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FILOSOFIA

DEL
LENGUAJE
Profesorado: Filosofía
Profesor: Reinoso, Fabián
Alumnos: Monteros, Matías Augusto
LO SOCIAL-POLITICO DESDE UNA PERSPECTIVA LINGUISTICA

Matías Augusto Monteros

Instituto de Formación N° 5 José E. Tello

matiasaugustomonteros@gmail.com

1.- INTRODUCCION

En la discusión de la teoría política contemporánea, no podemos excluir a


Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, ya que constituyen dos exponentes cuyos
aportes teóricos han contribuido al pensamiento político contemporáneo. A
pesar de ello estos autores se encuentran en el centro de diversas
controversias por cuestionar la centralidad de algunas categorías de la
concepción marxista tradicional. No obstante, esto no ha sido un obstáculo
para la lectura de sus obras que han ejercido una influencia importante en el
análisis de las nuevas identidades políticas así como también de los nuevos
escenarios conflictivos (sociales, religiosos, étnicos, sexuales) que emergen en
el sistema democrático.

Sus reflexiones plantean una reformulación del proyecto socialista y la


consecuente institución de una democracia radical y plural, su obra de
referencia conjunta (Hegemonía y Estrategia Socialista de 1987) constituye
una referencia inevitable en el debate pos marxista.

A partir de esta breve referencia, el objetivo de este artículo consiste en


presentar una sistematización de algunos conceptos centrales de origen
lingüístico que se extrapolan a la dimensión política (Discurso, Antagonismo,
Hegemonía).

2.- DESARROLLO

2.1.-El Discurso en Saussure y Derrida

Antes de iniciar el desarrollo de determinadas categorías es preciso hacer


una aclaración: el sistema de Laclau se desplaza desde una concepción
estructuralista del lenguaje - a partir de del sistema formulado por Saussure-
hacia una resignificación de carácter pos estructuralista. Hecha la aclaración
abordare la categoría discurso, para Laclau el discurso “es el conjunto
sistemático de relaciones o practicas significativas” dicho de otro modo: el
discurso es la totalidad estructurada resultada de la práctica articulatoria.
Generalmente el termino discurso se asocia con lo lingüístico, ya sea
entendido como lo dicho o como lo escrito, sin embargo, Laclau no admite
esta afirmación ya que las practicas discursivas incluyen tanto los hechos
lingüísticos (el habla y la escritura) como también las practicas
extralingüísticas, es decir, lo que se hace, las acciones. Por lo cual la realidad
está siempre determinada discursivamente, está articulada dentro de una
totalidad significativa. Señala Laclau (1987, p 184):

“Los elementos lingüísticos y no lingüísticos no están


meramente yuxtapuestos, sino que constituyen un
discurso.”

Para dar cuenta de la cuestión relacional del discurso Laclau se apoya en la


definición Saussureana de sistema lingüístico, así afirma Benveniste (1971, p
98) al respecto:

“el principio fundamental es que la lengua constituye


un sistema, cuyas partes todas están unidas por una
relación de solidaridad y de dependencia. Este
sistema organiza unidades- los signos articulados-
que se diferencian y delimitan mutuamente.”

Si el lenguaje es un sistema de diferencias, como propone Saussure, el


problema fundamental es cómo establecer los límites de esa totalidad
significativa. La solución residiría en la posibilidad de que lo que está más
allá de los límites no sea una diferencia, sino que ese elemento en realidad
es interior al lenguaje pero tiene la característica de una exclusión. Por lo
tanto el discurso no existe como positividad dada, supone siempre una
exterioridad irreductible, supone que es abierto, histórica y no suturado.

De esta manera Laclau asume una concepción posestructuralista (del


significado) inspirada en Derrida, superando así la estabilidad sincrónica del
sistema propio de la perspectiva estructuralista de Saussure. Derrida, en esta
dirección, examina la noción de estructura afirmando que “la estruturalidad
de la estructura se ha encontrado reducida a un centro, en referirla a un
punto de presencia a un origen fijo (que tomaba diversos nombres, siempre
remitiendo a la invariancia de una presencia: idea, ser). Sin embargo, se
habría producido un descentramiento en el pensamiento de la estructura
que anula todo punto fijo desplegando una multiplicidad de sentido”.

Ahora bien reconociendo que toda práctica social se constituye en el campo


de la discursividad (porque toda acción o praxis social es significativa), lo
social comparte las mismas características del discurso, es decir, es abierto
incompleto no suturado. Esta lectura deconstructivista prescinde de una
concepción de la sociedad como una estructura centrada, es decir, abandona
la noción “base económica/superestructura” para desembocar en la
inestabilidad y las tenciones que se manifiestan en los sistemas políticos y
las identidades que lo constituyen.

2.2.- Antagonismos

Para dar cuenta del concepto antagonismo Laclau parte de la distinción


Kantiana entre oposición real y contradicción lógica. Mientras que la
contradicción lógica se da entre elementos conceptuales (entre
proposiciones), la oposición real se da entre objetos reales, entre hechos
reales, esta distinción no comprende el antagonismo. Laclau (1985) señala:
“Pero en el caso del antagonismo nos encontramos con una situación
diferente: la presencia del Otro me impide ser totalmente yo mismo. La
relación no surge de identidades plenas sino la imposibilidad de
constitución de las mismas”. (p. 214)

Este aspecto, de la imposibilidad de identidades plenas está a travesada


también por la concepción posestructuralista del significado. La cual supone
que “los significados de un significante solo pueden emerger en su relación
con otros significantes y que todos los signos llevan consigo los rastros de
otros signos, que, están ausentes y presentes a la vez, ausente en tanto no
están ahí, pero presentes en tanto dejan un rastro (lo que Derrida llama
huella) en el proceso de significación”. En consecuencia la ausencia de una
identidad plena se asimila a la perspectiva lingüística Derrediana de la
diseminación del sentido, es decir, de una identidad no acabada que se
caracteriza por la heterogeneidad de sentido que converge en su
constitución.

Continuando con una lectura posestructuralista Laclau entiende la


conformación del orden social como un proceso incompleto, su identidad es
contingente y precaria, resultando imposible adquirir una forma plena y
completa. De este modo ofrece una nueva versión de lo social, “la sociedad
debe pensarse como una estructura contingente, un ordenamiento social
cercado por la posibilidad permanente de dislocación a partir de un
antagonismo social”. La sociedad no logra constituirse plenamente como
orden objetivo, la sociedad estará siempre sitiada por un antagonismo social
que no cesa en su tarea de dislocar el ordenamiento social. En consecuencia
la sociedad no es sino un conjunto de relaciones sociales articuladas de
manera precaria (carente de esencia). El espacio social es un proceso de
articulaciones precarias y contingentes de sus elementos, sin referencia a
ninguna sustancialidad o fundamento.

2.3.- La Hegemonía una Práctica Articulatoria


El campo de la hegemonía es el de las prácticas articulatorias porque la
hegemonía supone el carácter incompleto y abierto de lo social. Ahora bien
¿Quién constituye el sujeto articulante?, para Antonio Gramsci el núcleo de
una fuerza hegemónica lo constituye una clase social fundamental (clase
dominante) pero en la concepción de Laclau el sujeto de toda practica
articulatoria no tiene una localización topográfica está afectado por la
dislocación. Hegemonía es simplemente un tipo de relación política, pero no
es posible su localización (en la clase dominante) solo es posible como
puntos nodales hegemónicos. En este punto me gustaría detenerme para
analizar un concepto introducido por Laclau “significante vacío” al respecto
señala (2005):

La división del escenario en dos campos sociales presupone


la presencia de algunos significantes privilegiados, que
condensan en torno a sí mismo la significación de todo un
campo antagónico (el régimen, la oligarquía, para el
enemigo; el pueblo, la nación para los oprimidos). (p.114)

No hay hegemonía sin la constitución de una identidad popular que se


refieran a la cadena equivalencial como totalidad con respecto a esto Laclau
(2005) establece una distinción:

La identidad popular se vuelve cada vez más plena desde un


punto de vista extensivo, ya que representa una cadena
siempre mayor de demanda; pero se vuelve intensivamente
más pobre, porque debe despojarse de contenidos
particulares a fin de abarcar demandas sociales que son
totalmente heterogéneas entre sí. Esto es: una identidad
popular, funciona como un significante tendencialmente
vacío. (p. 115)

Es preciso señalar que se entiende por cadenas equivalenciales. Laclau afirma


que una cadena equivalencial se da cuando cada identidad social es
equivalente en cuando no están satisfechas sus demandas restringiendo de
este modo que se constituyan en identidades plenas. Ahora bien, las
cadenas-equivalenciales no irían más allá de un vago sentimiento de
solidaridad si no se cristalizan en una cierta identidad popular o significante
privilegiado (palabra, imágenes).

Por lo tanto la apertura de lo social y la identidad popular conforman, la


precondición de toda practica hegemónica. Al respecto Laclau (1987) señala:

Lo importante es que toda forma de poder se construye en


forma pragmática e internamente a lo social, apelando a las
lógicas opuestas de la equivalencia y la diferencia; el poder
no es nunca “fundacional”. Por tanto, el problema del poder
no puede plantearse en término de la búsqueda de la clase o
del sector dominante que constituye el centro de una
formación hegemónica. De manera que conceptos como
poder, centro, son contingentes y como tales adquieren su
sentido en contextos coyunturales y relacionales precisos,
pero ninguno de ellos tiene una validez absoluta en el
sentido de que defina un espacio o un momento estructural
que no pueda, a su vez, ser subvertido. (p. 242)

3.- CONCLUSION

En este trabajo me propuse partir de tópicos como lo social y lo político


para dar cuenta de como la lingüística estructuralista de Saussure y el
posestructuralismo de Derrida opera en la constitución de los mismos. En
este sentido Laclau fue el autor que me permitió explorar estas nuevas
perspectivas que se inauguran a partir de un análisis lingüístico de lo social y
lo político.

4.-BIBLIOGRAFIA

BUTLER, J., SLAVOJ, Z., LACLAU, E. (2004) Contingencia, Hegemonía


Universalidad, México, Fondo de Cultura Económica.

DERRIDA, J (1989) La Escritura y la Diferencia, Barcelona, Anthropos.

LACLAU, E. Y MOUFFE, CH. (1985) Hegemonía y Estrategia Socialista, México,


Fondo de Cultura Económica.

LACLAU, E (2005) La Razón Populista, México, Fondo de Cultura Económica.

SAUSSURE, F (1945) Curso de Lingüística General, Buenos Aires, Losada.

WITTGENSTEIN, L (1999) Investigaciones Filosóficas. Barcelona, Altaya.