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Bloque de aprendizaje 5: Realidad de las poblaciones indígenas en el país

Acceso al empleo
Según la Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos 3-2016 del Instituto Nacional
de Estadística (INEI), el 67.8 por ciento de las personas trabajan en la
informalidad. Esta crece en ciertos grupos; por ejemplo, en la población indígena
ocho de cada 10 personas se ubican en el sector informal, al igual que las
mujeres —84.2 por ciento—.
En algunas regiones, el trabajo de las mujeres, en su mayoría indígenas, en
actividades agrícolas no es remunerado, ya que se considera parte del ingreso de
los hombres.
Debido a las condiciones de nuestro país, las mujeres y los indígenas son los que
encuentran más dificultades al buscar un trabajo. En el caso de las mujeres, a
pesar que el mercado laboral se ha ido abriendo, en su mayoría las mujeres son
relegadas a los trabajos domésticos y a los trabajos de destrezas bajas. Mientras
que las personas que se identifican como indígenas son relegados a los trabajos
en el sector agrícola. Por lo mismo, las mujeres y los indígenas son quienes tienen
por lo general los trabajos peor remunerados.
Con relación a los datos de empleo en términos de la tasa bruta de empleo, el
59,3% corresponde a la población indígena y el 58,3% para la población no
indígena. La diferencia no es tan significativa, pero es significativa cuando se
observa la rama de actividad en la que se ocupa la población, predominando la
indígena en ramas como la agricultura, industria manufactures y comercio;
mientras que en servicios predomina la población no indígena.
Acceso a la salud
La desigualdad continua siendo visible, principalmente en las áreas con
mayor población indígena, rural y pobre. La mortalidad materna es 2.2
veces mayor en la población indígena, que en la no indígena. La
desnutrición crónica en niños menores de 5 años es 1.8 veces mayor en
indígenas, que en no indígenas. Los municipios con menor concentración de
pobreza, menor ruralidad y menor porcentaje de población indígena
concentran la mayor cantidad de infraestructura física de servicios de
salud.
Los indicadores de acceso a servicios de salud prácticamente no han mejorado, y
tampoco ha habido cambios sustantivos que sugieran que los servicios públicos
están contribuyendo a compensar las condiciones de inequidad. Ambas encuestas
señalan que el nivel de reportes de episodios de enfermedades es más alto entre
la población no indígena que entre la población indígena (27,4% contra 24,1%
respectivamente) debido entre otros factores, a la inaccesibilidad a los servicios de
salud, tanto por factores económicos como geográficos.
Acceso a la escolaridad
En los últimos años la comunidad indígena ha aumentado su presencia en el
mercado laboral, pero su desarrollo como profesionales todavía es muy limitada,
se necesita mejorar el desarrollo profesional de los estudiantes indígenas en la
educación del nivel medio para que puedan acceder a mejores opciones de
trabajo y a la vez que puedan desarrollarse social y económicamente en su
comunidad.
A pesar de ello, los aspectos de educación y escolaridad la diferencia es
significativa. Los hombres indígenas no alcanzan a terminar la educación primaria,
pues reportan 4,3 años de escolaridad, contra 6,8 años de los hombres no
indígenas, mientras que las mujeres indígenas se encuentran en mayor
desventaja pues alcanzan un promedio de 2,9 años de escolaridad, frente a un
6,1% de las mujeres no indígenas. Esta realidad también se muestra cuando se
analizó la proporción de inscritos por nivel educativo, ya que la población indígena
tiende a decrecer o disminuir entre el nivel primario y diversificado, mientras que la
población no indígena se mantiene y aumenta ligeramente. Asimismo, la población
en edad escolar que no ha asistido a ningún plantel educativo es mayor entre
hombres y mujeres indígenas.
También es importante dar a conocer la realidad en cuanto al acceso a la
escolaridad, siendo esto como factor más importante el que reciban la enseñanza-
aprendizaje en su lenguaje materno, porque si no fuese de tal manera estos no
alcanzan ningún nivel de educación, debido a que han sido formados desde el
nacimiento con su lenguaje natal. Por lo que actualmente se preparan docentes
bilingües para que estas comunidades tengan acceso directo a la escolaridad en
su idioma.

Participación política de género


El programa de ONU-Mujeres Guatemala está alineado con el plan estratégico
global de ONU Mujeres (2014-2017) y el UNDAF 2015-2019 para Guatemala, así
como al marco legal y de políticas públicas de Guatemala, especialmente la
Política Nacional de Promoción y Desarrollo Integral de las Mujeres - PNPDIM
2008-2023 - y al Plan Nacional de Desarrollo K´atun: Nuestra Guatemala 2032.
Se plantea como objetivo general el promover el empoderamiento de las mujeres
para garantizar sus derechos, facilitando su participación y que se beneficien del
desarrollo nacional. El programa busca fortalecer las capacidades nacionales para
cumplir con las obligaciones institucionales en torno a los derechos de las
mujeres, de conformidad con convenios y estándares internacionales. También
apoyará la coordinación y alianzas entre las diversas organizaciones de mujeres y
su diálogo con el Estado, para la adopción de leyes y la institucionalización de
políticas públicas a favor del empoderamiento de las mujeres y la igualdad de
género, con especial énfasis en las mujeres indígenas y las mujeres que viven en
áreas rurales, apoyando la generación de conocimiento y brindando asistencia
técnica.

Problemas de exclusión y discriminación étnica


Guatemala es un país de diversidades, en donde más de 6 millones de habitantes
descienden de los pueblos originarios y se identifica como tal. La vida de la
población indígena en Guatemala tiene muchos desafíos, deben luchar
cotidianamente contra la exclusión y contra el avance de estructuras que niegan
su existencia como pueblos y comunidades con su propia cosmovisión y formas
de entender la vida social.
A pesar de que el país ha ratificado los principales instrumentos internacionales
que protegen a los pueblos indígenas y de que uno de los acuerdos sustantivos de
la paz comprometió al país a respetar y defender su bienestar e identidad, la gran
mayoría de la población indígena vive aún sin la oportunidad de alcanzar esos
objetivos.
Desde la época de la colonia, las distintas comunidades mayas fueron
desplazadas de sus territorios y sus habitantes obligados a trabajar casi en
esclavitud. Los diferentes periodos históricos fueron modificando estas formas de
explotación, adaptadas a la época, y dejaron una profunda brecha en el país,
dividido profundamente entre mestizos o ladinos e indígenas. Las desigualdades
estructurales y su correspondiente subjetividad definen una sociedad racista en la
que el desarrollo humano ha llegado a muy poca gente.
Según el Informe Nacional de Desarrollo Humano 2016, Más allá del conflicto,
luchas por el bienestar, el modelo de desarrollo impulsado desde la década de
1990 solo ha reforzado las desigualdades y ha conducido al deterioro ambiental y
a la agudización de los conflictos heredados de la historia colonial y excluyente.
A mediados de la segunda década del siglo XXI, ocho de cada diez habitantes
mayas sobreviven en la pobreza, que es el resultado de múltiples privaciones y de
la discriminación económica persistente. Además, esta población se asienta
principalmente en territorios en donde existe una baja densidad del Estado y
escasa prestación de servicios públicos. Si bien el 20% de la población ocupada
indígena se dedica al comercio y casi un 12% a industrias manufactureras, un
49% se dedica a la agricultura y sus familias dependen de la disponibilidad de
tierras agrícolas para su subsistencia.
El 63% de la población indígena habita en áreas rurales y su relación con la
naturaleza es fundamental para su existencia. El modelo económico del país ha
propiciado un uso desordenado del suelo y con poco criterio territorial. Además, no
se han respetado los ecosistemas en donde vive la población indígena,
desplazándolos para la instalación de monocultivos e industrias extractivas.
Las comunidades se han organizado en defensa de sus territorios, pero sin
respuesta adecuada del Estado ni respeto por sus derechos, que están
garantizados por el derecho internacional y por el marco normativo nacional. En
muchos casos se criminaliza su actividad de resistencia y hasta se ha atentado
contra la integridad de líderes comunitarios.
Para cerrar las profundas brechas históricas que dividen a Guatemala será
necesario un nuevo modelo de país, que incluya su pluralidad y las distintas
visiones de desarrollo y bienestar. Para ello se debe garantizar el respeto y la
aplicación plena de los derechos de los pueblos indígenas, incorporando sus
demandas en la agenda de país, permitiendo la gestión autónoma de su futuro
como pueblos.
Interrelaciones con la educación
El impulso de la educación intercultural es uno de los ejes de su programa de
trabajo y busca crear vínculos de respeto ante la diversidad de culturas dentro de
la población.
Guatemala cuenta con 22 idiomas mayas y el 42 por ciento de los 17 millones de
guatemaltecos se identifica como indígena. Paradójicamente, es este sector el que
tiene menor acceso a la educación y las más altas tasas de deserción escolar.
Además de los libros de texto en idiomas mayas, el Ministerio busca la posibilidad
de contar con un software especial dirigido a la educación bilingüe intercultural,
anunció.
Otro de los esfuerzos va dirigido a la formación de docentes a nivel universitario
en carreras de preprimaria y primaria en educación bilingüe, aunque ya cuentan
con maestros trabajando en el sistema nacional, puntualizó.
Establecer relaciones interculturales respetuosas, armónicas y de valoración entre
los niños y jóvenes es una meta de las autoridades actuales, subrayó López, quien
considera que lograrlo ya sería un avance significativo para la sociedad
guatemalteca.
Sin embargo, actualmente de 800 mil a un millón de jóvenes están excluidos del
sistema educacional y la calidad de la enseñanza sigue siendo muy cuestionada,
incluso a nivel del área centroamericana.