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Matilda

Ten
Presente
En el presente curso
DEBO tomar en cuenta
me Mis Reglas de
Autor: Roald Dahl Subrayado serán:

Ilustador: Quentin Blake NARANJA: Palabras


importantes y títulos

Capitulo VERDE: Ideas


principales, conceptos y
definiciones
La Lectora De Libros AZUL: Fechas, cifras,
cantidades (Destacarlos
estamos esperando que salga con un circulo)
2138 Palabras de la crisálida». Una niña ROJO: Palabras
Ocurre una cosa graciosa con las madres y los especialmente odiosa podría desconocidas, (DEBO:
padres. Aunque su hijo sea el ser más repugnante que incitarme a decir: «Fiona tiene Buscar----
uno pueda imaginarse, creen que es maravilloso. la misma belleza glacial que DICCIONARIO/ Hacer--
-GLOSARIO)
Algunos padres van aún más lejos. Su adoración llega un iceberg, pero al contrario
de lo que sucede con éste, no
AMARILLO: nombres y
a cegarlos y están convencidos de que su vástago
tiene nada bajo la superficie». autores,
tiene cualidades de genio.
Bueno, no hay nada malo en ello. La gente es así. Estoy seguro de que disfrutaría
Sólo cuando los padres empiezan a hablarnos de las ¿escribiendo los informes de fin de curso de las
maravillas de su descendencia es cuando gritamos: sabandijas de mi clase. Pero ya está bien de esto.
«¡Tráiganme una palangana! ¡Voy a vomitar!». Tenemos que seguir.
Los maestros lo pasan muy mal teniendo que A veces se topa uno con padres que se comportan
escuchar estas tonterías de padres orgullosos, pero del modo opuesto. Padres que no demuestran el
normalmente se desquitan cuando llega la hora de menor interés por sus hijos y que, naturalmente, son
las notas finales de curso. Si yo fuera maestro, mucho peores que los que sienten un cariño
imaginaría comentarios genuinos para hijos de padres delirante. El señor y la señora Wormwood eran de
imbéciles. ésos. Tenían un hijo llamado Michael y una hija
«Su hijo Maximilian —escribiría— es un auténtico llamada Matilda, a la que los padres consideraban
desastre. Espero que tengan ustedes algún negocio poco más que como una postilla. Una postilla es algo
familiar al que puedan orientarle cuando termine la que uno tiene que soportar hasta que llega el
escuela, porque es seguro, como hay infierno, que no momento de arrancársela de un papirotazo y lanzarla
encontrará trabajo en ningún sitio». lejos. El señor y la señora
O si me sintiera inspirado ese día, podría escribir: «Los Wormwood esperaban con ansiedad el momento de
saltamontes, curiosamente, tienen los órganos quitarse de encima a su hijita y lanzarla lejos,
auditivos a ambos lados del abdomen. Su hija preferentemente al pueblo próximo o, incluso, más
Vanessa, a juzgar por lo que ha aprendido este curso, lejos aún.
no tiene órganos auditivos». Ya es malo que haya padres que traten a los niños
Podría, incluso, hurgar más profundamente en la normales como postillas y juanetes, pero es mucho
historia natural y decir: «La cigarra pasa seis años bajo peor cuando el niño en cuestión es extraordinario, y
tierra como larva y, como mucho, seis días como con esto me refiero a cuando es sensible y brillante.
animal libre a la luz del sol y al aire. Su hijo Wilfred ha Matilda era ambas cosas, pero, sobre todo, brillante.
pasado seis años como larva en esta escuela y aún

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Tenía una mente tan aguda y aprendía con tanta quedaban dos hermosas horas, sentada
rapidez, que su talento hubiera resultado claro para tranquilamente en un rincón acogedor, devorando
padres medianamente inteligentes. Pero el señor y la libro tras libro. Cuando hubo leído todos los libros
señora Wormwood eran tan lerdos y estaban tan infantiles que había allí, comenzó a buscar alguna
ensimismados en sus egoístas ideas que no eran otra cosa.
capaces de apreciar nada fuera de lo común en sus La señora Phelps, que la había observado fascinada
hijos. Para ser sincero, dudo que hubieran notado durante las dos últimas semanas, se levantó de su
algo raro si su hija llegaba a casa con una pierna mesa y se acercó a ella.
rota.
Michael, el hermano de Matilda, era un niño de lo — ¿Puedo ayudarte, Matilda? —preguntó.
más normal, pero la hermana, como ya he dicho, —No sé qué leer ahora —dijo Matilda—. Ya he leído
llamaba la atención. Cuando tenía un año y medio todos los libros para niños.
hablaba perfectamente y su vocabulario era igual al —Querrás decir que has contemplado los dibujos,
de la ¿no?
mayor parte de los adultos. Los padres, en lugar de —Sí, pero también los he leído.
alabarla, la llamaban parlanchina y le reñían La señora Phelps bajó la vista hacia Matilda desde su
severamente, diciéndole que las niñas pequeñas altura y Matilda le devolvió la mirada.
debían ser vistas pero no oídas. —Algunos me han parecido muy malos —dijo
Al cumplir los tres años, Matilda ya había aprendido a Matilda—, pero otros eran bonitos.
leer sola, valiéndose de los periódicos y revistas que El que más me ha gustado ha sido El jardín secreto. Es
había en su casa. A los cuatro, leía de corrido y un libro lleno de misterio. El misterio de la habitación
empezó, de forma natural, a desear tener libros. El tras la puerta cerrada y el misterio del jardín tras el
único libro que había en aquel ilustrado hogar era alto muro.
uno titulado Cocina fácil, que pertenecía a su madre. La señora Phelps estaba estupefacta.
Una vez que lo hubo leído de cabo a rabo y se — ¿Cuántos años tienes exactamente, Matilda? —le
aprendió de memoria todas las recetas, decidió que preguntó.
quería algo más interesante. —Cuatro años y tres meses.
La señora Phelps se sintió más estupefacta que
—Papá —dijo—, ¿no podrías comprarme algún libro? nunca, pero tuvo la habilidad de no demostrarlo.
— ¿Un libro? —preguntó él—. ¿Para qué quieres un — ¿Qué clase de libro te gustaría leer ahora? —
maldito libro? preguntó.
—Para leer, papá. —Me gustaría uno bueno de verdad, de los que leen
— ¿Qué demonios tiene de malo la televisión? las personas mayores. Uno famoso. No sé ningún
¡Hemos comprado un preciosotelevisor de doce título.
pulgadas y ahora vienes pidiendo un libro! Te estás La señora Phelps ojeó las baldas, tomándose su
echando a perder, hija... tiempo. No sabía muy bien qué escoger. ¿Cómo iba
Entre semana, Matilda se quedaba en casa sola casi a escoger un libro famoso para adultos para una niña
todas las tardes. Su hermano, cinco años mayor que de cuatro años?
ella, iba a la escuela. Su padre iba a trabajar y su Su primera idea fue darle alguna novela de amor de
madre se marchaba a jugar al bingo a un pueblo las que suelen leer las chicas de quince años, pero,
situado a ocho millas de allí. La señora Wormwood por alguna razón, pasó de largo por aquella
era una viciosa del bingo y jugaba cinco tardes a la estantería.
semana. La tarde del día en que su padre se negó a —Prueba con éste —dijo finalmente—. Es muy famoso
comprarle un libro, Matilda salió sola y se dirigió a la y muy bueno. Si te resulta muy largo, dímelo y buscaré
biblioteca pública del pueblo. algo más corto y un poco menos complicado.
Al llegar, se presentó a la bibliotecaria, la señora —Grandes esperanzas —leyó Matilda—. Por Charles
Phelps. Le preguntó si podía sentarse un rato y leer un Dickens. Me gustaría probar.
libro. La señora Phelps, algo sorprendida por la —Debo de estar loca —se dijo a sí misma la señora
llegada de una niña tan pequeña sin que la Phelps, pero a Matilda le comentó—: Claro que
acompañara ninguna persona mayor, le dio la puedes probar.
bienvenida.
— ¿Dónde están los libros infantiles, por favor? — Durante las tardes que siguieron, la señora Phelps
preguntó Matilda. apenas quitó ojo a la niñita sentada hora tras hora en
—Están allí, en las baldas más bajas —dijo la señora el gran sillón del fondo de la sala, con el libro en el
Phelps—. ¿Quieres que te ayude a buscar uno bonito regazo. Tenía que colocarlo así porque era
con muchos dibujos? demasiado pesado para sujetarlo con las manos, lo
—No, gracias —dijo Matilda—. Creo que podré que significaba que debía sentarse inclinada hacia
arreglármelas sola. delante para poder leer. Resultaba insólito ver
A partir de entonces, todas las tardes, en cuanto su aquella chiquilla de pelo oscuro, con los pies
madre se iba al bingo, Matilda se dirigía a la colgando, sin llegar al suelo, totalmente absorta en
biblioteca. El trayecto le llevaba sólo diez minutos y le las maravillosas aventuras de Pip y la señorita

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Havishman y su casa llena de telarañas dentro del hacía tiempo que había descubierto que rara vez
mágico hechizo que Dickens, el gran narrador, había valía la pena preocuparse por los hijos de otras
sabido tejer con sus palabras. El único movimiento de personas.
la lectora era el de la mano cada vez que pasaba —El señor Hemingway dice algunas cosas que no
una página. La señora Phelps se apenaba cuando comprendo —dijo Matilda—.
llegaba el momento de acercarse a ella y decirle: Especialmente sobre hombres y mujeres. Pero, a pesar
«Son las cinco menos diez, Matilda». de eso, me ha encantado. La forma como cuenta las
En el transcurso de la primera semana, la señora cosas hace que me sienta como si estuviera
Phelps le preguntó: observando todo lo que pasa.
— ¿Viene tu madre todos los días para llevarte a —Un buen escritor siempre te hace sentir de esa
casa? forma —dijo la señora Phelps—. Y no te preocupes por
—Mi madre va todas las tardes a Aylesbury a jugar al las cosas que no entiendas. Deja que te envuelvan las
bingo —le respondió palabras, como la música.
Matilda—. No sabe que vengo aquí. —Sí, sí.
—Pero eso no está bien —dijo la señora Phelps—. — ¿Sabías —le preguntó la señora Phelps— que las
Creo que sería mejor que se lo contaras. bibliotecas públicas como ésta te permiten llevar
—Creo que no —contestó Matilda—. A ella no le libros prestados a casa?
gusta leer. Ni a mi padre. —No lo sabía —dijo Matilda—. ¿Podría hacerlo?
—Pero ¿qué esperan que hagas todas las tardes en —Naturalmente —dijo la señora Phelps—. Cuando
una casa vacía? hayas elegido el libro que quieras, tráemelo para que
—Ir de un lado para otro y ver la tele. yo tome nota y es tuyo durante dos semanas. Si lo
—Ya. deseas, puedes llevarte más de uno.
—A ella no le importa nada lo que hago —dijo A partir de entonces, Matilda sólo iba a la biblioteca
Matilda con un deje de tristeza. una vez por semana, para sacar nuevos libros y
A la señora Phelps le preocupaba la seguridad de la devolver los anteriores. Su pequeño dormitorio lo
niña cuando transitaba por la concurrida calle Mayor convirtió en sala de lectura y allí se sentaba y leía la
del pueblo y cruzaba la carretera, pero decidió no mayoría de las tardes, a menudo con un tazón de
intervenir. chocolate caliente al lado. No era lo bastante alta
Al cabo de una semana, Matilda terminó Grandes para llegar a los cacharros de la cocina, pero
esperanzas que, en aquella edición, tenía colocaba una caja que había en una dependencia
cuatrocientas once páginas. exterior de la casa y se subía en ella parallegar a
—Me ha encantado —le dijo a la señora Phelps—. donde deseaba. La mayoría de las veces preparaba
¿Ha escrito otros libros el señor chocolate caliente, calentando la leche en un cazo
Dickens? en el hornillo, antes de añadirle el chocolate. De vez
—Muchos otros —respondió la asombrada señora en cuando preparaba
Phelps—. ¿Quieres que te elija otro? Bovril y Ovaltina. Resultaba agradable llevarse una
Durante los seis meses siguientes y, bajo la atenta y bebida caliente consigo y tenerla al lado mientras se
compasiva mirada de la señora pasaba las tardes leyendo en su tranquila habitación
Phelps, Matilda leyó los siguientes libros: de la casa desierta.
Nicolas Nickleby, de Charles Dickens. Los libros la transportaban a nuevos mundos y le
Oliver Twist, de Charles Dickens. mostraban personajes extraordinarios que vivían unas
Jane Eyre, de Charlotte Brontë. vidas excitantes. Navegó en tiempos pasados con
Orgullo y prejuicio, de Jane Austin. Joseph Conrad. Fue a África con Ernest Hemingway y
Teresa, la de Urbervilles, de Thomas Hardy. a la India con Rudyard Kipling. Viajó por todo el
Viaje a la Tierra, de Mary Webb. mundo, sin moverse de su pequeña habitación de
Kim, de Rudyard Kipling. aquel pueblecito inglés.
El hombre invisible, de H. G. Wells.
El viejo y el mar, de Ernest Hemingway.
El ruido y la furia, de William Faulkner.
Alegres compañeros, de J. B. Priestley.
Las uvas de la ira, de John Steinbeck. Capitulo 2
Brighton Rock, de Graham Greene.
Rebelión en la granja, de George Orwell. El Señor Wormwood, Experto
Era una lista impresionante y, para entonces, la Vendedor De Coches
señora Phelps estaba maravillada y emocionada,
pero probablemente hizo bien en no mostrar su
entusiasmo. Cualquiera que hubiera sido testigo de Los padres de Matilda poseían una casa bastante
los logros de aquella niña se hubiera sentido tentado bonita, con tres dormitorios en la planta superior,
de armar un escándalo y contarlo en el pueblo, pero mientras que la inferior constaba de comedor, sala
no la señora Phelps. Se ocupaba sólo de sus asuntos y

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de estar y cocina. Su padre era vendedor de coches —Me pongo a pensar y me pregunto cómo podría
de segunda mano y, al parecer, le iba muy bien. transformar un cuentakilómetros que marca ciento
—El serrín es uno de los grandes secretos de mi éxito cincuenta mil kilómetros en uno que sólo marque diez
—dijo un día, orgullosamente—. Y no me cuesta mil, sin estropearlo. Bueno, lo conseguirías si haces
nada. Lo consigo gratis en las serrerías. andar el coche hacia atrás durante mucho tiempo.
— ¿Y para qué lo usas? —le preguntó Matilda. Los números irían hacia atrás, ¿no? Pero ¿quién va a
—Te gustaría saberlo, ¿eh? —dijo. conducir un maldito coche marcha atrás durante
—No veo cómo te puede ayudar el serrín a vender miles y miles de kilómetros? ¡No hay forma de hacerlo!
coches de segunda mano, papá. — ¡Por supuesto que no! —dijo el joven Michael.
—Eso es porque tú eres una majadera ignorante — —Así que me estrujé el cerebro —siguió el padre—. Yo
afirmó su padre. uso el cerebro. Cuando tienes un cerebro brillante
Su forma de expresarse no era muy delicada, pero tienes que usarlo. Y, de repente, me llegó la solución.
Matilda ya estaba acostumbrada. Te aseguro que me sentí igual que debió de sentirse
Sabía también que a él le gustaba presumir y ella le ese tipo tan famoso que descubrió la penicilina.
incitaba descaradamente. «¡Eureka!», grité. «¡Lo conseguí!»
—Tienes que ser muy inteligente para encontrarle
aplicación a algo que no vale nada —comentó—. A — ¿Qué hiciste, papá?
mí me encantaría poder hacerlo. —Del cuentakilómetros —explicó el señor
—Tú no podrías —replicó su padre—. Eres demasiado Wormwood— sale un cable que va conectado a una
estúpida. Pero no me importa contárselo a Mike, ya de las ruedas delanteras. Primero, desconecté el
que algún día estará en el negocio conmigo — cable en el lugar donde se acopla la rueda. Luego,
despreciando a me compré una taladradora eléctrica de gran
Matilda se volvió a su hijo y dijo—: Procuro comprar un velocidad y la conecté al extremo del cable, de tal
coche de algún imbécil que ha utilizado tan mal la forma que, cuando gira, hace girar el cable al revés.
caja de cambios que las marchas están desgastadas ¿Me sigues? ¿Lo comprendes?
y suena como una carraca. Lo consigo barato. —Sí, papá —dijo el joven Michael.
Luego, todo lo que tengo que hacer es mezclar una —Esas taladradoras giran a una velocidad enorme —
buena cantidad de serrín con el aceite de la caja de dijo el padre—, así que cuando conecto la
cambios y va tan suave como la seda. taladradora, los números del cuentakilómetros
— ¿Cuánto tarda en volver a empezar a rechinar? — retroceden a toda velocidad. En pocos minutos
preguntó Matilda. puedo rebajar cincuenta mil kilómetros del
—Lo suficiente para que el comprador esté bastante cuentakilómetros con mi taladradora eléctrica de
lejos —dijo su padre sonriendo—. Unas cien millas. gran velocidad. Y, cuando termino, el coche sólo ha
—Pero eso no es honrado, papá —dijo Matilda—, Eso hecho diez mil kilómetros y está listo para su venta.
es un engaño. «Está casi nuevo», le digo al cliente. «Apenas ha
—Nadie se hace rico siendo honrado —dijo el hecho diez mil. Pertenecía a una señora mayor que
padre—. Los clientes están para que los engañen. sólo lo utilizaba una vez a la semana para ir de
El señor Wormwood era un hombrecillo de rostro compras».
malhumorado, cuyos dientes superiores sobresalían — ¿De verdad puedes hacer que el cuentakilómetros
por debajo de un bigotillo de aspecto lastimoso. Le vaya hacia atrás con una taladradora eléctrica? —
gustaba llevar chaquetas de grandes cuadros, de preguntó Michael.
alegre colorido y corbatas normalmente amarillas o —Te estoy contando secretos del negocio —dijo el
verde claro. padre—, así que no vayas a decírselo a nadie. No
—Fíjate, por ejemplo, en el cuentakilómetros — querrás verme en chirona, ¿no?
prosiguió—. El que compra un coche de segunda —No se lo diré a nadie —dijo el niño—. ¿Le haces eso
mano lo primero que hace es comprobar los a muchos coches, papá?
kilómetros que tiene. ¿No es cierto? —Todo coche que pasa por mis manos recibe el
—Cierto —dijo el hijo. tratamiento —dijo el padre—.
—Pues bien, compro un cacharro con ciento Antes de ofrecerlos a la venta, todos ven reducido su
cincuenta mil kilómetros. Lo compro barato. Pero con kilometraje por debajo de diez mil. ¡Y pensar que lo
esos kilómetros no lo va a comprar nadie, ¿no? Ahora he inventado yo...! —añadió orgullosamente—. Me ha
no puedes desmontar el cuentakilómetros, como hecho ganar una fortuna.
hace diez años, y hacer retroceder los números. Los Matilda, que había escuchado atentamente, dijo:
instalan de forma que resulta imposible amañarlos, a —Pero papá, eso es aún peor que lo del serrín. Es
menos que seas un buen relojero o algo así. ¿Qué repugnante. Estás engañando agente que confía en
hacer entonces? Yo uso el cerebro, muchacho, eso ti.
es lo que hago. —Si no te gusta, no comas entonces la comida de
— ¿Cómo? —preguntó el joven Michael, fascinado. esta casa —dijo el padre—. Se compra con las
Parecía haber heredado la afición de su padre por ganancias.
los engaños. —Es dinero sucio —dijo Matilda—. Lo odio.

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Dos manchas rojas aparecieron en las mejillas del 1407 Palabras
padre.
— ¿Quién demonios te crees que eres? —gritó—. ¿El
arzobispo de Canterbury o alguien así, echándome
un sermón sobre honradez? ¡Tú no eres más que una
ignorante mequetrefe que no tiene ni la más mínima Capítulo 3
idea de lo que dice!
—Bien dicho, Harry —dijo la madre. Y a Matilda—: Eres El Sombrero Y El Pegamento
una descarada por hablarle así a tu padre. Ahora,
mantén cerrada tu desagradable boca para que A la mañana siguiente, poco antes de que su padre
podamos ver tranquilos este programa. se marchara a su aborrecible garaje de coches de
Estaban en la sala de estar, frente a la televisión, con segunda mano, Matilda fue al guardarropa y cogió el
la bandeja de la cena sobre las rodillas. La cena sombrero que él llevaba todos los días al trabajo. Tuvo
consistía en una de esas comidas preparadas que que ponerse de puntillas y servirse de un bastón para
anuncian en televisión, en bandejas de aluminio descolgarlo de la percha. El sombrero era de copa
flexible, con compartimentos separados para la baja y plana, con una pluma de ave en la cinta, y el
carne guisada, las patatas hervidas y los guisantes. La señor Wormwood se sentía orgulloso de él. Creía que
señora Wormwood comía con los ojos pendientes del le daba un cierto aire atrevido y elegante,
serial americano de la pequeña pantalla. Era una especialmente cuando lo llevaba ladeado y con su
mujerona con el pelo teñido de rubio platino, llamativa chaqueta de cuadros y la corbata verde.
excepto en las raíces cercanas al cuero cabelludo, Matilda, con el sombrero en una mano y un tubo de
donde era de color castaño parduzco. Iba muy pegamento en la otra, depositó un poco de éste con
maquillada y tenía uno de esos tipos abotargados y suma pulcritud alrededor del cerco interior del
poco agraciados en los que la carne parece estar sombrero. Luego, lo volvió a colgar con cuidado en la
atada alrededor del cuerpo para evitar que se caiga. percha valiéndose del bastón. Calculó con exactitud
—Mami —dijo Matilda—, ¿te importa que me tome la la operación, aplicando el pegamento justamente en
cena en el comedor y así poder leer mi libro? el momento en que su padre se levantaba de la
mesa del desayuno.
El padre levantó la vista bruscamente. El señor Wormwood no notó nada cuando se puso el
— ¡Me importa a mí! —dijo acaloradamente—. ¡La sombrero, pero al llegar al garaje no se lo pudo
cena es una reunión familiar y nadie se levanta de la quitar. Aquel pegamento era un producto muy fuerte,
mesa antes de terminar! tanto que si se tira demasiado puede arrancarle a
—Pero nosotros no estamos sentados a la mesa —dijo uno la piel. El señor Wormwood no tenía ningún deseo
Matilda—. No lo hacemos nunca. Siempre cenamos de perder el cuero cabelludo, por lo que tuvo que
aquí, viendo la tele. dejarse el sombrero puesto todo el día, hasta cuando
— ¿Se puede saber qué hay de malo en ver la ponía serrín en las cajas de cambio o alteraba los
televisión? —preguntó el padre. Su voz se había cuentakilómetros de los coches con su taladro
tornado de repente tranquila y peligrosa. eléctrico. En un esfuerzo por salvar las apariencias,
Matilda no se atrevió a responderle y permaneció adoptó una actitud descuidada, confiando en que
callada. Sintió que le invadía la cólera. Sabía que no su personal pensara que, en realidad, quería tener
era bueno aborrecer de aquella forma a sus padres, puesto el sombrero todo el día, como hacen los
pero le costaba trabajo no hacerlo. Lo que había gángsters en las películas.
leído le había mostrado un aspecto de la vida que Cuando llegó a su casa esa noche, seguía sin
ellos ni siquiera vislumbraban. Si por lo menos hubieran poderse quitar el sombrero.
leído algo de Dickens o de Kipling, sabrían que la vida —No seas bobo —dijo su mujer—. Ven aquí. Yo te lo
era algo más que engañar a la gente y ver la quitaré.
televisión. Dio un tirón brusco del sombrero. El señor Wormwood
Otra cosa. Le molestaba que la llamaran soltó un alarido que hizo temblar los cristales de las
constantemente ignorante y estúpida, cuando sabía ventanas.
que no lo era. La cólera que sentía fue creciendo — ¡Aaaay! —gritó—. ¡No hagas eso! ¡Déjalo! ¡Me vas
más y más y esa noche, acostada en su cama, tomó a arrancar la piel de la frente!
una decisión. Cada vez que su padre o su madre se Matilda, arrellanada en su asiento habitual,
portaran mal con ella, se vengaría de una forma u observaba con mucho interés la operación por
otra. Esas pequeñas victorias le ayudarían a soportar encima del borde de su libro.
sus idioteces y evitarían que se volviera loca. — ¿Qué pasa, papá? —preguntó—. ¿Se te ha
Recuerden que aún no tenía cinco años y que, a esa hinchado de pronto la cabeza o algo así?
edad, no es fácil marcarle un tanto a un El padre miró a su hija recelosamente, pero no dijo
todopoderoso adulto. Aun así, estaba decidida a nada. ¿Cómo iba a hacerlo? Su mujer le dijo:
intentarlo. Después de lo que había sucedido esa —Tiene que ser pegamento. No puede ser otra cosa.
noche frente a la televisión, su padre fue el primero Eso te enseñará a no manejar un producto como ése.
de la lista.

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Supongo que estarías intentando pegar otra pluma cerco blanco pelado alrededor, como si fuera una
en el sombrero. especie de monje. Y en la frente, donde la banda se
— ¡Yo no he tocado ese asqueroso producto! —rugió había pegado directamente a la piel desnuda, le
el señor Wormwood. Se volvió y miró otra vez a quedaron pequeños parchecitos de restos de cuero,
Matilda, que le devolvió la mirada con sus grandes e que no pudo quitarse por más que se lavara.
inocentes ojos castaños. —Tienes que intentar quitarte esos trocitos de la
La señora Wormwood le dijo: frente, papá. Parecen pequeños insectos de color
—Deberías leer las etiquetas antes de usar productos marrón. La gente pensará que tienes piojos.
peligrosos. Sigue siempre las instrucciones. — ¡Cállate! —rugió el padre—. Cierra tu asquerosa
— ¿De qué diablos estás hablando, estúpida? —gritó boca, ¿quieres?
el señor Wormwood, sujetando el ala del sombrero En conjunto resultó una prueba satisfactoria. Pero sin
para evitar que alguien intentara quitárselo de duda era esperar demasiado que le hubiera servido
nuevo—. ¿Me crees tan idiota como para haberme al padre de lección permanente.
pegado esto a la cabeza a propósito? 982 Palabras
Matilda dijo:
—Un chico que vive en esta calle se metió un dedo
en la nariz sin darse cuenta de que tenía un poco de
pegamento en él.
— ¿Qué le pasó? —farfulló el señor Wormwood,
Capítulo 4
sobresaltado.
—Se le quedó pegado el dedo dentro de la nariz —
El Fantasma
dijo Matilda— y tuvo que ir así durante una semana. En el hogar de los Wormwood hubo relativa calma
La gente le decía que no se hurgara la nariz, pero no durante unas semanas, aproximadamente, tras el
podía hacer nada. episodio del pegamento. Resultó evidente que la
Iba haciendo el ridículo. experiencia había escarmentado al señor
—Le estuvo bien empleado —dijo la señora Wormwood, que perdió temporalmente su costumbre
Wormwood—. En primer lugar, no debía haberse de presumir y fanfarronear.
metido el dedo ahí. Es una costumbre repugnante. Si Luego, de repente, volvió a atacar. Puede que
a todos los niños les pusieran pegamento en los hubiera tenido un mal día en el garaje y no hubiera
dedos, dejarían de hacerlo. vendido suficientes coches de segunda mano de
—Las personas mayores también lo hacen, mami — pacotilla. Hay muchas cosas que vuelven irritables a
dijo Matilda—. Yo te vi a ti hacerlo ayer en la cocina. un hombre cuando llega a casa del trabajo, y una
— ¡Estoy harta de ti! —exclamó la señora Wormwood mujer lista aprecia por lo general los síntomas de
enrojeciendo. tormenta y lo deja solo hasta que se calma.
El señor Wormwood tuvo que dejarse el sombrero Cuando el señor Wormwood regresó esa tarde del
puesto durante la cena, frente al televisor. Tenía un garaje, su rostro era tan tenebroso como una nube
aspecto ridículo y se mantuvo en silencio. de tormenta y alguien iba a sufrir pronto el primer
Cuando fue a acostarse trató de quitárselo de nuevo, embate. Su mujer notó inmediatamente los síntomas y
y lo intentó también su mujer, pero no cedió. se esfumó. Matilda estaba acurrucada en un sillón, en
— ¿Cómo voy a ducharme? —preguntó. un rincón, totalmente absorta en un libro. El señor
—No podrás ducharte —le dijo su mujer. Más tarde, al Wormwood conectó la televisión. La pantalla se
observar a su enjuto marido dando vueltas por el iluminó y el programa comenzó a atronar la
dormitorio con su pijama de rayas moradas y el habitación. El señor Wormwood miró a Matilda. Ésta
sombrero de copa baja en la cabeza, pensó el no se había movido. Estaba entrenada para cerrar los
aspecto tan ridículo que tenía. Difícilmente podía oídos al espantoso sonido de la temible caja. Siguió
asociarlo al tipo de hombre con quien sueña una leyendo y eso, por algún motivo, enfureció a su
mujer. padre. Puede que su enfado aumentara al ver que
El señor Wormwood descubrió que lo peor de llevar ella disfrutaba con algo que no estaba a su alcance.
puesto siempre un sombrero en la cabeza era tener — ¿No dejas nunca de leer? —preguntó
que dormir con él. Era imposible reposar bruscamente.
cómodamente sobre la almohada. — ¡Ah, hola papá! —dijo agradablemente—. ¿Has
—Deja de dar vueltas —le dijo su mujer al cabo de tenido un buen día?
una hora de moverse de un lado — ¿Qué es esta basura? —preguntó arrancándole el
a otro—. Me figuro que por la mañana estará más libro de las manos.
despegado y saldrá fácilmente. —No es basura, papá, es precioso. Se titula El pony
Pero por la mañana seguía igual y no salía. Así que la rojo y es de un escritor americano llamado John
señora Wormwood agarró unas tijeras y fue cortando Steinbeck. ¿Por qué no lo lees? Te encantaría.
poco a poco el sombrero, primero la copa y luego el — ¡Porquerías! —dijo el señor Wormwood—. Si lo ha
ala. En las zonas donde la banda interior se había escrito un americano tiene que ser una porquería. De
pegado al pelo, en las sienes y en la parte de atrás eso es de lo que escriben todos ellos.
de la cabeza, tuvo que cortarlo de raíz, dejándole un —No, papi, de verdad que es precioso. Trata de...

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—No quiero saber de qué trata —rugió el señor —No —contestó Fred—. Desde luego que no.
Wormwood—. Estoy harto de tus lecturas. Busca algo —Te daré mi paga de la semana que viene —dijo
útil que hacer —con terrorífica brusquedad comenzó Matilda.
a arrancar a puñados las páginas del libro y a Eso era otra cosa. Fred lo pensó unos segundos.
arrojarlas a la papelera. —De acuerdo —dijo—, si prometes devolvérmelo
Matilda se quedó horrorizada. Su padre prosiguió. No mañana.
había duda de que el hombre sentía cierto tipo de Matilda regresó tambaleándose a su casa desierta,
celos. ¿Cómo se atrevía ella —parecía decir con llevando la jaula con ambas manos. En el comedor
cada página que arrancaba, cómo se atrevía a había una gran chimenea y colocó la jaula en la
disfrutar leyendo libros cuando él no podía? ¿Cómo campana de aquélla, fuera de la vista. No le resultó
se atrevía? fácil, pero finalmente se las arregló para colocarla.
— ¡Es un libro de la biblioteca! —exclamó Matilda—. — ¡Hola, hola, hola! —repitió el loro—. ¡Hola, hola!
¡No es mío! ¡Tengo que devolvérselo a la señora — ¡Cállate, idiota! —ordenó Matilda, y fue a lavarse
Phelps! las manos para quitarse el hollín.
—Tendrás que comprar otro entonces, ¿no? —dijo el Esa noche, mientras la madre, el padre, el hermano y
padre, sin dejar de arrancar páginas—. Tendrás que Matilda cenaban como de costumbre en la sala de
ahorrar de tu paga hasta que reúnas el dinero preciso estar, frente a la televisión, llegó del comedor, a
para comprar uno nuevo a tu preciosa señora Phelps, través del vestíbulo, una voz fuerte y clara. Dijo:
¿no? —al decir esto, arrojó a la papelera las pastas, «¡Hola, hola, hola!».
ahora vacías, del libro y salió de la habitación — ¡Harry! —exclamó sobresaltada la madre,
dejando puesta la televisión. poniéndose blanca—. ¡En la casa hay alguien! ¡He
En la misma situación que Matilda, la mayoría de los oído una voz!
niños se hubieran echado a llorar. Ella no lo hizo. Se — ¡Yo también! —dijo el hermano.
quedó muy tranquila, pálida y pensativa. Sabía que ni Matilda se puso en pie de un brinco y apagó el
llorando, ni enfadándose, conseguiría nada. Cuando televisor.
a uno le atacan. lo único sensato, como Napoleón — ¡Chiss! —ordenó—. ¡Escuchad!
dijo una vez, es contraatacar. La mente Todos dejaron de comer y se quedaron muy tensos,
maravillosamente aguda de Matilda ya estaba con el oído atento.
trabajando, tramando otro castigo adecuado para De nuevo escucharon la voz:
su odioso padre. El plan que comenzaba a madurar — ¡Hola, hola, hola!
en su mente dependía, sin embargo, de que el loro — ¡Está ahí! —exclamó el hermano.
de Fred fuera realmente tan buen hablador como — ¡Son ladrones! —susurró la madre—. ¡Están en el
Fred decía. comedor!
Fred era un amigo de Matilda. Era un niño de seis —Creo que sí —dijo el padre, sin moverse.
años que vivía a la vuelta de la esquina y llevaba — ¡Ve, pues, y atrápalos, Harry! —susurró la madre—.
muchos días explicándole lo buen hablador que era ¡Píllalos con las manos en la masa!
el loro que le había regalado su padre. El padre no se movió. Al parecer no tenía ninguna
Así pues, la tarde siguiente, tan pronto como la prisa por salir y convertirse en un héroe. Su rostro se
señora Wormwood se marchó en su coche a otra había vuelto gris.
sesión de bingo, Matilda se encaminó a casa de Fred — ¡Vamos, hazlo! —siseó apremiante la madre—.
para averiguarlo. Llamó a la puerta y le preguntó si ¡Probablemente estén buscando la plata!
sería tan amable de enseñarle el famoso pájaro. Fred El marido se secó nerviosamente los labios con su
se sintió encantado y la condujo a su dormitorio servilleta.
donde, en una jaula de gran altura, había un loro, de — ¿Por qué no vamos todos y miramos? —propuso.
color azul y amarillo, realmente precioso. —Vamos entonces —dijo el hermano—. Vamos,
—Ahí está —dijo Fred—, Se llama Chopper. mamá.
—Hazlo hablar —ordenó Matilda. —No hay duda de que están en el comedor —susurró
—No puedes hacerle hablar —le explicó Fred—. Hay Matilda—. Estoy segura de que están allí.
que tener paciencia. Habla cuando quiere. La madre agarró un atizador del fuego. El padre, un
Aguardaron. De repente, el loro dijo: «Hola, hola, palo de golf que había en un rincón. El hermano asió
hola». Era igual que una voz humana. una lámpara de mesa, arrancando la clavija del
— ¡Es asombroso! —exclamó Matilda—. ¿Qué más enchufe. Matilda empuñó el cuchillo con el que
sabe decir? estaba comiendo y los cuatro se dirigieron a la puerta
— ¡No fastidies! —dijo el loro, imitando del comedor, manteniéndose el padre bien detrás de
maravillosamente una voz fantasmal—. los otros.
¡No fastidies! — ¡Hola, hola, hola! —dijo otra vez la voz.
—No para de decir eso —rió Fred. — ¡Vamos! —gritó Matilda, e irrumpió en la habitación
— ¿Qué más sabe decir? —preguntó Matilda. blandiendo el cuchillo—.
—Eso es todo. Pero es estupendo, ¿no? ¡Manos arriba! —gritó—. ¡Os hemos pillado!
—Es fabuloso —admitió Matilda—. ¿Me lo dejarías una
noche?

89
Los otros la siguieron, agitando sus armas. Luego se especialmente se volvía menos fanfarrón e intratable
detuvieron. Miraron a su alrededor. Allí no había durante algunos días, después de recibir una dosis de
nadie. la medicina mágica de Matilda.
—Aquí no hay nadie —dijo el padre, con gran alivio. El incidente del loro bajó claramente los humos a sus
— ¡Yo lo oí, Harry! —chilló la madre, que aún padres y, por espacio de una semana, se
temblaba—. Está aquí, en alguna parte —añadió, y comportaron de forma relativamente civilizada con
empezó a buscar detrás del sofá y de las cortinas. su hijita. Pero ¡ay!, eso no podía durar. El siguiente
En ese momento volvió a oírse la voz, ahora suave y estallido se produjo una tarde en la sala de estar. El
fantasmal. señor
— ¡No fastidies! —dijo—. ¡No fastidies! Wormwood acababa de regresar del trabajo. Matilda
Dieron un brinco, sobresaltados, incluso Matilda, que y su hermano estaban tranquilamente sentados en el
era una buena actriz. Miraron sofá, esperando que su madre les llevara las bandejas
a su alrededor. No había nadie. de la cena. La televisión aún no estaba encendida.
—Es un fantasma —afirmó Matilda. Llegó el señor Wormwood con un llamativo traje de
— ¡Que el cielo nos valga! —gritó la madre, cuadros y una corbata amarilla.
agarrándose al cuello de su marido. Los horribles cuadros naranjas y verdes de la
— ¡Claro que es un fantasma! —dijo Matilda—. ¡Yo lo chaqueta y los pantalones casi deslumbraban al que
he escuchado antes! Esta habitación está lo miraba. Parecía un corredor de apuestas de ínfima
encantada. Creía que lo sabíais. calidad ataviado para la boda de su hija y,
— ¡Sálvanos! —gritó la madre, casi estrangulando a su evidentemente, esa noche se sentía muy satisfecho
marido. consigo mismo. Se sentó en un sillón, se frotó las
—Yo me voy de aquí —dijo el padre, más gris aún. manos y se dirigió a su hijo en voz alta.
Salieron todos, cerrando la puerta tras ellos. —Bien, hijo mío —dijo—, tu padre ha tenido un día
A la tarde siguiente, Matilda se las arregló para muy afortunado. Esta noche es mucho más rico que
rescatar de la chimenea un loro bastante manchado esta mañana. He vendido nada menos que cinco
de hollín y malhumorado y sacarlo de la casa sin ser coches, cada uno de ellos con un buen beneficio.
vista. Salió por la puerta trasera y lo llevó, sin dejar de Serrín en la caja de cambios, la taladradora eléctrica
correr, a casa de Fred. en los cables del cuentakilómetros, un chafarrinón de
— ¿Se portó bien? —le preguntó Fred. pintura aquí y allá y algunos otros pequeños trucos y
—Lo hemos pasado estupendamente con él —dijo los idiotas se desviven por comprarlos.
Matilda—. A mis padres les ha encantado. Sacó una hojita de papel del bolsillo y la examinó.
1401 Palabras —Escucha, chico —continuó, dirigiéndose al hijo e
ignorando a Matilda—. Dado que algún día estarás
metido en este negocio conmigo, tienes que
aprender a calcular al final de cada día los beneficios
obtenidos. Trae un bloc y un lápiz y veamos lo
Capitulo 5 inteligente que eres.
El hijo salió obedientemente de la habitación y
Aritmética regresó con los objetos de escritura solicitados.
—Anota estas cifras —dijo el padre, leyendo su hojita
Matilda anhelaba que sus padres fueran buenos,
de papel—. Compré el coche número uno por
cariñosos, comprensivos, honrados e inteligentes, pero
doscientas setenta y ocho libras y lo vendí por mil
tenía que apechugar con el hecho de que no lo
cuatrocientas veinticinco. ¿Lo has entendido?
eran. No le resultaba fácil. Sin embargo, el juego que
El chico de diez años anotó, lenta y cuidadosamente,
se había ingeniado, consistente en castigar a uno o a
ambos cada vez que se comportaban las dos cifras por separado.
repugnantemente con ella, hacía su vida más o —El coche número dos —prosiguió el padre— me
costó ciento dieciocho libras y lo vendí por
menos soportable.
setecientas sesenta. ¿Entendido?
Al ser muy pequeña y muy joven, el único poder que
—Sí, papá —dijo el hijo—. Lo he entendido.
tenía Matilda sobre cualquiera de su familia era el del
—El coche número tres costó ciento once libras y se
cerebro. Los superaba en ingenio. Pero seguía
vendió por novecientas noventa y nueve libras y
inalterable el hecho de que en cualquier familia, una
cincuenta peniques.
niña de cinco años se veía obligada siempre a hacer
—Repítelo otra vez —pidió el hijo—. ¿Por cuánto se
lo que decían, por estúpido que fuera. Por eso,
vendió?
siempre tenía que tomar una de esas cenas que
—Por novecientas noventa y nueve libras y cincuenta
anuncian en televisión, frente a la espantosa caja.
peniques —dijo el padre—.
Entre semana se pasaba todas las tardes sola, y
Y, a propósito, ése es otro de mis estupendos trucos
cuando le decían que se callara tenía que callarse.
para engañar al cliente. No digas nunca una cifra
Su válvula de escape, lo único que impedía que se
redonda. Siempre un poco por debajo. No digas
volviera loca, era el placer de maquinar e infligir
jamás mil libras. Di novecientas noventa y nueve
aquellos magníficos castigos, y lo curioso era que
parecían surtir efecto durante algún tiempo. El padre

90
cincuenta. Parece mucho menos, pero no lo es. En ese momento llegó la madre llevando una gran
Inteligente, ¿no? bandeja con las cuatro bandejas más pequeñas de
—Mucho —dijo el hijo—. Eres muy listo, papá. la cena. Esta vez, la cena consistía en pescado frito
—El coche número cuatro costó ochenta y seis libras, con patatas fritas, que la señora Wormwood había
era una ruina, y se vendió por seiscientas noventa y comprado en la tienda al volver del bingo. Al
nueve libras con cincuenta. parecer, el bingo de las tardes la dejaba tan
—No vayas tan rápido —dijo el hijo, anotando las agotada, tanto física como mentalmente, que nunca
cifras—. Ya, ya está. tenía fuerzas suficientes para hacer una cena casera.
—El coche número cinco costó seiscientas treinta y Así que no era una bandeja con comida preparada,
siete libras y se vendió por mil seiscientas cuarenta y sino pescado y patatas fritas de la freiduría.
nueve con cincuenta. ¿Has anotado todas esas — ¿Por qué estás tan colorado, Harry? —preguntó
cifras, hijo? mientras dejaba la bandeja sobre
—Sí, papá —respondió el chico, encorvado sobre el la mesita del café.
bloc mientras escribía cuidadosamente. —Tu hija es una tramposa y una embustera —dijo el
—Muy bien —dijo el padre—. Ahora calcula lo que he padre, agarrando su plato de pescado y
ganado con cada uno de los coches y suma el total. colocándoselo en las rodillas—. Enciende la televisión
Así sabrás cuánto dinero ha ganado hoy tu y no hablemos más.
inteligente padre. 1229 Palabras
—Son muchas sumas —objetó el chico.
—Claro que son muchas sumas —dijo el padre—. Pero
cuando se está en un gran negocio, como lo estoy
yo, tienes que ser un lince en aritmética. A mí me llevó
menos de diez minutos calcularlo. Capitulo 6
— ¿Quieres decir que lo calculaste mentalmente,
papá? —preguntó el hijo con ojos de asombro. El Hombre Rubio Platino
—Bueno, no exactamente —dijo el padre—. Nadie
Matilda no tenía la más mínima duda de que esta
podría hacerlo. Pero no me llevó mucho tiempo.
última infamia de su padre se merecía un severo
Cuando termines, dime cuáles son mis ganancias del
castigo, así que mientras comía su horrible pescado
día. Yo tengo el total apuntado aquí y ya te diré si
con patatas fritas, su cerebro barajaba diversas
estás en lo cierto.
posibilidades. A la hora de irse a la cama ya había
Matilda dijo pausadamente:
tomado una decisión.
—Papá, ganaste exactamente cuatro mil trescientas
A la mañana siguiente se levantó temprano, fue al
tres libras y cincuenta peniques.
cuarto de baño y cerró la puerta.
—No te metas en esto —dijo el padre—. Tu hermano y
Como ya sabemos, la señora Wormwood llevaba el
yo estamos ocupados en altas finanzas.
pelo teñido de un color rubio platino resplandeciente,
—Pero, papá...
muy parecido al reluciente color plateado de las
— ¡Cállate! —dijo el padre—. Deja de calcular e
mallas de una equilibrista de circo. Se teñía el pelo
intentar parecer inteligente.
dos veces al año en la peluquería, pero la señora
—Mira tu cifra, papá —dijo amablemente Matilda—.
Wormwood lo cuidaba, aclarándolo en el lavabo
Si la has calculado bien, tiene que ser cuatro mil
más o menos todos los meses con un producto
trescientas tres libras y cincuenta peniques. ¿Es lo que
llamado
te da a ti, papá?
TINTE RUBIO PLATINO EXTRAFUERTE PARA EL CABELLO.
El padre echó un vistazo al papel que tenía en la
También le servía aquel producto para teñir las
mano. Parecía haberse quedado rígido. Estaba muy
molestas raíces de color castaño. El frasco de TINTE
tranquilo. Hubo un silencio. Luego dijo:
RUBIO
—Repítelo.
PLATINO EXTRAFUERTE PARA EL CABELLO se guardaba
—Cuatro mil trescientas tres libras y cincuenta
en el armarito del cuarto de baño y en la etiqueta,
peniques —dijo Matilda.
debajo del nombre, se leía «Precaución: peróxido.
Hubo otro silencio. El rostro del padre estaba
Manténgase fuera del alcance de los niños». Matilda
empezando a ponerse rojo.
lo había leído maravillada muchas veces.
—Estoy segura de que es ésa —dijo Matilda.
El padre de Matilda tenía una espléndida cabellera
— ¡Tú... tú, tramposa! —gritó de repente el padre,
negra, que peinaba con raya en medio, y de la que
señalándola con el dedo—. ¡Lo has visto en mi papel!
se sentía extremadamente orgulloso.
¡Has leído lo que tengo aquí escrito!
—Un buen pelo —le encantaba decir— significa que
—Estoy en el otro lado de la habitación —dijo
hay un buen cerebro debajo.
Matilda—. ¿Cómo podría verlo?
—Como Shakespeare —comentó una vez Matilda.
— ¡No digas tonterías! —gritó el padre—. ¡Claro que lo
— ¿Cómo quién?
has visto! ¡Tienes que haberla visto! ¡Nadie en el
—Como Shakespeare, papi.
mundo podría dar la respuesta así, y menos una niña!
— ¿Era inteligente?
¡Usted es una tramposa, señora mía, eso es lo que es
—Mucho, papi.
usted! ¡Una tramposa y una embustera!
—Tendría un montón de pelo, ¿no?

91
—Era calvo, papi. estaba segura en absoluto de lo que iba a ver. Y, en
A lo cual, el padre respondió con brusquedad. segundo lugar, si veía lo que creía que iba a ver, no
—Si no sabes decir cosas sensatas, cierra el pico. confiaba en poderse mantener seria. El hijo, mientras
Sea como sea, el señor Wormwood conservaba su se atiborraba de pan con manteca de cacahuetes y
pelo fuerte y reluciente o, al menos, así lo creía él, mermelada de fresas, miraba hacia la ventana.
frotándose todas las mañanas con grandes El padre se dirigía a la cabecera de la mesa para
cantidades de una loción llamada ACEITE DE sentarse, cuando llegó de la cocina la madre con
VIOLETAS. TÓNICO CAPILAR. Siempre había un frasco paso majestuoso, llevando un plato enorme, lleno de
de esta perfumada mezcla de color violáceo en la huevos, salchichas, tocino y tomates. Levantó la vista.
repisa de encima del lavabo, junto a los cepillos de Vio a su marido. Se quedó paralizada. Luego soltó un
dientes, y todos los días el señor Wormwood se daba grito que pareció elevarse en el aire y dejó caer el
un vigoroso masaje en el cuero cabelludo con ACEITE plato con estrépito en el suelo. Todos pegaron un
DE VIOLETAS, una vez que terminaba de afeitarse. brinco, incluso el señor Wormwood.
Acompañaba este masaje capilar y del cuero — ¿Qué demonios te pasa, mujer? —gritó—. ¡Mira
cabelludo con fuertes gruñidos masculinos y cómo has puesto la alfombra!
profundos resuellos y exclamaciones de «¡Ah, así está — ¡Tu pelo! —gritó histéricamente la mujer, señalando
mejor! ¡Así, hasta las raíces!», que Matilda percibía con dedo tembloroso a su marido—. ¡Mira tu pelo!
con toda claridad desde su dormitorio, al otro lado ¿Qué te has puesto?
del pasillo. — ¿Qué le pasa a mi pelo, si puede saberse?
En la temprana intimidad del cuarto de baño, Matilda — ¡Oh, papá! ¿Qué te has puesto en el pelo? —
desenroscó la tapa del exclamó el hijo.
ACEITE DE VIOLETAS de su padre y vertió tres cuartas Se estaba desarrollando una divertida y ruidosa
partes de su contenido por el desagüe del lavabo. A escena en el comedor.
continuación, rellenó el frasco con el TINTE RUBIO Matilda no dijo nada. Permaneció sentada,
PLATINO admirando el maravilloso efecto de su obra. La
EXTRAFUERTE PARA EL CABELLO de su madre. Dejó espléndida cabellera negra del señor Wormwood
suficiente cantidad del tónico capilar de su padre presentaba un color plateado sucio, el color, esta
para que, al agitarlo, la mezcla permaneciera aún vez, de la malla de una equilibrista que no se hubiera
razonablemente violácea. Tras eso, volvió a colocar lavado en toda la temporada de circo.
el frasco en la repisa, sobre el lavabo, teniendo — ¡Te lo has... te lo has teñido! —gritó histéricamente
cuidado de dejar el tinte de su madre en el armario. la madre—. ¿Por qué lo has hecho, imbécil? ¡Tienes
Hasta aquí, bien. un aspecto horrible! ¡Es horroroso! ¡Pareces un
A la hora del desayuno, Matilda estaba sentada monstruo!
tranquilamente en la mesa del comedor comiendo — ¿De qué diablos estás hablando? —gritó el padre
copos de maíz. Su hermano se sentaba frente a ella, llevándose las manos al pelo—.
de espaldas a la puerta, devorando trozos de pan ¡Naturalmente que no me lo he teñido! ¿Por qué
recubiertos de una mezcla de manteca de dices eso! ¿Qué le ha pasado? ¿O se trata de algún
cacahuetes y mermelada de fresas. La madre estaba chiste estúpido? —su cara se iba tornando verde
en la cocina, preparando el desayuno del señor pálido, el color de las manzanas ácidas.
Wormwood, que consistía siempre en dos huevos fritos —Tienes que habértelo teñido, papá —dijo el hijo—.
con pan, tres salchichas de cerdo, dos tiras de tocino Tiene el mismo color que el de mamá, sólo que más
y unos tomates fritos. sucio.
En ese momento entró ruidosamente en la habitación — ¡Claro que se lo ha teñido! —gritó la madre—. ¡No
el señor Wormwood. Era incapaz de entrar puede cambiar de color él solo! ¿Qué demonios
tranquilamente en una habitación, especialmente a querías hacer, volverte guapo o algo así? ¡Pareces
la hora del desayuno. como una abuela a la que se le hubiera ido la mano!
Siempre tenía que hacer sentir su presencia, — ¡Dame un espejo! —vociferó el padre—. ¡No te
originando mucho alboroto. Parecía como si dijera: quedes gritándome! ¡Dame un espejo!
«¡Soy yo, el gran hombre, el amo de la casa, el que El bolso de la madre estaba en una silla, al otro
gana el dinero y el que hace posible que los demás extremo de la mesa. Lo abrió y sacó una polvera que
vivan tan bien! ¡Fijaos en mí y presentadme vuestros tenía un espejito redondo en la parte interior de la
respetos!». tapa. La abrió y se la entregó a su marido. Éste la
Esta vez, le dio una palmadita en la espalda a su hijo agarró violentamente y se la acercó a la cara y, al
al entrar y dijo con voz fuerte: hacerlo, se derramó la mayor parte de los polvos de
—Bien, hijo mío, tu padre presiente que está ante otro la polvera en su elegante chaqueta de tweed.
día productivo en el garaje. — ¡Ten cuidado! —gritó la madre—. ¡Mira lo que has
He comprado unas preciosidades que voy a endilgar hecho ahora! ¡Son los mejores polvos de Elizabeth
esta mañana a los idiotas. ¿Dónde está mi desayuno? Arden para la cara!
— ¡Ya va, cariño! —dijo la señora Wormwood desde — ¡Oh, Dios mío! —exclamó el padre al verse en el
la cocina. Matilda tenía la vista baja, fija en los copos espejito—. ¿Qué ha pasado?
de maíz. No se atrevía a mirar. En primer lugar, no

92
¡Tengo un aspecto horrible! ¡Parezco como si se te 1659 Palabras
hubiera ido la mano a ti! ¡No puedo ir así al garaje a
vender coches! ¿Cómo ha sucedido? —miró a su
alrededor, primero a la madre, luego al hijo y,
finalmente, a Matilda—. ¿Cómo ha podido suceder? Capitulo 7
—gritó.
—Supongo, papá —dijo Matilda tranquilamente—, La Señorita Honey
que, sin darte cuenta, habrás cogido de la repisa el
frasco del producto de mamá en lugar del tuyo. Matilda empezó la escuela un poco tarde. La
— ¡Eso es lo que ha pasado, claro! —exclamó la mayoría de los niños empezaban antes de los cinco
madre—. ¿Cómo puedes ser tan estúpido, Harry? años, pero los padres de Matilda, a los que, en todo
¿Por qué no lees las etiquetas antes de echarte caso, no les preocupaba mucho la educación de su
encima un producto? El mío es terriblemente fuerte. hija, se olvidaron de hacer los arreglos precisos con
¡Yo sólo uso una cucharada disuelta en una anticipación.
palangana de agua Cuando fue por primera vez a la escuela, tenía cinco
y vas tú y te lo echas puro en la cabeza! Con años y medio.
probabilidad se te acabará cayendo el pelo. La escuela para niños del pueblo era un edificio
¿Te pica el cuero cabelludo, cariño? tristón de ladrillo, llamado Escuela
— ¿Quieres decir que me voy a quedar sin pelo? — Primaria Crunchem. Albergaba a unos doscientos
vociferó el marido. cincuenta niños, de edades comprendidas entre
—Creo que sí —dijo la madre—. El peróxido es un cinco y poco menos de doce años. La directora, la
producto químico muy fuerte. jefa, la suprema autoridad de este establecimiento,
Es lo que se emplea en el retrete para desinfectar la era una dama terrible, de mediana edad, llamada
taza, sólo que con otro nombre. señorita Trunchbull.
— ¿Qué estás diciendo? —gritó el marido—. ¡Yo no A Matilda, como es natural, le asignaron la clase
soy una taza de retrete! ¡No quiero que me inferior, donde había otros dieciocho niños,
desinfecten! aproximadamente de su misma edad. La profesora
—Incluso diluido como lo uso yo —dijo la madre—, se era la señorita Honey, que no tendría más de
me cae una gran cantidad de pelo, así que veintitrés o veinticuatro años. Tenía un bonito rostro
cualquiera sabe lo que te puede pasar a ti. Me ovalado pálido de madonna, con ojos azules y pelo
sorprende que no se te haya caído ya todo lo de castaño claro. Su cuerpo era tan delgado y frágil que
arriba. daba la impresión de que, si se caía, se rompería en
— ¿Y qué puedo hacer? —gimió el padre—. ¡Dime mil pedazos, como una figurita de porcelana.
enseguida lo que tengo que hacer antes de que La señorita Honey era una persona apacible y
empiece a caerse! discreta; que nunca levantaba la voz y a la que
—Si yo fuera tú —intervino Matilda—, me lo lavaría raramente se veía sonreír, pero que, sin duda, tenía el
bien con agua y jabón, papá. don de que la adoraban todos los niños que estaban
Pero tendrás que darte prisa. a su cargo. Parecía comprender perfectamente el
— ¿Y con eso le volverá el color? —preguntó desconcierto y el temor que tan a menudo embarga
ansiosamente el padre. a los niños a los que, por primera vez en su vida, se les
— ¡Claro que no, imbécil! —exclamó la madre. agrupa en una clase y se les dice que tienen que
— ¿Qué hago, entonces? No puedo ir por ahí con obedecer lo que se les ordene. Cuando hablaba a
este aspecto. un desconcertado y melancólico recién llegado a la
—Tendrás que teñírtelo de negro —dijo la madre—, clase, el rostro de la señorita
pero lávatelo primero o no tendrás nada que teñir. Honey desprendía una casi tangible sensación de
— ¡Rápido! —gritó el padre, reaccionando—. cordialidad.
¡Consígueme hora enseguida con tu peluquero para La señorita Trunchbull, la directora, era totalmente
que me lo tiña! ¡Di que se trata de una emergencia! diferente. Se trataba de un gigantesco ser terrorífico,
¡Tendrá que quitar a alguien de la lista! Ahora voy a un feroz monstruo tiránico que atemorizaba la vida de
subir a lavármelo. los alumnos y también de los profesores. Despedía un
Dicho esto, el hombre salió a toda prisa de la aire amenazador, aun a distancia, y cuando se
habitación y la señora Wormwood, suspirando acercaba a uno, casi podía notarse el peligroso calor
profundamente, se dirigió al teléfono para llamar al que irradiaba, como si fuera una barra metálica al
salón de belleza. rojo vivo. Cuando marchaba por un pasillo —la
—Papá hace tonterías de vez en cuando, ¿no, señorita Trunchbull nunca caminaba, siempre
mamá? —dijo Matilda. marchaba como una tropa de asalto, con largas
La madre, mientras marcaba el número de teléfono, zancadas y exagerado balanceo de brazos—, se
comentó: oían sus resoplidos al acercarse y, si por casualidad se
—Me temo que los hombres no son siempre tan encontraba un grupo de niños en su camino, se abría
inteligentes como ellos se creen. Ya lo aprenderás paso entre ellos como un tanque, y los niños tenían
cuando seas un poco mayor, hija. que apartarse a derecha e izquierda. Gracias a Dios,

93
no nos topamos con muchas personas así en el — ¿Crees —preguntó— que sabrías decirme cuántas
mundo, aunque las hay y todos nos encontramos, por son dos por veintiocho?
lo menos, con una de ellas en la vida. Si le pasa a —Sí, señorita Honey.
usted, compórtese igual que si se hallara ante un — ¿Cuántas son?
rinoceronte furioso en la selva: súbase al árbol más —Cincuenta y seis, señorita Honey.
cercano y quédese allí hasta que se haya ido. Es casi —Veamos algo más difícil, como, por ejemplo, dos
imposible describir a esta mujer, con sus por cuatrocientas ochenta y siete. ¿Sabrías decirme
excentricidades y su aspecto, pero intentaré hacerlo cuántas son?
un poco más adelante. Dejémosla de momento y —Sí, creo que sí —dijo Matilda.
volvamos a Matilda y su primer día en la clase de la — ¿Estás segura?
señorita Honey. —Claro que sí, señorita Honey, estoy segura.
Tras pasar lista, la señorita entregó un cuaderno de —Entonces dime cuántas son dos por cuatrocientas
ejercicios a cada alumno. ochenta y siete.
—Supongo que habréis traído vuestros lápices —dijo. —Novecientas setenta y cuatro —respondió al
—Sí, señorita Honey —respondieron al unísono. instante Matilda. Hablaba tranquila y cortésmente, sin
—Bien. Éste es el primer día de escuela para vosotros. ningún alarde de presunción.
Es el principio de once largos años de escuela, por lo La señorita Honey miró a Matilda totalmente
menos, que tenéis que pasar todos vosotros. Y seis de asombrada, pero cuando volvió a hablar lo hizo sin
esos años los pasaréis aquí, en la Escuela Crunchem, alterar el tono de voz.
donde, como sabéis, la directora es la señorita —Eso es estupendo —dijo— pero, por supuesto,
Trunchbull. Ella quiere que haya una estricta disciplina multiplicar por dos es mucho más fácil que por otros
en la escuela y, si queréis un consejo, haced todo lo números mayores. ¿Sabes alguna otra tabla de
posible para comportaros bien en su presencia. No multiplicar?
discutáis nunca con ella. No la repliquéis nunca. —Eso creo, señorita Honey. Creo que sí.
Haced siempre lo que diga. Si os enfrentáis a ella, — ¿Cuáles, Matilda? ¿Hasta cuál sabes?
puede haceros papilla. No es cosa de risa, Lavender. —No... no lo sé exactamente —respondió Matilda—.
Suprime esa sonrisa de tu cara. Haríais bien en No sé lo que quiere usted decir.
recordar que la señorita Trunchbull es muy severa con —Quiero decir que si sabes la tabla de multiplicar del
cualquiera que se sale de las normas de esta escuela. tres.
¿Habéis entendido lo que quiero decir? —Sí, señorita Honey.
—Sí, señorita Honey —canturrearon dieciocho — ¿Y la del cuatro?
excitadas vocecillas. —Por mi parte —prosiguió la —Sí, señorita Honey.
señorita Honey—, quiero ayudaros a que aprendáis —Bueno, ¿cuántas sabes, Matilda? ¿Sabes todas
todo lo posible mientras estéis en esta clase. Sé que hasta la del doce?
eso os facilitará luego las cosas. Así, pues, espero que —Sí, señorita Honey.
para finales de semana sepáis todos la tabla de — ¿Cuántas son doce por siete?
multiplicar por dos y, al final del curso, que hayáis —Ochenta y cuatro —respondió Matilda.
aprendido las tablas de multiplicar hasta doce. Si las La señorita Honey hizo una pausa y se echó hacia
aprendéis os ayudará enormemente. Veamos ahora. atrás en su asiento, tras la mesa desnuda que había
¿Alguno de vosotros sabe la tabla de multiplicar por frente a la clase. Se sentía totalmente desconcertada
dos? por aquella situación, pero tuvo buen cuidado en no
Matilda levantó la mano. Era la única. demostrarlo. Nunca se había encontrado con una
La señorita Honey miró atentamente a la pequeñaja niña de cinco años, ni siquiera de diez, que supiera
de pelo oscuro y cara redonda y seria sentada en la multiplicar con tal facilidad.
segunda fila. —Espero que estéis escuchando esto —dijo
—Magnífico —dijo—. Levántate, por favor, y dila dirigiéndose al resto de la clase—.
hasta donde sepas. Matilda es una chica muy afortunada. Tiene unos
Matilda se puso en pie y comenzó a decir la tabla de padres maravillosos que ya la han enseñado a
multiplicar por dos. Cuando llego a «dos por doce, multiplicar por un montón de números. ¿Fue tu madre
veinticuatro», no se detuvo. Siguió con «dos por trece, la que te enseñó,
veintiséis», «dos por catorce, veintiocho», «dos por Matilda?
quince, treinta» «dos por dieciséis...». —No, señorita Honey, no.
— ¡Basta! —dijo la señorita Honey. Había escuchado —Entonces tienes que tener un padre magnífico.
deleitada aquel tranquilo recital y preguntó—: ¿Hasta Debe de ser un profesor excelente.
dónde sabes? —No, señorita Honey —dijo Matilda reposadamente—
— ¿Hasta dónde? —dijo Matilda—. La verdad es que . Mi padre no me ha enseñado.
no lo sé, señorita Honey—. — ¿Quieres decir que has aprendido sola?
Bastante más, supongo. —No lo sé muy bien —dijo honradamente Matilda—.
La señorita Honey se tomó unos instantes para digerir Es sólo que no encuentro muy difícil multiplicar un
aquella curiosa afirmación. número por otro.

94
La señorita Honey aspiró profundamente y dejó —No te preocupes, Lavender, pronto lo aprenderás
escapar luego el aire con lentitud. —respondió la señorita Honey, mintiendo entre
Volvió a mirar a la chiquilla de ojos brillantes que dientes.
permanecía de pie junto a su pupitre, con aspecto Al llegar a ese punto, la señorita Honey no pudo
sensato y solemne. resistir la tentación de explorar más profundamente la
—Dices que no te resulta difícil multiplicar un número mente de aquella asombrosa niña. Sabía que
por otro —dijo la señorita debería prestar alguna atención al resto de la clase,
Honey—. ¿Podrías explicarme eso un poco más? pero estaba demasiado emocionada para
— ¡Oh! —exclamó Matilda—. No estoy muy segura. abandonar el tema.
—Por ejemplo —dijo la señorita Honey—, si te —Bien —dijo, aparentando dirigirse a toda la clase—,
pregunto cuántas son catorce por diecinueve... no, dejemos de momento los números y veamos si alguno
eso es demasiado difícil... de vosotros sabe ya deletrear. Levantad la mano los
—Doscientas sesenta y seis —dijo Matilda, que sepáis deletrear la palabra «gato».
suavemente. Se alzaron tres manos. La de Lavender, la de un chico
La señorita Honey la miró. Luego cogió un lápiz y pequeño llamado Nigel y la de Matilda.
realizó la operación con rapidez en un papel. —A ver, Nigel, deletrea «gato».
— ¿Cuánto dijiste que era? —preguntó, levantando la Nigel deletreó la palabra.
vista. La señorita Honey decidió hacer una pregunta que,
—Doscientas sesenta y seis —respondió Matilda. normalmente, no se le hubiera ocurrido hacer el
La señorita Honey dejó el lápiz, se quitó las gafas y se primer día de clase.
puso a limpiar los cristales con un pañuelo de papel. —No sé —dijo— si alguno de vosotros tres, que sabéis
La clase estaba callada, observándola y aguardando deletrear la palabra «gato», habéis aprendido a leer
lo que vendría un grupo de palabras que forman una frase.
a continuación. Matilda seguía de pie junto a su —Yo lo sé —dijo Nigel.
pupitre. —Yo también —dijo Lavender.
—Bueno, dime una cosa, Matilda —inquirió la señorita La señorita Honey se dirigió a la pizarra y escribió con
Honey, que seguía limpiando las gafas—. Procura la tiza la frase «Yo ya he aprendido a leer frases
decirme exactamente lo que sucede dentro de tu largas». La había puesto difícil a propósito y sabía que
cabeza cuando tienes que efectuar una había pocos niños de cinco años que fueran
multiplicación como ésa. Evidentemente, tienes que capaces de leerla.
calcularla de alguna forma, pero parece que sabes —Nigel, ¿sabes lo que dice?
la respuesta casi al instante. Fíjate en lo que acabas —Es muy difícil —dijo Nigel.
de decir, catorce multiplicado por diecinueve. — ¿Y tú, Lavender?
—Yo... yo, simplemente, apunto catorce en mi —La primera palabra es «yo» —dijo Lavender.
cabeza y lo multiplico por diecinueve —aclaró — ¿Alguno de vosotros puede leer la frase entera? —
Matilda—. No sé cómo explicarlo de otra forma. preguntó la señorita Honey, aguardando el «sí» que
Siempre me he dicho que si lo hacía una pequeña estaba segura que escucharía de Matilda.
calculadora de bolsillo, por qué no iba a poder —Sí —dijo Matilda.
hacerlo yo. —Adelante —dijo la señorita Honey.
—Claro, claro —asintió la señorita Honey—. El cerebro Matilda leyó la frase sin la menor vacilación.
humano es una cosa asombrosa. —Eso está muy bien —dijo la señorita Honey,
—Yo creo que es mucho mejor que un trozo de metal haciendo la afirmación de su vida—.
—afirmó Matilda—. Una calculadora no es más que ¿Cuánto puedes leer, Matilda?
eso. —Creo que puedo leer la mayoría de las cosas,
—Cierto —dijo la señorita Honey—. De todas formas, señorita Honey —respondió
en esta escuela no se permite tener calculadoras de Matilda—, aunque no siempre entiendo el significado.
bolsillo. La señorita Honey se levantó y salió rápidamente del
La señorita Honey comenzaba a sentir aula, regresando al cabo de treinta segundos con un
estremecimientos. No le cabía la menor duda de que grueso libro. Lo abrió al azar y lo dejó sobre el pupitre
se encontraba ante un cerebro matemático de Matilda.
verdaderamente extraordinario y en su mente —Éste es un libro de poesía humorística —dijo—.
empezaron a revolotear palabras como niña genial y Veamos si eres capaz de leer en voz alta.
niña prodigio. Sabía que esa clase de maravillas Tranquilamente, sin una pausa y a buena velocidad,
surgen en el mundo de vez en cuando, aunque sólo Matilda comenzó a leer:
una o dos veces en un centenar de años. Al fin y al «Un sibarita, cenando en Siso encontró un ratón de
cabo, Mozart sólo tenía cinco años cuando comenzó buen tamaño en su guiso.
a componer piezas para piano, y hay que ver a lo —No grite —el camarero le dijo— ni se lo diga a
que llegó. nadie, pues de fijo los demás querrán también otro en
—No es justo —dijo Lavender—. ¿Cómo puede su plato».
hacerlo ella y nosotros no? Algunos niños captaron el lado humorístico de la rima
y se rieron. La señorita

95
Honey preguntó: —He aprendido sola, señorita Honey.
— ¿Sabes lo que es un sibarita, Matilda? — ¿Y has leído libros tú sola? Me refiero a libros para
—Alguien que es muy exquisito con la comida — niños.
respondió Matilda. —He leído todos los que hay en la biblioteca pública
—Es correcto —dijo la señorita Honey—. ¿Y sabes, por de la calle Mayor, señorita
casualidad, cómo se llama ese tipo de poesía? Honey.
—Se llama quintilla —explicó Matilda—. Ésta es — ¿Te gustaron?
preciosa. Tiene mucha gracia. —Desde luego, me gustaron muchos de ellos —
—Es muy conocida —aclaró la señorita Honey, contestó Matilda—, pero otros los encontré insulsos.
recogiendo el libro y regresando a —Dime uno que te haya gustado.
su mesa frente a la clase—. Una quintilla ingeniosa es —Me gustó El león, la bruja y el armario —dijo
muy difícil de escribir —añadió—. Matilda—. Creo que C. S. Lewis es un escritor muy
Parecen fáciles, pero, desde luego, no lo son. bueno, pero tiene un defecto. En sus libros no hay
—Lo sé —dijo Matilda—. Yo he escrito algunas, pero pasajes cómicos.
las mías no son nada buenas. —En eso tienes razón —dijo la señorita Honey.
—Has escrito algunas, ¿eh? —preguntó la señorita —Tampoco hay pasajes cómicos en los de Tolkien.
Honey, más asombrada que nunca— Bien, Matilda, — ¿Crees que todos los libros para niños deben tener
me encantaría mucho escuchar una de esas quintillas pasajes cómicos? —preguntó la señorita Honey.
que dices que has escrito. ¿Te acuerdas de alguna? —Sí —dijo Matilda—. Los niños no son tan serios como
—Bien —dijo Matilda, dudando—. Ahora mismo, las personas mayores y les gusta reírse.
mientras estábamos sentados he intentado hacer una La señorita Honey estaba sorprendida del sentido
sobre usted, señorita Honey. común de aquella niña tan pequeña.
— ¿Sobre mí? —exclamó la señorita Honey—. Bueno, — ¿Y qué vas a hacer ahora que ya has leído todos
oigámosla, ¿no? los libros para niños? — preguntó.
—No me atrevo a recitarla, señorita Honey. —Estoy leyendo otros libros —aclaró Matilda—. Los
—Recítala, por favor —pidió la señorita Honey—. Te pido prestados en la biblioteca. La señora Phelps es
prometo que no me va a molestar. muy amable conmigo. Me ayuda a elegirlos.
—Creo que sí, señorita Honey, porque he incluido su La señorita Honey estaba apoyada en su mesa de
nombre de pila y por eso no quiero recitarla. trabajo, mirando maravillada a la niña. Había
— ¿Cómo sabes mi nombre de pila? —preguntó la olvidado por completo al resto de la clase.
señorita Honey. — ¿Qué otros libros? —murmuró.
—Antes de entrar oí a otra profesora llamándola — —Me encanta Charles Dickens —dijo Matilda—. Me
respondió Matilda—. La llamó hace reír mucho, especialmente el señor Pickwick.
Jenny. En ese momento sonó el timbre del pasillo indicando
—Insisto en escuchar esa quintilla —dijo la señorita el final de la clase.
Honey, desplegando una de sus raras sonrisas—. 2759 Palabras
Levántate y recítala.
Matilda se puso en pie de mala gana y muy
despacio, y muy nerviosa, recitó su quintilla:
Lo que de Jenny todos tenemos en mente es si
probablemente hay en esta escuela bendita chicas Capitulo 8
de cara tan bonita.
La respuesta a eso es: «¡Ninguna!». La Trunchbull
El rostro pálido y agradable de la señorita Honey
enrojeció. Luego, volvió a sonreír una vez más. Esta A la hora del recreo, la señorita Honey salió de la
vez fue una sonrisa más abierta, una sonrisa de puro clase y se fue derecha al despacho de la directora.
placer. Estaba enormemente emocionada. Acababa de
—Vaya, gracias, Matilda —dijo, aún sonriendo—. conocer a una niña que poseía, o eso le parecía a
Aunque no dice la verdad, me parece una quintilla ella al menos, cualidades extraordinariamente
realmente buena. ¡Oh, Dios mío, tengo que procurar geniales. Aún no había tenido tiempo de averiguar
acordarme de ella! con precisión lo genial que era la niña, pero la
Desde la tercera fila de pupitres, dijo Lavender: señorita
—Es buena. A mí me ha gustado. Honey había visto lo suficiente para darse cuenta de
—También dice la verdad —afirmó un chico llamado que había que hacer algo lo antes posible. Hubiera
Rupert. sido ridículo dejar a una niña como aquélla en la
—Claro que dice la verdad —dijo Nigel. clase inferior.
La clase había comenzado ya a congeniar con la Normalmente, a la señorita Honey le aterrorizaba la
señorita Honey, aunque ella apenas se había fijado directora y procuraba mantenerse alejada de ella,
en ninguno de ellos, a excepción de Matilda. pero en ese momento se sentía dispuesta a
— ¿Quién te ha enseñado a leer, Matilda? — enfrentarse a cualquiera. Llamó con los nudillos a la
preguntó. puerta del temido despacho.

96
— ¡Entre! —tronó la profunda y amenazadora voz de algo malo en la escuela, seguro que la culpable era
la señorita Trunchbull. La señorita Honey entró. su hija. Aún no conozco a esa mocosa, pero cuando
A la mayoría de los directores de escuela los eligen lo haga se va a enterar. Su padre dijo que era una
porque reúnen ciertas cualidades. Comprenden a los verdadera pesadilla.
niños y se preocupan de lo que es mejor para ellos. — ¡Oh, no, señora directora, eso no puede ser cierto!
Son simpáticos, amables y les interesa profundamente —exclamó la señorita Honey.
la educación. La señorita Trunchbull no poseía — ¡Oh, sí, señorita Honey, es condenadamente cierto!
ninguna de estas cualidades y era un misterio cómo Es más, ahora que caigo, apuesto cualquier cosa a
había conseguido su puesto. que fue ella la que echó esta mañana aquí, debajo
Era, sobre todo, una mujerona impresionante. En de mi mesa, una bomba fétida. ¡Esto huele como una
tiempos pasados fue una famosa atleta y, aun ahora, cloaca! ¡Claro que fue ella! ¡La castigaré por eso, ya
se apreciaban claramente sus músculos. Se le lo verá! ¿Qué aspecto tiene? Seguro que parece un
notaban en su cuello de toro, en sus amplias asqueroso gusano. Mire, señorita Honey, a lo largo de
espaldas, en sus gruesos brazos, en sus vigorosas mi dilatada carrera como profesora he aprendido
muñecas y en sus fuertes piernas. Al mirarla, daba la que una niña mala es muchísimo más peligrosa que
impresión de ser una de esas personas que doblan un niño malo. Y lo que resulta más importante, son
barras de hierro y desgarran por la mitad guías bastante más difíciles de dominar. Dominar a una
telefónicas. Su rostro no mostraba nada de bonito ni niña es como tratar de aplastar a una mosca.
de alegre. Tenía una barbilla obstinada, boca cruel y Cuando la golpeas, la maldita ya no está allí. Las
ojos pequeños y altaneros. Y por lo que respecta a su niñas son criaturas repugnantes y malas.
atuendo... era, por no decir otra cosa peor, extraño. Me alegro de no haberlo sido nunca.
Siempre vestía un guardapolvo de algodón marrón, —Pero usted ha tenido que ser alguna vez niña,
ceñido a la cintura por un cinturón ancho de cuero. El señora directora. Seguro que lo ha sido.
cinturón se abrochaba por delante con una enorme —No por mucho tiempo —rugió la señorita Trunchbull,
hebilla de plata. Los macizos muslos que emergían del sonriendo desagradablemente—. Me hice mujer
guardapolvo los llevaba enfundados en unos enseguida.
impresionantes pantalones de montar de color verde «Ha perdido la chaveta», se dijo para sí la señorita
botella, de tela basta de sarga. Los pantalones le Honey. «Está chiflada».
llegaban justo por debajo de las rodillas y, de ahí Permaneció resueltamente ante la directora. Por una
hacia abajo, lucía calcetines verdes con vuelta, que vez no se iba a dejar intimidar.
ponían de manifiesto los músculos de sus pantorrillas. —Debo decirle, señora directora, que si cree usted
Calzaba zapatos de color marrón con lengüetas. En que fue Matilda la que le puso la bomba fétida
suma, parecía más una excéntrica y sanguinaria debajo de la mesa está completamente
aficionada a las monterías que la directora de una equivocada.
bonita escuela para niños. — ¡Yo nunca me equivoco, señorita Honey!
Al entrar la señorita Honey en el despacho, la señorita —Pero, señora directora, la niña llegó a la escuela
Trunchbull estaba junto a su gran mesa de trabajo, esta mañana y fue directamente a clase...
con la impaciencia reflejada en su rostro ceñudo. — ¡No discuta conmigo, por todos los diablos! ¡Esa
—Sí, señorita Honey —dijo—. ¿Qué quiere usted? Esta pequeña bestia de Matilda, o como quiera que se
mañana parece usted muy sofocada y nerviosa. llame, ha echado una bomba fétida en mi
¿Qué le pasa? ¿Le han estado tirando bolitas de despacho! ¡No hay la menor duda de eso! Gracias
papel masticado esos pequeños bicharracos? por sugerírmelo.
—No, señora directora, nada de eso. —Pero si yo no se lo he sugerido, señora directora.
— ¿Qué es entonces? Adelante con ello. Soy una — ¡Claro que sí! Ahora dígame lo que quería, señorita
mujer ocupada —mientras hablaba se sirvió un vaso Honey. ¿Por qué me hace perder el tiempo?
de agua de una jarra que había siempre en su mesa. —Vine para hablarle de Matilda, señora directora.
—Hay una niña en mi clase, que se llama Matilda Tengo que informarle de algo extraordinario sobre esa
Wormwood... —empezó a decir la señorita Honey. niña. ¿Puedo contarle lo que acaba de suceder en
—Es la hija del propietario de Wormwoods Motors — clase?
vociferó la señorita —Supongo que le prendería fuego a su camisa y le
Trunchbull. Casi nunca hablaba con voz normal. O habrá chamuscado las medias — la señorita
vociferaba o gritaba—. Una excelente persona ese Trunchbull bufó.
Wormwood —prosiguió—. Justamente ayer estuve allí. — ¡No, no! Matilda es un genio.
Me vendió un coche. Al pronunciar esta palabra, el rostro de la señorita
Casi nuevo. Sólo tiene diez mil kilómetros. La Trunchbull se tornó rojo y su cuerpo pareció hincharse
propietaria anterior era una señora mayor que sólo lo como el de un sapo.
utilizaba una vez al año como mucho. Una verdadera — ¡Un genio! —gritó—. ¿Qué tonterías está usted
ganga. Sí, me gusta ese diciendo, señora mía? ¡Usted no está bien de la
Wormwood. Un auténtico pilar de nuestra sociedad. cabeza! Su padre me ha dado su palabra de que la
Aunque me dijo que su hija era una mala persona. niña es una gángster.
Que la vigiláramos. Dijo que si alguna vez sucedía —Su padre está equivocado, señora directora.

97
— ¡No sea estúpida, señorita Honey! ¡Usted conoce a
esa pequeña bestia desde hace media hora y su Capitulo 9
familia la ha conocido toda su vida!
Pero la señorita Honey estaba decidida a hablar y Los Padres
empezó a contarle algunas de las sorprendentes
cosas que Matilda había realizado con los números. Cuando la señorita Honey salió del despacho de la
—Así que se ha aprendido algunas tablas de directora, la mayoría de los niños estaban en el patio
memoria, ¿no? —vociferó la señorita de recreo. Lo primero que hizo fue ir a ver a varios
Trunchbull—. Querida mía, eso no la convierte en un profesores del curso superior y pedirles prestados
genio. ¡La convierte en un loro! cierto número de libros de texto de álgebra,
—Pero, señora directora, sabe leer. geometría, francés, literatura inglesa y otras cosas.
—Y yo también —tronó la señorita Trunchbull. Luego buscó a Matilda y la llevó a la clase.
—Opino —dijo la señorita Honey— que habría que —No tiene ningún sentido —dijo— que estés sentada
trasladar inmediatamente a en clase sin hacer nada mientras yo les enseño a los
Matilda de mi clase a la superior, con los de once demás la tabla de multiplicar por dos y a deletrear
años. gato, rata y ratón. Así que durante las clases te dejaré
— ¡Ya! —dijo con un bufido la señorita Trunchbull—. uno de estos libros para que estudies. Al final de la
Así que quiere librarse de ella, ¿no? ¡Para no tener clase me puedes hacer las preguntas que quieras, si
que habérselas con ella! Quiere usted largársela a la tienes alguna, y yo intentaré ayudarte.
desgraciada señorita Plimsoll, de la clase superior, ¿Qué te parece? —dijo la señorita Honey.
donde podría crear aún más caos, ¿no? —Gracias, señorita Honey —respondió Matilda—. Me
— ¡No, no! —exclamó la señorita Honey—. Ése no es el parece estupendo.
motivo en absoluto. —Estoy segura —respondió Honey— de que
— ¡Oh, sí que lo es! —gritó la señorita Trunchbull—. conseguiremos trasladarte más adelante a una clase
Adivino su plan, señora mía. superior, pero, de momento, la directora quiere que
¡Y mi respuesta es no! Matilda se quedará donde está sigas donde estás.
y es obligación suya que se comporte bien. —Muy bien, señorita Honey —dijo Matilda—. Muchas
—Pero, señora directora, por favor... gracias por conseguirme esos libros.
— ¡Ni una palabra más! —gritó la señorita Trunchbull— «Qué niña más agradable», pensó la señorita Honey.
. Y, en cualquier caso, tengo por norma que todos los «No me importa lo que haya dicho su padre de ella;
niños se agrupen por edades, sin reparar en sus parece muy tranquila y es muy amable conmigo. Y
aptitudes. No voy a tener a una bribona de cinco nada engreída a pesar de su talento. La verdad es
años junto a las niñas y los niños mayores en la clase que no parece darse cuenta de ello». Así, pues,
superior. ¡Quién ha oído hablar alguna vez de una cuando se reanudó la clase, Matilda se dirigió a su
cosa así! pupitre y se puso a estudiar en un libro de geometría
La señorita Honey permaneció desolada ante aquella que le había dejado la señorita Honey. La profesora
gigante de cuello rojo. Podría haber dicho muchas no le quitó ojo durante todo el tiempo y observó que
más cosas, pero sabía que sería inútil. la niña no tardaba en quedarse absorta en el libro.
—Está bien —dijo con voz apagada—. Lo que usted No levantó la vista para nada durante toda la clase.
quiera, señora directora. Mientras tanto, la señorita Honey tomaba una
—Puede estar segura de que será como yo quiera — decisión. Tenía que ir y hablar en privado con el
rugió la señorita Trunchbull—. padre y la madre de Matilda lo antes posible. Se
Y no olvide, señora mía, que nos enfrentamos a una negaba a dejar las cosas como estaban. Todo el
pequeña víbora que echó una bomba fétida debajo asunto era ridículo. No podía creer que los padres
de mi mesa... ignoraran totalmente las sobresalientes aptitudes de
— ¡Ella no lo hizo, señora directora! su hija. Después de todo, el señor Wormwood era un
— ¡Claro que lo hizo! —dijo con voz tonante la próspero vendedor de coches, por lo que suponía
señorita Trunchbull—. Y le voy adecir una cosa. Me que tenía que ser un hombre inteligente. En todo
gustaría que me permitieran usar el látigo y el cinto caso, los padres nunca subestimaban el talento de
como se hacía en los viejos tiempos. Le hubiera sus hijos. Muy al contrario. A veces, a un profesor le
calentado el trasero a Matilda de tal forma que no resultaba casi imposible convencer a un padre o una
hubiera podido sentarse en un mes. madre orgullosos de que su amado hijo era un
La señorita Honey se volvió y salió del despacho, completo asno. La señorita Honey confiaba en que
sintiéndose deprimida pero en modo alguno no tendría dificultades para convencer al señor y a la
derrotada. «Tengo que hacer algo por esa niña», se señora Wormwood de que
dijo. «No se qué, pero tengo que encontrar la forma Matilda era algo muy especial. El problema iba a ser
de ayudarla». evitar que se entusiasmaran demasiado.
Las ilusiones de la señorita Honey se iban ampliando.
1506 Palabras Se preguntó si los padres la autorizarían a darle clases
particulares a Matilda después de la escuela. La
perspectiva de preparar a una niña tan brillante

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estimulaba enormemente su instinto profesional de —Una profesora de la escuela. Dice que tiene que
profesora. De pronto, decidió que iría a ver al señor y hablar con nosotros de Matilda
a la señora Wormwood esa misma noche. Iría —se acercó al televisor y quitó el sonido, dejando la
bastante tarde, entre las nueve y las diez, cuando imagen.
estaba segura de que Matilda se encontraría en la — ¡No hagas eso, Harry! —gritó la señora
cama. Wormwood—. ¡Willard está a punto de declararse a
Y eso fue exactamente lo que hizo. Tras conseguir la Angélica!
dirección en los archivos de la escuela, la señorita —Puedes seguir mirando mientras hablamos —dijo el
Honey salió de su casa para dirigirse andando a la de señor Wormwood—. Ésta es la profesora de Matilda.
los Wormwood, poco después de las nueve. Dice que tiene que contarnos una serie de cosas.
Encontró la casa en una calle agradable, en la que —Me llamo Jennifer Honey —se presentó—. ¿Cómo
cada diminuto edificio estaba separado de sus está usted, señora
vecinos por un trozo de jardín. Era una casa moderna, Wormwood?
de ladrillo, que no debía de haber sido barata, y el La señora Wormwood la miró con cara de pocos
nombre de la puerta decía RINCÓN ACOGEDOR. amigos y dijo:
«Cocinera metomentodo [1] hubiera sido mejor», — ¿Qué es lo que pasa?
pensó la señorita Honey. Era aficionada a los juegos Nadie invitó a la señorita Honey a sentarse, por lo que
de palabras como aquél. Subió el sendero y llamó al eligió una silla y se sentó.
timbre y, mientras aguardaba, escuchó la televisión —Hoy ha sido el primer día de clase de su hija.
atronando dentro. —Ya lo sabemos —dijo la señora Wormwood,
Abrió la puerta un hombrecillo de rostro enladada por tener que perderse el programa—. ¿Es
malhumorado y bigotillo esmirriado, que llevaba una eso todo lo que ha venido a decirnos?
chaqueta deportiva de rayas naranjas y rojas. La señorita Honey miró severamente los ojos grises de
— ¿Sí? —preguntó examinando a la señorita Honey—. la otra mujer, hasta que la señora Wormwood se sintió
Si vende usted papeletas para alguna rifa, no quiero incómoda.
ninguna. — ¿Me permiten que les explique para qué he
—No —aclaró la señorita Honey—. Por favor, perdone venido? —preguntó.
que me presente así, sin más. Soy la profesora de —Adelante —dijo la señora Wormwood.
Matilda y es preciso que hable con usted y con su —Ustedes deben saber —comenzó la señorita
esposa. Honey— que los niños del curso inferior de la escuela
—Ya tiene problemas, ¿no? —dijo el señor no suelen saber leer, ni deletrear ni hacer
Wormwood, obstaculizando la entrada—. Bueno, a malabarismos con los números cuando llegan a ella.
partir de ahora es responsabilidad suya. Tendrá que Los niños de cinco años no pueden hacerlo. Pero
ocuparse usted de ella. Matilda hace todo eso. Y si he de creer lo que dice...
—Matilda no tiene ningún problema —explicó la —Yo no lo creería —dijo la señora Wormwood, aún
señorita Honey—. He venido a traerle buenas noticias. furiosa por no tener sonido en el televisor.
Noticias bastante asombrosas, señor Wormwood. — ¿Mentía entonces —preguntó la señorita Honey—
¿Puedo pasar unos minutos y hablar con ustedes de cuando me dijo que nadie la había enseñado a
Matilda? multiplicar y a leer? ¿Alguno de ustedes la ha
—Estamos viendo uno de nuestros programas enseñado?
preferidos —dijo el señor — ¿Enseñado a qué? —preguntó el señor
Wormwood—. Su visita es un poco inoportuna. ¿Por Wormwood.
qué no viene en otra ocasión? —A leer. A leer libros —dijo la señorita Honey—. Puede
La señorita Honey empezó a perder la paciencia. que la hayan enseñado ustedes y que haya mentido
— ¡Señor Wormwood, si cree usted que un ella. Quizá tengan ustedes estanterías llenas de libros
nauseabundo programa de televisión es más por toda la casa. Yo no podía saberlo. Puede que
importante que el futuro de su hija, no debería ser sean ustedes grandes lectores.
padre! ¿Por qué no apaga ese maldito aparato y me —Claro que leemos —asintió el señor Wormwood—.
escuchan? No diga tonterías. Yo leo todas las semanas el
Eso desconcertó al señor Wormwood. No estaba Autocar y el Motor de cabo a rabo.
acostumbrado a que le hablaran de aquella forma. —Esa niña ha leído ya un número asombroso de libros
Miró atentamente a la delgada y frágil mujer que —continuó la señorita
permanecía tan resueltamente en el porche. Honey—. Únicamente quería saber si provenía de una
—Muy bien —aceptó bruscamente—. Entre y familia amante de la buena literatura.
hablaremos de ello. —Nosotros no somos muy aficionados a leer libros —
La señorita Honey entró con paso decidido. replicó el señor
—A la señora Wormwood no le va a hacer gracia — Wormwood—. Uno no puede labrarse un futuro
dijo el hombre, mientras la conducía al cuarto de sentado sobre el trasero y leyendo libros de cuentos.
estar, donde una mujerona rubia platino miraba No tenemos libros en casa.
entusiasmada la pantalla del televisor. —Ya veo —dijo la señorita Honey—. Bien, todo lo que
— ¿Quién es? —preguntó la mujer, sin mirar. quería decirles es que

99
Matilda tiene un talento extraordinario, pero supongo nivel universitario en dos o tres años de enseñanza
que ya lo sabrán ustedes. apropiada.
—Claro que sabíamos que leía —dijo la madre—. Se — ¿Universidad? —gritó el señor Wormwood, dando
pasa la vida en su cuarto enfrascada en algún libro un brinco de su asiento—.
absurdo. ¡Quién quiere ir a la universidad, por Dios! ¡Allí sólo
—Pero ¿no les llama la atención —preguntó la aprenden malas costumbres!
señorita Honey— que una niña de cinco años lea —Eso no es cierto —dijo la señorita Honey—. Si usted
extensas novelas para adultos, de Dickens y sufriera ahora un ataque cardiaco y tuviera que
Hemingway? ¿No les impresiona eso? llamar a un médico, ese médico sería un licenciado
—No especialmente —dijo la madre—. No me gustan universitario. Si a usted le denunciaran por venderle a
las chicas marisabidillas. alguien un coche de segunda mano estropeado,
Una chica debe preocuparse por ser atractiva para usted tendría que buscar un abogado, que también
conseguir luego un buen marido. La belleza es más sería un licenciado. No menosprecie a las personas
importante que los libros, [2] señorita Hunky... inteligentes, señor Wormwood. Pero veo que no nos
—Me llamo Honey —corrigió la señorita Honey. vamos a poner de acuerdo.
—Míreme a mí —dijo la señora Wormwood— y luego Siento haber venido.
mírese usted. Usted prefirió los libros. Yo, la belleza. La señorita Honey se levantó de la silla y salió de la
La señorita Honey miró a la vulgar y regordeta habitación.
persona con cara de torta y pagada de sí misma que El señor Wormwood la siguió hasta la puerta principal
estaba sentada al otro lado de la habitación. y dijo:
— ¿Qué ha dicho usted? —preguntó. —Gracias por haber venido, señorita Hawkes, ¿o es
—He dicho que usted eligió los libros y yo la belleza — señorita Harris?
dijo la señora —Ninguno de los dos —dijo la señorita Honey—, pero
Wormwood—. ¿Y a quién le ha ido mejor? A mí, por da igual —y se fue.
supuesto. Yo vivo cómodamente en una casa 1969 Palabras
preciosa con un próspero hombre de negocios y
usted trabaja como una negra, enseñándole el
abecedario a un montón de niños horribles.
—Muy cierto, ricura —dijo el señor Wormwood,
lanzando a su mujer una mirada tan Capitulo 10
conmovedoramente tierna que hubiera hecho
vomitar a un gato. Lanzamiento De
La señorita Honey pensó que si quería conseguir algo
de aquella gente no debía perder la paciencia. Martillo
—No les he contado todo —dijo—. Matilda, por lo que
Lo curioso de Matilda era que si uno la conocía
he podido advertir hasta ahora, es también una
fortuitamente y hablaba con ella, hubiera pensado
especie de genio matemático. Multiplica
que era una niña de cinco años y medio totalmente
mentalmente cifras complicadas, como el rayo.
normal. Apenas exteriorizaba señal alguna de su
— ¿Para qué sirve eso si uno puede comprarse una
talento y nunca alardeaba de él. «Es una pequeña
calculadora? —preguntó el señor Wormwood.
muy sensible y muy reposada», hubiera pensado uno.
—Una chica no consigue un hombre siendo
Y, a menos que, por alguna razón, discutiera uno con
inteligente —dijo la señora
ella de literatura o matemáticas, no hubiera sabido
Wormwood—. Mire, por ejemplo, a esa actriz —
nunca el alcance de su capacidad intelectual.
añadió, señalando la muda pantalla del televisor, en
Por eso, a Matilda le resultaba fácil entablar amistad
la que un apuesto actor abrazaba a una actriz
con otros niños. Caía bien a todos los de su clase.
pechugona a la luz de la luna—.
Naturalmente, ellos sabían que era «inteligente»,
No creerá usted que lo ha conseguido haciéndole
porque habían sido testigos de las preguntas que le
multiplicaciones, ¿no? Probablemente no.
había hecho la señorita Honey el primer día de curso.
Y ahora él se va a casar con ella, ya lo verá, y va a
Sabían también que se le permitía estar con un libro
vivir en una mansión con un mayordomo y un montón
durante las clases y no prestar atención a la
de criados.
profesora. Pero los niños de su edad no profundizan
La señorita Honey apenas daba crédito a lo que
en busca de razones. Están demasiado pendientes
estaba oyendo. Había oído que había en el pueblo
de sus pequeñas disputas para preocuparse
padres como aquéllos y que sus hijos acababan
demasiado de lo que hacen otros y por qué lo
siendo delincuentes y marginados, pero para ella fue
hacen.
un choque conocer a unos padres así al natural.
Entre los nuevos amigos de Matilda estaba la niña
—El problema de Matilda —dijo, intentándolo una vez
llamada Lavender. Desde el primer día empezaron a
más— es que se encuentra tan por encima de
estar juntas durante el recreo de la mañana y a la
cualquiera de los que están en su entorno, que
hora del almuerzo. Lavender era excepcionalmente
valdría la pena pensar en algún tipo de enseñanza
pequeña para su edad, una niña flacucha de
privada. Creo sinceramente que podría alcanzar el

100
profundos ojos castaños y pelo oscuro, con un —El primer año estuve seis veces —dijo Hortensia—.
flequillo que le caía sobre la frente. A Dos de las veces todo el día, y las otras, dos horas
Matilda le gustaba porque era decidida y aventurera. cada vez. Pero dos horas es demasiado. Está oscuro
A ella le gustaba Matilda por las mismas razones. como boca de lobo y tienes que permanecer de pie,
Antes de que terminara la primera semana del curso, porque si te mueves te clavas los cristales de las
ya circulaban entre los nuevos alumnos paredes o los clavos de la puerta.
impresionantes historias sobre la directora, la señorita ¿Por qué te encerraron allí? —preguntó Matilda—.
Trunchbull. A Matilda y ¿Qué habías hecho?
Lavender, que estaban en una esquina del patio de —La primera vez —dijo Hortensia— volqué medio
recreo el tercer día, se les acercó una robusta chica bote de jarabe en el asiento de la silla donde se iba a
de diez años, con un grano en la nariz, llamada sentar la Trunchbull durante los rezos. Fue fantástico.
Hortensia. Cuando se sentó hubo un ruido como de chapoteo,
—Basura nueva, supongo —dijo Hortensia, mirándolas parecido al que hace un hipopótamo cuando hunde
despectivamente. Llevaba una bolsa gigante de las patas en el barro de las orillas del río Limpopo.
patatas fritas, que comía a puñados—. Bienvenidas al Pero tú eres demasiado pequeña para haber leído
correccional — añadió, escupiendo trozos de patatas Historias, ni más ni menos, ¿no?
por la boca como si fueran copos de nieve. —Lo he leído —dijo Matilda.
Las dos pequeñas, enfrentadas a aquella gigante, —Eres una embustera —dijo Hortensia
guardaron un expectante silencio. amigablemente—. Ni siquiera sabes leer aún. Pero no
— ¿Habéis conocido ya a la Trunchbull? —preguntó importa. Bueno, cuando la Trunchbull se sentó sobre
Hortensia. el jarabe, el ruido fue divino. Y cuando se levantó, la
—La hemos visto durante los rezos —dijo Lavender—, silla se le quedó pegada al fondillo de esos horribles
pero no la conocemos. pantalones verdes que lleva y se le quedó adherida
—Os ha tocado un premio —dijo Hortensia—. Odia a durante unos segundos, hasta que se despegó del
las niñas muy pequeñas. Por eso aborrece el curso espeso jarabe. Se llevó las manos al trasero y se le
infantil y todo lo que se relaciona con él. Cree que los quedaron pringadas.
niños de cinco años son larvas de gusanos —se metió Deberíais haber oído el rugido que soltó.— ¿Cómo
en la boca otro puñado de patatas y, cuando habló, supo que habías sido tú? —preguntó Lavender.
volvió a escupir trozos de ellas—. Si sobrevivís al primer —Se chivó un pequeñajo idiota llamado Ollie
año, os las arreglaréis para vivir el resto del tiempo Bogwhistle —dijo Hortensia—. Le rompí los dientes.
que estéis aquí. Pero muchos no sobreviven. Los ¿Y la Trunchbull te metió en La ratonera durante todo
sacan en camilla, aullando. Lo he visto a menudo. un día? —preguntó Matilda, con un nudo en la
Hortensia hizo una pausa para ver el efecto que garganta.
aquellos comentarios producían en las pequeñajas. —Todo el día —dijo Hortensia—. Cuando me dejó salir
Al parecer, no mucho. Perecían indiferentes. Así, estaba medio loca.
pues, decidió obsequiarlas con más información. Balbuceaba como una imbécil.
—Supongo que sabréis que tiene un armario con — ¿Qué otras cosas hiciste para que la Trunchbull te
candado llamado La ratonera. metiera en La ratonera? — preguntó Lavender.
¿Habéis oído hablar de La ratonera? —Oh, no me acuerdo de todas ahora —dijo
Matilda y Lavender negaron con la cabeza y Hortensia. Hablaba con el aire de un viejo guerrero
siguieron mirando a la grandullona. que ha estado en tantas batallas que el valor es algo
Como eran muy pequeñas, tendían a desconfiar de habitual—. Fue hace mucho tiempo —añadió,
cualquier persona mayor, especialmente de las metiéndose más patatas fritas en la boca—. ¡Ah, sí!
chicas mayores. Me acuerdo de una. Lo que pasó fue esto. Elegí un
—La ratonera —prosiguió Hortensia— es un armario momento en que sabía que la Trunchbull estaba
muy alto pero muy estrecho. fuera, dando clase a los de sexto, y levanté la mano
El suelo sólo tiene setenta centímetros cuadrados, por pidiendo permiso para ir al retrete.
lo que no puedes sentarte en él ni ponerte en Pero, en lugar de ir allí, me metí en el despacho de la
cuclillas. Tienes que estar de pie. Tres de las paredes Trunchbull. Tras una rápida búsqueda, encontré el
son de cemento, con trozos de vidrios incrustados en cajón donde guardaba sus calzones de gimnasia.
ellas, por lo que no puedes apoyarte. Tienes que —Sigue —dijo Matilda, interesada—. ¿Qué pasó
permanecer muy atenta todo el tiempo que estás luego?
encerrada en él. ¡Es terrible! —Yo había escrito para que me mandaran por correo
— ¿No te puedes apoyar contra la puerta? — unos polvos de picapica muy fuertes —dijo
preguntó Matilda. Hortensia—. Cuestan cincuenta peniques el sobre y se
—No seas tonta —dijo Hortensia—. La puerta está llaman Abrasapiel. La etiqueta decía que estaban
repleta de miles de clavos puntiagudos clavados fabricados con polvo de dientes de serpientes
desde fuera, probablemente por la misma Trunchbull. venenosas y se garantizaba que formaban ronchas
— ¿Has estado allí dentro alguna vez? —preguntó en la piel del tamaño de una nuez. Así que los
Lavender. espolvoreé dentro de todos los calzones del cajón y

101
luego los volví a doblar con cuidado —Hortensia hizo encontramos un trabajo secreto para vosotras algún
una pausa para atiborrarse de patatas fritas. día.
— ¿Funcionó? —preguntó Lavender. —Cuéntanos algo más de lo que hace —dijo
—Bueno —dijo Hortensia—, unos días después, Matilda—. Por favor.
durante los rezos, la Trunchbull empezó a rascarse —No debo asustaros antes de que llevéis aquí una
abajo como una loca. «Ajá —me dije—, ya está». Ya semana —dijo Hortensia.
se había cambiado para ir a gimnasia. Era —No nos asustamos —dijo Lavender—. Puede que
maravilloso estar allí sentada, viéndolo todo y seamos pequeñas, pero somos bastante fuertes.
sabiendo que yo era la única persona de toda la —Escuchad esto, entonces —dijo Hortensia—. Ayer
escuela que sabía exactamente lo que estaba mismo, la Trunchbull pilló comiendo bombones de
sucediendo dentro de los calzones de la Trunchbull. licor, durante la clase de escritura, a un chico
Estaba también tranquila. Sabía que no podían llamado Julius
cazarme. Rottwinkle. Sin más, lo cogió por un brazo y lo arrojó
Luego, el picor fue a peor. La Trunchbull no podía por la ventana de la clase. Nuestra clase está en el
estarse quieta. Debió de pensar que tenía un avispero primer piso y vimos a Julius Rottwinkle salir volando por
allí dentro. Entonces, en mitad del padrenuestro, encima del jardín como un disco y caer de golpe en
pegó un brinco, se agarró el trasero y salió de allí medio de las lechugas. Luego, la Trunchbull se volvió
corriendo. a nosotros y dijo: «Desde ahora, al que pille comiendo
Matilda y Lavender estaban cautivadas. No tenían en clase saldrá por la ventana».
duda de que en aquel momento se hallaban en — ¿Se rompió algún hueso Julius Rottwinkle? —
presencia de una maestra. Alguien que había preguntó Lavender.
elevado el arte de la picardía a la cota más alta de —Unos pocos —dijo Hortensia—. No debéis olvidar
la perfección; alguien que, por otra parte, estaba que la Trunchbull fue lanzadora de martillo del equipo
dispuesta a arriesgar alma y vida por seguir su inglés en las Olimpiadas, por lo que está muy
vocación. Miraban admiradas a esa diosa y, de orgullosa de su brazo derecho.
repente, hasta el grano de la nariz se convirtió en — ¿Qué es eso de lanzar el martillo? —preguntó
distintivo de valor en lugar de defecto físico. Lavender.
—Pero ¿cómo te pilló ella esta vez? —preguntó —En realidad —dijo Hortensia—, el martillo es una
Lavender, sin aliento. bala redonda de cañón, sujeta al extremo de un
—No me pilló —dijo Hortensia—, pero, a pesar de eso, trozo de alambre, y el lanzador la hace girar por
pasé un día en La ratonera. encima de su cabeza, cada vez más rápidamente, y
— ¿Por qué? —preguntaron a dúo. luego la suelta. Hay que ser muy fuerte. La Trunchbull
—La Trunchbull —dijo Hortensia— tiene la mala lanza todo lo que encuentra a su alrededor para
costumbre de suponer. Cuando no sabe quién es el mantener su brazo en forma, especialmente niños.
culpable, se lo imagina, y lo malo es que casi siempre — ¡Dios mío! —exclamó Lavender.
acierta. Yo fui la primera sospechosa esta vez por lo —Yo le oí decir una vez —prosiguió Hortensia— que
del asunto del jarabe y, aunque yo sabía que no un chico mayor es del mismo peso que un martillo
tenía ninguna prueba, no me sirvió de nada. Le dije olímpico y que, por tanto, resulta muy útil para
que cómo iba a haberlo hecho yo, si ni siquiera sabía practicar con él.
que tenía calzones de repuesto en la escuela, ni En ese momento sucedió una cosa extraña. El patio
sabía lo que eran los polvos de picapica. «Nunca he de recreo, hasta entonces lleno con los gritos y las
oído hablar de ellos», le dije. Pero de nada me sirvió voces de los niños que jugaban, se quedó de repente
mentir, a pesar del teatro que le eché. Me agarró por en silencio.
una oreja y me arrastró a La ratonera, me metió — ¡Mirad! —susurró Hortensia.
dentro y cerró la puerta. Ésa fue la segunda vez que Matilda y Lavender miraron a su alrededor y vieron la
pasé allí un día entero. Un auténtico martirio. Salí llena gigantesca figura de la señorita Trunchbull
de pinchazos y cortes. caminando por entre los grupos de chicos y chicas
—Es como una guerra —dijo Matilda, impresionada. con zancadas amenazadoras. Los pequeños se
—Tienes razón —dijo Hortensia—. Y las bajas son apartaban apresuradamente para dejarla pasar, y su
terribles. Nosotros somos los cruzados, el valeroso marcha por el asfalto era como la de Moisés por el
ejército que lucha por nuestras vidas sin armas mar Rojo cuando se separaron las aguas.
apenas, y la Resultaba impresionante, con el guardapolvo ceñido
Trunchbull es el Diablo, la Serpiente Maligna, el a la cintura y sus pantalones de montar verdes. Más
Dragón de Fuego, con toda clase de armas a su abajo de las rodillas, los músculos de sus pantorrillas
disposición. Es una vida dura. Tratamos de ayudarnos destacaban bajo las medias como si fueran pomelos.
unos a otros. — ¡Amanda Thripp! —gritó furiosa—. ¡Ven aquí,
—Puedes confiar en nosotras —dijo Lavender, Amanda Thripp!
irguiéndose de forma que su estatura de setenta y — ¡Preparaos! —susurró Hortensia.
cinco centímetros pareció aumentar cinco. — ¿Qué va a pasar? —susurró a su vez Lavender.
—No, no puedo —dijo Hortensia—. Vosotras sois unas —Esa idiota de Amanda —dijo Hortensia— se ha
renacuajas. Pero nunca se sabe. A lo mejor dejado crecer demasiado el pelo durante las

102
vacaciones y su madre le ha hecho unas coletas. Es podía echarle la culpa y, tras cosa de un minuto o así,
una estupidez. se puso en pie y regresó vacilante al patio de recreo.
— ¿Por qué es una estupidez? —preguntó Matilda. La Trunchbull seguía en el patio, frotándose las
—Si algo no soporta la Trunchbull son las coletas —dijo manos.
Hortensia. —No está mal —dijo—, teniendo en cuenta que no
Matilda y Lavender vieron cómo avanzaba la giganta estoy bien entrenada. Nada mal.
de pantalones verdes hacia una niña de unos diez Luego, se marchó.
años que tenía dos coletas rubias que le caían por la —Está loca —dijo Hortensia.
espalda. Cada coleta llevaba anudado en su —Pero ¿no protestan los padres? —preguntó Matilda.
extremo un lazo de raso azul y el conjunto resultaba — ¿Lo harían los tuyos? —respondió Hortensia—. Yo sé
muy bonito. Amanda Thripp, la chica de las coletas, que los míos no. Trata a las madres y a los padres
permanecía quieta, observando la mole que se igual que a los niños y todos le tienen un miedo
aproximaba a ella, y la expresión de su rostro era la espantoso. Ya os veré en otro momento —y dicho
que tendría una persona atrapada en un cercado esto se alejó de ellas.
pequeño con un toro furioso a punto de embestirla. 2641 Palabras
La chica estaba clavada al suelo aterrorizada, con los
ojos asustados, temblando, segura de que había
llegado para ella el día del Juicio Final.
La señorita Trunchbull llegó junto a ella y se plantó
con gesto dominante frente a la niña. Capitulo 11
— ¡Quiero que te quites esas sucias coletas antes de
venir mañana a la escuela! — vociferó—, ¡Córtatelas Bruce Bogtrotter Y La Tarta
y tíralas al cubo de la basura! ¿Entendido?
— ¿Cómo no le hacen nada? —le dijo Lavender a
Amanda, paralizada por el terror, tartamudeó:
Matilda—. Sin duda los niños se lo cuentan a sus
—A mi ma... ma... madre le gustan. Me las ha... hace
padres en casa. Yo estoy segura de que mi padre
todas las mañanas.
armaría un escándalo si le dijera que la directora me
— ¡Tu madre es una imbécil! —bramó la Trunchbull.
ha agarrado por el pelo y me ha lanzado por encima
Extendió un dedo del tamaño de un salchichón hacia
de la cerca del patio.
la cabeza de la niña y gritó—: ¡Pareces una rata con
—No, no lo haría —dijo Matilda—, y te voy a decir por
la cola en la cabeza!
qué. Sencillamente, porque
—Mi... madre cree que me... me van bien, se...
no te creería.
señorita Trunchbull —tartamudeó
—Claro que me creería.
Amanda, temblando como una hoja.
—No —dijo Matilda—. Y la razón está clara. Tu historia
— ¡Me importa un bledo lo que crea tu madre! —gritó
resultaría demasiado ridícula para creerla. Ese es el
la Trunchbull, quien, diciendo esto, se adelantó y
gran secreto de la Trunchbull.
agarró las coletas de Amanda con la mano derecha
— ¿Cuál? —preguntó Lavender.
y la levantó del suelo. Luego, comenzó a hacerla girar
—No hacer nunca nada a medias si quieres salirte
alrededor de su cabeza, cada vez más rápido y
con la tuya. Ser extravagante.
Amanda puso el grito en el cielo, mientras la
Poner toda la carne en el asador. Estoy segura de
Trunchbull gritaba—: ¡Ya te daré yo coletas, rata!
que todo lo que hace es tan completamente
—Recuerdos de las Olimpiadas —murmuró
disparatado que resulta increíble. Ningún padre se
Hortensia—. Ahora está tomando impulso, igual que
creería la historia de las coletas aunque pasara un
con el martillo. Te apuesto diez a uno a que la va a
millón de años. Los míos, desde luego, no. Me
lanzar.
llamarían embustera.
La Trunchbull estaba inclinada hacia atrás, para
—En ese caso —dijo Lavender—, la madre de
compensar el peso de la chica giratoria y, apoyada
Amanda no le va a cortar las coletas.
expertamente en los pies, seguía dando vueltas sobre
—No, claro que no —dijo Matilda—. Será Amanda la
sí. A poco,
que se las corte. Ya lo verás.
Amanda Thripp iba a tanta velocidad que se
— ¿Crees que está loca? —preguntó Lavender.
convirtió en una mancha y, de repente, con un
— ¿Quién?
poderoso gruñido, la Trunchbull soltó las coletas y
—La Trunchbull.
Amanda salió disparada como un cohete hacia
—No, yo no creo que esté loca —dijo Matilda—, pero
arriba, por encima de la cerca metálica del patio de
es muy peligrosa. Estar en esta escuela es como estar
recreo.
con una cobra dentro de una jaula. Hay que tener
— ¡Buen lanzamiento, señor! —gritó alguien al otro
mucho cuidado.
lado del patio, y Matilda,alucinada por toda aquella
Al día siguiente, sin ir más lejos, tuvieron otro ejemplo
locura, vio descender a Amanda, que describió una
de lo peligrosa que podía resultar la directora.
larga y graciosa parábola, en el campo de deportes.
Durante el almuerzo se anunció que, al terminar, se
Cayó sobre la hierba, rebotó tres veces y, al final, se
reunirían todos en el salón de actos.
detuvo. Luego, sorprendentemente, se incorporó.
Cuando los doscientos cincuenta chicos y chicas
Parecía un poco aturdida, algo de lo que nadie
estuvieron sentados en el salón, la

103
Trunchbull se dirigió al estrado. No iba con ningún otro La Trunchbull hizo una pausa para limpiarse un poco
profesor. Llevaba una fusta en la mano derecha. Se de espuma de la boca.
plantó en el centro del estrado, con sus pantalones Cuando volvió a hablar, su voz era repentinamente
verdes y las piernas separadas, mirando airadamente más suave, más tranquila, más amistosa, y se inclinó
al mar de rostros levantados hacia ella. hacia el chico, sonriendo.
— ¿Qué va a pasar? —susurró Lavender. —Te gusta mi tarta especial de chocolate, ¿no,
—No lo sé —contestó Matilda, también susurrando. Bogtrotter? Es buena y deliciosa, ¿no?
Los alumnos aguardaban a ver qué iba a suceder. —Muy buena —murmuró el chico, sin poderlo evitar.
— ¡Bruce Bogtrotter! —vociferó de repente la —Tienes razón —dijo la Trunchbull—. Es muy buena.
Trunchbull—. ¿Dónde está Bruce Por eso creo que deberías felicitar a la cocinera.
Bogtrotter? Cuando un caballero come especialmente bien,
De entre los niños sentados se alzó una mano. felicita al chef. Tú no sabías eso, ¿no, Bogtrotter? Los
— ¡Ven aquí! —gritó la Trunchbull—. ¡Y espabílate! que se mueven en el bajo mundo no se distinguen
Se levantó un chico de once años, alto y regordete y por sus buenas maneras.
se acercó, contoneándose a buen paso. El chico permanecía callado.
— ¡Ponte allí! —ordenó la Trunchbull, señalando el sitio — ¡Cocinera! —llamó la Trunchbull, volviendo la
con un dedo. El chico se quedó a un lado. Parecía cabeza hacia la puerta—. ¡Venga aquí, cocinera!
nervioso. Sabía de sobra que no estaba allí para ¡Bogtrotter quiere decirle lo buena que es su tarta de
recibir un premio. chocolate!
Miraba a la directora con ojos cautelosos y se fue La cocinera, una mujer alta y arrugada, con aspecto
alejando de ella poco a poco, con ligeros de que la hubieran secado hacía tiempo en un
movimientos de los pies, como lo haría una rata de un horno, se acercó al estrado llevando puesto un sucio
perro que estuviera observándola desde el otro delantal blanco. Su entrada había sido claramente
extremo de la habitación. El temor y la aprensión preparada con antelación por la directora.
habían vuelto su cara, regordeta y blandengue, gris. —Vamos, Bogtrotter —bramó la Trunchbull—, dígale a
Llevaba las medias caídas sobre los tobillos. la cocinera lo que piensa de su tarta de chocolate.
— ¡Este cretino —bramó la directora, dirigiendo la —Muy buena —murmuró el chico. Se notaba que
fusta hacia él como si fuera un estoque—, esta empezaba a preguntarse adónde conduciría todo
espinilla, este ántrax asqueroso, esta pústula aquello. Lo único que sabía seguro era que la ley
venenosa que veis ante vosotros, no es más que un prohibía que la
repugnante criminal, un habitante del hampa, un Trunchbull le azotara con la fusta, con la que no
miembro de la cesaba de darse golpecitos en el muslo.
Mafia! Eso era un pequeño consuelo, pero no mucho,
— ¿Quién, yo? —dijo Bruce Bogtrotter, totalmente porque las reacciones de la Trunchbull eran
desconcertado. totalmente imprevisibles. Nunca se sabía lo que iba a
— ¡Un ladrón! —gritó la Trunchbull—. ¡Un timador! ¡Un hacer a continuación.
pirata! ¡Un bribón! ¡Un cuatrero! —Ya lo ve, cocinera —afirmó sarcásticamente la
—Nada de eso —dijo el chico—. Quiero decir que eso Trunchbull—. A Bogtrotter le gusta su tarta. Adora su
no es cierto, señora directora. tarta. ¿Tiene usted más tarta para él?
— ¿Lo niegas, miserable sabandija? ¿No te declaras —Claro que sí —dijo la cocinera. Parecía haberse
culpable? aprendido su papel de memoria.
—No sé qué quiere usted decir —dijo el chico, más —Entonces vaya y tráigala. Y traiga un cuchillo para
desconcertado que nunca. partirla.
— ¡Ya te diré yo lo que quiero decir, ampolla La cocinera desapareció. Regresó casi al instante,
purulenta! —gritó la Trunchbull—. ¡Ayer por la tambaleándose bajo el peso de una enorme tarta
mañana, durante el recreo, te deslizaste como una redonda de chocolate en una fuente de porcelana.
serpiente en la cocina y robaste un trozo de tarta de La tarta tenía fácilmente cuarenta y cinco
chocolate de mi bandeja del té! ¡Esa bandeja había centímetros de diámetro y estaba recubierta de
sido preparada personalmente para mí por la chocolate glaseado.
cocinera! ¡Era mi desayuno! ¡Y por lo que respecta a —Póngala en la mesa —ordenó la Trunchbull.
la tarta, era mía! ¡No era una tarta para niños! ¿Crees, En el centro del estrado había una pequeña mesa
por casualidad, que me voy a comer yo la porquería con una silla a su lado. La cocinera dejó
que os doy a vosotros? ¡Esa tarta estaba hecha con cuidadosamente la tarta en la mesa.
mantequilla y crema de verdad! ¡Y él, ese bandido, —Siéntate, Bogtrotter —dijo la Trunchbull—. Siéntate
ese atracador de caja de caudales, ese salteador de ahí.
caminos, entró allí con los calcetines en los tobillos, la El chico se acercó con precaución a la mesa y se
robó y se la comió! sentó. Contempló la gigantesca tarta.
—Yo no lo hice —exclamó el chico, palideciendo. —Ahí la tienes, Bogtrotter —continuó la Trunchbull,
— ¡No me mientas, Bogtrotter! —gritó la Trunchbull—. con voz de nuevo suave, persuasiva, incluso
¡Te vio la cocinera! ¡Es más, te vio comiéndotela! amable—. Es toda tuya, toda entera. Como te gustó
tanto ese trozo que te comiste ayer, le ordené a la

104
cocinera que hiciera una extraordinariamente ¡Robaste tarta! ¡Ahora ya tienes tarta! ¡Y lo que es
grande sólo para ti. más, te la vas a comer! ¡No vas a abandonar este
—Bien, muchas gracias —dijo el chico, estrado y nadie se va a marchar de este salón hasta
completamente perplejo. que te hayas comido toda la tarta que tienes delante
—Dale las gracias a la cocinera, no a mí —indicó la de ti! ¿He hablado claro, Bogtrotter?
Trunchbull. ¿Entiendes lo que quiero decir?
Gracias, cocinera —repitió el chico. El chico miró a la Trunchbull. Luego bajó la vista a la
La cocinera permanecía allí como un cordón seco, enorme tarta.
callada, implacable, desaprobadora. — ¡Come! ¡Come! ¡Come! —gritó la Trunchbull.
Parecía que tuviera la boca llena de zumo de limón. El chico cortó muy lentamente otro trozo de tarta y
—Adelante, pues —dijo la Trunchbull—. ¿Por qué no comenzó a comérselo.
cortas un buen trozo y te lo comes? Matilda estaba fascinada.
— ¿Qué? ¿Ahora? —preguntó el chico, — ¿Crees que lo hará? —preguntó en voz baja a
cautelosamente. Sabía que había alguna trampa en Lavender.
algún sitio, pero no sabía dónde—. ¿No podría —No —le respondió Lavender—. Es imposible. Estará
llevármela a casa? enfermo antes de llegar a la mitad.
—Eso sería una descortesía —dijo la Trunchbull El chico seguía en lo suyo. Cuando hubo terminado el
sonriendo retorcidamente—. segundo trozo, miró dubitativo a la Trunchbull.
Tienes que demostrarle a la cocinera lo que le — ¡Come! —gritó ella—. ¡Los ladronzuelos glotones a
agradeces las molestias que se ha tomado. los que les gusta comer tarta deben tener tarta!
El chico no se movió. ¡Come más rápido, muchacho! ¡Come más rápido!
—Venga, hazlo —ordenó la Trunchbull—. Corta un ¡No queremos estar aquí todo el día! ¡Y no pares
trozo y pruébalo. No disponemos de todo el día. como estás haciendo ahora! ¡La primera vez que te
El chico agarró el cuchillo y estaba a punto de pares antes de terminarla, irás derecho a La ratonera,
hundirlo en la tarta cuando se detuvo. cerraré la puerta y tiraré la llave a la alcantarilla!
Contempló la tarta. Luego miró a la Trunchbull y, a El chico cortó un tercer trozo y comenzó a comérselo.
continuación, a la experta cocinera de rostro Terminó éste antes que los otros dos y, al acabar,
avinagrado. Los niños del salón contemplaban la cogió inmediatamente el cuchillo y cortó otro trozo.
escena nerviosamente, esperando que sucediera De forma extraña, parecía ir cogiendo el ritmo.
algo. Estaban seguros de que tenía que suceder. La Matilda, que observaba atentamente la escena, no
Trunchbull no era una persona que le diera a alguien apreció aún signos de angustia en el chico. Si acaso,
una tarta de chocolate para que se la comiera, sólo parecía ir adquiriendo confianza mientras proseguía.
por amabilidad. Muchos pensaban que debía estar —Lo está haciendo bien —murmuró Matilda.
rellena de pimiento picante, o aceite de ricino, o —Pronto estará enfermo —susurró a su vez Lavender—
cualquier otra sustancia de sabor desagradable que . Va a ser horrible.
hubiera hecho vomitar violentamente al chico. Podría Cuando se hubo comido la mitad de la enorme tarta,
ser, incluso, arsénico, y hubiera muerto en el plazo de Bruce Bogtrotter se detuvo un par de segundos e hizo
diez segundos. O quizá se tratara de una tarta— varias inspiraciones profundas. La Trunchbull
bomba y explotara en el momento de partirla, permanecía en pie, con las manos en las caderas,
haciendo volar a Bruce Bogtrotter. En la escuela, mirándole airadamente.
nadie dudaba de que la Trunchbull era capaz de — ¡Sigue! —gritó—. ¡Acábatela!
hacer cualquiera de esas cosas. De repente, el chico dejó escapar un tremendo
—No me apetece comerla —dijo el chico. eructo que resonó en el salón de actos como un
—Pruébala, mocoso —exigió la Trunchbull—. Estás trueno. Muchos de los espectadores se rieron.
ofendiendo a la cocinera. — ¡Silencio! —gritó la Trunchbull.
El chico comenzó a partir un trozo pequeño de la El chico cortó otro grueso trozo y comenzó a
enorme tarta. Separó el trozo. comérselo rápidamente. Aún no mostraba signos de
Dejo el cuchillo y cogió con los dedos el trozo decaimiento o de querer abandonar. Realmente no
pegajoso y comenzó a comérselo muy lentamente. parecía que estuviera a punto de detenerse y gritar:
—Está buena, ¿no? —preguntó la Trunchbull. «¡No puedo, no puedo comer más! ¡Me voy a poner
—Muy buena —dijo el chico, saboreando y tragando. enfermo!». Aún seguía en combate.
Se terminó el trozo. Se estaba produciendo un sutil cambio en los
—Toma otro —dijo la Trunchbull. doscientos cincuenta niños que presenciaban la
—Es bastante, gracias —murmuró el chico. escena. Hasta entonces habían previsto un inevitable
—He dicho que tomes otro —ordenó la Trunchbull, desastre. Se habían preparado para una escena
con tono totalmente brusco ahora—. ¡Cómete otro desagradable, en la que el desdichado chico,
trozo! ¡Haz lo que te digo! atiborrado de tarta de chocolate, tendría que
—No me apetece otro trozo —se quejó el chico. rendirse y suplicar perdón y, entonces, verían a la
De pronto, explotó la Trunchbull: triunfante
— ¡Come! —gritó, golpeándose el muslo con la Trunchbull obligando al jadeante muchacho a
fusta—. ¡Si te digo que comas, come! ¡Querías tarta! engullir más trozos de tarta.

105
Nada de eso. Bruce Bogtrotter se había tomado ya
tres cuartas partes y aún seguía bien. Podría pensarse Capitulo 12
que casi estaba empezando a disfrutar. Tenía que
escalar una montaña Lavender
y estaba decidido a alcanzar la cima o a morir en el
A mitad de la primera semana del primer curso de
empeño. Es más, se había dado cuenta de los
Matilda, la señorita Honey dijo a sus alumnos:
espectadores y de que, silenciosamente, todos
—Tengo noticias importantes para vosotros, así que
estaban de su parte. Aquello era nada menos que
escuchad atentamente. Tú también, Matilda. Deja
una batalla entre él y la todopoderosa Trunchbull.
ese libro un momento y atiende.
De pronto, alguien gritó:
Se alzaron rostros expectantes y prestaron atención.
— ¡Vamos, Brucie! ¡Lo puedes conseguir!
—La directora tiene por costumbre —prosiguió
La Trunchbull se volvió y rugió:
diciendo la señorita Honey—, hacerse cargo de la
— ¡Silencio!
clase un rato todas las semanas. Esto lo realiza con
El auditorio observaba atentamente. Estaba
todas las clases de la escuela y cada clase tiene
cautivado por la contienda. Deseaban empezar a
fijado un día y una hora. A la nuestra le corresponde
animar, pero no se atrevían.
los jueves a las dos de la tarde, inmediatamente
—Creo que lo va a conseguir —susurró Matilda.
después del almuerzo. Así, pues, mañana a las dos en
—Yo también lo creo —respondió en voz baja
punto, la señorita Trunchbull me sustituirá durante una
Lavender—. Nunca hubiera creído que alguien
clase. Yo, naturalmente, estaré también aquí, pero
pudiera comerse una tarta de ese tamaño.
sólo como testigo mudo. ¿Lo habéis entendido?
—La Trunchbull tampoco se lo cree —susurró
—Sí, señorita Honey —respondieron a coro.
Matilda—. Mírala. Se está volviendo cada vez más
—Un aviso para todos —dijo la señorita Honey—. La
roja. Si vence él, lo va a matar.
directora es muy estricta.
El chico iba más despacio ahora. No había duda de
Procurad que vuestras ropas, caras y manos estén
ello. Pero seguía comiendo tarta, con la tenaz
limpias. Hablad sólo cuando se os hable.
perseverancia del corredor de fondo que ha avistado
Cuando os pregunte algo, poneos inmediatamente
la meta y sabe que tiene que seguir corriendo.
de pie antes de contestar. No discutáis nunca con
Cuando engulló el último bocado, estalló un
ella ni le llevéis la contraria. Tampoco tratéis de ser
tremendo clamor en el auditorio y los niños
graciosos. Si lo hacéis, haréis que se enfade y,
empezaron a dar saltos de alegría y a vitorear,
cuando la directora se enfada, es mejor ponerse en
aplaudir y gritar:
guardia.
— ¡Bien hecho, Brucie! ¡Muy bien, Brucie! ¡Has ganado
—Y que lo diga —murmuró Lavender.
una medalla de oro,
—Estoy segura —dijo la señorita Honey— de que os
Brucie!
preguntará sobre lo que habéis aprendido esta
La Trunchbull permanecía totalmente inmóvil en el
semana, que es la tabla de multiplicar por dos. Así
estrado. Su rostro de caballo había adquirido el color
que os aviso seriamente de que os la empolléis esta
de la lava fundida y sus ojos fulguraban de rabia. Miró
noche cuando vayáis a casa. Repasadla con vuestra
a Bruce
madre o vuestro padre.
Bogtrotter, que seguía sentado en su silla como un
— ¿Qué más nos preguntará? —preguntó alguien.
enorme gusano ahíto, repleto, comatoso, incapaz de
—Os hará deletrear —dijo la señorita Honey—.
moverse o de hablar. Una delgada capa de sudor
Procurad recordar todo lo que habéis aprendido
adornaba su frente, pero en su rostro se reflejaba una
estos días. Y una cosa más. Cuando viene la
sonrisa de triunfo.
directora, tiene que haber en la mesa una jarra de
De repente, la Trunchbull se acercó y cogió la fuente
agua y un vaso. Nunca da una clase sin eso. ¿Quién
de porcelana vacía que había contenido la tarta. La
se va a ocupar de ello?
levantó todo lo que pudo y la dejó caer de golpe en
—Yo —dijo Lavender al instante.
todo lo alto de la cabeza del desdichado.
—Muy bien, Lavender —dijo la señorita Honey—. Tu
Bruce Bogtrotter y sus trozos se desparramaron por el
trabajo consistirá en ir a la cocina, coger la jarra y
suelo del estrado.
llenarla de agua y, luego, dejarla sobre la mesa junto
El chico estaba tan atiborrado de tarta, que era casi
con un vaso vacío limpio, poco antes de que
como un saco de cemento húmedo y no le hubiera
empiece la clase.
hecho daño ni un mazo de hierro.
— ¿Y si no hay ninguna jarra en la cocina? —
Se limitó a mover la cabeza unas cuantas veces y
preguntó Lavender.
siguió sonriendo.
—En la cocina hay una docena de jarras y vasos para
— ¡Vete al diablo! —dijo airadamente la Trunchbull, y
la directora —dijo la señorita
se marchó del estrado, seguida de cerca por la
Honey—. Se utilizan en toda la escuela.
cocinera.
—No lo olvidaré —dijo Lavender—, se lo aseguro.
2476 Palabras La mente intrigante de Lavender estaba dándole
vueltas a las posibilidades que le ofrecía aquella
tarea de la jarra de agua. Anhelaba poder hacer
algo heroico. Admiraba enormemente a Hortensia

106
por las valientes proezas que había realizado en la Al día siguiente llevó su arma secreta a la escuela en
escuela. la mochila. Temblaba de emoción. Deseaba contarle
Admiraba también a Matilda, que le había contado, a Matilda su plan de batalla.
con la promesa de no decir nada, el asunto del loro, La verdad es que le hubiera gustado contárselo a
así como el cambio de tónico capilar, con el que toda la clase. Pero, por último, decidió no decírselo a
había aclarado el pelo de su padre. Ahora era su nadie. Así sería mejor porque, aunque torturaran a
turno de convertirse en heroína, siempre que se le alguien ferozmente, no podría echarle la culpa a ella.
ocurriera un plan brillante. Llegó la hora del almuerzo. Ese día pusieron el plato
Esa tarde, en el trayecto de la escuela a su casa, preferido de Lavender, salchichas y alubias estofadas,
comenzó a barajar las distintas posibilidades y, pero apenas pudo comer.
cuando por fin se le ocurrió el germen de lo que — ¿Te encuentras bien, Lavender? —le preguntó la
podía ser una gran idea, empezó a darle vueltas y señorita Honey desde la cabecera de la mesa.
trazó sus planes con el mismo cuidado que puso el —He desayunado mucho —respondió Lavender— y
duque de no puedo comer nada.
Wellington antes de la batalla de Waterloo. Cierto es Inmediatamente después del almuerzo, se dirigió a la
que el enemigo no era en este caso cocina y buscó una de las famosas jarras de la
Napoleón, pero no había nadie en la escuela que Trunchbull. Era grande y ventruda, de loza esmaltada
admitiera que la directora era un adversario menos de azul. La llenó de agua hasta la mitad y la llevó,
temible que el famoso general francés. Lavender se junto con un vaso, a la clase, donde la colocó sobre
dijo que tendría que realizarlo con gran habilidad y la mesa de la profesora. La clase estaba aún desierta.
guardar el secreto si quería salir con vida de aquella Rápida como un rayo, sacó el estuche de la mochila
empresa. y abrió la tapa un poquito. La salamandra estaba
Al fondo del jardín de la casa de Lavender había una bastante tranquila. Situó el estuche con cuidado
charca fangosa en la que vivía una colonia de encima del cuello de la jarra, corrió del todo la tapa y
salamandras acuáticas. Estos animales, aunque muy volcó la salamandra dentro de la jarra. Se escuchó un
corrientes en las charcas y lagunas inglesas, no son chapuzón al caer al agua y se agitó unos segundos
muy conocidos por la gente normal, pues son tímidos antes de quedarse quieta. Luego, para que la
y prefieren la oscuridad. La salamandra acuática es salamandra se encontrara más en su elemento, volcó
un animal horrendo, increíblemente feo, parecido a dentro de la jarra las plantitas que había colocado en
una cría de cocodrilo, sólo que con la cabeza más el estuche.
corta. Aunque no lo parece, es inofensivo. Mide unos La hazaña ya estaba hecha. Todo estaba listo.
quince centímetros de largo y es viscoso, con la piel Lavender metió sus lápices en el estuche, que estaba
de color gris verdoso por arriba y anaranjado en el algo húmedo, y lo dejó en su sitio habitual, en su
vientre. Es, en realidad, un anfibio, que puede vivir pupitre. Luego, salió de la clase y se reunió con los
tanto dentro como fuera del agua. demás en el patio de recreo hasta que llegó la hora
Esa tarde, Lavender se dirigió al jardín, decidida a de empezar la clase.
cazar una salamandra. Son animales que se mueven 1244 Palabras
velozmente y, por tanto, difíciles de capturar. Estuvo
sentada un buen rato en la orilla, aguardando a ver
una grande. Luego, sumergiendo con rapidez el
sombrero del colegio, a modo de red, capturó una.
Había rellenado su estuche con plantitas de la
Capitulo 13
charca para colocar en él la salamandra, pero El Examen Semanal
descubrió que no era fácil sacar el animal del
sombrero y meterlo allí. Se retorcía y se le escurría A las dos en punto se reunió la clase, incluida la
entre las manos como el mercurio y, aparte de eso, señorita Honey, que vio que la jarra de agua y el vaso
entraba muy justa en el estuche. Cuando por fin logró estaban en su sitio. Se situó al fondo de la clase. Todos
meterla, tuvo que tener cuidado para no pillarle la aguardaban. De pronto, hizo su entrada con aire
cola al correr la tapa. Un chico vecino de ella, marcial la gigantesca figura de la directora, con su
llamado Rupert Entwistle, le había dicho que si se le guardapolvo ceñido a la cintura y sus pantalones
cortaba la cola a una salamandra, la cola seguía verdes.
viva y se acababa transformando en otra —Buenas tardes, niños —dijo con voz potente.
salamandra diez veces mayor que la primera. Podía —Buenas tardes, señorita Trunchbull —respondieron
llegar a ser del tamaño de un caimán. Lavender no los niños a coro.
creía eso en absoluto, pero no quería correr el riesgo La directora se situó frente a los alumnos, con las
de que lo fuera. piernas abiertas y las manos en las caderas, mirando
Finalmente, se las arregló para correr la tapa y la desabridamente a los pequeños que permanecían
salamandra fue suya. Luego, abrió un poquito la tapa sentados, nerviosos, en sus pupitres.
para que el animal pudiera respirar. —No es un espectáculo muy bonito —dijo. Su
expresión era de profundo disgusto, como si estuviera
contemplando la inmundicia que hubiera podido

107
dejar un perro en el suelo—. ¡Sois un puñado de —Hemos comido alubias para almorzar, señorita
nauseabundas verrugas! Trunchbull.
Todos tuvieron el buen sentido de permanecer — ¿Y normalmente te echas el almuerzo en la
callados. camisa, Nigel? ¿Es eso lo que te ha enseñado ese
—Me da náuseas pensar —prosiguió— que, durante médico tan famoso que tienes por padre?
los próximos seis años, voy a tener que ocuparme de —Las alubias son difíciles de comer, señorita
un hatajo de inútiles como vosotros. Ya veo que Trunchbull. Se me caen del tenedor.
tendré que expulsar lo antes posible a muchos de — ¡Eres asqueroso! —rugió la Trunchbull—. ¡Eres una
vosotros para no volverme loca —hizo una pausa y fábrica andante de gérmenes! ¡No quiero verte más
resopló varias veces. Producía un sonido curioso. Era hoy! ¡Vete al rincón y ponte de cara a la pared,
el mismo que puede escucharse en una cuadra apoyado en una pierna!
cuando se da de comer a los caballos—. Supongo — —Pero, señorita Trunchbull...
prosiguió— que vuestras madres y vuestros padres os — ¡No discutas conmigo, muchacho, o tendrás que
dirán que sois maravillosos. Pues bien, yo estoy aquí ponerte boca abajo! ¡Haz lo que te digo!
para deciros lo contrario, y haríais bien en creerme. Nigel obedeció.
¡Poneos de pie! —Quédate así mientras compruebo cómo deletreas,
Todos se incorporaron rápidamente. para ver si has aprendido algo esta semana. No
—Ahora, extended las manos. Cuando yo pase vuelvas tu desagradable cara de la pared. Ahora,
delante de vosotros, quiero que las volváis para ver si deletrea la palabra «herrar».
están limpias por ambos lados. — ¿A qué se refiere? —preguntó Nigel—. ¿A lo que se
La Trunchbull inició un lento recorrido por entre las filas hace a los caballos o a equivocarse? —resulta que
de pupitres, inspeccionando manos. Todo fue bien era un niño inusualmente despierto y su madre había
hasta que llegó a un niño de la segunda fila. trabajado duramente con él en su casa deletreando
— ¿Cómo te llamas? —le preguntó con voz potente. y leyendo.
—Nigel —respondió el niño. — ¡Lo de los caballos, estúpido!
— ¿Nigel, qué? Nigel deletreó la palabra correctamente, lo que
—Nigel Hicks —dijo el niño. sorprendió a la Trunchbull, que pensaba que le había
— ¿Nigel Hicks, qué? —vociferó la Trunchbull. Lo dijo propuesto una palabra con truco que seguramente
con voz tan potente que casi hizo volar al pequeño no habría aprendido aún, lo que le sentó muy mal.
por la ventana. Nigel, haciendo equilibrios sobre una pierna y, de
—Eso es todo —dijo Nigel—, a menos que quiera cara a la pared, dijo:
también mi segundo apellido — era un pequeñajo —La señorita Honey nos enseñó ayer una palabra
valiente y se notaba que procuraba no dejarse muy difícil.
amedrentar por el monstruo que se inclinaba sobre él. — ¿Y qué palabra es ésa? —preguntó amablemente
— ¡No quiero tu segundo apellido, imbécil! —vociferó la Trunchbull. Cuanto más amable era su tono de voz,
el monstruo—. ¿Cómo me llamo yo? mayor era el peligro, pero Nigel no tenía por qué
—Señorita Trunchbull —dijo Nigel. saberlo.
— ¡Entonces úsalo cuando te dirijas a mí! Ahora, —«Dificultad» —respondió Nigel—. Ahora todos
intentémoslo de nuevo. ¿Cómo te llamas? sabemos deletrear «dificultad».
—Nigel Hicks, señorita Trunchbull —respondió Nigel. — ¡Qué tonterías! —dijo la Trunchbull—. No está
—Así está mejor —dijo la señorita Trunchbull—. Tus previsto que aprendáis palabras largas hasta que
manos están sucias, Nigel. tengáis ocho o nueve años. Y no me digas que en
¿Cuándo te las has lavado por última vez? esta clase sabéis deletrear esa palabra. ¡Me estás
—Bueno, no sé, déjeme pensar —dijo Nigel—. Es difícil mintiendo, Nigel!
recordarlo exactamente. —Pregúntele a cualquiera —dijo Nigel, corriendo un
Puede que fuese ayer, o, quizá, anteayer. tremendo riesgo.
El cuerpo y el rostro de la Trunchbull dieron la Los relucientes y peligrosos ojos de la Trunchbull
impresión de que los hinchaban con una bomba de recorrieron la clase.
bicicleta. — ¡Tú! —dijo, señalando a una niña diminuta y
— ¡Lo sabía! —rugió—. ¡En cuanto te eché el ojo bastante boba llamada Prudence.
encima supe que no eras más que un trozo de Para su sorpresa, Prudence la deletreó muy bien, sin la
inmundicia! ¿Qué es tu padre? ¿Se dedica a limpiar menor vacilación.
cloacas? La Trunchbull se quedó verdaderamente sorprendida.
—Es médico —dijo Nigel—. Y bastante bueno. Dice — ¡Hum! —gruñó—. Supongo que la señorita Honey
que, como de todas formas estamos llenos de consumiría toda una clase para enseñaros esa sola
bacterias, un poco más de suciedad no mata a palabra.
nadie. — ¡Oh, no! —exclamó Nigel—. La señorita Honey nos
—Me alegro de que no sea mi médico —dijo la la enseñó en tres minutos de una forma que no se
Trunchbull—. ¿Y por qué hay, si puede saberse, una olvida. Nos enseña así muchas palabras.
alubia en tu camisa? — ¿Y en qué consiste ese método mágico, señorita
Honey? —preguntó la directora.

108
—Yo se lo explicaré —dijo el arriesgado Nigel, Desde el fondo de la clase, la señorita Honey
saliendo en ayuda de la señorita exclamó:
Honey—. ¿Puedo bajar este pie y volverme para — ¡Señorita Trunchbull, por favor! ¡Suéltele! ¡Le está
explicárselo? haciendo daño! ¡Puede arrancarle el pelo!
— ¡Nada de eso! —tronó la Trunchbull—. ¡Quédate — ¡Bien podría, si no deja de forcejear! —contestó
como estás y explícamelo! desabridamente la Trunchbull—
—Está bien —dijo Nigel, vacilando peligrosamente . ¡Estate quieto, gusano retorcido!
sobre la pierna—. La señorita Era, en verdad, un sorprendente espectáculo ver
Honey nos enseña una canción corta referente a aquella gigantesca directora sujetando en el aire al
cada palabra y la cantamos todos juntos y así niño que giraba y se retorcía como alguien
aprendemos enseguida. ¿Quiere escuchar la canción suspendido del extremo de una cuerda, gritando a
sobre «dificultad»? voz en cuello.
—Me fascinaría —dijo la Trunchbull en tono — ¡Dilo! —rugió la Trunchbull—. ¡Di «dos por siete son
sarcástico. catorce»! ¡Date prisa o empezaré a subirte y a bajarte
—Es así —dijo Nigel. y así te arrancaré el pelo y tendremos bastante para
La señora D, la señora I, la señora FI, la señora C, la rellenar un sofá! ¡Venga, chico! ¡Di «dos por siete son
señora U, la señora L y la señora TAD. catorce» y te soltaré!
— ¡Qué ridiculez! —bufó la Trunchbull—. ¿Por qué —Do... dos por si... siete son ca... catorce —dijo,
están casadas todas esas mujeres? Además, cuando jadeando, Rupert, tras lo cual la
se está aprendiendo a deletrear no se debe enseñar Trunchbull, haciendo honor a su palabra, abrió la
poesía. mano y literalmente lo soltó. Estaba a bastante altura
Suprímalo en el futuro, señorita Honey. y cayó a plomo sobre el suelo, donde rebotó como
—Pero así les enseño algunas de las palabras más un balón de fútbol.
difíciles —dijo la señorita Honey. —Levántate y deja de lloriquear —dijo la Trunchbull.
— ¡No discuta conmigo, señorita Honey! —tronó con Rupert se levantó y regresó a su pupitre, frotándose el
voz potente la directora—. cuero cabelludo con ambas manos. La Trunchbull
¡Haga lo que le digo! Voy a probar ahora con las volvió a situarse frente a la clase. Los niños
tablas de multiplicar, para ver si la señorita Honey os permanecían en sus sitios como hipnotizados.
ha enseñado algo de eso —la Trunchbull había Ninguno de ellos había presenciado algo así antes.
regresado a su sitio, frente a los alumnos, y su Era una auténtica diversión. Era mejor que una
diabólica mirada recorría lentamente las filas de pantomima, sólo que con una gran diferencia. En esa
pequeños pupitres—. ¡Tú! —rugió, señalando a un habitación había una enorme bomba humana frente
niño llamado Rupert que se sentaba en la primera a ellos, a punto de explotar en cualquier momento y
fila—. ¿Cuántas son dos por siete? reducir a trozos a cualquiera de los chicos. Los ojos de
—Dieciséis —contestó sin pensárselo Rupert. los niños estaban fijos en la directora.
La Trunchbull avanzó lenta y silenciosamente hacia —No me gusta la gente pequeña —dijo ésta—. Nadie
Rupert, al igual que una tigresa acechando a un debería ser pequeño.
cervatillo. Rupert captó al instante la señal de peligro Deberían ocultarlos de la vista y guardarlos en cajas,
y gritó precipitadamente—: ¡Son dieciocho! ¡Dos por como las pinzas del pelo y los botones. Nunca pude
siete son dieciocho, no dieciséis! explicarme por qué tardan tanto los niños en crecer.
— ¡Ignorante babosa! —Vociferó la Trunchbull—. Creo que lo hacen a propósito.
¡Asno estúpido! ¡Cabeza de chorlito! —mientras tanto, Otro chico valiente de la primera fila dijo:
se había situado justamente detrás de Rupert y, de —Pero, seguramente, usted habrá sido pequeña
repente, extendió una mano del tamaño de una alguna vez, ¿no, señorita
raqueta de tenis y agarró el pelo de Rupert. Éste tenía Trunchbull?
una hermosa cabellera rubia. Su madre creía que era — ¡Yo nunca he sido pequeña! —rugió—. ¡Toda mi
bonita y le gustaba dejarla crecer más de lo normal. vida he sido grande y no entiendo por qué no
La Trunchbull sentía el mismo odio por el pelo largo de pueden serlo otros también!
los chicos que por las trenzas y las coletas de las —Pero usted debió de empezar siendo un bebé —dijo
chicas y estaba a punto de demostrarlo. Agarró de el niño.
un puñado las largas melenas de Rupert con su mano — ¿Yo? ¿Un bebé? —gritó la Trunchbull—. ¿Cómo te
gigante y, alzando su musculoso brazo derecho, atreves a suponer una cosa así? ¡Qué frescura! ¡Qué
levantó al desdichado niño por encima de su asiento insolencia! ¿Cómo te llamas, chico? ¡Y ponte de pie
y lo sostuvo en alto. cuando me hables!
Rupert lanzó un alarido. Se retorció y contorsionó, El chico se puso en pie.
dando patadas en el aire y chillando como un cerdo —Me llamo Erick Ink, señorita Trunchbull —dijo.
al que están degollando, mientras la señorita — ¿Eric, qué? —gritó la Trunchbull.
Trunchbull gritaba: —Ink —dijo el chico.
— ¡Dos por siete son catorce! ¡Dos por siete son — ¡No seas animal! ¡Ese apellido no existe! [3]
catorce! ¡No te voy a soltar hasta que lo digas! —Mire en la guía telefónica —dijo Eric—. Allí
encontrará el apellido de mi padre.

109
—Está bien —dijo la Trunchbull—. Puede que te — ¡«Que» se deletrea Q... U... E! —gritó.
apellides Ink, jovencito, pero deja que te diga algo. Tú Sujetándolo aún por las orejas, la Trunchbull lo bajó y
no eres indeleble. Si tratas de dártelas de listo lo dejó en su asiento. Luego, se dirigió marcialmente
conmigo, te borro enseguida. Deletrea «que». al frente de la clase, sacudiéndose las manos como si
—No entiendo —dijo Eric—. ¿Qué quiere que hubiera estado manejando algo sucio.
deletree? —Ésa es la forma de enseñarles, señorita Honey —
— ¡Que deletrees «que», idiota! ¡Deletrea la palabra dijo—. No basta decírselo, hágame caso. Hay que
«que»! metérselo en la cabeza. No hay nada como unos
—Q... E —dijo Eric, contestando demasiado tirones y unos pescozones para que recuerden las
rápidamente. cosas. Eso hace que sus mentes se concentren
Hubo un peligroso silencio. maravillosamente bien.
—Te daré una oportunidad más —dijo la Trunchbull sin —Podría producirles lesiones permanentes, señorita
moverse. Trunchbull —dijo la señorita
— ¡Ah, sí, ya lo sé! —dijo Eric—. Es con K. K... E. Es fácil. Honey.
En dos zancadas, la Trunchbull se colocó detrás del —Seguro que lo he hecho, seguro —respondió la
pupitre de Eric y se quedó allí, como un poste Trunchbull sonriendo—. Las orejas de Eric han debido
amenazador cerniéndose sobre el infeliz. Eric miró de alargarse bastante en los dos últimos minutos.
temerosamente hacia atrás, por encima del hombro, Ahora serán mayores que antes. No hay nada malo
al monstruo. en eso, señorita Honey. Durante el resto de su vida
—Lo he dicho bien, ¿no? tendrá un divertido aspecto de gnomo.
— ¡Lo has dicho mal! —rugió la Trunchbull—. La —Pero, señorita Trunchbull...
verdad es que eres como esa odiosa picadura de — ¡Oh, cállese ya, señorita Honey! Es usted tan tonta
viruela que siempre está mal. ¡Te sientas mal! ¡Tu como cualquiera de ellos. Si no lo soporta usted,
aspecto es horrible! búsquese trabajo en alguna blandengue escuela
¡Hablas fatal! ¡No hay nada bueno en ti! Te voy a dar privada para mocosos ricos. Cuando lleve tanto
otra oportunidad para que lo digas tiempo como yo dando clases, se dará cuenta de
bien. ¡Deletrea «que»! que no es bueno ser amable con los niños. Lea
Eric vaciló. Luego, muy despacio, dijo: Nicholas Nickleby de Dickens, señorita Honey. Lea lo
—No es Q... E y tampoco K... E. ¡Ah, ya sé! ¡Tiene que que hacía el señor Wackford Squeers, el admirable
ser K... U... E. director del colegio Dotheboys. Él sí que sabía cómo
La Trunchbull agarró las orejas de Eric, una con cada manejar a esas pequeñas bestias, ¿no? Sabía cómo
mano, sujetándolas con el dedo índice y el pulgar. emplear el látigo. Procuraba que sus traseros
— ¡Ay! —gritó Eric—. ¡Ay! ¡Me está haciendo daño! estuvieran tan calientes que podían freírse sobre ellos
— ¡Aún no he empezado! —dijo rudamente la huevos y tocino. ¡Un buen libro! Pero supongo que
Trunchbull, quien, agarrándole bien de las orejas, lo ninguno del puñado de retrasados mentales que
levantó de su asiento y lo sostuvo en el aire. tenemos aquí lo leerá nunca, porque, por su aspecto,
Igual que Rupert antes, Eric se puso a chillar como un ni siquiera aprenderán a leer.
condenado. —Yo lo he leído, señorita Trunchbull —dijo Matilda,
Desde el fondo de la clase, la señorita Honey suplicó: tranquilamente.
— ¡Por favor, señorita Trunchbull! ¡No haga eso! La Trunchbull volvió la cabeza y miró atentamente a
¡Déjelo! ¡Le puede arrancar las orejas! la pequeña de pelo oscuro y profundos ojos castaños
—No se arrancan nunca —le contestó airadamente sentada en la segunda fila.
la Trunchbull—. A través de mi larga experiencia, — ¿Qué has dicho? —preguntó airadamente.
señorita Honey, he aprendido que las orejas de los —Que yo lo he leído, señorita Trunchbull.
niños están firmemente unidas a la cabeza. — ¿Leer, qué?
— ¡Por favor, señorita Trunchbull, déjele! —suplicó la Nicholas Nickleby, señorita Trunchbull.
señorita Honey—. Podría hacerle daño, de verdad. — ¡Me estás mintiendo, presumida! —gritó la
Podría arrancárselas. Trunchbull, mirando aviesamente a
— ¡Las orejas nunca se arrancan! —gritó la Matilda—. ¡Dudo que haya un solo niño en esta
Trunchbull—. Se estiran maravillosamente, como éstas, escuela que haya leído ese libro, y tú, un renacuajo
pero le aseguro que nunca se arrancan. de infantil, quieres que me crea esa trola! ¿Por qué lo
Eric chillaba más fuerte aún y pataleaba en el aire. haces? ¡Debes tomarme por tonta! ¿Me tomas por
Matilda no había visto nunca un niño, o cualquier otro tonta?
ser, suspendido en el aire por las orejas. Al igual que la —Bien... —empezó a decir Matilda, y luego dudó. Le
señorita Honey, estaba segura de que ambas orejas hubiera apetecido decir «Sí, tonta de remate», pero
acabarían desprendiéndose en cualquier momento eso hubiera sido suicida—. Bien... —dijo de nuevo,
por el peso que soportaban. aún dudando y negándose a decir «no».
— ¡La palabra «que» se deletrea Q... U... E. ¡Ahora, La Trunchbull adivinó lo que la niña estaba pensando
repítelo tú, babosa! y no le hizo ninguna gracia.
Eric no lo dudó. Al ver a Rupert había aprendido, que, — ¡Levántate cuando hables conmigo! —ordenó
cuanto antes contestara, antes le soltarían. bruscamente—. ¿Cómo te llamas?

110
Matilda se puso en pie y dijo: Uno de estos días crearé una escuela así. Creo que
—Me llamo Matilda Wormwood, señorita Trunchbull. será un éxito.
—Wormwood, ¿eh? —dijo la Trunchbull—. En ese caso «Esta mujer está loca», se dijo la señorita Honey. «Sufre
debes de ser hija del propietario de Motores algún trastorno mental. De ella es de la que habría
Wormwood, ¿no? que deshacerse».
—Sí, señorita Trunchbull. La Trunchbull levantó la gran jarra de loza azul y vertió
— ¡Es un timador! —gritó la Trunchbull—. Hace una un poco de agua en el vaso.
semana me vendió un coche de segunda mano que De repente, ¡plop!, con el agua cayó en el vaso la
decía que estaba casi nuevo. Entonces creí que era larga y viscosa salamandra.
un tipo estupendo, pero esta mañana, mientras La Trunchbull dio un grito y pegó un brinco en su silla,
conducía ese coche por el pueblo, se le cayó el como si hubiera estallado un petardo debajo de ella.
motor al suelo. Los niños vieron también el alargado y viscoso animal
¡Estaba lleno de serrín! ¡Ese hombre es un timador y un de vientre anaranjado, parecido a un lagarto, que se
ladrón! ¡Voy a hacer salchichas con su piel, ya lo retorcía en el vaso, y se pusieron a retorcerse y a dar
verás! vueltas gritando. «¿Qué es eso? ¡Oh, es asqueroso! ¡Es
—Es listo para los negocios —dijo Matilda. una serpiente! ¡Es una cría de cocodrilo! ¡Es un
— ¡Un bandido es lo que es! —gritó la Trunchbull—. La caimán!».
señorita Honey me ha dicho que tú también eres lista. — ¡Cuidado, señorita Trunchbull! —gritó Lavender—.
¡Pues bien, mocosa, a mí no me gustan las personas ¡Seguro que muerde!
listas! La Trunchbull, la poderosa y gigantesca hembra,
¡Son todas retorcidas! ¡Lo más seguro es que tú siguió donde estaba, con sus pantalones verdes,
también seas retorcida! Antes de pelearme con tu temblando como una hoja. Le ponía especialmente
padre me contó algunas historias desagradables de furiosa el que alguien hubiera logrado hacerla brincar
cómo te comportas en casa. Será mejor que no y gritar, porque se enorgullecía de su fortaleza.
intentes nada en esta escuela, jovencita. Desde Contemplaba aquel animal que se retorcía y se
ahora voy a vigilarte atentamente. Siéntate y estáte debatía en el vaso. Curiosamente, no había visto
quieta. nunca una salamandra. La naturaleza no era su
2906 Palabras fuerte. No tenía la más mínima idea de qué animal
era aquél. Su aspecto, desde luego, era repulsivo.
Lentamente, volvió a sentarse en su silla. Su aspecto
era más terrorífico que nunca. Sus pequeños ojos
Capitulo 14 negros se fueron encendiendo de furia y odio.
— ¡Matilda! —rugió—. ¡Ponte de pie!
El Primer Milagro — ¿Quién, yo? —dijo Matilda—. ¿Qué he hecho?
— ¡Ponte de pie, asquerosa cucaracha!
Matilda volvió a sentarse en su pupitre. La Trunchbull —No he he hecho nada, señorita Trunchbull, de
se sentó también tras la mesa de la profesora. Era la verdad que no. Jamás había visto esa cosa viscosa.
primera vez que se sentaba durante la clase. Alargó — ¡Ponte de pie enseguida, asqueroso gusano!
una mano y agarró la jarra de agua. Sujetando la Matilda se incorporó de mala gana. Estaba en la
jarra por el asa, pero sin levantarla aún, dijo: segunda fila y Lavender en la de atrás, sintiéndose un
—Nunca he podido entender por qué son tan poco culpable. No había pretendido crearle ningún
repugnantes los niños pequeños. Son mi perdición. problema a su amiga. Por otra parte, no estaba
Son como insectos. Hay que deshacerse de ellos lo dispuesta a confesar.
más pronto posible. De las moscas nos libramos — ¡Eres un animal vil, repulsivo, repelente y maligno!
empleando algún pulverizador o colgando —gritó la Trunchbull—. ¡No eres digna de esta
papamoscas. He pensado a menudo inventar un escuela! ¡Deberías estar entre rejas, allí es donde
pulverizador para deshacerme de los niños pequeños. deberías estar! ¡Haré que te expulsen de este
¡Qué estupendo sería entrar en esta clase con una establecimiento con toda ignominia! ¡Haré que los
pistola pulverizadora gigante en la mano y vaciarla inspectores te persigan por el pasillo y te arrojen por la
aquí! puerta a patadas! ¡Haré que el personal te lleve hasta
O, mejor aún, colgar grandes papamoscas. Los tu casa con guardia armada! ¡Y luego me aseguraré
colgaría por toda la escuela y quedaríais atrapados de que te envíen a un reformatorio para niños
en ellos y eso sería el fin de todo. ¿No le parece una delincuentes y que estés allí cuarenta años por lo
buena idea, señorita Honey? menos!
—Si es un chiste, señora directora, no creo que sea La Trunchbull estaba tan furiosa que tenía el rostro
muy gracioso —dijo la señorita enrojecido y en las comisuras de los labios se le
Honey desde el fondo de la clase. notaban pequeños espumarajos de rabia. Pero ella
—Usted no lo haría, ¿no, señorita Honey? —dijo la no era la única que estaba poniéndose nerviosa.
Trunchbull—. Y no es un chiste. Mi idea de una Matilda también estaba poniéndose roja de ira. No le
escuela perfecta es que no tenga niños pequeños, importaba lo más mínimo que le acusaran de algo
señorita Honey. que realmente hubiera hecho. Comprendía la razón

111
de ello. Sin embargo, para ella era una experiencia energía en su interior. Era una sensación asombrosa.
totalmente nueva que la acusaran de un delito que Mantuvo los ojos fijos en el vaso y el poder se fue
en absoluto había cometido. Ella no había tenido concentrando en una pequeña zona de cada ojo,
nada que ver con aquel repugnante animal del vaso. creciendo cada vez más, y tuvo la sensación de que
«Caramba —pensó—, esa infame Trunchbull no me de sus ojos salían millones de diminutos e invisibles
va a echar la culpa de eso a mí». brazos con manos y se dirigían al vaso que estaba
— ¡Yo no he sido! —gritó. mirando.
— ¡Oh, sí, has sido tú! —le respondió, también — ¡Vuélcalo! —murmuró Matilda—. ¡Vuélcalo!
gritando, la Trunchbull—. ¡A ningún otro se le hubiera Vio que el vaso comenzaba a tambalearse.
ocurrido una faena como ésa! ¡Tu padre tenía razón Realmente, se inclinó unos milímetros hacia atrás y
cuando me previno contra ti! —la mujer parecía luego se enderezó de nuevo. Matilda siguió
haber perdido por completo el control de sí misma. empujándolo con aquellos millones de pequeños
Estaba vociferando como una loca—. ¡Para ti se ha brazos invisibles que salían de sus ojos, notando el
acabado esta escuela, jovencita! — gritó—. ¡Para ti poder que emergía en línea recta de los dos puntos
se ha acabado todo! ¡Me ocuparé personalmente de negros que tenía en el centro de sus globos oculares.
que te encierren en un sitio donde ni siquiera los — ¡Vuélcalo! —murmuró de nuevo—. ¡Vuélcalo!
cuervos puedan echarte sus excrementos! El vaso se tambaleó de nuevo. Empujó mentalmente
¡Probablemente, nunca volverás a ver la luz del día! con más fuerza, deseando que sus ojos emitieran más
— ¡Le he dicho que yo no he sido! —gritó Matilda—. poder. Y entonces, muy lentamente, tan lentamente
En mi vida he visto un animal como ése. que ella apenas pudo ver lo que sucedía, el vaso
— ¡Tú has puesto un... un... un cocodrilo en mi agua! comenzó a inclinarse hacia atrás, más y más hacia
—gritó la Trunchbull—. ¡No hay ningún delito peor en atrás, hasta que se quedó en equilibrio sobre el borde
el mundo contra la directora de una escuela! ¡Ahora del fondo. Allí vaciló unos segundos antes de venirse
siéntate y no digas una palabra más! ¡Vamos, siéntate abajo y volcarse con un fuerte tintineo encima de la
enseguida! mesa. El agua que contenía
— ¡Pero le digo que...! —gritó Matilda, negándose a y la salamandra que no dejaba de retorcerse
sentarse. cayeron sobre el enorme pecho de la señorita
— ¡Y yo te digo que cierres el pico! —bramó la Trunchbull. La directora soltó un alarido que hizo
Trunchbull—. ¡Si no te callas inmediatamente y te temblar los cristales de las ventanas del edificio y, por
sientas, me quitaré el cinturón y lo conocerás por el segunda vez en los últimos segundos, salió disparada
extremo de la hebilla! de su silla como un cohete. La salamandra se asió
Matilda se sentó despacio. ¡Oh. qué inmundicia! ¡Qué desesperadamente al guardapolvo de algodón en la
injusticia! ¿Cómo se atrevían parte donde cubría el pecho, clavando allí sus patas
a expulsarla por algo que no había hecho? en forma de garras. La Trunchbull bajó la vista y lo vio;
Matilda notó que empezaba a sentirse cada vez más soltó otro alarido aún más fuerte y de un manotazo
y más enfadada... tan insoportablemente enfadada lanzó al animal volando por la clase. Aterrizó en el
que no tardaría mucho en explotar algo dentro de suelo, junto al pupitre de Lavender y, con gran
ella. rapidez, ésta se agachó, la cogió y la metió en su
La salamandra seguía retorciéndose en el vaso de estuche para otra ocasión. Pensó que era muy útil
agua. Parecía encontrarse muy incómoda. El vaso no tener una salamandra
era lo suficiente grande para ella. Matilda miró La Trunchbull, con la cara más parecida a un jamón
airadamente a la cocido que nunca, estaba de pie, frente a los
Trunchbull. ¡Cómo la aborrecía! Miró al vaso con la alumnos, temblando de rabia. Su enorme pecho
salamandra. Le hubiera apetecido ir, coger el vaso y subía y bajaba y las salpicaduras de agua formaban
arrojar su contenido a la cabeza de la Trunchbull. Se una mancha húmeda que probablemente le había
estremeció al pensar lo que la Trunchbull le haría a calado hasta la piel.
ella si se atrevía a hacer eso. — ¿Quién lo ha hecho? —rugió—. ¡Vamos! ¡Que
La Trunchbull estaba sentada tras la mesa de la confiese! ¡Que dé un paso adelante! ¡Esta vez no te
profesora, mirando con una mezcla de horror y escaparás! ¿Quién es culpable de esta faena?
fascinación la salamandra que se debatía en el vaso. ¿Quién ha volcado este vaso?
Poco a poco, Matilda comenzó a sentir que la Nadie respondió. La clase permanecía silenciosa
invadía una sensación de lo más extraordinaria y como una tumba.
peculiar. Sentía especialmente esa sensación en los — ¡Matilda! —rugió—. ¡Has sido tú! ¡Sé que has sido tú!
ojos. Parecía concentrarse en ellos una especie de Matilda estaba sentada muy tranquila en la segunda
fluido eléctrico. En lo más profundo de ellos se estaba fila y no dijo nada. La invadía una extraña sensación
creando una sensación de poder, una sensación de de serenidad y confianza y, de repente, se dio
gran fuerza. Pero notaba otra sensación cuenta de que no temía a nadie en el mundo. Con el
completamente distinta, que no se explicaba. Era único poder de sus ojos había podido volcar un vaso
como rayos, como si sus ojos despidieran pequeñas de agua y derramar su contenido sobre la horrible
oleadas de rayos. Sus globos oculares comenzaron a directora, y quien pudiera hacer eso, podría hacer
calentarse, como si estuvieran gestando una gran cualquier cosa.

112
— ¡Habla, ántrax purulento! —rugió la Trunchbull—. Matilda y la señorita Honey eran las únicas personas
¡Admite que fuiste tú! que permanecían en la clase.
Matilda miró directamente a los ojos airados de La señorita Honey se había sentado a su mesa y
aquella gigantesca mujer enfurecida estaba hojeando unos papeles. Levantó la vista y dijo:
y dijo con toda calma: —Bien, Matilda, ¿no te vas con los demás?
—Yo no me he movido de mi pupitre desde que Matilda dijo:
empezó la clase, señorita —Por favor, ¿podría hablar con usted un momento?
Trunchbull. No tengo otra cosa que decir. —Claro que puedes. ¿Qué te sucede?
De pronto, toda la clase se alzó contra la directora. —Me ha sucedido algo muy raro, señorita Honey.
— ¡No se ha movido! —gritaron—. ¡Matilda no se ha La señorita Honey se sintió enseguida interesada.
movido! ¡Nadie se ha movido! ¡Lo ha debido de Desde las dos desastrosas entrevistas que había
volcar usted! tenido recientemente sobre Matilda, la primera con la
— ¡Yo, desde luego, no lo he volcado! —rugió la directora de la escuela y la segunda con los
Trunchbull—. ¿Cómo os atrevéis espantosos señores Wormwood, la señorita Honey
a sugerir una cosa así? ¡Hable, señorita Honey! ¡Usted había pensado mucho en esta niña y se había
debe de haber visto todo! ¿Quién ha volcado mi preguntado cómo podría ayudarla. Y ahora,
vaso de agua? allíestaba Matilda, sentada en la clase con una
—No ha sido ninguno de los niños, señorita Trunchbull expresión curiosamente exaltada, preguntándole si
—respondió la señorita podía hablar con ella en privado. La señorita Honey
Honey—. Puedo asegurarle que durante el tiempo no había visto antes aquella expresión tan peculiar,
que ha estado usted aquí no se ha movido nadie de con el asombro reflejado en sus ojos.
su pupitre, excepto Nigel, y éste no se ha movido del —Sí, Matilda —dijo—. Cuéntame eso tan raro que te
rincón. ha sucedido.
La señorita Trunchbull miró airadamente a la señorita —La señorita Trunchbull no va a expulsarme,
Honey. Ésta aguantó su mirada sin pestañear. ¿verdad? —preguntó Matilda—.
—Le estoy diciendo la verdad, señora directora — Porque no fui yo quien puso ese animal en su jarra de
dijo—. Debe de haberlo volcado usted sin darse agua. Le prometo que no fui yo.
cuenta. Eso puede pasar fácilmente. —Sé que no fuiste tú —dijo la señorita Honey.
— ¡Estoy harta de vosotros, enanos inútiles! —gritó la — ¿Me van a expulsar?
Trunchbull—. ¡Me niego a perder mi valioso tiempo —Creo que no —dijo la señorita Honey—. La directora
aquí! —y, diciendo esto, salió marcialmente de la se enfadó un poco, eso es todo.
clase, dando un portazo. —Está bien —dijo Matilda—, pero no era eso de lo
En el estupefacto silencio que siguió, la señorita que quería hablarle.
Honey se dirigió a la parte delantera de la clase y se — ¿De qué quieres hablarme, Matilda?
quedó de pie tras su mesa. —Quiero hablarle del vaso de agua con el animal
— ¡Uy! —dijo—. Creo que hemos tenido bastante por dentro —dijo Matilda—. Usted vio cómo se volcó
hoy, ¿no? La clase ha terminado. Podéis iros al patio y sobre la señorita Trunchbull, ¿no?
esperar a que vengan vuestros padres a recogeros. —Claro que sí.
1940 Palabras —Bien, señorita Honey. Yo no lo toqué. No me
acerqué a él.
—Ya sé que no lo hiciste —dijo la señorita Honey—. Tú
Capitulo 15 escuchaste que le dije a la directora que era
imposible que hubieras sido tú.
—Pero es que fui yo, señorita Honey —dijo Matilda—.
El Segundo Milagro De eso es precisamente de lo que quería hablarle.
Matilda no salió con los demás de la clase. Después La señorita Honey se quedó un momento en silencio y
de que hubieran desaparecido los otros niños, ella miró atentamente a la niña.
siguió en su pupitre, tranquila y pensativa. Sabía que —Me parece que no te comprendo —dijo al cabo.
tenía que contarle a alguien lo que había sucedido —Me enfadé tanto de que me acusara de algo que
con el vaso. No podía guardar para sí un secreto tan no había hecho, que hice que sucediera.
importante como ése. Lo que necesitaba era sólo — ¿Qué es lo que hiciste que sucediera, Matilda?
una persona, un adulto inteligente y comprensivo que —Que se volcara el vaso.
le ayudara a entender el significado de ese —Aún sigo sin entender lo que dices —dijo
extraordinario suceso. amablemente la señorita Honey.
Ni su madre ni su padre le servían. En el caso de que —Lo hice con los ojos —explicó Matilda—. Yo estaba
se creyeran su historia, lo cual resultaba dudoso que mirándolo y deseando que se volcara y entonces
ocurriera, era casi seguro que no acertarían a sentí en ellos calor y algo raro y salió de ellos una
comprender el suceso tan asombroso que había especie de fuerza,
tenido lugar en la clase esa tarde. Sin dudarlo, y el vaso se volcó.
decidió que la única persona en la que le gustaría
confiar era la señorita Honey.

113
La señorita Honey seguía mirando fijamente a Matilda Matilda. Vio que la niña tenía el rostro blanco como el
a través de sus gafas de montura metálica y Matilda papel y temblaba, con los ojos vidriosos mirando al
la miraba también a ella fijamente. frente sin ver nada. Tenía el rostro transfigurado, los
—Sigo sin entenderte —dijo—. ¿Quieres decir que en ojos desencajados y brillantes y seguía sentada sin
realidad obligaste al vaso a que se volcara? hablar, hermosa en medio de aquel silencio.
—Sí —contestó Matilda—. Con los ojos. La señorita Honey esperó, temblando también ella y
La señorita Honey se quedó callada un momento. No observando a la niña que, poco a poco, recuperaba
creía que Matilda la mintiera. la consciencia. Y entonces, de repente, su rostro
Lo más probable es que, sencillamente, estuviera adquirió un aspecto de tranquilidad seráfica.
dando rienda suelta a su viva imaginación. —Estoy bien —dijo, y sonrió—. Estoy bastante bien,
— ¿Quieres decir que, sentada donde estás, le señorita Honey, no se preocupe.
ordenaste al vaso que volcara y él lo hizo? —Parecías completamente ausente —dijo la señorita
—Algo así, señorita Honey, sí. Honey en voz baja, atemorizada.
—Si hiciste eso, entonces es el mayor milagro que —Lo estaba. Volaba junto a las estrellas con alas de
haya realizado una persona desde los tiempos de plata —dijo Matilda—. Ha sido maravilloso.
Jesús. La señorita Honey seguía mirando a la niña con total
—Lo hice, señorita Honey. admiración, como si fuese La
«Es extraordinario —pensó la señorita Honey— con Creación. El Principio del Mundo, La Primera Mañana.
qué frecuencia tienen los niños ideas fantásticas —Esta vez vino mucho más rápidamente —comentó
como ésta». Decidió poner fin al asunto de la forma muy tranquila Matilda.
más amable posible. — ¡No es posible! —exclamó la señorita Honey con
— ¿Podrías hacerlo de nuevo? —preguntó voz entrecortada—. ¡No lo creo! ¡Sencillamente, no lo
amablemente. creo! —cerró los ojos y los mantuvo cerrados durante
—No lo sé —contestó Matilda—, pero creo que sería un rato y, cuando los volvió a abrir, parecía haberse
capaz. recuperado—. ¿Te gustaría venir a merendar
La señorita Honey colocó el vaso vacío en el centro conmigo a mi casa? —preguntó.
de la mesa. — ¡Oh, sí! Me encantaría —dijo Matilda.
— ¿Le pongo agua? —preguntó, sonriendo —Está bien. Recoge tus cosas y yo me reuniré contigo
ligeramente. fuera, dentro de un par de minutos.
—No creo que importe —dijo Matilda. —No le contará a nadie lo que... lo que he hecho,
—Está bien. Adelante, pues. Vuelca el vaso. ¿no, señorita Honey?
—Puede que tarde algún tiempo. —No se me ocurriría —dijo la señorita Honey.
—Tómate todo el tiempo que quieras —dijo la 1258 Palabras
señorita Honey—. No tengo ninguna prisa.
Matilda, sentada en la segunda fila, a unos cuatro
metros de la señorita Honey, apoyó los codos en el
pupitre y la cabeza entre las manos. Esta vez dio la
orden desde el principio. «¡Vuélcate, vaso! Capitulo 16
¡Vuélcate!», ordenó, pero sus labios no se movieron y
no produjo ningún sonido. Se limitó a pronunciar las La Casa De La Señorita Honey
palabras mentalmente. Concentró la totalidad de su
La señorita Honey se reunió con Matilda fuera de la
pensamiento, de su cerebro y de su voluntad en sus
escuela y las dos anduvieron en silencio por la calle
ojos y sintió de nuevo, sólo que mucho más
Mayor del pueblo. Pasaron por delante de la frutería,
rápidamente que antes, la acumulación de
con su escaparate lleno de manzanas y naranjas; de
electricidad, la fuerza que comenzaba a manifestarse
la carnicería, con su exhibición de carne
y el calor que empezaba a sentir en los globos
sanguinolenta y pollos desplumados colgados; del
oculares y, luego, los millones de diminutos e invisibles
pequeño banco y de la tienda de ultramarinos y de
brazos con manos que salían y se dirigían al vaso y, sin
la tienda de material eléctrico, y llegaron al otro lado
hacer ningún ruido, ella siguió gritándole al vaso,
del pueblo, a la estrecha carretera rural donde ya no
desde el interior de su mente, que volcara. Lo vio
había gente y muy pocos coches.
tambalearse, luego ladearse y, luego, volcar con un
Ahora que estaban solas, Matilda se volvió
sonido tintineante en la mesa, a menos de veinte
repentinamente muy comunicativa.
centímetros de los brazos cruzados de la señorita
Parecía como si hubiera estallado una válvula dentro
Honey.
de ella y estuviera liberándose un torrente de energía.
La señorita Honey se quedó con la boca abierta y los
Correteaba junto a la señorita Honey dando
ojos tan grandes que podía verse el blanco de ellos.
pequeños saltitos y extendía los dedos como si
No dijo una palabra. No podía. La impresión de ver
quisiera dispersarlos a los cuatro vientos y sus palabras
realizado el milagro la había dejado sin habla. Miraba
salían como fuegos artificiales, a una terrible
boquiabierta el vaso, inclinada sobre él, pero lejos,
velocidad. «Era señorita Honey esto y señorita
como si fuera un objeto peligroso. Después levantó la
cabeza con lentitud y miró a

114
Honey lo otro y, mire señorita Honey, creo —Un niño precoz —dijo la señorita Honey— es el que
honradamente que puedo mover casi todo en el muestra una inteligencia asombrosa muy pronto. Tú
mundo, no sólo volcar vasos y cosas pequeñas como eres una niña increíblemente precoz.
ésa... creo que podría volcar mesas y sillas, señorita — ¿Lo soy de verdad? —preguntó Matilda.
Honey... Incluso cuando hay gente sentada en las —Por supuesto que lo eres. Debes saberlo. Fíjate en lo
sillas, creo que podría volcarlas, y cosas mayores que has leído. Y en las matemáticas que sabes.
también, cosas mucho mayores que sillas y mesas... —Supongo que tiene razón —dijo Matilda.
Sólo necesito disponer de un momento para La señorita Honey se asombró de la falta de vanidad
concentrar la fuerza en los ojos y entonces puedo y de la timidez de la niña.
lanzar esta fuerza a cualquier cosa, en tanto la mire —No dejo de preguntarme —dijo— si esta repentina
fijamente... Tengo que mirarla muy fijamente, señorita aptitud tuya de poder mover un objeto sin tocarlo
Honey, muy, muy fijamente y entonces noto que todo tiene algo que ver o no con tu capacidad intelectual.
eso sucede dentro de mis ojos, y los ojos se calientan — ¿Quiere usted decir que no hay sitio suficiente en
como si estuvieran ardiendo, pero eso no me importa mi cabeza para tanto cerebro y, por ello, tiene que
lo más mínimo, señorita Honey...». echar algo fuera?
—Cálmate, chica, cálmate —dijo la señorita Honey—. —Eso no es exactamente lo que quiero decir —dijo la
No nos precipitemos. señorita Honey sonriendo—.
—Pero usted cree que es interesante, ¿no, señorita Pero, pase lo que pase, lo repito de nuevo, hemos de
Honey? proceder con sumo cuidado a partir de ahora. No he
—Claro que es interesante —dijo la señorita—. Es más olvidado ese aspecto extraño y distante de tu cara
que interesante. Pero, a partir de ahora, tenemos que después de volcar el vaso.
andar con mucho cuidado. — ¿Cree usted que podría hacerme daño? ¿Es eso lo
— ¿Por qué tenemos que andar con cuidado, que piensa, señorita Honey?
señorita Honey? —Te hizo sentirte muy rara, ¿no?
—Porque estamos jugando con fuerzas misteriosas, de —Me hizo sentirme deliciosamente bien —dijo
las que no conocemos nada. Matilda—. Durante unos instantes me sentí volando
No creo que sean fuerzas malignas. Puede que sean por las estrellas con alas plateadas. Ya se lo dije.
buenas. Puede que sean, incluso, divinas. Pero, lo ¿Quiere que le diga otra cosa, señorita Honey? Fue
sean o no, vamos a manejarlas con cuidado. más fácil la segunda vez, mucho más fácil. Creo que
Eran palabras sensatas de una persona sensata, pero es como cualquier otra cosa, que cuanto más se
Matilda estaba demasiado emocionada para verlo practica, mejor se hace.
de la misma forma. La señorita Honey andaba despacio, por lo que la
—No veo por qué hemos de tener tanto cuidado — niña podía seguirla sin tener que correr mucho, lo que
dijo, sin dejar de brincar. resultaba muy placentero por aquella carretera
—Estoy intentando explicarte —dijo pacientemente la estrecha, ahora que habían dejado atrás el pueblo.
señorita Honey— que nos enfrentamos con lo Era una tarde espléndida de otoño y las bayas
desconocido. Es una cosa inexplicable. La palabra coloradas de los setos y espinos empezaban a
apropiada para ello es fenómeno. Es un fenómeno. madurar para que los pájaros pudieran comérselas
— ¿Soy yo un fenómeno? —preguntó Matilda. cuando llegara el invierno. A ambos lados se veían
—Es muy posible que lo seas —respondió la señorita elevados robles, sicomoros y fresnos y, de vez en
Honey—, pero yo, en tu lugar, no pensaría de cuando, algún castaño. La señorita Honey, que
momento que se trata de algo especial. Lo que deseaba dejar de momentó el tema, le dijo a Matilda
pienso que podíamos hacer es estudiar un poco más el nombre de todos y le enseñó a reconocerlos por la
este fenómeno, sólo nosotras dos, pero tomándonos forma de sus hojas y la rugosidad de la corteza de sus
las cosas con calma todo el tiempo. troncos. Matilda aprendió todo aquello y almacenó
— ¿Entonces quiere usted que haga algo más, esos conocimientos en su mente.
señorita Honey? Llegaron por último a un hueco en el seto del lado
—Eso es lo que estoy tentada de proponerte —dijo izquierdo de la carretera, donde había una cancilla
precavidamente la señorita de cinco barrotes.
Honey. —Por aquí —dijo la señorita Honey, que abrió la
— ¡Estupendo! —exclamó Matilda. cancilla, hizo pasar a Matilda y la volvió a cerrar.
—Probablemente —dijo la señorita Honey—, me Tomaron un camino estrecho que no era más que
desconcierta bastante más lo que hiciste que cómo una senda de carros llena de baches. A ambos lados
eres y estoy tratando de encontrarle una explicación había una apretada formación de avellanos, árboles
razonable. en los que se arracimaban sus frutos de color castaño
— ¿Cómo qué? —preguntó Matilda. pardo en sus envolturas verdes.
—Como, por ejemplo, si tiene algo que ver o no el —Pronto empezarán a recogerlas las ardillas —dijo la
hecho de que tú eres excepcionalmente precoz. señorita Honey— y almacenarlas cuidadosamente
— ¿Qué significa exactamente esa palabra? — para cuando lleguen los fríos meses que se avecinan.
preguntó Matilda. — ¿Quiere decir que usted vive aquí? —preguntó
Matilda.

115
—Así es —contestó la señorita Honey, pero no dijo Para comerse tu corazón en la casita rosada del
nada más. bosque.
Matilda jamás se había detenido a pensar dónde Hubo un momento de silencio y Matilda, que nunca
viviría la señorita Honey. La había considerado había oído recitar poesía romántica en voz alta, se
siempre como una profesora, una persona que surgía sintió profundamente emocionada.
de no se sabía dónde, daba clases en la escuela y —Parece música —murmuró.
luego desaparecía de nuevo. «¿Alguna vez nos —Es música —dijo la señorita Honey que, a
detenemos a pensar —se preguntó Matilda— dónde continuación y como avergonzada de haber
van nuestras profesoras cuando terminan de dar sus revelado ese aspecto íntimo de sí misma, abrió
clases? ¿Nos preguntamos si viven solas o si tienen en rápidamente la puerta del jardín y entró en el
casa una madre, una hermana o un marido?». sendero. Matilda se quedó atrás. Le asustaba un
— ¿Vive usted sola, señorita Honey? —preguntó. poco aquel sitio. Le parecía irreal, aislado y fantástico
—Sí —dijo la señorita Honey—. Muy sola. y, por tanto, muy alejado de este mundo. Era como
Caminaban por las profundas rodadas del camino, una ilustración de un cuento de los hermanos Grimm
bañadas por el sol y tenían que mirar dónde ponían o de Hans Christian Andersen. Recordaba la casa en
los pies si no querían romperse un tobillo. Se veían que vivía el pobre leñador con Hansel y Gretel,
algunos pajarillos en las ramas de los avellanos, y eso donde vivía la abuela de
era todo. Caperucita Roja y, también, la casa de los siete
—No es más que la casa de un granjero —dijo la enanitos, la de los tres osos y la de muchos más.
señorita Honey—. No esperes mucho de ella. Ya Parecía sacada de un cuento de hadas.
estamos cerca. —Ven, querida —dijo la señorita Honey, y Matilda la
Llegaron a una pequeña puerta verde, medio siguió por el sendero.
escondida por el seto de la derecha y casi oculta por La puerta principal estaba pintada de verde; se
las ramas que sobresalían de los avellanos. La señorita hallaba desconchada y no tenía cerradura. La
Honey se detuvo ante ella. señorita Honey se limitó a levantar el pestillo, abrió la
—Aquí es —dijo—. Aquí vivo. puerta y entró. Aunque no era una mujer alta, tuvo
Matilda divisó un estrecho y descuidado sendero que que agacharse un poco al traspasar la puerta.
conducía a una casa diminuta de ladrillo rojo. Era tan Matilda la siguió y se encontró en una especie de
pequeña que parecía más una casa de muñecas pasadizo estrecho y oscuro.
que una vivienda. —Ven a la cocina y ayúdame a preparar la merienda
Los ladrillos con los que estaba construida eran viejos, —dijo la señorita Honey, y la condujo a la cocina, si
desgastados y de color rojo muy claro. El tejado era así podía llamarse. No era mucho mayor que un
de pizarra gris y asomaba en él una pequeña armario de buen tamaño y sólo tenía una pequeña
chimenea y se veían dos pequeñas ventanas en la ventana que daba a la parte trasera de la casa,
parte delantera. Cada ventana no parecía mayor debajo de la cual había un pequeño fregadero sin
que la plana de un periódico y la casita no disponía grifos. En otra pared había una repisa,
de planta alta. El terreno a ambos lados del sendero presumiblemente para preparar la comida y, encima
estaba muy descuidado, lleno de ortigas, zarzas y de ella, un pequeño armarito. En la repisa había un
hierbajos de color pardo. Un roble enorme daba hornillo de petróleo, un cazo y una botella mediada
sombra a la casa. Sus imponentes y alargadas ramas de leche. El hornillo era del tipo de los que se usan en
parecían envolver y abrazar la casita y, quizá el campo, que se llena de petróleo, se enciende en
también, ocultarla del resto del mundo. la parte superior y, con un émbolo, se da presión a la
La señorita Honey, con una mano apoyada en la llama.
puerta, que aún no había abierto, se volvió a Matilda —Podrías traer un poco de agua mientras yo
y dijo: enciendo el hornillo —dijo la señorita
—Cuando vengo por este sendero recuerdo algo que Honey—. El pozo está fuera, en la parte de atrás.
escribió un poeta llamado Coge el cubo. Está ahí. En el pozo encontrarás una
Dylan Thomas. cuerda. Ata el cubo a un extremo de ella y bájalo al
Matilda permaneció callada y la señorita Honey fondo, pero no vayas a caerte dentro.
comenzó a recitar el poema con voz Matilda, más perpleja que nunca, cogió el cubo y se
sorprendentemente armoniosa: dirigió a la parte trasera del jardín. El pozo tenía un
Vayas donde vayas, amiga mía, tejadillo de madera y un sencillo cabrestante del que
Por el país de las historias que se cuentan a la luz de pendía una cuerda que se perdía en el oscuro
la lumbre agujero sin fondo. Matilda subió la cuerda y ató el
No tengas miedo de que el lobo disfrazado de piel de asa del cubo a su extremo. La bajó luego, hasta que
cordero escuchó un chapoteo y la cuerda se destensó.
Brincando y balando, torpe y alegremente, querida La subió de nuevo, con el cubo lleno de agua.
mía. — ¿Está bien así? —preguntó cuando regresó a la
Salga de su guarida, entre hojas humedecidas por el casa.
rocío —Es suficiente —dijo la señorita Honey—. Supongo
que no habías hecho esto nunca, ¿no?

116
—Jamás —dijo Matilda—. Es divertido. ¿Cómo La señorita Honey colocó la bandeja sobre la caja
consigue suficiente agua para bañarse? que hacía de mesa.
—No me baño —dijo la señorita Honey—. Me lavo de —Siéntate, querida, siéntate —dijo— y tomemos una
pie. Saco un cubo lleno de agua, que caliento en taza de té bien caliente.
este hornillo, me desnudo y me lavo por todas partes. Sírvete tú misma el pan. Las dos rebanadas son para
— ¿De verdad que hace eso? —preguntó Matilda. ti. Yo nunca como nada cuando vuelvo
—Por supuesto que sí —dijo la señorita Honey—. La a casa. A la hora del almuerzo me doy una buena
gente pobre de Inglaterra se lavaba de esa forma comilona en la escuela y eso me mantiene hasta la
hasta no hace mucho. Y no tenían hornillos de mañana siguiente.
petróleo. Tenían que calentar el agua en la lumbre. Matilda se sentó con cuidado en una de las cajas y,
— ¿Es usted pobre, señorita Honey? más por educación que por otra cosa, cogió una
—Sí, mucho —dijo la señorita Honey—. Es un hornillo rebanada de pan con margarina y empezó a
estupendo, ¿no te parece? comérsela. En su casa hubiera tomado una rebanada
El hornillo rugía con una llama muy fuerte, azulada, y untada de mantequilla y mermelada de fresa y,
el agua del cazo estaba empezando a hervir. La probablemente, un trozo de tarta. Y, sin embargo,
señorita Honey sacó una tetera del armarito y echó esto era mucho más divertido. En aquella casa se
un poco de té en su interior. Sacó también media escondía un enigma, un gran enigma, de eso no
hogaza de pan moreno. Cortó dos rebanadas había duda y Matilda estaba dispuesta a averiguar
delgadas y, luego, de un recipiente de plástico, tomó qué era.
un poco de margarina y la extendió sobre el pan. La señorita Honey sirvió el té y añadió un poco de
«Margarina», pensó Matilda. «Es cierto que debe de leche en ambas tazas. No parecía preocuparle en
ser muy pobre». absoluto estar sentada en una caja boca abajo, en
La señorita Honey buscó una bandeja y colocó en una habitación desprovista de muebles y tomando té
ella dos tazas, la tetera, la botella mediada de leche de una taza que apoyaba en la rodilla.
y un plato con las dos rebanadas de pan. — ¿Sabes una cosa? —dijo—. He pensado mucho en
—Siento no tener azúcar —dijo—. No la uso. lo que hiciste con el vaso. Es un gran poder que
—Está bien así —dijo Matilda. Con su sensatez, tienes, chiquilla.
parecía darse cuenta de lo delicado de la situación y —Sí, señorita Honey, lo sé —respondió Matilda, al
ponía gran cuidado en no decir nada que pudiera tiempo que masticaba el pan con margarina.
turbar a su acompañante. —Por lo que yo sé —prosiguió la señorita Honey—, no
Vamos a llevarla al cuarto de estar —dijo la señorita ha existido jamás nadie en el mundo que haya sido
Honey, cogiendo la bandeja y saliendo de la cocina capaz de mover un objeto sin tocarlo o soplando
para dirigirse, a través del pequeño pasadizo oscuro, sobre él o empleando algún método externo.
a la habitación de delante. Matilda la siguió y se Matilda asintió con la cabeza pero no dijo nada.
detuvo, totalmente asombrada, a la puerta del —Lo fascinante —dijo la señorita Honey— sería
llamado cuarto de estar. La habitación era pequeña, averiguar el límite real de ese poder. Ya sé que tú
cuadrada y desnuda, como la celda de una cárcel. crees que puedes mover todo lo que quieras, pero yo
La escasa luz que entraba provenía de una única y tengo mis dudas sobre eso.
diminuta ventana de la pared de enfrente, —Me encantaría intentarlo con algo realmente
desprovista de cortinas. Los únicos objetos que había grande —dijo Matilda.
en la habitación eran dos cajas de madera puestas — ¿Y a qué distancia? —preguntó la señorita Honey—
boca abajo, que hacían las veces de sillas, y una . ¿Tienes que estar siempre cerca del objeto que
tercera caja, colocada entre las otras dos y también tratas de mover?
boca abajo, que hacía de mesa. Eso era todo. No —Francamente, no lo sé —dijo Matilda—. Pero sería
había un solo cuadro en las paredes ni alfombra en el divertido averiguarlo.
suelo, que era de toscos tablones de madera sin 2839 Palabras
encerar; entre los resquicios de los tablones se
acumulaba el polvo y la suciedad. El techo era tan
bajo que Matilda hubiera alcanzado a tocarlo con las
puntas de los dedos de un salto. Las paredes eran
blancas, pero su blancura no parecía pintura. Matilda Capítulo 17
pasó la palma de la mano por ella y se le quedó
adherido a la piel un polvillo blanco. Era cal, el La Historia De La Señorita Honey
producto más barato, que se emplea en establos,
cuadras y gallineros. —No debemos apresuramos —dijo la señorita
Matilda estaba horrorizada. ¿Era allí donde realmente Honey—, así que tomemos otra taza de té. Y cómete
vivía su aseada y pulcramente vestida profesora? esa otra rebanada de pan. Debes de estar
¿Era allí donde iba tras un día de trabajo? Resultaba hambrienta.
increíble. ¿Qué razones había para ello? Matilda cogió la segunda rebanada y empezó a
Seguramente había algo muy extraño en todo esto. comérsela lentamente. La margarina no era mala. Si

117
no lo hubiera sabido, puede que no hubiera notado —Hasta ahora —prosiguió la señorita Honey—, me ha
la diferencia con la mantequilla. resultado imposible hablar con nadie de mis
—Señorita Honey —inquirió repentinamente—, ¿le problemas. No podía soportar la vergüenza y, en
pagan poco en la escuela? cualquier caso, me falta valor. El valor que pudiera
La señorita Honey levantó de inmediato la vista. tener me lo quitaron cuando era joven. Pero ahora,
—No, no —dijo—. Me pagan lo mismo que a los de repente, siento un deseo desesperado de
demás. contárselo todo a alguien. Sé que sólo eres una cría,
—Pues entonces, si usted es tan pobre, debe de ser pero tú tienes una especie de magia. Lo he
muy poco —supuso Matilda—. comprobado con mis propios ojos.
¿Viven así todos los profesores, sin muebles, cocina ni Matilda se puso en guardia. La voz que escuchaba
cuarto de baño? estaba pidiendo ayuda. Era más que probable. Era
—No —contestó la señorita Honey, un poco seguro.
desconcertada—. Da la casualidad de que yo soy la La voz volvió a hablar.
excepción. —Toma un poco más de té —dijo—. Aún queda algo.
—Supongo, entonces, que lo que pasa es que a Matilda asintió.
usted le gusta vivir de forma muy sencilla —dijo La señorita Honey sirvió té en ambas tazas y añadió
Matilda, tratando de sonsacarle un poco más—. La leche. Volvió a coger de nuevo su taza con ambas
limpieza de la casa debe de ser mucho más fácil y no manos y siguió sentada, tomándoselo a sorbitos.
tiene muebles que encerar ni todos esos objetos Hubo un largo silencio. Luego preguntó:
estúpidos a los que hay que quitar el polvo todos los — ¿Puedo contarte una historia?
días. Y me figuro que, si no tiene usted frigorífico, se —Naturalmente —respondió Matilda.
evita tener que comprar toda clase de cosas, como —Tengo veintitrés años —dijo la señorita Honey— y,
huevos y mayonesa y helados con que llenarlo. Debe cuando nací, mi padre era médico en este pueblo.
evitarse un montón de compras. Teníamos una casa antigua preciosa, bastante
Matilda notó en ese momento que el rostro de la grande, de ladrillo rojo. Está oculta en el bosque,
señorita Honey se había vuelto tenso y su mirada detrás de las colinas. No creo que la conozcas.
extraña. El cuerpo se le había tornado rígido. Se le Matilda se mantuvo callada.
había encorvado la espalda, tenía los labios —Yo nací allí —continuó la señorita Honey—.
fuertemente apretados y estaba sentada, sujetando Entonces sucedió la primera tragedia. Mi madre murió
su taza de té con ambas manos, con la mirada baja cuando yo tenía dos años. Mi padre, un médico muy
fija en ella, como buscando la forma de contestar ocupado, tuvo que buscar a alguien que llevara la
aquellas preguntas no tan inocentes. casa y se ocupara de mí. Así, pues, invitó a que se
Sintió un silencio largo y embarazoso. En el transcurso viniera a vivir con nosotros a una hermana soltera de
de treinta segundos, el ambiente de la diminuta mi madre. Ella accedió y vino.
habitación había cambiado completamente y ahora Matilda escuchaba atentamente.
se respiraba incomodidad y secreto. —Siento haberle — ¿Qué edad tenía su tía cuando vino? —preguntó.
preguntado eso, señorita Honey —dijo Matilda—. No —No era mayor —dijo la señorita Honey—. Diría que
es de mi incumbencia. unos treinta. Pero desde el primer momento la odié.
La señorita Honey pareció reanimarse de repente. Echaba muchísimo de menos a mi madre y mi tía no
Sacudió los hombros y dejó cuidadosamente su taza era nada amable. Mi padre no lo sabía, porque
en la bandeja. estaba poco en casa, pero cuando estaba, mi tía se
— ¿Por qué no ibas a preguntarlo? —dijo—. Tenías comportaba de forma diferente.
que acabar preguntándolo. Eres demasiado La señorita Honey hizo una pausa y bebió un poco de
despierta para no haber sentido curiosidad. Quizá yo té.
misma deseaba que me preguntaras. Después de —No sé por qué te estoy contando todo esto —dijo
todo, puede que sea por eso por lo que te invité a avergonzada.
venir. Por cierto que eres la primera visita que viene a —Siga, por favor —rogó Matilda.
esta casa desde que me trasladé a ella hace dos Bien —dijo la señorita Honey—, entonces ocurrió la
años. segunda tragedia. Cuando yo cinco años, mi padre
Matilda no dijo nada. Notaba la creciente tensión murió repentinamente. Un día estaba aquí y al
que reinaba en la habitación. siguiente ya se había ido. Tuve, pues, que vivir sola
—Eres tan inteligente para tus años, querida — con mi tía. Fue mi tutora legal. Tenía sobre mí todo el
prosiguió diciendo la señorita poder de mi padre y, de una forma u otra, se
Honey—, que eso es lo que me asombra. Aunque convirtió en la verdadera propietaria de la casa.
pareces una niña, no lo eres, porque tu mentalidad y — ¿De qué murió su padre? —preguntó Matilda.
tu capacidad de razonamiento parecen los de una —Es curioso que me preguntes eso —dijo la señora
persona completamente desarrollada. Así que Honey—. Yo era entonces demasiado pequeña para
supongo que podríamos llamarte una niña adulta, si preguntarlo, pero he averiguado que su muerte
comprendes lo que quiero decir. estuvo rodeada de mucho misterio.
Matilda siguió sin decir nada. Esperaba lo que tenía — ¿No se supo de qué había muerto? —preguntó
que ir a continuación. Matilda.

118
—No es eso exactamente —dijo vacilante la señorita —Sólo cuando estaba sola —dijo la señorita Honey—.
Honey—. Nadie creía que mi padre, que era un No me permitía llorar delante de ella. Pero vivía
hombre sensato e inteligente, hubiera podido aterrorizada.
hacerlo. — ¿Qué sucedió cuando terminó la escuela? —
— ¿Hacer qué? —preguntó Matilda. preguntó Matilda.
—Suicidarse. —Yo era una buena alumna —dijo la señorita
Matilda se quedó pasmada. Honey—. Podría haber ido fácilmente a la
— ¿Lo hizo? —preguntó boquiabierta. universidad. Pero no hubo forma.
—Eso pareció —dijo la señorita Honey—. Pero quién — ¿Por qué no, señorita Honey?
puede saberlo —se encogió de hombros, se volvió y —Porque me necesitaba para realizar el trabajo
miró fuera, a través de la diminuta ventana. doméstico.
—Sé lo que está usted pensando —dijo Matilda. — ¿Cómo se hizo maestra, entonces? —preguntó
Piensa que lo asesinó su tía e hizo que pareciera Matilda.
como si lo hubiera hecho él. —Hay una escuela de profesorado a sólo cuarenta
—No estoy pensando nada —dijo la señorita Honey—. minutos de aquí en autobús — dijo la señorita
No deben pensarse esas cosas sin tener pruebas. Honey—. Me permitió ir allí, a condición de que
La pequeña habitación quedó en silencio. Matilda regresara a casa inmediatamente, a primera hora de
notó que las manos que sujetaban la taza temblaban la tarde, para lavar y planchar, hacer la casa y
ligeramente. preparar la cena.
— ¿Qué pasó después de eso? —preguntó—. ¿Qué — ¿Qué edad tenía usted entonces? —preguntó
pasó cuando la dejaron sola con su tía? ¿No se portó Matilda.
bien con usted? —Cuando fui a la escuela de profesorado tenía
— ¿Bien? —dijo la señorita Honey—. Era un demonio. dieciocho —respondió la señorita
En cuanto desapareció mi padre se convirtió en Honey.
verdadero horror. Mi vida fue una pesadilla. —Podía haber recogido sus cosas y haberse
— ¿Qué le hizo a usted? —preguntó Matilda. marchado —dijo Matilda.
—No me gusta hablar de eso —dijo la señorita —No podía hasta que consiguiera un trabajo —
Honey—. Es demasiado horrible. explicó la señorita Honey—. No olvides que por
Pero ella me aterrorizaba tanto que me ponía a entonces yo estaba dominada por mi tía de tal forma
temblar cuando entraba en la habitación donde yo que no me hubiera atrevido. No puedes imaginarte lo
estaba. Debes comprender que yo no he tenido que es estar controlada así por una persona con un
nunca un carácter fuerte como el tuyo. Yo estaba carácter muy fuerte. Te deja hecha papilla. Así es. Ésa
siempre asustada y retraída. es la triste historia de mi vida. Ya he contado
— ¿No tenía usted otros parientes? —preguntó suficiente.
Matilda—. ¿Tíos, tías o abuelos que vinieran a verla? —No se detenga, por favor —rogó Matilda—. Aún no
Ninguno que yo conociera —dijo la señora Honey—. ha terminado. ¿Cómo se las arregló para acabar
Todos habían muerto o se habían ido a Australia. alejándose de ella y venirse a vivir a esta casita tan
—Así que usted creció sola en esa casa con su tía — extraña?
dijo Matilda—. Pero usted tuvo que ir a la escuela. —Ah, eso fue algo importante —dijo la señorita
—Por supuesto —dijo la señorita Honey—. Fui a la Honey—. Me sentí orgullosa de ello.
misma escuela a la que tú vas ahora. Pero vivía en —Cuénteme —pidió Matilda.
casa —hizo una pausa y contempló su taza vacía—. —Bien —dijo la señorita Honey—, cuando conseguí
Creo que lo que estaba intentando explicarte es que, trabajo como profesora, mi tía me dijo que le debía
con el transcurso de los años, me volví tan cobarde y una gran cantidad de dinero. Le pregunté por qué.
me encontraba tan dominada por ese monstruo de Ella me dijo que «porque te he estado dando de
tía, que cuando me mandaba algo, fuera lo que comer todos estos años y comprándote ropa y
fuese, la obedecía inmediatamente. Esas cosas calzado». Me dijo que ascendía a varios miles y que
suceden. Cuando tenía diez años ya era su esclava. tenía que devolvérselo entregándole mi salario
Hacía todo el trabajo de casa. Hacía su cama. durante los diez años siguientes. «Te daré una libra a
Lavaba y planchaba para ella. la semana para tus gastos», dijo.
Cocinaba para ella. Aprendí a hacer de todo. «Pero eso es todo lo que vas a conseguir». Incluso
—Pero probablemente podría haberse quejado a arregló las cosas con las autoridades de
alguien, ¿no? —dijo Matilda. la escuela para que ingresaran mi salario
— ¿A quién? —dijo la señorita Honey—. Y, de todas directamente en su banco. Me hizo firmar el
formas, estaba demasiado aterrorizada para documento.
quejarme. Ya te he dicho que era su esclava. —No debería haberlo hecho —dijo Matilda—. Su
— ¿Le pegaba? salario era su oportunidad de libertad.
—No entremos en detalles —rogó la señorita Honey. —Lo sé, lo sé —dijo la señorita Honey—. Pero, para
— ¡Qué horrible! —exclamó Matilda—. Se pasaría entonces, yo había sido su esclava durante casi toda
llorando todo el tiempo, ¿no? mi vida y no tenía el valor o las agallas de decir no.

119
Aún estaba aterrorizada y podía hacerme mucho —No exactamente —dijo la señorita Honey. volviendo
daño. a sonreír—. pero dicen que es muy sano dormir sobre
— ¿Y cómo se las arregló para escapar? —preguntó una superficie dura.
Matilda. Matilda se hizo cargo de la situación con absoluta
— ¡Ah! —exclamó la señorita Honey, sonriendo por claridad. La señorita Honey necesitaba ayuda. No era
primera vez—. Eso fue hace dos años. Fue mi mayor posible que pudiera seguir viviendo así
triunfo. indefinidamente.
—Cuénteme por favor —dijo Matilda. —Le iría mucho mejor —dijo— dejar su trabajo y
—Yo solía levantarme muy temprano y salía a dar un acogerse al subsidio de paro.
paseo mientras mi tía estaba aún durmiendo —dijo la —Yo no haría eso nunca —dijo la señorita Honey—.
señorita Honey—. Un día llegué a esta casita. Estaba Me encanta enseñar.
vacía. —Me figuro que esa horrible tía suya seguirá viviendo
Averigüé quién era el propietario. Se trataba de un todavía en su antigua casa — dijo Matilda.
granjero. Fui a verle. Los granjeros se levantan —Desde luego —asintió la señorita Honey—. Sólo
también muy temprano. Estaba ordeñando sus vacas. tiene unos cincuenta años.
Le pregunté si podría alquilarme esta casita. «No Seguirá aún allí durante mucho tiempo.
puede usted vivir allí», dijo. «No reúne condiciones ni — ¿Cree usted que su padre deseaba realmente que
agua corriente, ni nada». se quedara ella la casa para siempre?
«Quiero vivir allí», dije. «Soy una romántica. Me he —Estoy segura de que no —dijo la señorita Honey—.
enamorado de ella. Los padres suelen ceder a su tutor el derecho a
Alquílemela, por favor». ocupar la casa durante un cierto tiempo, pero casi
«Está usted loca», dijo. «Pero si insiste, sea bienvenida siempre la dejan en depósito para el hijo. Luego,
a ella. La renta será de diez peniques a la semana». cuando el hijo o la hija se hacen mayores, la
«Aquí tiene el alquiler de un mes, por adelantado», propiedad es suya.
dije, dándole cuarenta peniques. —Entonces, es propiedad de usted.
«Y muchas gracias». —Nunca apareció el testamento de mi padre —dijo
— ¡Qué estupendo! —exclamó Matilda—. ¡Así que, de la señorita Honey—. Parece como si alguien lo
pronto, tenía una casa para usted! hubiera destruido.
Pero ¿cómo tuvo el valor suficiente para decírselo a —No hay que romperse la cabeza para adivinar
su tía? quién fue —dijo Matilda.
—Fue duro —dijo la señorita Honey—, pero me —Desde luego que no —dijo la señorita Honey.
mentalicé para hacerlo. Una noche, después de que —Pero si no hay testamento, la casa es
hube preparado su cena, subí al piso superior, guardé automáticamente suya. Usted es el pariente más
las pocas cosas que poseía en una caja de cartón, cercano.
bajé y le comuniqué que me iba. «He alquilado una —Lo sé —dijo la señorita Honey—, pero mi tía presentó
casa», dije. Mi tía se enfureció. «¡Alquilar una casa!», un documento, supuestamente escrito por mi padre,
gritó. «¿Cómo puedes alquilar una casa cuando todo en el que se decía que le dejaba la casa a su
lo que tienes es una libra a la semana?». cuñada por sus desvelos al ocuparse de mí. Estoy
«Lo he hecho», dije. «¿Y cómo vas a comprar segura de que era un documento falso. Pero nadie
comida?» puede probarlo.
«Ya me las arreglaré», murmuré y me fui. — ¿No podría intentarlo? —preguntó Matilda—. ¿No
— ¡Bien hecho! —exclamó Matilda—. ¡Al fin era libre! podría contratar un buen abogado y tratar de
—Al fin fui libre —dijo la señorita Honey—. No puedo impugnarlo?
explicarte lo maravilloso que resultó. —Carezco de dinero para ello —dijo la señorita
—Pero ¿realmente se las ha arreglado para vivir aquí Honey—. Y debes tener presente que esa tía mía es
con una libra a la semana durante dos años? una persona muy respetada en la comunidad. Tiene
—Claro que sí —dijo la señorita Honey—. Pago diez mucha influencia.
peniques de alquiler y con el resto me alcanza para — ¿Quién es ella? —preguntó Matilda.
comprar petróleo para el hornillo y un poco de leche La señorita Honey dudó un momento. Luego
y té, pan y margarina. Eso es todo lo que de verdad respondió en voz baja:
necesito. Como ya te he dicho, me doy una buena —La señorita Trunchbull.
comilona en el almuerzo en la escuela. 2607 Palabras
Matilda la miró. ¡Qué cosa tan valiente había hecho
la señorita Honey! De pronto, se convirtió en una
heroína para ella.
— ¿No es esto terriblemente frío en invierno? —
preguntó.
—Tengo mi hornillo de petróleo —dijo la señorita
Honey—. Te sorprendería ver lo calentito que se está
aquí dentro.
— ¿Tiene usted cama, señorita Honey?

120
—Sin embargo, no le prometo que vaya a dejar de
pensar en ello, señorita Honey — dijo Matilda—. He
estado pensando en ello durante todo el camino
Capítulo 18 desde su casa y se me ha ocurrido una idea.
—No deberías hacer nada —dijo la señorita Honey—.
Los Nombres Olvídalo, por favor.
—Me gustaría hacerle tres últimas preguntas antes de
— ¡La señorita Trunchbull! —exclamó Matilda, dando dejar de hablar de ello —dijo
un brinco de casi un palmo—. ¿Quiere decir que su Matilda—. ¿Las va a contestar, señorita Honey?
tía es ella? ¿Que fue ella la que la crió? La profesora sonrió. Era extraordinario, pensó, cómo
—Sí —dijo la señorita Honey. se hacía cargo de sus problemas aquella mocosa y,
— ¡No me extraña que estuviera aterrorizada! — además, con qué autoridad.
exclamó Matilda—. El otro día la vimos coger a una —Bien —dijo—, eso depende de las preguntas.
niña por las coletas y lanzarla por encima de la valla —La primera es ésta —dijo Matilda—: ¿Cómo llamaba
del campo de deportes. la señorita Trunchbull a su padre?
—No habéis visto nada —dijo la señorita Honey—. Al —Estoy segura de que le llamaba Magnus —dijo la
morir mi padre, cuando yo tenía cinco años y medio, señorita Honey—. Ése era su nombre de pila.
me obligaba a bañarme sola. Y si entraba y le — ¿Y cómo llamaba su padre a la señorita
parecía que no me había bañado bien, me metía la Trunchbull?
cabeza en el agua y la tenía así un rato. Pero no —Se llama Agatha. Supongo que la llamaría así.
quiero hablar de lo que me hacía. Eso no va a servir —Y por último —dijo Matilda—, ¿cómo la llamaban a
de nada. usted su padre y la señorita
—No —dijo Matilda—. De nada. Trunchbull?
—Vinimos aquí —dijo la señorita Honey para hablar —Jenny —dijo la señorita Honey.
de ti y no hemos hecho otra cosa que hablar de mí Matilda sopesó cuidadosamente las respuestas.
todo el tiempo. Me siento avergonzada. Me interesa —Deje que me asegure de que los he cogido bien —
mucho más lo que puedes hacer con esos dijo—. En su casa, su padre era
asombrosos ojos tuyos. Magnus, la señorita Trunchbull era Agatha y usted,
—Puedo mover cosas —dijo Matilda—. Sé que puedo. Jenny. ¿Estoy en lo cierto?
Y volcar objetos. —Sí, así es —afirmó la señorita Honey.
— ¿Te gustaría —preguntó la señorita Honey— que —Gracias —dijo Matilda—. Y ahora, ya no hablaré
hiciéramos unos experimentos, con toda prudencia, más del tema.
para comprobar qué es lo que puedes mover y La señorita Honey se preguntó qué demonios estaría
volcar? pasando por la mente de la niña.
Matilda respondió, bastante sorprendentemente: —No hagas ninguna tontería —dijo.
—Si no le importa, señorita Honey, creo que sería Matilda se rió, se volvió y se alejó corriendo por el
mejor que no. Ahora desearía irme a casa y pensar camino que llevaba a la puerta principal, desde
en todo lo que he escuchado esta tarde. donde gritó:
La señorita Honey se puso al instante de pie. — ¡Adiós, señorita Honey! ¡Muchas gracias por la
—Claro —dijo—. Te he retenido aquí demasiado merienda!
tiempo. Tu madre estará preocupada por ti. 684 Palabras
— ¡Oh, no, no se preocupa nunca! —exclamó
Matilda, sonriendo—. Pero me gustaría irme a casa
ahora, por favor, si no tiene inconveniente.
—Vete, entonces —dijo la señorita Honey—. Siento
haberte ofrecido una merienda tan pobre.
Capitulo 19
—Nada de eso —dijo Matilda—. Me ha encantado.
Las dos recorrieron el trayecto hasta la casa de La Práctica
Matilda en completo silencio. La señorita Honey
Matilda encontró la casa vacía, como de costumbre.
percibió que Matilda lo prefería así. La niña parecía
Su padre no había regresado del trabajo, su madre
tan sumida en sus propios pensamientos que apenas
no había vuelto del bingo y su hermano andaría por
veía por dónde pisaba. Cuando llegaron ante la
cualquier parte. Fue derecha al cuarto de estar y
puerta de
abrió el cajón del aparador donde sabía que su
la casa de Matilda, dijo la señorita Honey:
padre guardaba una caja de puros. Cogió uno, se
—Harías bien en olvidar todo lo que te he dicho esta
dirigió a su dormitorio y se encerró en él.
tarde.
«Ahora a practicar», se dijo a sí misma. «Va a ser duro,
—No le voy a prometer eso —dijo Matilda—, pero sí
pero estoy decidida a hacerlo».
que no hablaré de ello con nadie, ni siquiera con
Su plan para ayudar a la señorita Honey comenzaba
usted.
a perfilarse perfectamente en su mente. Lo tenía
—Creo que eso sería lo más sensato —aprobó la
planeado en casi todos sus detalles, pero todo
señorita Honey.
dependía de que ella fuera capaz de hacer una

121
cosa muy especial con el poder de sus ojos. Sabía A partir de entonces, todos los días, después de la
que no podría lograrlo sin más, pero confiaba en que escuela, Matilda se encerraba en su habitación y
con mucha práctica y esfuerzo, acabaría teniendo practicaba con el puro. Y muy pronto, lo consiguió de
éxito. El puro era esencial. Era, quizá, un poco más la forma más maravillosa. Seis días después, un
grueso de lo que hubiera deseado, pero el peso era miércoles por la tarde, ya era capaz no sólo de elevar
bastante exacto. Sería estupendo para practicar. el puro en el aire, sino también hacer que se
En el tocador del dormitorio de Matilda había un desplazara de lugar, exactamente como ella quería.
cepillo para el pelo, un peine y dos libros de la Era magnífico.
biblioteca. Apartó aquellos objetos y depositó el puro — ¡Puedo hacerlo! —exclamó—. ¡Puedo hacerlo de
en el centro. A continuación, se alejó y se sentó en el verdad! ¡Puedo elevar el puro sólo con el poder de
borde de la cama. Estaba a algo más de tres metros mis ojos y empujarlo y moverlo en el aire como yo
del puro. quiera!
Se serenó y empezó a concentrarse y, esta vez, sintió Sólo le restaba ahora poner en marcha su gran plan.
enseguida el efecto eléctrico que fluía dentro de su 693 Palabras
cabeza y se acumulaba detrás de sus ojos. Éstos se
calentaban y comenzaban a salir de ellos millones de
diminutas e invisibles manos como chispas,
dirigiéndose hacia el puro. «Muévete», murmuró, y,
con gran sorpresa, el puro con su vitola de color rojo y
Capitulo 20
oro empezó a rodar casi al instante por la parte
superior del tocador y cayó a la alfombra.
El Tercer Milagro
Matilda disfrutó con el ensayo. Era fantástico poder Al día siguiente era jueves y, como todos los alumnos
hacer aquello. Era como si dentro de su cabeza de la señorita Honey sabían, ese día la directora se
empezaran las chispas a dar vueltas y más vueltas, hacía cargo de la primera clase que había después
hasta que salían por sus ojos. Le producía una del almuerzo.
sensación de poder casi etéreo. ¡Qué rápido había Por la mañana, la señorita Honey les había dicho:
sido esta vez! —Uno o dos de vosotros no lo pasaron precisamente
¡Qué sencillo! muy bien la última vez que dirigió la clase la directora,
Atravesó el dormitorio, recogió el puro y lo volvió a así que procuremos todos ser especialmente
colocar sobre el aparador. cuidadosos y sensatos hoy. ¿Cómo están tus orejas
«Ahora más difícil», se dijo. «Porque si tengo el poder tras el último encuentro con la señorita Trunchbull,
de empujar, seguramente tendré también el de Eric?
levantar. Es vital que aprenda a levantarlo. Tengo que —Me las ha agrandado —dijo Eric—. Mi madre dice
aprender a levantarlo en el aire y mantenerlo allí. Un que está segura de que son más grandes que antes.
puro no es un objeto muy pesado». —Y tú, Rupert —prosiguió la señorita Honey—. Me
Se sentó en el borde de la cama y comenzó de alegra ver que no perdiste nada de pelo después del
nuevo. Le resultó fácil concentrar el poder detrás de jueves pasado.
sus ojos. Era como apretar un gatillo en el cerebro. —La cabeza me dolió terriblemente luego —dijo
— ¡Levántate! —susurró—. ¡Levántate! ¡Levántate! Rupert.
Al principio, el puro comenzó a rodar pero, luego, —Y tú, Nigel —dijo la señorita Honey—, ¿quieres hacer
cuando Matilda se concentró con gran esfuerzo, el favor de no ser un sabelotodo con la directora
empezó a elevarse lentamente uno de sus extremos, hoy? Realmente, la semana pasada te pasaste un
cosa de un par de centímetros. Pudo mantenerlo así, poco con ella.
haciendo un esfuerzo colosal. Luego volvió a caer de —La odio —dijo Nigel.
nuevo. —Procura que no se te note tanto —le aconsejó la
— ¡Uy! —exclamó jadeando—. ¡Lo voy consiguiendo! señorita Honey—. No sirve para nada. Ella es una
¡Estoy empezando a hacerlo! mujer muy fuerte. Sus músculos son como cables de
Matilda siguió practicando durante una hora y, al acero.
final, pudo conseguir, con el poder de sus ojos, elevar —Me gustaría ser mayor para ajustarle las cuentas.
el puro unos quince centímetros del aparador y —Dudo que pudieras —dijo la señorita Honey—. Hasta
mantenerlo así durante un minuto. Al acabar, se sintió ahora nadie ha podido con ella.
de pronto tan extenuada que se dejó caer en la — ¿De qué nos va a examinar esta tarde? —preguntó
cama y se quedó dormida. una niña pequeña.
Así fue como la encontró más tarde su madre. —Con toda probabilidad de la tabla de multiplicar
— ¿Qué te pasa? —preguntó su madre, por tres —respondió la señorita
despertándola—. ¿Estás enferma? Honey—. Eso es lo que se supone que habéis
— ¡Oh, cielos! —exclamó Matilda, incorporándose y aprendido esta semana, así que procurad saberla.
mirando a su alrededor—. No. Llegó y pasó la hora del almuerzo.
Estoy muy bien. Estaba un poco cansada, eso es Después de él, se reunió la clase. La señorita Honey
todo. permanecía de pie, a un lado.

122
Los alumnos estaban sentados en silencio, inquietos y melones como tú, ¿cuántos melones tengo en total?
expectantes. En ese momento, entró la señorita ¡Vamos! ¡Contéstame enseguida!
Trunchbull en la clase como una tromba, con sus El pobre Wilfred estaba muy confundido.
pantalones verdes y el guardapolvo de algodón. Se — ¡Espere! —exclamó—. ¡Espere un momento! Tengo
fue derecha a su jarra de agua, la levantó asiéndola que sumar ocho melones de invierno y ocho de
por el asa y miró dentro. verano... —empezó a contar con los dedos.
—Me alegra comprobar que esta vez no hay — ¡Ampolla reventada! —gritó la Trunchbull—.
animales viscosos en mi agua. En caso contrario, algo ¡Gusano asqueroso! ¡Eso no es una suma! ¡Es una
excepcionalmente desagradable les hubiera ocurrido multiplicación! ¡La respuesta es tres por ocho! ¿O es
a todos y cada uno de los componentes de esta ocho por tres?
clase. Y eso la incluye a usted, señorita Honey. ¿Qué diferencia hay entre tres por ocho y ocho por
La clase permaneció tensa y en silencio. Para tres? ¡Dímela, pedazo de inmundicia, y cuidado con
entonces ya habían aprendido un pocode aquella lo que dices!
tigresa y nadie quería correr el menor riesgo. Wilfred estaba ya demasiado asustado y aturdido
—Está bien —tronó la Trunchbull—. Vamos a ver cómo para poder hablar.
habéis aprendido la tabla del tres o, por decirlo de La Trunchbull se plantó en dos zancadas a su lado y,
otra manera, lo mal que os la ha enseñado la señorita mediante un sorprendente truco gimnástico o, quizá,
Honey. con una llave de judo o kárate, golpeó por detrás las
La señorita Trunchbull estaba de pie, frente a la clase, piernas de
con las piernas separadas y las manos en las caderas, Wilfred con uno de sus pies, de tal forma que el niño
mirando con el ceño fruncido a la señorita Honey, salió disparado del suelo y dio un salto mortal en el
que permanecía en silencio a un lado. aire. A medio camino del salto mortal, ella le agarró
Matilda, inmóvil en su pupitre de la segunda fila, por un tobillo y le mantuvo sujeto cabeza abajo,
miraba atentamente. como un pollo desplumado en el escaparate de una
— ¡Tú! —gritó la Trunchbull, señalando con un dedo tienda.
del tamaño de un rodillo de cocina a un niño — ¡Ocho por tres —gritó la Trunchbull, balanceando a
llamado Wilfred. Éste se encontraba sentado en el Wilfred de un lado a otro, sujeto por el tobillo— es lo
extremo de la derecha de la primera fila. mismo que tres por ocho y es igual a veinticuatro!
Wilfred se puso en pie. ¡Repítelo!
—Recita la tabla del tres, pero al revés, empezando En ese preciso momento, Nigel, que estaba sentado
por el final —dijo con voz tonante la señorita al otro lado de la habitación, dio un brinco y señaló
Trunchbull. nervioso en dirección a la pizarra, chillando:
— ¿Al revés? —tartamudeó Wilfred—. Pero así no la — ¡La tiza! ¡La tiza! ¡Mirad la tiza! ¡Se mueve sola!
hemos aprendido. Tan histérica y penetrante fue la exclamación de
— ¡Eso es! —gritó triunfalmente la Trunchbull—. ¡No os Nigel, que todos los que estaban allí, incluso la
ha enseñado nada! señorita Trunchbull, miraron a la pizarra. Allí, sin que
Señorita Honey, ¿por qué no les ha enseñado cupiera la menor duda al respecto, se movía un trozo
absolutamente nada la última semana? de tiza nuevo, cerca de la superficie negra grisácea
—Eso no es cierto, señora directora —dijo la señorita de la pizarra.
Honey—. Han aprendido la tabla de multiplicar por — ¡Está escribiendo algo! —gritó Nigel—. ¡La tiza está
tres, pero no veo ninguna razón para que la escribiendo algo!
aprendan al revés. No tiene ningún sentido enseñar Y ciertamente era así.
algo al revés. Aseguraría que ni usted, por ejemplo, — ¿Qué demonios significa esto? —gritó la Trunchbull.
sería capaz de deletrear al revés una palabra tan Se había sobresaltado al ver que una mano invisible
sencilla como «erróneo» de corrido. Lo dudo mucho. había escrito su nombre de pila. Dejó caer a Wilfred al
— ¡No sea impertinente, señorita Honey! —gritó la suelo.
señorita Trunchbull, que se volvió al infortunado Luego gritó, sin dirigirse a nadie en particular:
Wilfred—. Muy bien, chico —dijo—. Contéstame esto. — ¿Quién está haciendo eso? ¿Quién lo está
Si tengo siete manzanas, siete naranjas y siete escribiendo?
plátanos, ¿cuántas piezas de fruta tengo en total? La tiza continuaba escribiendo.
¡Date prisa! ¡Vamos! ¡Dame la respuesta! Todos los presentes escucharon el grito ahogado que
— ¡Eso es una suma! —exclamó Wilfred—. ¡No es la salió de la garganta de la
tabla del tres! Trunchbull.
— ¡Tonto de capirote! —gritó la Trunchbull—. ¡Flemón — ¡No! —gritó—. ¡No puede ser! ¡No puede ser
purulento! ¡Hongo venenoso! ¡Eso es la tabla de Magnus!
multiplicar por tres! ¡Tienes tres grupos distintos de La señorita Honey, situada a un lado de la clase, miró
frutas y cada grupo tiene siete piezas! ¡Tres por siete rápidamente a Matilda. La niña estaba muy derecha
son veintiuno! ¿No lo entiendes, pedazo de en su pupitre, la cabeza erguida, la boca apretada y
alcornoque? Te daré otra oportunidad. Si tengo ocho los ojos brillantes como dos estrellas.
melones de invierno, ocho melones de verano y ocho Por alguna razón, todos miraban ahora a la
Trunchbull. El rostro de la mujer se había tornado

123
blanco como la nieve y abría y cerraba la boca comenzaron a salir del aula. Matilda inició la salida
como un pez fuera del agua, profiriendo sonidos con ellos, pero al pasar junto a la señorita Honey se
entrecortados. detuvo y sus ojos centelleantes se encontraron con los
La tiza dejó de escribir. Se balanceó durante unos de la profesora, que se acercó y le dio a la niña un
instantes y luego de repente cayó al suelo con un fuerte abrazo y un beso.
tintineo y se partió en dos. Un nuevo hogar
Wilfred, que había vuelto a ocupar su sitio en la Ese mismo día, más tarde, comenzaron a circular
primera fila, gritó: noticias de que la directora se había recobrado de su
— ¡Se ha caído la señorita Trunchbull! ¡Está en el suelo! desmayo y que se había marchado de la escuela
Ésa era una noticia sensacional y la clase entera saltó con los labios apretados y el rostro blanco.
de sus asientos y se acercó a contemplar el A la mañana siguiente no fue a la escuela. A la hora
espectáculo. El enorme corpachón de la directora del almuerzo, el director suplente, el señor Trilby, llamó
estaba caído cuan largo era, fuera de combate. por teléfono a su casa para saber si se encontraba
La señorita Honey se acercó enseguida y se arrodilló mal.
junto a ella. Nadie contestó al teléfono.
— ¡Se ha desmayado! —exclamó—. ¡Está sin Cuando terminaron las clases, el señor Trilby decidió
conocimiento! ¡Que vaya alguien inmediatamente a indagar y se encaminó a la casa de las afueras en
buscar a la enfermera! donde vivía la señorita Trunchbull, una casa preciosa,
Tres niños salieron corriendo de la habitación. de estilo georgiano, de ladrillo rojo, conocida como
Nigel, siempre dispuesto a entrar en acción, dio un La Casa Roja, situada en el bosque, detrás de las
brinco y cogió la jarra de agua. colinas.
—Mi padre dice que el agua fría es lo mejor para Llamó al timbre y no hubo respuesta.
reanimar a una persona que se ha desmayado —dijo Aporreó con todas sus fuerzas la puerta y no hubo
y, sin más, volcó el contenido de la jarra sobre la respuesta.
cabeza de la Gritó «¿Hay alguien en casa?, pero no hubo
Trunchbull. Nadie protestó, ni siquiera la señorita respuesta.
Honey. Intentó abrir la puerta y comprobó sorprendido que
Matilda seguía sentada inmóvil en su pupitre. Se se hallaba abierta. Entró.
sentía extrañamente exultante. La casa estaba silenciosa y no había nadie en ella; sin
Experimentaba la sensación de haber conseguido embargo, todos los muebles se encontraban en su
algo que no era de este mundo, el punto más alto del sitio. El señor Trilby subió al piso superior y se dirigió al
cielo, la estrella más lejana. Había notado más dormitorio principal. Allí también parecía estar todo
maravillosamente que otras veces la fuerza que se normal, hasta que abrió cajones y armarios. No había
concentraba detrás de sus ojos, que corría como un vestidos, ropa interior ni zapatos. Habían
fluido caliente por el interior de su cráneo. Sus ojos se desaparecido.
habían vuelto abrasadoramente ardientes y habían «Se ha marchado», se dijo el señor Trilby, y se dirigió a
empezado a surgir cosas de las cuencas de sus ojos y, informar a los administradores de la escuela de que,
entonces, la tiza se había levantado sola y había aparentemente, la directora se había esfumado.
empezado a escribir. Tan sencillo había sido, que El segundo día por la mañana, la señorita Honey
parecía como si ella no hubiera hecho nada. recibió una carta certificada de la oficina de un
En ese momento entró precipitadamente en la clase notario local informándole que había aparecido,
la enfermera de la escuela, seguida de cinco repentina y misteriosamente, el testamento de su
profesores, tres mujeres y dos hombres. padre. El documento revelaba que, desde la muerte
— ¡Caramba, al fin ha podido vencerla alguien! — de su padre, la señorita Honey era, de hecho, la
exclamó uno de los hombres, sonriendo—. legítima propietaria de una casa situada en las
¡Enhorabuena, señorita Honey! afueras del pueblo, conocida como La Casa Roja,
— ¿Quién le ha echado agua? —preguntó la que, hasta ahora, había ocupado una tal señorita
enfermera. Agatha Trunchbull. El testamento indicaba también
—Fui yo —dijo Nigel, orgullosamente. que le dejaba a ella los ahorros de toda su vida que,
— ¡Bien hecho! —exclamó otro de los profesores—. afortunadamente, seguían a salvo en el banco.
¿Traemos más? Añadía el notario en su carta que si la señorita Honey
—Deje eso —dijo la enfermera—. Tenemos que se dignaba ir por su oficina lo antes posible, la
trasladarla a la enfermería. propiedad y el dinero serían transferidos de inmediato
Hicieron falta los cinco profesores y la enfermera para a su nombre.
levantar a la gigantesca mujer y salir tambaleándose Así lo hizo la señorita Honey, y al cabo de un par de
con ella de la clase. semanas se trasladó a La Casa
La señorita Honey dijo a los alumnos: Roja, el mismo lugar donde se había criado y donde,
—Creo que será mejor que os vayáis al patio y que felizmente, permanecían los muebles y cuadros
paséis el rato hasta la próxima clase. familiares. A partir de entonces, Matilda se convirtió
A continuación se volvió, se dirigió a la pizarra y borró en una visitante asidua. Iba allí todas las tardes,
cuidadosamente todo lo escrito con tiza. Los niños

124
cuando salía de la escuela, y entre la profesora y la —En un libro de la biblioteca —respondió Matilda—.
niña comenzó a establecerse una estrecha amistad. Eso quiere decir que late tan rápido que ni siquiera se
Mientras tanto, en la escuela se estaban produciendo pueden diferenciar los latidos. Debe sonar como un
también grandes cambios. Tan pronto como zumbido.
desapareció de escena la señorita Trunchbull, se —Así debe de ser —dijo la señorita Honey.
nombró director, en sustitución suya, al excelente — ¿A qué ritmo cree usted que late el corazón de un
señor Trilby. Poco después, a Matilda la trasladaron al erizo?
curso superior, donde la señorita Plimsoll no tardó en —Dímelo —pidió la señorita Honey, volviendo a
comprobar que aquella sorprendente chiquilla era sonreír.
tan brillante como había dicho la señorita Honey. —No tan rápido como el de un ratón —dijo Matilda—.
Una tarde, unas semanas después, Matilda estaba Trescientas veces por minuto. Pero, aun así, nadie
merendando con la señorita hubiera pensado que latiera tan rápidamente
Honey en la cocina de La Casa Roja, como hacía tratándose de un animal que se mueve tan despacio,
siempre después de clase, cuando dijo de repente: ¿no, señorita Honey?
—Me ha sucedido una cosa muy extraña, señorita —Yo, desde luego, no —respondió la señorita
Honey. Honey—. Dime alguno más.
—Cuéntamelo —dijo la señorita Honey. —El caballo —dijo Matilda—. Ése va realmente
—Esta mañana —dijo Matilda— y, sólo por distraerme, despacio. Sólo cuarenta veces por minuto.
intenté mover algo con los ojos y no pude. No se «Esta niña —pensó la señorita Honey— parece
movió nada. Ni siquiera sentí el calor en los ojos. Ha interesarse por todo. Es imposible aburrirse a su lado.
desaparecido el poder que tenía. Creo que lo he Me encanta».
perdido del todo. Las dos siguieron hablando durante una hora, más o
La señorita Honey untó parsimoniosamente de menos, y a eso de las seis se despidió Matilda y se fue
mantequilla una rebanada de pan moreno y luego andando a su casa, en lo que tardaba unos ocho
extendió sobre ella un poco de mermelada de fresa. minutos. Cuando llegó, vio un gran Mercedes negro
—Pensé que sucedería algo así —dijo. estacionado a la puerta. No le prestó demasiada
— ¿Sí? ¿Por qué? —preguntó Matilda. atención. Era frecuente ver coches extraños
—Bueno —dijo la señorita Honey—, es sólo una estacionados ante la puerta de su casa. Cuando
suposición, pero he aquí lo que pienso. Mientras entró en la casa se encontró con un auténtico caos.
estabas en mi clase no tenías nada que hacer, no Su madre y su padre estaban en el vestíbulo,
tenías que esforzarte por nada. Era una frustración guardando frenéticamente ropas y diversos objetos
para tu asombroso cerebro. En él había almacenada en maletas.
una enorme cantidad de energía sin utilizar que, de — ¿Qué sucede? —preguntó—. ¿Qué pasa, papi?
una forma u otra, tuviste la facultad de proyectar a —Nos largamos —dijo el señor Wormwood sin levantar
través de tus ojos y hacer que los objetos se movieran. la vista—. Nos vamos al aeropuerto dentro de media
Pero ahora las cosas son diferentes. hora, así que ya puedes ir empaquetando tus cosas.
Estás en la clase superior, compitiendo con niños que ¡Vamos, chica! ¡Date prisa!
te doblan la edad, y empleas toda tu energía mental — ¿Que nos vamos? —exclamó Matilda—. ¿Adonde?
en clase. Por vez primera, tu cerebro tiene que luchar —A España —dijo el padre—. El clima es mejor que en
y esforzarse y estar de verdad ocupado, lo que es este piojoso país.
estupendo. Pero esto no es más que una suposición, — ¡A España! —gritó Matilda—. ¡Yo no quiero ir a
puede que estúpida, pero no creo que se aleje España! ¡Me gusta vivir aquí y me gusta mi escuela!
mucho de la realidad. — ¡Limítate a hacer lo que te digo y deja de discutir!
—Estoy contenta de que haya terminado —dijo —rugió el padre—. ¡Bastantes problemas tengo sin
Matilda—. No me gustaría ir por ahí toda la vida contar contigo!
haciendo milagros. —Pero papi... —comenzó a decir Matilda.
—Ya has hecho bastante —dijo la señorita Honey—. — ¡Cierra el pico! —gritó el padre—. ¡Nos vamos
Apenas puedo creerme todo lo que has hecho por dentro de treinta minutos! ¡No voy a perder ese avión!
mí. — ¿Por cuánto tiempo nos vamos, papi? —preguntó
Matilda, que estaba sentada en un alto taburete de Matilda—. ¿Cuándo volveremos?
la mesa de la cocina, se comió su pan con —No vamos a volver —respondió el padre—. ¡Ahora,
mermelada lentamente. Le encantaban esas tardes lárgate! ¡Estoy ocupado!
con la señorita Honey. Se sentía muy a gusto en su Matilda se dio la vuelta y salió por la puerta principal,
presencia y las dos se hablaban más o menos como que estaba abierta. Tan pronto como estuvo en la
iguales. calle echó a correr. Se dirigió a la casa de la señorita
— ¿Sabía usted —preguntó Matilda Honey, a la que llegó en apenas cuatro minutos.
repentinamente— que el corazón de un ratón late a Subió corriendo el sendero que conducía a ella y vio
un ritmo de seiscientas cincuenta veces por a la profesora en el jardín delantero, en medio de un
segundo? macizo de rosas, con unas tijeras de podar. La
—No lo sabía —dijo la señorita Honey sonriendo—. señorita Honey había oído el ruido de las rápidas
¿Dónde lo has leído? pisadas de Matilda sobre la gravilla y se incorporó y

125
salió del macizo en el momento en que llegaba la —Sí, sería maravilloso —dijo la señorita Honey,
niña corriendo. dulcemente.
— ¡Dios mío! —exclamó—. ¿Qué pasa? — ¡Creo que accederán! —exclamó Matilda—. ¡Creo
Matilda se detuvo frente a ella, sin aliento y con el que sí! ¡La verdad es que no les importo nada!
rostro rojo: —Calma, calma —dijo la señorita Honey.
— ¡Se van! —exclamó—. ¡Se han vuelto todos locos y — ¡Tenemos que ir enseguida! —exclamó Matilda—.
están haciendo las maletas para irse a España dentro ¡Se van a marchar de un momento a otro! ¡Vamos! —
de treinta minutos! gritó, cogiendo de la mano a la señorita Honey—.
— ¿Quiénes? —preguntó tranquilamente la señorita ¡Por favor, venga conmigo y dígaselo! ¡Tenemos que
Honey. apresuramos! ¡Tenemos que correr!
—Mamá y papá y mi hermano Mike, y dicen que Un instante después, las dos se dirigían corriendo por
tengo que irme con ellos. el sendero de entrada hacia la calle. Matilda iba
— ¿De vacaciones? delante, tirando de la señorita Honey, y fueron
— ¡Para siempre! —exclamó desolada Matilda—. corriendo desenfrenadamente por el campo y por el
¡Papá dice que no vamos a volver nunca! pueblo hasta la casa de los padres de Matilda. El
Hubo un breve silencio y luego dijo la señorita Honey: gran Mercedes negro estaba aún en la puerta y el
—La verdad es que no me sorprende mucho. maletero y las puertas estaban abiertas, mientras el
— ¿Quiere decir que sabía usted que se iban? — señor y la señora Wormwood y el chico se movían
exclamó Matilda—. ¿Por qué no me lo dijo? apresuradamente de un lado a otro, cargando las
—No, querida —dijo la señorita Honey—. No sabía maletas, cuando llegaron corriendo Matilda y la
que se iban a marchar. Pero la noticia no me señorita Honey.
sorprende. — ¡Mamá, papá! —exclamó Matilda, jadeando—.
— ¿Por qué? —preguntó Matilda—. Dígame por qué, ¡No quiero ir con vosotros! ¡Quiero quedarme aquí y
por favor —aún jadeaba por la carrera y por el vivir con la señorita Honey, y ella dice que puedo
sobresalto que le había producido todo aquello. hacerlo, pero sólo si me dais permiso! ¡Decid que sí,
—Porque tu padre —dijo la señorita Honey— está por favor! ¡Vamos, papá, di que sí! ¡Di que sí, mamá!
relacionado con una banda de ladrones. En el El padre se volvió y miró a la señorita Honey.
pueblo lo sabe todo el mundo. Creo que es el —Usted es la profesora que vino a verme una vez,
destinatario de coches robados en todo el país. Está ¿no? —dijo. Luego volvió a su tarea de colocar
metido hasta el cuello. maletas en el coche.
Matilda se la quedó mirando con la boca abierta. —Ésta tendrá que ir en el asiento trasero —le dijo su
—Llevaban coches robados al taller de tu padre — mujer—. Ya no hay más sitio en el maletero.
prosiguió la señorita Honey—, donde él cambiaba las —Me encantaría tener conmigo a Matilda —dijo la
matrículas, los pintaba de otro color y cosas por el señorita Honey—. Yo cuidaría de ella con todo cariño,
estilo. señor Wormwood, y pagaría todos sus gastos. No les
Probablemente le habrán dado el soplo de que la costaría a ustedes ni un penique. Pero no fue idea
policía iba tras él y hace lo que todos: marcharse a mía, sino de Matilda. Sin embargo, no accederé a
España, donde no pueden cogerle. Habrá estado quedarme con ella sin que den su pleno
mandando fuera su dinero durante años, para consentimiento de buen grado.
cuando llegara este momento. — ¡Vamos, Harry! —dijo la madre, metiendo la maleta
Se encontraban en el césped de la parte delantera en el asiento trasero—. ¿Por qué no la dejamos, si es
de la bonita casa de ladrillo rojo con sus patinadas eso lo que quiere? Será una menos de quien
tejas rojas y sus altas chimeneas, y la señorita Honey ocuparse.
aún tenía en la mano las tijeras de podar. Hacía una —Tengo prisa —dijo el padre—. Tengo que tomar ese
tarde excelente y por allí cerca cantaba un mirlo. avión. Si ella quiere quedarse, que se quede. Por mi
— ¡Yo no quiero ir con ellos! —gritó Matilda—. ¡No me parte no hay inconveniente.
iré! Matilda se arrojó en brazos de la señorita Honey y se
—Me temo que tendrás que hacerlo —dijo la señorita abrazó a ella. La señorita
Honey. Honey la abrazó a su vez y, a poco, la madre, el
— ¡Quiero vivir aquí con usted! —exclamó Matilda—. padre y el hermano se subieron al coche y éste salió
¡Por favor, déjeme vivir aquí con usted! disparado con un fuerte chirrido de neumáticos. El
—Me gustaría que pudieras —dijo la señorita Honey—, hermano hizo un gesto de despedida con la mano, a
pero creo que no es posible. No puedes dejar a tus través de la ventanilla trasera, pero el padre y la
padres sólo porque quieras. Tienen derecho a llevarte madre ni siquiera miraron hacia atrás. La señorita
con ellos. Honey aún tenía a la niña en sus brazos y ninguna de
— ¿Y si ellos accedieran? —preguntó Matilda ellas dijo nada, mientras veían cómo el coche
ansiosamente—. ¿Podría quedarme con usted si doblaba la esquina, al final de la calle, y desaparecía
dijeran que sí? ¿Permitiría que me quedara aquí con para siempre en la distancia.
usted? 2924 Palabras

126
QUENTIN BLAKE
Nació en 1932 en la población inglesa de Sidcup. Comenzó a dibujar en sus años de escuela y cuando tan sólo
contaba dieciséis, vio publicados sus primeros dibujos en la revista humorística Punch. Durante sus estudios de
Letras en la Universidad de Cambridge continuó colaborando con diferentes publicaciones. En 1960 apareció su
primer libro.
Desde entonces no ha parado de ilustrar libros para niños y también para adultos, algunos de ellos escritos por él.
Desde 1965 es profesor del «Royal College of Art» de Londres. Su dibujo es claramente identificable por su
espontaneidad y aparente sencillez. Detrás de su estilo fluido, está el talento de un artista genial en el que se
aúnan el humor, la ternura y buenas dosis de provocación y sátira. En España su trabajo ha alcanzado una
extraordinaria difusión, principalmente sus ilustraciones de los libros de Roald Dahl, tal vez el escritor para niños y
jóvenes más leído y celebrado por éstos en los últimos años. El propio Dahl opinaba de su amigo y colaborador
«Para mí es el mejor ilustrador de libros para niños del mundo.»
ROALD DAHL
Nació en Llandaf, un pueblecito del País de Gales, en el seno de una familia acomodada de origen noruego. A
los siete años fue internado en un colegio inglés, donde sufrió el rígido sistema educativo británico que reflejaría
luego en algunos de sus libros. Terminado el Bachillerato, y en contra de las recomendaciones maternas para
que cursara estudios universitarios, entró a trabajar en Shell, la compañía multinacional petrolífera, en África. En
ese continente fue donde le sorprendió la Segunda Guerra Mundial, en la que tomó parte. Se hizo piloto de
aviación en la Royal Air Force; fue derribado en combate, y pasó seis meses hospitalizado. Después fue destinado
a Londres, y en Washington empezó a escribir sus aventuras de guerra. Su incursión en la literatura infantil estuvo
motivada por los cuentos que narraba a sus cuatro hijos. En 1964 publica su primera obra, Charlie y la fábrica de
chocolate. También escribió guiones para películas; concibió personajes famosos como los Gremlins, y algunas
de sus obras han sido llevadas
al cine. Roald Dahl murió en Oxford a los 74 años de edad.
Notas
[1] Juego de palabras entre cosy nook, «rincón acogedor» y nosey cook, «cocinera metomentodo». (N. del T.)
[2] Juego de palabras en el que «belleza» (looks) y «libros» (books) riman. (N. del
T.)
[3] Ink significa «tinta». (N. del T.)

127
128
Manolito
Gafotas
Autora: Elvira Lindo, 1994.
Ilustraciones: Emilio Urberuaga
Manolito Gafotas es un niño de Carabanchel que observa el mundo desde su barrio y
cuenta todo lo que ve con las palabras que atrapa de los mayores, de las películas y
de la televisión.

Con su abuelo Nicolás, su hermanito el Imbécil, sus amigos Orejones López, Yihad
y Susana, Manolito Gafotas es capaz de vivir los hechos cotidianos como aventuras
estupendas: leyéndolas se comprende que la infancia es el mejor momento de la vida.

129
Bueno, también me pueden llamar
Ten Cabezón, pero eso de momento no se les
EL ÚLTIMO MONO Presente ha ocurrido y desde luego yo no pienso dar
pistas. Lo mismo le pasaba a mi amigo el
En el presente curso Orejones López; desde que tiene su mote
DEBO tomar en cuenta
Me llamo Manolito García Moreno, pero si tú me Mis Reglas de ahora ya nadie se mete con sus orejas.
entras a mi barrio y le preguntas al primer tío Subrayado serán: Hubo un día que discutimos a patadas
que pase: cuando volvíamos del colegio porque él
—Oiga, por favor, ¿Manolito García NARANJA: Palabras decía que prefería sus orejas a mis gafas de
Moreno? importantes y títulos culo de vaso y yo le decía que prefería mis
El tío, una de dos, o se encoge de hombros VERDE: Ideas gafas a sus orejas de culo de mono. Eso de
o te suelta: principales, conceptos y culo de mono no le gustó nada, pero es
definiciones verdad. Cuando hace frío las orejas se le
—Oiga, y a mí qué me cuenta.
Porque por Manolito García Moreno no me
AZUL: Fechas, cifras, ponen del mismo color que el culo de los
cantidades (Destacarlos monos del zoo; eso está demostrado ante
conoce ni el Orejones López, que es mi mejor
con un circulo)
amigo, aunque algunas veces sea un cochino notario. La madre del Orejones le ha dicho
ROJO: Palabras que no se preocupe porque de mayor las
y un traidor y otras, un cochino traidor, así,
desconocidas, (DEBO: orejas se encogen; y si no se encogen, te las
todo junto y con todas sus letras, pero es mi Buscar----
mejor amigo y mola un pegote. DICCIONARIO/ Hacer-- corta un cirujano y santas pascuas.
En Carabanchel, que es mi barrio, por si no te -GLOSARIO) La madre del Orejones mola un pegote
lo había dicho, todo el mundo me conoce AMARILLO : nombres y porque está divorciada, y como se siente
por Manolito Gafotas. Todo el mundo que me autores, culpable nunca le levanta la mano al
conoce, claro. Los que no me conocen no Orejones para que no se le haga más
saben ni que llevo gafas desde que tenía cinco años. grande el trauma que le está curando la señorita
Ahora, que ellos se lo pierden. Esperanza, que es la psicóloga de mi colegio. Mi madre
Me pusieron Manolito por el camión de mi padre y al tampoco quiere que me coja traumas pero, como no
camión le pusieron Manolito por mi padre, que se está divorciada, me da de vez en cuando una colleja,
llama Manolo. A mi padre le pusieron Manolo por su que es su especialidad.
padre, y así hasta el principio de los tiempos. O sea, La colleja es una torta que te da una madre, o en su
que por si no lo sabe Steven Spielberg, el primer defecto cualquiera, en esa parte del cuerpo humano
dinosaurio Velociraptor se llamaba Manolo, y así hasta que se llama nuca. No es porque sea mi madre, pero la
nuestros días. Hasta el último Manolito García, que soy verdad es que es una experta como hay pocas. A mi
yo, el último mono. Así es como me llama mi madre en abuelo no le gusta que mi madre me dé collejas y
algunos momentos cruciales, y no me llama así porque siempre le dice: «Si le vas a pegar dale un poco más
sea una investigadora de los orígenes de la abajo, mujer, no le des en la cabeza, que está
humanidad. Me llama así cuando está a punto de estudiando».
soltarme una galleta o colleja. A mí me fastidia que me Mi abuelo mola, mola mucho, mola un pegote. Hace
llame el último mono, y a ella le fastidia que en el tres años se vino del pueblo y mi madre cerró la terraza
barrio me llamen el Gafotas. Está visto que nos fastidian con aluminio visto y puso un sofá cama para que
cosas distintas aunque seamos de la misma familia. durmiéramos mi abuelo y yo. Todas las noches le saco la
cama. Es un rollo mortal sacarle la cama, pero me
aguanto muy contento porque luego siempre me da
veinticinco pesetas en una moneda para mi cerdo —
no es un cerdo de verdad, es una hucha— y me estoy
haciendo inmensamente rico.

A mí me gusta que me llamen Gafotas. En mi colegio,


que es el Diego Velázquez, todo el mundo que es un
poco importante tiene un mote. Antes de tener un mote
yo lloraba bastante. Cuando un chulito se metía
conmigo en el recreo siempre acababa insultándome y
llamándome cuatro-ojos o gafotas. Desde que soy Hay veces que me llama el príncipe heredero porque
Manolito Gafotas insultarme es una pérdida de tiempo. dice que todo lo que tiene ahorrado de su pensión
será para mí. A mi madre no le gusta que hablemos de

130
la muerte, pero mi abuelo dice que en los cinco años rollo repollo. Además, a mi abuelo se le saltan las
de vida que le quedan piensa hablar de lo que le dé lágrimas por lo antigua que es Campanera y porque el
la gana. niño antiguo acabó en la cárcel; y a mí me da
Mi abuelo siempre dice que quiere morirse antes del vergüenza que mi abuelo llore con lo viejo que es por
año 2000; dice que no tiene ganas de ver lo que un niño tan antiguo.
pasará en el próximo siglo, que para siglos ya ha Resumiendo, que si vas a Carabanchel y preguntas por
tenido bastante con éste. Está empeñado en morirse Manolito, El Nuevo Joselito, tampoco te van a querer
en 1999 y de la próstata, porque ya que lleva un decir nada o a lo mejor te señalan la cárcel de mi
montón de tiempo aguantando el rollo de la próstata, barrio, por hacerse los graciosos, que es una costumbre
tendría poca gracia morirse de otra cosa. que tiene la gente.
Yo le he dicho que prefiero heredar todo lo de su No sabrán quién es Manuel, ni Manolo, ni Manuel
pensión sin que él se muera, porque dormir con mi García Moreno, ni El Nuevo Joselito, pero todo el
abuelo Nicolás mola mucho, mola un pegote. Nos mundo te dará pelos y también señales de Manolito,
dormimos todas las noches con la radio puesta y si mi más conocido a este lado del río Manzanares como
madre prueba a quitarnos la radio nos despertamos. Gafotas, más conocido en su propia casa como «Ya
Nosotros somos así. Si mi abuelo se muriera yo tendría ves tú quién fue a hablar: El Último Mono».
que compartir la terraza de aluminio visto con el 1395 palabras
Imbécil, y eso me cortaría bastante el rollo.
El Imbécil es mi hermanito pequeño, el único que tengo.
A mi madre no le gusta que le llame el Imbécil; no hay
ningún mote que a ella le haga gracia. Que conste que
yo se lo empecé a llamar sin darme cuenta. No fue de
EL CUERNO DE MANOLITO
esas veces que te pones a pensar con los puños
sujetando la cabeza porque te va a estallar. Al empezar septiembre mi madre nos mandó a mi
Me salió el primer día que nació. Me llevó mi abuelo al abuelo y a mí a comprar un cuerno que me faltaba en
hospital; yo tenía cinco años; me acuerdo porque la trenca. Me lo arrancó el año pasado el Orejones
acababa de estrenar mis primeras gafas y mi vecina la López de un mordisco, un día que no le quise dar
Luisa siempre decía: bocadillo. Él se rompió un diente y yo me quedé sin
«Pobrecillo, con cinco años». cuerno. A él le consoló su madre y a mí la mía me dio
Bueno, pues me acerqué a la cuna le fui a abrir un ojo una colleja de las de efecto retardado, de las que te
con la mano porque el Orejones me había dicho que si duelen a la media hora aproximadamente. Ese día
mi hermanito tenía los ojos rojos es que estaba poseído aprendí que si quieres meterte a una madre en el bote
por el diablo. Yo fui a hacerlo con mi mejor intención y es mucho mejor que te rompas algo de tu propio
el tío se puso a llorar con ese llanto tan falso que tiene. cuerpo a que te
Entonces todos se me echaron encima como si el rompas algo de la
poseído fuera yo y pensé por primera vez: «¡Qué ropa. Lo de la ropa lo
imbécil!», y es de esas cosas que ya no se te quitan de llevan fatal. Sin
la cabeza. Así que nadie me puede decir que le haya embargo, de los
puesto el mote aposta; ha sido él, que ha nacido para destrozos de los hijos
molestar y se lo merece. se ponen a presumir en
Igual que yo me merezco que mi abuelo me llame: cuanto te descuidas:
Manolito, El Nuevo Joselito: Porque mi abuelo me —Mi hijo ayer se rompió
enseñó su canción preferida, que se llama una pierna.
Campanera, y que es una canción muy antigua, de —Y el mío la cabeza,
cuando no había water en la casa de mi abuelo y la no te fastidia.
televisión era muda. Algunas noches jugamos a Joselito, A las madres nunca les gusta quedar por detrás
que era el niño antiguo que la cantaba en el pasado, y cuando están con otras madres. Por eso, al llegar
septiembre, dijo mi madre:
—No quiero que empieces el colegio y que nos
plantemos en octubre sin que te haya cosido el cuerno
a la trenca. Es mi trenca del año pasado, va a ser la
de este año y será la del que viene y la del otro y la
del otro, porque mi madre dice que los niños crecen
mucho y hay que comprarles las trencas con vistas al
futuro. Los niños crecen mucho, pero yo no. Por eso,
ésta será la trenca que lleve el día de mi muerte,
cuando sea viejo. Odio mi trenca. Tendré que pasar la
vida odiando la misma trenca.
yo le canto la canción y luego hago que vuelo y esas ¡Qué aburrimiento!
cosas, porque si no jugar a Joselito, una vez que Este verano mi madre obligó al médico a que me
acabas de cantar Campanera, se convierte en un recetara vitaminas. Yo creo que a ella le da vergüenza

131
que la trenca siempre me esté igual de grande y me da —Ya hemos cumplido con nuestras obligaciones;
vitaminas para que la trenca y yo seamos de una vez ahora vamos a darnos un garbeo por la Gran Vía,
por todas de la misma talla. Hay veces que pienso que Manolito.
mi madre quiere más a la trenca que a mí, que soy de Y yo le contesté:
su sangre. Se lo pregunté a mi abuelo mientras íbamos a —Vale, cómo mola, abuelito querido.
por el cuerno, pero él me dijo que todas las madres le Bueno, no le dije abuelito querido. Si le llego a decir
cogían mucho cariño a las trencas, a los abrigos en «abuelito querido» a mi abuelo, me manda con suma
general, a los gorros y a los guantes, pero que a pesar urgencia a que me den un electroschock.
de todo seguían queriendo a los hijos porque las Fuimos a la Gran Vía. Y qué te crees que vimos: una
madres tenían un corazón muy grande. manifestación. En mi barrio hay manifestaciones, pero
En mi barrio, que es Carabanchel, hay de todo, hay no son tan bonitas como las que dan en la Gran Vía. Mi
una cárcel, autobuses, niños, presos, madres, abuelo dijo:
drogadictos y panaderías pero no hay cuernos para —Vamos a quedarnos de bulto.
las trencas; así que mi abuelo Nicolás y yo cogimos el A los que se manifestaban les debió parecer muy bien,
metro para ir al centro. porque no nos echaron ni nada. Mi abuelo le pidió a
Tenemos mucha suerte en el metro porque, aunque vaya un señor que me subiera a hombros para que pudiera
muy lleno, mi abuelo y yo juntos damos mucha pena y ver al que estaba echando el mitin. Cuando estaba
siempre nos dejan el sitio. Mi abuelo da pena porque encima del tío me di cuenta de que tenía caspa y se la
es viejo y está de la próstata. La próstata no se le ve empecé a limpiar un poquillo. Le dije que por qué no
pero sí se le ve que es viejo. A lo mejor yo doy pena se compraba un champú que anuncian en la tele
porque llevo gafas, no te lo puedo asegurar. que te quita la caspa y te consigue una novia como
Cuando la gente nos deja el sitio nos vemos en la te descuides. El tío me soltó en el suelo como
obligación de poner cara de pobres desgraciados, mosqueado y dijo:
porque si, por ejemplo, te dejan el sitio y vas y te —Joé, con el nieto, lo que pesa.
sientas y te partes de risa inmediatamente la gente se El tío asqueroso me metió durante un rato el complejo
mosquea. Así que mi abuelo y yo siempre entramos en de gordo. Yo es que cada poco tengo un complejo. Lo
el metro como hechos polvo y siempre nos da he tenido de bajo, de gordo, de gafotas, de patoso…
resultado. Pruébalo, pero tampoco se lo vayas No sigo porque me estoy poniendo verde a mí mismo.
contando a todo el mundo, a ver si al final se corre la El complejo de gordo me dio muy fuerte el año
voz y se nos acaba el chollo. pasado, pero se me pasó porque, la verdad, es una
Mi madre nos había mandado a Pontejos, que es una tontería tener complejo de gordo si uno no está gordo.
tienda que hay en la Puerta del Sol, donde van todas Mi abuelo ni se enteró de lo del tío casposo. Mi abuelo
las madres del mundo mundial a comprar botones, se había puesto a protestar por su pensión, que es lo
cremalleras y cuernos. que hace siempre que se encuentra con más de dos
Nos pasamos una hora delante del mostrador porque mi personas. También dijo que desde que se impuso la
abuelo dejaba a todas las señoras que se colaran. A olla a presión se había perdido mucho en esta
él le encanta que las señoras se le cuelen y, si tienen sociedad.
tiempo, que se tomen un café con él. Nunca ninguna ha Íbamos por el centro de la calle, sin coches. Todo
tenido tiempo, pero él dice que jamás se dará por estaba lleno de policías y yo me puse a pensar:
vencido. «Cómo molo». Al cabo del rato, va la manifestación y
se acaba y entonces dice mi abuelo:
—Te voy a comprar una hamburguesa para que luego tu
madre no diga que te mato de hambre.
Me compró una hamburguesa y él se pidió tres
helados, dos para él —que está de la próstata— y uno
para mí, que estoy un poco gordo. Y yo pensé:
«Cómo mola, cómo mola el mundo, la bola del mundo,
cómo molo». Creo que era el día más importante de mi
vida; me puse a saltar de la risa que me daba y me
dijo mi abuelo:
—No saltes que en la Gran Vía no se puede saltar
porque está debajo el metro y esto por nada del
mundo se viene abajo.
Así que me corté un pelo y salté sólo mentalmente. Estoy
Después de estar allí una hora, de que mi abuelo muy acostumbrado a saltar mentalmente porque si no
hablara con unas y otras, yo me tumbé en el mostrador nuestra vecina la Luisa sube preguntando a qué santo
porque estaba muy cansado de estar de pie y el vieneeseterremotodeSan Francisco.
dependiente se empeñó en despacharnos. No Te juro que ya nos íbamos para casa, pero vimos a una
quería que yo le pusiera las botas en el mostrador, así que presenta los telediarios sentada en una cafetería
que cuando tuvimos el cuerno en nuestro poder, dijo mi tomándose un sándwich con pollo, mayonesa, lechuga
abuelo:
132
y tomate. Lo sé porque mi abuelo y yo nos quedamos
mirando por el escaparate hasta que se le terminó.
La tía ya no sabía dónde mirar; se ve que estaba
cortada. En una de éstas se le cayó un poco de
mayonesa por la barbilla y se limpió muy rápidamente.
Llamó al camarero y le hizo un gesto como para que
echara las cortinas, pero se jorobó porque no había
cortinas.
Yo no podía irme hasta que no se levantara, porque en
mi colegio dicen que hay muchos presentadores de los
telediarios que no tienen piernas y que por eso se
hacen presentadores de telediarios, porque las
piernas no les hacen falta. Mis amigos no me hubieran
perdonado jamás que yo me hubiera ido sin
comprobarlo. Y para comprobar esas cosas hay que
salir al centro, que es donde hay famosos, porque en mi
barrio, que es Carabanchel, no hay ni famosos ni
cuernos. El camarero salió y le dijo a mi abuelo:
—Abuelo, para ver animales lleve al niño al zoo, esto
es una cafetería.
Y dijo mi abuelo sin quedarse atrás ni un instante:
—Yo estoy con mi nieto en la calle y de la calle a mí no
me echa ni usted ni el alcalde que se presentara aquí in
person.
Mi abuelo soltó lo de in person y se quedó tan pancho;
él nunca se da importancia. Pero el camarero volvió a
la carga; era el típico pelota de los famosos, y siguió:
—Yo soy responsable de que la señorita locutora se
tome el sándwich tranquila y no como si fuera una mona
de la Casa de Fieras.

—Lo de mona ha salido de su boca y no de la mía —


dijo mi abuelo, que habla mejor que el presidente—,
pero no sé por qué a la señorita presentadora le da
tanta vergüenza que la miren un pobre viejo y un niño —Tome —dijo ella con la misma voz que tiene en la
cuando todas las noches hay millones de televisión—. ¿Está usted mejor?
telespectadores pendientes de su boquita. Mi abuelo le dijo que sí, que sólo había querido
—Pues le molesta —dijo el camarero que estaba demostrarle a su nieto que las presentadoras tenían
dispuesto a llevarse el premio de pesado del año y de piernas, y además —le dijo— muy bonitas, que no había
típico pelota de famosos. presentadora como ella y que la televisión no le hacía
—Más me molesta a mí —contestó mi abuelo al justicia, que era cien veces más guapa al natural y que
camarero y a todos los que ya hacían corro en la buenas noches, que el niño empieza el colegio y hemos
Gran Vía—, más me molesta a mí —repitió— que la venido a por un cuerno al centro y mire usted la hora
señorita presentadora se equivoque cada dos por tres que es, mi hija estará llamando al 091. Después de
en las noticias, porque el sueldo de la señorita acabar su segundo discurso bebió dos sorbos más de
presentadora sale del bolsillo del contribuyente, de un agua y echamos a andar. Mi abuelo levantó la mano en
servidor, que paga sus impuestos a pesar de que mi plena Gran Vía para coger un taxi porque ya era
pensión no llega ni para comprarme un braguero. Que súper tarde. Seguro que ya había terminado la
hable la señorita presentadora de las pensiones en su segunda edición del telediario. Paró un taxi y le dijo al
telediario. taxista:
Cuando mi abuelo terminó de decir esto la gente —Mire, vamos a Carabanchel Alto.
empezó a aplaudirle más que al tío que echaba el ¿Usted cree que tenemos suficiente con seiscientas
mitin hacía un rato. A mi pobre abuelo le temblaba la pesetas?
barbilla como siempre que se emociona. La gente le Y el taxista contestó:
dijo al camarero que le sacara un vaso de agua y el —Pues no, eso está en el quinto pino.
camarero se tuvo que jorobar y meterse al bar por el El taxista no quiso llevarnos y tampoco quiso
vaso de agua, pero no fue él el que salió con el vaso despedirse. Hay personas que se enfadan sólo porque
de agua en la mano. les hagas una pregunta de nada; hay personas en el
No te lo vas a creer, pero te lo juro por el Imbécil que la mundo que tienen muy mala leche.
que traía el vaso era la señorita presentadora. Fue un —Con lo de la hamburguesa nos hemos quedado
momento crucial en nuestras vidas. con seiscientas pesetas peladas, Manolito.
133
El tío le echaba la culpa a mi —Qué bien lo hemos pasado
hamburguesa, ya no se acordaba de esta tarde, Manolito, majo.
que él se había zampado dos helados. Cuando cuente yo mañana en
Así que tuvimos que volver por donde el Hogar del Pensionista que me
habíamos venido, por el metro. trajo un vaso de agua la
A mí me empezó a entrar mucho señorita presentadora no se lo
sueño, me entraba mucho sueño de van a creer. Menos mal que
pensar en el colegio, en mi señorita, tengo un testigo.
en el invierno y en mi trenca. Y si Ya no dijo nada más, se durmió,
además de pensar en todo eso vas empezó a soplar para dentro.
en metro, la cabeza se te pone Sopla para dentro porque para
modorra y ya no puedes pensar. A mi dormir se quita los dientes. El
abuelo le debía pasar lo mismo, locutor de la radio dijo algo de
porque me dijo: los niños que al día siguiente
—Voy a echar una cabezada, empezaban el colegio. Qué tío,
Manolito, majo. Cuida tú de que no me tenía que recordar lo más
nos pasemos de parada. desagradable de mi futuro.
Pero yo también me quedé dormido, Bueno, volver al colegio
muy dormido, más dormido todavía. también tenía sus cosas
Nos despertó un guardia del metro; buenas: vería a la Susana, al
habíamos llegado a la mitad de un campo y no Orejones… Al Orejones lo llevaba viendo todo el
sabíamos la hora. No hay nada peor que dormirse en verano, qué plasta.
el metro y despertarse en la mitad de un campo. Me Ahora mi abuelo soplaba para dentro y para fuera. Me
puse a llorar antes de que nadie me regañara. Pero el di cuenta de que se había acostado sin quitarse la
guardia no nos regañó; nos dijo que habíamos llegado gorra. Eso le pasa cuando le ha ocurrido algo
hasta la Casa de Campo y nos acompañó hasta importante, se olvida de quitarse la gorra. Bueno, así
nuestra estación porque se ve que le vio a mi abuelo tendría abrigada la cabeza. Es que mi abuelo ni tiene
pinta de estar de la próstata. Cuando llegamos a casa dientes, ni tiene pelos en la cabeza. Como habrás
todos los vecinos estaban en el portal consolando a mi comprobado, en la lengua tampoco.
madre por nuestra desaparición. La Luisa le había Creo que me estaba empezando a dormir cuando me
dicho a mi madre: di cuenta de que yo tenía algo en la mano. Era el
—No te preocupes, Cata, si se hubieran muerto ya lo cuerno de la trenca. No lo había soltado en toda la
habrían sacado en el telediario. tarde. Mi madre me lo cosería al día siguiente, podía
Todo el mundo le echaba la bronca a mi abuelo: que si estar tranquila.
no tenía conocimiento, que si el niño se tiene que Había vivido el día más importante de mi vida, pero
levantar temprano, que si no habrá cenado, que si iban daba igual: ya nadie me libraría del colegio, ni del
a llamar a los cuerpos especiales de rescate invierno, ni de la trenca. Eso era lo peor: ya nadie me
policíaco. Mi abuelo subió corriendo las escaleras (lo libraría de la trenca.
de corriendo es un decir) para quitarse de encima a 2275 palabras
toda la multitud.
Cuando llevábamos un rato en casa y mi madre nos
había echado en cara todo desde el día en que
nacimos se le ocurrió preguntar:
—¿Y el cuerno de la trenca?
El cuerno no aparecía por ninguna parte; entonces dijo
que un día la íbamos a matar de un disgusto y de un
infarto mortal.
Por primera vez después del verano mi abuelo se dejó
los calcetines puestos para dormir; lo sé porque me
acosté con él. Es que en mi barrio, que es
Carabanchel, en cuanto empieza el colegio empieza
el frío. Es así, lo han demostrado científicos de todo el
mundo.
Pasó un rato, dos ratos, después del tercer rato me di
cuenta de que no podía dormirme: al día siguiente
empezaba el colegio y todo el mundo tendría tantas
cosas que contar que a lo mejor a nadie le importaba
todo lo que me había pasado en la Gran Vía. Todo eso
lo pensaba yo para mis adentros porque creía que mi
abuelo ya se había dormido, pero de repente me dijo
al oído:
134
Era fabuloso ir a la sita Espe. Di que entré y pregunté
con toda la educación que me han dado:
Más Idiota —¿Qué tengo que hacer, sita Espe?
Me repitió que no era sita y que no era Espe, pero no
Dice la Susana que cuando una persona de España va sirvió para nada, porque cuando yo me acostumbro
al psicólogo es porque ya la han echado de todas mentalmente a algo es muy difícil que yo sea de otra
partes, que antes te mandaban a una isla bastante manera. Es lo que me pasa con el Imbécil: «No llames a
desierta, pero que ahora, con la cantidad de chinos tu hermanito Imbécil», me dice toda España, pero yo no
que hay en el mundo, ya no hay islas desiertas, y por lo hago por insultar, lo hago porque ya ni me acuerdo
eso tienen que existir los psicólogos. Estas teorías selas de su nombre verdadero.
aguantamos porque es una chica; si llega a ser un La sita Espe me dijo que allí en su despacho estaba
chico le hacemos morder el polvo, descarao. para contarle todos mis problemas. Yo le pregunté:
Nos lo dijo al Orejones López, mi mejor amigo (aunque —¿Quiere que se los cuente desde el día en que nací?
sea un cerdo traidor), a Yihad, el chulito de mi barrio, y Yo se lo pregunté porque me gusta dejar las cosas
a mí, que como ya te he dicho mil veces, soy Manolito claras desde el principio de los tiempos. Y porque soy
Gafotas. Y nos lo dijo cuando estábamos esperando a un cachondo, la verdad. Pero a la sita Espe le daba
que nos recibiera la psicóloga del colegio, a que nos igual, ella quería saber todo lo que yo le contara, y
recibiera uno a uno, porque a los tres juntos no nos me dijo que me tomara todo el tiempo que yo
aguanta nadie, porque de aquí a tres años lo más quisiera, que ella estaba para escucharme. Yo pensé:
tardar vamos a acabar siendo unos delincuentes. Eso «¡Cómo mola!». Antes de empezar a contar la historia de
no lo digo yo, lo dice mi sita Asunción, que además de mi vida, le pregunté:
maestra es futuróloga porque ve el futuro de todos sus —¿Se puede fumar?
alumnos. No le hace falta ni bola de cristal ni cartas: te Me miró con cara de haber visto de repente a un
hinca los ojos en la cabeza y te ve dentro de muchos monstruo de la creación, y me dijo la tía que los niños
años como uno de los delincuentes más buscados de la no fuman. Qué lista. Le tuve que decir que había sido
historia o ganando un Premio Nobel detrás de otro. Ella una bromita de las mías para que cerrara la boca,
no tiene término medio. porque se le había quedado bastante abierta a la
Al Orejones, como sus padres se han separado, le ha pobrecilla sita Espe. Me dio tanta pena que se creyera
llevado su madre a la psicóloga para que no tenga un esa broma tan tonta, una broma que ya se la saben mi
trauma terrible y de mayor no se haga un asesino madre y la sita Asunción, una broma que nunca se la
bastante múltiple; a Yihad, porque dice mi sita ha creído nadie y que a nadie le ha hecho gracia; me
Asunción que es un problemático y un chulo desde que dio tanta pena, que le empecé a contar la historia de
se levanta y porque un día mandó mi sita dibujar a mi vida.
nuestros padres y Yihad dibujó a su madre con bigote y Empecé por cuando mis padres pidieron un crédito
a su padre con cuernos, y a mi sita no le gusta que las para comprarse el camión y le pusieron de nombre
madres salgan en los dibujos sin haberse depilado. A Manolito, en homenaje a ese niño que no se decidía a
nosotros nos hizo mucha gracia, mucha, mucha; si venir del limbo de los muertos, que es donde están
hubiera habido un Festival de Eurovisión de dibujos de esperando todos los niños flotando antes de nacer. Esto
familias, fijo que se hubiera llevado el primer premio. último me lo dijo Yihad; me dijo que él se acuerda
Pero la sita, que siempre tiene que jorobar los mejores todavía de cuando estaba en el limbo de los muertos.
momentos Nescafé, le quitó el dibujo, se lo guardó la Estás allí flotando, pasando de todo, y un día va una
tía y llamó a sus padres para verles al natural el bigote mano de un tamaño bastante gigantesco y dice: «Tú —
y los cuernos. El bigote a la madre se le veía un poco, dices tú porque en esos momentos nadie tiene
pero los cuernos al padre nada, qué chasco. Lo digo nombre—, te ha tocado».
por si a alguien le importa. Y a partir de ahí te trasladas astralmente a un quirófano
Mi madre me llevó a la psicóloga, que aunque se de un hospital y un médico te da una torta en el culo.
llama la sita Espe, dice todo el rato: «Llámame ¿Por qué? Porque has nacido. Desde ese momento
Esperanza»; pero eso en mi colegio no cuela; si te crucial empieza tu vida en Carabanchel o en
llamas Esperanza serás hasta que te mueras la sita Espe, Hollywood, depende de dónde te lleve la mano de
y si no, no haber nacido, se siente. tamaño gigantesco. A mí la mano me llevó a
Mi madre me llevó a la psicóloga porque no paro de Carabanchel. Te aconsejo que no te lo creas del todo,
hablar y ella dice que le pongo la cabeza modorra y porque el chulito de Yihad siempre viene con historias
que cuando no estoy hablando se me va la olla a de estas para tirarse el rollo; yo te aviso, y el que avisa
Camboya, o sea, que me quedo colgarrón. Todo eso no es traidor.
dice mi madre de mí, por eso me llevó a la psicóloga. Bueno, pues a lo que iba, que de repente nací, le
Se ve que pensó: «Lo que hable con ella no tendrá que conté que a mi madre le tuvieron que hacer una
hablarlo en casa». Pero se equivocó: sólo fui dos veces operación a vida o muerte para que yo naciera
a la psicóloga, y cuando llegué a casa tenía todavía porque al parecer yo tenía la cabeza lo que se dice un
más ganas de hablar porque, como decía mi abuelo: poco gorda. Esto le gusta mucho contarlo a mi madre
«Al niño se le quedan los temas en el tintero». para dejarme a mí en ridículo.
Le conté que hasta los tres primeros meses me hice
135
famoso porque no dejaba dormir a nadie en mi
escalera de tanto como lloraba, y que un día, de Este cuaderno trataba de cómo era el mundo antes de
tanta risa como me dio perdí el conocimiento. Le que al Imbécil se le ocurriera venir del limbo de los
conté que mi madre dice: «Éste —éste soy yo— nació muertos, de lo buenas que eran las personas: todo lo
hablando». pedían por favor, no había secuestros, las motos
Bueno, le conté todo lo que me sabía hasta los tres o llevaban silenciador, no había hambre en África y no
cuatro años. Entonces la sita Espe, con cara como de había salido la gotera del cuarto de baño que a mi
no haber salido del limbo de los muertos, me dijo que madre le hace sufrir tanto. Cuando el Imbécil o yo
ya me podía ir y yo le dije: estamos llorando mi abuelo nos dice:
—¿Por qué, sita Espe, es que no estoy contando bien —La gotera del water la hace el de arriba, que
los detalles? siempre se mea fuera.
—Lo estás contando todo estupendamente —me dijo Nos dice eso porque el tío sabe que por mucho que
la sita Espe estemos llorando nos tenemos que tirar inmediatamente
—, pero es que ya ha pasado una hora y media. al suelo de la risa que nos da. Mi madre se pone negra,
¡Una hora y media! Se me había pasado volando. Creo y le dice a mi abuelo:
que esa hora y media fue la hora y media más feliz de —Sólo les falta a éstos que les digas cochinadas, con lo
mi vida. La sita Espe me dijo adiós bostezando. Mi cochinos que son ellos de por sí.
madre diría: «Eso es hambre, sueño o falta de sueño». Antes de que existiera el Imbécil yo no era tan cochino,
Sería hambre. te lo juro, pero un buen día descubres que cuando más
Yo estaba muy contento, me había lucido, le había se ríe tu hermano es cuando dices una cochinada, y
contado las cosas como en las películas, desde antes entonces te emocionas con la esperanza de matarlo
de que nazca el protagonista. Hasta le conté cuando de risa.
mis padres cerraron la terraza con aluminio visto para No sé si esto último de la gotera del water se lo conté a
que pudiéramos dormir allí mi abuelo y yo, que es una mi sita Espe, porque en la segunda clase que estuve
cosa de la que hablan mucho las amigas de mi madre, con ella sólo me dio tiempo a leerle el primer
de cuando cierran las terrazas y de cuando acuchillan cuaderno. Mientras estaba leyendo me daba la
el parqué. La sita Espe me dijo que volviera la semana impresión algunas veces de que la sita Espe daba
siguiente. cabezadas, como hace mi abuelo después de comer,
porque está de la próstata. Le pregunté a la sita Espe si
daba cabezadas porque estaba de la próstata. Me
dijo que no daba cabezadas (sí las daba, que conste),
que no estaba de la próstata, que ninguna mujer
estaba de la próstata, que la hora se había terminado
y que no hacía falta que volviera.
La sita Espe no me encontró traumas. Yo creo que no me
miró bien. Le dijo a mi madre que lo único que yo tenía
eran ganas de hablar, muchas ganas de hablar, que me
moría por hablar y que eso más que una enfermedad es
una pesadez que uno tiene, como la pesadez de
estómago.
Vaya diagnóstico más idiota, así también hago yo
diagnósticos, no te joroba.
La sita Espe le dijo a mi madre que lo que hacía falta es
que me escucharan un poquito en casa. Mi madre le
dijo:
—¿¿¿Más???
Durante toda esa semana empecé a anotar todas las
Yihad me dijo en el recreo que la sita Espe se ha
cosas de las que me acordaba de los tres años a los
quitado de encima el marrón de aguantarme dos horas
ocho. Le preguntaba a mi abuelo, a mis padres, a la
a la semana. Él presume porque a él no le ha echado.
Luisa y a todas las personas que tienen la suerte de
Sólo a mí. Sólo a mí. Si no tuviera gafas igual me había
conocerme desde que nací. Se me acabó el
pegado con él, pero estoy harto de cobrar por las dos
cuaderno en dos días. Mi madre me compró otro de
partes, por la de Yihad y por la de mi madre cuando ve
dos rayas porque le dije que era necesario para las
las gafas rotas. Yo soy de los partidarios de poner la otra
clases con la sita Espe.
mejilla. Dice mi padre: «Tú lo que tienes que hacer es
Cuando volví al despacho de la sita Espe llevaba tres
enfrentarte si te pegan».
cuadernos de dos rayas sobre mi vida y toda su
¿Para cobrar otra vez? De eso nada, monada.
problemática. A cada cuaderno le había puesto un
Bueno, lo de la sita Espe no me ha sentado nada bien,
título. El primero iba de los tres a los cinco años y lo
la verdad. Tú imagínate que vas a hacerte un análisis
titulé:
de orina, recoges el resultado y lees:
«Es usted un plasta», firmado: el doctor Martínez.
Mi vida sin el Imbécil
Eso duele. A mi madre también ha debido sentarle
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mal, porque dice: situaciones en las que yo me he visto. Se le iba a poner
—Me va a contar a mí la tía esa que yo no escucho a el rabo entre las piernas al tío ese.
este niño. Si no me deja ni poner una lavadora de color. Te lo voy a contar desde el principio de los tiempos: di
Al final me tuve que poner a llorar; tú hubieras hecho lo que el otro día estoy tan tranquilo en el parque del
mismo. Mi madre me dijo esta tarde que por la noche Árbol del Ahorcado, que lo llamamos así porque sólo
todos me iban a escuchar para que ningún extraño tiene un árbol que tiene muy buena pinta para
fuera diciendo por ahí que en mi casa nadie me ahorcarse, un árbol del lejano Oeste, y estaba con el
escuchaba. Orejones López jugando a la trompa carnicera,
Vinieron todos a mi habitación hace un rato. Yo cuando va y llega sin previo aviso el chulito de Yihad,
estaba un poco cortado, la verdad. Mi abuelo, me pone un pie en la trompa —en la trompa carnicera,
acostado en la cama de al lado. Mi madre, sentada no en la mía— y me dice:
en la mía con el Imbécil en brazos. Mi padre se tumbó —Ahora vamos a jugar a que yo era el capitán
directamente. Me dijeron: América. —Después de esta orden tajante señaló al
—Habla. Orejones y dijo también—: Éste
Joé, a mí no me gusta era la chica y Manolito, el
improvisar: cogí mis traidor asqueroso, y yo me
dos cuadernos y peleaba con él a vida o
empecé a leérselos. muerte, me quedaba con la
Cuando iba por el chica y Manolito se quedaba
segundo me tirado en el suelo con la
interrumpieron los cabeza abierta.
ronquidos de mi padre. Así es Yihad, a él le gusta que
El tío ronca que las bases del juego queden
parece una morsa. claras desde el principio.
Luego no sabía qué La verdad es que viendo que
hacer porque me me las iba a llevar de todos los
habían invadido la colores, dije:
cama: no podía ni estirarme, así que me he venido a la —Pues casi prefiero ser yo la chica. Elsuciocobardedel
cama de mis padres y los he dejado allí apelotonados. Orejones estaba encantado con el papel que le había
Eso sí, les he apagado la luz, les he quitado la radio y les encasquetado Yihad:
he tapado con la colcha de mi abuelo. Seguro que —No, de chica hago yo, porque hacer de chica en
mañana mi madre se despertará diciendo que le este juego me sale chachipé, como para ganarme el
duelen todos los huesos de su cuerpo corporal. Ah, se Oscar de Hollywood a la mejor actriz secundaria.
siente. Eso les pasa por no escuchar la historia de mi Lemiréconlosojosbastante inundadosdeodioy seme
vida hasta el final. Voy a empezar a pensar que mis ocurrió
cuadernos aburren hasta a las ovejas. preguntar:
Igual mañana me cae una bronca. No sé por qué, pero —¿Y por qué no dejamos el juego para mañana? Es
seguro que me cae. Eso se presiente igual que cuando que tengo que prepararme psicológicamente.
te va a caer un cero en un examen. Dice la Susana que Ni por esas, el chulito de Yihad contestó:
cuando a una persona la han echado ya de todas —Ahora.
partes, entonces la llevan al psicólogo, y que antes los El Orejones se puso a gritar en su papel de princesa
llevaban a las islas desiertas. Si yo tuviera que elegir atacada, como si le hubieran dado cuerda, y yo salí
entre la sita Espe y una isla desierta, me quedaría… corriendo como si fuera a ganar los cien metros lisos. Yo
con la cama de mis padres. Es la cama desierta más soy de esa clase de tíos a los que les gusta pelearse en
grande que he visto en mi vida y eso que sólo es de plan retirada. Pero en esta vida las personas se
1,35 de matrimonio cariñoso. Aunque eso de dividen en dos grandes grupos: los que ganan las
matrimonio cariñoso, según mi madre, es undecir. carreras y los que las pierden. Yo soy de los segundos.
2408 Palabras

El capitán Merluza
Hace unos días no fui al colegio porque mi padre y yo
tuvimos hora con el oculista por culpa de ese niño
fuera de la ley que es el capitán Merluza. Fueron unos
días terroríficos en los que se mascó la violencia en mi El chulito de Yihad me cogió por la capucha de la
vida. Me gustaría que Rambo se viera en las terribles trenca y me dijo:

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—Defiéndete, Gafotas. Tienes la oportunidad de Tachunda chundachún…!». Pero Yihad me agarró más
pelearte con el tío más bestia de la clase, que soy yo. fuerte del cuello y mi mente tuvo que regresar a la
Bueno, visto así era una suerte: está claro que no es lo realidad.
mismo presumir de que te ha puesto el ojo morado Así que Yihad decía que los reyes no podían llevar
Rambo a tener que confesar que ha sido Piolín el que gafas. Menos mal que tengo reflejos y le reté:
te ha hecho besar la tierra. —Eso es mentira, mira el rey Balduino.
Yo con las manos no podía defenderme porque todo Eso es lo que se llama un golpe bajo. Yo me acordaba
mi cuerpo estaba paralizado por la emoción intensa del rey Balduino porque mi vecina la Luisa dice que
de ese momento crucial de mi vida, así que tuve que lloró intensamente cuando murió Balduino, el rey de
defenderme con la boca, que es lo único que me Bélgica. Ella veraneaba en Motril como su majestad y
responde cuando estoy a punto de morir degollado. dice que era muy buena persona, porque se había
Cuando digo que me defendí con la boca no quiero casado con una española que tenía nombre de actriz,
decir a mordiscos, no seas bestia, quiere decir Fabiola, pero que la pobre era de esas españolas que
hablando: no salen muy guapas. Dice la Luisa que en Motril vivían
—Es que yo era el rey y al rey nadie le puede pegar puerta con puerta. Mi madre siempre cuchichea detrás
porque está prohibido por la Constitución, así que si me de ella: «Sí, puerta con puerta. Pues anda que no tiene
pegas tus huesos irán a parar a la cárcel y todo el ésta imaginación».
pueblo español estará en contra de ti. Yihad empezaba a estar de rey Balduino y de sus gafas
Tienes que reconocer que si se hiciera en el planeta un hasta las narices. Me dijo:
concurso mundial de frases la mía quedaría por lo —¿Sigues queriendo ser rey, Gafotas?
menos finalista. Pero a Yihad no le impresionan las Me llamaba Gafotas a cada momento. Yo tuve una
grandes frases; él es el clásico tipo duro, duro de roer: equivocación histórica y le contesté que sí. No te
—Una mierda vas a ser tú el rey; los reyes no pueden creas que me avisó, me dio un puñetazo en todo el
llevar gafas, y cuando nacen con gafas los mandan al cristal derecho de las gafas y se dio media vuelta para
extranjero y ponen a otro. irse diciendo:
Eso sí que no me lo esperaba. Mi padre me había —Misión cumplida.
contado que él se había librado de la mili por las Se ve que hay niños que tienen como misión pegarme
gafas, pero no sabía que por las gafas no pudieras a mí un puñetazo en el parque del Ahorcado. En ese
llegar a rey, una profesión, por cierto, en la que yo momento doloroso de mi vida vi cómo mi abuelo se
nunca había pensado, pero que en aquellos momentos acercaba, así que pensé que mi retaguardia estaba
me parecía la única profesión que merecía la pena en protegida y le grité al chulito de Yihad:
este mundo, si es que me servía para quitarme de —¡Nunca serás el capitán América!
encima a un tipo peligroso como Yihad. ¡Lo único que puedes ser en tu vida es el capitán
Un día vi en la televisión a un tío que contaba que una Merluza! ¡Todo el mundo te conocerá como el capitán
vez iba en un avión tan tranquilo cuando de repente Merluza!
va el piloto y anuncia por los altavoces que los motores Es que a su padre todos los del bar el Tropezón le
están fallando y que tienen que hacer el clásico llaman Merluza, y no precisamente porque sea
aterrizaje forzoso. El tío, que era un americano pero no pescadero.
era un actor, contaba que mientras el avión se iba Esto le debió doler tanto como a mí el puñetazo,
cayendo en picado, él pensó: porque se volvió y delante de mi abuelo me quitó las
«Éstos son los últimos momentos de mi vida», y gafas y me las tiró con tanta puntería que se quedaron
entonces todo lo que había hecho desde que nació le colgando del Árbol del Ahorcado.
empezó a pasar por su mente como una película.
Bueno, pues a mí me pasó igual, pero al contrario; en
los instantes en los que el bestia de Yihad me sujetaba
por la trenca y yo estaba a punto de caer con la
cabeza abierta en el suelo, mi vida me pasó como una
película, pero en vez de hacia atrás hacia delante. Vi
mi futuro, veía días completos dentro de mi cerebro,
pero pasaban a una velocidad tan grande que casi no
me acuerdo de nada. Sólo de dos cosas: que yo
llegaba a rey y que mi familia y yo salíamos por las
noches en la televisión después del telediario, igual
que salen ahora los reyes de España. En mi foto estaba
yo en el centro, con la capa típica de los reyes y la
corona un poco de lado, que es como me gusta a mí
llevar las coronas; a mi lado estaba mi abuelo con el
traje de los domingos, y de pie, mis padres con el
Imbécil en brazos de mi madre. Estábamos todos muy
sonrientes y sonaba el himno de España: «¡Chunda,
chunda, Tachunda chunda, chunda, Tatachúndachún,
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Mi abuelo no pudo salir corriendo detrás de él porque Me fui corriendo a la cama, me tapé toda mi
como está de la próstata pues es como el que tiene un supercabeza con las sábanas y pensé: «Ojalá cuando
tío en Alcalá, que ni tiene tío ni tiene ná. me despierte hayan pasado por lo menos dos meses
Las gafas estaban tan altas que después de este día maldito».
tuvimos que bajarlas a base de tirar Pero las orejas me seguían
piedras. funcionando y podía oír a mi
Así que nos volvimos a casa. Mi madre decirle a mi padre por
madre primero me abrazó cuando el pasillo:
vio cómo me había puesto el ojo y —¡Os habéis propuesto hacer
luego me dio una colleja cuando vio millonario al de la óptica!
cómo me habían puesto las gafas. Esa noche le dije a mi abuelo
Mi abuelo gritaba: que me quedaría durmiendo
—No le des tú también que ya ha con él toda la santa noche. Es
recibido bastante por hoy. que me da miedo dormir sin
Total, que por la noche ya estaban gafas. Cuando me da por
todos consolándome y tener un día de mala suerte
contándome las películas, porque soy capaz hasta de
sin las gafas no veo ni un pijo. tropezarme en sueños, ya me
De repente, sin previo aviso, mi ha pasado más de una vez.
padre se remanga la camisa y Cuando estaba en la cama
suelta: me empezó a picar todo el
—Manolito, te voy a enseñar el cuerpo. Siempre me pasa eso
típico golpe García para que ni el cuando estoy nervioso, y me
hijo del Merluza ni ningún otro hijo de tengo que rascar y rascar,
su padre vuelva a hacerte morder igual que un perro sarnoso y
el polvo. abandonado en mitad de una autopista.
No es porque sea mi padre, pero el típico golpe
García es alucinante. Primero me dio una clase —Como sigas rascándote así te vas a hacer sangre.
teórica: —Es que no puedo dormirme; por culpa de Yihad voy
—Tienes que hacerle creer a tu enemigo que le vas a a dormir sin gafas, por culpa de Yihad le he roto las
dar con la izquierda, y cuando se va a defender el gafas a papá y encima cuando vuelva al colegio
flanco izquierdo, tú le pegas un tremendo derechazo. tendré que volver a ver a Yihad y volveré a estar
Era el mejor golpe que había visto en mi vida. Sólo atrapado entre sus garras. Me romperá las próximas
hicieron falta tres clases teóricas más, porque a la gafas, y las próximas, y las próximas, porque la ha
cuarta me dijo: tomado conmigo, abuelo.
—Ahora, Manolito, demuestra de lo que es capaz un —Cuando vuelvas mañana del oculista arreglaremos
hijo de Manolo García. cuentas con Yihad.
Era mi primer puñetazo profesional. —Si tú le pegas por defenderme me llamarán
Le rompí las gafas. No sé cómo hice para romperle los mariquita.
dos cristales a la vez. Misterios sin resolver. No se me —No le voy a pegar, actuaré de mediador.
ocurrió otra cosa que preguntar: «De mediador». ¿Qué era eso?
—¿Cómo lo he hecho? —Es algo, Manolito, que debiera haber en todas las
Mi padre contestó muy bajito, muy bajito: grandes guerras, un mediador que consiga con
—Vete a la cama, Manolito, antes de que me entren palabras lo que no consiguen los puños y las bombas.
ganas de devolvértelo. Me hubiera gustado advertirle a mi abuelo de que a
Yihad las palabras le entraban por una oreja y le salían
por la otra. A Yihad le importaban un pimiento las
palabras de la maestra, las palabras de su madre,
que siempre le estaba riñendo, las palabras de los
tebeos (él sólo ve los dibujos) y las palabras de otros
niños como yo. Él sólo quiere jugar a machacarte; unas
veces en versión «capitán América» y otras en versión
«Batman», pero el resultado es siempre el mismo:
machacarte, bueno, mejor dicho, machacarme.
Al día siguiente mi padre y yo fuimos al oculista. Como
ninguno de los dos veíamos muy bien, cogimos un taxi.
Era muy raro salir con mi padre un día de colegio por la
mañana; casi siempre es mi madre la que me
acompaña a todo. Lo pasamos bestial. Ir al oculista
mola un pegote; me encanta que el tío te pregunte qué
ves ahí y tú vas y le dices
139
«la P y ahora la J y ahora la K». Es el único momento conversación no fuera con él—. ¿Y no pudiste
de tu vida en que te preguntan algo y no te la cargas defenderte, Manolito?
por dar una respuesta que no es la correcta. —Es que el otro era más chulito — contestó mi abuelo—.
Después del oculista fuimos a desayunar a una Además le ha roto las gafas.
cafetería. Yo le dije a mi padre que quería sentarme en —Con lo que cuestan unas gafas — dijo don Faustino—.
un taburete de los de la barra, de esos que dan Si mi Yihad hubiera estado delante seguro que le
vueltas. Molaba tres kilos. Mi padre me dejó pedir un había dado su merecido a ese macarra,
batido, una palmera de chocolate y un donuts. No ¿verdad, Yihad?
había ningún otro niño en la cafetería, todos debían Yihad estaba muy rojo y miraba al suelo, pero dijo que
estar aguantando a todas las sitas Asunción que hay en sí con la cabeza. Mi abuelo se acercó mucho a Yihad
este mundo mundial. Me miré en el espejo de la y terminó la conversación diciendo:
cafetería para verme el peinado que me había hecho —Así espero que sea la próxima vez. De lo que puede
esa mañana: era con la raya al lado y un caracolillo estar seguro ese chulo es de que como esto vuelva a
como el de Supermán, y pensé: «A lo mejor creen que ocurrir entre todos le daremos una buena tunda, así es
no soy un niño, a lo mejor piensan que en vez de ocho como aprenden algunos cobardes que sólo se atreven
años tengo dieciocho. A lo mejor creen que mi padre con los más débiles. Y ahora, Manolito, vete con Yihad
y yo somos dos amigos o dos primos hermanos. Claro a clase; con él no tienes que tener miedo, te defenderá
que cuando ponga los pies en el suelo se darán cuenta de cualquiera; si vas con Yihad el abuelo está
de mi verdadera estatura. Entonces, a lo mejor creen tranquilo.
que soy un enano que trabaja en un circo». Fue increíble. Mi abuelo se merece el Premio Nobel de
El camarero se acercó a mi padre y le dijo: la Paz.
—Parece que el niño tiene hambre
—luego me dijo a mí—: Como sigas comiendo así te vas
a hacer más alto que tu papá. Yihad y yo entramos en el colegio sin decirnos nada.
Hay camareros que lo saben todo. Éste sabía que yo Durante la clase Yihad me pasó una nota. Decía:
era un niño y que mi padre era mi padre. Debe de ser
que mi cara es como un libro abierto, eso es lo que ¿Crees que tu agüelo le dirá a mi agüelo que he sido
dice siempre mi madre. Está claro que no puedo yo el que te rompió las gafas?
engañar a nadie. Le contesté con otra nota:
Mi padre me dejó comer otro bollo y luego me dio unas
cuantas vueltas en el taburete y me prometió que un día No lo sé, no sé si mi aBuelo le dirá a tu aBuelo que tú
me llevaría a hacer un viaje largo en el camión. Como eres el culpable.
verás no me guardaba ningún rencor por haberle roto
las gafas. Entonces pensé que yo tampoco tenía que No creo que Yihad se diera cuenta de la indirecta con
guardarle rencor a Yihad, pero sí que se lo guardaba, y la B alta que le había puesto; él es muy bestia en todos
mucho. Todo el rencor del mundo mundial lo tenía yo en los sentidos.
esos momentos. En eso había salido a mi madre: ella Yo estaba seguro de que mi abuelo nunca se
también es muy rencorosa cuando se pone. chivaría, pero prefería que el chulito lo pasara mal
Todo era muy raro ese día; mi padre comía en casa durante un rato.
como si fuera domingo. La única que seguía igual era mi Cuando salimos de la escuela nuestros dos abuelos
madre, que hizo lentejas como casi siempre. Mi abuelo estaban esperándonos. Yo empecé a correr hacia
siempre nos pregunta: ellos, pero como no llevaba las gafas me tropecé.
—¿Por dónde nos salen las lentejas? Bueno, si digo la verdad verdadera tengo que
—¡Por las orejas! —gritamos con todas nuestras fuerzas reconocer que me suelo tropezar con o sin gafas, de
el Imbécil y yo. todas las maneras posibles. Entonces ocurrió lo
El abuelo me llevó al colegio, como todas las, tardes,
y mis padres se quedaron echando la siesta. Qué
morro. Se acercaba el momento en el que mi abuelo
iba a actuar como mediador en nuestra Gran Guerra.
En la puerta de la escuela estaba Yihad con su
abuelo. El mío me cogió de la mano y fuimos hacia
ellos. Yo estaba preparado para que me dieran otro
puñetazo. Bueno, por lo menos ahora no me podían
romper las gafas; de momento estaban arreglándose
increíble: Yihad se agachó y me ayudó a recoger la
en el oculista.
cartera y el jersey. Me hubiera gustado sacarle una foto
—Don Faustino —le dijo mi abuelo al abuelo de
al más chulito del planeta recogiéndome las cosas. Es
Yihad—, mire cómo le han dejado el ojo a mi nieto de
algo que no ocurre todos los días. Cuando ya estuve de
un puñetazo.
pie, Yihad me dijo:
—¡Qué bestia! —dijo el abuelo de Yihad para
—Seguro que se lo ha dicho.
arreglarlo. Yihad miraba para otro lado como si la

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O sea, que el chulito tenía miedo. Creo que fue uno de fundado una panda en su vida; yo era uno de ellos. Me
los momentos más felices de mi vida en el Planeta Azul. merecía una estatua en el parque del Árbol del
Pero no, mi abuelo Nicolás no se había ido de la Ahorcado, una estatua con una placa que dijera:
lengua, no es de esos. Yihad se dio cuenta en seguida A Manolito Gafotas. Niño ilustre, fundador de la
porque su abuelo estaba con él como siempre. Nos panda que jugaba en esta misma tierra que pisan tus
fuimos los cuatro juntos por el camino, los dos abuelos y pies.
nosotros dos, que jamás habíamos andado juntos por la Es verdad que ninguno de los socios de la panda
calle. Yihad sólo se me había acercado alguna vez estaba muy seguro de querer pertenecer a ella, pero
para darme una patada, era la única relación íntima como dice mi abuelo: «Nunca llueve a gusto de todos»
que habíamos tenido. Ésa y la vez que me había roto 3481 Palabras.
las gafas. Yihad rompió el hielo infernal que había entre
nosotros:
—No nos quedará más remedio que ser amigos.
—Pues sí, ya has oído a mi abuelo lo que puede
pasarte si vuelves a tocarme.
En ese momento llegó el Orejones, que se quedó
embobado mirándonos. No podía creer que Yihad y yo
Un pecado original
estuviéramos andando por la calle como dos tíos
normales.
—¿Ytúquémiras,bobo?—le preguntó Yihad con mucha Si fuera a Religión tendría que confesar al cura un
educación. pecado original que cometí el otro día. Pero como voy
El Orejones ya estaba a punto de echarse a correr, a Ética sólo te lo voy a contar a ti que me has caído
pero yo le paré y le dije a Yihad: bien, y a media España que también me ha caído
—Si eres amigo mío también tendrás que ser amigo de bien, porque yo no soy de los que van por la calle
éste. Responde: ¿Sí o no? preguntando: «Oiga, perdone, ¿es usted cura? ¿Me
Fueron momentos de gran tensión ambiental. Yihad quiere confesar un pecado bastante original?».
contestó al final que sí, dijo que sí, y dijo que qué iba a La gente me tomaría por loco: unos dirían: «Anda, vete,
hacer, que no le quedaba más remedio. Pero él salmonete», y otros saldrían corriendo despavoridos. Mi
también puso sus condiciones: madre me apuntó a Ética para ver si aprendía un
—Y tú júrame por tu padre que jamás en tu vida me poco de educación, que falta me hace: «Por lo menos
volverás a llamar el capitán Merluza. que hagas menos ruido mientras comes, hijo mío».
Se lo juré por mi padre, por mi madre, por el Imbécil, Mi abuelo sí que hace ruido, pero como los dientes que
por mi abuelo, pero sobre todo se lo juré por mí mismo. lleva no son suyos sino que son del Alcampo, pues todo
Sabía que si volvía a pronunciar ese nombre, mi vida el mundo le disculpa. De todas maneras lo único que
correría peligro. De todas formas, como nadie puede nos enseña la sita Asunción en Ética es repetirnos mil
entrar en mi cerebro, yo puedo seguir llamándoselo veces que como sigamos siendo ese pedazo de bestias
mentalmente por los siglos de los siglos ¡capitán que somos al bajar al patio acabaremos siendo unos
Merluza! delincuentes. Pero eso no es nada nuevo, eso nos lo
Aquella noche tuve que dormir otra vez sin gafas y otra dice a todas horas, hasta en matemáticas, hasta en
vez con mi abuelo. Me sentía muy importante, me sentía sueños me lo dice esa mujer despiadada.
el fundador de una panda, como el fundador de un Todo esto venía por el pecado bastante original (no es
país (de los Estados Unidos, por mencionar el país más porque sea mío) que cometí el otro día. Te lo voy a
grande que se me ocurre). Muy pocas personas habían contar desde el principio de los tiempos. Resulta que el
otro día vino a buscarme mi abuelo al colegio. Hasta
ahí todo es normal. Y me trajo en su mano temblorosa
un bocata de queso de cabrales, y voy y ledigo:
—Abuelo, ¿cuántas veces tengo que decirte que a mí
el queso de cabrales me recuerda al olor de los
vestuarios de mi colegio?
Hasta ahí todo era normal. Mi abuelo me contesta:
—Que no, atontao, que te lo has tragado, pardillo,
que el de cabrales es para mí y para ti el de colacao
con mantequilla.
Mi abuelo me ha gastado esta broma, sin exagerar,
unas ciento cincuenta mil quinientas veinticinco veces,
pero como está de la próstata no se acuerda y yo
tengo que hacer como que la bromita es nueva y decir:
—Menos mal, abuelo, por un momento creí que me
tenía que tragar el de cabrales.
A él le hace mucha ilusión que yo me ría con una broma
que hacemos un día sí y otro no, como dice mi madre,

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en días alternos. Hasta ahí todo era normal aquella fría al suelo y al ir el tío a agacharse a recogerlos y huir-sin-
tarde de un invierno gris marengo. Mi abuelo me mirar-atrás le pude ver la navaja de cerca y leí:
preguntó: «Recuerdo de Mota del Cuervo».
—¿Tu señorita no será esa chiquita joven de la Y yo, por sacar un tema de conversación en aquel
minifalda roja? momento de alta tensión ambiental, dije:
Y yo le contesté: —Esta navaja es del pueblo de mi abuelo.
—Joé, que no, abuelo, mi señorita es esa vieja y Ymiabuelovayseponea preguntar: «¿Y tú por qué
despiadada de la falda negra y larga. tienes una navaja de Mota del Cuervo, y cuándo
—Pues qué mala suerte, Manolito, te acompaño en el estuviste allí, y cómo se llama tu madre, y cuál es tu
sentimiento. grupo sanguíneo, y de qué color llevas los
Hasta ahí todo era normal, porque mi abuelo nunca calzoncillos…?». Mi abuelo siempre se pone igual de
pierde la esperanza de que mi señorita sea esa pesado cuando se encuentra a alguien de Mota del
chiquita joven con minifalda por la que siempre Cuervo, Cuenca. Total que nuestro atracador va y le
pregunta. Le gustaría acercarse y con la excusa de qué dice que sí, que es de Mota del Cuervo, y le dice el
tal va mi nieto en matemáticas invitarla a un café con nombre de su madre. (El nombre de la madre del
unos boquerones, que es lo que le gusta tomarse a mi atracador, no el nombre de la madre de mi abuelo;
abuelo cuando cobra su pensión. Mi abuelo nunca ésa murió hace algún siglo y tampoco es cuestión de
pierde la esperanza con las chicas. Siempre me dice ponerse ahora a llorar por toda la gente que murió en
que yo he salido a él. Es verdad, mira que la Susana me el planeta Tierra.) Su madre era Joaquina, alias La
ha dado cortes mortales, pues nada, yo vuelvo a ella Ceporra; mi abuelo la conocía. El atracador le dijo
como las moscas vuelven a la caca. Y con esto no que no se le ocurriera decirle a su madre que tenía el
quiero decir que yo sea una mosca. SIDA porque se podía preocupar y porque además
Hasta aquí todo era normal. Casi todas las tardes era una sucia mentira de atracador. Mi abuelo le dijo
decimos lo mismo, nos reímos de lo mismo y que como siguiera atracando por mi barrio que iba a
merendamos lo mismo: ¿Y quién tiene la culpa? llamar a La Ceporra, que era una santa, y que iba a
Nosotros mismos, porque nos gusta escuchar siempre lo llamar a la policía para que lo detuvieran esposado y
mismo, y a quien no le guste, que se vaya a Noruega, la gente le señalara por las calles diciendo: «Ése es el
como se fue mi tío Nicolás. chorizo que se atrevió a atracar a Nicolás Moreno y a
Bueno, pues en este momento Manolito Gafotas».
bastante poco crucial de nuestras Para terminar, mi abuelo le soltó:
vidas viene un tío de tantos que se —Y dame la navaja, que no quiero
ven por mi barrio y le dice a mi que el nombre de mi pueblo se vea
abuelo que le dé doscientas mancillado con tus fechorías,
pesetas. Y mi abuelo le suelta: asqueroso. Esoledijomiabuelo.Nuestro
—Por las narices te voy a dar yo atracador asqueroso se portó
doscientas pesetas. bastante bien, la verdad, le dio a mi
Y va el tío y saca una navaja de abuelo la navaja «Recuerdo de
grandes dimensiones y nos amenaza Mota del Cuervo», Cuenca,ynos
sin contemplaciones: devolvióeldinero «religiosamente»,
—Pues por el morro me vas a dar lo como dice mi madre.
que lleves. Yo creía que esta impresionante
Y nos dijo que tenía el SIDA y que el historia se había terminado aquí, lo
SIDA iba en la navaja. Mi abuelo, que mismo creías tú y lo mismo creía el
en cuanto le insistes un poco con presidente de los Estados Unidos; pues
una navaja cambia de opinión, dijo: los tres nos hemos colado, porque
—Eso está hecho. Manolito, dale a todavía queda lo más interesante.
este señor tan amable el dinero. Dos días después la sita Asunción dijo:
Lo llevaba yo; mi madre me lo mete en —Poneos en fila que vamos al Museo
el bolsillo todos los días para que del Prado.
compre «el número de los ciegos», No te creas que fue una sorpresa. Lo
porque en mi casa a todos nos sabíamos desde hacía una semana,
gustaría hacernos de golpe millonarios y si te he visto pero nos tiramos todos a la puerta como si no
no me acuerdo. En algo se tenía que notar que somos hubiéramos visto una puerta en nuestra vida.
de la misma familia. Mi madre me había preparado para ir al Museo del
Empecé a sacar moneda tras moneda. Mi madre me lo Prado: una tortilla de patatas, unos filetes empanados y
da en monedas para que le quite a ella lo suelto de la un bollicao de postre. Cuando lo saqué en el autobús,
cartera, y claro, el atracador se empezó a poner Yihad me dijo que yo era un pedazo de hortera y que
cardiaco. Por muy bueno que sea un atracador llega parecía que en vez de ir al Museo del Prado me iba de
un momento en la vida de los atracadores que se acampada a Miraflores de la Sierra. Me dio tanta rabia
cansan de esperar porque tienen otras cosas que que le dije: «¿Quieres?». Y el tío se me comió media
hacer. A mí, con los nervios, se me cayeron veinte duros tortilla, pero ya no me volvió a llamar hortera. Si se llega
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a enterar mi madre me mata, porque dice que siempre —Mira, Gafotas —no me puedo explicar cómo sabía
me comen el bocadillo los demás niños del mundo mi mote—, me vine de Mota del Cuervo a Madrid
mundial. porque en esta ciudad no me conoce nadie y resulta
Bueno, pues cuando mejor lo estábamos pasando, el que me vas a jorobar tú todos los días el negocio.
Orejones ya había vomitado dos veces y habíamos Yo le dije que no lo había hecho con mala intención,
cantado El señor conductor no se ríe, no se ríe el señor que le había acusado a él para que no me acusaran
conductor, resulta que habíamos llegado al Museo del a mí. Y para que me soltara, para que me dejara de
Prado ese. La sita Asunción nos dijo que el que se pellizcar el brazo, le dije un sitio donde podía atracar a
portara mal jamás volvería a salir de excursión en sus anchas y sacar su navaja de Mota del Cuervo sin
todos los años de su vida a no ser que fuera a la cárcel que yo saliera a meterme donde no me importa.
de Carabanchel, que es donde debía estar. La sita La sita Asunción no me regañó por una vez en la historia
Asunción nos quería llevar a ver Las Mininas de cuando llegué tarde al autobús; me estaba esperando
Velázquez, que es un cuadro en el que Velázquez en la primera fila. Y yo me senté delante de las narices
retrató a todas sus gatas porque era un hombre al que de todos mis compañeros, al lado de ella, en mi
le gustaban mucho los animales, por eso mi colegio se nuevo papel de niño pelota.
llama Diego de Velázquez. Estuve muy contento sólo durante tres minutos y medio,
Nunca llegué a ver ese cuadro porque por el camino después me empecé a aburrir como una oveja, veía
vimos uno en el que salían tres tías bastante antiguas. Se como Yihad se estaba quedando ronco de cantar ¡El
veía que eran antiguas porque tenían, como dice mi Orejones no tiene pilila! y me estaba muriendo de
madre, el tipo del tordo: la cabeza pequeña y el culo envidia.
gordo. Y nos quedamos allí plantados, el Orejones, Mi señorita aprovechó para enseñarme todos los
Yihad y yo, delante de él todo el rato; porque en ese monumentos que nos íbamos encontrando a nuestro
museo ves un cuadro y ya te haces a la idea de todos paso, y me dio por pensar que a Madrid le sobraban
los demás porque se parecen bastante, la verdad. monumentos.
Las tres melonas antiguas estaban desnudas y tenían La sita Asunción estaba muy contenta de tener un nuevo
unas cacho piernas que te da una tía de esas con una niño pelota, y yo, para mis adentros, sabía que había
de sus cacho piernas y te has muerto con todo el cometido un pecado original, un pecado que nunca
equipo para el resto de tu vida. me podré confesar porque no voy a Religión ni
De repente, el Orejones leyó el título y resultó que el conozco a un solo cura:
cacho cuadro se llamaba Las tres gracias. Yihad se
cayó al suelo de la risa y acto seguido nos tiramos el
Orejones y yo para no ser menos. Yihad se sacó un
rotulador de la chupa para escribir en el cuadro: Las
tres gordas, y entonces se acercó corriendo el guardia
del Museo y nos preguntó por nuestra señorita y nos
llevó prácticamente esposados a donde estaba la sita
Asunción, que estaba con toda la clase viendo un
cuadro de toda una familia mirando de frente, como el
vídeo que tenemos nosotros del bautizo del Imbécil.
A mí me temblaban hasta los cristales de las gafas,
pero entonces sucedió algo que cambió
completamente el curso de nuestras vidas. Mientras la
sita Asunción hablaba del cuadro vi cómo un tío se
colocaba a su lado. El tío… el tío… ¡era el mismo que
nos había querido atracar a mi abuelo y a mí!
Antes de que el guardia del Museo pudiera chivarse sin El sitio donde le había dicho al atracador de Mota del
piedad, yo me tiré a los brazos de mi sita Asunción — Cuervo, Cuenca, que fuera a atracar era el portal de
nunca creí que fuera a caer tan bajo— y le dije: la sita Asunción.
—¡Sita Asunción, le está intentando quitar el bolso el Desde entonces la miro todas las mañanas a ver si trae
famoso atracador de Mota del Cuervo, Cuenca, que cara de que la han atracado.
además de no tener el SIDA es hijo de Joaquina, La Dice mi abuelo que no me preocupe, que los
Ceporra! atracadores de su pueblo nunca se levantan antes de
La sita Asunción se quejó al guardia por la poca las once de la mañana y a esa hora ya está la sita en
protección que había en el Museo y a mí me dio un el colegio machacándonos el cerebro. Eso ya me ha
beso y me dijo que podía ir en la primera fila del dejado más tranquilo porque, te digo una cosa, a mi
autocar con ella en mérito al honor o al soldado sita la quiero lejos, pero la quiero.
desconocido, no me acuerdo. El uno para el otro
Antes de salir a la calle entramos todos en el water del
Museo para mear, que es lo que hacemos siempre
que nos llevan a cualquier sitio, y allí estaba el
atracador. Me coge del brazo y me dice:
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Te voy a contar una historia de amor día, y otro día, y otro día, toda
desde el principio de los tiempos. la eternidad, aquí en la tierra y
Resulta que vino mi abuelo a en el espacio sideral. Mi abuelo
buscarme a kárate, porque dice mi dice que todas las personas del
padre que ando como un chino y mundo mundial han dicho eso
que eso hay que corregírmelo en algún momento de su vida.
porque da pena verme todo el día Yo no estaba muy convencido
andando como Fumanchú, pero sin de que tenía que declararme,
esas uñas tan largas que tiene pero mi madre siempre me dice:
Fumanchú. Yo las tengo negras, pero «Tú no te distingas, no te
no largas, que conste. distingas, que siempre tienes
Bueno,puesvienemiabueloa que dar la nota».
buscarme a kárate y me dice: Así que al día siguiente le dije a
—¿Por qué no viene con nosotros tu la Susana que quería verla
gran amigo el Orejones? después del colegio en el
—¿Mi gran amigo? Mi gran cerdo parque del Ahorcado para decirle una cosa bastante
—contestéyosin disimularun odio bastante importante. La Susana me dijo que a esa hora
reconcentrado. empezaba el demonio de Tasmania y que ella el
Le conté que mientras yo iba a kárate a dejar de andar demonio de Tasmania no se lo perdía por nada del
como ese chino que nunca fui, él se había llevado a su mundo y que le dijera esa cosa tan importante allí en su
casa a la Susana, a ver el demonio de Tasmania. Y eso cara porque ella no iba al parque del Ahorcado
que el Orejones sabe que a la Susana me la pedí yo el porque un día se encontró una jeringuilla en la tierra y
primer día de curso, porque el año pasado me pasó se la llevó a su madre de recuerdo y encima su madre
que los demás se pusieron a pedir como posesos antes se puso como una hiedra (que se subía por las
que yo, me quedé el último y sólo quedó libre Jessica, paredes) gritándola: «Mañana no sales, ni mañana ni
La Gorda. Así que fuimos dos días novios. El primer día, nunca». Así que ella, a partir de ese momento, sólo iba
por empezar un tema de conversación interesante, le de casa en casa a merendar y a ver el demonio de
pregunté: Tasmania porque en las casas de la gente no había
— ¿Y tú por qué eres tan gorda? jeringuillas tiradas, a no ser que el padre del niño fuera
—Porque de mayor quiero ser cantante de ópera — practicante.
me respondió. La invité a mi casa. Mejor para mí, porque mi casa tiene
Al día siguiente la tía me la tenía guardada. La tía gorda calefacción y el parque del Ahorcado, no. Mi madre
rencorosa me dijo: nos puso unos cojines en el suelo para que no le
—¿Y tú por qué llevas gafas, Gafotas? ensuciáramos el sofá, que lo puso nuevo hace cinco
—Para que me las rompa Yihad, que es un chulito y es mi años. Es que el día anterior le había dicho yo a mi
amigo. madre:
Y ya no nos dijimos nada más. Este año Jessica, La —Mañana viene a merendar la Susana Bragas-sucias.
Gorda, ya no está gorda y se la ha Mi madre me echó la bronca
pedido uno que dice que es más porque dice que eso es lo peor
guapo que yo. Dice que es más guapo que se le puede decir a una
porque no lleva gafas, pero mi abuelo chica y que lo mejor que se
me ha dicho que al cabo de los años puede hacer con las bragas de
las chicas los prefieren con gafas una chica es no mirarlas y en
porque suelen tener más dinero. Así paz. Pero di que cuando vino la
que el guapo ese se va a enterar Susana y se subió el vestido
dentro de cincuenta y cinco años. para sentarse en el sofá, que es
Bueno, como te he dicho hace una lo que hace siempre, subirse el
hora, la Susana Bragas-sucias se había vestido para sentarse donde
ido con el Orejones a ver el demonio sea, mi madre fue la primera en
de Tasmania. Yo le conté a mi abuelo mirar cómo las llevaba. Y
que la Susana no respetaba nada, que decidió ponernos el cojín en el
aunque uno se la hubiera pedido se iba suelo. Luego, me llamó a la
con cualquiera que le diera cualquier cocina para darme los
cosa. Así que al final ella tenía colacaos y me dice la tía así,
cuarenta mil novios y yo sólo una y de bajito:
boquilla. Entonces mi abuelo me dijo —¿Qué pasa, que su madre no
que no bastaba con pedirse a una le da una muda limpia todos
chica, que había que declararse, los días?
llevársela al parque del Ahorcado y Y yo le tuve que explicar que sí,
allí decirle: «Me gustas por la mañana, pero que lo de las bragas de la
por la tarde y por la noche». Y eso un Susana era un caso para llevar
144
al programa tarde: me señalaba y se estrujaba la falda de las
«Misterios sin resolver». Su madre, que había ido a carcajadas. Al Imbécil se le contagió la risa; ése
hablar con la sita Asunción, decía que las bragas se le siempre se pone de parte del que más se ríe. Mi madre
manchaban de tierra aunque llevara el chándal y vino a ver a qué santo venía tanto jaleo. Cuando me vio
que haría falta que vinieran a España científicos de con la diadema dijo:
todo el mundo para saber por qué unas bragas que —Qué payaso eres, Manolito.
salían blancas de casa por la mañana dentro de un ¡Encima! A la hora y media se le pasó la risa a la niña
chándal, a la hora de comer se habían vuelto negras: esa. Entonces me echó en cara que se estaba
¿Por qué? Nadie puede explicárselo, es uno de los aburriendo, que lo único con lo que se le podía pasar
grandes enigmas del planeta Tierra. Le estaba dando el aburrimiento era disfrazándonos y pintándonos la
estas explicaciones a mi madre cuando va y me dice: cara. Le tuve que coger a mi madre, de estranjis, unos
—Bueno, Manolito, basta de bragas, que coges un camisones y su bolsa de pinturas. La Susana decía que
tema y no hay quien te saque. Vete con tu amiga. era la princesa de Aladino. A mí me dejó en
Mi madre es así: a ella le gustaría que yo respondiera a calzoncillos y con un pañuelo en la cabeza; decía que
sus preguntas con un «sí» o con un «no» para darse yo era el genio de Aladino. Así que la tía se ponía a
media vuelta y ponerse a hablar por teléfono con su frotar la lámpara, que era un jarrón de cristal azul y rojo
amiga. Por eso prefiere al Imbécil, porque el Imbécil que tiene mi madre encima de un paño, y pedía un
es de los de deseo y pedía otro y otro:
«a la chita callando». Ése es el —Ahora me traes al Imbécil, que
tipo de niños que a mi madre era mi hijo y me lo habían raptado.
le gustan, por eso se casó con Ahora matas a uno que me quiere
mi padre, porque mi padre invadir el palacio. Ahora me
habla sólo tres veces al año, pones más chococrispis, ahora un
por Nochevieja, por su vaso de agua…
cumpleaños y cuando gana Me tenía frito, sudando de una
el Real Madrid. habitación a otra; a mi lado, el
Bueno, volví con la Susana, genio de Aladino vivía como un
que me dijo que la tele del príncipe chino.
Orejones molaba más que la mía porque tenía no sé En una de estas fue a frotar la lámpara maravillosa y
cuántas pulgadas más y que ella sólo se tomaba el se cargó el jarrón azul y rojo de mi madre. Pensé lo
colacao con chococrispis, así que le pedí a mi abuelo mismo que dice mi madre cuando rompemos algo:
que bajara a por chococrispis. Le dije que si me hacía «Lo estaba viendo desde hace rato».
ese favor lo recordaría hasta después de su muerte. Mi Menos mal que estábamos solos, que si no, mi madre
abuelo se fue por la escalera diciendo: me da mi colleja correspondiente delante de la
—Joé, con la Susanita, nos tiene a todos Susana. Porque si mi madre en un momento de su vida
machacados. quiere darte una colleja te la da aunque sea delante
Cuando se acabó el dichoso demonio de Tasmania, de millones de telespectadores. Ella no se corta.
llegó la hora de la famosa declaración: Nos quedamos mirando cómo mi abuelo recogía los
—Bueno… yo te quería decir que… me gusta mucho trozos del jarrón. La Susana decía:
tu diadema. —Si eres mi novio no se te ocurra decirle a tu madre
Eso es lo único que me salió. Y ella me contestó: que he sido yo la que lo he roto.
—Pues no te la voy a dar. Después de decir esa frase la Susana se metió un
La verdad yo le podía haber dicho algo mejor, pero puñado de chococrispis en el abrigo y se marchó por
tampoco era para que ella me diera esa respuesta. Se la puerta grande.
hizo un silencio bastante sepulcral entre nosotros. Al Imbécil lo tuvimos que subir en el sofá nuevo para
Después de un rato de ver anuncios me dice: que no se cortara, pero se las apañó para coger un
—A ver si vas a ser mariquita. trozo del suelo y cortarse inmediatamente. Lo tuve que
Eso sí que no me lo esperaba, así que tuve que limpiar yo porque como mi abuelo está de la próstata
explicarle: se marea con la sangre. El Imbécil no paraba de llorar y
—No, si me gusta para verla en tu pelo no en el mío. para que se callara tuve que darle la crema de afeitar
Y entonces la tía se empezó a reír porque decía que de mi padre. Esos botes con espuma siempre le
estaba imaginándome con las gafas, el flequillo éste un calman mucho.
poco tieso que tengo y la diadema. Se empeñó en que Al rato llegó mi madre, que no trabaja en la CIA
me la pusiera, y yo que no, y ella que sí. Le dije: porque los de la CIA no se han enterado de que existe;
—Bueno, me la pongo y entonces eres mi novia. pero te juro que mi madre es cien mil veces mejor que
Me dijo: James Bond y todos sus enemigos. Pisó el suelo, el suelo
—Vale, vale, vale. le hizo cracs en los zapatos, entonces miró a la mesa,
Estaba como loca porque me pusiera su diadema. Me supo que se había roto el jarrón. Miró al sofá, supo que
la puse porque siempre tengo que acabar haciendo lo el Imbécil había estado subido con sus botas
que me dice cualquiera. Creo que nadie se ha reído ortopédicas, olió en el aire la espuma de afeitar de mi
nunca tanto de nadie como la Susana de mí la otra padre y supo que el Imbécil la había gastado. Miró a mi
145
abuelo, supo que estaba ande como un chino, pero
harto. Y luego me miró a mí y que ya no vuelvo a kárate,
al verme con la cabeza que ella no paga más
metida en el cuello del gafas nuevas este año.
chándal, supo que estaba Ésa es la mejor noticia de
esperando mi bronca la temporada; estaba
correspondiente. Tomó aire harto de pelearme con
para empezar su discurso, todas las rocas del
pero mi abuelo la colegio.
interrumpió: Al día siguiente, cuando le
—No le digas nada al contaba al Orejones que
chiquillo que el jarrón lo he ya jamás volvería a
roto yo. Yo le he dejado la Kárate, a no ser que
espuma de afeitar al canijo España fuera invadida por
y yo le he subido al sofá. los japoneses, él me dijo:
Mimadreempezóaecharlela bronca a mi abuelo y mi —Chachi, que se vaya la Susana todas las tardes
abuelo aprovechó para bajarse a tomar un café con contigo. Ayer rompió en mi casa el mando a distancia.
gambas al Tropezón, que es lo que hace cuando no Ella era la princesa de Aladino y yo su genio, pero lo
le gusta el panorama. de frotar una lámpara le parecía muy antiguo, así que
Por la noche me metí en la cama de mi abuelo para dijo que me iba a dar las órdenes con el mando a
calentarle los pies. Siempre me recompensa con distancia. A las dos horas le dije que estaba harto de
veinticinco pesetas en la hucha, pero esa noche le dije obedecerla y me tiró el mando a distancia a la
que se los calentaba gratis por haberme salvado de la cabeza. Mi madre me ha dicho que si no me podía
silla eléctrica. buscar otra novia menos gamberra.
Mi abuelo me dijo que como siguiera con esa novia —Pero ¿es que también era tu novia?
sería el primer niño con infarto del mundo mundial. Nos pusimos a discutir sobre quién había traicionado a
Al día siguiente, cuando estábamos en el recreo, la quién, pero al minuto y medio nos dimos cuenta de que
Susana me mandó insultar a un niño de cuarto, llevarle era una tontería porque la Susana tiene más novios que
tierra para hacer un castillo y hacer de peste niños hay en mi colegio. También tiene novios en la
bubónica con tres de sus amigas. escuela de enfrente, en su escalera y en Las Navas del
El que la liga en la peste bubónica tiene que pillar a los Marqués, que es el pueblo de su madre. Casi todos los
demás y nadie lo puede rozar ni tocar, eres un niños españoles son novios de la Susana.
apestado. La Susana me mandó ser un apestado todo El Orejones y yo íbamos hablando de esto de camino
el recreo. Yo pensé: «Qué rollo repollo». Por primera a casa. Éramos como dos grandes amigos con el mismo
vez estaba deseando que se acabara el recreo. Fue el problema, como en las películas, que al final se ve a
recreo más odioso de mi vida en este planeta. dos grandes amigos que se van andando entre el frío y
Cuando subíamos a clase le dije al Orejones: una niebla terrorífica. Con lo bien que nos estábamos
—Esta tarde puedes invitar a la Susana a ver el llevando, no sé por qué la cosa se lió y volvimos a
demonio de Tasmania, yo tengo kárate. discutir por quién tenía más derecho a ver el demonio
Desde luego, mi amigo el Orejones no se caracteriza de Tasmania con la Susana por las tardes.
por ser un gran observador; no sé cómo no le extrañó La cosa estaba muy clara: ninguno de los dos quería
ese gesto de generosidad por mi parte. cargar con la Susana pero tampoco queríamos que
Me lo pasé bestial en kárate. Mi profesor me dijo que pasara la tarde con nuestro mejor amigo. Ante estas
tenía que hacerle una llave a un gigante gigantesco terribles situaciones, mi abuelo dice:«Asíderarassomos
de 5° las personas».
B. Por un momento, pensé que mi profe se había vuelto Bueno, estábamos ya a punto de pegarnos por algo
loco o que quería acabar conmigo para siempre. Mi que no queríamos ninguno de los dos, cuando de
profe me explicó la llave. Yo siempre entiendo la teoría repente, sin previo aviso, vimos a la Susana con un
de mi profe, incluso me la imagino en mi cabeza. Me chico saltando encima de un banco del parque del
imagino pegando unos saltos tipo Kárate Kid en el Árbol del Ahorcado. Nos acercamos. El chico era…
cañón del Colorado, pero luego todo se joroba en ¡Yihad!
la práctica, no me lo explico. Mi abuelo dice: «Así Estuvimos mirándolos un buen rato, se lo estaban
es la vida». pasando bestial: hacían lanzamiento de cartera a
Bueno, pues no te lo vas a creer, pero le hice la llave a patadas, se empujaban por conseguir el mejor
la mole humana de 5° B. Fue como darle una patada a columpio, se lanzaban contra el suelo cuando habían
una montaña: el tío no se movió del sitio, pero yo la subido muy alto. Yihad le quitó a la Susana la diadema
llave se la hice. Lo malo es que con el salto se me y echó a correr. La Susana le agarró del pelo y le
fueron las gafas por los aires, y eso que mi madre me las escupió. ¡A Yihad! ¡Al chulito de mi clase, de mi barrio y
había atado con una goma al cerebro. Me lo pasé de España! Nadie se había atrevido nunca en la vida
bestial en kárate y todavía me lo pasé mejor cuando a escupirle a Yihad, eso podía costarle a uno muy caro.
mi madre dijo que a ella le trae sin cuidado que yo
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El Orejones y yo contuvimos nuestras respiraciones, él la entre estas cuatro paredes, estaré peor que un gorila
suya y yo la mía. Los latidos de nuestros corazones del zoo porque el gorila puede ver a la gente que va a
parecían tambores africanos anunciando una guerra mirarle como si fuera un mono, pero a mí no viene a
espantosa. ¿Qué pasaría ahora? verme nadie. Tengo que conformarme con mis
Nadie se creerá nunca lo que ocurrió entonces; tú compañeros de jaula, con mi abuelo y con el Imbécil.
tampoco te lo vas a creer, pero fue así. Te lo juro por mi Cuandomecastiganmepongo correoso, como el pan
abuelo. Yihad se limpió el escupitajo. El Orejones dijo que le gusta a mi abuelo, ese que lleva dos días en la
muy bajo y tembloroso: panera. También me pongo enfermo del estómago,
porque me aburro, y si me aburro me paso toda la
tarde yendo y viniendo del mueble-bar al sofá.
El mueble-bar es un mueble que le compró mi madre
a mi padre porque mi padre siempre ha dicho:
—Catalina, yo soy un hombre de barra.
Y dicho esto se bajaba al bar el Tropezón.
Así que mi madre, que tiene soluciones para todo, le
regaló para el día del Padre un mueble-bar, una
barra almohadillada con sky puro. Lo abres y aparece
un interior lleno de espejos, y si hay tres botellas, por un
momento piensas que hay dieciséis. Esto es lo que los
científicos de todo el mundo llaman el fenómeno de la
multiplicación. Mi madre le dijo después de
—Ya verás qué torta le va a dar. Le va a volver la cara desempaquetarlo:
del revés. —¿No eres hombre de barra? Pues no hace falta que te
Pero él, y yo, y el mundo nos habíamos equivocado, bajes al bar, a partir de ahora la barra la tienes en tu
porque Yihad dijo: casa.
—Joé, perdona, sólo estaba jugando. Era una broma, Al principio, el mueble-bar era sagrado y mi madre sólo
tampoco era para que me escupieras con tanta saliva. metía allí el coñac Fundador de mi padre, el anís de mi
Y dicho esto siguieron jugando, empujándose y abuelo y una botella de sidra el Gaitero que sobró de
saltando como locos. El Orejones y yo nos dimos las Navidades, pero como en mi casa no hay sitio para
media vuelta y nos fuimos: primero, porque allí no nada, el famoso mueble-bar sagrado se fue
pintábamos nada, y segundo, porque teníamos convirtiendo en un supermercado.
miedo a que nos pidieran que jugáramos con ellos. —En esta casa no tenemos cucarachas —dice mi
Ahora sí que era una tontería pelear por la Susana. madre a la Luisa
Esto no lo dijimos, pero para mí que lo pensábamos los —; ya nos gustaría, pero es que no caben.
dos, y también pensábamos los dos que era un alivio
que prefiriese a Yihad.
Aquella tarde invité al Orejones a ver el demonio de
Tasmania en mi casa. Lo pasamos bestial poniéndonos
pan con colacao y mantequilla y viendo los dibujos los
dos tirados en el sofá. Los dos con la cabeza en el
mismo lado porque al Orejones le huelen los pies. El
pobre no es perfecto. Mi abuelo nos miró y le dijo a mi
madre:
—Están hechos el uno para el otro.

Y por un momento no supe si lo decía por el Orejones y


por mí o por la Susana y Yihad, que a lo mejor todavía
seguían jugando a tirarse tierra a los ojos en el parque
del Ahorcado. También ellos estaban hechos el uno
para el otro. Eso debe de ser el amor.
5552 palabras.
Esto lo dice mi madre, que también tiene sus bromitas,
a ver si te vas a creer que siempre está de morros.
Paquito Medina no es de este Bueno, pues primero metió en el mueble sagrado los
panchitos, las avellanas y esas cosas que pone mi
madre a las visitas y que nos comemos el Imbécil y yo
mundo en cincuenta milésimas de segundo. Luego siguió con el
colacao, los chococrispis y las marranadas que dice mi
madre que tomamos para merendar. Hace un mes que
El domingo voy a estar castigado, y el sábado,
ha empezado a meter allí lo de la limpieza del water.
también. Me tendrá encerrado mi madre sin piedad
147
Me fui al colegio y me senté en el pupitre como si me
sentara en la silla eléctrica. Le dije al Orejones, que es
mi compañero de pupitre y mi gran amigo aunque a
veces sea un cerdo traidor:
—Pienso copiarte porque no tengo N.P.I.
Nosotros decimos N.P.I. Desde que un día dijimos «Ni
puñetera idea» y nos oyó la maestra, nos dimos
cuenta de que la palabra puñetera es mejor no
pronunciarla dentro de los muros de mi colegio. El
Orejones va y me contesta:
—Pues tendremos que copiar del de delante porque
Eso es para que el Imbécil no se lo coma, porque uno yo tampoco tengo N.P.I.
de los vicios del Imbécil es la lejía: ya la ha probado La verdad es que copiar del Orejones era una tontería,
dos veces el muy borracho. Ya te digo que, cuando nunca pone nada en los exámenes y si pone, es que me
estoy castigado, me paso la tarde yendo y viniendo lo copia a mí.
del mueble-bar, cojo un puñado de panchitos, otro Antes de que entrara la señorita hicimos una
de chococrispis, otro de almendras garrapiñadas. Así encuesta y ni los de delante ni los de atrás ni los del
que cuando me castigan más de un día me pongo a techo sabían nada. Esa mañana el mundo mundial
explotar, se me produce el clásico tapón en el intestino estaba N.P.I. Nuestra única salvación se llamaba
grueso y mi madre le dice al médico: Paquito Medina.
—Este niño se pone que ni por arriba ni por abajo logra Paquito Medina vino nuevo este año, no llegó el
expulsar la masa alimenticia. primer día de clase sino un mes después. La sita
Cuando mi madre dice por arriba se refiere a la boca y Asunción nos avisó:
cuando mi madre dice por abajo se refiere al culo. Mi —Mañana va a venir un niño nuevo, se llama Paquito
madre se pone a hablarle al médico de mi culo como si Medina y no le preguntéis por su padre porque no
eso fuera un asunto que al médico tuviera que tiene.
interesarle. Cuando mi madre dice eso de «por abajo» Nos quedamos muy impresionados pensando en lo que
no sé para dónde mirar; yo creo que el médico nos acababa de decir la sita. Al cabo de medio
también se corta. No me extraña, si yo fuera médico y minuto se atrevió a preguntar Yihad:
fuera a ver a un niño, que ni me va ni me viene, no me —¿Y por qué no tiene? —Porque se ha muerto.
gustaría que su madre me empezara a hablar del culo —¿Hace mucho? —preguntó Óscar Mayer. (Sólo se
del niño ese. llama Óscar, lo de Mayer se lo hemos puesto nosotros
De todas formas hay veces que no llego a por las salchichas.)
empacharme, pero, desde luego, te puedo asegurar —Hace dos meses.
que el estar castigado me convierte en el tío más —¡Hace dos meses! —exclamamos todos a coro
plasta que conozco en mi barrio y en el mundo mundial. como si hubiéramos estado entrenándonos durante
Te voy a contar la historia de mi terrible castigo desde veintisiete días.
el principio de los tiempos: —¿Y por qué se murió? ¿Era muy viejo? —esto lo dijo
Esto era un niño estupendo que vivía en el barrio de Arturo Román, que dice mi señorita que siempre está
Carabanchel, un niño cachas y bastante listo, no había en su mundo.
otro como él, se llamaba Manolito Gafotas, y no sé si te —¿Cómo va a ser muy viejo si era el padre de Paquito
has percatado pero ese magnífico niño era yo. Y ese Medina? —dijo la Susana.
tío sin igual se levanta un terrible lunes —el lunes —¿Es que tú conoces a Paquito Medina? —dijo Yihad,
pasado— y piensa: «Hoy tengo un examen de que a veces parece tonto.
Conocimiento del Medio y no tengo ni puñetera idea». —No lo he visto en mi vida —le contestó la Susana.
Llamó a su madre ese niño —yo— y le dijo: —Se moriría de una enfermedad incurable —dije yo,
—Mamaíta querida, creo que me está subiendo la que siempre me pongo en lo peor.
fiebre por momentos. —Se murió de un ataque al corazón
Y la madre del niño, la mía, me tocó la frente y me —la sita Asunción no estaba por la labor de dar
contestó con cruel indiferencia: muchas explicaciones.
—Manolito, vístete que llegas tarde. —¿Y estaba solo cuando le dio el ataque al corazón?
—¿Y si cuando esté en el colegio me sube a 38°? ¿No —preguntó el Orejones que quiere saberlo todo hasta
crees que es mejor prevenir que curar? —le dije yo, el final.
que nunca pierdo la esperanza de engañar algún día —No lo sé, vamos a empezar con la clase.
a mi madre. —A un amigo de mi padre le dio un ataque al
—Caliente te voy a poner yo como no te levantes ya. corazón, se lo llevaron muerto al hospital y en el
No había nada que hacer. Cuando mi madre se pone hospital le hicieron revivir con unos electrodos que
así me doy cuenta de que no se parece nada a las habían traído de los Estados Unidos —dije yo, porque
madres de las canciones y de las poesías: esas madres es totalmente cierto.
deben vivir en América en chalés de dos plantas.

148
—A lo mejor los electrodos se nuevo para convertirse en
gastaron al revivir al amigo de tu un viejo como nosotros,
padre, y no les dio tiempo a ir por todos teníamos la
otros a los Estados Unidos para esperanza de que Paquito
salvar al padre de Paquito Medina fallara en algo,
Medina —dijo uno de atrás. en gimnasia, por ejemplo.
—Pues qué morro tiene el amigo Pero ni eso. Paquito sale al
del padre de Manolito —dijo patio con un chándal azul
Jessica, La Gorda, que ya no marino con unas letras que
está gorda. ponen «Rayo Vallecano» y
—Más morro tiene el amigo del salta el potro como si fuera
tuyo un olímpico japonés.
—le grité. Paquito Medina nunca insulta a nadie, no se pega
Entonces unos se pusieron a decir que el amigo de mi con Yihad y jamás le pega patadas a la cartera de los
padre tenía mucho morro y otros a defender al amigo demás. Paquito Medina no es como nosotros.
de mi padre, a mi padre y a mí. El Orejones dice que Paquito Medina es un marciano
La sita Asunción pegó un punterazo y seguimos gritando. que han puesto los seres de otros planetas en nuestro
Al tercer punterazo nos callamos. Siempre es así, es colegio para volvernos locos de envidia y que,
matemático. cuando nos haya vuelto locos a nosotros, se irá a otros
—Ya está bien. Sólo quiero que os portéis bien con él y colegios, y a otros, y a otros. Así hasta que la infancia
que nadie le pregunte por su padre. del mundo mundial sea aniquilada por Paquito Medina,
—¿Por qué? —dijo Arturo Román. ese extraño ser.
La sita Asunción le echó de la clase y a nadie se le La prueba de que Paquito Medina es un marciano la
ocurrió seguir preguntando sobre Paquito Medina. tuvimos un día en los vestuarios. Resulta que tiene dos
Somos pesados, pero no tontos. ombligos, uno más pequeño al lado del otro normal que
Al día siguiente llegó al colegio Paquito Medina. La sita tenemos los terrícolas. Mi teoría es que Paquito Medina
lo sentó en la primera fila. Estuvimos mirándolo mucho procede de un planeta en que las mujeres son
durante tres días y pensando en él durante esas tres siamesas y los niños están unidos a sus madres por dos
noches. Al cuarto día Paquito Medina nos enseñó en el cordones umbilicales. En el vestuario le hicimos mil
recreo una chapa con el escudo del Rayo Vallecano y quinientas preguntas sobre su ombligo extra, pero
nos dijo: Paquito Medina no responde a esa pregunta. Sólo
—Yo me llamo Francisco y soy del Rayo Vallecano, dice:
como mi padre. —Es de nacimiento.
—¿Tu padre se ha muerto? —le pregunté yo sin darle Esa es la prueba de que Paquito Medina no es de
importancia a la pregunta que todos teníamos en la este mundo.
cabeza, pero que estaba prohibida. Bueno, no sé si te acuerdas de que hace mucho rato te
—Sí,esqueantesvivíamos en Vallecas, pero cuando mi conté que un día fui a clase sin tener N.P.I. de un examen
padre se murió mi madre quiso que nos cambiáramos de conocimiento del medio, te conté también que toda
de barrio. mi fila tenía la mente en blanco, como yo. Así que le
Nos pasamos todo el recreo preguntándole todos los preguntamos a Paquito Medina si le importaba que
detalles; al fin y al cabo, era el primer amigo que todos le copiáramos. La verdad es que una vez que te
teníamos sin padre. Después de enterarnos de las cosas ves en la obligación vital de copiar de alguien, te da
de su vida anterior, ya casi nadie ha vuelto a hablar igual que sea del planeta Tierra o de otro planeta; al
sobre eso, a no ser que sea para intentar que Paquito fin y al cabo, todos damos vueltas alrededor del Sol.
Medina deje el Rayo Vallecano para hacerse del Real Paquito Medina se puso muy contento cuando le
Madrid. pedimos ese pequeño favor. Esta es otra prueba de
Además, Paquito Medina se hizo famoso muy pronto que Paquito Medina es un extraterrestre, porque yo
por cosas distintas a la muerte de su padre. Resultó que dejo que copie uno y pagando, pero no toda una fila,
Paquito Medina es un niño 10. La sita siempre dice: no te joroba.
—Paquito Medina es un niño de concurso. La sita Asunción nos puso una pregunta despiadada
Cuando mi sita dice eso, no se refiere a cualquier sobre los estados líquidos, sólidos y gaseosos. Todos la
concurso de la televisión, sino al premio Nobel o un miramos con cara de odio; una pregunta como esa no
concurso así. se la deseo yo ni a mi peor enemigo.
Paquito Medina se diferencia de los niños normales en Paquito Medina empezó a escribir dejando que el de
que siempre va limpio. Las uñas de Paquito Medina son atrás pudiera copiar, el de atrás hizo lo mismo con el
de exposición universal. Los dientes de Paquito Medina de más atrás, así hasta El Orejones y yo, que somos de
nunca tienen restos de bollicao. Los cuadernos de las últimas filas.
Paquito Medina parecen libros de texto. Paquito
Medina se merece el premio Nobel. La verdad es que
cuando te encuentras con un niño tan listo, eso te come
la moral. En el fondo, cuando Paquito dejó de ser el
149
Orejones, casi nunca le regaña, así que al Orejones los
ceros le entran por un oído y le salen por el otro.
Pero yo siempre me la cargo, de mí nadie tiene
piedad ni compasión. Ya estaba sintiendo la colleja
que me iba a dar mi madre. Cómo me dolía. Menos mal
que mi padre llega tan tarde por las noches y está tan
cansado que no tiene ganas ni de regañarme. Por eso
Yo estaba emocionado. En esos momentos es cuando me gusta que mi padre sea camionero. Si trabajara en
piensas que la paz mundial es posible, porque los una oficina, como el padre de Susana, llegaría a las
seres humanos forman una gran cadena de amistad. cinco de la tarde con energías para echarle la
Yo le puse el examen a Yihad para que copiara, bronca a un regimiento. De todas formas me basta y me
porque está detrás de mí, pero Yihad, que es un sobra con mi madre. Mi abuelo la llama la Coronela,
separatista, va y dice: pero se lo llama a sus espaldas porque a la cara no se
—Yo me he traído mi chuleta de mi casa y no tengo atreve. Por algo es la Coronela.
por qué copiarle a Paquito Medina. PaquitoMedinanosalcanzóal Orejones y a mí. Estaba
Así que Yihad se sacó la chuleta de la nariz. Se la mete tan fresco:
ahí hecha un rollo diminuto, y eso que una vez le tuvo —A mí también me ha dado un sobre la sita Asunción.
que llevar su madre a urgencias, porque las chuletas Loenseñabacomosifueraun diploma.
habían ido trepando por las fosas nasales y estaban a —¿Y qué pasa, es que al único que le riñen en su casa
punto de destrozarle el cerebro. es a mí? —eché a andar pisando el suelo con rabia;
estaba hasta las narices de mis amigos.
Al día siguiente todos esperábamos la nota de nuestro Paquito Medina corrió otra vez para alcanzarme:
examen. Yo me imaginaba a la sita Asunción diciendo: —¡Manolito! A mí también van a reñirme.
«Manolito García Moreno, un 10 como una —No me lo creo —cómo iba a creer a un tío que te
catedral». dice que le van a reñir y está tan pancho.
Me imaginaba llegando a mi casa con mi 10 y me —Te lo juro por mi padre.
imaginaba a mi madre contándoselo a la Luisa: «Mi Si lo juraba por su padre, entonces la cosa si que era
Manolito ha sacado un 10 como una catedral». para creérsela. De todas formas, Paquito Medina
Pero no fue así, la vida real nunca coincide con mis siempre era raro.
proyectos mentales. La sita Asunción llegó a la clase y —¿Y te da igual que te riñan?
en vez de empezar a repartir dieces, empezó a repartir —No, no me da igual —se había puesto muy serio—.
cartas. Nadie se explicaba por qué. Fuimos diez niños Tampoco me reñirán mucho porque yo siempre me
los que tuvimos nuestro sobre: Yo, El Orejones, la Susana, porto bien. No sé cómo lo hago, pero yo siempre me
Arturo Román, Jessica la ex gorda, Paquito Medina y porto bien.
otros cuatro que no conoces. La sita dijo por fin: —A mí me pasa al contrario —le dije—. No sé cómo lo
—Sois tan tontos que no sabéis ni copiar. hago, pero yo siempre me porto mal.
Resultó que la sita nos había pillado. Resultó que —Y estoy harto —dijo Paquito Medina.
Paquito Medina tuvo un fallo mortal y se equivocó de —Yo también estoy harto.
pregunta, en vez de escribir sobre los estados líquidos y —Si un día te sientas detrás de mí, te dejaré copiar —
los gaseosos, escribió sobre las capas de la atmósfera, me prometió.
ya sabes, la estratosfera entre otras. —Que sea un día que no te equivoques de pregunta, si
Paquito Medina se había equivocado y los demás no te importa.
éramos tontos, lo dijo la sita Asunción. Y quería que Y dijo que no, que no le importaba; también dijo una
nuestros padres se enteraran de que, por no saber, no cosa Paquito Medina de la que pienso acordarme
sabíamos ni copiar. Por primera vez, se enfadó con mientras viva:
Paquito Medina porque, según mi sita Asunción, dejarse —Cuando te ocurre algo malo tienes que pensar que se
copiar también es de tontos, y que un niño tan listo se te pasará; aunque tú no lo creas, se te pasará, y a
equivocase de pregunta era imperdonable. Paquito veces te acordarás de las cosas como si le hubieran
Medina ha perdido puntos, la Academia Sueca ya no pasado a otro.
le concederá este año el premio Nobel. —¿Y tú por qué lo sabes?
Lo más gracioso es que Yihad había aprobado, a —Porque me lo dijo mi padre una vez.
veces la vida tiene sorpresas tan desagradables como Yo procuré pensarlo en el momento en que mi madre
ésa. Menos mal que sólo sacó un seis, dice Yihad que los abría la carta del colegio; pensé: «Esto que me está
mocos no le dejaron ver las letras. Que se fastidie. pasando, dentro de tres meses me dará igual y dentro
El Orejones y yo íbamos de vuelta a casa con la carta de tres años me parecerá que le ha pasado a otro».
en nuestra cartera. Hay veces que las cartas pesan Intenté seguir pensándolo cuando vi con qué ojos me
como el acero puro, sobre todo cuando llevan malas miraba una vez que la leyó; y ya no pude pensarlo
noticias. El Orejones no tenía tanto miedo como yo, cuando me echó la bronca, cuando me dio la colleja
porque como su madre está separada de su padre y famosa en el mundo entero y cuando me castigó para
se siente culpable de todo lo que le salga mal al este fin de semana.

150
Ahora sólo puedo pensar en que me quedan dos días has podido con la fuerza de tu mente arrebatarme el
de estar encerrado, peor que un gorila del zoo, control de los mandos?».
correoso como el pan, hasta las narices de comer
panchitos. Y pienso también en que está claro que
Paquito Medina no es un ser de este planeta. No sé si
será de Marte, o de Venus, o de Júpiter. Sea del que
sea está claro que los habitantes de su Planeta son
más buenos que los del mío.
3293 palabras

No sé por qué lo hice


La idea se me ocurrió cuando íbamos de camino a
casa el Orejones y yo. Estábamos jugando a «Palabras
encadenadas». La Susana dice que es un juego
bastante idiota, pero si tuviéramos que hacerle caso a
la niña ésa, no jugaríamos a nada; siempre tiene que
decir:
—Ese juego es bastante idiota.
—Pues invéntate tú uno, no te fastidia —le dije yo un día
que me tenía hasta las mismísimas narices.
Para qué le diría nada. Se le ocurrió que nos
quedaríamos en mitad de la carretera hasta que
viniera un coche, y a última hora, echaríamos a correr.
Íbamos por parejas y ganaba la pareja que aguantara Pero en seguida me di cuenta de que el conductor
más tiempo plantada con las manos cogidas tapando jamás me preguntaría eso.
la calle. Los señores de los coches sacaron las manos No era un conductor desconocido, era el señor Solís, el
de sus ventanillas y pitaron cuando vieron que Yihad y conductor del autobús del colegio, y cuando le tuve a
la Susana no se apartaban. Yo estaba tragando dos metros y medio supe que no me iba a felicitar por el
bastante saliva y el corazón se me había trasladado a poder de mi mente.
la garganta. Al Orejones se le habían puesto las orejas El señor Solís me cogió del abrigo para llevarme a la
como dos tomates. Es que tiene un procedimiento por el directora. El señor Solís me decía que si no me daba
cual las orejas le cambian de color cuando acecha el cuenta de que podía haberme matado y haberse
peligro. matado él. El señor Solís me llamó Niño-loco-kamikace.
Científicos de todo el mundo han intentado encontrarle Mis amigos habían dejado de aplaudir y habían
una explicación a eso y no la han encontrado. Dice mi dejado la acera; en realidad, habían desaparecido.
abuelo que es que la ciencia no siempre tiene El señor Solís me gritaba tan fuerte que un perdigón de
respuestas para todo. su saliva se me quedó en el cristal de las gafas. De
Bueno, pues llegó el momento X y el Orejones y yo nos repente, unos coches, que estaban detrás del autocar
pusimos en mitad de la calle cogidos de la mano. De del señor Solís, se pusieron a pitar porque querían
repente, vimos que se acercaba sin piedad un autocar. pasar. El señor Solís tuvo que montarse en el autocar y
Al Orejones y a mí nos empezó a dar la famosa risa de me dijo que por esta vez me libraba por los pelos de la
la muerte, una risa que te da cuando te estás muriendo silla eléctrica y que me fuera cuanto más lejos mejor.
en el Polo Norte. El Orejones se soltó de mi mano y se Me volví a mi casa solo con el perdigón del señor Solís
fue a la acera. Yihad gritaba: en la gafa derecha, porque hay momentos en la vida
—¡Mirad, qué valiente es el tío! en los que uno no está ni para limpiarse un perdigón.
El tío era yo, Manolito Gafotas. Un autocar no podía Aquella tarde no quise merendar, y casi no cené. Mi
conmigo, ni un autocar ni un Jumbo podían conmigo madre decía:
porque yo, con el poder de mi mente, iba a parar a —A éste le pasa algo.
aquel monstruo de cuatro ruedas. No veas la sorpresa Así que tuve que disimular porque no quería que mi
que me llevé cuando vi que el autocar se detenía, madre se enterara de que su hijo era mucho peor de lo
porque una cosa es que tú te imagines que tu mente que ella imaginaba.
tiene superpoderes y otra muy distinta que los tenga de Por la noche soñé que el señor Solís y yo estábamos
verdad. El autocar se paró en redondo —¡ay!, no, se muertos en dos cajas, uno al lado de otro. No me
paró en seco, que me he equivocado de frase—. Mis molestaba estar en aquel ataúd; lo que sí que me
amigos me aplaudían. De repente vi que la puerta del molestaba era que nadie se había preocupado de
autocar se abría y pensé: «Ahora me va a preguntar el limpiarme el famoso perdigón del señor Solís, y no
conductor: “¿Cómo lo has hecho, Manolito? ¿Cómo podía ver quién había asistido a mi entierro.
151
Me desperté sudando, como se Me abrió la puerta mi madre y me
despiertan los protagonistas de las miró las manos, como siempre que
películas, y desperté a mi abuelo para llego de la calle. Mi madre te mira
contarle lo que me había pasado. Mi las manos y sabe dónde has
abuelo me dijo que yo no tenía que estado, a qué hora y a veces,
hacer siempre lo que me decían mis hasta con quién. Una vez, llegamos
amigos, y que ser valiente no era hacer mi abuelo y yo a casa un poco
lo que quisieran los más chulitos, y que si tarde. Mi madre me cogió las
Yihad y la Susana fueran tan valientes manos, me las olió y le dijo a mi
como dicen, se hubieran quedado a defender a un abuelo: «Te parecerá bonito invitarle al niño a gambas.
amigo. Ahora la comida me la como yo».
O sea, que mi abuelo le daba la razón al señor Solís. Ya te digo, mi madre no trabaja en la CIA porque los
Era la primera vez en mi vida que mi abuelo se ponía americanos no le han dado una oportunidad, pero es
de parte del otro bando, así que me puse a llorar, una espía de primera calidad.
porque la verdad es que me sentía bastante solo en el Bueno, pues estábamos en que me miró las manos y me
planeta Tierra. Entonces mi abuelo me dijo que como las vio llenas de manchas de rotulador. De repente, se
estaba seguro de que no iba a hacer más una tontería quedó más pálida que una puerta viendo mi barandilla
tan grande, a partir de ahora jamás nos acordaríamos fantástica, empezó a bajar las escaleras siguiendo su
de eso y que, al fin y al cabo, todo el mundo se rastro y creo que llegó hasta el portal. El Imbécil la
equivoca, sobre todo el que tiene boca, y que a seguía pasando el dedo por las líneas de colores.
dormir. Luego la oí subir muy despacio. Cuando mi madre hace
algo muy despacio es que está a punto de estallar la
Así que como te dije al principio, el Orejones y yo Tercera Guerra Mundial; así que cuando iba por el
íbamos por el camino a los pocos días de aquella segundo me puse a llorar, a ver si así evitaba que me
terrible historia jugando a las palabras encadenadas. Él condenaran a muerte. Lloraba suavecito porque algo
decía: me decía que tenía que guardar mis reservas de
—Chapa. lágrimas para las próximas cinco horas.
—Pato —seguía yo. La intuición no me había fallado, amigos. Cuando mi
Como verás, es un juego bastante menos peligroso madre llegó al tercero me dio mi colleja
que los que les gustan a la Susana y a Yihad. Lo único correspondiente.
que tiene de malo es que al final siempre quedamos A mi madre no la contratan para Karate Kid, tercera
empate porque uno dice: parte, porque no hay justicia en este mundo, pero mi
—Monja. madre es cien mil veces mejor que el maestro de
—Jamón —sigue el otro. Karate Kid. Cuando me dio la colleja que te he dicho,
—Monja. yo pensé:
—¡Jamón! «Pues vaya golpe más tonto».
Y así, hasta el final de los tiempos o hasta que nos Pero a la media hora empecé a sentir un calor
despedimos y cada uno se va por su lado, porque ya repentino en la parte afectada. Si en ese momento me
estamos hartos el uno del otro. hubieran echado un huevo en la nuca, el huevo se
Bueno, pues habíamos acabado el famoso juego de las
palabras encadenadas, cuando a mí se me ocurrió lo
que iba a hacer minutos más tarde. Le dije al Orejones
adiós con la barbilla y me fui corriendo hasta el portal,
allí abrí mi cartera con temblores de emoción y saqué
mis tres rotuladores, unos rotuladores gordos que nos
regala por Navidad Martín, el de la Pescadería, y que
ponen en un lado «Felices Pascuas. Pescadería Martín».
Mi madre, que siempre le tiene que poner pegas a
todo, dice: «Más contentas estaríamos sus clientas si nos
regalara un kilo de gambas».

Le quité los capuchones a los superrotuladores y


empecé a subir la escalera pasando las puntas por la
pared. «Cómo molo», pensé. Hacía tres rayas: una roja,
una azul y una negra. Procuraba que quedaran muy
rectas para que pareciera una barandilla. No es por
nada, pero me estaba quedando fuera de lo normal.
Haciendo mi barandilla fantástica subí hasta el tercero.
¿Por qué subí hasta el tercero? Porque yo vivo en el
tercero como saben todos los españoles.

152
hubiera frito. Con eso lo digo todo. Aún así, prefiero mil —No os preocupéis porque esto lo va a arreglar el
veces una colleja a las broncas de viva voz. Cuando mi abuelo Nicolás.
madre encuentra un buen tema por el que reñirte, El Imbécil se puso a aplaudir. Para él todo es muy
estás acabado. El rollo repollo puede durar semanas, sencillo en la vida; a mí me pasaba igual cuando era
a veces meses, incluso años. pequeño.
Aquel día el asunto tenía muy mala pinta. Mi madre —Catalina —siguió diciendo mi abuelo en su silla del
dijo: Congreso de los Diputados—, ni una palabra más.
—Este niño me va a matar, ha dibujado con los
rotuladores por toda la escalera y se acababa de Cuando mi madre se fue a recoger la cocina, mi
pintar. Encima no podemos ocultar que ha sido él abuelo me pidió con bastantes misterios más
porque las rayas que ha hecho el monicaco éste llegan rotuladores. Yo fui a la cartera y se los di. Me guiñó un
hasta nuestra puerta. La comunidad nos hará pagar la ojo y salió por la puerta sin decir esta boca es mía.
pintura, nos quedaremos sin dinero… Me quedé sentado en el sofá, pero la curiosidad no
Mi madre seguía, seguía y seguía hablando, pero yo ya me dejaba vivir ni un segundo más en el globo
no la escuchaba. Las lágrimas que ahora salían de mis terráqueo. Salí por la puerta igual de sigilosamente
ojos eran de pena. Me imaginaba a mí y a toda mi que había salido mi abuelo. Cuando vi lo que vi no
familia en la calle, muertos de frío, podía creerlo. A ti te hubiera
con agujeros en la camiseta, pasado lo mismo:
pidiendo limosna y un bocadillo de Mi abuelo estaba pintando con
nocilla para merendar, como los rotuladores otras tres rayas del
aquella familia que vimos un día en tercero al cuarto. Me acerqué a
la Puerta del Sol que cantaban él muy despacio y le dije bajito:
para ganarse las limosnas. Mi —Abuelo.
abuelo les dio trescientas pesetas —Joé, Manolito, casi me matas
para que se callasen un rato, del susto —me confesó.
porque él personalmente no los Los dos hablábamos tan bajo
podía soportar. La gente aplaudió como cuando estamos en la
la increíble idea de mi abuelo, cama.
porque la verdad es que aquella —¿Qué haces, abuelo?
familia cantaba peor que todas las —Voy a pintar las rayas hasta el
familias que he conocido en la cuarto, así nadie tiene por qué
vida. Dice mi abuelo que ahora esa echarte la culpa. Se la pueden
familia se gana la vida yendo a los echar también al del cuarto. Por
parques con un cartel que dice: «Si mucho que te acusen, tú niégalo
no nos das limosna, cantamos todo. Y ahora vete a casa.
(tenemos flauta y guitarra de
cuatro cuerdas)». Superpróstata actuaba de
Creo que les va bastante bien; la nuevo. Me metí en mi casa y al
gente les llena la gorra de monedas cabo de cinco minutos
de oro. Mi abuelo es un fuera de empezamos a escuchar gritos en
serie arreglándole la vida a la el descansillo. Mi madre, el
gente; es como Supermán pero, con Imbécil y yo salimos a la escalera.
menos poderes; el Imbécil y yo le La Luisa subió desde el segundo, y
llamamos Superpróstata. uno, que no sé cómo se llama,
Mi madre seguía a lo suyo: bajó desde el quinto. El del cuarto gritaba:
—Dentro de un rato empezarán a venir los vecinos a —¡De repente, abro la puerta y qué veo, a don Nicolás
decirme: «A ver si le atas las manos a tu Manolito» y haciendo rayas de rotulador al lado de mi puerta, y
«¿Ahora quién va a pagar el arreglo?». Y luego por la claro, yo eso no lo puedo tolerar, hasta ahí podíamos
noche vendrá tu padre y me dirá: llegar!
«La culpa la tienes tú que le regalas los rotuladores» y Los vecinos empezaron a darse cuenta de que toda la
«Me dirás cómo pagamos este mes este imprevisto». escalera tenía las famosas rayas. Mi madre estaba
Entonces mi abuelo se levantó de la silla como si callada y cuando mi madre está callada es que la
estuviera en el Congreso de los Diputados, levantó la Tierra ha dejado de girar alrededor del Sol, eso está
mano como para decir algo muy importante y dijo: demostrado. La Luisa tomó la palabra:
—No os preocupéis porque… voy un momento al —Don Nicolás, estas cosas tienen un pase si las hace
water. un niño como Manolito, pero cuando las hace una
No es que no nos tuviéramos que preocupar porque persona mayor son de juzgado de guardia.
iba al water, es que a veces las ganas le entran Creo que era mi oportunidad histórica para decir que
repentinamente por culpa de la próstata maldita y había sido yo, pero mi abuelo se me adelantó:
tiene que interrumpir las mejores frases de su vida.
Volvió en seguida:
153
—Señoras, señores —dijo con la voz de los actores Y el Imbécil se reía con las tonterías de mi abuelo como
cuando se mueren en las películas—, creo que estoy a todas las noches, sin saber que no eran tonterías sino
punto de desmayarme. demencia por falta de riego sanguíneo. Le dije a mi
Mi madre le cogió del brazo y se metieron los dos para madre cuando me estaba lavando los pies para ir a
casa. Los vecinos se quedaron en silencio sin saber acostarme:
qué decirse los unos a los otros. La Luisa, que siempre —¿Puedo dormir con el Imbécil?
tiene que romper el hielo, hizo un diagnóstico de —Hijo mío, qué mosca te ha picado. Nunca has
urgencia: querido acostarte con él, tuvimos que cerrar la terraza
—Eso es falta de riego sanguíneo. Mi abuelo empezó para que pudieras estar con tu abuelo y ahora me
también a hacer tonterías por falta de riego dices que quieres dormir con tu hermano. Estás como
sanguíneo. A los tres meses y medio murió. una cabra.
Ahora sí que me puse a llorar. La Luisa me estrujó entre —¿La locura es hereditaria?
sus brazos, me limpiaba las lágrimas con las manos; las —¿No me estarás llamando loca?
manos le olían a ajo; en casa de la Luisa hasta el —No, lo digo por el abuelo.
postre se come con ajo. Lo he visto con mis propias —Ah, ése —dijo mi madre echándose a reír
gafas. misteriosamente—, ése está como un cencerro.
El del cuarto no sabía dónde meterse, porque ahora El momento de la verdad había llegado. Mi abuelo y
nadie veía bien eso de gritar a un abuelo con falta de yo a oscuras en la habitación, con la radio puesta
riego sanguíneo. como todas las noches de nuestra vida.
Salió mi madre, me salvó de los brazos estrujantes de la —Venga, Manolito, majo, ven a calentarme los pies.
Luisa y me puso entre los suyos. Las manos de mi madre Eso me dijo, y me dio las veinticinco pesetas para la
olían a Pril-Limón, que es el lavavajillas que se usa en mi hucha, como todas las noches de nuestra vida. Y yo me
casa. Mi madre dijo: metí en su cama. ¿Serías tú tan valiente de decirle
—No quería que nadie lo supiera, pero… mi padre que no a un loco sin riego sanguíneo? Cuando los pies
tiene demencia senil, por eso ha hecho lo de la de mi abuelo ya estaban calientes, suspiró y dijo la
escalera, porque pierde la cabeza. Pagaremos lo que misma frase de antes de dormir:
haga falta. —Qué alivio, esto ya es otra cosa — pero esa noche, mi
La Luisa dijo que de ninguna manera, que al fin y al abuelo siguió hablando—: Al principio casi me da un
cabo las rayas no molestaban a nadie y que había paro cardíaco cuando el tío del cuarto abrió la puerta
que tener caridad de esos pobres ancianos que y me pilló haciendo las rayas en su descansillo, luego se
dentro de poco iban a abandonar el planeta Tierra. me ocurrió lo del mareo, y luego a tu madre lo de la
Yo estaba alucinado: eso de descubrir que tu abuelo demencia senil. No me dirás que no lo hemos hecho
es un viejo loco al que le quedan tres meses y medio bien entre todos, Manolito.
de vida era muy duro para un nieto como yo. Mi madre diciendo mentiras, mi abuelo haciéndose el
Todo el mundo se despidió bastante triste; casi nos loco, los vecinos tragándose la historia y yo… yo
estaban dando el pésame. El del cuarto se fue a su también. Había veces que era más tonto de lo que
piso como ese asesino de abuelos en el que se parecía a primera vista.
acababa de convertir, y nosotros nos metimos en casa. —Entonces, ¿ni estás loco ni te vas a morir dentro de tres
A partir de ese momento me quedé en un rincón meses y medio?
mirando lo que hacía mi abuelo: estaba tan pancho —Pues no, estoy hecho una porquería pero tengo el
mojando un donuts de hacía días en un vaso de leche. cerebro de un niño.
A él siempre le gustan las cosas que se quedan duras, Jo, qué día había pasado. Mi arsenal de lágrimas se
el pan o los bollos, para deshacerlas en la leche con había agotado, así que esperaba que al día siguiente
azúcar. Es lo que él llama «el célebre soperío». De no pasara nada malo ni a mí me diera por cometer
repente, mi pobre abuelo me pareció muy raro: no era ningún delito.
muy normal que siempre prefiriera los bollos duros, el Lo que estaba claro era que a veces no sabía por
pan de anteayer, que siempre fuera buscando en la qué hacía las cosas.
nevera los restos del día anterior. Mi madre siempre —Abuelo, no sé por qué lo hice. No sé por qué pinté la
dice: «En mi casa no se tira comida a la basura, de eso escalera con los rotuladores.
se encarga el abuelo. Lo podían contratar en el Entonces mi abuelo me dijo que no siempre uno sabía
Vertedero». por qué hacía las cosas. Mi abuelo me dijo que desde
Me daba mucha pena tener un abuelo loco, la verdad. que existen los rotuladores en el mundo mundial muchos
Me daba pena y miedo: niños han pintado las paredes y ninguno de ellos sabía
¿Mira que si me atacaba al anochecer? por qué lo había hecho.
El anochecer llegó y también la noche. Las cosas no —¿Y cuando no existían los rotuladores?
son fáciles cuando tienes la obligación de acostarte Mi abuelo me dijo que pintaban las paredes con
con un abuelo loco, pero eso a nadie parecía lápices, y antes con óleos, y antes con lo que pillasen.
importarle. Mi padre protestaba por la cena, como Después de mucho pensar le dije a mi abuelo:
siempre: —A lo mejor al niño que dibujó los animalesen las
—Otra vez acelgas, otra vez pasto. Catalina, me vas a cuevasdeAltamira también le echaron una bronca.
matar de aburrimiento. —Pues a lo mejor.
154
—Y fíjate —me senté en la cama porque empezaba a colegios de todo el barrio y tenéis que demostrar al
estar emocionado— ahora la gente paga por verlo. mundo que sois unos niños como Dios manda y no esos
—Para que veas. delincuentes que parecéis.
Me dormí muy contento, creo que esa fue la noche más No la dejamos acabar, se montó un mogollón en la
feliz de mi vida. Porque me había librado de la peor clase que no veas. Yihad se levantó para decir:
—Aviso: yo me voy a disfrazar de Supermán y lo digo
para que no se disfrace nadie más de Supermán
porque en esta galaxia Supermán sólo hay uno y ése
soy yo y no quiero tener que partirme la cara con
nadie. Repito: es un aviso.
Entonces dice el Orejones:
—¿Y de qué me disfrazo yo si sólo tengo el disfraz de
Supermán y mi madre no me va a querer comprar otro?
Y se empezó a oír un eco en toda la clase: «Y yo… y
yo… y yo», porque todos los niños tienen el mismo
disfraz de Supermán por los siglos de los siglos.
Yihad había avisado. Se tiró descontrolado a por el
primero que pillara, porque a Yihad en esos
momentos de alta tensión ambiental le da igual ocho
que ochenta. No sé por qué tuvo que pillarme a mí; a
lo mejor tiene razón mi madre cuando dice que siempre
estoy en medio, como el jueves. Menos mal que soy un
niño con reflejos y me defendí rápidamente:
—No hace falta que me rompas las gafas esta vez,
Yihad. Todo el mundo sabe que yo prefiero ser el
bronca de mi vida, porque mi abuelo no estaba loco,
Hombre Araña.
porque no se moriría hasta 1999 y porque dentro de
Entonces salió un tío de mi clase diciendo que el
cinco siglos vendrían especialistas de todo el mundo
para ver las rayas de una casa de Carabanchel, y
saldrían fotos en todos los libros de la escuela del
futuro.
Al día siguiente, antes de irme al colegio, saqué de
nuevo uno de mis rotuladores de «Felices Pascuas.
Pescadería Martín» y escribí en letra muy pequeña y en
un rincón de la escalera:
«Manolito Gafotas. Febrero de 1993».
Quería facilitarles la investigación a los científicos del
siglo XXV y quería que mi nombre se viera en las fotos
que salieran en los libros. Al fin y al cabo, mi abuelo
me había ayudado, pero yo había sido el inventor y el
artista.
3581 Palabras.

La Paz Mundial
Hombre Araña era él, y una niña que quería ser la Bella
Hace diez días con sus diez noches mi sita Asunción y pedía a gritos una Bestia… Así que, tal y como se
entró en la clase a las nueve en punto de la mañana, habían puesto las cosas, no nos quedó más remedio
sin dejarnos esos cinco minutos que tenemos todos los que empezar a pegarnos, porque es la única forma
días para echarnos en cara lo que nos hicimos los unos que tenemos en mi clase de solucionar nuestros
a los otros el día anterior. problemas de convivencia.
La sita Asunción tomó aire y casi todos bostezamos
porque era muy temprano para aguantar uno de sus La sita Asunción, fuera de sus casillas, dio tres punterazos
discursos. Nuestra sita dijo lo siguiente: en la mesa y eso nos hizo acordarnos en masa de que
—Este año quiero que preparemos el Carnaval como estábamos en el colegio, en una clase y con una sita
si fuera el último carnaval de nuestra vida. Vamos a despiadada: la sita Asunción. Mi sita dice que da los
presentarnos a un concurso de Eurovisión de disfraces punterazos en la mesa para desahogarse. En el fondo
que van a hacer en una discoteca de Carabanchel el lo que a ella le gustaría sería darlos sobre cabezas
próximo sábado. Van a presentarse niños de los humanas, lo que pasa que tiene la mala suerte de que
155
ahora se lo prohíbe la Constitución española. «Si no nos va a deshidratar. A mí me da igual que se
fuera por la Constitución —dice a veces mi sita deshidrate; el que se deshidrata hoy día es porque
Asunción—, ibais a estar más tiesos que unas velas del quiere. Ah, se siente.
Santo Sepulcro». Total, que el día C —la C es por Concurso y por
Mi sita Asunción dijo que nada de supermanes, ni de Carnaval— mi madre nos vistió con nuestros trajes de
hombres arañas, ni de bellas ni de bestias; que papel cebolla y nos dijo que nos fuéramos yendo para
teníamos que demostrar a Carabanchel, a España, a el colegio. A ella le gusta mucho ver que salimos
Estados Unidos y al planeta Tierra que éramos unos vestidos de paz mundial y cogidos de la mano. No me
niños buenas personas, que luchábamosporlapazdel preguntes por qué, nunca he podido explicármelo.
Mundo Mundial y que ella había pensado que nos Nos encontramos a la Luisa por la escalera y la Luisa
íbamos a vestir los treinta niños bestias que somos de va y nos dice:
palomas de la paz. Si no hubiera sido porque la sita —Mira tu madre la maña que se ha dado para
Asunción iba armada con su puntero y porque vestiros de pingüinos.
además es nuestra señorita y porque somos una Así que no tuve más remedio que agarrar al Imbécil y
pandilla de cobardes, le habríamos dicho a coro: volver a subir a mi casa para decirle a mi madre que
«Anda vete, salmonete». nosotros de pingüinos no queríamos salir a la calle, ni
Estábamos bastante desilusionados; había sido el aunque fuera por la paz mundial. Mi madre nos dijo que
chasco más grande de nuestra existencia. Nos la Luisa no sabía distinguir entre un pingüino de su
quedamos muy callados; ya nada nos hacía ilusión en marido y entre una paloma de su madre, y que
este mundo mundial. Entonces mi sita continuó: fuéramos arreando para el colegio, que siempre
—El jurado, que es la Asociación de Vecinos, nos dará tenemos que llegar tarde a todas partes.
el primer premio, porque no hay jurado en España que Por la calle una señora le dijo a otra:
se resista a dar el primer premio a treinta niños que —Mira que pingüinos tan ricos, mujer.
van vestidos de palomas de la paz. Además nos Pero ya no quise volver a casa porque mi madre en
llevaremos muchos regalos. Seremos por un día los ciertos momentos de su vida se puede llegar a poner
símbolos de la paz mundial y violenta y, al fin y al
nuestro grito de guerra hasta el cabo, nosotros
sábado será: estábamos
¡Los vamos a machacar! representando a la paz
Eso sí que nos gustó; con un grito mundial.
de guerra como ése podíamos
ir hasta el fin del mundo. Íbamos Cuando llegamos al
a machacar a todos los niños colegio nos quedamos
de todos los colegios del barrio alucinados: en la
con nuestros trajes de super palomas de la paz. puerta estaba Yihad vestido con unas plumas que
Mi madre y las madres de los treinta niños bestias que parecía una gallina, estaba el Orejones que parecía
somos nos hicieron esa semana los trajes de paloma un pavo, la Susana parecía un avestruz, Paquito
con papel cebolla. Mi madre se quejaba bastante Medina un pelícano, y así hasta treinta y tres. No
porque dice que, para mi sita, cualquier excusa es había dos pájaros iguales. Bueno, sí, el Imbécil y yo:
buena con tal de tenerla gastando dinero y Esos pingüinos tan ricos.
trabajando. Que el disfraz de Hombre Araña ella me lo Mi abuelo, que acababa de llegar, dijo:
había comprado para no tener problemas hasta que —Esto lo tenía que haber visto Alfred Hitchkock para
yo hiciera la mili y me dieran el disfraz de soldado. Que hacer Los Pájaros. Segunda parte.
cómo se hacía un disfraz de paloma y que paz era lo Todos nos quedamos mirando los unos a los otros, y
que ella necesitaba, mucha paz en una playa desierta muy mosqueados nos fuimos escoltados por la sita
de Benidorm y sin niños, que eso era para ella la paz Asunción hasta la discoteca Silicona, donde se
mundial. celebraba el Festival.
Se quedó callada treinta milésimas de segundo y luego
siguió protestando y diciendo que si no me estaba La sita Asunción no se quedaba atrás; también se
quieto jamás podría probarme, que conmigo hay que había vestido y parecía una pata o una gansa.
tener mucho cuidado porque los trajes por la cabeza Moviendo las alas nos dijo que iban a retransmitir el
nunca me entran. Festival por Radio Carabanchel, que es una radio que
«Este niño —se refiere a mí— otra cosa no tendrá, pero se hace en mi barrio y que, como no tienen dinero
nació con veinticinco dedos de frente». Mi abuelo la para micrófonos, mi abuelo dice que hacen los
consuela a ella y me consuela a mí diciendo: programas por el viejo sistema indio de abrir la ventana
—Como Einstein. Todos los sabios han tenido siempre y hablar a gritos.
veinticinco dedos de frente. La sita Asunción estaba tan contenta que no parecía la
Al Imbécil le tuvo que hacer otro traje de paloma sita Asunción. Si no hubiera sido porque nosotros
porque el Imbécil es culo-veo-culo-quiero, y como no también íbamos de pajarracos nos habríamos partido
le hagan el mismo disfraz que a mí ha cogido la de risa viéndola por mitad de Carabanchel vestida de
costumbre de no comer y mi madre dice que un día se
156
paz mundial. La sita nos dijo que cuando saliéramos al colegio de Formación Profesional de mi barrio que se
escenario, ella diría: llama Baronesa Thyssen:
—¡Una, dos y tres! —¡Yihad, qué bien te sienta el traje de gallina!
Y nosotros teníamos que responder moviendo las alas y Yihad se tiró del escenario para volverle la cabeza del
gritando todos a una, hasta rompernos la garganta: revés al tío gracioso ése. La Susana detrás para
—¡Viva la paz mundial! defender a Yihad y todos los demás detrás de la
La sita quería que ensayáramos, así que en plena Susana y de Yihad, porque si no defendemos a Yihad
calle chilló como una loca: luego nos pega él a nosotros. El padre del chaval del
—¡Una, dos y tres! Baronesa Thyssen dijo:
Nosotros íbamos a gritar ¡Viva la paz mundial! pero, al ir —Mi niño tiene parte de razón: Yihad parece una
a mover las alas, nos empezamos a enredar unos con gallina y está concursando de paloma, y eso, se mire
otros, y si la sita no llega a poner orden habríamos como se mire, es intolerable.
llegado a la discoteca completamente desplumados. Mi sita Asunción se quedó sola en el escenario.
La sita nos dijo que nos olvidáramos de mover las alas, Lloraba la pobre con su disfraz de pata. Nosotros
que ya las moveríamos después de ganar el premio. tuvimos que separar a nuestros padres de los padres
Ya estábamos en la discoteca. Nos sentamos los treinta del Baronesa Thyssen porque estaban a punto de
y el Imbécil en un rincón. El presentador era el director faltarse al respeto, y nosotros, al fin y al cabo,
de la Guardería El Pimpollo, que está al lado de mi estábamos representando la paz mundial.
casa. Iba vestido el tío de Supermán; a Yihad le Aquel carnaval tenía toda la pinta de ser el peor de
rechinaban los dientes de la envidia cochina que nuestras vidas, pero no te vas a creer lo que pasó al
tenía. Yo aproveché la ocasión para hacerle un poco final, porque lo que pasó no se lo esperaban ni los
la pelota a mi amigo el chulito Yihad. Le dije: chinos de Rusia.
—Ese tío no puede ser Supermán con la barriga que Una vez que la pelea se calmó y se despejó el
tiene. Un tío con una barriga como ésa no puede escenario, salió Superbarriga con su pinta de
sobrevolar las cataratas del Niágara, porque la fuerza Supermán de la Tercera Edad y quiso hacer como que
de gravedad de nuestro planeta atrae a los cuerpos volaba. Por poco se mata el tío en uno de sus intentos
gordos como ése. por despegar del suelo. Ya ves, si eso fuera tan fácil
—Y entonces, ¿qué ocurriría? —dijo Yihad, que estaba todo el mundo sería superhéroe, no te fastidia. La
interesadísimo en mis teorías. verdad es que hubo que agradecerle el tropezón: fue
—Que se espanzurraría contra el suelo. lo que más gracia le hizo al público entodalatarde.
Yihad no solamente se había quedado muy Yihadleestaba explicando a unos de otro colegio:
impresionado con mis altos conocimientos científicos, —Ese tío no puede ser Supermán con la barriga tan
sino además muy contento. Lo de que «se gorda que tiene porque la «falta de variedad» del
espanzurraría contra el suelo» le había devuelto su planeta Tierra le empuja a espanzurrarse contra el
optimismo de siempre; ya no sentíaenvidia,ahora suelo.
mirabaal presentador-Supermán por encima de las ¡La falta de variedad! Qué bestia que es Yihad, la única
plumas,comomiraunsuperhéroe profesional a un palabra que había conseguido aprenderse bien de mi
superhéroe de pacotilla. Superbarriga iba anunciando teoría era el famoso «espanzurrarse». Pero no te creas
a los gruposdeloscolegios,queiban saliendo al que le llamé la atención; si le llego a corregir, yo
escenario entre los abucheos de los que estábamos también hubiera sabido lo que era espanzurrarse
sentados. Como comprenderás no íbamos a aplaudir a contra este planeta del que tanto hablamos.
nuestros enemigos. Acuérdate de que nuestrolemaera: Superbarriga leyó los premios yendo del tercero al
¡Losvamosa machacar! primero para hacer esos momentos más
Salieronunosdisfrazadosde árboles. El grupo se llamaba emocionantes:
«El Otoño». Llevaban una cadena que colgaba de una —El tercer premio le corresponde ¡algrupo«Reality
rama, tiraban de la cadena y automáticamente caían Chows»!,porsu simpatía y originalidad.
las hojas. El público se quedó alucinado por la tontería El público en pleno se deshizo en abucheos:
que acababa de ver. Los padres de este grupo se —¡¡¡Fuera!!!
habían llevado una pancarta para animar a sus hijos; —El segundo premio se lo hemos concedido al grupo
fueron los únicos que les aplaudieron, claro. Los demás «El Otoño», por la belleza en la representación de una
miramos en silencio cómo se pasaron diez minutos en estación del año tan importante como las demás.
el escenario recogiendo las hojas que habían tirado. ¿Había dicho «por la belleza»? Le dije a Yihad que
Luego, salieron los clásicos superhéroes, unos niños que aquel jurado se merecía que lo tirasen por las
iban disfrazados de reality-chows con cuchillos cataratas de Niágara, seguido de Superbarriga,
clavados en la espalda, otros que iban de bollicaos… claro. Una vez más estábamos de acuerdo. El más
Nosotros salimos los quintos, estábamos amaestrados chulito de mi clase y yo estábamos de acuerdo en
para gritar detrás del «Un, dos, tres» de la sita Asunción todo; de repente yo era su mejor amigo. Estaba muy
eso de « ¡Viva la paz mundial!», pero no nos dio tiempo a orgulloso de mí mismo, porque cuando el tío más chulo
hacer nuestro número porque cuando la sita dijo «Un, de tu colegio es tu amigo, eso quiere decir que tienes
dos y tres», se oyó la voz de un chaval que va a un las espaldas cubiertas; es como si tuvieras al genio de

157
la lámpara a tu disposición, siempre dispuesto a Araña es el disfraz. Cuando llegué al parque del
defenderte ante cualquier enemigo. Ahorcado ya me estaban esperando mis amigos: Yihad,
—Y el primer premio… — Superpatoso hizo una pausa de Supermán; el Orejones, de Supermán, pero sin capa
para crear más expectación. Te aseguro que se podía porque le tocaba ser el ayudante de Supermán; la
oír el rechinar de dientes de los espectadores Susana, de la Bella, aunque en cuanto estás con ella
ansiosos—. El primer premio se un rato te das cuenta de
lo hemos concedido por que es la Bestia
unanimidad al grupo «Los disfrazada de la Bella;
pájaros», por su defensa de Paquito Medina, de
especies en vías de extinción. Robín de los Bosques, y el
Como nadie salía, el Imbécil, que seguía con
presentador lo tuvo que su traje de pingüino
repetir. Nos miramos los unos a porque mi madre le había
los otros: ¿Pero nosotros no convencido de que era el
habíamos venido por la paz mundial? más bonito del barrio (a esa edad todavía te crees las
Se ve que de lo de la paz mundial no se había mentiras de las madres).
enterado nadie, así que tuvimos que admitir que Jugamos a superhéroes. Hicimos dos equipos. Yihad me
éramos un grupo de pájaros en vías de extinción. No pidió a mí para el suyo. Le dije que si le parecía bien
siempre uno es lo que quiere ser en esta vida. que nuestro lema de ataque fuera: «Los vamos a
machacar por la paz mundial». Le pareció chachi.
Nos hicieron salir otra vez al escenario para recoger el Estaba claro que yo me había convertido en su gran
premio. El premio estaba en una caja grande. Nos amigo. Jugamos al pañuelo, a la peste bubónica y al
tiramos todos a por la caja para abrirla. El Imbécil churro-mediamanga-mangaentera que es un juego que
intentaba abrirla a mordiscos. Con el follón nos consiste en que un equipo se agacha y el otro se tira
estábamos quedando sin alas, pero eso ya no nos encima sin piedad, es un juego de los llamados
importaba; al fin y al cabo ya no teníamos la «educativos».Yohacíatodoloque podía, corría y
responsabilidad de representar a la paz mundial: aguantaba con todas mis fuerzas, pero los demás
éramos pájaros en peligro de extinción. Mi sita se abrió siempre conseguían ganarme. Es el único defecto que
paso dando unos cuantos pellizcos a traición y le encuentro yo a los juegos de correr y de fuerza, que
consiguió abrir la caja con sus manos poderosas. siempre me ganan. Cuando Yihad se dio cuenta de que
Superbarriga pidió un gran aplauso para el premio. Era conmigo en su equipo no se comía una rosca, decidió
material escolar: libros, cuadernos y cosas así. ¡Todo el que a partir de ese momento ya nadie iría en equipo. El
rollo repollo de la paz mundial para ganar libros para único interés de Yihad era ganar como fuera a Paquito
estudiar! El único que aplaudió fue el Imbécil; como Medina. Ganarnos al Orejones, a la Susana, al Imbécil o
todavía no ha estudiado en lo que lleva en este a mí no tiene emoción para Yihad.
planeta, no sabe lo que es eso, hay que perdonarle por Cogí al Imbécil de la mano y nos fuimos para casa. En
su ignorancia. realidad me fui porque no podía aguantarme las ganas
Abandonamos el escenario. Ya no teníamos nada que de llorar. Había pasado de ser el gran amigo de Yihad
hacer allí. El regalo se lo podía quedar la sita Asunción a ser una rata de alcantarilla, y eso es algo que fastidia
y comérselo con patatas. Ella estaba encantada a cualquiera. El Imbécil me vio llorar y se puso a llorar
mirando todos los libros y seguramente planeando él también. A él se le contagia todo, lo bueno y lo malo.
nuevos deberes con los que destrozarnos el cerebro. Eso es lo que dice mi madre. Tuvimos que compartir el
Nuestros padres estaban orgullosos de aquellos hijos pañuelo. Primero me soné yo y luego le puse a él el
en peligro de extinción. pañuelo en la nariz. Hizo lo de siempre: prepararse con
Por la tarde me dejaron bajar al parque del mucha concentración, tomar aire y luego echarse los
Ahorcado. Me vestí con mi supertraje de Hombre mocos para adentro en vez de echarlos en el pañuelo.
Araña. Mi madre le dijo a la Es su estilo. Y yo me tuve que reír
Luisa: aunque tenía lágrimas en los ojos
—Los niños son así. Ellos se porque hay que reconocer que
ponen su disfraz de aunque sea el Imbécil también
superhéroes y tan contentos. es bastante gracioso. En algo se
Lo que yo digo: Los niños son tenía que parecer a mí.
A, B y C, y de ahí no les En esas estábamos cuando
saques. llegó corriendo Paquito Medina
y nos dijo:
Estuve a punto de bajar —¿Qué hacéis?
trepando por las paredes —Llorando de la risa —le
de mi torre, pero soy un niño contesté yo. A ver si te crees
consciente de mis que le iba a confesar la
limitaciones y sé que lo verdad.
único que tengo de Hombre
158
Entonces Paquito Medina me dijo que si quería ir el cumpleaños, eso no se ha visto nunca. ¿Queréis
domingo a jugar a su casa con el ordenador. Yo le también que apague ochenta velitas?
pregunté: —¡Sí! —dijimos el Imbécil y yo, que a veces estamos de
—¿También vas a invitar a Yihad? acuerdo.
—Yihad me lo puede romper. Es una bestia. —Yo apago ochenta velas y me enterráis después del
Le dije que sí. La verdad es que era un rollo repollo Cumpleaños feliz.
jugar con Paquito Medina al ordenador porque El Imbécil y yo empezamos a cantar el Cumpleaños
Paquito Medina gana en todo; igual que yo pierdo en feliz. Ese tipo de canciones siempre las cantamos a
todo, pero no me importaba. El tío más listo que yo dúo y dando patadas en las patas de la mesa. Es
había conocido en mi vida en la Tierra me quería nuestro estilo: la canción melódica. Mi abuelo seguía a
invitar a mí solo: ¿Por qué? Porque Manolito Gafotas no lo suyo:
rompe los ordenadores, porque Manolito Gafotas no —Y encima, como eres viejo, la gente sólo te regala
es un bestia como otros, porque Manolito Gafotas es un bufandas, te llenan el armario de bufandas. Ni una
tío de toda confianza. Estaba claro que Paquito corbata, ni un frasco de colonia, ni un chaquetón tres-
Medina había decidido que yo fuera su gran amigo. cuartos, sólo bufandas.
Creo que fue uno de los momentos más felices de mi —Pues dinos lo que quieres que te regalemos.
vida. Me dieron ganas de subir a mi casa trepando por Mi madre no se da por vencida tan fácilmente.
las paredes con mi disfraz de Hombre Araña, pero no —¡Nada! No tengo nada que celebrar, no tengo amigos
lo hice. A mi madre no le gusta que el Imbécil suba solo y no tengo ganas de cumplir ochenta años; lo único
lasescaleras.ElImbécily yo echamos una carrera hasta que tengo son bufandas de los cumpleaños anteriores.
mi piso. Le gané, claro. Hay dos personas en el mundo Dicho esto mi abuelo se metió en el cuarto de baño
mundialalasquegano corriendo: al Imbécil y a mi para ponerse los dientes postizos, porque se iba a
abuelo tomar el sol con el abuelo de Yihad. Mi abuelo no es de
Nicolás. ¿Qué pasa? ¡Los hay peores! Cuandonos los que les gusta tomar el sol sin dientes. Cogió la puerta
estábamosponiendoel pijama, mi abuelo nos decía: y se fue. El Imbécil y yo nos quedamos con el
—Uno, dos y tres. Cumpleaños feliz en la boca.
Y el Imbécil y yo gritábamos con todas nuestras Yo hasta ese momento no había conocido a nadie que
fuerzas: no quisiera celebrar su cumpleaños. Incluso mi madre,
—¡Viva la paz mundial! que desde hace muchos años sólo quiere cumplir 37,
Lo estábamos pasando bestial hasta que vino el plasta lo quiere celebrar, y lo avisa muchos días antes para
del vecino de arriba a protestar por el follón. Estaba que mi padre se acuerde y le compre un brillante, un
claro que el famoso lema de la sita Asunción siempre visón o una batidora con unas cuchillas mortales, que
traía problemas a nuestras vidas. es lo que al final le acaba comprando siempre.
3595 Palabras. Después del portazo de mi abuelo pensé que mi madre
se iba a enfadar, porque si hay algo que a ella no le
gusta en la vida es que le lleven la contraria. Así que el
Imbécil y yo nos quedamos muy callados porque en
esos momentos es muy fácil que te la cargues por lo
Un cumpleaños feliz que sea; como estornudes un poco fuerte se te puede
caer el pelo, y no precisamente por el estornudo. Pero
no, mi madre no se enfadó, siguió quitando la mesa
Mi abuelo no quería celebrar su cumpleaños. Dijo que como si tal cosa. Ya lo dijo mi padre un día del año
no, que no y que no. Mi madre le decía: pasado: «Ella es imprevisible».
—Pero papá, ochenta años no se cumplen todos los La madre imprevisible no volvió a nombrar el
días. cumpleaños de mi abuelo, y el famoso día A (A de
—Gracias a Dios —dijo mi abuelo Abuelo) se acercaba peligrosamente. La víspera de
—. Sólo faltaba que ese disgusto se lo dieran a uno aquel miércoles misterioso, mi madre me llamó a su
cada dos por tres. cuarto y cerró la puerta. Yo me eché a temblar
—¡Sí, abuelo! Nosotros te lo preparamos, invitas a tus inmediatamente y le dije:
amigos, compramos una piñata… —ya me lo estaba —Yo no lo hice con mala intención, fue el Imbécil que
imaginando. sacó los polvorones del mueble-bar y quería ver cómo
—Y dentro de la piñata podéis meter pastillas para la se espanzurraban si los tirábamos por el balcón.
artrosis, pastillas para la incontinencia, pastillas para la Resultó que el que tiré yo fue el que le cayó a la Luisa
tensión… —mi abuelo estaba por verlo todo negro—. Si en la chepa.
invito a mis amigos esto puede parecer un asilo. No —No te llamaba por eso, Manolito.
me gusta, todo esto lleno de viejos, de dentaduras Hay veces en la vida que me precipito a la hora de
postizas, de juanetes, no quiero. Además, ¿qué amigos pedir disculpas, y ésta había sido una. Por primera vez
tengo yo? en la historia no me llamaba para echarme una bronca
—El abuelo de Yihad —le dije yo. terrorífica; me dijo que iba a celebrar el cumpleaños
—Le digo al abuelo de Yihad que venga a mi de mi abuelo por encima del cadáver de quien fuera.
cumpleaños y se mea de risa. Los viejos no celebran el —Pero si él no quiere…
159
—Lo que él quiera o no quiera a nosotros no nos mi cerdo. Mi cerdo es una hucha de barro.
importa. Generalmente la gente rompe el cerdo cuando tiene la
Así es mi madre, ni el Papa es capaz de hacerla hucha llena; pero como yo nunca espero a tenerla
cambiar de planes. Me gustaría a mí que viniera el llena y siempre quiero abrirla cuando suenan dos o tres
Papa a decirle a mi madre si tiene que celebrar o no un monedas porque más no aguanto, mi padre le hizo una
cumpleaños. Mi madre es la máxima autoridad del ranura secreta en la barriga y todos tan contentos: ni
planeta, eso lo saben hasta yo tengo que romper la hucha ni
extraterrestres como Paquito ellos tienen que comprarme una
Medina. cada domingo.
Mi madre trazó un plan, un plan Tenía ciento cincuenta pesetas.
perfecto, el plan más perfecto No era mucho. La verdad es que
que una madre ha trazado desde sólo llevaba ahorrando un fin de
que existe vida en el globo semana; eso no daba ni para
terráqueo. El plan consistía en lo comprar las bufandas esas a las
siguiente: que mi abuelo tenía tanto asco. Si
Me iría con mi abuelo a llevar al hubiera tenido dinero me hubiera
Imbécil al médico. ¿Qué por qué gustado comprarle una dentadura
llevábamos al Imbécil al médico? postiza. Es que la que tiene se la
Porque tenía mocos, pero daba hicieron un pelín grande y como se
igual, si no hubiera sido por los ponga a comer algo duro es un
mocos hubiera sido por otra cosa, porque el Imbécil no desastre mundial: acaba por quitarse la dentadura
sale del médico; es el típico niño que lo coge todo. con el trozo de carne clavado en sus dientes postizos.
¿Por qué? Porque chupa toda la caca del suelo. Pero Me llevé las ciento cincuenta pesetas al colegio.
vamos a dejar esa historia. Si te contara las guarrerías Estaba a punto de gastármelas en el Puesto Azul —el
que hace el Imbécil no podrías volver a comer en tu Puesto Azul es el puesto del señor Mariano, que tiene
vida. todas las chucherías conocidas en uno y otro confín—,
Mientras nosotros estábamos en el médico, mi madre en una bolsa de canicas rojas que le han traído al
iría al súper a comprar provisiones para la fastuosa señor Mariano desde China; pero me eché para atrás
merienda colosal. porque desde que el Imbécil estuvo a punto de
A las seis de la tarde, en casa. Los invitados seríamos: ahogarse con mis canicas, mi madre las tiene bastante
mi padre, mi madre, la Luisa, el marido de la Luisa, yo y prohibidas. Nada de canicas. Luego vi unos sobres que
el Imbécil. tiene de indios, pero es que los indios del señor
Mariano no se tienen de pie, y a mí me gusta que se
¡Qué rollo repollo de cumpleaños! Le pregunté a mi tengan de pie para hacer una montaña con el cojín y
madre si se lo decía al abuelo de Yihad, pero mi madre poner a todos los indios asomando sus plumas por
se acordó de que mi abuelo había dicho que le daba detrás, como en las películas. Nada de indios. Luego vi
corte invitar a un amigo viejo. Pues nada, sin amigo una peonza, pero ya tenía. Un yoyó, ya tenía… ¿A que
viejo. no sabes lo que vi de repente, sin previo aviso? Una
Antes de salir de la habitación mi madre dijo: dentadura de Drácula. No tenía dinero para una
—Y como me entere de que vuelves a tirar polvorones dentadura de dentista, pero sí para comprarle a mi
por la terraza, vas tú detrás. abuelo una de Drácula. Me gastaría el dinero en mi
Ya sabía yo que era imposible entrar a la habitación de abuelo. En ese momento fui la mejor persona que he
mi madre y que no te la cargaras por algo. Bueno, conocido en mi vida, sin exagerar. Fui como ese niño
había salido sano y salvo, sin cicatrices, no me podía del cuento que es capaz de morir por salvar a su
quejar. abuelo. Menos mal que yo no me veía
Tener un secreto tan gordo en la obligación de morir, porque, la
dentro de mi cerebro me ponía verdad, eso me lo hubiera pensado
muy nervioso. Había momentos dos veces.
en que me parecía que no me
cabía el secreto en la cabeza. Yihad me dijo en el recreo que si le
Por la noche le dije dos o tres dejaba mi dentadura. Se la dejé un
veces a mi abuelo cuando nos rato, pero le pedí que no me la
acostábamos: chupara mucho porque se la iba a
—Abuelo, mañana es tu regalar a mi abuelo. Luego se la puso
cumpleaños, pero jamás lo Paquito Medina y el Orejones, que me
celebraremos. la dejó llena de bollo. La limpié en sus
Mi abuelo decía: «Pues bueno», pantalones y se quedó tan blanca
y cerraba los ojos para dormirse. como antes, porque era una
Hay veces que parece un dentadura de primera calidad.
terrible hombre impasible. Cuando estábamos en clase me
Al día siguiente le abrí las tripas a acordé de que mi abuelo había dicho
160
que no quería un cumpleaños con viejos, así que pensé una aceituna negra por una cucaracha en el Tropezón.
que sería una gran idea invitar a mis amigos. Mis amigos La atravesamos con su palillo de dientes y todo; la
pueden tener muchos defectos (los tienen todos), pero verdad es que daba el pego, pero mi abuelo
no son viejos. Les pasé un papel a escondidas. A mi sita sospechó que no se trataba de una aceituna como las
no le gusta que te pongas a invitar a la gente a un demás cuando vio que a la aceituna se le movían las
cumpleaños mientras ella explica un rollo de los climas patas. Bueno, al fin y al cabo las cucarachas son tan
del mundo mundial. Pensé que a lo mejor no les típicas en el Tropezón como las aceitunas.
apetecía venir al cumpleaños de un abuelo… ¡Sí, En la sala de espera de la Seguridad Social lo
todos dijeron que sí! Mis amigos son capaces de ir al pasamos bestial. Es fantástico ir al médico cuando es a
cumpleaños de Fredy Crouger con tal de tomar tarta y otro al que tienen que mirar. Patinábamos por los
cocacola. Les dije que entonces se tendrían que venir pasillos, bailábamos la peonza, jugábamos al churro-
todos antes a la Seguridad Social a llevar al Imbécil al media manga y cuando queríamos reírnos como
médico. «Pues bueno, pues nos vamos», dijeron. animales le preguntábamos al Imbécil:
A la hora de comer felicitamos a mi abuelo y nos —¿Cómo le vas a decir al médico que te suenas los
pusimos a ver la televisión como si no nos importara mocos?
nada más en este mundo. Hay veces que lo que más Y el Imbécil entraba en estado de concentración y
nos importa en este mundo es la televisión, pero en luego se los metía para adentro. Mis amigos se partían
esta ocasión estábamos disimulando. el pecho de ver al Imbécil hacer su tontería mayor y el
Cuando llegué al colegio después de comer, Yihad Imbécil se emocionó de ser el centro de la reunión, y
estaba con su abuelo en la puerta. Yihad dijo: de tanto echarse los mocos para dentro se puso rojo
—Mi abuelo quiere saber por qué tu abuelo no le ha rojísimo que por poco se queda en el sitio por payaso.
invitado a su cumpleaños. Luego pasamos todos juntos a la consulta del doctor
—Es que piensa que lo de invitarse a los cumpleaños Morales, que es el médico de todos mis amigos y cura
no es de viejos. prácticamente todas las enfermedades y además,
—Pues le va a salir el tiro por la culata porque estoy según dicen las madres, está como un tren y es un
harto de invitarle en el Tropezón para que ahora me cachondo. El doctor Morales es un médico de serie de
deje a mí tirado en la calle. ¿A qué hora es el televisión, en eso está de acuerdo todo Carabanchel.
cumpleaños de las narices? Nos subimos todos a la camilla con el Imbécil; todo
—A las seis. parecía ir muy bien hasta que Yihad empezó a querer
Estaba claro que la opinión de mi abuelo no era tirarnos camilla abajo; entonces el simpático doctor
sagrada, todo el mundo se la saltaba a la torera. El Morales, ese doctor de serie de televisión, nos dijo que
plan perfecto trazado por mi madre quedaba así: si no teníamos nada que hacer en nuestra casa. El
Mi abuelo, Yihad, yo, el Orejones, Paquito Medina y la Orejones, que le ha tocado el papel en esta vida de
Susana iríamos a la Seguridad Social para que el meter la pata, dijo:
médico le viera los mocos al Imbécil. Un espectáculo —Sí, tenemos que celebrar el cumpleaños de…
sólo comparable al de Los Cazafantasmas. No pudo terminar su frase asesina porque se encontró
El abuelo de Yihad estaría a las seis con los dientes con que cuatro codos se le habían metido en la boca.
puestos en mi casa. Allí se encontraría con mis padres, Eran los nuestros.
la Luisa y su marido. Mi madre se preguntaría a sí misma: El caso es que el diagnóstico del médico nos tranquilizó
«¿Y a éste quién le ha invitado?». Pero se lo callaría mucho: los mocos del Imbécil no eran graves, eran
porque delante de las personas de fuera siempre es asquerosos. De repente me di cuenta de que ya eran
muy educada, como Lady Di. las seis y cuarto, cogimos todos a mi abuelo tirándole
Lafastuosameriendacolosal estaría esperándonos en la del chaquetón y lo llevamos casi corriendo hasta mi
mesa. casa. De vez en cuando nos daba la risa nerviosa,
porque la emoción de llevar a un abuelo a un
cumpleaños sorpresa sólo se puede comparar a las
cataratas del Niágara o al cañón del Colorado; lo
demás en la vida no es tan emocionante.
Cuando llamamos al telefonillo de mi casa, salió la voz
de mi madre diciendo:
—Manolito, dile al abuelo que se acerque al Tropezón
a traer una botella de casera para la cena.
Mi abuelo, que lo estaba oyendo, se dio media vuelta
para ir al Tropezón; a él le encanta que mi madre le
mande al bar a por alguna cosa que se le ha olvidado.
Lo que ocurre es que luego a él se le olvida
Mi abuelo se quedó alucinado cuando vino a despegarse de la barra para volver a casa.
recogerme al colegio con el Imbécil y se encontró con Subí con mis amigos a casa. Mi madre abrió la puerta
que todos nos íbamos al médico con él, pero se calló. y se nos quedó mirando:
Está acostumbrado a que le hagamos cosas peores, —¿Y todos estos?
como aquel día que el Orejones y yo le cambiamos
161
Con mis amigos no se corta ni un pelo; los trata igual sillas porque, la verdad, mi abuelo se estaba
de mal que si fueran sus hijos. poniendo un poco pesado.
—Como el abuelo no quería un cumpleaños lleno de Mi madre decidió llamar al Tropezón, ella tiene el
viejos le he traído a mis amigos. teléfono del bar porque tiene que rescatar muchas
—No importa —esto lo decía mi madre con un tono veces a mi padre y a mi abuelo de las garras de algún
sospechoso—; tenemos niños, viejos… Es un pulpo que hay en lavitrina.
cumpleaños para todos los públicos. Se puso el dueño, el señor Ezequiel, y le dijo a mi
madre:
Era verdad. Al abuelo de Yihad se le había ocurrido —Pues sí, aquí está don Nicolás, me acaba de invitar
traerse a cuatro abuelos más de los que van a jugar al a un tinto por su cumpleaños, dice que nadie le ha
chinchón al Club del Jubilado. También estaba la Luisa, regalado ni una mísera bufanda.
pero eso no es ninguna novedad; la Luisa siempre está Mi madre contestó:
en mi casa, menos a la hora de dormir, que se baja con —Dígale a mi padre que suba inmediatamente.
su marido por si a Bernabé se le descoloca el peluquín Y mi abuelo subió inmediatamente porque cuando mi
mientras ronca. Mi madre nos colocó alrededor de la madre dice inmediatamente no hay terrícola que se
mesa. No se podía tocar ni un panchito porque atreva a subir dentro de un rato.
estaban contados y mi madre se pone nerviosa La puerta del salón se abrió y empezamos a cantar
cuando hay mucha gente y poca comida. Todo nuestro Cumpleaños Feliz. Lo hacíamos mejor que los
estaba preparado para cantar el Cumpleaños Feliz niños cantores del Papa; si el Papa nos conociera nos
cuando el abuelo asomara por la contrataría ipso facto.
puerta. Tenías que haber visto la
Oímos la llave y nos pusimos a cara que puso mi abuelo
cantar como locos y a comer al cuando vio que España
mismo tiempo. Antes de que entera estaba en el salón
llegara al salón, Yihad había de mi casa. Detrás de él
acabado con las patatas y su entró Don Ezequiel con
vaso de cocacola; y eso que mi una fuente de gambas y
casa, como dice mi madre, es una otra de berberechos, y
caja de cerillas y uno llega pronto todo el mundo lo recibió
a todas las habitaciones. Pero el con un gran aplauso.
que entró no era mi abuelo, era el Creo que las fuentes no
marido de la Luisa que venía con duraron ni cincuenta
más víveres; tres botellas de vino milésimas de segundo. Los
para los abuelos. Nos llevamos un abuelos se comían las
cortazo y un tortazo. Mi madre dijo gambas con cáscara y
que al que se volviera a los berberechos a
abalanzar sobre la comida le puñados. La gente
daba un bocadillo para que se lo comiera solo y triste empezó a sacar los regalos. El regalo del abuelo de
en el parque del Ahorcado. Es una madre sin Yihad fue una bufanda a cuadros que a mi abuelo le
compasión. encantó; los otros abuelos le regalaron dos bufandas,
El marido de la Luisa tomó posiciones en el corro que una negra y otra verde que a mi abuelo le parecieron
formábamos alrededor de la mesa. Volvió a sonar la preciosas; la Luisa le había comprado una bufanda
llave en la puerta y repetimos nuestro Cumpleaños Feliz made in Italia que a todos nos pareció muy elegante;
con la misma energía poderosa de antes; Yihad se mi madre le regaló un foulard, que es como una
siguió metiendo comida en la boca creyendo que mi bufanda, pero de tela, «para que parezcas más joven»,
madre no se daba cuenta. Se equivoca; ella siempre y todo el mundo estuvo de acuerdo en que parecía
se da cuenta, lo que pasa es que a veces decide diez años más joven; mis amigos le prometieron su
hacerse la sueca. Si yo fuera Dios la contrataría: ella es bufanda para el cumpleaños que viene; y el Imbécil y
capaz de tener sus ojos en todas partes. Es del tipo de yo le dimos la dentadura de Drácula, que fue un
madre camaleónica. exitazo. Mi abuelo se quitó sus dientes postizos de
Otro corte como un castillo: era mi padre, que venía siempre y se puso la del señor Mariano. Le estaba
con un queso manchego que había comprado en un perfecta. Mi abuelo dijo que sería la dentadura de los
bar de la carretera que pillaba de camino. Mi madre domingos. Molaba mi abuelo de vampiro: el famoso
cortó unos tacos de queso y los repartió para que Vampiro de Carabanchel, ése es mi abuelo.
matáramos el hambre mientras llegaba el protagonista No quedó nada. Se acabó el vino, la casera, las
de nuestra historia verídica. cocacolas. Bajaron a por más, se siguió acabando. Los
Nos volvimos a colocar en nuestras posiciones, viejos hacían cola todo el rato para mear; cuando le
comíamos el queso sin hacer ruido para que al entrar mi tocaba al último de la fila, ya tenía ganas otra vez el
abuelo no se percatara de que su casa estaba primero.
invadida por miles de personas. Pasó un rato, otro Mi madre sacó la tarta, pero la tarta no se veía:
rato…, y al tercer rato los abuelos empezaron a pedir quedaba oculta por ochenta velas. Mi madre bajó las
162
persianas para que el salón quedara iluminado sólo Imbécil, mi abuelo y yo nos quedamos los últimos. Ya no
con la luz de las velas. El Imbécil se puso a llorar porque teníamos que llevar la odiosa trenca y los días eran
decía que le daban miedo las caras de los viejos mucho más largos. Ese cambio meteorológico ocurre
alrededor de la tarta. A mi abuelo le sobresalían los todos los años en Carabanchel el 14 de abril, el día del
colmillos a los dos lados de la boca. Estaba realmente cumpleaños de mi abuelo. No me preguntes por qué,
espectral, sólo le faltaban unas gotas de sangre por la científicos de todo el mundo han intentado encontrar
barbilla. Mi madre nos dijo que apagáramos los niños una explicación a este fenómeno y no la han
las velas. Gritaron: ¡Una, dos y tres!, pero Yihad se nos encontrado, pero han tenido que admitir que el
adelantó y las apagó él casi todas. Hasta en las fiestas verano en Carabanchel empieza el día en que Nicolás
de tu abuelo siempre hay un tío que te fastidia la vida. cumple años.
Mi madre dijo que en los cumpleaños no hay que Mi abuelo se había bajado todas sus bufandas en una
pelearse, así que tuve que aguantarme, como siempre. bolsa para mirarlas de vez en cuando. Yo hago lo
Ahora que lo pienso pasó de soplar velas, qué idiotez. mismo con mis regalos de Reyes: me los bajo todos al
Mientras partían la tarta cantamos Es un muchacho parque del Ahorcado para que no se separen de mí en
excelente, y a mi abuelo se le cayeron dos o tres todo el día. Estábamos sentados en el único banco del
lágrimas, como siempre que se brinda, que el reloj de parque del Ahorcado que no está roto; es el banco
la Puerta del Sol toca para las uvas o que sale gente en donde se echan la siesta por la mañana todos nuestros
la televisión muriéndose en la guerra. El abuelo de abuelos. El que se había dormido era el Imbécil, tenía
Yihad dijo que mi abuelo tenía que decir unas palabras. la cabeza apoyada en mi abuelo y los pies en mí.
Mi abuelo decía que no, que no y que no, pero se hizo Siempre me toca soportar lo peor de las personas. El
otro coro del Papa para gritar: Imbécil es muy pequeño, pero ya le huelen los pies;
«¡Que hable, que hable!». Entonces mi abuelo dio una en eso ha salido a mi padre. Yo también he salido a
noticia, la mejor noticia de la temporada teniendo en mi padre: en las gafas y en el nombre.
cuenta que el Real Madrid como siga así no va a ganar
la Liga. Mi abuelo anunció: Yo estaba muy contento porque ya quedaba mucho
—Siempre he dicho que tenía pensado morirme en menos para que se acabara la escuela y la
1999, unos días antes de que acabara el siglo XX, despiadada sita Asunción desaparecería por unos
bueno, pues he pensado que voy a probar dos o tres meses.
años del siglo XXI. Llegarían los meses de verano y mi abuelo, el Imbécil y
El público aplaudió. Mi madre les pidió a los abuelos yo nos bajaríamos al parque hasta que se hiciera de
noche, sin chaqueta, sin abrigo, sin nada. Las madres
nos llamarían por las terrazas cuando las salchichas
estuvieran hechas y todo el mundo en mi barrio se
acostaría mucho más tarde. Molaba cien kilos que
llegara el verano.
Mi abuelo me señaló el sol tan rojo a punto de
desaparecer detrás del árbol del Ahorcado. Mi
abuelo dice que el suelo de Carabanchel es horroroso,
pero que el cielo es de los más bonitos del mundo, tan
bonito como las pirámides de Egipto o el rascacielos
de King Kong. Es la octava maravilla del mundo
mundial.
Todo estaba tan quieto como en una película que
echaron en la tele en la que un abuelo y un niño se
quedaban los últimos en el cementerio después del
entierro de uno que era negro. Pero esto era mucho
mejor porque en la película de mi vida no habría
ningún muerto de momento, me lo había prometido mi
abuelo.
No te lo vas a creer, pero creo que fue la tarde más
feliz de mi existencia en el planeta Tierra.

que se bajaran con nosotros al parque del Ahorcado


4270 Palabras.
mientras ella recogía.
El suelo estaba lleno de patatas y de Coca-Cola.
Seguro que por la noche estaría otra vez brillante
como un espejo, porque mi madre es como esas
madres de los anuncios, pero con la casa mucho más
pequeña.
Bajamos al parque del Ahorcado. Al rato empezaron
a venir las madres para recoger a mis amigos. El
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REFERENCIAS
 http://programalecturaesvida.blogspot.com/

 Lengua y literatura 1º de ESO Editorial Santillana, España 2000

 Lengua y literatura 2º de ESO Editorial Santillana Educación S.L., España 2003

 http://comprension-lectora.bligoo.cl

 Mejora la Comprensión Lectora, Àngel Sanz Moreno

 Fichas para el Desarrollo de la Comprensión Lectora 2 al 4 Felipe Alliende et. all.

 Grupo ANAYA, Material fotocopiable Lengua 5º y 6º primaria.


Recopilación. El contenido de este texto no es propiedad absoluta de
Liceo Mixto “Técnicas Integrales” ni de ITec por lo cual está sujeto a la propiedad de los autores.

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