientaba, de seguro por las conveniências de la administración
a pesar de que como los Cántabros llevaban una vida tan ruda de las minas de oro, en el sentido de juntaria con Astúrias. Se
como la de aquellas tribus, son nombrados aparte y como algo creó primero un legado para Asíuria et Gallaetia, que dependia
que quedaba fuera de la Lusitania. dei gobernador de la Tarraconense, y más adelante, en el afio 216,
Por otra parte, y demostrando la hermandad de Galecos y Lu- se constituyó con los conventos jurídicos de Bracara, Lucus y As-
sitanos, los vemos luchando constantemente juntos contra el po- turica, la província de la Hispania Nova Citerior Antoniana, que
der de Roma. La expedición de Décimo Junio Bruto fue, según llamándose ya Gallaetia, subsistió después de la reforma de Dio-
Pablo Orosio, una consecuencia de la activa participación de las cleciano, incorporada a la diócesis hispânica.
gentes dei Norte dei Duero en las guerras de Viriato; la incursión Pero el nombre de Galecia, lo mismo que el de Galecos, se re-
de Publio Licinio Craso y su viaje a las Casitérides, se verificaron servó en el uso corriente para designar tan sólo el territorio y
a continuación de una victoria de este magistrado contra los lusi- las gentes de los conventos de Braga y Lugo, recibiendo en cam-
tanos, y por último el viaje marítimo de Julio César hasta Bri- bio el país y los pueblos, o por lo menos parte de ellos, compren-
gantio, epiloga la campafta feliz contra los Herminios de la Serra didos en la jurisdicción de Astorga, las denominaciones de Astú-
da Estrela. rias y de Astures.
Galecia y Lusitania no aparecen separadas por el rio Duero dei Floro cita en un lugar de su Epítome, a los Lusitanos, los Cel-
modo en que la encontramos en Plinio, sino después de las nue- tas y a todos los pueblos de la Galecia y en otro a los Astures.
vas divisiones provinciales llevadas a cabo por Agripa en el afio Plinio dice que el rio Duero hacia el limite entre los Vetones y
27 a. C. y por Augusto 20 aftos más tarde, que escindieron la la Asturia y entre los Galecos y la Lusitania, afirmando más ade-
Lusitania de la Hispania ulterior. Pero tal separación no obedeció lante que los caballos thieldones y asturcones se criaban en Gali-
5/
La civilización céllica en Galicia
50 Florentino Lopez Cuevillas

Tal ocurre con la diosa Navia registrada en dos ocasiones en


cia y en Astúrias, y hablando asimismo dei oro peninsular, dice lugares inciertos de Galicia, en Nocelo da Pena, en San Xohan
que salía de Galecia, de Lusitania y sobre todo de Astúrias, y de Camba, en Baltar y en S. João de Pedregao Pequeno, y que
solamente en una ocasión, cuando coloca la tribu de los Zoelas viene a aparecer también en Alcântara, e idêntico fenómeno se
dentro de los términos de la Galecia, extiende este nombre hasta da con Bandua, representada en dedicaciones de Codesás, Mixós,
comprender un territorio incluído en el convento asturicense, qui- Eiras, Braganza, Villaza y Ribeira da Pena, y que se extiende por
zá por considerar galecos a los mencionados Zoelas con indepen- Lusitania hasta Esmolfe, Brozas, la Mezquitilla y Ciudad Rodrigo.
dencia de su asignación a la jurisdicción de Astorga! Mela, por En el onomástico personal que nos fueron restituyendo las lápi-
su parte, asegura que toda la costa desde el Duero hasta los Arta- das se percibe un hecho semejante al que observamos con los nom-
bros está ocupada por Céltigos y que después comienzan los As- bres de las divinidades. Es muy general que las denominaciones
tures, a los que ya no otorga ningún calificativo étnico. Marcial personales propias de los países cántabros, astures y galaicos se
menciona a las Astúrias auríferas, y cuando alude al oro galeco extiendan hacia las regiones meridionales, es decir hacia la Lusita-
proclama que es el Ástur quien lo arranca de la tierra, y por últi- nia y la Bética, pero ni este movimiento emigratorio, posterior desde
mo lo mismo en el Anónimo de Ravena que en el monje Beato luego a la conquista romana, ni la atracción de los centros urba-
que recogen tradiciones dei Mapa Mundi romano, Galecia y As- nos, que congregaban como ocurre hoy, gentes de muy distinto
túrias aparecen separadas bajo la designación de sus nombres res- origen, fueron motivos suficientes para que los onomásticos de
pectivos. Galecia y Astúrias aparezcan unificados. Por el contrario en un
Basta por lo tanto con la mención de estos datos para com- grupo de 150 nombres registrados en los dos países encontramos
prender que para los autores clásicos anteriores a Augusto, la Lu- 70 que son propios dei distrito de Asturica y que no se encuen-
sitania y la Galecia formaban un solo cuerpo, que se escindió por tran en los de Bracara y Lucus, en los que hay 60 sin correspon-
razones de conveniência, y que por el contrario Astúrias fue teni- dência astur, encontrándose sólo 20 comunes en las dos regiones,
da siempre como un país aparte, y que a pesar de su unión polí- debiéndose advertir que algunos de estos personales como Rebu-
tica con los países puramente galecos se la distinguió siempre de rro, Boutio y Tritio ocupan un área peninsular muy extensa y que
ellos, fenómenos ambos que fuera ya de los textos se reflejan tam- otros como Arquio, Bloena, Clutamo y Pisiro quedan situados en
bién en los monumentos epigráficos. Braganza y Aliste, es decir en la raya de los conventos de Braga
Pese a la no muy fuerte densidad en inscripciones de época ro- y Astorga o muy cerca de ella.
mana de los conventos de Lugo y Braga, cuentan con una canti- • Y una vez dicho lo que antecede es necesario que examinemos
dad tan considerable de nombres divinos indígenas, que no tiene el problema dei âmbito geográfico de nuestra cultura de los cas-
igual en ningún otro país peninsular. Corresponden los más de tros desde un punto de vista arqueológico y que veamos si las
ellos a deidades locales y gentilicias, que por su misma naturaleza conclusiones que se deducen de este examen coinciden con los da-
y por la limitación dei área de su culto, no alcanzaron gran po- tos que nos proporcionan los textos y la epigrafia,
pularidad, siendo por lo general singulares los epígrafes que a ellas Como ya indicamos, el limite entre la Galecia y la Lusitania
se refieren. Pero es de notar que en cuanto aparece algún numen quedaba determinado por el curso dei Duero, pero al Sur de este
que por el localismo y multiplicidad de las adjetivaciones muestra rio, lejos de encontramos con una continuación de las formas de
tener un carácter más generalizado, este numen se encuentra tam- nuestro círculo, tropezamos con un complejo en el que sin dejar
bién en la Lusitania, y sólo raras veces se insinúa en la raya fron- de hallarse éstas representadas, aparecen elementos característicos
teriza con el convento astur y en el territorio de tribus occidenta- dei Alto Aragon y de la Celtiberia, y finalmente otros, venidos
les que debemos creer galecas.
53
Florentino López Cuevillas La civtlizactón céltica en Galicia
52

dei Sur, es decir dei mismo lugar de donde arribaron en la época que perdurara sólo en la lengua, en las costumbres y en las insti-
megalítica influjos que rompieron la primitiva unidad que existia tuciones políticas y sociales.
entonces en casi la totalidad dei occidente de la Península. Tenemos, en consecuencia de lo que llevamos dicho, que la lí-
Como cosas relacionadas con nuestros castros tenemos que con- nea dei Duero servia de limite a dos culturas con características
siderar el monumento funerário estudiado por Mario Cardozo casi arqueológicas diferentes, pêro que en otros aspectos habían con-
en la misma margen izquierda dei Duero, las casas redondas dei servado cosas comunes lo bastante significativas para que los geó-
castro de Coroas Reais y quizá dei de Moimenta, en la Beira Alta grafos e historiadores clásicos no se pararan a apreciar aquellas
y su continuación en el de Saldeana, ya en la provincia de Sala- características diferenciales.
manca, un interesante grupo de joyas, entre las que citaremos los Siguiendo rio arriba el valle dei Duero, tropezamos en seguida
torques de Malhada, Serrazes, Almoster y Pragança, emparenta- con el círculo cultural de los verracos, que matizado de un m o d o
dos con toda evidencia con los torques, castreftos, y aun las tu- o de otro, se expande hacia el Nçrte contactando con nuestro cír-
mulas de Chão de Lamas, de Viseu y de Pragança que parecen culo de los castros hasta que ambos llegan al Cantábrico.
tener su lógico antecedente en la de Cabeceiras de Basto. En el primer tramo, notamos, en primer lugar en el Este y aun
La influencia de las culturas celtas aragonesas y casteilanas se en el centro de la antigua provincia de TVas-os-Montes, una ver-
acusan en las cerâmicas dei castro de S. Miguel, en la Beira Bai- dadera invasión de elementos típicos de dicho círculo de los ve-
xa; en fragmentos cerâmicos de Conimbriga y de Chibanes, con rracos. La fíbula de Vinhaes y las conservadas en el Museo Re-
estampaciones iguales a las aparecidas en las Cogotas y en el Ce- gional de Braganza son iguales a las de Castilla; en los castros
rro dei Berrueco; en armas como la espada de antenas degenera- de la comarca de Chaves se ven más casas cuadradas que redon-
das de Alcácer do Sal, y en los torques de plata de tipo mariáni- das y en algunos de ellos, como por ejemplo en los de Cidadelha
co como los de Chão de Lamas, Monsanto, Monforte, Vila Velha y Carvalhelhos, se encuentran campos defensivos de piedras hin-
de Rodào y Torres Vedras, introducidos desde luego a favor de cadas, y por último las esculuras zoomorfas que dan nombre a
un movimiento que traía la misma dirección que el que lanzó ha- aquel círculo aparecen en Murça, Torre de Dona Chama, Bragan-
cia occidente las armas y las cerâmicas antes citadas. ça, Parada de Infançoes, Cabanas de Moncorvo, Acoreira y Mal-
Más importante fue aún el influjo meridional, ejercido de segu- hada, pareciendo deducirse de los datos incompletos que posee-
ro a través dei comercio púnico, y bien perceptible desde los Al- mos la existencia de una zona de contacto, más o menos influída
garves al Duero, en el vaso de Faro, en otro vaso en forma de por las dos culturas limítrofes, cuyo centro puede ir por la divisó-
biberón de la Torre de Ares, en los hallazgos de la Fonte Velha ria de aguas de Túa y dei Hiela.
de Bensafrim, en las cerâmicas griegas dei castro de Azougada Más allá de Braganza y de la tierra de Aliste sigue la comarca
y de Alcácer do Sal, en los huevos de avestruz, en las lucernas, sanabresa que se une por Carballeda con el Bierzo y los Montes
el escarabeo egipcio y las placas de marfil de esta estación, en de León que parten aguas entre el Sil y el Esla. Todo este país,
las ânforas de Chibanes, en los vasos con adornos pintados de en el que los datos arqueológicos son poco abundantes, se junta
Lisboa, estaciones de los alrededores de Figueira da Foz y Co- con las tierras dei Bolo, Valdeorras y Trives, de las cuales no te-
nimbriga y en las numerosas cuentas de collar de vidrio o de pas- nemos tampoco gran información, sabiéndose tan sólo que en toda
ta vítrea repartidas por numerosas localidades lusitanas. esta parte dei convento asturicense hay castros, cuyo número dis-
No es posible percibir en un medio_arqueológico tan diverso minuye algo en Sanabria y más al pasar de los Montes de León
y complicado los vestígios de la unidad occidental afirmada por a la Meseta, y que en el castro berciano de Valtuille sè encontró
los textos y por la epigrafia, pudiéndose creer* con fundamento, una laja de esquisto negro, con agujeros para el paso de unos
55
La civilizoción céltica en Galicia
54 Florentino López Cuevillas

ravia, tienen la espada de bronce de Sobrefoz, los torques y las


clavos que debían fijarse en una pared, pareciendo en consecuen- diademas dei tesoro de Cangas de Onis, las piezas de
cia tratarse de una guarnición de puerta, decorada con un motivo uso indeterminado, dei Museo de Valença de don Juan y dei Ar-
de entrelazados dei mismo tipo que los que aparecen en estacio- queológico Nacional, y aun las «pallozas» de paredes curvas, des-
nes dei Minho português y dei Sur de Galicia. cendientes probables de las casas castrefias de planta semejante,
En la porción oriental dei territorio astur, el material de Lan- que aparecen en braflas de pastores, muy en el interior dei P n n -
cia, de Vega de Magaz y de Morgovejo, especialmente las fíbulas, cipado. # *
encaja dentro dei cuadro de cultura de los verracos, pero es muy Resumiendo, para terminar, lo que dejamos expuesto podemos
posible, en cambio, que la región dei antiguo Bergidum, los valles considerar <Jue el âmbito geográfico de nuestra cultura de los cas-
dei Bibey y dei Xares y las comarcas en que vivían los Tiburos tros queda limitado al Sur por la corriente dei Duero y al Este
y los Gigurros, participaran más que de aquella cultura de la tipi- por una línea que va entre el Túa y el Tuela, que pasa luego por
camente castrena, apoyándose este parecer nuestro no sólo en el las Portillas, abarca a continuación el Bierzo, cruzando por la di-
dato dei hallazgo en el castro de Valtuille de la guarnición de puerta visória dei Sil y dei Esla y continúa hasta el Cantábrico por lo
de que hablamos antes, sino también en la presencia de habitacio- alto de la Sierra de Ranadoiro. Comprendemos que esta delimita-
nes de plantas curvas en las regiones de la Gudina y Viana. ción es atrevida en lo que toca a vários tramos de su recorrido,
Al llegar a la Meseta, como observo Gómez Moreno, el núme- pero nos arriesgamos a proponerla, aun con peligro de error, por-
ro de castros desciende, pero vuelve a incrementarse en la monta- que desde su salida de Tras-os-Montes y su entrada en la provín-
na leonesa, como ocurre asimismo en la porción occidental de As- cia de Zamora coincide con bastante exactitud con la frontera lin-
túrias, habitada por la tribu de los Albiones, perteneciente al con- güística dei gallego con el Castellano y con el bable.
vento lucense. En este país las excavaciones de los castros de Coa- Y aun careciendo como carecemos de estúdios hechos con cri-
na y Pendia nos mostraron su completa filiación en nuestra cultura, tério histórico sobre las razas bovinas que viven en el área que
registrándose en ellos no sólo casas de paredes curvas, sino tam- suponemos asiento de la cultura que nos ocupa, haremos obser-
bién monumentos funerários como los de Citania de Briteiros, de var que en las zonas de contacto con el círculo de los verracos
Santa Marifta das Augas Santas y otras estaciones dei Norte de aparecen las razas mirandesa y las llamadas vianesa y caldelá, de
Portugal. pelo y mucosas oscuras, que según las comarcas se cruzan más
En el oriente de Astúrias el castro de Caravia, explorado ya o menos con otras razas de pelo amarillento que predominan en
hace aftos por Aurelio dei Llano, y en el que aparecieron los pa- el resto dei país, divididas en las llamada raza barrosa, bastante
vimentos de barro pisado de algunas cabafias rectangulares, fíbu- corpulenta y de mucosas claras, y la llamada en Portugal «min-
las zoomorfas o de La Téne, una espada de largo espigo y otro hota» y en Galicia «pisca», de talla pequefta, de cara côncava,
material perfectamente clasificable en el círculo de los verracos, mucosas oscuras y astas en forma de lira que se encuentra princi-
y a su lado cerâmicas decoradas con estampaciones y líneas inci- palmente en el Minho português y en el SW. de la província de
sas de tipo igual al de los motivos corrientes en nuestras estacio- Orense. La comparación de estas razas y también de otras, como
nes, viene a reproducir el fenómeno de propagación de elementos la llamada dei Soajo, que tienen restringida su área a alguna zona
gallegos, al Este dei rio Navia, que se manifiesta ya en pleno me- montafiosa, y por ello pueden creerse muy primitivas, con tipos
galitismo en el Oriente de Astúrias con los dólmenes de la Capi- vacunos característicos de otros países peninsulares y extrapenin-
11a de Santa Cruz, de Abamia y de las Sierras Planas, y en los sulares, quizá permitiera establecer, como se hizo en Catalufia con
tiempos dei Bronce con los numerosos hallazgos de hachas de talón. la raza marinera, los puntos de origen y las épocas de su apari-
Significación idêntica a las cerâmicas castreftas dei castro de Ca-
56 Florentino López Cuevillas

ción en tierras dei NW. hispânico, aportándose así nuevos conoci-


mientos que ayudarían, de seguro, a resolver muchos problemas
de nuestra prehistoria y entre ellos el de las zonas grises de la
parte oriental dei área ocupada por nuestra cultura de los castros.

3
LOS GRUPOS POLÍTICOS

T
omándolos dei censo romano, da Plinio los siguientes da-
tos sobre la población de la Galecia: en el convento jurídi-
co de Braga 175.000 cabezas libres; en el de Lugo 166.000,
y en el de Asturica 240.000. Suman estas cifras 581.000 habitantes
para los três conventos, a los que habría que aftadir las personas
que no gozarán de la condición de cabezas libres, sobre cuyo nú-
mero carecemos en absoluto de datos. Los cálculos hechos par-
tiendo de la densidad de los castros en determinadas comarcas,
y de la extensión de las superfícies fortificadas, arrojan un núme-
ro de habitantes que viene a ser algo menos de la mitad de la
población campesina actual en las dichas zonas, prescindiendo desde
luego de las villas y ciudades creadas y desarrolladas en tiempos
históricos. Schulten estima que en las tierras de galecos, astures
y arevacos, habitaban unos ocho habitantes por kilómetro Cuadra-
do y que en toda la tierra alta dei NW., la población quedaba
muy atrás de la de las regiones de la costa, y por último hay
que recordar que durante la expedición de Décimo Junio Bruto
tuvo este general que luchar con un ejército de 60.000 hombres,
y teniendo en cuenta que este ejército fue armado tan sólo por
las tribus dei convento bracarense, hay necesariamente que atri-
buir a los territorios por ellos ocupados una densidad muy supe-
rior a los ocho hombres por kilómetro Cuadrado. Además de ello
el NW. peninsular respondió siempre como si albergara una fuer-
te población y la epigrafia romana nos demuestra que dio colo-
nos a Valencia, emigrantes a Tarraco y la Bética y soldados para
formar varias unidades de tropas auxiliares, todo lo cual parece
58 Florentino López Cuevillas
La civilización céltica en Galicia 59

indicar que entonces como hoy el elemento humano no escaseaba


entre nosotros. bracarense diez pueblos y diez y seis ciudades, y en el asturicense
nueve pueblos y diez y nueve ciudades.
Procediendo los romanos como ha procedido el colonizador euro-
Y una vez dicho lo que antecede vamos a dar la lista de las
peo con muchos pueblos sujetos a .su dominio, dejaron subsistir civitatesj cuyos nombres nos*son desconocidos, acompanada de
después de la conquista las organizaciones autóctonas; y las tri- la situación de cada una, siempre que sea discernible, y de las
bus o civitates, las gentilidades y los castros, lo mismo los gran- denominaciones de las gentilidades oppida y castella que llegaron
des oppida> que los pequefios castella, quedaron en pie aunque hasta nosotros.
encajadas de una manera o de otra en la administración dei Im- En el convento lucense encontramos las siguientes tribus:
pério, pero a pesar de esta circunstancia favorable, puede decirse
que ignoramos casi todo lo relativo a la estructuración política ALBIONES.—Citados por Plinio como el primer pueblo dei dis-
y social de estas colectividades, y que muy poças cosas sabemos trito de Lugo después de los astures Pésicos y dei rio Navia.
de sus instituciones, de la manera de articularse las gentilidades Su situación era, sin duda, costera y debía coger en su totali-
y los castros en las civitates de que formaban parte, y de las rela- dad la comarca comprendida entre los tramos inferiores de los
ciones que estas últimas pudieran tener entre sí, y en los textos valles dei Navia y dei Eo. La aparición, dentro de estos limites
de los autores clásicos sólo encontramos datos fragmentários e inex- de un epígrafe latino en el que figura un individuo perteneciente
presivas nóminas de tribus. a esta tribu afianza la localización que le asignamos.
Los epígrafes latinos, y muy singularmente la piedra dedicató-
ARTABROS O A R R O T R E B A S . — E l primer nombre es según Estrabón
ria dei puente de Chaves y la tésera de hospitalidad de Astorga
el más antiguo: nostra aetate Artabris Arrotrebarum tribuitur appe-
anaden a nuestros conocimientos, algunos nombres de tribus no
llatio. Plinio dice por el contrario que: gentem artabrorum quae
citados en los libros de antiguos geógrafos e historiadores, y nos numquam fuit, manifesto errore: Arrotreban enim. La denominación
muestran la existencia de grupos incluídos dentro de cada entidad de Artabros aparece así y todo en Posidonio, en Mela, en Silio
tribal, que en ocasiones parecen ostentar un carácter puramente Itálico - y en Ptolomeo, y sirvió también para designar un cabo,
gentilicio y en otras semejan fijados en una comarca a la que promontorium Artabrum, y una o dos bahías, Artabris sinus, Por-
dieron nombre, y finalmente la arqueologia al denunciamos el nú- tus magnus Artabrorum, perdurando en cambio el nombre de Arro-
mero extraordinário de restos de poblados fuertes que quedan en trebas, en Arros que fue cabeza de un arciprestazgo y que suena
nuestro país, nos ensena que la forma dispersiva de colocarse la en el siglo vr en las actas de los concílios de Braga y Lugo.
población en el suelo, tan característica dei NW. peninsular, tiene Anade Estrabón que en la costa de los artabros había muchas
antecedentes arraigados en tiempos anteriores a la historia. ciudades situadas unas cerca de las otras. Mela consigna el nom-
No es fácil precisar el número de nuestras civitates o tribus ni bre de una de ellas, Adobrica y Ptolomeo el de otras dos, Clou-
mucho menos determinar con exactitud los limites de los territó- diomerium y Novium.
rios que ocupaban, ni siquiera en muchos casos seftalar su empla- Una gentilidad de esta .tribu era, sin duda, la de los Briganti-
zamiento aproximado. Estrabón dice que las tribus que vivían en- nos extendidos por las comarcas de Betanzos y La Corufia, y otra,
tre el Tajo y los Artabros eran alrededor de treinta, o cerca de la de los Lapatiencos, en la tierra dei Ortegal, fue agudamente
cincuenta según algunos códices. Plinio cita, tan sólo al N. dei deducida por Luis Monteagudo dei antiguo nombre de la Punta
Duero, sesenta y cuatro, y por su parte Ptolomeo menciona en dos Aguillons, Lapatia Corum, que aparece en Ptolomeo, y dei
cl convento lucense siete pueblos y diez y nueve ciudades; en el nombre dei actual arciprestazgo de Labacengos.
60 Florentino López Cuevillas
La civilización céltica en Galicia 61

Para situar con cierta exactitud el pueblo Artabro debemos fi-


demás tribus galecas. Posidonio habló ya de ellos. Estrabón los
jarnos de modo principal en la localización dei Artabris sinus.
cita también como el extremo boreal de los Lusitanos, y César,
Según Mela, que es el geógrafo antiguo que muestra un mejor
después de la campafia de los Lusitanos, navego hasta sus costas,
conocimiento de nuestras costas, desaguaban en aquella bahía cua- siendo muy posible que este conocimiento se deba al comercio
tro rios, dos de ellos mal conocidos y otros dos que llama Tuvia dei estafio, que es de suponer fuera singularmente activo en Ias
y MearuSy que se identifícan sin dificultad con los actuales Xuvia costas de la mencionada tribu.
y Mera, que vierten respectivamente en las rias de Ferrol y Orti-
gueira. Los otros dos rios deben ser el Eume y el Mandeu, que BEDIOS.—Con su ciudad Flavia Lambris aparece citado este pue-
van al mar por Pontedeume y Betanzos. Ateniéndonos a esos da- blo en Ptolomeo entre los Lemàvos y los Seurros.
tos y teniendo en cuenta que aqui, como en las rias de Vigo, Pon- Aunque Hübner creyó posible la identificación de Flavia Lam-
tevedra y Arousa, comprende Mela diferentes senos en un solo bris, con Betanzos, nos parece que los Bedios debían tener, como
entrante, tenemos que colocar el Artabris sinus en la porción de las dos tribus entre que se citan, una posición mediterrânea.
costa que va desde la desembocadura dei Mera hasta más al oeste
de la dei Mandeu, y considerar la tribu de los Artabros estableci- CAPOROS.—Plinio menciona a los Caporos entre los Supertamá-
da en dicho trayecto con una profundidad hacia el interior desco- ricos y los Presamarcos. Ptolomeo los pone entre los Artabros y
nocida, pêro quedando su extensión oriental marcada por el Orte- los Cilenos indicando que Iria Flavia y Lucus Angusti eran ciuda-
gal y por el arciprestazgo de Arros, y la occidental por el pueblo des suyas. En una lápida de Metelinum parece leerse Lupus Albo-
de los Nerios, emplazados en la región dei cabo Fisterra, promon- ni F Cap (orus).
torium celticum o Nerium. La extensión de los Caporos de Iria a Lucus los senala como
Pero, pese a estas precisiones, no deja de ofrecernos la localiza- una de las tribus más considerables de nuestro país, comparable
ción de los Artabros alguna dificultades, motivadas de modo par- a las de los Artabros y de los Grovios, que ocupaban también
ticular por el texto de Ptolomeo que pone un Artabrorum portus vastos territorios. Debían de ser vecinos de los Presamarcos y de
entre el rio Tamara o Tambre y el promontorio Nerio, puerto que los Supertamaricos en la región de la costa, y de los Artabros
debemos considerar diferente dei Magnus portus de los Calaicos y Cilenos más para el interior. El área que ocupaban era larga
Lucenses, citado después de un Proximum promontorium y antes y estrecha, marcando por tierras de Santiago, y Arzua y Palas
de Flavium Brigantium> que debe corresponderse con el «gran puer- de Rey hasta Lugo.
to» de otros autores, pero que hace creer que el pueblo artabro Una gentilidad de esta tribu era sin duda la de los Amaeos,
llegaba hasta al sur dei Finisterre y que tenía un puerto en la cuyo nombre perdura aun en la fértil comarca de la Amahia y
ria de Corcubión, quizá en la ciudad de Duyo, que se dice hundi- que suena en diplomas de los siglos ix y x, referentes a la Iglesia
da en el mar. Son muchos los comentaristas que admiten esta ex- de Santiago. El lugar denominado Libredon, que figura en la his-
tensión que dejaría a la tribu de los Nerios arrinconada entre los toria dei Apóstol Santiago es muy posible que fuera un oppidum
Artabros y el mar, pudiéndose citar a Cortês López, Barros Sibe- de los Caporos, según la opinión de Canedo, y que su denomina-
lo, Antonio Blázquez, Manuel Murguia y Luis Monteagudo. Otros, ción verdadera se expresara en Liberodunum.
por el contrario, como el P. Flórez, Vicetto, Garofalo y Federico
Macifíeira ciften el área ocupada por este pueblo a las riberas de CÉLTICOS.—Sirvió este calificativo étnico para designar un gru-
La Corufia y a la comarca dei Ortegal. po de tribus de origen celta. Estrabón dice que los Célticos se
Los Artabros fueron conocidos mucho más temprano que las encontraban en torno de los Artabros. Mela los pone en toda la
La civilización céltica en Galicia 63
Florentino López Cuevillas
62

costa desde el Duero hasta los Artabros. Plinio habla de un pue- IADONES.—Aparecen citados por Plinio entre los Egovarros y los
bio de igual nombre que habitaba en el convento lucense, y que Arrotrebas. Por la parte de la costa su territorio quedaba com-
es de seguro el mismo, que en otro lugar divide en Célticos Ne- prendido entre Viveiro y el limite con los Arrotrebas en la comar-
rios y Célticos Presamarcos. ca dei cabo Ortegal.
CIBARCOS.— Mencionados por Plinio después de los Albiones y LEBUNOS.—Los mencionaba Plinio juntamente con los Célticos
antes de los Egovarros. en el convento lucense.
Parece clara su localización costera, y ocuparían la región de Su posición es muy incierta.
Ribadeo, teniendo al otro lado dei Eo a los Albiones, y por el
occidente a los Egovarros. Vicetto dice, al ocuparse de este pue- LEMAVOS.—Citados por Ptolomeo entre los Cilenos y los Bedios.
blo, que existe un lugar, al parecer en la Serra de Xistral, llamado Les pertenecía la ciudad de Dactonium, que se menciona en uno
Cabarcos, que quizá sea el mismo Cabarcos, al oeste dei Navia, de los itinerários grabados en una de las téseras militares estudia-
de que hablan Cortês, Cornide y Barros Sibelo. das por Blázquez. Monteagudo lleva esta ciudad al Incio, pero
la opinión más generalizada la emplaza en Monforte de Lemos.
CILENOS o CELENOS.— Plinio los cita después de los Presamar- En un epígrafe de Hardón, a media légua al N. de Arjona,
cos y como el último pueblo dei districto de Lucus, en la raya C. Venaecios declara haber sido prefecto de la Alae I Lemavorum.
con el de Bracara. Ptolomeo nombra a los Cilenos entre los Ca- Vivían los Lemavos en el valle de Lemos, que de ellos tomó
poros y los Lemavos y les asigna la ciudad de Aquae Calidae. su nombre, y que es una comarca muy liana y a propósito por
Indivíduos pertenecientes a esta tribu aparecen en varias lápi- tanto para ser patria de buenos jinetes como los que formaban
as efenus), en Lamego; Caelenici, en Armea, y Cilinus en Santa la unidad militar antes citada.
Columba de Somoza.
de ^ ^ o c a ^ z a c ^ n de esta tribu por el emplazamiento NERIOS—Plinio les llama célticos y los pone después de los Arro-
enae
y cl Raven J * d e ^ u e hablan el Itinerário de Antonio Pio trebas. Mela, enumerando de Sur a Norte, dice: Caestera Superta-
concilio en e |' L \ T l ^ c a b e z a d e u n obispado y sede de un marici Neriique incolunt in eo tractu ultimi.
Aquae Celenae v *ri q u a e CQMae es la misma localidad que La situación de los Nerios alrededor dei cabo Finisterre; pro-
identificación c o n f o r f i c a c o n l a a c t u a l villa de Calda de Reis, moníorium Celticum o Nerium, resulta clara.
dición de fronterizos"16 ^pl- ^°S C*at0S ^ Itinerário y c o n con
"
atr uye a os POEMANOS.—Se sabe de ellos solamente por un ara dei siglo I
ser colocados al sur dd ^ ^ Cilenos, que deben
por la tierra de la Estrad n ° y
metiéndose hacia el interior encontrada en Lugo y erigida en honor de la diosa epónima de
a y rob
P ablemente hasta el valle dei Deza. esta tribu, de nombre idêntico al de otra germânica de la Galia
EGOVARROS N A M A R I N O S - ^ bélgica, una de cuyas secciones se desplazó hasta nuestra tierra
los ladones. Ocupaban en , p o n e P l i n »o entre los Cibarcos y en companía de los celtas.
de Xistral a Viveiro y a la do COSta trozo que va de la Serra Por el lugar dei hallazgo de la lápida puede suponerse que los
dose por el Sur hasta una ^ " ^ o c a d u r a dei Landro, extendién- Poemanos estarían establecidos cerca de Lugo.
sobrenombre de Namarinof ' m p o s i b l e de determinar.
oiro grupo de la tribu udec ,los
0S
r aCC s o s Pechar la existencia de PRESAMARCOS O PRESTAMARCOS.—Plinio los califica de célticos:
Egovarros.
Florentino Lôpez Cuevlllas La civilización céltica en Galicia 65
64

cuarta via militar de Braga a Astorga. Aquae Quintiae era asimis-


céltica cognonime Prestamarci, y los nombra después de los Cá-
mo mansión de una via secundaria (Lucus; Aquae Quintiae, Dac-
noros y antes de los Cilenos. Mela los pone en la nbera boreal
dei Jlexu que comprende las rias de Vigo, Pontevedra y Arousa: tonium) mencionado en una de las cuatro téseras militares atrás
Partem quae prominet Praesamarchi habitant perque eos Tamans citadas. Vese por lo tanto que las dos mansiones se encontraban
et Sars non longe orto, decurrunt. Creemos que la identificación al S. de Lugo, y como por los epígrafes de Astorga y de Felguei-
de esta parte saliente al N. de la ria de Arousa, encajada además ras sabemos que había Seurros a los lados dei Mifto, tenemos que
entre el Ulla y el Tambre, con la península de la Barbanza no colocar a esta tribu al N. de los Lemavos ocupando a la derecha
ofrece la menor duda, pareciendo que la tribu en cuestión se ex- de dicho rio tierras de Taboada y a la izquierda tierras de Sarria.
tendía tierra adentro por los montes de Confurco y dei Treito hasta
alcanzar la orilla derecha dei Sar y la izquierda dei Tambre, aun- Plinio y Mela mencionan este pueblo pero
SUPERTAMÁRICOS.—

que como luego veremos este rio es posible que fuera propiedad en los dos textos el Supertamarici fue generalmente interpretado
en sus dos márgenes de otra civitate. «sobre los Tamaricos». Puso en claro el verdadero sentido de los
En la Barbanza, como recuerdo de sus antiguos pobladores, existe dos pasajes una lápida de Astorga en la que se da noticia de un
una parroquia que figura en cl Mapa de Galicia de Fontán, con (No)elic(u)s Supertamaricus, es decir, de un individuo natural al
el nombre de Postomarcos, que se encuentra designado como Pas- parecer de Noela (Noya), ciudad citada por Plinio después de los
tomarcos en las actas dei concilio de Lugo dei 569, y Pistomarcos Cáporos y perteneciente a la tribu de los Supertamáricos.
en el Cronicón Iriense. El emplazamiento de esta civitate en la región dei Tambre que-
da determinado por su propio nombre y por estar al S. de los
SEURROS.—Citados por Ptolomeo con las ciudades de Timalino Nerios, como de modo categórico afirman Plinio y Mela.
y Aquae Quintiae después de los Bedios. Plinio habla de un pue- Si las letras restituídas en Noelicus son las verdaderas, podría
blo de Seurbos en cl convento bracarense. La semejanza de nom- sospecharse que los Supertamáricos no vivían solamente al N. dei
bres llevó a muchos autores a considerar que los Seurbos y los Tambre, sino que por lo menos en la desembocadura de dicho
Seurros eran una misma tribu y que Plinio o Ptolomeo habían no, pasaban a la orilla dei Sur, hasta el lugar que hoy ocupa
sufrido una equivocación colocándola en un convento jurídico que Noya, por debajo mismo de la península de la Barbanza.
no le correspondia. Nosotros creemos muy posible que se trate Aparecen en el distrito dei convento bracarense las civitates que
de dos entidades distintas y por eso incluímos a los Seurbos en a continuación enumeramos:
la nómina dei distrito de Braga.
En una lápida de Astorga se lee el nombre de Q. Valério Ma- AEBISOCIOS.una de las diez civitates que figuran en la pie-
ES
terno Seurro Transmini. En un epígrafe de Valle dei Airoso se en- r onori ca
• ^. ^ dei puente de Chaves. Teniendo cn cuenta que en
cuentra la palabra Seuroru, en otro de Felgar aparece un Rebu-
a lista de pueblos de esta inscripción se sigue un orden alfabético
rrus A. Seurus, de la gentilidad de los Narelios, y en otra aún a terado
sólo por la intromisión de los Aebisoci entre los Limici
de Felgueiras, también como la anterior en el concejo de Moncor-
y os Quarqueni, se tiene corregido Naebisoci el nombre de esta
vo, se habla de Tridiae Modesti E. Seurrae Transmini, de la cen- tnbu.
túria Serante.
La situación geográfica dc los Seurros puede dctcrminarse con un ara votiva de las Burgas de Orense aparece una Calpur-
,J
cierta exactitud por el emplazamiento de sus ciudades. Timalino io Abana Aeboso. El cognombre fue interpretado Aebosoca y re-
acionado con los Aebisoci.
es la mansión que sigue después de Lugo en el itinerário de la
Florentino López Cuevillas
La civilización céltica en Galicia 67
ou

La localización de la civitate que nos ocupa jio puede determi- Ciudad de Chaves,' limitando por el norte con los Tamaganos, asen-
narse ni siquiera de una manera aproximada. x tados también en el valle dei Tamega.

ANFILOQUIOS— Nombran a este pueblo Estrabón y Justino: Ga- BÍBALOS.—Plinio los nombra después de los Brácaros y Ptolo-
llaetia autem Portio amphiloco dicuntur. meo entre los Celerinos y los Limicos, dándoles el Fórum Dibolo-
Justino aplica esta denominación a vários pueblos y Estrabón rum como ciudad. Aparecen también entre los dedicantes de la
a una ciudad. Schulten supone la helenización de un nombre in- piedra dei puente de Chaves.
dígena en el que se encontrarían la denominación de un rio y Tiene sido colocado este pueblo en la tierra dei Bolo y en el
un elemento céltico en amb. valle dei Bibey, pero nosotros estimamos que debe colocarse en
el valle alto dei rio Bubal, que la gente que allí vive pronuncia
AOBRIGENSES.—Aparece el nombre de esta civitate en la piedra aún Bibalo, en términos dei concejo trasmontano de Montalegre
honorífica dei puente de Chaves. y de los ayuntamientos orensanos de Cualedro y Baltar, y aún
Se supone por muchos que Aobrigenses es una variante de Abo- en las partes occidentales de los de Monterrey y Oimbra, y lo
brigenses y que el epígrafe de Chaves alude al oppidutn citado estimamos así no sólo por el nombre dei Bubal sino por encon-
por Plinio entre las islãs Cies y el Mino. Pero debemos advertir trarse esta región más próxima a los Brácaros que la dei Bolo
que de los diez pueblos dedicantes que figuran en aquel epígrafe, y por conformarse mejor con el texto de Ptolomeo que aproxima
todos aquellos cuyo emplazamiento conocemos ocupaban regio- los Bibalos a los Limicos, con los que limitan en la localización
nes poco alejadas de Chaves y muy apartadas de la costa, donde que proponemos, y finalmente por pertenecer hoy la tierra dei Bolo
tenemos que colocar a Abobriga siguiendo las indicaciones plinia- al obispado de Astorga, senal evidente de que perteneció en otro
nas, y conviene notar asimismo que en uno de los bordes dei va- tiempo al convento jurídico de Asturica, debiendo hacerse notar
lle de Monterrey y a 20 kilómetros de Chaves, hay una parroquia que si la dicha comarca dei Bolo perteneciera a la jurisdicción
llamada Oimbra, cuya terminación en bra deja suponer una briga de Bracara, ocuparia una situación absurda, rodeada por todos
que hubiera recibido idêntico tratamiento fonético que el que su- lados por pueblos asturicenses como los Tiburos y los Gigurros.
frió en Conimbriga para transformarse en Coimbra.
BRÁCAROS.—Al historiar las guerras de Junio Bruto, dice Ap-
AQUIFLAVTENSES.—Figura el nombre de este pueblo en la lápida piano que los Brácaros atacaban los trenes de abastecimiento de
honorífica y en la lápida conmemorativa dei puente de Chaves los Romanos. Plinio los nombra después de la ciudad de Braga.
en las dos de C. Cerecio Fusco, en una de las téseras militares En una lápida dei Museo de Guimaraes hay referencia de un indi-
pub içadas por Blázquez, y dícese que se leia también en un epí- viduo llamado Bracarus,, sirviendo, como era frecuente, el nom-
gra e, oy perdido, dei puente dei Bibey, siendo posible que la bre étnico de nombre propio.
si a a we que se ve en una piedra funeraria de Astorga, formara Vivia esta tribu en la comarca que rodea a Braga y debía de
parte de la palabra Aquilaflavienses.
limitar al norte con los Galecos.
Se cree ^ e n c u c n t r a chada en el «Cronicón» de Idacio.
termedi'i entro Cal ^ ^ 1° m i s m o ^ u e Aquas, mansión in- CELERINOS.—Citados por Plinio entre los Bibalos y los Galecos.
termedia entre Caladunum v Pinon,,*, I *
de Bracara a Asturica. de la pnmera via m,htar tolomeo los coloca entre los Nemetatos y los Bibalos y les da
a Caelobriga como ciudad. Figuran también en la piedra honorí-
U s Aquiflavienses ocupaban la comarca que rodea a la actual lc
a dei puente de Chaves. Los Celiobrigenses garantizan el con-
La civilización céltica en Galicia 69
Florentino López Cuevillas
68

informa que la Gallaetia se encuentra por encima de Bracara y


trato celebrado entre los Veaminios y Petranio, jefe principal de
al mencionar a los Celerinos y los Equesios.
los Rados, según consta en la famosa inscripción bilingüe de La-
El haber tomado la Gallaetia el nombre que tomó se debe al
mas de Moledo. . papel que la tribu epónima desempefió en la lucha con el ejército
Atendiendo al orden de las enumeraciones antes citadas puede
de Junio Bruto, que después de su victoria llevó el sobrenombre
suponerse que los Celerinos se localizarían en las porciones altas
de Galeco. Al hablar de esta victoria aluden a los Galecos Tito
y media dei valle dei Cábado.
Livio y Orosio.
Vivia este pueblo en la región dei valle médio dei Limia y en
HELENOS.—Estrabón habla de una ciudad llamada Hellenes, her-
parte de los valles dei Homen y el Abedela, deduciéndose esta
mana de Anfiloquia y fundada como ella por los companeros de
localización por el camino de la campana de Bruto, que al com-
Teucro. Plinio cita a los Helenos en primer lugar en el distrito
batir a los Galecos dejaba a los Brácaros a retaguardia, por la
de Brácara, en la raya con los Cilenos. En una lápida de León indicación coincidente de Plinio y por la existencia de una parro-
figura una An ia Prisca Elena. quia de Galez, en el ayuntamiento de Entrimo, que parece derivar
bebia asentarse esta tribu, cuyo verdadero nombre fue heleni- un nombre dei de la heróica civitate.
zado por Asclepiades, entre el Lerez y el borde meridional de la
ria de Vigo, limite probable con los Grovios. GROVIOS O CROVIOS.—Plinio menciona a los Grovios después de
los Helenos y antes dei castillo de Tyde, hoy Túy. Mela dice que:
EQUESIOS.—Nombrados por Plinio entre los Galecos y los Limi- sed a Durio ad flexem Grovii fluuntque per eos Avo, Caladus,
cos. Se les encuentra también entre las diez civitates dedicantes Naebis, Minius, et, qui Oblivionis cognomen est Limia. Ptolomeo
de la piedra dei puente de Chaves. En una lápida de Oteyza apare- Pone- a los Grovios entre los Limicos y los Luancos y les da a
ce un Calaetus Equesi y en otra de Vitero se lee Pistiro E(q)uaesi F. Tude como ciudad. Silio Itálico recuerda al Lethes que arrastra
Una inscripción de Lugo, dei ano 569 habla de Equisis o Equi- arenas de oro por el país de los Grovios; y se refiere a ellos y
sie ad Saltum.
a los jóvenes etolios salidos de Tyde, cuando describe los ejércitos
La localización de este pueblo es insegura. Atendiendo a la in- de Aníbal. Marcial llama Graium veterum a un rio que de seguro
dicación de Plinio podría creerse si se hallaba instalado en la alta es el Limia.
tierra dei valle dei Salas y de las vertientes occidentales de la Se- Una lápida de Vila Mou nos conserva la memoria de un Rufus
rra de Larouco.
Grovius. Otra de Santiago de Compostela habla de Procula, hija de
Mamalo y Crovia de nación y otra extremena de Coria cita a un
GALECOS. Hay que distinguir en primer lugar la tribu epónima
Crovus llamado Basso e hijo de Medamo. En un epígrafe asturiano
de las extensiones de su nombre que abarcan todos los pueblos
aparece una Crovesica y aún el dios Crougintoudadigoe fue inter-
e Galicia y dei N. de Portugal, y aún a los Astures cuando se
pretado por Schuchardt como «divinidad tudense de los Grovios».
hace referencia a la provincia. romana. Esta extensión se halla ex-
Ateniéndonos a las precisiones de Mela tendríamos que locali-
p ica a por strabón cuando dice: Siguen, ultimamente, los gale-
zar a los Grovios en toda la porción de costa que va desde Porto
cos, que habitan en gran parte las montanas. Por haber sido difí- a
la ria de Vigo.
ci ei e \encer, c teron su nombre al vencedor de los lusitanos,
y hoy a mayorla de los lusitanos se llaman galecos. Plinio habla En la citania de Santa Trega, comprendida dentro de esos limi-
de Galecos, tatu sensu, cuando dice que el rio Duero los separaba tes, se tiene colocado el oppidum Abodriga al que Plinio califica
de los Lusitanos, y se ref.ere en cambio solamente a la tribu cuando e insigne, pero esta redacción no es segura.
Florentino López Cuevillas
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70 La civilización céltica en Galicia

tribal, y se extendía por la cuenca superior dei Arnoya donde se


INTERAMNICOS.—Citados en la piedra honorífica dei puente de encuentra la villa de Maceda, que no hace mucho se llamaba Man-
Chaves. En una lápida de Cacabelos aparece un Festus Lovesi In-
zaneda de Limia.
teramnico, de la gentilidad Luuciocelo. El lugar de hallazgo de
este epígrafe hace sospechar si el Interamnium mencionado no será LUANCOS.—Citado este pueblo por Ptolomeo con Merua su ciu-
el Interamnium Flavium dei convento asturicense. En otro epígra- dad, después de los Grovios y antes de los Querquernos.
fe de Segovia se encuentra otro Interamnico que Hübner supone Puede suponerse atendiendo a la posición que les senaiaba Pto-
bracarangustano. lomeo que ocuparían el valle dei Limia en un trozo de su tramo
Puede situar hipotéticamente a los Interamnicos entre el Tâme- médio.
ga y el Túa.
LUBENOS.—Ptolomeo pone este pueblo con su cuidad, Cambe-
LEUNOS.—Citados por Plinio entre el rio Mino y los Seurbos. tumy entre los Querquernos y los Narbasos.
Su localización es incierta, pudiéndose decir tan sólo con Leite Su posición geográfica resulta incierta. Se identifica por lo ge-
de Vasconcellos que estaban asentados al Sur dei Mino. neral a estos Lubenos con los Leunos de Plinio.

LÍMICOS.—Plinio los menciona entre los Equesios y los Quer- NEMETATOS.—Los menciona Ptolomeo con su ciudad Volobria,
quernos. Ptolomeo los pone después de los Bibalos y antes de entre los Turodoros y los Bibalos.
los Grovios y les asigna el Fórum Limicorum como ciudad. Figu- Volobria es corrupción de Volobriga o Valabriga. Aparecen dos
ran también en la lápida honorífica dei puente de Chaves. Valabricensis en sendas lápidas de Delaes y de Braga.
La Civitas Limicorum que debe identificarse con el Fórum de- La localización de los Nemetatos es imprecisa. Algunos autores
dico dos lápidas a los emperadores Adriano y Antonino Pio. In- los llevaron a la comarca de Viana do Bolo, sin duda por rela-
divíduos de la tribu de los Límicos dejaron recuerdo suyo en epí- ción dei nombre de dicha comarca con el de Volobria, pero hay
grafes aparecidos en Tarragona, Pesqueira, Oliva, Antequera, Va- que tener en cuenta que tal opinión está contrariada por el hecho
lera de Arriba, Cabafias, Alcalá de Henares, Friaens, Zarzo de de que todo el valle dei Biboy, pertenece hoy al obispado de As-
Granadillo, y en la ribera dei rio Tinto entre Niebla y Mogucr. torga y de seguro perteneció antes al convento asturicense.
Límico era también el historiador Idacio que consigno en su «Cro- Lo más lógico es suponerlos emplazados en una posición inter-
nicón» el nombre de la ciudad en que naciera. media entre Braga y Chaves.
De todos los epígrafes citados es particularmente interesante para
nosotros el de Cabaftas, en Huelva, en el que se cita un Castello NARBASOS O NERBASOS.—Este pueblo con el Fórum Narbasorum
Berensi enclavado en tierras límicas.
cs citado por Ptolomeo entre los Lubenos y los Vacceos. En el
El emplazamiento de la Civitas Limicorum fue determinado con «Cronicón» de Idacio se habla de unos montes Nervasios en los
entera exactitud por Marcelo Macias en un castro llamado «A Cib-
que los vândalos combatieron con los suevos en el afio 419.
dá», situado en el monte dei Viso, en términos de la parroquia
Lo mismo Bosch Gimpera que Pericot colocan a esta tribu en
de Nocelo da Pena, ayuntamiento de Sarreaus, en la província de
Orense sin dar razón alguna en apoyo de su parecer. Nosotros,
Orense.
por la forma en que los nombra Ptolomeo nos inclinamos a su-
La tribu ocupaba el extenso valle que rodea a la laguna Antela,
ponerlos habitando una zona sudoriental dei distrito de Brocara.
y que se denomina «A Limia» conservando el antiguo nombre
La civilización céltica en Galicia 73
Florentino Lopez Cuevillas
72

En una ara de Castrelo, en el propio valle de Monterrey, se


QUERQUERNOS.—Plinio los llama así y los nombra después de
lee Tamag, que se tiene interpretado Tamaganus.
los Límicos. Ptolomeo les da el nombre de Cuacernos, y los men-
ciona con su ciudad Aquae Cuarcernorum, entre los Luancos y TURODOROS.—Los menciona Ptolomeo antes de los Nemetatos
los Lubenos. En la lápida honorífica dei puente de Chaves se les y en primer lugar entre los pueblos dei distrito de Braga, con su
ve designados con el nombre de Quarquerni, y en la tercera via ciudad Aquae Lae. La posición geográfica de esta civitate es in-
militar de Bracara a Asturica se situa la mansión de Aquis Quer- cierta.
quem is entre Aquis Originis y Geminas. Y por último, en la jurisdicción dei convento jurídico de Astu-
Se sitúan fácilmente los Querquernos en la llamada Liniia baja, rica encontramos los siguientes pueblos:
en el partido judicial de Bande, por emplazarse aquella mansión
en San Xohan dos Banos donde en efecto se recogieron abundan- AMACOS.—Ptolomeo los nombra, con su ciudad Asturica Augusta,
tes restos de época romana y se pusieron al descubierto muros entre los Superacios y los Tiburos.
de los edifícios mansionarios. El emplazamiento de los Amacos queda determinado por el de
De una gentilidad, la de los Acondei, que con seguridad perte- Asturica que era su centro.
necía a esta tribu, y de un castro, el Castello Meidunio, emplaza-
do en su territorio, nos da noticia una lápida de Cadós, lugar BEDUNIENSES.—Con su ciudad Baedunia y los cita Ptolomeo,
situado a cosa de 4 kilómetros de San Xohan dos Banos. En un después de los Brigecinos y antes de los Orniacos. Aparecen cita-
epígrafe de Lámego se nombra a una Boutia Meid (uniciensis) que dos también en las lápidas de la Quinta de Avellar y de Castro-
puede referirse a aquel castellum. Otro, el llamado hoy «A Croa», calbón y en una tésera de bronce de la província de Huelva. Un
muy próximo al antes citado se le denominaba en el siglo x cas- epígrafe de Penalva de Castro, parece referirse a Baetunia. Se en-
tro de Veqies. cuentra a Baedunia citada en el «Itinerário», en una de las tése-
ras militares estudiadas por Blázquez y se la coloca en un castro,
SALACIOS.—Salacia es la mansión que sigue a Bracara en la pri- cerca de San Martin de Torres, entre Astorga y Benavente. ' <•
mera de las vias militares que de ella salían con dirección a Astu-
rica. En el ara de Marecos, en Penafiel, se leyó el nombre de un BRIGECINOS. LOS nombra Ptolomeo, con la ciudad de Brige-
Aulio Cneo Vitulino, nacido en los Salacios y perteneciente a la ciumy en primer lugar entre los pueblos asturicenses y delante de
gentilidad de los Selinoecos. Ocupaba este pueblo un territorio al os Bedunienses. Floro habla asimismo de los astures Brigaecini.
E. de Braga. En una lápida de Tarragona aparece un Brigiacini.
En el «Itinerário» aparece Brigecium y en la forma Begecio en
SEURBOS.—Citados por Plinio entre los Leunos y Bracara. Como una de las téseras de Blázquez. Era punto de bifurcación de la
ya
ü m nS' " l u c h o s a u t o r e s identifican a este pueblo con los Seu- via que llevaba a Emerita, y se reduce al actual Benavente.
rros de Ptolomeo.
C I G U R R O S o G I G U R R O S . — M e n c i o n a d o s por Plinio antes de los

Sab ni S esicos, Ptolomeo les llama Egurros y los pone con su foro. Fó-
nuIn^Th n K uC C S t a t d b u p o r l a P ' e d r a honorífica dei rum Egurrorum, en el último lugar de la lista de los pueblos as-
Z T n l T M3, a b / d V a " e d e M o n t e r r e y Por el que co- turicenses.
re el Tamega. En el hay dos aldeas, las de Tamagos y Tamague-
cuyo norabre recuerda
el de la antigua civitate Se conserva en la Rua de Valdeorras la piedra sepulcral de
La civilización céltica en Galicia 75
Florentino López Cuevillas
74
escrituras de donación que se conservan en el archivo de la cate-
L Pomveius Reburrus, Gigurro, natural dei Castellum de Calubri- dral de Astorga, se llama a dicho rio Flumen Orniae y rivulos
ea Hübner da como falsa una inscripción publicada por vários Ornia, y a su valle Orniae. Había asimismo en aquella región un
historiadores, en la que aparece un Ti tus Salvius Antidianus, Sex- lugar que se conocía con el nombre de Orniola.
vir augustal en el foro de los Gigurros.
Este foro que figura en el «Itinerário» como octava mansion PÉsicos.—Habla Plinio de este pueblo en dos ocasiones: en la
de la tercera via militar de Bracara a Asturica designado sencilla- primera lo menciona entre los Cigurros y los Lancinenses, en la
mente Fórum, debía emplazarse al lado derecho dei puente de la segunda los pone en la región costera de los Astures juntamente
Cigarosa, en un lugar donde se encontraron muchos restos de los con la ciudad de Noega, advirtiendo que después de ellos comienza
tiempos romanos. el distrito de Lucus. Ptolomeo describiendo el litoral cantábrico
La localización de los Cigurros en la porción dei valle dei Sil dei Oeste para el Este, los cita con la ciudad de Flavionavia y
que hoy se conoce con el nombre de Valdeorras está asegurada la desembocadura dei rio Naeli, entre el Navillobionis y los Cán-
por el diploma de Dona Teresa de Portugal, de 1124, en el que tabros.
se habla de Tibres y Geurres, y también por una donación al mo- Schulten enumera una serie de gentilidades de este pueblo. En
nasterio de Correxás en la que se cita la aldea de Valencia de una inscripción sepulcral registrada por Hübner se encuentra u n a
Val(jejurris. Arnbata Pésica Argamónica.
\ La situación de los Pésicos en la cuenca dei rio Navia y hasta
LANCIENSES.—Citados por Plinio entre los Pesicos y los Zoelas. el limite, no muy bien conocido, con los Cántabros no ofrece duda.
Ptolomeo incluye la ciudad de Lantiatum en la lista correspon- En escrituras antiguas el valle de Cangas de Tineo se designa con
diente al convénio asturicense dándole carácter de urbs pero no el nombre de Pésico y de Pesgos. Junto al rio Navia hay un lugar
de civitate. Dion Cássio le llama Lantia inaxitna asturum urbs. que se denomina Pesoz, que es posible que indique un desplaza-
En una inscripción de Trives se habla de un Popilius Hirsutus, miento de pésicos hacia el Oeste, y en la distribución de parro-
natural de Lavei. quias aplicada por los suevos a la Iglesia de Astorga se encuentra
Figura esta ciudad como mansión en el «Itinerário» y suena asimismo el calificativo de Pesicoe.
también en la historia de las guerras cántabras. Su reducción exacta
es el castro de Villasabriego a 9 millas al naciente de León. SELINOS.—Citados por Ptolomeo con la ciudad de Nardinium,
entre los Lungones y los Superacios.
LUGONES.—Los coloca Ptolomeo entre los Orniacos y los Seli- Un Saelenus que se encuentra en la dedicación a I. O. M. Can-
nos y les da Pelontium como ciudad. diedo, cree Hübner que debe referirse a los Selinos.
El emplazamiento de esta tribu es incierto. La localización de este pueblo es incierta.

n ™ ° r l " S l n 0 m b r a P t o l o m e ° entre los Bedunienses y los SUPERACIOS. Ptolomeo los menciona j u n t a m e n t e con Ia ciudad
confundir m n ^ m / C d C SU c i u d a d e s Intercatia, que conviene no de Petavonium, entre los Selinos y los Amacos.
confundir con la Intercatia de los Vacceos. De una Fusca, hija de Coedo y Céltico Superatia, que pertene-
mado Semnmnin p 0 s p l t a l ' c l a d d e Astorga figura un Orniaco 11a- eia a la gentilidad Blanobriensi, nos da noticia una inscripción
U0 QUe P e r t e n e c í a a la de Astorga.
Avoígigos ' gentilidad de los
El emplazamiento de los Superacios en el valle de Vidriales se
El habitat de esta tribu era el valle dei rio Ducrna. En varias
Florentino López Cuevillas 77
76 La civilización céltica en Galicia

asegura por Ia situación de Petavonium, novena mansión de la tendida coincidência de topónimos modernos con las denomina-
primera via militar de Bracara a Asturica, que todos los autores ciones gentilicias antes citadas, quisieron llevarlo al occidente de
reducen a Ciudadeja, en la provincia de Zamora. Astúrias. Como ya vimos esta región occidental pertenecía a la
tribu de los Albiones y al convento lucense de modo indudable,
TÍBUROS.—Citados por Ptolomeo con la ciudad de Nemetobri- y a más de ello creemos que el dato epigráfico de la dedicación
ga, entre los Amacos y los Egurros, Nemetrobriga es la séptima a Aerno es concluyente para resolver este problema de localización.
mansión de la tercera via militar de Braça a Asturica.
Vivían los Tiburos en la comarca de la villa de Trives, que se Se deduce de todo lo que dejamos expuesto que la Galecia pre-
encuentra denominada Tibres en el diploma de Dona Teresa de rromana se hallaba dividida entre diferentes civitates que casi cons-
Portugal a que antes aludimos. tantemente tienen nombres indígenas, pero esta regia falia en al-
Nemetobriga debía estar en Mendoya o en TVives Vello, lugares gunos casos como en el de los Aquiflavienses, en el de los Inte-
situados cerca dei actual TVives, en los que se encontraron restos ramnicos y aun en el de los Supertamáricos, designados con de-
romanos. nominaciones latinas, pero no debe de creerse que estas diferencias
en las denominaciones significaran ninguna alteración fundamen-
ZOELAS.—Habla Plinio de este pueblo al tratar de las civitates tal en el antiguo cuadro tribal que debe reflejarse bastante fiel-
dignas de nota dei convento asturicenses, y lo pone en el último mente en los textos literários y epigráficos que manejamos.
lugar, después de los Lancienses. Más adelante vuelve a mencio- - / f ) e n t r o de cada tribu se organizan las gentilidades, originaria-
nado cuando cita a la ciudad de Zoela, situada en Galicia, cerca mente comunidades de sangre, pero que al establecerse en un te-
dei Oceano, y famosa por sus tejidos de iino. rritório tomaron un carácter geográfico y que ya en tiempos cris-
El Ordo Zoelarum dedico una lápida al dios Aerno, lápida des- tianos sirvieron para el nombramiento por los obispos de párro-
truída hoy, que estaba en la iglesia dei monasterio dei Castro de cos que ejercían autoridad sobre los nombrados por los seftores
Avelás, emplazamiento probable dei santuario de aquella divini- de los domínios o villae, derivadas de los castros, formándose así
dad. Una inscripción de León alude a un T. Montanio Frontón en cada gentilidad verdaderos arciprestazgos algunos de los cuales
Civi Zelae, y de un nuevo individuo de la misma tribu tenemos subsisten hoy conservando sus antiguos nombres poco alterados.
conocimiento por otro epígrafe de Astorga. Así por ejemplo el arciprestazgo de Labacengos recuerda clara-
Completa de manera notable esta nutrida información la tésera mente a la entidad gentilicia de los Lapatiencos, incluida en la
e ospitalidad de Astorga por la que sabemos que en los Zoelas tribu de los Artabros, como antes dijimos; el arciprestazgo de la
existian un oppidum o vicus llamado Curunda, al que es posible Amahía está instalado a su vez en el territorio de los Amaeos,
, e r a 'ambién la piedra de Rabanales de Aliste que tiene en la tribu de los Cáparos, siendo posible que casos semejantes
trado n u d e qUC s e o c u a
P Gomez Moreno; un magis- se den, por ejemplo en los dos arciprestazgos artabros de Trasan-
de
l a s sieuientes '° S p a c t o s consignados en la tésera y cos y Bisancos que figuran en la organización eclesiástica de los
brugénigos. " 11 a es: Desoncocos, Tridiavos, Visaligos y Ca- primeros siglos de la Edad Media, pero conviene advertir que en
ciertos casos la jurisdicción de los arciprestes abarcaba todo el
Habitaban sin duda los 7n*iac ift •* „
mbito ocupado por una tribu pequena, como pasaba al parecer
ce hoy al distrito de B r a g a " a ! - T " ? T
con los antiguos Limicos, más o menos exactamente comprendi-
Algunos autores basándSe de manlr ' ^ " I ° Z a m o r a ' . , n
P 1 Cia

cercana al Océano que Plinio atrih.w pnnc, al en la


P situación v C n C ! arciprestazgo de Limia.
w rumo atribuye a este pueblo, y en la pre- * por último había también dentro de las tribus los oppida y
Florentino Lopez Cuevillas 79
78 La civilización céltica en Galicia

los casiella, poblados fuertes de seguro más grandes los primeros como en el primer pacto fechado en Curunda en el ano 27 dos
que los segundos, en los que vivirían las gentilidades, que no sa- gentilidades dei pueblo de los Zoelas, la de los Desoncos y la de
bemos si ocuparían cada uno solo uno, o vários de estos pobla- los Tridiavos, hacen que su hospitium sea autorizado por un ma-
dos fuertes, o si individuos pertenecientes a varias colectividades gistrado de ia tribu a que pertenecen, pero al mismo tiempo la
de sangre vivirían en un mismo oppidum, aunque lo más frecuen- existencia de este pacto demuestra que las comunidades de sangre
te había de ser la repartición de cada gentilidad en vários poblados. de la misma civitate se consideraban ajenas unas a otras que esti-
Todo esto se representa de un m o d o evidente en el conjunto maban necesarios contratos particulares para dispensarse m u t u a
de los conocimientos que sobre el particular poseemos, pero las amistad y protección.
dificultades se hacen insuperables cuando tratamos de inquirir el
modo de funcionar toda esta organización, de averiguar el con- Finalmente quedaban los castros, la entidad más pequena que
junto de los derechos y de los deberes de los distintos elementos conocemos en la organización política que estudiamos, que pare-
que la constituían, la clase de lazos religiosos o políticos que los ce habían de estar sometidos a las gentilidades en que estuvieran
mantenían unidos y de determinar, por último, la fuerza cohesiva incluídos, pero a los que por otra parte su calidad de poblados
de esos lazos. cerrados por un muro otorgaba una personalidad que se trasluce
Es indudable que las tribus eran algo más que un nombre y en la presencia de divinidades propias/ en el hecho no muy fre-
que respondían a una realidad constitucional antigua y solidamente cuente de aparecer los castros en los epígrafes senalando la natu-
enraizada en la conciencia de las gentes. En las inscripciones fu- raleza de una persona, en lugar de mencionarse el nombre de la
nerárias se consigna muchas veces el nombre dei grupo tribal a comunidad gentilicia, y en el mismo papel de garantizador de un
que el muerto pertenecía, y estos mismos grupos tribales tienen contrato que el oppidum de Celiobriga desempena en la inscrip-
tierras suyas, como se ve en la piedra terminal de Costrocalbón, ción bilingüe de Lamas de Moledo, todo lo cual nos viene a ense-
hacen dedicaciones a los dioses y^a los emperadores divinizados, nar que los poblados fuertes ^ o z a b a n de u n a cierta autonomia
cumpliendo de seguro acuerdos tomados por sus magistrados o cuyo alcance y desarrollo no podemos determinar exactamente.
por sus asambleas, y poseen centros políticos, religiosos y econó- -Primero Schulten y más tarde Ramos Loscertales observaron ya
micos, pues como tales tenemos que considerar a los foros de que la diferencia que existia en la organización política y social de
habla Ptolomeo y que se adjetivan con designaciones tribales: Nar- la Hispania que se daba como más influída por las formas euro-
basorum, Bibalurum, Limicorum Egurrorum. peas, con las otras regiones peninsulares; pero aún dentro de lo
Pero dentro de cada tribu actuaban las gentilidades que tenían, que podemos llamar área celta, las tribus dei noroeste se persona-
Í^H, ° m c n o s e n m u c h o s casos, sus limites territoriales bien preci- lizan y distinguen por una serie de caracteres diferenciales. En pri-
de lnl n ° w vf Vf C n l a r e f e r e n c i a <3ue hace Estrabón al castigo mer lugar son pequefias y ni en número de habitantes ni en terri-
hav aue d e l3S f r o n t e r a s
> <l ue P°r la clase dei delito torio puede compararse ninguna de ellas, con las de Vaceos, los
Vetones y los Arévacos, que ocupaban entre las tres solas un es-
adernas ofrendabaTa ^ d i v ^ d í d C ° m U n Í d a d d c S a n g r C ' ^ p a d o mucho mayor que aquel en que se asentaban las sesenta
PnV
trata de Tutela o de los Lares n ú í í j " 1 V a s c o m o c u a n d ° 56 y dos civitates de los tres conventos galecos. Las tierras habitadas
adjetlVaCÍOnes
y que con frecuencia se recordaban e n ^ gentllicias; por los Artabros, por los Cáporos y por los Grovios, que son
m
al lado dei nombre de la tribu nem « ™ m e n t o s funerários
re a c , o n e s m u t u a s e s t a
las tribus más considerables de los conventos de Lucus y Bracara,
ban, en ciertos aspectos por ío m m ' pasaban poco de los cien kilómetros de largo. Los Límicos y los
trados tribales, viéndose por la tóera d / h ® r. P ° f '°S m a 8 ' S * Tamaganos vivían circunscritos al valle de la Limia alta y al valle
teserd de hospitahdad de Astorga,
81
Florentino López Cuevillas La civilización céltica en Galicia
80

de Monterrey, cuya extensión máxima anda por los cincuenta ki- sado por lo ,reducido de los espacios murados. Las dos citanias
lómetros, y en la estrecha franja que queda entre la ria de Arousa más desarrolladas superficialmente de nuestro círculo cultural, las
y los valles inferiores dei Tambre y dei Ulla se apretaban de una de Bagunte y Misinho, miden respectivamente 540 x 280 metros
parte los Cáporos, los Presamarcos y los Supertamáricos, siendo y 740 x 380, más el promedio de la longitud de los ejes de los
bien de destacar el hecho de que las tribus galecas se ordenaban castros gallegos hasta ahora catalogados anda por los 123 x 91
en muchos casos en el sentido dei correr de los rios, como se metros, y los casos de citanias que pasan de los 300 metros en
su mayor dimensión, son desde luego excepcionales, habiendo en
ve con los Tamaganos, Orniacos, Límicos y Supertamáricos, orde-
cambio recintos como los de Pousada, en el Savifiao, y el de las
namiento que no deja de parecerse a la disposición de los pueblos
Seixas, en Melide que no llegan a los treinta metros.
que habitaban en las fragosidades dei Apenino entre el Lacio, la
Como luego veremos muchos de estos castros se hallaban pro-
Umbría y el Samnio.
tegidos por obras formidables, y todos, hasta los más pequenos,
Pero más característico de nuestra organización política proto-
presentan aún restos de fortificación, pudiéndose decir que no exis-
histórica es aún el número sorprendente de nuestros castros, que
tia en nuestros tiempos inmediatamente anteriores a la conquista
revela una forma dispersiva de vivir las gentes sobre el suelo que
romana, ni un solo poblado que no tuviera su cerca. Revela este
aún hoy está subsistente*. hecho una evidente inseguridad y en efecto casi todos los autores
No se conoce aún el número exacto de nuestros poblados fuer- clásicos que se ocuparon de la Galecia, aluden al estado de gue-
tes, Angel dei Castillo, fundándose en datos toponímicos y en ca- rra permanente en que ésta se hallaba, pero sólo uno de ellos,
talogaciones parciales, supuso que sólo en Galicia debía ascender Estrabón, cuya fuente probable es Polibio en este caso, nos expli-
su número a 5.800. Es posible que esta cifra sea exagerada, y el ca la causa y origen de tales luchas continuas, diciéndonos que
inventario sistemático que tenía emprendido el Seminário de Estu- las gentes de la montafta que vivían en tierras pobres, desearon
dos Galegos, dejaba ver ya que la densidad en castros se debilita- los bienes de los que estaban mejor acomodados que ellos, y como
d a bastante en algunas tierras, por lo cual quizá sea prudente de- éstos tuvieran que abandonar sus tareas pacíficas para rechazar-
jar reducida aquella cifra a 4.000 e incluir en ella el âmbito de los, los campos dejaron de cultivarse y el país se pobló de parti-
los três conventos jurídicos de Lucus, Bracara y Asturica, debién- das de ladrones.
dose notar que en este último y en las partes puramente meseta- Si como suponemos las gentes de la montana de que habla el
nas de las actuales províncias de León y de Zamora y posible- geógrafo griego eran las que vivían en el interior de la gran Lusi-
mente en las porciones centrales y orientales de Astúrias, no abun- tania, entre el Tajo y el Cantábrico, debemos advertir que tales
an muc o los castros**. Pero aun hechas estas salvedades, el nú- comarcas no son tan ásperas y míseras que no pudieran sostener-
mero e estos poblados es infinitamente mayor que el que se se en ellas comodamente, y en un régimen más ganadero que agrí-
piasf Galias m i S m 0 ^ ^ ^reas ce
^ t a s peninsulares que en las pro- cola, como el que entonces estaba vigente, unas cuantas tribus,
pues aún hoy en dichas comarcas interiores se cria con más inten-
hora que este gran número se hallaba naturalmente compen- sidad el ganado que en los valles y en la costa.
Cf. al respecto para una actuali/aríAn ±-
No podemos por lo tanto otorgar un crédito absoluto a la ex-
de ANA ROMERO MASÍA El habitat Ca<tr*a P ^ 8 , m á U c a d c I a s Paginas que siguen, la obra plicación de tipo económico dado por Estrabón como origen_de
1976. ' C o , C J U O de Arquitectos de Galicia, Santiago, nuestras guerras internas, en los tiempos de los castros, y consi-
• • Al finado erudito asturiano JOSÉ MAMIR» deramos como más probable la existencia de motivos múltiplos,
N Z A L E Z VAL
dad a la publicación de la presente obra un DÉS se debe con postenori-
asturianos. Cf. Archivum XXVI, U n i v c r s i r t a H ^ ! ! ^ 1 0 0 y
3 1
de los castros que quedan fuera dei alcance de nuestra investigación mientras
ersiaad de OUcào 1966, pp. 255-291. (N. dei E.)
83
La civilización céltica en Galicia
Florentino López Cuevillas
82

o simples soldados de fortuna? ^Eran gentes que pertenecían a


algún nuevo descubrimiento no nos ponga en su pista. Pero sí los antiguos pueblos preceltas, o por el contrario eran celtas? ^Y
podemos preguntarnos si las referidas luchas se verificaban dentro en general en nuestra organización político social, qué hay debido
dei cuadro de la organización política tradicional, o si por el con- a los Sefes y qué se conserva de los antiguos Oestrimnicos?
trario las bandas de agresores que perturbaron la paz dei país, Para entrar en el examen de este problema es necesario partir
se movían fuera y con independencia de aquel cuadro tradicional. dei hecho indudable de que al llegar aqui las gentes indoeuropeas
Un sábio português, el profesor Joaquin de Carvalho, se pro- vivia ya en el país una población bastante densa, la misma pobla-
nuncia por la primera de las dos soluciones y piensa que la in- ción que cubriera de «mámoas» nuestro suelo y que durante las
quietud bélica de los castrenos alcanza una explicación satisfacto- primeras edades metálicas explotara el estano de los montes y el
ria fundándola en el principio de la consanguinidad, pero a noso- oro de los rios, fabricara numerosas joyas y fundiera objetos de
tros nos parece que no puede excluirse por completo la idea de bronce en una cantidad tan extraordinaria, que no deja lugar a
la formación de partidas que se mantuvieran unidas solamente por dudas sobre la actividad metalúrgica entonces desarrollada. Y este
la energia, la habilidad y el prestigio de un jefe. Y como ejemplo pueblo aunque fue sometido por los invasores y recibió de ellos
paralelo dei primer supuesto tendríamos que pensar en las luchas una serie de elementos que cambiaron el aspecto de su utillaje,
de clanes que imperaron en Escócia durante mucho tiempo y para no se vio anulado ni expulsado de su territorio, y convivió con
buscar algo semejante al segundo seria necesario recordar a los los recién llegados y se fundieron los dos pueblos, lo mismo que
caballeros bandidos que se significaron en Alemaniá hacia los co- más adelante habían de fundirse los galecos con los romanos, y
mienzos dei siglo xvi. la antigua organización tribal, pese a posibles modificaciones de
Es evidente que en la época de los castros vivia entre nosotros escasa entidad, quedó en pie y subsistiendo sobre sus bases fun-
y en toda la Lusitania, una clase social rica y poderosa. A ella damentales.
pertenecía, sin duda, Astolpas, el suegro de Viriato, que poseía Debemos representamos la invasión indo-europea en nuestro te-
vasos de oro y vestidos preciosos y que ostentaba una categoria rritorio como algo análogo a la llegada de los suevos y los vân-
de príncipe o de rey entre los lusitanos, y en ella se encontraban dalos, y pensar en grupos de guerreros relativamente pequeftos,
de seguro Petranio, jefe principal de los Rados, al que los pue- que se imponen más por su fama y su agresividad, que por su
blos Veaminios donan, en la lápida de Lamas de Moledo, los Cam- fanática fuerza militar, sobre un pueblo fatigado o relajado por
pos dei Otero, y el Coronero, hijo de Camalo, que estampaba su una larga paz, y que no siendo lo bastante vigorosos para remo-
nombre en el adornado dintel de la puerta de su casa, y los otros ver totalmente su estructura se limitaron a alteraria y a provocar
anónimos personajes que llenaban de entrelazados y de combina- un estado de efervescencia por inoculación de la inquietud gue-
ciones de SSS, en las citanias de Ancora y de Sabroso, los mar- rrera de que venían animados.
queados de las entradas en sus redondas residencias; y a la mis- Nuestras tribus dei NW. hispânico no se ajustan, en efecto, al
ma clase bien prevista de influencia y de fuerte economia, perte- tipo de las normales no sólo en el resto de la Espana céltica, sino
necía la reina Lupa, duefta de un Castillo, de fincas, de montes también en las Galias y en el occidente de Germania, porque son
Hkfnr 3 IS' T a p a r e c e desem
P e f l a n d o un papel importante en
mucho más pequenas y ocupan en consecuencia áreas territoriales
l ene mucho más restringidas; extremos que se comprueban fácilmente
Inrira n o I ^ ^ ^ ' ^ S e S U r 0 m a s SÍgnÍfÍCaCÍÓn his-
tonca que Ia que por lo general se le atribuye. dividiendo el número de habitantes que nos da Plinio, entre las
min a* Vcnian estos mie
m b r o s de una aristocracia sesenta y cuatro entidades tribales que nos sefiala el mismo autor
S e i r ° S Pasar' C0" perfiles más
precisados, por nues-
y cotejando el resultado con los 263.000 helvecios o con las va-
tras fuentes de conocmiento? iEran jefes de tribus o gentilidades
Florentino López Cuevillas 85
84
La civilización céltica en Galicia

rias tribus galas, que según Appiano, pasaban de los 200.000 in- Las tesis sostenidas por Mendes Correa y por Mario Cardozo,
divíduos, y comparando en el mapa los espacios ocupados por en las que se afirma la continuidad de la habitacción de los cas-
los Vacceos, los Arévacos, los Arvernos o los Belgas y aquellos tros desde el.eneolítico hasta los siglos de la romanización, es per-
otros en que vivían los Artabros, los Nerios o los Tamaganos. fectamente sostenible cuando se aplica a algunas estaciones dei
Estas diferencias no pueden obedecer de ninguna manera al Sur dei Duero, pero no puede admitirse de ningún modo al tra-
pueblo invasor que tenderia al establecimiento y consolidación de tarse de los poblados fortificados situados en el área de nuestra
sus formas peculiares, y tienen obligadamente que interpretarse cultura dei NW., en los que ni una sola vez se registraron niveles
como perduración de las instituciones propias dei pueblo invadi- arqueológicos de edades distintas, y en los que los hechos que
do. Esta perduración no fue desde luego obstáculo para que ocu- pueden citarse en apoyo de aquellas tesis carecen de valor proba-
rrieran variaciones en las áreas ocupadas por los núcleos tribales torio. Es cierto que no son raros en nuestros castros los hallazgos
y câmbios en sus nombres, semejantes a los que sufrieron, des- de hachas de piedra, pero estas hachas aparecen mezcladas con
pués de la conquista romana, las civitates que recibieron las de- el restante material de tipo más reciente, y pudieron ser utilizadas
nominaciones latinas de Ienteramnicos y de Aquiflavienses, y en al mismo tiempo que él, bien en algunas labores o trabajos, como
apoyo de lo que dejamos dicho es bien hacer notar que al lado eran usados asimismo los instrumentos con talla paleolítica de al-
de nombres con correspondências en tierras galas y germanas como gunas citanias, o muy posiblemente empleadas como amuletos,
los de los Lemavos, Nemetatos. Turodoros y Poemanos, encontra- como aún se empleaban hace poco en ciertas comarcas castellanas*.
mos el de los Albiones, idêntico al de una tribu de Inglaterra que Es cierto que, con menos frecuencia que las hachas de piedra,
se considera como precelta, y encontramos asimismo otros vários, se recogieron en estaciones castreftas objetos que pueden clasifi-
como los de los Gigurros, los Bibalos, los Cáporos y los Seurros, carse en la Edad dei Bronce, pero muchas veces el yacimiento no
que al parecer no pueden ser explicados por las lenguas célticas. estaba dentro dei recinto fortificado sino en un sitio próximo a
Los Sefes no sustituyeron por una organización diferente la anti- él, y en otros se trata de evidentes utilizaciones posteriores, como
gua organización de los Oestrimnios, de la misma manera que los pasa con la hoz y las hojas de espada de bronce dei Santa Trega,
Suevos no arrasaron los municípios galeco-romanos, ni acabaron piezas tipológicamente anteriores a la invasión indoeuropea, pero
con el sistema de explotación agrícola de las villae, pero debieron, que según manifiesta el profesor Mergelina, excavador de aquella
después de un tiempo más o menos largo de pugnas y de posterio- citania, yacían mezcladas con material propio de la cultura de los
res acomodamientos, constituir, quizá con la colaboración de ele- castros, habiéndose recogido aún una de las hojas de espada, de
mentos directores indígenas, la clase social nobiliaria a que antes una atarjea de desagüe de la que salieron también numerosos frag-
nos re enmos, que en una forma o en otra intervenía en el gobier- mentos de ânforas romanas.
no e as tri us y tenía influencia decisiva sobre todo en las em- Los oppida y los castella, con sus fortificaciones inspiradas, muy
J r e S f ^ caracter militar, que como ya sabemos eran tan conti- posiblemente, en las que existían en el Rhin, son debidas a los
F . i f d n " ' h h T V r e v e s t i r ca racteres de terrible periodicidad. indo-europeos invasores, pero las colectividades que alií se refu-
el esfarin I! * [ e c u e n c i a d e estas guerras, la constancia en giaron cuando las circunstancias les obligaron a ello, creemos que
teriores a la inva"^ ° h" 6 m o t i v ó 9 u e l o s poblados abiertos an- en general, pueden considerarse como anteriores a aquella inva-
i n v a s , ó n lnd
nlnT M °-europea, que se nos revelan por ejem- sión y como pertenecientes a la estructura política indígena, for-
plo en Mairos y en Pep,m, tuvieran que mudar de asiento y que
na,u toe
m " «'= y a los que™ anadie- Se refiere a las llamadas «picdras de rayo» o ceraunias, a las que se atribuyen parti-
, ap enes y murallas que aumentaran su naturaleza. culares virtudes. (N. dei E.)
86
Florentino Lopez Cuevillas

zándonos a estimado así el número realmente extraordinário de


nuestros poblados fuertes que coincide con la cantidad asimismo
extraordinaria de pequenas necrópolis dolménicas, fenómenos con-
cordantes que revelan que lo mismo en los siglos lejanos de la
cultura megalítica que en los más próximos de la cultura castre-
na, la población dei NW. peninsular se disponía sobre su territo-
4
rio en una forma extremadamente dispersiva, muy propia de las
condiciones de su suelo y de su clima y que aún hoy subsiste, LOS OPPIDA Y LOS CASTELLA
pese a las tendencias opuestas que dominan en la actualidad.

C
on estos dos nombres designaban los romanos a nuestros
poblados fuertes. Plinio llama oppidum a Abobrica y cas-
tellum a Tyde porque de seguro el primero era mayor y
de más fortaleza que el segundo, pero en realidad eran ambos
de la misma cosa, el mismo recinto rodeado de obras defensivas
que hoy dia se conoce en Galicia y en el N. de Portugal con de-
nominaciones derivadas de las vocês latinas castrum o castelum,
como castro, castrifto, castrelo, castrillo o castelo, castelino, caste-
lejo, castelanchos; que a veces aluden a su antigua función de
lugar habitado, como cibdá, cidade, cividan, cidade y que otras
se refieren a las defensas que ostentan, como coroa o croa, cerca,
murado, muradal, muradelha, amurada, debiendo citarse también
la tan discutida de citania, que en el lenguaje corriente se aplica
a contadas ruinas, que tiene, según Mario Cardozo, un origen más
bien erudito que popular, pero que en la actualidade sirve para
designar aquellos recintos de magnitud desenvuelta que cuentan
en su interior con restos de habitaciones de piedra*.
Son los castros los únicos yacimientos arqueológicos con que
contamos para el estúdio de nuestra cultura céltica, pues en ellos
se concentraban las actividades de las gentes que en aquel tiempo
E H IBEROS vivían en nuestro suelo, que allí tenían refugio para sus temores,
SOO atite» etm C. asilo contra las intemperies, cementerio para sus muertos y templo
*x) 200 :.oo i
* Para una ampliación dc los conccptos que siguen al resto de Europa y su constitu-
ción cf. Oppida in Barbarian Europa Ed. por BARRY y T^LVOR ROWLEY. Papers presenled
to a Confercncc at Oxford, 1975, BAR Supplementary series II, Oxford 1976. (N. dei T)
89
Florentino Lopez Cuevillas La civilización céltica en Galicia
88

o visito 58 estaciones, pero no poseemos, • fuera de la evidencia


para sus divinidades, y es en estos recintos donde se encuentran
de la fuerte densidad, datos más completos.
todos los elementos que nos sirven para conocer aquella época Con respecto a Galicia mejoran algo nuestros informes por dis-
remota y en algunos aspectos tan próxima a nosotros. poner de unas cuantas catalogaciones parciales que aclaran la cues-
Como ya dijimos antes, nuestros castros son muy numerosos, tión en lo que se refiere a las comarcas en que se llevaron a cabo,
tan numerosos que es imposible encontrar en el NW. hispânico y así sabemos que en el corto trayecto que hay entre La Coruna
un horizonte medianamente dilatado sin distinguir varias veces su y Sada se contaron 19 castros; que en los 700 m2. de la región
perfil característico con las cortaduras de los terraplenes y las te- dei cabo Ortegal existen 57 y que Castro López registró 61 en
rrazas donde estuvieron las cabafias o las casas. Gómez Moreno los términos de los ayuntamientos de Monforte, Pantón, Sober,
al hablar de las estaciones de este tipo que estúdio en las provín- Saviftao y Boveda. Por su parte, el siempre aflorado «Seminário
cias de León y de Zamora, dice que en Galicia son innumerables. de Estudos Galegos», hizo las catalogaciones de las tierras de Vi-
Barros Sibelo estimaba los existentes en territorio gallego en 1.300; lamarín, Celanova, Carballino, Melide y Lobeira, que fueron pu-
Vaamonde subió este número a 5.000 y Angel dei Castillo lo llevó blicadas en la revista «Nos», y la de la tierra de Deza, que aun
a 5.800 como atrás indicamos. está inédita, dando el conjunto de todas ellas la relación de un
Todos estos cálculos tienen un valor muy relativo, pero a pesar castro casi por dos parroquias, con lo que se vino a desmentir
de ello, dei conjunto de los datos de que disponemos pueden de- la creencia popular de que cada feligresía tuvo su recinto proto-
ducirse ya algunas condiciones interesantes. En primer lugar tene- histórico, creencia que es posible que fuese bastante exacta en los
mos que los poblados fuertes, muy abundantes en la región Occi- comienzos de la organización eclesiástica, pero que en la actuali-
dental de Astúrias, parece que disminuyen en las comarcas cen- dad no lo es por causa dei aumento de población, por el naci-
trales y orientales. En el Bierzo reconoció Gómez Moreno 30, pero miento de nuevos núcleos y por las variaciones que estas circuns-
haciendo constar que serían seguramente muchos más, y sefialan- tancias impusieron en las reformas parroquiales.
do el hecho de que su número bajaba al adelantar hacia el Este Otras catalogaciones emprendidas en Galicia como las de las
por los Montes de León y advirtiendo asimismo que sólo apare- comarcas de la Estrada, Santiago de Compostela y Ribadavia no
cia uno al otro lado de Orbigo. En cambio en las tierras zamora- están terminadas, conociéndose sólo algunos avances que no tie-
nas e Sanabria y sobre todo en la de Aliste, enumero el mismo nen aplicación para el caso que ahora nos ocupa.
Gómez Moreno 40 castros. Pero de lo que ya sabemos parece deducirse que los castros no
^ frontera de estas dos tierras se entra en el distrito se distribuyen con uniformidad por todo nuestro suelo, agrupán-
da Fe 6 ragan a
^ ' formado por los concejos de Alfândega dose de preferencia en la costa y en la media montana y disminu-
Douro Mi^nrfi r e S ' F r e i x ° d e E s P a d a a Cinta, Miranda do
A yendo su densidad en las partes hondas de los valles de los gran-
Vinhaés en los n*' ° | a d o u r o » Moncorvo, Vila Flor Vimioso e des rios, en la montafta alta y en las sierras, viéndose por ejem-
plo, que en la tierra de Melide, que baja dulcemente dei Bocelo
exclusivamente de" t o p o n i m i a s A ' V e S ' v a l i é n d o s e c a s i a la Ulla, pero que toda ella tiene caracteres de media montafta,
de 2
mientras que en el c o n c ^ t l L T , ° ° CaStr°S'
trasmontano de el número de castros se reparte casi con la misma regularidad en
y partiendo asimismo d í tooon Montealegre,
C nt la zona más alta dei ayuntamiento de Toques, que en la media
53, circunstancia que parece E X ° ° Fernando Barreiros
de Melide que en la baja de Santiso, y que en cambio en la co-
forme se avanza en dirección o ^ S " n u m e r o a u m e n t a con-
marca dei Saviftao que tiene bien diferenciadas una zona de mon-
La densidad castrefia es grande en b . . . . tafta alta, otra de media y una tercera de boca ribera y de ribera
en1 la que Martins Sarmento sin n J gUa
Provincia del M i n h °
propósitos catalogadores, excavó
Florentino López Cuevillas 91
90 La civilización céltica en Galicia

sobre el rio Mino, encontramos en la primera 5 castros en 9 pa- Emplazamientos corrientísimos y quizá los que más se prodi-
rroquias, en la segunda 22 en 29 y en la última 3 en 8 feligresías. gan, son los que se encuentran en los bordes de las penillanuras
El relieve dei macizo galaico ofrece con prodigalidad lugares na- que caen en cuesta rápida sobre las corrientes fluviales o sobre
turalmente fuertes para emplazamiento de los poblados protohis- sus valles. Los dos castros más famosos en la investigación de
tóricos. En la costa presenta senos recortados, puntas que quedan la cultura que nos ocupa, los de Briteiros y Sabroso, están junta-
unidas en la tierra por estrechas porciones ístmicas fáciles de pro- mente con el de Santa Iria, unidos a un macizo y asomados so-
teger, y presenta también con abundancia colinas aisladas que os- bre el valle dei rio Ave, e idêntica situación tienen cerca dei Riba-
tentan fuertemente acusadas las cuatro aguas de que hablan los davia los castros dei Castelo y de la Veiga; el de Avesta en el
campesinos; y también cimas redondeadas que destacan en los ali- Savinao; Tl de Cameixa, en Boborás; el de Trona, a 3 kilómetros
neamientos de los montes, más o menos arrasados por la erosión; dei Balneario de Mondariz y otros muchos entre los que deben
y cuenta sobre todo con penillanuras en las que los rios y los citarse, por la notable circunstancia de su inmediata vecindad, los
torrentes abrieron valles y cortaduras, flanqueados por grandes Cues- de Villar y Sestelo, llamados también el Distelado y el de Daqui-
tas, o por laderas que en diferentes sitios de su desarrollo proyec- lado, en tierra de Deza, colocados en lo alto de las concavidades
tan espolones, que a veces aparecen en lo alto, otras en la parte de dos meandros encajados y contíguos dei rio Asneiro, en el país
media dei descenso y otras aun en la parte baja y que a veces de Deza, y los castros de la Ribela y Marcenlos, en el de La Es-
quedan metidos en la vuelta de un meandro encajado o entre la trada, puestos uno frente a otro en las dos orillas dei rio Umia.
corriente dei curso de agua principal y de uno o dos afluentes. Hay veces también en que los espolones aprovechados para em-
En una pequena península de un seno de la ria de Arousa, está el plazar los castros se sitúan en la parte media de la ladera como
Castro do Meixon; en otra de la ria de Noya, el de Barona, y en la pasa en el de Codeseda, en Deza; con el de Montealegre, en la
otra aun de la de Ortigueira, el castro de este mismo nombre, pro- vertiente dei Xaxán sobre la ria de Vigo; y con el de Ciudá, en
tegi os todos ellos por tres lados, por el mar que tienen a sus pies. el Savinao, que aparece rodeado, excepto por un lado que hace
—\y\sentados en lo alto de colinas o cerros aislados y de altura la unión con el resto de la ladera, por las aguas dei rio Sardifteira
varia e, se halla en primer lugar la tan nombrada citania de San- y de sus tributários los regatos de Longoira y dei Pito. Y cuando
q Ue d s d e s u s 3 6 0 el morro tiene poca altura puede decirse que el foso de los cas-
, f metros de altitud mira para el Oc5ã=~
Va 6 y p a r a el d e l Rosal
tros queda constituído por las corrientes que pasan a su lado, como
situación L ^ ° . > y en la misma ocurre con el Teutixón y con el de Fozara, encima mismo dei Tea;
e n c u e n t r a as m
cada en un i ismo la Croa de Santa Cristina, colo- con el de Pendia metido en una revuelta de un arroyo que lleva
a rgado p u e s t 0 en
tos de B a n d e ^ r f T el limite de los a y u n t a m i e n - el mismo nombre y con el de Fiolleda, contorneado en su base
el ayuntamicnto de la M e r ^ a \5 ** a ™ por el rio de Barrantes.
1.000 metrnc i• kilometros de Orense. Fuera ya de estos emplazamientos que podemos conceptuar nor-
aU
de la Martifia que da vista^l ^ ° p r o m i n e n t e d e la sierra males por cumplir una función defensiva, encontramos otros, des-
5 1 6 0 dC
que lleva el mismo nombre a u e T " ° S e ' r a CStá U" ° a S t r ° de luego mucho menos numerosos, pero que no constituyen rare-
emplazados también en cumbres n V r ™ ^ d ° n d e SC a S Í e n t 3 ' V zas extremadas, que se encuentran situados en sitios llanos o en
allne
recen el castro de Trelle a 600 aciones de montes, apa- el médio de una cuesta y sin ninguna protección natural por nin-
S b r e el m a r y e n l a s inmC
diaciones de la ciudad de O r e n T ^ T ° " gún flanco. Entre los primeros hay casos en los que no es posible
te meridional de la tierra de CHÀ . Ü A S T R 0 M O R 8 A D Á N - en el lími- rechazar en absoluto la idea dei aprovechamiento de una eleva-
P r el l a d o d e L a m a s d e
Aguada, y el dei Furriolo en la Hi!, ° ción dei terreno tan leve que no pudiera manifestarse una vez cons-
13 d l v , s o r i a
' dei Arnoya y dei Limia.
92 Florentino López Cuevillas La civilización céltica en Galicia 93

truidos los terraplenes, como ocurre por ejemplo con el castro de f en Deza, o separados por un breve espado como se hallan en
Albuime, en el Saviftao, pero otros recintos como los de Barazón el castro de la Cigadonha, en Carviçais, Tras-os-Montes.
y Campos, en Tierra de Melide levantan sus murallas directamen- Los poblados con dos recintos concêntricos se encuentran con
te sobre el suelo circundante sin que se pueda sospechar la exis- relativa abundancia, pudiendo citarse los de Trelle y de la Pereda
tência de ninguna elevación natural. Los castros construidos en da Lebre, en Celanova; el de Figueiras, cerca de Santiago de Com-
las partes medias de una cuesta, tienen además de la incomodi- postela; el de Pezobrés, en Melide y otros muchos. Los de três
dad de un piso inclinado, el inconveniente grave para un poblado recintos escasean más, pudiendo citarse así y todo el de San Ci-
fuerte, de estar dominados por las porciones superiores de ladera, brián das Lás, rodeado por tres murallas, dos de lás cuales han
siendo poços los recintos que ofrecen esta disposición, que sólo desaparecido en un Uuen trecho; el de Sanfins de Paços de Ferrei-
registramos en los castros de Guitara, en Panton; Amede, en Sa- ra, en el que se ven dos que cierran por completo sus líneas, exis-
viftao y Corbelle en Melide. tiendo sólo vestígios por el poniente de la cerca más exterior, y
también los de Santa Luzia, en Viana do Castelo y el de Falperra,
. De la forma de la planta de nuestros poblados fuertes se puede
en Braga.
decir lo mismo que luego diremos al hablar de las casas, que tien-
La citania de Briteiros tiene asimismo tres recintos, pero por
den a las líneas curvas y al arredondeamiento de los ângulos, pero el lado dei norte, que es el peor defendido naturalmente, por ha-
salvo estas dos regias, que tienen claros caracteres de generalidad, cerse en aquel lado la unión dei morro con el resto dei macizo,
nada puede afirmarse porque la variedad de sus contornos es in- presenta un cuarto muro que comprende una pequefia elevación
finita. Los hay casi circulares, y otros son elipsoidales y en poços vecina, pero que no parece haber dado nunca la vuelta completa
casos ovales. Algunos, entre los que se debe citar el de la Eirexa al emplazamiento como los otros tres.
dos Mouros, de Cabreriorá, en el valle de Monterrey y el de Vi- Muy común es el caso de castros con un aftadido en uno de
santofta, en Melide, ostentan formas que se acercan al rectângulo, sus lados conformando el llamado «antecastro», pero a veces es-
aunque con los ângulos muy suavizados, y en cambio los de Tras- tos antecastros, que aparecen lo mismo en estaciones de uno que
monte en La Estrada y el de Serantes, en Melide, tienden al rom- en las de vários recintos, se multiplican colocándose unos delante
bo. Es frecuente que los recintos tengan uno o dos lados rectos de otros, como pasa en Palmou, en la tierra de Deza, donde se
y curvos los restantes, pudiendo servir de ejemplos de esta dispo- encuentran orientadas hacia el NE., dos antecastros de 29 metros
sición los de Cervo y de Ladrido, en el Ortegal; los Campos y de ancho, un tercero de 10 metros y un cuarto de 16, separados
Moldes, en Melide y el de Vimeiros, en Celanova, casi Cuadrado por terraplenes de escasa altura. En otras ocasiones los antecas-
pero al que rodean fosos que describen una línea que se aproxi- tros no están contíguos sino que se abren en distintos lados dei
ma al círculo, habiendo casos en que un lado es côncavo como recinto principal, y en otras aún, recintos y antecastros se combi-
en Vilaesteba y en Eivedo, en los ayuntamientos dei Saviftao y nan siguiendo, aunque no siempre, la pendiente dei emplazamien-
de Monforte respectivamente. to y presentando formas tan complicadas como la dei castro de
Pueden tener los castros un solo recinto, que es lo más corrien- Don Ramiro, a las puertas de Lalin; la dei de Braflas, en Toques
te o vários, que se disponen de muy diversas maneras, bien con- y la dei de Guende, en la región de Lemos, que por via de ejem-
cêntricos, sin rigorismos, bien lateralmente, formando lo que se plo describimos a continuación.
llama un antecastro, bien puestos en escalones abiertos en una El de Don Ramiro ostenta un recinto central casi circular, ro-
sola dirección o en varias, o en casos rarísimos en dos plazas tan- deado, o poco menos, por un antecastro articulado con él en lu-
gares próximos al terraplén, estando comprendido este conjunto
gentes como parece que estaban los llamados Castro y Castrifto,
Florentino López Cuevillas La ci vili zoei ón céltica en Galicia 95
94

gua província portuguesa dei Minho; los de Mosinho y Bagunte,


por un recinto exterior determinado por un terraplén, que en el
que miden, respectivamente, 740 x 380 metros y 540 x 280. Pero
estado actual de la estación no se sabe si unia o no sus extremos.
estas extensiones son raras y lo corriente son áreas másjeducidas
En el de los Castros de Branas hay asimismo un recinto central
como puede observarse en la lista dê estaciones que damos a con-
determinado por un terraplén y un muro que se articula con el
tinuación:
de un antecastro que se abre por el lado dei Este y que va parti-
do en dos recintos por una muralla, y debajo dei cual se encuen- Citania dc Briteiros 250 x 150 metros
tra un segundo antecastro cuyas líneas se hallaban poco precisa- Castro de Sabroso 180 x 100 »
das ya cuando fue catalogada la estación, pero que aparecia pa- Castro dc Morgabán 73 x 365 »
Castro dc Terroso 85 x 60 »
tente en ciertos trechos en que el terraplén se conservaba de pie. Castro dc Trofta '20 x 200 »
Frente a estos dos antecastros y por el lado dei naciente dei recin- Castro dc Samoedo 197 x 350 »
Castro dc TVellc 212 x 170 »
to principal aparece un tercero de forma semicircular. Por último Castro dc SoutcliAo 180 x 100 »
el castro de Guende ofrece un aspecto casi piramidal, con un re-
cinto interior y otro exterior que se tocan tangencialmente por la Recintos desde luego de proporciones modestas pero que resul-
parte dei Sur, y con dos muros convergentes que no llegan a jun- tan casi gigantescos si se les compara con otros, como los de Pau-
tarse y que corren por el recinto interior. sada, en el Savifiao, que tiene 27 x 26 metros, y el de las Seixas,
Algunas de estas disposiciones complicadas se explican fácilmente en Melide que sólo llega a los 21 x 25 metros.
por neccsidades de orden defensivo, pero otras tenemos que con- Pero idea más exacta dei tamafio normal de los castros que es-
siderarias como ampliaciones que se harían necesarias por el tas cifras extremas, la dan Ias medias obtenidas en Ias comarcas
aumento de población, o como encerracferos para proteger en mo- que fueron objeto de catalogación, dividiendo los totales de dos
mentos de peligro los ganados que andarían dê ordinaricTenlos de los ejes por el número de estaciones, operación que arroja los
campos de pasto, pero es necesario confesar que un encerradero resultados siguientes:
indudable como parece serio el dei castro de las Cogotas, en la
província de Avila, no fue senalado todavia en nuestra área cultu- Valle dc Vilamarín 90 x 60 metros
Tierra dc Cclanova 125 x 110 »
ral, y que por el contrario en Terroso encontramos un arrabal fuera Tierra dcl Carballifto 124 x 103 »
de murallas que nos presenta un caso de crecimiento que de no Tierra dc Melide 59 x 70 »
variar las condiciones de vida hubiera formado un antecastro en Tierra dc Lobcira 131 x 115 »
Alrededorcs de Mondariz 131 96 »
el momento en que se le rodeara de una cerca como la que cinó Tierra dei SaviAao 102
x
x 84 »
otro barrio a extramuros dei castro de Coafia.
No alcanza ninguno de nuestros poblados fuertes la magnitud .Los recintos de los castros se determinan siempre por terraple-
de ninguno de los grandes oppida de las Galias como Bribacte, nes, por murallas, por fosos, por torres, que como luego veremos
Murcens, Bisontio o Gergovia, y puede afirmarse que aún los de protegen las puertas y en algún caso raro por una especie de ba-
mayor extensión no pasaban de la categoria de pequenas villas luartes. Estos elementos defensivos no acusan en su ordenación
aldeanas. un sistema fijo, sino que se combinan, según los casos, de mu-
Quizá el más-grande-de todos los que conocemos sea el_de-Santa- chas maneras distintas, obedeciendo a motivos que Unas veces se
Trega cuyas dimensiones totales no han podido determinarse, pero derivan de las necesidades impuestas por los emplazamientos y
cuya parte excavada mide de Norte a Sur 700 metros y 300 de que otras no tienen fácil explicación, siendo corriente la redupli-
Este a Oeste. De tamano considerable son dos castros de la anti-
96 Florentino López Cuevillas La civilización céltica en Galicia 97

cación de los fosos, terraplenes y murallas, como si se confiara puede afirmarse, desde luego, que algunos tenían un desenvolvi-
más en el número de las defensas que en su tamafio y fortaleza. miento vertical notable bien perceptible en los casos dei castro Lou-
Sirven los terraplenes para el sostenimiento de tierras y también reiro, en La Estrada y dei Castro Morgadán, en Vilamarín, que
de base a las murallas que sobre ellos se levantan. Unos y otras llegan a los 18 y 20 metros, medidos por la parte interior de los
están constituídas con aparejos pequenos en los lugares en que recintos y no contando por lo tanto con el terraplén de sosteni-
se aprovecharon canteras de piedra esquistosa y aún en otros en miento sobre el que se levantaba la muralla.
que se utilizaron granitos, pero se aprecia una tendencia muy acu- Posiblemente estarían estas murallas coronadas por un parape-
sada a emplear, sobre todo en los paramentos exteriores, bloques to, dei que ninguna conserva vestígios, por ser ésta Ia parte de
grandes que muchas veces pueden calificarse de ciclópeos como su estructura más expuesta a una inmediata destrucción por las
pasa en los castros portugueses de Terroso y Belinho, en el de injurias dei tiempo, pero en cambio en el muro dei recinto supe-
la Veiga, en Ribadavia; en el de Trasmonte, en La Estrada, y en rior de la citania de San Cibrán das Lás ha podido observarse
el de Medeiros, en Monterrey. En Trofla el aparejo grande aparece que dei paramento interior sobresalían unas lajas dispuestas en
en el paramento externo y el interno se ve otro más pequeno; en escaleras por las que se podia ascender fácilmente, y sabemos tam-
algunos castros una muralla está hecha con mampuestos irregula- bién que por lo menos en un lienzo de la cerca dei castro de
res y de tamano más bien pequeno y otra con excelente aparejo Rio, en Vilamarín, la parte interior se halla construída escalona-
damente haciendo a modo de estrechos bancales, que quizá se le-
poligonal bastante grande, dándose el caso en Sabroso de dos lien-
vantaron para dar más solidez al conjunto pero que también pu-
zos contíguos, que presentan cada uno, una de las características
dieron emplearse para trepar hasta lo alto de la referida defensa.
referidas. Las murallas con piedras de magnitud considerable en
Como es lógico los fosos se abren al pie de los terraplenes. Se
la parte inferior y con otras más pequeftas en la superior se regis- presentan hoy algunos con proporciones tan modestas que miden
tran en vários castros.
apenas un metro de profundidad y otro de ancho, cegados como
La anchura de las murallas anda por lo general entre los 2 ó están por los materiales que en ellos cayeron, pero los hay tam-
los 3 metros, como ocurre en Briteiros y en Pendia, pero las hay bién que aún en la actualidad constituirían un obstáculo difícil
de mayor grueso. La que cierra el istmo de acceso al castro de de salvar por una fuerza atacante y que representan un trabajo
Barofta mide 6 metros en los extremos y 9 en el centro, aunque enorme. Tal ocurre con el que aparece en la parte dei Este dei
en realidad no se trata de una sola muralla sino de dos de un castro de Trofia, totalmente excavado en la roca granítica, con 10
metro de ancho que dejan un hueco que se rellenó con tierra y metros de ancho en el fondo y 18 de profundidad; con el que
piedras. En este mismo castro de Barofia el muro de circunvala- se ve por el Sur dei castro de Pendia, abierto asimismo en la pefta
ción dei recinto aparece constituído por tres paredes paralelas y por debajo dei torreón elíptico de que antes hablamos, y con el
escalonadas de un metro de espesor, con los espacios que dejaban dei castro de Rubiás, cerca de Bande, que mide alrededor de 50
entre sí rellenados de tierras y grandes piedras sin ninguna labra. metros de largo por 16 de ancho y 20 de hondo. Muchas veces
La anchura de estas murallas no es uniforme, aumentando o dis- los fosos de proporciones más modestas se duplican o triplican
minuyendo según las necesidades de la defensa, llegando a con- delante de las obras defensivas, como ocurre en los castros de La
vertirse un lienzo casi entero de la de Pendia, en una verdadera Escrita y de Santa Cristina.
torre de forma elíptica. Estas obras se acumulan, como es natural, en los puntos más
El alto de los muros defensivos de nuestras estaciones castreflas débiles y más accesibles, como son aquellos en que los espolones
no puede apreciarse con exactitud por hallarse más destruídos, por donde se emplazan los poblados se unen con el resto de los maci-
»o general, que cualquier otro elemento de la fortificación, pero
98 Florentino López Cuevillas
La civilización céltica en Galicia 99

zos de que forman parte, lcvantándose allí las murallas más fuer- cavación detenida puede ser que no llegaran a aclararse estos ex-
tes, excavándose los fosos más anchos y profundos o reduplican-
tremos.
do su número, o construyéndose verdaderos torreones por el esti- Aunque los_castros durante la guerra de Décimo Junio Bruto
lo de los de Pendia o dei de Barona, cuyo ancho sobrepasa en y después en las últimas luchas en las legiones de Octaviano Augus-
mucho el de las murallas corrientes. to, se sostuvieron contra el poder de Roma, fueron construídos
Los sistemas defensivos se acomodaban, por lo general, a_ las más^que para resistir las máquinas de batir de un ejército sabia-
condiciones dei terreno, suprimiéndose toda obra en ciertos luga- mente organizado, para proteger a sus habitantes de las acometi-_
res fuertes naturalmente, habiendo algún recinto como el llamado das de otras colectividades indígenas enemigas, desprovistas desde
castro da Baixada de San Xosé en Cabreiroá, que se describe como luego de aríetes, catapultas y balistas, que ignoraban el empleo
protegido unicamente por el lecho hondo de un regato que lleva de terraplenes y de torres expugnadoras, y que a juzgar por la
el nombre de Bouzadoiro, y por una cortina de penascos comple- disposición de los castros dominados por alturas próximas no de-
tamente inexpugnables, sin que se aprecien por ningún lado vestí- bían de hacer uso frecuente e intenso, dei arco y de la honda,
gios de cualquier obra artificial. y para los cuales los fosos y las murallas algo considerables, te-
Al aprovechamiento de penas que se adelantan de la línea de nían que resultar casi inexpugnables. Estos atacantes fiarían el êxito
los recintos se deben de seguro, dos especies de estrechos baluar- de sus ataques a golpes de mano rápidos y atrevidos, que por
tes que permiten batir de flanco los fosos de los castros de Mos- otra parte iban en consonancia con su táclica_militar de guerrille-
teiro, en Dozón y de Catasós, en Lalin, y que no hemos encon- roSx_en la que la ligereza y la movilidad desempenarían papeies
trado en ninguna otra comarca, constituyendo una particularidad principales. Es de creer que uno de los puntos más expuestos a
aún más singular, los restos de una al parecer torre de vigia, que ser objeto de una acometida por una tropa de tal naturaleza, se-
se encuentran a 79 metros de distancia de los muros dei castro rían las Puertas de los recintos murados, que se trataria de sor-
de la Goleta en tierras de Deza. * prender aprovechando un descuido de las gentes que las guarda-
ban, la salida para alguna expedición agresora de los mejores gue-
- E n la arquitectura militar castrena y fuera de los casos singula-
rreros dei poblado o las tinieblas de la noche. Contra el peligro
res o casi singulares que dejamos citados, se encuentran^a_~veces
de estos golpes de mano proveíanse muchas veces las puertas de
anomalias de explicación difícil como son, para no hablar más
los castros de torres, de muros revueltos en ângulo y de otras de-
que de algunas, el pequefto espacio que separa lás dos murallas
fensas encaminadas todas a formar pasadizos estrechos y retorci-
dei castro de Teorroso, el verdadero pasillo, de 15 metros de an-
dos y que pudieran ser batidas desde lo alto y desde cerca, y que
cho, que queda entre la primera y la segunda muralla de San Ci-
impidieran o estorbaran la irrupción súbita de un número consi-
brán das Lás; el muro interior en ângulo que cruza el antecastro
derable de invasores.
de Cantelle, corriendo por delante de la puerta, y otro muro cur-
Estas ordenaciones defensivas no se consideraron siempre indis-
vado que atraviesa el castro de Bendoiro. Las dos murallas próxi-
pensables y así hay entradas como alguna de Briteiros, otra de
mas es posible que se dispusieran para evitar la acción de un ata- Faria y otras muchas, que no son más que sencillas soluciones
que impetuoso, aunque tendrían el inconveniente de que los de- de continuidad de las murallas, existiendo en el castro de la Bai-
fensores de la cerca interior podrían ser alcanzados por los tiros xada de San Xosé, en Cabreiroá, una entrada abierta sin más ar-
que se lanzaran, una vez dominada la más externa. En cuanto tificio que el de romper las peftas que rodean el recinto. Es de
a los muros interiores quizá tuvieran por objeto la protección de suponer que este género de puertas se protegieran atravesando tron-
ganados o de almacenes o la preservación de un lugar que se con- cos que dificultaran el paso o con obras de madcra encajadãs para
si erara digno de singular atención, pero aún después de una ex-
La civilización céltica en Galicia 101
100 Florentino López Cuevillas

pacio de unos poços metros en el interior dei recinto. En el castro


el mismo fin, viniendo a confirmar este supuesto el hecho de que
de Branas, por el contrario, el muro se revuelve hacia afuera en
una puerta de la muralla media de Briteiros presente un saliente
dos lienzos que determinan un estrecho pasadizo.
en el que debía batir la hoja de una puerta, y que en el paso En otras ocasiones y con el objeto de dificultar más la acción
de acceso al poblado de Borneiro se vean cuatro quicialeras apa- de los atacantes, los elementos de defensa se organizaban de ma-
readas que se conjugan con muretes articulados con las defensas. nera que el pasillo de acceso estuviera en ângulo recto con la puerta
Otro tipo de entrada parece ser uno, observado de un modo y de que pasara antes de llegar a ella, por un espacio dominado
imperfecto en varias estaciones, que posiblemente cortaba el te- de cerca por los tiros de la muralla, propósito que se lograba cons-
rraplén en forma oblicua, y subia al recinto por médio de una truyendo, como en Sabroso, una cortina exterior unida al muro,
rampa, flanqueada en todo su recorrido por dos muros altos, exis- o bien como pasa en el castro de Amboade, en el Savifiao, inte-
tiendo en el Santa Trega, una modificación de este tipo de entra- rrumpiendo el foso algunos metros después de la entrada, for-
da que consiste en adelantar un lienzo dei muro, en el sitio en mando de esta manera un paso que podia batir desde el parapeto
que éste se abre, dejando así una pasadizo oblicuo y dominado dei foso o desde la misma muralla principal.
por los dos flancos. Cuando existen dos murallas que corren muy próximas, la en-
De concepción ingeniosa es la puerta dei castro de Barona, prac- trada se abre oblicuamente por médio de un lienzo que junta una
ticada entre una torre triangular de 15 metros de ancho máximo obra con otra. Esta circunstancia se da por ejemplo en el castro
y un lienzo de muralla que pasa poco de su ancho normal de de Cabras, en Deza, cuya puerta iniciada por una solución de con-
tinuidad dei muro exterior, se sigue después por un pasadizo que
5 metros, y orientada hacia un despenadero que cae sobre el mar
sube entre las dos murallas unidas por el lado derecho en la for-
desde una altura considerable, dispositivo que obligaría a quien
ma ya indicada, ensanchándose la de fuera en el lado izquierdo
intentara forzar el paso, a moverse en un sitio estrecho y en la
para ceftir el paso.
posición incómoda que supone tener enfrente una fuerte torre y
Análoga a la disposición de esta puerta dei castro de Cabras
a la espalda un temoroso precipício.
es la que ofrece la entrada dei recinto inferior dei castro de la
De sistema semejante al empleado en Barofta, son otras mu-
Goleta, también en Deza. Se halla determinado este recinto por
chas puertas como las dei castro de San Xiao don Monte, en Me-
un muro, que en vez de seguir en la misma línea se separa en
lide, y de otras varias estaciones, que presentan dos torres de flan-
dos que dejan entre sí un paso de 11 metros de ancho, flanquea-
queo articuladas con la muralla y cuyo perfil saliente se acusa
do en su comienzo por dos torres triangulares que se conjugan
más en el interior que en el exterior dei recinto cercado. En el
con los dos lienzos de la muralla, pudiéndose cruzar de esta ma-
tercer recinto de la citania de San Cibrán das Lás, se encuentra
nera los tiros disparados desde las dos torres y desde la muralla
una de estas entradas, que después de su excavación presentaba
dei recinto.
lateralmente dos especies de cubos, y en el interior un cuerpo de
Corresponden a una concepción de otro orden las puertas que
guardia con un asiento de piedra para varias personas. se protegen con torres exentas, aisladas por completo de la mura-
Callejones de entrada, más o menos largos, se conseguían tam- lla. Estas torres pueden ser una sola, que impide el llegar de fren-
bién revolviendo el muro en que practicaban la entrada y alargan- te a la entrada, como ocurre en el castro de San Salvador, en
do los dos lados resultantes por el exterior o por el interior dei Melide, o dos separadas, entre las que va el pasillo orientado en
recinto. Los castros de la tierra de Melide nos ofrecen dos buenos la misma dirección y con un ancho semejante al de la entrada.
cjemplos de esta clase de fortificaciones. En el de Paradela se apre- Estas torres exentas aparecen en vários castros, entre ellos en el
cia una ligera inflexión dei foso, que se interrumpe delante de la
entra a abierta entre dos lienzos de muralla que penetran por es-
102 Florentino López Citevillas
La civilización céltica en Galicia 103

de Cantelle, en el valle de Camba, donde la fortificación se com-


sanchamiento de la muralla al que se une una cortina con dos
pleta con otras dos torres de flanqueo formadas por ensancha-
dobladuras en ângulo recto, y de la otra parte la porción recta
mientos de los dos lados de la abertura de la muralla.
de una especie de cubo, cuya porción curvada viene a unirse, con-
Esta puerta dei castro de Cantelle senala ya un ordenamiento
tra lo corriente, al extremo de la muralla.
de las defensas, que llega a alcanzar en casos una notable perfec- Pero evidentemente ninguna de las organizaciones defensivas que
ción. En el castro de Cumeiro, en el ayuntamiento de Carbia, la dejamos resefiadas puede compararse con la que ostenta la entra-
puerta se encuentra protegida por una torre exenta, colocada en da dei castro de Gresande, en Deza. Tiene este castro una especie
la misma posición central que en el castro de San Salvador, pêro de acrópolis y un recinto exterior que se junta con ella sin ro-
ligada aqui por un extremo con el parapeto dei foso, presentando dearia en la totalidad de su perímetro, y las puertas de los dos
luego, y ya en el interior dei área cercada, un paso de 18 metros se encuentran colocadas una después de la otra, enlazándose por
de largo, flanqueado a la derecha por una vuelta en ângulo recto una hábil disposición de los elementos intermedios que dan al con-
de la muralla y a la izquierda por una torre triangular que se junto una gran fortaleza.
desarrolla integramente dentro dei recinto. La primera parece que se practicó como en el castro de la Goleta
Este sistema de torre y muro revuelto, que es el mismo que apa- haciendo correr en dos líneas el muro dei recinto externo y logrando
rece en los poblados prerromanos de las comarcas occidentales de así un pasillo de 57 metros de largo que se estrecha y vuelve en
Zamora y Salamanca, se encuentra repetido con cierta exactitud ângulo recto gracias al desarrollo dei muro de la derecha que se
en el castro de Guitara, en el que se ve un gran bastión formado ensancha hasta formar una especie de cubo de 11 metros. El paso
al juntarse los parapetos de dos fosos, en frente dei cual se curva así formado desemboca en una plazoleta defendida por três torres,
hacia adentro el muro dei recinto externo, desembocando el pasa- dos grandes colocadas enfrente al acceso de la acrópolis, determi-
dizo comprendido entre estas dos defensas delante de la entrada nado por inflexiones dei muro hacia el interior, y otra pequefta
dei recinto principal, que ostenta una entrada doble determinada que cubre el espacio que dejan entre sí las dos grandes. De estas
por un torreón central de planta rectangular que se cmplaza en tres torres la pequefta y la grande de la derecha son exentas, arti-
la misma línea que la muralla. culándose la de la izquierda con el muro interno dei primer recinto.
Curioso es también el dispositivo de la entrada dei castro de Un problema que debía preocupar a los habitantes de los cas-
Podrouzos, en Melide, organizado en dos pasillos inmediatos. El tros era el abastecimiento de aguas, ya que de no estar éste solu-
primero que es recto queda cenido a derecha e izquierda por dos cionado de alguna numera, y aún sin pensar en sitios reglados,
grandes ensanchamientos triangulares dei parapeto dei foso, y poco probables en cl tipo de guerra usado por las tribus galecas,
segundo que entra oblicuamente dentro dei recinto, va flanqueado bastaria con una vigilancia de dos o tres dias sobre los manantia-
por la muralla principal, que se separa y revuelve hacia cl inte- les o las corrientes próximas a los recintos atacados, para conse-
guir crear una situación difícil a los defensores.
rior, siendo digno de ser notado que para poder batir mejor una
Es posible que este problema se resolviera con fuentes existen-
especie de placita que se forma en la unión de los dos pasillos,
tes dentro de los recintos amtirallados como las que aparecieron
se adiciono al muro de la izquierda un saliente, a modo de pc-
en Britciros, San Cibrán das Lás y Borneiro, c o n j à s i C l i i a s como
queflo baluarte, que permitiria lanzar tiros en três direcciones dis-
las que se ven en la primera y en la segunda de estas estaciones,
tintas y cruzarlos con los que se dispararan desde lo alto de los
y çqjl. pozos o-minas ,de los que se habla con frecuencia en las
oiros muros y desde las torres de flanqueo dei primer pasadizo.
descripciones de castros, aunque nunca hayan sido objeto de una
uy original es asimismo, la puerta que comunica cl antccastro
cxplotación metódica.
de Pendia con el recinto principal, que tiene de un lado un en-
Florentino López Cuevillas
104

Se habla también muchas veces, no sólo por los campesinos sino


por gente letrada, de los pasos subterrâneos que ponen en comuni-
cación los recintos fuertes con los rios o arroyos que corren a sus

5
pies, pêro por lo general los arqueólogos rechazan de manera ab-
soluta la existencia de semejantes pasos. Nosotros, aunque deba-
mos reconocen que ninguno de ellos fue estudiado de una manera
seria, no participamos de este escepticismo y creemos que un siste-
ma de abastecimiento de agua de este tipo pudo muy bien estar LAS HABITACIONES Y LOS POBLADOS
en uso entre las gentes que vivían en nuestros castros, muy capa-
ces de horadar las pefias para cubrir una mina como eran capaces
de excavar los fosos abiertos en roca de que antes nos ocupamos,

H
debiéndose tener çn cuenta, por otra parte, que los pasos subterrâ- abitaron las gentes de los castros en dos tipos de vivien-
das, unas más antiguas, que de seguro eran muy anterio-
neos aludidos se construyeron no sólo en las fortalezas dei Me-
res á~la construcción de los recintos fortificados, y que
dioevo sino en poblados más antiguos que nuestros castros, como
en el argarico de Gatas, entre Mojacar y Turre (Alméria), donde estaban levantadas con barro, y otras más modernas, nacidas den-
hay una galena, obra en parte con grandes piedras y en parte abierta tro de aquellos recintos y edificadas totalmente,de piedra. De las
segundas quedan por lo general los_arranques de las paredes; de
en la roca, que permitia a los moradores dei poblado procurarse
las primeras restan tan sólo pedazos dei revestimiento que conser-
agua de un riachuelo sin que un enemigo sitiador pudiera evitarlo.
vai! la impronta de las varas o de las tablas que formaban las
Por lo que queda expuesto puede apreciarse que los constructo-
res de nuestros poblados fuertes poseían una técnica de fortifica- cabafias.
El primer arqueólogo que se ocupó de estos fragmentos de re-
ción, que manejaban con soltura y eficacia una serie de elemen-
vestimiento fue Alves Pereira, que senaló su presencia en Sabroso,
tos complicados que son por completo nuevos ya no sólo en el
en el Alto de Penacova y en otras estaciones portuguesas. Des-
NW. sino en todo el occidente peninsular, encontrándose en las
pués los hallazgos de esta clase se han multiplicado, y hoy posee-
estaciones eneolíticas o de los comienzos dei Bronce dei Sur dei
mos ya una cantidad suficiente no sólo para conocer vários de
Duero, tan sólo cercas sencillas, que de ningún modo pueden po-
los materiales empleados en la construcción de dichas cabafias,
nerse en comparación en fortaleza con los sistemas defensivos co-
sino también para poder aventurar la relación genética que las une
rrientes en los castros de la época celta, que revelan la actuación
de un pueblo nuevo perito en estas artes militares, que no puede con las casas de piedra.
Se localizan los hallazgos a que nos referimos en el castro de
ser otro que el núcleo o los núcleos indoeuropeos que introduje-
Palmou, en la tierra de Deza? donde se encontraron a una pro-
ron en nuestro país las formas hallstattianas. Un estúdio compa-
fundidad considerable unos pedazos de barro comiegatiyos de .una
rativo de nuestras estaciones castreftas con los oppida de los paí-
capa^de paja, en el castro de San Mamede, en Paradelai_en_ej
ses celtas y germanos, y de modo principal con los de Ias riberas
que se recogieron según dice Vázquez Seijas «pedazos de barro
dei Rhin, podría dar mucha luz en esta cuestión, sobre todo si
endurecidos, que pudieran ser trozos d|ç pq enlucido_de_Jabiques
las comparaciones se llevaban a cabo con los recintos anteriores
por presentar un lado perfectamente plano, con cierto pulimento,
a la Téne, pues éstos es posible que hubieran sufrido ya los efec-
seftalándose por el otro las seflales de lo^jnnnb r g s --^ r i l c s o s "~ c ^ e
tos de una evolución, que los apartara de los prototipos antiguos
probablemente formaban su sostenimiento». Algo análogo, pêro
que son, teniendo en cuenta las fechas de entrada en nuestro país
de las oleadas indoeuropeas, los que más nos interesan.
La civilización céltica en Gahcia 107
106 Florentino López Cuevillas

cubiertas de paja, y su poço_j*£SQ que las hace muy a propósito


más completo salió en una ligera excavación dei castro de Rio,
"para ser colocadas en obras de sostenes.débiles, creemos que-se=,
de la que se sacaron fragmentos de revestimiento, con negativos
rían las más usadas en las habitaciones hechas con materiales ii-
de ramas y de estacas y otros fragmentos muy gruesos, sin im-
^eros, aunque en ciertos casos pudieran ser sustituidas por las re-
prontas de ninguna clase, que provenían, sin duda alguna, de pa-
tamas, oportunamente recordadas por Alves Pereira, y aun por
vimentos de horro pisado, y por último en una exploración de los cepellones, pues con unas y otros se cubren en la actualidad
una parte dei castro de Cameixa, en que el terreno presentaba algunos locales en nuestras aldeas, y conviene recordar que con
una notable profundidad que permitió determinar vários niveles los cepellones que mencionamos, se levantan en la Limia cerca
arqueológicos, pudo comprobarse que las casas de piedra apare- de fincas, que con ellas se edificó en tiempos el primitivo santua-
cia" sólo en el nivel más superficial, y que en los otros se encon- rio de Nuestra Seflora de los Milagros, de Monte Medo, y que
traban sólo hogares de distintos tipos, formados de arcilla y.Pie- hay constancia documental de que en el siglo xvn, algunas casas,
d r a s ^ cerca de ellos pedazos de barro con improntas de tablas^ de la que es hoy próspera villa de Carballino, estaban construídas
que en unos lugares se imbricaban_y_cn .otros se apartaban lo su- con cepellones y pies derechos, no siendo por lo tanto difícil, que
ficiente para dejar pasar el barro entre ellasy estando al parecer esta clase de obra que semeja tener una vieja tradición, estuviera
esta especie_de_m ampara„asegurada por estacas-redondeadas que ya en vigência en la época de los castros.
se ponían en obra unas vcces en_cl mismo sentido que las tablas • Es desde luego indudable que las cabaftas de un material o de
y otras_perpendiculares a dicho_sentido. otro y revestidas o no de barro que pueda ser testimonio de su
De lo observado en la excavación dei castro Cameixa se deduce existencia, coexistieron un tiempo más o menos largo con las ca-
que por lo menos en el área excavada de esta estación, las casas sas de piedra, y dei mismo modo que en Terroso o en el antecas-
de piedra son un fenómeno tardio, y dei conjunto dei material , tro de Coana, no es posible suponer esta coexistência por estar
de cabanas que se lleva ya recogido en este poblado y en los otros las áreas cercadas ocupadas integramente por las casas de piedra,
que antes citamos se saca en consecuencia el empleo de tablas, hay hechos que permiten suponer que en otros castros las caba-
de ramas cntretejidas y de paia, indicando la ligera curvatura que fias serían exclusivas y que en otros aun se juntarían los dos tipos
se notaba en algunos pedazos de revestimiento que l a ^ o r m a ^ d e de habitación.
laSL-Cabanas.tendia a circular, por lo menos en las..de_xamas.entre." Por ejemplo, en el castro de Rio, y a pesar de haberse removi-
tejidas, y,que el barro se aplicaba en la parte inferior de las mismas. do una buena parte de su recinto, no aparecieron restos de casas
La paredes de tablas se emplean aun hoy en la arquitectura ru- de piedra y el mismo fenómeno se registro en los niveles no su-
perficiales dei castro de Cameixa. En una zanja profunda abierta
ral para separación de interiores y también para techos de manera
por un buscador de minas en el castro de la Madalena, en Coles,
principal en las construcciones adjetivas, las pajas se emplean para
zanja que corta en cuerda la superfície de su único recinto, se
cubrir los techos en algunas comarcas y en otras los pastores le-
observan a 20 centímetros de la superfície dei suelo, capas arqueo-
vantan con ella chozas circunstanciales y por último las varas en-
lógicas con cerâmicas y los bolsones de cenizas de los hogares,
tramadas se usan en los hórreos más modestos de forma tronco-
sin que se acuse por ninguna parte la presencia de cualquier obra
cónica que se conocen con el nombre de «cabaceiros», convinicn-
de carácter permanente, y por último, y como el caso en el que
do recordar en esta relación de posibles sobrevivencias, que en cier-
de seguro se hallaban juntas cabaftas y casas, debe citarse el cas-
tas comarcas se acostumbran a recubrir con una capa de arcilla
tro de Pendia, en el que no se descubrieron más que doce de es-
las partes superiores de las hacinas de mieses.
tas últimas, capaces de alojar a lo más 50 ó 60 personas de todas
Sabgxpç>$ pues con qué materiales se levantaban las paredesj}£.
Jas cabafta§ castreft a s j r j e n i e n d o en_cuenta_lo_£cn eraliza d o d e > s
LAMINA IX
108 Florentino López Cuevillas

las edades, que de no tener a su lado numerosas cabaftas que die-


ran cobijo a un núcleo de gentes mucho mayor, serían incapaces
no sólo de defender, sino de vigilar con mediano êxito todo el
perímetro dei poblado.
- Pero entrando ahora ya _en el estúdio de las casas castreflas,
diremos en primer lugar, que prescindiendo de una especie de~opus
caementicium usado en el castro de Meirás y dei que nos ocupa-
remos luego, el único aparejo empleado en su construcción fue
Ia mampostería) el opus incertum de los romanos, ejecutado por
lo general con piedras poco voluminosas. Los grandes bloques pues-
tos en obra en algunas murallas defensivas como las de Sabroso,
Trofla y Medeiros se encuentran poças veces en los muros de las
habitaciones, apareciendo por excepción hincadas de punta en el
suelo y haciendo una especie de alto zócalo en la cara externa
de las paredes como en Briteiros o en el Trega* o colocadas en
posición normal en alguna edificación, como en una especie de
tanque descubierto en el recinto más interno de los três de San
Cibrián das Lás, donde se miden lajas de metro y médio de lon-
gitud.
Dice Alves Pereira que una de las dimensiones de las piedras
que se usaron en el tipo de aparejo, que él llama reticulado y
que se conoce generalmente poflíêlicoidal, y que es la que se
seftala en la dirección de las hiladas, no pasa nunca de 25 centí-
metros, pêro este dato no es válido para la totalidad de los apare-
jos empleados, en la mayor parte de los cuales encontramos, siem-
pre dentro de los tamanos pequefios, una gran variedad de mag-
nitudes.
La forma de-los-mampuestos viene determinada, primeramente,
por la naturaleza de las rocas que proceden, siendo estrechos y
aplanados si su estructura es esquistosa, como ocurre en Coafla,
en Pendia y en algunas construcciones de Borneiro, y más o tnç-
nos redondeados.o poliédricos si salieron de una cantera de granito.
, ? ^ e n t o 4g estas pirrlras» a veces en s e c o (San Ci-
S
Rnm^irn * r 0 ^ em 1
P eando-para macizar tierra, como en
C Bifaces ejecutados sobre cuarcita con técnicas paleolíticas: Lougos, As Eiroas, Amoeiro,
Padesno' 2D barro como en Briteiros, Belinho,
nte d Sta. Marina do Monte (Orense). Museo Arq. de Orense.
no lleoahaT \ ° ° C a s t r o ' d c Braga. Çuando JaJabra
- S a regularizar los bloques, se usaban para asentarlo^
LAMINA X
LAMINA X!

,Forno dos Mouros

A CORUNA

Roza das Modias

Tcasota de Berdoia 7 T
fTP®cka C-uberta
^ H A r c a da PKJ»
Casa dos Mouros
n X ]
Parxub*ni^^~ly'

Santa Marina1

*Abuime
PONTEVEDRA
p^an deWK
Arrnada <( 2m

an de Arqurf*ia i

71 Dólmenes
Areas mec
Planta y alzada de los dólmenes de Pedra 3
Cobesta (1); Arca do Barbanza (2); Arca de
Berdoiras (3), (La Coruria).
Según G. y V. Leisner.

ÍUS/Ón Óel mega,,t smo


' en Galicia. (Según A. A. Rodriguez Casal).
LAMINA X I I
LAMINA XIII

Arriba: Cerâmica campaniforme ha liada en Tecedeivas (Lalin) y Maus de Salas


(Calvos de Radin).

Abajo: Ajuar encontrado en una mamoa (dolmen) en As Pontes de Garcia Rodriguez.


AJuar megalítico de Chan de Armada. (VHaboa, Pontevedra,.
LAMINA XIV
LAMINA XV

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Distribución geográfica de petroglifos e insculturas rupestres en el N. VJ. de ESP Intento de clasificación tipológica de los petroglifos más comunes de Galicia.
Según A. de la Pena Santos.
LAMINA X V I
La civilización céltica en Galicia 109

piedras más menudas ojasca^^-siendo de menor tamano cuanto.


más regular es la labra, y llegando casi a desaparecer en ciertos
paramentos de ejecución esmerada.
Este cuidado en la obra de mampostería se percibe en muchas
construcciones castrenas, que presentan, por lo general, caras más
regulares y mejor trabajadas, que las edificaciones coetâneas dei
centro y dei Este de la Península, pêro a pesar de este carácter
que podemos considerar como común, la .diversidad de materia-
les, de labra y de asiento, permiten distinguir en las casas de los
castros los sipnientes tipos fie apareios:

a) De lajas tabulares.
b) Irregular, formado por piedras sin labrar o poco labradas.
c) Poligonal, formado con piedras bien labradas que se asien-
ta a veces sin auxilio de otras piedras más pequeftas.
d) Helicoidal, con las hiladas dispuestas en forma de hélice
que se adapta muy bien a las paredes curvas.
e) Provisto en eLparamento externo de un^caloJòimadQLpor
grandes piedras hincadas de punta en el suelo.

Como ya indicamos el aparei o de tipo a) es el propio de las


paredes hechas con materiales esquistosos, seflalándose su presen-
cia en Coana, en Pendia y en algunas construcciones de Borneiro.
Es usado el tipo b) en edificaciones adjetivas, en los muros de
sostenimiento de tierras y aparece en algunas ocasiones en los pa-
ramentos exteriores de las casas y con mucha más-frecuencia en
la parte interna-de-las-mismas.
El tipo c) puede decirse que es el normal en las caras externas
de las casas, aunque se usa también en otras ocasiones y~ã~veces
en grandes bloques, en murallas defensivas como en las de Me-
deiros y Sabroso. ^
Los aparejos helicoidales abundan en el Mihno português, y apa-
recen también en el Trega, en Trona y en un lienzo curvado de
la muralla de Cameixa.
Finalmente el tipo e) cuya creación responde al deseo de evitar
queJa humedad penetrara por la mitad inferior de las paredes,
problema que comoTuego veremos debió de preocupar mucho a
Cribo"'9Zment°n C n rOVertida
°* Realizados en la llamada "Pedra do Outeiro do
' Armente,ra-Mels (Pontevedra) y atribuídos a la Edad de Bronce.
Florentino López Cuevillas Hl
La civilización céltica en Galicia

los castrenos, se encontro solo en Briteiros, en el Trega y en San- •Pasando ya a la forma de las habitaciones castrcnas, conviene
fins de Paços de Ferreira. manifestar en primer término que sus plantas son muy variadas:
- U n a notable particularidad de la mampostería de los castros es las hay c i r c u l a r e s ^ por lo menos aproximadas al círculo; elipsoi-
el estar constituída casi siemore por 5os paramentos distintos dales, alargadas y con combinaciÓJi,_d_e_paredes rectas y curvas.
mutua, faltando los tizones, lo mismo que los qúe atra- rectangulares, trapezoidales y aun cuadradas, unas veces con los
viesan totalmenlerTa pared que los que lo hacen sólo de una ma- ângulos vivos y otros con ellos redondeados, pêro en médio de
esta variedad cs casi constante el predominio de los trazados cur-
nera parcial. Generalmente en los jnuros_de^las_casas la cara ex-
Yqs. En Terros, de 95 casas sólo 15 eran angulares; en Belinho,
terna es de^materiales mayores_v mejor labrados que los de la
de dos descubiertas una era oval y la otra rectangular con un lado
cara interna, que formai) casi siempre un paramento i r r e g u l a r j T
curvo; las dos exeavadas en el Monte de Castro, de Braga, eran
de despiece pequeno. Una excepción de esta regia se observa, no
circulares como lo eran también la única estudiada en la Cividade
obstante, en algunas habitaciones de la citania de Sanfins. de Paderne, las dos exploradas en Montealegre de Domayo, todas
Los canteros.de los, castros desconocían o no hacían caso de los las aparecidas en el castro de Lanhoso, y al parecer casi todas
enJacesjâsJas-esquinas.que se realizan hoy por el sistema de silla- las que se registraron en los castros de la comarca de La Estrada.
res cruzados, llamados machos, y se limitaban a juntar_los_,dos Hay otras estaciones como Borneiro, donde de 12 casas descu-
muros sin unirlos, o a colocar en los ângulos unas piedras escua- biertas, 11 tienen las paredes curvas, o como Sabroso donde se
dradas y de mediano tamano, a cuyos lados se levantaban los dos cuentan 35 casas redondas y apenas si vestígios de algunas rectan-
jnuros, pero_ quedando independientes y sin ligar los tres elementos. gulares. En Pendia coexisten 11 construcciones de paredes curvas
Con los marcos de las puertas se seguia un procedimiento aná- y sólo una con ellas rectas, y en el Trega, Santa Lucía, Trona
logo, prescindiendo de los enlaces en los muros y estando los_din- y Coafta las plantas redondeadas están en grande y absoluta ma-
teles sencillamente adosados a ellos, como puede verse en los co- yoría sobre las angulares. En Barofta, por el contrario, los dos
nocidos ejemplares de Briteiros, de Ancora y de Sabroso. tipos se encuentran representados cada uno por cinco ejemplares,
Algo por completo aparte de todo lo hasta ahora diçho_son_ alcanzando proporción más alta las construcciones en ângulo, en
Jos muros de areamasa, descubiertos por primera vez en cl castro., San Cibrán das Lás y en Briteiros, donde las casas que ostentan
de Meirás, cerca de La Corufta, que su excavador, el distinguido paredes curvas son poco más de la cuarta parte de las 200 que
arqueólogo José Maria Luengo, tuvo la amabilidad de describir- llenan el área exeavada. ^ N

nos, en carta particular, en las siguientes palabras: «La obra de Seria descartado el intentar la clasificación de las plantas de
Jas casas castrcüas siguiendo un critério estrechamente detallista,
fábrica es malísima y se halla ejecutada empleando tapialcs de
p o r ser evidente que muchas formas raras que surgen en un lado
madera, dentro de los cuales se fue arrojando tierra y piedras a
o en otro, son debidas a nccesidades de acomodamiento en un
granei mezcladas con barro, lo que hacc una obra muy deleznablc.»
determinado lugar o aí deseo de aprovechar elementos anteriores,
El empleo de esta especie de cemento, no registrado hasta aho-
y aun las_di£eiencias_entre_-plantas--circulares, ovales, elípticas o
ra en^nuestros castros, hace pensar en una imitación indígeiiajli-
elipsoidales, no indican más que no debía de aspirar a obtener
as o ^ s similares romànãsTy más si se tiene en cuenta que en figuras geométricas regulares. Así nosotros para formar nuestros
los cimientos de la construcción de Meirás se hallaron tegulas, grupos sistemáticos preferimos~englobar todas aquellasjplantas bajo
imbríces y ladrillos, pero tampoco debe olvidarse el pasaje en q " c la dcnominación general de. redondeadas, y comprendcr asimismo
mio abla de las murallas de forma que se levantaban en las rectangulares, trapeciales, trapezoidales y cuadradas, tengan o
Hispania, y que debían ser muy parecidas a las paredes de aqud
( ílCt TA ^ A r i i A Aa,
112 Florentino López Cueviilas
La civilización céltica en Galicia 113

no los ângulos vivos, bajo el nombre de angulares, y una vez he- por la adición de construcciones curvas con otras angulares, se
chas estas aclaraciones, podemos_establecer la referida clasifica- registra en Terroso, en Briteiros, en Trofia y en Coana, donde una
ción de lajnanera siguiente: habitación dei Oeste dei poblado se interpreto certeramente como
resultado de la unión de dos habitaciones preexistentes de las que
a) Rçdondeadas sencillas. una era alargada y la otra rectangular.
b) Redondeadas con vestíbulo angular o curvo. — El grueso de las paredes de las_casas.de los castros va casi siem-
c) Redondeadas con vestíbulo formado por muros rectos para- pre de ios~40~ã~Tõs 60 centímetros. No son raras así y todo las
lelos-o 110. construcciones que rebasan estas cifras, registrándose paredes de
d) Al(j5gãdaS con uno o con vários muros curvos. 64 centímetros en San Cibrán das Lás, de 67 en la Cividade de
e) Casas angulares. Paderne, de 70 en Barona y de 75 y aun de un metro en un local
O Casas angulares con vestíbulo. provisto de un hogar, dei castro de Borneiro. Los muros inferiores
g) Casas(mixtàs^ construídas por asociación de las formas an- a los 40 centímetros se empleaban en los vestíbulos que sólo mi-
teriores. den alrededor" de SUTy en alguna rarísima pared de casa que como
dos de Belinho quedaban entre 33 y 37 centímetros.
Los espacios.ceaidos-por_estos-muros, cuyo ancho suele variar
De todos estos tipos el que parece más extendido y característi-
ligeramente en el mismo muro son, casi siempre, muy peguenos.
co es el de la casa redondeada sencilla que se pródiga en el Min-
Las casas redondeadas con vestíbulo o sin él, tienen normalmente
ho português y en la comarca asturiana dei Navia y que incluso un diámetro_4 ue oscila~entrç__tres y cinco metros, encontrándose
traspasa los limites dei área cultural, insinuándose en la Beira Alta en alguna ocasión, como en un barrio con cerca de piedra de
y también en algún castro de la parte occidental de la província San Cibrán das Lás, habitaciones que miden poco más de dos
de Salamanca. metros. Con diâmetros superiores a cinco metros se encontro un
Las casas redondeadas con vestíbulo açodado se sefialan en Bri- ejemplar en el Trega con 5'60, en Coana y en Meirás otros con
teiros, Sabroso, Santa Luzia, Terroso, Trega y C o a f l a , x i ^ — 6, en Briteiros llega uno a los 8 metros, y finalmente en el castro
tíbulo, y_las^ de vestíbulo curvo, mucho menos frecucntes, se en- de Guimarey, cerca de La Estrada, se sitúa el gigante de las cons-
cuentran en Terroso, en Coafia y en un ejemplar dei Trega. trucciones de este tipo, que alcanza 9 metros de diâmetro.
Los vestíbulos dei tipo c) son por lo de ahora exclusivos de^ Las casas de planta oblonga son casi siempre de tamafto más
castro asturiano de Coana, y al contrario las construcciones de desenvuelto que las redondeadas y aunque en Belinho se encontro
tjpo d) que se encuentran en él muy bien representadas, aparecen una de 4,50 por 2 metros y en el Trega otra de 3,70 por 2,50,
también en Pendia, en Borneiro, en Barofla, en cl Trega, en Tro- lo corriente son tamafios más considerables, como los 7,60 metros
fta, en Santa Luzia y en Belinho, escaseando en Terroso y en Bri- de longitud medidos en el mismo Trega, los 9 de Borneiro, los
teiros y llegando a faltar en absoluto en Sabroso y en San Cibran 12 de Pendia y los 14 de Coafia.
das Lás. Existe también gran variedad en el desarrollo de las habitacio-
En una o en otra de sus variedades se encuentran las plantas nes angulares: una cuadrada de San Cibrán das Lás media 2,50
en ângulo.en las estaciones que antes enumeramos y en muchos metros y otra rectangular dei mismo castro llegaba a los 11 por
castros trasmontanos y en los minhotos de Santa Maria de Falpe- 5,50. Otra de Borneiro tenía 4,50 x 2 metros y otra por fin de
rra, Monte Redondo, Sanfins, Cendufe y en el gallego de Medeiros. Coafia pasa de los 8 metros. Las poças casas angulares con vestí-
Las casas angulares con vestíbulo se sefialan tan sólo en Britei- bulo que se registraron son de dimensiones reducidas.
ros y quizá en Barofta, y por último las casas mixtas formadas
114 115
Florentino Lopez Cüevillas La civilización céltica en Galicia

En los planos publicados de Briteiros y de Terroso pueden ob- chazar cualquier idea relativa a obras de adobe o de ramas aso-
servarse construcciones en las que las plantas redondeadas se aso- ciados a la mampostería, pero el hallazgo de casas que ostenta-
cian, al parecer en una misma habitación, con otras rectangula- ban su altura primitiva o una muy aproximada, vino a terminar
res. En el plano dei antecastro de Coana, puede verse como antes con todas las dudas. Ya Alves Pereira en el afto de 1914, hablará
de una construcción circular aprovechada, sin que se alterara su
indicamos, algo semejante, y por último en las últimas excavacio-
traza originaria, y que media 3,80 metros de alto por 3,60 de diâ-
nes de Trona apareció asimismo una casa curva con un segmento
metro. Apareció después en el Trega otra casa con un metro y
dei muro derribado, para comunicaria con una prolongación rec-
setenta centímetros de altura y más recientemente se descubrieron
tangular. La magnitud de estas construcciones varia de unos ca- en el castro de Coafta, una casa de planta cuadrangular de cerca
sos a otros, pero sin llegar nunca a alcanzar los 18 metros de de tres metros de alta, una segunda de tres cincuenta y otra circu-
una habitación de cinco compartimentos de Briteiros; la de Terro- lar cuyas paredes llegaban casi a los cuatro metros.
so con dos, media 8 metros, las dos casas unidas de Coana llegan Esta última medida y la antes citada dei castro de Cendufe,
a los nueve metros y a las dos de Trona les falta algo para los siete. nos proporcionan una norma general para las alturafde Jas habi-
En todas estas construcciones los elementos constitutivos se se- taciones castrenas, que debían ir de los 3,80 metros a poco más
nalan en la planta, y son ellos con su conservada individualidad, dè cüãtro,~>Tque nos muestra al propio tiempo que Martins Sar-
los que marcan los compartimentos, ^ero^ hay tambiéa_casas de mento no se equivoco tanto como él creia, al reconstruir las dos
forma sencilla que ofrecen en su interior divisiones que separan casas de Briteiros, y que Alves Pereira, que trabajaba sobre el dato
distintos departamentos. Así en dos casas alargadas de Coana, se obtenido en el castro de Cendufe, acerto al atribuir 3,80 y 4 me-
ven paredes que o bien las dividen en dos locales independientes, tros, a las otras dos casas de Santa Luzia, restituídas idealmente
con salida cada uno al exterior, o parten el edifício en dos cuar- por él.
tos comunicados interiormente por una puerta. En otra casa rec- Se levantaban las paredes unas_yeces desde ^ u arranque con el
tangular de San Cibrán das Lás, que media 10,62 por 4,24 me- mismõ aparéjo y otras con piedras mavores_en lasJiiladas deliondo,
tros, aparecia un muro sin vestígios de vano, que la parte en dos buscándose para asentarlas la roca firme, poniéndolas simplemen-
porciones desiguales, sin que exteriormente se perciban puertas por te encima de ella si se hallaba superficial, o ahondando los ci-
ningún lado; la única casa oblonga dei castro de Trona, prcsenta mientos en alguna ocasión como en una casa de Coana, hasta
los tres metros si la pefla viva yacía profunda. En el castro de
en uno de sus extremos un tosco muro que se interrumpe antes
Meirás las paredes dei conglomerado de barro y piedras sueltas,
de cortaria por completo, y que separa un pequeílo local; en Ba-
de que antes nos ocupamos, cargaban sobre piedras en forma de
rona otra casa oblonga se hallaba dividida en su interior por cin-
curtas que sostenían otras de tamafto mediano, metido todo en
co lajas hincadas en el suelo, y por último en Cameixa, una pa-
camas abiertas en el granito descompuesto.
red angular divide en dos una casa redonda.
En la parte jnás. baja-del-muro se disponían en ocasiones, una
reyó Schulten que las casas de los castros tenían sólo un zó- hilada de piedras verticales y a veces un poco salientes, destina-
calo de piedra y que el resto de la pared era de ramas y de barro. das a proteger la parte inferior de las casas dei desgaste dei trân-
El conocido texto de Vitrubio y la altura de un metro o menos sito, pero cuyo principal objeto era, de seguro, evitar que la hu-
de los muros que las excavaciones ponían por lo general al descu- medad se filtrara al suelo interior, observándose en estaciones dei
icrto, autonzaban estas opiniones, aunque la enorme cantidad N. de Portugal, que las piedras más o menos grandes, que se en-
e mampuestos que se encuentra al pie de las paredes que aun cuentran en la parte baja de la cara externa de las paredes de
de' A n r C r V a n c ^ ' y 13 m Í S m a P r e s e n c i a d e P u e r t a s ' C O m 0 l a S
» Sabroso y Briteiros, parecían ya suficientes para re-
117
116 Florentino López Cuevillas La civilización céltica en Galicia

algunas casas, se colocaban con una inclinación suficiente para formado parte de una cubierta, y sobre todo en la inclinación hacia
adentro de algunas casas redondeadas dei Trega y de Briteiros,
que las aguas que caían dei techo escurrieran hacia afuera, y aún
que hizo suponer una reducción dei diâmetro de la parte alta dei
para hacer correr estas aguas y las que vinieran de sitios más al-
alzado, favorable a un cierre con piedras imbricadas, y puede aún
tos y evitar encharcamientos que pudieran perjudicar a la habita-
justificarse con la presencia de falsas cúpulas en los monumentos
ción, se hacían, a veces, pequeftos canales, que cuando están abier- funerários, con la tradición dolménica y con la perduración de
tos en la roca pueden observarse como ocurre en el Santa Trega este tipo constructivo en el N. de Portugal, donde fue seftalado
y en otras estaciones. por Alves Pereira. El hallazgo en vários castros de fragmentos,
Asimismo se observo en casas dei Santa Trega y de Briteiros más o menos numerosos, de tegulas sirvió para apoyar la segunda
una inclinación de las paredes hacia el interior de las viviendas, hipótesis, y finalmente el uso aún en nuestros dias de techumbres
que se atribuyó al deseo de facilitar el deslizamiento de la lluvia de paja hizo nacer la tercera confirmada en la actualidad por la
que viniera dei techo, pêro este hecho, fuera su causa la que qui- aparición en el antecastro de Coana de pajas carbonizadas.
siera, no presenta caracteres de generalidad, y en Coana, las más Nos parece indudable que si hubieran sido comentes las cubiertas
altas paredes se levantan por completo verticales y sin desviación de piedra^ las lajas que las formaron tendrían que sefialarse por
ninguna hacia el interior. lo menos en la mayor parte de los castros explorados y no sólo
-Asunto discutible es el de la altura de los vestíbulos. Alves Pe- en Sabroso, que es en la única estación en que aparecieron en
reira supuso para una de las casas de Santa Luzia, basándose en número suficiente para llamar la atención de los exploradores. Algo
el menor ancho de las paredes y en una pieza en forma de para- semejante se puede afirmar de la-teja_romana, cuyo hallazgo se
tiene producido en muchas estaciones, pêro sin que su volumen
lelepípedo, corta y decorada, dei castro de Cendufe, que su vestí-
permita creer en una gran generalización de su empleo, pues aun-
bulo estaria abierto por la parte superior de las paredes, descan-
que en Briteiros se la recogió con abundancia, tenemos ejemplos
sando el techo en postes de piedra, pêro esta reconstrucción tiene
de otros poblados ya de plena época romana, como el Outeiro
en su contra otro vestíbulo dei castro de Coafia que se restauro
de Baltar, donde su aparición puede calificarse de esporádica. Pero
por completo, y que resulta tener las paredes seguidas hasta una lo que dejamos dicho no es obstáculo para que admitamos la po-
altura de três metros y médio, más que suficiente para sostcner sibilidad de que de modo excepcional hubiera falsas cúpulas o ver-
la techumbre.
daderos tejados, o que las lajas y las tejas se pusieran en obra
Como ocurre en la casi totalidad de las antiguas casas aldeanas en los bordes de techumbres de cepellones, de retama o de paja.
el techo de las habitaciones castrefias descansaria directamente so- Es evidente que el cujtivo de^ las gramíneas, con antecedentes
bre el alto de la pared, pêro la aparición, singular desde luego, ya en los tiempos megalíticos, tenía alcanzado en tiempo de los
en un castro sin romanizar como Sabroso de restos de indudables castros una regular extensión, según lo demuestra el hallazgo de
cornisas, demuestra que este elemento arquitectónico era conoci- granos carbonizados en diferentes estaciones, dando testimonio tam-
do y empleado a veces en la construcción de las casas castrefias. bién de este cultivo el barro con improntas de paja de Palmou
Se creyó, y se cree aún por algunos, que las cubiertas de estas y la paja quemada de Coafta, viéndosc por lo tanto que no había
casas se formaron por lo menos en alguna ocasion con pequefias de escasear la matéria prima para construir techos iguales o muy
lajas dispuestas en falsa cúpula, se pensó también por ciertos ar- semejantes a los que aún se construyen actualmente*.
queólogos en un tejado romano con tegulas e imbrices, pêro la
• Cf. al rcspccto, y para una ampliación dcl lema, cl libro de MARK GOISON AS pallo-
mayor parte de los investigadores se pronunciaron siempre por un zas. Ed. Galaxia, Vigo 1983.
sencillo techo de paja. La primera de estas três opiniones se fun-
damenta en el hallazgo en Sabroso de lajas que parccían haber
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La-aimadura que sirve hoy para sostener esta clase de cubiertas Santa Luzia, Coafia y Terroso, pero hay otras estaciones como San
no es uniforme y_varía no sólo según la planta de la casa sino Cibrán das Lás, Borneiro, Barofia y Trofia, que fueron excavadas
también según las localidades y la conveniência dei constructor. con cierta intensidad y donde las referidas piedras no acusaron
En las casas dei Cebreiro y de otros lugares de las montarias orien- su presencia, existiendo también en Trofia y en otros castros, ca-
tales de Galicia, cuando se trata de plantas redondeadas se dispo- sas redondeadas que tienen en el centro un hogar de barro, o de
nen radialmente, quedando los rádios con un extremo apoyado barro y piedras, cerca dei cual no se podría instalar ningún poste
en Ia pared y el otro en un pie derecho, que se coloca en el cen- de madera. Claro está que no puede rechazarse la idea de que
el pie derecho se apoyara en el suelo, más o menos amparado
tro de la vivienda, y que se afianza por el extremo inferior en
por algunas piedras, pero la coexistência en la mayor parte de
un agujero abierto en una piedra. Cuando, por el contrario, se
los castros de construcciones de paredes curvas con otras de pare-
trata de construcciones alargadas, se duplican los pies derechos
des angulares, a las que se acomoda perfectamente la techumbre
y las cabezas curvas se cubren con rádios y la porción recta con
montada en vigas, y el hecho de ser redondeadas la casi totalidad
traviesas a dos aguas que se fijan por un extremo en la pared de las casas de Terroso, en las que apareció la piedra de sosteni-
y por el otro en una especie de viga sostenida por los dos pies miento, nos hace sospechar que entonces como ahora, los dos sis-
derechos.
temas estaban vigentes y que el predomínio de uno o de otro va-
Las plantas redondas quedan así cubiertas por una superfice có- riaba según las localidades.
nica y las alargadas_por otra a dos aguas en el centro y con su- Una de las cosas en que se pone más cuidado al techar con
perfícies semicónicas en los extremos redondeados. Encima de las paja una vivienda, es en que las distintas capas queden bien suje-
travieseas se colocan unas tablas sobre las que van sucesivas e im- tas para que no se levanten y esparzan en los dias de viento. Para
bricadas capas de paja. impedirlo se aprietan dichas capas de paja con ramas entrelaza-
En otros casos la armadura prescinde de los pies derechos asen- das o con varales, que en las cubiertas a dos aguas se cuelgan
tando las traviesas en ângulo, y la horizontal donde se apoyan a caballo dei alto dei tejado y se cruzan con otras varas trasversa-
los vértices, sobre vigas que se sostienen en la pared. Este sistema les, que se prenden a las primeras; colocándose otras veces sólo
en tijeras o tirantes se empleó en dos casas redondas, una de Cal- varas trasversales presas en unos pedazos de ramas que presenten
vos de Randín y otra de la Fraga, en Lobeira, resolviéndose el un codo, que se sujetan en las tablas de la techumbre, ya en unas
problema de la adaptación de este tipo de armadura a una planta piedras horadadas de borde en que se asientan las primeras cama-
circular, en un caso, disponiendo el techo a dos aguas y con bise- das de paja. Creemos que Ias piedras horadadas de forma plana
les en los extremos, y en el segundo poniendo un bisel en un ex- y sin longitud bastante para poder ser tenidas por amarraderos
tremo y levantando la pared en el opuesto, hasta darle un trazado de ganado, que aparecen en ocasiones en los castros, deben ser
triangular, acomodado a la forma de la tijera. interpretadas de la manera que dejamos indicada, como parte de
un borde de techumbre dispuesta para prender los varales que sos-
Posiblemente esta clase de armaduras, más propias de las plan-
tas angulares, se aplicaria después a las redondeadas a causa de lenían las capas de paja.
La hipótesis acerca de una de estas lajas encontrada en Coafia
su mayor fortaleza, pero existen motivos para creer que ya en los
que se supuso amarrada por el exterior dei pie derecho y pesando
castros se encontraban en uso lo mismo los techos sostenidos so-
sobre el techo pajizo, aunque tenga a su favor su presencia en
bre vigas que los que apoyaban por pies derechos.
hacinas asturianas, tiene en contra suya la debilidad de las arma-
Aparecen muy frecuentemente en nuestras estaciones castrefias
duras de esta clase de techumbres, que serían incapaces de resistir
las piedras de mantenimiento de estos pies derechos, cuya presen-
cia se tiene sefialada en Briteiros, Trega, Lanhoso, Ribeiras do Sor,
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el peso de las piedras que se necesitarían par dar estabilidad a ban destinados para echar comida a animales estabulados en el
las capas de paja. Y no debe olvidarse por último, que lo mismo local contíguo, como lo están dispositivos análogos que se pue-
que en las cabafias podrían usarse para cubrir las casas de piedra, den ver hoy en muchas casas aldeanas.
bien las ramas de retama, bien los cepellones, materiales ambos En Briteiros se descubrió una piedra de un marco, que por su
que aún se emplean y que parecen tener una vieja tradición. pequeno tamano no podia ser de una puerta, y que se atribuyó
Es lo más común que el suelo de las casas que nos ocupan, a una ventana, y por último se pensó que un trisquele calado
sea el suelo natural de los lugares donde sehallaron construídas. de dicha citania y otras piedras, asimismo caladas, dei Trega, ha-
Tal ocurre por lo menos con todos los edifícios de Coafia y de rían el papel de celosías, pero es necesario confesar que ningún
Pendia y semeja que ocurría también en los castros de Meirás y descubrimiento indudable vino a confirmar estas suposiciones, y
que por el contrario el hallazgo en Coana de paredes que conser-
de Barona. En el de Borneiro se senala tan sólo un local de 2,20
vaban casi su altura originaria y en las que no se veia ninguna
metros de longitud, donde se abria el cano de una fuente, un en-
ventana, hace creer que éstas no se usaban por ser desconocidas
losado de grandes piedras, y en una casa oblonga vecina de esta
o por no considerarias indispensables.
fuente se notaban vestígios de un pavimento de tierra pisada. Las entradas_eran de dos clases: unas abiertas al nivel dei suelo
Más al sur de estas estaciones los pavimentos de tierra ardilosa exterior y otras en un niverbastante más alto. En CÕaría~y"Pendia
y de piedra..agarecen en mayor cantidad. Los dos tipos se encuen- son todas de la primera de estas dos clases, pero en cambio en
tran en el Monte do Castro, de Braga, en Briteiros y en San Ci- las restantes estaciones abundan más las de la segunda. En Bor-
brán das Lás. La única casa excavada de la Cividade de Paderne neiro y en Barona, por ejemplo, sólo un edifício en cada uno
se halla enlosada, y pavimentos de arcilla se encontraron en San- tiene el acceso a la altura dei exterior, pero en todos los casos
ta Luzia, en Trona y en otros castros. se plantea el problema dei marqueado y dei sistema de cierre de
El hecho de estar las puertas de algunas de las construcciones la puerta, y las que se abren por encima dei suelo exterior, el
castrenas a más de 70 centímetros dei nivel dei suelo exterior, y dei procedimiento de llegar a ellas.
de haberse encontrado el piso de tierra ardilosa de una vivienda Porque es necesario recordar lo que antes dijimos sobre la exis-
de Trona muy por encima dei callejón que lo flanqueaba, mues- tência de paredes de 70 centímetros de alto y en las que no se
tran que en muchos casos los jgavimcntos se levantaban en el inte- ve ninguna solución de continuidad, y que fuera de un pequefto
rior de las casas hasta una altura considerable, particularidad que peldafto allegado al muro de una casa angular de San Cibrán das
se debía, sin duda, al propósito de evitar que la humedad dei ex- Lás y de una rampa de Briteiros, que tenía aún por encima dos
terior llegase a alcanzar el suelo de las casas, conviniendo hacer palmos de pared, no hay nada en los castros explorados que pue-
notar asimismo el hecho singular de que en una edificación oblonga da ayudar a resolver esta cuestión, precisándose pensar que la su-
bida hasta la entrada se realizaria por médio de una escalera de
de Barofla, que tiene dos departamentos, aparece el pavimento de
uno levantado vários centímetros sobre el dei otro. madera.
La forma y la estructura de los marqueados se aprecia con en-
Hay que advertir que al hablar de vanos nos referimos sólo a
tera claridad en la puerta, que procedente de la Cividade de An-
las pumas, ya que las veritaças es necesario considerarias como
cora se encuentra en el museo de la «Sociedade Martins Sarmen-
inexistentes. En el Trega se descubrieron dos viviendas provistas to», de Guimaraes, en la casa de Coronero, de Briteiros y en otra
de unos huecos marqueados abiertos cerca dei suelo, viéndose p ° r de Sabroso, las dos en el referido museo. En la de Ancora, las
lo menos en uno de ellos el batiente por un cierre de madcra» jambas son monolíticas y en las otras dos se encuentran forma-
pero estos huecos por su posición y por hallarse comunicados con
un local con trazas de cuadra o cochiquera, es seguro que esta-
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Florentino López Cuevillas La civilización céltica en Galicia

das por vários bloques, estando todas dispuestas para yuxtapo- lo ostenta en un lado, y que tiene en los extremos los rebajes
nerse a las paredes pêro sin poder en ningún caso trabarse con para asentar en la pared. En otros umbrales no existe ningún hueco
ella, pêro estos três marqueados, a los que por otra parte, falta para el giro dei pie derecho, debiéndose suponer, en vista de ello,
la piedra de umbral, son verdaderos marqueados de lujo, muy de- que éste con los tableros de la puerta, se accionaba preso a las
corados como en otro lugar veremos, siendo muy posible que exis- jambas, ya por médio de una tabla con un agujero circular, meti-
da en una de ellas, y por cuyo agujero pasaba el pie derecho,
tieran otros más sencillos e incluso hechos de madera, sobre todo
o ya valiéndose de unas ramas açodadas que lo sujetaran, o de
en las regiones en las que la calidad de la piedra impone el em-
unas fibras vegetales o de una tira de cuero que lo prendieran
pleo de pequenos mampuestos, regiones en las que aun hoy se
y que se fijaran en los lados de la entrada, siendo lo más proba-
encuentran con abundancia jambas y dinteles construídos con aquel
ble que en muchas ocasiones se empleara un procedimiento mixto
material.
con rotación de un extremo en la piedra dei umbral y amarre a
Las excavaciones de los castros nos restituyeron un cierto nú- la jamba por cualquiera de los procedimientos que acabamos de
mero de dintejes y una regular cantidad de piedras de umbral, describir y que todavia se hallaban en uso, sobre todo en las en-
en las que pueden verse las senales-deL sistema—de^cierre de la tradas de las fincas rústicas.
puerta. Un dintel de Briteiros que tiene el batiente oblicuo hizo En los casos, siempre muy excepcionales, en que el nivel inte-
pensar en la existencia de un tablero de levante que podría estar rior está más bajo que el exterior se disponen después de la en-
en equilíbrio contra el batiente y que se aseguraría con una tran- trada de la casa unas escaleras, como ocurre en una construcción
ca o pasador. Pero este tipo de cierre debió de tener un uso res- redondeada dei castro de Pendia.
tringido, pareciendo haber sido los más corrientes los que monta- El tamano de las puertas va en lo alto entre 1,60 a 1,80 metros,
ban la hoja o las dos hojas de madera dei cierre en los pies dcre- calculadas por las de Briteiros, Sabroso y Ancora y el ancho es,
chos que en Galicia se llaman «couzós» y en Portugal «couçoes» por lo general, de un metro, aunque hay casos en que es menor,
y que tienen aún gran empleo en la arquitectura rural. Muchas como el que determina el dintel con rebajes para el asentado dei
piedras de umbral presentan con entera claridad los dos agujeros castro de Cameixa, que necesariamente tenía que medir alrededor
en los que giraban los pies derechos, el batiente para las hojas de 84 centímetros.
y el agujero para meter el pasador pucsto en el médio, y otras Todas las casas que la presentan visible, tienen una sola puerta,
más numerosas aún presentan un solo descanso para el giro, que exceptuándose tan sólo de esta regia general una de Coana, en
demuestra que tenían una sola hoja y presentan también a veces la que se ven dos.
una muesca curva en la piedra para poder montar y desmontar En la mayor parte de Ias habitaciones castrenas se_ encendía-el
la puerta, no siendo raros los casos en que la pequenez dei aguje- fuego directamente encima_del3uelo, poniendo alrededor unas pie-
ro, nos ensena que el pie derecho de madera no voltcaba en él dras para que las brasas no se esparcieran y para ayudar a mante-
directamente sino por médio de un hierro cilíndrico que llevaba ner los pucheros en posición vertical. Se demuestra esta afirma-
introducido en su extremo inferior. Por los datos arqueológicos ción por las capas de ceniza que se ven puestas sobre la tierra
que poseemos, parece que lo más normal es que el movimiento en la trinchera dei castro de la Madanela y por el hecho de que
de rotación dei dispositivo de-cierre se hicicra tan sólo sobre la en vários centros explorados con intensidad como Briteiros y San-
piedra dei umbral, ayudándose más arriba con cualquiera de los fins, los verdaderos hogares o escasean o faltan por completo. Por
procedimientos que luego describiremos, ya que en ninguno de los otra parte se tiene observado en el suelo dei interior de algunas
habitaciones de Borneiro, en una de Barofta, en un pavimento de
dinteles hasta ahora aparecidos se vicron otros agujeros que lo s
pasadores, como puede apreciarse en un ejemplar de Cameixa, que
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tierra pisada de San Cibrán das Lás, en otro de Trona y en los destinadas necesariamente a mantenerlas colgadas mientras se ha-
vestíbulos de varias casas dei Trega, huellas evidentes de fuego. llaban sometidas a la acción dei fuego.
En cambio en el castro de Cameixa se tuvo cuidado desde bien Estos hogares se sitúan muchas veces en el centro de las habita-
temprano de disponer lugares especiales para encender el fuego, ciones, pero no es raro que se les encuentre colocados junto a
que se encuentran en los cuatro niveles superiores, lo mismo en la pared o en otro lugar. En Borneiro la tierra quemada dei sitio
aquellos que estuvieron ocupados sólo por cabanas que en el más donde se encendía el fuego, no tenía una localización fija; el ba-
alto, donde había ya habitaciones de piedra. La tipologia de estos rro tostado de una habitación de San Cibrán das Lás se situaba
muy cerca de la pared e igual particularidad se observo en dos
hogares es variada pero no parece haber sufrido una evolución,
hogares de Trofta, en el de Borneiro de que antes hablamos y en
habiéndolos en forma de dos líneas paralelas de piedras, de un
otros dos de Cameixa, pegados ambos a un muro interior de una
semielipsoide de barro cocido, de un recinto rectangular abierto
vivienda, siendo sabido por lo demás que en los vestíbulos de las
por un lado y provisto de un piso de arcilla de una placa de este
casas dei Trega se registraron sefiales de pequenas hogueras.
matéria y de un núcleo de barro rodeado de piedras. — Nos cuenta Estrabón que los habitantes de los castros recogían
Los hogares encontrados en otros castros se relacionan más o bellotas y que después de tostarias y molerlas fabricaban una es-
menos con los que acabamos de mencionar. Así las piedras hin- pecie_de pan que comían una buena parte dei afio. Se confirmo
cadas en el suelo rodean en una casa dei castro de Meirás un esta noticia dei hallazgo en varias estaciones (Briteiros, Paderne,
espacio circular de regular amplitud, y aparecen en Trofia y en Trofia, Cameixa) de glandes carbonizados, pero al mismo tiempo
Pendia, cinendo áreas poligonales, empedradas y abiertas por un la aparición en distintos castros de granos de cereales quemados,
lado. Otra forma emparentada con la anterior es la de una pe- puso de manifiesto que también se consumia verdadero pan. La
quena cista, en la que cuatro piedras guarnecen un hoyo de poca fabricación de los dos tipos de alimento exigia desde luego un
hondura, que se encontro en una habitación redondeada de San utillaje conveniente, pero la información que poseemos sobre él
Cibrán das Lás, forma que se complica en Borneiro, donde uno es muy incompleta. Sabemos sí, que la molienda se hacia en mo-
de los lados de la cista está constituído por la pared de la casa, linos de mano, planos o rotatorios, y que el pisado de las bellotas
ensanchándose luego el hogar lateralmente con dos piedras pla- se practicaba entre dos piedras, o en una especie de morteros como
nas. Más novedad tiene otro tipo dei Trega en el que eh fuego los que se encontraron en Coafia. Se puede sospechar si unas pla-
se hallaba rodeado por piedras que se abrían en una planta con cas de piedra o de barro provistas de perforaciones, que se halla-
tendencia al semicírculo; la piedra dei fondo subia sobre las otras ron en los castros de Medeiros y Cameixa, pertenecerían a unas
y detrás de ella se encontraba una segunda, sentada de plano y a modo de parrillas, destinadas a tostar los glandes, y puede su-
con dos agujeros no muy hondos, en los que se supone se mete- ponerse asimismo si los panes no se cocerían como las actuales
rían los sostenes de un artilugio destinado a mantener colgados «bicas», poniendo la masa encima de la piedra dei hogar, calen-
los pucheros. Algo semejante ocurría, sin duda, con un ejcmpl a r tada al efecto y cubriéndola luego, con una tapadera semejante
de San Cibrán das Lás, que constaba de una laja posada de pi®" al «testo» actual. Y lo creemos así porque en realidad, los hornos
que se encontraron en los castros, se reducen a algunos que se
no y otra a su lado con agujeros en los extremos, aunque sin
ven en las paredes de los vestíbulos dei Trega, formados por seis
piedra vertical delante. Se debe notar que la existencia de estas
losas que cierran un espacio reducido; a una piedra plana, rectan-
armaduras, análogas a los actuales «burros» que se ven aún en
gular y con dos expansiones laterales en uno de sus extremos, se-
algunas cocinas aldeanas tradicionales, es evidente por ser corriente
mejante a puertas de boca de hornos actuales, rccogida en el Outei-
el hallazgo de fragmentos cerâmicos pertenecientes a grandes vasi-
jas que presentan asas horizontales en el interior de los bordes,
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La civilización céltica en Galicia

ro de Baltar, y a la construcción de Borneiro, consistente en una radas de Trona que quizá se utilizaron para colgar ropa o enseres,
câmara circular de algo más de dos metros de diâmetro, con pa- pero Ia permanencia por lo menos de una parte dei ganado, en
redes muy gruesas, que estuvo cubierta por una falsa cúpula de el interior de los recintos cercados está asegurada por la aparición
la que sólo restan los arranques. La semejanza de esta construcción de abrevaderos como los de Sanfins y San Cibrán das Lás y aun
con un horno de los que hoy están en uso es absoluta, aunque de fuentes en forma de caja abierta por un lado, como Ia de Bri-
también se parezca a las llamadas «fornallas» de los monumentos teiros, en las cuales bebe el ganado mayor metiendo la cabeza
funerários dei tipo de los de Briteiros, pero nosotros sin decidir- por el lado abierto.
nos de un modo definitivo, nos inclinamos por la primera solución. Los ganados en general debían alojarse en cuadras que por fue-
Los_vestíbulos_ de-las-casas, que cuentan con homS, debieron ra en nada se diferenciarían de las casas viviendas, o cuando el
servir p^ra distintos usos, pero nos parece seguro que uno dei castro edifício fuera grande lo compartirían los animales con los hom-
bres como pasa aún hoy en las «pallozas» y también en casas
de Trona tuvo que utilizarse como gallinero a juzgar por una pila
angulares de tipo arcaico, y el ganado menoii como cabras, lana-
de piedra, que se encontro in situ> enterrada en el suelo casi has-
res y cerdos, _y_ las mismas aves) se recogerían_en los locales de
ta la boca, y que es idêntica a las que hoy se emplean para bebe-
forma_irregulan_que se registran en todos los castros excavados
dero de las aves de corral.
con intensidad, que en ocasiones son cerrados y que en otras no
Y no terminaremos sin mencionar losjbancos de piedra que se llegan sus muros a cerrar por completo ningún espacio, debiéndo-
ven en el interior de dos casas de Briteiros y Pendia, en otras se suponer que estuvieran completados con setos hechos con ma-
de Sanfins, en dos vestíbulos de Coana, y que son los mismos teriales ligeros, pero que siempre se encuentran en evidente rela-
a que se refiere Eslrabón cuando nos cuenta que las gentes que ción con las viviendas, siendo digno de ser recordado que-algu-
vivían en la Galecia comían sentados en rueda, dando a la edad nos de estos locales adjetivos no presentan entrada alguna al nivel
y a la dignidad los primeros lugares. dei suelo, lo que hace sospechar la existencia de rampas de made-
Más adelante hablaremos de las decoraciones que adornaban al- ra o de tierra desaparecidas actualmente.
gunas casas castreflas, seguramente con propósito menos artístico -Entre las habitaciones castreflas de nuestro círculo cultural dei
que profiláctico, y nos ocuparemos ahora de las llamadas cons- NW. aparecen, como ya vimos, casas de piedxa de diferentes for-
trucc
ÍQnei^dj£iiyas, tan indispensables a los que viven en un ré- mas, pero predominando en la casi totalidad de las estaciones las
gimen agrícola y ganadero, es decir de-los locales destinados a dejjlanta redondêãcTa miíy característica dei referido círculo, pero
guardai: los animales domésticos, las cosechãs y los a pe ros cte ^ de las que no tenemos antecedentes directos en el país, en ningu-
branza. ~ na época, planteando en primer lugar su presencia el problema
Las excavaciones de nuestros yacimientos tienen proporcionado de aclarar si fueron traídas por-los pueblos-celtasJnvasores, o si
un número considerable de piedras de las conocidas con el nom- por cl contrario derivan de cabaflas indígenas de planta curva y
bre de prisiones de ganado, algunas de las cualcs están provistas levantadas con materiales perecederos, por un proceso de petrifi-
de un agujero o perforación para pasar una cuerda, y otras están cación como acertadamente lo calificó Garcia Bellido.
dobladas en ângulo habilitándolas así para atadero. Dos piedras Es cierto que en las Galias hubo cabanas redondas, pero no
el primer tipo se hallaban sobresaliendo una de la pared de un parece que estas grandes construcciones de 10 a 40 metros de diâ-
local anejo a una casa redondeada de la citania de Sanfins, y l a metro, completamente hundidas en el suelo, ten^aii nada que ver
segunda metida en la pared de otro local de la misma estación. con nuestras casas castreflas, normalmente de dimensiones mucho
c i c r t 0 q u e al un más modestas y colocadas constantemente sobre el terreno y con
ê a s de estas piedras pudieron emplearse en me-
nesteres diferentes a los de amarrar animales, como las dos deco-
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acusada tendencia a levantar su suelo a mayor altura que el cir- oriental y de las que no restan otros vestígios que los pavimentos
cundante. Por otra parte no seria posible relacionar las habitacio- de arcilla de 4 por 3 metros con el hogar en una esquina.
De lo expuesto conviene destacar dos hechos. Primero que en
- nes de nuestros castros n L c o n las de los oppida galos, todas an-
la península era tradicional el uso de chozas de materiales ligeros,
gulares, y edificadas de seguro después de la entrada en nuestra
que a veces tenían f o r m ã r r e d o n d e a d a s , ^ segundo que las^cons-
tierra de Ias gentes indo-europeas, ni muchísimo menos con las
trucciõnes que~1evãritaron~los~invasorerindoeuropeos en regiones
que se encuentran en_gljestQ_d£_]a_Espaí\ajcelta angulares tam-
peninsulares distintas de la nuestra presentan plantas angulares,
bién y muchas veces contíguas a los muros de defensa y pegadas
pegadas con frecuencia a los muros de defensa y con paredes me-
unas a otras, viéndonos obligados en vista de todo ello a investi- dianeras, es decir diferentes en vários de sus caracteres de las ca-
gar Ia génesis de las casas pétreas de nuestros castros ahondando sas de los castros dei NW., pudiendo deducirse de todo ello que
en lo posible en los precedentes autóctonos: lo mismo las habitaciones redondeadas que las angulares de_los
Lasjgbafias de madera o de ramas entreteiidas. y recubiertas dichos castros deben considerarse, como ya indicamos, como una
a veces por un revestimiento de barro, tienen en la Península una petrificación de las cabanas anteriores a la entrada en nuestro te-
tradición^ que llega por lo menos al Neolítico, pero las casas de rritório de los pueblos celtas, y a las que quizá pueda buscarse
Piedra.aparecenJambién pronto, coexistiendo los dos tipos de cons- su filiación, sobre todo a las de planta curva, en el Mediterrâneo
trucción en algunas estaciones. Así por ejemplo en el círculo de donde este tipo de vivienda aparece en Creta, en Panarea y en
Alméria, las cabanas de madera de los poblados más antiguos son otros lugares.
sustituidas en los modernos por casas de piedra, que siguen apa- •Problema muy digno de atención es el relativo a determinar las
reciendo en el posterior período dei Argar y en sus extensiones épocas iniciales v de máxima actividad dei proceso de conversión
septentrionales, como en el poblado alcoyano de Mas de Menen- dejas cabanas en casas de piedra? Si atendemos a las circunstan-
te, mientras los pedazos de barro con improntas de ramas se se- cia de haber aparecido en los niveles más profundos dei Castro
ftalan en otras estaciones como en la de Vélez Blanco. Pequeno dei Neixón paredes rectas y curvas, podríamos creer que
En Portugal, en las regiones dei Sur dei Duero, se encontraron la tal transformación comenzara muy temprano, ya que dicho cas-
estos pedazos de barro con improntas en poblados eneolíticos como tro, es, con toda seguridad, dei comienzo de nuestra cultura dei
Pavia y Cabeço da Assenta, y los fondos de cabalas redondeados Hierro, pero por otro lado no se sabe si las paredes a que aludi-
mos formaban o no parte de las habitaciones, y en el castro de
se hallaron en la estación de Vilanova de San Pedro, que llega
Cameixa, como ya vimos, sólo en el nivel más superficial apare-
hasta un Bronce bastante adelantado, pero a su lado se descubrie-
cieron habitaciones de piedra, estando los otros más inferiores ocu-
ron asimismo fundamentos en piedra de habitaciones rectangula-
pados por cabaftos, dato que nos hace pensar en una fecha tardia
res, y por lo que toca al área dei NW., que es Ia que más nos
para el cambio de un tipo a otro de construcciones, cambio que
interesa, se senalaron fondos de cabafia en Pepim, Amarante y
d£bió_caminar muy despacio y que no había terminado de verifi-
barro con improntas en Penacova, Arcos de Valdevez, ambos ya-
carse en tiempcT de Vítruvio, que habla de cabaftas en Ia GaJia,
cimientos de los comienzos dei metal. en la Hispania, en la Aquitania y en la Lusitania, como cosa en
Fueta^ya de nuestro círculo dei N W . se^ registraron en cambio
uso y no como recuerdo de épocas pasadas.
cabaftas angulares. Ignoramos la forma de las que hubo en el monte • Pero lo mismo las casas de piedra que las cabaftas de materia-
Bernorio y en el Castejón de Arguedas, pero sabemos que las ha- les ligeros se agrupaban en los castros formandoj)Ç4UÇÜos__çpn-
bitaciones rupestres dei castro de Leguín y de Termancia rccreci- juntos urbanos dotados de una organizãción^más-o menosTUdi-
das en sus paredes con entretcjido de ramas eran angulares, com o
lo eran de seguro las chozas dei castro de Caravia, en Astúrias
130 Florentino López Cuevillas La civilización céltica en Galicia 131

mentaria, pêro digna de examen y de estúdio, siendo lo primero — Una especial disposición de las casas castrefias la constituyen
que llama la atención al contemplar un plano de cualquiera de los llamados barrios. conjunto de varias construcciones, de segu-
estos poblados, el observar la tendencia de los . distintos edifícios ro propiedad desuna sola familia, rodeados por un muro de poca
a permanecer aislados unos de otros, evitando los contactos y pres- altura. nnp de los edifícios debia estar destinado a un uso
cindiendo decididamente de las medianerías. doméstico diferente, unos a cocina y comedor, otros a dormitorio
En Terroso, en el antecastro de Coana, y de seguro, en Bornei- y los demás a cuadras y pajares. En el espacio que quedaba entre
ro, en Barona y en Trona, las casas aparecen colocadas sin orden las câsas se tendrían los servidos que se ven hoy en Iõs pátios
reglado, pero presentan así y todo un principio de organización de las residências rurales, tales como los corrales, las leneras, y
los depósitos de las herramientas agrícolas. Estos barrios, que la
que debía satisfacer las escasas necesidades urbanísticas dei po-
disposición de ciertos muros hace suponer que existieron en Sa-
blado, notándose así en el antecastro de Coana la presencia de
broso, se encuentran claramente representados en San Cibrán das
una via de acceso al recinto principal, la de varias plazoletas cer-
Lás y en Santa Luzia, en la primera de estas estaciones por un
ca de las entradas y en el centro dei caserío y de dos calles, para-
grupo de tres casas redondeadas y en la segunda por otros gru-
lelas a la muralla de dicho recinto principal, que terminan en los
pos, a veces formados por dos casas redondeadas, por otra de
extremos en unos ensanchamientos a modo de pequenas plazas, la misma planta pero provista de vestíbulo y otra oblonga, como
pero ninguna de estas calles, ni otros callejones que parccen co- el caso estudiado por Alves Pereira. En otros vários castros exis-
rrer entre las casas ostentan los muros de flanqueo que caracteri- ten grupos de casas médio ceftidos por muros de piedra, siendo
zan a las verdaderas calles castrenas, de las que luego nos ocupa- de suponer que estarían completados por otras separaciones le-
remos. En Terroso se perciben también plazoletas periféricas qu e vantadas con materiales perecederos que cerrarían la cerca, y que
posiblemente se corresponderían con entradas que el mal esta o habría también cercas enteras hechas con estos materiales com-
de las murallas no permite precisar, y en Borneiro y en Sabroso prendiendo un número determinado de edifícios de piedra, cosa
se seiialan caminos de acceso claramente determinados. que parece deducirse de la manera en que estos aparecen coloca-
En otras estaciones, como en el Trega, zonas enteras dei pobla o dos, y que lleva a creer que el sistema de barrios, es decir de
tienen las casas colocadas en un aparente desorden, y en otra zona los servicios todos propios de una familia, distribuídos entre dis-
se abre en cambio una calle flanqueada por muros bajos, ig u tintas construcciones independientes pero encerradas en un común
a las que aparecieron en los castros de Rivela y de Felgoso. P c ^ recinto determinado por un muro o seto, era mucho más común
sin duda la citania que alcanza un mayor desenvolvimiento en s de lo que parece.
%
vias urbanas es la de Briteiros, cruzada por dos calles princip a El emplazamiento de los poblados castreftos en lo alto de coli-
en dirección general dei Norte al Sur, que tienen un ancho vari - nas, de espolones o de contrafuertes, en muchas ocasiones con
ble entre 2 y 2,50 metros. Estas dos calles principales se c o r n u ^ desniveles muy pronunciados, hizo neçesario el empleo de-esgajg-
can por médio de callejuelas más estrechas aún, desenibocan ras.dejaccggn_y d e . m n m < r n n t p n r i ó T ) de tierras paraJiabiliiâl_

algunas en plazoletas con pavimento de piedras. Por lo Q llC terrazas en donde levantar las casas, ocurriendo también que cuando
descubierto dei caserío de la citania de Sanfins, en el que sC e . parte de las paredes de una vivienda quedaban algo enterradas
contraron ya una calle paralela a la muralla más interior, otra por causa de la inclinación dei lugar dei emplazamiento, se cons-
truía un muro para aislarlas por el lado en que se enterraban y
80 metros de largo perpendicular a la primera y el comienzo
una tercera que sigue la misma dirección, puede sospecharse Q librarias así de la acción de la humedad.
Lo mismo los muros de contención de tierras que las escaleras
contaba con un desarrollo urbano tan importante como el de
teiros.
132 Florentino Lopez Cuevillas 133
La civilización céltica en Galicia

se encuentran en los castros con frecuencia. Los primeros apare- cillas obras hidráulicas las atarjeas de desagüe senaladas en Bor-
cen en Briteiros, Sabroso, Trega, Trona, Lanhoso, y aun en una neiro y en el Trega.
estación como la de Castromao, cerca de Celanova, en la que no Otra particularidad muy interesante que se observo en el castro
existe ningún vestígio aparente de casas de piedra se ven en la de Coana son las piedras derechas plantadas a manera de guarda-
parte más alta dei recinto, donde la cuesta es más pronunciada, cantones al lado de la muralla, con el objeto de impedir el dano
dos bancales formados por muros de aquel tipo. En Coana para que en ella pudiese causar el roce de los carros.
w
salvar los pequenos desniveles de un emplazamiento casi llano se Muy importante en la organización de cualquier poblado es el
construyeron escaleras, y también en Borneiro, en el estrecho pa- abastecimiento de aguas, que en algunos de nuestros castros se
sadizo que lleva a la entrada dei recinto principal y en el acceso haría en los rios o arroyos que corren cerca de ellos. pero que
a la fuente, y en el Trega, donde otra escalera situada en la parte en otras ocasiones se resolveria por médio de fuentes emplazadas
NW. dei poblado, tiene la suficiente anchura y desarrollo para os- en^el interior de los_recintos fortificados. Detestas fuentes solo
tentar caracteres de una cierta monumentalidad. han aparecido cuatro hasta ahora, que se localizan dos en Bernei-
ro, una en San Cibrán das Lás y otra en Briteiros, ofreciendo
"Como ya hemos notado en otras ocasiones, preocupaba mucho
tres modalidades constructivas distintas. Los dos ejemplares de Bor-
a los habitantes de los castros el problema de evitar la humedad,
neiro aparecieron entre los dos recintos de que consta el área for-
cosa natural en un clima lluvioso como el dei NW. hispânico, y
tificada y formando grupo, una de ellas, con el horno de que
procuraban que en las estrechas callejas de sus poblactos y^enJ as
antes nos ocupamos, y la otra con una vivienda en que hay un
plazoletãs~de los - mismos - y ãün alrcdedor de las cãsásT no_se_for-
hogar. Las dos fuentes seftaladas por la presencia de caftos verte-
masen charcos ni lodazales y que en Jas zonas muy pendie n t es deros de piedra con un canalillo central, se hallan separadas por
no arrastrasen las aguas dFTa lluvia la tierra dei suelo. Para cu un muro horadado en el que empieza la atarjea, que luego atra-
brir estas necesidades se usó un enlosado, normalmente de pj e viesa la muralla que pasa muy próxima. El local donde vacía el
dras pequenas, que se colocaba al pie de Ias viviendas, y en ca cs primer cano está pavimentado con piedras, hallándose preservada
y plazuelas enteras. Muestras de estos tipos de pavimento las a la parte inferior de sus muros con otras losas hincadas de punta
en Briteiros, Trega, Sabroso, Felgoso, Santa Luzia, Trona, ^ i v e ' en el suelo.
Borneiro y Terroso. En Coana el enlosado hecho con grandes ^ La fuente de San Cibrán das Lás cs un nicho semicilíndrico
jas esquistosas se ponía al lado de las casas a manera de ui abierto en la base de la segunda muralla dei castro, por el lado
aceras y sólo en los sitios muy estrechos cubría todo cl anc dei poniente y revestido con una obra de mampostería. El agua
dei callejón, apareciendo en el camino que lleva al recinto P n n nace en el fondo dei nicho al que se llega por unas piedras dis-
pai un nuevo tipo de pavimentación, en el que las lajas P u e s puestas en escalera.
en chapacufta ocupan el arroyo, flanqueadas por las aceras de gra Y por último el ejemplar de Briteiros, que se encuentra a la
des losas asentadas dè plano. entrada por el sudeste dei poblado es por completo idêntica a las
En este mismo castro de Coana se hallaron unos canalillos con fuentes abiertas, hoy aún en uso, que se ven en muchas de nues-
truidos con piedras tabulares imbricadas para impedir que fi tras aldcas, y está constituída por una sencilla caja de piedra de
ran el agua, y que iban desde lugares en que ésta estancaba nas ^ forma cúbica, privada de uno de sus lados y a la que iba a parar
un vertedero cualquiera. Con esta clase de drenajes se relaciona por un canal de conducción construído con pequefias losas, el agua
los canales abiertos en la roca que se encuentran alrcdcdor de de un manantial cuya huella se ha perdido.
sas dei Trega y de Briteiros y atravesando una parte dei c a s e r * En relaeión con las fuentes conviene citar también, como ele-
dei Outeiro de Baltar, pudiéndose citar asimismo entre estas se
134
Florentino López Cuevillas

mentos importantes en poblados en los que habitaban gentes de


economia ganadera la especie de depósitQ^de 4,60 por 4,24 me-
tros, dei recinto superior y central de San Cibrán das Lás, provis-
to de un agujero de desagüe, lo que hace creer que servia para
el uso que indicamos, llenándose posiblemente con agua de llu-
via; la excavación de tamano considerable dei castro de las Fonte-
las muy parecido o igual a las llamadas «oozas» en las que se
6
reco^agua, que brota en s u j o n d o o lo que procede de un na--
ciente exterior, y el indudable abrevadero que apareció en uno de EL VESTIDO, LAS COSTUMBRES Y EL CARÁCTER
los lados de la calle perpendicular a la muralla de la citania de
Sanfins.
Muestra la organizacióo-de nuestros poblados, dentro de su evie- m j estían los hombres dei tiempo de los castros un sayo escota-
dente primitivismo, la existencia de un comienzo de urbanizacióiv \ l do, largo hasta el medio_muàlo, y provisto de unas mangas
manifestado en la apertura de calles flanqueadas por muros, en
el enlosado de ciertos lugares y en la construcción de escaleras
y canales de desagüe, obras todas de intcrés común que rcvelan
un sentimiento de solidaridad y la presencia de una dirección y
de un mando aloiado dentro de cada uno de nuestros poblados
fuertes.

'Para defenderse de la lluvia y dei frio se colocab/


dei sayo una capa negra de lana que seria igual o
al sagum celtibérico y a ciertos mantos galos, y a
ble se adaptara el cucul/us o capucha que cubría
136 Florentino López Cuevillas La civilización céltica en Galicia 137

Diferentes de estos vestidos, era según Estrabón, los usados por sentación análoga a la que acabamos de describir, pero reducida
inç habitantes de las rasitéríHps, qne consistían en unos mantos a su porción inferior, fue encontrada en el Trega, viéndose en ella
negros y en túnicas largas cenjdas al pecho, teniendo estas gentes un cuerpo, desde la cintura para abajo, vestido con una túnica
Ia costumbre de caminar apoyándose en unos báculos, lo que unido cuyo borde va hasta pasar la rodilla y que como la de la figura
a lo sombrio dei color de sus ropajes, les hacía parecerse, según dei Monte da Saia presenta tres pliegues, anchos y pronunciados,
indica aquel geógrafo, a las Fúrias, que perseguían a Orestes en que esta vez se inclinan dei lado izquierdo al derecho.
Ia tragedia de Esquilo. Ninguna de estas dos vestiduras puede confundirse con Ias tú-
nicas, mucho más cortas y muy cenidas, de Ias estatuas de gue-
Es sabido que Estrabón, como después Plinio, ponen las islãs
rreros a que antes aludimos, ni puede tomarse tampoco por un
Casitérides en Galicia, al N . de lo$ Artabros según el primero y
sagum por la razón que apuntamos acerca dei hombro y dei bra-
enfrente a la Celtiberia según el segundo. Todos los intentos de
zo dei relieve dei contenedor perteneciente al monumento funerá-
identificación de estas islãs han resultado vanos, y es posible que
rio de la citania de la Saia, existiendo por lo tanto motivos sufi-
lo más sensato sea el suponer que con tal nombre se designaron cientes para suponer que las vestiduras que ostentan lo mismo esta
regiones de la costa gallega en las que se comerciaba con estaflo figura que la aparecida en el Trega son las mismas que Estrabón
pero que no tenían en realidad carácter insular. Pero los habitan- atribuye a los habitantes de lasj£asitéririfts, y que si su longitud
tes de estas pretendidas islãs son descritos con dctalles tan concre- no alcanza los tobillos es debido a ir las túnicas recogidas en los
tos sobre su ropa y costumbres que forzosamente hay que creer cinturones que las cenian al pecho, como lo indican los pliegues
que responden a una realidad, y que obligan a incorporarles a que se observan en los dos relieves.
conjunto de los datos que nos proporcionan los textos y a pensar / Para sujetar al cuerpo lo mismo las túnicas/cortas que las lar-
que en ciertas comarcas marítimas de Galicia vestían los hombres gas ^e usaban cinturones de formas diferentes/que si bien no se
de un modo que llamó la atención o de los mercadercs que trata representan en las figuras que Ilevan las segundas, pueden verse
ban con ellos o de los soldados de Licinio Craso, que ^ u e r 0 ! V n con entera claridad en las estatuas de guerrero&Laue ostentan las
seguro los que proporcionaron las noticias que recogió Estra o » primeras. En los ejemplares de Santo Ovidio de Fafe, en el núme-
noticias que en lo relativo a las vestiduras talares pueden re aci ro 1 de Campos y en el de Cendulfe, los cinturones aparecen for-
narse con figuras de nuestra cultura castrefia. mados por tres abultamientos semicilíndricos, lo cual hace supo-
En efecto en una de las piedras conservadas dei tanque que P ner que estarían constituídos por tres piezas de cuero trenzado;
teneció al monumento funerário dei Monte da Saia, en Barce ^ en cambio en los guerreros de Montealegre, en el número 2 de
Campos, y puede ser que en la de Viana, se distinguen unos pe-
se esculpió en relieve dentro de una hornacina, cl cuerpo e ^
queilos relieves que se interpretaron como pasadores o como «apli-
hombre a cuyo lado asoma la cabeza de un bóvido. Este hon
ques» metálicos, que indicarían la presencia de cinturones lisos
está vestido con una túnica que le llega hasta la mitad de la P
fabricados con tiras de cuero o de un tejido fuerte.
torrilla y que se halla además recogida, como lo dan a ente
Por otra parte las aplicaciones metálicas de los cinturones^nos
três grandes pliegues inclinados de derecha a izquierda, que se
son conocidas por haber aparecido repetidas veces en el expolio
visan en la parte inferior dei sayo, el cual de ninguna manera P u
de los castros. Dos pedazos, bastante largos, de una lamina de
confundirse con una capa o manto, porque el hombro dercc bronce, rotos y recompuestos ya en tiempos remotos, y presentan-
aparece sin que cuelgue de él pano alguno, y el brazo dei m * s do los orifícios de amarre, se encontraron en el castro de San
lado que va cruzado sobre el pecho, destaca su perfil desde Xusto da Reposteria, en Palas de Rey junto a un disco repujado
axila a la mano, cosa que no podría ocurrir de tener la
una prenda dei tipo de los mantos colocada sobre si. Una repr
Florentino Lopez Cuevillas La civilización céltica en Galicia 139

con círculos y de cerâmicas típicas. Estaban decoradas estas lâmi- la antigüedad, acercándose al de los celtas por el uso dei sagum,
nas con três orlas que contornean sus bordes, compuesta la exte- debiendo suponerse que se usabanjgualmente, aqui como en otros
rior de una triple línea de puntos, la central de trazos verticales países, los sayos cortos que se vestirían de modo principal para
y la interior de SSS, presentando en el centro una serie de círcu- la guerra y pãra ejerciclos violentos, y los largos que se reserva-
los concêntricos, motivo ornamental que circunda también los agu- ríah sobre todo para ciertas ceremonias,/explicándose de este modo
jeros de los clavos. Otras piezas de «aplique» para cinturones, o el hecho de que las estatuas de guerreros ostenten las primeras
mejor dicho, fragmentos de piezas de «aplique», salieron en Tro- vestimentas y que el personaje dei relieve de la citania de la Saia,
na, en Briteiros y en Sabroso, adornadas con puntos, SSS, círcu- que es un oficiante, luzca una ropa talar./Es de notar, por último,
los secantes y entrelazados con círculos concêntricos en médio de que los motivos de decoración.que engalanan tanto las telas_como
cada lazo. De Briteiros y de San Xusto de la Repostería son unos las piezas~delTpÍlaue de los cinturones, no se diferencian en nada
discos, con círculos estampados, de los que ya hablamos refirién- de las que encontramos en las piedras de las casas, en las cerâmi-
cas y en las joyas, probándose así/que no existían repertorios par-
donos a los segundos, y que seguramente figuraron en la decora-
ción de cinturones. ticulares para cada orden de objetos, y / j u e un solo repertorio ge-
neral se empleaba en todos los casos(
/Para cerrar estas piezas complementarias dei vestido se usaban
No tenemos ninguna referencia literaria que aluda al calzado
broches/ y uno de ellos, con un solo gancho, se encontro en el
de los habitantes de los castros. Arqueologicamente, la estatua de
castro de Trofta. /Mucho más frecuente se presenta empero, el ha-
guerrero de Cendufe, la única de su clase que no está cortada
llazgo de hebillas, pudiéndose suponer que por lo menos en los
por debajo de las rodillas, nos proporciona un dato negativo al
tiempos próximos a la conquista romana, el cierre de los cinturo-
aparecer con los pies desnudos sin vestígio de botas, abarcas o
nes se practicaría por médio de correas con perforaciones que se
sandalias. A pesar de ello, no parece creíble que en un clima llu-
prenderían en los pasadores de las hebillas./A veces en las esta-
vioso como el nuestro y con un suelo en el que alteran con fre-
tuas de los guerreros se ven detalles que deben representar cierres, cuencia las asperezas con los lodazales, se llevasen los pies sin
enganches o argollas para colgar las armas, como son por ejcm- protección alguna, y más tratándose de gente de gran actividad
plolub abuhamientos que aparecen en la de Viana, la pieza circu- bélica, obligada por ella a frecuentes y largos desplazamientos.
lar decorada con un signo constituído por seis rádios curvos que Es cierto que hasta hace unos cincuenta anos las mujeres de nuestro
une los tres cordones de la de Santo Ovídio de Fafe, y cl ensan- país iban generalmente descalzas, principalmente cuando realiza-
chamiento central de la parte correspondiente a la espalda, ador- ban las faenas de la casa y dei campo, pero a los hombres poquí-
nado con otro esteliforme idêntico, que se ve en la número 2 de simas veces se les veia con los pies desnudos, cosa que era consi-
Campos. En la misma diadema de Ribadeo, que tiene estampada derada no sólo como sefial de extremada pobreza sino hasta como
la representación de un desfile o cortejo procesional de guerreros
depresiva y deshonrosa.
a pie y a caballo, se ve que algunas figuras de infantes ostentai Es posible que las espinilleras (o creas) de que habla Estrabón
en las cinturas dos broches, uno en forma de lazo en la P a r l c y de Ias que nos ocuparemos al tratar de las particularidades de
derecha y otro a manera de una anilla en el lado izquierdo, efl nuestra armería no fueran metálicas y que se redujeran a unas
los que debe verse piezas que iban unidas a los cinturones y Q lie simples polainas hechas con un tejido de lana. En el antiguo traje
p
odían servir para colgar armas, pero que es también posiblc QllC gallego, y lo mismo en el asturiano, existia esta prenda, y aún
descmpeüaron un papel decorativo. no hace muchos aftos veíanse labriegos que llevaban arrollados
/Como se ve por lo que llevamos dicho el vestido masculin 0 d e
los castreftos, encajaba en el tipo de túnica_y capa corriente de
LAMINA XVII
NO Florentino López Cuevillas

en las piernas trozos de arpillera que se sujetaban por médio de


unos cordones.
— j u n q u e en los inventários de los objetos encontrados en los cas-
tros no figura nada a identificar con una navaja de afeitar, la
falta de indicaciones de barba o de bigote en las estatuas de gue-
rreros, muy cuidadosas en representar detalles significativos, nos
hace creer que los hombres galecos iban rasurados, contrariamen-
te a lo que pasaba con los Galos, que con frecuencia llevaban
largos bigotes, a juzgar por varias de las esculturas que reprodu-
cen su figur# En cambio la moda de dejar crecer el cabello hasta
que-cayera por la espalda/ era común a los Galos, a proposito
de los cuales los escritores ahtiguos mencionan una GaIIia Coma-
la; /ae los Celtiberos a los que se calificó de capillati, y de los
Galecos, de los que cuenta Estrabón que llevaban el cabello largo
como las mujeres, aunque para combatir lo recogían prendiéndo-
lo con una cinta que les pasaba por la frente./TJna noticia que
coincide con ésta nos la da Silio Itálico cuando al describir los
juegos que se celebraban con motivo de los funerales de los Esci-
piones hace tomar parte a Therion, natural de las riberas dei Li-
mia, en unas carreras a pie, que pierde porque uno de sus rivalcs
lo detiene agarrándolo por la cabellera. Este detalle dei tocado
galeco se percibe en algunas de las figuras que aparecen en a
diadema de Ribadeo, notándose en la cabeza de guerrero de Ca-
peludos una protuberância que lo mismo puede representar un ca
pacete que una cabellera anudada y recogida en lo alto dei craneo.
/Sobre el vestido y el arreglo de las mujeres castreflas, que de
ser desde luego más interesante y complicado que cl" de los honi
bres, nuestra información es tan precaria que se rcducc a la noti Bronce Antiguo 9 Bronce Final
A Bronce Médio O Edad de Hierro I
cia que nos proporciona Estrabón, al decir que usaban en sus tra
jes telas_ de_colores_vivas, sin afiadir ni una sola palabra sobrt Repartición en la Europa Occidental de vasos áureos (tazas) cálices. c°?as'
la forma y particularidades de dichas ropas. les, etc., atribuídos a la Edad dei Bronce y especimenes vinculados a la toaooo^ s. escmc-
íEscftem
Bronce AnUnj gu.o:I.1.VUCoxwold
4HVU (Liconlnshire)?;
«• |
V V2.—
Rillaton
— - (ComuaHes).
t- — 3. Ptoiumllau
*' (Còtes-du-Nord);
« 4. Caldas den
Mujeres y hombres prendían sus vestidos con fibulas y sus ca- (Thurgau); 6. Fhtzdori (Renanla-Westfalia). 1
a.~^+<iAJhert 11 ffYUanem+S*"*-* ***
Brooc« MeFritzdorl
do (Rcrunta-Westlalial.
l : 7. Avanton (Vienne). 8. Schitlerstadt (Renarua-Palatinado); 9. EtztMorl {Batera). 10. RongresjAmen
bellos con alfileres gruesQs y se adornaban conjoyas que m u C i a (Mame); iz Uenevdtzer
(«ame;,- Llenewiüer FontFont (Brandemburgo);
(Brandemburgo). 11 13.Terbeide
Temetoe(BaJa-Sa/onla);
toata-za/onu); 14. A t o n <dSchlcsw,ç
14.Abersdorl o r ,'^^t
t j ov
S ^/jw.21
21 U
Mn): 16. Gjemdrvp (Jutlandia). 17. Eibyfunde (Fyn); 18. Ladegard (Juüand*); 19. Avtmako ]£ t^odo
veces eran de oro o de plata/De todo nos ocuparemos luego co Fim); 22 Vimose ou Kohan (Zelandla); 23 Borgbferg (Zeiandia), 24 Smórkvllcn (Heiland,); f* (Ba
Bronco tlrval: 27. Gõnnebek (ScNeswtg-Holstein); 23. Uessingwerk-Ebenwalde (Brandemburgok »
detalle, adelantando ahora solamente, que/Ias alhajas que P a r c C C flH+H.VUamt). . M c^eda (Sego»a). 33. Wena (Abcartt). 34
Ed»d ót\ Hierro Vaso con decoraciôn legado de la Edad dei Bronce 31. ArtrokljG^pdrc^^ S*^^ {Wúft1embt^i
más claramente femeninas son las arracadas y los collares de PIC Zunch-Altstotten (Zunch), 35. Wehringen (Baviera). 36. Stuttgart-Bad Cannstatt (Wurttemberg). 37.
zas articuladas/como los de Estela y de la Barbanza, y otras, <»*
LAMINA X V I I I
L A M I N A XIX

Hoces de tipo Castropol: Edad de! Bronce dei NW.


1-14. Restos procedentes de San Andrés de Hio (Pontevedra); 15. Fragmento e ca
1
<°"vónadJtu T ! W n T d e *e Castropol,Astúrias,; 2. Hoz de Sob". encontrado en Lois (Salamón, León); 16-19. Diversos restos conservados en e museo
en el Museo Britànic (i °w ° Castropo1' MA
-N. (Madrid); 4. Izq. especimen conser^tlú Etnográfico de Douro Litoral (Portugal) sin precisar orgen. Según A. Coffyn.
Babla (León). °P ' 5 Especimen
encontrado en Monte las Verdes, T°
LAMINA XX
LAMINA XXI

Diversos tipos de lastras castrenas, con representaciones de ruedas, hexafolias y svásti-


íArriba Izq.j: Lastra Lítica con cinco alvéolos y de utilización ignota. Der: Pieza lltic cas varias, de diversas morfologia, que se interpretan como símbolos ígneos solares.
utilizada qulzá como gozne de puerta o basa de poste. çgS.
Nótese el carácter ya dextrógiro, ya sinistrógiro, de los distintos especimenes. Museo de
( A b a j o ; . - Piedra
tro de Coaria
en granito
(Astúrias).
con diversas cazoletas interpretadas como contenedores. Santa Tecla, Pontevedra. Según C. de Mergelina.
LAMINA XXIII

I \\II\A W H

Frontones de «fornos» castrenos. j Chania de Sanfins


u
1. Pedraformosa, 1, Briteiros, Portugal; 2. Pedraformosa, . •'pedrafonrosa de Fon-
(Arribaj; Tipos de inscultura decorativa castrena encontrada en Santa Tecla y Q (id.); 4. Pedraformosa de Aguas Santas (cristianizada) (Orensej, •
suponer una temprana aculturación céltica que se hará extensiva a Celtiberia.
talba (id.); 6. Frontón de Sardoura.
(Abajo); Decoraciones dependientes de la misma tradición, más tardias, proce e jstt
las Islas Britânicas. La reproducción procede dei famoso The Lindisfarne Gospe's>
Library, Londres.
LAMINA X X I V
La civilización céltica en Galicia 141

pecies de pectorales, por el estilo dei que apareció en Castro Re-


couso.
/ P e r o para las mujeres que no pudieran adomarse con preseas
áureas había una industria indígena y un comercio de importa-
ción_dç_bisutería,7íjue tiene proporcionado un número de objetos
suficiente para suponerle un fuerte desenvolvimiênto/De este mo-
desto ornato formaban parte cuentas de bronce con incrustracio-
nes de oro, de plata y de cobre, que se disponen trazando diferen-
tes figuras geométricas/como son las tres aparecidas en Briteiros,
otras de Santa Trega y dei Outeiro de Baltar, y otra aún, magnífi-
ca por su tamano y adorno, que es propiedad de Fermín Bouza
Brey. /Todas estas piezas tienen forma esférica/
Átás abundantes y también más variadas son las cuentas de Co-
llar de vidrio o de pasta vítrea, muchas de ellas de indudable pro-
cedência púnica, que se tienen encontrado en la mayoría de los
castros explorado^ y en algunos de ellos como en el Trega y Ca-
meixa, con verdadera prodigalidad. Las hay grandes, dei tamaflo
de una cereza y más menudas que un grano de trigo. Presentan
formas esferoidales, cilíndricas, discoideas, con segmentación ver-
tical, con una estrangulación central y bitroncocónicas. Son fre-
/ 3m
cuentes las que tienen un adorno oculado conseguido por incrus-
tación de pastas de colores, otras presentan adornos en zig-zag
y otras son monocromas, habiendo uno o dos ejemplares que son
de marfil.
c Encontramos en Estrabón datos referentes a los galecos que él
Hama montafleses. y a los habitantes de las islãs Casitérides, da-
tos que divergen de modo considerable, pues mientras"~"estos son
considerados como gentes sosegadas y pacíficas, se insiste en pon-
derar las costumbres guerreras y la agresividad de aquéllos.
No es fácil a primera vista el precisar quiénes eran unos y quié-
nes eran otros y en qué tierras se hallaban instalados, pero si exa-
minamos con atención el origen probable de las informaciones re-
Plantas de diversos «fornos» de utilización
cogidas por el geógrafo griego, referentes a los montafleses y a
polivalente identificados en diversos castros
dei NW. Arriba izq.: Castro de Coana, según
los pretendidos isleflos, podemos aventurar una oçiniósLJobrc la
A. Garcia Bellido; Arriba der: Santa Marina causa que motivo el que se apreciaran unas diversidades que de-
de Aguas Santas (cripta y câmara) (Orense)> bían de tener más de aparentes que de reales.
según Lorenzo Fernandez; Abajo izq-: Menciona Estrabón dos sucesos militares, anteriores a las cam-
Câmara dei castro de Pendia (Astúrias),
según A. Garcia Bellido.
142 Florentino López Cuevillas 143
La civilización céltica en Galicia

panas que pusieron fin a las llamadas guerras cántabras, y que nes aluviales o eluviales, y en dos lugares de nuestras rias bajas,
tuvieron por teatro las comarcas dei NW. hispânico. El primero en un monte que se situa encima de Bayona, a la salida de la
N de ellos es Ia expedición dei cônsul Décimo Junio Bruto, empren- ría de Vigo, y en la península de la Barbanza entre la ria de Arousa
dida después de una guerra contra los Lusitanos dei sur dei Due- y la de Noya, existen aun hoy ganados caballares y vacunos que
ro. En los fragmentários relatos de aquella expedición que apare- viven y se reproducen libremente.
cen en Appiano y en Orosio suenan los nombres de la tribu de Nos parece que esta explicación que aventuramos, es la más ló-
los Bracaros, que atacan los convoyes dei ejército dei Cônsul, el gica para poner en claro el origen de las diferencias de carácter
de los Galecos con los que lucha en batalla en campo abierto, y de costumbres que en la «Geografia» de Estrabón se senalan
entre los habitantes de dos regiones de la Galeria, diferencias por
y el dei rio Limia cuyo paso da origen al conocido episodio dei
completo circunstanciales y que no vuelven a aparecer en ningún
temor de los soldados que creen hallarse en presencia dei infernal
otro autor, y que por otra parte no se reflejan en la arqueologia
Letheo, y después, y ya en la «Geografia» de Estrabón aparece
que nos presenta una fácies cultural demasiado homogénea y de-
la cita de la comente dei M i n o como limite norte de la expedi- masiado unânime para que se pueda suponer que coexistieron en
ción. De_ella_proceden de-seguroJajnaypr £arte de las referencias ella tipos tan distintos de vida, ya que, en efecto, lo mismo en
rejativas_a_los~llamados montaneses y a los habitantes de las riDe- la costa que en el interior, igual en las montarias que en los va-
ras dei Duero, ya que Bruto, después de cruzar este rio se dirigió lles, las colinas, los espolones y las cimas de los alineamientos,
a la tierra de los Bracaros y luego arremetió contra los Galecos, aparecen coronados por las ruinas de los antiguos poblados fuer-
tribu embreiiada en efecto a un lado y otro de las sierras que tes, y en todas partes se encuentran las mismas armas e idênticas
hacen hoy, por la parte dei término judicial de Bande, la raya joyas denunciando todo ello unas costumbres y un carácter que
entre Galicia y el Minho português, que hizo una resistencia obs- no ofrecían apenas diferencias locales.
tinada a los invasores, y cuyo nombre sirvió de apelativo honori- Podemos por lo tanto figuramos a los galecos viviendo en sus
fico al cônsul vencedor, cosas todas que motivaron que sobre ella castros, vestidos con túnicas cortas o largas, adornadas a veces
se concentrara la atención de los que historiaron la incursión de con decoraciones geométricas, y llevando con frecuencia sobre ellas
Bruto. los mantos negros, entre los que habían de destacar vivamente los
El otro suceso militar a que antes aludimos es el viaje maríti- trajes femeninos hechos con telas de colores vivos, pero al tratar
mo a los emporios dei estafio llevado a cabo por el procónsu de representamos cómo se movían estas figuras, que no podemos
Publio Licinio Craso, con objeto de entablar en ellos relaciones diseflar con exactitud, en unos escenarios que nos son mucho me-
jor conocidos, nos encontramos con lo deficiente de la informa-
comerciales como las que antes monopolizaron los mercadcres P u
ción que poscemos sobre sus costumbres y carácter particular que
nicos. Los habitantes de las costas gallegas, acostumbrados a
se reducen a los que podemos recoger en Estrabón y a algunas
gociar con los metales que producía el país parece ser que recibic
noticias complementarias que aparecen en Silio Itálico y en Justi-
ron bien a los recién llegados, y que de esta falta de hostilidade
no, el compilador TVogo Pompeyo, y en algún otro historiador.
proceden sin duda las noticias utilizadas por Estrabón, que a í r I Lo que más llamó la atención de los antiguos autores griegos
buian una condición pacífica a los habitantes de las Casitérides, y romanos, acerca de la manera de ser de los galecos, fue su espí-
siendo dignos de ser destacados los datos, que acompafian al re- ritu combativo y su buena disposición para la guerra*. Para Es-
ato sumario de este viaje, sobre lo superficiales que se encontra
• En 1987 menxd a los dcsvdos dc A- M. ROMERO y X. M. RJSE se ha publicado Galicia nas
ban los minerales estamníferos y sobre la manera de criar aque-
textos clásicos, Ed. Caixa de Galicia, La Corufta, recogicndo la hcurisiica conocida. (N, dei E)
as gentes sus ganados, que se hallaban en libertad, ya Q ue c n
electo la casiterita se presenta en cl NW. hispânico en formaci°'
144 Florentino López Cuevillas
La civilización céltica en Galicia

trabón las tribus que habitaban al N. dei Duero eran las más difíci- tifica con Ares, y acostumbraban también a cortar las manos de
les de vencer de toda la Lusitania, frase que encierra un cumplido los cautivos y a ofrecerlas a los dioses.
elogio de su valor, porque el mismo geógrafo hablando genérica- Estaba asimismo en uso entre los galecos, como entre los galos,
mente en otro lugar de los lusitanos dice que eran de talante tan la exhibición de la cabeza cortada de los enemigos, que se colgaría
inquieto y belicoso que combatían sin césar, en expediciones de guerra en las puertas de las casas o de las monturas de los caballos y
y de saqueo, ya entre sí, ya invadiendo las tierras de los vecinos. cuya exhibición se perpetuaba esculpiendo caras a las que se procu-
Por otra parte, un historiador como Justino y un poeta como raba dar una expresión trágica y colocándolas seguramente en las
Silio Itálico, coinciden en afirmar que en la Galecia sólo las muje- paredes de las habitaciones. Esculturas de esta clase, que se parali-
res se ocupaban de las tareas domésticas y de la agricultura, por zan exactamente con las dei monumento provenzal de Entremont
y con las dei oppidum de Nages, se encontraron en los castros de
estar los hombres entregados de continuo a la guerra y al bandida-
Baran y de Cortes, en el sur de la província de Lugo, y en el de
je, hasta el punto, que entre ellos pasaría por un cobarde el que
Santa Marifia das Augas Santas, a 14 kilómetros de Orense.
cambiase la lanza por la mancera dei arado. Como es lógico, un pueblo entregado tan por entero a -las tareas
Appiano Alejandrino el historiador, que aprovecha el relato que bélicas, tenía que prepararse para ellos por médio de frecuentes ejer-
hizo Polibio de la campana de Décimo Junio Bruto, llama a los cicios de entrenamiento, practicando luchas gímnicas, hoplíticas e hí-
galecos gens bellicosissi/na, y habla de la resistencia heróica que ofre- picas, y también el pugilato, la carrera y las formaciones de batalla.
cían desde sus castros, de la indómita bravura de las mujeres, de Las luchas gímnicas estaban aun vigentes en el tiempo que Tirso
la rapidez con que volvían a alzarse en armas apenas aparentemente de Molina vivió en Galicia y (Fray Gabriel Teller), el gran comedió-
sometidos, y de los constantes ataques por sorpresa, de que hacían grafo dei Siglo de Oro espafiol que las describe en su comedia Mari-
víctimas a las retaguardias romanas, Y es bien llamar la atención Hernández la Gallega.
sobre el hecho de que en esta táctica, muy hispânica, de la guerra Estas particularidades de la vida de los habitantes de los castros,
de guerrillas, sobresaliesen los pueblos dei norte y dei sur dei Due- que valiéndonos de una expresión moderna podríamos llamar de-
portivas, se encuentran confirmadas en Silio Itálico, en los versos
rcv.a los que Estrabón califica de «diestros en emboscadas y perse-
en que canta los juegos circenses celebrados en los funerales de los
cuciones» diciendo de sus hombres que se distinguían por «ágiles»
Escipiones. En ellos toman pane el grovio Therion que corre en
listos y disimulados», noticias que vienen a ser confirmadas por Dio-
una competición pedestre, y el galeco Lampón que guiando su ca-
doro, cuando afirma que los lusitanos «fáciles en la acometida > rro «arrastra trás sí los rápidos vientos».
en el retroceso», son tenidos como los más valientes de los iberos, Y en la guerra o preparándose para hacerla, los galecos cantan
a pesar de ofrecer en campo abierto menos resistencia que los celti y danzan. En el ejército de Aníbal los mozos de nuestra tierra de
beros, con lo cual viene a indicar claramente que la superiorida que habla Silio, cantaban versos bárbaros y se divertían haciendo
lusitánica descansaba en la buena ejecución de rápidos y audaces resonar los escudos, de fijo con otras armas, al mismo tiempo que
golpes de mano. golpeaban el suelo con los pies hiriéndolo alternadamente con uno
Sin duda el mucho guerrear había hecho a estas gentes crucies y otro. El verbo que emplea el autor de la Púnica al referirse a
con los prisioneros a los que daban muerte cubriéndoles antes con los cantos es el verbo ulular: Ululante/n carmina linguis es su frase.
el sagum y sacando presagios de la manera como caían y luego Es posible que haya aqui una alusión al «aturuxo» «ergutio» o «es-
dei examen de las vísceras, que se practicaba palpando y sin extracr gutio», grito especial, muy prolongado y con escasas modulaeiones,
las entraftas dei cuerpo. Otras veces el sacrifício de los prisioneros con el que se terminan actualmente muchos cantares gallegos, y que
se realizaba en honor de un numen de la guerra, que Estrabón id c n '
146 La civilización céltica en Galicia 147
Florentino Lopez Cuevillas

tienen aún en determinadas circunstancias un significado de reto o en saltar en alto y caer arrodillados o por lo menos con las rodillas
desafio. El «aturuxo», bajo otros nombres y modalidades, existe asi- flexionadas.
Para comer se sentaban en rueda en unos bancos que disponían
mismo en Astúrias, en Cantabria y en Vascõnia y cuenta con reite-
para el caso arrimados a las paredes, pasándose los plaios que-.con-
radas referencias en la literatura moderna. Es muy posible que el
tenían los manjares de mano en mano», para que cada uno se sirvie-
peán que cantaban los lusitanos, según Diodoro, marchando ritmi-
se lo que apeteciera, utilizando quizá para este.fin escudillas de ma-
camente al entrar en combate, no sea otra cosa que el canto ulula- dera o barro. Los prinieros y más honrosos lugares en la rueda de
do a que hace alusión Silio Itálico. los comensàlès se reservaban a los-que losjneredan por su.edad
En consonancia con el cuadro bélico que ofrecía la Galecia, y o por su dignidad.
que sólo había de atenuar sus tintas después dei incêndio y dei - En la cocina castrena se empleaba la manteca en VCZ Úcl aceite
autoenvenenamiento dei Medulio, destaca la respuesta arrogante que — y a veces para calentar los líquidos, se Jiacia uso de unas- vasiias
los defensores de un oppidum, llamado Cinginia o Cinninia dieron de madera/que Estrabón cita en dos ocasiones,/en las que se intro-
a Junio Bruto que les proponía el pago de un rescate, y al que ducían unas piedras que se habían tenido previamente metidas en
contestaron que sus padres les dejaron hierro para defender su pá- el -fuego/Este procedimiento que aún hoy se utiliza en el País Vas-
tria, pero nunca oro para comprar la libertad a un general codicio- co, y según hemos oído decir en algunas comarcas gallegas, no de-
so. Respuesta llena de dignidad, que dice Valério Máximo, más le bía ser muy general, pues en los castros abundan los-bordes-de pu-
hubiera valido al cônsul romano pronunciaria que oírla de boca de cheros - de- buen-iamano^-provistos- de-asas-interiores~colocadas-hori-
sus enemigos. Y por último hay que mencionar el heroísmo de las zontalmente y destinadas a mantener colgado5_encima_dej_fuego^sin-
mujeres, que en la misma campafia de Décimo Junio Bruto, se ba- peligro de que se quemaran las cuerdas dei sostén, recipientes que
tían en las murallas al lado de los hombres sin que en médio de contenían matérias líquidas.
—/Para dormir las gentes de los castros se envolvían en sus capas
la carnicería dieran un grito de terror o de desaliento.
"negras y se echaban en el suelo/pero esta expresión creemos que
En armonía con sus hábitos bélicos la manera de vivir de los
se refiere sencíllamente "a Ia"falta de un lecho peraltado lo que no
castrenos era sencilla, dura y frugal. Estrabón asegura a este respec-
excluye/el uso,/de seguro muy generalizado,/de grazadas de paja
to que los que habitan cerca dei rio Duero, tenían costumbres fru- o de heno que amortiguaran la dureza dei pavimento de las habita-
gales, queriendo indicar, sin duda, que otorgaban escaso regalo a ciones castreftas./
sus cuerpos. Las comidas se reducían a una sola, mesurada y s i n —/Los galecos, al menos los ribereftos dei Duero, cujdabnp sus cner-
refinamientos. Por lo general consumían carne de cabra y durante pos baòándolos ep aqua^fría. v untándolos con ^ggtP/pnre a esta
las tres cuartas partes dei ano comían un pan hecho de bellotas, práctica parece referirse una frase que no aparece clara en el texto
que previamente tostaban, trituraban y molían, haciéndoles sufrir las de la «Geografia» de Estrabón.
operaciones necesarias para despojarias dei tanino que contienen en /Sobre las costumbres jurídicas de estas gentes estamos muy mal
cantidad las bellotas de roble, que son a las que debe referirse Es- informados. Sabemos de la existencia de la institución deLllQSPir
trabón. Con el pan de bellota se comia también otro de çereakS» tium gracias a la tésera de Astorga/que antes mencionamos;^ que
pues en los castros tienen aparecido semillas tostadas de trigo y d e habíalierras dç-oroniedad[ publica nos lo dice la piedra terminal
centeno. de Casfrocalbón, y que existían otras de p ^ p ^ t a t f nrivada nos lo
La bebida más usual era el agua, aunque se bebia asimismo c e r demuestra la historia de la reina Lupa y la misma lápida bilingüe
veza y a veces vino, que escaseaban, reservándolos para ciertas oca de Lamas de Moledo, en que una geris, la de los Veaminios, hace
sioncs, sobre todo para ciertos ágapes en los que los hombres baila-
ban al son de flautas y trompetas, haciendo pasos que c o n s i s t i
149
Florentino López Cuevillas IA civiHzación céltica en Galicia
148

pueblos tildados de bárbaros, quedarían incompletos si de ellos eli-


donación de ciertos campos a un particular, Petranio, hijo de Iova,
mináramos la religiosidad, de la que hemos de ocupamos con cal-
que era un jefe principal de la tribu de los Porcos. Es cierto que
ma más adelante, limitándonos ahora a adelantar que su desarrollo,
esta lápida apareció al S. dei Duero y por lo tanto fuera de los
extensión e intensidad se hacen patentes en el número extraordiná-
confines de la Galecia, pero la circunstancia de estar en país lusitá- rio de nombres divinos que aqui se tienen registrados, y en la fama
nico la localidad en que fue hallada, identificado con el galeco por de solícitos sacrificadores y de peritos en Ias artes augurales y auris-
los más antiguos autores, nos autoriza para creer en la vigência en piciales que los galecos habían conquistado según nos informan rei-
ambos de unas mismas instituciones. teradamente los autores griegos y latinos.
Por Estrabón nos enteramos también de que «A los criminales
se les despena y a los parricidas se les lapida, sacándolos fuera de
los limites de su patria o de su ciudad.» Ignoramos a qué clase
de crímenes se aplicaba la primera de las referidas sanciones, pero
está claro que el parricidio además de la muerte dei que lo cometia
llevaba consigo el extranamiento, la expulsión previa dei territorio
dei poblado en que habitaba o de la gentilidad de que formaba
parte, pareciendo deducirse de esto que en las causas de esta clase
actuaba unas veces un tribunal dei oppidum y en otras uno de la
gens.
Cabeza Triprosopa esculpida en piedra (32 cm.), encontrada en Corleck (Irlan-
Asimismo es Estrabón el que nos informa de que en la Galecia: da), ejecutada según los cânones míticos de la cabeza tetraprosopa, encontrada
«Los enfermos, como se hacía en la antigüedad entre los Asirios, en Puentedeume, hoy en el Museo Arqueológico de La Corufta.
se exponen en los caminos para ser curados por los que han sul ri-
do la misma enfermedad.» En un reciente trabajo titulado Lo Me~
dicina en la Galicia prerromana el Dr. M . Rubén Garcia inicia inte-
resantes investigaciones en nuestros remcdios populares aportando ya
el importante dato de que el tejo, árbol dei que sacaron el veneno
con que pusieron fin a su vida los defensores dei Mcdulio, cs eni-
pleado hoy como remédio casero, utilizándose las hojas como cnie-
nagogo y las semillas como analgésico, principalmente cn las enfer
medades gastrointestinales, dato que revela una curiosa superviven-
cia de un conocimiento que poseían ya, posiblemente como elenicn-
to tóxico y medicinal, las gentes de los castros.
spintu belicoso, rudeza guerrera, vivir sencillo, costumbres du-
ras, arraigo y respeto a la institución familiar, considcración a los
viejos, son las características que más llamaron la atención de 1 o*
escritores gr,egos, Polibio y Posidonio principalmente, que sirvieron
de fuentes a Estrabón para componer las páginas cn que deserdo
nuestra tierra. Pero estos trazos sumários de la manera de ser >
de proceder de los galecos, muy parecidas a las de otros muchos
7
LA VIDA ECONÓMICA

A
la primitiva Lusitania, o lo que es lo mismo," la tierra com-
prendida entre el Tajo y el promontorio de los Ártabros,
la describe Polibio de Megalópolis como un país feliz de
vida fácil y abundante. El clima es tan bueno que permite que
los hombres y animales se reproduzean con prodigalidad y que
* los frutos crezcan constantemente en los campos, hasta el punto
de que las legumbres y las flores sólo falten tres meses en el ano.
El pescado de los mares lusitanos es más abundante y de mejor
aspecto que el dei Mediterrâneo. Una fanega de cebada se com-
pra por un dracma, y una de trigo por nueve óbolos de Alejan-
dría. El ânfora de vino cuesta un dracma, una cabra mediana o
una liebre, tres o cuatro óbolos; una vaca cinco dracmas y un
buey que trabaje diez. La carne de los animales casi no tiene va-
lor, y se la reparten sin cobraria o se cambia por otras mercancias.
Para darnos cuenta dei valor de estas afirmaciones de Polibio,
procedentes en su mayor parte de la expedición de__Décimo Junio_
BrutoThay que tener en cuenta que el ejército de este cônsul m a r ^
chó siempre sin apartarse mucho de la costa, sin pasar de la ori-
11a izquierda dei Mifto y sin atravesar otra región montanosa que
la que hace la divisória entre el Homen y el Limia, y que reccb
rrió por ]o-mnto_fi.Qmarcas_frQndosas-_y_de..dulce-clima. Y por
otra~~parte conviene fijarse también en que no es posible, entre
las noticias que consigna el historiador griego, Hqterminar cuáles
sonJas_que_se__refieren a los países dei Sur dei Ducro, y cuáles
Mercúrio, divinidad romana, que fue tempranamente asimilada a la otras a la porción septentrional que más tarde había de conocerse
cU j.
céltica Lugh en Galicia e Irlanda, protectora de los caminos. La presente ^ ^ con el nombre de Galeria, pudiendo suponerse fundadamente que
lura representa a Mercúrio portando su caduceo y una bolsa, como patr
comerciantes y traficantes (Landcsmuseum, Stuttgart).

A
152 Florentino López Cuevillas 153
La civilización céltica en Galicia

los informes que hacen relación a los precios dei vino, de los gra- Del^ganado ovino nos da razón la figura clarísima de una ove-
nos y de los ganados, procederían de la región dei estuário dei ja escu lpi d a~è~n una "piedra de un umbral de la citania de Sanfins,
Tajo, que era donde estaban las bases de aprovisionamiento dei y nuestros conocimientos sobre los animales domésticos criados
ejército romano a que antes aludimos. por los castrenos, se confirman y amplían con otros materiales
La Lusitania ostenta asimismo en Estrabón, cuyas fuentes son arqueológicos y aun epigráficos. Así en el famoso escrito de la
en esie_ caso Polibio^ v^Posidonio, su buena fama de rica y bien Arnoia, que representa una escena sacrificial en honor de un dios
dotada de médios de vida, pero se hacen ciertas distinciones entre serpiente, aparecen un cerdo, una cabra y dos carneros. En el bron-
las gentes que viven en los valles y riberas, los que habitan en ce dei castro de Costa Figueira, que reproduce otra escena de sa-
crifício, se ven dos yuntas de bueyes unidas a sus respectivos ca-
las moicanas y |os que moran en las islãs Casitérides. Se dice
rros y se percibc el cuerpo de la víctima, aunque tan esquemati-
en general que el suelo da muchos frutos y que sostiene numero-
zado que no se puede percibir si se trata de otro bovino o de
sos ganados, pero se anade en seguida que las tribus montanesas un carnero. Jinetes con sus caballos se encuentran reproducidos
por tener campos poco productivos y por poseef escasos bienes, en las diademas de Ribadeo, en la inscultura de Sanfins y en un
ambicionaron los ajenos y promovieron guerras a los mejor aco- fragmento cerâmico de la Franqueira y esculturas de cerdos, como
modados, y se afirma por último, en otro pasaje, que los habi- las que dieron nombre a la cultura de los verracos, abundan en
tantes de las Casitérides,. viven. en general, de sus ganadõsT Tras-os-Montes y reducidas a la cabeza se encontraron más al norte
Como antes dijimos, al hablar Estrabón de estas islãs se refiere y el oeste en los castros de Eirexario o Villa de Sen, en Viana
a comarcas de la costa gallega sin carácter insular, por lo que do Bolo; de Castelifto, en el valle de Monterrey; de Florderrey
sus afirmaciones cobran una singular importancia por no limitar- Vello, en Vilardevós, y en las citanias de Paderne y Sabroso en
se a unos pequeftos islotes y aludir, por el contrario, a tierras de cl Minho português, habiéndose recogido en el Santa Trega otra
buen suelo, como son las dei litoral de Galicia, siendo de creer cabeza zoomórfica que puede ser muy bien de cerdo. De época
que sus normas de vida fueran las más corrientes en todo el NW. anterior, que acusa ya influencia romana, son la vaquita y el toro
de bronce aparecidos respectivamente, en el castro de Taboexa, cerca
peninsular, todo lo cual nos plantea el problema de valorar en
de La Guardia y en Abedes, en la comarca de Verin, ostentando
sus justos términos la extensión y aprovechamiento de lareariade^
esta última una inscripción latina.
los tiempos de los castros y nos obliga a intentar averiguar
Si a esta enumeración afiadimos la vaca, el cordero y las ove-
qué clase de_anirnales erauJos-que-más_abun_daban en los rebanos. jas, que según la lectura hecha por José de Pinho dei epígrafe
Polibio habla de las cabias, pero alude asimismo a las_vacas grabado en el área de Marecos se ofrendaban en efígie a la diosa
y a los bueyesL Estrabón, por su parte, nos dice que los montane- madre «Nabicca» tendremos restituído por la arqueologia y por
ses comían de preferencia carne de__cabra, y que caballos y las lápidas la relación de los animales domésticos que se cíiaban
chos cabríos se inmolaban siguiendo un rito semejante aleito griego en la Galecia, aunque no podamos determinar cuáles eran los más
de las hecatombes, a una divinidad de la guerra que identifica numerosos y más estimados.
con Ares. Y comcidiendo con las noticias de Estrabón aparecen Por lo que toca a la utilización de estos ganados hay que en
en ustino, en Plinio, en Grácio y en Marcial, referencias a los primer lugar pensar en el consumo de su carne como alimento.
Los expolios de los concheros en los que se amontonaban los des-
V\\oe>mn h C g ° S V a s t u r i a n o s > Q u e son elogiados por la s e g u r i d a d
perdícios de las cocinas castreftas, es posible que proporcionen al-
de noca *\v ^ distinguiéndose dos razas diferentes, una
gún dia precisiones valiosas acerca dei asunto, pero por ahora.
la de lr m 3 C l 0 S < < a s t u r c o n e s » y otra de mayor alzada,
ia de los «celdones» o «zielHnn^w
Florentino López Cuevillas La civilización céltica en Galicia 155

el número de concheros descubiertos y explorados es escaso y sus mos servían en la caballería romana sin duda por sus buenas dis-
restos osteológicos no fueron aún estudiados con detalle. Sabe- posiciones ecuestres.
mos no obstante que en un depósito de conchas dei Trega se en- Las informaciones que poseemos acerca de la manera de criar
contraron cuernos de cáprido; en^un-conçhero dei Castro Peque- y cuidar el ganado son muy escasas. Está así y todo fuera de
no do Neixón, molares de bóvidos y de cerdos, en Barona restos duda, que poílô"menos una parte de él se estabulaba en el inte-
de huesos que debieron pertenecer a bóvidos o cápridos y en Ca- rior de los castros. Algunas construcciones y algunos pátios pare-
meixa molares de óvidos. ce que debieron sei utilizadas como cuadras y los locales que en
Podría deducirse dei examen de estos expolios, que en cierto el Trega se comunican con una habitación por una especie de ven-
modo concuerdan con las noticias de Estrabón sobre la preferen- tanucho abierto al nivel dei suelo, es indudable que sirvieron para
cia _pnr la rarnp que en la alimentación de la gente guardar animales, seguramente de cerda. En Sanfins y en San Ci-
brán das Lás aparecieron, como ya se sabe, dos contenedores dis-
de los castros se empleaban más los animales pequenos que los
puestos para abrevaderos, y en otros muchos castros se encontra-
vacunos, pero seria desde luego aventurado el generalizar datos
ron las llamadas prisiones de ganado, piedras açodadas o con un
incompletos y sacados además de un material escaso.
orifício en un extremo, cuyo destino se determina por la sobrevi-
Fuera ya de su empleo como alimento, algunos de los animales
vência dei tipo en la arquitectura rural de Montesinho, Alhoes,
domésticos, que dejamos enumerados, se utilizaban para otros me- Moncorvo y Freixo, pudiendo aún citarse para el caso los «rellos»
nesteres. De la existencia dei arado_en la Galecia, dan Te, como de piedra recogidos en el Trega, que como sus similares contem-
luego veremos, Justino y Silio Itálico, y es de suponer que enton- porâneos, servían para facilitar el transporte de los haces de hier-
ces como ahora fueran bóvidos los que tiraban por aquel instru- ba destinados a alimentación de los ganados.
mento agrícola. Los bueyes uncidos que se ven en el exvoto de ELpastoreo-se-haría en-las-tierras-adsciiutas a caáa^opjpidum
bronce de Costa-Figueira, demuestran de una manera indudable o a cdiázLJziyjtate, pudiendo ocurrir que en las grandes sierras hu-
que estos rumiantes se aprovechaban p a r a e l t r a n s p o r t e Jirando biera terrenos de pastos aprovechados en común por varias colec-
de carros, que debían ser muy semejantes, si no iguales, a los
que hõy~~están en uso en el NW. hispânico. tivas por la piedra de Castrocalbón que senalaban los limites en-
Una inscultura de Vilasuso, entre La Guardia y Bayona, nos tre los prados de la civilale de los Bedunienses y los de una co-
indica que en un tiempo anterior a los castros, los caballos se horte de soldados galos, y por la expresión «fuera de los limites»,
utilizaban en nuestra tierra como bestias de carga y de tiro, y u n a usada por Estrabón cuando alude al castigo de los parricidas.
referencia de Silio Itálico al auriga galeco Lampón, ensena que Es de suponer que ^n-4 Q< f-g r ^ n ^^ pHigros los ganados pertene-
en el tiempo de la cultura que nos ocupa, había, también aqui cientes aia.colectividad amenazada, que anduvieran dispersos por
carros ligeros por los que tiraban impetuosos caballos. los prados, se concentrarían dentro deJosL-iecintos-fortificados,
De la práctica de las artes ecuestres hay también viejos testimo o quizãs_mejor, en los fosôs7 pareciendo más lógico lo segundo
nios. Figuras estilizadas de jinetes se encontraron en Vilasuso y que lo primero si tenemos en cuenta que no se seftalaron, nunca
hasta hoy, en nuestra área cultural, encerraderos de animales al
en otras estaciones rupestres. Estrabón habla de ejercicios a caba-
estilo de los utilizados en Las Cogotas, y que muchas estaciones
11o que realizaban los guerreros galecos. Jinetes se ven, como >a
se presentan totalmente ocupadas por construcciones de piedra,
dijimos, en las diademas de Ribadeo, en el petroglifo de Sanfins
circunstancia que las haría impropias para guardar grandes rebaflos.
y en un fragmento cerâmico de la Franqueira, y por último c n * Complemento dei ganado, en el asp*»^ alimentício, eran las
una lápida de Hardón, cerca de A r j o n a , se habla de unas Ala
I Lemavorum, cuyos hombres procedentes dei llano valle de lc'
156 Florentino Lôpez Cucvillas LM civilización céltica en Galicia 157

aves de_corral de cuya presencia en los castros dan fe los bebede- de el que dejara las armas «para sembrar en los surcos» o para
ros hechos en una piedra en la que se abrió una cavidad semies- «hundir en el suelo la reja dei arado» y por último es también
férica, que se hallaron en vários poblados fuertes, y que son por Estrabón el que nos informa de que en Galecia se consumia cer-
completo idênticos a los que se ven en la actualidad en las aldeas veza, lo que presupone el cultivo dc la cebada, y Plinio por su
de Galicia. Es de suponer que las únicas aves de corral entonces parte refiere que en el territorio de la tribu de los Zoelas se fabri-
criadas fueran gallináceas v palmípedas. pues aun ahora son Ia caba un tejido de lino muy estimado en Italia para los vestidos
casi única avifauna de nuestros Corrales. usados en la caza.
Los útiles relacionados con la labranza encontrados en nuestros
» ELdesarrollo que alcanzó lafagricultjInPfen los distintos pueblos
castros son poco abundantes, pudiéndose citar tan sólo dos aza-
celtas acusa contrastes muy acusados. En las Galias el trabajo de
das de Vilarinho das Paranheiras, en la comarca de Chaves; otra
la tierra constituía la principal ocupación de las gentes, y César
dei Monte do Castro, en Braga y otra aun en un poblado, ya
durante sus campaftas pudo aprovisionarse abundantemente de trigo muy romanizado, cerca de la estación férrea de Barbantes. Fuera
en los territorios de varias tribus, siendo tal la extensión de los de estos hallazgos no hay otra cosa que tres hoces: una de Mon-
cultivos que Grenier no tiene inconveniente en afirmar que en los tinho y otras de San Millán y dei Santa Trega que conservan el
tiempos de la conquista romana, ofrecían las campinas francesas tipo y la matéria de las peculiares de la segunda mitad dei Bron-
un aspecto muy semejante al que hoy ofrecen. Contrariamente a ce. Como ya indicamos al hablar de las construcciones castreftas
lo que ocurría en las Galias, el cultivo de la tierra parece que hay en esta estación unos pcquenosJiQrnQs en forma de caja que
tuvo en la Gran Bretafla escasa importancia sobre todo en las co- se abren en las paredes de los vestíbulos de las casas, otro horno
marcas dei interior, y que florecía sólo en la costa, donde era prac- grande, igual a los actuales se descubrió en Borneiro, y una al
ticada por los Belgas invasores, y por lo que toca a los celtas parecer tapadera de la boca de un horno, salió recientemente en
de la meseta Castellana, asegura Schulten que en los tiempos re- el Outeiro de Baltar. Podría suponerse que estas construcciones
flejados en el périplo fuente de Avieno, se explotaba la ganadería servirían únicamente para tostar Ias bellotas, pero contra esta su-
con exclusión de los trabajos agrícolas. posición está la aparición de «granos tostados» evidentemente de
Y después de dicho lo que antecede es necesario que nos pre- cereales, recogidos en el castro de Freán, y de que había Castro
guntemos, en qué estado de adelanto en el cultivo de los campos López; las semillas de faba equina, de trigo y de centeno, tam-
se encontraba la Galecia, celtizada desde el siglo vi antes de nuestra bién carbonizadas, que se sertalaron en la Franqueira, y cl trigo
era.^Las noticiasjjue nos proporcionan los autores, clásicos sobre de la «cividade» de Paderne y de los castros de Cameixa y Barán.
De lo expuesto se deduce que la cria de canado no era_el único
este punto son contradictorias. Estrabón, en otro párrafo, dice quc
recurso económico de los galecos y que a su lado existia nnn agri-
los montafteses comían dos terciòs dei afio una especie de P a í l
cultura, que el uso dei pan de bellotas, confirmado por los ha-
fabricado con bellotas, cosa que obliga a pensar en una gran es^
llazgos de Briteiros, Trorta, Franqueira, Cameixa y Paderne, hace
casez de cereales, y por su parte Orosiojla una noticia coinciden-
crecr que no seria muy intensa, aunque puede ser también que
te cuando asegura que en la época de las guerras con Roma, to 0 dicho pan se conservara por un emplco tradicional más que por
nuestro país estaba ocupado por cl bosque; pero al mismo tiemp 0 neccsidad, como se conservó en estaciones argáricas de Esparta
el mismo Estrabón^ asegura en otro pasaje que las guerras f u c r o n y en cl rico yacimiento francês de Fort-Harrouard.
la causa de que los montafleses descuidaran las prácticas de I a El trabajo de la tierra se conocía desde luego en la Galecia,
agricultura; Justino cuenta que la «reja dei arado» levantaba a por lo menos desde el comicnzo dc la edad metálica, como lo
veces terrones que contenían oro: Silio para alabar el aliento g ^ '
ero de los Galecos, refiere que entre ellos pasaría por un cobar-
158 Florentino López Cuevillas La civilización céltica en Galicia 159

demuestran los molinos planos que se sacaron en mamoas dei Mon- iguales a los que hoy se usan, y Ia consideración lógica de que
te do Viso, de las Maus de Salas y dei Monte da Morá, y el en un régimen de guerras continuas las cosechas podían defender-
hallazgo en los fondos de cabanas de Pepim, en Amarante, de se mejor cuanto más cerca estuvieran de las murallas de los po-
semillas de mijo y de faba equina juntamente con bellotas, que blados, nos inclinan a aceptar el parecer de Sampaio.
• Como ya vimos, Polibio alaba la abundancia y buena calidad
ya entonces se recogían sin duda para hacer el pan que menciona
dei pescado* que se criaba en los mares lusitanos. Justino, a su
Estrabón, siendo posible que la extensión de las áreas cultivadas
vez, asegura que el flujo dei Océano hacia que los rios de Ias
hubiera sufrido con la llegada de los celtas una disminución se-
costas atlânticas de la Hispania estuvieran llenos de pesca. Mar-
mejante a la que después se sufrió con la invasión sueva y sobre
cial, en el epigrama dedicado a Materno, pone en contraste la
todo con la musulmana dei siglo vra, debiéndose en cambio a
escasez de caza en las campiflas romanas y la escasa pesca de
los celtas la introducción dei centeno, gramínea que propagaron las riberas laurentinas, con la abundancia propia^de los campos
por una buena parte de Europa. de las costas de Galecia, y alaba las ostras que aqui se recogían,
Un problema que hace poco tiempo planteó Mario Cardozo, diciendo que eran tan grandes como las de Baias y que abunda-
al estudiar unas pilas megalíticas de las proximidades de Chaves ban de tal manera que los criados podían hartarse de ellas sin
que indudablemente sirvieron de lagares, es el dei cultivo de la necesidad de robárselas a sus amos.
vid en nuestra tierra antes de la llegada de los romanos. Es ésta En nuestro país hay vestígios dei ejercicio de la pesca que se
una cuestión sobre la que no pueden hacerse pronunciamientos remontan hasta la industria paleolítica llamada camposanquense,
decisivos, pero que por lo mismo debe ser examinada con interes en la que se encuentran piedras de rio de buen tamano, habilita-
y detenimiento. ^ das por médio de dos muescas en el centro de los bordes, para
Cree Alberto Sampaio queJos-xampos-labrados__gorJP s Ç55!re" servir de pesos de redes grandes, y ya en los castros han apareci-
Aos-^emplazaban eiT lo alto de los montes, más libres de arbola- do anzuelos de bronce en el Trega, fragmentos de un aparato para
do que los vallêsTy^de.preferencia alrededor de los recintos forti- trenzar cuerda, en Trofla, y sobre todo aparecieron en esta esta-
ficados, y documenta su parecer mencionando los prédios con mu- ción menudos cantos rodados, con muescas laterales, idênticos a
ros, sin objeto en la actualidad, existentes en los montes de Cou los pesos de red, que se conocen con el nombre de «poutadas»
ra, en el lugar que lleva el nombre bien significativo de «Campos y que aun están en uso en ciertas zonas marítimas.
El aprovechamiento de ..moluscos-y asimismo de crustáceos se
dos Mouros», y asimismo la presencia de bancales, ahora cubier
ha comprobado en muchos castros y de modo principalísimo en
tos por la vegetación, que se ven por debajo dei castro de Cape
los situados en la costa en los que aparecieron, con cierta fre-
Vermelho y en la vertiente norte de la citania de Sanfins de Paços
cuencia, depósitos de valvas mezcladas con desperdícios de cocina.
de Ferreira. Bancales semejantes a los citados por aquel historia^
De estos concheros se tienen estudiado hasta ahora cuatro, siendo
dor português los tenemos encontrados en el Coto da Vila, las especies malacológicas recogidas en ellos las siguientes:
Lobeira y en las inmediaciones de otros castros de la misma eo En el Castro Pequeno do Neixón: Littorina litlorea, Cardium
marca, y también en el de Barona y en los Castros dei Ros 3 ' edule, Tapes decussatus, Ostrea edulia, Neptunia y Dossinia exo-
cerca de La Guardia. leia. Abunda mucho la Littorina y escasea la Neptunia.
Un dispositivo dei mismo tipo lo hay en Numancia, donde Pa^ En la citania de Santa Trega: Mytilus edulis, Patella vulgata,
rece formar parte dei sistema defensivo de la ciudad, pero Vo Littorina littorea y Trochus lineatus.
lo que toca a sus similares galecos, su acoplamiento a las de e En Montealegre: géneros Patella, Solen, Pecten, Ostrea, Natica,
sas castreflas no es claro ni mucho menos. Estas circunstanci ^
unidas a la de ser los bancales que se suponen protohistórie
160 Florentino Lopez Ctievillas La civitización céltica en Galicia 161

Cardium, Mytilus y Littorina. Predomina la Littorina como en vasor el conocimiento de la nueva_jnetalurgia_del hierro, que en-
el Neixón, y escasean las ostras. contró en la Galecia rica en óxidos y en piritas de aquel metal,
En Barona: Patella vulgata, muy abundante, Littorina littorea, abundancia de primeras matérias, y traía asimismo consigo una
Solen vagina, Pecten varius, Mytilus edulis y piezas de un crustá- técnica tan adelantada en los trabajos de-forja que llamó la aten-
ceo, el Homarus vulgaris. ción de los romanos cuando se pusieron en contacto con Ias tri-
"Acerca de los ejercicios venatorios de nuestros castrenos posee- bus galas dei otro lado de los Alpes.
mos un documento gráfico, la piedra suelta que salió en la cita- Unióse, sin duda, este conocimiento-de-la metaiurgia con las
nia de Sanfins con un grabado que representa a un hombre a ca- antiguas tradiciones jndígenas, dándose así lugar a la formãcíon
ballo que alancea a un cérvido, representación que nos garantiza de tallêres cuya fama alcanzó resonancia en la literatura latina.
que en la Galecia se practicaban verdaderas monterías. Los_cier- El pasaje de Justino en que al hablar de Galecia asegura que «el
vos debían de ser cazados con cierta intensidad en aquellos tiem- hierro de este país es muy duro pero que el agua le afiade nueva
pos, pues restos suyos, especialmente candiles, se encontraron en fuerza», y que «no es estimada un arma que no esté templada
Montealegre y en el Trega. Si las representaciones zoomorfas es- en las corrientes dei Bilbilis o dei Chalibis», indica que el compi-
quemáticas o a dos líneas, son como como sospechamos de la lador de Trogo Pompeyo, juntó equivocadamente el país galeco
época de los castros, tendríamos que las figuras rupestres de cicr- con el celtibero, famosos ambos por la buena calidad de sus hie-
vos y de manera especial las de las Tenxinas y de la Laxe da For- rros y por la pericia de sus forjadores. Silio Itálico hace pasar
neirina, serían una perduración de las ofrendas de este tipo ini- delante de Aníbal a los guerreros dei occidente peninsular, que
ciadas en tiempos anteriores y que ahora se hacían con el propó- ofrecen presentes al general cartaginês, y son los hombres de nuestra
sito de ayudar la reproducción y la conservación de las especies tierra los que le entregan, como obra suya un escudo áureo cuyo
má? estimadas entre las que se cazaban con más frecuencia. resplandor aterrorizaba, y con él otras armas magníficas y bella-
• Fue conocida y alabada la rpir">rfli_/ip—la-Galecia por mente adornadas, y por último Marcial, en el epigrama que diri-
muchos autores griegos y romanos. Poços aftos después de la ex- ge a Charino, habla de unas copas doradas de la Galecia que se
pedición de Décimo Junio Bruto, escribía Posidonio lo siguiente. mencionan, como una preciosidad más, al lado de esculturas de
los más grandes maestros griegos.
Apud Artabros autem, qui Lusitaniae versus occasum et septen-
trionem ultima habent, efflorescere ait terram argento stamno, auro Los vestígios de los talleres de los metalúrgicos de nuestra tie-
rra van apareciendo ahora al explorarse los lugares en que se en-
albo; est enim hoc permixtum argento; han terram fluvis de fcrri>
cendía el fuego de sus fundiciones y de sus forjas. Escorias de
et mulieribus sarculis exauriri, labarique in colis textis in modurn
cobre y de bronce aparecieron en varias habitaciones dei Trega.
cistae.
Restos de fundición de los mismos metales y pedazos de fibulas
Nos indica este párrafo de Posidonio, que aunque fueron los
y de alfileres destinados al crisol se recogieron en una bolsa de
romanos los que intensificaron la producción minera cn la
carbón y cenizas dei castro de Trofta, y a poços metros de este
cia, exfcUan ya antes-de ellos proccdimientos primitivos para o^z.
indudable taller, salió un fragmento de un molde de fundición,
tener cantidades_de_meiaLque fueron suficientes para provocar un
y en el Castro Pequeno do Neixón, yacimiento que hay que datar
florecimiento industrial notable en la Edad dei Bronce y para con
cn los comienzos de la cultura galeca dei Hierro, se descubrieron
vertir, desde bien temprãno, el NW. Hispânico, en un activo cen-
una valva y la mitad de otra para fundir hachas de tubo y un
tro de fabricación de joyas áureas.
crisol casi entero con metal pegado a sus paredes, y algunos pe-
4 LaJlegada de los celtas en vez de debilitar la práctica de estos
trabajos les prestó un nuevo impulso. Traía consigo el pucblo i n *
162 Florentino Lopez Cuevillas
La civilizución céltica en Galicia 163

dacitos de bronce que por su forma denuncian ser desperdícios


En cuanto a las técnicas Jos-aurífíces-galecos, conocían y apli-
de fundición. caban la totalidad delas usuales en su tiempo. Conocían el fun-
Mucho más abundantes son aún los restos..dei trabajo-de-los- dido, las soldaduras, que de seguro realizaban con el chirsocolle
herreros. £1 hallazgo de ganga de hierro es vulgarísimo en los cas- de que habla Plinio, y eran muy habilidosos en los estampados,
tros y muchas veces se la recoge superficialmente, como ocurrió en las incisiones de pequeflos trazos, en Ia filigrana y en el granu-
en el Coto da Vila y en la Croa, en Lobeira, y en el castro de lado que practicaban con extremada finura hasta el punto que sus
Ousende, en el país dei Savinao. Ganga de fundición de hierro labores de este género sostienen la comparación con las mejores
se encontro también en Montealegre de Domayo y en cantidad piezas púnicas. El repujado y el cincelado lo practicaban en oca-
notable en Trona y en un lugar situado por debajo de la parte siones, pero desde luego lo más corriente son los trabajos de es-
excavada de la citania de Santa Trega, debiéndose citar asimismo tampado y grabado, siendo muy usuales también Ia Filigrana y
a este respecto los grandes montones de ganga que se ven en las aún el granulado.
montanas dei distrito de Braganza y en otros montes gallegos, que La utilización de estas técnicas exigia, como es natural, un_jiti-
es fácil senalen los emplazamientos de los hornos donde se ex- llaje numeroso y compleio. Uno de nuestros aurífices castrenos
traía el hierro de sus minerales. tenía que contar en su taller con crisoles, sopletes, aparatos para
En el subsuelo dei mencionado Coto da Vila, se encontro un estirar y torcer el hilo de la filigranas, matrices estampadoras, mar-
martillo de piedra con surco central, dei tipo de los llamados de tillos, tenazas, pinzas y trépanos, y también con matérias soldan-
minero, dei que es legítimo suponer, dada la falta de minas en tes y con gomas para los granulados y aún con los tornos indis-
la comarca de Lobeira y la sobrevivência de estos útiles hasta la pensables, según Mario Cardozo, para fabricar ciertos remates de
época romana, que estaria destinado para fragmentar el mineral torques como los de doble escocia, material que nos revela con
llegado allí por via de comercio, siendo bien citar asimismo el su presencia que el desarrolllo de la orfebrería no era un hecho
pico de salida dei aire y la piedra de una forja adornada con aislado, sino que alcanzaba un desenvolvimiento paralelo al de otros
ofícios.
grabados en espina de pez, de la citania de Trofta y las tenazas
• Fuera ya dei trabajo de los metales en sus distintos aspectos,
metalúrgicas de largos brazos de esta estación y dei castro de
existían en el tiempo de los castros otra serie de labor*»* inHii^frin--
Meirás. . . . les, como la fabricación de vasijas de barro y de madera, eLJiila-
Peritísimos en su ofício eran los aurífices, muchas de cuyas oor*>
do, tejido y tefiido de lá lana y dei Tino;, la construcción__de_ cestos
llegaron hasta nosotros gracias a los escondrijos que la inseguri-
y de los famosos barcos de pieles, la extracción de manteca y como
dad de los tiempos les obligó a hacer, y en los que aparecen joyas
es natural todo lo relativo a los ofícios de cantero y Carpintero.
enteras o en pedazos, y tortas de aleacíón de oro y plata, de pla*a
Hasta los tiempos de la dominación romana no se conoció en
y cobre o de plata sola, yaciendo todo a veces en un lecho dt
la Galecia la riieda dei ceramista. Todos los restos de industria
carbón y cenizas.
con caracteres de indígenas, que en cantidad considerable se en-
Por lo jgeneraLlos metales usados en la fabricación de las jo>a$
cuentran en los castros están_hechos_ajnano, pero a pesar_de cllo
eraiumuy-puros-y-solamente hacia la fase final de la cultura cas- se encuentran paredes de vasos de poco espésor y formas regula-
trefta se n o t ^ c o m o en los torques y en los brazaletes dei tesoro res y elegantes, y en el exterior de muchas piezas se nota el alisa-
de Foxados, un rebaje en la ley de la aleación, que juntamente do y aún el pulimento. Para la decoración se emplearon relieves,
con el empleo de almas de metales inferiores, que se observa P°r incisiones hechas con punzonês~dè~punta aguda o romã, y sobre
ejemplo en un torque dei Trega y en los tres de Lanhoso, parecen todo estampados con matrices que en ocasiones parece que tun-
seftalar momentos de decadencia o de escasez de matérias preciosas-
164 Florentino López Cuevillas La civiUzación céltica en Galicia 165

cionaban unidas a una pequena rueda. Los útiles de alfarero es- tencia nos informa aquel geógrafo griego, en cuya obra encontra-
casean mucho en nuestros inventários, pudiendo citarse solamente mos también referencias a vasijas de madera, que a juzgar por
para el caso el hallazgo en el Trega de dos punzones de hueso un fragmento carbonizado dei castro de Cameixa adornado con
y de unas matrices estampadoras, y también de unas especies de circulitos estampados, debían de ostentar unas decoraciones seme-
cuevas divididas en dos compartimentos y con senales de haber jantes a las de los vasos de barro.
sufrido la acción de un fuego violento, que fueron consideradas Otros recipientes muy usados debían de ser los de bronce, ya
como hornos para cocer vasijas cerâmicas. en uso antes de la invasión indoeuropea según nos Io demuestran
Respecto a las otras industrias que antes enumeramos, nuestros un fragmento de un caldero dei depósito de Hio y otro dei Mu-
informes se limitan casi a lo indispensable para testimoniar su exis- seo de Porto, cuya perduración en nuestra época celta se patenti-
tência. Que aqui se hilaba y se tejía se deduce dei pasaje de Plí- za con las situlas de grandes asas y tamafio más que mediano,
que portan algunas de las figuras estampadas en las diademas de
nio relativo al lino de la tribu de los Zoelas, muy estimado en
Ribadeo, y el fragmento de cista encontrado en Valedouro y pu-
la Roma dei siglo i por su gran fortaleza, y dan razón también
blicado por Villa-Amil, que presenta una decoración de SSS, de
de la presencia en los castros de artes textiles con uso de las fu-
semicírculos y funículos completamente castrefta.
saiolas y los pesos de telar que con bastante abundancia se reco- El empleo de la manteca, exclusivo según Estrabón, nos da cuen-
gen en ellos. Recientemente y g r a d a s a la penetración dei ingenie- ta de la práctica de industrias lácteas cuyo alcance y extensión
ro y arqueólogo Francisco Conde Valvis y a su conocimiento de ignoramos, y por último el e m o l e o S e cueros en la consirucción
la etnografia de los pueblos primitivos, pudo ponerse en claro que de naves, nos indica que se.sabía curtirlos y prepararlos para di-
unas piedras rectangulares con una escotadura en un extremo o cho objeto y de seguro para otros fines.
con una en cada uno de los lados menores dei rectângulo, de las Para darnos cuenta de la antigüedad y de la importancia dei
que habían aparecido ejemplares en Paderne, en San Cibrán das comercio exterior de la Galecia no basta con la general afirma-
Lás y en Santa Marina de Augas Santas, formaban parte de tela- ción de que las islãs llamadas Casitérides por Estrabón y por Plí-
res verticales, estando destinadas las que presentan una sola esco- nio cstaban en nuestras costas o mejor aún que formaban parte
tadura a sostener, dos a dos, un cilindro de madera en el qut de ellas, sino que es necesario admitir, con arreglo a la lógica
iba arrollándose la urdimbre, y las de dos escotaduras a impedir y siguiendo el parecer, perfectamente fundamentado, de Garcia de
que se juntaran los dos pares de paios cruzados que constituian la Riega y de Herrmann, que la Oesílimnida. mencionada, como
la a r m a d u r a dei telar. Nuestros conocimientos sobre las artes tex- emporio dei estaüo, en el périplo dei siglo vi antes de nuestra
tiles y dei vestido se completan con el hallazgo de agujas de bronce era, que sirvió de fuente principal a Rufo Festo Avieno para com-
y de tijeras y en cuanto al tefiido de las fibras o de las telas st poner su poema Ora Marítima estaba en nuestra tierra y no en
nos manifiesta en los dibujos que se ven en las túnicas de alg u la Bretafia francesa como pretenden otros autores.
nas estatuas de guerreros y en la noticia de Estrabón sobre Ios Aunque tengamos que repetir ahora cosas ya dichas y aunque
colores vivos de los vestidos de las mujeres castreftas. pequemos de insistentes conviene advertir que contra cl segundo
Trabajos de cestería se empleaban, como ya vimos, en la cons- de estos pareceres está por una parte el hecho de que los Oes-
trimnios de Avieno empleaban en sus navegaciones barcos heclios
Liucción de caba fias; posiblemente en los cascos de \
con picles según se asegura en la misma Ora Marítima, barcos
cubiertos de pieles de que nos hablan A v i e n o y Estrabón, en
que aún estaban en uso entre los galecos antes de la expedición
especie de canasta£_en que las mujeres lavaban las arenas de 0
de Décimo Junio Bruto, y en cambio los navios de los Bretones,
rios para extraer oro y estafto, y en la fabricación de armas ^
fensivas como los escudos de nervios entrelazados de cuya e*,s
166 Florentino López Cuevillas
La civUización céltica en Galicia 167

en los anos de las guerras de César, estaban construídos, como


blema arqueológico que plantea el trato comercial con los púni-
ya vimos, con tablas, eran más altos que las mismas embarcacio-
cos cuenta ya con puntos de referencia precisos en los textos lite-
nes de los romanos y en ellos solamente las velas eran de cuero.
rários.
Pero además de esto tenemos que el cabo Oestrimnico es descrito De todos los géneros antes mencionados sólo los objetos de bron-
en la Ora Marítima con su mole inclinada hacia el Sur, circuns- ce y las cerâmicas podían dejar seftales de su existencia. Los pri-
tancia que conviene perfectamente con nuestro cabo Finisterre, pero meros podemos decir que faltan en nuestros inventários y las úni-
que no conviene de ninguna manera con los promontorios breto- cas piezas de esta clase que se tienen atribuídas al comercio car-
nes orientados todos hacia el Oeste, y por último que para con- taginês son unas hachitas votivas de bronce, que en realidad se
firmarse con la idea de que la Oestrimnida con que comerciaban parecen muy poco a las aparecidas en la necrópolis de Ibiza, pero
los Tartesios, citados por Avieno, se hallaba en la península ar- en cambio el paso de las naves púnicas va dejando seftales en
moricana, habría que creer que dichos Tartesios iban a buscar es- toda la costa portuguesa, y sobre todo, como acertadamente ob-
tano a un país lejano después de costear otra tierra mucho más servo Mendes Correa, en los estuários de los rios, y estas huellas
próxima y más rica en el metal buscado, rica también en oro y continúan manifestándose al N. dei Duero en las cerâmicas he-
que explotaba desde muy antiguo sus riquezas mineras. chas a torno de Guifoes, de San Juliao, y de otras varias estacio-
La Oestrimnida de Avieno es indudablemente el mismo país al nes, siendo de advertir que estas cerâmicas bélicas con pinturas
que más tarde dieron los romanos el nombre de Galecia, país co- geométricas no deben confundirse con otras igualmente pintadas
nocido por los navegantes y mercaderes tartesios, que fueron los de factura indígena o de época ya romana.
que informaron sobre él al autor dei périplo dei siglo xi que sir- Fuera de estas vasijas, o mejor fragmentos de vasijas, pueden
vió de fuente, en unión de otros escritos geográficos, para com- mencionarse como introducidas por el comercio cartaginês la brác-
poner el poema Ora Marítima. ^ tea siracusana de Bragança, las monedas acuftadas en estableci-
Pero después de arruinada Tartessos por lns_ çartapineses, fue- miento de Bares, que tienen valor probatorio aunque hubieran lle-
ron éstos, en efecto, los que monopolizaron el trato de Jos meta- gado en los primeros tiempos de la colonización romana por de-
mostrar la existencia de relaciones anteriores, y el rejalgar encon-
les de las islãs Oestrimnicas, que ya no se llamaron así, sino islãs
trado en el castro de Montealegre, y sobre todo la serie de cuentas
Casitérides, que Estrabón incluye en el libro III de su Geografia,
de collar de vidrio o de pasta vítrea, idênticas las más de ellas
dedicado a la Hispania, y sitúa al N. dei Puerto de los Artabros
a las recogidas en Ibiza, en Cádiz y en otras estaciones, que salie-
diciendo a propósito de los tratos mercantiles que en ellas se veri-
ron en el monte donde se emplaza la Cividade Velha de Santa
ficaban lo siguiente: «En un principio este comercio era explota* Luzia, en San Juliao de Freixo, en Ganfei, en el Monte do Cas-
do unicamente por los fenícios de Cádiz, quienes ocultaban ade tro, en Braga; en Sabroso, en Briteiros, en Santa Trega, en Mon-
más las rutas que conducían a estas islãs. Cierto navegante, vién- tealegre, en San Cibrán das Lás y en Cameixa, debiendo desta-
dose seguido por los romanos, que deseaban conocer la ruta de carse los lotes muy numerosos de Briteiros y dei Trega.
estos mercados, encalló por patriotismo en unos bajos con objeto Pero la influencia-en^nues,tLa_tierra_deI comerçio_çaríaginés se
de hacer correr igual suerte a sus perseguidores, y habiendo 1° hace también patente en el tipo de nuestras arracadas castreflas,
grado salvarse, le fueron indemnizadas por el Estado las pérdidas Que derivan casi todas dei conocido tipo púnico llamado de raci
sufridas.» mos de uvas, y en la presencia entre nosotros de técnicas c o r e
Nos informa el mismo Estrabón que los cartagineses se brería que, como la de la filigrana y dei granulado, no pu iero
ban de aqui estafto y plomo-^-pieles-de^anado y que dcjabajL entrar en nuestro país por otro camino.
en cambio cerâmica, sal y utensílios de bronce,"con lo cual el P' 0 '
169
La civilización céltica en Galicia
168 Florentino López Cuevillas

nes, porque las cerâmicas allí recogidas, adornadas con series ho-
Creemos, en vista de los datos que quedan expuestos, que se rizontales de aspas, de círculos concêntricos, de SSS, de rombos
puede afirmar que existe una confirmación arqueológica de los y de líneas de zig-zag son idênticas a las aparecidas en Trofia,
textos que hablan de las navegaciones de los mercaderes de Gades en Sabroso, en San Cibrán das Lás o en cualquiera de nuestras
a los puertos de nuestra tierra en busca de estano y muy posible-
estaciones castrefias.
mente también de oro. Y fijándonos finalmente en la forma de las vasijas diremos que
Pero estas relacionesjriarítimas de la Galecia con el mundo dei los tipos de cuello alto y cilíndrico, borde poco saliente y panza
Mediterrâneo no eran las únicas, porque existían otras que la unían bien desarrollada, corrientes en Bretana, se seftalan también en
desde muy antiguo con los países dei mundo atlântico, en espe- los perfiles obtenidos de fragmentos que salieron en Cameixa, en
cial con la península armoricana, coiTTrlanda y con la Gran el Monte do Castro, en Lanhoso y en Trona.
Bretana. Es posible que si se realizara una comparación detenida dei ma-
Iniciáronse estos contactos culturales en la época megalítica, al- terial bretón de los tiempos de La Téne y dei material castrefto,
canzándose quizá su intensidad máxima en los tiempos dei Bron- las identidades y analogias notadas en las formas y en las decora-
ce, y pese a la invasión indoeuropea, continuaron existiendo al ciones cerâmicas, se extendieran asimismo a otros objetos, como
implantarse y desenvolverse la cultura de los castros, que los reci- se extienden al examinar muchos elementos galecos que cuentan
bió como una de las numerosas aportaciones con que contribuyó con paralelos tan exactos en las regiones suroccidentales de Ingla-
a su formación el pueblo indígena que en la Ora Marítima apare- terra, que Thurlow Leeds llegó a pensar en un desembarco e inva-
ce designado con el nombre de Oestrimnico. sión de gentes dei NW. hispânico en dichas regiones.
Creemos que fue Dechelette el primero que llamó la atención Porque no se trata ya aqui de igualdad en los adornos de los
sobre la semejanza impresionante que existia entre la decoración vasos cerâmicos, patente hasta la saciedad en ejemplares proce-
de un fragmento cerâmico adornado con aves acuáticas de la ne- dentes de una serie de estaciones como las de Chun Castle, Treve-
crópolis de Kerviltré, en el departamento de Finisterre, con otro neague, Constantine Island, Tregear, etc., idênticos a los nuestros,
sino de poblados como el de Glastonbury, cuya planta se semeja
fragmento que presenta idêntico decorado dei castro de Sabroso,
de modo extraordinário a la de Terroso, a la de Coafta o a Ia
explicando aquel arqueólogo dicha semejanza por una emigración
de otro castro con habitaciones permanentes totalmente excavado,
dei tipo desde el NW. de la Península hasta Armórica, donde se
de fíbulas como las de Harly Bay y Mount Batten, derivadas dei
le encuentra ya en los períodos de La Téne I o La Téne II» ^
tipo de La Certosa lo mismo que las de los tipos de Sabroso y
aftadiendo que en los vasos bretones son frecuentes las decoracio-
de Santa Luzia, y conservando igual que ellas el apêndice sin Ia
nes en S, que son igualmente abundantes en Sabroso y en Britei-
menor inclinación al arco, y de casas de paredes curvas como Ias
ros, y que existen aún entre las vasijas de uno y otro país nota- de nuestras citanias, y de recintos fortificados por el estilo de los
bles paralelismos, debiendo referirse, al decir esto, a los motivos de Chun Castle y de Carn Brea que presentan el mismo ordena-
tan característicos de nuestros castros como son los círculos con- miento de defensas y los mismos dispositivos en las puertas que
cêntricos, los rombos, los triângulos y las líneas onduladas q l , e pueden verse en el castro de Cabras, en la comarca de Lalin, o
se ven en vasos de la referida necrópolis de Kerviltré. e
n el de Paradela en la de Melide.
Bastaba esto solo para poder afirmar ya una relación cultura Y a toda esta emigración de elementos galecos a Armórica y
entre la Galecia y la Armórica, pêro la exploración por el abate a j SW.de Inglaterra que se verifica penetrando en un me 10 pro
Favret y el comandante Bénard Le Pontois dei cementerio de Roz P»o de la cultura de La Téne, no se le encuentra una contraparti-
an Tremen, asimismo en el departamento de Finisterre, ha venido
a afirmar de un modo definitivo la certidumbre de tales relacio-
170 Florentino López Cuevillas La civilización céltica en Galicia 171

da en cualquier base de objetos venidos aqui desde aquellos paí- das de plata.» Estas relaciones comerciales dentro de nuestro pro-
ses, pudiendo deducirse de este hecho estos contactos era el pue- pio territorio se manifiestan también de una manera clarísima en
blo galeco, o lo que es lo mismo el pueblo que, seguri expresión la unidad cultural absoluta que se observa en el círculo cultural
de la Ora Marítima, «con barcas de pieles cosidas surca valerosa- de los castros galecos, pues tal unidad no seria posible sin una
mente el turbio mar y los abismos dei Océano». comunicación frecuente y continuada entre las distintas comarcas
Cuestión aparte, y de resolución imposible por ahora, es la de y las distintas civitates. Desde el Duero al Ortegal las formas de
determinar qué^lâse_d^mercaiLQÍas eran las que las gentes dei las espadas, de las joyas y de las fíbulas son idênticas, como idên-
ticas son las casas de paredes curvas, los monumentos funerários,
NW. hispânico iban a buscar a los otros finisterres atlânticos a
los motivos decorativos, y aun en las cerâmicas no se pudieron
los que llegaban én~~sus~atrcvidas navegaciones, y en los que se
senalar acusadas diferencias regionales, siendo posible en cambio
explotaban los mismos niveles q u e aqui se recogían. Es éste un
que el dia que se haga un estúdio detenido de este material sea
problema oscuro para cuyo esclarecimiento sólo se puede indicar
posible localizar zonas suministradas por determinados alfares, pu-
la existencia de un antiguo parentesco étnico que parece traslucir-
diendo indicarse ya hoy una especie que se trabajaba con una tie-
se de la identidad de hombres de la tribu inglesa de los Albiones rra acastanada, bastante fina y que producía vasijas de paredes
con otra galeca establecida entre el Eo y el Navia, y la semejanza delgadas, que se tiene encontrado en el Santa Trega, en Trona y
de las denominaciones de los Oestrimnios, pobladores dei NW. en Cameixa, y otro que elaboraba sus vasos con pasta negra, con
hispânico anteriormente a la llegada de los indoeuropeos y la de poços granos de cuarzo, que recogimos en el Castromao y en el
la tribu a r m o r i c a n a de los Osisimios. Outeiro de San Marcos, estaciones ambas próximas a Celanova
Un tercer c a m i n o comercial, terrestre esta vez, y que nos ponía y que creemos es la misma que apareció en Cameixa, con relativa
en contacto con los centros mariánicos de las minas de plata, se abundancia.
deja rastrear por u n a serie de hallazgos de collares funiculares fa- Por otra parte la presencia de un comercio interior está asegu-
bricados con este metal, que antes de llegar a nuestro país, donde rada por los Jhios, lugares de mercado en primer lugar, aunque
se encuentran m u y bien representados por los ejemplares de Mon- pudieran servir también para celebrar fiestas o asambleas políti-
donedo, C o r t i n h a s y Bagunte, se escalonan por la Beira en M° n " cas. De estos foros sólo conocemos por Ptolomeo los de los Bi-
santo, C h a o de L a m a s y Vila Velha de Rodao y después más a balos, Narbasos y Gigurros, pêro es seguro que los habría tam-
S., en M o n f o r t e , localidad que como la de Monsanto está muy bién en las otras civitates, y para terminar y como detalle curioso
próxima a la frontera de Cáceres, circunstancia que permite supo- citaremos el hecho de la aparición de valvas de moluscos maríti-
ner u n a v í a - q u e desde-las minas de la Mariánica dcbía llcgar a mos dei género Ostrea, en los castros de Trona y San Cibrán das
actual Portugal atravesando la Mancha hasta entrar en las tierras Lás, situados respectivamente a 20 y a 80 kilómetros de la costa
en
lusitánicas dê~Toledo y de Extremadura. ' l n e a de aire, distancia que salvaron posiblemente pequefios mer-
Por este camino terrestre debieron venir a Galecia, además caderes, como los que hoy recorren nuestras aldeas vcndiendo pes-
la plata que usaban nuestros aurífices y que se encontro en alg u " cado sacado dei mar.
nos de sus escondrijos, los modelos de los exvotos de Armoia ) Con motivo de las marras He lns galecos £QH-Au.qustOr-y~antc"
n
° r m c n t e con las incursiones de las escuadras de Publio Craso
de Costa Figueira que tienen antecedentes en el norte de la Bética-
y de Julio César, el comercio de la Galecia
De un comercio_enue_las-gentes-de-las-distintas tribus_qU e VI] o s ni s
' m o s tratos entre los indígenas hubleroh deTwibir^un serio
vían eji jiuestro. pafs da noticia Estrabón, nuestro constante in o í
Quebranto y de ver notablemente disminuida su activa a or o
mador, al decirnos que: «En el interior, en lugar de mòneda P*"aC]
tican cl intercambio de especies _o dan pequeilas lâminas recorta
LAMINA XXV
172 Florentino López Cuevillas

menos sólo así se explica que Estrabón, que conocía las navega-
ciones de los colonos de Cádiz a las Casitérides, diga, hablando
de las tribus dei N. y dei NW. de la Península, entre las que in-
cluye naturalmente a las galecas, que: «Su rudeza y salvajismo
A la d e r e c h a : Plano dei castro galaico de
no se deben sólo a sus costumbres guerreras, sino también a su
tipo litoral de Barona Porto de Sora,
alejamiento, pues los caminos marítimos y terrestres que condu- La Coruna.
cen a estas tierras son largos, y esta dificultad de comunicaciones Abajo: Detalle de vivienda de planta circular,
Ies ha hecho perder toda sociabilidad y toda humanidad.» oval y oblonga, de dicho habitat castreno.

^ e la P e n í n s u l a I b é r i c a c o n i n d i c a c i ó n d e l o s p r i n c i p a l e s y a c ii m i e n t o s dc
la E d a d dei B r o n c e . S c g ú n J . M . C o l e s & A . F . H a r d i n g , 1979
LAMINA XXVI LAMINA XXVII

3RUP01

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GRUPO 2 GRUPO 3

CTD CZD
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GRUPO L

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Arriba: Zona excavada dei Castro de Briteiros; Abajo: id. de la Citania de Sanfíns, ambas
H Z l en Portugal. (Según M. Cardozo).
Tipologia de las viviendas y estructuras conocidas de los poblados castrejo
(Según A. Romero).
LAMINA XXVII! LAMINA XXIX

Estructuras circulares dei castro de Barona (Porto do Son, La Co ) j


cuadradas de Castro ma o (Cela nova, Orense).
LAMINA XXX
LAMINA XXXI

Arriba: Plano de la zona excavada y estudiada dei castro de na {Oriente dei Principa-

do de Astúrias). . ujetoria de Astúrias, 1978).


Abajo: Reconstrucción ideal de dicho habitat. (Scgun
LAMINA XXXII

8
DE LAS ARMAS

D
e las armas de los galecos y de los lusitanos, pueblos que
no se diferenciaron hasta más adelante, nos habla la Geo-
grafia de Estrabón en el siguiente párrafo: «Su escudo es
pequefio, de dos pies de diâmetro, y côncavo por su TaHo^ante-
rior; lo llevan suspendido por delante con correas, y no tiene, al
parecer, abrazaderas ni asas. Van armados también de un puflal
o cuchillo; la mayor parte llevan corazas de lino. y poços cota
deZmalta y cascos de tres cimeras. Otros se cubren con~cãicòs
tejidos de nervios; los infantes usan knémidas y llevan varias ja-
balinas; algunos sírvense de lanzas~de punta de bronce».
Muy semejantes a las de Estrabón son las noticias, que sobre
el mismo tema nos proporciona Diodoro, al informamos de que
los lusitanos «usan armas ligeras y en los combates llevan unos
escudos muv pequeftos de nervios trenzados, que por lo apretado
dei tejido y por la habilidad con que son manejados, pueden pro-
teger todo el cuerpo. Sus espadas _y ^us cascos se parecen a los
celtiberos, y lanzan con fuerza unos dardos, todos de hierro, que
tienen una punta doblada como la de los anzuelos.»
Una última referencia la encontramos en Silio Itálico, cuando
al hablar de los guerreros galecos que iban en el ejército de Aní-
bal, dice que se entretenían entonando cantos bárbaros y «gol-
peando cadenciosamente en sus sonoros escudos»,
A estos datos procedentes de las fuentes literarias hay que afla-
dir los que se encuentran en las esculturas y en los objetos de
época castreila con representaciones humanas,, debiendo citarse para
Plano topográfico dei sector excavado por el òrupo "Alfredo Garcia Alén" en el Castro de el caso las famosas estatuas de_giierrero^galecos, los petroglifos
Santa Tecla (1983).
174 Florentino López Cuevillas
La civilización céltica en Galicia 175

dei Castelo de Penafiel y de la citania de Sanfins de Paços de citadas. Debian de ser hechas de cuero o de madera y estaban
Ferreira, los fragmentos de las diademas áureas de Ribadeo con provistas de una guarnición metálica que reforzaba la boca y los
figuras de caballeros y de peones, el carro votivo de Costa Figuei- bordes dei estuche, juntándose las partes de los bordes por médio
ra, el exvoto dei Castelo-de-Moreira, en la Armoia, un relieve de de una traviesa central, y terminando Ias vainas en una conterá
Briteiros en el que parece representarse un combate entre dos in- que más parece discoidal que esférica. Espada y vaina colgaban
divíduos, y un tiesto cerâmico de la citania de la Franqueira, en de los cinturones de que nos ocupamos en~êTcãpítulo~dedicádo'
Barcelos, con jinetes provistos de escudo, que llevan de la brida al vestido.
sus caballos. Puede ocurrir también que algunas monedas roma- Diferentes de las armas que dejamos descritas, son desde luego,
nas dei tiempo de la conquista, que ostentan panóplias o trofeos las que llevan los cuatro guerreros dei carro votivo de Costa Fi-
indígenas, aludan a las armas galecas, principalmente a unas ha- gueira, que son rectas, anchas, con la punta oblicua, y que es
chas pequenas dei tipo de las cateias, y a los cascos de tres cimeras. muy posible que representen de un modo esquemático un tipo afal-
Todas estas noticias literarias e iconográficas son completadas, catado dei que luego hablaremos.
confirmadas y mejoradas por los hallazgos arqueológicos, realiza- Si no hubo error al calificarlos, cosa que no es probable, los
dos casi todos en castros (Coubeira, Zonán, Ríotorto, Castelo, Es- primeros pufiales castrenos registrados, fueron dos con puno de
teiro, San Cibrán das Lás, Trega, Oya, Trona, Cameixa, Castro- oro que se encontraron en la tierra de Viveiro: uno en un montí-
mao, Caldelas, Sanfins, Lanhoso, Coana, La Escrita). Alguna otra culo que lleva el nombre significativo de Castelo, y el otro en el
arma, como una espada ortegalesa, se encontro cerca de un cas- castro llamado dei Esteiro. Las cartas escritas en el ano 1867 por
tro; otra espada, de antena como la anterior, fue hallada en la Jacobo Araujo a Murguia, en las que se da cuenta dei hallazgo,
Cova do Furco, en Becerreá; una hoja de punal que figuro en no detallan la forma de estas ricas piezas y sólo sabemos que
la colección Mato procede de Lanzos, y por último una punta la dei castro dei Esteiro, ostentaba en su áureo puno unos ador-
de lanza de bronce apareció en el Monte do Porto, rio abajo de nos a modo de postas, o quizá mejor de SSS, y que la dei Caste-
Ponte-Cesures, juntamente con material castreno y romano. lo, que presentaba también adornos en el pufto, conservaba la hoja
Que las espadas de los guerreros galecos eran cortas lo afirma metida en la vaina, debiendo ser las dos piezas de hierro, ya que
Estrabón que les llama puftales y Diodoro que las compara con se dice de ellas que formaban una sola masa, fenómeno produci-
las de los celtiberos y esta particularidad viene a confirmaria la do sin duda por su estado de oxidación.
Un lote importante dê espadas, más o menos completas, proce-
iconografia, pues espadas cortas son las que levantan en alto al-
dentes dei Norte de la província de Lugo, y en especial de la re-
gunos personajes de las diademas de Ribadeo, la que maneja el
gión de Mondoftedo, lo dio a conocer Villa-Amil y Castro, siendo
soldado dei petroglifo de Penafiel, la que se ve en el relieve en
el mejor ejemplar dei conjunto el encontrado en el 1869 cerca dei
Briteiros y las que ciften una de las estatuas de Campos, que mide
castro de la Couboeira, quizá en algún recinto anejo a él. Es un
de largo 38 centímetros; la de la estatua de Viana que no pasa
puftal todo de bronce, y fundidas aparte la hoja y la empufiadura
de los 40 centímetros, y las que se ven en los ejemplares de Fafe
que se juntan por médio de una espigo que entra por todo lo
y de Vizela, en las que las conterás de las vainas, quedan algo
largo dei pufio, debiendo prenderse al mismo con una virola que
por encima dei borde dei sayo que visten. La forma de la hoja,
no apareció con el resto dei arma. Termina la empufiadura en su
que se distingue bien en las referidas estatuas, es sin duda trian- porción superior en dos antenas abiertas en semicírculo, corona-
gular.
das por dos troncos de cono, ostenta un abultamiento en el cen-
Iban estas^espadas metidas en unas vainas que se encuentran tro dei pufto y las guardas o guarniciones se curvan hacia abajo
expresadas con entera claridad en las tres estatuas que dejamos
Florentino López Cuevillas
176
La civilización céltica en Galieia 177

para rodear la base de la hoja. Presenta ésta, a la que falta la El último ejemplar, entre los de esta especie, registrado por Villa-
punta, un ancho nervio central, decorado en la parte superior con Amil es la mitad inferior de una empufiadura de bronce encon-
una serie de finas estrias y dos escotaduras en la base, que al trada en la Croa de Ríotorto. Conserva parte el abultamiento cen-
combinarse con la curva de las guardas, forman dos calados cir- tral que parece ostentar unas molduras anulares, y las guarnicio-
culares muy decorativos. La longitud de todo el puftal, desde lo nes bajan rectas para abrazar la base de la hoja de Ia que aún
alto dei puno al remate de la hoja, es de 16 centímetros, pudién- quedan restos, que como indican ya la forma de Ias guardas, no
dose calcular la misma dimensión, cuando el arma estaba entera ofrece sefial alguna de escotaduras.
en unos 23 ó 24 centímetros. De este mismo tipo de hoja, sin calado de ninguna clase es
De un tipo análogo a la pieza que acabamos de describir debía otra espada, con empufiadura de bronce y hoja de hierro, que
de ser la espada a que pertenecía una hoja encontrada en tierra apareció a 70 centímetros de profundidad en el lecho de un rega-
de Villalba y que formó parte de la colección dei vecino de esta to que corre cerca dei castro de Alcayás, en tierra de Ortigueira.
villa don Manuel Mato. Presenta esta hoja, de seguro de bronce Fue encontrada en el afio de 1908 y al recogerla se deshizo por
aunque fue publicada como de cobre, dos escotaduras en la base, completo la hoja, excepto un pedazo que quedó preso a las guar-
y algo por debajo dos muecas, abiertas al parecer para descanso das, rompiéndose asimismo una de las antenas, que eran semicir-
de los extremos de las guardas. Tiene asimismo fuerte nervio cen- culares y terminaban en dos pequefios cilindros. Presenta aún el
tral y un espigo corto provisto de dos perforaciones, dando la pomo con la virola de amarre al espigo. El pufio, que mide 5
impresión de haber sido mucho más largo, y que después de roto centímetros, tiene abultamiento central, y el largo de toda la em-
se arreglo para poder prenderlo de nuevo a la empufiadura, sir- pufiadura desde el extremo de las antenas al de las guardas es
viéndose de pasadores que entrarían por las perforaciones. La lon- de 11 centímetros.
gitud de esta hoja, a la que falta la punta, es de unos 25 centíme- Salieron otras dos espadas dei castro de San Cibrán das Lás,
tros, que subirían con la empufiadura a un total de 34 centímetros. con ocasión de los trabajos arqueológicos que allí se hicieron en
Cierta semejanza con las dos referidas espadas se percibe en el afio de 1922. Estaban metidas dichas armas en una especie de
una hoja, también de bronce, aparecida en la Croa de Zofián. alacena abierta en la cara interior de la pared de una casa de
En la reproducción que tenemos a la vista se nota que no tiene planta rectangular, circunstancia que pueda ser que las salvara de
nervio central, y que va provista de un espigo plano muy largo una total destrucción. Pertenece una de ellas a un tipo casi idênti-
que termina en una pieza que hubiera podido muy bien servir co al dei ejemplar dei castro de la Couboeira, pêro se diferencia
de virola en el pomo. En la base de esta hoja hay dos escotadu- de él en estar hecha por completo de hierro, teniendo por lo de-
ras, más pequefias que las abiertas en los ejemplares anteriores. más iguales abultamientos, e iguales curvaturas en las guardas y
Le falta la punta y mide 21 centímetros de los que corresponden escotaduras en la base de la hoja, reforzada también por un ner-
7 al espigo. vio central. De las antenas-quedaba sólo el comienzo, siendo el
De la misma Croa de Zofián es asimismo una empufiadura de largo dei arma de 35 centímetros, de los que 7 son dei pufio. La
hierro, con antenas semicirculares, pufio con abultamiento central segunda espada, que salió rota en três pedazos, es tan original
y guardas muy abiertas, lo que hace suponer si habría estado uni- que no nos fue posible encontrarle paralelo ni en la Península
da a una hoja con escotaduras, no pudiéndose precisar la forma ni fuera de ella. Fundida en una sola pieza laminar, tiene Ias an-
tenas abiertas, a un lado y a otro dei pufio y tendidas horizontal-
de los remates de las antenas por estar corroídas por el óxido. Mide
mente a manera de cruz, y terminadas en unos pequefios cilindros
la totalidad de esta empufiadura, desde el extremo de las antenas
alargados. Por debajo de estas antenas aparece el pufio, constitui-
al de las guardas, 10 centímetros, de los que 5 son dei pufio.
Lu civilización céltica en Galicia 179
178 Florentino López Cueviltas

piares se observan unas plaquitas atravesadas por los clavos de


do por dos semicírculos, que exageran la pequenez de los de la
amarre, que debían de ir aplicados encima dei pufio.
mayor parte de las espadas castrenas, hasta el punto de no medir
Es también de Santa Trega una hermosa empunadura de plata
más de 4 centímetros, siendo de 30 la longitud total dei arma.
que por su forma y decorado consideramos romana, no incluyén-
Hecha en bronce en su totalidad es la espada encontrada en
dola por esta razón en nuestro inventario.
la Cova do Furco, en Becerreá, hermoso y fino ejemplar de 28,2
Importante es también el hallazgo en Sofán de varias espadas
centímetros, de los que 9,3 son de la empunadura. Tiene el puno de antenas, de las que sólo se conserva una, con hoja y empufia-
con abultamiento central, escotaduras en la base de la hoja, guar- dura de bronce, incompleta esta última y muy semejante, incluso
das curvadas, nervio de refuerzo y presenta las antenas rotas. En por la forma de las antenas, a la de Santa Trega que primeramen-
lo alto de la hoja ostenta unas líneas de puntos y la virola dei te citamos. En la base de la hoja presenta este ejemplar las carac-
puno tiene forma parecida a la de una taza. terísticas escotaduras.
Muy numeroso e interesante es el lote de espadas encontrado Muy curiosa es una hoja de hierro aparecida en la comarca de
en la citania de Santa Trega. Hay en primer lugar una pieza, con Viana do Bolo y propiedad dei sacerdote don José Garcia. Es pis-
empunadura de bronce y hoja de hierro, que debió medir 45 cen- tiliforme, tiene la base recta y está provista de un espigo para
tímetros de largo de los que 19,3 corresponden a la empunadura. sujetar Ia empunadura. Su longitud total es de 31 centímetros y
En el puno se ve un abultamiento discoidal y algunas delicadas médio de los que cuatro y médio corresponden al espigo.
molduras, y por encima de él aparece un pomo también moldura- Un tipo de espada corta, nuevo en el círculo de nuestra cultu-
do, flanqueado por antenas rematadas en dobles troncos de cono, ra, lo dio a conocer Mario Cardozo en el ano de 1947. Procede
a los que van unidos unos singulares apêndices. Las guardas son de un castro emplazado en el Monte de San Julião, en la parro-
semicirculares, deduciendo de ello Angel dei Castillo, que la base quia de Caldelas. Tiene la empufiadura de bronce, terminada en
de la hoja, hoy casi informe por causa dei óxido, ostentaria antes el pomo de un anillo, y en el centro dei puito presenta una solu-
escotaduras semejantes a las dei ejemplar de la Couboeira y de ción de continuidad, que debió estar ocupada por una bola o pie-
los otros que ya dejamos citados. za discoidal de hueso o de otra matéria perecedera. La hoja es
De la segunda espada de Santa Trega se encontro sólo la em- de hierro de un solo filo, y se desenvuelve en una fuerte línea
punadura también de bronce, con puílo que mide menos de 5 cen- convexa en su mitad superior, y con el lado opuesto casi recto.
tímetros y tiene abultamiento central con una sencilla decoración Una traviesa de hierro con uno de sus extremos levantado, que
de líneas grabadas. El pomo tiene forma de doble tronco de cono se encontro muy cerca de esta arma es muy posible que constitu-
y los remates de las antenas son cilíndricos. De las guardas sólo yera las guardas, que se abrirían a mancra de cruz por encima
se conservan los arranques que salen dei pufto. de la base de la hoja. El largo de esta espada es de 36 centíme-
De tipo por completo diferente y casi idêntico a formas muy tros de los que 11 centímetros corresponden a la empufiadura.
alejadas cronologicamente de las anteriores, son las ocho hojas Otros três puftalcs de un solo filo y afalcatados, como el ejem-
de punal hechas_de bronce, que se sacaron a la luz en la capa plar de Caldelas, se hallaron en las excavaciones arqueológicas de
arqueológica de Santa Trega y en condiciones que no permiten la citania de Sanfins. Una de ellas con la hoja curvada en el lado
abrigar Ia menor duda acerca de Ia coctaneidad de su uso^con dei filo y en el opuesto, presentando una convexidad en el prime-
las espadas_de_antenas. Miden estas hojas de largo, dos de ellas, ro y una concavidad en cl segundo, tiene un espigo laminar para
32 centímetros, y las restantes 26, 23, 23, 17, 18 y 16, presentan- introducir en cl mango, y mide de longitud 36 centímetros de los
do todas en sus bases perforaciones para los pasadores que pren- que 29 son de la hoja.
derían en una empunadura hecha de madera o hueso. En três ejem-
180 Florentino López Cuevillas La civilización céltica en Calie ia 18/

— En el castro de Oya y también en el de Santa Trega aparecieron y aun en el asturiano de Sobrefoz*, se_ explica_por la arraigada
las hojas de unos cuchillos, cortos, de filo curvo y dorso recto perduración de aquella metalurgia en países que la practicaban ex-
y espigo para el mango que tienen más traza de útiles que de clusivamente a la llegada de los nuevos modelos, ya hubieran sido
armas, pero que tipológicamente están estrechamente emparenta- introducidos a favor de relaciones comerciales pacíficas, ya como
dos con las espadas, más o menos semejantes a las falcatas, que en nuestro caso, por la irrupción de un pueblo invasor, siendo
aparecieron en Sanfins y en Caldelas. muy posible que por motivos técnicos, se fabricasen estos nuevos
Si exceptuamos las hojas de bronce encontramos en el de Santa modelos con la antigua aleación, mientras no se asimilaban los
Trega y los dos ejemplares con empunadura de oro, cuyo tipo desco- conocimientos relativos a Ia beneficiación dei hierro, y a su traba-
nocemos, los demás puftales castreftos pueden filiarse en la varie- jo y laboreo o no se regularizaba el comercio de dicho metal.
dad de antenas de la segunda mitad dei Hallstatt o en la de las Pero los tipos de espadas introducidas-en-nuestro-país-poii4as-
armas de un solo filo, abundantes en las necrópolis itálicas, y que tribus invasoras, sufrieron en él una transformación, .que hizo apa-
luego invadieron áreas extensas de dicha civilización hallstattiana. recer en los remates de las antenas troncos de cono, que llevaban
• Tienen de común_ nuestros pufiales de antenas_conJ.os típicos alguna vez apêndices afladidos, y que creó modelos peculiares, como
de^Hallstatt, su tamafto pequcfto, la exigüidad dei pufio, la hoja el de guardas arqueadas, sobre escotaduras en la base de las ho-
trianguIàfeiT algunos, la estructura general y la disposición de los jas, y el de San Cibrán das Lás, fundido en una pieza y con
apêndices; pero es al mismo tiempo evidente que una vezjjegadas las antenas horizontales, siendo éste casi el único caso en que es-
a nuestra tierra sufrieron estas _armas una ü ^ f o n n a ç i o í T q ú ê a f e c t a tos apêndices dejan de trazar un semicírculo en los punales gale-
por igual a la matéria .con que están fabricadas que a ciertas par- cos, semicírculo que si bien no repliega nunca sus extremos hacia
ticularidades constructivas. dentro, como pasa en algunos ejemplares suizos y sudalemanes,
En primer lugar las espadas cortas hallstattianas son todas de tampoco dobla las ramas en ângulo recto ni las reduce hasta con-
hierro, o con la hoja de este metal y la empunadura de bronce, vertidas en verdaderos botones, como pasó entre los celtiberos dei
pero las de nuestro círculo cultural son a veces por completo de centro de la Península, contrastando esta fidelidad al tipo de an-
bronce, como pasa con las de Couboeira, Furco y Sofán, debién- tenas, con el predomínio en el vecino círculo de los verracos de
dose creer como seguro que las hojas de Villalba y Zonán, he- las espadas llamadas de Miraveche o de Monte Bernorio, que tie-
chas con aquella aleación tuvieran las empunaduras de la misma nen una génesis por completo distinta.
matéria, y por otra parte, de bronce son también las dos empuna- El puflal çon_calados circulares lo mismo que las hoias pistili-,
duras de Santa Trega, una sin hoja y otra con ella de hierro, la formes parecen conservar recuerdos evidentes de las espadas dei
de Ortigueira, con hoja de hierro y la incompleta de Ríotorto, Bronce final con la hoja de dicho tipo y con escotaduras en la
no habiendo más ejemplares, enteramente de hierro, que los dos base y su^origen galeco queda demostrado por su abundancia en
de San Cibrán das Lás, y con toda evidencia aquel otro de que el NW. y porque desde él se extiende en el NW. y porque desde
formaba parte la empuftadura de Zonán que atrás describimos. él se extiende por otras regiones, pudiéndose seguir su camino en
El hecho de la aparición de espadas de tipo halistattiano fabri- el depósito de Sobrefoz, en el que un ejemplar, casi idêntico al
cadas totalmente en bronce, que se da asimismo en los depósitos de la Couboeira apareció juntamente con una larga espada pistili-
franceses de Venat y de Nantes*, en el britânico de Whittinghan forme y una punta de lanza con tubo; en el círculo de los verra-

• Cf. al rcspeclo A. COFFYN, J. GÓMEZ y J. p. MOHEN, L'apogée du Bronze Atlanti- • Sobre cl mismo: MIOUEL A. DE BLAS CORTINA, La Prehlstoria reciente de Astúrias,
que. le depot de Venat, Paris, Picard, 1981. publicado como vol. I en la serie L'Age du Oviedo 1983, pp. 180 y ss. (N. dei T.)
Bronze en France. (N. dei E.)
La civilización céltica en Galicia 183
182 Florentino López Cuevillas

Quinta da Agua Branca tienen espiga y no clavos para sujetar


cos por seftalarse en las Eras de Miraveche un punal con los ca-
el mango, y la única que presenta esta particularidad, que es la
racterísticos calados circulares, aunque con las guardas unidas a
dei dolmen de Crimelas, cerca de Allariz, es un pequeno punal
la hoja y sin pufto, que debió ser de madera o de hueso, y por
de 13 centímetros de largo que ni en Ia forma ni en el tamano
último en Celtiberia donde fue recogido en un campamento ro- se paraliza bien con los encontrados en Ia capa arqueológica de
mano de Aguilar de Anguita, otro puftal dei mismo tipo, hecho aquella citania. Por otra parte Ia manera de estar distribuídos los
de bronce como los galecos, pero con las antenas dobladas en clavos que prendían en los mangos es casi siempre diferente de
ângulo y terminadas en bolas, dando estas dos piezas castellanas la más usual en las espadas de la primera mitad dei Bronce, que
la impresión de ser adaptaciones dei adorno calado a las formas afectaba una forma de corona, debiéndose hacer notar también
preferidas en cada región. que no se ven en ellas Ias plaquitas de que antes hablamos, pare-
Sin estar representado en los inventários arqueológicos, pero re- ciendo hablar todo cllo a favor de una perduración de tipos anti-
producido en cambio en las estatuas de guerreros de Vizela y Fafe guos, que hasta ahora se sefialó tan sólo en la conocida estación
y en una de las de Campos, encontramos otro punal cuya empu- de la desembocadura dei Mifto.
ftadura parece terminar en una esfera o en un disco. La forma ^--^Dice Estrabón que los guerreros galecos usaban I a n c o n punta
total de esta empuftadura no puede verse bien por estar