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El utilitarismo no tiene su origen en la Edad Moderna,

hemos de profundizar en sus raíces y llegar hasta lo


más hondo, donde existe su sabia más antigua. Es
así cómo nos encontramos con el hedonismo antiguo,
aquel que se dividía entre Epicúreos y Cirenaicos.
Los primeros eran llamados Hedonistas racionales
pues contemplaban el placer en un equilibrio,
aceptando, además, sólo los placeres naturales y
necesarios y nunca aquellos que, aparte de no ser
necesarios para la vida, exigen ser perseguidos
activamente. Todo esto tiene mucho de sacrificio,
pues la mesura sin caer en el vicio es una tarea muy
complicada, y más para el hombre, un ser tan proclive
a las adicciones. Sin embargo, los segundos, los
cirenaicos, son llamados Hedonistas egoístas por el
hecho de que “no importa el otro mientras se sacie el
placer de uno mismo”. Por lo tanto, las escuelas
creadas por Epicuro y Aristipo podrían ser los
precursores del utilitarismo.

El utilitarismo es en sí mismo una filosofía


pragmática donde lo útil es lo más importante y cuya
moral puede sintetizarse en la siguiente frase: “la
felicidad para el mayor número de personas”. De todo
esto puede entreverse cómo ésta es una doctrina que
ha hecho grandes aportes tanto al liberalismo
económico, base filosófica del capitalismo, como a la
propia democracia. Según esta filosofía, la felicidad
de las mayorías prevalece sobre las minorías. Es
curioso cómo se hace hincapié en la felicidad y cómo
diversos autores han defendido y establecido
diferentes cánones o rangos de felicidad según la
intensidad del placer, o por la utilidad, etc.
Después de esta introducción se habla de
diversos temas relacionados con lo anterior; como de
las contribuciones del utilitarismo en el plano de la
justicia o en el plano científico, de cómo el suponer el
medio como un fin puede ser desencadenante del
absurdo o que todos los –ismos llevados a cabo
siempre te llevan a posturas radicales. Pero lo
realmente interesante se plantea con el siguiente
tono: «Útil… ¿sinónimo de necesario? El hombre no
puede renunciar a lo útil». No renunciar a lo útil es en
este caso sinónimo de no renunciar a la materia y al
tener, de ser prácticos y de conseguir que la vida sea
más sencilla. El hombre, en definitiva, no puede
renunciar al pragmatismo, porque, por ejemplo,
siempre será mejor el camino recto que dar un rodeo:
siempre se elegirá lo más fácil y cómodo. ¿Estamos
entonces destinados a ser prácticos, es decir,
podemos ser prácticos sin ser pragmáticos? Porque si
basamos la vida en lo útil podemos desdeñar
igualmente cosas no fructíferas, es decir, cosas que
no producen beneficio, que no generan una plusvalía
y que pueden ser muy importantes, más que ello,
esenciales.

El utilitarismo, tanto de Jeremy Bentham como de los autores que adoptaron


esta perspectiva después de él, ha sido criticado por ser un tipo de
pensamiento ad hoc, es decir, que parte de las categorías conceptuales que ya
existen y trata de justificar ciertos métodos sobre otros dando por supuesto que
la pregunta a la cual responden es adecuada y está bien.
Por ejemplo: ¿Es adecuado explotar la propia imagen para conseguir dinero? Si
previamente hemos identificado el hecho de ganar dinero como una de las
principales fuentes de felicidad, la respuesta a la pregunta anterior depende de
si esa estrategia es eficaz a la hora de conseguir eso; el utilitarismo no nos hace
cuestionarnos el punto de partida.
www.acfilosofia.org/materialesmn/filosofia-y-
ciudadania/filosofia-moral-y-politica-democracia-
ciudadania/625-el-utilitarismo-41291658
Efectivamente, Stuart Mill era consciente de que los hombres son quienes ostentan el poder y de
que por ello difícilmente lo pondrán en cuestión. Sin embargo, estaba convencido de que:

“Las mujeres no pueden esperar a dedicarse por sí solas a su emancipación hasta que un
número significativo de hombres estén preparados para sumarse”2

En efecto, la involucración de los hombres en la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres
es hasta cierto punto importante, aunque no en tanto en cuanto a la fuerza y capacidad de los
hombres en la lucha exterior contra el Patriarcado, sino sobre todo por el trabajo interior que todo
hombre tiene pendiente dentro de sí mismo, en la deconstrucción de la masculinidad tradicional
que habita en nosotros.

“Todo lo que la educación y la civilización están haciendo para reemplazar la ley de la fuerza por
parte de la ley de la justicia sigue estando meramente en la superficie (…) siempre y cuando la
ciudadela del enemigo no sea atacada”3.

La metáfora bélica es bastante pertinente, ya que refiriéndose a los varones Mill hace ya hace
casi 150 años nos indica que seguimos recluidos en nuestra ciudadela, defendiendo manu
militari nuestros privilegios, dentro de una fortificación en la que residen nuestros
privilegios masculinos que tanto nos resistimos a abandonar, utilizando las armas si así se hace
necesario para no perderlos (tal como vemos tristemente día a día en los medios de
comunicación).

Como vemos, Mill en su contexto contemplaba que la implicación de los hombres por los
derechos de las mujeres era necesaria. Por eso mismo, décadas después de su muerte, se
formarían organizaciones como la Men’s League for women suffrage o la Men’s social and
political Union para apoyar a las asociaciones de mujeres sufragistas de Pankhurst y compañía,
por la consecución de los derechos políticos de la mitad de la población 4.

Stuart Mill es uno de los referentes de la Historia del feminismo, pero -como vemos- algunas de
sus reflexiones y vivencias, aun desarrolladas en un contexto tan diferente al nuestro, nos
pueden ser útiles a los hombres igualitarios de hoy en día para reflexionar acerca de nuestra
lucha por unas masculinidades igualitarias y por los derechos de las mujeres.

John Stuart Mill (1806–1873) fue un filósofo, político y funcionario británico, conocido por ser uno
de los máximos exponentes de la economía clásica, de la teoría utilitarista y del pensamiento
liberal. Quizás pueda ser considerado sin exagerar el filósofo inglés más influyente del siglo XIX
y uno de los grandes pensadores preminentes de la Historia Contemporánea. Por ello también es
uno de los hombres feministas más conocidos del pasado.

Mill fue un ferviente abolicionista, posicionándose en contra de la esclavitud, especialmente


durante la guerra civil estadounidense. A pesar de su defensa del liberalismo económico, su
compromiso por la búsqueda de medidas para paliar la explotación y la miseria a la que estaban
sumidas las clases trabajadoras formaba parte del núcleo fundamental de su talante reformista
con respecto a la cuestión social.Se centró muy especialmente en las mujeres de clase
trabajadora.
Merece la pena entonces visibilizar su vida y obra, porque representa la figura masculina más
relevante en la defensa de los derechos de las mujeres. Su libro La esclavitud de la mujer (1868)
fue considerado en su momento como la “Biblia del feminismo”. La influencia de este escrito fue
indispensable en su tiempo para la difusión por todo el viejo continente y América de las ideas
feministas. Esta obra, aun con más de un siglo de existencia, está llamada a ser un clásico del
feminismo, formando parte del canon de libros de la historia de la emancipación de la mujer.

Una de sus labores primordiales consistió en llevar la cuestión del voto femenino a los debates
parlamentarios, para así impulsar con más intensidad, junto a otras mujeres, un movimiento
sufragista que ya llevaba algunas décadas en la estacada, luchando día a día por la consecución
de los derechos políticos para las mujeres.

Debemos recordar que en el siglo XIX las mujeres no tenían derecho al voto ni a ser elegidas
como representantes públicos. Además de estar subyugadas legalmente a sus cónyuges, pocas
mujeres tuvieron acceso a la educación superior, siendo relegadas a los roles tradicionales de
una cultura victoriana fuertemente represora, especialmente con ellas. En esta sociedad rígida y
asfixiante, a las mujeres se les imponía, bajo el manto del mantenimiento del honor familiar, el
estereotipo de la pureza y la honradez para restringir sus aspiraciones vitales en la búsqueda de
un marido sustentador, lo cual fue también denunciado y analizado críticamente por el propio Mill.

Stuart Mill no fue ajeno a esta dramática realidad, por lo que desde su posición como miembro de
la Cámara de los Comunes se propuso desde su asiento reivindicar la equiparación de los
derechos de ciudadanía entre los sexos. En este sentido, Mill denunció desde su escaño en la
cámara por el Partido Liberal las numerosas restricciones legales y sociales que la población
femenina sufría para el acceso al empleo y a una educación de calidad en igualdad con los
varones.

Mill denunció desde su escaño en la cámara por el Partido Liberal

las numerosas restricciones legales y sociales que la población femenina sufría


par

a el acceso al empleo y a una educación de calidad en igualdad con los varones.


Consideraba que la marginación social y política de la mujer resultaba inadmisible para el
progreso de las sociedades modernas. Desde una concepción ilustrada y teleológica entendía
que la humanidad ascendía progresivamente en virtud y justicia. Sin embargo, la exclusión de las
mujeres de la escena pública y la negación de sus derechos como personas individuales
ralentizaba el avance de las sociedades. Desde su liberalismo y su radicalismo democrático,
Stuart Mill denunciaba que a la mitad de la población no se la reconocía ni valoraba su talento y
sus méritos, puesto que se le coartaban las condiciones de posibilidad para el libre desarrollo
individual, lo que constituía de facto una contradicción para unas sociedades desarrolladas que
se autoerigían como civilizadas.

Pensamiento político y filosófico


Stuart Mill es recordado todavía sobre todo en el campo de la economía política y estudiado
como figura primordial de la economía clásica en relación a la influencia de su obra Principios de
economía política (1848). Sin embargo fue también un filósofo de gran categoría. Aunque nunca
fue profesor universitario, Mill cultivó casi todas las ramas de la filosofía, desde la lógica,
pasando por la ética y la teoría política. Dentro de su concepción epistemológica Mill se
posicionaba como empirista y positivista comtiano, manifestándose contrario al intuicionismo de
Hamilton.
John Stuart Mill creía con fervor casi religioso en la libertad
individual y en la justicia social como instrumentos necesarios para la consecución de la igualdad
de derechos frente al despotismo y las diversas formas de subordinación política y social. En
diversas ocasiones se mostró identificado con los problemas de los más desfavorecidos,
especialmente con los pobres, los esclavos, trabajadores tanto industriales como rurales y por
supuesto con los de las mujeres. La explotación industrial de las clases bajas generaba un
contexto de mediocridad colectiva en el terreno de lo cultural, lo que a su vez incidía en el
empobrecimiento de las capacidades individuales, las cuales quedaban estranguladas por la
miseria económica.

De lo colectivo, Mill se sitúa en lo individual dentro de su pensamiento liberal, pero igualmente de


fuertes convicciones sociales. Así pregonaba la vuelta a la individualidad, al reconocimiento del
valor, las capacidades y los méritos de cada persona. Cada individuo vivía, a raíz de los
problemas sociales y de los excesos despóticos del Estado, en una situación “despersonalizada”.
El Estado debía de abandonar la pretensión de ser un agente injerente en la libertad de cada
persona. Sin embargo, la originalidad de su pensamiento liberal estribaba en que su conciencia
social y su compromiso por la lucha contra la explotación de los más débiles por parte de las
oligarquías lo hacía sentirse cercano a algunos de los postulados ideológicos de un socialismo
de tintes más o menos moderados.

En Sobre la libertad (1859) se resumen bien los aspectos de su


teoría política y ética5. Los planteamientos éticos enlazan con su concepción de la libertad. La
libertad resulta esencial e indispensable para el desarrollo individual y social, pero siempre
considerando los límites de la misma libertad: La libertad de un@ mism@.

La cuestión compleja de la libertad es central en el pensamiento milleano. Así puede verse en su


teoría utilitarista llamada “principio del daño”: Siempre que una acción no perjudique a unos
terceros, y aunque esa acción haga daño únicamente a la misma persona que la ejecuta, no
existe justificación moral para prohibir esas acciones. Es decir, esto entroncaría con su “principio
del perjuicio” por el cual una acción que no perjudica a nadie no debe de ser sancionada.
Separándose de Bentham, Mill enfatizó más la idea de que mientras que una determinada acción
no afecte a nadie, no debe de haber intención ninguna del Estado o cualquier otra institución por
prohibirla.

Pero la libertad individual en estos términos no puede ser ejercida ni por los niños, los enfermos
mentales, ni “los salvajes”, ya que desconocen cómo gobernarse. Con respecto a estos últimos,
Stuart considera que su cultura no les ha permitido desarrollar las facultades suficientes para
gobernarse a sí mismos, lo que resultaría un argumento enraizado en la justificación del
imperialismo británico. Sin embargo, las mujeres occidentales no pueden ser excluidas de
gobernarse a sí mismas y decidir con la misma libertad que los varones.

Como vemos, la filosofía de Bentham está muy presente en Stuart Mill, pero este la reformuló en
algunos de sus términos, convirtiéndose en el representante más importante gracias a su
obraUtilitarismo (1863). El utilitarismo es una doctrina ética que considera que la finalidad de la
acción humana es la propia felicidad, la cual está vinculada a la realización de acciones útiles. Es
bueno lo que nos es útil para ser felices. La felicidad es el único bien en sí, por lo que debemos
de lograr la mayor felicidad para el mayor número de personas posible. Nuestras acciones
involucran siempre a otr@s. La felicidad del prójimo es igual de legítima que la propia. Para
determinar si una acción es moral, se ha de calcular las consecuencias buenas y malas que
dependen de esta acción. Si lo bueno supera lo malo entonces la acción es moralmente virtuosa,
por lo que en el utilitarismo nos encontramos con una especie de cálculo beneficio de nuestras
acciones humanas.

Sin embargo, cada uno tiene un concepto de felicidad, para cada persona es diferente. No
parece posible controlar la felicidad de todo el mundo, pero sí que debemos de asegurarnos de
no intervenir en la libertad de los demás. La resolución liberal del dilema tiene consecuencias
muy interesantes, más allá de la mera doctrina ética abstracta que se propone, porquepara Mill la
libertad de las mujeres era irrenunciable.

Así vemos que la filosofía de Mill juega entre dos tensiones, la idea del bienestar general
salvaguardando la individualidad. El principio de utilidad, por la cual se busca el mayor beneficio
para la mayoría de las personas más allá de lo personal y egoísta, se puede aplicar a la cuestión
de la mujer. Mill entiende que debe de haber el mayor beneficio para el mayor número de gente,
por lo que si la mitad de la humanidad lo conforman las mujeres, resultaría contradictorio y
deshumanizante la subordinación femenina instaurada por la ley y la cultura.

Semblanza biográfica: Infancia y crisis psicológica

John Stuart nació en Londres el 20 de mayo de 1806, siendo el hijo mayor de varios hermanos
de una familia de élite social, aunque no desde el punto de vista económico. En este entorno el
economista y pensador escocés James Mill educó a su hijo bajo los estrictos principios
del Emilio de Rousseau, obra que -recordemos- consolidó el modelo de educación patriarcal
durante el siglo XIX. El radicalismo democrático de James Mill era destacado en su época,
formando parte de diversos movimientos intelectuales y políticos radicales. Influido por David
Ricardo fue autor de importantes libros como Elementos de economía política (1821) y Análisis
de los fenómenos de la mente humana (1829). Además fue amigo, secretario y colaborador del
filósofo y también economista Jeremy Bentham, padre de la doctrina utilitarista, quien fuera muy
influyente también en el pensamiento del presente biografiado6.

A pesar de su intensa vida intelectual y política, James Mill educó personalmente a su hijo, el
cual tuvo una infancia muy dura. Antes de los 10 años ya dominaba perfectamente el latín y el
griego. Sometido a una educación intelectual del más alto nivel bajo la total tutoría de su padre, a
los ocho años ya enseñaba latín a sus hermanos, lo cual aprovechó para leer a Virgilio, Tito Livio,
Cicerón… mientras indagaba en el pensamiento de Demóstenes o Aristóteles, entre otros.
Escribió una historia de Holanda y otra de la Constitución romana. Con doce años ya se introdujo
en la lógica y a los trece ya impartía cursos de economía política. Mill se educó totalmente en
casa; nunca frecuentó una escuela donde hubiera podido jugar y relacionarse con niñas y niños
de su edad y es que su primer amigo no lo tuvo hasta los 18 años.

Pronto sus primeros escritos aparecieron publicados en


las páginas de los diarios The Traveller y The Morning Chronicle, en los que fundamentalmente
Mill salía en defensa de la libre expresión como derecho de todo ser humano. En 1824, con la
aparición de The Westminster Review, órgano de transmisión de las ideas filosóficas radicales en
el que su padre le introdujo, Mill siguió publicando artículos en los que continuó con la estela de
los postulados filosóficos de su padre y de Bentham.

La educación paterna, basada también teóricamente en los postulados del utilitarismo, consistía
en someter a sus hijos a una secuencia de placeres y dolores intercalados en el tiempo. Como
producto de todo ello, en la última etapa de su adolescencia Mill se sumió en una profunda
depresión por la cual se dio cuenta de que no solo debía de cultivar los aspectos racionales de
su vida, sino también los emocionales. Fue un proceso doloroso pero fructífero a su vez.

Tal como describe en su Autobiografía (1873), el frenético ritmo de estudios y reflexión teórica
llegó a un punto inasumible psicológicamente. En 1825, año en el que fundó la “Sociedad de
debate” contra los discípulos owenistas del aquí también biografiado Robert Dale Owen, Mill
decayó en una crisis nerviosa que se prolongó durante dos años. Durante aquel tiempo nunca
quiso preocupar a su padre. De ahí que mantuviera en secreto el mal que lo afligía, lo que
constituye otro de los déficits de la masculinidad tradicional: la ocultación de los pesares que nos
afligen como hombres, habitualmente escondidos al no querer reconocer la propia vulnerabilidad.

El ambiente familiar también jugó un papel clave a la hora de que Mill adquiriese quizás una
conciencia feminista, aunque pudiéramos caer en el mero terreno de las especulaciones. En este
sentido, en la única cita que se conoce de Mill de su madre, él mismo la describió como una
mujer hermosa e inteligente. Sin embargo, James Mill no la consideraba así, más bien la
despreciaba enormemente. Stuart afirmaba que ambos llevaban una relación matrimonial en la
que “vivían tan apartados bajo el mismo techo como el Polo Norte y el Polo Sur”. Los recuerdos
más dolorosos de la vida de Mill se relacionan con el mal trato que el padre de Mill ejercía a su
esposa, ya que solía hablarla y tratarla de muy malas maneras en presencia de los invitados. Mill
llega a confesar que su educación no fue una educación forjada en el amor y el cariño, sino más
bien en el miedo a su padre7.

Tampoco Mill tuvo una buena opinión de sí mismo. Únicamente la tuvo de su vastísima
inteligencia, ya que se consideraba torpe manualmente e incapaz en el terreno de las habilidades
sociales. Su padre decidió entonces enviarlo con 14 años a Francia, a la casa de su amigo
Bentham.

La muerte de su padre quien lo dominaba en casi todos los aspectos de la vida trastornó
gravemente su existencia. Con los años, Mill reconoció que la disciplina impuesta por su padre
fue crucial para su formación y posteriormente para la conformación de su pensamiento filosófico
y político. Sin embargo, atravesó una crisis y depresión de la cual se recuperó rebelándose
contra muchas ideas que le había inculcado su padre. Así Mill se convierte en un pensador más
independiente. En su autobiografía reflexionaba sobre sí mismo lo siguiente:

“El mantenimiento de un balance adecuado entre las facultades me pareció de importancia


primordial. El cultivo de los sentimientos se tornó en uno de los puntos cardinales en mi creencia
ética y filosófica…”8.

Como vemos, Stuart Mill sufrió, en un caso extremo, una educación férrea, ausente de cariño y
focalizada en el cultivo de la racionalidad en detrimento de lo emocional-afectivo, un ejemplo
radical de la construcción individual de la masculinidad hegemónica y tradicional en la infancia y
la adolescencia. Sin embargo, Mill en un momento determinado se hizo consciente de la
importancia del equilibrio entre lo emocional y lo racional, entre el mundo de los afectos y el del
análisis. En este despertar hacia el mundo emocional conocerá a Harriet Hardy Taylor,
fraguándose unas de las parejas feministas más interesantes del XIX. Pero eso lo contaremos en
el siguiente capítulo…

La vida de Stuart Mill, más allá de su obra intelectual, se nos muestra como ejemplo histórico de
lo que se espera de un hombre en cualquier época de la historia o en cualquier cultura patriarcal,
pero a su vez de un ejercicio de superación excepcional de dicha imposición social para así
abrazar un hermoso compromiso político, vital e intelectual por la igualdad entre hombres y
mujeres. Stuart Mill, por eso y por muchas otras razones, está más de actualidad que nunca….
En 1827, Mill leyendo el tratado Memorias de un padre para la instrucción de sus hijos, de Jean-
François Marmontel (manual de instrucción férrea ampliamente difundido en su época para la
educación de los chicos), no pudo evitar llorar desconsoladamente. Esto le supuso tomar
conciencia de quién era realmente.

“(…) no era un leño o una piedra. Parecía que aún me quedaba algo de aquella materia con la
que se fabrica todo carácter valioso y toda aptitud para la felicidad”9.

NOTAS:

1 MILL, John Stuart, The subjection of women. London, p. 21.

2 Ibidem, p. 152.
3 Ibidem, p. 152.

4 Véase sobre estas asociaciones activistas de hombres sufragistas la interesante obra colectiva
EUSTANCE, Claire, y JOHN, Angela, V., (Eds.), The Men’s Share?: Masculinities, Male Support and
Women’s Suffrage in Britain, 1890-1920. Routledge, 1997.

5 Sobre este libro insistió varias veces que fue una obra conjunta elaborada entre él y su mujer
Harriet Taylor.

6 Bentham, curiosamente, aunque nunca se pronunció públicamente en favor del sufragio


femenino, consideraba que todas las personas, sin excepción de su sexo, tenían el derecho a
perseguir su propia felicidad y por lo tanto a participar en todos los ámbitos de la vida pública.
SANCHEZ GARCIA, Raquel, “Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra” en VVAA, Ideas y formas
políticas del triunfo del absolutismo a la posmodernidad. p. 267.

7 Véase MELLIZO, Carlos, La vida privada de John Stuart Mill. Madrid, Alianza, 1995.

8 MILL, John Stuart. Autobiografía. Madrid, Alianza Editorial, 1986, p. 145.

9 Ibídem, pp. 147-148.

Kant llamaba a las doctrinas que buscaban la


felicidad éticas materiales. Según este autor
deberíamos centrarnos en el deber en lugar de en la
felicidad como persecución de un objetivo, actuar por
mor del deber sin dejarnos vencer por ninguna
inclinación de las que afectan al cuerpo: comodidad,
placeres, miedos, lujo, beneficios, etc. Lo cual
expresaba Kant con la siguiente máxima (en una de
sus tres formulaciones): “Actúa de tal manera que la
norma de tu actuación pudiera convertirse en norma
universal válida”. Por lo que el deber no es la felicidad
sino que el deber es un deber en sí mismo. Esta idea
de Kant choca drásticamente con las doctrinas
hedonistas o el utilitarismo, tan tajantes en que la
persecución de la felicidad y el rechazo a todo dolor y
sacrificio son el fin.
Durante el debate se habla de que el bien
justifica los medios, de maniqueísmo (puesto que el
pragmatismo como moral puede no distinguir el bien
del mal: lo que importa es el resultado), de que si
todos fuéramos eruditos existiría una hipertrofia de los
eruditos (lo cual no sería práctico: ¿se justificaría así
cierto analfabetismo o incultura?).

Continuando el debate en la línea de que la


felicidad de muchos frente a los menos es lo más
importante, se plantea una pregunta muy seria: ¿qué
es la felicidad?, la cual no encuentra respuesta y sí
muchos titubeos. Posteriormente, uno de los
contertulios interviene de forma tajante: LA
FELICIDAD DE MUCHOS PUEDE SER LA RUINA
DE TODOS. Un ejemplo: una situación ecológica
como la actual en el mundo desarrollado (configurada
en un contexto de cambio climático, que a su vez es
provocado por el consumo desproporcionado y por
una sociedad que basa su felicidad en el tener)
llevada a un alcance mundial podría suponer un
desastre sin precedentes, nuestra autodestrucción.
¿Y dónde está la solución? ¿En basar la felicidad en
la idea epicúrea de la mesura o en la idea cirenaica
del egoísmo, con lo que se justificaría por sí mismo
tanto hambre y tanta guerra consentida y mantenida a
conciencia y por intereses de los pocos que
gobiernan a muchos? ¿Qué es lo más práctico? ¿Es
útil satisfacer la felicidad de los muchos? Esa felicidad
puede ser inducida por ciertos pocos mediante
numerosas estrategias de persuasión y seducción,
como la publicidad, de modo que la felicidad de los
muchos se construiría según el criterio de estos
pocos. «Si se piensa que a través de la supuesta
felicidad de los muchos se va a conseguir la felicidad
estamos en una tremenda equivocación»

Para terminar y siguiendo un poco la línea de lo


que fueron los debates anteriores dedicados a Eric
Fromm, se reitera que lo útil puede ser bueno para el
ser: tener más conocimientos, etc. «Ser feliz sería, en
consecuencia –dice uno de los contertulios-, ser
conscientes, tener pretensiones equilibradas. En el
epicureísmo se habla de felicidades naturales
(alimentación sana y moderada, la amistad, la charla,
el conocimiento…), las cuales pueden constituir una
felicidad plena y que hoy en día, tal y como se mueve
el mundo, podría ser la moral y la forma de actuar
más práctica».

En conclusión podemos decir


que la doctrina ética y política conocida como
utilitarismo fue formulada por el británico Jeremy
Bentham hacia finales del siglo XVIII y más tarde
comentada por el también filósofo y británico James
Mill y su hijo John Stuart Mill. En su Introducción a los
principios de la moral y la legislación (1789), Bentham
explicó el principio de utilidad como el medio para
contribuir al aumento de la felicidad de la comunidad.
Creía que todas las acciones humanas están
motivadas por un deseo de obtener placer y evitar el
sufrimiento. Al ser el utilitarismo un hedonismo
universal, y no un hedonismo egoísta como podría
interpretarse el epicureísmo, su bien más elevado
consiste en alcanzar la mayor felicidad para el mayor
número de personas.
A continuación voy a exponer unos textos que
reflejan de una manera más directa el significado del
utilitarismo:

Texto 1

“El utilitarismo es, junto con el Marxismo, una de las doctrinas filosóficas que
mayor influencia han ejercido no solo en la teoría, sino en la práctica moral,
política y económica en los últimos siglos. Ha sido, por tanto, mucho más que
una filosofía académica, pues no se ha limitado a ofrecer una teoría de la
moralidad individual sino que desde sus inicios se propuso ofrecer una
justificación teórica a las decisiones sobre política económica adoptadas en el
marco intervencionista y redistribuista en el Estado de Bienestar, lo que ha
permitido caracterizarla como la filosofía “publica” de la socialdemocracia”. [1]

Texto 2

“Para Bentham utilidad significa básicamente placer y éste, a su vez, es al


mismo tiempo el último fin y el motivo de las acciones humanas. La utilidad es
definida como “aquella propiedad de cualquier objeto por la que éste tiende a
producir beneficio, ventaja, placer, bien o felicidad […] a la parte cuyo interés se
considera”. El Principio de Utilidad aprueba o desaprueba cualquier acción de
acuerdo con la tendencia que parezca tener a aumentar o disminuir la felicidad
de la parte cuyo interés esta en cuestión”[2]. Las acciones son, pues, evaluadas
a parte ante en función de la cantidad de utilidad que prometen, esto es, de los
estados mentales que se prevé resultan de ellas”. [3]

Texto 3

“Para Bentham es racional hacer lo que maximice la felicidad a lo largo del resto
de la propia vida, aun en el caso de que los deseos presentes apunten en una
dirección diferente. En esa misma mediad la razón puede dominar la pasión
aunque sólo con el propósito de alcanzar un balance global superior de
“beneficio, ventaja, placer, bien o felicidad”[4]
[1] Gutierrez Lopez, G. “Utilidad y disutilidades de la noción de
utilidad” en Lara, F./Francés, P. (eds:. Éticas sin
dogmas, Madrid, Biblioteca Nueva, 2004, pág. 25
[2] Bentham, An Introduccion to the Principles of Morals and
Legislation, Clarendon Press, 1996, c. 1.
[3] Gutierrez Lopez, G. “Utilidad y disutilidades de la noción de
utilidad” en Lara, F./Francés, P. (eds:. Éticas sin
dogmas, Madrid, Biblioteca Nueva, 2004, pág. 33

[4] Hollis y Sunden, 1993, 4-5


Inglaterra era el centro hegemónico mercantil
del Primer Sistema-Mundo por eso las ciudades
de Londres, Glasgow, Manchester y Edimburgo
teníanuna actividad comercial.En Inglaterra y
en Escocia se desarrolla la filosofía empirista
con Thomas Hobbes,John Locke y David Hume,
quienes en su teoría del conocimiento,
afirmaban queéste comenzaba en la experiencia
sensible, que sólo existía y sólo se podía
conocerlo que fuera sensible, por tanto, no
existía y no se podía conocer a Dios, ni al
mundocomo totalidad, ni el alma, ni las
esencias, ni las sustancias, ni lo universal porque
deellos no se tiene sensaciones. Para los
empiristas sólo existe lo material, lo sensible,lo
concreto, lo particular y singular. Las ideas se
forman a partir de la experienciasensible y no
son más que sensaciones. La mente no tiene
ideas innatas, no hayideas a-priori como dice
Kant.Para el empirismo el sujeto cognoscente
queda reducido a corporeidad empírica,
elhombre es fundamentalmente cuerpo, un ente
natural, un animal superior. SegúnHobbes el
hombre es un lobo para los otros hombres,
“homo hominis lupus”, y paraHume el hombre
es un haz de sensaciones.Para Hobbes los
hombres son por naturaleza violentos, egoístas,
y en su estado denaturaleza están en
permanente guerra. Para solucionar esa
situación y no acabarselos hombres por egoísmo
realizan un pacto social, por el cual crean el
Estado y leentregan a él el derecho de utilizar la
violencia para que le ponga orden a lasociedad.
Esta es la teoría del Estado
Totalitario.Inglaterra en el siglo XIX, para
mantener su gran imperio, realiza la
revoluciónindustrial y con Adam Smith y David
Ricardo teorizan la primera ciencia
económicamoderna, el liberalismo económico
que defiende la libertad individual, la libertad
detrabajo y la propiedad privada como la
seguridad de los individuos.Adam Smith (1723-
1790) en su obra Introducción sobre el
Nacimiento y Causas de laRiqueza de las
Naciones sostiene que sólo el trabajo manual es
productivo y es elque crea la riqueza, que hay
que dejar que cada individuo produzca
libremente, quese trabaja es por el beneficio
personal y el propio interés, que una mano
invisibleproduce el bien común y la armonía
social, que los precios de las mercancías
seigualan espontáneamente con los costos.
Smith tiene frases como estas: “No es
labenevolencia del trabajador la que nos
procura el alimento, sino el propio interés
[…]invocamos el egoísmo […] no hablamos de
nuestras necesidades, sino de lasventajas”.
Mandeville también dice que “el egoísmo
promueve las ventajas comunes.
2. David Ricardo (1772-1832) afirma que: el
valor de una mercancía es igual al
trabajonecesario para producirlo, el equilibrio
de la economía lo crea la ley de la oferta y
lademanda, esta ley no se aplica al
establecimiento del salario, lo que si
aumentasiempre son los precios de los
productos agrícolas.Con todos estos
presupuestos, en Escocia, presbiteriana,
mercantil e industrial, elempirismo propuso una
ética utilitarista partiendo del análisis de la
posesión debienes, del análisis de la propiedad
privada, del amor así individual con sentido
moraly altruista. Esta ética dice que el sujeto
individual debe manejar los mediosnecesarios
para conseguir sus fines, por eso lo bueno es lo
útil, lo que producebeneficios y éxito; que los
individuos deben dominar el sistema con
eficacia, debensaber controlar los negocios
económicos y políticos, deben racionalizar
empírica ydisciplinariamente las decisiones, las
acciones y consecuencias: la felicidad.El
empirismo considera que el bien y el mal se
fundamentan en las inclinacionescorporales del
hombre, en lo que al cuerpo le gusta y en lo que
el cuerpo rechaza.Por eso John Locke afirma en
Ensayo sobre el entendimiento humano, que “el
bien yel mal no es otra cosa que placer y dolor,
o aquello que nos provoca placer o
procuradolor”, “la divina providencia concilia
eficazmente la conducta individual y el
biencomún”, “la corporalidad subjetiva mide
todos los objetos”Y Hume en su Tratado sobre
la naturaleza humana sostiene que “la felicidad
consisteen la felicidad subjetiva y en la felicidad
de las mayorías”. “La subjetividad sólo esética
determinada por el placer o la felicidad, por las
pasiones o sentimientos, sinintervención de la
razón, ni de la razón, ni de la autoridad política
o la religión”. “Laafectividad es el fundamento
de la nueva moral”.Esta ética utilitarista es un
hedonismo moderno, individualista y
subjetivista para elcual la felicidad está en
cumplir las necesidades subjetivas. Para ésta
ética losbuenos son los individuos que obtienen
éxitos y beneficios materiales. El Utilitarismo
SocialLos representantes de este enfoque
utilitarista son Hutcheson, Bentham y Stuart
Mill.El irlandés Francis Hutcheson (1694-1746),
en su obra Búsqueda del origen denuestras
ideas de belleza y virtud, le da un sentido social
al utilitarismo al afirmar: “Lamejor nación es la
que proporciona la felicidad más grande al
mayor número, y lapeor es la que ocasiona
miseria en forma semejante”El inglés Jeremías
Bentham (1748-1832) era un abogado defensor
de presos quepropugnó la democracia. Fue
amigo de Bolivar y Santander. Consideró que
lascolonias eran una locura, por eso colaboró
con la independencia de América.Sostuvo que
las leyes son perfectibles para procurar la
mayor felicidad, que la leypenal debe ser para
prevenir el delito, que se puede hacer coincidir
los derechos del
3. individuo con los de la comunidad, que la ley
civil debe buscar la subsistencia, laabundancia,
la seguridad y la igualdad. Dijo también en
Fragmento sobre el gobiernoe introducción a los
principios de moral y legislación que “la mayor
felicidad delmayor número es la medida del
bien y del mal”, que “la naturaleza ha colocado
a lahumanidad bajo el gobierno de dos amos
soberanos: el dolor y el placer. A ellossolos les
corresponde decirnos lo que deberíamos hacer,
así como determinar lo queharemos”. “Hay que
buscar la máxima felicidad para el mayor
número de genteposible”. Y en el Tratado de
legislación civil y penal escribió: “El placer y el
dolor sonla última instancia de todos nuestros
juicios y de todas las determinaciones de
lavida”Según el Utilitarismo Social la felicidad
también es subjetiva y consiste en la felicidadde
la mayoría. Ella se alcanza con el criterio de la
eficacia medio-fin. El criterio esmaterial
subjetivo y es posible aplicarlo a las
instituciones. La democracia social yeconómica
permite realizar los intereses de la mayoría. Es
todo un hedonismocalculado. El Utilitarismo
cualitativo de John Stuart MillStuart Mill
(1806-1873) fue filósofo empirista, economista
liberal y político. De jovenasistió a las reuniones
de David Ricardo, Jeremías Bentham y James
Mill. EscribióSistema de Lógica donde defiende
la inducción y la verdad experimental. Fue
grandefensor de la liberad individual como
medio para el desarrollo social. Trabajó por
laparidad entre hombres y mujeres en su obra
Sobre la Servidumbre de las Mujeres.En
Principios de Economía Política sostiene que la
distribución de la riquezadepende de la
voluntad humana. Luchó de modo pacífico por
mejorar las condicionesde los trabajadores con
la justicia y el autogobierno, conciliando la
justicia social conla libertad del individuo.
Predicó el gobierno representativo total donde
las minoríasfueran escuchadas.John Stuart
Mill, en su obra El Utilitarismo, criticó la ética
de Bentahm de cuantitativay aritmética por
preocuparse de la mayor cantidad de placeres
para la mayorcantidad de gente posible porque
ponía a la gente a ser balances de placeres
ydolores, de éxitos y fracasos y así saber, según
las consecuencias, quien era buenoy quien malo,
porque bueno sería quien obtenga más
beneficios y utilidades y maloel contrario. En el
sistema capitalista los buenos serían los ricos y
los malos lospobres.Para Stuart Mill no hay que
buscar la cantidad sino la calidad de los
placereshumanos, los cuales no son iguales a los
placeres de los animales. Los placereshumanos
son superiores y corresponden a sus facultades
superiores: los placeres yla felicidad está en el
campo de lo intelectual, de lo artístico, de lo
social, de lopolítico, de lo cultural, no en el
comer, dormir, descansar, jugar, que es lo
propio delos animales. Una frase famosa de
Stuart Mill es “prefiero ser un
Sócratesinsatisfecho a un cerdo satisfecho”.
Asimismo escribió: “Debe admitirse que los
4. placeres mentales son, en su mayoría, de
mayor permanencia, seguridad, menoscostosos
[…] que los corporales […] atendiendo a su
naturaleza intrínseca”.Mill sigue diciendo que
para aprender a ser feliz hay que confiarse al
criterio de losque tienen práctica en placeres y
dolores humanos, es decir, los hombres de
altascalidades. Sólo son felices quienes se
marcan objetivos no personales, porque
lafelicidad está en ser felices a los otros, y esta
preocupación es la que trae elverdadero
progreso de la humanidad. Hay que disfrutar de
los goces comopasajeros. La felicidad no está en
los deseos concretos, sino que trasciende en
unavida plenamente vivida.Stuart Mill entonces
reformula el postulado ético de Bentham así:
“La creencia queacepta como fundamento de la
moral la utilidad, o principio de la mayor
felicidad,sostiene que las acciones son buenas
proporcionalmente a su tendencia a promoverla
felicidad, y son malas conforme a su tendencia
producir lo contrario de la felicidad”.El
principio utilitarista de la mayor felicidad
Stuart Mill lo justifica de la siguientemanera:
“La felicidad es el único fin de la acción
humana, y su impulso a ella es laprueba,
mediante la cual se juzga toda conducta
humana, de lo cual necesariamentese deduce
que debe ser el criterio de moralidad.
Objeciones a la ética utilitarista y respuestas de
John Stuart MillLos críticos del Utilitarismo:
los racionalistas, los kantianos, los cristianos,
etc., leplantearon muchas objeciones a esa ética.
Veamos nueve de ellas y las respuestasque les
dio Stuart Mill en su obra El Utilitarismo,
escrita expresamente para ello. 1. El placer es
censurable y digno de los cerdos.A lo que
respondió John Stuart Mill (JSM): El placer
hay que recuperarlo de sudegradación. El
utilitarismo no es voluptuosidad ni austeridad.
Los placeres delhombre son superiores. Ningún
hombre inteligente quiere convertirse en necio,
endepravado, aunque de esa forma estuviera
más satisfecho. Nadie quiere hundirse aun
grado más bajo por orgullo, poder, emociones,
dignidad… a no ser por algunadesgracia
extrema. Desear lo inferior es algo de
momentos. Sí es más fácil conseguirlos placeres
más pequeños. La felicidad merece soportar las
imperfecciones. Esmejor ser un humano
insatisfecho a un cerdo satisfecho (48-51) 2.
Muchos posponen los placeres más elevados.
Con la edad muchos caen en la indolencia.JSM:
Ello es posible por debilidad de carácter, por
pérdida de capacidad, porcarencia de sustento,
ocupaciones no favorables, falta de tiempo y
oportunidad,debido a circunstancias negativas.
Según los hombres cualificados los placeres
másgratificantes son los derivados de las
facultades superiores. El criterio de calidad
esuna existencia libre de dolor y rica en goces,
una existencia feliz para la mayorcantidad de
hombres y sentientes. El criterio es la mayor
cantidad y calidad total de
5. felicidad. El mundo gana inmensamente con
personas nobles. Es preferible el cultivogeneral
de la nobleza aunque individualmente se
reduzca el beneficio (51-54) 3. La felicidad no
puede constituir el fin racional de la vida y de la
acciónhumana, porque es inalcanzable, no se
tiene ese derecho, se puede pasar sinfelicidad y
lo virtuoso es la renuncia.JSM: El hombre no
solo busca la felicidad, prevee y mitiga la
infelicidad. Esimperiosa la necesidad de vivir.
La felicidad no es el éxtasis, sino el saber
disfrutarlos variados momentos de la vida
cotidiana. El obstáculo son las
desafortunadascondiciones sociales. Los
factores de la vida satisfactoria son la
tranquilidad y lasemociones. La indolencia es
un vicio contra las emociones. Para la
enfermedad delas emociones, la tranquilidad es
estúpida. Quienes no encuentran goces valiosos
esporque no se preocupan de los demás, porque
carecen de afectos personales, sólomiran a la
muerte.La persona culta, moral y humana,
disfruta de las herencias culturales. La
necesidadintrínseca no es ser ególatra y
dedicarse a la miseria. Los auténticos
interesesprivados concuerdan con los intereses
del bien público. Si se eliminan las
grandesfuentes del sufrimiento (indigencia,
enfermedades, falta de afecto y dignidad)
sepuede tener una vida envidiable. La cuestión
es la lucha contra las calamidades. Losgrandes
males se pueden superar con buenas artes
sociales. Toda inteligenciagenerosa goza
notablemente en la lucha por superar el
sufrimiento. Muchos prescinden de la felicidad
individual por algo más apreciable: la felicidad
delos demás. La gente noble no se auto-inmola
por la inmolación misma, es para quelos demás
no tengan sacrificios parecidos.El sacrificio no
es un bien sí mismo, sólo es bien si incrementa la
felicidad colectiva.“Amar al prójimo como a sí
mismo” constituye la perfección ideal de la
moralutilitarista.Hay que establecer en la mente
de los jóvenes y de la opinión pública la
asociaciónindisoluble entre la propia felicidad y
la del conjunto, que el motivo de toda acción
esmejorar el bien general. La ética utilitarista
coincide con el desarrollo armónico de
lanaturaleza humana (55-62). 4. Es excesivo
actuar siempre por el interés general.JSM: El
utilitarismo es un modelo de moral. No se guía
sólo por reglas y deberes,también por motivos
que tienen que ver con los méritos del agente.
Obrar sólo pordeberes o principios generales no
es utilitarismo. Ser benefactor público es
loexcepcional, cuando el beneficio individual
viola los derechos. Hay personas aquienes les
corresponde el bien general, como se exige en
todos los sistemasmorales (63-65). 5. El
utilitarismo hace a las gentes carentes de
afectos; él sólo tiene en cuenta lo duro de las
acciones y no las cualidades que las causa.JSM:
Ningún criterio moral decide las acciones según
las cualidades de laspersonas. Las cualidades
deseables no son sólo las virtuosas y correctas.
Accionescorrectas no indica que la persona sea
virtuosa. Acciones condenables pueden
esrealizar buenas acciones. El utilitarista
considera también otras cualidades. Hay
6. también utilitaristas puritanos y utilitaristas
indulgentes. Está en igualdad decondiciones con
las morales que evitan la violación de la ley
moral. Esas moralesdifieren en el qué es lo que
viola le ley moral. El utilitarismo de modo
tangible einteligible ayuda a decidir entre
opciones diferentes (66-67). 6. El utilitarismo es
ateo.JSM: Si Dios quiere la felicidad, el
utilitarismo cree que todo lo que Dios ha
rebeladosobre moral cumple los requisitos de la
utilidad. El utilitarismo acepta la ayuda
quecualquier religión quiera prestar a la
investigación ética. El utilitarismo también
puedecolaborar a interpretar la voluntad de
Dios (68). 7. El utilitarismo es una doctrina de la
conveniencia, de los intereses particulares,
inmediatos y pasajeros.JSM: El utilitarismo
busca las satisfacciones de toda índole, y lo más
útil es lasensibilidad de la verdad respecto a la
conducta. La verdad fortalece la confianzaentre
los seres humanos, el bienestar social, la
civilización y la felicidad. Violar leyespor
ventajas actuales no es conveniente. Las
excepciones son posibles para salvar
aindividuos. Pero lo excepcional no debe ir más
de los límites necesarios, para nodebilitar la
confianza en las reglas. El principio de utilidad
debes servir pararcomparar utilidades en
conflicto (69-70). 8. Antes de la acción no hay
tiempo para calcular los efectos de una
conducta sobre la felicidad en general.JSM:
Tampoco se tiene tiempo para leer toda la
Biblia. Se tiene dispuesto el pasadode la
humanidad donde se han aprendido las
tendencias de las acciones, laprudencia y la
moralidad de la vida. En el instante de robar o
de matar no se empiezapor primera vez para
saber si es perjudicial. La humanidad tiene
acuerdos sobre loútil y tiene acuerdos para
enseñarlo. La humanidad ya posee creencias
positivassobre la felicidad y sus efectos, y va
obteniendo mejores hallazgos.Los códigos de
ética no son de derecho divino, por ello los
preceptos del utilitarismoson susceptibles de
mejoras sin límite.Las acciones no se prueban
sólo con los principios generales, también con
losprincipios secundarios. Existe la meta final y
también las señales intermedias deinterés
práctico. Todos van con decisiones ya tomadas
sobre lo correcto e incorrecto,pero necesitan
principios subordinados para aplicarlas. Es
absurdo no derivarconclusiones de las
experiencias de la vida.(71-73). 9. El utilitarismo
es el culpable de los males comunes de la
naturaleza humana, y de las dificultades
generales con que tropiezan las personas. Él es
capaz de hacer de su propio caso una excepción
a la regla moral.JSM: Todas las doctrinas
reconocen que hay consideraciones en conflicto
y ellodebido a la complejidad de la naturaleza
humana. Toda moral atempera sus leyespara
acomodar las responsabilidades a las
circunstancias. Las dificultades reales sesuperan
según la inteligencia y virtud de cada uno. La
utilidad humana ayuda adecidir entre derechos
y observaciones.
7. Cuando las morales pretenden autoridad
independiente es imposible poner orden enella.
Esa independencia es un sofisma. Hay que
recurrir a los primeros principioscuando los
secundarios están en conflicto (74-75). Algunas
conclusionesEl utilitarismo cumple y soluciona
necesidades subjetivas: el placerCumple los
medios necesarios para obtener unos fines: es
eficazMide las acciones buenas por las
consecuencias: es consecuencialista.Pretende la
felicidad de las mayorías: tiene contenido
social.Pero su concepto de “felicidad” es
ambiguo porque lo confunde con el placer, el
cual,a ciencia cierta, no se sabe si es
cuantitativo, cualitativo, corporal, mental,
egoísta ocomunitario.Por otro lado, para
determinar quién es más feliz, es imposible
calcular la duración, laintensidad, la pureza de
los placeres y su identidad con otros placeres.
No se sabe silo que es bueno para uno lo es para
todos, y si se puede ser feliz en una
sociedaddonde no hay democracia.Lo que sí da
a entrever el utilitarismo es que la felicidad
consiste en las preferenciasdel consumidor
capitalista, que el capital es la condición a-priori
de la felicidad.“El utilitarismo indica la
importancia de un aspecto del criterio material
subjetivo: lafelicidad (momento que las normas
formales actuales niegan); pero no ha
alcanzadoa definir un criterio que subsuma los
criterios materiales, y que pueda fundarse
odesarrollarse como un principio ético
universal” (Dussel).
países occidentales de la época contemporánea. Parte de una concepción
individualista del ser humano y establece que, por defecto, nada es malo si no
perjudica de forma flagrante a alguien. Sin embargo, ontológicamente su
concepción del ser humano resulta dualista, y es por eso que muchos
psicólogos, y los conductistas especialmente, se oponen a ellas.
https://psicologiaymente.net/psicologia/teoria-utilitarista-john-stuart-mill

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