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Consideraciones para una primera sesión

Marina Martínez Palmiero – Seminario II

Esta ficha se articulará a través de dos conceptos centrales en la terapia narrativa: el “Relato
dominante” y “Externalización”.
Con respecto al concepto de “relato dominante”, Besley (2002), comenta que la terapia
narrativa tiene influencias importantes desde Foucault y su herencia post-estructuralista. En
este sentido, el ser humano está inserto en un tejido socio-cultural transmitido a través de
lenguaje (como herramienta de significación). Así mismo, el poder, en su aspecto positivo
entendido como creación, construye sujetos, individualidades deseables. Esto, elevando
algunos de estos tejidos (que pueden ser entendidos como relatos) a estatuto de verdad, lo
que les da una cualidad normalizadora. White (1993), dice que:
“Puesto que las historias que crean las personas sobre sus vidas determinan tanto la
atribución de significado a sus vivencias como la selección de los aspectos de la
experiencia que van a expresarse, se sigue que estos relatos son constitutivos o
moldeadores de la vida de las personas. Las vidas y relaciones de las personas se
desarrollan a medida que vivimos o representamos estas historias” (pp. 55)
Así, un relato dominante, tiende a ser una historia opresiva, saturada y rígida; no deja espacio
para relatos alternativos y, por lo tanto, nuevas maneras de ser sujeto y de significar la propia
historia.
El segundo concepto, “Externalización”, remite a la noción de deconstrucción. Al respecto,
White (2004) plantea que el método de la deconstrucción consiste en derribar el estatuto de
verdad de algunos discursos sobre la realidad y algunas prácticas. Una suerte de
extrañamiento y devolución del contexto de su producción. Es importante destacar, que la
deconstrucción (y las técnicas de externalización), apuntan a dos panoramas de discurso: El
panorama de acción (cosas que suceden, hechos) y el panorama personaje/conciencia
(interpretación o imagen del personaje sobre su propio relato). Esta objetivación del
problema, lleva a una externalización, o que ayuda a crean un “contra-lenguaje”. Desde un
punto de vista terapéutico, esto visibiliza las concepciones que hay detrás de ciertos modos
de relacionarse tanto con el problema, como con otras personas, el trabajo, los propios estados
emocionales, etc. Estos movimientos, obligan a la apertura y la posibilidad de espacio para
nuevas significaciones y relatos.
Estos dos conceptos, o pilares de la terapia narrativa, pueden ser ilustrados en la sesión
revisada en clases. Florencia (pseudónimo usado para proteger identidad) comienza contando
que ha estado teniendo mucha “inestabilidad emocional”, a veces se angustia y se siente
triste. En primera instancia, asocia esto a una ruptura amorosa reciente. A lo largo de la
sesión, Florencia va mostrando un relato sobre sí misma como alguien que debe ser
autosuficiente, exigente (o “levar la batuta” en pareja), estar enfocada hacia el futuro, y
muchas veces, cargar con los otros. Esta continuidad (hacerse cargo de los otros, ser
autosuficiente), según el relato de Florencia, se quiebra y la ipseidad le deja una sensación
de estar “fuera de sí”. Esto, provocado por una nueva dinámica, que se instala con la llegada
de una nueva “pareja” (o prospecto de) en su vida. El ser vista, y al hacerse visible su propia
necesidad de otro, le obliga a Florencia, a enfrentarse con esta necesidad. Todo esto, le
produce gran angustia, pero también ilustra la posibilidad de otras formas de ser.
Tomando en cuenta esto, el terapeuta toma una acertada actitud de curiosidad y sigue los
trazos de lo que podría ser un relato dominante: un relato saturado de tener que ser
autosuficiente (pues nadie ha estado pendiente de sus necesidades), y tener que hacerse cargo
de los otros, y relatos con temporalidades totalizantes y que carecen de contexto (“yo siempre
tengo que presionar a mis parejas” “siempre tengo que hacerme cargo de los demás”). La
actitud acogedora y de curiosidad del terapeuta, le permitieron acceder al origen de la pauta
relacional de Florencia. Esta pauta relacional estaba enraizada desde su ambiente familiar,
en el que tuvo que hacerse cargo de las necesidades de sus padres, sintiéndose poco
escuchada, sola.
Mientras profundiza en estas temáticas, el terapeuta comienza con la deconstrucción y
externalización del discurso. Propone reflexionar a Florencia sobre por qué ella podría haber
tomado estas actitudes o dinámicas ¿es algo inherente a ella, o más bien se ha tratado de un
mecanismo de supervivencia en relación a ciertos contextos en los que ella se ha tenido que
desenvolver? ¿Es la única manera en que ella puede relacionarse, o en realidad ha sido capaz
en otras ocasiones de relacionarse de manera diferente?; estos cuestionamientos reflexivos,
ayudan a Florencia a poder ver cuál es su relación con el problema, cómo el problema afecta
su vida, le ayuda a analizar desde los panoramas de acción y conciencia/personaje, y lo más
destacable, pone a la luz acontecimientos extraordinarios que pueden dar pie a relatos
alternos.
Estos movimientos que realiza en terapeuta, no solo son técnicas clínicas, sino que también
es un acto político dentro del contexto terapéutico en varias aristas. Por una parte, él valida
la dignidad del síntoma, como un mecanismo que ha sido necesario y desde el que Florencia
ha podido desarrollarse a lo largo de su vida, en este sentido no intenta borrar el discurso
dominante, si no que flexibilizarlo, respetando la subjetividad de Florencia y creando un
hogar relacional (Orange, 2013). Por otro lado, el terapeuta escucha y empatiza con
Florencia, esto es un acto reparador en sí mismo (por fin ha sido escuchada) y también fue
esencial para llegar a la raíz del problema, se puede tomar como comparación, la primera
terapeuta a la que Florencia acudió, quien se encerró en su micro-política y discurso
dominante de lo que debe ser un problema: se quedó fijada con el lesbianismo de Florencia
y no la escuchó, la objetivó y no respetó su condición de sujeto (White, 2002). Sin embargo,
el terapeuta también en un momento toma el tema del lesbianismo, pero lo hace de una
manera muy diferente, admite y valida que para Florencia no sea un tema, pero no lo
invisibilidad; más bien visibiliza el contexto socio-político que los rodea y que puede oprimir
a Florencia, con esto, vuelve a empatizar con ella.
Referencias
Besley, A. C. “Foucault and the turn to narrative therapy”, in British Journal of Guidance and
Counselling. Vol. 30, Nº 2, 2002
Orange, D. (2013). El desconocido que sufre. Hermenéutica para la práctica clínica cotidiana.
Santiago: Cuatro Vientos. Cap. 2 “El desconocido que sufre y la hermenéutica de la
confianza”
White, M. & Epston, D. (1993) Medios narrativos para fines terapéuticos. Barcelona: Paidós.
Cap. 2: La externalización del problema
White, M. (2002) Reescribir la vida. Entrevistas y ensayos. Barcelona: Gedisa. Cap. 2: Los
aspectos políticos de la terapia
White. M. (2004) Guías para una terapia familiar sistémica. Barcelona: Gedisa. Cap. 1:
Desconstrucción y terapia.

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